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Autor:Francisco Pi y Margall
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{{Biocitas
|Texto='''Francisco Pi y Margall'''<br /> (29 de [[abril]] de 1824 - 29 de [[noviembre]] de 1901)<br /> Político, filósofo y escritor republicano español.
|Obras=Francisco Pi y Margall
|Documentos=Francisco Pi y Margall
|Foto=Pi y margall.jpg
}}
== Obras ==
=== Libros ===
* ''España: Obra pintoresca en láminas ya sacadas con el daguerrotipo, ya dibujadas del natural, grabadas en acero y en boj - Cataluña'' (1842-1846). — Barcelona: Imprenta de Juan Roger.
*''[[Historia de la pintura en España]]'' (1851). Tomo 1. — Madrid: Imprenta de Manini Hermanos.{{at|Historia de la pintura en España T 1 - bdh0000052910.pdf|Tomo I}}
* ''Estudios de la Edad Media'', 1851. Publicado por primera vez en 1873. {{at|Estudios sobre la Edad Media - bdh0000225923.pdf}}
* ''[[El eco de la revolución]]'' (1854). Publicado por primera vez el 21 de julio de 1854 y recogida como apéndice en ''La reacción y la revolución''.
* ''[[La reacción y la revolución]]'' (1854). Tomo Primero. — Madrid: Imprenta y estereotipa de M. Rivadeneyra.
* ''La República de 1873'' (1874). — Madrid: Imprenta de Aribau.
* ''Joyas literarias'' (1876). — Barcelona: Imprenta de la Renaixença.
* ''[[Las nacionalidades|Las Nacionalidades]]'' (1877). — Madrid: Imprenta y librería de Eduardo Martínez.
* {{cita libro|título=Historia general de América desde sus tiempos más remotos|ubicación=Buenos Aires|año=1879|otros=En dos volúmenes}} {{at|Historia general de América desde sus tiempos más remotos (IA historiagenerald01py).pdf|Tomo I}} {{at|Historia general de América desde sus tiempos más remotos (IA historiagenerald02py).pdf|Tomo II}}
* ''[[La federación|La Federación]]'' (1880). Discurso pronunciado ante el Tribunal de Imprenta en defensa del periódico federalista ''La Unión'' y otros trabajos acerca del sistema federativo, precedidos de una noticia biográfica del autor. — Madrid: Imprenta de Enrique Vicente. {{at|La federación - bdh0000287954.pdf}}
* ''[[Proyecto de Constitución federal de Pi y Margall|Proyecto de Constitución federal]]'', 1883.
* ''Observaciones sobre el carácter de Don Juan Tenorio'', 1884.
* ''Las luchas de nuestros días: Primeros diálogos'' (1884). — Madrid: Tipografía de Manuel G. Hernández.
* {{cita libro|título=Cataluña|autor1=[[Autor:Pablo Piferrer y Fábregas|Pablo Piferrer y Fábregas]]|autor2=Francisco Pi y Margall|serie=[[Portal:España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia|España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia]]|ubicación=Barcelona|editorial=[[Portal:Daniel Cortezo y Compañía|Daniel Cortezo y Compañía]]|año=1884|otros=En dos volúmenes}} {{at|Cataluña - Tomo I - España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia.pdf|Tomo I}} {{at|Cataluña - Tomo II - España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia.pdf|Tomo II}}
* {{cita libro|año=1888|título=Historia general de América desde sus tiempos más remotos (Volumen segundo)|editorial=El Progreso Editorial}} {{at|Historia general de América desde sus tiempos más remotos (IA historiageneral02piymrich).pdf}}
* ''Amadeo de Saboya'', sin datar.
* ''Programa del Partido Federal'', 1894.
* ''[[Guatimozín y Hernán Cortés. Diálogo (Pi y Margall)|Guatimozín y Hernán Cortés. Diálogo]]'', 1899.
* {{cita libro|título=Las clases jornaleras|serie=[[Portal:Los grandes pensadores|Los grandes pensadores]]|volumen=II|año=1915|ubicación= Barcelona|editorial=[[Portal:Publicaciones de La Escuela Moderna|Publicaciones de la Escuela Moderna]]}} {{at|Las clases jornaleras (1915).pdf}}
=== Artículos ===
*«¿Cuál debe ser nuestra forma de gobierno?» (1856). Publicado en la revista ''La Razón''.
* «[[Declaración de los Treinta]]» (1860). Publicado el 16 de noviembre de 1860 en el periódico ''La Discusión''.
=== Discursos ===
* [[Discurso en las Cortes españolas del 31 de Octubre de 1871. Defensa de la Internacional - Parte I | ''Defensa de la Internacional. Parte I'' — Discurso en las Cortes españolas del 31 de Octubre de 1871. ]] (1871).
* [[Discurso en las Cortes españolas del 2 de noviembre de 1871 (sobre la AIT) de Pi y Margall|''Defensa de la Internacional. Parte II'' —Discurso en las Cortes españolas del 2 de Noviembre de 1871. ]] (1871).
* ''[[Discurso conmemorando el 18 aniversario de la República de 1873|Discurso por el 18º aniversario de la Primera República española]]'' (1891). Publicado el 14 de febrero de 1891 en el periódico ''El Nuevo Régimen''.
* ''[[Último discurso de D. Francisco Pi y Margall, pronunciado en la noche del sábado 16 de Noviembre en la Unión Escolar]]'' (1901). Publicado el 14 de diciembre de 1901 en el periódico ''El Nuevo Régimen''.
=== Traducciones ===
*[[Ediciones El principio federativo|''El principio federativo'']] (1863) de [[Pierre-Joseph Proudhon]]. Traducción de [[Francisco Pi y Margall]]. — Madrid: Librería de Alfonso Durán.
=== Biografías sobre el autor ===
* «[[La federación/'''D. Francisco Pi y Margall.'''|{{may|D. Francisco Pi y Margall}}: El Sr. Pi como particular, escritor, filósofo, crítico y jurisconsulto.]]» por [[Pablo Correa y Zafrilla]] en el libro [[La federación|''La Federación'']] (1880).
* «[[La federación/Biografía política del Sr. Pi y Margall.|Biografía política del Sr. Pi y Margall]]» por [[Pablo Correa y Zafrilla]] en el libro [[La federación|''La Federación'']] (1880).
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Autor:Manuel Azaña
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text/x-wiki
{{Biocitas
|Texto='''Manuel Azaña Díaz'''<br />(10 de [[enero]] de 1880 - 3 de [[noviembre]] de 1940)<br />Político y escritor republicano [[portal:España|español]].
Presidente durante la II República.
|Foto=Manuel_Azaña_cropped.jpg
|documentos={{PAGENAME}}
}}
== Obras ==
* {{cita libro|título=La corona: drama en tres actos|editorial=La Farsa|ubicación=Madrid|año=1932}}
=== Discursos ===
* ''La revolución en marcha'' — Alocución en el mitin republicano de la Plaza de Toros de Madrid (28 de septiembre de 1930).
* [[Discurso en las Cortes españolas del 13 de octubre de 1931. Política religiosa: el artículo 26 de la Constitución]] (1931).
=== Documentos ===
* [[Apelación a la República]] (Mayo de 1924).
* [[Comunicación de dimisión de Manuel Azaña, Presidente de la II República Española]] (27 de febrero de 1939).
* Memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña Díaz, Ed. Grijalbo (Barcelona) 1996 ISBN 84-253-2931-0
* Diarios, 1932-1933 : los cuadernos robados de Manuel Azaña Díaz, Ed. Crítica (Barcelona) 1997 ISBN 84-7423-868-4
=== Traducciones ===
* {{cita libro|título=[[Memorias de Voltaire|Memorias de su vida, escritas por él mismo]]|autor=[[Autor:Voltaire|Voltaire]]|traductor=Manuel Azaña|año=1920|serie=[[Portal:Colección Universal|Colección Universal]]|volumen=N°145|editorial=[[Portal:Editorial Calpe|Calpe]]|ubicación=Madrid}}
* {{cita libro|autor=George Henry Borrow|título=La Biblia en España|editorial=Jiménez-Fraud, editor|ubicación=Madrid|volumen=En dos volúmenes|traductor=Manuel Azaña|año=1921}} {{at|La Biblia en España - IA labibliaenespa01borr.pdf|Tomo I}}, {{at|La Biblia en España - Tomo II.pdf|tomo II}} y {{at|La Biblia en España - IA labibliaenespa03borr.pdf|tomo III}}.
* {{cita libro|título=Los soldados de la guerra: Gaspar|año=1921|apellido=Benjamin|nombre=René|enlace-autor=Autor:René Benjamin|traductor=Manuel Azaña|serie=Los Humoristas|editorial=[[Portal:Editorial Calpe|Calpe]]|ubicación=Madrid}}
[[Categoría:Alcalá de Henares]]
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text/x-wiki
{{Biocitas
|Texto='''Manuel Azaña Díaz'''<br />(10 de [[enero]] de 1880 - 3 de [[noviembre]] de 1940)<br />Político y escritor republicano [[portal:España|español]].
Presidente durante la II República.
|Foto=Manuel_Azaña_cropped.jpg
|documentos={{PAGENAME}}
}}
== Obras ==
* {{cita libro|título=La corona: drama en tres actos|editorial=La Farsa|ubicación=Madrid|año=1932}}
=== Discursos ===
* ''La revolución en marcha'' — Alocución en el mitin republicano de la Plaza de Toros de Madrid (28 de septiembre de 1930).
* [[Discurso en las Cortes españolas del 13 de octubre de 1931. Política religiosa: el artículo 26 de la Constitución|''Política religiosa: el artículo 26 de la Constitución'' — Discurso en las Cortes españolas del 13 de octubre de 1931.]] (1931).
=== Documentos ===
* [[Apelación a la República]] (Mayo de 1924).
* [[Comunicación de dimisión de Manuel Azaña, Presidente de la II República Española]] (27 de febrero de 1939).
* Memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña Díaz, Ed. Grijalbo (Barcelona) 1996 ISBN 84-253-2931-0
* Diarios, 1932-1933 : los cuadernos robados de Manuel Azaña Díaz, Ed. Crítica (Barcelona) 1997 ISBN 84-7423-868-4
=== Traducciones ===
* {{cita libro|título=[[Memorias de Voltaire|Memorias de su vida, escritas por él mismo]]|autor=[[Autor:Voltaire|Voltaire]]|traductor=Manuel Azaña|año=1920|serie=[[Portal:Colección Universal|Colección Universal]]|volumen=N°145|editorial=[[Portal:Editorial Calpe|Calpe]]|ubicación=Madrid}}
* {{cita libro|autor=George Henry Borrow|título=La Biblia en España|editorial=Jiménez-Fraud, editor|ubicación=Madrid|volumen=En dos volúmenes|traductor=Manuel Azaña|año=1921}} {{at|La Biblia en España - IA labibliaenespa01borr.pdf|Tomo I}}, {{at|La Biblia en España - Tomo II.pdf|tomo II}} y {{at|La Biblia en España - IA labibliaenespa03borr.pdf|tomo III}}.
* {{cita libro|título=Los soldados de la guerra: Gaspar|año=1921|apellido=Benjamin|nombre=René|enlace-autor=Autor:René Benjamin|traductor=Manuel Azaña|serie=Los Humoristas|editorial=[[Portal:Editorial Calpe|Calpe]]|ubicación=Madrid}}
[[Categoría:Alcalá de Henares]]
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text/x-wiki
{{Biocitas
|Texto='''Manuel Azaña Díaz'''<br />(10 de [[enero]] de 1880 - 3 de [[noviembre]] de 1940)<br />Político y escritor republicano [[portal:España|español]].
Presidente durante la II República.
|Foto=Manuel_Azaña_cropped.jpg
|documentos={{PAGENAME}}
}}
== Obras ==
* {{cita libro|título=La corona: drama en tres actos|editorial=La Farsa|ubicación=Madrid|año=1932}}
=== Discursos ===
* [[La revolución en marcha — Alocución en el mitin republicano de la Plaza de Toros de Madrid|''La revolución en marcha'' — Alocución en el mitin republicano de la Plaza de Toros de Madrid]] (28 de septiembre de 1930).
* [[Discurso en las Cortes españolas del 13 de octubre de 1931. Política religiosa: el artículo 26 de la Constitución|''Política religiosa: el artículo 26 de la Constitución'' — Discurso en las Cortes españolas del 13 de octubre de 1931]] (1931).
=== Documentos ===
* [[Apelación a la República]] (Mayo de 1924).
* [[Comunicación de dimisión de Manuel Azaña, Presidente de la II República Española]] (27 de febrero de 1939).
* Memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña Díaz, Ed. Grijalbo (Barcelona) 1996 ISBN 84-253-2931-0
* Diarios, 1932-1933 : los cuadernos robados de Manuel Azaña Díaz, Ed. Crítica (Barcelona) 1997 ISBN 84-7423-868-4
=== Traducciones ===
* {{cita libro|título=[[Memorias de Voltaire|Memorias de su vida, escritas por él mismo]]|autor=[[Autor:Voltaire|Voltaire]]|traductor=Manuel Azaña|año=1920|serie=[[Portal:Colección Universal|Colección Universal]]|volumen=N°145|editorial=[[Portal:Editorial Calpe|Calpe]]|ubicación=Madrid}}
* {{cita libro|autor=George Henry Borrow|título=La Biblia en España|editorial=Jiménez-Fraud, editor|ubicación=Madrid|volumen=En dos volúmenes|traductor=Manuel Azaña|año=1921}} {{at|La Biblia en España - IA labibliaenespa01borr.pdf|Tomo I}}, {{at|La Biblia en España - Tomo II.pdf|tomo II}} y {{at|La Biblia en España - IA labibliaenespa03borr.pdf|tomo III}}.
* {{cita libro|título=Los soldados de la guerra: Gaspar|año=1921|apellido=Benjamin|nombre=René|enlace-autor=Autor:René Benjamin|traductor=Manuel Azaña|serie=Los Humoristas|editorial=[[Portal:Editorial Calpe|Calpe]]|ubicación=Madrid}}
[[Categoría:Alcalá de Henares]]
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{{Encabezado
| titulo = Égloga II
| autor = yo
| traductor = Wikisource
| desambiguación = Bucólicas}}
{{Bloque centro|width=90%|<poem>
El pastor Coridón ardía por el hermoso Alexis,
las delicias del dueño, y no tenía qué esperar.
Solamente a las densas hayas, sombrías copas,
asiduamente venía. Allí estos desconciertos, solo,
{{vers|v=5|align=left}}a montes y espesuras lanzaba, con ardor vano:
“Oh, cruel Alexis, ¿nada de mis canciones te preocupas?
¿Nada de nos te apiadas? ¿A morir por fin me obligas?
Ahora incluso los rebaños sombras y fríos buscan,
ahora los espinos ocultan incluso a los verdes lagartos,
{{vers|v=10|align=left}}Testílide también, para los segadores, del arrebatador calor agotados,
ajos y serpol, hierbas olientes, maja.
Mas conmigo, para las roncas cigarras, mientras tus huellas
lustro, bajo el sol ardiente, resuenan los arbustos.
¿No fue más que bastante las tristes iras de Amarílide
{{vers|v=15|align=left}}y sus soberbios hastíos soportar? ¿No a Menalcas,
aunque él negro, aunque tú blanco seas?
Oh, hermoso muchacho, demasiado no fíes al color;
las blancas alheñas caen, los arándanos negros se cogen.
Me has despreciado, y quién soy, Alexis, no inquieres,
{{vers|v=20|align=left}}cuán rico de ganado, de nívea leche cuán abundante.
Mil corderas mías erran en los sicilianos montes;
leche nueva en el verano ni en el frío me falta.
Canto lo que solía, si alguna vez a sus ganados llamaba,
Anfión el dirceo en el acteo Aracinto.
{{vers|v=25|align=left}}Y no soy tan feo; hace poco en el litoral me he visto,
cuando plácido de vientos estaba el mar. A Dafnis yo,
contigo de juez, no temería, si nunca engaña una imagen.
Oh, sólo plázcate a ti conmigo los sucios campos
y las humildes cabañas habitar y tirar a los ciervos,
{{vers|v=30|align=left}}y de los cabritos la grey apremiar al verde hibisco.
Conmigo a una en las espesuras imitarás a Pan cantando.
Pan el primero conjugar calamos varios con cera
instituyó, Pan cuida de las ovejas, y de los maestros de las ovejas;
y no te apene con el cálamo trizarte el labio.
{{vers|v=35|align=left}}esto mismo por saber, ¿qué no hacía Amintas?
Tengo, de siete dispares cicutas compactada,
una fístula; Dametas como don me la dio en tiempos,
y me dijo, muriendo. “A ti ahora te tiene ésta el segundo”;
dijo Dametas; se enojó el necio Amintas.
{{vers|v=40|align=left}}Además dos cabritillos -y no en un seguro valle
hallados-, asperjadas todavía sus pieles de blanco:
dos ubres de oveja secan al día, y te los guardo.
Ya hace tiempo que Testílide para llevárselos me ruega,
y lo hará, ya que te inquinan los presentes nuestros.
{{vers|v=45|align=left}}Aquí ven, oh hermoso muchacho, para ti lirios traen,
helos, las Ninfas en llenos canastos; para ti la blanca Náyade,
pálidas violetas y lo alto de las amapolas cogiendo,
narciso y la flor unce del bien oliente eneldo;
después con casia, y entretejiéndolos con otras suaves hierbas,
{{vers|v=50|align=left}}blandos arándanos pinta con la arcillosa calta.
Yo mismo canos frutos cogeré de tierno vello,
y castañeras nueces, las que mi Amarílide amaba;
añadiré céreas ciruelas -honor tendrá también esta fruta-
y a vosotros, oh laureles, os carpiré y a ti, mirto, junto a ellos,
{{vers|v=55|align=left}}ya que así puestos mezcláis vuestros suaves olores.
Eres un rústico, Coridón; ni de presentes se preocupa Alexis
ni si en presentes compites cederá Yolas.
Ay, ay, ¿qué he pretendido, pobre de mí? Con las flores el austro,
perdido, he mezclado, y jabalíes con los límpidos manantiales.
{{vers|v=60|align=left}}¿De quién huyes, ah, loco? Habitaron los dioses también las espesuras
y el dardanio Paris. Que Palas los recintos que fundó
ella misma honre: a nosotros nos plazcan ante todo las espesuras.
La torva leona al lobo sigue, el lobo mismo a la cabrita,
el floreciente cítiso sigue la retozona cabrita,
{{vers|v=65|align=left}}a ti Coridón, oh Alexis; arrastra su placer a cada uno.
Mira, los arados al yugo suspendidos de vuelta traen los novillos
y el sol al retirarse duplica, crecientes, las sombras.
Pero a mí me quema el amor, pues ¿qué medida asista al amor?
Ah, Coridón, Coridón, qué locura te ha atrapado,
{{vers|v=70|align=left}}y tu vid semipodada en el frondoso olmo.
¿Por qué algo al menos, mejor, de lo que menester es,
con verdasca no te dispones a tejer, y con blando junco?
Encontrarás, si éste te hastía, otro Alexis.”
</poem>}}
[[Categoría:Bucólicas]]
[[Categoría:Traducciones del latín]]
[[Categoría:Traducciones de Wikisource]]
[[en:Eclogues/Eclogue II]]
[[fi:Virgilion Bucolica: Toinen Ecloga]]
[[la:Eclogae vel bucolica/Ecloga II]]
[[nl:Bucolica/Ecloca II]]
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{{Encabezado
| titulo = Égloga II
| autor = Virgilio
| traductor = Wikisource
| desambiguación = Bucólicas}}
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El pastor Coridón ardía por el hermoso Alexis,
las delicias del dueño, y no tenía qué esperar.
Solamente a las densas hayas, sombrías copas,
asiduamente venía. Allí estos desconciertos, solo,
{{vers|v=5|align=left}}a montes y espesuras lanzaba, con ardor vano:
“Oh, cruel Alexis, ¿nada de mis canciones te preocupas?
¿Nada de nos te apiadas? ¿A morir por fin me obligas?
Ahora incluso los rebaños sombras y fríos buscan,
ahora los espinos ocultan incluso a los verdes lagartos,
{{vers|v=10|align=left}}Testílide también, para los segadores, del arrebatador calor agotados,
ajos y serpol, hierbas olientes, maja.
Mas conmigo, para las roncas cigarras, mientras tus huellas
lustro, bajo el sol ardiente, resuenan los arbustos.
¿No fue más que bastante las tristes iras de Amarílide
{{vers|v=15|align=left}}y sus soberbios hastíos soportar? ¿No a Menalcas,
aunque él negro, aunque tú blanco seas?
Oh, hermoso muchacho, demasiado no fíes al color;
las blancas alheñas caen, los arándanos negros se cogen.
Me has despreciado, y quién soy, Alexis, no inquieres,
{{vers|v=20|align=left}}cuán rico de ganado, de nívea leche cuán abundante.
Mil corderas mías erran en los sicilianos montes;
leche nueva en el verano ni en el frío me falta.
Canto lo que solía, si alguna vez a sus ganados llamaba,
Anfión el dirceo en el acteo Aracinto.
{{vers|v=25|align=left}}Y no soy tan feo; hace poco en el litoral me he visto,
cuando plácido de vientos estaba el mar. A Dafnis yo,
contigo de juez, no temería, si nunca engaña una imagen.
Oh, sólo plázcate a ti conmigo los sucios campos
y las humildes cabañas habitar y tirar a los ciervos,
{{vers|v=30|align=left}}y de los cabritos la grey apremiar al verde hibisco.
Conmigo a una en las espesuras imitarás a Pan cantando.
Pan el primero conjugar calamos varios con cera
instituyó, Pan cuida de las ovejas, y de los maestros de las ovejas;
y no te apene con el cálamo trizarte el labio.
{{vers|v=35|align=left}}esto mismo por saber, ¿qué no hacía Amintas?
Tengo, de siete dispares cicutas compactada,
una fístula; Dametas como don me la dio en tiempos,
y me dijo, muriendo. “A ti ahora te tiene ésta el segundo”;
dijo Dametas; se enojó el necio Amintas.
{{vers|v=40|align=left}}Además dos cabritillos -y no en un seguro valle
hallados-, asperjadas todavía sus pieles de blanco:
dos ubres de oveja secan al día, y te los guardo.
Ya hace tiempo que Testílide para llevárselos me ruega,
y lo hará, ya que te inquinan los presentes nuestros.
{{vers|v=45|align=left}}Aquí ven, oh hermoso muchacho, para ti lirios traen,
helos, las Ninfas en llenos canastos; para ti la blanca Náyade,
pálidas violetas y lo alto de las amapolas cogiendo,
narciso y la flor unce del bien oliente eneldo;
después con casia, y entretejiéndolos con otras suaves hierbas,
{{vers|v=50|align=left}}blandos arándanos pinta con la arcillosa calta.
Yo mismo canos frutos cogeré de tierno vello,
y castañeras nueces, las que mi Amarílide amaba;
añadiré céreas ciruelas -honor tendrá también esta fruta-
y a vosotros, oh laureles, os carpiré y a ti, mirto, junto a ellos,
{{vers|v=55|align=left}}ya que así puestos mezcláis vuestros suaves olores.
Eres un rústico, Coridón; ni de presentes se preocupa Alexis
ni si en presentes compites cederá Yolas.
Ay, ay, ¿qué he pretendido, pobre de mí? Con las flores el austro,
perdido, he mezclado, y jabalíes con los límpidos manantiales.
{{vers|v=60|align=left}}¿De quién huyes, ah, loco? Habitaron los dioses también las espesuras
y el dardanio Paris. Que Palas los recintos que fundó
ella misma honre: a nosotros nos plazcan ante todo las espesuras.
La torva leona al lobo sigue, el lobo mismo a la cabrita,
el floreciente cítiso sigue la retozona cabrita,
{{vers|v=65|align=left}}a ti Coridón, oh Alexis; arrastra su placer a cada uno.
Mira, los arados al yugo suspendidos de vuelta traen los novillos
y el sol al retirarse duplica, crecientes, las sombras.
Pero a mí me quema el amor, pues ¿qué medida asista al amor?
Ah, Coridón, Coridón, qué locura te ha atrapado,
{{vers|v=70|align=left}}y tu vid semipodada en el frondoso olmo.
¿Por qué algo al menos, mejor, de lo que menester es,
con verdasca no te dispones a tejer, y con blando junco?
Encontrarás, si éste te hastía, otro Alexis.”
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[[Categoría:Bucólicas]]
[[Categoría:Traducciones del latín]]
[[Categoría:Traducciones de Wikisource]]
[[en:Eclogues/Eclogue II]]
[[fi:Virgilion Bucolica: Toinen Ecloga]]
[[la:Eclogae vel bucolica/Ecloga II]]
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{título
|{++}LIBRO DE
{+++++}Caualleria Ce-
{++}LESTIAL DEL PIE DE
''la Rosa Fragante, dedicado al ilustrißi-''
''mo y reuerendißimo señor dõ Pedro''
''Luys Galcerã de Borja Maestre''
''dela Ordẽ y Caualleria de nues-''
''tra Señora de Montesa y''
''de San George. &c. ''
{-}Compuesto por Hieronymo
{-}Sanpedro.
En {{ilegible}} de Martin Nucio.
{{ilegible}} III.
''Con Preuilegio Imperial.''
}}<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{gota|C}}Oncede su Majestad a Martin Nucio, que el solo pueda imprimir este libro por tiempo de cinco años, y veda a todos los otros impressores hazer lo mesmo, so graues penas, como mas claro parece enel original preuilegio. {{brecha|3em}} subscripto
{{d|P. de Lens.|2em}}<noinclude>{{pie|||Al}}</noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|||2}}</noinclude>{{c|❧ Al Ilustrissimo y Reue-|x-grande}}
{{c|rendissimo Señor Do Pedro Luys Galceran}}
{{c|de Borja, Maestre dela ordẽ y caualleria}}
{{c|de nuestra Señora de Mõtesa y}}
{{c|de san George. &c.}}
{{gota|P}}Laton el Diuino, Ilustrissimo y Reuerendissimo señor, solia dedicar sus libros a los graues varones q̃ le fuerõ maestros, o alos celebres que de sus maestros, fuerõ preceptores. Hazia esto aquel sabio famoso, por gratificar a aquellos padres la doctrina q̃ le auiã dado, y tãbien por decretar sus obras con la autoridad delos nombres de aq̃llos ilustres autores. Hallandome yo en este caso, y conociendo, q̃ deuo a V.S. el mesmo seruicio, por auerse dignado de ver esta Caualleria Celestial, determine dela consagrar a vuestro Ilustrissimo nõbre. Pues allende q̃ como maestro de Christiana Caualleria a V.S. pertenece: tambien se deue, por auer puesto la mano de vuestro biuo juyzio enel pie desta Rosa que della nace. Por lo qual florecera en el mundo: y enla reputacion delos que bien sientẽ, sera fragante. De suerte que con razon podre dezir lo que dixo el Patriarcha Isaac, bendiziendo a Jacob por Esau: pues de V.S. son las manos q̃ a esta obra dieron lustre, aũq̃ mia sea la boz, q̃ es lo menos q̃ ay enella. Meritamente digo esto, pues dado caso q̃ yo planté la Rosa, no naciera ella hermosa, ni tuuiera suaue gusto, si V.S. no le cercenara las espinas de sus aldeanas razones, y las çarças del tosco lenguaje que la hizierã descrecer. Por donde, como Philipo Rey delos Mace-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||EPISTOLA|}}</noinclude>Macedones alabaua sus Dioses, por auerle dado al Magno Alexandre en tiempo que florescia el no menor Aristoteles para le ser maestro, assi puedo yo dar gracias al soberano Dios, por auerme dado el artificio deste libro, y en tiempo tan felice que clarezca V. S. maximo maestro para lo fauorecer. Como tal con justo titulo se deue a V. S. la dedicacion dela Rosa desta celestial milicia: pues en el fresco Mayo de vuestra juuenil primauera, no careceys delas partes de religion Christiana, y erudicion Catolica, y dela militar disciplina, de que la silla y dignidad magistral deue ser insignida y decorada. Tanto que podemos dezir, que ha dado V. S. las flores, y sazonado fruto en vn mesmo tiẽpo, cosa en orden de naturaleza digna de consideracion. Siruase pues V. S. de aceptar la celestial caualleria desta Rosa Fragante como suya: pues lo es, y en vuestras manos floresce, pues mas se puede reputar por autor dela obra el que le da el espiritu para que biua, que no el que le dio la carne paraque muera sin el. Y assi lo haziendo, no solamente hara V. S. para comigo el oficio de humano señor, como con Platon lo hizieron sus maestros: pero defendiendola con su autoridad delas manos delos impios detractores, verificara las palabras de Isaac, amparando la obra de sus manos ilustres: las quales besando muchas vezes por la merced recebida, con mas razon dare a V. S. las gracias por ella, (si dar las pudiere) q̃ las daua a sus Dioses por Aristoteles Philipo Rey Macedon.
{{np}}<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP|||3}}</noinclude>{{t2|❧Epistola proemial del au-|sub=tor dela Caualleria Celestial al beneuolo lector.}}
{{gota|T}}An estragados estan los gustos de nuestros tiẽpos, letor piadoso, por el acidẽte de frialdad, q̃ el estomago dela charidad padece, y tã acostũbrados alos terrenos manjares, para saberles bien la comida espiritual, que siendo dulce y prouechosa viãda la leccion dela diuina escriptura, le dã de mano, y la dexã por desabrida. Admitẽ el pasto delas letras profanas por sabroso, y alabanlo por delicado. Considerando, q̃ tambien me yua al hilo delos gustatiuos dellas, para caer enel atolladero de su engaño, como ciego por ciegos guiado: y conociendo, que el potaje del moderno sermon, de q̃ nos auiso el veterano cauallero Pablo, me halagaua el desseo de mis orejas, di buelta sobre mi pensamiẽto: y dialogando con el, determine de escotar el tiẽpo q̃ enlas comidas de vanas lecciones auia gastado, con emplear el que me sobra enla descripcion desta verdadera historia. Suplico al Padre delas misericordias immẽso, por Abrahã figurado, q̃ embie algun auiso de su gracia alos que la leyeren y a mi, paraq̃ sabiendo los bocados amargos q̃ deuen gustar, los q̃ siẽdo Epicureos delas humanas letras, se hã perdido tras ellas, dexemos la gula del rico auariento, y tomemos la tẽplança de Lazaro, para cõ tiẽto nos aplicar alas escripturas diuinas, pues ellas son el mã-<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||EPISTOLA PROEMIAL.|}}</noinclude>jar saludable, q aplaze al gusto del alma y sus poté cias. Prosiguiendo pues lo que tengo começado, pues no tengo cuenta con los letrados ilustres, lo mas bie q supiere, dare a mis hermanos la comida que desseo. Prouca Dios, que no me vědá la costa de mi trabajo enel Egypto de murmuració y em bidia, segú que los hijos del Patriarca Jacob vendieron a su hermano Joseph. Pero aduertiédo, que los q tienen acostubrado el apetito alas lecciones ya dichas, no vernian desseosos al vaquete destas, auiedo de passar de vn estremo a otro, propuse dar les de comer la perdiz desta historia, alboroçada conel artificio delas que les solian caer en gusto. Porq mas engolosinadose enella, pierdan el sabor delas fingidas, y aborreciendolas, se ceuen de esta que no lo es. Paraq despues deste pasto, como sue len algunos padres recitar a sus hijos las patrañas delos caualleros de burlas, les euëten y hagan leer las marauillas delos guerreros de veras. Causará esta leccion vn bien tan grande, si con animo espiritual es proseguida, q cayédo los sabios enel caso a la vanidad mundana, nose trassudaran por hazer a sus hijos Hectores y Hercules en fuerças corporales: ni Midas y Crassos en temporales riquezas: pero haziendolos y mitadores delas heroy cas virtudes delos santos caualleros enesta caualler ia celestial canonizados, les procuraran las bēdiciones de sus riquezas y esfuerços espirituales. Aqui hallará traçada no vna tabla redőda, mas muchas: no vna sola auentura, mas venturas diuersas: y esto no por industria de Merlin, ni de Vrganda la desconocida, mas por la diuina sabiduria del Verbo hijo de Di-<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||EPISTOLA PROEMIAL.|4}}</noinclude>os, alos hōbres escódida, inuestigahle, y secreta. Ta bien vera, no al maestro Elisabad diestro enla cor poral cirugia: pero muchos cirujanos acuchillados por la experiecia de su milicia, los quales có los vn guentos de su santo exemplo, sanará alos heridos sus espirituales heridas. Hallaran tabien no vn solo Amadis de Gaula, mas muchos amadores dela ver dad increada: novn solo Tirante el Bláco, mas mu chos tirantes al blanco de la gloria: no vna Oriana, ni vna Carmesina, pero muchas fantasy celebra das matronas, delas quales se podra colegir exemplary y virtuosa erudició. Veran assi mesmo la biueza del anciano Alegorin el sabio, y la sagacidad de Moraliza la discreta donzella, los quales dará de si dulce y prouechosa platica, mostr ado en muchos passos desta Celestial Caualleria encubrados miste rios, y altas marauillas, y no de vn fingido caualle ro dela Cruz, mas de vn precioso Christo, q verda deraméte lo fue. Bien se, q co aduertir esto, despier to contra mi alguna legion de Biuoras, Escorpiones, y Basiliscos, paraq conel veneno de sus léguas y visajes emponçoñen mi sana intencion y proposi to: duerman pues descansados, y al sabor de sus inuenciones: pues no entiédo reprehender con mis sanas palabras a ninguno delos que en aquella, ni en otra facultad escriuieron: mayormente pues no me siento abil para ser juez de trabajos ajenos, coformandome con lo que escriue el magno padre Hieronymo al maximo Papa Damaso, enla episto la sobre la version del nueuo Testaméto. Todauia protesto delante del diuino conspecto, que si enes ta Celestial Caualleria alguna cosa digna de anota-<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||FRAGANTE.|15}}</noinclude>que assistiessen con los hombres enel suelo. Hecha por la diuina Majestad esta maravillosa election, y assentadas las celestiales inteligencias por la manera, y orden que oystes, seruianlo en su imperial palacio los Seraphines de Continos delante su diuino acatamiento, los Cherubines de secretarios, y los Tronos de pajes: las Dominaciones, de Mayordomos, y Mastresalas: los Principados de Vise reyes, las potestades de Gouernadores: las virtudes de Capitanes: los Archangeles de Coroneles, y los Angeles de fuertes, y luzidos caualléros. Fue el Mayordomo mayor de aquella celestial casa el aué tajado cauallero Luzbel, este daua noticias alas inferiores Gerarchias delo que auian de hazer los ca ualleros dellas enel seruicio de su Señor. Tuuo este cargo importante todo el tiempo que permanecio enla gracia de su principe, pero no contentandose de su oficio, prouo de vindicarse el principado. Por este descomedimiero fue despedido del celestial palacio, y desterrado para biuir perpetuamente enla baxeza del infernal abismo, como ade lante se vera. Conel concierto que oystes, puso fin el vniuersal Monarcha al assiento de su casa imperial. Considerando entonces las celestiales Gerarchias las ineffables mercedes que auian recebido, se prostraro a su deydad, y dandole innumerables gracias co dulces cantilenas, le prestaron obedien cia, auque muchos dellos, que defagradecidos sueron, se le rebelaron despues.
MARAVILLA IIII. Cuenta la brauabatalla que vuo entre los caualleros de la Mesare donda<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||PIE DE LA ROSA|}}</noinclude>donda del cielo sobre las fillas defendidas, enla qual el Principe Luzbel, y los de su vando fueron vencidos.
