Wikisource eswikisource https://es.wikisource.org/wiki/Portada MediaWiki 1.47.0-wmf.7 first-letter Medio Especial Discusión Usuario Usuario discusión Wikisource Wikisource discusión Archivo Archivo discusión MediaWiki MediaWiki discusión Plantilla Plantilla discusión Ayuda Ayuda discusión Categoría Categoría discusión Portal Portal discusión Página Página Discusión Índice Índice Discusión Autor Autor discusión TimedText TimedText talk Módulo Módulo discusión Evento Evento discusión Manifiesto Comunista (Roces tr.) 0 1730 1665366 1379699 2026-06-20T18:59:15Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Manifiesto Comunista]] a [[Manifiesto Comunista (Roces tr.)]] sin dejar una redirección: espacio para desambiguar 1379699 wikitext text/x-wiki = Prólogos de Marx y Engels a varias ediciones del Manifiesto = == I - Prólogo de Marx y Engels a la edición alemana de 1872 == La Liga Comunista, una organización obrera internacional, que en las circunstancias de la época -huelga decirlo- sólo podía ser secreta, encargó a los abajo firmantes, en el congreso celebrado en Londres en noviembre de 1847, la redacción de un detallado programa teórico y práctico, destinado a la publicidad, que sirviese de programa del partido. Así nació el Manifiesto, que se reproduce a continuación y cuyo original se remitió a Londres para ser impreso pocas semanas antes de estallar la revolución de febrero. Publicado primeramente en alemán, ha sido reeditado doce veces por los menos en ese idioma en Alemania, Inglaterra y Norteamérica. La edición inglesa no vio la luz hasta 1850, y se publicó en el Red Republican de Londres, traducido por miss Elena Macfarlane, y en 1871 se editaron en Norteamérica no menos de tres traducciones distintas. La versión francesa apareció por vez primera en París poco antes de la insurrección de junio de 1848; últimamente ha vuelto a publicarse en Le Socialiste de Nueva York, y se prepara una nueva traducción. La versión polaca apareció en Londres poco después de la primera edición alemana. La traducción rusa vio la luz en Ginebra en el año sesenta y tantos. Al danés se tradujo a poco de publicarse. Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. La guerra civil en Francia, alocución del Consejo general de la Asociación Obrera Internacional, edición alemana, pág. 51, donde se desarrolla ampliamente esta idea). Huelga, asimismo, decir que la crítica de la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llega hasta 1847, y, finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca de la actitud de los comunistas para con los diversos partidos de la oposición (capítulo IV), aunque sigan siendo exactas en sus líneas generales, están también anticuadas en lo que toca al detalle, por la sencilla razón de que la situación política ha cambiado radicalmente y el progreso histórico ha venido a eliminar del mundo a la mayoría de los partidos enumerados. Sin embargo, el Manifiesto es un documento histórico, que nosotros no nos creemos ya autorizados a modificar. Tal vez una edición posterior aparezca precedida de una introducción que abarque el período que va desde 1847 hasta los tiempos actuales; la presente reimpresión nos ha sorprendido sin dejarnos tiempo para eso. Londres, 24 de junio de 1872. K. MARX. F. ENGELS. == II - Prólogo de Engels a la edición alemana de 1883 == Desgraciadamente, al pie de este prólogo a la nueva edición del Manifiesto ya sólo aparecerá mi firma. Marx, ese hombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe más que a hombre alguno, descansa en el cementerio de Highgate, y sobre su tumba crece ya la primera hierba. Muerto él, sería doblemente absurdo pensar en revisar ni en ampliar el Manifiesto. En cambio, me creo obligado, ahora más que nunca, a consignar aquí, una vez más, para que quede bien patente, la siguiente afirmación: La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx. Y aunque ya no es la primera vez que lo hago constar, me ha parecido oportuno dejarlo estampado aquí, a la cabeza del Manifiesto. Londres, 28 junio 1883. F. ENGELS. ==III - Prólogo de Engels a la edición alemana de 1890== Ve la luz una nueva edición alemana del Manifiesto cuando han ocurrido desde la última diversos sucesos relacionados con este documento que merecen ser mencionados aquí. En 1882 se publicó en Ginebra una segunda traducción rusa, de Vera Sasulichl, precedida de un prologo de Marx y mío. Desgraciadamente, se me ha extraviado el original alemán de este prólogo y no tengo más remedio que volver a traducirlo del ruso, con lo que el lector no saldrá ganando nada. El prólogo dice así: “La primera edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista, traducido por Bakunin, vio la luz poco después de 1860 en la imprenta del Kolokol. En los tiempos que corrían, esta publicación no podía tener para Rusia, a lo sumo, más que un puro valor literario de curiosidad. Hoy las cosas han cambiado. El último capítulo del Manifiesto, titulado “Actitud de los comunistas ante los otros partidos de la oposición”, demuestra mejor que nada lo limitada que era la zona en que, al ver la luz por vez primera este documento (enero de 1848), tenía que actuar el movimiento proletario. En esa zona faltaban, principalmente, dos países: Rusia y los Estados Unidos. Era la época en que Rusia constituía la última reserva magna de la reacción europea y en que la emigración a los Estados Unidos absorbía las energías sobrantes del proletariado de Europa. Ambos países proveían a Europa de primeras materias, a la par que le brindaban mercados para sus productos industriales. Ambos venían a ser, pues, bajo uno u otro aspecto, pilares del orden social europeo. Hoy las cosas han cambiado radicalmente. La emigración europea sirvió precisamente para imprimir ese gigantesco desarrollo a la agricultura norteamericana, cuya concurrencia está minando los cimientos de la grande y la pequeña propiedad inmueble de Europa. Además, ha permitido a los Estados Unidos entregarse a la explotación de sus copiosas fuentes industriales con tal energía y en proporciones tales, que dentro de poco echará por tierra el monopolio industrial de que hoy disfruta la Europa occidental. Estas dos circunstancias repercuten a su vez revolucionariamente sobre la propia América. La pequeña y mediana propiedad del granjero que trabaja su propia tierra sucumbe progresivamente ante la concurrencia de las grandes explotaciones, a la par que en las regiones industriales empieza a formarse un copioso proletariado y una fabulosa concentración de capitales. Pasemos ahora a Rusia. Durante la sacudida revolucionaria de los años 48 y 49, los monarcas europeos, y no sólo los monarcas, sino también los burgueses, aterrados ante el empuje del proletariado, que empezaba a, cobrar por aquel entonces conciencia de su fuerza, cifraban en la intervención rusa todas sus esperanzas. El zar fue proclamado cabeza de la reacción europea. Hoy, este mismo zar se ve apresado en Gatchina como rehén de la revolución y Rusia forma la avanzada del movimiento revolucionario de Europa. El Manifiesto Comunista se proponía por misión proclamar la desaparición inminente e inevitable de la propiedad burguesa en su estado actual. Pero en Rusia nos encontramos con que, coincidiendo con el orden capitalista en febril desarrollo y la propiedad burguesa del suelo que empieza a formarse, más de la mitad de la tierra es propiedad común de los campesinos. Ahora bien -nos preguntamos-, ¿puede este régimen comunal del concejo ruso, que es ya, sin duda, una degeneración del régimen de comunidad primitiva de la tierra, trocarse directamente en una forma más alta de comunismo del suelo, o tendrá que pasar necesariamente por el mismo proceso previo de descomposición que nos revela la historia del occidente de Europa? La única contestación que, hoy por hoy, cabe dar a esa pregunta, es la siguiente: Si la revolución rusa es la señal para la revolución obrera de Occidente y ambas se completan formando una unidad, podría ocurrir que ese régimen comunal ruso fuese el punto de partida para la implantación de una nueva forma comunista de la tierra. Londres, 21 enero 1882.” Por aquellos mismos días, se publicó en Ginebra una nueva traducción polaca con este título: Manifest Kommunistyczny. Asimismo, ha aparecido una nueva traducción danesa, en la “Socialdemokratisk Bibliothek, Köjbenhavn 1885”. Es de lamentar que esta traducción sea incompleta; el traductor se saltó, por lo visto, aquellos pasajes, importantes muchos de ellos, que le parecieron difíciles; además, la versión adolece de precipitaciones en una serie de lugares, y es una lástima, pues se ve que, con un poco más de cuidado, su autor habría realizado un trabajo excelente. En 1886 apareció en Le Socialiste de París una nueva traducción francesa, la mejor de cuantas han visto la luz hasta ahora. Sobre ella se hizo en el mismo año una versión española, publicada primero en El Socialista de Madrid y luego, en tirada aparte, con este título: Manifiesto del Partido Comunista, por Carlos Marx y F. Engels (Madrid, Administración de El Socialista, Hernán Cortés, 8). Como detalle curioso contaré que en 1887 fue ofrecido a un editor de Constantinopla el original de una traducción armenia; pero el buen editor no se atrevió a lanzar un folleto con el nombre de Marx a la cabeza y propuso al traductor publicarlo como obra original suya, a lo que éste se negó. Después de haberse reimpreso repetidas veces varias traducciones norteamericanas más o menos incorrectas, al fin, en 1888, apareció en Inglaterra la primera versión auténtica, hecha por mi amigo Samuel Moore y revisada por él y por mí antes de darla a las prensas. He aquí el título: Manifesto of the Communist Party, by Karl Marx and Frederick Engels. Authorised English Translation, edited and annotated by Frederíck Engels. 1888. London, William Reeves, 185 Flett St. E. C. Algunas de las notas de esta edición acompañan a la presente. El Manifiesto ha tenido sus vicisitudes. Calurosamente acogido a su aparición por la vanguardia, entonces poco numerosa, del socialismo científico -como lo demuestran las diversas traducciones mencionadas en el primer prólogo-, no tardó en pasar a segundo plano, arrinconado por la reacción que se inicia con la derrota de los obreros parisienses en junio de 1848 y anatematizado, por último, con el anatema de la justicia al ser condenados los comunistas por el tribunal de Colonia en noviembre de 1852. Al abandonar la escena Pública, el movimiento obrero que la revolución de febrero había iniciado, queda también envuelto en la penumbra el Manifiesto. Cuando la clase obrera europea volvió a sentirse lo bastante fuerte para lanzarse de nuevo al asalto contra las clases gobernantes, nació la Asociación Obrera Internacional. El fin de esta organización era fundir todas las masas obreras militantes de Europa y América en un gran cuerpo de ejército. Por eso, este movimiento no podía arrancar de los principios sentados en el Manifiesto. No había más remedio que darle un programa que no cerrase el paso a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles ni a los partidarios de Lassalle en Alemania. Este programa con las normas directivas para los estatutos de la Internacional, fue redactado por Marx con una maestría que hasta el propio Bakunin y los anarquistas hubieron de reconocer. En cuanto al triunfo final de las tesis del Manifiesto, Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, fruto obligado de la acción conjunta y de la discusión. Los sucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aún las derrotas que las victorias, no podían menos de revelar al proletariado militante, en toda su desnudez, la insuficiencia de los remedios milagreros que venían empleando e infundir a sus cabezas una mayor claridad de visión para penetrar en las verdaderas condiciones que habían de presidir la emancipación obrera. Marx no se equivocaba. Cuando en 1874 se disolvió la Internacional, la clase obrera difería radicalmente de aquella con que se encontrara al fundarse en 1864. En los países latinos, el proudhonianismo agonizaba, como en Alemania lo que había de específico en el partido de Lassalle, y hasta las mismas tradeuniones inglesas, conservadoras hasta la médula, cambiaban de espíritu, permitiendo al presidente de su congreso, celebrado en Swansea en 1887, decir en nombre suyo: “El socialismo continental ya no nos asusta”. Y en 1887 el socialismo continental se cifraba casi en los principios proclamados por el Manifiesto. La historia de este documento refleja, pues, hasta cierto punto, la historia moderna del movimiento obrero desde 1848. En la actualidad es indudablemente el documento más extendido e internacional de toda la literatura socialista del mundo, el programa que une a muchos millones de trabajadores de todos los países, desde Siberia hasta California. Y, sin embargo, cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimos bautizarlo de Manifiesto socialista. En 1847, el concepto de “socialista” abarcaba dos categorías de personas. Unas eran las que abrazaban diversos sistemas utópicos, y entre ellas se destacaban los owenistas en Inglaterra, y en Francia los fourieristas, que poco a poco habían ido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra formaban los charlatanes sociales de toda laya, los que aspiraban a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remiendos, sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia. Gentes unas y otras ajenas al movimiento obrero, que iban a buscar apoyo para sus teorías a las clases “cultas”. El sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidad de las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformación de la sociedad, se apellidaba comunista. Era un comunismo toscamente delineado, instintivo, vago, pero lo bastante pujante para engendrar dos sistemas utópicos: el del “ícaro” Cabet en Francia y el de Weitling en Alemania. En 1847, el “socialismo” designaba un movimiento burgués, el “comunismo” un movimiento obrero. El socialismo era, a lo menos en el continente, una doctrina presentable en los salones; el comunismo, todo lo contrario. Y como en nosotros era ya entonces firme la convicción de que “la emancipación de los trabajadores sólo podía ser obra de la propia clase obrera”, no podíamos dudar en la elección de título. Más tarde no se nos pasó nunca por las mentes tampoco modificarlo. “¡Proletarios de todos los países, uníos!” Cuando hace cuarenta y dos años lanzamos al mundo estas palabras, en vísperas de la primera revolución de París, en que el proletariado levantó ya sus propias reivindicaciones, fueron muy pocas las voces que contestaron. Pero el 28 de septiembre de 1864, los representantes proletarios de la mayoría de los países del occidente de Europa se reunían para formar la Asociación Obrera Internacional, de tan glorioso recuerdo. Y aunque la Internacional sólo tuviese nueve años de vida, el lazo perenne de unión entre los proletarios de todos los países sigue viviendo con más fuerza que nunca; así lo atestigua, con testimonio irrefutable, el día de hoy. Hoy, primero de Mayo, el proletariado europeo y americano pasa revista por vez primera a sus contingentes puestos en pie de guerra como un ejército único, unido bajo una sola bandera y concentrado en un objetivo: la jornada normal de ocho horas, que ya proclamara la Internacional en el congreso de Ginebra en 1889, y que es menester elevar a ley. El espectáculo del día de hoy abrirá los ojos a los capitalistas y a los grandes terratenientes de todos los países y les hará ver que la unión de los proletarios del mundo es ya un hecho. ¡Ya Marx no vive, para verlo, a mi lado! Londres, 1 de mayo de 1890. F. ENGELS. ==IV - Prólogo de Engels a la edición polaca de 1892== La necesidad de reeditar la versión polaca del Manifiesto Comunista, requiere un comentario. Ante todo, el Manifiesto ha resultado ser, como se proponía, un medio para poner de relieve el desarrollo de la gran industria en Europa. Cuando en un país, cualquiera que él sea, se desarrolla la gran industria brota al mismo tiempo entre los obreros industriales el deseo de explicarse sus relaciones como clase, como la clase de los que viven del trabajo, con la clase de los que viven de la propiedad. En estas circunstancias, las ideas socialistas se extienden entre los trabajadores y crece la demanda del Manifiesto Comunista. En este sentido, el número de ejemplares del Manifiesto que circulan en un idioma dado nos permite apreciar bastante aproximadamente no sólo las condiciones del movimiento obrero de clase en ese país, sino también el grado de desarrollo alcanzado en él por la gran industria. La necesidad de hacer una nueva edición en lengua polaca acusa, por tanto, el continuo proceso de expansión de la industria en Polonia. No puede caber duda acerca de la importancia de este proceso en el transcurso de los diez años que han mediado desde la aparición de la edición anterior. Polonia se ha convertido en una región industrial en gran escala bajo la égida del Estado ruso. Mientras que en la Rusia propiamente dicha la gran industria sólo se ha ido manifestando esporádicamente (en las costas del golfo de Finlandia, en las provincias centrales de Moscú y Vladimiro, a lo largo de las costas del mar Negro y del mar de Azov), la industria polaca se ha concentrado dentro de los confines de un área limitada, experimentando a la par las ventajas y los inconvenientes de su situación. Estas ventajas no pasan inadvertidas para los fabricantes rusos; por eso alzan el grito pidiendo aranceles protectores contra las mercancías polacas, a despecho de su ardiente anhelo de rusificación de Polonia. Los inconvenientes (que tocan por igual los industriales polacos y el Gobierno ruso) consisten en la rápida difusión de las ideas socialistas entre los obreros polacos y en una demanda sin precedente del Manifiesto Comunista. El rápido desarrollo de la industria polaca (que deja atrás con mucho a la de Rusia) es una clara prueba de las energías vitales inextinguibles del pueblo polaco y una nueva garantía de su futuro renacimiento. La creación de una Polonia fuerte e independiente no interesa sólo al pueblo polaco, sino a todos y cada uno de nosotros. Sólo podrá establecerse una estrecha colaboración entre los obreros todos de Europa si en cada país el pueblo es dueño dentro de su propia casa. Las revoluciones de 1848 que, aunque reñidas bajo la bandera del proletariado, solamente llevaron a los obreros a la lucha para sacar las castañas del fuego a la burguesía, acabaron por imponer, tomando por instrumento a Napoleón y a Bismarck (a los enemigos de la revolución), la independencia de Italia, Alemania y Hungría. En cambio, a Polonia, que en 1791 hizo por la causa revolucionaria más que estos tres países juntos, se la dejó sola cuando en 1863 tuvo que enfrentarse con el poder diez veces más fuerte de Rusia. La nobleza polaca ha sido incapaz para mantener, y lo será también para restaurar, la independencia de Polonia. La burguesía va sintiéndose cada vez menos interesada en este asunto. La independencia polaca sólo podrá ser conquistada por el proletariado joven, en cuyas manos está la realización de esa esperanza. He ahí por qué los obreros del occidente de Europa no están menos interesados en la liberación de Polonia que los obreros polacos mismos. Londres, 10 de febrero 1892. F. ENGELS ==V - Prólogo de Engels a la edición italiana de 1893== La publicación del Manifiesto del Partido Comunista coincidió (si puedo expresarme así), con el momento en que estallaban las revoluciones de Milán y de Berlín, dos revoluciones que eran el alzamiento de dos pueblos: uno enclavado en el corazón del continente europeo y el otro tendido en las costas del mar Mediterráneo. Hasta ese momento, estos dos pueblos, desgarrados por luchas intestinas y guerras civiles, habían sido presa fácil de opresores extranjeros. Y del mismo modo que Italia estaba sujeta al dominio del emperador de Austria, Alemania vivía, aunque esta sujeción fuese menos patente, bajo el yugo del zar de todas las Rusias. La revolución del 18 de marzo emancipó a Italia y Alemania al mismo tiempo de este vergonzoso estado de cosas. Si después, durante el período que va de 1848 a 1871, estas dos grandes naciones permitieron que la vieja situación fuese restaurada, haciendo hasta cierto punto de “traidores de sí mismas”, se debió (como dijo Marx) a que los mismos que habían inspirado la revolución de 1848 se convirtieron, a despecho suyo, en sus verdugos. La revolución fue en todas partes obra de las clases trabajadoras: fueron los obreros quienes levantaron las barricadas y dieron sus vidas luchando por la causa. Sin embargo, solamente los obreros de París, después de derribar el Gobierno, tenían la firme y decidida intención de derribar con él a todo el régimen burgués. Pero, aunque abrigaban una conciencia muy clara del antagonismo irreductible que se alzaba entre su propia clase y la burguesía, el desarrollo económico del país y el desarrollo intelectual de las masas obreras francesas no habían alcanzado todavía el nivel necesario para que pudiese triunfar una revolución socialista. Por eso, a la postre, los frutos de la revolución cayeron en el regazo de la clase capitalista. En otros países, como en Italia, Austria y Alemania, los obreros se limitaron desde el primer momento de la revolución a ayudar a la burguesía a tomar el Poder. En cada uno de estos países el gobierno de la burguesía sólo podía triunfar bajo la condición de la independencia nacional. Así se explica que las revoluciones del año 1848 condujesen inevitablemente a la unificación de los pueblos dentro de las fronteras nacionales y a su emancipación del yugo extranjero, condiciones que, hasta allí, no habían disfrutado. Estas condiciones son hoy realidad en Italia, en Alemania y en Hungría. Y a estos países seguirá Polonia cuando la hora llegue. Aunque las revoluciones de 1848 no tenían carácter socialista, prepararon, sin embargo, el terreno para el advenimiento de la revolución del socialismo. Gracias al poderoso impulso que estas revoluciones imprimieron a la gran producción en todos los países, la sociedad burguesa ha ido creando durante los últimos cuarenta y cinco años un vasto, unido y potente proletariado, engendrando con él (como dice el Manifiesto Comunista) a sus propios enterradores. La unificación internacional del proletariado no hubiera sido posible, ni la colaboración sobria y deliberada de estos países en el logro de fines generales, si antes no hubiesen conquistado la unidad y la independencia nacionales, si hubiesen seguido manteniéndose dentro del aislamiento. Intentemos representarnos, si podemos, el papel que hubieran hecho los obreros italianos, húngaros, alemanes, polacos y rusos luchando por su unión internacional bajo las condiciones políticas que prevalecían hacia el año 1848. Las batallas reñidas en el 48 no fueron, pues, reñidas en balde. Ni han sido vividos tampoco en balde los cuarenta y cinco años que nos separan de la época revolucionaria. Los frutos de aquellos días empiezan a madurar, y hago votos porque la publicación de esta traducción italiana del Manifiesto sea heraldo del triunfo del proletariado italiano, como la publicación del texto primitivo lo fue de la revolución internacional. El Manifiesto rinde el debido homenaje a los servicios revolucionarios prestados en otro tiempo por el capitalismo. Italia fue la primera nación que se convirtió en país capitalista. El ocaso de la Edad Media feudal y la aurora de la época capitalista contemporánea vieron aparecer en escena una figura gigantesca. Dante fue al mismo tiempo el último poeta de la Edad Media y el primer poeta de la nueva era. Hoy, como en 1300, se alza en el horizonte una nueva época. ¿Dará Italia al mundo otro Dante, capaz de cantar el nacimiento de la nueva era, de la era proletaria? Londres, 1 de febrero de 1893. F. ENGELS =Manifiesto del Partido Comunista= Por K. Marx & F. Engels Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes. No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo. De este hecho se desprenden dos consecuencias: La primera es que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas. La segunda, que es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su partido. Con este fin se han congregado en Londres los representantes comunistas de diferentes países y redactado el siguiente Manifiesto, que aparecerá en lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa. ==Burgueses y proletarios== Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes. En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos, dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones. La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas. Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado. De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía. El descubrimiento de América, la circunnavegación de Africa abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición. El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller. Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo. Ya no bastaba tampoco la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción. La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos. La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra. A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media. Vemos, pues, que la moderna burguesía es, como lo fueron en su tiempo las otras clases, producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimen de cambio y de producción. A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político. Clase oprimida bajo el mando de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna” una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipales independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo. Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa. La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación. La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia. La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares. La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas. La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás. La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones. La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal. La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza. La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad. Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural. Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente. La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera. En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción? Hemos visto que los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal. Cuando estos medios de transporte y de producción alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el régimen feudal de la propiedad, no correspondían ya al estado progresivo de las fuerzas productivas. Obstruían la producción en vez de fomentarla. Se habían convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento. Era menester hacerlas saltar, y saltaron. Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica y política de la clase burguesa. Pues bien: ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculo semejante. Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía. Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas. Las armas con que la burguesía derribó al feudalismo se vuelven ahora contra ella. Y la burguesía no sólo forja las armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios. En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, esa clase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta a incremento el capital. El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado. La extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. El trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje. Por eso, los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y para perpetuar su raza. Y ya se sabe que el precio de una mercancía, y como una de tantas el trabajo, equivale a su coste de producción. Cuanto más repelente es el trabajo, tanto más disminuye el salario pagado al obrero. Más aún: cuanto más aumentan la maquinaria y la división del trabajo, tanto más aumenta también éste, bien porque se alargue la jornada, bien porque se intensifique el rendimiento exigido, se acelere la marcha de las máquinas, etc. La industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista. Las masas obreras concentradas en la fábrica son sometidas a una organización y disciplina militares. Los obreros, soldados rasos de la industria, trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficiales y jefes. No son sólo siervos de la burguesía y del Estado burgués, sino que están todos los días y a todas horas bajo el yugo esclavizador de la máquina, del contramaestre, y sobre todo, del industrial burgués dueño de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino, más execrable, más indignante, cuanta mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro. Cuanto menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria, también es mayor la proporción en que el trabajo de la mujer y el niño desplaza al del hombre. Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo. Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste. Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dado su fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otros representantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc. Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas, artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción. Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado. El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse. Pero su lucha contra la burguesía data del instante mismo de su existencia. Al principio son obreros aislados; luego, los de una fábrica; luego, los de todas una rama de trabajo, los que se enfrentan, en una localidad, con el burgués que personalmente los explota. Sus ataques no van sólo contra el régimen burgués de producción, van también contra los propios instrumentos de la producción; los obreros, sublevados, destruyen las mercancías ajenas que les hacen la competencia, destrozan las máquinas, pegan fuego a las fábricas, pugnan por volver a la situación, ya enterrada, del obrero medieval. En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masas de obreros no son todavía fruto de su propia unión, sino fruto de la unión de la burguesía, que para alcanzar sus fines políticos propios tiene que poner en movimiento -cosa que todavía logra- a todo el proletariado. En esta etapa, los proletarios no combaten contra sus enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los grandes señores de la tierra, los burgueses no industriales, los pequeños burgueses. La marcha de la historia está toda concentrada en manos de la burguesía, y cada triunfo así alcanzado es un triunfo de la clase burguesa. Sin embargo, el desarrollo de la industria no sólo nutre las filas del proletariado, sino que las aprieta y concentra; sus fuerzas crecen, y crece también la conciencia de ellas. Y al paso que la maquinaria va borrando las diferencias y categorías en el trabajo y reduciendo los salarios casi en todas partes a un nivel bajísimo y uniforme, van nivelándose también los intereses y las condiciones de vida dentro del proletariado. La competencia, cada vez más aguda, desatada entre la burguesía, y las crisis comerciales que desencadena, hacen cada vez más inseguro el salario del obrero; los progresos incesantes y cada día más veloces del maquinismo aumentan gradualmente la inseguridad de su existencia; las colisiones entre obreros y burgueses aislados van tomando el carácter, cada vez más señalado, de colisiones entre dos clases. Los obreros empiezan a coaligarse contra los burgueses, se asocian y unen para la defensa de sus salarios. Crean organizaciones permanentes para pertrecharse en previsión de posibles batallas. De vez en cuando estallan revueltas y sublevaciones. Los obreros arrancan algún triunfo que otro, pero transitorio siempre. El verdadero objetivo de estas luchas no es conseguir un resultado inmediato, sino ir extendiendo y consolidando la unión obrera. Coadyuvan a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación, creados por la gran industria y que sirven para poner en contacto a los obreros de las diversas regiones y localidades. Gracias a este contacto, las múltiples acciones locales, que en todas partes presentan idéntico carácter, se convierten en un movimiento nacional, en una lucha de clases. Y toda lucha de clases es una acción política. Las ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, necesitaron siglos enteros para unirse con las demás; el proletariado moderno, gracias a los ferrocarriles, ha creado su unión en unos cuantos años. Esta organización de los proletarios como clase, que tanto vale decir como partido político, se ve minada a cada momento por la concurrencia desatada entre los propios obreros. Pero avanza y triunfa siempre, a pesar de todo, cada vez más fuerte, más firme, más pujante. Y aprovechándose de las discordias que surgen en el seno de la burguesía, impone la sanción legal de sus intereses propios. Así nace en Inglaterra la ley de la jornada de diez horas. Las colisiones producidas entre las fuerzas de la antigua sociedad imprimen nuevos impulsos al proletariado. La burguesía lucha incesantemente: primero, contra la aristocracia; luego, contra aquellos sectores de la propia burguesía cuyos intereses chocan con los progresos de la industria, y siempre contra la burguesía de los demás países. Para librar estos combates no tiene más remedio que apelar al proletariado, reclamar su auxilio, arrastrándolo así a la palestra política. Y de este modo, le suministra elementos de fuerza, es decir, armas contra sí misma. Además, como hemos visto, los progresos de la industria traen a las filas proletarias a toda una serie de elementos de la clase gobernante, o a lo menos los colocan en las mismas condiciones de vida. Y estos elementos suministran al proletariado nuevas fuerzas. Finalmente, en aquellos períodos en que la lucha de clases está a punto de decidirse, es tan violento y tan claro el proceso de desintegración de la clase gobernante latente en el seno de la sociedad antigua, que una pequeña parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causa revolucionaria, pasándose a la clase que tiene en sus manos el porvenir. Y así como antes una parte de la nobleza se pasaba a la burguesía, ahora una parte de la burguesía se pasa al campo del proletariado; en este tránsito rompen la marcha los intelectuales burgueses, que, analizando teóricamente el curso de la historia, han logrado ver claro en sus derroteros. De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado. Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto genuino y peculiar. Los elementos de las clases medias, el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el labriego, todos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales clases. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Más todavía, reaccionarios, pues pretenden volver atrás la rueda de la historia. Todo lo que tienen de revolucionario es lo que mira a su tránsito inminente al proletariado; con esa actitud no defienden sus intereses actuales, sino los futuros; se despojan de su posición propia para abrazar la del proletariado. El proletariado andrajoso, esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios. Las condiciones de vida de la vieja sociedad aparecen ya destruidas en las condiciones de vida del proletariado. El proletario carece de bienes. Sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen ya nada de común con las relaciones familiares burguesas; la producción industrial moderna, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en Francia, en Alemania que en Norteamérica, borra en él todo carácter nacional. Las leyes, la moral, la religión, son para él otros tantos prejuicios burgueses tras los que anidan otros tantos intereses de la burguesía. Todas las clases que le precedieron y conquistaron el Poder procuraron consolidar las posiciones adquiridas sometiendo a la sociedad entera a su régimen de adquisición. Los proletarios sólo pueden conquistar para sí las fuerzas sociales de la producción aboliendo el régimen adquisitivo a que se hallan sujetos, y con él todo el régimen de apropiación de la sociedad. Los proletarios no tienen nada propio que asegurar, sino destruir todos los aseguramientos y seguridades privadas de los demás. Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial. Por su forma, aunque no por su contenido, la campaña del proletariado contra la burguesía empieza siendo nacional. Es lógico que el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas con su propia burguesía. Al esbozar, en líneas muy generales, las diferentes fases de desarrollo del proletariado, hemos seguido las incidencias de la guerra civil más o menos embozada que se plantea en el seno de la sociedad vigente hasta el momento en que esta guerra civil desencadena una revolución abierta y franca, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, echa las bases de su poder. Hasta hoy, toda sociedad descansó, como hemos visto, en el antagonismo entre las clases oprimidas y las opresoras. Mas para poder oprimir a una clase es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensables de vida, pues de otro modo se extinguiría, y con ella su esclavizamiento. El siervo de la gleba se vio exaltado a miembro del municipio sin salir de la servidumbre, como el villano convertido en burgués bajo el yugo del absolutismo feudal. La situación del obrero moderno es muy distinta, pues lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera, y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza. He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendo a ésta por norma las condiciones de su vida como clase. Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella. La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad. La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. El trabajo asalariado presupone, inevitablemente, la concurrencia de los obreros entre sí. Los progresos de la industria, que tienen por cauce automático y espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamiento de los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización. Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores. Su muerte y el triunfo del proletariado son igualmente inevitables. ==Proletarios y comunistas== ¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en general? Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario. Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto. Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario. El objetivo inmediato de los comunistas es idéntico al que persiguen los demás partidos proletarios en general: formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía, llevar al proletariado a la conquista del Poder. Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad. Son todas expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos. La abolición del régimen vigente de la propiedad no es tampoco ninguna característica peculiar del comunismo. Las condiciones que forman el régimen de la propiedad han estado sujetas siempre a cambios históricos, a alteraciones históricas constantes. Así, por ejemplo, la Revolución francesa abolió la propiedad feudal para instaurar sobre sus ruinas la propiedad burguesa. Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros. Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada. Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia. ¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano! ¿Os referís acaso a la propiedad del humilde artesano, del pequeño labriego, precedente histórico de la propiedad burguesa? No, ésa no necesitamos destruirla; el desarrollo de la industria lo ha hecho ya y lo está haciendo a todas horas. ¿O queréis referimos a la moderna propiedad privada de la burguesía? Decidnos: ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo de proletario, le rinde propiedad? No, ni mucho menos. Lo que rinde es capital, esa forma de propiedad que se nutre de la explotación del trabajo asalariado, que sólo puede crecer y multiplicarse a condición de engendrar nuevo trabajo asalariado para hacerlo también objeto de su explotación. La propiedad, en la forma que hoy presenta, no admite salida a este antagonismo del capital y el trabajo asalariado. Detengámonos un momento a contemplar los dos términos de la antítesis. Ser capitalista es ocupar un puesto, no simplemente personal, sino social, en el proceso de la producción. El capital es un producto colectivo y no puede ponerse en marcha más que por la cooperación de muchos individuos, y aún cabría decir que, en rigor, esta cooperación abarca la actividad común de todos los individuos de la sociedad. El capital no es, pues, un patrimonio personal, sino una potencia social. Los que, por tanto, aspiramos a convertir el capital en propiedad colectiva, común a todos los miembros de la sociedad, no aspiramos a convertir en colectiva una riqueza personal. A lo único que aspiramos es a transformar el carácter colectivo de la propiedad, a despojarla de su carácter de clase. Hablemos ahora del trabajo asalariado. El precio medio del trabajo asalariado es el mínimo del salario, es decir, la suma de víveres necesaria para sostener al obrero como tal obrero. Todo lo que el obrero asalariado adquiere con su trabajo es, pues, lo que estrictamente necesita para seguir viviendo y trabajando. Nosotros no aspiramos en modo alguno a destruir este régimen de apropiación personal de los productos de un trabajo encaminado a crear medios de vida: régimen de apropiación que no deja, como vemos, el menor margen de rendimiento líquido y, con él, la posibilidad de ejercer influencia sobre los demás hombres. A lo que aspiramos es a destruir el carácter oprobioso de este régimen de apropiación en que el obrero sólo vive para multiplicar el capital, en que vive tan sólo en la medida en que el interés de la clase dominante aconseja que viva. En la sociedad burguesa, el trabajo vivo del hombre no es más que un medio de incrementar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado será, por el contrario, un simple medio para dilatar, fomentar y enriquecer la vida del obrero. En la sociedad burguesa es, pues, el pasado el que impera sobre el presente; en la comunista, imperará el presente sobre el pasado. En la sociedad burguesa se reserva al capital toda personalidad e iniciativa; el individuo trabajador carece de iniciativa y personalidad. ¡Y a la abolición de estas condiciones, llama la burguesía abolición de la personalidad y la libertad! Y, sin embargo, tiene razón. Aspiramos, en efecto, a ver abolidas la personalidad, la independencia y la libertad burguesa. Por libertad se entiende, dentro del régimen burgués de la producción, el librecambio, la libertad de comprar y vender. Desaparecido el tráfico, desaparecerá también, forzosamente el libre tráfico. La apología del libre tráfico, como en general todos los ditirambos a la libertad que entona nuestra burguesía, sólo tienen sentido y razón de ser en cuanto significan la emancipación de las trabas y la servidumbre de la Edad Media, pero palidecen ante la abolición comunista del tráfico, de las condiciones burguesas de producción y de la propia burguesía. Os aterráis de que queramos abolir la propiedad privada, ¡cómo si ya en el seno de vuestra sociedad actual, la propiedad privada no estuviese abolida para nueve décimas partes de la población, como si no existiese precisamente a costa de no existir para esas nueve décimas partes! ¿Qué es, pues, lo que en rigor nos reprocháis? Querer destruir un régimen de propiedad que tiene por necesaria condición el despojo de la inmensa mayoría de la sociedad. Nos reprocháis, para decirlo de una vez, querer abolir vuestra propiedad. Pues sí, a eso es a lo que aspiramos. Para vosotros, desde el momento en que el trabajo no pueda convertirse ya en capital, en dinero, en renta, en un poder social monopolizable; desde el momento en que la propiedad personal no pueda ya trocarse en propiedad burguesa, la persona no existe. Con eso confesáis que para vosotros no hay más persona que el burgués, el capitalista. Pues bien, la personalidad así concebida es la que nosotros aspiramos a destruir. El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno. Se arguye que, abolida la propiedad privada, cesará toda actividad y reinará la indolencia universal. Si esto fuese verdad, ya hace mucho tiempo que se habría estrellado contra el escollo de la holganza una sociedad como la burguesa, en que los que trabajan no adquieren y los que adquieren, no trabajan. Vuestra objeción viene a reducirse, en fin de cuentas, a una verdad que no necesita de demostración, y es que, al desaparecer el capital, desaparecerá también el trabajo asalariado. Las objeciones formuladas contra el régimen comunista de apropiación y producción material, se hacen extensivas a la producción y apropiación de los productos espirituales. Y así como el destruir la propiedad de clases equivale, para el burgués, a destruir la producción, el destruir la cultura de clase es para él sinónimo de destruir la cultura en general. Esa cultura cuya pérdida tanto deplora, es la que convierte en una máquina a la inmensa mayoría de la sociedad. Al discutir con nosotros y criticar la abolición de la propiedad burguesa partiendo de vuestras ideas burguesas de libertad, cultura, derecho, etc., no os dais cuenta de que esas mismas ideas son otros tantos productos del régimen burgués de propiedad y de producción, del mismo modo que vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase elevada a ley: una voluntad que tiene su contenido y encarnación en las condiciones materiales de vida de vuestra clase. Compartís con todas las clases dominantes que han existido y perecieron la idea interesada de que vuestro régimen de producción y de propiedad, obra de condiciones históricas que desaparecen en el transcurso de la producción, descansa sobre leyes naturales eternas y sobre los dictados de la razón. Os explicáis que haya perecido la propiedad antigua, os explicáis que pereciera la propiedad feudal; lo que no os podéis explicar es que perezca la propiedad burguesa, vuestra propiedad. ¡Abolición de la familia! Al hablar de estas intenciones satánicas de los comunistas, hasta los más radicales gritan escándalo. Pero veamos: ¿en qué se funda la familia actual, la familia burguesa? En el capital, en el lucro privado. Sólo la burguesía tiene una familia, en el pleno sentido de la palabra; y esta familia encuentra su complemento en la carencia forzosa de relaciones familiares de los proletarios y en la pública prostitución. Es natural que ese tipo de familia burguesa desaparezca al desaparecer su complemento, y que una y otra dejen de existir al dejar de existir el capital, que le sirve de base. ¿Nos reprocháis acaso que aspiremos a abolir la explotación de los hijos por sus padres? Sí, es cierto, a eso aspiramos. Pero es, decís, que pretendemos destruir la intimidad de la familia, suplantando la educación doméstica por la social. ¿Acaso vuestra propia educación no está también influida por la sociedad, por las condiciones sociales en que se desarrolla, por la intromisión más o menos directa en ella de la sociedad a través de la escuela, etc.? No son precisamente los comunistas los que inventan esa intromisión de la sociedad en la educación; lo que ellos hacen es modificar el carácter que hoy tiene y sustraer la educación a la influencia de la clase dominante. Esos tópicos burgueses de la familia y la educación, de la intimidad de las relaciones entre padres e hijos, son tanto más grotescos y descarados cuanto más la gran industria va desgarrando los lazos familiares de los proletarios y convirtiendo a los hijos en simples mercancías y meros instrumentos de trabajo. ¡Pero es que vosotros, los comunistas, nos grita a coro la burguesía entera, pretendéis colectivizar a las mujeres! El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer. No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción. Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de indignación, henchida de alta moral de nuestros burgueses, al hablar de la tan cacareada colectivización de las mujeres por el comunismo. No; los comunistas no tienen que molestarse en implantar lo que ha existido siempre o casi siempre en la sociedad. Nuestros burgueses, no bastándoles, por lo visto, con tener a su disposición a las mujeres y a los hijos de sus proletarios -¡y no hablemos de la prostitución oficial!-, sienten una grandísima fruición en seducirse unos a otros sus mujeres. En realidad, el matrimonio burgués es ya la comunidad de las esposas. A lo sumo, podría reprocharse a los comunistas el pretender sustituir este hipócrita y recatado régimen colectivo de hoy por una colectivización oficial, franca y abierta, de la mujer. Por lo demás, fácil es comprender que, al abolirse el régimen actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y en la encubierta. A los comunistas se nos reprocha también que queramos abolir la patria, la nacionalidad. Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía. Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales. El triunfo del proletariado acabará de hacerlos desaparecer. La acción conjunta de los proletarios, a lo menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación. En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras. Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí. No queremos entrar a analizar las acusaciones que se hacen contra el comunismo desde el punto de vista religioso-filosófico e ideológico en general. No hace falta ser un lince para ver que, al cambiar las condiciones de vida, las relaciones sociales, la existencia social del hombre, cambian también sus ideas, sus opiniones y sus conceptos, su conciencia, en una palabra. La historia de las ideas es una prueba palmaria de cómo cambia y se transforma la producción espiritual con la material. Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante. Se habla de ideas que revolucionan a toda una sociedad; con ello, no se hace más que dar expresión a un hecho, y es que en el seno de la sociedad antigua han germinado ya los elementos para la nueva, y a la par que se esfuman o derrumban las antiguas condiciones de vida, se derrumban y esfuman las ideas antiguas. Cuando el mundo antiguo estaba a punto de desaparecer, las religiones antiguas fueron vencidas y suplantadas por el cristianismo. En el siglo XVIII, cuando las ideas cristianas sucumbían ante el racionalismo, la sociedad feudal pugnaba desesperadamente, haciendo un último esfuerzo, con la burguesía, entonces revolucionaria. Las ideas de libertad de conciencia y de libertad religiosa no hicieron más que proclamar el triunfo de la libre concurrencia en el mundo ideológico. Se nos dirá que las ideas religiosas, morales, filosóficas, políticas, jurídicas, etc., aunque sufran alteraciones a lo largo de la historia, llevan siempre un fondo de perennidad, y que por debajo de esos cambios siempre ha habido una religión, una moral, una filosofía, una política, un derecho. Además, se seguirá arguyendo, existen verdades eternas, como la libertad, la justicia, etc., comunes a todas las sociedades y a todas las etapas de progreso de la sociedad. Pues bien, el comunismo -continúa el argumento- viene a destruir estas verdades eternas, la moral, la religión, y no a sustituirlas por otras nuevas; viene a interrumpir violentamente todo el desarrollo histórico anterior. Veamos a qué queda reducida esta acusación. Hasta hoy, toda la historia de la sociedad ha sido una constante sucesión de antagonismos de clases, que revisten diversas modalidades, según las épocas. Mas, cualquiera que sea la forma que en cada caso adopte, la explotación de una parte de la sociedad por la otra es un hecho común a todas las épocas del pasado. Nada tiene, pues, de extraño que la conciencia social de todas las épocas se atenga, a despecho de toda la variedad y de todas las divergencias, a ciertas formas comunes, formas de conciencia hasta que el antagonismo de clases que las informa no desaparezca radicalmente. La revolución comunista viene a romper de la manera más radical con el régimen tradicional de la propiedad; nada tiene, pues, de extraño que se vea obligada a romper, en su desarrollo, de la manera también más radical, con las ideas tradicionales. Pero no queremos detenernos por más tiempo en los reproches de la burguesía contra el comunismo. Ya dejamos dicho que el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia. El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas. Claro está que, al principio, esto sólo podrá llevarse a cabo mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción, por medio de medidas que, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no puede prescindiese como medio para transformar todo el régimen de producción vigente. Estas medidas no podrán ser las mismas, naturalmente, en todos los países. Para los más progresivos mencionaremos unas cuantas, susceptibles, sin duda, de ser aplicadas con carácter más o menos general, según los casos. # Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos. # Fuerte impuesto progresivo. # Abolición del derecho de herencia. # Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes. # Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio. # Nacionalización de los transportes. # Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo. # Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo. # Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad. # Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual. Régimen combinado de la educación con la producción material, etc. Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El Poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; mas tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase. Y a la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos. ==Literatura socialista y comunista== ===El socialismo reaccionario=== ====El socialismo feudal==== La aristocracia francesa e inglesa, que no se resignaba a abandonar su puesto histórico, se dedicó, cuando ya no pudo hacer otra cosa, a escribir libelos contra la moderna sociedad burguesa. En la revolución francesa de julio de 1830, en el movimiento reformista inglés, volvió a sucumbir, arrollada por el odiado intruso. Y no pudiendo dar ya ninguna batalla política seria, no le quedaba más arma que la pluma. Mas también en la palestra literaria habían cambiado los tiempos; ya no era posible seguir empleando el lenguaje de la época de la Restauración. Para ganarse simpatías, la aristocracia hubo de olvidar aparentemente sus intereses y acusar a la burguesía, sin tener presente más interés que el de la clase obrera explotada. De este modo, se daba el gusto de provocar a su adversario y vencedor con amenazas y de musitarle al oído profecías más o menos catastróficas. Nació así, el socialismo feudal, una mezcla de lamento, eco del pasado y rumor sordo del porvenir; un socialismo que de vez en cuando asestaba a la burguesía un golpe en medio del corazón con sus juicios sardónicos y acerados, pero que casi siempre movía a risa por su total incapacidad para comprender la marcha de la historia moderna. Con el fin de atraer hacia sí al pueblo, tremolaba el saco del mendigo proletario por bandera. Pero cuantas veces lo seguía, el pueblo veía brillar en las espaldas de los caudillos las viejas armas feudales y se dispersaba con una risotada nada contenida y bastante irrespetuosa. Una parte de los legitimistas franceses y la joven Inglaterra, fueron los más perfectos organizadores de este espectáculo. Esos señores feudales, que tanto insisten en demostrar que sus modos de explotación no se parecían en nada a los de la burguesía, se olvidan de una cosa, y es de que las circunstancias y condiciones en que ellos llevaban a cabo su explotación han desaparecido. Y, al enorgullecerse de que bajo su régimen no existía el moderno proletariado, no advierten que esta burguesía moderna que tanto abominan, es un producto históricamente necesario de su orden social. Por lo demás, no se molestan gran cosa en encubrir el sello reaccionario de sus doctrinas, y así se explica que su más rabiosa acusación contra la burguesía sea precisamente el crear y fomentar bajo su régimen una clase que está llamada a derruir todo el orden social heredado. Lo que más reprochan a la burguesía no es el engendrar un proletariado, sino el engendrar un proletariado revolucionario. Por eso, en la práctica están siempre dispuestos a tomar parte en todas las violencias y represiones contra la clase obrera, y en la prosaica realidad se resignan, pese a todas las retóricas ampulosas, a recolectar también los huevos de oro y a trocar la nobleza, el amor y el honor caballerescos por el vil tráfico en lana, remolacha y aguardiente. Como los curas van siempre del brazo de los señores feudales, no es extraño que con este socialismo feudal venga a confluir el socialismo clerical. Nada más fácil que dar al ascetismo cristiano un barniz socialista. ¿No combatió también el cristianismo contra la propiedad privada, contra el matrimonio, contra el Estado? ¿No predicó frente a las instituciones la caridad y la limosna, el celibato y el castigo de la carne, la vida monástica y la Iglesia? El socialismo cristiano es el hisopazo con que el clérigo bendice el despecho del aristócrata. ====El socialismo pequeñoburgués==== La aristocracia feudal no es la única clase derrocada por la burguesía, la única clase cuyas condiciones de vida ha venido a oprimir y matar la sociedad burguesa moderna. Los villanos medievales y los pequeños labriegos fueron los precursores de la moderna burguesía. Y en los países en que la industria y el comercio no han alcanzado un nivel suficiente de desarrollo, esta clase sigue vegetando al lado de la burguesía ascensional. En aquellos otros países en que la civilización moderna alcanza un cierto grado de progreso, ha venido a formarse una nueva clase pequeñoburguesa que flota entre la burguesía y el proletariado y que, si bien gira constantemente en torno a la sociedad burguesa como satélite suyo, no hace más que brindar nuevos elementos al proletariado, precipitados a éste por la concurrencia; al desarrollarse la gran industria llega un momento en que esta parte de la sociedad moderna pierde su substantividad y se ve suplantada en el comercio, en la manufactura, en la agricultura por los capataces y los domésticos. En países como Francia, en que la clase labradora representa mucho más de la mitad de la población, era natural que ciertos escritores, al abrazar la causa del proletariado contra la burguesía, tomasen por norma, para criticar el régimen burgués, los intereses de los pequeños burgueses y los campesinos, simpatizando por la causa obrera con el ideario de la pequeña burguesía. Así nació el socialismo pequeñoburgués. Su representante más caracterizado, lo mismo en Francia que en Inglaterra, es Sismondi. Este socialismo ha analizado con una gran agudeza las contradicciones del moderno régimen de producción. Ha desenmascarado las argucias hipócritas con que pretenden justificarlas los economistas. Ha puesto de relieve de modo irrefutable, los efectos aniquiladores del maquinismo y la división del trabajo, la concentración de los capitales y la propiedad inmueble, la superproducción, las crisis, la inevitable desaparición de los pequeños burgueses y labriegos, la miseria del proletariado, la anarquía reinante en la producción, las desigualdades irritantes que claman en la distribución de la riqueza, la aniquiladora guerra industrial de unas naciones contra otras, la disolución de las costumbres antiguas, de la familia tradicional, de las viejas nacionalidades. Pero en lo que atañe ya a sus fórmulas positivas, este socialismo no tiene más aspiración que restaurar los antiguos medios de producción y de cambio, y con ellos el régimen tradicional de propiedad y la sociedad tradicional, cuando no pretende volver a encajar por la fuerza los modernos medios de producción y de cambio dentro del marco del régimen de propiedad que hicieron y forzosamente tenían que hacer saltar. En uno y otro caso peca, a la par, de reaccionario y de utópico. En la manufactura, la restauración de los viejos gremios, y en el campo, la implantación de un régimen patriarcal: he ahí sus dos magnas aspiraciones. Hoy, esta corriente socialista ha venido a caer en una cobarde modorra. ====El socialismo alemán o "verdadero" socialismo==== La literatura socialista y comunista de Francia, nacida bajo la presión de una burguesía gobernante y expresión literaria de la lucha librada contra su avasallamiento, fue importada en Alemania en el mismo instante en que la burguesía empezaba a sacudir el yugo del absolutismo feudal. Los filósofos, pseudofilósofos y grandes ingenios del país se asimilaron codiciosamente aquella literatura, pero olvidando que con las doctrinas no habían pasado la frontera también las condiciones sociales a que respondían. Al enfrentarse con la situación alemana, la literatura socialista francesa perdió toda su importancia práctica directa, para asumir una fisonomía puramente literaria y convertirse en una ociosa especulación acerca del espíritu humano y de sus proyecciones sobre la realidad. Y así, mientras que los postulados de la primera revolución francesa eran, para los filósofos alemanes del siglo XVIII, los postulados de la “razón práctica” en general, las aspiraciones de la burguesía francesa revolucionaria representaban a sus ojos las leyes de la voluntad pura, de la voluntad ideal, de una voluntad verdaderamente humana. La única preocupación de los literatos alemanes era armonizar las nuevas ideas francesas con su vieja conciencia filosófica, o, por mejor decir, asimilarse desde su punto de vista filosófico aquellas ideas. Esta asimilación se llevó a cabo por el mismo procedimiento con que se asimila uno una lengua extranjera: traduciéndola. Todo el mundo sabe que los monjes medievales se dedicaban a recamar los manuscritos que atesoraban las obras clásicas del paganismo con todo género de insubstanciales historias de santos de la Iglesia católica. Los literatos alemanes procedieron con la literatura francesa profana de un modo inverso. Lo que hicieron fue empalmar sus absurdos filosóficos a los originales franceses. Y así, donde el original desarrollaba la crítica del dinero, ellos pusieron: “expropiación del ser humano”; donde se criticaba el Estado burgués: “abolición del imperio de lo general abstracto”, y así por el estilo. Esta interpelación de locuciones y galimatías filosóficos en las doctrinas francesas, fue bautizada con los nombres de “filosofía del hecho”, “verdadero socialismo”, “ciencia alemana del socialismo”, “fundamentación filosófica del socialismo”, y otros semejantes. De este modo, la literatura socialista y comunista francesa perdía toda su virilidad. Y como, en manos de los alemanes, no expresaba ya la lucha de una clase contra otra clase, el profesor germano se hacía la ilusión de haber superado el “parcialismo francés”; a falta de verdaderas necesidades pregonaba la de la verdad, y a falta de los intereses del proletariado mantenía los intereses del ser humano, del hombre en general, de ese hombre que no reconoce clases, que ha dejado de vivir en la realidad para transportarse al cielo vaporoso de la fantasía filosófica. Sin embargo, este socialismo alemán, que tomaba tan en serio sus desmayados ejercicios escolares y que tanto y tan solemnemente trompeteaba, fue perdiendo poco a poco su pedantesca inocencia. En la lucha de la burguesía alemana, y principalmente, de la prusiana, contra el régimen feudal y la monarquía absoluta, el movimiento liberal fue tomando un cariz más serio. Esto deparaba al “verdadero” socialismo la ocasión apetecida para oponer al movimiento político las reivindicaciones socialistas, para fulminar los consabidos anatemas contra el liberalismo, contra el Estado representativo, contra la libre concurrencia burguesa, contra la libertad de Prensa, la libertad, la igualdad y el derecho burgueses, predicando ante la masa del pueblo que con este movimiento burgués no saldría ganando nada y sí perdiendo mucho. El socialismo alemán se cuidaba de olvidar oportunamente que la crítica francesa, de la que no era más que un eco sin vida, presuponía la existencia de la sociedad burguesa moderna, con sus peculiares condiciones materiales de vida y su organización política adecuada, supuestos previos ambos en torno a los cuales giraba precisamente la lucha en Alemania. Este “verdadero” socialismo les venía al dedillo a los gobiernos absolutos alemanes, con toda su cohorte de clérigos, maestros de escuela, hidalgüelos raídos y cagatintas, pues les servía de espantapájaros contra la amenazadora burguesía. Era una especie de melifluo complemento a los feroces latigazos y a las balas de fusil con que esos gobiernos recibían los levantamientos obreros. Pero el “verdadero” socialismo, además de ser, como vemos, un arma en manos de los gobiernos contra la burguesía alemana, encarnaba de una manera directa un interés reaccionario, el interés de la baja burguesía del país. La pequeña burguesía, heredada del siglo XVI y que desde entonces no había cesado de aflorar bajo diversas formas y modalidades, constituye en Alemania la verdadera base social del orden vigente. Conservar esta clase es conservar el orden social imperante. Del predominio industrial y político de la burguesía teme la ruina segura, tanto por la concentración de capitales que ello significa, como porque entraña la formación de un proletariado revolucionario. El “verdadero” socialismo venía a cortar de un tijeretazo -así se lo imaginaba ella- las dos alas de este peligro. Por eso, se extendió por todo el país como una verdadera epidemia. El ropaje ampuloso en que los socialistas alemanes envolvían el puñado de huesos de sus “verdades eternas”, un ropaje tejido con hebras especulativas, bordado con las flores retóricas de su ingenio, empapado de nieblas melancólicas y románticas, hacía todavía más gustosa la mercancía para ese público. Por su parte, el socialismo alemán comprendía más claramente cada vez que su misión era la de ser el alto representante y abanderado de esa baja burguesía. Proclamó a la nación alemana como nación modelo y al súbdito alemán como el tipo ejemplar de hombre. Dio a todos sus servilismos y vilezas un hondo y oculto sentido socialista, tornándolos en lo contrario de lo que en realidad eran. Y al alzarse curiosamente contra las tendencias “barbaras y destructivas” del comunismo, subrayando como contraste la imparcialidad sublime de sus propias doctrinas, ajenas a toda lucha de clases, no hacía más que sacar la última consecuencia lógica de su sistema. Toda la pretendida literatura socialista y comunista que circula por Alemania, con poquísimas excepciones, profesa estas doctrinas repugnantes y castradas. ===El socialismo burgués o conservador=== Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa. Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya. Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales. Sirva de ejemplo la Filosofía de la miseria de Proudhon. Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que encierran. Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado. Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles. El socialismo burgués eleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando la deplorable idea que de él se forma. Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida. Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las “condiciones materiales de vida” la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo -en el mejor de los casos- para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto. Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica. ¡Pedimos el librecambio en interés de la clase obrera! ¡En interés de la clase obrera pedimos aranceles protectores! ¡Pedimos prisiones celulares en interés de la clase trabajadora! Hemos dado, por fin, con la suprema y única seria aspiración del socialismo burgués. Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora. ===El socialismo y el comunismo crítico-utópico=== No queremos referirnos aquí a las doctrinas que en todas las grandes revoluciones modernas abrazan las aspiraciones del proletariado (obras de Babeuf, etc.). Las primeras tentativas del proletariado para ahondar directamente en sus intereses de clase, en momentos de conmoción general, en el período de derrumbamiento de la sociedad feudal, tenían que tropezar necesariamente con la falta de desarrollo del propio proletariado, de una parte, y de otra con la ausencia de las condiciones materiales indispensables para su emancipación, que habían de ser el fruto de la época burguesa. La literatura revolucionaria que guía estos primeros pasos vacilantes del proletariado es, y necesariamente tenía que serlo, juzgada por su contenido, reaccionaria. Estas doctrinas profesan un ascetismo universal y un torpe y vago igualitarismo. Los verdaderos sistemas socialistas y comunistas, los sistemas de Saint-Simon, de Fourier, de Owen, etc., brotan en la primera fase embrionaria de las luchas entre el proletariado y la burguesía, tal como más arriba la dejamos esbozada. (V. el capítulo “Burgueses y proletarios”). Cierto es que los autores de estos sistemas penetran ya en el antagonismo de las clases y en la acción de los elementos disolventes que germinan en el seno de la propia sociedad gobernante. Pero no aciertan todavía a ver en el proletariado una acción histórica independiente, un movimiento político propio y peculiar. Y como el antagonismo de clase se desarrolla siempre a la par con la industria, se encuentran con que les faltan las condiciones materiales para la emancipación del proletariado, y es en vano que se debatan por crearlas mediante una ciencia social y a fuerza de leyes sociales. Esos autores pretenden suplantar la acción social por su acción personal especulativa, las condiciones históricas que han de determinar la emancipación proletaria por condiciones fantásticas que ellos mismos se forjan, la gradual organización del proletariado como clase por una organización de la sociedad inventada a su antojo. Para ellos, el curso universal de la historia que ha de venir se cifra en la propaganda y práctica ejecución de sus planes sociales. Es cierto que en esos planes tienen la conciencia de defender primordialmente los intereses de la clase trabajadora, pero sólo porque la consideran la clase más sufrida. Es la única función en que existe para ellos el proletariado. La forma embrionaria que todavía presenta la lucha de clases y las condiciones en que se desarrolla la vida de estos autores hace que se consideren ajenos a esa lucha de clases y como situados en un plano muy superior. Aspiran a mejorar las condiciones de vida de todos los individuos de la sociedad, incluso los mejor acomodados. De aquí que no cesen de apelar a la sociedad entera sin distinción, cuando no se dirigen con preferencia a la propia clase gobernante. Abrigan la seguridad de que basta conocer su sistema para acatarlo como el plan más perfecto para la mejor de las sociedades posibles. Por eso, rechazan todo lo que sea acción política, y muy principalmente la revolucionaria; quieren realizar sus aspiraciones por la vía pacífica e intentan abrir paso al nuevo evangelio social predicando con el ejemplo, por medio de pequeños experimentos que, naturalmente, les fallan siempre. Estas descripciones fantásticas de la sociedad del mañana brotan en una época en que el proletariado no ha alcanzado aún la madurez, en que, por tanto, se forja todavía una serie de ideas fantásticas acerca de su destino y posición, dejándose llevar por los primeros impulsos, puramente intuitivos, de transformar radicalmente la sociedad. Y, sin embargo, en estas obras socialistas y comunistas hay ya un principio de crítica, puesto que atacan las bases todas de la sociedad existente. Por eso, han contribuido notablemente a ilustrar la conciencia de la clase trabajadora. Mas, fuera de esto, sus doctrinas de carácter positivo acerca de la sociedad futura, las que predican, por ejemplo, que en ella se borrarán las diferencias entre la ciudad y el campo o las que proclaman la abolición de la familia, de la propiedad privada, del trabajo asalariado, el triunfo de la armonía social, la transformación del Estado en un simple organismo administrativo de la producción.... giran todas en torno a la desaparición de la lucha de clases, de esa lucha de clases que empieza a dibujarse y que ellos apenas si conocen en su primera e informe vaguedad. Por eso, todas sus doctrinas y aspiraciones tienen un carácter puramente utópico. La importancia de este socialismo y comunismo crítico-utópico está en razón inversa al desarrollo histórico de la sociedad. Al paso que la lucha de clases se define y acentúa, va perdiendo importancia práctica y sentido teórico esa fantástica posición de superioridad respecto a ella, esa fe fantástica en su supresión. Por eso, aunque algunos de los autores de estos sistemas socialistas fueran en muchos respectos verdaderos revolucionarios, sus discípulos forman hoy día sectas indiscutiblemente reaccionarias, que tremolan y mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado. Son, pues, consecuentes cuando pugnan por mitigar la lucha de clases y por conciliar lo inconciliable. Y siguen soñando con la fundación de falansterios, con la colonización interior, con la creación de una pequeña Icaria, edición en miniatura de la nueva Jerusalén... . Y para levantar todos esos castillos en el aire, no tienen más remedio que apelar a la filantrópica generosidad de los corazones y los bolsillos burgueses. Poco a poco van resbalando a la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores, de los cuales sólo se distinguen por su sistemática pedantería y por el fanatismo supersticioso con que comulgan en las milagrerías de su ciencia social. He ahí por qué se enfrentan rabiosamente con todos los movimientos políticos a que se entrega el proletariado, lo bastante ciego para no creer en el nuevo evangelio que ellos le predican. En Inglaterra, los owenistas se alzan contra los cartistas, y en Francia, los reformistas tienen enfrente a los discípulos de Fourier. ==Actitud de los comunistas ante los otros partidos de la oposición== Después de lo que dejamos dicho en el capítulo II, fácil es comprender la relación que guardan los comunistas con los demás partidos obreros ya existentes, con los cartistas ingleses y con los reformadores agrarios de Norteamérica. Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir. En Francia se alían al partido democrático-socialista contra la burguesía conservadora y radical, mas sin renunciar por esto a su derecho de crítica frente a los tópicos y las ilusiones procedentes de la tradición revolucionaria. En Suiza apoyan a los radicales, sin ignorar que este partido es una mezcla de elementos contradictorios: de demócratas socialistas, a la manera francesa, y de burgueses radicales. En Polonia, los comunistas apoyan al partido que sostiene la revolución agraria, como condición previa para la emancipación nacional del país, al partido que provocó la insurrección de Cracovia en 1846. En Alemania, el partido comunista luchará al lado de la burguesía, mientras ésta actúe revolucionariamente, dando con ella la batalla a la monarquía absoluta, a la gran propiedad feudal y a la pequeña burguesía. Pero todo esto sin dejar un solo instante de laborar entre los obreros, hasta afirmar en ellos con la mayor claridad posible la conciencia del antagonismo hostil que separa a la burguesía del proletariado, para que, llegado el momento, los obreros alemanes se encuentren preparados para volverse contra la burguesía, como otras tantas armas, esas mismas condiciones políticas y sociales que la burguesía, una vez que triunfe, no tendrá más remedio que implantar; para que en el instante mismo en que sean derrocadas las clases reaccionarias comience, automáticamente, la lucha contra la burguesía. Las miradas de los comunistas convergen con un especial interés sobre Alemania, pues no desconocen que este país está en vísperas de una revolución burguesa y que esa sacudida revolucionaria se va a desarrollar bajo las propicias condiciones de la civilización europea y con un proletariado mucho más potente que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de Francia en el XVIII, razones todas para que la revolución alemana burguesa que se avecina no sea más que el preludio inmediato de una revolución proletaria. Resumiendo: los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante. En todos estos movimientos se ponen de relieve el régimen de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos progresiva que revista, como la cuestión fundamental que se ventila. Finalmente, los comunistas laboran por llegar a la unión y la inteligencia de los partidos democráticos de todos los países. Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar. '''¡Proletarios del mundo, uníos!''' [[Categoría:ES-M]] [[Categoría:Manifiestos]] [[Categoría:Comunismo]] jti37j8nxij9dw976agmkq8y4vrpca1 Autor:Garcilaso de la Vega 106 2281 1665229 1594208 2026-06-20T15:04:08Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665229 wikitext text/x-wiki {{biocitas |Texto='''Garcilaso de la Vega'''<br />(Toledo, entre 1498 y 1503-Niza, Ducado de Saboya, 14 de octubre de 1536)<br>Poeta y militar español del Siglo de Oro. |Ordenar = Vega, Garcilaso de la}} == Obras == === Canciones === * I - [[Si a la región desierta inhabitable]] * II - [[La soledad siguiendo]] * III - [[Con un manso ruido]] * IV - [[El aspereza de mis males quiero]] * V - [[A flor de Gnido]] === Elegías === * - Primera elegía: [[Aunque este grave caso haya tocado|Al duque d' Alba en la muerte de Don Bernaldino de Toledo]] * - Segunda elegía: [[Aquí, Boscán, donde del buen troyano]] === Epístola === * - [[Señor Boscán, quien tanto gusto tiene]] === Églogas === * - Égloga I: [[Égloga I (Garcilaso de la Vega)|El dulce lamentar de dos pastores]] * - Égloga II: [[Égloga II (Garcilaso de la Vega)|En medio del invierno está templada]] * - Égloga III: [[Égloga III (Garcilaso de la Vega)|Aquella voluntad honesta y pura]] === Coplas === * {{cita libro|capítulo=Canciones breves o coplas|título=Poesías|serie=[[Portal:Colección Universal|Colección Universal]]|número= 83 y 84|editorial=[[Calpe]]|ubicación=Madrid|año=1919}} {{at|Poesías de Garcilaso de la Vega (1919).pdf}} :* I - [[Habiéndose casado su dama]] :* II - [[Yo dejaré desde aquí]] :* III - [[A una partida]] :* IV - [[Traduciendo cuatro versos de Ovidio]] :* V - [[A una señora que andando él y otro paseando les echó una red empezada y un huso...]] :* VI - [[Glosa (Garcilaso)|Glosa]] :* VII - [[A Boscán, porque estando en Alemania, danzó en unas bodas]] :* VIII - [[Villancico (Garcilaso de la Vega)|Villancico]] === Poesías latinas === * I - Ad Thylesium * II - Ad Genesium Sepulvedam * III - Sedes ad cyprias Venus * IV - Ad Ferdinandum de Acuña, Epigramma === Sonetos === * {{cita libro|capítulo=Sonetos|título=Poesías|serie=[[Portal:Colección Universal|Colección Universal]]|número= 83 y 84|editorial=[[Calpe]]|ubicación=Madrid|año=1919}} {{at|Poesías de Garcilaso de la Vega (1919).pdf}} :* I - [[Cuando me paro a contemplar mi estado (Garcilaso de la Vega)|Cuando me paro a contemplar mi estado]] :* II - [[En fin, a vuestras manos he venido]] :* III - [[La mar en medio y tierras he dejado]] :* IV - [[Un rato se levanta mi esperanza]] :* V - [[Escrito está en mi alma vuestro gesto]] :* VI - [[Por ásperos caminos he llegado]] :* VII - [[No pierda más quien ha tanto perdido]] :* VIII - [[De aquella vista buena y excelente]] :* IX - [[Señora mía, si yo de vos ausente]] :* X - [[Oh dulces prendas, por mí mal halladas]] :* XI - [[Hermosas ninfas, que, en el río metidas]] :* XII - [[Si para refrenar este deseo]] :* XIII - [[A Dafne ya los brazos le crecían]] :* XIV - [[Como la tierna madre]] :* XV - [[Si quejas y lamentos pueden tanto]] :* XVI - [[No las francesas armas odiosas]] :* XVII - [[Pensando que el camino iba derecho]] :* XVIII - [[Si a vuestra voluntad yo soy de cera]] :* XIX - [[Julio, después que me partí llorando]] :* XX - [[Con tal fuerza y vigor son concertados]] :* XXI - [[Clarísimo Marqués, en quien derrama]] :* XXII - [[Con ansia extrema de mirar qué tiene]] :* XXIII - [[En tanto que de rosa y azucena]] :* XXIV - [[Ilustre honor del nombre de Cardona]] :* XXV - [[¡Oh hado esecutivo en mis dolores]] :* XXVI - [[Echado está por tierra el fundamento]] :* XXVII - [[Amor, Amor, un hábito vestí]] :* XXVIII - [[Boscán, vengado estáis, con mengua mía]] :* XXIX - [[Pasando el mar Leandro el animoso]] :* XXX - [[Sospechas que en mi triste fantasía]] :* XXXI - [[Dentro en mi alma fue de mí engendrado]] :* XXXII - [[Estoy contino en lágrimas bañado]] :* XXXIII - [[Mario, el ingrato Amor,como testigo]] :* XXXIV - [[Gracias al cielo doy que ya del cuello]] :* XXXV - [[Boscán, las armas y el furor de Marte]] :* XXXVI - [[A la entrada de un valle, en un desierto]] :* XXXVII - [[Mi lengua va por do el dolor la guía]] :* XXXVIII - [[Siento el dolor menguarme poco a poco]] === Cartas === * I - [[A la muy magnífica señora doña Jerónima Palova de Almogávar]] * II - [[Al Emperador Carlos V]] * III - [[A Seripando]] === Testamento === * [[Testamento (Garcilaso)|Testamento]] == Véase también == * [[Garcilaso de la Vega (Retrato)|Retrato de {{PAGENAME}}]] con un epítome sobre su vida incluido en el libro «[[Retratos de Españoles ilustres]]», publicado en el año de 1791. [[Categoría:Autores españoles del Siglo de Oro]] 08ypdopximv3evh22i9eunce3enokm5 Exclamaciones o meditaciones del alma a su Dios/Capítulo I 0 2303 1665413 1482743 2026-06-21T00:03:32Z Ignacio Rodríguez 3603 1665413 wikitext text/x-wiki <pages index="Biblioteca de Autores Españoles (Vol. 53).djvu" include=539 onlysection=I current="Exclamaciones o meditaciones del alma a su Dios" subseccion="Capítulo I" next="[[../Capítulo II|Capítulo II]]" header=1/> 5ylknwrsepalwtfprarspuhbzrbhoqn Autor:Karl Marx 106 2426 1665361 1649798 2026-06-20T18:37:33Z Ignacio Rodríguez 3603 /* 1860s */ 1665361 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Karl Marx'''<br /> (5 de [[mayo]] de 1818 - 14 de [[marzo]] de 1883)<br /> Filósofo [[Alemania|alemán]] de origen judío. |Documentos={{PAGENAME}} |Ordenar = Marx, Karl}}{{advertencia}} == Obras == '''(M) = Por Marx -- (E) = Por [[Friedrich Engels|Engels]] -- (M/E) = Por Ambos''' === 1840s === :* 1844 (M): [[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]]. :* '''1845 (M): [[Tesis sobre Feuerbach]].''' :* 1846 (M/E): [[Feuerbach: oposición entre las concepciones materialistas e idealistas]]. :* 1846 (M): [[Carta de Marx a Pavel Vasilyevich Annenkov (28 de diciembre de 1846)]]. :* 1848 (M): [[Comunicado del Comité Comarcal de los Demócratas de la Provincia Renana]]. :* 1848 (M): [[¡¡¡Abajo los impuestos!!!]] :* '''1848 (M/E): [[Manifiesto Comunista|Manifiesto del Partido Comunista.]]''' :* 1848 (M): [[La burguesía y la contrarevolución. Segundo artículo]]. :* 1849 (M): [[Trabajo asalariado y capital]]. ::o (E): [[Presentación de Engels (1891)]] === 1850s === :* '''1850 (M): [[Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850]].''' ::o '''(E): [[Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 - 1|Introducción de Engels a la edición de 1895]].''' :* 1850 (M/E): [[Circular del Comité Central a la Liga Comunista]]. :* '''1851-1852 (M): [[El dieciocho brumario de Luis Bonaparte]].''' :* 1853 (M): [[La dominación británica en la India]]. :* 1853 (M): [[Futuros resultados de la dominación británica de la India]]. :* 1854 (M): [[La España revolucionaria]]. :* 1856 (M): [[Carta de Marx a Engels (16 de abril de 1856)]]. :* 1857 (M): [[Carta de Marx a Engels (25 de setiembre de 1857)]]. :* 1858 (M): [[(Simón) Bolívar y Ponte]]. :* 1859 (M): [[Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política]]. === 1860s === :* '''1864 (M): [[Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores]].''' :* '''1864 (M): [[Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores]].''' :* 1864 (M): [[A Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos de América]]. :* 1865 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (23 de febrero de 1865)]] :* 1865 (M): [[Sobre Proudhon]]. :* '''1865 (M): [[Salario, precio y ganancia]].''' :* 1866 (M): [[Carta de Marx a Engels (20 de junio de 1866)]]. :* 1866 (M): [[Instrucción sobre diversos problemas a los delegados del Consejo Central Provincial]]. :* 1866 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (9 de octubre de 1866)]] :* 1867 (M): '''El capital''' :** [[El Capital (1898)|Traducción de la cuarta edición alemana (1898)]] {{at|El Capital (1898).pdf}} :* 1868 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (11 de julio de 1868)]] :* 1869 (M): [[Mensaje a la Unión Obrera Nacional de los Estados Unidos]]. === 1870s === :* 1870: (M): [[El Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores a los miembros del comité de la sección rusa en Ginebra]]. :* 1871: (M): [[Extracto de una comunicación confidencial]]. :* '''1871: (M): [[La guerra civil en Francia]].''' :* 1871 (M/E): [[De las resoluciones de la Conferencia de Delegados de la Asociación Internacional de los Trabajadores]]. :* 1871 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (12 de abril de 1871)]] :* 1871 (M)): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (17 de abril de 1871)]] :* 1871 (M): [[Carta de Marx a Friedrich Bolte (23 de noviembre de 1871)]] :* 1872 (M/E): [[Las pretendidas escisiones de la Internacional]]. :* 1872 (M): [[Resoluciones del mitin convocado para conmemorar el aniversario de la Comuna de París]]. :* 1872 (M/E): [[De las Resoluciones del Congreso General celebrado en La Haya, 2-7 de septiembre de 1872]]. :* 1872 (M): [[El Congreso de La Haya. Información periodística del discurso pronunciado el 8 de septiembre de 1872 en Amsterdam]]. :* 1872 (M): [[La nacionalización de la tierra]]. :* 1874 (M): [[Acotaciones al libro de Bakunin El Estado y la Anarquía]]. :* '''1875 (M): [[Crítica al Programa de Gotha]].''' ::o [[Crítica al Programa de Gotha: Prólogo]] ::o [[Carta de C. Marx a W. Bracke (5 de mayo de 1875)]] ::o '''[[Crítica al Programa de Gotha: Glosas]]''' :* 1877 (M): [[Carta al director de Otiechéstvennie Zapiski (fines de 1877)]] :* 1879 (M/E): [[De la carta circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros]]. === 1880s === :* 1881 (M): [[Proyecto de respuesta a la carta de V. I. Zasulich]]. == Biografías == :* Carlos Marx por Federico Engels. :* Carlos Marx por V. I. Lenin. :* [[Discurso ante la tumba de Marx]]. por Federico Engels. == Enlaces externos == *[https://www.marxists.org/espanol/m-e/index.htm MIA - Marxists Internet Archive - Archivo Marx & Engels] 0qhb53jpbzss13xbwsetvc238unzb34 1665365 1665361 2026-06-20T18:56:29Z Ignacio Rodríguez 3603 /* 1840s */ 1665365 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Karl Marx'''<br /> (5 de [[mayo]] de 1818 - 14 de [[marzo]] de 1883)<br /> Filósofo [[Alemania|alemán]] de origen judío. |Documentos={{PAGENAME}} |Ordenar = Marx, Karl}}{{advertencia}} == Obras == '''(M) = Por Marx -- (E) = Por [[Friedrich Engels|Engels]] -- (M/E) = Por Ambos''' === 1840s === :* 1844 (M): [[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]]. :* '''1845 (M): [[Tesis sobre Feuerbach]].''' :* 1846 (M/E): [[Feuerbach: oposición entre las concepciones materialistas e idealistas]]. :* 1846 (M): [[Carta de Marx a Pavel Vasilyevich Annenkov (28 de diciembre de 1846)]]. :* 1848 (M): [[Comunicado del Comité Comarcal de los Demócratas de la Provincia Renana]]. :* 1848 (M): [[¡¡¡Abajo los impuestos!!!]] :* '''1848 (M/E): [[Manifiesto Comunista|Manifiesto del Partido Comunista.]]''' :** Traducción anónima (1886) {{at|Manifiesto del Partido Comunista por C. Marx y F. Engels.pdf}} :** Traducción de [[Autor:Antonio García Quejido|Antonio García Quejido]] (1923) {{at|Manifiesto del partido comunista 1848 - C. Marx y F. Engels. (Traducido por A. García Quejido).pdf}} :* 1848 (M): [[La burguesía y la contrarevolución. Segundo artículo]]. :* 1849 (M): [[Trabajo asalariado y capital]]. ::o (E): [[Presentación de Engels (1891)]] === 1850s === :* '''1850 (M): [[Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850]].''' ::o '''(E): [[Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 - 1|Introducción de Engels a la edición de 1895]].''' :* 1850 (M/E): [[Circular del Comité Central a la Liga Comunista]]. :* '''1851-1852 (M): [[El dieciocho brumario de Luis Bonaparte]].''' :* 1853 (M): [[La dominación británica en la India]]. :* 1853 (M): [[Futuros resultados de la dominación británica de la India]]. :* 1854 (M): [[La España revolucionaria]]. :* 1856 (M): [[Carta de Marx a Engels (16 de abril de 1856)]]. :* 1857 (M): [[Carta de Marx a Engels (25 de setiembre de 1857)]]. :* 1858 (M): [[(Simón) Bolívar y Ponte]]. :* 1859 (M): [[Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política]]. === 1860s === :* '''1864 (M): [[Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores]].''' :* '''1864 (M): [[Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores]].''' :* 1864 (M): [[A Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos de América]]. :* 1865 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (23 de febrero de 1865)]] :* 1865 (M): [[Sobre Proudhon]]. :* '''1865 (M): [[Salario, precio y ganancia]].''' :* 1866 (M): [[Carta de Marx a Engels (20 de junio de 1866)]]. :* 1866 (M): [[Instrucción sobre diversos problemas a los delegados del Consejo Central Provincial]]. :* 1866 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (9 de octubre de 1866)]] :* 1867 (M): '''El capital''' :** [[El Capital (1898)|Traducción de la cuarta edición alemana (1898)]] {{at|El Capital (1898).pdf}} :* 1868 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (11 de julio de 1868)]] :* 1869 (M): [[Mensaje a la Unión Obrera Nacional de los Estados Unidos]]. === 1870s === :* 1870: (M): [[El Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores a los miembros del comité de la sección rusa en Ginebra]]. :* 1871: (M): [[Extracto de una comunicación confidencial]]. :* '''1871: (M): [[La guerra civil en Francia]].''' :* 1871 (M/E): [[De las resoluciones de la Conferencia de Delegados de la Asociación Internacional de los Trabajadores]]. :* 1871 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (12 de abril de 1871)]] :* 1871 (M)): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (17 de abril de 1871)]] :* 1871 (M): [[Carta de Marx a Friedrich Bolte (23 de noviembre de 1871)]] :* 1872 (M/E): [[Las pretendidas escisiones de la Internacional]]. :* 1872 (M): [[Resoluciones del mitin convocado para conmemorar el aniversario de la Comuna de París]]. :* 1872 (M/E): [[De las Resoluciones del Congreso General celebrado en La Haya, 2-7 de septiembre de 1872]]. :* 1872 (M): [[El Congreso de La Haya. Información periodística del discurso pronunciado el 8 de septiembre de 1872 en Amsterdam]]. :* 1872 (M): [[La nacionalización de la tierra]]. :* 1874 (M): [[Acotaciones al libro de Bakunin El Estado y la Anarquía]]. :* '''1875 (M): [[Crítica al Programa de Gotha]].''' ::o [[Crítica al Programa de Gotha: Prólogo]] ::o [[Carta de C. Marx a W. Bracke (5 de mayo de 1875)]] ::o '''[[Crítica al Programa de Gotha: Glosas]]''' :* 1877 (M): [[Carta al director de Otiechéstvennie Zapiski (fines de 1877)]] :* 1879 (M/E): [[De la carta circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros]]. === 1880s === :* 1881 (M): [[Proyecto de respuesta a la carta de V. I. Zasulich]]. == Biografías == :* Carlos Marx por Federico Engels. :* Carlos Marx por V. I. Lenin. :* [[Discurso ante la tumba de Marx]]. por Federico Engels. == Enlaces externos == *[https://www.marxists.org/espanol/m-e/index.htm MIA - Marxists Internet Archive - Archivo Marx & Engels] qqo0mllw0z01mo5ytc0gkjsz4tp05ms 1665373 1665365 2026-06-20T19:12:10Z Ignacio Rodríguez 3603 /* 1840s */ 1665373 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Karl Marx'''<br /> (5 de [[mayo]] de 1818 - 14 de [[marzo]] de 1883)<br /> Filósofo [[Alemania|alemán]] de origen judío. |Documentos={{PAGENAME}} |Ordenar = Marx, Karl}}{{advertencia}} == Obras == '''(M) = Por Marx -- (E) = Por [[Friedrich Engels|Engels]] -- (M/E) = Por Ambos''' === 1840s === :* 1844 (M): [[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]]. :* '''1845 (M): [[Tesis sobre Feuerbach]].''' :* 1846 (M/E): [[Feuerbach: oposición entre las concepciones materialistas e idealistas]]. :* 1846 (M): [[Carta de Marx a Pavel Vasilyevich Annenkov (28 de diciembre de 1846)]]. :* 1848 (M): [[Comunicado del Comité Comarcal de los Demócratas de la Provincia Renana]]. :* 1848 (M): [[¡¡¡Abajo los impuestos!!!]] :* '''1848 (M/E): [[Manifiesto Comunista|Manifiesto del Partido Comunista.]]''' :** Traducción anónima (1886) {{at|Manifiesto del Partido Comunista por C. Marx y F. Engels.pdf}} :** Traducción de [[Autor:Antonio García Quejido|Antonio García Quejido]] (1923) {{at|Manifiesto del partido comunista 1848 - C. Marx y F. Engels. (Traducido por A. García Quejido).pdf}} :** [[Manifiesto Comunista (Roces tr.)|Traducción de Wenceslao Roces]] :* 1848 (M): [[La burguesía y la contrarevolución. Segundo artículo]]. :* 1849 (M): [[Trabajo asalariado y capital]]. ::o (E): [[Presentación de Engels (1891)]] === 1850s === :* '''1850 (M): [[Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850]].''' ::o '''(E): [[Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 - 1|Introducción de Engels a la edición de 1895]].''' :* 1850 (M/E): [[Circular del Comité Central a la Liga Comunista]]. :* '''1851-1852 (M): [[El dieciocho brumario de Luis Bonaparte]].''' :* 1853 (M): [[La dominación británica en la India]]. :* 1853 (M): [[Futuros resultados de la dominación británica de la India]]. :* 1854 (M): [[La España revolucionaria]]. :* 1856 (M): [[Carta de Marx a Engels (16 de abril de 1856)]]. :* 1857 (M): [[Carta de Marx a Engels (25 de setiembre de 1857)]]. :* 1858 (M): [[(Simón) Bolívar y Ponte]]. :* 1859 (M): [[Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política]]. === 1860s === :* '''1864 (M): [[Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores]].''' :* '''1864 (M): [[Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores]].''' :* 1864 (M): [[A Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos de América]]. :* 1865 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (23 de febrero de 1865)]] :* 1865 (M): [[Sobre Proudhon]]. :* '''1865 (M): [[Salario, precio y ganancia]].''' :* 1866 (M): [[Carta de Marx a Engels (20 de junio de 1866)]]. :* 1866 (M): [[Instrucción sobre diversos problemas a los delegados del Consejo Central Provincial]]. :* 1866 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (9 de octubre de 1866)]] :* 1867 (M): '''El capital''' :** [[El Capital (1898)|Traducción de la cuarta edición alemana (1898)]] {{at|El Capital (1898).pdf}} :* 1868 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (11 de julio de 1868)]] :* 1869 (M): [[Mensaje a la Unión Obrera Nacional de los Estados Unidos]]. === 1870s === :* 1870: (M): [[El Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores a los miembros del comité de la sección rusa en Ginebra]]. :* 1871: (M): [[Extracto de una comunicación confidencial]]. :* '''1871: (M): [[La guerra civil en Francia]].''' :* 1871 (M/E): [[De las resoluciones de la Conferencia de Delegados de la Asociación Internacional de los Trabajadores]]. :* 1871 (M): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (12 de abril de 1871)]] :* 1871 (M)): [[Carta de Marx a Ludwig Kugelman (17 de abril de 1871)]] :* 1871 (M): [[Carta de Marx a Friedrich Bolte (23 de noviembre de 1871)]] :* 1872 (M/E): [[Las pretendidas escisiones de la Internacional]]. :* 1872 (M): [[Resoluciones del mitin convocado para conmemorar el aniversario de la Comuna de París]]. :* 1872 (M/E): [[De las Resoluciones del Congreso General celebrado en La Haya, 2-7 de septiembre de 1872]]. :* 1872 (M): [[El Congreso de La Haya. Información periodística del discurso pronunciado el 8 de septiembre de 1872 en Amsterdam]]. :* 1872 (M): [[La nacionalización de la tierra]]. :* 1874 (M): [[Acotaciones al libro de Bakunin El Estado y la Anarquía]]. :* '''1875 (M): [[Crítica al Programa de Gotha]].''' ::o [[Crítica al Programa de Gotha: Prólogo]] ::o [[Carta de C. Marx a W. Bracke (5 de mayo de 1875)]] ::o '''[[Crítica al Programa de Gotha: Glosas]]''' :* 1877 (M): [[Carta al director de Otiechéstvennie Zapiski (fines de 1877)]] :* 1879 (M/E): [[De la carta circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros]]. === 1880s === :* 1881 (M): [[Proyecto de respuesta a la carta de V. I. Zasulich]]. == Biografías == :* Carlos Marx por Federico Engels. :* Carlos Marx por V. I. Lenin. :* [[Discurso ante la tumba de Marx]]. por Federico Engels. == Enlaces externos == *[https://www.marxists.org/espanol/m-e/index.htm MIA - Marxists Internet Archive - Archivo Marx & Engels] f4gf2l66vucz25uose4mlzcfyjoi917 Autor:Hesíodo 106 3266 1665218 1497900 2026-06-20T14:57:24Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665218 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Hesíodo'''<br /> Nació en Acra, cerca de Tebas, hacia la segunda mitad del siglo VIII a. C. |Ordenar=Hesiodo }}{{advertencia}} == Obras == * {{cita libro|autor=Hesíodo|título=La Teogonia. El escudo de Heracles. Los trabajos y los dias. Bión (Ydilios). Himnos órficos|otros=Traducción nueva del griego por [[Autor:Leconte de Lisle|Leconte de Lisle]]. Versión española de [[Autor:Germán Gómez de la Mata|Germán Gómez de la Mata]]. |año=1918|ubicación=Valencia|editorial=[[Portal:Editorial Prometeo|Prometeo]]}} {{at|La Teogonia - bdh0000247820.pdf}} [[Categoría:Autores de la Antigua Grecia]] d3xphcafg5mqf8mkrwqecd35mym0qzy Discurso de Augusto Pinochet a un mes de la constitución de la junta de gobierno 0 3438 1665278 1665013 2026-06-20T15:57:03Z Janitoalevic 45005 1665278 wikitext text/x-wiki {{DH}} '''Discurso pronunciado por el señor presidente de la junta de gobierno, general de ejército don Augusto Pinochet Ugarte, al cumplirse un mes desde la fecha de constitución de la junta de gobierno''' Conciudadanos, autoridades militares, religiosas y civiles, amigos de países extranjeros; señoras y señores: Al cumplirse un mes del pronunciamiento de las Fuerzas Armadas y de Carabineros hemos querido llegar a esta tribuna a presentar al pueblo de Chile la situación en que hemos encontrado a la nación y las repercusiones que en todo orden significan para su desenvolvimiento como país libre y soberano. Hemos asumido este deber con absoluta responsabilidad y con la certeza de estar cumpliendo cabalmente con la misión que el Estado nos asigna, como fuerzas vigilantes de su seguridad interna y custodia de los más altos valores morales, intelectuales, sociales, políticos y económicos. Los últimos años del Gobierno de la nación han arrastrado al país a variados trastornos destinados a producir entre los chilenos la miseria, el odio y la violencia. Por ello, como paliativo a tan nefastos sucesos, las Fuerzas Armadas y Carabineros asumieron el Gobierno inspirados en la noble misión que, como hombres de armas, les dispone la ley, la que no sólo es preservar fundamentalmente la soberanía de la nación cuando ésta se ve amenazada interna o externamente, sino en velar por mantener el orden interno y la seguridad física y moral de todos los conciudadanos. == Restablecer el Estado de Derecho == Cuando el Estado de Derecho es vulnerado sin que se dé la ocasión a ningún pronunciamiento ni positivo ni negativo de las Fuerzas Armadas y de Orden y los acontecimientos se desarrollan bajo un aspecto físicamente pacífico, sin que se advierta la profunda descomposición moral y económica porque se atraviesa, es porque se ha llegado a un caos interno que coloca al Estado, en el más grave peligro para su normal desenvolvimiento. En tal caso será obligación de las Fuerzas Armadas y Carabineros restablecer la vida normal del país, sin que aquello signifique quebrantar los sanos principios del respeto a la ley y a las normas que el Derecho establece. Si existiera alguna culpa será para aquellos que, con sus actitudes contrarias a la Constitución y a las leyes, prescindan de sus deberes como mandatarios, traten de producir el caos interno y no valoren que, por sobre sus ideas políticas, está la patria, y lleguen a poner en grave peligro su soberanía y su seguridad. Más condenable aún será para aquellos a quienes por todos sus medios la ciudadanía les reprobó los actos ilegítimos que en el mandato de Gobierno asumían y mantenían. Actitud más que rígida era suicida. == Reclamo democrático no fue escuchado == El Parlamento, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General de la República, los gremios, las mujeres, la juventud así lo expresaron reiteradamente, y su preocupación por los desbordes totalitarios del régimen marxista de un Gobierno ególatra sólo encontraron la fría respuesta de un mutismo insensible y sectario; pero ese reclamo multitudinario jamás fue escuchado por quienes tenían el deber de preservar los principios fundamentales que alientan nuestra institucionalidad. No se acató a la Cámara de Diputados, que mostraba el grave quebrantamiento de la Constitución por el régimen marxista, señalaba el propósito inmoral de instaurar un sistema totalitario, con el desconocimiento y el atropello sistemático de los demás Poderes del Estado, ya que se privaba a los ciudadanos de sus garantías individuales, permitiendo la creación de poderes paralelos ilegítimos que ponían en grave peligro a la Nación. Se burló del reclamo de la Corte Suprema de Justicia por la acción ilegítima de la autoridad administrativa, y de igual forma se rechazó los órganos legales de la Contraloría General de la República. Al clamor de los gremios, de las mujeres y de la juventud, que veían con pavor la destrucción de la Nación, al negárseles el futuro de libertad y progreso del pueblo, no quedó otro camino a las Fuerzas Armadas y Carabineros, sino el poner término a ese estado de desquiciamiento de todo orden, y ofrecer una esperanza de paz y recuperación al pueblo chileno, hasta ese momento tan miserablemente traicionado. == Desastre incalculable == No estamos aún en condiciones de medir en toda su magnitud el mal que se ha causado a nuestra patria, pero ya los chilenos hemos escuchado el balance del estado financiero de la Nación que ha hecho el Contralor General de la República, y las medidas de orden económico que se deben adoptar para enfrentar la grave crisis que se avecina, como lo indicara el señor Ministro de Hacienda en la presente semana. Cada una de las oficinas públicas, cada empresa estatizada o intervenida, cada Banco, cada Organismo del Estado, es una verdadera caja de sorpresas, que muestran parte de un proceso de corrupción moral y administrativa increíbles. No sólo se dilapidaron los recursos materiales de la Nación, sino que se derrochó toda una energía creadora de un pueblo con mejores destinos, y por la corrupción moral de los funcionarios que alentaron la desidia y el ocio malsano, no se trepidó en dilapidar los recursos del pueblo de Chile en su propio beneficio, usufructuando de placeres y de una vida licenciosa, digna de un país en decadencia y corrompido. == Los responsables pagarán == Por ello, ningún funcionario político dejará de pagar su responsabilidad y nadie quedará impune por estos delitos que van contra la contextura misma de la Patria. Pero también señalamos que no aceptaremos la injusticia para aquellos hombres que, de buena fe, creyeron en las falsas promesas sociales de estos nuevos mesías que difundían el odio y el rencor entre los chilenos. Por ambiciones políticas, desde hace muchas generaciones se ha fomentado en Chile, consciente o inconscientemente, la división del pueblo: Se ha hecho lo posible por ahondar la brecha entre los pobres y los que no lo son; entre los que no han tenido acceso a la educación y los que la han recibido. Se ha tratado de ahondar diferencias entre campesinos y poblaciones urbanas; entre trabajadores del sector público y del sector privado; entre civiles y uniformados; entre los que profesan tal o cual ideología: En definitiva, se ha impulsado la tendencia paraestimular los factores que nos dividen, olvidando a aquellos que nos unen como chilenos, hijos de una tierra, hermanos de una tradición y forjadores de una Patria con mejores destinos. Hoy al construir la nueva sociedad, lo hacemos tomando como base a estos factores. == Contra la dictadura marxista == La gesta del 11 de septiembre incorporó a Chile en la heroica lucha contra la dictadura marxista de los pueblos amantes de su libertad. En ese mismo ánimo libertario, que movió a checoslovacos y húngaros, para luchar su enemigo poderoso e inclemente, es que se ha impregnado el espíritu de los chilenos, para derrotar al marxismo internacional. Por ello, inicialmente en todo el mundo se ha hecho presente la campaña en contra de Chile desatada por los países socialistas; la calumnia y el engaño han entrado en juego permanente para distorsionar en el xterior la imagen real de Chile, pero ya los países se han dado cuenta de esta acción encubridora del comunismo internacional y la verdad volverá a triunfar sobre el embuste. Los siniestros planea para realizar una masacre en masa de un pueblo que no aceptaba sus ideas, se habían preparado en forma subterránea. Países extranjeros enviaron armas y mercenario del odio para combatirnos; sin embargo, la mano de Dios se hizo presente para salvarnos, a pocos días, antes de consumarse tan horrendo crimen. Hoy sabemos qué habría ocurrido, ya que los documentos encontrados así lo indican: el marxismo internacional hubiera desatado la guerra civil, en cumplimiento de sus siniestros planes, y la vida de más de un millón de chilenos, se habría segado a sangre y fuego. == Subsiste estado de guerra == La situación se controla, pero persiste la amenaza externa e interna de chilenos que se sienten rabiosamente defraudados en sus propósitos totalitarios y, desde otros países, incitan a extranjeros a luchar contra sus propios hermanos. Por ello, subsisten el estado de guerra interno y el estado de sitio, del cual la ciudadanía tiene que tomar cabal conciencia, porque de su espíritu de responsabilidad, depende el éxito de nuestras gestiones de paz y concordia, en que estamos empeñados para el bien de Chile y de sus hijos. Para esto, es preciso que cada ciudadano comprenda la difícil tarea que desempeñan las Fuerzas Armadas y Carabineros, ya que para preservar la paz y la seguridad, arriesgan permanentemente su vida. == El fracaso será el fin == Conciudadanos, no es tarea grata y fácil la que estamos desarrollando; es labor difícil y sacrificada, que requiere el aporte solidario y colectivo de todos nosotros. El fracaso de nuestra misión será el fin de Chile y de sus hijos. Por ello, nuestra actuación es sólo el resultado de una tragedia nacional, en la medida que hicieron o dejaron hacer el mal. Por lo tanto, quienes ya comienzan a juzgar precipitadamente nuestras actuaciones, quienescreen que esto es un producto que puede ser repartido egoístamente, para satisfacer comodidades o ambiciones de grupos o personas, quienes de algún modo exigen pronta solución a sus problemas, están equivocados, y siguen haciendo el mal a la Patria. Han olvidado que nuestros soldados siguen aún combatiendo contra grupos de extremistas armados, que en la oscuridad hieren o matan en forma artera. Esta lucha heroica, no es una lucha fratricida; por el contrario, es la batalla constante para extirpar de raíz el mal de Chile, y que sólo habremos obtenido la victoria definitiva cuando impere la justicia y la paz social que todo pueblo anhela y merece. Así, quienes precipitadamente exigen o emiten juicios aventurados sobre la actuación de las Fuerzas Armadas y Carabineros, no nos ayudan, y olvidan que es misión fundamental hacer de un país en ruinas una nación próspera; lo cual no es tarea para demagogos ni se resuelve en horas. == Sacrificio compartido == Desde el primer instante el gobierno ha señalado que en ningún momento se ha pensado en retroceder en las conquistas alcanzadas por los trabajadores; pero el país debe enfrentar en todas direcciones la más seria y honda de las crisis que en el curso de su vida independiente haya soportado. La cruda realidad no ha terminado, y de ello debemos tener plena conciencia –está en sus inicios-, por ello no prometemos ni ofrecemos otra cosa que nuestro sacrificio y esfuerzo personal; pero al mismo tiempo pedimos y exigimos el esfuerzo y sacrificio de todos los chilenos para consolidar la paz y la justicia social en nuestro pueblo. Es imposible señalar, en un solo conjunto, las medidas que en forma inmediata o mediata y a largo plazo, se deberán aplicar, pero es necesaria la comprensión de cada uno, ya que si bien es cierto, tenemos metas comunes, se requiere que por un período más o menos largo, el país sea sometido al esfuerzo ordenado y a un sacrificio compartido, para erradicar de Chile el hambre y la miseria, elevar el nivel de vida de sus habitantes, y alcanzar una lugar de privilegio entre los pueblos del mundo civilizado. No es tarea fácil; la destrucción ocasionada a la economía de Chile y la descomposición del espíritu laboral alcanzó límites incalculables. La indisciplina produjo tal desconcierto en todos los trabajadores, al extremo que en la semana un obrero tenía un rendimiento de 1,2 días de trabajo, es decir, 10 horas sobre las 40 que corresponde; el resto eran desfiles, reuniones, manifestaciones, etc.; ello nos da una pauta, para que se comprenda a los extremos que se alcanzó. Lo anterior, nos impone el aunar el espíritu de todos los chilenos tras un destino de progreso y de metas comunes, para llegar donde nos proponemos alcanzar para recuperar el país. == Unidad de destinos == Hemos declarado que para este Gobierno no hay vencedores ni vencidos, porque entendemos a Chile como una Unidad de destino. La auténtica noción de Patria obliga a cada generación a ser fiel con los valores históricos que han heredado de sus antepasados y han dado forma a la nacionalidad. Ello obliga a sentirnos entre todos los compatriotas como hermanos, comprometidos en un mismo destino, a navegar en un mismo barco, cuyo arribo a puerto o cuyo naufragio depende de todos, y alcanzará finalmente a todos. Por tanto, proclamamos la unidad nacional como la aspiración más preciada y sólida para la recuperación de Chile. == Rechazo a concepción marxista == Por la misma razón, rechazamos categóricamente la concepción marxista del hombre y de la sociedad, porque ella niega los valores más entrañables del alma nacional y pretende dividir a los chilenos en una lucha deliberada entre clases aparentemente antagónicas, para terminar implantando un sistema totalitario y opresor, donde se niegue los más caros atributos del hombre como ser racional y libre. No pretendemos perseguir a nadie por sus ideas ni por su simple adhesión al régimen depuesto. Nuestra determinación es ser inflexibles para sancionar a quienes pretendan o hayan pretendido usar la violencia, como asimismo, a quienes hayan delinquido o abusado ilícitamente en el ejercicio de sus cargos. Pero es también nuestro anhelo que aquellos que equivocadamente adhirieron a quienes traicionaron al pueblo de Chile se incorporen ahora en plenitud a la reconstrucción nacional. Aspiramos a derrotar al marxismo en la conciencia de los chilenos, que podrán comparar y juzgar a cada cual por sus resultados. == Desarrollo económico y justicia social == Junto a la misión de reconstruir la unidad nacional perdida, proclamamos como nuestro objetivo próximo más inmediato alcanzar el desarrollo económico y la justicia social, que tanto anhela nuestro pueblo. Para ello hemos solicitado el concurso de los técnicos más capaces e idóneos en cada materia, con absoluta prescindencia de su filiación política o partidaria, y sin otro requisito que el estar dispuesto a cooperar en la tarea patriótica que nos hemos propuesto. No se puede permitir que, por ideologismos excesivos o mezquinos sectarismos, se pierdan o posterguen las mejores capacidades de la nación. La administración de empresas y servicios públicos y privados no pueden considerarse como parcelas para el cuoteo o repartijas políticas, sino como una misión de servicio público que requiere la formación de una escuela de eficiencia, honradez y continuidad. == Política pragmática == Para lograr el desarrollo económico realizaremos una política pragmática y realista, evitando todo dogma, prejuicio o copia foránea. Fomentaremos la inversión pública y privada, nacional y extranjera, como único vehículo de aumento estable de la producción; todo ello, claramente señalado en una razonada planificación económica. El verdadero nacionalismo no consiste en rechazar las inversiones extranjeras sino en sujetarlas a normas que aseguren como condición prioritaria el beneficio de Chile. Para promover las inversiones, la capitalización y el ahorro, ofreceremos la confianza que nace de la seriedad, del respeto a creer en las eglas del juego y de la valorización del trabajo esforzado de cada cual. El talento creador de nuevas fuentes de riqueza y cupación para los chilenos recibirá el más amplio apoyo de un régimen que pretende armonizar equilibradamente la niciativa privada con la necesaria intervención estatal en la marcha de una economía moderna: El rol del Estado moderno s, fundamentalmente, servir de árbitro entre productores y consumidores y a ello tenderá nuestro esfuerzo. == Equidad en beneficios == El Estado velará por la consecución efectiva de la justicia social, teniendo presente que el desarrollo económico sólo se justifica en plenitud, cuando sus frutos aprovechan equitativamente a todos los habitantes de la República, sin otras diferencias que las que pueden emanar de la mayor capacidad o espíritu de trabajo de cada cual. Seremos inflexibles para evitar todo privilegio contrario a este principio y seremos sumamente celosos para impedir que personas o grupos de cualquier género obtengan prebendas que atenten en contra del interés general. En formasimultánea se resguardarán y desarrollarán las legítimas conquistas sociales de los trabajadores y se buscará siempre conciliación. En efecto, el desarrollo económico y el progreso social son términos indisolubles. Cuando se sacrifica demagógicamente el primero, los beneficios sociales que se conceden, terminan siendo una simple ilusión, porque sólo se reparte pobreza. Cuando, en cambio, se posterga indebidamente el progreso social, el desarrollo económico no se traduce en justicia, fomentándose sólo tensiones inconvenientes. Consideramos que el permanente equilibrio entre ambos aspectos es misión clave de todo gobernante. == Pueblo organizado == Es conveniente la participación consciente y responsable de la ciudadanía, como clave de la democracia viva y depurada, que deberá abrirse paso hacia el futuro; para ello daremos nuestra prioridad a los Colegios, al profesional, a los gremios y a los trabajadores, para que en estrecho contacto con ellos, reflejen el auténtico pensamiento del pueblo organizado, en torno a sus actividades de trabajo o estudio. A través de ellos, se podrá recoger una voz técnica frente a los problemas, ilustrando de este modo las decisiones de Gobierno, condición indispensable para que esta relación se configure en forma fructífera. La despolitización de las organizaciones de estudio y de trabajo en general, no serán instrumentos de partidos o grupo alguno, sino expresión del verdadero sentir de quienes constituyan el grupo desde los más bajos niveles. Hoy la inmensa mayoría del país ha empezado a construir. == Juventud y mujer == En la tarea de reconstruir al país tiene particular relevancia la participación organizada de la juventud y de la mujer, que tanto idealismo y decisión han mostrado en estos años. En ellos está la savia del futuro y la base de la familia, pilares ambos de una Patria en marcha. Daremos horizontes a la juventud de hoy, de mañana y la seguridad para la mujer. Estos incentivos en el nuevo régimen permitirán a estos sectores tan vitales la más activa y eficiente participación. Rindo homenaje a las madres chilenas, mujeres inspiradas con esa claridad divina que Dios les alberga en su corazón; ellas lucharon por el futuro de sus hijos, y por ello la historia les reconocerá en el tiempo, cuando se estudien las páginas tristes de este pasado. == Realismo y no teorización == En cuanto a los trabajadores, buscaremos una mayor participación plasmada en realismo y sin teorizaciones abstractas. Las fórmulas admitirán toda la variedad que exige la distinta naturaleza de las miles de empresas industriales, agrícolas y mineras del país, pero ellas deberán asegurar el respeto a las jerarquías técnicas y la disciplina laboral, sin lo cual se termina por destruir la unidad productiva como tal. Lo importante es mirar a la empresa, como una comunidad de seres humanos, donde todos son y deben ser considerados como sujetos, y no objetos, de su propio destino. == Educación y cultura == La educación es un derecho fundamental de todo niño o joven de la patria. No sólo se trata de dar alimentación, vivienda y vestuario dignos a todos los chilenos. Es necesario, además, entregarles el acceso a la cultura, en tal forma que los coloque en igualdad de oportunidades sociales frente a la vida. La educación debe formar en el joven los grandes valores de la nacionalidad, sin buscar ninguna forma de adoctrinamiento o concientización política, ya que con ello se vulnera el sagrado respeto por la libertad interior de cada ser humano. Una verdadera educación que alcance a todos los chilenos, es, además, en este nuevo Estado, el camino indispensable para que Chile progrese en la ruta de la tecnología que caracteriza al mundo contemporáneo. == Moralidad y disciplina == Para lograr los objetivos señalados es indispensable para el nuevo Gobierno dotar a sus actos de la más estricta moralidad pública, para iniciar con su ejemplo un cambio profundo en la mentalidad del país. El respeto al honor y dignidad de las personas, el sentimiento de fraternidad entre los chilenos, el sentido del deber y una mística en torno al trabajo de cada cual deben convertirse en normas esenciales de la reconstrucción espiritual del país. El orden, la limpieza material de nuestras ciudades y la disciplina en nuestros actos serán el reflejo de la depuración moral de la patria. El Gobierno complementará y asegurará lo anterior a través del restablecimiento integral del principio de autoridad, que se ejercerá son contemplaciones contra todos aquellos grupos minoritarios y extremistas que intenten perturbar la convivencia pacífica entre los chilenos, como, igualmente, contra toda forma de delincuencia. Nunca más un pequeño grupo de audaces contará con la tolerancia oficial para crear y practicar una filosofía de violencia, que pretenda separa la unidad de los nacidos en este suelo, que tienen una enseña común y un ancestro cultural e histórico, que forman el block monolítico de la chilenidad. == Nueva Constitución == Afianzadas las metas anteriores, las Fuerzas Armadas y de Orden darán paso al restablecimiento de nuestra democracia, la que deberá renacer purificada de los vicios y malos hábitos que terminaron por destruir nuestras instituciones. Una nueva Constitución Política de la República debe permitir la evolución dinámica que el mundo actual reclama, y aleje para siempre la politiquería, el sectarismo y la demagogia de la vida nacional; que ella sea la expresión suprema de la nueva institucionalidad y bajo estos moldes se proyecten los destinos de Chile. En ella, conforme a nuestras mejores tradiciones históricas, el pueblo deberá ser el verdadero origen y destinatario del ejercicio del Poder. == Con el progreso finalizará la misión == Reconstruir siempre es más lento y más arduo que destruir. Por ello sabemos que nuestra misión no tendrá la transitoriedad que desearíamos, y es así como no damos plazos ni fijamos fechas. Sólo cuando el país haya alcanzado la paz social necesaria para el verdadero progreso y desarrollo económico a que se tiene derecho y Chile no muestre caras con reflejos de odio, será cuando nuestra misión habrá terminado. Para acelerar estas metas, pedimos a Dios su ayuda, y a nuestro pueblo su abnegación y patriotismo y a quienes tienen la responsabilidad del Gobierno, su propia entrega, sin limitaciones, en beneficio de la causa que han abrazado. == Espíritu portaliano == Todo ello requiere esfuerzos y sacrificios que estamos dispuestos a asumir, confiando en el éxito final de la misión que nos hemos propuesto, inspirados en el espíritu portaliano que alumbra hoy esta sala, en la cual el pueblo todo se ha fundido, en anhelos de paz y progreso. Al terminar esta breve exposición, pido al Altísimo que nos ilumine y nos dé fuerzas para afrontar las difíciles tareas de Gobierno, y a mis compatriotas, la fe y el sacrificio para salvar a la Patria, dolida y enferma, de la dura prueba a que el destino la sometió, quizás si para señalarle con este golpe, cual será su verdadera misión. No quiero dejar esta tribuna, sin antes rendir un homenaje a las esposas de nuestros soldados, hoy angustiadas y temerosas, pero jamás abatidas en su corazón espartano; a ellas nuestros agradecimientos y nuestra comprensión. Conciudadanos, Juro ante la bandera de los Padres de la Patria, que a los que hoy la responsabilidad del Gobierno no nos lleva otro norte sino el servir a Chile, con toda fe y patriotismo y si es necesario dar nuestra vida, gustosos la daremos, ya que como hombres de armas juramos entregarla en bien de Chile y su destino y que hoy lo sellamos ante el país entero con un Viva Chile nacido de lo más profundo del corazón. ---- '''Ver También''' *[[Wikisource:Documentos históricos|Documentos históricos]] *[[Augusto Pinochet]] [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:D1973]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 7oxhx50rjhyz4emvr1zjtjfu1h8b3gd Autor:Augusto Pinochet 106 3439 1665339 1297007 2026-06-20T17:40:49Z Janitoalevic 45005 /* Documentos */ 1665339 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar = Pinochet, Augusto |Texto='''Augusto José Ramón Pinochet Ugarte''' <br />(25 de [[noviembre]] de 1915 - 10 de [[diciembre]] de 2006 ) <br /> Militar y dictador chileno |Obras=none |Documentos=Augusto Pinochet}} == Documentos == * [[Diálogos del 11 de septiembre de 1973]] * [[Bando N° 5 del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973]] * [[Acta N° 1 de la Junta de Gobierno de Chile (13 septiembre 1973)]] * [[Acta de constitución de la junta de gobierno]] * [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973)]] * [[Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] * [[Discurso de Augusto Pinochet a un mes de la constitución de la junta de gobierno]] * [[Declaración de principios del gobierno de militar]] * [[Discurso de Chacarillas]] * [[Acta de Charaña]] * [[Carta a los Chilenos, de Augusto Pinochet|Carta a los Chilenos]] * [[Carta póstuma de Augusto Pinochet]] == Véase también == *[[Régimen Militar (Chile)]] 4y3gmpaick9awfy01llap8fzcvc4ke8 1665342 1665339 2026-06-20T17:47:11Z Janitoalevic 45005 /* Documentos */ 1665342 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar = Pinochet, Augusto |Texto='''Augusto José Ramón Pinochet Ugarte''' <br />(25 de [[noviembre]] de 1915 - 10 de [[diciembre]] de 2006 ) <br /> Militar y dictador chileno |Obras=none |Documentos=Augusto Pinochet}} == Documentos == * [[Diálogos del 11 de septiembre de 1973]] * [[Bando N° 5 del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973]] * [[Acta N° 1 de la Junta de Gobierno de Chile (13 septiembre 1973)]] * [[Acta de constitución de la junta de gobierno]] * [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973)]] * [[Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] * [[Discurso de Augusto Pinochet a un mes de la constitución de la junta de gobierno]] * [[Declaración de principios del gobierno de militar]] * [[Discurso de Chacarillas]] * [[Mensaje de fin de año 1978 de Augusto Pinochet Ugarte]] * [[Acta de Charaña]] * [[Discurso de Augusto Pinochet reconociendo el triunfo del No en el plebiscito de 1988]] * [[Discurso de Augusto Pinochet tras la aprobación mediante plebiscito de la reforma constitucional en 1989]] * [[Discurso de Augusto Pinochet de despedida de la Presidencia]] * [[Discurso de Augusto Pinochet con motivo del traspaso de la comandancia en jefe del Ejército]] * [[Carta a los Chilenos, de Augusto Pinochet|Carta a los Chilenos]] * [[Carta póstuma de Augusto Pinochet]] == Véase también == *[[Régimen Militar (Chile)]] gdp9yuwr11yf6i95xvqrb00a4ttfe1h Discurso de Augusto Pinochet en el cerro Chacarillas sobre la Nueva Institucionalidad de Chile (1977) 0 3441 1665280 1665011 2026-06-20T16:00:02Z Janitoalevic 45005 1665280 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Discurso de Augusto Pinochet en cerro Chacarillas con ocasión del día de la juventud el 9 de julio de 1977 |autor= Augusto Pinochet |año= 9 de julio de 1977 |nota=La noche del 9 de julio de 1977 el Frente de Unidad Nacional congregó en el Cerro Chacarillas a centenares de jóvenes. La ceremonia estaba destinada a recordar la inmolación de los 77 héroes juveniles chilenos en la batalla de la Concepción y finalizó con un discurso del general Augusto Pinochet.}} Al celebrarse hoy el Día de la Juventud que instituyéramos hace dos años en este mismo lugar, retorno a él con renovada fe en el futuro de Chile. Concurro así a la invitación que me ha formulado el Frente Juvenil de Unidad Nacional, que también celebra en esta noche el segundo aniversario de su creación, como un movimiento propio y responsable de la juventud chilena, que quiso identificar su compromiso con la defensa y proyección histórica del 11 de septiembre, uniéndolo a aquel imperecedero ejemplo de patriotismo que representa la inmolación de los 77 héroes juveniles de La Concepción. Mi corazón de viejo soldado revive con profunda emoción el coraje insuperable de Luis Cruz Martínez y de los otros 76 jóvenes chilenos, que junto a él, en plena soledad de la sierra peruana, supieron demostrar con la entrega de sus vidas, que nuestra Patria y los valores permanentes del espíritu están por encima de cualquier sacrificio personal que su defensa pueda demandar. Mi espíritu de Presidente de la República se llena de justificada esperanza, al contemplar que la juventud de hoy ha sabido descubrir el sello de eternidad y de exigencia que encierra para las generaciones siguientes la sangre que nuestros mártires derramaron pensando en la grandeza futura de Chile. Como muy bien lo señaláis en el lema que habéis escogido, ellos murieron porque soñaban en una Patria libre, unida, grande y soberana. Convertir ese ideal en la más plena realidad posible, efectivamente es y será vuestra obra. Abriros diariamente el surco para que podáis emprender y proseguir esa tarea, es en cambio la difícil e irrenunciable misión que Dios y la historia han colocado sobre nuestros hombros. Hace muy poco, de nuevo el pueblo chileno supo reeditar durante tres años de heroica lucha en contra de la inminente amenaza de totalitarismo comunista, aquel supremo grito de guerra de la Batalla de la Concepción: “Los chilenos no se rinden jamás” . Y cuando acudiendo al llamado angustioso de nuestra ciudadanía, las Fuerzas Armadas y de Orden, decidieron actuar el 11 de septiembre de 1973, nuevamente nuestra tierra fue regada por la sangre de muchos de nuestros hombres, que cayeron luchando por la liberación de Chile. Quedaba de este modo en evidencia que el temple de nuestra raza y la fibra de nuestra nacionalidad para defender la dignidad o la soberanía de nuestra patria no habían muerto ni podrían morir jamás, porque son valores morales que se anidan en el alma misma de la chilenidad. Hoy, volvemos a enfrentar una lucha desigual, contra una acción foránea de diversos orígenes y tonalidades, que a veces adopta la forma de la agresión enemiga, y que en otras ocasiones se presenta bajo el rostro de una presión amiga. En ese complejo cuadro, Chile continuará actuando con la prudencia y mesura que tradicionalmente han caracterizado nuestra política internacional, aun en horas muy difíciles. Nuestra colaboración hacia los organismos internacionales y nuestro diálogo franco y leal con los países y Gobiernos amigos seguirán comprometiendo los mejores esfuerzos y la más amplia buena voluntad de parte nuestra. Pero por ningún motivo permitiremos que dicha actitud se confunda con debilidad o vacilación ante quienes pretendan dictarnos desde el exterior, el camino que debemos seguir, ya que su determinación es de exclusivo resorte de nuestra soberanía interna. Por esta razón, dispuse recientemente que renunciáramos a la solicitud de un crédito externo, cuyo otorgamiento pretendió condicionarse públicamente a un examen de un Gobierno extranjero acerca de la evolución de nuestra situación en materia de derechos humanos. Estoy cierto de que en esta actitud me acompaña el país entero, porque si hay algo que todo chileno de verdad tiene muy en claro es que la dignidad de nuestra patria no se transa ni se hipoteca ante nada ni frente a nadie. ===Desbordes del imperialismo ya superados=== Quienes pretenden doblegarnos con presiones o amenazas foráneas, se equivocan rotundamente, y sólo verán crecer una cohesión interna que siempre se agiganta ante la adversidad. Quienes, por su parte pretenden desde el interior aliarse con estos desbordes internacionales que parecieran revivir formas de imperialismo que creíamos ya superadas en el Occidente, sólo logran retratarse mejor en sus ambiciones sin freno, y hacerse acreedores al justo desprecio del pueblo chileno. Menos aceptable son todavía los intentos de intervención foránea cuando la causa que se invoca para ella es una supuesta defensa de los derechos humanos. Nuestra historia y nuestra idiosincrasia se han forjado en el respeto a la dignidad del hombre. Sólo una amarga experiencia reciente, que estuvo a punto de conducirnos a la guerra civil, nos ha hecho comprender que los derechos humanos no pueden sobrevivir en un régimen político y jurídico que abre campo a la agresión ideológica del marxismo-leninismo, hoy al servicio del imperialismo soviético, o a la subversión terrorista, que convierte a la convivencia social en una completa anarquía. Resulta incomprensible que toda restricción a determinados derechos de las personas se enjuicie como una presunta transgresión de los derechos humanos, mientras que la actitud débil o demagógica de muchos gobiernos frente al terrorismo no merezca reparo alguno en la materia, aun cuando es evidente que ella se traduce en una complicidad por omisión, con una de las formas más brutales de violación de los derechos humanos. Es posible que nuestro enfoque más amplio y profundo en esta materia sea difícil de comprender para quienes no han vivido un drama como el nuestro. He ahí, en cambio, la razón por la cual las limitaciones excepcionales que transitoriamente hemos debido imponer a ciertos derechos, han contado con el respaldo del pueblo y de la juventud de nuestra Patria, que han visto en ella el complemento duro pero necesario para asegurar nuestra Liberación Nacional, y proyectar así amplios horizontes de paz y progreso para el presente y el futuro de Chile. La juventud se ha destacado por su comprensión visionaria hacia la exigencia histórica que afrontamos en el sentido de dar vida a un Nuevo Régimen político institucional. Es por ello que, al cumplir el Frente Juvenil dos años de vida, siento el deber de expresar que, respetando el carácter plenamente autónomo e independiente de este movimiento, el Gobierno que preside aprecia debidamente los importantes avances que aquel ha ido logrando en su misión de unir a la juventud chilena en cursos humanos, geográficos y económicos; con el 11 de septiembre y con la nueva institucionalidad que a partir de esa fecha está surgiendo. De ahí que haya escogido esta noche, que ya se identifica con la juventud de nuestra Patria, para señalar públicamente los pasos fundamentales que hemos delineado para avanzar en el proceso institucional del país. Nada me parece más apropiado que hacerlo en un acto juvenil, ya que seréis vosotros, jóvenes chilenos, los responsables de dar continuidad a la tarea en que estamos empeñados y los más directos beneficiados con el esfuerzo que en ella ha puesto desde su inicio, el país entero. Frente al éxito ya perceptible del plan económico, el progreso en las medidas de orden social, y el orden y la tranquilidad que hoy brindan una vida pacífica a nuestros compatriotas, la atención pública se ha centrado ahora en mayor medida en nuestro futuro jurídico-institucional. Las sanas inquietudes de la juventud y de otros sectores nacionalistas por una participación cada vez mayor se inserta en esa realidad. Para un adecuado enfoque de este problema, es conveniente reiterar una vez más, que el 11 de septiembre no significó sólo el derrocamiento de un Gobierno ilegítimo y fracasado, sino que representó el término de un régimen político-institucional definitivamente agotado, y el consiguiente imperativo de construir uno nuevo. No se trata pues de una tarea de mera restauración sino de una obra eminentemente creadora, sin perjuicio de que dicha creación para ser fecunda debe enraizarse en los signos profundos de nuestra auténtica y mejor tradición nacional. ===Nuestra democracia=== Ello nos señala el deber de caminar por el sendero del Derecho, armonizando siempre la flexibilidad en la evolución social con la certeza de una norma jurídica objetiva e impersonal, que obligue por igual a gobernantes y gobernados. En esa perspectiva, advertimos nítidamente que nuestro deber es dar forma a una nueva democracia que sea autoritaria, protegida, integradora tecnificada y de auténtica participación social, características que se comprenden mejor cuando el individuo se despoja de su egolatría, ambición y egoísmo. Una democracia es autoritaria, en cuanto debe disponer un orden jurídico que asegure los derechos de las personas, con una adecuada protección de los Tribunales de Justicia independientes y dotados de imperio para hacer cumplir sus resoluciones. Protegida, en cuanto debe afianzar como doctrina fundamental del Estado de Chile el contenido básico de nuestra Declaración de Principios, reemplazando el Estado liberal clásico, ingenuo e inerme, por uno nuevo que esté comprometido con la libertad y la dignidad del hombre y con los valores esenciales de la nacionalidad. Consiguientemente, todo atentado en contra de estos principios, cuyo contenido se ha ido precisando en las Actas Constitucionales vigentes, se considera por éstas como un acto ilícito y contrario al ordenamiento institucional de la República. La libertad y la democracia no pueden sobrevivir si ellas no se defienden de quienes pretenden destruirlas. Integradora, en cuanto debe robustecer el Objetivo Nacional y los Objetivos permanentes de la Nación, para que por encima de legítimas divergencias en otros aspectos más circunstanciales, los sucesivos Gobiernos tengan en el futuro la continuidad esencial que les ha faltado en el pasado. De ahí debe brotar un poderoso elemento de unidad de la gran familia chilena, a la cual se ha pretendido sistemáticamente disgregar por tanto tiempo, impulsando una lucha de clases que no existe y no debe existir. Tecnificada, en cuanto al vertiginoso progreso científico y tecnológico del mundo contemporáneo, no puede ser ignorado por las estructuras jurídicas, resultando en cambio indispensable que se incorpore la voz de los que saben al estudio de las decisiones. Sólo ello permitirá colocar la discusión en el grado y nivel adecuados, reducir el margen de debate ideológico a sus justas proporciones, aprovechar el aporte de los más capaces, y dar estabilidad al sistema. De auténtica participación social, en cuanto a que sólo es verdaderamente libre una sociedad que, fundada en el principio de subsidiariedad, consagra y respeta una real autonomía de las agrupaciones intermedias entre el hombre y el Estado, para perseguir sus fines propios y específicos. Este principio es la base de un cuerpo social dotado de vitalidad creadora, como asimismo de una libertad económica que, dentro de las reglas que fija la autoridad estatal para velar por el bien común, impida la asfixia de las personas por la férula de un Estado omnipotente. Estamos frente a una tarea que, por su naturaleza y envergadura, debe ser gradual. De este modo, nos alejamos por igual de dos extremos: el del estancamiento, que más tarde o más temprano siempre conduce los procesos sociales a rupturas violentas, y el de la precipitación, que traería consigo la rápida destrucción de todo nuestro esfuerzo, el retorno del régimen anterior con sus mismos hombres y vicios y, muy pronto, un caos similar o peor al que vivimos durante el Gobierno marxista. ===Las etapas=== El proceso concebido en forma gradual contempla tres etapas: la de recuperación, la de transición y la de normalidad o consolidación. Dichas etapas se diferencian por el diverso papel que en ellas corresponde a las Fuerzas Armadas y de Orden, por un lado, y a la civilidad, por el otro. Asimismo, se distinguen por los instrumentos jurídico-institucionales que en cada una de ellas deben crearse o emplearse. En la etapa de recuperación el Poder Político ha debido ser integralmente asumido por las Fuerzas Armadas y de Orden, con colaboración de la civilidad, pero en cambio, más adelante, sus aspectos más contingentes serán compartidos con la civilidad, la cual habrá de pasar así de la colaboración a la participación. Finalmente, entraremos en la etapa de normalidad o consolidación, el Poder será ejercido directa y básicamente por la civilidad, reservándose constitucionalmente a las Fuerzas Armadas y de Orden el papel de contribuir a cautelar las bases esenciales de la institucionalidad, y la seguridad nacional en sus amplias y decisivas proyecciones modernas. Hoy nos encontramos en plena etapa de recuperación, pero estimo que los progresos que en todo orden estamos alcanzando, nos llevan hacia la de transición. Durante el período que falta de la etapa de recuperación, será necesario completar la dictación de Actas Constitucionales, en todas aquellas materias de rango constitucional aún no consideradas por ellas, como también de algunas leyes trascendentales, como de seguridad, trabajo, previsión, educación y otras que se estudiarán en forma paralela. De esta manera, quedará definitivamente derogada la Constitución de 1925, que en sustancia ya murió, pero que jurídicamente permanece vigente en algunas pequeñas partes, lo que no resulta aconsejable. Simultáneamente, deberán revisarse las Actas Constitucionales ya promulgadas, en aquellas materias donde su aplicación práctica hubiere demostrado la conveniencia de introducir ampliaciones, modificaciones o precisiones. La culminación de todo este proceso de preparación y promulgación de las actas constitucionales, que continuará desarrollándose progresivamente desde ahora, estimo que deberá en todo caso estar terminado antes del 31 de diciembre de 1980, ya que la etapa de transición no deberá comenzar después de dicho año, coincidiendo su inicio con la plena vigencia de todas las instituciones jurídicas que las actas contemplen. Entre las referidas actas constitucionales, ocupa un lugar prioritario la que habrá de regular el ejercicio y la evolución de los Poderes Constituyente, Legislativo y Ejecutivo. Para orientar en esta materia a la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución, el Presidente que os habla entregará próximamente ciertas directrices fundamentales que permitan a dicha comisión preparar el anteproyecto pertinente, para su posterior consulta al Consejo de Estado, antes del pronunciamiento final que corresponderá a la Junta de Gobierno. Dichas orientaciones para el esquema que deberá regir en la etapa de transición son principalmente las siguientes: - El Poder Constituyente deberá permanecer siendo ejercido por la Junta de Gobierno. Sin embargo, él se ejercerá normalmente con previa consulta al Consejo de Estado. - El Poder Ejecutivo deberá permanecer siendo ejercido por el Presidente de la Junta de Gobierno, en calidad de Presidente de la República, y con las facultades de que hoy está investido. - El Poder Legislativo, de acuerdo a la tradición nacional, deberá tener dos colegisladores: el Presidente de la República y una Cámara Legislativa o de Representantes, como se podría denominar, sin perjuicio de las facultades legislativas que, en esta etapa de transición, deberá mantener la Junta de Gobierno, en carácter extraordinario. Estas autoridades deberán comprender, por una parte, el derecho de cada uno de sus integrantes a presentar proyectos de ley a través de la Presidencia de la República, y por la otra, la facultad de solicitar, antes de la promulgación de cualquier ley, que su texto sea revisado por la Junta de Gobierno. En este último caso, si en la Junta prevaleciera la opinión de que un precepto atenta contra la Seguridad Nacional, éste no podrá ser promulgado. Se trata de un veto absoluto, destinado a operar en los casos en que la Junta de Gobierno lo interponga, a petición de cualquiera de sus miembros, diferenciándose así del veto ordinario del Presidente de la República frente a la Cámara Legislativa. Por su parte, y tal como lo expusiera el 18 de marzo pasado, la Cámara Legislativa o de Representantes deberá tener una composición mixta: un tercio de sus miembros habrá de corresponder a personalidades de alto relieve nacional, que la integrarán por derecho propio o por designación presidencial, y los otros dos tercios restantes, serán representantes de Regiones o agrupaciones de Regiones, en una cantidad proporcional al número de sus habitantes. En cuanto a la legislación ordinaria, se deberán contemplar sistemas de iniciativa de las leyes, de veto presidencial y otros, que eviten los excesos demagógicos que caracterizaron a los últimos períodos de nuestro anterior Parlamento. Especial importancia cabe atribuir a que la Cámara Legislativa cuente con Comisiones Técnicas, en que participen establemente, con derecho a voz, las personas más calificadas en el plano científico, técnico y profesional en las diversas materias. La instalación de esta Cámara Legislativa deberá realizarse durante el año 1980 y para su primer período, cuya duración será de 4 ó 5 años, dado que no es factible la realización de elecciones, los representantes de las Regiones habrán de ser designados por la Junta de Gobierno. Posteriormente, en cambio, dichos representantes regionales se elegirán ya por sufragio popular directo, de acuerdo a sistemas electorales que favorezcan la selección de los más capaces, y que eviten que los partidos políticos vuelvan a convertirse en máquinas monopólicas de la participación ciudadana. Constituida la Cámara Legislativa en este período, es decir, con dos tercios de sus miembros elegidos popularmente, deberá corresponder a la propia Cámara el designar al ciudadano que a partir de esa fecha desempeñará el cargo de Presidente de la República por un período de seis años. Simultáneamente con lo anterior, que implicará el paso de la etapa de transición a la de consolidación, corresponderá aprobar y promulgar la nueva Constitución Política del Estado, única y completa, recogiendo como base la experiencia que arroje la aplicación de las Actas Constitucionales. La etapa de transición servirá así para culminar los estudios del proyecto definitivo de la nueva Carta Fundamental. Al bosquejar este plan general ante el país, el Gobierno cree cumplir con su misión de esclarecer las líneas básicas sobre las cuales anhela desarrollar nuestra evolución institucional próxima, durante la cual también será necesario intensificar la elaboración y consagración jurídica de las nuevas formas de participación social, tanto de carácter gremial o laboral, como estudiantil, profesional, vecinal y de las demás expresiones ciudadanas en general. Jóvenes chilenos: La posibilidad de materializar integralmente este plan está sujeta a la condición de que el país siga presentando los signos positivos que nos han permitido avanzar hasta la fecha. Para ello se requiere indispensablemente el concurso patriótico de toda la ciudadanía, y muy especialmente, el idealismo generoso de la juventud, que debe encender de mística nuestro camino hacia el futuro. No ignoro que se levantarán muchos escollos, ambiciones y personalismos, que de mil maneras pretenderán impedir nuestra marcha, y hacernos volver hacia atrás, donde sólo nos esperarían las penumbras de la esclavitud. Pero estoy seguro de que la luz que emerge al final de nuestra ruta será siempre más fuerte y más luminosa, y por encima de todo, confío plenamente en Dios, en el pueblo de Chile, y en nuestras Fuerzas Armadas y de Orden que, con patriotismo, hoy guían sus destinos. Mis queridos jóvenes: El futuro de Chile está siempre en vosotros, cuya grandeza estamos labrando. ---- '''Ver También''' *[[Wikisource:Documentos históricos|Documentos históricos]] *[[Augusto Pinochet]] [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:D1977]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 3ng50gdczttufial3vktx5mu5x07ly4 Tratado de Alquimia Sexual/XXIII 0 19115 1665394 1630990 2026-06-20T23:38:16Z Ignacio Rodríguez 3603 1665394 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Tratado de Alquimia Sexual]] |sección=CAPÍTULO XXIII <br> LOS DOS MERCURIOS |autor=[[Samael Aun Weor]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> 1-En el capítulo sexto hablamos nosotros de los elíxires blanco y rojo, en sus aspectos más profundos. 2-En este capítulo encontramos al Elixir Rojo y al Elixir Blanco en el Hermafrodita-Espíritu, dentro del Maestro de transmutaciones metálicas. 3-Allí estudiamos cómo el Hermafrodita-Espíritu transmuta el plomo en oro. 4-Ahora en este nuevo capítulo, vamos a estudiar los Elíxires Blanco y Rojo, actuando como Sol y Luna. 5-Existen dos mercurios: el Mercurio Macho y el Mercurio Hembra. 6-Estos son los Elíxires Blanco y Rojo. 7-Estos son los Polvos de Proyección, con los cuales transmutamos todos nuestros metales en oro puro. 8-El Elixir Rojo es el Mercurio Macho. 9-El Elixir Blanco es el Mercurio Hembra. 10-El Mercurio vulgar, o sea el Mercurio Hembra, no puede soportar el fuego sino con ayuda de otro Mercurio diferente, que sea totalmente cálido, seco y más digerible que él. 11-El Mercurio Macho se vuelve fluido cuando se mezcla con el Mercurio Hembra, mediante la Magia-Sexual. 12-Entonces los dos Mercurios se unen indisolublemente en forma totalmente inseparables, como cuando el agua se une con el agua. 13-El Mercurio masculino le quita al Mercurio Femenino su flema y su frialdad lunar, volviéndolo primero negro, luego rojo, luego blanco, y de distintos colores. 14-Así es como la mujer transmuta sus metates en oro puro, mediante el contacto sexual con el varón. 15-Nuestro Mercurio, después de sus constantes transformaciones, tiene el poder de cambiar nuestros metales en oro puro. 16-Los dos Elíxires, Blanco y Rojo, son los dos Mercurios con los cuales transmutamos todos los metales de nuestra personalidad, en el oro puro del Espíritu. 17-El hombre es el Sol, la Luna es la mujer. 18-No obremos con el Sol y con la Luna, sino únicamente después de haberlos reducido al Mercurio de la Filosofía. 19-Saquemos el Mercurio del Sol y de la Luna, para trabajar con esta materia venerable, en la Gran Obra. 20-Hay que reducir el Sol y la Luna a la materia prima de la Gran Obra, para elaborar con esa materia prima, el Rey coronado con la diadema roja. 21-Hay que unir el Mercurio macho con el Sol y el Mercurio hembra con la Luna. 22-Empero, ello solamente es posible reduciendo estos dos Mercurios a Sol y a Luna. 23-Esta reducción se realiza con la unión amorosa del hombre y la mujer. 24-Reducido el hombre a Sol y la mujer a Luna, entonces hemos descompuesto a los compuestos en sus propios elementos de que están compuestos, y con esta materia prima vamos entonces a engendrar el HOMBRE CELESTE, el REY SOL, el MAESTRO de la FRATERNIDAD BLANCA, lleno de gloria y de poder. 25-Así es como nuestro Mercurio se une con el Sol y con la Luna, y así es como el Sol y la Luna se reducen a Semen, es decir, a Mercurio filosófico. 26-El Mercurio solo se une indisolublemente con otros cuerpos cuando éstos se han elevado hasta su propia naturaleza. 27-Elevemos nuestro Mercurio Macho al estado solar, y el Mercurio Hembra al estado Lunar, para que el Sol y la Luna se reduzcan a Mercurio, uniéndose a él indisolublemente. 28-Si tenemos un anillo de oro y queremos convertirlo en una Cruz, tenemos inevitablemente que fundir el oro, reduciéndolo a su materia prima, al Mercurio de la filosofía, para elaborar con esa materia prima la Cruz de Oro. 29-Así también el hombre debe reducirse al Semen que lo engendró, para elaborar con ese semen al Maestro de Misterios Mayores de la Fraternidad Universal Blanca. 30-Cualquier otro camino es absurdo. 31-Recordemos que la Biblia empieza con el Génesis, enseñándonos Alquimia Sexual. 32-Recordemos que el primer milagro que Cristo hizo, lo realizó en las bodas nupciales de Canaán. 33-El Maestro transmutó el agua en vino. 34-Así también nosotros debemos transmutar las aguas de nuestro Caos sexual, en el vino de luz del Alquimista. 35-La primera enseñanza que Cristo nos dio fue Alquimia Sexual. 36-Si echamos una ojeada en todo lo creado, veremos que todos los seres han sido engendrados sexualmente. 37-Nosotros mismos fuimos engendrados por un Hombre y una Mujer. 38-Así pues, si queremos ser Maestros, debemos engendrar al Maestro, porque todo lo que existe en el Universo ha sido engendrado. 39-El Mercurio Masculino es activo, seco y cálido, mientras el Mercurio Femenino es húmedo y pasivo como la Luna. 40-Pero con el fuego, los dos Mercurios se unen indisolublemente. 41-Por medio de la unión sexual se verifica la unión de los dos Mercurios. 42-Ese es el secreto para reducir los dos metales a su materia prima. 43-Cuando los dos metales se unen inseparablemente, tienen el aspecto de un polvo blanco, y engendran Soles y Mundos en el infinito. 44-Fecundando el CAOS, surge la vida interna en todo su esplendor. 45-Con una onza de este polvo de proyección, haremos soles a millones y transmutaremos en Luna toda clase de metal salido de una misma mina. 46-Los polvos de proyección son los Elixires Blanco y Rojo. 47-El Mercurio Masculino es el Elixir Rojo, y el Mercurio Femenino es el Elixir Blanco. 48-El Elixir Blanco blanquea los metales, dándoles una blancura inmaculada. 49-El Elixir Rojo transforma el plomo en oro, y vuelve amarillas todas las cosas. 50-Las alas de Mercurio nos elevan al mundo de los Dioses. 51-Mercurio es el mensajero de los Dioses inefables. 52-El Mercurio de la filosofía secreta, nos convierte en el Rey coronado con la diadema roja. 53-El ligamen de la Cruz con el triángulo se realiza con el mercurio de la filosofía secreta. 54-Las alas de Mercurio nos convierten en Dioses Omnipotentes del Universo. {{Plantilla:Tratado de Alquimia Sexual}} [[Categoría:Tratado de Alquimia Sexual]] kzzi4fw9muak9m11k01dso5yhl2jrlt Huellas literarias/Very volado 0 19455 1665393 1631189 2026-06-20T23:37:56Z Ignacio Rodríguez 3603 1665393 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Huellas literarias]] |autor=Luis Bonafoux |anterior = [[Huellas literarias/Literaturitis crónica|Literaturitis crónica]] |sección = [[Huellas literarias/Very volado|Very volado]] |próximo = [[Huellas literarias/El escombro|El escombro]]}} {{t3|Very volado}} Monsieur Very, dueño del restaurant de su nombre, acaba de ser volado en París. La explosión de la bomba repercute en el viejo continente, ruinoso por el tiempo, podrido por el egoísmo, amenazando derrumbarse por sí sólo en forma de cascotes espontáneos... Cinco heridos graves; algunas señoras contusas; Very, moribundo, con las piernas rotas; su mujer, como la Carlota de Maximiliano, convulsa y loca; gritos de hombres, ayes de niños; el restaurant convertido en escombro sobre el que aletea tristemente el ave negra de la Anarquía...; y Lhérot, el descubridor de Ravachol, proscripto de la vida, caminante al azar con paso tardo de res herida, llevando en su juvenil cabeza la cruel nevada de las injusticias sociales, huirá a través de París perseguido por la sombra de Ravachol. ¡Ah! Si Lachaud pudo llamar a Troppmann «genio del crimen», y pedir que el vulgo se inclinara ante la obra siniestra de aquel asesino, puede asimismo graduarse de genios de la destrucción a esos hombres ignorados y obscuros, verdaderos mineros de la revolución, para los cuales diríase que fue hecha la volteriana frase con que fustigó un pensador la trágica iniciativa de Marat,: -¡Grande es el reino de Nada; reinemos en ella!... {{c|🙝🙟}} París tiembla de miedo; tiembla por su vida, por sus hermosas habitaciones, por la belleza de sus monumentos, por el sibaritismo de sus placeres de insaciable Mesalina. No tiembla ciertamente por Very moribundo. Y, sin embargo, París ha volado a Very. No han sido, no, los anarquistas, ni los compinches de Ravachol. Es una víctima de la indiferencia y el egoísmo... El buen Very, conduciéndose como un yankee, como un ciudadano del porvenir, linchó moralmente a Ravachol. Gracias a Very librose París de la diabólica acción de aquel energúmeno de la anarquía, engendro híbrido con corazón de fiera y labios pintarrajeados de mujer liviana. En los Estados Unidos se habría premiado inmediatamente la salvadora iniciativa de aquel vecino digno; en todo caso no se le habría expuesto a la venganza de los perseguidos. Pero Paris es la capital del egoísmo europeo. Very fue visitado por curiosidad como si fuera el mono con plumas en el rabo, que llama actualmente la atención en el Museo Británico. Después... nada; un Very más, un tonto, un intruso, un entrometido que se había tomado el trabajo de salvar a una sociedad que se ríe de todo... {{c|🙝🙟}} Hay algo más horrible; Very, abandonado y medroso, va de puerta en puerta, como el Valjean de Víctor Hugo, pidiendo hospitalidad. Quiere vender el restaurant y no puede; quiere traspasarlo, y tampoco puede; quiere, en fin, alejarse de allí, expatriarse de París, abandonar cuanto ama y admira, pero el gobierno no puede atenderlo con la premura que requiere el caso; hay que formar expediente, como en España, y tramitar el miedo justificado de aquel hombre. Los caseros, al verle, cierran las puertas de sus casas. Se evita su compañía por peligrosa; se le deja en el arroyo y a merced de las bombas anarquistas. Es un réprobo que inspira más desconfianza que Ravachol... Porque Ravachol tiene el valor del siniestro, y Very es un Orozco de la burguesía. -¡Ecce Homo!... Y el pobre Nazareno, cargado con la cruz del odio anarquista, haciendo el paso del Calvario en la moderna Roma, -que espera entre risas y bromas la llegada de los bárbaros del Norte- sin hogar, sin restaurant, sin gobierno que lo proteja, -viendo que se le niega el agua y el fuego, cae al fin, perseguido por la sombra de Ravachol, destrozado por la metralla, para purgar el crimen de haber dado una prueba de valor moral en una sociedad cobardemente egoísta. Con arreglo al sentido jurídico hay derecho para perseguir al autor del atentado contra Very. Con arreglo a la conciencia racional no hay un solo parisiense que tenga derecho a castigar al criminal. Very, puede decir: -Todos en mí pusisteis vuestras manos. acx0w4hbtoop8x5q0x9tv91e4miuj5a Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXVII 0 20651 1665454 1415152 2026-06-21T00:23:56Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665454 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXVI|Capítulo XXVI]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXVII|Capítulo XXVII]] - De lo que pasó entre Sancho Panza y la viuda que en este capítulo se presenta |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXVIII|Capítulo XXVIII]]}} {{t3|Capítulo XXVII}} -No digan tal vuesas mercedes -dijo a su vez una señora que estaba también a la mesa-: cuando sucede que dos almas viven juntas tanto tiempo, benditas serán de Dios; y lejos de tenerlo a desgracia, lo hemos de regular por mucha felicidad. -Todavía está el alcacer para zampoñas -respondió Sancho-. ¿La gracia de vuesa merced? -Me llamo Prudenciana Sotomayor para servir a vuesa merced. Antes era de Calvete; pero desde la muerte de mi esposo, hasta su nombre he perdido junto con la mitad de mis bienes de fortuna. El criado de mi difunto no quiere servirme ni ayudarme, si no toma su lugar; y así tiene puestos el pensamiento por las nubes y las manos en la cintura. Si vuesas mercedes me dieran un consejo, estimaría yo el favor. Si no me caso, pierdo lo poco que me queda; si me caso, temo que de sirviente se convierta en opresor y tirano de su mesma benefactora. -Aquí encaja -respondió Sancho- lo que se de una vecina mía, viuda tan reverenda como vuesa merced, de cuya historia puede tomar ejemplo. Quejábase la dicha viuda al cura de su lugar de que ya no podía vivir sola, porque sus asuntos y dependencias iban de mal en peor: la casa llena de goteras; las tapias del corral, caídas: todo una pura confusión desde la muerte de su marido. Contole en seguida que tenía un criado peritísimo en los quehaceres del difunto, propenso de suyo a reemplazar a su patrón, bien así en las ventajas como en los trabajos del matrimonio. El cura, que a dicha era uno de esos hombres prudentes que responden siempre según el deseo de los que los consultan, dijo: «-¿Y por qué no toma vuesa merced a su criado? -Porque temo -respondió la señora- que de criado venga a ser amo, y quién sabe si verdugo de su mesma benefactora. (Palabras de vuesa merced, como vuesa merced ve, señora doña Prudenciana). -Abundo en ese temor -repuso el cura-. No hay que tomarlo. -¿Y cómo puedo vivir así tan sola, en medio de tantos negocios y peligros, señor cura? -¿No?, pues ahí está el criado. -Aunque cuando esa gente humilde se echa el alma a la espalda, ¡avemaría, señor cura! -Todo se debe temer. ¡A un lado el criado! -Bien es verdad que su índole no es de las peores: hasta aquí no tiene en contra suya sino algunas niñerías. -Si no es más que eso, venga el criado. ¿Cuáles son esas niñerías? -Se alzó una vez con la honra de una doncella de mi servicio; otra, nos vendió a furto algunas reses gordas. -¡Abrenuncio! Nada de criado. -Pero hubiera visto vuesa merced aquel arrepentirse, aquel morirse de pesadumbre cuando, tirado de rodillas, nos pedía perdón y juraba no volverlo a hacer. -Buen muchacho: venga esa mano. ¿No volvió a daros en qué merecer, esto ya se entiende? -Una ocasión empezó a flaquear, adhiriéndose a una dueña muy honrada, a pesar de sus tocas blancas. -¡Hum!... ¡Alto ahí el criado! -Pero es el hombre que se conoce para los menesteres de la casa, los del campo, sufrido, vigilante, afectuoso. -Todo le perdono. ¡Arriba el criado! -Señor cura, en puridad, le gusta pillar un lobo de cuando en cuando. -¿Borrachos?, no en mi reino. -Aunque es cierto que lo desuella inmediatamente. Digo que se echa a dormir, y en cuanto está durmiendo es un cordero. -De éstos quisiera yo para mis sobrinas. Casarse, casarse sobre la marcha. -Tiene un defectillo, señor cura: es algo inclinado al tablaje. -Diga vuesa merced más claramente al juego. ¿Conque le gusta el juego?... -El naipe le distrae, los dados le embelesan. -¡Buena alhaja! Hombre que juega no le quiero ni para prójimo, menos para marido de una hija mía. -Pero no roba para jugar, señor. -Rara virtud. Si no roba para jugar, no se difiera el matrimonio. Y cuanto al genio, ¿qué tal? Debe de ser un San Buenaventura. -¡Pues!, un San Buenaventura; fuera de que cuando su buen humor se corta, y se le suele cortar como la leche, el demonio que le aguante, señor cura. -Pues que se case con el demonio. Ni he de ir yo a sacrificarle una parienta y amiga mía, aconsejando a ésta que se una para toda la vida a pécora como él. -Ese estado de efervescencia no le dura: cuando le pasa la cólera, bebe lo que le dan y come de todo. -¡Hombre generoso! ¿Conque come de todo y bebe lo que le dan? ¿Quién no le ha de querer? Ahora dígame vuesa merced, ¿mientras está con cólera, guarda cierta moderación y dignidad? -¡Qué, señor!, reniega de Dios y sus santos, y echa maldiciones que se cimbrea la casa. -¿Esas tenemos? ¡Afuera el criado! -Pero se confiesa, y queda limpio, y se reconcilia con nuestra santa madre Iglesia para mucho tiempo. -Es un grande hombre. ¡Oh si todas las mujeres honradas pudieran hallar de estos!... -No ocultaré, señor cura, que cuando se emborracha niega que se ha confesado, llama a diez o doce santos, los mete en el sombrero y baila sobre ellos. -¡Tu tu tu tu tu! El chico promete. ¿Con luterano como ése quiere vuesa merced casarse? -Me ha prometido no volverlo a hacer. -Esa es otra cosa. Se le puede aceptar». Como la viuda cargase la mano, y viese el cura que en todo caso quería arrancarle una opinión acomodada a sus deseos, le aconsejó éste prestar atento oído a las campanas, las cuales le dirían sin mentir lo que debía hacer en conciencia. Cuando ellas sonaron por la mañana, la viuda oyó claramente que decían: «Cásate con tu criado, cásate con tu criado». Tuvo entonces por evidente que su matrimonio corría por cuenta del cielo, y la boda fue de las más bien surtidas y alegres. -Dios nos hace ver su voluntad de varios modos -dijo doña Prudenciana-: lo que por su querer hacemos, bien hecho está. -¿Piensa vuesa merced, señora, hacer lo mismo que la otra? -preguntó el maestresala-. Como la lengua de la iglesia son las campanas, el aviso que ellas dan, debe de ser el puesto en razón. -No digo que no -respondió la viuda- cuando y como el Señor me lo diere a entender. ¿Ese matrimonio fue dichoso, se supone señor escudero? -Tanto como lo sería el de vuesa merced, señora viuda. Vuelto marido el criado, se puso a jugar, beber, jacarear y andar a la greña con chicos y grandes. Quiso la señora los primeros días calzarse las bragas, y gobernar su casa, y tener cuenta con la hacienda: el belitre de su marido llovió sobre ella en forma de lenguas de palo, de tal modo que más de una vez la dejó por muerta. Viendo la infeliz que sus palabras, buenas o malas, eran siempre contestadas con las manos, se limitó a salvar la vida, dejando que todo fuese manga por hombro en el hogar. Tan buena cuenta dio de sí aquel bellaco, que a la vuelta de un año no tenía la pobre señora ni una perla en el cofre, ni una cuchara en el escaparate. En tal manera se vio desheredada, robada y tronada, que hubo de humillarse a la rueca para ganar el pan de cada día. Industria que no duró mucho, porque la sin ventura pasó a mejor vida, muerta de pesadumbres, hambre y golpes, todo junto. Pero esto, no antes de que hubiese vuelto a su confesor en busca de cómo atribuirle su desgracia, echándole en cara su consejo. «Tengo para mí, respondió el cauto sacerdote, que vuesa merced trasoyó el decir de las campañas, y trabucó el sentido de sus expresiones. Torne a consultarlas, y vea lo que realmente le aconsejan hoy, que será sin quitar ni poner, lo mismo que le aconsejaron ya». Volvió en efecto a la consulta, y oyó y vio que decían: «No te cases con tu criado, no te cases con tu criado». Mohina quedó la viuda al oír esto, y tan declarada fue la aversión que Sancho le inspiraba con el fin, como la buena voluntad que le había infundido con la primera parte de su historia. -Vuesa merced -dijo con cierta rigidez- no haga de cura donde le faltan feligreses, ni hable como campana hallándose tan abajo como se halla. Dios sabe lo que hace, y cada cual lo que le conviene. No todos los hombres son unos: así hay entre ellos tahures y corrilleros, como personas amigas de su deber. En una palabra, lo que mi marido hace, yo lo hago; y cada uno es dueño de su voluntad y su casa. Vuesa merced es algo maduro y pasado, por no decir rancio de una vez, para que tenga en su punto los sentidos. No se meta por tanto a dar consejo al que no lo ha menester. -Hay una cierta juventud -respondió Sancho- que, renovándose diariamente, nos pone en capacidad de sindicar de viejos a los demás y tenerlos por decrépitos y desvanecidos: la mano de estuco que hoy le vuelve a vuesa merced niña de veinte abriles, la pone en condición de mirarme como a un Matusalén. -¿Quién sois vos, motilón embustero -replicó la viuda, encendida en cólera-, para que me vengáis con esas indirectas? Yo no tengo que dar cuenta de mi edad a nadie, aunque sí de mis pecados a Dios. Si me caso o no, es cosa mía; si mi marido es bueno o malo, nada os importa. Ocupaos de vuestras cosas, y no agucéis el ingenio hasta despuntaros de malicioso. -Mal me quieren mis comadres, porque digo las verdades -tornó Sancho a decir-. No le queda a vuesa merced lugar a quejarse de ofensa gratuita, ni puede llamarme entremetido, supuesto que me pidió mi parecer, acogiéndose a mi experiencia. Tenga por cierto la señora doña Prudenciana lo que he dicho, sin que por eso hayamos de venir a las manos. Comida hecha, compañía deshecha, y Dios nos ayude a todos. dc4i338uuz5098cja7j5l14b830jrwl Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXVIII 0 20652 1665452 1415153 2026-06-21T00:23:52Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665452 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]], mientras Sancho Panza hacia lo que sabemos |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXVII|Capítulo XXVII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXVIII|Capítulo XXVIII]] - De los razonamientos que los dueños de casa y su huésped iban anudando |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXIX|Capítulo XXIX]]}} {{t3|Capítulo XXVIII}} No quiso la familia dedicar esa noche al juego, al baile ni cosa de éstas, sino oír a don Quijote, quien deliraba a destajo en tratándose de caballerías, y era entonces tan del gusto de la gente casquivana, como agradable para los formales y juiciosos cuando la conversación rodaba sobre asuntos de real importancia. -Vuesa merced sea servido de esclarecer una duda, señor don Quijote -dijo don Alejo de Mayorga-: el caballero andante no puede pasar sin dama; mas no se me acuerda que los pláticos en las aventuras hubiesen tenido un amigo con quien gozar de la alegría de los triunfos y compartir el dolor de los reveses. ¿De dónde proviene que los andantes sean así tan solitarios, que más parecen ermitaños andariegos que hijos de la asociación civil y parte de ella, como deben ser? Solo anda Amadís de Gaula, y para mayor aumento de soledad y melancolía se viene a llamar Beltenebrós, retirándose a la Peña Pobre. Solo anda don Belianís por montes y valles; solo va el señor don Quijote, solo vuelve, y en sus nunca vistas hazañas no se sabe que brazo ajeno le ayude ni voz extraña le anime. Toda sensación comunicada con personas queridas produce su beneficio, ya con incremento de alborozo, si es de las gratas, ya con diminución de pesadumbre, si de las dolorosas. -No se le pase por alto a vuesa merced -respondió don Quijote- que habiéndoles unido la casualidad en su viaje al Oriente a Marfisa, Aquilante y Sansoneto, a poco de haber andado juntos echó cada cual por camino diferente, porque no se dijese que dos paladines y una doncella andante no podían andar juntos sino de miedo de andar solos. El caballero andante no ha menester compañía, porque en sí mismo tiene lo necesario para vivir como fuerte y para morir como bueno. -Si el señor don Quijote -dijo a su vez don Prudencio Santiváñez- no lo llevara a mal, le haré presente que ni el valor, ni la constancia en la guerra se oponen a ese vínculo suave con que los héroes se unen, tanto para valerse en los peligros, como para holgarse en la paz honestamente. -Los hermanos de armas -respondió don Quijote- están desmintiendo esta aprensión o error de vuesas mercedes, de pensar que los lazos de la amistad le son prohibidos a los caballeros. Ni el padre, ni la madre, ni la esposa, ni el hijo, nadie es primero que el hermano de armas. Pero no me hablen vuesas mercedes de compañeros de casualidad, ni de amigos vulgares: un hermano de armas a quien me una con la sangre de mis venas, no digo que no. A falta de esto, don Quijote de la Mancha se irá solo por el mundo. -¿No ha oído vuesa merced, señor caballero -dijo por su parte el capellán-, que la soledad es cosa mala? Nuestro Señor Jesucristo nos dio una lección divina de amistad con la que profesó a su primo San Juan: si este elevado, profundo afecto no tiene cabida en el corazón del caballero andante, menos sentirá éste las emociones que dirigen al hombre a la gloria celestial; y mucho me temo que de puro valiente no alcance sino las penas eternas. -Este es asunto de la jurisdicción divina -respondió don Prudencio- y muy ajeno de conversaciones como la nuestra. No ensanche desmedidamente el reverendo padre la órbita de esta plática familiar, por cuanto no hay cosa más ocasionada que esto de discurrir en materias de religión, quebradizas de suyo, y mucho más a causa de la intolerancia que en ellas solemos emplear. Tanto podría salvarse el señor don Quijote siendo un buen religioso capuchino, como el honorable capellán siendo un renombrado aventurero. Hay muchas moradas en la casa de mi padre, dice el Señor. Y no haya más, capellán. Si algo tiene que decir en este negocio sin condenar a nadie, le oiremos de bonísima gana. Riose el capellán con placidez y mansedumbre que no acostumbran los de su clase cuando se trata del cielo y el infierno. Sobre su buena razón, era de genio pacífico y avenible; y no siendo, por otra parte, extraño a la cortesanía, se acomodaba a las circunstancias, blandeando con mucha gracia, aun cuando hubiera propuesto de primera entrada una especie rigurosa. Echó luego a burlas la severidad de su propio dictamen, y con bondadosa modestia repuso: -Yo no pienso de otro modo, señor don Prudencio; vuesa merced me conoce. Y puesto que de la amistad íbamos hablando, no negará el señor don Quijote sus ventajas, las que puedo certificar con sucesos verdaderos, si vuesas mercedes me dan licencia para referir un pasaje. Rogáronle que lo dijese, y muy particularmente doña Engracia, quien gustaba por extremo de las narraciones de su capellán; narraciones que, sobre ser de mucha substancia, tenían cierto corte adecuado para la conversación. -Amigos... -dijo el capellán-, ¿los hay de veras? El amigo fiel es un resguardo poderoso; el que lo tiene, tiene un tesoro, dice el Eclesiástico de Jesús, hijo de Sirah. Es el caso que un hombre tenía dos amigos, tan ricos ellos como pobre él: el día de morir, testó de la manera siguiente: «Lego a Juan el Bueno la obligación de mantener a mi madre, y atenderla en todas sus necesidades. Cuando ésta venga a entregar el alma a Diosa honrará su cadáver con exequias iguales a las que hizo a la su ya propia. Ítem: Lego a Marcos de León el deber de dotar a mi hija del modo correspondiente a su calidad, y proporcionarle, si es posible, un matrimonio ventajoso. En caso que uno de éstos viniese a fallecer antes que mi madre y mi hija, le sustituyo al uno con el otro». Los que tuvieron noticia del testamento no acabaron de reírse; mas los testamentarios aceptaron gustosos sus legados respectivos, con asombro de los que de ellos habían hecho fisga, llamándoles herederos. Uno de éstos siguió las huellas de su difunto amigo al cabo de cuatro días; llegada era la contingencia de la sustitución, y al sobreviviente le tocaba uno y otro legado. Juan el Bueno se declara hijo de la anciana, padre de la niña. Abrumó a la una con el amor filial, a la otra con el paternal. Después de algunos años, enterró a la primera decorosamente, casó a la segunda ventajosamente, habiéndola dotado con veinticinco mil ducados, de cincuenta mil que eran sus bienes de fortuna. Los otros veinticinco los reservó para su hija propia. Al fin de este relato, doña Engracia tenía los ojos llenos de lágrimas: virtud es de las mujeres manifestar la exquisita sensibilidad de su alma con esa tierna y sencilla expresión de la naturaleza. No dijo nada la señora: su esposo que la estaba observando preguntó: -Y las vidas de testamentarios semejantes no se hallan en el santoral? En esa acción veo un mundo de virtudes. -Tengo para mí, señor capellán -dijo a su vez don Quijote-, que ese testamento debe insertarse en la Sagrada Biblia, como un hecho proveniente de moción divina, pues no a otra cosa hemos de atribuir los efectos de la ardiente caridad de un corazón bien formado. ¿Sabe otros sucesos de este género el señor capellán? -Las horas son cortas para tan bellas anécdotas -dijo doña Engracia; apoyando a don Quijote-, mayormente cuando son referidas con tanta gracia. -Favor de vuesa merced -respondió el capellán-. No tanto por el gusto de referir, cuanto por el que vuesas mercedes manifiestan en oír, recordaré otro caso que ha llegado a mi conocimiento. Murió hace poco un señor opulentísimo, dejando todos sus bienes de fortuna al segundo de sus hijos, en perjuicio y mengua del primogénito, a causa de la mala e incorregible conducta de este joven. El desdichado sintió el peso del agravio, y lejos de empeorar de costumbres, irritado de tan odiosa preterición, se apartó de los vicios y dio tales pruebas de arrepentimiento, que vino a ser modelo de hombres justos y virtuosos. «Hermano querido, le escribió entonces su hermano, allá va el testamento de nuestro difunto padre. He puesto tu nombre en lugar del mío, por cuanto si él hubiera tenido tiempo de verte reformado, a ti te hubiese instituido su heredero y tuyas hubieran sido las riquezas que me dejó en menoscabo de tus derechos. Tuya es, pues, la herencia, de la cual no me puedo aprovechar mejor que transmitiéndola a quien ella correspondía por la ley de la edad, y a quien corresponde hoy por la buena conducta y los merecimientos». -No siga adelante vuesa merced -dijo don Quijote interrumpiéndole- sin enterarnos de lo qué hizo el desheredado. -¿Qué había de hacer? -respondió el capellán-; se fue para su hermano con los brazos abiertos, las lágrimas de uno y otro corrieron juntas, y luego la herencia fue dividida en dos partes iguales, de las que tomó cada uno la suya, alabando a Dios, que los bendecía, y honrando la memoria de su padre. -¿En qué tiempo se daban estas comedias, señor capellán? -preguntó el marqués de Huagrahuigsa-: debe de ser allá, cuando el rey que rabió, pues tales consejas tienen sabor y ranciedad de pajarotas antediluvianas. -¡No digas eso! -respondió doña Engracia con disgusto notorio-: ¿qué tienes tú para andar siempre poniendo en duda lo que huele a virtud, cuando siempre estás listo a dar asenso a lo que desacredita a los hombres? -Esas son pamplinas -replicó el marqués-: nadie tira su herencia por la ventana, y si la tira es un loco, o por lo menos un tonto. -¡Muchacho! -gritó don Prudencio-, ¿llamas tontería o locura el que uno se divida con su hermano los bienes paternos? He aquí tu filosofía, de la cual nos tienes hartos. Siempre estás con estas cosas, y te afirmo que nos causas pena. ¿Quién te ha dicho que dureza de corazón, indiferencia por el mal del prójimo, desprecio de las virtudes, bajo interés, egoísmo, codicia y los demás defectos de las almas innobles son filosofía ni proceden de ella? El cinismo, mi querido Zoilo, es negación de la parte celestial del hombre. Era el marqués propensísimo a la cólera, fenómeno que en él producía el de atajarle de razones, al tiempo que la sangre se le agolpaba al rostro, inflamándole la vista. Quedábase él con su rabia, los otros pasaban adelante, y cuando él creía merecer y ocupar el primer puesto, se fue hundiendo poco a poco en la obscuridad, y acabó por desaparecer en la indiferencia de los que no le estimaban lo suficiente para sostenerlo con el odio. -Las afecciones son en mi hermano más sanas que las ideas -dijo don Alejo-, pronto siempre a volver por él. Ha leído por demás, y tiene trastrocados los sistemas filosóficos. -Sí -respondió don Prudencio-, yo sé que él llama filosofía ese modo de pensar, cuando la filosofía verdadera es justamente lo contrario, si ella tira a la mejora del hombre y se empeña en elevar el espíritu hasta la divina Substancia. Los mejores filósofos son los que practican sin saberlo esa noble ciencia; y los aciertos de la filosofía no pueden ir nunca fuera de la grandeza del alma y la bondad del corazón. ¡El egoísta, el avariento, el canalla, no son filósofos! No lo digo por ti, mi querido Zoilo; mas, por desgracia, tú malbaratas tu capacidad intelectual, don precioso de la naturaleza, que debemos usar con moderación, cuidando no lo echemos a mal cuando menos lo pensamos. Don Quijote había oído en silencio estas recriminaciones; y como de suyo era inclinado al bien, luego se puso de parte del juicioso tío, apoyando sus ideas con otras no menos firmes y sensatas; cosa que ingirió vivo rencor en el pecho del marqués, pues se daba éste, por su genio, a aborrecer mortalmente a los que tenían en poco su modo de pensar y no hacían mucho caso de sus resoluciones absolutas. 0d04hbbzkm6185nouhuwuq8leiq6qfg Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXX 0 20654 1665453 1415154 2026-06-21T00:23:54Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665453 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXIX|Capítulo XXIX]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXX|Capítulo XXX]] - De las lamentaciones que hizo nuestro buen caballero don Quijote y de las temerosas razones en que se declaró su resentimiento |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXI|Capítulo XXXI]]}} {{t3|Capítulo XXX}} -¿Has visto, Sancho, suerte más desdichada que la mía? ¿Has oído de amante que más hubiese hecho por su dama y más tristemente hubiese llegado a perderla? Por la fuerza de mi brazo derroco esa fortaleza y liberto a la hermosa prisionera; ¿mas quién sabe lo que habrá sucedido, y si ella tendrá valor para mirarme cara a cara? -Como servidor de mi señora Dulcinea y su futuro esposo -respondió Sancho-, vuesa merced debió haberse asegurado con tiempo, y no anduviéramos hoy con estos gemidicos y estos lacrimicos. -¿Se usará de tanto rigor con los andantes, ¡oh amigo! -repuso don Quijote-, que ni en las ocasiones más aflictivas se les ha de conceder un tierno desfogue a su dolor? Si no encomiendo el remedio a la venganza, tenme, Sancho, por hombre muerto y por caballero perdido para el mundo. -Si vuesa merced la hallare viva -replicó Sancho-, ¿qué razón habrá para dejarse morir? Libértela sin pérdida de tiempo, y no deje para después el casarse, sin miedo de lo que haya podido suceder. Lo que no es tu año, no es en tu daño, ni hay miel sin hiel, señor. La puerta abierta al santo tienta, y a puerta cerrada suceden las cosas malas. -En buenhora sea todo, Sancho de Lucifer; habré de venir en cuanto desatino propusieres, como pongas punto final a tus refranes. ¿Mas qué dirá ella de este infiel que así ha dejado se la arrebaten y sufre su cautiverio en manos de esos malandrines?. Sancho Panza, habiendo cogido el sueño, oía poco estas razones, y no oyó del todo las otras muchas que siguió ensartando el enamorado caballero, el cual pasó la noche bajo el poder de los más tristes pensamientos. Llegado el día, se cubrió con sus armas, y vuelta saña su tristeza, iba a salir con ánimo de no postergar ni un instante la libertad de su señora. Cuando halló cerrada la puerta, empezó a sacudirla y dar golpes en ella con tal furia, que hubo de despertarse don Alejo y volar a abrirla. En llegando cerca, oyó que don Quijote acusaba al castellano de complicidad con los raptores, jurando escarmentar a todos, o más bien no dejar alma viviente en ese circuito, ni animales en pie, ni árboles sobre sus raíces, ni arroyos que no enturbiase, ni fuentes que no cegase. Dudó un instante don Alejo si abriría, temiendo que la salutación de don Quijote fuese con su lanza; mas como el estrépito subiese de punto, vio cuán imprudente sería echar leña al fuego, y al tiempo que torcía la llave, se iba expresando de este modo: -¿Tengo cara de alcahuete, señor don Quijote, o ha visto en mí algo por donde venga a sospechar tan indignos tratos? Vuesa merced se ha dado un madrugón en balde; ni debe ignorar que castillos y fortalezas no se abren sino muy entrado el día. Por mucho que le insista el deseo de libertar a la cautiva, no lo podrá sino dentro de algunas horas; y habiendo tiempo para todo, no está puesto en razón que vuesa merced se deje ir tras esa injusta cólera. Dijo esto, y abrió de par en par la puerta. -Vuesa merced excuse mi impaciencia -respondió el caballero- y dispénseme si algún término malsonante ha salido de mis labios. Al verme bajo llave, tuve por cierto que ésta era una superchería de mis enemigos, y me dejé ir, como vuesa merced ha dicho, tras una injusta cólera. -De uso y costumbre es -repuso don Alejo- que los portones de las ciudadelas no se abran de mañana, ni se levanten los puentes levadizos. Le sobra tiempo a vuesa merced para, tomada la primera refección, llevar a debido efecto sus intentos. -¿Qué dice vuesa merced de refección? -preguntó don Quijote-. ¿Caso es el presente de pensar en almuerzo ni merienda? Antes me propongo no comer ni beber, ni hacerme la barba, ni peinarme, mientras no haya restituido a la emperatriz a la luz del día y castigado a los raptores. -En esto no hace vuesa merced sino irse con la corriente de la caballería -tornó a decir don Alejo-: otro tanto se propuso el marqués de Mantua hasta cuando hubiese vengado la muerte de Baldovinos, que se la había dado a traición el hijo de Carlos Mainete. ¿Y el conde Dirlos no juró sobre un misal ::«Jamás se quitar las armas, ::Nin con la condesa holgare, ::Hasta que hobiese cumplido ::Toda la su voluntade»?. Pero no veo que algún caballero se hubiera abstenido del sustento, como cosa tan necesaria para la vida, que sin él, ni aventuras ni hazañas fueran posibles. Antes suelen alimentarse a toda prueba los andantes cuando tienen entre manos una de las de primer orden, a fin de endurar el pulso y dar fuerza al corazón. Así pues, todo lo que sufriría la conciencia, sería que vuesa merced no se afeitase, ni holgase con la condesa, para imitar al conde Dirlos. -Vuesa merced no está en lo cierto -dijo don Quijote-; la usanza en la caballería es ayunar las vísperas de la batalla, y aun confesarse y recibir el cuerpo de Cristo; lo cual pudiera probar yo con infinitos ejemplos a cual más autorizados. Basta por ahora el de Beltrán Duguesclin, quien, desafiado por Tomás de Cantorbery, recogió el guante, haciendo saber al mundo que hasta cuando hubiese concluido el duelo no comería sino tres sopas en vino, en honor de la Santísima Trinidad. -¿Pues qué espera vuesa merced para tomar esas tres sopas? -repuso don Alejo-. Y todavía yo soy de parecer que sean cuatro. -Dios pague a vuesa merced tan caritativas indicaciones -dijo Sancho sacando la cabeza-: si antes nos proporcionaran una cosa de sal, como, verbigracia, una ración de tocino, ya podremos esperar con paciencia el almuerzo. -Habrá de todo, hermano Panza -respondió don Alejo-: ¿qué tal os sabrían unos pastelitos de carne y unas empanaditas de queso? -¡Mi padre! -exclamó Sancho-; ¡si no hay cosa que más me guste! Mi amo el señor don Quijote es algo melindroso; pero no haya miedo que su escudero se ande con morisquetas. -No haga caso vuesa merced de este tragamallas -dijo don Quijote-: lo que ahora me importa y conviene es montar a caballo, dejando para la vuelta el festejarme. Don Alejo y los demás perillanes tenían concertado hacerle una burla caballeresca, para lo que necesitaban algún tiempo, habiendo ocurrido a la ciudad por ciertos enseres de caballería, como son armas y armadura, y además un mazo de barbas y un hábito talar con que se pudiese componer un ermitaño. -Como la batalla que hoy se ha de hacer -dijo don Alejo- será de las principales, natural es que la haga vuesa merced con todos los requisitos de las grandes aventuras. Si del desayuno se priva, no omitirá, me parece, el confesarse y comulgar, a semejanza de los famosos caballeros que ya pusieron por delante esta diligencia. -El toque está en que yo dé con un ermitaño -respondió don Quijote-: ha de ser ermitaño el confesor para que la imitación sea perfecta. En no pudiéndolo hallar, se podrá uno servir de un buen fraile de San Francisco, o sea un capuchino. Ermitaño fue el que confesó a Frorambel de Lucea para la aventura del Árbol Saludable; ermitaño aquel a quien se llegó don Floricer de Niguea en el procinto de la batalla con el rey de Gaza. Tristán de Leonís se confesó con un ermitaño; de él recibió la eucaristía, y encomendándose al Redentor y a su dulce amiga Yseo, embistió al enemigo. En defecto de ermitaño, dos religiosos de San Francisco oyeron a Tirante el Blanco y Tomás de Montalbán, cuando estos caballeros iban a combatirse, no me acuerdo por qué causa. Y aquí es de notar que, no habiendo pan consagrado, se comulgó a estos paladines con pan bendito, sin que de ello resultase perjuicio ni para el sacerdote, ni para los penitentes. -Por falta de pan no quedará vuesa merced en ayunas -dijo el barón de Cocentaina-; aquí lo tenemos bendito y por bendecir, ázimo y con levadura. En caso de apuro, se le podrá comulgar con una rueda de molino al señor caballero. -Con ruedas de molino se comulga a los tontos -respondió don Quijote, mirándole despacio-; y veo aquí uno que no me huele a Salomón. No era don Quijote de los que tascan el freno: cuando no se remitía a las manos, sus razones herían a los descomedidos como su lanza. Quedose de una pieza el barón, riéronse sus amigos, siguió paseándose el caballero, Sancho Panza se fue a rodear sus animales, y don Alejo de Mayorga se andaba por las puertas de las bellas, invitándolas a salir con esta cancioncita: ::«A coger el trébol, damas, ::La mañana de San Juan, ::A coger el trébol, damas, ::Que después no habrá lugar». tauxffmpoduqs30lhdo7slmnyemss59 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXII 0 20656 1665470 1415156 2026-06-21T00:24:22Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665470 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]], con lo cual su aventura iba a ser de las más acabadas |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXI|Capítulo XXXI]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXII|Capítulo XXXII]] - Que trata del santo hombre de ermitaño que don Quijote encontró en el cerro |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXIII|Capítulo XXXIII]]}} {{t3|Capítulo XXXII}} Seguía el caballero monte arriba, dándose a todos los diablos de no descubrir la fortaleza, cuando al voltear de un recodo vio un hombre de aspecto venerable, sentado sobre una piedra a la entrada de una gruta. Don Quijote de la Mancha tuvo por bien averiguado que esta aventura se la deparaba el cielo mismo, cuando le ponía por delante el ermitaño con quien se confesara, a fin de que ella fuese a todas luces grande y caballeresca. Oía poco el solitario, o no quería oír nada: ni al tropel del caballo, ni al ruido de las armas del caballero alzó la vista, embebido en su lectura. Parose don Quijote y se estuvo a contemplarlo un rato, sin saber cómo llamaría la atención del santo hombre. -¡Reverendísimo padre!- dijo. Levantó la cabeza el ermitaño, sin mostrar sorpresa ni alegría, y respondió: -Pacem relinquo vobis. Mi perro no ha dado señales de llegar gente, aunque le tengo velando desde por la mañana para que me encamine a los extraviados. ¿Sois uno de ellos, hijo mío? ¿Venís a mí como penitente, o desengaños y tribulaciones os impelen al desierto en busca de la paz de Dios? Venid, y seréis de los escogidos: la soledad abre los brazos a los desgraciados: al través de ella columbramos lo infinito, como que el silencio desenturbia los ojos del espíritu, predisponiendo el alma para los misterios de la inmortalidad. Sus tres enemigos no tienen cabida en estas regiones: miserias y pesadumbres se han olvidado aquí, que en cien años no se hubieran olvidado allá. El corazón y la fantasía son terrenos abonados para esas plantas venenosas que se llaman amores y placeres, celos y liviandades, sacrificios e ingratitudes, ambiciones y desengaños, soberbias y abatimientos. Queremos lo que nos perjudica, desechamos lo que nos salva: acordámonos constantemente de lo que nos conviniera olvidar, olvidamos lo que debiéramos tener delante de los ojos. Si habéis hecho un favor a uno de vuestros semejantes, guardaos de él, porque él será vuestro enemigo. Si tenéis entregados corazón y hacienda a una de esas que llamáis hermosas, ella os causará las grandes amarguras de la vida. Si sois ricos, dais en soberbios; si pobres, renegáis de lo divino y de lo humano. Si sois poderosos, abusáis de vuestro poder en toda forma; si humildes y desvalidos, la adulación y la vileza son vuestra parte. Aquí, en esta soledad, este monte, le quebrantamos la cabeza al enemigo; cada uno de nosotros somos el arcángel que tiene a sus pies a la serpiente. ¿Sabéis lo que la serpiente simboliza? Serpiente es la soberbia, serpiente la avaricia, serpiente la lujuria, serpiente la ira, serpiente la gula, serpiente la envidia: la pereza no es serpiente, porque no pica; es animal inmundo que duerme en su fango su sueño perpetuo. Ved cuántas de esas fieras bestias os promete expeleros del cuerpo el aire celestial de este retiro. La humildad arrulla aquí como paloma sagrada; la largueza no es necesaria, pues no tenemos qué ni a quién dar nada; la castidad es la flor sobresaliente de nuestros jardines; la paciencia nos habla al oído como genio invisible; la templanza nos da salud y vida larga; la caridad nos teje la corona con que nos hemos de presentar en el empíreo; la diligencia..., la diligencia del alma, hermano; la del cuerpo no es de nosotros: donde el espíritu trabaja, los miembros del cuerpo están descansando. Pensar, orar, llorar, todo es salvarse. ¡Venid, mortal dichoso! A la derecha, si quisiereis; a la izquierda, si gustareis; más arriba o más abajo, ayuso o deyuso, como decían nuestros mayores, hallaréis ermitas desocupadas, que ya las habitaron varones justos. La de fray Atanasio puede conveniros, aunque está algo caediza; pero tiene un corralito para gallinas y aun os será permitido engordar dos o tres puercos, a pesar de que muchos y muy crueles enemigos frecuentan estos lugares: lobos, lobas, jabalices, jabalizas, y otras salvajinas. -Diga vuesa paternidad jabalíes, y ande la paz entre nosotros- dijo don Quijote. -¿Por allá abajo la gente del siglo no llama jabalices a esos abejorros?- respondió el ermitaño. -Jabalíes o jabalices -volvió a decir don Quijote- no pertenecen estos animales al género de los abejorros; ni ha de ir vuesa paternidad a decir jabalizas, a título de que no sabe las cosas del mundo. -Nosotros por abejorros los tenemos, señor caballero. A veces los clasificamos entre los crustáceos, y no estamos del todo libres de reputarlos sabandijas. Como la lenidad de nuestro carácter nos prohíbe las armas de fuego, tenemos sobre nosotros la pensión y el pontazgo de aguantar esas alimañas. Los sitios elevados, señor, son lobosos y jabalizosos por la mayor parte. -¿De manera -preguntó don Quijote- que si toros infestaran las posesiones de vuesas paternidades, ellas vendrían a ser torosas? -Por de contado -respondió el ermitaño, y prosiguió-: hago vos saber que no os conviene ese vestido para la vida eremítica en que entráis de cabeza desde hoy día. Deponed ese atavío bélico: si no venís prevenido para el efecto, no faltarán por aquí una túnica propia de vuestro estado, ni cilicios con que os gocéis en el Señor, ni disciplinas con que os azotéis y doméis, ni garfios en que os suspendáis para dormir. La carne, hijo mío, es bestia fiera que nos devora el alma: por sus ardientes tragaderos pasan quemadas las virtudes, en sus vastas y lóbregas entrañas cae y se hunde nuestra felicidad. Tened esto presente de día y de noche, y ved como no os pongáis en mi presencia ni en articulo mortis, porque no hay ermitaño perfecto si la soledad no es su única compañera. ¿Por dicha sois perito en esto de vivir entregado a los santos suplicios del arrepentimiento? ¿Habéis subido alguna vez a Monserrate? Al corazón os tocan, ya lo veo, esas ruinas venerandas que os hablan de los bienaventurados sus habitadores de otros tiempos, y os convidan con las delicias de sus apacibles soledades. Los campos de la fértil Cataluña se dilatan a la vista florecientes y risueños: el Llobregat se va por ellos desenvolviéndose en grandiosas vueltas, y embelesa con sus lejanos relumbrones. Ese que allá se mira, es el puente del Diablo: dicho puente no es más grueso que un hilo de araña: en él se agolpan las almas de los hombres cuando, roto el estambre de la vida, nos engolfamos en las formidables regiones de lo desconocido. Los justos lo pasan sin balanza; a los réprobos se les va el pie y ruedan al abismo. ¡Válgame Dios, y cuál no era la impaciencia de nuestro caballero a la interminable plática del solitario! -Los caballeros andantes -dijo don Quijote- no somos de tela de ermitaños; somos aventureros, y no tenemos lugar fijo, ni residencia conocida. ¿Cómo puedo yo estrechar la órbita de mis obligaciones a los mezquinos términos de una cueva, y convertirme en animal inútil para mí mismo y para mis semejantes, no viviendo yo para ellos, sin que nadie viva para mí? Otro es el objeto de mi venida; y sé decir a vuesa paternidad, que el encuentro que me parecía ordenado por la Providencia ha sido pura obra del acaso. Algunos caballeros se llegaron al tribunal del confesor antes de la batalla; pero otros no menos famosos no tuvieron por necesaria esa demostración, y no por eso fue ron menos cristianos, ni salieron menos vencedores. Ermitaño, ¿para qué? ¿Para que me cargue el diablo el día menos pensado? Dirigir las pasiones, convertirlas en virtudes, si es posible, tal es el empeño del filósofo, mi reverendo padre. Luchar uno consigo mismo, destruirse, anonadarse sin ventaja para el cielo ni la tierra, es frustrar de sus derechos a la naturaleza, es cometer un delito enorme so pretexto de virtud. Amor nos da Dios para que amemos, caridad para que valgamos a nuestros semejantes, ambición para que aspiremos a la gloria. Déjese vuesa paternidad de esta sandez del ermitismo, y véngase conmigo a correr el mundo en busca de las aventuras. Vuesas paternidades trabajan sin provecho en esto de honrar la ociosidad, o más bien cometen un grave pecado. Y no hay esto solamente, sino que muchas veces, después de veinte años de solitarios, bajan y se van a hacer piratas o a vivir renegados entre turcos, si una buena noche de Dios no les da en su cueva un patatús y se van a despertar en los infiernos. No debe de ser vuesa paternidad el previsto para oír mis culpas: écheme su bendición o no me la eche, yo me voy. Y sin gastar más prosa, picó su caballo y se alejó del ermitaño, el cual le seguía con la voz, diciéndole en una muy elevada: -¡Mirad, hijo, que ésas son sugestiones del demonio! ¡Deteneos, extraviado! ¡Volveos, réprobo! ¡Ven acá, mostrenco, alma de cañamazo!. Nada oía el aventurero, y estaba ya a buena distancia, cuando el santo hombre de ermitaño, arrancándose de cuajo su almacén de barbas, dio la vuelta a la gruta, y con más prisa de lo que hubiera sufrido su ayunado cuerpo, voló cerro arriba por un desvío, junto con otros varones justificados que por ahí salieron, de modo que había de llegar a la cumbre muy antes que don Quijote. n5txihx16vro8mh881xkcqah41vhmrk Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXVII 0 20661 1665449 1415162 2026-06-21T00:23:45Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665449 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXVI|Capítulo XXXVI]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXVII|Capítulo XXXVII]] - De la batalla nocturna que el invencible don Quijote estuvo a punto de perder y no ganó del todo |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXVIII|Capítulo XXXVIII]]}} {{t3|Capítulo XXXVII}} Habíase acostado don Quijote y estaba entre si se dormía y no, cuando se abrió la puerta de su cuarto. Vuelto con el ruido a sus cinco descabalados sentidos, vio entrar dos gigantes y una dama (que tales le parecieron), armados los primeros de pies a cabeza, con celada de encaje, tras la cual mantenían el incógnito. Eran estos dos gigantes el marqués de Huagrahuigsa y el barón de Cocentaina, quienes tenían un pico pendiente con don Quijote. La dama no era otra que la de las trovas de antaño; esta graciosa figura la hacía el socarrón de don Alejo. La señora acometió a una butaca, y arrellanándose en ella, dijo: -Supuesto que en este artículo me ponedes, caballeros, sea luego la batalla, y sepa yo a quién he de pertenecer; si por la fuerza, como esclava, a los que supeditan mi persona, o de mi libre albedrío como esposa, al dueño de mis pensamientos. -Nunca es tarde para reñir entre buenos -respondió don Quijote al que le estaba provocando ejecutivamente-: nada habrá perdido vuesa merced con darse a conocer, a fin de que yo arregle mis hechos a la calidad de mi enemigo. -La señora aquí presente -replicó el incógnito- está pregonando mi nombre: vuesa merced sabe ya que Brandabrando es quien le provoca y estrecha. Déjese mi rival de evasivas y moratorias so capa de urbanidad, porque estoy resuelto a no dejar escaparse a uno cuyo valor está, parte en su lengua, parte en los pies de su caballo. Había de sobras para sacar de quicios a hombre como don Quijote. -Don Quijote de la Mancha -respondió éste- tiene por buenos cualquier tiempo y lugar cuando se trata de las armas. Esto lo vais a ver sin más tiempo que el que he menester para vestirme. Dadme acá esas calzas, y atacaos bien las vuestras. -Para nada soy menos que para lacayo o ayuda de cámara -respondió Brandabrando-. Sepa vuesa merced que he desdeñado el título de señor de los Camareros, y aun el de Montero Mayor de Su Majestad. Tome sus trebejos y vístase como pueda, sobre la marcha, que ya es exceso de paciencia en mí sufrir semejantes dilatorias. -Lo político no quita lo valiente -replicó don Quijote-. ¿Trebejos llamáis al ajuar de un caballero? Yo os haré ver que el trebejo sois vos, y que a lo menguado unís lo montaraz. Diciendo esto alargó un brazo de tres varas, seco, amarillo, velludo, sobre la ropa que había puesto en una silla al acostarse. A tiempo que iba a cogerlas, Brandabrando pinchó esas calzas con la punta de su florete, y dijo: -Para que conste al mundo que vuestra desnudez no me intimida y que así os rindo vestido como en cueros, habéis de pelear sin calzas. Don Quijote echó mano por los zapatos: repitió el otro su operación y dijo: -Para que las gentes vean si os temo más descalzo que calzado. Fue don Quijote por el jubón, sin decir palabra: hurtóselo del mismo modo su contrario: -Esto más de ventaja para vos, que habéis de reñir conmigo sin el empacho de esta pieza ridícula. Le ahogada ya la cólera al caballero andante: en un pronto echó de sí las frazadas para tirarse al suelo, dejando ver unas piernas como sólo don Quijote podía tenerlas. Arrojó un grito la señora Dulcinea, y cubriéndose el rostro con una reja de dedos, se puso a suplicar al mundo entero que viesen modo de hurtar su persona a espectáculo semejante. Vuelto en sí don Quijote a esos reproches, se cubrió velozmente y dijo: -Aun cuando fueseis una de las Euménides, tendría yo cuenta con vuestro sexo y me hallaría lejos del menor desacato. La ocasión de lo que ha sucedido achacadla a vuestro cavalier servant, y tened por cierto que vuestra gazmoñería es mayor que mi desenvoltura. -A vuesa merced le consta -replicó la dama- que en nosotras el pudor es tan obligatorio como en los hombres el valor. Si vuesas mercedes ponen de manifiesto la superioridad de su naturaleza con el atrevimiento bien empleado, nosotras hemos de cubrirnos con la timidez y poner nuestro conato en guardar pura la vergüenza. -¡Eh, buen hombre o buen demonio -dijo don Quijote-, traedme acá esas calzas y al punto soy con vos en batalla! -Ya os he dicho que no tengo cara de sacabotas -respondió Brandabrando-; os he dicho también que habéis de pelear en camisa; y despachaos, so pena de incurrir en un castigo de escuela... Saltó abajo don Quijote, como un tigre, y sin que la cólera le diese tiempo para echar mano a la espada, le asió con entrambas del gaznate al pobre marqués, con tal furia, que si el compañero de éste no acude en su socorro, al cabo de cinco minutos le hubiera dejado de enterrarlo. Brandabrisio cogió a su vez por el pescuezo a don Quijote, y poniéndole zancadilla le obligó a soltar presa y dio con él en el suelo. Viendo Sancho como tiraban a matar a su señor, embistió con el enemigo, y menudeó tan bonito sobre ellos, que los puso como nuevos con más de seis mojicones en las narices. Don Quijote, enderezándose cuan largo era, tomaba ya su lanza; mas los invasores salieron por la puerta de los perros, bien así por temor del escándalo, como de la furia de ese loco. La señora Dulcinea, que no había hecho sino reír desencajadamente, sin moverse de su sillón, fue la primera en ponerse en cobro cuando vio que las cosas pasaban a mayores, y a trancos más abiertos de lo que permitía su follado. Quisiera el caballero andante perseguir a los fugitivos, pero no lo consintió su espinazo, que le dolía como de ciática. -Síguelos, Sancho -dijo a su escudero-, y tráeme las cabezas de esos follones: cada una de ellas te importa una provincia agregada a tus Estados. -Está en un tris que yo lo verefique -respondió Sancho-, no por el huevo, sino por el fuero. Mas vuesa merced ha oído: al enemigo que huye, puente de plata. No firmes cartas que no leas, ni bebas agua que no veas: yo no sé quiénes son esos demonios, y si no me esperan con un refuerzo de treinta o cuarenta de los suyos. Al seguro llevan preso, señor don Quijote. Mato a los ladrones, le traigo a vuesa merced sus cabezas, dejando la mía en manos de ellos, probablemente: pues la hazaña será de mi amo. Pelean los soldados, el general dio la batalla; vencen los soldados, el general es el triunfante; mueren los soldados, seguro el rey, y gran señor en todo caso. Pues a otra puerta, que ésta no está abierta: y cien años de guerra y no un día de batalla. Cuando me dan el consejo, denme también el vencejo: vuesa merced no hace sino ponerme entre la cruz y el agua bendita, y allá de yo de hocicos con el diablo. Sancho, esos yangüeses; Sancho, esos gigantes; Sancho, esos leones. Se van los amores, señor, y quedan los dolores: los humos de esta victoria se subirán al cielo; las costillas sumidas, en mi cuerpo han de quedar. El que en pie se halla, mire no se caiga. -Al diablo sea ofrecida la utilidad que saco de tu ayuda, maldito Sancho -respondió don Quijote-: si algo haces de bueno, al punto lo echas a perder con ese desbarrar sin término, ese desfigurar las cosas más palmarias. Ven acá, apóstata, ¿qué gigantes mataste?, ¿qué leones domaste?, ¿a qué yangüeses venciste? ¿Dónde están los trofeos de tus victorias, dónde las coronas que has ganado con tus proezas? ¡Conque tú provocaste a los leones, y yo te mandé provocarlos! ¡Tú embestiste a los yangüeses y los apaleaste a tu sabor! ¡Tú atropellaste y desbarataste los ejércitos de Alifanfarón de Trapobana! Susténtamelo en las barbas, insigne pícaro; róbame mis hazañas. Cuando te saquen con los pies adelante será el arrepentirte de tus fechorías: todas las has de pagar allá donde no se dice verefique, ni valen refranes mechados de tontera. ¿Es posible que ni después de una batalla dejes de vomitarlos como un endemoniado? ¿Así procuras mitigar el dolor de esta caída? Un huevo, y ese huero: la única vez que has acertado a mostrar coraje, resolución y fuerza juntamente, lo estragas todo con una extemporánea cobardía, negándote a seguir el alcance al enemigo, divertido en esa hablilla refranesca que me ha de matar de desesperación. Puerco fiado, gruñe todo el año: si algo te debo, no me cobres con romperme la cabeza, y hazme firmar un pagaré, ya que te atienes al refrán que dice: callen barbas y hablen cartas. Cumplido el plazo cogerás, no solamente tus salarios, si no me sirves a merced, pero también recompensa, gratificación, pre, honorario, subvenciones y cuanto más te dé la gana; pero no hables más de lo necesario. A puerta cerrada el diablo se vuelve, y en boca emparejada no entran moscas. ¿No has oído decir: herradura que chacolotea, clavo le falta? ¿Qué han de pensar de ti los que te oyen despotricar a lengua seca, haciendo rosarios de adagios y proverbios, sino que eres un bendito animal, insufrible para los que tienen la desgracia de estar oyéndote de día y de noche? -A puerco fresco y berenjenas, ¿quién tendrá las manos quedas, señor? -respondió Sancho-. La ocasión hace al ladrón; y no dirá vuesa merced que yo hablo sin ella, ni que vuesa merced me da ejemplo de sorbidad de palabras, ni aun de refranes. -Sorbidad -replicó don Quijote- vendrá de sorber; sobriedad viene de sobrio. Esta es virtud que hemos de practicar, no sólo en el comer y en el beber, sino también en el hablar; y por ventura más en esto que en lo otro. Quien guarda la boca guarda el alma; y no vayas a pensar que éste es refrán, sino sentencia de la Biblia, donde habla Salomón. El exceso en el comer te causa disgusto y enfermedades, la demasía en el beber te entorpece y envilece, y no puedes dormir más de lo justo, sin cometer uno de los pecados mortales, cual es la pereza. Todo esto es malo, pero nada es peor que el abuso de la lengua. Si la palabra es plata, el silencio es oro: la preciosa liga que resulta de estos elementos es la piedra filosofal de la prudencia. Hablar con juicio y medida; discurrir en cosas de substancia, sin apartarse de la verdad y la modestia, esto es ser sabio. Yo no pretendo que de cuando en cuando no salpiquemos la conversación con una de esas sentencias populares que en pequeño volumen encierran mucho y exquisito condumio; ¿pero qué es esto de echar refranes a dos manos, como quien traspala trigo? El bobo que es callado, por sesudo es reputado; llévate de esta regla. -No es regla, sino refrán -contestó Sancho-. Vuesa merced los ha echado en este discurso como si hubiera hasta para tirarlos por la ventana, y le parecen insípidos los mihuelos. Entre bobos anda el juego, y cuando nace la escoba nace el asno que la roya. A uso de iglesia catedral, cuales fueron los padres los hijos serán, y cuales son los amos los criados son, señor. Éntrome acá, que llueve. Dice el refrán: de tal barba, tal escama; vuesa merced es la barba, yo soy la escama; y en lo de los refranes corremos a puto el postre. -Puede ser -repuso don Quijote-: de esto mismo tú tienes la culpa, y has de pagar el mal que viene resultando. Te has acercado tanto a mí, que ya la distancia del caballero al escudero es ninguna, con harto perjuicio de la orden que profeso y mengua de mi decoro. Las malas mañas, como ciertas enfermedades, son pegadizas: pásame tu sandez, pásame tu pusilanimidad, pásame tu bellaquería, pásame todo; pero no me comuniques esta sarna perruna que te infesta, con nombre de refranes. Y lo peor es que muchas veces me echas tus venablos escondidos en ellos. El que te dice la copla, ése te la hace. Si de tarde en tarde me viene un refrán a los labios, es bien ocasionado, no oficioso e impertinente como los tuyos. Y todavía has de confesar que muchas veces no los digo sino por darte a entender que te propasas en ellos. Cuando no son refranes, son diminutivos de tu cuño: mihuelos... ¿Qué entiendes por mihuelos, pazguato? ¿No sabes que los pronombres no admiten diminutivo? De mío no puedes hacer mihuelo ni miito, así como no puedes hacer miote ni miazo. Pero doblemos esta hoja, Sancho, y dime lo que piensas de la singular aventura de esta noche. -Pienso -respondió Sancho- que esos desalmados nos han puesto a dos dedos de la sepultura, y que yo les he remachado las narices a puñadas, y que vuesa merced le sacó una vara de lengua al compadre Brandabrindo, y que la señora Dulcinea es el demonio, y que me deben dar licencia para dormir, y que mañana se puede averiguar lo demás. cq2h0se4kyknctmmccpaghz06405rn9 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXIX 0 20663 1665455 1415159 2026-06-21T00:23:58Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665455 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXVIII|Capítulo XXXVIII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XXXIX|Capítulo XXXIX]] - De cómo se armó para el torneo el famoso caballero de la Mancha |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XL|Capítulo XL]]}} {{t3|Capítulo XXXIX}} Las nueve serían de la mañana cuando se oyó en el patio del castillo un gran tropel de caballos cuyas herraduras hacían en el empedrado marcial y alegre ruido. Eran los recienvenidos ocho o diez mancebos que acudían al torneo de don Alejo de Mayorga, jóvenes de esos en quienes está hirviendo la sangre, capaces de acometer la conquista del imperio del Catay, puesto que el fruto de la victoria sea una Angélica. Ninguno de los campeadores llega a los treinta años, andando como andan todos entre los veinte y los veinticinco, edad en que las pasiones descuellan y se levantan en forma de lenguas de fuego, consumiendo lo que tocan con ese dulce corrosivo que en la locura de los verdes años se suele llamar felicidad. Don Quijote salió como un brazo de mar y saludó a los estudiantes, inquiriendo con la vista cuál pudiera ser Pedro de Brecemonte, cuál Juan de Merlo, cuál el Señor de Bouropag, y así los otros caballeros a quienes pensaba mandar vencidos a presentarse a su señora Dulcinea del Toboso, como prendas vivas y testigos intachables de sus altos fechos y grandes caballerías. Pero a quien más buscó fue al rey Gradaso, porque tenía jurado desde muy atrás quitarle la espada Durindana, para lo cual era resolución en el pasar a la isla de Lipadusa, si faltaba aquel circaso a las justas del castillo. Andaba el caballero pompeándose entre la retozona muchedumbre, cuando sus pecados hicieron que se le fuese el botón, cordón, gafete, o lo que haya sido, con que se atacaba las calzas, si no eran más bien agujetas. Flojo y desvencijado, se escabulló con menos tono y se fue a su aposento a ver de remediar la avería. Halló en el por fortuna a su escudero, a quien dijo: -¿Tienes un con qué peguemos este maldito corchete que ha esperado el mejor instante para irse? Encomendada sea al diablo la holgura que nos ofrece este desgracioso vestido con el que los pueblos cristianos han querido desfigurarse. En esto de comodidad y elegancia los turcos valen más que nosotros, y de buena gana dejara yo este feo aparejo por el hermoso manto de los árabes. ¿Por qué, noramala, nuestros padres, que todo lo tomaron de los romanos, desdijeron tanto de ellos en el traje y la compostura, tan nobles entre los antiguos, como varoniles y oportunos? Mira el casacón de armas imperial, llamado paludamento, cuánta gracia y majestad comunica a la persona del monarca: el manto de púrpura de los generales, cuando éstos lo tercian elegantemente por debajo del brazo: el laticlave de los senadores y magistrados, esa túnica magnífica cruzada por una banda de grana en la cual resplandecen gruesos nudos de hilo de oro. El péplum, hijo, el péplum, ese vestido admirable que concilia a las damas presencia y majestad de emperatrices. Todo tan amplio, tan garboso, tan señoril, que aun a la vista es ése el pueblo rey. Y nosotros metidos en estos veleros menguados, con botoncitos, ojalitos y otras jarcias ridículas. ¿Qué hubiera sido de mí ahora ha poco, si así como hacía de persona particular me viera en el furor de la batalla, o asido con una dama en un baile de corte? Malditos sean mil veces los inventores de los gregüescos, y llévenme a la moda en la cual nada había que ajustara ni se arrancara. ¿Tienes, digo, un con qué se pegue este demonio? -Si las hilas y el ingüente -respondió Sancho- no han de faltar en las alforjas, hebra trae el advertido en donde puede. Y diciendo esto sacó de su boina, gorra o chapeo, que no lo sabe distinguir el historiador, si bien está por sospechar que lo que traía Sancho en la cabeza era caperuza; sacó, digo, un agujón enorme, especie de sacafilásticas que asombró a don Quijote. -¡Bendito seas! -dijo el hidalgo-: en caso necesario este instrumento te podría servir de arma ofensiva y mangonear de espadín, si no de espada. Oye, Sancho, no me digas ingüente, y manos a la obra, que según entiendo, debo ya proceder a revestir las armas para el torneo. ¿Eres curioso en esto del pegar y el remendar? -En manos está el pandero que lo sabrán bien tañer -respondió Sancho-: despójese vuesa merced de esos buenos gregüescos y verá si entiendo o no del arte. -No es cosa -replicó don Quijote- de ponerse a sacárselos en este instante, que poco más o menos es de apuro. Llégate a mí y ve cómo te amañas a la operación, y despacha. -Soy del parecer -dijo Sancho- que la obra es imposible si no se me ponen en las manos esas buenas calzas. -Sea como quieres -respondió don Quijote. Y desenvainando esas pernezuelas, quedó el más bello de los mortales, al tiempo que una reverenda dueña, de tocas, se mostraba en los umbrales y huía incontinenti dando voces, escandalizada de lo que habían visto sus traidores ojos. -¡Yo te lo había dicho! -dijo don Quijote-. ¿A qué me traes aquí esa dueña, guardacoimas sin honor? ¿Me haces desnudar a traición para ponerme en presencia de una mujer, la cual, por humilde y entrada en edad que sea, es hija de Eva en todo caso? ¿Qué noticia va a difundir por el castillo sino que me ha visto de los pies a la cabeza? -No dirá que hale visto a vuesa merced como le parió su madre, señor don Quijote; pues no habrá vuesa merced nacido con jubón de camusa, o yo se poco. -De tus obligaciones sabes poco -respondió don Quijote-; de mentir y bellaquear sabes más de lo que piensas. Ande vuesa merced, señor Panza, con esos gregüescos, o juro por quien soy que la fortuna le ha de correr mal hoy día. -Iglesia me llamo -repuso el escudero dándose prisa, cuando se oyó hacia el patio el pregón de los farautes: ::«Afuera, afuera, afuera, ::Aparta, aparta, aparta, ::Que entra el valeroso Merlo, ::Cuadrillero de unas cañas». Don Quijote, echando mano por su lanza, se disparó en un como furor guerrero, mientras Sancho le gritaba: -¿Adónde va vuesa merced de ese modo, señor don Quijote? Mire que allí hay señoras que no gustarán de verle medio cuerpo en cueros. Advirtiolo don Quijote, y volviéndose confuso, arrancó sus calzas de manos de Sancho, quien por dicha había acabado de reparar la lesión de esa elegante pieza. -¡Cómo en estos conflictos me pones, desleal escudero! -dijo-. Los campeadores van a pensar que me doy largas; y aún han de decir que el preciado don Quijote se hace el enfermo cuando se le espera en la estacada. -No ha que morirse, señor don Quijote: como vuesa merced llegue a tiempo, ya verán por allí quién es mi amo. Si se cumplen mis deseos, no ha de quedar vivo uno solo de todos esos palafrenes. Abeja y oveja y parte en la egreja quiere para su hijo la vieja. -El diablo es de intrincado tu refrán -dijo don Quijote-: no me los eches tan escabrosos, y menos en ocasiones tan peliagudas como ésta. No hay abejas ni ovejas, ni yo mato palafrenes, lego incapaz de todo aprendizaje. Esos a quienes voy a retar, acometer, vencer y rendir, no son palafrenes, sino paladines, como alguna vez me has oído. Tu memoria es un ruin depósito de ideas; los vocablos salen molidos y descuartizados, pervertidos y enmascarados por tu boca. Palafrén se llama el caballo manso pero bueno; tranquilo, pero airoso, de montar damas y princesas: paladín es el caballero probado en la batalla. Conque mira si voy a matar palafrenes o paladines. Vestíase y armábase, caballero al mismo tiempo que hablaba de este modo, y cuando estaba bregando con cierta hebilla traidora de sus escarcelas, faraute repetía en el palenque: ::«Afuera, afuera, afuera, ::Aparta, aparta, aparta, ::Que entra el valeroso Merlo, ::Cuadrillero de unas cañas». 585yqvtpy1akatd8oumdn6agfh6ltmo Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLI 0 20665 1665457 1415131 2026-06-21T00:24:00Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665457 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XL|Capítulo XL]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLI|Capítulo XLI]] - De las razones y las contradicciones que amo y criado tuvieron después de la batalla |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLII|Capítulo XLII]]}} {{t3|Capítulo XLI}} -Ignoras quizá -dijo don Quijote a su escudero, aludiendo al regalo de doña Engracia- que el propio honor alcanzó Gutierre Quijada después que hubo hecho armas con Miser Pierres, señor de Habourdín, bastardo del conde de San Polo. Pagado de su gallardía el duque de Borgoña, juez de la justa, le llevó a comer, le puso a la derecha, y luego le envió a su aposento un vestido de muchas orfebrerías aforrado de pieles de garduña. Otro tanto hizo el rey de Bohemia con don Fernando Guevara, cuando éste venció en la ciudad de Viena a Miser George de Bouropag: enviole un joyel de gran precio «y dos trotones muy especiales», como lo puedes ver en la Crónica de don Juan II, donde más largamente se contiene. Unas veces ofrecen los reyes mantos de púrpura a los vencedores; otras, túnicas de brocados de tres altos; otras, vajillas de oro de muchos marcos. El toque está en merecer cualquiera de estos regalos, amigo Sancho Panza. ¿Has visto cuál puede ser esa amable Secundina? Según pienso y entiendo, después de Dulcinea, no hay otra más hermosa en el mundo. Fíjate en esa mano, en la cual no sabe uno lo que admirar más, si la pequeñez, si la blancura, si la suavidad, si la gracia con que se mueven y juegan esos dedos coronados de sonrosadas uñas. -La de mi señora Dulcinea no era tan mona -respondió Sancho-, sino como un aventador y más que medianamente carrasposa. Los dedos gruesos, pero no muy largos: en la uña del pulgar se pudiera ver la cara un gigante, sin la roña que la cubría. -Tú sabes -replicó don Quijote- que Dulcinea estaba encantada cuando la encontramos: aunque por dentro era ella, por fuera parecía una grosera labradora. ¿Mas cómo dices eso cuando el encanto no obraba sino para mí y tú la viste en su propia forma, puesto que la conociste? -Para mí no estaban encantadas sino las manos, señor don Quijote, habiendo querido el maligno encantador echar sobre el amo toda su malicia, y sobre el criado una parte de ella. -Tus jocosidades no siempre tienen la sal en su punto, maleante y sofístico escudero -dijo don Quijote-: al que le encantan le encantan de pies a cabeza, con manos y todo; y al que le apalean le apalean sin poner aparte ninguno de sus miembros, según lo puedes ver por tus ojos y sentir por tus costillas. ¿Ni en las ocasiones más propias para demostrarme el respeto que me debes, has de dejar de ponerme por delante tu necedad o tu superchería? ¿Quieres que las uñas de mi señora Dulcinea sirvan de espejos donde se miren gigantes, como Polifemo, cuya cara no alcanzaba a reproducirse sino en el mar? ¿Y su mano es ancha como un aventador, monigote fementido? ¿Y áspera, no carrasposa, baratero? ¿Y sus dedos rehechos y ñudosos, espía de ladrones? ¡Yo os haré ver que el ancho, ñudoso y carrasposo sois vos, señor tunante. Y le hizo ver, en efecto, eso y algo más con un gentil porrazo en la cabeza. El bueno de Sancho estaba muy hecho a llevar palos; pero cuando se los daba su señor, venía como a resentirse, con decir que de ese modo le pagaba sus servicios; Sancho Panza era humilde; su amo, de buen natural y generoso: de amo a criado nunca hubo más de palo y medio, y cuando más llegaron a dos. Era de condición el caballero, por su parte, que, pasada la cólera, de buena gana hubiera abrazado a su escudero, y en haciéndole un grave daño habría vertido lágrimas. Hay hombres que se inflaman y caen sobre los que los irritan: la pólvora no es más violenta; pero son capaces de resarcir con la camisa de sus carnes los golpes que acaban de dar. Me atengo al hombre volado que se enciende a cada instante, y no al aborrecedor sombrío que oculta la cobardía tras la calma y está haciendo fermentar la venganza debajo de la paciencia. -Murmura de mí, bellaco -dijo don Quijote-; omite el cumplimiento de tus deberes; escóndete el rato del peligro; reclama el botín de guerra como cosa tuya; mas no pongas tu lengua viperina en la señora a quien yo sirvo, porque te he de matar. ¿No sabes, mal nacido, que las damas de los andantes, por fuerza han de ser conjuntos de perfecciones, mujeres aparte, creadas ex profeso para ser queridas y servidas por estos que nos decimos y somos andantes caballeros? ¿Quieres que la principal, la llamada sin par por antonomasia, tenga las manos y las uñas que dices, cuando nada pone más de manifiesto lo ilustre de la sangre que esa nobilísima parte del cuerpo humano? Ahí tienes a Oriana, ahí a Carmesina, ahí a Polinarda, ahí a la reina Bricena, ahí a la linda Magalona: mira si son manos de aventadores las suyas, o manecitas admirables, azucenas por el color, jazmines por la pequeñez, terciopelo por la suavidad, y saca por ahí lo que deben ser las de Dulcinea. Cuando se las viste como dices, no estaban ellas encantadas, sino tus ojos obscurecidos con telarañas, basura y otras inmundicias. De hoy para adelante, señor bueno, so pena de la vida, habéis de pensar y creer que no hay en toda el haz de la tierra princesa, reina o emperatriz que tenga mano más pulida, limpia y graciosa, ligera y bien proporcionada, que Dulcinea del Toboso. -Más vale mala avenencia que buena sentencia, señor don Quijote -respondió Sancho-: con vuesa merced no tengo pleito. Pensaré y creeré de bonísima gana lo que vuesa merced dice; pero llanamente, como a mí se me entienda, y no por antimonasia ni otros rodeos, porque todo lo echaré a perder. Cosa del diablo fue el haber yo visto así a mi señora Dulcinea: prometo verla en lo adelante con mano de azucena, pie de lirio, boca de alabastro y más finezas concernientes a las señoras andantes. -La belleza requiere que los labios sean sonrosados -volvió a decir don Quijote-; cuando se te ofrezca delinear un difunto, puedes servirte del alabastro para la boca. -Y cuando a vuesa merced se le ofrezca poner en alguna parte el cabo de su lanzón, no busque la persona de quien le quiere bien, para echarlo ahí como si lo hiciera adrede. Sin haber sido del torneo he sacado mi ración en la cabeza, mi aflicción en el corazón. -Y guárdate de la quitación -respondió don Quijote-, la cual puede ser de más consideración, por la sencilla razón de que un baladrón como tú, que no pierde ocasión de manifestar su mala intención respecto de la dama de su patrón, trae la cabeza en continua disposición de recibir sobre ella el asta de mi lanzón. Tú eres gente de ración y quitación... Pero no haya más; y desdoblando la hoja, dime: ¿Se te trasluce cuál de las infantas del castillo es la que ha puesto en mí los ojos? Corazón herido de saetas, corazón apasionado, Sancho. A tales arbitrios suelen acudir las doncellas de pro, a fin de insinuarse con los caballeros cuya imagen tienen en el pecho; y la mensajera es parte esencial de los amores: testigos, la dueña Quintañona, Darioleta, Floreta, Placerdemivida, la viuda Reposada y otras. Ayúdame a descubrir a esa misteriosa enamorada, si bien ella misma tendrá buen cuidado de darse a conocer, pues amor que da la seña no tardará en llegar. Esta pasión sublime obra como el fuego, Sancho: su alimento es el aire, tira siempre hacia la luz; y aunque a veces arde escondida, no hace sino tomar cuerpo en la obscuridad; luego se la ve romper hacia afuera y esparcirse en grandes llamas. Los ojos son ventanas del alma, dicen; son también tirabuzones, amigo Sancho: como vea yo reunidas a las princesas, de una mirada le arranco su dulce secreto a esta bella Secundina. -Una vez descubierta, ¿qué piensa hacer vuesa merced? -preguntó Sancho. -Nada -respondió don Quijote-: ¿parécete que sería digno de mi lealtad ponerme a sacar en limpio secretos de doncellitas melindrosas? Bueno fuera andar correspondiendo a todas, cuando con ser sabedor del achaque amoroso de esta divina incógnita me parece que ofendo y pospongo a la sin par Dulcinea. Lo que ahora ocupa mi ánimo no es la cuita de esa doncella, sino el acabar de una vez con el rey Gradaso y hacer del todo mía la deseada Durindana. ¿Qué suerte habrá corrido el moro? Si mal no me acuerdo, le descargué encima tal mandoble, que será maravilla no le haya dividido hasta el suelo, con caballo y todo. -Él fue -respondió Sancho- el que viendo por tierra su cabeza se agachó, la tomó y la besó, con mucho amor, en la mejilla. Las baladronadas del jayanazo, señor, nos daban mucho que temer por la vida de vuesa merced; pero, como dicen, gato maullador, nunca buen cazador. Bien muerto está: ni me debe, ni le debo. Duerme Juan y yace, que tu asno pace; y el muerto a la fosada y el vivo a la hogaza. -Mal ajeno de pelo cuelga, Sancho -dijo don Quijote-: sigue adelante en tus refranes; camino llevas de agotar, no solamente la colección de don Íñigo López de Mendoza, sino también las de Mosén Dimas Capellán, el Racionero de Toledo, y el Pinciano, o sea el Comendador Griego. No olvides los retraeres del Infante Juan Manuel, ni los adagios que las viejas dicen al fuego, del Arcipreste de Hita. Si en vez de ese hormiguero de adagios y refranes te hubieras metido en la cabeza algunos preceptos relativos a la caballería andante, el día de hoy te hallaras en potencia propincua de ceñir la corona real. Pero yo tengo mis barruntos de que con tu modo de hablar estomagas y enojas a los encantadores, quienes están retardando cuanto pueden el fausto acontecimiento de mi propia coronación. Ahora dime, pedazo de estuco, ¿se te entiende cachiforrarme con la pamplina de la cabeza de Gradaso? Deja que yo te eche al suelo la tuya, y como aciertes a besarte tú mismo en la mejilla, aquí te armo caballero, y de camino te doy el título de sumiller de la Cava, sin contralor que revea tus actos ni te llame a residencia. Si estoy en lo cierto, San Dionisio fue quien tomó del suelo su cabeza y la besó, después que un esbirro se la hubo echado abajo. Tú no has oído campanas, y aplicas mal y por mal cabo a los acontecimientos actuales tus confusas reminiscencias. Déjalas dormir en el endiablado revoltijo de tu memoria y no me batanees con tus necedades. Si a dicha tiene aún el circasiano la cabeza sobre los hombros, nada habrá perdido por haber esperado. Salió don Quijote en demanda de Gradaso, cuando ya no había más Gradaso que don Alejo de Mayorga, quien se andaba por ahí hirviendo entre los suyos. -Caballeros -preguntó-, ¿sabréis decirme en dónde para aquel soberbio rey del Asia con quien me combatí ahora ha poco? -El señor Gradaso barruntó, sin duda, las nuevas intenciones de vuesa merced -respondió el conde de Mayorga-, y se ha puesto en cobro a pesar de sus heridas. Una de a jeme en el pecho, señor; otra en la cabeza, abierta por la comisura, desde la orilla de la frente hasta el occipucio, pasando por el sincipucio. Otra en la garganta, por donde podía entrar y salir un cocodrilo. -¿Hacia dónde y cómo huyó el moro? -volvió a preguntar don Quijote. -Hacia el Oriente, señor, en una jirafa que hendía el aire como un sacre. Creo yo que la fuga la tomó por su cuenta una sabidora llamada Zirfea, quien se lo llevó a curarle las heridas en los montes de la luna. -Esta es la costumbre de los encantadores que me persiguen -dijo don Quijote-: hurtarme el enemigo a quien tengo a punto de muerte, Pero ya veremos si el señor Gradaso muere o no a mis manos, con jirafa y todo. Ahora sepamos lo que mandáis, señores, que me parto. -No diga tal vuesa merced -respondió el conde de Mayorga-: las damas no tienen otro empeño que el de festejar a vuesa merced esta noche con un baile que para el efecto están disponiendo. Verá aquí la flor y nata de la caballería, portentos de hermosura y prodigios de habilidad en la danza. -¿Eso hay? -volvió a decir el caballero-: no quiera el cielo que don Quijote de la Mancha falte a la cortesía, rehusando el obsequio de tan hermosas y principales señoras. Y se quedó una noche más en el castillo, para satisfacción de Sancho Panza y gusto de los estudiantes. t0a26wcotmbadxxz3lfxa6mqmx7a43f Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIII 0 20667 1665459 1415133 2026-06-21T00:24:04Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665459 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLII|Capítulo XLII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIII|Capítulo XLIII]] - Donde se prosigue la materia del capítulo anterior |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIV|Capítulo XLIV]]}} {{t3|Capítulo XLIII}} Vueltas las damas cada una a su lugar, se vio a don Quijote ir discurriendo entre ellas por dar quizá con la apasionada Secundina. Una de sus interlocutoras le dijo ser Lindaraja Salahonda, princesa de Chanchirico, para servir a su merced. No demuestra ser muy honda la princesa, antes parece hallarse en camino de salvación, según lo flaco y amortiguado del rostro. Desentendida de sus años, ésta, que pudiera ser dos veces madre, se entromete con las jóvenes, escogiendo siempre las más frescas y bonitas. Gusta de traerse bien y dar la moda, sin perder ocasión de mostrarse a los caballeros para tener el gusto de desdeñarlos con mil dengues de buen tono. Los enamorados que han pasado por sus horcas caudinas son un juicio; sus novios, todos los elegantes y hombres de consideración; mas pedir su mano es poner una pica en Flandes. Pasó don Quijote sin deshacerse en cortesías, y llegó adonde estaba otra morena hirviendo en la movilidad de su temperamento. Esta es la bella Pecopina, cuyo influjo sobre sus amigas es igual, por lo menos, al dominio que ejerce sobre la gente masculina. Si el amor se encarnara en cuerpo de mujer, tomara el suyo de los pies a la cabeza. Chiquita, no hasta ser defectuosa; desparpajada, no hasta la desenvoltura; viva, parlera, no hasta la importunidad: ni bella ni bonita, sino de las que se llaman donosas, esto es, mujer en quien prevalece la gracia, aunque no puede jactarse de la perfección de sus facciones. Gracia, la tiene Pecopina para derramarla a chorros: junto con esto la exquisita sensibilidad de corazón y la delicadeza de los afectos la vuelven una de las mujeres más amadas del mundo. Su cuerpo, eso sí que es primoroso: pecho alomado, dividido en dos redondas prominencias, hombros tan atrevidos que están forzando el escote; brazo anticatólico, brazo de Venus, en el cual la blancura, la gordura, la redondez se dan la mano. Se ríe la bella Pecopina, mas no es feliz, ni es fácil que lo sea una de naturaleza como la suya, compuesta del fuego de la imaginación y el de la sangre, poesía en forma de lava hirviente, que está pasando y repasando sobre el alma. Le pareció bien la damisela a don Quijote, y llegándose a ella con muestras de suma cortesía, le preguntó si era de la que tenían a su devoción un caballero andante. -Holgárame de haber conocido a cierto paladín ahora ha diez años, respondió la hermosa, y no me estuviera consumiendo en el desamor. Exasperose don Quijote al verse en esta nueva ocasión con perjuicio de su dama, y como quien no cae en la cuenta pasó adelante, mientras la señora Chimbusa, gran amiga de la bella Pecopina, se vino para ella y le preguntó: -¿Qué arrumacos te hizo? Desde allá oí sus chicoleos. Debes de estar muy satisfecha. -Tanto como la que más -respondió la bella Pecopina-; pero con celos de una cierta Dulcinea, llamada Petra Padilla o señora Chimbusa. -No tengas cuidado -repuso Chimbusa-: guárdate tú don Quijote, que aún no parece el mío. Y risa que se morían. Pidieron los mancebos la gallarda, al paso que las señoras se decidieron por los gelves, ofreciendo que después se bailaría la Madama Orleáns y aun la pavana. Onoloria del Catay, antes que todas, se echó a la arena; y por el dios Cupido que bailó como para embeleso de los inmortales. Presta, leve, aérea, iba y venía agitando el piececito en mudanzas varias, concorde todos los miembros en sus graciosos movimientos. La mariposa que está volando y revolando sobre las flores, iluminada por el sol matinal, no es más vivaz y alegre ni presenta a la luz con más ufanía los matices de sus alas. Baila Onoloria, la sangre se le encrespa al ejercicio, y el vaivén del corazón le anima el rostro, de tal manera que en el bermejor celestial de esas mejillas pueden arder los serafines. Encendidos sus labios, prenden fuego en el pecho de sus admiradores, fuego que corre al centro y hace dulces destrozos. Esta Onoloria del Catay es bella como una Gracia, honesta como una Musa, y en faltándole un punto al respeto debido, terrible como una Gorgona. Su nombre es Isolina Benjumea; cuando le tocó ponerse uno caballeresco para el sarao, tomó el de la dama de Lisuarte, añadiendo el del famoso imperio del Catay, por que le sonase mejor a don Quijote. Doralice Blancaflor no es menos que su adlatere ni en hermosura de cuerpo ni en delicadeza de corazón: no hay sino que ésta no es como Onoloria, bondadosa y afable, casi humilde en el mirar y el hablar, con esa humildad empapada en amor, debajo de la cual dormita la fiereza de la virtud; Doralice pone la monta en dominar a los hombres por el señorío, cuando no tira a matarlos con el desdén. Alta, grave, la sonrisa no se le presenta en los labios sino en forma de menosprecio; y cuando habla es como dueña de vidas y haciendas. La Doralice del baile, en su casa y fuera de ella, se llama Dolores Fernán Núñez. Ahora viene Olga, viene y baila, y el cadencioso movimiento de sus miembros cautiva hasta el oído, siendo así que el dulce error de la afición es creer que de esa persona embelesante brota una suave música. Olga baila y todo el mundo la contempla seducido, admirándola las mujeres, adorándola los hombres, sin que la aborrezca nadie. Privilegio es de la inocencia no despertar envidia ni en las que presumen de bellas y no sufren competidora en la hermosura. Concluida esta danza, acometió don Quijote a felicitar a las señoras, y de una en otra se llegó a una muy bien puesta que estaba ahí en voluptuosa sofocación dejando evaporar el cansancio. Díjole ésta que era Doñalda, con lo cual prendió el fuego en la imaginación del caballero andante, pues ese nombre le reducía a la memoria las hazañas y las desdichas de uno de los mejores paladines. -Si vuesa merced es Doñalda -dijo-, ¿será la mujer de Roldán el encantado, dueño de la insigne Joyosa del bel cortar? -Soy la misma -respondió la dama-. Vuesa merced me ve aquí llena de indignación por hallarse entre nosotras esa pizpereta de Angélica la Bella, quien trae a mi marido, de algún tiempo a esta parte, fuera de sus casillas. ¿Pudiera vuesa merced hacer que mi esposo volviera a quererme? Aquí tiene vuesa merced a mi amiga la infanta Lindabrides, a quien un caballero andante ha enderezado el tuerto que le hacía Claridiana, su rival, con hacer que su amante vuelva a sus primeros amores. -Éste es el caballero del Febo -repuso don Quijote-, quien tenía el mal gusto de desdeñar a la hermosa infanta Lindabrides por esa ojinegra de Claridiana. Lo que es hacer que el ingrato don Roldán vuelva a querer a vuesa merced, no está en las atribuciones de la caballería ni en la fuerza de mi brazo. -¿Luego vuesa merced no tiene una maga protectora -dijo Doñalda-, de esas que poseen el secreto de prolongar y renovar el amor, mediante ciertos filtros, pociones o bebedizos de que sólo ellas tienen conocimiento? Urganda la Desconocida hace que Amadís de Gaula viva gimiendo a los pies de Oriana, y le prolonga la juventud, a fin de que la venturosa Oriana le tenga siempre en sus fuertes años. -Urganda la Desconocida -respondió don Quijote-, la sabia Ardémula, Melisa, la reina Falabra, Dragosina, amiga de Esferamundi, Camidia, la maga Filtrorana, la dueña Fondovalle y otras muchas han poseído esos filtros, pociones o bebedizos que vuesa merced recuerda; pero de esto a que yo le reconquiste el corazón de su infiel caballero, no va poco. Lo que se podrá hacer será que yo le busque, desafíe, mate y corte la cabeza. -¿La cabeza? ¡Oh, no señor! ¡Oh, no señor! -estaba diciendo Doñalda cuando ya don Quijote había pasado adelante, y un grupo de caballeros proponía que se bailara un Rey Alfonso. Rompió la música, tiráronse al centro señores y señoritas, bailaron hasta no más, se cansaron otra vez, y se acabó la fiesta. 2esmr6h3ol0as6r7q6dkxhr4ox9dl58 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIV 0 20668 1665481 1415134 2026-06-21T00:24:50Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665481 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIII|Capítulo XLIII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIV|Capítulo XLIV]] - De la despedida que de los señores del castillo hizo nuestro aventurero |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLV|Capítulo XLV]]}} {{t3|Capítulo XLIV}} Rocinante y el rucio, aderezados ya, estaban a la puerta del castillo, y Sancho Panza averiguándose con las alforjas, las cuales, gracias a doña Engracia, las tenía rebosando de pollos, cecina, bizcocho y otras curiosidades muy del gusto de ese buen escudero. No había para él ocupación más grata que la de acomodarlas, ni rato más alegre que el de abrirlas. De gula, no comía, pero no le desagradaba mojar un mendrugo en un caldero de gallinas; y en viniéndole a la mano un tercio de capón, daba tan buena cuenta de él, que no había cuándo porfiar que lo concluyera. -Si el buen Sancho -dijo don Prudencio Santiváñez- no tuviese algún motivo especial de amor a su rucio, se le podría trocar dicha alimaña con un cuartago de no mal talante y mucha fortaleza que tengo en mis caballerizas. Según entiendo, el rucio viene a hacer una como disonancia con el tan poderoso caballo de su amo; cosa impropia, además, de la profesión caballeresca. Aún sería de reflexionar si no se le diese una adehala por servir a escudero tan principal. -Con la adehala me contento -respondió Sancho-. Lo que en el capillo se toma, con la mortaja se deja, señor: el rucio es mi hermano de leche, juntos hemos crecido, juntos hemos vivido, juntos hemos de morir. No porque ayer fui gobernador y mañana he de ser conde, me he de poner a repudiar a mi compañero. Con mi rucio me entierren, señores: si algo quieren darme, agradeceré la merced. -Advierta el gran Sancho -dijo el marqués de Huagrahuigsa-, que al que es cuerpo de un don Quijote de la Mancha no le conviene ir en tan humilde caballería como un asno: yo soy de parecer que se lo cambie, a pesar suyo, con el cuartago consabido, pues nunca se ha visto que personas de tanta pro y fama como él anden en borricos. -Vuesa merced no está en lo justo -respondió el capellán, quien se hallaba también presente-: «El rey pobre, el rey pacífico, el rey salvador entrará en Jerusalén montado en un asno», predijo Zacarías. Y montado en un asno entró en Jerusalem el rey pobre, el rey pacífico, el rey salvador. ¿Ha de ser cabalgadura despreciable la autorizada y preferida por el Rey de mundo? Calle vuesa merced, y deje que este hombre siga su camino sobre su jumento, aunque no sea sino por lo que tiene de humilde y cristiano. -Por lo que tiene de cristiano, sea -replicó el marqués-; mas por lo de aventurero, ha de montar en caballo ¿Dígame vuestra reverencia las personas de alto lugar que han ido a jumentillas, ni entre los antiguos, si no fue nuestro Señor Jesucristo, y eso únicamente por darnos ejemplo de humildad. -De nuevo se engaña vuesa merced -volvió a decir el capellán-: el asno ha sido caballería de corte, lujo y boato en los mejores tiempos. ¿Pues veamos en qué montaban los jueces de Israel. Los cuarenta hijos de Abdón y sus treinta nietos iban delante de él, caballeros sobre setenta asnos gordos, lucios, vivos, cuyos escarceos no podían ser mejorados ni por los corceles de Mesopotamia. Jair, junto con sus treinta hijos, señores de otras tantas ciudades, montaban en burros soberanos, como puede verle vuesa merced en la Sagrada Escritura. ¿Póngaseles herraduras de plata a esos buenos pollinos, gualdrapa de púrpura sobre el pelo negro, y díganme si un magnate puede andar mejor montado? -Vuesa paternidad lo afirma, y aun cuando sea ex fide aliorum, así debe de ser -contestó el marqués-. Mas todavía querría yo que el buen Sancho, que no es Abdón ni Jair, anduviese de hoy para adelante en un rocín mediano, porque no viniese a rivalizar con los jueces de Israel y perderse por la soberbia. -Para mi santiguada -respondió Sancho- que no he de ir a echar en tierra de una embestida las costumbres de mis mayores, quienes no montaron nunca sino en burros. -Pues yo soy de parecer -dijo a su vez el conde de Mayorga- que no solamente se le debe cambiar su rucio a Sancho, sino también su Rocinante al señor don Quijote. ¿Qué dice vuesa merced de una buena cebra, animal que se traga cien leguas por hora, adecuadísimo, por tanto, para las aventuras que requieren velocidad? Y no se piense que semejante vehículo sea desautorizado en el mundo caballeresco: tienda vuesa merced la vista y vea cómo ::«Por las sierras de Altamira ::Huyendo va el rey Marcín, ::Caballero en una cebra, ::No por falta de rocín». No por falta de rocín; luego los más famosos caballeros han preferido la cebra al caballo. -Tan lejos está el rey Marcín -respondió don Quijote- de ser famoso caballero, como de ser preferible al caballo aquel animalucho que menciona vuesa merced, el cual en resumidas cuentas no pasa de silvestre; alimaña notable tanto cuanto por la graciosidad de su cuerpo y aquel ordenado artificio con que la madre naturaleza quiso hermosear su piel, dividiéndola en fajas negras y amarillas. Mas dígame vuesa merced ¿cómo una cabalgadura buena solamente para la huida ha de convenir a ese cuyo asunto es acometer, pelear a pie firme y vencer? Si alguna vez me encontrase yo en el peligro de haber de retirarme, mandaría barrenar mis naves y darlas a la banda, como ya lo hicieron Agatocles y nuestro esclarecido Hernán Cortés. Digo que mataría con mi mano a Rocinante, a fin de que no me pasase por la cabeza la idea de huir ni retirarme. El que Marcín se hubiese encomendado a la velocidad de una cebra, no es ejemplo que puede seguir un caballero. -Si yo insinué esa especie -replicó don Alejo- fue porque me pareció digno de un paladín como vuesa merced el montar un animal raro, casi fabuloso; bien como la reina Falabra andaba caballera en un lobo sin cabeza, y como otros grandes y famosos caballeros han montado en grifos, unicornios, hicocervos, jirafas y otras maravillas. Mire vuesa merced al gigante Mordacho con cuánta gallardía y gentileza va a horcajadas sobre «un oso guarnido con unos cueros muy duros, que él puesto encima parecía más fiera cosa de ver y más espantable que el infierno. En la cabeza lleva el citado Mordacho un yelmo hechizo con agujeros enormes por los cuales saca las orejas. Su armadura es de huesos y costillas de sierpe, más fuertes y difíciles de hender que el acero mejor templado. El oso es muy grande y desemejable; y cada vez que el jinete le pone en los ijares las uñas de león que lleva por espuelas, da tan grandes saltos y bramidos, que a todos atruena y pone susto». Por aquí puede ver el señor don Quijote cuan natural sería que su merced jinetease una linda cebra de los desiertos del África, si ya no prefiriese el lobo sin cabeza de la reina Falabra. -Yo sé por dónde veo las cosas -respondió don Quijote-; a mí me incumbe y atañe el saber lo que prefiero. Ni el oso de Mordacho, ni el lobo de la reina Falabra, ni el camello de la mágica Almandroga, ni cuantos hicocervos, jirafas, grifos, hipogrifos y demonios hay en el mundo, le llegan al tobillo a este mi buen compañero y amigo. Vengan los Alejandros sobre sus Bucéfalos, los Julios Césares sobre sus corceles de uña partida y cara de toro, los Rui Díaz sobre sus Babiecas, los Rugeros sobre sus Frontinos, los Astolfos sobre sus Rabicanes; vengan todos juntos: aquí está don Quijote de la Mancha sobre Rocinante. -Ese corcel -dijo el barón de Cocentaina- debe de provenir de un enlace y cruzamiento extraordinarios, para que sea tan singular por su origen como por sus prendas. Estos grandes e ilustres caballos suelen tener su genealogía propia y diferenciarse de los demás esencialmente. Bucéfalo, aquel gran Bucéfalo que vuesa merced acaba de nombrar, ¿cómo y de quién nació? ::-«Fízolo un elefant por muy gran aventura ::En una dromedaria, cuemo dis la escriptura: ::Venial de la madre ligerez por natura, ::De la parte del padre frontales é fechura». -Si el mío fuese hijo de una dromedaria, sería dromedario -respondió don Quijote-: como descienda del más poderoso semental de los cotos de Andalucía y de la más fina yegua cordobesa, estoy contento. Y ahora sí que es la de vámonos, señores: mandar y adiós. Al tiempo que montaba a caballo, como las damas del castillo estuviesen por los corredores, se llegó don Quijote al señor de Mayorga y en tono de reserva le dijo: -Vuesa merced sea servido de indicarme la que entre esas hermosuras se llama Secundina. -¿Secundina? -respondió el conde-; ahí la tiene vuesa merced. Y le enseñó una moza entre los pinches de la casa, que agrupados por ahí estaban a ver partir a los andantes. Era la tal una mujer baja de cuerpo, achaparrada, que traía a cuestas una muy buena joroba y metí a hasta no más el un ojo en el otro. Atónito la estaba mirando don Quijote, al tiempo que el señor de Mayorga alzó la voz y dijo: -Secundina, el señor don Quijote de la Mancha se te encomienda, y aun desea le hagas la gracia de llegarte luego para un asunto de importancia. Entre pasmada y obediente echó a andar la moza. Como don Quijote la viese aproximarse cojín cojeando, arrimó las espuelas a su caballo y se partió. 91qrore16q5bwhcinfg2bvvxbhpx7q2 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLV 0 20669 1665476 1415136 2026-06-21T00:24:36Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665476 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]], mientras andaban descaminados por Sierra Morena |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIV|Capítulo XLIV]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLV|Capítulo XLV]] - De lo que les sucedió a don Quijote y Sancho Panza |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVI|Capítulo XLVI]]}} {{t3|Capítulo XLV}} Dos días habían andado los aventureros sin que les hubiera sucedido cosa digna de memoria, y se hallaban por las faldas de Sierra Morena, solos y sin camino. Don Quijote se figuraba ver dentro de poco, ya una doncella andante puesta a mujeriegas sobre un león, ya un jayán que se llevaba consigo una princesa, ya un enano que le traía una embajada amorosa. -¡Por las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo y los Dolores de María Santísima -dijo por ahí una voz cascada y muerta de hambre-, una caridad a este pobre ciego!. A Sancho Panza se le fue la sangre a los zancajos: las palabras no podían ser más católicas; pero en nada confiaba cuando se hallaba en semejantes despoblados. Un hombre, acurrucado al pie de un árbol, con un perrito pastor a los pies, era quien había pedido la limosna. -Sancho -dijo don Quijote-, la ocasión de hacer un bien es siempre un buen agüero: las obras de misericordia son préstamos que hacemos al Señor. Abre esas alforjas y provee para quince días a este desdichado. -Le daré -respondió Sancho-, mas no para quince días. Si de hoy a mañana no salimos de estos andurriales, en Dios y en mi ánima que tengamos nosotros mismos que hacer de ciegos. -Tan buena cuenta has dado de la repostería, Sancho? Haces bien, amigo: el día que hay, come a tu sabor, y no te dure un mes lo que alcanzaría apenas para una semana. Da lo que puedas a este ciego; no manda otra cosa la ley de Dios; pero lo que des, dalo de corazón. Sin buena voluntad, no hay caridad: los que dan por fuerza, labran para el demonio; los que por orgullo, están condenados. Sancho estaba ya en tierra abriendo las alforjas con loable empeño, y mientras desperdigaba una gallina, dijo a su amo: -Yo no doy por orgullo ni por fuerza; mas no doy para quince días. Tome este cuarto, hermano ciego, y este jirón de cecina: cómalos a nombre del escudero Sancho Panza, encomendándole a la Virgen. -Ella os lo pague, mi buen señor -respondió el mendigo recibiendo a tientas lo que se le ofrecía-: si las oraciones de un pobre pueden con el cielo, allá irán a parar vuesas mercedes. -Miren si discurre bien el esguízaro -dijo Sancho-: comed y rezad, hermano, y no hagáis como los que maman y gruñen. ¿En dónde habéis aprendido tan buenas razones? ::-«No vale el azor menos ::Por nacer en vil nío, ::Ni los decires buenos ::Por los decir judío». -respondió don Quijote-. Puede uno ser pobre y ciego, y hablar como don Santos de Carrión. -Como don Santos, sea -dijo Sancho-: ¿ahora qué dice vuesa merced si en este pradecico, al lado de este bienaventurado, les diésemos nosotros también un tiento a las alforjas? -No dices mal -respondió don Quijote-, ¿pero tendremos agua por aquí? -Y pura y dulce -dijo el ciego-: ¿no la oye vuesa merced a cuatro pasos?. Don Quijote puso el oído y alcanzó un blando susurro que de entre unos árboles salía. -Es un arroyo -dijo-: el licor más saludable del mundo. -Y el más barato -repuso Sancho-. Pero no me hubiera resentido con mi señora doña Engracia de Borja, si nos hubiera acomodado con unos dos frascos de Alaejos y dos de Rivadavia. En verdad que uno viene como a convertirse y santificarse con una copa de Valdeiglesias tras un bocadillo astringente como esta longaniza. -No te aficiones a la bebida con tal fuerza -tornó a decir don Quijote- que vengas a emborracharte sin beber, como si realmente hubieras bebido. ¿Qué más da que uno robe o viva deseando robar? ¿Serás menos libidinoso si vives muriendo de día y de noche por la mujer de tu prójimo, que si de veras vinieres a corromperla? De este modo, tan borracho eres si andas siempre con la mira puesta al beber, como cuando efectivamente bebes. Y no te resientas; tú sabes el refrán que dice: A mozo roncero, amo severo. -Vuesa merced me fiscaliza los pensamientos -dijo Sancho- y me condena por ellos como a pecador conflicto y confeso. -Si eres conflicto -replicó don Quijote- serás también conflexo: si eres confeso simplemente, pecador de ti, te habrás de allanar a ser convicto. Sancho, Sancho, ¡y qué bien dicen: El hijo de la cabra, de una hora a otra bala! ¿Cuando yo te creía perito en nuestra lengua, como efecto de las lecciones que te vengo dando, salimos con que la cabra tornó a balar el día menos pensado? Hijo malo, dicen, más vale doliente que sano. Pero como también se suele oír por ahí: Al hijo de tu vecino límpiale las narices y mételo en tu casa, yo te limpio las tuyas y te meto en mi casa. El pie del dueño, estiércol para la heredad: sírvante de estiércol estas mis razones: fecúndate, da un fruto de bendición, gallego viejo. -Acertádole ha Pedro a la cojugada, que el rabo lleva tuerto -dijo Sancho-. ¿Dónde están las lecciones que vuesa merced me viene dando? Lo que hace es acomodarme ropa limpia de cada lunes y cada martes, y buscarme la lengua para los... batanes. El hijo de la gata, ratones mata, señor; y quien tuviere hijo varón, no llame a otro ladrón. ¡Y son pocos los refranuelos que nos ha echado el señor don Quijote! Vuesa merced se lo lleva en el pico a este escuderillo en esto de los refranes. El hijo del asno, dos veces rebuzna al día: pícame, Pedro, que picarte quiero. El viejo desvergonzado hace al niño osado. Y ¡montas! si yo tomo de memoria las lecciones de mi señor. Quien con lobos se junta a aullar se enseña. Hijo fuiste, padre serás; cual la hiciste, tal la habrás. -En día infausto hube de nacer -dijo don Quijote interrumpiéndole- para verme hoy bajo la influencia de tu genio fatídico; y en hora menguada me vino a los labios eso del pie del dueño, que fue a remover en tu cabeza el montón de sabandijas que tú llamas refranes. Si me los quisieras vender a carga cerrada, sin reservar ni uno solo para tu uso, te diera yo por ellos todos mis bienes de fortuna, y con gusto me quedara en la calle. -Los hijos de Marisabidilla, cada uno en su escudilla -tornó Sancho a decir-; nosotros somos esos hijos; pues cada uno en su escudilla y a su casa; que como mi hijo entre fraile, mas que no me quiera nadie. -¿Vuelves a los hijos, don hijo de tu madre?, -gritó don Quijote-. Quemadas sean tus palabras, Sancho siete veces brujo. ¡Oh, y cuándo será el día que yo te vea con el palo codal, arrepentido de tus refranes! Cuenta y razón conserva amistad: ven acá, Sancho: aquí hemos de formular, firmar y acabar un contrato de los que nacen de estos principios: Doy para que des, doy para que hagas; hago para que des, hago para que hagas; y sírvanos de testigo este buen ciego. Tú das el no decir expresión proverbial, adagio o cosa que huela a refrán, ni en artículo de muerte, aun cuando sepas que has de entregar el alma al diablo. Yo doy el redoblarte tu salario, el hacer condesa a Sanchica, y además una de las tres pailas grandes que heredé a mi señora madre. -Póngase una nota -respondió Sancho-, y séllese y rubríquese; es a saber, que si mi alma viniere a verse en peligro de condenación, he de echar cuantos refranes fuere menester para salvarla. -Cuando tus pecados te llevaren a ese trance, los dirás -repuso don Quijote-; pero no tantos ni tan escabrosos que a causa de ellos recaigas en la cólera divina. -Vieja escarmentada, arregazada pasa el agua -dijo Sancho-. Venga esa pieza del doy para que des, y fírmese. Pero ha de haber otra excepción: cuando vuesa merced me hurgare la memoria y me incitare el apetito con alguno de esos refranillos que suele aflojar como quien no dice nada, doy por rota la escritura y vuelvo de hecho al uso corriente de mis refranes. Cuando uno venga de perilla, lo he de soltar también. -¡Que no te dé una fiebre pútrida, judío! -dijo el caballero exasperado-. Si todos los casos en que te puede venir el vómito de refranes los pones fuera de la regla, ¿qué dejas para tu compromiso? -Paso por todo -respondió Sancho-; no se hable más. He oído, señor don Quijote, que para que el testamento sea macho son necesarios siete testigos; y no tenemos sino dos: el ciego y su lazarillo o su perro. -¡Aquí no hacemos testamento macho ni hembra, zopenco, zopencón! -dijo don Quijote-. Para la friolera en que nos hemos concertado, con uno hay de sobra. -A la buena de Dios -repuso el escudero-, y que vuesa merced no olvide el aumento de mi salario, ni el hacer condesa a Sanchica. -Es cosa mía -respondió don Quijote, y añadió-: La caridad descuenta las culpas de la codicia: mira, Sancho, el pobre ciego, que está como si no hubiera pasado bocado por él: favorécele con media docena de bizcochos y una lonja de tocino, que no te serán negados el día del finiquito. Lo que das al pobre, no lo echas en el agua: semilla es que produce en abundancia. O más bien, en el agua lo echas; pero, según las divinas letras, allá abajo, cuando menos acuerdes, lo volverás a coger. No digas al pobre: ya te di; el hambre no pasa sino para volver, y en su rotación dolorosa va gastando las ruedas de la vida. La limosna es credencial para con el Señor, documento de que Él hace mucho caso. Si tienes un pan, da la mitad al pobre; si dos, dale uno entero. -¿Si tengo veinte panes -dijo Sancho-, le habré de dar los diez al ciego? ¿Y mis hijos? -Yo sé muy bien que la caridad principia desde casa -respondió don Quijote-; pero sé también que en este axioma hacen pie los avarientos y egoístas para fomentar su tacañería. Tus hijos serán hijos de judas, si llevan a mal que socorras con un pan al indigente. -¡Sanchica de mi alma! -exclamó Sancho; y levantándose conmovido-: Tomad, hermano -dijo al ciego- estotro bocado; y no se os olvide pedir a Dios por los caminantes. Mirad para vuestro perro este osecillo no tan limpio. -Dos días no hemos yantado -respondió el pobre-: nada de lo que me proporcione la misericordia divina por mano de vuesas mercedes, será por demás. La muquición es la vida, señor. -¿Eh? -preguntó don Quijote-; ¿la muquición? -Así llamamos los pobres al pan de Dios -respondió el ciego. -Así lo llaman los ladrones -dijo Sancho-; y al comer llaman muquir. ¿Sois de la pega, hermano? -Como hay Dios que soy hombre de bien; ¿ni cómo he de robar con estos ojos anochecidos? -¿Y qué diablos hacéis por aquí? -preguntó don Quijote-. Estos parajes no son ricos en caridad: para vivir y para morir, el hombre necesita de sus semejantes, y más uno como vos. El camino real, un puente, la puerta de un mesón os convendrían primero que estas soledades. -Venga a las ancas de mi rucio, hermano -dijo Sancho-: yo le dejaré en sitio tal, que sobre el pan le caigan algunos cuartos, si no son reales. Ahora dígame vuesa merced, señor don Quijote, si este ciego tiene derecho a mis diez panes, ¿no puedo, por la misma razón, traspasarle algunos centenares, y aunque sean millares, de ciertos tres mil y trescientos que tengo que... darme? -De ninguna manera -respondió don Quijote-: Merlín el encantador previno que fuese cosa exclusivamente tuya. No me hables de esto, si no quieres dar al traste con la paz que hemos firmado, y ve por agua, que harto la he menester. Sancho Panza, hallando mal templada la guitarra, puso punto en boca y se internó en la espesura. Siguiole don Quijote hasta cierta distancia, y arrimándose a un árbol se quedó a esperarle, tomado de sus pensamientos caballerescos. El ciego se alzó pasito, con mucha cautela y diligencia se llegó al asno, se apoderó de las municiones de boca, con alforjas y todo, y sacando de la faltriquera una botellita, le vertió su contenido en las orejas. Viendo que no había otra cosa manual con que cargar, se retrajo pian pianino, y luego se disparó por esos campos, de modo que no le alcanzara la Santa Hermandad si de propósito dieran tras él todas sus cuadrillas. Tardó Sancho en volver, hasta el punto de enojar a don Quijote, cuyas meditaciones no suelen ser muy tenaces; se puso el caballero a darle voces, cuando el escudero asomó inundado en gozo, con un animalejo en los brazos, cual si trajera una maravilla. -¡Maldito seas de Dios y sus santos! -le dijo don Quijote-. ¿Qué traes ahí, un corvezuelo? -¡Corvezuelo! ¡Mi padre! -respondió Sancho-: es un animalito nunca visto, que venderé como una raridad en el primer pueblo adonde lleguemos. ¿Quién no me dará ocho o diez reales por esta piedra preciosa? Mírelo y remírelo vuesa merced, y dígame si en los días de su vida ha visto cosa más linda. -Apuesto diez contra uno -dijo don Quijote- a que te has pillado un zorro, y zorro es el que estás apretando contra el seno, cuando te figuras poseer el animal del carbunclo o el ave del Paraíso. Suelta ese asco, villano, y huye de mi presencia: tú no tienes ni la sal ni el agua del bautismo. Tras que el pobre escudero estaba cubierto de un hedor mortal, tomó su lanza don Quijote y le asentó los dos mejores garrotazos que en su vida hubiesen dado el uno y recibido el otro. Mohíno y corrido Sancho, acudió a las alforjas, las que solía cubrir con un gabán de remuda, para ver de cambiarse lo apestado. -¡Que me maten -gritó- como el ciego no haya sido ciego fingido, de los que roban con el nombre de la Virgen en los labios, y asesinan encomendándose a los santos del cielo! ¿Dónde están las alforjas, señor don Quijote? ¡Mal año en mí y en toda mi parentela, y que me vea yo comido de perros! -Que te veas comido de perros -dijo don Quijote, no me parece mal-: ¿cómo discurriste para traerme aquí tu animalito maravilloso, Sancho pagano, Sancho moro? A fe que primero que se te vaya esa ambrosía, te habrás de quitar la escama y todavía has de quedar como una junciera. -Si no quieren desesperarme, no se hable más de esto -respondió Sancho-: he de vivir mil años, y no he de acabar de maldecir mi suerte. ¿Dígame vuesa merced cómo nos desayunamos hasta cuando Dios sea servido ponernos en una venta o un mesón? -Decir pudieras castillo o palacio -replicó don Quijote-; por lo demás, no te dé cuidado: en defecto de pollos rellenos y roscas de Utrera, nos han de sobrar por estos campos raíces comestibles y hierbas saludables. Si la necesidad apura, ¿qué hay sino tomar una infusión de verónica y quedar reanimados y entonados para muchos días? Llora menos por tus alforjas y monta sobre el rucio. -¿Cuánto va a que el bellaco del ciego le ha puesto azogue en los oídos a mi burro? -dijo Sancho-. Mire vuesa merced la vivacidad con que se está haciendo el brioso, como si fuera un corcel de guerra. -La cosa es muy factible -respondió don Quijote-; esa suele ser maña de gitanos. 