En mucho fe tenia los caualleros dela tabla re dōda del cielo, cōsiderādo las fuerças de su es merada naturaleza: especialméte viedo, q no começauan auentura alguna, estádo en gracia, que no le diessen cima co horra suya. Pero conla libertad que su libre aluedrio les concedia, no dexaron algunos dellos de pararse orgullosos, mayormēte co pesar enla gradeza delas sillas defendidas. Pues aueys sabido la manera delos assientos destos caua lleros, cóuiene , q os digamos el modo destas sillas, y porque las llamaua afli. Sabreys, que sobre la Ge rarchia mas alta delos assientos dela tabla redōda del cielo, alla enlo Empireo del, estaua vna riquissi ma silla, puesta ala derecha dela del eterno Padre, y soberano Emperador: parea cō ella y có la del Espi ritu santo, haziendo todas tres sillas vn admirable solio, vn supremo poder, vn inescrutable saber, y vn solo querer, sin alguna repugnacia. Lamajestad, y grandeza deste diuino trono no la fabria dezir nuestra ygnorácia que la podria ymaginar có el en tédimiéto, pues el saber del famoso cauallero Pablo que la vio a ojo, no la supo cótar. Baste que se=pays, q aunq aquella silla estaua llena de diuinidad, henchiedola la sabiduria del diuinal Verbo, tabie estaua otra silla adereçada para la humanidad que auia de tomar a su tiepo, armandose de carne virgi nal. Enella auia de triúfar Christo, por la vitoria q muriédo, auia de ganar dela muerte. Dōde gozan do por siépre jamas delos mayores y mejores bie nes de su padre immeso, que por el assiéto dela de-<noinclude>{{pie|||recha}}</noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||FRAGANTE.|16}}
recha son entédidos, biuiesse sin sin, y reynasse para poner fin a todo lo criado. Desta silla auia de oyr, y della mesma abogar, y despedir causas, juzgā dolas en quáto Dios, y defendiédolas en quato hó bre. Desta silla auia de absoluer, y della misma con denar, de esta hazer gracias, y misericor dias: tanbié permitir defgracias, y miserias. Finalmente como mayorazgo del celestial palacio, auia deser tan qrido, q aunq su poderoso padre biue eternalméte envida suya, lo distribuyesse todo, dispésado lo a su volútad. Nobrauase estas sillas defendidas, porą sié pre lo ha sido, son, yserá para todos, fin merecer na die el assiento dellas, saluo el Saluador general q perpetuaméte las tiene, el qual, aunq auia de couer far por la tabla redöda del múdo, peleado treynta y tres años, no por esso auia de dexar jamas el ássento dela diuina, pues núca se auia de apartar della, ni ella estar vazia del. Bien supistes lo q passa des tas sillas, digamos agora la discordia, y braua bata lla q vuo sobrellas. Fue assi, que auiendo criado el soberano Emperador a sus caualleros, allende delas gracias con q los armo, les hizo señaladas mercedes de altas reuelaciones, y entre ellas les dio no ticias dela grandeza a q auian de ser promouidos los hombres, por huma narse Chrifto. Sabiedo esto vna parte del celestial exercito, como viesse lahu manidad tan encubrada, desseo mucho entrabas si llas, y aquel supremo lugaria esta causa fue hecha la conjuració entrellos, y de aquel desordenado desseo les nacio la determinada volutad de cóspirar cótra la Majestad diuina: tanto q pues fueron ala mano al soberano edicto, luego dieron en manos
del<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||PIE DE LA ROSA|}}
del crimen de lesa magestad. No me curo, si perma necieron morulas, o mas espacio de tiempo enla obediencia de su señor, pero conforme al comun parecer, la tercera parte de cada vna delas tres Go rarehias conspiro contra el. Tomaron estos a Luz bel por su Capitan, el qual, mouido dela grade em bidia que tuuo ala grandeza del hombre, o confia do de su propio merecimiento, se rebelo con sus aliados, y para mas induzirlos a su proposito, les ha blo assi. Preciados Caualleros, oydo aueys qua im porrante auentura es la delas sillas defendidas, bié andante sera el que le diere cima: pensado he, quan poconos presta el preciarse de celestial solar, ni ser mirados en luzidos arneses, si con todo esto se dexa de verificar conlas obras el propio valor, Bié sabeys, que somos caualleros noueles, conuiene mucho, que a veteranos, y no a tirones sepa nuestro primero acometimiento. Pues considerando esto, para que suene la fama delos Caualleros dela mesa redonda del cielo, en que mas alto comienço de caualleria nos podemos emplear, fino es, en trar enla demanda dela diuina, y humana alteza? Esta consiste enla conquista delas fillas defendidas, la qual me pertenece, por ser yo la mas alta delas eriaturas criadas. Entremos pues animosamente enella, y no se os haga peligrosa, pues allende que por justo titulo es mio este assiento, a no ser assi, bastaria mi valor para ganarlo, y procurandolo vo sotros, no hariades poco vuestro partido, pues co caber os en suerte vn tal señor, terniades por seguras las mercedes de mi larga mano. Creedme ainigos, y acometamos este hecho, q si le damos ca-
bo,<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||FRAGANTE.|17}}
bo, quedaremos tan perpetuados en gloriosos re nobres, que conel descanso dela victoria por dulce reputaremos el recebido trabajo. Dio fin a lu platica Luzbel conestas postreras palabras, delas qua les, y de su boca pendian los oydos delos conjura dos, táto q les pesaua mucho, que su razonamieto acabasse. Engolosinarose táto en su platica, y promessas, qalçandolo por su Principe, se determinaro en su seruicio. Quedo tá vfano eo esto el nueuo Capitan, q luego mando tender los pédones de su vanagloria, mostrando en su blason estas letras:
SOBRE LAS ESTRELLAS ENCUMBRAR MI SILLA TANTO QUE SERE SEME IANTE AL SUPREMO.
Mando despues alos trompetas de su volatad, que publicassen por su real el dia dela batalla, de mane ra que por aquellos campos ethereos guerras mas que ciuiles se apercebian. Oyendo el pregon los amotinados, dauanse priessa en adereçar sus armas, pero quanto mas las ponian a punto de su dañado proposito, tanto mas las gastaua en su virtud y for taleza, y las hazian muelles. Apercibieron tambié los cauallos de sus desordenados apetitos, y los po nian por el campo de sus pensamientos, donde reboluiendolos con mucha soltura, mostrauan el desseo que tenian de verse rebueltos con sus enemigos. No se celebraua por aquel errado exercito otra cosa, sino yerro, por aquellos q despues se hizieron adorar por Vulcanos, Martes, y Saturnos: tá to que pues yerro era toda su empresa, bien armados del se presentaron a su General. Conociédo el
Capitan<noinclude></noinclude>
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Capitan dela rebelion el buen desseo delos suyos, dela rebelion el buen desseo delos suyos, mando hazer alarde, y los ordeno a su proposito. Puestos a punto de guerra, no curo de poner enla hueste centinelas ni corredores, porque no creya, qué vuiesse poder tan poderoso, que le pudiesse re sistir. Dexemos estar a Luzbel, y alos suyos, q siem pre entendian en passar adelante su empresa, digamos la fidelidad y valor del auentajado cauallero Miguel, el qual conel restante delos buenos caualleros dela tabla redonda celestial, no quiso venir a la voluntad de Luzbel: pero sabiendo las cautelas, que armaua por ganar las sillas defendidas, proue yo luego lo que cuplia al seruicio del soberano Em perador. Tomo consigo las dos partes dela caualleria celestial, pues eran leales a su Principe, y con esta innumerable vada de caualleros escogidos, de termino de ponerse en guarda delas dichas sillas, y oponerse aquien las quisiesse tyranizar. Yuan el, y los de su manada enlos cauallos, q los vio despues el coronista sant Iuan en sus visiones, mostrando por el blancor dellos la pureza de sus pensamiétos enel seruicio diuinal. Muy luzidos se mostrauan aquellos guerreros armados en blanco delas armas de sus gracias, yquanto mas perseuerauan en su fiel determinacion, tanto mas limpios, y esmerados re luzian sus arneses. Dichosos sueron estos felices ca ualleros, en determinarse por esta parte, y no poco obligados al supremo Emperador, por auer les hecho la merced dela constancia que enian, pues auia sido en su mano valer a Luzbel el desleal, y co mo el, y los suyos, obstinadamente perderse. Hechos todos vn espiritu conla voluntad diuina, pu-
sieron<noinclude></noinclude>
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fieron todas sus voluntades enella, y conociendo el valor del animoso Miguel, y el zelo que al diuinoseruieio tenia, le tomaron por su Capitan. Ordeno sus hazes este santo caudillo, y mando desple gar las imperiales vanderas: estaua vn letrero en ellas, mostrando la querella que defendian, el qual dezia: QUIEN COMO DIOS PARA OSAR YGUALAR CON EL ? Muy a buen recaudo tenia su hueste, procurando, que hiziessen vela las cópañias delos Capitanes, Fortaleza, y Per seuerancia, y con marauilloso cócierto, puestas las centinelas de Humildad, y Agradecimiento, tenía por corredores Solicitud, y Vigilancia, y conel or den que dixe, guardaua la tilla imperial, continua mente biuiendo enel obsequio de su Emperador. Estando los exercitos enlos terminos que oystes, no se soslegaua Luzbel de continuar su demanda: como supo quan a buen recaudo estauan las sillas defendidas, determino de poner al riesgo de batalla la determinacion que tenia hecha: y viedo, que no se podia escusar de pelear con fuertes caualleros, animò alos suyos, haziendoles vn soberuio ra zonamiento. Hecha la arrogante oracion, viendo que hallaua quien lo resistiesse, con vn ayrado sem blante mouio su exercito contra sus enemigos. Mi raua el Principe Miguel el discurso de sus contrarios, y viedo, que hazia el venian los rebeldes con denuedo muy grande, animo su hueste para la batalla, orando por la manera siguiente: Öy preciados Caualleros es el dia de nuestras honrras, oy es la jornada de nuestros premios, oy se ha de mostrar la virtud delos leales, este es el lance para
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señalarse los agradecidos seruidores: como tales, tengamos por bien, de reconocer lo que deuemos a nuestro soberano señor, el qual por su bondad in estable, y no por nuestro merecimiento, nos hizo merced de tan exceléte naturaleza. Visto aueys, q Luzbel, mouido de soberuia, tieta de ocuparse las sillas defendidas, pues con hazer esto, desobedece ala diuina voluntad, y la ofende, en querer ygualar se con su grandeza, conuiene, que vnanimes le defendamos tan encubrado lugar, pues solamentese deue, y pertenece al señor cuyo es. Estad cófiados dela vitoria, pues peleamos como essecutores de ladiuina lusticia: no se tenga otro fin, sino es lidiar por la honrra, por el seruicio, y el amor de Dios: pues allende que a ley de fidelidad somos obligados a ello, no pequeña gloria sera para nosotros, que parezcamos con insignias de leales delante su diuino acatamiento. Acabo de orar el Capitan generoso: y la respuesta, que sus copañeros le dieron, fue fortalecerse enla virtud diuina, en cuyo amor encendidos, mouieron por su orden contra las obstinadas hazes que hazia ellos venian, y los salieron a recebir con animoso coraçō. Amenazauanse de lexos los escudos delos propositos de vnos y otros, y enel continente de ambas huestes, se mostraua muy de veras el desamor que se auia. El ruydo delas trompetas, y el alarido delos rebel des, parece, que auia de poner espanto enlos leales, pero yuan ellos tan sobreth, que acercando se a su passo alas ordenes delas vanguardas, y escaramuçando las hileras delas intenciones, se trauo la bata lla. Fue tan reñida entre ambas partes, q otro mayor<noinclude></noinclude>
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yor impetu ni hecho de armas no se vio despues. Alli peleaua las voluntades y no braços, los elpiritus y no cuerpos, que pues no los auia , espiritual re cuétro le auemos de dezir, ya esta causa fue esta ef pátosa caualleria de mayor estimació. Vierades alos leales hazer marauillas en armas, apellidando a Dios, y retirarse los traydores, perdiendo cielo, y llamando a su Capitan. Alli falsauan las lanças del amor delos fieleslos escudos dela ingratitud delos infieles, y las alfiladas espadas dela perseuerácia de los buenos desmallauan las lorigas dela obstinacion delos malos. Las maças, y hachas dela fe delos imperiales, abollauan los yelmos delas capitosas cabeças delos amotinados, y los estoques dela justicia delos Cesareos, rompia las pieças delos ty ranos arneses. Bolaua por el ayre las hastas delas la ças, y con sus justificados encuentros, sacauan alos foberuios delas ricas sillas, las quales quedauan va zias de sus arrogantes dueños, para subir y ser ensalçados los humildes enellas. Morian los vnos, y matauá los otros, y quedauan biuos para siempre los muertos y los matadores: morian los tyranos muertes de perpetua pena, y quedauan los obedié tes conlas vidas de perdurable gloria. Parecia se la fealdad delos conjurados en sus monstruosos rostros, y la fidelidad delos leales en sus radiantes caras. De manera que aquellos que antes solian ser Angeles en hermosura, fuero despues feos Demo nios en espantable difformidad, tato que jamas se vieron tan hermosos biuos como los vencedores, nitan feissimos muertos como los vécidos. Estan do la batalla enel trácè qaueys oydo, pareciole al
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santo caudillo Miguel, que a demasia durauan los enemigos enel campo. Entonces viendo el animo, y brauo coraje con que se mantenian enel, especial méte Luzbel que soportaua el peso de toda la batalla, apreto en su mano la espada dela essecucion dela diuina Iusticia, y entro enel mayor golpe de la lid, animado alos suyos, y dãdo fuertes, y desme surados golpes en aquellos rebeldes, se hizo abrir passo por todas partes: tanto que dōde mas se martilleaua la batalla, vio al salso Luzbel que delante los suyos peleaua con mucho vigor, pugnando de dar cima a su empresa. Como assi le vido, fue para el bládiendo su espada, y le dixo: Agora do desleal perdereys el orgullo q tuuistes con saber a que saben los filos dela justicia: venido soys a tiempo, donde pagareys lo que deue a Dios poderoso vues tro soberuio atreuimiento: atended el dulce y justificado corte desta espada diuina, yvereys, esperime tandola, el castigo que reciben los que como vos son fementidos, y aleuosos. Diziendo estas palabras, se dexo yr contra Luzbel q con brauo coraje lo atédia, y alçado la espada con ambas manos, le dio vn espatoso golpe sobre su soberuia cabeça, y aunq no sue desaforado, pues con justicia lo recebia, no le presto algo a Luzbel el yelmo de su malicia, tanto q cortandole el yerro de su eleuado pensamiento, le corto tābien las enlazaduras de sus dañados propositos, y atordido con aquel fuerte golpe, lo derribo dela filla, y del cielo enlos infiernos del descanso dulce enel trabajo amargo, y dela gloria perdurable enla eterna pena. Dado este golpe tan estraño, cayero co su Cabeça aquellos re beldes miembros:
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beldes miembros: de manera q transfigurados los Angeles enlas figuras de ossos, tigres, y leones, jaualies, culebras, dragones, y basiliscos, galapagos, lobos, y fieros mastines, mostrando estraños visajes, cayeron enel abismo. Finalmente quedo vencida la tercera parte dela celestial milicia con caer aquel innumerable numero de murciegalos, y lechuzas, y triumphò el restante de aquellos luzidos militares con gloriosa victoria. Siguieronla los fie les caualleros hasta dexar limpio el campo delos infieles enemigos, pues siendo cielo, razo era, que hermoso [quedaffe], y sin la suziedad, y escoria dela soberuia infidelidad, y malicia, con que inficiono Luzbel despues al miserable suelo. Ganaron tambien los vencedores los despojos delas gracias delos vencidos, allende delas riquezas q dellas tenia, enlas quales fueron confirmados para siempre, en premio de su fidelidad. Perdieron los traydores en aquella jornada los pendones de sus excelencias, y las armas delas gracias, inabilitados para no traer las mas, en castigo de su rebeldia. Perdieró assi mis mo las libertades de emplearse en bien, y quedoles la biueza, que oy dia tiene, para darse al mal, quedando obstinados en su malicia, sin poderse conocer para pedir perdon y misericordia al soberano Emperador. Ante cuyo acatamieto se presentaron las legiones delos victoriosos Angeles, y alabaron asu diuina Majestad, por las mercedes, y fauores q les auia hecho con darles la victoria: y conociendo, que el esfuerço que enla batalla tuuieron, les auia concedido su diuina elemencia: por todo esto le dieron innumerables gracias, y se las dan in-
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cessablemente, y las daran por siemprejamas.Viedo el immenso Monarcha la fidelidad, y obediencia de sus seruidores, los recibiopor sus caualleros: dioles tambien la hórra de militares de su mesa redonda del cielo, y confirmandoles los preuilegios delas gracias que en su creacion les auia dado, les otorgo nueuaméte otros muchos, por el seruicio que enla passada batalla le hizieron: y entre los otros alos auentajados caualleros Michael, Gabriel Raphael, y Vriel, alos quales dio en su corte imperial, y fuera della muy importantes cargos, y oficios. Perpetuò tambien a todos los leales enlas sillas que enla mesa redonda del cielo tenian, y enlas porciones dela gloria que gozauan enella, para siempre sin fin.
MARAVILLA V. COMO DESPUES que fue vencido el principe Luzbel, tuuo cortes alos suyos, y el corte que saco enellas, para preuenirlos enlas guerras que se auian de hazer conlos caualleros dela mesaredonda del suelo.
Despues que los militares de Dios rompieron a Luzbel, y a sus conjurados, huyédo el tirano del furor delos leales, se recogio co los suyos alos infiernos. Mereciero retirarie a aql tenebroso abis mo, en pago de no auerse côtétado del claror q teniã enla mesa celestial. Mado hazer alto el Principe soberuio, y encorajado có là pena de su vencimie to, hizo alli su estacion, y enla hora determino tener cortes a sus grandes, y vassallos. Hecha la conuocació dellas, y ayutados los estamétos al assigna do dia, con estruendo de muchas trõpetas, se assen
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{{CP||FRAGANTE.|21}}
to enel solio.
Assistianle delante los principes, y potentadosde sus reynos con las insignias de sus señorios: y entre los otros le tenia desnudo Asmo deo el estoquede concupiscécia, conel qual auia de dar a su tiempo desmesurados golpes enlas almas delos laciuos caualleros: traya Belzebu la deuisa dela fierpe, co cuyo hermoso rostro auia de atraer a Eua a su voluntad: assistiale Satan conla corona de soberuia, dela qual se corono para caer del cielo: teniale Belial el ceptrode su potencia, el qual le quebro sobre la cabeça el fuerte cauallero del Leon, quando lo desapodero del mundo, y lo desterro del con la victoria dela cruz. Puesto ya silencio enlos circunstantes, con boz autorizada hizo la proposicion siguiente. Especiales amigos, animosos caualleros, no deuen poneros pauor los baybenes dela fortuna: esto digo, porque aunque no salimos con la nuestra enla demanda passada, ni deuen desmayarse vuestros fuertes coraçones, ni quedar desconfiados dela vengança: fruta de caualleria es, el vécer y ser vécidos: sabed, que los que a ley de buenos caualleros perdieron vna jornada, en vispera estan de ganar otra, sino decienden de su valor. Porende para daros cuenta de lo que poruentura no confiderays, os mande llamar a este ayuntamiento: y tambien porque con vuestro parecer y consejo, se prouea en lo mucho que quedamos gastados, y con graue daño, enlas riquezas delas gracias y excelencias de que abundauamos en antes: para que, proueyendo a esto aui sadamente, tomemos emienda de nuestros enemigos, con acrecentamiento de nuestra reputacion y
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estado, y recópensa de nuestros daños passados: de manera que si reyno perdimos con perder el cielo, reyno y reynos ganemos co conquistar el mundo, véciendo al hobre su possessor. Couiene, para que falgamos con nuestra empresa, q como Dios hizo al hobre a su ymagen, que le hagamos nosotros a nuestra similitud: de manera q como nosotros fuemos desleales a Dios, queriedo tyranizar su potencia, assi le sea el desobediente, pugnado de ocuparse su sabiduria, tato q siedo nuestro semejate eneste crimen de lesa majestad, pierda, como nosotrosper dimos, el reyno del cielo, para el qual fue criado. Sabreys mis cordiales amigos, como se nos ofrece manera, para hazer mortalissima guerra contra los caualleros, y Principes, que habitará la mesa re dōda del múdo: los quales sera vassallos del mismo Emperador cótra quien auemos lidiado. Sera esta guerra que contra ellos se hiziere, vn arte de pelear contra el por cautelosa manera: porque los amará de tá charitatiuo amor, que para defenderlos, se armará de su carne: y por librar sus almas de la muerte eterna, perdera el la vida temporal. Darles ha el reyno mas deleytoso de toda la redondez dela mesa redōda del suelo: y los armará có los arneses de grades gracias y preuilegios, auque poco tiepo gozará de aquel suaue lugar, cayendo por mi bellicosa industria enla indignacion de su señor. De mas desto perderá en castigo de su rebeldia las immunidades q dixe: quedara empero abilitados para saber la milicia del bien y del mal, y co libre alue drio, para prouarse a su volutad enla caualleria que destasdos quisieren, Verdad sea, q auque no terne-
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mos cotra ellos mas fuerça dela q nos querrá consentir, qdará su naturaleza tā malherida de mi batalla, q mas aficionados seran al vicio q ala virtud: por dode coneste ardid de guerra, ternemos lugar demostrar enellos el valor de nuestras fuerças ,haziedo por el orbe vniuerso muy grades, y famosos hechos en armas. Pues auque cayendo dela mesa re dōda del cielo, caymos delas gracias q recebimos enella, siépre nos estamos en pie, quedado conel sa ber natural q nos fue comunicado en nuestra creació: có cuya biua destrezaseremos parte para ganar les muy señaladas victorias. Tábie sereys auisados, como toda esta vada de caualleros, será codenados a muerte espiritual y corporal, a causa q desobedecera su progenitor a su Rey: pero terna cobro enla muerte eterna del alma, sise acogieren a su misericordia: y este fuerte passo les auemos de defender, y guardar có todas nuestras fuerças, pugnado, q no passen a este conocimieto, pero q se qden enl firme proposito dela obstinacio: porq haziedo esto, el vso les cóuertira los vicios en naturaleza, yaguardadolos nosotros al passodela muerte, tened por cier to amigos, q muchasvezes colosencuétros delas lá ças de nuestras sugestiones les haremos caer enl fos so dela desesperació: táto q pues no podrá passar al reyno dela gloria, si assi muricré, qdará conosotros enl dela pena, siedo moradores delos infiernos eter namétery esta manera de pelear, y los daños q coella les haremos sera partemuy essecial para nuestro cósuelo. Verdad sea, q los tales guerreros sera arma dos para su defensa delas fuertes platas dela gracia, templadas conel agua que baptismal se dira: y seran
estas<noinclude></noinclude>
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estas armas tales y con tal virtud, q forjadas, como dixe, y no por encatamiéto mas por el acatamiéto desu Rey, no podrá ser falsadas, sino por ser falsos a su Principe los caualleros q las vistiere. De modo q có elvalor dellas, y con los escudos dela fe q prometerá a su señor, ligeraméte se defenderá de noso tros: en especial si no prestaren su consentimiento a nuestras suasiones. Ofender nos há tambien con las lanças de vn precioso madero, en quien su Principe perdera la vida: y con las espadas dela justicia que ternan, con guardar los mandamientos de su Emperador. Y si con todo esto, y mantener el orden de caualleria de su ley, se vuieren a gui sa de buenos caualleros: por tiempo subiran enlas sillas de que nosotros caymos enla batalla passada. Verdad sea, que innumerables dellos estaran prefos por millares de años enlas carceles de nuestro reyno: hasta que los sacara dellas el inuencible cauallero del Leon por vna estraña auentura: y sera este fuerte guerrero del famoso tribu de Iuda, y dela casa real de vn esforçado Rey que se dira Dauid. Pues aueys oydo amigos quanto importa este negocio, y de que arte aucys de pelear para mejor aprouecharos dellos enlas batallas: agora vote fielmente cada vno de vosotros, y diga su parecer acerca delo que mas cumple al bien vniuersal de nuestro reyno, y ala honrra y ensalçamiento de nuestro estado y corona. Callose co esto el Prin cipe Luzbel. Entonces mirandose sus vassallos los vnos alos otros, se combidauan aquien hablaria primero: pero aunque quedo orde natural enellos despues que perdieron el cielo, desordenadamente
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||EPISTOLA PROEMIAL.|5}}</noinclude>ció vuiere, essa sera dela misericordia Diuina, y por el cótrario, la que tal no fuere, aunque peque enla castidad dela legua, y se me deua perdonar por no ser mi natural leguaje, essa sera de mi cosecha. V er dad sea, q el mesmo clementissimo Dios, q antes de hazerse hombre, dio por ayudáte a Aaro, para el impedimiento dela lengua del balbuciéte Moy sen, y proueyo, a q la asnilla de Bala hablasse, y alim pio por su Angel la boca del propheta Esayas, paraque disertamete pronúciasse sus coceptos: y esse mesmo Señor, q despues de auer tomado al hombre, abrio la boca al mudo, y los ojos al ciego q nacio ciego, y los oydos al que nada oya, puede hazer las mesmas admirables marauillas enla persona, q como yo, todos estos y otros mas defectos tu uiesse, pues el exorable Señor, q no haze excepció de personas, embia su Espiritu adõde y en quie le plaze. Considerado esto, no me mouio ambicio alguna, a presentar al beneuolo lector la Rosa Fra gante desta Caualleria Celestial, pero biuo zelo de ver tan terrenales los humanos apetitos, y tan curiosos tras el olor delas presto marchitas flores de las desaprouechadas letras. Aunq podre dezir con el padre ya dicho, q acometi piadoso trabajo, pero tuue peligroso atreuimiento. Cogi la Rosa del cabo del vergel dela diuina Cronica, do tiene las ray zes su fresco rosal, y mostraremos por el Pie verde, que al presente auemos de tratar, las marauilas q en armas espirituales hizieron los mas preciados Patriarchas, y Profetas, y los buenos Capitanes, Iuezes, y Reyes dela Era delas leyes Natural y Escri ta, enla esperança y fe del Meslías que esperauan,<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP|||9}}</noinclude>{{t2|❧ Pie dela Rosa Fragante|sub=Cuyo suaue Olor enseña la marauillosa fabrica delas Tablas redondas del Cielo y Suelo, y la creacion de los Caualleros Celestiales y Terrenales, que las gozaron. Tambiẽ muestra la espiritual caualleria delos esclarecidos Patriarchas, Prophetas, y Sacerdotes, Iuezes, Capitanes, y Reyes del pueblo Hebreo. Y las marauillas que hizieron en armas espirituales, enla vẽturosa demanda de Christo cauallero del Leon. Van enxeridos enla literal Historia muchos sentimientos alegoricos y morales.}}
{{t3|⸿ MARAVILLA PRIMERA. Cuenta como el Emperador Dios omnipotẽte crio las dos tablas redondas del cielo y dela tierra: y las admirables marauillas que obro enellas.}}
Antes que la hermosura del cielo manifestasse, ni para que se viesse la belleza delas aguas y tierra, se alçassen las tinieblas con la luz del dia: y antes que las formas de las diuinas obras, con tener el ser, tuuiessen lustre: ni se mostrassen todas las cosas por la marauillosa creacion dellas, ya era la diuina essencia de vn solo Dios verdadero, y tenia su ser diuino eternalmente para siempre sin fin, sin tiempo passado, ni por venir. Biuia enel la sabiduria del verbo Dios su vnigenito hijo, y el amor del sanctissimo Dios Espiritu santo, que del padre y del<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||FRAGANTE.|11}}</noinclude>son y armonia deleytosa recreasse los mortales oy dos: y el sentido del oler conla fragancia delas flóres fe contentasse: y el tacto, conel toque, y conuersacion delas blandas, y suaues plantas que las produzian. Ordeno de mas de esto, que Alua la hermosa dozella pusiesse eneima desta mesa los má teles del celestial rocio: y Febo, el paje de hacha, los alçasse con su venida. Fueron labradas estas mesas redondas conel poderoso copas de quatro letras, pues sigura circular, y sin principio, y sin, es el diuino artifice, que consolo dezir, FIAT, las obro. Assentolas su mismo hazedor enel immobile pie de su diuina manutenécia, y les dio sus polos el Artico, y el Antartico, táto q ala vna mueue, y ala otra fustenta con sus inuestigables poder, y saber. Y por la manera que aueys oydo, amostraron estas mefas el artificio de sú diuina, y delicada labor.
MARAVILLA . II. REZA QUIEN fueron la donzella Moraliza, y el sabio Alegorin, y las altas grandezas, y marauillas, que descubrio la donzella Moraliza enta mesa redonda delsuelo.
Pues auemos dicho algodelacoposicio destasme sas, conuiene que digamos, quien fueron Moraliza, y el sabio Alegorin, conlos quales se ha de tener muy gran cuenta eneste tratado. Sabreys, que la muy antigua, y anciana historia que descreuimos, sue madre de dos hijas y dos hijos, della procedio el sabio Alegorin, el qual declarara a su tiempo las altas marauillas escondidas enlas auenturas que adelante se diran: pario tambien ala sa-<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||PIE DE LA ROSA|}}</noinclude>hijo incessablemente procede. Y eran las tres diuinas personas vna misma, indiuisible substancia, y vn mismo poder, vn querer, y vn saber enel criar. Viendo pues la Majestad immesa de Dios Empera dor soberano las cosas y causas dellas, y los casos por venir teniedo presentes, y viendo en su diuina mente todo lo que se auia de hazer, los siglos, y lo los que tiempos rodean, pareciole, que todo era su reyno, pues a todo auia de dar el ser, y perficio. Determinadolo assi, quádo plugo a su diuina Majes tad manifestar por sus criaturas su immensa grandeza: entonces aunque secreta en su eternidad, sola ella perfetaméte se conocia, crio, para dar noticia de si, dos tablas redondas, la del cielo y la del suelo. Para este diuino efecto adorno lo informe enl prin cipio dela general creacion, y perficionadolo con sus formas, crio el múdo temporal, y no eterno, y có vn ordé diuino ordeno los tiempos. Tomo su deidad ineffable la obra enla palabra, y no enla ma no, y conel poder della, fabrico la mesa celestial. Començo con hazer el orbe a enseñar el finor de su diuina sabiduria, pues por su arte llena delas formales razones de todas las cosas, q es el Verbo su proprio hijo, lo crio todo. Cópuso tabien la hermosa mesa redōda del suelo, de cuya fabrica exceléte se tratara despues. Puesta ya la celestial mesa pa ra ser mirada quadovuiesse racionales hōbres para verla, pues los irracionales brutos inclinados hazia la tierra no la auiá de ver, mostro por el enues della muy estrañas marauillas, pues la faz de su riqueza solo se podia contëplar conel espiritu. Parecio el jazpes de sus varios colores, la taracea delas radia-<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||EPISTOLA.|5}}</noinclude>nombrado el cauallero del Leon. Corran pues las almas delos fieles al olor desta fresca rosa, mostrada por el Rey sabio enla melodia de sus dulces can tares: pues para defenderse del hedor del mundo, no se puede traer flor mas suaue enla mano dela memoria. Esta se saque por el alquitara dela consideracion conel fuego del amor diuino, y dara de si el agua rosada de muchas virtudes, para amatar co ella el calor delos vicios. Lleuen la todos, pero no enla gorra, porque va assentada sobre los cabellos, que las superfluidades del cuerpo significan, mas vaya puesta enel pecho, porque callentandola con Christiana charidad, sentiran su fragácia: y alabando a Dios por ella, no vituperaran al Autor, que con zelo Christiano la presenta. Bene vale.
Soneto de Andres Martin Pineda
Al zoylo, y detractor.
<poem>No rompas con los dientes esta Rosa,
trata la blandamente con las manos
primores ay enella soberanos
al mundo nace oy fresca y hermosa:
Huele, contempla, y gusta, si es graciosa
antes de hazer juyzios inhumanos,
tratar humanidad con los humanos
parte sera de casta generosa:
Oy se te da la Rosa de sugrado
venido es ya su Mayo ya es suaño,
huelelasin dexarle tu veneno:
No seas qual Adam con lo vedado,
quel fruto se quedo sin mal ni daño:
y Adam rn lo gustar perdio la bueno.</poem><noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" /></noinclude>❧Nobilis Ac ingenvi Viri Petri Castel lani Equitis Aureati,
Ad lectorem.
<poem>
Ac veluti prudens medicus qui contegit auro,
Quiue austera nimis pharmacamelle linit,
Haud secus hic austera quidem, sed plena salutis,
Sub specie belli mystica sacra canit.
Horrida sunt nimium, fateor, nec grata quibusvis
Prælia, queq; animus vel meminisse tremit,
Sed sua quosq; iuuant, animosis scriptus Iberis
Non aliter poterat gratior esse liber.
Illecebris alijs alios pertraxeris, ast hos
Nilmage quam Martis claßica rauca trahunt.
Ergo dolo hoc lector fruere, & dum pronus ad arina
Fortia fatalegis, dogmata sancta bibe.
</poem>
<poem>
Soneto de Iuan Hieronymo Aunes en comendacion dela Caualleria Celestial dela Rosa Fragante.
</poem>
<poem>
Impacos se nombraron los Despaña
Caldayco fue el autor que lo screuia
nombre les dio que bien les conuenia
por su valor y grande esfuerço, y maña;
Belligeros y fuertes fuerça y saña
</poem><noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP|||6}}</noinclude><poem>conellos se crio, y la cortesia:
visnietos de Noe en genealogia
temidos de qualquiera gente estraña.
Aßinuestro Español siguiendo el vso
de sus antecessores belicantes
como varon heroyco en verso y prosa;
A guisa de batallas dio y compuso
el libro militar de Bienandantes
y santos Caualleros dela Rosa. </poem>
❧Cosmi Violaiguae Benefacesis Monachi, eiusdemq Theologi
duodechasticon.
<poem>Mercurius Gabriel superum delapsus ab arce,
Humano generi nuntia grata fero.
In varias opus boc mutabit corpora formas,
Quae mutata poli iam super aftra locet.
Irus egens meritis in Cressum versus Abramum,
Non defecturas certus habebit opes.
Crimine Thersite, fient Narcisus Joseph.
Proq; Saule Dauid sceptra suprema reget.
E Saulo Paulus, tandem ni iussa recuset,
Et nouus ex veteri factus A damus erit.
Hoc opus hoc faciet, sed cur non lector amice
Semperij cum sit? num cano ficta? Vale. </poem>
So=<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" /></noinclude>Soneto del mesmo padre fray Cosme
Violaygua comendando la Cronica
dela Caualleria Celestial.
<poem>San Pedro nos abrio con llaue doro
el parayso deste su tratado
los libros fabulosos ha cerrado
al centro, donde esta el eterno lloro,
Al santo pelear dio tal decoro
quel pelear mundano desterrado,
Su gran caualleria nos ha dado
de aquel celestial superno coro:
Pues gozate Valencia coronada
coneste tu Poeta que te lustra
por ambas las Iberias belicosas.
Hazed Nymphas de Turia laureada
la frente del Autor, pues os ilustra
su Cronica Diuina muy famosas.</poem><noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP|||7}}</noinclude>Prologo enel Pie dela Rosa Fragante.
Aviedo de hablar enel pie desta Rosa, determine de poner la mano en la Caualleria Celestial delos Patriarchas y profetas, y enlas admirables hazañas delos estorçados Capitanes, Iuezes y Reyes del pueblo Hebreo. Antes de venir a ellas, acorde de entablar el juego, con mostrar la creació delas tablas redon das del Cielo y Suelo, pues ellas seran el cimiento dela obra q adelante vereys. Dexado pues a parte la creacion dela materia informe, dela qual, segun el parecer de santos coronistas, fueron hechas las mesas ya dichas: solo cotare la fabrica dellas, ensenando algo de su grádeza, y tābien la braua batalla q paslo enla mesa celestial. Seguire ala letra la diuina Cronia, escrita por el coronista Moysen en su Hebreo léguaje, la qual mãdo traduzir en Griego el Pontifice Eleazaro alos setenta Interpretes. 341. años antes dela encarnacion del Verbo Diuino, a petició y ruego de Ptholomeo Philadelfo Rey de Egypto. Trasladola tābien Aquila. 124. años despues dela passio de Christo, enla Era del Emperador Adriano. Y despues deste interprete passando años de vnos a otros, la interpretaro Theodocion imperado Commodo, Symmaco enel imperio de Seuero, y Origenes enel tiêpo de Alexadro. Finalmente el graue doctor y padre Hieronymo la traduxò en lengua Latina. Hize memoria desto, paraq sepays de donde procede la historia dela Caualleria<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||PROLOGO.|}}</noinclude>ria Celestial que proseguimos dire agora en suma, porque se habla enella delos ya dichos caualleros. Deueys saber, que dizen algunos contemplatiuos doctores, que apiadandose la diuina clemencia del destierro del prothoplausto Adam, allende q por el sueño q enel puso, le reuelo la encarnacion del Ver bo, le embio vn celestial mensajero, paraque lo con solasse. Por el qual le dio auiso, como auia de venir el cauallero del Leon ala tabla redōda del mundo, para végarlo de su cayda. Quedo este Principe tan alegre con saber tan venturosas nueuas, que a su tiempo consolo conellas a sus descendientes, y assi publicadose esta auétura de vnos en otros, especial méte manifestado la el Espiritu santo por el sabio Alegorin, de reuelació en reuelació, de figura en fi gurado, y de oraculo en profecia, muchos buenos caualleros delas mesnadas delas leyes de Naturaleza y Escrita, entraron enla demanda de su Rey pro metido. Y porque hizieron enella señaladas maranillas en armas, tales que fueron exemplar de fe, y de esperaça, y encendido zelo, para los caualle ros dela ley de gracia, tuue por bie, de tener cueta con los mas preciados dellos en su celestial milicia. Pues la sacra madre Yglesia militante, tambien la tiene conellos, leyédo cada dia alos fieles fus exeplares historias. Con las quales les pone animo y esfuerço, paraque con santa determinacion, osen emprender la caualleria celestial. Procederemos de Marauilla en Marauilla, lleuando la cuenta dellas como se suele lleuar por Capitulos, que pues este compendio esta lleno dellas, no me ha parecido desagraduarlas deste nombre.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||FRAGANTE.|10}}</noinclude>tes estrellas, y las medallas de losdos luminosos pla netas q le daua lustre. Febo la hermoseaua de dia co la luz y recamo de sus dorados cabellos, y Diana la fauorecia denoche, honrrádola conel resplädor de su afable rostro. Nose mostrauan las medallas delos otros planetas, las quales y ladelicada entalladura delos signos q la guarnecia, con los ojos del entedimiéto se auia de contéplar. Fue labrada esta pieça có diez ricos quartos, y siédo tá magnifica y de valor muy grade, ella es la funda dela mesa redo da del suelo, y có ser assi la enrriquece mucho, pues le da el poluo y lodo, delos quales muchas vezes es ta cubierta, y juntaméte con hazer esto, la cóserua en su virtud y hermosura. Dale tabien males y bienes a sus tiepos con sus celestiales influécias, y pues détro en si la recoge, haze della a su voluntad sien dole superior. Esta entallada enel quarto primero de esta mesa la graciosa medalla dela Luna co sus mouimietos, y el signo del Cancer debuxado enel. Enel segundo quarto esta esculpido el industrioso Mercurio por Dios dela mercancia celebrado, y está los signos Geminis y Virgo debuxados por el. Efta grauada enel quarto tercero lahermola meda lla de Venus, dede alli mostrado su poder enlostier nos coraçones delos mortales: y los signos, Taurus, y Libra esculpidos enel marauill osaméte. Enel quarto cielo esta entallado el radiate Sol, de adōde cócurre có los hōbres enla humana generació, y es ta el signo del Leó pintado enl co artificio muy grá de. Esculpido esta el fiero Marte enl quinto quarto, venerado por Dios delas batallas: y lossignos Escor pio, y Carnero recamados enel: Esta entallado enel<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||PIE DE LA ROSA|}}</noinclude>sexto quarto Jupiter magno, mostrando el poder, y magestad que sobre todos los otros Diosés tenia, y estan debuxados por el los signos, Sagitario, y Pé ces. Grauado esta enel quarto seteno el melacolico Saturno que los años abundates promete, y los signos Capricornio, y Aquario pintados enel. Éstaua tábien enel octauo quarto labrado el seguro fir mamento, enel qual fixas, y firmes, muchas estrellas resplandecen: y era el noueno quarto desta mesa el christalino dia fano, y transparente cielo, que delas aguas es comunmente nõbrado, por la semejança que les tiene con su grade claridad. Finalméte el quarto dezeno era el mobile primero, conel qual juntaméte todos los otros quartos se mouia, por intercessio, y medio delas Angelicas inteligencias, para este singular exercicio diputadas. Sobre todos estos quartos estaua la majestad del cielo Em pirco, el qual, segú el parecer delos Theologos cro nistas, es el glorioso assiéto dōde las almasdelos bie auéturados caualleros reciben sus triúsos. Con la majestad q oystes, formo la Majestad diuina esta marauillosa mesa, y tabie la tabla redōda del suelo co delicada copostura. Pintola delas plátas, yeruas, y flores de qadornada parece, y debuxo enella vari as, y deleytosas frescuras, ybiuos y apazibles lexos, para aplazer có esta variedad hermosa alascuriosas vistas q los auia de mirar. Tabien entallo enella siluas, bosques, y sombrias alamedas, capos, valles, y diuersos frutales, cuyas frutas de diferentes sabores auian de contentar alos muchos gustos que las auian de comer. Traço enella fuétes de clarissimas aguas, alegres manantiales, y caudales rios: cuyo<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP|||3}}</noinclude>Alfabeto dela Caualleria Celestial.