5di4hrw86acan4i2q2gglbg6aissa85 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVI 0 20670 1665468 1415137 2026-06-21T00:24:17Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665468 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLV|Capítulo XLV]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVI|Capítulo XLVI]] - Qué fue lo que don Quijote y su escudero hallaron al salir de un bosque |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVII|Capítulo XLVII]]}} {{t3|Capítulo XLVI}} No a mucho andar cerró la noche. Vívidas las estrellas estaban guiñándose amorosamente, repartidas por el firmamento en espléndido desorden. Estas amables solitarias gustan de vivir lejos unas de otras; pero se comunican entre ellas por medio de esa mirada inocente con que se insinúan con el poeta, cuando él las contempla en sus gratos y a un mismo tiempo melancólicos devaneos. Recién nacida la luna, apenas si hacía figura en el cielo con sus cuernecillos untados de luz, visible como un recorte de uña, descendiendo al horizonte. Habíase don Quijote engarabatado más de una vez en las ramas de los árboles; Sancho Panza traía por su parte el un ojo no tan católico, de un pasagonzalo con que una de ellas le saludó muy atentamente. El miedo tan sólo podía contrarrestar la impaciencia del escudero; y su impaciencia era, en cierto modo, oposición a su miedo. La obscuridad, la soledad se lo comían vivo; y de la cuita de su alma no le sacaban instantáneamente sino los tropezones del rucio, los papirotazos de las ramas, los golpes que iba recibiendo en los troncos de aquel bosque o selva feroz, que allá para sí él calificaba de infame. -No hay forma de pasar adelante -dijo don Quijote, aun cuando estaba lejos de reconocerse mortal-: de nada nos sirven esos altos luminares en medio de esta espesura endemoniada. Apéate, Sancho, y veamos cómo nos abarracamos por aquí hasta el reír del alba. -Al puerco y al yermo mostrarles la soga -respondió Sancho-. No digo nada, señor, sino que me estoy muriendo de miedo, y que voy a encomendarme de todo corazón a nuestro Señor Jesucristo. -Te acuerdas de Santa Bárbara mientras dura la tronada -volvió a decir don Quijote-. No hace una hora que te encomendaste a todos los diablos del infierno, y ahora te vas a encomendar a Jesucristo. Cuando de veras te pones en manos de Dios, ten por cierto que Él te las alarga; pero si te acoges a su misericordia tan solamente urgido por el miedo, tus plegarias caen en vacío: su voluntad no se rinde a una dedada de miel, ni a Él se le enquillotra con marrullerías fingidas. Él ve en medio de la obscuridad, oye el silencio, te escudriña las entrañas y te saca viva la intención. Si haces la seráfica en tanto que dura el peligro, y vuelves a las andadas, serás el portugués que le hacía ofrenda de su burro hasta cuando pasaba el río. Habíanse ya desmontado los andantes. Puesto el freno del caballo al arzón, libre de sus aparejos el rucio, dejáronlos que ramoneasen por el bosque, mientras ellos ganaban la sombra de una encina y se sentaban muy de propósito. -Si no estás en estado de gracia -continuó diciendo don Quijote- toda oración es por demás: irás un año con la cruz a cuestas sin que el Señor dé señales de haberte oído. No podrás pensar hoy en cosa de más provecho que en hacerte un poco allá, y como quien no dice nada, darte una buena mano a buena cuenta... -Durillo soy para ese negocio -tornó Sancho a decir-; pero fuera peor que no tuviera en donde recibirlos; y vuesa merced sabe el acioma de «más da el duro que el desnudo». -A trueque de no dejarte pasar el axioma, dejaré pasar esta falta a nuestro contrato. El que acabas de proferir no es acioma ni axioma, sino refrán mondo y lirondo. Ahora ven acá, don Jácaro; ¿de cuando acá se te ocurre salir poniendo dificultades en el asunto de los tres mil? ¿No es materia admitida y consentida, y aun pasada en autoridad de cosa juzgada? Pero tú eres de los que no ocultan en la noche sus proezas, y llaman al sol para testigo de sus obras, También yo soy de ese gremio, amigo Sancho; y así no te constriño por ahora, como te ratifiques en la promesa de solventarte lo más pronto que pudieres. -Cuando he menester el brazo para cosas de más importancia -repuso el escudero- no me azoto ni de día ni de noche. -Cosas de más importancia que ésa no hay -dijo don Quijote-: si la deja a un lado porque a él le parece baladí, yo le haré ver al señor disertador que primero es el azotarse que el hablar, primero el azotarse que el comer, primero el azotarse que el dormir. Si andas tan moroso en el cumplimiento de tu deber, me veré en la necesidad de añadir mil y quinientos al principal, a título de daños y perjuicios. Additum supra pacti pretium. -El amo bravo hace al mozo malo, señor don Quijote. Podrá vuesa merced entrarme a sangre y fuego; pero si me se acordar, los azoticos de por fuerza no tienen virtud ninguna en el doy para que des, que vuesa merced sabe. Gota a gota el mar se agota, señor; y poco a poco hila la vieja el copo. Cinco me tengo dados, cinco me daré mañana, cinco cuando Dios quiera; y cuando vuesa merced menos acuerde, tenemos a nuestra señora Dulcinea haciendo pinicos delante de nosotros. Al año tuerto el huerto, señor; al tuerto tuerto, la cabra y el huerto; al tuerto retuerto, la cabra, el huerto y el puerco. El año es tuerto retuerto para vuesa merced, y vuesa merced no quiere acudir a la cabra, al huerto ni al puerco. -¡El tuerto retuerto y el puerco repuerco eres tú! -gritó don Quijote con mucha cólera-. ¿Dónde están las estipulaciones que hemos firmado, mohatrero? ¿Esta es tu palabra nunca desmentida, farandulero? ¿Así cumples tus compromisos y contratos, embustero? Con estos refranes de Judas has de hacer al fin un mal público, obligando a Su Majestad a dar una pragmática por la cual se los prohíba en todo el reino. ¡Maldito seas tú, y lo sea toda tu descendencia, Sancho fariseo, y que yo te vea pidiendo limosna! Te has echado el alma a la espalda, y por detrás de tus feroces inextricables refranes te subes a mayores. ¿Por qué motivo se nos había de presentar Dulcinea haciendo pinicos en forma de una mamoncita que estuviera empezando a dar los primeros pasos? Eres un trasgo, Sancho; pero el día que quieras echarme una albarda, ha de ser el último de los tuyos. Duerme, bendito, duerme y no hables. Por huir de tus necedades y embustes me fuera a dar a las antípodas andando para atrás, a fin de que no pudieras seguirme por las pisadas. Sancho creyó ver en estas expresiones algo más que un remusguillo de amenaza, y sin chistar ni mistar, duerme, Sancho, duerme, niño, cogió el sueño de tan buena gana, que se llevó la noche hasta cuando los pajaritos empezaban a llenar de música la frondosidad de los árboles, gorjeando a modo de saludar al Creador, que comparecía en el horizonte, ataviado con los colores de la aurora. Don Quijote de la Mancha había también dormido su poco, después de un largo velar en sus pensamientos: sintiéndose recuerdo, vió que por entre la espesura de las ramas se iban filtrando lentamente los rayos de la luz matinal, mientras la noche, medio desvanecida, se retiraba de la tierra. Aquí fue donde Sancho Panza abrió los ojos, por la primera vez sin que su amo le despertase, y en un largo, escandaloso desperezo, se puso a cantar unas como seguidillas picarescas que sabía de muy atrás. -¿Villancicos tenemos? -dijo don Quijote-; ¿son éstas tus plegarias, Sancho? -Al abrir los ojos, señor, digo lo que hallo de pronto en mi memoria, y hago cuenta que me encomiendo a Dios. -¿Así pues, cuando amaneces dándote al demonio -replicó don Quijote-, haces cuenta que a Dios te encomiendas? -Eso no, señor; al diablo no me doy sino bien entrado el día: de mañana tengo fresca el alma, claro el entendimiento, y la cólera no se atreve a salir de su caverna, porque la frescura y la inocencia de la madrugada se le oponen. ¿Quién ha de llamar al enemigo al reír la aurora por engangrenado que tenga el corazón? -Sancho admirable -repuso don Quijote-, tu árida inteligencia es a las veces florentísima y da frutos lujuriantes. La cólera no se atreve a salir de su caverna porque la frescura e inocencia de la mañana se le oponen: sin más que esto serías coronado en Roma, cual otro Francisco Petrarca. Echa el freno a Rocinante, apareja tu jumento, y vamos al encuentro del día, que debe ser cabal fuera del bosque. Aderezó Sancho las caballerías, montaron amo y mozo, y a buen paso salieron al campo libre, dejando atrás el que de noche había parecido lóbrega desmesurada selva, cuando no era sino un manchón de árboles achaparrados. De buen humor venía Sancho; pero ¡oh instabilidad de las cosas del mundo!, toda su animación, su placer espontáneo se vinieron a tierra con el espectáculo que de súbito se les mostró a la vista: era un cuerpo humano colgado a toca no toca en un árbol y muchos cuervos sentados en las ramas vecinas. Sancho se quedó medio muerto, y hubiera dado al través consigo si la voz de su amo no le reanimara diciendo: -Este, sin duda, fue un bandolero a quien la Santa Hermandad colgó y asaeteó donde le echó mano, sin que fuese necesario llevarlo a Peralvillo. No te mueras, Sancho, y mira lo que Dios y el rey hacen de los malvados. El varón ínclito tiene desnudo el brazo hasta el hombro: si no me engaño, son letras esas que están trazadas en el pellejo. «Ignacio Jarrín»: su nombre. Tal suele ser la costumbre de estos señores: unos se puntean en el cutis el nombre de su coima; otros, como éste, el suyo propio. Vente tras mí, Sancho; de estos objetos, los menos. Echó a andar don Quijote, su escudero a las espaldas, desapareciendo este buen cristiano debajo del montón de cruces que iba haciéndose en el cuerpo unas sobre otras. -El pobre del hombre -dijo don Quijote- muere como ha vivido. ¿Piensas, buen Sancho, que ese miserable habrá sido el espejo de las virtudes? Los vicios, los crímenes hicieron en su alma los mismos estragos que las gallinazas han hecho en su cuerpo. Asesinato, robo, traición, atentados contra el pudor son bestias feroces que devoran interiormente a los perversos. Ignacio Jarrín... O yo sé poco, o éste es aquel famoso ladrón que dio en llamarse Ignacio de Veintemilla. En el primer lugar adonde lleguemos nos darán noticia de este ajusticiado. == Comentario == Don Quijote encontró ya un bandido colgado en un árbol. En las varias ocasiones que he repasado estos Capítulos, he cambiado o suprimido todo lo que pudiera parecer imitación de otras escenas de Cervantes: ahora no me es posible; y sin ánimo de imitar, dejo en pie este pasaje, por fuerte necesidad de la justicia. Tenía yo que imponer a ese malandrín un castigo digno de su vida, y nada más puesto en razón que hacerlo ahorcar. La Santa Hermandad estaba facultada para la ejecución inmediata de los delincuentes excepcionales en donde los echara mano, sin llevarlos a Peralvillo, que era el ahorcadero general. «Le perseguiré más allá de la tumba, decía sir Philipp Francis, hablando de un ministro perverso, y le cubriré de infamia en la eternidad misma». Sir Philipp Francis tenía en la memoria la ferviente recomendación que Polibio hace a las generaciones venideras, de no dejar un instante en reposo la sombra de Marco Antonio e ir agarrochándola hasta el fin de los siglos. Vayan estos ejemplos para los que, probablemente, pensarán que me propaso en la aplicación de las leyes inmortales de la moral y la justicia. Como quiera que sea, el criminal se queda en su picota, y ésta no es imitación directa del Quijote, pues ahorcados en árboles se hallan muchos en las novelas clásicas españolas de los siglos decimosexto y decimoséptimo. En el Persiles, de Cervantes mismo, vuelve el lector a tropezar con un ahorcado en un árbol. Los autores, jueces terribles, a las veces, suelen castigar a los malvados con infamia perpetua: cosa justa y debida. 3i1d59bswng2gsby51xpo25gzrvh82x Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVII 0 20671 1665458 1415138 2026-06-21T00:24:02Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665458 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVI|Capítulo XLVI]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVII|Capítulo XLVII]] - Donde se ve si le faltaban aventuras al bravo don Quijote |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVIII|Capítulo XLVIII]]}} {{t3|Capítulo XLVII}} Andado habían hasta las doce, sin encontrar alma viviente, hora en que desembocaban en el camino real. Los primeros con quienes toparon fueron una vieja, dos muchachas y un mozo hercúleo, muy listo y despierto. No hubiera sido posible que don Quijote dejara de preguntarles quiénes eran y adónde iban. La vieja respondió que la necesidad de sus negocios la llevaba con su hijo y sus sobrinas a un pueblo a cuatro leguas de allí. Mientras don Quijote estaba hablando con las mujeres, Sancho se había desmontado sin decir palabra, y arremetiendo con el mozo le asió por el pescuezo y se echó a gritar: -¡Favor al rey! ¡Aquí de la Justicia!. El hombre, que se vio tratar así de un bonachón como ése, le tomó por los fondillos, y volteándolo patas arriba holgadamente, dio con él de cabeza en el suelo. Como don Quijote embistiese lanza en ristre al enemigo de su escudero, mostró el perillán las herraduras con tal presteza, que ni sobre hipogrifo le alcanzara el valeroso manchego. Con todo, apretó el caballero las espuelas, y se iba tras el fugitivo, cuando sus pecados, o los de Rocinante, hicieron que éste se fuese de bruces, dando con el jinete por las orejas en el polvo. Como el barragán no anduviese a gran distancia, volvió sobre el caído y se puso a darle mil vueltas sobre el mismo, poniéndole, cuándo boca arriba, cuándo boca abajo, en rotación asaz curiosa y divertida, y se alejó sin gran miedo de esos valerosos señores. Don Quijote le estaba llamando y desafiando en muy fuertes razones: -¡Non fuyas nin te escondas, cautivo! ¡Conoce tu pecado, malandrín!. Alcanzó a ponerse en pie, después de mucho trabajo, montó como pudo, y con gentil continente, lleno de valor y poderío, se fue para donde habían quedado la vieja, su comparsa y su buen escudero. Hallolos asidos a una maleta, mochila o fardel, bregando las mujeres por defender esa quisicosa, y Sancho por arrancársela, con la más extraña porfía. -Sepamos de lo que se trata y lo que significa este concurso de manos -dijo. -Este hombre -respondió la vieja-, o más bien este demonio, quiere hacerse pago con nuestro ajuar de no sé qué alforjas que le han robado el año de cuarenta. -«Ningún home -dijo don Quijote, con los estatutos de la caballería- faga algravio a viuda, dueña ni doncella fijodalgo, aunque ellas estén contra él; ca non es de los fuertes el fascer sentir su poder a esos seres débiles y para poco. Las hay que son a las veces ariscas; mas por ende non ha el caballero de tornar en tiranía lo crescido de sus fuerzas». ¿De qué proviene, Sancho, que a un Panza en gloria como tú, le halle yo tan belicoso? ¿Es batalla campal? ¿Es asalto de ladrones? -No es sino rendevicación de mi hacienda -respondió Sancho. -La justicia -replicó don Quijote- es siempre muy buena cosa en sí, e de que debe el rey siembre usar. Admírame que tan en olvido pongas las Siete Partidas de nuestro sabio don Alfonso. No reivindicas, sino rendevincas tu hacienda: vaya en gracia; mas no es justo que lo que te robó el gitano paguen las gitanas. Suelta esa joya y vente luego adonde tendrás en abondo objetos harto más preciosos que éste por el cual suspiras. -Deme vuesa merced licencia -volvió Sancho a decir- para hacer cala y cata del contenido, o aquí me caigo muerto de resentimiento. -Si tanto puede la curiosidad contigo, haz lo que deseas; ni será tan egoísta esta buena señora que se rehúse a satisfacerte a costa de tan poco. -Primero me han de ver el cuerpo que registrar mi argamandijo -respondió la vieja-. Bonita soy yo; y ¡montas!, que el caballero nos lo manda. -¿Esas tenemos? -dijo don Quijote-: manifestad al punto las entrañas de ese mueble, señora vieja, so pena de ir cortadas las faldas por vergonzoso lugar. Una de las muchachas tuvo miedo al ver cómo se enojaba esa estantigua de don Quijote, y con mucho despejo y desenvoltura intervino diciendo: -Por amor a este caballero, hágase lo que él manda. Ese gesto es de persona de mucho modo. Ni será dicho que nosotras en vida o en muerte negamos el gusto que nos piden, o que llevamos cosas robadas dentro de esta maletilla. -En un corazón estamos, agregó la vieja; eso pido, y que estos señores vayan contentos. Abre, hija, abre; no tengas vergüenza de nuestros bienes de fortuna; que ama las hadas, malas bragas. Abierta aquella bolsa, lo primero con que dio Sancho fue un mazo de barbas que le admiraron, así por la longitud como por el color. -A las barbas con dineros, honra hacen los caballeros -dijo-. ¿Cuánto le producen a vuesa merced estas barbas, señora madre? -¿Producir? -respondió la vieja-; me cuestan un ojo de la cara. -¿Pagáis por ellas? -preguntó don Quijote-. ¿A qué género de contribución o pontazgo están sujetas? -Qué más pontazgo que las lágrimas que me hacen derramar cada vez que las miro, señor caballero. A falta de tierras, títulos ni bienes de otra clase, mi marido, que en Dios descanse, el rato de morirse las arrancó a posta por que no se dijera que nada me había dejado. -¿Son benditas estas barbas? -preguntó Sancho a su vez. -Lo serán, hermano -respondió la gitana-, tan luego como topemos un sacerdote que nos las bendiga. -Nada menos merecen -repuso el escudero- que bendición episcopal. Y echándoselas a las quijadas vio que le sentaban de perlas; y sin más averiguación se las guardó en el bolsillo. -Ahora veamos -dijo- lo que contiene este bote. -Son mudas o afeite de rostro, buen hombre. Afeita un cepo y parecerá un mancebo. No seréis vos quien meta la mano en este sagrado; yo iré sacando cosa por cosa, y vuestra curiosidad será satisfecha. Peines, pinzas para los vellos impertinentes, cejas de repuesto, carmín para los labios, espejo de camino. Este cajetín es de lunares, para cuando convengan: leche de vieja, agua de perfecto amor, enjundia de avestruz, sebillos, vinagrillos... -La hermosura de estas doncellas -dijo don Quijote interrumpiéndola- bien merece estos adminículos: ten qué ocasión los benefician, señora madre? -Esto es lo que sobra, señor; a lo menos ellas no pueden decir que por mí falta para que vivan contentas. -Ya comprendo -volvió a decir don Quijote-: vos sois la aguja que las guía en el maremágnum de sus bailes, sus donaires y aun embustes. ¿Qué otra cosa contiene esta caja de Pandora?. Sancho Panza metió los cinco dedos y sacó un frasquito rojo. -Sangre de drago -dijo la vieja. -De murciélago -corrigió Sancho, y siguió haciendo la revista-: un jeme de soga de ahorcado; un cabo de cera verde; un envoltorio de ceniza de romero, ¿o son los polvos de la madre Celestina? -¡Jesús! -respondió la vieja-, ¡yo polvos de la madre Celestina!... Esa muñequilla es el cisquero de mis hijas, de la cual se sirven para sus dibujos. No se hagan malos juicios, y déjennos estos señores con nuestras chilindrinas. Diciendo esto echó la llave a la que don Quijote había llamado caja de Pandora, y le pidió su bendición para seguir adelante. -Buena manderecha -dijo el caballero-: mirad como no topéis con el Santo Oficio, y haced que os llame Dios, buena mujer. -Como él me venga a ver, la puerta estará franca -respondió la vieja; y haciendo una cortesía, así ella como las muchachas, se alejaron a paso menudo y aprisa. No habían andado quince varas cuando la señora mayor volvió al mismo trotecillo a don Quijote, y dijo: -Si vuesa merced fuere curioso de saber su porvenir, mis hijas se lo dirán de pe a pa: en la uña tienen el arte de leer lo futuro, y por Dios que no se yerran. -Vengan luego -respondió don Quijote-: ¿cuál es el ramo de adivinación que profesan?. Llegáronse las muchachas, y la vieja prosiguió de este modo: -Supongo que vuesa merced tiene una mano; que esta mano tiene líneas, que estas líneas ocultan un secreto: pues ahí está el quid, señor caballero. -¿Mediante qué suma o cantidad? -preguntó don Quijote. -Veinte reales -respondió la vieja. -Oiga, señora madre, las doncellitas profesan la quiromancia... ¿No entienden también de onirocrítica, de metoposcopia y especulatoria? Mira, Sancho, cómo das a esta buena madre diez reales de los veinte que necesita. Yo no he menester que nadie me diga la buena ni la mala ventura, porque tengo creído que más presta para la tranquilidad la ignorancia que el conocimiento de lo venidero. Id con Dios, buenas mujeres, y no busquéis al diablo con estas trapacerías que harto huelen a Zugarramurdi. De mala gana, pero obedeció Sancho; ni había poner dificultades cuando las órdenes de su señor eran perentorias. Tomaron las aventureras la limosna de don Quijote, y entre cuitadas y agradecidas siguieron su camino. Hizo lo propio don Quijote, a la voluntad de Rocinante, por donde y al paso que a este su buen amigo se le antojase. Mientras iba andando dijo el caballero: -Estas bolinas y pendencias, Sancho, dejan conocer la poca elevación de tu alma; ni es de valientes el buscar mujeres para sus hechos de armas. Si en todo caso quieres combatirte con gente femenina, ahí está Pentesilea, reina de las amazonas; ahí Alastrajérea, ahí Pintiquiniestra, ahí la joven Marfisa. Pero como quien hace gala de su villanía, huyes de una triste giganta Andandona, y buscas alcahuetas o adivinas para tus zipizapes, y aun de ellas te dejas pelar las barbas. -¿Las barbas? -respondió Sancho, sacando las que había hecho olvidar a la hechicera-; éstas son las que me pelan, señor don Quijote. -¿A qué título te has quedado con ellas? -preguntó el caballero-: ¿compra, fideicomiso, donación entre vivos? Ahora veamos de qué te sirve este vellón de lana, a menos que tengas resuelto dar en ermitaño. -¿De qué me sirven, señor don Quijote? Me las encajo, quedo que no me conoce la madre que me parió, llego de improviso a mi casa, como quien pide posada para una noche... Vuesa merced adivina lo demás. -Reinaldos de Montalbán -respondió don Quijote- se negó a llevar a los labios la copa encantada cuya virtud era descubrir los secretos más íntimos de la mujer del que la apurase. Reinaldos procedió con gran cordura. La prueba del agua amarga, amigo Sancho, puede causar inmenso daño, si es adversa, en el hombre inconsulto que la hace; si es favorable, nada ha ganado y se ha expuesto sin necesidad al mayor disgusto de la vida. ¿Por qué vas a buscar secretos peligrosos atrás de la honestidad de tu mujer? Si los hay, deja que se pierdan en tu ignorancia, y vive satisfecho de tu virtud presente. Ya un celebérrimo poeta expresó este concepto en lengua cuando dijo que esa prueba potria giovar poco e nocer molto. Sírvete de esas barbas para otra cosa, y no para labrar tu desventura. Lo mejor sería que volvieses hacia la hechicera y se las entregases como hombre de bien. No porque una cosa se llame barbas, te has de apoderar de ella a mano armada. No vayas todavía y dime lo que te movió a embestir con el malandrín que te puso patas arriba. -¡Oxte! -respondió Sancho-: ¿vuesa merced tuvo el alma dormida que no reconoció al cien de las alforjas? -¡Conque era el bellaco del ciego! -volvió a decir don Quijote-; avísamelo con tiempo, y allí me las pagaba todas. Ahora mismo estoy por irme sobre él y sacarle del santasantórum, si allí se hubiere metido. Pero no se dirá que don Quijote de la Mancha se tomó con un perillán de su ralea, por el triste objeto que tú sabes. 23nq27x3z40kp5q8ckfqwnoftwvc8du Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVIII 0 20672 1665463 1415139 2026-06-21T00:24:10Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665463 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]], y de quiénes eran los señores que toparon con don Quijote |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVII|Capítulo XLVII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVIII|Capítulo XLVIII]] - De lo que pasó entre amo y criado |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIX|Capítulo XLIX]]}} {{t3|Capítulo XLVIII}} Molidos los caminantes, adelantaban despacio, no menos muertos de hambre caballeros que caballerías. Eran las tres de la tarde cuando entraron por fin al camino real. Largo había sido el silencio: no habiendo qué comer, Sancho juzgó deletéreo el hablar; y para no debilitarse más con el uso de la palabra, hizo de necesidad virtud, ofreciendo a las ánimas benditas la obra de misericordia de venir callado. -¿Qué te parece, Sancho -dijo por último don Quijote-, si en este prado nos diésemos una hora de reposo, y algo que pacer a nuestras caballerías? -Mire vuesa merced -respondió Sancho- esas nubes que van como de fuga, y ponga el oído hacia la Mancha de Aragón. -¿Ese trueno apagadizo que va trotando por lo bajo del cielo te intimida? -repuso don Quijote-. Echa pie a tierra aquí, a un lado del camino, y obedece a tu señor. Si algo se de lo que pasa en mí, ahora es cuando tu repostería me hará muy al caso: acomódame con una ala de pollo, y regálate por tu parte como quieras. -Vuesa merced toma las cosas por donde queman -dijo Sancho-. Haga fisga de mi cara de caballo, pero no de mi necesidad. A la moza con el mozo, señor, y al mozo con el pan. Bonito soy yo -añadió desmochándose el colmillo con la uña del pulgar-: a quien dan no escoge, a quien no dan no come. Más cura la dieta que la lanceta; más desmejora el hambre que el calambre. Adiós, que me voy. Don Quijote estaba hinchándose de cólera, y con falaz sosiego reiteró la orden de servirle. Sancho siguió respondiendo con ironía; insistió el uno, porfió el otro, y el fin de la oposición fue írsele don Quijote encima y darle tal soplamocos que la sangre corrió a borbotones de las narices del pobre escudero. Aquí fue alzar el grito el malaventurado Sancho: la injusticia, el resentimiento hicieron que se fuese en lágrimas y en tristes recriminaciones. El decoro le mantuvo todavía a don Quijote en una indignación facticia, alto y severo delante de su criado; mas cuando éste le redujo a la memoria que las alforjas eran propiedad del ciego, más de un año hacía, no estuvo en su mano reprimir su enternecimiento: arrepentido y bondadoso le echó los brazos al cuello con efusión tal, que el bueno de Sancho se tuvo por indemnizado y plenamente satisfecho. En pasándole el ímpetu que con frecuencia le daba de irse a su casa, estaba siempre resuelto a seguir al fin del mundo a señor tan noble y franco. Empezó, con todo, a maldecir al ciego, y los maldijo una y mil veces a él, a la madre que le parió y a toda su parentela, considerando los ayunos y desmayos que iba a pasar en el camino. -Según comprendo -dijo don Quijote-, es hambre lo que tienes: esto debe de provenir de que no has comido todo el día. ¿Tan poco se te entiende de achaque de cocina? El maestro Joachim, cocinero de Carlos V, no necesitaba sino dos horas para disponer, cocer y servir la mejor comida. -Pecador de mí -dijo Sancho-, deme vuesa merced los rudimentos necesarios, y le preparo tal guiso que en su vida ha de querer comer otra cosa. -Guiso de rudimentos -respondió don Quijote enderezándose-; para mis barbas que no ha de ser cosa de golosinas. Quisiste decir berros, espárragos o cosa de éstas. -No quise decir sino rudimentos -señor don Quijote-; esto es, los principios, los útiles de los manjares. -Eso se llama elementos. Los tendrás así como se nos desencapote el cielo de la fortuna. En esta sazón tendió la vista por el camino y añadió: -No dirás que no es una algarada o pelotón de gente enemiga esa que por allá se nos viene aproximando. Veremos lo que nos quieren y si somos hombre que se amilana porque vengan entre ciento. Apercibiose don Quijote a la pelea, y esta ocasión tuvo a bien esperar a pie firme al enemigo sin írsele al encuentro como era su costumbre. Puesto el yelmo de Mambrino, empuñó su rodela, y apoyado en su lanzón, se estuvo a esperar que llegasen los que a él le parecían gente adversa y bando contrario. Su seco, largo rostro, tostado por el sol y lleno de polvo, era tan singular como su porte y su armadura. Los que llegaban serían hasta ocho jinetes, la mayor parte de ellos en mulas. -Amigo -preguntó el que venía adelante-, ¿sabréis decirnos si la venta del Moro se halla lejos de aquí? -Un caballero andante no es amigo -respondió don Quijote-. El que se llama don Quijote de la Mancha sabe a cuáles preguntas responde con la boca, a cuáles con la espada. Aunque si he de juzgaros por vuestra catadura, primero sois notario que hombre de armas. -Y de los más honrados -replicó el de la mula-. ¿No es amigo éste que debe ser Sancho Panza, puesto que vuesa merced es el afamado don Quijote de la Mancha? -¿Me conocías antes de hoy? -preguntó don Quijote. -¿Y quién no conoce al caballero cuya historia anda en todas las manos y todas las lenguas? ¡Ea, señores, apearse y descansar en compañía del valiente con quien nos topa la fortuna! Soy del parecer que en este verde sitio hagamos una comida ligera, proporcionada a la hora y a la necesidad. Apeáronse los pasajeros a instancias de don Quijote, vuelto una seda con las adulaciones del escribano; y desenfrenados caballos y mulas para que se aprovechasen de la hierba del campo, se sentaron todos o se recostaron, conforme les pedía el cuerpo. La cabalgata podía llamarse judicial, y su asunto era una vista de ojos respecto de cierta litispendencia entre dos comunidades que se disputaban los términos de una heredad: alcalde, notario, jurisconsultos y peritos. Era el alcalde uno de esos que nunca rebuznan de balde, admiten regalos de ambas partes contendientes, y todo lo sujetan a la ley del encaje. Magistrado sin sabiduría, juez sin rectitud, hombre sin conciencia, y de imponderable cargazón, nacido para alcalde de pueblo, o más bien, alcalde de nacimiento. Nunca es uno sobrado tonto e ignorante para la profesión del Sabio. El escribano por su parte merecía ser el preboste de su gremio. Hombre de malas carnes, por comido de remordimientos, si remordimientos caben en pecho de escribano; gafas verdes, patillas sin bigotes, peluca y lo demás. Hombre de esos que oyen misa todos los días, comulgan por Pascua florida y de Resurrección, asisten a la escuela de Cristo, suplantan firmas, esconden escrituras, forjan documentos, rezan su rosario por la noche y cenan su chocolate, poniéndolo todo a la cuenta de Dios y el Papa. San Antonio por la castidad, San Buenaventura por la humildad, San Vicente por la caridad, es un fardo de pecados con el cual Satanás no carga todavía por falta de fuerzas. De los jurisconsultos, el uno es un grande hombre que, si a dicha sabe leer, no sabe otra cosa. Semejante a esos que, no siendo buenos para ninguna profesión científica, se gradúan en varias ciencias y son doctores en jurisprudencia, teología y otras hierbas: así éste, en casa ya la fama de buen jurista, echó por el camino de la elocuencia parlamentaria y dio en la política puntadas de tal magnitud (con aguja de amortajar suegras), que vino a ser el terror del gobierno y el primero de los oradores, aunque decía la testiga en sus discursos, y su retórica era ponerse la mano en la bragadura y herir con los pies el pavimento. Eloquentia corporis. Este viene por la una de las partes litigantes, caballero en una alfana, grande y soberbio como don Jaime el Conquistador. Cide Hamete afirma que este personaje se llamaba Absalón Mostaza. No es vaciado en el propio molde el otro jurisconsulto, el cual frisa más bien con el escribano, por ser de su misma escuela: devoto, codicioso, flaco y feo como Judas, es buen abogado y viene por la parte contraria. Su nombre, Casimiro Estraús; pero generalmente es conocido con el de Estradibaús, por ciertas nubes de astrólogo y adivino que le bañan la conciencia, sin perjudicar un punto a su acendrada ortodoxia. Sus parientes y amigos le llaman Extracorto, aludiendo a esa su distinción y superioridad, que hacen de él la flor o crema de la especie humana; y como él se juzga el más feliz de los mortales, todo está dicho con llamarle Extrafeliz, según le llaman, en efecto, los que más le quieren y admiran. Los peritos eran cualesquiera: el historiador no se para a describirlos, y sigue adelante a referir lo que sucedió entre los señores jurisconsultos y los aventureros. 4y2s8ji9mny9e3uauw3dtow0lfw1851 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIX 0 20673 1665479 1415135 2026-06-21T00:24:44Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665479 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLVIII|Capítulo XLVIII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIX|Capítulo XLIX]] - De cómo rodó la conversación en el festín campestre |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo L|Capítulo L]]}} {{t3|Capítulo XLIX}} Puestos los manteles, don Quijote fue invitado con muy corteses razones por el escribano y los demás, fuera del jurisconsulto Mostaza, quien sin decir palabra ganó la que a él le pareció cabecera de la mesa. El primer puesto en todas partes se le debía de fuero; y cuando no se lo ofrecían, él se lo tomaba con las maneras de un macho. Como todo sabio, tenía mal estómago; pero comía más que dos ignorantes. Su colega el doctor Extradibaús tenía también mal estómago; el tenerlo malo, así es de los virtuosos y santos, como de los estudiosos y hombres de talento, en los cuales el calor digestivo se arrebata a la cabeza, a fuerza de meditación y atención a los principios sublimes. No hay menguado presumido de inteligente, ni pícaro cuyo tráfico es la virtud ficticia, que no haga sus morisquetas en la mesa y no finja temer los manjares indispensables para nuestro sustento. Observadores hay que dan por indicio vehemente de hipocresía la abstinencia exagerada, y aconsejan ponerse en guardia contra los que aparentan comer menos de lo necesario. Nadie come más que el que no come nada: veis allí ese poeta filósofo que anda emplastado de por vida, cuya salutación es el quejarse de sus enfermedades y padecimientos. Tiene para sí que en la mala salud está el numen poético, y que no hay manera de ofrecerse a la admiración de los demás, como el andar hipando y dando noticia de sus indignidades secretas. La salud cabal, fresca, pura, es inteligencia y valor: el que carece de ella ha perdido media vida, y en esa porción preciosa se han ido sus mejores facultades intelectuales y morales. El que no tiene salud, invéntela, róbela; y si la tiene, no la niegue, porque esa es impiedad como el negar a Dios: Dios es salud eterna. ¿Quién es ese que viene con más cara y más cerdas que un jabalí? Es otro poeta condenado a mal sin esperanza; y tras ese barbaje negro, aborrascado y feroz, los genios del amor y la elegía están revolcándose abrazados con las toses, las expectoraciones y las sabandijas de las enfermedades incurables. Pero ¡santo cielo!, el Parnaso nunca ha sido un hospital, ni las musas viven ocupadas en echar clister y poner cataplasmas pectorales a los poetas. Soneto va, soneto viene, y tosa usted de fingido y gargajee, que esta es la manera de ser más que los que gozan de buena salud. El alma falsa, en realidad, es cama de inmundicias. Hace bien de aferrarse a esos gusanos que tienen por nombre mentira, envidia, alevosía, odio cobarde, murmuración, y están rompiendo por esos ojillos de animal selvático, redondos, sanguíneos, al través de los cuales no se pueden divisar las regiones de la inmortalidad, porque no son vidrios graduados para ver la gloria. Poesía, ¡oh, poesía!, si alguna vez cayeras en manos de uno de esos arrastrados, murieras de disgusto, bien como el armiño que no ha podido huir del lodo. Tú eres verdadera, limpia, noble: tú eres belleza, y la belleza no ha menester hechizos artificiales; eres inocencia, y la inocencia no se apoya en la malicia; eres pureza, y la pureza fulgura sin arte, agrada sin empeño, cautiva sin mala intención. El pecho del poeta es un templo luminoso; su corazón, un instrumento angélico: arde y sueña el hombre feliz que siente en su alma esa divinidad invisible. ¡Poesía, oh poesía, esencia de las pasiones, música de la inteligencia! El doctor Mostaza impugnaba victoriosamente sus palabras con sus obras, comiendo de cuanto había, a un mismo tiempo que se estaba quejando de su estómago y diciendo que el comer era para él un sacrificio. Extradibaús se abstenía de veras; apenas si humedecía los labios en un hollejo de dátil. El uno era hipócrita consumado; el otro tonto y vanidoso. Don Quijote de la Mancha, hombre sincero, no estaba a su sabor allí. Quiso, con todo, desentenderse de la reprensión que estaban mereciendo esos histriones, y habló más bien del oficio de ellos que de sus prendas personales. -Verdaderamente -dijo-, la profesión de vuesas mercedes no puede ser más honrosa y necesaria, como que sin justicia no hay sociedad humana, y sin ministros u oficiales de ella no puede haber justicia práctica. En los primeros tiempos, cuando los hombres recién salidos de manos del Criador tenían el alma pura, sin esta roña de la codicia, no había más que una heredad de la cual gozaban todos. Pero uno cercó una porción de tierra, y dijo: «Esto es mío». No quiso ser para menos su vecino, cercó a su vez una porción de tierra, y dijo: «Esto es mío». La propiedad nació de una advertencia de la naturaleza: a la propiedad siguió el derecho, que es el justo título para poseer las cosas y disfrutar de sus producciones y sus rentas. Una vez que cada persona se vio en la necesidad de señalar lo que le pertenecía, reglas fueron necesarias para las adquisiciones, posesiones y enajenaciones. Llamáronse leyes esas reglas; y como éstas no podían ser del dominio general, ni estar a los alcances de todos, algunos debieron dedicarse a estudiarlas, a fin de que valiese el derecho; otros, investidos de la autoridad de todos, las aplicaron y volvieron efectivas. Por aquí seguía don Quijote discurriendo en dicción remontada y numerosa, cual era la suya cuando hablaba acerca de materias esenciales. Pero el doctor Mostaza no pudo sufrir se hablase de una manera razonable, y bien por prurito de contradicción, bien porque los puntos elevados no fuesen de su reino, interrumpió diciendo: -Vuesa merced discurre a lo Platón, y diserta a lo Papiniano. Deje de hoy para adelante la carrera de las armas, vista la toga, y arrebátenos con su elocuencia en el foro, después de haber asombrado al mundo con sus altos hechos. Melior est sapientia quam arma bellica. Sancho Panza puede oponerse a una escribanía, y Rocinante correrá por cuenta del Estado hasta el fin de sus días, a semejanza de los caballos y mulos que trabajaron en el edificio del Partenón. Hablaba el reviejuelo con un retintín que le sonaba muy mal a don Quijote, el cual templando su enojo, respondió: -¿Paréceos, señor bueno, que he dicho desconciertos? Necesaria puede ser vuestra profesión; la mía no es inútil. Si el abogado tira a poner las cosas en su punto, desentrañando la verdad de la confusión de obscuras circunstancias por medio del interminable proceder de las tramitaciones jurídicas, el caballero andante la pone de hecho en limpio y concluye en un verbo los asuntos más intrincados. Muchas veces los de vuestra comunidad hacen consumir la vida de un hombre en un proceso; los de la mía andan más aprisa, como que no han menester sino cuatro varas de tierra en campo libre, en plaza o patio de castillo, para que un punto cualquiera quede dirimido. ¿Qué sería de la viuda menesterosa si a vosotros hubiese de acudir para el remedio de su cuita? ¿Qué de la doncella ofendida si a vuestras armas pidiese el desagravio? ¿Qué de un príncipe afligido si de vosotros se fiase? Y esto más, que los caballeros andantes no peleamos por cosas injustas o ruines, mientras que no todos los abogados son oficiales y ministros verdaderos de la justicia. Del rábula inicuo, el leguleyo rapaz, al jurisperito ilustre, va tanto como del malandrín al caballero andante. Según os presentáis vos malhablado y malmirado, con harto fundamento se os pueden negar las consideraciones que son debidas a las virtudes y la sabiduría. -No sois vos -dijo el doctor Mostaza- quien me ha de dar lecciones. -Ni estáis en edad de recibirlas -replicó don Quijote-. Si no lecciones, serán demostraciones rigurosas que os enseñen a ser comedido, a lo menos con los que pueden castigaros. Don Absalón Mostaza era uno de esos que no pierden ocasión de tentar el vado por medio de la insolencia: si dan con uno más vil que ellos, salen airosos y pasan plaza de valientes: si se encuentran con el alcalde de su pueblo, agachan las orejas y ganan el rincón rabo entre piernas, sin que sufra menoscabo su importancia. Al ver a don Quijote prendido en justa cólera, el valeroso Mostaza se echó a decir mil vaciedades acerca del duelo y su inmoralidad, se pasó de ingenioso, y propuso sutilezas que rayaban en disparates. Oyendo alzar la voz a don Quijote, Sancho Panza, que estaba comiendo con los criados en otro grupo, se había acercado a los señores, y echando de ver que el jurisconsulto se pasaba la mano por la calva, pensó que era melindre juvenil, y dijo: -Lo que la vejez cohonde no hay maestro que lo adobe. Por baja que fue la voz de Sancho, no dejó de oírlo el doctor Mostaza, y con mucha cólera respondió: -¿Quién os manda meter aquí vuestra cuchara, pazguato? -Sancho infernal -dijo don Quijote-, tú eres el hijo del diablo. Blasco de Garay ni Sorapán de Rieros hubieran echado aquí un refrán que más encaje. Ven acá, demonio, ¿tienes dentro de ti una gusanera donde nacen y se reproducen estos reptiles que sueltas a cada vuelta de hoja? Temo fundadamente que con ellos te desagües y vengas a enflaquecer de modo que no te conozca la madre que te parió. ¿No sabes que ningún flujo constante deja ileso al que lo padece? ¿Qué ha de ser de ti, menguado, si de día y de noche estás despidiendo refranes, sino que dentro de poco has de quedar vacío y escurrido? -Gracias a estos señores -respondió Sancho- el desgaste de hoy está remediado con lo que me han dado de comer. -Tomad, hermano, esto más -dijo el doctor Casimiro Extrafeliz, ofreciéndole dos o tres orejas de abad-, y comedlo también por amor de Dios. En pago de este don, ayunad el viernes, que la Virgen eso pide, y no refranes y pendencias. Recibió Sancho la caridad con sumo agradecimiento y juzgando por sus cristianas palabras que ése era todo un hombre bueno, le pasó por la cabeza la idea de contarle la pérdida de sus alforjas, por si tan liberal caballero remediase su desgracia con darle una parte de las suyas. -Tengamos alforjas en el alma -respondió Extrafeliz-, que las otras nos perjudican más que nos aprovechan. Sufragad para las ánimas benditas del purgatorio, y dejaos de alforjas. -Alforjas en el alma -dijo don Quijote-... ¿Serán las bolsas en que los malos cargan los pecados, a semejanza de las en que la civeta tiene la algalia? -La paridad no corre a cuatro pies -respondió Extrafeliz, formalizándose-: la algalia huele bien, es agradable y medicinal; nuestras culpas no tienen tan buen olor, ni son tan provechosas como a vuesa merced le parece. -¿Cómo ha de oler mal -dijo Sancho- una morena de buena cara, ojos negros, mejillas sonrosadas, boca grande con dientes blancos y algo separados unos de otros, labios gordos y encendidos, pecho tirado hacia adelante, y esotros primores por donde discurre loca la imaginación? -¡El loco y el atrevido sois vos! -respondió el doctor Extrafeliz, santiguándose-; de esas cosas no se habla en mi presencia. ¿De dónde saca esos modos de decir un infelizote como vos? -¿No sabe vuesa merced -respondió don Quijote por su escudero- que el amor aguza el ingenio e inspira términos elevados y dulces? Las aves gorjean con más terneza y melodía cuando están apasionadas; los animales mugen o balan con suavidad embelesante: ¿qué mucho que mi escudero se sobrepuje a sí mismo cuando discurre acerca de esa pasión divina? Sancho, Sancho, hablas de amor como León Hebreo: quien te oyera estas descripciones y menos refranes, te juzgara trovador, y no de los de por ahí, sino de los más tiernos y melifluos. mt3fhecdomdpkcu1eatj7n7wkry1sl9 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo L 0 20674 1665480 1415109 2026-06-21T00:24:46Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665480 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo XLIX|Capítulo XLIX]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo L|Capítulo L]] - Que muestra hasta dónde podían llegar y llegaron el atrevimiento y la locura de don Quijote |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LI|Capítulo LI]]}} {{t3|Capítulo L}} A cierta distancia vio don Quijote una como iglesia que se venía acercando lentamente, en medio de una nube de polvo. Despaviló la vista y aguzó el oído, inquiriendo hacia dónde podía sonar la música de Anfión que así descuajaba los edificios y los obligaba a venir tras ella. Tuvo el caballero por bien averiguado que era cosa de aventura, o principio y elementos de una de las más famosas que pudieran sucederle; y así, montó sobre su caballo, tomó su buena lanza, salió al camino, y se estuvo a esperar que llegase aquella máquina, con ánimo de embestirla, si fuese una legión de diablos salida del infierno con casa y todo. -Muda el lobo los dientes y no las mientes -dijo Sancho al ver a su amo a punto de batalla-. ¿No sea cosa que otros batanes?... Y no digo más, sino paz duradera y suceda lo que Dios quiera. Habíase acercado el promontorio movible: la gente de juicio no vio en él ni todo el grupo, sino un lento pacífico elefante que venía cubierto con una caparazón enorme, siguiéndole sus dueños, los cuales traían además dos osos tan católicos que se dejaran matar primero que hacer perjuicio ni a una mariposa. Es una compañía de ganapanes, medio artistas, que se van por esos mundos haciendo ver en aldeas y ventas su buen elefante, a cuyo espectáculo añaden las habilidades de los osos, maestros en el pésamedello, el colorín colorado y las gambetas, que los bailan como unos gerifaltes. No traen mono, por parecerles personaje de mala representación para unos como ellos, que pasándose de titiriteros habían venido a rayar en cómicos o histriones. Los osos y el elefante no son todo; sus dueños tienen también su papel: armando un tablado sobre la marcha, representan por su parte sainetes y entremeses que ellos califican de comedias y aun de tragedias. El tuáutem y primer accionista se llama tío Peluca, o maestro Peluca, indistintamente: hombre de buen parecer por el un lado, si bien por el otro no le falta sino el ojo; razón por la que, quizá con algún fundamento, sus amigos le llaman por cariño y antonomasia el Tuerto, sin que él dé muestras de sentirse. Viene entre ellos un hombre de nueve pies de altura, con el espesor y el ancho correspondientes, cuyo objeto es hacer juego con el elefante; asturiano que pone en la sociedad su corpulencia, y tiene derecho a los gananciales por un igual con los demás socios, sino es el tío Peluca, quien, como director de la empresa, toma para sí el tercio del producto libre. Después de ese hombrón, el tercero en la jerarquía es un homúnculo, de una vara de estatura, a quien se le podía clavar en la pared con un alfiler de a cuarto. Estos dos marchantes compiten y rivalizan, cuándo en lances amatorios, cuándo en hechos de armas, cuándo en cantares de gesta, con sacudimiento y bizarría tales el braguillas, que no hay otra cosa para el villanaje que les suele servir de espectadores. Este exiguo personaje se llama Pepe Cuajo, frisa con los cincuenta años, y tiene unas barbejas que comunican suma ridiculez a su persona. Por el genio, Pepe Cuajo es el mismo diablo: gestudo, fruncido, gritón. Sus aparceros le aguantan por las utilidades que dejan su figura y su buen desempeño en el teatro, donde es cosa de morir de risa verle hacer papeles de enamorado y valiente. A este negocio concurre a las mil maravillas una moza fehuela, pero vivaracha, quien, huida de sus padres desde niña, se había criado en poder de esa gente truhanesca y vagabunda. Llámase Munchira la gentil pieza, y por refinamiento de cariño, sus compañeros le dicen Munchirita, mientras que el grandazo de más allá es conocido con el nombre de Pedro Topo. Hombre éste de buena pasta y mejor índole, a quien se puede perjudicar, pero no ofender, porque en ello va mucho peligro. La compañía es bien surtida y hace buenos cuartos en haz y paz de nuestra santa madre Iglesia. No se le ocultó a don Quijote qué era lo que allí venía; mas no por eso desistió de su empeño; antes tuvo a fortuna el encontrar con enemigo tan digno de él, habiendo resuelto llamarse el Caballero del Elefante cuando le hubiese vencido, a semejanza de otros que ya tomaron los de Caballero del Cisne, del Unicornio, de la Serpiente, del Basilisco, y otros no menos famosos. -¡Arre! Buen hombre -gritó el maestro Peluca-, deje pasar la bestezuela, que es moro de paz. Don Quijote hizo su primer embestida, sin más fruto que verse apartar suavemente por el bondadoso o desdeñoso animal. -¡Qué diablo de ladrón es éste! -dijo el maestro Peluca, al ver que don Quijote volvía a la carga- ¡Quieto, Chilintomo, quieto!. Volvió a separarlo con mansedumbre el generoso bruto, y seguía su acompasado, lento paso, poniendo en tierra cada minuto cuatro arrobas de pies, sin dársele un comino de las arremetidas de don Quijote. Redobló su furia el caballero, juntó sus fuerzas, se encomendó a su señora Dulcinea del Toboso, y a espuela batida Rocinante se vino a estrellar, baja la lanza, contra la impasible mole. A las voces de su dueño: «¡Dale, Chilintomo!», borneó la trompa Chilintomo en forma de parábola, y dio tal chincharrazo, que caballo y caballero fueron a dar sin sentido a doce pasos. Siguió adelante la comitiva mientras Sancho Panza se tiraba, dando gritos desesperados, sobre su amo. Mas vio que don Quijote se meneaba, y aun le oyó decir en voz balbuciente: ::«No me pesa la mi muerte, ::Porque yo morir tenía; ::Pésame de vos, señora, ::Que perdéis mi compañía». -Vuesa merced no está muerto -le gritó Sancho al oído-; si a mí no me cree, aquí está Rocinante que no me dejará mentir. Habíase, en efecto, enarmonado el pobre rocín, y se dejaba estar dolorido, pensativo, caídas las orejas, con señales de haberle llegado al alma el golpe. Don Quijote no quería estar ileso por nada de este mundo; con tal de verse malferido en buena guerra, se hubiera dejado morir sin argumento. Figurándose que la batalla había sido terrible y que estaba cosido a lanzazos, iba recorriendo en su memoria las aventuras de los mejores caballeros, según cuadraban con su situación, y decía: ::«Desque allí hubieron llegado ::Van el cuerpo a desarmare: ::Quince lanzadas tenía; ::Cada cual era mortale». Pensaba don Quijote que el suyo era caso de muerte, y bien por real enfervorizamiento, bien porque el delirio le pareciese convenir a su situación, mirando suavemente a su escudero, siguió diciendo: «Ya se parte el pajecico, Ya se parte, ya se va». -No me parto ni me voy, señor don Quijote: amigo viejo, tocino y vino añejo. El que me busca en la prosperidad y me niega en el infortunio o el peligro, abrenuncio: firmado lo doy que ése tiene un depósito de estiércol en el pecho. Aquí estoy yo, señor: fíese de este corazón, empuñe esta mano que sabe alargarse al afligido más prontamente que al dichoso. -Como pudieras, Sancho -respondió don Quijote-, proporcionarme un bocado del bálsamo que sabes, vieras a tu señor alzarse cuan alto es, con todos sus huesos en sus coyunturas. Sancho corrió hacia los criados con un graciosísimo portante, y como los hallase entendiendo en alforjas y maletas, les pidió un jarro de vino para salvar la vida a un cristiano. Habíanse partido los señores, sin hacer caso del caballero andante caído y molido, propasándose el doctor Mostaza hasta el extremo de gritarle: -¡Así te quise ver, infame!. Los criados, que sin duda valían más que los amos, le dieron de buena voluntad a Sancho lo que pedía, y éste, provisto de su elixir, volvió para su señor. Don Quijote, tomando a dos manos el jarro, se lo echó al coleto, de tan buena gana, que a los cuatro sorbos no dejó gota en el recipiente. Por cierto que no pudo montar a cuatro tirones, ni a ocho montara si su criado no hubiera acudido a darle impulso y vuelo. Cuando se vio a horcajadas, pensó que de un salto se había puesto sobre su buen caballo, y bizarreándose en él, apretó las espuelas, con ánimo de hacerle dar algunos escarceos. Al verle de tan de buen año, le dijo su escudero: -Coscorrón de cañaheja duele poco y mucho suena, señor don Quijote. Desigual fue la batalla, pero no tan recia como la que nos dieron los yangüeses. -No digas eso -respondió don Quijote-, sino que ahora no me han roto en la boca la ampolla del bálsamo prodigioso. Si en la batalla a que aludes hubiera yo podido aprovecharme de la bebida encantada, me vieras entonces tan entero y animoso como ahora. Monta, Sancho, y sígueme; hoy es cuando nos va a suceder aquello de que ha de resultar, para mí el ganar la corona imperial, para ti el posesionarte de tu condado. Si lo tuvieres por mejor, serás terrateniente de mis más pingües comarcas, como te obligues a hacer pleito homenaje a mi corona, y pondremos a Sanchica de menina de la emperatriz. Si el imperio que yo gane está situado en el Asia, serás el primer nabab de todo el continente; a menos que no gustares más bien de tomar mis flotas a tu cargo en la laguna Meótide o mar de Zabache, con el título de almirante. -Sea de mi colocación lo que fuere -repuso el escudero-; lo cierto es, señor don Quijote, que al enfermo que es de vida, el agua le es medicina. Quien viera a vuesa merced ahora ha poco tan caído de salud, y quien le ve sobre su alfaina repartiendo coronas y haciendo almirantes, no acabara de maravillarse del vaivén de la fortuna. Vengan esas flotas y sigamos, que temo no haya lugar para todos en la venta. -Haces mal en temer eso, amigo Sancho: ora en venta, ora en castillo, a gloria tendrán todos, grandes y pequeños, el correrse, estrecharse, apretarse y exprimirse para hacernos plaza. Cuando esto decían, iban ya de camino caballero y escudero, paso entre paso; ni don Quijote estaba para espolear tan a menudo a Rocinante, ni Rocinante para salir de su genio. -¿De qué alfaina hablabas hace poco? -preguntó don Quijote a su criado. -¡Pesia mí!, ¿de qué alfaina? De la que monta vuesa merced, este paño de lágrimas, nuestro buen Rocinante. -¿Y por qué le llamaste alfaina? -Porque así he oído a vuesa merced llamar a los caballos de primera clase. -¡Quia! -dijo don Quijote-; ¿soy yo de los que hablan disparates? Habrasme quizás oído decir alfana. -Vuesa merced -repuso el escudero- se detiene en una brizna y tropieza en una tilde; ¿qué va de lo uno a lo otro? -Lo que va de macho a hembra -volvió a decir don Quijote-; lo que va de Sancho a Sancha: alfana es la yegua corpulenta, briosa, superior, y ésta nunca puede ser caballo. Si no me crees, ahí está la del moro Muzaraque, la cual era como una iglesia. ¿Y la del rey Gradaso no era un yeguón desmedido, sobre la cual tenía el moro que subir por escalera? ::Gradasso havea l'alfana la piú bella ::E la miglior che mai portasse sella, como lo puedes ver en las historias caballerescas. Habla con atildadura, Sancho, o te doy carta desaforada y te levanto la facultad de usar de la palabra en mi presencia. -Déjeme vuesa merced expresarme a mi sabor -replicó Sancho-, y oirá sentencias y cosas que se le graben para siempre en la memoria. Me tienen por asno; pues métanme el dedo en la boca. Aldeana es la gallina y cómela el de Sevilla. -Si a tu sabor te dejara yo hablar, Sancho intrincado, Sancho escabroso, ¿qué fuera de la lengua castellana? Habla jerigonza, habla aljamía, habla germanía; pero confiesa a lo menos que eres gitano, morisco o galeote: católico viejo habla español rancio. Uno que se está educando para conde y va camino de la monarquía ha de medir la boca en el comer, la lengua en el hablar, y haberse con mucho tiento en sus maneras y discursos. ¿Piensas que la justedad de las ideas no requiere ternura en las expresiones, y que el pensar bien no ha de venir junto con el bien decir en los que aspiran a levantarse sobre el vulgo? Dime otra vez alfaina, y veremos si no revoco la determinación que tengo de elevarte a de donde veas como pollos a tus contemporáneos. Cide Hamete no quiere acordarse de la réplica de Sancho, y dice tan sólo que los aventureros llegaron a la venta, henchida ya de gente por ser las seis de la tarde, hora en que todo el mundo acude a la posada. Traía don Quijote desencajado el juicio, revueltos los sesos más que de costumbre; y así la venta del Moro fue para él castillo, por castillo la tuvo, vio el atalaya sobre los adarves, y aun oyó el son de la trompeta con que anunciaban la llegada de un caballero de alta guisa. bsnuv5xfckc3eq13a0jx41pw3b3eacp Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LI 0 20675 1665472 1415110 2026-06-21T00:24:25Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665472 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo L|Capítulo L]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LI|Capítulo LI]] - Que trata de cosas del bachiller Sansón Carrasco |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LII|Capítulo LII]]}} {{t3|Capítulo LI}} Cuenta la historia que vencido por don Quijote el bachiller Sansón Carrasco, bajo el nombre de el Caballero de los Espejos, se volvió a su lugar con dos costillas hundidas, más que medianamente mohíno y azorado. Púsose sin pérdida de tiempo en manos del algebrista, con ánimo de volver en demanda del loco, así por salirse con la suya, como por dar algún desfogue a la venganza de su pecho. Tres días se dejó estar de encierro sin que persona lo entendiese, si no eran su familia y el maestro, a quienes rogó por el secreto, no fuese que su honra viniese en diminución. Dueña debía de haber en la casa, cuando la hora menos pensada cata allí el cura y el barbero, sujetos a quienes no hubiera querido ver si le pagasen; ni era para menos el juramento que por sus barbas y el hábito de San Pedro había hecho de provocar a don Quijote, vencerle y traerle bajo condiciones tales que en dos años no diese paso de caballería. Una vez sorprendido en el escondite, confesó de plano su infortunio, alegando, para justificarse, que todo había sido por culpa de su caballo. -Mas no les pese de esta ocurrencia a vuesas mercedes: así pienso darme por vencido como renunciar a las órdenes. Yo juro por quien soy, o no soy nadie, traer amarrado al viejo o morir en la demanda. -¿De esa manera -respondió el cura- los huesos de vuesa merced han sacado de la batalla alguna cosa? -¿Y cómo si han sacado? -replicó el bachiller-; la sumidura de a cuatro dedos que se me encuentra en la costilla, ¿es o no del bachiller Sansón Carrasco? ¡Miefé, señor compadre, nunca yo pensara que con tal ímpetu y furia acometiera don Quijote, que de una embestida diera conmigo en el suelo! Si los encantadores no me acorren y amparan en ese duro trance, a la hora esta vuesa merced estuviera haciendo mis exequias. A nada menos procedía el vencedor que a segarme la gola, cuando me vio supino y sin movimiento. -¿En qué forma acudieron esos buenos encantadores, señor bachiller? -preguntó maese Nicolás. -En forma de decir a la imaginación de don Quijote que ellos me habían transmutado de Caballero de los Espejos en bachiller Sansón Carrasco por defraudarle la gloria del triunfo. ¿Y creerán vuesas mercedes que ese bobalicón de Sancho Panza era el empeñado en darme el trampazo, urgiendo a su amo por que me envasase la espada, a efecto de que se viese si verdaderamente era yo el bachiller, o un enemigo disfrazado con mi pellejo? -¡Dios le perdone! -exclamó el cura-. Así vuesa merced se vio entre la espada y la pared. -No había remedio -contestó el bachiller-: o juraba yo ir a presentarme a la señora Dulcinea y derribarme a sus pies, o entregaba el alma al diablo. Tengan vuesas mercedes por sin duda que el loco me mata si no prometo cumplir sus órdenes al pie de la letra. -¿Hace vuesa merced punto de conciencia el cumplirlas? -preguntó maese Nicolás-: por lo menos es cierto que el señor bachiller no se quedará con la sumidura que dice. -Si fuera un rasguño de ningún mérito, no me quedara tampoco -respondió el bachiller-. Ayúdenme vuesas mercedes con un caballo de más confianza que el mío, porque esta pécora salió plantándose en lo mejor y me expuso a la impetuosidad de don Quijote. -Tenga vuesa merced presente el no matar a nuestro pobre hidalgo -dijo el cura- y váyase en mi tordillo. -Tanto como quitarle la vida, no -respondió el bachiller-; pero será difícil que me desentienda del todo de mis costas. Cuando menos le he de traer a la cola de mi caballo. -Válgase del modo -repuso el cura-: nada ganamos con traerle de por fuerza. Todo ha de oler a caballería andante en la expedición, o nada hemos hecho. -Yo procuraré -replicó el bachiller- dar a mis cosas cierto aire y sabor andantescos; mas se decir a vuesas mercedes que, si no salgo bien por esta vía, haré mi gusto a sangre y fuego. -¿No vaya otra vez por lana, señor bachiller? -insinuó maese Nicolás. -Si vuesa merced se queda -respondió Carrasco- no habrá allí quien me trasquile. Por lana voy, lana traeré: el trasquilado será don Quijote, y aun vuesa merced, señor barbero, y con sus propias tijeras, si quiere darme soga. Delicadísimo estaba el bachiller después de su fracaso; y aunque socarrón y maleante él mismo, no aguantaba pulgas de rapistas, y menos en tratándose de valor, por donde hacía agua, como joven y vanaglorioso. Medio se cortó el barbero, y dijo: -Vuesa merced toma mis intenciones en mala parte; ni fue mi ánimo lastimalle, suscitando vergüenza en su pecho con la memoria de su desgracia. Si aquello dije, fue a modo de advertencia saludable: no sería por demás el que vuesa merced se precaviese contra una segunda vencida, que tal vez don Quijote llevaría por el extremo. -Yo sé lo que me conviene -respondió el bachiller-: los efectos dirán si soy hombre de dejarme vencer dos veces por un loco. Interpuso el cura su autoridad para que la contienda no siguiese adelante, y suavizado el bachiller, fue convenido entre todos que éste saldría en busca de don Quijote, más bien montado, tan pronto como sus costillas se restaurasen. Al cabo de tres semanas, sintiéndose del todo bueno, acudió a su buen tordillo, y armado de armas ofensivas y defensivas, tomó el camino una madrugada, cierto de dar con don Quijote antes de mucho, guiado por el ruido de las locuras del caballero andante. Hallábase en la venta del Moro cuando acertaron a caer allí la compañía de histriones y los señores de la vista de ojos. No podían menos en la venta que hablar de las cosas del caballero; por donde el bachiller vino en conocimiento de su próxima aparición. Los mozos, que en ese punto llegaban, dijeron que había montado ya, si bien no llegaría tan pronto, según la moribundez con que venían, tanto el jinete como la cabalgadura. Tuvo tiempo el bachiller para concertar con el ventero lo que se debía hacer, empezando por suavizarle con una buena porción de unto de Méjico. El ventero tomó por suya la facienda, y prometió haberse de tal modo, que el bachiller saliese con su empeño. Retrájose éste a su cuarto, donde sin más ni más se caló unas narices de que venía provisto, ni tan desaforadas como las de Tomé Cecial, ni tan por el estilo regular que viniesen a parecer naturales. Lo cierto es que eran tan bien hechas, y el demonio del bachiller sabía acomodárselas tan bien, que si las tuviera uno en la mano, dudara todavía de su naturaleza. Una peluca, además, y unas barbas muy desemejantes de las suyas propias, y quedó tan otro, que no le conociera el papa, ni todos los cardenales juntos, si para sólo examinarle se reunieran en consistorio secreto. Paramentado de este modo, salió el truhán, y se puso a medir el corredor a largos pasos, a vista y paciencia de los huéspedes. Nadie le reconoció, con ser que mucho le miraron todos; antes se estuvieron admirados de aquel inglés tan desenvuelto, por no decir insolente, que así rompía por medio de ellos, sin tener cuenta con persona. nhbmrwzuud5dqfkooqq1zghil5orbdu Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LII 0 20676 1665478 1415111 2026-06-21T00:24:39Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665478 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LI|Capítulo LI]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LII|Capítulo LII]] - De la llegada de don Quijote al castillo del señor de Montugtusa |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIII|Capítulo LIII]]}} {{t3|Capítulo LII}} Entraron por fin don Quijote y Sancho Panza, a quienes se vino el ventero con demostraciones de grande humildad, diciendo ser el alcaide de la fortaleza. -El señor del castillo me tiene mandado acoger y obsequiar a los caballeros de pro, hasta cuando él en persona sale a recibirlos. -¿Quién es el castellano, señor alcaide, si sois servido? -preguntó don Quijote. -El castellano, señor, es el barón de Montugtusa. Su mujer, la bella Sebondoya, habita el castillo con su señor y marido. Vuesa merced se apee, que yo le muestre luego el ala del palacio donde se ha de alojar con su comitiva. -Mi comitiva no pasa de mi escudero, señor alcaide: con una cámara estaré servido, sin que vuesa merced se tome la pensión de desocupar todo un costado del alcázar. No soy de los que se andan a la flor del berro, trayendo consigo mangas de lacayos, provisiones de gusto y enseres de todo linaje. Los andantes nos vamos libres de todo lo que huele a conforto y molicie; nuestro descanso es la fatiga, el hambre nuestra hartura. Soy contento de que el señor del castillo esté presente, junto con la castellana, quien debe de ser una de las más apuestas y principales de estos señoríos. -Tenemos en el castillo -repuso el ventero- a un famoso caballero llamado don Quijote de la Mancha, cuyo sentir es igual en un todo al de vuesa merced respecto de la bella Sebondoya. -Eso es hablar de fantasía, señor alcaide -respondió escamado don Quijote-: ¿un famoso caballero llamado don Quijote de la Mancha? -A fuerza de súplicas -dijo el ventero- se ha conseguido que permanezca dos días más en el castillo: de tal modo se prendaron de él los castellanos al punto que le vieron, principalmente la castellana, que dieran los dos ojos de la cara por que se quedase del todo a vivir con ellos. La bella Sebondoya se ha hecho traición a sí misma, podemos decir, por la timidez y el rubor con que le mira a furto de su esposo. Y no se me vaya la boca; ni soy dueña amiga de chismes que no desaprovecha ocasión de sacar a la calle las flaquezas de su señora. De qué bebedizos amatorios, de qué vistazos hechizados se vale el tal caballero para cortar el ombligo a las hermosas, no lo podría yo decir; lo cierto del caso es que, no solamente la sin par Sebondoya, sino también sus damas de honor, sus doncellas y hasta las fregonas del castillo están a punto de cruzarse la cara a navajazos por el huésped. Don Quijote había echado pie a tierra, lo mismo que Sancho Panza, y rostro a rostro con el ventero, dilucidaba una materia tan sutil y trascendental como el haber tomado su nombre algún embaidor, a fin de aprovecharse de su fama y los honores a ella correspondientes; si no era más bien que el sabio su enemigo andaba urdiendo una trama para causarle nuevos sinsabores llevado de la envidia. Como hombre que poseía el don de acierto, no quiso el manchego dar así, de primera instancia, un solemne mentís al falso don Quijote y al verdadero alcaide; y contentándose con hacerle a éste algunas significativas interrogaciones, dejó para tiempo más oportuno el quitarle la máscara al audaz embustero, y arrancarle un nombre que le era tan ajeno por las grandes cosas y las perfectas caballerías que significaba. -¿Dígame vuesa merced, señor alcaide, ¿ese caballero se contenta con llamarse don Quijote de la Mancha, o trae algún anexo derivado de sus hechos de armas o de sus tribulaciones? -La primera vez que vino, respondió el alcaide, se llamaba "el Caballero de la Triste Figura"; mas ha tenido a bien dar de mano a este como resumen de desdichas, y ahora, con mejor fortuna, se llama "el Caballero de los Leones", por haber, en cierta ocasión, hecho rostro a media docena de estas fieras, vencídolas y matádolas a todas; sin parar en esto, sino en pelarlas y desollarlas, con ánimo de vestirse de sus pieles, como dicen que hacía un cierto Aljibes. -Alcides, señor alcaide -corrigió don Quijote. Metió Sancho su pala, y dijo: -Testigo yo: mi amo se puso con esos animales; que me parta un rayo si miento. Pero, lo digo como católico, hasta ahora no le he visto cubierto de esas pieles. -¿Qué se os alcanza de estas cosas, amigo entrometido? -respondió don Quijote-; ¿quiere su villana señoría dar por resueltas materias intrincadas, en las cuales yo mismo tengo mis dudas, y no me atrevería a decir esto es así o asá, porque andan metidos en ellas más de un sabio encantador? ¿De dónde sabes, escuderillo zascandil, que estos que te parecen jubón de camuza y gregüescos de velludo no sean en realidad casacones imperiales y calzacalzones de cuero de león, debajo de los cuales anda el caballero que, si no ha vencido todavía, puede vencer a más de cuatro de esas furibundas alimañas? ¿Viste si los temí? ¿Te consta si los provoqué? ¿Sabes si rehuyeron la pelea y me lamieron los pies en señal de vasallaje? Si recogen el guante, me combato con ellos; si me combato, los venzo; si los venzo, les corto la cabeza. ¿Pues qué mucho que me vista de la piel de los leones a quienes provoqué, vencí y corté la cabeza? -Todo puede ser -dijo el ventero-: sígame vuesa merced, que ya conviene aposentarle y darle tiempo para el afeite de su persona. Adelantó el ventero, y don Quijote, llegándose a Sancho, le dijo pasito: -Oye, bestia, ¿no caes en la cuenta de que aquí hay gato encerrado y de que nos conviene mucha habilidad hasta cuando entre la espada? ¿No ves cómo damos aquí con un don Quijote, a quien será preciso despanzurrar, en pena de su atrevimiento y bellaquería? Mientras llega el instante de dar patas arriba con el impostor, yo no soy nadie, ¿entiendes? Guárdame el secreto, que yo voy a guardar el incógnito; y veremos en lo que paran estas cosas. Pasó adelante el caballero, y encontrando al bachiller Sansón Carrasco, que con gran entono se estaba paseando en los corredores, le hizo una venia señorial, como a persona de su gremio, siendo así que entre caballeros la cortesía no deja de reinar ni en medio de las armas. Señalole su cuarto el alcaide, y le dijo que no sería imposible tuviese en él un compañero de su propia calidad; porque estando, como estaba, la venta llena de gente, fuerza sería acomodar dos o tres individuos en un mismo aposento. -¿Cómo es eso de venta? -preguntó don Quijote. -Digo, castillo, señor caballero. No por serlo, y de los principales, sobra espacio, cuando como ahora aciertan los andantes a llegar por docenas. ¿No oyó vuesa merced el son de las campanas y bocinas cuando el atalaya le hubo columbrado? -Sí, oí -repuso don Quijote-. Merced me haréis, señor alcaide, en dar orden como se mire por este mi buen caballo, que harto merece la hospitalidad del señor de Montugtusa. -Y por el que no le va en zaga -dijo Sancho-: Dios sabe si yo diera mi rucio por toda una dehesa de potros andaluces. -Se les mantendrá con manjar blanco -respondió el ventero. Y se mandó mudar la buena pieza, mientras don Quijote y su escudero tomaban posesión de su cuarto. buabes1u6s0wj6ovpnd8tty7lq286cn Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIII 0 20677 1665475 1415112 2026-06-21T00:24:33Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665475 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LII|Capítulo LII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIII|Capítulo LIII]] - De cómo salió el maestro Peluca en la representación de su comedia |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIV|Capítulo LIV]]}} {{t3|Capítulo LIII}} Se había ya lavado y aderezado don Quijote, cuando el alcaide del castillo se presentó a convidarle a la representación de la comedia que iba a dar, dijo, una de las primeras compañías teatrales de España. Aceptó de mil amores don Quijote, y salió par a par del bachiller Sansón Carrasco y su escudero Sancho Panza. El teatro estaba armado, y de tales proporciones, que las tragedias de Sófocles se pudieran ofrecer allí. Corrido el telón, se vio la escena de Lanzarote del Lago y la reina Ginebra en el dichoso conflicto que perdió para siempre a la tierna Francisca de Rímini. El doctor Casimiro Extradibaús no lo pudo sufrir, y poniéndose de pies requirió al cielo que lanzase sus rayos sobre esa venta maldita, y dijo que sólo en tierra de moros podían verse cosas semejantes. -Sentaos, buen hombre -respondió el bachiller Sansón Carrasco-, y mirad que nada tienen de malo estos amenos lances de dos enamorados. Pensad como gustéis, vosotros los hombres de las tinieblas; yo tengo placer en estas donosas y suaves ocurrencias. Don Quijote de la Mancha se levantó a su vez y dijo: -Lanzarote, desde luego, fue buen caballero y gentil enamorado; y la reina Ginebra, una de las más famosas señoras de la caballería; mas no echo yo de ver la necesidad de sacar a la calle sus flaquezas, en perjuicio, no solamente de su propio decoro, sino también de la honestidad pública. -Deje vuesa merced a estos curiales -repuso el bachiller-, que se vayan a contar sus dieces, y gocemos nosotros del espectáculo que nos ofrecen estos hábiles artistas. ¿Qué hay allí, en suma, sino un suave desfloramiento de los labios, y qué tiene de reprensible el que un mancebo apasionado coja como al descuido un poco de crema de felicidad, sin daño de tercero? -¡Para tales actores, tales espectadores! -dijo en voz alta el doctor Casimiro Extradibaús. -Mirad donde os ponéis, amigo picapleitos -respondió el bachiller-: no estamos aquí para dejarnos reprender y jorobar por quisquis de vuestra ralea. -¡Vamos, señores! -gritó el tío Peluca en el escenario-; ¿sigue o no adelante la representación? ¿O son vuesas mercedes quienes dan la comedia? -En el repertorio de vuesas mercedes habrá, me parece -dijo don Quijote-, piezas que, sin perturbar a algunos espectadores, nos sirvan de entretenimiento a todos. Los trances más gratos de la vida suelen ser aquellos a los cuales el misterio comunica interés: las pasiones más dulces son las que se desenvuelven honestamente, y los placeres más delicados los que gozamos sin perder el respeto a la sociedad humana. Si es verdad que para que la inocencia nos proporcione alguna dicha ha de ser maliciosa, es asimismo cierto que la malicia sin delicadeza viene a servicio y descaro. Lanzarote pudo haber cogido la flor de los labios de la reina Ginebra, ¿mas qué necesidad tenemos de remedar a la faz del mundo lo que ese caballero hizo sin más testigos que Dios y su conciencia? La reina Ginebra, por otra parte, no perdió con ese desliz el derecho a la protección de los andantes; y aun por eso me opongo al pregón ofensivo que quieren dar estos histriones, previniéndoles que, si mi voz no es suficiente, entrará aquí mi espada. -¡Con mil diablos! -gritó de nuevo el tío Peluca-, ¡déjese hablar a mis personajes! ¿Vuelvo a preguntar si son vuesas mercedes o nosotros quienes damos la comedia? -Por las razones que alega vuesa merced -dijo el bachiller Sansón Carrasco a don Quijote- convengo en que se cambie la pieza; mas de ningún modo influido por los ululatos de este cabeza torcida que tiene cara de hacer mucho más de lo que le saca de madre. -¿Qué pieza quieren vuesas mercedes? -preguntó el director del teatro-. Como ella sea de las mías, yo haré el gusto de todos. El doctor Mostaza, en quien la rectitud de ideas de don Quijote y la elevación de los sentimientos de su ánimo no hacían sino infundir más y más odio, alzó la voz y dijo: -Donde estoy yo no manda nadie: la comedia de Lanzarote se ha de representar, y no otra. Vuesa merced no quiere la de la reina Ginebra -añadió dirigiéndose a don Quijote-, yo la quiero. Anden esos señores cómicos; si no, por Dios vivo que me han de ver enojado. -Veamos -respondió don Quijote-, ¿cómo se toma vuecelencia para que prevalezca su voluntad?. El doctor Mostaza, haciendo de tripas corazón, con energía facticia tras la cual estaba resollando el miedo, soltó una desvergüenza de a folio. Se le fue encima don Quijote, y asiéndole por las orejas con entrambas manos, le sacudió de modo que si no acuden el ventero y el bachiller se las arranca de cuajo. Libre el pobre Mostaza de ese vestiglo, se escabulló como pudo, y restablecida la paz, el maestro Peluca dijo: -¿Gustarían vuesas mercedes de la escena de la sin par Oriana cuando está encerrada en el castillo de Miraflores? -¿Por qué está encerrada? -preguntó el bachiller. -Como don Amadís de Gaula -respondió el tío Peluca- es tan llorón, un día se pone a llorar a los pies de su dama; y tantas echa, que el corazón de la señora se reblandece; y así, medio loca y medio muerta, sin saber lo que hace, hace lo que no debe. El llorón de Amadís sigue llorando, y la sin par Oriana, como queda enunciado, se encierra, porque le ha sucedido lo que la obliga a estar encerrada. -Yo sé lo que le ha sucedido -dijo don Quijote-. Si en algo tiene el maestro Peluca la integridad de sus barbas, guárdese de tocarme a un pelo a la memoria de esa dama. Así sufriré se aluda a ese triste acontecimiento, como que se me ponga la mano en la cara. Si no hay en su repertorio sino farsas y comedias ofensivas a las señoras y los caballeros andantes, desbarátese esta máquina o teatro, y váyanse noramala los histriones menguados que no aciertan a satisfacer a ninguna persona. -Sin agravio de nadie -volvió a decir el director-, voy a dar a vuesas mercedes tal pieza que han de quedar saboreándose con ella más de un año. Cayó el telón, y después de un intervalo de quince minutos, alzado de nuevo, se vio a Pepe Cuajo en ademán de pasearse airado y taciturno delante de una dama que estaba allí cabizbaja. -¡Ha venido! -dijo de repente. -¿Quién ha de venir, señor? ¿Para qué ha de venir nadie en vuestra ausencia? Algún enemigo de vuestro sosiego y mi felicidad os perturba el ánimo con falsos avisos, con perversas insinuaciones. -¡Ha venido! -repitió el terrible Cuajo, y volviendo a su aspecto sombrío, dijo: -¡Dulcinea, vas a morir! -¿Qué es eso de Dulcinea? -preguntó el bachiller Sansón Carrasco-: ¿quién es el atrevido que va a matar a Dulcinea? ¿Matar a Dulcinea en mi presencia? ¿No pasarán por la punta de mi lanza veinte, treinta y aun cuarenta de estos desalmados, antes que me toquen a la orla del vestido a esa señora? -A nadie le incumbe ni atañe la defensa de Dulcinea -dijo a su vez don Quijote-, sino al caballero que la sirve: tanto sufriré yo que estos farsantes maten a Dulcinea, como que ningún caballero de contrabando la tome bajo su amparo y custodia. -¡Por la Virgen Santísima! -gritó el maestro Peluca-, dejen que haga cual haga la figura que le pertenece y no me interrumpan a cada paso la representación. ¿Cuándo quieren vuesas mercedes que concluyamos, si no me dejan principiar? -Es cabalmente lo que quiero -respondió el bachiller- que no se principie a matar a Dulcinea, y menos que se acabe de matarla. Pero ¿quién será el que principie semejante desaguisado y cuándo se acabará tal superchería en las barbas del caballero que la sirve? -¡A Dulcinea no le sirve sino un caballero, y ése soy yo! -dijo don Quijote-. Por un mismo camino se habrán de ir los que quieren matarla como los que tratan de defenderla por derecho propio. Aquí intervino el ventero y dijo: -Señores, éstas no son cosas de veras, sino ficciones agradables y embustes curiosos con que esta gente se ha propuesto divertirnos. La vida de esa señora está en salvo; y así, vuelvan vuesas mercedes a la tranquilidad del espíritu y el silencio que ha menester la representación. -Si no son cosas de veras, peor aún -respondió don Quijote-: el bellaco que ha hecho a Dulcinea un cargo sin fundamento, pagará su avilantez y alevosía. El pobre tío Peluca estaba ya fuera de sí. Por concluir cuanto antes su comedia, le dio un corte más allá de la mitad; y asomándose a la orilla de las tablas uno de los personajes, dijo: ::«¡Miefé, señor caballero!, ::Ella diga quien le agrada; ::Y de aquel sea adamada ::Aunque yo la amé primero». -Esta Dulcinea no debe de ser la mía -dijo a su vez el bachiller Sansón Carrasco-, supuesto que anda en tales pasos. -Ni la mía tampoco -respondió don Quijote-; pero basta que se llame Dulcinea para que yo castigue rigurosamente el menor agravio irrogado a su persona. En cuanto a lo demás, para que sepamos a cuál ha de pertenecer la dama, conviene averigüemos cuál es el de su preferencia, el grande o el chico; ni permitiré yo que sea entregada contra su voluntad al que no es de su gusto, y menos que pase a manos de nadie sino por la puerta de la Iglesia. -Vuesa merced hace bien -dijo Sancho, rompiendo un silencio que no podía ya sobrellevar-; si se unen, que sea como católicos; y no vengamos con que el galán se fue, y conque la niña se quedó, y no así como quiera, sino encerrada, porque le ha sucedido lo que la obliga a estar encerrada, como dijo el otro. Obispo por obispo, séalo Domingo; y hacientes y consentientes pena por igual. A mí tan feo me parece el grande como el chico; y todavía, en caso de no poder más, primero ese bestión desmedido que ese chisgarabís. Cásense, cásense; ellos se mueren por ella, ella los quiere bien: pues manos a la obra. -¡Que no te hayas muerto ahora ha cuarenta años, demonio! -exclamó don Quijote. Y como siguiese tronando y relampagueando con grandísimo enojo: -Vamos -dijo tío Peluca-, con este loco no hemos de hacer nada. Desbarátese este tablado, y a dormir, para que podamos madrugar. -No es loco, sino tonto, -respondió don Quijote-; pero no tiene mal corazón. Prosigan vuesas mercedes, que la pieza no puede ser más interesante. El bachiller Sansón, a quien más divertía esta comedia que la del teatro, se puso de pies y dijo: -Dígame el tuáutem o director de la farándula, ¿cuál es el loco a quien ha querido aludir? ¿Loco, en presencia de caballeros andantes que pueden castigar su demasía? Filipo, Antígono, Sertorio, Aníbal fueron tuertos como vos, don bellaco probado; pero esto no os ha de librar de la furia de mi ánimo y la fuerza de mi brazo. Tío Peluca era de suyo amigo de la paz y concordia; pero cuando le andaban por las barbas daba pruebas clásicas de atrevimiento. Soltó, pues, una carretilla de desvergüenzas tales, que tanto el verdadero como el falso don Quijote se le iban encima cuando el mal hablado farsante puso pies en polvorosa, y el ventero intervino diciendo que, como alcaide de la fortaleza, a él le correspondía la represión de esos atrevidos y él sabría poner las cosas en orden. 5tigcr6n4csatm859fynseq1b6nnj77 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIV 0 20678 1665482 1415113 2026-06-21T00:24:52Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665482 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIII|Capítulo LIII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIV|Capítulo LIV]] - De lo que sucedió entre las cuatro paredes del aposento de los huéspedes |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LV|Capítulo LV]]}} {{t3|Capítulo LIV}} Porfió tenazmente don Quijote por írseles encima a los farsantes; pero hubo al fin de ceder a las razones del bachiller, quien le seguía diciendo: -La cuchilla, señor caballero, empleada por Aquiles en Héctor, por Eneas en Turno, por Bernardo del Carpio en Roldán, ¿quiere vuesa merced emplear en gente cautiva y desdichada? -Roldán era encantado -respondió don Quijote- y no podía ser herido sino por la planta del pie izquierdo; no pudo, por consiguiente, Bernardo del Carpio emplear en él su espada. Como le mató en Roncesvalles fue apretándole en sus brazos hasta hacerle echar el corazón por la boca. -Esas son quisquillas -replicó el bachiller-: hilvanar y coser y hacer randas, todo es dar puntadas. Lo que hace a mi propósito es manifestar a vuesa merced cuán fuera de los usos caballerescos estaría el tomarse un andante de los más famosos con un pobre esguízaro que acierta a lo más a llamarse tío Peluca. La espada... ¿sabe vuesa merced lo que es la espada? Con ella enderezamos tuertos, castigamos sinrazones, levantamos caídos, remediamos desdichas, desfacemos agravios. -Sancho tiene la culpa -repuso don Quijote-, que no está pronto a hacer suyos estos lances. La verdad de la verdad, señor caballero, es que Tizona y Colada no beben sangre de villanos. -¿Tizona y Colada ha dicho vuesa merced? -preguntó el bachiller-; ¿en dónde paran esas famosas armas? -Cuando Rui Díaz -respondió don Quijote- las hubo quitado a los infantes de Carrión, por el desaguisado que éstos hicieron a sus esposas, las regaló a Félix Muñoz y Martín Antolines, el burgalés de pro, sus amigos y conmilitones. Desde este punto pierdo yo de vista esas espadas: deben de hallarse ahora en la Armería Real, o en otro depósito de curiosidades antiguas. -Yo sé de otra espada -volvió a decir el bachiller- que irá a reunirse con Tizona y Colada. Acuéstese vuesa merced y huélguese esta noche: mañana es otro día, y puede ser que conozca el arma que le digo. Riose don Quijote, y ganó una de las tarimas que rodeaban el aposento. El bachiller Sansón no tenía sueño; don Quijote estaba lejos de dormir, y solamente Sancho Panza estaba ya soñando con las bodas de Camacho, circuido de doradas nubes. Las doradas nubes eran los quesos amontonados en columnas; las roscas de Utrera puestas allí cual gloriosas coronas; las gallinas, los pollos y capones asados y aderezados, de los cuales él podía espumar tres o cuatro a modo de advertencia preparatoria. Estaba el buen Sancho rebulléndose y zambulléndose, como queda dicho, en esa gloria celestial, cuando un viejo a quien el ventero había también alojado en ese cuarto, empezó a estornudar con tal brío, que a Sancho Panza mismo, con ser quien era, le sacó de su sueño y sus casillas: en vez del sacramental Ave, María santísima, echó Panza una maldición y un pésete, que hicieron estremecerse al viejo estornudante, quien, recobrándose, dijo: -¿Así saluda vuesa merced a sus hermanos, y de este modo se aprovecha de la ocasión de alabar a la Virgen? -La Virgen no ha menester los estornudos de vuesa merced para ser alabada -respondió Sancho. -¿Y quién le ha dicho a vuesa merced -replicó el viejo- que el estornudar es malo? -Ahora entro yo -dijo el bachiller Sansón-: el estornudar es bueno y muy bueno. ¿Por qué piensa el buen Sancho que invocamos el nombre de María en este caso, sino porque esa es gestión sumamente buena, que tiene olor y resabio de cosa celestial? Pues sepa, si no lo sabe, que el estornudo, según Aristóteles, indica plena salud en la cabeza, la parte más noble del cuerpo humano, y armonía en sus órganos, de suerte que el pensamiento surge en ella y se dilata en ondas sublimes. Saludar al que estornuda es como darle el parabién de tan gran favor de la Providencia, cual es el tener ideas prontas, cabales y abundantes. -Puede el Estagirita -respondió don Quijote, apartándose de aquel dictamen- tener mucha razón; lo que hay de cierto en el caso es que los hombres debían morir la primera vez que estornudasen; ley de la naturaleza que se cumplió rigurosamente en los tiempos patriarcales. Nuestro padre Jacob, en la segunda lucha que tuvo con Dios, consiguió que ley tan dura para la especie humana fuese revocada. En memoria de este triunfo, los hombres acostumbraron a saludarse cuando estornudaban. -Luego no hay por qué se reprenda al que estornuda -dijo el viejo desconocido-, puesto que el estornudar es cosa inocente. -¿No sostendrá vuesa merced -respondió don Quijote- que todas las cosas inocentes pueden pasar? Casos hay en que conviene suprimir hasta la tos. Lo que es simplemente estornudar, puede vuesa merced ahora; ni hemos de ir a causarle una apoplejía, estorbándole ese descargue necesario de los vapores cerebrales. Mi escudero tendrá cuenta con ceñirse a la costumbre y responder «Ave, María», en vez del reniego con que nos ha obsequiado. -¡Oh, señor! -exclamó el bachiller-, yo no sería capaz de desmandarme ni en presencia de un recién nacido; y sé decir a vuesas mercedes que la de un animal mismo me corta y embarga, en cierto modo, para cosas que requieren soledad absoluta. Abomino a esos hombres osados que no respetan en los demás sus propios fueros, y obran como sucios e impúdicos, cuando piensan que están obrando con loable franqueza y desparpajo. El asco es indicio de vergüenza; la timidez revela honestidad; la atildadura del cuerpo se da la mano con la pulcritud del alma. ¿Qué dicen vuesas mercedes de la matrona romana que se desvestía hasta lo vivo en presencia de su siervo, con decir que en ése la esclavitud había matado el alma? La impudicicia va aquí a un paso con el atrevimiento: esa tal merecía que su esclavo le hiciera ver cuán hombre era a despecho de la servidumbre. -Eso se hubiera querido la pazpuerca -respondió Sancho-; ¿por qué piensa vuesa merced que lo hacía? -Que esa dama no fue la diosa del pudor -dijo don Quijote-, ya se deja conocer; ¿mas por dónde vienes a descubrir en ella un propósito depravado? Di que ese descoco fue obra maestra de soberbia, y no columbres allí una treta de la deshonestidad. La esclavitud mata el alma, estoy con esa antigua; y encarezco el punto afirmando que la sepulta en el cieno. -No vayan vuesas mercedes a pensar -dijo el hombre del estornudo- que soy tan libre en las otras cosas como en el estornudar: yo sé cuándo y dónde pago sus tributos a la naturaleza. El bachiller Sansón volvió a tomar la palabra y dijo: -Yo, señores, soy de los que vierten lágrimas en la mesa, cual otro Isidoro Alejandrino, al considerar que la parte noble del hombre, el destello divino que le anima, esta substancia impalpable e invisible, no puede existir en nosotros sino mediante las necesidades y funciones terreras de la carne. ¿Qué será respecto de los hechos que, sobre ser materiales y poco decentes, son también vergonzosos? La urbanidad es madre de la estimación: no es dable apreciar ni querer al que se vuelve repulsivo por la desenvoltura y la descortesía. Hemos de pensar, sentir y obrar con delicadeza; delicadeza, noble voz que significa sensibilidad, rubor, decencia, cosas indispensables para que merezcamos y alcancemos el aprecio y cariño de nuestros semejantes. pfwoyhd3xnmgh4gylabpjnefpbkbfmy Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LV 0 20679 1665460 1415115 2026-06-21T00:24:06Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665460 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIV|Capítulo LIV]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LV|Capítulo LV]] - Donde se da a conocer el desconocido y cuenta su lamentable aventura |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVI|Capítulo LVI]]}} {{t3|Capítulo LV}} -¿El dormir es material y vergonzoso, señor caballero? -preguntó Sancho. -Vergonzoso, de ninguna manera -respondió el bachiller-, puesto que no traslimitemos los términos señalados por la naturaleza; material, no estoy a un paso de creerlo. El sueño es una operación mixta en la cual tienen parte el alma y el cuerpo, o por mejor decir, un acto en el cual uno y otro se despojan de sus atributos. El sueño es negación hermosa, ausencia llena de felicidad, si me comprendéis, amigo. -¿Luego puedo dormir esta noche? -volvió Sancho a preguntar. -Esta y las siguientes. Dormid los que no tenéis amores que os atormenten ni cavilaciones que os desvelen. ¿Podría vuesa merced decirme -añadió el bachiller dirigiéndose al huésped desconocido-quién es vuesa merced, de dónde viene, adónde va y cuáles son los sucesos principales de su vida? Holgaría yo de entretener el tiempo con una sabrosa narración, de esas con que los pasajeros amenos suelen hacer dormir a los tontos y velar a los discretos. -Las cosas de mi vida, señor -respondió el huésped- son inenarrables; tanto hay en ella de triste y desdichado. Don Quijote apoyó al bachiller, diciendo: -Nárrelas vuesa merced, con todo; y aún puede ser que del contarlas aquí se derive el remedio de su cuita. -Pues yo, señores, me llamo don Pascual Osorio, de la Castilla por mi madre. -Antes de pasar adelante -dijo el bachiller-, dígame el señor don Pascual Osorio de la Castilla por su madre, si es o no hidalgo de devengar quinientos reales: lo debe de ser, supuesto que tiene el don. -Cuando era pobre, señor -respondió don Pascual Osorio-, yo no era nada; y lo fuí hasta muy entrado en edad, de lo que estoy lejos de alabarme. Pero un día me vino Dios a ver, y desde entonces mi vida empezó a ser tan holgada como hasta entonces había sido estrecha. Don Pascual siempre me habían llamado mis conocidos; amigos no tiene el pobre. Han de saber vuesas mercedes que esto de la pobreza agua hasta las buenas aptitudes, por mucho que la Escritura hable bien de ella y muestre protegerla. Vuesas mercedes no sean pobres a ningún precio. Los bienes de fortuna me ennoblecieron, me rejuvenecieron, me conciliaron hasta gallardía. No solamente decían todos, sino también pensaban, que yo era hombre de altas prendas. Me casé con una niña de diez y ocho años. -¿Y a vuesa merced cuántos le corrían hasta ese fausto acontecimiento? -preguntó el bachiller. -Frisaba yo en los sesenta y cuatro, señor: mas fuera de la peluca y un cierto ahoguío, no daba indicios de vejez; ¡qué, si me llevaba calle y media de un tirón, y me tenía como un cernícalo sobre un caballo! -Él sesenta y cuatro -repitió el bachiller-, ella diez y ocho; buen surtido. ¿Lo pasaron de perlas, esto se cae por su peso? -Vivíamos, señor, tan sin género de pesadumbres, que éramos del todo felices. Activa, hacendosa, nada soberbia: ella a peinarse, ella a vestirse, ella en persona a todo. -Mulier diligens corona est viro suo -dijo el bachiller. Don Pascual Osorio prosiguió: -No dejaba traslucir sino un defectillo, es a saber, tal cual apego al dinero. Sé decir a vuesas mercedes que sus socaliñas eran mi embeleso: su amor nunca más vivo; ella nunca más seductora que cuando sus intenciones iban encaminadas a beneficiarme; hubiera yo querido ser mina de oro para darle gusto. ::-«Mucho fas el dinero et mucho es de amar, ::Al torpe face bueno et heme de prestar» -dijo el bachiller-. Vuesa merced no tenía qué pedirle a la fortuna. -No me hubiera trocado con un cardenal, señor mío de mi alma. Era otra cosa el ver esas mejillas encendidas, esos ojos rasgados, negros, esa cabellera crespa y esponjada que le bañaba los hombros. Y me llamaba hermoso, ¡qué muchacha! ::-«Sea un home nescio et feo hasta el orror, ::Los dineros le fasen hermoso y sabidor» -volvió a decir el bachiller-. ¿Y qué tal de pasadía? -El mundo era para mí el bien supremo -respondió el viejo-; todo placer, todo felicidad. ::-«Si tovieres dineros habrás consolación: ::Do son muchos dineros es mucha bendición». ¿No hubo desabrimiento entre vuesas mercedes, amargura chica ni grande, mientras el señor de la Castilla tuvo llena la bolsa? -Me respetaba, señor, y me quería mi mujer como si yo hubiera sido el papa. :: -«Yo vi en corte de Roma done es la Sanctidat, ::Que todos al dinero fascen grant homildat; ::Grant honra le fascían con grant solenidat; ::Todos a él se homillaban como a la Magestat», -respondió el bachiller-. ¿Nada de celos? -¿Celos, señor? Me adoraba la chiquilla. ::-«Si le dio bebedizo o algún adamar, ::Mucho aína lo supo de su seso sacar». ¿Nada de hijos? -Este es el punto de mi desventura, señor. El cielo oyó mis ruegos: ¡qué decir, cuando una noche me anuncia ella que se siente madre! -Vuesa merced quiere darme a entender que estaba preñada -dijo el bachiller. -Y ahora digo a vuesa merced -repuso don Pascual- que llegó el día del alumbramiento y me nació un muchacho como un ángel. -Si no me equivoco, parió la señora -replicó el bachiller-. Ahora bien, señor don Pascual Osorio de la Castilla por su madre, ¿qué hay en esto de triste ni desventurado? -Todo cuanto hay es triste y desventurado -dijo don Pascual-. Quince días hubieron apenas transcurrido, cuando la madre verdadera de aquel bellaquín cargó con él, interviniendo la justicia. El embarazo, fingido; el parto, simulado; el niño, supuesto: ¡qué golpe, señor! -Bonita era la niña -dijo Sansón-. ¿Ella sola había urdido la maraña? -Obra fue de una dueña -respondió don Pascual-. Este mismo demonio de vieja había traído poco antes a casa ciertas joyas de grandísimo precio, que yo no quise ni ver; mas la muchacha porfió que yo las había de ver, aun cuando no las compráramos, y esa mera curiosidad me costó un ojo de la cara. ::-«Señora, dis, compradme aquestos almajares: ::Dijo la dueña: Plazme, desque me los mostrares», -tornó a decir el socarrón del bachiller-. Se acomodaba de prendas para caso necesario. Don Quijote se había dejado estar callado, con las orejas tan largas, durante esta relación: echando de ver a la luz de un candil una olla en un andamio, le pasó por la cabeza una extraña locura, y levantándose en camisa, tomó a cuatro dedos su contenido y se embarró cara, pescuezo, pecho, arcas y aun la parte posterior de las orejas. -Esto más tiene de bueno el ungüento de Hipermea -dijo-, que preserva de todo insulto y no da paso al acero, donde el bálsamo de Fierabrás no sirve sino para cerrar las heridas. Ahora estoy cierto de no recibir ninguna, por esforzado y mañero que sea el enemigo con quien me combata. Diciendo esto, se volvió a su cama, en la que se tiró con gran crujir de tablas y huesos. El bachiller Sansón y don Pascual Osorio estaban asombrados, y aunque el primero conociese bien a don Quijote, se admiró mucho de este extremo de locura. Vio, oyó y calló; y después de algún silencio, dijo al señor de la Castilla: -Su madre verdadera cargó con aquel jabato; ¿de la muy leal esposa de vuesa merced, qué fue? -Aún no se había desenredado la trama -respondió don Pascual- cuando ya no había quien diese noticia de ella. Uno de esos descomulgados que tienen echada el alma atrás... Vuesa merced me comprende. ::-«Darte han dados plomados, perderás tus dineros; ::Al tomar vienen prestos, a la lid tardineros», -respondió el bachiller-. Juro por la Santa Biblia y los setenta traductores, haceros vengado, siguiendo, persiguiendo, matando, volviendo a matar y escarmentando al malandrín que tal sinrazón ha hecho a tan honradas barbas cual muestra ser el señor de la Castilla. Sabed que soy don Quijote de la Mancha, cuyo asunto es acorrer a los necesitados, castigar a los desaforados, enderezar los tuertos y poner en orden el mundo. Para autenticar, en cierto modo, mi juramento, llamo y pongo de testigo a mi dulce amiga la sin par Dulcinea del Toboso. Admirado estaba don Pascual Osorio oyendo las resonantes cláusulas del falso don Quijote, promesas de más ruido que solidez, cuando el verdadero alzó la voz y dijo: -Miente por la mitad de la barba el hideputa que dice ser don Quijote de la Mancha. -¿Luego es vuesa merced -respondió el bachiller- el atrevido que anda por esos mundos llamándose don Quijote de la Mancha, en menoscabo de mi fortuna y para mengua de mi fama? Ya sé que ese cobarde caballero huyó de unos leoncitos y tuvo miedo a unos batancitos: ¡y esto llamándose don Quijote! Pues el juramento que hice en pro del señor don Pascual de la Castilla por su madre, lo convierto en mi propio beneficio y en contra del atrevido que osa tomar mi nombre y sustentarme barba a barba que él es el verdadero don Quijote de la Mancha. ¡Oh, santo cielo y cómo le crujieron los huesos a nuestro buen don Quijote y le temblaron los músculos, de pura indignación y coraje! Llamó de felón, follón y mal nacido al usurpador de su personalidad, y le retó a singular batalla. Concertáronse los dos aventureros en combatirse al día siguiente en uno de los patios del castillo, pusieron por condición de la batalla que el vencedor sería el verdadero don Quijote, y el vencido, despojado de ese famoso nombre, iría a meterse fraile. iielozued568f7jx1lr6vpffxd44997 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVI 0 20680 1665465 1415116 2026-06-21T00:24:13Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665465 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LV|Capítulo LV]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVI|Capítulo LVI]] - De la nunca vista ni oída batalla que de poder a poder se dieron el genuino y el falso don Quijote |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVII|Capítulo LVII]]}} {{t3|Capítulo LVI}} Tío Peluca y sus aparceros no veían la hora de alejarse de loco tan peligroso; diéronse, por lo mismo, un madrugón, que cuando quería amanecer, ya ellos andaban a buen trecho de la venta. Ni era posible aguantar a la larga las cosas de don Quijote, hombre que de las piedras sacaba agua de caballería. Los togados y el escribano, por su parte, hubieran perdido una oreja por no verse cara a cara con tan formidable enderezador de tuertos, y en confuso montón con los histriones y los osos se fueron de pie quebrado. Avínoles bien el haber cogido la alborada, porque don Quijote amaneció ese día más loco que nunca, y Dios solamente sabe en qué laberintos y pendencias los hubiera metido. Vistiose el caballero, salió armado de punta en blanco, undique munitus, y llamó a la liza a su atrevido homónimo; pero éste se cerró en que no pelearía ni con el arcángel San Miguel, antes de haberse fortalecido con una buena refección; para lo cual mandó venir al alcaide del castillo, y le ordenó dispusiese un almuerzo como para Lúculo. -Desde luego, señor alcaide, vuesa merced será servido de abrir la comida con unos melones tajados en forma de media luna, encendidos como un ascua. -Los melones, señor -respondió el ventero- son también agestados en estos territorios, que tienen color de azafrán. La venta es una como capellanía, entre los artículos de cuya fundación consta el de que se han de dar a los pasajeros los mejores melones del mundo. -Soy contento de ese artículo de la capellanía -dijo el bachiller-. No me parecerían mal unos melocotones que estuviesen echando gotas de almíbar, de puro maduros, y unas ciruelas negras y cristalinas como una hija de la Etiopía. Cuanto a las peras, me contentaré con las mejores bergamotas de sus huertos, señor alcaide. -¿Crudas o cocidas? -preguntó el alcaide. -De uno y otro modo -respondió el bachiller-, si es verdad que en la variedad está el deleite. Ahora, pues, hablando de los guisos, dispondrá vuesa merced se nos sirvan currucas migadas a una por barba. Gusto yo de comer aves, no solamente sabrosas cuando muertas, sino también bonitas cuando vivas. Mire vuesa merced cómo acuden a nuestras comarcas esos lindos pajarillos al rayar la primavera, y retozones y alegres se aposentan en jardines, alamedas y cañaverales, animándolo todo con su inquietud ruidosa e inocente. Currucas, pues, señor alcaide, curruquitas. -Las cojo en tal abundancia -respondió el alcaide- que tengo hasta para los arrieros. -¿Eso hay? -replicó el bachiller-: guárdese mucho vuesa merced de infestar mis manteles con semejante pájaro, y ponga en su lugar papafigo o ficédula. Esta avecita se alimenta de uvas e higos maduros, de suerte que su cuerpo es una grasa de admirable suavidad y ligereza; la poesía, digamos así, de los convites, por no decir la poesía del estómago. Cuide vuesa merced asimismo de que no nos falten la alondra ni el hortelano, y mucho menos el pitirrojo. Tan enamorado como bello, este pajarito es por su desgracia la cosa más agradable del mundo, y paga con la vida la pena de sus buenas cualidades. Tiene la virtud de ser madrugador más que todas las avecitas menores; y así vuesa merced le oye en el jaral antes que rompa la aurora, y le está oyendo todavía al cerrar la noche. -A falta de pitirrojo -respondió el ventero-, vuesas mercedes serán servidos de contentarse con un jabato, que mis empleados lo aliñan como para la casa real; y donde no, ahí está el carnero, que en siendo gordo, no hay para con él currucas ni curruquitas. -No venga vuesa merced a embastecernos con esas carnes ordinarias -replicó el bachiller-; pitirrojo ha de ser, o prendo fuego al castillo. -Eso será -dijo el ventero-; ni somos aquí tan para poco que no tengamos una varilla de virtudes. -Virgula divina -respondió el bachiller-. ¿Piensa vuesa merced regalarnos con un banquete de Escotillo? Sepa el señor alcaide que mi antojo y necesidad no son de viento, sino de substancias reales, y que no es mi ánimo comer hoy a lo fantástico, sino muy a lo verdadero. -Se hará lo que se pueda -dijo el alcaide-. ¿Cuáles han de ser los postres? -Gusto poco de lo dulce, y paso sin postres las más de las veces. Apadróneme vuesa merced los vinos de sus bodegas, que es lo que importa. A Sancho Panza le crecía el ojo al oír este festín. -Los postres -dijo- yo no los paso; si algo me gusta y me conviene a la salud, son los dulces. Don Quijote entró aquí y dijo: -Pide cosas raras y admirables, Sancho, bocadillos regios y pastitas de los dioses; el señor alcaide no desea otra cosa que servirte. Cuando hayas sacado la tripa de mal año, sal un poco a tomar el aire y mira cómo preparas las monturas; que una vez concluida la batalla, nos partimos. Señor caballero -añadió dirigiéndose al bachiller-, le cumple a vuesa merced vacar al empeño en que se ha puesto; y así le requiero y cito para la estacada, donde le serán servidas piezas no tan agradables como las que ha almorzado de memoria. -A la eternidad -respondió el bachiller- le importa poco una hora más o menos de la vida de vuesa merced. Ponga vuesa merced que yo hubiese hecho mi desayuno, y téngase por muerto, siempre que se me presente su persona saneada, subsanada, lisa y pasadera en buen combate. -¿Qué hay en mi persona que dificulte la batalla? -preguntó don Quijote. -Hay que vuesa merced ha contravenido a las reglas de la caballería, haciéndose invulnerable con esa enjundia cabalística que llama ungüento de Hipermea. Los estatutos de las órdenes caballerescas dicen que el caballero no se ha de valer de sortilegios, amuletos, hechicerías, ni encantos que emboten las armas enemigas, y declaran caso de menos valer el presentarse con el prestigio de bálsamos, bebedizos, filtros, ungüentos y más porquerías de que se sirven los malos caballeros. Destruya vuesa merced la virtud del óleo mágico con que se ungió y pulimentó anoche, y en condiciones iguales, de persona a persona, a pie o a caballo, aquí estoy para que midamos nuestras armas. Dio el bachiller en la cabeza del clavo. Hallándose don Quijote más que nadie al corriente de las leyes andantescas, vio que su adversario estaba en lo justo, y cuando se hubo lamentado media hora de su mala fortuna, le vino la marea de la cólera, y tronó y echó rayos, de modo de causar espanto. Don Quijote de la Mancha, propenso a las más nobles corazonadas e incapaz de bastardía, hubiera muerto primero que cometer un fraude. -Desventurado andante -le dijo el bachiller-, la desesperación es afecto no menos doloroso que reprensible. Tal es el deseo que tengo de pelear con vuesa merced, que yo mismo voy a levantar el entredicho que tan fuera de sí le ha puesto. Si vuesa merced posee el ungüento de Hipermea, sepa que a mí me protege la sabia Linigobria, hija del soldán del Cairo, enemiga mortal de la dicha Hipermea; la cual Linigobria ha ideado una receta que desvirtúa y anula del todo el ungüento desotra hábil mágica. -¿Cuál es esa receta? -preguntó don Quijote-. Más tardará vuesa merced en dármela que yo en ponerla en ejecución. -Es muy sencilla -respondió el bachiller-: toma vuesa merced un baño frío en ayunas, al tiempo que su escudero, al lado de vuesa merced, está repitiendo la oración de Santa Apolonia. Cuando vuesa merced está tiritando, se cambian los frenos: su escudero es quien toma el baño, y vuesa merced quien repite la oración. Vuelto por este medio a su vulnerabilidad primitiva, no habrá inconveniente para que hagamos la batalla. No sabe el historiador qué género de elocuencia sirvió a don Quijote para persuadir a Sancho, ni con qué ofertas nuevas le ganó la voluntad; el hecho es que, habiéndole tomado aparte, le puso blando y condescendiente de manera que mientras el bachiller almorzaba como Dios quería, ellos se retiraron a un abrevadero tras la casa, y la receta de Linigobria tuvo su cumplimiento. Cuando don Quijote de la Mancha dejó de estar impedido, el bachiller Sansón Carrasco salió como buen caballero, indagando por el señor del castillo, quien debería hacer de juez de la batalla. El alcaide respondió que el castellano andaba a caza de jabalíes por la sierra con sus monteros, y que, en su ausencia, el hacía de persona principal; que en orden al rey de armas y los farautes, no faltarían hidalgos de pro que se encargasen de esas figuras, pudiendo, en último caso, tocar él mismo a zafarrancho. -Navis expeditio -repuso el bachiller-; praeparatio ad pugnam. Pues manos a la obra, y rogad por el alma de este buen caballero. El corral de la venta fue señalado para la liza, donde a poco se vieron frente a frente los dos caballeros, a pie, sin testigos, a no ser el alcaide, don Pascual Osorio de la Castilla y Sancho Panza. ¡Y quién podrá decir buenamente los tajos, reveses, mandobles y pasadas con que esos dos paladines hicieron resonar los montes! Le faltan palabras al historiador para referir lance por lance la batalla; y dice sólo que don Quijote, el genuino don Quijote, se vio a pique de perderla; y que en tan terrible conflicto se encomendó a la señora de sus pensamientos, y con fuerzas redobladas dio golpes tales que hubiera hecho temblar a Sacripante. Mala estrella debía de ser la de Sansón Carrasco, pues resbalándose en lo mejor, dio un gentil batacazo, y allí su enemigo a cortarle la cabeza. Cubriósele el corazón a don Quijote al hallar otra vez en el caído al propio bachiller Sansón, a quien ya había vencido en vano, y llena el alma de amargura, dijo a su escudero: -Tan desdichado soy que he de perder con buenas cartas. ¿Qué barba, ¡oh Sancho!, qué narices son esas caídas allí a un lado?. El bachiller, que había visto las orejas del lobo, estaba haciendo de muerto con mucha gracia. En esta sazón acudió la ventera llamando de mal cristianos y desalmados a los que así consentían en que dos hombres se quitaran la vida, y amenazando con dar a la Santa Hermandad aviso de la muerte que se había hecho en la venta. Llegose al vencido, y tomándole un brazo, lo dejó caer, no sin que el difunto le hiciese del ojo. Siguió clamoreando la ventera y dijo al vencedor que se retrajese al vuelo en alguna montaña, si no quería ser aprehendido por los oficiales de la justicia. -Le he muerto en buena guerra -respondió don Quijote, y salió al patio, lleno de majestad y poderío. Alzose el bachiller con mucha flema, diciendo: -Ahora puede el diablo cargar con este loco una y mil veces, que ya lo he sido yo demasiado en andarme tras él, por darle el juicio que a mí mismo me falta. Mal hayan el cura y el barbero que en semejante obra me han puesto, aprobando mi necedad e impulsándome por esta vía. Luego se retrajo en el cuarto de la ventera, hasta cuando le fuese dable tomar su caballo y largarse a su casa, de donde era su ánimo no volver a salir un punto, aunque le comiesen los perros a don Quijote. Sancho Panza, que todo lo había estado viendo, tenía el alma parada. Salió en busca de su amo; pero se guardó muy bien de poner en su conocimiento lo que acababa de ver, porque don Quijote no volviese a las andadas. El juez de la batalla declaró buena la victoria, y dijo que la muerte había sido según todas las reglas andantescas. Mas cayendo sin advertirlo en su papel de ventero, pidió que a la cantidad justa se le añadiesen algunos cuartos para los alfileres de su mujer. Pagó don Quijote como rey, y seguido de su criado, salió de la venta, sin detenerse a averiguar con el ventero cómo éste había perdido de la noche a la mañana su condición de alcaide del castillo. kuxyj1vm7aejvn26cbjes4ybps2virk Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVII 0 20681 1665469 1415117 2026-06-21T00:24:19Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665469 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]], hasta cuando al primero se le ofreció hacer una aventura muy ridícula de dos notables sucesos antiguos |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVI|Capítulo LVI]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVII|Capítulo LVII]] - De las razones que mediaron entre don Quijote y su criado |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVIII|Capítulo LVIII]]}} {{t3|Capítulo LVII}} La historia presenta aquí una laguna, pues no dice por donde anduvieron ni lo que hicieron los dos héroes durante los quince días transcurridos desde su salida de la venta del Moro hasta cuando una tarde se asomaban por las goteras de una ciudad insigne del Guadalquivir. -¿Vuesa merced cree en conciencia -decía Sancho como venían asomándose por una ondulación del camino- que el caballero a quien mató en el castillo del señor de Montugtusa no resucitará jamás? -El día del juicio -respondió don Quijote-. El que se muere, se muere del todo y muy de veras: es lo único en que los hombres usan de buena fe. ¿Qué es lo que te mueve a hacerme esa pregunta? -Muéveme, señor, el haber visto yo con estos ojos, que se han de volver tierra, levantarse el bachiller bonitamente, sacudirse el polvo y desaparecer, cuando vuesa merced hubo salido al patio. -Mejor te ayude Dios, amigo Sancho Panza -dijo don Quijote. -Se levantó, señor, y se fue, diciendo que si al loco de vuesa merced le cargaba el diablo mil veces, a él nada se le daría. -¿Qué hay de reparable -replicó don Quijote- en que ese caballero hubiese desaparecido? ¿No le viste que le protegía la sabia Linigobria, hija del soldán del Cairo, la cual habrá cargado con el por un medio maravilloso, a ver si le era posible volverle a la vida? A ser tú para juzgar de éstas cosas, lo que remueve tu socarronería te diera asunto a la admiración, y no anduvieras poniéndome dudas acerca de un hecho pasado en autoridad de cosa juzgada, no apelada y consentida, nada más que por no perder la oportunidad de mostrarte irrespetuoso y bellaco. Sancho Panza se medio resintió al ver que con tanta dureza se le trataba por uno que no era caso de inquisición, y como intentando hacer pucheritos, respondió en voz un tanto sobreaguada: -Yo digo lo que veo, señor don Quijote, sin ánimo de pedir albricias ni hallazgo. Mas el perro flaco todo es pulgas: si digo algo, miento; si no digo nada, soy un asno: como tragamallas; bebo, borracho. Y tírese por estos derrumbaderos, y rompa estas marañas, y cierre con esos gigantes, y mate esos leones, y pele esos yangüeses. Dormirá vuesa merced, señor Panza, comerá, beberá, cuando el obispo sea chantre. Pues ni de la flor de marzo, ni de la mujer sin empacho, señor, ni del amo sin conciencia. -¿Despeñarte llamas -replicó don Quijote- el ir por estos floridos campos?, ¿romper marañas el deslizarte por esta blanda superficie? Sábete que nos hallamos en la Bética, donde los antiguos pusieron los Campos Elíseos, y que los que te parecen derrumbaderos son verdes campiñas, y los que juzgas matorrales salvajes son grupos de flores y plantas civilizadas y cultas. Ahora vas a ver si tomo por una áspera sierra, donde no comamos sino tueras, cúrcuma, nebrina y otras cosas amargas, para que pagues el vicio de quejarte. Sancho hizo cuanto pudo por desembravecer a su amo, pues de su cólera sacaba menos que de sus promesas. -Tome vuesa merced mi palabra -dijo- de ser el más callado y agradecido de cuanto Sancho Panza hay en el mundo, y disponga dé mí y de mi rucio como de cosa propia. En tanto que don Quijote iba dando esta fraterna a su escudero, se le desencapotaban los ojos, y concluyó por obligarle en términos del todo bondadosos a pedirle merced. -Por ahora -respondió Sancho- me contentaría con unos doscientos reales de contado, dejando el reino para después. -¿De dónde diablos quieres que te los dé? -replicó don Quijote-: álzate con lo que tienes en tu poder, y si llegan a cincuenta, buena pro te hagan. -Mi padre es Dios -dijo Sancho-: si llegan a quince, diga vuesa merced que no le pedimos favor al rey. ¿Cómo han de ser cincuenta, desdichado de mí, cuando el zanguango del ventero nos extorsionó más de veinte? -Un tantico de paciencia, hermano Sancho Panza -respondió don Quijote-, y habrá para hacer muchos ingratos. Esto es en tanto grado verdad, que ahora mismo van a ser coronados tus deseos con la hazaña que toda entera dedico a tu engrandecimiento. Sin más preámbulos ni disposiciones bélicas, se disparó por una costanilla, diciendo: -¡Dominus cum fortibus! -y embistió con un redil de ovejas, que él tuvo por plaza fuerte, y aun vio los guerreros que sobre las murallas le estaban desafiando y tirando sobre él con sacres y falconetes. Sin rendir el ánimo a las amenazas de tan fieros enemigos, y esforzándose por hacer caracolear a su caballo al pie de las murallas, empezó a decir en alta voz: -E por ende riéptolos a todos, tan bien al grande como al chico, e al muerto como al vivo, e ansi al nascido como al que es por nascer. E riepto las aguas que bebieren, que corrieren por los ríos; e riéptoles el pan, e riéptoles el vino. Echó luego pie a tierra, y con el ronzal de su caballo le ató a la cola un borreguito muerto que a dicha estaba fuera del aprisco; montó de nuevo y se puso a dar vueltas alrededor del corralejo, hasta cuando la mala voluntad de Rocinante y las voces de Sancho le detuvieron en actitud de héroe victorioso. Del reto de don Diego Ordóñez de Lara a los habitantes de Zamora, y la acción de Aquiles, a quien vemos arrastrar el cadáver de Héctor alrededor de Troya, formó don Quijote una de las aventuras que más satisfecho le dejaron y más le acreditaron de loco para con su escudero Sancho Panza. Sin más averiguación siguió adelante don Quijote, y Sancho, andando tras él, dijo: -Recapacite vuesa merced antes de acometer empresas, señor don Quijote: los que le ven hacer estas locuras pueden creer que no está en sus cinco sentidos, y vuesa merced ha oído el piorverbio que dice: Vivir, obrar bien, que Dios es Dios. -Miedo a payo que reza -contestó don Quijote-: ¡qué harías si te vieses en el asalto de Lubania! Si tanto sabes de refranes como de piorverbios, habrás oído a tu vez el que dice: Al que de miedo se muere, de cagajones le hacen la sepultura. Piorverbio dijiste: ¡ah, bendito!, ¿cuándo será que yo te eche el bautismo de la lengua castellana? En orden al punto principal, no andes siempre tan sobre aviso, que venga tu prudencia aparecer temor. Prometo a ley de caballero poner fin a nuestras a venturas con dos o tres que serán de las más famosas. Habilitado así, me presentaré a la sin par Dulcinea en demanda del premio de mis hazañas. Cuida, Sancho, de no interrumpir la primera entrevista que yo tenga con esa señora. Te hago esta advertencia, porque tú sueles ser muy indiscreto. -Vuesa merced me dispense -respondió Sancho-; no pienso renunciar mi parte de esa entrevista. -Eso será tan a solas -replicó don Quijote-, tan de mí a ella, que hisopearé su camarín, no esté allí algún espíritu entrometido y envidioso. -Vuesa merced hisopeará cuanto quiera -volvió Sancho a decir-; yo he de entrar. -Pasaré por el sentimiento de darte con las puertas en la cara. -Me bastará una rendija para seguir adelante -dijo el escudero. -¡Pues te pondré taragallo, y veremos cómo entras! -respondió don Quijote con naciente cólera. -Pero no será por incomodar a vuesa merced -tornó Sancho a decir-, sino por hacerle una consulta respecto del asunto que me han reducido a la memoria las ovejas que acaba de vencer vuesa merced. Hace dos años tengo un rebañito, y lléveme judas si pasan de nueve cabezas. -Eso debe de provenir -respondió don Quijote- de que la oveja es unípara; y no dando sino una cría en cada parto, su multiplicación va muy a pausas. No sucede lo propio con los animales que producen lechigadas de cinco, siete y hasta nueve cachorros, cual sucede con la marrana. Si mal no me acuerdo, la de la Eneida tiene quince. -¿Qué es unípara, señor? -preguntó Sancho. -Unípara, buen Sancho, es la que no da sino una cría, la cual, en ciertas especies, te lo digo de paso, suele admitir un nombre diminutivo fuera de las reglas comunes. La del gamo, verbigracia, se llama gamezno; la del lobo, lobezno; la del pavo, pavezno, y hasta la del perro se puede llamar perrezno. -¿A esta cuenta -replicó Sancho-, la del burro será burrezno, la del puerco, puerquezno, y la de la yegua, yegüezno? -Bien puede ser -dijo don Quijote-; así como la del Sancho será sanchezno, y la del Panza, pancezno. Achispado es vuesa merced, señor escudero. ¿No insinué, truhán, que eso no sucedía sino con algunas especies? ¿Pues cómo vienes a generalizar el principio y sentarlo por regla sin excepción? La cría de la yegua no puede ser yegüezno en ningún caso, ni la de la vaca vaquezno, o me desquicias y revuelves todo el sistema gramatical, nada más que por ejercitar la tontería y poner en juego la malicia. Para que quedes del todo instruido, has de saber que la que pare dos se llama bípara, lo que sucede más con la mujer que con los cuadrúpedos, entre los cuales no suele haber sino uníparas o multíparas. -¿Y la que pare tres? -preguntó Sancho. -Esa será trípara -respondió don Quijote. -¿Y las que paren cuatro, cinco, siete, señor? -Llevas las cosas tan por los extremos, que das en la necedad o en la bellaquería. Pues sabe de una vez que la que pare ciento será centípara, y la que pare mil, milípara; así como el que lleva doce palos de un rato a otro será docípalo, según lo puedes ver por tus ojos y sentir por tus costillas. -No es eso, señor don Quijote -volvió Sancho a decir-, sino que mi rebaño no tiene morrueco. A veces me inclino a pensar que mis ovejas no son bíparas ni tríparas a esa causa. -Bellaco eres como sandio -respondió don Quijote-; si no tenías morrueco, bien sabías por qué no multiplicaban tus ovejas. No habían andado media hora cuando a la entrada de una aldehuela se detuvieron ante un grupo de gente que entre curiosa y aterrada parecía estar contemplando un espectáculo extraordinario. Eran dos cuerpos humanos colgados en sendas horcas, vestidos hasta la cintura y de allí para arriba desnudos. El uno de esos miserables ha recibido algunos golpes en la cabeza antes que le ahorcasen: de las narices a la boca, enredados en los bigotes, le sirven de ornamento dos cuajarones de sangraza podrida; cárdenos los labios, están prevaleciendo por una hinchazón monstruosa: la lengua ancha, ennegrecida, sale y se cuelga sobre la quijada, mientras los ojos, en ademán de saltar, semejando papas tiernas en su amortiguada amarillez. El ejecutor le esquiló laidamente a este reo: aquí y allí tijeretazos que dejan ver el blanco de la testa; acá y allá mechones de pelo sucio. Don Quijote estuvo mirando una buena pieza los dos cuerpos, y dijo: -¿Qué delitos los han traído a estos desdichados al caso en que los vemos? -Libelo y difamación -respondió uno de los circunstantes-. Dos veces condenados, dos veces perdonados por su majestad, volvieron a las andadas con más fuerza, y el rey mandó acomodarles con los ciento de costumbre y ahorcarlos en seguida. -Este, señor -dijo otro de los mirones-, fue un poetastro para quien no había cosa respetable ni en el santasantórum. Hombres, mujeres, niños, oculto en sus letrinas, a todos les echa sus rociadas de lo que no se puede nombrar. Cofrade de Monipodio, son de su competencia los untos de miera en la casa y la clavazón de sambenitos. Una vez descubierto, niega su crimen; aún no bien le perdonan, vuelve al libelo. Con esto de particular, que no hay hombre inicuo o infame que no merezca sus laudatorias. Virtudes, él no sufre: pundonor en el varón, recato en la mujer, desvalimiento en el niño, campo son de sus proezas. Fin merecido el del perverso; nadie le llora. El otro cadáver manifiesta una flacura lamentable: las costillas, sobresalientes, por poco no resuenan como las de un esqueleto; la cabeza, calva; las orejas, largas, secas, transparentes; la barba, dura, erizada; los ojos, chiquitos; el cuello, todo cuerdas. Uno y otro de estos malhechores han recibido algunas docenas de azotes primero que se les suspendiese en la picota, según las huellas moradas, casi negras, que se cruzan a lo ancho de sus espaldas. -Este, señor -volvió a decir el mismo que ya había dado señas del otro malhechor-, fue un viejo devoto lleno de hipocresía y perversidad. Metido en la iglesia de día y de noche, confiesa y comulga, y piensa que con esto descuenta infamias y picardías. Su oficio fue ganar la vida con la difamación pagada. Por algún dinero, poco dinero, dinerillo, él se encarga de publicar toda clase de mentiras, injurias y calumnias; y piensa que con oír misa y ayunar no deja de ser buen cristiano. Y no se contenta con su oficio, su trabajo personal, sino que ha fundado una comunidad o cofradía que él dirige o gobierna, sirviendo de centro al mundo de maldades e infamias que son el comercio de su establecimiento. -Ellos lo han querido -repuso don Quijote-, el rey lo ha dispuesto, Dios les haya perdonado. A Él quedad, honrada gente, y válgaos el ejemplar. Con estas palabras se alejó el andante, seguido de su buen escudero Sancho Panza, a quien la sorpresa o la falta de coyuntura hizo guardar silencio, para gran maravilla de su historiador o coronista. 669o9bhl4hmbq5dsw5jq9yik3b8pug0 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVIII 0 20682 1665484 1415118 2026-06-21T00:24:58Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665484 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVII|Capítulo LVII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVIII|Capítulo LVIII]] - Capítulo de los menos parecidos a los de Cide Hamete Benengeli |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIX|Capítulo LIX]]}} {{t3|Capítulo LVIII}} No a mucho andar llegaron a unos escombros donde el musgo, cabellera de las ruinas, está sobresaliendo entre hierbas silvestres y plantas espinosas. Don Quijote de la Mancha y su escudero, atadas a un árbol sus caballerías, se habían metido entre esas difuntas piedras, hasta que dieron con una elipse anchurosa, que manifestaba haber sido teatro de gladiadores ahora ha dos mil años. Apoyado en su lanza don Quijote, dejó venir a la memoria los sucesos de las edades pasadas, y dijo a su escudero: -Estas, sin duda, son las ruinas de Itálica. Aquí, en este sepulcro olvidado, nacieron tres señores de la tierra: Trajano, el vencedor de los Partos; Adriano, el príncipe curioso que quiso remedar en Italia las grandes cosas de la Grecia; y Teodosio, emperador de los buenos y grandes. Este circo donde nos hallamos sirvió de arena a los atletas, y no poca sangre ha bebido la tierra que están hollando nuestras plantas. -¿Quiénes eran atletas, señor? -preguntó Sancho. -Algo se ha de conceder a tu ignorancia -respondió don Quijote-: atletas eran unos hombres fuertes que luchaban en presencia del emperador y el pueblo, hasta cuando uno de los dos campeones perdiera la vida. La pelea no se hacía con armas, sino a puño cerrado; de modo que se fracasaban el pecho y desbarataban la cabeza. -¿Entre cristianos sucedía eso? -preguntó Sancho-; ¿y qué era de la Santa Hermandad? -¿Qué Santa Hermandad, cuando te he dicho que esas eran fiestas públicas? ¿Querrías que los gendarmes le hubieran echado mano al coleto al emperador? -Pesia mí -replicó Sancho- si el emperador mismo hacía eso, ¿a quién se queja? -¡El emperador no se queja a nadie, malandrín! Tú eres capaz de enturbiar el más claro entendimiento: mucho me temo que si yo tratara contigo un año más, acabara por ser tan menguado como tú. Un tonto me deprava, me pervierte la inteligencia: en plática, disquisición u oposición, él lleva el gran partido de su pesadez y su porfía. No me pongas más dificultades, y mira el socavón formado por esas grandes piedras: ¿quién dice que no habrá sido allí el templo de Júpiter o el de todos los dioses? -Si vuesa merced me da licencia -volvió Sancho a decir- le he de poner una dificultad: ¿cuántos dioses había antiguamente? -Habíalos en gran número, pero se fueron. El que hoy reina es tan alto, ancho, profundo; tan grande en todas direcciones, que llena cielo, espacio, tierra, y no hay lugar para otros. Ahora contempla estos peldaños carcomidos, vestigios de graderías donde el pueblo se sentaba a deleitarse viendo correr la sangre de sus semejantes. ¡Cuántas damas principales y cuántos señores, cuánta flor y nata de la nobleza y cuánto vulgo ruin, cuántas gentes de todo linaje acudieron a este recinto y aplaudieron los golpes de los gladiadores, llenando de horrible animación estos ahora desiertos campos! Todos yacen, grandes y pequeños, ricos y pobres, amontonados unos sobre otros en los senos profundos de la eternidad, sin amarse ni aborrecerse, sin estrecharse ni molestarse, quietos y callados para siempre. En el mundo gritan los mortales y levantan un ruidoso torbellino; allá, al fin del tiempo y de la vida no se hace sino dormir, buen Sancho, y sueño largo, intenso, imperturbable, sin quimeras ni pesadillas, sin anhélito ni convulsiones. Se duerme de una pieza, de siglo a siglo, en medio de tal silencio, que no se oyen ni los pasos de los que van llegando, porque todos llegan sin ruido: los monarcas sin alabarderos y maceros, sin postillones ni trompetas; los príncipes sin comitivas de parciales ni aduladores; los ricos sin boato, los sabios sin sabiduría, los valientes sin valor, los héroes sin hazañas, los jóvenes sin juventud, las bellas sin belleza. Está en los umbrales de la otra vida un comisario invisible que todo lo secuestra en provecho del olvido. Bienes de fortuna, títulos, veneras y condecoraciones; poder, orgullo, vanidades, allí son consumidos por un fuego oculto, sin que de esos combustibles queden ni cenizas. La muerte nos mide a todos por un mismo rasero, nos mete debajo de la tierra y nos olvida en esa prisión universal. Aquí suelen quedar resonando los nombres de esos que se llaman héroes, conquistadores, genios; a la eternidad no llega el retintín de la fama. Las ciudades mueren como los hombres, las naciones como las ciudades: para la muerte, lo mismo es emperador que mendigo, aldea que metrópoli de un reino. Aquí se detiene el historiador para advertir de nuevo que nadie tenga por cosa extraña este modo de expresarse en un loco; pues, como se ha dicho más de una ocasión, no lo era don Quijote sino en lo concerniente a la caballería, mostrándose, por el contrario, cuerdo y hasta sabio en lo que no tocaba a su negro tema. -¿Según esto -dijo Sancho-, nuestras aldeas han de desaparecer también con todas sus casas y sus habitantes? -¿Qué duda cabe en eso? -respondió don Quijote. -Se me hace cosa dura -replicó Sancho- el considerar que dentro de cincuenta años no hemos de vivir ni yo, ni mi mujer, ni mi hija, y que hasta mi pueblo habrá desaparecido del haz de la tierra. -Aflíjate la consideración -dijo don Quijote- de que dentro de cien años no vivirá ninguno de los hombres que hoy pueblan el globo, y no el temor personal de que dentro de cincuenta habrás perecido con tu mujer y tu hija. ¿Cuántos serán los que han muerto desde nuestro padre Adán hasta nuestros días? Hazme, Sancho, este cálculo curioso que no he visto en ninguna parte. -Desde nuestro padre Adán -respondió Sancho- habrán muerto hasta unos quinientos. -Unos quinientos Sanchos Panzas, puede ser -replicó don Quijote-; y el mundo aún no se ve libre de ellos. ¿Qué sandez me tendrás guardada para mañana? ¿Ni lo grande de la escena, ni lo triste del paraje, ni los recuerdos que este lugar despierta en la memoria te harán proponer una idea sensata? Di lo que quieras; mas yo he de impedir que se difunda error tan craso como el pensar que desde nuestros primeros padres hasta hoy no hubiesen muerto sino quinientas personas. ¿Los que se van recién nacidos; los que sucumben al año climatérico; los que no vencen los peligros de la pubertad; las víctimas del hambre y la peste; los que caen en el campo de batalla; los que se rinden a los sinsabores, congojas y miserias; todos estos, me parece, compondrán algo más que quinientos honrados difuntos? ¿Y cuántos se llevan las innumerables cohortes de enfermedades que nos tienen como sitiados de día y de noche? Desde que existe el género humano han desaparecido tantos hombres cuantos han de desaparecer hasta cuando el globo terrestre desocupe el espacio. Fenicios, babilonios, filisteos, todos se han desvanecido como sombras. Medos, persas, tirios se han disipado como vapor de agua. Griegos, romanos, judíos, nadie existe. Y nuestros padres mismos, ¿dónde están? ¿Los godos, los visigodos, los vándalos? Si se alzaran del sepulcro cuantos son los hombres que han vivido, y se vinieran hacia ti a darte la desmentida, ¿en qué pararas tú? Mira esa muchedumbre inmensa cómo surge de los abismos y se aproxima a nosotros llenando montes y valles; oye ese tropel profundo de los que en confusas legiones adelantan a decirte en tu cara que mientes cuando afirmas que desde el principio del hombre no han muerto sino quinientos individuos. -Haga vuesa merced que se dispersen y no lleguen -respondió Sancho, fingiendo una inquietud que realmente no sentía-; sin necesidad de esa desmentida, creo y confieso que han muerto hasta hoy más personas que pelos tengo en la barba. -Déjalos llegar -repuso don Quijote- y verás lo que no has visto, y conocerás a los que no has conocido. Largo fuera el contar los pueblos y naciones que ya no viven. ¿Pues las ciudades? Babilonia, Tebas la de las cien puertas, Menfis, Amatonte, Gerra, y otras tan opulentas como célebres. Los arqueólogos rastrean hoy los lugares donde fueron, o un montón de piedras indica el sitio donde se levantó cada una de esas magníficas moradas de los hombres. ¿Qué mucho si de Itálica no quedan sino estos vestigios trabajados por el tiempo, que desaparecerán a su vez? De Sagunto sobra menos, y nadie sabe dónde fue Numancia. Nuestros descendientes harán las mismas reflexiones, de aquí a dos o tres mil años, cuando en su melancolía contemplen los vestigios de las ciudades hoy vivas y robustas. Aquí fue Zaragoza, dirán unos; aquí fue Gades, dirán otros. ¿Oyes cómo la corneja rompe este silencio con su grito fatídico? Es el habitante de las ruinas, triste como la muerte. Vámonos, Sancho; el corazón se me está llenando de una tristeza que no es la mía. -Cuanto y más que ya obscurece -respondió Sancho, y añadió-: ¿No puede el rey levantar y reedificar esta ciudad, y poblarla de nuevo como estaba antes? ::-«El pueblo destruido, los muros trastornados ::Nunca jamás non fueron fechos nin restaurados», -respondió don Quijote con Gonzalo de Berceo, y salió de los escombros en busca de su caballo. aicv76xcyva3fa4krvndmeppdelhxbl Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIX 0 20683 1665483 1415114 2026-06-21T00:24:55Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665483 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]] |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LVIII|Capítulo LVIII]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIX|Capítulo LIX]] - Que trata de la última aventura que le sucedió a nuestro buen caballero don Quijote |próximo = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LX|Capítulo LX]]}} {{t3|Capítulo LIX}} Aquí se le ocurrió de nuevo a Sancho Panza tentar el vado para su eterna pretensión de irse a su casa de buenas con su amo; y como hallase no tan mal templada la guitarra, salió del medio rebozo y dijo: -¿Si diésemos por concluidas nuestras aventuras, señor, y tornásemos a nuestro pueblo a vivir como hombres de bien y buenos cristianos? Harto hemos hecho por la fama; convendría ya que mirásemos un tanto por la felicidad doméstica. -¿Por no dar la última mano a la obra -respondió don Quijote- serías capaz de quedarte sin tu reino? ¿Ahora que todo está hecho quieres que nos volvamos a vivir como unos guardamateriales, o como poetas compungidos que pasan la vida mirando a las estrellas? -¿Es cosa mala ser poeta? -preguntó Sancho. -No digo eso; lo que digo es que es malo ser de los insignificantes e inútiles; de esos majaderos que no sirven ni a Dios ni al diablo. Mas ojalá que la poesía no faltara de ninguna de las profesiones, como no falta de la caballería andante. Tristán de Leonís, no solamente se regalaba con hacer trovas muy puestas en orden, sino también era gran tañedor de arpa. Tañendo y cantando infundió en el corazón de la reina Iseo el amor al cual sucumbieron uno y otro. Don Duardos, don Belianís de Grecia, don Olivante de Laura, el príncipe Rosicler eran unos gerifaltes para esto de recuestar en verso a las damas. ¿Y Florambel de Lucea no puso a la princesita Griselinda a deshacerse por él, sin más que tocar su laúd «con tanta gracia y dolor», que las señoras que le estaban oyendo se pusieron a llorar de enternecidas y apasionadas? Gofre Ricel, trovador provenzal, se dejó morir de amor por la condesa de Trípoli, y se murió cantando su cuita. ¿Pues Nuño Vero? ::«Nuño Vero, Nuño Vero, ::Buen caballero probado, ::Hinquedes la lanza en tierra ::Y arrendedes el caballo». Este caballero tan probado hincaba la lanza en tierra, arrendaba el caballo, y eran cosa de oír las entonaciones amorosas de su laúd y las trovas con que gemía al pie de las ventanas de su dulce amiga. Una amable necesidad nos pone muchas veces en el artículo de sacrificar a las Musas, como cuando en un castillo alguna enamorada princesa nos canta por la noche en el jardín sus gratos dolores. ¿Qué harías tú en semejante caso? -Si me sé acordar -respondió el escudero-, en un cumpleaños de mi hija Marisancha hice unos versos de poner con pórlogo en libro. -Con pórlogo, biografía del autor y muchas laudatorias, amigo Sancho Panza, según el estilo del día. Por desdichado que seas, admiradores no te han de faltar. Aún puedes hacer otra cosa, y es un cambio de biografías con un compadre tuyo, como ya lo hemos visto: el hace la tuya, tú haces la de él, y nada se quedan vuesas mercedes a deber en las cucamonas. Insinuaste poco ha que en cierta ocasión habías hecho versos; ¿no me has confesado que no sabías ni leer ni escribir? -No los escribí con pluma, señor; no hice sino afilarlos en la memoria, de modo que cuando llegase la oportunidad saliesen sin pisarse entre ellos y en buena formación. -¿Y qué tales? -preguntó don Quijote. -Como si los hubiera hecho adrede -respondió Sancho-; silbaditos y melosos. ¿No es el modo de hacerlos ir contando en los dedos y dándose de calabazadas? -Así trabajan los tontos -respondió don Quijote-; y sudan, y pierden el sueño, y amanecen con unas ojeras que da lástima. -Con ojeras yo no amanezco -replicó Sancho-; pero así los compuse. -Mal año para ti y para todos los que poetizan como tú. Apolo viene por sus pasos, y no se le arrastra como al degolladero. Aun cuando algunos tengan facilidad para metrificar, y aun cuando el vulgo necio los llame poetas, no lo son. La poesía no está fuera del hombre; está dentro de él mismo: inteligencia y sensibilidad, excitadas divinamente por los genios de la belleza y el amor, esto es poesía. El ingenio, cosa muy diferente del genio, puede llegar a mucho, es verdad: los aritméticos tienen ingenio; ingenio árido, sin jugo bienhechor, que no paladeamos sino con trabajo y disgusto. La poesía es húmeda, olorosa; está manando de una fuente viva; en sus ondas se rejuvenecen y embellecen los hijos de las Musas. Poesía es la perfección del alma: elevación de pensamientos, profundidad de sensaciones, delicadeza de palabras; luz, fuego, música interior, esto es poesía. Hay quienes a esfuerzos de su mediana inteligencia, pujando toda la noche, metrifican mal que bien; ésos serán máquinas de hacer versos. -Según esto -dijo Sancho-, ¿yo soy máquina de hacer versos? -¿Haslos compuesto en gran número? -Hasta unos seis. -¿Pues qué diablo de máquina has de ser? Si te callas, Sancho, te concedo más numen poético que a Juan de Mena; ni es tiempo de oír sandeces tuyas, pues aventura tenemos. Habiendo cruzado la aldea de Santi Ponce, oyeron en una casita el rasgar de una guitarra, junto con la voz más tuna que jácaro ha levantado en ningún tiempo. Era una jira o festín campestre en que unos buenos frailes de San Francisco se estaban holgando con media docena de muchachas alegres de Sevilla. Detuvo don Quijote su caballo a veinte pasos de la francachela, y después de contemplarlos en silencio y como admirado durante cinco minutos, sin decir palabra arremetió con ellos a todo el correr de Rocinante. Sorprendidos los frailes, no tuvieron tiempo de ponerse en guardia ni de ver lo que les pasaba, y echaron a huir por esos trigos arremangándose los hábitos al tiempo que se ponían en cobro. Aquel con quien topó la lanza de don Quijote, cayó en tierra, asustado más que herido; y como el caballero se aprestase a cortarle la cabeza, se puso en pie con indecible agilidad. Don Quijote le ofreció la vida como hiciese juramento de ir a presentarse a la sin par Dulcinea; mas como al buen religioso le pareció contra la conciencia jurar falso, pues no había él de ir a presentarse a Dulcinea chica ni grande, se negó a lo que su vencedor mandaba, declarando que antes de jurar tal cosa perdería mil veces la vida. -Pues ahora os vendréis conmigo -dijo don Quijote-, y yo sabré para qué penitencia os guardo. Mandole en seguida montarse a las ancas de Rocinante, cosa en la cual tampoco vino el fraile. Ciego de cólera nuestro caballero, le amenazó, lanza en ristre, con pasarle de parte a parte si no obedecía al punto. Cogido de un miedo cerval, se alzó el habitillo el padre, y buenamente se acomodó en las ancas con su gorro a la turca y el cogote al aire. Cuando Sancho Panza hubo caído en la cuenta de que no era batalla de peligro, había echado pie a tierra y dedicádose sin reparo a una canasta de bizcocho y un frasco de aguardiente, y los estuvo acariciando hasta cuando su señor le mandó montar a caballo; orden que fue obedecida sin el menor refrán, observación ni pregunta, cosa rara en uno como Sancho. -¿Qué te parece -dijo don Quijote andando ya- que hagamos de este sarraceno? -No veo -respondió Sancho- por dónde este buen francisco venga a ser sarraceno. Lo que debiéramos hacer fuera entregarlo a su comunidad, y allá su perlado le infrinja el castigo merecido por estas borracherías. -Ya te dejaste decir infrinja; otro despropósito -replicó don Quijote-. Lo que quisiste decir fue imponga; pues el verbo infligir mismo ha caducado en nuestra lengua. Ha de haber mucha oportunidad y elegancia en un anacronismo para que pueda pasar; sírvate de regla esta observación, y no digas perlado, sino prelado. -Yo no entiendo de arnaconismos -dijo Sancho-, ni sé de verbos sino que el Verbo divino se encarnó en las purísimas entrañas de María por obra, y gracia del Espíritu Santo. -Eso no hay quien lo quite -respondió don Quijote-. En lo de llevar, como dices, a este religioso a su convento, no me parece mal; aunque su perlado le mandará, por castigo, de visitador a una provincia. Tú vas a ver lo que hago. Como en esta sazón llegaban al monasterio que se levanta a poco trecho de Sevilla, ni por Dios ni por el diablo se hubiera mostrado allí el fraile en postura semejante. Echadas bien sus cuentas, saltó en un pronto del caballo, y entre los árboles y los laberintos de aquel vasto edificio desapareció como una visión, dejando pasmado a don Quijote. 4he17ls2qsiyjul5fzh09218i38esr4 Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LX 0 20684 1665462 1415119 2026-06-21T00:24:08Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665462 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes]], no de hombrearse con el inmortal Cervantes, ni de imitarle siquiera, sino de suplir, con profundo respeto, lo que a él se le fue por alto |autor=Juan Montalvo |anterior = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LIX|Capítulo LIX]] |sección = [[Capítulos que se le olvidaron a Cervantes/Capítulo LX|Capítulo LX]] - Donde el historiador da fin a su atrevido empeño |próximo = }} {{t3|Capítulo LX}} Por la primera vez en el curso de las aventuras, no quiso don Quijote seguir adelante; ni Sancho Panza viniera en ello, siendo él uno que no gustaba de andar de noche, ni de pasar un día sin dos comidas por lo menos. Como casi en todos los monasterios sitos en el campo, en éste se da posada al caminante, cuando la tarde o la lluvia le obligan a llamar a sus puertas. Había cuarto de forasteros y un hermano destinado a cumplir los deberes de la hospitalidad. Apeose Sancho y dio sus aldabazos en la puerta, de orden de su señor; a cuyos golpes acudió el portero, un buen lego rezongador y dormilón. -¿Quién me viene a romper la puerta a media noche? -dijo desde adentro. -¡Yo soy, hermano! Abra vuesa reverenda, y sabrá cosas que le han de admirar. -¿Quién es yo? Fray Aniceto me tiene mandado no abrir a nadie que no de su nombre. -¿Será también preciso dar la edad y el seso? -replicó Sancho-. Pues sepa su reverenda que soy Sancho Panza, del género masculino, cuarenta y cinco años, poco más o menos, y por oficio, escudero de don Quijote de la Mancha. -Seso es una cosa y sexo otra muy diferente -dijo don Quijote-. Pregúntale a ese buen padre si fray Aniceto le tiene también mandado tenernos cinco horas retoñando en la humedad antes de abrirnos. -¡No dije seso, sino sexo, hermano portero! -gritó Sancho-: con este pasaporte, ya puede vuesa reverenda darnos entrada. Abrió el lego, con gran crujir de llaves y cerrojos: dejando sus bestias al cuidado de un mozo que allí vino, caballero y escudero se internaron en el caserón, conducidos por un donado que los llevó al aposento de huéspedes. Allí fueron servidos con mucha caridad y amor, si bien de manjares sencillos, según costumbre de las comunidades religiosas. -Vuesa merced dispense -dijo el hospedero a don Quijote-, la regla nos prohíbe el vino; y por ser viernes, ni carne hemos podido presentarle. -No es necesaria -respondió don Quijote-. Si vuesas paternidades se abstienen por observancia, el caballero andante prescinde de todo regalo en virtud de su profesión y su temperamento. Buenas son todas las cosas, y mejores mientras más naturales, como sean limpias. Vuesa paternidad ha hecho todo con hacer lo que ha podido. -Favor de vuesa merced -dijo el fraile, y despidiéndose en latín-: Pacen relinquo vobis -desapareció por esos claustros. Había fallecido el día anterior uno de esos que se llaman padres graves, fraile octogenario, la historia viva y el respeto del convento. Los dobles eran continuos por el mismo caso, y ese triste campaneo en el silencio del campo y la obscura soledad del anchuroso edificio hubieran infundido melancolía en el corazón más ajeno al afecto de la muerte. Don Quijote sintió una como tristeza funeraria; y no pudiendo ocuparse en obras más ruidosas, le pasó por la cabeza hacer su testamento y tenerlo prevenido para el trance inevitable. Este buen hidalgo experimentaba a menudo grandes conmociones interiores de piedad; aun cuando hubiese muerto loco, no habría olvidado las prácticas de los católicos, siendo, como era, muy adicto a la religión de sus mayores. -¿Qué te parece, Sancho -dijo- si ahora que todo nos está hablando de la tumba, hiciese yo mi testamento, para asegurar este negocio? En tanto que tú duermes, podré fijar por escrito mis disposiciones; y a efecto de imitar al Cid Rui Díaz, explayaré mi voluntad en verso, según te lo insinué mucho antes de ahora. -¿Qué muerte dice vuesa merced, señor don Quijote -respondió Sancho-, cuando hay todavía en vuesa merced vida para un emperador? Pero es también cierto que del pie a la mano la lía el más sano; y así no me parece diligencia excusada ese buen testamento, como se me deje dormir y no se olvide al escudero en la obrita. -Es cosa mía -repuso don Quijote-; figurarás en tu lugar según tus merecimientos. Acostándose Sancho Panza, entró de lleno en materia, porque sin preámbulos ni pórlogos le cogió por la mitad al sueño, con tal gana, que si don Quijote le hubiera dado de patadas en ese instante, él no se hubiera despertado. Sudó poco el hidalgo en su piadosa tarea, como quien tenía buena disposición intelectual y un cierto despejo en sus locuras; de donde resultaba que sus obras eran fáciles y pergeñadas. Cuando tocaban a maitines, y los frailes, calada la capilla, iban saliendo con lento paso de sus celdas, se llegó don Quijote a su escudero, y le hizo sentarse, quiera o no quiera, para que le oyese. Perezoso y desmelenado cedió el buen hombre a las impertinencias de su amo, por no encenderle de ira y hacerse apalear en la cama. Entre dormido y despierto fue el oyente del testador, bostezando de modo que dejaba ver la campanilla. -Tú sabes -dijo don Quijote- que el Cid Rui Díaz... ¡Deja de bostezar, camueso! A nadie le comunico mis ideas para hacerle dormir. -Barba pone mesa, que no pierna tiesa -respondió Sancho, despertándose del todo, como uno que sabía que de la cólera al palo no había mucha distancia en don Quijote-. Prosiga vuesa merced, ya tengo media vara de oreja tendida. -Tú sabes que el Cid Rui Díaz puso esta cláusula en su testamento: ::«Ítem: mando que no alquilen ::Plañideras que me lloren: ::Bastan las de mi Jimena, ::Sin que otras lágrimas compre». Pues por aquí yo digo: ::Ítem: mando no dispongan ::Que me lloren plañideras: ::Al llanto ajeno renuncio, ::Si me llora Dulcinea. Y para mayor abundamiento añado: <div class="verse"> <pre> Rocío serán sus lágrimas Que mis lauros humedezcan: Las compradas poco valen, Yo ambiciono las sinceras. Del amor el pecho es nido, El dolor en él se sienta: La que ama, la que padece, Desde el corazón las echa. Y las que surgen a impulsos Desa celestial dolencia, Alivian a quien las vierte, A quien las causa consuelan. Para un amante es muy grato Que su adorada padezca, Si su amable pesadumbre Esperanza, dicha encierran. Esas lágrimas que inundan A la que en mí se desvela, Para mí son un trofeo, Me subyugan y me alegran. Las hay empero que nunca Las congojas aligeran: El amor llorando crece, Llorando el amor se aumenta. Llorar a tanto por lágrima, Eso es vender la conciencia: Ni se compran ni se venden Nuestras afecciones tiernas. ¿Para las cosas del alma Precio alguno hay en la tierra? Llorar de amor es muy dulce: Llore, llore Dulcinea. Ítem: mando que mis armas En mi tumba se suspendan; Ni ella tenga otros adornos Que mi coraza y mis grebas, Coronas para la virgen, La lira para el poeta, Para los sabios el libro, Cada cual tiene su emblema. En vida y en muerte al héroe Su espada le representa: La mía cuélguese al árbol Que mi sepulcro sombrea. En las edades venturas Dirán con respeto al verla: Esta fue una muy gloriosa; Nadie a tocarla se atreva. La mano que la empuñaba La meneó con destreza: Al oprimido, al inerme Socorrer era su tema. ¡Qué invencible caballero El señor que la maneja! Pura bondad con el bueno, Con el malo cosa horrenda. Al postrado le levanta, Allí su tuerto endereza. Si un soberbio da en sus manos, Le castiga la soberbia. A su sombra puesta en salvo La viüda se contempla: Huerfanillo, ése es tu padre; Ése es tu hermano, doncella. Mi capacete, mi yelmo, Mis brazales, mi babera, Mis manoplas, mi loriga Pónganse dentro la reja. Y si la gloria me prende Una lámpara perpetua, Arderá junto a la llama Que de mis armas se eleva. Ítem: mando que construyan Una pirámide egregia Do repose mi caballo Para su memoria eterna. Esto es si no se le erige Una ciudad estupenda, Como ya hizo para el suyo El gran capitán de Grecia. Legado honroso y amable Que obliga a los que me heredan: Si mucho pedir es esto, Hágase lo que se pueda. Pero en menos no consiento Que en oro su imagen bella Se labre, y en un museo Con grande honor se le tenga. Si se llamó Bucefalia La ciudad de aquella pieza, La ciudad de Rocinante Se llamará Rocinecia. Y como van peregrinos Los turcos hacia la Meca, Seguirán los caballeros De Rocinante la estrella. Mi caballo, ¡mi caballo!, Mucho el dejarte me pesa; Pero no puedo llevarte Do la eternidad me lleva. Siempre con bien me has sacado De la batalla sangrienta: Sobre ti nunca he temido Tomar sobre mi una empresa. Humilde para tu dueño, Alto y soberbio en la guerra, En el andar ¡qué constancia!, En el comer ¡qué modestia! La triste menuda grama Te bastaba en la floresta, Y aun menos si sucedía Que durmiéramos en venta. Como animal, todo esfuerzo; Como amigo, a toda prueba: Lealtad y simpatía, Gratitud y consecuencia. Tomad, hombres, el ejemplo Desta incomparable bestia: Grandes sed, pero sufridos; Sacad fuerzas de flaqueza. Ítem: mando que los quintos El completo de mi hacienda A Sancho Panza se entreguen Por premio de su asistencia. Los salarios son aparte, En los quintos eso no entra; El precio de su trabajo A nadie se le descuenta. Escudero decidido Como pocos en la tierra: Si yo con hambre, él con hambre; Si yo peleo, él pelea. En el vaivén de la noble Profesión caballeresca, Siempre a mi lado mostrando Virilidad y firmeza. Necesidades, fatigas, Manta, palos y refriegas, En la impavidez de su alma Cualquier trabajo se quiebra. Comer, si quiere la suerte; Dormir, si tiempo nos queda; En este sinfín de angustias Mi escudero ni una queja Escudero, ¡mi escudero!, Para ti no hay recompensa; Según lo que tú mereces No hay cosa que no merezcas. Hecho el desfalco del quinto, Esa manda satisfecha, A mi sobrina le toca Lo restante de mi hacienda». </pre> </div> Se le fueron las lágrimas a Sancho Panza a las últimas cláusulas, y no halló términos con qué manifestar su agradecimiento a su señor. Como hubiese aclarado del todo, caballero y escudero salieron a misa, ya de buenos cristianos, ya por no escandalizar con partirse sin oílla. En el ínterin se les metió en el cuarto un fraile husmeador, que así de vana y baja curiosidad, como de malicia, todo lo inquiría y requería por si algo sacaba en su provecho, siendo como era el más ruin y mal intencionado, no solamente de esa, sino de todas las comunidades. Era este fraile el hermano José Modesto. Embaidor y socarrón, cuando no tenía entre manos una picardía, no le faltaba una burla que hacer a sus hermanos y superiores. Con esconder el brazo desde luego, y con negar si era descubierto y jurar por Dios Nuestro Señor, todo estaba hecho para él. Arrugado, amarillo, sus ojos triangulares y vidriosos no miran jamás en línea recta. Malo como feo, este santo hombre no carece de ingenio, y se aprovecha de él cuanto puede en daño de sus semejantes. Entró, como queda dicho, el hermano José Modesto al cuarto de don Quijote, vio un papel sobre la mesa, lo leyó, y tras una sonrisa diaboluna por entre la cual comparecían las teclas de piano viejo que le sirven de dientes, después de un rato de meditación, agregó de muy buena letra al testamento de don Quijote la cláusula siguiente: <div class="verse"> <pre> Ítem más: si con el tiempo A ser andante viniera Alguno de mi prosapia Que de la nada aún no llega, Mando que para escudero A Sancho Panza se atenga, Porque a lo fiel, a lo honrado Añade éste la experiencia. Y en alcanzando el imperio Que al buen andante le espera, Hágale conde o gran maestre: Así don Quijote premia. </pre> </div> [[Imagen:fin04.jpg|center]] 5f6xttfbxhy9sz1c5rilaj1wkrids4x Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito - 1 0 21190 1665397 1631635 2026-06-20T23:39:06Z Ignacio Rodríguez 3603 1665397 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Primer Manuscrito: I. Salario |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Salario == (I) El ''salario'' está determinado por la lucha abierta entre capitalista y obrero. Necesariamente triunfa el capitalista. El capitalista puede vivir más tiempo sin el obrero que éste sin el capitalista. La unión entre los capitalistas es habitual y eficaz; la de los obreros está prohibida y tiene funestas consecuencias para ellos. Además el terrateniente y el capitalista pueden agregar a sus rentas beneficios industriales, el obrero no puede agregar a su ingreso industrial ni rentas de las tierras ni intereses del capital. Por eso es tan grande la competencia entre los obreros. Luego sólo para el obrero es la separación entre capital, tierra y trabajo una separación necesaria y nociva. El capital y la tierra no necesitan permanecer en esa abstracción, pero sí el trabajo del obrero. ''Para el obrero es, pues, mortal la separación de capital, renta de la tierra y trabajo.'' El nivel mínimo de salario, y el único necesario, es lo requerido para mantener al obrero durante el trabajo. y para que él pueda alimentar una familia y no se extinga la raza de los obreros. El salario habitual es, según Smith, el mínimo compatible con la ''simple humanité'', es decir, con una existencia animal. ''La demanda de hombres regula necesariamente la producción de hombres, como ocurre con cualquier otra mercancía''. Si la oferta es mucho mayor que la demanda, una parte de los obreros se hunde en la mendicidad o muere por inanición. La existencia del obrero está reducida, pues, a la condición de existencia de cualquier otra mercancía. El obrero se ha convertido en una mercancía y para él es una suerte poder llegar hasta el comprador. La demanda de la que depende la vida del obrero, depende a su vez del humor de los ricos y capitalistas. Si la oferta supera a la demanda entonces una de las partes constitutivas del precio, beneficio, renta de la tierra o salario, es pagada por debajo del ''precio''; una parte de estas prestaciones se sustrae, pues, a este empleo y el precio del mercado gravita hacia el precio natural como su centro. Pero, 1.) cuando existe una gran división del trabajo le es sumamente difícil al obrero dar al suyo otra dirección; 2) el perjuicio le afecta a él en primer lugar a causa de su relación de subordinación respecto del capitalista. ''Con la gravitación del precio de mercado hacia el precio natural es así el obrero el que más pierde y el que necesariamente pierde''. Y justamente la capacidad del capitalista para dar a su capital otra dilección es la que, o priva del pan al obrero, limitado a una rama determinada de trabajo, o le obliga a someterse a todas las exigencias de ese capitalista. (II) Las ocasionales y súbitas fluctuaciones del precio de mercado afectan menos a la renta de la tierra que a aquellas partes del precio que se resuelven en beneficios y salarios, pero afectan también memos al beneficio que al salario. Por cada salario que sube hay, por lo general, uno que se mantiene ''estacionario'' y uno que ''baja''. ''El obrero no tiene necesariamente que ganar con la ganancia del capitalista, pero necesariamente pierde con él''. Así el obrero no gana cuando el capitalista mantiene el precio del mercado por encima del natural por obra de secretos industriales o comerciales, del monopolio o del favorable emplazamiento de su terreno. Además: ''los precios del trabajo son mucho más constantes que los precios de los víveres''. Frecuentemente se encuentran en proporción inversa. En un año de carestía el salario disminuye a causa de la disminución de la demanda y se eleva a causa del alza de los víveres. Queda, pues, equilibrado. En todo caso, una parte de los obreros queda sin pan. En años de abundancia, el salario se eleva merced al aumento de la demanda, disminuye merced a los precios de los víveres. Queda, pues, equilibrado. Otra desventaja del obrero: ''Los precios del trabajo de los distintos tipos de obreros difieren mucho más que las ganancias en las distintas ramas en las que el capital se coloca''. En el trabajo toda la diversidad natural, espiritual y social de la actividad individual se manifiesta y es inversamente retribuida, en tanto que el capital muerto va siempre al mismo paso y es indiferente a la ''real'' actividad individual. En general hay que observar que allí en donde tanto el obrero como el capitalista sufren, el obrero sufren en su existencia y el capitalismo en la ganancia de su inerte Mammón. El obrero ha de luchar no sólo por su subsistencia física, sino también por lograr trabajo, es decir, por la posibilidad, por lo medios, de poder realizar su actividad. Tomemos las tres situaciones básicas en que puede encontrarse la sociedad y observemos la situación del obrero en ellas. l) Si la riqueza de la sociedad está en descenso, el obrero sufre más que nadie, pues aunque la clase obrera no puede ganar tanto como la de los propietarios en una situación social próspera, ''aucune ne souffre aussi cruellement de son déclin que la classe des ouvriers.'' (Ninguna sufre tanto con su decadencia como la clase obrera, Smith, II, 162). III), 2) Tomemos ahora una sociedad en la que la riqueza aumenta. Esta situación es la única propicia para el obrero. Aquí aparece la competencia entre capitalistas la demanda de obreros excede a la oferta, pero: ''En primer lugar'', el alza de los salarios conduce a un ''exceso de trabajo'' de los obreros. Cuanto más quieren ganar, tanto más de su tiempo deben sacrificar y, enajenándose de toda libertad, han de realizar, en aras de la codicia, un trabajo de esclavos. Con ello acortan su vida. Este acortamiento en la duración de su vida es una circunstancia favorable para la clase obrera en su conjunto, porque con él se hace necesaria una nueva oferta. Esta clase ha de sacrificar continuamente a una parte de si misma para no perecer por completo. Además, ¿cuándo se encuentra una sociedad en vías de enriquecimiento progresivo? Con el aumento de los capitales y las rentas de un país. Esto, sin embargo, sólo es posible: a) porque se ha acumulado mucho trabajo, pues el capital es trabajo acumulado; es decir, porque se ha ido arrebatando al obrero una cantidad creciente de su producto, porque su propio trabajo se le enfrenta en medida creciente como propiedad ajena, y los medios de su existencia y de su actividad se concentran cada vez más en mano del capitalista; b) la acumulación del capital aumenta la división del trabajo y la división del trabajo el número de obreros; y viceversa, el número de obreros aumenta la división del trabajo, así como la división del trabajo aumenta la acumulación de capitales. Con esta división del trabajo, de una parte, y con la acumulación de capitales, de la otra, el obrero se hace cada vez más dependiente exclusivamente del trabajo, y de un trabajo muy determinado, unilateral y maquinal. Y así, del mismo modo que se ve rebajado en lo espiritual y en lo corporal a la condición de máquina, y de hombre queda reducido a una actividad abstracta y un vientre. Se va haciendo cada vez más dependiente de todas las fluctuaciones del precio de mercado, del empleo de los capitales y del humor de los ricos. Igualmente, el crecimiento de la clase de hombres que no tienen (IV) más que su trabajo agudiza la competencia entre los obreros, por tanto, rebaja su precio. En el sistema fabril esta situación de los obreros alcanza su punto culminante. c) En una sociedad cuya prosperidad crece, sólo los más ricos pueden aún vivir del interés del dinero. Todos los demás están obligados, o bien a emprender un negocio con su capital, o bien a lanzarlo al comercio. Con esto se hace también mayor la competencia entre los capitales. La concentración de capitales se hace mayor, los capitalistas grandes arruinan a los pequeños y una fracción de los antiguos capitalistas se hunde en la clase de los obreros, que por obra de esta aportación padece de nuevo la depresión del salario y cae en una dependencia aún mayor de los pocos grandes capitalistas; al disminuir el número de capitalistas, desaparece casi su competencia respecto de los obreros, y como el número de éstos se ha multiplicado, la competencia entre ellos se hace tanto mayor, más antinatural y más violenta. Una parte de la clase obrera cae con ello en la mendicidad o la inanición tan necesariamente como una parte de los capitalistas medios cae en la clase obrera. Así, pues, incluso en la situación social más favorable para el obrero la consecuencia necesaria para éste es exceso de trabajo y muerte prematura, degradación a la condición de máquina, de esclavo del capital que se acumula peligrosamente frente a él, renovada competencia, muerte por inanición o mendicidad de una parte de los obreros. (V) El alza de salarios despierta en el obrero el ansia de enriquecimiento propia del capitalista que él, sin embargo, sólo mediante el sacrificio de su cuerpo y de su espíritu puede saciar. El alza de salarios presupone la acumulación de capital y la acarrea; enfrenta, pues, el producto del trabajo y el obrero, haciéndolos cada vez más extraños el uno al otro. Del mismo modo, la división del trabajo hace al obrero cada vez más unilateral y más dependiente, pues acarrea consigo la competencia no sólo de los hombres, sino también de las máquinas. Como el obrero ha sido degradado a la condición de máquina, la máquina puede oponérsele como competidor. Finalmente, como la acumulación de capitales aumenta la cantidad de industria, es decir, de obreros, mediante esta acumulación la misma cantidad de industria trae consigo una ''mayor cantidad de obra hecha'' que se convierte en superproducción y termina, o bien por dejar sin trabajo a una gran parte de los trabajadores, o bien por reducir su salario al más lamentable mínimo. Estas son las consecuencias de una situación social que es la más favorable para el obrero, la de la riqueza ''creciente'' y ''progresiva''. Por último, sin embargo, esta situación ascendente ha de alcanzar alguna vez su punto culminante. ¿Cuál es entonces la situación del obrero? 3) «Los salarios y los beneficios del capital serán probablemente muy bajos en un país que haya alcanzado el último grado posible de su riqueza. La competencia entre los obreros para conseguir ocupación seria tan grande que los salarios quedarían reducidos a lo necesario para el mantenimiento del mismo número de obreros y si el país estuviese ya suficientemente poblado este número no podrá aumentarse». El exceso debería morir. Luego, en una situación declinante de la sociedad, miseria progresiva; en una situación floreciente, miseria complicada, y en una situación en plenitud, miseria estacionaria. Y como quiera que, según Smith, no es feliz una sociedad en donde la mayoría sufre, que el más próspero estado de la sociedad conduce a este sufrimiento de la mayoría, y como la Economía Política (en general la Sociedad del interés privado) conduce a este estado de suma prosperidad, la finalidad de la Economía Política es, evidentemente, la ''infelicidad'' de la sociedad. En lo que respecta a la relación entre obreros y capitalistas, hay que observar todavía que el alza de salarios está más que compensada para el capitalista por la disminución en la cantidad del tiempo de trabajo, y que el alza de salarios y el alza en el interés del capital obran sobre el precio de la mercancía como el interés simple y el interés compuesto, respectivamente. Coloquémonos ahora totalmente en el punto de vista del, economista, y comparemos, de acuerdo con él, las pretensiones teóricas y prácticas de los obreros. Nos dice que, originariamente y de acuerdo con su concepto mismo todo el producto del trabajo pertenece al obrero. Pero al mismo tiempo nos dice que en realidad revierte al obrero la parte más pequeña e imprescindible del producto; sólo aquella que es necesaria para que él exista no como hombre, sino como obrero, para que perpetúe no la humanidad, sino la clase esclava de los obreros. El economista nos dice que todo se compra con trabajo y que el capital no es otra osa que trabajo acumulado, pero al mismo tiempo nos dice que el obrero, muy lejos de poder comprarlo todo, tiene que venderse a sí mismo y a su humanidad. En tanto que las rentas del perezoso terrateniente ascienden por lo general a la tercera parte del producto de la tierra, y el beneficio del atareado capitalista llega incluso al doble del interés del dinero, lo que el obrero gana es, en el mejor de los casos, lo necesario para que, de cuatro hijos, dos se le mueran de desnutrición (VII). En tanto que, según el economista, el trabajo es lo único con lo que el hombre aumenta el valor de los productos naturales, su propiedad activa, según la misma Economía Política, el terrateniente y el capitalista, que como terrateniente y capitalista son simplemente dioses privilegiados y ociosos, están en todas partes por encima del obrero y le dictan leyes. En tanto que, según el economista el trabajo es el único precio invariable de las cosas, no hay nada más azaroso que el precio del trabajo, nada está sometido a mayores fluctuaciones. En tanto que la división del trabajo eleva la fuerza productiva del trabajo, la riqueza y el refinamiento de la sociedad, empobrece al obrero hasta reducirlo a máquina. En tanto que el trabajo suscita la acumulación de capitales y con ello el creciente bienestar de la sociedad, hace al obrero cada vez más dependiente del capitalista, le lleva a una mayor competencia, lo empuja al ritmo desenfrenado de la superproducción, a la que sigue un marasmo igualmente profundo. En tanto que, según los economistas, el interés del obrero no se opone nunca al interés de la sociedad, el interés de la sociedad está siempre y necesariamente en oposición al interés del obrero. Según los economistas, el interés del obrero no está nunca en oposición al de la sociedad, 1) porque el alza del salario está más que compensada por la disminución en la cantidad del tiempo de trabajo, además de las restantes consecuencias antes desarrolladas, y 2) porque, en relación con la sociedad, el producto bruto total es producto neto y sólo en relación al particular tiene el neto significado Pero que el trabajo mismo no sólo en las condiciones actuales, sino en general, en cuanto su finalidad, es simplemente el incremento de la riqueza; que el trabajo mismo, digo, es nocivo y funesto, es cosa que se deduce, sin que el economista lo sepa, de sus propias exposiciones. De acuerdo con su concepto, la renta de la tierra y el beneficio del capital son ''deducciones'' que el salario padece. En realidad, sin embargo, el salario es una deducción que el capital y la tierra dejan llegar al obrero, una concesión del producto del trabajo de los trabajadores al trabajo. El obrero sufre más que nunca en su estado de declinación social. Tiene que agradecer la dureza específica de su opresión a su situación de obrero, pero la opresión en general a la situación de la sociedad. Pero en el estado ascendente de la sociedad, la decadencia y el empobrecimiento del obrero son producto de su trabajo y de la riqueza por él producida. La miseria brota, pues, de la ''esencia'' del trabajo actual. El estado de máxima prosperidad social, un ideal, pero que puede ser alcanzado aproximadamente y que, en todo caso, constituye la finalidad, tanto de la Economía Política como de la sociedad civil, es, para el obrero, ''miseria estacionaria''. Se comprende fácilmente que en la Economía Política el ''proletario'' es decir, aquel que, desprovisto de capital y de rentas de la tierra, vive sólo de su trabajo, de un trabajo unilateral y abstracto, es considerado únicamente como ''obrero''. Por esto puede la Economía asentar la tesis de que aquél, como un caballo cualquiera, debe ganar lo suficiente para poder trabajar. No lo considera en sus momentos de descanso como hombre, sino que deja este cuidado a la justicia, a los médicos, a la religión, a los cuadros estadísticos, a la policía y al alguacil de pobres. Elevémonos ahora sobre el nivel de la Economía Política y, a partir de la exposición hasta ahora hecha, casi con las mismas palabras de la Economía Política, tratemos de responder a dos cuestiones. 1) ¿Qué sentido tiene, en el desarrollo de la humanidad, esta reducción de la mayor parte de la humanidad al trabajo abstracto? 2) ¿Qué falta cometen los reformadores en ''détail'' que, o bien pretenden elevar los salarios y mejorar con ello la situación de la clase obrera, o bien (como Proudhon) consideran la igualdad de salarios como finalidad de la revolución social? El trabajo se presenta en la Economía Política únicamente bajo el aspecto de ''actividad lucrativa.'' (VIII) Puede afirmarse que aquellas ocupaciones que requieren dotes especificas o una mayor preparación se han hecho, en conjunto, más lucrativas; en tanto que el salario medio para la actividad mecánica uniforme, en la que cualquiera puede ser fácil y rápidamente instruido, a causa de la creciente competencia ha descendido y tenia que descender, y precisamente ''este'' tipo de trabajo es, en el actual estado de organización de éste, el más abundante con mucha diferencia. Por tanto, si un obrero de primera categoría gana actualmente siete veces más que hace cincuenta años y otro de la segunda lo mismo, los dos ganan, ciertamente, por ''término medio'', cuatro veces más que antes. Sólo que si en un país la primera categoría de trabajo ocupa únicamente 1.000 hombres y la segunda a un millón, 999.000 no están mejor que hace cincuenta años y ''están'' peor si, al mismo tiempo, han subido los precios de los artículos de primera necesidad. Y con estos superficiales cálculos de ''término medio'' se pretende engañar sobre la clase más numerosa de la población. Además, la cuantía del salario es sólo un factor en la apreciación del ''ingreso del obrero'', pues para mesurar este último es también esencia tomar en consideración la ''duración'' asegurada del trabajo, de la que no puede hablarse en la anarquía de la llamada libre competencia, con sus siempre repetidas fluctuaciones e interrupciones. Por último, hay que tomar en cuenta la ''jornada'' de trabajo habitual antes y ahora. Esta ha sido elevada para los obreros ingleses en la manufactura algodonera, desde hace veinticinco años, esto es, exactamente desde el momento en que se introdujeron las máquinas para ahorrar trabajo, a doce o dieciséis horas diarias por obra de la codicia empresarial (IX), y la elevación en un país y en una rama de la industria tuvo que extenderse más o menos a otras partes, dado el derecho, aún generalmente reconocido, a una explotación incondicionada de los pobres por los ricos (Schulz, ''Bewegung'' ''del'' ''Produktion,'' pág.. 65). Pero incluso si fuera tan cierto, como realmente es falso, que se hubiese incrementado el ingreso medio de ''todas'' las clases de la sociedad, podrían haberse hecho mayores las diferencias y los intervalos ''relativos'' entre los ingresos, y aparecer así más agudamente los contrastes de riqueza y pobreza. Pues justamente ''porque'' la producción total crece, y en la misma medida en que esto sucede, se aumentan también las necesidades, deseos y pretensiones, y la pobreza ''relativa'' puede crecer en tanto que se aminora la ''absoluta''. El samoyedo, reducido a su aceite de pescado y a sus pescados rancios, no es pobre porque en su cerrada sociedad todos tienen las mismas necesidades. Pero en un estado ''que va hacia adelante'' que, por ejemplo en un decenio ha aumentado su producción total en relación a la sociedad en un tercio, el obrero que gana ahora lo mismo que hace diez años no esta ni siquiera tan acomodado como antes, sino que se ha empobrecido en una tercera parte ''(ibid.,'' págs. 65 66). Pero la Economía Política sólo conoce al obrero en cuanto animal de trabajo, como una bestia reducida a las más estrictas necesidades vitales. Para cultivarse espiritualmente con mayor libertad, un pueblo necesita estar exento de la esclavitud de sus propias necesidades corporales, no ser ya siervo del cuerpo. Se necesita, pues, que ante todo le quede ''tiempo'' para ''poder'' crear y gozar espiritualmente. Los progresos en el organismo del trabajo ganan este tiempo. ¿No ejecuta frecuentemente, en la actualidad, un solo obrero en las fábricas algodoneras, gracias a nuevas fuerzas motrices y a máquinas perfeccionadas, el trabajo de 250 a 350 de los antiguos obreros? Consecuencias semejantes en todas las ramas de la producción, pues energías naturales exteriores son obligadas, cada vez en mayor medida, a participar (X) en el trabajo humano. Si antes para cubrir una determinada cantidad de necesidades materiales se requería gasto de tiempo y energía humana que más tarde se ha reducido a la mitad, se ha ampliado en esta misma medida el ámbito para la creación y el goce espiritual sin ningún atentado contra el bienestar material. Pero incluso sobre el reparto del botín que ganamos al viejo Cronos en su propio terreno decide aún el juego de dados del azar ciego e injusto. Se ha calculado en Francia que, dado el actual nivel de producción, una jornada media de trabajo de cinco horas para todos los capaces de trabajar bastaría a la satisfacción de todos los intereses materiales de la sociedad... Sin tomar en cuenta los ahorros gracias a la perfección de la maquinaria, la duración del trabajo esclavo en las fábricas no ha hecho sino aumentar para una numerosa población ''(ibid.,'' 67 68). El tránsito del trabajo manual complejo al sistema fabril presupone una descomposición del mismo en operaciones simples. Pero por ahora sólo ''una parte'' de las operaciones uniformemente repetidas le corresponde de momento a las máquinas, otra parte le corresponde a los hombres. De acuerdo con la naturaleza de las cosas, y de acuerdo con experiencias concordantes, una tal actividad continuamente uniforme es tan perjudicial para el espíritu como pata el cuerpo; y así, pues, en esta unión del maquinismo con la simple división del trabajo entre más numerosas manos humanas tenían también que hacerse patentes todos los inconvenientes de esta última. Estos inconvenientes se muestran, entre otras cosas, en la mayor mortalidad de los obreros (XI) fabriles... Esta gran diferencia de que los hombres trabajen ''mediante'' máquinas o ''como'' máquinas no ha sido... observada ''(ibid''., Pág. 69). Para el futuro de la vida de los pueblos, las fuerzas naturales brutas que obran en las máquinas serán, sin embargo, nuestros siervos y esclavos ''(ibid.,'' pág.. 74). En las hilaturas inglesas están actualmente ocupados sólo 158.818 hombres y 196.818 mujeres. Por cada 100 obreros hay 103 obreras en las fábricas de algodón del condado de Lancaster y hasta 209 en Escocia. En las fábricas inglesas de lino, en Leeds, se contaban 147 obreras por cada 100 obreros; en Druden y en la costa oriental de Escocia, hasta 280. En las fábricas inglesas de seda... muchas obreras; en las fábricas de lana, que exigen mayor fuerza de trabajo más hombres... También las fábricas de algodón norteamericanas ocupaban, en 1833, junto a 18.593 hombres, no menos de 38.927 mujeres. Mediante las transformaciones en el organismo del trabajo le ha correspondido, pues, al sexo femenino, un círculo más amplio de actividad lucrativa..., las mujeres una posición económica más independiente.,,, los dos sexos más aproximados en sus relaciones sociales ''(ibid''., págs. 71 72). «En las hilaturas inglesas movidas por vapor y agua trabajaban en el año 1835 20.558 niños entre ocho y doce años, 35.867 entre doce y trece años y, por último, 108.208 entre trece y dieciocho años... Ciertamente que los ulteriores progresos de la mecánica, al arrancar de manos de los hombres, cada vez en mayor medida, todas las ocupaciones uniformes, actúan en el sentido de una paulatina eliminación (XII) de la anomalía. Sólo que en el camino de este mismo rápido progreso está precisamente el detalle de que los capitalistas pueden apropiarse, del modo más simple y barato, de las fuerzas de las clases inferiores, hasta en la infancia, para usar y abusar de ellas en ''lugar'' los medios auxiliares de la mecánica» (Schulz: ''Bew''. ''d. Podukt.'', págs. 70 71). «Llamamiento de lord Broughan a los obreros: ¡Haceos capitalistas! ...esto... lo malo es que millones sólo logran ganar su modesto vivir gracias a un fatigoso trabajo que los arruina corporalmente y los deforma mental y moralmente; que incluso tienen que considerar como una suerte la desgracia de haber encontrado tal trabajo» ''(ibid''., pág.. 60). ''«Pour vivre donc, les non propiétaires sont obligés de se mettre, directement ou indirectement, au service des propiétaires, c'est à dire sous leur dépendance''.» Pecqueur: ''Théorie nouvelle d'économie sociale'', etc. (página 409). ''Domestiques gages, ouvviers salaires; employés traitéments ou émoluments (ibid''., págs.. 409 410). ''«Louer son travail», «prêter son travail à l'intérêt», «travailler à la place d'autrui».'' ''«Louer la matière du travail», «prêter la matière du travail à l'intéret», «faire travailler autrui à sa place»'' ''(ibid.,'' págs. 411 12). (XIII) ''«Cette constitution économique condamne les hommes à des metiers tellement abjects, à une dégradation tellement désolante el amère, que la sauvagerie apparaît, en comparaison, comme une royale condition» (l. c.,'' pág.., 417 18). ''«La prostitution de la classe non propriétaire sous toutes les formes»'' (págs. 421 Y sig). Traperos. Ch. Loudon, en su trabajo ''Solution du problème de la population'', etc., París 1842, dice que en Inglaterra existen entre 60.000 y 70.000 prostitutas. El número de ''femmes d'une vertu douteuse'' es del mismo (Página 228). ''«La moyenne vie de ces infortunées créatures sur le pavé, après qu'elles sont entrées dans la carrière du vice, est d'environ ,six ou sept ans. De manière ,que pour mantenir le nombre de 60 a 70.000 prostituées,il doit y avoir, dalns les 3 royaumes, au moins 8 à 9.000 femmes qui se vouent à cet infame métier chaque anné, ou environ vingt quatre nouvelles victimes par jour, ce qui est la moyenne d'une par heure; et conséquemment, si la même proportion a lieu sur toute la surface du globe, il doit y avoir constament un million et demi de ces malheureuses»'' (ibid., pág.. 229). ''La population des misérables croît avec leur misère, el c'est à la limite extrême du déneument que les êtres humains se pressent en plus grand nombre pour se disputer le droit de souffrir... En 1821, la population de l'Irlande était de 6.801.827. En 1831, elle s'était élevée à 7.764.010; c'est 14% d'augmentation en dix ans. Dans le Leinster, province où il y a le plus d'aisance, la population n'a augmenté que de 8%, tandis que, dans le Connaught, province la plus misérable, l'augmentation s'est élevée à 21%. (Extrait des Enquêtes publiées en Angleterre sur l'Irlande''. Vienne, 1840) Buret, ''De la misère'', etc., t. I, pág.. [36] 37. La Economía Política considera el trabajo abstractamente, como una cosa; ''le travail est une marchandise''; si el precio es alto, es que la mercancía es muy demanda; si es bajo, es que es muy ofrecida; ''comme marchandise, le travail doit de plus en plus baisser de prix''; en parte la competencia entre capitalista y obrero, en parte la competencia entre obreros, obligan a ello. ''«La popullation ouvrière, marchande de travail, est forcément réduite à la plus faible part du produit... la theorie du travail marchandise est elle aultre chose qu'une theorie de servitude déguisée?»'' (1. c., pág.. 43). ''«Pourquoi donc n'avoir vu dans le travail qu'une valeur d'échange?»'' (ibid., pág.. 44). Los grandes talleres compran :preferentemente ,el trabajo de mujeres y niños porque éste cuesta menos que el de los hombres (1. c.). ''«Le travailleur n'est point vis à vis de celui qui t'emploie dans la position d'un libre vendeur... le capitalisme est toujours libre d'employer le travail, el l'ouvrier est toujours forcé de le vendre. La vateur du travail est complétement détruite, s'il n'est pas vendu à chaque instant. Le travail n'est susceptibte, ni d'accumulation ni même d'épargne, à la différence des véritabtes [marchandises]. (XIV) Le travail c´est la vie, et si la vie ne s'échange pas chaque jour contre les aliments, elle souffre el périt bientôt. Pour que la vie de l'homme soit une marchandise, il faut donc admettre l'esclavage»'' (páginas 49, 50, 1. c.). Si el trabajo es, pues, una mercancía, es una mercancía con las más tristes propiedades. Pero no lo es, incluso de acuerdo a los fundamentos de la Economía Política, porque no (es) ''le libre resultat d'un libre marché''. El régimen económico actual baja, a la vez el precio y la remuneración del trabajo, ''il perfectionne I'ouvrier et dégrade l'homme'' (1. c., págs. 52 3). ''L'industrie est devenue une guerre et le commerce un jeu'' (1. c., pág.. 62). ''Les machines à travailler le coton'' (en Inglaterra) representan ellas solas 84.000.000 de artesanos. La industria se encontró hasta el presente en la situación de la guerra de conquista ''«elle a prodigé la vie des hommes qui composaient son armée avec autant d'indifference que les grands conquérants. Son but était la possesion de la richesse, el non le bonheur des hommes»'' (Buret, 1. c., pág.. 20). ''«Ces intérêts (sc. économiques), librement abandonés à eux memmes... doivent nécessairement entrer en conficte; ils n'ont d'autre arbitre que la guerre el les décisions de la guerre donnent aux una la défaite el la mort, pour donner aux autres la victoire... c´est dans le conflit des forces opposées que la science cherche l'ordre et l'équlibre: la guerre perpétuelle est selon elle le seule moyen d'obtenir la paix, cette guerre s'appelle la concurrence»'' (l. c., pág.. 23). "Para ser conducida con éxito, la guerra industrial exige a ejércitos numerosos que pueda acumular en un mismo punto y diezmar generosamente. Y ni por devoción ni por obligación soportan los soldados de este ejército las fatigas que se les impone; sólo por escapar a la dura necesidad del hambre. No tienen ni fidelidad ni gratitud para con sus jefes; éstos no están unidos con sus subordinados por ningún sentimiento de benevolencia; no los conocen como hombres, sino instrumentos de la producción que deben aportar lo más posible y costar lo menos posible. Estas masas de obreros, cada vez más apremiadas, ni siquiera tienen la tranquilidad de estar siempre empleadas; la industria que las ha convocado sólo las hace vivir cuando las necesita, y tan pronto como puede pasarse sin ellas las abandona sin el menor remordimiento; y los trabajadores... están obligados a ofrecer su persona y su fuerza por el precio que quiera concedérseles. Cuanto más largo, penoso y desagradable sea el trabajo que se les asigna tanto menos se les paga; se ven algunos que con un trabajo de dieciséis horas diarias de continua fatiga apenas pueden comprar el derecho de no morir." (l. c., págs. 66, 69). (XV) ''«Nous avons la conviction... partagée... par les commissaires chargés de l'enquête sur la condition des tisserands à la main, que les grandes villes industrielles perdraient, en peu de temps, leur population de travailleurs, si elles ne recevaient, à chaque instant, des campagnes voisine des recrues continuelles d'hommes sains, de sang nouveau»'' (l. c., pág.. 362). {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito}} 462zaupes3vwmlvdi42f8761f0x79im Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito - 2 0 21193 1665398 1631636 2026-06-20T23:39:24Z Ignacio Rodríguez 3603 1665398 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Primer Manuscrito: II. Beneficio del capital |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Beneficio del capital == ===El capital=== ||I, 2| ¿En qué se apoya el capital, es decir, la propiedad privada sobre los productos del trabajo ajeno? «Cuando el capital mismo no es simplemente robo o malversación, requiere aún el concurso de la legislación para santificar la herencia» (Say, t. I, pág.. 136). ¿Cómo se llega a ser propietario de fondos productivos? ¿Cómo se llega a ser propietario de los productos creados mediante esos fondos? Mediante el ''derecho positivo'' (Say, t. II, Pág. 4). ¿Qué se adquiere con el capital, con la herencia de un gran patrimonio, por ejemplo? Uno que, por ejemplo, hereda un gran patrimonio, no adquiere en verdad con ello inmediatamente poder político. La clase de poder que esta posesión le transfiere inmediata y directamente es el ''poder de comprar''; éste es un poder de mando sobre todo el trabajo de otros o sobre todo producto de este trabajo que se encuentre de momento en el mercado (Smith, t. I, pág.. 61). El Capital es, pues, el ''poder de Gobierno'' sobre el trabajo y sus productos. El capitalista posee este poder no merced a sus propiedades personales o humanas, sino en tanto en cuanto es ''propietario'' del capital. El poder ''adquisitivo'' de su capital, que nada puede contradecir, es su poder. Veremos más tarde, primero, cómo el capitalista por medio del capital ejerce su poder de gobierno sobre el trabajo, y después el poder de gobierno del capital sobre el capitalista mismo. ¿Qué es el capital? ''«Une certaine quantité de'' travail amassé ''et mis en réserve»'' (Smith, t. II, pág.. 312). El capital es ''trabajo acumulado''. 2) ''Fondo, stock'', es toda acumulación de productos de la tierra y de productos manufacturados. El ''stock'' sólo se llama capital cuando reporta a su propietario una renta o ganancia (Smith, t, II pág.. 191). ===Beneficio del capital=== El beneficio o ganancia del capital es totalmente distinto del salario. Esta diversidad se muestra de un doble modo: en primer lugar, las ganancias del capital se regulan totalmente de acuerdo con el valor del capital empleado, aunque, el trabajo de dirección e inspección puede ser mismo para diferentes capitales. A esto se añade que todo este trabajo está confiado a un empleado principal, el salario del cual no guarda ninguna relación con el capital (II) cuyo funcionamiento vigila. Aunque así el trabajo del propietario se reduce casi a nada, reclama, sin embargo, beneficios en relación a su capital (Smith,: t. I, 97 99). ¿Por qué reclama el capitalista esta proporción entre ganancia y capital? No tendría ningún ''interés'' en emplear a los obreros si no esperase de la venta de su obra más de lo necesario para reponer los fondos adelantados como salario, y no tendría ningún ''interés'' en emplear más bien una suma grande que una pequeña si su beneficio no estuviese en relación con la Cuantía del capital empleado (t. I, páginas 96 97). El capitalista extrae, pues, una ganancia, primero de los salarios y después de las materias primas adelantadas. ¿Qué relación tiene la ganancia con el capital? Si ya es difícil determinar la tasa media habitual de los salarios en un tiempo y lugar determinados, aún más difícil es determinar la ganancia de los capitales. Cambios en el precio de las mercancías con que el capital opera, buena o mala fortuna de sus rivales y clientes, traen un cambio de los beneficios de día en día y casi de hora en hora (Smith, t, I, págs. 179 80). Ahora bien, aunque sea imposible determinar con precisión las ganancias del capital, podemos representárnoslas de acuerdo con el ''interés del dinero.'' Si se pueden hacer muchas ganancias con el dinero, se da mucho por la posibilidad de servirse de él, si por medio de él se gana poco, se da poco (Smith, t. I, pág.. 181). La proporción que ha de guardar la tasa habitual de interés con la tasa de ganancia neta varía necesariamente con la elevación o descenso de la ganancia. En la Gran Bretaña se calcula como el doble del interés lo que los comerciantes llaman ''un profit honnête, modéré, raisonable'', expresiones que no quieren decir otra cosa que ''un beneficio habitual y acostumbrado'' (Smith, t. 4, pág.. 198). ¿Cuál es la tasa ''más baja'' de la ganancia? ¿Cuál la ''más alta''? La tasa más baja de la ganancia habitual del capital debe ser siempre ''algo más'' de lo que es necesario para compensar las eventuales perdidas a que está sujeto todo empleo del capital. Este exceso es propiamente la ganancia o ''le bénéfice net''. Lo mismo sucede con la tasa más baja del interés (Smith, t. I, pág.. 196). (III) La ''tasa más elevada'' a que pueden ascender las ganancias habituales es aquella que, en la mayor parte de las mercancías, ''absorbe la totalidad de las rentas de la tierra'' y reduce el salario de las mercancías suministradas al ''precio mínimo'', a la simple subsistencia del obrero mientras dura el trabajo. De una u otra forma, el obrero ha de ser siempre alimentado en tanto que es empleado en una tarea; las rentas de la tierra pueden ser totalmente suprimidas. Ejemplo, las gentes de la Compañía de las Indias de Bengala (Smith, t. I, pág..198). Aparte de todas las ventajas de una competencia reducida, que el capitalista puede ''explotar'' en este caso, le es posible también mantener, de modo honesto, el precio de mercado por encima del precio natural. En primer lugar, mediante el ''secreto comercial'', cuando el mercado está muy alejado de sus proveedores, es decir, manteniendo en secreto el cambio de precio, su alza por encima del nivel natural. Este secreto logra que otros capitalistas no arrojen igualmente su capital en esta rama. En ''segundo lugar'', mediante el ''secreto de'' ''fábrica'', cuando el capitalista con menores costos de producción suministra sus mercancías a un precio igual o incluso menor que el de sus competidores, pero con mayor beneficio. (¿No es inmoral el engaño mediante el secreto? Comercio bursátil.) Además, cuando la producción está ligada a una determinada localidad (por ej., vinos de calidad) y la ''demanda efectiva'' no puede ser nunca satisfecha. ''Finalmente'', mediante el ''monopolio'' de individuos y compañías. El precio de monopolio es tan alto como sea posible (Smith t. I, págs. 120 124). Otras causas ocasionales que pueden elevar la ganancia del capital la adquisición de nuevos territorios o de nuevas ramas comerciales multiplica frecuentemente, incluso en un país rico, las ganancias del capital, pues sustraen a las antiguas ramas comerciales una parte de los capitales, aminoran la competencia, abastecen el mercado con menos mercancías, cuyo precio entonces se eleva; los comerciantes de estos ramos pueden entonces pagar el dinero prestado con un interés mayor (Smith, t. I, página 190). Cuanto más elaborada, más manufacturada es una mercancía, tanto más elevada es la parte del precio que se resuelve en salario y beneficio en proporción a aquella otra parte que se resuelve en renta. En el progreso que el trabajo manual hace sobre esta otra mercancía, no sólo se multiplica el número de las ganancias, sino que cada ganancia es mayor que las precedentes porque el capital de que brota (IV) es necesariamente mayor. El capital que hace trabajar el tejedor es siempre y necesariamente mayor que el que utiliza el hilandero, porque no sólo repone este capital con sus beneficios, sino que además paga los salarios de los tejedores y es necesario que las ganancias se hallen siempre en una cierta proporción con el capital (t. I, págs. 102 3). El progreso que el trabajo humano hace sobre el producto natural, transformándolo en el producto natural elaborado, no multiplica por tanto el salario, sino, en parte, el número de capitales gananciosos, y en parte la proporción de cada capital nuevo sobre los precedentes. Sobre la ganancia que el capitalista extrae de la división del trabajo se hablará más tarde. El gana doblemente, primero con la división del trabajo, en segundo lugar, y en general, con la modificación que el trabajo humano hace del producto natural. Cuanto mayor es la participación humana en una mercancía, tanto mayor la ganancia del capital muerto. En una y la misma sociedad está la tasa media de los beneficios del capital mucho más cerca del mismo nivel y que el salario de los diferentes tipos de trabajo (t. I, pagina 228). En los diversos empleos del capital, la tasa de la ganancia varía de acuerdo con la mayor o menor certidumbre del reembolso del capital. «La tasa de la ganancia se eleva con el riesgo, aunque no en proporción exacta» (ibid., págs. 226 227), Se comprende fácilmente que las ganancias del capital se elevan también mediante la facilidad o el menor costo de los medios de circulación (por ejemplo, papel dinero). ===La dominación del capital sobre el trabajo=== El único motivo que determina al poseedor de un capital a utilizarlo, de preferencia en la agricultura, o en la manufactura o en un ramo específico del comercio al por mayor o por menor es la consideración de su propio beneficio. Jamás se le viene a las mientes calcular cuánto ''trabajo'' productivo pone en actividad cada uno de estos modos de empleo (V) qué valor añadirá al producto anual de las tierras y del trabajo de su país (Smith, t. II, páginas 400 401). Para el capitalista, el empleo más útil del capital es aquel que, con la misma seguridad, le rinde mayor ganancia. Este empleo no es siempre el más útil para la sociedad; el mas útil es aquel que se emplea para sacar provecho de las fuerzas productivas de la naturaleza (Say, t. II, pág.. 131). Las operaciones más importantes del trabajo están reguladas y dirigidas de acuerdo con los planes y las especulaciones de aquellos que emplean los capitales; y la finalidad que éstos se proponen en todos los planes y operaciones es el ''beneficio''. Así, pues, la tasa del beneficio no sube, como las rentas de la tierra y los salarios, con el bienestar de la sociedad, ni desciende como aquellos, con la baja de éste. Por el contrario, esta tasa es naturalmente, baja en los países ricos y alta en los países pobres; y nunca es tan alta como en aquellos países que con la mayor celeridad se precipitan a su ruina. El interés de esta clase no está pues ligado, como el de las otras dos, con el interés general de la sociedad... El interés especial de quienes ejercen un determinado ramo del comercio o de la industria es siempre, en cierto sentido, distinto del interés del público y con frecuencia abiertamente opuesto a él. El interés del comerciante es siempre agrandar el mercado y limitar la competencia de los vendedores... Es esta una clase de gente cuyos intereses nunca serán exactamente los mismos que los de la sociedad, que en general tiene interés en engañar y estafar al público (Smith, t. II, págs. 163 1615). ===La acumulación de capitales y la competencia entre capitalistas=== ''El aumento de capitales'', que eleva los salarios, tiende a disminuir la ganancia de los capitalistas en virtud de la competencia entre ellos (Smith, op. cit., t. I, pág. 78 [Garnier, t. I, p. 179].) Si, por ejemplo, el capital necesario al comercio de víveres de una ciudad se encuentra dividido entre dos tenderos distintos, la competencia hará que cada uno de ellos venda más barato que si el capital se encontrase en manos de uno solo; y si está dividido entre 20 (VI), la competencia será tanto mas activa y tanto menor será la posibilidad de que puedan entenderse entre sí para elevar el precio de sus mercancías (Smith, op. cit., t. I, pág. 322 [Garnier, t. II, páginas 372 3].) Como ya sabemos que los precios de monopolio son tan altos como sea posible y que el interés de los capitalistas, incluso desde el punto de vista de la Economía Política común, se opone abiertamente al de la sociedad, puesto que el alza en los beneficios del capital obra como el interés compuesto sobre el precio de las mercancías (Smith, t. I, págs. 199 201), la única protección frente a los capitalistas es la ''competencia'', la cual, según la Economía Política, obra tan benéficamente sobre la elevación del salario como sobre el abaratamiento de las mercancías en favor del público consumidor. La competencia, sin embargo, sólo es posible mediante la multiplicación de capitales, y esto en muchas manos. El surgimiento de muchos capitalistas sólo es posible mediante una acumulación multilateral, pues el capital, en general, sólo mediante la acumulación surge, y la acumulación multilateral se transforma necesariamente en acumulación unilateral. La acumulación, que bajo el dominio de la propiedad privada es ''concentración del capital'' en pocas manos, es una consecuencia necesaria cuando se deja a los capitales seguir su curso natural, y mediante la competencia no hace sino abrirse libre camino esta determinación natural del capital. Hemos oído que la ganancia del capital está en proporción a su magnitud. Por de pronto, prescindiendo de la competencia intencionada, un gran capital se acumula, pues; proporcionalmente a su magnitud, más rápidamente que uno pequeño. ||VIII, 2| Según esto, y prescindiendo totalmente de la competencia, la acumulación del gran capital es mucho mas rápida que la del pequeño;. Pero sigamos adelante este proceso. Con la multiplicación de los capitales disminuyen, por obra de la competencia, los beneficios del capital. Luego padece, en primer lugar, el pequeño capitalista. El aumento de los capitales y un gran número de capitales presuponen, además, una progresiva riqueza del país. «En un país que haya llegado a un alto grado de riqueza, la tasa habitual del beneficio es tan pequeña que el interés que este beneficio permite pagar es tan bajo que sólo los sumamente ricos pueden vivir de los réditos del dinero. Todas las personas de patrimonios medianos tienen, pues, que emplear su capital, emprender algún negocio o interesarse en algún ramo del comercio» (Smith, op. cit, t. I, pág. 86 [Garnier, tomo I, págs. 196 197].) Esta situación es la preferida de la Economía Política. «La relación existente entre la suma de capitales y las rentas determina por todas partes la proporción en que se encuentran la industria y la ociosidad; donde prevalecen los capitales, reina la industria; donde las rentas, la ociosidad» (Smith, op. cit, t. I, pág.301 [Garnier, tomo II, págs. 325].) ¿Qué hay del empleo de los capitales en esta incrementada competencia? «Con el aumento de los capitales debe hacerse cada vez mayor la cantidad de los ''fonds à prêter à interêt''; con el incremento de estos fondos se hace menor el interés, 1) porque baja el precio de mercado de todas las cosas cuanto más aumenta su cantidad, 2) ''porque con el aumento de capitales en un país se hace más difícil'' colocar un nuevo capital de manera ventajosa. Se suscita una competencia entre los distintos capitalistas, al hacer el poseedor de un capital todos los esfuerzos posibles para apoderarse del negocio que encuentra ocupado por otro capital. Pero la mayor parte de las veces no puede esperar arrojar de su puesto a este otro capital si no es mediante el ofrecimiento de mejores condiciones. No sólo ha de vender la cosa a mejor precio, sino que también con frecuencia ha de comprar más caro para tener ocasión de vender. Cuantos más fondos se destinan a mantenimiento del trabajo productivo, tanto mayor es la demanda de trabajo: los obreros encuentran fácilmente ocupación (IX), pero los capitalistas tienen dificultades para encontrar obreros. La competencia entre capitalistas hace subir los salarios y bajar los beneficios» (Smith, op. cit, t. I, pág. 316 [Garnier, tomo II, págs. 358-59].). El pequeño capitalista tiene, pues, la opción: 1) o de comerse su capital, puesto que él no puede vivir ya de réditos, y, por tanto, dejar de ser capitalista; o 2) emprender él mismo un negocio, vender sus mercancías más baratas y comprar más caro que los capitalistas más ricos, pagar salarios elevados y, por tanto, como quiera que el precio de mercado, por obra de la fuerte competencia que presuponemos, está ya muy bajo, arruinarse. Si, por el contrario, el gran capitalista quiere desplazar al pequeño, tiene frente a él todas las ventajas que el capitalista en cuanto capitalista tiene frente al obrero. La mayor cantidad de su capital le compensa de los menores beneficios e incluso puede soportar perdidas momentáneas hasta que el pequeño capitalista se arruina, y él se ve libre de esta competencia. Así acumula los beneficios del pequeño capitalista. Además, el gran capitalista compra siempre más barato que el pequeño porque compra en masa. Por tanto puede sin daño vender mas barato. Así, si bien la baja del interés transforma a los capitalistas medianos de rentistas en hombres de negocios, produce, por el contrario, el aumento de los capitales de negocio y el menor beneficio que es su consecuencia, la baja del interés. «Al disminuir el beneficio que puede extraerse del uso de un capital, disminuye necesariamente el precio que por su utilización puede pagarse» (Adam Smith, loc. cit, t. I, pág. 316 [Garnier, tomo II, pág. 359].) «Cuanto más se acrecienta la riqueza, la industria, la población, tanto más disminuye el interés del dinero, es decir, el beneficio de los capitalistas; pero los capitales mismos no dejan de aumentar y aún más rápidamente que antes, pese a la disminución de los beneficios... Un gran capital, aunque sea con pequeños beneficios, se acrecienta en general mucho más rápidamente que un capital pequeño con grandes beneficios. El dinero hace dinero, dice el refrán» (op. cit, t. I, pág. 83 [Garnier, tomo I, pág. 189].) Por tanto, si a este gran capital se enfrentan únicamente pequeños capitales con pequeños beneficios, como sucede en la situación, que presuponemos, de fuerte competencia, los aplasta por completo. La consecuencia necesaria de esta competencia es entonces el empeoramiento general de las mercancías, la falsificación, la adulteración, el envenenamiento general, tal como se muestra en las grandes ciudades. ||X, 2| Una circunstancia importante en la competencia entre capitales grandes y pequeños es, además, la relación entre ''capital fixe'' y ''capital circulant''. ''Capital circulant'' es un capital empleado en la producción de víveres, en la manufactura, o el comercio. El capital así empleado no rinde a su dueño beneficio ni ingreso mientras permanezca en su poder o se mantenga en la misma forma. Continuamente, sale de sus manos en una forma para retornar en otra, y sólo mediante esta transformación o circulación y cambio continuo rinde beneficios. ''Capital fixe'' es el capital empleado en la mejora de la tierra, en la adquisición de máquinas, instrumentos, útiles de trabajo y cosas semejantes (Adam Smith, op. cit, t. I, pág. 243-44 [Garnier, tomo II, pág. 197-98].). Todo ahorro en el mantenimiento del capital fijo es un incremento de la ganancia neta. El capital total de cualquier empresario de trabajo se divide necesariamente en ''capital fijo'' y ''capital circulante''. Dada la igualdad de la suma, será una parte tanto menor cuanto mayor sea la otra. El capital circulante le proporciona la materia y los salarios del trabajo y pone en movimiento la industria. Así, toda economía en el capital fijo que no disminuya la fuerza productiva del trabajo aumenta el fondo (Adam Smith, op. cit, t. I, pág. 257 [Garnier, tomo II, pág. 226].) Se ve, desde el comienzo, que la relación entre ''capital fijo'' y ''capital circulante'' es mucho más favorable para el gran capitalista que para el pequeño. Un banquero muy fuerte sólo necesita una insignificante cantidad de capital fijo más que uno muy pequeño. Su capital fijo se reduce a su oficina. Los instrumentos de un gran terrateniente no aumentan en proporción a la magnitud de su latifundio. Igualmente, el crédito que posee el gran capitalista y no el pequeño es un ahorro tanto mayor en el capital fijo, es decir, en el dinero que habrá de tener siempre dispuesto. Se comprende, por último, que allí en donde el trabajo industrial ha alcanzado un alto grado de desarrollo y casi todo el trabajo a mano se ha convertido en trabajo fabril, todo su capital no le alcanza al pequeño capitalista para poseer ni siquiera el capital fijo necesario. ''On sait que les travaux de la grande culture n'occupent habituellement qu'un petit nombre de bras''. En general, en la acumulación de grandes capitales se produce también una concentración y una simplificación relativas del capital fijo en relación a los capitalistas más pequeños. El gran capitalista introduce para sí una especie (XI) de organización de los instrumentos de trabajo. «Igualmente, en el terreno de la industria, es ya cada manufactura y cada fábrica una amplia unión de un gran patrimonio material con numerosas y diversas capacidades intelectuales y habilidades técnicas para un fin ''común'' de producción... Allí en donde la legislación mantiene la propiedad de la tierra en grandes masas, el exceso de una población creciente se precipita hacia las industrias y, como sucede en la Gran Bretaña, es así en el campo de la industria en donde se amontona principalmente la gran masa de proletarios. Allí, sin embargo, en donde la legislación permite la progresiva división del suelo, se acrecienta, como en Francia, el número de propietarios pequeños y endeudados que mediante el progresivo fraccionamiento de la tierra son arrojados a la clase de los menesterosos y descontentos. Si, por último, se lleva este fraccionamiento a un alto grado, la gran propiedad devora nuevamente a la pequeña, así como la gran industria aniquila a la pequeña; y como a partir de este momento se constituyen nuevamente grandes fincas, la masa de los trabajadores desposeídos, que ya no es necesaria para el cultivo del suelo, es de nuevo impulsada hacia la industria» (Schulz, ''Bewegung del Produktion'', páginas 58, 59). «La calidad de mercancías de un mismo tipo cambia mediante las transformaciones en el modo de producción y especialmente mediante el empleo de maquinaria. Sólo mediante la exclusión de la fuerza humana se ha hecho posible hilar, a partir de una libra de algodón, que vale 3 chelines y 8 peniques, 350 madejas con una longitud total de 167 millas inglesas (36 millas alemanas) y de un valor comercial de 25 guineas» (op cit., pág. 62). «Por término medio, los precios de los artículos de algodón han disminuido en Inglaterra desde hace 45 años en 11/12 y, según los cálculos de Marshall, la cantidad de producto fabricado por la que todavía en el año 1814 se pagaban 16 chelines es suministrada hoy por un chelín y 10 peniques. La mayor baratura de la producción industrial aumentó el consumo tanto en el interior como en el mercado exterior; ya esto está conectado el hecho de que, tras la introducción de las máquinas, el número de obreros en el algodón no sólo no ha disminuido en Gran Bretaña, sino que ha subido de 40.000 a 1'5 millones. ||XII, 2| Por lo que toca a la ganancia de los empresarios y obreros industriales, a causa de la creciente competencia entre los fabricantes sus ganancias han disminuido forzosamente en relación con la cantidad de mercancías suministradas. De los años 1820 a 1833, la ganancia bruta de los fabricantes de Manchester por una pieza de percal bajó de 4 chelines con 1 1/3 peniques a 1 chelín 9 peniques. Pero para compensar esta pérdida, el conjunto de la producción ha sido ampliado. La consecuencia de esto es que en algunas ramas de la industria aparece en parte una superproducción; que surgen frecuentes quiebras, con lo cual se produce dentro de la clase de los capitalistas y dueños de trabajo un inquietante bambolearse y agitarse de la propiedad, que arroja al proletariado a una parte de los económicamente arruinados; que con frecuencia y súbitamente se hacen necesarias una detención o una disminución del trabajo, cuyos inconvenientes siempre percibe amargamente la clase de los obreros asalariados» (ibid., pág.. 63). ''«Louer son travail, c'est commencer son esclavage; louer la matière du travail, c'est constituer sa liberté... Le travail c'est l'homme, la matière au contrare n'est rien de l'homme»'' (Pecqueur, ''Théorie sociale, etc.,'' páginas 411 412). ''«L'élément matière, qui ne peut rien pour la crêation de la richesse sans l'autre élément travail, reçoit la vertu magique d'etre fécond pour eux comme s'ils y avaient mis de leur propre fait, cet indispensable élément» (ibid., 1. c.). «En supposant que le travail quotidien d'un ouvrier lui apporte en moyenne 400 fr. par an, el que cette somme suffise à chaque adulte pour vivre d'une vie grossière, tout propriétaire de 2.000 fr. de rente, de fermage, de loyer, etc., force donc indirectement 5 hommes à travailler pour lui 100.000 fr. de rente représente le travail de 250 hommes, et 1.000.000 le travail de 2.500 individus»'' (luego, 300 millones [Louis Philippe] el trabajo de 750.000 obreros) (ibid., págs. 412 413). ''«Les propriétaires ont reçu de la loi des hommes le droit d'user et d'abuser, c'est à dire de faire ce qu'ils veulent de la matière de tout travail... ils sont nullement oblgés par la loi de fournir à propos et toujours du travail aux non proprietaires, ni de leur payer un salaire toujours suffisant, etc''. (pág. 413, 1. c.). ''Liberté entiètre quant à la nature, à la quantité, à la qualité, à l'opportunité de la production à l'usage, à la consommation des richesses, à la disposition de la matière de tout travail. Chacun est libre d'échanger sa chose comme il entend, sans autre considération que son propre intéret d'individu»'' (p. 413, 1. c.). ''«La concurrence n'exprime pas autre chose que l'échange facultatif, qui lui même est la conséquence prochaine et logique du droit individuel d'user el d'abuser des instruments de toute production, Ces trois moments économiques, lesquels n'en font qu'un: le droit d'user et d'abuser, la liberté d'échanges et la concurrence arbitraire, entraînent les conséquences suivantes: chacun produit ce qu'il veut, comme il veut, quand il veut, où il veut, produit bien ou produit mal, trop ou pas assez, trop tôt ou trop tard, trop cher ou à trop bas prix; chacun ignore s'il vendra, quand il vendra, comment il vendra, où il vendra, à qui il vendra: et il en est de même quant aux achats. (XIII, 2) Le producteur ignore les besoins et les ressources, les demandes et les offres. Il vend quand il veut, quand il peut, où il veut, à qui il veut, au prix qu'il veut. Et il achète de même. En tout cela, Il est toujour le jouet du hasard, l'esclave de la loi du plus fort, du moins pressé du pluls riche... Tandis que sur un point il y a disette d'une richesse, sur l'autre il y a trop plein et gaspillage. Tandis qu'un producteur vend beaucoup ou très cher, et bénéfice énorme, l'autre ne vend rien ou vend à perte... L'offre ignore la demande, et la demande ignore l'offre. Vous produisez sur la foi d'un goût d'une mode qui se manifeste dans te public des consommateurs; mais déjà, lorsque vous êtes prêts à livrer votre marchandise, la fantaisie a passé et s'est fixée sur un autre genre de produit... conséquences infaillibles, la permanence et l'universalisation des banqueroutes; les mécomptes, les ruines subites el les fortunes improvisées; les crises commerciales, les chômages, les encombrements ou les disettes périodiques; l'instabilité et I'avilissement des salaires et des profits; la déperdition ou le gaspillage énorme de richesses, de temps et d'efforts dans l'arène d'une concurrence acharnée»'' (páginas 414 416, 1. c.). ''Ricardo'' en su libro (renta de la tierra): Las naciones son sólo talleres de producción, el hombre es una máquina de consumir y producir la vida humana un capital; las leyes económicas rigen ciegamente al mundo. Para Ricardo los hombres no son nada, el producto todo. En el título 26 de la traducción francesa se dice (65): ''«Il serait tout à fait indifférent pour une persone qui sur un capital de 20.000£ ferait 2.900£ par an de profit, que son capital employât cent hommes ou mille... L'intéret reel d'une nation n'est il pas le même? Pourvu que son revenu net et réel, et que ser fermages et profits soient les mêmes, qu'importe qu'elle se compose de dix ou de douze millions d'individus?»'' (t. II, págs. 194 195). ''«En vérité, dit M. de Sismondi'' (t. II, pág.. 331), ''il ne reste plus qu'à désirer que le roi, demeuré tout seul dans l'île, en tournant constamment une manivelle, fasse accomplir, par des automates, tout l'ouvrage de l'Angleterre»'' ''«Le maître qui achète le travail de l'ouvrier, à un prix si bas qu'il suffit à peine aux besoins les plus pressants, n'est responsable ni de l'insuffisance des salaires, ni de la trop longue durée du travail: il subit lui même la loi qu'il impose... ce n'est pas tant des hommes que vient la misère, que de la puissance des choses»'' (Buret, 1. c., 82). «En Inglaterra hay muchos lugares cuyos habitantes carecen de capitales parca un cultivo completo de la tierra. La lana de las provincias orientales, de Escocia, en gran parte, ha de hacer un largo camino por tierra, por malos caminos, para ser elaborada en el condado de York, porque en el lugar de su producción faltan capitales para la manufactura. Hay en Inglaterra muchas ciudades industriales pequeñas, a cuyos habitantes les falta capital suficiente para el transporte de su producción industrial a mercados alejados en donde ésta encuentra consumidores y demanda. Los comerciantes allí son (XIV) sólo agentes de otros comerciantes más ricos que viven el algunas ciudades comerciales» (Adam Smith,''La riqueza de las naciones'', t. I, pág.326-27 [Garnier, tomo II, pág. 382].) ''«Pour augmenter la valeur du produit annuel de la terre et du travail, il n'y a pas d'autres moyens que d'augmenter, quant au'' nombre, les ouvriers productifs, ''ou d'augmenter, quant à la puirsance, la faculté productive des ouvriers précédemment employés. Dans l'un et dans l'autre cas il faut presque toujours un surcroît de capital»'' (Adam Smith, op. cit., t. I, pág.306-07 [Garnier, tomo II, pág. 338].) Así como la ''acumulación'' del capital, según el orden natural de las cosas, debe preceder a la división del trabajo, de la misma manera la subdivisión de éste sólo puede progresar en la medida en que el capital baya ido acumulándose previamente. La cantidad de materiales que el mismo número de personas se encuentra en condiciones de manufacturar aumenta en la misma medida en que el trabajo se subdivide cada vez más, y como la tarea de cada tejedor va haciéndose gradualmente más sencilla, se inventa un conjunto de nuevas máquinas para facilitar y abreviar aquellas operaciones. Así, cuanto más adelanta la división del trabajo, para proporcionar un empleo constante al mismo número de operarios ha de acumularse previamente igual provisión de víveres y una cantidad de materiales, instrumentos y herramientas mucho mayor del que era menester en una situación memos avanzada. El número de obreros en cada una de las ramas del trabajo aumenta generalmente con la división del trabajo en ese sector, o más bien, es ese aumento de número el que la pone en situación de clasificar a los obreros de esta forma (Adam Smith, op. cit, t. I, pág. 241-42 [Garnier, tomo II, pág. 193-94].) «Así como el trabajo no puede alcanzar esta gran extensión de las fuerzas productivas sin una previa acumulación de capitales, de igual suerte dicha acumulación trae consigo tales adelantos. El capitalista desea naturalmente colocarlo de tal modo que éste produzca la mayor cantidad de obra posible. Procura, por tanto, que la distribución de operaciones entre sus obreros sea la mas conveniente, y les provee, al mismo tiempo, de las mejores máquinas que pueda inventar o le sea posible adquirir. Sus medios para triunfar en ambos campos (XV) guardan proporción con la magnitud de su capital o con el número de personas a quienes pueden dar trabajo. Por consiguiente, no sólo aumenta el volumen de actividad en los países con el crecimiento ''del capital'' que en ella se emplea, sino que, como consecuencia de este aumento, un mismo volumen industrial produce mucha mayor cantidad de obra» (Adam Smith, op. cit, t. I, pág. 242 [Garnier, tomo II, pág. 194-95].) Así, la ''sobre-producción.'' «Combinaciones más amplias de las fuerzas productivas... en la industria y el comercio mediante la unificación de fuerzas humanas y naturales más abundantes y diversas para empresas en mayor escala. También aquí y allá unión más estrecha de las principales ramas de la producción entre sí. Así, grandes fabricantes tratarán de conseguir grandes fincas para no tener que adquirir de terceras manos al menos una parte de las materias primas necesarias a su industria; o unirán con sus empresas industriales un comercio no sólo para ocuparse de sus propias manufacturas sino también para la compra de productos de otro tipo y para su venta a sus obreros. En Inglaterra, en donde dueños individuales de fábricas están a veces a la cabeza de 10 6 12.000 obreros... no son ya raras tales uniones de distintas ramas de la producción bajo ''una'' inteligencia directora, de tales pequeños Estados o provincias en un Estado. Así, en época reciente; los propietarios de minas de ''Birmingham'' asumen todo el proceso de fabricación del hierro que antes estaba dividido entre diferentes empresarios y propietarios. Véase El distrito minero de Birmingham' (''DeutscheViertejahrsschift'', 3, 1838). Por último, vemos en las grandes empresas por acciones, que tan abundantes se han hecho amplias combinaciones del poder monetario de ''muchos'' participantes con los conocimientos y habilidades científicas y técnicas de otros, a los que está confiaba la ejecución del trabajo. De esta forma les es posible a los capitalistas emplear sus ahorros de forma más diversificada e incluso emplearlos simultáneamente en la producción agrícola, industrial y comercial, con lo cual su interés se hace al mismo tiempo más variado (XVI, 2 ), se suavizan y se amalgaman las oposiciones entre los intereses de la agricultura, la industria y el comercio. Pero incluso, esta más fácil posibilidad de hacer provechosos el capital de las más diversas formas ha de aumentar la oposición entre las clases pudientes y no pudientes» (Schulz, 1 cl. págs. 40 41). Increíble beneficio que obtienen los arrendadores de viviendas de la miseria. El alquiler está en proporción inversa de la miseria industrial. Igualmente, ganancias extraídas de los vicios de los proletarios arruinados (prostitución, embriaguez, ''prêteur sur gages)''. La acumulación de capitales crece y la competencia entre ellos disminuye al reunirse en una sola mano el capital y la propiedad de la tierra, igualmente al hacerse el capital, por su magnitud, capaz de combinar distintas ramas de la producción. La diferencia frente a los hombres. Los 20 billetes de Lotería de Smith. ''Revenu net et brut de Say. |XVI||'' {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito}} dinp0ipi2mkre6z2oewufnv8vzr3zn9 Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito - 3 0 21195 1665395 1631637 2026-06-20T23:38:36Z Ignacio Rodríguez 3603 1665395 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Primer Manuscrito: III. Renta de la tierra |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Renta de la tierra == (I) ''El derecho de los terratenientes'' tiene su origen en el robo (Say t. I, pág.. 136, nota). Los terratenientes, como todos los hombres, gustan de cosechar donde no han sembrado y piden una renta incluso por el producto natural de la tierra (Smith, t. I, pág.. 99). «Podría imaginarse que la renta de la tierra no es otra cosa sino el beneficio del capital que el propietario empleó en mejorar el suelo. Hay casos en que la renta de la tierra puede, en parte, ser esto... pero el propietario exige 1) una renta aun por la tierra que no ha experimentado mejoras, lo que puede considerarse como interés o beneficio de los costos de mejora es, por lo general, sólo una adición a esta renta originaria. 2) Por otra parte esas mejoras no siempre se hacen con el capital del dueño, sino que, en ocasiones, proceden del capital de colono, pese a lo cual, cuando se trata de renovar el arrendamiento, el propietario pide ordinariamente un aumento de la renta, como si todas estas mejoras se hubieran hecho por su cuenta. 3) A veces también exige una renta por terrenos que no son susceptibles de mejorar por la mano del hombre» (Smith, t. I, págs. 300 301). Smith cita como ejemplo del último caso el salicor, un tipo de alga que, al quemarse, da una sal alcalina con la que puede hacerse jabón, cristal, etc. Crece en la Gran Bretaña, especialmente en Escocia, en distintos lugares, pero sólo en rocas que están situadas bajo la marea alta y son cubiertas dos veces al día por las olas, y cuyo producto, por tanto, no ha sido jamás aumentado por la industria humana. Sin embargo, el propietario de los terrenos en donde crece este tipo de plantas exige una renta igual que si fuesen tierras cultivables. En las proximidades de la isla de Shetland es el mar extraordinariamente rico. Una gran parte de sus habitantes vive (II) de la pesca. Pero para extraer un beneficio de los productos del mar hay que tener una vivienda en la tierra vecina. «La renta de la tierra está en proporción no de lo que el arrendatario puede hacer con la tierra, sino de lo que puede hacer juntamente con la tierra y el mar» (Smith, Lomo I, págs. 301 302). «La renta de la tierra puede considerarse como producto de la ''fuerza natural'' cuyo aprovechamiento arrienda el propietario al arrendatario. Este producto es mayor o menor según sea mayor o menor el volumen de esta fuerza, o en otros términos, según el volumen de la fertilidad natural o artificial de la tierra. Es la obra de la naturaleza la que resta después de haber deducido o compensado todo cuanto puede considerarse como obra del hombre» (Smith, t. II, págs. 377 378). «En consecuencia, la ''renta de la tierra'', considerada como un precio que se paga por su uso, es naturalmente un ''precio de monopolio''. No guarda proporción con las mejoras que el propietario pudiera haber hecho en ella o con aquello que ha de tomar para no perder, sino más bien con lo que el arrendatario puede, de alguna forma, dar sin perder» (Smith, t. I, pág.. 302). «De las tres clases productivas la de los terratenientes es la única a la que su renta no cuesta trabajo ni desvelos, sino que la percibe de una manera por así decir espontánea, independientemente de cualquier plan o proyecto al respecto» (Smith, t. II, pág.. 161). Se nos ha dicho ya que la cuantía de la renta de la tierra depende de la ''fertilidad'' proporcional del suelo. Otro factor de su determinación es la ''situación''. «La renta varía de acuerdo con la ''fertilidad'' de la tierra, cualquiera que sea su producto, y de acuerdo con la localización, sea cualquiera la fertilidad» (Smith, t, I, página 306). «Cuando las tierras, minas y pesquerías son de igual fertilidad, su producto será proporcional al montante de los capitales en ellas empleados y a la forma (III) más o menos habilidosa de este empleo. Cuando los capitales son iguales e igualmente bien aplicados, el producto es proporcionado a la fecundidad natural de las tierras y pesquerías» (t. II, pág.. 210). Estas frases de Smith son importantes porque, dados iguales costos de producción e igual volumen, reducen las rentas de la tierra a la mayor o menor fertilidad de la misma. Luego prueban claramente la equivocación de los conceptos en la Economía Política, que transforma la fertilidad de la tierra en una propiedad del terrateniente. Pero observemos ahora la renta de la tierra, tal como se configura en el tráfico real. La renta de la tierra es establecida mediante ''la lucha entre arrendatario y terrateniente''. En la Economía Política constantemente nos encontramos como fundamento de la organización social la hostil oposición de intereses; la lucha, la guerra. Veamos ahora como se sitúan, el uno respecto al otro, terrateniente y arrendatario. «Al estipularse las cláusulas del arrendamiento, el propietario trata de no dejar al colono sino aquello que es necesario para mantener el capital que proporciona la simiente, paga el trabajo, compra y mantiene el ganado, conjuntamente con los otros instrumentos de labor, y además, los beneficios ordinarios del capital destinado a la labranza en la región. Manifiestamente esto es lo menos con lo que puede contentarse un colono para no perder; el propietario, por su parte, raras veces piensa en entregarle algo más. Todo lo que resta del producto o de su precio, por encima de esa porción, cualquiera que sea su naturaleza, procura reservárselo el propietario como renta de su tierra, y es evidentemente la renta más elevada que el colono se halla en condiciones de pagar, habida cuenta de las condiciones de la tierra (IV). Ese remanente es lo que se puede considerar siempre como renta natural de la tierra, o la renta a que naturalmente se suelen arrendar la mayor parte de las tierras» (Smith, tomo I, págs. 299 300). «Los terratenientes dice Say ejercen una especie de monopolio frente a los colonos. La demanda de su mercancía, la tierra y el Suelo, puede extenderse incesantemente; pero la cantidad de su mercancía sólo se extiende hasta un cierto punto... El trato que se concluye entre terratenientes y colonos es siempre lo más ventajoso posible para los primeros... además de la ventaja que saca de la naturaleza de las cosas, consigue otra de su posición, su mayor patrimonio, crédito, consideración; ya sólo el primero lo capacita para ser el único en beneficiarse de las circunstancias de la tierra y el suelo. La apertura de un canal, de un camino, el progreso de la población y del bienestar de un distrito, elevan siempre el precio de los arrendamientos. Es cierto que el colono mismo puede mejorar el terreno a sus expensas, pero él sólo se aprovecha de este capital durante la duración de su arrendamiento, a cuya conclusión pasa al propietario; a partir de ese momento es éste quien obtiene los intereses, sin haber hecho los adelantos, pues la renta se eleva entonces proporcionalmente» (Say, t. II, páginas 142 143). «La renta, considerada como el precio que se paga por el uso de la tierra, es, naturalmente, el precio más elevado que el colono se halla en condiciones de pagar en las circunstancias en que la tierra se encuentra» (Smith, t. I, pág.. 299). «La renta de un predio situado en la superficie monta generalmente a un tercio del producto total, y es, por lo común, una renta fija e independiente de las variaciones (V) accidentales de la cosecha» (Smith, t. 1, pág. 351). «Rara vez es menor esta renta a la cuarta parte del producto total» ''(ibid''., t. II, pág. 378). No por todas las mercancías puede pagarse venta. Por ejemplo, en ciertas regiones no se paga por las piedras renta alguna. «En términos generales, únicamente se pueden llevar al mercado aquellas partes del producto de la tierra cuyo precio corriente alcanza para reponer el capital necesario para el transporte de los bienes, juntamente con sus beneficios ordinarios. Si el precio corriente sobrepasa ese nivel, el excedente irá a parar naturalmente a la tierra. Si no ocurre así, aun cuando el produce pueda ser llevado al mercado, no rendirá una renta al propietario. Depende de la demanda que el precio alcance o no» (Smith, t. I, págs. 302 303). «La renta entra, pues, en la composición ''del precio de las mercancías'' de una ''manera totalmente diferente'' a la de los salarios o los beneficios. ''Los salarios o beneficios altos o bajos'' son la causa de los precios elevados o módicos; la renta alta o baja es la ''consecuencia'' del precio» (Smith, t. I, pág.. 303). Entre los ''productos'' que siempre proporcionan una ''renta'' están los ''alimentos''. «Como el hombre, a semejanza de todas las demás especies animales, se multiplica en proporción a los medios de subsistencia, siempre existe demanda, mayor o menor, de productos alimenticios. En toda circunstancia los alimentos pueden comprar o disponer de una cantidad mayor o menor de trabajo (VI) y nunca faltarán personas dispuestas a hacer lo necesario para conseguirlos. La cantidad de trabajo que se puede comprar con los alimentos no es siempre ''igual'' a la cantidad de trabajadores que con ellos podrían subsistir si se distribuyesen de la manera más económica; esta desigualdad deriva de los salarios elevados que a veces es preciso pagar a los trabajadores. En todo caso, pueden siempre comprar tanta cantidad de trabajo como puedan sostener, según la tasa que comúnmente perciba esta especie de trabajo en la comarca. La tierra, en casi todas las circunstancias, produce la mayor cantidad de alimentos de la necesaria para mantener el trabajo que se requiere para poner dichos alimentos en el mercado. El sobrante es siempre más de lo que sería necesario para reponer el capital que emplea este trabajo, además de sus beneficios. De tal suerte, queda siempre algo en concepto de renta para el propietario» (Smith, t. I, págs. 305 306). «No solamente es el alimento el origen primero de la renta, sino que si otra porción del producto de la tierra viniera, en lo sucesivo a producir una renta, este incremento de valor de la renta derivaría del acrecentamiento de capacidad para producir alimentos que ha alcanzado el trabajo mediante el cultivo y las mejoras hechas en las tierras» (Smith, t. I, pág. 345). «El alimento de los hombres alcanza siempre para el pago de la renta» (t. I, pág. 337). «Los países se pueblan no de una manera proporcional al número de habitantes que pueden vestir y alojar con sus producciones, sino en proporción al número de los que puedan alimentar» (Smith, t, I, pág.. 342). «Después del alimento, las dos ''(sic)'' mayores necesidades del hombre son el vestido, la vivienda y la calefacción. Producen casi siempre una renta, pero no necesariamente» (ibid., t. I, pág.. 338). (VIII) Veamos ahora cómo explota el terrateniente todas las ventajas de la sociedad. 1) La renta se incrementa con la población (Smith, tomo I, 335). 2) Hemos escuchado ya de Say cómo se eleva la renta con los ferrocarriles, etc., con la mejora, seguridad y multiplicación de las comunicaciones. 3) Toda mejoría en el estado de la sociedad tiende, de una manera ''directa e indirecta'', a elevar la renta de la tierra, a incrementar la riqueza real del propietario o, lo que es lo mismo, su capacidad para comprar el trabajo de otra persona o el producto de su esfuerzo... La extensión del cultivo y las mejoras ejecutadas contribuyen a ese aumento de una manera directa, puesto que la participación del terrateniente en el producto aumenta necesariamente cuando éste crece... El alza en el precio real de aquellas especies de productos primarios, por ejemplo el alza en el precio del ganado, tiende también directamente a aumentar la renta de la tierra y en una proporción todavía más alta. Con el valor real del producto no sólo aumenta innecesariamente el valor real de la parte correspondiente al propietario, es decir, el poder real que esta parte le confiere sobre el trabajo ajeno, sino que con dicho valor aumenta también la proporción de esta parte en relación al producto total. Este producto, después de haber aumentado al precio real, no requiere para su obtención mayor trabajo que antes. Y tampoco será necesario un mayor trabajo para reponer el capital empleado en ese trabajo conjuntamente con los beneficios ordinarios del mismo. Por consiguiente, en relación al producto total ha de ser ahora mucho mayor que antes la proporción que le corresponderá al dueño de la tierra (Smith, tomo II, págs. 157 159). (IX) La mayor demanda de materias primas y, con ella, el alza del valor, puede proceder parcialmente del incremento de la población y del incremento de sus necesidades. Pero cada nuevo incremento, cada nueva aplicación que la manufactura hace de la materia prima hasta entonces poco o nada utilizada, aumenta la renta. Así, por ejemplo, la renta de las mines de carbón se ha elevado enormemente con los ferrocarriles, buques de vapor, etcétera. Además de esta ventaja que el terrateniente extrae de la manufactura, de los descubrimientos, del trabajo, vamos ha ver en seguida otra. 4) «Todos cuantos adelantos se registran en la fuerza productiva del trabajo, que tienden directamente a reducir el precio real de la manufactura, tienden a elevar de modo indirecto la renta real de la tierra. El propietario cambia la parte del producto primario que sobrepasa su propio consumo o, lo que es lo mismo, el precio correspondiente a esa parte por el producto ya manufacturado pero todo lo que reduzca el precio real de éste eleva el de aquél. Una cantidad igual del primero llegará a convertirse en una mayor proporción del último, y el señor de la tierra se encontrará en condiciones de comprar una mayor cantidad de las cosas que desea y que contribuyen a su mayor comodidad, ornato o lujo» (Smith, t. II, pág.. 159). En este momento, a partir del hecho de que el terrateniente explota todas las ventajas de la sociedad (X), Smith concluye (t. II, pág.. 151) que el interés del terrateniente es siempre idéntico al interés de la sociedad, lo cual es una estupidez. En la Economía Política, bajo el dominio de la propiedad privada, el interés que cada uno tiene en la sociedad está justamente en proporción inversa del interés que la sociedad tiene en el, del mismo modo que el interés del usurero en el derrochador no es, en modo alguno, idéntico al interés del derrochador. Citemos sólo de pasada la codicia monopolista del terrateniente frente a la tierra de países extranjeros, de donde proceden, por ejemplo, las Leyes sobre el trigo. Pasamos por alto aquí, igualmente, la servidumbre medieval, la esclavitud en las colonias, la miseria de campesinos y jornaleros en la Gran Bretaña. Atengámonos a los pronunciamientos de la Economía Política misma. 1) Que el terrateniente esté interesado en el bien de la sociedad quiere decir, según los fundamentos de la Economía Política, que esta interesado en su creciente población y producción artificial, en el aumento de sus necesidades en una palabra, en el crecimiento de la riqueza; y según las consideraciones que hasta ahora hemos hecho, este crecimiento es idéntico con el crecimiento de la miseria y de la esclavitud. La relación creciente de los alquileres con la miseria es un ejemplo del interés del terrateniente en la sociedad, pues con el alquiler aumenta la renta de la tierra, el interés del suelo sobre el que la casa se levanta. 2) Según los economistas mismos, el interés del terrateniente es el término opuesto hostil al del arrendatario, es decir, al de una parte importante de la sociedad. (XI), 3) Puesto que el terrateniente puede exigir del arrendatario una renta tanto mayor cuanto menos salarios éste pague, y como el colono rebaja tanto más el salario cuanto más renta exige el propietario, el interés del terrateniente es tan hostil al de los mozos de labranza como el del patrono manufacturero al de sus obreros. Empuja el salario hacia un mínimo, en la misma forma que aquél. 4) Puesto que la baja real en el precio de los productos manufacturados eleva las rentas, el terrateniente tiene un interés directo en la reducción del salario de los obreros manufactureros, en la competencia entre los capitalistas, en la superproducción, en la miseria total de la manufactura. 5) Si por tanto, el interés del terrateniente, lejos de idéntico al interés de la sociedad, está en oposición hostil con el interés de los mozos de labranza, de los obreros manufactureros y de los capitalistas, ni siquiera el interés de un terrateniente en particular es idéntico al de otro a causa de la competencia, que consideraremos ahora. Ya, en general, la gran propiedad guarda con la pequeña la misma, relación que el gran capital con el pequeño. Se dan, sin embargo, circunstancias especiales que acarrean necesariamente la acumulación de la gran propiedad territorial y la absorción por ella de la pequeña. (XII) En ningún sitio disminuye tanto con la magnitud de los fondos el número relativa de obreros e instrumentos como en la propiedad territorial. Igualmente, en ningún sitio aumenta tanto como en la propiedad territorial, con la magnitud de los fondos, la posibilidad de explotación total, de ahorro en los costos de producción y de adecuada división del trabajo. Por pequeño que un campo de labranza sea, los aperos que hace necesarios, tales como arado, hoz, etc., alcanzan Un cierto límite más allá del cual no pueden aminorarse, en tanto que la pequeñez de la propiedad puede ir mucho más allá de estos límites. 2) El gran latifundio acumula a su favor los réditos que el capital del arrendatario ha empleado en la mejora del suelo. La pequeña propiedad territorial ha de emplear su propio capital. Se le escapa, pues, toda esta ganancia. 3) En tanto que toda mejora social aprovecha al gran latifundio, perjudica a la pequeña propiedad territorial, al hacer necesaria para ella cada vez mayor cantidad de dinero contante. 4) Hay que tener en cuenta todavía dos leyes importantes de esta competencia: a) la renta de las tierras cultivadas para la producción de alimentos humanos regula la renta de la mayor parte de las otras tierras dedicadas al cultivo (Smith, t. I, pág.. 331). Alimentos tales como el ganado, etc., sólo puede producirlos, en último termino, el gran latifundio. Este regula, pues, la renta de las demás tierras y puede reducirlas a un mínimo. El pequeño propietario territorial que trabaja por sí mismo se encuentra, respecto del gran terrateniente, en la misma relación que un artesano que posee un instrumento propio respecto del fabricante. La pequeña propiedad territorial se ha convertido en simple instrumento de trabajo (XVI). La renta de la tierra desaparece para el pequeño terrateniente; sólo le queda, a lo sumo, el interés de su capital y su salario, pues la renta de la tierra puede ser llevada por la competencia hasta no ser más que el interés del capital no invertido por el propietario mismo. 6) Sabemos ya, por lo demás, que a igual fertilidad y a explotación igualmente adecuada de los campos, minas y pesquerías, el producto está en proporción de la magnitud de los capitales. Por consiguiente, triunfo del gran latifundista. Del mismo modo, a igualdad de capitales, en proporción a la fertilidad. Por consiguiente, a capitales iguales, triunfo del propietario del terreno más fértil. b) «Puede decirse que una mina de cualquier especie es estéril o rica según la cantidad de mineral que se pueda extraer de ella con una cierta cantidad de trabajo sea mayor o menor que la que se podría extraer, con la misma cantidad de trabajo, de la mayor parte de las otras minas de igual clase» (Smith, t. I, págs.. 345 346). El precio de la mina más rica regula el precio del carbón de todas las otras de los alrededores. Tanto el propietario como el empresario consideran, el uno, que puede obtener una renta mayor, y el otro, un beneficio más alto, vendiendo a un precio un poco inferior al que veden sus vecinos. Estos se ven muy pronto obligados a vender al mismo precio, aunque pocos estén en condiciones de hacerlo, y aun cuando el continuar bajando el precio les prive de toda su renta y de todos sus beneficios. Algunas minas se abandonan por completo, y otras, al no suministrar renta, únicamente pueden ser explotadas por el propietario (Smith, t. I, pág.. 350). «Las minas de plata de Europa se abandonaron en su mayor parte después que fueron descubiertas las del Perú. ...Esto mismo sucedió a las minas de Cuba y Santo Domingo, y aun a las más antiguas del Perú, desde el descubrimiento de las del Potosí» (t. I, pág.. 353j. Exactamente lo mismo que Smith dice aquí es válido, en mayor o menor medida, de la propiedad territorial en general. 5) «Hay que notar que el precio ordinario de la tierra depende siempre de la tasa corriente de interés... Si la renta de la tierra descendiera muy por debajo del interés del dinero nadie compraría más fincas rústicas y éstas registrarían muy pronto un descenso en su precio corriente. Por el contrario, si la renta de la tierra excediese con mucho de la tasa del interés, todo el mundo compraría fincas y esto restauraría igualmente con rapidez su precio corriente» (t. II, págs. 367 368). De esta relación de la renta de la tierra con el interés del dinero se desprende que las rentas han de descender cada vez más, de forma que, por último, sólo los más ricos puedan vivir de ellas. Por consiguiente, competencia cada vez mayor entre los terratenientes que no arrienden sus tierras. Ruina de una parte de ellos, reiterada acumulación del gran latifundio. (XVII) Esta competencia tiene, además, como consecuencia que una gran parte de la propiedad territorial cae en manos de los capitalistas y éstos se convierten así, al mismo tiempo, en terratenientes del mismo modo que los pequeños terratenientes no son ya más que capitalistas. Igualmente una parte del gran latifundio se convierte en propiedad industrial. La consecuencia última es, pues, la disolución de la diferencia entre capitalista y terrateniente, de manera tal que, en conjunto, no hay en lo sucesivo más que dos clases de población, la clase obrera y la clase capitalista. Esta comercialización de la propiedad territorial, la transformación de la propiedad de la tierra en una mercancía, es el derrocamiento definitivo de la vieja aristocracia y la definitiva instauración de la aristocracia del dinero. 1) No compartimos las sentimentales lágrimas que los románticos vierten por esto. Estos confunden siempre la abominación que la ''comercialización de la tierra'' implica, con la consecuencia, totalmente racional, necesaria dentro del sistema de la propiedad privada y deseable, que va contenida en la ''comercialización de la propiedad privada de la tierra''. En primer lugar, la propiedad de la tierra de tipo feudal es ya, esencialmente, la tierra comercializada, la tierra extrañada para el hombre y que por eso se le enfrenta bajo la figura de unos pocos grandes señores. Ya en la propiedad territorial feudal está implícita la dominación de la tierra como un poder extraño sobre los hombres. El siervo de la gleba es un accidente de la tierra. Igualmente, a la tierra pertenece el mayorazgo, el hijo primogénito. La tierra lo hereda. En general, la dominación de la propiedad privada comienza con la propiedad territorial, esta es su base. Pero en la propiedad territorial del feudalismo el señor ''aparece'', al menos, como rey del dominio territorial. Igualmente existe aún la apariencia de una relación entre el poseedor y la tierra mas íntima que la de la pura riqueza ''material''. La finca se individualiza con su señor, tiene su rango, es, con él, baronía o condado, tiene sus privilegios, su jurisdicción, sus relaciones políticas, etc. Aparece como cuerpo inorgánico de su señor. De aquí el aforismo: ''Nulle terre sans maître'' en el que se expresa la conexión del señorío y la propiedad territorial. Del mismo modo, la dominación de la propiedad territorial no aparece inmediatamente como dominación del capital puro. La relación en que sus súbditos están con ella es más la relación con la propia patria. Es un estrecho modo de nacionalidad. (XVIII) Así también, la propiedad territorial feudal da nombre a su señor como un reino a su rey. Su historia familiar, la historia de su casa, etc., todo esto individualiza para él la propiedad territorial y la convierte formalmente en su casa, en una persona. De igual modo los cultivadores de la propiedad territorial no están con ella en relación de ''jornaleros'', sino que, o bien son ellos mismos su propiedad, como los siervos de la gleba, o bien están con ella en una relación de respeto, sometimiento y deber. La posición del señor para con ellos es inmediatamente política y tiene igualmente una faceta afectiva. Costumbres, carácter, etc., varían de una finca a otra y parecen identificarse con la parcela, en tanto que más tarde es sólo la bolsa del hombre y no su carácter, su individualidad, lo que lo relaciona con la finca. Por último, el señor no busca extraer de su propiedad el mayor beneficio posible. Por el contrario consume lo que allí hay y abandona tranquilamente el cuidado de la producción a los siervos y colonos. Esta es la condición ''aristocrática'' de la propiedad territorial que arroja sobre su Señor una romántica gloria. Es necesario que sea superada esta apariencia, que la territorial, raíz de la propiedad privada, sea arrebatada al movimiento de ésta y convertida en mercancía, que la dominación del propietario, desprovista de todo matiz político, aparezca como dominación pura de la propiedad privada, del capital, desprovista de todo tinte político; que la relación entre propietario y obrero sea reducida a la relación económica de explotador y explotado, que cese toda relación personal del propietario en su propiedad y la misma se reduzca a la riqueza simplemente material, ''de cosas''; que en lugar del matrimonio de honor con la tierra se celebre con ella el matrimonio de conveniencia, y que la tierra, como el hombre, descienda a valor de tráfico. Es necesario que aquello que es la raíz de la propiedad territorial, el sucio egoísmo, aparezca también en su cínica figura. Es necesario que el monopolio reposado se cambie en el monopolio movido e intranquilo, en competencia; que se cambie el inactivo disfrute del sudor y de la sangre ajenos en el ajetreado comercio de ellos. Es necesario, por último, que en esta competencia la propiedad de la tierra, bajo la figura del capital, muestre su dominación tanto sobre la clase obrera como sobre los propietarios mismos, en cuanto que las leyes del movimiento del capital los arruinan o los elevan. Con esto, en lugar del aforismo medieval ''nulle terre sans seigneur'' aparece otro refrán: ''l'argent n'a pas de Maître'', en el que se expresa la dominación total de la materia muerta sobre los hombres. La ''división de la propiedad territorial'' niega el ''gran monopolio'' de la propiedad territorial, supera, pero sólo por cuanto ''generaliza'' este monopolio. No supera el fundamento del monopolio, la propiedad privada. Ataca la existencia del monopolio, pero no su esencia. La consecuencia de ello es que cae víctima de las leyes de la propiedad privada. La división de la propiedad territorial corresponde, en efecto, al movimiento de la competencia en el dominio industrial. Aparte de las desventajas, económicas de esta división de aperos y de este aislamiento del trabajo de unos y otros (que hay que distinguir evidentemente de la división del trabajo: el trabajo no está dividido entre muchos, sino que cada uno lleva a cabo para sí el mismo trabajo; es una multiplicación del mismo trabajo), esta división, como aquella competencia, se cambia necesariamente de nuevo en acumulación. Allí, pues, en donde tiene lugar la división de la propiedad territorial, no queda otra salida sino retornar al monopolio de forma aún más odiosa, o negar, superar, la división de la misma propiedad territorial. Pero esto no es el retorno a la propiedad feudal, sino la superación de la propiedad privada de la tierra y el suelo en general. La primera superación del monopolio es siempre su generalización, la ampliación de su existencia. La superación del monopolio que ha alcanzado su existencia más amplia y comprensiva posible es su aniquilación plena. La asociación aplicada a la tierra y el suelo participa de las ventajas del latifundio desde el punto de vista económico y realiza, por primera vez, la tendencia originaria de la división, es decir, la igualdad, al tiempo que establece la relación afectiva del hombre con la tierra de una manera racional y no mediada por la servidumbre de la gleba, la dominación y una estúpida mística de la propiedad, al dejar de ser la tierra un objeto de tráfico y convertirse de nuevo, mediante el trabajo libre y el libre goce, en una verdadera y personal propiedad del hombre. Una gran ventaja de la división es que su masa, que no puede ya resolverse a caer en la servidumbre, perece ante la propiedad de manera distinta que la de la industria. Por lo que toca al gran latifundio, sus defensores han identificado de manera sofística las ventajas económicas que la agricultura en gran escala ofrece con el gran latifundio, como sino fuese sólo mediante la superación de la propiedad como estas ventajas alcanzan justamente (XX) su mayor extensión posible, de una parte, y su utilidad social, de la otra. Han atacado, igualmente, el espíritu mercantil de la pequeña propiedad territorial, como si el gran latifundio en su forma feudal no contuviese ya el tráfico de modo latente. Por no decir nada de la forma inglesa moderna, en la que van ligados el feudalismo del propietario de la tierra y el tráfico y la industria del arrendatario. Así como el gran latifundio puede devolver el reproche de monopolio que la división de la propiedad territorial le hace, pues también la división se basa en el monopolio de la propiedad privada, así también puede la división de la propiedad territorial devolver al latifundio el reproche de la división pues también en el latifundio reina la división, sólo que en forma rígida y anquilosada. En general, la propiedad privada se apoya siempre sobre la división. Por lo demás, así como la división de la propiedad territorial reconduce al latifundio como riqueza capital, así también la propiedad territorial feudal tiene que marchar necesariamente hacia la división, o al menos caer en manos de los capitalistas, haga lo que haga. Pues el latifundio, como sucede en Inglaterra, echa a la inmensa mayoría de la población en brazos de la industria y reduce a sus propios obreros a una miseria total. Engendra y aumenta, pues, el poder de su enemigo, del capital, de la industria, al arrojar al otro lado brazos y toda una actividad del país. Hace a la mayoría del país industrial, esto es, adversaria del latifundio. Así que la industria ha alcanzado un gran poder, como ahora en Inglaterra, arranca poco a poco al latifundio su monopolio frente al extranjero y lo arroja a la competencia con la propiedad territorial extranjera. Bajo el dominio de la industria, el latifundio sólo podría asegurar su magnitud feudal mediante el monopolio frente al extranjero, para protegerse de las leyes generales del comercio, que contradicen su esencia feudal. Una vez arrojado a la competencia, sigue sus leyes como cualquier otra mercancía a ella arrojada. Va fluctuando, creciendo y disminuyendo, volando de unas manos a otras y ninguna ley puede mantenerlo ya en unas pocas manos predestinadas. (XXI) La consecuencia inmediata es el fraccionamiento en muchas manos, en todo caso caída en el poder de los capitalistas industriales. Finalmente, el latifundio que de esta forma ha sido mantenido por la fuerza y ha engendrado junto a sí una temible industria, conduce a la crisis aún más rápidamente que la división de la propiedad territorial, junto a la cual el poder de la industria está siempre en segundo rango. El latifundio, como vemos en Inglaterra, ha perdido ya su carácter feudal y tomado carácter industrial cuando quiere hacer tanto dinero como sea posible. Da al propietario la mayor renta posible, al arrendatario el beneficio del capital más elevado que sea posible. Los trabajadores del campo están así ya reducidos al mínimo y la clase de los arrendatarios representa ya dentro de la propiedad territorial el poder de la industria y del capital. Mediante la competencia con el extranjero, la mayor parte de la renta de la tierra deja de poder constituir un ingreso independiente. Una gran parte de los propietarios debe ocupar el puesto de los arrendatarios, que de este modo se hunden parcialmente en el proletariado. Por otra parte, muchos arrendatarios se apoderan de la propiedad territorial, pues los grandes propietarios, merced a sus cómodos ingresos, se han dedicado en su mayoría a la disipación y son, en la mayor parte de los casos, también incapaces para dirigir la agricultura en gran escala; no poseen ni capital ni capacidad para explotar la tierra y el suelo. Así, pues, una parte de éstos se arruina completamente. Finalmente, el salario reducido al mínimo debe ser aún más reducido para resistir la nueva competencia. Esto conduce entonces necesariamente a la revolución. La propiedad territorial tenia que desarrollarse en cada una de estas dos formas para vivir en una y otra su necesaria decadencia, del mismo modo que la industria tenía que arruinarse en la forma del monopolio y en la forma de la competencia para aprender a creer en el hombre. {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito}} 6yqat5o1k41tfuh82z1hugr6ojl1m55 Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito - 4 0 21196 1665396 1631638 2026-06-20T23:38:58Z Ignacio Rodríguez 3603 1665396 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Primer Manuscrito: IV. El trabajo enajenado |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == El trabajo enajenado == (XXII) Hemos partido de los presupuestos de la Economía Política. Hemos aceptado su terminología y sus leyes. Damos por supuestas la propiedad privada, la separación del trabajo, capital y tierra, y la de salario, beneficio del capital y renta de la tierra; admitamos la división del trabajo, la competencia, el concepto de valor de cambio, etc. Con la misma Economía Política, con sus mismas palabras, hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías; que la miseria del obrero está en razón inversa de la potencia y magnitud de su producción; que el resultado necesario de la competencia es la acumulación del capital en pocas manos, es decir, la más terrible reconstitución de los monopolios; que, por último; desaparece la diferencia entre capitalistas y terratenientes, entre campesino y obrero fabril, y la sociedad toda ha de quedar dividida en las dos clases de ''propietarios'' y ''obreros'' desposeídos. La Economía Política parte del hecho de la propiedad privada, pero no lo explica. Capta el proceso material de la propiedad privada, que esta recorre en la realidad, con fórmulas abstractas y generales a las que luego presta valor de ''ley''. No ''comprende'' estas leyes, es decir, no prueba cómo proceden de la esencia de la propiedad privada. La Economía Política no nos proporciona ninguna explicación sobre el fundamento de la división de trabajo y capital, de capital y tierra. Cuando determina, por ejemplo, la relación entre beneficio del capital y salario, acepta como fundamento último el interés del capitalista, en otras palabras, parte de aquello que debería explicar. Otro tanto ocurre con la competencia, explicada siempre por circunstancias externas. En qué medida estas circunstancias externas y aparentemente casuales son sólo expresión de un desarrollo necesario, es algo sobre lo que la Economía Política nada nos dice. Hemos visto cómo para ella hasta el intercambio mismo aparece como un hecho ocasional. Las únicas ruedas que la Economía Política pone en movimiento son la codicia y la ''guerra entre los codiciosos'', la ''competencia''. Justamente porque la Economía Política no comprende la coherencia del movimiento pudo, por ejemplo, oponer la teoría de la competencia a la del monopolio, la de la libre empresa a la de la corporación, la de la división de la tierra a la del gran latifundio, pues competencia, libertad de empresa y división de la tierra fueron comprendidas y estudiadas sólo como consecuencias casuales, deliberadas e impuestas por la fuerza del monopolio, la corporación y la propiedad feudal, y no como sus resultados necesarios, inevitables y naturales. Nuestra tarea es ahora, por tanto, la de comprender la conexión esencial entre la propiedad privada, la codicia, la separación de trabajo, capital y tierra, la de intercambio y competencia, valor y desvalorización del hombre; monopolio y competencia; tenemos que comprender la conexión de toda esta enajenación con el sistema ''monetario''. No nos coloquemos, como el economista cuando quiere explicar algo, en una imaginaria situación primitiva. Tal situación primitiva no explica nada, simplemente traslada la cuestión a uña lejanía nebulosa y grisácea. Supone como hecho, como acontecimiento lo que debería deducir, esto es, la relación necesaria entre dos cosas, Por ejemplo, entre división del trabajo e intercambio. Así es también como la teología explica el origen del mal por el pecado original dando por supuesto como hecho, como historia, aquello que debe explicar. Nosotros partimos de un hecho económico, ''actual''. El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como ''mercancía'', y justamente en la proporción en que produce mercancías en general. Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ''ser extraño'', como un ''poder independiente'' del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa; el producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como ''desrealización'' del trabajador, la objetivación como ''pérdida'' del ''objeto'' y servidumbre a él, la apropiación como ''extrañamiento'', como enajenación. Hasta tal punto aparece la realización del trabajo como desrealización del trabajador, que éste es desrealizado hasta llegar a la muerte por inanición. La objetivación aparece hasta tal punto como perdida del objeto que el trabajador se ve privado de los objetos más necesarios no sólo para la vida, sino incluso para el trabajo. Es más, el trabajo mismo se convierte en un objeto del que el trabajador sólo puede apoderarse con el mayor esfuerzo y las más extraordinarias interrupciones. La apropiación del objeto aparece en tal medida como extrañamiento, que cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanza a poseer y tanto mas sujeto queda a la dominación de su producto, es decir, del capital. Todas estas consecuencias están determinadas por el hecho de que el trabajador se relaciona con el ''producto'' ''de su trabajo'' como un objeto ''extraño''. Partiendo de este supuesto, es evidente que cuánto mas se vuelca el trabajador en su trabajo, tanto más poderoso es el mundo extraño, objetivo que crea frente a sí y tanto mas pobres son él mismo y su mundo interior, tanto menos dueño de si mismo es. Lo mismo sucede en la religión. Cuanto más pone el hombre en Dios, tanto memos guarda en si mismo. El trabajador pone su vida en el objeto pero a partir de entonces ya no le pertenece a él, sino al objeto. Cuanto mayor es la actividad, tanto más carece de objetos el trabajador. Lo que es el producto de su trabajo, no lo es él. Cuanto mayor es, pues, este producto, tanto más insignificante es el trabajador. La ''enajenación'' del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia ''exterior'', sino que existe ''fuera de él'', independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a é; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil. (XXIII) Consideraremos ahora mas de cerca la ''objetivación'', la producción del trabajador, y en ella el ''extrañamiento'', la ''pérdida'' del objeto, de su producto. El trabajador no puede crear nada sin la ''naturaleza'', sin el ''mundo exterior sensible''. Esta es la materia en que su trabajo se realiza, en la que obra, en la que y con la que produce. Pero así como la naturaleza ofrece al trabajo ''medios de vida'', en el sentido de que el trabajo no puede vivir sin objetos sobre los que ejercerse, así, de otro lado, ofrece también ''víveres'' en sentido estricto, es decir, medios para la subsistencia del ''trabajador'' mismo. En consecuencia, cuanto más se ''apropia'' el trabajador el mundo exterior, la naturaleza sensible, por medio de su trabajo, tanto más se priva de víveres en este doble sentido; en primer lugar, porque el mundo exterior sensible cesa de ser, en creciente medida, un objeto perteneciente a su trabajo, un ''medio de vida'' de su trabajo; en segundo término, porque este mismo mundo deja de representar, cada vez más pronunciadamente, ''víveres'' en sentido inmediato, medios para la subsistencia física del trabajador. El trabajador se convierte en siervo de su objeto en un doble sentido: primeramente porque recibe un ''objeto'' ''de trabajo'', es decir, porque recibe ''trabajo''; en segundo lugar porque recibe ''medios de subsistencia''. Es decir, en primer termino porque puede existir como ''trabajador'', en segundo término porque puede existir como ''sujeto físico''. El colmo de esta servidumbre es que ya sólo en cuanto ''trabajador'' puede mantenerse como ''sujeto físico'' y que sólo como ''sujeto físico'' es ya trabajador. (La enajenación del trabajador en su objeto se expresa, según las leyes económicas, de la siguiente forma: cuanto más produce el trabajador, tanto menos ha de consumir; cuanto más valores crea, tanto más sin valor, tanto más indigno es él; cuanto más elaborado su producto, tanto más deforme el trabajador; cuanto más civilizado su objeto, tanto más bárbaro el trabajador; cuanto mis rico espiritualmente se hace el trabajo, tanto más desespiritualizado y ligado a la naturaleza queda el trabajador.) ''La Economía Política oculta la enajenación esencial del trabajo porque no considera la relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la producción''. Ciertamente el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones para el trabajador. Produce palacios, pero para el trabajador chozas. Produce belleza, pero deformidades para el trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas, pero arroja una parte de los trabajadores a un trabajo bárbaro, y convierte en máquinas a la otra parte. Produce espíritu, pero origina estupidez y cretinismo para el trabajador. ''La relación inmediata del trabajo y su producto es la relación del trabajador y el objeto de su producción''. La relación del acaudalado con el objeto de la producción y con la producción misma es sólo una ''consecuencia'' de esta primera relación y la confirma. Consideraremos más tarde este otro aspecto. Cuando preguntamos, por tanto, cuál es la relación esencial del trabajo, preguntamos por la relación entre el ''trabajador'' y la producción. Hasta ahora hemos considerado el extrañamiento, la enajenación del trabajador, sólo en un aspecto, concretamente ''en su relación con el producto de su trabajo''. Pero el extrañamiento no se muestra sólo en el resultado, sino en el ''acto de la producción'', dentro de la ''actividad productiva'' misma. ¿Cómo podría el trabajador enfrentarse con el producto de su actividad como con algo extraño si en el acto mismo de la producción no se hiciese ya ajeno a sí mismo? El producto no es más que el resumen de la actividad, de la producción. Por tanto, si el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma ha de ser la enajenación activa, la enajenación de la actividad; la actividad de la enajenación. En el extrañamiento del producto del trabajo no hace más que resumirse el extrañamiento, la enajenación en la actividad del trabajo mismo. ¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es ''externo'' al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, ''trabajo forzado''. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro. Así como en la religión la actividad propia de la fantasía humana, de la mente y del corazón humanos, actúa sobre el individuo independientemente de él, es decir, como una actividad extraña, divina o diabólica, así también la actividad del trabajador no es su propia actividad. Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo. De esto resulta que el hombre (el trabajador) sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y al atavío, y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo humano y lo humano en lo animal. Comer, beber y engendrar, etc., son realmente también auténticas funciones humanas. Pero en la abstracción que las separa del ámbito restante de la actividad humana y las convierte en un único y último son animales. Hemos considerado el acto de la enajenación de la actividad humana práctica, del trabajo, en dos aspectos: 1) la relación del trabajador con el ''producto del trabajo'' como con un objeto ajeno y que lo domina. Esta relación es, al mismo tiempo, la relación con el mundo exterior sensible, con los objetos naturales, como con un mundo extraño para él y que se le enfrenta con hostilidad; 2) la relación del trabajo con el ''acto de la producción'' dentro del ''trabajo''. Esta relación es la relación del trabajador con su propia actividad, como con una actividad extraña, que no le pertenece, la acción como pasión, la fuerza como impotencia, la generación como castración, la ''propia'' energía física y espiritual del trabajador, su vida personal (pues qué es la vida sino actividad) como una actividad que no le pertenece, independiente de él, dirigida contra él. La ''enajenación respecto de si mismo'' como, en el primer caso, la enajenación respecto de la cosa. (XXIV) Aún hemos de extraer de las dos anteriores una tercera determinación del ''trabajo enajenado''. El hombre es un ser genérico no sólo porque en la teoría y en la practica toma como objeto suyo el género, tanto el suyo propio como el de las demás cosas, sino también, y esto no es más que otra expresión para lo mismo, porque se relaciona consigo mismo como el género actual, viviente, porque se relaciona consigo mismo como un ser ''universal'' y por eso libre. La vida genérica, tanto en el hombre como en el animal, consiste físicamente, en primer lugar, en que el hombre (como el animal) vive de la naturaleza inorgánica, y cuanto más universal es el hombre que el animal, tanto más universal es el ámbito de la naturaleza inorgánica de la que vive. Así como las plantas, los animales, las piedras, el aire, la luz, etc., constituyen teóricamente una parte de la conciencia humana, en parte como objetos de la ciencia natural, en parte como objetos del arte (su naturaleza inorgánica espiritual, los medios de subsistencia espiritual que él ha de preparar para el goce y asimilación), así también constituyen prácticamente una parte de la vida y de la actividad humano. Físicamente el hombre vive sólo de estos productos naturales, aparezcan en forma de alimentación, calefacción, vestido, vivienda, etc. La universalidad del hombre aparece en la práctica justamente en la universalidad que hace de la naturaleza toda su cuerpo inorgánico, tanto por ser (l) un medio de subsistencia inmediato, como por ser (2) la materia, el objeto y el instrumento de su actividad vital. La naturaleza es el ''cuerpo inorgánico'' del hombre; la naturaleza, en cuanto ella misma, no es cuerpo humano. Que el hombre ''vive'' de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el cual ha de mantenerse en proceso continuo para no morir. Que la vida física y espiritual del hombre esta ligada con la naturaleza no tiene otro sentido que el de que la naturaleza está ligada consigo misma, pues el hombre es una parte de la naturaleza. Como quiera que el trabajo enajenado (1) convierte a la naturaleza en algo ajeno al hombre, (2) lo hace ajeno de sí mismo, de su propia función activa, de su actividad vital, también hace del ''género'' algo ajeno al hombre; hace que para él la ''vida genérica'' se convierta en medio de la vida individual. En primer lugar hace extrañas entre sí la vida genérica y la vida individual, en segundo termino convierte a la primera, en abstracta, en fin de la última, igualmente en su forma extrañada y abstracta. Pues, en primer termino, el trabajo, la ''actividad vital'', la ''vida productiva misma'', aparece ante el hombre sólo como un medio para la satisfacción de una necesidad, de la necesidad de mantener la existencia física. La vida productiva es, sin embargo, la vida genérica. Es la vida que crea vida. En la forma de la actividad vital reside el carácter dado de una especie, su carácter genérico, y la actividad libre, consciente, es el carácter genérico del hombre. La vida misma aparece sólo como ''medio de vida''. El animal es inmediatamente uno con su actividad vital. No se distingue de ella. Es ''ella''. El hombre hace de su actividad vital misma objeto de su voluntad y de su conciencia. Tiene actividad vital consciente. No es una determinación con la que el hombre se funda inmediatamente. La actividad vital consciente distingue inmediatamente al hombre de la actividad vital animal. Justamente, y sólo por ello, es él un ser genérico. O, dicho de otra forma, sólo es ser consciente, es decir, sólo es su propia vida objeto para él, porque es un ser genérico. Sólo por ello es su actividad libre. El trabajo enajenado invierte la relación, de manera que el hombre, precisamente por ser un ser consciente hace de su actividad vital, de su esencia, un simple medio para su ''existencia''. La producción práctica de un ''mundo objetivo'', la elaboración de la naturaleza inorgánica, es la afirmación del hombre como un ser genérico consciente, es decir, la afirmación de un ser que se relaciona con el género como con su propia esencia o que se relaciona consigo mismo como ser genérico. Es cierto que también el animal produce. Se construye un nido, viviendas, como las abejas, los castores, las hormigas, etc. Pero produce únicamente lo que necesita inmediatamente para sí o para su prole; produce unilateralmente, mientras que el hombre produce universalmente; produce únicamente por mandato de la necesidad física inmediata, mientras que el hombre produce incluso libre de la necesidad física y sólo produce realmente liberado de ella; el animal se produce sólo a sí mismo, mientras que el hombre reproduce la naturaleza entera; el producto del animal pertenece inmediatamente a su cuerpo físico, mientras que el hombre se enfrenta libremente a su producto. El animal forma únicamente según la necesidad y la medida de la especie a la que pertenece, mientras que el hombre sabe producir según la medida de cualquier especie y sabe siempre imponer al objeto la medida que le es inherente; por ello el hombre crea también según las leyes de la belleza. Por eso precisamente es sólo en la elaboración del mundo objetivo en donde el hombre se afirma realmente como un ''ser genérico''. Esta producción es su vida genérica activa. Mediante ella aparece la naturaleza como su obra y su realidad. El objeto del trabajo es por eso ''la objetivación de la vida genérica del hombre'', pues éste se desdobla no sólo intelectualmente, como en la conciencia, sino activa y realmente, y se contempla a si mismo en un mundo creado Por él. Por esto el trabajo enajenado, al arrancar al hombre el objeto de su producción, le arranca su ''vida genérica'', su real objetividad genérica y transforma su ventaja respecto del animal en desventaja, pues se ve privado de su cuerpo inorgánico, de la naturaleza. Del mismo modo, al degradar la actividad propia, la actividad libre, a la condición de medio, hace el trabajo enajenado de la vida genérica del hombre en medio para su existencia física. Mediante la enajenación, la conciencia del hombre que el hombre tiene de su género se transforma, pues, de tal manera que la vida genérica se convierte para él en simple medio. El trabajo enajenado, por tanto: 3) Hace del ''ser genérico del hombre'', tanto de la naturaleza como de sus facultades espirituales genéricas, un ser ajeno para él, un medio de existencia individual. Hace extraños al hombre su propio cuerpo, la naturaleza fuera de él, su esencia espiritual, su ''esencia humana''. 4) Una consecuencia inmediata del hecho de estar enajenado el hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser genérico, es la enajenación ''del hombre respecto del hombre''. Si el hombre se enfrenta consigo mismo, se enfrenta también al ''otro''. Lo que es válido respecto de la relación del hombre con su trabajo, con el producto de su trabajo y consigo mismo, vale también para la relación del hombre con el otro y con trabajo y el producto del trabajo del otro. En general, la afirmación de que el hombre está enajenado de su ser genérico quiere decir que un hombre esta enajenado del otro, como cada uno de ellos está enajenado de la esencia humana. La enajenación del hombre y, en general, toda relación del hombre consigo mismo, sólo encuentra realización y expresión verdaderas en la relación en que el hombre está con el otro. En la relación del trabajo enajenado, cada hombre considera, pues, a los demás según la medida y la relación en la que él se encuentra consigo mismo en cuanto trabajador. (XXV) Hemos partido de un hecho económico, el extrañamiento entre el trabajador y su producción. Hemos expuesto el concepto de este hecho: el trabajo ''enajenado'', ''extrañado''. Hemos analizado este concepto, es decir, hemos analizado simplemente un hecho económico. Veamos ahora cómo ha de exponerse y representarse en la realidad el concepto del trabajo enajenado, extrañado. Si el producto del trabajo me es ajeno, se me enfrenta como un poder extraño, entonces ¿a quién pertenece? Si mi propia actividad no me pertenece; si es una actividad ajena, forzada, ¿a quién pertenece entonces? A un ser otro que yo. ¿Quién es ese ser? ¿Los dioses? Cierto que en los primeros tiempos la producción principal, por ejemplo, la construcción de templos, etc., en Egipto, India, Méjico, aparece al servicio de los dioses, como también a los dioses pertenece el producto Pero los dioses por si solos no fueron nunca los dueños del trabajo. Aún menos de la ''naturaleza''. Qué contradictorio sería que cuando más subyuga el hombre a la naturaleza mediante su trabajo, cuando más superfluos vienen a resultar los milagros de los dioses en razón de los milagros de la industria, tuviese que renunciar el hombre, por amor de estos poderes, a la alegría de la producción y al goce del producto. El ser ''extraño'' al que pertenecen a trabajo y el producto del trabajo, a cuyo servicio está aquél y para cuyo placer sirve éste, solamente puede ser el ''hombre'' mismo Si el producto del trabajo no pertenece al trabajador, si es frente él un poder extraño, esto sólo es posible porque pertenece a ''otro hombre'' que no es el trabajador. Si su actividad es para él dolor, ha de ser ''goce'' y alegría vital de otro. Ni los dioses, ni la naturaleza, sino sólo el hombre mismo, puede ser este poder extraño sobre los hombres. Recuérdese la afirmación antes hecha de que la relación del hombre consigo mismo únicamente es para él ''objetiva y real'' a través de su relación con los otros hombres. Si él, pues, se relaciona con el producto de su trabajo, con su trabajo objetivado, como con un objeto poderoso, independiente de él, hostil, ''extraño'', se esta relacionando con él de forma que otro hombre independiente de él, poderoso, hostil, extraño a él, es el dueño de este objeto; Si él se relaciona con su actividad como con una actividad no libre, se está relacionando con ella como con la actividad al servicio de otro, bajo las órdenes, la compulsión y el yugo de otro. Toda enajenación del hombre respecto de sí mismo y de la naturaleza aparece en la relación que él presume entre él, la naturaleza y los otros hombres distintos de él, Por eso la autoenajenación religiosa aparece necesariamente en la relación del laico con el sacerdote, o también, puesto que aquí se trata del mundo intelectual, con un mediador, etc. En el mundo práctico, real, el extrañamiento de si sólo puede manifestarse mediante la relación práctica, real, con los otros hombres. El medio mismo por el que el extrañamiento se opera es un medio práctico. En consecuencia mediante el trabajo enajenado no sólo produce el hombre su relación con el objeto y con el acto de la propia producción como con poderes que le son extraños y hostiles, sino también la relación en la que los otros hombres se encuentran con su producto y la relación en la que él está con estos otros hombres. De la misma manera que hace de su propia producción su desrealización, su castigo; de su propio producto su pérdida, un producto que no le pertenece, y así también crea el dominio de quien no produce sobre la producción y el producto. Al enajenarse de su propia actividad posesiona al extraño de la actividad que no le es propia. Hasta ahora hemos considerado la relación sólo desde el lado del trabajador; la consideraremos más tarde también desde el lado del no trabajador. Así, pues, mediante el ''trabajo enajenado'' crea el trabajador la relación de este trabajo con un hombre que está fuera del trabajo y le es extraño. La relación del trabajador con el trabajo engendra la relación de éste con el del capitalista o como quiera llamarse al patrono del trabajo. La ''propiedad privada'' es, pues, el producto, el resultado, la consecuencia necesaria del ''trabajo'' enajenado, de la relación externa del trabajador con la naturaleza y consigo mismo. Partiendo de la Economía Política hemos llegado, ciertamente, al concepto del ''trabajo enajenado (de la vida enajenada)'' como resultado del ''movimiento de la propiedad privada.'' Pero el análisis de este concepto muestra que aunque la propiedad privada aparece como fundamento, como causa del trabajo enajenado, es más bien una consecuencia del mismo, del mismo modo que los dioses no son ''originariamente'' la causa, sino el efecto de la confusión del entendimiento humano. Esta relación se transforma después en una interacción recíproca. Sólo en el último punto culminante de su desarrollo descubre la propiedad privada de nuevo su secreto, es decir, en primer lugar que es el ''producto'' del trabajo enajenado, y en segundo término que es el ''medio'' por el cual el trabajo se enajena, la ''realización de esta enajenación''. Este desarrollo ilumina al mismo tiempo diversas colisiones no resueltas hasta ahora. 1) La Economía Política parte del trabajo como del alma verdadera de la producción y, sin embargo, no le da nada al trabajo y todo a la propiedad privada. Partiendo de esta contradicción ha fallado Proudhon en favor del trabajo y contra la Propiedad privaba. Nosotros, sin embargo, comprendemos, que esta aparente contradicción es la contradicción del ''trabajo enajenado'' consigo mismo y que la Economía Política simplemente ha expresado las leyes de este trabajo enajenado. Comprendemos también por esto que ''salario y propiedad'' privada son idénticos, pues el salario que paga el producto, el objeto del trabajo, el trabajo mismo, es sólo una consecuencia necesaria de la enajenación del trabajo; en el salario el trabajo no aparece como un fin en si, sino como un servidor del salario. Detallaremos esto más tarde. Limitándonos a extraer ahora algunas consecuencias (XXVI). Un ''alza forzada de los salarios'', prescindiendo de todas las demás dificultades (prescindiendo de que, por tratarse de una anomalía, sólo mediante la fuerza podría ser mantenida), no sería, por tanto, más que una ''mejor remuneración de los esclavos'', y no conquistaría, ni para el trabajador, ni para el trabajo su vocación y su dignidad humanas. Incluso la ''igualdad de salarios'', como pide ''Proudhon'' no hace más que transformar la relación del trabajador actual con su trabajo en la relación de todos los hombres con el trabajo. La sociedad es comprendida entonces como capitalista abstracto. El salario es una consecuencia inmediata del trabajo enajenado y el trabajo enajenado es la causa inmediata de la propiedad privada. Al desaparecer un termino debe también, por esto, desaparecer el otro. 2) De la relación del trabajo enajenado con la propiedad privada se sigue, además, que la emancipación de la sociedad de la propiedad privada, etc., de la servidumbre, se expresa en la forma política de la ''emancipación de los trabajadores'', no como si se tratase sólo de la emancipación de éstos, sino porque su emancipación entraña la emancipación humana general; y esto es así porque toda la servidumbre humana está encerrada en la relación de trabajador con la producción, y todas las relaciones serviles son sólo modificaciones y consecuencias de esta relación. Así como mediante el ''análisis'' hemos encontrado el concepto de ''propiedad privada'' partiendo del concepto de ''trabajo enajenado'', ''extrañado'', así también podrán desarrollarse con ayuda de estos dos factores todas las ''categorías'' económicas y encontraremos en cada una de estas categorías, por ejemplo, el tráfico, la competencia, el capital, el dinero, solamente una ''expresión determinada'', desarrollada, de aquellos primeros fundamentos. Antes de considerar esta estructuración, sin embargo, tratemos de resolver dos cuestiones. 1) Determinar la ''esencia'' general de la ''propiedad privada'', evidenciada como resultado del trabajo enajenado, en su relación con la ''propiedad verdaderamente humana y social''. 2) Hemos aceptado el ''extrañamiento del trabajo'', su ''enajenación'', como un hecho y hemos realizado este hecho. Ahora nos preguntamos ¿cómo llega el hombre a ''enajenar, a extrañar su trabajo''? ¿Cómo se fundamenta este extrañamiento en la esencia de la evolución humana? Tenemos ya mucho ganado para la solución de este problema al haber ''transformado'' la cuestión del ''origen de la propiedad privada'' en la cuestión de la relación del ''trabajo enajenado'' con el proceso evolutivo de la humanidad. Pues cuando se habla de ''propiedad privada'' se cree tener que habérselas con una cosa fuera del hombre. Cuando se habla de trabajo nos las tenemos que haber inmediatamente con el hombre mismo. Esta nueva formulación de la pregunta es ya incluso su solución. ad. 1) ''Esencia general de la propiedad privada y su relación con la propiedad verdaderamente humana''. El trabajo ''enajenado'' se nos ha resuelto en dos componentes que se condicionan recíprocamente o que son sólo dos expresiones distintas de una misma relación. La ''apropiación'' aparece como extrañamiento, como ''enajenación'' y la ''enajenación'' como ''apropiación'', el ''extrañamiento'' como la verdadera ''naturalización''. Hemos considerado un aspecto, el trabajo ''enajenado'' en relación al ''trabajador'' mismo, es decir, la relación del trabajo enajenado consigo mismo. Como producto, como resultado necesario de esta relación hemos encontrado la ''relación de propiedad del no trabajador'' con el ''trabajador'' y con el ''trabajo''. La ''propiedad privada'' como expresión resumida, material, del trabajo enajenado abarca ambas relaciones, la ''relación del trabajador con el trabajo'', con ''el producto de su trabajo y con el no trabajador'', y la relación ''del no trabajador con el trabajador y con el producto de su trabajo''. Si hemos visto, pues, que respecto del trabajador, que mediante el trabajo se ''apropia'' de la naturaleza, la apropiación aparece como enajenación, la actividad propia como actividad para otro y de otro, la vitalidad como holocausto de la vida, la producción del objeto como pérdida del objeto en favor de un poder ''extraño'', consideremos ahora la relación de este hombre ''extraño'' al trabajo y al trabajador con el trabajador, el trabajo y su objeto. Por de pronto hay que observar que todo lo que en el trabajador aparece como ''actividad de la enajenación'', aparece en el no trabajador como ''estado de la enajenación'', del ''extrañamiento''. En segundo término, que el ''comportamiento práctico, real'', del trabajador en la producción y respecto del producto (en cuanto estado de ánimo) aparece en el no trabajador a él enfrentado como comportamiento ''teórico''. (XXVII) ''Tercero''. El no trabajador hace contra el trabajador todo lo que este hace contra si mismo, pero no hace contra sí lo que hace contra el trabajador. Consideremos más detenidamente estas tres relaciones.|XXVII|| {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Primer Manuscrito}} jpuz3nklhuu8fmca1dil1rymy71h5cs Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Segundo Manuscrito - 1 0 21256 1665399 1631639 2026-06-20T23:39:34Z Ignacio Rodríguez 3603 1665399 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Segundo Manuscrito: I. Antitesis del capital y el trabajo. Propiedad privada y capital. |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Antitesis del capital y el trabajo. Propiedad privada y capital. == [...] ||XL| Constituye los intereses de su capital. En el trabajador se da, pues, subjetivamente, el hecho de que el capital es el hombre que se ha perdido totalmente a si mismo, de la misma forma que en el capital se da, objetivamente, el hecho de que el trabajador es el hombre que se ha perdido totalmente a si mismo. El trabajador tiene, sin embargo, la desgracia de ser un capital ''viviente'' y, por tanto, ''menesteroso'', que en el momento en que no trabaja pierde sus intereses y con ello su existencia. Como capital, el ''valor'' del trabajo aumenta según la oferta y la demanda, e incluido ''físicamente'' su ''existencia'', su ''vida'' ha sido y es entendida como una oferta de ''mercancía'' igual a cualquier otra. El trabajador produce el capital, el capital lo produce a él; se produce, pues, a sí mismo y el hombre, en cuanto ''trabajador'' en cuanto ''mercancía'', es el resultado de todo el movimiento, Para el hombre que no es más que ''trabajador'', y en cuanto trabajador, sus propiedades humanas sólo existen en la medida en que existen para el capital que le es ''extraño''. Pero como ambos son extraños el uno para el otro y se encuentran en una relación indiferente, exterior y casual, esta situación de extrañamiento reciproco ha de aparecer también como ''real''. Tan pronto, pues, como al capital se le ocurre �ocurrencia arbitraria o necesaria� dejar de existir para el trabajador, deja éste de existir para sí; no tiene ''ningún'' trabajo, por tanto, ''ningún'' salario, y dado que él no tiene existencia ''como hombre'', sino ''como trabajador'', puede hacerse sepultar, dejarse morir de hambre, etc. El trabajador sólo existe como trabajador en la medida en que existe ''para sí'' como capital, y sólo existe como capital en cuanto existe ''para él un capital''. La existencia del capital es ''su'' existencia, ''su'' vida; el capital determina el contenido de su vida en forma para él indiferente. En consecuencia la Economía Política no conoce al trabajador parado, al hombre de trabajo, en la medida en que se encuentra fuera de esta relación laboral. El pícaro, el sinvergüenza, el pordiosero, el parado, el hombre de trabajo hambriento, miserable y delincuente son ''figuras'' que no existen para ''ella'', sino solamente para otros ojos; para los ojos de medico, del juez, del sepulturero, del alguacil de pobres, etc.; son fantasmas que quedan fuera de su reino. Por eso para ella las necesidades del trabajador se reducen solamente a la ''necesidad'' de mantenerlo ''durante el trabajo'' de manera que no se ''extinga la raza de los trabajadores''. El salario tiene, por tanto, el mismo sentido que el ''mantenimiento'', la ''conservación'' de cualquier otro instrumento productivo. El mismo sentido que el ''consumo de capital'' en general, que éste requiere para reproducirse con intereses, como el aceite que las ruedas necesitan para mantenerse en movimiento. El salario del trabajador pertenece así a los costos necesarios del capital y del capitalista, y no puede sobrepasar las exigencias de esta necesidad. Es, por tanto, perfectamente lógico que ante el ''Amendment Bill'' de 1834 los fabricantes ingleses detrajeran del salario del trabajador, como parte integrante del mismo, las limosnas públicas que éste recibe por medio del impuesto de pobres. La producción produce al hombre no sólo como ''mercancía, mercancía humana'', hombre determinado como ''mercancía''; lo produce, de acuerdo con esta determinación, como un ser ''deshumanizado'' tanto física como ''espiritualmente''. Inmoralidad, deformación, embrutecimiento de trabajadores y capitalistas. Su producto es la mercancía ''con conciencia'' y ''actividad propias''..., la ''mercancía humana''. Gran progreso de Ricardo, Mill, etc., frente a Smith y Say, al declarar la existencia del hombre �la mayor o menor productividad humana de la mercancía� como ''indiferente'' e incluso ''nociva''. La verdadera finalidad de la producción no estará en cuántos hombres puede mantener un capital, sino en cuántos intereses reporta, en la cuantía de las ''economías'' anuales. Igualmente fue un grande y consecuente progreso de la reciente (XLI) Economía Política inglesa el explicar con plena claridad (al mismo tiempo que eleva el ''trabajo'' a principio ''único'' de la Economía Política) la relación ''inversa'' existente entre el salario y el interés del capital y que el capitalista, por lo regular, ''sólo'' con la reducción del salario puede ganar y viceversa. La relación ''normal'' no sería la explotación del consumidor sino la explotación reciproca de capitalista y trabajador. La relación de la propiedad privada contiene latente en si la relación de la propiedad privada como ''trabajo'', así como la relación de la misma como ''capital'' y la conexión de estas dos expresiones entre sí. Es, de una parte, la producción de la actividad humana como trabajo, es decir, como una actividad totalmente extraña a sí misma, extraña al hombre y a la naturaleza y por ello totalmente extraña a la conciencia y a la manifestación vital; la existencia ''abstracta'' del hombre como un puro ''hombre de trabajo'', que por eso puede diariamente precipitarse de su plena nada en la nada absoluta, en su inexistencia social que es su real inexistencia. Es, por otra parte, la producción del objeto de la actividad humana como ''capital'', en el que se ha ''extinguido'' toda determinación natural y social del objeto y ha perdido la propiedad humana su cualidad natural y social (es decir, ha perdido toda ilusión política y social, no se mezcla con ninguna relación ''aparentemente'' humana), que también permanece ''el mismo'' en los más diversos modos de existencia natural y social, y es perfectamente indiferente respecto de su contenido ''real''. Esta oposición, llevada a su culminación, es necesariamente la culminación, la cúspide y la decadencia de la relación toda. Por eso es también una gran hazaña de la reciente Economía Política inglesa haber denunciado la renta de la tierra como la diferencia entre los intereses del peor suelo dedicado a la agricultura y el mejor suelo cultivado, haber aclarado las ilusiones románticas del terrateniente (su presunta importancia social y la identidad de sus intereses con los de la sociedad, que todavía afirma ''Adam Smith'', siguiendo a los fisiócratas) y haber anticipado y preparado el movimiento real que transformará al terrateniente en un capitalista totalmente ordinario y prosaico, simplificará y agudizará la contradicción y acelerara así su solución. La ''tierra'' como ''tierra'', la ''renta de la tierra'' como ''renta de la tierra'', han perdido allí su ''diferencia estamental'' y se han convertido en ''capital e interés'' que nada significan o, más exactamente, que sólo dinero significan. La ''diferencia'' entre capital y tierra, entre ganancia y renta de la tierra, así como la de ambas con el salario; la diferencia entre ''industria y agricultura'', propiedad privada ''mueble e inmueble'', es una diferencia ''histórica'' no fundaba en la esencia de las cosas; la ''fijación'' de un momento de la formación y el nacimiento de la oposición entre capital y trabajo. En la industria, etcétera, en oposición a la propiedad inmobiliaria, sólo se expresa el modo de nacimiento y la oposición en que se ha formado la industria con relación a la agricultura. Esta diferencia sólo subsiste como un tipo ''especial'' de trabajo, como una diferencia ''esencial'', ''importante'', ''vital'', mientras la industria (la vida urbana) se forma ''frente'' a la propiedad rural (la vida aristocrática feudal) y lleva aún en si misma el carácter feudal de su contrario en la forma del monopolio, el gremio, la corporación, etc., dentro de cuyas determinaciones el trabajo tiene aún una ''aparente'' significación ''social'', tiene aún el significado de la comunidad ''real'', no ha progresado aún hasta la indiferencia respecto del propio contenido, hasta el pleno ser para sí mismo, es decir, hasta la abstracción de todo otro ser y por ello no llegado aún a capital ''liberado''. (XLII) Pero el desarrollo necesario del trabajo es la ''industria'' liberada, constituida como tal para si, y el ''capital liberado''. El poder de la industria sobre su contrario se muestra en seguida en el surgimiento de la ''agricultura'' como una verdadera industria, en tanto que antes ella dejaba el principal trabajo al suelo y a los ''esclavos'' de este suelo, mediante los cuales éste se cultivaba a sí mismo. Con la transformación del esclavo en un trabajador libre, esto es, en un ''asalariado'' se ha transformado el terrateniente en sí en un patrono industrial, en un capitalista; transformación que ocurre, en primer lugar, por intermedio del arrendatario. Pero el ''arrendatario'' es el representante, el revelado ''secreto'' del terrateniente; sólo mediante él existe ''económicamente'', como propietario privado, pues las rentas de sus tierras sólo existen por la competencia entre los arrendatarios. Esencialmente el terrateniente se ha convertido, por tanto, ya en el ''arrendatario'', en un capitalista ordinario. Y esto tiene aún que consumarse en la realidad: el capitalista que se dedica a la agricultura, el arrendatario, ha de convertirse en terrateniente o viceversa. El ''tráfico industrial'' del arrendatario es el del ''terrateniente'', pues el ser del primero pone al del segundo. Como acordándose de su supuesto nacimiento, de su origen, el terrateniente ve en el capitalista a su petulante, liberado y enriquecido esclavo de ayer, y se ve a si mismo en cuanto ''capitalista'', amenazado por él. El capitalista ve en el terrateniente al inútil, cruel y egoísta señor de ayer, sabe que le estorba en cuanto capitalista; que, sin embargo, le debe a la industria toda su actual importancia social; ve en él una oposición a la industria ''libre'' y al ''libre'' capital, independiente de toda determinación natural. Este antagonismo es sumamente amargo y se dice recíprocamente la verdad. Basta con leer los ataques de la propiedad inmueble a la mueble y viceversa para forjarse una gráfica imagen de su recíproca indignidad. El terrateniente hace valer el origen noble de su propiedad, los recuerdos feudales, las reminiscencias, la poesía del recuerdo, su entusiástica naturaleza, su importancia política, etc., y cuando habla en economista dice que ''sólo'' la agricultura es productiva. Pinta al mismo tiempo a su adversario como un ''canalla adinerado'', astuto, venal, mezquino, tramposo, codicioso, capaz de venderlo todo, rebelde, sin corazón y sin espíritu, extraño al ser común que tranquilamente vende por dinero, usurero, alcahuete, servil, intruso, adulador, timador, que engendra, nutre y mima la competencia y con ella el pauperismo, el crimen, la disolución de todos los lazos sociales, sin honor, sin principios, sin poesía, sin nada. (Véase entre otros, al fisiócrata Bergasse, a quien ya fustiga Camille Desmoulins en su periódico ''Revolutions de France et de Brabant''; véase v. Vincke, Lancizolle, Haller, Leo, Kosegarten, y véase también ''Sismondi)''. La propiedad mueble, por su parte, señala las maravillas de la industria y del movimiento; ella es el fruto de la época moderna y su legítimo hijo unigénito Compadece a su adversario como a un mentecato ''no ilustrado'' sobre su propio ser (y esto es perfectamente cierto), que quisiera colocar en lugar del moral capital y del trabajo libre, la inmoral fuerza bruta y la servidumbre; lo pinta como un Don Quijote que bajo la apariencia de la ''rectitud'', la ''honorabilidad'', el ''interés'' ''general'', la ''estabilidad'', oculta la incapacidad de movimiento, la codiciosa búsqueda de placeres, el egoísmo, el interés particular, el torcido propósito; lo denuncia como un taimado ''monopolista''; ''ensombrece'' sus reminiscencias, su poesía y sus ilusiones en una enumeración histórica y sarcástica de la bajeza, la crueldad, el envilecimiento, la prostitución, la infamia, la anarquía y la rebeldía que tuvieron como talleres los románticos castillos. (XLIII) La propiedad mobiliaria habría dado al pueblo la libertad política, desatado las trabas de la sociedad civil, unido entre sí los mundos, establecido el humanitario comercio, la moral pura, la amable cultura; en lugar de sus necesidades primarias habría dado al pueblo necesidades civilizadas y los medios de satisfacerlas, en tanto que el terrateniente (ese ocioso y molesto acaparador de trigo) encarece para el pueblo los víveres más elementales y obliga así al capitalista a elevar el salario sin poder elevar la fuerza productiva; con ello estorba la renta anual de la nación, la acumulación de capitales, esto es, la posibilidad de poder proporcionar trabajo al pueblo y riqueza al país. Finalmente la anula totalmente, acarrea una decadencia general y explota avaramente ''todas'' las ventajas de la civilización moderna, sin hacer lo más mínimo por ella e incluso sin despojarse de sus prejuicios feudales. Basta, por último, con que mire a su ''arrendatario'' (él, para quien la agricultura y la tierra misma sólo existen como una fuente de dinero que se la ha regalado) y diga si él no es un canalla ''honrado'', ''fanático'' y ''astuto'' que en corazón y en realidad hace tiempo que pertenece a la ''libre'' industria y al ''dulce'' comercio por mas que se oponga a ellos y por más que charle de recuerdos históricos y de finalidades morales o políticas. Todo lo que realmente alega en su favor sólo es cierto respecto del ''cultivador de la tierra'' (del capitalista y de los mozos de labranza), cuyo enemigo es más bien el ''terrateniente''; testimonia, pues, contra sí mismo. ''Sin'' capital, la propiedad territorial sería materia muerta y sin valor. Su civilizado triunfo es precisamente haber descubierto y situado el trabajo humano en lugar de la cosa inanimada como fuente de la riqueza. (Véase Paul Louis Courier, St. Simon, Canilh, Ricardo, Mill, Mac Culloch, Destutt de Tracy y Michel Chevalier.) Del curso ''real'' del proceso de desarrollo (intercalar aquí) se deduce el triunfo necesario del ''capitalismo'', es decir, de la propiedad privada ilustrada sobre la no ilustrada, bastarda, sobre el ''terrateniente'', de la misma forma que, en general, ha de vencer el movimiento a la inmovilidad, la vileza abierta y consciente de sí misma a la escondida e inconsciente, la ''codicia'' a la ''avidez de placeres'', el egoísmo declarado, incansable y experimentado de la ''ilustración'', al egoísmo local, simple, perezoso y fantástico de la ''superstición''; como el dinero ha de vencer a todas las otras formas de la propiedad privada. Los Estados, que sospechan algo del peligro de la industria plenamente libre, de la moral plenamente libre y del comercio humanitario, tratan de detener (aunque totalmente en vano) la capitalización de la propiedad de la tierra. La ''propiedad de la tierra'', en su diferencia respecto del capital, es la propiedad privada, el capital, preso aún de los prejuicios ''locales'' y políticos, que no ha vuelto aún a si mismo de su vinculación con el mundo, el capital aún ''incompleto''. Ha de llegar, en el curso de su ''configuración mundial'', a su forma abstracta, es decir, pura. La relación de la propiedad ''privada'' es trabajo, capital y la relación entre ambos. El movimiento que estos elementos han de recorrer es el siguiente: ''Primeramente: Unidad inmediata'' y ''mediata de ambos''. Capital y trabajo primero aún unidos, luego separados, extrañados; pero exigiéndose y aumentándose recíprocamente como condiciones ''positivas''. ''Oposición de ambos'', se excluyen recíprocamente; el trabajador sabe que el capitalista es la negación de su existencia y viceversa; cada uno de ellos trata de arrebatar su existencia al otro. Oposición de cada uno de ellos ''consigo'' mismo, Capital = trabajo acumulado = trabajo. Como tal descomponiéndose en sí mismo y sus ''intereses'', así como éstos a su vez se descomponen en ''intereses y beneficios''. Sacrificio total del capitalista. Cae en la clase obrera así como el obrero �aunque sólo excepcionalmente� se hace capitalista. Trabajo como momento del capital, sus ''costos''. El salario, pues, sacrificio del capital. Trabajo se descompone en ''si mismo'' y el ''salario''. El trabajador mismo un capital, una mercancía. ''Colisión de oposiciones recíprocas''. {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Segundo Manuscrito}} oxm6mzc051r35uk7dp7bof17mo6sxof Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito - 1 0 21266 1665400 1631640 2026-06-20T23:39:37Z Ignacio Rodríguez 3603 1665400 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Tercer Manuscrito: I. Propiedad privada y trabajo. Economía política como producto del movimiento de la propiedad privada. |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Propiedad privada y trabajo. Economía política como producto del movimiento de la propiedad privada. == ||I| Re la pág. XXXVI. ''La esencia subjetiva'' de la propiedad privada, la ''propiedad privada'' como actividad para sí, como ''sujeto'', como persona, es el trabajo. Se comprende, pues, que sólo la Economía Política que reconoció como su principio al ''trabajo'' Adam Smith, que no vio ya en la propiedad privada solamente una ''situación'' exterior al hombre, ha de ser considerada tanto como un producto de la ''energía y movimientos'' reales de la propiedad privada, cuanto como un producto de la ''industria'' moderna; de la misma forma que la Economía Política, de otra parte, ha acelerado y enaltecido la energía y el desarrollo de esta ''industria'' y ha hecho de ella un poder de la conciencia. Ante esta Economía Política ilustrada, que ha descubierto la ''esencia subjetiva'' la riqueza dentro de la propiedad privada, aparecen como ''adoradores de ídolos'', como ''católicos'', los partidarios del sistema dinerario y mercantilista, que sólo ven la propiedad privada como una esencia ''objetiva'' para el hombre. Por eso Engels ha llamado con razón a ''Adam'' ''Smith'' el ''Lutero de la Economía''. Así como Lutero reconoció en la religión, en la ''fe'', la esencia del ''mundo'' real y se opuso por ello al paganismo católico; así como él superó la religiosidad ''externa'', al hacer de la religiosidad la esencia ''íntima'' del hombre; así como él negó el sacerdote exterior al laico; así también es superada la riqueza que se encuentra fuera del hombre y es independiente de él que ha de ser, pues, afirmada y mantenida sólo de un modo exterior, es decir, es superada ésta su ''objetividad'' exterior y ''sin pensamiento'', al incorporarse la propiedad privada al hombre mismo y reconocerse el hombre mismo como su esencia así, sin embargo, queda el hombre determinado por la propiedad privada, como en Lutero queda determinado por la Religión. Bajo la apariencia de un reconocimiento del hombre, la Economía Política, cuyo principio es el trabajo, es más bien la consecuente realización de la negación del hombre al no encontrarse ya él mismo en una tensión exterior con la esencia exterior de la propiedad privada, sino haberse convertido el mismo en la tensa esencia de la propiedad privada. Lo que antes era ''ser fuera de sí'', enajenación real del hombre, se ha convertido ahora en el acto de la enajenación, en enajenación de sí. Si esa Economía Política comienza, pues, con un reconocimiento aparente del hombre, de su independencia, de su libre actividad, etcétera, al trasladar a la esencia misma del hombre la propiedad privada, no puede ya ser condicionada por las ''determinaciones'' locales, nacionales, etc., de la ''propiedad privada'' como un ''ser que exista fuera de ella'', es decir, si esa Economía Política desarrolla una energía ''cosmopolita'' general, que derriba todo límite y toda atadura, para situarse a si misma en su lugar como la ''única'' política la ''única'' generalidad, el límite ''único'', la ''única'' atadura, así también ha de arrojar ella en su posterior desarrollo esta ''hipocresía'' y ha de aparecer en su ''total cinismo''. Y esto lo hace (despreocupada de todas las contradicciones en que la enreda esta doctrina) al revelar de forma ''más unilateral'' y por esto ''más aguda y más consecuente'', que el trabajo es la esencia única de la riqueza, probar la ''inhumanidad'' de las consecuencias de esta doctrina, en oposición a aquella concepción originaria, y dar por último, el golpe de gracia a aquella última forma de existencia ''individual'', ''natural'', independiente del trabajo, de la propiedad privada y fuente de riqueza: ''la renta de la tierra'', esta expresión de la propiedad feudal ya totalmente economificada e incapaz por eso de rebeldía contra la Economía Política (Escuela de ''Ricardo)''. No sólo aumenta el ''cinismo'' de la Economía Política relativamente partir de Smith, pasando por Say, hasta Ricardo, Mill, etc., en la medida en que a estos últimos se les ponen ante los ojos, de manera más desarrollada y llena de contradicciones, las consecuencias de la ''Industria''; también positivamente van conscientemente cada vez más lejos que sus predecesores en el extrañamiento respecto del hombre, y esto ''únicamente'' porque su ciencia se desarrolla de forma más verdadera y consecuente. Al hacer de la propiedad privada en su forma activa sujeto, esto es, al hacer simultáneamente del hombre una esencia, y de hombre como no ser un ser, la contradicción de la realidad se corresponde plenamente con el ser contradictorio que han reconocido como principio. La desgarrada (II) ''realidad'' de la ''industria'' confirma su ''principio desgarrado en si mismo'' lejos de refutarlo. Su principio es justamente el principio de este desgarramiento. La teoría fisiocrática del ''Dr. Quesnay'' representa el tránsito del mercantilismo a Adam Smith. La ''fisiocracia'' es, de forma directa, la disolución ''económicopolítica'' de la propiedad feudal, pero por esto, de manera igualmente directa, la ''transformación económicopolítica'', la reposición de la misma, con la sola diferencia de que su lenguaje no es ya feudal, sino económico. Toda riqueza se resuelve en ''tierra y agricultura''. La tierra no es aún ''capital'', es todavía una especial forma de existencia del mismo que debe valer en su naturalidad, especialidad, y a causa de ella; pero la tierra es, sin embargo, un ''elemento'' natural general, en tanto que el sistema mercantilista no conocía otra existencia de la riqueza que el ''metal noble''. El ''objeto de la riqueza'', su materia, ha recibido pues al mismo tiempo, la mayor generalidad dentro de los ''limites de la naturaleza'' en la medida en que, como naturaleza, es también inmediatamente riqueza objetiva. Y la tierra solamente, es para el hombre mediante el trabajo, mediante la agricultura. La esencia subjetiva de la riqueza se traslada, por tanto, al trabajo. Al mismo tiempo, no obstante, la agricultura es el único ''trabajo productivo''. Todavía el trabajo no es entendido en su generalidad y abstracción; está ligado aún ''como a su materia'', a un ''elemento natural'' especial; sólo es conocido todavía en una especial ''forma de existencia naturalmente determinada''. Por eso no es todavía más que una enajenación del hombre ''determinada'', ''especial'', lo mismo que su producto es comprendido aún como una riqueza determinada, mas dependiente de la naturaleza del trabajo mismo. La tierra se reconoce aquí todavía como una existencia natural, independiente del hombre, y no como capital, es decir, no como un momento del trabajo mismo. Más bien aparece el trabajo como momento suyo. Sin embargo, al reducirse el fetichismo de la antigua riqueza exterior, que existía sólo como un objeto, a un elemento natural muy simple, y reconocerse su esencia, aunque sea sólo parcialmente, en su existencia subjetiva bajo una forma especial, está ya iniciado necesariamente el siguiente paso de reconocer la ''esencia general'' de la riqueza y elevar por ello a principio el trabajo en su forma más absoluta, es decir, abstracta. Se le probaría a la fisiocracia que desde el punto de vista económico el único justificado, la ''agricultura'' no es distinta de cualquier otra industria, que la ''esencia'' de la riqueza no es, pues, un trabajo ''determinado'', un trabajo ligado a un elemento especial, una determinada exteriorización del trabajo, sino el ''trabajo en general''. La fisiocracia niega la riqueza ''especial'', exterior, puramente objetiva, al declarar que su ''esencia'' es el trabajo. Pero de momento el trabajo es para ella únicamente la ''esencia subjetiva'' de la ''propiedad territorial'' (parte del tipo de propiedad que históricamente aparece como dominante y reconocida); solamente a la propiedad territorial le permite convertirse en ''hombre enajenado''. Supera su carácter feudal al declarar como su ''esencia'' la ''industria'' (agricultura); pero se comporta negativamente con el mundo de la industria, reconoce la esencia feudal, al declarar que la ''agricultura'' es la ''única'' industria. Se comprende que tan pronto como se capta la ''esencia'' ''subjetiva'' de la industria que se constituye en oposición a la propiedad territorial, es decir, como industria, esta esencia incluye en sí a aquel su contrario. Pues así como la industria abarca a la propiedad territorial superada, así también su esencia ''subjetiva'' abarca, al mismo tiempo, a la esencia subjetiva de ''ésta''. Del mismo modo que la propiedad territorial es la primera forma de la propiedad privada, del mismo modo que históricamente la industria se le opone inicialmente sólo como una forma especial de propiedad (o, más bien, es el esclavo librado de la propiedad territorial), así también se repite este proceso en la comprensión científica de la esencia ''subjetiva'' de la propiedad privada, en la comprensión científica del ''trabajo''; el trabajo aparece primero únicamente como ''trabajo agrícola'', para hacerse después valer como ''trabajo'' en general. (III) Toda riqueza se ha convertido en riqueza ''industrial'', en ''riqueza'' del trabajo, y la industria es el trabajo concluido y pleno del mismo modo que el ''sistema fabril'' es la esencia perfeccionada de la ''industria'', es decir, del trabajo, y el ''capital industrial'' es la forma objetiva conclusa de la propiedad privada. Vemos cómo sólo ahora puede perfeccionar la propiedad privada su dominio sobre el hombre y convertirse, en su forma más general, en un poder histórico-universal. {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito}} 6htjqgziv5b8xodtd0wkgz7eum4e99q Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito - 2 0 21267 1665403 1631641 2026-06-20T23:39:50Z Ignacio Rodríguez 3603 1665403 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Tercer Manuscrito: II. Propiedad privada y comunismo |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Propiedad privada y comunismo == Re la pág. XXXIX. Pero la oposición entre ''carencia de propiedad'' y ''propiedad'' es una oposición todavía indiferente, no captada aún en su ''relación activa'', en su conexión ''interna'', no captada aún como ''contradicción'', mientras no se la comprenda como la oposición de ''trabajo'' y ''capital''. Incluso sin el progresivo movimiento de la propiedad privada que se da, por ejemplo: en la antigua Roma, en Turquía, etc. puede expresarse esta oposición en la ''primera'' forma. Así no ''aparece'' aún como puesta por la propiedad privada misma. Pero el trabajo, la esencia subjetiva de la propiedad privada como exclusión de la propiedad, y el capital, el trabajo objetivo como exclusión del trabajo, son la ''propiedad privada'' como una relación desarrollada basta la contradicción y por ello una relación enérgica que impulsa a la disolución. ad. ''ibídem''. La superación del extrañamiento de si mismo sigue el mismo camino que éste. En primer lugar la ''propiedad privada'' es contemplada sólo en su aspecto objetivo, pero considerando el trabajo como su esencia. Su forma de existencia es por ello el ''capital'' que ha de ser superado «en cuanto tal» (Proudhon). O se toma una ''forma especial'' de trabajo (el trabajo nivelado, parcelado y, en consecuencia, no libre) como fuente de la ''nocividad'' de la propiedad privada y de su existencia extraña al hombre (Fourier, quien, de acuerdo con los fisiócratas, considera de nuevo el ''trabajo agrícola'' como el trabajo por excelencia; Saint Simon, por el contrario, declara que el ''trabajo industrial'', como tal, es la esencia y aspira al dominio ''exclusivo'' de los industriales y al mejoramiento de la situación de los obreros). El ''comunismo'', finalmente, es la expresión ''positiva'' de la propiedad privada superada; es, en primer lugar, la propiedad privada ''general''. Al tomar esta relación en su ''generalidad'', el comunismo es: 1º) En su primera forma solamente una ''generalización'' y ''conclusión'' de la misma; como tal se muestra en una doble forma: de una parte el dominio de la propiedad ''material'' es tan grande frente a el, que el quiere aniquilar todo lo que no es susceptible de ser poseído por todos como ''propiedad privada''; quiere prescindir de forma ''violenta'' del talento, etc. La ''posesión'' física inmediata representa para él la finalidad única de la vida y de la existencia; el destine del obrero no es superado, sino extendido a todos los hombres; la relación de la propiedad privada continúa siendo la relación de la comunidad con el mundo de las cosas; finalmente se expresa este movimiento de oponer a la propiedad privada la propiedad general en la forma animal que quiere oponer al matrimonio (que por lo demás es una ''forma'' de la ''propiedad privada exclusiva)'' la ''comunidad de las mujeres'', en que la mujer se convierte en propiedad ''comunal y común''. Puede decirse que esta idea de la ''comunidad de mujeres'' es el ''secreto a voces'' de este comunismo todavía totalmente grosero e irreflexivo. Así como la mujer sale del matrimonio para entrar en la prostitución general, así también el mundo todo de la riqueza es decir, de la esencia objetiva del hombre, sale de la relación del matrimonio exclusivo con el propietario privado para entrar en la relación de la prostitución universal con la comunidad. Este comunismo, al negar por completo la ''personalidad'' del hombre, es justamente la expresión lógica de la propiedad privada, que es esta negación. La ''envidia'' general y constituida en poder no es sino la forma escondida en que la ''codicia'' se establece y, simplemente, se satisface de ''otra'' manera. La idea de toda propiedad privada en cuanto tal se vuelve, por ''lo menos'' contra la propiedad privada más rica como envidia deseo de nivelación, de manera que al estas pasiones las que integran el ser de la competencia. El comunismo grosero no es más que el remate de esta codicia y de esta nivelación a partir del mínimo ''representado''. Tiene una medida ''determinada y limitada''. Lo poco que esta superación de la propiedad privada tiene de verdadera apropiación lo prueba justamente la negación abstracta de todo el mundo de la educación y de la civilización, el regreso a la ''antinatural'' (IV) simplicidad del hombre ''pobre'' y sin necesidades, que no sólo no ha superado la propiedad privada, sino que ni siquiera ha llegado hasta ella. La comunidad es sólo una comunidad de ''trabajo'' y de la igualdad del ''salario'' que paga el capital común: la ''comunidad'' como capitalista general. Ambos términos de la relación son elevados a una generalidad ''imaginaria'': el ''trabajo'' como la determinación en que todos se encuentran situados, el ''capital'' como la generalidad y el poder reconocidos de la comunidad. En la relación con la ''mujer'', como presa y servidora de la lujuria comunitaria, se expresa la infinita degradación en la que el hombre existe para si mismo, pues el secreto de esta relación tiene su expresión ''inequívoca'', decisiva, ''manifiesta'', revelada, en la relación del hombre con la ''mujer'' y en la forma de concebirla ''inmediata y natural'' relación genérica. La relación inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre, es la ''relación'' del ''hombre'' con la mujer. En esta relación ''natural'' de los géneros, la relación del hombre con la naturaleza es inmediatamente su relación con el hombre, del mismo modo que la relación con el hombre es inmediatamente su relación con la naturaleza, su propia determinación ''natural''. En esta relación ''se evidencia'', pues, de manera ''sensible'', reducida a un ''hecho'' visible, en qué medida la esencia humana se ha convertido para el hombre en naturaleza o en qué medida la naturaleza se ha convertido en esencia humana del hombre. Con esta relación se puede juzgar él grado de cultura del hombre en su totalidad. Del carácter de esta relación se deduce la medida en que el ''hombre'' se ha convertido en ser ''genérico'', en ''hombre'', y se ha comprendido como tal; la relación del hombre con la mujer es la relación ''más natural'' del hombre con el hombre. En ella se muestra en qué medida la conducta ''natural'' del hombre se ha hecho ''humana'' o en qué medida su ''naturaleza humana'' se ha hecho para él ''naturaleza''. Se muestra también en esta relación la extensión en que la ''necesidad'' del hombre se ha hecho necesidad ''humana'', en qué extensión el ''otro'' hombre en cuanto hombre se ha convertido para él en necesidad; en qué medida él, en su más individual existencia, es, al mismo tiempo, ser colectivo. La primera superación positiva de la propiedad privada, el comunismo ''grosero'', no es por tanto más que una ''forma de mostrarse'' la vileza de la propiedad privada que se quiere instaurar como ''comunidad positiva''. 2º) El comunismo ''a)'' Aún de naturaleza política, democrática; ''b)'' Con su superación del Estado, pero al mismo tiempo aún con esencia incompleta y afectada por la propiedad privada, es decir, por la enajenación del hombre. En ambas formas el comunismo se conoce ya como reintegración o vuelta a sí del hombre, como superación del extrañamiento de si del hombre, pero como no ha captado todavía la esencia positiva de la propiedad privada, y memos aún ha comprendido la naturaleza ''humana'' de la necesidad, está aún prisionero e infectado por ella. Ha comprendido su concepto, pero aún no su esencia. 3º) El comunismo como superación ''positiva'' de la ''propiedad privada'' en cuanto ''autoextrañamiento'' del hombre, y por ello como ''apropiación'' real de la esencia ''humana'' por y para el hombre; por ello como retorno del hombre para sí en cuanto hombre ''social'', es decir, humano; retorno pleno, consciente y efectuado dentro de toda la riqueza de la evolución humana hasta el presente. Este comunismo es, como completo naturalismo = humanismo, como completo humanismo = naturalismo; es la verdadera solución del conflicto entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la solución definitiva del litigio entre existencia y esencia, entre objetivación y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y género. Es el enigma resuelto de la historia y sabe que es la solución. (V) El movimiento entero de la historia es, por ello, tanto su generación ''real'' el nacimiento de su existencia empírica como, para su conciencia pensante, el movimiento ''comprendido'' y ''conocido'' de su ''devenir''. Mientras tanto, aquel comunismo aún incompleto busca en las figuras históricas opuestas a la propiedad privada, en lo existente, una prueba en su favor, arrancando momentos particulares del movimiento (Cabet, Villegardelle, etcétera, cabalgan especialmente sobre este caballo) y presentándolos como pruebas de su florecimiento histórico pleno, con lo que demuestra que la parte inmensamente mayor de este movimiento contradice sus afirmaciones y que, si ha sido ya una vez, su ser ''pasado'' contradice precisamente su pretensión a la ''esencia''. Es fácil ver la necesidad de que todo el movimiento revolucionario encuentre su base, tanto empírica como teórica, en el movimiento de la ''propiedad privada'', en la Economía. Esta propiedad privada ''material'', inmediatamente ''sensible'', es la expresión material y sensible de la vida humana enajenada. Su movimiento la producción y el consumo es la manifestación ''sensible'' del movimiento de toda la producción pasada, es decir, de la realización o realidad del hombre. Religión, familia, Estado, derecho, moral, ciencia, arte, etc., no son más que formas ''especiales'' de la producción y caen bajo su ley general. La superación positiva de la ''propiedad privada'' como apropiación de la vida ''humana es por ello'' la superación ''positiva'' de toda enajenación, esto es, la vuelta del hombre desde la Religión, la familia, el Estado, etc., a su existencia humana, es decir, ''social''. La enajenación religiosa, como tal, transcurre sólo en el dominio de la ''conciencia'', del fuero interno del hombre, pero la enajenación económica pertenece a la vida real; su superación abarca por ello ambos aspectos. Se comprende que el movimiento tome su ''primer'' comienzo en los distintos pueblos en distinta forma, según que la verdadera vida ''reconocida'' del pueblo transcurra más en la conciencia o en el mundo exterior, sea más la vida ideal o la vida material. El comunismo empieza en seguida con el ateísmo (Owen), el ateísmo inicialmente está aún muy lejos de ser ''comunismo'', porque aquel ateísmo es aún más bien una abstracción... La filantropía del ateísmo es, por esto, en primer lugar, solamente una filantropía ''filosófica'' abstracta, la del comunismo es inmediatamente ''real'' y directamente tendida hacia la ''acción''. Hemos vista cómo, dado el supuesto de la superación positiva de la propiedad privada el hombre produce al hombre, a sí mismo y al otro hombre; cómo el objeto, que es la realización inmediata de su individualidad, es al mismo tiempo su propia existencia para el otro hombre, la existencia de éste y la existencia de éste para él. Pero, igualmente, tanto el material del trabajo como el hombre en cuanto sujeto son, al mismo tiempo, resultado y punto de partida del movimiento (en el hecho de que ha de ser este ''punto de partida'' reside justamente la ''necesidad'' histórica de la propiedad privada). El carácter ''social'' es, pues, el carácter general de todo el movimiento; así como es la sociedad misma la que produce al ''hombre'' en cuanto ''hombre'', así también es ''producida'' por él. La actividad y el goce son también sociales, tanto en su ''modo de existencia'' como en su contenido; ''actividad social y goce'' ''social''. La esencia ''humana'' de la naturaleza no existe más que para el hombre ''social'', pues sólo así existe para él como ''vínculo'' con el hombre, como existencia suya para el otro y existencia del otro para él, como elemento vital de la realidad humana; sólo así existe como ''fundamento'' de su propia existencia ''humana''. Sólo entonces se convierte para él su existencia ''natural'' en su existencia ''humana'', la naturaleza en hombre. La ''sociedad'' es, pues, la plena unidad esencial del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado del hombre y el realizado humanismo de la naturaleza. (VI) La actividad social y el goce social no existen, ni mucho menos, en la forma ''única'' de una actividad ''inmediatamente'' comunitaria y de un goce inmediatamente ''comunitario'', aunque la actividad ''comunitaria'' y el goce ''comunitario'' es decir, la actividad y el goce que se exteriorizan y afirman inmediatamente en ''real sociedad'' con otros hombres, se realizarán dondequiera que aquella expresión ''inmediata'' de la sociabilidad se funde en la esencia de su ser y se adecue a su naturaleza. Pero incluso cuando yo sólo actúo ''científicamente'', etc., en una actividad que yo mismo no puedo llevar a cabo en comunidad inmediata con otros, también soy ''social'', porque actúo en cuanto ''hombre''. No sólo el material de mi actividad (como el idioma, merced al que opera el pensador) me es dado como producto social, sino que mi ''propia'' existencia es actividad social, porque lo que yo hago lo hago para la sociedad y con conciencia de ser un ente social. Mi conciencia ''general'' es sólo la forma ''teórica'' de aquello cuya forma viva es la comunidad ''real'', el ser social, en tanto que hoy en día la conciencia ''general'' es una abstracción de la vida real y como tal se le enfrenta. De aquí también que la ''actividad'' de mi conciencia general, como tal, es mi existencia ''teórica'' como ser social. Hay que evitar ante todo el hacer de nuevo de la «sociedad» una abstracción frente al individuo. El individuo es ''el ser social''. Su exteriorización vital (aunque no aparezca en la forma inmediata de una exteriorización vital comunitaria, cumplida en unión de otros) es así una exteriorización y afirmación de la ''vida social''. La vida individual y la vida genérica del hombre no son ''distintas'', por más que, necesariamente, el modo de existencia de la vida individual sea un modo más ''particular'' o más ''general'' de la vida genérica, o sea la vida genérica una vida individual más ''particular'' o ''general''. Como ''consecuencia genérica'' afirma el hombre su real ''vida social'' y no hace más que repetir en el pensamiento su existencia real, así como, a la inversa, el ser genérico se afirma en la conciencia genérica y es para si, en su generalidad, como ser pensante. El hombre así, por más que sea un individuo particular (y justamente es su particularidad la que hace de él un individuo y un ser social ''individual'' real), es, en la misma medida, la ''totalidad'', la totalidad ideal, la existencia subjetiva de la sociedad pensada y sentida para sí, del mismo modo que también en la realidad existe como intuición y goce de la existencia social y como una totalidad de exteriorización vital humana. Pensar y ser están, pues, ''diferenciados'' y, al mismo tiempo, en ''unidad'' el uno con el otro. La muerte parece ser una dura victoria del género sobre el individuo y contradecir la unidad de ambos; pero el individuo determinado es sólo un ''ser genérico'' ''determinado'' y, en cuanto tal, mortal. 4) Comoquiera que la ''propiedad privada'' es sólo la expresión sensible del hecho de que el hombre se hace ''objetivo'' para si y, al mismo tiempo, se convierte más bien en un objeto extraño e inhumano, del hecho de que su exteriorización vital es su enajenación vital y su realización su desrealizacion, una realidad ''extraña'', la superación positiva de la propiedad privada, es decir, la apropiación ''sensible'' por y para el hombre de la esencia y de la vida humanas, de las obras humanas no ha de ser concebida sólo en el sentido del ''goce inmediato'', exclusivo, en el sentido de la ''posesión'', del ''tener''. El hombre se apropia su esencia universal de forma universal, es decir, como hombre total. Cada una de sus relaciones ''humanas'' con el mundo (ver, oír, oler, gustar, sentir, pensar, observar percibir, desear, actuar, amar), en resumen, todos los órganos de su individualidad, como los órganos que son inmediatamente comunitarios en su forma (VII), son, en su comportamiento ''objetivo'', en su ''comportamiento hacia el objeto'', la apropiación de éste. La apropiación de la ''realidad'' humana, su comportamiento hacia el objeto, es la ''afirmación de la realidad humana''; es, por esto, tan polifacética como múltiples son las ''determinaciones esenciales'' y las ''actividades'' del hombre; es la eficacia humana y el ''sufrimiento'' del hombre, pues el sufrimiento, humanamente entendido, es un goce propio del hombre. La propiedad privada nos ha hecho tan estúpidos y unilaterales que un objeto sólo es ''nuestro'' cuando lo tenemos, cuando existe para nosotros como capital o cuando es inmediatamente poseído, comido, bebido, vestido, habitado, en resumen, ''utilizado'' por nosotros. Aunque la propiedad privada concibe, a su vez, todas esas realizaciones inmediatas de la posesión sólo como ''medios de vida'' y la vida a la que sirven como medios es ''la vida de la propiedad'', el trabajo y la capitalización. En lugar de ''todos'' los sentidos físicos y espirituales ha aparecido así la simple enajenación de ''todos'' estos sentidos, el sentido del ''tener''. El ser humano tenía que ser reducido a esta absoluta pobreza para que pudiera alumbrar su riqueza interior (sobre la categoría del ''tener'', véase Hess, en los Einnundzwanzig Bogen). La superación de la propiedad privada es por ello, la ''emancipación'' plena de todos los sentidos y cualidades humanos; pero es esta emancipación precisamente porque todos estos sentidos y cualidades se han hecho ''humanos'', tanto en sentido objetivo como subjetivo. El ojo se ha hecho un ojo ''humano'', así como su ''objeto'' se ha hecho un objeto social, ''humano'', creado por el hombre para el hombre. Los sentidos se han hecho así inmediatamente ''teóricos'' en su práctica. Se relacionan con la ''cosa'' por amor de la cosa, pero la cosa misma es una relación ''humana'' ''objetiva'' para sí y para el hombre y viceversa. Necesidad y goce han perdido con ello su naturaleza ''egoísta'' y la naturaleza ha perdido su pura ''utilidad'', al convertirse la utilidad en utilidad humana. Igualmente, los sentidos y el goce de los otros hombres se han convertido en mi ''propia'' apropiación. Además de estos órganos inmediatos se constituyen así órganos ''sociales'', en la ''forma'' de la sociedad; así, por ejemplo, la actividad inmediatamente en sociedad con otros, etc., se convierte en un órgano de mi ''manifestación vital'' y en modo de apropiación de la vida ''humana''. Es evidente que el ojo ''humano'' goza de modo distinto que el ojo bruto, no humano, que el ''oído'' humano: goza de manera distinta que el bruto, etc. Como hemos visto, únicamente cuando el objeto es para el hombre objeto ''humano'' u hombre objetivo deja de perderse el hombre en su objeto, Esto sólo es posible cuando el objeto se convierte para él en objeto ''social'' y él mismo se convierte en ser social y la sociedad, a través de este objeto, se convierte para él en ser. Así, al hacerse para el hombre en sociedad la realidad objetiva realidad de las fuerzas humanas esenciales, realidad humana y, por ello, realidad de sus propias fuerzas esenciales se hacen para él todos los ''objetos objetivación'' de si mismo, objetos que afirman y realizan su individualidad, objetos ''suyos'', esto es, ''él mismo'' se hace objeto. El modo en que se hagan suyos depende de la ''naturaleza del objeto'' y de la naturaleza de la ''fuerza esencial a ella'' correspondiente, pues justamente la ''certeza'' de esta relación configura el modo determinado ''real'', de la afirmación. Un objeto es distinto para el ''ojo'' que para el ''oído'' y el objeto del ojo ''es'' distinto que el del ''oído''. La peculiaridad de cada fuerza esencial es precisamente su ''ser peculiar'', luego también el modo peculiar de su objetivación de su ser ''objetivo real'', de su ser vivo. Por esto el hombre se afirma en el mundo objetivo no sólo en pensamiento (VIII), sino con todos los sentidos. De otro modo, y subjetivamente considerado, así como sólo la música despierta el sentido musical del hombre, así como la más bella música no tiene sentido ''alguno'' para el oído no musical, no es objeto, porque mi objeto sólo puede ser la afirmación de una de mis fuerzas esenciales, es decir, sólo es para mí en la medida en que mi fuerza es para él como capacidad subjetiva, porque el sentido del objeto para mí (solamente tiene un sentido a él correspondiente) llega justamente hasta donde llega ''mi'' sentido, así también son los ''sentidos'' del hombre social ''distintos'' de los del no social. Sólo a través de la riqueza objetivamente desarrollada del ser humano es, en parte cultivada, en parte creada, la riqueza de la sensibilidad ''humana'' subjetiva, un oído musical, un ojo para la belleza de la forma. En resumen, sólo así se cultivan o se crean ''sentidos'' capaces de goces humanos, sentidos que se afirman como fuerzas esenciales ''humanas''. Pues no sólo los cinco sentidos, sino también los llamados sentidos espirituales, los sentidos prácticos (voluntad, amor, etc.), en una palabra, el sentido ''humano'', la humanidad de los sentidos, se constituyen únicamente mediante la existencia de ''su'' objeto, mediante la naturaleza ''humanizada''. La formación de los cinco sentidos es un trabajo de toda la historia universal hasta nuestros días. ''El sentido'' que es presa de la grosera necesidad práctica tiene sólo un sentido ''limitado''. Para el hombre que muere de hambre no existe la forma humana de la comida, sino únicamente su existencia abstracta de comida; ésta bien podría presentarse en su forma más grosera, y seria imposible decir entonces en qué se distingue esta actividad para alimentarse de la actividad ''animal'' para alimentarse. El hombre necesitado, cargado de preocupaciones, no tiene sentido para el más bello espectáculo. El traficante en minerales no ve más que su valor comercial, no su belleza o la naturaleza peculiar del mineral, no tiene sentido mineralógico. La objetivación de la esencia humana, tanto en sentido teórico como en sentido práctico, es, pues, necesaria tanto para hacer ''humano'' el ''sentido'' del hombre como para crear el ''sentido humano'' correspondiente a la riqueza plena de la esencia humana y natural. Así como la sociedad en formación encuentra a través del movimiento de la propiedad privada, de su riqueza y su miseria o de su riqueza y su miseria espiritual y material todo el material para esta ''formación'', ''así'' la sociedad constituida produce, como su realidad durable, al hombre en esta plena riqueza de su ser, al hombre rica y profundamente ''dotado de todos los sentidos''. Se ve, pues, cómo solamente en el estado social subjetivismo y objetivismo, espiritualismo y materialismo, actividad y pasividad, dejan de ser contrarios y pierden con ello su existencia como tales contrarios; se ve cómo la solución de las mismas oposiciones ''teóricas'' sólo es posible de modo práctico sólo es posible mediante la energía práctica del hombre y que, por ello, esta solución no es, en modo alguno, tarea exclusiva del conocimiento, sino una verdadera tarea vital que la ''Filosofía'' no pudo resolver precisamente porque la entendía únicamente como tarea teórica. Se ve cómo la historia de la industria y la existencia, que se ha hecho ''objetiva'', de la industria, son el ''libro abierto'' de las ''fuerzas humanas esenciales'', la ''psicología'' humana abierta a los sentidos, que no había sido concebida hasta ahora en su conexión con la ''esencia'' del hombre, sino sólo en una relación externa de utilidad, porque, moviéndose dentro del extrañamiento, sólo se sabia captar como realidad de las fuerzas humanas esenciales y como ''acción humana genérica'' la existencia general del hombre, la Religión o la Historia en su esencia general y abstracta, como Política, Arte, Literatura, etc. (IX). En la ''industria material ordinaria'' (que puede concebirse cómo parte de aquel movimiento general, del mismo modo que puede concebirse a éste como una parte ''especial'' de la industria, pues hasta ahora toda actividad humana era trabajo, es decir, industria, actividad extrañada de al misma) tenemos ante nosotros, bajo la forma de ''objetos sensibles, extraños y útiles'', bajo la forma de la enajenación, las ''fuerzas esenciales objetivadas'' del hombre. Una ''psicología'' para la que permanece cerrado este libro, es decir, justamente la parte más sensiblemente actual y accesible de la Historia, no puede convertirse en una ciencia ''real'' con verdadero contenido. ¿Qué puede pensarse de una ciencia que ''orgullosamente'' hace abstracción de esta gran parte del trabajo humano y no se siente inadecuada en tanto que este extenso caudal del obrar humano no le dice otra cosa que lo que puede, si acaso, decirse en una sola palabra: «necesidad», «vulgar necesidad»? Las ''ciencias naturales'' han desarrollado una enorme actividad y se han adueñado de un material que aumenta sin cesar. La filosofía, sin embargo, ha permanecido tan extraña para ellas como ellas para la filosofía. La momentánea unión fue sólo una ''fantástica ilusión''. Existía la voluntad, pero faltaban los medios. La misma historiografía sólo de pasada se ocupa de las ciencias naturales en cuanto factor de ilustración, de utilidad, de grandes descubrimientos particulares. Pero en la medida en que, mediante la industria, la Ciencia natural se ha introducido ''prácticamente'' en la vida humana, la ha transformado y ha preparado la emancipación humana, tenia que completar inmediatamente la deshumanización, La industria es la relación histórica ''real'' de la naturaleza (y, por ello, de la Ciencia natural) con el hombre; por eso, al concebirla como develación ''esotérica'' de las ''fuerzas'' humanas ''esenciales'', se comprende también la esencia ''humana'' de la naturaleza o la esencia ''natural'' del hombre; con ello pierde la Ciencia natural su orientación abstracta, material, o mejor idealista, y se convierte en base de la ciencia ''humana'', del mismo modo que se ha convertido ya (aunque en forma enajenada) en base de la vida humana real. Dar ''una'' base a la vida y otra a la ''ciencia'' es, pues, de antemano, una mentira. La naturaleza que se desarrolla en la historia humana (en el acto de nacimiento de la sociedad humana) es la ''verdadera'' naturaleza del hombre; de ahí que la naturaleza, tal como, aunque en forma enajenada, se desarrolla en la industria, sea la verdadera naturaleza ''antropológica''. La sensibilidad (véase Feuerbach) debe ser la base de toda ciencia. Sólo cuando parte de ella en la doble forma de conciencia ''sensible'' y de necesidad ''sensible'', es decir, sólo cuando parte de la naturaleza, es la ciencia ''verdadera'' ciencia. La Historia toda es la historia preparatoria de la conversión del «''hombre''» en objeto de la conciencia ''sensible'' y de la necesidad del «hombre en cuanto hombre» en necesidad. La Historia misma es una parte ''real'' de la ''Historia Natural'', de la conversión de la naturaleza en hombre. Algún día la Ciencia natural se incorporará la Ciencia del hombre, del mismo modo que la Ciencia del hombre se incorporará la Ciencia natural; habrá ''una'' sola Ciencia. (X) El hombre es el objeto inmediato de la Ciencia natural pues la naturaleza ''sensible'' inmediata para el hombre es inmediatamente la sensibilidad humana (una expresión idéntica) en la forma del ''otro'' hombre sensiblemente presente para él; pues su propia sensibilidad sólo; a través del ''otro'' existe para él como sensibilidad humana. Pero la ''naturaleza'' es el objeto inmediato de la ''Ciencia del hombre''. El primer objeto del hombre el hombre es naturaleza, sensibilidad, y las especiales fuerzas esenciales sensibles del ser humano sólo en la Ciencia del mundo natural pueden encontrar su autoconocimiento, del mismo modo que sólo en los objetos ''naturales'' pueden encontrar su realización objetiva. El elemento del pensar mismo, el elemento de la exteriorización vital del pensamiento, el ''lenguaje'', es naturaleza sensible. La realidad ''social'' de la naturaleza y la Ciencia natural ''humana'' o ''Ciencia natural del hombre'' son expresiones idénticas. Se ve como en lugar de la ''riqueza'' y la ''miseria'' de la Economía Política aparece el ''hombre rico'' y la rica necesidad ''humana''. El hombre rico es, al mismo tiempo, el hombre ''necesitado'' de una totalidad de exteriorización vital humana. El hombre en el que su propia realización existe como necesidad interna, como ''urgencia''. No ''sólo'' la riqueza, también la pobreza del hombre, recibe igualmente en una perspectiva socialista un significado ''humano'' y, por eso, social. La pobreza es el vinculo pasivo que hace sentir al hombre como necesidad la mayor riqueza, el ''otro'' hombre. La dominación en mi del ser objetivo, la explosión sensible de mi actividad esencial, es la ''pasión'' que, con ello, se convierte aquí en la ''actividad'' de mi ser. 5) Un ''ser'' sólo se considera independiente en cuanto es dueño de sí y sólo es dueño de sí en cuanto se debe a sí mismo su ''existencia''. Un hombre que vive por gracia de otro se considera a si mismo un ser dependiente. Vivo, sin embargo, totalmente por gracia de otro cuando le debo no sólo el mantenimiento de mi vida, sino que él además ha ''creado'' mi vida, es la ''fuente'' de mi vida; y mi vida tiene necesariamente fuera de ella el fundamento cuando no es mi propia creación. La ''creación'' es, por ello, una representación muy difícilmente eliminable de la conciencia del pueblo. El ser por sí mismo de la naturaleza y del hombre le resulta inconcebible porque contradice todos los ''hechos tangibles'' de la vida práctica. La ''creación de la tierra'' ha recibido un potente golpe por parte de la Geognosia, es decir, de la ciencia que explica la constitución de la tierra, su desarrollo, como un proceso, como autogénesis. La ''generatio'' ''aequivoca'' es la única refutación práctica de la teoría de la creación. Ahora bien, es realmente fácil decirle al individuo aislado lo que ya Aristóteles dice: Has sido engendrado por tu padre y tu madre, es decir, ha sido el coito de dos seres humanos, un acto genérico de los hombres, lo que en ti ha producido al hombre. Ves, pues, que incluso físicamente el hombre debe al hombre su existencia. Por esto no debes fijarte tan sólo en ''un'' aspecto, el progreso ''infinito''; y preguntar sucesivamente: ¿Quién engendró a mi padre? ¿Quién engendró a su abuelo?, etc. Debes fijarte también en el ''movimiento circular'', sensiblemente visible en aquel progreso, en el cual el hombre se repite a si mismo en la procreación, es decir, el ''hombre'' se mantiene siempre como sujeto. Tú contestarás, sin embargo: le concedo este movimiento circular, concédeme tú el progreso que me empuja cada vez más lejos, hasta que pregunto, ¿quien ha engendrado el primer hombre y la naturaleza en general? Sólo puedo responder: tu pregunta misma es un producto de la abstracción. Pregúntate cómo has llegado a esa pregunta: pregúntate si tu pregunta no proviene de un punto de vista al que no puedo responder porque es absurdo. Pregúntate si ese progreso existe cómo tal para un pensamiento racional. Cuando preguntas por la creación del hombre y de la naturaleza haces abstracción del hombre y de la naturaleza. Los supones como ''no existentes'' y quieres que te los pruebe como ''existentes''. Ahora te digo, prescinde de tu abstracción y así prescindirás de tu pregunta, o si quieres aferrarte a tu abstracción, sé consecuente, y si aunque pensando al hombre y a la naturaleza como ''no existente'' (IX) piensas, piénsate a ti mismo como no existente, pues tú también eres naturaleza y hombre. No pienses, no me preguntes, pues en cuanto piensas y preguntas pierde todo sentido tu ''abstracción'' del ser de la naturaleza y el hombre. ¿O eres tan egoísta que supones todo como nada y quieres ser sólo tú? Puedes replicarme: no supongo la nada de la naturaleza, etc.: te pregunto por su ''acto de nacimiento'', como pregunto al anatomista por la formación de los huesos, etc. Sin embargo, como para el hombre socialista ''toda la llamada historia universal'' no es otra cosa que la producción del hombre por el trabajo humano, el devenir de la naturaleza para el hombre tiene así la prueba evidente, irrefutable, de su ''nacimiento'' de sí mismo, de su ''proceso de originación''. Al haberse hecho evidente de una manera practica y sensible la ''esencialidad'' del hombre en la naturaleza; al haberse evidenciado, práctica y sensiblemente, el hombre para el hombre como existencia de la naturaleza y la naturaleza para el hombre como existencia del hombre, se ha hecho prácticamente imposible la pregunta por un ser ''extraño'', por un ser situado por encima de la naturaleza y del hombre (una pregunta que encierra el reconocimiento de la no esencialidad de la naturaleza y del hombre). El ''ateísmo'', en cuanto negación de esta carencia de esencialidad, carece ya totalmente de sentido, pues el ateísmo es una ''negación'' de Dios y afirma, mediante esta negación, ''la existencia del hombre''; pero el socialismo, en cuanto socialismo, no necesita ya de tal mediación; él comienza con la ''conciencia sensible, teórica y práctica'', del hombre y la naturaleza como ''esencia''. Es ''autoconciencia'' ''positiva'' del hombre, no mediada ya por la superación de la Religión, del mismo modo que la ''vida real'' es la realidad positiva del hombre, no mediada ya por la superación de la propiedad privada, el ''comunismo''. El comunismo es la posición como negación de la negación, y por eso el momento ''real'' necesario, en la evolución histórica inmediata, de la emancipación y recuperación humana. El ''comunismo'' es la forma necesaria y el principio dinámico del próximo futuro, pero el comunismo en si no es la finalidad del desarrollo humano, la forma de la sociedad humana. |XI|| {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito}} dc5qn12t7tz3eo54yyzrlmmvzgygnpi Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito - 3 0 21268 1665401 1631642 2026-06-20T23:39:42Z Ignacio Rodríguez 3603 1665401 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Tercer Manuscrito: III. Requisitos humanos y división del trabajo bajo el dominio de la propiedad privada |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Requisitos humanos y división del trabajo bajo el dominio de la propiedad privada == ||XIV| (7) Hemos visto que significación tiene, en el supuesto del socialismo, la ''riqueza'' de las necesidades humanas, y por ello también un nuevo ''modo de producción'' y un nuevo ''objeto'' de la misma. Nueva afirmación de la fuerza esencial ''humana'' y nuevo enriquecimiento de la esencia ''humana''. Dentro de la propiedad privada el significado inverso. Cada individuo especula sobre el modo de crear en el otro una ''nueva'' necesidad para obligarlo a un nuevo sacrificio, para sumirlo en una nueva dependencia, para desviarlo hacia una nueva forma del ''placer'' y con ello de la ruina económica. Cada cual trata de crear una fuerza esencial extraña sobre el otro, para encontrar así satisfacción a su propia necesidad egoísta. Con la masa de objetos crece, pues, el reino de los seres ajenos a los que el hombre está sometido y cada nuevo producto es una nueva ''potencia'' del reciproco engaño y la reciproca explotación. El hombre, en cuanto hombre, se hace más pobre, necesita más del ''dinero'' para adueñarse del ser enemigo, y el poder de su ''dinero'' disminuye en relación inversa a la masa de la producción, es decir; su menesterosidad crece cuando el ''poder'' del dinero aumenta. La necesidad de dinero es así la verdadera necesidad producida por la Economía Política y la única necesidad que ella produce. La ''cantidad'' de dinero es cada vez más su única propiedad ''importante''. Así como él reduce todo ser a su abstracción, así se reduce él en su propio movimiento a ser ''cuantitativo''. La desmesura y el exceso es su verdadera medida. Incluso subjetivamente esto se muestra, en parte, en el hecho de que el aumento de la producción y de las necesidades se convierte en el esclavo ''ingenioso'' y siempre ''calculador'' de caprichos inhumanos, refinados, antinaturales, e ''imaginarios''. La propiedad privada no sabe hacer de la necesidad bruta necesidad ''humana''; su idealismo es la ''fantasía'', la ''arbitrariedad'', el ''antojo''. Ningún eunuco adula más bajamente a su déspota o trata con más infames medios de estimular su agotada capacidad de placer para granjearse más monedas, para hacer salir las aves de oro del bolsillo de sus prójimos cristianamente amados. (Cada producto es un reclamo con el que se quiere ganar el ser de los otros, su dinero; toda necesidad real o posible es una debilidad que arrastrará las moscas a la miel, la explotación general de la esencia comunitaria del hombre. Así como toda imperfección del hombre es un vinculo con los cielos, un flanco por el que su corazón es accesible al sacerdote, todo apuro es una ocasión para aparecer del modo más amable ante el prójimo y decirle: querido amigó, te doy lo que necesitas, pero ya conoces la ''conditio sine qua non'', ya sabes con que tinta te me tienes que obligar; te despojo al tiempo que te proporciono un placer.) El productor se aviene a los más abyectos caprichos del hombre, hace de celestina entre él y su necesidad, le despierta apetitos morbosos y acecha toda debilidad para exigirle después la propina por estos buenos oficios. Esta enajenación se muestra parcialmente al producir el refinamiento de las necesidades y de sus medios de una parte, mientras produce bestial salvajismo, plena, brutal y abstracta simplicidad de las necesidades de la otra; o mejor, simplemente se hace renacer en un sentido opuesto. Incluso la necesidad del aire libre deja de ser en el obrero una necesidad; el hombre retorna a la caverna, envenenada ahora por la mefítica pestilencia de la civilización y que habita sólo en ''precario'', como un poder ajeno que puede escapársele cualquier día, del que puede ser arrojado cualquier día si no paga (XV). Tiene que pagar por esta casa mortuoria. La ''luminosa'' morada que Prometeo señala, según Esquilo, como uno de los grandes regalos con los que convierte a las fieras en hombres, deja de existir para el obrero. La luz, el aire, etcétera, la más simple limpieza ''animal'', deja de ser una necesidad para el hombre. La ''basura'', esta corrupción y podredumbre del hombre, la cloaca de la civilización (esto hay que entenderlo literalmente) se convierte para el en un ''elemento vital''. La dejadez totalmente ''antinatural'', la naturaleza podrida, se convierten en su ''elemento vital''. Ninguno de sus sentidos continúa existiendo, no ya en su forma humana, pero ni siquiera en forma ''inhumana'', ni siquiera en forma animal. Retornan las más burdas ''formas'' (e ''instrumentos)'' del trabajo humano como la ''calandria'' de los esclavos romanos, convertida en modo de producción y de existencia de muchos obreros ingleses. No sólo no tiene el hombre ninguna necesidad humana, es que incluso las necesidades ''animales'' desaparecen. El irlandés no conoce ya otra necesidad que la de ''comer'', y para ser exactos; la de ''comer patatas'', y para ser más exactos aún sólo la de comer ''patatas enmohecidas'', las de peor calidad. Pero Inglaterra y Francia tienen en cada ciudad industrial una ''pequeña'' Irlanda. El salvaje, el animal, tienen la necesidad de la caza, del movimiento, etc., de la compañía. La simplificación de la máquina, del trabajo, se aprovecha para convertir en obrero al hombre que está aún formándose, al hombre aún no formado, al ''niño'', así como se ha convertido al obrero en un niño totalmente abandonado. La maquina se acomoda a la ''debilidad'' del hombre para convertir al hombre ''débil'' en máquina. El economista (y el capitalista; en general hablamos siempre de los hombres de negocio ''empíricos'' cuando nos referimos a los economistas, que son su manifestación y existencia ''científicas)'' prueba cómo la multiplicación de las necesidades y de los medios engendra la carencia de necesidades y de medios: 1º) Al reducir la necesidad del obrero al más miserable e imprescindible mantenimiento de la vida física y su actividad al más abstracto movimiento mecánico, el economista afirma que el hombre no tiene ninguna otra necesidad, ni respecto de la actividad, ni respecto del placer, pues también proclama esta vida como vida y existencia humanas: 2º) Al emplear la más ''mezquina'' existencia como medida (como medida general, porque es valida para la masa de los hombres), hace del obrero un ser sin sentidos y sin necesidades, del mismo modo que hace de su actividad una pura abstracción de toda actividad. Por esto todo lujo del obrero le resulta censurable y todo lo que excede de la más abstracta necesidad (sea como goce pasivo o como exteriorización vital) le parece un lujo. La Economía Política, esa ciencia de la ''riqueza'', es así también al mismo tiempo la ciencia de la renuncia, de la privación, del ''ahorro'' y llega realmente a ''ahorrar'' al hombre la ''necesidad'' del ''aire'' puro o del ''movimiento'' físico. Esta ciencia de la industria maravillosa es al mismo tiempo la ciencia del ''ascetismo'' y su verdadero ideal es el avaro ''ascético'', pero ''usurero'', y el esclavo ''ascético'', pero ''productivo''. Su ideal moral es el ''obrero'' que lleva a la caja de ahorro una parte de su salario e incluso ha encontrado un ''arte'' servil para ésta su idea favorita. Se ha llevado esto al teatro en forma sentimental. Por esto la Economía, pese a su mundana y placentera apariencia, es una verdadera ciencia moral, la más moral de las ciencias. La autorrenuncia, la renuncia a la vida y a toda humana necesidad es su dogma fundamental. Cuanto memos comas y bebas, cuantos menos licores compres, cuanto menos vayas al teatro, al baile, a la taberna, cuanto menos pienses, ames, teorices, cantes, pintes, esgrimas, etc., tanto más ''ahorras'', tanto ''mayor'' se hace tu tesoro al que ni polillas ni herrumbre devoran, tu ''capital''. Cuanto menos ''eres'', cuanto menos. exteriorizas tu vida, tanto más ''tienes'', tanto mayor es tu vida ''enajenada'' y tanto más almacenas de tu esencia... Todo (XVI) lo que el economista te quita en vida y en humanidad te lo restituyen en ''dinero'' y ''riqueza'', y todo lo que no puedes lo puede tu dinero. El puede comer y beber, ir al teatro y al baile; conoce el arte, la sabiduría, las rarezas históricas, el poder político; puede viajar; ''puede'' hacerte dueño de todo esto, puede comprar todo esto, es la verdadera ''opulencia''. Pero siendo todo esto, el dinero no puede más que crearse a sí mismo, comprarse a si mismo, pues todo lo demás es siervo suyo y cuando se tiene al señor se tiene al siervo y no se le necesita. Todas las pasiones y toda actividad deben, pues, disolverse en la ''avaricia''. El obrero sólo debe tener lo suficiente para querer vivir y sólo debe querer vivir para tener. Verdad es que en el campo de la Economía Política surge ahora una controversia. Un sector (Lauderdale, Malthus, etc.) recomienda el lujo y execra el ahorro; el otro (Say, Ricardo, etc.) recomienda el ahorro y execra el lujo. Pero el primero confiesa que quiere el lujo para producir el ''trabajo'', es decir, el ahorro absoluto, y el segundo confiesa que recomienda el ahorro para producir la ''riqueza'', es decir, el lujo. El primer grupo tiene la ''romántica'' ilusión de que la avaricia sola no debe determinar el consumo de los ricos y contradice sus propias leyes al presentar el ''despilfarro'' inmediatamente como un medio de enriquecimiento. Por esto el grupo opuesto le demuestra de modo muy serio y circunstanciado que mediante el despilfarro disminuyó y no aumentó mi ''caudal''. Este segundo grupo cae en la hipocresía de no confesar que precisamente el capricho y el humor determinan la producción; olvida la «necesidad refinada»; olvida que sin consumo no se producirá; olvida que mediante la competencia la producción sólo ha de hacerse más universal, más lujosa; olvida que para él el uso determina el valor de la cosa y que la moda determina el uso; desea ver producido sólo «lo útil», pero olvida que la producción de demasiadas cosas útiles produce demasiada población inútil. Ambos grupos olvidan que despilfarro y ahorro, lujo y abstinencia, riqueza y pobreza son iguales. Y no sólo debes privarte en tus sentidos inmediatos, como comer, etc.; también la participación en intereses generales (compasión, confianza, etc.), todo esto debes ahorrártelo si quieres ser económico y no quieres morir de ilusiones. Todo lo tuyo tienes que hacerlo ''venal'', es decir, útil. Si pregunto al economista. ¿Obedezco a las leyes económicas si consigo dinero de la entrega, de la prostitución de mi cuerpo al placer ajeno? (Los obreros fabriles en Francia llaman a la prostitución de sus hijas y esposas la enésima hora de trabajo, lo cual es literalmente cierto.) ¿No actúo de modo económico al vender a mi amigo a los marroquíes? (y el tráfico de seres humanos como comercio de conscriptos, etc., tiene lugar en todos los países civilizados), el economista me contestará: no operas en contra de mis leyes, pero mira lo que dicen la señora Moral y la señora Religión; mi Moral y mi Religión económica no tienen nada que reprocharte. Pero ¿a quién tengo que creer ahora, a la Economía Política o a la moral? La moral de la Economía Política es el ''lucro'', el trabajo y el ahorro, la sobriedad; pero la Economía Política me promete satisfacer mis necesidades. La Economía Política de la moral es la riqueza con buena conciencia, con virtud, etc. Pero ¿cómo puedo ser virtuoso si no soy? ¿Cómo puedo tener buena conciencia si no tengo conciencia de nada? El hecho de que cada esfera me mida con una medida distinta y opuesta a las demás, con una medida la moral, con otra distinta la Economía Política, se basa en la esencia de la enajenación, porque cada una de estas esferas es una determinada enajenación del hombre y (XVII) contempla un determinado circulo de la actividad esencial enajenada; cada una de ellas se relaciona de forma enajenada con la otra enajenación. El señor Michel Chevalier reprocha así a Ricardo que hace abstracción de la moral. Ricardo, sin embargo, deja a la Economía Política hablar su propio lenguaje; si esta no habla moralmente, la culpa no es de Ricardo. M. Chevalier hace abstracción de la Economía Política en cuanto moraliza, pero real y necesariamente hace abstracción de la moral en cuanto cultiva la Economía Política. La relación de la Economía Política con la moral cuando no es arbitraria, ocasional, y por ello trivial y acientífica, cuan: do no es una ''apariencia'' engañosa, cuando se la considera como ''esencial'', no puede ser sino la relación de las leyes económicas con la moral. ¿Qué puede hacer Ricardo si esta relación no existe o si lo que existe es más bien lo contrario? Por lo demás, también la oposición entre Economía Política y moral es sólo una ''apariencia'' y no tal oposición. La Economía Política se limita a expresar ''a su manera'' las leyes morales. La ausencia de necesidades como principio de la Economía Política ''resplandece'' sobre todo en su ''teoría de la población''. Hay ''demasiados'' hombres. Incluso la existencia de los hombres es un puro lujo y si el obrero es ''«moral»'' (Mill propone alabanzas públicas para aquellos que se muestren continentes en las relaciones sexuales y una pública reprimenda para quienes pequen contra esta esterilidad del matrimonio. ¿No es esta doctrina ética del ascetismo?) será ''ahorrativo'' en la fecundación. La producción del hombre aparece como calamidad pública. El sentido que la producción tiene en lo que respecta a los ricos se muestra ''abiertamente'' en el sentido que para los pobres tiene; hacia arriba, su exteriorización es siempre refinada, encubierta, ambigua, apariencia; hacia abajo, grosera, directa, franca, esencial. La ''grosera'' necesidad del trabajador es una fuente de lucro mayor que la necesidad ''refinada'' del rico. Las viviendas subterráneas de Londres le rinden a sus arrendadores más que los palacios, es decir, en lo que a ellos concierne son una ''mayor riqueza''; hablando en términos de Economía Política son, pues, una mayor riqueza ''social''. Y así como la industria especula sobre el refinamiento de las necesidades. Así también especula sobre su tosquedad, sobre su artificialmente producida ''tosquedad'', cuyo verdadero goce es el ''autoaturdimiento'', esta ''aparente'' satisfacción de las necesidades esta civilización ''dentro'' de la grosera barbarie de la necesidad; las tascas inglesas son por eso representaciones simbólicas de la propiedad privada. Su lujo muestra la verdadera relación del lujo y la riqueza industriales con el hombre. Por esto son, con razón, los únicos esparcimientos dominicales del pueblo que la policía inglesa trata al menos con suavidad. Hemos visto ya cómo el economista establece de diversas formas la unidad de trabajo y capital. 1º) El capital es ''trabajo acumulado''. 2º) La determinación del capital dentro de la producción, en parte la reproducción del capital con beneficio, en parte el capital como materia prima (materia del trabajo), en parte como ''instrumento que trabaja'' por sí mismo la máquina es el capital establecido inmediatamente como idéntico al obrero es el trabajo ''productivo''. 3º) El obrero es un capital. 4º) El salario forma parte de los costos del capital. 5º) En lo que al obrero respecta, el trabajo es la reproducción de su capital vital. 6º) En lo que al capitalista toca, es un factor de la actividad de su capital. Finalmente, 7º) el economista supone la unidad original de ambos como unidad del capitalista y el obrero, ésta es la paradisiaca situación originaria. El que estos dos momentos se arrojen el uno contra el otro como dos personas es, para el economista, un acontecimiento ''casual'' y que por eso sólo externamente puede explicarse (véase Mill). Las naciones que están aún cegadas por el brillo de los metales preciosos, y por ello adoran todavía el fetiche del dinero metálico, no son aún las naciones dinerarias perfectas. Oposición de Francia e Inglaterra. En el ''fetichismo'', por ejemplo, se muestra hasta qué punto es la solución de los enigmas teóricos una tarea de la practica, una tarea mediada por la practica, hasta qué punto la verdadera práctica es la condición de una teoría positiva y real. La conciencia sensible del fetichista es distinta de la del griego porque su existencia sensible también es distinta. La enemistad abstracta entre sensibilidad y espíritu es necesaria en tanto que el sentido humano para la naturaleza, el sentido humano de la naturaleza y, por tanto, también el sentido ''natural'' del ''hombre'', no ha sido todavía producido por el propio trabajo del hombre. La ''igualdad'' no es otra cosa que la traducción francesa, es decir, política, del alemán yo = yo. La igualdad como ''fundamento'' del comunismo es su fundamentación ''política'' y es lo mismo que cuando el alemán lo funda en la concepción del hombre como ''autoconciencia'' ''universal''. Se comprende que la superación de la enajenación parte siempre de la forma de enajenación que constituye la potencia ''dominante'': en Alemania, la ''autoconciencia''; en Francia, la ''igualdad'' a causa de la política; en Inglaterra, la necesidad ''práctica'', material, real que sólo se mide a si misma. Desde este punto de vista hay que criticar y apreciar a Proudhon. Si caracterizamos aún el ''comunismo'' mismo (porque es negación de la negación, apropiación de la esencia humana que se media a sí misma a través de la negación de la propiedad privada, por ello todavía no como la posición ''verdadera'', que parte de si misma, sino mas bien como la posición que parte de la propiedad privada). ....(extrañamiento de la vida humana permanece y continúa siendo tanto mayor extrañamiento cuanto más conciencia de el como tal se tiene) puede ser realizado, así sólo mediante el comunismo puesto en práctica puede realizarse. Para superar la propiedad privada basta el comunismo pensado, para superar la propiedad privada real se requiere una acción comunista ''real''. La historia la aportará y aquel movimiento, que ya conocemos en ''pensamiento'' como un movimiento que se supera a si mismo, atravesará en la realidad un proceso muy duro y muy extenso. Debemos considerar, sin embargo, como un verdadero y real progreso el que nosotros hayamos conseguido de antemano conciencia tanto de la limitación como de la finalidad del movimiento histórico; y una conciencia que lo sobrepasa. Cuando los ''obreros'' comunistas se asocian, su finalidad es inicialmente la doctrina, la propaganda, etc. Pero al mismo tiempo adquieren con ello una nueva necesidad, la necesidad de la sociedad, y lo que parecía medio se ha convertido en fin. Se puede contemplar este movimiento práctico en sus más brillantes resultados cuando se ven reunidos a los obreros socialistas franceses. No necesitan ya medios de unión o pretextos de reunión como el fumar, el beber, el comer, etc. La sociedad, la asociación, la charla, que a su vez tienen la sociedad como fin, les bastan. Entre ellos la fraternidad de los hombres no es una frase, sino una verdad, y la nobleza hombre brilla en los rostros endurecidos por el trabajo. (XX) Cuando la Economía Política afirma que la demanda y la oferta se equilibran mutuamente, está al mismo tiempo olvidando que, según su propia afirmación, la oferta de ''hombres'' (teoría de la población) excede siempre de la demanda, que, por tanto, en el resultado esencial de toda la producción (la existencia del hombre) encuentra su más decisiva expresión la desproporción entre oferta y demanda. En qué medida es el dinero, que aparece como medio, el verdadero ''poder'' y el único ''fin''; en que medida ''el'' medio en general, que me hace ser, que hace mío el ser objetivo ajeno, es un ''fin en sí''..., es cosa que puede verse en el hecho de cómo la propiedad de la tierra (allí donde la tierra es la fuente de la vida), el ''caballo'' y la ''espada'' (en donde ellos son el ''verdadero medio de vida)'' son reconocidos como los verdaderos poderes políticos de la vida. En la Edad Media se emancipa un estamento tan pronto como tiene derecho a portar la ''espada''. Entre los pueblos nómadas es el ''caballo'' el que hace libre, participe el la comunidad. Hemos dicho antes que el hombre retorna a la ''caverna'', etc., pero en una forma enajenada, hostil. El salvaje en su caverna (este elemento natural que se le ofrece espontáneamente para su goce y protección) no se siente extraño, o, mejor dicho, se siente tan a gusto como un pez en el agua. Pero la cueva del pobre es una vivienda hostil que «se resiste como una potencia extraña, que no se le entrega hasta que él no le entrega a ella su sangre y su sudor», que él no puede considerar como un hogar en donde, finalmente, pudiera decir: aquí estoy en casa, en donde él se encuentra más bien en una casa ''extraña'', en la casa de ''otro'' que continuamente lo acecha y que lo expulsa si no paga el alquiler. Igualmente, desde el punto de vista de la calidad, ve su casa como lo opuesto a la vivienda humana situada en el ''más allá,'' en el cielo de la riqueza. La enajenación aparece tanto en el hecho de que ''mi'' medio de vida es de ''otro''; que ''mi'' deseo es la posesión inaccesible de ''otro''; como en el hecho de que cada cosa es ''otra'' que ella misma, que mi actividad es ''otra cosa'', que, por ultimo (y esto es válido también para el capitalista), domina en general el ''poder inhumano''. La determinación de la riqueza derrochadora, inactiva y entregada sólo al goce, cuyo beneficiario actúa, de una parte como un individuo solamente ''efímero'', vano, travieso, que considera el trabajo de esclavo ajeno, el ''sudor'' y la ''sangre'' de los hombres, como presa de sus apetitos y que por ello considera al hombre mismo (también a si mismo) como un ser sacrificado y nulo (el desprecio del hombre aparece así, en parte como arrogancia, en parte como la infame ilusión de que su desenfrenada prodigalidad y su incesante e improductivo consumo condicionan el ''trabajo'' y, por ello, la ''subsistencia'' de los demás), conoce la realización de las ''fuerzas'' humanas ''esenciales'' sólo como realización de su desorden, de sus ''humores'' de sus caprichos arbitrarios y bizarros. Sin embargo, esta riqueza que, por otra parte, se considera a sí misma como un puro medio, una cosa digna sólo de aniquilación, que es al mismo tiempo esclavo y señor, generosa y mezquina, caprichosa, vanidosa, petulante, refinada, culta e ingeniosa, esta riqueza no ha experimentado aún en sí misma la ''riqueza'' como un ''poder totalmente extraño''; no ve en ella todavía más que su propio poder, y no la riqueza, sino el placer. (XXI) ...y a la brillante ilusión sobre la esencia de la riqueza cegada por la apariencia sensible, se enfrenta el industrial ''trabajador, sobrio, económico, prosaico'', bien ilustrado sobre la esencia de la riqueza que al crear a su [del derrochador F. R.] ansia de placeres un campo más ancho, al cantarle alabanzas con su producción (sus productos son justamente abyectos cumplidos a los apetitos del derrochador) sabe apropiarse de la única manera útil del poder que a aquél se le escapa. Si inicialmente la riqueza industrial parece resultado de la riqueza fantástica, derrochadora, su dinámica propia desplaza también de una manera activa a esta última. La baja del ''interés del dinero'' es, en efecto, resultado y necesaria consecuencia de movimiento industrial. Los medios del rentista derrochador disminuyen, en consecuencia, diariamente, en proporción ''inversa'' del aumento de los medios y los ardides del placer. Está obligado así, o bien a devorar su capital, es decir, a perecer, o bien a convertirse el mismo en capitalista industrial... Por otra parte, la ''renta de la tierra'' sube, ciertamente, de modo continuo merced a la marcha del movimiento industrial, pero, como ya hemos visto, llega necesariamente un momento en el que la propiedad de la tierra debe caer, como cualquier otra propiedad, en la categoría del capital que se reproduce con beneficio, y esto es, sin duda, el resultado del mismo movimiento industrial. El terrateniente derrochador debe así, o bien devorar su capital, es decir, perecer, o bien convertirse en arrendatario de su propia tierra, en industrial agricultor. La disminución del interés del dinero (que Proudhon considera como la supresión del capital y como tendencia hacia la socialización del capital) es por ello más bien solamente un síntoma del triunfo del capital trabajador sobre la riqueza derrochadora, es decir, de la transformación de toda propiedad privada en capital industrial; el triunfo absoluto de la propiedad privada sobre ''todas'' las cualidades ''aparentemente'' humanas de la misma y la subyugación plena del propietario privado a la esencia de la propiedad privada, al ''trabajo''. Por lo demás, también el capitalista industrial goza. El no retorna en modo alguno a la antinatural simplicidad de la necesidad, pero su placer es sólo cosa secundaria, desahogo, placer subordinado a la producción y, por ello, ''calculado'', incluso ''económico'', pues el capitalista carga su placer a los costos del capital y por esto aquél debe costarle sólo una cantidad tal que sea restituida por la reproducción del capital con el beneficio. El placer queda subordinado al capital y el individuo que goza subordinado al que capitaliza, en tanto que antes sucedía lo contrario. La disminución de los intereses no es así un síntoma de la supresión del capital sino en la medida en que es un síntoma de su dominación plena, de su enajenación que se esta planificando y, por ello, apresurando su superación. Esta es, en general, la única forma en que lo existente afirma a su contrario. La querella de los economistas en torno al lujo y el ahorro no es, por tanto, sino la querella de aquella parte de la Economía Política que ha penetrado la esencia de la riqueza con aquella otra que está aún lastrada de recuerdos románticos y anti-industriales. Ninguna de las dos partes sabe, sin embargo, reducir el objeto de la disputa a su sencilla expresión y, en consecuencia, nunca acabará la una con la otra. La ''renta de la tierra'' ha sido, además, demolida como renta de la tierra, pues en oposición al argumento de los fisiócratas de que el terrateniente es el único productor verdadero, la Economía Política moderna ha demostrado que el terrateniente, en cuanto tal, es más bien el único rentista totalmente improductivo. La agricultura sería asunto del capitalista, que daría este uso a su capital cuando pudiese esperar de ella el beneficio acostumbrado. La argumentación de los fisiócratas (que la propiedad de la tierra como sola propiedad productiva es la única que tiene que pagar impuestos al Estado y, por tanto, también la única que tiene que acordarlos y que tomar parte en la gestión del Estado) se muda así en la afirmación inversa de que el impuesto sobre la renta de la tierra es el único impuesto sobre un ingreso improductivo y por esto el único impuesto que no es nocivo para la producción nacional. Se comprende que, así entendido, el privilegio político del terrateniente no se deduce ya de su carácter de principal fuente impositiva. Todo lo que Proudhon capta como movimiento del trabajo contra el capital no es más que el movimiento del trabajo en su determinación de capital, de capital industrial, contra el capital que no se consume ''como'' capital, es decir, industrialmente. Y este movimiento sigue su victorioso camino, es decir, el camino de la ''victoria'' del capital ''industrial''. Se ve también que sólo cuando se capta el ''trabajo'' como esencia de la propiedad privada puede penetrarse el movimiento económico como tal en su determinación real. La ''sociedad'', como aparece para los economistas, es la ''sociedad civil'', en la que cada individuo es un conjunto de necesidades y sólo existe para el otro (XXXV), como el otro sólo existe para él, en la medida en que se convierten en medio el uno para el otro. El economista (del mismo modo que la política en sus ''Derechos del Hombre)'' reduce todo al hombre, es decir al individuo del que borra toda determinación para esquematizarlo como capitalista o como obrero. La ''división del trabajo'' es la expresión económica del ''carácter social del trabajo'' dentro de la enajenación. O bien, puesto que el ''trabajo'' no es sino una expresión de la actividad humana dentro de la enajenación, de la exteriorización vital como enajenación vital. Así también la ''división del trabajo'' no es otra cosa que el establecimiento ''extrañado''; ''enajenado'', de la actividad humana como una ''actividad genérica real'' o como ''actividad del hombre en cuanto ser genérico''. Sobre la ''esencia'' de la ''división del trabajo'' (que naturalmente tenia que ser considerada como un motor fundamental en la producción de riqueza en cuanto se reconocía el ''trabajo'' como la ''esencia'' de la ''propiedad privada)'', es decir, sobre esta ''forma enajenada y extrañada'' de la ''actividad humana como actividad genérica'', son los economistas muy oscuros y contradictorios. Adam Smith: «La ''división del trabajo'' no debe su origen a la humana sabiduría. Es la consecuencia necesaria, lenta y gradual de la propensión al intercambio y a la negociación de unos productos por otros. Esta tendencia al intercambio es verosímilmente una consecuencia necesaria del uso de la razón y de la palabra. Es común a todos los hombres y no se da en ningún animal. En cuanto se hace adulto, el animal vive de su propio esfuerzo. El hombre necesita constantemente del apoyo de los demás, que sería vano esperar de su simple benevolencia. Es mucho más seguro dirigirse a su interés personal y convencerlos de que les beneficia a ellos mismos hacer lo que de ellos se espera. Cuando nos dirigimos a los demás no lo hacemos a su ''humanidad'', sino a su ''egoísmo''; nunca les hablamos de ''nuestras necesidades'', sino de ''su conveniencia''. Como quiera que sea a través del cambio, el comercio, la ''negociación'', como recibimos la mayor parte de los buenos servicios que recíprocamente necesitamos, es esta propensión a la ''negociación'' la que ha dado origen a la ''división del trabajo''. Así, por ejemplo, en una tribu de cazadores o pastores hay alguno que hace arcos y flechas con más rapidez y habilidad que los demás. Frecuentemente cambia a sus compañeros ganado y caza por los instrumentos que él construye, y rápidamente se da cuenta de que por este medio consigue más cantidad de esos productos que cuando es él mismo el que va a cazar. Con un cálculo interesado, hace, en consecuencia, de la fabricación de arcos, etc., su ocupación principal. La diferencia de ''talentos naturales'' entre los individuos no es tanto la causa como el efecto de la división del trabajo. «...Sin la disposición de los hombres al comercio y el intercambio cada cual se vería obligado a satisfacer por si mismo todas las necesidades y comodidades de la vida. Cada cual hubiese tenido que realizar la ''misma tarea'' y no se hubiese producido esa gran ''diferencia de ocupaciones'' que es la única que puede engendrar la gran diferencia de talentos. Y así como es esa propensión al intercambio la que engendra la diversidad de talentos entre los hombres, es también esa propensión la que hace útil tal diversidad. Muchas razas animales, aun siendo todas de la misma especie, han recibido de la naturaleza una diversidad de caracteres mucho más grande y más evidente que la que puede encontrarse entre los hombres no civilizados. Por naturaleza no existe entre un filósofo y un cargador ni la mitad de la diferencia que hay entre un mastín y un galgo, entre un galgo y un podenco o entre cualquiera de éstos y un perro pastor. Pese a ello, estas distintas razas, aun perteneciendo todas a la misma especie, apenas tienen utilidad las unas para las otras. El mastín no puede aprovechar la ventaja de su fuerza para servirse de la ligereza del galgo, etc. Los efectos de estos distintos talentos o grados de inteligencia no pueden ser puestos en común porque falta la capacidad o la propensión al cambio, y no pueden, por tanto, aportar nada a la ''ventaja'' o ''comodidad común'' de la especie... Cada animal debe alimentarse y protegerse a si mismo, con absoluta independencia de los demás; no puede obtener la más mínima ventaja de la diversidad de talentos que la naturaleza ha distribuido entre sus semejantes. Por el contrario, entre los hombres los más diversos talentos se resultan útiles unos a otros porque, mediante esa propensión general al comercio y el intercambio, los ''distintos productos'' de los diversos tipos de actividad pueden ser puestos, por así decir, en una masa común a la que cada cual puede ir a comprar una parte de la industria de los demás de acuerdo con sus necesidades. Como es esa ''propensión al intercambio'' la que da su origen a la ''división del trabajo'' la ''extensión'' de esta división estará siempre limitada por la extensión de la capacidad de ''intercambiar'' o, dicho en otras palabras, por la ''extensión del mercado''. Si el mercado es muy pequeño, nadie se animará a dedicarse por entero a una sola ocupación ante el temor de no poder intercambiar aquella parte de su producción que excede de sus necesidades por el excedente de la producción de otro que él desearía adquirir...» En una situación de ''mayor progreso'': «Todo hombre vive del cambio y se convierte en una especie de ''comerciante'' y la sociedad misma es realmente una ''sociedad mercantil''. (Véase Destutt de Tracy: La sociedad es una serie de intercambios recíprocos, en el ''comercio'' está la esencia toda de la sociedad...) La acumulación de capitales crece con la división del trabajo y viceversa.» Hasta aquí Adam Smith. «Si cada familia produjera la totalidad de los objetos de su consumo, podría la sociedad marchar así aunque no se hiciese intercambio alguno; ''sin ser fundamental'', el intercambio es indispensable en el avanzado estadio de nuestra sociedad; la división del trabajo es un hábil empleo de las fuerzas del hombre que acrece, en consecuencia, los productos de la sociedad, su poder y sus placeres, pero reduce, aminora la capacidad de cada hombre tomado individualmente. La producción no puede tener lugar sin intercambio.» Así habla J. B. Say. «Las fuerzas inherentes al hombre son su inteligencia y su aptitud física para el trabajo; las que se derivan del estado social consisten en la capacidad de ''dividir el trabajo'' y de ''repartir entre los distintos hombres los diversos trabajos'' y en la facultad de intercambiar ''los servicios recíprocos'' y los productos que constituyen este medio. El motivo por el que: un hombre consagra a otro Sus servicios es el egoísmo, el hombre exige una recompensa por los servicios prestados a otro. La existencia del derecho exclusivo de propiedad es, pues, indispensable para que pueda establecerse el intercambio entre los hombres. Influencia recíproca de la división de la industria sobre el intercambio y del intercambio sobre esta división. Intercambio y división del trabajo se condicionan recíprocamente.» Así Sharbek. Mill expone el intercambio desarrollado, el ''comercio'', como ''consecuencia'' de la división del ''trabajo''. «La actividad del hombre puede reducirse a elementos muy simples. El no puede en efecto, hacer otra cosa que producir movimiento; puede mover las cosas para alejarlas (XXXVII) o aproximarlas entre si; las propiedades de la materia hacen el resto. En el empleo del trabajo y de las máquinas ocurre con frecuencia que se pueden aumentar los efectos mediante una oportuna división de las operaciones que se oponen y la unificación de todas aquellas que, de algún modo, pueden favorecerse recíprocamente. Como, en general, los hombres no pueden ejecutar muchas operaciones distintas con la misma habilidad y velocidad, como la costumbre les da esa capacidad para la realización de un pequeño número, siempre es ventajoso limitar en lo posible el número de operaciones encomendadas a cada individuo. Para la división del trabajo y la repartición de la fuerza de los hombres de la manera más ventajosa es necesario operar en una multitud de casos en gran escala o, en otros términos; producir las riquezas en masa. Esta ventaja es el motivo que origina las grandes manufacturas, un pequeño número de las cuales, establecidas en condicione ventajosas, aprovisionan frecuentemente con los objetos por ellas producidos no uno solo, sino varios países en las cantidades que ellos requieren.» Así Mill. Toda la Economía Política moderna está de acuerdo, sin embargo, en que división del trabajo y riqueza de la producción, división del trabajo y acumulación del capital se condicionan recíprocamente, así como en el hecho de que sólo la propiedad privada ''liberada'', entregada a si misma, puede producir la más útil y más amplia división del trabajo. La exposición de Adam Smith se puede resumir así: la división del trabajo da a éste una infinita capacidad de producción. Se origina en la ''propensión'' al intercambio y al ''comercio'' una propensión específicamente humana que verosímilmente no es casual, sino que está condicionada por el uso de la razón y del lenguaje. El motivo del que cambia no es la ''humanidad'', sino el ''egoísmo''. La diversidad de los talentos humanos es más el efecto que la causa de la división del trabajo, es decir, del intercambio. También es sólo este último el que hace útil aquella diversidad. Las propiedades particulares de las distintas razas de una especie animal son por naturaleza más distintas que la diversidad de dones y actividades humanas. Pero como los animales no pueden ''intercambiar'', no le aprovecha a ningún individuo animal la diferente propiedad de un animal de la misma especie, pero de distinta raza. Los animales no pueden adicionar las diversas propiedades de su especie; no pueden aportar nada al provecho y al bienestar ''común'' de su especie. Otra cosa sucede con el ''hombre'', en el cual los más dispares talentos y formas de actividad se benefician recíprocamente ''porque'' pueden reunir sus ''diversos'' productos en una masa común de la que todos pueden comprar. Como la división del trabajo brota de la propensión al ''intercambio'', crece y esta limitada por la ''extensión'' del ''intercambio'', del ''mercado''. En el estado avanzado todo hombre es ''comerciante'', la sociedad es una ''sociedad mercantil''. Say considera el ''intercambio'' como casual y no fundamental. La sociedad podría subsistir sin él. Se hace indispensable en el estado avanzado de la sociedad. No obstante, ''sin él'' no puede tener lugar la ''producción.'' La división del trabajo es un ''cómodo'' y ''útil'' medio, un hábil empleo de las fuerzas humanas para el desarrollo de la sociedad, pero disminuye la ''capacidad de cada hombre individualmente considerado''. La última observación es un progreso de Say. Skarbek distingue las fuerzas ''individuales, inherentes al hombre'' (inteligencia y disposición física para el trabajo), de las fuerzas ''derivadas'' de la sociedad ''(intercambio y división del trabajo)'' que se condicionan mutuamente. Pero el presupuesto necesario del intercambio es la ''propiedad privada''. Skarbek expresa aquí en forma objetiva lo mismo que Smith, Say, Ricardo, etc., dicen cuando señalan el ''egoísmo'', el ''interés privado'', como fundamento del intercambio, o el comercio como la forma ''esencial y adecuada'' del intercambio. Mill presenta el ''comercio'' como consecuencia de la ''división del trabajo''. La actividad humana se reduce para él a un ''movimiento mecánico''. División del trabajo y empleo de máquinas fomentan la riqueza de la producción. Se debe confiar a cada hombre un conjunto de actividades tan pequeño como sea posible. Por su parte, división de trabajo y empleo de máquinas condicionan la producción de la riqueza en masa y, por tanto, del producto. Este es el fundamento de las grandes manufacturas. (XXXVIII) El examen de la ''división del trabajo'' y del intercambio es del mayor interés porque son las expresiones manifiestamente ''enajenadas'' de la ''actividad'' y la ''fuerza esencial'' humana en cuanto actividad y fuerza esencial ''adecuadas al género''. Decir que la ''división del trabajo'' y el ''intercambio'' descansan sobre la ''propiedad privada'' no es sino afirmar que el ''trabajo'' es la esencia de la propiedad privada; una afirmación que el economista no puede probar y que nosotros vamos a probar por él. Justamente aquí en el hecho de que ''división del trabajo e intercambio'' son configuraciones de la propiedad privada, reside la doble prueba, tanto de que, por una parte, la vida ''humana'' necesitaba de la propiedad privada para su realización, como de que, de otra parte, ahora necesita la supresión y superación de la propiedad privada. ''División'' del ''trabajo'' e ''intercambio'' son los dos fenómenos que hacen que el economista presuma del carácter social de su ciencia y, al mismo tiempo, exprese inconscientemente la contradicción de esta ciencia: el fundamento de la sociedad mediante el interés particular antisocial. Los momentos que tenemos que considerar son: en primer lugar, la ''propensión al intercambio'' (cuyo fundamento se encuentra en el egoísmo) es considerada como fundamento o efecto recíproco de la división del trabajo. Say considera el intercambio como no ''fundamental'' para la esencia de la sociedad. La riqueza, la producción, se explican por la división del trabajo y el intercambio. Se concede el empobrecimiento y la degradación de la actividad individual por obra de la división del trabajo. Se reconoce que la división del trabajo y el intercambio son productores de la gran ''diversidad de los talentos humanos'', una diversidad que, a su vez, se hace ''útil'' gracias a aquéllos. Skarbek divide las fuerzas de producción o fuerzas productivas del hombre en dos partes: 1) Las individuales e inherentes a él, su inteligencia y su especial disposición o capacidad de trabajo; 2) las derivadas de la sociedad (no del individuo real), la división del trabajo y el intercambio. Además, la división del trabajo está limitada por el ''mercado''. El trabajo humano es simple ''movimiento mecánico''; lo principal lo hacen las propiedades materiales de los objetos. Má aún la división del trabajo es limitada por el ''mercado.'' El trabajo humano es simple ''movimiento mecánico:'' el trabajo principal es realizado por las cualidades materiales de los objetos. A un individuo se le debe atribuir la menor cantidad posible de funciones. Fraccionamiento del trabajo y concentración del capital, la inanidad de la producción individual y la producción de la riqueza en masas. Concepción de la propiedad privada libre en la división del trabajo. {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito}} bdpo994np82y79q66ck46mqmwdiy617 Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito - 4 0 21269 1665402 1631643 2026-06-20T23:39:46Z Ignacio Rodríguez 3603 1665402 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección=Tercer Manuscrito: IV. El poder del dinero |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == El poder del dinero == (XLI) Si las ''sensaciones'', pasiones, etc., del hombre son no sólo determinaciones antropológicas en sentido estricto, sino verdaderamente afirmaciones ''ontológicas'' del ser (naturaleza) y si sólo se afirman realmente por el hecho de que su ''objeto'' es ''sensible'' para ellas, entonces es claro: 1) Que el modo de su afirmación no es en absoluto uno. y el mismo, sino que, más bien, el diverso modo de la afirmación constituye la peculiaridad de su existencia, de su vida; el modo en que el objeto es para ellas el modo peculiar de su ''goce''. 2) Allí en donde la afirmación sensible es supresión directa del objeto en su forma independiente (comer, beber, elaborar el objeto, etc.), es ésta la afirmación del objeto. 3) En cuanto el hombre es ''humano,'' en cuanto es ''humana'' su sensación, etc., la afirmación del objeto por otro es igualmente su propio goce. 4) Sólo mediante la industria desarrollada, esto es, por la mediación de la propiedad privada, se constituye la esencia ontológica de la pasión humana, tanto en su totalidad como en su humanidad; la misma ciencia del hombre es, pues, un producto de la autoafirmación práctica del hombre. 5) El sentido de la propiedad privada desembarazada de su enajenación es la ''existencia'' de los ''objetos esenciales'' para el hombre, tanto como objeto de goce cuanto como objeto de actividad. El ''dinero,'' en cuanto posee la propiedad de comprarlo todo, en cuanto posee la propiedad de apropiarse todos los objetos es, pues, el objeto por excelencia. La universalidad de su ''cualidad'' es la omnipotencia de su esencia; vale, pues, como ser omnipotente..., el dinero es el ''alcahuete'' entre la necesidad y el objeto, entre la vida y los medios de vida del hombre. Pero lo ''que'' me sirve de mediador para mi vida, me sirve de mediador también para la existencia de los otros hombres para mi. Eso es para mi el ''otro'' hombre. <div align="center"> ¡Qué diablo! ¡Claro que manos y pies,<br> Y cabeza y trasero son tuyos!<br> Pero todo esto que yo tranquilamente gozo,<br> ¿es por eso memos mío?<br> Si puedo pagar seis potros,<br> ¿No son sus fuerzas mías?<br> Los conduzco y soy todo un señor<br> Como si tuviese veinticuatro patas. </div> Shakespeare, en el ''Timón de Atenas'': <div align="center"> «¡Oro!, ¡oro maravilloso, brillante, precioso! ¡No, oh dioses,<br> no soy hombre que haga plegarias inconsecuentes! (Simples raíces, oh cielos purísimos!)<br> Un poco de él puede volver lo blanco, negro; lo feo, hermoso;<br> lo falso, verdadero; lo bajo; noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente<br> ¡oh dioses! ¿Por qué?<br> Esto va arrancar de vuestro lado a vuestros sacerdotes y a vuestros sirvientes;<br> va a retirar la almohada de debajo de la cabeza del hombre más robusto;<br> este amarillo esclavo<br> va a atar y desatar lazos sagrados, bendecir a los malditos,<br> hacer adorable la lepra blanca, dar plaza a los ladrones<br> y hacerlos sentarse entre los senadores, con títulos, genuflexiones y alabanzas;<br> él es el que hace que se vuelva a casar la viuda marchita<br> y el que perfuma y embalsama como un día de abril a aquella que revolvería<br> el estómago al hospital y a las mismas úlceras.<br> Vamos, fango condenado, puta común de todo el género humano<br> que siembras la disensión entre la multitud de las naciones,<br> voy a hacerte ultrajar según tu naturaleza.» </div> Y después: <div align="center"> «¡Oh, tú, dulce regicida, amable agente de divorcio<br> entre el hijo y el padre! ¡Brillante corruptor<br> del más puro lecho de himeneo! ¡Marte valiente!<br> ¡Galán siempre joven, fresco, amado y delicado,<br> cuyo esplendor funde la nieve sagrada<br> que descansa sobre el seno de Diana! ''Dios visible''<br> que sueldas juntas las cosas de la Naturaleza absolutamente contrarias<br> y las obligas a que se abracen; tú, que sabes hablar todas las lenguas<br> ||XLII| Para todos los designios. ¡Oh, tú, piedra de toque de los corazones,<br> piensa que el hombre, tu esclavo, se rebela, y por la virtud que en ti reside,<br> haz que nazcan entre ellos querellas que los ''destruyan'',<br> a fin de que las bestias puedan tener el imperio del mundo...!» </div> Shakespeare pinta muy acertadamente la esencia del ''dinero.'' Para entenderlo, comencemos primero con la explicación del pasaje goethiano. Lo que mediante el ''dinero'' es para mi, lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede comprar, eso ''soy yo,'' el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis de su poseedor cualidades y fuerzas esenciales. Lo que ''soy'' y lo que ''puedo'' no están determinados en modo alguno por mi individualidad. ''Soy'' feo, pero puedo comprarme la mujer ''más bella''. Luego no ''soy'' feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo y sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra al dinero, luego también a su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy ''estúpido,'' pero el dinero es el ''verdadero'' ''espíritu'' de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? El puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo ''todo'' lo que el corazón humano ansia, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario? Si el ''dinero'' es el vínculo que me liga a la vida ''humana'', que liga a la sociedad, que me liga con la naturaleza y con el hombre, ¿no es el dinero el vínculo de todos los vínculos? ¿No puede él atar y desatar todas las ataduras? ¿No es también por esto el medio general de separación? Es la verdadera ''moneda divisoria'', así como el verdadero ''medio de unión'', la fuerza ''galvanoquímica'' de la sociedad. Shakespeare destaca especialmente dos propiedades en el dinero: 1º) Es la divinidad visible, la transmutación de todas las propiedades humanas y naturales en su contrario, la confusión e inversión universal de todas las cosas; hermana las imposibilidades; 2º) Es la puta universal, el universal alcahuete de los hombres y de los pueblos. La inversión y confusión de todas las cualidades humanes y naturales, la conjugación de las imposibilidades; la fuerza ''divina'' del dinero radica en su ''esencia'' en tanto que esencia genérica extrañada, enajenante y autoenajenante del hombre. Es el ''poder'' enajenado de la ''humanidad''. Lo que como ''hombre'' no puedo, lo que no pueden mis fuerzas individuales, lo puedo mediante el ''dinero''. El dinero convierte así cada una de estas fuerzas esenciales en lo que en sí no son, es decir, en su ''contrario.'' Si ansío un manjar o quiero tomar la posta porque no soy suficientemente fuerte para hacer el camino a pie, el dinero me procura el manjar y la posta, es decir, transustancia mis deseos, que son meras representaciones; los traduce de su existencia pensada, representada, querida; a su existencia ''sensible, real''; de la representación a la vida, del ser representado al ser real. El dinero es, al hacer esta mediación, la ''verdadera'' fuerza ''creadora''. Es cierto que la ''demanda'' existe también para aquel que no tiene dinero alguno, pero su demanda es un puro ente de ficción que no tiene sobre mí, sobre un tercero, sobre los otros (XLIII), ningún efecto, ninguna existencia; que, por tanto, sigue siendo para mi mismo ''irreal'' ''sin objeto''. La diferencia entre la demanda efectiva basada en el dinero y la demanda sin efecto basada en mi necesidad, mi pasión, mi deseo, etc., es la diferencia entre el ''ser'' y el ''pensar'', entre la pura representación ''que existe'' en mí y la representación tal como es para mí en tanto que ''objeto real'' fuera de mí. Si no tengo dinero alguno para viajar, no tengo ninguna necesidad (esto es, ninguna necesidad real y realizable) de viajar. Si tengo ''vocación'' para estudiar, pero no dinero para ello, no tengo ninguna vocación (esto es, ninguna vocación ''efectiva'', ''verdadera)'' para estudiar. Por el contrario, si realmente ''no'' tengo vocación ''alguna'' para estudiar, pero tengo la voluntad y el dinero, tengo para ello una ''efectiva'' vocación. El ''dinero'' en cuanto ''medio'' y ''poder'' del universales (exteriores, no derivados del hombre en cuanto hombre ni de la sociedad humana en cuanto sociedad) para hacer de la ''representación'' ''realidad'' y de la ''realidad una pura representación'', transforma igualmente las reales; ''fuerzas esenciales humanas y naturales'' en puras representaciones abstractas y por ello en ''imperfecciones,'' en dolorosas quimeras, así como, por otra parte, transforma las ''imperfecciones'' y ''quimeras'' ''reales'', las fuerzas esenciales realmente impotentes, que sólo existen en la imaginación del individuo, en ''fuerzas esenciales reales y poder real''. Según esta determinación, es el dinero la inversión universal de las ''individualidades,'' que transforma en su contrario, y a cuyas propiedades agrega propiedades contradictorias. Como tal potencia ''inversora'', el dinero actúa también contra el individuo y contra los vínculos sociales, etc., que se dicen esenciales. Transforma la fidelidad en infidelidad, el amor en odio, el odio en amor, la virtud en vicio, el vicio en virtud, el siervo en señor, el señor en siervo, la estupidez en entendimiento, el entendimiento en estupidez. Como el dinero, en cuanto concepto existente y activo del valor, confunde y cambia todas las cosas, es la ''confusión'' y el ''trueque'' universal de todo, es decir, el mundo invertido, la confusión y el trueque de todas las cualidades naturales y humanas. Aunque sea. cobarde, es valiente quien puede comprar la valentía. Como el dinero no se cambia por una cualidad determinada, ni por una cosa o una fuerza esencial humana determinadas, sino por la totalidad del mundo objetivo natural y humano, desde el punto de vista de su poseedor puede cambiar cualquier propiedad por cualquier otra propiedad y cualquier otro objeto, incluso los contradictorios. Es la fraternización de las imposibilidades; obliga a besarse a aquello que se contradice. Si suponemos al ''hombre'' como ''hombre'' y a su relación con el mundo como una relación humana, sólo se puede cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere gozar del arte hasta ser un hombre artísticamente educado; si se quiere ejercer influjo sobre otro hombre, hay que ser un hombre que actúe sobre los otros de modo realmente estimulante e incitante. Cada una de las relaciones con el hombre y con la naturaleza ha de ser una exteriorización determinada de la vida ''individual'' ''real'' que se corresponda con el objeto de la voluntad. Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una ''exteriorización'' ''vital'' como hombre amante no te conviertes en ''hombre amado'', tu amor es impotente, una desgracia. ||XLIII| {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito}} 9d25enbk9gkbvtw3xuzleqje4ft51wh Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito - 5 0 21270 1665531 1631644 2026-06-21T00:57:06Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665531 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Manuscritos económicos y filosóficos de 1844]] |sección= Tercer Manuscrito: V. Crítica de la dialéctica hegeliana y de la filosofía de Hegel en general |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Crítica de la dialéctica hegeliana y de la filosofía de Hegel en general == (VI) Este punto es quizá el lugar donde, para entendimiento y justificación de lo dicho, conviene hacer algunas indicaciones; tanto sobre la dialéctica hegeliana en general como especialmente sobre su exposición en la Fenomenología y en la Lógica y, finalmente, sobre la relación con Hegel del moderno movimiento crítico. La preocupación de la moderna crítica alemana por el contenido del viejo mundo era tan fuerte, estaba tan absorta en su asunto, que mantuvo una actitud totalmente acrítica respecto del método de criticar y una plena inconsciencia respecto de la siguiente cuestión ''parcialmente'' ''formal'', pero realmente ''esencial:'' ¿en qué situación nos encontramos ahora frente a la dialéctica hegeliana? La inconsciencia sobre la relación de la crítica moderna con la filosofía hegeliana en general y con la dialéctica en particular era tan grande, que críticos como Strauss y Bruno Bauer (el primero completamente, el segundo en sus ''Sinópticos'', en los que, frente a Strauss, coloca la «autoconciencia» del hombre abstracto en lugar de la sustancia de la «naturaleza abstracta» e incluso en el ''Cristianismo'' ''descubierto)'' están, al memos en potencia, totalmente presos de la lógica hegeliana. Así, por ejemplo, se dice en el ''Cristianismo descubierto'': «Como si la autoconciencia, al poner el mundo, la diferencia, no se produjera a sí misma al producir su objeto, pues ella suprime de nuevo la diferencia de lo producido con ella misma, pues ella sólo en la producción y el movimiento es ella misma; como si no tuviera en este movimiento su finalidad», etc., o bien: «Ellos (los materialistas franceses) no han podido ver aún que el movimiento del universo sólo como movimiento de la autoconciencia se ha hecho real para sí y ha llegado a la unidad consigo mismo». Expresiones que ni siquiera en la terminología muestran una diferencia respecto de la concepción hegeliana, sino que más bien la repiten literalmente. (XII) Hasta que punto era escasa en el acto de la critica (Bauer, ''Los sinópticos)'' la conciencia de su relación con la dialéctica hegeliana, hasta qué punto esta conciencia no aumentó incluso después del acto de la crítica material es cosa que prueba Bauer cuando en su ''Buena causa de la libertad'' rechaza la indiscreta pregunta del señor Gruppe: «¿Qué hay de la lógica?)», remitiéndola a los críticos futuros. Pero incluso ahora, después de que Feuerbach (tanto en Sus «Tesis de los ''Anekdota»'' como, detalladamente, en la ''Filosofía del'' ''futuro)'' ha demolido el núcleo de la vieja dialéctica y la vieja filosofía; después de que, por el contrario, aquella critica que no había sido capaz de realizar el hecho, lo vio consumado y se proclamó crítica pura, decisivo, absoluta, llegada a claridad consigo misma; después de que, en su orgullo espiritualista, redujo el movimiento histórico todo a la relación del mundo (que frente a ella cae bajo la categoría de «masa») con ella misma y ha disuelto todas las contradicciones dogmáticas en la ''única'' contradicción dogmática de su propia agudeza con la estupidez del mundo, del Cristo crítico con la Humanidad como el «montón», después de haber probado, día tras día y hora tras hora, su propia excelencia frente a la estupidez de la masa; después de que, por último, ha anunciado el ''juicio'' ''final'' crítico, proclamando que se acerca el día en que toda la decadente humanidad se agrupará ante ella y será por, ella dividida en grupos, recibiendo cada montón su ''testimonium'' ''paupertatis;'' después de haber hecho imprimir su superioridad sobre los sentimientos humanos y sobre el mundo, sobre el cual, tronando en su orgullosa soledad, sólo deja caer, de tiempo en tiempo, la risa de los dioses olímpicos desde sus sarcásticos labios; después de todas estas divertidas carantoñas del idealismo (del neohegalianismo) que expira en la forma de la crítica, éste no ha expresado ni siquiera la sospecha de tener que explicarse críticamente con su madre, la dialéctica hegeliana, así como tampoco ha sabido dar una indicación crítica sobre la dialéctica de Feuerbach. Una actitud totalmente acrítica para consigo mismo. Feuerbach es el único que tiene respecto de la dialéctica hegeliana una actitud ''seria, crítica'', y el único que ha hecho verdaderos descubrimientos en este terreno. En general es el verdadero vencedor de la vieja filosofía. Lo grande de la aportación y la discreta sencillez con que Feuerbach la da al mundo están en sorprendente contraste con el comportamiento contrario. La gran hazaña de Feuerbach es: 1) La prueba de que la Filosofía no es sino la Religión puesta en ideas y desarrollada discursivamente; que es, por tanto, tan condenable como aquélla y no representa sino otra forma, otro modo de existencia de la enajenación del ser humano. 2) La fundación del ''verdadero'' ''materialismo'' y de la ''ciencia real'', en cuanto que Feuerbach hace igualmente de la relación social «del hombre al hombre» el principio fundamental de la teoría'. 3) En cuanto contrapuso a la negación de la negación que afirma ser lo positivo absoluto lo positivo que descansa sobre él mismo y se fundamenta positivamente a si mismo. Feuerbach explica la dialéctica hegeliana (fundamentando con ello el punto de partida de lo positivo, de sensiblemente cierto) del siguiente modo: Hegel parte de la enajenación (lógicamente de lo infinito, de lo universal abstracto) de la sustancia, de la abstracción absoluta y fijada; esto es, dicho en términos populares, parte de la Religión y de la Teología. ''Segundo''. Supera lo infinito, pone lo verdadero, lo sensible, lo real, lo finito, lo particular (Filosofía, superación de la Religión y de la Teología), ''Tercero''. Supera de nuevo lo positivo, restablece nuevamente la abstracción, lo infinito; restablecimiento de la religión y de la Teología. Feuerbach concibe la negación de la negación ''sólo'' como contradicción de la Filosofía consigo misma; como la Filosofía que afirma la Teología (trascendencia, etc.) después de haberla negado; que la afirma en oposición a sí misma. La posición o autoafirmación y autoconfirmación que está implícita en la negación de la negación es concebida como una posición no segura aún de sí misma, lastrada por ello de su contrario, dudosa de si misma y por ello necesitada de prueba, que no se prueba, pues, a si misma mediante su existencia; como una posición inconfesada (XIII) y a la que, por ello, se le contrapone, directa e inmediatamente, la posición sensorialmente cierta, fundamentada en si misma. Pero en cuanto que Hegel ha concebido la negación de la negación, de acuerdo con el aspecto positivo en ella implícito, como lo verdadero y único positivo y, de acuerdo con el aspecto negativo también implícito, como el único acto verdadero y acto de autoafirmación de todo ser, sólo ha encontrado la expresión ''abstracta,'' ''lógica,'' ''especulativa'' para el movimiento de la Historia, que no es aún historia ''real'' del hombre como sujeto presupuesto, sino sólo ''acto genérico'' del hombre, ''historia del nacimiento'' del hombre. Explicaremos tanto la forma abstracta como la diferencia que este movimiento tiene el Hegel en oposición a la moderna crítica del mismo proceso en La ''Esencia del Cristianismo'', de Feuerbach; o más bien, explicaremos la forma crítica de este movimiento que en Hegel es aún acrítico. Una ojeada al sistema hegeliano. Hay que comenzar con la ''Fenomenología'' hegeliana, fuente verdadera y secreto de la Filosofía hegeliana. ===Fenomenología=== A) ''La'' ''autoconciencia'' I. ''Conciencia'' a) ''Certeza'' sensorial o lo esto y lo ''mío'' b) La ''percepción'' o la cosa con sus propiedades y la ''ilusión''. c) Fuerza y entendimiento, fenómeno y mundo suprasensible. II. ''Autoconciencia.'' La verdad de la certeza de sí mismo. a) Dependencia e independencia de la autoconciencia, señorío y vasallaje. b) Libertad de la autoconciencia. Estoicismo, escepticismo, la conciencia desventurada. III. ''Razón''. Certeza y verdad de la razón. Razón observadora; observación de la naturaleza y de la autoconciencia. b) Realización de la autoconciencia racional mediante ella misma. El goce y la necesidad. La ley de corazón y el delirio de la presunción. La virtud y el curso del mundo. c) La individualidad que es real en sí y para si. El reino animal del espíritu y el fraude o la cosa misma. La razón legisladora. La razón examinadora de leyes. B) ''El'' ''espíritu'' I. El ''verdadero'' espíritu: la ética. II. El espíritu enajenado de sí, la cultura. III. El espíritu seguro de si mismo, la moralidad. C) ''La Religión'' ''Religión natural, religión estética, religión revelada''. D) ''El saber absoluto'' Cómo la ''Enciclopedia'' de Hegel comienza con la lógica, con el ''pensamiento especulativo'' puro, y termina con el saber absoluto, con el espíritu autoconsciente, que se capta a sí mismo, filosófico, absoluto, es decir, con el espíritu sobrehumano abstracto, la ''Enciclopedia'' toda no es más que la ''esencia desplegada'' del espíritu filosófico, su autoobjetivación. El espíritu filosófico no es a su vez sino el enajenado espíritu del mundo que piensa dentro de su autoenajenación, es decir, que se capta a sí mismo en forma abstracta. La ''lógica'' es el ''dinero'' del espíritu, el ''valor'' ''pensado;'' especulativo, del hombre y de la naturaleza; su esencia que se ha hecho totalmente indiferente a toda determinación real y es, por tanto, irreal; es el ''pensamiento'' ''enajenado'' que por ello hace abstracción de la naturaleza y del hombre real; el pensamiento ''abstracto''. La ''exterioridad de este'' ''pensamiento'' ''abstracto...'' La ''naturaleza'' tal como es para este pensamiento abstracto; ella es exterior a él, la pérdida de sí mismo; y él la capta también externamente, como pensamiento abstracto, pero como pensamiento abstracto enajenado; finalmente, el espíritu, este pensamiento que retorna a su propia cuna, que como espíritu antropológico, fenomenológico, psicológico, moral, artísticoreligioso, todavía no vale para al mismo hasta que, por último, como saber ''absoluto'', se encuentra y relaciona consigo mismo en el espíritu ahora absoluto, es decir, abstracto, y recibe su existencia consciente, la existencia que le corresponde, pues su existencia real es la ''abstracción''. Un doble error en Hegel. El primero emerge de la manera más clara en la ''Fenomenología'', como cuna de la Filosofía hegeliana. cuando él concibe, por ejemplo, la riqueza, el poder estatal, etcétera, como esencias enajenadas para el ser ''humano'', esto sólo se produce en forma especulativa... Son entidades ideales y por ello simplemente un extrañamiento del pensamiento filosófico ''puro''; es decir, abstracto. Todo el movimiento termina así con el saber absoluto. Es justamente del pensamiento abstracto de donde estos objetos están extrañados y es justamente al pensamiento abstracto al que se enfrentan con su pretensión de realidad. El ''filósofo'' (una forma abstracta, pues, del hombre enajenado) se erige en ''medida'' del mundo enajenado. Toda la ''historia'' ''de la'' ''enajenación'' y toda la ''revocación'' de la enajenación no es así sino la ''historia'' ''de la producción'' del pensamiento abstracto, es decir, absoluto (Vid. página XIII) (XVII), del pensamiento lógico especulativo. El ''extrañamiento,'' que constituye, por tanto, el verdadero interés de esta enajenación y de la supresión de esta enajenación, es la oposición de ''en si y para si'', de conciencia y autoconciencia, de ''objeto y sujeto'', es decir, la oposición, dentro del pensamiento mismo, del pensamiento abstracto y la realidad sensible o lo sensible real. Todas las demás oposiciones y movimientos de estas oposiciones son sólo la ''apariencia'', la ''envoltura,'' la forma ''esotérica'' de estas oposiciones, las únicas interesantes, que constituyen el ''sentido'' de las restantes profanas oposiciones. Lo que pasa por esencia establecida del extrañamiento y lo que hay que superar no es el hecho de que el ser humano se ''objetive'' de forma ''humana'', en oposición a si mismo, sino el que se ''objetive'' a ''diferencia'' de y en ''oposición'' al ''pensamiento'' abstracto. (XVIII) La apropiación de las fuerzas esenciales humanas, convertidas en objeto, en objeto enajenado, es pues, en primer lugar, una ''apropiación'' que se opera sólo en la ''conciencia'', en el ''pensamiento'' ''puro,'' es decir, en la ''abstracción,'' la apropiación de objetos como ''pensamientos'' y ''movimientos'' del ''pensamiento,'' por esto, ya en la ''Fenomenología'' (pese a su aspecto totalmente negativo y crítico, y pese a la crítica real en ella contenida, que con frecuencia se adelanta mucho al desarrollo posterior) está latente como germen, como potencia, está presente como un misterio, el positivismo acrítico y el igualmente acrítico idealismo de las obras posteriores de Hegel, esa disolución y restauración filosóficas de la empiria existente. ''En segundo'' ''lugar.'' La reivindicación del mundo objetivo para el hombre (por ejemplo, el conocimiento de la conciencia sensible no es una conciencia ''sensible'' ''abstracta'', sino una conciencia sensible ''humana''; el conocimiento de que la Religión, la riqueza, etc., son sólo la realidad enajenada de la objetivación ''humana'', del as fuerzas esenciales ''humanas'' nacidas para la acción y, por ello, sólo el ''camino'' hacia la verdadera realidad ''humana),'' esta apropiación o la inteligencia de este proceso se presenta así en Hegel de tal modo que la ''sensibilidad'', la ''Religión,'' el poder del Estado, etc., son esencias ''espirituales'', pues sólo el ''espíritu,'' es la ''verdadera'' esencia del hombre, y la verdadera forma del espíritu es el espíritu pensante, el espíritu lógico, especulativo. La ''humanidad'' de la naturaleza y de la naturaleza producida por la historia, de los productos del hombre, se manifiesta en que ellos son ''productos'' del espíritu abstracto y, por tanto y en esa misma medida, momentos ''espirituales'', ''esencias'' ''pensadas.'' La ''Fenomenología'' es la crítica oculta, oscura aun para si misma y mistificadora; pero en cuanto retiene el ''extrañamiento'' del hombre (aunque el hombre aparece sólo en la forma del espíritu) se encuentran ocultos en ella todos los elementos de la crítica y con frecuencia ''preparados y elaborados'' de un modo que supera ampliamente el punto de vista hegeliano. La «conciencia desventurada», la «conciencia honrada», la lucha de la «conciencia noble y la conciencia vil», etc., estas secciones sueltas contienen (pero en forma enajenada) los elementos ''críticos'' de esferas enteras como la Religión, el Estado, la; Pida civil, etc. Así como la esencia, el objeto, aparece como esencia pensada, así el sujeto es siempre ''conciencia'' o ''autoconciencia;'' o mejor, el objeto aparece sólo como conciencia ''abstracta'', el hombre sólo como ''autoconciencia;'' la diversas formas del extrañamiento que allí emergen son, por esto, sólo distintas formas de la conciencia y de la autoconciencia. Como la conciencia abstracta ''en si'' (el objeto es concebido como tal) es simplemente un momento, de diferenciación de la autoconciencia, así también surge como resultado del movimiento la identidad de la autoconciencia con la conciencia, el saber absoluto, el movimiento del pensamiento abstracto que no va ya hacia fuera, sino sólo dentro de si mismo; es decir, el resultado es la dialéctica del pensamiento puro. (XXIII) Lo grandiosa de la ''Fenomenología'' hegeliana y de su resultado final (la dialéctica de la negatividad como principio motor y generador) es, pues, en primer lugar, que Hegel concibe la autogeneración del hombre como un proceso, la objetivación como desobjetivación: como enajenación y como supresión de esta enajenación; que capta la esencia del ''trabajo'' y concibe el hombre objetivo, verdadero porque real, como resultado de su ''propio trabajo''. La relación ''real'', activa, del hombre consigo mismo como ser genérico, o su manifestación de sí como un ser genérico general, es decir, como ser humano, sólo es posible merced a que el realmente exterioriza todas sus ''fuerzas'' ''genéricas'' (lo cual, a su vez, sólo es posible por la cooperación de los hombres, como resultado de la historia) y se comporta frente a ellas como frente a objetos (lo que, a su vez, sólo es posible de entrada en la forma del extrañamiento). Expondremos ahora detalladamente la unilateralidad los limites de Hegel a la luz del capítulo final de la ''Fenomenología,'' el saber absoluto: un capítulo que contiene tanto el espíritu condensado de la Fenomenología, su relación con la dialéctica especulativa, como la ''conciencia'' de Hegel sobre ambos y sobre su relación recíproca. De momento, anticiparemos sólo esto: Hegel se coloca en el punto de vista de la Economía Política moderna. Concibe el ''trabajo'' como la ''esencia'' del hombre, que se prueba a si misma; él sólo ve el aspecto positivo del trabajo, no su aspecto negativo. El trabajo es el ''devenir'' ''para sí del hombre'' dentro de la enajenación o como hombre ''enajenado''. El único trabajo que Hegel conoce y reconoce es el ''abstracto espiritual''. Lo que, en general, constituye la esencia de la Filosofía, la ''enajenación'' ''del'' ''hombre'' ''que se conoce'', o la ciencia ''enajenada'' ''que se piensa'', lo capta Hegel como esencia del trabajo y por eso puede, frente a la filosofía precedente, reunir sus diversos momentos, presentar su Filosofía como ''la'' Filosofía. Lo que los otros filósofos hicieron (captar momentos aislados de la naturaleza y de la vida humana con momentos de la autoconciencia o, para ser precisos, de la autoconciencia abstracta) lo ''sabe'' Hegel como el ''hacer'' de la Filosofía, por eso su ciencia es absoluta. Pasemos ahora a nuestro tema. ''El saber absoluto. Capítulo final de la'' Fenomenología La cuestión fundamental es que el ''objeto'' de la ''conciencia'' no es otra cosa que la ''autoconciencia'', o que el objeto no es sino la ''autoconciencia'' ''objetivada,'' la autoconciencia como objeto (poner al hombre = autoconciencia). Importa, pues, superar el ''objeto'' ''de la'' ''conciencia.'' La objetividad como tal es una relación enajenada del hombre, una relación que no corresponde a la ''esencia humana'', a la autoconciencia. La ''reapropiación'' de la esencia objetiva del hombre, generada como extraña bajo la determinación del extrañamiento, no tiene, pues, solamente la. significación de suprimir el extrañamiento, sino también la ''objetividad;'' es decir, el hombre pasa por ser ''no objetivo'', ''espiritualista.'' El movimiento de la ''superación'' ''del objeto de la'' ''conciencia'' lo describe Hegel del siguiente modo: El ''objeto'' no se muestra únicamente (esta es, según Hegel, la concepción ''unilateral'' que capta una sola cara de aquel movimiento) como retornando al ''si mismo''. El hombre es puesto como igual al si mismo. Pero el si mismo no es sino el hombre ''abstractamente'' concebido y generado mediante la abstracción. El hombre ''es'' mismeidad. Su ojo, su oído, etc., son ''mismeidad;'' cada una de sus fuerzas esenciales tiene en él la propiedad de ''la mismeidad.'' Pero por eso es completamente falso decir: la ''autoconciencia'' tiene ojos, oídos, fuerzas esenciales. La autoconciencia es más bien una cualidad de la naturaleza humana, del ojo humano, etc., no la naturaleza humana de la (XXIV) ''autoconciencia.'' El si mismo abstraído y fijado para sí es el hombre como ''egoísta abstracto'', el ''egoísmo'' en su pura abstracción elevado hasta el pensamiento (volveremos más tarde sobre esto). La ''esencia humana'', el ''hombre'', equivale para Hegel a ''autoconciencia.'' Todo extrañamiento de la esencia humana no es ''nada'' más que ''extrañamiento'' ''de la'' ''autoconciencia.'' El extrañamiento de la conciencia no es considerado como ''expresión'' (expresión que se refleja en el saber y el pensar) del extrañamiento ''real'' de la humana esencia. El extrañamiento ''verdadero,'' que se manifiesta como real, no es, por el contrario, según su más intima y escondida esencia (que sólo la Filosofía saca a la luz) otra cosa que el ''fenómeno'' del extrañamiento de la esencia humana real, de la ''autoconciencia.'' Por eso la ciencia que comprende esto se llama ''Fenomenología.'' Toda reapropiación de la esencia objetiva enajenada aparece así como una incorporación en la autoconciencia; el hombre que se apodera de su esencia real no es sino la autoconciencia que se apodera de la esencia objetiva; el retorno del objeto al si mismo es, por tanto, la reapropiación del objeto. Expresada ''de forma'' ''universal,'' la ''superación'' ''del objeto'' de la ''autoconciencia'' es: 1) Que el objeto en cuanto tal se presenta a la conciencia como evanescente; 2) Que es la enajenación de la autoconciencia la que pone la coseidad; 3) Que esta enajenación no sólo tiene significado ''positivo,'' sino también ''negativo'', 4) Que no lo tiene sólo ''para nosotros'' o en sí, sino también para ella; 5) Para ella [la autoconciencia] lo negativo del objeto o su autosupresión tiene significado ''positivo,'' o lo que es lo mismo, ella ''conoce'' esta negatividad del mismo porque ella se enajena así misma, pues en esta enajenación ella ''se'' pone como objeto o pone al objeto como si misma en virtud de la inseparable unidad del ''ser para sí'' 6) De otra parte, está igualmente presente este otro momento, a saber: que ella [la autoconciencia] ha superado y retomado en sí misma esta enajenación y esta objetividad, es decir, en ''su'' ser otro ''como tal'' está ''junto a sí''; 7) Este es el movimiento de la conciencia y ésta es, por ella, la totalidad de sus momentos; 8) Ella [la autoconciencia] tiene que comportarse con el objeto según la totalidad de sus determinaciones tiene que haberlo captado, así, según cada una de ellas. Esta totalidad de sus determinaciones lo hace ''en sí esencia espiritual'' y para la conciencia se hace esto verdad por la aprehensión de cada una de ellas [las determinaciones] en particular como el al ''mismo'' o por el antes mencionado comportamiento espiritual hacia ellas. Ad. 1) El que el objeto como tal se presente ante la conciencia como evanescente es el antes mencionado ''retorno'' ''del objeto al si mismo''. Ad. 2) La enajenación ''de la autoconciencia'' pone la ''coseidad''. Puesto que el hombre = autoconciencia, su esencia objetiva enajenada, o la ''coseidad'' (lo que para él es ''objeto'', y solo es verdaderamente objeto para él aquello que le es objeto esencial, es decir, aquello que es su esencia ''objetiva.'' Ahora bien, puesto que no se hace sujeto al ''hombre real'' como tal y, por tanto, tampoco a la naturaleza el hombre es la ''naturaleza'' ''humana'' sino sólo a la abstracción del hombre, a la autoconciencia, la coseidad sólo puede ser la autoconciencia enajenada), equivale a la ''autoconciencia'' enajenada y la ''coseidad'' es puesta por esta enajenación. Es completamente natural que un ser vivo, natural, dotado y provisto de fuerzas esenciales objetivas, es decir, materiales, tenga ''objetos reales, naturales'', de su ser, así como que su autoenajenación sea el establecimiento de un mundo ''real'', objetivo, pero bajo la forma de la ''exterioridad,'' es decir, no perteneciente a su ser y dominándolo. No hay nada inconcebible o misterioso en ello. Mas bien seria misterioso lo contrario. Pero igualmente claro es que una ''autoconciencia,'' es decir, su enajenación, sólo puede poner la ''coseidad,'' es decir, una cosa abstracta, una cosa de la abstracción y no una cosa ''real''. Es además (XXVI) también claro que la coseidad, por tanto, no es nada ''independiente, esencial'', frente a la autoconciencia, sino una simple creación, algo ''puesto'' por ella, y lo puesto, en lugar de afirmarse a sí mismo, es sólo una afirmación del acto de poner, que por un momento fija su energía como el producto y, ''en apariencia'' pero sólo por un momento le asigna un ser independiente, real. Cuando el ''hombre'' real, corpóreo, en pie sobre la tierra firme y aspirando y exhalando todas las fuerzas naturales, ''pone'' sus fuerzas ''esenciales'' reales y objetivas como objetos extraños mediante su enajenación, el acto de ''poner'' no es el sujeto; es la ''subjetividad'' de fuerzas esenciales ''objetivas'' cuya acción, por ello, ha de ser también ''objetiva.'' El ser objetivo actúa objetivamente y no actuaría objetivamente si lo objetivo no estuviese implícito en su determinación esencial. ''Sólo'' crea, sólo pone ''objetos porque'' él [el ser objetivo] esta puesto por objetos, porque es de por sí naturaleza. En el acto del poner no cae, pues, de su «actividad pura» en una creación del ''objeto'', sino que su producto ''objetivo'' confirma simplemente su ''objetiva'' actividad, su actividad como actividad de un ser natural y objetivo. Vemos aquí cómo el naturalismo realizado, o humanismo, se distingue tanto del idealismo como del materialismo y es, al mismo tiempo, la verdad unificadora de ambos. Vemos, también, cómo sólo el naturalismo es capaz de comprender el acto de la historia universal. El ''hombre'' es inmediatamente ''ser natural''. Como ser ''natural,'' y como ser natural vivo, está, de una parte dotado de ''fuerzas naturales'', de ''fuerzas vitales'', es un ser natural ''activo;'' estas fuerzas existen en él como talentos y capacidades, como ''impulsos''; de otra parte, como ser natural, corpóreo, sensible, objetivo es, como el animal y la planta, un ser ''paciente'', condicionado y limitado; esto es, los objetos de sus impulsos existen fuera de él. En cuanto ''objetos'' independientes de él, pero estos objetos los son ''objetos'' de su ''necesidad'', indispensables y esenciales para el ejercicio y afirmación de sus fuerzas esenciales. El que el hombre sea un ser ''corpóreo'' con fuerzas naturales, vivo, real, sensible, objetivo, significa que tiene como objeto de su ser, de su exteriorización vital ''objetos reales, sensibles'', o que sólo en objetos reales sensibles, puede ''exteriorizar'' su vida. ''Ser'' objetivo natural sensible, es lo mismo que tener fuera de si objeto, naturaleza, sentido, o que ser para un tercero objeto; naturaleza, sentido. El ''hambre'' es una ''necesidad'' natural; necesita, pues, una ''naturaleza'' fuera de si, un ''objeto'' fuera de si, para satisfacerse, para calmarse. El hambre es la necesidad objetiva que un cuerpo tiene de un ''objeto'' que está fuera de él y es indispensable para su integración y exteriorización esencial. El sol es el ''objeto'' de la planta, un objeto indispensable para ella, confirmador de su vida, así como la planta es objeto del sol, como ''exteriorización'' de la fuerza vivificadora del sol, de la fuerza esencial ''objetiva'' del so. Un ser que no tiene su naturaleza fuera de sí no es un ser ''natural'', no participa del ser de la naturaleza. Un ser que no tiene ningún objeto fuera de si no es un ser objetivo. Un ser que no es, a su vez, objeto para un tercer ser no tiene ningún ser como ''objeto'' suyo, es decir, no se comporta objetivamente, su ser no es objetivo. (XXVII) Un ser no objetivo es un ''no ser,'' un absurdo. Suponed un ser que ni es él mismo objeto ni tiene un objeto. Tal ser seria, en primer lugar, el ''único'' ser, no existiría ningún ser fuera de él, existiría único y solo. Pues tan pronto hay objetos fuera de mí, tan pronto no estoy solo, soy un ''otro, otra realidad'' que el objeto fuera de mí. Para este tercer objeto yo soy, pues, ''otra realidad'' que él, es decir, soy ''su'' objeto. Un ser que no es objeto de otro ser supone, pues, que no existe ''ningún'' ser objetivo. Tan pronto como yo tengo un objeto, este objeto me tiene a mi como objeto. Pero un ser ''no objetivo'' es un ser irracional, no sensible, sólo pensado, es decir, solo imaginado, un ente de abstracción. Ser ''sensible'', es decir, ser real, es ser objeto de los sentidos, ser objeto ''sensible'', en consecuencia, tener objetos sensibles fuera de sí, tener objetos de su sensibilidad. Ser sensible es ser paciente. El hombre como ser objetivo sensible es por eso un ser ''paciente'', y por ser un ser que siente su pasión un ser ''apasionado.'' La pasión es la fuerza esencial del hombre que tiende enérgicamente hacia su objeto. El hombre, sin embargo, no es sólo ser natural, sino ser natural ''humano'', es decir, un ser que es para si, que por ello es ser ''genérico,'' que en cuanto tal tiene que afirmarse: y confirmarse tanto en su ser como en su saber. Ni los objetos ''humanos'' son, pues, los objetos naturales tal como se ofrecen inmediatamente, ni el sentido ''humano'', tal como inmediatamente es, tal como es objetivamente, es ''sensibilidad'' humana, objetividad humana. Ni objetiva ni subjetivamente existe la naturaleza inmediatamente ante el ser ''humano'' en forma adecuada; y como todo lo natural tiene que ''nacer'', también el hombre tiene su acto de nacimiento, la ''historia,'' que, sin embargo, es para él una historia sabida y que, por tanto, como acto de nacimiento con conciencia, es acto de nacimiento que se supera a si mismo. La historia es la verdadera Historia Natural del hombre (a esto hay que volver). En tercer lugar, por ser este mismo acto de poner la coseidad sólo una apariencia, un acto que contradice la' esencia de la pura actividad, ha de ser a su vez superado y negada la coseidad. Ad. 3, 4, 5, 6: 3º) Esta enajenación de la conciencia no tiene solamente significado ''negativo,'' sino también ''positivo'' y, 4º, este significado positivo no sólo ''para nosotros'' o en sí, sino para ella, para la conciencia misma. 5) ''Para'' ''ella'' lo negativo del objeto o la autosuperación de éste tiene un significado ''positivo'' o, en otros términos, ella ''conoce'' esta negatividad del mismo porque ella se enajena a si ''misma'', pues en esta enajenación ella se ''conoce'' como objeto o conoce al objeto, merced a la inseparable unidad del ser para sí, como sí misma. 6) De otra parte, está aquí implícito simultáneamente el otro momento: que ella, igualmente, ha superado y retomado en si esta enajenación y objetividad, y que así en ''su ser otro como tal'' está junto a sí. Hemos ya visto que la apropiación del ser objetivo enajenado o la superación de la objetividad bajo la determinación de la enajenación (que ha de progresar desde la extrañeza indiferente hasta el real extrañamiento hostil) tiene para Hegel igualmente, o incluso principalmente, el significado de superar la ''objetividad,'' porque en el extrañamiento lo chocante para la autoconciencia no es el carácter ''determinado'' del objeto, sino su carácter objetivo. El objeto es por eso un negativo, algo que se supera a sí mismo, ''una'' ''negatividad.'' Esta negatividad del mismo no tiene para la conciencia un significado negativo sino positivo, pues esa negatividad del objeto es precisamente la ''autoconfirmación'' de la noobjetividad, de la ''abstracción'' (XXVIII) de él mismo. Para la ''conciencia misma'', la negatividad del objeto tiene un significado positivo porque ella ''conoce'' esta negatividad, el ser objetivo, como su autoenajenación; porque sabe que sólo es mediante su autoenajenación... El modo en que la conciencia es y en que algo es para ella es el ''saber''. El saber es su único acto. Por esto algo es para ella en la medida en que ella ''sabe'' este ''algo''. Saber es su único comportamiento objetivo. Ahora bien, la autoconciencia sabe la negatividad del objeto, es decir, el noserdiferente del objeto respecto de ella, el noser del objeto para ella, porque sabe al objeto como su autoenajenación, es decir, ella se sabe (el saber como objeto) porque el objeto es sólo la ''apariencia'' de un objeto, una fantasmagoría mentirosa, pero en su ser no es otra cosa que el saber mismo que se ha opuesto a al mismo y por eso se ha opuesto una negatividad, algo que no tiene ''ninguna'' objetividad fuera del saber; o, dicho de otra forma, el saber sabe que al relacionarse con un objeto, simplemente está ''fuera'' de sí, que se enajena, que ''él mismo'' sólo aparece ante sí como objeto, o que aquello que se le aparece como objeto sólo es él mismo. De otra parte, dice Hegel, aquí está implícito, al mismo tiempo, este otro momento: que la conciencia ha superado y retomado en si esta enajenación y esta objetividad y, en consecuencia, en ''su serotro en cuanto tal está junto a sí''. En esta disquisición tenemos juntas todas las ilusiones de la especulación. ''En primer lugar'': La conciencia, la autoconciencia, está en ''su serotro, en cuanto tal, junto a si''. Por esto la autoconciencia (o si hacemos abstracción aquí de la abstracción hegeliana y ponemos la autoconciencia del hombre en lugar de la autoconciencia) en ''su serotro en cuanto tal'' está junto a sí. Esto implica, primeramente, que la conciencia (el saber en cuanto saber, el pensar en cuanto pensar) pretende ser lo otro que ella misma, pretende ser sensibilidad, realidad, vida: el pensamiento que se sobrepasa en el pensamiento (Feuerbach). Este aspecto está contenido aquí en la medida en que la conciencia, sólo como conciencia, no se siente repelida por la objetividad extrañada, sino por la ''objetividad como tal.'' ''En segundo lugar'', esto implica que el hombre autoconsciente, que ha reconocido y superado como autoenajenación el mundo espiritual (o la existencia espiritual universal de su mundo), lo confirma, sin embargo, nuevamente en esta forma enajenada y la presenta como su verdadera existencia, la restaura, pretende estar junto a si ''en su serotro en cuanto tal''. Es decir, tras la superación, por ejemplo, de la Religión, tras haber reconocido la Religión como un producto de la autoenajenación, se encuentra, no obstante, confirmado en la ''Religión'' ''en cuanto Religión''. Aquí ''está'' la raíz del ''falso'' positivismo de Hegel o de su solo aparente criticismo; lo que Feuerbach llama poner, negar y restaurar la Religión o la Teología, pero que hay que concebir de modo más general. La razón está, pues, junto a sí en la sinrazón como sinrazón. El hombre que ha reconocido que en el Derecho, la Política, etc. lleva una vida enajenada, lleva en esta vida enajenada, en cuanto tal, su verdadera vida humana. La autoafirmación, la autoconfirmación en ''contradicción'' consigo mismo, tanto con el saber como con el ser del objeto, es el verdadero ''saber'' y la ''vida'' verdadera. Así, no puede hablarse más que de una acomodación de Hegel a la Religión, al Estado, etc., pues esta mentira es la mentira de su principio. (XXIX) Si yo ''sé'' que la Religión es la autoconciencia enajenada del hombre, sé confirmada en ella no mi autoconciencia, sino mi autoconciencia enajenada. Sé, por consiguiente, que mi yo mismo, la autoconciencia correspondiente a mi esencia, no se confirma en la ''Religión'', sino más bien en la Religión ''superada, aniquilada''. Así en Hegel la negación de la negación no es la confirmación de la esencia verdadera mediante la negación del ser aparente, sino la confirmación del ser aparente o del ser extrañado de sí en su negación; o la negación de este ser aparente como un ser objetivo que mora fuera del hombre y es independiente de él, y su transformación en sujeto. Un papel peculiar juega en ello el ''superar,'' en el que están anuladas la ''negación'' y la preservación, la afirmación. Así, por ejemplo, en la ''Filosofía del Derecho'' de Hegel, el ''Derecho'' ''Privado'' superado es igual a ''Moral'', la moral superada igual a ''familia,'' la familia superada igual a ''Sociedad civil'', la sociedad civil superada igual a ''Estado'', el Estado superado igual a ''Historia'' ''Universal.'' En la ''realidad'' siguen en pie Derecho privado, moral, familia, sociedad civil, Estado, etc., sólo que se han convertido en ''momentos'', en existencias y modos de existir del hombre que carecen de validez aislados, que se disuelven y se engendra recíprocamente, etc. ''Momentos'' ''del'' ''Movimiento.'' En su existencia real, esta su esencia ''móvil'' está oculta. Sólo en el pensar, en la Filosofía, se hace patente, se revela, y por eso mi verdadera existencia religiosa es mi existencia ''filosóficareligiosa,'' mi verdadera existencia política es mi existencia ''filosóficojurídica'', mi verdadera existencia natural es mi existencia ''filosóficonatural,'' mi verdadera existencia artística la existencia ''filosóficoartística,'' mi verdadera existencia humana es mi existencia ''filosófica.'' Del mismo modo, la verdadera existencia de la Religión, el Estado, la naturaleza, el arte, es la ''Filosofía'' de la Religión, de la naturaleza, del Estado, del arte. Pero si para mí la verdadera existencia de la Religión, etcétera, es únicamente la Filosofía de la Religión, sólo soy verdaderamente religioso como ''Filósofo de la Religión'' y niego así la religiosidad ''real'' y el hombre realmente ''religioso''. No obstante, al mismo tiempo los ''confirmo'', en parte, dentro de mi propia existencia o de la existencia ajena que les opongo, pues ésta ''es'' simplemente la expresión ''filosófica'' de aquéllos, y en parte en su peculiar forma originaria, pues ellos valen para mi como el meramente ''aparente'' ser otro, como alegorías, como formas, ocultas bajo envolturas sensibles, de su verdadera existencia, es decir, de mi existencia filosófica. Del mismo modo, la ''cualidad'' superada es igual a ''cantidad'', la cantidad superada igual a ''medida,'' la medida superada igual a ''esencia'', la esencia superada igual a ''fenómeno'', el fenómeno superado igual a ''realidad'', la realidad superada igual a ''concepto'', el concepto superado igual a ''objetividad,'' la objetividad superada igual a ''idea'' ''absoluta'', la idea absoluta superada igual a ''naturaleza,'' la naturaleza superada igual a ''espíritu subjetivo'', el espíritu subjetivo superado igual a espíritu objetivo, ''ético'', el espíritu ético superado igual a ''arte'', el arte superado igual a ''Religión'', la Religión superada igual a ''saber absoluto''. De un lado, este superar es un superar del ser pensado, y así la propiedad privada ''pensada'' se supera en la ''idea'' de la moral. Y como el pensamiento imagina ser inmediatamente lo otro que sí mismo, ''realidad sensible'' y como, en consecuencia, también su acción vale para él como acción ''real sensible'', este superar pensante, que deja intacto su objeto en la realidad, cree haberlo sobrepasado realmente. De otro lado, como el objeto es ahora para él momento de pensamiento, también en su realidad vale para él como confirmación de él mismo, de la autoconciencia, de la abstracción. (XXX) Por tanto, de una parte, las existencias que Hegel ''supera'' en la Filosofía no son la Religión, el Estado o la Naturaleza ''reales,'' sino la Religión misma ya como objeto del saber, es decir, la ''dogmática'', y así también la ''jurisprudencia,'' la ''ciencia del'' ''Estado'', la ''ciencia'' ''natural.'' De una parte, pues, está en oposición tanto al ser ''real'' como a la ''ciencia'' inmediata, no filosófica o al ''concepto'' no filosófico de este ser. Contradice, por tanto, los conceptos usuales de estas ciencias. De otra parte el hombre religioso, etc., puede encontrar en Hegel su confirmación final. Hay que resumir ahora los momentos ''positivos'' de la dialéctica hegeliana, dentro de la determinación del extrañamiento. a) El ''superar'' como movimiento objetivo ''que retoma'' en sí la enajenación. Es esta la visión, expresada dentro del extrañamiento, de la apropiación de la esencia objetiva mediante la superación de su extrañamiento, la visión enajenada de la ''objetivación'' ''real'' del hombre, de la apropiación real de su esencia objetiva mediante la aniquilación de la determinación enajenada del mundo objetivo, mediante su superación de su existencia enajenada. Del mismo modo que el ateísmo, en cuanto superación de Dios, es el devenir del humanismo teórico, el comunismo, en cuanto superación de la propiedad privada, es la reivindicación de la vida humana real como propiedad de sí misma, es el devenir del humanismo práctico, o dicho de otra forma, el ateísmo es el humanismo conciliado consigo mismo mediante la superación de la Religión; el comunismo es el humanismo conciliado consigo mismo mediante la superación de la propiedad privada. Sólo mediante la superación de esta mediación (que es, sin embargo, un presupuesto necesario) se llega al humanismo que comienza positivamente a partir de sí mismo, al humanismo ''positivo''. Pero ateísmo y comunismo no son ninguna huida, ninguna abstracción, ninguna perdida del mundo objetivo engendrado por el hombre, de sus fuerzas esenciales nacidas para la objetividad; no son una indigencia que retorna a la simplicidad antinatural no desarrollada. Son, por el contrario y por primera vez, el devenir real, la realización, hecha real para el hombre, de su esencia, y de su esencia como algo real. Al captar el sentido ''positivo'' de la negación referida a sí misma (aunque de nuevo lo haga en forma enajenada) Hegel entiende el extrañamiento, respecto de si mismo, la enajenación esencial, la desobjetivación y desrealización del hombre, como un ganarse a si mismo, como manifestación esencial, como objetivación, como realización. En resumen, aprehende (dentro de la abstracción) el trabajo como ''acto autogenerador'' del hombre, el relacionarse consigo mismo como un ser extraño, y su manifestarse como un ser extraño, como ''conciencia genérica'' y ''vida genérica'' en devenir. b) En Hegel (a pesar del absurdo ya señalado, o más bien a consecuencia de él) este acto aparece, sin embargo, en primer lugar, como acto ''puramente formal'' porque abstracto, porque el ser humano mismo sólo tiene valor como ser ''abstracto pensante'', como autoconciencia; en segundo lugar, como la aprehensión es ''formal'' y ''abstracta'', la superación de la enajenación se convierte en una confirmación de la enajenación o, dicho de otra forma, para Hegel ese movimiento de ''autogeneración,'' de ''autoobjetivación'' ''como'' ''autoenajenación'' y ''autoextrañamiento,'' es la ''manifestación absoluta de la vida humana'' y por eso la definitiva, la que constituye su propia meta y se satisface en si, la que toca a su esencia. En su forma abstracta (XXXI), como dialéctica, este movimiento pasa así por la ''vida verdaderamente humana'' pero como esta verdadera vida humana es una abstracción, un extrañamiento de la vida humana, esa vida es considerada como ''proceso'' ''divino,'' pero como el proceso divino del hombre; un proceso que recorre la esencia misma del hombre distinta de él, abstracta, pura, absoluta. ''En tercer lugar'': Este proceso ha de tener un portador, un sujeto; pero el sujeto sólo aparece en cuanto resultado; este resultado, el sujeto que se conoce como autoconciencia absoluta, es por tanto el ''Dios'', el ''espíritu'' ''absoluto'', la ''idea que se conoce y se afirma.'' El hombre real y la naturaleza real se convierten simplemente en predicados, en símbolos de este irreal hombre escondido y de esta naturaleza irreal. Sujeto y predicado tienen así el uno con el otro una relación de inversión absoluta ''sujetoobjeto'' ''místico'' o ''subjetividad que trasciende del objeto,'' el ''sujeto'' ''absoluto'' como un proceso, como ''sujeto'' que se enajena y vuelve a sí de la enajenación, pero que, al mismo tiempo, la retoma en sí; el sujeto como este proceso; el puro, ''incesante'' girar dentro de sí. ''Primero.'' Concepción ''formal'' y ''abstracta'' del acto de autogeneración u autoobjetivación del hombre. El objeto enajenado, la realidad esencial enajenada del hombre no son nada más (puesto que Hegel identifica entre y autoconciencia) que ''conciencia'', simplemente la idea del extrañamiento, su expresión ''abstracta'' y por ello irreal y carente de contenido, la ''negación.'' Igualmente, la superación de la enajenación no es por tanto nada más que una superación abstracta y carente de contenido de esa vacía abstracción, la ''negación'' ''de la negación''. La actividad plena de contenido viva, sensible y concreta de la autoobjetivación se convierte así en su pura abstracción, en ''negatividad'' ''absoluta;'' una abstracción que, a su vez, es fijada como tal y pensada como una actividad independiente, como la actividad por antonomasia. Como esta llamada negatividad no es otra cosa que la forma ''abstracta,'' ''carente de contenido'', de aquel acto vivo, real, su contenido sólo puede ser un contenido ''formal'', generado por la abstracción de todo contenido. Se trata, pues, de las ''formas'' generales y abstractas de la ''abstracción,'' propias de todo contenido y, en consecuencia, indiferentes respecto de cualquier contenido y válidas para cualesquiera de ellos; son las formas de pensar, las categorías lógicas desgarradas del espíritu ''real'' y de la ''real'' naturaleza. (Más adelante desarrollaremos el contenido ''lógico'' de la negatividad absoluta.) Lo positivo, lo que Hegel ha aportado aquí (en su lógica especulativa) es que, al ser los ''conceptos determinados'' las ''formas fijas'' y generales ''del pensar'', en su independencia frente a la naturaleza y el espíritu, un resultado necesario del extrañamiento universal del ser humano y, por tanto, del pensamiento humano, Hegel las ha expuesto y resumido como momentos del proceso de abstracción. Por ejemplo, el ser superado es esencia, la esencia superada concepto, el concepto superado... idea absoluta. ¿Pero qué es la idea absoluta? Ella se supera, a su vez, a sí misma si no quiere recorrer de nuevo y desde el principio todo acto de la abstracción y no quiere contentarse con ser una totalidad de abstracciones o la abstracción que se aprehende a al misma. Pero la abstracción que se aprehende como abstracción se conoce como nada; tiene que abandonarse a si misma, a la abstracción, y llega así junto a un ser que es justamente su contrario, junto a la ''naturaleza''. La lógica toda es la prueba de que el pensamiento abstracto no es nada para si, de que la idea absoluta de por sí no es nada, que ''únicamente'' la naturaleza es algo. (XXXII) La idea absoluta, la ''idea abstracta'', que ''«considerada'' en su unidad consigo es ''contemplación»'' (Hegel, ''Enciclopedia'' 3ª de., pág. 222), que «en la absoluta verdad de sí misma se ''resuelve a dejar salir'' libremente de sí el momento de su particularidad o de la primera determinación y serotro, la ''idea inmediata'' como reflejo suyo; que se resuelve a ''hacerse salir de si misma'' ''como Naturaleza»'' ''(I. c.)'', toda esta idea que se comporta de forma tan extraña y barroca y ha ocasionado a los hegelianos increíbles dolores de cabeza, no es, a fin de cuentas, sino la ''abstracción'', es decir, el pensador abstracto. Es la abstracción que, aleccionada por la experiencia e ilustrada sobre su verdad, se resuelve, bajo ciertas condiciones (falsas y todavía también abstractas) a ''abandonarse'' y a poner su serotro, lo particular, lo determinado, en lugar de su serjuntoasí, de su no ser, de su generalidad y su indeterminación. Se resuelve a ''dejar salir libremente fuera de sí la Naturaleza'', que escondía en si solo como abstracción, como cosa de pensamiento. Es decir, se resuelve a abandonar la abstracción y a contemplar por fin la naturaleza ''liberada'' de ella. La idea abstracta, que se convierte inmediatamente en ''contemplación,'' no es en realidad otra cosa que el pensamiento abstracto que renuncia a sí mismo y se resuelve a la ''contemplación.'' Todo este tránsito de la ''Lógica'' a la ''Filosofía de la Naturaleza'' no es sino el tránsito (de tan difícil realización para el pensador abstracto, que por eso lo describe en forma tan extravagante) de la ''abstracción'' a la contemplación. El sentido ''místico'' que lleva al filósofo del pensar abstracto al contemplar es el ''aburrimiento,'' la nostalgia de un contenido. (El hombre extrañado de si mismo es también el pensador extrañado de su ''esencia'', es decir, de la esencia natural y humana. Sus pensamientos son, por ello, espíritus que viven fuera de la Naturaleza y del hombre. En su ''Lógica'', Hegel ha encerrado juntos todos estos espíritus y ha comprendido a cada uno de ellos, en primer lugar, como negación, es decir, como ''enajenación'' del pensar humano, después como negación de la negación, es decir, como superación de esta enajenación, como ''verdadera'' exteriorización del pensar humano; pero, presa ella misma aun en el extrañamiento, esta negación de la negación es, en parte, la restauración de estos espíritus en el extrañamiento, en parte la fijación en el último acto, el relacionarseconsigomismos en la enajenación como existencia verdadera de estos espíritus. (Es decir, Hegel coloca en lugar de aquella abstracción fija el acto de la abstracción que gira en torno a sí mismo; con esto tiene ya el mérito de haber mostrado la fuente de todos esos conceptos impertinentes, que de acuerdo con el momento de su origen pertenecen a distintas filosofías; de haberlos reunido y de haber creado como objeto de la crítica en lugar de una abstracción determinada, la abstracción consumada en toda su extensión,) (Más tarde veremos por qué Hegel separa el pensamiento del ''sujeto''; desde ahora está ya claro, sin embargo, que cuando el hombre no es, tampoco su exteriorización vital puede ser humana y, por tanto, tampoco podía concebirse el pensamiento como exteriorización esencial del hombre como un sujeto humano y natural, con oídos, ojos, etcétera, que vive en la sociedad, en el mundo y en la naturaleza), en parte, y en la medida en que esta abstracción se comprende a si misma y se aburre infinitamente de sí misma, el abandono del pensamiento abstracto que se mueve sólo en el pensamiento y no tiene ni ojos, ni dientes, ni orejas, ni nada, aparece en Hegel como la decisión de reconocer a la ''naturaleza'' como esencia y dedicarse a la contemplación. (XXXIII). Pero también la ''Naturaleza'' tomada en abstracto para sí, fijada en la separación respecto del hombre, no es ''nada'' para el hombre. Es fácil entender que el pensador abstracto que se ha decidido a la contemplación la contempla abstractamente. Como la naturaleza yacía encerrada por el pensador en la figura, para él mismo escondida y misteriosa, de idea absoluta, de cosa pensada, cuando la ha puesto en libertad sólo ha liberado verdaderamente de sí esta ''naturaleza abstracta'' (pero ahora con el significado de que ella es el serotro del pensamiento, la naturaleza real, contemplada, distinta del pensamiento), sólo ha liberado la naturaleza en cuanto cosa ''pensada''. O para hablar un lenguaje humano, el pensador abstracto, en su contemplación de la naturaleza, aprende que los seres que él quería crear de la nada, de la pura abstracción, de la divina dialéctica, como productos puros del trabajo del pensamiento que se mece en sí mismo y no se asoma jamás a la realidad, no son otra cosa que ''abstracciones'' de ''determinaciones naturales''. La naturaleza toda le repite, pues, en forma exterior, sensible, las abstracciones lógicas. El ''analiza'' de nuevo unas y otras abstracciones. Su contemplación de la naturaleza es únicamente el acto confirmatorio de su abstracción de la contemplación de la naturaleza, el acto genético, conscientemente repetido por él, de su abstracción. Así es, por ejemplo: el tiempo igual a la negatividad que se relaciona consigo misma (pág. 238, 1. c.) Al devenir superado como existencia corresponde forma natural el movimiento superado como materia. La luz es la forma ''natural'' de la ''reflexión en sí''. El cuerpo como ''Luna'' y ''cometa'' es la forma ''natural'' de la ''oposición'' que, según la Lógica, es, de una parte, lo ''positivo que descansa sobre si mismo'', de la otra, lo ''negativo'' que descansa sobre sí mismo. La tierra es la forma ''natural'' del ''fundamento'' lógico como unidad negativa de los opuestos, etc. La ''Naturaleza'' como ''Naturaleza'', es decir, en cuanto se distingue aun sensiblemente de aquel sentido secreto oculto en ella, la naturaleza separada, distinta de estas abstracciones, es ''nada'', una ''nada que se confirma como nada'', ''carece de sentido'' o tiene sólo el sentido de una exterioridad que ha sido superada. «En el punto de vista teleológicofinito se encuentra el justo supuesto de que la Naturaleza no tiene en sí misma el en absoluto» (pág. 225). Su fin es la confirmación de la abstracción. «La Naturaleza se ha revelado como la idea en la ''forma'' del ''ser'' ''otro''. Puesto que la ''idea'' es, así, lo negativo de sí misma o ''exterior'' a ''sí misma'', la naturaleza no es exterior sólo frente a esta idea, sino que la exterioridad constituye la determinación en la cual ella es en cuanto naturaleza» (página 227) No hay que entender aquí la ''exterioridad'' como ''sensibilidad'' ''que se'' ''exterioriza,'' abierta a la luz y al hombre sensible. Esta exterioridad hay que tomarla aquí en el sentido de la enajenación, de una falta, de una imperfección que no debía ser. Pues lo verdadero es siempre la idea. La naturaleza es únicamente la ''forma'' de su ''serotro''. Y como quiera que el pensamiento abstracto es la esencia, lo que le es exterior es, de acuerdo con su esencia, simplemente un ''exterior''. El pensador abstracto reconoce, al mismo tiempo, que la esencia de la Naturaleza es la ''sensibilidad,'' la ''exterioridad'' en oposición al pensamiento que se mece en sí mismo. Pero, simultáneamente, expresa esta oposición de tal forma que esta ''exterioridad de la naturaleza,'' su ''oposición'' al pensamiento, es su ''defecto;'' que en la medida en que la naturaleza se distingue de la abstracción es una esencia defectuosa (XXXIV). Una esencia que es defectuosa no sólo para mi, ante mis ojos, una esencia que es defectuosa en al misma, que tiene fuera de sí algo de lo que ella carece. Es decir, su esencia es algo otro que ella misma. Para el pensador abstracto la naturaleza, por tanto, tiene que superarse a sí misma, pues ya ha sido puesta por él como una esencia potencialmente ''superada''. «El espíritu tiene ''para nosotros'', como ''presupuesto'', la ''naturaleza'' de la cual es la ''verdad'' y, por ello, lo ''absoluto primero''. En esta verdad ha ''desaparecido'' la naturaleza y el Espíritu se ha revelado como la Idea llegada a su serpara sí, de la cual es el ''concepto'' tanto ''objeto'' como ''sujeto''. Esta identidad es ''absoluta'' ''negatividad,'' porque en la naturaleza tiene el concepto su plena objetividad exterior, pero esta enajenación suya ha sido superada y el concepto se ha hecho en ella idéntico consigo mismo. Así él es esta identidad sólo como retorno de la naturaleza» (pág. 392). «La ''revelación,'' que como idea ''abstracta'' es tránsito inmediato, ''devenir'' de la naturaleza, es, como revelación del espíritu, que es libre, ''establecimiento'' de la naturaleza como mundo ''suyo;'' un establecimiento que como reflexión es al mismo tiempo ''presuposición'' del mudo como naturaleza independiente. La revelación en el concepto es creación de la naturaleza como ser del espíritu, en la cual él se da la ''afirmación'' y ''verdad'' de su ''libertad''... ''Lo absoluto'' ''es el espíritu''; esta es la definición suprema de lo Absoluto». {{Plantilla:Manuscritos económicos y filosóficos de 1844/Tercer Manuscrito}} idzk55seavuu0biw1dzgy6totoc2c1k Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista/II 0 21941 1665534 1631678 2026-06-21T00:57:43Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665534 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista]] |sección=II |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ==II== ===[1. Condiciones de la liberación real de los hombres]=== [1] Como es lógico, no tomaremos el trabajo de ilustrar a nuestros sabios filósofos acerca de que la &#171;liberación&# 187; del &#171;hombre&#187; no ha avanzado todavía un paso siquiera si han disuelto la filosofía, la teología, la sustancia y toda la demás porquería en la &#171;autoconciencia&#187;, si han liberado al &#171;hombre&#187; de la dominación de estas frases, a las que jamás ha estado sometido <ref>Glosas marginales de Marx: &#171;Liberación filosófica y real&#187;. &#171;El hombre ''en general''. ''El único''. ''El individuo''&#187;. &#171;Condiciones geológicas hidrográficas, etc. El cuerpo humano. La necesidad y el trabajo&#187;. (N. de la Edit.)</ref>; acerca de que la liberación real no es posible si no es en el mundo real y con medios reales, que no se puede abolir la esclavitud sin la máquina de vapor y la mule jenny, que no se puede abolir el régimen de la servidumbre sin una agricultura mejorada, que, en general, no se puede liberar a los hombres mientras no estén en condiciones de asegurarse plenamente comida, bebida, vivienda y ropa de adecuada calidad y en suficiente cantidad. La &#171;liberación&#187; es un acto histórico y no mental, y conducirán a ella las relaciones históricas, el estado de la industria, del comercio, de la agricultura, de las relaciones...<ref>El manuscrito está deteriorada: falta la parte inferior de la hoja y una línea del texto. (N. de la Edit.)</ref> [2] luego, además, en consonancia con los distintos grados de su desarrollo, el absurdo de la sustancia, el sujeto, la autoconciencia y la crítica pura, exactamente de la misma manera que el absurdo religioso y teológico, y después de eso volverán a suprimirla cuando hayan avanzado bastante en su desarrollo <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Frases y movimiento real. Significación de las frases para Alemania&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. Desde luego, en un país como Alemania, donde el desarrollo histórico sólo se produce de la forma más trivial, estos movimientos en la esfera del pensamiento puro, esta trivialidad glorificada e inactiva compensan la insuficiencia de movimientos históricos, arraigan y hay que combatirlos. Pero, esta lucha es de importancia local <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;El lenguaje es la lengua de la realidad&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. ===[2. Crítica del materialismo contemplativo e inconsecuente de Feuerbach]=== ... <ref>Aquí faltan cinco páginas del manuscrito. (N. de la Edit.)</ref> [8] de lo que se trata en realidad y para el materialista ''práctico'', es decir, para el ''comunista '', es de revolucionar el mundo existente, de atacar prácticamente y de hacer cambiar las cosas con que nos encontramos. Allí donde encontramos en Feuerbach semejantes concepciones, no pasan nunca de intuiciones sueltas, que influyen demasiado poco en su modo general de concebir para que podamos considerarlas más que como simples gérmenes, susceptibles de desarrollo. La &#171;concepción&#187; feuerbachiana del mundo sensorial se limita, de una parte, a su mera contemplación y, de otra parte, a la mera sensación: dice &#171;el hombre&#187; en vez de los &#171;hombres históricos reales&#187;. &#171;El hombre como tal&#187; es, en ''realiter'' <ref>En realidad. (N. de la Edit.)</ref>, el &#171;alemán&#187;. En el primer caso, en la ''contemplación'' del mundo sensorial, tropieza necesariamente con cosas que contradicen a su conciencia y a su sentimiento, que trastornan la armonía por él presupuesta de todas las partes del mundo sensorial y, principalmente, del hombre y la naturaleza <ref>NB. El error de Fenerbach no consiste en subordinar lo que está a mano, la ''apariencia'' sensorial a la realidad sensorial, comprobada mediante la indagación más exacta de los hechos percibidos por los sentidos, sino en que no acierte a enjuiciar en última instancia los datos de los sentidos sin verlos con los &#171;ojos&#187;, es decir, a través de las &#171;gafas&#187;, del ''filósofo''.</ref> . Para eliminar esta contradicción, Feuerbach se ve obligado a recurrir a una doble contemplación, oscilando entre una concepción profana, que sólo ve &#171;lo que está a mano&#187;, y otra superior, filosófica, que contempla la &#171;verdadera esencia&#187; de las cosas. No ve que el mundo sensorial que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en sentido en que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica su organización social con arreglo a las nuevas necesidades. Hasta los objetos de la &#171;certeza sensorial&#187; más simple le vienen dados solamente por el desarrollo social, la industria y el intercambio comercial. Así es sabido que el cerezo, como casi todos los árboles frutales, fue transplantado a nuestra zona hace pocos siglos por obra del '' comercio'' y, ''por medio'' de esta acción de una determinada sociedad y de una determinada época, fue entregado a la &#171;certeza sensorial&#187; de Feuerbach. Por lo demás, en esta concepción de las cosas tal y como realmente son y han acaecido, todo profundo problema filosófico, como se mostrará más claramente en lo sucesivo, se reduce a un hecho empírico puro y simple. Así, por ejemplo, el importante problema de la actitud del hombre hacia la naturaleza (o, incluso, como dice Bruno (pág.110) <ref>Se refiere al artículo de B. Bauer "Característica de Ludwig Feuerbach", inserto en la revista "Wigand's Vierteljahrsschrift" de 1845, t. III, págs. 86-146.</ref>, &#171;antítesis de la naturaleza y la historia&#187;, como si se tratase de dos &#171;cosas&#187; distintas y el hombre no tuviera siempre ante sí una naturaleza histórica y una historia natural), del que han brotado todas las &#171;obras inescrutablemente altas&#187; <ref>Goethe. "Fausto, Prólogo en los cielos". (N. de la Edit.)</ref> sobre la &#171;sustancia&#187; y la &#171;autoconciencia&#187;, desaparece por sí mismo ante la convicción de que la famosísima &#171;unidad del hombre con la naturaleza&#187; ha consistido siempre en la industria, siendo de uno u otro modo según el mayor o menor desarrollo de la industria en cada época, lo mismo que la &#171;lucha&#187; del hombre con la naturaleza, hasta el desarrollo de sus fuerzas productivas sobre la base correspondiente. La industria y el comercio, la producción y el intercambio de los medios de vida condicionan, por su parte, y se hallan, a su vez, condicionados en cuanto al modo de funcionar por la distribución, por la estructura de las diversas clases sociales; y así se explica por qué Feuerbach, en Mánchester, por ejemplo, sólo encuentra fábricas y máquinas, donde hace unos cien años no había más que tornos de hilar y telares movidos a mano, o que en la ''Campagna di Roma'', donde en la época de Augusto no habría encontrado más que viñedos y villas de capitalistas romanos, sólo haya hoy pastizales y pantanos. Feuerbach habla especialmente de la contemplación de la naturaleza por la ciencia, cita misterios que sólo se revelan a los ojos del físico y del químico, pero &#191;qué sería de las ciencias naturales, a no ser por la industria y el comercio? Incluso estas ciencias naturales &#171;poras&#187; sólo adquieren su fin como su material solamente gracias al comercio y a la induatria, gracias a la actividad sensorial de los hombres. Y hasta tal punto es esta actividad, este continuo laborar y crear sensorios, esta producción, la base de todo el mundo sensorio tal y como ahora existe, que si se interrumpiera aunque sólo fuese durante un año, Feuerbach no sólo se encontraría con enormes cambios en el mundo natural, sino que pronto echaría de menos todo el mundo humano y su propia capacidad de contemplación y hasta su propia existencia. Es cierto que queda en pie, en ello, la prioridad de la naturaleza exterior y que todo esto no es aplicable al hombre originario, creado por ''generatio aequivoca'' <ref>Generación espontánea. (N. de la Edit.)</ref>, pero esta diferencia sólo tiene sentido siempre y cuando se considere al hombre como algo distinto de la naturaleza. Por demás, esta naturaleza anterior a la historia humana no es la naturaleza en que vive Feuerbach, sino una naturaleza que, fuera tal vez de unas cuantas islas coralíferas australianas de reciente formación, no existe ya hoy en parte alguna, ni existe tampoco, por tanto, para Feuerbach. Es cierto que Feuerbach [10] les lleva a los materialistas &#171;puros&#187; la gran ventaja de que estima que también el hombre es un &#171;objeto sensorio&#187;; pero, aun aparte de que sólo lo ve como &#171;objeto sensorio&#187; y no como &#171;actividad sensoria&#187;, manteniéndose también en esto dentro de la teoría, sin concebir los hombres dentro de su conexión social dada, bajo las condiciones de vida existentes que han hecho de ellos lo que son, no llega nunca, por ello mismo, hasta el hombre realmente existente, hasta el hombre activo, sino que se detiene en el concepto abstracto &#171;el hombre&#187;, y sólo consigue reconocer en la sensación el &#171;hombre real, individual, corpóreo&#187;; es decir, no conoce más &#171;relaciones humanas&#187; &#171;entre el hombre y el hombre&#187; que las del amor y la amistad, y además, idealizadas. No nos ofrece crítica alguna de las condiciones de vida actuales. No consigue nunca, por tanto, concebir el mundo sensorial como la ''actividad'' sensoria y viva total de los individuos que lo forman, razón por la cual se ve obligado, al ver, por ejemplo, en vez de hombres sanos, un tropel de seres hambrientos, escrofulosos, agotados por la fatiga y tuberculosis, a recurrir a una &#171;contemplación más alta&#187; y a la ideal &#171;compensación dentro del género&#187;; es decir, a reincidir en el idealismo precisamente allí donde el materialista comunista ve la necesidad y, al mismo tiempo, la condición de una transformación radical tanto de la industria como del régimen social. En la medida en que Feuerbach es materialista, se mantiene al margen de la historia, y en la medida en que toma la historia en consideración, no es materialista. Materialismo e historia aparecen completamente divorciados en él, cosa que, por lo demás, se explica por lo que dejamos expuesto <ref>Luego sigue un texto tachado: &#171;El que nos detengamos aquí, no obstante, en la historia más detalladamente, es porque los alemanes están acostumbrados a figurarse, al oír las palabras &#171;historia&#187; e &#171;histórico&#187;, todo lo que se quiera menos la realidad, de lo cual ofrece un brillante ejemplo la &#171;oratoría sagrada&#187; de San Bruno&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. ===[3. Relaciones históricas primarias, o aspectos básicos de la actividad social: producción de medios de subsistencia, creación de nuevas necesidades, reproducción del hombre (la familia), relación social, conciencia]=== [11] <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Historia&#187;. (N. de la Edit.)</ref> Tratándose de los alemanes, situados al margen de toda premisa, debemos comenzar señalando que la primera premisa de toda existencia humana y también, por tanto, de toda historia, es que los hombres se hallen, para &# 171;hacer historia&#187; <ref>Cfr. el presente tomo, pág. 42. (N. de la Edit.)</ref>, en condiciones de poder vivir. Ahora bien, para vivir hacen falta ante todo comida, bebida, vivienda, ropa y algunas cosas más <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Hegel. Condiciones geológicas, hidrográficas, etc. Cuerpos humauos. Necesidad, trabajo&#187;. (N. de la Edit.)</ref> <ref>Véase Hegel, "Filosofía de la Historia, Introducción, Base geográfica de la Historia Universal".</ref>. El primer hecho histórico es, por consiguiente, la producción de los medios indispensables para la satisfacción de estas necesidades, es decir la producción de la vida material misma, y no cabe duda de que es éste un hecho histórico, una condición fundamental de toda historia, que lo mismo hoy que hace miles de años, necesita cumplirse todos los días y a todas horas, simplemente para asegurar la vida de los hombres. Y aun cuando la vida de los sentidos se reduzca al mínimum, a lo más elemental &#8212;a un palo&#8212; <ref>Se alude a una expresión que B. Bauer hace en su "Característica de Ludwig Feuerbach" ("Wigand's Vierteljahrsschrift" de 1845, t. III, pág. 130).</ref>, como en San Bruno, este mínimo presupondrá siempre, necesariamente, la producción de dicho palo. Por consiguiente, lo primero, en toda concepción histórica, es observar este hecho fundamental en toda su significación y en todo su alcance y colocarlo en el lugar que le corresponde. Cosa que los alemanes, como es sabido, no han hecho nunca, razón por la cual jamás han tenido una base ''terrenal'' para la historia ni, consiguientemente, un historiador. Los franceses y los ingleses, aun cuando concibieron de un modo extraordinariamente unilateral el entronque de este hecho con la llamada historia, sobre todo los que se vieron prisioneros de la ideología política, hicieron, sin embargo, los primeros intentos encaminados a dar a la historiografía una base material, al escribir las primeras historias de la sociedad civil, del comercio y de la industria. Lo segundo es que [12] la satisfacción de esta primera necesidad, la acción de satisfacerla y la adquisición del instrumento necesario para ello conduce a nuevas necesidades, y esta creación de necesidades nuevas constituye el primer hecho histórico. Y ello demuestra inmediatamente de quién es hija espiritual la gran sabiduría histórica de los alemanes que, cuando les falta el material positivo y no se trata de necedades políticas, teológicas ni literarias, no nos ofrecen ninguna clase de historia, sino que hacen desfilar ante nosotros los &#171;tiempos prehistóricos&#187;, pero sin detenerse a explicarnos cómo se pasa de este absurdo de la &#171;prehistoria&# 187; a la historia en sentido propio, aunque es evidente, por otra parte, que sus especulaciones históricas se lanzan con especial fruición a esta &#171;prehistoria&#187; porque en ese terreno creen hallarse a salvo de la ingerencia de los &#171;toscos hechos&#187; y, al mismo tiempo, porque aquí pueden dar rienda suelta a sus impulsos especulativos y proponer y echar por tierra miles de hipótesis. El tercer factor que aquí interviene desde un principio en el desarrollo histórico es el de que los hombres que renuevan diariamente su propia vida comienzan al mismo tiempo a crear a otros hombres, a procrear: es la relación entre marido y mujer, entre padres e hijos, la ''familia''. Esta familia, que al principio constituye la única relación social, más tarde, cuando las necesidades, al multiplicarse, crean nuevas relaciones sociales y, a su vez, al aumentar el censo humano, brotan nuevas necesidades, pasa a ser (salvo en Alemania) una relación secundaria y tiene, por tanto, que tratarse y desarrollarse con arreglo a los datos empíricos existentes, y no ajustándose al &#171;concepto de la familia&#187; misma, como se suele hacer en Alemania. Por lo demás, estos tres aspectos de la actividad social no deben considerarse como tres peldaños distintos, sino sencillamente como eso, como tres aspectos o, para decirlo de modo más comprensible a los alemanes, como tres &#171;momentos&#187; que han coexistido desde el principio de la historia y desde el primer hombre y que todavía hoy siguen rigiendo en la historia. La producción de la vida, tanto de la propia en el trabajo, como de la ajena en la procreación, se manifiesta inmediatamente como una doble [13] relación &#8212;de una parte, como una relación natural, y de otra como una relación social&#8212;; social, en el sentido de que por ella se entiende la cooperación de diversos individuos, cualesquiera que sean sus condiciones, de cualquier modo y para cualquier fin. De donde se desprende que un determinado modo de producción o una determinada fase industrial lleva siempre aparejado un determinado modo de cooperación o un determinado peldaño social, modo de cooperación que es a su vez, una &#171;fuerza productiva&#187;; que la suma de las fuerzas productivas accesibles al hombre condiciona el estado social y que, por tanto, la &#171;historia de la humanidad&#187; debe estudiarse y elaborarse siempre en conexión con la historia de la industria y del intercambio. Pero, asimismo es evidente que en Alemania no se puede escribir este tipo de historia, ya que los alemanes carecen, no sólo de la capacidad de concepción y del material necesarios, sino también de la &#171;certeza&#187; adquirida a través de los sentidos, y de que del otro lado del Rin no es posible reunir experiencias, por la sencilla razón de que allí no ocurre ya historia alguna. Se manifiesta, por tanto, ya de antemano, una conexión materialista de los hombres entre sí, condicionada por las necesidades y el modo de producción y que es tan vieja como los hombres mismos; conexión que adopta constantemente nuevas formas y que ofrece, por consiguiente, una &#171;historia&#187;, aún sin que exista cualquier absurdo político o religioso que mantenga, además, unidos a los hombres. Solamente ahora, después de haber considerado ya cuatro momentos, cuatro aspectos de las relaciones originarias históricas, caemos en la cuenta de que el hombre tiene también &#171;conciencia&#187; <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Los hombres tienen historia porque se ven obligados a ''producir'' su vida y deben, además, producirla de un ''determinado'' modo: esta necesidad viene impuesta por su organización física, y otro tanto ocurre con su conciencia&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. Pero, tampoco ésta es desde un principio una conciencia &#171;pura&#187;. El &#171;espíritu&#187; hace ya tratado [14] con la maldición de estar &#171;preñado&#187; de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje ''es'' la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir también para mí mismo; y el lenguaje nace, como la conciencia, de la necesidad, de los apremios de relación con los demás hombres <ref>Luego, en el manuscrito sigue tachado: &#171;Mi actitud hacia mi medio ambiente es mi conciencia&#187; (N. de la Edit.)</ref>. Donde existe una actitud, existe para mí, pues el animal no tiene &#171;''actitud''&#187; ante nada ni, en general, podemos decir que tenga &#171;actitud&#187; alguna. Para el animal, sus relaciones con otros no existen como tales relaciones. La conciencia, por tanto, es ya de antemano un producto social, y lo seguirá siendo mientras existan seres humanos. La conciencia es, en principio, naturalmente, conciencia del mundo ''inmediato'' y sensorio que nos rodea y conciencia de los nexos limitados con otras personas y cosas, fuera del individuo consciente de sí mismo; y es, al mismo tiempo, conciencia de la naturaleza, que al principio se enfrenta al hombre como un poder absolutamente extraño, omnipotente e inexpugnable, ante el que la actitud de los hombres es puramente animal y al que se someten como el ganado; es, por tanto, una conciencia puramente animal de la naturaleza (religión natural). Inmediatamente, vemos aquí que esta religión natural o esta determinada actitud hacia la naturaleza se halla determinada por la forma social, y a la inversa. En este caso, como en todos, la identidad entre la naturaleza y el hombre se manifiesta también de tal modo que la actitud limitada de los hombres hacia la naturaleza condiciona la limitada actitud de unos hombres para con otros, y ésta, a su vez, determina su actitud limitada hacia la naturaleza, precisamente porque la naturaleza apenas ha sufrido aún modificación histórica alguna. Y, de otra parte, la conciencia de la necesidad de entablar relaciones con los individuos circundantes es el comienzo de la conciencia de que el hombre vive, en general, dentro de una sociedad. Este comienzo es algo tan animal como la propia vida social, en esta fase; es, simplemente, una conciencia gregaria, y, en este punto, el hombre sólo se distingue del cordero por cuanto que su conciencia sustituye al instinto o es el suyo un instinto consciente. Esta conciencia gregaria o tribal se desarrolla y se perfecciona después, al aumentar la productividad, al incrementarse las necesidades y al multiplicarse la población [15], que es el factor sobre que descansan los dos anteriores. A la par con ello se desarrolla la división del trabajo, que originariamente no pasaba de la división del trabajo en el acto sexual y, más tarde, de una división del trabajo espontáneo o introducida de un modo &#171;natural&#187; en atención a las dotes físicas (por ejemplo, la fuerza corporal), a las necesidades, a las coincidencias fortuitas, etc., etc. La división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a partir del momento en que se separan el trabajo material y el mental <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Coincide con ello la primera forma de ideólogos, ''los curas''&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. Desde este instante, puede ya la conciencia imaginarse realmente que es algo más y algo distinto que la conciencia de la práctica existente, que representa realmente algo sin representar algo real; desde este instante se halla la conciencia en condiciones de emanciparse del mundo y entregarse a la creación de la teoría &#171;pura&#187;, de la teología &#171;pura&#187;, la filosofía &#171;pura&#187;, la moral &#171;pura&# 187;, etc. Pero, aun cuando esta teoría, esta teología, esta filosofía, esta moral, etc., se hallen en contradicción con las relaciones existentes, esto sólo podrá explicarse por que las relaciones sociales existentes se hallan, a su vez, en contradicción con la fuerza productiva dominante; cosa que, por lo demás, dentro de un determinado círculo nacional de relaciones, podrá suceder también por que la contradicción no se da en el seno de esta órbita nacional, sino entre esta conciencia nacional y la práctica de otras naciones <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;''Religión''. Los alemanes con la ''ideología'' como tal&#187;. (N. de la Edit.)</ref>; es decir, entre la conciencia nacional y la conciencia general de una nación (como ocurre actualmente en Alemania); pero, dado que esta contradicción se presenta como contradicción existente sólo dentro del cuadro de la conciencia nacional, a tal nación le parece que también la lucha se circunscribe a dicha escoria nacional. [16] Por lo demás, es de todo punto indiferente lo que la conciencia por sí sola haga o emprenda, pues de toda esta escoria sólo obtendremos un resultado, a saber: que estos tres momentos, la fuerza productiva, el estado social y la conciencia, pueden y deben necesariamente entrar en contradicción entre sí, ya que, con la división del trabajo, se da la posibilidad, más aún, la realidad de que las actividades espirituales y materiales <ref>Glosa marginal tachada de Marx: &#171;actividad y pensamiento, es decir, la actividad carente de pensamiento y el pensamiento carente de actividad&#187;. (N. de la Edit.)</ref>, el disfrute y el trabajo, la producción y el consumo, se asignen a diferentes individuos, y la posibilidad de que no caigan en contradicción reside solamente en que vuelva a abandonarse la división del trabajo. Por lo demás, de suyo se comprende que los &#171;espectros&#187;, los &#171;nexos&#187;, los &#171;seres superiores&#187;, los &# 171;conceptos&#187;, los &#171;reparos&#187;, no son más que la expresión espiritual puramente idealista, la idea del individuo imaginariamente aislado, la representación de trabas y limitaciones muy empíricas dentro de las cuales se mueve el modo de producción de la vida y la forma de relación congruente con él. ===[4. La división social del trabajo y sus consecuencias: la propiedad privada, el Estado, la &#171;enajenación&#187; de la actividad social]=== Con la división del trabajo, que lleva implícitas todas estas contradicciones y que descansa, a su vez, sobre la división natural del trabajo en el seno de la familia y en la división de la sociedad en diversas familias opuestas, se da, al mismo tiempo, la '' distribución'' y, concretamente, la distribución ''desigual'', tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es decir, la propiedad, [17] cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido. La esclavitud, todavía muy rudimentaria, ciertamente, latente en la familia, es la primera forma de propiedad, que, por lo demás, ya aquí corresponde perfectamente a la definición de los modernos economistas, según la cual es el derecho a disponer de la fuerza de trabajo de otros. Por lo demás, división del trabajo y propiedad privada son términos idénticos: uno de ellos dice, referido a la actividad, lo mismo que el otro, referido al producto de ésta. La división del trabajo lleva aparejada, además, la contradicción entre el interés del individuo concreto o de una determinada familia y el interés común de todos los individuos relacionados entre sí, interés común que no existe, ciertamente, tan sólo en la idea, como algo &#171;general&#187;, sino que se presenta en la realidad, ante todo, como una relación de mutua dependencia de los individuos entre quienes aparece dividido el trabajo. Precisamente por virtud de esta contradicción entre el interés particular y el interés común, cobra este último, en cuanto ''Estado'' una forma propia e independiente, separada de los reales intereses particulares y colectivos y, al mismo tiempo, una forma de comunidad ilusoria, pero siempre sobre la base real de los vínculos existentes, dentro de cada conglomerado familiar y tribal, tales como la carne y la sangre, la lengua, la división del trabajo en mayor escala y otros intereses y, sobre todo, como más tarde habremos de desarrollar, a base de los intereses de las clases, ya condicionadas por la división del trabajo, que se forman y diferencian en cada uno de estos conglomerados humanos y entre las cuales hay siempre una que domina sobre todas las demás. De donde se desprende que todas las luchas que se libran dentro del Estado, la lucha entre la democracia, la aristocracia y la monarquía, la lucha por el derecho de sufragio, etc., no son sino las formas ilusorias bajo las que se ventilan las luchas reales entre las diversas clases (de lo que los teóricos alemanes no tienen ni la más remota idea, a pesar de habérseles facilitado las orientaciones necesarias acerca de ello en los "Deutsche-Französische Jahrbücher" <ref>"Deutsch-Französische Jahrbücher" ("Anales alemano-franceses") se publicaban en París bajo la dirección de C. Marx y A. Ruge en alemán. Salió sólo el primer número, doble, en febrero de 1844. Insertaba las obras de C. Marx "Contribución al problema hebreo" y "Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel. Introducción", así como las de F. Engels "Esbozos para la crítica de la economía política" y "La situación de Inglaterra. Tomás Carlyle. Lo pasado y lo presente". Estos trabajos implicaban el paso definitivo de Marx y Engels al materialismo y el comunismo. La causa principal de que esta revista dejara de aparecer fueron las discrepancias esenciales entre Marx y el radical burgués Ruge.&#8212; 32, 517</ref> y en "La Sagrada Familia"). Y se desprende, asimismo, que toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque ésta, como ocurre en el caso del proletariado, condicione en absoluto la abolición de toda la forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general, tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar, a su vez, su interés como interés general, cosa que en el primer momento se ve obligada a hacer. Precisamente porque los individuos ''sólo'' buscan su interés particular, que para ellos no coincide con su interés común, y porque lo general es siempre la forma ilusoria de la comunidad, se hace valer esto ante su representación como algo &#171;ajeno&# 187; a ellos [18] e &#171;independiente&#187; de ellos, como un interés &#171;general&#187; a su vez especial y peculiar, o ellos mismos tienen necesariamente que moverse en esta escisión, como en la democracia. Por otra parte, la lucha ''práctica'' de estos intereses particulares que constantemente y de un ''modo real'' se oponen a los intereses comunes o que ilusoriamente se creen tales, impone como algo necesario la interposición ''práctica'' y el refrenamiento por el interés &#171;general&#187; ilusorio bajo la forma del Estado <ref>] Estos dos párrafos están escritos con la mano de Engels al margen. (N. de la Edit.)</ref>. [17] Finalmente, la división del trabajo nos brinda ya el primer ejemplo de que, mientras los hombres viven en una sociedad formada espontáneamente, mientras se da, por tanto, una separación entre el interés particular y el interés común, mientras las actividades, por consiguiente, no aparecen divididas voluntariamente, sino por modo espontáneo, los actos propios del hombre se erigen ante él en un poder ajeno y hostil, que le sojuzga, en vez de ser él quien lo domine. En efecto, a partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le viene impuesto y del que no puede salirse; el hombre es cazador, pescador, pastor o crítico crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida; al paso que en la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos. [18] Esta plasmación de las actividades sociales, esta consolidación de nuestro propio producto en un poder material erigido sobre nosotros, sustraído a nuestro control, que levanta una barrera ante nuestra expectativa y destruye nuestros cálculos, es uno de los momentos fundamentales que se destacan en todo el desarrollo histórico anterior. El poder social, es decir, la fuerza de producción multiplicada, que nace por obra de la cooperación de los diferentes individuos bajo la acción de la división del trabajo, se les aparece a estos individuos, por no tratarse de una cooperación voluntaria, sino espontánea, no como un poder propio, asociado, sino como un poder ajeno, situado al margen de ellos, que no saben de dónde procede ni a dónde se dirige y que, por tanto, no pueden ya dominar, sino que recorre, por el contrario, una serie de fases y etapas de desarrollo peculiar e independiente de la voluntad y los actos de los hombres y que incluso dirige esta voluntad y estos actos <ref>A este lugar, Marx añadió, al margen, un texto que en la presente edición se reproduce a continuación del párrafo, constituyendo los dos párrafos siguientes. (N. de la Edit.)</ref>. &#191;Cómo, si no, podría la propiedad, por ejemplo, tener una historia, revestir diferentes formas y la propiedad territorial, supongamos, según las diferentes premisas existentes, desarrollarse en Francia para pasar de la parcelación a la centralización en pocas manos y en Inglaterra, a la inversa, de la concentración en pocas manos a la parcelación, como hoy realmente estamos viendo? &#191;O cómo explicarse que el comercio, que no es sino el intercambio de los productos de diversos individuos y países, llegue a dominar el mundo entero mediante la relación entre la oferta y la demanda &#8212;relación que, como dice un economista inglés, gravita sobre la tierra como el destino de los antiguos, repartiendo con mano invisible la felicidad y la desgracia entre los hombres, creando y destruyendo imperios, alumbrando pueblos y [19] haciéndolos desaparecer&#8212;, mientras que, con la destrucción de la base, de la propiedad privada, con la regulación comunista de la producción y la abolición de la enajenación que los hombres sienten ante sus propios productos, el poder de la relación de la oferta y la demanda se reduce a la nada y los hombres vuelven a hacerse dueños del intercambio, de la producción y del modo de sus relaciones mutuas? ===[5. Desarrollo de las fuerzas productivas como premisa material del comunismo]=== [18] Con esta &#171;''enajenación''&#187;, para expresarnos en términos comprensibles para los filósofos, sólo puede acabarse partiendo de dos premisas ''prácticas''. Para que se convierta en un poder &#171;insoportable&#187;, es decir, en un poder contra el que hay que hacer la revolución, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente &#171;desposeída&#187; y, a la par con ello, en contradiceión con un mundo de riquezas y de educación, lo que presupone, en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al misma tiempo, una existencia empírica dada en un plano ''histórico- universal'', y no en la existencia puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la ''escasez'' y, por tanto, con la ''pobreza'', comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior; y, además, porque sólo este desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio ''universal'' de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de la masa &# 171;desposeída&#187; se produce simultáneamente en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último, instituye a individuos ''histórico-universales'', empíricamente universales, en vez de individuos locales. Sin esto, 1) el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local, 2) las mismas ''potencias'' de relación no podrían desarrollarse como potencias ''universales'' y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples &#171;circunstancias&#187; supersticiosas de puertas adentro, y 3) toda ampliación de la relación acabaría con el comunismo local. El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción &#171;coincidente&#187; o simultánea <ref>Esta deducción sobre la posibilidad de la victoria de la revolución proletaria sólo en el caso de que se hiciera simultáneamente en los países capitalistas adelantados y, por consiguiente, de la imposibilidad del triunfo de la revolución en un solo país, y que obtuvo la forma más acabada en el trabajo de Engels "Principios del comunismo" (1847) (véase el presente tomo, pág. 82) era acertada para el período del capitalismo premonopolista. Lenin, partiendo de la ley, que él descubrió, del desarrollo económico y político desigual del capitalismo en la época del imperialismo, llegó a la nueva conclusión de que era posible la victoria de la revolución socialista primero en varios países o incluso en uno solo, tomado por separado, y de que era imposible la victoria simultánea de la revolución en todos los países o en la mayoría de ellos. La fórmula de esta nueva deducción se dio por vez primera en el artículo de Lenin "La consigna de los Estados Unidos de Europa" (1915).&# 8212; 34, 93, 277.</ref> de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado <ref>Encima de la continuación de este texto, que comienza en la página siguiente del manuscrito, figura una glosa de Marx: &#171;''Comunismo''&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. [19] Por lo demás, la masa de los ''simples'' obreros &#8212;de la mano de obra excluida en masa del capital o de cualquier satisfacción de sus necesidades, por limitada que sea&#8212; y, por tanto, la pérdida no puramente temporal de este mismo trabajo como fuente segura de vida, presupone, a través de la competencia, el ''mercado mundial''. Por tanto, el proletariado sólo puede existir ''en un plano histórico-mundial'', lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos directamente vinculada a la historia universal. [18] Para nosotros, el comunismo no es un ''estado'' que debe implantarse, un ''ideal'' al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento ''real'' que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente <ref>En el manuscrito este párrafo viene introducido por Marx antes del primer párrafo de dicho apartado. (N. de la Edit.)</ref>. <div style="text-align:center">'''* * *'''</div> [19] La forma de trato condicionada por las fuerzas productivas existentes en todas las fases históricas anteriores y que, a su vez, las condiciona es la ''sociedad civil'', que, como se desprende de lo anteriormente expuesto, tiene como premisa y como fundamento la familia simple y la familia compuesta, lo que suele llamarse la tribu, y cuya definición queda precisada en páginas anteriores. Ya ello revela que esta sociedad civil es el verdadero hogar y escenario de toda la historia y cuán absurda resulta la concepción histórica anterior que, haciendo caso omiso de las relaciones reales, sólo mira, con su limitación, a las resonantes acciones y a los actos del Estado. Hasta ahora no hemos examinado más que un solo aspecto de la actividad humana: la ''transformación de la naturaleza'' por los hombres. El otro aspecto es la ''transformación de los hombres por los hombres''. <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;El intercambio y la fuerza productiva&#187;. (N. de la Edit.)</ref> Origen del Estado y relación entre el Estado y la sociedad civil <ref>El final de la página del manuscrito está en blanco. Luego, en la página siguiente comienza la exposición de las conclusiones que se desprenden de la concepción materialista de la historia. (N. de la Edit.)</ref>. ===[6. Conclusiones de la concepción materialista de la historia: continuidad del proceso histórico, transformación de la historia en historia universal, necesidad de la revolución comunista]=== [20] La historia no es sino la sucesión de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas de producción transmitidas por cuantas la han precedido; es decir, que, de una parte, prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que, de otra parte, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa, lo que podría tergiversarse especulativamente, diciendo que la historia posterior es la finalidad de la que la precede, como si dijésemos, por ejemplo, que el descubrimiento de América tuvo como finalidad ayudar a que se expandiera la revolución francesa, mediante cuya interpretación la historia adquiere sus fines propios e independientes y se convierte en una &#171;persona junto a otras personas&#187; (junto a la &#171;Autoconciencia&#187;, la &#171;Crítica&# 187;, el &#171;Unico&#187;, etc.), mientras que lo que designamos con las palabras &#171;determinación&#187;, &#171;fin&#187;, &#171;germen&# 187;, &#171;idea&#187;, de la historia anterior no es otra cosa que una abstracción de la historia posterior, de la influencia activa que la anterior ejerce sobre ésta. Cuanto más se extienden, en el curso de esta evolución, los círculos concretos que influyen los unos en los otros, cuanto más se destruye el primitivo encerramiento de las diferentes nacionalidades por el desarrollo del modo de producción, del intercambio y de la división del trabajo que ello hace surgir por vía espontánea entre las diversas naciones, tanto más la historia se convierte en historia universal, y así vemos que cuando, por ejemplo, se inventa hoy una máquina en Inglaterra, son lanzados a la calle incontables obreros en la India y en China y se estremece toda la forma de existencia de estos Estados, lo que quiere decir que aquella invención constituye un hecho histórico-universal; y vemos también cómo el azúcar y el café demuestran en el siglo XIX su significación histórico-universal por cuanto que la escasez de estos productos, provocada por el sistema continental napoleónico <ref>''El sistema continental'', o bloqueo continental: prohibición, declarada en 1806 por Napoleón I para los países del continente europeo de comerciar con Inglaterra. El bloqueo continental cayó después de la derrota de Napoleón en Rusia.</ref>, incitó a los alemanes [21] a sublevarse contra Napoleón, estableciéndose con ello la base real para las gloriosas guerras de independencia de 1813. De donde se desprende que esta transformación de la historia en historia universal no constituye, ni mucho menos, un simple hecho abstracto de la &#171;autoconciencia&#187;, del espíritu universal o de cualquier otro espectro metafísico, sino un hecho perfectamente material y empíricamente comprobable, del que puede ofrecernos una prueba cualquier individuo, tal y como es, como anda y se detiene, come, bebe y se viste. En la historia anterior es, evidentemente, un hecho empírico el que los individuos concretos, al extenderse sus actividades hasta un plano histórico-universal, se ven cada vez más sojuzgados bajo un poder extraño a ellos (cuya opresión llegan luego a considerar como una perfidia del llamado espíritu universal, etc.), poder que adquiere un carácter cada vez más de masa y se revela en última instancia como el ''mercado mundial''. Pero, asimismo, se demuestra empíricamente que, con el derrocamiento del orden social existente por obra de la revolución comunista (de lo que hablaremos más adelante) y la abolición de la propiedad privada, idéntica a dicha revolución, se disuelve ese poder tan misterioso para los teóricos alemanes y, entonces, la liberación de cada individuo se impone en la misma medida en que la historia se convierte totalmente en una historia universal <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;''La producción de la conciencia''&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. Es evidente, por lo que dejamos expuesto más arriba, que la verdadera riqueza espiritual del individuo depende totalmente de la riqueza de sus relaciones reales. Sólo así se liberan los individuos concretos de las diferentes trabas nacionales y locales, se ponen en contacto práctico con la producción (incluyendo la espiritual) del mundo entero y se colocan en condiciones de adquirir la capacidad necesaria para poder disfrutar de esta multiforme y completa producción de toda la tierra (las creaciones de los hombres). La dependencia ''omnímoda'', forma plasmada espontáneamente de la cooperación ''histórico-universal'' de los individuos, se convierte, [22] gracias a esta revolución comunista, en el control y la dominación consciente sobre estos poderes, que, nacidos de la acción de unos hombres sobre otros, hasta ahora han venido imponiéndose a ellos, aterrándolos y dominándolos, como potencias absolutamente extrañas. Ahora bien, esta concepción puede interpretarse, a su vez, de un modo especulativo-idealista, es decir, fantástico, como la &# 171;autocreación del género&#187; (la &#171;sociedad como sujeto&#187;), representándose la serie sucesiva de los individuos relacionados entre sí como un solo individuo que realiza el misterio de engendrarse a sí mismo. Aquí, habremos de ver cómo los individuos se hacen ''los unos a los otros'', tanto física como espiritualmente, pero no se hacen a sí mismos, ni en la disparatada concepción de San Bruno ni en el sentido del &#171;Unico&#187;, del hombre &#171;hecho&#187;. Resumiendo, obtenemos de la concepción de la historia que dejamos expuesta los siguientes resultados: 1) En el desarrollo de las fuerzas productivas se llega a una fase en la que surgen fuerzas productivas y medios de intercambio que, bajo las relaciones existentes, sólo pueden ser fuente de males, que no son ya tales fuerzas productivas sino más bien fuerzas destructivas (maquinaria y dinero); y, a la vez, surge una clase condenada a soportar todos los inconvenientes de la sociedad sin gozar de sus ventajas, que se ve expulsada de la sociedad [23] y obligada a colocarse en la más resuelta contradicción con todas las demás clases; una clase que forma la mayoría de todos los miembros de la sociedad y de la que nace la conciencia de que es necesaria una revolución radical, la conciencia comunista, conciencia que, naturalmente, puede llegar a formarse también entre las otras clases, al contemplar la posición en que se halla colocada ésta; 2) que las condiciones en que pueden emplearse determinadas fuerzas productivas son las condiciones de la dominación de una determinada clase de la sociedad, cuyo poder social, emanado de su riqueza, encuentra su expresión idealista-''práctica'' en la forma de Estado imperante en cada caso, razón por la cual toda lucha revolucionaria va necesariamente dirigida contra una clase, la que ha dominado hasta ahora <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Estos hombres están interesados en mantener el estado actual de la producción&#187;. (N. de la Edit.)</ref>; 3) que todas las anteriores revoluciones dejaban intacto el modo de actividad y sólo trataban de lograr otra distribución de ésta, una nueva distribución del trabajo entre otras personas, al paso que la revolución comunista va dirigida contra el '' carácter'' anterior de actividad, elimina el ''trabajo'' <ref>Luego sigue un texto tachado: &#171;una forma de actividad, en la que la dominación...&#187; (N. de la Edit.)</ref> y suprime la dominación de todas las clases, al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la disolución de todas las clases, nacionalidades, etc., dentro de la actual sociedad, y 4) que, tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una ''revolución''; y que, por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase ''dominante'' no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que ''derriba'' salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases <ref>Luego viene en el manuscrito un texto tachado: &#171;Mientras todos los comunistas de Francia, lo mismo que de Inglaterra y Alemania, están de acuerdo desde hace mucho tiempo en cuanto a la necesidad de la revolución, San Bruno sigue soñando tranquilamente y considerando que el &#171;humanismo real&#187;, es decir, el comunismo, se pone &#171;en el lugar del espiritualismo&#187; (que no ocupa lugar alguno) sólo para ganarse respeto. Y entonces, sigue en sus ensueños, &#171;llegará, finalmente, la salvación, la tierra se trocará en cielo y el cielo, en tierra&#187;. (El teólogo no consigue olvidarse del cielo). &#171;La alegría y la bienaventuranza sonarán como armonía celestial en la eternidad. (pág. 140) [Nota final 10]. El santo padre de la Iglesia quedará bastante sorprendido al sobrevenir inopinadamente para él el día del juicio final, en el que se realizará todo eso, el día caya aurora será el resplandor de las ciudades en llamas, cuando en medio de estas &#171;armonías celestiales&# 187; sonará la melodía de "La Marsellesa" y la "Carmañola" acompañada inevitablemente del rugido de los cañones, marcando el tacto la guillotina, cuando la &#171;masa&#187; vil grite ''ça ira, ça ira'' y suprima la &#171;autoconciencia&#187; con la ayuda de los faroles [Nota final 16]. San Bruno no tiene el menor motivo para imaginarse el edificante cuadro de la &#171;alegría y la bienaventuranza en la eternidad&#187;. Nos abstenemos de la satisfacción de delinear a priori la conducta de San Bruno el día del juicio final. Es difícil también decidir si cabe entender a los proletarios en revolución como &#171;sustancia&#187;, como &#171;masa&#187; que quiere derrocar la crítica o como &#171;emanación&#187; del espíritu que todavía no posee la suficiente consistencia para digerir las ideas de Bauer&#187;. (N. de la Edit.)</ref> <ref>"''La Marsellesa''", "''La Carmagnola''", "''Ça ira''": canciones revolucionarias del período de la revolución burguesa de fines del siglo XVIII en Francia. La última canción tenía el estribillo: &#171;Ah! ça ira, ça ira. Les aristocrates à la lanterne!&#187;. (&#171;&#161;La cosa irá, la cosa irá. Los aristócratas, a la farola!&#187;).</ref> ===[7. Resumen de la concepción materialista de la historia]=== [24] Esta concepción de la historia consiste, pues, en exponer el proceso real de producción, partiendo para ello de la producción material de la vida inmediata, y en concebir la forma de intercambio correspondiente a este modo de producción y engendrada por él, es decir, la sociedad civil en sus diferentes fases como el fundamento de toda la historia, presentándola en su acción en cuanto Estado y explicando a base de él todos los diversos productos teóricos y formas de la conciencia, la religión, la filosofía, la moral, etc., así como estudiando a partir de esas premisas su proceso de nacimiento, lo que, naturalmente, permitirá exponer las cosas en su totalidad (y también, por ello mismo, la interdependencia entre estos diversos aspectos). Esta concepción, a diferencia de la idealista, no busca una categoría en cada período, sino que se mantiene siempre sobre el ''terreno'' histórico real, no explica la práctica partiendo de la idea, sino explica las formaciones ideológicas sobre la base de la práctica material, por lo cual llega, consecuentemente, a la conclusión de que todas las formas y todos los productos de la conciencia no pueden ser destruidos por obra de la crítica espiritual, mediante la reducción a la &#171;autoconciencia&#187; o la transformación en &#171;fantasmas&#187;, &# 171;espectros&#187;, &#171;visiones&#187; <ref>17. Expresiones del libro de M. Stirner "El único y su propiedad" (M. Stirner. "Der Einzige und sein Eigenthum". Leipzig, 1845).</ref>, etc, sino que sólo pueden disolverse por el derrocamiento práctico de las relaciones sociales reales, de las que emanan estas quimeras idealistas; de que la fuerza propulsora de la historia, incluso la de la religión, la filosofía, y toda teoría, no es la crítica, sino la revolución. Esta concepción revela que la historia no termina disolviéndose en la &#171;autoconciencia&#187;, como el &#171;espíritu del espíritu&#187; <ref>Expresión de B. Bauer. (N. de la Edit.)</ref>, sino que en cada una de sus fases se encuentra un resultado material, una suma de fuerzas productivas, una actitud históricamente creada de los hombres hacia la naturaleza y de los unos hacia los otros, que cada generación transfiere a la que le sigue, una masa de fuerzas productivas, capitales y circunstancias, que, aunque de una parte sean modificados por la nueva generación, dictan a ésta, de otra parte, sus propias condiciones de vida y le imprimen un determinado desarrollo, un carácter especial; de que, por tanto, las circunstancias hacen al hombre en la misma medida [25] en que éste hace a las circunstancias. Esta suma de fuerzas productivas, capitales y formas de relación social con que cada individuo y cada generación se encuentran como con algo dado es el fundamento real de lo que los filósofos se representan como la &#171;sustancia&#187; y la &#171;esencia del hombre&#187;, elevándolo a la apoteosis y combatiéndolo; un fundamento real que no se ve menoscabado en lo más mínimo en cuanto a su acción y a sus influencias sobre el desarrollo de los hombres por el hecho de que estos filósofos se rebelen contra él como &# 171;autoconciencia&#187; y como el &#171;Unico&#187;. Y estas condiciones de vida con que las diferentes generaciones se encuentran al nacer deciden también si las conmociones revolucionarias que periódicamente se repiten en la historia serán o no lo suficientemente fuertes para derrocar la base de todo lo existente. Y si no se dan estos elementos materiales de una conmoción total, o sea, de una parte, las fuerzas productivas existentes y, de otra, la formación de una masa revolucionaria que se levante, no sólo en contra de ciertas condiciones de la sociedad anterior, sino en contra de la misma &#171;producción de la vida&#187; vigente hasta ahora, contra la &#171;actividad de conjunto&#187; sobre que descansa, en nada contribuirá a hacer cambiar la marcha práctica de las cosas el que la ''idea'' de esta conmoción haya sido proclamada ya una o cien veces, como lo demuestra la historia del comunismo. ===[8. Inconsistencia de toda la concepción anterior, idealista de la historia, sobre todo de la filosofía alemana posthegeliana]=== Toda la concepción histórica, hasta ahora, ha hecho caso omiso de esta base real de la historia, o la ha considerado simplemente como algo accesorio, que nada tiene que ver con el desarrollo histórico. Esto hace que la historia se escriba siempre con arreglo a una pauta situada fuera de ella; la producción real de la vida se revela como algo prehistórico, mientras que lo histórico se manifiesta como algo separado de la vida usual, como algo extra y supraterrenal. De este modo, se excluye de la historia la actitud de los hombres hacia la naturaleza, lo que engendra la oposición entre la naturaleza y la historia. Por eso, esta concepción sólo acierta a ver en la historia los grandes actos políticos y las acciones del Estado, las luchas religiosas y las luchas teóricas en general, y se ve obligada a ''compartir'', especialmente, en cada época histórica, ''las ilusiones de esta época''. Por ejemplo, si una época se imagina que se mueve por motivos puramente &#171;políticos&#187; o &#171;religiosos&#187;, a pesar de que la &# 171;religión&#187; o la &#171;política&#187; son simplemente las formas de sus motivos reales, el historiador de la época de que se trata acepta sin más tales opiniones. Lo que estos determinados hombres se &#171;figuran&#187;, se &#171;imaginan&#187; acerca de su práctica real se convierte en la única potencia determinante y activa que domina y determina la práctica de estos hombres. Y así, cuando la forma tosca con que se presenta la división del trabajo entre los hindúes y los egipcios provoca en estos pueblos el régimen de castas propio de su Estado y de su religión, el historiador cree que el régimen de castas [26] fue la fuerza que engendró aquella tosca forma social. Y, mientras que los franceses y los ingleses se aferran, por lo menos, a la ilusión política, que es, ciertamente, la más cercana a la realidad, los alemanes se mueven en la esfera del &#171;espíritu puro&#187; y hacen de la ilusión religiosa la fuerza motriz de la historia. La filosofía hegeliana de la historia es la última consecuencia, llevada a su &#171;expresión más pura&#187; de toda esta historiografía alemana, que no gira en torno a los intereses reales, ni siquiera a los intereses políticos, sino en torno a pensamientos puros, que más tarde San Bruno se representará necesariamente como una serie de &#171;pensamientos&#187; que se devoran los unos a los otros, hasta que, por último, en este entredevorarse, perece la &#171;autoconciencia&#187; <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;La llamada historiografía ''objetiva'' consistía, precisamente, en concebir las relaciones históricas como algo aparte de la actividad. Carácter reaccionario&#187;. (N. de la Edit.)</ref>, y por este mismo camino marcha de un modo todavía más consecuente San Max Stirner, quien, volviéndose totalmente de espalda a la historia real, tiene necesariamente que presentar todo el proceso histórico como una simple historia de &#171;caballeros&#187;, bandidos y espectros, de cuyas visiones sólo acierta a salvarse él, naturalmente, por lo &#171;antisagrado&#187;. Esta concepción es realmente religiosa: presenta el hombre religioso como el protohombre de quien arranca toda la historia y, dejándose llevar de su imaginación, suplanta la producción real de los medios de vida y de la vida misma con la producción de quimeras religiosas. Toda esta concepción de la historia, unida a su disolución y a las dudas y reflexiones nacidas de ella, es una incumbencia puramente ''nacional'' de los alemanes y sólo tiene un interés ''local'' para Alemania, como por ejemplo la importante cuestión, repetidas veces planteada en estos últimos tiempos, de cómo puede llegarse, en rigor, &#171;del reino de Dios al reino del hombre&# 187;, como si este &#171;reino de Dios&#187; hubiera existido nunca más que en la imaginación y los eruditos señores no hubieran vivido siempre, sin saberlo, en el &#171;reino del hombre&#187;, hacia el que ahora buscan los caminos, y como si el entretenimiento científico, pues no es otra cosa, de explicar lo que hay de curioso en esta formación teórica perdida en las nubes no residiese cabalmente, por el contrario, en demostrar cómo nacen de las relaciones reales sobre la tierra. Para estos alemanes, se trata siempre, en general, de explicar los absurdos con que nos encontramos [27] por cualesquiera otras quimeras; es decir, de presuponer que todos estos absurdos tienen un ''sentido'' propio, el que sea, que es necesario desentrañar, cuando de lo que se trata es, simplemente, de explicar estas frases teóricas a base de las relaciones reales existentes. Como ya hemos dicho, la disolución real y práctica de estas frases, la eliminación de estas ideas de la conciencia de los hombres, es obra del cambio de las circunstancias, y no de las deducciones teóricas. Para la masa de los hombres, es decir, para el proletariado, estas ideas teóricas no existen y no necesitan, por tanto, ser eliminadas, y aunque esta masa haya podido profesar alguna vez ideas teóricas de algún tipo, por ejemplo ideas religiosas, hace ya mucho tiempo que las circunstancias se han encargado de eliminarlas. El carácter puramente nacional de tales problemas y sus soluciones se revela, además, en el hecho de que estos teóricos crean seriamente que fantasmas cerebrales como los del &#171;Hombre-Dios&#187;, el &#171;Hombre&#187;, etc., han presidido en verdad determinadas épocas de la historia. San Bruno llega, incluso, a afirmar que sólo &#171;la crítica y los críticos han hecho la historia&#187; <ref>Esta expresión es del artículo de B. Bauer "Características de Ludwig Feuerbach" (véase la revista "Wigand's Vierteljahrsschrift" de 1845, t. III, pág. 139).</ref> y, cuando se aventuran por sí mismos a las construcciones históricas, saltan con la mayor premura sobre todo lo anterior y del &# 171;mongolismo&#187; <ref>Expresión del libro de M. Stirner "El único y su propiedad&quot;.</ref> pasan inmediatamente a la historia verdaderamente &#171;plena de sentido&#187;, es decir, a la historia de los "Hallische" y los "Deutsche Jahrbücher" <ref>"Hallische Jahrbücher" y "Deutsche Jahrbücher", título abreviado de la revista literario-filosófica de los jóvenes hegelianos que se publicaba en forma de hojas diarias en Leipzig desde enero de 1838 hasta junio de 1841. El título completo era "Hallische Jahrbücher für deutsche Wissenschaft und Kunst" (Anuario de Halle sobre problemas de la ciencia y el arte alemanes) y desde julio de 1841 hasta enero de 1843 con el título de "Deutsche Jahrbücher für Wissenschaft und Kunst" (Anuario alemán sobre problemas de la ciencia y el arte). En enero de 1843 fue suspendida por el gobierno.</ref> y a la disolución de la escuela hegeliana en una gresca general. Se relegan al olvido todos las demás naciones y todos los aconteciinientos reales, y el theatrum mundi <ref>La palestra mundial. (N. de la Edit.)</ref>se limita a la Feria del Libro de Leipzig y a las disputas entre la &#171;Crítica&#187;, el &#171;Hombre&#187; y el &#171;Unico&#187; <ref>Es decir, B. Bauer, L. Feuerbach y M. Stirner. (N. de la Edit.)</ref>. Y cuando la teoría se decide siquiera por una vez a tratar temas realmente históricos, por ejemplo, el siglo XVIII, se limita a ofrecernos la historia de las ideas, desconectada de los hechos y los desarrollos prácticos que les sirven de base, y también en esto la mueve el exclusivo propósito de presentar esta época como el preámbulo imperfecto, como el antecesor todavía incipiente de la verdadera época histórica, es decir, del período de la lucha entre filósofos alemanes (1840-44). A esta finalidad de escribir una historia anterior para hacer que brille con mayores destellos la fama de una persona no histórica y de sus fantasías responde el que se pasen por alto todos los acontecimientos realmente históricos, incluso las ingerencias realmente históricas de la política en la historia, ofreciendo a cambio de ello un relato no basado precisamente en estudios, sino en construcciones y en chismes literarios, como hubo de hacer San Bruno en su "Historia del Siglo XVIII" <ref>B. Bauer. "Geschichte der Politik, Cultur und Aufklärung der achtzehnten Jahrhunderts". Bd. 1-2, Charlottenburg, 1843-1845 (B. Bauer. "Historia de la política, la cultura y la instrucción del siglo dieciocho". Tomos 1-2, Charlottenburgo, 1843-1845).</ref>, de la que ya no se acuerda nadie. Estos arrogantes y grandilocuentes tenderos de ideas, que se consideran tan infinitamente por encima de todos los prejuicios nacionales, son, pues, en realidad, mucho más nacionales que esos filisteos de las cervecerías que sueñan con la unidad de Alemania. No reconocen como históricos los hechos de los demás pueblos, viven en Alemania, con Alemania [28] y para Alemania, convierten el canto del Rin <ref>"Canción del Rin": de la poesía "El Rin alemán" del poeta pequeñoburgués alemán N. Bekker, muy utilizada por los nacionalistas. Fue escrita en 1840 y desde entonces se le ha puesto muchas veces música.</ref> en un canto litúrgico y conquistan la Alsacia-Lorena despojando a la filosofía francesa en vez de despojar al Estado francés, germanizando, en vez de las provincias de Francia, las ideas francesas. El señor Venedey es todo un cosmopolita al lado de San Bruno y San Max, quienes proclaman en la hegemonía universal de la teoría la hegemonía universal de Alemania. ===[9. Crítica suplementaria de Feuerbach y de su concepción idealista de la historia]=== De estas consideraciones se desprende, asimismo, cuán equivocado está Feuerbach cuando (en la "Wigand's Vierteljahrsschrift", 1845, vol. 2) se declara comunista <ref>Se alude al artículo de L. Feuerbach "Sobre la esencia del cristianismo", motivado por "El único y su propiedad", que se publicó en la revista "Wigand's Vierteljahrsschrift" de 1845, t. II, págs. 193-205. El artículo termina así: &#171;Por consiguiente, a F[euerbach] no se le puede llamar ni materialista, ni idealista, ni filósofo de la identidad. &#191;Qué es, pues? Lo mismo en el pensamiento que en la realidad, así en el espíritu como en la carne, en su esencia sensorial: ''es una persona'' o, mejor dicho, ya que la esencia del hombre F. la supone sólo en la sociedad, es una persona social, un ''comunista''&#187;.</ref> al calificarse como &#171;hombre común&#187;, convirtiendo esta cualidad en un predicado &#171;del Hombre&#187; y creyendo, por tanto, reducir de nuevo a una mera categoría la palabra &#171;comunista&#187;, que en el mundo existente designa a los secuaces de un determinado partido revolucionario. Toda la deducción de Feuerbach en lo tocante a las relaciones entre los hombres tiende simplemente a demostrar que los hombres se necesitan los unos a los otros y ''siempre se han necesitado''. Quiere establecer la conciencia, en torno a este hecho; aspira, pues, como los demás teóricos, a crear una conciencia exacta acerca de un hecho ''existente'', mientras que lo que al verdadero comunista le importa es derrocar lo que existe. Reconocemos plenamente, por lo demás, que Feuerbach, al esforzarse por crear precisamente la conciencia de ''este'' hecho, llega todo lo lejos a que puede llegar un teórico sin dejar de ser un teórico y un filósofo. Es característico, sin embargo, que San Bruno y San Max coloquen inmediatamente la idea que Feuerbach se forma del comunista en lugar del comunista real, lo que hacen, en parte, para que también ellos puedan, como adversarios iguales en rango, combatir al comunismo como &# 171;espíritu del espíritu&#187;, como una categoría filosófica; y, por parte de San Bruno, respondiendo, además, a intereses de carácter pragmático. Como ejemplo del reconocimiento, y a la vez desconocimiento, de lo existente, que Feuerbach sigue compartiendo con nuestros adversarios, recordemos el pasaje de su "Filosofía del Futuro" en que sostiene y desarrolla que el ser de una cosa o del hombre es, al mismo tiempo, su esencia <ref>L. Feuerbach. "Grundsätze der Philosophie der Zukunft". Zurich und Wintherthur, 1843, S. 47 (L. Feuerbach. "Tesis fundamentales de la filosofía del futuro". Zurich y Wintherthur, 1843, pág. 47).<br /> En sus notas, tituladas "Feuerbach" y destinadas, probablemente, para el primer capítulo del primer tomo de "La Ideología Alemana", Engels cita y comenta el lugar indicado del libro de Feuerbach:<br /> &#171;El ser no es un concepto universal que se puede separar de las cosas. Forma un todo con lo existente... El ser es la posición de la esencia. ''Mi esencia es lo mismo que mi ser''. El pez existe en el agua, pero de ese ser no se separa su esencia. La lengua identifica ya el ser y la esencia. Sólo en la vida de la humanidad, ''y aun así únicamente en los casos anormales'', ''desdichados'', el ser se separa de la esencia; aquí ocurre que la esencia del hombre no se halla allí donde él existe, sino debido precisamente a esta división, ya no se halla con su alma en el verdadero sentido allí donde se encuentra realmente su cuerpo. ''Tú estás'' sólo allí donde está Tu corazón. Pero todas las cosas, ''salvo los casos antinaturales'', se hallan de buen grado allí donde se encuentran y son a gusto lo que son&#187; (pág. 47).<br /> Excelente apología de lo existente. A excepción de los casos antinaturales y de algunos anormales. Tú te colocas de buen grado, en el séptimo año de vida, de guarda en una mina de hulla, pasas catorce horas al día solo en la oscuridad y ya que Tu ser es ése, ésa es también Tu esencia. Lo mismo ocurre al operario de la selfactina. Tu &#171;esencia&#187; es tal que debes someterte a alguna rama determinada del trabajo&#187;.</ref>, que las determinadas relaciones que forman la existencia, el modo de vida y la actividad de un individuo animal o humano constituye aquello en que su &#171;esencia&#187; se siente satisfecha. Toda excepción se considera aquí, expresamente, como un accidente, como una anomalía que no puede hacerse cambiar. Por tanto, cuando millones de proletarios no se sienten satisfechos, ni mucho menos, con sus condiciones de vida, cuando su &#171;ser&#187; [29] no corresponde ni de lejos a su &#171;esencia&#187;, trátase, con arreglo al mencionado pasaje, de una desgracia inevitable que, según se pretende, hay que soportar tranquilamente. Pero, estos millones de proletarios o comunistas razonan de manera muy distinta y lo probarán cuando llegue la hora, cuando de modo práctico, mediante la revolución, pongan su &#171;ser&#187; en correspondencia con su &#171;esencia&#187;. En semejantes casos, Feuerbach jamás habla, por eso, del mundo del hombre, sino que busca refugio en la esfera de la naturaleza exterior y, además, ''una'' naturaleza que todavía no se halla sometida a la dominación de los hombres. Pero, con cada nuevo invento, con cada nuevo paso de la industria, se arranca un nuevo trozo de esta esfera, y el suelo en que crecen los ejemplos para semejante tesis de Feuerbach se reduce cada vez más. Limitémonos a una tesis: la &#171;esencia&#187; del pez es su &#171;ser&#187;, el agua. La &#171;esencia&#187; del pez de río es el agua de río. Pero esta agua deja de ser su &#171;esencia&#187;, se convierte ya en medio inadecuado para su existencia tan pronto como el río se ve sometido por la industria, tan pronto como se ve contaminado por los colorantes y otros desechos, como comienzan a surcarlo buques, como sus aguas se desvían por un canal, en el que se podrá privar al pez de su medio ambiente, interceptando el paso del agua. El calificar de anomalía inevitable todas las contradicciones de análogo género no se distingue, en esencia, del consuelo con que se dirige San Max Stirner a los que no estén satisfechos, diciéndoles que la contradicción es una contradicción propia de ellos, que esa mala situación es una mala situación propia de ellos y que ellos pueden resignarse a eso o quedarse con su descontento para sus adentros, o bien sublevarse de algún modo fantástico contra esa situación. Es igualmente poca la diferencia entre esta concepción de Feuerbach y el reproche de San Bruno: estas desafortunadas circunstancias, dice, se deben a que las víctimas de las mismas se han atascado en la basura de las &#171;sustancias&# 187;, no han llegado a la &#171;autoconciencia absoluta&#187; y no han comprendido que estas malas relaciones son espíritu de su espíritu. ---- <references/> {{Plantilla: Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista}} [[Categoría: Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista]] 0fckv2ni3ofmhnwhl7394qcmqbq23n4 Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista/III 0 21942 1665532 1631679 2026-06-21T00:57:20Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665532 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista]] |sección=III |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ==[1. La clase dominante y la conciencia dominante. Cómo se ha formado la concepción hegeliana de la dominación del espíritu en la historia]== [30] Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder ''material'' dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder ''espiritual'' dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación. Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión, y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la época. Por ejemplo, en una época y en un país en que se disputan el poder la corona, la aristocracia y la burguesía, en que, por tanto, se halla dividida la dominación, se impone como idea dominante la doctrina de la división de poderes, proclamada ahora como &#171;ley eterna&#187;. La división del trabajo, con que nos encontrábamos ya más arriba (págs. [15-18]) <ref>Véase el presente tomo, págs. 29-33. (N. de la Edit.)</ref> como una de las potencias fundamentales de la historia anterior, se manifiesta también en el seno de la clase dominante como división del trabajo espiritual y [31] material, de tal modo que una parte de esta clase se revela como la que da sus pensadores (los ideólogos conceptivos activos de dicha clase, que hacen del crear la ilusión de esta clase acerca de sí mismo su rama de alimentación fundamental), mientras que los demás adoptan ante estas ideas e ilusiones una actitud más bien pasiva y receptiva, ya que son en realidad los miembros activos de esta clase y disponen de poco tiempo para formarse ilusiones e ideas acerca de sí mismos. Puede incluso ocurrir que, en el seno de esta [46] clase, el desdoblamiento a que nos referimos llegue a desarrollarse en términos de cierta hostilidad y de cierto encono entre ambas partes, pero esta hostilidad desaparece por sí misma tan pronto como surge cualquier colisión práctica susceptible de poner en peligro a la clase misma, ocasión en que desaparece, asimismo, la apariencia de que las ideas dominantes no son las de la clase dominante, sino que están dotadas de un poder propio, distinto de esta clase. La existencia de ideas revolucionarias en una determinada época presupone ya la existencia de una clase revolucionaria, acerca de cuyas premisas ya hemos dicho más arriba (págs. [18-19, 22-23]) <ref>Véase el presente tomo, págs. 34-35, 37-38. (N. de la Edit.)</ref> lo necesario. Ahora bien, si, en la concepción del proceso histórico, se separan las ideas de la clase dominante de esta clase misma; si se las convierte en algo aparte e independiente; si nos limitamos a afirmar que en una época han dominado tales o cuales ideas, sin preocuparnos en lo más mínimo de las condiciones de producción ni de los productores de estas ideas; si, por tanto, damos de lado a los individuos y a las situaciones universales que sirven de base a las ideas, podemos afirmar, por ejemplo, que en la época en que dominó la aristocracia imperaron las ideas del honor, la lealtad, etc., mientras que la dominación de la burguesía representó el imperio de las ideas de la libertad, la igualdad, etc. Así se imagina las cosas, por regla general, la propia clase dominante. Esta concepción de la historia, que prevalece entre todos los historiadores desde el siglo XVIII, tropezará necesariamente con el [32] caso de que imperan ideas cada vez más abstractas, es decir, que se revisten cada vez más de la forma de lo general. En efecto, cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de la universalidad, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta. La clase revolucionaria aparece en un principio, ya por el solo hecho de contraponerse a una ''clase'', no como clase, sino como representante de toda la sociedad, como toda la masa de la sociedad, frente a la clase única, a la clase dominante. <ref>Glosa marginal de Marx &#171;(La generalidad corresponde: 1) a la c]ase contra el estamento; 2) a la competencia, al intercambio mundial, etc.; 3) al gran contingente númerico de la clase dominante; 4) a la ilusión de los intereses ''comunes'', en un principio, la ilusión es verdadera; 5) a la ilusión de los propios ideólogos y a la división del trabajo)&#187;. (N. de la Edit.)</ref> Y puede hacerlo así, porque en los comienzos su interés se armoniza realmente todavía más o menos con el interés común de todas las demás clases no dominantes y, bajo la opresión de las relaciones existentes, no ha podido desarrollarse aún como el interés específico de una clase especial. Su triunfo aprovecha también, por tanto, a muchos individuos de las demás clases que no llegan a dominar, pero sólo en la medida en que estos individuos se hallen ahora en condiciones de elevarse hasta la clase dominante. Cuando la burguesía francesa derrocó el poder de la aristocracia, hizo posible con ello que muchos proletarios se elevasen por encima del proletariado, pero sólo los que pudieron llegar a convertirse en burgueses. Por eso, cada nueva clase instaura su dominación siempre sobre una base más extensa que la dominante con anterioridad a ella, lo que, a su vez, hace que, más tarde, se ahonde y agudice todavía más la oposición entre la clase no dominante y la dominante ahora. Y ambos factores hacen que la lucha que ha de librarse contra esta nueva clase dominante tienda, a su vez, a una negación más resuelta, más radical de los estados sociales anteriores [33] de la que pudieron expresar todas las clases que anteriormente habían aspirado al poder. Toda esta apariencia de que la dominación de una determinada clase no es más que la dominación de ciertas ideas, se esfuma, naturalmente, de por sí, tan pronto como la dominación de clases en general deja de ser la forma de organización de la sociedad; tan pronto como, por consiguiente, ya no es necesario presentar un interés particular como general o hacer ver que es &#171;lo general&#187;, lo dominante. Una vez que las ideas dominantes se desglosan de los individuos dominantes y, sobre todo, de las relaciones que brotan de una fase dada del modo de producción, lo que da como resultado el que el factor dominante en la historia son siempre las ideas, resulta ya muy fácil abstraer de estas diferentes ideas el pensamiento, &#171;la idea&#187;, etc., como lo que impera en la historia, presentando así todos estos conceptos e ideas concretos como &#171;autodeterminaciones&#187; del Concepto que se desarrolla por sí mismo en la historia. Así consideradas las cosas, es perfectamente natural también que todas las relaciones existentes entre los hombres se deriven del concepto del hombre, del hombre imaginario, de la esencia del hombre, del &#171;Hombre&#187;. Así lo ha hecho, en efecto, la filosofía especulativa. El propio Hegel confiesa, al final de su "Filosofía de la Historia", que &#171;sólo considera el desarrollo ulterior del ''concepto''&# 187; y que ve y expone en la historia la &#171;verdadera ''teodicea''&#187; (pág. 446). Pero, cabe remontarse, a su vez, a los productores del &#171;concepto&#187;, a los teóricos, ideólogos y filósofos, y se llegará entonces a la conclusión de que los filósofos, los pensadores como tales, han dominado siempre en la historia; conclusión que, en efecto, según veremos, ha sido proclamada ya por Hegel <ref>Marx y Engels se refieren al tercer capítulo del primer tomo de "La Ideología Alemana". Esta parte del capítulo sobre Feuerbach entraba en un principio en este tercer capítulo y seguía directamente al texto aludido aquí por Marx y Engels. En el citado lugar del tercer capítulo Marx y Engels citan la obra de Hegel "Filosofía de la Historia" y otras.</ref>. Por tanto, todo el truco que consiste en demostrar el alto imperio del espíritu en la historia (de la jerarquía, en Stirner) se reduce a los tres esfuerzos siguientes: [34] N&#186; 1. Desglosar las ideas de los individuos dominantes, que dominan por razones empíricas, bajo condiciones empíricas y como individuos materiales, de estos individuos dominantes, reconociendo con ello el imperio de las ideas o las ilusiones en la historia. N&#186; 2. Introducir en este imperio de las ideas un orden, demostrar la existencia de una conexión mística entre las ideas sucesivamente dominantes, lo que se logra concibiéndolas como &#171;autodeterminaciones del concepto&#187; (lo que es posible porque estas ideas, por medio del fundamento empírico sobre que descansan, forman realmente una conexión y porque, concebidas como ''meras'' ideas, se convierten en autodistinciones, en distinciones establecidas por el propio pensamiento). N&#186; 3. Para eliminar la apariencia mística de este &#171;concepto que se determina a si mismo&#187;, se lo convierte en una persona, &# 171;Autoconciencia&#187; o, si se quiere aparecer como muy materialista, en una serie de personas representantes del &#171;concepto&#187; en la historia, en los &#171;pensadores&#187;, los &#171;filósofos&#187;, los ideólogos, concebidos a su vez como los productores de la historia, como el &#171;Consejo de los Guardianes&#187;, como los dominantes <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;El hombre como tal= al &#171;espíritu humano pensador&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. Con lo cual habremos eliminado de la historia todos los elementos materialistas y podremos soltar tranquilamente las riendas al potro especulativo. Este método histórico, que en Alemania ha llegado a imperar, y la causa de su dominio en este país, preferentemente, deben ser explicados en relación con las ilusiones de los ideólogos, en general, por ejemplo, con las ilusiones de los juristas y los políticos (incluyendo entre éstos a los estadistas prácticos), en relación con los dogmáticos ensueños y tergiversaciones de estos individuos. Estas ilusiones, ensueños e ideas tergiversadas se explican de un modo muy sencillo por la posición práctica de los mismos en la vida, por los negocios y por la división del trabajo existente. [35] Mientras que en la vida vulgar y corriente todo ''shopkeeper''<ref>Tendero. (N. de la Edit.)