A
* Angeles y su excelecia. marauilla. iij. fo. 13.14
* Adamy y su preeminencia. mara. vj. fo. 23.24.
* Abel y su martyrio. mara. x. fo. 42.43.44.
* Abraham y su fe. mara. xiiij. fo. 57.58.
* Aaron yfufantimonia. mara. xlj. fo. 158.
* Aod y fuzelo. mara. lix. fo. 219:
* Anna y fu oracion. mara. lxxj. fo.250.
* Achimelech y su martyrio. ma. lxxv. 263.
* Abigail y su prudencia. mara. lxxviij. 273.
* Abdias y su limosna. mara. c. 332.
* Barac y su estuerço. mara. lx. 220.
* Calephy su zelo. mara. xlix. 185.
* Donzella Moraliza. mara. ij. 11.
* Dueña de Tebas y su osadia. ma. lxiij. 230.
* Dueña de Sarepta y su charidad. ma. xcix. 330.
* Dueña Sunamite y su hospitalidad. ma. cv. 345
* Debora y su prophecia. ma. lx. 220.
* Dauid y su mansedumbre. ma. lxxij. 253.
* Dueña de Abela y su sagacidad. ma. xcv. 321.
* Euay su arrepentimiento. mara. x. 42.
* Enoch y su exemplo. ma. xj. 48.
* Eliezer y su diligencia. ma. xix. 74.
* Enos y su deuocion. ma. xj. 48.
* Eleazaro y su sacerdocio. ma. lj. 190.
* Ezechias y su feruor. ma. cxj. 358-359.
* Finees y su zelo. ma. lij. 195.
* Gedeon y su valor. ma. lxj. 223.
* Hija de lepte y su obediencia. ma. lxiiij. 232.
* Helias y su su susrimiento. ma. xcix. 329.
* Heliseo y su perseuerancia. ma. cij. 339.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||TABLA.|}}</noinclude>* Isaac y su obediencia. ma. xviij. fo. 71. ma. 21. 80.
* Iacob y su paciencia. ma. 23. 871.
* Ioseph y su castidad. ma. 28. fo. 107. ma. 29. 113.
* Iudas y fu conocimiento. ma.38. 147.149.
* Iosue y su feruor. ma. liiij. 199.
* Iael y su osadia. ma. lx. 221.
* Ieptey su voto. ma. lxiiij. 231.232.
* Loth y su bondad. ma. 17. 68.
* Lia y su virtud. ma. xxiiij. 93.
* Melchisedech y su agradecimiento. ma. xv. 62.
* Moysen y su santidad. ma. xxxix. 152.
* Maria y su honestidad. ma. xlix. 184.
* Noe y su justicia. ma. xij. 49.
* Noemi y su vigilancia. ma. lxviij. 247.
* Othoniel y sus proezas. ma. lix. 217.
* Rebeca y su criança. ma. xix.
* Rachel y su cortesia. ma. xxiiij. 91.
* Ruth y su recogimiento. ma. lxviij. 244.245.
* Raab y su lealtad. ma. liiij. 200.
* Respha y su piedad. ma. xcvj. 322.
* Sabio Alegorin. ma. ij. 11.
* Sara y su diligencia. ma. xiiij.
* Samgar y sus hazañas. ma. lix. 220
* Samson y su fortaleza. ma. lxv. 235.236.
* Samuel y su santimonia. ma. lxxi. 250
* Tablas redondas del cielo y suelo. ma. i. 9.
* Thecua y su sabiduria. ma. xc. 304.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||PIE DE LA ROSA|}}</noinclude>gaz donzella Moraliza, la qual enseñara el aprouechamieto dela espiritual caualleria, cótenida enel pic desta Rosa Fragante. La misma fue madre del maestre Anagogino, y dela sabia Tropologia, los quales enlas hojas dela Rosa, haziedo cada vno su oficio, mostrara la biueza de sus espiritus, y sentimiétos. Pero porq eneste cópendio solamente nos comunicaremos con Moraliza, y Alegorin, poréde dexando a Tropologia, y Anagogino para las hojas, y segundo tratado, no haremos mencion dellos enla historia presente. Tornado puesa ella, fabreys, que quádo vio la donzella Móraliza la fabrica destas admirables mesas, determino de yr a certificar alos caualleros que auian de gozar dellas delas mu chas, y muy grandes auenturas q enellas auia. Para hazer este camino, se adereço de muy ricos vestidos: y por la nueua hechura dellos, mostro la biue zade su delicado entendimieto: subio en vn palafré a marauilla bië guarnecido, y sin atéder copañia, ni aguardador, tomo el camino enla mano. Buscaua las cortes delos famosos Reyes, mayorméte aquellas donde auia mas abundancia de preciados caualleros, y viendose coellos, hecha la deuida me sura, les dezia. A vosotros mortales Principes, y a vuestros animosos vassallos que por la mesa redon da del suelo aueys de ser caualleros andantes, a todos generalmente auiso: sabed, como hallareys enella vna muy estraña marauilla: pues la mesa, y los q comereys enella aueys sido hechos de vna misma materia, cosa que se vio jamas. De barro sue ja mesa ya dicha, y delo mismo los primeros começa les della con toda su posteridad: y ella mesma pro-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||FRAGANTE.|12}}</noinclude>duze los májares q enella se ha de seruir: pues el pa, frutas, carnes, peces, agua, y vinos, ella mismalos da de si. Todo esto hizo el soberano Emperador para vuestro regalo, y seruicio: y no creays, q tan poco importa, pues no hariades todos vosotros la menor cosa dellas en seyscientos mil años: obrando las su Majestad en solos seys dias. Creed, q no las po driades hazer jamas, por bien q os aplicays titulos, y epitetos q no os vienen nacidos, mas ala verdad muertos: pues los q os preciays de poderosos, ni tu uistes, ni terneyspoder para hazer la menor florezi ta del capo. Desengañaos los tales, pues aunq os es timeys en mucho con osar empréder magnificas fa bricas, todas se haze conla flaqueza de eriaturas, y el aparejo delo criado: pero el Emperador, aquié solo couiene el nobre de poderoso, haze las suyas có el poder absoluto de summo criador. Coneste hizo las mesas q oystes, y enelquarto mas alto dela del cielo da la mejor comida. Fue hecha aqlla mesa para cosejo de paz, y de guerra: mesa de majares sabrosos: nosolaméte delicados, y tiernos, mas eter nos, y manidos, dende el principio sin principio: do decomençadose a gustar los comienços dela gloria del alma que enella se ponen, no se dan postres jamas, por ser las viadas perdurables: antes cötinuamente se goza enella de platica dulce, de admirable consuelo, y de incessable alegria. Es mesa esta, que siempre estuuo, esta, y estara puesta, porser de materia sin fin, y aunque la del suelo sea mesa de piedra, al modo delas q los mortales teneys por magnificas, y duraderas, no sera permanéte, sino hasta el dia que el Emperador supremo la madara quemar<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||PIE DE LA ROSA|}}
cion, perdiendo algunas jornadas, como adelante se vera.
MARAVILLA VI. Como El Emperador Dios omnipotente puso al Principe Adam en la mesaredonda del suelo, y le dio por compañera ala hermosa Princesa Eua, y los aposento enel Parayso terrenal.
Despues que el summo Emperador manifesro en algo su Majestad suprema con la hechura delas dos mesas redondas, conla creacion de sus caualleros celestiales, y de todo lo de mas que las hermoseo, pareciendole muy bueno quanto auia fabricado, lo bendixo, para que su effecto hiziesse. Quiso mostrar mas su grádeza y poder immenso, entonces determino de proueer de caualleros la mesa redonda del suelo. Para este pro posito continuando su deidad la començada obra imprimio su ymagen, y semejança enel molde dela pureza dela tierra, y mediante la sabiduria der Verbo, saco al hombre. Esta fue la postrera delas criaruras desta mesa, y la primera dellas enel merecimiento, pues le fue concedido, que solo el, recto ha ria el cielo mirasse, y sobre todas empinado anduuiesse, como señor y gouernador dellas: y como a tal, hiziesse su entrada enel mundo, precediendole ellas delante, como a sus compañas, conforme al orden de su creacion. Fue le mas otorgado por su criador, que dominasse los brutos animales, y les diesse leyes, y les impufiesse los nombres, y que tuuiesse noticia delas constelaciones delos cuerpos superiores, del curso delos cielos, y dela manera de
las<noinclude></noinclude>
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todos a vna boz dexaron en volútad de su señor la determinacion delas cortes. No pusieron enellas agrauio alguno, pues no lo tenian tal que no fuesse contra ellos, y en su daño, especialmente si dela luscia diuina se querian querellar. Sabida por Luzbel la voluntad de sus caualleros, pues entre ellos no auia querellante alguno, cerro enla hora las cortes. Declaro enellas la guerra contra los hombres a fuego de concupiscencia, y a sangre de muerte: y para los grandes gastos que para ella se le ofrecian, les pidio seruicio. Otorgaron se lo de grado todos sus cortesanos y vassallos, ofreciendole todos sus males: pues no quedaron con bienes algunos despues que perdieron la gracia del summo Bien. Mando entonces Luzbel alos trompetas de su malicia, q pregonassen la guerra para la primauera dela primera venida del hombre al mundo. Hecho esto nombro Centuriones, Decuriones y Tribunos: y encomendo a cada vno delos electos las legiones que conuenian para guerrear a su tiem po al humano linaje. Alojaronse muchas vanderas destos Espiritus enla media regió del ayre: para que formando sus poderosos exercitos quando tal necessidad vuiesse, estuuiessen mas a mano con sus phalanges alas estancias delos hombres, con quienes auían de pelear. Mando tambien alos visoños que mientra tyrones y nouicios fuessen, dexassen hazer la guerra alos veteranos, y peleassen a consejo delos emeritos; y que so pena de graues penas, no hiziessen correrias algunas sin su licencia: porque auiendo de ser de almas las conquistas que esperauan hazer, no pusiessen en riesgo su reputa-
cion,<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||FRAGANTE.|24}}
las estrellas y celestiales mouimientos. Aparecio entonces aquella delicada obra delas manos de tal maestro, con tanta lindeza, perfecció, y delicadura, que le parecio a su artifice que biuiesse: a esta causa inspiro enella, animandola el espiritu de vida. Viera desbiuir hecho carne lo que antes era poluory aúque tierra pesada, y muerta en su propio ser auia sido, por la participacion delos otros elementos ya biuia, y con dessco de ser cielo, y de rebiuir enel.
Vierades la sägre regar, y humectar aquel limo terrestre, y con su colorado color hermosearlo, qui tádole lo amarillo, y terreno que en si tenia: y ador narlo dela tez y lustre con que a marauilla parecia bien. Quien os podria contar la compaginacion, y hermosura de aquella terrena materia, la compostura, delicadez, y organizacion delas partes della, el orden y artificio co que se mouia, y la biueza de sus sentidos. El saber, prouidencia, y prudencia de las partes del alma. Las potencias, entendimiento, volútad, y memoria, y la libertad de su franco alue drio, co aquel colmo de interiores marauillas que tenia en si. La theorica de su sciencia, la biueza de su juyzio, el conocer las propiedades delas yeruas, las virtudes delas piedras, las operaciones delas aromatas, los secretos delos minerales, y delo de mas delo criado. Sea el remate de todo, que allende que por ser la razon lo mas effencial de que fue insigni do, racional le llamamos: bie cabe, que le nombremos tābien mundo abreuiado, pues todo lo que se cótiene enel mayor, hallaremos eneste pequeño. Tenia assi mesmo vn coraçon ta grande, q no contentandose, q cupiesse enel toda la terrenal machi na,<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||PIE DE LA ROSA|}}
Criada la mesa redóda celestial co la hermosurq oystes, determino el soberano Emperador de poner enella los caualleros q lo auian de seruir: a esta causa crio la milicia delos Angeles, qual conue nia para hermosear aqlla rica mesa. Pues no habla algo la diuina cronica, q sigo, enla creacio dellos, no curare de entremeter me, en si fueron criados antes q la mesa redõda del cielo fuesse fabricada, o no: verdad sea, q siendo atribuyda la creacion dela luz al dia primero, y al segundo dia dadose la fabri ca del cielo, bié se podria desto depréder, siédo los Angeles entédidos por la luz, q vn dia antes q el cie lo fueron criados. Pero como no es mi caso parar enestas materias, mas proseguir la começada histo ria, seguire el comú parecer, el qual tiene, q enla ho ra q la celestial mesa fue formada, fue llena dela mi licia angelical. Fue criada esta gloriosa caualleria por el supremo Emperador, y dotada por el, de muy excelente naturaleza: ensalçola, ordenola, y la glorifico tan encumbrada en todo, que criado la en gracia, la hizo espiritual substácia, incorporea, y racional. Diole tambien rectitud, limpieza, y franco aluedrio, y haziendola immortal, y impassible, la dedico a su seruicio, para q enel continuamé tese ocupasse. Criados estos Espiritus angelicales, quiso el supremo Emperador armarlos sus caualle ros, mandoles velar las armas delas ya dichas gracias, dandoles noticias, y inteligencias, quales a sus oficios conuenian, enlos quales les mando, q muy solicitos, y desuelados estuuiessen. Ciñioles las espadas dela ygualdad y justicia, y les calço las espue las de vigilácia, y conocimiento. Dioles despues el
orden<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||FRAGANTE.|13}}
menores assientos desta mesa mas seguros que los mayores, si se recibieré en paciencia, y aun ternan pretencio alos mas altos dela celestial. Verdad sea, que los que enesta tuuieredes supremos lugares, aunq tegays vuestros cuerpos assentados en ricos sitiales, tan baxas podeys assentar vuestras almas por humildad, que muy encumbradas sillas terneys enlaotra, pues no se tiene cuenta con las exteriores aparencias, pero con la interior estimacion que cada vno terna de si: tanto que bien se pueden compadecer las pompas aparetes que no causen escandalo actiuo, cola abnegacion de si mis mo enel alma existente, pues el Emperador soberano solo emlo secreto tiene su juyzio, aunque no se oluida delo publico, si esta con pecado, para lo castigar. Todo esto dixe, para que pugneys de pelear a guisa debuenos caualleros, pues aueys ente dido por mi el fin para que fueron criadas estas mesas, y la magnificencia de su criador, el qual os dara el assiento dela del cielo, si enla del suelo os supieredes valer como deueys. Acabo su platica la donzella Moraliza, y dexando atonitos conella alos que la oyeron, se fue, para guardarse para otro lance que como el paslado cumpliesse. Agora co uiene, que prosigamos nuestra historia, enla qual veremos caualleros de tanto valor, y estima, que su milicia espiritual ymitando, gozaremos de sus celestiales triumphos.
MARAVILLA III. COMO EL Emperador Dios omnipotete crio los celestiales caualleros para su seruicio, y les dio aßientos enla mesa redonda del cielo.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||PIE DE LA ROSA|}}</noinclude>como a mesa dejuego para executar justicia. De manera que estara puesta hasta el termino, que las sillas que enella estuuieren, esten vazias de cuerpos: y llenas de almas las que enla tabla del cielo estan adereçadas, para descansar en sus assientos los que catholicamente aureys militado. Quiero mas auisaros dela manera del seruicio que enestas mesas se deue hazer: el qual, pues no ha de seral modo humano, ni conforme al vso de alguna delas generaciones: ni sera ala Flamenca, ni ala Española, mas ala Christiana, no se ha de tener cuéta con los grádes aparadores, con las doradas fuentes, preciosos vasos, y luzidos trincheos: solo comeran las almas, enlas vasijas de sus merecimientos, la beatifica vision, y fruycion de su Rey. Sabed, que aprouechara la mesa de aca para el corporal mantenimiento, y tabien para la exercitacion dela comida espiritual: va empero al trocado el orden desta comida, pues los que enla mesa superior estuuieren, comeran so lo delo de alla, y no curaran delo de aca, quanto ala gloria essencial: y comeran los dela inferior de lo que ella produze, y delo del cielo por cotemplacion. Auisa os caualleros conesto, pues sera lo mas principal que a todos cumple: sabed, que lleuara consigo el alma del buen guerrero la tassa delo que ha de comer alla, quando partiere de a qui: y re cebira tanta racion de gloria, quanta fue la gracia de que aqui se proueyo. Biuid alerta, y bien auisados, pues quantos mas bocados de trabajos comieredes enesta, tantos mas de descansos gustareys en aquella: y si enesta ayunaredes de plazeres, no comereys enla otra bocado de pesares. Será los
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||FRAGANTE.|14}}
orden de caualleria de obediencia, y alabança, encareciendoles mucho, q a ley de leales, y agradeci dos, lo guardassen. Hecho esto, propuso de assetar los enlos lugares couenibles de su perdurable me sa, y a esta causa los repartio enlos assientos de tres Gerarchias Mado, q en ricas, y gloriosas sillas se assentassen, ordenado en cada vna delas Gerarchias tres ordenes de caualleros. Estauan enla primera, y mas alta las milicias delos Seraphines, Cherubines y Tronos: y enla segunda las legiones delas Domi naciones, Principados, y Potestades: y las esquadras delas Virtudes, Archangeles, y Angeles ensa postrera. Estauan tambien repartidos entrellos los oficios de que auian de seruir, conformes alos qua les tenian los nobres. Nombrarose Seraphines los del orden primero dela primera Gerarchia, que plenitud de amor son interpretados, porque estos mas intensamente q los otros amauá a su criador, y por esta encédida dileccion, y amor, eran sus ma yores priuados, y fauoridos. Deziase Cherubines los del orden segundo, que lleneza de sciécia quieren dezir, pues estos auian de reuelar los altos, y es condidos secretos que manda la Majestad diuina se publiquen. Llamauanse Tronos los del orden tercero, que sillas de Dios se interpretan, pues los tales fueron elegidos para declarar los justos juy zios, sentencias, y deliberaciones de su diuina Majestad. Dixerose Dominaciones los del primer or den dela segunda Gerarchia, porque auian de tener a su cargo de auisar alos Principes, y caualleros dela tabla redonda del mundo, como se auian de mantener en sus gouiernos, y regimiétos. Nom
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{CP||PIE DE LA ROSA|}}</noinclude>braronse Principados los dela ordé segunda desta Gerarchia, pues tenia oficio de persuadir alos Reyes, y grandes Señores, la manera del tratamiento que auian de hazer a sus vassallos: y alos subditos, la obediécia que a sus Principes, y Perlados auian de guardar. Llamaron se Potestades, los dela orden tercera desta Gerarchia seguda, porque tenia oficio de refistir mediante el fauor diuino alos ma los hobres, y Demonios, a fin que no hiziessen to dos los daños que pueden, y dessean hazer alos mi litantes sieruos de Dios en su espiritual caualleria. Auia tambien tres ordenes de caualleros enla Ge rarchia inferior, y postrera: nombrauanse los dela primera ordé Virtudes, por la virtud, y poder que su diuina Majestad les auia concedido: para quando quisiesse, que por su mandado hiziessen milagros, y obras sobre naturales enel mundo. Llamauanse Archangeles los caualleros dela segunda or dé de esta Gerarchia mas baxa, porque tienen alguna superioridad alos Angeles a ellos inferiores, y tambien porque fueron escogidos para manifestaralos hombres las mas altas marauillas, y q mas se allega a fortalecer, y fundar la Fe catholica, y en honrrar la persona, nombre, fama, y renombre del diuino Principe Jesu. Intitularonse Angeles los caualleros dela tercera orden de esta Gerarchia inferior, y postreros en grado entre los nueue choros que enseñado auemos, los quales auian de tener a su cargo la humana custodia, y a consejar alos hōbres a bien, y virtuosamente biuir, acatando con amor, y zelo al soberano Emperador, de cuya beatificavision auia ellos de gozar continuamête, aun<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||PIE DE LA ROSA|}}
na, ampliaua su magnanimidad, y desseo hasta la celestial esphera: y aun essa no le henchia las medidas, ni tenia otro paradero, sino enel mesmo Dios que lo compuso. Algo aueys oydo dela hechura interior deste cauallero, querria contaros vn poco dela exterior: aunque por estar tan ala mano, no se considera mucho: tengase pues en mucha reputacion y estima, por ser la casa del alma, y ella la rica sala dode viene Dios a morar, y a enamorar. Que diremos delos marmoles, delos huessos, que a este edificio humano sostenian, delos fundamentos de sus pies, y dela boueda de sus costillas? Del patio de su vientre, enel qual se auian de apear los amigos y familiares manjares para visitar con su virtud, y buena criança ala señora vida? Que podemos dezir, sino que se auia ella de sustentar de lo mejor, y mas subtil dela conuersacion de su visita, y lo grossero que no le aplaziesse, mandarlo echar ala caualleriza? Que diremos dela estácia real del coraçon, y de sus dos criados que por su orden continuamente le siruen, dela tronera de su pecho, dela torre de su cabeça con fiete ventanas labrada, dela camara dela lengua, la qual herida dela boz, imprime dulce y suaue armonia? Que se puede mas dezir, sino que esta cercada esta estancia con vn muro, y vn antemuro, para ensesiarle conesta doble cerca que esta tambien guardada, que antes que se desmande para salir a proferir sus conceptos, deue de yr por acuerdo al seso: porque no la prendan sus contrarios, y enemigos, enssosa que la puedan calumniar? Tenia tambien estè edisicio las fuertes columnas delos braços con los chapiteles delas ma-
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nos que entendian en su conseruacion y assiento, siendo huecos estos, y los otros marmoles, y llenos delos dulces tuetanos aquellos sus vazios, y muy conformes con la Luna en sus creciétes y méguantes. Yua tābien por toda esta casa la fuente perenal dela sangre, acudiendo a todas las estancias della, táto, y con tan grande impetu, que si alguna vez no se mitigaua con sacarla, diuertiëdola de sus caños, bastaua para poner el edificio en mucha necessidad. A esta causa nombran a este arroyo, los q bien lo conocen, la silla del alma, de manera que tanta se puede diminuyr della, que no hallando el anima donde tenga su assiento, se saldra dela casa, por no estar en pie, entonces dara todo el edificio enel sue lo, tornando ala mesma tierra de que fue fabricado. Si quisiessemos especular particularmente las gracias, y gracia, de que sue dotado el real palacio deste cauallero, no las debuxariamos en todo el compendio que pintamos. Baste que sepays, que fueron tantas y tales, quantas y quales le quiso dar el maestro que lo hizo para el sin, y el para q, que lo crio. Táto que podemos dezir, que fue esta obra para conella alabar a Dios. Este diuino artifice la hizo, mediate su querer, poder, y saber: este la ador no, la fabrico, y la compuso: que no Merlin, Vrgan da, y Malgesi, ni el sabio Atalante delas seluas de Ardeña. Pues auemos hablado enla creacion deste cauallero, cuple que digamos la nobleza del lugar donde fue aposentado, el qual se nombraua el Parayso Terrenal. Esta vna silua muy grande, muv arbolada, y espaciosa, adornada de todas las plantas, yeruas, y frutales q se podian pensar. Tenia sus
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prados, capos, y riberas tan verdes, tan deleytosas, y floridas, que todo ello mostraua ser hecho de diuino pinzel. Sus lirios no era marchitos con la fuer ça del Sol, sus violas no se gastauan con ser tocadas de manos, sus açucenas, sus clauellinas, y qualesquier otras flores, se conseruauan tanto en su natural hermosura, que hasta las rosas no perdian jamas la biueza de su color. Las piedras, que por muy preciosas tiene la humana estimacion, essas eran las que hazia parecer muy hermosos sus capos, y a ma nera de labor Mosayco por ellos resplädecian. Los frutos era tantos, tan sabrosos, y de tan varias maneras: que los que por aca tenemos, en cóparacion de aquellos, aunque sean delos mas dulces, los mas sabrofos, y los mejores, pareceria asperos, azedos, y desabridos. Las aues tan diferentes destas en sus cantilenas, en sus colores, y lindeza, que las agracia das palomas, las hermosas perdizes, las calandrias, sirgueritos, y ruyseñores , cotejadas con aquellas parecerian cueruos. De manera que bien dize la di uina cronica, que auia plantado este Paraysode deleytes la inescrutable sabiduria del Señor. Gozaua este amenissimo bosque de tan teplado y buen cielo, que parecia, que de otra manera reluzia las estre llas sobre el. El Sol moderaua su vigor, la Luna su influencia, los ayres su inquietud, tanto que jamas auia inuierno ni verano, mas siépre gozauan sus căpos, platas, y frutales de verdes hojas, de suaues flo res, y de florida y deleytosa primauera. No tenia necesidad aquella huerta de alguna lluvia, pues le bastaua para regalarla el rocio celestial. Abundaua de nardo, canela, cacia, balsamo, y otra qualquier
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especieria, y de todas las aromatas que se pueden pensar, estando enella todo lo bueno, y lo mejor que la tierra da de si. Dōde biuia el aue Phenix, tan sola enel mundo, quanto es solo su nacer, y morir. Estaua en medio deste Parayso el arbol devida, y el dela sabiduria del bien y del mal. Nacia tambien del lugar delos deleytes vna muy grande y abund osa fuente, de quien quatro poderosos rios caudales procedian. Nombrauase el vn rio Phison, el qual rodeaua la tierra dende el principio: eneste nacia el oro mejor de quanto se halla, y las piedras mas finas y preciosas de quantas son, hasta el Carbunclo, que muy desseado delo hallar, es entre los humanos desseos. Llamauase el segundo rio Geon, cuyas aguas rodea toda la Ethyopia. Dezia se el rio tercero Tigris, el qual regaua toda la prouincia delos Parthos. Y el quarto, y postrero rio, se nombraua Euphrates a marauilla grande y muy hermoso entre los otros: de manera que parecia el agua dela fuente, y rios caudales al limpio y claro cristal: y las riquezas de piedras, perlas, y oro, que enellos y en sus secretas cauernas, y madres auia, bastauan para enrriquecer a todos los hijos y descendientes de Ada: aunque dudo, que fuessen suficiétes, para saciar su insaciable y desordenada codi cia. Estaua el assiento deste lugar deleytoso ala par te del Oriente, donde los Indios gozan engran ma nera dela vezindad del Sol. Aqui assento el sobera no Emperador a su cauallero, el qual deuia guardar aley, de bueno la estacía de tá bue lugar: pues le pu so su Señor enel, a ley de Dios, y le hablo assi. Cosidera, y mira hechura de mis manos, q el fin para q
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te hize, fue para que me amasses, alabasses ,y siruiesses: y haziedo esto, fuesses possessor, y gozasses de mi, y en mi de mi gloria. A esta causa te puse en el mas apazible lugar de mi terrenal mesa. Doy te dende agora la tenencia della, y deste jardin deleytoso, con tales condicion y pacto, que de todas las plantas, frutas, y frutales que enella son, puedas comer a tu guisa, exceptado del fruto dela sabiduria del bien, y del mal: certificote, que qualquier dia que del comieres, moriras por ello. Esta es Adam la orden de caualleria que te doy, esta obediencia te conuiene guardar, porque recae enella mi deter minada voluntad, y el feudo del vassallaje que me deues. Sabete, que si esta voluntad mia guardares, y hizieres, que los quadrupedes feroces, y poçoño sas reptiles, los peces del mar, y volatiles del ayre, te seran domesticos, y obedeceran la tuya. Dende agora te armo cauallero con las armas de mi gracia, y te ciño la limpia espada dela original justicia. Tan mandado ternas el cauallo de tu cuer po, picandolo con las espuelas de temor y amor, y se regira tu voluntad por el freno dela razon tan concertada: que no desuiandolo de mi seruicio, jamas correras carrera vana de merecimiento. Porende vela, y guarda bien estas preciadas armas, por ser dela estima y valor que te dixe, y por lo mu cho que prestan para tu seguridad y descanso: pues consiste enellas el amparo de tu vida espiritual, y corporal. Acabado este razonamiento amoroso, dio el cauallero nouel infinitas gracias a su Emperador, prostro se ael por las mercedes recebidas, y adorandolo, le presto los omenajes. Apiadose en-
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tonces la Bōdad diuina de ver solo a su cauallero, y determino enla hora, de proucerlo de compañia sociable. Fue assi, que adormido Adam de dulce y sabroso sueño, de su mesm olado le desperto la Cha ridad immensa ala formosissima Eua. Quedo muy contento el apuesto cauallero con ver la hermosura de su dama, y requebrandose conella, le dixo: Ay carne de carne miaay huesso de mis huessos, Vi rago seras nombrada, pues de varō tomada fueste: por ti dexara el hombre a sus padre y madre, allegandose a su muger por conjugal ayuntamienro. Diolela immensa Majestad en casamiento a su cauallero, el Parayso por thalamo, y el mundo en dote, y la bendicion de su gracia: de manera que fueron dotados estos Principes delas mayores riquezas, espiritual, y temporal, que se vieron en alguno de sus descendientes, exceptados el diuino cauallero del Leon, y su virginal madre y esposa, como a su tiempo se dira. Acabada esta dulce platica, se regalauan estos Principes con paz y amor entrañable: biuiã có táta honestidad y modestia, q aunque desnudosestauan, y solo dela naturaleza de su carne vestidos, no se afrentauan por ello. No cu rare de especular, quanto tiempo fue, el que permanecieron enesta sabrosa vida de gracia: bien se, que no fue mas, de lo que la embidia del Principe Luzbel les concedio: antes que con su serpentina sugestion los venciesse. Aunque se podria deprender, que siendo ellos criados por la mañana, y viniendo el soberano Emperador a castigarlos despues de medio dia, poco mas de seys horas turaron enella.
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MARAVILLA. VII. Como Se Combatio el Principe Adam conel cauallero dela Sierpe: y quedo Adam vencido enla batalla.
Ya se os acordará del acuerdo que tomo el Principe Luzbel co sus caualleros enlas cor tes que les tuuo: a esta causa biuia cōtinuamente desuelado en su biua malicia, esperando la entrada del hombre ala mesa redonda del mundo. Estando coesta esperança, supo, que Adam passeaua por el bosque del Parayso Terrenal, acompaña do de su dama: y que tenia a su cargo la guarda de aquel deleytoso passo: entonces viendo la disposicion del lugar, la hermosura del, y la grandeza del cauallero que lo guardaua: fue tanta la malicia que le concibio, la saña y embidia que le tuuo, y el desseo de des hazerlo delas ricas armas dela gracia, que determino enla mesma hora de mouerle crudelissima guerra. Mando entonces apellidar su gente, como lo auia pensado: pero viendo que Adam estaua solo, corriose de acometerle con tanta vētaja. Coneste proposito deliberò de hazer armas cotra el, aunque los suyos puestos en celada lo mirassen, alos quales hablo assi. Ay de mi cauallero sin ventura, por ventura aura dolor que conel mio se yguale? Veo, que subitamente se ha leuantado este nouel cauallero, veo reynar este nueuo inusitado linaje, veo, que ha de succeder enlas sillas de la mesa redonda del cielo, y reparar nuestra ruyna. Veo, que he sido virtud celestial, y agora me hallo menospreciado enel abismo: pues considerando esto, que coraçon podra suffrir, que la baxeza del hombre despriue ala grandeza del angel, y succeda
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en sus honrras, y preeminencias? Como se admitira, que la vileza dela tierra goze del cielo, que la tierra reyne, y nuestra potestad y dominio sea trasladado enella para siempre jamas? Ay linaje angelical sin ventura, y que gran ventaja te tiene la prosapia terrenal: pero no sera assi, pues no le ayudara al hombre lo que esto se puede diferir y alargar. Porende cumple mucho ayudarme del remedio de mi natural sabiduria, antes que se estienda enel mundo esta immortal generacion: pues con vencer a este cauallero que es la Cabeça deste linaje, seran vencidos, y prostrados sus descendientes, y matando el principio dela vida, começara la generacion dela muerte, y muerta la rayz deste arbol biuiente, no naceran della biuideros pimpollos. Solo esto me resta para mi consuelo, que pues no podre tornar a subiral cielo, de donde fue desterrado, que té ga muchos compañeros enlas penas, y miseria de mi destierro: mayormente pues confio, que innumerables destos caualleros, que preueo, se partiran comigo ala eternidad del fuego del abismo dode biuo: y esto sera mi gloria y descanso, viendo, que los que me seran compañeros en aquellas penas, seran venidos a ellas por ser vencidos de mi mano: agora conuiene, que con dulce y blanda batalla, lisonjeando, alcance la victoria que desseo. Acabo su lamentacion el cauallero Luzbel, y consolado por los suyos, que como el descosolados estauan, puso mano enel negocio. Adereçose para esta batalla de vn humano y apazible rostro, y armado deste yelmo lo hermoseo con vna guirnalda de graciosas flores, y lisonjas. Era el arnes que
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lleuaua forjado dela condensacion del ayre: y esparzio sobre sus espaldas los ruuios y dorados cabellos a manera de penacho. Armo lo de mas de su cuerpo delas fuertes escamas de astuciosa culebra, compuestas a manera de resplandecientes platas, dellas doradas, dellas verdes, y de otras varias colores, como el las supo a su proposito matizar: y destas armas y deuisa, le quedo el nobre del caualle ro dela Sierpe. Armado dela manera que oystes, se proueyo de vn coruado alfange de astuciosa mentira: pues siendo el la Cabeça della, no podia ceñir espada de rectitud de verdad. No quiso aprouecharse de algun escudo, pues no tenia necessidad de armas defensiuas, porque nadie le podia dañar, mas delo q el se auia dañado. Quãdo se vio tan apuesto cauallero, hallose ala mano el cauallo de su soberuia, y subio enel tan sueltamete dede el suelo, quan ligeraméte fue derribadodel, cayedo del cielo. Pen saua tābien de hallara su proposito vna buena lança, y no le vino a lance otra mas fuerte, q la flaqueza de Eua. La qual no solamente fue lança para alan çar a fu marido del Parayso deleytoso, sacandolo dela silla dela gracia: mas aun para lo alancear, y en el al humano exercito, hiriedolo con las mortales heridas de naturaleza corrōpida. Parose tan vfano en verse a cauallo, q lo puso enel campo de su vano pesamiento, y rodeandolo por el, tuuo la victoria muy cierta por su parte. A esta causa puso el cauallo en coruetas de maliciosa alegria: y reboluiédolo, hazia monerias enel: diole vn remesson, y batić do la guarda de vana gloria, dixo alos suyos: Agora vereys mis caualleros aquie teneys por señor; oy es
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el dia que se cúplira la palabra que os di enel solio delas cortes, pues dare el mas desasorado encuentro de lança, que se dio, ni se dara jamas: por mane ra que con derribar del a vn solo cauallero, caeran conel todos los que despues del en su culpa nacieren, y en su amarga muerte morira toda su posteri dad: agora todos me seguid, y puestos en celada, ve reys el fin desta braua batalla. Dicho esto, mouio su desapoderado cauallo co curso tan ligero, que sin gastar jornadas para verse enla desseada jornada, llego de repente al campo del Terrenal Paray so. Quando se vio enel este arrogante cauallero, en la hora se presento ala variable muger, y prouandola, si era flectible, pues por lança la queria, la doblo a todas partes con sus lisonjas, y le dixo assi: O bienauenturada honrra del mundo, o hermosissima donzella, cuyo rostro, mas angelical que huma no, se hermosea conel rubicundo color de gracio sa honestidad: tu dichosa dama has de ser la madre del venidero linaje, a ti aguarda el vniuerso mundo para su decoro, tu ères la mas cierta, y primera voluntad de tu marido, tanto que sin tu consuelo no se halla contento, ni puede biuir sin tu amor, pues te recibio por su dama, y tu a el por tu cauallero, para que a su tiempo se honrre el mundo có la nobleza de tu generacion. Bien empleada es en vosotros la cumbre dela silla deste Parayso, pues justamente soys dignos de tanta majestad. Temeos toda la redondez dela tierra, sirueos con todo lo que produze, y tiene: lo mesmo haze el cielo, pues como quereys, os fauorece: reconocen os las aguas con todo lo que ay enellas, y todolo cria
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do esta debaxo de vuestro vniuersal señorio. No tégo embidia de vuestra prosperidad: antes me ma rauillo della, por ser digna de admiració, y espato: y mas, porq me parece, q os tiene Dios alguna em bidia, pues os ha prohibido el vso de todos los ar boles deste parayso, mádando, q de todos ellos no comays. Mucho querria saber de ti el proposito: porq se os hizo este mádamiento, y a q respecto se oslimitaró los dones, y mercedes: pues esto es argu méto muy grade, por dode parece, q osha embidia el q tata preeminencia os dio, y està con algun recelo de ver lo que valeys, y podeys, có madar, que no comays del arbol que el reseruo para si. Callo se co esto el cauallero dela Sierpe, al qual dixo Eua: No estas bie informado cauallero delas condiciones del madamiéto diuino, sabete, que de todos los arboles deste Parayso comemos: solo del arbol q esta en medio deste jardin nos mãdo el Señor, q no comamos: auiso tenemos, q si comicremos del, moriremos por ello. No quedo poco alegre el ca uallero dela Sierpe cõ hallar respuesta enla dama, viedo, q ya se le abrio camino para vecer la batalla q auia de auer co su cauallero: pero como la hallo con alguna costancia, receló, q perseuerado enella qual entonces estaua Eua, no se podia aprouechar della para láça que le cúpliesse: viendo esto, prouo de doblarla ala parte dela mentira, y dandole algu nos tientos, lè dixo: No tengas esse recelo hermosa donzella, pues no moriras: pero quedo muy côten to, q conozcas la verdad de mis palabras, pues no embalde te dixe, que os auia Dios embidia cō hazeros el madamiëto q me dixiste. Sepas te quepara
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q seavs tu y tu cauallero perfectos Principes, os cú ple, comays el fruto deste arbol prohibido: pues si assi no lo hizieredes, muy poca sera la diferencia que aura de vosotros alos irracionales brutos. De manera que sabiendo Dios, que qualquier hora q comieredes desse arbol, seran abiertos los ojos de vuestro entendimiento: y que vsando de razon, sereys como otros Dioses, pues terneys perfecta no ticia del bien, y del mal: tuuo el recelo q dicho té go de vosotros, y esta es la embidia que señalò con su mandamieto. Pues cósidera dama prudéte, quié ha de querer perder vn estado de tanta perfecció, costando tan poco de ganar, como es comer del fruto, donde confiste alcançar la grandeza dela sabiduria diuina, especialmente vosotros, q del mun do aueys de ser Emperadores. Pues para ser consumados Principes, no le falta otro a vuestro pode roso poder, sino es este saber diuinal. Oyédo Eua las palabras del cauallero dela Sierpe, puso losojos enel arbol, y miro el fruto: mucho se cótentaua de la hermosura del, pero acordadose, de que le auia de costar la vida, no osaua alçar los braços para lo coger. A la verdad q colgaua de delgado cabello la vida del humano linaje, colgado dela voluntad de vna ligera muger, la qual conla ambició que tuuo de saber a Diosa, quiso gustar el sabor q el fruto te nia. Entōces sin mas colideració, dado credito alas palabras de Luzbel, cogio el pero, o mançana, pero ya q lo vuo cogido, fuera bie, q antes de comer el pero, puficra entre el, y la boca, vn empero, có pelar q comiedo lo auia de morir. No curo Eua de cosiderar este muy cierto peligro: pero como si le-
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prometiera Dios la vida, assi como la amenazo co la muerte, cogio el fruto, y comio del. Guardo tãbien parte de aquel amargo bocado, para conel amargar a su marido: al qual dio dulce veneno, paliado tosico, y sabroso rejalgar. Viendo esto el cauallero dela Sierpe, q otra cosa no aguardaua, sino ver como podria emplear mejor su lança, tomola enla mano, pues enella traya Eua el fruto, y assentandola bien enel ristre de su proposito, batio las espuelas de su indignacion, y malicia, y desapoderadamente se dexo yr conella contra el Principe Adam. Recibio el encuétro el descouydado caualle ro enel pecho de su voluntad, sin hazer alguna resistencia, pues no la hizo, en comer de grado el fru to, que rebuelto conel sabor dela muerte le dio su Eua, y tambien nuestra: pues conformandose con la interpretacion de su nombre, Eua fue su maldicion, y la nuestra su perdicion, y la de todos nosotros, pues cayendo Adam enel suelo dela culpa có este desmesurado encuentro, caymos todos conel enella, y perdimos el derecho que teniamos al cielo. Quedo herido este Principe de tres mortales heridas con recebir este solo golpe de lança, la primera le llego al alma, y le saco della la gracia, la otra le quito la vida co causarle la muerte, y la postre ra le abrio los infiernos co cerrarle la gloria. Azia go dia fue este para el caydo Adam, y para sus dece dientes, pues perdio enesta jornada las ricas armas dela gracia que tenia: y tambien la buena espada dela original justicia, la qual quedo colgada enla sala delas armas dela Majestad diuina, y los decendientes caualleros hijos de Adam inabilitados de
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alli adeláte paraseruirse della, pues no la hallarō des pues en el mayorazgo de su padre. Viendo el caua ilero dela Sierpe ta mal parado a su enemigo, quedo muy vfano, y contento co aquella victoria. Par tio se del campo, dexádolo enel estado que oystes, y blasonando sus astuciosas fuerças con alabarle los suyos de muy valeroso, se boluio a su reynofue recebido enel con sobrado regozijo, y con los juegos, fieftas, y cerimonias, que a vn Capitan ven cedor se suelen hazer. No contentos conesto, rega lando a su Rey como leales, y amorosos vassallos, en aquella escura noche donde continuamente biuian, le hizieron grandes luminarias, con las ardientes llamas que de sus encendidos rostros les salian por muchas partes.
MARAVILLA VIII.
Como el Sabio Alegorin, y la donzella Moraliza vinieron a visitar al Principe Adam, y el razonamiento que cada vno dellos le hizo acerca de su vencimiento.
Passando la batalla passada dela manera que oystes, fue tan sonado por el vniuerso, que vi no a noticia del sabio Alegorin, el qual como supo el vencimiento del Principe Adam, enla misma hora procuro de le venir a ver. Proueyose para hazer aquel camino de vn ligero portante, y se vistio de ropas de luto, por la parte que le cabia de la tristeza que causo Adá enel humano linaje. Yua todo cubierto de sarga, codoliedose dela muer te que preuista tenia enla persona de vn Principe tan poderoso: y aunque mucho se dolia della, mas
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gemia y lamentaua su muerte espiritual. Caminan do por sus jornadas, llego al Terrenal Parayso. En trado por aquel deleytoso bosque, le parecio otro ala vista, delo que la fama de su hermosura sonaua por el vista mundo. Las aues no cantauan como solian, los arboles, sin ser mouidos del ayre suaue, mostrauan en sus sossegadas hojas el silencio delas aues. Señalauan descontentacion las descoloridas flores, y las plantas algo mustias enseñauá dolori do pesar. No se mostrauan tan claras las aguas co mo antes eran, pero algo turbio su cristalino co lor, luto muy grande prenosticaua. Finalmente to do lo de mas de aquel jardin que antes solia ser y ameno, y apazible, estaua hecho traça y dese no dela miserable cayda, y dela mortal angustia de su morador, pues todo ello como Adá, caydo estaua, dela hermosura de su naturaleza. Auia causado este mudamiento el auer se mudado el hombre, tanto que las criaturas irracionales, y insensibles, hazian sentimiento de ver, que la criatura racional, y sensible, se auia conuertido en bruto, degenerando de su natural. Continuò su camino Alegorin el sabio, admirado de ver la tristeza de aquella silua que tan famosa era, y delos deleytes, nombrada. Entrando enlo mas espesso della, vio vn cauallero tendido enel prado que cabe vn arbol estaua, el qual con grandes gemidos y solloços lloraua su vencimiento. Estaua vna dama sentada algo apartada del, amargamente llorado su desuentura: tenia declinada su cabeça encima de su blanca mano, y como del enojo, y lagrimas que vertia, algo encendida estaua, decorauan sus coloradas
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mexillas la hermosura desu rostro, tanto que aunque muy triste y descontenta parecia, pero siendo ella la primera hermosura delas del mundo, era su belleza tan grande, que causaua admiracion, en tanta manera que se marauillo mucho Alegorin: y como fuesse sabio muy grande, se espanto, considerando en si, como podia ser, que no siendo menos hermoso el cauallero para hombre, que la dama para muger, y siendo ambos la cepa, y cabeça dela humana generacion, como auia de auer en sus decendientes alguno que feo fuefle? Embouecido el sabio eneste subtil pensamiento, y determinado de dar solucion a su duda mas por estenso, como enel processo desta historia se vera, se acerco donde el cauallero del prado estaua, quexandose amar gamente de sus mortales heridas. Como assi lo vido, se apeo de su quartao, y saludando lo con mesura, prouo de alçarlo del suelo. Quando esto entendio Adam, le dixo: Ay cauallero amigo, por de mas te trabajas de hazer los cúplimientos de cortesia, q prucuas, en mi: sepas te, que yo soy Adam el sin vetura, q herido estoy de muerte, y es mi cay da tan grande, que fuerça grandissima, y sin comparació poderosa, me ha de alçar. Como esto oyo Alegorin, estuuo se quedo, y começo a lamētarlo, diziedo: Ay cauallero señor, ay Principe del huma no linaje, miserable ha sido vuestro perdimiento: agora conozco, q enlo q antes me dixistes, os sobraua razo: essa quisiera yo q vsarades vos, para de fenderos de venir enel trabajo q agora estays: muy ingtato aueys sido al soberano Emperador, q tantas y tá grandes mercedes os hizo; sabed, que para
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dar mayor cayda subistes enla cumbre de tan alto estado, pues no supistes valeros para conseruaros enel. Que pensays serenissimo Principe, quanto importa la grandeza, y orden de vuestra creacion? Toda ella en si fue llena delos admirables mysterios, y secretos que agora oyreys, y fue el typo y figura dela encarnacion mysteriosa del segun do Adam Christo hijo de Dios: el qual mediante su fuerça infinita, y diuina, os ha de leuantar. Sabed cauallero generoso, que fuestes formado por la Sabiduria diuina sin medio, y interuencion de muger, y sera Christo encarnado por obra del Espiritu santo sin ayuntamiento de varon. Vos hecho dela flor dela tierra virgen sin corrupcion alguna: Christo delas purissimas sangres delas entrañas virginales de Maria, quedando siempre entera la flor de su virginidad. Vos os adormistes en este prado de dulce y gustoso sueño, para dar de vuestro costado a Eua vuestra esposa, y madre delos biuientes: Christo se adormira conel sueño pe noso dela muerte enel jardin dela cruz, para dar de su lado abierto a su esposa la yglesia madre delos Sacramentos, y delos fieles por venir. Vos os despertastes del sueño, y requebrastes a vuestra esposa con dulces, y amorosas palabras: Christo, mediante su triumphal resurreccion, se despertara del sueño dela muerte, y requebrara con la missio del Espiritu santo, y las palabras de su meliflua doctri na ala yglesia su esposa. Vos, por la platica que passastes con Eua, enseñastes el Sacramento del matrimonio: Christo conla suya enseñara el vincu lo dela fe enlos martyres, enlos confessores, y en-
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los justos, los quales, por el seguimiento della, dexaran a sus padres, y a sus madres, y a sus tesoros, y ofreceran sus vidas encendidos enel diuino amor. Vosfuestes puesto eneste lugar deleytoso, enl qual no teniades necessidad de comer, de beuer, de, vestir, de tesaurizar, ni de procuraros salud corporal; Christo aunque biuirà enla miseria deste mundo, no necessitara delas cosas ya dichas de propia necessidad, pero acceptara destas miserias volútariaméte las q sera indetractables, para co ellas alçaros de vuestra cayda. Finalmete vos fuestes señorde to dos los bienes terrenales del suelo, y Christo nueuo Ada, allede q lo sera mas propiamete q vos, por serseñor natural del mudo, y no comédatario, sera señor tabien de todos los bienes celestiales del cie lo, y por vuestro leuatamiēto triúfara enel, assenta do ala derecha de su padre celestial. Vos por quere ros sublimar, aueys venido enla baxeza delas mise rias téporales en que estays: y Christo, por quererse humillar, subira enla alteza delas eternas prospe ridades, para reynar perpetuamente. Esto es Adá lo que me parecio deziros, para que sepays la im portacia delas misericordias del soberano Emperador, y las mercedes q os hizo: y para q cósideran do vuestra desobediécia, y desconocimieto, os renoscays, para pedir misericordia a su ineffable dey dad. Acabadas estas palabras, có vngraue gemido se partio de Adá el sabio Alegorin. Entoces tornan do en su acuerdo el padre primero, q como absorto, oyedo alsabio, estaua, dio vnsospiro muygrade, y conel renouo su amargo llanto. Lo mesmo hizo Eua q atēta auia estado a aquella platica, y entram
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bos pensauan entre si, quien podia ser el cauallero de vetura q por alli acerto a passar: el qual có mas verdad les auia hablado, q no el falso cauallero de la Sierpe, q los engaño. Este pensamiéto entretenia algun poco el llanto de aquellos Principes, pero como se acordaua dela perdida desu imperial estado de innocencia, parece, que les queria rebentar el coraçon. Estado ellos enesta angustia, descubrio Adam vna muy apuesta donzella: la qual como era en vista suya, boluia el palafren donde venia a caua llo, y conla mayor priessa q podia huyedo, se torna ua por el mesmo camino por donde auia venido. Esto hizo la dōzella algunas vezes, mostrado, que tenia desseo de entrar enlo interior de aql bosque, pero toda via mostraua, tener algun recelo de passar adelante, y aun señalaua, que alguna cosa mon struosa descubria q le causaua pauor. Quádo esto entendio el triste cauallero, desseando sossegar el espato dela dōzella, proueyo de hazerle algunase ñal de seguro, pero hasta que la asseguro la Prince sa Eua, no se determino la donzella de cötinuar su camino, pero viedo las señales de afabilidad, y bue acogimiento q Eua le hazia, hirio el palafren quato pudo có vn açote que traya en su mano, y auque el animal rehusaua de passar adelate, concl tratamieto q le hazia su señora, por no ser lastimado, en tro enel camino, andando co mucha ligereza. Quã do llego la donzella Moraliza cerca del cauallero del prado, el qual antes auia visto muy deforme y feo, apeose del palafren, diziendo: Ay soberano Dios, y que auentura tan estraña es la que veo enesta silua deleytosa? Marauillas muy grades son las
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vuestras diuino Emperador. Miraua Moraliza ala Princesa Eua quan triste y amanzillada estaua: mirauatabien al Principe Adá tendido enel suelo, re boluié dose por el conel dolor de sus heridas. Estado Moraliza mirádo a entrabos Principes, alço Adam sus ojos, y con vn entrañable gemido dixo: Quié eres tu estraña donzella, que por este inuisitado bosque guiaste: si librada te veas del dolor q siento, te ruego me digas algo de tu hazieda, y porq causa tantas vezes recelaste de venir a este lugar: de mite digo, q soy Adam el sin ventura, y quedo tal de mi vencimieto, q fuera mas honesto para mi autoridad no descubrirte mi nombre. Acabadas es tas palabras, dando vn sospiro muy grade, se callo Adam. Entonces la donzella Moraliza rasgo sus vestidos pardos, que para esta trabajosa jornada se auia vestido: y condoliendose del daño del cauallero, le dixo: Ay Principe señor, y como os pusistes en voluntario trabajo, sin necessitar de poneros enel: si con el daño de vro pecado, pesando ad quirir ajena sabiduria, no perdierades la vía, cobrá do la ygnorancia, supierades quien es la que agora os habla, y quien era el q antes q yo aqui aportasse os hablò. Sabed, q por el rastro q halle, entrando por este bosque, conoci, q Alegorin el grade sabidor aportó aqui, dode me ha guiado las pisadas de su portante. Y o soy Moraliza la donzella q tanto desseays conocer, y enla verdad auque en diuersas auenturas me soy vista, y enestos aferes algo se me entiede, por bie q tengo noticia de vuestro valor, toda via Principe generoso desconoci vuestra persona: tanto que yo con algun recelo, y mi palafren
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co sobrado pauor, en veros tá monstruoso, temiamos de passar adelante, y co trabajo hize passar la bestia, donde fue mi volútad que llegasse. Ay mise rable caso pues los animales que os obedecian, y holgauá de ver vuestro rostro, huyen, y se espantan de vuestra diformidad. Sabed, que teniades la cabe ça de leon, el rostro de mono, la gargata de lobo, los braços de osso, las manos de sapo, el cuerpo de jauali, y los pies de galapago. Ved Principe señor, como auia de conoceros, si vos de vuestra graciosa hermosura os aueys trasfigurado en espatable feal dad: tanto que como el sabio Alegorin se marauillo de vuestra belleza, quede yo espatada de veros tan feo, y enel genero mas monstruoso que se puede ymaginar. De modo que si os viera el fuerte Al cides, y el animoso Teseo, hallandose en vuestro tie po, tuuieran por hermosos ala Ydra, y al Minotau ro en vuestra comparacion, y aun estoy en duda, si os osaran acometer. Pues siendo ello assi, q pauor auia yo de tener que soy simple, y pusilanima don zella? Ay aduersa fortuna, que si solo se mostrasse vuestra fealdad enlo exterior, assi como es argume to dela q teneys enlo interior del alma, por dicho so os podriades contar: pero todos essos generos de sieras deq os mostrays compuesto, enseñan por sus venenosas especies, las cõplissiones que tienen los siete vicios mortales, en cuyas manos fieras aueys dado, cayendo dela silla dela gracia.
El leó os muestra soberuio, embidioso el mono, glotō el lo bo, yracúdo el osso, libidinoso el puerco, auaro el sapo, el galapago perezoso: pues si estos vicios ganastes por amigos, en dexar os vencer de Luzbel, q
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virtudes contrarias dellos aueys perdido por amigas en perder la batalla? Que se hizo Ada la humil dad que tuuistes, quando adorastes por señoral Se nor que tan grande señor os hizo? Ay cuytado ca uallero, que quando quesistes ser semejate a Dios, entonces os trasfigurastes en soberuio leo. Como se os perdio la mansedum bre que teniades, dando gracias a Dios dela sabiduria que os quiso dar? Ay cauallero triste, pues quando determinastes tyrani zar os el diuino saber, entonces os conuertistes en mono embidioso. Quié os robo vuestra rectitud, pues contento de vuestro estado, no desseauades mayor señorio del que Dios os auia dado? Ay cati uo cauallero, sabed, que quando con desordenado apetito comistes el fruto, desseando la gloria de Dios, entoces os transformastes en lobo gloto. Finalméte el osso os deuoro la temperácia, el sapo la magnanimidad, el jauali la castidad, y el galapago el feruor dela charidad enel diuino seruicio. Poréde considerando el miserable estrago que en vos estos fieros animales hizieron: oy lloro Adam vra cayda en perfona de vuestra derribada naturaleza: oy lloro los varios casos, las fortunas, y calamidades que padeceran por vuestra culpa vuestros decé dientes, los quales esta en vos virtualméte. Ay Prin cipe principio de nuestro bien, y agora el fin del, y el comieço de nuestro mal: ay Principe Adam en tierra, ay tierra virgen de que fuestes formado ya corrōpida, tan en mal púto creystes a vuestra virago Eua, pues si os quedarades con solo el vir, siendo varo constante, y no lo juntarades co el ago, haziedo lo que vuestra copañera quiso, quedarades
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con la gracia en gracia de vuestro Señor, y no estu uierades en su desgracia, y en gracia del falso Luzbel, por auer venido alo q quiso vuestra dama. Ay dama, o mas propiamente, da mal, si como fueste li gera, fueras graue, no causaras tan graue daño a tu cauallero, ni de tan alto estado como es el dela gra cia, lo abaxarasa tan baxa miseria como es la de la culpa, tanto que fueste causa que se abaxasse Dios, aunque no de Dios, mas por su bondad a ha zerse hombre, para alçar al hombre que enla cayda de tu Adam caydo se muestra. Donde es la obe diencia delos interiores domesticos Principe del humano linaje? Que se hizo el concierto que tenia vuestra voluntad conla razon, y la razon có Dios? Todos vuestros subditos, la intellectiua, la sensitiua, la yracible, la concupiscible, el gemido, el llanto, el temor, la voluptuosidad, el engaño, el dolor, la tristeza, la enfermedad, la discordia, y todos los de mas que os obedecian con sossiego, se han ya inquietado, y os son rebeldes. Pues si hablamos en los exteriores vassallos, los leones os muestran los dientes, los jaualies los colmillos, los tigres las vñas, los ossos os arrojan piedras, los cauallos coces, los venados se os encaraman por los montes, los conejos se os encauan por los matizales: las ouejas no os miran, los carneros os escarnece, los corderos os huyen, los toros os reciben en sus cuernos. Finalmente, las grandes aues del ayre, y las pequeñas, que por los arboles frondosos deste jardin os regalauan con sus cantilenas, todas se apartan de vos: tanto que aueys menester las redes para tomar las vnas, y lazos para caçar las otras, y
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para las may ores las trampas y buytreras. Los peces qa vuestra volútad venian, os tiené odio: y apar tandose de vos, buscá los maritimos cétros, las pro fundas cauernas, y los rasgados peñascos, para recogerse:tanto que para q gozeys dellos, teneys necessidad delos buscar con xarcias, co redes, y anzue los. Pues que diremos dela tierra co sus arboledas? Ella os muestra las espinas, os escueze con sus abro jos: y de blanda, y comunicable que era, quando os hizo Dios de su massa, se os ha tornado seca, y muy fuerte. Sus arboles, y plantas no comunicara los frutos, sino la rompeys a ella conel açada, con la reja, y el arado. Pues quando tuuier edes necessidad delas aguas, determinadas estan de no torcer por vos su derecho camino, ni andar de su voluntad adonde las vuieredes menester, si no las grangeays para donde las quisieredes, haziédoles la via con vuestro trabajo. Enojaros ha el fuego, y se defendera de vos. Daros han pena los intemperados vientos, y a marauilla terneys buen cielo por el suelo que biuireys. Vltimadamente, todo lo criado para vuestro regalo, os sera contrario, y os dara molestia y trabajo, pues os ha perdido el respecto. De manera Principe que mucho mas os valiera estaros quedo enla obediencia de Dios, y gozar de vuestros bienes, que no inquietaros della para despertar tátos males: de modo q entōces no teniades necessidad de trabajar para auer bien, y agora la te neys, y aun de sudar, y poruentura para auer mal. Ya no se q mas pueda lamētaros, quedaos a Dios cauallero del prado, y ael os encomendad de todo coraçon, pues otro q no sea el, no podra jamas abo
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nar vuestra culpa, y daros la remissio della, por ser vuestro pecado contra lo infinito, el qual solo infi nita persona puede satisfazer. Quisiera deziros mas de mi hazienda: pero no querria ver seuero el rostro del soberano Emperador, que cedo ha de venira os castigar. Dichos y pronunciados los vltimos accetos destas palabras, tan presto como acabados fueron, començo la donzella Moraliza su camino, y hiriendo su palafren, se partio dela presencia de Adam, el qual quedaua, y Eua conel, con el agonia que pensar se puede, rumiado por su me moria la platica dela donzella, y aguardando la seucridad dela justicia del supremo Emperador.
MARAVILLA IX.
Cuenta El Razonamiento que hizo la diuina Majestad alos Principes Adam y Eua, y como los mando desterrar del Parayso Terrenal.
Sobre manera quedaron tristes los Principes del humano linaje despues de auer perdido la batalla: tanto que no fueron los exteriores ojos del cuerpo los que auia abierto para verse des nudos, mas los interiores del alma para conocerse tales, començando a obrar enellos el amarga purga del fruto que comido auia: esta les obro al reues delas buenas: pues purgandoles el bien, les dexo el mal, y alimpiando les la gracia, les dexo la culpa. Fi nalmète quitando les la salud del alma, les dexo la enfermedad del cuerpo, causada por el quebranta miéto dela cayda q dio Adam del recebido encue tro. Catose las heridas, y como ambos tenian ya noticia del bien y del mal, corrieronse mucho en
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verse desnudos, sin ropas corporales, y Adam desarmado delas armas dela gracia, que enla batalla perdiera: cubrieronse en verse tales delas verdes ho jas que les presto el arbol: de modo que los ricos Principes, que antes dela perdida de su estado podian prestar a todos riquissima naturaleza, eran ve nidos despues tan a menos, y a ser tan pobres, que necessitauan mucho delas hojas que los arboles abundauan. Pero aunque se armo Adam de aquellas frescas plantas, valieronle muy poco para ampararse del poderoso encuentro, que recibio enla vista del supremo Emperador. Passeauase su Magestad por aquel Parayso, al ayre fresco despues de medio dia, parece, que tocandole enel pecho aquella suaue Aura, lo retardaua del castigo que queria hazer enlos delinquentes. Parecia, que yua platicando en si la diuina Magestad la manera, y el como los determinaua castigar, quando fue sentido de aquellos acouardados Principes, los quales en auerle oydo, se escondieron de medrosos. Llamo entonces el Señor a su cauallero, diziendole: Adam adōde estas? Como quien quiere dezir: En la gracia te dexe, y enel pecado te hallo: estauas en la vida, y veniste ala muerte: en descanso biuias, y agora moriras de trabajo: y porque enel estado que estas, y has de estar, al presente te ygnoras, para que mejor lo sepas, quiero saber de ti, como te fue enla batalla que con Luzbel vuiste? y tambien, si assi como la comida del fruto te mostro que desnudo estauas, si te auiso, de quan caro te auia de costar el escote? A esto respondio Adam con humildad y erubescecia: Ay señor Dios mio, senti la
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boz de vuestra Majestad inefable: y quando me vi sin ropas, temi de aparecer desacatado delante vuestro diuino acatamiento. Entonces replico el Emperador soberano: Quien te enseño Adam que desnudo estauas? No lo supieras tu, si dexaras de co mer del fruto que comiste inconsideradamente. Quedaras dende oy auisado, que valieran nada los veslidos q quisieras tener para representarte a mi, por preciosos q fueran, en coparacion delas armas y ropas interiores, q enel despojo de tu vēcimiēto perdiste. Respödio Âdá. Ay de mi cauallero sin vétura: pues la muger q vuestra Majestad medio por copañera, me hizo comer del fruto, y siendo ella la causa para q del comiesse, fue en cocausa de mi per dimieto. Endereço despues la platica el sumo Dios a Eua, y le dixo: Porq causa donzella deso bediente cometiste tan graue insulto? La qual respondio: Ay soberano Señor, la suasion y engaño dela Serpiëte me hizo, el fruto tá hermoso, el prouecho del comerle tä grade, y el castigo tá ninguno, que sin cosi derar si me auia de entrar en mal prouecho, lo comi. Boluio entōces la Majestad diuina su habla cōtra la Sierpe, y le dixo: Sabete Cabeça de métira, q pues siédo tan peruersa causaste tan costoso daño, que dañada y maldita seras entre todos los animales dela tierra: tanto q comiedo della, yras rastrean dola sobre tu pecho, todos los dias que biuieres. No creas que en solo esto pararà tu daño, pues por ne enemistad muy grande entre ti y la muger, lo mesmo entre tu generacion y la suya: de manera q de paz y victoria por tu parte puedes biuir descon fiada: pues muger singular entre todas, y auentaja-
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da sobre todas, te rompera en pieças la cabeça: y allende desto por mas domeñarte, te hollara debaxo sus pies. Apenas fuero acabadas las palabras diuinas, quádo llego el sabio Alegorin: y conociédo, que no era este passo para passar por el con silécio, con boz entonada, cuyo Eccho resuena oy dia en las orejas delos fieles, dixo las palabras siguientes: Ay alta y felice donzella por quien ala letra, y sin alguna violencia, dixo la Majestad immensa las palabras que hablò contra la enemiga Serpiente. Sabed todos los presentes, y por venir, que Maria, la sin manzilla Princesa, fue la valerosa muger eneste passo entendida, y preseruada: a ella conuienen estas diuinas alabanças sin estorcion alguna, propias son della, pues ella auia de ser propia madre de Dios. Por donde se deue creer, y confessar, que fueron premissas de graue autoridad estas palabras diuinas, para mostrar la verdadera conclusion de ser concebida sin original peccado la madre del summo Emperador, por la qual fueron por el mismo Dios publicadas. Pues preuiendo su diuina prouidencia que para vengar la cayda de su cauallero Adam, se auia de armar de carne humana, y para este glorioso fin auia de proueerse de madre, quiso con esta sentencia promulgada cótra la embidiosa Sierpe, exemir, y mostrar, immune dela maldicion general, ala heroyca virgen de cuya carne se auia de vestir: haziendo esta preseruacion, antes que maldixesse al humano linaje. Preuiola eneste passo idonea para el maternal oficio, y la escogio para el co las calidades, que para ta alto grado conuenian, porque al hijo puro
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por naturaleza, madre pura por gracia le correspondiesse. Eligiendola por tal en su mente, preuio, que de su virginal pecho, lleno de leche celestial auia el de criarse: a esta causa como a capelo de Cardenal enel pecho del summo Pontifice reseruado, la preseruo, y reseruo enel suyo, guardandole el capelo dela gracia preseruante para el instante, y punto de su immaculada concepció. Tan to que se ha de tener por aueriguado, q pues auia de to mar el soberano hijo de Dios la naturaleza, y no la persona desta soberana donzella, q no la auia de tomar amanzillada del pecado de Adam: cuya culpa deriua en nosotros naturalmente, y no perso nalmente: porque fue este peccado enel padre primero crimen personal, y en nosotros es original. Eximio la tambien por especial preuilegio, expressado enlas clausulas destas diuinales palabras, habladas contra la culebra: el qual fue sellado, refrendado, y escrito con la sangre, y armas de su preuista passion. Escriuiola tambien enel orden dela gracia, la primera despues de su sacratissima hu manidad, y porque la auia de tomar a su tiempo dela pureza de sus virginales entrañas, determino como hijo muy obediente que le auia de ser, que se assentasse despues del, enel orden dela gloria, quando la subiesse a ella: para que ella imperial Augusta gozasse de congruo, delas immunidades que goza de condigno el siempre diuinal Augusto su hijo, que para el fin maternal lapreseruo. Dio esta inuietissima Emperatriz el remate, y confirmacion ala ya dicha sentencia, pues quando hizo su venturosa entrada enel mundo, el dia de su pur-
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rissima concepcion, subjecto a ella, a Lucifer el soberuio, cortandole la cabeça del original pecado, y las manos del actual, y venial: pues con ninguno dellos la pudo molestar el falso cauallero: pero siêdo tratado por esta valerosa donzella del arte que aueys oydo, estuuo siempre inabilitado, y sin fuerças, debaxo de sus virginales pies. Esta auia de ser la gloriosa militar, que con hazer marauillas en espirituales armas, auia de dar cima alas dudosas auenturas dela muger fuerte, en cuya demanda yua el Rey Salomon, muchos años antes que viniesse al mundo esta robustissima guerrera: y tambien ala otra marauilla del ydolo Dagon, que descabeça do, y sin manos delante del arca del amiftad estaua: y ala verdad delas sombras de muchas otras auenturas, enlas quales se prouaron Iudich, y Iahel, y la fuerte dueña de Thebas. Tanto que aunque aquellas valerosas damas las acabaron corporalmente, pero toda via se guardauan para esta encumbrada virgen las glorias delos espirituales vencimientos, que enestos corporales encerrados estauan, segun que en sus propios passos se enseñara mas largamente. No la comprendieron tampoco las maldiciones, que despues de mostrada su preseruacion, se dieron alas otras mugeres: pues siédo muy auen tajada a todo el femenino linaje, ni pario con dolores, ni fue desacatada de su virginal esposo: mas siempre fue seruida del, con santa vigilancia, con modestia, y veneración. No fue incinerada su purissima carne despues de su gloriosa muerte: mas assumpta en euerpo, y alma sobre todos los choros dela espiritual milicia del cielo: para triumphar de<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" /></noinclude>{{CP||PIE DELA ROSA|}}
delas muchas victorias que ganò enla mesa redon da del múdo, contra el Principe Luzbel, y sus exer citos: los quales jamas le pararon rostro, pero tiem blan oy dia con solo nombrar les su admirable nombre. Desto resta conclusion verdadera, para confirmar la verdad de su pureza: pues assi como quitada la causa, cessa el efecto della: por la misma razon, pues no se vieron enesta imperial Augusta estos incidentes y penas, por la original culpa enel restante delas mugeres causadas, se ha de creer, y confessar, que fue preseruada del original pecado: porque si lo tuuiera, le causara los mismos efetos, que enel resto del femenino linaje causo: los quales ni se pueden, nise deuen otorgar enella, so pena de fuego. Pues considerad mortales,
en que peligro se pueden poner, si algunos ay, que contra este articulo se opusieren. Porende no tenga enuelesados vuestros entendimientos arrogante passion, pues a esta causa determine de dar auiso, y amonestar alos opinatiuos doctores, los quales piensan poruentura, que nauegando por el mar de sus pareceres, se euadiran del peligro de Carybdis, y estan en peligro de dar enlo mas fuerte dela Silla de temerario error, lo qual escusaran, si se guian por la lumbre del santo Anselmo, doctor graue entre los otros, el qual enesta materia tiene su assiento enla gauia dela naue dela Yglesia militante. Dexen pues esta nauegacion peligrosa por edifica cion del christianismo, si ay aun nauegantes enella: y para passar sin pesadúbre de apassionado error, y ayudados del viento del Espiritu santo, por el mar sin cabo dela virginal pureza, cuelguen el ha-
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{cf|40<sup>r</sup>|FRAGANTE.|PIE DELA ROSA}}</noinclude>bito de sus opiniones, o las opiniones de su habito enla higuera de Adam, y Eua, y desnudos de estas porfias, no curé de estender mas sus pareceres enel arbol vedado dela virginal innocencia: pues el nos dio el fruto de vida, cotra la ponçoña del otro que causo la muerte. Crease, y no se dude mas enla verdad desta concepcion sin pecado: pues allende que enla madre de Dios es temeridad pensar nada malo, ni de culpa, mas creer enella todo lo bueno, y lo mejor despues dela humanidad de Christo: estä, la verdad, y articulo de quien hablamos, decretados por la boca dela Verdad increada, enlas ya dichas palabras, y aun en innumerables autoridades, milagros, y calificadas sentencias, las quales se manifestaran a sus tiempos, en sus caso y lugar conuenibles. Acabo su dulce platica el sabio Alegorin, y se fue para dōde tenia sù habitacion no conocida. Y continuando nuestra historia, sabreys, como des pues de auer hablado el Señor las ya dichas palabras cotra la Serpiéte, dixo sudiuina Majestad las q se siguen a Eua madre delos biuiétes, aquella q nos fue enla generacion del pecado peor q madrastra, y muerte. Dixole assi: Bie sabes variable muger lo que me deues, por el bien que te di, y por la desobediencia que me diste: conuiene que sepas, que por tu ingratitud multiplicaretus fatigas, y trabajos, enellas lleuaras tu preñez, y pariras tus hijos con corporales dolores, en pago, y recompensa de los espirituales, que al humano linaje causaste. Ygual te hize al varon, sacandote de su lado, pero por la desigualdad que enla rectitud de su alma pusiste, con persuadirlo que del fruto Co-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{CP||PIE DELA ROSA|}}</noinclude>comiesse: quiero que subdita le scas, y el te domine, como superior. Boluiendose despues al hombre, le dixo: Pues fueste tan muelle, y affe minado cauallero, que tiernamente amando a tu compañera, condecendiste a complazella, comiendo del fruto prohibido: maldita sera la tierra en tu trabajo, enel comeras della todos los dias que biuieres: y produziendo te abrojos, y espinas, espinado, ý escozido dellas, sus yeruas seran tu mantenimiento. Biuiras muriedo, pues passaras tu vida con afanes, y conel sudor de tu rostro: hasta que seas reduzido ala materia de donde tomado fueste, pues siendo poluo, has de ser conuertido enel. Interlocutoria fue esta diuinal sentencia para los primeros Princi pes, enlo que tocaua ala muerte del alma, y amission del cielo: pues tenia la summa Iusticia reseruado el remedio della, dentro del charitatiuo pecho de su immensa misericordia: fue empero difinitiua enla muerte del cuerpo, y enlos trabajos, y miserias que padecemos, en castigo dela rebelion. Man do despues la Magestad diuina, que aquellos Principes desnudos se vistiessen las pieles delos brutos animales que les auia dado: pues no sabiendose conseruar en su real estado, de sabios racionales, se auian conuertido en bestias, quedando enlos puros naturales, por la culpa del pecado que cometieron. Tanto que dieron ocasion conel poco animo que tenido auian, a que por tales los tuuiesse el cauallero dela Sierpe que los vencio, y despues teniedolos en poco el, y los suyos, se atreuiessen a pe lear sin recelo contra sus descedientes, pues su misma fragilidad, y poca constancia heredado auian.<noinclude>{{pie|||Aca-}}</noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{CP||FRAGANTE.|41}}</noinclude>Acabada esta platica, dixo Dios al hombre: Agora eres Adam casi como vno de nosotros, aunque con mucha costa tuya tienes noticia del bien, y del mal. Dichas estas palabras mando a vn resplandeciente Cherubin, que de aquel lugar los desterrasse, y los pusiesse enlas miserias dela mesa redonda del suelo. Efectuada por el Angel la volútad di uina, y desterrados los primeros padres, quedo el Cherubin por custodio de aquel Parayso, bladiendo en su mano vna espada radiante, porque si aconteciesse, q acordadose el hobre dela hermosura del vergel, quisiesse prouar el auentura de morar otra vez enel, hallasse vn fuerte cauallero celestial que le defendiesse aquel passo, a fin que si entrando en el Parayso comiesse del fruto, no biuiesse para siepre. Quando supo la donzellá Moraliza la miseria deste cauallero, y la parte que della les auia de tocar a sus descendientes, subio en su palafren, y dandose mucha priessa, camino para donde el desterrado estaua: y en verse conel, aunque lo vio con gra ue angustia, y desconsuelo, le dixo: Quan justamen te mereces Adam el destierro que tienes, pues ya que auias desterrado de ti lá obediencia que a tu Emperador deuias, alomenos, quando te viste delantesu diuino acatamiento, no deuias desterrar de tu boca el conocimiento de tu pecado, echando lo a Eua. Ay quan mejor te fuera acusarte, que no escusarte, especialmete delante quien todo lo sabe: pues co escusar tu culpa, te acusauas ala justicia, y si acusaras tu crimen, te escusaras ala misericordia. Muy grande la vso contigo la diuina Clemencia en no anichilarte, y mayor en darte despues a su
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{cf|41<sup>v</sup>|FRAGANTE.|PIE DELA ROSA}}</noinclude>propio hijo por escusador de tu muerte eterna, con no escusar Christo de padecer por ti la muerte corporal. De aqui deueys tomar erudicion todos los successores de Adam, para la manera que aueys de tener con Dios en semejables traces, porque no conciteys contra vosotros el rigor dela di uina Iusticia, de manera que no tengays por acusa dor, y juez de vuestra condenacion, al Señor que tuuistes por escusador, y abogado en vuestra saluacion. A cabada su platica, se fue Moraliza la donzella. Pensar podeys, quales auian de quedar aquellos angustiados padres, con la lecció para ellos ta buena, y para nosotros tan prouechosa, que les dio la donzella discreta. Quedaron tales, q fuera muy gra falta no auer les mazilla, y tambien de nosotros, si no les ymitamos su austera penitencia: la qual hazian, passando amargamente su amargo destierro, viendose priuados del fauor, y gracia de su Señor. Proueyeronsecstos santos Principes de humildad, y sufrimiento: y consolandose conel conocimiento de su pecado, començaron a exercitarse enla espiritual milicia que adelante vereys. Vuieronse en ella valerosamente, y con mucho tiento, tanto que biuieron con prudencia, con solicitud, y santidad muy grande: y por estas, y mas virtudes, fueron dignos de memorable recordacion.