</ref> sabe distinguir perfectamente entre lo que alguien dice ser y lo que realmente es, nuestra historiografía no ha logrado todavía penetrar en un conocimiento tan trivial como éste. Cree a cada época por su palabra, por lo que ella dice acerca de sí misma y lo que se figura ser. ---- <references/> {{Plantilla: Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista}} [[Categoría: Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista]] nwpw81e4clzshuu44ajs99okrtcv9k2 Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista/IV 0 21944 1665533 1631680 2026-06-21T00:57:28Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665533 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista]] |sección=IV |autor=[[Karl Marx]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == IV == ===[1. Instrumentos de producción y formas de propiedad]=== <ref>Aquí faltan cuatro páginas del manuscrito. (N. de la Edit.).</ref>...[40] De lo primero se desprende la premisa de una división del trabajo desarrollada y de un comercio extenso; de lo segundo, la localidad. En el primer caso, es necesario reunir a los individuos; en el segundo, se los encuentra ya como instrumentos de producción, junto al instrumento de producción mismo. Se manifiesta aquí, por tanto, la diferencia entre los instrumentos de producción naturales y los creados por la civilización. El campo (lo mismo que el agua, etc.) puede considerarse como instrumento natural de producción. En el primer caso, cuando se trata de un instrumento natural de producción, los individuos se ven subordinados a la naturaleza; en el segundo caso, a un producto del trabajo. Por eso, en el primer caso, la propiedad (propiedad territorial) aparece también como un poder directo y surgido de la naturaleza, y en el segundo caso como poder del trabajo, especialmente del trabajo acumulado, del capital. El primer caso presupone que los individuos aparezcan agrupados por cualquier vínculo, ya sea el de la familia, el de la tribu, el de la tierra, etc.; en el segundo caso, en cambio, se los supone independientes los unos de los otros y relacionados solamente por medio del intercambio. En el primer caso, el intercambio es, fundamentalmente, un intercambio entre los hombres y la naturaleza, en el que se trueca el trabajo de los primeros por los productos de la última; en el segundo caso trátase, más que nada, de intercambio entre los hombres. En el primer caso basta el sentido común y corriente, la actividad física no se ha separado aún del todo de la intelectual; en el segundo caso, tiene que haberse ya llevado prácticamente a cabo la división entre el trabajo físico y el intelectual. En el primer caso, el poder del propietario sobre quienes no lo son puede descansar en relaciones personales, en una especie de comunidad [''Gemeinwesen'']; en el segundo caso, tiene necesariamente que haber cobrado forma material en un tercer objeto, en el dinero. En el primer caso, existe la pequeña industria, pero subordinada al empleo del instrumento natural de producción y, por tanto, sin distribución del trabajo entre diferentes individuos; en el segundo caso, la industria se basa en la división del trabajo y sólo se realiza por medio de ésta. [41] Hemos partido, hasta ahora, de los instrumentos de producción y ya aquí se nos ha revelado la necesidad de la propiedad privada para ciertas fases industriales. En la ''industrie extractive'' la propiedad privada coincide todavía con el trabajo; en la pequeña industria y en toda la agricultura hasta hoy día, la propiedad es consecuencia necesaria de los instramentos de producción existentes; sólo en la gran industria, la contradicción entre el instrumento de producción y la propiedad privada es un producto de la industria, y hace falta que, para poder engendrarlo, la gran industria se halle ya bastante desarrollada. Por tanto, sólo con ella surge la posibilidad de la abolición de la propiedad privada. ===[2. La división del trabajo material y mental. La separación entre la ciudad y el campo. El sistema gremial]=== La más importante división del trabajo físico e intelectual es la separación entre la ciudad y el campo. La oposición entre el campo y la ciudad comienza con el tránsito de la barbarie a la civilización, del régimen tribal al Estado, de la localidad a la nación, y se mantiene a lo largo de toda la historia de la civilización hasta llegar a nuestros días (''anticorn-law-league '' <ref>"La liga contra las leyes cerealistas&quot;: organización de la burguesía industrial inglesa, fundada en 1838 por los fabricantes Cobden y Bright. Las denominadas leyes cerealistas, promulgadas para limitar o prohibir la importación de trigo del extranjero, se implantaron en Inglaterra en beneficio de los grandes terratenientes. Al exigir la libertad completa de comercio, la Liga pretendía abolir dichas leyes con el fin de disminuir los salarios de los obreros y debilitar las posiciones económicas y políticas de la aristocracia terrateniente. El resultado de esta lucha fue que en 1846 se derogaron dichas leyes, lo cual significaba un triunfo de la burguesía industrial sobre la aristocracia agraria.-</ref>). Con la ciudad aparece la necesidad de la administración, de la policía, de los impuestos, etc., en una palabra, de la organización política comunal [''des Gemeindwesens''] y, por tanto, de la política en general. Se manifiesta aquí por vez primera la separación de la población en dos grandes clases, basada directamente en la división del trabajo y en los instrumentos de producción. La ciudad es ya obra de la concentración de la población, de los instrumentos de producción, del capital, del disfrute y de las necesidades, al paso que el campo sirve de exponente cabalmente al hecho contrario, al aislamiento y la soledad. La oposición entre la ciudad y el campo sólo puede darse dentro de la propiedad privada. Es la expresión más palmaria del sometimiento del individuo a la división del trabajo, a una determinada actividad que le viene impuesta, sometimiento que convierte a unos en limitados animales urbanos y a otros en limitados animales rústicos, reproduciendo diariamente esta oposición de intereses. El trabajo vuelve a ser aquí lo fundamental, el poder ''sobre'' los individuos, y mientras exista este poder, tiene que existir necesariamente la propiedad privada. La abolición de la antítesis entre la ciudad y el campo es una de las primeras condiciones [42] para la comunidad, condición que depende, a su vez, de una masa de premisas materiales, que no es posible alcanzar por obra de la simple voluntad, como cualquiera puede percibir a primera vista. (Estas condiciones habrán de ser examinadas más adelante). La separación entre la ciudad y el campo puede concebirse también como la separación entre el capital y la propiedad sobre la tierra, como el comienzo de una existencia y de un desarrollo del capital independientes de la propiedad territorial, es decir, de una propiedad basada solamente en el trabajo y en el intercambio. En las ciudades, que la Edad Media no heredó ya acabadas de la historia anterior, sino que surgieron como formaciones nuevas a base de los siervos de la gleba convertidos en hombres libres, el trabajo especial de cada uno de éstos era la única propiedad con que contaba, fuera del pequeño capital aportado por él y que no era otra cosa casi exclusivamente que las herramientas más necesarias. La competencia de los siervos fugitivos que constantemente afluían a la ciudad, la guerra continua del campo contra los centros urbanos y, como consecuencia de ello, la necesidad de un poder militar organizado por parte de las ciudades, el nexo de la propiedad en común sobre determinado trabajo, la necesidad de disponer de lonjas comunes para vender las mercaderías, en una época en que los artesanos eran al mismo tiempo ''commerçants'', y la consiguiente exclusión de estas lonjas de los individuos que no pertenecían a la profesión, el antagonismo de intereses entre unos y otros oficios, la necesidad de proteger un trabajo aprendido con mucho esfuerzo y la organización feudal de todo el país: tales fueron las causas que movieron a los trabajadores de cada oficio a agruparse en gremios. No tenemos por qué entrar aquí en las múltiples modificaciones del régimen gremial, producto de la trayectoria histórica ulterior. La huida de los siervos de la gleba a las ciudades tuvo lugar durante toda la Edad Media. Estos siervos, perseguidos en el campo por sus señores, presentábanse individualmente en las ciudades, donde se encontraban con agrupaciones organizadas contra las que eran impotentes y en las que tenían que resignarse a ocupar el lugar que les asignaran la demanda de su trabajo y el interés de sus competidores urbanos, ya agremiados. Estos trabajadores, que afluían a la ciudad cada cual por su cuenta, no podían llegar a ser nunca una fuerza, ya que, si su trabajo era un trabajo gremial que tuviera que aprenderse, los maestros de los gremios se apoderaban de ellos y los organizaban con arreglo a sus intereses, y en los casos en que el trabajo no tuviera que aprenderse y no se hallara, por tanto, encuadrado en ningún gremio, sino que fuese simple trabajo de jornaleros, quienes lo ejercían no llegaban a formar ninguna organización y seguían siendo para siempre una muchedumbre desorganizada. Fue la necesidad del trabajo de los jornaleros en las ciudades la que creó esta plebe. Estas ciudades eran verdaderas &#171;asociaciones&#187; <ref>"La Unión&quot; (&quot;Verein&quot;), según Stirner, agrupación voluntaria de egoístas.</ref> creadas por la necesidad [43] inmediata, por la preocupación de defender la propiedad y de multiplicar los medios de producción y los medios de defensa de los diferentes vecinos. La plebe de estas ciudades hallábase privada de todo poder, ya que se hallaba formada por un tropel de individuos extraños los unos a los otros y venidos allí cada uno por su cuenta, frente a los cuales se encontraba un poder organizado, militarmente pertrechado, que los miraba con malos ojos y los vigilaba celosamente. Los oficiales y aprendices de coda oficio se hallaban organizados como mejor cuadraba al interés de los maestros; la relación patriarcal que les unía a los maestros de los gremios dotaba a éstos de un doble poder, de una parte mediante su influencia directa sobre la vida toda de los oficiales y, de otra parte, porque para los oficiales que trabajaban con el mismo maestro éste constituía un nexo real de unión que los mantenía en cohesión frente a los oficiales de los demás maestros y los separaba de éstos; por último, los oficiales se hallaban vinculados a la organización existente por su interés en llegar a ser un día maestros. Esto explica por qué, mientras la plebe se lanzaba, por lo menos, de vez en cuando, a sublevaciones y revueltas contra toda esta organización urbana, las cuales, sin embargo, no surtían efecto alguno, por la impotencia de quienes las sostenían, los oficiales, por su parte, sólo se dejaran arrastrar a pequeños actos de resistencia y de protesta dentro de cada gremio, actos que son, en realidad, parte integrante de la existencia del propio régimen gremial. Las grandes insurrecciones de la Edad Media partieron todas del campo, pero, igualmente resultaron fallidas, debido precisamente a su dispersión y a la tosquedad inherente a la población campesina. El capital, en estas ciudades, era un capital natural, formado por la vivienda, las herramientas del oficio y la clientela tradicional y hereditaria; capital irrealizable por razón del incipiente intercambio y de la escasa circulación, y que se heredaba de padres a hijos. No era, como en los tiempos modernos, un capital tasable en dinero, en el que tanto da que se invierta en tales o en cuales cosas, sino un capital directamente entrelazado con el trabajo determinado y concreto de su poseedor e inseparable de él; era, por tanto, en este sentido, un capital ''de estamento''. La división del trabajo entre los distintos gremios, en las ciudades, [44] era todavía [completamente primitiva] <ref>El manuscrito está deteriorado. (N. de la Edit.)</ref>, y en los gremios mismos no existía para nada entre los diferentes trabajadores. Cada uno de éstos tenía que hallarse versado en toda una serie de trabajos y hacer cuanto sus herramientas le permitieran; el limitado intercambio y las escasas relaciones de unas ciudades con otras, la escasez de población y la limitación de las necesidades no permitían que la división del trabajo se desarrollara, razón por la cual quien quisiera llegar a ser maestro necesitaba dominar todo el oficio. De aquí que todavía encontremos en los artesanos medievales cierto interés por su trabajo especial y por su destreza para ejercerlo, destreza que puede, incluso, llegar hasta un sentido artístico limitado. Pero a esto se debe también el que los artesanos medievales viviesen totalmente consagrados a su trabajo, mantuviesen una resignada actitud de vasallaje con respecto a él y se viesen enteramente absorbidos por sus ocupaciones, mucho más que el obrero moderno, a quien su trabajo le es indiferente. ===[3. Prosigue la división del trabajo. El comercio se separa de la industria. División del trabajo entre las distintas ciudades. La manufactura]=== El paso siguiente, en el desarrollo de la división del trabajo, fue la separación entre la producción y el trato, la formación de una clase especial de comerciantes, separación que en las ciudades tradicionales (en las que, entre otras cosas, existían judíos) se había heredado del pasado y que en las ciudades recién fundadas no tardó en aparecer. Se establecía con ello la posibilidad de relaciones comerciales que fuesen más allá de los ámbitos inmediatos, posibilidad cuya realización dependía de los medios de comunicación existentes, del estado de seguridad pública logrado en el país y condicionado por las circunstancias políticas (sabido es que en toda la Edad Media los mercaderes hacían sus recorridos en caravanas armadas) y de las necesidades más primitivas o más desarrolladas de las zonas asequibles al comercio, con arreglo a su correspondiente grado de cultura. Al centrarse el trato en manos de una clase especial y al extenderse el comercio, por medio de los mercaderes, hasta más allá de la periferia inmediata a la ciudad, se opera inmediatamente una relación de interdependencia entre la producción y el trato. Las ciudades se relacionan ''unas con otras'', se llevan de una ciudad a otra nuevos instrumentos de trabajo, y la separación entre la producción y el intercambio no tarda en provocar una nueva división de la producción entre las distintas [45] ciudades, y pronto vemos que cada una de ellas tiende a explotar, predominantemente, una rama industrial. La limitación inicial a una determinada localidad comienza a desaparecer poco a poco. El que las fuerzas productivas obtenidas en una localidad, y principalmente los inventos, se pierdan o no para el desarrollo ulterior, dependerá exclusivamente de la extensión del trato. Cuando aún no existe un intercambio que trascienda más allá de la vecindad más inmediata, cada invento tiene que hacerse en cada localidad, y bastan los simples accidentes fortuitos, tales como las irrupciones de los pueblos bárbaros e incluso las guerras habituales, para reducir las fuerzas productivas y las necesidades de un país a un punto en que se vea obligado a comenzar todo de nuevo. En los inicios de la historia, todos los inventos tenían que hacerse diariamente de nuevo y en cada localidad, con independencia de las otras. Cuán poco seguras se hallaban de una destrucción total las fuerzas productivas pobremente desarrolladas, aun en casos en que el comercio había logrado una relativa extensión, lo muestran los fenicios <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;y la pintura en cristal en la Edad Media&#187;. (N. de la Edit.)</ref>, cuyas invenciones desaparecieron en su mayoría por largo tiempo al ser desplazada esta nación del comercio, avasallada por Alejandro y al sobrevenir la consiguiente decadencia. Y lo mismo ocurrió en la Edad Media, por ejemplo, con la industria del cristal policromado. La conservación de las fuerzas productivas obtenidas sólo se garantiza al adquirir carácter universal el intercambio, al tener como base la gran industria y al incorporarse todas las naciones a la lucha de la competencia. La división del trabajo entre las diferentes ciudades trajo como consecuencia inmediata el nacimiento de las manufacturas, como ramas de producción que se salían ya de los marcos del régimen gremial. El primer florecimiento de las manufacturas &#8212;en Italia, y más tarde en Flandes&#8212; tuvo como premisa histórica el intercambio con naciones extranjeras. En otros países &#8212;en Inglaterra y Francia, por ejemplo&#8212;, las manufacturas comenzaron limitándose al mercado interior. Aparte de las premisas ya indicadas, las manufacturas presuponen una concentración ya bastante avanzada de la población &#8212;sobre todo en el campo&#8212; y del capital, que conienza a reunirse en pocas manos, ya en los gremios, a despecho de las ordenanzas gremiales, ya entre los comerciantes. [46] El trabajo que desde el primer momento presuponía el funcionamiento de una máquina, siquiera fuese la más rudimentaria, no tardó en revelarse como el más susceptible de desarrollo. El primer trabajo que se vio impulsado y adquirió nuevo desarrollo mediante la extensión del intercambio fue la tejeduría, que hasta entonces venían ejerciendo los campesinos como actividad accesoria, para procurarse las necesarias prendas de vestir. La tejeduría fue la primera y siguió siendo luego la más importante de todas. La demanda de telas para vestir, que crecía a medida que aumentaba la población, la incipiente acumulación y movilización del capital natural por efecto de la circulación acelerada y la necesidad de cierto lujo, provocada por todos estos factores y propiciada por la gradual expansión del intercambio, imprimieron al arte textil un impulso cuantitativo y cualitativo que lo obligó a salirse del marco de la forma de producción tradicional. Junto a los campesinos que tejían para atender a sus propias necesidades, los cuales siguieron existiendo y existen todavía hoy, apareció en las ciudades una nueva clase de tejedores que destinaban todos sus productos al mercado interior y, muchas veces, incluso a los mercados de fuera. La tejeduría, que en la mayoría de los casos requería poca destreza y que no tardó en desdoblarse en una serie infinita de ramas, se resistía por su propia naturaleza a soportar las trabas del régimen gremial. Esto explica por qué los tejedores trabajaban casi siempre en aldeas y en zonas de mercado sin organización gremial, que poco a poco fueron convirtiéndose en ciudades y que no tardaron en figurar, además, entre las más florecientes de cada país. Con la manufactura exenta de las trabas gremiales cambiaron también las relaciones de propiedad. El primer paso para superar el capital natural de estamento se había dado al aparecer los comerciantes, cuyo capital fue desde el primer momento un capital móvil, es decir, un capital en el sentido moderno de la palabra, en la medida en que ello era posible en las circunstancias de aquel entonces. El segundo paso de avance lo dio la manufactura, que a su vez movilizó una masa del capital natural e incrementó en general la masa del capital móvil frente a la de aquél. Y la manufactura se convirtió, al mismo tiempo, en el refugio de los campesinos contra los gremios a que ellos no tenían acceso o que les pagaban mal, lo mismo que en su tiempo las ciudades dominadas por los gremios habían brindado a la población campesina refugio [47] contra [la nobleza rural que la oprimía] <ref>El manuscrito está deteriorado. (N. de la Edit.)</ref>. El comienzo de las manufacturas trajo consigo, además, un período de vagabundaje, provocado por la supresión de las mesnadas feudales, por el licenciamiento de los ejércitos que habían servido a los reyes contra los vasallos, por los progresos de la agricultura y la transformación de grandes extensiones de tierras de labor en pasturas. Ya esto sólo demuestra que la aparición de este vagabundaje coincide exactamente con la desintegración del feudalismo. En el siglo XIII nos encontramos ya con determinados períodos de este tipo, aunque el vagabundaje sólo se generaliza y se convierte en un fenómeno permanente a fines del XV y comienzos del XVI. Tan numerosos eran estos vagabundos, que Enrique VIII de Inglaterra, para no citar más que a este monarca, mandó ahorcar a 72.000. Hubo que vencer enormes dificultades y una larguísiina resistencia hasta lograr que estas grandes masas de gentes llevadas a la miseria extrema se decidieran a trabajar. El rápido florecimiento de las manufacturas, sobre todo en Inglaterra, fue absorbiéndolas, poco a poco. La manufactura lanzó a las diversas naciones al terreno de la competencia, a la lucha comercial, ventilada en forma de guerras, aranceles proteccionistas y prohibiciones, al paso que antes las naciones, cuando se hallaban en contacto, mantenían entre sí un inofensivo intercambio comercial. A partir de ahora, el comercio adquiere una significación política. La manufactura trajo consigo, al mismo tiempo, una actitud distinta del trabajador ante el patrono. En los gremios persistía la vieja relación patriarcal entre oficiales y maestros; en la manufactura esta relación fue suplantada por la relación monetaria entre el trabajador y el capitalista; en el campo y en las pequeñas ciudades, esta relación seguía teniendo un color patriarcal, pero en las grandes ciudades, en las ciudades manufactureras por excelencia, perdió en seguida, casi en absoluto, ese matiz. La manufactura y, en general, el movimiento de la producción experimentaron un auge enorme gracias a la expansión del trato como consecuencia del descubrimiento de América y de la ruta marítima hacia las Indias orientales. Los nuevos productos importados de estas tierras, y principalmente las masas de oro y plata lanzadas a la circulación, hicieron cambiar totalmente la posición de unas clases con respecto a otras y asestaron un rudo golpe a la propiedad feudal de la tierra y a los trabajadores, al paso que las expediciones de aventureros, la colonización y, sobre todo, la expansión de los mercados hacia el mercado mundial, que ahora se hacía posible y se iba realizando día tras día, daban comienzo a una nueva fase [48] del desarrollo histórico, en la que en general no hemos de detenernos aquí. La colonización de los países recién descubiertos sirvió de nuevo incentivo a la lucha comercial entre las naciones y le dio, por tanto, mayor extensión y mayor encono. La expansión del comercio y de la manufactura sirvió para acelerar la acumulación del capital móvil, mientras en los gremios, en los que nada estimulaba la ampliación de la producción, el capital natural permanecía estable o incluso decrecía. El comercio y la manufactura crearon la gran burguesía, al paso que en los gremios se concentraba la pequeña burguesía, que ahora ya no seguía dominando, como antes, en las ciudades, sino que tenía que inclinarse bajo la dominación de los grandes comerciantes y manufactureros <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Pequeña burguesía, estado medio, gran burguesía&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. De ahí la decadencia de los gremios en cuanto entraban en contacto con la manufactura. Durante la época de que hablamos, las relaciones entre las naciones adquieren dos formas distintas. Al principio, la escasa cantidad de oro y plata circulantes condicionaba la prohibición de exportar estos metales, y la industria, generalmente importada del extranjero e impuesta por la necesidad de dar ocupación a la creciente población urbana, no podía desenvolverse sin un régimen de protección, que, naturalmente, no iba dirigido solamente contra la competencia interior, sino también, y fundamentalmente, contra la competencia de fuera. El privilegio local de los gremios hacíase extensivo, en estas prohibiciones primitivas, a toda la nación. Los aranceles aduaneros surgieron de los tributos que los feudales cobraban a los comerciantes que atravesaban sus dominios, redimiéndose de ese modo del saqueo, tributos que más tarde cobraban también las ciudades y que, al surgir los Estados modernos, han sido el recurso más al alcance de la mano del fisco para obtener dinero. La aparición del oro y la plata de América en los mercados europeos, el desarrollo gradual de la industria, el rápido auge del comercio y, como consecuencia de ello, el florecimiento de la burguesía no gremial y la propagación del dinero, dieron a todas estas medidas una significación distinta. El Estado, que cada día podía prescindir menos del dinero, mantuvo ahora, por razones de orden fiscal, la prohibición de exportar oro y plata; los burgueses, que veían su gran objetivo de acaparación en estas masas de dinero lanzadas ahora nuevamente sobre el mercado, sentíanse plenamente satisfechos con ello; los anteriores privilegios, vendidos por dinero, convirtiéronse en fuente de ingresos para el gobierno; surgieron en la legislación aduanera los aranceles de exportación que, interponiendo un obstáculo en el camino de la industria, perseguían fines puramente fiscales. El segundo período comenzó a mediados del siglo XVII y duró casi hasta finales del XVIII. El comercio y la navegación habíanse desarrollado más rápidamente que la manufactura, la cual desempeñaba un papel secundario; las colonias comenzaron a convertirse en importantes consumidores y las diferentes naciones fueron tomando posiciones, mediante largas luchas, en el mercado mundial que se abría. Este período comienza con las leyes de navegación y los monopolios coloniales. La competencia entre unas y otras naciones era eliminada, dentro de lo posible, por medio de aranceles, prohibiciones y tratados; en última apelación, la lucha de competencia se libraba y decidía por medio de la guerra (principalmente, de la guerra marítima). La nación más poderosa en el mar, Inglaterra, mantenía su supremacía en el comercio y en la manufactura. Vemos ya aquí la concentración en un solo país. La manufactura había disfrutado de una constante protección, por medio de aranceles proteccionistas en el mercado interior, mediante monopolios en el mercado colonial y, en el mercado exterior, llevando hasta el máximo las tarifas aduaneras diferenciales. Se favorecía la elaboración de las materias primas producidas en el propio país (lana y lino en Inglaterra, seda en Francia), prohibiéndose su exportación (la de la lana, en Inglaterra), a la par que se descuidaba o se perseguía la exportación de la materia prima importada (así, en Inglaterra, del algodón). Como es natural, la nación predominante en el comercio marítimo y como potencia colonial procuró asegurarse también la mayor extensión cuantitativa y cualitativa de la manufactura. Esta no podía en modo alguno prescindir de un régimen de protección, ya que fácilmente podía perder su mercado y verse arruinada por los más pequeños cambios producidos en otros países; era fácil introducirla en un país de condiciones hasta cierto punto favorables, pero esto mismo hacía que fuese también fácil destruirla. Pero, al mismo tiempo, merced a los métodos de funcionamiento en el país, principalmente en el siglo XVIII, la manufactura se entrelazaba de tal modo con las relaciones de vida de una gran masa de individuos, que ningún país podía aventurarse a poner en juego su existencia abriendo el paso a la libre competencia. Dependía, enteramente, por tanto, en cuanto se la llevaba hasta la exportación, de la expansión o la restricción del comercio y ejercía sobre éste un efecto relativamente muy pequeño. De aquí su significación secundaria y de aquí también la influencia de los comerciantes en el siglo XVIII. [50] Eran los comerciantes, y sobre todo los armadores de buques; los que por encima de los demás acuciaban para conseguir protección del Estado y monopolios; y aunque también los manufactureros, es cierto, demandaban y conseguían medidas proteccionistas, marchaban constantemente, en cuanto a importancia política, a la zaga de los comerciantes. Las ciudades comerciales, y principalmente las ciudades marítimas, convirtiéronse en cierto modo en centros civilizados y de la gran burguesía, al paso que en las ciudades fabriles persistía la pequeña burguesía. Cfr. Aikin, etc. <ref>J. Aikin. "A Description of the Country from thirty to forty Miles round Manchester". London, 1795 (J. Aikin. &quot;Descripción de los alrededores de Manchester en un radio de treinta a cuarenta millas&quot;. Londres, 1795).</ref>. El siglo XVIII fue el siglo del comercio. Así lo dice expresamente Pinto: &#171;Le commerce fait la marotte du siècle&#187; <ref>El comercio es la manía del siglo. (N. de la Edit.)</ref> y &#171;Depuis quelque temps il n'est plus question que de commerce, de navigation et de marine&#187; <ref>Desde hace algún tiempo, sólo se habla de comercio, de navegación y de marina. (N. de la Edit.)</ref> <ref>La cita es de la &quot;Lettre sur la Jalousie du Commerce" (&quot;Carta sobre la competencia en el comercio&quot;), del libro de J. Pinto &quot;Traité de la Circulation et du Crédit&quot;. Amsterdam, 1771 (&quot;Tratado de la circulación y el crédito&quot;. Amsterdam, 1771), págs. 234, 283.</ref>. Sin embargo, el movimiento del capital, aunque notablemente acelerado, siguió manteniéndose relativamente lento. El desperdigamiento del mercado mundial en diferentes partes, cada una de ellas explotada por una nación distinta, la eliminación de la competencia entre las naciones, el desmaño de la misma produeción y el régimen monetario, que apenas comenzaba a salir de sus primeras fases, entorpecían bastante la circulación. Consecuencia de ello era aquel sucio y mezquino espíritu de tendero que permanecía adherido todavía a todos los comerciantes y al modo y al estilo de la vida comercial en su conjunto. Comparados con los manufactureros, y sobre todo con los artesanos, estos mercaderes eran, indudablemente, burgueses y grandes burgueses. pero en comparación con los comerciantes e industriales del período siguiente, no pasaban de pequeños burgueses. Cfr. A. Smith <ref>A. Smith. "An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations". London, 1776 (A. Smith. &quot;Encuesta sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de los pueblos". Londres, 1776).</ref>. Este período se caracteriza también por el cese de las prohibiciones de exportación de oro y plata, por el nacimiento del comercio de dinero, la aparición de los bancos, de la deuda pública, del papel-moneda, de las especulaciones con acciones y valores, del agiotaje en toda clase de artículos y del desarrollo del dinero en general. El capital vuelve a perder ahora gran parte del carácter natural que todavía le queda. ===[4. La más extensa división del trabajo. La gran industria]=== La concentración del comercio y de la manufactura en un país &#8212;Inglaterra&#8212; mantenida y desarrollada incesantemente a lo largo del siglo XVII, fue creando para este país poco a poco un relativo mercado mundial y, con ello, una demanda para los productos manufactureros de este mismo país, que las anteriores fuerzas productivas de la industria no alcanzaban ya a satisfacer. Y esta demanda, que rebasaba la capacidad de las fuerzas productivas, fue la fuerza propulsora que dio nacimiento al tercer [51] período de la propiedad privada desde la Edad Media, creando la gran industria y, con ella, la aplicación de las fuerzas naturales a la producción industrial, la maquinaria y la más extensa división del trabajo. Las restantes condiciones de esta nueva fase &#8212;la libertad de competencia dentro del país, el desarrollo de la mecánica teórica (la mecánica llevada a su apogeo por Newton había sido la ciencia más popular de Francia e Inglaterra, en el siglo XVIII), etc.&#8212; existían ya en Inglaterra. (La libre concurrencia en el seno del país hubo de ser conquistada en todas partes por una revolución: en 1640 y 1688 en Inglaterra, en 1789 en Francia.) La competencia obligó en seguida a todo país deseoso de conservar su papel histórico a proteger sus manufacturas por medio de nuevas medidas arancelarias (ya que los viejos aranceles resultaban insuficientes frente a la gran industria), y poco después a introducir la gran industria al amparo de arancelas proteccionistas. Pese a estos recursos protectores, la gran industria universalizó la competencia (la gran industria es la libertad práctica de comercio, y los aranceles proteccionistas no pasan de ser, en ella, un paliativo, un dique defensivo ''dentro'' de la libertad comercial), creó los medios de comunicación y el moderno mercado mundial, sometió a su férula el comercio, convirtió todo el capital en capital industrial y engendró, con ello, la rápida circulación (el desarrollo del sistema monetario) y la centralización de los capitales. Por medio de la competencia universal obligó a todos los individuos a poner en tensión sus energías hasta el máximo. Destruyó donde le fue posible la ideología, la religión, la moral, etc., y, donde no pudo hacerlo, las convirtió en una mentira palpable. Creó por vez primera la historia universal, haciendo que toda nación civilizada y todo individuo, dentro de ella, dependiera del mundo entero para la satisfacción de sus necesidades y acabando con el exclusivismo natural y primitivo de naciones aisladas, que hasta ahora existía. Colocó la ciencia de la naturaleza bajo la férula del capital y arrancó a la división del trabajo la última apariencia de un régimen natural. Acabo, en términos generales, con todas las relaciones naturales, en la medida en que era posible hacerlo dentro del trabajo, y redujo todas las relaciones naturales a relaciones basadas en el dinero. Creo, en vez de las ciudades formadas naturalmente, las grandes ciudades industriales modernas, que surgían de la noche a la mañana. Destruyó, donde quiera que penetrase, la artesanía y todas las fases anteriores de la industria. Puso cima al triunfo de la ciudad comercial sobre el campo. Su [primera premisa] <ref>El manuscrito está deteriorado. (N. de la Edit.)</ref> era el sistema automático. [Su desarrollo] <ref>El manuscrito está deteriorado. (N. de la Edit.)</ref> engendró una masa de fuerzas productivas que encontraban en la propiedad privada una traba entorpecedora, [52] como los gremios lo habían sido para la manufactura y la pequeña explotación agrícola para los avances de la artesanía. Estas fuerzas productivas, bajo el régimen de la propiedad privada, sólo experimentaban un desarrollo unilateral, se convertían para la mayoría en fuerzas destructivas y gran cantidad de ellas ni siquiera podían llegar a aplicarse con la propiedad privada. La gran industria creaba por doquier, en general, las mismas relaciones entre las clases de la sociedad, destruyendo con ello el carácter propio y peculiar de las distintas nacionalidades. Finalmente, mientras la burguesía de cada nación seguía manteniendo sus intereses nacionales aparte, la gran industria creaba una clase que en todas las naciones se movía por el mismo interés y en la que quedaba ya destruida toda nacionalidad; una clase que se desentendía realmente de todo el viejo mundo y que, al mismo tiempo, se le enfrentaba. La gran industria hacía insoportable al obrero no sólo la relación con el capitalista, sino incluso el mismo trabajo. Huelga decir que la gran industria no alcanza el mismo nivel de desarrollo en todas y cada una de las localidades de un país. Sin embargo, esto no detiene el movimiento de clase del proletariado, ya que los proletarios engendrados por la gran industria se ponen a la cabeza de este movimiento y arrastran consigo a toda la masa, y puesto que los obreros eliminados por la gran industria se ven empujados por ésta a una situación de vida aún peor que la de los obreros de la gran industria misma. Y, del mismo modo, los países en que se ha desarrollado una gran industria influyen sobre los países ''plus ou moins'' <ref>Más o menos. (N. de la Edit.)</ref> no industriales, en la medida en que éstos se ven impulsados por el intercambio mundial a la lucha universal de competencia. '''* * *''' Estas diferentes formas [de producción] son otras tantas formas de la organización del trabajo y, por tanto, de la propiedad. En todo período se ha dado una agrupación de las fuerzas productivas existentes, siempre y cuando que así lo exigieran e impusieran las necesidades. ===[5. La contradicción entre la fuerzas productivas y la forma de relación, como base de la revolución social]=== La contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de relación que, como veíamos, se ha producido ya repetidas veces en la historia anterior, pero sin llegar a poner en peligro la base de la misma, tenía que traducirse necesariamente, cada vez que eso ocurría, en una revolución, pero adoptando al mismo tiempo diversas formas accesorias, como totalidad de colisiones, colisiones entre diversas clases, contradicción de las conciencias, lucha de ideas, etc., lucha política, etc. Desde un punto de vista limitado, cabe destacar una de estas formas accesorias y considerarla como la base de estas revoluciones, cosa tanto más fácil cuanto que los mismos individuos que sirven de punto de partida a las revoluciones se hacen ilusiones acerca de su propia actividad, con arreglo a su grado de cultura y a la fase del desarrollo histórico de que se trata. ---- Todas las colisiones de la historia nacen, pues, según nuestra concepción, de la contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de [53] relación. Por lo demás, no es necesario que esta contradicción, para provocar colisiones en un país, se agudice precisamente en este país mismo. La competencia con países industrialmente más desarrollados, provocada por un mayor intercambio internacional, basta para engendrar también una contradicción semejante en países de industria menos desarrollada (así, por ejemplo, el proletariado latente en Alemania se ha puesto de maniiiesto por la competencia de la industria inglesa). ===[6. La competencia de los individuos y la formación de las clases. El desarrollo de la oposición entre los individuos y las condiciones de su vida. La comunidad ilusoria de los individuos en la sociedad burguesa y la unidad efectiva de los individuos en la sociedad comunista. El sometimiento de las condiciones de vida de la sociedad al poder de los individuos unidos]=== La competencia aísla a los individuos, no sólo a los burgueses, sino aún más a los proletarios, enfrentándolos los unos con los otros, a pesar de que los aglutine. De aquí que tenga que pasar largo tiempo antes de que estos individuos puedan agruparse, aparte de que para dicha agrupación &#8212;si ésta no ha de ser puramente local&#8212; tiene que empezar cuando la gran industria ofrezca los medios necesarios, las grandes ciudades industriales y los medios de comunicación baratos y rápidos, razón por la cual sólo es posible vencer tras largas luchas a cualquier poder organizado que se enfrente a estos individuos aislados, que viven en condiciones que reproducen diariamente su aislamiento. Pedir lo contrario sería tanto como pedir que la competencia no existiera en esta determinada época histórica o que los individuos se quitaran de la cabeza las relaciones sobre las que, como individuos aislados, no tienen el menor control. ---- La construcción de viviendas. De suyo se entiende que entre los salvajes cada familia tiene su cueva o cabaña propia, lo mismo que los nómadas poseen su tienda. Esta economía doméstica individual se hace todavía más necesaria en virtud del ulterior desarrollo de la propiedad privada. Entre los pueblos agrícolas, la economía doméstica en común es tan imposible como el cultivo de la tierra en común. Un gran paso adelante ha sido la construcción de las ciudades. No obstante, en todos los períodos anteriores, la abolición de la economía individual, inseparable de la supresión de la propiedad privada, era imposible ya por la sencilla razón de que no existían para ello las condiciones materiales. La organización de la economía doméstica en común implica el desarrollo de la maquinaria, la utilización de las fuerzas naturales y de muchas otras fuerzas productivas, como, por ejemplo, el agua corriente en las casas, [54] el alumbrado de gas, la calefacción de vapor, etc., la supresión de la [oposición] entre la ciudad y el campo. Sin estas condiciones, la economía común no llegará, a su vez, a ser una nueva fuerza productiva, estará privada de toda base material, se asentará en una base puramente teórica, es decir, será un mero capricho y no conducirá más que a una economía de monasterio. No ha sido posible más que la concentración en las ciudades y la construcción de edificios comunales para varios fines concretos (cárceles, cuarteles, etc.). Por supuesto, la supresión de la economía individual es inseparable de la supresión [''Aufhebung''] de la familia. ---- (La tesis que con tanta frecuencia encontramos en San Max y según la cual todo lo que cada uno es lo es por medio del Estado, es en el fondo la misma que la que sostiene que el burgués no es más que un ejemplar del género burgués, tesis en la que se presupone que la ''clase'' burguesa existía ya antes que los individuos que la integran <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;''Preexistencia'' de las clases en las obras de los filósofos&#187;. (N. de la Edit.)</ref>.) En la Edad Media, los vecinos de cada ciudad veíanse obligados a agruparse en contra de la nobleza rural, para defender su pellejo; la expansión del comercio y el desarrollo de las comunicaciones empujaron a cada ciudad a conocer a otras, que habían hecho valer los mismos intereses, en lucha contra el mismo adversario. De las muchas vecindades locales de las diferentes ciudades fue surgiendo así, paulatinamente, la ''clase'' de vecinos de la ciudad, del burgo, o burgueses. Las condiciones de vida de los diferentes burgueses o vecinos de los burgos o ciudades, empujadas por su oposición a las relaciones existentes o por el tipo de trabajo que ello imponía, convertíanse al mismo tiempo en condiciones comunes a todos ellos e independientes de cada individuo. Los vecinos de las ciudades fueron creando estas condiciones al separarse de las agrupaciones feudales, a la vez que fueron creados por ellas, por cuanto que se hallaban condicionados por su oposición al feudalismo, con el que se habían encontrado. Al entrar en contacto unas ciudades con otras, estas condiciones comunes se desarrollaron hasta convertirse en condiciones de clase. Idénticas condiciones, idénticas antítesis e idénticos intereses tenían necesariamente que provocar en todas partes, muy a grandes rasgos, idénticas costumbres. La burguesía misma comienza a desarrollarse poco a poco con sus condiciones, se escinde luego, bajo la acción de la división del trabajo, en diferentes fracciones y, por último, absorbe todas las clases <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Absorbe primero las ramas de trabajo pertenecientes directamente al Estado y, luego, &#177; [más o menos] todos los estamentos ideológicos&#187;. (N. de la Edit.)</ref> poseedoras con que se había encontrado al nacer (al paso que hace que la mayoría de la clase desposeída con que se encuentra y una parte de la clase poseedora anterior se desarrollen para formar una nueva clase, el proletariado), en la medida en que toda la propiedad anterior se convierte en capital industrial o comercial. Los diferentes individuos sólo forman una clase [55] en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues de otro modo ellos mismos se enfrentan los unos con los otros, hostilmente, en el plano de la competencia. Y, de otra parte, la clase se sustantiva, a su vez, frente a los individuos que la forman, de tal modo que éstos se encuentran ya con sus condiciones de vida predestinadas; se encuentran con que la clase les asigna su posición en la vida y, con ello, la trayectoria de su desarrollo personal; se ven absorbidos por ella. Es el mismo fenómeno que el sometimiento de los diferentes individuos a la división del trabajo, y para eliminarlo no hay otro camino que la abolición de la propiedad privada y del trabajo mismo <ref>Para entender lo que significan aquí las palabras &#171;supresión del trabajo&#187; (''Aufhebung der Arbeit'') véase el presente tomo, págs. 37-38, 66-67, 73-76. (N. de la Edit.)</ref>. Ya hemos indicado varias veces cómo este sometimiento de los individuos a la clase se desarrolla hasta convertirse, al mismo tiempo, en un sometimiento a diversas ideas, etc. Si consideramos ''filosóficamente'' este desarrollo de los individuos en las condiciones comunes de existencia de los estamentos y las clases que se suceden históricamente y con arreglo a las ideas generales que de este modo se les han impuesto, llegamos fácilmente a imaginarnos que en estos individuos se ha desarrollado el Género o el Hombre o que ellos han desarrollado al Hombre; un modo de imaginarse éste que se da de bofetadas con la historia. Luego, podemos concebir estos diferentes estamentos y clases como especificaciones del concepto general, como variedad del Género, como fases de desarrollo del Hombre. Esta inclusión de los individuos en determinadas clases no podrá superarse, en efecto, hasta que se forme una clase que no tenga ya por qué oponer ningún interés especial de clase a la clase dominante. ---- La transformación de las fuerzas (relaciones) personales en materiales por obra de la división del trabajo no puede revocarse quitándose de la cabeza la idea general acerca de ella, sino haciendo que los individuos sometan de nuevo a su mando estos poderes materiales y supriman la división del trabajo <ref>Glosa marginal de Engels: &#171;(Feuerbach: ser y esencia)&#187;. Cfr. el presente tomo, págs. 43-44 (N. de la Edit.)</ref>. Y esto no es posible hacerlo sin la comunidad. Solamente dentro de la comunidad tiene todo individuo los medios [56] necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal. En los sustitutivos de la comunidad que hasta ahora han existido, en el Estado, etc., la libertad personal sólo existía para los individuos desarrollados dentro de las relaciones de la clase dominante y sólo tratándose de individuos de esta clase. La aparente comunidad en que se han asociado hasta ahora los individuos ha cobrado siempre una existencia propia e independiente frente a ellos y, por tratarse de la asociación de una clase en contra de otra, no sólo era, al mismo tiempo, una comunidad puramente ilusoria para la clase dominada, sino también una nueva traba. Dentro de la comunidad real, los individuos adquieren, al mismo tiempo, su libertad al asociarse y por medio de la asociación. Los individuos han partido siempre de sí mismos, aunque naturalmente, dentro de sus condiciones y relaciones históricas dadas, y no del individuo &#171;puro&#187;, en el sentido de los ideólogos. Pero, en el curso del desarrollo histórico, y precisamente por medio de la sustantivación de las relaciones sociales que es inevitable dentro de la división del trabajo, se acusa una diferencia entre la vida de cada individuo, en cuanto se trata de su vida personal, y esa misma vida supeditada a una determinada rama del trabajo y a las correspondientes condiciones. (Lo que no debe entenderse en el sentido de que, por ejemplo, el rentista, el capitalista, etc., dejen de ser personas, sino en el de que su personalidad se halla condicionada y determinada por relaciones de clase muy concretas, y la diferencia sólo se pone de manifiesto en contraposición con otra clase y, con respecto a ellas mismas, solamente cuando se presenta la bancarrota). En el estamento (y más todavía en la tribu) esto aparece aún velado; y así, por ejemplo, un noble sigue siendo un noble y un plebeyo un plebeyo, independientemente de sus otras relaciones, por ser aquélla una cualidad inseparable de su personalidad. La diferencia del individuo personal con respecto al individuo de clase, el carácter fortuito de las condiciones de vida para el individuo, sólo se manifiestan con la aparición de la clase, que es, a su vez, un producto de la burguesía. La competencia y la lucha de unos individuos con otros es la que engendra y desarrolla [57] este carácter fortuito en cuanto tal. Por eso en la imaginación, los individuos, bajo el poder de la burguesía, son más libres que antes, porque sus condiciones de vida son, para ellos, algo puramente fortuito; pero, en la realidad, son, naturalmente, menos libres, ya que se hallan más supeditados a un poder material. La diferencia del estamento se manifiesta, concretamente, en la antítesis de burguesía y proletariado. Al aparecer el estamento de los vecinos de las ciudades, las corporaciones, etc., frente a la nobleza rural, sus condiciones de existencia, la propiedad mobiliaria y el trabajo artesanal, que existían ya de un modo latente antes de su separación de la asociación feudal, aparecieron como algo positivo, que se hacían valer frente a la propiedad inmueble feudal, y ésta era la razón de que volvieran a revestir en su modo, primeramente, la forma feudal. Es cierto que los siervos de la gleba fugitivos consideraban a su servidumbre anterior como algo fortuito en su personalidad. Pero, con ello no hacían sino lo mismo que hace toda clase que se libera de una traba, aparte de que ellos, al obrar de este modo, no se liberaban como clase, sino aisladamente. Además, no se salían del marco del régimen de los estamentos, sino que formaban un estamento nuevo y retenían en su nueva situación su modo de trabajo anterior, y hasta lo desarrollaban, al liberarlo de trabas que ya no correspondían al desarrollo que había alcanzado. Tratándose de los proletarios, por el contrario, su propia condición de vida, el trabajo, y con ella todas las condiciones de existencia de la sociedad actual, se han convertido para ellos en algo fortuito, sobre lo que cada proletario de por sí no tiene el menor control y sobre lo que no puede darle tampoco el control ninguna organización ''social'', y la contradicción entre la personalidad del proletario individual y su condición de vida, tal como le viene impuesta, es decir, el trabajo, se revela ante él mismo, sobre todo porque se ve sacrificado ya desde su infancia y porque no tiene la menor probabilidad de llegar a obtener, dentro de su clase, las condiciones que le coloquen en otra situación. [58], NB. No debe olvidarse que la misma necesidad de los siervos de existir y la imposibilidad de las grandes haciendas, que trajo consigo la distribución de los ''allotments'' <ref>minúsculas porciones de tierra. (N. de la Edit.)</ref> entre los siervos, no tardaron en reducir las obligaciones de los siervos para con su señor feudal a un promedio de prestaciones en especie y en trabajo que hacía posible al siervo la acumulación de propiedad mobiliaria, facilitándole con ello la posibilidad de huir de las tierras de su señor y permitiéndole subsistir como vecino de una ciudad, lo que contribuyó, al mismo tiempo, a crear gradaciones entre los siervos, y así, vemos que los siervos fugitivos son ya, a medias, vecinos de las ciudades. Y fácil es comprender que los campesinos siervos conocedores de un oficio eran los que más probabilidades tenían de adquirir propiedades mobiliarias. Así, pues, mientras que los siervos fugitivos sólo querían desarrollar libremente y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes, razón por la cual sólo llegaron, en fin de cuentas, al trabajo libre, los proletarios, para hacerse valer personalmente, necesitan acabar con su propia condición de existencia anterior, que es al mismo tiempo la de toda la anterior sociedad, es decir, acabar con el trabajo. Se hallan también, por tanto, en contraposición directa con la forma en que los individuos componentes de la sociedad se manifestaban hasta ahora en conjunto con el Estado, y necesitan derrocar al Estado, para imponer su personalidad. ---- De toda la exposición anterior se desprende que la relación de comunidad en que entran los individuos de una clase, relación condicionada por sus intereses comunes frente a un tercero, era siempre una comunidad a la que pertenecían estos individuos solamente como individuos medios, solamente en cuanto vivían dentro de las condiciones de existencia de su clase; es decir, una relación que no los unía en cuanto tales inividuos, sino en cuanto miembros de una clase. En cambio, con la comunidad de los proletarios revolucionarios, que toman bajo su control sus condiciones [59] de existencia y las de todos los miembros de la sociedad, sucede cabalmente lo contrario: en ella toman parte los individuos en cuanto tales individuos. Esta comunidad no es otra cosa, precisamente, que la asociación de los individuos (partiendo, naturalmente, de la premisa de las fuerzas productivas tal y cómo ahora se han desarrollado), que entrega a su control las condiciones de libre desarrollo y movimiento de los individuos, condiciones que hasta ahora se hallaban a merced del azar y habían cobrado existencia propia e independiente frente a los diferentes individuos precisamente por la separación de éstos como individuos y que luego, con su necesaria asociación merced a la división del trabajo era sencillamente una asociación (de ningún modo arbitraria, a la manera de la que se nos pinta, por ejemplo, en el &#171;Contrat social&#187; <ref>Véase el libro de J. J. Rousseau &quot;Du Contract social; ou, Principes du droit politique&quot; (&quot;Sobre el contrato social, o principios del Derecho político&quot;) aparecido en Amsterdam en 1762.</ref>, sino necesaria) (cfr., por ejemplo la formación del Estado norteamericano y las repúblicas sudamericanas) acerca de estas condiciones, dentro de las cuales lograban luego los individuos el disfrute de la casualidad. A este derecho a disfrutar libremente, dentro de ciertas condiciones, de lo que ofreciera el azar se le llamaba, hasta ahora, libertad personal. Estas condiciones de existencia sólo son, naturalmente, las fuerzas productivas y las formas de relación existentes en cada caso. ---- El comunismo se distingue de todos los movimientos anteriores en que echa por tierra la base de todas las relaciones de producción y de trato que hasta ahora han existido y por primera vez aborda de un modo consciente todas las premisas naturales como creación de los hombres anteriores, despojándolas de su carácter natural y sometiéndolas al poder de los individuos asociados. Su institución es, por tanto, esencialmente económica, la de las condiciones materiales de esta asociación; hace de las condiciones existentes condiciones para la asociación. Lo existente, lo que crea el comunismo, es precisamente la base real para hacer imposible cuanto existe independientemente de los individuos, en cuanto este algo existente no es, sin embargo, otra cosa que un producto de la relación anterior de los individuos mismos. Los comunistas tratan, por tanto, prácticamente, las condiciones creadas por la producción y la relación anteriores como condiciones inorgánicas, sin llegar siquiera a imaginarse que las generaciones anteriores se propusieran o pensaran suministrarles materiales y sin creer que estas condiciones fuesen inorgánicas para los individuos que las creaban. ===[7. La contradicción entre los individuos y las condiciones de su vida, como contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de relación. El progreso de las fuerzas productivas y la sustitución de las formas de relación]=== [60] La diferencia entre el individuo personal y el individuo contingente no es una diferencia de concepto, sino un hecho histórico. Y esta diferencia tiene diferente sentido según las diferentes épocas, como ocurre, por ejemplo, con el estamento, algo casual para el individuo en el siglo XVIII, y también, ''plus ou moins'' <ref>Más o menos. (N. de la Edit.)</ref>, la familia. No es una diferencia que nosotros tengamos que establecer para todos los tiempos, sino que cada tiempo de por sí la establece entre los diferentes elementos con que se encuentra, y no ciertamente en cuanto al concepto, sino obligado por las colisiones materiales de la vida. Lo que a la época posterior le parece casual en contraposición a la anterior y también, por tanto, entre los elementos que de la anterior han pasado a ella, es una forma de relación que correspondía a un determinado desarrollo de las fuerzas productivas. La relación entre las fuerzas productivas y la forma de trato es la que media entre ésta y la actividad u ocupación de los individuos. (La forma fundamental de esta ocupación es, naturalmente, la forma material, de la que dependen todas las demás: la espiritual, la política, la religiosa, etc.) La diversa organización de la vida material depende en cada caso, naturalmente, de las necesidades ya desarrolladas, y tanto la creación como la satisfacción de estas necesidades es de suyo un proceso histórico, que no encontraremos en ninguna oveja ni en ningún perro (recalcitrante argumento fundamental de Stirner <ref>Se alude a los razonamientos que M. Stirner hace en su artículo "Los reseñadores de Stirner&quot;, publicado en el tercer tomo de la revista &quot;Wigand's Vierteljahrsschrift&quot; de 1845, pág. 187.</ref> '' adversus hominem'' <ref>Contra el hombre. (N. de la Edit.)</ref>, a pesar de que las ovejas y los perros, bajo su forma actual, son también, ciertamente, aunque ''malgré eux'' <ref>] A pesar de ellos. (N. de la Edit.)</ref>, productos de un proceso histórico). Las condiciones bajo las cuales se relacionan los individuos, antes de que se interponga la contradicción [entre aquellas y éstos], son condiciones inherentes a su individualidad y no algo externo a ellos, condiciones en las cuales estos determinados individuos existentes bajo determinadas relaciones pueden únicamente producir su vida material y lo relacionado con ella; son, por tanto, las condiciones de su propio modo de ocupación, y este mismo modo de ocupación las produce <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Producción de la forma misma de relación&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. La determinada condición bajo la que proceden corresponde, pues, mientras [61] no se interpone la contradicción [señalada], a su condicionalidad real, a su existencia unilateral, cuya unilateralidad sólo se revela al interponerse la contradicción y que, por consiguiente, sólo existe para los que vienen después. Luego, esta condición aparece como una traba casual, y entonces se desliza también para la época anterior la conciencia de que es una traba. Estas diferentes condiciones, que primeramente aparecen como condiciones del propio modo de actividad propia y más tarde como trabas de él, forman a lo largo de todo el desarrollo histórico una serie coherente de formas de relación, cuya cohesión consiste en que la forma anterior de relación, convertida en una traba, es sustituida por otra nueva, más a tono con las fuerzas productivas desarrolladas y, por tanto, con un modo más progresivo de la propia actividad de los individuos, que ''à son tour'' <ref>A su vez. (N. de la Edit.)</ref> se convierte de nuevo en una traba y es sustituida, a su vez, por otra. Y, como estas condiciones corresponden en cada fase al desarrollo simultáneo de las fuerzas productivas, tenemos que su historia es, al propio tiempo, la historia de las fuerzas productivas en desarrollo y heredadas por cada nueva generación y, por tanto, la historia del desarrollo de las fuerzas de los mismos individuos. Y, como este desarrollo se opera de un modo espontáneo, es decir, no se halla subordinado a un plan de conjunto de individuos libremente asociados, parte de diferentes localidades, tribus, naciones, ramas de trabajo, etc., cada una de las cuales se desarrolla con independencia de las otras y sólo paulatinamente entra en relación con ellas. Este proceso se desarrolla, además, muy lentamente; las diferentes fases y los diversos intereses no se superan nunca del todo, sino que sólo se subordinan al interés victorioso y van arrastrándose siglo tras siglo al lado de éste. De donde se sigue que, incluso dentro de una nación, los individuos, aun independientemente de sus condiciones patrimoniales, siguen líneas de desarrollo completamente distintas y que un interés anterior cuya forma peculiar de relación se ve ya desplazada por otra correspondiente a un interés posterior, puede mantenerse durante largo tiempo en posesión de un poder tradicional en la aparente comunidad sustantivada frente a los individuos (en el Estado y en el derecho), poder al que en última instancia sólo podrá poner fin una revolución. Y así se explica también por qué, con respecto a ciertos puntos [62] concretos susceptibles de una síntesis más general, la conciencia puede, a veces, parecer que se halla más avanzada que las relaciones empíricas contemporáneas, razón por la cual vemos cómo, muchas voces, a la vista de las luchas de una época posterior se invocan como autoridades las doctrinas de teóricos anteriores. En cambio, en países como Norteamérica, que comienzan desde el principio en una época histórica ya muy avanzada, el proceso de desarrollo marcha muy rápidamente. Estos países no tienen más premisas naturales que los individuos que allí se instalan como colonos, movidos a ello por las formas de relación de los viejos países, que no corresponden ya a sus necesidades. Comienzan, pues, con los individuos más progresivos de los viejos países y, por tanto, con la forma de relación más desarrollada, correspondiente a esos individuos, antes ya de que esta forma de relación haya podido imponerse en los países viejos. Tal es lo que ocurre con todas las colonias, cuando no se trata de simples estaciones militares o factorías comerciales. Ejemplos de ello los tenemos en Cartago, las colonias griegas y la Islandia de los siglos XI y XII. Y una situación parecida se da también en caso de conquista, cuando se trasplanta directamente al país conquistado la forma de relación desarrollada sobre otro suelo; mientras que en su país de origen esta forma se hallaba aún impregnada de intereses y relaciones procedentes de épocas anteriores, aquí, en cambio, puede y debe imponerse totalmente y sin el menor obstáculo, entre otras razones para asegurar de un modo estable el poder de los conquistadores. (Inglaterra y Nápoles después de la conquista por los normandos <ref>Inglaterra fue conquistada por los normandos en 1066; Nápoles, en 1130.</ref>, que llevó a uno y otro sitio la forma más acabada de la organización feudal). ===[8. El papel de la violencia (la conquista) en la historia]=== A toda esta concepción de la historia parece contradecir el hecho de la conquista. Hasta ahora, venía considerándose la violencia, la guerra, el saqueo, el asesinato para robar, etc., como la fuerza propulsora de la historia. Aquí, tenemos que limitarnos necesariamente a los puntos capitales, razón por la cual tomaremos el ejemplo más palmario de la destrucción de una vieja civilización por obra de un pueblo bárbaro y, como consecuencia de ello, la creación de una nueva estructura de la sociedad, volviendo a comenzar desde el principio. (Roma y los bárbaros, el feudalismo y las Galias, el Imperio Romano de Oriente y los turcos <ref>''Imperio Romano de Oriente'', Estado que se separó en el año 395 del Imperio romano esclavista con centro en Constantinopla; posteriormente se denominó Bizancio; existió hasta 1453, en que fue conquistado por Turquía.</ref>). [63] En cuanto al pueblo bárbaro conquistador, la guerra sigue siendo, como ya apuntábamos más arriba, una forma normal de relación, explotada tanto más celosamente cuanto que, dentro del tosco modo de producción tradicional y único posible para estos pueblos, el incremento de la población crea más apremiantemente la necesidad de nuevos medios de producción. En Italia, por el contrario, por virtud de la concentración de la propiedad territorial (determinada, además de la compra de tierras y el recargo de deudas de sus cultivadores, por la herencia, ya que, a consecuencia de la gran ociosidad y de la escasez de matrimonios, los viejos linajes iban extinguiéndose poco a poco y sus bienes quedaban reunidos en pocas manos) y de la transformación de las tierras de labor en terrenos de pastos (provocada, aparte de las causas económicas normales todavía en la actualidad vigentes, por la importación de cereales robados y arrancados en concepto de tributos y de la consiguiente escasez de consumidores para el grano de Italia), casi desapareció la población libre y los mismos esclavos morían en masa por inanición, y tenían que ser reemplazados constantemente por otros nuevos. La esclavitud seguía siendo la base de toda la producción. Los plebeyos, que ocupaban una posición intermedia entre los libres y los esclavos, no llegaron a ser nunca más que una especie de '' lumpemproletariado''. Por otra parte y en general, Roma nunca fue más que una ciudad, que mantenía con las provincias una relación casi exclusivamente política, la cual, como es natural, podía verse rota o quebrantada de nuevo por acontecimientos de orden político. ---- Nada más usual que la idea de que en la historia, hasta ahora, todo se ha reducido a la ''conquista''. Los bárbaros ''se apoderaron'' del Imperio romano, y con esta conquista se explica el paso del mundo antiguo al feudalismo. Pero, en la conquista por los bárbaros, se trata de saber si la nación sojuzgada por ellos llegó a desarrollar fuerzas productivas industriales como ocurre en los pueblos modernos, o si sus fuerzas productivas descansaban, en lo fundamental, simplemente sobre su unión y sobre la comunidad [''Gemeinwesen'']. El acto de apoderarse se halla, además, condicionado por el objeto de que se apodera. La fortuna de un banquero, consistente en papeles, no puede en modo alguno ser tomada sin que quien la toma se someta a las condiciones de producción y de relación del país ocupado. Y lo mismo ocurre con todo el capital industrial de un país industrial moderno. Finalmente, la acción de apoderarse se termina siempre muy pronto, y cuando ya no hay nada que tomar necesariamente hay que empezar a producir. Y de esta necesidad de producir, muy pronto declarada, se sigue [64] que la forma de la comunidad [''Gemeinwesen''] adoptada por los conquistadores instalados en el país tiene necesariamente que corresponder a la fase de desarrollo de las fuerzas productivas con que allí se encuentran o, cuando no es ése el caso, modificarse a tono con las fuerzas productivas. Y esto explica también el hecho que se creyó observar por todas partes en la época posterior a la transmigración de los pueblos, a saber: que los vasallos se convirtieron en señores y los conquistadores adoptaron muy pronto la lengua, la cultura y las costumbres de los conquistados. El feudalismo no salió ni mucho menos, ya listo y organizado, de Alemania, sino que tuvo su origen, por parte de los conquistadores, en la organización guerrera que los ejércitos fueron adquiriendo durante la propia conquista y se desarrolló hasta convertirse en el verdadero feudalismo después de ella, gracias a la acción de las fuerzas productivas encontradas en los países conquistados. Hasta qué punto se hallaba condicionada esta forma por las fuerzas productivas lo revelan los intentos frustrados que se hicieron para imponer otras formas nacidas de viejas reminiscencias romanas (Carlomagno, etc.). Continuarla. ===[9. El desarrollo de la contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de relación en las condiciones creadas por la gran industria y la libre competencia. El antagonismo entre el trabajo y el capital]=== La gran industria y la competencia funden todas las condiciones de existencia, condicionalidades y unilateralidades de los individuos bajo las dos formas más simples: la propiedad privada y el trabajo. Con el dinero, se establece como algo fortuito para los individuos toda forma de relación y la propia relación. Ya en el dinero va implícito, por tanto, el que toda relación anterior sólo era relación de los individuos en determinadas condiciones, y no de los individuos en cuanto tales individuos. Y estas condiciones se reducen a dos: trabajo acumulado, es decir, propiedad privada, y trabajo real. Al desaparecer estas dos condiciones o una sola de ellas, se paraliza la relación. Los propios economistas modernos, como por ejemplo Sismondi, Cherbuliez, etc., contraponen la ''association des individus'' a la '' asociation des capitaux''. De otra parte, los individuos mismos quedan completamente sujetos a la división del trabajo y reducidos, con ello, a la más completa dependencia de los unos con respecto a los otros. La propiedad privada, en la medida en que se enfrenta al trabajo, dentro de éste, se desarrolla partiendo de la necesidad de la acumulación y, aunque en sus comienzos presente cada vez más marcada la forma de la comunidad [''Gemeinwesen''], va acercándose más y más, en su desarrollo ulterior, a la moderna forma de la propiedad privada. La división del trabajo sienta ya de antemano las premisas para la división de las ''condiciones'' de trabajo, las herramientas y los materiales y, con ello, para la diseminación del capital acumulado entre diferentes propietarios y, por consiguiente, también para su disyunción, entre el capital y el trabajo y para las diferentes formas de la misma propiedad. Cuanto más se desarrolle la división del trabajo [65] y crezca la acumulación, más se agudizará también esa disyunción. El trabajo mismo sólo podrá existir bajo el supuesto de ella. ---- (Energía personal de los individuos de determinadas naciones &#8212;alemanes y americanos&#8212; energía lograda ya mediante el cruzamiento de razas &#8212; de ahí los alemanes cretinos; en Francia, Inglaterra, etc., transplantación de pueblos extranjeros en el suelo ya desarrollado, en América en un suelo totalmente nuevo, en Alemania la población natural tranquilamente aferrada a su sitio.) ---- Nos encontramos, pues, aquí ante dos hechos <ref>Glosa marginal de Engels: &#171;Sismondi&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. En primer lugar, vemos que las fuerzas productivas aparecen como fuerzas totalmente independientes y separadas de los individuos, como un mundo propio al lado de éstos, lo que tiene su razón de ser en el hecho de que los individuos, cuyas fuerzas son aquellas, existen diseminados los unos frente a los otros, al paso que estas fuerzas sólo son fuerzas reales y verdaderas en la relación y la interconexión de estos individuos. Por tanto, de una parte, una totalidad de fuerzas productivas que adoptan, en cierto modo, una forma material y que para los mismos individuos no son ya sus propias fuerzas, sino las de la propiedad privada y, por tanto, sólo son las de los individuos en cuanto propietarios privados. En ningún otro período anterior habían llegado las fuerzas productivas a revestir esta forma indiferente para la relación de los individuos ''como tales individuos'', porque su relación era todavía limitada. De otra parte, a estas fuerzas productivas se enfrenta la mayoría de los individuos, de los que estas fuerzas se han desgarrado y que, por tanto, despojados de todo contenido real de vida, se han convertido en individuos abstractos y, por ello mismo, se ven puestos en condiciones de relacionarse los unos con los otros ''como individuos''. La única relación que aún mantienen los individuos con las fuerzas productivas y con su propia existencia, el trabajo, ha perdido en ellos toda apariencia de actividad propia y sólo conserva [66] su vida empequeñeciéndola. Mientras que en los períodos anteriores la actividad propia y la producción de la vida material aparecían separadas por el hecho de atribuirse a personas distintas, y la producción de la vida material, por la limitación de los individuos mismos, se consideraba como una modalidad subordinada de la actividad propia, ahora estos dos aspectos se desdoblan de tal modo, que la vida material pasa a ser considerada como la meta, y la producción de esta vida material, el trabajo (ahora, la única forma posible, pero forma negativa, como veremos, de la actividad propia), se revela como medio. ===[10. La necesidad, las condiciones y los resultados de la supresión de la propiedad privada]=== Las cosas, por tanto, han ido tan lejos, que los individuos necesitan apropiarse la totalidad de las fuerzas productivas existentes, no sólo para poder ejercer su propia actividad, sino, en general, para asegurar su propia existencia. Esta apropiación se halla condicionada, ante todo, por el objeto que se trata de apropiar, es decir, por las fuerzas productivas, desarrolladas ahora hasta convertirse en una totalidad y que sólo existen dentro de una relación universal. Por tanto, esta apropiación deberá necesariamente tener, ya desde este punto de vista, un carácter universal en consonancia con las fuerzas productivas y la relación. La apropiación de estas fuerzas no es, de suyo, otra cosa que el desarrollo de las capacidades individuales correspondientes a los instrumentos materiales de producción. La apropiación de una totalidad de instrumentos de producción es ya de por sí, consiguientemente, el desarrollo de una totalidad de capacidades en los individuos mismos. Esta apropiación se halla, además, condicionada por los individuos apropiantes. Sólo los proletarios de la época actual, totalmente excluidos del ejercicio de su propia actividad, se hallan en condiciones de hacer valer su propia actividad, íntegra y no limitada, consistente en la apropiación de una totalidad de fuerzas productivas y en el consiguiente desarrollo de una totalidad de capacidades. Todas las anteriores apropiaciones revolucionarias habían tenido un carácter limitado; individuos cuya propia actividad se veía restringida por un instrumento de producción y un intercambio limitados, se apropiaban este instrumento limitado [67] de producción y, con ello, no hacían más que limitarlo nuevamente. Su instrumento de producción pasaba a ser propiedad suya, pero ellos mismos seguían sujetos a la división del trabajo y a su propio instrumento de producción. En todas las apropiaciones pasadas una masa de individuos quedaba subordinada a algún instrumento de producción; en la apropiación proletaria, la de instrumentos de producción tenía necesariamente que verse subordinada a cada individuo y la propiedad sobre ellos, a todos. El moderno intercambio universal sólo puede verse subordinado a los individuos siempre y cuando que se vea subordinado por todos. La apropiación se halla, además, condicionada por el modo de llevarse a cabo. En efecto, sólo puede llevarse a cabo mediante una asociación que, dado el carácter del proletariado mismo, no puede ser tampoco más que una asociación universal, y por obra de una revolución en la que, de una parte, se derroque el poder del modo de producción y de relación anterior y la organización social correspondiente y en la que, de otra parte, se desarrollan el carácter universal y la energía de que el proletariado necesita para llevar a cabo la apropiación, a la par que el mismo proletariado, por su parte, se despoja de cuanto pueda quedar en él de la posición que ocupaba en la anterior sociedad. Solamente al llegar a esta fase coincide la actividad propia con la vida material, lo que corresponde al desarrollo de los individuos como individuos totales y a la superación de cuanto hay en ellos de espontáneo; y a ello corresponde la transformación del trabajo en actividad propia y la relación anterior condicionada en relación entre los individuos en cuanto tales. Con la apropiación de la totalidad de las fuerzas productivas por los individuos asociados termina la propiedad privada. Mientras que en la historia anterior se manifestaba siempre como fortuita una condición especial, ahora pasa a ser fortuito el aislamiento de los individuos mismos, la adquisición privada particular de cada uno. Los filósofos se han representado como un ideal, al que llaman el &#171;Hombre&#187;, a los individuos [68] que no se ven ya subordinados a la división del trabajo, concibiendo todo este proceso que nosotros acabamos de exponer como el proceso de desarrollo del &#171;Hombre&#187;, para lo que en lugar de los individuos que hasta ahora hemos visto actuar en cada fase histórica se desliza el concepto del &#171;Hombre&#187;, presentándolo como la fuerza propulsora de la historia. De este modo, se concibe todo este proceso como el proceso de autoenajenación del &#171;Hombre&#187; <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;Autoenajenación&#187;. (N. de la Edit.)</ref>, y la razón principal de ello está en que constantemente se atribuye por debajo de cuerda el individuo medio de la fase posterior a la anterior y la conciencia posterior a los individuos anteriores. Y esta inversión, que de antemano hace caso omiso de las condiciones reales, es lo que permite convertir toda la historia en un proceso de desarrollo de la conciencia. '''* * *''' La sociedad civil abarca toda la relación material de los individuos en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas. Abarca toda la vida comercial e industrial de una fase y, en este sentido, transciende de los límites del Estado y de la nación, si bien, por otra parte, tiene necesariamente que hacerse valer al exterior como nacionalidad y, vista hacia el interior, como Estado. El término &#171;sociedad civil&#187; <ref>El término &#171;''bürgerliche Gesellschaft''&#187; significa &#171;sociedad civil&#187; y &#171;sociedad burguesa&#187;. (N. de la Edit.)</ref> apareció en el siglo XVIII, cuando ya las relaciones de propiedad se habían desprendido del marco de la comunidad antigua y medieval [''Gemeinwesen'']. La sociedad civil en cuanto tal sólo se desarrolla con la burguesía; sin embargo, la organización social que se desarrolla directamente a base de la producción y la relación, y que forma en todas las épocas la base del Estado y de toda otra superestructura idealista <ref>es decir, ideal, ideológica. (N. de la Edit.)</ref>, se ha designado siempre, invariablemente, con el mismo nombre. ===[11. La actitud del Estado y del derecho hacia la propiedad]=== La primera forma de la propiedad es, tanto en el mundo antiguo como en la Edad Media, la propiedad tribal, condicionada entre los romanos, principalmente, por la guerra, y entre los germanos [69], por la ganadería. Entre los pueblos antiguos, teniendo en cuenta que en una misma ciudad convivían diversas tribus, la propiedad tribal aparece como propiedad del Estado y el derecho del individuo a disfrutarla, como simple ''possessio'', la cual, sin embargo, se limita, como la propiedad tribal en todos los casos, a la propiedad sobre la tierra. La verdadera propiedad privada, entre los antiguos, al igual que entre los pueblos modernos, comienza con la propiedad mobiliaria. (La esclavitud y la comunidad [''Gemeinwesen'']) (el ''dominium ex jure Quiritum'') <ref>Propiedad de derecho quiritario, o sea, la propiedad del ciudadano romano. (N. de la Edit.)</ref>. En los pueblos surgidos de la Edad Media, la propiedad tribal se desarrolla pasando por varias etapas &#8212;propiedad feudal de la tierra, propiedad mobiliaria corporativa, capital manufacturero&#8212; hasta llegar al capital moderno, condicionado por la gran industria y la competencia universal, a la propiedad privada pura, que se ha despojado ya de toda apariencia de comunidad [''Gemeinwesen''] y ha eliminado toda influencia del Estado sobre el desarrollo de la propiedad. A esta propiedad privada moderna corresponde el Estado moderno, paulatinamente comprado, mediante el sistema de impuestos en rigor, por los propietarios privados, entregado completamente a éstos merced a la deuda pública y cuya existencia, como revela el alza y la baja de los valores del Estado en la Bolsa, depende enteramente del crédito comercial que le concedan los propietarios privados, los burgueses. La burguesía, por ser ya una ''clase'', y no un simple ''estamento'', se halla obligada a organizarse en un plano nacional y no ya solamente en un plano local y a dar a sus intereses comunes una forma general. Mediante la emancipación de la propiedad privada con respecto a la comunidad [''Gemeinwesen''], el Estado cobra una existencia propia junto a la sociedad civil y al margen de ella; pero no es tampoco más que la forma de organización a que necesariamente se someten los burgueses, tanto en lo interior como en lo exterior, para la mutua garantía de su propiedad y de sus intereses. La independencia del Estado sólo se da, hoy día, en aquellos países en que los estamentos aún no se han desarrollado totalmente hasta convertirse en clases, donde aun desempeñan cierto papel los estamentos, eliminados ya en los países más avanzados, donde existe cierta mezcla y donde, por tanto, ninguna parte de la población puede llegar a dominar sobre las demás. Es esto, en efecto, lo que ocurre en Alemania. El ejemplo más acabado del Estado moderno lo tenemos en Norteamérica [70]. Los modernos escritores franceses, ingleses y norteamericanos se manifiestan todos en el sentido de que el Estado sólo existe en función de la propiedad privada, lo que, a fuerza de repetirse, se ha incorporado ya a la conciencia habitual. Como el Estado es la forma bajo la que los individuos de la clase dominante hacen valer sus intereses comunes y en la que se condensa toda la sociedad civil de la época, se sigue de aquí que todas las instituciones comunes se objetivan a través del Estado y adquieren a través de él la forma política. De ahí la ilusión de que la ley se basa en la voluntad y, además, en la voluntad desgajada de su base real, en la voluntad ''libre''. Y, del mismo modo, se reduce el derecho, a su vez, a la ley. El derecho privado se desarrolla conjuntamente con la propiedad privada a partir de la desintegración de la comunidad [''Gemeinwegen''] natural. Entre los romanos, el desarrollo de la propiedad privada y el derecho privado no acarreó más consecuencias industriales y comerciales porque el modo de producción de Roma siguió siendo enteramente el mismo que antes <ref>Glosa marginal de Engels: &#171;(&#161;Usura!)&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. En los pueblos modernos, donde la comunidad [''Gemeinwesen''] feudal fue disuelta por la industria y el comercio, el nacimiento de la propiedad privada y el derecho privado abrió una nueva fase, susceptible de un desarrollo ulterior. La primera ciudad que en la Edad Media mantenía un comercio extenso por mar, Amalfi, fue también la primera en que se desarrolló un derecho marítimo <ref>La ciudad italiana de Amalfi fue un próspero centro comercial en los siglos X y XI. El derecho marítimo de la ciudad (&quot;Tabula Amalphitana&quot;) tenía vigencia en toda Italia y estaba muy extendido en los países mediterráneos.</ref>. Y tan pronto como, primero en Italia y más tarde en otros países, la industria y el comercio se encargaron de seguir desarrollando la propiedad privada, se acogió de nuevo el derecho romano desarrollado y se le dio autoridad. Y cuando, más tarde, la burguesía era ya lo suficientemente fuerte para que los príncipes tomaran bajo su protección sus intereses, con la mira de derrocar a la nobleza feudal por medio de la burguesía, comenzó en todos los países &#8212;como en Francia, en el siglo XVI&#8212; el verdadero desarrollo del derecho, que en todos ellos [71], exceptuando a Inglaterra, tomó como base el derecho romano. Pero también en Inglaterra se utilizaron, para el desarrollo ulterior del derecho privado, algunos principios jurídicos romanos (principalmente, en lo tocante a la propiedad mobiliaria). (No se olvide que el derecho carece de historia propia, como carece también de ella la religión). El derecho privado proclama las relacionas de propiedad existentes como el resultado de la voluntad general. El mismo ''jus utendi et abutendi'' <ref>derecho de usar y de abusar, o sea, disponer de una cosa al arbitrio de uno. (N. de la Edit.)</ref> expresa, de una parte, el hecho de que la propiedad privada ya no depende en absoluto de la comunidad [''Gemeinwesen''] y, de otra parte, la ilusión de que la misma propiedad privada descansa sobre la mera voluntad privada, como el derecho a disponer arbitrariamente de la cosa. En la práctica, el ''abuti'' <ref>abusar. (N. de la Edit.)</ref> tropieza con limitaciones económicas muy determinadas y concretas para el propietario privado, si no quiere que su propiedad, y con ella su ''jus abutendi'' <ref>derecho de abusar. (N. de la Edit.)</ref>, pasen a otras manos, puesto que la cosa no es tal cosa simplemente en relación con su voluntad, sino que solamente se convierte en verdadera propiedad en el comercio e independientemente del derecho a una cosa (solamente allí se convierte en una ''relación'', en lo que los filósofos llaman una idea) <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;''La relación, para los filósolos, significa idea''. No conocen más que la relación del &#171;Hombre&#187; consigo mismo, por cuya razón todas las relaciones reales se truecan, para ellos, en ideas&#187;. (N. de la Edit.)</ref>. Esta ilusión jurídica, que reduce el derecho a la mera voluntad, conduce, necesariamente, en el desarrollo ulterior de las relaciones de propiedad, a que una persona puede tener un derecho jurídico a una cosa sin llegar a poseerla realmente. Así, por ejemplo, si la competencia suprime la renta de una finca, el propietario conservará, sin duda alguna el título jurídico de propiedad, y con él el correspondiente ''jus utendi et abutendi''. Pero, nada podrá hacer con ese derecho ni poseerá nada en cuanto propietario de la tierra, a menos que disponga del capital, suficiente para poder cultivar su finca. Y por la misma ilusión de los juristas se explica el que para ellos y para todos los códigos en general sea algo fortuito el que los individuos entablen relaciones entre sí, celebrando, por ejemplo, contratos, considerando estas relaciones como nexos que se pueden o no contraer, según se quiera [72], y cuyo contenido descansa íntegramente sobre el capricho individual de los contratantes. Tan pronto como el desarrollo de la industria y del comercio hace surgir nuevas formas de intercambio, por ejemplo, las compañías de seguros, etc., el derecho se ve obligado, en cada caso, a dar entrada a estas formas entre los modos de adquirir la propiedad <ref>Más adelante, al final del manuscrito, siguen unas notas de Marx para ser elaboradas ulteriormente. (N. de la Edit.)</ref>. ===[12. Formas de conciencia social]=== La influencia de la división del trabajo en la ciencia. El papel de la ''represión'' en cuanto al Estado, el derecho, la moral, etc. En la ley, los burgueses deben darse a sí mismos una expresión general precisamente porque dominan como clase. Las ciencias naturales y la historia. No existe historia de la política, el derecho, la ciencia, etc., el arte, la religión, etc. <ref>Glosa marginal de Marx: &#171;A la comunidad [''dem Gemeinweisen''] en la forma en que se manifiesta en el Estado antiguo, en el régimen feudal y la monarquía absoluta, a esa conexión le corresponden sobre todo las ideas-religiosas&#187;. (N. de la Edit.)</ref> ---- '' Por qué los ideólogos ponen todo cabeza abajo''. Predicadores de la religión, juristas, políticos. Juristas, políticos (estadistas en general), moralistas, predicadores de la religión. En cuanto a esta subdivisión ideológica dentro de una misma clase: 1) ''La profesión adquiere una existencia propia en virtud de la división del trabajo''. Cada cual estima que su oficio es el verdadero. Respecto de la conexión entre su oficio y la realidad se crean aun más ineludiblemente ilusiones de que ello viene condicionado ya por la propia naturaleza del oficio. Las relaciones se convierten en conceptos en la jurisprudencia, la política, etc., en la conciencia; puesto que no se sobresalen entre estas relaciones, los conceptos referentes a las mismas se convierten en su cabeza en conceptos fijos; por ejemplo, el juez aplica un código, por eso estima que la legislación es la auténtica fuerza propulsora. El respeto por la mercancía de uno, ya que su profesión tiene que tratar materias generales. Idea de la justicia. Idea de Estado. En la conciencia común las cosas están puestas cabeza abajo. ---- La religión es desde el comienzo una conciencia de lo ''transcendental'' proveniente de la necesidad real. Expresarlo de modo más popular. ---- La tradición en el dominio del derecho, la religión, etc. <div style="text-align:center">* * *</div> [73] <ref>Esta última página del manuscrito no lleva número. Contiene notas referentes al comienzo de la exposición de la concepción materialista de la historia. Las ideas anotadas aquí se desarrollan luego en la parte I del capítulo, en el &#167; 3. (N. de la Edit.)</ref> Los individuos siempre han partido, siempre parten de sí mismos. Sus relaciones son relaciones de su vida efectiva. &#191;Cómo resulta que sus relaciones adquieren una existencia independiente, que les es opuesta, y que las fuerzas de su propia vida se convierten en fuerzas que los dominan? En breves palabras: ''la división del trabajo'', cuyo grado depende del desarrollo de las fuerzas productivas en cada época concreta. ---- La propiedad de la tierra. La propiedad comunal. La feudal. La moderna. La propiedad estamental. La propiedad de la manufactura. El capital industrial. ---- <references/> {{Plantilla: Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista}} [[Categoría: Feuerbach: oposición entre las concepciones materialista e idealista]] i6w9129xmb1llcij5pqxsz7zcxvm9rd Las Estaciones/Abril: El campo de Daniel 0 22740 1665487 1527737 2026-06-21T00:52:09Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Abril: El campo de Daniel]] a [[Las Estaciones/Abril: El campo de Daniel]]: Robot: página trasladada 1527737 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - La Primavera <br> Abril - El campo de Daniel |autor=Julia de Asensi |sección= }} Aquel día, 24 de abril del año de gracia de 1896, volvió a su pueblo de Castilla la Vieja, después de muchos años de ausencia, el señor don Pedro de Zúñiga acompañado de su esposa, de su hijo y de su hija. La última vez que estuvo allí era casi un niño y apenas se acordaba de la hermosa casa solariega, de las extensas tierras que para él se cultivaban y de las viñas que producían un excelente vino. Pedro Zúñiga era muy bueno, muy inteligente y había encontrado en la que eligió para esposa una compañera digna de compartir su suerte. En cuanto a los niños eran modelos de perfección. Apenas había llegado el caballero, recibió una nota del alcalde para que asistiese al siguiente día a la ceremonia de la bendición de los campos. En consideración a su elevada alcurnia y a la de ser el primer contribuyente no se atrevió el representante de la autoridad a añadir que tendría que pagar multa si faltaba. Este requisito no se olvidaba nunca, así es que el pueblo en masa acudía a la sagrada fiesta. Don Pedro salió por la tarde del 24 a recorrer el lugar en compañía de su administrador. Supo por éste que la bendición se hacía en tres días saliendo los sacerdotes por diferentes sitios. Sólo dejaban el lado de poniente aunque había por allí mucho campo. Quiso el señor verlo y al llegar a él admiró lo extenso que era y lo bien situado que estaba, pero lo que más le sorprendió fue que no había nada sembrado, ni la tierra estaba labrada siquiera. En una piedra vio sentado a un niño de unos doce años en actitud triste y pensativa, y se acercó a él. Al verle se levantó el muchacho, saludando con humildad y respeto. -¿De quién es este campo? Le preguntó. -Este, que llaman el campo de Daniel, respondió el niño, es de un servidor de usted -¿Y cómo lo tienes así, sin que produzca nada? -Porque no quiere el alcalde que se haga otra cosa. -A ver, explicame eso, prosiguió el señor de Zúñiga. Siéntate aquí conmigo y habla claro, sin faltar en nada a la verdad. -Mi padre, empezó el niño, era un hombre muy bueno y muy cristiano, pero el alcalde dio en decir que era judío porque se llamaba Daniel, y todo el mundo lo creyó. Nadie le daba trabajo, nadie compraba el producto de sus tierras, y un día murió más de pena que de enfermedad. Ya no tenía yo madre y me quedé solo, pues el único pariente que me resta, que es un tío carnal, es tan pobre que en cuatro años no ha podido reunir el dinero para venirse aquí conmigo o para llevarme con él. -¿Y de qué vives? Preguntó con interés el caballero. -Las monjas del convento de la Trinidad me dan la comida en recompensa de pequeños servicios que les hago y el alcalde me paga un real diario por el arriendo de las tierras que lindan con las suyas. Las demás, como yo no las sé trabajar, ni me las bendicen ni me producen nada. El alcalde me ha ofrecido que me las comprará cuando yo sea mayor porque no quiere meterse en líos adquiriendo bienes de menores. Pero entre tanto... -¿Vives mal, no es cierto? Interrumpió don Pedro. -Sí señor, muy mal. El caballero se volvió hacia el administrador que estaba de pie a corta distancia, y le preguntó: -¿Quién es el alcalde? -El cacique del pueblo, contestó el interpelado, un hombre malo y ambicioso que quiere quedarse por nada con estas tierras que valen y le convienen porque están junto a las suyas. -¿Y por qué no se bendicen estos campos? -El alcalde es el que dispone por dónde han de ir los curas; éstos no hacen más que lo que él ordena. Está el párroco aquí desde hace poco y los tenientes no intervienen en nada, como no sea en las cosas de dentro de la iglesia. Zúñiga se levantó, dio una moneda de plata al chico, que enrojeció al recibirla sin atreverse a rehusarla, y después de despedirse de él siguió su camino acompañado por el administrador. Apenas estuvo solo el niño, que se llamaba Daniel como su padre, se dirigió hacia una choza algo distante en la que vivía una anciana aún más pobre y desamparada que él, que le recibía siempre con cariño. -Señá Dorotea, le dijo, vengo a saber si ha reunido usted ya el dinero para el pañuelo qué se quería comprar. -No, hijito, contestó la vieja, no recojo más que centimillos cuando voy a pedir de puerta en puerta los sábados, y con eso no hay más que para mal comer. -Pues aquí le traigo yo esta moneda de plata para su hucha. Me la ha dado un caballero y la he guardado para usted. -Dios premie tu buen corazón y te dé ahora la fortuna en la tierra y después la gloria en el cielo. Mañana me compraré el pañuelo para ir con él a la cabeza a la bendición de los campos y a la iglesia después. Al día siguiente desde muy temprano se veía a casi todos los hombres del pueblo, viejos, mozos y niños, bien ataviados, limpios, con semblante regocijado, reunidos en la plaza, esperando a que los tres curas ya revestidos saliesen de la iglesia. Algunos de ellos y no pocas mujeres habían entrado en el templo. En él se hallaba también don Pedro de Zúñiga con su administrador y los principales trabajadores de sus campos. Y allí estaba el cacique del pueblo, el insustituible alcalde, porque no había quien se atreviese a privarle de aquel cargo. El sacristán llevaba la manga de la parroquia, otros hombres sacaban los estandartes de las hermandades de las hijas de María, de Santiago y de San Sebastián y varios mozos, en modestas andas, el Cristo llamado del Amparo y una hermosa imagen de la Virgen de las Mercedes. Detrás iban los sacerdotes, el alcalde, que ofreció el sitio preferente a don Pedro, los principales personajes de la localidad, los labradores, los jornaleros y por último algunas mujeres y no escaso número de niños de ambos sexos. Llegados a un montecillo, el párroco bendijo los campos mientras todos los concurrentes a la sagrada ceremonia permanecían inmóviles y con el mayor recogimiento. Repitiose esta escena en los dos siguientes días yendo la comitiva por sitios diferentes, por todos lados excepto por el campo de Daniel, y este niño no faltó nunca, al lado de la vieja Dorotea que cubría sus escasos cabellos con un vistoso pañuelo comprado para la fiesta y que excitó la curiosidad de todas las comadres de aquel pueblo. Don Pedro Zúñiga había escrito al lugar donde vivía el tío de Daniel pidiendo informes suyos. Se había dirigido al párroco, al que no conocía, y no tardó en recibir una larga carta en la que el sacerdote le daba las mejores noticias respecto a la honradez y laboriosidad de aquel hombre que era el maestro de escuela del pueblo. Cobraba un sueldo tan corto que apenas bastaba para cubrir sus necesidades. El caballero, que era persona influyente, logró que le aumentasen la paga y, una vez realizado esto, llamó a Daniel y le dijo: -Tu tío puede tenerte ya a su lado, márchate con él hasta que yo logre su traslado a este lugar, para lo que necesitaré algún tiempo. Cuando residáis aquí os ocuparéis de tu campo que es bueno y producirá una regular renta. Con la escuela y lo que dan las tierras viviréis con holgura. El viaje te lo pagarán mis hijos que se interesan por ti; creo que no rehusarás este pequeño servicio de unos niños, compañeros tuyos por la edad y por las inclinaciones. -Cómo agradecer bastante... empezó Daniel con acento conmovido. -Siendo siempre honrado y trabajador, le interrumpió don Pedro. El muchacho se alejó del lugar, durando su ausencia cerca de un año. Alguna vez escribía a su bienhechor que le contestaba siempre con afecto. A mediados de abril recibió el tío el traslado para la otra escuela y apenas llegó el maestro que había de sustituirle, el buen hombre y su sobrino se dirigieron hacia el pueblo donde el niño habla conocido a Zúñiga. Llegaron de noche y buscaron alojamiento en la posada hasta la mañana siguiente, que era la del 25 de abril. Este día se dirigieron a la iglesia para asistir con la comitiva a la bendición de los campos. Oyeron decir a algunos hombres que el alcalde del año anterior había sido destituido reemplazándole don Pedro por voluntad de todo el vecindario, y que el antiguo cacique no pudiendo sufrir su derrota, había vendido cuanto poseía, marchándose a vivir al pueblo de su mujer donde nadie le hacía caso. Que allí devoraba su impotente rabia sin que se compadecieran de él. Grande fue la sorpresa de Daniel cuando vio que los tres sacerdotes seguidos de casi todos los habitantes del lugar se dirigían hacia el lado de poniente y que allí el primer campo que bendecían era el suyo. Y aún creció más su asombro al hallar sus tierras sembradas y restaurada su casita, que antes estaba ruinosa; todo aquello estaba cuidado con esmero prometiendo una abundantísima cosecha. Daniel condujo a su tío al lado de don Pedro a cuyos pies quiso arrojarse, lo que el caballero impidió abrazándole con cariño. -Lo que he hecho por ti ha sido mi primer acto de justicia, le dijo Zúñiga; he remediado el mal que te causó mi antecesor, el alcalde indigno. He proporcionado con el arreglo de tus campos trabajo a no pocos obreros que carecían de él. Conserva a los que necesites a tu servicio, y trabaja tú también, trabaja con ahínco y si tienes más dinero del que necesites dalo a los pobres como nos manda Dios y Él te bendecirá y protegerá siempre. Daniel así lo hizo, auxiliando en primer lugar a la vieja Dorotea. Su campo fue el más hermoso de aquel pueblo sin que jamás se perdiese una cosecha ni tuviese que sufrir ninguna de las innumerables plagas que arruinan a tantos desgraciados labradores, premiando así el Señor al pobre muchacho tan perseguido durante su infancia por las desdichas que sobre él llovieron sin merecer ninguna. {{capítulos|[[Las Estaciones/La Primavera|La Primavera]]|[[Abril: El campo de Daniel|Abril]]|[[Mayo: Las flores|Mayo]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 2xueqt5rwfgetw3yb4mtte7fqws5q5b 1665526 1665487 2026-06-21T00:54:41Z Ignacio Rodríguez 3603 1665526 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - La Primavera |sección=Abril - El campo de Daniel |autor=Julia de Asensi }} Aquel día, 24 de abril del año de gracia de 1896, volvió a su pueblo de Castilla la Vieja, después de muchos años de ausencia, el señor don Pedro de Zúñiga acompañado de su esposa, de su hijo y de su hija. La última vez que estuvo allí era casi un niño y apenas se acordaba de la hermosa casa solariega, de las extensas tierras que para él se cultivaban y de las viñas que producían un excelente vino. Pedro Zúñiga era muy bueno, muy inteligente y había encontrado en la que eligió para esposa una compañera digna de compartir su suerte. En cuanto a los niños eran modelos de perfección. Apenas había llegado el caballero, recibió una nota del alcalde para que asistiese al siguiente día a la ceremonia de la bendición de los campos. En consideración a su elevada alcurnia y a la de ser el primer contribuyente no se atrevió el representante de la autoridad a añadir que tendría que pagar multa si faltaba. Este requisito no se olvidaba nunca, así es que el pueblo en masa acudía a la sagrada fiesta. Don Pedro salió por la tarde del 24 a recorrer el lugar en compañía de su administrador. Supo por éste que la bendición se hacía en tres días saliendo los sacerdotes por diferentes sitios. Sólo dejaban el lado de poniente aunque había por allí mucho campo. Quiso el señor verlo y al llegar a él admiró lo extenso que era y lo bien situado que estaba, pero lo que más le sorprendió fue que no había nada sembrado, ni la tierra estaba labrada siquiera. En una piedra vio sentado a un niño de unos doce años en actitud triste y pensativa, y se acercó a él. Al verle se levantó el muchacho, saludando con humildad y respeto. -¿De quién es este campo? Le preguntó. -Este, que llaman el campo de Daniel, respondió el niño, es de un servidor de usted -¿Y cómo lo tienes así, sin que produzca nada? -Porque no quiere el alcalde que se haga otra cosa. -A ver, explicame eso, prosiguió el señor de Zúñiga. Siéntate aquí conmigo y habla claro, sin faltar en nada a la verdad. -Mi padre, empezó el niño, era un hombre muy bueno y muy cristiano, pero el alcalde dio en decir que era judío porque se llamaba Daniel, y todo el mundo lo creyó. Nadie le daba trabajo, nadie compraba el producto de sus tierras, y un día murió más de pena que de enfermedad. Ya no tenía yo madre y me quedé solo, pues el único pariente que me resta, que es un tío carnal, es tan pobre que en cuatro años no ha podido reunir el dinero para venirse aquí conmigo o para llevarme con él. -¿Y de qué vives? Preguntó con interés el caballero. -Las monjas del convento de la Trinidad me dan la comida en recompensa de pequeños servicios que les hago y el alcalde me paga un real diario por el arriendo de las tierras que lindan con las suyas. Las demás, como yo no las sé trabajar, ni me las bendicen ni me producen nada. El alcalde me ha ofrecido que me las comprará cuando yo sea mayor porque no quiere meterse en líos adquiriendo bienes de menores. Pero entre tanto... -¿Vives mal, no es cierto? Interrumpió don Pedro. -Sí señor, muy mal. El caballero se volvió hacia el administrador que estaba de pie a corta distancia, y le preguntó: -¿Quién es el alcalde? -El cacique del pueblo, contestó el interpelado, un hombre malo y ambicioso que quiere quedarse por nada con estas tierras que valen y le convienen porque están junto a las suyas. -¿Y por qué no se bendicen estos campos? -El alcalde es el que dispone por dónde han de ir los curas; éstos no hacen más que lo que él ordena. Está el párroco aquí desde hace poco y los tenientes no intervienen en nada, como no sea en las cosas de dentro de la iglesia. Zúñiga se levantó, dio una moneda de plata al chico, que enrojeció al recibirla sin atreverse a rehusarla, y después de despedirse de él siguió su camino acompañado por el administrador. Apenas estuvo solo el niño, que se llamaba Daniel como su padre, se dirigió hacia una choza algo distante en la que vivía una anciana aún más pobre y desamparada que él, que le recibía siempre con cariño. -Señá Dorotea, le dijo, vengo a saber si ha reunido usted ya el dinero para el pañuelo qué se quería comprar. -No, hijito, contestó la vieja, no recojo más que centimillos cuando voy a pedir de puerta en puerta los sábados, y con eso no hay más que para mal comer. -Pues aquí le traigo yo esta moneda de plata para su hucha. Me la ha dado un caballero y la he guardado para usted. -Dios premie tu buen corazón y te dé ahora la fortuna en la tierra y después la gloria en el cielo. Mañana me compraré el pañuelo para ir con él a la cabeza a la bendición de los campos y a la iglesia después. Al día siguiente desde muy temprano se veía a casi todos los hombres del pueblo, viejos, mozos y niños, bien ataviados, limpios, con semblante regocijado, reunidos en la plaza, esperando a que los tres curas ya revestidos saliesen de la iglesia. Algunos de ellos y no pocas mujeres habían entrado en el templo. En él se hallaba también don Pedro de Zúñiga con su administrador y los principales trabajadores de sus campos. Y allí estaba el cacique del pueblo, el insustituible alcalde, porque no había quien se atreviese a privarle de aquel cargo. El sacristán llevaba la manga de la parroquia, otros hombres sacaban los estandartes de las hermandades de las hijas de María, de Santiago y de San Sebastián y varios mozos, en modestas andas, el Cristo llamado del Amparo y una hermosa imagen de la Virgen de las Mercedes. Detrás iban los sacerdotes, el alcalde, que ofreció el sitio preferente a don Pedro, los principales personajes de la localidad, los labradores, los jornaleros y por último algunas mujeres y no escaso número de niños de ambos sexos. Llegados a un montecillo, el párroco bendijo los campos mientras todos los concurrentes a la sagrada ceremonia permanecían inmóviles y con el mayor recogimiento. Repitiose esta escena en los dos siguientes días yendo la comitiva por sitios diferentes, por todos lados excepto por el campo de Daniel, y este niño no faltó nunca, al lado de la vieja Dorotea que cubría sus escasos cabellos con un vistoso pañuelo comprado para la fiesta y que excitó la curiosidad de todas las comadres de aquel pueblo. Don Pedro Zúñiga había escrito al lugar donde vivía el tío de Daniel pidiendo informes suyos. Se había dirigido al párroco, al que no conocía, y no tardó en recibir una larga carta en la que el sacerdote le daba las mejores noticias respecto a la honradez y laboriosidad de aquel hombre que era el maestro de escuela del pueblo. Cobraba un sueldo tan corto que apenas bastaba para cubrir sus necesidades. El caballero, que era persona influyente, logró que le aumentasen la paga y, una vez realizado esto, llamó a Daniel y le dijo: -Tu tío puede tenerte ya a su lado, márchate con él hasta que yo logre su traslado a este lugar, para lo que necesitaré algún tiempo. Cuando residáis aquí os ocuparéis de tu campo que es bueno y producirá una regular renta. Con la escuela y lo que dan las tierras viviréis con holgura. El viaje te lo pagarán mis hijos que se interesan por ti; creo que no rehusarás este pequeño servicio de unos niños, compañeros tuyos por la edad y por las inclinaciones. -Cómo agradecer bastante... empezó Daniel con acento conmovido. -Siendo siempre honrado y trabajador, le interrumpió don Pedro. El muchacho se alejó del lugar, durando su ausencia cerca de un año. Alguna vez escribía a su bienhechor que le contestaba siempre con afecto. A mediados de abril recibió el tío el traslado para la otra escuela y apenas llegó el maestro que había de sustituirle, el buen hombre y su sobrino se dirigieron hacia el pueblo donde el niño habla conocido a Zúñiga. Llegaron de noche y buscaron alojamiento en la posada hasta la mañana siguiente, que era la del 25 de abril. Este día se dirigieron a la iglesia para asistir con la comitiva a la bendición de los campos. Oyeron decir a algunos hombres que el alcalde del año anterior había sido destituido reemplazándole don Pedro por voluntad de todo el vecindario, y que el antiguo cacique no pudiendo sufrir su derrota, había vendido cuanto poseía, marchándose a vivir al pueblo de su mujer donde nadie le hacía caso. Que allí devoraba su impotente rabia sin que se compadecieran de él. Grande fue la sorpresa de Daniel cuando vio que los tres sacerdotes seguidos de casi todos los habitantes del lugar se dirigían hacia el lado de poniente y que allí el primer campo que bendecían era el suyo. Y aún creció más su asombro al hallar sus tierras sembradas y restaurada su casita, que antes estaba ruinosa; todo aquello estaba cuidado con esmero prometiendo una abundantísima cosecha. Daniel condujo a su tío al lado de don Pedro a cuyos pies quiso arrojarse, lo que el caballero impidió abrazándole con cariño. -Lo que he hecho por ti ha sido mi primer acto de justicia, le dijo Zúñiga; he remediado el mal que te causó mi antecesor, el alcalde indigno. He proporcionado con el arreglo de tus campos trabajo a no pocos obreros que carecían de él. Conserva a los que necesites a tu servicio, y trabaja tú también, trabaja con ahínco y si tienes más dinero del que necesites dalo a los pobres como nos manda Dios y Él te bendecirá y protegerá siempre. Daniel así lo hizo, auxiliando en primer lugar a la vieja Dorotea. Su campo fue el más hermoso de aquel pueblo sin que jamás se perdiese una cosecha ni tuviese que sufrir ninguna de las innumerables plagas que arruinan a tantos desgraciados labradores, premiando así el Señor al pobre muchacho tan perseguido durante su infancia por las desdichas que sobre él llovieron sin merecer ninguna. {{capítulos|[[Las Estaciones/La Primavera|La Primavera]]|[[Abril: El campo de Daniel|Abril]]|[[Mayo: Las flores|Mayo]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] k47crkgsu8cyxsbim2nm0owljouvoqb Las Estaciones/Mayo: Las flores 0 22741 1665489 1192659 2026-06-21T00:52:11Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Mayo: Las flores]] a [[Las Estaciones/Mayo: Las flores]]: Robot: página trasladada 1192659 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - La Primavera <br> Mayo - Las flores |autor=Julia de Asensi |sección= }} ''A mis sobrinas Matilde y Margarita Esteban Valdés. '' El día de la Ascensión habían comulgado por primera vez ocho niñas del colegio de Santa Teresa, y con ellas habían tomado también la comunión muchas de sus condiscípulas mayores y no pocas hermanas. No habían asistido a la solemne misa más que los parientes de las educandas, a los que se habían dado papeletas, y la presidenta del colegio, una ilustre dama, buena y caritativa, que poseía una cuantiosa fortuna. De aquellas ocho niñas, siete eran de familias acomodadas, únicamente Pilar era hija de una pobre mujer que podía tener a la criatura en tan elegante colegio porque se lo pagaba una prima suya muy rica. Pero como sólo recibía este favor, la niña no hubiese podido hacer la primera comunión con igual traje que sus compañeras, si una vecina que lo tenía desde hacía dos años, por haberlo llevado una hija suya, no se lo hubiera prestado. Pilar había, pues, recibido la sagrada hostia vestida de blanco, con el largo y vaporoso velo y la corona de flores. La misma vecina le había regalado una vela rizada y su madre un devocionario con tapas de marfil que tenía de cuando ella era pequeña. El capellán había pronunciado una breve y sencilla plática y luego las niñas se habían arrodillado de dos en dos en las gradas cubiertas de alfombra. La ceremonia había durado una hora escasa. Pero la fiesta del día no terminaba allí. Todas las tardes se hacían las Flores de María y cantaban en el coro las hermanas y las colegialas que sabían música. Se había dispuesto que las niñas que habían hecho la primera comunión ofreciesen ramos a la Virgen recitando poesías alusivas. Según fuese el ramo así serían los versos; los había para toda clase de flores y Pilar había aprendido unos cortos, teniendo en cuenta la monja que se los había enseñado su carácter tímido. Debía la niña depositar unas rosas a los pies de la sagrada imagen. Los ramos fueron llevados a las colegialas desde sus casas y eran casi todos preciosos, más o menos grandes, pero de buen gusto y de valor. Sólo Pilar no tenía flores y no se había atrevido a pedir a su madre que hiciese el sacrificio de gastar ese dinero por ella. -La Virgen sabe, pensaba, que yo le daría las plantas más bellas si de mi voluntad dependiese; pero las personas que vean que no llevo mi ofrenda como mis condiscípulas, pensarán que soy menos buena que ellas, menos creyente. Y la pobre niña lloraba con verdadero desconsuelo. Sor Juana de la Cruz, la monja que daba las lecciones de labores y de catecismo, no había dejado de observar a la colegiala y no tardó en comprender lo que pasaba en su interior. Sabía la mala posición de la madre de Pilar, y, deseando remediar aquella pena, buscó por el jardín algunas rosas, pero no había quedado ni una, todas se habían cortado para adornar los altares de la iglesia, especialmente el mayor donde estaba colocada la Virgen del Amor Hermoso. La religiosa no quería quitar ni una flor de allí, ya no eran suyas ni de sus compañeras, pertenecían a aquella Madre representada por una escultura preciosa. Sor Juana de la Cruz bajó a la iglesia para acabar de arreglarla y Pilar la siguió. -¿Me da usted permiso para rezar y meditar un rato? Dijo la niña. -Sí, hija mía, respondió la hermana. La colegiala se arrodilló en un reclinatorio, cubrió el rostro con sus manos para no distraerse y permaneció así mucho tiempo. Sor Juana iba y venía de un lado para otro. Pilar oyó a una criada que la llamaba, notó que la hermana salía del templo, que estaba fuera algunos minutos, que volvía a entrar, que continuaba su faena. Tan pronto pasaba rozando el traje de la niña como estaba al otro extremo de la iglesia. Luego todo quedó en silencio, la monja se marchó dejando sola a su discípula. Ésta rezaba y meditaba siempre. Pedía a la Virgen que hiciese un milagro para ella, que le enviase siquiera una flor para devolvérsela enseguida. Su bello ideal era tener una de aquellas rosas que había visto en el jardín de la presidenta un día en que fue a paseo con sus compañeras y Sor Juana. Eran muy grandes, con muchísimos pétalos y a través de la verja había aspirado su delicado aroma al mismo tiempo que admiraba sus bellos matices. Aquello era un sueño, ¿cómo había de tener la niña pobre y desamparada una flor semejante? Pilar estaba muy cansada y comprendió que sus rodillas no podían sostenerla ya más. ¿Acaso no le permitiría la Virgen sentarse para continuar orando? Sabía que la gracia implorada en tal día se la había de conceder. Su sola aspiración era aprender muchas cosas para cuando saliera del colegio dar lecciones llevando con el producto de ellas el bienestar y el descanso a su madre. Las monjas la protegerían, como habían hecho con otras niñas que tuvieron igual idea. Su madre no trabajaría más, todo lo haría ella con la ayuda del cielo y de sus buenas profesoras... Pilar se sentó y cerró los ojos para no distraerse con las luces, las flores y alguna persona de la casa que entraba de vez en cuando en la iglesia. A las cinco en punto se abrieron las puertas del templo. La niña, suponiendo que ya no podría rezar más hasta que lo hiciese con sus compañeras, abrió los ojos. Arregló maquinalmente los pliegues de su velo y al dejar caer las manos sobre la falda sus dedos tropezaron con un objeto fresco y húmedo. Miró y vio atadas con una cinta de seda blanca seis rosas de tamaño excepcional, quizás aun mayores que las del jardín de la presidenta del colegio. El perfume que exhalaban era embriagador, pero Pilar no lo había advertido por el fuerte olor a flores que había en la iglesia. ¿Cómo pintar su asombro y su entusiasmo al tener en sus manos aquel ramo prodigioso que miraba como un obsequio de la Virgen? ¡Qué feliz era la niña y con cuánta emoción dio las gracias a la Madre del Amor Hermoso! Nadie le preguntó de dónde le habían traído tan bellas flores. Algunas de las condiscípulas de Pilar las miraron con envidia o con sorpresa. Pasó la función religiosa en medio del mayor recogimiento y al final fueron las niñas que habían hecho la primera comunión por la mañana a depositar sus ramos de flores a los pies de la Virgen recitando al propio tiempo las poesías que les habían enseñado. La última fue Pilar, siendo grande el asombro de todos los que la escucharon cuando dijo los versos con tanto fervor religioso y tanta entereza como nadie la hubiese creído capaz dado su carácter apocado. <div class="verse"> Virgen del Amor Hermoso, ¡deja que madre te llame! No hay un corazón piadoso que más que el mío te ame. Mis plegarias fervorosas lleguen hasta ti, María, y acepta estas bellas rosas a la vez que el alma mía. </div> Todos se conmovieron al oír a la niña recitar estos ocho renglones. Recibió la felicitación de sus profesoras y de la presidenta que, al regalar a las colegialas recordatorios de la solemne fiesta de aquella mañana, dio a Pilar el más bonito. Sólo a su madre y a sor Juana de la Cruz contó la niña lo que ella llamaba el milagro de las rosas. La monja sonrió dulcemente al oír aquel relato y luego, abrazando a su discípula, le dijo: -Ama mucho a la Virgen y siempre te protegerá. En cualquier contrariedad que tengas en la vida, acuérdate del día de tu primera comunión y encontrarás alivio a tus penas y consuelo en tus dolores. {{capítulos|[[Abril: El campo de Daniel|Abril]]|[[Mayo: Las flores|Mayo]]|[[Junio: La noche de San Juan|Junio]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] ftskpocs7alp8r3hx7jub38p1ami0qf 1665520 1665489 2026-06-21T00:53:37Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665520 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - La Primavera |sección=Mayo - Las flores |autor=Julia de Asensi |sección= }} ''A mis sobrinas Matilde y Margarita Esteban Valdés. '' El día de la Ascensión habían comulgado por primera vez ocho niñas del colegio de Santa Teresa, y con ellas habían tomado también la comunión muchas de sus condiscípulas mayores y no pocas hermanas. No habían asistido a la solemne misa más que los parientes de las educandas, a los que se habían dado papeletas, y la presidenta del colegio, una ilustre dama, buena y caritativa, que poseía una cuantiosa fortuna. De aquellas ocho niñas, siete eran de familias acomodadas, únicamente Pilar era hija de una pobre mujer que podía tener a la criatura en tan elegante colegio porque se lo pagaba una prima suya muy rica. Pero como sólo recibía este favor, la niña no hubiese podido hacer la primera comunión con igual traje que sus compañeras, si una vecina que lo tenía desde hacía dos años, por haberlo llevado una hija suya, no se lo hubiera prestado. Pilar había, pues, recibido la sagrada hostia vestida de blanco, con el largo y vaporoso velo y la corona de flores. La misma vecina le había regalado una vela rizada y su madre un devocionario con tapas de marfil que tenía de cuando ella era pequeña. El capellán había pronunciado una breve y sencilla plática y luego las niñas se habían arrodillado de dos en dos en las gradas cubiertas de alfombra. La ceremonia había durado una hora escasa. Pero la fiesta del día no terminaba allí. Todas las tardes se hacían las Flores de María y cantaban en el coro las hermanas y las colegialas que sabían música. Se había dispuesto que las niñas que habían hecho la primera comunión ofreciesen ramos a la Virgen recitando poesías alusivas. Según fuese el ramo así serían los versos; los había para toda clase de flores y Pilar había aprendido unos cortos, teniendo en cuenta la monja que se los había enseñado su carácter tímido. Debía la niña depositar unas rosas a los pies de la sagrada imagen. Los ramos fueron llevados a las colegialas desde sus casas y eran casi todos preciosos, más o menos grandes, pero de buen gusto y de valor. Sólo Pilar no tenía flores y no se había atrevido a pedir a su madre que hiciese el sacrificio de gastar ese dinero por ella. -La Virgen sabe, pensaba, que yo le daría las plantas más bellas si de mi voluntad dependiese; pero las personas que vean que no llevo mi ofrenda como mis condiscípulas, pensarán que soy menos buena que ellas, menos creyente. Y la pobre niña lloraba con verdadero desconsuelo. Sor Juana de la Cruz, la monja que daba las lecciones de labores y de catecismo, no había dejado de observar a la colegiala y no tardó en comprender lo que pasaba en su interior. Sabía la mala posición de la madre de Pilar, y, deseando remediar aquella pena, buscó por el jardín algunas rosas, pero no había quedado ni una, todas se habían cortado para adornar los altares de la iglesia, especialmente el mayor donde estaba colocada la Virgen del Amor Hermoso. La religiosa no quería quitar ni una flor de allí, ya no eran suyas ni de sus compañeras, pertenecían a aquella Madre representada por una escultura preciosa. Sor Juana de la Cruz bajó a la iglesia para acabar de arreglarla y Pilar la siguió. -¿Me da usted permiso para rezar y meditar un rato? Dijo la niña. -Sí, hija mía, respondió la hermana. La colegiala se arrodilló en un reclinatorio, cubrió el rostro con sus manos para no distraerse y permaneció así mucho tiempo. Sor Juana iba y venía de un lado para otro. Pilar oyó a una criada que la llamaba, notó que la hermana salía del templo, que estaba fuera algunos minutos, que volvía a entrar, que continuaba su faena. Tan pronto pasaba rozando el traje de la niña como estaba al otro extremo de la iglesia. Luego todo quedó en silencio, la monja se marchó dejando sola a su discípula. Ésta rezaba y meditaba siempre. Pedía a la Virgen que hiciese un milagro para ella, que le enviase siquiera una flor para devolvérsela enseguida. Su bello ideal era tener una de aquellas rosas que había visto en el jardín de la presidenta un día en que fue a paseo con sus compañeras y Sor Juana. Eran muy grandes, con muchísimos pétalos y a través de la verja había aspirado su delicado aroma al mismo tiempo que admiraba sus bellos matices. Aquello era un sueño, ¿cómo había de tener la niña pobre y desamparada una flor semejante? Pilar estaba muy cansada y comprendió que sus rodillas no podían sostenerla ya más. ¿Acaso no le permitiría la Virgen sentarse para continuar orando? Sabía que la gracia implorada en tal día se la había de conceder. Su sola aspiración era aprender muchas cosas para cuando saliera del colegio dar lecciones llevando con el producto de ellas el bienestar y el descanso a su madre. Las monjas la protegerían, como habían hecho con otras niñas que tuvieron igual idea. Su madre no trabajaría más, todo lo haría ella con la ayuda del cielo y de sus buenas profesoras... Pilar se sentó y cerró los ojos para no distraerse con las luces, las flores y alguna persona de la casa que entraba de vez en cuando en la iglesia. A las cinco en punto se abrieron las puertas del templo. La niña, suponiendo que ya no podría rezar más hasta que lo hiciese con sus compañeras, abrió los ojos. Arregló maquinalmente los pliegues de su velo y al dejar caer las manos sobre la falda sus dedos tropezaron con un objeto fresco y húmedo. Miró y vio atadas con una cinta de seda blanca seis rosas de tamaño excepcional, quizás aun mayores que las del jardín de la presidenta del colegio. El perfume que exhalaban era embriagador, pero Pilar no lo había advertido por el fuerte olor a flores que había en la iglesia. ¿Cómo pintar su asombro y su entusiasmo al tener en sus manos aquel ramo prodigioso que miraba como un obsequio de la Virgen? ¡Qué feliz era la niña y con cuánta emoción dio las gracias a la Madre del Amor Hermoso! Nadie le preguntó de dónde le habían traído tan bellas flores. Algunas de las condiscípulas de Pilar las miraron con envidia o con sorpresa. Pasó la función religiosa en medio del mayor recogimiento y al final fueron las niñas que habían hecho la primera comunión por la mañana a depositar sus ramos de flores a los pies de la Virgen recitando al propio tiempo las poesías que les habían enseñado. La última fue Pilar, siendo grande el asombro de todos los que la escucharon cuando dijo los versos con tanto fervor religioso y tanta entereza como nadie la hubiese creído capaz dado su carácter apocado. <div class="verse"> Virgen del Amor Hermoso, ¡deja que madre te llame! No hay un corazón piadoso que más que el mío te ame. Mis plegarias fervorosas lleguen hasta ti, María, y acepta estas bellas rosas a la vez que el alma mía. </div> Todos se conmovieron al oír a la niña recitar estos ocho renglones. Recibió la felicitación de sus profesoras y de la presidenta que, al regalar a las colegialas recordatorios de la solemne fiesta de aquella mañana, dio a Pilar el más bonito. Sólo a su madre y a sor Juana de la Cruz contó la niña lo que ella llamaba el milagro de las rosas. La monja sonrió dulcemente al oír aquel relato y luego, abrazando a su discípula, le dijo: -Ama mucho a la Virgen y siempre te protegerá. En cualquier contrariedad que tengas en la vida, acuérdate del día de tu primera comunión y encontrarás alivio a tus penas y consuelo en tus dolores. {{capítulos|[[Abril: El campo de Daniel|Abril]]|[[Mayo: Las flores|Mayo]]|[[Junio: La noche de San Juan|Junio]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] gqipzz0p96bvkt4yw3thza1zb11sppf 1665684 1665520 2026-06-21T01:33:57Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665684 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - La Primavera |sección=Mayo - Las flores |autor=Julia de Asensi }} ''A mis sobrinas Matilde y Margarita Esteban Valdés. '' El día de la Ascensión habían comulgado por primera vez ocho niñas del colegio de Santa Teresa, y con ellas habían tomado también la comunión muchas de sus condiscípulas mayores y no pocas hermanas. No habían asistido a la solemne misa más que los parientes de las educandas, a los que se habían dado papeletas, y la presidenta del colegio, una ilustre dama, buena y caritativa, que poseía una cuantiosa fortuna. De aquellas ocho niñas, siete eran de familias acomodadas, únicamente Pilar era hija de una pobre mujer que podía tener a la criatura en tan elegante colegio porque se lo pagaba una prima suya muy rica. Pero como sólo recibía este favor, la niña no hubiese podido hacer la primera comunión con igual traje que sus compañeras, si una vecina que lo tenía desde hacía dos años, por haberlo llevado una hija suya, no se lo hubiera prestado. Pilar había, pues, recibido la sagrada hostia vestida de blanco, con el largo y vaporoso velo y la corona de flores. La misma vecina le había regalado una vela rizada y su madre un devocionario con tapas de marfil que tenía de cuando ella era pequeña. El capellán había pronunciado una breve y sencilla plática y luego las niñas se habían arrodillado de dos en dos en las gradas cubiertas de alfombra. La ceremonia había durado una hora escasa. Pero la fiesta del día no terminaba allí. Todas las tardes se hacían las Flores de María y cantaban en el coro las hermanas y las colegialas que sabían música. Se había dispuesto que las niñas que habían hecho la primera comunión ofreciesen ramos a la Virgen recitando poesías alusivas. Según fuese el ramo así serían los versos; los había para toda clase de flores y Pilar había aprendido unos cortos, teniendo en cuenta la monja que se los había enseñado su carácter tímido. Debía la niña depositar unas rosas a los pies de la sagrada imagen. Los ramos fueron llevados a las colegialas desde sus casas y eran casi todos preciosos, más o menos grandes, pero de buen gusto y de valor. Sólo Pilar no tenía flores y no se había atrevido a pedir a su madre que hiciese el sacrificio de gastar ese dinero por ella. -La Virgen sabe, pensaba, que yo le daría las plantas más bellas si de mi voluntad dependiese; pero las personas que vean que no llevo mi ofrenda como mis condiscípulas, pensarán que soy menos buena que ellas, menos creyente. Y la pobre niña lloraba con verdadero desconsuelo. Sor Juana de la Cruz, la monja que daba las lecciones de labores y de catecismo, no había dejado de observar a la colegiala y no tardó en comprender lo que pasaba en su interior. Sabía la mala posición de la madre de Pilar, y, deseando remediar aquella pena, buscó por el jardín algunas rosas, pero no había quedado ni una, todas se habían cortado para adornar los altares de la iglesia, especialmente el mayor donde estaba colocada la Virgen del Amor Hermoso. La religiosa no quería quitar ni una flor de allí, ya no eran suyas ni de sus compañeras, pertenecían a aquella Madre representada por una escultura preciosa. Sor Juana de la Cruz bajó a la iglesia para acabar de arreglarla y Pilar la siguió. -¿Me da usted permiso para rezar y meditar un rato? Dijo la niña. -Sí, hija mía, respondió la hermana. La colegiala se arrodilló en un reclinatorio, cubrió el rostro con sus manos para no distraerse y permaneció así mucho tiempo. Sor Juana iba y venía de un lado para otro. Pilar oyó a una criada que la llamaba, notó que la hermana salía del templo, que estaba fuera algunos minutos, que volvía a entrar, que continuaba su faena. Tan pronto pasaba rozando el traje de la niña como estaba al otro extremo de la iglesia. Luego todo quedó en silencio, la monja se marchó dejando sola a su discípula. Ésta rezaba y meditaba siempre. Pedía a la Virgen que hiciese un milagro para ella, que le enviase siquiera una flor para devolvérsela enseguida. Su bello ideal era tener una de aquellas rosas que había visto en el jardín de la presidenta un día en que fue a paseo con sus compañeras y Sor Juana. Eran muy grandes, con muchísimos pétalos y a través de la verja había aspirado su delicado aroma al mismo tiempo que admiraba sus bellos matices. Aquello era un sueño, ¿cómo había de tener la niña pobre y desamparada una flor semejante? Pilar estaba muy cansada y comprendió que sus rodillas no podían sostenerla ya más. ¿Acaso no le permitiría la Virgen sentarse para continuar orando? Sabía que la gracia implorada en tal día se la había de conceder. Su sola aspiración era aprender muchas cosas para cuando saliera del colegio dar lecciones llevando con el producto de ellas el bienestar y el descanso a su madre. Las monjas la protegerían, como habían hecho con otras niñas que tuvieron igual idea. Su madre no trabajaría más, todo lo haría ella con la ayuda del cielo y de sus buenas profesoras... Pilar se sentó y cerró los ojos para no distraerse con las luces, las flores y alguna persona de la casa que entraba de vez en cuando en la iglesia. A las cinco en punto se abrieron las puertas del templo. La niña, suponiendo que ya no podría rezar más hasta que lo hiciese con sus compañeras, abrió los ojos. Arregló maquinalmente los pliegues de su velo y al dejar caer las manos sobre la falda sus dedos tropezaron con un objeto fresco y húmedo. Miró y vio atadas con una cinta de seda blanca seis rosas de tamaño excepcional, quizás aun mayores que las del jardín de la presidenta del colegio. El perfume que exhalaban era embriagador, pero Pilar no lo había advertido por el fuerte olor a flores que había en la iglesia. ¿Cómo pintar su asombro y su entusiasmo al tener en sus manos aquel ramo prodigioso que miraba como un obsequio de la Virgen? ¡Qué feliz era la niña y con cuánta emoción dio las gracias a la Madre del Amor Hermoso! Nadie le preguntó de dónde le habían traído tan bellas flores. Algunas de las condiscípulas de Pilar las miraron con envidia o con sorpresa. Pasó la función religiosa en medio del mayor recogimiento y al final fueron las niñas que habían hecho la primera comunión por la mañana a depositar sus ramos de flores a los pies de la Virgen recitando al propio tiempo las poesías que les habían enseñado. La última fue Pilar, siendo grande el asombro de todos los que la escucharon cuando dijo los versos con tanto fervor religioso y tanta entereza como nadie la hubiese creído capaz dado su carácter apocado. <div class="verse"> Virgen del Amor Hermoso, ¡deja que madre te llame! No hay un corazón piadoso que más que el mío te ame. Mis plegarias fervorosas lleguen hasta ti, María, y acepta estas bellas rosas a la vez que el alma mía. </div> Todos se conmovieron al oír a la niña recitar estos ocho renglones. Recibió la felicitación de sus profesoras y de la presidenta que, al regalar a las colegialas recordatorios de la solemne fiesta de aquella mañana, dio a Pilar el más bonito. Sólo a su madre y a sor Juana de la Cruz contó la niña lo que ella llamaba el milagro de las rosas. La monja sonrió dulcemente al oír aquel relato y luego, abrazando a su discípula, le dijo: -Ama mucho a la Virgen y siempre te protegerá. 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La noche era clara y serena, una noche de estío en la que se respiraba con delicia el aroma de las flores del campo y de las plantas que crecían en los montes. La tierra estaba cubierta de hierba y entre ella lucían sus galas algunas margaritas y amapolas. A corta distancia se divisaba el pueblo que no tendría más de cincuenta casas y una iglesia pequeña. Había varias huertas a la entrada y a la salida del bosque y en éste la plazoleta donde se hallaban los aldeanos al terminar el 23 de junio y dar principio el 24. Más lejos se elevaban las obscuras montañas con grandes manchas verdes que eran pinos en unas, zarza y retama en otros. Un grupo de jóvenes de ambos sexos que se había internado en el bosque se acercaba entonando la conocida canción: <center> ''... El trébol, el trébol,''<br> ''a coger el trébol la noche de San Juan.''</center> Al dar las doce, los jóvenes y los niños metieron sus cabezas en el pilón de la fuente entre grandes risas de las mozas y de las niñas que por no descomponer sus peinados renunciaban gustosas a aquella parte del programa con que se inauguraban los festejos. Luego empezaban las disputas sobre quién se había zambullido el primero, disputas que por milagro de Dios no acabaron como otras veces a garrotazos. Los habitantes de Aldeachica se entregaron después a la inocente ocupación de buscar entre la hierba el trébol para ver quién hallaba el de cuatro hojas que es el que proporciona la felicidad. Era difícil la tarea por ser el trébol muy pequeño, y apenas encontraban uno, aunque fuese de tres hojas, lanzaban gritos de alegría, que repetía el eco como si quisiera asociarse al contento de aquellos buenos campesinos. Al fin una niña de diez a once años, rubia, pálida y revelando en su semblante privaciones y sufrimientos, dijo mostrando la pequeña planta que había buscado con tanto afán: -¡Aquí está, aquí está el trébol de cuatro hojas! Todos los aldeanos la rodearon felicitándola. Aquella pobre criatura era hija de una viuda que tenía cuatro niños más, tres menores que ella, uno un poco mayor. Aunque la madre trabajaba mucho, no reunía lo suficiente para sostener a tan numerosa familia. Pasaban hambre, apenas tenían ropas con que cubrir sus cuerpos y vivían en una de las más miserables casas del lugar. Había allí muy pocos medios de ganar dinero y ninguno para hacérselo ganar a los demás. La niña se llamaba Margarita y su hermano mayor Mauricio. La primera puso el trébol entre sus cabellos sujetándolo con una horquilla. Luego empezó el baile que duró hasta la madrugada. Un mozo del pueblo, el hijo del juez, se acercó a Margarita y le dijo: -Si me das el trébol que te has encontrado pago por él una peseta. La niña se lo quitó de su cabeza, dirigió a aquellas cuatro hojitas una triste mirada, se las dio al que todos llamaban en la aldea el señorito y recibió una moneda de plata que representaba para ella la comida de aquel día, esto es, un poco de descanso, para su infeliz madre. Luego Margarita y su hermano se fueron a su casa para dormir un poco y levantarse para ir a las diez a la función de iglesia en la que diría el sermón un cura que iba de la ciudad expresamente para eso. El señorito se retiró del bosque cuando era ya de día, pero habiendo querido presenciar todas las fiestas, hasta por la noche no se encontró a solas en su cuarto. Ya en él se dijo: -Cuenta la tradición que el poseedor del trébol de cuatro hojas recibe por cada una de ellas un beneficio. Uno de estos será seguramente la fortuna y si la obtengo me marcharé de este villorrio para llevarme una gran vida en la capital. Adiós entonces todo lo que aquí me aburre, las amonestaciones de mi madre, las rancias ideas de mi padre, el inevitable trato con estos rústicos, los apuros de dinero y tantas molestias como me agobian. ¡Qué feliz voy a ser y qué buena vida me he de dar! Arrancó una de las hojas, luego otra y otra y al fin la cuarta. Las hojitas en vez de caer al suelo flotaron un momento por el aire y después impulsadas por una suave brisa, salieron por la ventana no deteniéndose hasta la casa de Margarita donde entraron y fueron a posarse a los pies de la niña. Ésta vio con asombro que su humilde habitación mal alumbrada por un cabo de vela, se cubría de una espesa niebla, luego se iluminaba con una luz rosada y a su resplandor divisó a cuatro mujeres de sin igual belleza, vestidas de blanco y llevando en sus manos diferentes objetos. Se adelantó una y dijo a Margarita: -Yo soy la riqueza que nunca acaba. -Yo, añadió otra de las jóvenes, soy la felicidad eterna. -Yo, murmuró otra, soy la hermosura que no se marchita. -Yo, terminó la cuarta, soy la virtud que no muere. La primera entregó a la niña una caja llena de oro, que ella puso sobre una mesa; la segunda un talismán; la tercera una joya, que Margarita dejó igualmente; la última una flor de plata que conservó en su mano dándole preferencia sobre los otros dones, por ser el emblema de la virtud; pero las cuatro mujeres le dijeron: -Todo es para ti, cada una de las hojas del trébol te concede una gracia y serás rica, feliz, bella y virtuosa. Compartirás tu fortuna con tu familia porque el oro de esa caja no tendrá fin... -Pero, interrumpió la niña, eso no será mío, porque yo he vendido el trébol a un hombre. -Los bienes que produce el trébol son para el que lo halla, no para el que lo compra. Al arrancar las hojas el que te lo ha pagado nos ha hecho presentarnos aquí. Adiós afortunada niña, nosotras te protegeremos y te amaremos siempre. -Adiós, respondió Margarita, que estaba atónita, adiós y gracias. Yo nunca os olvidaré. Se desvaneció la visión, se disipó la niebla, pero allí quedaron los objetos con que la niña había sido obsequiada. Un grupo de muchachos pasaba por la calle cantando: {{c|''A coger el trébol la noche de San Juan.''}} Pero ninguno encontró el de cuatro hojas que crece entre la hierba. Y mientras el señorito continuaba aburriéndose en el pueblo, la modesta familia de Margarita vivía rica, feliz, en aquella casita en que había nacido, agrandada y restaurada, habiendo comprado tierras en las que trabajaba Mauricio, pudiendo recibir los niños esmerada educación, siendo todos por su excelente comportamiento y su ventura, la envidia de los malos y la alegría de los buenos. {{capítulos|[[Mayo: Las flores|Mayo]]|[[Junio: La noche de San Juan|Junio]]|[[Las Estaciones: El estío|El estío]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] n1cife937sgekzcwrz82gaq1pkmo6yi 1665528 1665491 2026-06-21T00:55:05Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665528 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - La Primavera <br> Junio - La noche de San Juan |autor=Julia de Asensi }} Poco antes de dar las doce el reloj del Ayuntamiento, las veinticuatro como decimos hoy, se hallaban reunidos casi todos los habitantes de Aldeachica en una gran plazoleta en la que se elevaban gigantescos árboles y en cuyo centro había una hermosa fuente. La noche era clara y serena, una noche de estío en la que se respiraba con delicia el aroma de las flores del campo y de las plantas que crecían en los montes. La tierra estaba cubierta de hierba y entre ella lucían sus galas algunas margaritas y amapolas. A corta distancia se divisaba el pueblo que no tendría más de cincuenta casas y una iglesia pequeña. Había varias huertas a la entrada y a la salida del bosque y en éste la plazoleta donde se hallaban los aldeanos al terminar el 23 de junio y dar principio el 24. Más lejos se elevaban las obscuras montañas con grandes manchas verdes que eran pinos en unas, zarza y retama en otros. Un grupo de jóvenes de ambos sexos que se había internado en el bosque se acercaba entonando la conocida canción: <center> ''... El trébol, el trébol,''<br> ''a coger el trébol la noche de San Juan.''</center> Al dar las doce, los jóvenes y los niños metieron sus cabezas en el pilón de la fuente entre grandes risas de las mozas y de las niñas que por no descomponer sus peinados renunciaban gustosas a aquella parte del programa con que se inauguraban los festejos. Luego empezaban las disputas sobre quién se había zambullido el primero, disputas que por milagro de Dios no acabaron como otras veces a garrotazos. Los habitantes de Aldeachica se entregaron después a la inocente ocupación de buscar entre la hierba el trébol para ver quién hallaba el de cuatro hojas que es el que proporciona la felicidad. Era difícil la tarea por ser el trébol muy pequeño, y apenas encontraban uno, aunque fuese de tres hojas, lanzaban gritos de alegría, que repetía el eco como si quisiera asociarse al contento de aquellos buenos campesinos. Al fin una niña de diez a once años, rubia, pálida y revelando en su semblante privaciones y sufrimientos, dijo mostrando la pequeña planta que había buscado con tanto afán: -¡Aquí está, aquí está el trébol de cuatro hojas! Todos los aldeanos la rodearon felicitándola. Aquella pobre criatura era hija de una viuda que tenía cuatro niños más, tres menores que ella, uno un poco mayor. Aunque la madre trabajaba mucho, no reunía lo suficiente para sostener a tan numerosa familia. Pasaban hambre, apenas tenían ropas con que cubrir sus cuerpos y vivían en una de las más miserables casas del lugar. Había allí muy pocos medios de ganar dinero y ninguno para hacérselo ganar a los demás. La niña se llamaba Margarita y su hermano mayor Mauricio. La primera puso el trébol entre sus cabellos sujetándolo con una horquilla. Luego empezó el baile que duró hasta la madrugada. Un mozo del pueblo, el hijo del juez, se acercó a Margarita y le dijo: -Si me das el trébol que te has encontrado pago por él una peseta. La niña se lo quitó de su cabeza, dirigió a aquellas cuatro hojitas una triste mirada, se las dio al que todos llamaban en la aldea el señorito y recibió una moneda de plata que representaba para ella la comida de aquel día, esto es, un poco de descanso, para su infeliz madre. Luego Margarita y su hermano se fueron a su casa para dormir un poco y levantarse para ir a las diez a la función de iglesia en la que diría el sermón un cura que iba de la ciudad expresamente para eso. El señorito se retiró del bosque cuando era ya de día, pero habiendo querido presenciar todas las fiestas, hasta por la noche no se encontró a solas en su cuarto. Ya en él se dijo: -Cuenta la tradición que el poseedor del trébol de cuatro hojas recibe por cada una de ellas un beneficio. Uno de estos será seguramente la fortuna y si la obtengo me marcharé de este villorrio para llevarme una gran vida en la capital. Adiós entonces todo lo que aquí me aburre, las amonestaciones de mi madre, las rancias ideas de mi padre, el inevitable trato con estos rústicos, los apuros de dinero y tantas molestias como me agobian. ¡Qué feliz voy a ser y qué buena vida me he de dar! Arrancó una de las hojas, luego otra y otra y al fin la cuarta. Las hojitas en vez de caer al suelo flotaron un momento por el aire y después impulsadas por una suave brisa, salieron por la ventana no deteniéndose hasta la casa de Margarita donde entraron y fueron a posarse a los pies de la niña. Ésta vio con asombro que su humilde habitación mal alumbrada por un cabo de vela, se cubría de una espesa niebla, luego se iluminaba con una luz rosada y a su resplandor divisó a cuatro mujeres de sin igual belleza, vestidas de blanco y llevando en sus manos diferentes objetos. Se adelantó una y dijo a Margarita: -Yo soy la riqueza que nunca acaba. -Yo, añadió otra de las jóvenes, soy la felicidad eterna. -Yo, murmuró otra, soy la hermosura que no se marchita. -Yo, terminó la cuarta, soy la virtud que no muere. La primera entregó a la niña una caja llena de oro, que ella puso sobre una mesa; la segunda un talismán; la tercera una joya, que Margarita dejó igualmente; la última una flor de plata que conservó en su mano dándole preferencia sobre los otros dones, por ser el emblema de la virtud; pero las cuatro mujeres le dijeron: -Todo es para ti, cada una de las hojas del trébol te concede una gracia y serás rica, feliz, bella y virtuosa. Compartirás tu fortuna con tu familia porque el oro de esa caja no tendrá fin... -Pero, interrumpió la niña, eso no será mío, porque yo he vendido el trébol a un hombre. -Los bienes que produce el trébol son para el que lo halla, no para el que lo compra. Al arrancar las hojas el que te lo ha pagado nos ha hecho presentarnos aquí. Adiós afortunada niña, nosotras te protegeremos y te amaremos siempre. -Adiós, respondió Margarita, que estaba atónita, adiós y gracias. Yo nunca os olvidaré. Se desvaneció la visión, se disipó la niebla, pero allí quedaron los objetos con que la niña había sido obsequiada. Un grupo de muchachos pasaba por la calle cantando: {{c|''A coger el trébol la noche de San Juan.''}} Pero ninguno encontró el de cuatro hojas que crece entre la hierba. Y mientras el señorito continuaba aburriéndose en el pueblo, la modesta familia de Margarita vivía rica, feliz, en aquella casita en que había nacido, agrandada y restaurada, habiendo comprado tierras en las que trabajaba Mauricio, pudiendo recibir los niños esmerada educación, siendo todos por su excelente comportamiento y su ventura, la envidia de los malos y la alegría de los buenos. {{capítulos|[[Mayo: Las flores|Mayo]]|[[Junio: La noche de San Juan|Junio]]|[[Las Estaciones: El estío|El estío]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 1np2qiab1y412lbq9h7upkq643muva2 1665710 1665528 2026-06-21T01:36:28Z Ignacio Rodríguez 3603 1665710 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - La Primavera |sección=Junio - La noche de San Juan |autor=Julia de Asensi }} Poco antes de dar las doce el reloj del Ayuntamiento, las veinticuatro como decimos hoy, se hallaban reunidos casi todos los habitantes de Aldeachica en una gran plazoleta en la que se elevaban gigantescos árboles y en cuyo centro había una hermosa fuente. La noche era clara y serena, una noche de estío en la que se respiraba con delicia el aroma de las flores del campo y de las plantas que crecían en los montes. La tierra estaba cubierta de hierba y entre ella lucían sus galas algunas margaritas y amapolas. A corta distancia se divisaba el pueblo que no tendría más de cincuenta casas y una iglesia pequeña. Había varias huertas a la entrada y a la salida del bosque y en éste la plazoleta donde se hallaban los aldeanos al terminar el 23 de junio y dar principio el 24. Más lejos se elevaban las obscuras montañas con grandes manchas verdes que eran pinos en unas, zarza y retama en otros. Un grupo de jóvenes de ambos sexos que se había internado en el bosque se acercaba entonando la conocida canción: <center> ''... El trébol, el trébol,''<br> ''a coger el trébol la noche de San Juan.''</center> Al dar las doce, los jóvenes y los niños metieron sus cabezas en el pilón de la fuente entre grandes risas de las mozas y de las niñas que por no descomponer sus peinados renunciaban gustosas a aquella parte del programa con que se inauguraban los festejos. Luego empezaban las disputas sobre quién se había zambullido el primero, disputas que por milagro de Dios no acabaron como otras veces a garrotazos. Los habitantes de Aldeachica se entregaron después a la inocente ocupación de buscar entre la hierba el trébol para ver quién hallaba el de cuatro hojas que es el que proporciona la felicidad. Era difícil la tarea por ser el trébol muy pequeño, y apenas encontraban uno, aunque fuese de tres hojas, lanzaban gritos de alegría, que repetía el eco como si quisiera asociarse al contento de aquellos buenos campesinos. Al fin una niña de diez a once años, rubia, pálida y revelando en su semblante privaciones y sufrimientos, dijo mostrando la pequeña planta que había buscado con tanto afán: -¡Aquí está, aquí está el trébol de cuatro hojas! Todos los aldeanos la rodearon felicitándola. Aquella pobre criatura era hija de una viuda que tenía cuatro niños más, tres menores que ella, uno un poco mayor. Aunque la madre trabajaba mucho, no reunía lo suficiente para sostener a tan numerosa familia. Pasaban hambre, apenas tenían ropas con que cubrir sus cuerpos y vivían en una de las más miserables casas del lugar. Había allí muy pocos medios de ganar dinero y ninguno para hacérselo ganar a los demás. La niña se llamaba Margarita y su hermano mayor Mauricio. La primera puso el trébol entre sus cabellos sujetándolo con una horquilla. Luego empezó el baile que duró hasta la madrugada. Un mozo del pueblo, el hijo del juez, se acercó a Margarita y le dijo: -Si me das el trébol que te has encontrado pago por él una peseta. La niña se lo quitó de su cabeza, dirigió a aquellas cuatro hojitas una triste mirada, se las dio al que todos llamaban en la aldea el señorito y recibió una moneda de plata que representaba para ella la comida de aquel día, esto es, un poco de descanso, para su infeliz madre. Luego Margarita y su hermano se fueron a su casa para dormir un poco y levantarse para ir a las diez a la función de iglesia en la que diría el sermón un cura que iba de la ciudad expresamente para eso. El señorito se retiró del bosque cuando era ya de día, pero habiendo querido presenciar todas las fiestas, hasta por la noche no se encontró a solas en su cuarto. Ya en él se dijo: -Cuenta la tradición que el poseedor del trébol de cuatro hojas recibe por cada una de ellas un beneficio. Uno de estos será seguramente la fortuna y si la obtengo me marcharé de este villorrio para llevarme una gran vida en la capital. Adiós entonces todo lo que aquí me aburre, las amonestaciones de mi madre, las rancias ideas de mi padre, el inevitable trato con estos rústicos, los apuros de dinero y tantas molestias como me agobian. ¡Qué feliz voy a ser y qué buena vida me he de dar! Arrancó una de las hojas, luego otra y otra y al fin la cuarta. Las hojitas en vez de caer al suelo flotaron un momento por el aire y después impulsadas por una suave brisa, salieron por la ventana no deteniéndose hasta la casa de Margarita donde entraron y fueron a posarse a los pies de la niña. Ésta vio con asombro que su humilde habitación mal alumbrada por un cabo de vela, se cubría de una espesa niebla, luego se iluminaba con una luz rosada y a su resplandor divisó a cuatro mujeres de sin igual belleza, vestidas de blanco y llevando en sus manos diferentes objetos. Se adelantó una y dijo a Margarita: -Yo soy la riqueza que nunca acaba. -Yo, añadió otra de las jóvenes, soy la felicidad eterna. -Yo, murmuró otra, soy la hermosura que no se marchita. -Yo, terminó la cuarta, soy la virtud que no muere. La primera entregó a la niña una caja llena de oro, que ella puso sobre una mesa; la segunda un talismán; la tercera una joya, que Margarita dejó igualmente; la última una flor de plata que conservó en su mano dándole preferencia sobre los otros dones, por ser el emblema de la virtud; pero las cuatro mujeres le dijeron: -Todo es para ti, cada una de las hojas del trébol te concede una gracia y serás rica, feliz, bella y virtuosa. Compartirás tu fortuna con tu familia porque el oro de esa caja no tendrá fin... -Pero, interrumpió la niña, eso no será mío, porque yo he vendido el trébol a un hombre. -Los bienes que produce el trébol son para el que lo halla, no para el que lo compra. Al arrancar las hojas el que te lo ha pagado nos ha hecho presentarnos aquí. Adiós afortunada niña, nosotras te protegeremos y te amaremos siempre. -Adiós, respondió Margarita, que estaba atónita, adiós y gracias. Yo nunca os olvidaré. Se desvaneció la visión, se disipó la niebla, pero allí quedaron los objetos con que la niña había sido obsequiada. Un grupo de muchachos pasaba por la calle cantando: {{c|''A coger el trébol la noche de San Juan.''}} Pero ninguno encontró el de cuatro hojas que crece entre la hierba. Y mientras el señorito continuaba aburriéndose en el pueblo, la modesta familia de Margarita vivía rica, feliz, en aquella casita en que había nacido, agrandada y restaurada, habiendo comprado tierras en las que trabajaba Mauricio, pudiendo recibir los niños esmerada educación, siendo todos por su excelente comportamiento y su ventura, la envidia de los malos y la alegría de los buenos. {{capítulos|[[Mayo: Las flores|Mayo]]|[[Junio: La noche de San Juan|Junio]]|[[Las Estaciones: El estío|El estío]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 4eqloamt4khly8706ncv3wzuwrbkmea Las Estaciones/Julio: El sueño del segador 0 22745 1665495 1192661 2026-06-21T00:52:14Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Julio: El sueño del segador]] a [[Las Estaciones/Julio: El sueño del segador]]: Robot: página trasladada 1192661 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío <br> Julio - El sueño del segador |autor=Julia de Asensi |sección= }} Florencio era un galleguito que había abandonado su poética aldea para ir a una tierra distante con una cuadrilla de segadores. Era la primera vez que se había separado de su madre, una buena mujer que, según probaba su fe de bautismo, era todavía bastante joven, pero que por su aspecto parecía una vieja. Él la veía con los ojos del alma con el hermoso cabello negro cuajado de hilos de plata, la mirada triste, las manos encallecidas por el trabajo, los pies desnudos, mal vestida con miserables ropas. Florencio no tenía padre, había muerto en un naufragio, y el resto de su familia lo componían dos rapazuelas rubias y sonrosadas, demasiado niñas aún para ayudar a la madre en sus faenas. Tenían allá en el pueblo una casita y una tierra rodeada de altos maizales. Una parra que daba en el otoño grandes racimos de uvas negras y algunas hortalizas constituían toda la fortuna de aquella pobre gente. El bello ideal de la buena mujer era tener una vaca, pero, a pesar de la increíble economía con que vivía, aunque hacía puntillas primorosas para venderlas por los pueblos cercanos, era muy poco lo que había logrado reunir en varios años de trabajo incesante. Para llevar algún dinero a su madre, había partido Florencio de su aldea. -Si yo tuviese veinte duros más de lo que puedo ganar segando, se decía, mi madre comprar a una vaca de aquellas rojas y pequeñas de mi pueblo que dan tan buena leche y que nos proporcionaría alimento a nosotros y dejaría bastante para vender. Mi madre trabajaría en sus puntillas como ahora, pero no labraría la tierra, que esto lo haría yo; y mis hermanitas llevarían la leche a algunas casas donde nos han dicho que la comprarían si tuviéramos una vaca. ¡Si me atreviese a jugar a la lotería! Pero... ¿y si no me cae y pierdo el dinero? Fija esta idea en su mente, le dijo a un segador de la cuadrilla en que trabajaba si quería jugar con él, éste aceptó y convinieron en que Florencio tomaría un décimo de tres pesetas, dando la mitad del dinero cada uno. El décimo lo guardó el hombre que entregó en un papel el número al muchacho, mal escrito, pero bastante claro para que se pudiera leer. Pasaron unos días, llegó el sorteo, se publicó la lista, y el segador dijo a Florencio: -Mala suerte hemos tenido, no nos ha tocado nada; puedes romper el papel que te di con el número. Pero el galleguito no lo rompió aunque dijo al otro que lo había hecho. Tocaban a su término las faenas que a aquel campo les llevaron. La siega estaba hecha, no sin trabajo porque el sol abrasaba. A la hora de la siesta se echaba toda la cuadrilla a dormir en el campo, buscando la poca sombra que había, ya junto a una tapia, ya al pie de un árbol. Aquel mes de julio había sido de un calor excepcional y los pobres segadores, sudorosos, jadeantes, deseaban ardientemente volver a sus pueblos de Galicia a aspirar el aroma de sus campos, a disfrutar sus suaves brisas, a admirar sus altivas montañas, a comer los sabrosos frutos de sus árboles o de sus viñas. Mal vestidos, peor alimentados, cubiertas las cabezas con grandes sombreros de paja que apenas les preservaban de los rigores de la estación, contaban los días que les quedaban de aquel penoso trabajo que ya felizmente iba a terminar. Una tarde, la penúltima que habían de permanecer allí, Florencio dormía tranquilamente en lo más lejano de aquel campo extenso, con el sombrero echado sobre su cara para evitar los rayos del sol. Soñó que un niño de rostro preciosísimo se había acercado a él poniendo en su mano un billete de banco de cien pesetas, diciéndole: -Toma, este es el dinero que necesita tu madre para comprar la vaca pequeña y roja que ha de llevar la holgura a tu casa. Antes de que él le diera las gracias, el niño había abierto unas alas como de paloma y había remontado el vuelo, subiendo tanto, tanto, que no había tardado en perderle de vista. Cuando Florencio se despertó aún faltaba media hora para que se reanudasen los trabajos. Tenía deseos de andar un poco antes de emprender la faena y se paseó entre los haces de trigo que alfombraban el campo. De repente se detuvo porque sus pies habían tropezado con un objeto. Era una cartera de piel bastante grande y muy abultada. El niño se sentó en el suelo, la abrió y quedó deslumbrado. Estaba llena de billetes de banco y de monedas de oro. Aquello representaba una fortuna, había dinero para comprar muchas vacas, para proporcionar la alegría y la riqueza a su buena madre y a sus hermanitas, las rapazuelas de cabellos rubios. Se guardó la cartera en el bolsillo de su blusa y continuó meditabundo su paseo. Aquel dinero no era suyo, aquel dinero podía ser de alguno que lo necesitase... ¿tendría derecho a quedarse con él?... ¡Si no lo reclamase nadie! Su conciencia de niño bueno y honrado le decía que era preciso restituir lo que la casualidad le había hecho encontrar. Vio de lejos al amo que buscaba algo entre los haces de trigo; parecía contrariado y de mal humor. Sin duda había él perdido la cartera. ¡Bah! El amo era rico y aquel puñado de billetes no representaría gran cosa ni haría mella en su fortuna. Florencio estaba casi decidido a no devolver la cartera; miró al cielo como para consultarle y fe pareció que allí arriba, muy alto, casi junto al sol se alejaba el angelito con el que soñara, agitando las alas y llorando por la maldad de los hombres. Florencio se dirigió al sitio donde estaba el amo y le preguntó con voz trémula: -Señor, ¿se le ha perdido a usted alguna cosa? El amo contestó un tanto alterado: -Sí, una cartera grande con dinero que necesitaba para un pago que tenía que hacer hoy. -Aquí está, murmuró el niño entregando el objeto encontrado. El hombre abrió la cartera, contó lo que contenía, vio que nada faltaba, miró con sorpresa al muchacho y guardando el dinero, dijo: -Está bien, has cumplido con tu deber, serás siempre un hombre honrado. Y se alejó sin darle nada. Florencio emprendió su trabajo feliz al saber que era digno de aquellas palabras. Había tenido la fortuna en su mano, pero no ignoraba que por ese medio su madre la hubiera rehusado. Ya no había vaca, por aquel año al menos. El galleguito que había pasado la tarde ayudando a encerrar el trigo en el granero, notó la ausencia del hombre que había jugado a la lotería con él; lo participó a sus compañeros de trabajo; ninguno le había visto. Ya casi de noche, unos segadores le hallaron en medio del campo, tendido en el suelo; había muerto de una insolación. Avisaron al amo, que le hizo trasladar a su casa dando parte al juez de lo ocurrido. Grande fue el asombro de todos al encontrar cosida al chaleco de aquel miserable una bolsa que contenía cerca de dos mil duros en billetes. ¿De dónde podía proceder aquel dinero? Un viejo alto y seco, al que llamaban el tío Camillas, paisano del difunto y de Florencio, un hombre que era todo bondad, todo corazón, llamó aparte al amo y le dijo: -El segador que ha muerto había jugado un décimo a la lotería con ese chiquito que traje este año a la cuadrilla recomendado por su madre; él dijo que no había caído nada, pero ¿quién sabe si engañó al muchacho y se guardó el dinero ganado? El amo interrogó a Florencio, éste le enseñó el papel con el número y poco se tardó en saber que el décimo había sido uno de los agraciados con el premio mayor. De aquel dinero hizo el dueño de aquellos campos dos partes, una que destinó al afortunado niño, otra que dio al tío Camillas para la viuda y los hijos del muerto. Recomendó al viejo que no se separase del muchacho hasta entregársele a su madre. El júbilo de Florencio no tenía límites. ¡Cuántas vacas podría comprar con aquellos billetes! El amo, que los había guardado en una cartera, se la dio al niño del que se despidió con el mayor afecto. El viejo y su acompañante partieron para su tierra. En el tren se durmió Florencio y soñó que el angelito que ya se le había presentado otras veces, bello y sonriente, había metido algo dentro de la cartera que le dio el amo; la misma acaso que él encontrara. Cuando llegó a su pueblo donde le esperaban ansiosas su madre y sus hermanitas, al contarles lo ocurrido, puso sobre una mesa los billetes de banco y vio sorprendido que había además de los mil duros cincuenta más que todos supusieron le había regalado el amo en premio de su honradez; todos a excepción de Florencio, que creyó siempre los había puesto con los otros billetes el angelito de su sueño. El tío Camillas, que no tenía familia ninguna, se fue con Florencio y la suya y con ellos vivió feliz y tranquilo siendo considerado por la mujer como si fuera su padre y querido por los niños como si hubiese sido su abuelo. En aquella casa reinaron para siempre la paz y la felicidad. {{capítulos|[[Las Estaciones: El estío|El estío]]|[[Julio: El sueño del segador|Julio]]|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] cmysstfiu1uacp6p3h970gbqs0aelxp 1665521 1665495 2026-06-21T00:53:50Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665521 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío |sección=Julio - El sueño del segador |autor=Julia de Asensi |sección= }} Florencio era un galleguito que había abandonado su poética aldea para ir a una tierra distante con una cuadrilla de segadores. Era la primera vez que se había separado de su madre, una buena mujer que, según probaba su fe de bautismo, era todavía bastante joven, pero que por su aspecto parecía una vieja. Él la veía con los ojos del alma con el hermoso cabello negro cuajado de hilos de plata, la mirada triste, las manos encallecidas por el trabajo, los pies desnudos, mal vestida con miserables ropas. Florencio no tenía padre, había muerto en un naufragio, y el resto de su familia lo componían dos rapazuelas rubias y sonrosadas, demasiado niñas aún para ayudar a la madre en sus faenas. Tenían allá en el pueblo una casita y una tierra rodeada de altos maizales. Una parra que daba en el otoño grandes racimos de uvas negras y algunas hortalizas constituían toda la fortuna de aquella pobre gente. El bello ideal de la buena mujer era tener una vaca, pero, a pesar de la increíble economía con que vivía, aunque hacía puntillas primorosas para venderlas por los pueblos cercanos, era muy poco lo que había logrado reunir en varios años de trabajo incesante. Para llevar algún dinero a su madre, había partido Florencio de su aldea. -Si yo tuviese veinte duros más de lo que puedo ganar segando, se decía, mi madre comprar a una vaca de aquellas rojas y pequeñas de mi pueblo que dan tan buena leche y que nos proporcionaría alimento a nosotros y dejaría bastante para vender. Mi madre trabajaría en sus puntillas como ahora, pero no labraría la tierra, que esto lo haría yo; y mis hermanitas llevarían la leche a algunas casas donde nos han dicho que la comprarían si tuviéramos una vaca. ¡Si me atreviese a jugar a la lotería! Pero... ¿y si no me cae y pierdo el dinero? Fija esta idea en su mente, le dijo a un segador de la cuadrilla en que trabajaba si quería jugar con él, éste aceptó y convinieron en que Florencio tomaría un décimo de tres pesetas, dando la mitad del dinero cada uno. El décimo lo guardó el hombre que entregó en un papel el número al muchacho, mal escrito, pero bastante claro para que se pudiera leer. Pasaron unos días, llegó el sorteo, se publicó la lista, y el segador dijo a Florencio: -Mala suerte hemos tenido, no nos ha tocado nada; puedes romper el papel que te di con el número. Pero el galleguito no lo rompió aunque dijo al otro que lo había hecho. Tocaban a su término las faenas que a aquel campo les llevaron. La siega estaba hecha, no sin trabajo porque el sol abrasaba. A la hora de la siesta se echaba toda la cuadrilla a dormir en el campo, buscando la poca sombra que había, ya junto a una tapia, ya al pie de un árbol. Aquel mes de julio había sido de un calor excepcional y los pobres segadores, sudorosos, jadeantes, deseaban ardientemente volver a sus pueblos de Galicia a aspirar el aroma de sus campos, a disfrutar sus suaves brisas, a admirar sus altivas montañas, a comer los sabrosos frutos de sus árboles o de sus viñas. Mal vestidos, peor alimentados, cubiertas las cabezas con grandes sombreros de paja que apenas les preservaban de los rigores de la estación, contaban los días que les quedaban de aquel penoso trabajo que ya felizmente iba a terminar. Una tarde, la penúltima que habían de permanecer allí, Florencio dormía tranquilamente en lo más lejano de aquel campo extenso, con el sombrero echado sobre su cara para evitar los rayos del sol. Soñó que un niño de rostro preciosísimo se había acercado a él poniendo en su mano un billete de banco de cien pesetas, diciéndole: -Toma, este es el dinero que necesita tu madre para comprar la vaca pequeña y roja que ha de llevar la holgura a tu casa. Antes de que él le diera las gracias, el niño había abierto unas alas como de paloma y había remontado el vuelo, subiendo tanto, tanto, que no había tardado en perderle de vista. Cuando Florencio se despertó aún faltaba media hora para que se reanudasen los trabajos. Tenía deseos de andar un poco antes de emprender la faena y se paseó entre los haces de trigo que alfombraban el campo. De repente se detuvo porque sus pies habían tropezado con un objeto. Era una cartera de piel bastante grande y muy abultada. El niño se sentó en el suelo, la abrió y quedó deslumbrado. Estaba llena de billetes de banco y de monedas de oro. Aquello representaba una fortuna, había dinero para comprar muchas vacas, para proporcionar la alegría y la riqueza a su buena madre y a sus hermanitas, las rapazuelas de cabellos rubios. Se guardó la cartera en el bolsillo de su blusa y continuó meditabundo su paseo. Aquel dinero no era suyo, aquel dinero podía ser de alguno que lo necesitase... ¿tendría derecho a quedarse con él?... ¡Si no lo reclamase nadie! Su conciencia de niño bueno y honrado le decía que era preciso restituir lo que la casualidad le había hecho encontrar. Vio de lejos al amo que buscaba algo entre los haces de trigo; parecía contrariado y de mal humor. Sin duda había él perdido la cartera. ¡Bah! El amo era rico y aquel puñado de billetes no representaría gran cosa ni haría mella en su fortuna. Florencio estaba casi decidido a no devolver la cartera; miró al cielo como para consultarle y fe pareció que allí arriba, muy alto, casi junto al sol se alejaba el angelito con el que soñara, agitando las alas y llorando por la maldad de los hombres. Florencio se dirigió al sitio donde estaba el amo y le preguntó con voz trémula: -Señor, ¿se le ha perdido a usted alguna cosa? El amo contestó un tanto alterado: -Sí, una cartera grande con dinero que necesitaba para un pago que tenía que hacer hoy. -Aquí está, murmuró el niño entregando el objeto encontrado. El hombre abrió la cartera, contó lo que contenía, vio que nada faltaba, miró con sorpresa al muchacho y guardando el dinero, dijo: -Está bien, has cumplido con tu deber, serás siempre un hombre honrado. Y se alejó sin darle nada. Florencio emprendió su trabajo feliz al saber que era digno de aquellas palabras. Había tenido la fortuna en su mano, pero no ignoraba que por ese medio su madre la hubiera rehusado. Ya no había vaca, por aquel año al menos. El galleguito que había pasado la tarde ayudando a encerrar el trigo en el granero, notó la ausencia del hombre que había jugado a la lotería con él; lo participó a sus compañeros de trabajo; ninguno le había visto. Ya casi de noche, unos segadores le hallaron en medio del campo, tendido en el suelo; había muerto de una insolación. Avisaron al amo, que le hizo trasladar a su casa dando parte al juez de lo ocurrido. Grande fue el asombro de todos al encontrar cosida al chaleco de aquel miserable una bolsa que contenía cerca de dos mil duros en billetes. ¿De dónde podía proceder aquel dinero? Un viejo alto y seco, al que llamaban el tío Camillas, paisano del difunto y de Florencio, un hombre que era todo bondad, todo corazón, llamó aparte al amo y le dijo: -El segador que ha muerto había jugado un décimo a la lotería con ese chiquito que traje este año a la cuadrilla recomendado por su madre; él dijo que no había caído nada, pero ¿quién sabe si engañó al muchacho y se guardó el dinero ganado? El amo interrogó a Florencio, éste le enseñó el papel con el número y poco se tardó en saber que el décimo había sido uno de los agraciados con el premio mayor. De aquel dinero hizo el dueño de aquellos campos dos partes, una que destinó al afortunado niño, otra que dio al tío Camillas para la viuda y los hijos del muerto. Recomendó al viejo que no se separase del muchacho hasta entregársele a su madre. El júbilo de Florencio no tenía límites. ¡Cuántas vacas podría comprar con aquellos billetes! El amo, que los había guardado en una cartera, se la dio al niño del que se despidió con el mayor afecto. El viejo y su acompañante partieron para su tierra. En el tren se durmió Florencio y soñó que el angelito que ya se le había presentado otras veces, bello y sonriente, había metido algo dentro de la cartera que le dio el amo; la misma acaso que él encontrara. Cuando llegó a su pueblo donde le esperaban ansiosas su madre y sus hermanitas, al contarles lo ocurrido, puso sobre una mesa los billetes de banco y vio sorprendido que había además de los mil duros cincuenta más que todos supusieron le había regalado el amo en premio de su honradez; todos a excepción de Florencio, que creyó siempre los había puesto con los otros billetes el angelito de su sueño. El tío Camillas, que no tenía familia ninguna, se fue con Florencio y la suya y con ellos vivió feliz y tranquilo siendo considerado por la mujer como si fuera su padre y querido por los niños como si hubiese sido su abuelo. En aquella casa reinaron para siempre la paz y la felicidad. {{capítulos|[[Las Estaciones: El estío|El estío]]|[[Julio: El sueño del segador|Julio]]|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] qkvfki452ee7bh576b3zhzwtmcwk7l9 1665682 1665521 2026-06-21T01:33:55Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665682 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío |sección=Julio - El sueño del segador |autor=Julia de Asensi }} Florencio era un galleguito que había abandonado su poética aldea para ir a una tierra distante con una cuadrilla de segadores. Era la primera vez que se había separado de su madre, una buena mujer que, según probaba su fe de bautismo, era todavía bastante joven, pero que por su aspecto parecía una vieja. Él la veía con los ojos del alma con el hermoso cabello negro cuajado de hilos de plata, la mirada triste, las manos encallecidas por el trabajo, los pies desnudos, mal vestida con miserables ropas. Florencio no tenía padre, había muerto en un naufragio, y el resto de su familia lo componían dos rapazuelas rubias y sonrosadas, demasiado niñas aún para ayudar a la madre en sus faenas. Tenían allá en el pueblo una casita y una tierra rodeada de altos maizales. Una parra que daba en el otoño grandes racimos de uvas negras y algunas hortalizas constituían toda la fortuna de aquella pobre gente. El bello ideal de la buena mujer era tener una vaca, pero, a pesar de la increíble economía con que vivía, aunque hacía puntillas primorosas para venderlas por los pueblos cercanos, era muy poco lo que había logrado reunir en varios años de trabajo incesante. Para llevar algún dinero a su madre, había partido Florencio de su aldea. -Si yo tuviese veinte duros más de lo que puedo ganar segando, se decía, mi madre comprar a una vaca de aquellas rojas y pequeñas de mi pueblo que dan tan buena leche y que nos proporcionaría alimento a nosotros y dejaría bastante para vender. Mi madre trabajaría en sus puntillas como ahora, pero no labraría la tierra, que esto lo haría yo; y mis hermanitas llevarían la leche a algunas casas donde nos han dicho que la comprarían si tuviéramos una vaca. ¡Si me atreviese a jugar a la lotería! Pero... ¿y si no me cae y pierdo el dinero? Fija esta idea en su mente, le dijo a un segador de la cuadrilla en que trabajaba si quería jugar con él, éste aceptó y convinieron en que Florencio tomaría un décimo de tres pesetas, dando la mitad del dinero cada uno. El décimo lo guardó el hombre que entregó en un papel el número al muchacho, mal escrito, pero bastante claro para que se pudiera leer. Pasaron unos días, llegó el sorteo, se publicó la lista, y el segador dijo a Florencio: -Mala suerte hemos tenido, no nos ha tocado nada; puedes romper el papel que te di con el número. Pero el galleguito no lo rompió aunque dijo al otro que lo había hecho. Tocaban a su término las faenas que a aquel campo les llevaron. La siega estaba hecha, no sin trabajo porque el sol abrasaba. A la hora de la siesta se echaba toda la cuadrilla a dormir en el campo, buscando la poca sombra que había, ya junto a una tapia, ya al pie de un árbol. Aquel mes de julio había sido de un calor excepcional y los pobres segadores, sudorosos, jadeantes, deseaban ardientemente volver a sus pueblos de Galicia a aspirar el aroma de sus campos, a disfrutar sus suaves brisas, a admirar sus altivas montañas, a comer los sabrosos frutos de sus árboles o de sus viñas. Mal vestidos, peor alimentados, cubiertas las cabezas con grandes sombreros de paja que apenas les preservaban de los rigores de la estación, contaban los días que les quedaban de aquel penoso trabajo que ya felizmente iba a terminar. Una tarde, la penúltima que habían de permanecer allí, Florencio dormía tranquilamente en lo más lejano de aquel campo extenso, con el sombrero echado sobre su cara para evitar los rayos del sol. Soñó que un niño de rostro preciosísimo se había acercado a él poniendo en su mano un billete de banco de cien pesetas, diciéndole: -Toma, este es el dinero que necesita tu madre para comprar la vaca pequeña y roja que ha de llevar la holgura a tu casa. Antes de que él le diera las gracias, el niño había abierto unas alas como de paloma y había remontado el vuelo, subiendo tanto, tanto, que no había tardado en perderle de vista. Cuando Florencio se despertó aún faltaba media hora para que se reanudasen los trabajos. Tenía deseos de andar un poco antes de emprender la faena y se paseó entre los haces de trigo que alfombraban el campo. De repente se detuvo porque sus pies habían tropezado con un objeto. Era una cartera de piel bastante grande y muy abultada. El niño se sentó en el suelo, la abrió y quedó deslumbrado. Estaba llena de billetes de banco y de monedas de oro. Aquello representaba una fortuna, había dinero para comprar muchas vacas, para proporcionar la alegría y la riqueza a su buena madre y a sus hermanitas, las rapazuelas de cabellos rubios. Se guardó la cartera en el bolsillo de su blusa y continuó meditabundo su paseo. Aquel dinero no era suyo, aquel dinero podía ser de alguno que lo necesitase... ¿tendría derecho a quedarse con él?... ¡Si no lo reclamase nadie! Su conciencia de niño bueno y honrado le decía que era preciso restituir lo que la casualidad le había hecho encontrar. Vio de lejos al amo que buscaba algo entre los haces de trigo; parecía contrariado y de mal humor. Sin duda había él perdido la cartera. ¡Bah! El amo era rico y aquel puñado de billetes no representaría gran cosa ni haría mella en su fortuna. Florencio estaba casi decidido a no devolver la cartera; miró al cielo como para consultarle y fe pareció que allí arriba, muy alto, casi junto al sol se alejaba el angelito con el que soñara, agitando las alas y llorando por la maldad de los hombres. Florencio se dirigió al sitio donde estaba el amo y le preguntó con voz trémula: -Señor, ¿se le ha perdido a usted alguna cosa? El amo contestó un tanto alterado: -Sí, una cartera grande con dinero que necesitaba para un pago que tenía que hacer hoy. -Aquí está, murmuró el niño entregando el objeto encontrado. El hombre abrió la cartera, contó lo que contenía, vio que nada faltaba, miró con sorpresa al muchacho y guardando el dinero, dijo: -Está bien, has cumplido con tu deber, serás siempre un hombre honrado. Y se alejó sin darle nada. Florencio emprendió su trabajo feliz al saber que era digno de aquellas palabras. Había tenido la fortuna en su mano, pero no ignoraba que por ese medio su madre la hubiera rehusado. Ya no había vaca, por aquel año al menos. El galleguito que había pasado la tarde ayudando a encerrar el trigo en el granero, notó la ausencia del hombre que había jugado a la lotería con él; lo participó a sus compañeros de trabajo; ninguno le había visto. Ya casi de noche, unos segadores le hallaron en medio del campo, tendido en el suelo; había muerto de una insolación. Avisaron al amo, que le hizo trasladar a su casa dando parte al juez de lo ocurrido. Grande fue el asombro de todos al encontrar cosida al chaleco de aquel miserable una bolsa que contenía cerca de dos mil duros en billetes. ¿De dónde podía proceder aquel dinero? Un viejo alto y seco, al que llamaban el tío Camillas, paisano del difunto y de Florencio, un hombre que era todo bondad, todo corazón, llamó aparte al amo y le dijo: -El segador que ha muerto había jugado un décimo a la lotería con ese chiquito que traje este año a la cuadrilla recomendado por su madre; él dijo que no había caído nada, pero ¿quién sabe si engañó al muchacho y se guardó el dinero ganado? El amo interrogó a Florencio, éste le enseñó el papel con el número y poco se tardó en saber que el décimo había sido uno de los agraciados con el premio mayor. De aquel dinero hizo el dueño de aquellos campos dos partes, una que destinó al afortunado niño, otra que dio al tío Camillas para la viuda y los hijos del muerto. Recomendó al viejo que no se separase del muchacho hasta entregársele a su madre. El júbilo de Florencio no tenía límites. ¡Cuántas vacas podría comprar con aquellos billetes! El amo, que los había guardado en una cartera, se la dio al niño del que se despidió con el mayor afecto. El viejo y su acompañante partieron para su tierra. En el tren se durmió Florencio y soñó que el angelito que ya se le había presentado otras veces, bello y sonriente, había metido algo dentro de la cartera que le dio el amo; la misma acaso que él encontrara. Cuando llegó a su pueblo donde le esperaban ansiosas su madre y sus hermanitas, al contarles lo ocurrido, puso sobre una mesa los billetes de banco y vio sorprendido que había además de los mil duros cincuenta más que todos supusieron le había regalado el amo en premio de su honradez; todos a excepción de Florencio, que creyó siempre los había puesto con los otros billetes el angelito de su sueño. El tío Camillas, que no tenía familia ninguna, se fue con Florencio y la suya y con ellos vivió feliz y tranquilo siendo considerado por la mujer como si fuera su padre y querido por los niños como si hubiese sido su abuelo. En aquella casa reinaron para siempre la paz y la felicidad. {{capítulos|[[Las Estaciones: El estío|El estío]]|[[Julio: El sueño del segador|Julio]]|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] knxsggcjrg6lojjsobzzi5xzbxzo8cy Las Estaciones/La Primavera 0 22746 1665485 1192662 2026-06-21T00:52:08Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: La Primavera]] a [[Las Estaciones/La Primavera]]: Robot: página trasladada 1192662 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] <br> La Primavera |autor=Julia de Asensi |sección= }} Todos los años, a poco de empezar la primavera, hacía su primera visita al pueblo que le vio nacer y en el que tenía hermosas fincas y extensas tierras de labranza don Mario Peñalver, al que retenían numerosas ocupaciones en la capital de España que abandonaba únicamente para cobrar cada tres meses las rentas que le debían sus colonos, introducir algunas mejoras en sus posesiones y descansar, aunque fuera por breve tiempo, de la agitada vida madrileña. Tenía en el lugar como administrador a un sobrino suyo, hombre probo y sencillo que, nacido y criado en el campo, podía y sabía ocuparse con más acierto que su propio dueño de aquellas vastas tierras, secundado por numerosos jornaleros. Era casado y padre de dos preciosos niños ambos ahijados de don Mario y que llevaban en memoria de antepasados de éste, los nombres de Mercedes y Rafael. Vivían en una bonita casa de campo rodeada de un gran jardín y a ella iba a parar el anciano tío cuando se detenía en el pueblo, ocupando sus principales habitaciones. Siempre era un día de fiesta para la familia aquel en que llegaba el querido padrino de los niños, y en aquella estación la naturaleza se unía a ellos para festejarle. Estaban las calles de lilas llenas de aromáticas flores, en flor también los almendros, los otros árboles luciendo sus hojas de esmeralda y ostentando las acacias sus blancos racimos. Las rosas de diversas clases y diferentes matices, perfumaban el ambiente, cantaban los pájaros, revoloteaban las mariposas y zumbaban los insectos. El sol iluminaba con sus rayos de oro la escena, el cielo estaba azul y despejado y una brisa suave mecía las plantas en sus tallos. Un coche tirado por mulas se detuvo a la puerta de la posesión y de él bajó don Mario, al que había ido a esperar a la estación, algo lejana, su sobrino. La mujer de éste abrazó cariñosamente al anciano que cubrió después de besos las sonrosadas mejillas de sus dos ahijados. La alegría se turbó un tanto al saber que el padrino no permanecería allí más que tres o cuatro días. Quisieron que entrase en la casa, pero el recién llegado que era fuerte y estaba ágil a pesar de sus años, deseó pasear un poco por sus tierras disfrutando de aquella deliciosa mañana de primavera. Cogió con su mano derecha la izquierda de la niña y con la otra a Rafael. -¿Qué habéis hecho por aquí desde que no os veo? Les preguntó cariñoso. -Padrino, le contestó Mercedes, hemos aprendido bien nuestras lecciones para darte gusto, y desde que ha llegado el buen tiempo paseamos mucho y cuidamos cada uno una pequeña parte del jardín. Ya las verás y creo que quedarás contento. -Además, añadió el niño, tenemos muchos gusanos de seda a los que alimentamos con hojas de morera. Ya empiezan a salir de ellos algunas mariposas que son muy bonitas, pero que mueren apenas han nacido. -No importa, le respondió don Mario, ellas dejan gérmenes de vida para muchos gusanos. Es esa una distracción que me agrada y que no debéis abandonar. Las mariposas son pasajeras como las ilusiones; la realidad está en el trabajo de los que fabrican la seda, esos gusanillos que cuidáis y que tanto producen... Otros años habéis cogido orugas y recuerdo que de sus crisálidas han salido mariposas bellísimas que habéis soltado al instante en el jardín otorgándoles uno de los bienes más hermosos que hay en el mundo: la libertad. -Mira, padrino, exclamó de pronto Mercedes, este es mi jardín. -Es muy bonito, respondió el anciano, y está cuidado con bastante esmero. -Y este el mío, dijo poco después Rafael. -También me agrada, profirió don Mario, pero observa una cosa; ese arbolito crece torcido y aún sería tiempo de enderezarlo. -¿Y qué más da? Preguntó el muchacho. -¿Qué, qué más da? Repitió el padrino; oye una fábula para que lo sepas y saques de ella una útil enseñanza: <div class="verse"> «Un campesino ocioso a sus hijos ejemplo provechoso de laboriosidad nunca les daba, porque todo del tiempo lo esperaba. Mil veces se reía de un honrado vecino que tenía, viendo sin complacencia que aquel hombre pasaba la existencia observando si el árbol que plantaba erguido desde luego no se alzaba, y apenas se torcía, disgustado, le prodigaba todo su cuidado no quedando tranquilo y satisfecho hasta verlo derecho. Los hijos del ocioso campesino, que también se burlaban del vecino, sus caprichos hacían y sin pesares ni temor vivían, porque no conocían la influencia del cariño filial y la obediencia. Faltos de esos afanes que prolijos tiene todo buen padre por sus hijos no hallaron más placer desde su infancia que el engaño, el pillaje y la vagancia. El padre, de severo haciendo alarde, quiso enmendar los yerros, mas fue tarde. Los hijos le escucharon distraídos sin quedar de su culpa arrepentidos, y el anciano no halló en su edad postrera quien su cariño y protección le diera. En tanto que el vecino, rico, honrado, e vio por todo el mundo respetado. Nunca el árbol torcido dará sabroso fruto ni buen leño, mientras el propietario inadvertido no sepa enderezarlo de pequeño.» </div> Los niños son como los árboles, si sacan malas inclinaciones, si se tuercen, el deber de los padres y maestros es ponerlos derechos, que las almas infantiles y los árboles pequeños se corrigen al principio, pero luego no hay fuerza humana que los pueda enmendar. ¿Me has comprendido, Rafael? -Sí, padrino, contestó el muchacho, y te prometo que no encontrarás cuando vuelvas ningún árbol torcido en mi jardín. Después del paseo entraron en la casa y allí examinó don Mario a los dos niños de cuanto habían aprendido, viendo con satisfacción que estaban bastante adelantados en sus estudios. Ellos le guardaban sus planas para que las viera, leían en voz alta y respondían a las preguntas que les hacía de catecismo, gramática, aritmética y geografía. Hasta entonces no habían tenido más maestros que sus padres porque en su tierna edad no habían necesitado dedicarse a estudios más profundos. La madre enseñaba también a hacer primorosas labores a Mercedes y eran ya innumerables los pañuelos que la niña había cosido y bordado para su padrino que los recibía con agrado y los premiaba con regalos espléndidos que llevaba igualmente para Rafael, sin que esto influyese en lo más mínimo en el ánimo de aquellas criaturas que querían al anciano con tanta ternura como desinterés. Se pasó el resto del día entre la conversación amena e instructiva, las alegres comidas, la siesta y otro paseo, y se acostaron a las diez de la noche durmiendo gozosos y tranquilos. A la mañana siguiente se levantaron temprano haciendo poco más o menos la misma vida. Los niños llevaron a su tío a ver muchos nidos que las golondrinas y otros pájaros habían hecho bajo los aleros de los tejados de la casa que habitaban y en edificios más distantes que había en la posesión, ocupados por los colonos los unos, la vaquería, el gallinero, el palomar y las grandes cuadras y cocheras sobre las que estaba el inmenso desván en el que se encerraba el grano. Las avecillas revoloteaban alrededor de los nidos fabricados por ellas y que eran respetados por todos los habitantes de la finca. Hasta entonces nadie les había hecho el menor daño. Las golondrinas, alejadas de allí desde hacía muchos meses, habían regresado poco antes del país cálido al que habían emigrado a fin de pasar en él los rigores del frío, para buscar sus antiguos nidos y depositar allí los huevos. Las simpáticas avecillas no faltaban ninguna primavera. Como recordase el padrino que en otras ocasiones había observado que nada agradaba tanto a Mercedes y a Rafael como los cuentos, cuando allá en Madrid en la soledad de su casa preparaba el viaje a su querido pueblo, procuraba grabar en su imaginación aquellas narraciones que aprendió en su infancia o aquellos hechos que escuchó más tarde y que pudieran servir de provechosa enseñanza a los niños para referírselos después de la siesta y que fuesen adecuados a la estación en que se hallaban a fin de que se penetrasen mejor de ellos. En las tres tardes que permaneció en su casa de campo, Mercedes y Rafael, apenas se enteraban de que el tío Mario se había levantado de la siesta, le esperaban en la salita del piso bajo, que tenía dos ventanas que daban al jardín por las que trepaban rosales y campanillas azules y allí aspirando el aroma de las flores, y embelesados con el gorjeo de los pájaros, se entretenían poco después agradablemente oyendo de los labios del anciano los siguientes cuentos que él les refirió uno cada día hasta emprender su viaje de vuelta a la corte y que escucharon los dos niños con atención profunda, sin pestañear, sintiendo únicamente que el tiempo pasara con tanta rapidez y les privase de aprender más narraciones relatadas por su buen padrino. {{capítulos|[[Las Estaciones|Portada]]|[[Las Estaciones: La Primavera|La Primavera]]|[[Abril: El campo de Daniel|Abril]]}} [[Categoría:Las Estaciones|Las 01]] 5nbxbfedtotnih1pnf5fmdt7dk0ycys 1665517 1665485 2026-06-21T00:52:58Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665517 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] |sección=La Primavera |autor=Julia de Asensi |sección= }} Todos los años, a poco de empezar la primavera, hacía su primera visita al pueblo que le vio nacer y en el que tenía hermosas fincas y extensas tierras de labranza don Mario Peñalver, al que retenían numerosas ocupaciones en la capital de España que abandonaba únicamente para cobrar cada tres meses las rentas que le debían sus colonos, introducir algunas mejoras en sus posesiones y descansar, aunque fuera por breve tiempo, de la agitada vida madrileña. Tenía en el lugar como administrador a un sobrino suyo, hombre probo y sencillo que, nacido y criado en el campo, podía y sabía ocuparse con más acierto que su propio dueño de aquellas vastas tierras, secundado por numerosos jornaleros. Era casado y padre de dos preciosos niños ambos ahijados de don Mario y que llevaban en memoria de antepasados de éste, los nombres de Mercedes y Rafael. Vivían en una bonita casa de campo rodeada de un gran jardín y a ella iba a parar el anciano tío cuando se detenía en el pueblo, ocupando sus principales habitaciones. Siempre era un día de fiesta para la familia aquel en que llegaba el querido padrino de los niños, y en aquella estación la naturaleza se unía a ellos para festejarle. Estaban las calles de lilas llenas de aromáticas flores, en flor también los almendros, los otros árboles luciendo sus hojas de esmeralda y ostentando las acacias sus blancos racimos. Las rosas de diversas clases y diferentes matices, perfumaban el ambiente, cantaban los pájaros, revoloteaban las mariposas y zumbaban los insectos. El sol iluminaba con sus rayos de oro la escena, el cielo estaba azul y despejado y una brisa suave mecía las plantas en sus tallos. Un coche tirado por mulas se detuvo a la puerta de la posesión y de él bajó don Mario, al que había ido a esperar a la estación, algo lejana, su sobrino. La mujer de éste abrazó cariñosamente al anciano que cubrió después de besos las sonrosadas mejillas de sus dos ahijados. La alegría se turbó un tanto al saber que el padrino no permanecería allí más que tres o cuatro días. Quisieron que entrase en la casa, pero el recién llegado que era fuerte y estaba ágil a pesar de sus años, deseó pasear un poco por sus tierras disfrutando de aquella deliciosa mañana de primavera. Cogió con su mano derecha la izquierda de la niña y con la otra a Rafael. -¿Qué habéis hecho por aquí desde que no os veo? Les preguntó cariñoso. -Padrino, le contestó Mercedes, hemos aprendido bien nuestras lecciones para darte gusto, y desde que ha llegado el buen tiempo paseamos mucho y cuidamos cada uno una pequeña parte del jardín. Ya las verás y creo que quedarás contento. -Además, añadió el niño, tenemos muchos gusanos de seda a los que alimentamos con hojas de morera. Ya empiezan a salir de ellos algunas mariposas que son muy bonitas, pero que mueren apenas han nacido. -No importa, le respondió don Mario, ellas dejan gérmenes de vida para muchos gusanos. Es esa una distracción que me agrada y que no debéis abandonar. Las mariposas son pasajeras como las ilusiones; la realidad está en el trabajo de los que fabrican la seda, esos gusanillos que cuidáis y que tanto producen... Otros años habéis cogido orugas y recuerdo que de sus crisálidas han salido mariposas bellísimas que habéis soltado al instante en el jardín otorgándoles uno de los bienes más hermosos que hay en el mundo: la libertad. -Mira, padrino, exclamó de pronto Mercedes, este es mi jardín. -Es muy bonito, respondió el anciano, y está cuidado con bastante esmero. -Y este el mío, dijo poco después Rafael. -También me agrada, profirió don Mario, pero observa una cosa; ese arbolito crece torcido y aún sería tiempo de enderezarlo. -¿Y qué más da? Preguntó el muchacho. -¿Qué, qué más da? Repitió el padrino; oye una fábula para que lo sepas y saques de ella una útil enseñanza: <div class="verse"> «Un campesino ocioso a sus hijos ejemplo provechoso de laboriosidad nunca les daba, porque todo del tiempo lo esperaba. Mil veces se reía de un honrado vecino que tenía, viendo sin complacencia que aquel hombre pasaba la existencia observando si el árbol que plantaba erguido desde luego no se alzaba, y apenas se torcía, disgustado, le prodigaba todo su cuidado no quedando tranquilo y satisfecho hasta verlo derecho. Los hijos del ocioso campesino, que también se burlaban del vecino, sus caprichos hacían y sin pesares ni temor vivían, porque no conocían la influencia del cariño filial y la obediencia. Faltos de esos afanes que prolijos tiene todo buen padre por sus hijos no hallaron más placer desde su infancia que el engaño, el pillaje y la vagancia. El padre, de severo haciendo alarde, quiso enmendar los yerros, mas fue tarde. Los hijos le escucharon distraídos sin quedar de su culpa arrepentidos, y el anciano no halló en su edad postrera quien su cariño y protección le diera. En tanto que el vecino, rico, honrado, e vio por todo el mundo respetado. Nunca el árbol torcido dará sabroso fruto ni buen leño, mientras el propietario inadvertido no sepa enderezarlo de pequeño.» </div> Los niños son como los árboles, si sacan malas inclinaciones, si se tuercen, el deber de los padres y maestros es ponerlos derechos, que las almas infantiles y los árboles pequeños se corrigen al principio, pero luego no hay fuerza humana que los pueda enmendar. ¿Me has comprendido, Rafael? -Sí, padrino, contestó el muchacho, y te prometo que no encontrarás cuando vuelvas ningún árbol torcido en mi jardín. Después del paseo entraron en la casa y allí examinó don Mario a los dos niños de cuanto habían aprendido, viendo con satisfacción que estaban bastante adelantados en sus estudios. Ellos le guardaban sus planas para que las viera, leían en voz alta y respondían a las preguntas que les hacía de catecismo, gramática, aritmética y geografía. Hasta entonces no habían tenido más maestros que sus padres porque en su tierna edad no habían necesitado dedicarse a estudios más profundos. La madre enseñaba también a hacer primorosas labores a Mercedes y eran ya innumerables los pañuelos que la niña había cosido y bordado para su padrino que los recibía con agrado y los premiaba con regalos espléndidos que llevaba igualmente para Rafael, sin que esto influyese en lo más mínimo en el ánimo de aquellas criaturas que querían al anciano con tanta ternura como desinterés. Se pasó el resto del día entre la conversación amena e instructiva, las alegres comidas, la siesta y otro paseo, y se acostaron a las diez de la noche durmiendo gozosos y tranquilos. A la mañana siguiente se levantaron temprano haciendo poco más o menos la misma vida. Los niños llevaron a su tío a ver muchos nidos que las golondrinas y otros pájaros habían hecho bajo los aleros de los tejados de la casa que habitaban y en edificios más distantes que había en la posesión, ocupados por los colonos los unos, la vaquería, el gallinero, el palomar y las grandes cuadras y cocheras sobre las que estaba el inmenso desván en el que se encerraba el grano. Las avecillas revoloteaban alrededor de los nidos fabricados por ellas y que eran respetados por todos los habitantes de la finca. Hasta entonces nadie les había hecho el menor daño. Las golondrinas, alejadas de allí desde hacía muchos meses, habían regresado poco antes del país cálido al que habían emigrado a fin de pasar en él los rigores del frío, para buscar sus antiguos nidos y depositar allí los huevos. Las simpáticas avecillas no faltaban ninguna primavera. Como recordase el padrino que en otras ocasiones había observado que nada agradaba tanto a Mercedes y a Rafael como los cuentos, cuando allá en Madrid en la soledad de su casa preparaba el viaje a su querido pueblo, procuraba grabar en su imaginación aquellas narraciones que aprendió en su infancia o aquellos hechos que escuchó más tarde y que pudieran servir de provechosa enseñanza a los niños para referírselos después de la siesta y que fuesen adecuados a la estación en que se hallaban a fin de que se penetrasen mejor de ellos. En las tres tardes que permaneció en su casa de campo, Mercedes y Rafael, apenas se enteraban de que el tío Mario se había levantado de la siesta, le esperaban en la salita del piso bajo, que tenía dos ventanas que daban al jardín por las que trepaban rosales y campanillas azules y allí aspirando el aroma de las flores, y embelesados con el gorjeo de los pájaros, se entretenían poco después agradablemente oyendo de los labios del anciano los siguientes cuentos que él les refirió uno cada día hasta emprender su viaje de vuelta a la corte y que escucharon los dos niños con atención profunda, sin pestañear, sintiendo únicamente que el tiempo pasara con tanta rapidez y les privase de aprender más narraciones relatadas por su buen padrino. {{capítulos|[[Las Estaciones|Portada]]|[[Las Estaciones: La Primavera|La Primavera]]|[[Abril: El campo de Daniel|Abril]]}} [[Categoría:Las Estaciones|Las 01]] gukjfsvx07zr756j47u93qagltys6d3 1665683 1665517 2026-06-21T01:33:56Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665683 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] |sección=La Primavera |autor=Julia de Asensi }} Todos los años, a poco de empezar la primavera, hacía su primera visita al pueblo que le vio nacer y en el que tenía hermosas fincas y extensas tierras de labranza don Mario Peñalver, al que retenían numerosas ocupaciones en la capital de España que abandonaba únicamente para cobrar cada tres meses las rentas que le debían sus colonos, introducir algunas mejoras en sus posesiones y descansar, aunque fuera por breve tiempo, de la agitada vida madrileña. Tenía en el lugar como administrador a un sobrino suyo, hombre probo y sencillo que, nacido y criado en el campo, podía y sabía ocuparse con más acierto que su propio dueño de aquellas vastas tierras, secundado por numerosos jornaleros. Era casado y padre de dos preciosos niños ambos ahijados de don Mario y que llevaban en memoria de antepasados de éste, los nombres de Mercedes y Rafael. Vivían en una bonita casa de campo rodeada de un gran jardín y a ella iba a parar el anciano tío cuando se detenía en el pueblo, ocupando sus principales habitaciones. Siempre era un día de fiesta para la familia aquel en que llegaba el querido padrino de los niños, y en aquella estación la naturaleza se unía a ellos para festejarle. Estaban las calles de lilas llenas de aromáticas flores, en flor también los almendros, los otros árboles luciendo sus hojas de esmeralda y ostentando las acacias sus blancos racimos. Las rosas de diversas clases y diferentes matices, perfumaban el ambiente, cantaban los pájaros, revoloteaban las mariposas y zumbaban los insectos. El sol iluminaba con sus rayos de oro la escena, el cielo estaba azul y despejado y una brisa suave mecía las plantas en sus tallos. Un coche tirado por mulas se detuvo a la puerta de la posesión y de él bajó don Mario, al que había ido a esperar a la estación, algo lejana, su sobrino. La mujer de éste abrazó cariñosamente al anciano que cubrió después de besos las sonrosadas mejillas de sus dos ahijados. La alegría se turbó un tanto al saber que el padrino no permanecería allí más que tres o cuatro días. Quisieron que entrase en la casa, pero el recién llegado que era fuerte y estaba ágil a pesar de sus años, deseó pasear un poco por sus tierras disfrutando de aquella deliciosa mañana de primavera. Cogió con su mano derecha la izquierda de la niña y con la otra a Rafael. -¿Qué habéis hecho por aquí desde que no os veo? Les preguntó cariñoso. -Padrino, le contestó Mercedes, hemos aprendido bien nuestras lecciones para darte gusto, y desde que ha llegado el buen tiempo paseamos mucho y cuidamos cada uno una pequeña parte del jardín. Ya las verás y creo que quedarás contento. -Además, añadió el niño, tenemos muchos gusanos de seda a los que alimentamos con hojas de morera. Ya empiezan a salir de ellos algunas mariposas que son muy bonitas, pero que mueren apenas han nacido. -No importa, le respondió don Mario, ellas dejan gérmenes de vida para muchos gusanos. Es esa una distracción que me agrada y que no debéis abandonar. Las mariposas son pasajeras como las ilusiones; la realidad está en el trabajo de los que fabrican la seda, esos gusanillos que cuidáis y que tanto producen... Otros años habéis cogido orugas y recuerdo que de sus crisálidas han salido mariposas bellísimas que habéis soltado al instante en el jardín otorgándoles uno de los bienes más hermosos que hay en el mundo: la libertad. -Mira, padrino, exclamó de pronto Mercedes, este es mi jardín. -Es muy bonito, respondió el anciano, y está cuidado con bastante esmero. -Y este el mío, dijo poco después Rafael. -También me agrada, profirió don Mario, pero observa una cosa; ese arbolito crece torcido y aún sería tiempo de enderezarlo. -¿Y qué más da? Preguntó el muchacho. -¿Qué, qué más da? Repitió el padrino; oye una fábula para que lo sepas y saques de ella una útil enseñanza: <div class="verse"> «Un campesino ocioso a sus hijos ejemplo provechoso de laboriosidad nunca les daba, porque todo del tiempo lo esperaba. Mil veces se reía de un honrado vecino que tenía, viendo sin complacencia que aquel hombre pasaba la existencia observando si el árbol que plantaba erguido desde luego no se alzaba, y apenas se torcía, disgustado, le prodigaba todo su cuidado no quedando tranquilo y satisfecho hasta verlo derecho. Los hijos del ocioso campesino, que también se burlaban del vecino, sus caprichos hacían y sin pesares ni temor vivían, porque no conocían la influencia del cariño filial y la obediencia. Faltos de esos afanes que prolijos tiene todo buen padre por sus hijos no hallaron más placer desde su infancia que el engaño, el pillaje y la vagancia. El padre, de severo haciendo alarde, quiso enmendar los yerros, mas fue tarde. Los hijos le escucharon distraídos sin quedar de su culpa arrepentidos, y el anciano no halló en su edad postrera quien su cariño y protección le diera. En tanto que el vecino, rico, honrado, e vio por todo el mundo respetado. Nunca el árbol torcido dará sabroso fruto ni buen leño, mientras el propietario inadvertido no sepa enderezarlo de pequeño.» </div> Los niños son como los árboles, si sacan malas inclinaciones, si se tuercen, el deber de los padres y maestros es ponerlos derechos, que las almas infantiles y los árboles pequeños se corrigen al principio, pero luego no hay fuerza humana que los pueda enmendar. ¿Me has comprendido, Rafael? -Sí, padrino, contestó el muchacho, y te prometo que no encontrarás cuando vuelvas ningún árbol torcido en mi jardín. Después del paseo entraron en la casa y allí examinó don Mario a los dos niños de cuanto habían aprendido, viendo con satisfacción que estaban bastante adelantados en sus estudios. Ellos le guardaban sus planas para que las viera, leían en voz alta y respondían a las preguntas que les hacía de catecismo, gramática, aritmética y geografía. Hasta entonces no habían tenido más maestros que sus padres porque en su tierna edad no habían necesitado dedicarse a estudios más profundos. La madre enseñaba también a hacer primorosas labores a Mercedes y eran ya innumerables los pañuelos que la niña había cosido y bordado para su padrino que los recibía con agrado y los premiaba con regalos espléndidos que llevaba igualmente para Rafael, sin que esto influyese en lo más mínimo en el ánimo de aquellas criaturas que querían al anciano con tanta ternura como desinterés. Se pasó el resto del día entre la conversación amena e instructiva, las alegres comidas, la siesta y otro paseo, y se acostaron a las diez de la noche durmiendo gozosos y tranquilos. A la mañana siguiente se levantaron temprano haciendo poco más o menos la misma vida. Los niños llevaron a su tío a ver muchos nidos que las golondrinas y otros pájaros habían hecho bajo los aleros de los tejados de la casa que habitaban y en edificios más distantes que había en la posesión, ocupados por los colonos los unos, la vaquería, el gallinero, el palomar y las grandes cuadras y cocheras sobre las que estaba el inmenso desván en el que se encerraba el grano. Las avecillas revoloteaban alrededor de los nidos fabricados por ellas y que eran respetados por todos los habitantes de la finca. Hasta entonces nadie les había hecho el menor daño. Las golondrinas, alejadas de allí desde hacía muchos meses, habían regresado poco antes del país cálido al que habían emigrado a fin de pasar en él los rigores del frío, para buscar sus antiguos nidos y depositar allí los huevos. Las simpáticas avecillas no faltaban ninguna primavera. Como recordase el padrino que en otras ocasiones había observado que nada agradaba tanto a Mercedes y a Rafael como los cuentos, cuando allá en Madrid en la soledad de su casa preparaba el viaje a su querido pueblo, procuraba grabar en su imaginación aquellas narraciones que aprendió en su infancia o aquellos hechos que escuchó más tarde y que pudieran servir de provechosa enseñanza a los niños para referírselos después de la siesta y que fuesen adecuados a la estación en que se hallaban a fin de que se penetrasen mejor de ellos. En las tres tardes que permaneció en su casa de campo, Mercedes y Rafael, apenas se enteraban de que el tío Mario se había levantado de la siesta, le esperaban en la salita del piso bajo, que tenía dos ventanas que daban al jardín por las que trepaban rosales y campanillas azules y allí aspirando el aroma de las flores, y embelesados con el gorjeo de los pájaros, se entretenían poco después agradablemente oyendo de los labios del anciano los siguientes cuentos que él les refirió uno cada día hasta emprender su viaje de vuelta a la corte y que escucharon los dos niños con atención profunda, sin pestañear, sintiendo únicamente que el tiempo pasara con tanta rapidez y les privase de aprender más narraciones relatadas por su buen padrino. {{capítulos|[[Las Estaciones|Portada]]|[[Las Estaciones: La Primavera|La Primavera]]|[[Abril: El campo de Daniel|Abril]]}} [[Categoría:Las Estaciones|Las 01]] 8winqvm6dno47eyfc2w80p1qe7xq7rg Las Estaciones/El estío 0 22749 1665493 1192663 2026-06-21T00:52:13Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: El estío]] a [[Las Estaciones/El estío]]: Robot: página trasladada 1192663 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] - El estío |autor=Julia de Asensi |sección= }} Cuando en el verano volvió don Mario Peñalver al pueblo con el objeto de permanecer allí breves días como de costumbre, Mercedes y Rafael, que le esperaban impacientes, fueron en el coche con su padre a recibirle a la estación. El anciano les llevaba libros y juguetes comprados en Madrid, que los niños le agradecieron mucho. El padrino vio en su posesión los árboles cargados de frutos, el trigo segado, y se regocijó cuando supo que sus ahijados se habían entretenido por las tardes trillando en las eras. Estaban fuertes y robustos y aquella vida campesina les probaba muy bien. Quiso don Mario al día siguiente de su llegada hacer una visita a sus colonos y a ella le acompañaron su sobrino, la esposa de éste y Mercedes y Rafael. Enterados los labradores del proyecto del amo, habían levantado arcos de ramaje por donde tenía que pasar y al acercarse el interesante grupo lanzaron al aire un sin fin de cohetes de los que a causa de ser de día sólo se vio un poco de humo oyéndose en cambio un ruido atronador. Las mozas y los mozos se habían puesto sus trajes de gala, llevando ellas en sus cabellos flores silvestres. Los niños y las niñas cantaron un himno dando al señor la bienvenida, y todos, sin distinción de sexo ni edad, vitorearon a su señor con entusiasmo sincero y verdadero júbilo. El anciano estaba profundamente conmovido. Rafael, que conocía a cuantos chicos vivían por allí, observó que faltaban jacinto y León, dos hijos de otros tantos guardas de aquellas tierras. ¿Estarían enfermos? Vio a sus madres que iban juntas y que eran algo parientas e íntimas amigas. -¿Y los niños? Les preguntó el hermano de Mercedes. -Se han quedado en casa castigados, contestó una de las mujeres. -Y atados, contestó la otra, porque si no se escaparían. -¿Pues qué han hecho? Interrogó don Mario que iba cerca y se había enterado de la conversación. -Son muy malos, señor, murmuró una de las madres. Matan a los pajaritos en sus nidos, destruyen o echan agua en los hormigueros, estropean las plantas con piedras o palos y no hay quien haga carrera de ellos. -¿Los reñís por todo eso, verdad? -Sí, señor, les reñimos, les pegamos, les dejamos sin comer, les encerramos... -¿Y no habéis probado hablarles con dulzura? -¿Para qué? Replicó una de ellas; no habían de hacernos caso. -¡Quién sabe! Habría que intentarlo. ¿Están cerca de aquí? -Sí, señor, en aquella casa que se ve a la derecha, les hemos dejado juntos, pero están sujetos a las sillas y no pueden marcharse. Quiso don Mario ver a los muchachos y entró con las madres de éstos, sus sobrinos y los niños en una gran sala del piso bajo de una de las viviendas que daba de balde a sus guardas. Los culpables estaban allí a bastante distancia el uno del otro, atados y sufriendo su castigo de muy distinto modo. León, lleno de rabia, lloraba a gritos, lanzando imprecaciones por aquella boca que sólo frases hermosas y sencillas debiera pronunciar. Jacinto estaba avergonzado, con la cabeza inclinada sobre el pecho, inundadas de lágrimas las mejillas y sin pronunciar una sola palabra. A él se acercó primero don Mario y le preguntó con cariño: -¿Porqué matas a los pajaritos de Dios? ¿Porqué deshaces los hormigueros? ¿Te hacen daño las aves o las hormigas? ¿Te molestan en algo? -No, señor, murmuró el niño. -Los pájaros, prosiguió el anciano, nos alegran con sus cantos, destruyen en los campos mil insectos dañinos para nuestras cosechas y las hormigas son trabajadoras e inofensivas. Infatigables, durante el verano, llevando a veces pesos muy superiores a sus fuerzas, guardan para el invierno lo que encuentran ahora en su camino sin que nada las arredre y dando ejemplo a muchos hombres de laboriosidad. ¿Has pensado tú, alguna vez en esto? -No, señor, repitió el niño, no lo sabía siquiera. -¿Lo haces porque te lo manda tu compañero? Jacinto guardó silencio no queriendo acusar a su amigo. El anciano se aproximó después a León, que no cesaba de gritar. -¿Y tú, le preguntó don Mario, por qué maltratas a los animales? ¿Por qué tienes tan mal corazón? -Porque me son antipáticos, respondió el muchacho, y porque puedo destruirlos siempre que se me antoje; son menos fuertes que yo, no me hacen frente. -Ya os conozco a los dos, repuso el caballero, y si vuestros padres me hacen caso, cual espero, separaré la cizaña del trigo, como hacen los labradores. Que Jacinto no vea más a León, que su madre le aconseje bien, y no tardará en modificar lo que más que malos instintos es influencia perjudicial de su amigo. En cuanto a León, le encerraremos en un colegio, que casi, sea un correccional, donde cambien rígidos maestros su natural perverso. ¿Aceptan ustedes? -Y muy reconocidas, dijo la madre del niño malo. -Cuando yo vuelva para el otoño ya me informaré de si en estas criaturas se ha operado el cambio que espero y deseo. Siguieron paseando después y don Mario preguntó a sus ahijados su opinión respecto a lo que había de hacerse con las aves y las hormigas. -A nosotros, dijo Mercedes, nos gustan mucho los pájaros y no consentimos que nadie se acerque a los nidos. Cerca de los hormigueros echamos granos de trigo o de arroz y miguitas de pan y nos entretenemos viendo cómo las hormigas se lo llevan, desapareciendo todo en un momento porque salen muchas a trabajar, aun las más pequeñas que apenas pueden con su carga. Habían llegado a un extenso maizal en el que crecían altivos y gallardos algunos girasoles. -¡Qué flor tan grande! Exclamó Rafael. -¡Lástima que no huela! Añadió Mercedes. -Sé a propósito de ella una fábula, dijo el padrino. -¿Nos la quieres recitar? -Con mucho gusto. Y el anciano empezó de esta manera: <div class="verse"> Dice más de un ser grave que igual la fuente que la flor y el ave saben hablar desconocido idioma que es en la fuente su rumor suave y en la planta quizás es el aroma. Esto es sin duda un hecho, aunque asombroso, pues yo sé que una tarde placentera un girasol soberbio y jactancioso enojado exclamó de esta manera: -Orden da de cortar todos los días menudas flores, de este parque el amo, cuando con sólo cuatro de las mías puede formarse un elegante ramo. ¡Cómo el alma se engaña, cuál se ofusca! Mis pétalos de oro nunca observa y a la violeta busca que se esconde medrosa entre la hierba. No admira mi arrogancia, mis colores, al pasar a mi lado, ¡yo, que debiera ser entre las flores lo que el Sol a otros astros comparado! Y esto escuchando, replicó una fuente que era a aquella cuestión indiferente: -Te quejas sin razón, pues ten en cuenta que una lección te ofrece el mundo, donde se desprecia al que méritos ostenta premiando en cambio a aquel que los esconde. Es la modestia un don, puro, precioso, que halla para lucir propio destello; comprende, vanidoso, que no siempre lo grande y lo vistoso suele ser lo más útil y más bello. </div> -Esto es verdad, padrino, dijo la niña cuando acabó de recitar la fábula el anciano. Yo sé que todas las plantas sirven para algo, tú me lo has dicho y papá también me lo ha explicado muchas veces, pero no son igualmente bellas. Un ramo de girasoles no me gustaría, no sería bonito, ni elegante, ni tendría buen olor. La fuente le dio una lección diciéndoselo y no hay duda de que la aprovecharía. El paseo se prolongó hasta el anochecer. Ya el sol se había ocultado detrás de las montañas; volvían del campo las carretas tiradas por bueyes cargadas de heno formando una masa enorme; los trabajadores regresaban a sus hogares felices y tranquilos; algunos entonaban dulces o alegres canciones que el eco repetía. Los pájaros se recogían en sus nidos y no se oía el canto del gallo ni el arrullo de las palomas. La campana de una aldea poco distante, compuesta de dos docenas de casas y una iglesia, lanzó los nueve tañidos de la Oración y don Mario y sus acompañantes se detuvieron quitándose los sombreros el anciano, su sobrino y Rafael. -El Ángel del Señor anunció a María... empezó el padrino. Y después que rezaron el Angelus se dirigieron hacia su casa en la que entraron ya de noche. -¿Recordarás para mañana algún cuento? Preguntó Mercedes al dueño de aquellas vastas tierras. -Sí, contestó él, traigo preparados los que corresponden a los tres meses del estío. -Los oiremos con mucho gusto, dijo Rafael. -Y los aprenderemos para repetirlos después a otros niños, añadió Mercedes. Cumpliendo lo ofrecido, don Mario narró con voz clara y facilidad de palabra los tres siguientes cuentos: {{capítulos|[[Junio: La noche de San Juan|Junio]]|[[Las Estaciones: El estío|El estío]]|[[Julio: El sueño del segador|Julio]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] roa530hfwlusqhleoacgqab7hvphxqr Las Estaciones/Agosto: La Procesión 0 22750 1665497 1192664 2026-06-21T00:52:15Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Agosto: La Procesión]] a [[Las Estaciones/Agosto: La Procesión]]: Robot: página trasladada 1192664 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío <br> Agosto - La Procesión |autor=Julia de Asensi |sección= }} Aquellas dos niñas huérfanas de madre, a las que ésta había llamado siempre Consuelo y Gracia, inspiraban la mayor compasión a todas las vecinas del barrio. El padre, un hombre sin creencias, continuamente metido en las tabernas bebiendo o jugando tenía a las pobres criaturas en el mayor abandono. A poco de casarse se había marchado a América, había estado seis años en Chile y el Perú regresando con algún dinero y con aquellas niñas a las que él sólo nombraba Chilena y Panamá. -¡Ni que fueran perras! Exclamaban las buenas mujeres que vivían cerca de aquella familia: esos no son nombres cristianos. El hombre, que se llamaba Gilberto, había prohibido a su esposa que hablase de religión a las niñas y que les enseñase a rezar, pero la excelente madre cuando el marido se ausentaba, procuraba inculcar en aquellas tiernas almas los bellos sentimientos de que se hallaba adornado su corazón, haciéndoles repetir las oraciones que eran un lenitivo para sus pesares. Por desgracia la buena mujer murió cuando más falta hacía dejando a aquellas niñas solas. Gilberto era muy malo. Cuando él salía echaba la llave a su puerta y las criaturas se quedaban encerradas. Les daba poco de comer, las dejaba que fuesen cubiertas de harapos, y él gastaba lo que le restaba del dinero que trajo de América en darse la mejor vida posible. Una señora vecina suya se atrevió a decirle un día: -Debía usted de llevar las niñas a un colegio; se van a criar como unas salvajes. -Ya he pensado en ello, respondió él. Van a fundar una escuela protestante y en cuanto el proyecto se realice se pasarán allí muchas horas. -Los católicos del pueblo, que somos casi todos sus habitantes, impediremos que la escuela se funde. -Pues si lo logran ustedes, replicó Gilberto, Chilena y Peruana seguirán encerradas como ahora porque así me conviene a mí que soy su padre. Nadie más que yo tiene derecho y autoridad sobre esas niñas que de nada me sirven. Si su madre hubiese vivido más tiempo, dejándolas mayores, me hubiesen sido útiles ayudándome con su trabajo a ganar la vida, pero así tan pequeñas están de sobra para mí. Las pobres niñas fueron creciendo en el mismo abandono, sin hablar con ninguna persona, no paseando más que por el patio que había a espaldas de su casa y cuyas altas tapias les impedían ver las viviendas de sus vecinos. Una hermosa tarde del mes de Agosto, el día 15, se hallaban las dos hermanitas jugando cuando oyeron una música lejana. -¿Qué será eso, Chilena? Preguntó la menor. -No sé, respondió la otra. Es una cosa muy bonita y daría algo bueno, si lo tuviera, por ver cómo son los instrumentos que tocan. -¿Quieres, prosiguió la que llamaban Peruana, que probemos a traer la escalera de mano que hay en casa y nos subamos por ella a la tapia? -Pesará mucho. -La traeremos arrastrándola cuando nos falten las fuerzas. Y dicho y hecho. Las dos chicuelas entraron en la casa, cuyas ventanas que daban a la calle estaban cerradas siempre, cogieron la escalera de mano y no sin dificultad ni trabajo la sacaron al patio y la arrimaron al muro. Una vez logrado esto subió primero la pequeña ayudada por la mayor, y se sentó en el borde de la tapia; después hizo lo propio la otra niña. A su vista apareció un hermoso campo con altos árboles, terrenos sembrados de hortalizas y una larga calle de álamos a lo último de la cual se divisaba una torre con una cruz, la capilla de la Virgen que hacía años no habían visitado, desde mucho antes de morir su madre. Por la alameda venía la procesión para llevar la imagen santísima a la parroquia donde se cantaba una solemne Salve y volvía luego cruzando todo el pueblo, por distinto camino, para quedarse otra vez en la pequeña iglesia. Tocaban a fiesta las campanas y muchas personas se apiñaban al pie del muro para ver la comitiva. Abrían la marcha varios hombres con estandartes cuyas cintas llevaban preciosas niñas vestidas de blanco, luego el sacristán con la manga de la parroquia, las personas que formaban la cofradía con velas encendidas, el clero al que seguía la milagrosa imagen sobre doradas andas, la Virgen, una Asunción de talla, con túnica azul y manto encarnado, con los hermosos ojos fijos en el cielo y los pies apoyados en blancas nubes, y por último la banda municipal, compuesta de una docena de hombres y niños con uniforme azul y galones dorados. Al pasar la imagen de la Virgen, la gente se arrodillaba y las mujeres rezaban la Salve en alta voz. Las dos hijas de Gilberto seguían la procesión con atenta mirada; se despertaban los recuerdos de sus primeros años cuando su madre las llevaba en la procesión y las hacía orar ante aquella imagen bendita. Y sin decirse nada, a riesgo de matarse, se arrodillaron sobre la tapia y siguieron en voz alta los rezos de las personas que había al pie del muro. -Dios te salve, reina y madre... ¡La reina que su padre había querido que olvidasen, la madre única que ya les quedaba! En sus ojos brillaban las lágrimas y la muchedumbre las contemplaba conmovida, temerosa de que se cayesen y deseando hacer algo por aquellas pobres almas. La procesión se fue alejando lentamente y las niñas estuvieron de rodillas hasta que la perdieron de vista. Bajó primero la mayor para sostener la escalera a la pequeña como había hecho a la subida, y cuando ambas se vieron de nuevo en el patio sin horizonte y aislado del resto del pueblo, se abrazaron llorando. -Desde hoy, dijo Chilena, me llamarás Consuelo y yo te nombraré Gracia. Llevaremos estos preciosos nombres de la Virgen que nos dio nuestra madre, para que la reina del cielo nos ampare y proteja. Ya no quisieron jugar más aquella tarde, no hablaron sino de la procesión sintiendo que no pasara por allí otra vez para verla de nuevo. Al siguiente día una mano piadosa les echó por debajo de la puerta varias estampas representando a Dios, la Virgen y diversos santos y muchas hojitas impresas con oraciones que ellas leyeron tan repetidas veces que las aprendieron de memoria. Las principales señoras del pueblo ofrecieron a Gilberto encargarse de la educación de sus hijas sin conseguir nada y las pobres criaturas hubiesen seguido en el mismo estado de ignorancia si un día no hubiese sido su padre herido en una reyerta producida por el vino y el juego. Fue llevado al hospital y las niñas quedaron amparadas por una parienta de su madre, viuda, sin hijos, que las condujo a su casa, las vistió y alimento su cuerpo con sanos manjares y su espíritu con hermosas doctrinas, logrando salvar aquellas almas. Cuando Gilberto se curó le buscaron una colocación en América y, como ya no tenía un cuarto, aceptó decidiendo que se iría solo. Al ver a sus hijas casi no las reconoció. Quería despedirse de ellas antes de partir. -Aquí tiene usted a Consuelo y Gracia, le dijeron. Él no se atrevió a darles otros nombres. Las besó, más conmovido de lo que hubiera sido de esperar, y se alejó. Las desgracias que sufrió en América le hicieron enmendarse y desde allí escribía cariñosas cartas a sus hijas, a las que en muchos años no había de ver de nuevo. Las niñas eran felices al lado de la señora que las amparara y mientras fueron pequeñas llevaron las cintas del estandarte de la Virgen en la procesión que se celebraba todos los años el 15 de Agosto. Iban vestidas de blanco y coronadas de flores pidiendo con dulces cánticos y bellas oraciones la conversión completa de su padre y el auxilio de la Madre del cielo junto a la que estaría sin duda la que lo fue de ambas en la tierra. {{capítulos|[[Julio: El sueño del segador|Julio]]|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]|[[Septiembre: La cazadora|Septiembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] ikrbzy9qelqtikr5wwj7cohindb6xdp 1665518 1665497 2026-06-21T00:53:15Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665518 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío |sección=Agosto - La Procesión |autor=Julia de Asensi |sección= }} Aquellas dos niñas huérfanas de madre, a las que ésta había llamado siempre Consuelo y Gracia, inspiraban la mayor compasión a todas las vecinas del barrio. El padre, un hombre sin creencias, continuamente metido en las tabernas bebiendo o jugando tenía a las pobres criaturas en el mayor abandono. A poco de casarse se había marchado a América, había estado seis años en Chile y el Perú regresando con algún dinero y con aquellas niñas a las que él sólo nombraba Chilena y Panamá. -¡Ni que fueran perras! Exclamaban las buenas mujeres que vivían cerca de aquella familia: esos no son nombres cristianos. El hombre, que se llamaba Gilberto, había prohibido a su esposa que hablase de religión a las niñas y que les enseñase a rezar, pero la excelente madre cuando el marido se ausentaba, procuraba inculcar en aquellas tiernas almas los bellos sentimientos de que se hallaba adornado su corazón, haciéndoles repetir las oraciones que eran un lenitivo para sus pesares. Por desgracia la buena mujer murió cuando más falta hacía dejando a aquellas niñas solas. Gilberto era muy malo. Cuando él salía echaba la llave a su puerta y las criaturas se quedaban encerradas. Les daba poco de comer, las dejaba que fuesen cubiertas de harapos, y él gastaba lo que le restaba del dinero que trajo de América en darse la mejor vida posible. Una señora vecina suya se atrevió a decirle un día: -Debía usted de llevar las niñas a un colegio; se van a criar como unas salvajes. -Ya he pensado en ello, respondió él. Van a fundar una escuela protestante y en cuanto el proyecto se realice se pasarán allí muchas horas. -Los católicos del pueblo, que somos casi todos sus habitantes, impediremos que la escuela se funde. -Pues si lo logran ustedes, replicó Gilberto, Chilena y Peruana seguirán encerradas como ahora porque así me conviene a mí que soy su padre. Nadie más que yo tiene derecho y autoridad sobre esas niñas que de nada me sirven. Si su madre hubiese vivido más tiempo, dejándolas mayores, me hubiesen sido útiles ayudándome con su trabajo a ganar la vida, pero así tan pequeñas están de sobra para mí. Las pobres niñas fueron creciendo en el mismo abandono, sin hablar con ninguna persona, no paseando más que por el patio que había a espaldas de su casa y cuyas altas tapias les impedían ver las viviendas de sus vecinos. Una hermosa tarde del mes de Agosto, el día 15, se hallaban las dos hermanitas jugando cuando oyeron una música lejana. -¿Qué será eso, Chilena? Preguntó la menor. -No sé, respondió la otra. Es una cosa muy bonita y daría algo bueno, si lo tuviera, por ver cómo son los instrumentos que tocan. -¿Quieres, prosiguió la que llamaban Peruana, que probemos a traer la escalera de mano que hay en casa y nos subamos por ella a la tapia? -Pesará mucho. -La traeremos arrastrándola cuando nos falten las fuerzas. Y dicho y hecho. Las dos chicuelas entraron en la casa, cuyas ventanas que daban a la calle estaban cerradas siempre, cogieron la escalera de mano y no sin dificultad ni trabajo la sacaron al patio y la arrimaron al muro. Una vez logrado esto subió primero la pequeña ayudada por la mayor, y se sentó en el borde de la tapia; después hizo lo propio la otra niña. A su vista apareció un hermoso campo con altos árboles, terrenos sembrados de hortalizas y una larga calle de álamos a lo último de la cual se divisaba una torre con una cruz, la capilla de la Virgen que hacía años no habían visitado, desde mucho antes de morir su madre. Por la alameda venía la procesión para llevar la imagen santísima a la parroquia donde se cantaba una solemne Salve y volvía luego cruzando todo el pueblo, por distinto camino, para quedarse otra vez en la pequeña iglesia. Tocaban a fiesta las campanas y muchas personas se apiñaban al pie del muro para ver la comitiva. Abrían la marcha varios hombres con estandartes cuyas cintas llevaban preciosas niñas vestidas de blanco, luego el sacristán con la manga de la parroquia, las personas que formaban la cofradía con velas encendidas, el clero al que seguía la milagrosa imagen sobre doradas andas, la Virgen, una Asunción de talla, con túnica azul y manto encarnado, con los hermosos ojos fijos en el cielo y los pies apoyados en blancas nubes, y por último la banda municipal, compuesta de una docena de hombres y niños con uniforme azul y galones dorados. Al pasar la imagen de la Virgen, la gente se arrodillaba y las mujeres rezaban la Salve en alta voz. Las dos hijas de Gilberto seguían la procesión con atenta mirada; se despertaban los recuerdos de sus primeros años cuando su madre las llevaba en la procesión y las hacía orar ante aquella imagen bendita. Y sin decirse nada, a riesgo de matarse, se arrodillaron sobre la tapia y siguieron en voz alta los rezos de las personas que había al pie del muro. -Dios te salve, reina y madre... ¡La reina que su padre había querido que olvidasen, la madre única que ya les quedaba! En sus ojos brillaban las lágrimas y la muchedumbre las contemplaba conmovida, temerosa de que se cayesen y deseando hacer algo por aquellas pobres almas. La procesión se fue alejando lentamente y las niñas estuvieron de rodillas hasta que la perdieron de vista. Bajó primero la mayor para sostener la escalera a la pequeña como había hecho a la subida, y cuando ambas se vieron de nuevo en el patio sin horizonte y aislado del resto del pueblo, se abrazaron llorando. -Desde hoy, dijo Chilena, me llamarás Consuelo y yo te nombraré Gracia. Llevaremos estos preciosos nombres de la Virgen que nos dio nuestra madre, para que la reina del cielo nos ampare y proteja. Ya no quisieron jugar más aquella tarde, no hablaron sino de la procesión sintiendo que no pasara por allí otra vez para verla de nuevo. Al siguiente día una mano piadosa les echó por debajo de la puerta varias estampas representando a Dios, la Virgen y diversos santos y muchas hojitas impresas con oraciones que ellas leyeron tan repetidas veces que las aprendieron de memoria. Las principales señoras del pueblo ofrecieron a Gilberto encargarse de la educación de sus hijas sin conseguir nada y las pobres criaturas hubiesen seguido en el mismo estado de ignorancia si un día no hubiese sido su padre herido en una reyerta producida por el vino y el juego. Fue llevado al hospital y las niñas quedaron amparadas por una parienta de su madre, viuda, sin hijos, que las condujo a su casa, las vistió y alimento su cuerpo con sanos manjares y su espíritu con hermosas doctrinas, logrando salvar aquellas almas. Cuando Gilberto se curó le buscaron una colocación en América y, como ya no tenía un cuarto, aceptó decidiendo que se iría solo. Al ver a sus hijas casi no las reconoció. Quería despedirse de ellas antes de partir. -Aquí tiene usted a Consuelo y Gracia, le dijeron. Él no se atrevió a darles otros nombres. Las besó, más conmovido de lo que hubiera sido de esperar, y se alejó. Las desgracias que sufrió en América le hicieron enmendarse y desde allí escribía cariñosas cartas a sus hijas, a las que en muchos años no había de ver de nuevo. Las niñas eran felices al lado de la señora que las amparara y mientras fueron pequeñas llevaron las cintas del estandarte de la Virgen en la procesión que se celebraba todos los años el 15 de Agosto. Iban vestidas de blanco y coronadas de flores pidiendo con dulces cánticos y bellas oraciones la conversión completa de su padre y el auxilio de la Madre del cielo junto a la que estaría sin duda la que lo fue de ambas en la tierra. {{capítulos|[[Julio: El sueño del segador|Julio]]|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]|[[Septiembre: La cazadora|Septiembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] s7ug9fp1y3yxnxf8xjjmwqtylibz4jo 1665680 1665518 2026-06-21T01:33:53Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665680 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío |sección=Agosto - La Procesión |autor=Julia de Asensi }} Aquellas dos niñas huérfanas de madre, a las que ésta había llamado siempre Consuelo y Gracia, inspiraban la mayor compasión a todas las vecinas del barrio. El padre, un hombre sin creencias, continuamente metido en las tabernas bebiendo o jugando tenía a las pobres criaturas en el mayor abandono. A poco de casarse se había marchado a América, había estado seis años en Chile y el Perú regresando con algún dinero y con aquellas niñas a las que él sólo nombraba Chilena y Panamá. -¡Ni que fueran perras! Exclamaban las buenas mujeres que vivían cerca de aquella familia: esos no son nombres cristianos. El hombre, que se llamaba Gilberto, había prohibido a su esposa que hablase de religión a las niñas y que les enseñase a rezar, pero la excelente madre cuando el marido se ausentaba, procuraba inculcar en aquellas tiernas almas los bellos sentimientos de que se hallaba adornado su corazón, haciéndoles repetir las oraciones que eran un lenitivo para sus pesares. Por desgracia la buena mujer murió cuando más falta hacía dejando a aquellas niñas solas. Gilberto era muy malo. Cuando él salía echaba la llave a su puerta y las criaturas se quedaban encerradas. Les daba poco de comer, las dejaba que fuesen cubiertas de harapos, y él gastaba lo que le restaba del dinero que trajo de América en darse la mejor vida posible. Una señora vecina suya se atrevió a decirle un día: -Debía usted de llevar las niñas a un colegio; se van a criar como unas salvajes. -Ya he pensado en ello, respondió él. Van a fundar una escuela protestante y en cuanto el proyecto se realice se pasarán allí muchas horas. -Los católicos del pueblo, que somos casi todos sus habitantes, impediremos que la escuela se funde. -Pues si lo logran ustedes, replicó Gilberto, Chilena y Peruana seguirán encerradas como ahora porque así me conviene a mí que soy su padre. Nadie más que yo tiene derecho y autoridad sobre esas niñas que de nada me sirven. Si su madre hubiese vivido más tiempo, dejándolas mayores, me hubiesen sido útiles ayudándome con su trabajo a ganar la vida, pero así tan pequeñas están de sobra para mí. Las pobres niñas fueron creciendo en el mismo abandono, sin hablar con ninguna persona, no paseando más que por el patio que había a espaldas de su casa y cuyas altas tapias les impedían ver las viviendas de sus vecinos. Una hermosa tarde del mes de Agosto, el día 15, se hallaban las dos hermanitas jugando cuando oyeron una música lejana. -¿Qué será eso, Chilena? Preguntó la menor. -No sé, respondió la otra. Es una cosa muy bonita y daría algo bueno, si lo tuviera, por ver cómo son los instrumentos que tocan. -¿Quieres, prosiguió la que llamaban Peruana, que probemos a traer la escalera de mano que hay en casa y nos subamos por ella a la tapia? -Pesará mucho. -La traeremos arrastrándola cuando nos falten las fuerzas. Y dicho y hecho. Las dos chicuelas entraron en la casa, cuyas ventanas que daban a la calle estaban cerradas siempre, cogieron la escalera de mano y no sin dificultad ni trabajo la sacaron al patio y la arrimaron al muro. Una vez logrado esto subió primero la pequeña ayudada por la mayor, y se sentó en el borde de la tapia; después hizo lo propio la otra niña. A su vista apareció un hermoso campo con altos árboles, terrenos sembrados de hortalizas y una larga calle de álamos a lo último de la cual se divisaba una torre con una cruz, la capilla de la Virgen que hacía años no habían visitado, desde mucho antes de morir su madre. Por la alameda venía la procesión para llevar la imagen santísima a la parroquia donde se cantaba una solemne Salve y volvía luego cruzando todo el pueblo, por distinto camino, para quedarse otra vez en la pequeña iglesia. Tocaban a fiesta las campanas y muchas personas se apiñaban al pie del muro para ver la comitiva. Abrían la marcha varios hombres con estandartes cuyas cintas llevaban preciosas niñas vestidas de blanco, luego el sacristán con la manga de la parroquia, las personas que formaban la cofradía con velas encendidas, el clero al que seguía la milagrosa imagen sobre doradas andas, la Virgen, una Asunción de talla, con túnica azul y manto encarnado, con los hermosos ojos fijos en el cielo y los pies apoyados en blancas nubes, y por último la banda municipal, compuesta de una docena de hombres y niños con uniforme azul y galones dorados. Al pasar la imagen de la Virgen, la gente se arrodillaba y las mujeres rezaban la Salve en alta voz. Las dos hijas de Gilberto seguían la procesión con atenta mirada; se despertaban los recuerdos de sus primeros años cuando su madre las llevaba en la procesión y las hacía orar ante aquella imagen bendita. Y sin decirse nada, a riesgo de matarse, se arrodillaron sobre la tapia y siguieron en voz alta los rezos de las personas que había al pie del muro. -Dios te salve, reina y madre... ¡La reina que su padre había querido que olvidasen, la madre única que ya les quedaba! En sus ojos brillaban las lágrimas y la muchedumbre las contemplaba conmovida, temerosa de que se cayesen y deseando hacer algo por aquellas pobres almas. La procesión se fue alejando lentamente y las niñas estuvieron de rodillas hasta que la perdieron de vista. Bajó primero la mayor para sostener la escalera a la pequeña como había hecho a la subida, y cuando ambas se vieron de nuevo en el patio sin horizonte y aislado del resto del pueblo, se abrazaron llorando. -Desde hoy, dijo Chilena, me llamarás Consuelo y yo te nombraré Gracia. Llevaremos estos preciosos nombres de la Virgen que nos dio nuestra madre, para que la reina del cielo nos ampare y proteja. Ya no quisieron jugar más aquella tarde, no hablaron sino de la procesión sintiendo que no pasara por allí otra vez para verla de nuevo. Al siguiente día una mano piadosa les echó por debajo de la puerta varias estampas representando a Dios, la Virgen y diversos santos y muchas hojitas impresas con oraciones que ellas leyeron tan repetidas veces que las aprendieron de memoria. Las principales señoras del pueblo ofrecieron a Gilberto encargarse de la educación de sus hijas sin conseguir nada y las pobres criaturas hubiesen seguido en el mismo estado de ignorancia si un día no hubiese sido su padre herido en una reyerta producida por el vino y el juego. Fue llevado al hospital y las niñas quedaron amparadas por una parienta de su madre, viuda, sin hijos, que las condujo a su casa, las vistió y alimento su cuerpo con sanos manjares y su espíritu con hermosas doctrinas, logrando salvar aquellas almas. Cuando Gilberto se curó le buscaron una colocación en América y, como ya no tenía un cuarto, aceptó decidiendo que se iría solo. Al ver a sus hijas casi no las reconoció. Quería despedirse de ellas antes de partir. -Aquí tiene usted a Consuelo y Gracia, le dijeron. Él no se atrevió a darles otros nombres. Las besó, más conmovido de lo que hubiera sido de esperar, y se alejó. Las desgracias que sufrió en América le hicieron enmendarse y desde allí escribía cariñosas cartas a sus hijas, a las que en muchos años no había de ver de nuevo. Las niñas eran felices al lado de la señora que las amparara y mientras fueron pequeñas llevaron las cintas del estandarte de la Virgen en la procesión que se celebraba todos los años el 15 de Agosto. Iban vestidas de blanco y coronadas de flores pidiendo con dulces cánticos y bellas oraciones la conversión completa de su padre y el auxilio de la Madre del cielo junto a la que estaría sin duda la que lo fue de ambas en la tierra. {{capítulos|[[Julio: El sueño del segador|Julio]]|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]|[[Septiembre: La cazadora|Septiembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 58zjh52mpxtamc7exer0de73kz9hlsw Las Estaciones/Septiembre: La cazadora 0 22751 1665499 1192665 2026-06-21T00:52:17Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Septiembre: La cazadora]] a [[Las Estaciones/Septiembre: La cazadora]]: Robot: página trasladada 1192665 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío <br> Septiembre - La cazadora |autor=Julia de Asensi |sección= }} Diana cazadora llamaban a la hija del conde de San Felipe, todos los conocidos de éste. Era una hermosa niña que cuando contaba escasamente tres años había quedado huérfana de madre y a la que su padre había dado una educación completamente varonil. Él hubiera deseado tener un hijo y el cielo no le habla dado más descendiente que aquella criatura que, contrariando todos los gustos e inclinaciones con que la naturaleza la había dotado, montaba a caballo muy bien, cazaba a la perfección, manejaba la bicicleta como un consumado ciclista y no conocía ni las labores ni los juguetes propios de su sexo. El padre era feliz así y Diana parecía estar conforme con su suerte. Para el primero de Septiembre, día de la apertura de la caza, el conde había convidado a muchos de sus amigos, damas y caballeros, a ir a una gran posesión que tenía en la provincia de Toledo, donde esperaba pasar una semana deliciosa entregado a su distracción favorita. Había regalado un hermoso caballo y una buena escopeta a su hija para la fiesta cinegética. Diana había recibido ambos obsequios con gratitud, pero sin entusiasmo. Toda la gente del cercano pueblo había salido a la carretera para ver la soberbia cabalgata compuesta de muchas amazonas, entre las que descollaba por su juventud y su belleza la hija del conde, varios caballeros con el traje de cazador, numerosos servidores y muchos perros limpios, bien cuidados, que tan importante papel habían de hacer aquellos días. Dos niños de seis a ocho años se habían adelantado hasta la señorita, que llevaba el caballo al paso como sus compañeros para no atropellar a aquella multitud que salía a su encuentro, entregando a Diana dos ramos de flores del campo que ella aceptó reconocida. La niña, que era la mayor, iba vestida con un trajecito blanco, el de los días de fiesta, y el niño con uno gris de pantalón corto y blusita del mismo color. Ambos tenían el cabello castaño, la tez curtida por los rayos del sol, el semblante alegre y risueño y cierta distinción en su porte que contrastaba con la de los otros aldeanos. Diana se informó de quiénes eran, sabiendo por los criados que el padre de aquellos muchachos era uno de los guardas de la posesión del conde. Llegados los expedicionarios a ésta, almorzaron opíparamente y luego empezó la cacería ocupando cada cual el puesto que le fue designado. Aquel día se cobraron muchas piezas y los cazadores, que se habían divertido en grande, se acostaron rendidos después de la cena. Al lucir el alba ya estaban todos en pie y dispuestos a pasar el día como el anterior. La hija del conde, a la que cansaba pasar tantas horas seguidas en el puesto, propuso a una de sus amigas dar un paseo por la posesión llevando las escopetas por si se presentaban ocasiones de cazar algo. Un criado las seguía a respetuosa distancia y el perro Ton que era el favorito de su ama. Éste se detuvo de pronto en uno de los sitios más bellos del camino. -Atención, dijo la niña, por aquí debe de haber algún conejo. Y ya se disponía a apuntar cuando vio salir de detrás de unas matas a dos niños que se arrojaron a sus pies. El perro seguía olfateando. -¡Qué imprudencia! Exclamó Diana, podíamos haber tirado sin veros y causado una desgracia. Levantaos y responded. Se fijó bien en las criaturas y reconoció en ellas a las que la víspera le habían dado los ramos de flores. -¿Qué queréis? Les preguntó. -Habla tú, Guadalupe, dijo el niño a su hermana. -Señorita, empezó la niña, perdone usted el atrevimiento, pero en esa madriguera vive Minguín con su mujer y sus hijos, y yo le suplico que no los mate. Desde que nació les conocemos y a todos los queremos mucho. Cuando nos acercamos y les traemos algo de comer salen y no se asustan de nosotros. -¿Pero hablas de alguna familia de conejos? Preguntó Diana, con interés. -Sí, señorita, respondió Guadalupe. El padre nació un domingo hace cerca de un año, le llamamos primero Dominguín y luego para hacer más mono el nombre, Minguín. A su padre y a su madre les cazaron cuando él era muy chiquito y nosotros le traíamos el alimento, así es que nos ha querido siempre mucho. Hoy no sale asustado por los tiros, ni su mujer ni sus hijos tampoco; pero el perro los sacará y si ustedes los matan mi hermanito Pablo y yo tendremos un pesar muy grande. -Pero, dijo la hija del conde, si se quedan ahí cualquiera los cazará, si no hoy otro día. ¿Por qué no los lleváis a vuestra casa? ¿O no hay allí donde tenerlos? -Sí, señorita, en nuestra casa hay un gran corral con conejera, pero está vacía porque estos conejos no son nuestros y mi padre no quiere, y con razón, que nos los llevemos. -Bueno, prosiguió Diana, pues di a tu padre que tiene permiso para cogerlos y encerrarlos allí. El mío, que es muy complaciente y nada me niega, accederá a mi petición aprobando lo que hago. Mañana iré a tu casa y deseo que ya estén los conejos en el corral. ¿Hacia dónde vives? -Allí, respondió la niña, señalando una casita de un solo piso que se veía entre los árboles a corta distancia. -Pues hasta mañana, Guadalupe y Pablo. Besó cariñosamente a los niños, llamó con imperio a Ton, que no quería apartarse de la madriguera, y continuó su camino seguida de su amiga, del criado y del perro. A la hora de la comida contó a su padre lo que le había ocurrido con los hijos del guarda, y al conde le pareció bien lo hecho por su hija. Al día siguiente Diana, acompañada de la misma amiga con quien iba la víspera y de un criado que llevaba alguna caza destinada a sus protegidos, se dirigió a la casita a cuya puerta la esperaban Guadalupe, Pablo y su madre, una sencilla aldeana alta y robusta. El guarda, en cumplimiento de su deber, estaba en el monte y no pudo recibir a la hija de su señor. Diana vio todas las habitaciones, que eran espaciosas y ventiladas, el corral donde había algunas gallinas y un gallo, la conejera en la que estaban instalados Minguín, su mujer y media docena de hijos; todo muy limpio y arreglado. Pero lo que más llamó la atención de Diana fueron las labores de Guadalupe a la que enseñaba a coser y bordar su madre. Tenía además de aquellos primores una almohadilla con muchos alfileres en la que la niña tenía empezado un encaje de bolillos, que parecía una labor de hadas. -¿Me enseñarás a hacer esto? Preguntó la hija del conde. -¡Ah! Sí, señorita, con mil amores, respondió Guadalupe. Y desde aquel día Diana y su amiga se iban a la casita del guarda, donde dejaban en un rincón las descargadas y ociosas escopetas, y aprendían con ahínco aquellas labores hacia las que se sentían más atraídas que a la caza. Algunas veces almorzaban allí gustándoles más la sabrosa comida de los campesinos que los finísimos platos que condimentaba un cocinero francés. La cacería que debía de haber durado una semana se prolongó muchos días más. Diana sabía ya hacer el maravilloso encaje y otras labores, cuando Guadalupe le enseñó una muñeca que su madre le había comprado en la feria del pueblo en el mes de Septiembre del año anterior por la Virgen de las Mercedes. No era la tal muñeca ni buena ni bonita, pero estaba vestida con tanta gracia que cautivó desde luego a la hija del conde, y al llegar de nuevo la feria, Diana fue a ella con Pablo, su madre y su hermanita, y como siempre tenía dinero que le daba su padre, compró a los niños del guarda muchos juguetes y adquirió para sí un precioso bebé en cuya canastilla trabajó no poco ayudada y dirigida por sus nuevas amigas. Grande fue la sorpresa del conde cuando al entrar una mañana en la habitación de su hija halló a ésta meciendo en sus brazos al muñeco, rodeada de telas y prendas de vestir al bebé y en otro lado el encaje de bolillos muy adelantado ya. Como él ignoraba que Diana supiese hacer aquello, se quedó estupefacto. -Pero, murmuró, ¿te gustan a ti esas cosas? -Sí, papá, contestó la niña con entereza, más que cazar y que montar a caballo y en bicicleta. El conde permaneció algunos instantes meditabundo y al fin dijo: -Quizá tengas razón. Si naciste niña ¿para qué he de obstinarme en que adoptes los gustos y las maneras de un muchacho? Diana llevó a su padre a la casita del guarda y los dos protegieron siempre mucho a sus habitantes. Desde entonces la niña compartió el tiempo entre el sport para complacer a su padre y las labores propias de su sexo. Minguín murió de viejo dejando feliz y numerosa descendencia. {{capítulos|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]|[[Septiembre: La cazadora|Septiembre]]|[[Las Estaciones: El otoño|El otoño]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 2bzyttwlxt2jzcfssisu4i1zxhzkkfg 1665523 1665499 2026-06-21T00:54:15Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665523 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío |sección=Septiembre - La cazadora |autor=Julia de Asensi |sección= }} Diana cazadora llamaban a la hija del conde de San Felipe, todos los conocidos de éste. Era una hermosa niña que cuando contaba escasamente tres años había quedado huérfana de madre y a la que su padre había dado una educación completamente varonil. Él hubiera deseado tener un hijo y el cielo no le habla dado más descendiente que aquella criatura que, contrariando todos los gustos e inclinaciones con que la naturaleza la había dotado, montaba a caballo muy bien, cazaba a la perfección, manejaba la bicicleta como un consumado ciclista y no conocía ni las labores ni los juguetes propios de su sexo. El padre era feliz así y Diana parecía estar conforme con su suerte. Para el primero de Septiembre, día de la apertura de la caza, el conde había convidado a muchos de sus amigos, damas y caballeros, a ir a una gran posesión que tenía en la provincia de Toledo, donde esperaba pasar una semana deliciosa entregado a su distracción favorita. Había regalado un hermoso caballo y una buena escopeta a su hija para la fiesta cinegética. Diana había recibido ambos obsequios con gratitud, pero sin entusiasmo. Toda la gente del cercano pueblo había salido a la carretera para ver la soberbia cabalgata compuesta de muchas amazonas, entre las que descollaba por su juventud y su belleza la hija del conde, varios caballeros con el traje de cazador, numerosos servidores y muchos perros limpios, bien cuidados, que tan importante papel habían de hacer aquellos días. Dos niños de seis a ocho años se habían adelantado hasta la señorita, que llevaba el caballo al paso como sus compañeros para no atropellar a aquella multitud que salía a su encuentro, entregando a Diana dos ramos de flores del campo que ella aceptó reconocida. La niña, que era la mayor, iba vestida con un trajecito blanco, el de los días de fiesta, y el niño con uno gris de pantalón corto y blusita del mismo color. Ambos tenían el cabello castaño, la tez curtida por los rayos del sol, el semblante alegre y risueño y cierta distinción en su porte que contrastaba con la de los otros aldeanos. Diana se informó de quiénes eran, sabiendo por los criados que el padre de aquellos muchachos era uno de los guardas de la posesión del conde. Llegados los expedicionarios a ésta, almorzaron opíparamente y luego empezó la cacería ocupando cada cual el puesto que le fue designado. Aquel día se cobraron muchas piezas y los cazadores, que se habían divertido en grande, se acostaron rendidos después de la cena. Al lucir el alba ya estaban todos en pie y dispuestos a pasar el día como el anterior. La hija del conde, a la que cansaba pasar tantas horas seguidas en el puesto, propuso a una de sus amigas dar un paseo por la posesión llevando las escopetas por si se presentaban ocasiones de cazar algo. Un criado las seguía a respetuosa distancia y el perro Ton que era el favorito de su ama. Éste se detuvo de pronto en uno de los sitios más bellos del camino. -Atención, dijo la niña, por aquí debe de haber algún conejo. Y ya se disponía a apuntar cuando vio salir de detrás de unas matas a dos niños que se arrojaron a sus pies. El perro seguía olfateando. -¡Qué imprudencia! Exclamó Diana, podíamos haber tirado sin veros y causado una desgracia. Levantaos y responded. Se fijó bien en las criaturas y reconoció en ellas a las que la víspera le habían dado los ramos de flores. -¿Qué queréis? Les preguntó. -Habla tú, Guadalupe, dijo el niño a su hermana. -Señorita, empezó la niña, perdone usted el atrevimiento, pero en esa madriguera vive Minguín con su mujer y sus hijos, y yo le suplico que no los mate. Desde que nació les conocemos y a todos los queremos mucho. Cuando nos acercamos y les traemos algo de comer salen y no se asustan de nosotros. -¿Pero hablas de alguna familia de conejos? Preguntó Diana, con interés. -Sí, señorita, respondió Guadalupe. El padre nació un domingo hace cerca de un año, le llamamos primero Dominguín y luego para hacer más mono el nombre, Minguín. A su padre y a su madre les cazaron cuando él era muy chiquito y nosotros le traíamos el alimento, así es que nos ha querido siempre mucho. Hoy no sale asustado por los tiros, ni su mujer ni sus hijos tampoco; pero el perro los sacará y si ustedes los matan mi hermanito Pablo y yo tendremos un pesar muy grande. -Pero, dijo la hija del conde, si se quedan ahí cualquiera los cazará, si no hoy otro día. ¿Por qué no los lleváis a vuestra casa? ¿O no hay allí donde tenerlos? -Sí, señorita, en nuestra casa hay un gran corral con conejera, pero está vacía porque estos conejos no son nuestros y mi padre no quiere, y con razón, que nos los llevemos. -Bueno, prosiguió Diana, pues di a tu padre que tiene permiso para cogerlos y encerrarlos allí. El mío, que es muy complaciente y nada me niega, accederá a mi petición aprobando lo que hago. Mañana iré a tu casa y deseo que ya estén los conejos en el corral. ¿Hacia dónde vives? -Allí, respondió la niña, señalando una casita de un solo piso que se veía entre los árboles a corta distancia. -Pues hasta mañana, Guadalupe y Pablo. Besó cariñosamente a los niños, llamó con imperio a Ton, que no quería apartarse de la madriguera, y continuó su camino seguida de su amiga, del criado y del perro. A la hora de la comida contó a su padre lo que le había ocurrido con los hijos del guarda, y al conde le pareció bien lo hecho por su hija. Al día siguiente Diana, acompañada de la misma amiga con quien iba la víspera y de un criado que llevaba alguna caza destinada a sus protegidos, se dirigió a la casita a cuya puerta la esperaban Guadalupe, Pablo y su madre, una sencilla aldeana alta y robusta. El guarda, en cumplimiento de su deber, estaba en el monte y no pudo recibir a la hija de su señor. Diana vio todas las habitaciones, que eran espaciosas y ventiladas, el corral donde había algunas gallinas y un gallo, la conejera en la que estaban instalados Minguín, su mujer y media docena de hijos; todo muy limpio y arreglado. Pero lo que más llamó la atención de Diana fueron las labores de Guadalupe a la que enseñaba a coser y bordar su madre. Tenía además de aquellos primores una almohadilla con muchos alfileres en la que la niña tenía empezado un encaje de bolillos, que parecía una labor de hadas. -¿Me enseñarás a hacer esto? Preguntó la hija del conde. -¡Ah! Sí, señorita, con mil amores, respondió Guadalupe. Y desde aquel día Diana y su amiga se iban a la casita del guarda, donde dejaban en un rincón las descargadas y ociosas escopetas, y aprendían con ahínco aquellas labores hacia las que se sentían más atraídas que a la caza. Algunas veces almorzaban allí gustándoles más la sabrosa comida de los campesinos que los finísimos platos que condimentaba un cocinero francés. La cacería que debía de haber durado una semana se prolongó muchos días más. Diana sabía ya hacer el maravilloso encaje y otras labores, cuando Guadalupe le enseñó una muñeca que su madre le había comprado en la feria del pueblo en el mes de Septiembre del año anterior por la Virgen de las Mercedes. No era la tal muñeca ni buena ni bonita, pero estaba vestida con tanta gracia que cautivó desde luego a la hija del conde, y al llegar de nuevo la feria, Diana fue a ella con Pablo, su madre y su hermanita, y como siempre tenía dinero que le daba su padre, compró a los niños del guarda muchos juguetes y adquirió para sí un precioso bebé en cuya canastilla trabajó no poco ayudada y dirigida por sus nuevas amigas. Grande fue la sorpresa del conde cuando al entrar una mañana en la habitación de su hija halló a ésta meciendo en sus brazos al muñeco, rodeada de telas y prendas de vestir al bebé y en otro lado el encaje de bolillos muy adelantado ya. Como él ignoraba que Diana supiese hacer aquello, se quedó estupefacto. -Pero, murmuró, ¿te gustan a ti esas cosas? -Sí, papá, contestó la niña con entereza, más que cazar y que montar a caballo y en bicicleta. El conde permaneció algunos instantes meditabundo y al fin dijo: -Quizá tengas razón. Si naciste niña ¿para qué he de obstinarme en que adoptes los gustos y las maneras de un muchacho? Diana llevó a su padre a la casita del guarda y los dos protegieron siempre mucho a sus habitantes. Desde entonces la niña compartió el tiempo entre el sport para complacer a su padre y las labores propias de su sexo. Minguín murió de viejo dejando feliz y numerosa descendencia. {{capítulos|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]|[[Septiembre: La cazadora|Septiembre]]|[[Las Estaciones: El otoño|El otoño]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] i84f13jfsr6jkv01bvyagxqd6ipz3dt 1665524 1665523 2026-06-21T00:54:24Z Ignacio Rodríguez 3603 1665524 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El estío |sección=Septiembre - La cazadora |autor=Julia de Asensi }} Diana cazadora llamaban a la hija del conde de San Felipe, todos los conocidos de éste. Era una hermosa niña que cuando contaba escasamente tres años había quedado huérfana de madre y a la que su padre había dado una educación completamente varonil. Él hubiera deseado tener un hijo y el cielo no le habla dado más descendiente que aquella criatura que, contrariando todos los gustos e inclinaciones con que la naturaleza la había dotado, montaba a caballo muy bien, cazaba a la perfección, manejaba la bicicleta como un consumado ciclista y no conocía ni las labores ni los juguetes propios de su sexo. El padre era feliz así y Diana parecía estar conforme con su suerte. Para el primero de Septiembre, día de la apertura de la caza, el conde había convidado a muchos de sus amigos, damas y caballeros, a ir a una gran posesión que tenía en la provincia de Toledo, donde esperaba pasar una semana deliciosa entregado a su distracción favorita. Había regalado un hermoso caballo y una buena escopeta a su hija para la fiesta cinegética. Diana había recibido ambos obsequios con gratitud, pero sin entusiasmo. Toda la gente del cercano pueblo había salido a la carretera para ver la soberbia cabalgata compuesta de muchas amazonas, entre las que descollaba por su juventud y su belleza la hija del conde, varios caballeros con el traje de cazador, numerosos servidores y muchos perros limpios, bien cuidados, que tan importante papel habían de hacer aquellos días. Dos niños de seis a ocho años se habían adelantado hasta la señorita, que llevaba el caballo al paso como sus compañeros para no atropellar a aquella multitud que salía a su encuentro, entregando a Diana dos ramos de flores del campo que ella aceptó reconocida. La niña, que era la mayor, iba vestida con un trajecito blanco, el de los días de fiesta, y el niño con uno gris de pantalón corto y blusita del mismo color. Ambos tenían el cabello castaño, la tez curtida por los rayos del sol, el semblante alegre y risueño y cierta distinción en su porte que contrastaba con la de los otros aldeanos. Diana se informó de quiénes eran, sabiendo por los criados que el padre de aquellos muchachos era uno de los guardas de la posesión del conde. Llegados los expedicionarios a ésta, almorzaron opíparamente y luego empezó la cacería ocupando cada cual el puesto que le fue designado. Aquel día se cobraron muchas piezas y los cazadores, que se habían divertido en grande, se acostaron rendidos después de la cena. Al lucir el alba ya estaban todos en pie y dispuestos a pasar el día como el anterior. La hija del conde, a la que cansaba pasar tantas horas seguidas en el puesto, propuso a una de sus amigas dar un paseo por la posesión llevando las escopetas por si se presentaban ocasiones de cazar algo. Un criado las seguía a respetuosa distancia y el perro Ton que era el favorito de su ama. Éste se detuvo de pronto en uno de los sitios más bellos del camino. -Atención, dijo la niña, por aquí debe de haber algún conejo. Y ya se disponía a apuntar cuando vio salir de detrás de unas matas a dos niños que se arrojaron a sus pies. El perro seguía olfateando. -¡Qué imprudencia! Exclamó Diana, podíamos haber tirado sin veros y causado una desgracia. Levantaos y responded. Se fijó bien en las criaturas y reconoció en ellas a las que la víspera le habían dado los ramos de flores. -¿Qué queréis? Les preguntó. -Habla tú, Guadalupe, dijo el niño a su hermana. -Señorita, empezó la niña, perdone usted el atrevimiento, pero en esa madriguera vive Minguín con su mujer y sus hijos, y yo le suplico que no los mate. Desde que nació les conocemos y a todos los queremos mucho. Cuando nos acercamos y les traemos algo de comer salen y no se asustan de nosotros. -¿Pero hablas de alguna familia de conejos? Preguntó Diana, con interés. -Sí, señorita, respondió Guadalupe. El padre nació un domingo hace cerca de un año, le llamamos primero Dominguín y luego para hacer más mono el nombre, Minguín. A su padre y a su madre les cazaron cuando él era muy chiquito y nosotros le traíamos el alimento, así es que nos ha querido siempre mucho. Hoy no sale asustado por los tiros, ni su mujer ni sus hijos tampoco; pero el perro los sacará y si ustedes los matan mi hermanito Pablo y yo tendremos un pesar muy grande. -Pero, dijo la hija del conde, si se quedan ahí cualquiera los cazará, si no hoy otro día. ¿Por qué no los lleváis a vuestra casa? ¿O no hay allí donde tenerlos? -Sí, señorita, en nuestra casa hay un gran corral con conejera, pero está vacía porque estos conejos no son nuestros y mi padre no quiere, y con razón, que nos los llevemos. -Bueno, prosiguió Diana, pues di a tu padre que tiene permiso para cogerlos y encerrarlos allí. El mío, que es muy complaciente y nada me niega, accederá a mi petición aprobando lo que hago. Mañana iré a tu casa y deseo que ya estén los conejos en el corral. ¿Hacia dónde vives? -Allí, respondió la niña, señalando una casita de un solo piso que se veía entre los árboles a corta distancia. -Pues hasta mañana, Guadalupe y Pablo. Besó cariñosamente a los niños, llamó con imperio a Ton, que no quería apartarse de la madriguera, y continuó su camino seguida de su amiga, del criado y del perro. A la hora de la comida contó a su padre lo que le había ocurrido con los hijos del guarda, y al conde le pareció bien lo hecho por su hija. Al día siguiente Diana, acompañada de la misma amiga con quien iba la víspera y de un criado que llevaba alguna caza destinada a sus protegidos, se dirigió a la casita a cuya puerta la esperaban Guadalupe, Pablo y su madre, una sencilla aldeana alta y robusta. El guarda, en cumplimiento de su deber, estaba en el monte y no pudo recibir a la hija de su señor. Diana vio todas las habitaciones, que eran espaciosas y ventiladas, el corral donde había algunas gallinas y un gallo, la conejera en la que estaban instalados Minguín, su mujer y media docena de hijos; todo muy limpio y arreglado. Pero lo que más llamó la atención de Diana fueron las labores de Guadalupe a la que enseñaba a coser y bordar su madre. Tenía además de aquellos primores una almohadilla con muchos alfileres en la que la niña tenía empezado un encaje de bolillos, que parecía una labor de hadas. -¿Me enseñarás a hacer esto? Preguntó la hija del conde. -¡Ah! Sí, señorita, con mil amores, respondió Guadalupe. Y desde aquel día Diana y su amiga se iban a la casita del guarda, donde dejaban en un rincón las descargadas y ociosas escopetas, y aprendían con ahínco aquellas labores hacia las que se sentían más atraídas que a la caza. Algunas veces almorzaban allí gustándoles más la sabrosa comida de los campesinos que los finísimos platos que condimentaba un cocinero francés. La cacería que debía de haber durado una semana se prolongó muchos días más. Diana sabía ya hacer el maravilloso encaje y otras labores, cuando Guadalupe le enseñó una muñeca que su madre le había comprado en la feria del pueblo en el mes de Septiembre del año anterior por la Virgen de las Mercedes. No era la tal muñeca ni buena ni bonita, pero estaba vestida con tanta gracia que cautivó desde luego a la hija del conde, y al llegar de nuevo la feria, Diana fue a ella con Pablo, su madre y su hermanita, y como siempre tenía dinero que le daba su padre, compró a los niños del guarda muchos juguetes y adquirió para sí un precioso bebé en cuya canastilla trabajó no poco ayudada y dirigida por sus nuevas amigas. Grande fue la sorpresa del conde cuando al entrar una mañana en la habitación de su hija halló a ésta meciendo en sus brazos al muñeco, rodeada de telas y prendas de vestir al bebé y en otro lado el encaje de bolillos muy adelantado ya. Como él ignoraba que Diana supiese hacer aquello, se quedó estupefacto. -Pero, murmuró, ¿te gustan a ti esas cosas? -Sí, papá, contestó la niña con entereza, más que cazar y que montar a caballo y en bicicleta. El conde permaneció algunos instantes meditabundo y al fin dijo: -Quizá tengas razón. Si naciste niña ¿para qué he de obstinarme en que adoptes los gustos y las maneras de un muchacho? Diana llevó a su padre a la casita del guarda y los dos protegieron siempre mucho a sus habitantes. Desde entonces la niña compartió el tiempo entre el sport para complacer a su padre y las labores propias de su sexo. Minguín murió de viejo dejando feliz y numerosa descendencia. {{capítulos|[[Agosto: La Procesión|Agosto]]|[[Septiembre: La cazadora|Septiembre]]|[[Las Estaciones: El otoño|El otoño]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] gnpeokuis1kzgxw73s3v3jsjl1k99f7 Las Estaciones/El otoño 0 22752 1665501 1192666 2026-06-21T00:52:18Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: El otoño]] a [[Las Estaciones/El otoño]]: Robot: página trasladada 1192666 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño |autor=Julia de Asensi |sección= }} Los árboles empezaban a despojarse de su follaje espléndido y las calles estaban cubiertas de hojas formando una capa bastante espesa. Las lluvias se habían iniciado y el cielo no ostentaba aquel azul purísimo que tanto encantaba a don Mario. Tuvo, sin embargo, la suerte de que a los dos días de su llegada al pueblo el tiempo mejorase mucho, y como el otoño cuando es bueno es una estación deliciosa que tiene mil encantos, pudo salir con los niños a pasear por la posesión después de comer, esto es, a las dos de la tarde. Se acordó enseguida de aquellos hijos de los guardas que habían castigado las madres por sus malos instintos y preguntó a sus ahijados si se había cumplido lo que él indicara. -Ciertamente, padrino, le contestó Mercedes; León fue llevado al instante a un colegio que creo que tú pagas... -Sí, interrumpió don Mario, y dije que pusieran el importe a mi cuenta y ya lo habrá abonado tu padre. -En el colegio, continuó la niña, han tratado con dulzura a León y aseguran que el chico no parece el mismo que antes. Cuentan que algunas veces, vigilándole de lejos, le han dejado bajar solo al jardín y que no ha vuelto a coger a los pajaritos en los nidos para matarlos ni a destruir los hormigueros. Al contrario, les ha echado migas de pan y se ha complacido viendo cómo los padres de los pajarillos se llevaban las más grandes en sus picos para dárselas a sus crías y cómo las más pequeñas las metían en sus casas las hormigas. -¿Y el otro niño? Preguntó el anciano. -Jacinto, respondió Rafael, es ya amigo nuestro, se ha vuelto muy bueno y llora cuando recuerda el daño que hizo en otro tiempo a los animales y el destrozo que causó en las plantas. -Nosotros no queremos que hable de eso, objetó Mercedes. -Pero él se empeña en hacerlo para castigarse, añadió Rafael. Y no se trató más de este asunto. Siguieron su paseo, entreteniéndose los niños en pisar las hojas secas. A cada instante encontraban, con cargas de leña, hombres que les daban las buenas tardes y proseguían su camino con la tranquilidad de conciencia del que sabe que está autorizado a llevar a su hogar pobre y frío lo que ha de prestarle bienestar y calor. El anciano permitía a los infelices campesinos que lo hicieran y eran muchas las bendiciones que sobre él caían por tan singular beneficio. Al pie de un montecillo encontraron a un niño de diez a doce años que rendido sin duda por una larga caminata y no pudiendo resistir el peso de la leña, había dejado caer ésta en el suelo y apoyando en ella la cabeza, hermosa y curtida por los rayos del sol y el aire, dormía profundamente. Había algo de triste y amargo en la expresión de aquel rostro, algo impropio de su corta edad, como si tuviera prematuros pesares o viviese aislado en el mundo. Mercedes y Rafael no le conocían apenas, no era hijo de ningún colono y únicamente habían oído decir que vivía ya en un pueblo, ya en otro de lo que le proporcionaba la caridad. -Pero, padrino, dijo Rafael, ¿cómo podrá dormir este chico sobre una almohada tan dura? -La costumbre, hijo mío, le contestó el anciano; acaso no haya conocido otra cama que el suelo, ¡y tiene el sueño bien cogido! Dejémosle descansar que quizá sea feliz ahora y despierto sufra los rigores de un destino que no merece. Si lo necesita lo sabremos, pues ya le volveremos a hallar. Vosotros quedáis encargados, si yo no le viera en estos días, de buscarle y socorrerle. Vuestro padre os entregará en nombre mío el dinero que para ello haga falta. Ahora daremos la vuelta hacia casa para que merendéis. -¿A que no aciertas lo que nos gusta tomar ahora por las tardes, alternando con las frutas de otoño? -No lo sé, niños míos. -Pues, miel y pan, no mucha porque dice nuestra madre que nos haría daño. -Padrino, dijo Mercedes, hace poco hemos visto sacar la miel de las colmenas. Los hombres tenían que cubrirse con trapos la cara para acercarse a ellas porque si no las abejas les hubieran picado. Había centenares de éstas alrededor de los panales y si algún infeliz se descuidaba le clavaban el aguijón. -Han sacado mucha miel y mucha cera, prosiguió Rafael, son unos animalitos muy útiles las abejas. En casa hay ya bastantes ollas llenas de miel; la cera se la han llevado para hacer velas. -Me complace ver cómo os fijáis en todo, les dijo don Mario, así aprendéis insensiblemente las cosas. Ya cerca de la casa preguntó el niño al anciano: -¿Esta vez no hay fábula? -No sé ninguna propia de la estación en que estamos, respondió el padrino. No recuerdo entre las que aprendí ni una sola en que se tratase de las viñas ni de las hojas secas... pero aguardad, voy a deciros algo que se relaciona con ese muchacho que dormía tan profundamente y con tanto agrado sobre su carga de leña. El apólogo se titula «La fuerza de la costumbre» y dice así: <div class="verse"> Un caballero ilustre e ilustrado fue, por no sé qué causa, desterrado, pero antes de emprender largo camino quiso unir a su suerte a un campesino que mucho conocía al caballero y le siguió con gusto al extranjero. Como en salir de España algo tardase, para ocultar mejor su nombre y clase, cedió la buena ropa a su criado y la de éste se puso sin cuidado. Llegaron a un lugar de poca fama pidiendo los viajeros allí cama, mas siendo la posada muy pequeña, pero tranquila, plácida y risueña, y teniendo ya huéspedes los cuartos, no queriendo partir, de viajar hartos, aceptó el emigrado satisfecho, un cuarto con dos camas, sólo un lecho. En un montón de paja se convino que durmiera el del traje campesino, paja que al pie del lecho colocaron después que las dos camas arreglaron. Acostóse en la paja el caballero y en la humilde cama su escudero, porque vieron que el huésped que allí estaba con oculta intención les observaba. Se durmieron los tres; el desterrado tardó poco en soñar. Había llegado para poner el sitio con presteza a una alta inexpugnable fortaleza, y cuando tuvo fin aquel asalto, desde el montón de paja dando un salto, al lecho se subió medio dormido, pensando en fiera lucha haber vencido. En tanto el campesino que soñaba que a un pozo muy profundo se bajaba, del lecho se arrojó; mal desvelado en el montón de paja quedó echado. Y cuando así acostados estuvieron los dos tranquilamente se durmieron. Al despuntar el alba despertaron y ambos con gran sorpresa se miraron. Al ponerse de pie rápidamente le dijo el caballero a su sirviente: -«Quédese cada cual ya con su ropa, e iremos más felices, sosegados, aunque tengamos que cruzar Europa: los papeles no deben ser trocados. Que volverá a pasar lo que hoy sucede debemos abrigar la certidumbre. Los dos hemos probado lo que puede la fuerza singular de la costumbre». </div> Así terminó el anciano su fábula y Rafael dijo apenas cesó de hablar: -Eso le pasaba al niño que hemos encontrado, dormía tan bien sobre su dura almohada y nosotros no hubiéramos podido descansar ni un minuto sobre ella. -Es que el pobrecillo estaría cansado, repuso don Mario. El bosque en el que cogen la leña está lejos y la carga es muy pesada para una criatura de su edad. Es seguro que servirá para calentar a otros mientras él pasará frío. Se ve en su semblante más de una huella de privaciones y sufrimientos. No olvidéis, como os he dicho, averiguar dónde para a fin de que le socorramos si lo necesita, como todo lo hace suponer. Ya estaban a la puerta de la casa y entraron en el salón donde don Mario solía referir los cuentos a los niños. Allí les sirvieron a todos la merienda y pasado un rato empezó el padrino una de las narraciones referentes al otoño, a la que habían de continuar otras dos en las siguientes tardes como de costumbre. {{capítulos|[[Septiembre: La cazadora|Septiembre]]|[[Las Estaciones: El otoño|El otoño]]|[[Octubre: El racimo de uvas|Octubre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 2jcd24m1zbrgfz8e6eh05qq1fm37rja Las Estaciones/Octubre: El racimo de uvas 0 22753 1665503 1192667 2026-06-21T00:52:19Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Octubre: El racimo de uvas]] a [[Las Estaciones/Octubre: El racimo de uvas]]: Robot: página trasladada 1192667 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño <br> Octubre - El racimo de uvas |autor=Julia de Asensi |sección= }} Las viñas de Andrés Cifuentes eran la admiración y envidia de los habitantes de aquel pueblo que se distinguía más que por nada por sus buenos vinos. Habían labrado la fortuna de su dueño, el más rico de la localidad, que todos los años colocaba a buen precio el tinto y el blanco que hacía con limpieza, puros, sin engaños de ninguna clase. No se veían en parte alguna racimos de uvas más sanos ni más grandes que los de aquellas tierras. En la época de la vendimia, a principios de octubre, encontraban trabajo en la casa de Andrés muchas jóvenes del pueblo, a las que pagaba bien y trataba con buenos modos. La menor de todas era una niña de doce años, huérfana de padre y madre, que vivía con una tía suya que la había recogido por caridad. Llamábase Dolores y se admiraba por su actividad y por su carácter dulce y humilde. Todo el mundo la mandaba y ella obedecía siempre sin replicar. El hijo único de Cifuentes la quería mucho; era un chico de la misma edad que la muchacha, travieso, pero bueno en el fondo. La vendimia tocaba a su término; las mozas llenaban las banastas de uvas negras o verdes y el amo lo vigilaba todo y daba órdenes a cuantos le servían. Habiéndose parado delante de Dolores, le dijo señalando un racimo de peso verdaderamente extraordinario que no estaba cortado todavía: -Este me lo pones encima de los demás; quiero servírselo en la mesa al señor Obispo que vendrá a hacer su visita pastoral. Su Ilustrísima es de este pueblo y cuando estaba entre nosotros, antes de entrar en el Seminario, tenía pasión por las uvas. Si no come estas, se le regalarán con otras cosas que ha de ofrecerle el pueblo. Conque mucho cuidado con ese racimo, que no se aplaste, que no se estropee; tengo puesto mi orgullo en él. Dicho esto se alejó. Dolores terminó su tarea colocando las hermosas uvas elegidas por Andrés para obsequiar al Obispo sobre todas las demás. En aquel momento apareció el hijo de Cifuentes. Iba con su traje de los días de fiesta; llevaba sombrero nuevo y guantes. -¿Adónde vas tan majo? Le preguntó la niña. -Voy, respondió él, a esperar en el lugar vecino al señor Obispo en representación de mi padre, con el cura y el alcalde de aquí. Vamos en una hermosa carretela que hemos alquilado. He querido antes despedirme de ti y comer algunas uvas. -Gracias por lo primero. En cuanto a lo segundo puedes coger lo que quieras, no siendo este racimo que está encima y es el mejor. -¡Vaya una vendimiadora, exclamó el muchacho, mirando en derredor suyo, que se ha dejado ahí unas uvas que son una delicia! No has registrado todas las cepas. Dolores vio que en efecto había tenido ese descuido y se dispuso a remediarlo buscando si aún quedaban más uvas. Entre tanto Antonio, el hijo de Cifuentes, se había acercado a la banasta y cogido el racimo que estaba encima para examinarlo. -¡Vaya unas uvas! Dijo, ¡qué ricas deben de estar! ¿Quién ha de apreciarlas mejor que yo ni a quién se las daría con más gusto mi padre? No tiene en el mundo más que a mí. ¡Vaya si me atrevo yo con un racimo como éste y aunque fuera mayor, que no lo hay! Y empezó a comer las uvas y se dio tanta prisa que cuando volvió Dolores ya no le quedaban más de una docena. -Toma, toma, dijo poniéndoselas en la mano a la niña, pruébalas y verás si son cosa buena. Estoy seguro de que no te has comido ni una y eso es una tontería habiendo tantas. Dolores, sin sospechar que aquellas uvas fueran del racimo destinado al Obispo, se las comió encontrándolas deliciosas. Luego se despidió Antonio de ella y cuando estuvo sola fue cuando advirtió la falta del racimo que le había recomendado su amo. Las banastas fueron colocadas en una gran habitación. Dolores temblaba al pensar que Cifuentes la reñiría, la despediría para siempre, cuando pidiese las uvas que no le podría presentar. Ella no se atrevía a acusar a Antonio a quien quería mucho y que no había obrado por mala intención ni sospechado que aquello pudiera traer perjuicio a nadie. Llegó la hora de arreglar la mesa para que se sentara a ella el Obispo. Había sobre el mantel, flores, dulces, pasteles, no faltaba más que la fruta. Andrés pidió a la niña el racimo de uvas. -Lo pondremos solo en un frutero para que luzca mejor, dijo el amo. Dolores no se movía; con la vista fija en el suelo esperaba el castigo que no tardaría en llegar. -¿No me has oído, muchacha? Preguntó Cifuentes con alguna impaciencia. -Señor, balbuceó la niña, es que el racimo... -¿Qué ha pasado? -No lo sé, pero no está aquí ya. -¿Te lo has comido? -No, señor. -¿Jurarías que no lo has probado? No, Dolores no podía jurar eso, porque harto sospechaba que las uvas que le había dado Antonio eran del gran racimo. Bajó la cabeza y no contestó. -Quítate de mi vista, gritó Cifuentes, y que no te vuelva ya a encontrar por aquí. Has sido mala, desobediente, porque yo te había dicho que no tocases a esas uvas, ladrona, porque no eran tuyas... Discúlpate, discúlpate al menos... La niña no contestó; lloraba silenciosamente limpiando sus lágrimas que quería ocultar a su amo. -¡Ya viene Su Ilustrísima! Dijo un criado de Andrés. Este echó a correr para ver llegar al Obispo. Todas las vendimiadoras le siguieron, sólo Dolores se quedó en aquel mismo sitio sin atreverse a dar un paso. El recibimiento hecho al prelado fue brillantísimo y él entró en su pueblo natal lleno de emoción y de dulce alegría. Allí habían vivido sus padres, allí había pasado los risueños años de su infancia, de aquel poético rincón había partido para seguir los estudios a que le llevaron su decidida vocación. Encontraba muchos antiguos camaradas, echaba bendiciones a todos y la multitud se apresuraba a besarle el anillo y a darle la bienvenida. Entró en la iglesia bajo palio, permaneció en ella un gran rato y luego fue a casa de Cifuentes donde le habían preparado su alojamiento por ser el que reunía mejores condiciones. Al sentarse a la mesa notó Andrés que faltaban las uvas en los fruteros. -Tenía para Su Ilustrísima, dijo al prelado, un racimo como no había otro igual... -No te importe si ya no lo tienes, le interrumpió el Obispo, las uvas no me gustan. ¡Como he comido tantas aquí de pequeño! Mañana me darás melón, he visto al pasar un melonar soberbio y me ha dicho tu hijo que es tuyo. A Cifuentes se le quitó un peso enorme de encima al ver que a Su Ilustrísima no le gustaban ya las uvas. ¡Ni siquiera se hubiese fijado en su racimo! De todos modos lo hecho por Dolores merecía un ejemplar castigo y él se lo tenía que dar. Todas las vendimiadoras fueron obsequiadas al día siguiente, que era el 7 de Octubre en el que se celebraba aquel año la Virgen del Rosario, con un almuerzo, excepto la pobre niña. Antonio notó su falta y preguntó por ella a su padre. Andrés contó a su hijo lo que había pasado. -Si es por eso por lo que no está aquí, replicó el muchacho, puedes decirle que venga a ocupar mi puesto porque el culpable soy yo. Me encargó que no tocara a ese racimo y mientras ella terminaba la vendimia, me lo comí. ¡Era tan hermoso! Dolores notaría que las uvas aquellas habían desaparecido, pero no te habrá dicho nada porque no me querría acusar. Le di una docena de granos, pero no era fácil que sospechara entonces que eran de ese racimo. Puede que con el tiempo me pase a mí lo que al señor Obispo, que no me gusten las uvas, pero ese día no ha llegado aún. Conque ¿voy a buscar a Dolores? -Haz lo que quieras, respondió Cifuentes. El niño echó a correr y diez minutos después volvía con la muchacha a la que el amo recibió con afecto haciendo que ocupara en la mesa un lugar preferente, al lado de Antonio. La pobre niña, enterada por éste de lo ocurrido, no cabía en sí de gozo. El amo le había hecho justicia y la dejaría trabajar en sus viñas siempre que se presentara ocasión. Para colmo de bienes sucedió que el señor Obispo preguntó si le quedaba algún pariente en el pueblo y entonces se averiguó que vivían en él una prima y una sobrina suya, que eran Dolores y la mujer que la había amparado. Su Ilustrísima, después de hablar mucho con ellas y convencido de que eran dignas de ser protegidas por él, les señaló una pensión de su bolsillo particular con la cual pudieron vivir bien aunque sin dejar de trabajar por eso. También dio el Obispo limosnas para los pobres de la localidad, así es que el día en que partió de allí para seguir la visita pastoral, el pueblo en masa salió a despedirle vitoreándole, mientras él les echaba bendiciones alejándose conmovido y satisfecho del lugar donde nació. Algunos años después volvió allá para casar a Dolores y Antonio que con gran regocijo de Andrés Cifuentes, llevó a su casa a la perla de las jóvenes de aquella tierra, la gentil vendimiadora de otros tiempos, y a su anciana tía. Y en la espaciosa morada donde ya reinaba el bienestar, reinó también la alegría, la dulce paz del hogar dichoso, la felicidad de las familias que Dios bendice. {{capítulos|[[Las Estaciones: El otoño|El otoño]]|[[Octubre: El racimo de uvas|Octubre]]|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] tlp05isd939dvjnbl2xrb3c5mcdc7s2 1665519 1665503 2026-06-21T00:53:25Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665519 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño |sección=Octubre - El racimo de uvas |autor=Julia de Asensi |sección= }} Las viñas de Andrés Cifuentes eran la admiración y envidia de los habitantes de aquel pueblo que se distinguía más que por nada por sus buenos vinos. Habían labrado la fortuna de su dueño, el más rico de la localidad, que todos los años colocaba a buen precio el tinto y el blanco que hacía con limpieza, puros, sin engaños de ninguna clase. No se veían en parte alguna racimos de uvas más sanos ni más grandes que los de aquellas tierras. En la época de la vendimia, a principios de octubre, encontraban trabajo en la casa de Andrés muchas jóvenes del pueblo, a las que pagaba bien y trataba con buenos modos. La menor de todas era una niña de doce años, huérfana de padre y madre, que vivía con una tía suya que la había recogido por caridad. Llamábase Dolores y se admiraba por su actividad y por su carácter dulce y humilde. Todo el mundo la mandaba y ella obedecía siempre sin replicar. El hijo único de Cifuentes la quería mucho; era un chico de la misma edad que la muchacha, travieso, pero bueno en el fondo. La vendimia tocaba a su término; las mozas llenaban las banastas de uvas negras o verdes y el amo lo vigilaba todo y daba órdenes a cuantos le servían. Habiéndose parado delante de Dolores, le dijo señalando un racimo de peso verdaderamente extraordinario que no estaba cortado todavía: -Este me lo pones encima de los demás; quiero servírselo en la mesa al señor Obispo que vendrá a hacer su visita pastoral. Su Ilustrísima es de este pueblo y cuando estaba entre nosotros, antes de entrar en el Seminario, tenía pasión por las uvas. Si no come estas, se le regalarán con otras cosas que ha de ofrecerle el pueblo. Conque mucho cuidado con ese racimo, que no se aplaste, que no se estropee; tengo puesto mi orgullo en él. Dicho esto se alejó. Dolores terminó su tarea colocando las hermosas uvas elegidas por Andrés para obsequiar al Obispo sobre todas las demás. En aquel momento apareció el hijo de Cifuentes. Iba con su traje de los días de fiesta; llevaba sombrero nuevo y guantes. -¿Adónde vas tan majo? Le preguntó la niña. -Voy, respondió él, a esperar en el lugar vecino al señor Obispo en representación de mi padre, con el cura y el alcalde de aquí. Vamos en una hermosa carretela que hemos alquilado. He querido antes despedirme de ti y comer algunas uvas. -Gracias por lo primero. En cuanto a lo segundo puedes coger lo que quieras, no siendo este racimo que está encima y es el mejor. -¡Vaya una vendimiadora, exclamó el muchacho, mirando en derredor suyo, que se ha dejado ahí unas uvas que son una delicia! No has registrado todas las cepas. Dolores vio que en efecto había tenido ese descuido y se dispuso a remediarlo buscando si aún quedaban más uvas. Entre tanto Antonio, el hijo de Cifuentes, se había acercado a la banasta y cogido el racimo que estaba encima para examinarlo. -¡Vaya unas uvas! Dijo, ¡qué ricas deben de estar! ¿Quién ha de apreciarlas mejor que yo ni a quién se las daría con más gusto mi padre? No tiene en el mundo más que a mí. ¡Vaya si me atrevo yo con un racimo como éste y aunque fuera mayor, que no lo hay! Y empezó a comer las uvas y se dio tanta prisa que cuando volvió Dolores ya no le quedaban más de una docena. -Toma, toma, dijo poniéndoselas en la mano a la niña, pruébalas y verás si son cosa buena. Estoy seguro de que no te has comido ni una y eso es una tontería habiendo tantas. Dolores, sin sospechar que aquellas uvas fueran del racimo destinado al Obispo, se las comió encontrándolas deliciosas. Luego se despidió Antonio de ella y cuando estuvo sola fue cuando advirtió la falta del racimo que le había recomendado su amo. Las banastas fueron colocadas en una gran habitación. Dolores temblaba al pensar que Cifuentes la reñiría, la despediría para siempre, cuando pidiese las uvas que no le podría presentar. Ella no se atrevía a acusar a Antonio a quien quería mucho y que no había obrado por mala intención ni sospechado que aquello pudiera traer perjuicio a nadie. Llegó la hora de arreglar la mesa para que se sentara a ella el Obispo. Había sobre el mantel, flores, dulces, pasteles, no faltaba más que la fruta. Andrés pidió a la niña el racimo de uvas. -Lo pondremos solo en un frutero para que luzca mejor, dijo el amo. Dolores no se movía; con la vista fija en el suelo esperaba el castigo que no tardaría en llegar. -¿No me has oído, muchacha? Preguntó Cifuentes con alguna impaciencia. -Señor, balbuceó la niña, es que el racimo... -¿Qué ha pasado? -No lo sé, pero no está aquí ya. -¿Te lo has comido? -No, señor. -¿Jurarías que no lo has probado? No, Dolores no podía jurar eso, porque harto sospechaba que las uvas que le había dado Antonio eran del gran racimo. Bajó la cabeza y no contestó. -Quítate de mi vista, gritó Cifuentes, y que no te vuelva ya a encontrar por aquí. Has sido mala, desobediente, porque yo te había dicho que no tocases a esas uvas, ladrona, porque no eran tuyas... Discúlpate, discúlpate al menos... La niña no contestó; lloraba silenciosamente limpiando sus lágrimas que quería ocultar a su amo. -¡Ya viene Su Ilustrísima! Dijo un criado de Andrés. Este echó a correr para ver llegar al Obispo. Todas las vendimiadoras le siguieron, sólo Dolores se quedó en aquel mismo sitio sin atreverse a dar un paso. El recibimiento hecho al prelado fue brillantísimo y él entró en su pueblo natal lleno de emoción y de dulce alegría. Allí habían vivido sus padres, allí había pasado los risueños años de su infancia, de aquel poético rincón había partido para seguir los estudios a que le llevaron su decidida vocación. Encontraba muchos antiguos camaradas, echaba bendiciones a todos y la multitud se apresuraba a besarle el anillo y a darle la bienvenida. Entró en la iglesia bajo palio, permaneció en ella un gran rato y luego fue a casa de Cifuentes donde le habían preparado su alojamiento por ser el que reunía mejores condiciones. Al sentarse a la mesa notó Andrés que faltaban las uvas en los fruteros. -Tenía para Su Ilustrísima, dijo al prelado, un racimo como no había otro igual... -No te importe si ya no lo tienes, le interrumpió el Obispo, las uvas no me gustan. ¡Como he comido tantas aquí de pequeño! Mañana me darás melón, he visto al pasar un melonar soberbio y me ha dicho tu hijo que es tuyo. A Cifuentes se le quitó un peso enorme de encima al ver que a Su Ilustrísima no le gustaban ya las uvas. ¡Ni siquiera se hubiese fijado en su racimo! De todos modos lo hecho por Dolores merecía un ejemplar castigo y él se lo tenía que dar. Todas las vendimiadoras fueron obsequiadas al día siguiente, que era el 7 de Octubre en el que se celebraba aquel año la Virgen del Rosario, con un almuerzo, excepto la pobre niña. Antonio notó su falta y preguntó por ella a su padre. Andrés contó a su hijo lo que había pasado. -Si es por eso por lo que no está aquí, replicó el muchacho, puedes decirle que venga a ocupar mi puesto porque el culpable soy yo. Me encargó que no tocara a ese racimo y mientras ella terminaba la vendimia, me lo comí. ¡Era tan hermoso! Dolores notaría que las uvas aquellas habían desaparecido, pero no te habrá dicho nada porque no me querría acusar. Le di una docena de granos, pero no era fácil que sospechara entonces que eran de ese racimo. Puede que con el tiempo me pase a mí lo que al señor Obispo, que no me gusten las uvas, pero ese día no ha llegado aún. Conque ¿voy a buscar a Dolores? -Haz lo que quieras, respondió Cifuentes. El niño echó a correr y diez minutos después volvía con la muchacha a la que el amo recibió con afecto haciendo que ocupara en la mesa un lugar preferente, al lado de Antonio. La pobre niña, enterada por éste de lo ocurrido, no cabía en sí de gozo. El amo le había hecho justicia y la dejaría trabajar en sus viñas siempre que se presentara ocasión. Para colmo de bienes sucedió que el señor Obispo preguntó si le quedaba algún pariente en el pueblo y entonces se averiguó que vivían en él una prima y una sobrina suya, que eran Dolores y la mujer que la había amparado. Su Ilustrísima, después de hablar mucho con ellas y convencido de que eran dignas de ser protegidas por él, les señaló una pensión de su bolsillo particular con la cual pudieron vivir bien aunque sin dejar de trabajar por eso. También dio el Obispo limosnas para los pobres de la localidad, así es que el día en que partió de allí para seguir la visita pastoral, el pueblo en masa salió a despedirle vitoreándole, mientras él les echaba bendiciones alejándose conmovido y satisfecho del lugar donde nació. Algunos años después volvió allá para casar a Dolores y Antonio que con gran regocijo de Andrés Cifuentes, llevó a su casa a la perla de las jóvenes de aquella tierra, la gentil vendimiadora de otros tiempos, y a su anciana tía. Y en la espaciosa morada donde ya reinaba el bienestar, reinó también la alegría, la dulce paz del hogar dichoso, la felicidad de las familias que Dios bendice. {{capítulos|[[Las Estaciones: El otoño|El otoño]]|[[Octubre: El racimo de uvas|Octubre]]|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] juj5bj1if06low6yya4rghm2lui95gp 1665686 1665519 2026-06-21T01:34:00Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665686 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño |sección=Octubre - El racimo de uvas |autor=Julia de Asensi }} Las viñas de Andrés Cifuentes eran la admiración y envidia de los habitantes de aquel pueblo que se distinguía más que por nada por sus buenos vinos. Habían labrado la fortuna de su dueño, el más rico de la localidad, que todos los años colocaba a buen precio el tinto y el blanco que hacía con limpieza, puros, sin engaños de ninguna clase. No se veían en parte alguna racimos de uvas más sanos ni más grandes que los de aquellas tierras. En la época de la vendimia, a principios de octubre, encontraban trabajo en la casa de Andrés muchas jóvenes del pueblo, a las que pagaba bien y trataba con buenos modos. La menor de todas era una niña de doce años, huérfana de padre y madre, que vivía con una tía suya que la había recogido por caridad. Llamábase Dolores y se admiraba por su actividad y por su carácter dulce y humilde. Todo el mundo la mandaba y ella obedecía siempre sin replicar. El hijo único de Cifuentes la quería mucho; era un chico de la misma edad que la muchacha, travieso, pero bueno en el fondo. La vendimia tocaba a su término; las mozas llenaban las banastas de uvas negras o verdes y el amo lo vigilaba todo y daba órdenes a cuantos le servían. Habiéndose parado delante de Dolores, le dijo señalando un racimo de peso verdaderamente extraordinario que no estaba cortado todavía: -Este me lo pones encima de los demás; quiero servírselo en la mesa al señor Obispo que vendrá a hacer su visita pastoral. Su Ilustrísima es de este pueblo y cuando estaba entre nosotros, antes de entrar en el Seminario, tenía pasión por las uvas. Si no come estas, se le regalarán con otras cosas que ha de ofrecerle el pueblo. Conque mucho cuidado con ese racimo, que no se aplaste, que no se estropee; tengo puesto mi orgullo en él. Dicho esto se alejó. Dolores terminó su tarea colocando las hermosas uvas elegidas por Andrés para obsequiar al Obispo sobre todas las demás. En aquel momento apareció el hijo de Cifuentes. Iba con su traje de los días de fiesta; llevaba sombrero nuevo y guantes. -¿Adónde vas tan majo? Le preguntó la niña. -Voy, respondió él, a esperar en el lugar vecino al señor Obispo en representación de mi padre, con el cura y el alcalde de aquí. Vamos en una hermosa carretela que hemos alquilado. He querido antes despedirme de ti y comer algunas uvas. -Gracias por lo primero. En cuanto a lo segundo puedes coger lo que quieras, no siendo este racimo que está encima y es el mejor. -¡Vaya una vendimiadora, exclamó el muchacho, mirando en derredor suyo, que se ha dejado ahí unas uvas que son una delicia! No has registrado todas las cepas. Dolores vio que en efecto había tenido ese descuido y se dispuso a remediarlo buscando si aún quedaban más uvas. Entre tanto Antonio, el hijo de Cifuentes, se había acercado a la banasta y cogido el racimo que estaba encima para examinarlo. -¡Vaya unas uvas! Dijo, ¡qué ricas deben de estar! ¿Quién ha de apreciarlas mejor que yo ni a quién se las daría con más gusto mi padre? No tiene en el mundo más que a mí. ¡Vaya si me atrevo yo con un racimo como éste y aunque fuera mayor, que no lo hay! Y empezó a comer las uvas y se dio tanta prisa que cuando volvió Dolores ya no le quedaban más de una docena. -Toma, toma, dijo poniéndoselas en la mano a la niña, pruébalas y verás si son cosa buena. Estoy seguro de que no te has comido ni una y eso es una tontería habiendo tantas. Dolores, sin sospechar que aquellas uvas fueran del racimo destinado al Obispo, se las comió encontrándolas deliciosas. Luego se despidió Antonio de ella y cuando estuvo sola fue cuando advirtió la falta del racimo que le había recomendado su amo. Las banastas fueron colocadas en una gran habitación. Dolores temblaba al pensar que Cifuentes la reñiría, la despediría para siempre, cuando pidiese las uvas que no le podría presentar. Ella no se atrevía a acusar a Antonio a quien quería mucho y que no había obrado por mala intención ni sospechado que aquello pudiera traer perjuicio a nadie. Llegó la hora de arreglar la mesa para que se sentara a ella el Obispo. Había sobre el mantel, flores, dulces, pasteles, no faltaba más que la fruta. Andrés pidió a la niña el racimo de uvas. -Lo pondremos solo en un frutero para que luzca mejor, dijo el amo. Dolores no se movía; con la vista fija en el suelo esperaba el castigo que no tardaría en llegar. -¿No me has oído, muchacha? Preguntó Cifuentes con alguna impaciencia. -Señor, balbuceó la niña, es que el racimo... -¿Qué ha pasado? -No lo sé, pero no está aquí ya. -¿Te lo has comido? -No, señor. -¿Jurarías que no lo has probado? No, Dolores no podía jurar eso, porque harto sospechaba que las uvas que le había dado Antonio eran del gran racimo. Bajó la cabeza y no contestó. -Quítate de mi vista, gritó Cifuentes, y que no te vuelva ya a encontrar por aquí. Has sido mala, desobediente, porque yo te había dicho que no tocases a esas uvas, ladrona, porque no eran tuyas... Discúlpate, discúlpate al menos... La niña no contestó; lloraba silenciosamente limpiando sus lágrimas que quería ocultar a su amo. -¡Ya viene Su Ilustrísima! Dijo un criado de Andrés. Este echó a correr para ver llegar al Obispo. Todas las vendimiadoras le siguieron, sólo Dolores se quedó en aquel mismo sitio sin atreverse a dar un paso. El recibimiento hecho al prelado fue brillantísimo y él entró en su pueblo natal lleno de emoción y de dulce alegría. Allí habían vivido sus padres, allí había pasado los risueños años de su infancia, de aquel poético rincón había partido para seguir los estudios a que le llevaron su decidida vocación. Encontraba muchos antiguos camaradas, echaba bendiciones a todos y la multitud se apresuraba a besarle el anillo y a darle la bienvenida. Entró en la iglesia bajo palio, permaneció en ella un gran rato y luego fue a casa de Cifuentes donde le habían preparado su alojamiento por ser el que reunía mejores condiciones. Al sentarse a la mesa notó Andrés que faltaban las uvas en los fruteros. -Tenía para Su Ilustrísima, dijo al prelado, un racimo como no había otro igual... -No te importe si ya no lo tienes, le interrumpió el Obispo, las uvas no me gustan. ¡Como he comido tantas aquí de pequeño! Mañana me darás melón, he visto al pasar un melonar soberbio y me ha dicho tu hijo que es tuyo. A Cifuentes se le quitó un peso enorme de encima al ver que a Su Ilustrísima no le gustaban ya las uvas. ¡Ni siquiera se hubiese fijado en su racimo! De todos modos lo hecho por Dolores merecía un ejemplar castigo y él se lo tenía que dar. Todas las vendimiadoras fueron obsequiadas al día siguiente, que era el 7 de Octubre en el que se celebraba aquel año la Virgen del Rosario, con un almuerzo, excepto la pobre niña. Antonio notó su falta y preguntó por ella a su padre. Andrés contó a su hijo lo que había pasado. -Si es por eso por lo que no está aquí, replicó el muchacho, puedes decirle que venga a ocupar mi puesto porque el culpable soy yo. Me encargó que no tocara a ese racimo y mientras ella terminaba la vendimia, me lo comí. ¡Era tan hermoso! Dolores notaría que las uvas aquellas habían desaparecido, pero no te habrá dicho nada porque no me querría acusar. Le di una docena de granos, pero no era fácil que sospechara entonces que eran de ese racimo. Puede que con el tiempo me pase a mí lo que al señor Obispo, que no me gusten las uvas, pero ese día no ha llegado aún. Conque ¿voy a buscar a Dolores? -Haz lo que quieras, respondió Cifuentes. El niño echó a correr y diez minutos después volvía con la muchacha a la que el amo recibió con afecto haciendo que ocupara en la mesa un lugar preferente, al lado de Antonio. La pobre niña, enterada por éste de lo ocurrido, no cabía en sí de gozo. El amo le había hecho justicia y la dejaría trabajar en sus viñas siempre que se presentara ocasión. Para colmo de bienes sucedió que el señor Obispo preguntó si le quedaba algún pariente en el pueblo y entonces se averiguó que vivían en él una prima y una sobrina suya, que eran Dolores y la mujer que la había amparado. Su Ilustrísima, después de hablar mucho con ellas y convencido de que eran dignas de ser protegidas por él, les señaló una pensión de su bolsillo particular con la cual pudieron vivir bien aunque sin dejar de trabajar por eso. También dio el Obispo limosnas para los pobres de la localidad, así es que el día en que partió de allí para seguir la visita pastoral, el pueblo en masa salió a despedirle vitoreándole, mientras él les echaba bendiciones alejándose conmovido y satisfecho del lugar donde nació. 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Y en la espaciosa morada donde ya reinaba el bienestar, reinó también la alegría, la dulce paz del hogar dichoso, la felicidad de las familias que Dios bendice. {{capítulos|[[Las Estaciones: El otoño|El otoño]]|[[Octubre: El racimo de uvas|Octubre]]|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] goep4zqrlpcwrmdq25f72qp9qmtxky5 Las Estaciones/Noviembre: La siempreviva 0 22754 1665505 1192668 2026-06-21T00:52:20Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Noviembre: La siempreviva]] a [[Las Estaciones/Noviembre: La siempreviva]]: Robot: página trasladada 1192668 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño <br> Noviembre - La siempreviva |autor=Julia de Asensi |sección= }} El escudo de armas del duque del Roble, uno de los señores más ilustres y más ricos de una provincia del mediodía de España que no hay para qué nombrar, se ve todavía a la puerta y en los muros de su castillo que ya por ruinoso no se habita y que su actual poseedor no ha querido reedificar. Presenta en sus cuarteles, en el primero sobre campo de gules, una verde rama, en el segundo, de color rojo también, una torre, en el tercero, sobre campo azul, una espada, en el último, azul igualmente, una siempreviva. La rama es de roble, emblema del título, el torreón en recuerdo a una fortaleza tomada al enemigo, la espada es igual a la que usara el primer duque al que agració un rey con ese título, la flor significa que, según una tradición, aquella familia no se extinguiría nunca. Varón o hembra, no habían de faltar jamás herederos a la noble casa. Remata el escudo un casco con la cimera vestida de plumas de diversos colores. Hace tiempo, mucho tiempo, la familia se componía del duque, su mujer, una hija y un primo de aquél que iba en breve a contraer matrimonio. Era el último pobre y vivía a expensas de su ilustre pariente; la novia era rica, de clase menos noble, de carácter altivo a pesar de eso, y muy ambiciosa. Quería que la falta de dinero de su futuro esposo se supliera con honores y dignidades, y de esto resultó que el primo del duque deseara apoderarse de la fortuna del señor del Roble, aunque éste le había ofrecido su apoyo del que no carecería jamás. La duquesa hacía una vida muy retirada, consagrándose por completo al cuidado de su hija, una hermosa niña de seis años. Su esposo, dedicado casi en absoluto al servicio de su rey abandonaba su castillo con mucha frecuencia para ir a la guerra o para cumplir alguna delicada misión que le confiaba el monarca. Estas ausencias las aprovechaba su primo, que se llamaba Teófilo, para conspirar contra los dueños de aquella fortaleza que, atacada por fuera, hubiese sido inexpugnable, pero que teniendo al enemigo dentro forzosamente había de rendirse en breve plazo, y así sucedió. Teófilo llevó a sus partidarios, que eran muchos, al interior del castillo, fingiendo darles un banquete y los fieles servidores, atacados a traición, fueron vencidos. Dos leales escuderos lograron, dando pruebas invencibles de valor, sacar de aquellos muros a su señora y a la niña, mientras un puñado de bravos protegía su retirada. Ya a alguna distancia se separaron los dos grupos llevándose uno de los servidores a la duquesa y el otro a su hija, no sin citarse antes en el palacio del padre de la dama donde habían de reunirse. Ella y su salvador llegaron sin ser perseguidos, pero el viejo Nuño, que llevaba en sus brazos a la tierna criatura, no alcanzó igual suerte. A la niña, a la encantadora Cristina, era a la que más perseguía el primo de su padre que esperaba para su descendencia el título y los bienes del ducado de Roble. Nuño corría sin descanso por lo más espeso de la selva burlando la vigilancia de sus enemigos, pero no tardó en sentirse cansado y sin fuerzas para seguir su camino. Había llegado a un pueblo; a su derecha se veía un muro de regular altura, a su izquierda algunas miserables casas. Aún algo lejos se oía el galope de varios caballos. El escudero saltó la tapia sin dejar su preciosa carga y se encontró en un jardín con altos árboles. Depositó a la niña al pie de uno y luego cayó sin sentido. Cristina, asustada, no se atrevió al pronto a hacer ningún movimiento; se había dado exacta cuenta del peligro que corría. Oyó pasar a sus perseguidores que seguramente creían que habían continuado ella y Nuño el camino sin detenerse, luego se aproximó al servidor y advirtió que estaba herido; sin duda le había alcanzado un dardo al salir del castillo y el pobre escudero había perdido ya mucha sangre cuando quedó desvanecido. Aquel jardín debía de tener dueños; éstos no serían tan malvados que se negaran a socorrer a un pobre herido. Así pensó la niña, que era valiente como su padre, y a pesar de la obscuridad que reinaba, echó a andar por el jardín en busca de la casa. Era por demás extraño cuanto la rodeaba. Los árboles altos, tristes, proyectaban una melancólica sombra; de vez en cuando veía anchas losas, algunas rodeadas de verjas, luego unas galerías no muy elevadas sin puertas y con lo que ella suponía ventanas cerradas herméticamente; por último divisó entre piedras y hierbas muchas lucecillas que flotaban cerca del suelo o corrían por el aire, luces pálidas y misteriosas que infundían el pavor de lo sobrenatural y lo desconocido. Allí se detuvo Cristina sin atreverse a seguir adelante. De pronto divisó un hombre con una linterna en la mano. La niña lanzó un grito de espanto y el rondador nocturno se dirigió resueltamente hacia ella. Era un anciano venerable, de fisonomía triste y simpática. -¿Qué haces aquí sola y a estas horas? Preguntó. Ella le refirió en breves palabras lo ocurrido. El viejo la tomó de la mano y la llevó por una calle menos tétrica a una casita que se elevaba al lado de una verja. Abrió la puerta con una llave que sacó del bolsillo, entró en una habitación pequeña, pobremente amueblada, encendió un candil, echó a la niña en un modesto diván y le dijo: -Voy en busca del herido y vendré enseguida. Rendida por tantas y tan diversas emociones, Cristina se durmió. No se despertó hasta pasadas algunas horas y se encontró acostada en una humilde cama, bien abrigada con ropas toscas, pero limpias. A su lado estaba una mujer pobremente vestida, bastante joven y de fisonomía dulce y hermosa. -¿Y Nuño? Preguntó la hija del duque acordándose al punto de las escenas de la víspera. -El pobre viejo que venía contigo, contestó la mujer, ha sido llevado por mi padre y mi marido a una casa donde estará mejor asistido que aquí, a un hospital. En cuanto a ti te quedarás conmigo como si fueses una de mis hijas hasta que sepamos dónde están tus padres y no puedas caer en manos de tus enemigos. A cualquiera que te pregunte, le dirás que te llamas Marta y que eres la menor de mis niñas; ésta se halla en la actualidad con una hermana mía en otro pueblo. Te vestiré con ropas de ella y espero que así te salvaré. La noticia de la toma del castillo ha llegado ya hasta aquí y es seguro que no tardará tu padre en saber la traición de suprimo. Aquella mujer estaba casada con el enterrador del pueblo, pues el jardín donde Nuño había dejado a Cristina era un cementerio. Vivía con su marido, sus hijas y su padre, aquel anciano que al hacer su ronda nocturna había encontrado a la niña asustada al ver los fuegos fatuos en uno de los últimos patios del Camposanto. Pronto Cristina hizo amistad con Marcela, la hija mayor del sepulturero, que tendría ocho años y era una criatura buena y cariñosa. Venciendo su temor, la hija de los duques jugó con su compañera en aquel triste jardín lleno de sauces y cipreses, pero en el que crecían, rodeando ricos mausoleos, las plantas más hermosas, y alegraban con sus trinos las aves que se posan con igual tranquilidad en los árboles elegidos para dar sombra a las tumbas que en los risueños jardines. Y así pasó algún tiempo y llegó el día de difuntos. Como el cementerio aquel no pertenecía sólo al pueblo donde se hallaba enclavado sino que en él estaban enterrados muchos señores de cercanos castillos, la concurrencia a la mansión de los muertos había sido numerosa el día primero de aquel mes y casi no lo fue menos al día siguiente. En este pudieron ver Cristina y Marcela un soberbio entierro y curiosas, como niñas, quisieron averiguar dónde irían a enterrar a aquel muerto. En medio de un gran patio se elevaba un panteón más rico que los demás, y la hija del duque vio sobre blanca piedra un escudo con cuatro cuarteles en campos rojos y azules y en ellos una rama de roble, un torreón, una espada y una siempreviva. ¡Las armas de su casa! Su corazón latió con violencia, ¿y a quién llevaban allí? ¿Sería a su padre? ¿Sería a su madre? No tardó en enterarse. El muerto era Teófilo, el usurpador de los bienes del duque. Había disfrutado poco de su crimen, muriendo en una reyerta con un antiguo servidor de su primo, con Nuño. La viuda había ordenado que le enterrasen en el panteón de la familia. Porque es de advertir que apenas se hubo apoderado de la fortuna del duque, había Teófilo contraído matrimonio con la ambiciosa mujer que había elegido para compañera de su vida, de la que no había tenido ningún hijo. El cortejo fúnebre se alejó dejando los restos mortales del usurpador en el panteón donde yacían sus antepasados. Cristina y Marcela volvieron a su casa. Cenaron y la segunda se acostó. En cuanto a la primera rogó al anciano que la llevase con él cuando hiciera su ronda nocturna. Algo la impulsaba a volver a ver antes de dormirse el panteón donde descansaban los cuerpos de los difuntos duques. Aunque la noche no era fría, temiendo que la niña se pusiera enferma al salir a deshora o que tuviese miedo al andar por el cementerio, la mujer del enterrador accedió de mala gana a aquel capricho. Abrigó bien a Cristina, recomendó a su padre que le llevase pronto a la niña y esperó levantada su regreso. El viejo se dirigió desde luego al patio donde se elevaba el panteón de los duques del Roble. Al llegar allí Cristina se sobrecogió, y, presa de un fuerte sueño, un espectáculo extraño se presentó a su excitada imaginación. La puerta de hierro estaba abierta. Muchos esqueletos habían abandonado sus sepulturas y salían llevando el ataúd donde habían conducido por la tarde los restos de Teófilo. Se dirigieron en procesión a uno de los sitios más apartados del cementerio, allí donde se veían las luces pálidas de los fuegos fatuos, y en una fosa abierta arrojaron el cadáver que cubrieron de tierra después. No, no, decían, este cuerpo no puede estar en nuestro panteón. Nosotros hemos sido bravos guerreros, sabios ilustres, hombres sin tacha; un ladrón, un asesino, no debe descansar allá. Volvieron hacia sus sepulcros. Delante de ellos se veían flotar las luces de los fuegos fatuos que parecían alumbrar el camino por el que pasaban los esqueletos. La campana de la iglesia lanzó sus fúnebres tañidos impulsada por una mano invisible al cerrarse silenciosamente las puertas del panteón. El anciano cogió a Cristina, que aún no había recobrado el conocimiento, en sus brazos aún fuertes a pesar de su avanzada edad. Al volver el duque se enteró de la usurpación de su primo, al que Nuño al salir del hospital completamente curado acababa de matar, y de la desaparición de su esposa y de su hija. Fácil le fue encontrar a la primera refugiada en el palacio de sus padres, llorando su soledad y su desventura; pero el fiel escudero no recordaba en qué sitio había dejado a la niña. Pronto logró el señor del Roble arrojar de sus dominios a la viuda de Teófilo, y una vez que hubo llevado al castillo a la duquesa, se dedicó a buscar a Cristina. Se dirigió una tarde al cementerio a orar ante la tumba de sus antepasados. Allí le sorprendió una cosa: el escudo de armas estaba casi borrado por las inclemencias del tiempo y de la lluvia; sólo se conservaba intacto el cuartel donde lucía sobre campo azul la siempreviva. -Mi hija parecerá, se dijo con convicción. Dos niñas modestamente vestidas jugaban cerca de él. La una le era desconocida, la otra... ¡oh! La otra hubiese jurado que era la suya, tal como debiera ser entonces. -¡Cristina! Llamó. -¡Padre! Exclamó ella. Se arrojó en sus brazos y el bravo guerrero lloró sobre aquella cabecita adorada. Profundamente reconocido a la familia del enterrador que tanto había hecho por su hija, el duque se la llevó consigo y dio a los dos hombres buenos empleos en su casa. Las niñas Marcela y Marta, que se unió de nuevo a sus padres, fueron las inseparables compañeras de Cristina en sus estudios y en sus juegos. La duquesa recobró la salud y la tranquilidad, pero aquel castillo que le recordaba horas amargas, hubo de ser abandonado por otro mejor que el rey regaló al duque en premio de su valor y su lealtad. Y la tradición se cumplió, porque la familia de los duques del Roble no se ha extinguido todavía, como prometía la siempreviva de su escudo de armas. {{capítulos|[[Octubre: El racimo de uvas|Octubre]]|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]|[[Diciembre: Los dos nacimientos|Diciembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] q9voez46wl7xxan9ogtt0ik7uhb3pby 1665522 1665505 2026-06-21T00:54:03Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665522 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño |sección=Noviembre - La siempreviva |autor=Julia de Asensi |sección= }} El escudo de armas del duque del Roble, uno de los señores más ilustres y más ricos de una provincia del mediodía de España que no hay para qué nombrar, se ve todavía a la puerta y en los muros de su castillo que ya por ruinoso no se habita y que su actual poseedor no ha querido reedificar. Presenta en sus cuarteles, en el primero sobre campo de gules, una verde rama, en el segundo, de color rojo también, una torre, en el tercero, sobre campo azul, una espada, en el último, azul igualmente, una siempreviva. La rama es de roble, emblema del título, el torreón en recuerdo a una fortaleza tomada al enemigo, la espada es igual a la que usara el primer duque al que agració un rey con ese título, la flor significa que, según una tradición, aquella familia no se extinguiría nunca. Varón o hembra, no habían de faltar jamás herederos a la noble casa. Remata el escudo un casco con la cimera vestida de plumas de diversos colores. Hace tiempo, mucho tiempo, la familia se componía del duque, su mujer, una hija y un primo de aquél que iba en breve a contraer matrimonio. Era el último pobre y vivía a expensas de su ilustre pariente; la novia era rica, de clase menos noble, de carácter altivo a pesar de eso, y muy ambiciosa. Quería que la falta de dinero de su futuro esposo se supliera con honores y dignidades, y de esto resultó que el primo del duque deseara apoderarse de la fortuna del señor del Roble, aunque éste le había ofrecido su apoyo del que no carecería jamás. La duquesa hacía una vida muy retirada, consagrándose por completo al cuidado de su hija, una hermosa niña de seis años. Su esposo, dedicado casi en absoluto al servicio de su rey abandonaba su castillo con mucha frecuencia para ir a la guerra o para cumplir alguna delicada misión que le confiaba el monarca. Estas ausencias las aprovechaba su primo, que se llamaba Teófilo, para conspirar contra los dueños de aquella fortaleza que, atacada por fuera, hubiese sido inexpugnable, pero que teniendo al enemigo dentro forzosamente había de rendirse en breve plazo, y así sucedió. Teófilo llevó a sus partidarios, que eran muchos, al interior del castillo, fingiendo darles un banquete y los fieles servidores, atacados a traición, fueron vencidos. Dos leales escuderos lograron, dando pruebas invencibles de valor, sacar de aquellos muros a su señora y a la niña, mientras un puñado de bravos protegía su retirada. Ya a alguna distancia se separaron los dos grupos llevándose uno de los servidores a la duquesa y el otro a su hija, no sin citarse antes en el palacio del padre de la dama donde habían de reunirse. Ella y su salvador llegaron sin ser perseguidos, pero el viejo Nuño, que llevaba en sus brazos a la tierna criatura, no alcanzó igual suerte. A la niña, a la encantadora Cristina, era a la que más perseguía el primo de su padre que esperaba para su descendencia el título y los bienes del ducado de Roble. Nuño corría sin descanso por lo más espeso de la selva burlando la vigilancia de sus enemigos, pero no tardó en sentirse cansado y sin fuerzas para seguir su camino. Había llegado a un pueblo; a su derecha se veía un muro de regular altura, a su izquierda algunas miserables casas. Aún algo lejos se oía el galope de varios caballos. El escudero saltó la tapia sin dejar su preciosa carga y se encontró en un jardín con altos árboles. Depositó a la niña al pie de uno y luego cayó sin sentido. Cristina, asustada, no se atrevió al pronto a hacer ningún movimiento; se había dado exacta cuenta del peligro que corría. Oyó pasar a sus perseguidores que seguramente creían que habían continuado ella y Nuño el camino sin detenerse, luego se aproximó al servidor y advirtió que estaba herido; sin duda le había alcanzado un dardo al salir del castillo y el pobre escudero había perdido ya mucha sangre cuando quedó desvanecido. Aquel jardín debía de tener dueños; éstos no serían tan malvados que se negaran a socorrer a un pobre herido. Así pensó la niña, que era valiente como su padre, y a pesar de la obscuridad que reinaba, echó a andar por el jardín en busca de la casa. Era por demás extraño cuanto la rodeaba. Los árboles altos, tristes, proyectaban una melancólica sombra; de vez en cuando veía anchas losas, algunas rodeadas de verjas, luego unas galerías no muy elevadas sin puertas y con lo que ella suponía ventanas cerradas herméticamente; por último divisó entre piedras y hierbas muchas lucecillas que flotaban cerca del suelo o corrían por el aire, luces pálidas y misteriosas que infundían el pavor de lo sobrenatural y lo desconocido. Allí se detuvo Cristina sin atreverse a seguir adelante. De pronto divisó un hombre con una linterna en la mano. La niña lanzó un grito de espanto y el rondador nocturno se dirigió resueltamente hacia ella. Era un anciano venerable, de fisonomía triste y simpática. -¿Qué haces aquí sola y a estas horas? Preguntó. Ella le refirió en breves palabras lo ocurrido. El viejo la tomó de la mano y la llevó por una calle menos tétrica a una casita que se elevaba al lado de una verja. Abrió la puerta con una llave que sacó del bolsillo, entró en una habitación pequeña, pobremente amueblada, encendió un candil, echó a la niña en un modesto diván y le dijo: -Voy en busca del herido y vendré enseguida. Rendida por tantas y tan diversas emociones, Cristina se durmió. No se despertó hasta pasadas algunas horas y se encontró acostada en una humilde cama, bien abrigada con ropas toscas, pero limpias. A su lado estaba una mujer pobremente vestida, bastante joven y de fisonomía dulce y hermosa. -¿Y Nuño? Preguntó la hija del duque acordándose al punto de las escenas de la víspera. -El pobre viejo que venía contigo, contestó la mujer, ha sido llevado por mi padre y mi marido a una casa donde estará mejor asistido que aquí, a un hospital. En cuanto a ti te quedarás conmigo como si fueses una de mis hijas hasta que sepamos dónde están tus padres y no puedas caer en manos de tus enemigos. A cualquiera que te pregunte, le dirás que te llamas Marta y que eres la menor de mis niñas; ésta se halla en la actualidad con una hermana mía en otro pueblo. Te vestiré con ropas de ella y espero que así te salvaré. La noticia de la toma del castillo ha llegado ya hasta aquí y es seguro que no tardará tu padre en saber la traición de suprimo. Aquella mujer estaba casada con el enterrador del pueblo, pues el jardín donde Nuño había dejado a Cristina era un cementerio. Vivía con su marido, sus hijas y su padre, aquel anciano que al hacer su ronda nocturna había encontrado a la niña asustada al ver los fuegos fatuos en uno de los últimos patios del Camposanto. Pronto Cristina hizo amistad con Marcela, la hija mayor del sepulturero, que tendría ocho años y era una criatura buena y cariñosa. Venciendo su temor, la hija de los duques jugó con su compañera en aquel triste jardín lleno de sauces y cipreses, pero en el que crecían, rodeando ricos mausoleos, las plantas más hermosas, y alegraban con sus trinos las aves que se posan con igual tranquilidad en los árboles elegidos para dar sombra a las tumbas que en los risueños jardines. Y así pasó algún tiempo y llegó el día de difuntos. Como el cementerio aquel no pertenecía sólo al pueblo donde se hallaba enclavado sino que en él estaban enterrados muchos señores de cercanos castillos, la concurrencia a la mansión de los muertos había sido numerosa el día primero de aquel mes y casi no lo fue menos al día siguiente. En este pudieron ver Cristina y Marcela un soberbio entierro y curiosas, como niñas, quisieron averiguar dónde irían a enterrar a aquel muerto. En medio de un gran patio se elevaba un panteón más rico que los demás, y la hija del duque vio sobre blanca piedra un escudo con cuatro cuarteles en campos rojos y azules y en ellos una rama de roble, un torreón, una espada y una siempreviva. ¡Las armas de su casa! Su corazón latió con violencia, ¿y a quién llevaban allí? ¿Sería a su padre? ¿Sería a su madre? No tardó en enterarse. El muerto era Teófilo, el usurpador de los bienes del duque. Había disfrutado poco de su crimen, muriendo en una reyerta con un antiguo servidor de su primo, con Nuño. La viuda había ordenado que le enterrasen en el panteón de la familia. Porque es de advertir que apenas se hubo apoderado de la fortuna del duque, había Teófilo contraído matrimonio con la ambiciosa mujer que había elegido para compañera de su vida, de la que no había tenido ningún hijo. El cortejo fúnebre se alejó dejando los restos mortales del usurpador en el panteón donde yacían sus antepasados. Cristina y Marcela volvieron a su casa. Cenaron y la segunda se acostó. En cuanto a la primera rogó al anciano que la llevase con él cuando hiciera su ronda nocturna. Algo la impulsaba a volver a ver antes de dormirse el panteón donde descansaban los cuerpos de los difuntos duques. Aunque la noche no era fría, temiendo que la niña se pusiera enferma al salir a deshora o que tuviese miedo al andar por el cementerio, la mujer del enterrador accedió de mala gana a aquel capricho. Abrigó bien a Cristina, recomendó a su padre que le llevase pronto a la niña y esperó levantada su regreso. El viejo se dirigió desde luego al patio donde se elevaba el panteón de los duques del Roble. Al llegar allí Cristina se sobrecogió, y, presa de un fuerte sueño, un espectáculo extraño se presentó a su excitada imaginación. La puerta de hierro estaba abierta. Muchos esqueletos habían abandonado sus sepulturas y salían llevando el ataúd donde habían conducido por la tarde los restos de Teófilo. Se dirigieron en procesión a uno de los sitios más apartados del cementerio, allí donde se veían las luces pálidas de los fuegos fatuos, y en una fosa abierta arrojaron el cadáver que cubrieron de tierra después. No, no, decían, este cuerpo no puede estar en nuestro panteón. Nosotros hemos sido bravos guerreros, sabios ilustres, hombres sin tacha; un ladrón, un asesino, no debe descansar allá. Volvieron hacia sus sepulcros. Delante de ellos se veían flotar las luces de los fuegos fatuos que parecían alumbrar el camino por el que pasaban los esqueletos. La campana de la iglesia lanzó sus fúnebres tañidos impulsada por una mano invisible al cerrarse silenciosamente las puertas del panteón. El anciano cogió a Cristina, que aún no había recobrado el conocimiento, en sus brazos aún fuertes a pesar de su avanzada edad. Al volver el duque se enteró de la usurpación de su primo, al que Nuño al salir del hospital completamente curado acababa de matar, y de la desaparición de su esposa y de su hija. Fácil le fue encontrar a la primera refugiada en el palacio de sus padres, llorando su soledad y su desventura; pero el fiel escudero no recordaba en qué sitio había dejado a la niña. Pronto logró el señor del Roble arrojar de sus dominios a la viuda de Teófilo, y una vez que hubo llevado al castillo a la duquesa, se dedicó a buscar a Cristina. Se dirigió una tarde al cementerio a orar ante la tumba de sus antepasados. Allí le sorprendió una cosa: el escudo de armas estaba casi borrado por las inclemencias del tiempo y de la lluvia; sólo se conservaba intacto el cuartel donde lucía sobre campo azul la siempreviva. -Mi hija parecerá, se dijo con convicción. Dos niñas modestamente vestidas jugaban cerca de él. La una le era desconocida, la otra... ¡oh! La otra hubiese jurado que era la suya, tal como debiera ser entonces. -¡Cristina! Llamó. -¡Padre! Exclamó ella. Se arrojó en sus brazos y el bravo guerrero lloró sobre aquella cabecita adorada. Profundamente reconocido a la familia del enterrador que tanto había hecho por su hija, el duque se la llevó consigo y dio a los dos hombres buenos empleos en su casa. Las niñas Marcela y Marta, que se unió de nuevo a sus padres, fueron las inseparables compañeras de Cristina en sus estudios y en sus juegos. La duquesa recobró la salud y la tranquilidad, pero aquel castillo que le recordaba horas amargas, hubo de ser abandonado por otro mejor que el rey regaló al duque en premio de su valor y su lealtad. 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Presenta en sus cuarteles, en el primero sobre campo de gules, una verde rama, en el segundo, de color rojo también, una torre, en el tercero, sobre campo azul, una espada, en el último, azul igualmente, una siempreviva. La rama es de roble, emblema del título, el torreón en recuerdo a una fortaleza tomada al enemigo, la espada es igual a la que usara el primer duque al que agració un rey con ese título, la flor significa que, según una tradición, aquella familia no se extinguiría nunca. Varón o hembra, no habían de faltar jamás herederos a la noble casa. Remata el escudo un casco con la cimera vestida de plumas de diversos colores. Hace tiempo, mucho tiempo, la familia se componía del duque, su mujer, una hija y un primo de aquél que iba en breve a contraer matrimonio. Era el último pobre y vivía a expensas de su ilustre pariente; la novia era rica, de clase menos noble, de carácter altivo a pesar de eso, y muy ambiciosa. Quería que la falta de dinero de su futuro esposo se supliera con honores y dignidades, y de esto resultó que el primo del duque deseara apoderarse de la fortuna del señor del Roble, aunque éste le había ofrecido su apoyo del que no carecería jamás. La duquesa hacía una vida muy retirada, consagrándose por completo al cuidado de su hija, una hermosa niña de seis años. Su esposo, dedicado casi en absoluto al servicio de su rey abandonaba su castillo con mucha frecuencia para ir a la guerra o para cumplir alguna delicada misión que le confiaba el monarca. Estas ausencias las aprovechaba su primo, que se llamaba Teófilo, para conspirar contra los dueños de aquella fortaleza que, atacada por fuera, hubiese sido inexpugnable, pero que teniendo al enemigo dentro forzosamente había de rendirse en breve plazo, y así sucedió. Teófilo llevó a sus partidarios, que eran muchos, al interior del castillo, fingiendo darles un banquete y los fieles servidores, atacados a traición, fueron vencidos. Dos leales escuderos lograron, dando pruebas invencibles de valor, sacar de aquellos muros a su señora y a la niña, mientras un puñado de bravos protegía su retirada. Ya a alguna distancia se separaron los dos grupos llevándose uno de los servidores a la duquesa y el otro a su hija, no sin citarse antes en el palacio del padre de la dama donde habían de reunirse. Ella y su salvador llegaron sin ser perseguidos, pero el viejo Nuño, que llevaba en sus brazos a la tierna criatura, no alcanzó igual suerte. A la niña, a la encantadora Cristina, era a la que más perseguía el primo de su padre que esperaba para su descendencia el título y los bienes del ducado de Roble. Nuño corría sin descanso por lo más espeso de la selva burlando la vigilancia de sus enemigos, pero no tardó en sentirse cansado y sin fuerzas para seguir su camino. Había llegado a un pueblo; a su derecha se veía un muro de regular altura, a su izquierda algunas miserables casas. Aún algo lejos se oía el galope de varios caballos. El escudero saltó la tapia sin dejar su preciosa carga y se encontró en un jardín con altos árboles. Depositó a la niña al pie de uno y luego cayó sin sentido. Cristina, asustada, no se atrevió al pronto a hacer ningún movimiento; se había dado exacta cuenta del peligro que corría. Oyó pasar a sus perseguidores que seguramente creían que habían continuado ella y Nuño el camino sin detenerse, luego se aproximó al servidor y advirtió que estaba herido; sin duda le había alcanzado un dardo al salir del castillo y el pobre escudero había perdido ya mucha sangre cuando quedó desvanecido. Aquel jardín debía de tener dueños; éstos no serían tan malvados que se negaran a socorrer a un pobre herido. Así pensó la niña, que era valiente como su padre, y a pesar de la obscuridad que reinaba, echó a andar por el jardín en busca de la casa. Era por demás extraño cuanto la rodeaba. Los árboles altos, tristes, proyectaban una melancólica sombra; de vez en cuando veía anchas losas, algunas rodeadas de verjas, luego unas galerías no muy elevadas sin puertas y con lo que ella suponía ventanas cerradas herméticamente; por último divisó entre piedras y hierbas muchas lucecillas que flotaban cerca del suelo o corrían por el aire, luces pálidas y misteriosas que infundían el pavor de lo sobrenatural y lo desconocido. Allí se detuvo Cristina sin atreverse a seguir adelante. De pronto divisó un hombre con una linterna en la mano. La niña lanzó un grito de espanto y el rondador nocturno se dirigió resueltamente hacia ella. Era un anciano venerable, de fisonomía triste y simpática. -¿Qué haces aquí sola y a estas horas? Preguntó. Ella le refirió en breves palabras lo ocurrido. El viejo la tomó de la mano y la llevó por una calle menos tétrica a una casita que se elevaba al lado de una verja. Abrió la puerta con una llave que sacó del bolsillo, entró en una habitación pequeña, pobremente amueblada, encendió un candil, echó a la niña en un modesto diván y le dijo: -Voy en busca del herido y vendré enseguida. Rendida por tantas y tan diversas emociones, Cristina se durmió. No se despertó hasta pasadas algunas horas y se encontró acostada en una humilde cama, bien abrigada con ropas toscas, pero limpias. A su lado estaba una mujer pobremente vestida, bastante joven y de fisonomía dulce y hermosa. -¿Y Nuño? Preguntó la hija del duque acordándose al punto de las escenas de la víspera. -El pobre viejo que venía contigo, contestó la mujer, ha sido llevado por mi padre y mi marido a una casa donde estará mejor asistido que aquí, a un hospital. En cuanto a ti te quedarás conmigo como si fueses una de mis hijas hasta que sepamos dónde están tus padres y no puedas caer en manos de tus enemigos. A cualquiera que te pregunte, le dirás que te llamas Marta y que eres la menor de mis niñas; ésta se halla en la actualidad con una hermana mía en otro pueblo. Te vestiré con ropas de ella y espero que así te salvaré. La noticia de la toma del castillo ha llegado ya hasta aquí y es seguro que no tardará tu padre en saber la traición de suprimo. Aquella mujer estaba casada con el enterrador del pueblo, pues el jardín donde Nuño había dejado a Cristina era un cementerio. Vivía con su marido, sus hijas y su padre, aquel anciano que al hacer su ronda nocturna había encontrado a la niña asustada al ver los fuegos fatuos en uno de los últimos patios del Camposanto. Pronto Cristina hizo amistad con Marcela, la hija mayor del sepulturero, que tendría ocho años y era una criatura buena y cariñosa. Venciendo su temor, la hija de los duques jugó con su compañera en aquel triste jardín lleno de sauces y cipreses, pero en el que crecían, rodeando ricos mausoleos, las plantas más hermosas, y alegraban con sus trinos las aves que se posan con igual tranquilidad en los árboles elegidos para dar sombra a las tumbas que en los risueños jardines. Y así pasó algún tiempo y llegó el día de difuntos. Como el cementerio aquel no pertenecía sólo al pueblo donde se hallaba enclavado sino que en él estaban enterrados muchos señores de cercanos castillos, la concurrencia a la mansión de los muertos había sido numerosa el día primero de aquel mes y casi no lo fue menos al día siguiente. En este pudieron ver Cristina y Marcela un soberbio entierro y curiosas, como niñas, quisieron averiguar dónde irían a enterrar a aquel muerto. En medio de un gran patio se elevaba un panteón más rico que los demás, y la hija del duque vio sobre blanca piedra un escudo con cuatro cuarteles en campos rojos y azules y en ellos una rama de roble, un torreón, una espada y una siempreviva. ¡Las armas de su casa! Su corazón latió con violencia, ¿y a quién llevaban allí? ¿Sería a su padre? ¿Sería a su madre? No tardó en enterarse. El muerto era Teófilo, el usurpador de los bienes del duque. Había disfrutado poco de su crimen, muriendo en una reyerta con un antiguo servidor de su primo, con Nuño. La viuda había ordenado que le enterrasen en el panteón de la familia. Porque es de advertir que apenas se hubo apoderado de la fortuna del duque, había Teófilo contraído matrimonio con la ambiciosa mujer que había elegido para compañera de su vida, de la que no había tenido ningún hijo. El cortejo fúnebre se alejó dejando los restos mortales del usurpador en el panteón donde yacían sus antepasados. Cristina y Marcela volvieron a su casa. Cenaron y la segunda se acostó. En cuanto a la primera rogó al anciano que la llevase con él cuando hiciera su ronda nocturna. Algo la impulsaba a volver a ver antes de dormirse el panteón donde descansaban los cuerpos de los difuntos duques. Aunque la noche no era fría, temiendo que la niña se pusiera enferma al salir a deshora o que tuviese miedo al andar por el cementerio, la mujer del enterrador accedió de mala gana a aquel capricho. Abrigó bien a Cristina, recomendó a su padre que le llevase pronto a la niña y esperó levantada su regreso. El viejo se dirigió desde luego al patio donde se elevaba el panteón de los duques del Roble. Al llegar allí Cristina se sobrecogió, y, presa de un fuerte sueño, un espectáculo extraño se presentó a su excitada imaginación. La puerta de hierro estaba abierta. Muchos esqueletos habían abandonado sus sepulturas y salían llevando el ataúd donde habían conducido por la tarde los restos de Teófilo. Se dirigieron en procesión a uno de los sitios más apartados del cementerio, allí donde se veían las luces pálidas de los fuegos fatuos, y en una fosa abierta arrojaron el cadáver que cubrieron de tierra después. No, no, decían, este cuerpo no puede estar en nuestro panteón. Nosotros hemos sido bravos guerreros, sabios ilustres, hombres sin tacha; un ladrón, un asesino, no debe descansar allá. Volvieron hacia sus sepulcros. Delante de ellos se veían flotar las luces de los fuegos fatuos que parecían alumbrar el camino por el que pasaban los esqueletos. La campana de la iglesia lanzó sus fúnebres tañidos impulsada por una mano invisible al cerrarse silenciosamente las puertas del panteón. El anciano cogió a Cristina, que aún no había recobrado el conocimiento, en sus brazos aún fuertes a pesar de su avanzada edad. Al volver el duque se enteró de la usurpación de su primo, al que Nuño al salir del hospital completamente curado acababa de matar, y de la desaparición de su esposa y de su hija. Fácil le fue encontrar a la primera refugiada en el palacio de sus padres, llorando su soledad y su desventura; pero el fiel escudero no recordaba en qué sitio había dejado a la niña. Pronto logró el señor del Roble arrojar de sus dominios a la viuda de Teófilo, y una vez que hubo llevado al castillo a la duquesa, se dedicó a buscar a Cristina. Se dirigió una tarde al cementerio a orar ante la tumba de sus antepasados. Allí le sorprendió una cosa: el escudo de armas estaba casi borrado por las inclemencias del tiempo y de la lluvia; sólo se conservaba intacto el cuartel donde lucía sobre campo azul la siempreviva. -Mi hija parecerá, se dijo con convicción. Dos niñas modestamente vestidas jugaban cerca de él. La una le era desconocida, la otra... ¡oh! La otra hubiese jurado que era la suya, tal como debiera ser entonces. -¡Cristina! Llamó. -¡Padre! Exclamó ella. Se arrojó en sus brazos y el bravo guerrero lloró sobre aquella cabecita adorada. Profundamente reconocido a la familia del enterrador que tanto había hecho por su hija, el duque se la llevó consigo y dio a los dos hombres buenos empleos en su casa. Las niñas Marcela y Marta, que se unió de nuevo a sus padres, fueron las inseparables compañeras de Cristina en sus estudios y en sus juegos. La duquesa recobró la salud y la tranquilidad, pero aquel castillo que le recordaba horas amargas, hubo de ser abandonado por otro mejor que el rey regaló al duque en premio de su valor y su lealtad. Y la tradición se cumplió, porque la familia de los duques del Roble no se ha extinguido todavía, como prometía la siempreviva de su escudo de armas. {{capítulos|[[Octubre: El racimo de uvas|Octubre]]|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]|[[Diciembre: Los dos nacimientos|Diciembre]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] nykn9mzj9zzvlmt78h9sdwptvsu1c8h Las Estaciones/Diciembre: Los dos nacimientos 0 22755 1665507 1527738 2026-06-21T00:52:22Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Diciembre: Los dos nacimientos]] a [[Las Estaciones/Diciembre: Los dos nacimientos]]: Robot: página trasladada 1527738 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño <br> Diciembre - Los dos nacimientos |autor=Julia de Asensi |sección= }} El príncipe Conrado era el heredero de un rey que figuró mucho en el pasado siglo. Bueno, inteligente y poco aficionado al fausto y a la adulación, el monarca había dado a su hijo dos preceptores de caracteres completamente opuestos. Era el uno un militar severo que si bien es verdad que trataba ceremoniosamente a su discípulo, usaba con él todos los rigores que a su juicio exigía su alto cargo; el otro, un hombre de ciencia, sencillo y tolerante que únicamente deseaba que el niño en quien inculcaba sus conocimientos viviese tranquilo y feliz. El príncipe amaba a sus dos preceptores, aprovechaba la rigidez del uno para ser esclavo de su deber y aprendía del otro a mirar a sus prójimos con cariño, a perdonar las leves faltas de la etiqueta mal comprendidas o exageradamente cumplidas por sus súbditos. El militar era realmente su maestro, el otro era más que nada su amigo, un amigo de mucha más edad, un consejero desinteresado y fiel. Conrado tenía por compañeros de estudios a algunos niños de la nobleza, ya diestros en el arte de adular, pero él no los quería ni los estimaba. Todo su afecto era para un hijo del portero de palacio, que tenía su misma edad, y cuyo trato franco y sincero le encantaba. El príncipe le regalaba juguetes, precisamente aquellos que le agradaban más, porque como continuamente le renovaban los suyos no tenía tiempo de apegarse a nada y sabía que en casa de su amiguito, que era muy arreglado y cuidadoso, encontraría siempre el muñeco predilecto, el peón que con tanto gusto había hecho bailar o la caja de soldados preferida. El hijo del portero se llamaba Adolfo. El militar habla prohibido a este niño que pasase a las habitaciones que el príncipe tenía en palacio, pareciéndole que trataba a su señor con excesiva familiaridad; pero protegido por el hombre de ciencia, no había podido impedir que Conrado fuese muy a menudo al cuarto del portero, donde la mujer de éste le agasajaba con dulces y tortas hechas por ella, que prefería a los postres que los reposteros de la real casa le preparaban. Allí estaba como en familia y se consideraba feliz. Llegado el 23 de Diciembre, el preceptor militar, que se llamaba don Fadrique, o al menos así le nombraremos nosotros, regaló a su discípulo un soberbio Nacimiento con grandes montañas, hermosas casas, preciosas figuras, todo en medio de una exuberante vegetación, ramaje cogido en los jardines del rey, que eran maravillosos. Cruzaba el Nacimiento un río y en él se veían dos vaporcitos que surcaban gallardamente las aguas. Por un túnel salía, de una de las montañas, un tren que iba a meterse en las entrañas de otro monte, apareciendo de nuevo por la ancha carretera. Y arriba, y como asombrados de ver aquello, caminaban en briosos corceles los reyes magos, seguidos de sus criados llevando los ricos presentes para el Niño Dios. Los pastores y los guerreros eran de un tamaño muy desigual, y don Fadrique, poco artista, había colocado en varios sitios una figura grande junto a una casa diminuta, y un perro que resultaba mayor que su amo, desconociendo por completo la perspectiva. Conrado se había fijado mucho en todo aquello sin manifestar ni el menor entusiasmo, y a solas con su maestro don Servando, el hombre de ciencia, le había preguntado: -¿Había vaporcitos cuando nació Dios? -No, hijo mío, le respondió el profesor, el vapor es cosa moderna. -¿Y ferrocarril? -Tampoco; eso se inventó también recientemente. -Pues bien, replicó el niño, yo quiero la verdad en todo, hasta en mis juegos. Que don Fadrique suprima eso, que ponga las figuras del Nacimiento que sean grandes en primer término y las pequeñas en las lejanías, que los pastores y los guerreros no lleven los trajes que se usan hoy, que haya verdad en todo, como en lo que me dice, como en lo que me enseña. Don Servando se quedó perplejo, adivinando que aquellos cambios no iban a ser del agrado de don Fadrique. El principito subió después a casa del portero, que tenía las habitaciones para su familia en el piso más alto del palacio destinado a la servidumbre. También a Adolfo le habían puesto sus padres Nacimiento, muy sencillo, pero con mucha propiedad. Altas montañas, palmeras y cedros, pobre caserío, figuras que podían entrar por las puertas sin andar a gatas, el humilde portal resplandeciente de luz y de colores para atraer las miradas más que las otras cosas, pastores con ofrendas, un río cristalino, una cascada que brotaba de obscuro peñasco... todo puesto con arte, con gracia exquisita. -¡Qué hermoso es esto! Exclamó Conrado. Este es un Nacimiento verdad; aquí vendré yo a celebrar la Nochebuena. Al día siguiente fueron convidados a ir a palacio los aristocráticos amigos del príncipe. Se iluminó el Nacimiento con luz eléctrica y los niños admiraron aquellos primores ideados por don Fadrique. Pero Conrado no parecía por ninguna parte, no asistía a la fiesta preparada exclusivamente para él. Sus padres no se preocupaban por ello; ya conocían las genialidades de su hijo y no debían de encontrarlas mal porque ni le amonestaban ni le corregían. -Será un gran rey, decía el soberano, tendrá voluntad propia. -Su corazón valdrá mucho, murmuraba la reina, y todo se puede esperar del que lo tiene noble y desinteresado. Entretanto el príncipe estaba en la sala del cuarto del portero gozando con toda su alma ante el bonito Nacimiento de Adolfo. Estaba éste con sus hermanos menores, niños y niñas, que cantaban, bailaban, tocaban tambores, panderetas y zambombas y hacían mil diabluras propias de sus años, que compartía familiarmente con ellos el hijo del rey. Cuando las velas del Nacimiento se apagaron, se repartieron allí dulces y vino, y al llegar la hora de separarse todos lo hicieron con pena, prometiéndose volver a reunirse a la mayor brevedad posible. Cuando el príncipe entró en el salón rojo donde estaban los aristocráticos amigos que le habían llevado para compartir con él la fiesta, en la que tanto se habían aburrido, don Fadrique le dirigió una severa mirada y don Servando se sonrió con bondad. -Mañana, le dijo el primero, estará castigado Vuestra Alteza sin paseo por esta escapatoria incomprensible. El Nacimiento no se encenderá más, no lucirán los primores que en él se han esparcido para solaz de Vuestra Alteza y admiración de sus convidados. Conrado no se encogió de hombros por no faltar al respeto a su preceptor; pero pensó con agrado en que, sin salir de palacio, podía ir con Adolfo y su familia a disfrutar de aquel Nacimiento que le encantaba, puesto por los modestos servidores en obsequio del príncipe y de sus niños. En cuanto a don Servando, murmuró contemplando al heredero del trono: -No le agrada más que la verdad, que busca con empeño por todas partes. Odiará siempre la adulación y la mentira. Será un gran rey, como dice su padre, pero ¡ay! Temo que por esto mismo sea también muy desgraciado. {{capítulos|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]|[[Diciembre: Los dos nacimientos|Diciembre]]|[[Las Estaciones/El Invierno|El Invierno]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] aju2qrjdlq08i1cpxaefgx0ndmjbgtl 1665530 1665507 2026-06-21T00:55:27Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665530 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño |sección=Diciembre - Los dos nacimientos |autor=Julia de Asensi |sección= }} El príncipe Conrado era el heredero de un rey que figuró mucho en el pasado siglo. Bueno, inteligente y poco aficionado al fausto y a la adulación, el monarca había dado a su hijo dos preceptores de caracteres completamente opuestos. Era el uno un militar severo que si bien es verdad que trataba ceremoniosamente a su discípulo, usaba con él todos los rigores que a su juicio exigía su alto cargo; el otro, un hombre de ciencia, sencillo y tolerante que únicamente deseaba que el niño en quien inculcaba sus conocimientos viviese tranquilo y feliz. El príncipe amaba a sus dos preceptores, aprovechaba la rigidez del uno para ser esclavo de su deber y aprendía del otro a mirar a sus prójimos con cariño, a perdonar las leves faltas de la etiqueta mal comprendidas o exageradamente cumplidas por sus súbditos. El militar era realmente su maestro, el otro era más que nada su amigo, un amigo de mucha más edad, un consejero desinteresado y fiel. Conrado tenía por compañeros de estudios a algunos niños de la nobleza, ya diestros en el arte de adular, pero él no los quería ni los estimaba. Todo su afecto era para un hijo del portero de palacio, que tenía su misma edad, y cuyo trato franco y sincero le encantaba. El príncipe le regalaba juguetes, precisamente aquellos que le agradaban más, porque como continuamente le renovaban los suyos no tenía tiempo de apegarse a nada y sabía que en casa de su amiguito, que era muy arreglado y cuidadoso, encontraría siempre el muñeco predilecto, el peón que con tanto gusto había hecho bailar o la caja de soldados preferida. El hijo del portero se llamaba Adolfo. El militar habla prohibido a este niño que pasase a las habitaciones que el príncipe tenía en palacio, pareciéndole que trataba a su señor con excesiva familiaridad; pero protegido por el hombre de ciencia, no había podido impedir que Conrado fuese muy a menudo al cuarto del portero, donde la mujer de éste le agasajaba con dulces y tortas hechas por ella, que prefería a los postres que los reposteros de la real casa le preparaban. Allí estaba como en familia y se consideraba feliz. Llegado el 23 de Diciembre, el preceptor militar, que se llamaba don Fadrique, o al menos así le nombraremos nosotros, regaló a su discípulo un soberbio Nacimiento con grandes montañas, hermosas casas, preciosas figuras, todo en medio de una exuberante vegetación, ramaje cogido en los jardines del rey, que eran maravillosos. Cruzaba el Nacimiento un río y en él se veían dos vaporcitos que surcaban gallardamente las aguas. Por un túnel salía, de una de las montañas, un tren que iba a meterse en las entrañas de otro monte, apareciendo de nuevo por la ancha carretera. Y arriba, y como asombrados de ver aquello, caminaban en briosos corceles los reyes magos, seguidos de sus criados llevando los ricos presentes para el Niño Dios. Los pastores y los guerreros eran de un tamaño muy desigual, y don Fadrique, poco artista, había colocado en varios sitios una figura grande junto a una casa diminuta, y un perro que resultaba mayor que su amo, desconociendo por completo la perspectiva. Conrado se había fijado mucho en todo aquello sin manifestar ni el menor entusiasmo, y a solas con su maestro don Servando, el hombre de ciencia, le había preguntado: -¿Había vaporcitos cuando nació Dios? -No, hijo mío, le respondió el profesor, el vapor es cosa moderna. -¿Y ferrocarril? -Tampoco; eso se inventó también recientemente. -Pues bien, replicó el niño, yo quiero la verdad en todo, hasta en mis juegos. Que don Fadrique suprima eso, que ponga las figuras del Nacimiento que sean grandes en primer término y las pequeñas en las lejanías, que los pastores y los guerreros no lleven los trajes que se usan hoy, que haya verdad en todo, como en lo que me dice, como en lo que me enseña. Don Servando se quedó perplejo, adivinando que aquellos cambios no iban a ser del agrado de don Fadrique. El principito subió después a casa del portero, que tenía las habitaciones para su familia en el piso más alto del palacio destinado a la servidumbre. También a Adolfo le habían puesto sus padres Nacimiento, muy sencillo, pero con mucha propiedad. Altas montañas, palmeras y cedros, pobre caserío, figuras que podían entrar por las puertas sin andar a gatas, el humilde portal resplandeciente de luz y de colores para atraer las miradas más que las otras cosas, pastores con ofrendas, un río cristalino, una cascada que brotaba de obscuro peñasco... todo puesto con arte, con gracia exquisita. -¡Qué hermoso es esto! Exclamó Conrado. Este es un Nacimiento verdad; aquí vendré yo a celebrar la Nochebuena. Al día siguiente fueron convidados a ir a palacio los aristocráticos amigos del príncipe. Se iluminó el Nacimiento con luz eléctrica y los niños admiraron aquellos primores ideados por don Fadrique. Pero Conrado no parecía por ninguna parte, no asistía a la fiesta preparada exclusivamente para él. Sus padres no se preocupaban por ello; ya conocían las genialidades de su hijo y no debían de encontrarlas mal porque ni le amonestaban ni le corregían. -Será un gran rey, decía el soberano, tendrá voluntad propia. -Su corazón valdrá mucho, murmuraba la reina, y todo se puede esperar del que lo tiene noble y desinteresado. Entretanto el príncipe estaba en la sala del cuarto del portero gozando con toda su alma ante el bonito Nacimiento de Adolfo. Estaba éste con sus hermanos menores, niños y niñas, que cantaban, bailaban, tocaban tambores, panderetas y zambombas y hacían mil diabluras propias de sus años, que compartía familiarmente con ellos el hijo del rey. Cuando las velas del Nacimiento se apagaron, se repartieron allí dulces y vino, y al llegar la hora de separarse todos lo hicieron con pena, prometiéndose volver a reunirse a la mayor brevedad posible. Cuando el príncipe entró en el salón rojo donde estaban los aristocráticos amigos que le habían llevado para compartir con él la fiesta, en la que tanto se habían aburrido, don Fadrique le dirigió una severa mirada y don Servando se sonrió con bondad. -Mañana, le dijo el primero, estará castigado Vuestra Alteza sin paseo por esta escapatoria incomprensible. El Nacimiento no se encenderá más, no lucirán los primores que en él se han esparcido para solaz de Vuestra Alteza y admiración de sus convidados. Conrado no se encogió de hombros por no faltar al respeto a su preceptor; pero pensó con agrado en que, sin salir de palacio, podía ir con Adolfo y su familia a disfrutar de aquel Nacimiento que le encantaba, puesto por los modestos servidores en obsequio del príncipe y de sus niños. En cuanto a don Servando, murmuró contemplando al heredero del trono: -No le agrada más que la verdad, que busca con empeño por todas partes. Odiará siempre la adulación y la mentira. Será un gran rey, como dice su padre, pero ¡ay! Temo que por esto mismo sea también muy desgraciado. {{capítulos|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]|[[Diciembre: Los dos nacimientos|Diciembre]]|[[Las Estaciones/El Invierno|El Invierno]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] ijhbl9zqw6v5oi53s6wqu35qa4t6zul 1665681 1665530 2026-06-21T01:33:54Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665681 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El otoño |sección=Diciembre - Los dos nacimientos |autor=Julia de Asensi }} El príncipe Conrado era el heredero de un rey que figuró mucho en el pasado siglo. Bueno, inteligente y poco aficionado al fausto y a la adulación, el monarca había dado a su hijo dos preceptores de caracteres completamente opuestos. Era el uno un militar severo que si bien es verdad que trataba ceremoniosamente a su discípulo, usaba con él todos los rigores que a su juicio exigía su alto cargo; el otro, un hombre de ciencia, sencillo y tolerante que únicamente deseaba que el niño en quien inculcaba sus conocimientos viviese tranquilo y feliz. El príncipe amaba a sus dos preceptores, aprovechaba la rigidez del uno para ser esclavo de su deber y aprendía del otro a mirar a sus prójimos con cariño, a perdonar las leves faltas de la etiqueta mal comprendidas o exageradamente cumplidas por sus súbditos. El militar era realmente su maestro, el otro era más que nada su amigo, un amigo de mucha más edad, un consejero desinteresado y fiel. Conrado tenía por compañeros de estudios a algunos niños de la nobleza, ya diestros en el arte de adular, pero él no los quería ni los estimaba. Todo su afecto era para un hijo del portero de palacio, que tenía su misma edad, y cuyo trato franco y sincero le encantaba. El príncipe le regalaba juguetes, precisamente aquellos que le agradaban más, porque como continuamente le renovaban los suyos no tenía tiempo de apegarse a nada y sabía que en casa de su amiguito, que era muy arreglado y cuidadoso, encontraría siempre el muñeco predilecto, el peón que con tanto gusto había hecho bailar o la caja de soldados preferida. El hijo del portero se llamaba Adolfo. El militar habla prohibido a este niño que pasase a las habitaciones que el príncipe tenía en palacio, pareciéndole que trataba a su señor con excesiva familiaridad; pero protegido por el hombre de ciencia, no había podido impedir que Conrado fuese muy a menudo al cuarto del portero, donde la mujer de éste le agasajaba con dulces y tortas hechas por ella, que prefería a los postres que los reposteros de la real casa le preparaban. Allí estaba como en familia y se consideraba feliz. Llegado el 23 de Diciembre, el preceptor militar, que se llamaba don Fadrique, o al menos así le nombraremos nosotros, regaló a su discípulo un soberbio Nacimiento con grandes montañas, hermosas casas, preciosas figuras, todo en medio de una exuberante vegetación, ramaje cogido en los jardines del rey, que eran maravillosos. Cruzaba el Nacimiento un río y en él se veían dos vaporcitos que surcaban gallardamente las aguas. Por un túnel salía, de una de las montañas, un tren que iba a meterse en las entrañas de otro monte, apareciendo de nuevo por la ancha carretera. Y arriba, y como asombrados de ver aquello, caminaban en briosos corceles los reyes magos, seguidos de sus criados llevando los ricos presentes para el Niño Dios. Los pastores y los guerreros eran de un tamaño muy desigual, y don Fadrique, poco artista, había colocado en varios sitios una figura grande junto a una casa diminuta, y un perro que resultaba mayor que su amo, desconociendo por completo la perspectiva. Conrado se había fijado mucho en todo aquello sin manifestar ni el menor entusiasmo, y a solas con su maestro don Servando, el hombre de ciencia, le había preguntado: -¿Había vaporcitos cuando nació Dios? -No, hijo mío, le respondió el profesor, el vapor es cosa moderna. -¿Y ferrocarril? -Tampoco; eso se inventó también recientemente. -Pues bien, replicó el niño, yo quiero la verdad en todo, hasta en mis juegos. Que don Fadrique suprima eso, que ponga las figuras del Nacimiento que sean grandes en primer término y las pequeñas en las lejanías, que los pastores y los guerreros no lleven los trajes que se usan hoy, que haya verdad en todo, como en lo que me dice, como en lo que me enseña. Don Servando se quedó perplejo, adivinando que aquellos cambios no iban a ser del agrado de don Fadrique. El principito subió después a casa del portero, que tenía las habitaciones para su familia en el piso más alto del palacio destinado a la servidumbre. También a Adolfo le habían puesto sus padres Nacimiento, muy sencillo, pero con mucha propiedad. Altas montañas, palmeras y cedros, pobre caserío, figuras que podían entrar por las puertas sin andar a gatas, el humilde portal resplandeciente de luz y de colores para atraer las miradas más que las otras cosas, pastores con ofrendas, un río cristalino, una cascada que brotaba de obscuro peñasco... todo puesto con arte, con gracia exquisita. -¡Qué hermoso es esto! Exclamó Conrado. Este es un Nacimiento verdad; aquí vendré yo a celebrar la Nochebuena. Al día siguiente fueron convidados a ir a palacio los aristocráticos amigos del príncipe. Se iluminó el Nacimiento con luz eléctrica y los niños admiraron aquellos primores ideados por don Fadrique. Pero Conrado no parecía por ninguna parte, no asistía a la fiesta preparada exclusivamente para él. Sus padres no se preocupaban por ello; ya conocían las genialidades de su hijo y no debían de encontrarlas mal porque ni le amonestaban ni le corregían. -Será un gran rey, decía el soberano, tendrá voluntad propia. -Su corazón valdrá mucho, murmuraba la reina, y todo se puede esperar del que lo tiene noble y desinteresado. Entretanto el príncipe estaba en la sala del cuarto del portero gozando con toda su alma ante el bonito Nacimiento de Adolfo. Estaba éste con sus hermanos menores, niños y niñas, que cantaban, bailaban, tocaban tambores, panderetas y zambombas y hacían mil diabluras propias de sus años, que compartía familiarmente con ellos el hijo del rey. Cuando las velas del Nacimiento se apagaron, se repartieron allí dulces y vino, y al llegar la hora de separarse todos lo hicieron con pena, prometiéndose volver a reunirse a la mayor brevedad posible. Cuando el príncipe entró en el salón rojo donde estaban los aristocráticos amigos que le habían llevado para compartir con él la fiesta, en la que tanto se habían aburrido, don Fadrique le dirigió una severa mirada y don Servando se sonrió con bondad. -Mañana, le dijo el primero, estará castigado Vuestra Alteza sin paseo por esta escapatoria incomprensible. El Nacimiento no se encenderá más, no lucirán los primores que en él se han esparcido para solaz de Vuestra Alteza y admiración de sus convidados. Conrado no se encogió de hombros por no faltar al respeto a su preceptor; pero pensó con agrado en que, sin salir de palacio, podía ir con Adolfo y su familia a disfrutar de aquel Nacimiento que le encantaba, puesto por los modestos servidores en obsequio del príncipe y de sus niños. En cuanto a don Servando, murmuró contemplando al heredero del trono: -No le agrada más que la verdad, que busca con empeño por todas partes. Odiará siempre la adulación y la mentira. Será un gran rey, como dice su padre, pero ¡ay! Temo que por esto mismo sea también muy desgraciado. {{capítulos|[[Noviembre: La siempreviva|Noviembre]]|[[Diciembre: Los dos nacimientos|Diciembre]]|[[Las Estaciones/El Invierno|El Invierno]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] dr06flxj01rj0nu1c4naty4ykmgkug0 Las Estaciones/El Invierno 0 22756 1665509 1192670 2026-06-21T00:52:24Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: El Invierno]] a [[Las Estaciones/El Invierno]]: Robot: página trasladada 1192670 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El Invierno |autor=Julia de Asensi |sección= }} Aquel invierno había sido muy triste y excepcionalmente frío. Las montañas estaban cubiertas de nieve, los campos abandonados y silenciosos, cuando llegó a su pueblo don Mario Peñalver en coche cerrado, envuelto con un gabán de pieles, con el sombrero calado hasta los ojos y cubierto casi por completo el rostro con una bufanda. Como siempre, le acompañaba su sobrino, que había ido a esperarle a la estación. En la familia no había ocurrido novedad; la esposa disfrutaba como siempre de excelente salud, y los dos pequeños campesinos, Mercedes y Rafael, continuaban sanos y fuertes. No les dejaba salir su madre de la casa más que los días claros, pero algunas veces, cuando la nieve cubría la tierra, ellos pedían permiso para hacer grandes bolas o estatuas, que aunque no resultasen una obra de arte, no carecían de gracia y revelaban no poca habilidad. Les ayudaban en aquella distracción algunos niños de los colonos que eran amigos suyos, cuidando de la elección de éstos los sobrinos del señor de Peñalver. El coche se detuvo a la puerta de la casa y los niños, aleccionados por su madre, no salieron al jardín a recibir al padrino para que éste pudiera entrar en el zaguán rápidamente. El padre de Mercedes y Rafael ayudó como siempre a su tío a descender del carruaje, le hizo pasar a su vivienda sin detenerse, cerró la puerta, y tomadas todas estas precauciones, el anciano se vio rodeado de los hijos y de los padres, prodigando y recibiendo besos y abrazos. En la chimenea de la sala ardía un buen fuego y cerca de ella se sentó don Mario en una gran butaca, teniendo enfrente a sus sobrinos, y a sus pies, sobre banquetas de nogal, a sus ahijados con cuyos cabellos jugaba, mientras ellos le acariciaban dulcemente. -¿Y qué ha pasado por aquí durante mi ausencia? Preguntó el padrino. -Ha hecho un frío intenso, contestó la sobrina, ha nevado mucho. -Los lobos hambrientos han llegado hasta el pueblo, añadió Mercedes. -Y han matado gran número de ovejas, dijo Rafael. -¿Ha habido desgracias personales? Murmuró el anciano, temeroso de oír una respuesta afirmativa. -Por un milagro no, contestó Rafael; pero han estado algunos pastores en peligro. -A ver, contadme eso, dijo don Mario, no siempre he de ser yo el que refiera las cosas. -Hazlo, tú, Mercedes, dijo el niño a su hermana, sabes contarlo mejor. -Hablad los dos, replicó el padrino, lo que no recuerde el uno que lo refiera el otro. -Pues bien, empezó la niña, cuando hubo aquí la gran nevada, hará unos veinte días de esto, los lobos, como ya te he dicho, bajaron al pueblo, donde a la entrada están los pastores guardando los rebaños. Dicen que se oían los aullidos desde las primeras casas del lugar y que nadie se atrevía a salir después que anochecía. Venían furiosos y hambrientos y no tardaron en hacer grandes destrozos entre las pobrecitas ovejas. Un pastor viejo, que era el que estaba más cercano al bosque, tuvo miedo de encontrarse allí tan solo y tan desamparado y fue tan egoísta que encargó a un pobre niño del cuidado de las ovejas con pretexto de que él tenía que marcharse fuera por algunos días. El niño era aquel infeliz que hallamos el otoño pasado en el campo y que dormía en el suelo por no tener ni casa ni familia, según hemos averiguado hace poco, porque antes no habíamos logrado saber nada de él. Iba donde le llamaban, ya en un pueblo, ya en otro, sin más salario que la comida o algunos trapos viejos para vestirse. Este invierno estaba medio muerto de frío, y cuando el pastor, que le conocía, le dijo que se quedara en su lugar cuidando las ovejas, aceptó muy agradecido. Estaba en una mala choza viendo caer la nieve, cuando notó con el mayor espanto la llegada de los lobos. Miró con pena a las ovejitas que balaban tristemente presintiendo el peligro. El perro ladraba con furia, como si quisiera lanzarse contra el enemigo... -Y los lobos aullaban a lo lejos y después más cerca, interrumpió Rafael. -Sí, prosiguió Mercedes, el pastorcillo oyó los pasos precipitados de aquellas fieras que se acercaban a la choza para rodearla y luego advirtió que empujaban la puerta y creyó llegada su última hora. El niño llevaba puesto un escapulario de la Virgen del Carmen, que le dio un día nuestro párroco porque cuando podía iba a la iglesia a rezar y a ayudar a misa. Lo cogió entre sus manos que temblaban, lo besó, se puso de rodillas y pidió a la Madre de Dios amparo y protección. -Y entonces, añadió Rafael, se oyeron algunos tiros y después todo quedó en silencio. -A la mañana siguiente, continuó Mercedes con voz conmovida, se vieron fuera de la choza dos lobos enormes muertos, atravesado cada uno por un balazo, sin que haya podido averiguarse quién los mató. Y las demás fieras huyeron para no volver. El pastorcito estuvo enfermo del susto que pasó. Por el pueblo se contó el milagro y el señor cura se llevó a su casa al niño para no separarse más de él. Es monaguillo de la parroquia y con las limosnas que le han dado, y que el párroco le ha puesto en la Caja de Ahorros, le han formado un pequeño capital. Rafael y yo le hemos entregado todo lo que teníamos en nuestras huchas. -Y yo añadiré en vuestro nombre una buena cantidad, exclamó don Mario entusiasmado por la excelente acción de sus ahijados. Después se habló de otras cosas, y apenas hubieron acabado de comer, paseó el anciano un poco por una galería cubierta en la que los niños tenían una pajarera con muchos canarios. -Algunos días, dijo Mercedes a su padrino, dejamos abiertos los cristales de las ventanas y entran aquí los pájaros de fuera para comerse lo que los nuestros tiran... -Y saben tanto, interrumpió Rafael, que éstos echan al suelo los cañamones que les damos para regalárselos a los forasteros. -Eso me recuerda una fábula que leí no hace mucho, les dijo don Mario. -¿Te acuerdas de ella, padrino? -Si nos la repitieras... -Lo procuraré, pero no me pidáis ya más apólogos; el repertorio se me ha acabado. El anciano se detuvo a pensar breves momentos y luego les dijo la composición siguiente: {{c|'''El gorrión y el canario'''}} <div class="verse"> Cierto día de invierno, hermoso, claro, en el balcón de una elegante casa, se veía un canario en jaula de oro que alegres trinos sin cesar lanzaba. Dorado alpiste, obscuros cañamones, fresca escarola y cristalina agua abundante tenía diariamente, ¿qué más para vivir necesitaba? Un gorrión celoso de su dicha, con precauciones se acercó a la jaula, comió lo desechado por el otro y le dijo por fin estas palabras: -Que vives bien, no hay duda, que tranquilo estás, cosa es sabida y que se calla, ¿pero qué valen todas esas dichas cuando la dulce libertad te falta? Yo no cambio mi suerte por la tuya, cruzo el espacio de zafiro y grana, en los arroyos bebo y mi alimento busco en estío en las espigas altas. Tengo mi nido oculto entre las tejas de una segura y elevada tapia. Cuando puedas huir, deja tus hierros, que nunca una prisión ha sido grata. Quedó meditabundo el pajarillo, peso todas las contras y ventajas, y fijos sus ojuelos en el otro contestó sin enojos y con calma: -Tú por ser libre, sufres los inviernos el rigor de la lluvia y de la escarcha, yo prisionero, mientras hiela hallo calor artificial en mi morada. Aquí del cazador no temo el plomo, ni de enemigos la funesta saña, veo el sol como tú, veo el espacio, sus caricias me da mi dueña amada. No huyo del hombre que mi canto escucha mientras agito de placer mis alas. Quiero mi esclavitud en jaula de oro más que esa libertad que me decantas. No anhelo buscar trigo con zozobra, pues también ese trigo al fin se acaba; no será tu festín muy codiciable cuando buscas del mío las migajas. </div> -Y eso es, dijo el padrino para terminar, lo que hacen esos gorriones que se acercan a vuestra pajarera para ver lo que tiran fuera de ella vuestros canarios; la fábula parece haber sido escrita para ellos. Bien notaba don Mario que ya no estaba él para aquel continuo viajar. Aunque no se encontrase achacoso, advertía cierto cansancio y cada vez se apegaba más a su familia, particularmente a aquellos encantadores niños. Así es que les prometió que volvería para la primavera con la intención de quedarse allí para siempre, dejando sus asuntos de Madrid al cuidado de un administrador de confianza. La noticia fue escuchada con inmenso júbilo por todos. Aquella sería la última vez en que estaría en el lugar por tan poco tiempo. Antes de partir, como hiciera en las demás estaciones, refirió el padrino a Mercedes y a Rafael los tres cuentos del invierno que publicamos a continuación. {{capítulos|[[Diciembre: Los dos nacimientos|Diciembre]]|[[Las Estaciones: El Invierno|El Invierno]]|[[Enero: El día de Reyes|Enero]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 8uwmqic0r7nkxjbj4uw16gkwzp6gydz Las Estaciones/Enero: El día de Reyes 0 22757 1665511 1192671 2026-06-21T00:52:25Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Enero: El día de Reyes]] a [[Las Estaciones/Enero: El día de Reyes]]: Robot: página trasladada 1192671 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El Invierno <br> Enero - El día de Reyes |autor=Julia de Asensi |sección= }} :::«A los Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltasar. :::»Sabiendo lo mucho que quieren a los niños y que atienden a sus ruegos, les escribo hoy 5 de Enero para que mañana me traigan, como no dudo lo harán, porque soy bueno y no tengo falta ninguna, un traje de militar con las armas que le correspondan, un caballo, un velocípedo, una caja de soldados y todo lo demás que juzguen conveniente, dejándolo en el balcón de mi casa junto a la bota que en él tendré puesta. ::::::»Firmado: Marcial Guerrero». Esto escribía el hijo mayor del general de este apellido, con letra clara y mediana ortografía, mientras su hermanita Sofía esperaba a que concluyese para que escribiese por ella, pues aún no sabía hacerlo bien. Marcial tardó cerca de media hora en trazar aquellos renglones, quedando muy satisfecho de la forma en que pedía sus regalos a los Reyes. -Ahora dicta tú, que yo pondré exactamente lo que me digas. Al pronunciar estas palabras miró a la niña que contestó con alguna timidez, porque comprendía que las ideas de su hermano eran opuestas a las suyas. -Diles, murmuró Sofía, que no quiero muñecas, porque tengo ya muchas y más vale que se las den a las pobrecitas niñas que estén sin ninguna; ni alhajas, sino una cosa cualquiera, de poco valor, para que yo vea que me quieren algo y que no me tienen por mala. Ellos no dan nada a los niños que no son buenos, mamá me lo ha dicho, por eso quiero yo cualquier objeto por insignificante que sea... -¡Qué tonta eres! Interrumpió el hermano. ¿Qué te importa que otras niñas tengan o no juguetes si no las conoces siquiera? ¿No me has dicho hace pocos días que te había gustado mucho un bebé con su canastilla completa y que te le comprarías en cuanto tuvieses dinero bastante para ello? ¿Pues qué pierdes pidiéndoselo a los Reyes?... -No, no, pon lo que te he dicho y no intentes engañarme, porque yo no sé escribir bien, pero ya leo en manuscrito. Si no haces lo que te pido no firmaré la carta. Marcial complació a Sofía, puso ésta su nombre al pie de aquellas líneas y el niño metió los pliegos en sobres diferentes, cerrándolos con lacre y con el sello que tenía las iniciales de su padre, del que llevaba su mismo nombre. Iba a salir para entregar las cartas a un criado y que las echase al correo, cuando entró la madre de los niños. Era ésta una señora joven y hermosa, muy discreta y que procuraba educar bien a sus hijos. Enterada de los deseos de Marcial, cogió los dos sobres y le dijo dulcemente: -El correo de los Reyes Magos no es el mismo que el de los hombres. El de los primeros no suelen conocerle más que los padres y las madres. Las cartas se transmiten por un hilo invisible que une a la tierra con el cielo. En él no se admiten más que las cartas de los ángeles de este mundo, que son los niños. Entre éstos los hay mejores y peores, y, según son, así reciben los dones de los Magos. A los buenos les dejan premios para que perseveren en el bien; a los traviesos, a los ambiciosos, a los que tienen algún pecadillo fácil de corregir, les envían algo que les sirva de lección o no les dan nada. -Está bien, dijo Marcial, llévate como quieres las cartas, pero no te olvides, por Dios, de hacer que lleguen a su destino. -Ahora mismo las voy a mandar. Y salió llevándose los sobres cerrados. Durante la tarde fueron algunos niños, parientes o amigos, a jugar con Marcial y Sofía; dos o tres se quedaron a cenar con ellos, pero a las diez de la noche ya se habían marchado todos y los dos hermanitos se dirigieron a sus alcobas para acostarse. Antes les dijo su madre que ya había puesto en los balcones un zapato de cada uno. Marcial se acostaba solo; a Sofía la desnudaba aún la doncella de su madre. El general y su esposa se habían quedado en la sala con varios amigos que no se marcharían hasta después de las doce. El niño, antes de entrar en su habitación, se dirigió a la de su padre; cogió una bota de montar, la que le pareció mayor de todas, y abriendo el balcón del gabinete, la puso en el lugar de un zapato suyo de charol que juzgó era muy pequeño para que los Reyes lo viesen y colocaran junto a él los muchos regalos que les había pedido. Después volvió a su alcoba, se acostó y durmió intranquilo esperando con febril ansiedad el feliz momento en que viera los obsequios de los Magos. Entretanto Sofía había quitado un zapatito a una de sus muñecas, rogando a la doncella que lo pusiese en el lugar del suyo en el balcón de la sala para que los Reyes no la dejaran más que un objeto pequeño, como les había pedido. Luego rezó, se acostó y se quedó tranquilamente dormida oyendo un cuento que por vigésima vez le contaba la criada y del que sólo dos o tres noches había llegado al desenlace. A la mañana siguiente, el 6 de Enero, un día espléndido de invierno, frío, pero claro, con un cielo sin nubes, Marcial y Sofía bien abrigados, felices, sonrientes, corrieron a abrir los balcones. El niño quiso que se viese primero lo que le habían dado a él. Tal como la dejara estaba la bota de montar de su padre, aquella bota grande, la mayor que en la casa había. Nada la rodeaba, nada contenía; estaba allí inmóvil, derecha, a Marcial le pareció que hasta enojada y altiva. Al niño se le saltaron las lágrimas y alzó los ojos al cielo como si dirigiera una mirada de reconvención a los santos Reyes. Luego fueron a la sala, y en uno de sus balcones, sobre el diminuto zapato de la muñeca, vieron un magnífico bebé con su preciosa canastilla y a su lado otros bonitos juguetes para poner una casa de muñecas que hacía tiempo deseaba Sofía. La niña también miró al cielo con expresión feliz, sonriente, y poniendo los dedos de su mano derecha sobre su boca, envió en señal de gratitud un beso a Melchor, otro a Gaspar y otro a Baltasar. Así, con alguna caricia, era como ella acostumbraba dar las gracias cuando le hacían cualquier regalo. Luego sacó una caja donde guardaba el dinero ahorrado para comprarse el bebé y dijo en secreto a su madre: -Mamá, trae algo para mi pobrecito hermano. El general Guerrero aprovechó aquella lección que Marcial recibiera para reñir al niño. -Has sido ambicioso, empezó, y por quererlo todo no has tenido nada. Cuando seas hombre y pretendas ser el primero, medrando a costa de los demás, recuerda este suceso y piensa en que si hubieras dejado tu zapatito en el balcón hubieses tenido tus juguetes; has puesto mi bota y, ya te lo dijo tu madre, los Magos no envían sus dones más que para los niños. Sé bueno, sé humilde, y no lo quieras todo para ti. Marcial prometió enmendarse y lo cumplió. Al año siguiente puso en el balcón un zapatito suyo y recibió tres magníficos regalos de los Reyes. {{capítulos|[[Las Estaciones: El Invierno|El Invierno]]|[[Enero: El día de Reyes|Enero]]|[[Febrero: El baile de niños|Febrero]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 9rcza53czw5w9jk2si2fzzh71br7drg 1665527 1665511 2026-06-21T00:54:51Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665527 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El Invierno |sección=Enero - El día de Reyes |autor=Julia de Asensi }} :::«A los Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltasar. :::»Sabiendo lo mucho que quieren a los niños y que atienden a sus ruegos, les escribo hoy 5 de Enero para que mañana me traigan, como no dudo lo harán, porque soy bueno y no tengo falta ninguna, un traje de militar con las armas que le correspondan, un caballo, un velocípedo, una caja de soldados y todo lo demás que juzguen conveniente, dejándolo en el balcón de mi casa junto a la bota que en él tendré puesta. ::::::»Firmado: Marcial Guerrero». Esto escribía el hijo mayor del general de este apellido, con letra clara y mediana ortografía, mientras su hermanita Sofía esperaba a que concluyese para que escribiese por ella, pues aún no sabía hacerlo bien. Marcial tardó cerca de media hora en trazar aquellos renglones, quedando muy satisfecho de la forma en que pedía sus regalos a los Reyes. -Ahora dicta tú, que yo pondré exactamente lo que me digas. Al pronunciar estas palabras miró a la niña que contestó con alguna timidez, porque comprendía que las ideas de su hermano eran opuestas a las suyas. -Diles, murmuró Sofía, que no quiero muñecas, porque tengo ya muchas y más vale que se las den a las pobrecitas niñas que estén sin ninguna; ni alhajas, sino una cosa cualquiera, de poco valor, para que yo vea que me quieren algo y que no me tienen por mala. Ellos no dan nada a los niños que no son buenos, mamá me lo ha dicho, por eso quiero yo cualquier objeto por insignificante que sea... -¡Qué tonta eres! Interrumpió el hermano. ¿Qué te importa que otras niñas tengan o no juguetes si no las conoces siquiera? ¿No me has dicho hace pocos días que te había gustado mucho un bebé con su canastilla completa y que te le comprarías en cuanto tuvieses dinero bastante para ello? ¿Pues qué pierdes pidiéndoselo a los Reyes?... -No, no, pon lo que te he dicho y no intentes engañarme, porque yo no sé escribir bien, pero ya leo en manuscrito. Si no haces lo que te pido no firmaré la carta. Marcial complació a Sofía, puso ésta su nombre al pie de aquellas líneas y el niño metió los pliegos en sobres diferentes, cerrándolos con lacre y con el sello que tenía las iniciales de su padre, del que llevaba su mismo nombre. Iba a salir para entregar las cartas a un criado y que las echase al correo, cuando entró la madre de los niños. Era ésta una señora joven y hermosa, muy discreta y que procuraba educar bien a sus hijos. Enterada de los deseos de Marcial, cogió los dos sobres y le dijo dulcemente: -El correo de los Reyes Magos no es el mismo que el de los hombres. El de los primeros no suelen conocerle más que los padres y las madres. Las cartas se transmiten por un hilo invisible que une a la tierra con el cielo. En él no se admiten más que las cartas de los ángeles de este mundo, que son los niños. Entre éstos los hay mejores y peores, y, según son, así reciben los dones de los Magos. A los buenos les dejan premios para que perseveren en el bien; a los traviesos, a los ambiciosos, a los que tienen algún pecadillo fácil de corregir, les envían algo que les sirva de lección o no les dan nada. -Está bien, dijo Marcial, llévate como quieres las cartas, pero no te olvides, por Dios, de hacer que lleguen a su destino. -Ahora mismo las voy a mandar. Y salió llevándose los sobres cerrados. Durante la tarde fueron algunos niños, parientes o amigos, a jugar con Marcial y Sofía; dos o tres se quedaron a cenar con ellos, pero a las diez de la noche ya se habían marchado todos y los dos hermanitos se dirigieron a sus alcobas para acostarse. Antes les dijo su madre que ya había puesto en los balcones un zapato de cada uno. Marcial se acostaba solo; a Sofía la desnudaba aún la doncella de su madre. El general y su esposa se habían quedado en la sala con varios amigos que no se marcharían hasta después de las doce. El niño, antes de entrar en su habitación, se dirigió a la de su padre; cogió una bota de montar, la que le pareció mayor de todas, y abriendo el balcón del gabinete, la puso en el lugar de un zapato suyo de charol que juzgó era muy pequeño para que los Reyes lo viesen y colocaran junto a él los muchos regalos que les había pedido. Después volvió a su alcoba, se acostó y durmió intranquilo esperando con febril ansiedad el feliz momento en que viera los obsequios de los Magos. Entretanto Sofía había quitado un zapatito a una de sus muñecas, rogando a la doncella que lo pusiese en el lugar del suyo en el balcón de la sala para que los Reyes no la dejaran más que un objeto pequeño, como les había pedido. Luego rezó, se acostó y se quedó tranquilamente dormida oyendo un cuento que por vigésima vez le contaba la criada y del que sólo dos o tres noches había llegado al desenlace. A la mañana siguiente, el 6 de Enero, un día espléndido de invierno, frío, pero claro, con un cielo sin nubes, Marcial y Sofía bien abrigados, felices, sonrientes, corrieron a abrir los balcones. El niño quiso que se viese primero lo que le habían dado a él. Tal como la dejara estaba la bota de montar de su padre, aquella bota grande, la mayor que en la casa había. Nada la rodeaba, nada contenía; estaba allí inmóvil, derecha, a Marcial le pareció que hasta enojada y altiva. Al niño se le saltaron las lágrimas y alzó los ojos al cielo como si dirigiera una mirada de reconvención a los santos Reyes. Luego fueron a la sala, y en uno de sus balcones, sobre el diminuto zapato de la muñeca, vieron un magnífico bebé con su preciosa canastilla y a su lado otros bonitos juguetes para poner una casa de muñecas que hacía tiempo deseaba Sofía. La niña también miró al cielo con expresión feliz, sonriente, y poniendo los dedos de su mano derecha sobre su boca, envió en señal de gratitud un beso a Melchor, otro a Gaspar y otro a Baltasar. Así, con alguna caricia, era como ella acostumbraba dar las gracias cuando le hacían cualquier regalo. Luego sacó una caja donde guardaba el dinero ahorrado para comprarse el bebé y dijo en secreto a su madre: -Mamá, trae algo para mi pobrecito hermano. El general Guerrero aprovechó aquella lección que Marcial recibiera para reñir al niño. -Has sido ambicioso, empezó, y por quererlo todo no has tenido nada. Cuando seas hombre y pretendas ser el primero, medrando a costa de los demás, recuerda este suceso y piensa en que si hubieras dejado tu zapatito en el balcón hubieses tenido tus juguetes; has puesto mi bota y, ya te lo dijo tu madre, los Magos no envían sus dones más que para los niños. Sé bueno, sé humilde, y no lo quieras todo para ti. Marcial prometió enmendarse y lo cumplió. 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Al principio de su estancia en la corte les había sonreído la fortuna, teniendo el marido y la mujer no pocas lecciones; pero luego les salieron varios competidores, si no más hábiles, más felices que ellos, y los ingresos fueron reduciéndose tanto, que a duras penas tenían lo suficiente para pagar el cuarto, que aunque fuese interior les costaba muy caro, y para comer poco y vestir modestamente. Las dos niñas llevaban de muy diverso modo lo triste de su situación. La mayor, Eugenia, se disgustaba con sus padres porque no la ataviaban con lujo ni atendían a sus caprichos. La segunda, Paz, que era muy modesta, se resignaba a todo porque no conocía la vanidad. Aquel año el Carnaval cayó a mediados de Febrero y no se hablaba en la coronada villa de otra cosa que del baile de trajes que había de celebrarse en uno de los principales teatros en obsequio a los niños. Como los productos eran para la beneficencia y se quería sacar de él el mayor partido posible, los billetes costaban caros. Eugenia ansiaba ir a la fiesta y no dejaba de importunar a sus padres para que la llevaran. -Pero hija, le decía su madre, ¿cómo quieres qué se realice tu deseo si no tengo con qué hacerte el traje? -Sí respondía la niña, tienes algunas varas de seda color de rosa, tienes encajes y una buena mantilla. Con tu habilidad, pues no te falta para nada, me haces una falda y un corpiño y me vistes de maja. -Pero de esa tela que me regalaron para hacer un vestido a tu hermanita, no sale más que un traje y vosotras sois dos niñas. No hay tampoco dos mantillas... -Que no venga Paz; yo soy la mayor. Aquella noche, la antevíspera de la fiesta, llevó el maestro un billete para el baile de niños que le había regalado una de sus pocas discípulas. El gozo de Eugenia no tuvo límites. Hizo que su madre se pusiese a coser enseguida y aunque el traje no quedó muy bien, porque había poca tela, la orgullosa niña pensó que ella era bastante bonita para suplir cualquier falta que hubiese en su atavío. Se buscó para que la acompañase al teatro a una amiga de su madre que llevaba un niño vestido de arlequín, y una hora antes de empezar el baile salió Eugenia de su casa. Paz había ayudado a que arreglasen a su hermana dando las horquillas, los alfileres y cuantas cosas le habían pedido. La había encontrado muy hermosa y por su mente pasó como una ráfaga la idea de que ella también se hubiera divertido en la fiesta, pero puesto que no la podían llevar, había que conformarse. Su madre le dijo que, por ser tan buena, iría con ella a paseo a ver las máscaras y los coches engalanados; pero a causa del trajín que se había dado cosiendo tanto y tan deprisa, le sobrevino un dolor muy fuerte de cabeza y se tuvo que echar en la cama. Su buen marido no la quiso dejar sola y por eso no se brindó a salir con la niña. Paz se asomó al balcón que daba al patio. En el piso segundo se veían a través de los cristales muchos niños que pasaban de un lado a otro, todos elegantemente vestidos de máscaras con trajes que ella no conocía. Uno de los muchachos se detuvo un rato a mirarla, habló luego con un caballero, que la miró también, y luego el niño desapareció rápidamente. Un instante después llamaron a la puerta de la calle y el profesor de baile salió a abrir. A su vista apareció un gracioso chiquillo vestido de andaluz que le pidió permiso para entrar y hablar un momento con él. El maestro le hizo pasar a la salita donde estaba Paz asomada al balcón. La niña cerró los cristales y se sentó junto a su padre que había ofrecido ya una silla al niño. -Dirá usted que soy un atrevido, empezó él con una gracia encantadora, pero mis padres, que son los dueños de esta casa, me han dado permiso para que venga a pedir a usted un favor. Varios amiguitos míos y yo pensamos ir a la fiesta de esta tarde vestidos con trajes de diferentes provincias y bailar algunas cosas allí: jota, sevillanas, muñeira y otras. Yo tenía por compañera a una prima mía, pero es muy caprichosa y a última hora ha querido irse al teatro por ver una comedia de magia. Yo no puedo ir solo... -Es natural, interrumpió el maestro por decir algo. -Si usted, continuó el vestido de andaluz, quisiera dejar a su niña para que viniese con nosotros... -Yo con el mayor gusto, pero no tiene traje, balbuceó el profesor. -El de mi compañera está en casa; mi madre lo ha dirigido y se lo pensaba regalar. ¿Sabes bailar sevillanas? Preguntó luego a la niña. -Un poco, respondió Paz. -A ver, ensaya conmigo. Yo las cantaré para que tengamos música. La hija del maestro, a la que éste había enseñado, bailaba admirablemente y con mucha gracia. Las sevillanas salieron muy bien. El muchacho lleno de entusiasmo se fue a dar a sus padres la buena noticia y un momento después subía la madre del niño con una doncella que llevaba en sus manos un riquísimo traje que parecía haber sido hecho para Paz. Se lo pusieron y la adornaron con magníficas joyas. Estaba encantadora; su padre no se cansaba de admirarla y su madre se alivió de su dolencia al pensar en lo mucho que su hija se iba a divertir. En el salón de baile, adornado con plantas y espléndidamente iluminado, causó gran sensación la entrada de aquella multitud de niños vestidos con trajes regionales. Fue lo principal de la fiesta porque aquellas preciosas parejitas llenas de atractivos bailaron o cantaron muy bien. Paz y su compañero atrajeron todas las miradas y fueron designados para ganar el premio que había de adjudicarse a los que se distinguieran más. Eugenia estaba triste porque no sólo no había llamado la atención por bonita y elegante, sino que había notado que algunas personas se reían de su traje y oyó a una que decía: -Esa niña va de quiero y no puedo. No había visto a las parejas vestidas con las galas de las diferentes provincias, pero al ir a salir éstas del salón tuvieron que hacerles paso entre dos filas de gente y ella quedó de las primeras. Al pasar los andaluces, un caballero gritó: -¡Viva la gracia! Y los niños, felices, se sonrieron y saludaron. -Esa niña, murmuró Eugenia, se parece a Paz, sí, mucho, muchísimo. Es más bonita, tiene mejor color y va admirablemente vestida. ¡Si fuera ella?... Pero es imposible. ¡Qué tonta soy! Mi hermanita se ha quedado en casa más aburrida todavía que yo, y eso que no me he divertido mucho. Grande fue su asombro cuando al volver a su morada encontró a Paz con el traje de andaluza que la madre de su compañero le había regalado como también el premio que otorgaron por unanimidad a la encantadora pareja. Y desde aquel día todo fue ventura en la casa. Porque los dueños de ella se constituyeron en protectores de los dos maestros y llovieron las lecciones de música y de baile y con ellas volvieron el bienestar y la alegría. Eugenia no ambicionó jamás ser la primera en nada, uniendo a su hermana menor a todos sus proyectos y siendo para ella buena y generosa. {{capítulos|[[Enero: El día de Reyes|Enero]]|[[Febrero: El baile de niños|Febrero]]|[[Marzo: Ángel|Marzo]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 3bpgl1t8agg9bsd63tz63x57uuxg0iw 1665525 1665513 2026-06-21T00:54:34Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665525 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El Invierno |sección=Febrero - El baile de niños |autor=Julia de Asensi }} En el piso cuarto de una elegante casa de la calle de Alcalá, vivían en Madrid hace mucho tiempo una profesora de música casada con un maestro de baile y dos niñas de seis y nueve años, frutos de aquel matrimonio. Al principio de su estancia en la corte les había sonreído la fortuna, teniendo el marido y la mujer no pocas lecciones; pero luego les salieron varios competidores, si no más hábiles, más felices que ellos, y los ingresos fueron reduciéndose tanto, que a duras penas tenían lo suficiente para pagar el cuarto, que aunque fuese interior les costaba muy caro, y para comer poco y vestir modestamente. Las dos niñas llevaban de muy diverso modo lo triste de su situación. La mayor, Eugenia, se disgustaba con sus padres porque no la ataviaban con lujo ni atendían a sus caprichos. La segunda, Paz, que era muy modesta, se resignaba a todo porque no conocía la vanidad. Aquel año el Carnaval cayó a mediados de Febrero y no se hablaba en la coronada villa de otra cosa que del baile de trajes que había de celebrarse en uno de los principales teatros en obsequio a los niños. Como los productos eran para la beneficencia y se quería sacar de él el mayor partido posible, los billetes costaban caros. Eugenia ansiaba ir a la fiesta y no dejaba de importunar a sus padres para que la llevaran. -Pero hija, le decía su madre, ¿cómo quieres qué se realice tu deseo si no tengo con qué hacerte el traje? -Sí respondía la niña, tienes algunas varas de seda color de rosa, tienes encajes y una buena mantilla. Con tu habilidad, pues no te falta para nada, me haces una falda y un corpiño y me vistes de maja. -Pero de esa tela que me regalaron para hacer un vestido a tu hermanita, no sale más que un traje y vosotras sois dos niñas. No hay tampoco dos mantillas... -Que no venga Paz; yo soy la mayor. Aquella noche, la antevíspera de la fiesta, llevó el maestro un billete para el baile de niños que le había regalado una de sus pocas discípulas. El gozo de Eugenia no tuvo límites. Hizo que su madre se pusiese a coser enseguida y aunque el traje no quedó muy bien, porque había poca tela, la orgullosa niña pensó que ella era bastante bonita para suplir cualquier falta que hubiese en su atavío. Se buscó para que la acompañase al teatro a una amiga de su madre que llevaba un niño vestido de arlequín, y una hora antes de empezar el baile salió Eugenia de su casa. Paz había ayudado a que arreglasen a su hermana dando las horquillas, los alfileres y cuantas cosas le habían pedido. La había encontrado muy hermosa y por su mente pasó como una ráfaga la idea de que ella también se hubiera divertido en la fiesta, pero puesto que no la podían llevar, había que conformarse. Su madre le dijo que, por ser tan buena, iría con ella a paseo a ver las máscaras y los coches engalanados; pero a causa del trajín que se había dado cosiendo tanto y tan deprisa, le sobrevino un dolor muy fuerte de cabeza y se tuvo que echar en la cama. Su buen marido no la quiso dejar sola y por eso no se brindó a salir con la niña. Paz se asomó al balcón que daba al patio. En el piso segundo se veían a través de los cristales muchos niños que pasaban de un lado a otro, todos elegantemente vestidos de máscaras con trajes que ella no conocía. Uno de los muchachos se detuvo un rato a mirarla, habló luego con un caballero, que la miró también, y luego el niño desapareció rápidamente. Un instante después llamaron a la puerta de la calle y el profesor de baile salió a abrir. A su vista apareció un gracioso chiquillo vestido de andaluz que le pidió permiso para entrar y hablar un momento con él. El maestro le hizo pasar a la salita donde estaba Paz asomada al balcón. La niña cerró los cristales y se sentó junto a su padre que había ofrecido ya una silla al niño. -Dirá usted que soy un atrevido, empezó él con una gracia encantadora, pero mis padres, que son los dueños de esta casa, me han dado permiso para que venga a pedir a usted un favor. Varios amiguitos míos y yo pensamos ir a la fiesta de esta tarde vestidos con trajes de diferentes provincias y bailar algunas cosas allí: jota, sevillanas, muñeira y otras. Yo tenía por compañera a una prima mía, pero es muy caprichosa y a última hora ha querido irse al teatro por ver una comedia de magia. Yo no puedo ir solo... -Es natural, interrumpió el maestro por decir algo. -Si usted, continuó el vestido de andaluz, quisiera dejar a su niña para que viniese con nosotros... -Yo con el mayor gusto, pero no tiene traje, balbuceó el profesor. -El de mi compañera está en casa; mi madre lo ha dirigido y se lo pensaba regalar. ¿Sabes bailar sevillanas? Preguntó luego a la niña. -Un poco, respondió Paz. -A ver, ensaya conmigo. Yo las cantaré para que tengamos música. La hija del maestro, a la que éste había enseñado, bailaba admirablemente y con mucha gracia. Las sevillanas salieron muy bien. El muchacho lleno de entusiasmo se fue a dar a sus padres la buena noticia y un momento después subía la madre del niño con una doncella que llevaba en sus manos un riquísimo traje que parecía haber sido hecho para Paz. Se lo pusieron y la adornaron con magníficas joyas. Estaba encantadora; su padre no se cansaba de admirarla y su madre se alivió de su dolencia al pensar en lo mucho que su hija se iba a divertir. En el salón de baile, adornado con plantas y espléndidamente iluminado, causó gran sensación la entrada de aquella multitud de niños vestidos con trajes regionales. Fue lo principal de la fiesta porque aquellas preciosas parejitas llenas de atractivos bailaron o cantaron muy bien. Paz y su compañero atrajeron todas las miradas y fueron designados para ganar el premio que había de adjudicarse a los que se distinguieran más. Eugenia estaba triste porque no sólo no había llamado la atención por bonita y elegante, sino que había notado que algunas personas se reían de su traje y oyó a una que decía: -Esa niña va de quiero y no puedo. No había visto a las parejas vestidas con las galas de las diferentes provincias, pero al ir a salir éstas del salón tuvieron que hacerles paso entre dos filas de gente y ella quedó de las primeras. Al pasar los andaluces, un caballero gritó: -¡Viva la gracia! Y los niños, felices, se sonrieron y saludaron. -Esa niña, murmuró Eugenia, se parece a Paz, sí, mucho, muchísimo. Es más bonita, tiene mejor color y va admirablemente vestida. ¡Si fuera ella?... Pero es imposible. ¡Qué tonta soy! Mi hermanita se ha quedado en casa más aburrida todavía que yo, y eso que no me he divertido mucho. Grande fue su asombro cuando al volver a su morada encontró a Paz con el traje de andaluza que la madre de su compañero le había regalado como también el premio que otorgaron por unanimidad a la encantadora pareja. Y desde aquel día todo fue ventura en la casa. Porque los dueños de ella se constituyeron en protectores de los dos maestros y llovieron las lecciones de música y de baile y con ellas volvieron el bienestar y la alegría. Eugenia no ambicionó jamás ser la primera en nada, uniendo a su hermana menor a todos sus proyectos y siendo para ella buena y generosa. {{capítulos|[[Enero: El día de Reyes|Enero]]|[[Febrero: El baile de niños|Febrero]]|[[Marzo: Ángel|Marzo]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] czzrigtorhdvb0y96o2s0e4inyrdzze Las Estaciones/Marzo: Ángel 0 22759 1665515 1192673 2026-06-21T00:52:27Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Marzo: Ángel]] a [[Las Estaciones/Marzo: Ángel]]: Robot: página trasladada 1192673 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El Invierno <br> Marzo - Ángel |autor=Julia de Asensi |sección= }} Era en verdad un espectáculo imponente el que iban a presenciar los habitantes de Villaclara en la plaza Mayor. La elevación del globo Héctor se había anunciado para lo último de la función compuesta de ejercicios gimnásticos, carreras de cintas y de velocípedos. Se habían colocado tribunas en las bocacalles para cerrar la gran plaza que rebosaba de gente por todas partes. Los balcones estaban completamente ocupados y lo mismo las ventanas de las bohardillas y hasta los tejados. Los preparativos para inflar el globo duraron mucho tiempo, pero entre tanto la banda municipal tocó varias piezas, las mejores de su repertorio, para distraer al público. Al fin, y esto fue lo verdaderamente sensacional, apareció el aeronauta, seguido de su mujer y de su hijo, un niño de cortos años. Iban todos igual vestidos, de color azul. Él era alto, moreno, de pelo y ojos negros. Ella y el pequeñuelo eran rubios y de una belleza ideal. La primera que entró en la barquilla fue la joven a la que le fue entregado el niño, habiendo entonces entre el público no pocas voces de protesta. Por último subió él, se soltaron las amarras y el globo se fue elevando majestuosamente mientras hacía ejercicios gimnásticos el matrimonio y el hijo echaba besos al público llevando las manitas a sus labios. La multitud siguió con ansiosa mirada al globo que se alejaba primero lentamente, luego más deprisa, hasta que desapareció. Y a poco de ocurrir esto hubo uno de esos cambios atmosféricos tan frecuentes en marzo, pues era el 18 de este mes cuando se había celebrado aquella fiesta. Lo que fue al principio suave brisa, aire vivo después, se convirtió en huracán furioso y no hubo persona que no temblase, por la suerte de aquella desgraciada familia que arriesgaba su existencia por un puñado de oro. No había madre que no rezara por aquel angelito que seguramente iba a perecer, pidiendo a Dios que hiciera un milagro y salvara su vida. Y entre tanto el pobre aeronauta luchaba con el elemento que destrozaba el globo y trataba de animar a su mujer y de consolar a su hijo que lloraba y que tenía frío. Su deseo era descender en cualquier lado que fuese, pero no lo lograba, y así pasaron algunas horas sin que el viento cesase, expuesta aquella familia a perecer sin encontrar una ayuda que nadie podía prestarles. Al fin, ya a la madrugada, logró el esposo, bajando por una cuerda llegar a la azotea de un palacio, ató sólidamente la maroma a los hierros de la barandilla, trepó por ella y quiso que descendiera su mujer. -Salva primero al niño, le dijo ésta, es todo nuestro amor, y ven luego por mí. Aquel niño, en efecto, era su encanto y su alegría y como por nada del mundo se hubieran separado de él, le habían llevado al verificarse la peligrosa ascensión creyendo que, como otras veces, se efectuaría con toda felicidad. Él cogió al pequeñuelo con un brazo y, aunque con gran dificultad, logró dejar a su hijo en la terraza. Luego volvió a subir, pero, al poner el pie en la barquilla, una ráfaga de viento aún más fuerte que las otras rompió la cuerda y el globo se elevó con gran rapidez. Gracias a que era un hábil gimnasta pudo el hombre salvarse de aquel riesgo reuniéndose a su esposa. El niño, llorando de miedo y de frío, se sentó entre las plantas que adornaban la azotea y al cabo de un rato se durmió con un sueño pesado y febril. La dueña de aquel palacio era una viuda muy caritativa y muy buena, que tenía una inmensa fortuna, siendo el alivio de los pobres de la localidad. Su única pena consistía en no haber tenido nunca hijos. Vivía sola con sus criados sin desear salir de aquel pueblo donde residía desde su infancia. Un pueblo sin ferrocarril, de difícil comunicación con otros lugares por no tener más que un mal camino; sin periódicos, con poco, pero bien avenido vecindario, dirigido desde hacía muchos años por el mismo cura, por el mismo médico y por el mismo alcalde. Un pueblo sin ambición ni aspiraciones, de lo mejor, de lo más sencillo que hay en España. La señora, que era muy madrugadora, se acababa de levantar y miraba desde una de las ventanas el cielo cubierto de nubes. El viento no había cesado todavía. A su lado estaba Ramona, una de sus criadas. -Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso, dijo la dama. Eso no quita que el huracán haya estropeado mis mejores plantas y muchas no puedan lucir sus galas dentro de dos meses. Ven conmigo a la azotea a ver qué destrozos tenemos que lamentar. La señora y la doncella se fueron acercando a todas las macetas, mirándolas una por una, viendo con satisfacción que el viento no había causado tantos daños como suponían. De repente la dama lanzó un grito, se precipitó hacia unos arbustos y cogió en sus brazos al hijo del aeronauta. -Mira, mira, Ramona, exclamó, este es un angelito que me ha enviado el glorioso San José, cuya fiesta celebramos hoy. Si fuese un niño abandonado no estaría en la terraza a la que sólo se puede subir por la escalera que hay en el interior del palacio, estaría abajo, en la calle, todo lo más en el jardín. Sí, es un ángel y para que no bajase desnudo a la tierra sus compañeros le han vestido con un pedacito de cielo. ¡Cuánto le vamos a querer! Porque tú le querrás también, ¿no es verdad? -¡Ah! Sí, con toda mi alma, respondió la doncella. Le querré, le respetaré, le veneraré. -Precisamente esta noche, continuó la viuda, estaba yo pensando en la falta que me hacía un heredero, una criatura que labrase la dicha del último tercio de mi existencia. Y ya ves, San José me ha enviado este niño que será mi hijo, todo mi amor. El pobrecito está helado, vamos a acostarle en mi propia cama hasta que le compremos una cuna. La noticia del misterioso hallazgo cundió rápidamente por el pueblo y no hubo persona que no acudiese a ver al que llamaban el niño del milagro. Éste pasó una enfermedad muy grave y la señora del palacio le cuidó con solicitud y esmero. Cuando ya estuvo bien y pudo hablar vieron que lo hacía en un idioma desconocido para todos. -El lenguaje de los ángeles, decía la dama. Poco a poco fue el niño aprendiendo el español y al preguntarle un día Ramona por sus padres, miró el azul firmamento y sus ojos se llenaron de lágrimas. -No le hagas sentir la nostalgia del cielo, dijo severamente la señora, que nadie le pregunte de dónde ha venido, es este un secreto que ni puede ni debe revelar. El niño, al que llamaron Ángel, fue creciendo en belleza y en perfecciones. De carácter dulce y apacible, de inteligencia superior, era el encanto de sus profesores, de sus compañeros, de su madre adoptiva, de cuantos le trataban. Le encontraban, eso sí, un tanto melancólico y cuando el viento agitaba las copas de los árboles y las nubes se amontonaban en el cielo suspiraba dulcemente y una esperanza loca se apoderaba de él buscando en el celeste espacio un globo que no llegaba nunca, un globo muy amado y deseado ardientemente, que para siempre se había perdido, en cuya barquilla iba un hombre bravo y generoso al que llamaba padre y una mujer que le besaba con el amor de madre verdadera, con una ternura que no había vuelto a encontrar. Y es que en aquel pueblo el respeto y la veneración al ángel impedían las dulces expansiones del amor al niño. Ha terminado, queridos niños, el curso de las cuatro estaciones, o sea el año natural. Empieza sonriente con la primavera y acaba melancólico con las nieves del invierno. A la flor sigue el fruto, al calor el frío, y la naturaleza vuelve a empezar su majestuoso curso año tras año, siglo tras siglo. Así es la vida; el niño es un capullo; al calor de los padres abre sus pétalos, enamora en su juventud con su belleza y con el aroma de su alegría; después languidece y al fin se extingue en la nada de donde le sacara el soplo de la Divinidad. Pero así como la flor es sólo materia sensible, el hombre tiene un alma, que en vida le permite pensar y obrar bien o mal, siendo acogido por Dios en el primer caso, para galardonar sus buenas obras, o devorado por Saturno que, como imagen del tiempo, aniquila cuanto no tiene otra finalidad que la vida temporal sobre la tierra. A veces, alguna alma buena sirve para atraer otra mala al sendero del bien, así como, por desgracia, sucede con frecuencia que la manzana podrida corrompe a su compañera, según nos dice la fábula, y en aquel caso hay que admirar más y más la bondad del Eterno, que permite la redención del malo por la gracia alcanzada por el bueno. En el siguiente sucedido, con el que termina este libro a Las estaciones consagrado, hallaréis demostrado lo que acabo de decir. Marcelo era malo, Miguel bueno, y Dios permitió que éste fuera el ángel de salvación de su tío y profesor. {{c|[[Imagen:Fin4.jpg]]}} {{capítulos|[[Febrero: El baile de niños|Febrero]]|[[Marzo: Ángel|Marzo]]|[[Las Estaciones|Índice]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] jy8fx2vq5ryv05c1l8oucseluggrbts 1665529 1665515 2026-06-21T00:55:18Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665529 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Las Estaciones]] – El Invierno |sección=Marzo - Ángel |autor=Julia de Asensi }} Era en verdad un espectáculo imponente el que iban a presenciar los habitantes de Villaclara en la plaza Mayor. La elevación del globo Héctor se había anunciado para lo último de la función compuesta de ejercicios gimnásticos, carreras de cintas y de velocípedos. Se habían colocado tribunas en las bocacalles para cerrar la gran plaza que rebosaba de gente por todas partes. Los balcones estaban completamente ocupados y lo mismo las ventanas de las bohardillas y hasta los tejados. Los preparativos para inflar el globo duraron mucho tiempo, pero entre tanto la banda municipal tocó varias piezas, las mejores de su repertorio, para distraer al público. Al fin, y esto fue lo verdaderamente sensacional, apareció el aeronauta, seguido de su mujer y de su hijo, un niño de cortos años. Iban todos igual vestidos, de color azul. Él era alto, moreno, de pelo y ojos negros. Ella y el pequeñuelo eran rubios y de una belleza ideal. La primera que entró en la barquilla fue la joven a la que le fue entregado el niño, habiendo entonces entre el público no pocas voces de protesta. Por último subió él, se soltaron las amarras y el globo se fue elevando majestuosamente mientras hacía ejercicios gimnásticos el matrimonio y el hijo echaba besos al público llevando las manitas a sus labios. La multitud siguió con ansiosa mirada al globo que se alejaba primero lentamente, luego más deprisa, hasta que desapareció. Y a poco de ocurrir esto hubo uno de esos cambios atmosféricos tan frecuentes en marzo, pues era el 18 de este mes cuando se había celebrado aquella fiesta. Lo que fue al principio suave brisa, aire vivo después, se convirtió en huracán furioso y no hubo persona que no temblase, por la suerte de aquella desgraciada familia que arriesgaba su existencia por un puñado de oro. No había madre que no rezara por aquel angelito que seguramente iba a perecer, pidiendo a Dios que hiciera un milagro y salvara su vida. Y entre tanto el pobre aeronauta luchaba con el elemento que destrozaba el globo y trataba de animar a su mujer y de consolar a su hijo que lloraba y que tenía frío. Su deseo era descender en cualquier lado que fuese, pero no lo lograba, y así pasaron algunas horas sin que el viento cesase, expuesta aquella familia a perecer sin encontrar una ayuda que nadie podía prestarles. Al fin, ya a la madrugada, logró el esposo, bajando por una cuerda llegar a la azotea de un palacio, ató sólidamente la maroma a los hierros de la barandilla, trepó por ella y quiso que descendiera su mujer. -Salva primero al niño, le dijo ésta, es todo nuestro amor, y ven luego por mí. Aquel niño, en efecto, era su encanto y su alegría y como por nada del mundo se hubieran separado de él, le habían llevado al verificarse la peligrosa ascensión creyendo que, como otras veces, se efectuaría con toda felicidad. Él cogió al pequeñuelo con un brazo y, aunque con gran dificultad, logró dejar a su hijo en la terraza. Luego volvió a subir, pero, al poner el pie en la barquilla, una ráfaga de viento aún más fuerte que las otras rompió la cuerda y el globo se elevó con gran rapidez. Gracias a que era un hábil gimnasta pudo el hombre salvarse de aquel riesgo reuniéndose a su esposa. El niño, llorando de miedo y de frío, se sentó entre las plantas que adornaban la azotea y al cabo de un rato se durmió con un sueño pesado y febril. La dueña de aquel palacio era una viuda muy caritativa y muy buena, que tenía una inmensa fortuna, siendo el alivio de los pobres de la localidad. Su única pena consistía en no haber tenido nunca hijos. Vivía sola con sus criados sin desear salir de aquel pueblo donde residía desde su infancia. Un pueblo sin ferrocarril, de difícil comunicación con otros lugares por no tener más que un mal camino; sin periódicos, con poco, pero bien avenido vecindario, dirigido desde hacía muchos años por el mismo cura, por el mismo médico y por el mismo alcalde. Un pueblo sin ambición ni aspiraciones, de lo mejor, de lo más sencillo que hay en España. La señora, que era muy madrugadora, se acababa de levantar y miraba desde una de las ventanas el cielo cubierto de nubes. El viento no había cesado todavía. A su lado estaba Ramona, una de sus criadas. -Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso, dijo la dama. Eso no quita que el huracán haya estropeado mis mejores plantas y muchas no puedan lucir sus galas dentro de dos meses. Ven conmigo a la azotea a ver qué destrozos tenemos que lamentar. La señora y la doncella se fueron acercando a todas las macetas, mirándolas una por una, viendo con satisfacción que el viento no había causado tantos daños como suponían. De repente la dama lanzó un grito, se precipitó hacia unos arbustos y cogió en sus brazos al hijo del aeronauta. -Mira, mira, Ramona, exclamó, este es un angelito que me ha enviado el glorioso San José, cuya fiesta celebramos hoy. Si fuese un niño abandonado no estaría en la terraza a la que sólo se puede subir por la escalera que hay en el interior del palacio, estaría abajo, en la calle, todo lo más en el jardín. Sí, es un ángel y para que no bajase desnudo a la tierra sus compañeros le han vestido con un pedacito de cielo. ¡Cuánto le vamos a querer! Porque tú le querrás también, ¿no es verdad? -¡Ah! Sí, con toda mi alma, respondió la doncella. Le querré, le respetaré, le veneraré. -Precisamente esta noche, continuó la viuda, estaba yo pensando en la falta que me hacía un heredero, una criatura que labrase la dicha del último tercio de mi existencia. Y ya ves, San José me ha enviado este niño que será mi hijo, todo mi amor. El pobrecito está helado, vamos a acostarle en mi propia cama hasta que le compremos una cuna. La noticia del misterioso hallazgo cundió rápidamente por el pueblo y no hubo persona que no acudiese a ver al que llamaban el niño del milagro. Éste pasó una enfermedad muy grave y la señora del palacio le cuidó con solicitud y esmero. Cuando ya estuvo bien y pudo hablar vieron que lo hacía en un idioma desconocido para todos. -El lenguaje de los ángeles, decía la dama. Poco a poco fue el niño aprendiendo el español y al preguntarle un día Ramona por sus padres, miró el azul firmamento y sus ojos se llenaron de lágrimas. -No le hagas sentir la nostalgia del cielo, dijo severamente la señora, que nadie le pregunte de dónde ha venido, es este un secreto que ni puede ni debe revelar. El niño, al que llamaron Ángel, fue creciendo en belleza y en perfecciones. De carácter dulce y apacible, de inteligencia superior, era el encanto de sus profesores, de sus compañeros, de su madre adoptiva, de cuantos le trataban. Le encontraban, eso sí, un tanto melancólico y cuando el viento agitaba las copas de los árboles y las nubes se amontonaban en el cielo suspiraba dulcemente y una esperanza loca se apoderaba de él buscando en el celeste espacio un globo que no llegaba nunca, un globo muy amado y deseado ardientemente, que para siempre se había perdido, en cuya barquilla iba un hombre bravo y generoso al que llamaba padre y una mujer que le besaba con el amor de madre verdadera, con una ternura que no había vuelto a encontrar. Y es que en aquel pueblo el respeto y la veneración al ángel impedían las dulces expansiones del amor al niño. Ha terminado, queridos niños, el curso de las cuatro estaciones, o sea el año natural. Empieza sonriente con la primavera y acaba melancólico con las nieves del invierno. A la flor sigue el fruto, al calor el frío, y la naturaleza vuelve a empezar su majestuoso curso año tras año, siglo tras siglo. Así es la vida; el niño es un capullo; al calor de los padres abre sus pétalos, enamora en su juventud con su belleza y con el aroma de su alegría; después languidece y al fin se extingue en la nada de donde le sacara el soplo de la Divinidad. Pero así como la flor es sólo materia sensible, el hombre tiene un alma, que en vida le permite pensar y obrar bien o mal, siendo acogido por Dios en el primer caso, para galardonar sus buenas obras, o devorado por Saturno que, como imagen del tiempo, aniquila cuanto no tiene otra finalidad que la vida temporal sobre la tierra. A veces, alguna alma buena sirve para atraer otra mala al sendero del bien, así como, por desgracia, sucede con frecuencia que la manzana podrida corrompe a su compañera, según nos dice la fábula, y en aquel caso hay que admirar más y más la bondad del Eterno, que permite la redención del malo por la gracia alcanzada por el bueno. En el siguiente sucedido, con el que termina este libro a Las estaciones consagrado, hallaréis demostrado lo que acabo de decir. Marcelo era malo, Miguel bueno, y Dios permitió que éste fuera el ángel de salvación de su tío y profesor. {{c|[[Imagen:Fin4.jpg]]}} {{capítulos|[[Febrero: El baile de niños|Febrero]]|[[Marzo: Ángel|Marzo]]|[[Las Estaciones|Índice]]}} [[Categoría:Las Estaciones]] 6ya4b62s3yfd3sqkt0fke288tfj4owo Recuerda que el viernes santo 0 24679 1665538 1193208 2026-06-21T00:59:18Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665538 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Recuerda que el viernes santo fue el día en que conoció a Laura |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> Era el día en que el sol se puso un velo para llorar de su Hacedor la muerte, cuando me ataron con cadena fuerte vuestros soles, que eclipsan al del cielo. Fue en el tiempo, e iba sin recelo de que Cupido con su arpón me acierte, cuando cautivo me sentí, de suerte que entre el duelo común nació mi duelo. Hallome Amor del todo desarmado, y viendo abierta al corazón la vía, por los ojos entró con desenfado. Pero ningún honor hace, a fe mía, a él herirme con flecha en tal estado y a vos disimular el arma impía. </poem> [[Categoría:ES-R]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[en:Canzoniere/Poem III]] [[it:Canzoniere/Era il giorno ch'al sol si scoloraro]] 5blgvgnr1feeamlt8ffwstcsalkiqm7 Belleza de Laura 0 24680 1665546 1193209 2026-06-21T01:00:58Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665546 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Belleza de Laura |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> Volaba la dorada cabellera a Laura que en mil nudos la envolvía, y de los ojos el fulgor ardía, como el sol en mitad de su carrera. De su piedad, o falsa o verdadera, en el color de su rostro se teñía: yo que al amor dispuesto me sentía, ¿qué mucho fue que de improviso ardiera? No era su leve andar humana cosa, sino de forma angélica y volante; no mortal parecía, sino diosa: y al mirarla así sola semejante por lo bella, modesta y pudorosa, yo ser juraba su inmortal amante. </poem> [[Categoría:ES-B]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[Categoría:Traducciones del italiano]] 97qgz0reiugvi453t6yoine97vhgbux Vergüenza amorosa 0 24683 1665536 1193210 2026-06-21T00:58:36Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665536 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Vergüenza amorosa |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> Lleno de una ilusión que me desvía de todos, y me aísla en este suelo, aún de mi mismo recatarme suelo, buscando a aquella que esquivar debía. Llega con tan suave altanería, que el alma tiembla para alzar su vuelo; ¡Tantos suspiros trae y tanto duelo esta enemiga del amor y mía! Tal vez un rayo de piedad, divino, que brillar en sus ojos me parece, hace que en parte mi temor se venza. ¡Mas, cuando hablarla al fin me determino, cuando pensé olvidando, me enmudece de casto amor la natural vergüenza! </poem> [[Categoría:ES-V]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] rd8y48qyghprgc2k1g2gx0gt5semqn1 En presencia de Laura 0 24684 1665537 1193211 2026-06-21T00:59:05Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665537 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=En presencia de Laura no puede hablar ni llorar ni respirar |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> El conservarte pura de mentira y haberte siempre cuanto pude honrado ¡qué mal, ingrata lengua, me has pagado, causándome tal vez vergüenza e ira! En faz de Laura tu valor expira para pedir merced, y o te has callado, o imperfectas palabras balbuceando, como de hombre que sueña o que delira. ¡Lágrimas tristes que la noche entera fieles me acompañáis! ¿Por qué delante de mi Laura no puedo desparciros? ¡Y vosotros, oh férvidos suspiros, también enmudecéis de tal manera que solo habla mi pálido semblante! </poem> [[Categoría:ES-E]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[it:Canzoniere (Rerum vulgarium fragmenta)/Perch'io t'abbia guardato di menzogna]] rp5dqkosbdupflfy5qtb99knioz48z7 La noche y la aurora 0 24685 1665545 1193212 2026-06-21T01:00:50Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665545 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=La noche y la aurora |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> Desear la noche y maldecir la aurora acostumbran los prósperos amantes; mas la noche mis duelos más punzantes hace, y los templa el alba bienhechora, pues en ella tal vez abren a una hora un sol y el otro como dos levantes, en belleza y en luz tan semejantes, que el cielo de la tierra se enamora. La noche anhela el amador amado que en sus tinieblas, de su dulce amiga gozar espera el cariñoso lado; mas yo es justo que siempre la maldiga, pues en ella mi sueño idolatrado su cruda ausencia a lamentar me obliga. </poem> [[Categoría:ES-L]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[it:Canzoniere/La sera desïare, odiar l'aurora]] frd2gh1wdiq27woym6vlc1ndcrpotje Laura en el cielo 0 24686 1665542 1193213 2026-06-21T01:00:14Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665542 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Laura en el cielo |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> Me alzó mi mente a la feliz esfera que a los que amaron en su edén encierra; yo a la que busco y no hallo aquí en la tierra vi más hermosa y menos altanera. Asió mi mano, y dijo: «Aquí te espera conmigo amor, mi anhelar no yerra: yo soy la que te dio tan cruda guerra y de su edad murió en la primavera.» «Mi bien no cabe en pensamiento humano: tú solo faltas y el mortal vestido que tanto amaste, y que dejé en el suelo». ¿Por qué, callando, me soltó la mano? Que de tan dulces voces al sonido, casi con ella me quedé en el cielo. </poem> [[Categoría:ES-L]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] 96u0deo8mn9lxsn9iothil29hyrwax1 Volviendo a Valclusa años después de la muerte Laura 0 24687 1665539 1193214 2026-06-21T00:59:30Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665539 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Volviendo a Valclusa años después de la muerte Laura |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> ¡Oh valle donde mi lamento suena, río que tanto con mi lloro creces, silvestres flores, vagas aves, peces, que la una y la otra verde orilla enfrena! ¡Aura de mis suspiros toda llena, dulce senda que amarga hoy me pareces, alcor que me alegraste tantas veces y ahora me causas tan profunda pena! Todos sois lo que fuisteis, todavía; no yo ¡ay de mí! que tan feliz he sido y soy albergue de infinito duelo. ¡Ah! aquí fue donde mi bien vivía, Y desde aquí a los cielos ha subido, dejando al mundo su terrestre velo. </poem> [[Categoría:ES-V]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[it:Canzoniere/Valle che de' lamenti miei se' piena]] [[ru:Речка, распухшая от слёз солёных (Петрарка/Мандельштам)]] e6dofs05dqfdeu5vuu8vyl48hpgfvkf En la muerte de Sennucio, poeta y amante 0 24688 1665535 1193215 2026-06-21T00:58:23Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665535 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título={{PAGENAME}} |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> Aunque quedo sin ti, solo y desierto, caro Sennucio, al cabo me consuelo; porque del cuerpo donde estabas muerto gloriosa tu alma remontó su vuelo. Ya puedes, lejos de este mundo incierto, las maravillas contemplar del cielo, y de mil y mil astros el concierto; yo templo así con tu placer mi duelo. Te ruego que de Venus en la esfera por mí saludes al divino Dante y a Beatriz su dulce compañera; y dile a Laura que su triste amante, mientras con ella reunirse espera, en lloro vive y en dolor constante. </poem> [[Categoría:ES-E]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[Categoría:Traducciones del italiano]] [[it:Canzoniere/Sennuccio mio, benché doglioso et solo]] 0ofmwh7zy5gp4kzgkyoghl32aki85hc Ave infeliz que, sin un punto ceses 0 24689 1665540 1193216 2026-06-21T00:59:49Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665540 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Ave infeliz que, sin un punto ceses |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Francesco Petrarca |sección= }} <poem> Ave infeliz que, sin un punto ceses, lamentas tu fugaz tiempo pasado, viendo el infierno lóbrego a tu lado y tras de ti el día y los alegres meses. Si, como sabes tu pesar, supieses mi semejante doloroso estado, compasivo con este desgraciado tus tristes quejas a partir vinieses. Yo no sé si igual fuera nuestra suerte; que tal vez, la que lloras tiene vida, cuando a mi Laura, arrebató la muerte. Mas la hora, la estación y la sentida queja con que no dejas de dolerte a decirte mis penas me convida. </poem> [[Categoría:ES-A]] [[Categoría:Sonetos de Francesco Petrarca]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[Categoría:Traducciones del italiano]] cja9nhz0dsbrlvi0y5bqbxsjtm3id17 Desengaño (Miguel Ángel) 0 24713 1665541 1193220 2026-06-21T01:00:07Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665541 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Desengaño |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Miguel Ángel |sección= }} <poem> Llegó ya el curso de la vida mía por tempestuoso mar, en frágil barca, al común puerto, en el que se da parca cuenta de toda acción, injusta o pía. ¡Cuánto ello la amorosa fantasía que del arte hizo su ídolo y monarca! Que en cuanto alumbra el sol y el mar abarca es todo error cuanto el mortal ansía. Devaneos de amor, triunfos del arte, ¿qué sois, hoy que a dos muertos me avecino? Una es segura, la otra me amenaza. No habrá pintar, no hay esculpir que hoy harte al alma vuelta a aquel amor divino que de la cruz al universo abraza. </poem> [[Categoría:ES-D]] [[Categoría:Sonetos de Miguel Ángel]] [[Categoría:P1873]] [[Categoría:Sonetos]] [[it:Rime (Michelangelo)/285. Giunto è già 'l corso della vita mia]] [[pl:Poezye Michała - Anioła Buonarrotego - 36]] qv5141a8c6egdkz0i0z8f9zqi0urm5l A San Francisco de Asís 0 24723 1665544 1193223 2026-06-21T01:00:43Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665544 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=A San Francisco de Asís |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Torquato Tasso |sección= }} <poem> ¡Oh tú a quien Cristo con su propia mano en el cuerpo imprimió las hondas huellas de las llagas sangrientas cuanto bellas que recibió en el leño soberano! Pues, ya, a tu pío Salvador cercano resplandecer las miras cual estrellas, no dejes que la voz de mis querellas a sus oídos se levante en vano. Sus golpes para mí son tan violentos como suaves para ti las llagas; estas eran de amor, esos son de ira; mas tú me los endulzas; tú me inspiras tanto tu puro ardor que con él hagas que en Dios hallé felices mis tormentos. </poem> [[Categoría:ES-A]] [[Categoría:Sonetos de Torquato Tasso]] [[Categoría:P1874]] [[Categoría:Sonetos]] 9xulnifawdnaagixc4l6w98yuqxkg7w Compara su amada a la aurora 0 24728 1665543 1193224 2026-06-21T01:00:30Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665543 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Compara su amada a la aurora |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Torquato Tasso |sección= }} <poem> Cuando sale la Aurora y su faz mira en el espejo de las ondas; siento las verdes hojas susurrar al viento; como en mi pecho el corazón suspira. También busco mi aurora; y si a mí gira dulce mirada, muero de contento; veo los nudos que en huir soy lento y que hacen que ya el oro no se admira. Mas al sol nuevo en el sereno cielo no derrama madeja tan ardiente la bella amiga de Titón celoso. Como el dorado rutilante pelo que orna y corona la nevada frente de la que hurtó a mi pecho su reposo. </poem> [[Categoría:ES-C]] [[Categoría:Sonetos de Torquato Tasso]] [[Categoría:P1874]] [[Categoría:Sonetos]] ctl53gdxdwr3f30c3wjqn1jgp2h3j00 A Italia (Bembo) 0 25377 1665548 1193325 2026-06-21T01:01:24Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665548 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=A Italia |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Pietro Bembo |sección= }} <poem> Oh tú del mundo la más bella parte, que ciñe el vasto mar y el Alpe cierra, oh dulce, alegre, deleitosa tierra; que alto y soberbio el Apenino parte. En vano el pueblo te dejó de Marte señora de la mar y de la tierra, hoy tus antiguas siervas te hacen guerra y no cesan de herirte y de pegarte. Ni falta entre tus hijos quien ajeno poder devastador convide y llame y hunda su espada en tu materno seno; no queda ya quien te respete y ame. ¡Oh duro siglo de maldades lleno! ¡Oh estirpe vil, degenerada, infame! </poem> [[Categoría:ES-A]] [[Categoría:Sonetos de Pietro Bembo]] [[Categoría:Sonetos]] [[it:O pria sì cara al ciel del mondo parte]]{{Interwiki-info|it|(vo)}} 1axjuz1a4g1pd4rkddj3qd1713k847u El día que en tu faz la gloria entera 0 25383 1665549 1193326 2026-06-21T01:01:37Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665549 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=El día que en tu faz la gloria entera |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Vincenzo Monti |sección= }} <poem> El día que en tu faz la gloria entera del grande sacrificio fulguraba y una luz de los cielos hechicera en tus ojos extática brillaba. A tu oído la queja lastimera de tu doliente Juventud sonaba y sobre tu cortada cabellera la despreciada Libertad lloraba. El placer lisonjero te ofrecía sus deleites funestos y a la entrada con mano audaz tu veste removía; ¡mas tú las puertas, invencible y fuerte, cerraste de tu mística morada y le diste las llaves a la Muerte! </poem> [[Categoría:ES-E]] [[Categoría:Sonetos de Vincenzo Monti]] [[Categoría:Sonetos]] pt76d0w4t6ckr1g54d28d0n53phhg11 En otra profesión 0 25387 1665547 1193327 2026-06-21T01:01:07Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665547 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=En otra profesión |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Vincenzo Monti |sección= }} <poem> ¡Oh Libertad! ¡Oh de héroes madre santa, y de los hombres principal derecho que está grabado en todo noble pecho y nuestra parte superior levanta! ¿Pues cómo así con atrevida planta te deja incauta virgen y su techo nativo trueca por el claustro estrecho y eterno cautiverio no la espanta? Mas no; que, aunque parece que te huella al hierro dando su dorado pelo, quien más te busca, Libertad, es ella; más libre la hace su ceñido velo, porque la misma servidumbre es bella si eterna Libertad nos da en el cielo. </poem> [[Categoría:ES-E]] [[Categoría:Sonetos de Vincenzo Monti]] [[Categoría:Sonetos]] 413vgwtdbf7pynmthafsmmj9cjdnmcu Luz y sombra (Samper) 0 25493 1665550 1189443 2026-06-21T01:02:17Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665550 wikitext text/x-wiki {{encabezado |titulo = [[Novelas y cuadros de la vida sur-americana]] |sección = Luz y sombra (Cuadros de la vida de una coqueta) |autor = Soledad Acosta de Samper }} == I - La juventud == Brillaba Santander en toda su gloria militar, en todo el esplendor de sus triunfos y en el apogeo de su juventud y gallardía. El pueblo se regocijaba con su adquirida patria, y el gozo y satisfacción que causa el sentimiento de la libertad noblemente conquistada se leía en todos los semblantes. Contaba yo de catorce a quince años. Había perdido a mi madre poco antes, y mi padre, viéndome triste y abatida, quiso que acompañada por una señora respetable, visitase a Bogotá y asistiese a las procesiones de Semana Santa, que se anunciaban particularmente solemnes para ese año. En aquel tiempo el pueblo confundía siempre el sentimiento religioso con los acontecimientos políticos, y en la semana santa cada cual procuraba manifestarse agradecido al que nos había libertado del yugo de España. Triste, desalentada, tímida y retraída llegué a casa de las señoritas Hernández, donde mi compañera, doña Prudencia, acostumbraba desmontarse en Bogotá. Las Hernández eran las mujeres más de moda y más afamadas por su belleza que había entonces, particularmente una de ellas, Aureliana. Llegamos el lunes santo a las dos de la tarde, y doña Prudencia, deseosa de que yo no perdiese procesión, me obligó a vestirme, y casi por fuerza me llevó a un balcón de la calle real a reunirnos a las Hernández, que ya habían salido de casa. Cuando vi los balcones llenos de gente ricamente vestida, las barandas cubiertas con fastuosas colchas, y me encontré en medio de una multitud de muchachas alegres y chanceras, me sentí profundamente triste y avergonzada, y hubiera querido estar en el bosque, más retirado de la hacienda de mi padre. -¡Allá viene Aureliana! -exclamó doña Prudencia. -¿Dónde? -pregunté, deseosa de conocerla; pues su extraordinaria hermosura era el tema de todas las conversaciones. -Aquella que viene rodeada de varios caballeros. -¿La que trae saya de terciopelo negro con adornos azules y velo de encaje negro? -No, ésa es Sebastiana, la hermana mayor. La que viene detrás con una saya de terciopelo violeta, guarniciones de raso blanco y mantilla de encaje blanco, es Aureliana. ¡No creo que haya habido nunca mujer más hermosa! Un cuerpo elegante y gallardo, una blancura maravillosa, ojos que brillaban como soles, labios divinamente formados que cubrían dientes de perlas... y por último sin igual donaire y gracia. Subió inmediatamente al balcón en que yo estaba, rodeada por un grupo de jóvenes que como mariposas giraban en torno suyo. Los saludos, las sonrisas, las miradas tiernas, los elogios más apasionados eran para Aureliana. Sebastiana era también muy bella, pero su hermana arrebataba y hacía olvidar a todas las demás. Su gracia, sus movimientos elegantes, su angelical sonrisa y mirada, ya lánguida, ya viva, alegre o sentimental, todo en Aureliana encantaba. Volví con las Hernández a su casa, pero era tal la impresión que Aureliana me había causado, que no podía apartar mi vista de su precioso rostro. Enseñada a que generalmente las demás mujeres la mirasen con envidia, la hermosa coqueta comprendió mi sencilla admiración, me la agradeció, y llamándome a su lado, me hizo mil cariños, halagándome con afectuosas palabras. Al tiempo de retirarse a su cuarto me llevó consigo, diciendo que me tomaba bajo su protección durante mi permanencia en Bogotá. El cuarto estaba lujosamente amoblado. Sobre las mesas se veían los regalos que le habían enviado aquel día: joyas, vestidos, adornos costosos, piezas de vajilla, flores naturales y artificiales, frutas raras y exquisitas..., en fin, allí estaban los objetos más curiosos que se podían encontrar en Bogotá. -¿Es hoy el cumpleaños de usted? -le pregunté admirada al ver tantos regalos. -No -me contestó con aire de triunfo-. Mis sonrisas valen más que todo esto que me envían en cama uno de los que se me han acercado hoy, al comprender algún capricho mío, me ha querido complacer enviando lo que deseaba. Un no sé qué de irónica y triste pasó por su lindo rostro al decir estas palabras, e instintivamente sentí que aquella existencia de vanidad me repugnaba. Durante las dos semanas que permanecí en Bogotá estuve continuamente con Aureliana, y al tiempo de despedirme vi brillar una lágrima de sentimiento entre sus crespas pestañas. A pesar de los homenajes de todos los altos personajes de la República, de las fiestas que le daban y de los elogios que le prodigaban, la humilde admiración de una campesina despertó en su corazón un cariño sincero. Me hallaba algunos años después en Tocaima con mi padre enfermo, cuando se supo que en esos días llegarían las Hernández. Éste fue un acontecimiento para todos los que estaban en el Pueblo. Aureliana se había enfermado ¡qué calamidad! Se dijo que el presidente le prestaría su coche para atravesar la Sabana y que los mejores caballos de la capital estaban a su disposición. En la Mesa le prepararon una silla de manos, por si acaso prefería ese modo de viajar. En fin, cuando se supo que llegaba la familia Hernández, salieron todos los principales habitantes del lugar a recibirla. Les habían destinado la mejor casa de Tocaima, y cada cual envió cuanto creía que la enferma pudiese necesitar. Apenas supo Aureliana que yo estaba en el pueblo, me mandó llamar con mil afectuosas expresiones. La encontré pálida, pero bella como siempre. Aunque la acompañaba una comitiva bastante numerosa de jóvenes y amigas de Bogotá, gustaba mucho de mi compañía y pasábamos una gran parte del día juntas. Una noche dieron en el pueblo un baile para festejar la reposición de Aureliana; pero ella al tiempo de salir, dijo que no se sentía bastante fuerte para concurrir al baile y que permanecería en su casa; y en efecto, me envió a llamar para que la acompañase aquella noche. La halló sola en un cuartito que habían arreglado para ella con lo mejor que se encontró en el lugar. Una bujía puesta detrás de una pantalla esparcía su luz suave por la pieza, y en medio de las sombras se destacaba la aérea figura de Aureliana, que ataviada caprichosamente con un vestido popular, dejaba descubiertos sus brazos torneados y ocultaba en parte sus espaldas bajo un paño de linón blanco. Estaba recostada en una hamaca y apoyando la cabeza sobre el brazo doblado, con la otra mano acariciaba sus largas trenzas de cabellos rubios que hacían contraste con sus rasgados ojos negros y brillantes. -¡Bienvenida, Mercedes! -dijo lánguidamente al verme-. Mi madre y mis hermanas se fueron al baile y no las acompañé porque estoy demasiado fastidiada para pensar en diversiones. -¡Usted fastidiada! -exclamé. -¿Y porqué no? ¿acaso no se encuentra siempre hiel en toda copa de dicha que apuramos hasta el fondo? -¡Qué poética está usted esta noche! -No soy yo; esa frase me la enseñó Gabriel el literato, uno de mis adoradores. -Pero no debería usted ni en chanza quejarse de su suerte. -No, no me quejo. He obtenido de los demás cuanto he querido... pero... -¡Cómo! -exclamé- ¿no le basta aún tanta adoración, tanto amor como el que la rodea? -Siéntate a mi lado, Mercedes -me dijo, tuteándome de repente-: no sé por qué tengo por ti tanta predilección -y añadió en voz baja-: será tal vez porque eres la única mujer (no exceptúo a mis hermanas) que no se ha mostrado envidiosa de mí... ¡Ah! -exclamó un momento después con tristeza-, ¡cuán poco fundamento tienen para ello! Yo no sabía qué contestarle y guardé silencio. -Dime -añadió-, ¿sabes lo que es amar? Bajé los ojos sin contestar: sabía lo que era amar pero ese sentimiento lo guardaba en mi corazón como un secreto. -¿No me contestas? No es una pregunta vana ni una curiosidad mujeril. Deseo saber la verdad... quisiera comprender lo que hay en otro corazón... -Hace dos años -contesté-, que estoy comprometida a casarme, y nunca me ha pesado. Eso le bastará a usted para comprender que sé lo que es amar. -Eres más feliz que yo entonces -repuso apoyando su mano afectuosamente sobre la mía-. Yo nunca he podido amar verdaderamente. Ésa es la herida secreta de mi alma. ¡Tengo cerca de treinta años y no sé lo que es amar con el corazón, con abnegación, con ternura! Mi vanidad ha sido halagada mil veces: mi imaginación se ha entusiasmado; pero mi corazón no ha sabido, no ha podido amar sinceramente. Nunca me ha ocurrido olvidarlo todo por el objeto amado: nunca he encontrado tranquilidad ni completa dicha al lado de uno solo. Me dicen que amar es vivir pensando siempre en el ser predilecto, asociándolo a todos los momentos de nuestra vida, siendo su nombre la primera palabra al despertar, y siendo él nuestro último pensamiento al dormirnos... Amar debe de ser vivir en un mundo aparte, sintiendo emociones inefables de suprema ternura... Dime, ¿es así como amas? -Ha descrito usted mis más íntimos sentimientos. Pero añadí-, amar es también sufrir ¿no es usted más feliz con su tranquilidad? -No, hija mía: hay más dicha en amar que en ser amado, me ha dicho muchas veces Vicente el poeta, y lo creo. Tenía yo apenas catorce años cuando por primera vez comprendí que mi belleza inspiraba amor y avasallaba. Encantada, creí corresponder durante algunos días ¡pobre Mariano! La ilusión pasó al momento que otro de mejor presencia se me acercó. Creí haberme equivocado en mi primer afecto y lo rechacé para acoger al segundo. Pero sucedió lo mismo con éste y los demás. Para entonces sabía el precio de mi palabra más insignificante, de mis miradas más vagas y, te lo confieso, me hice coqueta con el corazón vacío y la imaginación ardiente. La sociedad entera estaba a mis pies: ninguna mujer podía competir conmigo. Las palabras de adoración que oía no causaban impresión en mi corazón: las recibía con frialdad, pero las contestaba con fingida ternura. Instintivamente me aparté del lado de Aureliana. Esta mujer tan fría y tan hermosa me horrorizaba. Su corazón parecía una de aquellas cumbres nevadas a cuya cúspide nunca han logrado llegar los viajeros. -Una vez -continuó, sin cuidarse de mi movimiento de repulsión-, una vez comprendí que en el círculo de admiradores que me rodeaban había un joven que criticaba mi modo de ser y que no sentía por mí ninguna admiración. Esto me chocó al principio y me dolió al fin. Fernando, así se llamaba, se manifestaba siempre serio y severo conmigo y aun a veces tuvo la audacia de censurarme. Su frialdad delante de mí y sus improbaciones me causaron tanto disgusto, que decidí conquistarlo a todo trance. Sin manifestárselo claramente desplegué para él todas mis artes, mostrándome tan afectuosa, que pronto vi que le habían hecho mella mis atenciones; pero aunque sus modales eran los de un hombre galante, no se manifestaba enamorado. Si no lo venzo, pensé, es un hombre superior y digno de un afecto verdadero. Sin embargo, Fernando no buscaba mi sociedad con preferencia, aunque ya no me censuraba como antes; y afectaba hablar delante de mí de la belleza de otras mujeres. Desgraciadamente mi carácter no es constante, y mi entusiasmo que sólo dura un momento, cede ante cualquiera dificultad. No hubiera querido verlo a mis pies, pero no consentía mi amor propio que admirara a otras mujeres. Mientras tanto nuevas conquistas y diversiones ocuparon mi pensamiento y olvidé el noble propósito, apenas formado, de gozar con un amor secreto aunque no fuera correspondido. -¡Qué carácter tan extraño tiene usted! pero continúe; ¿que se hizo Fernando? -Lo vas a oír. Hace algunos meses el Libertador dio un baile en una quinta en los alrededores de Bogotá. La noche estaba lindísima y la luna iluminaba los jardines. Fatigada del ruido y deseosa de encontrarme sola para leer una carta que se me había entregado misteriosamente, me escapé de la casa sin ser vista, y me dirigí hacia un pabellón situado en el fondo del jardín, en donde sabía que hallaría luz y soledad. Envuelta en un grueso pañolón que me escudaba del frío de la noche, atravesé prestamente el jardín y tomé una senda sombreada por arbustos, y cortada por un arroyo que bajaba resonante del vecino cerro. El contraste del ruido, las luces, la armonía y la agitación de un baile con el tranquilo paisaje que atravesaba, me predispuso a una melancolía vaga muy extraña a mi carácter. Una lámpara colgada del techo iluminaba el pabellón: al llegar a él me dejé caer sobre un sofá y se me escapó un suspiro. Otro suspiro hizo eco a mi lado, y volviéndome hacia la puerta vi que un caballero estaba ahí en pie. Disgustada del espionaje impertinente iba a reconvenir al que había interrumpido mi soledad, cuando éste desembozándose descubrió la pálida e interesante fisonomía de Fernando. -¿Fernando -dije-, es usted? -Tiene usted razón de admirarse, Aureliana: no debía hallarme aquí -dijo; y tomándome la mano, que instintivamente le alargaba, imprimió sus labios en ella. -¿Para qué luchar más? -añadió sentándose a mi lado-; ¿para qué fingir despego cuando no puedo menos que adorarla? No sé si el corazón de todas las mujeres es igual al mío; pero en vez de sentirme dichosa con mi antes anhelada conquista, mi corazón permaneció tranquilo e indiferente. La desilusión más profunda se apoderó de mí al comprender que no era capaz de amar al único hombre que tanto había admirado; y en lugar de contestarle como hubiera hecho a otro cualquiera, bajé la cabeza en silencio y con amargura pensaba que todos los hombres son iguales puesto que basta lisonjear su vanidad para verlos rendidos. Fernando me refirió entonces la historia de su amor. Me confesó que cuando me había conocido, primero sintió hacia mí cierta repulsión y odio, y miraba con desdén a todos los que se me humillaban; pero que el deseo que le manifestó de oír sus consejos y de agradarle, en lugar de resentirme por sus censuras, lo había sorprendido y poco a poco su odio fue cambiándose, en un afecto verdadero que se convirtió en amor violento. Disgustado y humillado al comprender que no tenía fuerza para defenderse, había luchado largo tiempo por vencer su inclinación, y al fin determinó huir de mí y me había hecho entregar sigilosamente una carta aquella noche. Era una tierna despedida. Logré que Fernando no partiera. Deseaba despertar en mi corazón aquel interés que había creído sentir por él en un tiempo. ¡Amar debe de ser tan bello! Pronto el mismo Fernando descubrió que yo misma procuraba engañarme y que nunca podría amarlo. Sentía sin embargo perder un corazón tan noble y quise convencerlo de que lo amaba, pero él no se engañó, y se despidió de mí resignado y triste, bien que sin manifestarse herido en su amor propio. Hace un mes supe que había muerto en Cartagena en un duelo por causa mía, defendiéndome de las calumnias que propagaba contra mí un oficial a quien había desdeñado. Esta muerte, me causa a veces remordimientos. ¿Pero qué culpa tengo si no lo podía amar? Nunca le dijo que no le correspondía... -En eso estuvo el error. -Tal vez; pues me decía que mis miradas y mis expresiones de cariño le habían hecho concebir esperanzas, y creía por momentos que no lo miraba con indiferencia. Sin esa idea jamás me hubiera amado. -¡Pobre joven! -exclamé-; -¡Pobre joven! -exclamé-;ted. -No digas eso -contestó Aureliana con amargura-. El que ama está recompensado con el grato sentimiento que lo anima. Algunas veces me he sentido inspirada por ráfagas, desgraciadamente pasajeras, de una ternura que me ha henchido el corazón, ennoblecido el alma y llenándome de bellos pensamientos. ¡Pero cuán cortos han sido estos instantes! He pasado mis días buscando con ahínco el amor, único objeto de la vida de una mujer, pero en su lugar sólo he hallado desengaños y vacío. No creas que la coquetería que me tachan, quizás con razón, es el fruto de un corazón pervertido; no lo creas: es que busco en todas partes un ideal que huye de mí incesantemente. El lenguaje escogido, aunque sin verdadera profundidad de ideas que distinguía a Aureliana, la hacía en extremo agradable, pero no sabía hablar con elocuencia sino de sí misma. De vez en cuando llegaba hasta nuestros oídos el eco lejano de la música del baile a que Aureliana había rehusado concurrir. Sacó su reloj (objeto raro en aquel tiempo) que pendía de una gruesa cadena que llevaba al cuello; eran las doce de la noche. -Esta noche no podré dormir -dijo suspirando-. La conversación que hemos tenido me ha causado suma tristeza y me ha recordado escenas que quisiera olvidar. Fernando no es el único que se ha perdido por causa mía... -¡Qué alegres y triunfantes estarán mis hermanas y mis amigas sin mi presencia esta noche! -exclamó un momento después, poniéndose en pie y mirándose en un espejo que tenía a la cabecera de su cama-. Mejor hubiera sido emplear nuestro tiempo en el baile. ¿Quieres ir? ¡Qué! -añadió, viendo la seriedad con que yo acogía una propuesta tan descabellada-, ¿te has impresionado con mi charla sentimental? ¡Bah! eso es pasajero. ¡Ven al baile! -¿Yo presentarme a esta hora? ¡imposible! -Mandaremos llamar quien nos acompañe. -No puedo, no quiero. Perdóneme usted, pero... -No te quiero obligar -me contestó-. Yo iré; mi sistema consiste en no dejarme llevar nunca por la tristeza, y a todo trance combatirla. No quiso ponerse adorno ninguno. Soltó su rubia cabellera, se ató una cinta azul al derredor de la cabeza, se envolvió graciosamente en un chal del mismo color, y llamando a un negro esclavo le mandó que llamase quien la fuese a acompañar al baile. Mientras llegaban los amartelados ansiosos de obedecer su orden, me hizo acostar en su cama y se despidió afectuosamente de mí al partir. Quedeme aterrada con las revelaciones que me había hecho y admirada de los caprichos de aquella mujer tan extraña y... tan infeliz. Al cabo de pocos días la familia Hernández regresó a Bogotá; y se pasaron cerca de treinta años sin que yo volviese a ver a Aureliana, ni tener de ella sino vagas noticias de que no hice caso. == II - La vejez == Al fin me casé, mis hijos crecieron y a su vez me rodearon de nietos. Veía mi juventud en lontananza, como un suelo que pasó; pero estaba satisfecha con mi humilde suerte. Descansaba una tarde sentada a la puerta de mi casa. El día había sido muy caluroso haciendo apetecible la sombra de los árboles que refrescaban mi alegre habitación. De repente veo salir de la posada del pueblo a una señora anciana, inclinada por la edad y las dolencias y apoyándose en el brazo de un negro viejo. Después de vacilar un momento y siguiendo la dirección que el negro le indicó, se dirigió hacia mí con suma lentitud y trabajo. Al llegar al sitio en que yo estaba, se detuvo y con voz apagada y triste me dijo: -¿Me conoces Mercedes? -No, no recuerdo... -¿Pero tal vez no habrás olvidado a Aureliana Hernández? ¿no es cierto? -¡La señora Aureliana! ¿acaso?... -¡Soy yo! La miré llena de asombro. No le había quedado la menor señal de su singular belleza. Parecía tener más de setenta años: la cutis ajada por los afeites, y acaso también por los sufrimientos, estaba arrugada y amarillenta: los ojos, tan brillantes en la juventud, ahora turbios y enrojecidos; el cuerpo agobiado y el andar lento y trabajoso, indicaban que las penas de una larga enfermedad la habían envejecido aún más que el trascurso de los años. Inmediatamente la hice entrar y recordando el cariño que me tuvo en otro tiempo, le prodigué cuantos cuidados pudo, procurando hacerle olvidar el aislamiento en que la encontraba. No me atrevía a preguntarlo por su familia que abandonaba así en la vejez a mujer que había sido tan contemplada en su juventud. Indagando el motivo que la había traído a *** me contestó: -Mis enfermedades, y la orden de los médicos. -¿Y la familia de usted está en Bogotá? -Sí; allí están todos. -¿Y la hija de usted por qué no la acompaña? -La pobre -dijo con una sonrisa de resignación-, en vísperas de casarse, y no era justo que abandonase a su novio para venirse al lado de una inválida como yo. -¿Y el señor N*** su esposo? -El clima cálido le hace daño. -¿Y sus dos hijos?... -Sus negocios les impiden salir al campo. Pero vino acompañándome el negro, el mismo esclavo que conocerías en casa, y el único que comprende y soporta mis caprichos; él nunca me ha querido abandonar a pesar de ser ya libre. Un antiguo esclavo fiel era el único y el último apoyo que le había quedado a aquella mujer tan festejada. Se me apretaba el corazón al oírla, y se me llenaron los ojos de lágrimas al contemplar una vejez tan triste después de una juventud tan brillante. Aureliana permaneció un mes en mi casa, atendida, me dijo, como no se veía hacía mucho tiempo. En las largas conversaciones que tuvimos comprendí que la segunda parte de su vida había sido una terrible expiación de la loca vanidad de la primera. Poco a poco me fue descubriendo los secretos más dolorosos de su vida. Casada hacia el fin de su juventud con un hombre a quien ella no amaba, y de quien no era amada, pronto descubrió que él sólo había querido especular con su riqueza, y notó con terror que su belleza desaparecía paso a paso. Sin educación esmerada, sin instrucción ninguna, al perder esa hermosura que era su único atractivo, los admiradores fueron abandonándola sucesivamente. Veía con afán que su presencia no causaba ya emoción y que las miradas de los concurrentes a las fiestas a que asistía no se fijaban en ella. Deseosa entonces de abandonar el teatro de sus primeros triunfos, acompañó a su esposo con gusto a los Estados Unidos; pero allí se vio aún más desdeñada. Desesperada procuró hacer mil esfuerzos para recuperar su perdida hermosura, y pasaba largas horas delante de su espejo adornándose con todo el arte que una experiencia consumada le había enseñado. Ocasión hubo en que su espejo le hacía ver de nuevo la Aureliana de su juventud, y llena de ilusiones y colmada de esperanzas se presentaba en las fiestas y los bailes, ¡pero los demás la miraban como se mira a una ruina blanqueada y pintada! Otras, no muy bellas pero más jóvenes, se llevaban la palma. ¡Cuántos y cuán crueles desengaños tendría aquella pobre mujer, que había fincado su vida en sus atractivos personales! Sufría momentos de postración en que pedía a Dios la muerte más bien que dejar de ser admirada. En esas luchas, en este afán pasó algunos años antes de llegar a persuadirse de la inutilidad de sus esfuerzos. Las aguas, los polvos y los cosméticos con que procuró hacer revivir su perdida frescura aniquilaron los restos de su colorido y mancharon lo albo de su tez; las enfermedades apagaron antes de tiempo el brillo de sus ojos y destruyeron su hermosa cabellera, y por añadidura las lágrimas, los desengaños y las penas domésticas acabaron con el último resto de su singular belleza. Durante la niñez de sus hijos éstos se habían visto abandonados por la madre, que perseguía sus últimos triunfos; y así perdió ese primer cariño filial tan puro y tan bello. Por otra parte, las palabras desdeñosas del señor N*** habían hecho nacer en el corazón de esos niños un sentimiento de completa indiferencia hacia su madre desamada y poco respetada. Cuando al fin Aureliana se convenció de que habían pasado los últimos arreboles de vanidad mundana, se volvió hacia sus hijos; pero éstos recibieron con disgusto sus expresiones de cariño, creyeron que era uno de los muchos caprichos pasajeros de que su padre la acusaba diariamente, y llenos de frialdad no le hicieron caso. Aureliana era, en efecto, impertinente y caprichosa, resultado natural e infalible, de su mala educación y de la vida que había llevado en su juventud. Para consolarse de sus desgracias presentes, no dejaba de hablar de su antigua belleza y de los triunfos de su juventud, añadiendo así al vacío de ideas la locuacidad ridícula, y la ruina de su carácter de madre a la ruina de su belleza de cortesana. Continuamente enferma, su familia la envió a que cambiase de clima, acompañada solamente por el negro. Después de haberse visto adorada en su juventud por cuantos se le acercaban; después de acostumbrarse a que todos se inclinasen ante su más leve capricho y que su menor indisposición fuese una calamidad pública, ahora, cuando se encontraba realmente enferma y débil, se veía abandonada hasta por los que tenían el deber de procurarle comodidades. No hace mucho que Aureliana murió en Bogotá olvidada y no llorada. En medio de sus sufrimientos, me dicen que todavía hablaba de sus antiguos triunfos y de su belleza. La vanidad y los mundanos recuerdos de sus primeros años la acompañaron hasta las puertas de la tumba, cuya proximidad no le sugirió un solo pensamiento serio. Murió como había vivido: sin acordarse de su alma; ¡tal vez ignorando que la tenía! {{c|[[Imagen:Separador1.jpg]]}} Este episodio me fue referido no ha mucho por una venerable matrona de ***, y esto me ha probado una vez más, cuán indispensable es para la mujer una educación esmerada y una instrucción sana, que adorne su mente, dulcifique sus desengaños y le haga desdeñar las vanidades de la vida. Los comentarios y las reflexiones son inútiles aquí: la lección se comprende solamente con referir los hechos, harto verdaderos para bochorno de lo que afrancesadamente solemos llamar «sociedad de buen tono». [[Categoría:Novelas y cuadros de la vida sur-americana]] 5lan2il21uu6l00gwscr6doz2bekss2 Autor:Edmundo González Blanco 106 26812 1665370 1446063 2026-06-20T19:05:22Z Ignacio Rodríguez 3603 1665370 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Edmundo González Blanco'''<br />(Luanco, 1877 - Madrid, 1938)<br />Escritor y traductor asturiano. }} == Obras == * El Materialismo: combatido en sus principios cosmológicos y psicológicos. Edit. Librería General de Victoriano Suárez (Madrid), 1906 * España ante el conflicto europeo (Tres estudios): iberismo y germanismo. Edit. Cervantes (Valencia), 1917 * Costa y el problema de la Educación Nacional. Edit. Cervantes (Barcelona), 1920 * La familia: En el pasado, en el presente y en el porvenir. Edit. Cuadernos de Cultura (Valencia), 1930 * El nacionalismo expuesto por Hitler... Edit. Agencia General de Librería y Artes Gráficas (Madrid, 1930?) * La libertad de enseñanza. Imp. de Domingo Blanco, Biblioteca del apostolado de la verdad (Madrid, 1930?) * El socialismo expuesto por Carlos Marx. (Madrid, 1934) {{at|El socialismo expuesto por Carlos Marx. - Recopilación e introducción de Edmundo González-Blanco.pdf}} === Conferencias === *«El patriotismo de Jovellanos».- Págs. 25- 42 –Leída el 31 de agosto de 1911. por Edmundo González Blanco.- === Traducciones === * ''El Mundo como Voluntad y Representación'', de Schopenhauer. Traducción de Antonio Zozaya y Edmundo González Blanco (1896-1902). * {{cita libro|apellido=Schopenhauer|nombre=A.|enlace-autor=Autor:Arthur Schopenhauer|título=Eudemonología (Tratado de mundología o Árte de bien vivir)|traductor=Edmundo González Blanco|ubicación=Madrid|editorial=La España Moderna (Est. Tip. de Idamor Moreno)|año=1906}} {{at|Eudemonología - bdh0000247610.pdf}} * {{cita libro|apellido=Schopenhauer|nombre=A.|título=Ensayos sobre religión, estética y arqueología|traductor=Edmundo González Blanco|ubicación=Madrid|editorial=La España Moderna (Est. Tip. de Idamor Moreno)|año=1906}} {{at|Ensayos sobre religión, estética y arqueología - bdh0000251459.pdf}} * {{cita libro|apellido=Schopenhauer|nombre=A.|título=Estudios de historia filosófica|traductor=Edmundo González Blanco|ubicación=Madrid|editorial=La España Moderna (Est. Tip. de Idamor Moreno)|año=1907|otros=Traducción directa de la 7ª edición alemana}} {{at|Estudios de historia filosófica - bdh0000251342.pdf}} * {{cita libro|apellido=Schopenhauer|nombre=A.|título=La nigromancia|traductor=Edmundo González Blanco|ubicación=Madrid|editorial=La España Moderna (Est. Tip. de Idamor Moreno)|año=1907|otros=Traducción directa de la 7ª edición alemana}} {{at|La nigromancia - bdh0000251344.pdf}} * ''Historia del pueblo inglés'', por J.R. Green. traducida por Edmundo González Blanco. Ed. La España Moderna, (1890?) *''La Filosofía de Platón'', por A. Fouillée. traducido por Edmundo González-Blanco Edit. La España Moderna, (19--?) * ''Evangelios apócrifos''. Traducción de Edmundo González Blanco. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001. :*[[Evangelio de Bernabé]] :*[[Evangelio árabe de la infancia]] :*[[Evangelio armenio de la infancia]] :*[[Evangelio de José el carpintero (redacción copta)]] :*[[Evangelio de José el carpintero (redacción árabe)]] :*Evangelio secreto de San Marcos :*[[Evangelio del pseudo-Mateo]] :*[[Evangelio de Pedro]] :*[[Evangelio de Santiago]] :*[[Evangelio de Santo Tomás (Redacción griega)]] :*[[Evangelio de Santo Tomás (redacción latina)]] *''Filosofía práctica'', por B. Croce. Traducción de la tercera edición italiana, prólogo y notas por Edmundo González Blanco. * ''Física'', de Aristóteles. Traducción de Edmundo González Blanco (Madrid, 1935). qnasoycvg9byjjuuffquehm910lpdu0 Lista de los Estados que han ratificado la Convención. Declaraciones y reservas. 0 30593 1665551 1309129 2026-06-21T01:03:32Z Ignacio Rodríguez 3603 1665551 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Convención sobre el Estatuto de los Apátridas]] |autor=[[Portal:Organización de las Naciones Unidas|ONU]] |anterior= |sección=Estados que han ratificado la Convención. |subsección=Declaraciones y reservas. |siguiente= }} {{t2|Estados que han ratificado la Convención.<br /><br /><small> Declaraciones y reservas.</small>}} {| class=wikitable style="margin:auto;" |+ '''Lista de los Estados que han ratificado la Convención. ''' |- |'''Participantes'''||'''Firma'''||Ratificación, accesión (a), sucesión (b) |- |Alemania |28 Sep de 1954 |26 Oct de 1976 |- |Argelia | |15 Jul de 1964 a |- |Antigua y Barbuda <ref>'''Antigua y Barbuda''' “El gobierno de Antigua y del Barbuda puede emprender solamente que las provisiones de los artículos 23, 24, 25 y 31 serán aplicadas en Antigua y Barbuda en cuanto la ley permite.” </ref> | |25 Oct de 1988 d |- |Argentina<ref>'''Argentina''' El uso de esta convención en los territorios que soberanía es el tema de la discusión entre dos o más estados, con independencia de si son partes de la convención, no se puede interpretar como una alteración, una renuncia o abandono de la posición mantenida previamente por cada uno de ellos. </ref> | |1 Jun de 1972 a |- |Armenia | |18 de mayo de 1994 a |- |Australia | |13 Dic de 1973 a |- |Azerbaijan | |16 Ago de 1996 a |- |Barbados <ref> '''Barbados''' “El gobierno de Barbados declara con respecto a las reservas hechas por el Reino Unido en la notificación del uso territorial de la convención a Indias del oeste incluyendo ésas, él puede emprender el 19 de marzo de 1962 solamente que las provisiones de los artículos 23, 24, 25 y 31 serán aplicadas en Barbados en cuanto la ley permite. “El uso de la convención a Barbados también fue hecho conforme a reservas a los artículos 8, 9 y 26 que se retiran por este medio.”</ref> | |6 Mar de 1972 <sup>d</sup> |- |Bélgica |28 Sep de 1954 |27 de mayo de 1960 |- |Bolivia | |6 Oct de 1983 <sup>(a)</sup> |- |Bosnia y Herzegovina | |1 Sep de 1993 <sup>(d)</sup> |- |Botswana <ref>'''Botswana''', “(a) el artículo 31 de la convención dicha no obligará Botswana a conceder a una persona apátrida un estado más favorable que lo acordada a los extranjeros en general; “(b) los artículos 12 1) y 7 2) de la convención serán reconocidos como recomendaciones solamente.” </ref> | |25 Feb de 1969 d |- |Brasil |28 Sep de 1954 |13 Ago de 1996 |- |Sábalo | |12 Ago de 1999 a |- |Colombia |30 Dic de 1954 | |- |República de Corea | |22 Ago de 1962 a |- |Costa Rica |28 Sep de 1954 |2 Nov de 1977 |- |Croacia | |12 Oct de 1992 d |- |Dinamarca <ref>'''Dinamarca''' Dinamarca no es limitada por el artículo 24, párrafo 3. Las provisiones del artículo 24, el párrafo 1, bajo el cual las personas apátridas están en ciertos casos colocados en el mismo pie que nacionales, no obligarán Dinamarca a conceder a personas apátridas en todos los casos exactamente la misma remuneración que ésa proporcionada por la ley para los nacionales, pero a concederlos solamente qué se requiere para su ayuda. El artículo 31 no obligará Dinamarca a conceder a las personas apátridas un estado más favorable que lo acordada a los extranjeros en general.</ref> |28 Sep de 1954 |17 Ene de 1956 |- |Ecuador |28 Sep de 1954 |2 Oct de 1970 |- |El Salvador<ref>'''El Salvador''' Sobre firma: El Salvador firma a actual convención con la reserva que la expresión “tratamiento tan favorable como sea posible”, mencionado en los de sus provisiones a las cuales las reservas puedan ser hechas, no se debe entender para incluir el tratamiento especial que ha sido ni se puede conceder a los nacionales de España, los países latinoamericanos generalmente y particularmente a los países que constituyeron las provincias unidas de America Central y ahora forman la organización de estados americanos centrales. </ref> |28 Sep de 1954 | |- |Eslovaquia <ref>'''Eslovaquia''' Declaración: “La república eslovaca no será limitada por el artículo 27 a ese efecto que publicará los papeles de identidad a cualquier persona apátrida que no esté en la posesión de un documento válido del recorrido. La república eslovaca publicará los papeles de identidad solamente a la persona apátrida presente en el territorio de la república eslovaca que se han concedido el permiso de residencia a largo plazo o permanente.” </ref> | |3 Abr de 2000 a |- |Eslovenia | |6 Jul de 1992 d |- |España<ref> '''España''' Reserva: “El gobierno del reino de España hace una reserva al artículo 29, párrafo 1, y se considera limitar por las provisiones de ese párrafo solamente en el caso de las personas apátridas que residen en el territorio de estados contratantes.” </ref> | |12 de mayo de 1997 a |- |Fidji <ref>'''Fidji''' El gobierno de Fidji indicó que las primeras y terceras reservas hechas por el Reino Unido están afirmadas pero se han rehecho como más convenientes al uso de Fidji en los términos siguientes: “1. El gobierno de Fidji entiende los artículos 8 y 9 como no previniéndolos de la época que admite de la guerra o de otras medidas del sepulcro y excepcionales de las circunstancias en interés de seguridad nacional en el caso de una persona apátrida en la tierra de su nacionalidad anterior. Las provisiones del artículo 8 no evitarán que el gobierno de Fidji ejercite el ninguna derechas sobre la característica o los intereses que pueden adquirir o hacer haber adquirido mientras que una potencia aliada o asociada bajo tratado de la paz o del otro acuerdo o arreglo para la restauración de la paz que ha sido o se puede terminar como resultado de la segunda guerra mundial. Además las provisiones del artículo 8 no afectarán el tratamiento que se acordará a ninguna característica o intereses que en la fecha de la vigencia de esta convención por lo que se refiere a Fidji estaban bajo control del gobierno del Reino Unido o del gobierno de Fidji respectivamente por causa de un estado de la guerra que existió entre ellas y ningún otro estado. “2. El gobierno de Fidji no puede emprender dar efecto a las obligaciones contenidas en los párrafos 1 y 2 del artículo 25 y puede emprender solamente aplicar las provisiones del párrafo 3 en cuanto la ley permite. “Comentario: Ningunos arreglos existen en Fiji para la ayuda administrativa para la cual la disposición se hace en el artículo 25 ni cualesquiera arreglos se han encontrado necesario en el caso de personas apátridas. Cualquier necesidad de los documentos o de los certificados mencionados en el párrafo 2 de ese artículo sería resuelta por la declaración jurada. “El resto de la reserva hecha por el Reino Unido a la convención antedicha se retira.” </ref> | |12 Jun de 1972 d |- |Filipinas <ref> '''Filipinas''' Sobre firma: “(a) en lo que concierne al artículo 17, párrafo 1, concediendo a personas apátridas la derecha de enganchar al empleo de salario-ganancia, el gobierno de las Filipinas encuentra que esta disposición está en conflicto con el acto filipino de la inmigración de 1940, según la enmienda prevista, que clasifica como extranjeros excludable bajo sección 29 ésos que vienen a las Filipinas realizar el trabajo inexperto, y permite la admisión de empleados pre-arranged bajo (G) de la sección 9 solamente cuando no hay personas en las Filipinas dispuestas y competentes a realizar el trabajo o el servicio para los cuales la admisión de extranjeros se desea. “(b) en lo que concierne al artículo 31, párrafo 1, de manera que “los estados que contraen no expelan a persona apátrida legal en su territorio, excepto por razones de orden de la seguridad nacional o del público”, esta disposición restringiría indebidamente el poder del gobierno filipino de deportar a extranjeros indeseables bajo sección 37 del mismo acto de la inmigración que indica los varios argumentos sobre los cuales los extranjeros pueden estar deportados. “Sobre la firma de la convención el gobierno filipino, por lo tanto por este medio registros su inconformidad a las provisiones del artículo 17, del párrafo 1, y del artículo 31, párrafo 1, de eso, por las razones indicadas en (a) y (b) arriba.” </ref> |22 Jun de 1955 | |- |Finlandia <ref>'''Finlandia''', “(1) reserva general de A de manera que el uso de esas provisiones de la convención que concedan a las personas apátridas el tratamiento más favorable acordado a los nacionales de un país extranjero no sea afectado por el hecho de que las derechas y los privilegios especiales ahora están ni se pueda en futuro acordar por Finlandia a los nacionales de Dinamarca, de Islandia, de Noruega y de Suecia o a los nacionales de de esos países; “(2) reserva de A al artículo 7, párrafo 2, de manera que Finlandia no esté preparada, como medida general, de conceder a las personas apátridas que satisfacen las condiciones de tres años de residencia en Finlandia una exención de cualquier reciprocidad legislativa que la ley finlandesa pudo haber estipulado como condición que gobierna la elegibilidad de un extranjero para la misma derecha o privilegio; “(3) reserva de A al artículo 8 de manera que ese artículo no esté atando en Finlandia; "(4) . . . “(5) la reserva de A al artículo 24, párrafo 1 (b) y divide en párrafos 3 de manera que no estén atando en Finlandia; “(6) reserva de A al artículo 25, de manera que Finlandia no se considere limitar para hacer un certificado ser entregado por una autoridad finlandesa, en el lugar de las autoridades de un país extranjero, si los expedientes documentales necesarios para la entrega de tal certificado no existen en Finlandia; “(7) reserva de A con respecto a las provisiones contenidas en el artículo 28. Finlandia no acepta las obligaciones estipuladas en el artículo dicho, sino está preparada para reconocer los documentos del recorrido publicados por otros estados que contraen conforme a este artículo.” </ref> | |10 Oct de 1968 a |- |Francia <ref>'''Francia''' Las provisiones del artículo 10, párrafo 2, son miradas por el gobierno francés como aplicándose solamente a las personas apátridas que fueron desplazadas fuertemente de territorio francés, y que tienen, antes de la fecha de la vigencia de esta convención, allí vuelta directo del país a el cual las forzaron proceder, sin mientras tanto la recepción de la autorización de residir en el territorio de cualquier otro estado. 1. El artículo 23 será aplicado sin la restricción solamente a las personas apátridas que son también refugiados dentro del significado de la convención del 28 de julio de 1951 referentes el estado de refugiados y al protocolo del 31 de enero de 1967 referentes al estado de refugiados, pero de otra manera solamente hasta lo proporcionada para la legislación nacional inferior; 2. El artículo 27 no será aplicado. </ref> |12 Ene de 1955 |8 Mar de 1960 |- |Grecia | |4 Nov de 1975 a |- |Guatemala <ref>'''Guatemala''' Sobre firma: Reserva: Guatemala firma la actual convención con la reserva que la expresión “tratamiento tan favorable como sea posible”, mencionado en los de sus provisiones a las cuales las reservas puedan ser hechas, no se debe entender para incluir el tratamiento especial de el cual ha sido o puede ser concedido a los nacionales, España, los países latinoamericanos generalmente y particularmente a los países que constituyeron las provincias unidas de America Central y ahora forman la organización de estados americanos centrales. Sobre la ratificación: Confirmación de la reserva hecha sobre firma, según lo modificado: Reserva: Guatemala ratifica a actual convención con la reserva que la expresión “tratamiento tan favorable como sea posible”, mencionado en los de sus provisiones a las cuales las reservas puedan ser hechas, no será entendida para incluir el tratamiento especial que Guatemala ha concedido ni puede conceder a los nacionales de España, los países latinoamericanos generalmente y particularmente los países que constituyen el sistema americano central de la integración (SICA), que son esos países que constituyeron las provincias unidas de America Central, más la república de Panamá. </ref> |28 Sep de 1954 |28 Nov de 2000 |- |Guinea | |21 Mar de 1962 a |- |Honduras <ref> Honduras Sobre firma: Honduras firma a actual convención con la reserva que la expresión “tratamiento tan favorable como sea posible”, mencionado en los de sus provisiones a las cuales las reservas puedan ser hechas, no se debe entender para incluir el tratamiento especial que ha sido ni se puede conceder a los nacionales de España, los países latinoamericanos generalmente y particularmente a los países que constituyeron las provincias unidas de America Central y ahora forman la organización de estados americanos centrales. </ref> |28 Sep de 1954 | |- |Hungría <ref>'''Hungría''' Reservas: Reserva a los artículos 23 y 24 de la convención: “La república de Hungría aplicará las provisiones contenidas en los artículos 23 y 24 de una manera tal que se asegure a las personas apátridas que tienen igualdad de tratamiento de la residencia doméstica permanente con sus propios ciudadanos.” Reserva al artículo 28 de la convención: “La república de Hungría aplicará las provisiones contenidas en el artículo 28 publicando un documento del recorrido en idiomas húngaras e inglesas y proveídas de la indicación precisada en el párrafo 1, subpárrafo 1 del horario a la convención.” </ref> | |21 Nov de 2001 a |- |Irlanda <ref>'''Irlanda''' Declaración: “El gobierno de Irlanda entiende orden “pública” de las palabras y “de acuerdo con el proceso debido de la ley”, pues aparecen en el artículo 31 de la convención, al medio respectivamente, “al orden público” y “de acuerdo con el procedimiento proporcionado por la ley”.” Reserva: “Con respecto al artículo 29 (1), el gobierno de Irlanda no emprende acordar al tratamiento de las personas apátridas más favorable que lo acordada a los extranjeros generalmente con respecto a (a) El deber de estampilla cargable en Irlanda con respecto a transportes, a transferencias y a arriendos de tierras, de viviendas y de sucesiones, y (b) Impuesto sobre la renta. “ </ref> | |17 Dic de 1962 a |- |Israel |1 Oct de 1954 |23 Dic de 1958 |- |Italia <ref> '''Italia''', Las provisiones de los artículos 17 y 18 se reconocen como recomendaciones solamente. </ref> |20 Oct de 1954 |3 Dic de 1962 |- |Jamahiriya | |16 de mayo de 1989 a |- |Kiribati <ref> '''Kiribati''' Reservas: Las reservas siguientes hechas originalmente por el Reino Unido fueron reformuladas como sigue en los términos satisfechos a su uso directo a Kiribati: “1. El gobierno de Kiribati entiende los artículos 8 y 9 como no previniéndolos de la época que admite de la guerra o de otras medidas del sepulcro y excepcionales de las circunstancias en interés de seguridad nacional en el caso de una persona apátrida en la tierra de su nacionalidad anterior. Las provisiones del artículo 8 no evitarán que el gobierno de Kiribati ejercite ninguna derecha sobre la característica o los intereses que pueden adquirir o hacer haber adquirido mientras que una potencia aliada o asociada bajo tratado de la paz o del otro acuerdo o arreglo para la restauración de la paz que ha sido o se puede terminar como resultado de la segunda guerra mundial. Además, las provisiones del artículo 8 no afectarán el tratamiento que se acordará a ninguna característica ni lo interesarán que en la fecha de la vigencia de esta convención por lo que se refiere a las islas de Gilbert estaban bajo control del gobierno del Reino Unido por causa de un estado de la guerra que existe ni no existieron entre ellas y cualquier otro estado. “2. El gobierno de Kiribati puede emprender solamente aplicar las provisiones del subpárrafo (b) del párrafo 1 del artículo 24 en cuanto la ley permite. “3. El gobierno de Kiribati no puede emprender dar efecto a las obligaciones contenidas en los párrafos 1 y 2 del artículo 25 y puede emprender solamente aplicar las provisiones del párrafo 3 en cuanto la ley permite.” </ref> | |29 Nov de 1983 d |- |Latvia <ref> '''Latvia''' Reservas: “De acuerdo con el artículo 38 convención de la república de Latvia reserva la derecha de aplicar las provisiones del párrafo 1 (b) del artículo 24 conforme a las limitaciones proporcionadas para por la legislación nacional.” “De acuerdo con el artículo 38 convención de la república de Latvia reserva la derecha de aplicar las provisiones del artículo 27 conforme a las limitaciones proporcionadas para por la legislación nacional.” </ref> | |5 Nov de 1999 a |- |Lesoto <ref> '''Lesoto''', “1. De acuerdo con el artículo 38 de la convención, el gobierno del reino de Lesoto declara que entiende los artículos 8 y 9 como prevención de él de la época que admite de la guerra o de otras medidas del sepulcro y excepcionales de las circunstancias en el interés de la seguridad nacional en el caso de una persona apátrida en la tierra de su nacionalidad anterior. Las provisiones del artículo 8 no evitarán que el gobierno del reino de Lesoto ejercite el ninguna derechas sobre la característica o los intereses que pueden adquirir o hacer haber adquirido mientras que una potencia aliada o asociada bajo tratado de la paz o del otro acuerdo o arreglo para la restauración de la paz que ha sido o se puede terminar como resultado de la segunda guerra mundial. Además las provisiones del artículo 8 no afectarán el tratamiento que se acordará a ninguna característica o intereses que en la fecha de la vigencia de esta convención por lo que se refiere a Lesoto estaban bajo control del gobierno del Reino Unido o del gobierno de Lesoto por causa de un estado de la guerra que existió entre ellas y ningún otro estado. “2. El gobierno del reino de Lesoto no puede emprender dar efecto a las obligaciones contenidas en los párrafos 1 y 2 del artículo 25 y puede emprender solamente aplicar las provisiones del párrafo 3 en cuanto los leyes de Lesotho permiten. “3. El gobierno del reino de Lesoto no estará limitado bajo artículo 31 a la concesión a una persona apátrida un estado más favorable que lo acordada a los extranjeros generalmente.” </ref> | |4 Nov de 1974 d |- |Liberia | |11 Sep de 1964 a |- |Liechtenstein |28 Sep de 1954 | |- |Lituania | |7 Feb de 2000 a |- |Luxemburgo |28 Oct de 1955 |27 Jun de 1960 |- |Macedonia | |18 Ene de 1994 d |- |Madagascar | |20 Feb de 1962 a |- |Méjico <ref> '''Méjico''' Reservas: El gobierno de México se convence de la importancia de asegurarse de de que todas las personas apátridas puedan obtener la salario-ganancia de su empleo como de medios de la subsistencia y afirmen que tratarán a las personas apátridas, de acuerdo con la ley, bajo mismas condiciones que extranjeros generalmente sin prejuicio alguno para el uso del artículo 7 del acto de trabajo federal, que establece a proporción de los trabajadores extranjeros a que autorizan los patrones a emplear en México, así como otros principios legales referentes a trabajo de los extranjeros en el país, por que razón el gobierno de México aloja una reserva expresa al artículo 17 de esta convención. El gobierno de México aloja una reserva expresa al artículo 31 de la convención, y, por lo tanto, refiere al uso del artículo 33 de la constitución política de los estados mexicanos unidos. El gobierno de México no se considera obligado para garantizar mayores instalaciones de las personas apátridas para su naturalización que ésos acordados a los extranjeros generalmente por qué razón aloja una reserva expresa al contenido del artículo 32 de la convención. </ref> | |7 Jun de 2000 a |- |Noruega |28 Sep de 1954 |19 Nov de 1956 |- |Países Bajos <ref> '''Países Bajos''' El gobierno del reino reserva la derecha de no aplicar las provisiones del artículo 8 de la convención a las personas apátridas que poseyeron previamente la nacionalidad enemiga o el equivalente de eso con respecto al reino de Países Bajos; Referente al artículo 26 de la convención, el gobierno del reino reserva la derecha de señalar un lugar de la residencia principal para las ciertos personas apátridas o grupos de personas apátridas en el interés público. </ref> |28 Sep de 1954 |12 Abr de 1962 |- |Reino Unido<ref> '''Reino Unido''' Declaración: “Tengo el honor más lejos para indicar que el gobierno del depósito de Reino Unido que el actual instrumento de la ratificación a condición que los efectos combinados de los artículos 36 y 38 permiten que incluyan en cualquier declaración o notificación hizo bajo el párrafo 1 del artículo 36 o párrafo 2 del artículo 36 respectivamente cualquier reserva constante con el artículo 38 a que el gobierno del territorio se refirió pudieron desear para hacer.” Reservas: “Al ratificar a la convención referente al estado de personas apátridas que fue abierto para la firma en Nueva York el 28 de septiembre de 1954, el gobierno del Reino Unido ha juzgado necesario para hacer ciertas reservas de acuerdo con el párrafo 1 del artículo 38 de eso el texto de el cual se reproduce abajo: (1) El gobierno del Reino Unido entienden los artículos 8 y 9 como no previniéndolos de la época que admite de la guerra o de otras medidas del sepulcro y excepcionales de las circunstancias en interés de seguridad nacional en el caso de una persona apátrida en la tierra de su nacionalidad anterior. Las provisiones del artículo 8 no evitarán que el gobierno del Reino Unido ejercite el ninguna derechas sobre la característica o los intereses que pueden adquirir o hacer haber adquirido mientras que una potencia aliada o asociada bajo tratado de la paz o del otro acuerdo o arreglo para la restauración de la paz que ha sido o se puede terminar como resultado de la segunda guerra mundial. Además, las provisiones del artículo 8 no afectarán el tratamiento que se acordará a ninguna característica o intereses que en la fecha de la vigencia de esta convención para el Reino Unido estén bajo control del gobierno del Reino Unido por causa de un estado de la guerra que existe ni existieron entre ellas y cualquier otro estado. (2) El gobierno del Reino Unido, por lo que se refiere a tales de las materias mencionadas en el subpárrafo (b) del párrafo 1 del artículo 24 como caída dentro del alcance del servicio médico nacional, puede emprender solamente aplicar las provisiones de ese párrafo en cuanto la ley permite. (3) El gobierno del Reino Unido no puede emprender dar efecto a las obligaciones contenidas en los párrafos 1 y 2 del artículo 25 y puede emprender solamente aplicar las provisiones del párrafo 3 en cuanto la ley permite. “ Comentario: “Con respecto al subpárrafo (b) del párrafo 1 del artículo 24 que se relaciona con ciertas materias dentro del alcance del servicio médico nacional, el acto 1949 del servicio médico nacional (enmienda) contiene para que las cargas sean hechas a las personas no ordinariamente residentes en Gran Bretaña (que la categoría incluiría a algunas personas apátridas) que reciben el tratamiento bajo servicio. Éstas todavía no se han ejercitado sino que puede ser necesario ejercitarlas en una cierta fecha futura. En Irlanda del Norte los servicios médicos se restringen a las personas ordinariamente residentes en el país a menos que donde las regulaciones se hacen para ampliar los servicios a otros. Por estas razones, el gobierno del Reino Unido, mientras que está preparado en el futuro, como en el pasado, para dar la consideración más comprensiva a la situación de personas apátridas, encuentra necesario para hacer la reserva al subpárrafo (b) del artículo 24. “Ningunos arreglos existen en el Reino Unido para la ayuda administrativa para la cual la disposición se hace en el artículo 25 ni cualesquiera arreglos se han encontrado necesario en el caso de personas apátridas. Cualquier necesidad de los documentos o de las certificaciones mencionados en el párrafo 2 de ese artículo sería resuelta por la declaración jurada.” </ref> |28 Sep de 1954 |16 Abr de 1959 |- |San Vincente y Grenadinas <ref> San y Vicente y Granadinas Reserva: “El gobierno de San Vicente y Granadinas puede emprender solamente que las provisiones de los artículos 23, 24, 25 y 31 serán aplicadas en San Vicente y Granadinas en cuanto la ley permite.” </ref> | |27 Abr de 1999 d |- |Swazilandia | |16 Nov de 1999 a |- |Suecia<ref> '''Suecia''' Reservas: (1) . . . (2) Al artículo 8. Este artículo no atará en Suecia. (3) Al artículo 12, párrafo 1. Este párrafo no atará en Suecia. (4) Al artículo 24, párrafo 1 (b). A pesar de la regla referente al tratamiento de personas apátridas como nacionales, Suecia no estará limitada para acordar a las personas apátridas el mismo tratamiento que se acuerda a los nacionales por lo que se refiere a la posibilidad del derecho a una pensión nacional bajo provisiones del acto del seguro nacional; y además de manera que, siempre que la derecha a una pensión suplementaria bajo acto dicho y el cómputo de tal pensión en ciertos respectos se refieran, las reglas aplicables a los nacionales suecos sean más favor capaz que ésos aplicados a otras personas de los asegurados. (5) Al artículo 24, párrafo 3. Las provisiones de este párrafo no atarán en Suecia. (6) Al artículo 25, párrafo 2. Suecia no se considera obligado para hacer una autoridad sueca, en lugar de una autoridad extranjera, para entregar los certificados para la emisión de la cual hay documentación escasa en Suecia. </ref> |28 Sep de 1954 |2 Abr de 1965 |- |Suiza |28 Sep de 1954 |3 Jul de 1972 |- |Trinidad y Tobago | |11 Abr de 1966 d |- |Túnez | |29 Jul de 1969 a |- |Uganda | |15 Abr de 1965 a |- |Vaticano<ref>'''Vaticano''' “Aplicarán a la convención en la forma compatible con la naturaleza especial del estado de la ciudad de Vaticano y sin prejuicio alguno para las normas que conceden en esto.” </ref> |28 Sep de 1954 | |- |Yugoslavia | |12 Mar de 2001 d |- |Zambia <ref> '''Zambia''' “Artículo 22: El gobierno de la república de Zambia considera el párrafo 1 del artículo 22 ser una recomendación solamente, y no una obligación obligatoria de acordar al tratamiento nacional de las personas apátridas con respecto a la educación elemental; “Artículo 26: El gobierno de la república de Zambia reserva la derecha bajo artículo 26 de señalar un lugar o domicilio para las personas apátridas; “Artículo 28: El gobierno de la república de Zambia no se considera limitar bajo artículo 28 para publicar un documento del recorrido con una cláusula de vuelta en caso de que un país del segundo asilo haya aceptado o haya indicado su buena voluntad de aceptar a una persona apátrida de Zambia; “Artículo 31: “El gobierno de la república de Zambia no emprenderá bajo artículo 31 conceder el tratamiento más favorable que lo acordada a los extranjeros generalmente con respecto a la expulsión.” </ref> | |1 Nov de 1974 d |- |Zimbabwe | |1 Dic de 1998 d |} '''DECLARACIONES Y RESERVAS''' ---- '''''(A menos que se indicare contrariamente, los declaraciones y las reservas fueron hechos''''' '''''sobre la ratificación, la accesión o la sucesión.)''''' {{listaref}} [[Categoría:Convención sobre el Estatuto de los Apátridas]] f46ljjuostj641lqa8d4rfww95drqj8 Discusión:Manifiesto Comunista (Roces tr.) 1 32482 1665367 1623903 2026-06-20T18:59:15Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Discusión:Manifiesto Comunista]] a [[Discusión:Manifiesto Comunista (Roces tr.)]] sin dejar una redirección: espacio para desambiguar 1623903 wikitext text/x-wiki {{Infotexto |año= |fuente=[http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm Traducción] [[Wikisource:Permisos de copia/fuentes#www.marxists.org|licencia]] |colaborador= |progreso=[[Imagen:50%.png]] |notas= |revisor=[[Usuario:Silvestre|Silvestre]] 13:42 22 mar 2007 (UTC) }} == Derechos de autor == {{copyvio|Esta traducción corresponde completamente (hasta donde revisé) a la de [https://www.marxists.org/espanol/m-e/selecciones/biografia-del-manifiesto.pdf Wenceslao Roces], fallecido en 1992. [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 01:25 5 feb 2026 (UTC)}} m0grw7l28l384wms8vofoasz260j8rw Los duendes del Cuzco 0 39244 1665552 1633171 2026-06-21T01:03:53Z Ignacio Rodríguez 3603 1665552 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Tradiciones peruanas - Segunda serie]] |sección=Los duendes del Cuzco |autor=[[Ricardo Palma]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> == Crónica que trata de cómo el virrey poeta entendía la justicia == Esta tradición no tiene otra fuente de autoridad que el relato del pueblo. Todos la conocen en el Cuzco tal como hoy la presento. Ningún cronista hace mención de ella, y sólo en un manuscrito de rápidas apuntaciones, que abarca desde la época del virrey marqués de Salinas hasta la del duque de la Palata, encuentro las siguientes líneas: «En este tiempo del gobierno del príncipe de Squillace, murió malamente en el Cuzco, a mano del diablo, el almirante de Castilla conocido por el descomulgado». Como se ve, muy poca luz proporcionan estas líneas, y me afirman que en los Anales del Cuzco, que posee inéditos el señor obispo Ochoa, tampoco se avanza más, sino que el misterioso suceso está colocado en época diversa a la que yo le yo le asigno. Y he tenido en cuenta para preferir los tiempos de don Francisco de Borja y Aragón, no sólo la apuntación ya citada, si no la especialísima circunstancia de que, conocido el carácter del virrey poeta, son propias de él las espirituales palabras con que termina esta leyenda. Hechas las salvedades anteriores, en descargo de mi conciencia de cronista, pongo punto redondo y entro en materia. === I === Don Francisco de Borja y Aragón, príncipe de Esquilache y conde de Mayalde, natural de Madrid y caballero de las órdenes de Santiago y Montesa, contaba treinta y dos años cuando Felipe III, que lo estimaba en mucho, lo nombró virrey del Perú. Los cortesanos criticaron el nombramiento, porque don Francisco sólo se había ocupado hasta entonces de escribir versos, galanteos y desafíos. Pero Felipe III, a cuyo regio oído, y contra la costumbre, llegaron las murmuraciones, dijo: «En verdad que es el más joven de los virreyes que hasta hoy han ido a Indias; pero en Esquilache hay cabeza, y más que cabeza brazo fuerte». El monarca no se equivocó. El Perú estaba amagado por flotas filibusteras; y por muy buen gobernante que hiciese don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, faltábanle los bríos de la juventud. Jorge Spitberg, con una escuadra holandesa, después de talar las costas de Chile, se dirigió al Callao. La escuadra española le salió al encuentro el 22 de julio de 1615, y después de cinco horas de reñido y feroz combate frente a Cerro Azul o Cañete, se incendió la capitana, se fueron a pique vanas naves, y los piratas vencedores pasaron a cuchillo los prisioneros. El virrey marqués de Montesclaros se constituyó en el Callao para dirigir la resistencia, más por llenar el deber que porque tuviese la esperanza de impedir, con los pocos y malos elementos de que disponía, el desembarque de los piratas y el consiguiente saqueo de Lima. En la ciudad de los Reyes dominaba un verdadero pánico; y las iglesias no sólo se hallaban invadidas por débiles mujeres, sino por hombres que, lejos de pensar en defender como bravos sus hogares, invocaban la protección divina contra los herejes holandeses. El anciano y corajudo virrey disponía escasamente de mil hombres en el Callao, y nótese que, según el censo de 1614, el número de habitantes de Lima ascendía a 25.454. Pero Spitberg se conformó con disparar algunos cañonazos, que le fueron débilmente contestados, e hizo rumbo para Paita. Peralta en su Lima fundada, y el conde de la Granja, en su poema de Santa Rosa, traen detalles sobre esos luctuosos días. El sentimiento cristiano atribuye la retirada de los piratas a milagro que realizó la Virgen limeña, que murió dos años después, el 24 de agosto de 1617. Según unos el 18, y según otros el 23 de diciembre de 1615, entró en Lima el príncipe de Esquilache, habiendo salvado providencialmente, en la travesía de Panamá al Callao, de caer en manos de los piratas. El recibimiento de este virrey fue suntuoso, y el Cabildo no se paró en gastos para darle esplendidez. Su primera atención fue crear una escuadra y fortificar el puerto, lo que mantuvo a raya la audacia de los filibusteros hasta el gobierno de su sucesor, en que el holandés Jacobo L'Heremite acometió su formidable empresa pirática. Descendiente del Papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) y de San Francisco de Borja, duque de Gandía, el príncipe de Esquilache, como años más tarde su sucesor y pariente el conde de Lemos, gobernó el Perú bajo la influencia de los jesuitas. Calmada la zozobra que inspiraban los amagos filibusteros, don Francisco se contrajo al arreglo de la hacienda pública, dictó sabias ordenanzas para los minerales de Potosí y Huancavelica, y en 20 de diciembre de 1619 erigió el tribunal de Consulado de Comercio. Hombre de letras, creó el famoso colegio del Príncipe, para educación de los hijos de caciques, y no permitió la representación de comedias ni autos sacramentales que no hubieran pasado antes por su censura. «Deber del que gobierna -decía- es ser solícito por que no se pervierta el gusto». La censura que ejercía el príncipe de Esquilache era puramente literaria, y a fe que el juez no podía ser más autorizado. En la pléyade de poetas del siglo XVII, siglo que produjo a Cervantes, Calderón, Lope, Quevedo, Tirso de Molina, Alarcón y Moreto, el príncipe de Esquilache es uno de los más notables, si no por la grandeza de la idea, por la lozanía y corrección de la forma. Sus composiciones sueltas y su poema histórico Nápoles recuperada, bastan para darle lugar preeminente en el español Parnaso. No es menos notable como prosador castizo y elegante. En uno de los volúmenes de la obra Memorias de los virreyes se encuentra la Relación de su época de mando, escrito que entregó a la Audiencia para que ésta lo pasase a su sucesor don Diego Fernández de Córdova, marqués de Guadalcázar. La pureza de dicción y la claridad del pensamiento resaltan en este trabajo, digno, en verdad, de juicio menos sintético. Para dar idea del culto que Esquilache rendía a las letras, nos será suficiente apuntar que, en Lima, estableció una academia o club literario, como hoy decimos, cuyas sesiones tenían lugar los sábados en una de las salas de palacio. Según un escritor amigo mío y que cultivó el ramo de crónicas, los asistentes no pasaban de doce, personajes los más caracterizados en el foro, la milicia o la iglesia. «Allí asistía el profundo teólogo y humanista don Pedro de Yarpe Montenegro, coronel de ejército; don Baltasar de Laza y Rebolledo, oidor de la Real Audiencia; don Luis de la Puente, abogado insigne; fray Baldomero Illescas, religioso franciscano, gran conocedor de los clásicos griegos y latinos; don Baltasar Moreyra, poeta, y otros cuyos nombres no han podido atravesar los dos siglos y medio que nos separan de su época. El virrey los recibía con exquisita urbanidad; y los bollos, bizcochos de garapiña, chocolate y sorbetes distraían las conferencias literarias de sus convidados. Lástima que no se hubieran extendido actas de aquellas sesiones, que seguramente serían preferibles a las de nuestros Congresos». Entre las agudezas del príncipe de Esquilache, cuentan que le dijo a un sujeto muy cerrado de mollera, que leía mucho y ningún fruto sacaba de la lectura: «Déjese de libros, amigo, y persuádase que el huevo mientras más cocido, más duro». Esquilache, al regresar a España en 1622, fue muy considerado del nuevo monarca Felipe IV, y murió en 1658 en la coronada villa del oso y el madroño. Las armas de la casa de Borja eran un toro de gules en campo de oro, bordura de sinople y ocho brezos de oro. Presentado el virrey poeta, pasemos a la tradición popular. === II === Existe en la ciudad del Cuzco, una soberbia casa conocida por la del Almirante; y parece que el tal almirante tuvo tanto de marino, como alguno que yo me sé sólo ha visto el mar en pintura. La verdad es que el título era hereditario y pasaba de padres a hijos. La casa era obra notabilísima. El acueducto y el tallado de los techos, en uno de los cuales se halla modelado el busto del almirante que la fabricó, llaman preferentemente la atención. Que vivieron en el Cuzco cuatro almirantes, lo comprueba el árbol genealógico que en 1861 presentó ante el Soberano Congreso del Perú el señor don Sixto Laza, para que se le declarase legítimo y único representante del Inca Huáscar, con derecho a una parte de las huaneras, al ducado de Medina de Rioseco, al marquesado de Oropesa y varias otras gollerías. ¡Carrillo iba a costarnos el gusto de tener príncipe en casa! Pero conste, para cuando nos cansemos de la república, teórica o práctica, y proclamemos, por variar de plato, la monarquía, absoluta o constitucional, que todo puede suceder, Dios mediante y el trotecito trajinero que llevamos. Refiriéndose a ese árbol genealógico, el primer almirante fue don Manuel de Castilla, el segundo don Cristóbal de Castilla Espinosa y Lugo, al cual sucedió su hijo don Gabriel de Castilla Vázquez de Vargas, siendo el cuarto y último don Juan de Castilla y González, cuya descendencia se pierde en la rama femenina. Cuéntase de los Castilla, para comprobar lo ensoberbecidos que vivían de su alcurnia, que cuando rezaban el Avemaría usaban esta frase: Santa María, madre de Dios, parienta y señora nuestra, ruega por nos. Las armas de los Castilla eran: escudo tronchado; el primer cuartel en gules y castillo de oro aclarado de azur; el segundo en plata, con león rampante de gules y banda de sinople con dos dragantes también de sinople. Aventurado sería determinar cuál de los cuatro es el héroe de la tradición, y en esta incertidumbre puede el lector aplicar el mochuelo a cualquiera, que de fijo no vendrá del otro barrio a querellarse de calumnia. El tal almirante era hombre de más humos que una chimenea, muy pagado de sus pergaminos y más tieso que su almidonada gorguera. En el patio de la casa ostentábase una magnífica fuente de piedra, a la que el vecindario acudía para proveerse de agua, tomando al pie de la letra el refrán de que «agua y candela a nadie se niegan». Pero una mañana se levantó su señoría con un humor de todos los diablos, y dio orden a sus fámulos para que moliesen a palos a cualquier bicho de la canalla que fuese osado a atravesar los umbrales en busca del elemento refrigerador. Una de las primeras que sufrió el castigo fue una pobre vieja, lo que produjo algún escándalo en el pueblo. Al otro día el hijo de ésta, que era un joven clérigo que servía la parroquia de San Jerónimo, a pocas leguas del Cuzco, llegó a la ciudad y se impuso del ultraje inferido a su anciana madre. Dirigiose inmediatamente a casa del almirante; y el hombre de los pergaminos lo llamó hijo de cabra y vela verde, y echó verbos y gerundios, sapos y culebras por esa aristocrática boca, terminando por darle una soberana paliza al sacerdote. La excitación que causó el atentado fue inmensa. Las autoridades no se atrevían a declararse abiertamente contra el magnate, y dieron tiempo al tiempo, que a la postre todo lo calma. Pero la gente de iglesia y el pueblo declararon ex comulgado al orgulloso almirante. El insultado clérigo, pocas horas después de recibido el agravio, se dirigió a la Catedral y se puso de rodillas a orar ante la imagen de Cristo, obsequiada a la ciudad por Carlos V. Terminada su oración, dejó a los pies del juez Supremo un memorial exponiendo su queja y demandando la justicia de Dios, persuadido que no había de lograrla de los hombres. Diz que volvió al templo al siguiente día, y recogió la querella proveída con un decreto marginal de Como se pide: se hará justicia. Y así pasaron tres meses, hasta que un día amaneció frente a la casa una horca y pendiente de ella el cadáver del excomulgado, sin que nadie alcanzara a descubrir los autores del crimen, por mucho que las sospechas recayeran sobre el clérigo, quien supo, con numerosos testimonios, probar la coartada. En el proceso que se siguió declararon dos mujeres de la vecindad que habían visto un grupo de hombres cabezones y chiquirriticos, vulgo duendes, preparando la horca; y que cuando ésta quedó alzada, llamaron por tres veces a la puerta de la casa, la que se abrió al tercer aldabonazo. Poco después el almirante, vestido de gala, salió en medio de los duendes, que sin más ceremonia lo suspendieron como un racimo. Con tales declaraciones la justicia se quedó a obscuras, y no pudiendo proceder contra los duendes, pensó que era cuerdo el sobreseimiento. Si el pueblo cree como artículo de fe que los duendes dieron fin del excomulgado almirante, no es un cronista el que ha de meterse en atolladeros para convencerlo de lo contrario, por mucho que la gente descreía de aquel tiempo murmurara por lo bajo que todo lo acontecido era obra de los jesuitas, para acrecer la importancia y respeto debidos al estado sacerdotal. === III === El intendente y los alcaldes del Cuzco dieron cuenta de todo al virrey, quien después de oír leer el minucioso informe le dijo a su secretario: -¡Pláceme el tema para un romance moruno! ¿Qué te parece de esto, mi buen Estúñiga? -Que vuecelencia debe echar una mónita a esos sandios golillas que no han sabido hallar la pista de los fautores del crimen. -Y entonces se pierde lo poético del sucedido -repuso el de Esquilache sonriéndose. -Verdad, señor; pero se habrá hecho justicia. El virrey se quedó algunos segundos pensativo; y luego, levantándose de su asiento, puso la mano sobre el hombro de su secretario: -Amigo mío, lo hecho está bien hecho; y mejor andaría el mundo si, en casos dados, no fuesen leguleyos trapisondistas y demás cuervos de Temis, sino duendes, los que administrasen justicia. Y con esto, buenas noches y que Dios y Santa María nos tengan en su santa guarda y nos libren de duendes y remordimientos. [[Categoría:ES-L]] [[Categoría:Tradiciones peruanas - Segunda serie]] [[Categoría:P1893]] [[Categoría:Literatura peruana (Títulos)]] llv535wbv51g533582tsit97caqjt8p Autor:Eugenio de Olavarría 106 40112 1665223 1501778 2026-06-20T15:00:08Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665223 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar = OIavarría, Eugenio de |Texto= '''Eugenio de Olavarría''' <br /> (Bilbao, 23 de [[diciembre]] de 1829 - ??) <br /> Poeta español. }} == Obras == * ''Don Carlos de Austria''. Drama en 5 actos. * ''Por el camino de hierro''. * ''Errar la cuenta''. * ''El camino mas corto''. * ''Duda en el alma ó el embozado de Córdoba''. Drama original en 3 actos y en verso. === Ver también === * [[Manual de Biografía: Eugenio de Olavarría|Biografía de Eugenio de OIavarría]] escrita por [[Manuel Ovilo y Otero]], que forma parte del libro [[Manual de Biografía y de bibliografía de los escritores españoles del siglo XIX - Tomo II]]. dbcfe0l7g2wz9aok92ei8ydxd7jat8n A Italia (Filicaja) 0 44494 1665553 1196043 2026-06-21T01:05:59Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665553 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=A Italia |traductor=[[Clemente Althaus]] |autor=Vincenzo da Filicaja |sección= }} <poem> ¡Italia, Italia! ¡Oh tú a quién dio la suerte el don fatal de la beldad y en ésta de mil males y vil dote funesta! ¡Oh! ¡menos bella fueras o más fuerte! Así o lograras invencible hacerte o no tentaras con tu luz modesta la codicia de aquel que te detesta fingiendo amarte; y que te reta a muerte. ¡No viera el Alpe entonces mil torrentes de armados galos derramar do quiera y que tu noble sangre el Po colora! 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El título ''Génesis'' (el origen) aparece por primera vez en la Septuaginta</ref> !width="50" | '''Origen''' |- | ''Bereshít'' | ''Génesis'' |- | בְּרֵאשִׁית | γένεσις |} <br> <br> ==En un principio== {{c|{{May|Primer día}}}} {{Gota|1}}{{vers|1|1}}En [un] principio<ref> En hebreo, la primera palabra, ''b'reshit'', compuesta por la preposición ''be'', que se traduce como ‘en', y el sustantivo ''reshit'', ‘comienzo' o ‘principio', tradicionalmente se ha traducido como ‘en el principio’. Sin embargo, para que esta traducción sea correcta, debería ser '''''ba''-reshit''' (''be'':"en" + ''ha'': "el" = ''ba'', "en el"). Al no ser así, la gramática hebrea permite la posibilidad de que la frase preposicional se traduzca adverbialmente, igual como en español. Por eso también podría traducirse la frase hebrea como ‘primeramente' o ‘principalmente'. Otros la traducen como una cláusula: «Cuando Dios/Elojim comenzó a crear...»</ref>Elojim<ref> ''Elojim'' (אלהים) es una palabra derivada de ''El'',(אל: Dios). La teoría mas aceptada es que se refiere al plural superlativo o mayestático de ''El'', como si fuese un título. Ya que el hebreo antiguo suele expresar en plural no únicamente la multiplicidad, sino también la magnitud —como ‘los cielos’—, la extensión o hasta la dignidad. Una traducción aproximada sería el de ‘deidad' o 'digno de adoración'. En otros pasajes se usa para referirse a personas o ídolos; en esos casos los escribiremos en minúsculas ''elojim'' o usaremos un término mas apropiado —con su nota aclaratoria— .<br/>Existe la hipótesis de que su significado es el de ‘dioses', aunque no es muy aceptada ya que por lo general va acompañado de adjetivos y artículos en singular. También se postuló que es el nombre propio de Dios pero a veces se usa para referirse a reyes, ángeles o dioses paganos. </ref><ref>Inmediatamente después de la palabra Elojim aparece la partícula proposicional את, esta partícula es intraducible e históricamente se la omitió. Recientemente se tradujo por primera vez como Alef-Tav, la primera y última letra del alefbeto –abecedario hebreo– con un connotación similar al de ‘Alfa y Omega'. En el relato de los siete días de la creación –escrito presumiblemente por [[w:es:Tradición elohísta|elohístas]]– את aparece junto a Elojim 8 veces.</ref> creó los cielos y la Tierra.<ref>Los cielos y la Tierra es un merismo que hace referencia a todo lo que existe, osea al universo. En hebreo la palabra cielos mantiene la misma ambigüedad que en el español a diferencia de otros idiomas como el inglés que distinguen el ‘cielo divino' –''heaven''– del ‘cielo visible' –''sky''–.</ref> {{vers|1|2}} La Tierra llegó a ser caos y vacío<ref>''tohu va bohu'': caos y vacío, es una unidad fraseológica en forma de rima que expresa desolación. Otra traducción posible es «La Tierra llegó a estar desolada».</ref>,y había oscuridad sobre el abismo, y el Espíritu<ref>''Ruaj'', espíritu, pero también ‘viento' y ‘aliento'</ref> de Elojim se revoloteaba<ref>''Merajéfet'': revolotear, cuando las aves aletean quedándose en el mismo sitio</ref> sobre las aguas. {{vers|1|3}} Elojim dijo: «Haya luz», y hubo luz.{{vers|1|4}} Elojim vio la luz, que era buena, y Elojim causó separación entre la luz y entre la oscuridad. {{vers|1|5}} Elojim llamó a la luz Día y a la oscuridad llamó Noche. Y hubo tarde y hubo mañana: día uno.<ref>En hebreo los períodos de tiempo –como día, semana o siglo– suelen usarse, además de literal, para referirse a períodos de tiempo indeterminados. Así que aquí ‘día’ no necesariamente se refiere a 24 horas, sino a un período de tiempo. El significado aquí sería «primer período de tiempo» pudiendo ser o no de 24 horas.</ref> {{c|'''פ'''</br>{{May|Segundo día}}}} {{vers|1|6}} Y dijo Elojim: «Haya una expansión<ref>Heb. ךקיע, ''raqia'' significa expansión o extensión. La extensión es la propiedad de ocupar espacio. René Descartes define la extensión como «la propiedad de existir en más de una dimensión». En la Septuaginta usan un término menos apropiado ''stereoma'', firmamento —algo firme y sólido—, palabra heredada de la creencia griega de que el cielo era una cubierta sólida —la bóveda celeste—. Véase Sobre el cielo, de Aristóteles.</br>Se aleja mas del término firmamento al estudiar su raíz triliteral ,ךקע, verbo que significa ‘expandir', presente en palabras como ךיק , ‘vacío', la ‘no materia'.</ref> en medio de las aguas, y que separe las aguas de las aguas.» {{vers|1|7}} Y Elojim hizo la expansión y causó separación entre las aguas que estaban por debajo de la expansión y entre las aguas que estaban por encima de la expansión. Así fue.{{vers|1|8}} Elojim llamó a la expansión Cielos, y hubo tarde y hubo mañana: día segundo. {{c|'''פ'''</br>{{May|Tercer día}}}} {{vers|1|9}} Elojim dijo: «Que se junten las aguas debajo del cielo hacia un lugar, que aparezca lo seco.» Y así fue.<ref>En la Septuaginta omiten «y así fue»</ref> {{vers|1|10}}Y Elojim llamó a lo seco Tierra, y al conjunto de aguas llamó Mares. Y Elojim vio que era bueno. {{vers|1|11}} Elojim dijo: «Que la tierra brote vegetación, hierba que germine semilla, árboles frutales sobre la tierra que hagan fruta de acuerdo a su tipo con su semilla adentro.»{{vers|1|12}} Y salió de la tierra vegetación: hierba que produce semilla según su tipo, y árbol que da fruta, cuya semilla está en ella, según su tipo. Y vio Elojim que era bueno. {{vers|1|13}} Y hubo tarde y hubo mañana: día tercero. {{c|'''פ'''</br>{{May|Cuarto día}}}} {{vers|1|14}} Elojim dijo: «Hayan luminarias en la expansión de los cielos para separar entre el día y entre la noche. Serán como señales de las estaciones,<ref>Heb. ולמועדים: ‘y los tiempos señalados', temporadas, días festivos</ref> de los días y de los años; {{vers|1|15}}y serán como luminarias en la expansión del cielo para brillar sobre la tierra.» Y así fue. {{vers|1|16}}Elojim hizo las dos grandes luminarias, la gran luminaria como gobernadora del día y la pequeña luminaria como gobernadora de la noche, y [también hizo] las estrellas. {{vers|1|17}} Elojim las colocó en la expansión del cielo para brillar sobre la tierra, {{vers|1|18}} para gobernar el día y la noche, y para separar entre la luz y entre la oscuridad. Y Elojim vio que era bueno.{{vers|1|19}} Y hubo tarde y hubo mañana: día cuarto. {{c|'''פ'''</br>{{May|Quinto día}}}} {{vers|1|20}} Y Elojim dijo: «Que pululen las aguas con enjambres de almas<ref> ‘seres con aliento'</ref> vivientes, y con aves que vuelen sobre la tierra, por el interior de la expansión del cielo.» {{vers|1|21}} Y Elojim creó los grandes ''Taninm'',<ref>& התנינם הגדלים: grandes reptiles? La palabra הגדלים se usa para cosas grandes y התנינם se pronunciaría ''JaTaninm'' o ''JaTaninim'' –donde ''Ja'' es el artículo ''los'' ó ''las''– similar a תנינים: "cocodrilos" que se pronuncia ''Taninim'' .''Taninim'' es usado de manera genérica, puede referirse tanto a cocodrilos como a caimanes o lagartos. Ambos provienen de la misma raíz תנין: ''Tanin'', esta palabra y sus derivados se suelen traducir en la biblia como: dragón, serpiente, culebra, lagarto, cocodrilo, monstruo [terrestre], monstruo marino, chacal, etc. En este versículo se suele traducir: ballenas, grandes monstruos marinos, grandes animales marinos, etc.</ref> y toda alma viviente que se mueve –que pululaban en las aguas de acuerdo a sus tipos– y toda ave con alas de acuerdo a su tipo. Y Elojim vio que era bueno. {{vers|1|22}} Elojim los bendijo diciendo, «Sean fructíferos, multiplíquense, y llenen las aguas en los mares, y que se multiplique el ave en la tierra.» {{vers|1|23}} Y hubo tarde y hubo mañana: día quinto. {{c|'''פ'''</br>{{May|Sexto día}}}} {{vers|1|24}} Y Elojim dijo: «Que la tierra produzca almas vivientes según su tipo: grandes cuadrúpedos <ref>Aveces traducido ganado, pero en hebreo no se refiere sólo a animales domésticos; también puede ser bestia, ‘gran cuadrúpedo' según RAE, pero puede confundirse con su otra acepción 'animal fantástico'.</br>Actualmente es un grupo taxonómico informal. Véase su [https://he.wikipedia.org/wiki/בהמה artículo] correspondiente en la wikipedia en hebreo.</ref> y reptiles<ref>Reptil, animal que se arrastra/repta/corretea, Cualquier animal que se mueva como una lagartija, con pasos cortos y al ras del suelo.</ref>, y criaturas vivientes en la tierra según su tipo.» Y así fue. {{vers|1|25}} Y Elojim hizo a las criaturas de la tierra según su tipo, y a los grandes cuadrúpedos según su tipo, y todo reptil del suelo según su tipo. Y Elojim vio que era bueno. {{vers|1|26}} Y Elojim dijo: «Hagamos al adam<ref> En este contexto la palabra ''adam'' se traduce ‘hombre' y no como un nombre propio. Aquí ‘adam' es sinónimo de humanidad, como muestra la conjugación en plural «que tengan»</ref> a nuestra imagen, conforme nuestra semejanza, y que tengan dominio sobre los peces del mar, y sobre los pájaros del cielo, y sobre los grandes cuadrúpedos, y sobre toda la tierra, y sobre todos los reptiles que corretean<ref>O, que se arrastran sobre la tierra</ref> por la tierra.» {{vers|1|27}} Y Elojim creó al hombre a su propia imagen, a la imagen de Elojim lo creó, macho y hembra los creó. {{vers|1|28}} Y Elojim los bendijo. Y Elojim les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense y llenen la tierra, y conquístenla; y tengan dominio sobre los peces del mar y sobre los pájaros del cielo y sobre todo viviente que se mueve sobre la tierra.» {{vers|1|29}} Y Elojim dijo: «Vean, les he dado todas las hierbas que producen semilla, que están sobre la faz de toda la tierra, y todos los árboles, en los que está el fruto de los árboles que producen semilla. Será comida para ustedes. {{vers|1|30}}Y a todo criatura viviente en la tierra, y a toda ave de los cielos, y a todo lo que corretea al ras del suelo, los cuales tienen almas vivientes, [les doy] toda hierba verde como alimento. Y fue así. {{vers|1|31}}Y Dios vio todo lo que había hecho, y miren! es muy bueno. Y hubo tarde y hubo mañana: el día sexto. {{c|'''פ'''}} {{c|{{May|Séptimo día}}}} {{Gota|2}} {{vers|2|1}} Y fueron acabados los cielos y la tierra y todas sus multitudes. {{vers|2|2}} Y acabó Elojim en el día séptimo la obra que hizo, y cesó en el día séptimo de toda su obra que hizo. {{vers|2|3}} Y bendijo Elojim al día séptimo y lo santificó; porque en él Elojim cesó<ref>''Shabat'', cesar, descansar, desistir del esfuerzo para descansar, descansar después del trabajo. El ''Shabat'' es el día sagrado judío, corresponde al sábado.</ref> de toda su obra que creo al actuar, [y descansó]. {{línea|5em}} {{c|'''פ'''</br>{{May|Pecado original}}}} {{vers|2|4}} Estos son los orígenes<ref>Literalmente, las generaciones.</ref> de los cielos y la Tierra cuando fueron creados; en el día que YHWH<ref>En hebreo יהוה, el nombre propio de Dios conocido como el tetragramatón, de pronunciación incierta. Suele escribirse como: Yavéh, Yaweh, Jehovah, Jehová, Jojova, Johova, Jahovia, Ieovah, Yahuwa, Yahuah, Yahwuéh, Yehuah, etc. Véase [[w:es:Yahveh|Yaveh]].</ref> Elojim hizo la Tierra y los cielos, {{vers|2|5}} no había aún ningún árbol del campo, ni había brotado aún en la tierra ninguna hierba del campo, porque YHVH Elojim no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para labrar la tierra. {{vers|2|6}} Y un vapor subía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo. {{vers|2|7}} Y YHVH Elojim modeló al adam<ref>El hombre, así en todo el capítulo. Esta palabra puede significar: la humanidad, un ser humano –tanto macho como hembra–, un hombre, un nombre propio, un varón. Los múltiples significados sumado a la ausencia de mayúsculas hacen de la palabra un término ambiguo. Para mantener la ambigüedad del texto original, se translitera, no se traduce.</ref> del polvo de la tierra.<ref>Aquí ''tierra'', en hebreo ''adamá'' –nótese la similitud con ''adam''– hace referencia al «Material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural.» diferente a ''erets'' de se usa para hablar de territorio o del planeta Tierra.</ref> E insufló en su nariz aliento de vida y el adam fue un alma viviente. {{vers|2|8}} Y plantó YHWH Elojim un huerto en Edén hacia el oriente y puso allí al adam que había formado. {{vers|2|9}} E hizo brotar YHWH Elojim del suelo todo árbol atractivo para la vista y bueno como alimento y al árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.<ref> Árbol del conocimiento del bien y del mal, a veces traducido erróneamente como ‘árbol de la ciencia'. La palabra דעת indica conocimiento no profesional, a veces traducido como ‘habilidad' –conocimiento de un oficio–. Y la palabra מדע –que usan la misma raíz "דע"– es usada para ciencia. </ref> {{vers|2|10}} Y un río salía de Edén para regar al huerto y desde allí se dividía y era para cuatro cauces. {{vers|2|11}} Nombre del primero, Pishón; este es el que rodea toda la tierra de la Javilá, donde está el oro. {{vers|2|12}} Y el oro de la aquella tierra es bueno; allí también hay bedelio y piedra ónice. {{vers|2|13}} Y el nombre del río segundo, Guijón; este es el que rodea a toda la tierra de Kush<ref>Kush, Etiopía.</ref>. {{vers|2|14}} Y el nombre del río tercero, Jidekel<ref>Río Tigris</ref>; él es el que recorre el oriente de Ashur<ref>Asiria</ref >; y el río cuarto, el Perat.<ref>Éufrates</ref> {{vers|2|15}} Y tomó YHWH Elojim al adam y lo posó en el huerto del Edén para que lo trabaje y lo cuide. {{vers|2|16}} Y mandó YHWH Elojim al adam diciendo: «De todo árbol del huerto comiendo comerás<ref>Comiendo comerás, indica énfasis. Come con libertad, come todo lo que quieras.</ref>, {{vers|2|17}}pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás de él, porque en el día que comas de él, muriendo morirás.»<ref>Muriendo morirás, indica énfasis. De seguro morirás. También suele usarse para sentencias de muerte. En tal caso una traducción apropiada sería ‘estaras condenado a morir’. Véase Ez. 33:14</ref> {{vers|2|18}} Y dijo YHWH Elojim: «No es bueno que esté el adam solo; yo haré para él ayuda semejante a él.»<ref>Semejante, la palabra hebrea ''neged'', cuando se la usa como preposición, habla de algo que es ‘igual a', a la vez que es 'adecuado para la situación de'</ref> {{vers|2|19}} Y formó YHWH Elojim de la tierra todo criatura del campo y a toda ave de los cielos; y trajo al adam para ver cómo los llamaría; y todo lo que nombró el adam, ese es su nombre. {{vers|2|20}}Y llamo con su nombre el adam a todo animal, al ave de los cielos, y a todo viviente del campo; pero para el adam no encontró ayuda semejante a él. {{vers|2|21}} Entonces hizo caer YHWH Elojim sueño profundo sobre el adam y se durmió. Entonces tomo una de sus costillas y cerro la carne debajo de ella. {{vers|2|22}} Y edificó<ref>Construir, hacer con habilidad, hacer algo que necesita habilidad para hacerlo.</ref> YHWH Elojim con la costilla que tomo del adam a la mujer y la trajo al hombre. {{vers|2|23}} Dijo el adam: «Esto ahora es hueso de mis huesos y carne de mi carne<ref>Carne de mi carne, relación de sangre, descendencia.</ref> por esto sera llamada Ish shá<ref>''Ish shá'',mujer, género femenino, femenino de ''Ish'':varón. En todo el siguiente capítulo se usa este término pero como sustantivo común. Suele usarse como ‘esposa', véase el siguiente versículo.</ref> porque del varón fue tomada.» {{vers|2|24}} Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre y se pegara en su esposa y serán una carne. {{vers|2|25}} Y estaban ambos desnudos, el adam y su mujer, y no se avergonzaban. {{Gota|3}} {{vers|3|1}} Pero el najash<ref>Serpiente, el término es masculino.</br>Aveces se traduce Satán, ya que leyendo el original al revés –osea de izquierda a derecha– es similar en sonido. Véase [[w:es:Satanás|Satán]] </br> El nombre de ''Najash rionegrina'' es utilizado para referirse a una especie de serpiente prehistórica provista de patas. Véase [[w:es:Najash|Najash]] </ref> era mas astuto que todo ser viviente del campo que hizo YHWH Elojim; y dijo a la mujer: «¿Realmente dijo Elojim: "No comerán de todo árbol del huerto"?» {{vers|3|2}} Y dijo la mujer a la najash: «Del fruto de los árboles del huerto comemos. {{vers|3|3}}Pero del fruto el árbol que está en medio el huerto dijo Elojim: «no coman de él y no toquen, o morirán» {{vers|3|4}}Y dijo la najash a la mujer: «No muriendo morirán,<ref>No muriendo morirán, indica énfasis. No morirán. El término también se usa para sentenciar a muerte, en tal caso se traduce ‘no estarán condenados a muerte'</ref>{{vers|3|5}}porque sabe Elojim que en el día que coman de él entonces se abrirán sus ojos; y serán como Elojim, conocedores del bien y mal.» {{vers|3|6}}Y vio la mujer que el árbol era buena comida, y codiciable a los ojos, y deseable el árbol para llegar a ser sabio; entonces tomó de su fruto y comió y dió también a su varón que estaba con ella, y él comió. {{vers|3|7}}Y se abrieron los ojos de ambos, y conocieron su desnudez; entonces cosieron hoja<ref>En la Septuaginta, hojas, en plural</ref> de higuera e hicieron para ellos ceñidores.<ref>Ceñidores, cinturones, delantales</ref> {{vers|3|8}} Y oyeron la voz de YHWH Elojim, que paseaba en el huerto para tomar el aire del día; entonces se escondió el adam y su mujer del rostro de YHWH Elohim entre los árboles del huerto. {{vers|3|9}} Y llamó YHWH Elojim a el adam y le dijo: «¿Dónde estas?»<ref>Literalmente, «¿Donde tú?»</ref> {{vers|3|10}} Y dijo: «Tu voz escuche en el huerto, y tuve miedo, porque estoy desnudo, y me escondí» {{vers|3|11}} Y dijo: «¿Quién te revelo a ti tu desnudez? ¿Acaso del árbol que te mandé no comer comiste?» {{vers|3|12}}Y dijo el adam: «La mujer que pusiste conmigo, ella me dió del árbol, y comí» {{vers|3|13}} Entonces dijo YHWH Elojim a Ish Shá: «¿Porque hiciste esto?.» Entonces dijo la mujer: «Najash me sedujo, y comí.» {{vers|3|14}} Entonces dijo YHWH Elojim a Najash: :«Por haber hecho esto :maldito eres entre todo gran cuadrúpedo<ref>Aquí se refiere a los animales domesticables, en contraste de las "criaturas del campo", los animales silvestres.</ref> y entre toda criatura viviente del campo; :sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. :{{vers|3|15}}Y enemistad pondré entre ti y entre la mujer :y entre tu semilla y entre su semilla; :él<ref>Él, la descendencia de la mujer. La palabra ‘semilla' al igual que ‘descendencia' es masculino.</ref> te aplastará la cabeza y tu le herirás el talón.» {{c|'''ס''' </br>Reprensión a Ish Shá}} {{vers|3|16}} A la mujer dijo: :«Aumentando aumentaré<ref>Aumentando aumentaré, indica énfasis. Aumentaré mucho.</ref> tu dolor y tu parto; :con dolor parirás hijos, :y tendrás deseo de tu marido,<ref>Literalmente, para tu marido tu deseo</ref> y él gobernará en tí» {{c|'''ס'''</br>Reprensión a Adam}} {{vers|3|17}} Y al adam dijo: :«por cuanto escuchaste a la voz de tu mujer, :y comiste del árbol que te mande diciendo "no comas de el", :maldito el suelo por causa tuya; :con dolor comerás todos los días de tu vida. :{{vers|3|18}}Y espinos y cardos te producirá :y comerás hierba del campo. :{{vers|3|19}}Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta tu regreso a la tierra del suelo :porque de él<ref>del suelo</ref> fuiste tomado; :porque polvo eres<ref>Literalmente, polvo tú</ref> y al polvo volverás.» {{vers|3|20}} Y llamó el adam el nombre de su mujer Javá<ref>Javá, de ''jai'': viviente. Tradicionalmente se traduce Eva</ref> porque ella sería madre de toda vida. {{vers|3|21}} Entonces hizo YHWH Elojim para adam y para su mujer mantos de piel y los vistió. {{c|'''פ'''</br>{{may|Expulsión del Edén}}}} {{vers|3|22}} Y dijo YHWH Elojim: «Miren! el adam es como uno de nosotros para conocer bien y mal; y ahora no sea que extienda su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.»{{vers|3|23}} Y lo echó YHWH Elojim del huerto de Edén para trabajar el suelo del que fue tomado. {{vers|3|24}} Y echó al adam; e hizo que habitaran al oriente del huerto de Edén los keruvim,<ref>Keruvim, traducido muchas veces querubín, es un ser celestial. Se lo suele asociar con los putti –niños alados– pero su apariencia es mucho mas grotesca. Aunque no hay certidumbre sobre su aspecto. Se postuló que keruvim sería un puesto jerárquico que puede ser ocupado por seres de distinto aspecto; o que son incorpóreos y por tanto sin aspecto físico definido. Las veces que se describe su físico, se lo describe como un ser híbrido –como un grifo, una esfinge o una quimera.</ref> con a la espada incandescente, la que da vueltas constantemente, para cuidar el camino hacia el árbol de la vida. {{centrar|'''פ'''}} {{c|{{may|Kain y Jével}}}} {{Gota|4}} {{vers|4|1}} Y Adam<ref>De aquí en adelante Adam se utiliza como nombre propio</ref> conoció<ref>Conocer, eufemismo para referirse a relaciones sexuales</ref> a Javá, su esposa; y se embarazó, y parió a Kain,<ref>Tradicionalmente traducido como Caín</ref> y dijo, «adquirí<ref>''Kaná'', adquirir, comprar, conseguir. Aquí conjugado de manera que suene ''kaniti''. Nótese la similitud con ‘Kain'</ref> un varón [gracias] a YHWH» {{vers|4|2}} Y continuó para parir a su hermano, a Jével.<ref>Jével, aliento. Tradicionalmente traducido Abel</ref> Y Jével fue pastor de ovejas, y Kain trabajador de la tierra. {{vers|4|3}} Sucedió que al final de los días<ref>Al final de los días, después de muchos días, después de un tiempo.</ref> fue Kain con el fruto de la tierra a ofrecerlo a YHWH. {{vers|4|4}}Y Jével fue con los primogénitos de su rebaño y con la grosura de ellos. Y YHVH consideró a Jével y a su ofrenda, {{vers|4|5}} pero no consideró a Kain ni a su ofrenda. Esto enfureció a Kain en gran manera, y decayó su semblante.<ref>Decayó su semblante, se entristeció</ref> {{vers|4|6}}Entonces YHVH dijo a Kain: «¿Por qué hay ira en ti, y por qué ha decaído tu semblante?{{vers|4|7}}Si haces bien, ¿no serás enaltecido? Pero si no haces bien, los pecados<ref>Nótese el sustantivo singular y la conjugación plural</ref> está en la puerta asechando, y te quiere a ti;<ref>Literalmente: a ti su deseo</ref> pero tú dominas en él.» {{vers|4|8}}Y Kain hablaba<ref>Hablaba, también "dijo". En la Septuaginta se lee:«y dijo a su hermano Abel: “vayamos al campo"»</ref> a Jével, su hermano, pero sucedió que cuando estaban ellos en el campo, Kain se levantó contra Jével, su hermano, y lo asesinó. {{vers|4|9}}Entonces YHVH dijo a Kain, «¿Dónde está tu hermano Jével? Y dijo: «No sé. ¿Acaso guardián de mi hermano soy?» {{vers|4|10}}Pero Él dijo: «¿Qué hiciste? ¡La voz de las sangres<ref>Sangres, el plural indica intensidad.</ref> de tu hermano claman a mí desde la tierra! {{vers|4|11}}Y ahora, ¡maldito seas tú desde este suelo, el cual abrió su boca para recibir de tu mano las sangres de tu hermano! {{vers|4|12}}Cuando trabajes el suelo no te incrementará su fuerza. Prófugo nómada<ref>Hay varias formas de traducir las palabras ‘prófugo nómada'. Formas válidas son: fugitivo, errante, vagabundo, huidizo, inquieto, extranjero y similares. En la versión kadosh se lee «temblores serás en la tierra.»</ref> serás en la tierra. {{vers|4|13}}Y dijo Kain a YHVH: «¡Grande es mi castigo para soportarlo! {{vers|4|14}}¡Mirá! Me expulsas hoy de sobre la faz de este suelo, de tu presencia estaré oculto, seré prófugo nómada en la tierra y sucederá que cualquiera que me encuentre, me matará.» {{vers|4|15}}Y YHVH le contestó: «No será así, cualquiera que mate a Kain, siete veces será castigado. Y puso YHVH a Kain una señal a para que no lo hiriera cualquiera que lo encontrara.» {{vers|4|16}}Y salió Kain de la presencia de YHVH y se estableció en la tierra de Nod,<ref>Nad, prófugo, fugitivo</ref> al este de Edén. {{vers|4|17}}Y conoció<ref>Esto es, tuvo sexo</ref> Kain a su mujer, y se embarazó, y parió a Enok. Y cuando estaba edificando una ciudad, llamó el nombre de la ciudad como el nombre de su hijo Enok. {{vers|4|18}}A Enok le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael, y Mejuyael engendró a Metushael, y Metushael engendró a Lemec. {{vers|4|19}}Y tomó Lemec para sí dos mujeres: el nombre de la primera era Adá, y el nombre de la segunda, Tzila. {{vers|4|20}}Y Adá dio a luz a Yabal, quien fue antepasado de los que habitan en tiendas y crían ganado. {{vers|4|21}}Y el nombre de su hermano era Yubal, quien fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. {{vers|4|22}}También Tzila dio a luz a Tubal Kaín, forjador de toda herramienta de bronce y de hierro. Y la hermana de Tubal Kaín fue Naama. {{vers|4|23}}Y Lemec dijo a sus mujeres: :«Adá y Tzila, ¡escuchen mi voz! :mujeres de Lamec. :Presten oído a mi dicho: :que a un hombre maté por mi herida, :y a un muchacho por mi contusión. :{{vers|4|24}}Si siete veces es vengado Kain, :Lemec setenta y siete.» {{vers|4|25}}Conoció Adam otra vez a su mujer, y ella dio a luz un hijo, y llamó su nombre Shet, porque: «Elojim puso<ref>En hebreo, shet</ref> para mí otro descendiente en lugar de Jével, a quien asesinó Kain.» {{vers|4|26}}Y a Shet también le nació un hijo, y llamó su nombre Enosh. Entonces se empezó a invocar el nombre de YHVH {{línea|5em}} {{c|{{may|De Adam a Noaj}}}} {{centrar| '''ס'''</br>Primera y segunda generación}} {{gota|5}}{{vers|5|1}}Este es el libro de las generaciones de Adam, el día que Elojim lo creó a imagen suya lo creó. {{vers|5|2}}Varón y hembra los creó, y los bendijo, y a ellos les puso el nombre de adam,<ref>Aquí adam –en minúsculas– es humanidad</ref> en el día que los creó. {{vers|5|3}}Y vivió Adam ciento treinta años y engendró un hijo a su semejanza conforme su imagen. Y llamó su nombre Shet. {{vers|5|4}}Y fueron los días de Adam, después que engendró a Shet, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. {{vers|5|5}}Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años, y murió. {{centrar| '''ס'''</br>Tercera generación}} {{vers|5|6}}Y vivió Shet ciento cinco años, y engendró a Enosh. {{vers|5|7}}Y vivió Shet, después que engendró a Enosh, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. {{vers|5|8}} Y fueron todos los días de Shet novecientos doce años; y murió. {{centrar| '''ס'''</br>Cuarta generación}} {{vers|5|9}}Y vivió Enosh noventa años, y engendró a Keinán. {{vers|5|10}}Y vivió Enosh después que engendró a Keinán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas {{vers|5|11}}Y fueron todos los días de Enosh novecientos cinco años; y murió. {{centrar| '''ס'''</br>Quinta generación}} {{vers|5|12}}Y vivió Keinán setenta años, y engendró a Majalalael. {{vers|5|13}}Y vivió Keinán, después que engendró a Majalalael, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas. {{vers|5|14}}Y fueron todos los días de Keinán novecientos diez años; y murió. {{centrar| '''ס'''</br>Sexta generación}} {{vers|5|15}}Y vivió Majalalael sesenta y cinco años, y engendró a Yered. {{vers|5|16}}Y vivió Majalalael, después que engendró a Yered, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. {{vers|5|17}} Y fueron todos los días de Majalalael ochocientos noventa y cinco años; y murió. {{centrar| '''ס'''</br>Séptima generación}} {{vers|5|18}} Y vivió Yered ciento sesenta y dos años, y engendró a Enok. {{vers|5|19}}Y vivió Yered, después que engendró a Enok, ochocientos años, y engendró hijos e hijas {{vers|5|20}}Y fueron todos los días de Yered novecientos sesenta y dos años; y murió. {{centrar| '''ס'''</br>Octava generación}} {{vers|5|21}}Y vivió Enok sesenta y cinco años, engendró a Metushelaj. {{vers|5|22}}Y caminó Enok con Ja Elojim, después que engendró a Metushelaj, trescientos años, y engendró hijos e hijas. {{vers|5|23}}Y fueron todos los días de Enok trescientos sesenta y cinco años. {{vers|5|24}}Caminó, pues, Enok con Ja Elojim, y desapareció,<ref>Literalmente: ‘no era' o ‘no estaba'. Indica la ‘no-existencia', ser un ‘no-ente' en un momento determinado.