MARAVILLA. X. Como La Princesa Eua pario asus dos hijos Cayn, y Abel, y cuenta la batalla que vuo entre los dos hermanos, enla qual fue muerto el Infante Abel, a manos de Cayn aleuosamente.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{cf|42<sup>r</sup>|FRAGANTE.|PIE DELA ROSA}}</noinclude>Estauá los ojos delos Principes Adam, y Eua, tan acostumbrados a llorar su pecado, que quando se acordauan, que eran ellos la fuente perenal, dedonde nacian los arroyos delos trabajos de sus descendientes, eneste valle de lagrimas, se derretian enellas, de interior, y amarga man zilla. Ponderando pues la graueza dela ofensa que a Dios hizieran, por muchas vezes le pedian misericordia, Mouieron tato la diuina Clemencia estos solloços, y gemidos, que segun sentencia de santos coronistas, les embio la Majestad immensa vn legado celestial para que los consolasse. Auisaualos tambien este diuino mensajero entre las palabras cósolatorias, de como la seguda persona delas diui nas, se auia de vestir las humanas armas de su carne, para végarlos dela cayda q el cauallero dela Sierpe les auia causado. Absoruidos aquellos santos en vna medita ció tá santa, inclinadose muchas vezes, besauá la tierra, y de muchas lagrimas la bañauan, quando sentian, que su innocentissimo redemptor auia de padecer dolorosa muerte, por matar la muerte del pecado que ellos cometido auian. Passauan enesto, y en continua penitencia el discurso de su dolorosa vida, quando el Principe Adam conocio a su querida Eua, la qual concibio a Cayn. Passados ya los meses que se acostumbra de traer aquel peso, lo descargo al mundo: tanto que pariendo la dueña a este infante, experimento por platica los dolores que por theorica sabia. Bien le auem os dicho peso a este primogenito, por los pesares que causo a sus padres, con matar al genito segundo. Quedaron
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{cf|42<sup>v</sup>|FRAGANTE.|PIE DELA ROSA}}</noinclude>muy alegres Adam, y Eua coneste hijo que Dios les auia dado, viedo, q ya tenian sucessor en sus reynos, y alabaron ala Majestad diuina por auerles dado Principe heredero. Concibio despues otra vez la santa matrona, y dando a su Abel, dio vn infante, que fue a su tiempo cauallero de perfecta vida. Criauase este donzel muy apuesto, y como el era manso como vn simple cordero, fue muy aficionado a criar ouejas, y cordericos: entre los quales era el vno, quádo el lobo labrador Cayn le despedaço la cabeça. Fue assi, q siédo Cayn inclinado a labrar la tierra, pues tenia sus pensamientos enella daua al soberano Emperador delos frutos que ella le daua, y aun no delos buenos: presentaua empero Abel ala diuina Magestad sus dones escogidos, tanto que le ofrecia lo bueno, y lo mejor de todos sus ganados. Côtétose mucho el Señor delas ofren das de Abel, y las miro, mirando la aficion del seruicio q le hazia: remirole tabien su afectuosa volun tad, y obra, pagandose mucho del, para remunerar lo. Viendo estos fauores diuinos el terrenal Cayn, estomagose mucho, de ver, q no atédia tanto el Señor a sus dones, quanto se tenia por mas seruido con los de Abel: tuuose entōces por despriuado del diuinal Monarcha, y se reputo por ameguado entre los seruidores que tenia su Majestad enla mesa redonda del suelo. Quando vio el cauallero de la Sierpe, que Cayn estaua tan desabrido, pareciole, que auia buen aparejo enel, para como a su padre Adam perderle, y a esta causa començo aconsejarle poco a poco, q de su hermano Abel se vengasse. Incitolo a esta vengança, con malignarle interior=<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{cf|43<sup>r</sup>|FRAGANTE.|PIE DELA ROSA}}</noinclude>
teriorméte desta manera: Ay Cayn amigo en estremo me pesa, de ver el pesar que con mucha causa padeces, marauillado me tienes, de ver te tanto durar enel seruicio del ingrato Principe que sirues: pues tiene tan poca cuenta con tus preciados dones. En mucho estima los de Abel tu hermano, por lo qual tu biues abiltado, y Abel se ensoberuece: no siento, a que parte pueda echar este tu sufrimieto,pues reputando te por cauallero de valor, sufres en menoscabo de tu honrra esta notable afrenta. Nose haze adalguno de mis caualleros, que yo lo hiziera desagrauiar enel campo, o lo despidiera de mi seruicio: enel qual si biuir quisieres, te por cierto, que para lo que a tu reputacion cumpliere, ternasa mi, y a mi estado de tu mano, assi lo acostum bro yo para con mis seruidores. Estos cumplimietos de fauor suele hazer el Principe Luzbel a sus criados. Muy atento estaua Cayn alas persuasiones del cauallero dela Sierpe, tanto que conel coraje que tenia, pensaua la manera que auia de tener para de su hermano vengarse: pero toda via lo inspiraua el soberano Emperador, para apartarlo de aquel mal pensamiento, diziendole assi: Porque causa Cayn biues descontento? poruentura es, porque te das a entender, que prefiero a tu hermano Abel en mi seruicio? no tienes razon de penarte por ello, pero biue auisado, que si bien, y lealmente me siruieres, juntamente conel seruicio recebiras el galardon, y por el contrario mal siruiendome, luego hallaras el castigo a tu mano. Porende Cayn, pugna de concertar tu desorde nado apetito, y no cosientas que te domine: pero
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siempre, para que te valga razon, trabaja, que le sea señora: por manera que siendolo ella, seras tu senor del, y de tu voluntad auiessa. No estuuo este cauallero tan atento ala amonestacion que le hizo el Emperador supremo, quanto lo estuuo ala persuasion de Luzbel: pero dando credito ala sugestion del cauallero dela Sierpe, desafio enla hora a su hermano, y lo faco al campo. A cudio el buen cauallero Abel al aplazado lugar, sin tener alguna mala sospecha: yua este buen seruidor de Dios armado del arnes de innocencia, y por el contrario vestia Cayn el falso las armas de maliciosa embidia, las quales le presto Luzbel, pues con su platica interior lo auia mouido a ella. Siempre lo acom paño este infernal Principe, hasta ponerlo enel cam po, tanto que no quiso apartarse del, antes de ver la fin dela batalla: despues dela qual lo desamparo, dexandolo enlas manos dela diuina Iusticia, como el lo tiene acostumbrado de hazer, có los que confian en sus promessas. Ta al proposito quedo Cayn de su infiel padrino, q no siedole bue fiel, lo aparto dela diuina misericordia, y impossibilitadole la cle mécia, le quito la esperaça della, y lo puso enlas ma nos dela desesperació. Allegaro los dos caualleros al campo, del arte q aueys oydo, y traya Cayn el gi gate vn nudoso basto. En ver se los dos hermanos, saluda Abel a Cayn co amorosa criaça, pero sin ha blar palabra el requeridor al requerido, se dexo yr a ela ley de aleuoso, y co su fuerte baston le torno las saludes. De manera q viedo lo desapercebido, y la cabeça desarmada de recelo, y mal pésamieto, le dio sobrella tá desmesurado golpe, q derribadolo
enel<noinclude></noinclude>
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enel suelo, le hizo hazer la salua del trago dela muer te. No se pudo cótener Alegorin el sabio, el qual en saber la sin deste preciado cauallero, vino luego a lamétarlo, por dode vestido de ropas de luto, llegò muy triste al capo del cóbate. Quando vio a Abel tédido sobre las yeruas sangrientas, delas quales, y de su sangre estaua hecho vn tapizde terciopelocar mesi dode Abel yazia, hizo sobre su euerpo esta fu nebre oracion. Querria de ti querellarme, Muerte feroz, y carnicera, sino respectara, que como flagelo dela diuina Iusticia, començaste oy a exercitar tu oficio enel múdo, y te apossessionaste delos moradores del: no porque te mereciesse este cauallero nouel que el primero de todos te esperimento, mas como essecutora dela diuina vengança enlos desterrados hijos de Adam. Por esta razon cessarán contra ti mis querellas, y començarán en lamentar, contando las alabanças del muerto: y en exagerar la furia del cruel matador seran proseguidas. Ay justo Abel, ay Abel justo, la salua dela muerte heziste, y tal salua, pues siendo el primero que por este passo passaste, la passaste saluado a tu saluo, y fueste el prothomartyr delos caualleros dela ley de naturaleza que martyrio padecieron. Gozate bienandante cauallero, pues moriste por hazer seruiciosa tu Señor: y mas porque fueste figura del justo Iesu Nazareno, cuya obediencia, cuyo sacrificio, y muerte, enseñaste por la tuya: pues dela manera que tu a manos de Cayn el perfido co palo moriste, morira Christo en palo de Cruz a manos dela embidiosa synagoga. Por dōde conui no, q justo, y martyr fuesses, pues auias de ser el primero<noinclude></noinclude>
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mero que morir auias, para ser el primero, que por el merecimiento de tu muerte, prouasses el auentura del seno de Abraham: antes, y muchos años antes que a el viniesse el Patriarca que le dio esse nombre. Y tabien para mostrar, que por otro no solaměte justo como tu, pero justissimo, se auia de abrir primero el seno dela gloria, el qual cerro tu padre Adam conel fuerte candado dela culpa: y este sera el prothomartyr, y mas martyr, que todos los martyres dela ley de gracia Christo Iesu, por cuyo merecimiento, y reuerencia, por cuya muerte, y passion, sera abierto el cielo. Fueste assimismo el que guardaste aquel lugar, como aposentador delos nobles, y santos caualleros que enel estuuie ron, donde aguardaste con ellos la venturosa venida del cauallero del Leon, para de su escura carcel libertaros, como a su tiempo se dira. Fueste tambien la traça, y el deseño dela sagrada Yglesia, ala qual dara en su Era dorada, biuos y animadoscolo res Christo Principe valeroso. Ay de ti Cayn injusto, que tan justo hermano injustamente matanste: pues fueste con hazer esto, no solamête prothomicida, mas aun fratricida primero, y tabien el decha`do, y figura delos crueles tyranos, los quales perseguira despues en sus imperios alos martyres caualleros de Dios, q la Fe dela Y glefia catholica defede ra. Ay de ti cruel matador dignode ser llorado por muerto, y vecido, pues aunq biuo qdes dela batalla, biuiedo infame, por muerto te puedes cōtar, y para la muerte de eterna pena destinado, y a tu glo rioso hermano podemos reputar por biuo, y vece dor, y abilitado para la perdurable vida dela gloria.<noinclude></noinclude>
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ria. Acabo su platica el bue sabio Alegorin, y en ser acabada, se partio de donde Cayn estaua. Cotinuádo nuestra historia, sabreys, que despues de hecha la muerte aleuosa del cauallero leal, quiso la diuina justicia hazer pesquisa del matador: por donde pidiendo cuenta a Cayn dela persona de su herma no, respondio defacatadamente, diziendo: que no sabia del, ni tenia especial cargo de guardarlo. No callo entonces la justa sangre del muerto, derrama da por el suelo, pues dio bozes, que llegaron al cielo, por donde ofendiendose el Emperador immen so dela respuesta del matador, y oyendo las quexas dela sangre del muerto, maldixo al homicida, y pu blico contra el sentencia de perpetuo destierro. Aterrose mucho conella Cayn, pues no solaméte lo desterro Dios para que por la tierra vagasse, pero de su amor, y gracia, lo hizo separado. No quiso la donzella Moraliza passar por Cayn, sin darle vna buena reprehension: a esta causa, como lo conside ro sanguinolento, le dixo assi: Hōrrada hazaña he ziste, Cayn aleuoso, en tu hermano simple diste co mienço a tu caualleria? En verdad dela manera q lo mataste, a tus padres podrias matar, pues auiendole hablado muchas vezes fraternalmente, loasaltaste armado de armas ofensiuas, como traydor. Heroyco ha sido este tu caso para hazer memoria del en tu cronica, mucha gloria ganaste en acometer co tanta ventaja a tu desapercebido her mano, y en ensuziar tus manos enla sangre fraternal, y innocente del justo que no se recelaua de ti. Bien te deuia castigar el Principe Adam tu padre, por el cargo que tenia de Presidente del mundo, y
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{cf|45<sup>v</sup>|FRAGANTE.|PIE DELA ROSA}}</noinclude>no respectar a no tener otro hijo sino a ti, pero no lo hara assi el Padre eterno, pues no perdonarà a su propio hijo, para satissazer a su diuina justicia. Buena la hiziera Adam en ti, pues cortado tus cer uizes, cortara con la tuya la cabeça de iniquidad. Ay quan mejor se hallara Adam fin vn ruyn hijo, q no se hallo despues el múdo con tu cruel genera cion. Ved pues lo que hazeys infelices homicidas voluntarios, y considerad el rigor dela diuina justi cia, la qual no solamente admite las bozes delos pa dres, delos hijos, y delas mugeres que matays en vi da, quitado las vidas alos q vida les dauá, pero aúque parte no vuiesse, no dexa el Iuez jufto de admi tir la instancia dela sangre: la qual mas propiamen te se paga al Rey espiritual cuya es, y aquien se deue, que no al Rey temporal, que en pena pecuniaria algunas vezes la comuta. Fuese la dōzella Mora liza acabado su razonamiéto, y quedo Cayn muy triste, y medroso, en se ver desamparado de su Se ñor: dixo entonces, desconfiando dela diuina mise ricordia: que mayor era su pecado, delo que pudie ra ser el perdon que mereciera por el: y obstinado eneste proposito, no lo pidio al soberano Empera dor. Tanto que con dezir esto, dexo lecció a ludas el traydor, y a otros semejantes, delo que auian de hazer, como realmente lo hiziero, desconfiados de la diuina clemencia. Temiendose mucho Cayn, q los buenos caualleros dela mesa redōda del suelo no lo matassen por su aleuosia, hizo saber su recelo al Emperador soberano, el qual lo asseguro de su miedo, co ponerle vna señal, y comaldezir a qual quier cauallero q pusiesse las manos enel, dandolo
por<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Athene Noctua Books" />{{cf|46<sup>r</sup>|FRAGANTE.|PIE DELA ROSA}}</noinclude>
por traydor. De dōde se deprende, q no se deuen poner las manos en nadie, coforme ala ley, y volútad de Dios: pero dexar en sus manos justissimas las véganças, pues su Majestad paranuestro cósuelo se obligo porfu boca, de dar el merecido castigo q por ellas merecieren los delinquentes. Fue conoci do Cayn por la seña q traya, aunque ya lleuaua co sigo vil fama de su hazaña cruel, vagando por el múdo abiltadamente: siendo esta la mas conocido señal que los tales suelen traer. Esta fue la mayor, ymas sangrieta batalla, que hasta oy se halla en memoria de hōbres, enla qual, muriedo este solo cauallero, murio enel la quarta parte del humano linaje que entonces biuia. Fue Abel vno delos mas preciados caualleros dela ley de naturaleza: el qual guardo muy bien el ordé de su caualleria, pues no quiso, ni procuro para otri, lo q no queria para si. Murio por señalarse en seruicio de su Emperador, y recibio despues el galardon, subiendo con glorioso trium pho alos gozos dela mesa redonda del ciclo, donde tuuo su filla entre los preciados caualleros que subieron a ella, en compañia del fuer te cauallero del Leon, que aquella perdurable aué tura les gano. Fue sepultado este santo guerrero, con la honrra que a tan illustre militar se deuia, y en su sepulcro para su eterna memoria escriuio la donzella Moraliza el epitaphio figuiente.
El dardo que la muerte dio primero
Cerro al justo A bel eneste vaso
La fama deste santo cauallero
Buela del Oriente hasta el Ocaso
Embidia puso fin al buen guerrero
Pues<noinclude></noinclude>
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Apelación a la República
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Repub73
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Transcripción finalizada.
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wikitext
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{{Encabezado
|título=Apelación a la República
|autor=Manuel Azaña
|año=1924
|nota= Transcrito del volumen 2 de las ''Obras completas'' de Manuel Azaña. Si algún usuario encuentra en la web la fuente original se agradecerá su sustitución.
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En la situación creada por el advenimiento del Directorio, el deber, no ya de un político militante, y político liberal, sino del simple ciudadano es aclarar la tendencia y los propósitos del movimiento que ha devuelto el orden constitucional de España al régimen de hace exactamente un siglo, data insigne en el terrorismo de Fernando VII. Rectificar de la noche a la mañana la ruta de nuestra política, parece demasiada frivolidad, demasiada presunción, si, como se afirma oficialmente, el intento es curar los males del régimen liberal suspendiéndolo una temporada para restablecerlo después; demasiada ceguera, demasiada ofuscación la nuestra y la de millares de españoles que en el lapso de cuatro generaciones ha combatido por la libertad y la emancipación del pueblo, si el remedio de los males de España fuese el muy sencillo de restaurar, reforzándolos, el despotismo y la arbitrariedad. Los golpes de fuerza abundan en la historia política. Ningún cambio radical sucede sin que en el momento crítico intervenga un acto de fuerza (revolución, guerra civil o extranjera, regicidio), para llevar a colmo lo que por otras vías estaba sazonándose. Pero no basta con descargar palos de ciego en la armazón del Estado para que se realice una mudanza esencial. Golpes de fuerza eran la Revolución de Septiembre y el pronunciamiento de Sagunto que la enterró; golpes de fuerza, las guerras civiles carlistas y, mañana, una insurrección del proletariado. De estos ejemplos se juzga diversamente según los móviles en que se engendran y los caminos por donde empeñan a la nación. Si un golpe de fuerza no es una calaverada estúpida, tendrá un sistema de ideas políticas. A esa inspiración se atiende para juzgarlo. Se caracteriza el golpe de Estado del 13 de septiembre de 1923, no por haber derrocado la Constitución, mas por derrocarla para implantar un despotismo sin trabas, un poder como acaso nadie lo tuvo en España: despotismo amparador y restaurados de las potencias reaccionarias, incompatibles con la libertad. Miran el triunfo del Directorio como un desquite sobre la libertad, cuantos —instituciones y personas— se consideraban vencidos por ella.
En esencia hay dos modos de gobernar a un pueblo: el absolutismo irresponsable, el verdadero «Antiguo Régimen», o sea el que precedió en la Europa continental a la Revolución francesa, y el liberalismo organizado en democracia, por la instauración del cual se ha pugnado en España más de un siglo, sin lograr su triunfo completo. Desde que España existe como Estado moderno, desde el comienzo del siglo XVI, ha conocido ambos sistemas: tres siglos, el absolutismo irresponsable, en el curso de la dinastía austriaca y de la borbónica hasta la guerra de la Independencia, y, por temporadas de años, en pleno siglo XIX; del liberalismo democrático se ha planteado con timidez ensayos fugaces, no permitiéndoles echar raíz; y la vez sola que España se encaminaba decididamente a un régimen de pura democracia, en 1873, retrocedió cohibida por la violencia. Del régimen absolutista sabemos a fondo y por experiencia cuanto puede saberse y cuanto promete; del régimen liberal sobre bases democrática, nada sabemos: nunca ha existido en nuestro país. Tres siglos de absolutismo produjeron la ruina y la degradación del pueblo español. No medimos la decadencia de España en el régimen antiguo porque perdiera más o menos provincias conquistadas, un Imperio colonial: esto es accidental y externo; lo ganado por la fuerza se pierde a la fuerza cuando un adversario más poderoso se lo lleva. La decadencia de España y el fracaso verdadero del Antiguo Régimen consistieron en el despilfarro y la pérdida de las energía vitales del país, de su riqueza interna, en la devastación de su suelo, en el estrago de su inteligencia, en la miseria moral. Ni siquiera realizó el Antiguo Régimen la obra que parecía llamado a cumplir, que en otros pueblos, como Francia, cumplió: la unidad nacional, la integración del suelo peninsular bajo una soberanía. La separación de Portugal, perdido para la «Gran España», es la acusación más formidable contra la monarquía absoluta. Su política era antinacional. En ese carácter se ha de ver una causa capital del desastre de España en el Antiguo Régimen, desastre del que aún no se ha repuesto. El rey absoluto miraba por sí, por el lustre de su corona, por el esplendor de las clases sociales donde se apoyaba, que no al porvenir de la nación ni a los intereses verdaderos del pueblo. Guerras familiares y dinásticas, de religión, de expansión imperialista; siempre guerras, enemigas del bienestar, de la riqueza, de la población de España; desoída la voz de las ciudades que en las Cortes pedía paz y buen gobierno; desoídos los consejos de los moralistas, de los escritores políticos; cerrados los caminos al mérito personal; triunfante la intriga y las camarillas palaciegas; la aristocracia y el clero dueños del país, y un pueblo pobre, un país desierto, un Estado sin prestigio, y, a la postre, una Corona sin gloria. Tal es el balance del régimen absolutista. Sabemos en qué consistía. ¿Y hemos de oír ahora que la libertad política y sus instituciones son culpables de la decadencia española? ¿Estaba España en 1912, en 1837, en 1820, en 1868, en el apogeo del poder y de la riqueza, del cual haya descendido por causa del liberalismo? ¿Qué siniestra argucia es esa de declarar incompatible la libertad con el bien público? Todo lo contrario. El renacer de España es obra de la libertad. En un siglo, el nivel de la vida del pueblo, lejano todavía del de otros europeos, ha subido notablemente; con desamortizar las tierras de la Iglesia y los nobles, se multiplicó la riqueza; con la libertad de comercio y de industria, se obtuvo la holgura necesaria para trabajar y prosperar; con la libertad de imprenta y la expresión libre del pensamiento, harto escatimadas muchas veces, el espíritu español ha recuperado su dignidad, y aporta un caudal estimable al progreso general del espíritu humano. Cierto: el adelanto de España es corto y perezoso comparado con el de otros pueblos que por no haber abandonado, como nosotros lo abandonamos, el cultivo de la inteligencia, se han hallado en posesión de ideas más vigorosas, de una técnica más perfecta, y de hábitos para ensayar y experimentar que todavía no poseemos en tal alto grado; pero comparada la España actual con la de hace un siglo, es un pueblo renacido de sus cenizas, incorporado a la civilización moderna. A la libertad se lo debemos. Estas verdades elementales, olvidadas acaso de puro sabidas, desgraciadamente olvidadas, han de ser repetidas y rehabilitadas en la conciencia pública, para que la embauquen quienes, movidos del interés personal, se proponen acreditar supercherías. No sea que, al cabo de los tiempos, dicho ya todo, no sepamos los españoles cómo es nuestro país y por dónde vienen sus desventuras. Basta la experiencia sola, lo que llaman las enseñanzas de la historia, para saber que el régimen despótico y personal es ruinoso, injusto, detestable. Nuestra salvación reclama un régimen acorde con el sentido humano de la vida: el liberalismo y las garantías democráticas.
Importa hacer notar, en conclusión de este paralelo, que el absolutismo ha imperado sin restricción en España tres siglos, mientras el liberalismo no ha pasado de tanteos, en los cuales ha tenido que defenderse de toda suerte de enemigos. Desde que al comenzar el siglo XVI fueron aplastadas las franquicias locales y los privilegios nobiliarios, de cuyo desenvolvimiento normal (normal no quiere decir pacífico e incruento) pudo salir, como después salió en Inglaterra, un régimen parlamentario, la Corona en España gobernó sin cortapisas; nadie combatía el régimen en sus fundamentos y principios. No supo labrar la grandeza del país ni la deseó; no causó más daños porque no pudo. Ese régimen y sus personajes representativos cargan delante de la historia con la responsabilidad que incumbe al poder omnímodo, ilimitado, avasallador; a todo poder que se arroga la representación incompartida del pueblo entero. No se dirá que la Corona española en aquellos siglos tuvo estorbos. Otro muy distinto ha sido hasta ahora el destino del régimen liberal. El liberalismo ha tenido que luchar, por de pronto, con la dinastía. Lo primero que hace Fernando VII al volver del destierro es anular las Cortes y la Constitución, desterrar y ahorcar a los liberales, a los mismos que habían organizado la resistencia contra el extranjero que lo destronó. El liberalismo ha tenido que luchar con los enemigos de fuera. La Santa Alianza nos envía un ejército de cien mil franceses para destruir la Constitución de 1823, de acuerdo con Fernando, por si no se había deshonrado bastante en 1814. Lucha otra vez con la dinastía, es decir, con quien más obligado estaba a guardarle lealtad, puesto que la sostenía en el trono, cuando la inocente Isabel conspiraba contra los progresista. Lucha contra los enemigos interiores, asaltado por dos guerras civiles, el mayor obstáculo en la senda por donde adelanta España. Lucha contra las potencias reaccionarias que se introducen en su seno, cuando en 1873, desarrollándose la Revolución, se llegaba a un sistema de Gobierno democrático. En fin, liberalismo maniatado, amenazado, e, impunemente en sus instituciones y organismos, lo mismo en 1814 que en 1823, porque ni siquiera se ha permitido que funcione normalmente la Constitución moderada y transaccional de 1876. A ese liberalismo y al régimen interno que ha presidido, ¿qué puede achacársele sino timidez, lentitud, cobardía, el dejarse traicionar por sus propios servidores, el absorber demasiados contingentes reaccionarios, el aceptar compromisos con sus enemigos en aras de la tranquilidad y de la paz; en suma, qué puede achacársele, sino el no haber sido verdaderamente liberal? No se culpe, pues, ni a la idea liberal ni al régimen democrático de los males causados por los propios enemigos que no le han dejado llegar a su plenitud.
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{{c|II}}
La idea liberal y el régimen democrático en que se asienta, se mueven dentro de una lógica inexorable. Aceptados ciertos principios, instaurados ciertos órganos, más tarde o más temprano ciertas consecuencias fatalmente se producirán. Eso explica por qué las intervenciones violentas, los golpes de fuerza contra el régimen liberal se desencadenan en momentos decisivos, cuando el liberalismo y sus entidades políticas van probablemente a dar un paso que no se podrá rectificar. Tomemos algunos ejemplos: 1814 es un instante crítico. La Corona, ¿acepta la Revolución Cádiz? ¿Consagra con su juramento la obra de las Cortes? El punto es decisivo. Naturalmente, se produce entonces el primer asalto de mano armada contra la Constitución. 1823: las Cortes están en conflicto con el Rey. ¿Van a vencer las Cortes? ¿Van a sujetar las pretensiones tiránicas de Fernando, asentándose el régimen con esa gran victoria? Antes que consentirlo se apelará a las armas extranjeras, y a cambio de destruir la aborrecida Constitución se llama a los mismos franceses que diez años antes hollaban el país. En 1873 una Asamblea elegida por el pueblo quería ser sinceramente republicana; el régimen era la República; traía soluciones federalistas, de la misma orientación que hoy proclaman aceptable muchos partidos de gobierno. ¿Iba a consentirse que la Asamblea legítima diese una Constitución democrática? En modo alguno. Y se produjo el hecho violento del 3 de enero, para dejar morir la Revolución en manos de unos generales ambiciosos. En fin: 1923. Causas de todos conocidas (los desastres de África) habían desencadenado un gran movimiento de opinión popular, que pedía lo menos que podía pedirse: sanciones y enmiendas. Las Cortes, recogiendo aquel movimiento, iban a hacerse intérpretes de la opinión pública, y llamando ante sí a los que más o menos habían intervenido en el desastre para pedirles cuentas de su conducta, tomaban el papel que verdaderamente les corresponde: investigar, fiscalizar la administración y el gobierno, someter a pública discusión los actos de los gobernantes, dar forma a los anhelos del espíritu nacional. Se avecinaba un día señalado para el régimen parlamentario. Si la causa de las responsabilidades quedaba abierta ante las Cortes, el Parlamento tendría la autoridad preponderante que en la Restauración no logró tener. ¿Iban a consentirlo los enemigos del régimen? En modo alguno. Antes que permitir el funcionamiento pleno y prestigioso del Parlamento, prefirieron destruirlo. Y se dio el golpe de Estado de 13 de septiembre, continuación y secuela de otros atentados contra el régimen liberal. Era muy lógico que ocurriese así, porque los debeladores del Parlamento eran precisamente los que más debían temerlo. No es raro que habiéndolo dispersado se consagren a la tarea de difamarlo y desacreditarlo impunemente.
El golpe de Estado de septiembre es, pues, un episodio en la contienda secular que viene librándose en España por la implantación del régimen liberal. Podrán variar los pretextos que se toman para el atentado reaccionario; la diferencia es superficial. En el fondo, los factores son los mismos. Ambiciones de poder personal, sea quien quiera el llamado a disfrutarlo: aborrecimiento al régimen de publicidad y de libre discusión, aborrecimiento engendrado del temor que sienten los privilegios amenazados; una clase social o un cuerpo del Estado que se extralimita de sus funciones propias y suplanta la voluntad del pueblo, ausente, o descreído, o atento no más a sus competencias de clase, y se impone por el terror a una burguesía asustadiza y desorganizada. Veleidades de poder personal reaparecen en la política española hace unos veinte años, y se acentúan con intervenciones cada vez más marcadas, hasta llegar a la situación presente. Es justo reconocer que el Parlamento, dominado por partidos en descomposición, nada hizo para defenderse de las intromisiones del poder real. La inercia del cuerpo electoral, las arbitrariedades ministeriales, el favor político otorgado al adversario desde Gobernación para congraciarse sus votos en las Cortes, una demarcación electoral pensada para ahogar el sufragio de las grandes ciudades con los votos dóciles de los núcleos rurales, el sistema de transacciones, de componendas, implantado por la Restauración precisamente para embotar la acción de los partidos, y el estancamiento de estos mismos partidos, que por negarse siempre a admitir elementos nuevos, ideas nuevas, languidecían en la mayor miseria doctrinal, y se oponían a toda acción vigorosa que pudiera turbar su pacífica posesión del mando, eran, con otras que están presentes en el espíritu de todos, las causas que han ido extenuando el vigor de las Cortes, su eficacia, su respetabilidad. Una corriente reaccionaria cada vez más poderosa, encontraba delante de sí un valladar cada vez más débil, cada vez menos convencido de su fuerza. Dos causas particulares han actuado con gran vigor para sumir al Estado español en el desbarajuste imperante: la guerra europea y la guerra de Marruecos. La guerra europea ha desorganizado la economía de todos los pueblos, beligerantes o neutrales. El Estado español tuvo que adoptar medidas improvisadas en orden a la navegación y al comercio, en orden a los aprovisionamientos, a las industrias, a la política fiscal y financiera, para salir del paso a fuerza de autorizaciones arrancadas a las Cortes, que funcionaban cada vez menos, y a costa del erario público y de la desorganización de no pocos servicios. Todo ello producía una confusión deplorable, el descontento en el ánimo público, castigado por el encarecimiento de la vida, y la persuasión de que nos encaminábamos a un atolladero sin salida. Por su lado, la guerra de Marruecos, fecunda en desventuras, y más costosa ya que nuestras últimas guerras coloniales, vino a tal punto que se acercaba el momento de elegir entre Marruecos y España, siendo aquella empresa, tal como se llevaba y se lleva, incompatible con nuestra reorganización y mejora interna, y muy superior a nuestras capacidades económicas y técnicas. El ejército, principal interesado en la guerra de Marruecos, que no es guerra nacional, sino imperialista, propia de la monarquía del Antiguo Régimen, vivía en plena indisciplina desde 1917. No gobernaba ni dejaba gobernar. Nadie podía sustraerse a la lógica de la situación: o se respetaba el sentimiento público, que pedía paz y economías, orden en los gastos, responsabilidades, y se hacía entrar al ejército en la pasividad disciplinada que le corresponde, o el ejército acabaría arrollándolo todo, reduciendo a silencio forzoso la opinión pública, para satisfacer sus anhelos de desquite y su amor propio profesional. Era de temer que esto último sucediera, porque el ejército no tenía quien le hiciese resistencia, y en cambio contaba con asentimientos e inteligencias en los altos poderes del Estado, que veía en las armas su único apoyo, y el medio de instaurar el soñado poder personal. Por desgracia, en la historia moderna de España el ejército lleva sobre sí una tradición muy pesada: ha sido el brazo ejecutor de los atentados contra el régimen. En esto les incumbe culpa a los liberales españoles. Cuando estaban en la oposición o proscritos conspiraban con los militares. O desconfiaban demasiado de las fuerzas populares, o realmente no les asistían lo bastante, o era más grata su impaciencia la instantaneidad de una cuartelada que la propaganda y la organización lenta del liberalismo, el caso es que no sabían dar un paso hacia el Poder sin contar con unos cuantos generales. Procediendo así, fomentaban el caudillaje, sin advertir que los caudillos enseñados a pronunciarse, lo mismo se pronunciarían por la libertad que contra ella, y que, en todo caso, al liberalismo le tocaría salir perdiendo. Un general que se subleva, aunque sea en nombre de la libertad y enamorado de ella, comete el acto más antiliberal posible, causa un estrago de incalculables consecuencias; infringe el principal deber de la fuerza pública, que es la sumisión al Estado, e introduce el peso de las armas en la resolución de las contiendas de los ciudadanos, rompiendo la neutralidad a que le obliga la disciplina. Enseñados los generales a pronunciarse en combinación con los políticos para defender o imponer programas de partido, habría de llegar un día en que se sublevasen solos, desdeñando a los políticos. Eso ha ocurrido cuando les ha quedado el único móvil de sus intereses de clase, tras la preparación sindical militar que representa la gestión de las Juntas desde 1917. El golpe de Estado del 13 de septiembre no lo ha dado un partido político, agrupado en torno de un caudillo militar, o con su ayuda, como solía suceder; lo han dado generales y oficiales solos, contra los políticos, o mejor, contra los paisanos; gobiernan usurpando el nombre y la fuerza del Ejército, y asumen colectivamente esa responsabilidad, a pesar de la docena de hombres civiles que se prestan a ejecutar bajo sus órdenes funciones subalternas. La insistencia con que el Directorio repite que no es político, denota, entre otras cosas, el sentimiento de solidaridad profesional que le guía, aunque no lo confiese, o no tenga de él conciencia muy clara. La situación es esa: una clase de Estado se impone a las demás y al cuerpo de la nación, los administra, los corrige, los regenta por la pauta de sus preocupaciones de oficio y sus prevenciones gremiales, sin más capacidad ni mejor derecho que cualquier otra. Lo que no se toleraría a los magistrados o a los maestros de escuela o a los ingenieros, se soporta de los militares porque disponen de la fuerza. Tales son su título, su autoridad; es una lección que han de aprovechar las minorías provistas de armamento.
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Afirma el Directorio que es neutral en política, que no es un Gobierno de derechas ni de izquierda. Afirmación estrafalaria, que encierra un contrasentido. Gobernar sin política es como andar echado o dormir despierto. Si lo dicen en serio, sinceramente, hacen muy poco honor a su clarividencia. Haría falta, para gobernar sin política, arrancarse el cerebro; y nadie es tan modesto aunque sea grande su buena voluntad, que confiese no tener seso. En último término, el Gobierno, sea en la función de legislar (que el Directorio se atribuye en sustitución de las Cortes), o en la de aplicación de las leyes, se reduce a discernir entre los intereses en pugna, a elegir entre las varias soluciones que pueden ofrecerse para un problema; discernimiento y elección que se verifican sujetándose a un concepto previo de lo que es y de lo que debe ser, concepto sugerido por la experiencia o formado abstractamente. Ese concepto y el juicio que lo elabora, son el ápice de la política, donde toma color y carácter, porque los conceptos esenciales que orientan o guían la gobernación de un pueblo culto son conocidos, están catalogados y clasificados desde hace siglos, y por las obras conocemos su raíz. Los únicos seres que se gobiernan sin política, que no tratan de corregir lo que es por lo que debe ser, son los animales. Al decir que gobierna sin política, el Directorio quiere significar probablemente que gobierna sin partidos. Es otra cosa. Los partidos son indispensables para gobernar con la opinión; habiendo prescindido de la opinión, necesariamente tenía que prescindir de los partidos. Pero esto se vuelve contra su afirmación de neutralidad política, porque prescindir de la opinión es despotismo. Llegan más lejos que cualquier partido conservador, de ultraderecha; estos partidos no desprecian aparentemente a la opinión, pretenden, cuando menos, conquistarla. De los gobernantes, estos u otros, que se proclamen neutrales o indiferentes en política, se puede asegurar desde luego que reducen el arte del gobierno a un empirismo irracional y que son la esencia de la tiranía.
El Directorio es incompatible con la libertad, de hecho y de derecho. Para instalarse en el mando ha tenido que pulverizar la Constitución, y bastaría alguna de sus libertades mínimas para que el Directorio se eclipsase. La Constitución era el pacto transaccional dentro del que debíamos vivir todos, liberales y reaccionarios, paisanos y militares, que garantizaba a cada uno el mínimo de derechos inherentes a la persona. El texto escrito de la Constitución es sólo el testimonio fehaciente de que las libertades están declaradas y recibidas, la probanza de un hecho histórico; y un pueblo puede vivir liberalmente sin Constitución escrita, sin que los derechos estén recopilados. Pero el Directorio no ha destruido una Constitución insuficiente de las libertades ya incorporadas a sus hábitos. El Directorio, destruida la probanza escrita de los derechos políticos, prohíbe el uso de los más arraigados. No sólo es incompatible con la estructura legal de la libertad, sino con la práctica de las libertades inveteradas. Ha secuestrado la prensa, prohíbe las manifestaciones y reuniones. Por algo lo hace. Si levantara la censura, el Directorio tardaría en caer una semana; esto, ellos lo saben. Es incompatible con el sufragio universal. Lejos de convocar al pueblo a unas elecciones, con cuantas garantías se quisiera, ha disuelto todas las Corporaciones, cuyo mayor defecto, era, según dicen, no representar la verdadera voluntad del cuerpo electoral. ¿La representarán mejor los concejales nombrados de Real orden? Concede la autonomía a los municipios, autonomía con delegados, y concejales nombrados por el general gobernador: nunca se ha ido tan lejos en el arte de falsear una ley. Pues si el Directorio, en el hecho y de derecho, es incompatible con las libertades públicas y tras de suprimirlas se burla de ellas, ¿por qué repetir tantas veces que es neutral, que no es Gobierno ni de izquierdas ni derechas? En rigor, lo dice cada vez menos. Los sucesos, los actos de gobierno, le dejarán de convicto de despotismo. No nos cansemos nosotros de afirmar, que los enemigos declarados de la Constitución y de la libertad no podían aspirar ni aspiran más que a destruirlas. El Directorio ha realizado ampliamente el programa de la España troglodítica y gasta un extremo que los mismos trogloditas no se atrevían a soñar.
La única obra en que al Directorio le espera un acierto rotundo y duradero es en la destrucción de las libertades públicas. El Directorio nos dejará emparedados en un régimen opresor, y no sólo sin libertades, sino privados de los medios de recuperarlas pacíficamente. En lo demás, la esterilidad de su paso por el Gobierno, ya está probándose. Poco importa que dure un año o diez. Sus métodos no prometen renovación profunda. Tenemos el problema capital de Marruecos, del que nace un déficit crónico, finanzas entrampadas, emisiones sin límites, depreciación de la moneda y encarecimiento de la vida. Son problemas conexos. Continuando en Marruecos como hasta ahora, ninguna otra de aquellas dificultades y lástimas desaparecerá. ¿Hay alguien para decir que el Directorio ha progresado algo en el problema de Marruecos? Hacemos como se hacía: contemporizar con los moros cuando ellos quieren, resistir sus embestidas cuando nos embisten, socorrer posiciones apuradas, gastar vidas y dinero. ¿Se sigue algún método nuevo, antes no visto, que permita augurar buen resultado? Si hay alguien que lo diga, pruébelo. ¿Dónde está la solución pronta, enérgica y decorosa que prometía el general Primo de Rivera en su manifiesto? Mientras la guerra arda en Marruecos no puede esperarse sanear la Hacienda. ¿Se ha de estrujar más al país para el sostenimiento de empresas desatinadas? ¿Es admisible que el presupuesto se nivele suprimiendo porteros en los ministerios, amortizando modestas plazas de empleados, mientras se gasta sin tasa en África? Es dudoso que todas las economías hasta hoy realizadas en el personal de la Administración basten para pagar los haberes de un día al Ejército de operaciones. Y si han de suprimirse en los presupuestos civiles de la Península los trescientos o cuatrocientos millones a costa de dejar en los huesos los servicios útiles del Estado, y de continuar sin lo más necesario en obras públicas e instrucción, ¿no sería una cosa bárbara, jamás vista, reducirnos a una estrechez miserable, a un rudimento de Estado, para verter todos nuestros recursos en el Rif? Sin presupuestos nivelados no hay moneda sana ni precios soportables. El Gobierno ha promulgado algunas órdenes contra los especuladores, insistiendo en el viejo tema de las maniobras del extranjero contra nuestra prosperidad. Ha querido abaratar la vida reduciendo las ganancias de los comerciantes al 14 por ciento; arbitrismo puro, que sólo abarató la risa. No desdeña la ''réclame'', y se atribuye como mérito el alza de la recaudación, producto de leyes fiscales anteriores, alza iniciada y probada en los últimos meses del Gobierno liberal.
Es singular que el Directorio, violento acusador del parlamentarismo, haya venido a caer en los peores vicios de aquel régimen y después de justificar su golpe de 13 de septiembre alegando que el Parlamento no servía para nada, en vez de quitarle estorbos, refuerce y consolide los estorbos mismos que le impedían funcionar. En primer término, el Directorio y lo que representa, es decir, la acción de los militares en la política, era una de las principales causas de la atonía de las Cortes. Por haberles dejado hacer cuanto querían, los militares dicen ahora que el Parlamento no hacía nada. Se acusaba al Parlamento de gastoso y manirroto, el Directorio ha suprimido la Ley de Contabilidad, y juega con las transferencias de crédito como no se ha permitido hacerlo el Ministerio más desaprensivo. El Parlamento no representaba la opinión del país porque las candidaturas oficiales y la presión del Gobierno falseaban los votos; pues bien, el Directorio impulsa la creación de un partido, al que según declaración del general presidente, se le otorgará la protección oficial posible, y disponiéndose a preparar unas elecciones, instala en el Ministerio de la Gobernación una oficina de política electoral, presidida por un miembro del Gobierno. ¿Han dicho ni hecho más, ni tanto, los ministros electoreros? El Directorio aplica en escala colosal los métodos de Romero Robledo y otros artistas de la elección amañada. El Parlamento vivía sometido, a través de los ministros palaciegos, a las veleidades regias. El Directorio ha destruido toda valla puesta al poder real. Y así con todo el sistema de intereses, de fuerzas, de apetitos más o menos disfrazados que tenía en tutela a la representación nacional. Y si ésta desatendía las demandas de la opinión, el Directorio, para no verse en el trance de desoírlas, extrangula a la opinión misma, jactándose, sin que nadie, ni él mismo, lo crea, de tenerla por suya. Extraña jactancia que no soporta la prueba de la discusión, y más extraña popularidad que sólo puede durar a condición de que no se exprese.
Tal es nuestro aprecio de lo presente. Sin ventaja para el progreso material de España, antes al contrario retrasándonos cada vez más, por costear la guerra, retrocedemos a un punto de inferioridad moral que ya parecía superado definitivamente. Bajeza es aceptar la esclavitud en todo caso; bajeza forrada de brutalidad resignarse con la esclavitud pensando que se asegura el orden. El Directorio no hará otra cosa: secar las fuentes de la vida moral, acreditar la soplonería y la adulación, entontecer al pueblo deshabituándolo de la crítica libre; fabricar una mazmorra donde la nación estrujada, pisoteada, regale su trabajo, sacrifique sus ideales, renuncie a un porvenir más dichoso en beneficio de una camarilla de tiranos. No sabemos si el gobierno del Directorio será corto o largo, ni qué sucesos le harán caer, ni quién podrá sucederlo. En la situación del país, es deseable que el Directorio permanezca en el Poder algún tiempo más de lo que él quisiera. Que no se escape, que no se fugue del Gobierno cuando las dificultades parezcan invencibles. Que no se marche cualquier día, proclamando por decreto real que ya está saneada España. No. Es conveniente que el fracaso del Directorio, la inanidad de sus métodos, la futilidad de sus móviles, y en general lo monstruoso y baldío de la perturbación que ha traído a España, resplandezcan ante los ojos de los más torpes, de los más obcecados. España necesita esa lección, y singularmente la necesitan los militares, para que depongan su orgullo profesional y queden convencidos de impotencia. La atroz ignorancia de los españoles necesita ese escarmiento en cabeza propia; no saben nada; no recuerdan nada; peor para quien sólo a fuerza de sangre le entra la letra. Las personas de buen juicio y de ilustración siquiera mediana, saben desde el primer día lo que el Directorio vale. Esperan, con fruición y melancolía, observar el desengaño de los demás.
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No necesitamos ni debemos aguardar la caída del Directorio o el restablecimiento más o menos formal de la libertad política para descubrir nuestros puntos de vista respecto de los problemas ya planteados en 1923, de los que se plantearán como resultado de los sucesos en curso, y sobre todo, respecto de la orientación política general y del espíritu que debe animarla. Somos liberales, ya se ha dicho. Ese concepto no tiene en estos momentos ninguna significación de partido ni exclusivista. Liberales podrán ser el proletario y el burgués, el socialista y el republicano: podrían serlo incluso los monárquicos, si algunas personas quisieran. Es liberal todo el que acepta por principio el mejoramiento indefinido del hombre y la emancipación de la conciencia personal. Nuestro liberalismo reposa en estas dos ideas: la idea del individuo soberano, ser de derechos, y la idea de nación, que es el marco histórico donde el hombre libre cumple sus destinos. El reconocimiento de la conciencia individual autónoma, y su consagración defensiva en la ley, es el primer artículo de nuestro liberalismo. La libertad personal no se otorga, ni se abroga legítimamente. Sociedad buena es aquella que presta los mejores medios para el alumbramiento, auge y logro de las capacidades del mayor número. La nación introduce al individuo en la historia, lo incorpora a una obra secular, más amplia que su vida personal, le hace partícipe y obrero de una gran parcela del patrimonio de la humanidad. El individuo, moral y jurídicamente, es anterior a todos los organismos nacionales, a todo gremio, a toda clasificación. La nación es superior a todos los antagonismos de clase, a toda diferencia económica, intelectual u otra. Una política liberal se inclina ante la conciencia, que es sagrada, y somete a un criterio nacional, generalizador e igualitario, las competencias de las clases y de los individuos. Nación e individuo son perfectibles. El instrumento de esa perfección es el libre examen. La nación, que es un hecho histórico, está sometida como tal a la crítica y a la mudanza, en cuanto sus caracteres no sean determinados por necesidades naturales. No puede imponernos ninguna tradición, y de todas las formas tradicionales de la nación, la menos sólida, la más pasajera, es el Estado. El Estado no es un Dios eterno, ni siquiera un Dios sin eternidad. Hoy existen los Estados nacionales; permaneciendo la nación, se concibe muy bien para un futuro lejano el Estado supernacional.
El liberalismo reclama para existir la democracia: son el alma y el cuerpo en que asiste. Democracia quiere decir que los hombres libres defienden, ejercen, garantizan por sí mismos su propia libertad. Y si no lo hacen no son libres, aunque sean liberales.
Ser liberal pertenece al orden del pensamiento, nadie puede impedirme profesar la idea liberal. Ser libre, pertenece al orden jurídico; es un hecho político. Hay que mantener el hecho político y jurídico para ser libre, después de ser liberal. Entre los derechos humanos que el liberalismo proclama, y las funciones que la democracia, crea, hay una correspondiente terminante, necesaria. El hombre apetece, por ejemplo, manifestar su pensamiento libremente; pero si no vota, si no coordina su voto con el de otros muchos para obtener las leyes que le aseguren esa libertad, no alcanzará a satisfacer aquella apetencia. Por eso es necesaria la función democrática de votar, aunque a uno no le apetezca naturalmente ir a echar un papel en la urna, como le apetece, en cambio, hablar y escribir sin trabas. La democracia no es sólo una organización de garantías expectante, como si dijéramos, una parada de ciudadanos que están arma al brazo en torno de la Constitución para que nadie la maltrate. La democracia es una operación activa de engrandecimiento y bienestar moral. Debemos considerar a la nación como un gran depósito de energías latentes, de obras posibles, que sólo necesitan una buena explotación, aprovechamiento cabal. Es un deber social que la cultura llegue a todos, que nadie por falta de ocasión, de instrumentos de cultivo, se quede baldío. La democracia que sólo instituye los órganos políticos elementales, como son los comicios, el Parlamento, el jurado, no es más que aparente democracia. Si a quien se le da el voto no se le da la escuela, padece una estafa. La democracia es fundamentalmente un avivador de la cultura. En los países donde el sufragio no ha ido antes a la escuela, se busca el descrédito y la falsificación de la democracia. Pero no se haga de eso un argumento para retirar los derechos políticos, so pretexto de que los ignorantes no pueden usarlos. Ésa es la argucia preparada, esperada por los enemigos de la libertad, que para algo dejan a los pueblos pudrirse en las tinieblas. Nada se aprende a hacer si no es haciéndolo. ¿Se prohíbe andar al niño mientras no sepa andar? Es probable que el inventor del fuego pereció abrasado por su invento. Y hoy mismo, todos los días perece alguien en las llamas. Si a la Humanidad no se le hubiese dejado el uso del fuego mientras no aprendiese a emplearlo, la civilización estaría por nacer.
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Éstos son los sillares de nuestra política: sufragio universal, Parlamento, prensa libre. Nosotros no decimos ahora, porque no estamos esbozando una Constitución, que las Cortes deban elegirse por este o el otro procedimiento ni organizarse por tal o cual modelo. Lo irrenunciable es: que haya una asamblea elegida directamente por el pueblo. Que los enemigos del régimen no vengan a mortificarnos el tímpano con declaraciones antiparlamentarias. Los ataques, más recios cada vez, que estos años se dirigían al Parlamento son de dos órdenes: doctrinal y práctico. Unos atacan al Parlamento porque son enemigos de la libertad, precisamente por lo que el Parlamento tiene de eficaz, de representativo y popular. Éstos son los de siempre, los secuaces de la reacción absolutista, en todas sus formas, bajo todas sus máscaras. Debemos limitarnos a decirles que la institución de una asamblea electiva y deliberante nos parece a nosotros necesaria y buena por lo que ellos la detestan. Ningún acuerdo puede intentarse con estos hombres ni en la doctrina pura ni en el terreno constitucional. La evolución política se hace en contra suya. No nos toca más que resistirlos, reduciéndolos al estado de una oposición impotente. Pero otros, con pretensiones de hombres modernos y a título de modernidad, sin que dejen de llamarse liberales, acumulan sobre el Parlamento los más violentos cargos, mirando sólo a su ineficacia. Contra su omnimodo poder legislativo, aducen su incompetencia técnica; contra los gobiernos salidos de las mayorías, aducen las transacciones de bajo vuelo, las intrigas y las rivalidades personales que se agitan en los choques de los partidos; pensando que el Gobierno ha de ser ante todo celeridad, decisión y tino, demuestran que el Parlamento es dilatorio, irresoluto y ciego. Es incalculable el daño que esta posición crítica, adoptada muchas veces por pretensiones de elegancia intelectual, ha causado a la libertad, y en qué medida ha preparado el terreno para las intromisiones de la fuerza en la vida pública. Cierto: no vamos nosotros a cercenar la independencia de la razón, que se ejerce en una perpetua revisión de todos los valores. Los resabios de la vida parlamentaria son de tanto bulto, que la crítica no puede por menos de mostrar la diferencia que va de la pureza de la institución, tal como la pensamos, a la grosera realidad, tal como funciona. Pero ésta es una cuestión de orden moral y práctico, que no admite solución provisional, si por tal se entiende un acomodo que frustre lo esencial, huyendo de los accidentes desagradables. Un problema que toca en la vida cotidiana de todos los hombres, como es el de la defensa y garantía de la libertad, ha de ser resuelto también cotidianamente, aceptando hipótesis revisables. No admite espera, ni suspensiones a plazo, mientras la razón encuentra algo más perfecto. Lo provisional e interino, si se quiere prescindir del Parlamento defectuoso, se llama dictadura y tiranía. Ni los detractores del parlamentarismo, ni los países en que más se practica el sistema han encontrado con qué sustituirlo. Acaso el porvenir nos traiga un tipo nuevo de Asambleas legislativas, nacidas de las Federaciones profesionales, si esta estructura sustituye a la actual. Pero eso aún no ha llegado y tenemos que satisfacernos con unas Cortes defectuosas para no caer en un despotismo perfecto. Sin contar que en cualquier organización social, el órgano preponderante, mientras los hombres deseen ser libres y se gobiernen por opiniones, será una asamblea, una reunión donde pongan en común sus puntos de vista, y los contrasten, los acepten o rechacen sumando votos. Eso o la violencia. La cuestión es siempre la misma: querer la libertad o no quererla.
Con esto, y las indicaciones puestas en las primeras páginas de este escrito, queda dicho lo que pensamos de las Cortes españolas, de las cuales es desatinado prescindir. No hemos aguardado a que el general Primo de Rivera las desacate y las disuelva, para enterarnos de sus menguas, de sus ficciones; ni hemos dejado de demostrar nuestro descontento, a veces indignado, por su funesto hábito de claudicar. Sí, sabemos que las Cortes servían de poco; pero, ese poco era lo que nos separaba de la vergonzosa dictadura.
El general Primo de Rivera decía galanamente no hace mucho que él no ha oído a los pueblos gritar: «Cortes, Cortes». De seguro no lo habrá oído. Falta saber lo que haría si lo oyera, permitiendo que alguien fuese a decírselo. Pero tampoco habrá oído a los pueblos gritar: «¡Generales, generales!». No obstante lo cual, pululan por todas partes. Ahora bien, es dudoso que cada general sea mejor que cada diputado y que el país haya reportado del Estado Mayor del Ejército ganancias más lúcidas que de los grupos parlamentarios. Las Cortes no han llegado a instaurar en España un régimen de mayorías auténtico. No lo han hecho por diversos motivos, cuyo aprecio no es de este lugar. La Constitución, vigente cuando los generales querían, no era parlamentaria; en primer término, por la índole del Senado, y en segundo, por la precaria autoridad del Congreso, pendiente de la facultad regia de convocatoria y disolución. Las leyes orgánicas, abriendo el camino a ciertas costumbres, apartaban a las Cortes de las realidades del sufragio, que sean cuales fueren, deben modelar el Parlamento. Ya se ha citado el ejemplo de la demarcación electoral; por el arbitrio de las circunscripciones se logró que los grupos de oposición no fuesen proporcionales a los votos que recogían. Nada se ha hecho en serio para combatir la corrupción electoral. Inglaterra, que siempre se cita como modelo, conoció también en tiempos una enfermedad semejante. Es presumible que los mismos remedios producirían en España iguales resultados. Toda la política electoral se encaminaba a asegurar en las Cortes una mayoría adicta al rey; de cualquier color que fuese, con tal que su lealtad monárquica estuviese probada. Y siendo antagónicas la potestad parlamentaria y las prerrogativas que la Corona se reservó en la Constitución, los diputados leales consentían en las mermas de su fuero, poniendo sobre todo la satisfacción del rey. Dentro de límites estrictos y próximos, el gran culpable de esta dictadura es el Parlamento, por haber tolerado que el Ejército, cada vez menos nacional, fuese administrado y gobernado personalmente por el rey; por no haber cerrado, aun con violencia, los caminos a los desmanes militaristas; por no haber librado en su día el combate decisivo a las Juntas de oficiales. Debe advertirse que a los diputados, personalmente, les contrariaba y les humillaba la absorción militarista; no hacían más que rechinar los dientes, sin abrir nunca la boca. Despejar la situación del Ejército habría sido crearle dificultades al rey, disgustarlo, indisponerlo con su Ejército; antes que eso, el Parlamento se suicidó. Suicidio por amor.
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El monarquismo incondicional de los partidos de gobierno, incluso de los liberales, herederos decían de la Revolución de 1868 y dirigidos en tiempos por hombres notorios de aquella hornada, es la causa preponderante en la caducidad de las Cortes La Constitución de 1876 era, por su fondo, transitoria y de paso. Arbitraba un compromiso tan violento y forzado, que los enemigos no se mantendrían mucho tiempo en equilibrio. El uno invadiría el terreno del otro para robustecerse a sus expensas. La situación era más ventajosa para la Corona, en vez de reposar en el Parlamento. El equilibrio se mantuvo con más decoro en los años primeros de la Restauración, todavía combatida por enemigos poderosos, y en la Regencia, no sólo en cumplimiento del que llaman «Pacto del Pardo», sino de otro, tácito, entre la dinastía y los caudillos parlamentarios, para administrar el Estado como el patrimonio de una viuda y de un huérfano, sin más propósito que el de hacerlo durar hasta que fuese mayor el dueño de los bienes. En ese interregno, donde se procuró que todo estuviese en suspenso, para el día de mañana, se hizo el gran retroceso de la opinión liberal en España. Al rey, mayor de edad, se le entregó un régimen que no tenía raíces, que no se había vigorizado por la propaganda ni el combate, y que sólo aspiraba a vivir tranquilo mediante la corrupción. La oposición republicana, que hubiese podido obligar al rey a echarse en brazos de los parlamentarios constitucionales, había casi desaparecido; lo mismo ocurrió con las pretensiones carlistas. Esas dos fuerzas extremas, de las que era resultante el término medio de la Constitución, se anularon. Las masas iban al socialismo o a las sociedades obreras; y la burguesía parlamentaria se inclinaba a reagruparse frente al nuevo enemigo común, más que a dividirse por la defensa y progreso de las Cortes. Al rey le bastó iniciar la ofensiva para advertir que su poder sería sin límites en cuanto quisiera. Su ambición personal venía en el momento oportuno. Veinte años antes el rey no habría podido desembarazarse de sus obligaciones con la misma soltura. Desde su posición dominaba a los partidos: veía su incongruencia, su inanidad; con miras pequeñas se aprovechó de su flaqueza. Jugó con las ambiciones. Su arma fue la disolución de las Cortes: podía hacer «jefes de partidos», suscitando rivalidades, alentando esperanzas. Era el árbitro; en fin, el amo. Como tal ha procedido en los sucesos de 1923. Sus discursos en Córdoba, en Barcelona, en Valencia, cualquiera que sea la momentánea inspiración que los enciende, descubren: un plan de poder personal, meditado desde tiempo atrás. La vida del rey es bella, porque ha realizado en la madurez un proyecto concebido en la juventud.
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Hablando como políticos y en consideración de una política activa, estamos en el caso de discurrir dentro de ciertos límites, porque no ha de provocarse innecesariamente el estupor y el desconcierto del pueblo proponiéndole cuestiones previas, desde las verdades adoptados con deliberación y consejo, no nos impiden saber que las causas de la decadencia, y últimamente, de la ruina del liberalismo en España, no podrán buscarse con buen éxito en el simple juego, más o menos afortunado, más o menos equilibrado, de las fuerzas estructuradas en la Constitución. Todo un estado social se ha producido en España, desde 1875, que en su movimiento de reacción contra las ideas predominantes en 1869, y 1873, ha ido mucho más atrás del punto de arranque de la Revolución. Ese estado social se ha precipitado aceleradamente en cuanto el poder público lo ha favorecido con descaro. Si aludimos a él, sin que nos cumpla describirlo en este lugar, es porque nuestra política deberá combatirlo en su raíz y en su flor, en sus hombres y en sus obras. Todavía no se ha ensayado en España una política liberal que no pretenda desarmar a sus enemigos a fuerza de concesiones, sino a «fuerza de fuerza». No hay proselitismo como el del Gobierno. Y si el liberalismo se salva por la fe y las obras, es probable que muchos tibios se enciendan y se conviertan muchos infieles. El liberalismo debe macerarse y depurarse en la lucha, de llegar al mando sin perder ni una tilde de su intransigencia, para explotar su victoria, así como la dinastía explotó infinitamente la suya, después de Sagunto. Aquel estado social, en cuanto trasciende al punto político, se descubre en este hecho: la burguesía, o la fracción de la burguesía que militaba en el dinastismo, había dejado de ser liberal y no osaba, porque no le convenía, decirlo. Así es que, gobernando a título de liberal, su política había de ser la suplantación y la trampa. Se dejaban acaudillar por hombres mediocres, o pronunciadamente imbéciles, de los que «no suscitaban recelos», como dicen los perros viejos del Congreso (aunque no se sabe de quién puede recelarse más que de un imbécil); calificados por sus traiciones, puede creerse que se mantenían en sus puestos para impedir que otros más decentes, mejor inspirados y más cabales hombres no los ocupasen. La degeneración del liberalismo burgués se ha engendrado en dos órdenes de causas; la corrupción, que no es la compra directa de una persona cotizable, sino un vasto sistema en acción perpetua para desvalorizar los caracteres, desacreditar la abnegación, el sacrificio, la sencillez y la modestia, y premiar la bajeza, la simulación, el rendimiento. La corrupción no funcionaba ni funciona a través de los órganos del Estado, sino principalmente merced al feudalismo económico en que el Estado se apoya. El sistema de monopolios concedidos a empresas particulares, sea descaradamente, sea con favores tributarios, arancelarios u otros, es el arma terrible que sojuzga a la democracia. El feudalismo económico lo acapara todo, empezando, claro es, por el medio de acción más poderoso: la publicidad. Éstas son las causas de estirpe moral. Acaso de mayor importancia sean las de orden intelectual. Cincuenta años de propaganda han acreditado en la mente de una clase ciertas ideas raquíticas, de que hemos visto los resultados en el Gobierno. La flor de la sociedad española pasa bajo la férula de escolapios, jesuitas y frailes ¿Cuántos renacerán al liberalismo? Sello jesuítico: encubrir con el nombre de distinción, de buen gusto, de tolerancia moderna, la sumisión clerical y el arribismo sin escrúpulos. Pero no viene todo el mal de la disciplina católica. Otras propagandas verdaderamente nobles, bien intencionadas y populares, hicieron más daño que provecho a la causa de la libertad en España, porque perdieron de vista el conflicto radical que hay en la decisión primera donde se orienta una política. La campaña por la regeneración y restauración del país, subsiguiente a las guerras coloniales, rehabilitó, ensanchándolos a proporciones grandiosas, tópicos como el de «menos política y más administración»; arremetió contra los que malgastaron sus energías en luchas por la libertad; pidió que se suprimieran las Cortes, que se redujeran los gastos; planteó una revolución conservadora mediante las Cámaras de Comercio, y anticipó las virtudes del «cirujano de hierro». De uno o de otro origen, circulaban entre la clase gobernante principios como éstos: que ya las «conquistas liberales» estaban aseguradas; que en nuestra época lo importante son los problemas económicos y técnicos, que en ningún país del mundo se discute el clericalismo; que las garantías constitucionales no dan ni quitan nada. Cada vez que se hacía un ensayo de suprimir la Constitución, ensayo de esta gran función despótica que presenciamos, no se hartaba uno de oír que «da supresión de las garantías no debe preocupar a las gentes de bien; sólo les importa a los malhechores». Los más honestos, o sea, los más brutos de los que así parlaban, quizá no hayan visto todavía como, suprimida la Constitución, son malhechores los enemigos del Gobierno.
{{altura|5em}}
{{c|VIII}}
Atacado el liberalismo en su raíz, la democracia española vino a quedarse sin jefes. Unos murieron; otros, cansados, desencantados, claudicaron; otros, sin crédito, la estorbaban. Esto es decisivo. A medida que se ensancha un régimen político, cuanto más gentes lo constituyen, la importancia de la acción personal de los jefes aumenta. A primera vista parece que entrando millones de ciudadanos a participar más o menos directamente en el Gobierno, ninguno puede pesar demasiado en el destino común. Ocurre lo contrario. Es paradoja, pero es verdad, que en la democracia la designación de las personas decide más que en un régimen restringido o en un despotismo, aunque sea ilustrado. La democracia es, entre otras cosas, un método para señalar a los más capaces. Está obligada, por definición, a elegir bien; pero si elige mal o no tiene entre qué elegir, se destruye. En el régimen absolutista, cierto mecanismo legal, la tradición recibida, normas rígidas, inmutables, reducen a poco el rechazo del cambio de personas en la permanencia sustancial del sistema. Lo de: «A rey muerto, rey puesto», no quiere decir otra cosa. Tanto da Luis XIV como Luis XV, Felipe V como Fernando VI. Descendiendo en la busca de los ejemplos, el general Primo de Rivera puede cambiarse por cualquier general español, y la variación no alcanzaría más que al estilo de las notas oficinas (como no fuésemos a dar en Martinez Anido, pero Martinez Anido es un monstruo). La armazón tradicionalista y militarista suple por todo en cada caso. Tan poca importancia tienen las personas en que culmina el régimen, que la monarquía subsiste con un rey imbécil o hechizado. Eso lo aducen como una ventaja del monarquismo, mas no se advierte en qué manera puede redundar en provecho de un sistema su capacidad para coexistir con la idiotez. No sucede así en la democracia. Es incompatible con el desmayo y la incuria. Sólo existe mientras actúa, y sólo puede existir si logra una relativa perfección. Encierra un potencial difuso, que es preciso condensar y desencadenar. Tal es la misión de los caudillos que la misma democracia se da, suscitándolos por los medios normales de acción en que consiste su vida: la prensa, los partidos, la discusión libre, los comicios. El jefe de una democracia sirve al sentimiento común, discierne sus aspiraciones confusas, la provee de ideales, y es guía en el combate. Si es apático o poltrón, la democracia que se fía de él, como si no existiera. El valor de un jefe ha de ser contrastado día por día, su civismo, su actividad, su servidumbre voluntarias. La democracia es inconciliable con el patriarcalismo, con el nepotismo y con cualquier acepción doméstica de las jerarquías; también con el concepto cesáreo de la autoridad.
Militante, nuestra democracia deberá ser docente además. Rehacer en las cabezas españolas una ideología política demostrable; enseñarles a organizar la experiencia, la suya propia y la de los antepasados, conferirles el hábito de tocar las preocupaciones de un día con la disolvente verdad; que disciernan entre los intereses subalternos y los valores morales más altos, y los gradúen, para que el hecho de comer un pan bien pesado no se admita por disculpa de haber puesto en cadenas a la nación; a tanto y a nada menos debe encaminarse la acción docente de la democracia. En contemplación de la verdad y de la justicia, referidas al bien público, preferimos la belleza sombría del fanatismo a la frialdad de los descreídos. Que el pueblo se apasione por sus ideas: será la señal del triunfo. Ideas de paz, es claro, de justicia social, de redención humana. Y que los tópicos más usados, la patria y la tradición española, se depuren de lo que nunca fue estimable o no es ya valedero. No debemos pensar por la España de ayer o la de hace un siglo o seis, sino en la España de aquí a cien o doscientos años. Hemos heredado una tradición, no toda admisible; de eso no respondemos; pero sí de la España que acertemos a suscitar y de la hijuela que nuestros sucesores reciban.
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{{c|IX}}
Nuestra acción política necesita un organismo que la incorpore. Su enseña debe ser: un Parlamento libre. Su objeto, instaurar un régimen que asegure con más eficacia que el de 1876 la vida civil. Nada queda aprovechable del sistema anterior: ni la estructura de las Cortes, ni la institución regia, ni menos aún, por tanto, los partidos de Gobierno. La estructura de las Cortes, porque el Senado, feudatario de la Corona, archivo de privilegios rancios, compendia la oligarquía palatina, eclesiástica, militar y capitalista que nos avasalla; la Corona, porque don Alfonso no sólo ha roto, voluntariamente, con maduro consejo, el pacto constitucional, sino el lazo que la naturaleza y la ley ponen entre los hijos de España, lazo anterior a las dinastías, a las religiones, a la vocación política. En su discurso del Vaticano, don Alfonso expulsó virtualmente del solar español a los disidentes del catolicismo, a los herejes como él diría, a cuantos no aceptan los embelecos históricos de que se nutren, por lo visto, la mente regia y la del dictador. Sin dejar de ser una majadería, el discurso del Vaticano prueba lo que en Palacio se piensa de la condición de español. No es dudoso que, repasando la mónita secreta que le habrá legado su bisabuelo, don Alfonso rehabilite cualquier día por decreto a sus ministros antiguos, y exonere a los militares. Pero una deslealtad no se borra con otra. El rey devolverá su confianza a la libertad, si le cuadra; mas los liberales de conciencia y de experiencia, ¿podrán confiar nuevamente en el rey? Tampoco pueden valernos los antiguos partidos de gobierno, que, monárquicos por principio o por transigencias pendientes de condiciones nunca realizadas, balbucían un liberalismo enclenque. No existen, en primer término, porque el supuesto del liberalismo monárquico ha quebrado; la democracia es incompatible con la monarquía. No existen, en segundo término, porque esa quiebra, sospechada, latente, habíalos dejado en poco más que en corporaciones de amigos cubriendo la carrera de Palacio al Ministerio de la Gobernación y al Congreso. En fin, el golpe de Estado ha descubierto en la persona de los grandes jefes el valor de ese liberalismo. No defendieron lo que tenían en depósito. Ninguno lo defendió. No entendían los sucesos, o los entendían harto, y cayendo del lado de la sumisión, esperan las mercedes regias, o especulan con las suertes de suceder a los generales; o alzan los brazos al cielo diciendo su desolación de sociólogos vacantes.
Nuestra acción debe incorporarse en un organismo cuyo centro sea republicano, llevando a su izquierda las fuerzas organizadas del proletariado, y a su derecha la burguesía liberal, hasta ahora monárquica, que se preste a colaborar en la reforma de la Constitución. El fracaso cierto del Directorio, legará a quien le suceda los problemas de 1923, agravados por la demora, enconados, como el catalanismo, por los arranques impolíticos del ilustre general. Tememos que los estragos causados por el patriotismo bélico-dinástico sean irreparables.
Nuestros propósitos se articulan en esta forma: ''Primero''. Paz inmediata, equilibrio del presupuesto, saneamiento de la moneda, política de precios bajos. Síguese de este enunciado: Repatriar el Ejército de Marruecos y licenciarlo; disminuir la oficialidad al número que baste para la instrucción militar del contingente anual, en servicio de tiempo reducido; extinción subsiguiente del déficit, que sólo está causado por los gastos de Marruecos y del presupuesto de Guerra, cierre de las emisiones del Tesoro y del Banco. Acción directa del Estado en el problema de la habitación y en los abastos. ''Segundo''. Política de defensa democrática; libertad absoluta de conciencia y religiosa; libertad de imprenta; restablecimiento del jurado; supresión de todo fuero y jurisdicción especial en el orden de la justicia; abolición de los consejos de guerra; clausura de las academias militares; promoción de las clases de tropa a los grados de oficial; supresión de las Capitanías generales; reforma de la ley de orden público; organización de una milicia cívica dependiente del Parlamento; clausura de los colegios de jesuitas y frailes. ''Tercera''. Reforma de la Hacienda y de los servicios capitales: instrucción, obras públicas, sanidad, etcétera, con criterio liberal y de justicia social. No es admisible el principio simplista de las economías. El Estado debe gastar cuanto sea menester, pero con provecho y orden. Economías, en los gastos militares y navales que, sobre arruinarnos, para nada sirven; supresión del presupuesto del clero; dotación suficiente para la enseñanza del pueblo y la cultura superior, el Estado tendrá en sus escuelas un puesto para cada alumno en edad escolar, y un maestro para cada cuarenta alumnos; fomento de la riqueza y del trabajo, etcétera. Habrán de llevarse al presupuesto recursos nuevos, impuestos sobre el lujo, sobre el capital inactivo, sobre Extinción de los monopolios concedidos a empresas privadas. ''Cuarto''. Política social y de saneamiento moral; abolición de la pena de muerte, prohibición del juego, represión de los abusos policíacos, supresión del fuero de guerra de la Guardia Civil y del Cuerpo de Orden Público. Libertad sindical, retiros obreros; protección de mujeres y niños, consulta a los Congresos extraordinarios del partido socialista y de la Unión General de Trabajadores para la adopción de un programa mínimo de reformas sociales. ''Quinto''. Organización de los Ayuntamientos en repúblicas municipales, sobre la base del sufragio universal directo y de la elegibilidad de todos los cargos; libertad de federación entre los comunes; cambio de táctica en la política catalana; respeto para las creaciones del espíritu de Cataluña; acuerdo con las fuerzas populares catalanas de orientación liberal.
Podría decirse más de cada uno de esos puntos, y más diremos cuando sea caso. Afirmamos que sólo una política que realice esos artículos salvará a España. No basta que se inspire en ellos; habrá de realizarlos. Es moralmente obligatorio intentar realizarlos pacíficamente. La guerra civil, la revolución, podrían sacar una España diferente, pero el precio sería tal vez excesivo y el resultado inestable. (El simple destronamiento de don Alfonso no es una revolución.) La situación real del país y las fuerzas importantes con que podría contarse para la instauración pacífica de la república, nos compelen a tentar el vado. Mas, si no pudiésemos pasarlo, si la violencia frustrase una vez más nuestro derecho, ¿qué escrúpulo moral nos detendría para aconsejar la apelación a la fuerza? Absolutamente ninguno. Que se aparten de nosotros los tímidos, los hombres sin temperamento ni raza, los que se abroquelan en la falta de opinión. La opinión se crea, principalmente con las palabras. Éstas van en su busca. Que otros digan las suyas. Si en la sazón que llega estuviésemos solos, no alegaríamos la falta de opinión para fugarnos al campo enemigo, y servir a los mismos a quien hubiéramos combatido en viéndonos más fuertes. Cerrados los caminos pacíficos, la violencia en todas sus formas sería justa. La violencia vindicaría el derecho, prescindiendo como suele, por eso es violencia, de consultar el gusto embotado de los más.