</br>En la Septuaginta se lee: «y no fue hayado » </ref> porque lo tomó Elojim. {{centrar| '''ס'''</br>Novena generación}} {{vers|5|25}}Y vivió Metushelaj ciento ochenta y siete años, y engendró a Lemek. {{vers|5|26}}Y vivió Metushelaj, después que engendró a Lemek, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. {{vers|5|27}}Fueron, pues, todos los días de Metushelaj , novecientos sesenta y nueve años; y murió. {{centrar|'''ס'''</br>Décima generación}} {{vers|5|28}}Y vivió Lemec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo: {{vers|5|29}}Y llamó su nombre Noaj,<ref>De ''nuaj'', descansar</ref> diciendo: «Él nos aliviará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos, a causa del suelo que YHWH maldijo.» {{vers|5|30}}Y vivió Lemec, después que engendró a Noaj, quinientos noventa y cinco años: y engendró hijos e hijas. {{vers|5|31}}Y fueron todos los días de Lemec setecientos setenta y siete años; y murió. {{centrar|'''ס'''</br>Undécima generación}} {{vers|5|32}}Y siendo Noaj de quinientos años, engendró a Shem, Jam, y a Yefet.. {{gota|6}}{{vers|6|1}}Sucedió que cuando el hombre comenzó a aumentar sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, {{vers|6|2}}los hijos de Elohim vieron que las hijas de los hombres eran atractivas;<ref>eran atractivas, literalmente “estaban buenas"</ref> y tomaron esposas para sí, de todas las que escogieron. {{vers|6|3}} YHWH dijo: «Mi Espíritu no contenderá<ref>No contenderá , también puede traducirse “no permanecerá"</ref> para siempre con el hombre, porque ellos son carne; y sus días serán ciento veinte años.» {{vers|6|4}}Los nefilim<ref>''[[w:es:Nefilim|Nefilim]]'' de ''nafal'', tiranizar, caer. Por tanto nefilim es derribador, el que hace caer, tirano. Eran según la tradición una raza de gigantes. En la Septuaginta se lee ''γιγαντες'', gigantes. </br> Otros comentaristas hablan de los nefilim no como gigantes sino como reyes o militares belicistas, señores de la guerra, ‘hombres de renombre' que oprimían al pueblo.</ref> estaban en la tierra en esos días, e incluso después de que los hijos de Elojim fueran a las hijas de los hombres, y engendraran a aquellos héroes que desde siempre fueron hombres de renombre. {{línea|5em}} {{centrar|'''פ'''</br>{{may|Decreto sobre la humanidad}} }} {{vers|6|5}} YHWH vio lo grande de la maldad del hombre sobre la tierra, y todos los deseos y pensamientos de sus corazones eran solamente de maldad todo el tiempo. {{vers|6|6}} Y YHWH se lamentó de haber hecho al hombre sobre la tierra; y se entristeció en su corazón. {{vers|6|7}}Y YHWH dijo: «Borraré al hombre, el cual yo creé; desde hombres hasta los grandes cuadrúpedos, y desde cosas que corretean al ras del suelo hasta las criaturas que vuelan en el cielo; porque lamento haberlos hecho.» {{vers|6|8}}Pero Noaj encontró gracia a los ojos de YHWH. ==Noaj== {{c|'''פ'''}} {{vers|6|9}}Estos son los descendientes de Noa: Noaj, varón justo, fue sin defecto en sus generaciones. Noaj caminaba con Ja Elojim. {{vers|6|10}}Y engendró Noaj tres hijos: Shem, Jam y Yafet. {{vers|6|11}}Y se corrompió la tierra en presencia de Elojim, y se llenó la tierra de violencia.{{vers|6|12}}Y vio ’ Elojim la tierra, y he aquí estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. {{vers|6|13}}Y dijo Elojim a Noaj: «El fin de toda carne viene ante mí. Por cuanto la tierra se ha llenado de violencia a causa de ellos, he aquí los destruyo con la tierra. {{vers|6|14}}Hazte un arca de madera de ciprés, y harás compartimentos al arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. {{vers|6|15}}Y esto es lo que le harás: Trescientos codos<ref>Codo, unos 45 centímetro</ref> será la longitud del arca, cincuenta codos su anchura, y treinta codos su altura. {{vers|6|16}}Harás una claraboya al arca y la rematarás a un codo por arriba, pondrás una puerta en un lado del arca, y le harás planta baja, segunda y tercera. {{vers|6|17}}Y he aquí que yo, sí, yo hago caer un diluvio de aguas sobre la tierra para destruir toda carne en que hay aliento de vida bajo los cielos. Todo lo que hay en la tierra perecerá. {{vers|6|18}}Pero estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca, tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. {{vers|6|19}} También harás entrar en el arca dos de cada ser viviente, de toda carne, para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. {{vers|6|20}}De las aves, según su especie. De las bestias, según su especie. Y de todo reptil del suelo, según su especie. Dos de cada [especie] irán a ti para que sobrevivan. {{vers|6|21}}Y tú, toma para ti de todo alimento comestible y almacénalo contigo, pues te será de sustento para ti y para ellos.» {{vers|6|22}}E hizo Noaj conforme a todo lo que le había ordenado Elojim, así hizo. {{gota|7}}{{vers|7|1}}Y dijo YHVH a Noaj: «Entra tú y toda tu casa en el arca, porque a ti he visto justo ante mi presencia entre esta generación.{{vers|7|2}}De todo animal limpio tomarás contigo siete pares, macho y su hembra, pero del animal que no es limpio tomarás dos: el macho y su hembra. {{vers|7|3}}También de las aves del cielo, de siete en siete, macho y hembra, para preservar la descendencia sobre la faz de toda la tierra. {{vers|7|4}}Porque dentro de siete días yo haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y borraré todo lo que existe, lo que he hecho de sobre la faz de la tierra.» {{vers|7|5}}E hizo Noaj conforme a todo lo que YHVH le había ordenado. {{vers|7|6}}Era Noaj de seiscientos años cuando el diluvio de aguas vino sobre la tierra. {{vers|7|7}}Y ante las aguas del diluvio Noaj entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos. {{vers|7|8}}Del animal limpio, y del animal que no es limpio, y de las aves, y de todo lo que repta sobre el suelo, {{vers|7|9}}de dos en dos llegaron a Noaj, al arca, macho y hembra, conforme Elojim había ordenado a Noaj. {{vers|7|10}}Y sucedió que a los siete días, las aguas del diluvio estaban sobre la tierra. {{vers|7|11}}En el año seiscientos de la vida de Noaj, en el segundo mes, el día diecisiete del mes, ese mismo día reventaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas de los cielos fueron abiertas, {{vers|7|12}}y fue la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. {{vers|7|13}}En ese mismo día entró Noaj en el arca, con Shem, Jam y Yafet, hijos de Noaj, la mujer de Noaj, y las tres mujeres de sus hijos con ellos. {{vers|7|14}}Ellos, y toda bestia salvaje según su especie, y todo animal según su especie, y todo reptil que repta sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro, todo alado. {{vers|7|15}}Y llegaron a Noé, al arca, de dos en dos, de toda carne en que había aliento de vida. {{vers|7|16}}Y los que llegaron, macho y hembra de toda carne, entraron tal como lo había ordenado Elojim. Y YHVH cerró por él. {{vers|7|17}}Y fue el diluvio sobre la tierra durante cuarenta días. Las aguas crecieron y levantaron el arca, y ésta se elevó sobre la tierra. {{vers|7|18}}Las aguas fueron arreciando y crecieron mucho sobre la tierra, y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas.{{vers|7|19}}Y las aguas crecieron muy por encima de la tierra, de modo que quedaron cubiertas todas las altas montañas que están debajo de todos los cielos. {{vers|7|20}}Quince codos más arriba crecieron las aguas, y las montañas quedaron cubiertas. {{vers|7|21}}Y pereció toda carne que se movía sobre la tierra, tanto ave como animal y fiera, y de todo bicho que pulula sobre la tierra, y todos los hombres. {{vers|7|22}}Todo lo que respiraba espíritu de vida con sus narices, todo lo que estaba en lo seco, murió. {{vers|7|23}}Y borró todo lo que existía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, el reptil y el ave de los cielos, fueron borrados de la tierra, y en el arca quedó solamente Noaj y los que estaban con él. {{vers|7|24}}Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. ==Lej Leja== ==Vayeira== ==Jayei Sara== ==Toledot== ==Vayetze== ==Vayishlaj== ==Vayeshev== ==Miketz== ==Vayigash== ==Vayeji== ==Notas el traductor== <references/> [[Categoría:Génesis]] [[Categoría:Biblia wikisource]] tgw6g1hjie7uy3c8pu2krvfya72ln2n La corona de fuego o los subterráneos de las torres de Altamira/01 0 45698 1665554 1522589 2026-06-21T01:06:16Z Ignacio Rodríguez 3603 1665554 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[La corona de fuego o los subterráneos de las torres de Altamira]] |subtítulo=Novela histórica del siglo XI |autor=José Pastor de la Roca |sección= }} = Primera parte = <div class="prose"> A mi querido amigo y compatriota D. J. R. y G. Un acto espontáneo, desnudo de lisonja, me impulsa a dedicarte en esta obra un recuerdo honroso que aliente tu perseverancia, combatida por tantas decepciones. ¿Qué importa que una pasión bastarda trate de proscribir al mérito, deprimiéndole bajo mentidas formas? ¿Acaso no ha sido éste siempre el destino de los grandes hombres? Que esa funesta rémora no retraiga tu laudable propósito en esa senda difícil a que te has lanzado. Artista de inspiración, no desistas de tu noble empeño; luce allá lejos un astro providencial que marca el rumbo a tu creador instinto, al brotar en medio de esos tenebrosos abismos: allí tu renombre artístico, ornamento y lustre de nuestra ingrata patria, brillará un día también en los anuales de la fama, coronado de los esplendores del genio. Madrid, marzo de 1863. José Pastor de la Roca. </div> == Prólogo == === I === «¡Santiago y cierra España!» Este grito de guerra tan proverbial entre los cristianos, cuando se las habían en buena lid con los hijos de Mahoma, dueños a la sazón de gran parte de la caballeresca España, resonaba como un trueno articulado por millares de entusiastas héroes, victoriosos en Guadalajara, Uceda y Almería. «¡Santiago y a ellos!» Y a este grito unísono, formidable, eléctrico, aliento de una nación guerrera, contestaba un destemplado alarido de coraje, y la chusma agarena, explotada por la rabia, precipitábase frenética en la refriega, malgastando a veces sus bríos en medio de un arrojo imprudente y ciego. Entonces solían empeñarse lances sangrientos, choques desesperados, rudos, salvajes, en que un millón de vociferaciones apagaba el fatídico ¡ay! de los moribundos, el estallido de las alabardas moriscas al resbalar sobre las partesanas y adargas de los cristianos, y que formaban, al reflejo del sol y de la luna, un cuadro animado y feroz, cuadro terrible, trazado por relámpagos fosfóricos y fugaces. Corrían los años 1053 de la Era de gracia. Hacia esta época habíase publicado por varios emires confederados esa temible cruzada que llamaban los árabes guerra santa; y en las provincias meridionales de España sometidas a su bárbaro imperio, cundían los formidables aprestos marciales que debían sublevar el país y promover el choque decisivo y enérgico de la cruz con la medía luna. Pero con tan poca suerte por parte de esta, que además de las referidas plazas de Uceda, Guadalajara y Almería, acababa de caer en poder de D. Fernando I la villa de Madrid con sus alquerías y anexidades. Suponíase también que se trataba de conquistar la imperial Toledo, cosa no muy fácil entonces, por ser el baluarte antemural del islamismo en España, y cuyos formidables recursos de defensa desafiaran a cualquier poder, por colosal que fuese. En venganza, pues, de tamañas pérdidas que acababan de experimentar, los moros, empeñados siempre con indomable tesón en aquel juego de peligroso desquite, saciaban su coraje haciendo correrías por tierras de los cristianos, talando mieses y campiñas, quemando bosques e incendiando cortijos, después de sacrificar a su furor a todos cuantos tenían la desgracia de caer en sus manos. Hubo quien, dejándose llevar de un celo imprudente, aconsejase al rey la conquista del reino de Toledo, empezando por la capital; pero el monarca, más cauto y sin dejarse deslumbrar por el brillo de sus repetidas victorias, comprendió que la conquista no debía ser por la fuerza de las armas, sino por medio de arte, cosa imposible, pues siendo el dinero el principal recurso o auxiliar en tales casos, y hallándose exhausto el erario, debía aplazarse la empresa por entonces. === II === A reina, que era belicosa en extremo y que poseía en alto grado esa virtud o esa flaqueza que se llama ambición, destinó sus alhajas y joyas para aquella empresa; y astuta y reservada, designó secretamente el instrumento de que iba a valerse en lance tan difícil, con cuyo favorable éxito lisonjeábase allá en su interior, de poder sorprender y avergonzarala vez un día el ánimo de su esposo. Ese instrumento era un joven hidalgo, llamado Veremundo Moscoso, presunto conde de Altamira, guerrero intrépido que servía a la reina en clase de guarda-mayor, y de cuyo pundonor y fidelidad estaba altamente satisfecha, habiendo recibido repetidas muestras de ello. Doña Sancha, que tal se llamaba aquella princesa, le llamó reservadamente para comunicarle sus proyectos, y el altivo infanzón, no solo se comprometió a negociar por sí solo el asunto, Dios mediante, y aun a riesgo de su propia vida, sino que además juró por la bendita cruz de su espada ensayar su política en otra plaza fuerte, cuyo resultado debía ser la conquista de ella, sin efusión de sangre. La varonil mujer le despidió afectuosamente entregándole ciertas joyas de inestimable precio, y una gran cantidad de oro, para que lo emplease todo en el mejor éxito de la empresa. -¡Ah señora!, exclamó ruborizándose el noble hidalgo, siento en el alma que la pobreza de mi casa me coloque en el triste y vergonzoso compromiso de admitir esta dádiva que se resiste al carácter de un leal y pundonoroso caballero; en cambio, señora, tengo una espada y un nombre sin tacha: este es mi principal patrimonio, y lo pongo a las órdenes de V. A. -Con ello estoy suficientemente recompensada, replicó la reina con la más cordial efusión, tendiendo la mano, al joven caballero, para impedirle que se arrodillase. -Id con Dios, prosiguió con una autoridad dulce y majestuosa, y no volváis a mi presencia si no obtenéis las llaves de ambas plazas. Y con una sonrisa afectuosamente grave lo despidió. === III === Pocos días después el orgulloso hidalgo atravesaba con paso altivo el regio salón de audiencia, portador que era de un pliego importante, sellado con las armas reales y dirigido a la reina doña Sancha. Su contenido era el siguiente: «A vos, mi cara esposa, salud.- Sabredes ca la güena villa de Alcalá de Henares ha caído en poder de Nos, por la misericordia divina: que esto fue milagro non natural, e mu defícil de comprendello. »De mi real campo de Madrid, etc. » La reina no pudo concluir la lectura del pergamino: tan poseída se hallaba de alegría. En efecto, el ensayo de Veremundo había sido completamente feliz, y el orgulloso caballero tuvo la altivez o acaso la modestia de ocultar a su soberano que a él solo tal vez se debía el triunfo. === IV === Cierto día, a puestas de sol, entraba en la ciudad de Toledo por la antigua puerta de Visagra una pequeña y modesta cabalgata que caminaba a buen trote, con intento, al parecer, de aposentarse cómodamente antes de que se cerrasen los establecimientos de hospedaje, cuyos dueños tenían orden de no recibir forasteros después del crepúsculo de la tarde. Componían esta cabalgata un joven comerciante y dos criados árabes, a juzgar por sus vestidos a la morisca, turbante amarillo y verde, bombacho blanco y babuchas azafranadas; llevaban también vistosos alhamares, color de naranja, a excepción del primero, que lucía un blanquísimo alquicel de lana, puro como el armiño y orlado caprichosamente de festones y ricos bordados orientales. Montaba un brioso caballo cordobés, espléndidamente encaparazonado con monturas y jaeces africanos, gualdrapa carmesí sembrada de medías lunas de plata y bridas trenzadas de seda verde con hilos de oro. La planta arrogante del noble animal le acreditaba pertenecer a esa raza pura andaluza, tan conservada y apreciada justamente por el delicado gusto de la aristocracia árabe-española. En cuanto a los dos turcos que le acompañaban, venían montados en acémilas sobre un cargamento misterioso que formaban unos cajones rotulados en idioma oriental, con este mote: « SEDERÍAS. -N.º 2.º -Alha-Sid y Compañía. -CAIRO. » El caballero era nuestro conocido Veremundo, que acompañado de dos escuderos, iba a poner en práctica el plan de conquista ya anteriormente expresado. Al llegar a la aduana, como diríamos hoy, situada a corta distancia de la puerta, el pretendido moro principal exhibió una patente de la ciudad de Smirna, junto con la correspondiente guía de las factorías en las fronteras marroquíes. El sol, hundido ya en su ocaso, doraba débilmente con purpúreo brillo los altos minaretes de las mezquitas, las torrecillas afiligranadas de los templetes, y las agujas aéreas de las sinagogas, que se confundían en el plano inclinado de los adarves y en los techos de pizarra gris, sobre el claroscuro de la montaña. === V === Hemos dicho que se acercaba el crepúsculo, y los fanáticos almuédanos, desde los alminares de las mezquitas, anunciaban los fieles creyentes la oración de la noche. Las medías tintas de la luz imprimían a aquella religiosa ceremonia de la fe musulmana un doble carácter de majestad y languidez imponentes; las bulliciosas alhóndigas se cerraban; suspendíanse los baños, y las tiendas portátiles de los bazares retirábanse a sus respectivos porches, porque lo contrario fuera una impiedad que atacara las rígidas prescripciones dogmáticas del mahometismo. Los barrios de la judería, que ocupaban la parte meridional de la ciudad, cerrábanse de orden superior y en virtud de cierta confidencia sobre sospechas de conspiración, las cuales, fundadas o infundadas, solían recaer siempre sobre los desgraciados hijos de Israel. Empezaba ya a sonar el rumor de la bulliciosa zambra morisca: agitado concierto de guzlas, chirimías y guitarras, panderetas y tamboriles, y brillaba el fuego de las hogueras allá en la cumbre de las colinas. Afluía allí el tumultuoso gentío que vomitara aquel laberinto de tortuosas calles, atraídos sus moradores por la algazara, por la armonía y por la frenética animación que reinaba en las alturas. === VI === Los mercaderes entre tanto habían atravesado con mesurada gravedad y disimulo toda la vasta extensión que comprende la primera colina, o sea desde la indicada puerta de Visagra hasta la plaza-mercado de los Jumentos o de Zocodover, en su acepción árabe, y que equivale a la actual plaza de la Constitución. Había entonces en esta misma plaza una especie de fonda u hostería, titulada de Bab-Shara, esto es: puerta del campo, aludiendo acaso al jardín con que comunicara y que se extendía en vistoso anfiteatro a la misma falda del collado, antes de desmontarse el terreno y reducirlo a caseríos, y del cual acaso ya nos ocuparemos luego. Los viajeros se hospedaron en este suntuoso establecimiento, ocupando una lujosa cámara espléndidamente ataviada, y que fue solicitada con gran empeño y a cualquier precio por Veremundo. Instalados allí, y cuando los mil ruidos de la imperial ciudad se habían ya extinguido, el pretendido mercader cerró cautelosamente la dorada puerta de su alojamiento, los ajimeces y ventanas, y practicando un escrupuloso reconocimiento, colocó de centinela a sus dos criados, completamente armados, para que vigilasen las avenidas, y conocedor al parecer, de todos los pormenores de aquella pieza, tocó en uno de sus ángulos cierto resorte simulado bajo de un marco de tapicería, y apareció un batiente que se desprendió, retirándose con un giro tácito e imperceptible y produciendo un crujido sordo que iba aumentándose a medida que el fingido moro empujaba el botón de bronce del mecanismo. Quedó entonces abierto un buque circular y sombrío. Veremundo respiró con satisfacción y asomó la cabeza por el fondo tenebroso de aquella trampa. Un rayo de luna límpido y nacarado atravesaba aquel limbo oscuro, como una cinta piramidal de plata. En aquel limbo desconocido nada se percibía, sino un fondo inmensurable de tinieblas. Veremundo encontró al tiento una cuerda: tiró de ella y sonó al punto, muy remoto, el eco de una campana invisible, como la vibración de un timbre subterráneo y mágico. Retrocedió al punto herido por un movimiento de incertidumbre, porque en efecto, la situación de aquellos hombres temerarios era en aquel punto azarosa y crítica. ¿Acaso les era de todo punto fiel la persona que hasta allí les guiara, vendiéndoles con tanta facilidad tan profundo arcano, y con quien trataran además un asunto delicadísimo? ¿No podía disfrazarse una infame perfidia bajo la máscara de una aparente y falsa amistad? El hombre que hacía traición a una causa, constituido en su innoble terreno, por afectar servir a otra, ¿no pudiera también cambiar papeles al tiempo de la ejecución? ¡Ah! y en este caso, probable por desgracia, habíanse dejado llevar de una ligereza imprudente que les colocaba en inminente riesgo. === VII === Una vibración metálica, como la que produce el escape de un muelle de templado acero, interrumpió la ansiedad de los conspiradores, que armados hasta los dientes, hallábanse dispuestos hasta a una lucha corporal, si necesario fuese. Colocados a la puerta de la trampa, desnudo el corvo alfanje y suspendida en el aire la pesada cimitarra, guardaban ambos, como fieras en acecho, el misterioso buque, resueltos, como dejamos dicho, a vender caras sus vidas; pero esta alarma cesó de pronto cuando vieron asomar por el mismo una cabeza encanecida, bajo un capuz o turbante griego, y luego un anciano de vigorosa musculatura, que saltó hacia la pieza con una agilidad portentosa. En el rostro carnoso y rubicundo de aquel hombre lucía una indolente y fría sonrisa, signo equívoco y peligroso a primera vista y que impuso a sus testigos. -Parece, exclamó, que no os inspira entera confianza la palabra de los hijos de Israel, y en verdad que desgraciadamente ese es otro de los precedentes fatales que suelen acompañar siempre a la raza infeliz del mísero pueblo de Dios, disperso, errante, oprimido y vilipendiado. Y en aquella fisonomía indefinible brilló una llamarada de odio, sarcasmo implacable que pasó fugitivo y precoz, como esas ráfagas o exhalaciones que dejan un rasgo encendido en la zona. -Me habéis requerido con vuestra proposición, continuó, cambiando su alarma por una aparente naturalidad sincera, sutilmente reflejada en su rostro; me habéis ofrecido un partido, y lo acepto, y por más que existan motivos dentro de la posibilidad humana que opongan una funesta rémora a vuestro plan, he aquí que acudo solicito al llamamiento, y que atropellando riesgos y contradicciones de conciencia, ocupo mi puesto y me entrego a vuestro simple albedrío. -Nunca pude yo dudar de vuestra palabra, repuso el hidalgo con marcado entusiasmo, la sana intención que dicta nuestras palabras y dirige nuestras mutuas acciones, es el punto donde converge mi vista y se ilumina de fe y sinceridad, si alguna vez la duda, ese paréntesis de la conciencia, ha tratado de eclipsar el brillo de mi esperanza. Pero hénos aquí entregados a vuestro arbitrio, pobres extranjeros, disfrazados con el traje de un mismo oprobio, y que obedeciendo tan solo a su inspiración, arrostran todo género de riesgos; su ambición misma, cuando no otra causa más grande todavía, le presta recursos de fe y perseverancia, y vednos aquí entregados a vuestra voluntad, confundidos, comprometidos con vos, campeón ilustre de la independencia, para trabajar de consuno en llevar a cabo la obra meritoria de la extirpación del dominio musulmán, oprobio común de nuestras creencias, por medio de un golpe que debe ser la base de la emancipación de la raza hebrea, como una de las primeras exigencias de la civilización y de la política. El judío marcó un signo de amarga ironía. - ¡Oh! dijo después de una pausa, y sonriendo con su astuta calma, ¡aleje Dios la tentación de la incredulidad y de la duda que me asalta bien a pesar mío! -Es decir, repuso el magnate, como ofendido en su fe, es decir que trato yo de envolveros en un plan insidioso, precisamente cuando vengo a poner a vuestra disposición mi seguridad y la de mis consortes; cuando os entrego el tesoro de mi reina, que veis ahí. Y Veremundo mostró a su colocutor los fingidos fardos de mercancías, que no eran realmente sino paquetes de alhajas y dinero de la corona. El anciano siguió maquinalmente la dirección del dedo de Veremundo, y su codiciosa mirada fue a clavarse como un dardo en aquellos objetos preciosos. -Basta, mi querido señor, repuso, al decir tentación, no creo haber querido ofender, ni vuestras intenciones, ni mi decisión resuelta en favor vuestro; admitid la expresión en lo que vale, y no dudéis de un éxito que se nos muestra enteramente propicio. Los músculos del rostro del hebreo se exaltaron con la expresión de un triunfo diabólico. -Quiero, pues, creer vuestras palabras, continuó siempre con su eterna sonrisa, quiero acceder a esos deseos, en gracia al menos de la noble intención que encierran, y puesto que el destino o la Providencia nos ha aproximado en tan arriesgado terreno, utilicemos la ocasión, cooperemos a ese mismo fin tan laudable, conspiremos contra un sistema opresivo, que es el blanco común de nuestras aspiraciones, y si llegásemos a obtener el triunfo entonces. ¡ Y bien! hombre filántropo, ¿qué sucederá luego? ¿cuál será el galardón que yo obtenga para mi pobre raza proscripta? ¿cuál será, pues, su destino? ¿mejorará por ventura? ¿qué podremos esperar entonces? Acaso una persecución más cruel y encarnizada, a medida que el león castellano, con su intolerante sistema, acrezca su fuerza y poderío, clavando su acerada garra en estos miembros esparcidos en rededor del tronco que yace sin vida, híbrido, yerto y mutilado, sí, pero incorrupto, mientras contenga el germen de la regeneración que en él existe. Una lágrima de odio asomó al ojo del judío, exaltado por una secreta indignación feroz; lágrima abrasadora y fugitiva que se apresuró a enjugar con su dedo grasiento, y que huyó acaso desapercibida de su colocutor, que deslumbrado visiblemente por la calma siniestra que vagara en aquella fisonomía maligna, estrechó conmovido, y por un enérgico y maquinal impulso, la demacrada mano del judío. === VIII === Oyóse entonces el tañido de una campana, la misma acaso que ya dijimos. -No son estos, dijo el anciano, la hora y punto más oportunos para la discusión y ratificación del tratado que debe poner en poder del castellano el cetro de la ciudad de Toledo, el precioso antemural del nombre árabe en España. Las bases están ya redactadas, y solo falta por vuestra parte que hagáis honor a vuestra palabra, mostrándoos generoso y agradecido (no diré pródigo) con los que tanto arriesgamos en la empresa, y que tan tremenda responsabilidad cargamos sobre nuestras cabezas. La mirada del hebreo, penetrante y lúcida, se dirigió oblicua y furtivamente hacia los cajones, que, apilados en un ángulo de la pieza, contenían lo que tanto codiciara: oro. -Alabo vuestra franqueza, repuso el fingido turco; justo es recompensar el valor de vuestros servicios con un premio digno de ellos y de la alta persona que me ordena ponerlo a vuestra disposición, tan luego como hayáis cumplido con buen éxito vuestra promesa, a cuyo efecto ya veis que queda por mi parte constituido el depósito del tesoro que podéis examinar, sí gustáis, a vuestro placer. -Basta, caballero, eso sería hacer una marcada ofensa a vuestra palabra, descanso en ella, y no seré yo quien dude jamás de vuestra buena fe y lealtad. La campana repitió su lúgubre tañido e interrumpió por un momento al hebreo. -¿Oís? dijo con marcada precipitación y disponiéndose a retirarse, esa campana ordena la convocatoria de los ancianos israelitas que bajo mi presidencia deben revisar y ratificar el tratado. Seguidme, pues, si os place, os ocultaré en punto desde el cual podéis observar las deliberaciones de la asamblea sin ser visto. Allí me esperaréis, quiero que deis testimonio de cuanto veáis. El asunto es crítico, y es necesario rodearse de ciertas precauciones, porque la policía no se duerme en pajas y sondea haga los más profundos designios. Y mientras el judío tornaba a introducirse por el buque, Veremundo dio una orden secreta a sus escuderos, introduciéndose también a su vez en pos del mismo por aquella cripta desconocida y lóbrega. === IX === Era esta una galería subterránea, sostenida su bóveda por medio de gruesos pilares de mampostería que se enlazaban por medio de una serie no interrumpida de arcos obtusos toscamente labrados, que describían graciosas combinaciones y cuya altura perpendicular no excedía de seis pies. El judío, provisto de una linterna sorda, caminaba delante del mercader, que le seguía como una sombra muda y silenciosa, convencido cada vez más de la buena fe de aquel hombre hábil que se abandonara a su albedrío en aquel dédalo ignorado y lúgubre, Anduvieron largo espacio por aquella mansión tenebrosa, cuya calma y silencio solo eran alterados por el rumor vibrante de los carruajes que rodaban sobre sus cabezas y parecían amenazar hundir la bóveda. Al fin lograron salir del subterráneo, y la blanca claridad de la luna iluminó la vista de ambos con su pálido y plateado brillo. === X === Era bien entrada la noche y la luna remontaba el cenit, rodeada de qua aureola diáfana y sanguinolenta. Hallábanse en un gran patio rodeado de tapias de desigual altura, cuyos desmoronados perfiles cortaban en ángulos rectos un horizonte algo diáfano, aunque límpido y despejado de nubes. Solo hacia el Sur parecía levantarse un tenue vapor macilento que se extendía como un pabellón rojizo coronado de pintorescos celajes. Hacia la izquierda dibujábanse en lontananza las almenas del muro con sus dentadas pirámides que hundían sus delgados espectros en el espacio, y sobre los cuales descendían las plateadas brumas de la noche; los copudos fresnos que bordaban las riberas del Tajo, y la áspera silueta de los alhamíes allá en la cúspide de un collado sembrado de ruinas postradas, cuyos blanquiscos grupos condensados por la vaporosa niebla, proyectábanse, decorando el cuadro y destacando sus formas fantásticas sobre un firmamento sembrado de estrellas. Percibíase allá en frente un gran caserón ennegrecido y casi ruinoso, precedido de una especie de pórtico sustentado por una columnata istriada de forma piramidal, al que daba ingreso una inmensa puerta de medio punto. El hebreo introdujo una llave en la cerradura, y a costa de un leve esfuerzo giró un postigo, presentando una abertura tan mezquina, que apenas cabía un cuerpo, y por el cual ambos se introdujeron. === XI === Reinaba en aquel vestíbulo un profundo silencio. Una luz invisible difundía su pálido brillo en aquella mansión solitaria, y un olor de incienso, semejante al que suele aspirarse en nuestros templos, se exhalaba del ambiente. Atravesaron el vestíbulo y varias piezas equiláteras, exágonas y triangulares, trazadas en laberinto, y cuyas ennegrecidas paredes estaban cubiertas de indescifrables anagramas y jeroglíficos. El mismo silencio, la misma calma, calma imponente y pavorosa; solo que el resplandor, a medida que avanzaban, era cada vez más vivo y luminoso, y el grato aroma del incienso aspirábase cada vez más fuerte. Por fin halláronse junto a una gran verja de bronce, veladas sus doradas barras, en forma de culebras trenzadas, por cortinas de crespón violado, que trasparentaban una luz vívida, arrojando en la pared opuesta un matiz de sangrienta púrpura. El hebreo designó, al caballero un rico sitial de brocado que, colocado en cierto punto, permitía ver desde él parte de lo que ocurría al otro lado de la reja, y le ordenó que tomase asiento en él, diciendo: -Hasta aquí pudo llegar el hombre extraño a las creencias del pueblo de Moisés, esa es la barrera que separa al profano del santuario venerable, destinado al culto del Arca y el Tabernáculo; el ara del sacrificio rechaza vuestra ley, como esa misma ley rechaza a su vez a aquella; funesta represalia, cuando el mismo principio, la unidad divina, constituye en cierto modo la base sustancial de entrambos ritos. Esperad, pues, ahí, y no os mováis, porque seríais perdido sin recurso. ¿Quién podría contener el golpe de un fanático, ciego por su propio celo? ¡Y bien!, todos los ritos tienen en tales casos sus héroes. -Ni ridiculicéis, continuó, lo que veáis y oigáis, es el preliminar de ese tremendo golpe que de común concierto meditamos, y que, como ya os dije, va a sancionarse por el consejo supremo de nuestros ancianos. Para ello, pues, Dios, a quien ponemos por inspirador y árbitro, exige un holocausto, según nuestro rito; sometamos a su voluntad nuestra inspiración él sabrá infundirnos el debido acierto, pues siempre que se reconozca su esencia única y omnipotente, poco le importa el nombre con que se le invoque. Y rápido, veloz, aun a pesar de sus años, el hebreo empujó un botón de cristal y nácar, introduciéndose por un postigo de escape que debía dar ingreso a aquella estancia misteriosa. Veremundo, accediendo al mandato del judío, y sin poderse dar cuenta de lo que ocurría, ocupó el sitial que se le indicara. Oyóse al punto un recitado lúgubre que fue animándose gradualmente, produciendo una expresiva armonía; y aunque todo se pronunciaba en idioma hebreo, idioma que él no comprendía, creyó, sin embargo, o adivinó que, eran los salmos de la Biblia. Percibió también otra oleada de incienso mucho más aromática que las anteriores, al paso que las cortinas que trasparentaban un matiz de granate y fuego, condensábanse visiblemente a ciertos intervalos por una niebla vaporosa. Una música expresiva y lánguida alternaba con los versículos del profeta rey, cada vez más animado todo por una exaltación religiosa y patética, que descendió luego gradualmente con la última nota del cántico. === XII === Rasgáronse de improviso las cortinas, cayendo como un velo diáfano y quedando visible el interior de aquella sinagoga solemne que, a través de las doradas barras, aparecía en toda esa esplendorosa majestad de que todos los ritos suelen rodear a sus respectivas ceremonias. Allá en el fondo veíase el ara de mármol blanco enrojecida aún, y sobre la cual yacían esparcidos los restos del sacrificio; la sangre del cordero salpicaba el altar, y en uno de sus ángulos veíase un vellón blanco como la piel de armiño. Alrededor, sentados sobre banquetas de pulido cedro, había como treinta ancianos con prolongadas túnicas y el birrete o turbante negro judaico colocado junto a cada uno respectivamente. Entre aquellas figuras venerables sobresalía el gran sacerdote vestido de pontifical con su prolongada barba gris y su hopalanda carmesí sobrepuesta a un alba de finísimo y blanco fino. Veremundo le reconoció al punto: era el mismo anciano que le había introducido, y a cuyo cargo estaba la dirección del suceso. El menaje y accesorios de aquel recinto eran de un lujo soberbio. Taburetes plateados, pesados cortinajes de tisú cogidos en pabellones flotantes, todo brillaba en torno de la imponente ceremonia, y dejábase ver al fulgor de un candelabro de tres mecheros que brillaba en el centro del santuario, reverberando en las blancas paredes estucadas sus luminarias deslumbradoras, reproduciéndose y multiplicándose en la pulimentada superficie, donde parecían incrustarse, resbalando como errantes estrellas o como facetas diamantinas y abrillantadas. Sobre un estrado de terciopelo blanco alzábanse unas gradas de jaspe negro, alfombradas al gusto oriental y sobrepuestas a la correspondiente altura de ricos toldos de oriflama y raso arabesco; sobre aquellas gradas, figurando tronos, bajo aquellos toldos y sentados en escaños de bello pórfido, veíanse varios coros de mancebos vestidos de púrpura, que al compás marcado por uno de ellos con una varilla de oro, pulsaban en sonoro concierto las cuerdas de cítaras y harpas eolias que hacían vibrar con sus dedos suaves y levísimos. Al son de aquellos acordes lánguidos cantaban con sus aéreas voces versículos y estrofas de una cadencia sublime, dulces armonías que hacían vibrar el corazón y anegaban el alma en un abismo de deleite, como el grito de un ángel al remontarse al cielo. Aquellas notas de una poesía arrebatadora y dulcísima iban descendiendo luego gradualmente y apagaban su tierna melodía a medida que el preste, seguido de sus adláteres, abreviaba el giro de la ceremonia. === XIII === Hubo entonces un momento de silencio y una breve pausa, durante los cuales prosternáronse todos y oraron. Una música expresiva y grave apagaba sus últimas cadencias, ejecutando modulaciones de una arrebatadora ternura que arrancaba lágrimas de emoción. El gran sacerdote exhibió luego un gran libro, sobre el cual impusieron todos simultáneamente la diestra, pronunciando a medía voz cierta fórmula sacramental, a la que contestaba el preste con una sola frase, y concluyendo por encerrar el libro en el Arca, cuya forma percibíase vagamente allá en el fondo de la penumbra. Abrióse después una puerta de medio punto que correspondía al vestíbulo, y por la cual empezó a salir el concurso, que hasta entonces permaneciera en un departamento invisible para el joven, y cuyas oleadas movibles sucedíanse con la mayor compostura. Iban todos envueltos en sus túnicas, oculto el rostro bajo antifaces pendientes de sus piramidales capuces, si eran hombres, o bajo el tupido velo sacro, si eran mujeres. Cayeron también las cortinas diáfanas sobre la gran verja, y tras de un crujido tenue giró el postigo, por el cual introdujérase antes el judío, y que, despojado ahora del traje de ceremonia, tornó a reaparecer, animado siempre el rostro de su habitual sonrisa. === XIV === Traía en la mano un pergamino, del cual pendía un gran sello de lacre negro prendido a una cinta de pergamino, cuyos objetos entregó al fingido moro con cierto aire de marcada importancia. - Tomad, dijo, esta es la prenda de alianza que debe garantizar la promesa, cuya realización se aplaza únicamente hasta el primer momento de oportunidad: el consejo ha adoptado la idea, y desde luego estoy plenamente autorizado para anunciaros que podéis ya retiraros a vuestro alojamiento, quedando a cargo de la sinagoga la organización de esa conspiración terrible, ante cuya gravedad no retroceden los ancianos, y que en su día debe dar su fruto. ¡Toledo!, prosiguió inspirado por un entusiasmo ardiente, ¡Toledo!, orgulloso emporio del islamismo español, tu destino debe cumplirse, porque inexorable y potente, la voz profética de tus anales llama en los tiempos futuros al legítimo dueño de tu grandeza. Este debe ser un príncipe cristiano, porque así está escrito en los fastos de la Providencia. El hebreo, alucinado por su mismo rapto, hízose seguir de su colocutor, el cual fue restituido a su alojamiento por el mismo subterráneo de que ya hicimos mérito. === XV === -Oid, oid, dijo el viejo antes de separarse de Veremundo, dentro de tres días debe darse el golpe proyectado, según acuerdo del consejo. Precisamente ese es el día de sábado, día que el Dios de Israel, por medio de Moisés, se ha reservado en conmemoración de su descanso, terminada la obra prodigiosa de la creación del mundo: el Decálogo en su tercer precepto nos manda santificarlo, y ninguna ocasión más oportuna de solemnizarlo. El choque debe ser horroroso, y la sangre de esos hombres contumaces regará las calles de su metrópoli. ¡Y bien!, la misma ceguedad e intolerancia debe conducirles a su propio exterminio. -Por cierto que andáis diligente, repuso Veremundo, y sin que parezca una ofensa a vuestra previsión y exquisito tacto, os recomiendo calma y discreción en la empresa de un plan tan formidable. El anciano soltó una insultante carcajada de mofa. - ¡Bah! dejaos de observaciones y abandonad ese cuidado una mano práctica, amaestrada en ese género de riesgos; ocupaos únicamente de vos y de los vuestros. ¿Creéis acaso que el rayo de maldición que vibra mi brazo ha de quebrarse en el escudo de esa miserable chusma? Desengañaos, pues, Israel ha elegido una víctima, aun en medio de su postración abyecta, esa víctima está ya herida por el anatema del cielo, y aun en medio de su situación aflictiva, alza su cabeza rebelde, como la víbora, para herir al coloso. Tranquilizaos, pues, la planta del gigante dormido aplastará esa venenosa cabeza. En la fisonomía del judío brilló una sonrisa cáustica y convulsa, y continuó después de una breve pausa: -Para ese gran día tan próximo en que debe tener lugar el desenlace, es preciso que los ejércitos del rey cristiano se hallen a corta distancia, dispuestos a acudir al socorro de la revolución, cuando se les llame, en virtud de la consigna que acordemos de común concierto; avisad, pues, y disponed lo que creáis necesario, mañana en otra conferencia podremos explanar los pormenores, y entre tanto descansad tranquilo. El hebreo desapareció entonces, mientras Veremundo entraba en su alojamiento, donde le esperaban los suyos. El buque se cerró al punto detrás de él, sin dejar la más mínima señal de sus junturas. === XVI === Cierto día al amanecer, cuando la aurora brillaba en el Oriente con su pabellón de púrpura, notábase en las calles de Toledo una extraña animación que ponía en movimiento la vida todavía dormitante y soñolienta de la gran metrópoli. Corrían por do quier oleadas impetuosas de gente, chocando, atropellando e impeliendo aceleradamente a las turbas que en movibles grupos se agitaran, y todo en medio del mayor silencio; silencio fúnebre, siniestro, que encerraba, no obstante, un alarido mortal de angustia, mudo como el hálito de un espectro, y bajo cuya influencia fatídica gemía una gran parte de aquella población amenazada de una inevitable catástrofe. Y luego, cuando aquellas turbas llegaban a cierto punto, cuando su natural curiosidad se satisfacía con el triste espectáculo que diera alma y vida propia al misterio, volvían en su mayor número, refluyendo hacia atrás como rechazadas por una fuerza extraña, horripiladas, llenas de pavor mientras que el resto de ellas, es decir, la parte desmoralizada, proseguía alentada por ese instinto feroz que todavía no se ha borrado de las sociedades modernas, oprobio vil de la humanidad, si es que hombres merecen llamarse los que autorizan y aplauden el suplicio de sus semejantes. Y de ahí los continuos choques de que eran indistintamente víctimas los que iban y venían, semejantes al flujo y reflujo de un proceloso mar explotado. Porque no era ya un secreto para la generalidad la causa impulsiva de aquella animación tan inquieta, especie que corría de boca en boca con todo el lúgubre horror del misterio, que no se despojaba de sus tristes formas. Tratábase de la ejecución capital de varios israelitas, en un considerable número y sorteados de entre todos los que se hubiesen hallado aquella noche misma en Toledo; medida bárbara y sangrienta, digna únicamente de la crueldad mahometana, cuyo rencor cebábase ordinariamente en las familias cristianas y hebreas, con todo el implacable rigor del águila que cae violentamente sobre su presa, alentada siempre por el cobarde estímulo de la impunidad. El fundamento de aquella sentencia, inicua por las formas de que se revestía, era bajo cierto punto de vista una medida de orden y reparación política que llevaba envuelto, según se decía, el sello de la prescripción legal. La noche precedente al tiempo del relevo de guardias, habían sido sorprendidos y asesinados en sus garitas varios centinelas, mientras un pelotón de judíos, armados y dueños de la consigna, habíanse apoderado de varios puntos fortificados, cortando hábilmente por medio de una paralela improvisada, aquella parte de muro que más resistencia pudiera ofrecerles, y colocándose en una posición ventajosa que iba robusteciendo una doble línea de paisanos armados, ingeniosamente ordenada y que se prolongaba desde la puerta de Visagra hasta el fortín aspillerado del Tajo. El resultado de este golpe revolucionario pudiera haber dado indudablemente una probabilidad de éxito, favorable, sin la circunstancia de haber precipitado vivos los conspiradores a los fosos a los soldados moros; pero los ayes de estos desventurados que yacían moribundos, mutilados y heridos, malograron el éxito de la empresa, y un grito sostenido de ¡traición! que fue prolongándose con un eco eléctrico, llevó la alarma a los cuarteles, que empezaron a vomitar de tropel masas de soldados que, en medio de las tinieblas de la noche, empeñaron un sangriento combate, con dudosa suerte. En medio, pues, del estrépito de la lucha, un toque de clarín, vibrante y sonoro, dominó el universal trastorno, modulando una nota expresiva, aunque lejana. Este clamor parecía corresponder hacia las afueras, y era la señal de que el ejército de D. Fernando, a las ordenes del joven infante D. Alfonso, creyendo asegurado el golpe de la conspiración, con la cual fácil es de comprender estaba de acuerdo, dirigíase, precipitando marchas, a tomar posesión de la ciudad, cuyas puertas permanecían realmente abiertas ya por industria de los judíos. Sólo que en aquellos momentos críticos, el clamor bélico sonaba todavía muy lejano, y los conjurados que combatían con desesperación, cedían ya al número y desmayaban. Unos minutos más de tregua y su triunfo es seguro, y la plaza sucumbe. Mas la lucha continuó cada vez más desigual y encarnizada, y así trascurrió un buen rato: periodo terrible que todavía mantuvo indeciso y problemático el éxito del combate. Luego una luz azulada brilló en la cumbre de un collado que dominara todo el ámbito de la ciudad y sus afueras, como un siniestro meteoro suspendido en los aires, o como una estrella errante, resbalando sobre el espacio lóbrego de la zona. La súbita aparición de aquella luz decidió completamente el éxito de la jornada por un efecto rápido y momentáneo, semejante a un golpe mágico. Era la señal de antemano convenida para anunciar al ejército cristiano que la empresa se había malogrado y que debía retirarse a toda prisa; los jefes directores de la conspiración estaban de antemano en el secreto, y al punto, con una pericia admirable, mandaron la dispersión de los conscriptos, que se retiraron en el mayor desorden. Consecuencia de este fatal suceso fue el suplicio ejemplar de numerosas víctimas israelitas, que al siguiente día bien temprano, según queda dicho, fueron ajusticiadas. Su suplicio llevó también ese sello de cruel ferocidad que marcan la época en que tuvo lugar y el fanatismo mahometano con su intransigente sistema; los desgraciados fueron maniatados sin piedad, despeñados desde una colina, apedreados inhumanamente y arrojados por fin al Tajo sus cuerpos agonizantes y mutilados. Por una prudente cautela, apoyada en una experiencia amarga, los pocos cristianos que entonces contenía Toledo en su recinto, abstuviéronse de tomar parte en la conspiración, según resultó luego por las pesquisas de la policía, y con tanto mas motivo, cuanto que la naturaleza del contrato que el rey, por medio de Veremundo, celebrara, según ya dijimos, con la asamblea judaica, debía poner, a costa exclusivamente de esta, en poder de los cristianos y mediante una enorme suma convenida, la plaza entera con sus arrabales, fortificaciones y dependencias; promesa exagerada, que por sus circunstancias mismas llevaba en sí el sello de la temeridad en cierto modo, y que tan cara costó a sus autores. === XVII === Mientras tanto, desde las primeras horas de la noche Veremundo que, aunque guardando rigoroso incógnito, estaba bien lejos de contarse seguro en su alojamiento, habíase trasladado con su tesoro y criados, por vía de precaución, a otro de los aposentos de la hospedería, situado sobre uno de los siete collados que contiene el recinto de la imperial Toledo. La noche trascurrió en medio de una agitación cruel por parte de Veremundo, que permaneció en un continuo insomnio, lleno de ansiedad, asaltada su tranquilidad precaria por el estruendo de las patrullas que solían recorrer las calles, armando frecuentes escaramuzas y choques, hasta bajo de las mismas rejas de sus ventanas. Al amanecer, y con objeto de distraer su pensamiento cruelmente preocupado y triste, mientras esperaba ocasión favorable para su fuga, el joven caballero salió a pasear vestido con, su traje árabe, a la galería que rodeara la balaustrada o pretil del edificio, y que correspondiera a una especie de terraza morisca, a la cual descendíase por una escalerilla de hierro, perteneciente a un suntuoso y antiguo alcázar. Aquel era el palacio del gobernador árabe. Desde aquel punto podía contemplar un risueño paisaje la imaginación del entusiasta joven, extasiado visiblemente ante aquel panorama magnífico. Valles amenos, granjas de vistoso aspecto, hermosos y variados vergeles, vastas praderías, florestas deliciosas y armonizadas, resaltando sobre campos de musgo, sobre doradas campiñas y musgos tornasolados de verde y negro, jardines artificiales entre céspedes y cañaverales silvestres, soberbios edificios campestres, como villas romanas, escalonados en irregular anfiteatro, en las hondonadas y barrancos, y sobre todo, sobre la falda de la fragosa montaña, en la cual aparecían suspendidos como nidos de alondra, cortijos y granjas, torres y atalayas de puro lujo, destacando sus blancas formas sobre bosques de olivos y arboladura de aterciopelado verdor, masa heterogénea de frondas, minas y edificios, limitada por el undoso Tajo, como un ceñidor fosfórico de plata. De trecho en trecho las mil agujas de los minaretes de las mezquitas veíanse ender el espacio, marcándose en lontananza sobre un fondo azul zafiro, y a través de aquel tenue vapor, sobre el espacio condensado por la luminosa neblina, alzábase allá en el Oriente el penacho inflamado del sol naciente, como un pabellón de granate y púrpura, cerniéndose en el horizonte, y en torno del cual vacilaba una nebulosa alborada. Veremundo abarcó de una sola mirada aquel vistoso panorama, aspiró la brisa del crepúsculo, pura, fresca y saturada de mil perfumes, y extasiado en la contemplación del cuadro, todos los riesgos que había arrostrado y que acaso todavía le amenazaban, borráronse por un momento de su imaginación entusiasmada. Respiró como si sacudiese una pesadilla mortal, su pecho se dilató hasta lo infinito, fundiéndose, por decirlo así, el alma en aquella dulce armonía de la naturaleza y el hombre, y perdiéndose su fantasía en las esferas ideales, vírgenes y poéticas de un dulce éxtasis. En medio, pues, de aquel rapto, el ligero crujido de la persiana que cubriera uno de los ajimeces del patio, vino a despertar la atención del joven caballero, que prestó oído y púsose silenciosamente en acecho. Abriéronse las hojas de la ventana, y entre el colgante pabellón de seda amarilla, cuyos profusos pliegues agitó una mano blanca y diminuta, apareció, destacándose en el marco sobre el alféizar, semejante a una incrustación de alabastro, el perfil de una peregrina belleza, que se recatara, al parecer, de una mirada vehemente, de pupila fascinadora y tenaz. Lucía en su expresión un sello de languidez sentimental y, melancólica, de un orientalismo incitante, mucho más expresivo todavía a través de la matutina alborada. De su rostro purísimo irradiaba todo el tesoro y atractivos de una criatura ideal, en cuyo conjunto compendiábase un mundo entero de perfecciones. Aquella seductora visión desapareció como por un soplo mágico, semejante a una de esas divinizadas creaciones desertadas del Olimpo, que vagan fascinadoras por el campo de la fantasía del poeta, y cuya ilusión, al disiparse, suele siempre dejar en el alma un vacío que solo llena un dolor agudo. Veremundo cayó del cielo de su ventura al abismo del desengaño; en vano su mirada ansiosa trató de inquirir el objeto de su admiración, que había desaparecido ya realmente un velo de gasa blanca y sedilla cubrió al punto el buque del ajimez, cuyos pliegues flotantes agitaban las brisas matutinas. Convirtió la vista entonces al flanco opuesto, y estimulado por la curiosidad, examinó con detención aquella parte del edificio y sus accesorios que con el mismo se enlazaran, formando acaso una parte integrante o dependencias del mismo. Este mismo edificio que habitara indudablemente su joven vecina, vasta aglomeración arquitectónica, sin orden ni simetría, comunicaba, al parecer, con el de su alojamiento, por medio de una galería cubierta o terraplén, que se prolongara alrededor del patio, y del cual descendía una serie de gradas de mármol blanco, hasta un bonito jardín o invernadero con laberinto de murta caprichosamente recortada y entretejida de flores. Un reducido cenador de filas con columnillas tenues que sostenían su florido toldo, ocupaba el centro entre grupos de naranjos cubiertos de azahar y fruto, y el interior, cuyo pavimento de jaspe estaba primorosamente alfombrado, contenía un riquísimo mueblaje oriental compuesto de divanes y cojines de terciopelo púrpura, con bordados y franjas de tisú y oro. De trecho en trecho, sobre consolas pérsicas de mármol perfilado de oro, había bonitos grupos de estatuas alegóricas de esa mitología pagana, que ha sido y será probablemente siempre el alma de la verdadera poesía. Eran sus árboles de vistoso follaje, cuyas variadas frondas encubrían imperfectamente sus frutos sazonados. Naranjas de Smirna de figura oval, como enormes globos de oro, limones de forma umbilical, manzanas exquisitas, como granos de arrebol o púrpura, de cuyo delicado matiz pudiera solo dar idea las mejillas de una mujer coqueta, vides rastreras que enroscaran sus sarmientos parásitos como serpientes sobre un lecho de rosas, suspendiendo opimos frutos que se disputaran bandadas de zumbadoras avispas, frutas de mil especies confundidas entre flores y aromáticas yerbas; precioso y natural conjunto de primores vegetales artísticamente combinados por el buen gusto, y que con sobrada razón absorbieran la atención del joven. La niebla que poco antes habíase condensado hacia Levante, empezaba ya a disiparse, aclarando los objetos en un despejado horizonte: una brisa apacible agitaba las ramas y follajes, produciendo ese dulce y monótono zumbido que tanto halaga en ciertas horas. Los pájaros saludaban con armoniosos trinos y gorjeos la aparición del nuevo día, y allá en las eminencias solitarias del monte brillaban ya los primeros rayos de un sol purísimo. Veremundo, temiendo ser descubierto en tan peligrosas circunstancias, retiróse a su alojamiento, aunque con el pesar de no poder distraer de su mente la idea de aquella peregrina hermosura que sorprendiera su corazón, para dejarle inquieto al retirarse, como esos rápidos relámpagos que incendian al mundo, para aumentar luego sus tinieblas. Asomó la vista por el buque del ajimez, desde el cual percibíase casi de frente la ventana morisca, velada todavía por un crespón blanco de sedilla que flotara a impulso de la brisa sobre un búcaro de rocas y adelfas, colocado en un resalte de mármol a la altura exterior del marco de la ventana. En vano acechó todo el día desde aquel punto, la visión no se reprodujo. === XVIII === Llegó por fin el crepúsculo de aquella tarde. Las brumas candentes del día habían desaparecido, y un vientecillo fresco y suave refrigeraba el ambiente. Veremundo, ebrio de amor y de recuerdos, y alucinado por un entusiasmo imprudente, había hallado medio de bajar, no sin gran riesgo, a aquel vergel, separado del edificio que él ocupara por un simple vallado artificial, cerrado por una verja de laureles de bronce trenzados. Allí respiraba el aura aromático de las flores, y absorbía, por decirlo así, el espacio desde aquellas bóvedas de follaje y murta rociadas periódicamente por saltos de agua y vistosos juegos hidráulicos, que producían otras tantas cascadas artificiales en sus recipientes de mármol y alabastro estucado. Recostado en un banco de musgo y recatándose cautelosamente de cualquier mirada que pudiera descubrirle en aquel sitio peligrosísimo, nuevos pensamientos asaltaron su acalorada mente, haciéndole comprender sobre todo la gravedad de su locura al invadir aquel recinto vedado. En medio de su terror parecióle oír muy próximo el ligero crujido de una falda de seda que pasó rozando airosamente los grupos de romerales del mismo pabellón que él ocupara. Su corazón latió de pronto con una sacudida violenta, ni su pecho pareció experimentar cierta compresión sensible, como quien sacude, una pesadilla y aun duda de ella. Levantó la vista azorada por la sorpresa, concentró sus ideas, y si bien un impulso de precaución contuvo su primer impulso, se incorporó lo suficiente para inquirir sin ser visto la causa de aquel accidente. Vio en efecto a través de la enmarañada yedra, y trasponiendo las enramadas floridas, la talla elegante de una hechicera mujer que se movía graciosamente con la flexibilidad de una palma, como un ángel que se columpia en los aires, tocando la tierra por capricho. Iba envuelta en una túnica plegada, con rayas de oro y púrpura, retirado hacia atrás con dulce coquetería el velo de gasa, y rodeado a su delgado talle un magnífico chal de Smirna con franjas de tisú y brillantes. Una especie de pañoleta de encajes cruzaba negligentemente sobre su seno, cuyas mórbidas formas marcara, y un ligero turbante blanco, sembrado de ricos abalorios, coronaba su hermosa cabeza, permitiendo ver la profusión de sus rubias crenchas enlazadas con estudiada coquetería. Una y otra vez retrocedió y tornó a alejarse del pabellón del joven, como si realmente adivinara su presencia, semejante a la mariposa imprudente que atrae la luz, para precipitarla en su fuego. Veremundo, preso de mil vacilaciones, se atrevió al fin a jugar su vida al azar de su vehemente amor, si bien guardando toda la cantela posible. Aquella mujer, o por mejor decir, aquella niña, debió haberle visto, según ciertas particularidades que había tenido ocasión de poder sorprender en ella, circunstancia que alentó su osadía, resuelta a cometer tal vez otra nueva locura, más arriesgada quizás que la primera. Sacó del pecho un ramo simbólico de flores, algo ajado ya y que tuvo ocasión de componer aquel mismo día a prevención, y lo arrojó resueltamente a cierto punto junto al cenador, por donde debiera pasar precisamente la joven árabe. Contenía solo estas tres flores enigmáticas: mirto, balsamina y amigdálida<ref> Emblema amoroso que significa: Os amo ardientemente, y aguardo con impaciencia el instante en que os dignéis concederme una cita, si de ese favor me juzgáis merecedor.</ref>. El ramillete permaneció largo rato en tierra, lo cual fue un signo de desesperación para el pretendiente, cuya imprudente osadía iba acaso a costarle cara, si su empeño recibía una negativa o un desprecio. La astuta dama, a quien en realidad no se había ocultado la acción de Veremundo, y que disimulándolo solo esperaba una ocasión de no ser vista, retrocedió unos pasos afectando distracción, y arrojó sobre el ramillete una capuchina enredada en un tallo de espino blanco<ref> Significa: Sed discreto y esperad.</ref>, después de lo cual retiróse precipitadamente al otro extremo del jardín. === XIX === Veremundo estaba a punto de enloquecer de entusiasmo y amor. Alucinado, fuera de sí, quiso precipitarse en pos de aquella adorable belleza, y dejándose llevar de aquel mismo rapto, postrarse a sus pies en demanda de piedad; pero al propio tiempo parecióle oír un silbido tácito y misterioso que moduló dos notas agudas, y contúvose al punto. Siguiendo la procedencia de aquel silbido, juzgó al pronto equivocadamente si pudiera ser un amante oculto que daba a la joven árabe su consigna, y otra vez tuvo impulsos de cometer otra imprudencia, que en verdad hubiérale, perdido sin recurso. Contúvose de nuevo sin saber cómo. Un volcán de celos inflamó su pecho, brotó una llamarada intensa que cegó su vista y paralizó sus facultades al pronto. El silbido volvió a repetirse, y Veremundo, que tal vez hubiera cometido al fin una locura, pudo observar con asombro el negro perfil de un esclavo africano, que armado de un cangiar damasquino, aguardaba el regreso de la joven, de pie, inmóvil como una estatua gigantesca de ébano, y cuya elevada talla parecía marcar el buque de la entrada principal del jardín, situada al otro extremo del laberinto. Comprendió desde luego que aquél sería uno de esos desgraciados eunucos, bárbaras mutilaciones de la naturaleza, y que serviría de centinela o guardián de la joven señora. Sólo entonces, en esta creencia, y descendiendo de su amoroso vértigo, pudo apreciar la gravedad de su situación, el riesgo que había corrido al profanar con su presencia aquel sitio vedado, que los musulmanes suelen guardar como sus santuarios mismos, y al cometer, en fin, tantas imprudencias, de las cuales se arrepentía ya entonces. Ambos árabes se retiraron al punto en el mayor silencio. Luego, algo más tarde, cuando las sombras de la noche extendían su tenebroso manto, Veremundo pudo a su favor huir y retirarse a su alojamiento recatadamente, ebrio de amor y ventura, y fluctuando en un caos de esperanzas, de vacilaciones y dudas. === XX === Y pasaron luego algunos días de sufrimiento por parte del joven, y de amorosas pruebas por parte de la misteriosa dama, quien correspondía indudablemente a las galanterías de aquél, en cuanto la permitiera la rígida vigilancia de que se hallara rodeada en aquel desconocido alcázar. Durante aquel periodo, su correspondencia, sus entrevistas ingeniosas y felizmente llevadas a efecto, habían adelantado mucho, y el más acendrado amor ardía recíprocamente en ambos corazones con toda la vehemencia imaginable. Los medios de comunicación, sin alterar en lo mas mínimo el sistema de precaución establecido, habían vencido insuperables obstáculos, colocando a entrambos amantes en una posición ventajosa en este punto, atendidas las dificultades gravísimas que mediaron y que eran una amenaza constante hacia la imprudencia, si se tenía la desgracia de incurrir en ella. Tocaban, pues, puede decirse, el límite de la posibilidad en este punto, y no podía menos de suceder así, porque en tales casos, la fuerza de voluntad en el amor allana las montañas, supera los obstáculos y sabe sacar partido de sus mismas dificultades, para obtener sobre ellas un triunfo positivo. Los medios inventados de común concierto para su inteligencia, siempre indirectos, disfrazados, aunque eficaces, habían estrechado tan íntimamente el lazo de sus relaciones mutuas, el lenguaje mímico, emblemático y figurado de que se valieran habíase perfeccionado hasta tal punto, que apenas había una frase en el idioma articulado que no pudiera sustituirse por una combinación cualquiera de su vocabulario simbólico. Una cinta flotante en el friso de un ajimez, una cortinilla de variados colores, diferente en todo o parte cada día, una dulce inflección sonora de la guzla morisca, la iluminación nocturna de un minarete con trasparentes de púrpura, verde y, azul zafiro, etc., y otras mil particularidades que hubieran pasado para cualquiera desapercibidas e indiferentes; todo, en fin, entraba y tenía significación concertada en el lenguaje singular de entrambos, quienes entendíanse por medio de tan ingeniosa cábala, como pudieran hacerlo en su idioma nativo. Una noche paseaba Veremundo por el arriate contiguo, bajo una bóveda de frondosas vides. Era aquella bien entrada, y el cielo aparecía encapotado de nubes densas, entre las cuales solía asomar alguna que otra vez el disco de la luna que derramaba una pálida claridad momentánea: alguna ráfaga de viento impelía de vez en cuando aquellas mismas nubes, aglomerándolas en remolinos, haciéndolas tomar caprichosos e informes grupos, y tronchando las copas de los gigantescos árboles que coronaran las colinas próximas. Como dominando aquel vertiginoso cuadro de la naturaleza, el grito del centinela hendía el espacio con su lúgubre eco, que parecía ser la única señal de vida en medio de la quietud de la noche. Veremundo, que tenía fija la vista en el minarete que correspondiera al ángulo septentrional del palacio de su joven querida, y que parecía esperar una señal de antemano convenida, notó con indecible placer un punto escarlata que se destacó por un instante en la pirámide del chapitel, resaltando brillante y luminoso en el fondo de las tinieblas de la noche. Esta señal misteriosa decidió la resolución del caballero, que arrebatado y entusiasta, olvidando los riesgos a que iba a exponerse, desnudó su jabalina y dirigióse recatadamente al lugar de la cita. Atravesó la terraza y la galería, saltó el vallado, la tapia y otra pared de regular altura, y se halló luego junto a un pórtico escusado que se abrió como por encanto, y cuyo buque interior le ofrecía los primeros peldaños de una escalera secreta que se prolongaba hasta un punto remoto, e iluminada débilmente por un resplandor tenue e indeciso. Aquella escalera le condujo a una espaciosa galería con pasamanos de bronce y cubierta por una bóveda aplanada sobre columnas góticas hacinadas en grupos laterales. Un prolongado vestíbulo vivamente iluminado por arandelas de cristal tallado se presentó después, y al cual se abandonó intrépido el temerario joven, llegando finalmente a una puerta dorada con incrustaciones afiligranadas, formando lujosísimas labores, caprichosos paisajes y dibujos profanos en relieve. Aquella puerta giró silenciosamente sobre sus goznes de bronce, ofreciendo la perspectiva grandiosa de una vasta cámara oriental, verdadera mansión de hadas, cuyo pesado lujo guardaba rigurosa armonía en todos los objetos que contenía en su soberbio recinto. === XXI === La figura de aquella pieza era hexagonal, y sus paredes estucadas, cubiertas de riquísimas tapicerías de Persia, con pabellones de brocado amarillo sembrados de medias lunas de plata, dejábanse ver a ciertos trechos desde su friso de mármol verde, incrustadas de pórfidos y mosaicos, hasta el cornisamento calado de rosetones y arabescos, y la ancha faja o greca que corría sobre los capiteles figurados, trazando ángulos rectos sobre el perfil superior, estaba asimismo calada de menuda crestería alicatada sobre un fondo alabastrino. La bóveda, formada por un lujoso artesonado de cedro, figuraba sostenerse sobre cabezas salientes de monstruos mitológicos, manos de gigante y grupos espirales de frutas exóticas desconocidas, puesto que solo debieran hallarse, cuando más, en el Edén de los elegidos del Profeta. Eran los muebles divanes de palo de sándalo y rosa, cojines de terciopelo carmesí y verde, espejos oblongos con marcos de oro cincelado y engastes de azul zafiro en esmalte, cuadros con versículos del Alcorán, alegorías e inscripciones en caracteres cúficos, y otros mil objetos análogos. Ardían el ámbar, aloes y mirra en braserillos de plata cincelada, y en cuyas aguas habíanse vertido esencias líquidas de clavillo, jazmín y rosa, que difundían un aroma sensual y embriagador como el deleite. Lucía por do quier el oro, la seda y pedrería en profusa abundancia, desde los muebles, con sus labores e incrustaciones, hasta las cortinas colgantes, que sacudían al moverse una lluvia de diamantes, multiplicados por la reverberación de la luz que ardía en hermosas lámparas de alabastro oriental, pendientes del artesonado por medio de cadenillas de oro casi imperceptibles, y resbalando sobre el lustroso pavimento de mosaico cubierto a trechos por muelles alcatifas pérsicas. En el fondo de aquel delicioso retrete apareció la hermosa niña, que ya conocemos, y que ahora se presentaba al noble mancebo, radiante el rostro de angelical sonrisa y retirado el velo con indecible coquetería. Adelantábase con paso majestuoso y grave, y al notar la natural timidez del asombrado joven, le cogió por la mano y condújole a un rico sitial de brocatel raso donde se sentaron. === XXII === -Bien venido seáis, caballero, exclamó con un timbre de voz que conmovió todas las fibras de éste; en vano el corazón trata de rebelarse contra el destino: he luchado contra las exigencias sociales del mundo, contra las preocupaciones morales, contra los inexplicables impulsos de mí misma y contra los riesgos a que se expone una mujer de mi clase, que puede también precipitar en su caída al hombre a quien concede una cita en su retrete mismo. Sublimada la idea hasta el principio simple y racional de la naturaleza, impelida por su fuerza potente y creadora, la voluntad ha triunfado al fin y no vacilo en admitiros a mis confidencias, no sin haber tomado previamente las precauciones que reclama el caso y dispuesta a haceros partícipe de mis afecciones más gratas. Veremundo se inclinó con un respetuoso ademán, conturbado y como sin poder darse cuenta de las confidencias de aquella misteriosa mujer, cuyo hechicero halago le fascinaba y cuya mano adorable retenía aun la suya con una presión tenaz. Todo su ser, sus potencias todas, su galantería, hallábanse paralizados ante aquel portento de hermosura y gracia, cuyo conjunto tenía para él en aquellos instantes un incentivo mágico, poderoso e irresistible. -Llegáis a tiempo, prosiguió la hechicera niña después de una breve pausa y como sorprendido el ánimo por una idea súbita; los instantes apremian, porque ellos son los dados a cuyo azar jugamos nuestras cabezas. Necesito ante todo comunicaros un secreto, y para ello la mujer culpable reclama la indulgencia del noble cristiano. Y como ella notara la alteración de semblante del joven al oír la alusión de su pretendido incógnito, se apresuró a calmar sus temores con estas palabras: -No os inquietéis si insisto y os declaro con la franqueza que reclama el caso, que conozco vuestro nombre, la arriesgada misión que os trae a Toledo y demás proyectos ulteriores. Por eso mismo os he admitido a esta cita que aun a trueque de enormes sacrificios hemos podido realizar; pero no es tiempo de daros amplias explicaciones sobre este asunto: los momentos urgen, necesito haceros una declaración importantísima, como ya he dicho, y esta debe ser la más inequívoca prueba de mi afecto hacia vos. -Mucha honra será para mí, señora, oír de vuestros lindos labios palabras que deben llenar mi alma de una inefable ventura que tan lejos estoy de mereceros. -Basta, no prosigáis, porque en este instante en que vuestro corazón no posee todavía la clave del misterio, dudáis de mí y os asalta la idea posible de una alevosía; y esto es tan natural, como que la perfidia se adapta a todas, las formas y suele ensayar, con buen resultado ordinariamente todos los recursos de un artificio suspicaz y doble. Pero el tiempo es precioso y necesitamos aprovecharlo, aplazando lo demás para luego; oid, pues: Y oprimiendo con vehemencia las manos del joven entre las suyas temblorosas, continuó con cierta agitación que en vano se esforzara en disfrazar bajo una adorable sonrisa: -Hará como dos años que una familia feliz moraba en una humilde casa de esta ciudad, en la calle de Nazaritas. Aunque no muy ricos en bienes de fortuna, Toledo entero envidiaba la suerte de aquellos dos ancianos que cifraran sus esperanzas en su única hija, niña de doce años, vivaracha y coqueta, aunque dominada por sus ideas religiosas, exaltadas hasta un grado eminente. Esta niña era yo. Pertenecíamos a esa clase de cristianos viejos estigmatizados, tenaces en sus creencias y solidificados sus corazones por la fe trasmitida con la sangre y jurada siempre con una ceremonia tradicional sobre el lecho de sus moribundos padres. Pero como nada es estable en esta vida, sobrevino una de esas imprudentes asonadas que suelen sublevar la ciudad, poniéndola en doloroso conflicto, y cuyos resultados funestos labran todos los días hierros para los bulliciosos cristianos. Eran estos los que promovieran el motín, a cuyo frente figuraba mi anciano padre, que impelido por un ciego entusiasmo, no vaciló en ponerse al frente del movimiento revolucionario. Pero esta empresa quimérica fracasó como otras muchas, y mi pobre padre fue preso y sentenciado a ser atenazado y descuartizado vivo, confiscados nuestros bienes y proscripta su familia y descendencia hasta la tercera generación. No hallando medio, pues, de desviar aquel fatal golpe, ni de conjurar la sentencia que pesaba sobre el autor de mis días: yo que te amaba con delirio y que no hubiera podido sobrellevar el dolor de su suplicio, hallé medio de parar aquel golpe, y me resigné a ello, aun a trueque de todo, aunque se tratara de mi libertad, de mi vida y acaso de mis creencias mismas, y vais a saber cómo la realicé al fin. === XXIII === Mi pobre y anciana madre tenía una parienta, superiora del convento o casa de asilo titulada de la Purificación, que no ha mucho se veía en la Huerta del Rey, y que la intolerancia musulmana ha hecho desaparecer. Aquí nos retiramos ella y yo durante aquellos aciagos momentos, y amedrentadas vestirnos el hábito de la regia, con el fin de burlar, si era posible, las pesquisas de la policía, bajo aquel santo disfraz que los infieles han respetado siempre. Pero el demonio de la tentación dispuso que cierto día acertase a venir al convento disfrazada de buhonera una de esas mujeres sospechosas, de bajo oficio y abastecedoras del harem, y me pidió un momento de audiencia, que me apresuré a concederla con el beneplácito de la superiora y el de mi pobre madre, que temblaba sin saber la causa. ¡Desgraciada!, presentiría tal vez una nueva desdicha. Yo también me estremecía de espanto instintivamente, porque la experiencia me había enseñado a sospechar de todo; pero ¿qué había de hacer, si aquella mujer mercenario me ofrecía noticias de mi anciano padre y de los medios de libertarle? ¿Cómo, pues, rehusar la audiencia? La mujer vino de intento a hacerme una proposición indecorosa, ofreciéndome, a nombre del gobernador, salvar la vida de mi padre, a trueque de una condición que acaso llevara envuelta mi honra. Temblé, vacilé horrorizada ante la idea del deshonor. Al fin, tras una despiadada lucha entre el deber y el amor paterno, triunfó este y me resigné al sacrificio, abandonándome en manos de aquella mujer liviana y miserable. Tratábase de un padre, y este nombre no tiene equivalente en el lenguaje humano. ¿Qué sacrificio pudiera yo rehusar por salvarle de una muerte afrentosa? Huí aquella noche misma con ese propósito, cuando dormían ya las religiosas, dejando a mi anciana madre postrada en el lecho, devorada por la fiebre que dos días mas tarde la arrebató la vida, y sumida en un ardiente delirio que me partía el alma. === XXIV === La orden de libertad fue al punto notificada a mi padre, y mientras a costa de ella me constituía yo esclava del gobernador en este mismo palacio, donde reino por mí y para mí sobre todo cuanto me rodea en él, mi pobre padre, víctima del fanatismo de los alfaquíes y de la perfidia de la escolta que, lejos de protegerle, le entregó sin piedad al furor de un bárbaro y feroz populacho, moría apedreado en las calles de la ciudad. Esta circunstancia, para mí tan sensible, no impidió que Solimán, a cuyo capricho iba yo destinada, me recibiese con su natural bondad, alojándome en este mismo retrete, bien resuelto a castigar a los culpables, como lo verificó, aunque también a no renunciar a mi posesión por todos los honores y riquezas del mundo, pues que desde entonces solo yo reinaría en su corazón: éstas fueron sus mismas palabras. Más de una vez pude apreciar el valor de mi honra, de mi libertad y de mi albedrío, y adiviné desde fuego el profundo abismo que a mis pies se abriera. Me revestí de valor, resuelta a rechazar cualquier ataque indecoroso que se me dirigiera: mi generoso señor, que jamás ha traslimitado sus exigencias de la línea persuasiva: lloró mi ingratitud como un niño, y rendido, humillado por mi resistencia, maldijo su destino que le encadenara a un imposible. === XXV === Pocos días ha, poseído de un acceso frenético, porque divagaba su mente, y sus potencias y sentidos caducaban a consecuencia de un extravío mental, Solimán, más apasionado que nunca, me colocó en una cruel alternativa, poniendo de nuevo a prueba mi virtud. Paseaba yo por el jardín, vigilada por uno de esos miserables eunucos, oprobio de la civilización y de la cultura. Pues bien, yo que siempre estoy rodeada de esa naturaleza degradada, imponente y muerta, y que, sin embargo, no he llegado a enervarme en medio de la molicie y del ocio, paseaba, repito, una tarde por el jardín, sumergida en amargas consideraciones, y atormentada por el recuerdo de mis desgracias y penalidades sin número. La tarde era serena, el sol poniente apenas enviaba sus postreros rayos, dorando con su pálido brillo los altos minaretes del alcázar, sobre cuya sombría mole cerníase una especie de vaporosa niebla, como un velo sangriento. Para mí fue éste un presagio cruel, y el corazón, rebotando en el pecho, respondía con sus latidos a mis temores. Una esclava africana, quebrantando la consigna que yo había dado, vino de parte de Solimán a decirme que me detuviese algún tiempo en el pabellón, porque aquella noche deseaba tener conmigo una entrevista secreta en aquel punto, y me suplicaba no se la negase. Adiviné al punto que mi honra iba a sufrir tal vez una prueba terrible, que aquel hombre, no pudiendo ya contenerse acaso, pudiera dejarse arrastrar quizás de un arrebato de su pasión volcánica para hacerme violencia. Con todo, no había medio de negarse, y acepté. Precisamente recordé entonces la Judit de la Biblia, y juré imitar en un caso extremo su varonil ejemplo en aquel generoso Olofernes. === XXVI === Era ya entrada la noche. Los argenteados rayos de la luna, condensados por la niebla iluminaban ya el jardín con su nacarado brillo, en cuyo fondo las masas de arbolado proyectaban sus fantásticas y verdinegras sombras en un cielo azulado. Solimán, el bravo caudillo, el general bizarro, a cuya pericia y lealtad cometiera su rey el gobierno supremo de estos estados, se improvisó ante mí: hermoso y gentil como siempre, y cuya talla arrogante y majestuosa, estaba realzada entonces por el brillante uniforme de su alto empleo y categoría. No era ya aquel turco impetuoso que aterraba con su presencia los aguerridos tercios castellanos, sino el amante respetuoso y humilde que venía rendido a deponer toda su fiereza salvaje a las plantas de una débil mujer, sorda a sus ruegos y resuelta en su caso a lavar en su sangre cualquier desacato que se la hiciera. Suplicó, lloró... todo inútil. Comprendiendo por fin el imposible, retiróse triste y despechado, aunque jurándome que por su parte, y mientras él viviera y permaneciese yo a su lado, no peligraría jamás mi honor, puesto que nunca recurriría a la violencia. Pero ¡ay de mí! Ese generoso joven, en quien desde aquel día pudiera yo haber mirado mi más influyente protector, fue aquella misma noche víctima de un acceso de desesperación. Destituido de toda esperanza de poseerme, recurrió al suicidio, y al siguiente día amaneció estrangulado con la cuerda de su cangiar. === XXVII === Este desgraciado suceso permanece todavía oculto bajo el velo del más profundo secreto, y aun a pesar de haber trascurrido algunos días, nada se ha traslucido, al parecer, suponiéndose generalmente que el gobernador se halla ausente, con alguna misión secreta, en uso tal vez de la real licencia que por motivos de salud largo tiempo ha disfrutara. Con todo, ha llegado ya el día en que ese secreto contenido por mí misma a costa de sacrificios y ardides, deje de serlo ya, y su revelación amenaza sobre mi cabeza todas las sospechas que indudablemente atraerían mi suplicio, porque desgraciadamente estos muros no son del todo impenetrables para que dejara de ser un misterio mi negativa constante a las impetuosas exigencias del amor de Solimán. Además de los mil riesgos que me amenazan, una mujer sagaz y vengativa acecha todos mis movimientos, me espía día y noche, y siempre fatídica e implacable como una sombra rencorosa, espera la ocasión de poder beber mi sangre y de confundir mi nombre en un acta mortal. Esta mujer es la nodriza de Solimán, la que negoció mi cautiverio a trueque de la pretendida libertad de mi padre, y que poseída de ese entrañable amor que le ha profesado durante su vida, semejante a la loba a quien se han arrebatado sus cachorros, husmea el rastro, olfatea, bramando de dolor y coraje, y acaso ese instinto poderoso de su acendrada pasión por su hijo haya hallado a estas horas la clave del enigma. ¡Desgraciada de mí! Esa mujer es el demonio que continuamente asalta mi tranquilidad precaria, que conturba mis sueños, y de quien todo lo temo, porque su poder es diabólico. === XXVIII === Tal es mi historia, caballero, conocéis ya la posición crítica en que me hallo: no olvidéis que, al extremo a que hemos llegado, si yo pereciera, es bien posible en estas circunstancias que os arrastrase en mi caída, porque las investigaciones descubrirían nuevo campo, y... ¡desdichados entonces de nosotros! Por lo tanto, seamos previsores, y adelantándonos a las contingencias, antes que cualquier accidente rasgue ese funesto velo, apreciad mi situación y salvadla. Puesto que somos cristianos, protejámonos mutuamente, salvémonos a cualquier costa, y contad mientras tanto con la gratitud de una infeliz mujer que se coloca en vuestras manos, invoca vuestro amparo, abandonándose a los impulsos de ese corazón generoso, y entrega desde luego su honra, su seguridad, su suerte toda bajo la salvaguardia de la nobleza de un caballero como vos, en quien cifra su única esperanza de salvación. Y al expresarse así, la hermosa joven, deshecha en lágrimas, se arrojó en los brazos de Veremundo, que sintió las pulsaciones de aquel corazón entusiasta que latía bajo las formas de su turgente seno. Olvidóse entonces de sí mismo, porque las lágrimas de una mujer hermosa, hablan en ciertas ocasiones como aquélla, un lenguaje irresistible. -Pues bien, ya que lo exigís, repuso en un trasporte de entusiasmo, mi vida, mi voluntad, mis potencias... todo es vuestro, señora: disponed de mí, que solo espero vuestras órdenes para libertaros. ¿Qué importan las dificultades que a ello se opongan? Mi firme voluntad sabrá vencerlas, y mi espada nos abrirá paso a despecho de todo. -No podía yo esperar otra cosa de vuestra hidalguía, generoso joven, replicó la dama con inspirado acento; en cambio, pues, de tal sacrificio, solo tengo un corazón que ofreceros, aceptadlo, sí, y sed desde hoy el dueño absoluto de mi albedrío. Tendió entonces su blanca y diminuta mano, que Veremundo besó con delirio, diciendo al propio tiempo: -No perdamos un tiempo precioso, señora, huyamos de este sitio peligrosísimo que nos compromete, ¿quién sabe si acordaremos demasiado tarde? -Tenéis razón, amigo mío, lo que nos importa es la fuga ante todo; seamos diligentes, y abreviemos: ¡Oh!, ¡cuánto pudiéramos perder en un solo instante de retardo! -Retiraos ya, prosiguió, y disponed lo que juzguéis necesario para nuestra evasión: antes que brille la aurora del nuevo día, os aguardo en la plazoleta de acacias que hay inmediata a la terraza de vuestro alojamiento. No faltéis a la consigna, y contad siempre con la eterna gratitud de una mujer que nada sabrá rehusaros en recompensa de tanta lealtad y tanto desinterés. Veremundo, todo conmovido, protestó de nuevo su fidelidad a la joven, si bien comprendiendo lo expuesto que sería salir de la ciudad en aquellas circunstancias tan críticas, en que con motivo de la conspiración reciente, redoblábase la vigilancia, se aventuró a hacer ciertas observaciones que la animosa doncella se apresuró a desvanecer, diciendo: -Nada temáis, conozco una mina subterránea que desemboca en cierto punto inmediato al Tajo, así pues, disponed una barca que nos conduzca luego a la ribera opuesta, y dejad lo demás a mi cuidado. === XXIX === El caballero se retiró al instante para poner en práctica las órdenes de aquella mujer misteriosa, por las mismas galerías, rampas y pasadizos que había venido; penetró por el postigo que todavía permaneciera abierto, saltó las tapias del jardín sin ser visto de persona alguna, y llegó a la galería de su alojamiento. El mismo silencio, la misma soledad que una hora antes, reinaba en todos los sitios de su tránsito; la oscuridad era aún más densa, y solo las luces de imaginaria brillaban allá en la distancia como puntos perdidos en medio del cuadro de la tenebrosa noche. Veremundo empleó el tiempo que restaba hasta la hora aplazada para la fuga, en reparar su armadura y pulir las armas. Cometió a sus criados la vigilancia del tesoro, comunicándoles las órdenes necesarias acerca del modo y forma en que debieran verificar su evasión, y entregar este a la reina en todo caso; después de lo cual, y provistos de su correspondiente defensa, acudió, apenas llegó la hora oportuna, al punto de reunión designado, donde le esperaba ya la hermosa cautiva. === XXX === Sin dirigirse una sola palabra, ambos fugitivos partieron. Atravesaron casi a tientas varios patios y callizos obstruidos de ruinas, en medio de los cuales solía elevarse una silueta fantástica o un paredón desquebrajado, como solitarios espectros que se destacaban sobre un limbo tenebroso y lúgubre. Aquella parte de la ciudad había sido arruinada algunos años antes por un terremoto, en lo cual el espíritu de superstición predominante alejara de aquel sitio maldecido del cielo toda idea de reedificación, persuadida la generalidad del vulgo de que pesaba sobre el mismo el anatema divino. Entre aquella masa informe de escombros percibíanse las, ruinas de un edificio de grandes proporciones, y del cual quedaban todavía en pie algunas piezas en primer piso que escaparan a la general catástrofe. La joven empujó una de aquellas puertas desquiciadas, e introdujéronse por una bóveda de mampostería y ladrillo que los condujo a una pieza destartalada, y rodeada interiormente de un entarimado de cedro. Un resplandor muy débil y amortiguado daba a esta pieza un aspecto verdaderamente fantástico; diríase que era el lejano reflejo de un incendio. A favor de aquella luz notábanse grandes trozos rasgados de tapicería, y el ancho friso de la pared recargado de florones en relieve con labores de alicatado. Aquel brillo procedía indudablemente de alguna de esas misteriosas reuniones subterráneas que solían tener los desgraciados hijos de Israel, que buscaran siempre las entrañas de la tierra a fin de burlar la vigilancia de sus perseguidores. La joven, práctica al parecer en aquellos misteriosos sitios, tentó con su diminuta mano cierto punto saliente mal encubierto por la tapicería, y al punto crujió la ensambladura del entarimado, saltó con un ligero estallido una tabla y quedó practicable un buque sumamente angosto, por el cual introdujéronse uno en pos del otro. Entonces el buque tornó a cerrarse, pero muellemente, sin estrépito ni sacudimiento alguno. Hallábanse en una especie de corredor oscurísimo, cuyo piso húmedo y resbaladizo, a trechos, pronunciábase en declive. Todo yacía en profundo silencio, y notábase apenas la impresión del aire mefítico del subterráneo. La joven tentó en varios puntos, como buscando un objeto, y al fin halló una cuerda que se extendía a lo largo de la misma y que sirviera indudablemente de dirección o guía al que la recorriera. Apoderáronse ambos de ella y abandonáronse largo rato a aquélla infinita serie de peldaños rústicos que descendían cada vez más perpendicularmente por un terreno desigual y fangoso. Por fin llegaron junto a una gran reja enmohecida, que era el límite exterior del subterráneo, y que cedió al fin a los esfuerzos del joven caballero. Halláronse entonces junto a la ribera del undoso Tajo, cuya corriente reverberaba alguna que otra luminaria de los barrios contiguos, o las hogueras casi apagadas ya de las chotas que bordaran varios puntos de aquellas márgenes selváticas. === XXXI === Empezaba a rayar la aurora. Un ligero matiz de escarlata y oro iluminaba el oriente, y los contornos de la montaña dibujábanse algo confusos, como una masa aplomada y cenicienta sobre un firmamento tachonado de estrellas. A lo lejos de la dilatada vega extendíase con su verde alfombra sobre un lecho de aterciopelada vegetación a través de las nebulosas brumas matutinas, y más arriba, tendida en irregular anfiteatro, la soberbia ciudad recostada sobre la montaña gris y envuelta en un velo de nacarados vapores. Las luces, deslucidas ya por la proximidad del día, multiplicábanse en las alturas, rielando apenas en las turbulentas aguas del Tajo, que envolviera como un enorme ceñidor de plata el recinto de la imperial Toledo, con sus castillos y fortificaciones. El gran caudal de aguas que llevara el río retrajo a los fugitivos de la idea de atravesar el cauce en una de aquellas frágiles barquillas que había atracadas en la orilla, y cuyos dueños se servían con bastante destreza de ellas para hacer un contrabando activo bajo acreditados pretextos con los judíos toledanos. Determinaron, pues, ocultarse al pronto en una de aquellas miserables cabañas inmediatas a la ribera y señaladas con pendoncillos negros, distintivo obligatorio de los cristianos, esperando oportunidad de huir con el menor riesgo posible, lo cual era siempre sumamente expuesto, pues de un momento a otro pudiera ser notada su fuga, en cuyo caso estaban irrevocablemente perdidos. === XXXII === Tiempo ha que una epidemia maligna afligiera a la ciudad y sus poblaciones limítrofes: las víctimas del contagio eran numerosas hasta tal punto, que la policía, como una medida sanitaria, había prohibido se diese sepultura a los cadáveres durante el día, destinando a este objeto las altas horas de la noche. En aquellas mismas horas melancólicas las calles permanecían desiertas y solitarias: solo de cuando en vez oíase el monótono rumor de algún carruaje que aparecía fuego tirado por un macilento jamelgo, y en cuya delantera vacilaba una luz pálida, colocada sobre un palo algo elevado. Aquél era el carro de los sepultureros. El cementerio de los cristianos, situado extramuros y a una considerable distancia, estaba por consiguiente al lado opuesto del río, y punto fronterizo al puente de Alcántara. Una idea extraña ocurrió a Veremundo a tiempo que una pareja de sepultureros regresaba con el carruaje vacío junto a la choza y en dirección al interior de la ciudad. Aquellos hombres pertenecían a una pobre y piadosa hermandad de cristianos, y eran religiosos legos mercenarios, a juzgar por la divisa o escapulario de la orden redentora, que campeaba sobre el fondo de sus hábitos blancos talares. El pretendido árabe mandó detener el fúnebre vehículo, y mediante una corta conferencia con aquellos hombres, pudo conseguir ponerse con ellos de acuerdo para que les sacasen de la población dentro del carro mortuorio, a cuyo ardid prestáronse ellos mediante un corto estipendio y con la mayor cortesanía. Colocados allí, los sepultureros dejaron correr las cortinas del carruaje, y simulando bajo tan ingenioso equívoco un cargamento ordinario de su triste misión, estimularon al animal, que partió al trote, arrastrando con velocidad aquel carretón desvencijado, cuyas ruedas hicieron retemblar crujientes el puente de Alcántara. La salida del sol sorprendió a los profusos en las inmediaciones de Almonacid, al pie de su imponente castillo, en cuyas torres ondeaba el pendón de la media luna, y cuyos esmaltados vidrios reflejaban los rayos del sol de Oriente. Emboscáronse en los sotos de arbolado, cañaverales y arbustos que pueblan las márgenes del Guadiela, y resolvieron pasar allí el día y tomar aliento para continuar su fuga a favor de las tinieblas de la noche próxima, si es que se presentara oportunidad de ello. === XXXIII === Algunos días después de la evasión de nuestros héroes, un edicto del rey de León refrendado por Payo Ataulfo de Altamira y Moscoso, hermano de Veremundo, condenaba a éste a extrañamiento perpetuo de los dominios cristianos en la península, con aplicación inmediata de todas las demás penas en que incurren los reos de alta traición, infidelidad y rebeldía, confiscación y pérdida de todos sus bienes, fueros e inmunidades, e inhabilitación para recobrarlos, caso de no presentarse a justificarse en cierto término. Al propio tiempo una real provisión daba el condado de Altamira, que por muerte de su padre correspondiera de derecho a Veremundo, a su indicado hermano Payo Ataulfo de Moscoso, y todo en calidad de interinidad, mientras el legítimo sucesor no se presentase a justificar su conducta y obtener su rehabilitación dentro de ese mismo plazo que se le otorgara. En honor de la verdad diremos que por industria del nuevo conde, el edicto, si bien fue expedido con tales condiciones, se comunicó y publicó en términos absolutos y sin esa restricción derogatoria que ofrecía lugar en su caso al efecto retroactivo de la sentencia, lo cual venía a cerrar la puerta a la posibilidad de que se presentase el reo a reivindicar sus derechos después de probada su inocencia, con lo cual declararíase contumaz y rebelde, convicto del crimen que se le imputara, y por consentido el fallo. En ese caso anularíase la restricción de la donación del condado, que el usurpador esperaba ver confirmada a su favor por el monarca, en calidad de título hereditario para sí y sus descendientes. Al propio tiempo, y por una coincidencia simultánea, poníase precio a la cabeza de una cautiva cristiana que desertara del harem de Toledo, a la cual imputábase también el crimen de asesinato en la persona de Selim-el-Achmet, entendido por Solimán, gobernador y generalísimo de dicho reino, siempre que fuese habida en el mismo. Y mientras tanto, ambos fugitivos eludían el rigor de estas fulminantes órdenes desde una gran distancia, entregados a los goces de un amor entusiasta y recíproco. === XXXIV === Vagaban una tarde por la frondosa vega de Granada, a orillas del pintoresco Darro, con sus riberas selváticas y su bulliciosa corriente. El sol trasponía las cumbres bordadas de blancos caseríos, de campiñas de mieses y olivares: sus rayos oblicuos reverberaban en las crestas de las Alpujarras, coronadas de perpetuas nieves. Más lejos la oriental Granada, paraíso del Profeta y cuna de la poesía árabe-española, cuyas torres, alminares y esbeltos minaretes afiligranados y esmaltados de azulejos, reflejaban el brillo esplendente, fosfórico, del sol de ocaso. Y dominando el caserío de esa informe masa de edificios y monumentos árabes, la célebre Colina Roja con su ruinoso templo de Diana<ref> Sobre esta colina empezó a construirse la célebre y fabulosa Alhambra en 1247.</ref>, su vieja atalaya coronada de estandartes moriscos tremolando, al aire y sus achatadas torres cuadradas que hundían sus medias lunas de hierro en un horizonte magnífico... cuadro poético, cuyos variados objetos resaltaban sobre el claroscuro de la montaña, marcando irregulares puntos que iban borrándose gradualmente a medida que disminuía la luz. Refugiados en aquellos amenos sitios e impelidos por la fuerza de su destino mismo, ambos amantes contestaban al acta de proscripción que pesara sobre ellos, con un amor casto y entusiasta, al abrigo y protección de un pobre anacoreta, deudo muy cercano de Veremundo, que habitara en cierto caserío, a la falda de la misma montaña sobre que asienta Granada la árabe, y resguardado por un salvo-conducto de aquel rey. La naturaleza de los tratados sobre extradición recíproca de criminales, celebrados entre los monarcas cristianos, no había permitido a los fugitivos acogerse a sus dominios, puesto que la especie, de coalición o liga que mantenían, a fin de contrarrestar el poder musulmán tan arraigado y fuerte en la Península, no ofrecía seguridad ni garantía a los mismos, que indudablemente hubieran sido sacrificados a esa dura condición del derecho internacional, llamada impropiamente razón de Estado. Tal era, pues, el motivo que indujera a los jóvenes proscriptos a refugiarse en Granada, donde contaban con mas elementos de simpatía que en cualquier otro punto, a juzgar por ciertos antecedentes y probabilidades que de ellos nacieran. Venían por de pronto allí completamente desconocidos, entregados el uno al otro dentro de los severos límites del decoro, olvidando la opulencia y el bullicio del mundo, y ejerciendo las prácticas de una virtud rigorosa y ascética. Habíanse desposado clandestinamente, el santo misionero había bendecido esta unión feliz, y era fruto de su amor un hermosísimo niño rubio, a quien impusieron en el bautismo el nombre de Gonzalo Rodrigo. === XXXV === Pero acaeció cierta noche uno de esos desmanes tan comunes en aquellos calamitosos tiempos, de esos que imprimen siempre en las generaciones una huella sangrienta y fatal. Una horda sediciosa de árabes que era el terror del reino de Granada, cayó de improviso como una tromba airada sobre el país; incendió las campiñas, taló y quemó las mieses, los bosques y las chozas, y apresó ganados y gran número de cautivos de ambos sexos. Entre estos contábanse también los jóvenes esposos, con su hijo y el pobre religioso, el cual fue inmolado sin tregua a la barbarie de los facinerosos, que llevaron su crueldad hasta el punto de coserle en su hábito de buriel, después de maniatado, arrojándole por último al Darro en medio de su brutal algazara. Ni fue tampoco perdonado el tierno niño, a quien maltrataron cobardemente, ni respetado el pudor de su casta madre. Veremundo presenció uno de esos actos brutales y torpes, cuya simple relación ofende la moral y la escandaliza, desgarrando a la vez el corazón de un esposo honrado. Este atentado vergonzoso produjo en su pecho naturalmente un acceso de rabioso coraje, que su situación hacia impotente; en vano provocó con virulentos apóstrofes a aquellos desalmados monstruos, en vano les amenazó, retándoles a singular combate, porque ellos, prolongando el tormento, acogían esas mismas provocaciones con una indiferencia burlesca hasta el insulto, haciendo escarnio y mofa de su dolorosa cólera. Oyó con amarga desesperación la conferencia siniestra de aquellos malvados acerca de la suerte que iba a caberles. ¡Ah! ¿Qué importa que se les hiciera merced de la vida a trueque de tan ignominiosas condiciones? ¿No era mil veces preferible ante todo la muerte? La religión y el amor, infundiendo en su corazón noble sus saludables impulsos, pudieron separar de la mente acalorada y febril una idea siniestra, el suicidio; negro fantasma que sorprendiera su enardecida organización nerviosa con todo el arrebato que suele imprimir un rapto de desesperación en sus víctimas. Contúvose al fin, concluyendo por desear el mismo género de muerte que meditaban dar a aquella pobre mujer exánime, destrozada por la violencia, y a aquel hermoso niño que por un tierno instinto tendía hacia él sus manecitas suplicantes, como en demanda de socorro. Y cuando húbose convencido de que se le reservara la misma suerte, experimentó un cruel consuelo, su pecho pareció dilatarse en la esfera de una esperanza puramente egoísta, y una nube parecida al caos ofuscó su mente, perdiéndola en un devaneo sensible. Con respecto al orden que debiera guardarse en el turno, vaciló un momento: tuvo impulsos de rogar a aquellos bárbaros que le hiciesen morir a él el primero, para ahorrarse la pena de ver perecer a aquellos dos seres tan queridos; pero al fin prevaleció la idea de sobrevivirles en todo caso, en la confianza quizás de que un acontecimiento cualquiera pudiese restituirle la libertad, en cuyo caso exigiría terrible cuenta de aquellas víctimas. Por fin los malhechores, por una especulación bastarda, resolvieron conservar la vida a aquellos tres infelices, porque, jóvenes como eran, ofrecían a su codicia una probabilidad lucrativa en los bazares turcos. Si se hubiese tratado de personas ancianas o enfermizas, hubiera sido diferente el acuerdo indudablemente, puesto que esta circunstancia hacia variar el negocio, reducido a su entidad esencialmente mercantil; pero era todo lo contrario, y el interés y la avaricia decidieron el hecho. En virtud, pues, de esta resolución, los árabes aseguraron su presa y desaparecieron en las tinieblas, medio disipados a trechos por el brillo del incendio que todavía continuaba devorando la hermosa campiña y sus bosques. === XXXVI === Mientras tanto los criados de Veremundo hallaron medio de huir afortunada mente, para poder dar cuenta de la ocurrencia y desvanecer ciertos errores en favor de aquél, cuyo concepto mejoró notablemente en el ánimo de sus soberanos. En su fuga, poco menos que milagrosa, no les fue posible salvar las joyas y dinero que componían el tesoro entregado por la reina a su amo Veremundo, y cuya conducción les cometiera éste, cuyo paradero no pudo averiguarse; y agotados los medios que se emplearon en su busca, se sospechó que lo hubiesen asesinado en la refriega. Los criados que habían recibido orden de no decir palabra con respecto a él, cumplieron su promesa de no revelar cosa alguna. En cuanto a su hermano, el nuevo conde de Altamira, redobló sus pesquisas por inquirir su paradero, porque entraba, en sus designios buscarle, si es que existiera, aunque fuese en las entrañas de la tierra. === XXXVII === Traslademos ahora al lector a la bulliciosa plaza de Bibrambla, precedida del Zacatín, sitio no menos animado en aquellos tiempos, y que enlaza dicha plaza con la Nueva, por bajo de la cual se precipita el Darro, arrastrando sus aguas minerales, y bordadas sus riberas de bosques de sauces y abedules que balancean sus verdes frondas agitadas por el susurro de las brisas. Pues bien, esa plaza, obstruida en parte por las arenas del Darro, ofrecía en ciertos días, hacia la época de que vamos hablando, un cuadro singular de animación y barbarie, presentando el relieve de ese borrón infamatorio que las luces de la pretendida civilización del siglo no han logrado extirpar todavía en nuestras colonias mismas, donde existe, como en otros puntos, oprobio de las generaciones en medio de esas nobles teorías que agitan la humanidad sensible: ¡la esclavitud! Celebrábase uno de esos mercados generales, especie de ferias sumamente concurridas por las poblaciones de la parte meridional de España, que componen lo que se llama Andalucía, y a las cuales el lenguaje oriental suele dar el nombre de bazares. El día era caluroso, uno de esos días abrasadores en que el solsticio estival hace exprimir sus verticales rayos en las regiones templadas. Remontaba el sol el meridiano. Una caliginosa niebla condensaba el espacio, como un velo de fuego nebuloso, a través del cual percibíase confusamente como un punto sanguinolento y mate, el espectro solar, girando su inflamado disco, cuyo foco parecía contraerse cada vez más opaco, concentrado y diáfano. Reinaba una profunda calma, y apenas el aire enviaba un ligero soplo ardiente que absorbía luego una ráfaga enroscada como una columna pirotécnica, prolongada verticalmente en remolino hasta perderse en la inflamada zona. Un torbellino de hojarasca y polvo solía interrumpir este juego cruel de la naturaleza, condensando más y más el ambiente y velando el espacio imaginario de aquel cielo encendido por la abrasadora canícula. Los habitantes de Granada la árabe, supersticiosos por principios, observaban con visibles muestras de asombro aquel fenómeno atmosférico, bajo cuya influencia parecía arder la naturaleza entera, si bien luego, dominados por el fatalismo clásico del islamismo, restituían a su continente toda la estúpida resignación que forma el tipo característico del código mahometano y sus sectarios. A una proporcionada altura hablase cubierto con telas y esterado casi todo el ámbito superior de la gran plaza, dispuesta en calles artificiales rociadas de aguas olorosas. Aquel conjunto, simétricamente trazado, formaba un pintoresco paisaje, semejante a las tiendas portátiles o pabellones árabes del desierto, improvisados por las caravanas de las tribus salvajes. Aquí, bajo esos toldos, bajo esas mismas tiendas movibles que llevaran en su lujoso atavío el sello de un verdadero atractivo, en aquella especie de retretes en que el esmero rivalizara con el buen gusto, hallábase el bazar de esclavos, separados sus departamentos con admirable simetría y con la rigorosa clasificación de sexos, bajo una numeración exacta. En esta plaza, que como queda dicho, tenía la apariencia de una bonita población árabe, aspirábase el aroma del clavillo y rosa j unto con esa incomprensible combinación de perfumes con que el genio oriental ha poetizado su vida sensual y voluptuosa, vida material, sublimada en sus goces, aunque muerta para el genio, galvanizada, o por mejor decir, enervada en el placer y el ocio; naturaleza negativa, a la cual prestan una apariencia ficticia, artificial, los aromas de la Arabia, las perlas de la India y las sederías de Damasco, Smirna y Basora. En aquellas mismas subdivisiones, preservadas de la influencia del sol, mirábanse hacinadas varias esclavas cristianas medio vestidas con una saya corta de lana anaranjada, y acurrucadas sobre sus rodillas, con los brazos cruzados sobre el desnudo seno. Su actitud era generalmente dulce, risueña y melancólica, viéndose correr algunas lágrimas por aquellas mejillas, contraídas por una sonrisa amarga y forzada, que debiera ser el sarcasmo de un dolor sublimado o la resignación de un heroico martirio. === XXXVIII === Los mercaderes, ostentando sus alquiceles blancos, sus albornoces primorosamente bordados, sus turbantes verdes y abigarrados con medias lunas de plata, y calzados con babuchas amarillas o encarnadas, paseaban al frente de sus respectivas tiendas, con su mirada grave, compungida y benévola; sus barbas venerables prolongadas hasta el pecho, y pendientes de su cintura el alfanje damasquino de hoja corva, el látigo de sedal blanco como la plata y el inseparable rosario de enormes cuentas. Casi todos fumaban a la oriental en lujosas pipas de elásticos y prolongados tubos con boquilla de ámbar, marfil o cristal zafiro, que usaban con graciosa indolencia, mientras que otros hacían silbar con cierta destreza en el aire sus látigos de plateado sedal con cabos de nácar primorosamente incrustados de menudos brillantes. El continente de aquellos hombres era inalterable, como ya hemos dicho: brillaba en sus facciones esa gravedad fría y severa a la vez que afectuosa, que forma el verdadero tipo musulmán, y su paso lento, sus movimientos flemáticos y su habitual silencio parecían revelar a ese verdadero, autómata, galvanizado apenas por las, exigencias de la naturaleza, y las pasiones ya amortecidas, y que ha elegido para su cuna la mas hermosa región del universo, el Asia. Estos hombres, dedicados en toda conciencia al comercio de sus semejantes, y que fijaran a su placer precio a su propia sangre mediante una cantidad convenida, ni más ni menos que si se tratara de bestias, conducíanse con cierto aire de afectada distracción, si bien aun en medio de ella, cada vez que su mirada oblicua, clavada disimuladamente y como al acaso sobre sus mercaderías, llegaba a sorprender un gemido ahogado por el terror, cada vez que esa misma ojeada suspicaz y penetrante se embotaba en cualquiera demostración que no fuese una sonrisa por parte de aquellas desventuradas bellezas, solía oírse entonces un silbido agudo, y las mallas elásticas del látigo caían crujientes sobre sus desnudas carnes, abriendo un surco acardenalado y sangriento. Preciso era, pues, que rieran en medio de su situación aflictiva, porque la tristeza, ese sello del corazón doliente y mártir podía repeler a los compradores y retraerles. ¿Cómo llorar pues? ¡Bárbara antítesis, de la naturaleza, puesta en contradicción con sus principios constitutivos! === XXXIX === Allá en frente y al extremo opuesto veíase el bazar de esclavos, separado del de las esclavas por una distancia convenida. Aquella sección del mercado, aunque no tan preservada de los rayos del sol como la otra, al menos en cambio de esta desventaja no estaba tan concurrida de gentes disolutas que, poseídas de un cruel libertinaje, acudieran allí a insultar el pudor de las infelices mujeres, dando pábulo a sus licenciosos estímulos a vista, de aquella desnudez, culpable en que la bárbara especulación de los traficantes cifrara su mayor lucro y puesto, que hasta las cedían por cierto número de días, mediante cantidades convenidas y con las oportunas cautelas, a todo aquél fiel creyente que por el pronto careciese de medios para el desembolso siempre considerable que solía ocasionar la adquisición de una esclava de mediana belleza. Vestían aquellos una túnica corta de lienzo crudo, sujeta a la cintura con un cordón amarillo: todos iban descalzos, y en la cabeza llevaban un gorro, de buriel con madroño de lana; especie de caperuzo que variaba de color, según la divisa mercantil consignada en la patente de su respectivo dueño. Grupos de soldados árabes recorrían los bazares por vía de simple precaución, con su holgado y pintoresco uniforme. Iban armados de gumías, jabalinas, alfanjes y puñales buidos, cuyas hojas reflejaban un fosfórico brillo. Entre ellos solía distinguirse algún santón con su manto blanco prolongado y sus enseñas sacerdotales, cuyos labios no cesaba de murmurar secretas preces al paso que repasaban una rápida regularidad las cuentas de sus enormes rosarios, y a cuyo tránsito postrábanse de hinojos los turcos, y besaban con veneración y respeto la orla de su alquicel. === XL === No obstante la continua afluencia de forasteros, el calor insufrible de aquel día había retraído a muchos traficantes de salir de las posadas, de suerte que al mediodía aún no se habían hecho sino bien pocas y desventajosas transacciones. Tal desanimación en un mercado regularmente provisto de lindas mercancías (tal era la calificación con que las designaran sus especuladores), y en el cual tan insignificantes traspasos se realizaran, tenían impacientes a los mercaderes que se entretenían unos en pasar y repasar las cuentas de sus rosarios favoritos, con objeto de matar el tiempo y distraer su impaciencia misma, sentados con las piernas cruzadas sobre cojines de damasquina alfombra en la parte anterior de sus tiendas; reclinados otros en almohadillas de brocatel raso arabesco, tras de cortinillas entreabiertas de sedilla verde, amarillo o púrpura con franjas de oro, o bien sobre el regazo de sus bellas esclavas que les abanicaran con las gasas de sus velos, a fin de ahuyentar los insectos o refrigerar su piel, que traspiraba un sudor copioso, mientras sus indolentes dueños fumaban tranquilamente en sus largas pipas de marfil y ébano. Otros limpiaban los cristales de la anaquelería, los aparadores y muestrarios de sus tiendas anejas de vajilla y sederías, los andenes poblados de puñales buidos, de alfanjes damasquillos, de jabalinas, gumías, cangiares y cimitarras, de arneses abrillantados, mallas, cascos cimerados, celadas y yelmos con penacho elástico, airones y garzotas, cotas de acero bruñido, adargas, rodelas y escudos que reverberaban algún rayo de sol furtivo, alabardas y hachas de doble golpe, capacetes, lórigas, pomos de esencias aromáticas, de olorosos espíritus volátiles o de esos venenos, narcóticos o afrodisiacos que matan, enervan o estimulan; recursos a que suele apelar esa naturaleza artificial que vejeta en medio del desorden su disolución; chales de Smirna, turbantes moriscos traídos del Cairo o de Alejandría, esas dos ciudades privilegiadas del Egipto; lámparas de oro esmaltado, de varios mecheros, arandelas de cristal tallado, braserillos y pebeteros de plata, babuchas bordadas de perlas y aljófar por las odaliscas de Stambul, y blanquísimos alquiceles de lana con trenzados cordones de seda carmesí, etc. Otros, en fin, recorrían las galerías, seguidos de una turba de ganapanes, tañendo organillos con teclado de vidrio, bandurrias, cítaras, salteríos, harpas y otros instrumentos, mientras que las turbas del séquito danzaban, acompañando un concierto de guzlas y chirimías moriscas alternativamente, al paso que los negociadores o charlatanes de oficio, discurrían buscando compradores, los cuales parecían ensordecer ante sus exageraciones y palabrería. === XLI === Un edicto recientemente publicado permitía a los cristianos españoles, residentes en cualquier punto de la Península, la compra o rescate de sus correligionarios esclavos expuestos en los bazares, si bien con la condición precisa de que no debieran presentarse en el mercado por sí ni por tercera persona antes del mediodía, según la señal que debiera dar una campana colocada en lo alto de la colina Roja, sobre el ruinoso torreón de la Atalaya. Esta medida envolvió un doble motivo de especulación, porque teniendo derecho los cristianos a la adquisición o redención de esclavos, no perdonarían medio ni sacrificio alguno para rescatar a sus deudos, lo cual debía producir necesariamente una competencia en los precios y un alza consiguiente. Por otra parte, quedaba a salvo la preferencia de los compradores árabes sobre los cristianos, por el estudiado medio de no permitir el concurso de éstos hasta las doce del día, pudiendo ellos surtirse hasta aquella hora sin ser perjudicados. De cualquier suerte, era un hecho innegable que este ramo de comercio debía naturalmente elevarse con esa medida a un alto grado de prosperidad. === XLII === La hora de convocatoria sonó, según costumbre, para los cristianos. Terminada la última vibración de la campana se presentó entre otros un apuesto caballero leonés vestido sencillamente en traje de paisano y precedido de dos criados con librea condal. Entraron en la población por la puerta del Arenal, punto por donde el Darro, en sus frecuentes avenidas, suele salir de álveo, inundando aquella parte de la ciudad, donde rebalsa, dejando un gran depósito de arenas de oro. El caballero podría tener algo más de unos veinticinco años; su figura era en cierto modo sombría y antipática; pálido de rostro, en cuyas angulares facciones, en que parecía retratarse el sello de cierta autoridad, traslucíase esa ruda altivez clásica de la nobleza de la Edad media. Llamábase Payo Ataulfo de Altamira y Moscoso, nuevo conde de este título. Las puertas del bazar estaban abiertas, y una turba de dragomanes asediaba con insistencia a los señores cristianos, que extraños en su mayor parte al lenguaje árabe, no solían escasear su retribución hacia esta clase de gentes que les prestaran, no solo el servicio no despreciable de la interpretación de idioma, sino al mismo tiempo el de su defensa personal, cuya protección sostenían fielmente y con la mayor tenacidad y empeño. El conde, pues, provisto de un dragomán, dirigióse al centro del bazar de esclavos. No recordamos haber advertido al lector que los mercaderes colocaban una tablilla al frente de su tienda, en la cual exponíase y se anunciaba en ambos idiomas, castellano y árabe, los nombres, filiación, señas y circunstancias especiales de los esclavos que estaban de venta. Escusado es encarecer las exageraciones de estos anuncios, así como también la poca fe que merecieran. El dragomán dijo una palabra al oído al conde, y la designó con el índice una de las tablillas del bazar. Ataulfo se dirigió entonces al mercader a quien correspondía, hombre afable, de una fisonomía simpática y en cuyos labios vagaba una plácida y oficiosa sonrisa. Con la mayor amabilidad y finura ofreció a disposición de su bolsillo aquellas frioleras de carne blanca que tenía el honor de presentarle y recomendar a su buen gusto, por ser un género exquisito. Del fondo de aquella tienda surgió entonces una figura pálida, un espectro con forma humana, pues tal parecía serlo por la demacración de su rostro lívido y la alteración febril de sus facciones. El turco, siempre con su benévola sonrisa, suspendió su látigo de sedal sobre aquel pobre esclavo, cuya debilidad le impidiera acomodar su cuerpo escuálido a una postura airosa; pero el dragomán, excitado por Ataulfo, detuvo el brazo del cruel mercader y demandó el precio de aquel hombre. === XLIII === Hasta entonces el esclavo, que por un punto de orgullosa tenacidad no había alzado todavía la vista, no había podido reconocer por consiguiente a su futuro dueño, quien por su parte sí le había conocido a él. El mercader, irritado por el orgullo de aquel hombre altivo, alzó de nuevo el látigo, que silbó en el aire y cayó crujiente sobre las espaldas del desgraciado. Fue tan rápido este movimiento, que no pudo ser evitado por Ataulfo, cuyas cejas se fruncieron de cólera. El esclavo se agitó con un estremecimiento de dolor; temblaron sus carnes, y sus ojos azules y rasgados posaron en su verdugo una mirada indefinible de dignidad y orgullo. Aquella mirada se encontró luego con la de Ataulfo, el cual se apresuró a hacerle una señal significativa de silencio. La voz de la sangre había lanzado su grito elocuente, y aquellos dos hombres, por un instinto simultáneo y enérgico, abrazáronse y de pura alegría lloraron. El conde había reconocido en aquel pobre esclavo a su hermano Veremundo, y éste a su vez a aquel hermano generoso que venía a restituirle el pleno goce de su libertad, y con ella la vida. No en vano aquel había venido allí, atraído por una indicación respecto a la existencia de su hermano en aquel mercado, cuyo hecho acababa de confirmarse; así que, deseando abreviar su adquisición, demandó de nuevo el precio al mercader, quien por su parte parecía andar algo remiso en ello, con el fin, sin duda, de sacar mejor partido, apelando a este ardid. La cantidad, algo exorbitante por cierto, exigida por el mercader, no obtuvo réplica por parte del conde, y Veremundo siguió poco después a su libertador, apoyado en su brazo y en el del intérprete. === XLIV === Ni se dirigieron una sola palabra ambos hermanos durante el tránsito del bazar de esclavos al de esclavas; pero cuando hubieron llegado al espacio que separara a ambos, preguntó Ataulfo a Veremundo: -Me consta que esa mujer a quien llamas esposa, se halla de venta con su hijo entre las demás esclavas del bazar: ¿quieres que sean libres? Veremundo, por toda contestación, abrazó a su hermano todo conmovido - ¡Oh, hermano mío!, exclamó; sálvanos a todos, porque no podríamos vivir separados. Ataulfo, seguido de sus criados y llevando siempre del brazo a su hermano, entró, precedido del dragomán, al pórtico anterior al mercado de las esclavas, cuya aproximación anunciábase por un fuerte aroma que impregnara el ambiente. Llegados al centro del bazar detuviéronse junto a una tienda lujosamente parada, y en la cual, rodeada de varias esclavas negras, yacía una hermosísima joven, reclinada su cabeza sobre cojines de terciopelo, y brocatel con franjas de tisú y oro. Estaba medio, envuelta en un gran velo sutil de trasparente gasa que mancara sus purísimas, formas; y sus, brazos y piernas divinamente modelados, estaban profusamente, adornados con pulseras de oro y pedrería. Sobre la espalda y seno flotaban sus blondos cabellos trenzados en crenchas incrustadas de flores, y saturadas de fragantes perfumes, y sus diminutos pies mirábanse encerrados en unas magníficas sandalias de terciopelo negra bordadas de esmeraldas de oro. Veremundo, al verla, arrojó un grito de sorpresa, y seguramente hubiérase arrojado hacia aquel caro objeto de su amor, a no haberle prohibido el dragomán toda demostración que les hubiera comprometido acaso. Un niño de peregrina hermosura, rubio y sonrosado, jugueteaba con aquella joven, que era su madre. Era éste Gonzalo Rodrigo, de quien ya hicimos anteriormente mérito. Mirábala la joven enternecida unas veces, indiferente otras y sumergida siempre en una actitud melancólica y contemplativa. Alguna lágrima solía saltar por sus mejillas al contemplar la alegría infantil de aquel rapaz tan lindo, si bien tornando luego de nuevo a aquella profunda distracción que la daba el aspecto de una estatua pudorosa de mármol o de una casta diosa del paganismo. Veremundo, olvidando la prohibición del dragomán, dirigió a la linda cautiva un signo de expresivo amor; pero ella parecía desentenderse, vertió una sonrisa de gracioso desdén y le rechazó con una imperiosa señal de su linda mano cuajada de inestimables joyas, volviendo luego a su distracción habitual, mientras cambiaba con el niño otra de sus amargas sonrisas. Y sin embargo, aquella mujer era la esposa de Veremundo y aquel hermosísimo niño el fruto de su primer amor. El tierno infante sonreía a su padre, a su madre y a su tío, y aun cambió balbuciente con su voz purísima algunas frases árabes con el intérprete, que quedó encantado de aquella criatura tan graciosa. -Compradle, señor, dijo al conde; prendas de este género no son caras jamás por ningún precio. Y al mismo tiempo pintóse en el semblante brusco del buen hombre un gesto de noble conmiseración. Veremundo no podía volver de su asombro al notar la frialdad incomprensible de aquella mujer tan apasionada antes y tan impasible ahora para él. === XLV === Ataulfo, por medio del dragomán, hizo preguntar al mercader el precio de aquella mujer y de su hijo, a lo cual se contestó que en cuanto a la madre, que era una de las mujeres del harem del rey de Sevilla, no podía venderse por ningún dinero, sino que únicamente se la había expuesto en el bazar por consejo de los médicos a fin de que recibiera todo género de impresiones que acaso, en concepto de ellos, pudiera, quizás, contribuir a restituirle la razón que días ha le andaba extraviada, habiendo sido desahuciada ya por los facultativos de dicha ciudad, por lo cual se la había trasladado bajo caución a Granada en la esperanza de salvarla; pero que en cuanto al niño no había inconveniente en tratar de ajuste. En efecto; la desgraciada, desde la separación de su esposo, estaba poseída de una grave enajenación mental, sin que los halagos, el lujo y las comodidades de que la rodeara el rey moro de Sevilla, para cuyo serrallo había sido adquirida por una fuerte suma, consiguieran su restablecimiento, ni aun su alivio, por lo cual se había recurrido a la variación de clima y de facultativos. Veremundo, cediendo a su propia debilidad y a la impresión de aquella fatal nueva tan imprudentemente aventurada por el mercader acerca de la aberración mental de su esposa y su forzosa separación, en vista de la orden prohibitiva que hiciera imposible su compra, cayó desfallecido en brazos de los criados, que por mandato del conde le condujeron a su alojamiento. Poco después el niño fue adjudicado también a su tío, mediante cierta cantidad no despreciable; pero al separarle de su madre, despertóse la cólera de ésta como una víbora herida. Levantóse como impelida por un resorte, y precipitóse furiosa, rugiente y colérica, desnuda como estaba, hacia el dragomán, que hallándose desprevenido, vino a tierra al ímpetu de la agresión. Era en verdad un triste cuadro el que presentaba aquella pobre frenética, que en medio de su impotente cólera, mordíase y se despedazaba, arañándose sin piedad y luchando desesperadamente con aquellos hombres. El niño lloraba al notar aquel lance que tan lejos debía estar de comprender en su inocencia, y entonces la desolada madre redoblaba su furor, exaltada más y más hasta la cumbre del vértigo. Pero aquel rapto tan violento aniquiló las fuerzas de la infeliz demente, y cayó al punto aplomada en tierra. Restituida a uno de esos lúcidos intervalos de que solía gozar a veces, reparó su desnudez vergonzosa, y cruzando los brazos sobre el seno, olvidóse por un momento hasta de su propio hijo para ocuparse del pudor. Envolvióse como pudo en el velo que antes la cubriera, corrió las cortinas de crespón verde que cerraban la tienda, y sin cuidarse de la desaparición del niño que se llevara uno de los criados de Ataulfo, púsose a llorar de desesperación y vergüenza, encendidas de rubor sus mejillas y exaltadas sus hermosas facciones, a las cuales prestara el llanto dobles quilates de interés y belleza. En concepto del mercader, era aquél un precedente favorable para la salud mental de la graciosa esclava. === XLVI === El conde, a pesar de su dureza de corazón, no pudo menos de enternecerse ante aquel cuadro inhumano que rompiera con tal violencia esa cuerda sensible que estrecha el vínculo de una madre para con su hijo. Aun insistió en que se le vendiese aquella pobre insensata, por quien el orgulloso hidalgo sentía un vehemente amor, que surgiendo de improviso en su pecho, perdíale en un caos de deseos impuros. Ofreció pagar por ella cualquier suma por exorbitante que fuese; pero el mercader contestó por conducto del dragomán que era inútil todo empeño, porque el rey de Sevilla mostraba una pasión decidida por aquella señora, a quien esperaba poder curar con el tiempo, y la cual, habiéndole dado una hija muy linda llamada Zaida, que se criaba en su mismo Serrallo, había salido del mismo con el referido objeto y debía ser elevada acaso en su día, apenas se restableciera, a la categoría de reina o sultana favorita. El mercader saludó cortésmente y cerró las vidrieras de su tienda, ejemplo que imitaron los demás como por un golpe simultáneo de magia. El intérprete advirtió al conde que era ya tiempo de retirarse, porque como caía ya la tarde y se acercaba la hora de practicar las abluciones, debían cerrarse de orden superior las puertas del bazar, de modo que todo aquel que fuera cristiano no podía permanecer allí sin gran riesgo. En efecto, el conde y el dragomán se retiraron. En la mente del primero flotaba el recuerdo de aquella mujer hechicera, por cuya posesión diera la mitad de su propia existencia, y cuya tentadora imagen cerníase sobre su corazón como un ángel del Edén, estimulándole en un piélago de deseos impuros y sensuales. Para esta idea seductora estrellábase en el imposible, y el orgulloso aristócrata, herido en lo más vivo del alma, mesábase los cabellos y hervíale la sangre, enardecida por su impotente cólera. Era entonces una fiera acorralada por los cazadores, una serpiente herida por el insecto que se introduce en sus escamas y la mata con sus picaduras. Ataulfo maldijo la hora en que tuvo el capricho de entrar en aquel bazar funesto, donde se exponían ángeles tentadores que mataban en fuerza de hechizos vedados al hombre y concedidos únicamente a la vista, ese sentido el más precioso y el más fatal también para la criatura. Y sin embargo, a aquel precio únicamente podía comprar la posesión de sus Estados y su tranquilidad futura. Esto al menos le consolaba en cierto modo, aunque era de todo punto necesario completar la obra. Al día siguiente, al salir el sol, Ataulfo, Veremundo y su hijo con los dos criados, salían de Granada por la puerta del Arenal, por donde habían entrado los tres primeros de incógnito en una especie de berlina cerrada y escoltados por los dos últimos. === XLVII === Hay quien asegura que la noche precedente departían dos hombres con gran misterio allá en las altas horas y junto a las riberas mismas del Darro, en un sillón solitario y lúgubre. Eran Ataulfo y el mercader de esclavas, atraído allí a aquella cita sospechosa por una exigencia del hidalgo, cada vez más tenaz en adquirir la hermosa esclava, y en verdad que era esto luchar con un imposible. Con todo, fue tal su empeño, que hubo de colocar al mercader en una alternativa que le obligara a tomar un partido, cuya elección no era dudosa, por más que la crónica que seguimos no ande en este punto muy explícita. Fácil es comprender también que el dinero debiera tener una gran parte en este caso, y que desempeñaría su papel importante y su influencia. Lo cierto es que allá a la madrugada hubo medio de huir el negociante, llevando consigo, a disposición del de Altamira, a la bella esclava, en lo cual jugaron ambos su cabeza. Ataulfo, pues, había logrado la primera parte de sus planes, y se creyó feliz. <hr> '''Notas:''' <references/> {{corona de fuego}} [[Categoría:La corona de fuego o los subterráneos de las torres de Altamira]] kcm9vxdoc8adlzw0k0vijoo22bbo968 La importancia de llamarse Ernesto/I - I 0 48645 1665566 1634558 2026-06-21T01:09:41Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665566 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto|Indice]] |sección=Acto I: Primera parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - II|Acto I: Segunda parte]]}} <div style='text-align:justify'> Cuarto de estar en el piso de Algernon en Half-Moon Street. Londres. La habitación está amueblada artística y lujosamente. Se oye un piano en la habitación contigua. (Lane está preparando en la mesa el té de la tarde. Cuando para la música, entra Algernon.) Algernon: Lane, ¿has oído lo que estaba tocando? Lane: Me parece que escuchar no es de buena educación, señor. Algernon: Pues te lo has perdido. No toco el piano demasiado bien, cualquiera puede hacer eso, pero lo toco con gesto admirable. En lo que atañe al piano el sentimiento es mi fuerte. La ciencia la guardo para la vida. Lane: Sí, señor. Algernon: Y, hablando de la ciencia de la vida. ¿Has cortado el pepino para los sándwiches de Lady Bracknell? Lane: Sí, señor. Algernon: Ya. ¿Y están listos? Lane: Aquí están, señor. (Le muestra una bandeja.) Algernon: (Los mira, coge dos y se siente en el sofá.) Y a propósito, Lane, he visto en tu libro de cuentas que el jueves por la noche, cuando Lord Shoreman y mister Worthing cenaron conmigo, se consumieron ocho botellas de champán... Lane: Sí, señor. Ocho botellas y algo más. Algernon: ¿Por qué será que en los pisos de soltero son los criados quienes se beben el champán siempre? Conste que lo pregunto a título de información. Lane: Lo atribuyo a la superior calidad del vino, señor. Con frecuencia he observado que en las casa matrimoniales, el champán no suele ser de buena cosecha. Algernon: ¡Cielos! ¿Tan desmoralizador es el matrimonio? Lane: Yo creo que es un estado muy agradable, señor. Hasta el momento, mi experiencia sobre el asunto es muy escasa. Sólo una vez estuve casado. Y fue a causa de un malentendido entre cierta joven y yo. Algernon:(Lánguidamente.)No sé hasta qué punto me interesa tu vida familiar, Lane... Lane: No, señor; no es un tema muy interesante. Yo nunca pienso en él. Algernon: Seguro que aciertas. Es todo, Lane. Gracias. Lane: Gracias, señor. (Lane comienza a salir) Algernon: Ah... ¿me alcanzarías otro sándwich de pepino? Lane: Claro, señor. (Vuelve y le ofrece la bandeja) (Lane se va.) Algernon: Las ideas de Lane sobre el matrimonio parecen algo relajadas. En verdad, si las clases inferiores no nos dan ejemplo, ¿qué papel juegan en este mundo? Como clase se diría que no tienen la menor responsabilidad moral. (Entra Lane) Lane: Mr. Ernesto Worthing. (Entra Jack. Lane sale.) Algernon: ¿Qué tal estás, Ernesto querido? ¿Qué te trae a la ciudad? Jack: ¡El placer, sólo el placer! ¿Hay otra cosa que mueva a la gente? Te veo comiendo, como siempre, Algy. Algernon: (Muy tieso.) Creo que es costumbre entre la buena sociedad picar algo a eso de las cinco. ¿Dónde has estado desde el jueves último? Jack:(Sentándose en el sofá.)¡Ah! En el campo. Algernon: ¿Y qué hacías allí? Jack:(Quitándose los guantes.)En la ciudad, uno se divierte a sí mismo. Pero en el campo sólo se puede divertir a los demás. ¡Y eso es extremadamente aburrido! Algernon: ¿Y quién es la gente a la que diviertes? Jack:(Con aire ligero.)Los vecinos. Sólo a los vecinos. Algernon: ¿Hay vecinos agradables en tu finca de Shropshire? Jack: Son todos horribles. Jamás hablo con ellos. Algernon: ¡Qué manera estupenda de divertirse! (Se levanta y coge otro sándwich.)A propósito. ¿Tú eres de Shropshire, verdad? Jack: Sí, de Shropshire, claro. Oye, ¿por qué tantas tazas? ¿Y los sándwiches de pepino? ¿Por qué tanta extravagancia en alguien tan joven? ¿Quién va a venir a tomar el té? Algernon: Tía Augusta y Gwendolen. Nadie más. Jack: ¡Absolutamente delicioso! Algernon: Sí, estupendo. Pero mucho me temo que tía Augusta no apruebe que estés aquí. Jack: ¿Puedo preguntar por qué? Algernon: Querido, tu modo de coquetear con Gwendolen es absolutamente vergonzoso. Tanto como el modo de Gwendolen de coquetear contigo. Jack: Estoy enamorado de Gwendolen. He venido a la ciudad expresamente para declararme a ella. Algernon: Creía que habías venido por placer. Y resulta que vienes por negocios... Jack: ¡No eres nada romántico! Algernon: De veras que no veo nada romántico en declararse. Estar enamorado es muy romántico. Pero no hay nada romántico en una declaración en toda regla. Sobre todo porque puede ser aceptada. Y creo que generalmente es lo que ocurre. Con lo que la emoción desaparece por completo. La esencia del romanticismo es la incertidumbre. Si me caso alguna vez, haré todo lo posible por olvidarlo. Jack: De eso no tengo la menor duda, Algy querido. El divorcio se inventó especialmente para la gente que tiene una memoria como la tuya. Algernon: Es absurdo especular con ese tema. Los divorcios se hacen en el cielo. (Jack intenta coger un sándwich, Algernon se lo impide.)Hazme el favor de no tocar los sándwiches de pepino. Están especialmente hechos para tía Augusta. (Coge otro y se lo come) Jack: Pues tú no paras de comértelos. Algernon: Eso es otro asunto. Se trata de mi tía.(Coge el plato de al lado) Toma un poco de pan con mantequilla. El pan y la mantequilla son para Gwendolen. Gwendolen adora el pan con mantequilla. Jack (acercándose a la mesa y sirviéndose él mismo): Pan y mantequilla magníficos, por cierto. Algernon: Bien, querido. Pero tampoco hace falta que te lo comas todo. Te comportas como si estuvieras ya casado con ella. Lo que todavía no ha ocurrido, y mucho me temo que no sucederá nunca. Jack: ¿Por qué lo dices? Algernon: En primer lugar porque las chicas nunca se casan con los hombres con quienes coquetean. No les parece correcto. Jack: ¡Menudo despropósito! Algernon: No lo es. Se trata de una gran verdad. Eso explica el extraordinario número de solteros que se ven en todas partes. En segundo lugar, yo no daría mi consentimiento. Jack: ¿Tu consentimiento? ¿Qué nueva tontería es ésa? Algernon: Querido amigo, Gwendolen es mi prima hermana. Y antes de permitir que te cases con ella, me tienes que aclarar el asunto de Cecilia. Jack: ¡Cecilia! ¿Qué quieres decir? (Algernon va hasta el timbre y lo toca. Luego vuelve a la mesa de té y se come otro sándwich.)¿Qué significa eso de Cecilia, Algy? Si recuerdo bien, no conozco a nadie con ese nombre... (Entra Lane.) Algernon: Trae la pitillera que se dejó Mr. Worthing en el salón la última vez que cenó aquí. Lane: Claro, señor. (Sale Lane.) Jack: ¿Quiere eso decir que te has guardado mi pitillera todo este tiempo? Podrías haber tenido la delicadeza de hacérmelo saber. He estado escribiendo irritadísimo cartas a Scotland Yard sobre el tema. Estaba a punto de ofrecer una recompensa muy generosa... Algernon: Bien, pues ofrécela. Te aseguro que estoy sin blanca. Jack: No hará falta ya una recompensa generosa, puesto que se ha encontrado el objeto. (Entra Lane con la pitillera sobre la bandeja. Algernon la coge y Lane se va.) [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] qqkw9bxemijqfisg3bi6so17vb2aek1 La importancia de llamarse Ernesto/I - II 0 48646 1665560 1634559 2026-06-21T01:09:32Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665560 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - I|Acto I: Primera parte]] |sección=Acto I: Segunda parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - III|Acto I: Tercera parte]]}} <div style='text-align:justify'> Algernon: Debo decir, Ernesto, que no me parece digno de ti. (Abre la pitillera y la examina.)Aun así, creo que ya no importa, pues veo lo grabado en su interior, y compruebo que, al final, no es tuya. Jack: Desde luego que es mí. (Se acerca a él.)Me has visto la pitillera más de cien veces y por lo demás no tienes ningún derecho de leer lo que hay escrito dentro. No hay cosa más grosera que leer la pitillera de otro. Algernon: ¡Vaya! Es absurdo tener una regla fija sobre lo que debe o no debe leerse. Deberíamos leerlo todo. Más de la mitad de la cultura moderna depende de lo que no se debe leer. Jack: Estoy completamente de acuerdo, pero no me propongo discutir sobre la cultura moderna. No es el tipo de cosas que deban hablarse en privado. Sólo quiero recuperar mi pitillera. Algernon: Claro, pero ésta no es la tuya. Esta pitillera es un regalo de alguien que se llama Cecilia, y, según has dicho, no conoces a nadie con ese nombre. Jack: Bueno, ya que quieres saberlo, Cecilia es mi tía. Algernon: ¿Tu tía? Jack: Sí. Y además es una anciana encantadora. Vive en Tumbridge Wells. Devuélveme eso, Algy. Algernon: (Refugiándose tras el sofá.) Pero, ¿por qué se llama a sí misma "la pequeña Cecilia" si es tu tía y vive en Tumbridge Wells? (Leyendo.) "De la pequeña Cecilia con el cariño más grande". Jack:(Yendo hacia el sofá y arrodillándose encima.)Querido, ¿qué hay de particular en ello? Hay tías que son altas y otras que no lo son. Es un asunto que cada una debería poder decidir por sí misma. Tú crees que las tías deben ser todas exactamente como la tuya. Me parece completamente absurdo. Y ahora, por el amor de Dios, devuélveme ya mi pitillera. (Persigue a Algernon por toda la habitación.) Algernon: Bien. Pero, ¿por qué tu tía te llama su tío? "De la pequeña Cecilia, con el cariño más grande para su querido tío Jack". Nada de malo hay, lo reconozco, en tener una tía bajita, pero que una tía, fuera cuel fuese su tamaño, llame a su sobrino tío suyo, francamente no lo puedo entender. Además, no te llamás Jack, sino Ernesto. Jack: No me llamo Ernesto, me llamo Jack. Algernon: Siempre me has dicho que te llamabas Ernesto. Y yo te he presentado a todo el mundo como Ernesto. Respondes cuando se dice Ernesto. Eres la persona con más pinta de llamarse Ernesto que he visto en mi vida. Ernesto y muy delicadamente formal. Es absolutamente absurdo que digas que tu nombre no es Ernesto. Está en tus tarjetas. Aquí tengo una. (La saca de su cartera.) "Mr. Ernesto Worthing. Albany". La conservaré como prueba de que tu nombre es Ernesto, por si intentas negármelo a mí, a Gwendolen o a cualquier otro. (Guarda la tarjeta en el bolsillo.) Jack: Bien. Me llamo Ernesto en la ciudad, y Jack en el campo. Algernon: Sí, pero nada de eso explica el hecho de que tu pequeña tía Cecilia, que vive en Tumbridge Wells, te llame su querido tío. Vamos, chico, harías mucho mejor en soltarlo todo de una vez. Jack: Mi querido Algy, hablas exactamente igual que un dentista charlatán. Y es muy vulgar hablar como un dentista cuando no es uno dentista. Crea una falsa impresión. Algernon: Bueno, eso es exactamente lo que los dentistas hacen siempre. Pero, sigue, sigue. Cuéntamelo todo. Siempre he sospechado que eras un firme y secreto bunburysta; y ahora estoy absolutamente seguro. Jack: ¿Buncurysta? ¿Qué demonios quiere decir bunburysta? Algernon: Te revelaré el significado de esta incomparable expresión, tan pronto como tengas la amabilidad de informarme por qué te llamas Ernesto en la ciudad y Jack en el campo. Jack: Bueno, pero primero devuélveme mi pitillera. Algernon: Toma. (Le da la pitillera.)Ahora intenta una explicación, y procura que sea increíble. (Se sienta en el sofá) Jack: Nada habrá de increíble en mi explicación, querido. En realidad es tremendamente vulgar. El viejo Mr. Thomas Cardew, que me adoptó cuando yo era un niño pequeño, en circunstancias muy singulares, me legó su fortuna y en su testamento me nombró tutor de su nieta Cecilia Cardew. Cecilia, que me llama tío suyo, por motivos que te sería difícil apreciar, vive en el campo, en mi casa, al cuidado de su admirable institutriz, Miss Prism. Algernon: Y, por cierto, ¿dónde está ese lugar en el campo? Jack: Eso no te importa, amiguito. No pensamoes invitarte... Pero puedo decirte, eso sí, que no está en Shrompshire. Algernon: ¡Lo sospechaba, querido! Porque yo bunburyzado todo Shrompshire en dos ocasiones distintas. Pero ahora, dime. ¿Por qué te llamas Ernesto en la ciudad y Jack en el campo? Jack: Algy, querido, no sé si entenderás mis verdaderos motivos. No eres lo suficientemente serio. Cuando uno asume el papel de custodio, hay que adoptar en cualquier tema un elevado nivel moral. Hacerlo así es una obligación. Y como ese elevado tono moral no sienta demasiado bien ni a la salud ni a la felicidad cuando se usa con rigor extremado, es por lo que, para poder venir a la ciuda he dicho siempre que tenía un hermano más joven llamado Ernesto, que vive en Albany, y anda siempre metido en los enredos más tremendos. Y esta es, querido Algy, la entera verdad, llama y sencilla. Algernon: La verdad casi nunca es llama y jamás es sencilla. De otro modo la vida moderna sería muy aburrida y la literatura moderna un completo imposible. Jack: Lo que no sería tan malo, pienso. Algernon: La crítica literaria no es tu fuerte, mi querido amigo. No la intentes. Déjasela a los que no han ido a la universidad. La hacen estupendamente en los periódicos. Lo que en verdad eres es un bunburysta. Estaba totalmente acertado al imaginarte bumburysta. En realidad, eres el bunburysta más consumado que conozco. Jack: ¿De qué narices hablas? Algernon: Tú has inventado a un hermano más joven llamado Ernesto con el objeto de poder venir a la ciudad cuando te venga en gana. Por mi parte he inventado a un inestimable y constante enfermo, llamado Bunbury, con objeto de poder ir al campo tantas veces como me parezca. Jack: ¡Menudo disparate! Algernon: Ningún disparate. Bunbury es absolutamente inestimable. Si no fuese por la extraordinaria mala salud de Bunbury, por ejemplo, me hubiera sido imposible cenar esta noche en el Savoy contigo, pues desde hace una semana estaba comprometido con mi tía Augusta. Jack: Yo no te he pedido que cenáramos esta noche en ningún sitio. Algernon: Lo sé. Eres sumamente descuidado a la hora de mandar invitaciones. Algo muy bobo por tu parte. Nada molesta tanto a la gente como el no recibir invitaciones. Jack: Bien, pues no puedo ir a cenar en el Savoy. Les adeudo unas 700 libras. Andan todo el rato largando insidias y juicios contar mí. Son un fastidio para mi vida social. Algernon: ¿Y por qué demonios no les pagas? Tienes montones de dinero. Jack: Yo sí, pero Ernesto no, y debo mantener la reputación de Ernesto. Ernesto pertenece a ese tipo de gente que no paga jamás la factura. Y firma una por semana, al menos. Algernon: Bueno, pues vayamos a cenar al Willi's. Jack: Habrías hecho mejor en cenar con tu tía Augusta. Algernon: No tengo la menor intención de hacer algo parecido. En primer lugar, porque cené ya con ella el lunes, y una vez a la semana es más que suficiente para cenar con los tuyos. En segundo lugar, siempre que ceno con ella me trata como a un miembro de la familia, y me hace acudir o sin mujeres o con un par de ellas. En tercer lugar, sé perfectamente juanto a quien me hubiera sentado esta noche. Iba a sentarme junto a Mary Farquar, que no para de coquetear con su marido de un extremo a otro de la mesa. Lo que no es muy divertido. Y ni siquiera decente... aunque es un hecho que se está incrementando con desmesura. El número de mujeres que coquetean con sus propios maridos es realmente escandaloso. ¡Y queda tan feo! Es como lavar en público la ropa limpia. Además, ahora que he confirmado que eres un bunburysta, es natural que quiera hablar de bunburysmo contigo. Quiero contarte las reglas. Jack: No soy en absoluto un bunburysta. Si Gwendolen me acepta, estoy dispuesto a matar a mi hermano; creo, incluso, que lo mataré en cualquier caso. Cecilia está excesivamente interesada en él. Continuamente me pide que le perdone y cosas de ese estilo. De verdad que es latoso. Por eso pienso deshacerme de Ernesto. Y te aconsejo vivamente que hagas lo mismo con ese tal Mr., ... con tu amigo enfermo de nombre tan absurdo. Algernon: No habrá consejo que me induzca a deshacerme de Bunbury. Y si alguna vez te casas, lo que me parece problemático en extremo, te aleggrarás mucho de conocer a Bunbury. Un hombre que se casa sin conocer a Bunbury lleva el aburrimiento consigo. Jack: No dices más que tonterías. Si me caso con una chica tan encantadora como Gwendolen, y es la única chica que he visto en mi vida con la que querría casarme, no necesitaré para nada conocer a Bunbury. Algernon: Entonces lo necesitará tu esposa. No pareces entender que en la vida marital tres son compañía, pero dos no. Jack:(Sentenciosamente) Esa, mi querido, es la teoría que el corrumpto drama francés ha propalado en los últimos cincuenta años. Algernon: Sí, y que el muy feliz hogar inglés ha demostrado en la mitad de ese tiempo. Jack: ¡Por dios! No intentes ser cínico. Ser cínico es sencillísimo. Algernon: Mi querido amigo, en nuestros días, nada es fácil. Para todo existe una bobísima competencia. (Se oye un timbre eléctrico) Ah, debe de ser mi tía Augusta. Sólo los parientes y los acreedores tienen un modo tan wagneriano de tocar el timbre. Bueno, si logro distraerla durante diez minutos para que te declares a Gwendolen ¿podré cenar esta noche contigo en Willi's? Jack: ¿Por qué no? Si quieres... Algernon: Bien, pero debes ser muy serio con este asunto. Detesto a la gente que no es seria cuando se trata de comer. Se comportan como unos casquivanos. (Entra Lane. Algernon sale al encuentro de ella. Entran Lady Bracknell y Gwendolen.) [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] 4s58a3b1kv8ieqwzrajfl53e1bxp1uc La importancia de llamarse Ernesto/I - III 0 48647 1665555 1634560 2026-06-21T01:09:23Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665555 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - II|Acto I: Segunda parte]] |sección=Acto I: Tercera parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - IV|Acto I: Cuarta parte]]}} <div style='text-align:justify'> Lady Bracknell: Buenas tardes, Algernon querido, espero que estés bueno. Algernon: Me siento muy bien, tía Augusta. Lady Bracknell: Eso no es lo mismo. Bien y bondad suelen ser cosas que nunca coinciden. (Ve a Jack y le hace un saludo glacial.) Algernon: (A Gwendolen) ¡Querida mía, qué elegante estás! Gwendolen: Siempre estoy elegante. ¿O no, mister Worthing? Jack: Es usted absolutamente perfecta, miss Fairfax. Gwendolen: Oh. Espero no serlo. Así no tendría posibilidad de desarrollarme, y deseo hacerlo en muchas direcciones. (Gwendolen y Jack se sientan en un rincón.) Lady Bracknell: Siento que sea un poco tarde, Algernon, pero he tenido que hablar con la querida Lady Harbury. Desde la muerte de su pobre marido no nos habíamos visto. Nunca había visto a una mujer tan cambiada; parecía unos veinte años más joven. Y ahora tomaré una taza de té y uno de esos exquisitos sándwiches de pepino que me has prometido. Algernon: Estupendo, tía Augusta. (Va hacia la mesa de té.) Lady Bracknell: Gwendolen, ¿por qué no vienes a sentarte? Gwendolen: Gracias, mamá. Estoy muy bien aquí. Algernon: (Levantando una bandeja vacía, con cara de horror.) ¡Cielo santo! ¡Lane! ¿Por qué no hay sándwiches de pepino? Te los pedí especialmente. Lane: (Gravemente)Esta mañana no había pepinos en el mercado, señor. Y fui dos veces. Algernon: ¿Que no había pepinos? Lane: No, señor. Ni aunque pagara de contado. Algernon: Está bien, Lane. Gracias. Lane: Gracias, señor. (Se va.) Algernon: Me disgusta muchísimo que no hubiera pepinos, tía. Ni siquiera pagando al contado. Lady Bracknell: No te preocupes, Algernon. He tomado unas pastas con Lady Harbury, que me parece que ahora vive absolutamente entregada al placer. Algernon: He oído que el pelo se le ha vuelto totalmente dorado de la tristeza. Lady Bracknell: Es verdad que le ha cambiado el color. Pero no sabría decirte por qué causa. (Algernon se acerca y le sirve té.)Gracias. Tengo un auténtico acontecimiento para ti esta noche, Algernon. Voy a sentarte al lado de Mary Farquhar. Es una mujer absolutamente encantadora y muy cariñosa con su marido. Es una delicia verlos. Algernon: Mucho me temo, tía Augusta, que deberé prescindir del placer de cenar contigo esta noche... Lady Bracknell: (Frunciendo el ceño.)Espero que no, Algernon. Desbaratarías la mesa por completo. Harías que tu tío cenara arriba. Menos mal que ya está acostumbrado a eso. Algernon: Es un gran fastidio, y debo decir que una auténtica contrariedad para mí, pero el hecho es que acabo de recibir un telegrama diciendo que mi pobre amigo Bunbury está enfermo otra vez. (Intercambia muecas con Jack.) Me parece obligado estar con él. Lady Bracknell: Es muy raro. Ese Mr. Bunbury padece de una peculiarísima mala salud. Algernon: Sí, el pobre Bunbury es un enfermo terrible. Lady Bracknell: Bien, pues debo decirte, Algernon, que me parece que ya es momento de que Mr. Bunbury se decida de una vez a vivir o a morir. Su indeterminación en este tema roza el absurdo. De ningún modo apruebo la moderna simpatía hacia los enfermos. La considero morbosa. No hay ningún tipo de dolencia que deba ser alentada por los demás. La salud es el primer deber de nuestra vida. Se lo digo de continuo a tu pobre tío, pero nunca parece darse cuenta... a juzgar por sus ocasionales mejorías. En fin, Algernon, desde luego si estás obligado a estar junto a la cabecera de Mr. Bunbury, no tengo más que decir. Pero te quedaría muy agradecida si le dijeras de mi parte que tuviera la bondad de no sufrir una recaída el sábado, pues te necesito para preparar mi concierto. Será mi última fiesta, y preciso de alguien que estimule la conversación, especialmente al finalizar la temporada, cuando ya todos se han dicho a todos cuanto se tenían que decir, lo que en la mayoría de los casos, probablemente tampoco era mucho. Algernon: Hablaré con Bunbury, tía Augusta, si está consciente aún, pero creo poder prometerte que estará perfectamente bien el sábado. Aunque desde luego la música es una dificultad añadida. Ya sabes: si hay buena música la gente no escucha, y si la música es mala, la gente no habla. Pero repasaré por completo el programa que he bosquejado, si tienes la amabilidad de venir conmigo un momento a la otra habitación... Lady Bracknell: Gracias, Algernon. ¡Qué buen previsor eres! (Se pone de pie y lo sigue.)estoy segura de que el programa, con algunos arreglos, resultará delicioso. Por supuesto, sin canciones francesas. La gente siempre cree que son indecorosas, y o ponen cara de estupor, lo que es muy vulgar, o se ríen, lo que es aún más desagradable. El alemán, sin embargo, suena a lengua respetable y realmente creo que lo es. Gwendolen, ¿quieres acompañarme? Gwendolen: Por supuesto, mamá. (Lady Bracknell y Algernon van hacia la sala de música, y Gwendolen se queda algo rezagada.) Jack: Un día precioso, ¿verdad, miss Fairfax? Gwendolen: Le ruego que no me hable del tiempo, Mr. Worthing. Cuando la gente me habla del tiempo estoy totalmente segura de que quieren decir otra cosa, y eso me pone intranquila. Jack: Yo quiero decir otra cosa. Gwendolen: Me lo suponía. La verdad es que jamás me equivoco. Jack: Quisiera aprovechar la momentánea ausencia de Lady Bracknell... Gwendolen: Mi consejo es que lo haga. Mamá tiene la mala costumbre de volver de repente, algo que ocasiona que me enfade con ella a menudo. Jack: (Nervioso) Miss Fairfax, desde que la conocí la admiré más que a ninguna otra chica... desde que la conocí...la conocí... Gwendolen: Sí, estoy totalmente enterada de eso. Y me habría gustado que, algunas veces, en público, hubiera sido usted más explícito. Para mí, usted a tenido siempre una fascinación irresistible. Antes de conocerle, estaba lejos ya de serme indiferente.(Jack la mira asombrado.)Vivimos, como usted sabrá, Mr. Worthing, en una época idealista. El hecho se menciona de continuo en la más exclusivas revistas mensuales, y hasta creo que ha llegado a los púlpitos de provincia. Y mi ideal siempre a sido amar a alguien que se llamase Ernesto. Algo hay en ese nombre que me inspira una confianza absoluta. Desde la primera que Algernon mencionó que tenía un amigo que se llamaba Ernesto, supe que era mi destino enamorarme de él. Ese nombre es, hasta donde llego a saber, y para tranquilidad de mi mente, lo suficientemente raro. Jack: ¿De veras me ama usted, Gwendolen? Gwendolen: Apasionadamente. Jack: Queridísima, ¡no sabes lo feliz que me haces! Gwendolen: ¡Mi Ernesto! (Se abrazan.) Jack: Pero, ¿no querrás decir en serio que si yo no me llamase Ernesto, no podrías quererme? Gwendolen: Pero tú te llamas Ernesto. Jack: Sí, ya sé. Pero, ¿suponiendo que no fuese así, querrías decir que entonces no podrías amarme? Gwendolen: (Con aire voluble.)'¡Ah! Eso es sólo una especulación metafísica, y como la mayor parte de las especulaciones metafísicas tiene muy poco que ver, como sabemos, con los hechos de la vida real. Jack: Personalmente, querida, y por hablar con toda sinceridad, me tiene sin cuidado llamarme Ernesto... Pienso, incluso, que ese nombre no me sienta bien. Gwendolen: Te sienta perfectamente. Es un nombre divino. Tiene música propia y produce buenas vibraciones. Jack: La verdad, Gwendolen, es que creo que hay otros muchos nombres más bonitos. Creo que Jack, por ejemplo, es un nombre encantador. Gwendolen: ¿Jack?... No, tiene muy poca música ese nombre, suponiendo que tenga alguna. No conmueve. No produce ningún género de vibraciones... He conocido a varios Jack, y todos, sin excepción, eran absolutamente elementales. Por otra parte, casi todos los mayordomos se llaman Jack. Me daría pena una mujer casada con un Jack cualquiera. La vida con él deberá ser aburridísima. Probablemente, jamás le estará permitido ni un solo momento de soledad placentera. El único nombre verdaderamente convincente es Ernesto. Jack: Tendremos que casarnos de inmediato. No hay tiempo que perder. Gwendolen: ¿Casarnos, Mr. Worthing? Jack: (Estupefacto)Pues...sí. Usted sabe que yo la amo, y usted me ha hecho saber, miss Fairfax, que no le soy enteramente indiferente. Gwendolen: Yo te adoro. Pero tú no te has declarado todavía. No me has dicho nada de matrimonio. Aún no hemos tratado de ese asunto... Jack: Bueno... ¿puedo declararme ahora? Gwendolen: Me parece una ocasión admirable. Y para evitarle cualquier recelo, Mr. Worthing, quiero decirle con toda franqueza que estoy resueltamente determinada a decir que sí. Jack: ¡Gwendolen! Gwendolen: Sí. Mr. Worthing, ¿tiene algo que decirme? Jack: Ya sabes lo que tengo que decirte. Gwendolen: Claro, pero usted no lo dice. Jack: Gwendolen, ¿quieres casarte conmigo? (Se pone de rodillas.) Gwendolen: Por supuesto, querido, ¡cuánto he debido esperar! Temo que tengas poca experiencia en esto. Jack: Cosita mía. Nunca he querido a nadie en el mundo más que a ti. Gwendolen: Ya. Pero los hombres se declaran a menudo para practicar. Sé que mi hermano Gerald lo hace. Me lo han dicho todas sus amigas. ¡Qué hermosos ojos azules tienes, Ernesto! Son completamente, completamente azules. Espero que me mires siempre así, sobre todo cuando haya gente delante. [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] sh1hzjtp211wk87cameo7f3klhv39t0 La importancia de llamarse Ernesto/I - IV 0 48648 1665556 1634561 2026-06-21T01:09:25Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665556 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - III|Acto I: Tercera parte]] |sección=Acto I: Cuarta parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - V|Acto I: Quinta parte]]}} <div style='text-align:justify'> (Entra Lady Bracknell) Lady Bracknell: ¡Mr. Worthing! Levántese de esa semioblucua postura, caballero. Es muy indecorosa. Gwendolen: ¡Mamá! (Él intenta levantarse, ella se lo impide.) Debo pedirte que te retires. Éste no es lugar para ti. Además, Mr. Worthing no ha terminado todavía. Lady Bracknell: ¿El qué no ha terminado, si puedo saber? Gwendolen: Me estoy prometiendo a Mr. Worthing, mamá. (Se levantan ambos.) Lady Bracknell: Perdóname, pero tú no te has prometido a nadie. El día que debas prometerte a alguien, tu padre, si la salud se lo permite, o yo misma te lo comunicaremos. Un compromiso debe ser una sorpresa para la joven, agradable o desagradable, según el caso. Se trata de un asunto verdaderamente complicado que ella no puede solucionar por sí sola... Y ahora debo hacerle algunas preguntas, Mr. Worthing. Jack: Estaré encantado de contestárselas, Lady Bracknell. Gwendolen: Se ve que no sabes de qué preguntas se trata. Las de mamá suelen ser particularmente inquisitoriales. Lady Bracknell: Procuraré que sean muy inquisitoriales. Pero mientras hago esas inquisiciones, tú, Gwendolen, espérame abajo, en el coche. Gwendolen: (En tono de reproche.) ¡Mamá! Lady Bracknell: ¡En el coche, Gwendolen! (Gwendolen va hacia la puerta. Jack y ella se lanzan, por detrás de Lady Bracknell. La mujer mira vagamente alrededor, intentando comprender de qué ruiditos se trata. Finalmente, se vuelve.) Lady Bracknell: ¡Gwendolen, al coche! Gwendolen: Sí, mamá. (Sale, volviéndose para mirar a Jack.) Lady Bracknell: (Se sienta) Puede tomar asiento, Mr. Worthing. (Saca de su bolso un bloc y un lápiz.) Jack: Gracias, Lady Bracknell. Prefiero seguir de pie. Lady Bracknell: (Lápiz y bloc en mano.) Debo anunciarle que no se encuentra usted en mi lista de jóvenes elegibles, y tengo la misma que la querida duquesa de Bolton. De hecho, las hicimos a la vez. Con todo, estoy dispuesta a incluir su nombre, siempre y cuando sus respuestas satisfagan los anhelos de una madre verdaderamente cariñosa. ¿Usted fuma? Jack: Pues sí, debo reconocer que fumo. Lady Bracknell: Me alegra escucharlo. El hombre debe tener alguna ocupación. En Londres hay demasiados hombres ociosos. ¿Qué edad tiene? Jack: Veintinueve años. Lady Bracknell: Una estupenda edad para casarse. Siempre he creído que el hombre que aspira al matrimonio debe saberlo todo o no saber nada. ¿Cuál es su caso? Jack: (Vacila un momento) No sé nada, Lady Bracknell. Lady Bracknell: Me complace oírlo. No apruebo intromisión alguna en la ignorancia natural. La ignorancia es como un fruto delicado y exótico; lo tocas y se estropea. La teoría de la educación moderna es radicalmente falsa. Por fortuna en Inglaterra la educación no produce ningún efecto. Si lo tuviera, sería un grave peligro para las clases altas y, muy probablemente, causaría actos de violencia en Grosvenor Square. ¿Cuál es su renta? Jack: Entre siete y ocho mil liras al año. Lady Bracknell: (Tomando nota en su bloc.) ¿En tierras o en acciones? Jack: En acciones, principalmente. Lady Bracknell: Muy interesante. Entre las obligaciones que le aguardan a una mientras vive, y los deberes que se le exigen después de muerta, la tierra ha dejado de ser tema de beneficio o gozo. Le da posición a una, pero impide mantenerla. Es cuanto hay que decir sobre la tierra. Jack: Tengo una casa de campo con un pequeño terreno adjunto de unos ciento quince acres, pero mi renta no depende de ella. En realidad, por lo que sé, los únicos que le sacan algún rendimiento son los cazadores furtivos. Lady Bracknell: ¡Ah, una casa de campo! ¿De cuántos dormitorios? Bueno, ese punto ya lo aclararemos después. ¿Tendrá casa en la ciudad, supongo? Una muchacha tan sencilla y delicada como Gwendolen es absolutamente inadecuada para vivir en el campo. Jack: Poseo una casa en Belgrave Square, pero este año la tengo alquilada a Lady Bloxham. Claro que puedo disponer de ella cuando quiera, avisando con seis meses de antelación. Lady Bracknell: ¿Lady Bloxham? No la conozco. Jack: Claro, sale muy poco. Se trata de una dama ya muy entrada en años. Lady Bracknell: En nuestros días eso no es garantía de respetabilidad. ¿Qué número de Belgrave Square? Jack: El 149. Lady Bracknell: (Moviendo la cabeza.) Un lado que no está de moda. Ya decía yo que algo habría. Con todo, creo que se podría cambiar fácilmente. Jack: ¿Se refiere al lado o a la moda? Lady Bracknell: (Con seriedad) A ambos, si fuera necesario. ¿Qué es usted políticamente? Jack: Me temo que nada en realidad. Me considero Liberal Unionista. Lady Bracknell: Bien, eso es estar entre los conservadores. Cenan con nosotros, o vienen a pasar alguna velada. Imagino que no tendrá usted ninguna simpatía o afinidad con el Partido Radical. ¿Verdad? Jack: No quiero poner en pie de guerra a los brutos contra los cultos, Lady Bracknell, si es eso a lo que se refiere. Lady Bracknell: A eso me refería exactamente. ¡Ejem! ¿Viven sus padres? Jack: Perdí a ambos. Lady Bracknell: ¿A ambos? Perder a un padre puede mirarse como una desgracia... pero perder a los dos parece más bien una falta de cuidado. ¿Quién era su padre? Evidentemente un hombre de cierta fortuna. ¿Nació en lo que los periódicos radicales llaman la púrpura del comercio o había llegado a formar parte de la aristocracia? Jack: Temo que no lo sé. Le he dicho, Lady Bracknell, que perdí a mis padres. Pero sería más cierto decir que fueron ellos los que me perdieron a mí... En realidad, respecto a mi a mi nacimiento, no sé quien soy. Fui... bueno... fui encontrado. Lady Bracknell: ¡Encontrado! Jack: El difunto Mr. Thomas Cardew, un viejo caballero muy caritativo y bondadoso, me encontró y me dio el apellido Worthing, porque casualmente llevaba en ese momento un billete de primera clase para Worthing en el bolsillo. Worthing es una localidad de Sussex, junto al mar. Lady Bracknell: ¿Dónde lo encontró ese caritativo caballero que tenía un billete de primera clase para ese lugar junto al mar? Jack: (Con gravedad) En una bolsa de viaje. Lady Bracknell: ¿En una bolsa? Jack: (Muy seriamente) Sí, Lady Bracknell. Estaba en una bolsa de viaje grande, de cuero negro y con asas. En fin, una bolsa de viaje normal y corriente. Lady Bracknell: ¿En qué lugar tropezó ese Mr. James o Thomas Cardew con esa normal y corriente bolsa de viaje? Jack: En el guardarropa de la Estación Victoria. Se la dieron, equivocadamente, en lugar de la suya. Lady Bracknell: ¿En el guardarropa de la Estación Victoria? Jack: Sí. Línea de Brighton. Lady Bracknell: La línea es lo de menos. Mr. Worthing, debo confesarle que encuentro algo desconcertante en lo que acaba de decirme. Nacer, o haber sido criado en una bolsa de viaje, no importa si con asas o no, me parece un total desprecio hacia el decoro de la vida familiar, que recuerda los peores excesos de la revolución francesa. Y debo suponer que usted conoce las desdichas que causó tal suceso. En cuanto al sitio preciso en que la bolsa fue hallada, el guardarropa de una estación de ferrocarril, podría servir para tapar una indiscreción social, no sería la primera vez que se use para tal efecto, pero difícilmente podría considerarse como una base segura para una reconocida posición en la buena sociedad. Jack: ¿Podría preguntarle qué me aconseja hacer usted? No necesito decirle que haría lo que fuera para asegurar la felicidad de Gwendolen. Lady Bracknell: Yo le aconsejaría vivamente que se procurase unos parientes lo antes posible, y que hiciese un definitivo esfuerzo para mostrar enseguida a uno de sus padres, de cualquier sexo, antes de que concluya la temporada. Jack: En fin, no sé cómo lograr esos objetivos. Por el momento puedo presentar la bolsa de viaje. Está en el vestidor de mi casa. Creo que con ella podría darse usted por satisfecha, Lady Bracknell. Lady Bracknell: ¿Yo, señor? ¿Qué tiene que ver eso conmigo? No irá usted a imaginarse que Lord Bracknell o yo podemos ni soñando permitir que nuestra única hija, una muchacha exquisitamente educada, se case en un guardarropa o nos emparente con un paquete. (Jack se levanta, indignado). Tenga la bondad, señor, de abrirme la puerta. Supongo que podrá entender que, de hoy en adelante, no habrá ningún tipo de contacto entre usted y Miss Fairfax. (Sale con aire de majestuosa indignación. Desde la habitación de al lado, Algernon toca la marcha nupcial. Jack mira furioso y va hacia la puerta.) [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] to8wshhcars02hfypjiugizs0h55gt0 La importancia de llamarse Ernesto/I - V 0 48649 1665562 1634562 2026-06-21T01:09:35Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665562 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - IV|Acto I: Cuarta parte]] |sección=Acto I: Quinta parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/II - I|Acto II: Primera parte]]}} <div style='text-align:justify'> Algernon: ¿Todo bien, muchacho? ¿No irás a decirme que Gwendolen te ha rechazado? Sé que es un hábito en ella. Siempre rechaza a la gente. Creo que es lo más antinatural de su carácter. Jack: No, con Gwendolen va todo perfecto. En lo que a ella concierne, estamos comprometidos. Su madre es absolutamente insoportable. Nunca había visto a una Gorgona... En realidad, no sé muy bien lo que es una Gorgona, pero estoy totalmente seguro de que Lady Bracknell lo es. En cualquier caso, es un monstruo, pero sin el encanto del mito... Perdóname, Algy, supongo que no debería hablar así de tu tía delante tuyo. Algernon: Querido, a mí me encanta que hablen mal de mis parientes. Es lo único que, después, me hace tratarlos bien. Los parientes, sencillamente, son un montón de gente aburrida que no tiene la menor idea de cómo vivir, ni el menor instinto sobre cuando deben morirse. Jack: Claro, yo no tengo parientes. Así es que no sé nada sobre ellos. Algernon: Eres un tío con suerte. Los parientes jamás prestan dinero, y nunca dan un crédito, ni aunque seas un genio. Son una pesadísima forma de público. Jack: Y después de todo, ¿qué importa que un hombre tenga o no padre y madre? Las madres, por supuesto, están muy bien. Pagan las cuentas de sus chicos y no les fastidian. Pero los padres fastidian a los hijos y nunca pagan sus cuentas. No conozco a un solo soltero de mi club que se hable con su padre. Algernon: Sí, los padres nunca han sido populares hasta ahora. (Coge el periódico de la tarde.) Jack: ¿Populares? Te apuesto que ni un solo chico soltero, entre todos los solteros que conozcamos entre los dos, desea que le vean paseando con su padre por St. Jame's Street. (Pausa) ¿Dice algo el periódico? Algernon: (Leyendo aún) Nada. Jack: ¡Qué bien! Algernon: Hasta donde recuerdo, los periódicos nunca dicen nada. Jack: Yo creo que habitualmente están llenos de cosas. Demasiado. Siempre molestan hablando de gente que uno no quiere conocer, nunca ha visto y por quien no daría ni dos peniques... ¡Patanes! Algernon: Yo diría que la gente a la que no has visto es encantadora. Ahora mismo estoy interesadísimo por una chica a la que nunca he visto; de hecho, mucho más que interesado. Jack: ¡Eso no tiene sentido! Algernon: Claro que lo tiene. Jack: Bueno, no voy a discutir sobre ese tema. Tú siempre quieres discutirlo todo. Algernon: Es que todo se ha hecho para ser discutido. Jack: Te doy mi palabra de que si yo pensase eso me pegaría un tiro... (Pausa) Algy, ¿Crees que existe alguna posibilidad de que Gwendolen llegue a ser como su madre, aunque sea dentro de ciento cincuenta años? Algernon: Todas las mujeres llegan a parecerse a sus madres. Esa es su tragedia. Al hombre no le ocurre lo mismo. Y esa es la suya. Jack: ¿Eso es ingenioso? Algernon: Está perfectamente expresado. Y es tan absolutamente cierto como pueda serlo cualquier apunte sobre la vida civilizada. Jack: Estoy harto del ingenio. En nuestros días todo el mundo es ingenioso. No se puede ir a parte alguna sin encontrarse con un ingenioso. La cosa se ha convertido en una verdadera calamidad pública. Por nuestro propio bien, desearía que aún quedasen algunos bobos. Algernon: Y quedan. Jack: Mucho me gustaría conocerlos. ¿De qué hablan? Algernon: ¿Los bobos? Ah, naturalmente hablan de los ingeniosos. Jack: ¡Qué bobos! Algernon: Por cierto, ¿le has dicho la verdad a Gwendolen, que eres Ernesto en la ciudad y Jack en el campo? Jack: (Con notorio aire protector) Mi querido amigo: La verdad no pertenece al tipo de cosas que conviene decir a una muchacha encantadora, refinada y dulce. ¡Qué ideas tan raras tienes de cómo tratar a una mujer! Algernon: La única manera de tratar a una mujer es hacer el amor con ella si es bonita, o hacerlo con otra, si es fea. Jack: ¡Vaya! Otra tontería. Algernon: ¿Y qué dices de esa damita, Miss Cardew, de la que eres guardián? ¿Qué le has dicho de tu hermano, de ese perdido de Ernesto? Jack: ¡Ah, Cecilia, es verdad! Antes del fin de semana me habré desembarazado de ese hermano... Probablemente lo mataré en París. Algernon: ¿Por qué en París? Jack: No quiero problemas. Sería absurdo disponer un funeral y cosas por el estilo. Sí, probablemente lo mataré en París. Una apoplejía sería perfecto. Mucha gente muere repentinamente de apoplejía, ¿verdad? Algernon: Sí, pero se trata de una enfermedad hereditaria, querido amigo. Pertenece a esa clase de cosas que vienen de familia... Jack: ¡Santo dios! Entonces no me sirve. ¿Y qué me sugieres? Algernon: Podrías decir que fue la gripe. Jack: No, no sirve. Demasiada gente tiene gripe. Algernon: Bueno. Habrá que buscar otra cosa. ¿Por qué no hablas de un fuerte resfriado? Me parece muy propio. Jack: ¿Estás seguro de que un fuerte resfriado no será hereditario, familiar o algo por el estilo? Algernon: Por supuesto que no. Jack: Muy bien. Entonces todo está listo. Algernon: Pero, ¿no me habías dicho que... Miss Cardew estaba muy interesada, incluso demasiado, en tu pobre hermano Ernesto? ¿No sentirá terriblemente su pérdida? Jack: Sí, claro. Pero me alegro de poder decir que Cecilia no es una muchacha tontamente romántica. Goza de un gran apetito, da largos paseos y no presta la menor atención a sus lecciones. Algernon: Me gustaría mucho conocer a Cecilia. Jack: Tendré mucho cuidado para que eso no ocurra. Y no deberías llamarla Cecilia. Algernon: ¡Vaya! Yo creí que era fea. Sí, sé perfectamente bien cómo es. Se trata de una de esas opacas muchachas intelectuales que están siempre en su sitio. Muchachas de mente amplia y amplios pies. Estoy seguro de que es más fea que lo habitual, y seguro que tiene unos treinta y nueve años y los aparenta. Jack: Pues ya ves, es excesivamente guapa y sólo tiene dieciocho. Algernon: ¿Le has dicho a Gwendolen que tienes una pupila que es excesivamente guapa y tiene sólo dieciocho años? Jack: Hay gente a la que no se le deben contar esas cosas. La vida es una cuestión de tacto. Se lo iré diciendo gradualmente. Cecilia y Gwendolen terminarán siendo, a buen seguro, muy grandes amigas. Te apuesto cualquier cosa a que, media hora después de haberse conocido, se dicen hermanas. Algernon: Las mujeres sólo hacen eso después de haberse dicho antes muchas otras cosas. Ahora, muchacho, si quieres que tengamos una buena mesa en Willi's, deberíamos ir a vestirnos. ¿Sabes que son casi las siete? Jack: (Irritado) ¡Oh! ¡Siempre son casi las siete! Algernon: Bueno, yo tengo hambre. Jack: Jamás coincido contigo cuando no la tienes... Está bien. Vuelvo a Albany y nos encontramos en el Willi's a las ocho. Puedes recogerme de camino, si quieres. Algernon: ¿Qué haremos después de cenar? ¿Ir al teatro? Jack: ¡Oh, no! Me molesta escuchar. Algernon: Bien, ¿vamos al Club? Jack: ¡Oh, no! Detesto hablar. Algernon: Bueno, ¿damos una vuelta por el Empire a eso de las diez? Jack: ¡No, no! Me es insoportable mirar. ¡Es de tontos! Algernon: ¿Y entonces qué hacemos? Jack: ¡Nada! Algernon: No hacer nada es un trabajo muy penoso. No me siento dispuesto a un trabajo tan penoso si no tiene algún tipo de utilidad. (Entra Lane.) Lane: Miss Fairfax. (Entra Gwendolen. Sale Lane.) Algernon: ¡Gwendolen, qué magnífico! Gwendolen: Algy, haz el favor de darte la vuelta. Tengo algo muy privado que decir a Mr. Worthing. Como es un asunto privado, por supuesto puedes escuchar. Algernon: En verdad, Gwendolen, no se si debo permitir esto. Gwendolen: Algy, siempre adoptas una actitud estrictamente inmoral frente a la vida. Y no eres aún lo bastante viejo para hacerlo. (Algernon se retira hacia la chimenea.) Jack: ¡Queridísima! Gwendolen: Ernesto, es posible que no nos casemos nunca. Por la expresión de la cara de mi madre me lo temo mucho. Hoy día son pocos los padres que tienen en cuenta a sus hijos. El antiguo respeto por los jóvenes ha muerto por completo. La influencia que pude tener sobre mi madre la perdí cuando tenía tres años. Pero aunque pudiera impedirnos que lleguemos a ser marido y mujer, aunque llegue a casarme con otro y aún a casarme muchas otras veces, nada de lo que pueda hacer mudará mi eterno amor por ti. Jack: ¡Gwendolen querida! Gwendolen: La historia de tu romántico origen, que me la contado mi madre, con desafortunados comentarios, como era de esperar, ha conmovido las fibras más hondas de mi naturaleza. Tu nombre de pila posee una irresistible fascinación. La sencillez de tu carácter te vuelve exquisitamente incomprensible para mí. Tengo tu dirección en la ciudad, en Albany, ¿cuál es tu dirección en el campo? Jack: Manor House, Walton, Hertfordshire. (Algernon que ha estado escuchando atentamente, sonríe para sí, y escribe las señas en el puño de su camisa. Luego coge la Guía de Ferrocarriles.) Gwendolen: ¿Funcionará bien el correo, supongo? Pudiera ser necesario hacer algo desesperado. Por supuesto que eso requeriría una reflexión muy seria. Te escribiré todos los días. Jack: ¡Queridísima! Gwendolen: ¿Cuánto tiempo te quedarás en Londres? Jack: Hasta el lunes. Algernon: Gracias, ya lo había hecho. Gwendolen: También puedes tocar el tiempo. Jack: ¿Permitirás que te acompañe hasta el coche, querida mía? Gwendolen: Claro. Jack: (A Lane, que acaba de entrar.) Yo acompañare a Miss Fairfax. Lane: Bien, señor. (Salen Jack y Gwendolen. Lane presenta, en una bandeja, varias cartas a Algernon. Debe suponerse que son facturas, pues Algernon mira los sobres y las rompe.) Algernon: Tráeme un jerez, Lane. Lane: Bien, señor. Algernon: Mañana, Lane, voy a bunburizar. Lane: Bien, señor. Algernon: Probablemente no vuelva hasta el lunes. Prepárame el esmóquin, el frac y todos los trajes de Bunbury. Lane: Bien, señor. (Le acerca el jerez.) Algernon: Espero que mañana haga un buen día, Lane. Lane: Nunca hace un buen día, señor. Algernon: Lane, eres el pesimista perfecto. Lane: Hago lo imposible por resultar agradable, señor. (Entra Jack. Sale Lane.) Jack: ¡Es una chica tan sensible y tan inteligente! La única chica que me ha gustado en toda mi vida. (Algernon se ríe abiertamente.) ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? Algernon: No, nada. Sencillamente estoy algo preocupado por el pobre Bunbury, eso es todo. Jack: Si no tienes cuidado, cualquier día, tu amigo Bunbury te meterá en un buen lío. Algernon: Me encantan los líos. Son las únicas cosas que jamás son serias. Jack: No digas tonterías, Algy. Siempre estás enredado en absurdos. Algernon: Todos hacen lo mismo. (Jack lo mira con indignación y sale. Algernon enciende un cigarrillo, lee en el puño de su camisa y sonríe.) '''Fin del primer acto.''' [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] 47jmg8fbw7thb5rsammxj91h00mk35q La importancia de llamarse Ernesto/II - I 0 48650 1665561 1634563 2026-06-21T01:09:33Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665561 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/I - V|Acto I: Quinta parte]] |sección=Acto II: Primera parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/II - II|Acto II: Segunda parte]]}} <div style='text-align:justify'> Jardín en Manor House (Wolton). Unos límpidos escalones de piedra gris llevan a la casa. El jardín, a la antigua, está lleno de rosas. Es el mes de julio. Sillas de mimbre y una mesa con libros encima, bajo un ancho tejo. Miss Prism aparece sentada a la mesa. Detrás, Cecilia riega las flores. Miss Prism: (Llamando) ¡Cecilia, Cecilia! ¿No le parece que una ocupación tan útil como regar flores es más propia de Moulton que de usted? En especial cuando le aguardan otros placeres intelectuales. El libro de gramática de alemán está sobre la mesa. Me gustaría que lo abriese por la página quince. Repetiremos la lección de ayer. Cecilia: ¡Vaya! Sería mucho mejor que Moulton recibiera la lección de alemán. ¡Moulton! Moulton: (Mirando desde detrás de un seto, con una mueca extraña en la cara.) ¿Sí, Miss Cecilia? Cecilia: ¿No te gustaría aprender alemán, Moulton? Es la lengua que hablan los que viven en Alemania. Moulton: (Meneando la cabeza) No me siento cómodo con las lenguas ajenas, señorita. (Se inclina hacia Miss Prism.) Espero que no se ofenda, señora. (Desaparece tras el seto.) Miss Prism: No ha debido decir eso, Cecilia. Le ruego que abra inmediatamente su Schiller. Cecilia: (Se acerca lentamente.) Pero es que no me gusta el alemán. No es una lengua que me siente bien. Se perfectamente que parezco más fea tras mi lección de alemán. Miss Prism: Hijita, usted bien sabe cuánto anhela su tutor que adelante en todos los campos. Ayer, antes de irse a la ciudad, volvió a insistir particularmente sobre el alemán. Cecilia: ¡Es tan serio el querido tío Jack! Tanto que a veces pienso que no puede estar muy bien de salud. Miss Prism: (muy estirada) Su tutor goza de óptima salud, y la gravedad de su porte es tanto más encomiable si se tiene en cuenta lo joven que es. No conozco a nadie que tenga tan elevado sentido del deber y la responsabilidad. Cecilia: Supongo que ésa será la causa de que parezca algo aburrido cuando estamos los tres juntos. Miss Prism: ¡Cecilia! Me sorprende. Mr. Worthing tiene muchos problemas en la vida. La fácil alegría o la trivialidad están fuera de lugar en esta conversación. Debería recordar su constante inquietud a causa de ese joven y desafortunado hermano. Cecilia: Me gustaría que el tío Jack diese permiso para que ese desafortunado joven viniese alguna vez por aquí. Podríamos tener cierta buena influencia en él, Miss Prism. Usted desde luego la tendría. Usted sabe alemán y geografía y otras cosas que influyen enormemente en los hombres. (Cecilia empieza a escribir en su diario.) Miss Prism: (Moviendo la cabeza.) No creo que yo pudiese producir el menor efecto en un carácter que, según su propio hermano admite, es irremediablemente vacilante y débil. Además tampoco estoy segura de que quisiese yo reformarle. Estoy en contra de esa moderna manía de volver buenas a las personas malas en un abrir y cerrar de ojos. Que cada cual coseche lo que sembró. Cecilia: Pero algunos hombres no siembran, Miss Prism... Y aunque lo hagan, no sé por qué habría que castigárseles por ello. Hay demasiados castigos en el mundo. El alemán es un castigo, naturalmente. Y usted misma me dijo que Alemania está superpoblada. Parece que hay demasiado alemán... Miss Prism: Lo que no es razón para que se dedique usted a escribir su diario en lugar de traducir "Guillermo Tell". Deje un ratito el diario, Cecilia. En realidad no entiendo para qué lleva usted uno. Cecilia: Lo llevo para apuntar en él todos los maravillosos secretos de mi vida. Si no los anotase enseguida, seguro que los olvidaría al momento. Miss Prism: La memoria, mi querida Cecilia, es el diario que cada uno lleva consigo. Cecilia: Sí, pero habitualmente registra sólo lo que nunca ha ocurrido y nunca podrá ocurrir. Creo que la memoria es la responsable de todas las novelas de tres tomos que pueblan las bibliotecas. Miss Prism: No hable despectivamente de las novelas de tres tomos, Cecilia. Yo misma escribí una cuando era joven. Cecilia: ¿Lo dice de veras, Miss Prism? ¡Qué maravillosamente inteligente es usted! Espero que no tuviera un final feliz... No me gustan las novelas con final feliz. Me deprimen mucho. Miss Prism: Los buenos acaban bien y los malos mal. Eso es lo que la ficción propone. Cecilia: Lo suponía. Pero no parece muy bonito. ¿Su novela se llegó a publicar? Miss Prism: ¡Ay, no! Desdichadamente abandoné el manuscrito. (Cecilia se estremece.) Y utilizo el término en el sentido de perdido o extraviado. Pero, querida, todas estas consideraciones carecen de provecho para su trabajo. Cecilia: (Sonríe) Me parece que el doctor Chasuble viene por el jardín. Miss Prism: (Se levanta y va a su encuentro.) ¡Doctor Chasuble! ¡Qué grato placer! (Entra el canónigo Chasuble.) Chasuble: ¿Qué tal estamos esta mañana? Espero que bien, ¿no, Miss Prism? Cecilia: Hace un momento, Miss Prism se quejaba de un molesto dolor de cabeza. Creo que le sentaría muy bien dar un paseíllo por el parque, doctor Chasuble. Miss Prism: Cecilia, yo no he dicho nada sobre ningún dolor de cabeza. Cecilia: No, querida Miss Prism, ya sé que no. Pero, instintivamente, he notado un dolor de cabeza. Estaba pensando en eso y no en mi lección de alemán, cuando ha llegado el rector. Chasuble: Espero, Cecilia, que no estuvieras distraída. Cecilia: Pues me temo que sí. Chasuble: Es extraño. Si yo tuviera la suerte de ser alumno de Miss Prism, estaría pendiente de sus labios. (A Miss Prism le brillan los ojos.) Hablo metafóricamente, claro. Es una metáfora tomada de las abejas. Bueno, supongo que Mr. Worthing no habrá regresado aún de la ciudad... Miss Prism: No lo esperamos hasta el lunes por la tarde. Chasuble: Ah, sí, ya sé que le gusta pasar el domingo en Londres. No es de los que sólo piensan en divertirse, como parece que ocurre con su desdichado hermano. Pero no debo distraer más a Egeria y a su discípula. Miss Prism: ¿Egeria? Me llamo Leticia, doctor. Chasuble: (Se inclina.) Se trata de una simple alusión clásica, tomada de los autores paganos. Las veré a las dos en Vísperas, ¿verdad? Miss Prism: Me parece, querido doctor, que daré un paseíllo con usted. Después de todo, creo que sí me duele un poco la cabeza y creo que caminar me sentará bien. Chasuble: Encantado, Miss Prism, encantado. Podemos llegar hasta las escuelas y volver. Miss Prism: Será delicioso. Cecilia, en mi ausencia, repase economía política. Puede omitir el capítulo sobre la caída de la rupia. Es demasiado sensacionalista para una jovencita. Hasta estos problemas tan metálicos tienen un aspecto melodramático. Chasuble: ¿Estudia economía política, Cecilia? Es muy hermoso lo educadas que son las chicas de nuestros días. Supongo que lo sabrá usted todo sobre las relaciones entre trabajo y capital, ¿no es cierto? Cecilia: Me temo que no. Lo que conozco bien son las relaciones entre ocio y capital. Y sólo de vista. Por lo que supongo que no son verdad. Miss Prism: ¡Cecilia! Eso que dice suena a socialismo. Y creo que ignora usted adónde lleva el socialismo... Cecilia: ¡Claro! Lleva al traje cómodo, Miss Prism. E imagino que cuando las mujeres vistan con racionalidad también serán tratadas racionalmente. Al menos, así debería ser. Chasuble: ¡Un corderito muy testarudo, nuestra querida niña! Miss Prism: (Sonríe.) En ocasiones un serio problema. Chasuble: Le envidio ese tipo de dificultades. (Miss Prism y Chasuble se van hacia el jardín.) Cecilia: (Aparta los libros que están sobre la mesa.) ¡Horrible Economía política! ¡Horrible economía política! ¡Horrible geografía! ¡Y el alemán, lo más horrible de lo horrible! (Entra Merriman con una tarjeta sobre la bandeja.) Merriman: Mr. Ernesto Worthing acaba de llegar desde la estación de coche. Ha traído su equipaje con él. Cecilia: (Toma la tarjeta y la lee.) "Mr. Ernesto Worthing. B.4. Albany" ¡El hermano del tío Jack! ¿Le ha dicho que Mr. Worthing está en Londres? Merriman: Sí, señorita. Y no ha parecido gustarle. Le he dicho que Miss Prism y usted estaban en el jardín. Me ha comentado que está ansioso por hablar con usted un momento, a solas. Cecilia: (Para sí) No creo que Miss Prism quiera dejarme con él a solas. En ese caso, será mejor que lo vea ahora mismo, antes de que regresen. (A Merriman) Diga a Mr. Ernesto Worthing que sea tan amable de venir. Y supongo que no estaría de más que avise a la gobernanta para que le disponga un cuarto. Merriman: He hecho llevar su equipaje encima del salón Azul, señorita. Junto a la habitación del señor Worthing. Cecilia: Bien, sí. Perfecto. (Merriman se va.) Nunca hasta ahora me había encontrado con alguien realmente malvado. Me siento algo asustada. Pero mucho me temo que se parezca a todos los demás. (Entra Algernon, muy alegre y desenvuelto.) ¡Y se parece! Algernon: (Se quita el sombrero.) Tú eres mi pequeña prima Cecilia, seguramente... Cecilia: Está usted en un raro error. No soy pequeña. Creo que incluso soy más alta de lo que es normal para mi edad. (Algernon queda algo desconcertado.) Pero soy tu prima Cecilia. Tú, según he visto en tu tarjeta, eres el hermano de mi tío Jack, mi primo Ernesto, mi malvado primo Ernesto. Algernon: ¡Vaya! En verdad no soy ningún malvado, prima Cecilia. En serio, no debes creer que soy malvado. Cecilia: Pues si no lo eres has estado engañándonos a todos de una manera imperdonable. Has hecho creer al tío Jack que eras malo. Espero que no hallas llevado una doble vida, pretendiendo ser perverso cuando, en realidad, siempre has sido bueno. Eso sería hipocresía. Algernon: (La mira con asombro.) ¡Bueno! Algo atolondrado sí que he sido. Cecilia: Me alegra oírlo. Algernon: En fin, ya que has sacado el tema, diré que he sido todo lo malo que he podido, en mi modesto estilo. Cecilia: No creo que debas enorgullecerte por ello. Aunque supongo que ha debido de ser muy divertido. Algernon: Mucho más divertido es estar aquí, contigo. Cecilia: Lo que no puedo entender es que estés aquí. El tío Jack te envió ayer un telegrama, a Albany, diciendo que deseaba verte a las seis, por última vez. Siempre me deja leer los telegramas que envía. Algunos me los sé de memoria. Algernon: La verdad es que entregaron el telegrama tarde. No me pude encontrar con él en el Club, y el conserje me dijo que Jack había venido aquí. Así es que, naturalmente, he venido detrás al saber que quería verme. Cecilia: No volverá hasta el lunes por la tarde. Algernon: Es una gran contrariedad, pues tengo que coger el primer tren, el lunes por la mañana, obligadamente. Tengo una cita de negocios a la que estoy deseando... faltar. Cecilia: ¿Y no puedes faltar más que yéndote a Londres? Algernon: No, la cita es en Londres. Cecilia: Bueno, ya sé lo importante que es faltar a una cita de negocios, si se pretende mantener cierto sentido de la belleza de la vida, pese a lo cual, creo que harías mejor en esperar al tío Jack, sé que quiere que habléis de tu emigración. Algernon: ¿De mi qué...? Cecilia: De tu emigración. Ha ido a comprarte el equipo. Algernon: Jamás permitiré que Jack me compre ningún equipo. Carece de gusto para las corbatas. Cecilia: No creo que vayas a necesitar corbatas. El tío Jack piensa enviarte a Australia. Algernon: ¡Australia! Antes muerto. Cecilia: El miércoles, mientras cenábamos, dijo que tendrías que elegir entre este mundo, el otro mundo y Australia. Algernon: ¡Ah, bueno! Los informes que he recibido de Australia y del otro mundo no son especialmente estimulantes. Este mundo es lo suficientemente bueno para mí, prima Cecilia. Cecilia: Pero, ¿eres tú lo suficientemente bueno para él? Algernon: Me temo que no. Y ése es el motivo por el que quiero que me reformes. Podrías hacer de ello tu misión... Cecilia: ¿Intentas sugerir que tengo que tener una misión? Algernon: Perdóname, pero pienso que en nuestros días cada mujer tiene algún tipo de misión. Cecilia: La tendrá la hembra, no la mujer. Además, no tengo tiempo para reformarte esta tarde. Algernon: Bien, ¿y podría yo reformarme a mí mismo esta tarde? Cecilia: Es un intento quijotesco, pero puedes intentarlo. Algernon: Lo intentaré. Ya me siento mejor. Cecilia: Pues aparentas estar peor. Algernon: Es porque tengo hambre. Cecilia: ¡Qué boba soy! Debía haber tenido en cuenta que cuando se va a iniciar una vida totalmente nueva se necesitan comidas sanas y regulares. Miss Prism y yo íbamos a comer solas un poco de cordero asado. Algernon: Temo que sea demasiado bueno para mí. Cecilia: Al tío Jack, cuya salud ha quedado seriamente minada tras tus últimas horas en la ciudad, su médico de Londres le ha aconsejado tomar doce sándwiches de paté de foie y champán de 1889. No sé si te apetecerá una comida tan pobre. Algernon: ¡Oh! Me sentiré feliz con ese champán del 89. Cecilia: Me alegra saber que tienes unos gustos tan sencillos. Vamos al comedor. Algernon: Gracias. ¿Podría ponerme antes una flor en el ojal? Nunca tengo apetito si no me he puesto antes una flor en el ojal. Cecilia: ¿Una mariscal niel? (Coge las tijeras.) Algernon: No, prefiero una rosa pálida. Cecilia: ¿Por qué? (Corta la flor.) Algernon: Porque, prima Cecilia, tú pareces una rosa pálida. Cecilia: No creo que sea correcto que me digas eso. Miss Prism nunca dice esas cosas. Algernon: Eso es porque Miss Prism es una vieja señora miope. (Cecilia le pone la rosa en el ojal.) Eres la chica más bonita que he visto en mi vida. Cecilia: Dice Miss Prism que toda belleza es un lazo. Algernon: Un lazo en el que todo hombre sensato querría verse atrapado. Cecilia: No creo que me gustase atrapar a ningún hombre sensato. No sabría de qué hablar con él. (Entran en la casa.) [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] eu7u5cw66y4u027h61bsnefv1h2du2x La importancia de llamarse Ernesto/II - II 0 48651 1665564 1634564 2026-06-21T01:09:38Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665564 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/II - I|Acto II: Primera parte]] |sección=Acto II: Segunda parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/II - III|Acto II: Tercera parte]]}} <div style='text-align:justify'> (Miss Prism y el doctor Chasuble vuelven de su paseo.) Miss Prism: Está usted muy solo, querido doctor Chasuble. Debería casarse. Puedo entender a un misántropo, pero a un mujerántropo, nunca. Chasuble: (Con un repelús de hombre docto) Créame, yo no merezco semejante neologismo. Tanto el precepto como la práctica en la primitiva Iglesia estaban claramente contra el matrimonio. Miss Prism: (Sentenciosa) Obviamente ése es el motivo por el que la primitiva Iglesia no ha llegado a nuestros días. Y usted parece percatarse, querido doctor, de que el hombre que persiste en permanecer soltero, se convierte en una continua tentación pública. Los hombres deberían tener más cuidado, ya que es el celibato lo que, a menudo, les trastorna el rumbo. Chasuble: ¿Pero no tiene un hombre iguales atractivos si está casado? Miss Prism: Un hombre casado sólo tiene atractivos para su mujer. Chasuble: Y según he oído decir, a veces, ni siquiera para ella. Miss Prism: Eso depende de las simpatías intelectuales de la mujer. En la madurez siempre se puede confiar. Hay que creer en la edad adulta. Las jovencitas están verdes. (El doctor Chasuble se estremece.) Hablo como una horticultora. Es una metáfora sacada de la fruta. Por cierto, ¿dónde está Cecilia? Chasuble: Quizás nos haya seguido hasta las escuelas. (Entra Jack muy despacio desde el fondo del jardín. Va vestido de riguroso luto, con guantes negros y cinta negra en el sombrero.) Miss Prism: ¡Mr. Worthing! Chasuble: ¡Mr. Worthing! Miss Prism: Es una auténtica sorpresa. No le esperábamos hasta el lunes por la tarde. Jack: Mi hermano. Miss Prism: ¿Más deudas vergonzosas y extravagancias? Chasuble: ¿Continúa entregado a su vida licenciosa? Jack: (Niega con la cabeza.) ¡Muerto! Chasuble: ¿Su hermano Ernesto está muerto? Jack: Completamente muerto. Miss Prism: ¡Qué lección para él! ¡Ojalá saque provecho! Chasuble: La muerte es nuestra herencia colectiva, Miss Prism... No debemos considerarla un aviso singular, antes al contrario como una general providencia. La vida quedaría incompleta sin ella. Tendrá usted, al menos, el consuelo de haber sido siempre el más generoso e indulgente de los hermanos. Jack: ¡Pobre Ernesto! Tenía muchos defectos, pero es muy triste. Un golpe muy duro. Chasuble: Muy triste, en efecto. ¿Estuvo con él en los últimos momentos? Jack: No. Murió en el extranjero. En París, para ser más exactos. Tuve la pasada noche un telegrama del gerente del Grand Hotel. Chasuble: ¿Le dice la causa de su muerte? Jack: Un fuerte enfriamiento, parece. Miss Prism: Cada hombre recoge lo que siembra. Chasuble: (Levanta una mano.) ¡Caridad, querida Miss Prism, caridad! Ninguno de nosotros es perfecto. Yo mismo tengo una especial atracción por el juego de damas. ¿Será enterrado aquí? Jack: No. Al parecer había expresado su deseo de ser inhumado en París. Chasuble: ¡En París! (Mueve la cabeza.) Me temo que ese detalle demuestra su muy delicado estado mental, en sus últimos días. Deseará usted sin duda que haga alguna discreta alusión a esta tragedia el próximo domingo. (Jack le aprieta compulsivamente la mano.) Mi sermón sobre el significado del maná en el desierto se puede adaptar a muy variadas ocasiones, alegres, o como en el presente caso, luctuosas. (Suspiran los tres.) Lo he predicado en días de recolección, en confirmaciones, bautizos, días de penitencia y fiestas señaladas. La última vez lo pronuncié en la catedral, como sermón de caridad a beneficio de la Sociedad para la Prevención del Descontento de las Clases Altas. Al obispo, que estuvo presente, le afectaron profundamente algunas de las analogías que tracé. Jack: ¡Ah! ¿Ha hablado de bautismos, no es así, doctor? Supongo que usted sabrá bautizar adecuadamente... (Chasuble lo mira estupefacto.) Quiero decir que estará usted casi continuamente bautizando, ¿no es así? Miss Prism: Así es. siento decir que es uno de los más constantes menesteres del rector en esta parroquia. Muy frecuentemente he hablado del tema a las clases más pobres. Pero parecen ignorar lo que es el ahorro. Chasuble: La Iglesia abomina de la infecundidad, Miss Prism. En cada niño existe la promesa de un santo. ¿Pero hay algún niño en concreto en el que usted esté interesado, Mr. Worthing? Su hermano, por lo que creo, no estaba casado, ¿verdad? Jack: ¡No, no! Miss Prism: (Con amargura.) Así suele ser entre la gente que no conoce otro norte que el placer. Jack: Pero no es para ningún niño, querido doctor. Me gustan mucho los niños, pero no. De hecho, soy yo quien quisiera ser bautizado esta tarde, si no tiene usted nada mejor que hacer. Chasuble: Sin duda usted ya habrá sido bautizado, Mr. Worthing. Jack: No recuerdo nada sobre el particular. Chasuble: ¿Pero tiene usted alguna duda seria sobre ese tema? Jack: Las más serias. Existen circunstancias, de innecesaria mención por el momento, relacionadas con mi nacimiento y primeros tiempos de vida, que me hacen pensar que fui objeto de cierta desatención. En cualquier caso, no he podido comprobarlo. Claro que no sé que le parecerá a usted este asunto. Quizás piense que ya soy algo mayor. Chasuble: Oh. Créame que no soy ningún fanático piadobaptista. La aspersión e incluso la inmersión de adultos eran prácticas muy comunes en la Iglesia primitiva. Jack: ¡Inmersión, entonces! Pero no querrá eso decir que debo... Chasuble: No tenga cuidado. Con la aspersión es suficiente y hasta aconsejable. ¡Tenemos un tiempo tan cambiante! ¿A qué hora desea que se efectúe la ceremonia? Jack: Podríamos quedar alrededor de las cinco, si le parece bien. Chasuble: ¡Perfecto! ¡Perfecto! De hecho, tengo dos ceremonias similares que efectuar a la misma hora. Dos gemelos han nacido recientemente en uno de los pueblitos aledaños a su finca. El pobre Jennis, el carretero, un hombre que trabaja duro... Jack: ¡Vaya! La verdad es que no me divierte mucho ser bautizado con otros bebés. Lo encuentro infantil. ¿No podría ser a las cinco y media? Chasuble: ¡Admirable! (Saca el reloj.) Y ahora, querido Mr. Worthing, no deseo causar más estorbo en la mansión de la pena. Le aconsejaría, tan sólo, que no se dejase abatir demasiado por el dolor. Lo que nos parecen tragos amargos son a menudos bendiciones disfrazadas. Miss Prism: Ésta me parece una bendición absolutamente evidente. (Llega Cecilia, desde la casa.) Cecilia: ¡Tío Jack! Me encanta que hayas vuelto. Pero, qué ropa tan horrible te has puesto... ¿Por qué no vas a quitártela? Miss Prism: ¡Cecilia! Chasuble: ¡Querida niña! (Cecilia se acerca a Jack, que la besa en la frente con aire melancólico.) Cecilia: ¿Qué pasa, tío Jack? ¿Por qué no estás contento? Parece que tuvieras dolor de muelas; con la sorpresa que tengo para ti. ¿A qué no adivinas quién está en el comedor? ¡Tu hermano! Jack: ¿Quién? Cecilia: Tu hermano Ernesto. Ha llegado hace media hora. Jack: ¡Qué disparate! Yo no tengo hermano. Cecilia: Oh, no digas eso. Por muy mal que se haya comportado contigo en el pasado, sigue siendo tu hermano. No puedes tener tan poco corazón como para renegar de él. Voy a decirle que salga. Prométeme que estrecharás su mano, tío. (Sale corriendo hacia la casa.) Chasuble: Estas sí que son noticias gozosas. Ese telegrama que le llegó de París es sin duda obra de algún desalmado que ha querido jugar con sus sentimientos. Miss Prism: Después de habernos resignado todos a la pérdida, este súbito retorno me parece singularmente perturbador. Jack: ¿Está mi hermano en el comedor? No sé que significa todo esto. Me parece absolutamente absurdo. Jack: ¡Dios santo! (Hace gestos a Algernon para que se vaya.) Algernon: Hermano John, he venido de la ciudad para decirte cuánto lamento los problemas que te he causado y para decirte que, en adelante, llevaré una vida mucho mejor. (Jack lo mira con irritación y no le da la mano.) Cecilia: (A Miss Prism) No se ha perdido la bondad en este joven. Parece sinceramente arrepentido. Miss Prism: Las conversiones súbitas no me gustan. Pertenecen al disentimiento y poseen el cansado sabor del inconformismo. Cecilia: Tío Jack, ¿no irás a negarle el saludo a tu propio hermano? Jack: Nada me induce a estrechar su mano. Creo que es muy lamentable su venida. Y él sabe perfectamente bien por qué. Chasuble: Joven, su vida ha transcurrido por un sendero muy estrecho. Espero que le sirva de advertencia. Cuando entró usted, precisamente estábamos de luto por su fallecimiento. Algernon: Sí, ya veo que Jack se ha puesto un traje nuevo. La verdad es que no te sienta muy bien. La corbata es espantosa. Cecilia: Tío Jack, sé bueno. En todos hay alguna bondad. Ernesto me estaba hablando precisamente de su pobre amigo inválido, Mr. Bunbury, al que visita con frecuencia. Seguramente existe no poca bondad en quien la ejerce con un inválido, y deja los placeres de Londres para sentarse junto al lecho del dolor. Jack: ¿En verdad te ha estado hablando de Bunbury? Cecilia: Sí, me lo ha contado todo sobre ese desdichado y su terrible estado de salud. Jack: ¡Bunbury! Bueno, pues no quiero que vuelva a hablarte de él ni de ninguna otra cosa. Ya es suficiente como para volverse loco. Chasuble: Mr. Worthing, inesperadamente la providencia le ha devuelto a su hermano, y eso parece indicar un deseo de reconciliación. Por lo demás, nada mejor para los hermanos que morar juntos en la amistad. Algernon: Desde luego admito mi parte de culpa. Pero debo decir que la frialdad de mi hermano John me es particularmente dolorosa. Esperaba una cálida bienvenida, sobre todo teniendo en cuenta que es la primera vez que vengo aquí. Cecilia: Tío Jack, si no le das la mano a Ernesto, no podré perdonártelo nunca. Jack: ¿Nunca me lo perdonarías? Cecilia: ¡Nunca, nunca, nunca! Jack: Supongo que no hay otro remedio. (Le da la mano a Algernon, con la mirada furiosa.) ¡Jovencito canalla! Debes abandonar este lugar lo antes posible. No voy a tolerar aquí el menor bunburysmo. Chasuble: ¿No es hermoso ver una reconciliación tan perfecta? Querida niña, ha hecho una acción muy notable este día. Miss Prism: No debemos precipitarnos en nuestros juicios. [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] gotgfqvd2wenfmsgdzp8i1ndp91wasb La importancia de llamarse Ernesto/II - III 0 48652 1665558 1634565 2026-06-21T01:09:28Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665558 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/II - II|Acto II: Segunda parte]] |sección=Acto II: Tercera parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/III - I|Acto III: Primera parte]]}} <div style='text-align:justify'> (Entra Merriman.) Merriman: He puesto las cosas de Mr. Ernesto en la habitación vecina a la suya, señor. ¿Supongo que he hecho bien, verdad? Jack: ¿Qué? Merriman: El equipaje de Mr. Ernesto, señor. Lo he deshecho y colocado en la habitación contigua a la suya. Jack: ¿Su equipaje? Merriman: Sí, señor. Tres portamanteos, un baúl armario, dos cajas de sombreros y un gran cesto para meriendas campestres. Algernon: Temo que, esta vez, sólo podré quedarme una semana. Merriman: (A Algernon) Perdóneme, señor. Un caballero de cierta edad desea verle. Acaba de llegar desde la estación en un cabriolé. (Extiende la bandeja con una tarjeta.) Algernon: ¿Para verme a mí? Merriman: Sí, señor. Algernon: (Lee la tarjeta.) Parker y Grisby. Abogados. No sé nada de ellos. ¿Quiénes son? Jack: (Coge la tarjeta.) Parker y Grisby. Será estupendo que sean quienes deben ser. Espero, Ernesto, que se trate de algún asunto relacionado con tu amigo Bunbury. Quizá Bunbury quiere hacer testamento y te busca como albacea. (A Merriman) Haga pasar a ese caballero. Merriman: Muy bien, señor. (Sale Merriman.) Jack: Espero, Ernesto, que puedas mantener la declaración que me hiciste la semana pasada cuando acabé de arreglar tus cuentas. Espero que no tengas asuntos pendientes de ninguna especie. Algernon: No tengo ninguna clase de deuda, Jack querido. Gracias a tu generosidad no debo ni un penique, a excepción de unas corbatas, me parece. Jack: Me alegra sinceramente oírlo. (Entra Merriman.) Merriman: Mr. Grisby. (Sale Merriman. Entra Grisby.) Grisby: (Al Dr. Chasuble) ¿Mr. Ernesto Worthing? Miss Prism: Él es Mr. Ernesto Worthing. Grisby: ¿Mr. Ernesto Worthing? Algernon: Sí. Grisby: ¿De Albany, B.4? Algernon: Sí, ahí vivo. Grisby: Lo siento mucho, señor, pero tengo un auto de embargo contra usted, a demanda del Savoy Hotel, Sociedad Limitada, por 762 libras y unos chelines. Algernon: ¿Contra mí? Grisby: Sí, señor. Algernon: ¡Un perfecto disparate! Yo jamás ceno por mi cuenta en el Savoy. Ceno siempre en el Willi's, que es mucho más caro. No debo ni un solo penique en el Savoy. Grisby: El auto debía haberle llegado personalmente a usted a Albany, el 27 de mayo. El juicio se efectuó, en su ausencia, el cinco de junio. Desde entonces le he escrito a usted no menos de quince veces, sin obtener respuesta. En interés de mis clientes no va a quedarme pues otra opción que conseguir una orden de arresto contra su persona. Algernon: ¡Arresto! ¿Qué quieres decir eso de arresto? No tengo la menor intención de irme a ninguna parte. Voy a quedarme aquí una semana. Aquí, con mi hermano. Si cree usted que estaba a punto de volver a la ciudad en el momento en que acabo de llegar, está extremadamente equivocado. Grisby: Yo soy llanamente un procurador. No acostumbro a usar violencia personal de ningún tipo. El oficial del juzgado, cuya misión es prender al deudor, aguarda fuera en un coche. Posee considerable experiencia en estos asuntos. Es la razón por la que le contratamos siempre. Pero no dudo de que preferirá usted pagar la cuenta. Algernon: ¿Pagar? ¿Por qué diablos tendría que hacerlo? ¿No se supondrá que llevo dinero' Sería usted muy tonto. Un caballero jamás lleva dinero encima. Grisby: Me dice la experiencia que siempre hay parientes que pagan. Algernon: Jack, es verdad, deberías saldar esa cuenta. Jack: Tenga la amabilidad de permitirme ver el detalle de los gastos, Mr. Grisby... ... 762 libras, 14 chelines... desde el pasado octubre. Me siento obligado a decir que jamás había visto tan temeraria extravagancia en mi vida. (Le alcanza el papel al Dr. Chasuble.) Miss Prism: ¡762 libras por comer! Algo de bueno debe haber en un joven que come tanto y tan a menudo. Chasuble: Estamos ciertamente lejos del sencillo plan de vida de Wordsworth para una inteligencia de altura. Jack: Ahora, Dr. Chasuble, considere usted si estoy llamado, de alguna manera, a pagar la monstruosa cuenta de mi hermano. Chasuble: Creo que mi deber es decirle que no. Eso sería como alentar su libertinaje. Miss Prism: Cada cual recoge lo que siembra. Posiblemente la excarcelación le será más provechosa. Lástima que sean sólo veinte días. Jack: Estoy totalmente de acuerdo. Algernon: ¡Querido amigo, pero qué ridículo eres! Sabes perfectamente bien que esa cuenta es solamente tuya. Jack: ¿Mía? Algernon: Sí, lo sabes muy bien. Chasuble: Mr. Worthing, una chanza así está completamente fuera de lugar. Miss Prism: Es un auténtico descaro. Exactamente lo que cabía esperar de él. Cecilia: Y una ingratitud. No me lo esperaba. Jack: Nunca piensa lo que dice. Así le va. Quieres decir, ahora, que no eres Ernesto Worthing, residente en Albany. Me maravilla, según andamos, que no niegues en este momento que eres mi hermano. ¿Por qué no lo haces? Algernon: Oh, yo no haría eso, mi querido amigo. Sería absurdo. Por supuesto que soy tu hermano, así es que deberías pagar mi cuenta. Jack: Me gustaría decirte lo absolutamente cándido que eres si piensas que tengo la menor intención de hacer algo parecido. El Dr. Chasuble, muy digno rector de esta parroquia, y Miss Prism, en cuyo admirable y advertido juicio tengo gran confianza, son ambos de la opinión de que el encarcelamiento sería muy conveniente para ti. Y yo creo lo mismo. Grisby: (Mirando el reloj que ha sacado del bolsillo.) Siento estropear una reunión familiar tan encantadora, pero el tiempo apremia. Tenemos que estar en Holloway no más tarde de las cuatro. De otro modo es difícil conseguir el ingreso inmediato. Las normas son muy estrictas. Algernon: ¡Holloway! Grisby: Los arrestos de este tipo siempre van a Holloway. Algernon: Bueno, realmente no necesito que me encarcelen en un barrio extrarradial para ir a merendar a las afueras. Grisby: La cuenta no es por meriendas sino por cenas. Algernon: Me da igual. Todo lo que tengo que decir es que no voy a ir a la cárcel en un barrio bajo. Grisby: Debo admitir que los alrededores son muy de clase media. Pero la cárcel misma está muy de moda y bien ventilada; y existen generosas oportunidades para hacer ejercicio a ciertas horas convenidas del día. Previo certificado médico, que siempre es fácil obtener, se pueden incluso ampliar tales horas. Algernon: ¡Ejercicio! ¡Santo Dios! Ningún caballero hace ejercicio. Me parece que usted no sabe lo que es un caballero. Grisby: He tratado a tantos, señor, que en efecto temo no saberlo. Es un género muy variable. Resultado del cultivo, indudablemente. Y ahora, señor, si es tan amable de venir conmigo, y no tienen inconveniente. Algernon: ¡Jack! Miss Prism: Le ruego que sea firme, Mr. Worthing. Chasuble: En una ocasión como ésta, cualquier debilidad estaría fuera de lugar. Sería una manera de autodecepción. Jack: Seré absolutamente firme. Desconozco lo que sean la debilidad o la decepción de cualquier tipo. Cecilia: ¡Tío Jack! Tú tienes algún dinero mío, ¿no? Déjame que pague yo esa cuenta. No me gusta que un hermano tuyo vaya a prisión. Jack: Pero, Cecilia, tú no puedes pagar, sería absurdo. Cecilia: Entonces, ¿quieres hacerlo tú? Creo que lamentarías si permitieses que encerraran a tu hermano. Y naturalmente estoy en completo desacuerdo con él. Jack: ¿Hablarías con el otra vez, Cecilia? ¿Lo harías? Cecilia: Desde luego que no, al menos, por supuesto, que me hablase primero él. Sería muy maleducado no responderle. Jack: Bien, me cuidaré de que no hable contigo. Cuidaré de que no vuelva a hablar con nadie en esta casa. Hay que frenar a este hombre. Mr. Grisby... Grisby: ¿Sí? Jack: Pagaré la cuenta de mi hermano. Es la última cuenta suya que pago. ¿Cuánto es? Grisby: 762 libras y 14 chelines. El coche supone un extra de 9 peniques, ya que ha sido contratado para mayor comodidad del cliente. Jack: De acuerdo. Miss Prism: Debo decir que tanta generosidad es, en mi opinión, una locura. Chasuble: (Haciendo ondular su mano.) El corazón posee cierta sabiduría, Miss Prism, tan efectiva como la de la cabeza. Jack: El cheque a nombre de Parker y Grisby, supongo. Grisby: Sí, señor. Y tenga la amabilidad de cruzarlo. Gracias. (Al Dr. Chasuble) Buenos días. (El Dr. Chasuble se inclina fríamente.) (A Algernon) Espero tener el placer de volver a verle. Algernon: Yo sinceramente espero que no. Tiene usted extrañas ideas sobre la clase de sociedad con la que un caballero debe mezclarse. Y ningún caballero desea conocer a un procurador que quiere llevarlo a una prisión en el extrarradio. Grisby: Así es, así es. Algernon: Por cierto, Grisby, usted no volverá a la estación en coche. Porque es mi coche. Se alquiló para mi comodidad. Deberá volver a la estación andando. Se alquiló para mi comodidad. Deberá volver a la estación andando. Lo que, además, le vendrá muy bien. Los abogados no andan lo suficiente. No conozco a un solo abogado que haga el suficiente ejercicio. Por regla general se pasan el cía sentados en atiborradas oficinas descuidando sus negocios. Jack: Puede usted utilizar el coche, Mr. Grisby. Grisby: Gracias, señor. (Sale Grisby.) Cecilia: Estamos teniendo un día muy sofocante, ¿no es verdad, Dr. Chasuble? Chasuble: Hay truenos en el aire. Miss Prism: La atmósfera quiere aclararse. Chasuble: ¿Leyó el Times esta mañana, Mr. Worthing? Hay un artículo muy interesante sobre el crecimiento del sentimiento religioso entre los seglares. Jack: lo leeré después de cenar. (Entra Merriman.) Merriman: La comida está servida, señor. Algernon: Una excelente noticia. Estoy tremendamente hambriento. Cecilia: (Interponiéndose) Pero ya has comido. Jack: ¿Ya? Cecilia: Sí, tío Jack. Ha tomado unos sándwiches de paté de foie y una botellita de ese champán que te recomendó el médico. Jack: ¡Mi champán del 89! Cecilia: Sí, pensé que tendría los mismos gustos que tú. Jack: ¡Bien! Pues si ha comido una vez no debe esperar hacerlo dos. Sería absurdo. Miss Prism: Participar en dos comidas el mismo día no es libertad, sino libertinaje. Chasuble: (Incluso los filósofos paganos condenan el exceso en la comida. Aristóteles habla con severidad de ello. Le aplica los mismos términos que a la usura. Jack: Doctor, ¿le importaría acompañar a las damas a comer? Chasuble: Encantado. (Va hacia la casa con Miss Prism y Cecilia.) Jack: Tu bunburysmo no ha tenido gran éxito después de todo, Algy. No creo que sea buen día para bunburyzar, ni para mí mismo. Algernon: El bunburysmo tiene, como cualquier otra cosa, sus altas y bajas. Me gustaría que me permitieras comer algo. Pero lo principal es que he visto a Cecilia y que me parece deliciosa. Jack: No debes hablar así de Miss Cardew. No me gusta. Algernon: Bueno, y a mí no me gusta tu ropa. Te queda ridícula. ¿Por qué no subes a cambiarte? Resulta una niñería absoluta ir de luto riguroso por un hombre que va a pasar contigo una semana en tu casa, como invitado. Se podría llamar grotesco. Jack: Ten por seguro que no vas a pasar una semana en mi casa, ni como invitado ni como nada. Deberías tomar el tren de las cuatro y cinco. Algernon: Ten por seguro que no te dejaré mientras estés de luto. Un amigo no lo haría. Si yo estuviera de luto, imagino que te quedarías conmigo. De no hacerlo, serías muy poco cariñoso. Jack: Y si me cambio de traje, ¿te irás? Algernon: Sí, pero no si tardas. Nunca he visto a nadie que tarde tanto en vestirse con tan pobre resultado. Jack: En cualquier caso, es mejor que ir tan afectado como tú. Algernon: Si ocasionalmente soy algo afectado, lo compenso siendo siempre muy educado. Jack: Tu vanidad es ridícula, tu conducta un ultraje y tu presencia en mi jardín, completamente absurda. En cualquier caso, tendrás que tomar el tren de las cuatro y cinco, y espero que tengas un agradable viaje de regreso a Londres. El bunburysmo, como lo llamas, no ha sido un éxito para ti. (Entra en la casa.) Algernon: Yo creo que ha sido un gran éxito. Estoy enamorado de Cecilia y eso es todo. Muy bien, pero no se puede ser Bunbury cuando se tiene hambre. Pienso que en la comida nos vamos a juntar. (Va hacia la puerta. Entra Cecilia.) Cecilia: He prometido al tío Jack que no volvería a hablar contigo, a no ser que tú me preguntaras algo. No puedo comprender por qué no me preguntas algo, sea lo que sea. Temo que no seas tan absolutamente intelectual como pensaba. Algernon: Cecilia, ¿me está permitido ir a comer? Cecilia: Me maravilla que aún puedas mirarme a la cara, después de lo que ha ocurrido. Algernon: Me encanta mirarte a la cara. Cecilia: Pero, ¿cómo pudiste intentar colocar tu horrible cuenta al pobre tío Jack? Es algo inexcusable. Algernon: Sé que lo es; pero el hecho es que tengo una memoria miserable. Había olvidado por entero que debía 762 libras y 14 chelines en el Savoy. Cecilia: Bien, reconozco que me alegra oír que tienes mala memoria. La buena memoria no es la cualidad que las mujeres más admiran en los hombres. Algernon: Cecilia, estoy terroríficamente hambriento. Cecilia: No puedo entender que tengas tanta hambre, considerando todo lo que has comido desde el pasado octubre. Algernon: Oh, todas esas cenas eran para el pobre Bunbury. La cena era lo único que el doctor le permitía comer. Cecilia: Bueno, no me extraña que ese Mr. Bunbury esté siempre enfermo, si se come la cena de seis o siete personas cada noche de la semana. Algernon: Eso es lo que siempre le digo. Pero parece creer que sus médicos saben más. es absolutamente tonto en lo que concierne a los médicos. Cecilia: Desde luego no me parece justo que mueras de hambre, así que diré al mayordomo que te traiga algo de comer. Algernon: Cecilia, eses un ángel. ¿Podré verte otra vez antes de irme? Cecilia: Miss Prism y yo estaremos aquí después de la comida. Siempre damos la lección de la tarde ahí, a la sombra del tejo. Algernon: ¿Y no podrías inventar algo para alejar a Miss Prism? Cecilia: ¿Me pides que invente una mentira? Algernon: Oh, una mentira no, claro está. Simplemente algo que no es del todo verdad, pero podría serlo. Cecilia: Temo no poder hacerlo. No sabría cómo. La gente no se preocupa jamás de cultivar la imaginación de las chicas jóvenes. Es el mayor defecto de la educación moderna. Aunque, cabe decir que el querido Dr. Chasuble está esperando en algún lugar para ver a Miss Prism. Ella, sin duda, irá a su encuentro, pues no le gusta nada hacerlo esperar. Algernon: ¡Magnífica sugerencia! Cecilia: Yo no sugiero nada, primo Ernesto. Nada me induciría a decepcionar a Miss Prism ni en el menor detalle. Sólo he querido señalar que si se adopta cierta línea de conducta, se sigue de ahí cierto resultado. Algernon: Por supuesto. Te pido perdón, prima Cecilia. Estaré pues aquí hasta las tres y media. Tengo algo muy serio que decirte. Cecilia: ¿Serio? Algernon: Sí, muy serio. Cecilia: En tal caso es mejor que nos encontremos dentro de la casa. No me gusta hablar de cosas serias al aire libre. Parece muy artificial. Algernon: Entonces, ¿dónde nos vemos? (Entra Jack.) Jack: El coche está en la puerta. Debes irte. Tu lugar está junto a Bunbury. (Mira a Cecilia.) ¡Cecilia! ¿No crees, querida, que harías mejor volviendo con Miss Prism y el Dr. Chasuble? Cecilia: Sí, tío Jack. Adiós, primo Ernesto. Temo que ya no te veré, tengo que tomar mis lecciones con Miss Prism en el salón a las tres y media. Algernon: Adiós, prima Cecilia. Has sido muy amable conmigo. (Sale Cecilia.) Jack: Ahora, Algy, mírame. Tienes que irte. Y cuanto antes lo hagas, mejor. Bunbury está terriblemente enfermo, y tú lugar está a su lado. Algernon: No puedo irme en este momento. Tengo que comer antes mi segunda comida. Y te complacerá oír que Bunbury está mucho mejor. Jack: Bien, de cualquier modo tienes que irte a las tres y cincuenta. He ordenado que preparen tu equipaje y el coche volverá en cuanto dé una vuelta. '''Fin del segundo acto.''' [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] 52ssxc61t0me4lj557cf17xgztkj88u La importancia de llamarse Ernesto/III - I 0 48653 1665563 1634566 2026-06-21T01:09:36Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665563 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/II - III|Acto II: Tercera parte]] |sección=Acto III: Primera parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/III - II|Acto III: Segunda parte]]}} <div style='text-align:justify'> Jardín en Manor House (Wolton). Unos límpidos escalones de piedra gris llevan a la casa. El jardín, a la antigua, está lleno de rosas. Es el mes de julio. Sillas de mimbre y una mesa con libros encima, bajo un ancho tejo. Miss Prism aparece sentada a la mesa. Detrás, Cecilia riega las flores. Miss Prism: (Llamando) ¡Cecilia, Cecilia! ¿No le parece que una ocupación tan útil como regar flores es más propia de Moulton que de usted? En especial cuando le aguardan otros placeres intelectuales. El libro de gramática de alemán está sobre la mesa. Me gustaría que lo abriese por la página quince. Repetiremos la lección de ayer. Cecilia: ¡Vaya! Sería mucho mejor que Moulton recibiera la lección de alemán. ¡Moulton! Moulton: (Mirando desde detrás de un seto, con una mueca extraña en la cara.) ¿Sí, Miss Cecilia? Cecilia: ¿No te gustaría aprender alemán, Moulton? Es la lengua que hablan los que viven en Alemania. Moulton: (Meneando la cabeza) No me siento cómodo con las lenguas ajenas, señorita. (Se inclina hacia Miss Prism.) Espero que no se ofenda, señora. (Desaparece tras el seto.) Miss Prism: No ha debido decir eso, Cecilia. Le ruego que abra inmediatamente su Schiller. Cecilia: (Se acerca lentamente.) Pero es que no me gusta el alemán. No es una lengua que me siente bien. Se perfectamente que parezco más fea tras mi lección de alemán. Miss Prism: Hijita, usted bien sabe cuánto anhela su tutor que adelante en todos los campos. Ayer, antes de irse a la ciudad, volvió a insistir particularmente sobre el alemán. Cecilia: ¡Es tan serio el querido tío Jack! Tanto que a veces pienso que no puede estar muy bien de salud. Miss Prism: (muy estirada) Su tutor goza de óptima salud, y la gravedad de su porte es tanto más encomiable si se tiene en cuenta lo joven que es. No conozco a nadie que tenga tan elevado sentido del deber y la responsabilidad. Cecilia: Supongo que ésa será la causa de que parezca algo aburrido cuando estamos los tres juntos. Miss Prism: ¡Cecilia! Me sorprende. Mr. Worthing tiene muchos problemas en la vida. La fácil alegría o la trivialidad están fuera de lugar en esta conversación. Debería recordar su constante inquietud a causa de ese joven y desafortunado hermano. Cecilia: Me gustaría que el tío Jack diese permiso para que ese desafortunado joven viniese alguna vez por aquí. Podríamos tener cierta buena influencia en él, Miss Prism. Usted desde luego la tendría. Usted sabe alemán y geografía y otras cosas que influyen enormemente en los hombres. (Cecilia empieza a escribir en su diario.) Miss Prism: (Moviendo la cabeza.) No creo que yo pudiese producir el menor efecto en un carácter que, según su propio hermano admite, es irremediablemente vacilante y débil. Además tampoco estoy segura de que quisiese yo reformarle. Estoy en contra de esa moderna manía de volver buenas a las personas malas en un abrir y cerrar de ojos. Que cada cual coseche lo que sembró. Cecilia: Pero algunos hombres no siembran, Miss Prism... Y aunque lo hagan, no sé por qué habría que castigárseles por ello. Hay demasiados castigos en el mundo. El alemán es un castigo, naturalmente. Y usted misma me dijo que Alemania está superpoblada. Parece que hay demasiado alemán... Miss Prism: Lo que no es razón para que se dedique usted a escribir su diario en lugar de traducir "Guillermo Tell". Deje un ratito el diario, Cecilia. En realidad no entiendo para qué lleva usted uno. Cecilia: Lo llevo para apuntar en él todos los maravillosos secretos de mi vida. Si no los anotase enseguida, seguro que los olvidaría al momento. Miss Prism: La memoria, mi querida Cecilia, es el diario que cada uno lleva consigo. Cecilia: Sí, pero habitualmente registra sólo lo que nunca ha ocurrido y nunca podrá ocurrir. Creo que la memoria es la responsable de todas las novelas de tres tomos que pueblan las bibliotecas. Miss Prism: No hable despectivamente de las novelas de tres tomos, Cecilia. Yo misma escribí una cuando era joven. Cecilia: ¿Lo dice de veras, Miss Prism? ¡Qué maravillosamente inteligente es usted! Espero que no tuviera un final feliz... No me gustan las novelas con final feliz. Me deprimen mucho. Miss Prism: Los buenos acaban bien y los malos mal. Eso es lo que la ficción propone. Cecilia: Lo suponía. Pero no parece muy bonito. ¿Su novela se llegó a publicar? Miss Prism: ¡Ay, no! Desdichadamente abandoné el manuscrito. (Cecilia se estremece.) Y utilizo el término en el sentido de perdido o extraviado. Pero, querida, todas estas consideraciones carecen de provecho para su trabajo. Cecilia: (Sonríe) Me parece que el doctor Chasuble viene por el jardín. Miss Prism: (Se levanta y va a su encuentro.) ¡Doctor Chasuble! ¡Qué grato placer! (Entra el canónigo Chasuble.) Chasuble: ¿Qué tal estamos esta mañana? Espero que bien, ¿no, Miss Prism? Cecilia: Hace un momento, Miss Prism se quejaba de un molesto dolor de cabeza. Creo que le sentaría muy bien dar un paseíllo por el parque, doctor Chasuble. Miss Prism: Cecilia, yo no he dicho nada sobre ningún dolor de cabeza. Cecilia: No, querida Miss Prism, ya sé que no. Pero, instintivamente, he notado un dolor de cabeza. Estaba pensando en eso y no en mi lección de alemán, cuando ha llegado el rector. Chasuble: Espero, Cecilia, que no estuvieras distraída. Cecilia: Pues me temo que sí. Chasuble: Es extraño. Si yo tuviera la suerte de ser alumno de Miss Prism, estaría pendiente de sus labios. (A Miss Prism le brillan los ojos.) Hablo metafóricamente, claro. Es una metáfora tomada de las abejas. Bueno, supongo que Mr. Worthing no habrá regresado aún de la ciudad... Miss Prism: No lo esperamos hasta el lunes por la tarde. Chasuble: Ah, sí, ya sé que le gusta pasar el domingo en Londres. No es de los que sólo piensan en divertirse, como parece que ocurre con su desdichado hermano. Pero no debo distraer más a Egeria y a su discípula. Miss Prism: ¿Egeria? Me llamo Leticia, doctor. Chasuble: (Se inclina.) Se trata de una simple alusión clásica, tomada de los autores paganos. Las veré a las dos en Vísperas, ¿verdad? Miss Prism: Me parece, querido doctor, que daré un paseíllo con usted. Después de todo, creo que sí me duele un poco la cabeza y creo que caminar me sentará bien. Chasuble: Encantado, Miss Prism, encantado. Podemos llegar hasta las escuelas y volver. Miss Prism: Será delicioso. Cecilia, en mi ausencia, repase economía política. Puede omitir el capítulo sobre la caída de la rupia. Es demasiado sensacionalista para una jovencita. Hasta estos problemas tan metálicos tienen un aspecto melodramático. Chasuble: ¿Estudia economía política, Cecilia? Es muy hermoso lo educadas que son las chicas de nuestros días. Supongo que lo sabrá usted todo sobre las relaciones entre trabajo y capital, ¿no es cierto? Cecilia: Me temo que no. Lo que conozco bien son las relaciones entre ocio y capital. Y sólo de vista. Por lo que supongo que no son verdad. Miss Prism: ¡Cecilia! Eso que dice suena a socialismo. Y creo que ignora usted adónde lleva el socialismo... Cecilia: ¡Claro! Lleva al traje cómodo, Miss Prism. E imagino que cuando las mujeres vistan con racionalidad también serán tratadas racionalmente. Al menos, así debería ser. Chasuble: ¡Un corderito muy testarudo, nuestra querida niña! Miss Prism: (Sonríe.) En ocasiones un serio problema. Chasuble: Le envidio ese tipo de dificultades. (Miss Prism y Chasuble se van hacia el jardín.) Cecilia: (Aparta los libros que están sobre la mesa.) ¡Horrible Economía política! ¡Horrible economía política! ¡Horrible geografía! ¡Y el alemán, lo más horrible de lo horrible! (Entra Merriman con una tarjeta sobre la bandeja.) Merriman: Mr. Ernesto Worthing acaba de llegar desde la estación de coche. Ha traído su equipaje con él. Cecilia: (Toma la tarjeta y la lee.) "Mr. Ernesto Worthing. B.4. Albany" ¡El hermano del tío Jack! ¿Le ha dicho que Mr. Worthing está en Londres? Merriman: Sí, señorita. Y no ha parecido gustarle. Le he dicho que Miss Prism y usted estaban en el jardín. Me ha comentado que está ansioso por hablar con usted un momento, a solas. Cecilia: (Para sí) No creo que Miss Prism quiera dejarme con él a solas. En ese caso, será mejor que lo vea ahora mismo, antes de que regresen. (A Merriman) Diga a Mr. Ernesto Worthing que sea tan amable de venir. Y supongo que no estaría de más que avise a la gobernanta para que le disponga un cuarto. Merriman: He hecho llevar su equipaje encima del salón Azul, señorita. Junto a la habitación del señor Worthing. Cecilia: Bien, sí. Perfecto. (Merriman se va.) Nunca hasta ahora me había encontrado con alguien realmente malvado. Me siento algo asustada. Pero mucho me temo que se parezca a todos los demás. (Entra Algernon, muy alegre y desenvuelto.) ¡Y se parece! Algernon: (Se quita el sombrero.) Tú eres mi pequeña prima Cecilia, seguramente... Cecilia: Está usted en un raro error. No soy pequeña. Creo que incluso soy más alta de lo que es normal para mi edad. (Algernon queda algo desconcertado.) Pero soy tu prima Cecilia. Tú, según he visto en tu tarjeta, eres el hermano de mi tío Jack, mi primo Ernesto, mi malvado primo Ernesto. Algernon: ¡Vaya! En verdad no soy ningún malvado, prima Cecilia. En serio, no debes creer que soy malvado. Cecilia: Pues si no lo eres has estado engañándonos a todos de una manera imperdonable. Has hecho creer al tío Jack que eras malo. Espero que no hallas llevado una doble vida, pretendiendo ser perverso cuando, en realidad, siempre has sido bueno. Eso sería hipocresía. Algernon: (La mira con asombro.) ¡Bueno! Algo atolondrado sí que he sido. Cecilia: Me alegra oírlo. Algernon: En fin, ya que has sacado el tema, diré que he sido todo lo malo que he podido, en mi modesto estilo. Cecilia: No creo que debas enorgullecerte por ello. Aunque supongo que ha debido de ser muy divertido. Algernon: Mucho más divertido es estar aquí, contigo. Cecilia: Lo que no puedo entender es que estés aquí. El tío Jack te envió ayer un telegrama, a Albany, diciendo que deseaba verte a las seis, por última vez. Siempre me deja leer los telegramas que envía. Algunos me los sé de memoria. Algernon: La verdad es que entregaron el telegrama tarde. No me pude encontrar con él en el Club, y el conserje me dijo que Jack había venido aquí. Así es que, naturalmente, he venido detrás al saber que quería verme. Cecilia: No volverá hasta el lunes por la tarde. Algernon: Es una gran contrariedad, pues tengo que coger el primer tren, el lunes por la mañana, obligadamente. Tengo una cita de negocios a la que estoy deseando... faltar. Cecilia: ¿Y no puedes faltar más que yéndote a Londres? Algernon: No, la cita es en Londres. Cecilia: Bueno, ya sé lo importante que es faltar a una cita de negocios, si se pretende mantener cierto sentido de la belleza de la vida, pese a lo cual, creo que harías mejor en esperar al tío Jack, sé que quiere que habléis de tu emigración. Algernon: ¿De mi qué...? Cecilia: De tu emigración. Ha ido a comprarte el equipo. Algernon: Jamás permitiré que Jack me compre ningún equipo. Carece de gusto para las corbatas. Cecilia: No creo que vayas a necesitar corbatas. El tío Jack piensa enviarte a Australia. Algernon: ¡Australia! Antes muerto. Cecilia: El miércoles, mientras cenábamos, dijo que tendrías que elegir entre este mundo, el otro mundo y Australia. Algernon: ¡Ah, bueno! Los informes que he recibido de Australia y del otro mundo no son especialmente estimulantes. Este mundo es lo suficientemente bueno para mí, prima Cecilia. Cecilia: Pero, ¿eres tú lo suficientemente bueno para él? Algernon: Me temo que no. Y ése es el motivo por el que quiero que me reformes. Podrías hacer de ello tu misión... Cecilia: ¿Intentas sugerir que tengo que tener una misión? Algernon: Perdóname, pero pienso que en nuestros días cada mujer tiene algún tipo de misión. Cecilia: La tendrá la hembra, no la mujer. Además, no tengo tiempo para reformarte esta tarde. Algernon: Bien, ¿y podría yo reformarme a mí mismo esta tarde? Cecilia: Es un intento quijotesco, pero puedes intentarlo. Algernon: Lo intentaré. Ya me siento mejor. Cecilia: Pues aparentas estar peor. Algernon: Es porque tengo hambre. Cecilia: ¡Qué boba soy! Debía haber tenido en cuenta que cuando se va a iniciar una vida totalmente nueva se necesitan comidas sanas y regulares. Miss Prism y yo íbamos a comer solas un poco de cordero asado. Algernon: Temo que sea demasiado bueno para mí. Cecilia: Al tío Jack, cuya salud ha quedado seriamente minada tras tus últimas horas en la ciudad, su médico de Londres le ha aconsejado tomar doce sándwiches de paté de foie y champán de 1889. No sé si te apetecerá una comida tan pobre. Algernon: ¡Oh! Me sentiré feliz con ese champán del 89. Cecilia: Me alegra saber que tienes unos gustos tan sencillos. Vamos al comedor. Algernon: Gracias. ¿Podría ponerme antes una flor en el ojal? Nunca tengo apetito si no me he puesto antes una flor en el ojal. Cecilia: ¿Una mariscal niel? (Coge las tijeras.) Algernon: No, prefiero una rosa pálida. Cecilia: ¿Por qué? (Corta la flor.) Algernon: Porque, prima Cecilia, tú pareces una rosa pálida. Cecilia: No creo que sea correcto que me digas eso. Miss Prism nunca dice esas cosas. Algernon: Eso es porque Miss Prism es una vieja señora miope. (Cecilia le pone la rosa en el ojal.) Eres la chica más bonita que he visto en mi vida. Cecilia: Dice Miss Prism que toda belleza es un lazo. Algernon: Un lazo en el que todo hombre sensato querría verse atrapado. Cecilia: No creo que me gustase atrapar a ningún hombre sensato. No sabría de qué hablar con él. (Entran en la casa.) [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] a7ackk3b8h5dt5dkbzbfw9l9przewrv La importancia de llamarse Ernesto/III - II 0 48654 1665557 1634567 2026-06-21T01:09:27Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665557 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/III - I|Acto III: Primera parte]] |sección=Acto III: Segunda parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/III - III|Acto III: Tercera parte]]}} <div style='text-align:justify'> (Entra Merriman.) Merriman: Miss Fairfax. (Entra Gwendolen. Sale Merriman.) Cecilia: (Se acerca a recibirla.) Permítame que me presente. Me llamo Cecilia Cardew. Gwendolen: ¿Cecilia Cardew? (Avanza hacia ella y le estrecha la mano.) ¡Qué nombre tan delicioso! Algo me dice que seremos grandes amigas. Me gusta más de lo que puedo decir. Mi primera impresión de las personas siempre acierta. Cecilia: Es muy amable tanto afecto, si pensamos que prácticamente nos acabamos de conocer. Por favor, siéntese. Gwendolen: (Se queda de pie.) ¿Puedo llamarte Cecilia? Cecilia: Encantada. Gwendolen: Puedes llamarme Gwendolen, si quieres. Cecilia: Desde luego. Gwendolen: Entonces, todo conforme. ¿No es así? Cecilia: Eso espero. (Pausa. Se sientan las dos al mismo tiempo.) Gwendolen: Quizás sea el momento de decirte quién soy. Mi padre es Lord Bracknell. Supongo que no has oído hablar de él. Cecilia: Creo que no. Gwendolen: Me alegra decir que, fuera del círculo familiar, mi padre es enteramente desconocido. Creo que así es como debe ser. El hogar me parece el círculo ideal para el hombre. Y ciertamente en cuanto el hombre empieza a abandonar sus deberes domésticos se vuelve dolorosamente afeminado, ¿no crees? Y eso no me gusta. Hace a los hombres demasiado atractivos. Cecilia, mi madre, cuyos puntos de vista sobre la educación son tremendamente estrictos, me ha enseñado a ser extremadamente miope, como parte de su sistema. ¿No te molestará que te mire con lentes, verdad? Cecilia: En absoluto, Gwendolen. Me gusta mucho que me miren. Gwendolen: (Después de examinarla cuidadosamente con sus impertinentes.) Supongo que estás aquí de visita. Cecilia: ¡Oh, no! Vivo aquí. Gwendolen: (Severamente) ¿De veras? ¿Pero vivirás con tu madre o con alguna señora mayor? Cecilia: ¡Oh, no! No tengo madre ni ningún otro pariente. Gwendolen: ¿En serio? Cecilia: Mi querido tutor, con la ayuda de Miss Prism, tiene la ardua tarea de velar por mí. Gwendolen: ¿Tu tutor? Cecilia: Sí, soy la pupila de Mr. Worthing. Gwendolen: ¡Ah! Es raro que nunca me haya dicho que tenía una pupila. ¡Es tan reservado! Cada hora que pasa se hace más interesante. Pese a ello, no estoy segura de que esta noticia me inspire sentimientos puramente gratos. (Se levanta y va hacia ella.) Te aprecio de veras, Cecilia. ¡Me gustaste en cuanto te vi! Pero debo decirte que ahora que sé que eres la pupila de Mr. Worthing, no puedo dejar de desear que fueses, bueno, un poco más mayor de lo que aparentas y no tan atractiva. En fin, si puedo hablar francamente... Cecilia: ¡Te lo ruego! Creo que cuando se tiene que decir algo desagradable hay que ser siempre muy sincero. Gwendolen: Bien, pues sinceramente, Cecilia, me hubiera gustado que tuvieras cuarenta y dos años cumplidos y que fueras más fea de los que se suele ser a tu edad. Ernesto es de carácter recto y fuerte. Es la esencia de la verdad y del honor. La deslealtad le sería tan imposible como el desengaño. Pero incluso los hombres de tan noble carácter moral son en extremo susceptibles a la influencia de los encantos físicos ajenos. La historia moderna, igual que la antigua, nos suministra muchos ejemplos dolorosísimos de lo que digo. Es verdad que si no fuera así, la historia sería totalmente ilegible. Cecilia: Perdóname, Gwendolen. ¿Hablas de Ernesto? Gwendolen: Sí. Cecilia: Oh. Pero mi tutor no es Mr. Ernesto Worthing, sino su hermano mayor. Gwendolen: (Se vuelve a sentar.) Ernesto nunca me ha mencionado que tuviera un hermano. Cecilia: Lamento decirte que sus relaciones hace tiempo que sus relaciones no son buenas. Gwendolen: Ya. Así se explica. Y además, ahora que lo pienso, nunca he oído a ningún hombre mencionar a su hermano. El tema parece serle desagradable a la mayoría. Cecilia, me has quitado un peso de encima. Incluso poniéndome ansiosa. Habría sido terrible que hubiera aparecido una nube en el cielo de una amistad como la nuestra, ¿no crees? ¿Pero estás absolutamente segura de que tu tutor no es Mr. Ernesto Worthing? Cecilia: Absolutamente segura. (Pausa) De hecho, yo voy a ser su tutora. Gwendolen: (Interrogante) ¿Perdón? Cecilia: (Tímida y confidencialmente) Queridísima Gwendolen, no veo qué sentido tendría ocultártelo cuando, con toda seguridad, el periódico local hablará de ello la próxima semana. Mr. Ernesto Worthing y yo nos hemos prometido en matrimonio. Gwendolen: (Se pone de pie y se expresa con mucha cortesía.) Mi querida Cecilia, debe de haber un error. Mr. Ernesto Worthing es mi prometido. El anuncio saldrá en el Morning Post el sábado a más tardar. Cecilia: (Se pone de pie y se expresa con mucha cortesía.) Temo que estás equivocada. Ernesto se me declaró hace exactamente diez minutos. (Muestra el diario.) Gwendolen: (Examina cuidadosamente el diario con los impertinentes.) Es muy curioso, sí, pues a mí me pidió que fuera su esposa ayer por la tarde, a las 5,30. Te ruego que mires, si quieres verificar el asunto. (Saca su propio diario.) Jamás viajo sin mi diario. Hay que llevar siempre algo sensacional para leer en el tren. Siento mucho que esto te moleste, querida Cecilia, pero me temo que tengo prioridad. Cecilia: Querida Gwendolen, la posibilidad de causarte algún daño, tanto moral como físico, me dolería más de lo que puedo decir, pero creo que desde el momento en que Ernesto se te declaro ayer a hoy, evidentemente ha cambiado de opinión. Gwendolen: (Con aire meditador) Si el pobre muchacho se ha dejado atrapar en un compromiso alocado, consideraré mi deber liberarlo de inmediato y con mano firme. Cecilia: (Con aire pensativo y triste) Sea cual sea el desafortunado enredo en el que se haya podido meter mi querido muchacho, no se lo reprocharé hasta después del matrimonio. Gwendolen: ¿Se refiere usted a mí, Miss Cardew, con eso del enredo? Es usted muy presuntuosa. En ocasiones como ésta, decir lo que se piensa más que un deber moral es un auténtico placer. Cecilia: ¿Sugiere usted, Miss Fairfax, que yo he enredado a Ernesto en un compromiso? ¿Cómo se atreve? No es éste el momento de ponerse livianas máscaras de cortesía. Si veo una azada la llamo azada. Gwendolen: (Sarcástiscamente) Me alegra enormemente poder decir que nunca he visto una azada. Es evidente que hemos vivido en círculos sociales muy distintos. (Entre Merriman, seguido de un criado, con una bandeja, un mantel y una mesita baja. Cecilia está a punto de replicar, pero la presencia del servicio la retrae, y las dos jóvenes quedan molestas.) Merriman: ¿Sirvo aquí el té como siempre, señorita? Cecilia: (Seria, pero con voz tranquila) Sí, como siempre. (Merriman empieza a colocar la mesa y el mantel. Pausa larga. Cecilia y Gwendolen se observan airadas.) Gwendolen: ¿Hay excursiones interesantes que hacer en los alrededores, Miss Cardew? Cecilia: ¡Oh, sí! Muchísimas. Desde la cima de una de estas colinas llegan a verse cinco condados. Gwendolen: ¡Cinco condados! No creo que me gustase eso, detesto la multitud. Cecilia: (Dulcemente) Será porque vive en la ciudad, supongo. (Gwendolen se muerde el labio y se da golpecitos nerviosos con la sombrilla en el pie. ) Gwendolen: (Mira a su alrededor.) Este saloncito es absolutamente delicioso, Miss Cardew. Cecilia: Me alegro de que le guste, Miss Fairfax. Gwendolen: No tenía ni idea de que hubiese algo parecido al buen gusto en un distrito tan remoto de este condado. Es una sorpresa para mí. Cecilia: Me temo que juzga el campo por lo que ve desde la ciudad. Y creo que la mayoría de las casas de Londres son extremadamente vulgares. Gwendolen: Supongo que se deslumbra con la idea rural. Personalmente no puedo entender que a alguien le guste vivir en el campo. El campo siempre me ha aburrido a morir. Cecilia: ¡Ah! Eso debe de ser lo que los periódicos llaman depresión agrícola, ¿no? Creo que los aristócratas. hasta el día de hoy, la han sufrido mucho. Incluso he oído que llega a ser una auténtica epidemia entre ellos. ¿Puedo ofrecerle un té, Miss Fairfax? Gwendolen: (Con cortesía sobreactuada) Gracias. (Aparte) ¡Qué chica tan detestable! Pero me apetece el té. Cecilia: (Dulcemente) ¿Azúcar? Gwendolen: (Con altivez) No, gracias. El azúcar ya no está de moda. (Cecilia la mira molesta, coge las pinzas y echa cuatro terrones de azúcar en la taza.) Cecilia: (Severamente) ¿Tarta o pan y mantequilla? Gwendolen: (Con desdén) Pan y mantequilla, por favor. Hoy día, la tarta casi no se usa en las casas importantes. Cecilia: (Corta un pedazo de tarta y lo pone en el plato.) ¡Páseselo a Miss Fairfax! (Merriman lo hace y sale con el criado. Gwendolen prueba el té y hace una mueca. Deja la taza y alarga la mano hacia lo que cree pan con mantequilla y al darse cuenta de que es tarta se levanta indignada.) Gwendolen: Me ha llenado el té con terrones de azúcar y, aunque muy claramente le he pedido pan y mantequilla, me ha dado tarta. Soy conocida por mi carácter amable y mi extraordinaria dulzura natural, pero le advierto, Miss Cardew, que está usted yendo demasiado lejos. Cecilia: (Se levanta.) Por salvar a mi inocente, pobre y engañado chico de las maquinaciones de cualquier otra chica, iría aún mucho más lejos. Gwendolen: En cuanto la vi me pareció engañosa. Creo que es solapada y falsa. Y nunca me equivoco en esto. Mis primeras impresiones de la gente aciertan invariablemente. Cecilia: Me parece, Miss Fairfax, que estoy abusando de su inestimable tiempo. Estoy segura de que tendrá que efectuar muchas otras visitas de este tipo en la vecindad. [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] 6kp4qgrtkpnpx0s8bmto8zffqcfx037 La importancia de llamarse Ernesto/III - III 0 48655 1665559 1634568 2026-06-21T01:09:30Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665559 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/III - II|Acto III: Segunda parte]] |sección=Acto III: Tercera parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/IV - I|Acto IV: Primera parte]]}} <div style='text-align:justify'> (Entra Jack.) Gwendolen: ¡Ernesto! ¡Mi querido Ernesto! Jack: ¡Gwendolen! ¡Querida! (Le va a dar un beso.) Gwendolen: (Retrocede.) ¡Un momento! ¿Puedo preguntar si te has prometido en matrimonio con esta damisela? (Señala a Cecilia.) Jack: (Entre risas) ¿Con la pequeña y querida Cecilia? Por supuesto que no. ¿Quién ha podido meter esa idea en tu preciosa cabecita? Gwendolen: Gracias. Ahora sí puedes. (Ofrece la mejilla.) Cecilia: (Con mucha dulzura) Sabía que tenía que haber un error, Miss Fairfax. El caballero cuyo brazo está ahora rodeando su talle es mi tutor, Mr. John Worthing. Gwendolen: ¿Cómo? Cecilia: Es mi tío Jack. Gwendolen: (Retrocede.) ¡Jack! ¡Oh! (Entra Algernon.) Cecilia: Aquí está Ernesto. Algernon: (Va hacia Cecilia sin percatarse de nadie más.) Amor mío. (Intenta besarla.) Cecilia: (Da un paso atrás.) Un momento, Ernesto. ¿Puedo preguntar si te has prometido en matrimonio con esta damisela? Algernon: ¿Con qué damisela? (Mira a su alrededor.) ¡Cielo santo, Gwendolen! Cecilia: Sí, Gwendolen, cielo santo. A ella me refiero. Algernon: (Entre risas) ¡Desde luego que no! ¿Quién ha podido meter esa idea en tu preciosa cabecita? Cecilia: (Le ofrece la mejilla para que la bese.) Ahora puedes. (Algernon la bes.) Gwendolen: Sabía que tenía que haber un error, Miss Cardew. El caballero que la ha besado es mi primo, Mr. Algernon Moncrieff. Cecilia: (Se separa de Algernon.) ¡Algernon Moncrieff! ¡Oh! (Las dos muchachas se juntan y se cogen del talle, como buscando protección.) Cecilia: ¿Te llamas Algernon? Algernon: No puedo negarlo. Cecilia: ¡Oh! Gwendolen: ¿De verdad te llamas John? Jack: (Levanta la barbilla, casi con orgullo.) Podría negarlo si quisiera. Puedo negar lo que quiera. Pero ciertamente me llamo John. Me he llamado John desde hace ya algunos años. Cecilia: (A Gwendolen) Las dos hemos sufrido una decepción muy grande. Gwendolen: ¡Mi pobre y herida Cecilia! Cecilia: ¡Mi dulce y engañada Gwendolen! Gwendolen: (Lentamente y muy seria) ¿Querrás llamarme hermana? ¿Quieres? (Se abrazan. Jack y Algernon murmuran y van de un lado a otro.) Cecilia: (Con cierta viveza) Quisiera preguntarle algo a mi tutor. Gwendolen: ¡Estupenda idea! Mr. Worthing, hay una pregunta, justamente, que desearía me fuera permitido hacerle. ¿Dónde está su hermano Ernesto? Las dos nos hemos prometido en matrimonio con él, por lo que para nosotras es de cierta importancia saber dónde está en este momento. Jack:(Con vacilación) Gwendolen, Cecilia, para mí es muy doloroso verme obligado a decir la verdad. Es la primera vez en mi vida que me creo constreñido a tan dolorosa posición, y realmente soy un inexperto total en el asunto. Aun así, debo deciros con toda franqueza que no tengo ningún hermano Ernesto. No tengo ningún hermano. Nunca en mi vida he tenido un hermano y no tengo, por cierto, la más mínima intención de tenerlo en el futuro. Cecilia: (Sorprendida) ¿Ningún hermano? Jack: (Muy animado) ¡Ninguno! Gwendolen: (Severamente) ¿Nunca has tenido un hermano de ningún tipo? Jack: (Divertido) Nunca. Y de ningún tipo. Gwendolen: Me temo, Cecilia, que está muy claro que ninguna está prometida en matrimonio con nadie. Cecilia: Encontrarse repentinamente así no es una posición muy graciosa para una chica, ¿no? Gwendolen: Vamos al jardín. No creo que se atrevan a seguirnos. Cecilia: No, los son hombres son tan cobardes, ¿verdad? (Se van al jardín, mirándolos despectivamente.) Jack: En bonito lío me has metido. (Algernon se sienta junto a la mesa de té y se sirve un poco. Parece totalmente despreocupado.) ¿Por qué has tenido que venir aquí pretendiendo ser mi hermano? Eres un monstruo. Algernon:(Come una tostada) ¿Y por qué has tenido que pretender que tenías uno? Es verdaderamente desafortunado. (Come otra tostada.) Jack: Te dije que debías irte a las tres y cincuenta. Dispuse un coche para ti. ¿Por qué diablos no te has ido? Algernon: Aún no había tomado el té. Jack: Éste horrible estado de cosas debe ser lo que tu llamas bunburysmo, supongo. Algernon: Sí, es Bunbury maravilloso y perfecto. EL bunburysmo más maravilloso que he visto en mi vida. Jack: Pues no tienes ningún derecho a bunburyzar aquí. Algernon: Eso es absurdo. Cada cual tiene derecho a bunburyzar donde le dé la gana. Cualquier bunburysta serio lo sabe. Jack: ¡Bunburysta serio! ¡Dios mío! Algernon: Si uno quiere divertirse en la vida, tiene que ser serio en algo. Yo soy un bunburysta serio. En lo que tú seas serio, no tengo ni la más remota idea. Me imagino que serás serio en todo. Tienes un carácter absolutamente trivial. Jack: La única y pequeña satisfacción que tengo en todo éster terrible asunto es que tu amigo Bunbury esté a punto de irse al garete. Ya no podrás ir al campo tan a menudo como ibas, querido Algy. Y eso también me parece estupendo. Algernon: Tu hermano también se ha descolorido un poco, ¿no, Jack? Ya no podrás escaparte a Londres con tanta frecuencia como solías. Lo que tampoco me parece mal. Jack: En cuanto a tu conducta con Miss Cardew, debo decir que haber engañado a una muchacha tan dulce, inocente y sencilla es totalmente inexcusable. Sin mencionar el hecho de que se trata de mi pupila. Algernon: No veo ninguna justificación para que hayas engañado a una damita tan brillante, lista y experimentada como Miss Fairfax. Sin mencionar el hecho de que se trata de mi prima. Jack: Quiero comprometerme con Gwendolen, eso es todo. La amo. Algernon: Bueno, yo sinceramente quiero comprometerme con Cecilia. La adoro. Jack: No creo que haya posibilidad de que te cases con Miss Cardew. Algernon: Yo no creo, Jack, que sea muy verosímil que tú y Miss Fairfax lleguéis a casaros. Jack: Bueno, eso no es asunto tuyo. Algernon: Si lo fuera, no hablaría de ello. Es muy vulgar hablar de los asuntos propios. Sólo lo hacen gentes como los agentes de Bolsa, e incluso ellos sólo en sus cenas. Jack: ¿Cómo puedes estar sentado ahí, comiendo tostadas tranquilamente, cuando estás en un lío tan terrible. Creo, sinceramente, que no tienes corazón. Algernon: No puedo comer tostadas agitadamente. Con toda probabilidad me mancharía los puños de mantequilla. Yo suelo comer mis tostadas sin prisa. Es el único modo de comerlas. Jack: Lo que digo es que el solo hecho de comer tostadas en circunstancias como éstas indica falta de corazón. Algernon: Cuando tengo algún problema, lo único que me tranquiliza es comer. Incluso cuando ese problema es serio, quienes me conocen íntimamente te lo pueden decir, desecho todo, salvo comer y beber. En este momento como tostadas, porque soy desdichado. Además, las tostadas me gustan especialmente. (Se levanta.) Jack: (Se levanta.) Bueno, pero no hay razón para que te las comas todas y tan ávidamente. (Le quita las tostadas.) Algernon: ¿Por qué no comes tarta? A mí no me gusta. Jack: ¡Santo Dios! ¡Un hombre tiene derecho a comerse sus tostadas en casa! Algernon: Pero si acabas de decir que quienes comen tostadas carecen de corazón... Jack: He dicho que tú carecías de corazón en estas circunstancias. Y eso es algo muy distinto. Algernon: Puede ser. (Le arrebata el plato.) Pero las tostadas son las mismas. Jack: Algy, se amable y vete. Algernon: No es posible que quieras que me vaya sin merendar. Es absurdo. Nunca salgo sin merendar. Nadie lo hace, salvo los vegetarianos y gente por el estilo. Además, he quedado con el Dr. Chasuble para que a las seis menos cuarto me bautice con el nombre Ernesto. Jack: Mi querido amigo, cuanto antes acabes con tanto absurdo, mejor. Esta mañana dispuse con el Dr. Chasuble que me bautizara a las cinco y media, con el nombre Ernesto. como es lógico. Deseo de Gwendolen. No es posible que los dos nos llamemos Ernesto. Es absurdo. Además, yo tengo perfecto derecho a que me bauticen a mi gusto, porque no hay evidencia que pruebe que he sido bautizado anteriormente. De hecho, estoy casi seguro de que nadie lo ha hecho, así que el Dr. Chasuble puede hacerlo. Tu caso es distinto. A ti ya te han bautizado. Algernon: Sí, pero hace muchos años. Jack: A mí no me han bautizado. Eso es lo importante. Algernon: Claro. Sólo yo sé que mi constitución lo puede aguantar. Si no estás absolutamente seguro de haber sido bautizado, debo decirte que es muy peligroso que te aventures a ello ahora. Podría no hacerte bien. No debes olvidar que alguien íntimamente relacionado a ti ha estado a punto de palmarla en París esta semana a causa de un fuerte resfriado. Jack: Ya. Pero tú mismo has dicho que eso no es hereditario ni nada parecido. Algernon: No suele serlo, es verdad... Pero me atrevo a decir que ahora sí. La ciencia hace progresos maravillosos en estos temas. Jack: Algy, ¿puedo preguntarte qué demonios te propones hacer? Algernon: Nada. Es lo que he estado intentando decirte durante los últimos diez minutos, y tú has hecho cuanto has podido para distraerme de mi propósito. Jack: Voy a ir al jardín a ver a Gwendolen. Estoy seguro de que me está esperando. Algernon: Yo sé por sus finísimas maneras que Cecilia me espera y por eso no debo salir al jardín. Cuando un hombre sabe exactamente lo que una mujer espera de él es que ella no piensa mucho en él. Uno siempre debe hacer lo que la mujer no espera, del mismo modo que debe siempre decir lo que ella no entienda. El resultado, invariablemente, es un perfecto entendimiento por ambas partes. Jack: ¡Vaya! Otro disparate. Siempre estás diciendo disparates. Algernon: Es mucho más inteligente decir disparates que escucharlos, mi querido amigo; y más peregrino pensarlos, a despecho de lo que la gente pueda decir. Jack: No te escucho ni quiero escucharte. Algernon: Oh, eso es sólo falsa modestia. Sabes perfectamente que puedes escucharme si lo intentas. Siempre te minusvaloras, algo absurdo en estos tiempos llenos de gente fatua. ¡Jack, otra vez estás comiendo tostadas! No deberías. Sólo quedan dos, (Muestra el plato.) y ya te he dicho cuánto me gustan las tostadas. Jack: Pero es que detesto la tarta. Algernon: Entonces, ¿por qué permites que sirvan tarta a tus invitados? ¡Menuda idea tienes de la hospitalidad! Jack: (Molesto) ¡Otra vez pierdes el rumbo! No estamos discutiendo sobre tartas. (Se acerca.) Algy, estás absolutamente loco. No puedes mantener el hilo de ninguna conversación. Algernon: No, me mareo. Jack: ¡Cielo santo! ¡Cuánta afectación! Aborrezco la afectación. Algernon: Mi querido amigo, si no te gusta la afectación, realmente no sé qué te gusta. Por lo demás, no es afectación. Seguir con el hilo de una charla me marea, y detesto los trastornos físicos de cualquier índole. Jack: (Lo mira con furia, da vueltas por la sala y finalmente se acerca a la mesa.) ¡Algy, te he dicho que te vayas! No quiero que estés aquí. ¿Por qué no te vas? Algernon: Aún no he terminado de tomar el té. Y todavía queda una tostada (Coge la última.) (Jack lanza un grito ahogado, se desploma en la silla y se tapa las manos con la cara.) '''Fin del tercer acto.''' [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] tbp2lsqchjf4fufxuv9gsr3i28mbpw5 La importancia de llamarse Ernesto/IV - I 0 48656 1665565 1634569 2026-06-21T01:09:39Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665565 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/III - III|Acto III: Tercera parte]] |sección=Acto IV: Primera parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto/IV - II|Acto IV: Segunda parte]]}} <div style='text-align:justify'> (Gwendolen y Cecilia entran por detrás.) Gwendolen: El hecho de que no nos hayan seguido de inmediato al jardín como hubiese hecho cualquier otro parece demostrar que aún les queda algún sentido de la vergüenza. Cecilia: Han estado comiendo tostadas. Eso significa arrepentimiento. Gwendolen: (Tras una pausa) Pero parece que no se dan cuenta de que estamos aquí. ¿Por qué no toses? Cecilia: Es que no tengo tos. Gwendolen: Nos están mirando. ¡Vaya descaro! Cecilia: Se acercan. Eso sí que es atrevido. Gwendolen: Guardemos un digno silencio. Cecilia: Por supuesto. Ahora mismo es lo único que podemos hacer. (Jack y Algernon se acercan silbando) Gwendolen: Creo que éste digno silencio está provocando un efecto deplorable. Cecilia: De lo más deplorable. Gwendolen: Pero no seremos las primeras en hablar. Cecilia: Desde luego que no. Gwendolen: Mr. Worthing, tengo algo muy particular que preguntarle. Dependen muchas cosas de su respuesta. Cecilia: Gwendolen tiene un invalorable sentido común. Mr. Moncrieff, tenga la bondad de contestarme esta pregunta: ¿Por qué pretendió ser el hermano de mi tutor? Algernon: Sólo para tener ocasión de verla. Cecilia: (A Gwendolen) Parece una explicación convincente, ¿no? Gwendolen: Si te la crees, querida, sí. Cecilia: No la creo. Pero eso no afecta a la maravillosa belleza de la respuesta. Gwendolen: Es cierto. En asuntos de trascendental importancia, el estilo, y no la sinceridad, es vital. Mr. Worthing, ¿qué explicación puede ofrecerme para haber pretendido tener un hermano? ¿Será algo como que deseaba un pretexto para ir a la ciudad y verme lo más a menudo posible? Jack: ¿Le cabe alguna duda, Miss Fairfax? Gwendolen: Tengo serias dudas sobre el tema. Pero intento destruirlas. No es momento para escepticismos alemanes. (Se acerca a Cecilia.) Sus explicaciones parecen totalmente satisfactorias, en especial la de Mr. Worthing. Diría que lleva el sello de la verdad. Cecilia: Yo estoy más que contenta con la que ha dicho Mr. Moncrieff. Su sola voz me inspira absoluta confianza. Gwendolen: ¿Crees entonces que debemos perdonarlos? Cecilia: Sí, lo creo. Gwendolen: Es verdad. Yo ya he perdonado. Pero existen principios que no se pueden abandonar. ¿Cuál de nosotras les habla? No es una tarea agradable. Cecilia: ¿Por qué no les hablamos las dos a la vez? Gwendolen: ¡Excelente idea! Yo hablo siempre a la vez que los demás. ¿Quieres que marque el ritmo? Cecilia: Por supuesto. (Gwendolen marca el ritmo levantando un dedo.) Gwendolen y Cecilia: (Hablando a la vez) Vuestros nombres de pila siguen siendo una infranqueable barrera. Eso es todo. Jack y Algernon: (Hablando a la vez) ¿Nuestros nombres? ¿Eso es todo? Vamos a bautizarnos esta tarde. Gwendolen: (A Jack) ¿Y estás dispuesto a hacer algo tan terrible por mí? Jack: Lo estoy. Gwendolen: ¡Qué absurdo es hablar de la igualdad de los sexos! En asuntos que atañen al autosacrificio, los hombres van infinitamente más lejos que nosotras. Jack: Vamos. (Choca las manos con Algernon.) Cecilia: Tienen momentos de arrojo físico que las mujeres desconocemos por completo. Gwendolen: (A Jack) Querido. Algernon:(A Cecilia) ¡Amor mío! (Caen unas en brazos de otros. Entra Merriman y al ver la situación tose enérgicamente.) Merriman: !Ejem! ¡Ejem! !Lady Bracknell! Jack: ¡Dios santo! (Entra Lady Bracknell. Las parejas se separan. Sale Merriman.) Lady Bracknell: ¡Gwendolen! ¿Qué significa esto? Gwendolen: Sencillamente que acabo de prometerme en matrimonio con Mr. Worthing, madre. Lady Bracknell: Ven aquí y siéntate. Siéntate de inmediato. La duda, del tipo que sea, es signo de decadencia mental entre los jóvenes y de debilidad física entre los viejos. (Se vuelve hacia Jack.) Enterada, señor, de la súbita escapada de mi hija por una doncella de confianza, cuyas confidencias he tenido que conseguir con unas moneditas, la he seguido en un tren de mercancias. Su desdichado padre, me alegra decirlo, cree que asiste a una conferencia, bastante más larga de lo habitual, organizada por la junta de extensión universitaria, sobre la influencia de una renta fija en el pensamiento. No quiero decepcionarle, nunca lo hecho y lo considero un error. Desde luego entenderá que mi cualquier comunicación entre mi hija y usted ha de cesar de inmediato. Sobre este punto, como sobre cualquier otro, soy inflexible. Jack: Me he comprometido a casarme con Gwendolen, Lady Bracknell. Lady Bracknell: Eso no importa, señor. Y ahora vayamos con Algernon. ¡Algernon! Algernon: ¿Sí, tía Augusta? Lady Bracknell: ¿Puedo preguntarte si ésta es la casa en la que reside tu enfermizo amigo Bunbury. Algernon: (Tartamudeando) ¡Oh! ¡No! Bunbury no vive aquí. Bunbury está ahora en no sé qué sitio. De hecho, Bunbury ha muerto. Lady Bracknell: ¿Muerto? ¿Cuándo murió Mr. Bunbury? Ha debido de ser una muerte extremadamente repentina. Algernon: (Como si tal cosa) ¡Oh! He matado a Bunbury esta tarde. Quiero decir, el pobre Bunbury ha muerto está tarde. Lady Bracknell: ¿Y de qué ha muerto? Algernon: ¿Bunbury? Oh, estalló por entero. Lady Bracknell: ¿Estalló? ¿Ha sido víctima de un atentado revolucionario? No sabía que Mr. Bunbury estaba interesado en la legislación social. Si era así, su morbo ha sido bien castigado. Algernon: Querida tía Augusta, quiero decir que lo encontraron fuera. Los doctores encontraron que Bunbury no podía vivir, y, por consiguiente, Bunbury ha muerto. Lady Bracknell: Parece que tuvo mucha confianza en la opinión de sus médicos. Aún así, me alegra que se haya decidido a seguir la prescripción facultativa. Bueno, y ahora que por fin nos hemos desembarazado de ese Mr. Bunbury, ¿puedo preguntarle, Mr. Worthing, quién es esa personita cuya mano mantiene tomada mi sobrino Algernon, en mí opinión, de manera tan peculiarmente innecesaria? Jack: Esa dama es Miss Cecilia Cardew, mi pupila. (Lady Bracknell le hace un frío gesto a Cecilia.) Algernon: Me he comprometido a casarme con Cecilia, tía Augusta. Lady Bracknell: ¿Perdón? Cecilia: Mr. Moncrieff y yo nos hemos prometido en matrimonio, Lady Bracknell. Lady Bracknell: (Con un escalofrío llega al sofá y se sienta.) No sé qué debe de tener de peculiarmente excitante el aire de Hertfordshire, pero el número de compromisos que se realiza me parece muy considerablemente por encima de la media que proclaman las estadísticas. Creo que no estarían fuera de lugar algunas preguntas preliminares por mi parte. Mr. Worthing, ¿Miss Cardew tiene algo que ver con alguna de las estaciones londinenses de los ferrocarriles de largo recorrido? Sólo busco información. Hasta ayer ignoraba que hubiese familias o personas que descendiesen de una estación de tren. (Jack se pone furioso, pero se controla y habla con voz clara y distante.) Jack: Miss Cardew es nieta del difunto Mr. Thomas Cardew del 149 de Belgrave Square. Dueño de propiedades rurales en Corking y en Sporran, Fifeshire. Lady Bracknell: Eso no suena mal. Tres direcciones inspiran confianza hasta a los tenderos. Pero, ¿qué prueba tengo yo de su veracidad? Jack: Conservo cuidadosamente todos los documentos legales. Puede inspeccionarlos cuando quiera, Lady Bracknell. Lady Bracknell: (Firmemente) Conozco extraños errores en documentos de ese tipo. Jack: Los abogados de la familia de Miss Cardew son los señores Markby, Markby y Markby, de Londres. Estoy seguro de que estarán encantados de ofrecerle mayor información. Su horario de oficina es de diez a cuatro. Lady Bracknell: ¿Markby, Markby y Markby? Una firma muy relevante en su profesión. Me han dicho inclusive que uno de esos Mr. Markby se deja ver, ocasionalmente, en comidas sociales. Hasta ahí me siento satisfecha. Jack: (Muy molesto) ¡Muy amable de su parte, Lady Bracknell! Tengo también en mi poder, por si desea saberlo, la partida de nacimiento de Miss Cardew, la fe de bautismo y los certificados de vacuna contra la tosferina y el sarampión, e incluso la partida de confirmación, todos en su modalidad alemana e inglesa. Lady Bracknell: ¡Vaya! Una vida llena de incidentes, según veo. Incluso demasiado excitante para una jovencita. No estoy a favor de la experiencias prematuras. (Se levanta y mira el reloj.) ¡Gwendolen! Se acerca la hora de irnos. No tenemos ni un instante que perder. Y aunque sea sólo un formulismo, Mr. Worthing, prefiero pregúntale si Miss Cardew posee algún capital. Jack: ¡Oh! Unas ciento treinta mil libras en fondos del Tesoro. Es todo. Adiós, Lady Bracknell. Encantado de haberla visto. Lady Bracknell: (Vuelve a sentarse.) Un momento, Mr. Worthing. ¡Ciento treinta mil libras! ¡Y en fondos del Tesoro! Ahora que la miro, Miss Cardew me parece una damita enormemente atractiva. Pocas muchachas tienen hoy día cualidades sólidas; ese tipo de cualidades que duran y mejoran con el tiempo. (A Cecilia) Acércate, querida. (Cecilia va hacia ella.) ¡Preciosa niña! Tu vestido es tristemente elemental, y el pelo tal y como la naturaleza lo dejó. Pero todo lo podemos cambiar enseguida. Una experimentada y razonable doncella francesa produce maravillosos resultados en muy poco tiempo. Me acuerdo que recomendé una a Lady Lancing, y en tres meses ni su propio marido la conocía. Jack: Y después de seis meses no la conocía nadie. Lady Bracknell: (Mira con furia a Jack unos momentos. Después se vuelve a Cecilia con estudiada sonrisa.) Ten la bondad de darte la vuelta, encantadora muchachita. (Cecilia da un giro completo.) No, lo que quiero es ver el perfil. (Cecilia se pone de perfil.) Sí, absolutamente como esperaba. En tu perfil hay posibilidades de distinción social. Los dos puntos flacos de nuestra época son la falta de principios y la falta de perfil. Levanta la barbilla un poco más, querida. El estilo depende en gran medida de cómo se lleva la barbilla. Ahora mismo la barbilla se lleva muy levantada. ¡Algernon! Algernon: ¿Sí, tía Augusta? Lady Bracknell: En el perfil de Miss Cardew hay posibilidades ciertas de distinción social. Algernon: Cecilia es la muchacha más dulce, más agradable y más linda del mundo entero, y las posibilidades de distinción social me importan un comino. Lady Bracknell: Nunca hables irrespetuosamente de la sociedad, Algernon. Sólo la gente que no puede pertenecer a ella lo hace. (A Cecilia) Querida niña, sabrás que Algernon no tiene más que deudas. Pero no apruebo los matrimonios mercenarios. Cuando me casé con Lord Bracknell no tenía fortuna de ninguna clase, pero ni en sueños permití que eso se interpusiese en mi camino. Bien, supongo que debo dar mi consentimiento. Algernon: Gracias, tía Augusta. Lady Bracknell: ¡Cecilia, puedes darme un beso! Cecilia: (La besa.) Gracias, Lady Bracknell. Lady Bracknell: En el futuro puedes llamarme tía Augusta. Cecilia: Gracias, tía Augusta. Lady Bracknell: Creo que el matrimonio debería celebrarse cuanto antes. Algernon: Gracias, tía Augusta. Cecilia: Gracias, tía Augusta. Lady Bracknell: Para ser franca, no apruebo los noviazgos largos. Dan la posibilidad de que uno descubra el carácter del otro antes del matrimonio, lo que nunca es conveniente. Jack: Disculpe que la interrumpa, Lady Bracknell, pero esa relación no podrá llevarse a cabo. Soy el tutor de Miss Cardew, y, hasta que no sea mayor de edad, no puede casarse sin mi consentimiento. Consentimiento que me niego a otorgar. Lady Bracknell: ¿Puedo preguntar con qué fundamentos? Algernon es un joven absolutamente, diría yo que ostentosamente, adecuado. No tiene nada, pero luce mucho. ¿Qué más se puede pedir? Jack: Siento mucho tener que hablarle con franqueza, Lady Bracknell, pero el hecho es que no apruebo el carácter moral de su sobrino. Mucho sospecho que sea un mentiroso. (Algernon y Cecilia lo miran sorprendidos e indignados.) Lady Bracknell: ¿Mentiroso? ¿Mi sobrino Algernon? Imposible, estudio en Oxford. Jack: Me temo que no caben dudas sobre el asunto. Esta tarde durante mi ausencia temporal en Londres por un importante asunto de novela, logró ser admitido en mi casa con la falsa pretensión de ser mi hermano. Bajo nombre falso, según acaba de informarme el mayordomo, se ha bebido casi una botella entera de Perrier Janet, Brut 89, un vino que guardaba para mí mismo. Continuando su desdichada impostura, a lo largo de la tarde, ha logrado alienarme el afecto de mi única pupila. Seguidamente se ha quedado a tomar el té y se ha engullido cada una de mis tostadas. Pero lo que hace su conducta más infame es que sabía desde el principio que no tengo ningún hermano, nunca lo he tenido ni tengo intención de tener hermano de ningún tipo. Ayer por la tarde se lo dije con absoluta claridad. Cecilia: Pero, querido tío Jack, durante el último año nos has dicho a todos que tenías un hermano. Continuamente te explayabas en el tema. Algy no ha hecho más que corroborar tu aserto. Ha sido muy noble por su parte. Jack: Perdóname, Cecilia, eres muy joven aún para entender estos asuntos. Inventarse algo es un acto de puro genio, y, en una época tan mercantil como la nuestra, requiere de un considerable esfuerzo físico. Entre nuestros modernos novelistas muy pocos se atreven a inventar algo, así sólo sea una cosa. Es un secreto a voces que ignoran cómo hacerlo. De otro modo, corroborar una falsedad es otra acción muy cobarde. Sé, claro está, que los periódicos lo hacen a diario, pero no lo debe hacer un caballero. Un caballero nunca debe corroborar nada. Algernon: (Furioso) ¡Eres un cínico, Jack! Lady Bracknell: ¡Ejem! Mr. Worthing, tras una cuidadosa reflexión he decidido no hacer ningún caso de la conducta de mi sobrina para con usted. Jack: Es usted muy generosa, Lady Bracknell. Mi decisión, sin embargo, es inalterable. No daré mi consentimiento. Lady Bracknell: (A Cecilia) Ven aquí, querida. (Cecilia va.) ¿Cuántos años tienes, tesoro? Cecilia: Bueno, realmente sólo tengo dieciocho, pero cuando voy a alguna velada digo que tengo veinte. Lady Bracknell: Haces perfectamente bien en realizar correcciones. Además, ninguna mujer puede estar muy segura sobre sus años. Parecería muy calculador... (Con actitud meditativa) Dieciocho, pero declarando veinte en las veladas. Bueno, no falta mucho para que quedes libre de restricciones de la tutela. Así es que, después de todo, el consentimiento de tu tutor no tiene mucha importancia. Jack: Le ruego me excuse por interrumpirla otra vez, Lady Bracknell, pero me parece oportuno decirle que de acuerdo con los términos del testamento de su abuelo, Miss Cardew no alcanzará la mayoría de edad hasta los treinta y cinco. Lady Bracknell: No me parece una objeción grave. Treinta y cinco es una edad muy atractiva. La sociedad londinense está llena de mujeres de muy alta condición que, libremente, han decidido quedarse en los treinta y cinco. Lady Dumbleton, por ejemplo. Hasta donde sé, tiene treinta y cinco desde que cumplió cuarenta, lo que ocurrió hace mucho. No veo por qué la querida Cecilia estará menos atractiva a esa edad de lo que está ahora. Será una larga acumulación de bienes. Cecilia: (A Jack) ¿Estás totalmente seguro de que no me puedo casar sin tu consentimiento hasta tener treinta y cinco? Jack: Tal es la sabia decisión del testamento de tu abuelo, Cecilia. Indudablemente previó la clase de dificultades que podrían ocurrir. Cecilia: El abuelito debió de tener una imaginación fantástica. Algy, ¿podrías esperarme hasta que cumpla los treinta y cinco? No te apresures a contestar. Es un asunto muy serio, buena parte de mi felicidad futura, y de la tuya, depende de esa respuesta. Algernon: Claro que puedo Cecilia. ¿Cómo puedes hacerme esa pregunta? Sabes que puedo esperarte siempre. Cecilia: Sí, lo sé instintivamente, pero yo no puedo esperar tanto tiempo. Odio esperar a alguien incluso cinco minutos. Me pone de muy mal humor. Yo misma no soy puntual, lo sé, pero me gusta la puntualidad en los demás, y esperar, incluso para casarme, me parece fuera de propósito. Algernon: Entonces, Cecilia, ¿qué se puede hacer? Cecilia: No lo sé, Mr. Moncrieff. Lady Bracknell: Mi querido Mr. Worthing, ya que Cecilia ha expresado tan claramente que no puede esperar hasta los treinta y cinco años, una afirmación que no deja de parecerme la expresión de un temperamento algo impaciente, le rogaría que reconsiderara su decisión. Jack: Pero, mi querida Lady Bracknell, el asunto está en sus manos. En el momento en que usted consienta mi matrimonio con Gwendolen, estaré encantado de permitir que su sobrino se case con mi pupila. Lady Bracknell: (Se levanta y adopta un aire altivo. ) Debería haberse enterado ya de que su propuesta es por completo improcedente. Jack: Entonces lo único que nos cabe esperar para el futuro es un celibato apasionado. Lady Bracknell: No es ése el destino que preparo para Gwendolen. Algernon, por supuesto, puede elegir por sí mismo. (Saca su reloj.) Vamos, querida. (Gwendolen se levanta.) Ya hemos perdido seis trenes, si perdemos uno más nos expondremos a malévolos comentarios en el andén. [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] qdkozdar9vz083ayv23ft68mqtagbnf La importancia de llamarse Ernesto/IV - II 0 48657 1665567 1634570 2026-06-21T01:09:42Z NinoBot 46867 nombre de sección duplicada 1665567 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[La importancia de llamarse Ernesto]] |autor=[[Oscar Wilde]] |notas= |anterior=[[La importancia de llamarse Ernesto/IV - I|Acto IV: Primera parte]] |sección=Acto IV: Segunda parte |próximo=[[La importancia de llamarse Ernesto|Indice]]}} <div style='text-align:justify'> (Entra el Dr. Chasuble.) Chasuble: Ya está todo listo para los bautizos. Lady Bracknell: ¿Bautizos, señor? ¿No le parece algo prematuro? Chasuble: (Estupefacto, señala a Jack y a Algernon.) Estos dos caballeros han expresado su deseo de ser bautizados de inmediato. Lady Bracknell: ¿A su edad? ¡Es una idea irreverente y grotesca! Algernon, te prohibo que te bautices. No quiero ni oír hablar de semejante exceso. Lord Bracknell se disgustaría enormemente, si se enterara de la manera en que estás dilapidando su tiempo y su dinero. Chasuble: ¿Debo entender que después de todo no habrá bautizos esta tarde? Jack: Tal y como están las cosas, no creo que nos sean muy útiles, Dr. Chasuble. Chasuble: Me apena oír en usted tales sentimientos, Mr. Worthing. Tienen el herético sabor de las teorías anabaptistas que yo he refutado completamente en cuatro de mis sermones inéditos. La regeneración bautismal no es tema del que se pueda hablar a la ligera. Además, en la unánime decisión de los Padres, el bautismo es una forma de nuevo nacimiento. En cualquier caso, cuando se trata de adultos, el bautismo apresurado, excepto si se trata de tribus salvajes, lamento decirlo, no es canónico, por lo que me vuelvo de inmediato a la iglesia. Por otra parte, me acaba de informar el encargado del cepillo que Miss Prism me está esperando en la sacristía hace una hora y media. Lady Bracknell: ¡Miss Prism! ¿He oído mencionar a Miss Prism? Chasuble: Sí, Lady Bracknell, estoy a punto de reunirme con ella. Lady Bracknell: Le ruego que se detenga un momento. Se trata de un asunto que puede resultar de vital importancia para Lord Bracknell y para mí. ¿Ésta Miss Prism es una mujer de aspecto repelente, remotamente relacionada con la enseñanza? Chasuble: (Algo indignado) Es la más cultivada de las damas y el vivo retrato de la respetabilidad. Lady Bracknell: Se trata de la misma persona, sin duda. ¿Puedo preguntar qué posición ocupa en su casa? Chasuble: (Severamente) Yo soy soltero, señora. Jack: (Terciando) Lady Bracknell, Miss Prism ha sido los últimos tres años la reputada institutriz y valiosa acompañante de Miss Cardew. Lady Bracknell: Pese a cuanto acabo de oír de ella, necesito verla de inmediato. Mande a buscarla. Chasuble: (Mirando hacia afuera) Es ella. Está llegando. (Entra Miss Prism apresuradamente.) Miss Prism: Me dijeron que me esperaba usted en la sacristía, querido canónigo. Y le he estado esperando allí una hora y tres cuartos. (Se da cuenta de la mirada penetrante de Lady Bracknell, se pone pálida y temblorosa, y mira ansiosamente a su alrededor, deseando huir.) Lady Bracknell: (Con voz severa y sentenciosa) ¡Prism! (La institutriz baja la cabeza, con vergüenza.) ¡Venga aquí, Prism! ¿Dónde está el niño? (Consternación general. El canónigo retrocede con horror. Algernon y Jack parecen ansiosos por evitar que Cecilia y Gwendolen oigan los detalles de un terrible escándalo público.) Hace veintiocho años, Prism, abandonó usted la casa de Lord Bracknell, en el número 104 de Upper Grosvenor Street, a cargo de un cochecito que llevaba un niño de sexo masculino y no volvió nunca más. Unas semanas después, luego de minuciosas pesquisas de la policía metropolitana, el cochecito fue descubierto a medianoche, abandonado en una remota esquina de Bayswater. Contenía el manuscrito en tres volúmenes de una novela de estomagante sentimentalismo, mayor de lo habitual. (Miss Prism se estremece con indignación involuntaria.) Pero el niño no estaba. (Todos miran a Miss Prism.) ¡Prism! ¿Dónde está el niño? Miss Prism: Lady Bracknell, me avergüenza reconocer que no lo sé. ¡Qué mas quisiera yo que saberlo! Los hechos han sido los siguientes: La mañana del día que usted ha mencionado, día estigmatizado para siempre en mi memoria, me dispuse, como de costumbre, a sacar a pasear al niño en cochecito. Llevaba también una vieja bolsa de viaje en la que quería poner el manuscrito de una obra de ficción que había escrito durante mis escasos ratos libres. En un momento de distracción que nunca podré perdonarme coloqué el manuscrito en el coche y al niño en la bolsa. Jack: (Que ha estado atendiendo con extrema atención.) ¿Pero dónde dejo esa bolsa? Miss Prism: No me lo pregunte, Mr. Worthing. Jack: Miss Prism, se trata de un asunto de no poca importancia para mí. Insisto en querer saber dónde depositó aquella bolsa de viaje que contenía un niño. Miss Prism: La dejé en la consigna de una de las grandes estaciones ferroviarias de Londres. Jack: ¿En qué estación? Miss Prism: (Absolutamente abrumada) Victoria, en la línea de Brighton. (Se desploma en la silla.) Lady Bracknell: (Mirando a Jack) Sinceramente espero que no vaya a ocurrir nada improbable. Lo improbable es siempre sino de malo o, como mínimo, de dudoso gusto. Jack: Debo retirarme un momento a mi habitación. Chasuble: Estas noticias parecen haberlo trastornado, Mr. Worthing. Confío en que se trate de una indisposición momentánea. Jack: Volveré en unos instantes, querido canónigo. ¡Gwendolen, espérame, por favor! Gwendolen: Si no te vas mucho rato, te esperaré toda mi vida. (Sale Jack con gran agitación.) Chasuble: ¿Qué cree usted que significa todo esto, Lady Bracknell? Lady Bracknell: No me atrevo ni a sospecharlo, doctor. Con toda franqueza, debo decirle se supone que en las buenas nunca deben ocurrir extrañas coincidencias. Se considera altamente pernicioso. (Se oyen ruidos, como si alguien estuviera revolviendo y tirando baúles. Todos miran hacia arriba.) Cecilia: El tío Jack parece muy nervioso. Chasuble: Su tutor tiene un temperamento bastante frágil. Lady Bracknell: Este ruido es desagradable. Suena como si alguien hubiese encontrado un argumento en los muebles. Me desagradan los argumentos, sean los que fueren. Siempre son vulgares y a veces convincentes. Chasuble: (Mirando hacia arriba) Ahora han cesado. (Se recrudece el ruido.) Lady Bracknell: Espero que llegue a alguna conclusión. Gwendolen: Es una incertidumbre terrible. Espero que dure. (Entre Jack con una bolsa de viaje de cuero negro en la mano y se abalanza sobre Miss Prism.) Jack: ¿Es ésta la bolsa, Miss Prism? Examínela con cuidado antes de decir nada. La felicidad de más de una vida depende de su respuesta. Miss Prism: (Sosegadamente.) Parece que es la mía. Sí, aquí está el roce que sufrió cuando volcó el ómnibus en Grover Street en días más felices y más jóvenes. Y aquí está la mancha en el forro causada por la explosión de un termo, incidente ocurrido en Leamington. Y aquí, en la cerradura, están mis iniciales. Había olvidado que, en un momento de extravagancia, las había hecho grabar. Es mi bolsa, no hay duda. No haberla tenido todos estos años ha sido muy inconveniente. Jack: (Con voz patética) Miss Prism, ha vuelto a encontrar algo más que la bolsa de viaje. Yo era el niño que iba dentro. Miss Prism: (Asombrada) ¿Usted? Jack: (Abrazándola) ¡Sí... madre! Miss Prism: (Se echa hacia atrás con indignación.) ¡Mr. Worthing, soy soltera! Jack: ¿Soltera? No negaré que es un golpe muy serio, pero ¿quién tiene derecho a arrojar una piedra contra quien ha sufrido? ¿El arrepentimiento no puede borrar un acto de locura? ¿Por qué ha de haber una ley para los hombres y otra para las mujeres? Madre, te perdono.