NOTA: Se recomienda la difusión de este escrito. Cuantos lo reciban serán invitados a manifestar su adhesión a las ideas y los propósitos que contiene.
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AUDREDD
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<noinclude><pagequality level="3" user="AUDREDD" />{{crv|722|Digesto.— Libro : Título}}
{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>§ 3.—Es sabido, que solamente puede repetirsele a alguien por la condiccion o lo que llego a su
poder sin justa causa, o lo que vuelve a causa
no justa.
'''2.''' El MISMO; ''Comentarios al Edicto, libro
XXXII.''—Si un batanero hubiere tomado en arriendo el lavado de unos vestidos, y después, habién-
dolos perdido, demandado por la accion de locacion hubiere pagado al dueño su precio, y luego
el dueño hubiere encontrado los vestidos, ¿por
qué acción deberá recobrar el precio que dio? y
dice Casio, que no solamente puede ejercitar la
acción de conduccion, sino intentar la condiccion
contra el dueño; yo opino, que de todos modos tiene él la acción da conduccion. Pero se pregunto,
¿podrá intentar también la condiccidn, porque no
dio cosa no debida? Si acaso se considera como dada
sin causa, opinamos que de este modo puede intentarse la condiccion; porque habiéndose encontrado los yestidos, parece como que se dio sin causa.
'''3.''' JULIANO;'' Digesto, libro VIII''.—Los que se
obligan sin causa, pueden conseguir por la con
diccion de cosa incierta que queden libres; y no
importa que alguno acepte sin causa toda la obli-
gacion, u otra mayor que la que él hubiere debi-
io aceptar, sino porque de un modo, se intenta la
condiccion para quedar libre de toda obligación,
de otro, para deseargarse, como el que prometio
diez; porque si verdaderamente no tuvo causa al
guna para prometer, consigue por la condiccion
de cosa incierta, que se tenga por cumplida toda
la estipulación; mas si cuando debiese prometer
cinco, prometio diez, conseguirá por la condiccion
de cosa incierta, que quede libre de cinco.
'''4.''' AFRICANO;'' Cuestiones, libro VIII''.—Nada im
porta que desde un principio se haya dado una
cosa sin causa, o quo no se haya verificado la
causa por la cual se dio.
'''5'''. PAPINIANO;'' Cuestiones, libro XI''.—Una que
habia de casarse con su tio materno, le dio en dote cierta cantidad, y no se caso; se pregunto, ¿po
dria acaso repetirla? Dije, que cuando se entrega
dinero por causa torpe del que lo da y del que lo
recibe, deja de haber la condiccion, y que en igual
dad de delitos es mejor la condiccion del que posee:
y que tal vez alguno, habiéndose atenido a esta
razón, respondería que no deberá tener la mujer
la condiccion. Pero que con razón se defiende, que
en el caso propuesto la causa no fué tanto torpe:
como nula, puesto que el dinero que se diese no
podria convertirse en dote; porque no se dio por
causa de estupro, sino de matrimonio.
§ 1.—Una madrastra dio a su entenado, o una
nuera a su suegro, cierta cantidad por razon de
dote, y no se caso; A primera vista parece que de
ja de haber la condiccion, porque por derecho de
gentes se comete incesto; pero en este caso mas
bien fué nula la causa de dar la dote. Por cons
guiente, compete la condiccion.<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude>
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Página:La federación - bdh0000287954.pdf/113
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Repub73
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 79 —}}</noinclude>orden económico, no perdiendo, como no debería nunca perderse, de vista, que no hay ni puede haber nada estable donde no marchen á un mismo paso y juntas la revolución social y la revolución política.
Este libro, uno de los del autor que han tenido menos boga en Francia, hoy como hace mucho tiempo extraviada por sus sueños de gloria, merece sin duda alguna fijar la atención de todos los hombres políticos y aun de todos los que se interesan por los progresos de su patria y de su especie. ¿Hay que reconstituir efectivamente algunas nacionalidades? Reconstitúyaselas en hora buena, pero sobre nuevas bases, sobre las bases que sostienen en Europa la libertad y la tranquilidad de Suiza, en América la libertad y la grandeza de los Estados Unidos. Sólo sobre estas bases hallarán su asiento así los nuevos como los viejos pueblos.
{{línea|6em|e=4em}}<noinclude></noinclude>
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Anderson Cahuana Cutipa
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<noinclude><pagequality level="1" user="Anderson Cahuana Cutipa" />{{crv|919|Digesto.—Libro XVIII: Título V}}
{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>
23. HERMOGENIANO ; Epitome del Derecho , li-
bro II.-El vendedor de la acción, que tiene con-
tra el deudor principal, debe ceder todo el derecho
que le compete por esta causa, tanto contra el mis-
mo deudor, como contra los fiadores de esta deu-
da, si no se trató otra cosa .
§ 1. El vendedor de un crédito será compelido
å restituir al comprador integramente todo lo que
hubiere percibido, ó por compensación, ó por cobro.
24. LABEON; Obras póstumas compendiadas
por Javoleno, libro IV. -Vendiste la herencia de
Cornelio, y después Accio, a quien Cornelio habia
hecho un legado á cargo de tí, como heredero, an-
tes que percibiese del comprador el legado, te hi-
zo heredero ; con razón opino, que has de ejercitar
la acción de venta para que se te dé, porque para
esto se habrá vendido en menos la herencia, para
que el comprador pagase aquel legado , y nada im-
porta que el dinero haya sido debido, ó á Accio, que
te haya instituido heredero , ó al legatario .
25. EL MISMO; Dichos , libro II.-Si exceptua-
do de la herencia un fundo se vendió la herencia ,
y después por razón de aquel fundo adquirió el
vendedor alguna cosa, debe entregarla al compra-
dor de la herencia. Dice Paulo: antes bien, siem-
pre se mira en este caso qué se haya tratado; pero
si esto no apareciere, deberá el vendedor entregar
aquella cosa al comprador; porque se considerará
que esta misma cosa fué de aquella herencia á su
poder, no de otra suerte , que si no hubiese exce-
ptuado aquel fundo al vender la herencia .
TÍTULO V
DE LA RESCISIÓN DE LA VENTA, Y DE CUÁNDO ES
LÍCITO APARTARSE DE LA COMPRA
[Véase Cód . IV. 44. 45.)
1. POMPONIO; Comentarios á Sabino, libro XV.
-Opinaba Celso , el hijo , que si un hijo de familia
me hubiese vendido cosa de su peculio, aunque se
convenga que haya desistimiento de aquella ven-
ta, debe convenirse entre el padre , y el hijo , y yo ,
no sea que si solo con el padre hubiere yo pactado ,
no pueda quedar exento el hijo, y se pregunte, si
es que nada se hace con este pacto, ó que yo verda-
deramente quede libre, y el hijo quede obligado ,
como si pactara el pupilo sin la autoridad del tutor,
que él ciertamente queda libre, pero no también
el que pactó con él; porque lo que dijo Ariston, que
puede pactarse de modo que solo uno quede obli-
gado, no es verdad, porque por sola una parte de
los contratantes no puede haber por pacto separa-
ción de la compra, y por esto, si por una parte so-
la se hubiera renovado el contrato, se dice que no
es válido un pacto de esta naturaleza, sino que se
ha de decir, que pactando el padre y quedando li-
bre el adversario, también el hijo queda libre al
mismo tiempo.
2. EL MISMO ; Comentarios á Sabino, libro
XXIV. Si la misma cosa que te compré , te la com-
prare segunda vez por más ó por menos , nos sepa-<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude>
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Anderson Cahuana Cutipa
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'''23.''' HERMOGENIANO ; ''Epitome del Derecho , li-
bro II''.-El vendedor de la acción, que tiene con-
tra el deudor principal, debe ceder todo el derecho
que le compete por esta causa, tanto contra el mis-
mo deudor, como contra los fiadores de esta deu-
da, si no se trató otra cosa .
§ 1. El vendedor de un crédito será compelido
å restituir al comprador integramente todo lo que
hubiere percibido, ó por compensación, ó por cobro.
'''24.''' LABEON; ''Obras póstumas compendiadas
por Javoleno, libro IV''. -Vendiste la herencia de
Cornelio, y después Accio, a quien Cornelio habia
hecho un legado á cargo de tí, como heredero, an-
tes que percibiese del comprador el legado, te hi-
zo heredero ; con razón opino, que has de ejercitar
la acción de venta para que se te dé, porque para
esto se habrá vendido en menos la herencia, para
que el comprador pagase aquel legado , y nada im-
porta que el dinero haya sido debido, ó á Accio, que
te haya instituido heredero , ó al legatario .
'''25.''' EL MISMO; ''Dichos , libro II.''-Si exceptua-
do de la herencia un fundo se vendió la herencia ,
y después por razón de aquel fundo adquirió el
vendedor alguna cosa, debe entregarla al compra-
dor de la herencia. Dice Paulo: antes bien, siem-
pre se mira en este caso qué se haya tratado; pero
si esto no apareciere, deberá el vendedor entregar
aquella cosa al comprador; porque se considerará
que esta misma cosa fué de aquella herencia á su
poder, no de otra suerte , que si no hubiese exce-
ptuado aquel fundo al vender la herencia .
{{C|TÍTULO V}}
{{C|DE LA RESCISIÓN DE LA VENTA, Y DE CUÁNDO ES}}
{{C|LÍCITO APARTARSE DE LA COMPRA}}
{{C|[''Véase Cód. IV. 44. 45.]'''}}
'''1.''' POMPONIO; ''Comentarios á Sabino, libro XV.''
-Opinaba Celso , el hijo , que si un hijo de familia
me hubiese vendido cosa de su peculio, aunque se
convenga que haya desistimiento de aquella ven-
ta, debe convenirse entre el padre , y el hijo , y yo ,
no sea que si solo con el padre hubiere yo pactado ,
no pueda quedar exento el hijo, y se pregunte, si
es que nada se hace con este pacto, ó que yo verda-
deramente quede libre, y el hijo quede obligado ,
como si pactara el pupilo sin la autoridad del tutor,
que él ciertamente queda libre, pero no también
el que pactó con él; porque lo que dijo Ariston, que
puede pactarse de modo que solo uno quede obli-
gado, no es verdad, porque por sola una parte de
los contratantes no puede haber por pacto separa-
ción de la compra, y por esto, si por una parte so-
la se hubiera renovado el contrato, se dice que no
es válido un pacto de esta naturaleza, sino que se
ha de decir, que pactando el padre y quedando li-
bre el adversario, también el hijo queda libre al
mismo tiempo.
'''2.''' EL MISMO; ''Comentarios á Sabino, libro
XXIV.'' Si la misma cosa que te compré , te la com-
prare segunda vez por más ó por menos , nos sepa-
ramos de la primera compra; porque es posible,<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude>
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La revolución en marcha — Alocución en el mitin republicano de la Plaza de Toros de Madrid
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Comienza la transcripción. Detalles en la nota.
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wikitext
text/x-wiki
{{Encabezado
|título=La Revolución en marcha
|subtítulo=Alocución en el mitin republicano de la Plaza de Toros de Madrid
|autor=Manuel Azaña
|año=1930
|nota= Transcrito del volumen 2 de las ''Obras completas'' de Manuel Azaña. Si algún usuario encuentra en la web la fuente original se agradecerá su sustitución.
}}
Lo primero que se me ocurre, ante la majestad de este pueblo congregado, es saludar en vosotros a la auténtica manifestación de la voluntad nacional. Un pueblo inmenso, que no puede estar aquí en persona, la mayoría del país, os ha conferido clamorosamente su representación. Lo mejor y lo más numeroso de España nos sigue, y nos acompaña en espíritu, dándonos, con la fuerza del número y la evidencia de su derecho, la autoridad necesaria para hacer las declaraciones que vamos a formular. Por eso, la importancia de esta primera asamblea del pueblo, de estas Cortes espontáneas de la revolución popular, consiste, ante todo, en que desde aquí notificamos a los que detentan los poderes públicos el fallo irrevocable de la voluntad de los españoles. Se reduce a esto: no más tiranos, no más despotismo; a todo trance, queremos libertad.
La libertad vamos a conquistarla los republicanos llegando a un buen acuerdo, superior a las competencias de partido y acallando las disputas de clase, con todas las fuerzas antimonárquicas de la nación. Mientras eso llega, la presencia en este acto de todas las organizaciones y todos los partidos del republicanismo demuestra, a quien lo ignore, o quiera desconocerlo, que los republicanos todos, unidos para lo sustancial, estamos dispuestos a cumplir con nuestro deber del momento, recogiendo el gobierno del país en el estado en que la abyección y la incapacidad de unos, los sucios apetitos y la mala sangre de otros, lo han dejado caer.
Yo no sé ahora, yo no digo ahora si esta obra de los republicanos, conclusión natural de nuestro ideario y, al mismo tiempo, deber cívico y signo de decencia política, es fácil, o difícil. Lo que veo y digo es que su realización es inevitable, fatal. Nosotros no necesitamos preparar y poner en marcha la revolución. La revolución existe ya, la estamos viviendo y, por vivirla, casi no nos damos cuenta clara de que vamos en ella: la revolución española comenzó el 13 de septiembre de 1923.
Hay revolución si el pueblo se levanta contra los poderes del Estado y los destruye. Pero también hay revolución, aunque por otro estilo, si los poderes del Estado, sus órganos, los hombres en quien el Estado culmina se abalanzan contra el pueblo y lo esclavizan. Revolución de este género estamos viviendo en España desde 1923. El Estado perdió hasta la apariencia de orden jurídico y se convirtió en arma para desvalijar, en fuerza caprichosa para tiranizar. Una revolución desencadenada por el pueblo que pretende destruir los poderes constituidos puede ser sofocada por la fuerza; pero una revolución como la que está ocurriendo en España, promovida por los magnates mismos del Estado, que se erigen en tiranos, es incontenible, no puede pararse, no puede retroceder; pararse o retroceder sería tanto como reconocer y confesar la culpa, pedir perdón de ella, y llevaría consigo el hundimiento del trono. Tienen que seguir hasta su término natural el camino emprendido. Si la dictadura cediese voluntariamente, y ya estamos viendo que no cede, la cólera justiciera del pueblo haría en ella un escarmiento; y, si no cede, la conciencia pública despierta, como al fin ha despertado, le dará en su día el golpe de gracia. El 13 de septiembre de 1923, la monarquía se suicidó; no se culpe a nadie de su muerte.
El golpe de Estado, restaurando el despotismo, manifestó que la monarquia no era capaz de acomodarse ni a la moderada Constitución del 76. Los siete años que llevamos de despotismo, los tres Ministerios de dictadura, desde el Directorio al Gobierno del general Berenguer, prueban que tampoco se tiene en pie la monarquía ni puede gobernar usurpando todas las ventajas que la licencia del poder personal lleva consigo. La prueba es decisiva. ¿Qué le queda a una institución impotente para el bien, fautora de desorden, que no puede oponernos más que la sinrazón de la fuerza bruta? Le queda el recurso de la fuga, para ir a meditar en el destierro la lección que el pueblo español sabrá imponer a todos los que se confabularon para la explotación de su trabajo, de su sangre, de su silencio y de su mansedumbre, aprovechados para lanzarse a la orgía de los millones.
Este proceso político que la dictadura no consintió que se sustanciase ante el Parlamento, se ha incoado y sustanciado ante la opinión, que señala inapelablemente a los culpables. Y aunque sea esto una verdad harto conocida, conviene repetirlo siempre, y vocearlo aquí a los cuatro vientos por primera vez después de siete años, porque ello es la base de nuestra acción, la sustancia misma de nuestra justicia: en 1923 se nos impuso la tiranía para cortar el paso a las reivindicaciones del pueblo español, sublevado por los desastres de África; para evitar que en las Cortes sonase la palabra acusatoria incontestable. Régimen en que la majeza y la majadería le disputaban el primer puesto a la inmoralidad. Tan ofensivo de la justicia como del sentido común. Régimen que montó el gigantesco negocio de explotar al país en beneficio de unas familias, asistido de los fracasados de todos los partidos, de los pazguatos que creyeron llegada la hora de su celebridad, de los ladronzuelos que a cambio de lustrar las botas del dictador recibían su parte y comisión en la lluvia de monopolios, concesiones y obras, que han puesto a la economía del país en el estado lastimoso que hoy la vemos. Régimen, en fin, que invocaba a cada paso el tecnicismo, y como si eso pudiera estar nunca por encima de la moral, se rodeó de cuantos técnicos pudo, sin desdeñar a ninguno, ni siquiera a los técnicos que habían hecho su aprendizaje en el terrorismo barcelonés, poniendo a los representantes y agentes del Estado español al nivel profesional de los pistoleros de oficio. Este régimen, que llamándose nuevo, era el encumbramiento de lo más podrido y bastardo del régimen anterior, realizó en la cuestión de las responsabilidades una operación milagrosa: el más alto tribunal de la nación declaró culpable a un general; la dictadura lo amnistió, impulsada acaso de un remordimiento, y el general que había dejado de ser culpable ocupó un puesto de confianza, de tal manera que al formarse en Andalucía un nublado serio que pudo barrer algo más que la persona del dictador, los vientos reinantes se pusieron a soplar de parte del nublado, y apareció el general amnistiado a cubrir la retirada de su antecesor. El contenido de este juego es un proceso de orden histórico y político. La condena, la sanción, han de ser también históricas y políticas. El jurado competente es el pueblo; la audiencia es la calle, la sentencia es la República, porque, ya que ellos lo han querido, ya que ellos, revolucionariamente, no nos han dejado ser súbditos de un Estado normal, regido por el derecho; ya que ellos, revolucionariamente, no nos consintieron ser ciudadanos de un país libre, nosotros les notificamos que no nos da la gana de seguir siendo vasallos.
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Se termina la transcripción.
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wikitext
text/x-wiki
{{Encabezado
|título=La Revolución en marcha
|subtítulo=Alocución en el mitin republicano de la Plaza de Toros de Madrid
|autor=Manuel Azaña
|año=1930
|nota= Transcrito del volumen 2 de las ''Obras completas'' de Manuel Azaña. Si algún usuario encuentra en la web la fuente original se agradecerá su sustitución.
}}
Lo primero que se me ocurre, ante la majestad de este pueblo congregado, es saludar en vosotros a la auténtica manifestación de la voluntad nacional. Un pueblo inmenso, que no puede estar aquí en persona, la mayoría del país, os ha conferido clamorosamente su representación. Lo mejor y lo más numeroso de España nos sigue, y nos acompaña en espíritu, dándonos, con la fuerza del número y la evidencia de su derecho, la autoridad necesaria para hacer las declaraciones que vamos a formular. Por eso, la importancia de esta primera asamblea del pueblo, de estas Cortes espontáneas de la revolución popular, consiste, ante todo, en que desde aquí notificamos a los que detentan los poderes públicos el fallo irrevocable de la voluntad de los españoles. Se reduce a esto: no más tiranos, no más despotismo; a todo trance, queremos libertad.
La libertad vamos a conquistarla los republicanos llegando a un buen acuerdo, superior a las competencias de partido y acallando las disputas de clase, con todas las fuerzas antimonárquicas de la nación. Mientras eso llega, la presencia en este acto de todas las organizaciones y todos los partidos del republicanismo demuestra, a quien lo ignore, o quiera desconocerlo, que los republicanos todos, unidos para lo sustancial, estamos dispuestos a cumplir con nuestro deber del momento, recogiendo el gobierno del país en el estado en que la abyección y la incapacidad de unos, los sucios apetitos y la mala sangre de otros, lo han dejado caer.
Yo no sé ahora, yo no digo ahora si esta obra de los republicanos, conclusión natural de nuestro ideario y, al mismo tiempo, deber cívico y signo de decencia política, es fácil, o difícil. Lo que veo y digo es que su realización es inevitable, fatal. Nosotros no necesitamos preparar y poner en marcha la revolución. La revolución existe ya, la estamos viviendo y, por vivirla, casi no nos damos cuenta clara de que vamos en ella: la revolución española comenzó el 13 de septiembre de 1923.
Hay revolución si el pueblo se levanta contra los poderes del Estado y los destruye. Pero también hay revolución, aunque por otro estilo, si los poderes del Estado, sus órganos, los hombres en quien el Estado culmina se abalanzan contra el pueblo y lo esclavizan. Revolución de este género estamos viviendo en España desde 1923. El Estado perdió hasta la apariencia de orden jurídico y se convirtió en arma para desvalijar, en fuerza caprichosa para tiranizar. Una revolución desencadenada por el pueblo que pretende destruir los poderes constituidos puede ser sofocada por la fuerza; pero una revolución como la que está ocurriendo en España, promovida por los magnates mismos del Estado, que se erigen en tiranos, es incontenible, no puede pararse, no puede retroceder; pararse o retroceder sería tanto como reconocer y confesar la culpa, pedir perdón de ella, y llevaría consigo el hundimiento del trono. Tienen que seguir hasta su término natural el camino emprendido. Si la dictadura cediese voluntariamente, y ya estamos viendo que no cede, la cólera justiciera del pueblo haría en ella un escarmiento; y, si no cede, la conciencia pública despierta, como al fin ha despertado, le dará en su día el golpe de gracia. El 13 de septiembre de 1923, la monarquía se suicidó; no se culpe a nadie de su muerte.
El golpe de Estado, restaurando el despotismo, manifestó que la monarquia no era capaz de acomodarse ni a la moderada Constitución del 76. Los siete años que llevamos de despotismo, los tres Ministerios de dictadura, desde el Directorio al Gobierno del general Berenguer, prueban que tampoco se tiene en pie la monarquía ni puede gobernar usurpando todas las ventajas que la licencia del poder personal lleva consigo. La prueba es decisiva. ¿Qué le queda a una institución impotente para el bien, fautora de desorden, que no puede oponernos más que la sinrazón de la fuerza bruta? Le queda el recurso de la fuga, para ir a meditar en el destierro la lección que el pueblo español sabrá imponer a todos los que se confabularon para la explotación de su trabajo, de su sangre, de su silencio y de su mansedumbre, aprovechados para lanzarse a la orgía de los millones.
Este proceso político que la dictadura no consintió que se sustanciase ante el Parlamento, se ha incoado y sustanciado ante la opinión, que señala inapelablemente a los culpables. Y aunque sea esto una verdad harto conocida, conviene repetirlo siempre, y vocearlo aquí a los cuatro vientos por primera vez después de siete años, porque ello es la base de nuestra acción, la sustancia misma de nuestra justicia: en 1923 se nos impuso la tiranía para cortar el paso a las reivindicaciones del pueblo español, sublevado por los desastres de África; para evitar que en las Cortes sonase la palabra acusatoria incontestable. Régimen en que la majeza y la majadería le disputaban el primer puesto a la inmoralidad. Tan ofensivo de la justicia como del sentido común. Régimen que montó el gigantesco negocio de explotar al país en beneficio de unas familias, asistido de los fracasados de todos los partidos, de los pazguatos que creyeron llegada la hora de su celebridad, de los ladronzuelos que a cambio de lustrar las botas del dictador recibían su parte y comisión en la lluvia de monopolios, concesiones y obras, que han puesto a la economía del país en el estado lastimoso que hoy la vemos. Régimen, en fin, que invocaba a cada paso el tecnicismo, y como si eso pudiera estar nunca por encima de la moral, se rodeó de cuantos técnicos pudo, sin desdeñar a ninguno, ni siquiera a los técnicos que habían hecho su aprendizaje en el terrorismo barcelonés, poniendo a los representantes y agentes del Estado español al nivel profesional de los pistoleros de oficio. Este régimen, que llamándose nuevo, era el encumbramiento de lo más podrido y bastardo del régimen anterior, realizó en la cuestión de las responsabilidades una operación milagrosa: el más alto tribunal de la nación declaró culpable a un general; la dictadura lo amnistió, impulsada acaso de un remordimiento, y el general que había dejado de ser culpable ocupó un puesto de confianza, de tal manera que al formarse en Andalucía un nublado serio que pudo barrer algo más que la persona del dictador, los vientos reinantes se pusieron a soplar de parte del nublado, y apareció el general amnistiado a cubrir la retirada de su antecesor. El contenido de este juego es un proceso de orden histórico y político. La condena, la sanción, han de ser también históricas y políticas. El jurado competente es el pueblo; la audiencia es la calle, la sentencia es la República, porque, ya que ellos lo han querido, ya que ellos, revolucionariamente, no nos han dejado ser súbditos de un Estado normal, regido por el derecho; ya que ellos, revolucionariamente, no nos consintieron ser ciudadanos de un país libre, nosotros les notificamos que no nos da la gana de seguir siendo vasallos.
Todo lo que hay de irremediable y de fatal en el término de esta contienda, no nos exime a los republicanos del deber de esforzarnos en auxiliar y adelantar el momento supremo; antes al contrario, nos incita a que vayamos a él sin desperdiciar ninguna coyuntura, porque una institución virtualmente muerta puede mantenerse en pie algún tiempo, se puede arrastrar algunos años el cadáver de un régimen. Ahora mismo se está preparando un artificio de este género. Los periódicos cuentan que en la frontera francoespañola cuatro jefes liberales, no sé si hay más, están en tratos para formar un Gobierno con estas o las otras condiciones, que preste a la monarquía una falsa apariencia de constitucionalismo y le permita vivir un poco más. ¡Los cuatro jefes liberales! Yo creía que esta expresión: los jefes liberales, había desaparecido de la estereotipia de los periódicos, como desapareció también otro grupo ilustre: los moros notables de Frajana, que tanto dieron que hablar al comienzo de la penetración. ¿De dónde vienen estos reaparecidos? Vienen del ostracismo en que los sumió un puntapié memorable; vienen de soportar injurias proferidas por el Gobierno en nombre del rey, y no sintiéndose por lo visto bastante insultados, estos hombres contritos, dándole en definitiva la razón a su insultador, se aprestan a salvar aquello mismo que buscaba su perdición. En cuanto esa devoción palatina pueda hacer daño en la vida del país tenemos obligación de denunciarla y de decir a esos hombres que, por muchas ganas que tengan de continuar su historia y de prolongar la tradición del liberalismo dinástico, lo que proyectan, si se lograse, sería un pacto nefando, un engaño al país, y si fuesen liberales, una traición. Gobierno que así se forme tendrá nuestra hostilidad declarada e irreductible, tan necesaria o más que con cualquier Gobierno de franca reacción, porque vendría a escamotear la liquidación de cuentas, a fatigar con una táctica electoral y un Parlamento inofensivo el ansia de renovación que siente con nosotros toda España. Esto ha de ser así, aunque para formar el Gobierno liberal se pacte la condición impresionante de un cambio de personas en el régimen; porque no se trata de personas, sino de sistema, y ese mismo cambio que se promete como garantía del porvenir sería la prueba definitiva y concluyente de su impotencia. Es lo que hay que decir a los cuatro jefes liberales, que parecen en caricatura los cuatro jinetes del Apocalipsis, porque vienen precediendo al acabamiento de todo.
Si nuestro deber es claro en los momentos actuales, no lo es menos nuestra línea de conducta. Implantar la República es una obra nacional. La verdad política del presente es ésta: unión de todas las fuerzas organizadas, cualquiera que sea su apellido, en cuanto admite la base común de la democracia republicana. Nosotros, que venimos procurando ese acuerdo, condicionado por el propósito colectivo, tenemos la seguridad de que aquella verdad política se impondrá por fin a todos. Quiero recordar, para subrayarlo con mi aplauso, lo que ha dicho en su último discurso Indalecio Prieto. «No es ésta la ocasión decía Prieto, de que las fuerzas antimonárquicas entremos en regateos de programas y antepongamos al objetivo común un debate sobre aquello que pueda separarnos; eso ha de quedar para la Constitución de la República». Y recojo también dos declaraciones que Julián Besteiro hizo en el mitin socialista del domingo pasado. Decía Besteiro: «Los socialistas hemos sido y somos, en el orden político, fundamentalmente republicanos». Es cierto. Sería monstruoso ponerlo en duda. Y añadía Besteiro: «El estado del país en general, y el punto de progreso a que ha llegado la organización proletaria, no permiten todavía que los socialistas tomen sobre sí las responsabilidades del poder». Estas tres verdades incontrovertibles, palmarias, proclamadas por tan señalados hombres del socialismo, nos dan abierto el camino para el acuerdo de señalar también los límites del mismo. La República le es tan necesaria al proletariado como a la burguesía liberal, pero nosotros no tenemos el pensamiento ni los socialistas tienen ahora la ambición de que nuestra fuerza común concluya en una República socialista. Pensamos en una República burguesa y parlamentaria, tan radical como los republicanos más radicales consigamos que sea, si tenemos opinión y votos para ello. Porque la República tiene un doble valor, una doble eficacia. De una parte es conclusión, porque termina el pleito político planteado desde hace un siglo con la dinastía, y, de otra parte, es comienzo o iniciación, en cuanto servirá de instrumento o de medio para el progreso político y la justicia social. En las Cortes constituyentes de la República cada cual pugnará por sacar adelante lo más que pueda de su ideario; y votada la Constitución, cada cual pugnará, en las amplias vías legales del régimen, por dilatar su proselitismo y determinar su Gobierno. Pero hay una regla general que yo proclamo aquí, no como aliciente para atraer a los dudosos, ni menos aún como recompensa de posibles colaboraciones, sino como un principio que se nos impone en conciencia y que habremos de aplicar aunque no contásemos nunca con el apoyo de un solo proletario; es éste: la República española tendrá que ser no sólo respetuosa con los derechos del trabajo, y garantía de sus reivindicaciones, sino propulsor y estímulo en la obra de despertar las conciencias más atrasadas y de levantarlas a un rango superior de humanidad y de ciudadanía.
Dicho esto, para los que de mala fe oponen a nuestra acción un fantasma sangriento, como si fuésemos a desencadenar sobre España un cataclismo, hay que decir también, mirando a otra parte, que la República española, por burguesa y parlamentaria que nazca, no podrá ser nunca una monarquía sin corona. La revolución no puede consistir en el ostracismo de una familia. Nadie piense que el Estado monárquico va a persistir, sin otro cambio que la designación del jefe; que van a persistir las jerarquías políticas antiguas ni sus feudos caciquiles, ni la impotencia de una Administración paralizada por las corruptelas y los compromisos, ni el oscuro dominio de los institutos, corporaciones y gremios, unos nacionales y otros extranjeros, que tienen mediatizada la soberanía nacional; nadie piense que nosotros, como si dudásemos de nuestro derecho o de nuestra capacidad, vamos a entregar la República, para que le perdonen la vida, a sus enemigos tradicionales. La República no será el régimen de un partido; es cierto, será régimen nacional, en este sentido: que respetuosa con los estatutos regionales que las Cortes sancionen para regular las autonomías locales, amparará con el poder del Estado los derechos de todos. Todos cabemos en la República, a nadie se proscribe por sus ideas; pero la República será republicana, es decir, pensada y gobernada por los republicanos, nuevos o viejos, que todos admiten la doctrina que funda el Estado en la libertad de conciencia, en la igualdad ante la ley, en la discusión libre, en el predominio de la voluntad de la mayoría, libremente expresada. La República será democrática, o no será. De esta manera los republicanos venimos al encuentro del país, no como estériles agitadores, sino como gobernantes; no para subvertir el orden, sino para restaurarlo; no para comprometer el porvenir de la nación, sino como la última reserva de esperanza que le queda a España de verse bien gobernada y administrada, de hacer una política nacional. Tenemos conciencia de nuestra responsabilidad y de las dificultades que nos aguardan, y estamos resueltos a afrontarlas, sin escatimar ningún sacrificio.
Nosotros no podemos rematar estas declaraciones poniéndoles como conclusión la promesa de una era de felicidad, de ventura y de grandeza. La libertad no hace felices a los hombres; los hace simplemente hombres. La República no promete glorias, no vamos a comprometer a nuestro país, cuya modesta posición en el mundo conocemos, en aventuras grandiosas. Prometemos paz y libertad, justicia y buen gobierno. Llevad este mensaje a todos los rincones de la Península. Avivad a los dudosos y a los tímidos. Venid todos en nuestra ayuda. Estad prontos para el día de la prueba. Que España deje ya de parecer, en el orden de la acción política, un corral poblado de gallinas donde unas cuantas monas epilépticas remedan los ademanes de los hombres. Seamos hombres, decididos a conquistar el rango de ciudadanos o a perecer en el empeño. Y un día os alzaréis a este grito que resume mi pensamiento: ¡Abajo los tiranos!
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Página:Actitud ética ante la guerra y la paz - bdh0000308582.pdf/32
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Superzerocool
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Superzerocool" />{{CP|26|ADOLFO POSADA|}}</noinclude>ráfaga, de los cañones de 75, 77, 42..., de los ataques por el aire, de las asechanzas de los submarinos, en suma, al abrigo de los efectos de tantas bárbaras invenciones; los hombres, digo, no deben, si es que pueden, mantenerse fríos e indiferentes, como almas meramente contemplativas, ante las luchas de tan profundo y humano simbolismo. Como ninguna, esta guerra tiene un carácter representativo, de alcance verdaderamente universal; importa a todos; sólo el analfabeto moral, que viva fuera de la historia, dejará de advertir la significación de la gran pugna y que en ella se ventilan intereses eternos, que afectan por muchos lados a cuantos formamos la gran familia humana, incluso a los pueblos bárbaros de las regiones de la expansión colonizadora. No hay rincón del globo adonde, tarde o temprano, no lleguen los efectos de esta lucha, y ellos serán bien distintos según el resultado, o sea según quien venza.
Y así se ha interpretado en rigor la guerra desde el primer instante, aun antes de que las gentes pudieran darse clara cuenta de la extensión de la catástrofe y de que se trataba de una lucha de años; es decir, cuando podía creerse que las cosas iban a pasar tal y como lo tenían previsto, preparado y acordado, colosal y científicamente, el gran estado mayor del Kaiser, especialista en guerra; y el cual estado mayor, por boca de uno de sus generales, declaraba, antes de provocar la pugna, que en la próxima guerra —en "ésta"— "Francia debe ser aplastada tan completamente, que en adelante no pueda interponerse en el camino de Alemania".
Al producirse el choque del kaiserismo-prusiano —una fórmula de filosofía de la historia para la dominación— con Francia y la democracia francesa, unos por instinto<noinclude></noinclude>
ndoik9ea18jjp5tdh59qigcv5xwpg6u
Página:Actitud ética ante la guerra y la paz - bdh0000308582.pdf/33
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Superzerocool
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Superzerocool" />{{CP||ACTITUD ÉTICA ANTE LA GUERRA Y LA PAZ|27}}</noinclude>y otros en virtud de seria y calculada reflexión, los pueblos "neutrales" se apresuraron a colocarse en el lugar que les correspondía en consonancia con su ideología y con sus inclinaciones o pasiones políticas. No era fácil la vacilación, dada la violencia y la significación del choque: salvo para contadísimos espíritus fríos, o desesperadamente escépticos, o demasiado analíticos, que hayan tenido la extraordinaria serenidad necesaria para distraerse en hacer sutiles distingos.
De ahí las "filias" y las "fobias" que inmediatamente surgieron, y el que cada cual adoptase la que mejor cuadraba a lo que ya llevaba dentro: era fatal la división: no se trataba de ningún espectáculo frívolo; ni solo ni para nadie, de un simple espectáculo. La historia iba a hacer crisis total en dos sentidos : en extensión y en profundidad; en las “masas” y en los "valores"; las corrientes que venían formándose y cultivándose en el espíritu de los pueblos, a veces con arte de soberana eficacia, hasta conquistar, como se ha visto, el sentir íntimo de las gentes, chocaban al fin, y al chocar, como por encanto, separáronse las almas, agrupándose en los campos distintos, contrarios, de enemigos, mientras los beligerantes se lanzaban, como fieras, unos contra otros. El día aquel en que el Kaiser desencadenó los elementos desde su palacio de Potsdam inicióse, sin más, la gran guerra "civil" en la humanidad entera.
Que ése es el carácter propio de esta guerra ultrainternacional, y por reacción "civil", de "todos contra todos" los miembros de la gran comunidad humana. Porque en este formidable choque no hay que ver sólo la lucha clásica entre pueblos. La solidaridad humana debilita las fronteras; el sentimiento de nacionalidad, el<noinclude></noinclude>
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Página:Cuerpo del derecho civil romano a doble texto (IA cuerpodelderechocivilromanoP1T1).pdf/988
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Anderson Cahuana Cutipa
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/* No corregido */ Página creada con «mientras está integro el negocio, que por conve- nio nuestro se anule la compra, y de este modo queda subsistente la compra posterior, como si nin- guna le hubiere precedido . Pero no podremos em- plear la misma razón hecha la segunda compra después de pagado el precio, porque después de pagado el precio no podemos hacer nula la compra. '''3.''' PAULO; ''Comentarios al Edicto, libro XXXIII.'' -La compra y venta, asi como se verifica por el consentimiento,…
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<noinclude><pagequality level="1" user="Anderson Cahuana Cutipa" />{{crv|920|Digesto.— Libro XVII: TITULO V}}
{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>mientras está integro el negocio, que por conve-
nio nuestro se anule la compra, y de este modo
queda subsistente la compra posterior, como si nin-
guna le hubiere precedido . Pero no podremos em-
plear la misma razón hecha la segunda compra
después de pagado el precio, porque después de
pagado el precio no podemos hacer nula la compra.
'''3.''' PAULO; ''Comentarios al Edicto, libro XXXIII.''
-La compra y venta, asi como se verifica por el
consentimiento, asi se disuelve por contrario con-
sentimiento , antes que el negocio se haya consu-
mado . Y por esto se preguntó, si el comprador hu-
biere recibido fiador, ó el vendedor hubiere esti-
pulado, si se disolverá la obligación por la nuda
voluntad. Escribió Juliano, que ciertamente no
puede ejercitarse la acción de compra, porque las
excepciones del pacto se hallan comprendidas en
el juicio de buena fe; pero se ha de ver, si tendrá el
fiador la excepción útil. Y opino, que hecho libre
el deudor, también el fiador se hace libre; que asi-
mismo debe ser repelido con excepción el vende-
dor que reclama en virtud de lo estipulado; y que
el mismo derecho hay, si el comprador hubiere
comprendido también la cosa en la estipulación.
'''4.''' PAULO ''nota, Digesto de Juliano, libro VIII.''
-Si se hubiera contratado la compra, por ejemplo,
de una toga, ó de una fuente, y hubiera pactado el
vendedor, que no subsista la comprade una de es-
tas cosas, opino que se disuelve la obligación so-
lamente respecto de esta cosa.
'''5.''' JULIANO; ''Digesto, libro XV.'' - Cuando el
comprador dé por cumplido al vendedor, ó el ven-
dedor al comprador, es manifiesto que la voluntad
de uno y otro trata que haya apartamiento del ne-
gocio, y que se considere lo mismo que si entre
ellos se hubiese convenido que ninguno de los dos
pidiera cosa alguna al otro; pero para que aparez-
ca con más claridad, la aceptilación es válida en es-
te caso, no por su naturaleza, sino por virtud de la
convención .
§ 1. La compra se disuelve por nuda conven-
ción, si el negocio no se hubiere realizado .
§ 2. Pero muerto el esclavo, se ha de conside-
rar la venta lo mismo que si hubiese sido entrega-
do, como quiera que el vendedor quedaria libre, y
el esclavo perecería para el comprador; por lo cual,
si no hubiere mediado justa convención, subsisti-
rán las acciones de compra y venta.
'''6.''' PAULO; ''Comentarios al Edicto, libro II.'' - Si
se convino que la cosa que se vende se devuelva,
si dentro de cierto tiempo hubiese desagradado,
hay la acción de compra, como juzga Sabino, ó se
dá la del hecho, próxima á la de compra.
'''7.''' EL MISMO; ''Cuestiones , libro V.''- Si lo que
compre puramente lo compraste despues bajo con-
dición, no se hace nada en la segunda compra.
§ 1. Si intervino la persona de un pupilo, que
compró antes sin la autoridad del tutor, y después
con la autoridad del tutor, aunque el vendedor ya
se le obligó, sin embargo, como el pupilo no esta-
ba obligado, la renovación de la venta hace que se
hayan obligado mutuamente. Pero si autes hubie-
re intervenido la autoridad del tutor, y después
compró sin la autoridad del tutor, nada se hi-<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude>
n1aasu3sqb8hebcalletvoszvh0ghyx
Página:Cuerpo del derecho civil romano a doble texto (IA cuerpodelderechocivilromanoP1T1).pdf/989
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2026-05-18T00:43:26Z
Anderson Cahuana Cutipa
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/* No corregido */ Página creada con «zo con la segunda compra. Asimismo puede pre guntarse , si hubiere pactado sin la autoridad del tutor, que haya apartamiento de la compra, si será lo mismo que si hubiese comprado desde un principio sinla autoridad del tutor, para que él mis- mo no quede obligado , pero que reclamando él competan las retenciones . Mas no sin razón se di- rá esto, que porque al principio se contrató váli- damente la compra, no es muy conforme a la bue- na fé que se esté à es…
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<noinclude><pagequality level="1" user="Anderson Cahuana Cutipa" />{{crv|921|DIGESTO.-LIBRO XVIII:TÍTULO V}}
{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>zo con la segunda compra. Asimismo puede pre
guntarse , si hubiere pactado sin la autoridad del
tutor, que haya apartamiento de la compra, si
será lo mismo que si hubiese comprado desde un
principio sinla autoridad del tutor, para que él mis-
mo no quede obligado , pero que reclamando él
competan las retenciones . Mas no sin razón se di-
rá esto, que porque al principio se contrató váli-
damente la compra, no es muy conforme a la bue-
na fé que se esté à este pacto, que sea capcioso
para otro ; y mayormente si hubiera sido engañado
por justo error.
'''8.''' SCÉVOLA; ''Respuestas , libro II.'' - Ticio, pro-
curador de Seyo , fallecido Seyo , instituido heredero
por éste, é ignorándolo, suscribió como procurador
la venta que de un fundo hizo un esclavo de la heren-
cia; se preguntó, sabido aquello antes que se per-
feccionase la compra, ¿podrá separarse de la venta?
Respondió , que Ticio , si él mismo no lo vendió , no
queda obligado a las acciones civiles porque había
suscrito , al venderlo el esclavo, pero que se obliga
por la acción pretoria en nombre del esclavo.
'''9.''' EL MISMO; ''Digesto, libro IV.''-Un fundo, que
era de Lucio Ticio, fué,vendido por causa del tri-
buto á la República; pero habiendo manifestado el
deudor Lucio Ticio , que él estaba dispuesto a pa-
gar integro el tributo, habiéndose vendido el fun-
do en menor suma de la que fuese debida, el Pre-
sidente de la provincia rescindió la venta, y mandó
que fuese aquel restituido á Lucio Ticio; se pre-
guntó, ¿después de la sentencia del Presidente, an-
tes que fuese restituido, estaria el fundo comprado
en los bienes de Lucio Ticio? Respondió , que no,
antes que se hubiese entregado el precio al com-
prador, ó que se hubiese pagado el tributo, si aún
no se hubiese pagado el precio por el comprador .
'''10.''' EL MISMO; ''Digesto , libro VII.'' - Seyo com-
pró de Lucio Ticio un fundo habiendo expresado
el pacto , de que si hasta cierto día no hubiese pa-
gado el precio, se tuviese la cosa por no compra-
da. Seyo , habiendo pagado al contado parte del
precio, fallecido el vendedor, y habiendo sido nom-
brado él mismo tutor de los hijos de éste, de edad
pupilar, junto con otros, no entregó a los cotuto-
res el precio conforme al pacto , ni lo puso en las
cuentas de la tutela; se preguntó , ¿se habria anu-
lado la compra? Respondió, que según lo que se
proponia, se considera como no comprada la cosa.
§ 1. El comprador de unos predios, sospechan-
do que Numeria y Sempronia habian de mover
controversia, pactó con el vendedor, que quedaria
en su poder alguna parte del precio, hasta que por
el vendedor se diese fiador al comprador; después
el vendedor insertó este pacto, que si desde tal dia
no se hubiese pagado todo el dinero , y el vendedor
no quisiera que se hubiesen vendido aquellos pre-
dios, se tuviesen por no vendidos ; entretanto el ven-
dedor venció á una de las mujeres adversarias , y
transiguió con la otra, de tal suerte, que el com-
prador poseyese los predios sin cuestión alguna;
se preguntó, ¿no habiéndose dado fiador, ni ha-
biéndose pagado todo el dinero conforme al pacto
en sus dias, se tendrian por no vendidos los pre-<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude>
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Anderson Cahuana Cutipa
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<noinclude><pagequality level="1" user="Anderson Cahuana Cutipa" />{{crv|921|'''DIGESTO.-LIBRO XVIII:TÍTULO V'''}}
{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>zo con la segunda compra. Asimismo puede pre
guntarse , si hubiere pactado sin la autoridad del
tutor, que haya apartamiento de la compra, si
será lo mismo que si hubiese comprado desde un
principio sinla autoridad del tutor, para que él mis-
mo no quede obligado , pero que reclamando él
competan las retenciones . Mas no sin razón se di-
rá esto, que porque al principio se contrató váli-
damente la compra, no es muy conforme a la bue-
na fé que se esté à este pacto, que sea capcioso
para otro ; y mayormente si hubiera sido engañado
por justo error.
'''8.''' SCÉVOLA; ''Respuestas , libro II.'' - Ticio, pro-
curador de Seyo , fallecido Seyo , instituido heredero
por éste, é ignorándolo, suscribió como procurador
la venta que de un fundo hizo un esclavo de la heren-
cia; se preguntó, sabido aquello antes que se per-
feccionase la compra, ¿podrá separarse de la venta?
Respondió , que Ticio , si él mismo no lo vendió , no
queda obligado a las acciones civiles porque había
suscrito , al venderlo el esclavo, pero que se obliga
por la acción pretoria en nombre del esclavo.
'''9.''' EL MISMO; ''Digesto, libro IV.''-Un fundo, que
era de Lucio Ticio, fué,vendido por causa del tri-
buto á la República; pero habiendo manifestado el
deudor Lucio Ticio , que él estaba dispuesto a pa-
gar integro el tributo, habiéndose vendido el fun-
do en menor suma de la que fuese debida, el Pre-
sidente de la provincia rescindió la venta, y mandó
que fuese aquel restituido á Lucio Ticio; se pre-
guntó, ¿después de la sentencia del Presidente, an-
tes que fuese restituido, estaria el fundo comprado
en los bienes de Lucio Ticio? Respondió , que no,
antes que se hubiese entregado el precio al com-
prador, ó que se hubiese pagado el tributo, si aún
no se hubiese pagado el precio por el comprador .
'''10.''' EL MISMO; ''Digesto , libro VII.'' - Seyo com-
pró de Lucio Ticio un fundo habiendo expresado
el pacto , de que si hasta cierto día no hubiese pa-
gado el precio, se tuviese la cosa por no compra-
da. Seyo , habiendo pagado al contado parte del
precio, fallecido el vendedor, y habiendo sido nom-
brado él mismo tutor de los hijos de éste, de edad
pupilar, junto con otros, no entregó a los cotuto-
res el precio conforme al pacto , ni lo puso en las
cuentas de la tutela; se preguntó , ¿se habria anu-
lado la compra? Respondió, que según lo que se
proponia, se considera como no comprada la cosa.
§ 1. El comprador de unos predios, sospechan-
do que Numeria y Sempronia habian de mover
controversia, pactó con el vendedor, que quedaria
en su poder alguna parte del precio, hasta que por
el vendedor se diese fiador al comprador; después
el vendedor insertó este pacto, que si desde tal dia
no se hubiese pagado todo el dinero , y el vendedor
no quisiera que se hubiesen vendido aquellos pre-
dios, se tuviesen por no vendidos ; entretanto el ven-
dedor venció á una de las mujeres adversarias , y
transiguió con la otra, de tal suerte, que el com-
prador poseyese los predios sin cuestión alguna;
se preguntó, ¿no habiéndose dado fiador, ni ha-
biéndose pagado todo el dinero conforme al pacto
en sus dias, se tendrian por no vendidos los pre-<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude>
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{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>zo con la segunda compra. Asimismo puede pre
guntarse , si hubiere pactado sin la autoridad del
tutor, que haya apartamiento de la compra, si
será lo mismo que si hubiese comprado desde un
principio sinla autoridad del tutor, para que él mis-
mo no quede obligado , pero que reclamando él
competan las retenciones . Mas no sin razón se di-
rá esto, que porque al principio se contrató váli-
damente la compra, no es muy conforme a la bue-
na fé que se esté à este pacto, que sea capcioso
para otro ; y mayormente si hubiera sido engañado
por justo error.
'''8.''' SCÉVOLA; ''Respuestas , libro II.'' - Ticio, pro-
curador de Seyo , fallecido Seyo , instituido heredero
por éste, é ignorándolo, suscribió como procurador
la venta que de un fundo hizo un esclavo de la heren-
cia; se preguntó, sabido aquello antes que se per-
feccionase la compra, ¿podrá separarse de la venta?
Respondió , que Ticio , si él mismo no lo vendió , no
queda obligado a las acciones civiles porque había
suscrito , al venderlo el esclavo, pero que se obliga
por la acción pretoria en nombre del esclavo.
'''9.''' EL MISMO; ''Digesto, libro IV.''-Un fundo, que
era de Lucio Ticio, fué,vendido por causa del tri-
buto á la República; pero habiendo manifestado el
deudor Lucio Ticio , que él estaba dispuesto a pa-
gar integro el tributo, habiéndose vendido el fun-
do en menor suma de la que fuese debida, el Pre-
sidente de la provincia rescindió la venta, y mandó
que fuese aquel restituido á Lucio Ticio; se pre-
guntó, ¿después de la sentencia del Presidente, an-
tes que fuese restituido, estaria el fundo comprado
en los bienes de Lucio Ticio? Respondió , que no,
antes que se hubiese entregado el precio al com-
prador, ó que se hubiese pagado el tributo, si aún
no se hubiese pagado el precio por el comprador .
'''10.''' EL MISMO; ''Digesto , libro VII.'' - Seyo com-
pró de Lucio Ticio un fundo habiendo expresado
el pacto , de que si hasta cierto día no hubiese pa-
gado el precio, se tuviese la cosa por no compra-
da. Seyo , habiendo pagado al contado parte del
precio, fallecido el vendedor, y habiendo sido nom-
brado él mismo tutor de los hijos de éste, de edad
pupilar, junto con otros, no entregó a los cotuto-
res el precio conforme al pacto , ni lo puso en las
cuentas de la tutela; se preguntó , ¿se habria anu-
lado la compra? Respondió, que según lo que se
proponia, se considera como no comprada la cosa.
§ 1. El comprador de unos predios, sospechan-
do que Numeria y Sempronia habian de mover
controversia, pactó con el vendedor, que quedaria
en su poder alguna parte del precio, hasta que por
el vendedor se diese fiador al comprador; después
el vendedor insertó este pacto, que si desde tal dia
no se hubiese pagado todo el dinero , y el vendedor
no quisiera que se hubiesen vendido aquellos pre-
dios, se tuviesen por no vendidos ; entretanto el ven-
dedor venció á una de las mujeres adversarias , y
transiguió con la otra, de tal suerte, que el com-
prador poseyese los predios sin cuestión alguna;
se preguntó, ¿no habiéndose dado fiador, ni ha-
biéndose pagado todo el dinero conforme al pacto
en sus dias, se tendrian por no vendidos los pre-<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude>
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{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>zo con la segunda compra. Asimismo puede pre
guntarse , si hubiere pactado sin la autoridad del
tutor, que haya apartamiento de la compra, si
será lo mismo que si hubiese comprado desde un
principio sinla autoridad del tutor, para que él mis-
mo no quede obligado , pero que reclamando él
competan las retenciones . Mas no sin razón se di-
rá esto, que porque al principio se contrató váli-
damente la compra, no es muy conforme a la bue-
na fé que se esté à este pacto, que sea capcioso
para otro ; y mayormente si hubiera sido engañado
por justo error.
'''8.''' SCÉVOLA; ''Respuestas , libro II.'' - Ticio, pro-
curador de Seyo , fallecido Seyo , instituido heredero
por éste, é ignorándolo, suscribió como procurador
la venta que de un fundo hizo un esclavo de la heren-
cia; se preguntó, sabido aquello antes que se per-
feccionase la compra, ¿podrá separarse de la venta?
Respondió , que Ticio , si él mismo no lo vendió , no
queda obligado a las acciones civiles porque había
suscrito , al venderlo el esclavo, pero que se obliga
por la acción pretoria en nombre del esclavo.
'''9.''' EL MISMO; ''Digesto, libro IV.''-Un fundo, que
era de Lucio Ticio, fué,vendido por causa del tri-
buto á la República; pero habiendo manifestado el
deudor Lucio Ticio , que él estaba dispuesto a pa-
gar integro el tributo, habiéndose vendido el fun-
do en menor suma de la que fuese debida, el Pre-
sidente de la provincia rescindió la venta, y mandó
que fuese aquel restituido á Lucio Ticio; se pre-
guntó, ¿después de la sentencia del Presidente, an-
tes que fuese restituido, estaria el fundo comprado
en los bienes de Lucio Ticio? Respondió , que no,
antes que se hubiese entregado el precio al com-
prador, ó que se hubiese pagado el tributo, si aún
no se hubiese pagado el precio por el comprador .
'''10.''' EL MISMO; ''Digesto , libro VII.'' - Seyo com-
pró de Lucio Ticio un fundo habiendo expresado
el pacto , de que si hasta cierto día no hubiese pa-
gado el precio, se tuviese la cosa por no compra-
da. Seyo , habiendo pagado al contado parte del
precio, fallecido el vendedor, y habiendo sido nom-
brado él mismo tutor de los hijos de éste, de edad
pupilar, junto con otros, no entregó a los cotuto-
res el precio conforme al pacto , ni lo puso en las
cuentas de la tutela; se preguntó , ¿se habria anu-
lado la compra? Respondió, que según lo que se
proponia, se considera como no comprada la cosa.
§ 1. El comprador de unos predios, sospechan-
do que Numeria y Sempronia habian de mover
controversia, pactó con el vendedor, que quedaria
en su poder alguna parte del precio, hasta que por
el vendedor se diese fiador al comprador; después
el vendedor insertó este pacto, que si desde tal dia
no se hubiese pagado todo el dinero , y el vendedor
no quisiera que se hubiesen vendido aquellos pre-
dios, se tuviesen por no vendidos ; entretanto el ven-
dedor venció á una de las mujeres adversarias , y
transiguió con la otra, de tal suerte, que el com-
prador poseyese los predios sin cuestión alguna;
se preguntó, ¿no habiéndose dado fiador, ni ha-
biéndose pagado todo el dinero conforme al pacto
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{{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>zo con la segunda compra. Asimismo puede pre
guntarse , si hubiere pactado sin la autoridad del
tutor, que haya apartamiento de la compra, si
será lo mismo que si hubiese comprado desde un
principio sinla autoridad del tutor, para que él mis-
mo no quede obligado , pero que reclamando él
competan las retenciones . Mas no sin razón se di-
rá esto, que porque al principio se contrató váli-
damente la compra, no es muy conforme a la bue-
na fé que se esté à este pacto, que sea capcioso
para otro ; y mayormente si hubiera sido engañado
por justo error.
'''8.''' SCÉVOLA; ''Respuestas , libro II.'' - Ticio, pro-
curador de Seyo , fallecido Seyo , instituido heredero
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la venta que de un fundo hizo un esclavo de la heren-
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feccionase la compra, ¿podrá separarse de la venta?
Respondió , que Ticio , si él mismo no lo vendió , no
queda obligado a las acciones civiles porque había
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'''9.''' EL MISMO; ''Digesto, libro IV.''-Un fundo, que
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sidente de la provincia rescindió la venta, y mandó
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antes que se hubiese entregado el precio al com-
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no se hubiese pagado el precio por el comprador .
'''10.''' EL MISMO; ''Digesto , libro VII.'' - Seyo com-
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da. Seyo , habiendo pagado al contado parte del
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brado él mismo tutor de los hijos de éste, de edad
pupilar, junto con otros, no entregó a los cotuto-
res el precio conforme al pacto , ni lo puso en las
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lado la compra? Respondió, que según lo que se
proponia, se considera como no comprada la cosa.
§ 1. El comprador de unos predios, sospechan-
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controversia, pactó con el vendedor, que quedaria
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el vendedor se diese fiador al comprador; después
el vendedor insertó este pacto, que si desde tal dia
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Página:La federación - bdh0000287954.pdf/116
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 82 —}}</noinclude>poco quien se haya creido en la necesidad de defenderlo.
Sólo hoy el Sr. Alvarez ha hablado detenidamente de esa soberanía, tomándola por tema de su discurso.
«La soberanía nacional, ha dicho el Sr. Alvarez, tiene dos aspectos, uno positivo, otro negativo. Bajo el punto de vista negativo es la antítesis del derecho divino y significa que los pueblos no son patrimonio de casta alguna y tienen el derecho de destruir los poderes creados, siempre que éstos sean un obstáculo á su marcha, violen las leyes y traten de impedir el progreso. Bajo el punto de vista afirmativo no es la soberanía nacional más que la intervencion de los pueblos en la gestion suprema de los negocios públicos; ó en otros términos, la facultad de gobernarse por sí mismos.»
Examinándolo detenidamente, no ha hecho más el Sr. Alvarez que darnos una explicacion analítica de lo que es la soberanía nacional; y en esa explicacion nada encuentro en verdad que no podamos aceptar todos, hasta los que nos sentamos en estos bancos.
Mas el Sr. Alvarez no ha limitado aquí sus afirmaciones. Ha dicho que es preciso no confundir la teoría de la soberanía nacional con la del poder, idea verdaderamente nueva. El poder, para el Sr. Alvarez, es, segun parece, un hecho social, espontáneo, no una creacion del hombre; es algo que se impone á la sociedad, algo que, por decirlo así, es condicion de vida de la sociedad misma. El poder, nace de las entrañas mismas de los pueblos.
Deseo preguntar al Sr. Alvarez qué nos ha querido decir con esto, porque si entiende que el poder no es una creacion hija del antojo ni del capricho del hombre, estoy de acuerdo con S. S.; mas si nos ha querido<noinclude></noinclude>
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Página:La federación - bdh0000287954.pdf/117
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 83 —}}</noinclude>decir que no emana de la sociedad, no puedo en manera alguna aceptar su teoría. Si el poder no debe ser considerado como creacion de la sociedad, es evidentemente la negacion de la soberanía nacional; tanto, que se va a parar en que no puede nunca ser creado por ninguna Asamblea.
No creía sin duda esto el Sr. Alvarez, toda vez que nos ha estado diciendo que hay necesidad de adoptar la forma monárquica y llamar una dinastía que venga á reemplazar la que hemos derribado, cosa que es afirmar implícitamente la creacion de un poder.
El poder, desengáñese el Sr. Alvarez, aunque en realidad tiene algo de místico y de impalpable, cuando se le examina en las sociedades primitivas, á las cuales no alcanza la luz de la historia; en las sociedades, por decirlo así, históricas, lo vemos siempre nacer ó de la fuerza o de la voluntad de los pueblos. Cuando este poder emana de la fuerza, es decir, de la victoria, toma cierto carácter de divino; mas desde el momento en que es hijo del consentimiento expreso ó tácito de los pueblos, pierde su primitivo carácter, y no es más que una emanacion directa de la soberanía nacional.
Si otra cosa creyese el Sr. Alvarez, deberia aceptar, no la teoría que aquí seguimos, sino la de los absolutistas, teoria que no creo admita el Sr. Alvarez.
Hechas estas observaciones, entro de lleno en el artículo 33, es decir, en el que establece que la forma de gobierno de la nación española es la monarquía.
No se puede hallar, en verdad, un artículo escrito con más precision; y sin embargo, cuando se le examina y se le compara con el resto del Código, ¡qué série de contradicciones! Se acaba de consignar la soberanía de la Nacion, y enfrente de esa soberanía se<noinclude></noinclude>
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Página:La federación - bdh0000287954.pdf/118
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 84 —}}</noinclude>levanta la de un rey, de una familia, de una dinastía, que con arreglo al proyecto que se discute podrá disponer de las fuerzas terrestres y marítimas, declarar la guerra, llevar la Nacion á las más aventuradas empresas, convocar el Parlamento, suspenderlo una vez por legislatura, disolverlo con solo la limitacion de convocar otro para dentro de tres meses.
Esta contradiccion, que han hecho ver ya otros oradores de estos bancos, no es la única ni tampoco la más importante.
Antiguamente estaba dividida la humanidad en castas, y en ellas estaban vinculadas las diversas funciones sociales. En una estaban de ordinario vinculadas las funciones del Gobierno, en otra las funciones sacerdotales, en otra las mecánicas.
Estas castas, que al parecer no existieron sino en las antiguas edades, se han venido reproduciendo con más ó ménos suaves formas hasta la Edad Media y aún hasta nuestros tiempos. Durante la Edad Media hubo nobles, sacerdotes y pecheros, constituyendo bajo el nombre de estados ó clases, verdaderas castas. A medida que la libertad ha ido creciendo y la civilizacion desarrollándose, han perdido esas castas gran parte de su antigno poderío, y hoy apenas si quedan restos de tan injustificadas distinciones.
En la Constitucion de 1845, que regia antes de la revolucion de Setiembre, existia aún algo de eзая castas. Por ella habia un Senado en que se sentaban ciertos nobles por derecho propio, recuerdo indudablemente del antiguo régimen. Lo habeis borrado vosotros en el proyecto que discutimos llamando al Senado á todas las primeras magistraturas del país, á los que por una sola vez hayan sido diputados en Cortes soberanas y aun á los primeros contribuyentes, sin<noinclude></noinclude>
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Página:La federación - bdh0000287954.pdf/119
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 85 —}}</noinclude>que concedais á nadie la facultad de sentarse en él por derecho propio. ¿Cómo habiendo borrado de los cuerpos colegisladores hasta el último recuerdo de las castas, conservais este régimen para la primera magistratura de la Nacion? ¿Cómo estableceis que esa magistratura esté vinculada en una familia? ¿Cabe mayor contradiccion en el fondo de vuestro proyecto?
Habeis cometido todavía otra más grave, más palmaria. Abogais por el régimen de la libertad, quereis establecerlo, y fundais la monarquía hereditaria, os entregais al régimen de la fatalidad. Porque fatalidad es elegir un rey y tener que admitir mañana á su hijo, cualesquiera que sean sus condiciones intelectuales, morales y físicas. ¡Cómo! tratándose de la suerte de la Nacion, ¿vais á entregaros nada ménos que al azar, á la fatalidad, al acaso?
No comprendo en vosotros esta contradiccion, más grande, más terrible, más trascendental que las ya indicadas.
Y no me digais que esas dinastías se sostienen durante siglos á grande altura, gracias á lo ilustre de su origen y á la esmerada educacion que de niños reciben los príncipes; la historia nos demuestra lo contrario. Se observa constantemente cierta degeneracion en esas dinastías. Ahí están para demostrarlo las dos últimas que hemos tenido en España.
Desde el Renacimiento acá hemos sido gobernados por la casa de Austria y la de Borbon. La de Austria principia por un hombre de cierto génio, por Cárlos I, que sueña con la monarquía universal con que soñaron Carlo Magno y Gregorio VII. Está muy por debajo de Cárlos I, su hijo Felipe II; muy por debajo de Felipe II, Felipe III; muy por debajo de Felipe III, Felipe IV. Cuando llegais à Cárlos II, dais ya con un rey imbécil.<noinclude></noinclude>
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Página:La federación - bdh0000287954.pdf/120
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 86 —}}</noinclude>¡Cosa particular! Los retratos de esos reyes están en nuestros museos: no hay más que irlos comparando para ver que á esa degeneracion moral é intelectual corresponde una degeneracion física. Escrita está en sus semblantes esa degeneracion.
Llegamos á la dinastía de los Borbones. No hubo en ella ningun génio político como en la casa de Austria; no hubo más que medianías y vulgaridades. Se sostiene algun tanto en Fernando VI y en Carlos III, declina luego bruscamente en Carlos IV, continúa degenerando en Fernando VII. No tengo necesidad de deciros si está ó no degenerada la raza en este monarca. Adoptado el principio hereditario, teneis que aceptar todas las monstruosidades que os presenta la historia; reyes que, como Fernando VII, empiezan conspirando contra sus progenitores y conspiran luego contra su patria; reyes que, como Enrique de Trastamara, llegan al trono teñidos en la sangre de sus hermanos; reyes que, como Sancho el Bravo, hacen armas contra su propio padre.
Caeis todavia en una contradiccion mayor: exponeis la suerte de nuestro pueblo y la de esa misma libertad de que tan arrogantes os mostrais.
Hay, señores, en el mundo dos principios que se contradicen mútuamente, están en perpétua lucha y, precisamente por estarlo, engendran el movimiento político. Estos dos principios son la autoridad y la libertad.
La monarquía ha sido la más viva encarnacion del principio de autoridad; ha venido á ser en los pueblos lo que la patria potestad en las familias. Así el rey en un principio ha gozado un poder sin límites; ha sido el primer magistrado de la nacion, el primer general de los ejércitos, el primer juez, el primero y único<noinclude></noinclude>
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Página:La federación - bdh0000287954.pdf/121
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 87 —}}</noinclude>propietario, el dueño de la tierra, el árbitro de la suerte de los pueblos. Resolvia el problema de la libertad y el órden, o sea la autoridad, sacrificando la libertad. Mas como la libertad no es un principio inerte sino una fuerza viva, como va creciendo á medida que las relaciones económicas se multiplican, el entendimiento se eleva y la civilizacion se desenvuelve, llega un tiempo en que la libertad entra en lucha con la autoridad; y como la autoridad al determinarse no puede ménos de irse limitando, y al entrar en lucha con la libertad aceptar limitaciones cada vez más graves, vienen momentos en que va cediendo de su antiguo absolutismo.
Pero guardaos bien de creer que esos triunfos sean sólidos, porque las monarquías tienden siempre, como todas las ideas y todas las instituciones, al absolutismo de su origen, segun decia elocuentemente el Sr. Gil Berges. Importa poco que la autoridad monárquica se encuentre limitada un año, tal vez un siglo; trabajará siempre por reconquistar su perdido absolutismo.
Lo habeis visto en nuestra misma patria. Al fin de la Edad Media, la monarquía se encontraba limitada de una parte por el poder feudal, de otra por el poder municipal, de otra por ciertas Cortes que aunque no tenian periodos fijos de convocacion, no dejaban de ejercer grande influencia en los negocios públicos, porque estaban necesariamente llamadas á resolver los negocios de sucesion y votar los subsidios. El poder real, deseoso de deshacerse del feudal, que tanto daba que hacer á D. Pedro, tantas amarguras causó á Enrique III y tan escandaloso fué durante el reinado de Juan II, buscó para derribarlo apoyo en el estado llano; y despues de haberlo conseguido con auxilio del pueblo, volvió las armas contra el pueblo<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 88 —}}</noinclude>mismo, rasgando los fueros municipales, anulando las Cortes y llevando la nacion al más alto grado de absolutismo á que pudo llevársela. Llevó tan allá las cosas que hizo perder la vida al municipio, sustituyendo los alcaldes y regidores de eleccion popular por los alcaldes y regidores perpétuos. Cuando la monarquía se encontró más limitada á consecuencia de la revolucion francesa, que tuvo pronto eco entre nosotros, aumentó naturalmente la resistencia á la limitacion de sus derechos, combatiendo sin tregua las libertades del pueblo.
No tengo necesidad de recordar el reinado de Fernando VII: lo conoceis, por desgracia, todos. Se dice que aquel rey fué ingrato y así lo entiendo; pero hay que tomar en cuenta que obedecia inconscientemente á la ley de la monarquía, á la ley de una institucion que no puede ménos de recordar siempre el absolutismo de su origen.
Lo que ha sucedido en España ha sucedido en todas partes. Importa poco que la monarquía cambie de origen, y en vez de ser de derecho divino sea popular: las monarquías populares han sido tanto ó más despóticas que las de orígen divino. Napoleon, que recogió la corona de Francia entre el polvo de la revolucion francesa, fué uno de los mayores déspotas de la tierra. Un sobrino suyo volvió á recoger la corona del polvo de las barricadas de Diciembre y fué tambien déspota. ¿Vais á buscar una monarquía que no sea la de un soldado? Si Luis Felipe no retrocedió todo lo que deseaba, retrocedió hasta donde se lo permitian las condiciones de vida de su pueblo. Despues de cinco años de reinado, escribió las leyes de Setiembre, leyes que vendrán tambien para nosotros despues de restablecida la monarquía. Cuando esto os han dicho<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 89 —}}</noinclude>otros antes que yo, habeis contestado: «ahí teneis la pueblos de Bélgica y de Inglaterra, donde hay monarquía, y las libertades están, sin embargo, al abrigo de toda amenaza.» Aun cuando este punto histórico haya sido examinado ya bajo diferentes puntos de vista, lo examinaré de nuevo.
El pueblo belga, como dijo elocuentemente el señor Figueras, se encontraba en condiciones especiales. El rey nació allí con el pueblo mismo. Bélgica ha formado siempre parte de otras naciones: en ciertas épocas de Francia, en otras de Holanda, en otras de los Países Bajos, en otras de Austria. Alcanzó su {{corr|indedependencia|independencia}} en 1830, y á pesar de los esfuerzos que ha hecho, está constantemente bajo la amenaza de ser absorbida por otras naciones. Han comprendido sus reyes que de faltar al pacto con su pueblo se exponian á que pueblo y rey cayesen en manos de Francia, y por esto han cumplido su palabra. Si el rey по hubiese permanecido fiel al pacto con su pueblo, si hubiese hollado alguna de las libertades de Bélgica, no habría podido impedir en 1848 que sus súbditos proclamaran la república y se adhirieran á Francia.
En Inglaterra respetan tambien los reyes la Constitucion; pero ya os han contestado voces más antorizadas que esto nace en gran parte de que allí hay una aristocracia poderosa que tiene siempre á raya los ímpetus de la Corona; que aquella Constitucion no ha sido obra de una Asamblea, ni de un dia, antes ha ido desenvolviéndose lentamente en una larga série de siglos; que por otra parte está esa Constitucion arraigada en las costumbres de aquel pueblo. Otra consideracion importante conviene tomar en cuenta, y es que en Inglaterra no hay partidos enemigos de la libertad, no hay un inglés que crea posible limitar los<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 90 —}}</noinclude>derechos individuales, no hay uno que no se sintiese humillado si viese coartada ó violada una de sus libertades. Y qué, ¿es esta la condicion de vuestro pueblo? Tenemos aquí, en este mismo sitio, hombres que apoyados mañana en esta Constitucion, se creerán con derecho a restringir y reprimir las libertades políticas. Tenemos un partido conservador que, lejos de creer que la libertad deba ser absoluta, cree, por lo contrario, que debe ser limitada y proporcionada á la cultura del pueblo. Tenemos un partido tradicionalista que, no sólo cree que la libertad debe ser limitada, sino que la niega, creyendo que la libertad para el error es incompatible con el dogma católico. En un pueblo donde hay partidos enemigos de la libertad, ¿es posible que creais que por escribir los derechos individuales en un papel que llamais Constitucion los teneis ya garantidos? Lo están mucho menos cuando los poneis bajo la garantía de un rey irresponsable, inamovible y hereditario. Nos decís á cada momento que en la minoria no hay sino poetas y soñadores que no ven la realidad de las cosas. Permitidme que os diga que nosotros somos ménos teóricos que vosotros, más conocedores de la realidad, más previsores. A nosotros se nos debe calificar de prácticos, no á vosotros, que censurais nuestra conducta.
Doña Isabel II, segun vosotros, ha trabajado perpétuamente contra los derechos que vosotros otorgásteis. A no haber aquí partidos que se hubiesen prestado á ser sus instrumentos, ¿habria podido limitarlos ni rasgarlos?
¡Ah, señores! Esa reina lo que hacia era aprovecharse de los partidos que limitaban la libertad, y llamarlos al poder luego que un partido liberal habia<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 91 —}}</noinclude>escrito Constituciones más libres y limitado sus prerogativas. ¿Habreis olvidado, los que hicisteis la Constitucion del 56, que se valió de la union liberal para restaurar la del 45? Si los unionistas no se hubieran plegado á los deseos de aquella señora, ¿habria sido posible que la restaurara? Decídmelo en conciencia.
Vosotros, los hombres de la union liberal, prepаráisteis entonces las vías reaccionarias é hicisteis posible la venida de los Narvaez y los Gonzalez Bravo. Creísteis que la reina habia sido ingrata cuando á los tres meses de hecha la Constitucion os echó de Palacio; y creísteis mal porque la reina no hizo entonces más que obedecer á las leyes de la historia. Siempre que un poder da una batalla á otro poder revolucionario y le vence, el vencedor está condenado á retirarse de la vida política y á dejar paso á los partidos reaccionarios.
Volveis á incurrir, sin embargo, en los mismos errores, volveis á caer en las mismas redes. Mañana que venga un rey, los partidos reaccionarios le prestarán su apoyo para rasgar ese pacto que ahora escribís. Si no lo encuentra en la union liberal, lo buscará en el partido moderado, que estará siempre dispuesto á borrar una Constitucion escrita por los partidos revolucionarios.
Grande error cometeis estableciendo la monarquía hereditaria. Decis que es necesario un poder moderador; pero yo os pregunto: ¿de qué quereis que sea moderador ese poder? ¿creeis que ha de serlo de los abusos de la libertad? Creeis entonces que ese poder tiene la facultad de limitarla y destruirla, si así lo exijen las condiciones del país y las necesidades del orden, y negais la sustantividad de los derechos individuales. ¿Pretendeis que debe ser moderador, no de<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CabeceraPágina|centro=— 92 —}}</noinclude>los abusos de la libertad, sino de los abusos y los extravios de las Asambleas? Venís entonces á decir que sobre el criterio de las Asambleas está el de los reyes, y negais la sobaranía del pueblo.
¡Poder moderador! No hay ningun poder que necesite moderar a los demás en un régimen como el que pretendeis establecer; la misma libertad los modera.
Decis tambien que no es posible extirpar de una vez una monarquía que cuenta siglos de existencia; mas si hemos de atenernos siempre á la tradicion, ¿por dónde creeis posible el progreso? Debe la tradicion servirnos para las Constituciones futuras; pero no hemos de seguirla servilmente hasta el punto de decir: ¿ha existido esto durante siglos? pues es preciso que subsista.
Si los adelantos del pueblo han hecho ineficaz la forma de gobierno que antes existia; si como acabais de ver, es incompatible con la libertad, ¿por donde creeis que se debe respetarla?
En lugar de la monarquía, ya lo sabeis, nosotros estableceríamos la república federal.
¿La república federal? direis quizá; ¿por qué no la unitaria? ¿por qué la federal en un país que tiene ya conquistada su unidad?
Preciso será que me explique algo extensamente sobre este punto, me haga cargo de las objeciones que han venido de los bancos de enfrente, y diga algo de nuestra futura Constitucion.
Por de pronto, señores, no soy partidario de las repúblicas unitarias, porque la historia me enseña que estas repúblicas, cuando de grande extension, no viven nunca larga vida. Las de Grecia fueron todas de corta extension. La romana estuvo reducida por siglos al casco de una ciudad, y sólo en sus últimos tiem-<noinclude></noinclude>
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