(Intenta abrazarla otra vez.) Miss Prism: (Aún más indignada)Pero, Mr. Worthing, está en un error. La maternidad nunca ha sido un incidente en mi vida. Esa sugerencia, hecha ante tanta gente, no es muy delicada. (Señala a Lady Bracknell.) Ahí está la dama que puede decirle quién es usted. (Se retira al fondo) Jack: (Tras una pausa) Lady Bracknell, detesto parecer curioso, pero ¿sería usted tan amable de decirme quién soy? Lady Bracknell: Me temo que las noticias que voy a darle no le agradarán del todo. Es usted hijo de mi pobre hermana, Mrs. Moncrieff, y consiguientemente el hermano mayor de Algernon. Jack: ¡El hermano mayor de Algy! Así es que, después de todo, tengo un hermano. ¡Yo sabía que tenía un hermano! ¡Siempre dije que tenía un hermano! Cecilia, ¿por qué dudabas de que tuviera un hermano? (Toma del brazo a Algernon.) Dr. Chasuble, mi infortunado hermano. Miss Prism, mi infortunado hermano. Gwendolen, mi desdichado hermano. Algy, bribonzuelo, de ahora en adelante vas a tener que tratarme con más respeto. Jamás en tu vida te has comportado conmigo como un hermano. Algernon: Bueno, muchacho, reconozco que no hasta hoy. (Se estrechan las manos.) Sin embargo, haré lo que pueda, aunque me falte práctica. Gwendolen: (A Jack) ¡Amor mío! Jack: ¡Querida! Lady Bracknell: En estas extrañas y nunca vistas circunstancias, puedes besar a tu tía Augusta. Jack: (Sin moverse del lugar) Estoy omnubilado por la felicidad. (Besa a Gwendolen.) Apenas sé a quién beso. (Algernon aprovecha la ocasión y besa a Cecilia.) Gwendolen: Espero que sea la última vez que te oigo hacer una observación semejante. Jack: Lo mismo deseo, amor. Miss Prism: (Se adelanta y tose levemente.) Mr. Worthing, Mr. Moncrieff, como puedo llamarle ahora, después de cuanto acaba de ocurrir creo que es mi deber renunciar a mi posición en esta casa. Le pido sincerísimas disculpas por cualquier inconveniente que haya podido causarle en su infancia al colocarlo en esta bolsa de viaje. Jack: No mencione eso, querida Miss Prism. No lo mencione. Estoy seguro de que el tiempo que pasé en su bonita bolsa de viaje debió de ser muy feliz a despecho del ligero daño que me hiciera cuando volcó el ómnibus en días más felices. En cuanto a su despedida, es una sugerencia absurda. Miss Prism: Es mi deber hacerlo. Ya no tengo nada que enseñar a mi querida Cecilia. En la muy dudosa misión de elegir marido, temo que mi dulce e inteligente alumna dejará muy atrás a su maestra. Chasuble: ¡Un momento... Leticia! Miss Prism: ¡Dr. Chasuble! Chasuble: Leticia, acabo de llegar a la conclusión de que la primitiva Iglesia estaba en un error sobre ciertos puntos. Me parece que ciertas lecturas erróneas han debido deslizarse en el texto. Tengo el honor de solicitar su mano. Miss Prism: Frederick, en este momento no logro expresar mis sentimientos. Pero esta noche le dejaré los tres volúmenes de mi diario. En ellos podrá recorrer por extenso los sentimientos que experimentado hacia usted en los últimos dieciocho meses. (Entra Merriman.) Merriman: El cochero de Lady Bracknell dice que no puede esperar más tiempo. Lady Bracknell: (Se levanta.) ¡Es verdad! Debo volver de inmediato a la ciudad. (Saca el reloj.) He perdido al menos nueve trenes. Sólo queda uno más. (Sale Merriman. Lady Bracknell va hacia la puerta.) Prism, de su última observación al Dr. Chasuble deduzco con pena que no ha olvidado usted su pasión por la ficción en tres volúmenes. Y, si realmente va a entrar en el estado matrimonial, lo que a su edad me parece, siento decirlo. como retar a la sapientísima Providencia, confío en que tendrá más cuidado con su marido que con el niño que tuvo a cargo y que no abandone al pobre Dr. Chasuble dejando en cualquier estación de ferrocarril bolsas de viaje o cualquier otro recipiente. Las consignas son lugares muy aireados. (Miss Prism inclina la cabeza mansamente.) Dr. Chasuble, le ofrezco mis mejores deseos, y si como usted ha dicho el bautismo es una forma de nacer de nuevo, le aconsejo vivamente que haga bautizar a Miss Prism sin demora. Nacer de nuevo será una considerable ventaja para ella. No sé si tal proceder es conforme con la práctica de la primitiva Iglesia, pero es muy probable, me imagino, que haya sido uno de sus más peliagudos problemas. (Se vuelve hacia Cecilia y le acaricia la mejilla.) ¡Mi dulce niña! Te esperamos dentro de unos días en Upper Grosvenor Street. Cecilia: Gracias, tía Augusta. Lady Bracknell: Vamos, Gwendolen. Gwendolen: (A Jack) ¡Querido mío! Pero, ¿quién eres tú? ¿Cuál es tu nombre verdadero ahora que eres otro? Jack: ¡Cielo santo! Había olvidado ese punto por completo. ¿Tu decisión respecto de mi nombre es irrevocable, supongo? Gwendolen: Yo no cambio nunca, excepto en mis afectos. Cecilia: ¡Qué noble naturaleza la tuya, Gwendolen! Jack: Lo mejor será aclarar la cuestión cuanto antes. Tía Augusta, un momento. En la época en que Miss Prism me olvidó en la bolsa de viaje, ¿estaba ya bautizado? Te ruego tranquilidad, tía Augusta. Es una terrible crisis y depende mucho de tu respuesta. Lady Bracknell: (Muy tranquila) Todo lujo que se pudiera comprar con dinero, incluido el bautismo, fue derrochado para ti por unos padres que te amaban con locura. Jack: ¡Así que estaba bautizado! Eso ya está probado. ¿Qué nombre me pusieron, dime? Me espero lo peor. Lady Bracknell: (Tras una pausa) Siendo el hijo mayor es natural que te impusieran el nombre de tu padre. Jack: (Irritado) Ya, pero ¿cuál era el nombre de mi padre? Te ruego tranquilidad, tía Augusta. Es una crisis terrible, y todo depende de la naturaleza de tu respuesta. ¿Cuál era el nombre de pila de mi padre? Lady Bracknell: (Inmediatamente) En este momento no puedo recordar el nombre de pila del general. Tu pobre y querida madre lo llamaba siempre General. Eso lo recuerdo perfectamente. No creo que su hubiera atrevido a llamarlo por su nombre de pila, aunque sin duda lo tenía. Era algo violento en sus modales, pero nada excéntrico. Todo era resultado del clima de la India, el matrimonio, la indigestión y otras cosas por el estilo. De hecho era un auténtico ordenancista en los pequeños detalles de la vida diaria. Mi hermana solía contarme esas cosas. Jack: ¡Algy! ¿No recuerdas el nombre de pila de tu padre? Algernon: Queridito, nunca nos hablamos. Murió antes de que yo cumpliera un año. Jack: Supongo que su nombre aparecerá en los anuarios militares de la época, ¿verdad. tía Augusta? Lady Bracknell: El general fue esencialmente un hombre de paz, excepto en la vida hogareña, pero no dudo de que su nombre aparezca en los anuarios. Jack: Los anuarios militares de los últimos cuarenta años están aquí. (Se precipita hacia los anaqueles, tirando libros y distribuyendo rápidamente los volúmenes.) Tenga, Dr. Chasuble. Miss Prism, para usted dos. Cecilia, Cecilia, ten un anuario. Haz primero una lista. Algernon, te ruego que busques en la historia inglesa el nombre de tu padre, si queda en ti el menor afecto filial. Tía Augusta, te ruego que uses tu talento masculino en este asunto. Gwendolen... no, te agitarías mucho. Deja estas cosas a caracteres menos filosóficos que los nuestros. Gwendolen: (Heroicamente) Dame seis ejemplares de cualquier período, de este siglo o del pasado. ¡No me importa cuál! Jack: ¡Noble chica! Aquí tienes doce. Más serían una incomodidad para ti. (Le lleva un lote de anuarios militares, pero los vuelve sobre sí mismo y coge uno que ella intenta arrebatarle.) No, déjame verlo. No, permíteme a mí, querida. Cariño, creo que podré encontrarlo enseguida. Anda, permíteme, amor mío. Chasuble: ¿A qué estación decía que quería ir, Mr. Moncrieff? Jack: (Desesperado) ¡Estación! ¿Quién diablos ha dicho nada de una estación? Sencillamente intento hallar el nombre de pila de mi padre. Chasuble: Pero es que, según veo, me ha dado la Guía ferroviaria de 1869. Un libro de notable interés anticuario (lo mira.), pero que desde luego nada dice de los nombres que se suelen imponer a los generales en el bautismo. Cecilia: Lo siento, tío Jack. Pero me parece que se alude poco a los generales en la Historia de nuestros tiempo, pese a ser la mejor edición, la única escrita a máquina. Miss Prism: A mí me ha dado dos ejemplares de la Lista de precios del Servicio Civil de Almacenes, y no veo generales por ninguna parte. Lady Bracknell: Este tratado, que según veo se llama El clavel verde, parece un libro sobre la naturaleza de lo exótico. No contiene referencia alguna a generales y parece más bien un mórbido asunto de clase media. Jack: (Aún muy irritado) ¡Cielo santo! ¿Qué tontería estás leyendo, Algy? (Le coge el libro.) ¿El anuario militar? Bueno, supongo que no sabías que lo era y que lo tendrás en la página equivocada. Seguro que estás delante de lo que buscas. M. Generales... Malan, qué espantosos nombres tienen, Markby, Migsby, Moobs, Moncrieff, ¡Moncrieff! Teniente en 1840; capitán; teniente coronel; coronel; general en 1860. Nombre de pila: Ernesto Juan. (Deja el libro en el suelo y habla con mucha calma.) Siempre te dije que me llamaba Ernesto, Gwendolen. ¿No te lo dije? Bueno, Ernesto después de todo. Eso significa que soy naturalmente Ernesto. Lady Bracknell: Sí, ahora recuerdo que el general se llamaba Ernesto. Ya sabía que por algo en especial me desagradaba ese nombre. Vamos, Gwendolen. (Sale.) Gwendolen: ¡Ernesto! ¡Mi Ernesto! Desde el principio sentí que no podías tener otro nombre. Jack: Gwendolen, para mí es algo terrible saber de repente que toda mi vida he estado diciendo la verdad y sólo la verdad. ¿Podrás perdonarme? Gwendolen: Puedo. Además, estoy segura de que cambiarás. Jack: ¡Tesoro mío! Chasuble: (A Miss Prism) ¡Leticia! (Se abrazan.) Miss Prism: (Con entusiasmo) ¡Frederick! ¡Al fin! Algernon: ¡Cecilia! (La abraza.) ¡Al fin! Jack: ¡Gwendolen! (La abraza.) ¡Al fin! (Entra Lady Bracknell.) Lady Bracknell: ¡He perdido el último tren! Sobrino, me parece que das muestras de una desagradable vulgaridad. Jack: Al contrario, tía Augusta, acabo de darme cuenta, por primera vez en mi vida, de la importancia de llamarse Ernesto, siendo formal y moderadamente ambiguo. '''Telón''' [[Categoría:La importancia de llamarse Ernesto]] dj36fe70a8qh9fez2r5gr7wlpnr0u1o Sobre "Tasso en la prisión" 0 49601 1665594 1634766 2026-06-21T01:11:42Z Ignacio Rodríguez 3603 1665594 wikitext text/x-wiki {{Encabezado|título=Sobre &#34;Tasso en la prisión&#34; De Eugenio Delacroix|autor=Charles Baudelaire|notas=Poema Nº 16 de [[Los despojos]].}} <poem> El poeta en el calabozo, mal vestido, mal calzado, Desgarrando compulsivo bajo su pie un manuscrito, Mide con una mirada que la demencia inflama La escalera vertiginosa donde se abisma su alma. Las risas embriagadoras que colman la prisión Hacia lo extraño y lo absurdo incitan su razón; La Duda lo rodea, y el Miedo ridículo, Horroroso y multiforme, alrededor de él circula. Genio encerrado en un cuchitril malsano, Estas muecas, esos gritos, esos espectros de los que el enjambre Revolotea cual torbellino, amotinado detrás de su oreja, Este soñador que el horror de su yacija despierta, ¡He aquí tu emblema, Alma de los sueños oscuros, Que la Realidad ahoga entre sus cuatro muros! </poem> [[Categoría:Los despojos]] [[Categoría:Poesías]] [[Categoría:Poesías de Charles Baudelaire]] [[Categoría:ES-S]] e8wspyrdbmgukxuet3qdfghf5y5mjrd Los intereses creados/Acto I, Prologo 0 53509 1665569 1634831 2026-06-21T01:10:52Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665569 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Prologo |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> <div class=Parrafo> He aquí el tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos, la que juntó en ciudades populosas a los más variados concursos, como en París sobre el Puente Nuevo, cuando Tabarín desde su tablado de feria solicitaba la atención de todo transeúnte, desde el espetado doctor que detiene un momento su docta cabalgadura para desarrugar por un instante la frente, siempre cargada de graves pensamientos, al escuchar algún donaire de la alegre farsa, hasta el pícaro hampón, que allí divierte sus ocios horas y horas, engañando al hambre con la risa; y el prelado y la dama de calidad, y el gran señor desde sus carrozas, como la moza alegre y el soldado, y el mercader y el estudiante. Gente de toda condición, que en ningún otro lugar se hubiera reunido, comunicábase allí su regocijo, que muchas veces, más que de la farsa, reía el grave de ver reír al risueño, y el sabio al bobo, y los pobretes de ver reír a los grandes señores, ceñudos de ordinario, y los grandes de ver reír a los pobretes, tranquilizada su conciencia con pensar: ¡también los pobres ríen! Que nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa. Alguna vez, también subió la farsa a palacios de príncipes, altísimos señores, por humorada de sus dueños, y no fue allí menos libre y despreocupada. Fue de todos y para todos. Del pueblo recogió burlas y malicias y dichos sentenciosos, de esa filosofía del pueblo, que siempre sufre, dulcificada por aquella resignación de los humildes de entonces, que no lo esperaban todo de este mundo, y por eso sabían reírse del mundo sin odio y sin amargura. Ilustró después su plebeyo origen con noble ejecutoria: Lope de Rueda, Shakespeare, Molière, como enamorados príncipes de cuento de hadas, elevaron a Cenicienta al más alto trono de la Poesía y el Arte. No presume de tan gloriosa estirpe esta farsa, que por curiosidad de su espíritu inquieto os presenta un poeta de ahora. Es una farsa guiñolesca, de asunto disparatado, sin realidad alguna. Pronto veréis cómo cuanto en ella sucede no pudo suceder nunca, que sus personajes no son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista. Son las mismas grotescas máscaras de aquella comedia de Arte italiano, no tan regocijadas como solían, porque han meditado mucho en tanto tiempo. Bien conoce el autor que tan primitivo espectáculo no es el más digno de un culto auditorio de estos tiempos; así, de vuestra cultura tanto como de vuestra bondad se ampara. El autor sólo pide que aniñéis cuanto sea posible vuestro espíritu. El mundo está ya viejo y chochea; el Arte no se resigna a envejecer, y por parecer niño finge balbuceos. . . Y he aquí cómo estos viejos polichinelas pretenden hoy divertiros con sus niñerías. </div> {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados|Indice]] | Acto I - Prologo | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero|Cuadro primero]] [[Categoría:Los intereses creados]] ktp9a4ilp2eeic5ma3njd700xkvwxjc Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero 0 53510 1665570 1634832 2026-06-21T01:10:54Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665570 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro primero |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> <div class=Parrafo> Plaza de una ciudad. A la derecha, en primer término, fachada de una hostería con puerta practicable y en ella un aldabón. Encima de la puerta un letrero que diga: "Hostería". </div> {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Prologo|Prologo]] | Acto I - Cuadro primero | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena I|Escena I ]] [[Categoría:Los intereses creados]] qbpofj8za0203245iua03aj6qcaei22 Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena I 0 53523 1665568 1634833 2026-06-21T01:10:50Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665568 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro primero, Escena I |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''LEANDRO y CRISPÍN que salen por la segunda izquierda.''<br/ > LEANDRO.-Gran ciudad ha de ser ésta, Crispín; en todo se advierte su señorío y riqueza.<br/ > CRISPIN.-Dos ciudades hay. ¡Quisiera el Cielo que en la mejor hayamos dado!<br/ > LEANDRO.-¿Dos ciudades dices, Crispín? Ya entiendo, antigua y nueva, una de cada parte del río.<br/ > CRISPÍN.-¿Qué importa el río ni la vejez ni la novedad? Digo dos ciudades como en toda ciudad del mundo: una para el que llega con dinero, y otra para el que llega como nosotros.<br/ > LEANDRO.-¡Harto es haber llegado sin tropezar con la justicia! Y bien quisiera detenerme aquí algún tiempo, que ya me cansa tanto correr tierras.<br/ > CRISPÍN.-A mí no, que es condición de los naturales, como yo, del libre reino de Picardía, no hacer asiento en parte alguna, si no es forzado y en galeras, que es duro asiento. Pero ya que sobre esta ciudad caímos y es plaza fuerte a lo que se descubre, tracemos como prudentes capitanes nuestro plan de batalla, si hemos de conquistarla con provecho.<br/ > LEANDRO.-¡Mal pertrechado ejército venimos!<br/ > CRISPÍN.-Hombres somos, y con hombres hemos de vernos.<br/ > LEANDRO.-Por todo caudal, nuestra persona. No quisiste que nos desprendiéramos de estos vestidos, que, malvendiéndolos, hubiéramos podido juntar algún dinero.<br/ > CRISPÍN.-¡Antes me desprendiera yo de la piel que de un buen vestido! Que nada importa tanto como parecer, según va el mundo, y el vestido es lo que antes parece.<br/ > LEANDRO.-¿Qué hemos de hacer, Crispín? Que el hambre y el cansancio me tienen abatido, y mal discurro.<br/ > CRISPÍN .-Aquí no hay sino valerse del ingenio y de la desvergüenza, que sin ella nada vale el ingenio. Lo que he pensado es que tú has de hablar poco y desabrido, para darte aires de persona de calidad; de vez en cuando te permito que descargues algún golpe sobre mis costillas; a cuantos te pregunten, responde misterioso; y cuanto hables por tu cuenta, sea con gravedad; como si sentenciaras. Eres joven, de buena presencia; hasta ahora sólo supiste malgastar tus cualidades; ya es hora de aprovecharte de ellas. Ponte en mis manos, que nada conviene tanto a un hombre como llevar a su lado quien haga notar sus méritos, que en uno mismo la modestia es necedad y la propia alabanza locura, y con las dos se pierde para el mundo. Somos los hombres como mercancía, que valemos más o menos según la habilidad del mercader que nos presenta. Yo te aseguro que así fueras vidrio, a mi cargo corre que pases por diamante. Y ahora llamemos a esta hostería, Que lo primero es acampar a vista de la plaza.<br/ > LEANDRO.-¿A la hostería dices? ¿Y cómo pagaremos?<br/ > CRISPÍN.-Si por tan poco te acobardas busquemos un hospital o casa de misericordia, o pidamos limosna, si a lo piadoso nos acogemos; y si a lo bravo, volvamos al camino y saltemos al primer viandante; si a la verdad de nuestros recursos nos atenemos, no son otros nuestros recursos.<br/ > LEANDRO.-Yo traigo cartas de introducción para personas de valimiento en esta ciudad, que podrán socorremos.<br/ > CRISPÍN.-¡Rompe luego esas cartas y no pienses en tal bajeza? ¡Presentarnos a nadie como necesitados! ¡Buenas cartas de crédito son ésas! Hoy te recibirán con grandes cortesías, te dirán que su casa y su persona son tuyas, y a la segunda vez que llames a su puerta, ya te dirá el criado que su señor no está en casa ni para en ella; y a otra visita, ni te abrián la puerta Mundo es éste de toma y daca; lonja de contratación, casa de cambio, y antes de pedir, ha de ofrecerse.<br/ > LEANDRO.-¿Y qué podré ofrecer yo si nada tengo?<br/ > CRISPÍN.-¡En qué poco te estimas! Pues qué, un hombre por sí, ¿nada vale? Un hombre puede ser soldado, y con su valor decidir una victoria; puede ser galán o marido, y con dulce medicina curar a alguna dama de calidad o doncella de buena linaje que se sienta morir de melancolía; puede ser criado de algún señor poderoso que se aficione de él y le eleve hasta su privanza, y tantas cosas más que no he de enumerar. Para subir, cualquier escalón es bueno.<br/ > LEANDRO.-¿Y si aun ese escalón me falta?<br/ > CRISPÍN.-Yo te ofrezco mis espaldas para encumbrarte. Tú te verás en alto.<br/ > LEANDRO .-¿Y si los dos damos en tierra?<br/ > CRISPíN.-Que ella nos sea leve. ''(Llamando a la hostería con el aldabón.)'' ¡Ah de la hostería! ¡Hola, digo! ¡Hostelero o demonio! ¿Nadie responde? ¿Qué casa es ésta?<br/ > LEANDRO.-¿Por qué esas voces si apenas llamasteis?<br/ > CRISPÍN.-¡Porque es ruindad hacer esperar de ese modo! (Vuelve a llamar más fuerte.) ¡Ah de la gente! ¡Ah de la casa! ¡Ah de todos los diablos!<br/ > HOSTELERO.-''(Dentro.)'' ¿Quién va? ¿Qué voces y qué modo son éstos? No hará tanto que esperan.<br/ > CRISPÍN .-¡Ya fue mucho! Y bien nos informaron que es ésta muy ruin posada para gente noble.<br/ > {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero|Cuadro primero]] | Acto I - Cuadro primero, Escena I | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena II|Escena II ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] s1q0n5s7t8oootwmjcsocfsraesnbza Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena II 0 53544 1665572 1634834 2026-06-21T01:10:58Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665572 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro primero, Escena II |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS, el HOSTELERO y dos Mozos que salen de la hostería.''<br/ > HOSTELERO.-(Saliendo.)Poco a poco, que no es posada, sino hospedería y muy grandes señores han parado en ella.<br/ > CRISPÍN.-Quisiera yo ver a esos que llamáis grandes señores. Gentecilla de poco más o menos. Bien se advierte en esos mozos, que no saben conocer a las personas de calidad, y se están ahí como pasmarotes sin atender a nuestro servicio.<br/ > HOSTELERO.-¡Por vida que sois impertinente!<br/ > LEANDRO.-Este criado mío Siempre ha de extremar su celo. Buena es vuestra posada para el poco tiempo que he de parar en ella. Disponed luego un aposento para mí y otro para este criado, y ahorremos palabras.<br/ > HOSTELERO.-Perdonad, señor; si antes hubierais hablado... Siempre los señores han de ser más comedidos que sus criados.<br/ > CRISPÍN.-Es que este buen señor mío a todo se acomoda; pero yo sé lo que conviene a su servicio, y no he de pasar por cosa mal hecha. Conducidnos ya al aposento.<br/ > HOSTELERO.-¿No traéis bagaje alguno?<br/ > CRISPÍN.-¿Pensáis que nuestro bagaje es hatillo de soldado o de estudiante para traerlo a mano, ni que mi señor ha de traer aquí ocho carros, que tras nosotros vienen, ni que aquí ha de parar sino el tiempo preciso que conviene al secreto de los servicios que en esta ciudad le están encomendados?<br/ > LEANDRO.-¿No callarás? ¿Qué secreto ha de haber contigo? ¡Pues voto a..., que si alguien me descubre por tu hablar sin medida!... ''(Le amenaza y le pega con la espada)''<br/ > CRISPÍN.-¡Valedme, que me matará! ''(Corriendo.)''<br/ > HOSTELERO.-(Interponiéndose entre Leandro y Crispín.) ¡Teneos, señor!<br/ > LEANDRO.-Dejad que le castigue, que no hay falta para mí como el hablar sin tino.<br/ > HOSTELERO.-¡NO le castiguéis,señor!<br/ > LEANDRO.-¡Dejadme, dejadme, que no aprenderá nunca! ''(Al ir a pegar a Crispín, éste se esconde detrás del Hostelero, quien recibe los golpes.)''<br/ > CRISPÍN.-''(Quejándose)''¡Ay, ay,ay!<br/ > HOSTELERO .-¡Ay digo yo, que me dio de plano!<br/ > LEANDRO.-''(A Crispín.)'' Ve a lo que diste lugar: a que este infeliz fuera el golpeado. ¡Pídele perdón!<br/ > HOSTELERO.-No es menester. Yo le perdono gustoso. ''(A los criados.)'' ¿Qué hacéis ahí parados? Disponed los aposentos donde suele parar el embajador de Mantua y preparad comida para este caballero.<br/ > CRISPíN .-Dejad que yo les advierta de todo, que cometerán mil torpezas y pagaré yo luego, que mi señor, como veis, no perdona falta.. Soy con vosotros, muchachos... y tened cuenta a quién servís, que la mayor fortuna o la mayor desdicha os entró por las puertas. ''(Entran los criados y Crispín. en la hostería.)''<br/ > HOSTELERO.-''(A Leandro)'' ¿Y podéis decirme vuestro nombre, de dónde venís, y a qué propósito?...<br/ > LEANDRO.-''(Al ver salir a Crispín de la hostería)'' Mi criado os lo dirá... Y aprended a no importunarme con preguntas... ''(Entra en la hostería)''<br/ > CRISPÍN.-¡ Buena la hicisteis! ¿Atreverse a preguntar a mi señor? Si os importa tenerle una hora siquiera en vuestra casa, no volváis a dirigirle la palabra.<br/ > HOSTELERO.-Sabed que hay Ordenanzas muy severas que así lo disponen.<br/ > CRISPÍN.-¡Veníos con Ordenanzas a mi señor! ¡Callad, callad, que no sabéis a quién tenéis en vuestra casa, y si lo supierais no diríais tantas impertinencias!<br/ > HOSTELERO.-Pero ¿no he de saber siquiera?...<br/ > CRISPÍN.-¡Voto a.. ., que llamaré a mi señor y él os dirá lo que conviene, si no le entendisteis! ¡Cuidad de que nada le falte y atendedle con vuestros cinco sentidos, que bien puede pesaros! ¿No sabéis conocer a las personas? ¿no visteis ya quién es mi señor? ¿Qué replicáis? ¡Vamos ya! ''(Entra en la hostería empujando al Hostelero.)''<br/ > {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena I|Escena I ]] | Acto I - Cuadro primero, Escena II | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena III|Escena III ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] e7glzbqp0qv9no4b7p0wjwgvk0sl5z1 Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena III 0 53561 1665578 1634835 2026-06-21T01:11:10Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665578 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro primero, Escena III |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''ARLEQUÍN y el CAPITÁN que salen por la segunda izquierda.''<br/ > ARLEQUÍN .-Vagando por los campos que rodean esta ciudad, lo mejor de ella sin duda alguna, creo que sin pensarlo hemos venido a dar frente a la hostería. ¡Animal de costumbre es el hombre! ¡Y dura costumbre la de alimentarse cada día!<br/ > CAPITÁN.- ¡La dulce música de vuestros versos me distrajo de mis pensamientos! ¡Amable privilegio de los poetas!<br/ > ARLEQUÍN .-¡Que no les impide carecer de todo! Con temor llego a la hostería. ¿Consentirán hoy en fiarnos? ¡Válgame vuestra espada!<br/ > CAPITÁN.-¿Mi espada? Mi espada de soldado, como vuestro plectro de poeta, nada valen en esta ciudad de mercaderes y de negociantes.. ¡Triste condición es la nuestra!<br/ > ARLEQUÍN.-Bien decís. No la sublime poesía, que sólo canta de nobles y elevados asuntos; ya ni sirve poner el ingenio a las plantas de los poderosos para elogiarlos o satirizarlos; alabanzas o diatribas no tienen valor para ellos; ni agradecen las unas ni temen ías otras. El propio Aretino hubiera muerto de hambre en estos tiempos.<br/ > CAPITÁN.-¿Y nosotros, decidme? Porque fuimos vencidos en las últimas guerras, más que por el enemigo poderoso, por esos indignos traficantes que nos gobiernan y nos enviaron a defender sus intereses sin fuerzas y sin entusiasmo, porque nadie combate con fe por lo que no estima; ellos, que no dieron uno de los suyos para soldado ni soltaron moneda sino a buen interés y a mejor cuenta, y apenas temieron verla perdida amenazaron con hacer causa con el enemigo, ahora nos culpan a nosotros y nos maltratan y nos menosprecian y quisieran ahorrarse la mísera soldada con que creen pagarnos, y de muy buena gana nos despedirían si no temieran que un día todos los oprimidos por sus maldades y tiranías se levantaran contra ellos. ¡Pobres de ellos si ese día nos acordamos de qué parte están la razón y la justicia!<br/ > ARLEQUÍN.-Si así fuera. . . , ese día me tendréis a vuestro lado.<br/ > CAPITÁN.-Con los poetas no hay que contar para nada, que es vuestro espíritu como el ópalo, que a cada luz hace diversos visos. Hoy os apasionáis por lo que nace y mañana por lo que muere; pero más inclinados sois a enamoraros de todo lo ruinoso por melancólico. Y como sois por lo regular poco madrugadores, más veces visteis morir el sol que amanecer el día, y más sabéis de sus ocasos que de sus auroras.<br/ > ARLEQUÍN.-No lo diréis por mí, que he visto amanecer muchas veces cuando no tenía dónde acostarme. ¿Y cómo queríais que cantara a1 día, alegre como alondra, si amanecia tan triste para mí? ¿Os decidís a probar fortuna?<br/ > CAPITÁN .-¡Qué remedio! Sentémonos y sea lo que disponga nuestro buen hostelero.<br/ > ARLEQUÍN.-¡Hola! ¡Eh! ¿Quién sirve? ''(Llamando en la hostería.)''<br/ > {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena II|Escena II ]] | Acto I - Cuadro primero, Escena III | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena IV|Escena IV ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] 5zs2qiawkvnvm8zdre0p7embhhom0ja Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena IV 0 53562 1665577 1634836 2026-06-21T01:11:08Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665577 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro primero, Escena IV |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS, el HOSTELERO, después los Mozos, LEANDRO y CRISPÍN, que salen a su tiempo de la hostería.''<br/ > HOSTELERO.-¡ Ah, caballeros! ¿Sois vosotros? Mucho lo siento, pero hoy no puedo servir a nadie en mi hostería.<br/ > CAPITÁN.-¿Y por qué causa, si puede saberse?<br/ > HOSTELERO.-¡Lindo desahogo es el vuestro en preguntarlo! ¿Pensáis que a mí me fía nadie lo que en mi casa se gasta?<br/ > CAPITÁN.-¡ Ah! ¿Es ése el motivo? ¿Y no somos personas de crédito a quien puede fiarse?<br/ > HOSTELERO.-Para mí, no. Y como nunca pensé cobrar, para favor ya fue bastante; conque así, hagan merced de no volver por mi casa.<br/ > ARLEQUÍN.-¿Creéis que todo es dinero en este bajo mundo? ¿Contáis por nada las ponderaciones que de vuestra casa hicimos en todas partes? ¡Hasta un soneto os tengo dedicado y en él celebro vuestras perdices estofadas y vuestros pasteles de liebre!... Y en cuanto al señor Capitán, tened por seguro que él solo sostendrá contra un ejército el buen nombre de vuestra casa. ¿Nada vale esto? ¡Todo ha de ser moneda contante en el mundo!<br/ > HOSTELERO .-¡No estoy para burlas! No he menester de vuestros sonetos ni de la espada del señor Capitán, que mejor pudiera emplearla.<br/ > CAPITÁN .-¡Voto a... , que si la emplearé escarmentando a un pícaro! ''(Amenazándole y pegándole con la espada.)''<br/ > HOSTELERO.-''(Gritando.)'' ¿Qué es esto? ¿Contra mí? ¡Favor! ¡Justicia!<br/ > ARLEQUÍN.-(Conteniendo al Capitán.) ¡No os perdáis por tan ruin sujeto!<br/ > CAPITÁN.-¡He de matarle! (Pegándole.)<br/ > HOSTELERO.-¡Favor! ¡ Justicia! Mozos.-''(Saliendo de la hostería.)'' ¡Que matan a nuestro amo!<br/ > HOSTELERO.- ¡Socorredme!<br/ > CAPITÁN.-¡NO dejaré uno!<br/ > HOSTELERO.-¿No vendrá nadie?<br/ > LEANDRO.-(Saliendo con Crispín.) ¿Qué alboroto es éste?<br/ > CRISPÍN .-¿En lugar donde mi señor se hospeda? ¿No hay sosiego posible en vuestra casa? Yo traeré a la Justicia, que pondrá orden en ello.<br/ > HOSTELERO.-¡Esto ha de ser mi ruina! ¡Con tan gran señor en mi casa!<br/ > ARLEQUÍN.-¿Quién es él?<br/ > HOSTELERO.-¿ No oséis preguntarlo?<br/ > CAPITÁN.-Perdonad, señor, si turbamos vuestro reposo; pero este ruin hostelero...<br/ > HOSTELERO.-NO fue mía la culpa, señor, sino de estos desvergonzados...<br/ > CAPITÁN.-¿A mí desvergonzado? ¡No miraré nada!...,<br/ > CRISPÍN.-¿Alto, señor Capitán, que aquí tenéis quien satisfaga vuestros agravios, si los tenéis de este hombre.<br/ > HOSTELERO.-Figuraos que ha más de un mes que comen a mi costa sin soltar blanca, y porque me negué hoy a servirles se vuelven contra mí.<br/ > ARLEQUÍN.-Yo, no, que todo lo llevo con paciencia.<br/ > CAPITÁN.-¿Y es razón que a un soldado no se le haga crédito?<br/ > ARLEQUÍN.-¿Y es razón que en nada se estime un soneto con estrambote que compuse a sus perdices estofadas y a sus pasteles de liebre?...Todo por fe, que no los probé nunca, sino carnero y potajes.<br/ > CRISPÍN.-Estos dos nobles señores dicen muy bien, y es indignidad tratar de ese modo a un poeta y a un soldado.<br/ > ARLEQÍN.- ¡Ah señor, sois un alma grande!<br/ > CRISPÍN.-Yo no. Mi señor, aquí presente; que como tan gran señor, nada hay para él en el mundo como un poeta y un soldado.<br/ > LEANDRO .-Cierto.<br/ > CRISPÍN.-Y estad seguros de que mientras él pare en esta ciudad no habéis de carecer de nada, y cuanto gasto hagáis aquí corre de su cuenta.<br/ > LEANDRO.-Cierto.<br/ > CRISPÍN .-¡Y mírese mucho el hostelero en trataros como corresponde!<br/ > HOSTELERO.-¡Señor!<br/ > CRISPÍN.-Y no seáis tan avaro de vuestras perdices ni de vuestras empanadas de gato, que no es razón que un poeta como el señor Arlequín hable por sueño de cosas tan palpables...<br/ > ARLEQUIN.-¿Conocéis mi nombre?<br/ > CRISPÍN.-Yo no; pero mi señor, como tan gran señor, conoce a cuan- tos poeta existen y existieron, siempre que sean dignos de ese nombre.<br/ > LEANDRO.Cierto.<br/ > CRISPÍN.-Y ninguno tan grande como vos, señor Arlequín; y cada vez que pienso que aquí no se os ha guardado todo el respeto que merecéis...<br/ > HOSTELERO.-Perdonad, señor. Yo les serviré como mandáis, y basta que seáis su fiador...<br/ > CAPITÁN.-Señor, si en algo puedo serviros...<br/ > CRISPÍN.-¿Es poco servicio el conoceros? ¡Glorioso Capitán, digno de ser cantado por ese solo poeta!...<br/ > ARLEQUIN.-¡Señor!<br/ > CAPITÁN.- ¡Señor!<br/ > ARLEQUÍN .-¿Y os son conocidos mis versos?<br/ > CRISPÍN .-¿Cómo conocidos? ¡Olvidados los tengo! ¿No es vuestro aquel soneto admirable que empieza: “La dulce mano que acaricia y mata”?<br/ > ARLEQUIN.-¿Cómo decís?<br/ > CRISPÍN.-“La dulce mano que acaricia y mata.”<br/ > ARLEQUÍN.-¿Ése decís? No, no es mío ese soneto.<br/ > CRISPÍN.-Pues merece ser vuestro. Y de vos, Capitán, ¿quién no conoce las hazañas? ¿No fuisteis el que sólo con veinte hombres asaltó el castillo de las Peñas Rojas en la famosa batalla de los Campos Negros?<br/ > CAPITAN.-¿Sabéis? ...<br/ > CRISPÍN.-¿Cómo si sabemos? ¡Oh! ¿Cuánta veces se lo oí referir a mi señor entusiasmado! ¡Veinte hombres, veinte, y vos delante, y desde el castillo... ¡bum!, ¡bum!, ¡bum!, disparos y bombardas y pez hirviente, y demonios encendidos... ! ¡Y los veinte hombres como un solo hombre y vos delante! Y los de arriba.... ¡bum!¡bum!¡bum!Y los tambores.. ¡ran,rataplan,.Y los clarines... , ¿tararí, tararí, tararí!... Y vosotros sólo con vuestra espada y vos sin espada... iris, ris ris!, golpe aquí, golpe allí..., una cabeza, un brazo... (Empieza a golpes con la espada, dándoles de plano al Hostelero y a los Mozos.)<br/ > Mozo.-¡Ay, ay!<br/ > HOSTELERO.- ¡Téngase; que se apasiona como si pasara!<br/ > CRISPÍN.-¿Cómo si me apasiono? Siempre sentí yo el animus belli.<br/ > CAPITÁN.-No parece sino que os hallasteis presente.<br/ > CRISPÍN.-Oírselo referir a mi señor es como verlo, mejor que verlo. ¡Y a un soldado así, al héroe de las Peñas Rojas en los Campos Negros, se le trata de esa manera!... ¡Ah! Gran suerte fue que mi señor se hallase presente y que negocios de importancia le hayan traído a esta ciudad, dónde él hará que se os trate con respeto, como merecéis... ¡Un poeta tan alto, un tan gran capitán ''(A los Mozos.)'' ¡Pronto! ¿Qué hacéis ahí como estafermos? Servidles de lo mejor que haya en vuestra casa, y ante todo una botella del mejor vino, que mi señor quiere beber con estos caballeros, y lo tendrá a gloria... ¿Qué hacéis ahí? ¡Pronto!<br/ > HOSTELERO.-¡Voy, Voy! ¡No he librado de mala! ''(Se va con los Mozos a la hostería)''<br/ > ARLEQUÍN.-¡ Ah, señor! ¿Cómo agradeceros?...<br/ > CAPITÁN.-¿Cómo pagaros?<br/ > CRISPÍN.-¡Nadie hable aquí de pagar, que es palabra que ofende! Sentaos, sentaos, que para mi señor, que a tantos príncipes y grandes ha sentado a su mesa, será éste el mayor orgullo.<br/ > LEANDRO.-Cierto.<br/ > CRISPÍN.-Mi señor no es de muchas palabras; pero, como véis, esa pocas son otras tantas sentencias llenas de sabiduría.<br/ > ARLEQUÍN.-En todo muestra su grandeza.<br/ > CAPITÁN.NO sabéis cómo conforta nuestro abatido espíritu hallar un gran señor como vos, que así nos considera.<br/ > CRISPÍN.-Esto no es nada, que yo sé que mi señor no se contenta con tan poco y será capaz de llevaros consigo y colocaros en tan alto estado...<br/ > LEANDRO.-(Aparte a Crispín.) No te alargues en palabras, Crispín...<br/ > CRISPÍN.-Mi señor no gusta de palabras, pero ya le conoceréis por las obras.<br/ > HOSTELERO..(Saliendo con los Mozos que traen las viandas y ponen la mesa.) Aquí está el vino... , y la comida.<br/ > CRISPÍN.-¡Beban, beban y coman y no se priven de nada, que mi señor corre con todo, y si algo os falta, no dudéis en decirlo, que mi señor pondrá orden en ello, que el hostelero es dado a descuidarse!<br/ > HOSTELERO.-No, por cierto; pero comprenderéis...<br/ > CRISPÍN.-No digáis palabra, que diréis una impertinencia.<br/ > CAPITÁN.-¡A vuestra salud!<br/ > LEANDRO.-¿A la vuestra, señores! ¡Por el más grande poeta y el mejor soldado!<br/ > ARLEQUÍN .-¡Por el más noble señor!<br/ > CAPITÁN .-¡Por el más generoso!<br/ > CRISPÍN.-Y yo también he de beber, aunque sea atrevimiento. Por este día grande entre todos que juntó al más alto poeta, al más valiente capitán, al más noble señor y al más leal criado... Y permitid que mi señor se despida, que los negocios que le traen a esta ciudad no admiten demora.<br/ > LEANDRO.-Cierto.<br/ > CRISPÍN.-¿No faltaréis a presentarle vuestros respetos cada día?<br/ > ARLEQUÍN.-Y a cada hora; y he de juntar a todos los músicos y poetas de mi amistad para festejarle con músicas y canciones.<br/ > CAPITÁN.Y yo he de traer a, toda mi compañía con antorchas y luminarias.<br/ > LEANDRO.Ofenderéis mi modestia...<br/ > CRISPÍN.-Y ahora comed, bebed... ¡Pronto! Servid a estos señores.. (Aparte al Capitán.) Entre nosotros..., ¿estaréis sin blanca?<br/ > CAPITÁN.-¿Qué hemos de deciros?<br/ > CRISPÍN.-¡No digáis más! (Al Hostelero.) ¡Eh! ¡Aquí estregaréis a estos caballeros cuarenta o cincuenta escudos por encargo de mi señor y de parte suya... ¡No dejéis de cumplir sus órdenes!<br/ > HOSTELERO.-¡Descuidad! ¿Cuarenta o cincuenta, decís?<br/ > CRISPÍN.-Poned sesenta... ¡Caballeros, salud!<br/ > CAPITÁN.-¡Viva el más grande caballero!<br/ > ARLEQUÍN.- ¡Viva!<br/ > CRISPÍN-¡Decid ¡viva! también vosotros, gente incivil!<br/ > HOSTELERO Y MOZOS.-¡Viva!<br/ > CRÍSPÍN.-¡Viva el más alto poeta y el mayor soldado!<br/ > TODOS.-¡Viva!<br/ > LEANDRO.-(Aparte a Crispín.) ¿Qué locuras son éstas, Crispín, y cómo saldremos de ellas?<br/ > CRISPÍN.-Como entramos. Ya lo ves; la poesía y las armas son nuestras... ¡Adelante! ¡sigamos la conquista del mundo! ''(Todos se hacen saludos y reverencias, y Leandro y Crispín se van por la segunda izquierda.'' ''El Capitán y Arlequín se disponen a comer los asados que les han preparado el Hostelero y los Mozos que los sirven.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena III|Escena III ]] | Acto I - Cuadro primero, Escena IV | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo|Cuadro segundo]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] pz5dukhj1jry37rzfamfed17hvl6dqb Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo 0 53563 1665574 1634837 2026-06-21T01:11:02Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665574 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> <div class=Parrafo> ''Jardín con fachada de un pabellón con puerta practicable en primer término izquierda. Es de noche.'' </div> {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro primero, Escena IV|Escena IV ]] | Acto I - Cuadro segundo | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena I|Escena I ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] 03j482rtsi2zlm6ho4lry2rrcjm0rrv Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena I 0 53564 1665573 1634838 2026-06-21T01:11:00Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665573 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena I |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> Doña Sirena y Colombina saliendo del pabellón.<br/ > SIRENA.-¿No hay para perder el juicio, Colombina? ¡Que una dama se vea en trance tan afrentoso por gente baja y descomedida! ¿Cómo te atreviste a volver a mi presencia con tales razones?<br/ > COLOMBINA.-¿Y no habíais de saberlo?<br/ > SIRENA.-¡Morir me estaría mejor! ¿Y todos te dijeron lo mismo?<br/ > COLOMBINA.-Uno por uno, Como lo oísteis. . . El sastre, que no os enviará el vestido mientras no le paguéis todo lo adeudado.<br/ > SIRENA.-¡El insolente! ¡El salteador de caminos! ¡Cuando es él quien me debe todo su crédito en esta ciudad, que hasta emplearlo yo en el atavío de mi persona no supo lo que era vestir damas!<br/ > COLOMBINA.-Y los cocineros y los músicos y los criados todos dijeron lo mismo: que no servirían esta noche en la fiesta si no les pagáis por adelantado.<br/ > SIRENA.-¡Los sayones! ¡Los forajidos! ¡Cuándo se vio tanta insolencia en gente nacida para servirnos! ¿Es que ya no se paga más que con dinero? ¿Es que ya sólo se estima el dinero en el mundo? ¡Triste de la que se ve como yo, sin el amparo de un marido, ni de parientes, ni de allegados masculinos!. . . Que una mujer sola nada vale en el mundo, por noble y virtuosa que sea. ¡Oh,tiempos de perdición! ¡Tiempos del Apocalipsis! ¡El Anticristo debe ser llegado!<br/ > COLOMBINA.-Nunca os vi tan apocada. Os desconozco. De mayores apuros supisteis salir adelante.<br/ > SIRENA.-Eran otros tiempos, Colombina. Contaba yo entonces con mi juventud y con mi belleza como poderosos aliados. Príncipes y grandes señores rendíanse a mis plantas.<br/ > COLOMBINA.-En cambio, no sería tanta vuestra experiencia y conocimiento del mundo como ahora. Y en cuanto a vuestra belleza, nunca estuvo tan en su punto, podéis creerlo.<br/ > SIRENA.-¡Deja lisonjas! ¡Cuándo me vería yo de este modo si fuera la doña Sirena de mis veinte!<br/ > COLOMBINA.-¿Años queréis decir?<br/ > SIRENA.-PueS ¿qué pensaste? ¡Y qué diré de ti, que aún no los cumpliste y no sabes aprovecharlo! ¡Nunca lo creyera cuando al verme tan sola de criada te adopté por sobrina! ¡Si en vez de malograr tu juventud enamorándote de ese Arlequín, ese poeta que nada puede ofrecer sino versos y músicas, supieras emplearte mejor, no nos veríamos en tan triste caso!<br/ > COLOMBINA.-¿Qué queréis? Aún soy demasiado joven para resignarme a ser amada y no corresponder. Y si he de adiestrarme en hacer padecer por mi amor, necesito saber antes cómo se padece cuando se ama. Yo sabré desquitarme. Aún no cumplí los veinte años. No me créais con tan poco juicio que piense en casarme con Arlequín.<br/ > SIRENA.-No me fío de ti, que eres muy caprichosa y siempre te dejaste llevar de la fantasía. Pero pensemos en lo que ahora importa. ¿Qué haremos en tan gran apuro? No tardarán en acudir mis convidados, todos personas de calidad y de importancia, y entre ellas el señor Polichinela con su esposa y su hija, que por muchas razones me importan más que todos. Ya sabe a cómo frecuentan esta casa algunos Meros nobilísimos, pero, como yo, harto deslucidos en su nobleza, por falta de dinero. Para cualquiera de ellos, la hija del señor Polichinela, con su riquísima dote, y el gran caudal que ha de heredar a la muerte de su padre, puede ser un partido muy ventajoso. Muchos son los que la pretenden. En favor de todos ellos interpongo yo mi buena amistad con el señor Polichinela y su esposa. Cualquiera que sea el favorecido, yo sé que ha de corresponder con largueza a mis buenos oficios, que de todos me hice firmar una obligación para asegurarme. Ya no me quedan otros medios que estas mediaciones para reponer en algo mi patrimonio; si de camino algún rico comerciante o mercader se prendara de ti..., ¿quién sabe?... , aún podía ser esta casa lo que fue en otro tiempo. Pero si esta noche la insolencia de esa gente trasciende, si no puedo ofrecer la fiesta... ¡No quiero pensarlo ..., que será mi ruina!<br/ > COLOMBINA.-NO paséis cuidado Con qué agasajarlos no ha de faltar. Y en cuanto a músicos y a criados, el señor Arlequín, que por algo es poeta y para algo está enamorado de mi, sabrá improvisarlo todo. Él conoce a muchos truhanes de buen humor que han de prestarse a todo. Ya veréis, no faltará nada, y vuestros convidados dirán que no asistieron en su vida a tan maravillosa fiesta.<br/ > SIRENA.-¡ Ay, Colombina! Si eso fuera, ¡cuánto ganarías en mi afecto! Corre en busca de tu poeta... No hay que perder tiempo.<br/ > COLOMBINA .-¿Mi poeta? Del otro lado de estos jardines pasea, de seguro, aguardando una seña mía...<br/ > SIRENA.-NO será bien que asista a vuestra entrevista, que yo no debo rebajarme en solicitar tales favores tu cargo lo dejo. ¡Que nada falte para la fiesta, y yo sabré re-compensar a todos; que esta estre-chez angustiosa de ahora no puede durar siempre.. ., o no sería yo doña sirena!<br/ > COLOMBINA.-Todo se compondrá. Id descuidada. (Vase doña Sirena por el pabellón.) {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo|Cuadro segundo]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena I | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena II|Escena II ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] 0se9dmqsm46uf8ehc89hn0s7b3sodoz Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena II 0 53565 1665571 1634839 2026-06-21T01:10:56Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665571 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena II |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> COLOMBINA. Después CRISPÍN, que sale por la segunda derecha.<br/ > COLOMBINA.-(Dirigiéndose a la Segunda,derecha y llamando)¡Ar- lequín!¡Arlequín!(Al ver salir a Crispín). ¡No es el!<br/ > CRISPÍN.-No temáis, hermosa Colombina,amada del más soberano ingenio,que por ser raro poeta en todo,no quiso extremar en sus versos las ponderaciones de vuestra belleza. Si de lo vivo a lo pintado fue Siempre diderencia,es toda en esta Ocasión ventaja de lo vivo,¡con ser Tal la pintura!<br/ > COLOMBINA.-Y vos ¿sois también poeta, o sólo cortesano y lisonjero?<br/ > CRISPÍN.-Soy el mejor amigo de vuestro enamorado Arlequín, aunque sólo de hoy le conozco, pero tales pruebas tuvo de mi amistad en tan corto tiempo. Mi mayor deseo fue el de saludaros, y el señor Arlequín no anduviera tan discreto en complacerme a no fiar tanto de mi amistad, que sin ella fuera ponerme a riesgo de amaros sólo con haberme puesto en ocasión de veros.<br/ > COLOMBINA.-El señor Arlequín fiaba tanto en el amor que le tengo como en la amistad que le tenéis. No pongáis todo el mérito de vuestra parte, que es tan necia presunción perdonar la vida a los hombres como el corazón a las mujeres.<br/ > CRISPÍN.-Ahora advierto que no sois tan peligrosa al que os ve como al que llega a escucharos.<br/ > COLOMBINA.-Permitid; pero antes de la fiesta preparada para esta noche he de hablar con el señor Arlequín y...<br/ > CRISPÍN.-No es preciso. A eso vine, enviado de su parte y de parte de mi señor, que os besa las manos.<br/ > COLOMBINA .-¿Y quién es vuestro señor, si puede saberse?<br/ > CRISPÍN.-El más noble caballero, el más poderoso. . . Permitid que por ahora calle su nombre; pronto habréis de conocerle. Mi señor desea saludar a doña Sirena y asistir a su fiesta esta noche<br/ > COLOMBINA.-¡La fiesta! ¿No sabéis..?<br/ > CRISPÍN.-Lo sé. Mi deber es averiguarlo todo. Sé que hubo inconvenientes que pudieron estorbarla; pero no habrá ninguno, todo está prevenido.<br/ > COLOMBINA .-¿Cómo sabéis.. .?<br/ > CRISPÍN.-Yo os aseguro que no faltará nada. Suntuoso agasajo, luminarias y fuegos de artificio, músicos y cantores. Será la más lucida fiesta del mundo...<br/ > COLOMBINA .-¿Sois algún encantador, por ventura?.<br/ > CRISPÍN.-Ya me iréis conociendo. Sólo os diré que por algo juntó hoy el destino a gente de tan buen entendimiento, incapaz de malograrlo con vanos escrúpulos. Mi señor sabe que esta noche asistirá a la fiesta el señor Polichinela, con su hija única, la hermosa Silvia, el mejor partido de esta ciudad. Mi señor ha de enamorarla, mi señor ha de casarse con ella y mi señor sabrá pagar como corresponde los buenos oficios de doña Sirena y los vuestros también si os prestáis a favorecerle..<br/ > COLOMBINA.-No andáis con rodeos Debiera ofenderme vuestro atrevimiento..<br/ > CRlSPÍN.-El tiempo apremia y no me dio lugar a ser comedido..<br/ > COLOMBINA.-Si ha de juzgarse del amo por el criado....<br/ > CRISPÍN.-No temáis. A mi ama le hallaréis el más cortés y atento caballero, Mi desvergüenza le permite a él mostrarse vergonzoso. Duras necesidades de la vida pueden obligar al más noble caballero a empleos de rufián, como a la más noble dama a bajos oficios, y esta mezcla de ruindad y nobleza en un mismo sujeto desluce con el mundo. Habilidad es mostrar separado en dos sujetos lo que suele andar junto en uno solo. Mi señor y yo, con ser uno mismo, somos cada uno una parte del otro. ¡Si así fuera siempre! Todos llevamos en nosotros un gran señor de altivos pensamientos, capaz de todo lo grande y de todo lo bello. . . Y a su lado, el servidor humilde, el de las ruines obras, el que ha de emplearse en las bajas acciones a que obliga la vida... Todo el arte está en separarlos de tal modo que cuando caemos en alguna bajeza podamos decir siempre; no fue mía, no fui yo, fue mi criado. En la mayor miseria de nuestra vida siempre hay algo en nosotros que quiere sentirse superior a nosotros mismos. Nos despreciaríamos demasiado si no creyésemos valer más que nuestra vida. . . Ya sabéis quién es mi señor: el de los altivos pensamientos, el de los bellos sueños. Ya sabéis quién soy yo: el de los ruines empleos, el que siempre muy bajo, rastrea y socava entre toda mentira y toda indignidad y toda miseria Sólo hay algo en mí que me redime y me eleva a mis propios ojos. Esta lealtad de mi servidumbre esta lealtad que se humìlla y se arrastra para que otro pueda volar y pueda ser siempre el señor de los altivos pensamientos,el de los bellos sueños. (Se oye música dentro.).<br/ > COLOMBINA.-¿Qué música es esa?.<br/ > CRISPÍN-La que mi señor trae a la fiesta, con todos sus pajes y todos sus criados y toda una corte de poetas y cantores presididos por el señor Arlequín, y toda una legión de soldados,con el Capitán al frente, escoltándole con antorchas...<br/ > COLOMBINA .--¿Quién es vuestro señor, que tanto puede? Corro a prevenir a mi señora....<br/ > CRISPÍN.-No es preciso. Ella acude. {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena I|Escena I ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena II | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena III|Escena III ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] qp8bc2tbs5sugnyglfebrvkd0nlhhob Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena III 0 53567 1665576 1634840 2026-06-21T01:11:06Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665576 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena III |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS y DOÑA SIRENA, que sale por el pabellón.''<br/ > SIRENA.-¿Qué es esto? ¿Quién previno esa música? ¿Qué tropel de gente llega a nuestra puerta?<br/ > COLOMBINA .-No preguntéis nada. Sabed que hoy llegó a esta ciudad un gran señor, y es él quien os ofrece la fiesta esta noche. Su criado os informará de todo. Yo aún no sabré deciros si hablé con un gran loco o con un gran bribón. De cualquier modo, os aseguro que él es un hombre extraordinario...<br/ > SIRENA.-¿Luego no fue Arlequín?<br/ > COLOMBINA.-No preguntéis... Todo es como cosa de magia...<br/ > CRISPÍN. Doña Sirena, mi señor os pide licencia para besaros las manos. Tan alta señora y tan noble señor no han de entender en intrigas impropias de su condición. Por eso, antes que él llegue a saludaros, yo he de decirlo todo. Yo sé de vuestra historia mil notables sucesos que, referidos, me asegurarían toda vuestra confianza... Pero fuera impertinencia puntualizarlos. Mi amo os asegura aquí (entregándole un papel) con su firma la obligación que ha de cumpliros ni de vuestra parte sabéis cumplir lo que aquí os propone.<br/ > SIRENA .-¿Qué papel y qué obligación es ésta?... (Leyendo el papel para sí.) ¿Cómo? ¡Cien mil escudos de presente y otros tantos a la muerte del señor Polichinela si llega a casarse con su hija? ¿Qué insolencia es ésta? ¿A una dama? ¿Sabéis con quién habláis? ¿Sabeís qué casa es ésta?<br/ > CRISPÍN.-Doña Sirena... , ¡excusad la indignación! No hay nadie presente que pueda importaros. Guardad ese papel junto con otros.. ., y no se hable más del asunto. Mi señor no os propone nada indecoroso, ni vos consentiríais en ello... Cuanto aquí sucede será obra de la casualidad y del amor. Fui yo, el criado, el único que tramó estas cosas indignas. Vos sois siempre la noble dama, mi amo el noble señor, que al encontraros esta noche en la fiesta, hablaréis de mil cosas galantes y delicadas, mientras vuestros convidados pasean y conversan a vuestro alrededor, con admiraciones a la hermosura de las damas, al arte de sus galas, a la esplendidez del agasajo, a la dulzura de la música y a la gracia de los bailarines... ¿Y quién se atreverá a decir que no es esto todo? ¿No es así la vida, una fiesta en que la música sirve para disimular palabras y las palabras para disimular pensamientos? Que la música suene incesante, que la conversación se anime con alegres risas, que la cena esté bien servida. . . , es todo lo que importa a los convidados. Y ved aquí a mi señor, que llega a saludaros con toda gentileza.<br/ > {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena II|Escena II ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena III | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena IV|Escena IV ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] a9zelwu2mr07mfeavkzvyx0i1xflk39 Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena IV 0 53568 1665575 1634841 2026-06-21T01:11:04Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665575 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena IV |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> DICHOS, LEANDRO, ARLEQUÍN y el CAPITÁN, que salen por la segunda derecha.<br/ > LEANDRO.-Doña Sirena, bésoos las manos.<br/ > SlRENA.-Caballero ...<br/ > LEANDRO.-Mi criado os habrá dicho en mi nombre cuanto yo pudiera deciros.<br/ > CRISPÍN.-Mi señor, como persona grave, es de pocas palabras. Su admiración es muda.<br/ > ARLEQUÍN .-Pero sabe admirar sabiamente.<br/ > CAPITÁN.-El verdadero mérito.<br/ > ARLEQUÍN.-El verdadero valor.<br/ > CAPITÁN.-El arte incomparable de la poesía.<br/ > ARLEQUÍN.-La noble ciencia militar.<br/ > CAPITÁN.-En todo muestra su grandeza.<br/ > ARLEQUÍN.-Es el más noble caballero del mundo.<br/ > CAPITÁN.-Mi espada siempre estará a su servicio.<br/ > ARLEQUÍN.-He de consagrar a su gloria mi mejor poema.<br/ > CRISPÍN.-Basta, basta, que ofenderéis su natural modestia. Vedle,cómo quisiera ocultarse y desaparecer.Es una violeta.<br/ > SIRENA.-No necesita hablar quien de este modo hace hablar a todos en su alabanza. ''(Después de un saludo y reverencia se van todos por la primera derecha. A Colombina.)'' ¿Qué piensas de todo esto, Colombina?<br/ > COLOMBINA.-Que el caballero tiene muy gentil figura y el criado muy gentil desvergüenza.<br/ > SIRENA .-Todo puede aprovecharse. O yo no sé nada del mundo ni de los hombres, o la fortuna se entró hoy por mis puertas.<br/ > COLOMBINA .-Pues segura es entonces la fortuna; porque del mundo sabéis algo, y de los hombres, ¡no se diga!<br/ > SIRENA.-Sirena y Laura, que son las primeras en llegar...<br/ > COLOMBINA.-¿Cuándo fueron ellas las últimas en llegar a una fiesta? Os dejo en su compañía, que yo no quiero perder de vista a nuestro caballero... ''(Vase por la primera derecha.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena III|Escena III ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena IV | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena V|Escena V ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] o0db8cjs2p5po3ehu2th133h71kindw Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena V 0 53595 1665579 1634842 2026-06-21T01:11:12Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665579 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena V |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DOÑA SIRENA, LAURA y RISELA, que salen por la segunda derecha.''<br/ > SIRENA.-¡Amigas! Ya comenzaba a dolerme de vuestra ausencia.<br/ > LAURA.-Pues ¿es tan tarde?<br/ > SIRENA.-Siempre lo es para veros.<br/ > RISELA.Otras dos fiestas dejamos por no faltar a vuestra casa.<br/ > LAURA.-Por más que alguien nos dijo que no sería ,esta noche por hallaros algo indispuesta.<br/ > SIRENA.-Sólo por dejar mal a los maldicientes, aun muriendo la hubiera tenido.<br/ > RISELA.-Y nosotras nos hubiéramos muerto y no hubiéramos dejado de asistir a ella.<br/ > LAURA.-¿No sabéis la novedad?<br/ > RISELA.-No se habla de otra cosa.<br/ > LAURA .-Dicen que ha llegado un personaje misterioso. Unos dicen que es embajador secreto de Venecia o de Francia.<br/ > RISELA.-Otros dicen que viene a buscar esposa para el Gran Turco.<br/ > LAURA.-Aseguran que es lindo como un Adonis.<br/ > RISELA.-Si nos fuera posible conocerle... Debisteis invitarle a vuestra fiesta.<br/ > SIRENA.-No fue preciso, amigas, que él mismo envió un embajador a pedir licencia para ser recibido. Y en mi casa está y le veréis muy pronto.<br/ > LAURA .-¿Qué decís? Ved si anduvimos acertadas en dejarlo todo por asistir a vuestra casa.<br/ > RISELA.-¡cuántas nos envidiarán esta noche!<br/ > LAURA.-Todos rabian por conocerle.<br/ > SIRENA.-Pues yo nada hice por lograrlo. Bastó que él supiera que yo tenía fiesta en mi casa.<br/ > RISELA.-Siempre fue lo mismo con vos. No llega persona importante a la ciudad que luego no os ofrezca sus respetos.<br/ > LAURA.-Ya se me tarda en verle... Llevadnos a su presencia por vuestra vida.<br/ > RISELA.-Sí, si, llevadnos.<br/ > SIRENA.-Permitid, que llega el señor Polichinela con su familia... Pero id sin mí; no os será difícil hallarle.<br/ > RISELA.-Sí, sí; vamos Laura.<br/ > LAURA.-Vamos, Risela. Antes de que aumente la confusión y no nos sea posible acercarnos. ''(Se van por la primera derecha.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena IV|Escena IV ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena V | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VI|Escena VI ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] c4byr6s1b3zuzqy9znawmiwu914ogas Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VI 0 53596 1665580 1634843 2026-06-21T01:11:14Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665580 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena VI |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DOÑA SIRENA, POLICHINELA , LA SEÑORA DE POLICHINELA y SILVA, que salen por la segunda derecha.''<br/ > SIRENA.-¡Oh, señor Polichinela! Ya temí que no vendríais. Hasta ahora no comenzó para mí la fiesta.<br/ > POLICHINELA .-No fue culpa mía la tardanza. Fue de mi mujer, que entre cuarenta vestidos no supo nunca cuál ponerse.<br/ > SEÑORA DE POLICHINELA.Id por él fuera, me presentaría de cualquier modo... Ved cómo vengo de sofocada por apresurarme.<br/ > SIRENA.-venís hermosa como nunca.<br/ > POLICHINELA.-Pues aún no trae la mitad de sus joyas. No podría con tanto peso.<br/ > SIRENA.-¿Y quién mejor puede ufanarse con que su esposa ostente el fruto de una riqueza adquirida con vuestro trabajo?<br/ > SEÑORA DE POLICHINELA.-Pero ¿no es hora ya de disfrutar de ella, como yo le digo, y de tener más nobles aspiraciones? Figuraus que aho ra quiere casar a nuestra hija con un negociante.<br/ > SIRENA.-¡Oh, señor Polichinela! Vuestra hija merece mucho más que un negociante. No hay que pensar en eso. No debéis sacrificar su corazón por ningún interes. ¿Qué dices tú, Silvia?<br/ > POLICHINELA.-Ella prefeririá algún barbilindo que., muy a pesar mío, es muy dada a novelas y poesías.<br/ > SILVIA.-Yo haré siempre lo que mi padre ordene si a mi madre no le contraría y a mí no me disgusta.<br/ > SIRENA.-Eso es hablar con juicio.<br/ > SEÑORA DE POLICHINELA .-Tu padre piensa que sólo cl dinero vale y se estima en el mundo.<br/ > POLICHINELA.-Yo pienso que sin dinero no hay cosa que valga ni se estime en el mundo; que es el pre cio de todo.<br/ > SIRENA.-¡No habléis así! ¿Y las virtudes, y el saber, y la nobleza?<br/ > POLICHINELA.-Todo tiene su precio, ¿quién lo duda? Nadie mejor que yo lo sabe, que compré mucho de todo eso, y no muy caro.<br/ > SIRENA .-¡Oh, señor Polichinela! Es humorada vuestra. Bien sabéis que el dinero no es todo, y que si vuestra hija se enamora de algún noble caballero, no sería bien contrariarla. Yo sé que tenéis un sensible corazón de padre.<br/ > POLICHINELA.-Eso sí. Por mi hija sería capaz de todo.<br/ > SIRENA.-¿Hasta de arruinaros?<br/ > POLICHINELA.-Eso no seria una prueba de cariño. Antes sería capaz de robar, de asesinar..., de todo.<br/ > SIRENA.-Ya sé que siempre sabríais rehacer vuestra fortuna, Pero la fiesta se anima. Ven conmigo, Silvia. Para danzar téngote destinado un caballero, que habéis de ser la más lucida Pareja... (Se dirigen todos a la primera derecha. Al ir a salir el señor Polichinela, Crispín, que entra por la segunda derecha, le detiene.) {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena V|Escena V ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena VI | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VII|Escena VII ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] im8l7f3ljsgwyjbs9ssgm5cpfup3sgo Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VII 0 53597 1665581 1634844 2026-06-21T01:11:16Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665581 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena VII |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''CRISPÍN Y POLICHINELA.''<br/ > CRISPÍN.-¡Señor Polichinela! Con licencia.<br/ > POLICHINELA.-¿Quién me llama? ¿Qué me queréis?<br/ > CRISPÍN.-¿No recordáis de mí? No es extraño El tiempo todo lo hurra, y cuando es algo enojoso lo borrado, no deja ni siquiera el borrón como recuerdo, sino que se apresura a pintar sobre él con alegres colores, esos alegres colores con que ocultáis al mundo vuestras jorobas. Señor Polichinela, cuando yo os conocí apenas las cubrían unos descoloridos andrajos.<br/ > POLICHINELA.-¿Y quién eres tú y dónde pudiste conocerme?<br/ > CRISPÍN.-Yo era un mozuelo, tú eras ya todo un hombre. Pero ¿has olvidado ya tantas gloriosas hazañas por esos mares, tantas victorias ganadas al turco, a que no poco contribuimos con nuestro heroico esfuerzo, unidos los dos al mismo noble remo en la misma gloriosa nave?<br/ > POLICHINELA.- ¡Imprudente! ¡Calla o...!<br/ > CRISPÍN.-O harás conmigo como con tu primer amo en Nápoles, y con tu primera mujer en Bolonia, y con aquel mercader judío en Venecia...<br/ > POLICHINELA.-¡Calla! ¿Quién eres tú, que tanto sabes y tanto hablas?<br/ > CRISPÍN.-Soy..., lo que fuiste. Y quien llegará a ser lo que eres..., como tú llegaste. No con tanta violencia como tú, porque los tiempos son otros y ya sólo asesinan los locos y los enamorados y cuatro pobretes que aún asaltan a mano armada al transeúnte por calles oscuras o caminos solitarios. ¡Carne de horca,desperdiciable!<br/ > POLICHINELA-¿Y qué quieres de mí? Dinero, ¿no es eso? Ya nos ve-remos más despacio. No es éste el lugar...<br/ > CRISPÍN.-No tiembles por tu dinero Sólo deseo ser tu amigo, tu aliado, como en aquellos tiempos”<br/ > POLICHINELA.-¿Qué puedo hacer por ti?<br/ > CRISPÍN.-No; ahora soy yo quien va a servirte quien quiere obligarte con una advertencia .. (Haciéndole que mire a la primera derecha.)¿ Ves a tu hija cómo danza con un joven caballero y cómo sonríe ruborosa al oír sus galanterías? Ese caballero es mi amo.<br/ > POLICHINELA .-¿Tu amo? Será entonces un aventurero, un hombre de fortuna, un bandido como...<br/ > CRISPÍN.-¿Como nosotros... , vas a decir? No; es más peligroso que nosotros, porque, como ves, su figura es bella, y hay en su mirada un misterio de encanto, y en su voz una dulzura que llega al corazón y le conmueve como si contara una historia triste. ¿No es esto bastante para enamorar a cualquier mujer? No dirás que no te he advertido. Corre y separa a tu hija de ese hombre, y no le permitas que baile con él ni que vuelva a escucharle en su vida.<br/ > POLICHINELA.-¿Y dices que es tu amo y así le sirves?<br/ > CRISPÍN.-¿Lo extrañas? ¿Te olvidas ya de cuando fuiste criado? Yo aún no pienso asesinarle.<br/ > POLICHINELA .-Dices bien; un amo es siempre odioso. Y en servirme a mí, ¿qué interés es el tuyo?<br/ > CRISPÍN.-Llegar a buen puerto, cano llegamos tantas veces remando juntos. Entonces, tú me decías alguna vez: "‘Tú, que eres fuerte, rema por mí...” Eh esta galera de ahora eres tú más fuerte que yo; rema por mí, por el fiel amigo de entonces, que la vida es muy pesada galera y yo llevo remado mucho. ''(Se van por la segunda derecha.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VI|Escena VI ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena VII | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VIII|Escena VIII ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] js7e26ar8b9t91l6s4uy186u4w05aai Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VIII 0 53652 1665583 1634845 2026-06-21T01:11:20Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665583 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena VIII |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''El SEÑOR POLICHINELA, DOÑA SIRENA, LA SEÑORA POLICHINELA, RISELA y LAURA, que salen por la primera derecha.''<br/ > LAURA.-Sólo doña Sirena sabe ofrecer fiestas semejantes.<br/ > RISELA.-Y la de esta noche excedió a todas.<br/ > SIRENA.-La presencia de tan singilar caballero fue un nuevo atractivo.<br/ > POLICHINELA .-¿Y Silvia? ¿Dónde quedó Silvia? ¿Cómo dejaste a nuestra hija?<br/ > SIRENA.-Callad, señor Polichinela, que vuestra hija se halla en excelente compañía, y en mi casa siempre está segura.<br/ > RISELA.No hubo atenciones más que para ella.<br/ > LAURA.-Para ella es todo el agrado.<br/ > RISELA .-Y todos los suspiros.<br/ > POLICHINELA .¿De quien? ¿De ese caballero misterioso? Pues no me contenta. Y ahora mismo...<br/ > SIRENA.-¡Pero, señor Polichinela!.<br/ > POLICHINELA.-¡ Dejadme, dejadme! Yo sé lo que me hago. ''(Se van por la primera derecha.)''<br/ > SIRENA .-¿Qué le ocurre? ¿Qué destemplanza es ésta?<br/ > SEÑORA DE POLICHINELA.-¿Veis qué hombre? ¡Capaz será de una grosería con el caballero! ¡Que ha de casar a su hija con algún mercader u hombre de baja estofa! ¡Qué ha de hacerla desgraciada para toda la vida!<br/ > SIRENA .-¡Eso no!..., que sois su madre y algo ha de valer vuestra autoridad...<br/ > SEÑORA DE POLICHINELA .-¡Ved! Sin duda dijo alguna impertinencia, y el caballero ya deja la mano de Silvia y se retira cabizbajo.<br/ > LAURA.-Y el señor Polichinela parece reprender a vuestra hija...<br/ > SIRENA .-¡Vamos, Vamos! Que no puede consentirse tanta tiranía.<br/ > RISELA.-Ahora vemos, señora Polichinela, que con todas vuestras riquezas no sois menos desgraciada.<br/ > SEÑORA DE POLICHINELA.-No lo sabéis, que algunas veces llegó hasta golpearme.<br/ > LAURA .¿Qué decís? ¿Y fuisteis mujer para consentirlo?<br/ > SEÑORA DE POLICHINELA.-Luego cree componerlo con traerme algún regalo.<br/ > SIRENA.-¡Menos mal! Que hay maridos que no lo componen con nada. ''(Se van todas por ta primera derecha.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VII|Escena VII ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena VIII | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena IX|Escena IX ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] 4hwm9v0n4fyu7two8cpj41qktvf9fs2 Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena IX 0 53653 1665582 1634846 2026-06-21T01:11:18Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665582 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena IX |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''LEANDRO y CRISPÍN, que salen por la segunda derecha.''<br/ > CRISPÍN.-Qué tristeza, qué abatimiento es ése? ¡Con mayor alegría pensé hallarte!<br/ > LEANDRO.-Hasta ahora no me vi perdido; hasta ahora no me importó menos perderme. Huyamos, Crispín; huyamos de esta ciudad antes de que nadie pueda descubrirnos y vengan a saber lo que somos.<br/ > CRISPÍN.-Si huyéramos, es cuando todos lo sabrían y cuando muchos correrían hasta detenemos y hacernos volver a nuestro pesar, que no parece bien ausentarnos con tanta descortesía, sin despedirnos de gente tan atenta.<br/ > LEANDRO.-No te burles, Crispín, que estoy desesperado.<br/ > CRISPÍN.-¡Así eres! Cuando nuestras esperanzas llevan mejor camino.<br/ > LEANDRO.-¿Qué puedo esperar? Quisiste que fingiera un amor, y mal sabré fingirlo.<br/ > CRISPÍN .-¿Por qué?<br/ > LEANDRO.-porque amo, amo con toda verdad y con toda mi alma.<br/ > CRISPÍN.-¿A Silvia? ¿Y de eso te lamentas?<br/ > LEANDRO .-¡Nunca pensé que pudiera amarse de este modo! ¡Nunca pensé que yo pudiera amar! En mi vida errante por todos los caminos, no fui siquiera el que siempre pasa, sino el que siempre huye, enemiga la tierra, enemigos los hombres, enemiga la luz del sol. La fruta del camino, hurtada, no ofrecida, dejó acaso en mis labios algún sabor de amores, y alguna vez, después de muchos días azarosos, en el descanso de una noche, la serenidad del cielo me hizo soñar con algo que fuera en mi Vida como aquel cielo de la noche que traía a mi alma el reposo de su serenidad. Y así esta noche, en el encanto de la fiesta... , me pareció que era un descanso en mi vida... , y soñaba... ¡He soñado! Pero mañana será otra vez la huida azarosa, será la justicia que nos persigue..., y no quiero que me halle aquí, donde está ella, donde ella puede avergonzarse de haberme visto.<br/ > CRISPÍN.-Yo creí ver que eras acogido con agrado... Y no fui yo solo en advertirlo. Doña Sirena y nuestros buenos amigos el Capitán y el Poeta le hicieron de ti los mayores elogios. A su excelente madre, la señora Polichinela, que sólo sueña emparentar con un noble, le pareciste el yerno de sus ilusiones. En cuanto al señor Polichinela...<br/ > LEANDRO.-sospecha de nosotros.., Nos conoce.<br/ > CRISPÍN.-Sí al señor Polichinela no es fácil engañarle como a un hombre Vulgar. A un zorro viejo como él hay que engañarle con lealtad. Por eso me pareció mejor medio prevenirle de todo.<br/ > LEANDRO.-¿Cómo?<br/ > CRISPÍN.-!Sí; él me conoce de antiguo... Al decirle que tú eres mi amo, supuso, con razón, que el amo sería digno del criado. Y yo, por corresponder a su confianza, le advertí que de ningún modo consintiera que hablaras con su hija.<br/ > LEANDRO.-¿Eso hiciste? ¿Y qué puedo esperar?<br/ > CRISPÍN.-¡Necio eres! Que el señor Polichinela ponga todo su empeño en que no vuelvas a ver a su hija.<br/ > LEANDRO.-¡No lo entiendo!<br/ > CRISPÍN.-Y que de este modo sea nuestro mejor aliado, porque bastará que él se oponga, para que su mujer le lleve la contraria y su hija se enamore de ti más locamente. Tú no sabes lo que es una joven, hija de un padre rico, criada en el mayor regalo, cuando ve por primera vez en su vida que algo se opone a su voluntad. Estoy seguro de que esta misma noche, antes de terminar la fiesta, consigue burlar la vigilancia de su padre para hablar todavía contigo.<br/ > LEANDRO.-Pero ¿no ves que nada me importa del señor Polichinela ni del mundo entero? Que es a ella, sólo a ella, a quien yo no quiero parecer indigno y despreciable... a quien yo no quiero mentir...<br/ > CRISPÍN.-¡Bah! ¡Deja locuras! No es posible retroceder. Piensa en la suerte que nos espera si vacilamos en seguir adelante. ¿Que te has enamorado? Ese amor verdadero nos servirá mejor que si fuera fingido. Tal vez de otro modo hubieras querido ir demasiado de prisa y si la Osadía y la insolencia convienen para todo, sólo en amor sienta bien a los hombres algo de timidez. La timidez del hombre hace ser más atrevidas a las mujeres. Y si lo dudas, aquí tienes a la inocente Silvia, que llega con el mayor sigilo y sólo espera para acercarse a ti que yo me retire o me esconda.<br/ > LEANDRO.-¿Silvia dices?<br/ > CRISPÍN .-¡Chito! ¡Que pudiera espantarse! Y cuando esté a tu lado, mucha discreción... , pocas palabras, pocas... Adora, contempla, admira, y deja que hable por ti el encanto de esta noche azul, propicia a los amores, y esa música que apaga sus sones entre la arboleda y llega como triste eco de la alegría de la fiesta.<br/ > LEANDRO .-¡No te burles, Crispín; ni te burles de este amor que será mi muerte.<br/ > CRISPÍN.¿Por qué he de burlarme? Yo sé bien que no conviene siempre rastrear. Alguna Vez hay que volar por el cielo para mejor dominar la tierra. Vuela tú ahora; yo sigo arrastrándome. ¡El mundo será nuestro! ''(Se van por la segunda izquierda.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena VIII|Escena VIII ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena IX | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena X|Escena X ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] aqlyznkvryn1rzciolwkbf92uz71zuy Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena X 0 53654 1665585 1634847 2026-06-21T01:11:24Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665585 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto I: Cuadro segundo, Escena X |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''LEANDRO y SILVIA, que salen por la primera derecha. Al final, CRISPÍN''<br/ > LEANDRO.-¡Silvia!<br/ > SILVIA.-¿Sois vos? Perdonad; no creí hallaros aquí.<br/ > LEANDRO.-Huí de la fiesta. Su alegría me entristece,<br/ > SILVIA.-¿También a vos?<br/ > LEANDRO. -¿También, decís? ¡También os entristece la alegría!...<br/ > SILVIA.-Mi padre se ha enojado conmigo. ¡Nunca me habló de este modo! Y con vos tambien estuvo desatento. ¿Le perdonáis?<br/ > LEANDRO.-Sí lo perdono todo. Pero no le enojéis por mi causa. Volved a La fiesta que han de buscaros y si os hallaran aqui a mi lado,..<br/ > SILVIA.-Tenéis razón. Pero volved vos también. por qué habéis de estar triste?<br/ > LEANDRO.-No; yo saldré sin que nadie lo advierta... Debo ir muy lejos<br/ > SILVIA.-¿Qué decís? ¿No os trajeron asuntos de importancia a esta ciudad? ¿No debíais permanecer aquí mucho tiempo<br/ > LEANDRO.-¡No, no! ¡Ni un día más! ¿Ni un día más!<br/ > SILVIA-Entonces... ¿Me habéis mentido?<br/ > LEANDRO.-¡Mentir!... No... No digáis he mentido No ésta es la unica verdad de mi vida...¡Este sueño que no debe tener despertar! ''(Se oye a lo lejos la música de una canción hasta que cae el telón.)''<br/ > SILVIA.-Es Arlequín que canta... ¿Qué os sucede? ¿Lloráis? ¿Es la música la que os hace llorar? ¿Por qué no decirme vuestra tristeza.?<br/ > LEANDRO.-¿Mi tristeza? Ya la dice esa canción. Escuchadla.<br/ > SILVIA.-Desde aquí sólo la música Se percibe;las palabras se pierden. ¿No la sabéis? Es una canción al silencio de la noche, y se llama El reino de las almas. ¿No la sabéis?<br/ > LEANDRO.-Decidla<br/ > SILVIA.-<br/ > La noche amorosa, sobre los amantes<br/ > tiende de su cielo el dosel nupcial.<br/ > La noche ha prendido sus claros diamantes<br/ > En el terciopelo de un cielo estival.<br/ > El jardín en sombra no tiene colores,<br/ > y es en el misterio de su oscuridad<br/ > susurro el follaje, aroma las flores<br/ > y amor.. un deseo dulce de llorar.<br/ > La voz que suspira, y la voz que canta<br/ > y la voz que dice palabras de amor,<br/ > impiedad parecen en la noche santa,<br/ > como una blasfemia entre una oración.<br/ > ¡Alma del silencio, que yo reverencio,<br/ > tiene tu silencio la inefable voz<br/ > de los que murieron amando en silencio,<br/ > de los que callaron muriendo de amor,<br/ > de los que en la vida, por amamos mucho,<br/ > tal vez no supieron su amor expresar!<br/ > ¿No es la voz acaso que en la noche escucho<br/ > y cuando amor dice, dice eternidad?<br/ > ¡Madre de mi alma! ¿No es luz de tus ojos<br/ > la luz de esa estrella<br/ > que como una lágrima de amor infinito<br/ > en la noche tiembla?<br/ > ¡Dile a la que hoy amo que yo no he amado nunca<br/ > más que a ti en la tierra,<br/ > y desde que has muerto sólo me ha besado<br/ > la luz de esa estrella!<br/ > LEANDRO.-¡Madre de mi alma! Yo no he amado nunca<br/ > más que a ti en la tierra,<br/ > y desde que has muerto<br/ > sólo me ha besado<br/ > la luz de esa estrella.<br/ > ''(Quedan en silencio, abrazados mirándose.)''<br/ > CRISPÍN-''(Que aparece por la segunda izquierda. Aparte.)''<br/ > ¡Noche, poesía, locuras de amante!...<br/ > ¡Todo ha de servirnos en esta ocasión!<br/ > ¡El triunfo es seguro! ¡Valor y adelante!<br/ > ¿Quién podrá vencernos si es nuestro el amor?<br/ > ''(Silvia y Leandro, abrazados, se dirigen muy despacio a la primera derecha. Crispín los sigue sin ser visto y por ellos. El telón va bajando muy despacio.)''<br/ > ''TELÓN'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena IX|Escena IX ]] | Acto I - Cuadro segundo, Escena X | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero|Cuadro tercero ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] 5sjl5fzeknlr94ehz5yens77e1swgrv Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero 0 53669 1665584 1634848 2026-06-21T01:11:22Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665584 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''Sala en casa de LEANDRO.'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto I, Cuadro segundo, Escena X|Escena X ]] | Acto II - Cuadro tercero | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena I|Escena I ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] hdn3dy06i1r6d8s0gax8dwjla86vkhi Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena I 0 53670 1665591 1634849 2026-06-21T01:11:36Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665591 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena I |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''CRISPÍN, el CAPITÁN, ARLEQUÍN. Salen por la segunda derecha, o sea el pasillo.''<br/ > CRISPÍN.-Entrad caballeros, y sentaos con toda comodidad. Diré que os sirvan algo... ¡Hola! ¡Eh! ¡Hola!<br/ > CAPITÁN.-De ningún modo, no aceptamos nada.<br/ > ARLEQUÍN.-Sólo venimos a ofrecernos a tu señor, después de lo que hemos sabido.<br/ > CAPITÁN.-¡Increíble traición, que no quedará sin castigar! ¡Yo te aseguro que si el señor ;Polichinela se pone al alcance de mi mano!...<br/ > ARLEQUÍN.-¡Ventaja de los poetas! Yo siempre le tendré al alcance de mis versos... ¡Oh! La tremenda sátira que pienso dedicarle... ¡Viejo dañino, viejo malvado!<br/ > CAPITÁN.-¿Y dices que tu amo no fue siquiera herido?<br/ > CRIPÍN.-Pero pudo ser muerto. ¡Figuraos! ¡Una docena de espadachines asaltándolo de improviso! Gracias a su valor, a su destreza, a mis voces..,<br/ > ARLEQUÍN.-¿Y ello sucedió anoche, cuando tu señor hablaba con Silvia por la tapia de su jardín?<br/ > CRISPÍN.-Ya mi señor había te nido aviso.. .; Pero ya le conocéis: no es hombre para intimidarse por nada.<br/ > CAPITÁN.-Pero debió advertirnos...<br/ > ARLEQUÍN.-Debió advertir al señor Capitán. Él le hubiera acompañado gustoso.<br/ > CRISPÍN.-Ya conocéis a mi señor. Él solo se basta.<br/ > CAPITÁN.-¿Y dices que por fin conseguiste atrapar por el cuello a uno de los malandrines, que confesó que todo estaba preparado por el señor Polichinela para deshacerse de tu amo? ...<br/ > CRISPÍN .-¿Y quién sino él podía tener interés en ello? Su hija ama a mi señor; él trata de casarla a su gusto; mi señor estorba sus planes, y el señor Polichinela supo toda su vida cómo suprimir estorbos. ¿No enviudó dos veces en poco tiempo? No heredó en menos a todos sus parientes, viejos y jóvenes? Todos lo saben, nadie dirá que le calumnio... ¡Ah! La riqueza del señor Polichinela es un insulto a la humanidad y a la justicia. Sólo entre gente sin honor puede triunfar impune un hombre como el señor Polichinela.<br/ > ARLEQUÍN.-Dices bien. Y yo en mi sátira he de decir todo eso... Claro que sin nombrarle, porque la poesía no debe permitirse tanta licencia.<br/ > CRISPÍN.-¡Bastante le importará a él de vuestra sátira!<br/ > CAPITÁN.-Dejadme, dejadme a mí, que como él se ponga al alcance de mi mano... Pero bien sé que él no vendrá a buscarme.<br/ > CRISPÍN.-Ni mi señor consentiría que se ofendiera al señor Polichinela. A pesar de todo, es el padre de Silvia. Lo que importa es que todos sepan en la ciudad como mi amo estuvo a punto de ser asesina- do; como no puede consentirse que ese viejo zorro contraríe la voluntad y el corazón de su hija.<br/ > ARLEQÍN.-No puede consentirse; el amor está. sobre todo.<br/ > CRISPÍN.-Y si mi amo fuera algún ruin sujeto... Pero, decidme: ¿no es el señor Polichinela el que debía enorgullecerse de que mi señor se haya dignado enamorarse de su hija y aceptarle por suegro? ¡Mi señor, que a tantas doncellas de linaje excelso ha despreciado, y por quien más de cuatro princesas hicieron cuatro mil locuras!... Pero, ¿quién llega? ''(Mirando hacia ta segunda derecha.)'' ¡Ah, Colombina! ¡ Adelante, graciosa Colombina, no hayas temor! ''(Sale Colombina.)'' Todos somos amigos, y nuestra mutua amistad te defiende de nuestra unánime admiración. {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero|Cuadro tercero ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena I | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena II|Escena II ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] a8ubdda09lwx10b3j1e7cyf0s78o5w4 Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena II 0 53672 1665590 1634865 2026-06-21T01:11:34Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665590 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena II |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS y COLOMBINA, que sale por la segunda derecha, o sea el pasillo.''<br /> COLOMBINA .-Doña Sirena me envía a saber de tu señor. Apenas rayaba el día, vino Silvia a nuestra casa, y refirió a mi señora todo lo sucedido. Dice que no volverá a casa de su padre, ni saldrá de casa de mi señora más que para ser la esposa del señor Leandro.<br /> CRISPÍN .-¿Eso dice? ¡Oh, noble joven! ¡Oh, corazón amante!<br /> ARLEQUÍN .-¡Qué epitalamio pienso componer a sus bodas!<br /> COLOMBLNA.-Silvia Cree que Leandro está malherido... Desde su balcón oyó ruido de espadas, tus voces en demanda de auxilio. Después cayó sin sentido, y así la hallaron al amanecer. Decidme lo que sea del señor Leandro, pues muere de angustia hasta saberlo, y mi señora también quedó en cuidado.<br /> CRISPÍN.-Dile que mi señor pudo salvarse, porque amor le guardaba; dile que sólo de amor muere con incurable herida... Dile... ''(Viendo venir a Leandro.)'' ¡Ah! Pero aquí llega él mismo, que te dirá cuanto yo pudiera decirte. {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena I|Escena I ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena II | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena III|Escena III ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] hmu1i7te3h9jfwjl8nyry7qt7mb4fmg Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena III 0 53673 1665592 1634866 2026-06-21T01:11:38Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665592 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena III |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS y LEANDRO, que sale por la primera derecha.''<br /> CAPITÁN.-''(Abrazándole)''. ¡Amigo mío!<br /> ARLEQUÍN.-''(Abrazandole)''. ¡Amigo y señor!<br /> COLOMBINA.-Ah, señor Leandro! ¡Qué estáis salvo! ¡Que alegría!<br /> LEANDRO.-¿Cómo supisteis?<br /> COLOMBINA.-En toda la ciudad no se habla de otra cosa; por las calles se reúne la gente en corrillos, y todos murmuran y claman contra el señor Polichinela.<br /> LEANDRO.-¿Qué decís?<br /> CAPITÁN.-¡Y si algo volviera a intentar contra vos!...<br /> ARLEQUÍN.-¿Y si aún quisiera oponerse a vuestros amores?<br /> COLOMBINA.-Todo sería inútil. Silvia está en casa de mi señora, y sólo saldrá de allí para ser vuestra esposa...<br /> LEANDRO.-¿Silvia en vuestra casa? Y su padre...<br /> COLOMBINA.-El señor Polichine la hará muy bien en ocultarse.<br /> CAPITÁN.-¡Creyó que a tanto podría atreverse con su riqueza insolente!<br /> ARLEQUÍN.-Pudo atreverse a todo, pero no al amor...<br /> COLOMBINA .-¡Pretender asesinaros tan villanamente!<br /> CRISPÍN.-¡Doce espadachines, doce..., yo los conté!<br /> LEANDRO.-Yo sólo pude distinguir a tres o cuatro.<br /> CRISPÍN.-Mi señor concluirá por deciros que no fue tanto el riesgo, por no hacer mérito de su sernidad y de su valor... Pero ¡yo lo vi! Doce eran, doce, armados hasta los dientes, decididos a todo. ¡Imposible me parece que escapara con vida!<br /> COLOMBINA.-Corro a tranquilizar a Silvia y a mi señora.<br /> CRISPÍN.-Escucha, Colombina. A Silvia,no fuera mejor no tranquilizarla?...<br /> COLOMBINA.-Déjalo a cargo de mi señora. Silvia cree a estas horas que tu señor está moribundo, y aunque doña Sirena finge contenerla... no tardará en venir aquí sin reparar en nada.<br /> CRISPÍN.-Mucho fuera que tu señora no hubiera pensado en todo.<br /> CAPITÁN.-Vamos también, pues ya en nada podemos aquí serviros. Lo que ahora conviene es sostener la indignación de las gentes contra el señor Polichinela.<br /> ARLEQUÍN.-Apedrearemos su casa... Levantaremos a toda la ciudad en contra suya... Sepa que si hasta hoy nadie se atrevió contra él, hoy todos juntos nos atreveremos; sepa que hay un espíritu y una conciencia en la multitud.<br /> COLOMBINA .-Él mismo tendrá que venir a rogaros que toméis a su hija por esposa.<br /> CRISPÍN.-Sí, sí; corred amigos. Ved que la vida de mi señor no está segura... El que una vez quiso asesinarle,no se detendrá por nada.<br /> CAPITÁN.No temáis... ¡Amigo mío!<br /> ARLEQUÍN.-¡Amigo y señor!<br /> COLOMBINA.-¡Señor Leandro!<br /> LEANDRO.-Gracias a todos, amigos míos, amigos leales, ''(Se van todos, menos Leandro y Crispín, por la segunda derecha.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena II|Escena II ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena III | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena IV|Escena IV ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] jrnefyz59ug8669982b4usbmugz44ie Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena IV 0 53674 1665586 1634867 2026-06-21T01:11:26Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665586 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena IV |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''LEANDRO y CRISPÍN.''<br /> LEANDRO .-¿Qué es esto, Crispín? ¿Qué pretendes? ¿Hasta dónde has de llevarme con tus enredos? ¿Pien sas que lo creí? Tú pagaste a los espadachines; todo fue invención tuya. ¡Mal hubiera podido valerme contra todos si ellos no vinieran de burla!<br /> CRISPÍN.-¿Y serás capaz de reñirme, cuando así anticipo el logro de tus esperanzas?<br /> LEANDRO.-No, Crispín, no. ¡Bien sabes que no! Amo a Silvia y no lograré su amor con engaños, suceda lo que suceda.<br /> CRISPÍN.-Bien sabes lo que ha de sucederte... ¡Si amar es resignarse a perder lo que se ama por sutilezas de conciencia... , que Silvia misma no ha de agradecerte!...<br /> LEANDRO.-¿Qué dices? ¡Si ella supiera quién soy!<br /> CRISPÍN.-Y cuando lo sepa, ya no serás el que fuiste: serás su esposo, su enamorado esposo, todo lo enamorado y lo fiel y lo noble que tú quieras y ella puede desear... Una vez dueño de su amor... , y de su dote, ¿no serás el más perfecto caballero? Tú no eres como el señor Polichinela, que con todo su dinero, que tantos lujos le permite, aún no se ha permitido el lujo de ser honrado... En él es naturaleza la truhanería; pero en ti, en ti fue sólo necesidad... Y aun si no me hubieras tenido a tu lado, ya te hubieras dejado morir de hambre de puro escrupuloso. ¡Ah! ¿Crees que si yo hubiera hallado en ti otro hombre me hubiera contentado con dedicarte a enamorar?... No; te hubiera dedicado a la política, y no al dinero del señor Polichinela, el mundo hubiera sido nuestro... Pero no eres ambicioso, te contentas con ser feliz...<br /> LEANDRO.-Pero no viste que mal podía serlo? Si hubiera mentido para ser amado y ser rico de este modo hubiera sido porque yo no amaba, y mal podía ser feliz. Y si amo, ¿cómo puedo mentir?<br /> CRISPÍN.-Pues no mientas. Ama, ama con todo tu corazón, inmensamente. Pero defiende tu amor sobre todo. En amor no es mentir callar lo que puede hacernos perder la estimación del ser amado.<br /> LEANDRO.-Ésas sí que son sutilezas, Crispín.<br /> CRISPÍN.-¿Que tú debiste hallar antes si tu amor fuera como dices. Amor es todo sutilezas, y la mayor de todas no es engañar a los demás, sino engañarse a sí mismo.<br /> LEANDRO.-Yo no puedo engañarme, Crispín. No soy de esos hombres que cuando venden su conciencia se creen en el caso de vender también su entendimiento.<br /> CRISPÍN.-Por eso dije que no servías para la política. Y bien dices. Que el entendimiento es la conciencia de la verdad, y el que llega a perderla entre las mentiras de su vida, es como si se perdiera a sí propio, porque ya nunca volverá a encontrarse ni a conocerse, y él mismo vendrá a ser otra mentira.<br /> LEANDRO .-¿Dónde aprendiste tanto, Crispín?<br /> CRISPÍN.-Medité algún tiempo en galeras, donde esta conciencia de mi entendimiento me acusó más de torpe que de pícaro. Con más picardía y menos torpeza, en vez de remar en ellas pude haber llegado a mandarlas. Por eso juré no volver en mi vida. Piensa de qué no seré capaz ahora que por tu causa me veo a punto de quebrantar mi juramento.<br /> LEANDRO.-¿Qué dices?<br /> CRISPÍN.-¿Que nuestra situación es ya insostenible, que hemos apurado nuestro crédito, las gentes ya empiezan a pedir algo efectivo. El hostelero, que nos albergó con toda esplendidez por muchos días, esperando que recibieras tus libranzas. El señor Pantalón, que, fiado del crédito del hostelero, nos proporcionó cuanto fue preciso para instalarnos con suntuosidad en esta casa... Mercaderes de todo género, que no dudaron en proveernos de todo, deslumbrados por tanta grandeza. Doña Sirena misma, que tan buenos oficios nos ha prestado en tus amores.. Todos han esperado lo razonable, y sería injusto pretender más de ellos, ni quejarse de tan amable gente... ¡Con letras de oro quedará grabado en mi corazón el nombre de esta insigne ciudad que desde ahora declaro por mi madre adoptiva! A más de éstos... ¿olvidas que de otras partes habrán salido y andarán en busca nuestra? ¿Piensas que las hazañas de Mantua y de Florencia son para olvidarlas? ¿Recuerdas el famoso proceso de Bolonia?... ¡Tres mil doscientos folios sumaba cuando nos ausentamos alarmados de verle crecer tan sin tino! ¿Qué no habrá aumentado bajo la pluma de aquel gran doctor jurista que le había tomado por su cuenta? ¡Qué de considerandos y de resultandos de que no resultará co sa buena! ¿Y aún dudas? ¿Y aún me reprendes porque di la batalla que puede decidir en un día de nuestra suerte?<br /> LEANDRO.-¡Huyamos !<br /> CRISPÍN.- ¡No! ¡Basta de huir a la desesperada! Hoy ha de fijarse nuestra fortuna... Te di el amor, dame tú la vida.<br /> LEANDRO .-Pero ¿cómo salvarnos? ¿Qué puedo yo hacer? Dime.<br /> CRISPÍN.-Nada ya. Basta con aceptar lo que los demás han de ofrecernos. Piensa que hemos creado muchos intereses y es interés de todos el salvarnos. {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena III|Escena III ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena IV | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena V|Escena V ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] 4l7udcnkpgyjrzreqclmzb3nf6flwqs Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena V 0 53676 1665587 1634868 2026-06-21T01:11:28Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665587 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena V |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS y DOÑA SIRENA, que sale porla segunda derecha, o sea el pasillo.''<br /> SIRENA.-¿Dais licencia, señor Leandro?<br /> LEANDRO.- ¡Doña Sirena.! ¿vos en mi casa?<br /> SIRENA.-Ya veis a lo que me expongo. A tantas lenguas maldicientes. ¡Yo en casa de un caballero,joven, apuesto!<br /> CRISPÍN.-Mi señor sabría hacer callar a los maldicientes si alguno se atreviera a poner sospechas en vuestra fama.<br /> SIRENA .-¿Tu señor? No me fío. ¡Los hombres son tan jactanciosos! Pero en nada reparo por serviros. ¿Qué me decís, señor, que anoche quisieron daros muerte? No se habla de otra cosa... ¡Y Silvia! ¡Pobre niña! ¡Cuánto os ama! ¡Quisiera saber qué hicisteis para enamorarla de ese modo!<br /> CRISPÍN.-Mi señor sabe que to-do lo debe a vuestra amistad. SIRENA.-No diré yo que no me deba mucho... , que siempre hablé de él como yo no debía, sin cono cerle lo bastante... A mucho me atreví por amor vuestro. Si ahora faltáis a vuestras promesas...<br /> CRISPÍN.-¿Dudáis de mi señor? ¿NO tenéis cédula firmada de su mano?...<br /> SIRENA.-¡Buena mano y buen nombre! ¿Pensáis que todos no nos conocemos? Yo sé confiar y sé que el señor Leandro cumplirá como debe. Pero si vierais que hoy es un día aciago para mí, y por lograr hoy una mitad de lo que se me ha ofrecido, perdería gustosa la otra mitad..<br /> CRISPÍN.-¿Hoy decís?<br /> SIRENA.- ¡Día de tribulaciones! Para que nada falte, veinte años hace hoy también que perdí a mi segundo marido, que fue el primero, el único amor de mi vida.<br /> CRISPÍN.-Dicho sea en elogio del primero.<br /> SIRENA .-El primero me fue impuesto por mi padre. Yo no le amaba, y a pesar de ello supe serle fiel.<br /> CRISPÍN .-¿Qué no sabréis vos, doña Sirena?<br /> SIRENA.-Pero dejemos los recuerdos, que todo lo entristecen. Hablemos de esperanzas. ,¿Sabéis que Silvia quiso venir conmigo?<br /> LEANDRO.-¿Aquí, a esta casa?<br /> SIRENA.-¿Qué os parece? ¿Qué diría el señor Polichinela? ¡Con toda la ciudad soliviantada contra él, fuerza le sería casaros!<br /> LEANDRO.-No, no; impedidla que venga.<br /> CRISPÍN.-¡Chito! Comprenderéis que mi señor no dice lo que siente.<br /> SIRENA.-Lo comprendo... ¿Qué no daría él por ver a Silvia a su lado, para no separarse nunca de ella?<br /> CRISPÍN.-¿Qué daría? ¡No lo sabéis?<br /> SIRENA.-Por eso lo pregunto.<br /> CRISPÍN.-¡Ah, doña Sirena!... Si mi señor es hoy esposo de Silvia, hoy mismo cumplirá lo que os pro metió.<br /> SIRENA .-¿Y si no lo fuera?<br /> CRISPÍN.-Entonces.., lo habréis perdido todo. Ved lo que os conviene.<br /> LEANDRO.-¡Calla,Crispín! ¡Basta! No puedo consentir que mi amor se trate como mercancía. Salid, doña Sirena, decir a Silvia que vuelva a casa de su padre, que no venga aquí en modo alguno, que me olvide para siempre, que yo he de huir donde no vuelva a saber de mi nombre... ¡Mi nombre! ¿Tengo yo nombre acaso?<br /> CRISPÍN.-¿No callarás?<br /> SIRENA.-¿Qué le dio? ¡Qué lo cura es ésta! ¡Volved en vos! ¡Renunciar de ese modo a tan gran ventura!.. Y no se trata sólo de vos. Pensad que hay quien todo lo fió en vuestra suerte, y no puede burlarse así de una dama de calidad que a tanto se expuso por serviros. Vos no haréis tal locura; vos os casaréis con Silvia, o habrá quien sepa pediros cuenta de vuestros engaños, que no estoy tan sola en el mundo como pudisteis creer, señor Leandro.<br /> CRISPÍN.-Doña Sirena dice muy bien. Pero creed que mi señor sólo habla así ofendido por vuestra desconfianza.<br /> SIRENA.-No es desconfianza en él... Es, todo he de decirlo... , es que el señor Polichinela no es hombre de dejarse burlar... , y ante el clamor que habéis levantado contra él con vuestra estratagema de anoche...<br /> CRISPÍN .-¿Estratagema decís?<br /> SIRENA .-¡Bah! Todos nos conocemos. Sabed que uno de los espadachines es pariente mío, y los otros me son también muy allegados... Pues bien: el señor Polichinela no se ha descuidado, y ya se murmura por la ciudad que ha dado aviso a la justicia de quién sois y cómo puede perderos; dícese también que hoy llegó de Bolonia un proceso.<br /> CRISPÍN.- ¡Y un endiablado doctor con él! Tres mil novecientos folios...<br /> SIRENA.-Todo esto se dice, se asegura. Ved si importa no perder tiempo.<br /> CRISPÍN.-¿Y quién lo malgasta y lo pierde sino vos? Volved a vuestra casa... Decid a Silvia...<br /> SIRENA.-Silvia está aquí. Vino junto con Colombina, como otra doncella de mi acompañamiento. En vuestra antecámara espera. Le dije que estabais muy malherido...<br /> LEANDRO.-¡Oh, Silvia mía!<br /> SIRENA.-Sólo pensó en que podíais morir... , nada pensó en lo que arriesgaba con venir a veros. ¿Soy vuestra amiga?<br /> CRISPÍN.-Sois adorable. Pronto, Acostaos aquí, haceos el doliente y el desmayado. Ved que si es preciso yo sabré que lo estéis de veras. (Amenazándole y haciéndole sentar en un sillón.)<br /> LEANDRO.-Sí, soy vuestro; lo sé, lo veo... Pero Silvia no lo será. Sí, quiero verla; decirle que llegue, que he de salvarla a pesar vuestro, a pesar de todos, a pesar de ella misma.<br /> CRISPÍN.-Comprender&s que mi señor no siente lo que dice.<br /> SIRENA.-No lo creo tan necio ni tan loco. Ven conmigo. ''(Se va con Crispín por la segunda derecha, o sea el pasillo.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena IV|Escena IV ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena V | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VI|Escena VI ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] ael23czcn7xih07gej7itw4ddzdly99 Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VI 0 53677 1665589 1634869 2026-06-21T01:11:32Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665589 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena VI |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''LEANDRO y SILVIA, que sale por la segunda derecha.''<br /> LEANDRO.- ¡ Silvia! ¡ Silvia mía!<br /> SILVIA .-¿No estás herido?<br /> LEANDRO.-No; ya lo ves... Fue un engaño, un engaño más para traerte aquí. Pero no temas; pronto vendrá tu padre; pronto saldrás con él sin que nada tengas tú que reprocharme. ¡Oh! Sólo el haber empañado la serenidad de tu ahna con una ilusión de amor, que para ti sólo será el recuerdo de un mal sueño.<br /> SILVIA .-¿Qué dices, Leandro? ¿Tu amor no era verdad?<br /> LEANDRO.-¡Mi amor, sí... ; por eso no he de engañarte! Sal de aquí pronto, antes de que nadie, fuera de los que aquí te trajeron, pueda saber que viniste.<br /> SILVIA.-¿Qué temes? ¿No estoy segura en tu casa? Yo no dudé en venir a ella... ¿Qué peligros pueden amenazarme a tu lado?<br /> LEANDRO.-Ninguno; dices bien. Mi amor te defiende de tu misma inocencia.<br /> SILVIA.-No he de volver a casa de mi padre después de su acción horrible.<br /> LEANDRO.-No, Silvia, no culpes a tu padre. No fue él; fue otro engaño más, otra mentira. . . Huye de mí, olvida a este miserable aventurero, sin nombre, perseguido por la justicia.<br /> SILVIA.¡No, no es cierto! Es que la conducta de mi padre me hizo indigna de vuestro cariño. Eso es. Lo comprendo... ¡Pobre de mí!<br /> LEANDRO.-¡Silvia! ¡Silvia mía! ¡Qué crueles tus dulces palabras! ¡Qué cruel esa noble confianza de corazón, ignorante del mal y de la vida! {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena V|Escena V ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena VI | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VII|Escena VII ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] o1jwfnoohaih3yy3ie37bh5bonx6isk Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VII 0 53678 1665593 1634870 2026-06-21T01:11:40Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665593 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena VII |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS y CRISPÍN, que sale corriendo por la segunda derecha.'' <br /> CRISPÍN.-¡Señor! ¡Señor! El señor Polichinela llega.<br /> SILVIA.-¡Mi padre!<br /> LEANDRO.-¡Nada importa! Yo os entregaré a él por mi mano.<br /> CRISPÍN .-Ved que no viene solo, sino con mucha gente y justicia con él.<br /> LEANDRO.-¡Ah! ¡Si te hallan aquí! ¡En mi poder! Sin duda tú les diste aviso... Pero no lograréis vuestro propósito.<br /> CRISPÍN.-¿Yo? No por cierto... Que esto va de veras, y ya temo que nadie pueda salvamos.<br /> LEANDRO.-¡ A nosotros no; ni he de intentarlo!... Pero a ella sí. Conviene ocultarte; queda aquí.<br /> SILVIA.-¿Y tú?<br /> LEANDRO.-Nada temas. ¡Pronto, que llegan! ''(Esconde a Silvia en la habitación del foro, diciéndole a Crispín)'': Tú verás lo que trae a esa gente. Sólo cuida de que nadie entre ahí hasta mi regreso... No hay otra huida. ''(Se dirige a la ventana.)''<br /> CRISPÍN.-''(Deteniéndole.)'' ¡Señor! ¡Tente!¡No te mates así!<br /> LEANDRO.-No pretendo matarme ni pretendo escapar; pretendo salvarla. ''(Trepa hacia arriba por la escalera y desaparece.)''<br /> CRISPÍN .-Señor, señor! ¡ Menos mal! Creí que intentaba arrojarse al suelo, pero trepo hacia arriba. Esperemos todavía... Aún quiere volar... Es su región, las alturas. Yo, a la mía: la tierra... Ahora más que nunca conviene afirmarse en ella. ''(Se sienta en un sillón con mucha calma.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VI|Escena VI ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena VII | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VIII|Escena VIII ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] b8dqv7taun9bd7dpgz1lboqho04z3d4 Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VIII 0 53679 1665588 1634871 2026-06-21T01:11:30Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665588 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena VIII |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''CRISPÍN, el SEÑOR POLICHINELA, el HOSTELERO, el SEÑOR PANTALÓN, el CAPITÁN, ARLEQUÍN,el DOCTOR, el SECRETARIO y dos ALGUACILES'' ''con enormes protocolos de curia. Todos salen por la segunda derecha o sea el pasillo.''<br /> POLICHINELA.-''(Dentro, a gente que se supone fuera.)'' ¡Guardad bien las puertas, que nadie salga, hombre ni mujer, ni perro ni gato!<br /> HOSTELERO.-¿Dónde están, donde están esos bandoleros, esos asesinos?<br /> PANTALÓN.-¡Justicia! ¡Justicia! ¡Mi dinero! ¡Mi dinero! ''(Van saliendo todos por el orden que se indica. El Doctor y et Secretario se dirigen a la mesa y se disponen a escribir. Los dos Alguaciles, de pie, teniendo en las manos los enormes protocolos del proceso.)''<br /> CAPITÁN.-Pero, ¿es posible lo que vemos, Crispín?<br /> ARLEQUÍN .-¿Es posible lo que sucede?<br /> PANTALÓN .-¡Justicia!¡Justicia! ¡Mi dinero! ¡Mi dinero!<br /> HOSTELERO.-¡Que los prendan... que se aseguren de ellos!<br /> PANTALÓN.-No escaparán...,¡No escaparán!<br /> CRISPÍN.-Pero ¿qué es esto? ¿Cómo se atropella así la mansión de un noble caballero? Agradezcan la ausencia de mi señor.<br /> PANTALÓN .-¡Calla, calla, que tú eres su cómplice y has de pagar con él!<br /> HOSTELERO.-¿Cómo cómplice? Tan delincuente como su pretendido señor...que él fue quien me engañó<br /> CAPITÁN.-¿Qué significa esto,Crispín?<br /> ARLEQUÍN.- Y tiene razón esta gente?<br /> POLICHINELA .-¿Qué dices ahora, Crispín? ¿Pensaste que habían de valerte tus enredos conmigo? ¿Conque yo pretendí asesinar a tu señor? ¿Conque yo soy un viejo avaro que sacrifica a su hija? ¿Conque toda la ciudad se levanta contra mí llenándome de insuItos? Ahora veremos.<br /> PANTALON.-Dejadle, señor Polichinela, que éste es asunto nuestro, que al fin vos no habéis perdido nada. Pero yo... , ¡todo mi caudal, que lo presté sin garantía! ¡Perdido me veré para toda la vida! ¿Qué será de mí?<br /> HOSTELERO .-¿Y yo, decidme, que gasté lo que no tenía y aun hube de empeñarme por servirle como creí correspondía a su calidad? ¡Esto es mi destrucción, mi ruina!<br /> CAPITÁN.-¡Y nosotros también fuimos ruinmente engañados! ¿Qué se dirá de mí, que puse mi espada y mi valor al servicio de un aventurero?<br /> ARLEQUÍN.-¿Y de mí, que le dediqué soneto tras soneto como al más noble señor?<br /> POLICHINELA.-¡Ja, ja, ja!<br /> PANTALÓN -¡Sí, reíd, reíd! ...<br /> Como nada perdisteis...<br /> HOSTELERO.-Como nada os robaron...<br /> PANTALÓN. - ¡Pronto, pronto!<br /> ¿Dónde está el otro pícaro? HOSTELERO.-Registradlo todo hasta dar con él.<br /> CRISPÍN.-Poco a poco.Si dais un solo paso...''(Amenazando con la espada)''<br /> PANTALÓN.-¿Amenazas todavía? ¿Y esto ha de sufrirse? ¡Justicia, justicia!<br /> HOSTELERO.-Eso es, justicia!<br /> DOCTOR.-Señores... Si no me atendéis, nada conseguiremos. Nadie puede tomarse justicia por su mano, que la justicia no es atropello ni venganza y suma justicia, suma injuria. La justicia es todo orden, y el orden es todo razón, y la razón es todo procedimiento, y el procedimiento es todo lógica. Bárbara,Celarent, Darii, Ferioque, Baralipton, depositad en mí vuestros agravios y querellas, que todo ha de unirse a este proceso que conmigo traigo.<br /> CRISPÍN .-¡Horror! ¡Aún ha crecido!<br /> DOCTOR.-Constan aquí otros muchos delitos de estos hombres y a ellos han de sumarse estos de que ahora les acusáis. Y yo seré parte en todos ellos; sólo así obtendréis la debida satisfacción y justicia. Escribid, señor Secretario, y vayan deponiendo los querellantes.<br /> PANTALÓN.-Dejadnos de embrollos, que bien conocemos vuestra historia.<br /> HOSTELERO.-No se escriba nada, que todo será poner lo blanco negro... Y quedaremos nosotros sin nuestro dinero y ellos sin castigar.<br /> PANTALÓN.-Eso,eso... ¡Mi dinero, mi dinero¡Y después justicia!<br /> DOCTOR.-¡Gente indocta, gente ignorante, gente incivil! ¿Qué idea tenéis de la justicia? No basta que os digáis perjudicados si no pareciese bien claramente que hubo intención de causaros perjuicio, esto ea, fraude o dolo; que no es lo mismo aunque la vulgar acepción los confunda. Pero sabed... , que en el un caso...<br /> PANTALÓN.-¡Basta! ¡Basta! Que acabaréis por decir que fuimos nosotros los culpables.<br /> DOCTOR.-¡Y como pudiera ser si os obstináis en negar la verdad de, los hechos!...<br /> HOSTELERO.-¡Ésta es buena! Que fuimos robados. ¿Qué más verdad ni más claro delito?<br /> DOCTOR.-Cabed que robo no es lo mismo que hurto; y mucho menos que fraude o dolo, como dije primero. Desde las Doce Tablas hasta Justiniano, Triboniano, Emiliano y Tiberiano ...<br /> PANTALÓN.Todo fue quedarnos sin nuestro dinero... Y de ahí no habrá quien nos saque.<br /> POLICHINELA.-El señor Doctor habla muy en razón. Confiad en ÉL, y que todo conste en proceso.<br /> DOCTOR.-Escribid, escribid luego, señor Secretario.<br /> CRISPÍN .-¡Quieren oírme?<br /> PANTALÓN .-¿No, no! Calle el pícaro, calle el desvergonzado.<br /> HOSTELERO.-Ya hablaréis donde os pesará.<br /> DOCTOR.-Ya hablará cuando le corresponda, que a todos ha de oírse en justicia... Escribid, escribid. En la ciudad de..., a tantos... No sería malo proceder primeramente al inventario de cuanto hay en la casa.<br /> CRISPÍN.-No dará tregua a la pluma...<br /> DOCTOR.-Y proceder al deposito fianza por parte de los querellantes, porque no pueda haber sospecha en su buena fe. Bastará con dos mil escudos de presente y caución de todos sus bienes...<br /> PANTALÓN .-¿Qué decís? ¡Nosotros dos mil escudos!<br /> DOCTOR.-Ocho debieran ser; pero basta que seáis personas de algún crédito para que todo se tenga en cuenta, que nunca fui desconsiderado...<br /> HOSTELERO.-¡Alto, y no se escriba más, que no hemos de pasar por eso!<br /> DOCTOR.-¿Cómo? ¿Así se atropella a la Justicia? Abrase proceso separado por violencia y mano airada contra un ministro de Justicia en funciones de su ministerio.<br /> PANTALÓN.-¡Este hombre ha de perdernos!<br /> HOSTELERO.-¡Está loco!<br /> DOCTOR .-¿Hombre y loco, decís? Hablen con respeto. Escribid, escribid que hubo también ofensas de palabra...<br /> CRISPÍN.-Bien os está por no escucharme.<br /> PANTALÓN.-Habla, habla, que todo será mejor según vamos.<br /> CRISPÍN.-Pues atajen a ese hombre, que levantará un monte con sus papelotes.<br /> PANTALÓN.-¡Basta, basta ya, decimos! HOSTELERO.-Deje la pluma...<br /> DOCTOR.--Nadie sea osado a poner mano en nada.<br /> CRISPÍN.-Señor Capitán, sírvanos vuestra espada, que es también atributo de justicia.<br /> CAPITÁN.-''(Va a la mesa y da un fuerte golpe con la espada en los papeles que está escribiendo el Doctor.)'' Háganos la merced de no escribir mas.<br /> DOCTOR.-Ved lo que es pedir las cosas en razón. Suspended las actuaciones, que hay cuestión previa a dilucidar... , Hablen las partes entre si... Bueno fuera no obstante proceder en el ínterin al inventar rio...<br /> PANTALÓN .-¡No, no!<br /> DOCTOR.-Es formalidad que no puede evitarse.<br /> CRISPÍN.-Ya escribiréis cuando sea preciso. Dejadme ahora hablar aparte con estos honrados señores.<br /> DOCTOR.-Si os conviene sacar testimonio de cuanto aquí les digáis...<br /> CRISPÍN .-Por ningún modo. No se escriba una letra, o no hablaré palabra.<br /> CAPITÁN.-Deje hablar al mozo.<br /> CRISPÍN.-¿Y qué he de deciros? ¿De qué os quejáis? ¿De haber ,perdido vuestro dinero? ¿Qué pretendéis? ¿Recobrarlo?<br /> PANTALÓN.-¡Eso, eso! ¡Mi dinero!<br /> HOSTELEROS...-¡Nuestro dinero!<br /> CRISPÍN.-Pues escuchadme... ¿De dónde habéis de cobrarlo si así quitáis crédito a mi señor y así hacéis imposible su ,boda con la hija del señor Polichinela? ¡Voto a..., que siempre pedí tratar con pícaros mejor que con necios! Ved lo que hicisteis y cómo se compondrá ahora con la Justicia de por medio. ¡Qué lograréis ahora si dan con nosotros en galeras o en sitio peor? ¿Será buena moneda para cobraros las túrdigas de nuestro pellejo? ¡Seréis más ricos, más nobles o más grandes cuando nosotros estemos perdidos? En cambio, si no nos hubierais estorbado a tan mal tiempo, hoy, hoy mismo tendríais vuestro dinero, con todos sus intereses..., que ellos solos bastarían a llevaros a la horca, si la Justicia no estuviera en esas manos y en esas plumas... Ahora haced lo que os plazca, que ya os dije lo que os convenía...<br /> DOCTOR.-QuedarOn suspensos...<br /> CAPITÁN.-Yo aún no puedo creer que ellos sean tales bellacos.<br /> POLICHINELA.-Este Crispín... capaz será de convencerlos.<br /> PANTALÓN.-''(Al Hostelero.)'' ¿Qué decís a esto? Bien mirado...<br /> HOSTELERO.-¿Qué decís vos?<br /> PANTALÓN.-Dices que hoy mismo se hubiera casado tu amo con la hija del señor Polichinela. ¿Y si él no da su consentimiento?...<br /> CRISPÍN.-De nada ha de servirle. Que su hija huyó con mi se ñor... y lo sabrá todo el mundo... y a él más que a nadie importa que nadie sepa cómo su hija se perdió por un hombre sin condición, perseguido por la Justicia.<br /> PANTALÓN.-Si así fuera... ¿Qué decís vos?<br /> HOSTELERO.-No nos ablandemos. Ved que el bellaco es maestro en embustes.<br /> PANTALÓN.-Decís bien. No sé cómo pude creerlo. ¡ Justicia! ¡Justicia!<br /> CRISPÍN.-¡Ved que lo perdéis todo!<br /> PANTALÓN.-Veamos todavía... Señor Polichinela, dos palabras.<br /> POLICHINELA.-¿Qué me queréis?<br /> PANTALÓN.-Suponed que nosotros no hubiéramos tenido razón para quejarnos. Suponed que el señor Leandro fuera, en efecto, el más noble caballero... , incapaz de una baja acción...<br /> POLICHINELA .-¿Qué decís?<br /> PANTALÓN.-Suponed que vuestra hija le amara con locura, hasta el punto de haber huido con él de vuestra casa.<br /> POLICHINELA.-¿Que mi hija huyó de mi casa con ese hombre? ¿Quién lo dijo? ¿Quién fue el desvergonzado?...<br /> PANTALÓN.-No os alteréis. Todo es suposición.<br /> POLICHINELA.- Pues aún así no he de tolerarlo<br />. PANTALÓN.-Escuchad con Paciencia. Suponed que todo eso hubiera Sucedido. ¿No os sería forzoso casarla?<br /> POLICHINELA .-¿Casaria? ¡Antes la mataría! Pero es locura pensarlo. Y bien veo que eso quisierais para cobraros a costa mía, que sois otros tales bribones. Pero no será, no será...<br /> PANTALÓN.-Ved lo que decís, y no se hable aquí de bribones cuando estáis presente.<br /> HOSTELERO .-¡Eso,eso!<br /> POLICHINELA.-¡Bribones, bribones, combinados para robarme! Pero no será, no será.<br /> DOCTOR.-No hayáis cuidado, señor Polichinela, que aunque ellos renunciaran a perseguirle, no es nada este proceso? ¿Creéis que puede borrarse nada de cuanto en él consta, que son cincuenta y dos delitos probados y otros tantos que no necesitan probarse?...<br /> PANTALÓN .-¿Qué decís ahora,Crispín? CRISPÍN.-Que todos esos delitos, si fueran tantos, son como estos otros... Dinero perdido que nunca se pagará si nunca le tenemos.<br /> DOCTOR .-¡Eso no! Que yo he de cobrar lo que me corresponda de cualquier modo que sea.<br /> CRISPÍN .-Pues será de los que se quejaron, que nosotros harto haremos en pagar con nuestras personas.<br /> DOCTOR.-Los derechos de Justicia son sagrados, y lo primero será embargar para ellos cuanto hay en esta casa.<br /> PANTALÓN.-¿Cómo es eso? Esto será para cobrarnos algo.<br /> HOSTELERO.-Claro es; y de otro modo...<br /> DOCTOR.-Escribid, escribid, que si hablan todos nunca nos entenderemos.<br /> PANTALÓN y HOSTELERO.-¡No ,no! CIRISPÍN.-Oídme aquí, señor Doctor. Y si se os pagara de una vez y sin escribir tanto vuestros..., ¿cómo los llamáis? ¿estipendios?<br /> DOCTOR.-Derechos de Justicia.<br /> CRISPÍN.Como queráis. ¿Qué os parece?<br /> DOCTOR.-En ese caso...<br /> CRISPÍN.-Pues ved que mi amo puede ser hoy rico, poderoso, si el señor Polichinela consiente en casarle con su hija. Pensad que la joven es hija única del señor Polichinela; pensad en que mi señor ha de ser dueño de todo; pensad...<br /> DOCTOR.-Puede, puede estudiarse.<br /> PANTALÓN.-¿Qué os dijo?<br /> HOSTELERO .-¿Qué resolvéis?<br /> DOCTOR.-Dejadme reflexionar. El mozo no es lerdo y se ve que no ignora los procedimientos legales. Porque si consideramos que la ofensa que recibisteis fue puramente pecuniaria y que todo delito que puede ser reparado en la misma forma lleva en la reparación el más justo castigo; si consideramos que así en la ley bárbara y primitiva del ta lión se dijo: ojo por ojo, diente por diente, mas no diente por ojo ni ojo por diente... Bien puede decirse que en este caso escudo por escudo. Porque al fin, él no os quitó la vida para que podáis exigirle la suya en pago. No os ofendió en vuestra persona, honor ni buena fama, para que podáis exigir otro tanto. La equidad es la suprema justicia. Equitas justitia magna est. Y desde las Pandectas hasta Triboniano, con Emiliano, Tiberiano...<br /> PANTALÓN.No digáis más. Si él nos pagara...<br /> HOSTELERO.-Como él nos pagara...<br /> POLICHINELA .-¡Qué disparates son éstos, y cómo ha de pagar, ni qué tratar ahora!<br /> CRISPÍN.-Se trata de que todos estáis interesados en salvar a mi señor, en salvamos por interés de todos vosotros,por no perder vuestro dinero; el señor Doctor, por no perder toda esa suma de admirable doctrina que fuisteis depositando en esa balumba de sabiduría; el señor Capitán, porque todos le vieron amigo de mi amo, y a su valor importa que no se murmure de su amistad con un aventurero; vos, señor Arlequín, porque vuestros ditirambos de poeta perderían todo su mérito al saber que tan mal los empleasteis; vos, señor Polichinela... , antiguo amigo mío, porque vuestra hija es ya ante el Cielo y ante los hombres la esposa del señor Leandro.<br /> POLICHINELA .-¡Mientes, mientes! ¡Insolente, desvergonzado!<br /> CRISPÍN.-Pues procédase al inventario de cuanto hay en la casa. Escribid, escribid, y sean todos estos señores testigos y empiécese por este aposento. ''(Descorre el tapiz de la puerta del foro y aparecen formando grupo Silvia, Leandro, Doña Sirena, Colombina y la señora de Polichinela.)'' {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VII|Escena VII ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena VIII | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena IX|Escena IX ]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] mrjexlwq8ihi7njwt97ih6iic3w10zh Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena IX 0 53889 1665595 1634898 2026-06-21T01:11:42Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665595 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Los intereses creados]] |sección=Acto II: Cuadro tercero, Escena IX |autor=[[Jacinto Benavente]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> ''DICHOS, SILVIA, LEANDRO, DOÑA SIRENA, COLOMBINA, y la SEÑORA DE POLICHINELA, que aparece por el foro.''<br /> PANTALÓN y HOSTELERO.-¡Silvia!<br /> CAPITÁN y ARLEQUÍN.-¡Juntos los dos!<br /> POLICHINELA .-¿Conque era cierto? ¡Todos contra mí! ¡Y mi mujer y mi hija con ellos! ¡Todos conjurados para robarme! ¡Prended a ese hombre, a esas mujeres, a ese impostor, o yo mismo... !<br /> PANTALÓN.-¿Estáis loco, Señor Polichinela?<br /> LEANDRO.-''(Bajando al proscenio en compañia de los demás.)'' Vuestra hija vino aquí creyéndome malherido acompañada de doña Siena, y yo mismo corrí al punto en busca vuestra esposa para que también la acompañara. Silvia sabe quién soy, sabe toda mi vida de miserias, de engaños, de bajezas, y estoy seguro que de nuestro sueño de amor nada queda en su corazón... Llevadla de aquí, llevadla; yo os lo pido antes de entregarme a la Justicia.<br /> POLICHINELA.-El castigo de mi hija es cuenta mía; pero a ti...; Prendedle digo!<br /> SILVIA.-Padre! Si no le salváis, será mi muerte. Le amo, le amo siempre, ahora más que nunca. Porque su corazón es noble y fue muy desdichado, y pudo hacerme suya con mentir, y no ha mentido.<br /> POLICHINELA .-¿Calla, calla, loca, desvergonzada! Éstas son las enseñanzas de tu madre..., sus vanidades y fantasias. Éstas son las lecturas romancescas, las músicas a la luz de la luna.<br /> SEÑORA DE POLICHINELA.-Todo es preferible a que mi hija se case con un hombre como tú, para ser desdichada como su madre. ¿De qué me sirvió nunca la riqueza?<br /> SIRENA.-Decís bien, señora Poli-chinela. ¿De qué sirven las riquezas sin amor?<br /> COLOMBINA .-De lo mismo que el amor sin riquezas.<br /> DOCTOR.-Señor Polichinela, nada os estará mejor que casarlos.<br /> PANTALÓN.-Ved que esto ha de saberse en la ciudad.<br /> HOSTELERO.-Ved que todo el mundo estará de su parte.<br /> CAPITÁN.-Y no hemos de consentir que hagáis violencia a vuestra hija.<br /> DOCTOR.-Y ha de constar en el proceso que fue hallada aquí, junto con él.<br /> CRISPÍN.-Y en mi señor no hubo más falta que carecer de dinero, pero a él nadie le aventajará en nobleza.. y vuestros nietos serán caballeros..., si no dan en salir al abuelo...<br /> TODOS.- ¡Casadlos! ¡Casadlos!<br /> PANTALÓN.-O todos caeremos sobre vos.<br /> HOSTELERO.-Y saldrá a relucir vuestra historia...<br /> ARLEQUÍN.-Y nada iréis ganando...<br /> SIRENA.- lo pide una dama, conmovida por este amor tan fuera de estos tiempos.<br /> COLOMBINA.-Que más parece de novela.<br /> TODOS .-¡Casadlos! ¡Casadlos!<br /> POLICHIMELA.-Cásense enhoramala. Pero mi hija quedará sin dote y desheredada... Y arruinaré toda mi hacienda antes que ese bergante...<br /> DOCTOR.-Eso sí que no haréis, señor Polichinela.<br /> PANTALÓN.-¿Qué disparates son éstos?<br /> HOSTELERO .-¡No lo penséis siquiera!<br /> ARLEQUÍN.-¿Qué se diría?<br /> CAPITÁN.-No lo consentimos.<br /> SILVIA.-No, padre mío; soy yo la que nada acepto, soy yo la que ha de compartir su suerte. Así le amo.<br /> LEANDRO.-Y sólo así puedo aceptar tu amor... ''(Todos corren hacia Silvia y Leandro.)''<br /> DOCTOR .-¿Qué dicen? ¿Están locos?<br /> PANTALÓN.-¡Eso no puede ser!<br /> HOSTELERO.-¡Lo aceptaréis todo!<br /> ARLEQUÍN.-Seréis felices y seréis ricos.<br /> SEÑORA DE POLICHINELA.-¿Mi hija en la miseria! ¡Ese hombre es un verdugo!<br /> SIRENA.-Ved que el amor es niño delicado y resiste pocas privaciones.<br /> DOCTOR.- ¡No ha de ser! Que el señor .Polichinela firmará aquí mismo espléndida donación, como corresponde a una persona de su calidad y a un padre amantísimo. Escribid, escribid, señor Secretario, que a esto no ha de oponerse nadie.<br /> TODOS.-''(Menos Polichinela.)'' ¡Escribid! ¡Escribid!<br /> DOCTOR.-Y vosotros, jóvenes enamorados... , resignaos con las riquezas, que no conviene extremar escrúpulos que nadie agradece.<br /> PANTALÓN.-''(A Crispín.)'' ¿Seremos pagados?<br /> CRISPÍN.-Quién lo duda? Pero habéis de proclamar que el señor Leandro nunca os engañó... Ved cómo se sacrifica por satisfaceros aceptando esa riqueza que ha de repugnar a sus sentimientos.<br /> PANTALÓN.-Simpre le Creímos un noble caballero.<br /> HOSTELERO.-Siempre.<br /> ARLEQUÍN.--Todos lo creímos.<br /> CAPITÁN.-Y lo sostendremos siempre.<br /> CRISPÍN.-Y ahora, Doctor, ese proceso, ¿habrá tierra bastante en la tierra para echarle encima?<br /> DOCTOR.-Mi previsión se anticipa a todo. Bastará con puntuar debidamente algún concepto... Ved aquí: donde dice... “Y resultando que si no declaró... “, basta una coma, y dice: “Y resultando que si, no declaró... ” Y aquí: “Y resultando que no debe condenársele”, fuera la coma, y dice: ‘“Y resultando que no debe condenársele...”<br /> CRISPÍN .-¡Oh, admirable coma! ¡Maravillosa coma! ¡Genio de la Justicia! ¡Oráculo de la Ley! ¡Monstruo de la Jurisprudencia!<br /> DOCTOR.-Ahora confío en la grandeza de tu señor.<br /> CRISPÍN.-Descuidad. Nadie mejor que vos sabe cómo el dinero puede cambiar a un hombre.<br /> SECRETARIO -Yo fui el que puso y quitó esas comas...<br /> CRISPÍN .-En espera de algo mejor.. Tomad esta cadena. Es de oro.<br /> SECRETARIO.-¿De ley?<br /> CRISPÍN.-Vos lo sabréis, que entendéis de leyes.<br /> POLICHINELA.-Sólo impondré una condición: que este pícaro deje para siempre de estar a tu servicio.<br /> CRISPÍN.No necesitáis pedirlo, señor Polichinela. ¡Pensáis que soy tan pobre de ambiciones como mi señor?<br /> LEANDRO.-¿Quieres dejarme<br /> CRISPIN.-No será sin tristeza de mi parte.<br /> CRISPÍN.-No la tengáis, que ya de nada puedo serviros y conmigo dejáis la piel del hombre viejo. . . ¿Qué os dije, señor? Que entre todos habían de salvarnos... Creedlo. Para salir adelante con todo, mejor que crear afectos es crear intereses...<br /> LEANDRO.-Te engañas, que sin el amor de Sihia nunca me hubiera salvado.<br /> CRISPÍN.-¿Y es poco interés ese amor? Yo di siempre su parte al ideal y conté con él siempre. Y ahora acabó la farsa.<br /> SILVIA.-''(Al público.)''Y en ella visteis, como en las farsas de la vida,que a estos muñecos,como a los humanos, muévenlos cordelillos groseros, que son los intereses,las pasioncillas, los engaños y todas las miserias de su condición:tiran unos de sus pies y los llevan a tristes andanzas;tiran otros de sus manos,que trabajan con pena, luchan con rabia,hurtan con astucia, matan con vilencia.Pero entre todos ellos, desciense a veces del cielo al corazón un hilo sutil,como tejido con luz del sol y con luz de luna:el hilo del amor,que a los humanos,como a esos muñecos que semejan humanos,les hace parecer divinos, y trae a nuestra frente resplandores de aurora,y pone alas en nuestro corazón y nos dice que no todo es farsa en la farsa, que hay algo divino en nuestra vida que es verdad y es eterno,y no puede acabar cuando la farsa acaba.''(Telón)''<br /><br /> FIN DE LA COMEDIA {{c|[[Image:Filigrana.png]]}} {|class="noprint" border=2 width=100% cellpadding=2 cellspacing=1 align=center style="margin-top:1em" |- align=center bgcolor=#f5f5dc | <<< Parte anterior | Título de esta parte | Parte siguiente >>> |- align=center | [[Los intereses creados/Acto II, Cuadro tercero, Escena VIII|Escena VIII ]] | Acto II - Cuadro tercero, Escena IX | [[Los intereses creados|Indice]] |} [[Categoría:Los intereses creados]] n06kzjju6u9d9n74yqtvx1wolr54s3r Así habló Zaratustra/2: De las tres transformaciones 0 65071 1665600 1635525 2026-06-21T01:17:57Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 2:De las tres transformaciones]] a [[Así habló Zaratustra/2: De las tres transformaciones]]: a subpáginas 1635525 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Así habló Zaratustra]]<br> De las tres transformaciones de la mente |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> Tres transformaciones os contaré de la mente: cómo la mente se vuelve en camello, y en león el camello, y en niño finalmente el león. Hay muchas cosas pesadas para la mente, la mente fuerte, con aguante, en la que mora el respeto: lo pesado y lo pesadísimo demanda su fuerza. ¿Qué es pesado?, así pregunta la mente con aguante, así se arrodilla, al igual que un camello, y quiere ser bien cargada. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta la mente con aguante, para que lo tome sobre mí y me felicite de mi fuerza. No es acaso esto: ¿rebajarse, para ofender a la propia arrogancia? ¿Dejar brillar la propia estupidez, para burlarse de la propia sabiduría? O es esto: ¿separarnos de nuestra causa cuando celebra su victoria? ¿Subir a la alta montaña, para tentar al tentador? O es esto: ¿alimentarse de las bellotas y la hierba del conocimiento, y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad? O es esto: ¿estar enfermo y mandar a casa a los consoladores y trabar amistad con palomas que nunca escuchan lo que quieres? O es esto: ¿meterse en agua sucia, si es el agua de la verdad, y no apartar de uno las ranas frías y los sapos calientes? O es esto: ¿amar a los que nos desprecian, y tenderle la mano al espectro cuando nos quiere hacer temer? Todo esto, de entre lo más pesado, lo toma la mente con aguante sobre sí: al igual que el camello, que se apresura en el desierto, así se apresura ella en su desierto. Pero en el desierto solitario sucede la segunda transformación: en león se convierte aquí la mente, quiere obtener la libertad y ser señor en su propio desierto. A su dueño último busca aquí: quiere ser enemigo de él y de su dios último, en pos de la victoria quiere luchar con el gran dragón. ¿Cuál es el gran dragón, al que la mente no quiere ya no quiere reconocer como señor? “Debes”, así se llama el gran dragón. Pero la mente del león dice “Quiero”. “Debes” se encuentra en su camino, refulgiendo dorado, un animal con escamas, y en cada escama brilla dorado: “¡Debes!”. Valores milenarios brillan en esas escamas, y así habla el más poderoso de todos los dragones “todo el valor de las cosas - brilla en mí”. “Todo lo que es de valor ya ha sido creado, y todo valor creado - eso soy yo. ¡En verdad, no habrá ningún “Quiero” más!” Así habla el dragón. Hermanos míos, ¿para qué es necesario el león en la mente? ¿En qué no nos basta la bestia de carga, que renuncia y es respetuosa? Crear nuevos valores - eso tampoco lo alcanza aún el león: pero crear libertad para nuevas creaciones - eso lo alcanza la fuerza del león. Crear libertad para uno mismo y un sagrado no incluso ante el deber: para esto, hermanos míos, es necesario el león. Tomarse el derecho a nuevos valores - eso es lo más temible que puede tomar para sí la mente con aguante y respetuosa. En verdad, es una depredación para ella y un asunto para depredadores. Como a lo más sagrado amaba ella antes a “Debes”: ahora debe encontrar la locura y la arbitrariedad incluso en lo más sagrado, para que deprede la libertad de su amor: hace falta el león para esa depredación. Pero decidme, hermanos míos, ¿qué alcanza el niño, que tampoco el león hubiera alcanzado? ¿Por qué debería el león depredador encima convertirse en niño? Inocencia y olvido es el niño, un nuevo comienzo, un juego, un aro que rueda fuera de sí mismo, un primer movimiento, un sagrado decir sí. Sí, para el juego de la creación, hermanos míos, es necesario un sagrado decir sí: ''su'' voluntad es lo que quiere ahora la mente, ''su'' mundo es lo que gana para sí el alejado del mundo. Tres transformaciones os he nombrado de la mente: cómo la mente se volvió en camello, y en león el camello, y el león por último en niño. - Así habló Zaratustra. Y por aquel entonces se encontraba en la ciudad que se llama: la vaca variopinta. {{Capítulos| [[Zaratustra 1:Discurso previo de Zaratustra|Discurso previo de Zaratustra]] | De las tres transformaciones | [[Zaratustra 3:De las cátedras de la virtud|De las cátedras de la virtud]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] [[fr:Ainsi parlait Zarathoustra/Première partie/Les trois métamorphoses]] [[hy:Այսպէս խօսեց Զրադաշտը/Առաջին մաս/Երեք կերպարանափոխութիւնների մասին]] [[pt:Assim falou Zaratustra/Das Três Transformações]] 16x3daiui18zicxwuwdigq31eqzr7s3 1665607 1665600 2026-06-21T01:19:13Z Ignacio Rodríguez 3603 1665607 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Así habló Zaratustra]] |sección=De las tres transformaciones de la mente |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> Tres transformaciones os contaré de la mente: cómo la mente se vuelve en camello, y en león el camello, y en niño finalmente el león. Hay muchas cosas pesadas para la mente, la mente fuerte, con aguante, en la que mora el respeto: lo pesado y lo pesadísimo demanda su fuerza. ¿Qué es pesado?, así pregunta la mente con aguante, así se arrodilla, al igual que un camello, y quiere ser bien cargada. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta la mente con aguante, para que lo tome sobre mí y me felicite de mi fuerza. No es acaso esto: ¿rebajarse, para ofender a la propia arrogancia? ¿Dejar brillar la propia estupidez, para burlarse de la propia sabiduría? O es esto: ¿separarnos de nuestra causa cuando celebra su victoria? ¿Subir a la alta montaña, para tentar al tentador? O es esto: ¿alimentarse de las bellotas y la hierba del conocimiento, y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad? O es esto: ¿estar enfermo y mandar a casa a los consoladores y trabar amistad con palomas que nunca escuchan lo que quieres? O es esto: ¿meterse en agua sucia, si es el agua de la verdad, y no apartar de uno las ranas frías y los sapos calientes? O es esto: ¿amar a los que nos desprecian, y tenderle la mano al espectro cuando nos quiere hacer temer? Todo esto, de entre lo más pesado, lo toma la mente con aguante sobre sí: al igual que el camello, que se apresura en el desierto, así se apresura ella en su desierto. Pero en el desierto solitario sucede la segunda transformación: en león se convierte aquí la mente, quiere obtener la libertad y ser señor en su propio desierto. A su dueño último busca aquí: quiere ser enemigo de él y de su dios último, en pos de la victoria quiere luchar con el gran dragón. ¿Cuál es el gran dragón, al que la mente no quiere ya no quiere reconocer como señor? “Debes”, así se llama el gran dragón. Pero la mente del león dice “Quiero”. “Debes” se encuentra en su camino, refulgiendo dorado, un animal con escamas, y en cada escama brilla dorado: “¡Debes!”. Valores milenarios brillan en esas escamas, y así habla el más poderoso de todos los dragones “todo el valor de las cosas - brilla en mí”. “Todo lo que es de valor ya ha sido creado, y todo valor creado - eso soy yo. ¡En verdad, no habrá ningún “Quiero” más!” Así habla el dragón. Hermanos míos, ¿para qué es necesario el león en la mente? ¿En qué no nos basta la bestia de carga, que renuncia y es respetuosa? Crear nuevos valores - eso tampoco lo alcanza aún el león: pero crear libertad para nuevas creaciones - eso lo alcanza la fuerza del león. Crear libertad para uno mismo y un sagrado no incluso ante el deber: para esto, hermanos míos, es necesario el león. Tomarse el derecho a nuevos valores - eso es lo más temible que puede tomar para sí la mente con aguante y respetuosa. En verdad, es una depredación para ella y un asunto para depredadores. Como a lo más sagrado amaba ella antes a “Debes”: ahora debe encontrar la locura y la arbitrariedad incluso en lo más sagrado, para que deprede la libertad de su amor: hace falta el león para esa depredación. Pero decidme, hermanos míos, ¿qué alcanza el niño, que tampoco el león hubiera alcanzado? ¿Por qué debería el león depredador encima convertirse en niño? Inocencia y olvido es el niño, un nuevo comienzo, un juego, un aro que rueda fuera de sí mismo, un primer movimiento, un sagrado decir sí. Sí, para el juego de la creación, hermanos míos, es necesario un sagrado decir sí: ''su'' voluntad es lo que quiere ahora la mente, ''su'' mundo es lo que gana para sí el alejado del mundo. Tres transformaciones os he nombrado de la mente: cómo la mente se volvió en camello, y en león el camello, y el león por último en niño. - Así habló Zaratustra. Y por aquel entonces se encontraba en la ciudad que se llama: la vaca variopinta. {{Capítulos| [[Zaratustra 1:Discurso previo de Zaratustra|Discurso previo de Zaratustra]] | De las tres transformaciones | [[Zaratustra 3:De las cátedras de la virtud|De las cátedras de la virtud]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] [[fr:Ainsi parlait Zarathoustra/Première partie/Les trois métamorphoses]] [[hy:Այսպէս խօսեց Զրադաշտը/Առաջին մաս/Երեք կերպարանափոխութիւնների մասին]] [[pt:Assim falou Zaratustra/Das Três Transformações]] 5dwjctdszjlwo9red1zdj2fgm52lhu9 Así habló Zaratustra/4: De los trasmundanos 0 65090 1665602 1635526 2026-06-21T01:18:06Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 4:De los trasmundanos]] a [[Así habló Zaratustra/4: De los trasmundanos]]: a subpáginas 1635526 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Así habló Zaratustra]]<br> De los ultraterrenales |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> En una ocasión lanzó también Zaratustra su locura más allá de los seres humanos, al igual que todos los ultraterrenales. De un doliente y atormentado Dios la obra, me pareció el mundo. Un sueño me pareció entonces el mundo y composición de un Dios; un humo coloreado ante los ojos de un divinamente descontento. El bien y el mal y el placer y el dolor y yo y tú - humo coloreado se me parecía ante ojos creadores. Apartar la mirada de sí mismo quería el creador, - y creó el mundo. Un ebrio deleite es para el doliente apartar la mirada de sus dolores y perderse. Un ebrio deleite y un perderse de sí mismo se me pareció una vez el mundo. Este mundo, el eternamente incompleto, de una eterna contradicción la imagen e incompleta imagen - un ebrio deleite para su incompleto creador: - así me pareció una vez el mundo. Por tanto lancé en aquel entonces mi locura más allá de los hombres, al igual que todos los ultraterrenales. ¿Más allá de los seres humanos, en verdad? ¡Ah, hermanos, ese Dios que creé era obra humana y locura humana, al igual que todos los dioses! Humano era, y sólo un pobre pedazo de humano y de Yo: de la propia ceniza y ascua vino a mí, ese espectro, y ¡verdaderamente! ¡Nada vino a mí desde el más allá! ¿Qué pasó, hermanos míos? Me sobrepuse, yo, el doliente, llevé mis propias cenizas a la montaña, descubrí para mí una llama más viva. Y ¡fijáos! ¡Entonces ''retrocedió'' el espectro ante mí! Dolor sería para mí, y tormento para el convaleciente, creer en semejantes espectros: sería un dolor para mí ahora, y una humillación. Así les digo a los ultraterrenales. Dolor fue, e incapacidad - eso creó a todos los ultraterrenales; y esa corta locura de la suerte, que sólo los más dolientes experimentan. Cansancio, que de un salto quiere llegar a lo último, con un salto a la muerte, un pobre cansancio ignorante, que ni siquiera quiere querer: ése creó a todos los dioses y a todos los ultraterrenales. ¡Creedme esto, hermanos míos! El cuerpo fue el que perdió la esperanza en el cuerpo, - él fue el que tanteó con los dedos de la mente confundida las paredes últimas. ¡Creedme esto, hermanos míos! El cuerpo fue el que perdió la esperanza en la Tierra, - él fue el que oyó a la tripa del ser hablarle. Y entonces quiso meter la cabeza a través de las paredes últimas, y no sólo la cabeza, - irse al “otro mundo”. Pero el “otro mundo” está bien escondido de los seres humanos, ese mundo inhumano y deshumanizado, que es una nada celestial; y la tripa del ser no habla con el ser humano, a no ser que sea como ser humano. En verdad, es difícil de probar todo ser y difícil ponerle a hablar. Decidme vosotros, hermanos, ¿no está probada de la mejor manera incluso la más sorprendente de las cosas? Sí, este Yo y esta contradicción del Yo y esta confusión habla de lo más cabalmente de su ser, este Yo creador, con voluntad y juicio, que es la medida y el valor de las cosas. Y este ser, el más cabal de todos, el Yo, - habla del cuerpo, y quiere todavía el cuerpo, incluso cuando se da a la poesía y se entusiasma y aletea con alas rotas. Cada vez más cabalmente aprende a hablar, el Yo: y cuanto más aprende, más palabras y honras encuentra para el cuerpo y para la Tierra. Un nuevo orgullo me enseñó mi Yo, y yo se lo predico a los seres humanos: - ¡no esconder más la cabeza en la arena de las cosas celestiales, sino llevarla libremente, una cabeza-Tierra, que le crea sentido a la Tierra! Una nueva voluntad les predico a los seres humanos: ¡querer este camino, que ha recorrido ciegamente el hombre, y darlo por bueno y no dejarlo de lado de puntillas, como hace el enfermo y el moribundo! Enfermos y moribundos fueron los que menospreciaron al cuerpo y a la Tierra y se inventaron lo celestial y las gotas de sangre salvadora: ¡pero incluso estos dulces y letales venenos los tomaron del cuerpo y de la Tierra! De su miseria querían escapar, y las estrellas les parecieron demasiado lejanas. Entonces suspiraron: “¡Oh, si hubiera caminos celestiales, para pasar de puntillas a otro ser y a otra fortuna!” - ¡y entonces se inventaron sus puntillas y su brebaje sangriento! De su cuerpo y de esta Tierra escapados se imaginaban, estos desagradecidos. Pero, ¿a quién le debían su escape de la convulsión y el placer? A su cuerpo y a esta Tierra. Clemente es Zaratustra para con los enfermos. En verdad, no se enfurece por sus maneras de consolarse y de ser desagradecidos. ¡Ojalá se vuelvan convalecientes y sobrepuestos y se creen un cuerpo más alto! Así como tampoco se enfurece Zaratustra con el convaleciente, cuando mira tiernamente a su anterior locura, y a medianoche ronda la tumba de su Dios: pero a la enfermedad y al cuerpo enfermo no les dedica sus lágrimas. Mucha gente enfermiza hubo siempre entre aquellos que se dan a la poesía y son adictos a dioses; con ira odian al conocedor y a la más joven de las virtudes, que se llama: honradez. Atrás miran siempre, hacia tiempos oscuros: entonces era, es cierto, otra cosa la locura y la fe; un frenesí de la razón era el parecido con Dios, y la duda un pecado. Demasiado bien conozco a estos parecidos a Dios: quieren que se tenga fe en ellos y que la duda sea un pecado. Demasiado bien sé también, en qué prefieren creen ellos mismos. En verdad no es en mundos ultraterrenales y gotas de sangre salvadoras: sino que prefieren creer en el cuerpo, y su propio cuerpo es para ellos su “cosa en sí”. Pero una cosa enfermiza es su cuerpo para ellos: y con gusto se irían de su pellejo. Por eso escuchar a los predicadores de la muerte y predican ellos mismos mundos ultraterrenales. Escuchadme mejor a mí, hermanos míos, a la voz del cuerpo sano: una voz más cabal y más pura es ésta. Más cabalmente habla, y más puramente, el cuerpo sano, el completo y rectangular: y habla del sentido de la Tierra. Así habló Zaratustra. {{Capítulos| [[Zaratustra 3:De las cátedras de la virtud|De las cátedras de la virtud]] | De los trasmundanos | [[Zaratustra 5:De los despreciadores del cuerpo|De los despreciadores del cuerpo]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] [[fr:Ainsi parlait Zarathoustra/Première partie/Des hallucinés de l’arrière-monde]] [[hy:Այսպէս խօսեց Զրադաշտը/Առաջին մաս/Հանդերձեալ կեանք ու աշխարհ քարոզողների մասին]] [[pt:Assim falou Zaratustra/Dos Crentes em Além Mundos]] gnigeemj84zxryiy8ytexa7hpdzjn00 1665606 1665602 2026-06-21T01:19:00Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665606 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Así habló Zaratustra]] |sección=De los ultraterrenales |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> En una ocasión lanzó también Zaratustra su locura más allá de los seres humanos, al igual que todos los ultraterrenales. De un doliente y atormentado Dios la obra, me pareció el mundo. Un sueño me pareció entonces el mundo y composición de un Dios; un humo coloreado ante los ojos de un divinamente descontento. El bien y el mal y el placer y el dolor y yo y tú - humo coloreado se me parecía ante ojos creadores. Apartar la mirada de sí mismo quería el creador, - y creó el mundo. Un ebrio deleite es para el doliente apartar la mirada de sus dolores y perderse. Un ebrio deleite y un perderse de sí mismo se me pareció una vez el mundo. Este mundo, el eternamente incompleto, de una eterna contradicción la imagen e incompleta imagen - un ebrio deleite para su incompleto creador: - así me pareció una vez el mundo. Por tanto lancé en aquel entonces mi locura más allá de los hombres, al igual que todos los ultraterrenales. ¿Más allá de los seres humanos, en verdad? ¡Ah, hermanos, ese Dios que creé era obra humana y locura humana, al igual que todos los dioses! Humano era, y sólo un pobre pedazo de humano y de Yo: de la propia ceniza y ascua vino a mí, ese espectro, y ¡verdaderamente! ¡Nada vino a mí desde el más allá! ¿Qué pasó, hermanos míos? Me sobrepuse, yo, el doliente, llevé mis propias cenizas a la montaña, descubrí para mí una llama más viva. Y ¡fijáos! ¡Entonces ''retrocedió'' el espectro ante mí! Dolor sería para mí, y tormento para el convaleciente, creer en semejantes espectros: sería un dolor para mí ahora, y una humillación. Así les digo a los ultraterrenales. Dolor fue, e incapacidad - eso creó a todos los ultraterrenales; y esa corta locura de la suerte, que sólo los más dolientes experimentan. Cansancio, que de un salto quiere llegar a lo último, con un salto a la muerte, un pobre cansancio ignorante, que ni siquiera quiere querer: ése creó a todos los dioses y a todos los ultraterrenales. ¡Creedme esto, hermanos míos! El cuerpo fue el que perdió la esperanza en el cuerpo, - él fue el que tanteó con los dedos de la mente confundida las paredes últimas. ¡Creedme esto, hermanos míos! El cuerpo fue el que perdió la esperanza en la Tierra, - él fue el que oyó a la tripa del ser hablarle. Y entonces quiso meter la cabeza a través de las paredes últimas, y no sólo la cabeza, - irse al “otro mundo”. Pero el “otro mundo” está bien escondido de los seres humanos, ese mundo inhumano y deshumanizado, que es una nada celestial; y la tripa del ser no habla con el ser humano, a no ser que sea como ser humano. En verdad, es difícil de probar todo ser y difícil ponerle a hablar. Decidme vosotros, hermanos, ¿no está probada de la mejor manera incluso la más sorprendente de las cosas? Sí, este Yo y esta contradicción del Yo y esta confusión habla de lo más cabalmente de su ser, este Yo creador, con voluntad y juicio, que es la medida y el valor de las cosas. Y este ser, el más cabal de todos, el Yo, - habla del cuerpo, y quiere todavía el cuerpo, incluso cuando se da a la poesía y se entusiasma y aletea con alas rotas. Cada vez más cabalmente aprende a hablar, el Yo: y cuanto más aprende, más palabras y honras encuentra para el cuerpo y para la Tierra. Un nuevo orgullo me enseñó mi Yo, y yo se lo predico a los seres humanos: - ¡no esconder más la cabeza en la arena de las cosas celestiales, sino llevarla libremente, una cabeza-Tierra, que le crea sentido a la Tierra! Una nueva voluntad les predico a los seres humanos: ¡querer este camino, que ha recorrido ciegamente el hombre, y darlo por bueno y no dejarlo de lado de puntillas, como hace el enfermo y el moribundo! Enfermos y moribundos fueron los que menospreciaron al cuerpo y a la Tierra y se inventaron lo celestial y las gotas de sangre salvadora: ¡pero incluso estos dulces y letales venenos los tomaron del cuerpo y de la Tierra! De su miseria querían escapar, y las estrellas les parecieron demasiado lejanas. Entonces suspiraron: “¡Oh, si hubiera caminos celestiales, para pasar de puntillas a otro ser y a otra fortuna!” - ¡y entonces se inventaron sus puntillas y su brebaje sangriento! De su cuerpo y de esta Tierra escapados se imaginaban, estos desagradecidos. Pero, ¿a quién le debían su escape de la convulsión y el placer? A su cuerpo y a esta Tierra. Clemente es Zaratustra para con los enfermos. En verdad, no se enfurece por sus maneras de consolarse y de ser desagradecidos. ¡Ojalá se vuelvan convalecientes y sobrepuestos y se creen un cuerpo más alto! Así como tampoco se enfurece Zaratustra con el convaleciente, cuando mira tiernamente a su anterior locura, y a medianoche ronda la tumba de su Dios: pero a la enfermedad y al cuerpo enfermo no les dedica sus lágrimas. Mucha gente enfermiza hubo siempre entre aquellos que se dan a la poesía y son adictos a dioses; con ira odian al conocedor y a la más joven de las virtudes, que se llama: honradez. Atrás miran siempre, hacia tiempos oscuros: entonces era, es cierto, otra cosa la locura y la fe; un frenesí de la razón era el parecido con Dios, y la duda un pecado. Demasiado bien conozco a estos parecidos a Dios: quieren que se tenga fe en ellos y que la duda sea un pecado. Demasiado bien sé también, en qué prefieren creen ellos mismos. En verdad no es en mundos ultraterrenales y gotas de sangre salvadoras: sino que prefieren creer en el cuerpo, y su propio cuerpo es para ellos su “cosa en sí”. Pero una cosa enfermiza es su cuerpo para ellos: y con gusto se irían de su pellejo. Por eso escuchar a los predicadores de la muerte y predican ellos mismos mundos ultraterrenales. Escuchadme mejor a mí, hermanos míos, a la voz del cuerpo sano: una voz más cabal y más pura es ésta. 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Así habló Zaratustra. {{Capítulos| [[Zaratustra 3:De las cátedras de la virtud|De las cátedras de la virtud]] | De los trasmundanos | [[Zaratustra 5:De los despreciadores del cuerpo|De los despreciadores del cuerpo]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] [[fr:Ainsi parlait Zarathoustra/Première partie/Des hallucinés de l’arrière-monde]] [[hy:Այսպէս խօսեց Զրադաշտը/Առաջին մաս/Հանդերձեալ կեանք ու աշխարհ քարոզողների մասին]] [[pt:Assim falou Zaratustra/Dos Crentes em Além Mundos]] ndk9f8c1s7n3vbbxvx2ms1qu0dgdxde Así habló Zaratustra/1: Discurso previo de Zaratustra 0 65662 1665598 1635541 2026-06-21T01:17:37Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 1:Discurso previo de Zaratustra]] a [[Así habló Zaratustra/1: Discurso previo de Zaratustra]]: a subpáginas 1635541 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Así habló Zaratustra]]<br> Discurso previo de Zaratustra |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> __TOC__ ==1== Cuando Zaratustra cumplió los treinta años, dejó su patria y el lago de su patria y se marchó a las montañas. Aquí disfrutó de su mente y de su soledad y no se cansó de ambas en diez años. Finalmente, sin embargo, su corazón se transformó, - y una mañana se levantó con la luz del alba, se colocó frente al sol y le dijo: - ¡Gran astro! ¡Cuál sería tu suerte, si no tuvieras a quienes alumbras! "Durante diez años has venido a mi cueva: estarías harto de tu luz y de este camino sin mí, sin mi águila y sin mi serpiente. "Pero nosotros te esperamos cada mañana, tomamos de ti lo que te sobraba y te bendecimos por ello. "¡Mira! Estoy ahíto de mi sabiduría, como la abeja que ha recogido demasiada miel, necesito de las manos que se extienden. "Querría regalar y repartir, hasta que los sabios de entre los humanos de nuevo se alegren de su necedad y los pobres de su riqueza. "Para ello debo subir hasta la profundidad: ¡como tú haces por la noche, cuando caminas por detrás del mar y también llevas luz al submundo, astro hiperabundante! "Debo, al igual que tú, ‘’descender’’, como dicen los humanos, hacia los que quiero bajar. "Así pues, ¡bendíceme, ojo apacible, que puedes mirar sin envidia incluso una felicidad excesiva! "¡Bendice el vaso que quiere rebosar, que el agua fluya dorada de él y lleve a todas partes el resplandor de tu deleite! "¡Mira! Este vaso quiere estar de nuevo vacío, y Zaratustra quiere ser de nuevo humano.” Así comenzó el descenso de Zaratustra. ==2== Zaratustra bajó solo de la montaña y nadie le salió al encuentro. Cuando entró en los bosques, sin embargo, apareció de pronto un anciano frente a él, que había dejado su solemne cabaña para buscar raíces en el bosque. Y así habló el anciano a Zaratustra: - No me es extraño este caminante: hace algunos años pasó por aquí. Zaratustra se llamaba; pero se ha transformado. Entonces llevabas tu ceniza a la montaña: ¿quieres hoy llevar tu fuego a los valles? ¿No temes el castigo que se da al incendiario? "Sí, reconozco a Zaratustra. Puro es su ojo, y en su boca no se esconde lo repugnante. ¿No camina por tanto como un bailarín? "Transformado está Zaratustra, en un niño se ha vuelto Zaratustra, un hombre que ha despertado es Zaratustra: ¿que quieres ahora entre los que duermen? "Como en el mar viviste en la soledad, y el mar te llevó: Ten cuidad, ¿pretendes desembarcar en tierra? Ten cuidado, ¿quieres arrastrar de nuevo tú mismo tu cuerpo? Zaratustra respondió: - Amo a los hombres. - ¿Por qué - dijo el santo - me marché yo al bosque y a la desolación? ¿No fue porque amaba demasiado a los hombres? "Ahora amo a Dios: a los hombres no les amo. El hombre me parece una cosa sin terminar. El amor a los hombres me mataría. Zaratustra respondió: - ¡Qué decía yo del amor! Les llevo a los hombres un regalo. - No les des nada - dijo el santo -. Quítales mejor algo de peso y ayúdales a sobrellevarlo - es lo que mejor les hará: ¡si te hace bien a ti! "Y si quieres darles algo, no les des más que limosna, ¡y deja que te la mendiguen! - No - respondió Zaratustra - no doy ninguna limosna. No soy suficientemente pobre. El santo se rió de Zaratustra y le dijo así: - ¡Pues verás cómo se apropian de tus tesoros! Son desconfiados con los ermitaños y no creen que vengamos a regalarles nada. - Nuestros pasos les suenan demasiado solitarios por las callejas. Y cuando oyen caminar a un hombre por la noche desde sus camas, mucho antes de que el sol se levante, se preguntan: ¿a dónde irá el ladrón? - ¡No vayas donde los hombres y quédate en los bosques! ¡Vé mejor aún donde los animales! ¿Por qué no quieres ser como yo - un oso entre osos, un pájaro entre pájaros? - ¿Y qué hace el santo en los bosques? - Preguntó Zaratustra. El santo le respondió: - Hago canciones y las canto, y cuando hago canciones, río, lloro y gruño: así glorifico a Dios. - Con canto, lloro, risa y gruñidos glorifico al Dios que es mi Dios. ¿Pero qué nos traes como regalo? Cuando Zaratustra hubo oído estas palabras, se despidió del santo y dijo: - ¡Qué tendría yo para daros! ¡Pero dejadme que me vaya rápido, antes de que os quite nada! Y así se separaron el uno del otro, el anciano y el hombre, sonriendo como sonríen dos muchachos. Pero cuando Zaratustra estuvo solo, habló también a su corazón: - ¡Será acaso posible! ¡Este viejo santón no ha oído nada en su bosque de que Dios ha muerto! ==3== Cuando Zaratustra llegó a la ciudad que se encontraba más próxima a los bosques, se encontró allí mismo con mucha gente reunida en el mercado: puesto que se había corrido la voz de que se podría ver a un equilibrista. Y Zaratustra habló así a la gente: -''Os predico el sobrehumano''. El ser humano es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? “¿Qué es el mono para el ser humano? Un motivo de risa o de dolorosa vergüenza. Y eso mismo debe ser el ser humano para el sobrehumano: un motivo de risa o de dolorosa vergüenza. “Habéis recorrido el camino del gusano hasta el hombre, y hay mucho todavía del gusano en vosotros. Una vez fuisteis monos, y todavía ahora es el hombre más mono que cualquier mono. “El que sea el más sabio de entre vosotros, ése también es una mezcla y un híbrido de planta y espectro. Pero, ¿os digo yo de ser espectros o plantas? “¡Ved, os predico el sobrehumano! “El sobrehumano es el sentido de la Tierra. Que vuestra voluntad diga: ¡que el sobrehumano ''sea'' el sentido de la Tierra! “¡Os conjuro, hermanos míos, ''a que permanezcáis fieles a la Tierra'' y no creáis a aquéllos que os hablan de esperanzas ultraterrenas! Son envenenadores, lo sepan o no. “Menospreciadores de la vida son, moribundos y ellos mismos envenenados, de los que la Tierra está cansada: ¡así se acaben largando! “Una vez fue el sacrilegio contra Dios el mayor sacrilegio, pero Dios murió, y por tanto también estos sacrílegos. ¡Cometer sacrilegio contra la Tierra es ahora lo más terrible y tener en más estima las vísceras de lo que no se puede desentrañar que el sentido de la Tierra! “Una vez miraba el alma con desprecio al cuerpo: y entonces era este desprecio lo más alto: - ella lo quería delgado, atroz, en ayunas. Así pensaba deslizarse lejos de él y de la Tierra. “Oh, ese alma era ella misma aún delgada, atroz y en ayunas: ¡y la crueldad era la lascivia de ese alma! “Pero también vosotros, hermanos míos, hablad conmigo: ¿que anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma pobreza y suciedad y un placer lamentable? “En verdad, una corriente sucia es el ser humano. Uno debe ser un mar entero, para aceptar una corriente sucia sin volverse impuro. “Ved, os predico el sobrehumano: él es este mar, en él puede hundirse vuestro gran menosprecio. “¿Qué es lo más grande que os puede suceder? Es la hora del mayor menosprecio. La hora en la que incluso vuestra felicidad se os vuelva en asco e igualmente vuestra razón y vuestra virtud. “La hora en que digáis: “¡De qué vale mi razón! ¿Anhela conocimiento como el león su comida? ¡Es pobreza y suciedad y un lamentable placer!” “La hora en que digáis: “¡De qué vale mi virtud! Nunca me ha hecho enfurecerme. ¡Qué cansado estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo eso es pobreza y suciedad y un lamentable placer!” “La hora en que digáis: “¡De qué vale mi rectitud! No veo que yo sea ascua y carbón. ¡Pero el recto es ascua y carbón!” “La hora en que digáis: “¡De que vale mi compasión! ¿No es la compasión la cruz en la que es clavado aquél que ama a las personas? Pero mi compasión no es una crucifixión.” “¿Habéis dicho ya esto? ¿Habéis gritado ya esto? ¡Ah, si os pudiera oír gritar esto! “¡No son vuestros pecados, es vuestra moderación la que clama al cielo, vuestra avaricia incluso en vuestros pecados clama al cielo! “¿Dónde está el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde está la locura con la que debéis ser inoculados? “Ved, os predico el sobrehumano: ¡él es ese rayo, él es esa locura!” Cuando Zaratustra hubo hablado así, gritó uno de entre la gente: “¡El equilibrista ya ha hablado bastante; que también nos dé espectáculo!”. Y toda la gente se rió de Zaratustra. El equilibrista, sin embargo, que creía que la frase iba por él, se puso manos a la obra. ==4== Zaratustra sin embargo miró a la gente y se sorprendió. Luego dijo así: - El ser humano es una cuerda, atada entre el animal y el sobrehumano, - una cuerda sobre el abismo. “Un peligroso sobrevuelo, un peligroso estar de camino, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y quedarse quieto. “Lo que es grande en el ser humano es que es un puente y no un fin: lo que puede amarse en el ser humano es que es una ''transcendencia'' y una ''decadencia''. “Amo a los que no saben vivir a no ser que sea como decadentes, pues son los que van hacia el otro lado. “Amo a los grandes menospreciadores, porque son los grandes admiradores y flechas del anhelo hacia la otra orilla. “Amo a los que no buscan primero una razón más allá de las estrellas para decaer y ser víctimas propiciatorias: sino que se ofrecen como víctimas propiciatorias a la Tierra, para que la Tierra sea algún día del sobrehumano. “Amo al que vive para comprender y al que quiere comprender, para que algún día el sobrehumano viva. Y así quiere su propia decadencia. “Amo al que trabaja e inventa para construirle al sobrehumano la casa y le prepara la Tierra, animales y plantas: pues así quiere su propia decadencia. “Amo al que ama su virtud: pues la virtud es voluntad de decadencia y una flecha del anhelo. “Amo al que no se guarda una gota de intelecto para sí mismo, sino que quiere ser totalmente el intelecto de su virtud: así pasa como inteligencia pura por encima del puente. “Amo al que hace de su virtud su inclinación y su declive: así quiere, por amor de su virtud, seguir viviendo y no vivir más. “Amo al que no quiere tener demasiadas virtudes. Una virtud es más virtud que dos, porque es más nudo con el que el declive se cuelga. “Amo a aquél cuya alma se malgasta a sí misma, al que no quiere que le den las gracias y no las da él mismo: pues regala siempre y no quiere conservarse. “Amo al que se avergüenza cuando el dado cae a su favor y que entonces pregunta: ¿soy acaso un mal jugador? - Pues quiere extinguirse. “Amo al que precede con palabras doradas a sus obras y cumple siempre más de lo prometido: pues quiere su declive. “Amo al que justifica a los descendientes y absuelve a los antepasados: pues quiere extinguirse en los contemporáneos. “Amo al que alecciona a su Dios porque ama a su Dios: pues quiere extinguirse en la ira de su Dios. “Amo a aquél cuya alma es profunda incluso en la herida, y al que pueden destrozar pequeños sucesos: así pasa gustosamente por el puente. “Amo a aquél cuya alma está tan ahíta que se olvida de sí mismo, y todas las cosas están en él: así todas las cosas se convierten en su decadencia. “Amo al que es de mente libre y corazón libre: así su cabeza es sólo la entraña de su corazón, y su corazón le lleva sin embargo a la decadencia. “Amo a todos aquéllos que son gotas pesadas, cayendo una a una de la nube oscura que cuelga sobre los hombres: ellos anuncian que viene el rayo, y se extinguen como anunciadores. “Ved, yo soy un anunciador del rayo y una gota pesada de la nube: este rayo, sin embargo, se llama sobrehumano.” {{Capítulos| [[Así habló Zaratustra|Indice]]| Discurso previo de Zaratustra| [[Zaratustra 2:De las tres transformaciones|De las tres transformaciones]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] 5zxfn4qz8h1b7m8k99sa2zgxeekv7ku 1665608 1665598 2026-06-21T01:19:22Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665608 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Así habló Zaratustra]] |sección=Discurso previo de Zaratustra |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> __TOC__ ==1== Cuando Zaratustra cumplió los treinta años, dejó su patria y el lago de su patria y se marchó a las montañas. Aquí disfrutó de su mente y de su soledad y no se cansó de ambas en diez años. Finalmente, sin embargo, su corazón se transformó, - y una mañana se levantó con la luz del alba, se colocó frente al sol y le dijo: - ¡Gran astro! ¡Cuál sería tu suerte, si no tuvieras a quienes alumbras! "Durante diez años has venido a mi cueva: estarías harto de tu luz y de este camino sin mí, sin mi águila y sin mi serpiente. "Pero nosotros te esperamos cada mañana, tomamos de ti lo que te sobraba y te bendecimos por ello. "¡Mira! Estoy ahíto de mi sabiduría, como la abeja que ha recogido demasiada miel, necesito de las manos que se extienden. "Querría regalar y repartir, hasta que los sabios de entre los humanos de nuevo se alegren de su necedad y los pobres de su riqueza. "Para ello debo subir hasta la profundidad: ¡como tú haces por la noche, cuando caminas por detrás del mar y también llevas luz al submundo, astro hiperabundante! "Debo, al igual que tú, ‘’descender’’, como dicen los humanos, hacia los que quiero bajar. "Así pues, ¡bendíceme, ojo apacible, que puedes mirar sin envidia incluso una felicidad excesiva! "¡Bendice el vaso que quiere rebosar, que el agua fluya dorada de él y lleve a todas partes el resplandor de tu deleite! "¡Mira! Este vaso quiere estar de nuevo vacío, y Zaratustra quiere ser de nuevo humano.” Así comenzó el descenso de Zaratustra. ==2== Zaratustra bajó solo de la montaña y nadie le salió al encuentro. Cuando entró en los bosques, sin embargo, apareció de pronto un anciano frente a él, que había dejado su solemne cabaña para buscar raíces en el bosque. Y así habló el anciano a Zaratustra: - No me es extraño este caminante: hace algunos años pasó por aquí. Zaratustra se llamaba; pero se ha transformado. Entonces llevabas tu ceniza a la montaña: ¿quieres hoy llevar tu fuego a los valles? ¿No temes el castigo que se da al incendiario? "Sí, reconozco a Zaratustra. Puro es su ojo, y en su boca no se esconde lo repugnante. ¿No camina por tanto como un bailarín? "Transformado está Zaratustra, en un niño se ha vuelto Zaratustra, un hombre que ha despertado es Zaratustra: ¿que quieres ahora entre los que duermen? "Como en el mar viviste en la soledad, y el mar te llevó: Ten cuidad, ¿pretendes desembarcar en tierra? Ten cuidado, ¿quieres arrastrar de nuevo tú mismo tu cuerpo? Zaratustra respondió: - Amo a los hombres. - ¿Por qué - dijo el santo - me marché yo al bosque y a la desolación? ¿No fue porque amaba demasiado a los hombres? "Ahora amo a Dios: a los hombres no les amo. El hombre me parece una cosa sin terminar. El amor a los hombres me mataría. Zaratustra respondió: - ¡Qué decía yo del amor! Les llevo a los hombres un regalo. - No les des nada - dijo el santo -. Quítales mejor algo de peso y ayúdales a sobrellevarlo - es lo que mejor les hará: ¡si te hace bien a ti! "Y si quieres darles algo, no les des más que limosna, ¡y deja que te la mendiguen! - No - respondió Zaratustra - no doy ninguna limosna. No soy suficientemente pobre. El santo se rió de Zaratustra y le dijo así: - ¡Pues verás cómo se apropian de tus tesoros! Son desconfiados con los ermitaños y no creen que vengamos a regalarles nada. - Nuestros pasos les suenan demasiado solitarios por las callejas. Y cuando oyen caminar a un hombre por la noche desde sus camas, mucho antes de que el sol se levante, se preguntan: ¿a dónde irá el ladrón? - ¡No vayas donde los hombres y quédate en los bosques! ¡Vé mejor aún donde los animales! ¿Por qué no quieres ser como yo - un oso entre osos, un pájaro entre pájaros? - ¿Y qué hace el santo en los bosques? - Preguntó Zaratustra. El santo le respondió: - Hago canciones y las canto, y cuando hago canciones, río, lloro y gruño: así glorifico a Dios. - Con canto, lloro, risa y gruñidos glorifico al Dios que es mi Dios. ¿Pero qué nos traes como regalo? Cuando Zaratustra hubo oído estas palabras, se despidió del santo y dijo: - ¡Qué tendría yo para daros! ¡Pero dejadme que me vaya rápido, antes de que os quite nada! Y así se separaron el uno del otro, el anciano y el hombre, sonriendo como sonríen dos muchachos. Pero cuando Zaratustra estuvo solo, habló también a su corazón: - ¡Será acaso posible! ¡Este viejo santón no ha oído nada en su bosque de que Dios ha muerto! ==3== Cuando Zaratustra llegó a la ciudad que se encontraba más próxima a los bosques, se encontró allí mismo con mucha gente reunida en el mercado: puesto que se había corrido la voz de que se podría ver a un equilibrista. Y Zaratustra habló así a la gente: -''Os predico el sobrehumano''. El ser humano es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? “¿Qué es el mono para el ser humano? Un motivo de risa o de dolorosa vergüenza. Y eso mismo debe ser el ser humano para el sobrehumano: un motivo de risa o de dolorosa vergüenza. “Habéis recorrido el camino del gusano hasta el hombre, y hay mucho todavía del gusano en vosotros. Una vez fuisteis monos, y todavía ahora es el hombre más mono que cualquier mono. “El que sea el más sabio de entre vosotros, ése también es una mezcla y un híbrido de planta y espectro. Pero, ¿os digo yo de ser espectros o plantas? “¡Ved, os predico el sobrehumano! “El sobrehumano es el sentido de la Tierra. Que vuestra voluntad diga: ¡que el sobrehumano ''sea'' el sentido de la Tierra! “¡Os conjuro, hermanos míos, ''a que permanezcáis fieles a la Tierra'' y no creáis a aquéllos que os hablan de esperanzas ultraterrenas! Son envenenadores, lo sepan o no. “Menospreciadores de la vida son, moribundos y ellos mismos envenenados, de los que la Tierra está cansada: ¡así se acaben largando! “Una vez fue el sacrilegio contra Dios el mayor sacrilegio, pero Dios murió, y por tanto también estos sacrílegos. ¡Cometer sacrilegio contra la Tierra es ahora lo más terrible y tener en más estima las vísceras de lo que no se puede desentrañar que el sentido de la Tierra! “Una vez miraba el alma con desprecio al cuerpo: y entonces era este desprecio lo más alto: - ella lo quería delgado, atroz, en ayunas. Así pensaba deslizarse lejos de él y de la Tierra. “Oh, ese alma era ella misma aún delgada, atroz y en ayunas: ¡y la crueldad era la lascivia de ese alma! “Pero también vosotros, hermanos míos, hablad conmigo: ¿que anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma pobreza y suciedad y un placer lamentable? “En verdad, una corriente sucia es el ser humano. Uno debe ser un mar entero, para aceptar una corriente sucia sin volverse impuro. “Ved, os predico el sobrehumano: él es este mar, en él puede hundirse vuestro gran menosprecio. “¿Qué es lo más grande que os puede suceder? Es la hora del mayor menosprecio. La hora en la que incluso vuestra felicidad se os vuelva en asco e igualmente vuestra razón y vuestra virtud. “La hora en que digáis: “¡De qué vale mi razón! ¿Anhela conocimiento como el león su comida? ¡Es pobreza y suciedad y un lamentable placer!” “La hora en que digáis: “¡De qué vale mi virtud! Nunca me ha hecho enfurecerme. ¡Qué cansado estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo eso es pobreza y suciedad y un lamentable placer!” “La hora en que digáis: “¡De qué vale mi rectitud! No veo que yo sea ascua y carbón. ¡Pero el recto es ascua y carbón!” “La hora en que digáis: “¡De que vale mi compasión! ¿No es la compasión la cruz en la que es clavado aquél que ama a las personas? Pero mi compasión no es una crucifixión.” “¿Habéis dicho ya esto? ¿Habéis gritado ya esto? ¡Ah, si os pudiera oír gritar esto! “¡No son vuestros pecados, es vuestra moderación la que clama al cielo, vuestra avaricia incluso en vuestros pecados clama al cielo! “¿Dónde está el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde está la locura con la que debéis ser inoculados? “Ved, os predico el sobrehumano: ¡él es ese rayo, él es esa locura!” Cuando Zaratustra hubo hablado así, gritó uno de entre la gente: “¡El equilibrista ya ha hablado bastante; que también nos dé espectáculo!”. Y toda la gente se rió de Zaratustra. El equilibrista, sin embargo, que creía que la frase iba por él, se puso manos a la obra. ==4== Zaratustra sin embargo miró a la gente y se sorprendió. Luego dijo así: - El ser humano es una cuerda, atada entre el animal y el sobrehumano, - una cuerda sobre el abismo. “Un peligroso sobrevuelo, un peligroso estar de camino, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y quedarse quieto. “Lo que es grande en el ser humano es que es un puente y no un fin: lo que puede amarse en el ser humano es que es una ''transcendencia'' y una ''decadencia''. “Amo a los que no saben vivir a no ser que sea como decadentes, pues son los que van hacia el otro lado. “Amo a los grandes menospreciadores, porque son los grandes admiradores y flechas del anhelo hacia la otra orilla. “Amo a los que no buscan primero una razón más allá de las estrellas para decaer y ser víctimas propiciatorias: sino que se ofrecen como víctimas propiciatorias a la Tierra, para que la Tierra sea algún día del sobrehumano. “Amo al que vive para comprender y al que quiere comprender, para que algún día el sobrehumano viva. Y así quiere su propia decadencia. “Amo al que trabaja e inventa para construirle al sobrehumano la casa y le prepara la Tierra, animales y plantas: pues así quiere su propia decadencia. “Amo al que ama su virtud: pues la virtud es voluntad de decadencia y una flecha del anhelo. “Amo al que no se guarda una gota de intelecto para sí mismo, sino que quiere ser totalmente el intelecto de su virtud: así pasa como inteligencia pura por encima del puente. “Amo al que hace de su virtud su inclinación y su declive: así quiere, por amor de su virtud, seguir viviendo y no vivir más. “Amo al que no quiere tener demasiadas virtudes. Una virtud es más virtud que dos, porque es más nudo con el que el declive se cuelga. “Amo a aquél cuya alma se malgasta a sí misma, al que no quiere que le den las gracias y no las da él mismo: pues regala siempre y no quiere conservarse. “Amo al que se avergüenza cuando el dado cae a su favor y que entonces pregunta: ¿soy acaso un mal jugador? - Pues quiere extinguirse. “Amo al que precede con palabras doradas a sus obras y cumple siempre más de lo prometido: pues quiere su declive. “Amo al que justifica a los descendientes y absuelve a los antepasados: pues quiere extinguirse en los contemporáneos. “Amo al que alecciona a su Dios porque ama a su Dios: pues quiere extinguirse en la ira de su Dios. “Amo a aquél cuya alma es profunda incluso en la herida, y al que pueden destrozar pequeños sucesos: así pasa gustosamente por el puente. “Amo a aquél cuya alma está tan ahíta que se olvida de sí mismo, y todas las cosas están en él: así todas las cosas se convierten en su decadencia. “Amo al que es de mente libre y corazón libre: así su cabeza es sólo la entraña de su corazón, y su corazón le lleva sin embargo a la decadencia. “Amo a todos aquéllos que son gotas pesadas, cayendo una a una de la nube oscura que cuelga sobre los hombres: ellos anuncian que viene el rayo, y se extinguen como anunciadores. “Ved, yo soy un anunciador del rayo y una gota pesada de la nube: este rayo, sin embargo, se llama sobrehumano.” {{Capítulos| [[Así habló Zaratustra|Indice]]| Discurso previo de Zaratustra| [[Zaratustra 2:De las tres transformaciones|De las tres transformaciones]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] b8e47xoa73ajx1at3gn0jqwacqpg8uh Así habló Zaratustra/5: De los despreciadores del cuerpo 0 65815 1665604 1635572 2026-06-21T01:18:27Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 5:De los despreciadores del cuerpo]] a [[Así habló Zaratustra/5: De los despreciadores del cuerpo]]: a subpáginas 1635572 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= [[Así habló Zaratustra]]<br> De los que desprecian el cuerpo |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> A los que desprecian el cuerpo quiero decirles mi palabra. No deberían tratar de reeducarme y de reenseñarme, sino tan sólo despedirse de su propio cuerpo - y por tanto quedarse callados. “Cuerpo soy, y alma” - así habla un niño. ¿Y por qué no deberíamos hablar como los niños? Pero el iluminado, el sabio dice: soy cuerpo entero y verdadero, y nada más; y alma es sólo una palabra para algo que está en el cuerpo. El cuerpo es una gran razón, una multiplicidad con Un sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor. Una herramienta de tu cuerpo es también tu pequeña razón, hermano mío, a la que llamas “mente”, una pequeña herramienta y juguete de tu gran razón. “Yo”, dices, y estás orgulloso de esta palabra. Pero lo más grande es aquello en lo que no quieres creer, - tu cuerpo y su gran razón: ésa no dice Yo, sino que hace Yo. Lo que el sentido siente, lo que la mente reconoce, no tiene nunca como final ello mismo. Pero el sentido y la mente puede convencerte de que son el final de todas las cosas: así de vanidosos son. Herramientas y juguetes son tanto el sentido como la mente: tras ellos se encuentra aún el ser. El ser busca también con el ojo del sentido, escucha también con los oídos de la mente. Siempre está escuchando y buscando, el ser: compara, vence, conquista, destruye. Domina y es también el que domina al yo. Tras tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, hay un amo poderoso, un sabio desconocido - se llama ser. En tu cuerpo habita, tu cuerpo es él. Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor ocurrencia. ¿Y quién sabe acaso, para qué tiene necesidad tu cuerpo de tu mejor ocurrencia? Tu ser se ríe de tu yo y de sus saltos orgullosos. “¿Qué son para mí estos saltos y vuelos del pensamiento?”, se dice para sí. “Un rodeo para mis fines. Yo soy el taca-taca del yo y el insuflador de sus conceptos.” El ser le dice al yo: “¡aquí siente dolor!” Y he ahí que padece y reflexiona, cómo puede dejar de padecer - y para ello precisamente ''debe'' pensar. A los menospreciadores del cuerpo quiero decirles una palabra. Que menosprecien, eso es lo que funda su aprecio. ¿Qué es lo que creó aprecio y menosprecio, valor y voluntad? El ser creador creó para sí el aprecio y el menosprecio, creó para sí el placer y el dolor. El cuerpo creador creó para sí la mente como una mano de su voluntad. Incluso en vuestra necedad y desprecio, menospreciadores del cuerpo, servís a vuestro ser. Yo os digo: vuestro ser mismo quiere morir y le vuelve la espalda a la vida. Ya no puede conseguir lo que más quiere: - crear algo por encima de sí mismo. Eso es lo que más quiere, ésa es su mayor ansia. Pero ya le es demasiado tarde para eso: - así, vuestro ser quiere hundirse en el ocaso, menospreciadores del cuerpo. Hundirse es lo que quiere vuestro ser, y por ello os convertísteis en menospreciadores del cuerpo: puesto que no conseguís crear por encima de vosotros mismos. Y por ello fustigáis a la vida y a la Tierra. Una envidia inconsciente se encuentra en la mirada obscena de vuestro desprecio. ¡No voy por vuestro camino, menospreciadores del cuerpo! ¡No sois para mí puentes hacia el sobrehumano! - Así habló Zaratustra. {{Capítulos| [[Zaratustra 4:De los trasmundanos|De los trasmundanos]] | De los despreciadores del cuerpo | [[Zaratustra 6:De las alegrías y de las pasiones|De las alegrías y de las pasiones]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] [[fr:Ainsi parlait Zarathoustra/Première partie/Des contempteurs du corps]] [[hy:Այսպէս խօսեց Զրադաշտը/Առաջին մաս/Մարմինը արհամարհողների մասին]] [[pt:Assim falou Zaratustra/Dos que Desprezam o Corpo]] btqc7rsbe79wyotemxyda4bv77mhcji 1665609 1665604 2026-06-21T01:19:32Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665609 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Así habló Zaratustra]] |sección=De los que desprecian el cuerpo |autor=[[Friedrich Wilhelm Nietzsche]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> A los que desprecian el cuerpo quiero decirles mi palabra. 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Herramientas y juguetes son tanto el sentido como la mente: tras ellos se encuentra aún el ser. El ser busca también con el ojo del sentido, escucha también con los oídos de la mente. Siempre está escuchando y buscando, el ser: compara, vence, conquista, destruye. Domina y es también el que domina al yo. Tras tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, hay un amo poderoso, un sabio desconocido - se llama ser. En tu cuerpo habita, tu cuerpo es él. Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor ocurrencia. ¿Y quién sabe acaso, para qué tiene necesidad tu cuerpo de tu mejor ocurrencia? Tu ser se ríe de tu yo y de sus saltos orgullosos. “¿Qué son para mí estos saltos y vuelos del pensamiento?”, se dice para sí. “Un rodeo para mis fines. Yo soy el taca-taca del yo y el insuflador de sus conceptos.” El ser le dice al yo: “¡aquí siente dolor!” Y he ahí que padece y reflexiona, cómo puede dejar de padecer - y para ello precisamente ''debe'' pensar. A los menospreciadores del cuerpo quiero decirles una palabra. Que menosprecien, eso es lo que funda su aprecio. ¿Qué es lo que creó aprecio y menosprecio, valor y voluntad? El ser creador creó para sí el aprecio y el menosprecio, creó para sí el placer y el dolor. El cuerpo creador creó para sí la mente como una mano de su voluntad. Incluso en vuestra necedad y desprecio, menospreciadores del cuerpo, servís a vuestro ser. Yo os digo: vuestro ser mismo quiere morir y le vuelve la espalda a la vida. Ya no puede conseguir lo que más quiere: - crear algo por encima de sí mismo. Eso es lo que más quiere, ésa es su mayor ansia. Pero ya le es demasiado tarde para eso: - así, vuestro ser quiere hundirse en el ocaso, menospreciadores del cuerpo. Hundirse es lo que quiere vuestro ser, y por ello os convertísteis en menospreciadores del cuerpo: puesto que no conseguís crear por encima de vosotros mismos. Y por ello fustigáis a la vida y a la Tierra. Una envidia inconsciente se encuentra en la mirada obscena de vuestro desprecio. ¡No voy por vuestro camino, menospreciadores del cuerpo! ¡No sois para mí puentes hacia el sobrehumano! - Así habló Zaratustra. {{Capítulos| [[Zaratustra 4:De los trasmundanos|De los trasmundanos]] | De los despreciadores del cuerpo | [[Zaratustra 6:De las alegrías y de las pasiones|De las alegrías y de las pasiones]] }} [[Categoría:Así habló Zaratustra]] [[fr:Ainsi parlait Zarathoustra/Première partie/Des contempteurs du corps]] [[hy:Այսպէս խօսեց Զրադաշտը/Առաջին մաս/Մարմինը արհամարհողների մասին]] [[pt:Assim falou Zaratustra/Dos que Desprezam o Corpo]] qxkgb4qllbl4h33hqorgfn3wy22s758 Autor:Ricardo Monner Sans 106 71420 1665221 1581589 2026-06-20T14:59:18Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665221 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar = Monner |Texto= '''Ricardo Monner Sans''' <br> (1853 - 1927) <br> Escritor argentino. }} == Obras == * {{cita libro|título=[[Gramática de la lengua castellana (Monner Sans)|Gramática de la lengua castellana]]|autor=Ricardo Monner Sans|editorial=[[Portal:Félix Lajouane|Félix Lajouane]]|lugar=Buenos Aires|año=1898}} {{at|Gramática de la lengua castellana - Ricardo Monner Sans.pdf}} En verso: * [[Fe y Amor]] ''(Colección de poesías con un prólogo de [[José Selgas]]).'' * [[Las justicias del rey Santo]], ''tradición toledana''. * [[El juramento de Theolongo]], ''romance'' * [[La huérfana]], ''comedia infantil'' * [[Oraciones, rimas y cantares]] * [[Más rimas]] ''(colección de poesías)'' * [[A Histórico pasado risueño porvenir]] ''(poema argentino)'' En prosa: * [[Cuentos incoloros]] * [[Cuatro palabras sobre la cuestión naviera]] * [[El reino de Hawaii]] ''(Estudio histórico y geográfico)'' * [[Liberia]] ''(Estudio histórico y geográfico)'' * [[La República de Orange]] ''(Estudio histórico y geográfico)'' * [[Discurso sobre la importancia de la Geografía]] * [[Crespo]] ''(Apuntes biográficos)'' * [[La Baronesa de Wilson]] ''(Estudio biográfico y literario)'' * [[Breves noticias sobre la novela española]] * [[Almanaque histórico argentino]] ''(Años 1891 y 1893)'' {{at|Almanaque historico argentino - Ricardo Monner Sans.pdf|1891}} * [[Ciencia española]] * [[Dr. Andrés Lamas]] ''(Estudio crítico literario)'' * [[Minucias lexicográficas]] ''(1896)'' {{at|Minucias lexicograficas. Tata, tambo, poncho, chiripa - Ricardo Monner Sans.pdf}} * [[Pinceladas históricas: Misiones guaraníticas 1607-1800]] * [[Los Dominícos y Colón]] * [[La España de hoy, recuerdos y estadísticas]] {{at|La España de hoy - Ricardo Monner Sans.pdf}} * La religión en el idioma (1899) {{at|La religion en el idioma - Ricardo Monner Sans.pdf}} * Con motivo del verbo desvestirse {{at|Con motivo del verbo desvestirse - Ricardo Monner Sans.pdf}} 5w3a46n8wunnpaa1g9hyosrfqmovu8l Nueva corónica y buen gobierno 0 74258 1665610 1532024 2026-06-21T01:20:34Z Ignacio Rodríguez 3603 no es copyvio, sigue con los demás problemas. 1665610 wikitext text/x-wiki {{Sin formato}} {{incompleto}} {{encabezado |título=Nueva corónica y buen gobierno |autor=Guamán Poma de Ayala }} {{Índice auxiliar|título={{Anclaje+|Índice}}| *[[El primer nueva corónica y buen gobierno]] *[[Cómo Dios ordenó la dicha historia]] *[[El capítulo de las edades del mundo]] *[[El capítulo de los papas y su reinado]] *[[El capítulo de las edades de los indios]] *[[El capítulo de los Yngas]] *[[El capítulo de las reinas, o quya]] *[[El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras]] *[[El capítulo de las ordenanzas del Ynga]] *[[El capítulo de la visita general, o censo]] *[[El capítulo de los meses del año]] *[[El capítulo de los ídolos]] *[[El capítulo de entierros]] *[[El capítulo de las vírgenes escogidas]] *[[El capítulo de la justicia del Ynga]] *[[El capítulo de las fiestas]] *[[El capítulo de los bienes del Ynga]] *[[El capítulo del gobierno del Ynga]] *[[El capítulo de la conquista española y las guerras civiles]] *[[El capítulo de "buen gobierno"]] *[[El capítulo del corregimiento]] *[[El capítulo de los encomenderos de los indios]] *[[El capítulo de los padres de doctrina]] *[[El capítulo de los visitadores de la iglesia]] *[[El capítulo de los negros africanos]] *[[El capítulo de mala reprensión y diálogos satíricos]] *[[El capítulo de las sentencias de los cristianos ejemplares]] *[[El capítulo de los príncipes, señores y otros cargos hereditarios andinos]] *[[El capítulo de los administradores locales andinos de este reyno]] *[[El capítulo de los indios de este reyno]] *[[El capítulo de las consideraciones]] *[[El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey]] *[[El capítulo de este reyno y sus ciudades y villas]] *[[El capítulo de las corónicas anteriores]] *[[El capítulo de los mensones, o tanpu, en el camino real]] *[[El capítulo del viaje del autor a Lima]] *[[El capítulo de los meses del año de este reyno]] *[[Tabla de la dicha corónica]] *[[Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]] }} [[Categoría:Obras de Guamán Poma de Ayala]] [[Category:ES-N]] [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] [[Categoría:Historia del Perú]] 3grdjmydfeq68c6ouj1zqtaepcus4gu 1665651 1665610 2026-06-21T01:21:49Z Ignacio Rodríguez 3603 a subpáginas 1665651 wikitext text/x-wiki {{Sin formato}} {{incompleto}} {{encabezado |título=Nueva corónica y buen gobierno |autor=Guamán Poma de Ayala }} {{Índice auxiliar|título={{Anclaje+|Índice}}| *[[Nueva corónica y buen gobierno/El primer nueva corónica y buen gobierno]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/Cómo Dios ordenó la dicha historia]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades del mundo]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los papas y su reinado]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades de los indios]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los Yngas]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las reinas, o quya]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las ordenanzas del Ynga]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la visita general, o censo]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los meses del año]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los ídolos]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de entierros]] *[[Nueva 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corónica y buen gobierno/Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]] }} [[Categoría:Obras de Guamán Poma de Ayala]] [[Category:ES-N]] [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] [[Categoría:Historia del Perú]] ldv9qjz4pu39m02zkpt1uqmevc6u4ev 1665656 1665651 2026-06-21T01:22:44Z Ignacio Rodríguez 3603 ocultando 1665656 wikitext text/x-wiki {{Sin formato}} {{incompleto}} {{encabezado |título=Nueva corónica y buen gobierno |autor=Guamán Poma de Aya||autor=Guamán Poma de Ayala }} {{Índice auxiliar|título={{Anclaje+|Índice}}| *[[Nueva corónica y buen gobierno/El primer nueva corónica y buen gobierno|El primer nueva corónica y buen gobierno]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/Cómo Dios ordenó la dicha historia|Cómo Dios ordenó la dicha historia]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades del mundo|El capítulo de las edades del mundo]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los papas y su reinado|El capítulo de los papas y su reinado]] *[[Nueva corónica y buen 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corónica|Tabla de la dicha corónica]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/Fin de la Nueva corónica y buen gobierno|Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]] }} [[Categoría:Obras de Guamán Poma de Ayala]] [[Category:ES-N]] [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]|]] [[Categoría:Historia del Perú]] 9kiokl36122v5zpxl3a7ypfmn6gxr29 1665657 1665656 2026-06-21T01:22:58Z Ignacio Rodríguez 3603 1665657 wikitext text/x-wiki {{Sin formato}} {{incompleto}} {{encabezado |título=Nueva corónica y buen gobierno |autor=Guamán Poma de Aya||autor=Guamán Poma de Ayala }} {{Índice auxiliar|título={{Anclaje+|Índice}}| *[[Nueva corónica y buen gobierno/El primer nueva corónica y buen gobierno|El primer nueva corónica y buen gobierno]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/Cómo Dios ordenó la dicha historia|Cómo Dios ordenó la dicha historia]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades del mundo|El capítulo de las edades del mundo]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los papas y 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andinos de este reyno]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los indios de este reyno|El capítulo de los indios de este reyno]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las consideraciones|El capítulo de las consideraciones]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey|El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de este reyno y sus ciudades y villas|El capítulo de este reyno y sus ciudades y villas]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las corónicas anteriores|El capítulo de las corónicas anteriores]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los mensones, o tanpu, en el camino real|El capítulo de los mensones, o tanpu, en el camino real]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del viaje del autor a Lima|El capítulo del viaje del autor a Lima]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los meses del año de este reyno|El capítulo de los meses del año de este reyno]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/Tabla de la dicha corónica|Tabla de la dicha corónica]] *[[Nueva corónica y buen gobierno/Fin de la Nueva corónica y buen gobierno|Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]] }} [[Categoría:Obras de Guamán Poma de Ayala]] [[Category:ES-N]] [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] [[Categoría:Historia del Perú]] iefp0nehxp6v01uis9jbf21qmnpkb9b Nueva corónica y buen gobierno/El primer nueva corónica y buen gobierno 0 74259 1665611 1531629 2026-06-21T01:21:26Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El primer nueva corónica y buen gobierno]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El primer nueva corónica y buen gobierno]]: Robot: página trasladada 1531629 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Nueva corónica y buen gobierno]] |autor=Guamán Poma de Ayala |sección=Capítulo 1: El primer nueva corónica y buen gobierno }} PRIMER nueva crónica y buen gobierno deste rreyno. El dicho libro compuesto y entitulado por don Phelipe Guaman Poma de Ayala. La dicha crónica es muy útil y provechoso y es bueno para emienda de vida para los cristianos y enfieles y para confesarse los dichos indios y emienda de sus vidas y herronía, ydúlatras y para sauer confesarlos a los dichos yndios los dichos sacerdotes y para la emienda de los dichos comenderos de indios y corregidores y padres y curas de las dichas dotrinas y de los dichos mineros y de los dichos caciques principales y demás indios mandoncillos, indios comunes y de otros españoles y personas. Y es bueno para las dichas rrecidencias y becita generales de los dichos yndios tributarios y de la becita general de la santa madre yglecia y para sauer otras cosas y para enfrenar sus ánimas y consencias los dichos cristianos, como Dios nos amenaza por la deuina escritura de Dios por boca de los sanctos profretas [sic] Heremías a que entremos a penitencia y mudar la uida como cristianos, como el profeta rrey Dauid nos dize en el pezalmo, “Domine Deus salutis meae,” donde nos pone grandes miedos y desanparos de Dios y grandes castigos que nos a de enbiar cada día, como el precursor San Ju[an] Bautista traxo los amenazos, azotes y castigos de Dios para que fuésemos en[frena]dos y emendados en este mundo. MVI S[AN]TO P[ADR]E PAPA, muy alto sancto padre, llave del cielo y llave del infierno, poder de Dios en el mundo sobre todos los emperadores y reyes, monarca selestial: Ábrenos con la llave del cielo para la gloria y cierra con la llaue del ynfierno, enbíanos los sanctos jubeleos y perdones de la mano de vuestra Sanctidad, el glan [sic] rregalo pedimos y suplicamos deste rreyno del Pirú de las Yndias. Y le bezamos umilmente los sanctos pies y manos y nos ahumillamos a buestra sancta iglesia católica a que nos dé la lisencia del santo sacramento sazerdotal, pues que ya vuestra Santidad a conzedido en nosotros todas las demás y para su sancto serbicio de Dios estamos en las manos de vuestra Santidad. Y juntamente con ella le cirbo con esta poquita de obrecilla yntitulado Primer crónica y bue[n] [goui]ern[o] deste reino, que es servicio de Dios y de vuestra Santidad, lo reciba y pido y suplico me eche su bendición, la cual pedimos deste reino de las indias del Perú su humilde bazallo, Don Felipe Ayala, Autor (rúbrica). Envíanos vuestra Santidad en bueso nombre a bueso nuncio. Re[ci]biremos muy gran regalo y merced de nuestra ánima y salud. Carta de don Martín Guaman Mallque de Ayala, hijo y nieto de los grandes señores y rreys que fueron antiguamente y capitán general y señor del rreyno y capac apo a, ques préncipe, y señor de la prouincia de los Lucanas, Andamarcas y Circamarca y Soras y de la ciudad de Guamanga y de su juridición de Sancta Catalina de Chupas, príncipe de los Chinchay Suyos y segunda persona del Ynga deste rreyno del Pirú, a la rreal Magestad del rrey don Felipe nuestro señor el ssegundo. Dize ací: S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad]: Entre las cosas questa gran prouincia destos rreynos a prosedido útiles y prouechosos al seruicio de Dios y de vuestra Magestad, me a parecido hazer estima del engenio y curiucidad por la gran auilidad del dicho mi hijo lexítimo, don Felipe Guaman Poma de Ayala, capac b, ques préncipe, y gouernador mayor de los yndios y demás caciques y prencipales y señor de ellos y administrador de todas las dichas. CARTA DEL AVTOR: CARTA DE DON Felipe Guaman Poma de Ayala a su Magestad, al rrey Phelipo: Muchas ueses dudé, S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad], azeptar esta dicha ynpresa y muchas más después de auerla comensado me quise bolber atrás, jusgando por temeraria mi entención, no hallando supgeto en mi facultad para acauarla conforme a la que se deuía a unas historias cin escriptura nenguna, no más de por los quipos [cordeles con nudos] y memorias y rrelaciones de los yndios antigos de muy biejos y biejas sabios testigos de uista, para que dé fe de ellos, y que ualga por ello qualquier sentencia jusgada. Y ací, cologado de de [sic] uarios descursos, pasé muchos días y años yndeterminando hasta que uencido de mí y tantos años, comienso deste rreyno, acabo de tan antigo deseo, que fue cienpre buscar en la rudeza de mi engenio y ciegos ojos y poco uer y poco sauer, y no ser letrado ni dotor ni lesenciado ni latino, como el primero deste rreyno, con alguna ocación con que poder seruir a vuestra Magestad, me determiné de escriuir la historia y desendencia y los famosos hechos de los primeros rreys y señores y capitanes nuestros agüelos y des prencipales y uida de yndios y sus generaciones y desendencia desde el primero yndio llamado Uari PRÓLOGO AL LETOR cristiano que leyere deste dicho libro, viendo la ocasión en las manos el escrito, para sacar en linpio estas dichas historias ube tanto trabajo por ser cin escrito ni letra alguna, cino no más de quipos [cordeles con nudos] y relaciones de muchas lenguaxes ajuntando con la lengua de la castellana y quichiua ynga, aymara, poquina colla, canche, cana, charca, chinchaysuyo, andesuyo , collasuyo, condesuyo, todos los bocablos de yndios, que pasé tanto trauajo por ser serbicio de Dios Nuestro Señor y de su Sacra Católica Magestad, rrey don Phelipe el terzero. Gasté mucho tienpo y muchos años, acordándome que a de ser prouechoso a los fieles cristianos para emienda de sus pecados y malas uidas y herronías y para confesarse los dichos indios, y para que aprenda los dichos sazerdotes para confezarlos a los dichos yndios y saluación de las dichas ánimas y la dicha impresión y gozo deste dicho libro, Primer y nueua corónica y de uien uiuir de lo dichos cristianos, yntitulado de los primeros que auido coronestas y áuiles, ynprimido por auilidad de los yndios préncipes y señores del rreyno de las Yndias. Y la dicha merced pide y suplica para cienpre de la dicha inpresión a su M[agestad], del dicho libro compuesto por el dicho autor, don Felipe Guaman Poma de Ayala, señor y capac apo, ques préncipes, pues que lo merece de la dicha auilidad y trabajo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] ph14ym4xbu5wtn0jr04hp8xhsrzq561 Nueva corónica y buen gobierno/Cómo Dios ordenó la dicha historia 0 74260 1665613 1199078 2026-06-21T01:21:27Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Cómo Dios ordenó la dicha historia]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/Cómo Dios ordenó la dicha historia]]: Robot: página trasladada 1199078 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 2: Cómo Dios ordenó la dicha historia |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} EL PRIMER COMIENZO: LA HISTORIa donde se comensó a escriuirse este dicho libro, Primer corónica y de buen uiuir de los cristianos, que es la historia y uida y cristiandad que pasaron seruiendo a Dios los dichos don Martín de Ayala, segunda persón del Topa Ynga Yupanque, y su muger, doña Juana Curi Ocllo, coya [reina], hija de Topa Ynga Yupanque, y de sus hijos. Que le daua el dicho exenplo y castigo y dotrina que le dio a su entenado Martín de Ayala, mestizo sancto, y le enpuso y le metió a seruir a Dios. Y rrecibió el áuito de hermitaño de edad de doze años y le puso en estudio y dotrina; con sus propias manos le castigaua, el qual por dónde uino a creser. Y el dicho sancto hombre le enseñó a sus hermanos y al autor deste dicho libro, por dónde se bino a escriuirse la dicha Primer corónica por este dicho galardón mestizo, por los uertudes y oraciones que hazía este dicho cacique prencipal y su señora. Aunque fue yndio, serbió a Dios treynta años a los pobres del hospital de la ciudad del Cuzco y de la ciudad de Guamanga. De manera este sancto cacique prencipal que se dio a seruir a Dios, dexando el mundo y criar a su entenado y a sus hijos y castigallos, encomendando a Dios, entregó a este dicho mestizo Martín de Ayala. Que el dicho don Martín Guaman Malque de Ayala fue uno de los más prencipales yndios y señor y cauallero deste rreyno, muy gran seruidor de sv padrastro prencipal don Mar[tí]n. Padre Martín de Ayala, mestizo, después de auerse ordenado de misa saserdote, fue muy gran sancto hombre, el qual no quizo dotrina nenguna, cino toda su uida que auía de estar con los pobres del hospital de la ciudad de Guamanga. Y fue capellán de los dichos pobres y hazía muy mucha penitencia. En el dormir dormía poco y tenía por frezada y collchón estera tegida de paxa y tenía un gallo por rreloxo en la cauesera, para que le despertase a la oración y para uecitar de los pobres enfermos. Y rresaua sus maytines y nona, uísperas y se daua muy muchas deseplinas en su carne. Toda su uida trayýa selicio, jamás trayýa camisa en el cuerpo. Y no se rreyýa en su uida, jamás le miraua con los ojos a las mugeres, hincaua los ojos y la cara al suelo quando le habla alguna muger. Y hazía muy grandes limosnas y caridad, temor de Dios, amor con los próximos, jamás decía de malas palabras a los hombres ni a las dichas mugeres ni a nenguna criatura. No consentía a animal fuese muerto ne quería que le matasen a un piojo. Grandemente se holgaua que se casasen los pobres y les daua dote porque fuesen bien casados y serbiesen a Dios los pobres. Y a las mañanas le uenían muchos páxaros a cantalle y a rrecibir su bendición y los rratones se ahumillauan y no se meneauan mientras que estaua en la dicha oración. Los ángeles del Señor cada noche les rreuelaua al santo hombre. Y después le enseñaua a su padrasto don Martín de Ayala, segunda persona del Ynga, y a su madre y a sus ermanos [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] lqo0yo78mzfy8u3jshu26id55oha08q 1665658 1665613 2026-06-21T01:23:55Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665658 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 2: Cómo Dios ordenó la dicha historia |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} EL PRIMER COMIENZO: LA HISTORIa donde se comensó a escriuirse este dicho libro, Primer corónica y de buen uiuir de los cristianos, que es la historia y uida y cristiandad que pasaron seruiendo a Dios los dichos don Martín de Ayala, segunda persón del Topa Ynga Yupanque, y su muger, doña Juana Curi Ocllo, coya [reina], hija de Topa Ynga Yupanque, y de sus hijos. Que le daua el dicho exenplo y castigo y dotrina que le dio a su entenado Martín de Ayala, mestizo sancto, y le enpuso y le metió a seruir a Dios. Y rrecibió el áuito de hermitaño de edad de doze años y le puso en estudio y dotrina; con sus propias manos le castigaua, el qual por dónde uino a creser. Y el dicho sancto hombre le enseñó a sus hermanos y al autor deste dicho libro, por dónde se bino a escriuirse la dicha Primer corónica por este dicho galardón mestizo, por los uertudes y oraciones que hazía este dicho cacique prencipal y su señora. Aunque fue yndio, serbió a Dios treynta años a los pobres del hospital de la ciudad del Cuzco y de la ciudad de Guamanga. De manera este sancto cacique prencipal que se dio a seruir a Dios, dexando el mundo y criar a su entenado y a sus hijos y castigallos, encomendando a Dios, entregó a este dicho mestizo Martín de Ayala. Que el dicho don Martín Guaman Malque de Ayala fue uno de los más prencipales yndios y señor y cauallero deste rreyno, muy gran seruidor de sv padrastro prencipal don Mar[tí]n. Padre Martín de Ayala, mestizo, después de auerse ordenado de misa saserdote, fue muy gran sancto hombre, el qual no quizo dotrina nenguna, cino toda su uida que auía de estar con los pobres del hospital de la ciudad de Guamanga. Y fue capellán de los dichos pobres y hazía muy mucha penitencia. En el dormir dormía poco y tenía por frezada y collchón estera tegida de paxa y tenía un gallo por rreloxo en la cauesera, para que le despertase a la oración y para uecitar de los pobres enfermos. Y rresaua sus maytines y nona, uísperas y se daua muy muchas deseplinas en su carne. Toda su uida trayýa selicio, jamás trayýa camisa en el cuerpo. Y no se rreyýa en su uida, jamás le miraua con los ojos a las mugeres, hincaua los ojos y la cara al suelo quando le habla alguna muger. Y hazía muy grandes limosnas y caridad, temor de Dios, amor con los próximos, jamás decía de malas palabras a los hombres ni a las dichas mugeres ni a nenguna criatura. No consentía a animal fuese muerto ne quería que le matasen a un piojo. Grandemente se holgaua que se casasen los pobres y les daua dote porque fuesen bien casados y serbiesen a Dios los pobres. Y a las mañanas le uenían muchos páxaros a cantalle y a rrecibir su bendición y los rratones se ahumillauan y no se meneauan mientras que estaua en la dicha oración. Los ángeles del Señor cada noche les rreuelaua al santo hombre. Y después le enseñaua a su padrasto don Martín de Ayala, segunda persona del Ynga, y a su madre y a sus ermanos [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] hu20xnkt70efwtsvcxjbcz2k6bwqj3y 1665687 1665658 2026-06-21T01:34:01Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665687 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 2: Cómo Dios ordenó la dicha historia |autor=Guamán Poma de Ayala }} EL PRIMER COMIENZO: LA HISTORIa donde se comensó a escriuirse este dicho libro, Primer corónica y de buen uiuir de los cristianos, que es la historia y uida y cristiandad que pasaron seruiendo a Dios los dichos don Martín de Ayala, segunda persón del Topa Ynga Yupanque, y su muger, doña Juana Curi Ocllo, coya [reina], hija de Topa Ynga Yupanque, y de sus hijos. Que le daua el dicho exenplo y castigo y dotrina que le dio a su entenado Martín de Ayala, mestizo sancto, y le enpuso y le metió a seruir a Dios. Y rrecibió el áuito de hermitaño de edad de doze años y le puso en estudio y dotrina; con sus propias manos le castigaua, el qual por dónde uino a creser. Y el dicho sancto hombre le enseñó a sus hermanos y al autor deste dicho libro, por dónde se bino a escriuirse la dicha Primer corónica por este dicho galardón mestizo, por los uertudes y oraciones que hazía este dicho cacique prencipal y su señora. Aunque fue yndio, serbió a Dios treynta años a los pobres del hospital de la ciudad del Cuzco y de la ciudad de Guamanga. De manera este sancto cacique prencipal que se dio a seruir a Dios, dexando el mundo y criar a su entenado y a sus hijos y castigallos, encomendando a Dios, entregó a este dicho mestizo Martín de Ayala. Que el dicho don Martín Guaman Malque de Ayala fue uno de los más prencipales yndios y señor y cauallero deste rreyno, muy gran seruidor de sv padrastro prencipal don Mar[tí]n. Padre Martín de Ayala, mestizo, después de auerse ordenado de misa saserdote, fue muy gran sancto hombre, el qual no quizo dotrina nenguna, cino toda su uida que auía de estar con los pobres del hospital de la ciudad de Guamanga. Y fue capellán de los dichos pobres y hazía muy mucha penitencia. En el dormir dormía poco y tenía por frezada y collchón estera tegida de paxa y tenía un gallo por rreloxo en la cauesera, para que le despertase a la oración y para uecitar de los pobres enfermos. Y rresaua sus maytines y nona, uísperas y se daua muy muchas deseplinas en su carne. Toda su uida trayýa selicio, jamás trayýa camisa en el cuerpo. Y no se rreyýa en su uida, jamás le miraua con los ojos a las mugeres, hincaua los ojos y la cara al suelo quando le habla alguna muger. Y hazía muy grandes limosnas y caridad, temor de Dios, amor con los próximos, jamás decía de malas palabras a los hombres ni a las dichas mugeres ni a nenguna criatura. No consentía a animal fuese muerto ne quería que le matasen a un piojo. Grandemente se holgaua que se casasen los pobres y les daua dote porque fuesen bien casados y serbiesen a Dios los pobres. Y a las mañanas le uenían muchos páxaros a cantalle y a rrecibir su bendición y los rratones se ahumillauan y no se meneauan mientras que estaua en la dicha oración. Los ángeles del Señor cada noche les rreuelaua al santo hombre. Y después le enseñaua a su padrasto don Martín de Ayala, segunda persona del Ynga, y a su madre y a sus ermanos [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] camftp8eu5y7uc3zylud3hfcrvse7xw Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades del mundo 0 74261 1665615 1199079 2026-06-21T01:21:28Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las edades del mundo]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades del mundo]]: Robot: página trasladada 1199079 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 3: El capítulo de las edades del mundo |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRI[ME]R GENE[RACIÓ]N DEL MVNDO, DE ADÁN I de su muger Eua: Fue criado por Dios el cuerpo y ánima. Adán engendró a Seth, Seth engendró a Enos, Enos engendró a Caynam [Cainán]. Caym [Caín] mató a Abel; déste salió la casta de negros por enbidia. Edeficó la primera ciudad; llamóla Enoch porque un hijo suyo se llamaua ací. Caynam [Cainán] engendró a Malaleel, Malaleel engendró a Lareth [Jared], Lareth engendró a Enoth, el que está en el paraýso. Su padre deste, a Amelh [Lamec], fue de linage de Caýn. Tubo tres hijos y una hija: Jael [Jabal] enuentó las cauanas, otro hijo, Tubal [Jubal], enuentó el órgano y la uigüela y canto de órgano. Tabalcaym [Tubalcaín] enbentó el arte de labrar hierro, la hija, Noema [Naama], enuentó el hilar. Enochen engendró a Matuzalem. Este dicho Matuzalem beuió en el mundo más que todos, mil y quarenta y tantos años, pero más ueuió Adán y Eua. Matusalén engendró a Lamech, Lamech engendró a Noé. Estos dichos hombres, cada uno de ellos y sus multiplicos, beuieron muy muchos años. Sólo Adán y Eua ueuiría dos o tres mil años. Parerían de dos en dos y ancí fue nesesario henchir el mundo de gente. Questo se escriue consederándose que no se puede sauer tanto ni de tantos años, porque el mundo está ya uiejo, que sólo Dios en su secreto saue todo lo pasado y lo uenedero. No puede pazar con lo determinado de Dios, cino sólo ymaginar que a millones de años desde que se fundó el mundo, según para el castigo de Dios. Estubo el mundo lleno de hombres que no cauía y estos no conoció al Criador y Hazedor de los hombres. Y ací, desto mandó Dios fuese castigado el mundo; dentro, todo criado, por sus pecados, fue castigado con las aguas del [di]luuio. Y fue determinado por Dios que se saluase Noé con sus hijos en la arca de Dios. SEGVNDA EDAD DEL MVNDO, desde el arca de Noé, del [di]luuio, says mil y seycientos doze años: Mandó Dios llouer quarenta días y quarenta noches, aún pesó cin escanpar y esto uastó para anegar el mundo. Primero cintió Helías el estruyendo y el tenblor de la tierra y el toruellino que trastornaua los montes. Y después desta tenpestad, ciguióse aquel ayre delgado en que uenía Dios y sesaua el castigo de Dios y ancí quedó castigado el mundo por mandado de Dios. Noé salió del arca y plantó uiña y de ello hizo uino y biuió del dicho uino y se enborrachó. Y sus hijos ydeficaron la torre de Babelonia; por mandado de Dios tubieron de [sic] deferentes lenguages que antes tubieron una lengua. En esta edad uiuieron los hombres quatrocientos o trecientos años. Mandó Dios salir desta tierra, derramar y multiplicar por todo el mundo. De los hijos de Noé, destos dichos hijos de Noé, uno de ellos trajo Dios a las Yndias; otros dizen que salió del mismo Adán. Multiplicaron los dicho[s] yndios, que todo lo saue Dios y, como poderoso, lo puede tener aparte esta gente de yndios. En tienpo deluuio, como dicho es, engendró Noé a Arphaxad, Arphaxad engendró a Sali [Sala], Sali engendró a Heber, Heber engendró a Phalig [Peleg], Phalig engendró a Reu, Reu engendró a Sarug [Serug], Sarug engendró a Nachor [Nacor], Nachor engendró a Tharé [Taré], Tharé engendró a Abrahán. Salió de la tierra de los caldeos y destroyeron a los dichos sodomestas, que comensó los primeros ýdolos del rrey niño. Y se comensó la dicha moneda. Abrahán y su linage comensaron a serconcidarse. Y sacrificó a Dios con su hijo. TERZERA EDAD DEL mundo, desde Abrahán: Engendró a Ysmael, da donde desendió los dichos moros. Ysmael engendró Ysac [Isaac]; se casó con Rebeca y parió Ysaú [Esaú] y Jacop. De Jacop multiplicó Juzep [José]. Muyzén zacó a los hijos de Ysrrael del cautiuerio de Ygipto quando fue los dies plagas por mandado de Dios. Samoel profeta, [y juez], fue [rey] Saúl. De Saúl fue rrey Dauid, conpuso el pesalterio. Apzalón, su hijo. Salomón conpuso los Egleciásticos, edeficó tenplos a Dios. Daquí salió Juachín y Santa Ana, madre de Nuestra Señora Santa María, da donde nació Nuestro Señor Jesucristo, saluador del mundo, hijo de Dios bibo. Es la casta y linage y desendencia de Jesucristo. Bolbiendo arriua a la generación de Abrahán: Engendró Ysac, Ysac engendró a Jacop, Jacop fue a Egipto. Engendró a Jugep [José], ciendo 92 años. Estubo el pueblo en Egipto; engendró a Muyzén [Moisés]. Gouernó Jusué [Josué], fue capitán, Otonel [Otoniel] fue jues, estubieron cin jues. Aod rregió el pueblo, Sangar [Samgar] fue jues, estubieron cin jues, Débora y Barach [Barac], estubieron cin jues. Gedeón gouernó, Abemelech [Abimelec] fue jues, estubieron cin jues. Tola gouernó, Jaer [Jair] fue jues, unos años estubieron cin jues. Lepre [Jefté] fue jues, estubieron cin jues. Abelsan [Ibsán] fue jues, Elón fue jues, Apdón [Abdón] fue jues, estubieron cin jues. Sansón fue jues, estubieron cin jues, Hilí [Elí] saserdote, Zamoel [Samuel] profeta, Saúl con Zamoel, la terzera edad del mundo, rrey Dauid. QVARTA EDAD DEL MVNDO, desde rrey Dauid: Dauid rreynó, Salomón rreynó, Roboán [Roboam] rreynó, Abías rreynó, Assa rreynó, Josaphat rreynó, Aran [Joram] rreynó, Achocías [Ocozías] rreynó, Athalía [Atalía] rreynó, Loás [Joás] rreynó, Amacías rreynó, Azaríias [Uzías] rreynó, Loatham [Jotam] rreynó, Ahar [Acaz] rreynó, Ezechías rreynó, Manassís [Manasís] rreynó, Amón rreynó, Juseas [Josías] rreynó, Juachín [Joaquín] rreynó, Juchii [Joacim] rreynó, Juachas [Joacaz] rreynó, Sedechías [Sedequías] rreynó. En esta edad se alsaron muchos rreys y muchos señores y multiplicaron y mucha gente en el mundo. Y en este tienpo entraron en pulicía, ací como por la justicia como por gouierno y beneficio, arteficio, oficios mecánicos, y procuraron tener mucha hazienda y rriquesas y salieron a buscar oro, plata y comensaron a saltearse con la codicia de la rriquesa. Dejaron lo bueno, entraron a lo malo del mundo. QVINTA EDAD DEL MVNDO, desde el nacimiento de Nuestro Señor y Saluador Jesucristo: Desde el tienpo del rrey de Percia, Ciro rrey de los perzas rreynó, Canpizes [Cambises] rreynó, dos hermanos magos [Esmerdis y Cambises II] sucidieron y rreynaron says meses. Darío [I] rreynó, Xerxes [Jerjes I] rreynó, Artabano [Artabán de Hircania] rreynó ciete meses, Artaxerxes [I] rreynó, Xerxes [II] rreynó dos meses, Sodiano [Sogdiano] rreynó ciete meses, Dacio llamado Noth [Darío II Noto], Artagerges [II] rreynó, fue llamado Assuero. Artagerges llamado Ocho [Artajerjes III Oco] rreynó, Arses o Xerxes rreynó, Darío [III] rreynó, Alexandro [Alejandro II, rey de Epiro] rreynó. Después Petolemio [Tolomeo I Soter] rreynó, Petolemio Phylodelfo [Tolomeo II Filadelfo], Petolemio Euergeres [Tolomeo III Evergetes], Petolemio Philopater [Tolomeo IV Filopator], Petolemio [V] Epifanes, [Tolomeo VI Eupator], Petolemio Philomet [Tolomeo VII Filometor], [Tolomeo VIII Neos Filopator], Petolemio Euergete [Tolomeo Evergetes II], [Tolomeo IX], Ptolomeo Philicón [X Soter], Petolomeo [XI], Alexandre [I], Petolomeo [XII (Alejandro II)] rreynó, Petolomeo Dionicio [Tolomeo XIII (Neos Dionysos)], [Tolomeo XIV y] Cleopater rreynó, Julio Zézar monarca. En este tienpo, nació el Saluador Nuestro Señor Jesucristo. En este tienpo de las Yndias desde el primer Ynga Mango Capac rreynó y comensó gouernar sólo la ciudad del Cuzco. Primero se llamaua la ciudad Aca Mama, cin que pasaua a nengún pueblo. Y murió y dejó a su hijo lexítimo llamado Cinche Roca Ynga. Reynó el Cuzco hasta el Collao y Potocí y conquistó todos los yndios orexones y collas, quispi llacta, cana, canche, condes. Desde la edad que fue este dicho Ynga Cinche Roca que tenía ochenta años, nació Jesucristo en Belén. Primer enperador de Roma, Julio Zézar, Augusto Zézar, Tiberio, Calégula [Calígula], Claudio, Nerón, Galba, Othón [Otón], Uitelio [Vitelio], Uispaciano [Tito Flavio Vespasiano], Tito [Tito Flavio Sabino Vespasiano], Domeciano [Tito Flavio Sabino Domeciano], Nerua [Nerva], Trajano, Hatriano [Adriano], Antonio Pío, Marantonio [Marco Aurelio Antonino], Cómodo, Pértinar [Pértinax], Juliano [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] lxe0zepe3zi9swr7iix6e2b7qa5o036 1665660 1665615 2026-06-21T01:23:59Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665660 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 3: El capítulo de las edades del mundo |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRI[ME]R GENE[RACIÓ]N DEL MVNDO, DE ADÁN I de su muger Eua: Fue criado por Dios el cuerpo y ánima. Adán engendró a Seth, Seth engendró a Enos, Enos engendró a Caynam [Cainán]. Caym [Caín] mató a Abel; déste salió la casta de negros por enbidia. Edeficó la primera ciudad; llamóla Enoch porque un hijo suyo se llamaua ací. Caynam [Cainán] engendró a Malaleel, Malaleel engendró a Lareth [Jared], Lareth engendró a Enoth, el que está en el paraýso. Su padre deste, a Amelh [Lamec], fue de linage de Caýn. Tubo tres hijos y una hija: Jael [Jabal] enuentó las cauanas, otro hijo, Tubal [Jubal], enuentó el órgano y la uigüela y canto de órgano. Tabalcaym [Tubalcaín] enbentó el arte de labrar hierro, la hija, Noema [Naama], enuentó el hilar. Enochen engendró a Matuzalem. Este dicho Matuzalem beuió en el mundo más que todos, mil y quarenta y tantos años, pero más ueuió Adán y Eua. Matusalén engendró a Lamech, Lamech engendró a Noé. Estos dichos hombres, cada uno de ellos y sus multiplicos, beuieron muy muchos años. Sólo Adán y Eua ueuiría dos o tres mil años. Parerían de dos en dos y ancí fue nesesario henchir el mundo de gente. Questo se escriue consederándose que no se puede sauer tanto ni de tantos años, porque el mundo está ya uiejo, que sólo Dios en su secreto saue todo lo pasado y lo uenedero. No puede pazar con lo determinado de Dios, cino sólo ymaginar que a millones de años desde que se fundó el mundo, según para el castigo de Dios. Estubo el mundo lleno de hombres que no cauía y estos no conoció al Criador y Hazedor de los hombres. Y ací, desto mandó Dios fuese castigado el mundo; dentro, todo criado, por sus pecados, fue castigado con las aguas del [di]luuio. Y fue determinado por Dios que se saluase Noé con sus hijos en la arca de Dios. SEGVNDA EDAD DEL MVNDO, desde el arca de Noé, del [di]luuio, says mil y seycientos doze años: Mandó Dios llouer quarenta días y quarenta noches, aún pesó cin escanpar y esto uastó para anegar el mundo. Primero cintió Helías el estruyendo y el tenblor de la tierra y el toruellino que trastornaua los montes. Y después desta tenpestad, ciguióse aquel ayre delgado en que uenía Dios y sesaua el castigo de Dios y ancí quedó castigado el mundo por mandado de Dios. Noé salió del arca y plantó uiña y de ello hizo uino y biuió del dicho uino y se enborrachó. Y sus hijos ydeficaron la torre de Babelonia; por mandado de Dios tubieron de [sic] deferentes lenguages que antes tubieron una lengua. En esta edad uiuieron los hombres quatrocientos o trecientos años. Mandó Dios salir desta tierra, derramar y multiplicar por todo el mundo. De los hijos de Noé, destos dichos hijos de Noé, uno de ellos trajo Dios a las Yndias; otros dizen que salió del mismo Adán. Multiplicaron los dicho[s] yndios, que todo lo saue Dios y, como poderoso, lo puede tener aparte esta gente de yndios. En tienpo deluuio, como dicho es, engendró Noé a Arphaxad, Arphaxad engendró a Sali [Sala], Sali engendró a Heber, Heber engendró a Phalig [Peleg], Phalig engendró a Reu, Reu engendró a Sarug [Serug], Sarug engendró a Nachor [Nacor], Nachor engendró a Tharé [Taré], Tharé engendró a Abrahán. Salió de la tierra de los caldeos y destroyeron a los dichos sodomestas, que comensó los primeros ýdolos del rrey niño. Y se comensó la dicha moneda. Abrahán y su linage comensaron a serconcidarse. Y sacrificó a Dios con su hijo. TERZERA EDAD DEL mundo, desde Abrahán: Engendró a Ysmael, da donde desendió los dichos moros. Ysmael engendró Ysac [Isaac]; se casó con Rebeca y parió Ysaú [Esaú] y Jacop. De Jacop multiplicó Juzep [José]. Muyzén zacó a los hijos de Ysrrael del cautiuerio de Ygipto quando fue los dies plagas por mandado de Dios. Samoel profeta, [y juez], fue [rey] Saúl. De Saúl fue rrey Dauid, conpuso el pesalterio. Apzalón, su hijo. Salomón conpuso los Egleciásticos, edeficó tenplos a Dios. Daquí salió Juachín y Santa Ana, madre de Nuestra Señora Santa María, da donde nació Nuestro Señor Jesucristo, saluador del mundo, hijo de Dios bibo. Es la casta y linage y desendencia de Jesucristo. Bolbiendo arriua a la generación de Abrahán: Engendró Ysac, Ysac engendró a Jacop, Jacop fue a Egipto. Engendró a Jugep [José], ciendo 92 años. Estubo el pueblo en Egipto; engendró a Muyzén [Moisés]. Gouernó Jusué [Josué], fue capitán, Otonel [Otoniel] fue jues, estubieron cin jues. Aod rregió el pueblo, Sangar [Samgar] fue jues, estubieron cin jues, Débora y Barach [Barac], estubieron cin jues. Gedeón gouernó, Abemelech [Abimelec] fue jues, estubieron cin jues. Tola gouernó, Jaer [Jair] fue jues, unos años estubieron cin jues. Lepre [Jefté] fue jues, estubieron cin jues. Abelsan [Ibsán] fue jues, Elón fue jues, Apdón [Abdón] fue jues, estubieron cin jues. Sansón fue jues, estubieron cin jues, Hilí [Elí] saserdote, Zamoel [Samuel] profeta, Saúl con Zamoel, la terzera edad del mundo, rrey Dauid. QVARTA EDAD DEL MVNDO, desde rrey Dauid: Dauid rreynó, Salomón rreynó, Roboán [Roboam] rreynó, Abías rreynó, Assa rreynó, Josaphat rreynó, Aran [Joram] rreynó, Achocías [Ocozías] rreynó, Athalía [Atalía] rreynó, Loás [Joás] rreynó, Amacías rreynó, Azaríias [Uzías] rreynó, Loatham [Jotam] rreynó, Ahar [Acaz] rreynó, Ezechías rreynó, Manassís [Manasís] rreynó, Amón rreynó, Juseas [Josías] rreynó, Juachín [Joaquín] rreynó, Juchii [Joacim] rreynó, Juachas [Joacaz] rreynó, Sedechías [Sedequías] rreynó. En esta edad se alsaron muchos rreys y muchos señores y multiplicaron y mucha gente en el mundo. Y en este tienpo entraron en pulicía, ací como por la justicia como por gouierno y beneficio, arteficio, oficios mecánicos, y procuraron tener mucha hazienda y rriquesas y salieron a buscar oro, plata y comensaron a saltearse con la codicia de la rriquesa. Dejaron lo bueno, entraron a lo malo del mundo. QVINTA EDAD DEL MVNDO, desde el nacimiento de Nuestro Señor y Saluador Jesucristo: Desde el tienpo del rrey de Percia, Ciro rrey de los perzas rreynó, Canpizes [Cambises] rreynó, dos hermanos magos [Esmerdis y Cambises II] sucidieron y rreynaron says meses. Darío [I] rreynó, Xerxes [Jerjes I] rreynó, Artabano [Artabán de Hircania] rreynó ciete meses, Artaxerxes [I] rreynó, Xerxes [II] rreynó dos meses, Sodiano [Sogdiano] rreynó ciete meses, Dacio llamado Noth [Darío II Noto], Artagerges [II] rreynó, fue llamado Assuero. Artagerges llamado Ocho [Artajerjes III Oco] rreynó, Arses o Xerxes rreynó, Darío [III] rreynó, Alexandro [Alejandro II, rey de Epiro] rreynó. Después Petolemio [Tolomeo I Soter] rreynó, Petolemio Phylodelfo [Tolomeo II Filadelfo], Petolemio Euergeres [Tolomeo III Evergetes], Petolemio Philopater [Tolomeo IV Filopator], Petolemio [V] Epifanes, [Tolomeo VI Eupator], Petolemio Philomet [Tolomeo VII Filometor], [Tolomeo VIII Neos Filopator], Petolemio Euergete [Tolomeo Evergetes II], [Tolomeo IX], Ptolomeo Philicón [X Soter], Petolomeo [XI], Alexandre [I], Petolomeo [XII (Alejandro II)] rreynó, Petolomeo Dionicio [Tolomeo XIII (Neos Dionysos)], [Tolomeo XIV y] Cleopater rreynó, Julio Zézar monarca. En este tienpo, nació el Saluador Nuestro Señor Jesucristo. En este tienpo de las Yndias desde el primer Ynga Mango Capac rreynó y comensó gouernar sólo la ciudad del Cuzco. Primero se llamaua la ciudad Aca Mama, cin que pasaua a nengún pueblo. Y murió y dejó a su hijo lexítimo llamado Cinche Roca Ynga. Reynó el Cuzco hasta el Collao y Potocí y conquistó todos los yndios orexones y collas, quispi llacta, cana, canche, condes. Desde la edad que fue este dicho Ynga Cinche Roca que tenía ochenta años, nació Jesucristo en Belén. Primer enperador de Roma, Julio Zézar, Augusto Zézar, Tiberio, Calégula [Calígula], Claudio, Nerón, Galba, Othón [Otón], Uitelio [Vitelio], Uispaciano [Tito Flavio Vespasiano], Tito [Tito Flavio Sabino Vespasiano], Domeciano [Tito Flavio Sabino Domeciano], Nerua [Nerva], Trajano, Hatriano [Adriano], Antonio Pío, Marantonio [Marco Aurelio Antonino], Cómodo, Pértinar [Pértinax], Juliano [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] fwi9ad3028dh5ye5is04pbh8mvaecqp 1665693 1665660 2026-06-21T01:34:08Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665693 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 3: El capítulo de las edades del mundo |autor=Guamán Poma de Ayala }} PRI[ME]R GENE[RACIÓ]N DEL MVNDO, DE ADÁN I de su muger Eua: Fue criado por Dios el cuerpo y ánima. Adán engendró a Seth, Seth engendró a Enos, Enos engendró a Caynam [Cainán]. Caym [Caín] mató a Abel; déste salió la casta de negros por enbidia. Edeficó la primera ciudad; llamóla Enoch porque un hijo suyo se llamaua ací. Caynam [Cainán] engendró a Malaleel, Malaleel engendró a Lareth [Jared], Lareth engendró a Enoth, el que está en el paraýso. Su padre deste, a Amelh [Lamec], fue de linage de Caýn. Tubo tres hijos y una hija: Jael [Jabal] enuentó las cauanas, otro hijo, Tubal [Jubal], enuentó el órgano y la uigüela y canto de órgano. Tabalcaym [Tubalcaín] enbentó el arte de labrar hierro, la hija, Noema [Naama], enuentó el hilar. Enochen engendró a Matuzalem. Este dicho Matuzalem beuió en el mundo más que todos, mil y quarenta y tantos años, pero más ueuió Adán y Eua. Matusalén engendró a Lamech, Lamech engendró a Noé. Estos dichos hombres, cada uno de ellos y sus multiplicos, beuieron muy muchos años. Sólo Adán y Eua ueuiría dos o tres mil años. Parerían de dos en dos y ancí fue nesesario henchir el mundo de gente. Questo se escriue consederándose que no se puede sauer tanto ni de tantos años, porque el mundo está ya uiejo, que sólo Dios en su secreto saue todo lo pasado y lo uenedero. No puede pazar con lo determinado de Dios, cino sólo ymaginar que a millones de años desde que se fundó el mundo, según para el castigo de Dios. Estubo el mundo lleno de hombres que no cauía y estos no conoció al Criador y Hazedor de los hombres. Y ací, desto mandó Dios fuese castigado el mundo; dentro, todo criado, por sus pecados, fue castigado con las aguas del [di]luuio. Y fue determinado por Dios que se saluase Noé con sus hijos en la arca de Dios. SEGVNDA EDAD DEL MVNDO, desde el arca de Noé, del [di]luuio, says mil y seycientos doze años: Mandó Dios llouer quarenta días y quarenta noches, aún pesó cin escanpar y esto uastó para anegar el mundo. Primero cintió Helías el estruyendo y el tenblor de la tierra y el toruellino que trastornaua los montes. Y después desta tenpestad, ciguióse aquel ayre delgado en que uenía Dios y sesaua el castigo de Dios y ancí quedó castigado el mundo por mandado de Dios. Noé salió del arca y plantó uiña y de ello hizo uino y biuió del dicho uino y se enborrachó. Y sus hijos ydeficaron la torre de Babelonia; por mandado de Dios tubieron de [sic] deferentes lenguages que antes tubieron una lengua. En esta edad uiuieron los hombres quatrocientos o trecientos años. Mandó Dios salir desta tierra, derramar y multiplicar por todo el mundo. De los hijos de Noé, destos dichos hijos de Noé, uno de ellos trajo Dios a las Yndias; otros dizen que salió del mismo Adán. Multiplicaron los dicho[s] yndios, que todo lo saue Dios y, como poderoso, lo puede tener aparte esta gente de yndios. En tienpo deluuio, como dicho es, engendró Noé a Arphaxad, Arphaxad engendró a Sali [Sala], Sali engendró a Heber, Heber engendró a Phalig [Peleg], Phalig engendró a Reu, Reu engendró a Sarug [Serug], Sarug engendró a Nachor [Nacor], Nachor engendró a Tharé [Taré], Tharé engendró a Abrahán. Salió de la tierra de los caldeos y destroyeron a los dichos sodomestas, que comensó los primeros ýdolos del rrey niño. Y se comensó la dicha moneda. Abrahán y su linage comensaron a serconcidarse. Y sacrificó a Dios con su hijo. TERZERA EDAD DEL mundo, desde Abrahán: Engendró a Ysmael, da donde desendió los dichos moros. Ysmael engendró Ysac [Isaac]; se casó con Rebeca y parió Ysaú [Esaú] y Jacop. De Jacop multiplicó Juzep [José]. Muyzén zacó a los hijos de Ysrrael del cautiuerio de Ygipto quando fue los dies plagas por mandado de Dios. Samoel profeta, [y juez], fue [rey] Saúl. De Saúl fue rrey Dauid, conpuso el pesalterio. Apzalón, su hijo. Salomón conpuso los Egleciásticos, edeficó tenplos a Dios. Daquí salió Juachín y Santa Ana, madre de Nuestra Señora Santa María, da donde nació Nuestro Señor Jesucristo, saluador del mundo, hijo de Dios bibo. Es la casta y linage y desendencia de Jesucristo. Bolbiendo arriua a la generación de Abrahán: Engendró Ysac, Ysac engendró a Jacop, Jacop fue a Egipto. Engendró a Jugep [José], ciendo 92 años. Estubo el pueblo en Egipto; engendró a Muyzén [Moisés]. Gouernó Jusué [Josué], fue capitán, Otonel [Otoniel] fue jues, estubieron cin jues. Aod rregió el pueblo, Sangar [Samgar] fue jues, estubieron cin jues, Débora y Barach [Barac], estubieron cin jues. Gedeón gouernó, Abemelech [Abimelec] fue jues, estubieron cin jues. Tola gouernó, Jaer [Jair] fue jues, unos años estubieron cin jues. Lepre [Jefté] fue jues, estubieron cin jues. Abelsan [Ibsán] fue jues, Elón fue jues, Apdón [Abdón] fue jues, estubieron cin jues. Sansón fue jues, estubieron cin jues, Hilí [Elí] saserdote, Zamoel [Samuel] profeta, Saúl con Zamoel, la terzera edad del mundo, rrey Dauid. QVARTA EDAD DEL MVNDO, desde rrey Dauid: Dauid rreynó, Salomón rreynó, Roboán [Roboam] rreynó, Abías rreynó, Assa rreynó, Josaphat rreynó, Aran [Joram] rreynó, Achocías [Ocozías] rreynó, Athalía [Atalía] rreynó, Loás [Joás] rreynó, Amacías rreynó, Azaríias [Uzías] rreynó, Loatham [Jotam] rreynó, Ahar [Acaz] rreynó, Ezechías rreynó, Manassís [Manasís] rreynó, Amón rreynó, Juseas [Josías] rreynó, Juachín [Joaquín] rreynó, Juchii [Joacim] rreynó, Juachas [Joacaz] rreynó, Sedechías [Sedequías] rreynó. En esta edad se alsaron muchos rreys y muchos señores y multiplicaron y mucha gente en el mundo. Y en este tienpo entraron en pulicía, ací como por la justicia como por gouierno y beneficio, arteficio, oficios mecánicos, y procuraron tener mucha hazienda y rriquesas y salieron a buscar oro, plata y comensaron a saltearse con la codicia de la rriquesa. Dejaron lo bueno, entraron a lo malo del mundo. QVINTA EDAD DEL MVNDO, desde el nacimiento de Nuestro Señor y Saluador Jesucristo: Desde el tienpo del rrey de Percia, Ciro rrey de los perzas rreynó, Canpizes [Cambises] rreynó, dos hermanos magos [Esmerdis y Cambises II] sucidieron y rreynaron says meses. Darío [I] rreynó, Xerxes [Jerjes I] rreynó, Artabano [Artabán de Hircania] rreynó ciete meses, Artaxerxes [I] rreynó, Xerxes [II] rreynó dos meses, Sodiano [Sogdiano] rreynó ciete meses, Dacio llamado Noth [Darío II Noto], Artagerges [II] rreynó, fue llamado Assuero. Artagerges llamado Ocho [Artajerjes III Oco] rreynó, Arses o Xerxes rreynó, Darío [III] rreynó, Alexandro [Alejandro II, rey de Epiro] rreynó. Después Petolemio [Tolomeo I Soter] rreynó, Petolemio Phylodelfo [Tolomeo II Filadelfo], Petolemio Euergeres [Tolomeo III Evergetes], Petolemio Philopater [Tolomeo IV Filopator], Petolemio [V] Epifanes, [Tolomeo VI Eupator], Petolemio Philomet [Tolomeo VII Filometor], [Tolomeo VIII Neos Filopator], Petolemio Euergete [Tolomeo Evergetes II], [Tolomeo IX], Ptolomeo Philicón [X Soter], Petolomeo [XI], Alexandre [I], Petolomeo [XII (Alejandro II)] rreynó, Petolomeo Dionicio [Tolomeo XIII (Neos Dionysos)], [Tolomeo XIV y] Cleopater rreynó, Julio Zézar monarca. En este tienpo, nació el Saluador Nuestro Señor Jesucristo. En este tienpo de las Yndias desde el primer Ynga Mango Capac rreynó y comensó gouernar sólo la ciudad del Cuzco. Primero se llamaua la ciudad Aca Mama, cin que pasaua a nengún pueblo. Y murió y dejó a su hijo lexítimo llamado Cinche Roca Ynga. Reynó el Cuzco hasta el Collao y Potocí y conquistó todos los yndios orexones y collas, quispi llacta, cana, canche, condes. Desde la edad que fue este dicho Ynga Cinche Roca que tenía ochenta años, nació Jesucristo en Belén. Primer enperador de Roma, Julio Zézar, Augusto Zézar, Tiberio, Calégula [Calígula], Claudio, Nerón, Galba, Othón [Otón], Uitelio [Vitelio], Uispaciano [Tito Flavio Vespasiano], Tito [Tito Flavio Sabino Vespasiano], Domeciano [Tito Flavio Sabino Domeciano], Nerua [Nerva], Trajano, Hatriano [Adriano], Antonio Pío, Marantonio [Marco Aurelio Antonino], Cómodo, Pértinar [Pértinax], Juliano [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 8fc6x5yqmmhf424k1xsmnfwx9k98vwo Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los papas y su reinado 0 74262 1665617 1199080 2026-06-21T01:21:30Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los papas y su reinado]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los papas y su reinado]]: Robot: página trasladada 1199080 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 4: El capítulo de los papas y su reinado |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER COMIENZO DEL PAPA, SAN PEDRO Primero comensó a la santa madre yglecia a ser papa Nuestro Señor Jesucristo. PONTIFICAL DE ROMA: Del primer comienzo del catretral y cilla prencipal del gouierno de la santa madre yglecia de Roma, del papa, Sumo Pontífize de la cristiandad: Primero comensó Nuestro Señor Jesucristo y en su lugar y tiniente general de Dios en el mundo dejó a su apóstol San Pedro. En este tienpo gouernó en este rreyno los Yngas. Comensó Lloque Yupanque Ynga; fue de edad de treynta años. Primero gouernó su agüelo Mango Capac Ynga, luego gouernó su hijo Cinche Roca Ynga y luego Lloque Yupanqui Ynga, nieto de Mango Capac Ynga. Como dicho es, primero se sentó en la cilla prencipal y catretral papa San Pedro, papa Lino, papa Cleto, papa Clemente [I]. Papa Anacleto, papa Euaristo, papa Alexandro [I], papa Xesto [Sixto I], papa Thilésphoro, criego; papa Ygenio [Higinio], papa Pío [I], papa Anicitocito [Aniceto], papa Soter [Sotero], campano; papa Eleuterio, papa Uítor [Víctor I], áfrico. Papa Zepherino, papa Calexto [I], papa Urbano [I], papa Ponciano, papa Anthero [Antero], papa Fabiano, papa Cornelio, papa Lucio [I], papa Stéfano [I], papa Xesto el segundo, papa Dionicio, monge; papa Félix [I], papa Euthiciano [Eutiquiano], thusco; papa Gayo [Cayo], dálmada; papa Marzelino. Papa Marzelo [I], papa Yucibio [Eusebio], papa Melcheades [Melquíades], africano; papa Cilouestre [Silvestre I], papa Marco [I], papa Julio [I]. En este tienpo se descubrió las Yndias del Pirú, y ubo nueua en toda Castilla y Roma de cómo era tierra en el día, yndia, más alto grado que toda Castilla y Roma y Turquía. Y ací fue llamado tierra en el día, yndia, tierra de rriqueza de oro, plata. En este tienpo fue: papa Bonefacio nono, niapulitano, papa Ynosencio ciete, papa Gregorio doze, papa Alexandre cinco, papa Juanes ueynte y dos [XXIII], papa Martino cinco, papa Yuginio quatro, papa Niculao cinco, papa Calictro tres, papa Pío dos, papa Paulo dos, papa Gesto quatro, papa Ynosencio ocho. En este tienpo se enbarcaron los cristianos españoles y saltaron en tierra a las Yndias al puerto de Tunbes ciento y sesenta y dos soldados y capitanes, don Diego de Almagro y don Francisco Pizarro y fray Uisente de la horden de San Francisco, los enbaxadores del gloriocícimo don Carlos enperador y del muy santo padre papa de Roma, ciendo papa Marzelo dos. Y en el puerto de Tunbes se enbarcaron. Primero fueron rreciuido por el enbaxador de Uascar Ynga, lexítimo, y fue su segunda persona del Ynga, uirrey, capac apo [señor poderoso] don Martín de Ayala, y le besó las manos del enperador y se dio pas. Y luego enbió su ermano Atagualpa Ynga, uastardo. Primero ganaron Panamá, Nombre de Dios y Santo Domingo y pasaron adelante y entraron a este rreyno de las Yndias en tienpo del papa Marzelo dos, papa Paulo quarto, papa Pío quarto, papa Pío quinto, papa Gregorio treze. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] doco81mhhh786rl920wiyg2oa4eyvj8 1665659 1665617 2026-06-21T01:23:57Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665659 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 4: El capítulo de los papas y su reinado |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER COMIENZO DEL PAPA, SAN PEDRO Primero comensó a la santa madre yglecia a ser papa Nuestro Señor Jesucristo. PONTIFICAL DE ROMA: Del primer comienzo del catretral y cilla prencipal del gouierno de la santa madre yglecia de Roma, del papa, Sumo Pontífize de la cristiandad: Primero comensó Nuestro Señor Jesucristo y en su lugar y tiniente general de Dios en el mundo dejó a su apóstol San Pedro. En este tienpo gouernó en este rreyno los Yngas. Comensó Lloque Yupanque Ynga; fue de edad de treynta años. Primero gouernó su agüelo Mango Capac Ynga, luego gouernó su hijo Cinche Roca Ynga y luego Lloque Yupanqui Ynga, nieto de Mango Capac Ynga. Como dicho es, primero se sentó en la cilla prencipal y catretral papa San Pedro, papa Lino, papa Cleto, papa Clemente [I]. Papa Anacleto, papa Euaristo, papa Alexandro [I], papa Xesto [Sixto I], papa Thilésphoro, criego; papa Ygenio [Higinio], papa Pío [I], papa Anicitocito [Aniceto], papa Soter [Sotero], campano; papa Eleuterio, papa Uítor [Víctor I], áfrico. Papa Zepherino, papa Calexto [I], papa Urbano [I], papa Ponciano, papa Anthero [Antero], papa Fabiano, papa Cornelio, papa Lucio [I], papa Stéfano [I], papa Xesto el segundo, papa Dionicio, monge; papa Félix [I], papa Euthiciano [Eutiquiano], thusco; papa Gayo [Cayo], dálmada; papa Marzelino. Papa Marzelo [I], papa Yucibio [Eusebio], papa Melcheades [Melquíades], africano; papa Cilouestre [Silvestre I], papa Marco [I], papa Julio [I]. En este tienpo se descubrió las Yndias del Pirú, y ubo nueua en toda Castilla y Roma de cómo era tierra en el día, yndia, más alto grado que toda Castilla y Roma y Turquía. Y ací fue llamado tierra en el día, yndia, tierra de rriqueza de oro, plata. En este tienpo fue: papa Bonefacio nono, niapulitano, papa Ynosencio ciete, papa Gregorio doze, papa Alexandre cinco, papa Juanes ueynte y dos [XXIII], papa Martino cinco, papa Yuginio quatro, papa Niculao cinco, papa Calictro tres, papa Pío dos, papa Paulo dos, papa Gesto quatro, papa Ynosencio ocho. En este tienpo se enbarcaron los cristianos españoles y saltaron en tierra a las Yndias al puerto de Tunbes ciento y sesenta y dos soldados y capitanes, don Diego de Almagro y don Francisco Pizarro y fray Uisente de la horden de San Francisco, los enbaxadores del gloriocícimo don Carlos enperador y del muy santo padre papa de Roma, ciendo papa Marzelo dos. Y en el puerto de Tunbes se enbarcaron. Primero fueron rreciuido por el enbaxador de Uascar Ynga, lexítimo, y fue su segunda persona del Ynga, uirrey, capac apo [señor poderoso] don Martín de Ayala, y le besó las manos del enperador y se dio pas. Y luego enbió su ermano Atagualpa Ynga, uastardo. Primero ganaron Panamá, Nombre de Dios y Santo Domingo y pasaron adelante y entraron a este rreyno de las Yndias en tienpo del papa Marzelo dos, papa Paulo quarto, papa Pío quarto, papa Pío quinto, papa Gregorio treze. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 5vg8i76812oopnvmrv09apnrk5mxh4l 1665701 1665659 2026-06-21T01:34:16Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665701 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 4: El capítulo de los papas y su reinado |autor=Guamán Poma de Ayala }} PRIMER COMIENZO DEL PAPA, SAN PEDRO Primero comensó a la santa madre yglecia a ser papa Nuestro Señor Jesucristo. PONTIFICAL DE ROMA: Del primer comienzo del catretral y cilla prencipal del gouierno de la santa madre yglecia de Roma, del papa, Sumo Pontífize de la cristiandad: Primero comensó Nuestro Señor Jesucristo y en su lugar y tiniente general de Dios en el mundo dejó a su apóstol San Pedro. En este tienpo gouernó en este rreyno los Yngas. Comensó Lloque Yupanque Ynga; fue de edad de treynta años. Primero gouernó su agüelo Mango Capac Ynga, luego gouernó su hijo Cinche Roca Ynga y luego Lloque Yupanqui Ynga, nieto de Mango Capac Ynga. Como dicho es, primero se sentó en la cilla prencipal y catretral papa San Pedro, papa Lino, papa Cleto, papa Clemente [I]. Papa Anacleto, papa Euaristo, papa Alexandro [I], papa Xesto [Sixto I], papa Thilésphoro, criego; papa Ygenio [Higinio], papa Pío [I], papa Anicitocito [Aniceto], papa Soter [Sotero], campano; papa Eleuterio, papa Uítor [Víctor I], áfrico. Papa Zepherino, papa Calexto [I], papa Urbano [I], papa Ponciano, papa Anthero [Antero], papa Fabiano, papa Cornelio, papa Lucio [I], papa Stéfano [I], papa Xesto el segundo, papa Dionicio, monge; papa Félix [I], papa Euthiciano [Eutiquiano], thusco; papa Gayo [Cayo], dálmada; papa Marzelino. Papa Marzelo [I], papa Yucibio [Eusebio], papa Melcheades [Melquíades], africano; papa Cilouestre [Silvestre I], papa Marco [I], papa Julio [I]. En este tienpo se descubrió las Yndias del Pirú, y ubo nueua en toda Castilla y Roma de cómo era tierra en el día, yndia, más alto grado que toda Castilla y Roma y Turquía. Y ací fue llamado tierra en el día, yndia, tierra de rriqueza de oro, plata. En este tienpo fue: papa Bonefacio nono, niapulitano, papa Ynosencio ciete, papa Gregorio doze, papa Alexandre cinco, papa Juanes ueynte y dos [XXIII], papa Martino cinco, papa Yuginio quatro, papa Niculao cinco, papa Calictro tres, papa Pío dos, papa Paulo dos, papa Gesto quatro, papa Ynosencio ocho. En este tienpo se enbarcaron los cristianos españoles y saltaron en tierra a las Yndias al puerto de Tunbes ciento y sesenta y dos soldados y capitanes, don Diego de Almagro y don Francisco Pizarro y fray Uisente de la horden de San Francisco, los enbaxadores del gloriocícimo don Carlos enperador y del muy santo padre papa de Roma, ciendo papa Marzelo dos. Y en el puerto de Tunbes se enbarcaron. Primero fueron rreciuido por el enbaxador de Uascar Ynga, lexítimo, y fue su segunda persona del Ynga, uirrey, capac apo [señor poderoso] don Martín de Ayala, y le besó las manos del enperador y se dio pas. Y luego enbió su ermano Atagualpa Ynga, uastardo. Primero ganaron Panamá, Nombre de Dios y Santo Domingo y pasaron adelante y entraron a este rreyno de las Yndias en tienpo del papa Marzelo dos, papa Paulo quarto, papa Pío quarto, papa Pío quinto, papa Gregorio treze. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 9zv6ddr3rr6als5jsu6to1apnivsa5f Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades de los indios 0 74263 1665619 1199081 2026-06-21T01:21:31Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las edades de los indios]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades de los indios]]: Robot: página trasladada 1199081 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 5: El capítulo de las edades de los indios |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} VARI VIRA Cocha Runa, primer generación de yndios del multiplico de los dichos españoles que trajo Dios a este rreyno de las Yndias, los que salieron de la arca de Noé, deluuio. Después que multiplicó estos dichos por mandado de Dios, derramó en el mundo. Esta generación primera duraron y multiplicaron pocos años, ochocientos y treinta años en este Mundo Nuebo llamado Yndias, a los quales que enbió Dios. Estos dichos yndios se llamaron Uari Uira Cocha Runa porque desendió de los dichos españoles y ací le llamaron Uira Cocha. Desta generación comensaron a multiplicar y la desendencia y multiplico después a éstos les llamaron dioses y lo tubieron ací. Contado de los dichos años de seys mil y seycientos treze años, sacado los dichos ochocientos y treinta años1, duraron y multiplicaron muy presto por ser primer generación de yndios. Y no murieron y no se matauan. Dizen que parían de dos en dos, macho y henbra. Daquí multiplicó los demás generaciones de yndios a los quales le llamaron Pacarimoc Runa [“los de la aurora,” los originarios de la humanidad]. Y esta gente no sauía hazer nada. VARI RVNA: Desde la segunda edad de yndios llamado Uari Runa, desendiente de Noé, su multiplico de Uari Uira Cocha Runa que duraron y multiplicaron estos dichos yndios mil y trecientos y doze años: Comensaron a trauajar, hizieron chacras, andenes y sacaron asecyas de agua de los rríos y lagunas y de posos y ací lo llaman pata [andén], chacra [sementera], larca [acequia], yacoy [agua]. Y no tenían casas, cino edeficaron unas cacitas que parese horno que ellos les llaman pucullo. Y no sauían hazer rropa, cino que se bestían de cueros de animales souado y se uestía de ello. Y no señoriaua los demonios ni adorauan a los ýdolos uacas, cino con la poca sonbra adoraua al Criador y tenían fe en Dios. Pues que éstos hazía oración deciendo: “Ticze caylla uiracocha, maypim canqui? Hanac pachapicho? Cay pachapicho? Uco pachapicho? Caylla pachapicho? Cay pacha camac, runa rurac, maypim canqui? Oyariuay!” Dizía ancí: “O, señor, ¿adónde estás? ¿En el cielo o en el mundo o en el cabo del mundo o en el ynfierno? ¿Adónde estás? ¡Oyme, hazerdor del mundo y de los hombres! ¡Oyme, Dios!” Con esta dicha clamación adorauan a Dios y tenía mandamiento y ley entre ellos y comensaron a guardar. PVRVN RVNA: De este terzera edad de yndios llamado Purun Runa, desendiente de Noé que salió delubio, su multiplico de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa: Y biuieron y multiplicaron esta gente muy mucho como la arrena de la mar que no cauía en el rreyno de yndios y multiplicaron mil treynta y dos y ciento años. Estos dichos yndios comensaron a hazer rropa texido y hilado, auasca [tejido corriente] y de cunbe [fino] y otras pulicías y galanterías y plomages. Ydeficaron casas y paredes de piedra cubierto de paxa. Y alsaron rreys y señores capitanes; a los dichos lexítimos de Uari Uira Cocha [los primitivos señores] le llamaron capac apo uantouan ranpauan pacarimoc apo [señor poderoso, señor original, con su comitiva y con sus andas]. Cómo proseguían de buena sangre y tubieron mandamiento y ley y mojonaron sus pertinencias y tierras y pastos y chacaras cada señor en cada pueblo. Y tubieron sus mugeres cazadas y conuerzaron y dotaron y se dieron buenos egenplos y dotrina y castigos. Y auía justicia entre ellos y auía ordenansa y ley y comensaron a hazer brauesas y entre ellos andauan muy mucha caridad. Y por eso comían en público plasa y baylauan y cantauan. Y abía gente, como hormiga multiplicaron. Comensaron a hazer policía y se rregalaron y abrieron caminos para ellos por donde se cigue agora. Y con la poca sombra adoraron al Criador. AVCA RVNA: De este quarto edad de yndios llamado Auca Pacha Runa, dezendiente de Noé y de su multiplico de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Puron Runa: Esta gente duraron y multiplicaron dos mil y cien años. Estos dichos yndios se sallieron y se despoblaron de los dichos buenos citios de temor de la guerra y alsamiento y contradición que tenían entre ellos. De sus pueblos de tierra baja se fueron a poblarse en altos y serros y peñas y por defenderse y comensaron a hazer fortalezas que ellos les llaman pucara. Edeficaron las paredes y zerco y dentro de ellas casas y fortalezas y escondedixos y pozos para sacar agua da donde beuían. Y comensaron a rreñir y batalla y mucha guerra y mortanza con su señor y rrey y con otro señor y rrey, brabos capitanes y ballentes y animosos hombres y peleauan con armas que ellos les llaman chasca chuqui, zachac chuqui [lanzas], sacmana, chanbi [porras], uaraca [honda] conca cuchona, ayri uallcanca [hachas], pura pura [pectoral de metal], uma chuco [casco], uaylla quepa [bocina de caracol] , antara [flauta de Pan]. Y con estas armas se uencían y auía muy mucha muerte y derramamiento de sangre hasta cautiuarze. Y se quitauan a sus mugeres y hijos y se quitauan sus sementeras y chacaras y asecyas de agua y pastos. Y fueron muy crueles que se rrobaron sus haziendas, rropa, plata, oro, cobre, hasta lleualle las piedras de moler que ellos les llaman maray, tonay, muchoca, callota , y belicosos yndios y traydores. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] opoitgzq68yuuz8qlkxbay0q9cau0t0 1665661 1665619 2026-06-21T01:24:00Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665661 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 5: El capítulo de las edades de los indios |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} VARI VIRA Cocha Runa, primer generación de yndios del multiplico de los dichos españoles que trajo Dios a este rreyno de las Yndias, los que salieron de la arca de Noé, deluuio. Después que multiplicó estos dichos por mandado de Dios, derramó en el mundo. Esta generación primera duraron y multiplicaron pocos años, ochocientos y treinta años en este Mundo Nuebo llamado Yndias, a los quales que enbió Dios. Estos dichos yndios se llamaron Uari Uira Cocha Runa porque desendió de los dichos españoles y ací le llamaron Uira Cocha. Desta generación comensaron a multiplicar y la desendencia y multiplico después a éstos les llamaron dioses y lo tubieron ací. Contado de los dichos años de seys mil y seycientos treze años, sacado los dichos ochocientos y treinta años1, duraron y multiplicaron muy presto por ser primer generación de yndios. Y no murieron y no se matauan. Dizen que parían de dos en dos, macho y henbra. Daquí multiplicó los demás generaciones de yndios a los quales le llamaron Pacarimoc Runa [“los de la aurora,” los originarios de la humanidad]. Y esta gente no sauía hazer nada. VARI RVNA: Desde la segunda edad de yndios llamado Uari Runa, desendiente de Noé, su multiplico de Uari Uira Cocha Runa que duraron y multiplicaron estos dichos yndios mil y trecientos y doze años: Comensaron a trauajar, hizieron chacras, andenes y sacaron asecyas de agua de los rríos y lagunas y de posos y ací lo llaman pata [andén], chacra [sementera], larca [acequia], yacoy [agua]. Y no tenían casas, cino edeficaron unas cacitas que parese horno que ellos les llaman pucullo. Y no sauían hazer rropa, cino que se bestían de cueros de animales souado y se uestía de ello. Y no señoriaua los demonios ni adorauan a los ýdolos uacas, cino con la poca sonbra adoraua al Criador y tenían fe en Dios. Pues que éstos hazía oración deciendo: “Ticze caylla uiracocha, maypim canqui? Hanac pachapicho? Cay pachapicho? Uco pachapicho? Caylla pachapicho? Cay pacha camac, runa rurac, maypim canqui? Oyariuay!” Dizía ancí: “O, señor, ¿adónde estás? ¿En el cielo o en el mundo o en el cabo del mundo o en el ynfierno? ¿Adónde estás? ¡Oyme, hazerdor del mundo y de los hombres! ¡Oyme, Dios!” Con esta dicha clamación adorauan a Dios y tenía mandamiento y ley entre ellos y comensaron a guardar. PVRVN RVNA: De este terzera edad de yndios llamado Purun Runa, desendiente de Noé que salió delubio, su multiplico de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa: Y biuieron y multiplicaron esta gente muy mucho como la arrena de la mar que no cauía en el rreyno de yndios y multiplicaron mil treynta y dos y ciento años. Estos dichos yndios comensaron a hazer rropa texido y hilado, auasca [tejido corriente] y de cunbe [fino] y otras pulicías y galanterías y plomages. Ydeficaron casas y paredes de piedra cubierto de paxa. Y alsaron rreys y señores capitanes; a los dichos lexítimos de Uari Uira Cocha [los primitivos señores] le llamaron capac apo uantouan ranpauan pacarimoc apo [señor poderoso, señor original, con su comitiva y con sus andas]. Cómo proseguían de buena sangre y tubieron mandamiento y ley y mojonaron sus pertinencias y tierras y pastos y chacaras cada señor en cada pueblo. Y tubieron sus mugeres cazadas y conuerzaron y dotaron y se dieron buenos egenplos y dotrina y castigos. Y auía justicia entre ellos y auía ordenansa y ley y comensaron a hazer brauesas y entre ellos andauan muy mucha caridad. Y por eso comían en público plasa y baylauan y cantauan. Y abía gente, como hormiga multiplicaron. Comensaron a hazer policía y se rregalaron y abrieron caminos para ellos por donde se cigue agora. Y con la poca sombra adoraron al Criador. AVCA RVNA: De este quarto edad de yndios llamado Auca Pacha Runa, dezendiente de Noé y de su multiplico de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Puron Runa: Esta gente duraron y multiplicaron dos mil y cien años. Estos dichos yndios se sallieron y se despoblaron de los dichos buenos citios de temor de la guerra y alsamiento y contradición que tenían entre ellos. De sus pueblos de tierra baja se fueron a poblarse en altos y serros y peñas y por defenderse y comensaron a hazer fortalezas que ellos les llaman pucara. Edeficaron las paredes y zerco y dentro de ellas casas y fortalezas y escondedixos y pozos para sacar agua da donde beuían. Y comensaron a rreñir y batalla y mucha guerra y mortanza con su señor y rrey y con otro señor y rrey, brabos capitanes y ballentes y animosos hombres y peleauan con armas que ellos les llaman chasca chuqui, zachac chuqui [lanzas], sacmana, chanbi [porras], uaraca [honda] conca cuchona, ayri uallcanca [hachas], pura pura [pectoral de metal], uma chuco [casco], uaylla quepa [bocina de caracol] , antara [flauta de Pan]. Y con estas armas se uencían y auía muy mucha muerte y derramamiento de sangre hasta cautiuarze. Y se quitauan a sus mugeres y hijos y se quitauan sus sementeras y chacaras y asecyas de agua y pastos. Y fueron muy crueles que se rrobaron sus haziendas, rropa, plata, oro, cobre, hasta lleualle las piedras de moler que ellos les llaman maray, tonay, muchoca, callota , y belicosos yndios y traydores. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 7421w0d8vtsmm9fusc6swfwoqmx2jhd 1665692 1665661 2026-06-21T01:34:07Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665692 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 5: El capítulo de las edades de los indios |autor=Guamán Poma de Ayala }} VARI VIRA Cocha Runa, primer generación de yndios del multiplico de los dichos españoles que trajo Dios a este rreyno de las Yndias, los que salieron de la arca de Noé, deluuio. Después que multiplicó estos dichos por mandado de Dios, derramó en el mundo. Esta generación primera duraron y multiplicaron pocos años, ochocientos y treinta años en este Mundo Nuebo llamado Yndias, a los quales que enbió Dios. Estos dichos yndios se llamaron Uari Uira Cocha Runa porque desendió de los dichos españoles y ací le llamaron Uira Cocha. Desta generación comensaron a multiplicar y la desendencia y multiplico después a éstos les llamaron dioses y lo tubieron ací. Contado de los dichos años de seys mil y seycientos treze años, sacado los dichos ochocientos y treinta años1, duraron y multiplicaron muy presto por ser primer generación de yndios. Y no murieron y no se matauan. Dizen que parían de dos en dos, macho y henbra. Daquí multiplicó los demás generaciones de yndios a los quales le llamaron Pacarimoc Runa [“los de la aurora,” los originarios de la humanidad]. Y esta gente no sauía hazer nada. VARI RVNA: Desde la segunda edad de yndios llamado Uari Runa, desendiente de Noé, su multiplico de Uari Uira Cocha Runa que duraron y multiplicaron estos dichos yndios mil y trecientos y doze años: Comensaron a trauajar, hizieron chacras, andenes y sacaron asecyas de agua de los rríos y lagunas y de posos y ací lo llaman pata [andén], chacra [sementera], larca [acequia], yacoy [agua]. Y no tenían casas, cino edeficaron unas cacitas que parese horno que ellos les llaman pucullo. Y no sauían hazer rropa, cino que se bestían de cueros de animales souado y se uestía de ello. Y no señoriaua los demonios ni adorauan a los ýdolos uacas, cino con la poca sonbra adoraua al Criador y tenían fe en Dios. Pues que éstos hazía oración deciendo: “Ticze caylla uiracocha, maypim canqui? Hanac pachapicho? Cay pachapicho? Uco pachapicho? Caylla pachapicho? Cay pacha camac, runa rurac, maypim canqui? Oyariuay!” Dizía ancí: “O, señor, ¿adónde estás? ¿En el cielo o en el mundo o en el cabo del mundo o en el ynfierno? ¿Adónde estás? ¡Oyme, hazerdor del mundo y de los hombres! ¡Oyme, Dios!” Con esta dicha clamación adorauan a Dios y tenía mandamiento y ley entre ellos y comensaron a guardar. PVRVN RVNA: De este terzera edad de yndios llamado Purun Runa, desendiente de Noé que salió delubio, su multiplico de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa: Y biuieron y multiplicaron esta gente muy mucho como la arrena de la mar que no cauía en el rreyno de yndios y multiplicaron mil treynta y dos y ciento años. Estos dichos yndios comensaron a hazer rropa texido y hilado, auasca [tejido corriente] y de cunbe [fino] y otras pulicías y galanterías y plomages. Ydeficaron casas y paredes de piedra cubierto de paxa. Y alsaron rreys y señores capitanes; a los dichos lexítimos de Uari Uira Cocha [los primitivos señores] le llamaron capac apo uantouan ranpauan pacarimoc apo [señor poderoso, señor original, con su comitiva y con sus andas]. Cómo proseguían de buena sangre y tubieron mandamiento y ley y mojonaron sus pertinencias y tierras y pastos y chacaras cada señor en cada pueblo. Y tubieron sus mugeres cazadas y conuerzaron y dotaron y se dieron buenos egenplos y dotrina y castigos. Y auía justicia entre ellos y auía ordenansa y ley y comensaron a hazer brauesas y entre ellos andauan muy mucha caridad. Y por eso comían en público plasa y baylauan y cantauan. Y abía gente, como hormiga multiplicaron. Comensaron a hazer policía y se rregalaron y abrieron caminos para ellos por donde se cigue agora. Y con la poca sombra adoraron al Criador. AVCA RVNA: De este quarto edad de yndios llamado Auca Pacha Runa, dezendiente de Noé y de su multiplico de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Puron Runa: Esta gente duraron y multiplicaron dos mil y cien años. Estos dichos yndios se sallieron y se despoblaron de los dichos buenos citios de temor de la guerra y alsamiento y contradición que tenían entre ellos. De sus pueblos de tierra baja se fueron a poblarse en altos y serros y peñas y por defenderse y comensaron a hazer fortalezas que ellos les llaman pucara. Edeficaron las paredes y zerco y dentro de ellas casas y fortalezas y escondedixos y pozos para sacar agua da donde beuían. Y comensaron a rreñir y batalla y mucha guerra y mortanza con su señor y rrey y con otro señor y rrey, brabos capitanes y ballentes y animosos hombres y peleauan con armas que ellos les llaman chasca chuqui, zachac chuqui [lanzas], sacmana, chanbi [porras], uaraca [honda] conca cuchona, ayri uallcanca [hachas], pura pura [pectoral de metal], uma chuco [casco], uaylla quepa [bocina de caracol] , antara [flauta de Pan]. Y con estas armas se uencían y auía muy mucha muerte y derramamiento de sangre hasta cautiuarze. Y se quitauan a sus mugeres y hijos y se quitauan sus sementeras y chacaras y asecyas de agua y pastos. Y fueron muy crueles que se rrobaron sus haziendas, rropa, plata, oro, cobre, hasta lleualle las piedras de moler que ellos les llaman maray, tonay, muchoca, callota , y belicosos yndios y traydores. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] fzatkn2kr7693mdk2t0d4gq3fl8hpbs Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los Yngas 0 74265 1665621 1199082 2026-06-21T01:21:32Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los Yngas]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los Yngas]]: Robot: página trasladada 1199082 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 6: El capítulo de los Yngas |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} TOCAI CAPAC, PRIMER INGA: La primera historia de los primer rrey Ynga que fue de los dichos legítimos dezendientes de Adán, Eua y multiplico de Nué, y de primer gente de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa: Daquí salió Capac Ynga, Tocay Capac, Pinau Capac, primer Ynga , y se acabó esta generación y casta, y de las armas propias que ellos pintaron y se nombraron las más uerdaderas. Cómo del primer coronista fue declarado hijo del sol, Yntip Churin: Primero dixo que era su padre el sol y su madre la luna y su ermano el luzero. Y su ýdolo fue Uana Cauri, y adonde digeron que sallieron fue llamado Tanbo Toco y por otro nombre le llamó Pacari Tanbo. Todo lo dicho adoraron y sacrificaron. Pero el primer Ynga, Tocay Capac, no tubo ýdolo ni serimonias; fue linpio de eso hasta que comensó a rreynar su madre y muger de Mango Capac Ynga y su casta. Fueron de los amaros y serpientes, que todo lo demás es coza de burla lo que dizen y pintan de los dichos Yngas. Estos dichos Yngas se acauaron y comensó a rreynar Mango Capac Ynga: Que este dicho Ynga desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Puron Runa y de Auca Runa no tubo pueblo ni tierra ni chacara [sementera] ni fortaleza ni casta ni parientes antigualla, pacarimoc (?). La segunda arma del Ynga que le pintan: El primero, quiquixana [?]; el segundo, un árbol chunta [palmera] y detrás del árbol, otorongo [jaguar]; el terzero, masca paycha [borla real]; el quarto, dos amaros [serpiente] con unas borlas en la boca. Esto se pinta del bestido y de su pluma y de su nombre que ellos se nombraron Otorongo Amaro Ynga. Dizen que ellos binieron de la laguna de Titicaca y de Tiauanaco y que entraron en Tanbo Toco y dallí salieron ocho hermanos Yngas, quatro uarones: el primero, Uana Cauri Ynga; el segundo, Cuzco Uanca Ynga; el terzero, Mango Capac Ynga; el quarto, Tupa Ayar Cachi Ynga. Y las quatro ermanas: El primero, Tupa Uaco, nusta [princesa]; el segundo, Mama Cora, nusta; el terzero, Curi Ocllo, nusta; el quarto, Ypa Uaco, nusta. Estos ocho hermanos salieron de Pacari Tanbo y fueron a su ýdolo uaca de Uana Cauri, beniendo de Collau [a] la ciudad del Cuzco. Primero fue llamado Aca Mama, después fue llamado Cuzco. Y ancí mandó el Ynga que adorasen y sacrificasen a sus pacaricos [lugar de origen] y uacas de los serros y cueuas, peñas. Que todos los que tienen orexas se llaman yngas, pero no son perfetos, cino son yndios pobres y gente uaja ni son caualleros, cino picheros. Destos dichos que tienen orexas, sólo uno fue rrey Ynga primero, Mango Capac. Por eso le nombró capac [poderoso]; que dezir ynga es común, no es rrey, cino capac apo quiere dezir rrey. Y ací fue primero el Ynga Mango Capac, el segundo, Anta ynga, Caca Guaroc ynga, Quiuar ynga, Masca ynga, Tanbo ynga (?). MANGO CAPAC INGA: Desde el primer Ynga Mango Capac Ynga que rreynó ciento sesenta años con el comienso y con el postrer Topa Cuci Gualpa Uascar Ynga lexítimo y de su ermano uastardo Atagualpa Ynga y desde que comensó a rreynar los dichos Yngas y acabar su rreyno, como se acabó y consumió su rreyno, los dichos lexítimos de derecho que rreynaron mil y quinientos y quinze años de señorear en la tierra estos dichos Yngas y rreys. Y ellos comensaron a adorar ýdulos uacas y demonios. Y se acauaron ellos y sus uacas y demonios y conquistaron estos dichos Yngas la mitad del Pirú y la mitad está por conquistar hacia la montaña. Que desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa hasta esta gente de Ynca Pacha [la era de los Inka] y hasta acauar el Ynga fueron seys mil años. El dicho Ynga duraron su rreyno no más de mil quinientos y quinze años desde el tienpo del Ynga Cinche Roca Ynga hasta oy, desde el nacimiento de Nuestro Señor Cristo y Saluador Jesucristo a mil y saycientos treze años. Mango Capac Ynga, el primer padre de los dichos Yngas, tenía su llauto [cíngulo] uerde y su pluma de quitasol y su orexa de oro fino, masca paycha [borla real], uayoc tica [flor ornamental] y en la mano derecha su conga cuchona [hacha] y en la ysquierda un quitasol y su manta de encarnado y su camegeta arriua colorado y en medio tres betas de tocapo [paño de labor tejido] y lo de auajo azul claro y dos ataderos en los pies. Y este Ynga ydeficó Curi Cancha, templo del sol. Comensó a adorar el sol y luna y dixo que era su padre. Y tenía suxeto todo el Cuzco cin lo de fuera y no tubo guerra ni batalla, cino ganó con engaño y encantamiento, ydúlatras. Con suertes del demonio comensó a mochar [adorar] uacas ýdulos. Y se casó, dando dote al sol y a la luna con su muger que era su madre, la señora Mama Uaco, coya, por mandado de los uacas y demonios. Y murió de edad de ciento y sesenta años en el Cuzco. Y fue muy gintil [sic] hombre, sauía muchas suertes y mañas y era pobrícimo. Y tenía ynfantes, hijos lexítimos Cinche Roca Ynga, Chinbo Urma, coya, Ynga Yupanqui, Pachacuti Ynga. Y tubo muchos uastardos y uastardas, auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] en el Cuzco. CINCHI ROCA INGA: Feruente y gintil [sic] hombre: Tenía su llauto [cíngulo] de colorado y su pluma de quitasol y su camigeta rrozado con su auaqui [tejido] y en medio tres betas de tocapo [paño de labor tejido] b y lo de auajo colorado y su manta de encarnado claro y en la mano derecha su conca cuchuna [hacha] y en la esquierda su rrodela y chanbi [porra de pelear] y en los pies los quatro ataderos. Fue muy gentil hombre y tenía rrostro de brabo, morenete. Gouernó el Cuzco y conquistó todo los orexones y ganó todo Colla Suyo: Hatun Colla, Puquina Colla, Pacaxi, Quispi Llacta, Poma Cancha, Hatun Conde, Cullaua Conde. Y este dicho Ynga mató al primer Ynga legítimo, desendiente de Adán y de Eua y de Uari Uira Cocha Runa, al rrey primero Tocay Capac, Pinau Capac Ynga. Desde Xacxa Uana hasta Quiqui Xana a los yndios Chilques, Acos no auía sugetado ni conquistado. Fue conquistado primero con poca gente los yndios Collas por ser floxos y puzilánimos, gente para poco. Y lo mandó y dio por ley y mandamiento para que adorasen las uacas ýdolos y que sacrificasen. Y ací entró los demonios a la prouincia del Collau primero. Y fue este dicho Ynga gran hombre de guerra y comensó a rrequezer. Y fue cazado con Chinbo Urma, coya [reina]. Este dicho Ynga murió en el Cuzco de edad de ciento y cincuenta y cinco años. Y dejó mucha rrequiesa al tenplo del sol y a las dichas uacas. Y tubo ynfantis hijos Mama Cora Ocllo, coya, y Lloqui Yupanqui Ynga, Uari Tito Ynga, Topa Amaro Ynga. Y tenía muy muchos hijos bastardos auquicona y hijas nustaconas. Como dicho es, quando fue de edad de ochenta años desde que nació Cinche Roca Ynga, nació Nuestro Señor y Saluador Jesucristo. Y en su uida subió a los cielos y abajó el Espíritu Santo en los apóstoles. Y ací se rrepartió por el mundo los apóstoles. Y ací le cupo al apóstol San Bartolomé estas Yndias deste rreyno del Pirú y ancí bino a este rreyno el dicho apóstol. Reynó dos Yngas treziento y quinze años. IESVCRISTO: Del nacimiento de Nuestro Señor y Saluador del mundo Jesucristo: Nació en tienpo y rreyno Cinche Roca Ynga quando fue de edad de ochenta años. Y, en su tienpo de Cinche Roca Ynga, padeció mártir y fue crucificado y muerto y sepultado y rresucitó y subió a los cielos y se asentó a la diestra de Dios Padre. Y enbió al Espíritu Santo para dalle su gracia a los santos apóstoles para que fuese a todo el mundo a predicar su euangelio. Y ací le cupo la suerte al santo apóstol San Bartolomé y salió al Collao. Y por sus santos milagros dejó la santa crus de Carabuco. Y hasta fin de los Yngas y muerte de Guascar Ynga lixítimo y de su ermano Atagualpa Ynga uastardo y hasta este tienpo de los susodichos y desde Mango Capac Ynga comensó y acabó y rreynó mil y quinientos y quareynta y ocho años, quitado los ochenta del nacimiento del Ynga Cinchi Roca y de Mango Capac Ynga los dichos ciento y sesenta, que los dichos dos Yngas dozientos y quarenta años, que son de los susodichos dos Yngas desde el nacimiento de Nuestro Saluador Jesucristo a mil y seycientos y treze. Y rreynando Cinche Roca Ynga y muerto, susedió su hijo lexítimo Lloque Yupanqui, Ynga en el rreyno. MILAGRO DE DIOS: El primer milagro que hizo Dios en este rreyno por su apóstol San Bartolomé es como se cigue: En el pueblo de Cacha, de cómo abrasase con el fuego del cielo por el mal y apedreado y con hondas, comensado para matalle y echalle al santo y de su milagro de Dios en aquella prouincia por el apóstol San Bartolomé y de una marauillosa cingular de obra de santa crus y conberción de un yndio natural de Carabuco llamado Anti, que después se bautizó y se llamó Anti Uira Cocha. Caminando San Bartolomé de la prouincia llamada en el Collao, se metió en la cueua que fue en el tienpo de frío. El yndio hichesero Anti tenía dentro de la dicha cueua su ýdulo que le hablaua. Y no le rrespondió el diablo questaua en la cueua; ya nostauaua allí por auerse entrado el señor San Bartolomé. Y no rrespondió a la dicha pregunta y, como calló el peñasco de los sacrificios, se espantó y ci fue. Y de ello en sueños les apareció el demonio y le dijo que de ninguna bía y manera podía entrar en la dicha cueua, desto con enojo. Luego ciguió al bienauenturado San Bartolomé y le alcansó y le dixo todo lo que pasó. Y mandó San Bartolomé que tornase a la dicha cueua y luego le tornase a hablar a su ýdolo, la questaua en la dicha cueua. Y tornó y le habló y le rrespondió y le dixo el demonio que el dicho hombre pobre podía más que no él con todo lo que sauía. Uista esta rrespuesta, luego tornó otra ues el yndio hichesero Anti al dicho apóstol San Bartolomé y le ciguió de todo corasón y le alcansó y le abrasó y le besó las manos (?) EL TERZERO INGA, Lloqui Yupanqui Ynga: Tenía su guaman chanbi [porra del halcón] en la mano derecha y su rrodela en la ysquierda y su llauto de colorado y su masca paycha y su manta de amarillo, la camegeta de las dos partes de morado, en medio tres betas de tocapo y dos ataderos en los pies. Y conquistó al pueblo de Maras al Ynga Tocay Capac, al quien le quebró dos dientes de fuera a su padre Cinche Roca, y demás que tenía ganado su padre. Y tenía las narises corcobados y los ojos grandes y labio y boca pequeñas y prieto de cuerpo y feo y mal ynclinado y mizerable. Y ací no hizo nada y era para poco y sus bazallos huýan de uelle la cara. Y fue cazado con Mama Cora Ocllo, coya, y murió en el Cuzco de edad de ciento y treynta años. Y tubo hijos ynfantis Ynga Cuci Uanan Chiri y Mayta Capac Ynga, Chinbo Urma Mama Yachi, coya. Y tubo otros hijos lexítimos que se murieron: Curi Auqui Ynga, Runto Auqui Ynga, Cuci Chinbo, coya. Y tubo otros muy muchos hijos uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] uastardas. Reynaron tres Yngas, su agüelo Mango Capac y su padre Cinche Roca Ynga, rreynaron quatrocientos y quarenta y cinco años y se acauaron. Reynó su hijo Mayta Capa Ynga lexítimo. EL QVARTO INGA, Mayta Capac: Tenía sus armas y zelada uma chuco de azul escuro yanas pacra y su masca paycha [borla real] y conga cuchuna [hacha], ualcanca [escudo] y su manta de encarnado y de su camexeta de hazia arriua azul y del medio tres betas de tocapo d y de auajo caxane [camiseta axedrezada de cumbi] con blanco y uerde y colorado y quatro ataderos de los pies. Y fue muy feo hombre de cara y pies y manos y cuerpo, delgadito, friolento, muy apretado. Con todo eso, brabícimo, melancólico. Y conquistó demás que tenía su padre hasta Potocí y Charca y muchas prouincias y pueblos. Y fue cazado con Chinbo Urma Mama Yachi. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y ueynte años y dejó rriquiesas a su ýdolo Guana Cauri. Y tubo hijos ynfantes Chinbo Ucllo Mama Caua, Apo Maytac Ynga, Uilcac Ynga, Uiza Topa Ynga, Capac Yupanqui Ynga, Curi Ucllo. Y tubo otros hijos bastardos auquiconas [príncipes] y hijas bastardas nustaconas [princesas] que fueron muy muchos. Y tenía una hija que le quería muy mucho, y ací le llamó Ynquillay Coya. Reynaron quatro Yngas quinientos y sesenta y cinco años; después susedió su hijo lexítimo Capac Yupanqui Ynga. EL QVINTO INGA, Capac Yupanqui Ynga: Tenía sus armas y su selada uma chuco de uerde anas pacra y su masca paycha y su guaman chanbi [porra] y uallcanca [escudo] y su manta de encarnado mescla de colorado y su camexeta de hazia arriua azul escuro y lo del medio un tocapu y lo de auajo uerde y en los pies sus quatro ataderos. Y medianito de cuerpo, cara larga, auariento, poco sauer, el que enuentó a brindar a su padre el sol y mandó dar de comer a los ýdolos y uacas [divinidad local] y mandaua enterrar baxillas. Y este dicho Ynga mandó descubrir todas las minas de oro y plata, azogue, limpi [lacre], ychima [un colorante] , cobre, estaño y de todas las colores. Dizen que a este dicho Ynga les enseñaua los demonios por donde lo supo todo. Y demás de la conquista que tenía su padre, conquistó más yndios Quichiuas, Aymara. Fue cazado primero con Chinbo Ucllo Mama Caua que tubo mal de corasón, comía a las gentes. Y ací pedió otra muger para rraynar, gouernar la tierra. Dizen que el sol mandó cazarse otra ues con Cuci Chinbo Mama Micay, coya, Curi Ocllo. Y murió de edad de ciento y quarenta años. Y tubo ynfantes hijos lexítimos Auqui Topa Ynga, Ynga Yupanqui, Cuci Chinbo Mama Micay, coya, Ynga Roca, Ynti Auqui Ynga, Capac Yupanqui Ynga Yllapa. Y tubo otros hijos auquiconas uastardos y hijas nustaconas uastardas. Y fue muy [e]namorado este dicho Ynga de las mugeres capac ome [señoras aymaras] y de uayro [?]. Reynó cinco Yngas setecientos y cinco años y sucidió Ynga Roca. EL SESTO INGA, Inga Roca y su hijo: Este dicho Ynga tenía su llauto encarnado y su pluma de quitasol, masca paycha [borla real]. Con la derecha mano tenía su hijo y con la ysquierda tenía su conga cuchuna [hacha] y su uallcanca [escudo] . Y se llamaua el hijo se llamaua Guaman Capac Ynga. Era muy querido hijo y ací no le dexaua de la mano porque era muy niño y menor, con su manta de rrozado, camegeta de negro y dos betas de tocapo [paño de labor tejido] c y su llauto de colorado. Y la manta del dicho su padre fue uerde claro y lo de auajo azul escuro y tres betas de tocapo y lo de auajo amarillo y azul y quatro ataderos de los pies. Fue hombre largo y ancho, fuerte y gran hablón y hablaua con trueno, gran xugador y putaniero, amigo de quitar hazienda de los pobres. Demás de la conquista de su padre conquistó todo Ande Suyo. Dizen que se tornaua otorongo [jaguar] él y su hijo. Y ací conquistó todo Chuncho. Y fue casado con Cuci Chinbo Mama Micay, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y cinquenta y quatro años. Y dejó enfantes hijos lexítimos Yauar Uacac Ynga, Ypa Uaco Mama Machi, Apo Camac Ynga. Esto dicho Ynga comensó a comer coca y la prendió en los Andes y ací le enseñó a otros yndios en este rreyno. Y tubo otros hijos uastardos auquiconas y hijas nustaconas. Y dizen que en los Chunchos tiene hijos y casta deste dicho Ynga porque más del año rrecidía allá. Y otros dizen que no le conquistó, cino que hizo amistad y conpañía. Y rreynó seys Yngas ochocientos y cincuenta y nueue años; sucidió Yauar Uacac Ynga. EL SÉTIMO INGA, Yauar Uacac Ynga: Tenía su arma y selada uma chuco de color encarnado anas pacra , masca paycha, su conga cuchona en la mano derecha y su uallcanca en la esquierda y su manta de morado yscuro y su camexeta del medio dos betas de tocapo y hacia ariua todo de tocapo y lo de auajo los lados de colorado y negro y sus quatro ataderos de los pies. Pequeño de cuerpo, anchete y rrecio y fuerte y sabio y pacible, algo grande de los ojos, amigo de los pobres y de múcica y enemigo de los rricos, el que comensó ayunar y penitencia por las pistelencias que comensó primero. Y mandó sacrificar haziendo ayunos y uigilias a los ýdolos y hizo prociciones, echando del pueblo a las enfermedades y pestilencias, tirando con hondas de fuego por las ciudades y uillas y pueblos deste rreyno. Y fue cazado con Ypa Uaco Mama Machi, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y treynta y nueue años. Y dejó conquistado demás de su padre que conquistó Conde Suyo, Parina Cochas, Poma Tanbo, Lucanas, Andamarcas, Soras y la prouincia de los Changas. Y tubo ynfantis, hijos lexítimos Ynga Maytac, Mama Yunto Cayan, coya, Ynga Urcon Ranga, Uira Cocha Ynga y otros que se murieron. Y tubo otros hijos muy muchos uastardos auquiconas y hijas uastardas nustaconas y los uastardos salieron capitanes cincheconas. Reynaron ciete Yngas nouecientos y nouenta y ocho años y susedió en el rreyno su hijo lexítimo Uira Cocha Ynga. EL OTABO INGA, Uira Cocha Ynga: Tenía su arma y selada uma chuco de azul y su pluma y masca paycha anas pacra y su chanbi en su mano derecha y su rrodela en la esquierda y su manta de rrosado blanquícino y su camegeta de todo de tocapo y quatro ataderos de los pies. Gentil hombre, blanco de cuerpo y rrostro y tenía unas pocas de barbas y tenía buen corasón. Este dicho Ynga adoraua mucho al Ticze Uira Cocha [señor fundamental o primario]. Y dizen que quiso quemar todos los ýdolos y uacas del rreyno, que su muger le auía estoruado y le dixo que no lo pronunciase la sentencia, que muriría ci herraua la ley de sus antepazados Apus Quis yngas. Creyýa más en Ticze Uira Cocha. Y tenía muy muchos capitanes y hazía gente. Mandaua que todos fuesen bien tratados el que comensó a hazer grandes fiestas y pascuas y holgarse en la fiesta en las plasas y fiesta de ýdolos. Y criyýa que abía otro mundo en otros rreynos de Uira Cocha, que ací lo llamaron que abían de uenir a rraynar. Y ací quizo su padre llamalle Uira Cocha Ynga. Y fue grandícimo justicia a los culpados y a las adúlteras mugeres o forzadores; luego sentenciaua a muerte. Demás de la conquista de su padre, conquistó Soras, Andamarcas, Lucanas, Angarays, Tanquiua, Bilcas Guaman hasta Taya Caxa, Guaman Xauxa, Hanan [y] Lurin Guanca, Yauyos y algunos Yungas. Fue cazado con Mama Yunto Cayan, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y ueynte y quatro años. Y dejó el tenplo del sol, todo de oro maciso. Y tubo ynfantes hijos Pachacuti Ynga Yupanqui y Mama Ana Uarque, coya, Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga y otros hijos uastardos. Reynó ocho Yngas mil y ciento y ue[y]nte y dos años y susedió Pachaquti. EL NOVENO INGA, Pachacuti Ynga Yupanqui: Tenía sus armas y su llauto de rrozado y su masca paycha y su pluma. Tiraua a su enemigo con una honda, con su piedra de oro con la mano derecha y con la esquierda con su rrodela se guardaua. Y su manta de uerde y su camegeta desde el cuello hacia los pies dos betas de tocapo, a los lados de color naranxado llano. Fue gentil hombre, alto de cuerpo, rredondo de rrostro, alocado, tronado, unos ojos de león. Todo su hazienda no era suyo, gran comedor y ueuía mucho, amigo de guerra y cienpre salía con bitoria, el que hizo comensar templos de dioses ýdolos, uacas, ydeficó casas de uírgenes acllaconas, ací de las mugeres como de los hombres. Y fundó pontífeses ualla uiza, conde uiza; hicheseros laycaconas; saserdotes y confesores. Y conpuso fiestas y meses y pascuas y danzas. Y mandó matar a los hicheseros falsos y a los dichos salteadores y a las dichas adúlteras y castigaua de pecados públicos muy mucho. Y hizo mucha hazienda de tenplos ýdulos. En su tienpo deste dicho Ynga abía muy mucho mortansa de yndios y hambre y sed y pistelencia y castigo de Dios, que no llouió ciete años; otros dizen que dies años. Y abía tenpestades, lo más tienpo era todo llorar y enterrar defuntos. Y ací este dicho Ynga se llamó Pachacuti Ynga, grandícimos castigos de Dios en este rreyno y en el mundo, el qual por el pecado ydúlatra del Ynga castigó Dios. Como fue el castigo del ángel Luysber y se hizo Luzefer y de todos sus seguases, castigo del primer hombre con las aguas del [di]lubio. Como a la ciudad de Sodoma tragó en cinco pedasos la tierra. Como las cinco ciudades que ardió con llamas del cielo y el de Dauid por su adulterio y el de Saúl por su desobedencia, el de Helí por la neglegencia en castigar a sus hijos, el de Anauías y Zaphera por su auaricia y el de Nabuchodonosor por su soberuia. Como el castigo de las penas del purgatorio y del ynfierno ques mayor castigo que nunca se acaua. Y ací en este rreyno castigaua Dios muy mucho, aún yerua no se halló. Y en todo el mundo fue castigado en este tienpo y en Jerosalem los ciete años de hambre y se comían sus hijos y se lo abrían la barriga de los pobres de que se sustentauan para sauer lo que comía. Y se sustentauan con una yerua llamado chucan y pinau. Este dicho Ynga conquistó demás de la conquista de su padre la prouincia de Chile, Chaclla, Chinchay Cocha, Tarma, Yaucha y parte de los llanos, yndios Yungas. Y fue casado con Mama Ana Uarque. Y murió en el Cuzco de edad de ochenta y ocho años. Y fue rrico. Y tubo ynfantes hijos Mama Ocllo, Topa Ynga Yupanqui, Cuci Uanan Chire Ynga, Mango Ynga, Topa Amaro Ynga, Maytac Ynga. Y tubo otros hijos y hijas uastardos auquicona, nustaconas. Reynó nueue Yngas mil y dozientos y dies años. EL DÉCIMO INGA, Topa Ynga Yupanqui: Tenía su selada uma chuco azul escuro anas pacra, masca paycha y su chanbi y uallcanca y su manta de torne azul y su camegeta de todo de tocapo y quatro ataderos a los pies. Muy gentil hombre, alto de cuerpo y muy gran sauio y muy entonado, pas y amigo con los prencipales y caualleros y amigo de fiestas y uanquetes, amigo de honrrar a las mugeres prencipales y grandícimo hombre de guerra, enemigo de mentirosos; que por una mentira, lo mandaua matar. El que comensó a mandar que aderesasen todos los caminos rreales y puentes. Y puso correones hatun chasque [postillón principal], churo chasque [mensajero de caracol] y mezones. Y mandó que ubiese corregidores, tocricoc; alguaziles, uata camayoc; oydores, prisidente, consejo destos rreynos, Tauantinsuyo camachic. Y tubo azesor yncap rantin rimac; procurador y protetor runa yanapac ; secretario yncap quipocnin c escribano; Tauantinsuyo quipoc contador; hucha quipoc [contador de incumplimientos]. Y puso otros oficios y hablaua con todos los ýdolos uacas cada año. Y por suerte del demonio sauía todo Castilla y Roma y Jerusalén y Turquía. Y mandó mojonar todos los mojones destos rreynos de los pastos y chacaras [sementera] y montes y rreduzir pueblos. Y honrraua a los grandes señores y hazía mucha merced y mucha limosna. Y mandaua guardar las dichas hordenansas antiguas y después por ella hizo otras hordenansas. Y comensó hazer su hazienda y comunidad y depócitos con mucha horden, qüenta y quipo en todo el rreyno. Demás de la conquista de su padre conquistó la mitad de la sobra Guanoco Allauca, Chinchay Cocha, Tarma, toda la cordellera de Lima, Huno G[u]ayllas, un millón de yndios; Conchuco, Caxatanbo. Y fue casado con Mama Ocllo. Y murió en el Cuzco de edad de duzientos años de puro uiejo. Murió comiendo y dormiendo; no sintió la muerte. Y en su uida gouernó cincuenta años el capac apo [señor poderoso] Guaman Chaua, nieto de Yaro Bilca, Allauca Guanoco, agüelo de capac apo don Martín de Ayala y de su hijo, el autor don Felipe Guaman Poma de Ayala. Y tubo este dicho Ynga ynfantes, hijos lexítimos Apo Camac Ynga, Ynga Urcon, Auqui Topa Ynga, Uiza Topa Ynga, Amaro Ynga, Otorongo Achachi Ynga, Tupa Guallpa, Mama Uaco, Cuci Chinbo, Ana Uarque, Raua Ocllo, Guayna Capac, y Curi Ocllo fue el más menor. Y tubo otros hijos y hijas uastardas auquiconas, nustaconas. Reynó dies Yngas mil y quatrocientos y dies años. Sucidió Guayna Capac Ynga. Hija menor Curi Ocllo. EL ONZENO INGA, Guayna Capac Ynga: Tenía su selada uma chuco de azul anas pacra y su masca paycha y su chanbi y uallcanca. Y tenía su manta de azul y la camegeta desde el medio hazia arriua uerde y naranjado y lo de auajo azul y blanco agedrezado y quatro borlas ataderos de los pies. Y de la cara hermoso y gentil hombre, blanco, muy onrrado, amigo de todos. Quizo hablar con todo sus ýdolos y guacas del rreyno. Dizen que nenguno de ellos no le quizo rresponder a la pregunta. Y ací le mandó matar y quebrar a todos los ýdolos. Dio por libre a los ýdolos mayores Paria Caca y a Caruancho Uallollo; Paucar Colla, Puquina, Quichi Calla, Coro Pona, Saua Ciray, Pito Ciray, Carua Raso, Ayza Bilca y el sol y la luna. Estos quedaron y lo demás se quebró porque no quizo rresponder a la pregunta. Dizen que fue este Guayna Capac muy menor de todos ellos. Cómo entraron al tenplo del sol para que lo elexieran el sol su padre por rrey, Capac Apo Ynga. En tres ueses que entraron al sacreficio no les llamó; en los quatro le llamó su padre el sol y dixo Guayna Capac. Entonses tomó la bolla y masca paycha y se leuantó luego. Y luego le mandó matar a dos ermanos suyos y luego le obedecieron. Y demás de la conquista de su padre, conquistó Cañaris, Cayanbis, Ciccho, yndios Pastos, Puruuay, Chachapoyas, Guanca Bilcas, Quillay Cinga. A otro señor llamado Apo Pinto, Guayna Pinto acabó de conquistar todos los pueblos y ciudades y uillas hasta llegar a la ciudad de Nobo Reyno y llebó concigo EL DOZENO INGA, Guascar Ynga: Topa Cuci Gualpa se llamó este dicho Ynga. Fue elegido y nombrado de su padre el sol y fue legítimo y mayor eredero de todo el rreyno deste Pirú, Capac Apo Ynga. Este dicho Ynga tenía su selada uma chuco [casco], anas pacra, masca paycha [borla real] y su chanbi [porra] y uallcanca [escudo]. Tenía su manta de azul claro y su camegeta torne azul en medio tres tocapus [paño de labor tejido] y lo de auajo uerde y quatro ataderos a los pies. Y tenía su rrostro morenete y largo, sancudo y feo y de malas entrañas. Desde el ualle de Xauxa, yndios Guancas, gouernó y rreynó este dicho Ynga. Y era muy brabo y miserable y no tubo hijos legítimos ni uastardos alguno, ni muger ni hombre. Y fue cazado con Chuqui Llanto, coya. Y murió de edad de ueynte y cinco años en el aciento de Andamarca en las manos de su enemigo. Le hizo justicia los dichos capitanes Challco Chima Ynga, Quis Quis Ynga por mandado de su ermano uastardo Atagualpa Ynga. Y, que teniendo preso, le hazían burla. Le dieron a comer bazura y zuciadad de persona y de perros. Y por chicha le dieron de ueuer meados de carnero y de personas. Y por coca le presentaron petaquillas de hoja de chillca [una mata] y por llipta [ceniza para mascar con coca] le dieron suciedad de persona majado. Chocarreauan con él. Y ancí, después de auer muerto Uascar Ynga, fueron a la ciudad del Cuzco y le mató a todos sus linages yngas, auquiconas y nustas hasta las dichas preñadas. EL DOZENO INGA Dozientos y ciento y cinqüenta años duraron sus uidas porque tenían una horden y rregla de ueuir y criar sus hijos. Cuando muchacho no le dexaua comer cosa de sebo ni cosa de miel ni agí ni sal ni uinagre ni le dexauan ueuer chicha ni dormía con muger hasta tener cincuenta años ni se sangraua. Y se purgaua cada mes con tres pares de bilca tauri [purgante de Tawri] y otro tanto que pesase de maca [tubérculo] y tomaua por la boca la mitad y la mitad se echaua melecina; con esto aumentó salud y uida. Hasta treynta años no tenía muger ni marido ni cargo y ací tenían muy mucha fuerza. Letor de los Yngas: Aués de uer desde el comienso de Mango Capac Ynga hasta que se acabó el lexítimo Uascar Ynga. ¡O perdido Ynga!, ací te quiero dezir porque desde que entrastes fuestes ydúlatra, enemigo de Dios porque no as seguido la ley antigua de conoser al señor y criador Dios, hazedor de los hombres y del mundo, que es lo que llamaron los yndios antigos Pacha Capac [creador del universo], dios Runa Rurac [hacedor del hombre]. Que ací lo conocieron que ací lo decía los primeros Capac Apo Yngas antigos. Ací lo llamaron a Dios que es lo que entró en los corasones de bosotros y de buestra agüela Mama Uaco, coya, Mango Capac Ynga. Entró los demonios, mala serpiente, y te a hecho maystro y herroniaco ydúlatra, guaca mucha [adorador]. Y te a puesto y enpremido la ley de ydúlatra y seremonias, aunque no la hizistes dexar los dies mandamientos y las buenas obras de misericordia. Ací dexárades de la ydúlatra y tomárades lo de Dios que fuera de bosotros; fuérades grandes santos del mundo. Y desde agora seruí a Dios y a la uirgen María y a sus santos. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] l0ov1xuf0cg4md5ymk9zx66yfvay24e 1665662 1665621 2026-06-21T01:24:02Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665662 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 6: El capítulo de los Yngas |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} TOCAI CAPAC, PRIMER INGA: La primera historia de los primer rrey Ynga que fue de los dichos legítimos dezendientes de Adán, Eua y multiplico de Nué, y de primer gente de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa: Daquí salió Capac Ynga, Tocay Capac, Pinau Capac, primer Ynga , y se acabó esta generación y casta, y de las armas propias que ellos pintaron y se nombraron las más uerdaderas. Cómo del primer coronista fue declarado hijo del sol, Yntip Churin: Primero dixo que era su padre el sol y su madre la luna y su ermano el luzero. Y su ýdolo fue Uana Cauri, y adonde digeron que sallieron fue llamado Tanbo Toco y por otro nombre le llamó Pacari Tanbo. Todo lo dicho adoraron y sacrificaron. Pero el primer Ynga, Tocay Capac, no tubo ýdolo ni serimonias; fue linpio de eso hasta que comensó a rreynar su madre y muger de Mango Capac Ynga y su casta. Fueron de los amaros y serpientes, que todo lo demás es coza de burla lo que dizen y pintan de los dichos Yngas. Estos dichos Yngas se acauaron y comensó a rreynar Mango Capac Ynga: Que este dicho Ynga desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Puron Runa y de Auca Runa no tubo pueblo ni tierra ni chacara [sementera] ni fortaleza ni casta ni parientes antigualla, pacarimoc (?). La segunda arma del Ynga que le pintan: El primero, quiquixana [?]; el segundo, un árbol chunta [palmera] y detrás del árbol, otorongo [jaguar]; el terzero, masca paycha [borla real]; el quarto, dos amaros [serpiente] con unas borlas en la boca. Esto se pinta del bestido y de su pluma y de su nombre que ellos se nombraron Otorongo Amaro Ynga. Dizen que ellos binieron de la laguna de Titicaca y de Tiauanaco y que entraron en Tanbo Toco y dallí salieron ocho hermanos Yngas, quatro uarones: el primero, Uana Cauri Ynga; el segundo, Cuzco Uanca Ynga; el terzero, Mango Capac Ynga; el quarto, Tupa Ayar Cachi Ynga. Y las quatro ermanas: El primero, Tupa Uaco, nusta [princesa]; el segundo, Mama Cora, nusta; el terzero, Curi Ocllo, nusta; el quarto, Ypa Uaco, nusta. Estos ocho hermanos salieron de Pacari Tanbo y fueron a su ýdolo uaca de Uana Cauri, beniendo de Collau [a] la ciudad del Cuzco. Primero fue llamado Aca Mama, después fue llamado Cuzco. Y ancí mandó el Ynga que adorasen y sacrificasen a sus pacaricos [lugar de origen] y uacas de los serros y cueuas, peñas. Que todos los que tienen orexas se llaman yngas, pero no son perfetos, cino son yndios pobres y gente uaja ni son caualleros, cino picheros. Destos dichos que tienen orexas, sólo uno fue rrey Ynga primero, Mango Capac. Por eso le nombró capac [poderoso]; que dezir ynga es común, no es rrey, cino capac apo quiere dezir rrey. Y ací fue primero el Ynga Mango Capac, el segundo, Anta ynga, Caca Guaroc ynga, Quiuar ynga, Masca ynga, Tanbo ynga (?). MANGO CAPAC INGA: Desde el primer Ynga Mango Capac Ynga que rreynó ciento sesenta años con el comienso y con el postrer Topa Cuci Gualpa Uascar Ynga lexítimo y de su ermano uastardo Atagualpa Ynga y desde que comensó a rreynar los dichos Yngas y acabar su rreyno, como se acabó y consumió su rreyno, los dichos lexítimos de derecho que rreynaron mil y quinientos y quinze años de señorear en la tierra estos dichos Yngas y rreys. Y ellos comensaron a adorar ýdulos uacas y demonios. Y se acauaron ellos y sus uacas y demonios y conquistaron estos dichos Yngas la mitad del Pirú y la mitad está por conquistar hacia la montaña. Que desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa hasta esta gente de Ynca Pacha [la era de los Inka] y hasta acauar el Ynga fueron seys mil años. El dicho Ynga duraron su rreyno no más de mil quinientos y quinze años desde el tienpo del Ynga Cinche Roca Ynga hasta oy, desde el nacimiento de Nuestro Señor Cristo y Saluador Jesucristo a mil y saycientos treze años. Mango Capac Ynga, el primer padre de los dichos Yngas, tenía su llauto [cíngulo] uerde y su pluma de quitasol y su orexa de oro fino, masca paycha [borla real], uayoc tica [flor ornamental] y en la mano derecha su conga cuchona [hacha] y en la ysquierda un quitasol y su manta de encarnado y su camegeta arriua colorado y en medio tres betas de tocapo [paño de labor tejido] y lo de auajo azul claro y dos ataderos en los pies. Y este Ynga ydeficó Curi Cancha, templo del sol. Comensó a adorar el sol y luna y dixo que era su padre. Y tenía suxeto todo el Cuzco cin lo de fuera y no tubo guerra ni batalla, cino ganó con engaño y encantamiento, ydúlatras. Con suertes del demonio comensó a mochar [adorar] uacas ýdulos. Y se casó, dando dote al sol y a la luna con su muger que era su madre, la señora Mama Uaco, coya, por mandado de los uacas y demonios. Y murió de edad de ciento y sesenta años en el Cuzco. Y fue muy gintil [sic] hombre, sauía muchas suertes y mañas y era pobrícimo. Y tenía ynfantes, hijos lexítimos Cinche Roca Ynga, Chinbo Urma, coya, Ynga Yupanqui, Pachacuti Ynga. Y tubo muchos uastardos y uastardas, auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] en el Cuzco. CINCHI ROCA INGA: Feruente y gintil [sic] hombre: Tenía su llauto [cíngulo] de colorado y su pluma de quitasol y su camigeta rrozado con su auaqui [tejido] y en medio tres betas de tocapo [paño de labor tejido] b y lo de auajo colorado y su manta de encarnado claro y en la mano derecha su conca cuchuna [hacha] y en la esquierda su rrodela y chanbi [porra de pelear] y en los pies los quatro ataderos. Fue muy gentil hombre y tenía rrostro de brabo, morenete. Gouernó el Cuzco y conquistó todo los orexones y ganó todo Colla Suyo: Hatun Colla, Puquina Colla, Pacaxi, Quispi Llacta, Poma Cancha, Hatun Conde, Cullaua Conde. Y este dicho Ynga mató al primer Ynga legítimo, desendiente de Adán y de Eua y de Uari Uira Cocha Runa, al rrey primero Tocay Capac, Pinau Capac Ynga. Desde Xacxa Uana hasta Quiqui Xana a los yndios Chilques, Acos no auía sugetado ni conquistado. Fue conquistado primero con poca gente los yndios Collas por ser floxos y puzilánimos, gente para poco. Y lo mandó y dio por ley y mandamiento para que adorasen las uacas ýdolos y que sacrificasen. Y ací entró los demonios a la prouincia del Collau primero. Y fue este dicho Ynga gran hombre de guerra y comensó a rrequezer. Y fue cazado con Chinbo Urma, coya [reina]. Este dicho Ynga murió en el Cuzco de edad de ciento y cincuenta y cinco años. Y dejó mucha rrequiesa al tenplo del sol y a las dichas uacas. Y tubo ynfantis hijos Mama Cora Ocllo, coya, y Lloqui Yupanqui Ynga, Uari Tito Ynga, Topa Amaro Ynga. Y tenía muy muchos hijos bastardos auquicona y hijas nustaconas. Como dicho es, quando fue de edad de ochenta años desde que nació Cinche Roca Ynga, nació Nuestro Señor y Saluador Jesucristo. Y en su uida subió a los cielos y abajó el Espíritu Santo en los apóstoles. Y ací se rrepartió por el mundo los apóstoles. Y ací le cupo al apóstol San Bartolomé estas Yndias deste rreyno del Pirú y ancí bino a este rreyno el dicho apóstol. Reynó dos Yngas treziento y quinze años. IESVCRISTO: Del nacimiento de Nuestro Señor y Saluador del mundo Jesucristo: Nació en tienpo y rreyno Cinche Roca Ynga quando fue de edad de ochenta años. Y, en su tienpo de Cinche Roca Ynga, padeció mártir y fue crucificado y muerto y sepultado y rresucitó y subió a los cielos y se asentó a la diestra de Dios Padre. Y enbió al Espíritu Santo para dalle su gracia a los santos apóstoles para que fuese a todo el mundo a predicar su euangelio. Y ací le cupo la suerte al santo apóstol San Bartolomé y salió al Collao. Y por sus santos milagros dejó la santa crus de Carabuco. Y hasta fin de los Yngas y muerte de Guascar Ynga lixítimo y de su ermano Atagualpa Ynga uastardo y hasta este tienpo de los susodichos y desde Mango Capac Ynga comensó y acabó y rreynó mil y quinientos y quareynta y ocho años, quitado los ochenta del nacimiento del Ynga Cinchi Roca y de Mango Capac Ynga los dichos ciento y sesenta, que los dichos dos Yngas dozientos y quarenta años, que son de los susodichos dos Yngas desde el nacimiento de Nuestro Saluador Jesucristo a mil y seycientos y treze. Y rreynando Cinche Roca Ynga y muerto, susedió su hijo lexítimo Lloque Yupanqui, Ynga en el rreyno. MILAGRO DE DIOS: El primer milagro que hizo Dios en este rreyno por su apóstol San Bartolomé es como se cigue: En el pueblo de Cacha, de cómo abrasase con el fuego del cielo por el mal y apedreado y con hondas, comensado para matalle y echalle al santo y de su milagro de Dios en aquella prouincia por el apóstol San Bartolomé y de una marauillosa cingular de obra de santa crus y conberción de un yndio natural de Carabuco llamado Anti, que después se bautizó y se llamó Anti Uira Cocha. Caminando San Bartolomé de la prouincia llamada en el Collao, se metió en la cueua que fue en el tienpo de frío. El yndio hichesero Anti tenía dentro de la dicha cueua su ýdulo que le hablaua. Y no le rrespondió el diablo questaua en la cueua; ya nostauaua allí por auerse entrado el señor San Bartolomé. Y no rrespondió a la dicha pregunta y, como calló el peñasco de los sacrificios, se espantó y ci fue. Y de ello en sueños les apareció el demonio y le dijo que de ninguna bía y manera podía entrar en la dicha cueua, desto con enojo. Luego ciguió al bienauenturado San Bartolomé y le alcansó y le dixo todo lo que pasó. Y mandó San Bartolomé que tornase a la dicha cueua y luego le tornase a hablar a su ýdolo, la questaua en la dicha cueua. Y tornó y le habló y le rrespondió y le dixo el demonio que el dicho hombre pobre podía más que no él con todo lo que sauía. Uista esta rrespuesta, luego tornó otra ues el yndio hichesero Anti al dicho apóstol San Bartolomé y le ciguió de todo corasón y le alcansó y le abrasó y le besó las manos (?) EL TERZERO INGA, Lloqui Yupanqui Ynga: Tenía su guaman chanbi [porra del halcón] en la mano derecha y su rrodela en la ysquierda y su llauto de colorado y su masca paycha y su manta de amarillo, la camegeta de las dos partes de morado, en medio tres betas de tocapo y dos ataderos en los pies. Y conquistó al pueblo de Maras al Ynga Tocay Capac, al quien le quebró dos dientes de fuera a su padre Cinche Roca, y demás que tenía ganado su padre. Y tenía las narises corcobados y los ojos grandes y labio y boca pequeñas y prieto de cuerpo y feo y mal ynclinado y mizerable. Y ací no hizo nada y era para poco y sus bazallos huýan de uelle la cara. Y fue cazado con Mama Cora Ocllo, coya, y murió en el Cuzco de edad de ciento y treynta años. Y tubo hijos ynfantis Ynga Cuci Uanan Chiri y Mayta Capac Ynga, Chinbo Urma Mama Yachi, coya. Y tubo otros hijos lexítimos que se murieron: Curi Auqui Ynga, Runto Auqui Ynga, Cuci Chinbo, coya. Y tubo otros muy muchos hijos uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] uastardas. Reynaron tres Yngas, su agüelo Mango Capac y su padre Cinche Roca Ynga, rreynaron quatrocientos y quarenta y cinco años y se acauaron. Reynó su hijo Mayta Capa Ynga lexítimo. EL QVARTO INGA, Mayta Capac: Tenía sus armas y zelada uma chuco de azul escuro yanas pacra y su masca paycha [borla real] y conga cuchuna [hacha], ualcanca [escudo] y su manta de encarnado y de su camexeta de hazia arriua azul y del medio tres betas de tocapo d y de auajo caxane [camiseta axedrezada de cumbi] con blanco y uerde y colorado y quatro ataderos de los pies. Y fue muy feo hombre de cara y pies y manos y cuerpo, delgadito, friolento, muy apretado. Con todo eso, brabícimo, melancólico. Y conquistó demás que tenía su padre hasta Potocí y Charca y muchas prouincias y pueblos. Y fue cazado con Chinbo Urma Mama Yachi. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y ueynte años y dejó rriquiesas a su ýdolo Guana Cauri. Y tubo hijos ynfantes Chinbo Ucllo Mama Caua, Apo Maytac Ynga, Uilcac Ynga, Uiza Topa Ynga, Capac Yupanqui Ynga, Curi Ucllo. Y tubo otros hijos bastardos auquiconas [príncipes] y hijas bastardas nustaconas [princesas] que fueron muy muchos. Y tenía una hija que le quería muy mucho, y ací le llamó Ynquillay Coya. Reynaron quatro Yngas quinientos y sesenta y cinco años; después susedió su hijo lexítimo Capac Yupanqui Ynga. EL QVINTO INGA, Capac Yupanqui Ynga: Tenía sus armas y su selada uma chuco de uerde anas pacra y su masca paycha y su guaman chanbi [porra] y uallcanca [escudo] y su manta de encarnado mescla de colorado y su camexeta de hazia arriua azul escuro y lo del medio un tocapu y lo de auajo uerde y en los pies sus quatro ataderos. Y medianito de cuerpo, cara larga, auariento, poco sauer, el que enuentó a brindar a su padre el sol y mandó dar de comer a los ýdolos y uacas [divinidad local] y mandaua enterrar baxillas. Y este dicho Ynga mandó descubrir todas las minas de oro y plata, azogue, limpi [lacre], ychima [un colorante] , cobre, estaño y de todas las colores. Dizen que a este dicho Ynga les enseñaua los demonios por donde lo supo todo. Y demás de la conquista que tenía su padre, conquistó más yndios Quichiuas, Aymara. Fue cazado primero con Chinbo Ucllo Mama Caua que tubo mal de corasón, comía a las gentes. Y ací pedió otra muger para rraynar, gouernar la tierra. Dizen que el sol mandó cazarse otra ues con Cuci Chinbo Mama Micay, coya, Curi Ocllo. Y murió de edad de ciento y quarenta años. Y tubo ynfantes hijos lexítimos Auqui Topa Ynga, Ynga Yupanqui, Cuci Chinbo Mama Micay, coya, Ynga Roca, Ynti Auqui Ynga, Capac Yupanqui Ynga Yllapa. Y tubo otros hijos auquiconas uastardos y hijas nustaconas uastardas. Y fue muy [e]namorado este dicho Ynga de las mugeres capac ome [señoras aymaras] y de uayro [?]. Reynó cinco Yngas setecientos y cinco años y sucidió Ynga Roca. EL SESTO INGA, Inga Roca y su hijo: Este dicho Ynga tenía su llauto encarnado y su pluma de quitasol, masca paycha [borla real]. Con la derecha mano tenía su hijo y con la ysquierda tenía su conga cuchuna [hacha] y su uallcanca [escudo] . Y se llamaua el hijo se llamaua Guaman Capac Ynga. Era muy querido hijo y ací no le dexaua de la mano porque era muy niño y menor, con su manta de rrozado, camegeta de negro y dos betas de tocapo [paño de labor tejido] c y su llauto de colorado. Y la manta del dicho su padre fue uerde claro y lo de auajo azul escuro y tres betas de tocapo y lo de auajo amarillo y azul y quatro ataderos de los pies. Fue hombre largo y ancho, fuerte y gran hablón y hablaua con trueno, gran xugador y putaniero, amigo de quitar hazienda de los pobres. Demás de la conquista de su padre conquistó todo Ande Suyo. Dizen que se tornaua otorongo [jaguar] él y su hijo. Y ací conquistó todo Chuncho. Y fue casado con Cuci Chinbo Mama Micay, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y cinquenta y quatro años. Y dejó enfantes hijos lexítimos Yauar Uacac Ynga, Ypa Uaco Mama Machi, Apo Camac Ynga. Esto dicho Ynga comensó a comer coca y la prendió en los Andes y ací le enseñó a otros yndios en este rreyno. Y tubo otros hijos uastardos auquiconas y hijas nustaconas. Y dizen que en los Chunchos tiene hijos y casta deste dicho Ynga porque más del año rrecidía allá. Y otros dizen que no le conquistó, cino que hizo amistad y conpañía. Y rreynó seys Yngas ochocientos y cincuenta y nueue años; sucidió Yauar Uacac Ynga. EL SÉTIMO INGA, Yauar Uacac Ynga: Tenía su arma y selada uma chuco de color encarnado anas pacra , masca paycha, su conga cuchona en la mano derecha y su uallcanca en la esquierda y su manta de morado yscuro y su camexeta del medio dos betas de tocapo y hacia ariua todo de tocapo y lo de auajo los lados de colorado y negro y sus quatro ataderos de los pies. Pequeño de cuerpo, anchete y rrecio y fuerte y sabio y pacible, algo grande de los ojos, amigo de los pobres y de múcica y enemigo de los rricos, el que comensó ayunar y penitencia por las pistelencias que comensó primero. Y mandó sacrificar haziendo ayunos y uigilias a los ýdolos y hizo prociciones, echando del pueblo a las enfermedades y pestilencias, tirando con hondas de fuego por las ciudades y uillas y pueblos deste rreyno. Y fue cazado con Ypa Uaco Mama Machi, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y treynta y nueue años. Y dejó conquistado demás de su padre que conquistó Conde Suyo, Parina Cochas, Poma Tanbo, Lucanas, Andamarcas, Soras y la prouincia de los Changas. Y tubo ynfantis, hijos lexítimos Ynga Maytac, Mama Yunto Cayan, coya, Ynga Urcon Ranga, Uira Cocha Ynga y otros que se murieron. Y tubo otros hijos muy muchos uastardos auquiconas y hijas uastardas nustaconas y los uastardos salieron capitanes cincheconas. Reynaron ciete Yngas nouecientos y nouenta y ocho años y susedió en el rreyno su hijo lexítimo Uira Cocha Ynga. EL OTABO INGA, Uira Cocha Ynga: Tenía su arma y selada uma chuco de azul y su pluma y masca paycha anas pacra y su chanbi en su mano derecha y su rrodela en la esquierda y su manta de rrosado blanquícino y su camegeta de todo de tocapo y quatro ataderos de los pies. Gentil hombre, blanco de cuerpo y rrostro y tenía unas pocas de barbas y tenía buen corasón. Este dicho Ynga adoraua mucho al Ticze Uira Cocha [señor fundamental o primario]. Y dizen que quiso quemar todos los ýdolos y uacas del rreyno, que su muger le auía estoruado y le dixo que no lo pronunciase la sentencia, que muriría ci herraua la ley de sus antepazados Apus Quis yngas. Creyýa más en Ticze Uira Cocha. Y tenía muy muchos capitanes y hazía gente. Mandaua que todos fuesen bien tratados el que comensó a hazer grandes fiestas y pascuas y holgarse en la fiesta en las plasas y fiesta de ýdolos. Y criyýa que abía otro mundo en otros rreynos de Uira Cocha, que ací lo llamaron que abían de uenir a rraynar. Y ací quizo su padre llamalle Uira Cocha Ynga. Y fue grandícimo justicia a los culpados y a las adúlteras mugeres o forzadores; luego sentenciaua a muerte. Demás de la conquista de su padre, conquistó Soras, Andamarcas, Lucanas, Angarays, Tanquiua, Bilcas Guaman hasta Taya Caxa, Guaman Xauxa, Hanan [y] Lurin Guanca, Yauyos y algunos Yungas. Fue cazado con Mama Yunto Cayan, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y ueynte y quatro años. Y dejó el tenplo del sol, todo de oro maciso. Y tubo ynfantes hijos Pachacuti Ynga Yupanqui y Mama Ana Uarque, coya, Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga y otros hijos uastardos. Reynó ocho Yngas mil y ciento y ue[y]nte y dos años y susedió Pachaquti. EL NOVENO INGA, Pachacuti Ynga Yupanqui: Tenía sus armas y su llauto de rrozado y su masca paycha y su pluma. Tiraua a su enemigo con una honda, con su piedra de oro con la mano derecha y con la esquierda con su rrodela se guardaua. Y su manta de uerde y su camegeta desde el cuello hacia los pies dos betas de tocapo, a los lados de color naranxado llano. Fue gentil hombre, alto de cuerpo, rredondo de rrostro, alocado, tronado, unos ojos de león. Todo su hazienda no era suyo, gran comedor y ueuía mucho, amigo de guerra y cienpre salía con bitoria, el que hizo comensar templos de dioses ýdolos, uacas, ydeficó casas de uírgenes acllaconas, ací de las mugeres como de los hombres. Y fundó pontífeses ualla uiza, conde uiza; hicheseros laycaconas; saserdotes y confesores. Y conpuso fiestas y meses y pascuas y danzas. Y mandó matar a los hicheseros falsos y a los dichos salteadores y a las dichas adúlteras y castigaua de pecados públicos muy mucho. Y hizo mucha hazienda de tenplos ýdulos. En su tienpo deste dicho Ynga abía muy mucho mortansa de yndios y hambre y sed y pistelencia y castigo de Dios, que no llouió ciete años; otros dizen que dies años. Y abía tenpestades, lo más tienpo era todo llorar y enterrar defuntos. Y ací este dicho Ynga se llamó Pachacuti Ynga, grandícimos castigos de Dios en este rreyno y en el mundo, el qual por el pecado ydúlatra del Ynga castigó Dios. Como fue el castigo del ángel Luysber y se hizo Luzefer y de todos sus seguases, castigo del primer hombre con las aguas del [di]lubio. Como a la ciudad de Sodoma tragó en cinco pedasos la tierra. Como las cinco ciudades que ardió con llamas del cielo y el de Dauid por su adulterio y el de Saúl por su desobedencia, el de Helí por la neglegencia en castigar a sus hijos, el de Anauías y Zaphera por su auaricia y el de Nabuchodonosor por su soberuia. Como el castigo de las penas del purgatorio y del ynfierno ques mayor castigo que nunca se acaua. Y ací en este rreyno castigaua Dios muy mucho, aún yerua no se halló. Y en todo el mundo fue castigado en este tienpo y en Jerosalem los ciete años de hambre y se comían sus hijos y se lo abrían la barriga de los pobres de que se sustentauan para sauer lo que comía. Y se sustentauan con una yerua llamado chucan y pinau. Este dicho Ynga conquistó demás de la conquista de su padre la prouincia de Chile, Chaclla, Chinchay Cocha, Tarma, Yaucha y parte de los llanos, yndios Yungas. Y fue casado con Mama Ana Uarque. Y murió en el Cuzco de edad de ochenta y ocho años. Y fue rrico. Y tubo ynfantes hijos Mama Ocllo, Topa Ynga Yupanqui, Cuci Uanan Chire Ynga, Mango Ynga, Topa Amaro Ynga, Maytac Ynga. Y tubo otros hijos y hijas uastardos auquicona, nustaconas. Reynó nueue Yngas mil y dozientos y dies años. EL DÉCIMO INGA, Topa Ynga Yupanqui: Tenía su selada uma chuco azul escuro anas pacra, masca paycha y su chanbi y uallcanca y su manta de torne azul y su camegeta de todo de tocapo y quatro ataderos a los pies. Muy gentil hombre, alto de cuerpo y muy gran sauio y muy entonado, pas y amigo con los prencipales y caualleros y amigo de fiestas y uanquetes, amigo de honrrar a las mugeres prencipales y grandícimo hombre de guerra, enemigo de mentirosos; que por una mentira, lo mandaua matar. El que comensó a mandar que aderesasen todos los caminos rreales y puentes. Y puso correones hatun chasque [postillón principal], churo chasque [mensajero de caracol] y mezones. Y mandó que ubiese corregidores, tocricoc; alguaziles, uata camayoc; oydores, prisidente, consejo destos rreynos, Tauantinsuyo camachic. Y tubo azesor yncap rantin rimac; procurador y protetor runa yanapac ; secretario yncap quipocnin c escribano; Tauantinsuyo quipoc contador; hucha quipoc [contador de incumplimientos]. Y puso otros oficios y hablaua con todos los ýdolos uacas cada año. Y por suerte del demonio sauía todo Castilla y Roma y Jerusalén y Turquía. Y mandó mojonar todos los mojones destos rreynos de los pastos y chacaras [sementera] y montes y rreduzir pueblos. Y honrraua a los grandes señores y hazía mucha merced y mucha limosna. Y mandaua guardar las dichas hordenansas antiguas y después por ella hizo otras hordenansas. Y comensó hazer su hazienda y comunidad y depócitos con mucha horden, qüenta y quipo en todo el rreyno. Demás de la conquista de su padre conquistó la mitad de la sobra Guanoco Allauca, Chinchay Cocha, Tarma, toda la cordellera de Lima, Huno G[u]ayllas, un millón de yndios; Conchuco, Caxatanbo. Y fue casado con Mama Ocllo. Y murió en el Cuzco de edad de duzientos años de puro uiejo. Murió comiendo y dormiendo; no sintió la muerte. Y en su uida gouernó cincuenta años el capac apo [señor poderoso] Guaman Chaua, nieto de Yaro Bilca, Allauca Guanoco, agüelo de capac apo don Martín de Ayala y de su hijo, el autor don Felipe Guaman Poma de Ayala. Y tubo este dicho Ynga ynfantes, hijos lexítimos Apo Camac Ynga, Ynga Urcon, Auqui Topa Ynga, Uiza Topa Ynga, Amaro Ynga, Otorongo Achachi Ynga, Tupa Guallpa, Mama Uaco, Cuci Chinbo, Ana Uarque, Raua Ocllo, Guayna Capac, y Curi Ocllo fue el más menor. Y tubo otros hijos y hijas uastardas auquiconas, nustaconas. Reynó dies Yngas mil y quatrocientos y dies años. Sucidió Guayna Capac Ynga. Hija menor Curi Ocllo. EL ONZENO INGA, Guayna Capac Ynga: Tenía su selada uma chuco de azul anas pacra y su masca paycha y su chanbi y uallcanca. Y tenía su manta de azul y la camegeta desde el medio hazia arriua uerde y naranjado y lo de auajo azul y blanco agedrezado y quatro borlas ataderos de los pies. Y de la cara hermoso y gentil hombre, blanco, muy onrrado, amigo de todos. Quizo hablar con todo sus ýdolos y guacas del rreyno. Dizen que nenguno de ellos no le quizo rresponder a la pregunta. Y ací le mandó matar y quebrar a todos los ýdolos. Dio por libre a los ýdolos mayores Paria Caca y a Caruancho Uallollo; Paucar Colla, Puquina, Quichi Calla, Coro Pona, Saua Ciray, Pito Ciray, Carua Raso, Ayza Bilca y el sol y la luna. Estos quedaron y lo demás se quebró porque no quizo rresponder a la pregunta. Dizen que fue este Guayna Capac muy menor de todos ellos. Cómo entraron al tenplo del sol para que lo elexieran el sol su padre por rrey, Capac Apo Ynga. En tres ueses que entraron al sacreficio no les llamó; en los quatro le llamó su padre el sol y dixo Guayna Capac. Entonses tomó la bolla y masca paycha y se leuantó luego. Y luego le mandó matar a dos ermanos suyos y luego le obedecieron. Y demás de la conquista de su padre, conquistó Cañaris, Cayanbis, Ciccho, yndios Pastos, Puruuay, Chachapoyas, Guanca Bilcas, Quillay Cinga. A otro señor llamado Apo Pinto, Guayna Pinto acabó de conquistar todos los pueblos y ciudades y uillas hasta llegar a la ciudad de Nobo Reyno y llebó concigo EL DOZENO INGA, Guascar Ynga: Topa Cuci Gualpa se llamó este dicho Ynga. Fue elegido y nombrado de su padre el sol y fue legítimo y mayor eredero de todo el rreyno deste Pirú, Capac Apo Ynga. Este dicho Ynga tenía su selada uma chuco [casco], anas pacra, masca paycha [borla real] y su chanbi [porra] y uallcanca [escudo]. Tenía su manta de azul claro y su camegeta torne azul en medio tres tocapus [paño de labor tejido] y lo de auajo uerde y quatro ataderos a los pies. Y tenía su rrostro morenete y largo, sancudo y feo y de malas entrañas. Desde el ualle de Xauxa, yndios Guancas, gouernó y rreynó este dicho Ynga. Y era muy brabo y miserable y no tubo hijos legítimos ni uastardos alguno, ni muger ni hombre. Y fue cazado con Chuqui Llanto, coya. Y murió de edad de ueynte y cinco años en el aciento de Andamarca en las manos de su enemigo. Le hizo justicia los dichos capitanes Challco Chima Ynga, Quis Quis Ynga por mandado de su ermano uastardo Atagualpa Ynga. Y, que teniendo preso, le hazían burla. Le dieron a comer bazura y zuciadad de persona y de perros. Y por chicha le dieron de ueuer meados de carnero y de personas. Y por coca le presentaron petaquillas de hoja de chillca [una mata] y por llipta [ceniza para mascar con coca] le dieron suciedad de persona majado. Chocarreauan con él. Y ancí, después de auer muerto Uascar Ynga, fueron a la ciudad del Cuzco y le mató a todos sus linages yngas, auquiconas y nustas hasta las dichas preñadas. EL DOZENO INGA Dozientos y ciento y cinqüenta años duraron sus uidas porque tenían una horden y rregla de ueuir y criar sus hijos. Cuando muchacho no le dexaua comer cosa de sebo ni cosa de miel ni agí ni sal ni uinagre ni le dexauan ueuer chicha ni dormía con muger hasta tener cincuenta años ni se sangraua. Y se purgaua cada mes con tres pares de bilca tauri [purgante de Tawri] y otro tanto que pesase de maca [tubérculo] y tomaua por la boca la mitad y la mitad se echaua melecina; con esto aumentó salud y uida. Hasta treynta años no tenía muger ni marido ni cargo y ací tenían muy mucha fuerza. Letor de los Yngas: Aués de uer desde el comienso de Mango Capac Ynga hasta que se acabó el lexítimo Uascar Ynga. ¡O perdido Ynga!, ací te quiero dezir porque desde que entrastes fuestes ydúlatra, enemigo de Dios porque no as seguido la ley antigua de conoser al señor y criador Dios, hazedor de los hombres y del mundo, que es lo que llamaron los yndios antigos Pacha Capac [creador del universo], dios Runa Rurac [hacedor del hombre]. Que ací lo conocieron que ací lo decía los primeros Capac Apo Yngas antigos. Ací lo llamaron a Dios que es lo que entró en los corasones de bosotros y de buestra agüela Mama Uaco, coya, Mango Capac Ynga. Entró los demonios, mala serpiente, y te a hecho maystro y herroniaco ydúlatra, guaca mucha [adorador]. Y te a puesto y enpremido la ley de ydúlatra y seremonias, aunque no la hizistes dexar los dies mandamientos y las buenas obras de misericordia. Ací dexárades de la ydúlatra y tomárades lo de Dios que fuera de bosotros; fuérades grandes santos del mundo. Y desde agora seruí a Dios y a la uirgen María y a sus santos. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 9ikbklrc954xz3pv1hbv535uft5jbj7 1665702 1665662 2026-06-21T01:34:18Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665702 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 6: El capítulo de los Yngas |autor=Guamán Poma de Ayala }} TOCAI CAPAC, PRIMER INGA: La primera historia de los primer rrey Ynga que fue de los dichos legítimos dezendientes de Adán, Eua y multiplico de Nué, y de primer gente de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa: Daquí salió Capac Ynga, Tocay Capac, Pinau Capac, primer Ynga , y se acabó esta generación y casta, y de las armas propias que ellos pintaron y se nombraron las más uerdaderas. Cómo del primer coronista fue declarado hijo del sol, Yntip Churin: Primero dixo que era su padre el sol y su madre la luna y su ermano el luzero. Y su ýdolo fue Uana Cauri, y adonde digeron que sallieron fue llamado Tanbo Toco y por otro nombre le llamó Pacari Tanbo. Todo lo dicho adoraron y sacrificaron. Pero el primer Ynga, Tocay Capac, no tubo ýdolo ni serimonias; fue linpio de eso hasta que comensó a rreynar su madre y muger de Mango Capac Ynga y su casta. Fueron de los amaros y serpientes, que todo lo demás es coza de burla lo que dizen y pintan de los dichos Yngas. Estos dichos Yngas se acauaron y comensó a rreynar Mango Capac Ynga: Que este dicho Ynga desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Puron Runa y de Auca Runa no tubo pueblo ni tierra ni chacara [sementera] ni fortaleza ni casta ni parientes antigualla, pacarimoc (?). La segunda arma del Ynga que le pintan: El primero, quiquixana [?]; el segundo, un árbol chunta [palmera] y detrás del árbol, otorongo [jaguar]; el terzero, masca paycha [borla real]; el quarto, dos amaros [serpiente] con unas borlas en la boca. Esto se pinta del bestido y de su pluma y de su nombre que ellos se nombraron Otorongo Amaro Ynga. Dizen que ellos binieron de la laguna de Titicaca y de Tiauanaco y que entraron en Tanbo Toco y dallí salieron ocho hermanos Yngas, quatro uarones: el primero, Uana Cauri Ynga; el segundo, Cuzco Uanca Ynga; el terzero, Mango Capac Ynga; el quarto, Tupa Ayar Cachi Ynga. Y las quatro ermanas: El primero, Tupa Uaco, nusta [princesa]; el segundo, Mama Cora, nusta; el terzero, Curi Ocllo, nusta; el quarto, Ypa Uaco, nusta. Estos ocho hermanos salieron de Pacari Tanbo y fueron a su ýdolo uaca de Uana Cauri, beniendo de Collau [a] la ciudad del Cuzco. Primero fue llamado Aca Mama, después fue llamado Cuzco. Y ancí mandó el Ynga que adorasen y sacrificasen a sus pacaricos [lugar de origen] y uacas de los serros y cueuas, peñas. Que todos los que tienen orexas se llaman yngas, pero no son perfetos, cino son yndios pobres y gente uaja ni son caualleros, cino picheros. Destos dichos que tienen orexas, sólo uno fue rrey Ynga primero, Mango Capac. Por eso le nombró capac [poderoso]; que dezir ynga es común, no es rrey, cino capac apo quiere dezir rrey. Y ací fue primero el Ynga Mango Capac, el segundo, Anta ynga, Caca Guaroc ynga, Quiuar ynga, Masca ynga, Tanbo ynga (?). MANGO CAPAC INGA: Desde el primer Ynga Mango Capac Ynga que rreynó ciento sesenta años con el comienso y con el postrer Topa Cuci Gualpa Uascar Ynga lexítimo y de su ermano uastardo Atagualpa Ynga y desde que comensó a rreynar los dichos Yngas y acabar su rreyno, como se acabó y consumió su rreyno, los dichos lexítimos de derecho que rreynaron mil y quinientos y quinze años de señorear en la tierra estos dichos Yngas y rreys. Y ellos comensaron a adorar ýdulos uacas y demonios. Y se acauaron ellos y sus uacas y demonios y conquistaron estos dichos Yngas la mitad del Pirú y la mitad está por conquistar hacia la montaña. Que desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa hasta esta gente de Ynca Pacha [la era de los Inka] y hasta acauar el Ynga fueron seys mil años. El dicho Ynga duraron su rreyno no más de mil quinientos y quinze años desde el tienpo del Ynga Cinche Roca Ynga hasta oy, desde el nacimiento de Nuestro Señor Cristo y Saluador Jesucristo a mil y saycientos treze años. Mango Capac Ynga, el primer padre de los dichos Yngas, tenía su llauto [cíngulo] uerde y su pluma de quitasol y su orexa de oro fino, masca paycha [borla real], uayoc tica [flor ornamental] y en la mano derecha su conga cuchona [hacha] y en la ysquierda un quitasol y su manta de encarnado y su camegeta arriua colorado y en medio tres betas de tocapo [paño de labor tejido] y lo de auajo azul claro y dos ataderos en los pies. Y este Ynga ydeficó Curi Cancha, templo del sol. Comensó a adorar el sol y luna y dixo que era su padre. Y tenía suxeto todo el Cuzco cin lo de fuera y no tubo guerra ni batalla, cino ganó con engaño y encantamiento, ydúlatras. Con suertes del demonio comensó a mochar [adorar] uacas ýdulos. Y se casó, dando dote al sol y a la luna con su muger que era su madre, la señora Mama Uaco, coya, por mandado de los uacas y demonios. Y murió de edad de ciento y sesenta años en el Cuzco. Y fue muy gintil [sic] hombre, sauía muchas suertes y mañas y era pobrícimo. Y tenía ynfantes, hijos lexítimos Cinche Roca Ynga, Chinbo Urma, coya, Ynga Yupanqui, Pachacuti Ynga. Y tubo muchos uastardos y uastardas, auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] en el Cuzco. CINCHI ROCA INGA: Feruente y gintil [sic] hombre: Tenía su llauto [cíngulo] de colorado y su pluma de quitasol y su camigeta rrozado con su auaqui [tejido] y en medio tres betas de tocapo [paño de labor tejido] b y lo de auajo colorado y su manta de encarnado claro y en la mano derecha su conca cuchuna [hacha] y en la esquierda su rrodela y chanbi [porra de pelear] y en los pies los quatro ataderos. Fue muy gentil hombre y tenía rrostro de brabo, morenete. Gouernó el Cuzco y conquistó todo los orexones y ganó todo Colla Suyo: Hatun Colla, Puquina Colla, Pacaxi, Quispi Llacta, Poma Cancha, Hatun Conde, Cullaua Conde. Y este dicho Ynga mató al primer Ynga legítimo, desendiente de Adán y de Eua y de Uari Uira Cocha Runa, al rrey primero Tocay Capac, Pinau Capac Ynga. Desde Xacxa Uana hasta Quiqui Xana a los yndios Chilques, Acos no auía sugetado ni conquistado. Fue conquistado primero con poca gente los yndios Collas por ser floxos y puzilánimos, gente para poco. Y lo mandó y dio por ley y mandamiento para que adorasen las uacas ýdolos y que sacrificasen. Y ací entró los demonios a la prouincia del Collau primero. Y fue este dicho Ynga gran hombre de guerra y comensó a rrequezer. Y fue cazado con Chinbo Urma, coya [reina]. Este dicho Ynga murió en el Cuzco de edad de ciento y cincuenta y cinco años. Y dejó mucha rrequiesa al tenplo del sol y a las dichas uacas. Y tubo ynfantis hijos Mama Cora Ocllo, coya, y Lloqui Yupanqui Ynga, Uari Tito Ynga, Topa Amaro Ynga. Y tenía muy muchos hijos bastardos auquicona y hijas nustaconas. Como dicho es, quando fue de edad de ochenta años desde que nació Cinche Roca Ynga, nació Nuestro Señor y Saluador Jesucristo. Y en su uida subió a los cielos y abajó el Espíritu Santo en los apóstoles. Y ací se rrepartió por el mundo los apóstoles. Y ací le cupo al apóstol San Bartolomé estas Yndias deste rreyno del Pirú y ancí bino a este rreyno el dicho apóstol. Reynó dos Yngas treziento y quinze años. IESVCRISTO: Del nacimiento de Nuestro Señor y Saluador del mundo Jesucristo: Nació en tienpo y rreyno Cinche Roca Ynga quando fue de edad de ochenta años. Y, en su tienpo de Cinche Roca Ynga, padeció mártir y fue crucificado y muerto y sepultado y rresucitó y subió a los cielos y se asentó a la diestra de Dios Padre. Y enbió al Espíritu Santo para dalle su gracia a los santos apóstoles para que fuese a todo el mundo a predicar su euangelio. Y ací le cupo la suerte al santo apóstol San Bartolomé y salió al Collao. Y por sus santos milagros dejó la santa crus de Carabuco. Y hasta fin de los Yngas y muerte de Guascar Ynga lixítimo y de su ermano Atagualpa Ynga uastardo y hasta este tienpo de los susodichos y desde Mango Capac Ynga comensó y acabó y rreynó mil y quinientos y quareynta y ocho años, quitado los ochenta del nacimiento del Ynga Cinchi Roca y de Mango Capac Ynga los dichos ciento y sesenta, que los dichos dos Yngas dozientos y quarenta años, que son de los susodichos dos Yngas desde el nacimiento de Nuestro Saluador Jesucristo a mil y seycientos y treze. Y rreynando Cinche Roca Ynga y muerto, susedió su hijo lexítimo Lloque Yupanqui, Ynga en el rreyno. MILAGRO DE DIOS: El primer milagro que hizo Dios en este rreyno por su apóstol San Bartolomé es como se cigue: En el pueblo de Cacha, de cómo abrasase con el fuego del cielo por el mal y apedreado y con hondas, comensado para matalle y echalle al santo y de su milagro de Dios en aquella prouincia por el apóstol San Bartolomé y de una marauillosa cingular de obra de santa crus y conberción de un yndio natural de Carabuco llamado Anti, que después se bautizó y se llamó Anti Uira Cocha. Caminando San Bartolomé de la prouincia llamada en el Collao, se metió en la cueua que fue en el tienpo de frío. El yndio hichesero Anti tenía dentro de la dicha cueua su ýdulo que le hablaua. Y no le rrespondió el diablo questaua en la cueua; ya nostauaua allí por auerse entrado el señor San Bartolomé. Y no rrespondió a la dicha pregunta y, como calló el peñasco de los sacrificios, se espantó y ci fue. Y de ello en sueños les apareció el demonio y le dijo que de ninguna bía y manera podía entrar en la dicha cueua, desto con enojo. Luego ciguió al bienauenturado San Bartolomé y le alcansó y le dixo todo lo que pasó. Y mandó San Bartolomé que tornase a la dicha cueua y luego le tornase a hablar a su ýdolo, la questaua en la dicha cueua. Y tornó y le habló y le rrespondió y le dixo el demonio que el dicho hombre pobre podía más que no él con todo lo que sauía. Uista esta rrespuesta, luego tornó otra ues el yndio hichesero Anti al dicho apóstol San Bartolomé y le ciguió de todo corasón y le alcansó y le abrasó y le besó las manos (?) EL TERZERO INGA, Lloqui Yupanqui Ynga: Tenía su guaman chanbi [porra del halcón] en la mano derecha y su rrodela en la ysquierda y su llauto de colorado y su masca paycha y su manta de amarillo, la camegeta de las dos partes de morado, en medio tres betas de tocapo y dos ataderos en los pies. Y conquistó al pueblo de Maras al Ynga Tocay Capac, al quien le quebró dos dientes de fuera a su padre Cinche Roca, y demás que tenía ganado su padre. Y tenía las narises corcobados y los ojos grandes y labio y boca pequeñas y prieto de cuerpo y feo y mal ynclinado y mizerable. Y ací no hizo nada y era para poco y sus bazallos huýan de uelle la cara. Y fue cazado con Mama Cora Ocllo, coya, y murió en el Cuzco de edad de ciento y treynta años. Y tubo hijos ynfantis Ynga Cuci Uanan Chiri y Mayta Capac Ynga, Chinbo Urma Mama Yachi, coya. Y tubo otros hijos lexítimos que se murieron: Curi Auqui Ynga, Runto Auqui Ynga, Cuci Chinbo, coya. Y tubo otros muy muchos hijos uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] uastardas. Reynaron tres Yngas, su agüelo Mango Capac y su padre Cinche Roca Ynga, rreynaron quatrocientos y quarenta y cinco años y se acauaron. Reynó su hijo Mayta Capa Ynga lexítimo. EL QVARTO INGA, Mayta Capac: Tenía sus armas y zelada uma chuco de azul escuro yanas pacra y su masca paycha [borla real] y conga cuchuna [hacha], ualcanca [escudo] y su manta de encarnado y de su camexeta de hazia arriua azul y del medio tres betas de tocapo d y de auajo caxane [camiseta axedrezada de cumbi] con blanco y uerde y colorado y quatro ataderos de los pies. Y fue muy feo hombre de cara y pies y manos y cuerpo, delgadito, friolento, muy apretado. Con todo eso, brabícimo, melancólico. Y conquistó demás que tenía su padre hasta Potocí y Charca y muchas prouincias y pueblos. Y fue cazado con Chinbo Urma Mama Yachi. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y ueynte años y dejó rriquiesas a su ýdolo Guana Cauri. Y tubo hijos ynfantes Chinbo Ucllo Mama Caua, Apo Maytac Ynga, Uilcac Ynga, Uiza Topa Ynga, Capac Yupanqui Ynga, Curi Ucllo. Y tubo otros hijos bastardos auquiconas [príncipes] y hijas bastardas nustaconas [princesas] que fueron muy muchos. Y tenía una hija que le quería muy mucho, y ací le llamó Ynquillay Coya. Reynaron quatro Yngas quinientos y sesenta y cinco años; después susedió su hijo lexítimo Capac Yupanqui Ynga. EL QVINTO INGA, Capac Yupanqui Ynga: Tenía sus armas y su selada uma chuco de uerde anas pacra y su masca paycha y su guaman chanbi [porra] y uallcanca [escudo] y su manta de encarnado mescla de colorado y su camexeta de hazia arriua azul escuro y lo del medio un tocapu y lo de auajo uerde y en los pies sus quatro ataderos. Y medianito de cuerpo, cara larga, auariento, poco sauer, el que enuentó a brindar a su padre el sol y mandó dar de comer a los ýdolos y uacas [divinidad local] y mandaua enterrar baxillas. Y este dicho Ynga mandó descubrir todas las minas de oro y plata, azogue, limpi [lacre], ychima [un colorante] , cobre, estaño y de todas las colores. Dizen que a este dicho Ynga les enseñaua los demonios por donde lo supo todo. Y demás de la conquista que tenía su padre, conquistó más yndios Quichiuas, Aymara. Fue cazado primero con Chinbo Ucllo Mama Caua que tubo mal de corasón, comía a las gentes. Y ací pedió otra muger para rraynar, gouernar la tierra. Dizen que el sol mandó cazarse otra ues con Cuci Chinbo Mama Micay, coya, Curi Ocllo. Y murió de edad de ciento y quarenta años. Y tubo ynfantes hijos lexítimos Auqui Topa Ynga, Ynga Yupanqui, Cuci Chinbo Mama Micay, coya, Ynga Roca, Ynti Auqui Ynga, Capac Yupanqui Ynga Yllapa. Y tubo otros hijos auquiconas uastardos y hijas nustaconas uastardas. Y fue muy [e]namorado este dicho Ynga de las mugeres capac ome [señoras aymaras] y de uayro [?]. Reynó cinco Yngas setecientos y cinco años y sucidió Ynga Roca. EL SESTO INGA, Inga Roca y su hijo: Este dicho Ynga tenía su llauto encarnado y su pluma de quitasol, masca paycha [borla real]. Con la derecha mano tenía su hijo y con la ysquierda tenía su conga cuchuna [hacha] y su uallcanca [escudo] . Y se llamaua el hijo se llamaua Guaman Capac Ynga. Era muy querido hijo y ací no le dexaua de la mano porque era muy niño y menor, con su manta de rrozado, camegeta de negro y dos betas de tocapo [paño de labor tejido] c y su llauto de colorado. Y la manta del dicho su padre fue uerde claro y lo de auajo azul escuro y tres betas de tocapo y lo de auajo amarillo y azul y quatro ataderos de los pies. Fue hombre largo y ancho, fuerte y gran hablón y hablaua con trueno, gran xugador y putaniero, amigo de quitar hazienda de los pobres. Demás de la conquista de su padre conquistó todo Ande Suyo. Dizen que se tornaua otorongo [jaguar] él y su hijo. Y ací conquistó todo Chuncho. Y fue casado con Cuci Chinbo Mama Micay, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y cinquenta y quatro años. Y dejó enfantes hijos lexítimos Yauar Uacac Ynga, Ypa Uaco Mama Machi, Apo Camac Ynga. Esto dicho Ynga comensó a comer coca y la prendió en los Andes y ací le enseñó a otros yndios en este rreyno. Y tubo otros hijos uastardos auquiconas y hijas nustaconas. Y dizen que en los Chunchos tiene hijos y casta deste dicho Ynga porque más del año rrecidía allá. Y otros dizen que no le conquistó, cino que hizo amistad y conpañía. Y rreynó seys Yngas ochocientos y cincuenta y nueue años; sucidió Yauar Uacac Ynga. EL SÉTIMO INGA, Yauar Uacac Ynga: Tenía su arma y selada uma chuco de color encarnado anas pacra , masca paycha, su conga cuchona en la mano derecha y su uallcanca en la esquierda y su manta de morado yscuro y su camexeta del medio dos betas de tocapo y hacia ariua todo de tocapo y lo de auajo los lados de colorado y negro y sus quatro ataderos de los pies. Pequeño de cuerpo, anchete y rrecio y fuerte y sabio y pacible, algo grande de los ojos, amigo de los pobres y de múcica y enemigo de los rricos, el que comensó ayunar y penitencia por las pistelencias que comensó primero. Y mandó sacrificar haziendo ayunos y uigilias a los ýdolos y hizo prociciones, echando del pueblo a las enfermedades y pestilencias, tirando con hondas de fuego por las ciudades y uillas y pueblos deste rreyno. Y fue cazado con Ypa Uaco Mama Machi, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y treynta y nueue años. Y dejó conquistado demás de su padre que conquistó Conde Suyo, Parina Cochas, Poma Tanbo, Lucanas, Andamarcas, Soras y la prouincia de los Changas. Y tubo ynfantis, hijos lexítimos Ynga Maytac, Mama Yunto Cayan, coya, Ynga Urcon Ranga, Uira Cocha Ynga y otros que se murieron. Y tubo otros hijos muy muchos uastardos auquiconas y hijas uastardas nustaconas y los uastardos salieron capitanes cincheconas. Reynaron ciete Yngas nouecientos y nouenta y ocho años y susedió en el rreyno su hijo lexítimo Uira Cocha Ynga. EL OTABO INGA, Uira Cocha Ynga: Tenía su arma y selada uma chuco de azul y su pluma y masca paycha anas pacra y su chanbi en su mano derecha y su rrodela en la esquierda y su manta de rrosado blanquícino y su camegeta de todo de tocapo y quatro ataderos de los pies. Gentil hombre, blanco de cuerpo y rrostro y tenía unas pocas de barbas y tenía buen corasón. Este dicho Ynga adoraua mucho al Ticze Uira Cocha [señor fundamental o primario]. Y dizen que quiso quemar todos los ýdolos y uacas del rreyno, que su muger le auía estoruado y le dixo que no lo pronunciase la sentencia, que muriría ci herraua la ley de sus antepazados Apus Quis yngas. Creyýa más en Ticze Uira Cocha. Y tenía muy muchos capitanes y hazía gente. Mandaua que todos fuesen bien tratados el que comensó a hazer grandes fiestas y pascuas y holgarse en la fiesta en las plasas y fiesta de ýdolos. Y criyýa que abía otro mundo en otros rreynos de Uira Cocha, que ací lo llamaron que abían de uenir a rraynar. Y ací quizo su padre llamalle Uira Cocha Ynga. Y fue grandícimo justicia a los culpados y a las adúlteras mugeres o forzadores; luego sentenciaua a muerte. Demás de la conquista de su padre, conquistó Soras, Andamarcas, Lucanas, Angarays, Tanquiua, Bilcas Guaman hasta Taya Caxa, Guaman Xauxa, Hanan [y] Lurin Guanca, Yauyos y algunos Yungas. Fue cazado con Mama Yunto Cayan, coya. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y ueynte y quatro años. Y dejó el tenplo del sol, todo de oro maciso. Y tubo ynfantes hijos Pachacuti Ynga Yupanqui y Mama Ana Uarque, coya, Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga y otros hijos uastardos. Reynó ocho Yngas mil y ciento y ue[y]nte y dos años y susedió Pachaquti. EL NOVENO INGA, Pachacuti Ynga Yupanqui: Tenía sus armas y su llauto de rrozado y su masca paycha y su pluma. Tiraua a su enemigo con una honda, con su piedra de oro con la mano derecha y con la esquierda con su rrodela se guardaua. Y su manta de uerde y su camegeta desde el cuello hacia los pies dos betas de tocapo, a los lados de color naranxado llano. Fue gentil hombre, alto de cuerpo, rredondo de rrostro, alocado, tronado, unos ojos de león. Todo su hazienda no era suyo, gran comedor y ueuía mucho, amigo de guerra y cienpre salía con bitoria, el que hizo comensar templos de dioses ýdolos, uacas, ydeficó casas de uírgenes acllaconas, ací de las mugeres como de los hombres. Y fundó pontífeses ualla uiza, conde uiza; hicheseros laycaconas; saserdotes y confesores. Y conpuso fiestas y meses y pascuas y danzas. Y mandó matar a los hicheseros falsos y a los dichos salteadores y a las dichas adúlteras y castigaua de pecados públicos muy mucho. Y hizo mucha hazienda de tenplos ýdulos. En su tienpo deste dicho Ynga abía muy mucho mortansa de yndios y hambre y sed y pistelencia y castigo de Dios, que no llouió ciete años; otros dizen que dies años. Y abía tenpestades, lo más tienpo era todo llorar y enterrar defuntos. Y ací este dicho Ynga se llamó Pachacuti Ynga, grandícimos castigos de Dios en este rreyno y en el mundo, el qual por el pecado ydúlatra del Ynga castigó Dios. Como fue el castigo del ángel Luysber y se hizo Luzefer y de todos sus seguases, castigo del primer hombre con las aguas del [di]lubio. Como a la ciudad de Sodoma tragó en cinco pedasos la tierra. Como las cinco ciudades que ardió con llamas del cielo y el de Dauid por su adulterio y el de Saúl por su desobedencia, el de Helí por la neglegencia en castigar a sus hijos, el de Anauías y Zaphera por su auaricia y el de Nabuchodonosor por su soberuia. Como el castigo de las penas del purgatorio y del ynfierno ques mayor castigo que nunca se acaua. Y ací en este rreyno castigaua Dios muy mucho, aún yerua no se halló. Y en todo el mundo fue castigado en este tienpo y en Jerosalem los ciete años de hambre y se comían sus hijos y se lo abrían la barriga de los pobres de que se sustentauan para sauer lo que comía. Y se sustentauan con una yerua llamado chucan y pinau. Este dicho Ynga conquistó demás de la conquista de su padre la prouincia de Chile, Chaclla, Chinchay Cocha, Tarma, Yaucha y parte de los llanos, yndios Yungas. Y fue casado con Mama Ana Uarque. Y murió en el Cuzco de edad de ochenta y ocho años. Y fue rrico. Y tubo ynfantes hijos Mama Ocllo, Topa Ynga Yupanqui, Cuci Uanan Chire Ynga, Mango Ynga, Topa Amaro Ynga, Maytac Ynga. Y tubo otros hijos y hijas uastardos auquicona, nustaconas. Reynó nueue Yngas mil y dozientos y dies años. EL DÉCIMO INGA, Topa Ynga Yupanqui: Tenía su selada uma chuco azul escuro anas pacra, masca paycha y su chanbi y uallcanca y su manta de torne azul y su camegeta de todo de tocapo y quatro ataderos a los pies. Muy gentil hombre, alto de cuerpo y muy gran sauio y muy entonado, pas y amigo con los prencipales y caualleros y amigo de fiestas y uanquetes, amigo de honrrar a las mugeres prencipales y grandícimo hombre de guerra, enemigo de mentirosos; que por una mentira, lo mandaua matar. El que comensó a mandar que aderesasen todos los caminos rreales y puentes. Y puso correones hatun chasque [postillón principal], churo chasque [mensajero de caracol] y mezones. Y mandó que ubiese corregidores, tocricoc; alguaziles, uata camayoc; oydores, prisidente, consejo destos rreynos, Tauantinsuyo camachic. Y tubo azesor yncap rantin rimac; procurador y protetor runa yanapac ; secretario yncap quipocnin c escribano; Tauantinsuyo quipoc contador; hucha quipoc [contador de incumplimientos]. Y puso otros oficios y hablaua con todos los ýdolos uacas cada año. Y por suerte del demonio sauía todo Castilla y Roma y Jerusalén y Turquía. Y mandó mojonar todos los mojones destos rreynos de los pastos y chacaras [sementera] y montes y rreduzir pueblos. Y honrraua a los grandes señores y hazía mucha merced y mucha limosna. Y mandaua guardar las dichas hordenansas antiguas y después por ella hizo otras hordenansas. Y comensó hazer su hazienda y comunidad y depócitos con mucha horden, qüenta y quipo en todo el rreyno. Demás de la conquista de su padre conquistó la mitad de la sobra Guanoco Allauca, Chinchay Cocha, Tarma, toda la cordellera de Lima, Huno G[u]ayllas, un millón de yndios; Conchuco, Caxatanbo. Y fue casado con Mama Ocllo. Y murió en el Cuzco de edad de duzientos años de puro uiejo. Murió comiendo y dormiendo; no sintió la muerte. Y en su uida gouernó cincuenta años el capac apo [señor poderoso] Guaman Chaua, nieto de Yaro Bilca, Allauca Guanoco, agüelo de capac apo don Martín de Ayala y de su hijo, el autor don Felipe Guaman Poma de Ayala. Y tubo este dicho Ynga ynfantes, hijos lexítimos Apo Camac Ynga, Ynga Urcon, Auqui Topa Ynga, Uiza Topa Ynga, Amaro Ynga, Otorongo Achachi Ynga, Tupa Guallpa, Mama Uaco, Cuci Chinbo, Ana Uarque, Raua Ocllo, Guayna Capac, y Curi Ocllo fue el más menor. Y tubo otros hijos y hijas uastardas auquiconas, nustaconas. Reynó dies Yngas mil y quatrocientos y dies años. Sucidió Guayna Capac Ynga. Hija menor Curi Ocllo. EL ONZENO INGA, Guayna Capac Ynga: Tenía su selada uma chuco de azul anas pacra y su masca paycha y su chanbi y uallcanca. Y tenía su manta de azul y la camegeta desde el medio hazia arriua uerde y naranjado y lo de auajo azul y blanco agedrezado y quatro borlas ataderos de los pies. Y de la cara hermoso y gentil hombre, blanco, muy onrrado, amigo de todos. Quizo hablar con todo sus ýdolos y guacas del rreyno. Dizen que nenguno de ellos no le quizo rresponder a la pregunta. Y ací le mandó matar y quebrar a todos los ýdolos. Dio por libre a los ýdolos mayores Paria Caca y a Caruancho Uallollo; Paucar Colla, Puquina, Quichi Calla, Coro Pona, Saua Ciray, Pito Ciray, Carua Raso, Ayza Bilca y el sol y la luna. Estos quedaron y lo demás se quebró porque no quizo rresponder a la pregunta. Dizen que fue este Guayna Capac muy menor de todos ellos. Cómo entraron al tenplo del sol para que lo elexieran el sol su padre por rrey, Capac Apo Ynga. En tres ueses que entraron al sacreficio no les llamó; en los quatro le llamó su padre el sol y dixo Guayna Capac. Entonses tomó la bolla y masca paycha y se leuantó luego. Y luego le mandó matar a dos ermanos suyos y luego le obedecieron. Y demás de la conquista de su padre, conquistó Cañaris, Cayanbis, Ciccho, yndios Pastos, Puruuay, Chachapoyas, Guanca Bilcas, Quillay Cinga. A otro señor llamado Apo Pinto, Guayna Pinto acabó de conquistar todos los pueblos y ciudades y uillas hasta llegar a la ciudad de Nobo Reyno y llebó concigo EL DOZENO INGA, Guascar Ynga: Topa Cuci Gualpa se llamó este dicho Ynga. Fue elegido y nombrado de su padre el sol y fue legítimo y mayor eredero de todo el rreyno deste Pirú, Capac Apo Ynga. Este dicho Ynga tenía su selada uma chuco [casco], anas pacra, masca paycha [borla real] y su chanbi [porra] y uallcanca [escudo]. Tenía su manta de azul claro y su camegeta torne azul en medio tres tocapus [paño de labor tejido] y lo de auajo uerde y quatro ataderos a los pies. Y tenía su rrostro morenete y largo, sancudo y feo y de malas entrañas. Desde el ualle de Xauxa, yndios Guancas, gouernó y rreynó este dicho Ynga. Y era muy brabo y miserable y no tubo hijos legítimos ni uastardos alguno, ni muger ni hombre. Y fue cazado con Chuqui Llanto, coya. Y murió de edad de ueynte y cinco años en el aciento de Andamarca en las manos de su enemigo. Le hizo justicia los dichos capitanes Challco Chima Ynga, Quis Quis Ynga por mandado de su ermano uastardo Atagualpa Ynga. Y, que teniendo preso, le hazían burla. Le dieron a comer bazura y zuciadad de persona y de perros. Y por chicha le dieron de ueuer meados de carnero y de personas. Y por coca le presentaron petaquillas de hoja de chillca [una mata] y por llipta [ceniza para mascar con coca] le dieron suciedad de persona majado. Chocarreauan con él. Y ancí, después de auer muerto Uascar Ynga, fueron a la ciudad del Cuzco y le mató a todos sus linages yngas, auquiconas y nustas hasta las dichas preñadas. EL DOZENO INGA Dozientos y ciento y cinqüenta años duraron sus uidas porque tenían una horden y rregla de ueuir y criar sus hijos. Cuando muchacho no le dexaua comer cosa de sebo ni cosa de miel ni agí ni sal ni uinagre ni le dexauan ueuer chicha ni dormía con muger hasta tener cincuenta años ni se sangraua. Y se purgaua cada mes con tres pares de bilca tauri [purgante de Tawri] y otro tanto que pesase de maca [tubérculo] y tomaua por la boca la mitad y la mitad se echaua melecina; con esto aumentó salud y uida. Hasta treynta años no tenía muger ni marido ni cargo y ací tenían muy mucha fuerza. Letor de los Yngas: Aués de uer desde el comienso de Mango Capac Ynga hasta que se acabó el lexítimo Uascar Ynga. ¡O perdido Ynga!, ací te quiero dezir porque desde que entrastes fuestes ydúlatra, enemigo de Dios porque no as seguido la ley antigua de conoser al señor y criador Dios, hazedor de los hombres y del mundo, que es lo que llamaron los yndios antigos Pacha Capac [creador del universo], dios Runa Rurac [hacedor del hombre]. Que ací lo conocieron que ací lo decía los primeros Capac Apo Yngas antigos. Ací lo llamaron a Dios que es lo que entró en los corasones de bosotros y de buestra agüela Mama Uaco, coya, Mango Capac Ynga. Entró los demonios, mala serpiente, y te a hecho maystro y herroniaco ydúlatra, guaca mucha [adorador]. Y te a puesto y enpremido la ley de ydúlatra y seremonias, aunque no la hizistes dexar los dies mandamientos y las buenas obras de misericordia. Ací dexárades de la ydúlatra y tomárades lo de Dios que fuera de bosotros; fuérades grandes santos del mundo. Y desde agora seruí a Dios y a la uirgen María y a sus santos. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 5km2n2nhgfe0to1brer09drciq5jud0 Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las reinas, o quya 0 74266 1665623 1199083 2026-06-21T01:21:33Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las reinas, o quya]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las reinas, o quya]]: Robot: página trasladada 1199083 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 7: El capítulo de las reinas, o quya |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} LA PRIMERA COIA [reina]: Primera historia y comienso de las señoras rreynas, coyas, mugeres de los rreys Yngas, que fue la primera llamada Mama Uaco: Fue muy hermosa y morena de todo el cuerpo y de buen talle. Dizen que fue gran hechizera, según cuentan su uida y historia, que hablaua con los demonios. Esta dicha señora hacía hablar a las piedras y peñas, ýdulos guacas. Desta señora comensaron a salir rreys Yngas. Y dizen que ella no le fue conocida su padre ni de su hijo Mango Capac Ynga, cino que dixo que era hija del sol y de la luna y se casó con su hijo primero, Mango Capac Ynga. Para se casar, dizen que pedió a su padre al sol dote y le dio dote y se casaron madre y hijo. Y la dicha Mama Uaco, coya, tenía su bestido de rrosado y tenía sus topos [prendedor] muy grandes de plata. Y que murió en el Cuzco de edad de duzientos años en tienpo de su hijo, Cinche Roca Ynga. Y tubo ynfantes, hijos Ynca Yupanqui, Pachacuti Ynga y Chinbo Urma. Y tubo su marido otros uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas]. Y esta señora dejó la ley del demonio muy entablado a todos sus hijos y nietos y desendientes. Pero fue muy amiga de los caualleros y demás gentes. Gouernaua más que su marido Mango Capac Ynga; toda la ciudad del Cuzco co (?) le obedecieron y rrespetaron en toda su uida, porque hazía milagros de los demonios nunca uista de hombres. Hablaua como ci fuera persona con las peñas y piedras. Con ello acabó su uida esta señora Mama Uaco. Pero fue muy hermocícima muger y de mucho sauer y hazía mucho bien a los pobres en la ciudad. LA SEGVNDA COIA [reina], Chinbo Urma, coya: Era muy hermosa y morena como la primera casta de su madre. Y fue delgada, amiga de tener rramelletes y flores, ynquilcona, en las manos y de tener un jardín de flores. Y fue pacible con todos sus bazallos. Y tenía su lliclla [manta] de color amarilla y lo del medio azul escuro y el acxo [falda] de encarnado de Maras y su chunbe [faja de cintura] de uerde muy entonada. Fue cazado con Cinche Roca Ynga. Con alegre cara gouernaua a sus bazallos y le rregalaua y muy querida de su marido. Y tenía la ley de su madre y fue selosa. Y murió de ochenta años en el Cuzco. Y dejó ynfantes hijos Lloqui Yupanqui Ynga, Mama Cora Ocllo y Capac Uari Titu Ynga y Topa Amaro Ynga. Y tubo otros muy muchos uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] el dicho su marido Cinche Roca Ynga. Esta señora fue muy rrica. Dejó toda su hazienda al sol y a la luna. Repartió a sus hijos rrepartido en el testamento que dejó, cunacuspa alli ciminguan uanorca coya [la reina murió, aconsejando con buenas palabras]. En su tienpo de su marido y de ella, nació Nuestro Señor Jesucristo y murió y rresucitó y subió a los cielos. Y fue enbiado el Espíritu Santo a los sanctos apóstoles y se rrepartió a todo el mundo los apóstoles. Y ací bino San Bartolomé a este rreyno de las Yndias en este tienpo de Chinbo Urma. LA TERZERA COIA [reina], Mama Cora Ocllo, coya: Fue muy ermosa, no tanto como su agüela. Tenía una llicla [manta] de morado y lo del medio naranjado y su acsu [falda] uerde y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Y fue un poco alto de cuerpo. Y fue miserable, auariento y muger enperada. Y no comía caci nada y beuía mucha chicha y de pocas cosas lloraua. Y fue muger de Lloque Yupanqui Ynga. Y de puro mízero no staua bien con sus bazallos. Y de ello no le hazía tanto caso los señores y prencipales grandes. De toda la rrequiesas y comidas mandaua enserrar en el depócito; allí se podría y se acauaua. Como era tan triste de corasón y de condición, no quería tener donzellas ni quería rregalarse. Comía mays crudo y ciclla yuyo [yerba de comer]. Y dezía “¡Llacuaricosun, nustacona!” [“¡Princesas, vamos a relamernos!”]. Y ací tubo ynfantes hijos Mayta Capac Ynga, Cuci Chinbo Mama Yachi Urma. Con ello tubo otros ynfantes y enfantas hijos, los quales sus ermanos ellos lo mataron por quedarse en el rreyno solo su marido. Y por mandado de su marido y con la cólera, esta señora hazía muy grandes daños. Y murió en el Cuzco caci junto con su hijo de [e]dad de ciento y ueynte años. Y tubo su marido otros uastardos hijos, auquicona [príncipes], hijas uastardas, nustacona [princesas]. Y ancí acabó su uida muy mal esta dicha señora. LA CVARTA COIA [reina], Chinbo Mama Yachi Urma, coya: Fue algo fea y morena. Tenía ojos blancos, pero del cuerpo fue muy damada y bizarra, muger onrrada, amiga de salir a la becita de otras señoras prencipales y conuersar con ellas y holgarse con múcicas y merendar. Dezía: “¡Llacuaricosun, nustacona!” [“¡Princesas, vamos a relamernos!”]. Y tenía su lliclla [manta] de naranjado y del medio en canpo de colorado de tocapo [vestido de lauores preciosos] y su acxo [falda] de azul escuro. Y fue muger de Mayta Capac Ynga. Esta muger dizen que cienpre hurtaua hazienda de su marido para dar a las dichas biejas y biejos y a los pobres, más seruía a los pobres que no a los caualleros. Y tenía ynfantis hijos Chinbo Ucllo Mama Caua y Cuci Chinbo Mama Micay, Capac Yupanqui Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga. Y tubo el dicho su marido Mayta Capac Ynga muy muchos hijos bastardos, auquiconas [príncipes], y nustaconas [princesas]. Esta dicha señora murió en el Cuzco de edad de quarenta y cinco años. Y dejó en su testamento todo por eredera a su madre, Mama Cora Ocllo. Y ací se acabó su uida esta señora coya. LA QVINTA COIA [reina], Chinbo Mama Caua: Fue primer cazado con Capac Yupanque. Esta señora fue muy hermosa y pacible y humilde de corasón. Después de auerse casado le dio mal de corasón que cada día dizen que le daua tres ueses y gritaua y daua bozes y arremetía a la gente y mordía y se rrasgaua la cara y arancaua sus cauellos. Con esta enfermedad quedó muy fea y no podía gouernar la tierra. Y ancí dizen que el dicho su marido Yn[ca] Capac Yupanque pedió otra señora y muger al sol su padre para se casar y hazer uida y gouernar su rreyno. Y ací dizen que mandó su padre el sol que se casase con otra su ermana menor, Cuci Chinbo Mama Micay. Y ancí dizen que parió esta dicha señora del mal de corasón que le auía dado. Se la comió un hijo y se murió. Y duró su uida pocos años con su enfermedad y fue muy pobre. Y ací se acabó esta señora y no dejó testamento ni hizo cunacusca [distribución] de cosa alguna. Y ancí después rreynó su ermanana [sic] menor Cuci Chinbo Mama Micay, coya. Y grandeció su rreyno y fue muy estimado en todo el rreyno y fue muy obedecida y honrrada esta dicha señora, coya, segunda muger del dicho Ynga en este rreyno. LA SESTA COIA [reina], Cuci Chinbo Mama Micay, coya: Fue muy hermosa y blanca y del cuerpo fue muy damada y bizarra muger. Tenía su lliclla [manta] de Parauay Suyo y su acxo [falda] de Cuzco, chunbe [faja de cintura] y la beta mayor de auajo blanco y su chunbe de uerde, alegre de cara y rregocijada y amiga de cantar y múcica y tocar tanbor, hazer fiestas y uanquetes y tener rramilletes en las manos, gran señora y gouernadora y hazía mercedes. Y fue cazado con Ynga Roca y por esta señora fue rrespetado grandemente su marido por los señores grandes deste rreyno desde su juridición. Y tubo ynfantes hijos Ypa Uaco Mama Machi, coya, Yauar Uacac Ynga, Apo Camac Ynga, Maytac Ynga. Y tubo otros uastardos hijos, auquiconas [príncipes], nustaconas [princesas] el dicho su marido Ynga Roca. Y murió de edad de ciento y ueynte años. Y dejó mucha rrequiesa; rrepartió en tres partes en el testamento: lo primera para el sol, lo segundo para la luna, lo tersero para sus hijos. Que ací lo auía hecho y ací lo cuentan los dichos biejos que lo supieron. Y hizo muy grandes bestidos y rropa y de cunbe [tejido fino] y de auasca [corriente] y rrequiesas y bajil[l]as de oro y plata y de todo lo demás rrequiesas que tenía. LA SÉTIMA COIA [reina], Ypa Uaco Mama Machi, coya: Tenía su lliclla [manta] de azul claro y lo del medio escuro y su acxo [falda] de uerde y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Fea, de narises larga y el rrostro largo y del talle flaca y seca, larga. Fue amiga de criar paxaritos, papagayos y guacamayas, y micos y monos y otros pájaros que cantan y palomitas del canpo. Y fue gran limosnera que acudía a los pobres. Bolbía mucho por los hombres y quería mal a las mugeres. Y fue cazado con Yauar Uacac Ynga. Y tubo ynfantes hijos Mama Yunto Cayan, coya. Y tubo otras dos hijas, uiza [gemelos], que se murieron, Uira Cocha Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga. Y tubo otros hijos uastardos, auquiconas [príncipes], y nustaconas [princesas], hijos de su marido Yauar Uacac Ynga. Y se murió en el Cuzco esta dicha señora de edad de ochenta y quatro años. Y dejó toda su hazienda, dos partes: el uno para ella y mandó que de ello le den de comer en cada año. Y la otra mitad dejó para su madre. Y ancí se acabó esta dicha señora su uida. Y tenía la ley de su madre. Y tenía toda la rrequiesa; sólo dejó a sus hijos y criados quando se murió. Y dejó al sol en su testamento por eredero de todo sus bienes que auía. LA OTAVA COIA [reina], Mama Yunto Cayan, coya: Fue muy triste de corasón y bizarra muger de cuerpo y muy humilde. De tan humilde no se metía en fiestas ni taquies y danzas ni era amiga de criadas cino pocas. Muy amiga de criar enanitas y corcobadillas y a nustas [princesa]. Y tenía su lliclla [manta] de naranjado y lo del medio blanco o tocapo [vestido de lauores preciosas] con sus cuychis [joya] y tenía su acxo [falda] de morado y la lista de auajo todo de tocapo. Y esta señora de pocas cosas lloraua, apretada de corasón y fue miserable. Y comía muchos manjares y más comía coca por uicio; dormiendo tenía en la boca. Fue amiga de rrequiesas de oro y plata. Y fue cazado con Uira Cocha Ynga. Y tubo ynfantes hijos Ynga Yupanqui, Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Guaman Ynga, Mama Ana Uarque, coya, y Curi Urma y Quispi Quipi y Cuci Ynquillay, los quales murieron estas dichas hijas. Sola quedó Mama Ana Uarque. Y esta dicha señora Mama Yunto Cayan murió en el Cuzco de edad de cincuenta y ocho años. Y dejó su hazienda a las dichas enanas y corcobadillas porque tenía boluntad y amor. Y se acabó su uida esta señora. LA NOVENA COIA [reina], Mama Ana Uarque, coya: Tenía su cara rredonda y hermosa y los ojos chicas y la boca chica, blanquilla, muy damada las manos y pies, de quatro puntos. Aunque fuese enojada o rreyendo se daua golpes al pecho, deziendo “Uálgame, Ticze Uira Cocha Runa Camac! [Señor fundamental, creador de la gente].” Y ací dizen que cuando dezía estas palabras, cayýan la gente al suelo. Y tenía su lliclla [manta] de rrosado y lo del medio blanco y su acxo [falda] de uerde y lo de auajo billpinto y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Dizen questa señora obedecía muy mucho a su marido. Cuando se enojaua dizen que ponía la cauesa al suelo hasta que le llamaua su marido. Y fue casado con Pachacuti Ynga Yupanqui. Y tubo ynfantes hijos Ynca Maytac, Topa Ynga Yupanque y Tupa Amaro Ynga, Mama Ocllo, coya, Ynga Urcon, Apo Camasca Ynga. En tienpo desta señora y de su marido ubo muy grandes castigos y hambre y sed y pistelencia que enbió Dios y ací se llamó su marido Pachacuti Ynga. Y en este tienpo se hizo los yngas auquiconas, hijos uastardos dos partes; Hanan Cuzco, Lurin Cuzco yngas. Y tubo hijos y hijas uastardos auquicona, nustacona de su marido. Y murió en el Cuzco de edad de ochenta años esta señora. Y dejó su hazienda a su marido. LA DÉZIMA COIA [reina], Mama Ocllo, coya: Fue muger muy espantable y hermosa y rredonda de cuerpo y baxita y tenía una carita pequeñita, alegre de corasón y pacible y muy gran selosa de su marido y amiga de hazienda. Y tenía su lliclla [manta] de amarillo del medio y los lados de oque chunbi suyo [listón de la faja] y su acxo [falda] de canpo azul escuro con betas de Lari. Y esta señora cienpre tenía por camarera y donzella a yndias biejas de ochenta años y por lacayo tenía biejos y en toda su casa que llaman mamaconas [señoras] y pachacas [criado], todo era conuersar y comer y ueuer con ellas. Y fue casado con Topa Ynga Yupanqui. Y tubo ynfantes hijos Uiza Topa Ynga, Topa Ynga Yupanqui y Raua Ocllo, Mama Uaco, Curi Ocllo, Ana Uarque. Murieron los tres uírgenes y donzellas. Amaro Ynga, Otorongo Achachi Ynga, Tunpa Guallpa Guallpa [sic] Ynga, de todos estos dichos el más menor se alsó por rrey Ynga Guayna Capac Ynga. Y tubo muchos hijos uastardos auquiconas [príncipes] y nustas [princesa]. Y su marido dexó hordenansas y gouierno y mojonó y murió su marido de puro uiejo. Dizen que tubo ciento y cinqüenta hijos uastardos su marido. Y fue muy rrica muger; tenía muchas baxillas. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y quinze años. Dexó su hazienda para pobres biejos y biejas; se lo rrepartió. LA ONZENA COIA [reina], Raua Ocllo, coya: Era muy hermosa y de buen talle y de mucha cauellera y de buen cuerpo y muy hermosa, como dicho es. Fue descreta y de mucha caridad con los pobres y a los yndios les hazía mucha merced. Tenía grandes rrequiesas, haziendas y chacaras [sementera] y casas y ganados y mucha criada y baxillas de oro y plata. Y trayýa lacayos a la guardas y en co[n]pañía trayýa señores grandes y principales y caualleros y trayýa muy muchas donzellas y gran gouernadora y mandaua hazer muy muchas fiestas. Y en los meses de los años los señores les traýa muy grandes presentes de las prouincias destos rreynos. Y tenía esta dicha señora su lliclla [manta] de azul y lo del medio de naranjado y su acxo [falda] de morado y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Muy amiga de trauajar cada día, daua de comer a ducientos pobres, a unas, a otros, y por otra parte daua de comer a los señores y principales, a quinientos hombres deste rreyno. Y tenía mil yndios rregocijadores: unos dansauan, otros baylaua, otros cantauan con tanbores y múcicas, flautas y pingollos [flauta de Pan], y tenía cantoras, haraui, en su casa y fuera de ella para oýr las dichas múcicas que hacían haraui [canción de amor] en Uaca Punco y el pingollo en Pincollona Pata, en Cantoc y en Uiroy Pata, Cinga Urco. Y tubo ynfan[tes] hijos Tupa Cuci Gualpa Uascar Ynga y Chuqui Llanto y tubo muy muchos hijos uastardos Atagualpa Ynga, Mango Ynga, Yllescas Ynga, Ynga Paullo Topa y otros. Murió con las birgüelas y saranpión. Dizen que tubo su marido quinientos hijos y hijas. Y se murió esta señora en Tumi [Pampa], caci junto con su marido. De edad de nouenta años se acabó esta señora. LA DOZENA COIA [reina], Chuqui Llanto, coya: Dizen que fue muy muchas ueses hermosa y blanquilla, que no tenía ninguna dacha en el cuerpo. Y en el pareser y muy alegre y cantora, amiga de criar paxaritos. Y no tenía cosa suya, aunque su marido era auariento; de puro auariento comía media noche y por la mañana manecía con la coca en la boca. Y tenía su lliclla [manta] de azul claro y lo del medio uerde escuro y su acxo [falda] de uerde y lo del auajo de tocapu [paño de labor texido] . De puro buena y alegra le contentaua a su marido, aunque era enperrado y ací duró pocos años. Primero murió su marido Guascar Ynga. Se cubrió todo de luto. Y se murió en Yucay en tienpo de la conquista de los cristianos. Y no se escriue de su hijo ni hija ni lo auía lexítimo ni uastardo. Y ací en este rrey y rreyna, Ynga, coya, se acauaron los rreys, capac apo Yngas. Y murió de edad de cincuenta y nueue años. Se acabó la uida triste desta señora. Questas señoras grandes le llamauan las rreynas, coya; y las pre[n]sesas, nusta; las señoras, palla ; y las otras señoras: capac uarmi [sñora poderpsa], rreyna; curaca uarmi [la mujer del kuraka], señora; mamacona [señoras], madres; las niñas, nustaconas [princesas], palla. A los Colla Suyos, capac omi [mujer principal]; Conde Suyos, mallco guarmi [señora de la autoridad étnica], cuca mallque guarmi [señora a cargo de un cocal]; estas dichas son señoras grandes. Y las menoras: allicac guarmi [esposas de señores ascendidos], curaca guarmi, guacha guarmi [mujer necesitada]. Estas son las mugeres prencipales y grandes señoras de callidad deste rreyno. Guaccha guarmi son de los comunes yndios particulares deste rreyno. Y otras mugeres prencipales de las mugeres de los mandones y camachicos y de hombres rricos deste rreyno. PRÓLOGO a los letores mugeres, coya [reina], capac uarmi [poderosa], curaca uarmi [la mujer del kuraka], allicac uarmi [esposas de señores ascendidos], uaccha uarmi [mujer necesitada]: Nos espantéys, mugeres. El primer pecado que acometió fue muger. La Eua pecó con la mansana, quebró el mandamiento de Dios. Y ací el primer ydúlatra comensastes, muger, y ciruistes a los demonios. Todo ello es cosa de burla y mentira. Deja todo y tene deboción a la Sanctícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, un solo Dios, y a su Madre de Dios, Santa María cienpre Uirgen. Que ella os faboreserá y rrogará por bosotras del cielo para que gozemos y nos ajuntemos en el cielo y en este mundo, para que no nos tiente Satanás. Armaos con la crus y rreza el Padrenuestro y el Auemaría y acordándoos de la pación de Nuestro Señor Jesucristo, digamos el Credo, para que seamos con la Santícima Trinidad y con Jesucristo y con su Madre Santa María y con sus sanctos y santas ángeles de la corte del cielo. Para esto armémonos con la señal de la sancta crus. De nuestros enemigos líbranos, señor, de todo mal del mundo, de la carne y del demonio. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] jhtwaxaf3pt7hjbepkvxau07rpignfh 1665673 1665623 2026-06-21T01:24:20Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665673 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 7: El capítulo de las reinas, o quya |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} LA PRIMERA COIA [reina]: Primera historia y comienso de las señoras rreynas, coyas, mugeres de los rreys Yngas, que fue la primera llamada Mama Uaco: Fue muy hermosa y morena de todo el cuerpo y de buen talle. Dizen que fue gran hechizera, según cuentan su uida y historia, que hablaua con los demonios. Esta dicha señora hacía hablar a las piedras y peñas, ýdulos guacas. Desta señora comensaron a salir rreys Yngas. Y dizen que ella no le fue conocida su padre ni de su hijo Mango Capac Ynga, cino que dixo que era hija del sol y de la luna y se casó con su hijo primero, Mango Capac Ynga. Para se casar, dizen que pedió a su padre al sol dote y le dio dote y se casaron madre y hijo. Y la dicha Mama Uaco, coya, tenía su bestido de rrosado y tenía sus topos [prendedor] muy grandes de plata. Y que murió en el Cuzco de edad de duzientos años en tienpo de su hijo, Cinche Roca Ynga. Y tubo ynfantes, hijos Ynca Yupanqui, Pachacuti Ynga y Chinbo Urma. Y tubo su marido otros uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas]. Y esta señora dejó la ley del demonio muy entablado a todos sus hijos y nietos y desendientes. Pero fue muy amiga de los caualleros y demás gentes. Gouernaua más que su marido Mango Capac Ynga; toda la ciudad del Cuzco co (?) le obedecieron y rrespetaron en toda su uida, porque hazía milagros de los demonios nunca uista de hombres. Hablaua como ci fuera persona con las peñas y piedras. Con ello acabó su uida esta señora Mama Uaco. Pero fue muy hermocícima muger y de mucho sauer y hazía mucho bien a los pobres en la ciudad. LA SEGVNDA COIA [reina], Chinbo Urma, coya: Era muy hermosa y morena como la primera casta de su madre. Y fue delgada, amiga de tener rramelletes y flores, ynquilcona, en las manos y de tener un jardín de flores. Y fue pacible con todos sus bazallos. Y tenía su lliclla [manta] de color amarilla y lo del medio azul escuro y el acxo [falda] de encarnado de Maras y su chunbe [faja de cintura] de uerde muy entonada. Fue cazado con Cinche Roca Ynga. Con alegre cara gouernaua a sus bazallos y le rregalaua y muy querida de su marido. Y tenía la ley de su madre y fue selosa. Y murió de ochenta años en el Cuzco. Y dejó ynfantes hijos Lloqui Yupanqui Ynga, Mama Cora Ocllo y Capac Uari Titu Ynga y Topa Amaro Ynga. Y tubo otros muy muchos uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] el dicho su marido Cinche Roca Ynga. Esta señora fue muy rrica. Dejó toda su hazienda al sol y a la luna. Repartió a sus hijos rrepartido en el testamento que dejó, cunacuspa alli ciminguan uanorca coya [la reina murió, aconsejando con buenas palabras]. En su tienpo de su marido y de ella, nació Nuestro Señor Jesucristo y murió y rresucitó y subió a los cielos. Y fue enbiado el Espíritu Santo a los sanctos apóstoles y se rrepartió a todo el mundo los apóstoles. Y ací bino San Bartolomé a este rreyno de las Yndias en este tienpo de Chinbo Urma. LA TERZERA COIA [reina], Mama Cora Ocllo, coya: Fue muy ermosa, no tanto como su agüela. Tenía una llicla [manta] de morado y lo del medio naranjado y su acsu [falda] uerde y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Y fue un poco alto de cuerpo. Y fue miserable, auariento y muger enperada. Y no comía caci nada y beuía mucha chicha y de pocas cosas lloraua. Y fue muger de Lloque Yupanqui Ynga. Y de puro mízero no staua bien con sus bazallos. Y de ello no le hazía tanto caso los señores y prencipales grandes. De toda la rrequiesas y comidas mandaua enserrar en el depócito; allí se podría y se acauaua. Como era tan triste de corasón y de condición, no quería tener donzellas ni quería rregalarse. Comía mays crudo y ciclla yuyo [yerba de comer]. Y dezía “¡Llacuaricosun, nustacona!” [“¡Princesas, vamos a relamernos!”]. Y ací tubo ynfantes hijos Mayta Capac Ynga, Cuci Chinbo Mama Yachi Urma. Con ello tubo otros ynfantes y enfantas hijos, los quales sus ermanos ellos lo mataron por quedarse en el rreyno solo su marido. Y por mandado de su marido y con la cólera, esta señora hazía muy grandes daños. Y murió en el Cuzco caci junto con su hijo de [e]dad de ciento y ueynte años. Y tubo su marido otros uastardos hijos, auquicona [príncipes], hijas uastardas, nustacona [princesas]. Y ancí acabó su uida muy mal esta dicha señora. LA CVARTA COIA [reina], Chinbo Mama Yachi Urma, coya: Fue algo fea y morena. Tenía ojos blancos, pero del cuerpo fue muy damada y bizarra, muger onrrada, amiga de salir a la becita de otras señoras prencipales y conuersar con ellas y holgarse con múcicas y merendar. Dezía: “¡Llacuaricosun, nustacona!” [“¡Princesas, vamos a relamernos!”]. Y tenía su lliclla [manta] de naranjado y del medio en canpo de colorado de tocapo [vestido de lauores preciosos] y su acxo [falda] de azul escuro. Y fue muger de Mayta Capac Ynga. Esta muger dizen que cienpre hurtaua hazienda de su marido para dar a las dichas biejas y biejos y a los pobres, más seruía a los pobres que no a los caualleros. Y tenía ynfantis hijos Chinbo Ucllo Mama Caua y Cuci Chinbo Mama Micay, Capac Yupanqui Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga. Y tubo el dicho su marido Mayta Capac Ynga muy muchos hijos bastardos, auquiconas [príncipes], y nustaconas [princesas]. Esta dicha señora murió en el Cuzco de edad de quarenta y cinco años. Y dejó en su testamento todo por eredera a su madre, Mama Cora Ocllo. Y ací se acabó su uida esta señora coya. LA QVINTA COIA [reina], Chinbo Mama Caua: Fue primer cazado con Capac Yupanque. Esta señora fue muy hermosa y pacible y humilde de corasón. Después de auerse casado le dio mal de corasón que cada día dizen que le daua tres ueses y gritaua y daua bozes y arremetía a la gente y mordía y se rrasgaua la cara y arancaua sus cauellos. Con esta enfermedad quedó muy fea y no podía gouernar la tierra. Y ancí dizen que el dicho su marido Yn[ca] Capac Yupanque pedió otra señora y muger al sol su padre para se casar y hazer uida y gouernar su rreyno. Y ací dizen que mandó su padre el sol que se casase con otra su ermana menor, Cuci Chinbo Mama Micay. Y ancí dizen que parió esta dicha señora del mal de corasón que le auía dado. Se la comió un hijo y se murió. Y duró su uida pocos años con su enfermedad y fue muy pobre. Y ací se acabó esta señora y no dejó testamento ni hizo cunacusca [distribución] de cosa alguna. Y ancí después rreynó su ermanana [sic] menor Cuci Chinbo Mama Micay, coya. Y grandeció su rreyno y fue muy estimado en todo el rreyno y fue muy obedecida y honrrada esta dicha señora, coya, segunda muger del dicho Ynga en este rreyno. LA SESTA COIA [reina], Cuci Chinbo Mama Micay, coya: Fue muy hermosa y blanca y del cuerpo fue muy damada y bizarra muger. Tenía su lliclla [manta] de Parauay Suyo y su acxo [falda] de Cuzco, chunbe [faja de cintura] y la beta mayor de auajo blanco y su chunbe de uerde, alegre de cara y rregocijada y amiga de cantar y múcica y tocar tanbor, hazer fiestas y uanquetes y tener rramilletes en las manos, gran señora y gouernadora y hazía mercedes. Y fue cazado con Ynga Roca y por esta señora fue rrespetado grandemente su marido por los señores grandes deste rreyno desde su juridición. Y tubo ynfantes hijos Ypa Uaco Mama Machi, coya, Yauar Uacac Ynga, Apo Camac Ynga, Maytac Ynga. Y tubo otros uastardos hijos, auquiconas [príncipes], nustaconas [princesas] el dicho su marido Ynga Roca. Y murió de edad de ciento y ueynte años. Y dejó mucha rrequiesa; rrepartió en tres partes en el testamento: lo primera para el sol, lo segundo para la luna, lo tersero para sus hijos. Que ací lo auía hecho y ací lo cuentan los dichos biejos que lo supieron. Y hizo muy grandes bestidos y rropa y de cunbe [tejido fino] y de auasca [corriente] y rrequiesas y bajil[l]as de oro y plata y de todo lo demás rrequiesas que tenía. LA SÉTIMA COIA [reina], Ypa Uaco Mama Machi, coya: Tenía su lliclla [manta] de azul claro y lo del medio escuro y su acxo [falda] de uerde y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Fea, de narises larga y el rrostro largo y del talle flaca y seca, larga. Fue amiga de criar paxaritos, papagayos y guacamayas, y micos y monos y otros pájaros que cantan y palomitas del canpo. Y fue gran limosnera que acudía a los pobres. Bolbía mucho por los hombres y quería mal a las mugeres. Y fue cazado con Yauar Uacac Ynga. Y tubo ynfantes hijos Mama Yunto Cayan, coya. Y tubo otras dos hijas, uiza [gemelos], que se murieron, Uira Cocha Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga. Y tubo otros hijos uastardos, auquiconas [príncipes], y nustaconas [princesas], hijos de su marido Yauar Uacac Ynga. Y se murió en el Cuzco esta dicha señora de edad de ochenta y quatro años. Y dejó toda su hazienda, dos partes: el uno para ella y mandó que de ello le den de comer en cada año. Y la otra mitad dejó para su madre. Y ancí se acabó esta dicha señora su uida. Y tenía la ley de su madre. Y tenía toda la rrequiesa; sólo dejó a sus hijos y criados quando se murió. Y dejó al sol en su testamento por eredero de todo sus bienes que auía. LA OTAVA COIA [reina], Mama Yunto Cayan, coya: Fue muy triste de corasón y bizarra muger de cuerpo y muy humilde. De tan humilde no se metía en fiestas ni taquies y danzas ni era amiga de criadas cino pocas. Muy amiga de criar enanitas y corcobadillas y a nustas [princesa]. Y tenía su lliclla [manta] de naranjado y lo del medio blanco o tocapo [vestido de lauores preciosas] con sus cuychis [joya] y tenía su acxo [falda] de morado y la lista de auajo todo de tocapo. Y esta señora de pocas cosas lloraua, apretada de corasón y fue miserable. Y comía muchos manjares y más comía coca por uicio; dormiendo tenía en la boca. Fue amiga de rrequiesas de oro y plata. Y fue cazado con Uira Cocha Ynga. Y tubo ynfantes hijos Ynga Yupanqui, Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Guaman Ynga, Mama Ana Uarque, coya, y Curi Urma y Quispi Quipi y Cuci Ynquillay, los quales murieron estas dichas hijas. Sola quedó Mama Ana Uarque. Y esta dicha señora Mama Yunto Cayan murió en el Cuzco de edad de cincuenta y ocho años. Y dejó su hazienda a las dichas enanas y corcobadillas porque tenía boluntad y amor. Y se acabó su uida esta señora. LA NOVENA COIA [reina], Mama Ana Uarque, coya: Tenía su cara rredonda y hermosa y los ojos chicas y la boca chica, blanquilla, muy damada las manos y pies, de quatro puntos. Aunque fuese enojada o rreyendo se daua golpes al pecho, deziendo “Uálgame, Ticze Uira Cocha Runa Camac! [Señor fundamental, creador de la gente].” Y ací dizen que cuando dezía estas palabras, cayýan la gente al suelo. Y tenía su lliclla [manta] de rrosado y lo del medio blanco y su acxo [falda] de uerde y lo de auajo billpinto y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Dizen questa señora obedecía muy mucho a su marido. Cuando se enojaua dizen que ponía la cauesa al suelo hasta que le llamaua su marido. Y fue casado con Pachacuti Ynga Yupanqui. Y tubo ynfantes hijos Ynca Maytac, Topa Ynga Yupanque y Tupa Amaro Ynga, Mama Ocllo, coya, Ynga Urcon, Apo Camasca Ynga. En tienpo desta señora y de su marido ubo muy grandes castigos y hambre y sed y pistelencia que enbió Dios y ací se llamó su marido Pachacuti Ynga. Y en este tienpo se hizo los yngas auquiconas, hijos uastardos dos partes; Hanan Cuzco, Lurin Cuzco yngas. Y tubo hijos y hijas uastardos auquicona, nustacona de su marido. Y murió en el Cuzco de edad de ochenta años esta señora. Y dejó su hazienda a su marido. LA DÉZIMA COIA [reina], Mama Ocllo, coya: Fue muger muy espantable y hermosa y rredonda de cuerpo y baxita y tenía una carita pequeñita, alegre de corasón y pacible y muy gran selosa de su marido y amiga de hazienda. Y tenía su lliclla [manta] de amarillo del medio y los lados de oque chunbi suyo [listón de la faja] y su acxo [falda] de canpo azul escuro con betas de Lari. Y esta señora cienpre tenía por camarera y donzella a yndias biejas de ochenta años y por lacayo tenía biejos y en toda su casa que llaman mamaconas [señoras] y pachacas [criado], todo era conuersar y comer y ueuer con ellas. Y fue casado con Topa Ynga Yupanqui. Y tubo ynfantes hijos Uiza Topa Ynga, Topa Ynga Yupanqui y Raua Ocllo, Mama Uaco, Curi Ocllo, Ana Uarque. Murieron los tres uírgenes y donzellas. Amaro Ynga, Otorongo Achachi Ynga, Tunpa Guallpa Guallpa [sic] Ynga, de todos estos dichos el más menor se alsó por rrey Ynga Guayna Capac Ynga. Y tubo muchos hijos uastardos auquiconas [príncipes] y nustas [princesa]. Y su marido dexó hordenansas y gouierno y mojonó y murió su marido de puro uiejo. Dizen que tubo ciento y cinqüenta hijos uastardos su marido. Y fue muy rrica muger; tenía muchas baxillas. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y quinze años. Dexó su hazienda para pobres biejos y biejas; se lo rrepartió. LA ONZENA COIA [reina], Raua Ocllo, coya: Era muy hermosa y de buen talle y de mucha cauellera y de buen cuerpo y muy hermosa, como dicho es. Fue descreta y de mucha caridad con los pobres y a los yndios les hazía mucha merced. Tenía grandes rrequiesas, haziendas y chacaras [sementera] y casas y ganados y mucha criada y baxillas de oro y plata. Y trayýa lacayos a la guardas y en co[n]pañía trayýa señores grandes y principales y caualleros y trayýa muy muchas donzellas y gran gouernadora y mandaua hazer muy muchas fiestas. Y en los meses de los años los señores les traýa muy grandes presentes de las prouincias destos rreynos. Y tenía esta dicha señora su lliclla [manta] de azul y lo del medio de naranjado y su acxo [falda] de morado y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Muy amiga de trauajar cada día, daua de comer a ducientos pobres, a unas, a otros, y por otra parte daua de comer a los señores y principales, a quinientos hombres deste rreyno. Y tenía mil yndios rregocijadores: unos dansauan, otros baylaua, otros cantauan con tanbores y múcicas, flautas y pingollos [flauta de Pan], y tenía cantoras, haraui, en su casa y fuera de ella para oýr las dichas múcicas que hacían haraui [canción de amor] en Uaca Punco y el pingollo en Pincollona Pata, en Cantoc y en Uiroy Pata, Cinga Urco. Y tubo ynfan[tes] hijos Tupa Cuci Gualpa Uascar Ynga y Chuqui Llanto y tubo muy muchos hijos uastardos Atagualpa Ynga, Mango Ynga, Yllescas Ynga, Ynga Paullo Topa y otros. Murió con las birgüelas y saranpión. Dizen que tubo su marido quinientos hijos y hijas. Y se murió esta señora en Tumi [Pampa], caci junto con su marido. De edad de nouenta años se acabó esta señora. LA DOZENA COIA [reina], Chuqui Llanto, coya: Dizen que fue muy muchas ueses hermosa y blanquilla, que no tenía ninguna dacha en el cuerpo. Y en el pareser y muy alegre y cantora, amiga de criar paxaritos. Y no tenía cosa suya, aunque su marido era auariento; de puro auariento comía media noche y por la mañana manecía con la coca en la boca. Y tenía su lliclla [manta] de azul claro y lo del medio uerde escuro y su acxo [falda] de uerde y lo del auajo de tocapu [paño de labor texido] . De puro buena y alegra le contentaua a su marido, aunque era enperrado y ací duró pocos años. Primero murió su marido Guascar Ynga. Se cubrió todo de luto. Y se murió en Yucay en tienpo de la conquista de los cristianos. Y no se escriue de su hijo ni hija ni lo auía lexítimo ni uastardo. Y ací en este rrey y rreyna, Ynga, coya, se acauaron los rreys, capac apo Yngas. Y murió de edad de cincuenta y nueue años. Se acabó la uida triste desta señora. Questas señoras grandes le llamauan las rreynas, coya; y las pre[n]sesas, nusta; las señoras, palla ; y las otras señoras: capac uarmi [sñora poderpsa], rreyna; curaca uarmi [la mujer del kuraka], señora; mamacona [señoras], madres; las niñas, nustaconas [princesas], palla. A los Colla Suyos, capac omi [mujer principal]; Conde Suyos, mallco guarmi [señora de la autoridad étnica], cuca mallque guarmi [señora a cargo de un cocal]; estas dichas son señoras grandes. Y las menoras: allicac guarmi [esposas de señores ascendidos], curaca guarmi, guacha guarmi [mujer necesitada]. Estas son las mugeres prencipales y grandes señoras de callidad deste rreyno. Guaccha guarmi son de los comunes yndios particulares deste rreyno. Y otras mugeres prencipales de las mugeres de los mandones y camachicos y de hombres rricos deste rreyno. PRÓLOGO a los letores mugeres, coya [reina], capac uarmi [poderosa], curaca uarmi [la mujer del kuraka], allicac uarmi [esposas de señores ascendidos], uaccha uarmi [mujer necesitada]: Nos espantéys, mugeres. El primer pecado que acometió fue muger. La Eua pecó con la mansana, quebró el mandamiento de Dios. Y ací el primer ydúlatra comensastes, muger, y ciruistes a los demonios. Todo ello es cosa de burla y mentira. Deja todo y tene deboción a la Sanctícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, un solo Dios, y a su Madre de Dios, Santa María cienpre Uirgen. Que ella os faboreserá y rrogará por bosotras del cielo para que gozemos y nos ajuntemos en el cielo y en este mundo, para que no nos tiente Satanás. Armaos con la crus y rreza el Padrenuestro y el Auemaría y acordándoos de la pación de Nuestro Señor Jesucristo, digamos el Credo, para que seamos con la Santícima Trinidad y con Jesucristo y con su Madre Santa María y con sus sanctos y santas ángeles de la corte del cielo. Para esto armémonos con la señal de la sancta crus. De nuestros enemigos líbranos, señor, de todo mal del mundo, de la carne y del demonio. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] r0d0jlcetr7q4m90bcwbwcis5inl9uq 1665696 1665673 2026-06-21T01:34:11Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665696 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 7: El capítulo de las reinas, o quya |autor=Guamán Poma de Ayala }} LA PRIMERA COIA [reina]: Primera historia y comienso de las señoras rreynas, coyas, mugeres de los rreys Yngas, que fue la primera llamada Mama Uaco: Fue muy hermosa y morena de todo el cuerpo y de buen talle. Dizen que fue gran hechizera, según cuentan su uida y historia, que hablaua con los demonios. Esta dicha señora hacía hablar a las piedras y peñas, ýdulos guacas. Desta señora comensaron a salir rreys Yngas. Y dizen que ella no le fue conocida su padre ni de su hijo Mango Capac Ynga, cino que dixo que era hija del sol y de la luna y se casó con su hijo primero, Mango Capac Ynga. Para se casar, dizen que pedió a su padre al sol dote y le dio dote y se casaron madre y hijo. Y la dicha Mama Uaco, coya, tenía su bestido de rrosado y tenía sus topos [prendedor] muy grandes de plata. Y que murió en el Cuzco de edad de duzientos años en tienpo de su hijo, Cinche Roca Ynga. Y tubo ynfantes, hijos Ynca Yupanqui, Pachacuti Ynga y Chinbo Urma. Y tubo su marido otros uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas]. Y esta señora dejó la ley del demonio muy entablado a todos sus hijos y nietos y desendientes. Pero fue muy amiga de los caualleros y demás gentes. Gouernaua más que su marido Mango Capac Ynga; toda la ciudad del Cuzco co (?) le obedecieron y rrespetaron en toda su uida, porque hazía milagros de los demonios nunca uista de hombres. Hablaua como ci fuera persona con las peñas y piedras. Con ello acabó su uida esta señora Mama Uaco. Pero fue muy hermocícima muger y de mucho sauer y hazía mucho bien a los pobres en la ciudad. LA SEGVNDA COIA [reina], Chinbo Urma, coya: Era muy hermosa y morena como la primera casta de su madre. Y fue delgada, amiga de tener rramelletes y flores, ynquilcona, en las manos y de tener un jardín de flores. Y fue pacible con todos sus bazallos. Y tenía su lliclla [manta] de color amarilla y lo del medio azul escuro y el acxo [falda] de encarnado de Maras y su chunbe [faja de cintura] de uerde muy entonada. Fue cazado con Cinche Roca Ynga. Con alegre cara gouernaua a sus bazallos y le rregalaua y muy querida de su marido. Y tenía la ley de su madre y fue selosa. Y murió de ochenta años en el Cuzco. Y dejó ynfantes hijos Lloqui Yupanqui Ynga, Mama Cora Ocllo y Capac Uari Titu Ynga y Topa Amaro Ynga. Y tubo otros muy muchos uastardos auquiconas [príncipes] y nustaconas [princesas] el dicho su marido Cinche Roca Ynga. Esta señora fue muy rrica. Dejó toda su hazienda al sol y a la luna. Repartió a sus hijos rrepartido en el testamento que dejó, cunacuspa alli ciminguan uanorca coya [la reina murió, aconsejando con buenas palabras]. En su tienpo de su marido y de ella, nació Nuestro Señor Jesucristo y murió y rresucitó y subió a los cielos. Y fue enbiado el Espíritu Santo a los sanctos apóstoles y se rrepartió a todo el mundo los apóstoles. Y ací bino San Bartolomé a este rreyno de las Yndias en este tienpo de Chinbo Urma. LA TERZERA COIA [reina], Mama Cora Ocllo, coya: Fue muy ermosa, no tanto como su agüela. Tenía una llicla [manta] de morado y lo del medio naranjado y su acsu [falda] uerde y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Y fue un poco alto de cuerpo. Y fue miserable, auariento y muger enperada. Y no comía caci nada y beuía mucha chicha y de pocas cosas lloraua. Y fue muger de Lloque Yupanqui Ynga. Y de puro mízero no staua bien con sus bazallos. Y de ello no le hazía tanto caso los señores y prencipales grandes. De toda la rrequiesas y comidas mandaua enserrar en el depócito; allí se podría y se acauaua. Como era tan triste de corasón y de condición, no quería tener donzellas ni quería rregalarse. Comía mays crudo y ciclla yuyo [yerba de comer]. Y dezía “¡Llacuaricosun, nustacona!” [“¡Princesas, vamos a relamernos!”]. Y ací tubo ynfantes hijos Mayta Capac Ynga, Cuci Chinbo Mama Yachi Urma. Con ello tubo otros ynfantes y enfantas hijos, los quales sus ermanos ellos lo mataron por quedarse en el rreyno solo su marido. Y por mandado de su marido y con la cólera, esta señora hazía muy grandes daños. Y murió en el Cuzco caci junto con su hijo de [e]dad de ciento y ueynte años. Y tubo su marido otros uastardos hijos, auquicona [príncipes], hijas uastardas, nustacona [princesas]. Y ancí acabó su uida muy mal esta dicha señora. LA CVARTA COIA [reina], Chinbo Mama Yachi Urma, coya: Fue algo fea y morena. Tenía ojos blancos, pero del cuerpo fue muy damada y bizarra, muger onrrada, amiga de salir a la becita de otras señoras prencipales y conuersar con ellas y holgarse con múcicas y merendar. Dezía: “¡Llacuaricosun, nustacona!” [“¡Princesas, vamos a relamernos!”]. Y tenía su lliclla [manta] de naranjado y del medio en canpo de colorado de tocapo [vestido de lauores preciosos] y su acxo [falda] de azul escuro. Y fue muger de Mayta Capac Ynga. Esta muger dizen que cienpre hurtaua hazienda de su marido para dar a las dichas biejas y biejos y a los pobres, más seruía a los pobres que no a los caualleros. Y tenía ynfantis hijos Chinbo Ucllo Mama Caua y Cuci Chinbo Mama Micay, Capac Yupanqui Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga. Y tubo el dicho su marido Mayta Capac Ynga muy muchos hijos bastardos, auquiconas [príncipes], y nustaconas [princesas]. Esta dicha señora murió en el Cuzco de edad de quarenta y cinco años. Y dejó en su testamento todo por eredera a su madre, Mama Cora Ocllo. Y ací se acabó su uida esta señora coya. LA QVINTA COIA [reina], Chinbo Mama Caua: Fue primer cazado con Capac Yupanque. Esta señora fue muy hermosa y pacible y humilde de corasón. Después de auerse casado le dio mal de corasón que cada día dizen que le daua tres ueses y gritaua y daua bozes y arremetía a la gente y mordía y se rrasgaua la cara y arancaua sus cauellos. Con esta enfermedad quedó muy fea y no podía gouernar la tierra. Y ancí dizen que el dicho su marido Yn[ca] Capac Yupanque pedió otra señora y muger al sol su padre para se casar y hazer uida y gouernar su rreyno. Y ací dizen que mandó su padre el sol que se casase con otra su ermana menor, Cuci Chinbo Mama Micay. Y ancí dizen que parió esta dicha señora del mal de corasón que le auía dado. Se la comió un hijo y se murió. Y duró su uida pocos años con su enfermedad y fue muy pobre. Y ací se acabó esta señora y no dejó testamento ni hizo cunacusca [distribución] de cosa alguna. Y ancí después rreynó su ermanana [sic] menor Cuci Chinbo Mama Micay, coya. Y grandeció su rreyno y fue muy estimado en todo el rreyno y fue muy obedecida y honrrada esta dicha señora, coya, segunda muger del dicho Ynga en este rreyno. LA SESTA COIA [reina], Cuci Chinbo Mama Micay, coya: Fue muy hermosa y blanca y del cuerpo fue muy damada y bizarra muger. Tenía su lliclla [manta] de Parauay Suyo y su acxo [falda] de Cuzco, chunbe [faja de cintura] y la beta mayor de auajo blanco y su chunbe de uerde, alegre de cara y rregocijada y amiga de cantar y múcica y tocar tanbor, hazer fiestas y uanquetes y tener rramilletes en las manos, gran señora y gouernadora y hazía mercedes. Y fue cazado con Ynga Roca y por esta señora fue rrespetado grandemente su marido por los señores grandes deste rreyno desde su juridición. Y tubo ynfantes hijos Ypa Uaco Mama Machi, coya, Yauar Uacac Ynga, Apo Camac Ynga, Maytac Ynga. Y tubo otros uastardos hijos, auquiconas [príncipes], nustaconas [princesas] el dicho su marido Ynga Roca. Y murió de edad de ciento y ueynte años. Y dejó mucha rrequiesa; rrepartió en tres partes en el testamento: lo primera para el sol, lo segundo para la luna, lo tersero para sus hijos. Que ací lo auía hecho y ací lo cuentan los dichos biejos que lo supieron. Y hizo muy grandes bestidos y rropa y de cunbe [tejido fino] y de auasca [corriente] y rrequiesas y bajil[l]as de oro y plata y de todo lo demás rrequiesas que tenía. LA SÉTIMA COIA [reina], Ypa Uaco Mama Machi, coya: Tenía su lliclla [manta] de azul claro y lo del medio escuro y su acxo [falda] de uerde y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Fea, de narises larga y el rrostro largo y del talle flaca y seca, larga. Fue amiga de criar paxaritos, papagayos y guacamayas, y micos y monos y otros pájaros que cantan y palomitas del canpo. Y fue gran limosnera que acudía a los pobres. Bolbía mucho por los hombres y quería mal a las mugeres. Y fue cazado con Yauar Uacac Ynga. Y tubo ynfantes hijos Mama Yunto Cayan, coya. Y tubo otras dos hijas, uiza [gemelos], que se murieron, Uira Cocha Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Ynga. Y tubo otros hijos uastardos, auquiconas [príncipes], y nustaconas [princesas], hijos de su marido Yauar Uacac Ynga. Y se murió en el Cuzco esta dicha señora de edad de ochenta y quatro años. Y dejó toda su hazienda, dos partes: el uno para ella y mandó que de ello le den de comer en cada año. Y la otra mitad dejó para su madre. Y ancí se acabó esta dicha señora su uida. Y tenía la ley de su madre. Y tenía toda la rrequiesa; sólo dejó a sus hijos y criados quando se murió. Y dejó al sol en su testamento por eredero de todo sus bienes que auía. LA OTAVA COIA [reina], Mama Yunto Cayan, coya: Fue muy triste de corasón y bizarra muger de cuerpo y muy humilde. De tan humilde no se metía en fiestas ni taquies y danzas ni era amiga de criadas cino pocas. Muy amiga de criar enanitas y corcobadillas y a nustas [princesa]. Y tenía su lliclla [manta] de naranjado y lo del medio blanco o tocapo [vestido de lauores preciosas] con sus cuychis [joya] y tenía su acxo [falda] de morado y la lista de auajo todo de tocapo. Y esta señora de pocas cosas lloraua, apretada de corasón y fue miserable. Y comía muchos manjares y más comía coca por uicio; dormiendo tenía en la boca. Fue amiga de rrequiesas de oro y plata. Y fue cazado con Uira Cocha Ynga. Y tubo ynfantes hijos Ynga Yupanqui, Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga, Bilcac Guaman Ynga, Mama Ana Uarque, coya, y Curi Urma y Quispi Quipi y Cuci Ynquillay, los quales murieron estas dichas hijas. Sola quedó Mama Ana Uarque. Y esta dicha señora Mama Yunto Cayan murió en el Cuzco de edad de cincuenta y ocho años. Y dejó su hazienda a las dichas enanas y corcobadillas porque tenía boluntad y amor. Y se acabó su uida esta señora. LA NOVENA COIA [reina], Mama Ana Uarque, coya: Tenía su cara rredonda y hermosa y los ojos chicas y la boca chica, blanquilla, muy damada las manos y pies, de quatro puntos. Aunque fuese enojada o rreyendo se daua golpes al pecho, deziendo “Uálgame, Ticze Uira Cocha Runa Camac! [Señor fundamental, creador de la gente].” Y ací dizen que cuando dezía estas palabras, cayýan la gente al suelo. Y tenía su lliclla [manta] de rrosado y lo del medio blanco y su acxo [falda] de uerde y lo de auajo billpinto y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Dizen questa señora obedecía muy mucho a su marido. Cuando se enojaua dizen que ponía la cauesa al suelo hasta que le llamaua su marido. Y fue casado con Pachacuti Ynga Yupanqui. Y tubo ynfantes hijos Ynca Maytac, Topa Ynga Yupanque y Tupa Amaro Ynga, Mama Ocllo, coya, Ynga Urcon, Apo Camasca Ynga. En tienpo desta señora y de su marido ubo muy grandes castigos y hambre y sed y pistelencia que enbió Dios y ací se llamó su marido Pachacuti Ynga. Y en este tienpo se hizo los yngas auquiconas, hijos uastardos dos partes; Hanan Cuzco, Lurin Cuzco yngas. Y tubo hijos y hijas uastardos auquicona, nustacona de su marido. Y murió en el Cuzco de edad de ochenta años esta señora. Y dejó su hazienda a su marido. LA DÉZIMA COIA [reina], Mama Ocllo, coya: Fue muger muy espantable y hermosa y rredonda de cuerpo y baxita y tenía una carita pequeñita, alegre de corasón y pacible y muy gran selosa de su marido y amiga de hazienda. Y tenía su lliclla [manta] de amarillo del medio y los lados de oque chunbi suyo [listón de la faja] y su acxo [falda] de canpo azul escuro con betas de Lari. Y esta señora cienpre tenía por camarera y donzella a yndias biejas de ochenta años y por lacayo tenía biejos y en toda su casa que llaman mamaconas [señoras] y pachacas [criado], todo era conuersar y comer y ueuer con ellas. Y fue casado con Topa Ynga Yupanqui. Y tubo ynfantes hijos Uiza Topa Ynga, Topa Ynga Yupanqui y Raua Ocllo, Mama Uaco, Curi Ocllo, Ana Uarque. Murieron los tres uírgenes y donzellas. Amaro Ynga, Otorongo Achachi Ynga, Tunpa Guallpa Guallpa [sic] Ynga, de todos estos dichos el más menor se alsó por rrey Ynga Guayna Capac Ynga. Y tubo muchos hijos uastardos auquiconas [príncipes] y nustas [princesa]. Y su marido dexó hordenansas y gouierno y mojonó y murió su marido de puro uiejo. Dizen que tubo ciento y cinqüenta hijos uastardos su marido. Y fue muy rrica muger; tenía muchas baxillas. Y murió en el Cuzco de edad de ciento y quinze años. Dexó su hazienda para pobres biejos y biejas; se lo rrepartió. LA ONZENA COIA [reina], Raua Ocllo, coya: Era muy hermosa y de buen talle y de mucha cauellera y de buen cuerpo y muy hermosa, como dicho es. Fue descreta y de mucha caridad con los pobres y a los yndios les hazía mucha merced. Tenía grandes rrequiesas, haziendas y chacaras [sementera] y casas y ganados y mucha criada y baxillas de oro y plata. Y trayýa lacayos a la guardas y en co[n]pañía trayýa señores grandes y principales y caualleros y trayýa muy muchas donzellas y gran gouernadora y mandaua hazer muy muchas fiestas. Y en los meses de los años los señores les traýa muy grandes presentes de las prouincias destos rreynos. Y tenía esta dicha señora su lliclla [manta] de azul y lo del medio de naranjado y su acxo [falda] de morado y su chunbe [faja de cintura] de colorado. Muy amiga de trauajar cada día, daua de comer a ducientos pobres, a unas, a otros, y por otra parte daua de comer a los señores y principales, a quinientos hombres deste rreyno. Y tenía mil yndios rregocijadores: unos dansauan, otros baylaua, otros cantauan con tanbores y múcicas, flautas y pingollos [flauta de Pan], y tenía cantoras, haraui, en su casa y fuera de ella para oýr las dichas múcicas que hacían haraui [canción de amor] en Uaca Punco y el pingollo en Pincollona Pata, en Cantoc y en Uiroy Pata, Cinga Urco. Y tubo ynfan[tes] hijos Tupa Cuci Gualpa Uascar Ynga y Chuqui Llanto y tubo muy muchos hijos uastardos Atagualpa Ynga, Mango Ynga, Yllescas Ynga, Ynga Paullo Topa y otros. Murió con las birgüelas y saranpión. Dizen que tubo su marido quinientos hijos y hijas. Y se murió esta señora en Tumi [Pampa], caci junto con su marido. De edad de nouenta años se acabó esta señora. LA DOZENA COIA [reina], Chuqui Llanto, coya: Dizen que fue muy muchas ueses hermosa y blanquilla, que no tenía ninguna dacha en el cuerpo. Y en el pareser y muy alegre y cantora, amiga de criar paxaritos. Y no tenía cosa suya, aunque su marido era auariento; de puro auariento comía media noche y por la mañana manecía con la coca en la boca. Y tenía su lliclla [manta] de azul claro y lo del medio uerde escuro y su acxo [falda] de uerde y lo del auajo de tocapu [paño de labor texido] . De puro buena y alegra le contentaua a su marido, aunque era enperrado y ací duró pocos años. Primero murió su marido Guascar Ynga. Se cubrió todo de luto. Y se murió en Yucay en tienpo de la conquista de los cristianos. Y no se escriue de su hijo ni hija ni lo auía lexítimo ni uastardo. Y ací en este rrey y rreyna, Ynga, coya, se acauaron los rreys, capac apo Yngas. Y murió de edad de cincuenta y nueue años. Se acabó la uida triste desta señora. Questas señoras grandes le llamauan las rreynas, coya; y las pre[n]sesas, nusta; las señoras, palla ; y las otras señoras: capac uarmi [sñora poderpsa], rreyna; curaca uarmi [la mujer del kuraka], señora; mamacona [señoras], madres; las niñas, nustaconas [princesas], palla. A los Colla Suyos, capac omi [mujer principal]; Conde Suyos, mallco guarmi [señora de la autoridad étnica], cuca mallque guarmi [señora a cargo de un cocal]; estas dichas son señoras grandes. Y las menoras: allicac guarmi [esposas de señores ascendidos], curaca guarmi, guacha guarmi [mujer necesitada]. Estas son las mugeres prencipales y grandes señoras de callidad deste rreyno. Guaccha guarmi son de los comunes yndios particulares deste rreyno. Y otras mugeres prencipales de las mugeres de los mandones y camachicos y de hombres rricos deste rreyno. PRÓLOGO a los letores mugeres, coya [reina], capac uarmi [poderosa], curaca uarmi [la mujer del kuraka], allicac uarmi [esposas de señores ascendidos], uaccha uarmi [mujer necesitada]: Nos espantéys, mugeres. El primer pecado que acometió fue muger. La Eua pecó con la mansana, quebró el mandamiento de Dios. Y ací el primer ydúlatra comensastes, muger, y ciruistes a los demonios. Todo ello es cosa de burla y mentira. Deja todo y tene deboción a la Sanctícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, un solo Dios, y a su Madre de Dios, Santa María cienpre Uirgen. Que ella os faboreserá y rrogará por bosotras del cielo para que gozemos y nos ajuntemos en el cielo y en este mundo, para que no nos tiente Satanás. Armaos con la crus y rreza el Padrenuestro y el Auemaría y acordándoos de la pación de Nuestro Señor Jesucristo, digamos el Credo, para que seamos con la Santícima Trinidad y con Jesucristo y con su Madre Santa María y con sus sanctos y santas ángeles de la corte del cielo. Para esto armémonos con la señal de la sancta crus. De nuestros enemigos líbranos, señor, de todo mal del mundo, de la carne y del demonio. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] i1zf1zg2uq6g35kf6p20ymp3yysh85i Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras 0 74267 1665625 1199084 2026-06-21T01:21:34Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras]]: Robot: página trasladada 1199084 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 8: El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} EL PRIMERO CAPITÁN, hijo de Mango Capac, primer Ynga, aunque antiguamente abía muy muchos y famosos y ualerosos capitanes antes que fuese el Ynga y después acá que no se escriue, cino el primero hijo de Mango Capac Ynga fue Ynga Yupanqui, Pachacutichic Ynga. No conquistaron ni hizieron nada, cino todo era dormir y comer y ueuer y putear y holgar y hazer fiestas y uanquetes y pasearse en la ciudad con los demás caualleros auquiconas [príncipes], yngaconas. Y acauaron sus uidas en la ciudad del Cuzco en tienpo de su padre. Y los capitanes que fue ynfantes, hijos de los rreys Yngas pasados y de sus famosos hechos y de otros capitanes, hijos y nietos de los grandes señores y principales destos rreynos de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos, balerosos hombres en la guerra y batalla, que no se escriue por ser proligidad, de que fueron más estimados gauilanes, leones, ticres y sorras, buytres. Dizen que de un salto saltaua una peña grandícimo; bolaua más que gauilán. Y ancí se llamaron acapana [celajes], pues que bencieron a todo Chile y tubieron sugeto por ellos. Fue rrey Ynga, rreynó en este rreyno. EL SEGVNDO CAPITÁN, Topa Amaro Ynga y los demás: Fue hijo del Ynga Cinche Roca Ynga. Fueron baleroso capitanes. Conquistaua y mataua y sacaua ojos a sus enemigos a los dichos yndios prencipales Colla Suyos. Conqui[s]tó todo Colla, Puquina, Cana, Quispi Llacta, Poma Canche. Y hizo muy gran destrución y conquistó desde Xacxa Uana hasta Quiqui Xana, a los yndios Chillques, Acos y murió en la guerra. Y su ermano Uari Tito Ynga, brabo capitán, ynfante, peleó con los yndios Cauinas, Yuto Churi y con los yndios Uaroc Conga Churi, Queuar ynga, Anta ynga, Tanbo ynga, Quilles Cachi ynga, Mayo ynga, Lari ynga. Pelearon con el primer Ynga Tocay Capac y Pinau Capac Ynga y le mató a los susodichos dos ermanos Topa Amaro, Uari Tito Ynga. Y murieron cin conquistar más yndios y tierras estos dichos capitanes y mojonaron desde dadonde ganó. Y los demás prouincias se defendían brabamente y no le dejaua entrar a su rreyno y señorío los demás rreys Yngas en todo el rreyno. EL TERZERO CAPITÁN, Cuci Uanan Chire Ynga: Fue hijo de Lloque Yupanqui Ynga y fue baleroso capitán para dar la batalla. Primero auía de ueuer con el sol su padre y comensó a pelear con el primer Ynga llamado Tocay Capac, Pinau Capac. Fue de la casta de Acos. Y le uenció y conquistó y allí murió Ynga Cuci Uanan Chire y Mayta Capac Ynga, Curi Auqui Ynga, Runto Auqui Ynga, todos los quales se murieron cin conquistar más estos dichos Yngas. Sólo Cuci Uanan Chire, de puro enojo, le conquistó y mató al Ynga Tocay Capac, Pinau Capac, porque auía quebrado a su agüelo Cinche Roca Ynga y sacado dos dientes de fuera con una hondada que le auía tirado Tocay Capac Ynga. Y ací se acauaron estos dichos capitanes y dejaron amojonado todas las tierras de su destrito, el cual rreynaua su padre y de los demás; no le dejó los demás rrays Yngas. EL QVARTO CAPITÁN, Apo Maytac Ynga y Bilcac Ynga: Fueron grandes balerosos capitanes y conquistaron por mandado de su padre, Mayta Capac Ynga, toda la prouincia de Charca y Chuquiyapo, Chuquisaca y Potocí, las minas de plata y las minas de oro, Callauaya, oro de ueynte quatro quilates, oro finícimo. Y hizo una destrución y mató muy mucha gente y destruyyó y puso grandes ýdulos y uacas y sacreficios y mandó hazer tenplos de los dioses ýdolos. Y tubo desde la ciudad del Cuzco todo el rreyno del Collau sugeto y amojonado. Y se acauaron estos dichos capitanes. Y no le dio lugar los rreys de los chinchaysuyos y ací no pudo conquistar ni entrar en ese rreyno y ací se acauaron. EL QVINTO CAPITÁN, Auqui Topa Ynga Yupanqui: Fue hijo de Capac Yupanqui. Fue ualeroso capitán que mató muy muchos yndios y capitanes y prencipales. A sus enemigos cortaua las cau[e]sas para lo presentar a su padre Capac Yupanqui Ynga para que los uiese y se holgase de la uitoria de su hijo. Y conquistó las prouincias de los Quichiuas, Aymara, Uaquirca; Collana, Taypi Aymara; Cayau Aymara; Challuanca, Pampa Marca, todo el rrío auajo. Y los demás sus ermanos Ynti Auqui Ynga, Yupanqui Ynga, Yllapa Tupa Ynga, todo los dichos se murieron cin conquistar en el Cuzco. Y se acauaron estos dichos capitanes y mojonaron hazia Chinchay Suyo. Se uino creciendo el rreyno a más sugetarse; gouernó los Yngas y fue poniendo ydolos, guacas en todo. EL SESTO CAPITÁN, Otorongo Achachi, por otro nombre le llamaron Apo Camac Ynga: Fue hijo de Ynga Roca. Este dicho capitán Otorongo conquistó Ande Suyo, Chuncho, toda la montaña. Fue señor que dizen que para auello de conquistar, se tornó otorongo, tigre; se tornaron el dicho su padre y su hijo. Este dicho su hijo dizen que murió en los Andes y dizen que tiene hijo en los Andes que parió una yndia chuncho. Y ancí por ello los Yngas se llamaron Otorongo Achachi, Amaro Ynga y tiene en sus armas pintado. Estos dichos Yngas trageron coca y lo comieron y ací se enseñaron los demás yndios en este rreyno. Porque en la cierra no se planta coca ni lo ay, cino que se tray de la montaña. Y ací no lo dexan el uicio y mal custumbre cin prouecho, porque quien lo toma lo tiene sólo en la boca ni traga ni lo come; es como tauaquero. Aunque no lo a menester el cuerpo, lo toma. EL SÉTIMO CAPITAN, Ynga Maytac, Ynga Urcon: Fue grandes balerosos y grandes capitanes esforzados. Fue hijos de Yauar Uacac Ynga y conquistó las prouincias de Conde Suyo, Cul[l]aua Conde, Coropona hasta Ariquipa, Arica, Poma Tanbos, Guayna Cota, Parinacocha y Changas de la prouincia de Andaguayllas. Y murió en ellos Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga y Billcac Ynga. Conquistaron Soras y Tanquiuas, Bilcas Guaman, Parejas, Angarays, Andamarcas, Lucanas, Chocorbos, Bilcancho hasta Taya Caxa Guaman y la prouincia de Xauxa, Hanan [y] Lurin Guanca y la cordellera de los Yauyos, Upa Yauyo, Lacuas, Uarochiri, Chaclla, Secicaya, Yungas y de Chincha y Mala, Pacha Camac, Chimo Capac, Lati, Lima, Luna Uana, Sullco, Chinchay Uarco y ancí puso ýdolo uaca en Uarco. Y murieron todos después de la conquista en la ciudad del Cuzco, por donde le pesó muy mucho a su padre. Y fue enterrado muy onrradamente. EL OTABO CAPITÁN, Apo Camae [sic] Ynga: Fue muy baleroso capitán y que parecía como un león. Tenía temerarios ojos; con una bofetada derriuaua a un hombre y desmayaua ona ora. Y ancí este baleroso capitán fue a Chile lleuando cincoenta mil yndios soldados a la conquista. Y fue hijo de Pachacuti Ynga Yupanqui. Y dizen que mató cien mil chilenos. Cuci Uanan Chire Ynga y Mango Capac Ynga y Topa Amaro Ynga, Ynga Maytac: Con estos dichos capitanes conquistaron todo Chile y la prouincia de Chaclla, Yaucha, Chinchay Cocha, Tarma. Llebó ueynte mil yndios; conquistaron y mataron muchos yndios y algunos yndios de los llanos yungas. Y murieron en sus conquistas cin bolber a la ciudad del Cuzco. Para uenser todo Chile, aguardaron que ubiese pistelencia; en el tienpo de pistelencia y hambre de dies años que ubo en este rreyno y en toda Castilla. Como estauan en este trauajo, se dejaron uenserse y conquistarse como en la conquista deste rreyno. Fue Dios seruido que dos rreys se matasen y alborotasen la gente. Y ací fue conquistado. EL NOVENO CAPITÁN, Ynga Urcon: Fue hijo de Topa Ynga Yupanqui, que tenía cargo de hazer lleuar piedras desde el Cuzco a Guanoco. Dizen que la piedra se le cansó y no quiso menear y lloró sangre la dicha piedra. Y ací se quedó hasta oy, que su hijo Guayna Capac Ynga lo hazía lleuar la piedra a Quito, Tomi [Pampa], a Nobo Reyno desde la ciudad del Cuzco, Yucay, tantas mil leguas. Auqui Topa Ynga conquistó toda la prouincia de Guanoco y Caxatanbo, Conchocos, Chinchay Cocha, Tarma, Canta Huno Lurin [y] Hanan Guayllas, que fueron cien mil yndios. Estos dichos ynfantes capitanes fueron hijos de Topa Ynga Yupanqui. Y murió el primer capitán en el Cuzco; el segundo capitán murió en la conquista. Murieron como ualeroso capitanes. Reynó su padre muchas tierras y amojonaron ací los llanos como la cierra y los Andes. Y ubo mucha justicia y curiucidad en este rreyno desde este dicho capitán y su padre. EL DÉZIMO CAPITÁN, Chalco Chima Ynga, capitán general deste rreyno, Quis Quis Ynga, Aua Panti Ynga, Quizo Yupanqui Ynga, Challco Mayta Ynga: Estos fueron generales. Otros capitanes y sargentos y mayse de canpo fueron muy muchos que por pruligidad no la pongo. Estos dichos capitanes fueron con su padre Guayna Capac Ynga a la conquista de las prouincias de Chachapoya, Cañari, Ciccho, Puruuay, Cico, Chupaycho, Guanca Bilca. Llegaron hasta los yndios de Nobo Reyno y murieron todos en la batalla. Solamente el Ynga Atagualpa y Chalco Chima, Quizo Yupanqui murieron en las manos de los cristianos de don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro cuando la conquista que enbió por su enbajador de el gloriócima rrey enperador don Carlos, que a buen tienpo saltaron los cristianos que no se defendieron los yndios, que se dieron luego a la corona rreal de su Magestad. EL ONZE CAPITÁN, Rumi Naui, capitán, cinchicona auca, traydor: Fue este capitán muy ualeroso, hijo de yndio particular y pechero yndio Chinchay Suyo. Otros dizen que fue Conde Suyo, pero fue muy ualleente hombre. Dizen que fue por trayción a matar al ynfante Yllescas Ynga. Del pellexo hizo tanbor y de la cauesa hizo mate de ueuer chicha y de los güesos antara [flauta de Pan] y de los dientes y muelas quiro guallca [collar de dientes]. Esto pasó en la ciudad de Quito adonde auía dexado su padre Guayna Capac Ynga. Y quiso este capitán quedarse con el rreyno y le mató muy muchachacho [sic] de ueynte años. Y se murió este dicho traydor en la dicha ciudad de Quito por las manos de los yndios, porque auía hecho otra ues otros muy muchos daños y males en las prouincias adonde andaua. Por ello fue muerto y le mató los yndios de Quito. Y ací se acabó su uida el pobre capitán. EL DOZE CAPITAN, Capac apo Guaman Chaua, Chinchay Suyo, segunda persona del Ynga, agüelo del autor deste dicho libro: Fue capitán general de los Chinchay Suyos y de todo el rreyno y señor y príncipes y mayor, baleroso capitán. Conquistó toda la prouincia de Quito hasta Nobo Reyno. Con Guayna Capac Ynga acabó su uida. Guanbo Toma, Quichiua; Aymara, Aruni; Lucana, Uancari; Sora, Uacralla; Andamarca, Cacyanap; Angara, Chauay Guaman; Guanca, Alanya, Chuqui Llanqui; Chinchay Cocha Guayanay, y demás capitanes que no se escriue por ser proligidad: Estos dichos capitanes fueron a la conquista de Tomi [Pampa], Cayanbi, Quito, Cañari, Lataconga, Purouay, Chachapoya, Guanca Bilca. Acauaron de conquistar y entablar la tierra estos famosos capitanes de los Chinchay Suyos de aquel tienpo que duraron desde Topa Ynga. EL TREZE CAPITÁN, Capac apo Ninarua, Ande Suyo: Los dichos capitanes que fueron con Guayna Capac Ynga a la conquista de Tomi [Pampa], Quito y fue otros capitanis llamado Otorongo, Ucu Mari, Rumi Songo, Anti Cucillo, Anti Nina, Quiro Amaro, Anti Zupa, Chupayoc Anti, Yscay Cinca Anti, Llatan Anti. Cin estos auido otros capitanes que el dicho Guayna Capac lo lleuaron por grandesa. A los desnudos lo llebó, seruiendo sólo para que lo comiese a los yndios rreueldes. Y ací comió esta gente a muchos prencipales. Y estos dichos yndios quedan en sus pueblos de la montaña, ynfieles, quedan por conquistar. Y ay muchícimos yndios a la otra uanda; es tierra de la cierra hacia la Mar del Norte a la Margarita. Ay muchícimos yndios, oro y plata y ganados, yndios ynfieles. Está la tierra por descubrir la tierra. EL CATORZE CAPITÁN, Malco Castilla Pari, Colla Suyo: Fueron a la conquista de la prouincia de Tumi, Guanca Billca, Quillay Cinca con el dicho Ynga Guayna Capac con los demás capitanes de Hatun Colla, Poquina Colla, Charca, Cana, Poma Canchi, Quispi Llacta, Cauina, Calla Uaya. Los dichos capitanes Hila Supa, Chanbi Mallco , Chunta Malco, Hatun Colla, Anocara Hila, Utorongo, Quiro Uallca, Sonco Mallco, Uila Chunta, Auqui Suri, Suri Mallco: Estos dichos capitanes fueron a la dicha conquista y murieron en ellas; algunos bolbieron a sus pueblos y tierras y se murieron allí. Algunos se quedaron hasta oy en Tume [Pampa], Quito. Sus bisnietos destos dichos capitanes adonde conquistaron se quedaron para memoria y generación, los quales les llaman mitimays, estrangeros, de yndios. EL QVINZE CAPITÁN, Malco Mullo, Conde Suyo: Este capitán y los demás fueron a la conquista de Caxamarca, Quito, de Tomi, Chachapoya, Lataconga, Guanca Bilca hasta Nobo Reyno con Guayna Capac Ynga a la conquista. Y conquistaron y asolaron a dos rreys Yngas grandes llamado Apo Pinto, Guayna Pinto. Y los mataron a todos los contrarios capitanes y los que fueron con el dicho Ynga. Nina Quiro Mallco, Rumi Songo Mallco, Rumi Naui Mallco, Mana Cutana Mallco, Uiza Toma Mallco, Apo Curi Mallco, Aca Pana Hila, Runto Conya Hila, Coropona Mallco: Estos dichos capitanes famosos y brabícimos capitanes que fueron a la conquista y se murieron y algunos se bolbieron a sus casas y pueblos, los quales sus hijos son caciques prencipales y algunos quedan pobres. LA PRIMERA SEÑORA, Capac Guarmi Poma Gualca, Chinchay Suyo: Esta señora y rreyna, antes que fuese Ynga y después, fue muy bizarra y hermosa muger que de tan buena gouernaua todo el rreyno. Y fue muger y señora de capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga. Fue de la casta de Yaro Bilca, Allauca Guanoco, agüela del autor. Esta dicha señora fue mayor en todo el rreyno. Y después desta señora fueron otras señoras prencipales llamadas Chuqui Timta, Asto Carua, Carua Quillpa, Guaman Chisque, Guamancha Poma, Churay Pariama, Guaman Chunbe, Lauca Chuque, Mayua Poma, Churay Maglla, Paria Guanay, Suyoma Auama Collque, Timta Carua Churay, Citcama Chunbi, Cuti Quillama, Miza Uarmi. Cin estas dichas señoras auido otras prencipalas que su Magestad deue hazelle merced en este rreyno. SEGVNDA SEÑORA, Capac Mallquima, Ande Suyo: Esta dicha señora, aunque son de buen talle y hermocícimas, blancas más que española, pero andan con pampanilla y alguna casta desnudas en cueros, que son de la casta y naturaleza, ací hombres como mugeres, y comen carne humana. Pero todos están ynbijadas y huntadas todo el cuerpo con mantor [colorante] y andan en la montaña y son yndios por conquistar. Y de tanta montaña no se puede conquistar. Y otras señoras se llaman Auar Mana, Cucar Mana, Cuca Mallquima, Tazama Auama, Loroma Supama, Tirania Aua Paria, Pillco Challua Mapiscoma. Y ay otros muy muchos señoras de cada pueblo de la montaña; a la otra parte ay mucha gente y tierra de rriquiesas adonde a[y] yndios ynfieles llamado Anca Uallo, Guarmi Auca, adonde dizen que ay mucho oro y plata. TERZERA SEÑORA, Capac Umi Tallama, Colla Suyo: Esta señora fue muy bizarra, hermosa; de puro gorda quedó fea que to[dos] de la casta son gordícimos y floxas, encapases, pucilánimos, pero rrica gente llámase Colla capac [un poderoso Colla], rrica de plata de Potocí y de oro de Carauaya, el más fino oro de todo el rreyno. Y rrica de ganados de uacay [camélido] y de paco [alpaca] y de ganados de Castilla, obejas, bacas, puercas. Y rrica de papa, chuno [papa deshidratada] y moraya [ch'uñu blanco], quinua [semilla de altura], pobre de mays y trigo y uino. Y se dize capac Colla [el poderoso señor Colla] mapa colla [qulla sucio], poquis colla [qulla imbécil]. Y son grandotes animales. Y ací todos los hombres o mugeres grandotes, gordos, sebosos, floxos, bestias sólo es para comer y dormir. Y auido otras señoras: Talla Uarmi, Cayuma Uizama, Chunbima Cucama Anama Chuqui Timta Timta Yaca Talla Timta Pacllama Pulloma Qurima. Cin estas otras señoras auido en la prouincia de los Collas y Canas y Canches y Charca. QVARTA SEÑORA, Mallco Guarmi Timtama, Conde Suyo: Esta señora fue muy hermosa y de ualor porque era de buena condición. Aunque su tierra es pobrícimo del destrito de Ariquipa que no tiene oro ni plata ni ganados, cino los de Coropona Conde tiene ganados. Y los demás se sustenta de agí y albodón que se tray de los yungas [zona cálida] y llanos. Y son Palta Conde, Hatun Conde, Cullaua Conde, Cusco Conde, Alca Toro, Uayna Cota, Poma Tanbo. Estos dichos son Condes y en ellas ay otras señoras; se llaman: Timta Carua, Timta Churay, Churama Auzama, Cuci Mayllama, Aya Yama, Anyama, Chuqui Pana, Panallo Sequema, Puci Mapana, Timta Caruama, Mulloma Cutima. Otras señoras de mugeres de prencipales de los Conde Suyos auido y no se a escrito. Que se deue hazelle merced y son hijos de grandes del rreyno. AVQVI [príncipe], DON CARLOS Paullo Topa Ynga, auquicona, fue hijo uastardo de Guayna Capac Ynga y su madre fue ozeca. Este dicho Paullo Topa se casó con doña María Esqueuiel. Este dicho Ynga fue seruiendo a don Diego de Almagro el uiejo, conquistador, hasta Chile. Por ello le señaló la rrenta en los yndios Canas. Y tubo un hijo lexítimo don Melchor Carlos Ynga Uira Cocha, Hanan Cuzco, nieto uastardo de Guayna Capac Ynga. Y demás desto ay otros nietos de más rreys Yngas asalareado por su Magestad: don Cristóbal Suna, auqui, Lurin Cuzco, de la casa del sol; don Juan Ninan Curo, auqui, Lurin Cuzco, don Phelipe Cari Topa Ynga, auqui, Hanan Cuzco, don Alonso Atauchi Ynga, auqui, Hanan Cuzco; don Francisco Hila Quita Ynga, auqui, Lurin Cuzco; doña Beatris Quispe Quipe, nusta [princesa], y otros muchos naturales y uastardos auía. El capitán Challco Chima lo acabó de matar y otros se murieron de enfermedad. Que en aquel tienpo auían lexítimos, que al dicho lexítimo les llamauan capac apo Ynga Uana Cauri; quiere dezir rrey. A los prínsepes les llamaua auquicona y a los caualleros, ynga, y a los picheros, yncacona, y a la rreyna, coya, y a la prensesa, nusta, y a las señoras particulares les llamaua palla , y a las picheras, aui. Y ancí como lo declaran los yndios que se an acauado los legítimos Yngas rreys perfectos y los que queda son auquiconas. Y ací el derecho por justicia le uiene a nuestro rrey Phelipo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] bnadw79tcyk5pdrkgbhif8gxtz33u0x 1665665 1665625 2026-06-21T01:24:07Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665665 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 8: El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} EL PRIMERO CAPITÁN, hijo de Mango Capac, primer Ynga, aunque antiguamente abía muy muchos y famosos y ualerosos capitanes antes que fuese el Ynga y después acá que no se escriue, cino el primero hijo de Mango Capac Ynga fue Ynga Yupanqui, Pachacutichic Ynga. No conquistaron ni hizieron nada, cino todo era dormir y comer y ueuer y putear y holgar y hazer fiestas y uanquetes y pasearse en la ciudad con los demás caualleros auquiconas [príncipes], yngaconas. Y acauaron sus uidas en la ciudad del Cuzco en tienpo de su padre. Y los capitanes que fue ynfantes, hijos de los rreys Yngas pasados y de sus famosos hechos y de otros capitanes, hijos y nietos de los grandes señores y principales destos rreynos de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos, balerosos hombres en la guerra y batalla, que no se escriue por ser proligidad, de que fueron más estimados gauilanes, leones, ticres y sorras, buytres. Dizen que de un salto saltaua una peña grandícimo; bolaua más que gauilán. Y ancí se llamaron acapana [celajes], pues que bencieron a todo Chile y tubieron sugeto por ellos. Fue rrey Ynga, rreynó en este rreyno. EL SEGVNDO CAPITÁN, Topa Amaro Ynga y los demás: Fue hijo del Ynga Cinche Roca Ynga. Fueron baleroso capitanes. Conquistaua y mataua y sacaua ojos a sus enemigos a los dichos yndios prencipales Colla Suyos. Conqui[s]tó todo Colla, Puquina, Cana, Quispi Llacta, Poma Canche. Y hizo muy gran destrución y conquistó desde Xacxa Uana hasta Quiqui Xana, a los yndios Chillques, Acos y murió en la guerra. Y su ermano Uari Tito Ynga, brabo capitán, ynfante, peleó con los yndios Cauinas, Yuto Churi y con los yndios Uaroc Conga Churi, Queuar ynga, Anta ynga, Tanbo ynga, Quilles Cachi ynga, Mayo ynga, Lari ynga. Pelearon con el primer Ynga Tocay Capac y Pinau Capac Ynga y le mató a los susodichos dos ermanos Topa Amaro, Uari Tito Ynga. Y murieron cin conquistar más yndios y tierras estos dichos capitanes y mojonaron desde dadonde ganó. Y los demás prouincias se defendían brabamente y no le dejaua entrar a su rreyno y señorío los demás rreys Yngas en todo el rreyno. EL TERZERO CAPITÁN, Cuci Uanan Chire Ynga: Fue hijo de Lloque Yupanqui Ynga y fue baleroso capitán para dar la batalla. Primero auía de ueuer con el sol su padre y comensó a pelear con el primer Ynga llamado Tocay Capac, Pinau Capac. Fue de la casta de Acos. Y le uenció y conquistó y allí murió Ynga Cuci Uanan Chire y Mayta Capac Ynga, Curi Auqui Ynga, Runto Auqui Ynga, todos los quales se murieron cin conquistar más estos dichos Yngas. Sólo Cuci Uanan Chire, de puro enojo, le conquistó y mató al Ynga Tocay Capac, Pinau Capac, porque auía quebrado a su agüelo Cinche Roca Ynga y sacado dos dientes de fuera con una hondada que le auía tirado Tocay Capac Ynga. Y ací se acauaron estos dichos capitanes y dejaron amojonado todas las tierras de su destrito, el cual rreynaua su padre y de los demás; no le dejó los demás rrays Yngas. EL QVARTO CAPITÁN, Apo Maytac Ynga y Bilcac Ynga: Fueron grandes balerosos capitanes y conquistaron por mandado de su padre, Mayta Capac Ynga, toda la prouincia de Charca y Chuquiyapo, Chuquisaca y Potocí, las minas de plata y las minas de oro, Callauaya, oro de ueynte quatro quilates, oro finícimo. Y hizo una destrución y mató muy mucha gente y destruyyó y puso grandes ýdulos y uacas y sacreficios y mandó hazer tenplos de los dioses ýdolos. Y tubo desde la ciudad del Cuzco todo el rreyno del Collau sugeto y amojonado. Y se acauaron estos dichos capitanes. Y no le dio lugar los rreys de los chinchaysuyos y ací no pudo conquistar ni entrar en ese rreyno y ací se acauaron. EL QVINTO CAPITÁN, Auqui Topa Ynga Yupanqui: Fue hijo de Capac Yupanqui. Fue ualeroso capitán que mató muy muchos yndios y capitanes y prencipales. A sus enemigos cortaua las cau[e]sas para lo presentar a su padre Capac Yupanqui Ynga para que los uiese y se holgase de la uitoria de su hijo. Y conquistó las prouincias de los Quichiuas, Aymara, Uaquirca; Collana, Taypi Aymara; Cayau Aymara; Challuanca, Pampa Marca, todo el rrío auajo. Y los demás sus ermanos Ynti Auqui Ynga, Yupanqui Ynga, Yllapa Tupa Ynga, todo los dichos se murieron cin conquistar en el Cuzco. Y se acauaron estos dichos capitanes y mojonaron hazia Chinchay Suyo. Se uino creciendo el rreyno a más sugetarse; gouernó los Yngas y fue poniendo ydolos, guacas en todo. EL SESTO CAPITÁN, Otorongo Achachi, por otro nombre le llamaron Apo Camac Ynga: Fue hijo de Ynga Roca. Este dicho capitán Otorongo conquistó Ande Suyo, Chuncho, toda la montaña. Fue señor que dizen que para auello de conquistar, se tornó otorongo, tigre; se tornaron el dicho su padre y su hijo. Este dicho su hijo dizen que murió en los Andes y dizen que tiene hijo en los Andes que parió una yndia chuncho. Y ancí por ello los Yngas se llamaron Otorongo Achachi, Amaro Ynga y tiene en sus armas pintado. Estos dichos Yngas trageron coca y lo comieron y ací se enseñaron los demás yndios en este rreyno. Porque en la cierra no se planta coca ni lo ay, cino que se tray de la montaña. Y ací no lo dexan el uicio y mal custumbre cin prouecho, porque quien lo toma lo tiene sólo en la boca ni traga ni lo come; es como tauaquero. Aunque no lo a menester el cuerpo, lo toma. EL SÉTIMO CAPITAN, Ynga Maytac, Ynga Urcon: Fue grandes balerosos y grandes capitanes esforzados. Fue hijos de Yauar Uacac Ynga y conquistó las prouincias de Conde Suyo, Cul[l]aua Conde, Coropona hasta Ariquipa, Arica, Poma Tanbos, Guayna Cota, Parinacocha y Changas de la prouincia de Andaguayllas. Y murió en ellos Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga y Billcac Ynga. Conquistaron Soras y Tanquiuas, Bilcas Guaman, Parejas, Angarays, Andamarcas, Lucanas, Chocorbos, Bilcancho hasta Taya Caxa Guaman y la prouincia de Xauxa, Hanan [y] Lurin Guanca y la cordellera de los Yauyos, Upa Yauyo, Lacuas, Uarochiri, Chaclla, Secicaya, Yungas y de Chincha y Mala, Pacha Camac, Chimo Capac, Lati, Lima, Luna Uana, Sullco, Chinchay Uarco y ancí puso ýdolo uaca en Uarco. Y murieron todos después de la conquista en la ciudad del Cuzco, por donde le pesó muy mucho a su padre. Y fue enterrado muy onrradamente. EL OTABO CAPITÁN, Apo Camae [sic] Ynga: Fue muy baleroso capitán y que parecía como un león. Tenía temerarios ojos; con una bofetada derriuaua a un hombre y desmayaua ona ora. Y ancí este baleroso capitán fue a Chile lleuando cincoenta mil yndios soldados a la conquista. Y fue hijo de Pachacuti Ynga Yupanqui. Y dizen que mató cien mil chilenos. Cuci Uanan Chire Ynga y Mango Capac Ynga y Topa Amaro Ynga, Ynga Maytac: Con estos dichos capitanes conquistaron todo Chile y la prouincia de Chaclla, Yaucha, Chinchay Cocha, Tarma. Llebó ueynte mil yndios; conquistaron y mataron muchos yndios y algunos yndios de los llanos yungas. Y murieron en sus conquistas cin bolber a la ciudad del Cuzco. Para uenser todo Chile, aguardaron que ubiese pistelencia; en el tienpo de pistelencia y hambre de dies años que ubo en este rreyno y en toda Castilla. Como estauan en este trauajo, se dejaron uenserse y conquistarse como en la conquista deste rreyno. Fue Dios seruido que dos rreys se matasen y alborotasen la gente. Y ací fue conquistado. EL NOVENO CAPITÁN, Ynga Urcon: Fue hijo de Topa Ynga Yupanqui, que tenía cargo de hazer lleuar piedras desde el Cuzco a Guanoco. Dizen que la piedra se le cansó y no quiso menear y lloró sangre la dicha piedra. Y ací se quedó hasta oy, que su hijo Guayna Capac Ynga lo hazía lleuar la piedra a Quito, Tomi [Pampa], a Nobo Reyno desde la ciudad del Cuzco, Yucay, tantas mil leguas. Auqui Topa Ynga conquistó toda la prouincia de Guanoco y Caxatanbo, Conchocos, Chinchay Cocha, Tarma, Canta Huno Lurin [y] Hanan Guayllas, que fueron cien mil yndios. Estos dichos ynfantes capitanes fueron hijos de Topa Ynga Yupanqui. Y murió el primer capitán en el Cuzco; el segundo capitán murió en la conquista. Murieron como ualeroso capitanes. Reynó su padre muchas tierras y amojonaron ací los llanos como la cierra y los Andes. Y ubo mucha justicia y curiucidad en este rreyno desde este dicho capitán y su padre. EL DÉZIMO CAPITÁN, Chalco Chima Ynga, capitán general deste rreyno, Quis Quis Ynga, Aua Panti Ynga, Quizo Yupanqui Ynga, Challco Mayta Ynga: Estos fueron generales. Otros capitanes y sargentos y mayse de canpo fueron muy muchos que por pruligidad no la pongo. Estos dichos capitanes fueron con su padre Guayna Capac Ynga a la conquista de las prouincias de Chachapoya, Cañari, Ciccho, Puruuay, Cico, Chupaycho, Guanca Bilca. Llegaron hasta los yndios de Nobo Reyno y murieron todos en la batalla. Solamente el Ynga Atagualpa y Chalco Chima, Quizo Yupanqui murieron en las manos de los cristianos de don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro cuando la conquista que enbió por su enbajador de el gloriócima rrey enperador don Carlos, que a buen tienpo saltaron los cristianos que no se defendieron los yndios, que se dieron luego a la corona rreal de su Magestad. EL ONZE CAPITÁN, Rumi Naui, capitán, cinchicona auca, traydor: Fue este capitán muy ualeroso, hijo de yndio particular y pechero yndio Chinchay Suyo. Otros dizen que fue Conde Suyo, pero fue muy ualleente hombre. Dizen que fue por trayción a matar al ynfante Yllescas Ynga. Del pellexo hizo tanbor y de la cauesa hizo mate de ueuer chicha y de los güesos antara [flauta de Pan] y de los dientes y muelas quiro guallca [collar de dientes]. Esto pasó en la ciudad de Quito adonde auía dexado su padre Guayna Capac Ynga. Y quiso este capitán quedarse con el rreyno y le mató muy muchachacho [sic] de ueynte años. Y se murió este dicho traydor en la dicha ciudad de Quito por las manos de los yndios, porque auía hecho otra ues otros muy muchos daños y males en las prouincias adonde andaua. Por ello fue muerto y le mató los yndios de Quito. Y ací se acabó su uida el pobre capitán. EL DOZE CAPITAN, Capac apo Guaman Chaua, Chinchay Suyo, segunda persona del Ynga, agüelo del autor deste dicho libro: Fue capitán general de los Chinchay Suyos y de todo el rreyno y señor y príncipes y mayor, baleroso capitán. Conquistó toda la prouincia de Quito hasta Nobo Reyno. Con Guayna Capac Ynga acabó su uida. Guanbo Toma, Quichiua; Aymara, Aruni; Lucana, Uancari; Sora, Uacralla; Andamarca, Cacyanap; Angara, Chauay Guaman; Guanca, Alanya, Chuqui Llanqui; Chinchay Cocha Guayanay, y demás capitanes que no se escriue por ser proligidad: Estos dichos capitanes fueron a la conquista de Tomi [Pampa], Cayanbi, Quito, Cañari, Lataconga, Purouay, Chachapoya, Guanca Bilca. Acauaron de conquistar y entablar la tierra estos famosos capitanes de los Chinchay Suyos de aquel tienpo que duraron desde Topa Ynga. EL TREZE CAPITÁN, Capac apo Ninarua, Ande Suyo: Los dichos capitanes que fueron con Guayna Capac Ynga a la conquista de Tomi [Pampa], Quito y fue otros capitanis llamado Otorongo, Ucu Mari, Rumi Songo, Anti Cucillo, Anti Nina, Quiro Amaro, Anti Zupa, Chupayoc Anti, Yscay Cinca Anti, Llatan Anti. Cin estos auido otros capitanes que el dicho Guayna Capac lo lleuaron por grandesa. A los desnudos lo llebó, seruiendo sólo para que lo comiese a los yndios rreueldes. Y ací comió esta gente a muchos prencipales. Y estos dichos yndios quedan en sus pueblos de la montaña, ynfieles, quedan por conquistar. Y ay muchícimos yndios a la otra uanda; es tierra de la cierra hacia la Mar del Norte a la Margarita. Ay muchícimos yndios, oro y plata y ganados, yndios ynfieles. Está la tierra por descubrir la tierra. EL CATORZE CAPITÁN, Malco Castilla Pari, Colla Suyo: Fueron a la conquista de la prouincia de Tumi, Guanca Billca, Quillay Cinca con el dicho Ynga Guayna Capac con los demás capitanes de Hatun Colla, Poquina Colla, Charca, Cana, Poma Canchi, Quispi Llacta, Cauina, Calla Uaya. Los dichos capitanes Hila Supa, Chanbi Mallco , Chunta Malco, Hatun Colla, Anocara Hila, Utorongo, Quiro Uallca, Sonco Mallco, Uila Chunta, Auqui Suri, Suri Mallco: Estos dichos capitanes fueron a la dicha conquista y murieron en ellas; algunos bolbieron a sus pueblos y tierras y se murieron allí. Algunos se quedaron hasta oy en Tume [Pampa], Quito. Sus bisnietos destos dichos capitanes adonde conquistaron se quedaron para memoria y generación, los quales les llaman mitimays, estrangeros, de yndios. EL QVINZE CAPITÁN, Malco Mullo, Conde Suyo: Este capitán y los demás fueron a la conquista de Caxamarca, Quito, de Tomi, Chachapoya, Lataconga, Guanca Bilca hasta Nobo Reyno con Guayna Capac Ynga a la conquista. Y conquistaron y asolaron a dos rreys Yngas grandes llamado Apo Pinto, Guayna Pinto. Y los mataron a todos los contrarios capitanes y los que fueron con el dicho Ynga. Nina Quiro Mallco, Rumi Songo Mallco, Rumi Naui Mallco, Mana Cutana Mallco, Uiza Toma Mallco, Apo Curi Mallco, Aca Pana Hila, Runto Conya Hila, Coropona Mallco: Estos dichos capitanes famosos y brabícimos capitanes que fueron a la conquista y se murieron y algunos se bolbieron a sus casas y pueblos, los quales sus hijos son caciques prencipales y algunos quedan pobres. LA PRIMERA SEÑORA, Capac Guarmi Poma Gualca, Chinchay Suyo: Esta señora y rreyna, antes que fuese Ynga y después, fue muy bizarra y hermosa muger que de tan buena gouernaua todo el rreyno. Y fue muger y señora de capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga. Fue de la casta de Yaro Bilca, Allauca Guanoco, agüela del autor. Esta dicha señora fue mayor en todo el rreyno. Y después desta señora fueron otras señoras prencipales llamadas Chuqui Timta, Asto Carua, Carua Quillpa, Guaman Chisque, Guamancha Poma, Churay Pariama, Guaman Chunbe, Lauca Chuque, Mayua Poma, Churay Maglla, Paria Guanay, Suyoma Auama Collque, Timta Carua Churay, Citcama Chunbi, Cuti Quillama, Miza Uarmi. Cin estas dichas señoras auido otras prencipalas que su Magestad deue hazelle merced en este rreyno. SEGVNDA SEÑORA, Capac Mallquima, Ande Suyo: Esta dicha señora, aunque son de buen talle y hermocícimas, blancas más que española, pero andan con pampanilla y alguna casta desnudas en cueros, que son de la casta y naturaleza, ací hombres como mugeres, y comen carne humana. Pero todos están ynbijadas y huntadas todo el cuerpo con mantor [colorante] y andan en la montaña y son yndios por conquistar. Y de tanta montaña no se puede conquistar. Y otras señoras se llaman Auar Mana, Cucar Mana, Cuca Mallquima, Tazama Auama, Loroma Supama, Tirania Aua Paria, Pillco Challua Mapiscoma. Y ay otros muy muchos señoras de cada pueblo de la montaña; a la otra parte ay mucha gente y tierra de rriquiesas adonde a[y] yndios ynfieles llamado Anca Uallo, Guarmi Auca, adonde dizen que ay mucho oro y plata. TERZERA SEÑORA, Capac Umi Tallama, Colla Suyo: Esta señora fue muy bizarra, hermosa; de puro gorda quedó fea que to[dos] de la casta son gordícimos y floxas, encapases, pucilánimos, pero rrica gente llámase Colla capac [un poderoso Colla], rrica de plata de Potocí y de oro de Carauaya, el más fino oro de todo el rreyno. Y rrica de ganados de uacay [camélido] y de paco [alpaca] y de ganados de Castilla, obejas, bacas, puercas. Y rrica de papa, chuno [papa deshidratada] y moraya [ch'uñu blanco], quinua [semilla de altura], pobre de mays y trigo y uino. Y se dize capac Colla [el poderoso señor Colla] mapa colla [qulla sucio], poquis colla [qulla imbécil]. Y son grandotes animales. Y ací todos los hombres o mugeres grandotes, gordos, sebosos, floxos, bestias sólo es para comer y dormir. Y auido otras señoras: Talla Uarmi, Cayuma Uizama, Chunbima Cucama Anama Chuqui Timta Timta Yaca Talla Timta Pacllama Pulloma Qurima. Cin estas otras señoras auido en la prouincia de los Collas y Canas y Canches y Charca. QVARTA SEÑORA, Mallco Guarmi Timtama, Conde Suyo: Esta señora fue muy hermosa y de ualor porque era de buena condición. Aunque su tierra es pobrícimo del destrito de Ariquipa que no tiene oro ni plata ni ganados, cino los de Coropona Conde tiene ganados. Y los demás se sustenta de agí y albodón que se tray de los yungas [zona cálida] y llanos. Y son Palta Conde, Hatun Conde, Cullaua Conde, Cusco Conde, Alca Toro, Uayna Cota, Poma Tanbo. Estos dichos son Condes y en ellas ay otras señoras; se llaman: Timta Carua, Timta Churay, Churama Auzama, Cuci Mayllama, Aya Yama, Anyama, Chuqui Pana, Panallo Sequema, Puci Mapana, Timta Caruama, Mulloma Cutima. Otras señoras de mugeres de prencipales de los Conde Suyos auido y no se a escrito. Que se deue hazelle merced y son hijos de grandes del rreyno. AVQVI [príncipe], DON CARLOS Paullo Topa Ynga, auquicona, fue hijo uastardo de Guayna Capac Ynga y su madre fue ozeca. Este dicho Paullo Topa se casó con doña María Esqueuiel. Este dicho Ynga fue seruiendo a don Diego de Almagro el uiejo, conquistador, hasta Chile. Por ello le señaló la rrenta en los yndios Canas. Y tubo un hijo lexítimo don Melchor Carlos Ynga Uira Cocha, Hanan Cuzco, nieto uastardo de Guayna Capac Ynga. Y demás desto ay otros nietos de más rreys Yngas asalareado por su Magestad: don Cristóbal Suna, auqui, Lurin Cuzco, de la casa del sol; don Juan Ninan Curo, auqui, Lurin Cuzco, don Phelipe Cari Topa Ynga, auqui, Hanan Cuzco, don Alonso Atauchi Ynga, auqui, Hanan Cuzco; don Francisco Hila Quita Ynga, auqui, Lurin Cuzco; doña Beatris Quispe Quipe, nusta [princesa], y otros muchos naturales y uastardos auía. El capitán Challco Chima lo acabó de matar y otros se murieron de enfermedad. Que en aquel tienpo auían lexítimos, que al dicho lexítimo les llamauan capac apo Ynga Uana Cauri; quiere dezir rrey. A los prínsepes les llamaua auquicona y a los caualleros, ynga, y a los picheros, yncacona, y a la rreyna, coya, y a la prensesa, nusta, y a las señoras particulares les llamaua palla , y a las picheras, aui. Y ancí como lo declaran los yndios que se an acauado los legítimos Yngas rreys perfectos y los que queda son auquiconas. Y ací el derecho por justicia le uiene a nuestro rrey Phelipo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] e7qqnw4zfaoheivvj5au873uzt8tiuu 1665699 1665665 2026-06-21T01:34:14Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665699 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 8: El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras |autor=Guamán Poma de Ayala }} EL PRIMERO CAPITÁN, hijo de Mango Capac, primer Ynga, aunque antiguamente abía muy muchos y famosos y ualerosos capitanes antes que fuese el Ynga y después acá que no se escriue, cino el primero hijo de Mango Capac Ynga fue Ynga Yupanqui, Pachacutichic Ynga. No conquistaron ni hizieron nada, cino todo era dormir y comer y ueuer y putear y holgar y hazer fiestas y uanquetes y pasearse en la ciudad con los demás caualleros auquiconas [príncipes], yngaconas. Y acauaron sus uidas en la ciudad del Cuzco en tienpo de su padre. Y los capitanes que fue ynfantes, hijos de los rreys Yngas pasados y de sus famosos hechos y de otros capitanes, hijos y nietos de los grandes señores y principales destos rreynos de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos, balerosos hombres en la guerra y batalla, que no se escriue por ser proligidad, de que fueron más estimados gauilanes, leones, ticres y sorras, buytres. Dizen que de un salto saltaua una peña grandícimo; bolaua más que gauilán. Y ancí se llamaron acapana [celajes], pues que bencieron a todo Chile y tubieron sugeto por ellos. Fue rrey Ynga, rreynó en este rreyno. EL SEGVNDO CAPITÁN, Topa Amaro Ynga y los demás: Fue hijo del Ynga Cinche Roca Ynga. Fueron baleroso capitanes. Conquistaua y mataua y sacaua ojos a sus enemigos a los dichos yndios prencipales Colla Suyos. Conqui[s]tó todo Colla, Puquina, Cana, Quispi Llacta, Poma Canche. Y hizo muy gran destrución y conquistó desde Xacxa Uana hasta Quiqui Xana, a los yndios Chillques, Acos y murió en la guerra. Y su ermano Uari Tito Ynga, brabo capitán, ynfante, peleó con los yndios Cauinas, Yuto Churi y con los yndios Uaroc Conga Churi, Queuar ynga, Anta ynga, Tanbo ynga, Quilles Cachi ynga, Mayo ynga, Lari ynga. Pelearon con el primer Ynga Tocay Capac y Pinau Capac Ynga y le mató a los susodichos dos ermanos Topa Amaro, Uari Tito Ynga. Y murieron cin conquistar más yndios y tierras estos dichos capitanes y mojonaron desde dadonde ganó. Y los demás prouincias se defendían brabamente y no le dejaua entrar a su rreyno y señorío los demás rreys Yngas en todo el rreyno. EL TERZERO CAPITÁN, Cuci Uanan Chire Ynga: Fue hijo de Lloque Yupanqui Ynga y fue baleroso capitán para dar la batalla. Primero auía de ueuer con el sol su padre y comensó a pelear con el primer Ynga llamado Tocay Capac, Pinau Capac. Fue de la casta de Acos. Y le uenció y conquistó y allí murió Ynga Cuci Uanan Chire y Mayta Capac Ynga, Curi Auqui Ynga, Runto Auqui Ynga, todos los quales se murieron cin conquistar más estos dichos Yngas. Sólo Cuci Uanan Chire, de puro enojo, le conquistó y mató al Ynga Tocay Capac, Pinau Capac, porque auía quebrado a su agüelo Cinche Roca Ynga y sacado dos dientes de fuera con una hondada que le auía tirado Tocay Capac Ynga. Y ací se acauaron estos dichos capitanes y dejaron amojonado todas las tierras de su destrito, el cual rreynaua su padre y de los demás; no le dejó los demás rrays Yngas. EL QVARTO CAPITÁN, Apo Maytac Ynga y Bilcac Ynga: Fueron grandes balerosos capitanes y conquistaron por mandado de su padre, Mayta Capac Ynga, toda la prouincia de Charca y Chuquiyapo, Chuquisaca y Potocí, las minas de plata y las minas de oro, Callauaya, oro de ueynte quatro quilates, oro finícimo. Y hizo una destrución y mató muy mucha gente y destruyyó y puso grandes ýdulos y uacas y sacreficios y mandó hazer tenplos de los dioses ýdolos. Y tubo desde la ciudad del Cuzco todo el rreyno del Collau sugeto y amojonado. Y se acauaron estos dichos capitanes. Y no le dio lugar los rreys de los chinchaysuyos y ací no pudo conquistar ni entrar en ese rreyno y ací se acauaron. EL QVINTO CAPITÁN, Auqui Topa Ynga Yupanqui: Fue hijo de Capac Yupanqui. Fue ualeroso capitán que mató muy muchos yndios y capitanes y prencipales. A sus enemigos cortaua las cau[e]sas para lo presentar a su padre Capac Yupanqui Ynga para que los uiese y se holgase de la uitoria de su hijo. Y conquistó las prouincias de los Quichiuas, Aymara, Uaquirca; Collana, Taypi Aymara; Cayau Aymara; Challuanca, Pampa Marca, todo el rrío auajo. Y los demás sus ermanos Ynti Auqui Ynga, Yupanqui Ynga, Yllapa Tupa Ynga, todo los dichos se murieron cin conquistar en el Cuzco. Y se acauaron estos dichos capitanes y mojonaron hazia Chinchay Suyo. Se uino creciendo el rreyno a más sugetarse; gouernó los Yngas y fue poniendo ydolos, guacas en todo. EL SESTO CAPITÁN, Otorongo Achachi, por otro nombre le llamaron Apo Camac Ynga: Fue hijo de Ynga Roca. Este dicho capitán Otorongo conquistó Ande Suyo, Chuncho, toda la montaña. Fue señor que dizen que para auello de conquistar, se tornó otorongo, tigre; se tornaron el dicho su padre y su hijo. Este dicho su hijo dizen que murió en los Andes y dizen que tiene hijo en los Andes que parió una yndia chuncho. Y ancí por ello los Yngas se llamaron Otorongo Achachi, Amaro Ynga y tiene en sus armas pintado. Estos dichos Yngas trageron coca y lo comieron y ací se enseñaron los demás yndios en este rreyno. Porque en la cierra no se planta coca ni lo ay, cino que se tray de la montaña. Y ací no lo dexan el uicio y mal custumbre cin prouecho, porque quien lo toma lo tiene sólo en la boca ni traga ni lo come; es como tauaquero. Aunque no lo a menester el cuerpo, lo toma. EL SÉTIMO CAPITAN, Ynga Maytac, Ynga Urcon: Fue grandes balerosos y grandes capitanes esforzados. Fue hijos de Yauar Uacac Ynga y conquistó las prouincias de Conde Suyo, Cul[l]aua Conde, Coropona hasta Ariquipa, Arica, Poma Tanbos, Guayna Cota, Parinacocha y Changas de la prouincia de Andaguayllas. Y murió en ellos Urcon Ynga, Apo Maytac Ynga y Billcac Ynga. Conquistaron Soras y Tanquiuas, Bilcas Guaman, Parejas, Angarays, Andamarcas, Lucanas, Chocorbos, Bilcancho hasta Taya Caxa Guaman y la prouincia de Xauxa, Hanan [y] Lurin Guanca y la cordellera de los Yauyos, Upa Yauyo, Lacuas, Uarochiri, Chaclla, Secicaya, Yungas y de Chincha y Mala, Pacha Camac, Chimo Capac, Lati, Lima, Luna Uana, Sullco, Chinchay Uarco y ancí puso ýdolo uaca en Uarco. Y murieron todos después de la conquista en la ciudad del Cuzco, por donde le pesó muy mucho a su padre. Y fue enterrado muy onrradamente. EL OTABO CAPITÁN, Apo Camae [sic] Ynga: Fue muy baleroso capitán y que parecía como un león. Tenía temerarios ojos; con una bofetada derriuaua a un hombre y desmayaua ona ora. Y ancí este baleroso capitán fue a Chile lleuando cincoenta mil yndios soldados a la conquista. Y fue hijo de Pachacuti Ynga Yupanqui. Y dizen que mató cien mil chilenos. Cuci Uanan Chire Ynga y Mango Capac Ynga y Topa Amaro Ynga, Ynga Maytac: Con estos dichos capitanes conquistaron todo Chile y la prouincia de Chaclla, Yaucha, Chinchay Cocha, Tarma. Llebó ueynte mil yndios; conquistaron y mataron muchos yndios y algunos yndios de los llanos yungas. Y murieron en sus conquistas cin bolber a la ciudad del Cuzco. Para uenser todo Chile, aguardaron que ubiese pistelencia; en el tienpo de pistelencia y hambre de dies años que ubo en este rreyno y en toda Castilla. Como estauan en este trauajo, se dejaron uenserse y conquistarse como en la conquista deste rreyno. Fue Dios seruido que dos rreys se matasen y alborotasen la gente. Y ací fue conquistado. EL NOVENO CAPITÁN, Ynga Urcon: Fue hijo de Topa Ynga Yupanqui, que tenía cargo de hazer lleuar piedras desde el Cuzco a Guanoco. Dizen que la piedra se le cansó y no quiso menear y lloró sangre la dicha piedra. Y ací se quedó hasta oy, que su hijo Guayna Capac Ynga lo hazía lleuar la piedra a Quito, Tomi [Pampa], a Nobo Reyno desde la ciudad del Cuzco, Yucay, tantas mil leguas. Auqui Topa Ynga conquistó toda la prouincia de Guanoco y Caxatanbo, Conchocos, Chinchay Cocha, Tarma, Canta Huno Lurin [y] Hanan Guayllas, que fueron cien mil yndios. Estos dichos ynfantes capitanes fueron hijos de Topa Ynga Yupanqui. Y murió el primer capitán en el Cuzco; el segundo capitán murió en la conquista. Murieron como ualeroso capitanes. Reynó su padre muchas tierras y amojonaron ací los llanos como la cierra y los Andes. Y ubo mucha justicia y curiucidad en este rreyno desde este dicho capitán y su padre. EL DÉZIMO CAPITÁN, Chalco Chima Ynga, capitán general deste rreyno, Quis Quis Ynga, Aua Panti Ynga, Quizo Yupanqui Ynga, Challco Mayta Ynga: Estos fueron generales. Otros capitanes y sargentos y mayse de canpo fueron muy muchos que por pruligidad no la pongo. Estos dichos capitanes fueron con su padre Guayna Capac Ynga a la conquista de las prouincias de Chachapoya, Cañari, Ciccho, Puruuay, Cico, Chupaycho, Guanca Bilca. Llegaron hasta los yndios de Nobo Reyno y murieron todos en la batalla. Solamente el Ynga Atagualpa y Chalco Chima, Quizo Yupanqui murieron en las manos de los cristianos de don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro cuando la conquista que enbió por su enbajador de el gloriócima rrey enperador don Carlos, que a buen tienpo saltaron los cristianos que no se defendieron los yndios, que se dieron luego a la corona rreal de su Magestad. EL ONZE CAPITÁN, Rumi Naui, capitán, cinchicona auca, traydor: Fue este capitán muy ualeroso, hijo de yndio particular y pechero yndio Chinchay Suyo. Otros dizen que fue Conde Suyo, pero fue muy ualleente hombre. Dizen que fue por trayción a matar al ynfante Yllescas Ynga. Del pellexo hizo tanbor y de la cauesa hizo mate de ueuer chicha y de los güesos antara [flauta de Pan] y de los dientes y muelas quiro guallca [collar de dientes]. Esto pasó en la ciudad de Quito adonde auía dexado su padre Guayna Capac Ynga. Y quiso este capitán quedarse con el rreyno y le mató muy muchachacho [sic] de ueynte años. Y se murió este dicho traydor en la dicha ciudad de Quito por las manos de los yndios, porque auía hecho otra ues otros muy muchos daños y males en las prouincias adonde andaua. Por ello fue muerto y le mató los yndios de Quito. Y ací se acabó su uida el pobre capitán. EL DOZE CAPITAN, Capac apo Guaman Chaua, Chinchay Suyo, segunda persona del Ynga, agüelo del autor deste dicho libro: Fue capitán general de los Chinchay Suyos y de todo el rreyno y señor y príncipes y mayor, baleroso capitán. Conquistó toda la prouincia de Quito hasta Nobo Reyno. Con Guayna Capac Ynga acabó su uida. Guanbo Toma, Quichiua; Aymara, Aruni; Lucana, Uancari; Sora, Uacralla; Andamarca, Cacyanap; Angara, Chauay Guaman; Guanca, Alanya, Chuqui Llanqui; Chinchay Cocha Guayanay, y demás capitanes que no se escriue por ser proligidad: Estos dichos capitanes fueron a la conquista de Tomi [Pampa], Cayanbi, Quito, Cañari, Lataconga, Purouay, Chachapoya, Guanca Bilca. Acauaron de conquistar y entablar la tierra estos famosos capitanes de los Chinchay Suyos de aquel tienpo que duraron desde Topa Ynga. EL TREZE CAPITÁN, Capac apo Ninarua, Ande Suyo: Los dichos capitanes que fueron con Guayna Capac Ynga a la conquista de Tomi [Pampa], Quito y fue otros capitanis llamado Otorongo, Ucu Mari, Rumi Songo, Anti Cucillo, Anti Nina, Quiro Amaro, Anti Zupa, Chupayoc Anti, Yscay Cinca Anti, Llatan Anti. Cin estos auido otros capitanes que el dicho Guayna Capac lo lleuaron por grandesa. A los desnudos lo llebó, seruiendo sólo para que lo comiese a los yndios rreueldes. Y ací comió esta gente a muchos prencipales. Y estos dichos yndios quedan en sus pueblos de la montaña, ynfieles, quedan por conquistar. Y ay muchícimos yndios a la otra uanda; es tierra de la cierra hacia la Mar del Norte a la Margarita. Ay muchícimos yndios, oro y plata y ganados, yndios ynfieles. Está la tierra por descubrir la tierra. EL CATORZE CAPITÁN, Malco Castilla Pari, Colla Suyo: Fueron a la conquista de la prouincia de Tumi, Guanca Billca, Quillay Cinca con el dicho Ynga Guayna Capac con los demás capitanes de Hatun Colla, Poquina Colla, Charca, Cana, Poma Canchi, Quispi Llacta, Cauina, Calla Uaya. Los dichos capitanes Hila Supa, Chanbi Mallco , Chunta Malco, Hatun Colla, Anocara Hila, Utorongo, Quiro Uallca, Sonco Mallco, Uila Chunta, Auqui Suri, Suri Mallco: Estos dichos capitanes fueron a la dicha conquista y murieron en ellas; algunos bolbieron a sus pueblos y tierras y se murieron allí. Algunos se quedaron hasta oy en Tume [Pampa], Quito. Sus bisnietos destos dichos capitanes adonde conquistaron se quedaron para memoria y generación, los quales les llaman mitimays, estrangeros, de yndios. EL QVINZE CAPITÁN, Malco Mullo, Conde Suyo: Este capitán y los demás fueron a la conquista de Caxamarca, Quito, de Tomi, Chachapoya, Lataconga, Guanca Bilca hasta Nobo Reyno con Guayna Capac Ynga a la conquista. Y conquistaron y asolaron a dos rreys Yngas grandes llamado Apo Pinto, Guayna Pinto. Y los mataron a todos los contrarios capitanes y los que fueron con el dicho Ynga. Nina Quiro Mallco, Rumi Songo Mallco, Rumi Naui Mallco, Mana Cutana Mallco, Uiza Toma Mallco, Apo Curi Mallco, Aca Pana Hila, Runto Conya Hila, Coropona Mallco: Estos dichos capitanes famosos y brabícimos capitanes que fueron a la conquista y se murieron y algunos se bolbieron a sus casas y pueblos, los quales sus hijos son caciques prencipales y algunos quedan pobres. LA PRIMERA SEÑORA, Capac Guarmi Poma Gualca, Chinchay Suyo: Esta señora y rreyna, antes que fuese Ynga y después, fue muy bizarra y hermosa muger que de tan buena gouernaua todo el rreyno. Y fue muger y señora de capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga. Fue de la casta de Yaro Bilca, Allauca Guanoco, agüela del autor. Esta dicha señora fue mayor en todo el rreyno. Y después desta señora fueron otras señoras prencipales llamadas Chuqui Timta, Asto Carua, Carua Quillpa, Guaman Chisque, Guamancha Poma, Churay Pariama, Guaman Chunbe, Lauca Chuque, Mayua Poma, Churay Maglla, Paria Guanay, Suyoma Auama Collque, Timta Carua Churay, Citcama Chunbi, Cuti Quillama, Miza Uarmi. Cin estas dichas señoras auido otras prencipalas que su Magestad deue hazelle merced en este rreyno. SEGVNDA SEÑORA, Capac Mallquima, Ande Suyo: Esta dicha señora, aunque son de buen talle y hermocícimas, blancas más que española, pero andan con pampanilla y alguna casta desnudas en cueros, que son de la casta y naturaleza, ací hombres como mugeres, y comen carne humana. Pero todos están ynbijadas y huntadas todo el cuerpo con mantor [colorante] y andan en la montaña y son yndios por conquistar. Y de tanta montaña no se puede conquistar. Y otras señoras se llaman Auar Mana, Cucar Mana, Cuca Mallquima, Tazama Auama, Loroma Supama, Tirania Aua Paria, Pillco Challua Mapiscoma. Y ay otros muy muchos señoras de cada pueblo de la montaña; a la otra parte ay mucha gente y tierra de rriquiesas adonde a[y] yndios ynfieles llamado Anca Uallo, Guarmi Auca, adonde dizen que ay mucho oro y plata. TERZERA SEÑORA, Capac Umi Tallama, Colla Suyo: Esta señora fue muy bizarra, hermosa; de puro gorda quedó fea que to[dos] de la casta son gordícimos y floxas, encapases, pucilánimos, pero rrica gente llámase Colla capac [un poderoso Colla], rrica de plata de Potocí y de oro de Carauaya, el más fino oro de todo el rreyno. Y rrica de ganados de uacay [camélido] y de paco [alpaca] y de ganados de Castilla, obejas, bacas, puercas. Y rrica de papa, chuno [papa deshidratada] y moraya [ch'uñu blanco], quinua [semilla de altura], pobre de mays y trigo y uino. Y se dize capac Colla [el poderoso señor Colla] mapa colla [qulla sucio], poquis colla [qulla imbécil]. Y son grandotes animales. Y ací todos los hombres o mugeres grandotes, gordos, sebosos, floxos, bestias sólo es para comer y dormir. Y auido otras señoras: Talla Uarmi, Cayuma Uizama, Chunbima Cucama Anama Chuqui Timta Timta Yaca Talla Timta Pacllama Pulloma Qurima. Cin estas otras señoras auido en la prouincia de los Collas y Canas y Canches y Charca. QVARTA SEÑORA, Mallco Guarmi Timtama, Conde Suyo: Esta señora fue muy hermosa y de ualor porque era de buena condición. Aunque su tierra es pobrícimo del destrito de Ariquipa que no tiene oro ni plata ni ganados, cino los de Coropona Conde tiene ganados. Y los demás se sustenta de agí y albodón que se tray de los yungas [zona cálida] y llanos. Y son Palta Conde, Hatun Conde, Cullaua Conde, Cusco Conde, Alca Toro, Uayna Cota, Poma Tanbo. Estos dichos son Condes y en ellas ay otras señoras; se llaman: Timta Carua, Timta Churay, Churama Auzama, Cuci Mayllama, Aya Yama, Anyama, Chuqui Pana, Panallo Sequema, Puci Mapana, Timta Caruama, Mulloma Cutima. Otras señoras de mugeres de prencipales de los Conde Suyos auido y no se a escrito. Que se deue hazelle merced y son hijos de grandes del rreyno. AVQVI [príncipe], DON CARLOS Paullo Topa Ynga, auquicona, fue hijo uastardo de Guayna Capac Ynga y su madre fue ozeca. Este dicho Paullo Topa se casó con doña María Esqueuiel. Este dicho Ynga fue seruiendo a don Diego de Almagro el uiejo, conquistador, hasta Chile. Por ello le señaló la rrenta en los yndios Canas. Y tubo un hijo lexítimo don Melchor Carlos Ynga Uira Cocha, Hanan Cuzco, nieto uastardo de Guayna Capac Ynga. Y demás desto ay otros nietos de más rreys Yngas asalareado por su Magestad: don Cristóbal Suna, auqui, Lurin Cuzco, de la casa del sol; don Juan Ninan Curo, auqui, Lurin Cuzco, don Phelipe Cari Topa Ynga, auqui, Hanan Cuzco, don Alonso Atauchi Ynga, auqui, Hanan Cuzco; don Francisco Hila Quita Ynga, auqui, Lurin Cuzco; doña Beatris Quispe Quipe, nusta [princesa], y otros muchos naturales y uastardos auía. El capitán Challco Chima lo acabó de matar y otros se murieron de enfermedad. Que en aquel tienpo auían lexítimos, que al dicho lexítimo les llamauan capac apo Ynga Uana Cauri; quiere dezir rrey. A los prínsepes les llamaua auquicona y a los caualleros, ynga, y a los picheros, yncacona, y a la rreyna, coya, y a la prensesa, nusta, y a las señoras particulares les llamaua palla , y a las picheras, aui. Y ancí como lo declaran los yndios que se an acauado los legítimos Yngas rreys perfectos y los que queda son auquiconas. Y ací el derecho por justicia le uiene a nuestro rrey Phelipo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] ssgubat98jcy937lk2zhzrm5f86kljb Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las ordenanzas del Ynga 0 74268 1665627 1199085 2026-06-21T01:21:35Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las ordenanzas del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las ordenanzas del Ynga]]: Robot: página trasladada 1199085 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 9: El capítulo de las ordenanzas del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} HORDENANSAS: EL GRAN gobierno de los Yngas deste rreyno y demás señores y prencipales grandes deste rreyno que en aquel tienpo auía y se gouernaua la tierra en este rreyno. Leys y hordenansas destos rreynos deste Pirú, es como se sigue primeramente del primer ley, aunque se añadió los dichos Yngas con sus ydúlatras y guardar fiestas y pascuas en el año y meses y ayunar y uarachicos y rotochicos [ceremonias del ciclo vital] y pacaricos [celebración ritual] y uacachicos [lamentos rituales] y sacrificios de escoger uírgenes y depócitos y otras cosas de serimonias de los demonios guardaron los Yngas. Dize ací: Topa Ynga Yupanqui y los demás auquiconas [príncipes] y señores grandes, capac apoconas y coracaconas, allicac camachicoccunas [ascendidos], Tawantin Suyo camachiconchic [consejo] dize ací: “Hordenamos y mandamos en estos rreynos y señoríos que se guarde y que se cumpla so pena de muerte los que no las guardaren (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] cligiw6xd5c7bulwqreyn1yve57mtus 1665668 1665627 2026-06-21T01:24:12Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665668 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 9: El capítulo de las ordenanzas del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} HORDENANSAS: EL GRAN gobierno de los Yngas deste rreyno y demás señores y prencipales grandes deste rreyno que en aquel tienpo auía y se gouernaua la tierra en este rreyno. Leys y hordenansas destos rreynos deste Pirú, es como se sigue primeramente del primer ley, aunque se añadió los dichos Yngas con sus ydúlatras y guardar fiestas y pascuas en el año y meses y ayunar y uarachicos y rotochicos [ceremonias del ciclo vital] y pacaricos [celebración ritual] y uacachicos [lamentos rituales] y sacrificios de escoger uírgenes y depócitos y otras cosas de serimonias de los demonios guardaron los Yngas. Dize ací: Topa Ynga Yupanqui y los demás auquiconas [príncipes] y señores grandes, capac apoconas y coracaconas, allicac camachicoccunas [ascendidos], Tawantin Suyo camachiconchic [consejo] dize ací: “Hordenamos y mandamos en estos rreynos y señoríos que se guarde y que se cumpla so pena de muerte los que no las guardaren (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] stsyuhc299f1io11oc9eeqswckotdtc 1665695 1665668 2026-06-21T01:34:10Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665695 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 9: El capítulo de las ordenanzas del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala }} HORDENANSAS: EL GRAN gobierno de los Yngas deste rreyno y demás señores y prencipales grandes deste rreyno que en aquel tienpo auía y se gouernaua la tierra en este rreyno. Leys y hordenansas destos rreynos deste Pirú, es como se sigue primeramente del primer ley, aunque se añadió los dichos Yngas con sus ydúlatras y guardar fiestas y pascuas en el año y meses y ayunar y uarachicos y rotochicos [ceremonias del ciclo vital] y pacaricos [celebración ritual] y uacachicos [lamentos rituales] y sacrificios de escoger uírgenes y depócitos y otras cosas de serimonias de los demonios guardaron los Yngas. Dize ací: Topa Ynga Yupanqui y los demás auquiconas [príncipes] y señores grandes, capac apoconas y coracaconas, allicac camachicoccunas [ascendidos], Tawantin Suyo camachiconchic [consejo] dize ací: “Hordenamos y mandamos en estos rreynos y señoríos que se guarde y que se cumpla so pena de muerte los que no las guardaren (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 9c4nl8ghw7q4txcnt3ppec18lnqu1cf Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la visita general, o censo 0 74269 1665629 1199086 2026-06-21T01:21:36Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de la visita general, o censo]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la visita general, o censo]]: Robot: página trasladada 1199086 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 10: El capítulo de la visita general, o censo |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER BECITA GENERAL puesta estas dichas hordenansas generales deste rreyno por Topa Ynga Yupanque y por su consejo rreal deste rreyno. Y uista estas dichas hordenansas el señor don Francisco de Toledo, bizorrey destos rreynos, se enformó esta ley y hordenansas antiguas, sacando de ellas de las mejores. Ordenó y confirmó nuestro señor católico rrey don Felipe el segundo y por ella mandó que todos comiesen en la plasa pública y que hiziesen fiesta en ella. Que de todo ello creo en un solo Dios de la Santícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, y su bendita madre, Santa María, y en todos los sanctos y sanctas ángeles del cielo y de todo lo que creo y tiene la santa madre yglecia de Roma con la fe uerdadera que tengo. Y creo que de todo escribo para que con lo bueno sea seruido Dios y de lo malo se emiende los cristianos y se arrepienten de sus pecados los cristianos que la leyere estas dichas hordenansas antiguas de los yndios. LA BECITA GENERAL de los yndios deste rreyno por los Yngas y demás señores prencipales, conpuesto de su consejo rreal, es como se cigue: Dies calles de yndios para ocupar en trauajos por que no fuesen ociosos y holgasanes en este rreyno, porque de otra manera no pudíera sustentarse ellos ni los demás prencipales y señores y la magestad del Ynga y su gouierno. PRIMERA VECITA GENERAL: En esta calle primera que quiere dezir hombres ualleentes, soldados de guerra, auca camayoc, que son de edad de treynta y tres años, desde que entraua ueynte y cinco años y salía de cincuenta años: Estos ualentones lo tenía muy apartado y señalado para este efecto y para lo que se ofricía. Questos dichos yndios se sacaua para la batalla y guerra que tenía el Ynga y se sacaua destos uallentones yndios mitimays, estrangeros, en otras prouincias le poblaua, dándole tierras, pastos y sementeras de sobra para toda su generación, dándole muger de la misma tierra. Esto hacía por tener su rreyno seguro. Seruía como ueedor destos yndios ualentones; sacaua para labradores y oficiales de todos los oficios que a menester el dicho Ynga y los demás señores príncipes y principales y las dichas señoras deste rreyno. Y a éstos les llamaua mitimac, estrangeros. Destos uallentones se sacaua para minas y de otros labores y trauajos, obligación. Y ancí la becita general desta primera calle fue llamado auca camayoc, hombres de guerra, para mucho. SEGVNDA VECITA: En esta calle segunda de puric macho, biejos pasados de edad de sesenta años y de setenta y ocho años, que seruían en las chacras [sementera] y de traer leña y paxa y linpiar casas del Ynga o de algún señor y prencipal y seruían por camareros y despenseros y porteros y quipo camayoc [contador]: Los quales, desde el año que cumple lo cinqüenta años desde que nació y entra en el año de cinqüenta y uno, entra este dicho yndio rreseruado de no yr a la guerra ni batalla ni qualquier seruicio personal de salir fuera de su casa y tierra co[n] el dicho yndio auca camayoc, hombre ualentón, pero era obligado a seruir en todo lo mandado, ací como en casa de su prencipal y en las sementeras. Y a éstos les llamaua pachaca, labrador, y destos yndios pasados se sacaua pa[ra] camareros; les llamaua apukuna. Y a éstos les sacaua para mandones y despenseros, surcoquc, y a éstos les sacaua para lacayos de los señores principales; les llamaua quraca catic [criado del kuraka]. Y a éstos les sacaua para esqudero de las señoras quraca uarmita pusac [que acompañan a las señoras]. De manera estos dichos yndios seruían en todo lo que es mandado en el dicho pueblo, aunque sea fuera al dicho cacique prencipal, a sus hijos y mugeres en este rreyno. TERZERO VECITA: En esta calle del terzero llamado rocto macho, biejo sordo, de edad de ochenta años hasta de cien años o de ciento y cinqüenta años. Estos dichos rrocto machos son biejos, que sólo es para comer y dormir; los que pueden hazen guascas, soga, y frezadas, apa, y an de guardar casas de los pobres y criauan conejos y patos, Estos dichos biejos eran muy temidos y onrrados, obedecidos. Éstos tenían oficios de asotar a los niños y niñas y dar buenos consejos y dotrinas. Con la poca sombra daua lus y claridad del seruicio de Dios y predicaua buenos egenplos: alli qunacoc alli yachachic macho yaya, quiere decir que da buen egenplo y que bien enseña, biejo. Los que pueden son porteros de las donzellas y bírgenes y de las señoras principales. A esto le dauan limosna todos los rricos y le hacía sus bestidos y todo su parcialidad le beneficia sus sementeras y le cirue todo el pueblo. A estos dichos tales biejos y sus conpadres, uayno, y sus camaradas, socna, le rregalaua, más rregalo tenía uno déstos. Y ací no conbenía tener hospital, pues que le beneficiaua sus sementeras y le guardauan sus carneros y ací no auía menester tener hospital en los pobres biejos y tullidos y ciegos, mancos [...]. QVARTO VECITA: En esta calle del quarto de los enfermos y liciados, cojos y mancos y tollidos, upa, mudo; nausa, ciego; uncoc, enfermo; uinay uncoc, tullido; maquin paquisca, manco; hanca, coxo: Éstos seruían de pasatienpo, hablar y chocarrear, como son enanos, tinre, uayaca; cumo, corcobado; chicta cinca [nariz partida]. Cada uno los que podían trauajar y ayudar, los que tenían ojos seruían de mirar, los que tenían pies andauan, los que tenían manos texían y seruían de despenseros y quipo camayos, mayordomos. Éstos cada uno les casaua con su ygual para multiplicar y seruían en todo lo que pudían, En estos yndios y yndias tenía una horden muy buena del seruicio de Dios y multiplico de jente para hinchir la tierra de gente, para la grandesa, aumento y seruicio de la magestad del Ynga y príncipes, duques, condes, marqueses deste rreyno. Le casauan al ciego con otra ciega, al cojo con otra coja, al mudo con otra muda, al enano con enana, al corcobado con corcobada, el naris hendido con otra de naris hendida, para el multiplico del mundo. Y éstos tenía sus sementeras, casas, eredades y ayuda de su seruicio y ancí no auía menester hospital ni limosna con esta horden santa y pulicía deste rreyno, como ningún rreyno de la cristiandad ni ynfieles no lo a tenido ni lo puede tenella por más cristiano muy buen [...]. QVINTO VECITA: En esta calle del quinto de sayapayac [mandadero], que son yndios de guarda de edad de dies y ocho años y de ueynte años: Éstos seruían por mensages, cachacona uayna [jóvenes de encargos], del pueblo a otro pueblo y a otros lugares más sercano de los ualles. Y guardauan ganados y aconpañado de yndios de guerra y de grandes prencipales y señores capitanes. Y éstos lleuauan de comer y seruían a sus principales y mandoncillos de su pueblo. Pulicía y buena criansa, estudio para sauer la pobresa y la miseria y dotrina, obendencia para estar sugeto del seruicio de Dios, que en el tienpo de los Yngas y antes por la ley antigua desde primera gente de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa hasta el tienpo de los Yngas y desde Chalco Chima Ynga, Uascar Ynga, Atagulpa [sic] Ynga hasta agora. Se a perdido esta dicha ley tan buena y criansa, exenplo de los niños y mosos que llaman sayapayac macta [mensajero], mosetones diestros, donzeles mandados que coma maýs crudo. No prouauan sal ni agí ni miel ni uinagre ni comía cosa du[l]se ni carne ni cosa de gordura ni ueuía chicha. Por gran rregalo le daua un poco de mote, maýs cocido, una camiseta y manta gruesa; aquello le uastaua. Y ci era hijo de prencipal, más castigo lleuaua. Y nunca paraua estos mosetones hasta treynta años, ni conocía muger en todo el rreyno. SESTO VECITA: En esta calle del sesto que son muchachos de edad de doze años o de dies y ocho años, que se dizen mactacona: A estos dichos les enbiaua a los ganados a guardar y allí coxían con lazos y ligas a los páxaros llamados uachiua [ganso], yuto [perdiz], quiuyo, tacami [pato], auas, recrec. Y hacían de la carne petaquillas y las plumas los guardauan para los Yngas y capac apocona [señores poderosos], y para capitanes, tenía este oficio. Toda estas diligencias se hacía por amor de la rrepública y aumento de la grandesa de la magestad del Ynga. Antes que ubiese Ynga, auía en cada pueblo su Ynga y rrey, señor para aqudille y ací maltones que se dize macta [joven], que éstos fuesen parte, ayuda a las comunidades y sapci y a las haciendas de los Yngas y de la señora coya y de otros prencipales desto rreyno, como del sol, luna, estrellas y de ýdulos uacas. Ayudauan a guardar en el ganado y sementeras y seruicio de los caciques prencipales deste rreyno. Le enseñauan esta umildad y ubidencia y que seruiesen en todo el rreyno estos mosetoncillos y que fuesen muy ubidente en su rreyno. Se se guardasen esta ley, fuera seruido Dios y su Magestad, aumentarían las comunidades y sapci deste rreyno. Todo lo estorua los quras de la dotrina y corregidores y comenderos con color de sus seruicios en todo el rreyno [...]. SÉTIMO VECITA: En este calle del sétimo que le llaman tocllacoc uamracuna [muchacho cazador], de edad de nueue años o de doze años: Que fueron casadores de paxaritos menudos que los toman con lasos y ligas y otras suertes que llaman los páxaros pulidos: quinte [picaflor], uaychau [pájaro pardo], chayna [jilguero]; urpay [paloma] y otros páxaros que ay. La carne hacía charque [conserva], petaquillas. Y las plumas lo guardauan para la pluma y cunpi [tejido fino] de pluma. Y para uallcanca [escudo], chasca chuqui [lanza], ura caua [?] y otras galanterías del Ynga y prencipales y capitanes, auca camayoccuna. Para que fuesen dotrinados y enseñados a trauajos y tomasen oficios y uertud, le mandaua a estos muchachos casadores y ancí les llamauan tocllaquc uamra, muchacho casador, en todo el rreyno. Como acá al estudio a la esqüela nunca le mandaua apr[e]nder oficio destas dichas edades, cino moso de uente o trenta años, para que aprendiesen bien ci jugar. Y ací estos muchachos proqurauan coger con ligas o lasos o tirándole los páxaros del monte. Tenían este oficio ordenario y cin eso de guardar ganados y traer leña, paxa, hilauan y torcían y aqudían en otros mandados de los prencipales y de la justicia de su padre y madre y ermanos mayores. Y con ellos andaua muchos asotes y linpiesa en este rreyno. OTABO VECITA: En esta calle del otabo de niños de edad de cinco años o nueue años, niños que juegan que se dize pucllacoc uamracona: Éstos seruían a sus madres y a sus padres en lo que pudían y lleuauan muchos asotes y coscorrones y seruían de hazer jugar a las crías que gateauan y a los questán en las cunas de menealle y de miralle. Estos dichos niños, digamos agora niños de la dotrina que son apropiados para ello y enseñalles la dotrina y la esqüela, que fueron rreseruados en la uecita general para la ayuda de su casa y cría de sus ermanos, niños de quna y niños que gatean y que juegue con ellos o ayude a criar güérfanos y otras oqupaciones de casa y mirar la casa, se le [u]qupauan estos dichos niños que les llamaua pucllacoc uamra, niños que juegan, niños de la dotrina y de la esqüela. Éstos conbiene que sean castigados y dotrinados en todo el rreyno por la horden del rreyno y buena ley. Que los fiscales de los pueblos ajunte desta edad; en subiendo a más, salga a layuda de la qumunidad del tributo, seruicio de Dios y de su Magestad deste rreyno. NOVENO VECITA: En esta calle del noueno llamado llullo llocac uamracona, niños de teta que comiensan a gatear, que son de edad de de [sic] un año o de dos años y de tres años hasta que llegan a cinco años: No es para nada cino que le cirua otro y que juegue con otro muchacho y que le mire que no se cayga ni se queme, que le guarde uien. En esta becita general de los yndios de llucac uanra, niños que gatea, es muy justo que se rreserue su madre para la cría y ci es güérfano, mucho más. Y ci nasen dos de un uientre, que se rreserue su padre y madre dos años por la ley de Dios y de la pocición, muy antigua ley deste rreyno cigún es ley de la cristiandad que se deue que la trajo Dios nuestro señor Jesucristo y su madre Nuestra Señora del Rosario. Y ací, con ser bárbaro y gintil [sic], los señores Yngas mandaron guardar esta ley de los antigos yndios que ellos les llama pacarimoc runa, quiere decir que los primeros hombres que salieron, lo guardaron. Y ancí no a menester tanta caridad con estas dichas hórdenes y obra de misericordia en el mundo en este rreyno. DÉZIMO VECITA: En esta calle del décimo llamado uaua quiraupi cac, niños de teta rreci[é]n paridos questán en la cuna, de edad de un mes: Que conbiene que otro le cirua quiraupi uauacona [niños de cuna], que le a de seruir su madre de fuersa, no otra persona es que da la leche a los dichos niños. En esta dicha calle de niños de la quna se acaua la becita general de los yndios adonde es buena ley y obra de misericordia y buena becita general: El primero, para el seruicio de Dios Nuestro Señor y es como se cigue: Que Dios y hombre bibo se hizo pobre para solo lleuarnos a la gloria y enseñarnos la dotrina y mandamiento y las buenas obras de misericordia que guardásemos y que criésemos. Por dejallo murió y después subió a los cielos. Conqüerda esta becita general con ella. El segundo, para el seruicio de la coro[na] rreal de su Magestad, de nuestro señor rrey don Felipe el terzero, monarca del mundo, aumente yndios y se rredusca en sus pueblos y multiplique yndios. Y deje de multiplicar mestisos, cholos, mulatos, sanbahigos, cin prouecho de la corona rreal; antes para mal que bien salen casta de biquna [vicuña] y de taruga [venado de altura], que no sale del padre ni de la madre, mala gente en gran daño de la corona rreal y de los pobres yndios deste rreyno. PRIMERA VECITA: La primera calle de las yndias mugeres casadas y biudas que llaman auca camayocpa uarmin [señoras de los militares], las quales son del oficio de texer rropa delicada para cunbe [tejido fino], auasca [corriente] para el Ynga y demás señores capac apoconas y capitanes y para soldados: Fueron de edad de treyta y tres años, se casauan; hasta entonses andauan uírgenes y donzellas. Estas dichas mugeres, ací mismo los dichos hombres de la misma edad, se casauan; hasta entonses les llamaua niñas uamra tasque [joven] purun uarmi [mujer virgen], Questas dichas mugeres no fueron libres en la becita general de la primera calle que fue llamado auca camayocpa uarmin, mugeres de hombres balentones, digamos agora como mugeres de Castilla de hombres picheros y soldados para guerra. Estas dichas tenían oficio de texer rropa de auasca delgada y hilauan para qumbis. Y aqudían a las dichas comunidades de los dichos sus pueblos y prouincia y aqudían a todo lo mandado de los señores prencipales de título. Hasta que pasaua su marido, ací pasaua tanbién ella como él. Para esto no era consentido casalle con hombre bajo pichero ninguna muger de calidad cauallero y ci lo casauan, tan pichera era ella como él en todo el rreyno y se auajaua de la doña. Quando le llamauan mama [señora] le fue honrada en todo el rreyno, (?) SEGVNDA VECITA: En esta calle de la segunda llamadas payacona, biejas de edad de cincuenta años, biejas que se ocupan a texer rropa gruesa de comunidad: Estas dichas yndias entran a seruir a las dichas mugeres prencipales y ciruen de porteras y despenseras y de camareras, cocineras y mayordomas. Y estas ciruen a las uírgenes, agllaconas, y de todo lo que es mandado en sus oficios y cargos, oficios, y son llamados mama [señora], y an de tener quipo [nudos] y cuenta de todo ello. Estas dichas mugeres, segunda calle, fue llamada paya; quiere dezir bieja, que se entiende bieja media mosa o biuda. Aunque sea biuda niña o muger desbirgada, le llamauan paya yquima uacllisca, quiere decir bieja y biuda y perdida, no tenía ya caso de ellas. Entrauan a la qüenta de las biudas pero jamás se a hallado muger perdida ni se aya casádose perdida ni auerse hallado adúltera. A la donzela y al donzel quebrantado le matauan y le colgauan bibo por una peña, ací mismo al adúltero y adúltera; es la justicia graue. Todo lo de ese pecado tray españoles. Y ancí estas dichas mugeres seruían en texer costales y otras cosas para los prencipales y aqudían a las qumunidades y otras obligaciones de su pueblo, no saliendo fuera de ella. Y eran rrespetados como biejas honradas y tenían cargo de las doncellas y aqudían en otras mitas [el turno en cumplir] y obligaciones, lo que lestaua mandado como muger pichera en este rreyno. TERZERA VECITA: En esta calle de la terzera llamado punoc paya, biejas que entiende sólo dormir y comer, de edad de ochenta años: Las que pueden an de seruir de portera y aconpañamiento y algunas que pueden an de texer costales y hilar cosa gruesa lo que pueden y de guardar conejos y criar patos y criar perros y mirar las casas y ayudar a criar a los niños. Estas dichas biejas que fueron llamadas punoc paya [vieja dormilona], a estas dichas biejas cada señora grande tenía dos o tres de ellas y las mayores tenía dies y beynte biejas para mandar su casa y guardar donsellas y las mejores le oqupaua en la despensa y camarera y portera y de castigar a las niñas de casa. Con todo eso éstas y otras tenían sus sementeras que hacía minga [prestación de trabajo] que le ayudauan a beneficialle. Y ací no tenían nesecidad de limosna las dichas biejas y güérfanos que no pudían; antes las dichas biejas dauan de comer y criauan a los niños güérfanos en la ley de cristianos. No ay quien haga otro tanto por las mosas y mosos y biejas que aún pueden trauajar. Por no auajar el lomo, se hazen pobres; mientras pobre, tiene fantacía y se haze señor. Y no lo ciendo, de pichero se hase señora, doña y ací es mundo al rreués. Y ací que se tenía mucha caridad con estas dichas biejas enfermas en estos rreynos. QVARTA VECITA: En esta calle de la quarta son llamados nausacuna, ciegas; hanca, coxas; opa, muda; uinay oncoc, tollidas; tinre, uayaca, enanas como corcobadas; chicta cinca, cacya, naris hendidas: A éstas el Ynga les casauan con otros como ellos y las demás que pudían trauajar hacían hilar y texer y sauían estas dichas yndias mil maneras de labores y texían chunbe [faja de cintura] y uincha [cinta]. Y a los demás el Ynga lo rrepartían para mansebas para que pariesen y multiplicasen, aumentasen y ubiese aumento de ellos porque la tierra no quedasen yermo, solitario. Y suelen ser grandes texedoras de rropa y cocineras y chicheras y chocareras para entretenimiento del Ynga y de los señores prencipales. En esta dicha calle se becitaua las mugeres y enfermas, cojas y ciegas, biudas, corcobadas, enanas, los quales tenían tierras y sementeras y casas y pastos da donde se sustentaua y comía y ancí no tenía nesecidad de limosna. Y las que podía trauajauan y las que podía tenía marido y parían, multiplicauan. Y estas enfermas eran muy queridas e tenidas en mucho y ancí no auían menester limosna ellas y las mejores trauajauan. Como las mugeres españoles que tiene fuersa por no trauajar, se hazen pobres y piden limosna como ciega o bieja de ochenta años y güérfano pobre. A éstos se le deue limosna y caridad por Dios en el mundo. QVINTA VECITA: En esta calle de la quinta son de mosas casaderas que llaman allin zumac cipascona [muchachas buenas y hermosas]: Eran donzellas uírgenes, purum tasque, tenían de edad de treynta y tres años. Daquí sacauan para uírgines perpetuuas para el sol y tenplos y luna y luzero y para el Ynga y para los dioses uaca uilcaconasb y para los capac apoconas [señores poderosos] y curacaconas, ynfantes allicacconas [ascendidos], camachiconas [locales o menores] y para yndios uallentes, auca camayoccona [guerreros], pircac [amurallador], lucric [labrador], chicoc [picapedrero]. Los rrepartían cin agrauiar a nadie, ni el dicho Ynga ni nadie. Nunca tomauan muger de su boluntad, aunque fuese el mismo Ynga, por las penas y leys que auía en aquel tienpo esecutado y sentenciado a muerte fixa. La grandesa que tubo este dicho Mundo Nuebo de la Yndias de tener donzella de treynta y tres años: algunas hasta murir fueron uírgenes donzellas, lo qual se estaua en sus casas y andauan en el canpo cin que la mosca le tocase. ¡O qué lindo ley, no tan solamende de la tierra cino de Dios! Ci estaua en la ley de crístiano, quéstas se sacauan para calles y para uírgenes, no lo a tenido tan linda ley enperador ni rreys del mundo. Estas dichas seruían en todo lo que eran mandado del Ynga y justicia. Todo lo malo adulterio y otros pecados mortales trajo concigo los dichos cristianos; con color de la dotrina desuirga a todas las donzellas y aní [sic] paren muchos mestisos en este rreyno. SESTA VECITA: En esta calle de la sesta llamada coro tasqueconas, rotusca tasque, que quiere dezir motiloncillas, que fueron de edad de doze años y de dies y ocho años, que serbían a sus padres y madres y agüelas y entrauan a seruir a las señoras prencipales para prender a hilar y texer cosas delicadas y seruían de pastoras de ganados y de sementeras, chacaras, y de hazer chicha para su padre y madre y de otros oficios: Acudían que podían ayudauan y les enbiaua por leña y paxa y seruía de cosenera a su padre y linpiaua la casa. Estas dichas coro tasque , que quiere dezir motiloncillas, andauan desaliñadas y descalsas y la rropa corta. Seruían muy mucho a sus padres y madre y a los mugeres prencipalas y a la comunidad y tenía mucha ubedencia y rrespeto. Y le enseñaua a cocinar, hilar y texer. Y le fue motilada hasta llegar de edad de treynta años; entonses les casaua y le dotaua su miseria y pobresa, ací del hombre como de la muger. Hasta que lo mande el Ynga o su bizorrey nunca conocían a muger ni a hombre, so pena de la muerte y de la ley y hordenansas destos rreynos y criansa de las hijas y hijos en castigallas y dotrinallas. Ací auían de seguilla en el mundo en este rreyno. SÉTIMA VECITA: En esta calle de la sétima se becitauan las dichas muchachas que llamauan pauau pallac, muchachas que coxen flores, y coxían tire, queuencha [verduras secas], onquena, llachoc [acuáticas], paconca, pinau, siclla [yerbas], llullucha, morcoto [acuáticas], escaña, chullcota pallac [que recoge hojas de ocas]: Que estas muchachas coxían flores para tiñir lana, para cunbis [tejido fino] y rropas y otras cosas y cogían yeruas de comida de las susodichas para secallo y tenella en el depócito, cullca, para el otro año. Estas dichas muchachas tenían de edad de nueue años y de doze años. Con estas yeruas se seruían al sol y capac ocha [sacrificios humanos] del Ynga y a los señores grandes y capitatenes [sic] y de señoras, coyas [reina] y nustas [princesa] y de mugeres prencipales para cunbe, auasca [corriente] y conbana y llauto [adorno de cabeza] y ojotas [sandalias], cunbana, uincha [cinta], chunbe [faja de cintura], chupa curo [flecos]. Y demás desto ayudauan a sus padres y madres en todo lo mandado y eran muy ubedente donzellita castigada ellas. Estas dichas niñas se les daua este cargo, oficio a hijas de picheros para que fuesen enseñados en este rreynos. Las dichas niñas pauau pallac, que quiere dezir niñas que cogen flores, esto se haze para que no fuesen ociosos, lo qual no hazen las señoras. Desde chica le enseña a rregalos y a pecados de fornicarse. OTABA VECITA: En esta calle del otabo, de edad de cinco años o de nueue años que le llaman pucllacoc uarmi uamra, que quiere dezir muchachas que anda jugando: Estas dichas doncillitas seruían de paxe de coya [reina] o de nusta [princesa] o de las señoras grandes o de las uírgenes y de mamamaconas [sic] [señoras] y seruían a sus madres y padres de traer leña, paxa. Estas dichas comiensan a trauajar, hilar zeda dilicada y lo que pudían y traer de comer yuyos [planta acuática] de la labransa y ayudaua hazer chicha y seruía de criar a los menores y le trayýa cargado a los niños. Estas dichas niñas se le an de enseñalle a linpiesa y que sepan desde chica hilar y lleuar agua y lauar y cocinar, que es oficio de muger y donsella que conbiene y le dotrine su padre y madre. Y ací le becitaua en la becita general y le rreseruaua para la ayuda de su madre a criar sus ermanos y en todo lo que se le ofrecía. Con color destos niñas, ajunta donzellas y lo desuirga los quras de las dotrinas y corregidores y comenderos y se huelga los españoles. Y ancí ay y multiplica muchos mestisos, aunque en las hordenansas del buen gobierno y en el Santo Concilio no le manda ajuntar a las niñas ni donzellas para desuirgalla con color de la dotrina, cino a niños de cinco años y de says salga en este rreyno. NOVENA VECITA: En esta calle del nouena, de edad de un año y de dos años, de niñas que le llamauan llucac uarmi uaua, quiere dezir niñas que gatean: No es para nada, cino que le ciruan otro o cino que le cirua su madre. A de ser rreseruada por el trauajo de la cría de su hijo porque a de andar con ella cargado y no le a de dexar de la mano. Estas dichas niñas fueron rreseruadas y que le cirua otro como es justo y notorio, aunque sea hijo de pichero. Y ci es hijo de cauallero a de ser seruido más como lo merese por la ley de Dios en el mundo; es criatura de Dios. Y ci fuere güérfano se le deue más. Y ací le fue rreseruada esta dicha niña llocac uamra, quiere dezir niña que gatea, desde que salió de la uientre de su madre. Fue rrepartida tierras y sementeras y le beneficiauan su parcialidad todo sus conpadres y comadres, uayno, socna . Y todos le mantenían y lo mirauan, aunque tengan padre y madre, la gran misericordia que auía en este rreyno, lo que no an tenido en toda Castilla ni lo tendrán por ser tan uellaca gente. Que de pichero se quiere ser señor de pobre linage, se quiere hazerse rrey, no le biniendo de derecho de linage ni de sangre ni cortesano con estos pobres, come se ue en esta becita general deste rreyno. DÉCIMA VECITA: En esta calle de la décima que son de las niñas questán en las cunas que se llama llullo uaua, uarmi quiraupi cac uauacona, que son rreci[é]n paridas de un mes y de 2 y de 3 y de 4 y de cinco meses que no tiene ayuda, cino que le cirua su madre y le ayude sus ermanillos u su agüela o tía o algún pariente sercano a esta niña: Fin de la uecita general conpuesto de Topa Ynga Yupanqui y de su consejo rreal y de capac apo Guaman Chaua. Como se saue que desta becita general de las yndias mugeres deste rreyno, de gente pichero, se becitaua estas dichas niñas. Requiere que le cirua otro y ancí fue rreseruada su madre; ci fueren dos niñas de un uientre le fue rreseruado su padre y su madre en todo en este rreyno. Y ci fuere hijo de principal, mucho más, y ci fuere güérfano, mejor. Se tenían esta ley y hordenansas puesta por la magestad de Capac Ynga [poderoso Inka]. Ase de sauer desta becita general; fue becitado para el seruicio de Dios y de la corona rreal del Ynga y bien de los naturales deste rreyno, pas con todos. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] lcdtf5bmobz6ohczbrwu5yxqtguc50o 1665672 1665629 2026-06-21T01:24:18Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665672 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 10: El capítulo de la visita general, o censo |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER BECITA GENERAL puesta estas dichas hordenansas generales deste rreyno por Topa Ynga Yupanque y por su consejo rreal deste rreyno. Y uista estas dichas hordenansas el señor don Francisco de Toledo, bizorrey destos rreynos, se enformó esta ley y hordenansas antiguas, sacando de ellas de las mejores. Ordenó y confirmó nuestro señor católico rrey don Felipe el segundo y por ella mandó que todos comiesen en la plasa pública y que hiziesen fiesta en ella. Que de todo ello creo en un solo Dios de la Santícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, y su bendita madre, Santa María, y en todos los sanctos y sanctas ángeles del cielo y de todo lo que creo y tiene la santa madre yglecia de Roma con la fe uerdadera que tengo. Y creo que de todo escribo para que con lo bueno sea seruido Dios y de lo malo se emiende los cristianos y se arrepienten de sus pecados los cristianos que la leyere estas dichas hordenansas antiguas de los yndios. LA BECITA GENERAL de los yndios deste rreyno por los Yngas y demás señores prencipales, conpuesto de su consejo rreal, es como se cigue: Dies calles de yndios para ocupar en trauajos por que no fuesen ociosos y holgasanes en este rreyno, porque de otra manera no pudíera sustentarse ellos ni los demás prencipales y señores y la magestad del Ynga y su gouierno. PRIMERA VECITA GENERAL: En esta calle primera que quiere dezir hombres ualleentes, soldados de guerra, auca camayoc, que son de edad de treynta y tres años, desde que entraua ueynte y cinco años y salía de cincuenta años: Estos ualentones lo tenía muy apartado y señalado para este efecto y para lo que se ofricía. Questos dichos yndios se sacaua para la batalla y guerra que tenía el Ynga y se sacaua destos uallentones yndios mitimays, estrangeros, en otras prouincias le poblaua, dándole tierras, pastos y sementeras de sobra para toda su generación, dándole muger de la misma tierra. Esto hacía por tener su rreyno seguro. Seruía como ueedor destos yndios ualentones; sacaua para labradores y oficiales de todos los oficios que a menester el dicho Ynga y los demás señores príncipes y principales y las dichas señoras deste rreyno. Y a éstos les llamaua mitimac, estrangeros. Destos uallentones se sacaua para minas y de otros labores y trauajos, obligación. Y ancí la becita general desta primera calle fue llamado auca camayoc, hombres de guerra, para mucho. SEGVNDA VECITA: En esta calle segunda de puric macho, biejos pasados de edad de sesenta años y de setenta y ocho años, que seruían en las chacras [sementera] y de traer leña y paxa y linpiar casas del Ynga o de algún señor y prencipal y seruían por camareros y despenseros y porteros y quipo camayoc [contador]: Los quales, desde el año que cumple lo cinqüenta años desde que nació y entra en el año de cinqüenta y uno, entra este dicho yndio rreseruado de no yr a la guerra ni batalla ni qualquier seruicio personal de salir fuera de su casa y tierra co[n] el dicho yndio auca camayoc, hombre ualentón, pero era obligado a seruir en todo lo mandado, ací como en casa de su prencipal y en las sementeras. Y a éstos les llamaua pachaca, labrador, y destos yndios pasados se sacaua pa[ra] camareros; les llamaua apukuna. Y a éstos les sacaua para mandones y despenseros, surcoquc, y a éstos les sacaua para lacayos de los señores principales; les llamaua quraca catic [criado del kuraka]. Y a éstos les sacaua para esqudero de las señoras quraca uarmita pusac [que acompañan a las señoras]. De manera estos dichos yndios seruían en todo lo que es mandado en el dicho pueblo, aunque sea fuera al dicho cacique prencipal, a sus hijos y mugeres en este rreyno. TERZERO VECITA: En esta calle del terzero llamado rocto macho, biejo sordo, de edad de ochenta años hasta de cien años o de ciento y cinqüenta años. Estos dichos rrocto machos son biejos, que sólo es para comer y dormir; los que pueden hazen guascas, soga, y frezadas, apa, y an de guardar casas de los pobres y criauan conejos y patos, Estos dichos biejos eran muy temidos y onrrados, obedecidos. Éstos tenían oficios de asotar a los niños y niñas y dar buenos consejos y dotrinas. Con la poca sombra daua lus y claridad del seruicio de Dios y predicaua buenos egenplos: alli qunacoc alli yachachic macho yaya, quiere decir que da buen egenplo y que bien enseña, biejo. Los que pueden son porteros de las donzellas y bírgenes y de las señoras principales. A esto le dauan limosna todos los rricos y le hacía sus bestidos y todo su parcialidad le beneficia sus sementeras y le cirue todo el pueblo. A estos dichos tales biejos y sus conpadres, uayno, y sus camaradas, socna, le rregalaua, más rregalo tenía uno déstos. Y ací no conbenía tener hospital, pues que le beneficiaua sus sementeras y le guardauan sus carneros y ací no auía menester tener hospital en los pobres biejos y tullidos y ciegos, mancos [...]. QVARTO VECITA: En esta calle del quarto de los enfermos y liciados, cojos y mancos y tollidos, upa, mudo; nausa, ciego; uncoc, enfermo; uinay uncoc, tullido; maquin paquisca, manco; hanca, coxo: Éstos seruían de pasatienpo, hablar y chocarrear, como son enanos, tinre, uayaca; cumo, corcobado; chicta cinca [nariz partida]. Cada uno los que podían trauajar y ayudar, los que tenían ojos seruían de mirar, los que tenían pies andauan, los que tenían manos texían y seruían de despenseros y quipo camayos, mayordomos. Éstos cada uno les casaua con su ygual para multiplicar y seruían en todo lo que pudían, En estos yndios y yndias tenía una horden muy buena del seruicio de Dios y multiplico de jente para hinchir la tierra de gente, para la grandesa, aumento y seruicio de la magestad del Ynga y príncipes, duques, condes, marqueses deste rreyno. Le casauan al ciego con otra ciega, al cojo con otra coja, al mudo con otra muda, al enano con enana, al corcobado con corcobada, el naris hendido con otra de naris hendida, para el multiplico del mundo. Y éstos tenía sus sementeras, casas, eredades y ayuda de su seruicio y ancí no auía menester hospital ni limosna con esta horden santa y pulicía deste rreyno, como ningún rreyno de la cristiandad ni ynfieles no lo a tenido ni lo puede tenella por más cristiano muy buen [...]. QVINTO VECITA: En esta calle del quinto de sayapayac [mandadero], que son yndios de guarda de edad de dies y ocho años y de ueynte años: Éstos seruían por mensages, cachacona uayna [jóvenes de encargos], del pueblo a otro pueblo y a otros lugares más sercano de los ualles. Y guardauan ganados y aconpañado de yndios de guerra y de grandes prencipales y señores capitanes. Y éstos lleuauan de comer y seruían a sus principales y mandoncillos de su pueblo. Pulicía y buena criansa, estudio para sauer la pobresa y la miseria y dotrina, obendencia para estar sugeto del seruicio de Dios, que en el tienpo de los Yngas y antes por la ley antigua desde primera gente de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa hasta el tienpo de los Yngas y desde Chalco Chima Ynga, Uascar Ynga, Atagulpa [sic] Ynga hasta agora. Se a perdido esta dicha ley tan buena y criansa, exenplo de los niños y mosos que llaman sayapayac macta [mensajero], mosetones diestros, donzeles mandados que coma maýs crudo. No prouauan sal ni agí ni miel ni uinagre ni comía cosa du[l]se ni carne ni cosa de gordura ni ueuía chicha. Por gran rregalo le daua un poco de mote, maýs cocido, una camiseta y manta gruesa; aquello le uastaua. Y ci era hijo de prencipal, más castigo lleuaua. Y nunca paraua estos mosetones hasta treynta años, ni conocía muger en todo el rreyno. SESTO VECITA: En esta calle del sesto que son muchachos de edad de doze años o de dies y ocho años, que se dizen mactacona: A estos dichos les enbiaua a los ganados a guardar y allí coxían con lazos y ligas a los páxaros llamados uachiua [ganso], yuto [perdiz], quiuyo, tacami [pato], auas, recrec. Y hacían de la carne petaquillas y las plumas los guardauan para los Yngas y capac apocona [señores poderosos], y para capitanes, tenía este oficio. Toda estas diligencias se hacía por amor de la rrepública y aumento de la grandesa de la magestad del Ynga. Antes que ubiese Ynga, auía en cada pueblo su Ynga y rrey, señor para aqudille y ací maltones que se dize macta [joven], que éstos fuesen parte, ayuda a las comunidades y sapci y a las haciendas de los Yngas y de la señora coya y de otros prencipales desto rreyno, como del sol, luna, estrellas y de ýdulos uacas. Ayudauan a guardar en el ganado y sementeras y seruicio de los caciques prencipales deste rreyno. Le enseñauan esta umildad y ubidencia y que seruiesen en todo el rreyno estos mosetoncillos y que fuesen muy ubidente en su rreyno. Se se guardasen esta ley, fuera seruido Dios y su Magestad, aumentarían las comunidades y sapci deste rreyno. Todo lo estorua los quras de la dotrina y corregidores y comenderos con color de sus seruicios en todo el rreyno [...]. SÉTIMO VECITA: En este calle del sétimo que le llaman tocllacoc uamracuna [muchacho cazador], de edad de nueue años o de doze años: Que fueron casadores de paxaritos menudos que los toman con lasos y ligas y otras suertes que llaman los páxaros pulidos: quinte [picaflor], uaychau [pájaro pardo], chayna [jilguero]; urpay [paloma] y otros páxaros que ay. La carne hacía charque [conserva], petaquillas. Y las plumas lo guardauan para la pluma y cunpi [tejido fino] de pluma. Y para uallcanca [escudo], chasca chuqui [lanza], ura caua [?] y otras galanterías del Ynga y prencipales y capitanes, auca camayoccuna. Para que fuesen dotrinados y enseñados a trauajos y tomasen oficios y uertud, le mandaua a estos muchachos casadores y ancí les llamauan tocllaquc uamra, muchacho casador, en todo el rreyno. Como acá al estudio a la esqüela nunca le mandaua apr[e]nder oficio destas dichas edades, cino moso de uente o trenta años, para que aprendiesen bien ci jugar. Y ací estos muchachos proqurauan coger con ligas o lasos o tirándole los páxaros del monte. Tenían este oficio ordenario y cin eso de guardar ganados y traer leña, paxa, hilauan y torcían y aqudían en otros mandados de los prencipales y de la justicia de su padre y madre y ermanos mayores. Y con ellos andaua muchos asotes y linpiesa en este rreyno. OTABO VECITA: En esta calle del otabo de niños de edad de cinco años o nueue años, niños que juegan que se dize pucllacoc uamracona: Éstos seruían a sus madres y a sus padres en lo que pudían y lleuauan muchos asotes y coscorrones y seruían de hazer jugar a las crías que gateauan y a los questán en las cunas de menealle y de miralle. Estos dichos niños, digamos agora niños de la dotrina que son apropiados para ello y enseñalles la dotrina y la esqüela, que fueron rreseruados en la uecita general para la ayuda de su casa y cría de sus ermanos, niños de quna y niños que gatean y que juegue con ellos o ayude a criar güérfanos y otras oqupaciones de casa y mirar la casa, se le [u]qupauan estos dichos niños que les llamaua pucllacoc uamra, niños que juegan, niños de la dotrina y de la esqüela. Éstos conbiene que sean castigados y dotrinados en todo el rreyno por la horden del rreyno y buena ley. Que los fiscales de los pueblos ajunte desta edad; en subiendo a más, salga a layuda de la qumunidad del tributo, seruicio de Dios y de su Magestad deste rreyno. NOVENO VECITA: En esta calle del noueno llamado llullo llocac uamracona, niños de teta que comiensan a gatear, que son de edad de de [sic] un año o de dos años y de tres años hasta que llegan a cinco años: No es para nada cino que le cirua otro y que juegue con otro muchacho y que le mire que no se cayga ni se queme, que le guarde uien. En esta becita general de los yndios de llucac uanra, niños que gatea, es muy justo que se rreserue su madre para la cría y ci es güérfano, mucho más. Y ci nasen dos de un uientre, que se rreserue su padre y madre dos años por la ley de Dios y de la pocición, muy antigua ley deste rreyno cigún es ley de la cristiandad que se deue que la trajo Dios nuestro señor Jesucristo y su madre Nuestra Señora del Rosario. Y ací, con ser bárbaro y gintil [sic], los señores Yngas mandaron guardar esta ley de los antigos yndios que ellos les llama pacarimoc runa, quiere decir que los primeros hombres que salieron, lo guardaron. Y ancí no a menester tanta caridad con estas dichas hórdenes y obra de misericordia en el mundo en este rreyno. DÉZIMO VECITA: En esta calle del décimo llamado uaua quiraupi cac, niños de teta rreci[é]n paridos questán en la cuna, de edad de un mes: Que conbiene que otro le cirua quiraupi uauacona [niños de cuna], que le a de seruir su madre de fuersa, no otra persona es que da la leche a los dichos niños. En esta dicha calle de niños de la quna se acaua la becita general de los yndios adonde es buena ley y obra de misericordia y buena becita general: El primero, para el seruicio de Dios Nuestro Señor y es como se cigue: Que Dios y hombre bibo se hizo pobre para solo lleuarnos a la gloria y enseñarnos la dotrina y mandamiento y las buenas obras de misericordia que guardásemos y que criésemos. Por dejallo murió y después subió a los cielos. Conqüerda esta becita general con ella. El segundo, para el seruicio de la coro[na] rreal de su Magestad, de nuestro señor rrey don Felipe el terzero, monarca del mundo, aumente yndios y se rredusca en sus pueblos y multiplique yndios. Y deje de multiplicar mestisos, cholos, mulatos, sanbahigos, cin prouecho de la corona rreal; antes para mal que bien salen casta de biquna [vicuña] y de taruga [venado de altura], que no sale del padre ni de la madre, mala gente en gran daño de la corona rreal y de los pobres yndios deste rreyno. PRIMERA VECITA: La primera calle de las yndias mugeres casadas y biudas que llaman auca camayocpa uarmin [señoras de los militares], las quales son del oficio de texer rropa delicada para cunbe [tejido fino], auasca [corriente] para el Ynga y demás señores capac apoconas y capitanes y para soldados: Fueron de edad de treyta y tres años, se casauan; hasta entonses andauan uírgenes y donzellas. Estas dichas mugeres, ací mismo los dichos hombres de la misma edad, se casauan; hasta entonses les llamaua niñas uamra tasque [joven] purun uarmi [mujer virgen], Questas dichas mugeres no fueron libres en la becita general de la primera calle que fue llamado auca camayocpa uarmin, mugeres de hombres balentones, digamos agora como mugeres de Castilla de hombres picheros y soldados para guerra. Estas dichas tenían oficio de texer rropa de auasca delgada y hilauan para qumbis. Y aqudían a las dichas comunidades de los dichos sus pueblos y prouincia y aqudían a todo lo mandado de los señores prencipales de título. Hasta que pasaua su marido, ací pasaua tanbién ella como él. Para esto no era consentido casalle con hombre bajo pichero ninguna muger de calidad cauallero y ci lo casauan, tan pichera era ella como él en todo el rreyno y se auajaua de la doña. Quando le llamauan mama [señora] le fue honrada en todo el rreyno, (?) SEGVNDA VECITA: En esta calle de la segunda llamadas payacona, biejas de edad de cincuenta años, biejas que se ocupan a texer rropa gruesa de comunidad: Estas dichas yndias entran a seruir a las dichas mugeres prencipales y ciruen de porteras y despenseras y de camareras, cocineras y mayordomas. Y estas ciruen a las uírgenes, agllaconas, y de todo lo que es mandado en sus oficios y cargos, oficios, y son llamados mama [señora], y an de tener quipo [nudos] y cuenta de todo ello. Estas dichas mugeres, segunda calle, fue llamada paya; quiere dezir bieja, que se entiende bieja media mosa o biuda. Aunque sea biuda niña o muger desbirgada, le llamauan paya yquima uacllisca, quiere decir bieja y biuda y perdida, no tenía ya caso de ellas. Entrauan a la qüenta de las biudas pero jamás se a hallado muger perdida ni se aya casádose perdida ni auerse hallado adúltera. A la donzela y al donzel quebrantado le matauan y le colgauan bibo por una peña, ací mismo al adúltero y adúltera; es la justicia graue. Todo lo de ese pecado tray españoles. Y ancí estas dichas mugeres seruían en texer costales y otras cosas para los prencipales y aqudían a las qumunidades y otras obligaciones de su pueblo, no saliendo fuera de ella. Y eran rrespetados como biejas honradas y tenían cargo de las doncellas y aqudían en otras mitas [el turno en cumplir] y obligaciones, lo que lestaua mandado como muger pichera en este rreyno. TERZERA VECITA: En esta calle de la terzera llamado punoc paya, biejas que entiende sólo dormir y comer, de edad de ochenta años: Las que pueden an de seruir de portera y aconpañamiento y algunas que pueden an de texer costales y hilar cosa gruesa lo que pueden y de guardar conejos y criar patos y criar perros y mirar las casas y ayudar a criar a los niños. Estas dichas biejas que fueron llamadas punoc paya [vieja dormilona], a estas dichas biejas cada señora grande tenía dos o tres de ellas y las mayores tenía dies y beynte biejas para mandar su casa y guardar donsellas y las mejores le oqupaua en la despensa y camarera y portera y de castigar a las niñas de casa. Con todo eso éstas y otras tenían sus sementeras que hacía minga [prestación de trabajo] que le ayudauan a beneficialle. Y ací no tenían nesecidad de limosna las dichas biejas y güérfanos que no pudían; antes las dichas biejas dauan de comer y criauan a los niños güérfanos en la ley de cristianos. No ay quien haga otro tanto por las mosas y mosos y biejas que aún pueden trauajar. Por no auajar el lomo, se hazen pobres; mientras pobre, tiene fantacía y se haze señor. Y no lo ciendo, de pichero se hase señora, doña y ací es mundo al rreués. Y ací que se tenía mucha caridad con estas dichas biejas enfermas en estos rreynos. QVARTA VECITA: En esta calle de la quarta son llamados nausacuna, ciegas; hanca, coxas; opa, muda; uinay oncoc, tollidas; tinre, uayaca, enanas como corcobadas; chicta cinca, cacya, naris hendidas: A éstas el Ynga les casauan con otros como ellos y las demás que pudían trauajar hacían hilar y texer y sauían estas dichas yndias mil maneras de labores y texían chunbe [faja de cintura] y uincha [cinta]. Y a los demás el Ynga lo rrepartían para mansebas para que pariesen y multiplicasen, aumentasen y ubiese aumento de ellos porque la tierra no quedasen yermo, solitario. Y suelen ser grandes texedoras de rropa y cocineras y chicheras y chocareras para entretenimiento del Ynga y de los señores prencipales. En esta dicha calle se becitaua las mugeres y enfermas, cojas y ciegas, biudas, corcobadas, enanas, los quales tenían tierras y sementeras y casas y pastos da donde se sustentaua y comía y ancí no tenía nesecidad de limosna. Y las que podía trauajauan y las que podía tenía marido y parían, multiplicauan. Y estas enfermas eran muy queridas e tenidas en mucho y ancí no auían menester limosna ellas y las mejores trauajauan. Como las mugeres españoles que tiene fuersa por no trauajar, se hazen pobres y piden limosna como ciega o bieja de ochenta años y güérfano pobre. A éstos se le deue limosna y caridad por Dios en el mundo. QVINTA VECITA: En esta calle de la quinta son de mosas casaderas que llaman allin zumac cipascona [muchachas buenas y hermosas]: Eran donzellas uírgenes, purum tasque, tenían de edad de treynta y tres años. Daquí sacauan para uírgines perpetuuas para el sol y tenplos y luna y luzero y para el Ynga y para los dioses uaca uilcaconasb y para los capac apoconas [señores poderosos] y curacaconas, ynfantes allicacconas [ascendidos], camachiconas [locales o menores] y para yndios uallentes, auca camayoccona [guerreros], pircac [amurallador], lucric [labrador], chicoc [picapedrero]. Los rrepartían cin agrauiar a nadie, ni el dicho Ynga ni nadie. Nunca tomauan muger de su boluntad, aunque fuese el mismo Ynga, por las penas y leys que auía en aquel tienpo esecutado y sentenciado a muerte fixa. La grandesa que tubo este dicho Mundo Nuebo de la Yndias de tener donzella de treynta y tres años: algunas hasta murir fueron uírgenes donzellas, lo qual se estaua en sus casas y andauan en el canpo cin que la mosca le tocase. ¡O qué lindo ley, no tan solamende de la tierra cino de Dios! Ci estaua en la ley de crístiano, quéstas se sacauan para calles y para uírgenes, no lo a tenido tan linda ley enperador ni rreys del mundo. Estas dichas seruían en todo lo que eran mandado del Ynga y justicia. Todo lo malo adulterio y otros pecados mortales trajo concigo los dichos cristianos; con color de la dotrina desuirga a todas las donzellas y aní [sic] paren muchos mestisos en este rreyno. SESTA VECITA: En esta calle de la sesta llamada coro tasqueconas, rotusca tasque, que quiere dezir motiloncillas, que fueron de edad de doze años y de dies y ocho años, que serbían a sus padres y madres y agüelas y entrauan a seruir a las señoras prencipales para prender a hilar y texer cosas delicadas y seruían de pastoras de ganados y de sementeras, chacaras, y de hazer chicha para su padre y madre y de otros oficios: Acudían que podían ayudauan y les enbiaua por leña y paxa y seruía de cosenera a su padre y linpiaua la casa. Estas dichas coro tasque , que quiere dezir motiloncillas, andauan desaliñadas y descalsas y la rropa corta. Seruían muy mucho a sus padres y madre y a los mugeres prencipalas y a la comunidad y tenía mucha ubedencia y rrespeto. Y le enseñaua a cocinar, hilar y texer. Y le fue motilada hasta llegar de edad de treynta años; entonses les casaua y le dotaua su miseria y pobresa, ací del hombre como de la muger. Hasta que lo mande el Ynga o su bizorrey nunca conocían a muger ni a hombre, so pena de la muerte y de la ley y hordenansas destos rreynos y criansa de las hijas y hijos en castigallas y dotrinallas. Ací auían de seguilla en el mundo en este rreyno. SÉTIMA VECITA: En esta calle de la sétima se becitauan las dichas muchachas que llamauan pauau pallac, muchachas que coxen flores, y coxían tire, queuencha [verduras secas], onquena, llachoc [acuáticas], paconca, pinau, siclla [yerbas], llullucha, morcoto [acuáticas], escaña, chullcota pallac [que recoge hojas de ocas]: Que estas muchachas coxían flores para tiñir lana, para cunbis [tejido fino] y rropas y otras cosas y cogían yeruas de comida de las susodichas para secallo y tenella en el depócito, cullca, para el otro año. Estas dichas muchachas tenían de edad de nueue años y de doze años. Con estas yeruas se seruían al sol y capac ocha [sacrificios humanos] del Ynga y a los señores grandes y capitatenes [sic] y de señoras, coyas [reina] y nustas [princesa] y de mugeres prencipales para cunbe, auasca [corriente] y conbana y llauto [adorno de cabeza] y ojotas [sandalias], cunbana, uincha [cinta], chunbe [faja de cintura], chupa curo [flecos]. Y demás desto ayudauan a sus padres y madres en todo lo mandado y eran muy ubedente donzellita castigada ellas. Estas dichas niñas se les daua este cargo, oficio a hijas de picheros para que fuesen enseñados en este rreynos. Las dichas niñas pauau pallac, que quiere dezir niñas que cogen flores, esto se haze para que no fuesen ociosos, lo qual no hazen las señoras. Desde chica le enseña a rregalos y a pecados de fornicarse. OTABA VECITA: En esta calle del otabo, de edad de cinco años o de nueue años que le llaman pucllacoc uarmi uamra, que quiere dezir muchachas que anda jugando: Estas dichas doncillitas seruían de paxe de coya [reina] o de nusta [princesa] o de las señoras grandes o de las uírgenes y de mamamaconas [sic] [señoras] y seruían a sus madres y padres de traer leña, paxa. Estas dichas comiensan a trauajar, hilar zeda dilicada y lo que pudían y traer de comer yuyos [planta acuática] de la labransa y ayudaua hazer chicha y seruía de criar a los menores y le trayýa cargado a los niños. Estas dichas niñas se le an de enseñalle a linpiesa y que sepan desde chica hilar y lleuar agua y lauar y cocinar, que es oficio de muger y donsella que conbiene y le dotrine su padre y madre. Y ací le becitaua en la becita general y le rreseruaua para la ayuda de su madre a criar sus ermanos y en todo lo que se le ofrecía. Con color destos niñas, ajunta donzellas y lo desuirga los quras de las dotrinas y corregidores y comenderos y se huelga los españoles. Y ancí ay y multiplica muchos mestisos, aunque en las hordenansas del buen gobierno y en el Santo Concilio no le manda ajuntar a las niñas ni donzellas para desuirgalla con color de la dotrina, cino a niños de cinco años y de says salga en este rreyno. NOVENA VECITA: En esta calle del nouena, de edad de un año y de dos años, de niñas que le llamauan llucac uarmi uaua, quiere dezir niñas que gatean: No es para nada, cino que le ciruan otro o cino que le cirua su madre. A de ser rreseruada por el trauajo de la cría de su hijo porque a de andar con ella cargado y no le a de dexar de la mano. Estas dichas niñas fueron rreseruadas y que le cirua otro como es justo y notorio, aunque sea hijo de pichero. Y ci es hijo de cauallero a de ser seruido más como lo merese por la ley de Dios en el mundo; es criatura de Dios. Y ci fuere güérfano se le deue más. Y ací le fue rreseruada esta dicha niña llocac uamra, quiere dezir niña que gatea, desde que salió de la uientre de su madre. Fue rrepartida tierras y sementeras y le beneficiauan su parcialidad todo sus conpadres y comadres, uayno, socna . Y todos le mantenían y lo mirauan, aunque tengan padre y madre, la gran misericordia que auía en este rreyno, lo que no an tenido en toda Castilla ni lo tendrán por ser tan uellaca gente. Que de pichero se quiere ser señor de pobre linage, se quiere hazerse rrey, no le biniendo de derecho de linage ni de sangre ni cortesano con estos pobres, come se ue en esta becita general deste rreyno. DÉCIMA VECITA: En esta calle de la décima que son de las niñas questán en las cunas que se llama llullo uaua, uarmi quiraupi cac uauacona, que son rreci[é]n paridas de un mes y de 2 y de 3 y de 4 y de cinco meses que no tiene ayuda, cino que le cirua su madre y le ayude sus ermanillos u su agüela o tía o algún pariente sercano a esta niña: Fin de la uecita general conpuesto de Topa Ynga Yupanqui y de su consejo rreal y de capac apo Guaman Chaua. Como se saue que desta becita general de las yndias mugeres deste rreyno, de gente pichero, se becitaua estas dichas niñas. Requiere que le cirua otro y ancí fue rreseruada su madre; ci fueren dos niñas de un uientre le fue rreseruado su padre y su madre en todo en este rreyno. Y ci fuere hijo de principal, mucho más, y ci fuere güérfano, mejor. Se tenían esta ley y hordenansas puesta por la magestad de Capac Ynga [poderoso Inka]. Ase de sauer desta becita general; fue becitado para el seruicio de Dios y de la corona rreal del Ynga y bien de los naturales deste rreyno, pas con todos. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] okpmyae468doxm2r63byo5z6gqjb60c 1665691 1665672 2026-06-21T01:34:05Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665691 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 10: El capítulo de la visita general, o censo |autor=Guamán Poma de Ayala }} PRIMER BECITA GENERAL puesta estas dichas hordenansas generales deste rreyno por Topa Ynga Yupanque y por su consejo rreal deste rreyno. Y uista estas dichas hordenansas el señor don Francisco de Toledo, bizorrey destos rreynos, se enformó esta ley y hordenansas antiguas, sacando de ellas de las mejores. Ordenó y confirmó nuestro señor católico rrey don Felipe el segundo y por ella mandó que todos comiesen en la plasa pública y que hiziesen fiesta en ella. Que de todo ello creo en un solo Dios de la Santícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, y su bendita madre, Santa María, y en todos los sanctos y sanctas ángeles del cielo y de todo lo que creo y tiene la santa madre yglecia de Roma con la fe uerdadera que tengo. Y creo que de todo escribo para que con lo bueno sea seruido Dios y de lo malo se emiende los cristianos y se arrepienten de sus pecados los cristianos que la leyere estas dichas hordenansas antiguas de los yndios. LA BECITA GENERAL de los yndios deste rreyno por los Yngas y demás señores prencipales, conpuesto de su consejo rreal, es como se cigue: Dies calles de yndios para ocupar en trauajos por que no fuesen ociosos y holgasanes en este rreyno, porque de otra manera no pudíera sustentarse ellos ni los demás prencipales y señores y la magestad del Ynga y su gouierno. PRIMERA VECITA GENERAL: En esta calle primera que quiere dezir hombres ualleentes, soldados de guerra, auca camayoc, que son de edad de treynta y tres años, desde que entraua ueynte y cinco años y salía de cincuenta años: Estos ualentones lo tenía muy apartado y señalado para este efecto y para lo que se ofricía. Questos dichos yndios se sacaua para la batalla y guerra que tenía el Ynga y se sacaua destos uallentones yndios mitimays, estrangeros, en otras prouincias le poblaua, dándole tierras, pastos y sementeras de sobra para toda su generación, dándole muger de la misma tierra. Esto hacía por tener su rreyno seguro. Seruía como ueedor destos yndios ualentones; sacaua para labradores y oficiales de todos los oficios que a menester el dicho Ynga y los demás señores príncipes y principales y las dichas señoras deste rreyno. Y a éstos les llamaua mitimac, estrangeros. Destos uallentones se sacaua para minas y de otros labores y trauajos, obligación. Y ancí la becita general desta primera calle fue llamado auca camayoc, hombres de guerra, para mucho. SEGVNDA VECITA: En esta calle segunda de puric macho, biejos pasados de edad de sesenta años y de setenta y ocho años, que seruían en las chacras [sementera] y de traer leña y paxa y linpiar casas del Ynga o de algún señor y prencipal y seruían por camareros y despenseros y porteros y quipo camayoc [contador]: Los quales, desde el año que cumple lo cinqüenta años desde que nació y entra en el año de cinqüenta y uno, entra este dicho yndio rreseruado de no yr a la guerra ni batalla ni qualquier seruicio personal de salir fuera de su casa y tierra co[n] el dicho yndio auca camayoc, hombre ualentón, pero era obligado a seruir en todo lo mandado, ací como en casa de su prencipal y en las sementeras. Y a éstos les llamaua pachaca, labrador, y destos yndios pasados se sacaua pa[ra] camareros; les llamaua apukuna. Y a éstos les sacaua para mandones y despenseros, surcoquc, y a éstos les sacaua para lacayos de los señores principales; les llamaua quraca catic [criado del kuraka]. Y a éstos les sacaua para esqudero de las señoras quraca uarmita pusac [que acompañan a las señoras]. De manera estos dichos yndios seruían en todo lo que es mandado en el dicho pueblo, aunque sea fuera al dicho cacique prencipal, a sus hijos y mugeres en este rreyno. TERZERO VECITA: En esta calle del terzero llamado rocto macho, biejo sordo, de edad de ochenta años hasta de cien años o de ciento y cinqüenta años. Estos dichos rrocto machos son biejos, que sólo es para comer y dormir; los que pueden hazen guascas, soga, y frezadas, apa, y an de guardar casas de los pobres y criauan conejos y patos, Estos dichos biejos eran muy temidos y onrrados, obedecidos. Éstos tenían oficios de asotar a los niños y niñas y dar buenos consejos y dotrinas. Con la poca sombra daua lus y claridad del seruicio de Dios y predicaua buenos egenplos: alli qunacoc alli yachachic macho yaya, quiere decir que da buen egenplo y que bien enseña, biejo. Los que pueden son porteros de las donzellas y bírgenes y de las señoras principales. A esto le dauan limosna todos los rricos y le hacía sus bestidos y todo su parcialidad le beneficia sus sementeras y le cirue todo el pueblo. A estos dichos tales biejos y sus conpadres, uayno, y sus camaradas, socna, le rregalaua, más rregalo tenía uno déstos. Y ací no conbenía tener hospital, pues que le beneficiaua sus sementeras y le guardauan sus carneros y ací no auía menester tener hospital en los pobres biejos y tullidos y ciegos, mancos [...]. QVARTO VECITA: En esta calle del quarto de los enfermos y liciados, cojos y mancos y tollidos, upa, mudo; nausa, ciego; uncoc, enfermo; uinay uncoc, tullido; maquin paquisca, manco; hanca, coxo: Éstos seruían de pasatienpo, hablar y chocarrear, como son enanos, tinre, uayaca; cumo, corcobado; chicta cinca [nariz partida]. Cada uno los que podían trauajar y ayudar, los que tenían ojos seruían de mirar, los que tenían pies andauan, los que tenían manos texían y seruían de despenseros y quipo camayos, mayordomos. Éstos cada uno les casaua con su ygual para multiplicar y seruían en todo lo que pudían, En estos yndios y yndias tenía una horden muy buena del seruicio de Dios y multiplico de jente para hinchir la tierra de gente, para la grandesa, aumento y seruicio de la magestad del Ynga y príncipes, duques, condes, marqueses deste rreyno. Le casauan al ciego con otra ciega, al cojo con otra coja, al mudo con otra muda, al enano con enana, al corcobado con corcobada, el naris hendido con otra de naris hendida, para el multiplico del mundo. Y éstos tenía sus sementeras, casas, eredades y ayuda de su seruicio y ancí no auía menester hospital ni limosna con esta horden santa y pulicía deste rreyno, como ningún rreyno de la cristiandad ni ynfieles no lo a tenido ni lo puede tenella por más cristiano muy buen [...]. QVINTO VECITA: En esta calle del quinto de sayapayac [mandadero], que son yndios de guarda de edad de dies y ocho años y de ueynte años: Éstos seruían por mensages, cachacona uayna [jóvenes de encargos], del pueblo a otro pueblo y a otros lugares más sercano de los ualles. Y guardauan ganados y aconpañado de yndios de guerra y de grandes prencipales y señores capitanes. Y éstos lleuauan de comer y seruían a sus principales y mandoncillos de su pueblo. Pulicía y buena criansa, estudio para sauer la pobresa y la miseria y dotrina, obendencia para estar sugeto del seruicio de Dios, que en el tienpo de los Yngas y antes por la ley antigua desde primera gente de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa hasta el tienpo de los Yngas y desde Chalco Chima Ynga, Uascar Ynga, Atagulpa [sic] Ynga hasta agora. Se a perdido esta dicha ley tan buena y criansa, exenplo de los niños y mosos que llaman sayapayac macta [mensajero], mosetones diestros, donzeles mandados que coma maýs crudo. No prouauan sal ni agí ni miel ni uinagre ni comía cosa du[l]se ni carne ni cosa de gordura ni ueuía chicha. Por gran rregalo le daua un poco de mote, maýs cocido, una camiseta y manta gruesa; aquello le uastaua. Y ci era hijo de prencipal, más castigo lleuaua. Y nunca paraua estos mosetones hasta treynta años, ni conocía muger en todo el rreyno. SESTO VECITA: En esta calle del sesto que son muchachos de edad de doze años o de dies y ocho años, que se dizen mactacona: A estos dichos les enbiaua a los ganados a guardar y allí coxían con lazos y ligas a los páxaros llamados uachiua [ganso], yuto [perdiz], quiuyo, tacami [pato], auas, recrec. Y hacían de la carne petaquillas y las plumas los guardauan para los Yngas y capac apocona [señores poderosos], y para capitanes, tenía este oficio. Toda estas diligencias se hacía por amor de la rrepública y aumento de la grandesa de la magestad del Ynga. Antes que ubiese Ynga, auía en cada pueblo su Ynga y rrey, señor para aqudille y ací maltones que se dize macta [joven], que éstos fuesen parte, ayuda a las comunidades y sapci y a las haciendas de los Yngas y de la señora coya y de otros prencipales desto rreyno, como del sol, luna, estrellas y de ýdulos uacas. Ayudauan a guardar en el ganado y sementeras y seruicio de los caciques prencipales deste rreyno. Le enseñauan esta umildad y ubidencia y que seruiesen en todo el rreyno estos mosetoncillos y que fuesen muy ubidente en su rreyno. Se se guardasen esta ley, fuera seruido Dios y su Magestad, aumentarían las comunidades y sapci deste rreyno. Todo lo estorua los quras de la dotrina y corregidores y comenderos con color de sus seruicios en todo el rreyno [...]. SÉTIMO VECITA: En este calle del sétimo que le llaman tocllacoc uamracuna [muchacho cazador], de edad de nueue años o de doze años: Que fueron casadores de paxaritos menudos que los toman con lasos y ligas y otras suertes que llaman los páxaros pulidos: quinte [picaflor], uaychau [pájaro pardo], chayna [jilguero]; urpay [paloma] y otros páxaros que ay. La carne hacía charque [conserva], petaquillas. Y las plumas lo guardauan para la pluma y cunpi [tejido fino] de pluma. Y para uallcanca [escudo], chasca chuqui [lanza], ura caua [?] y otras galanterías del Ynga y prencipales y capitanes, auca camayoccuna. Para que fuesen dotrinados y enseñados a trauajos y tomasen oficios y uertud, le mandaua a estos muchachos casadores y ancí les llamauan tocllaquc uamra, muchacho casador, en todo el rreyno. Como acá al estudio a la esqüela nunca le mandaua apr[e]nder oficio destas dichas edades, cino moso de uente o trenta años, para que aprendiesen bien ci jugar. Y ací estos muchachos proqurauan coger con ligas o lasos o tirándole los páxaros del monte. Tenían este oficio ordenario y cin eso de guardar ganados y traer leña, paxa, hilauan y torcían y aqudían en otros mandados de los prencipales y de la justicia de su padre y madre y ermanos mayores. Y con ellos andaua muchos asotes y linpiesa en este rreyno. OTABO VECITA: En esta calle del otabo de niños de edad de cinco años o nueue años, niños que juegan que se dize pucllacoc uamracona: Éstos seruían a sus madres y a sus padres en lo que pudían y lleuauan muchos asotes y coscorrones y seruían de hazer jugar a las crías que gateauan y a los questán en las cunas de menealle y de miralle. Estos dichos niños, digamos agora niños de la dotrina que son apropiados para ello y enseñalles la dotrina y la esqüela, que fueron rreseruados en la uecita general para la ayuda de su casa y cría de sus ermanos, niños de quna y niños que gatean y que juegue con ellos o ayude a criar güérfanos y otras oqupaciones de casa y mirar la casa, se le [u]qupauan estos dichos niños que les llamaua pucllacoc uamra, niños que juegan, niños de la dotrina y de la esqüela. Éstos conbiene que sean castigados y dotrinados en todo el rreyno por la horden del rreyno y buena ley. Que los fiscales de los pueblos ajunte desta edad; en subiendo a más, salga a layuda de la qumunidad del tributo, seruicio de Dios y de su Magestad deste rreyno. NOVENO VECITA: En esta calle del noueno llamado llullo llocac uamracona, niños de teta que comiensan a gatear, que son de edad de de [sic] un año o de dos años y de tres años hasta que llegan a cinco años: No es para nada cino que le cirua otro y que juegue con otro muchacho y que le mire que no se cayga ni se queme, que le guarde uien. En esta becita general de los yndios de llucac uanra, niños que gatea, es muy justo que se rreserue su madre para la cría y ci es güérfano, mucho más. Y ci nasen dos de un uientre, que se rreserue su padre y madre dos años por la ley de Dios y de la pocición, muy antigua ley deste rreyno cigún es ley de la cristiandad que se deue que la trajo Dios nuestro señor Jesucristo y su madre Nuestra Señora del Rosario. Y ací, con ser bárbaro y gintil [sic], los señores Yngas mandaron guardar esta ley de los antigos yndios que ellos les llama pacarimoc runa, quiere decir que los primeros hombres que salieron, lo guardaron. Y ancí no a menester tanta caridad con estas dichas hórdenes y obra de misericordia en el mundo en este rreyno. DÉZIMO VECITA: En esta calle del décimo llamado uaua quiraupi cac, niños de teta rreci[é]n paridos questán en la cuna, de edad de un mes: Que conbiene que otro le cirua quiraupi uauacona [niños de cuna], que le a de seruir su madre de fuersa, no otra persona es que da la leche a los dichos niños. En esta dicha calle de niños de la quna se acaua la becita general de los yndios adonde es buena ley y obra de misericordia y buena becita general: El primero, para el seruicio de Dios Nuestro Señor y es como se cigue: Que Dios y hombre bibo se hizo pobre para solo lleuarnos a la gloria y enseñarnos la dotrina y mandamiento y las buenas obras de misericordia que guardásemos y que criésemos. Por dejallo murió y después subió a los cielos. Conqüerda esta becita general con ella. El segundo, para el seruicio de la coro[na] rreal de su Magestad, de nuestro señor rrey don Felipe el terzero, monarca del mundo, aumente yndios y se rredusca en sus pueblos y multiplique yndios. Y deje de multiplicar mestisos, cholos, mulatos, sanbahigos, cin prouecho de la corona rreal; antes para mal que bien salen casta de biquna [vicuña] y de taruga [venado de altura], que no sale del padre ni de la madre, mala gente en gran daño de la corona rreal y de los pobres yndios deste rreyno. PRIMERA VECITA: La primera calle de las yndias mugeres casadas y biudas que llaman auca camayocpa uarmin [señoras de los militares], las quales son del oficio de texer rropa delicada para cunbe [tejido fino], auasca [corriente] para el Ynga y demás señores capac apoconas y capitanes y para soldados: Fueron de edad de treyta y tres años, se casauan; hasta entonses andauan uírgenes y donzellas. Estas dichas mugeres, ací mismo los dichos hombres de la misma edad, se casauan; hasta entonses les llamaua niñas uamra tasque [joven] purun uarmi [mujer virgen], Questas dichas mugeres no fueron libres en la becita general de la primera calle que fue llamado auca camayocpa uarmin, mugeres de hombres balentones, digamos agora como mugeres de Castilla de hombres picheros y soldados para guerra. Estas dichas tenían oficio de texer rropa de auasca delgada y hilauan para qumbis. Y aqudían a las dichas comunidades de los dichos sus pueblos y prouincia y aqudían a todo lo mandado de los señores prencipales de título. Hasta que pasaua su marido, ací pasaua tanbién ella como él. Para esto no era consentido casalle con hombre bajo pichero ninguna muger de calidad cauallero y ci lo casauan, tan pichera era ella como él en todo el rreyno y se auajaua de la doña. Quando le llamauan mama [señora] le fue honrada en todo el rreyno, (?) SEGVNDA VECITA: En esta calle de la segunda llamadas payacona, biejas de edad de cincuenta años, biejas que se ocupan a texer rropa gruesa de comunidad: Estas dichas yndias entran a seruir a las dichas mugeres prencipales y ciruen de porteras y despenseras y de camareras, cocineras y mayordomas. Y estas ciruen a las uírgenes, agllaconas, y de todo lo que es mandado en sus oficios y cargos, oficios, y son llamados mama [señora], y an de tener quipo [nudos] y cuenta de todo ello. Estas dichas mugeres, segunda calle, fue llamada paya; quiere dezir bieja, que se entiende bieja media mosa o biuda. Aunque sea biuda niña o muger desbirgada, le llamauan paya yquima uacllisca, quiere decir bieja y biuda y perdida, no tenía ya caso de ellas. Entrauan a la qüenta de las biudas pero jamás se a hallado muger perdida ni se aya casádose perdida ni auerse hallado adúltera. A la donzela y al donzel quebrantado le matauan y le colgauan bibo por una peña, ací mismo al adúltero y adúltera; es la justicia graue. Todo lo de ese pecado tray españoles. Y ancí estas dichas mugeres seruían en texer costales y otras cosas para los prencipales y aqudían a las qumunidades y otras obligaciones de su pueblo, no saliendo fuera de ella. Y eran rrespetados como biejas honradas y tenían cargo de las doncellas y aqudían en otras mitas [el turno en cumplir] y obligaciones, lo que lestaua mandado como muger pichera en este rreyno. TERZERA VECITA: En esta calle de la terzera llamado punoc paya, biejas que entiende sólo dormir y comer, de edad de ochenta años: Las que pueden an de seruir de portera y aconpañamiento y algunas que pueden an de texer costales y hilar cosa gruesa lo que pueden y de guardar conejos y criar patos y criar perros y mirar las casas y ayudar a criar a los niños. Estas dichas biejas que fueron llamadas punoc paya [vieja dormilona], a estas dichas biejas cada señora grande tenía dos o tres de ellas y las mayores tenía dies y beynte biejas para mandar su casa y guardar donsellas y las mejores le oqupaua en la despensa y camarera y portera y de castigar a las niñas de casa. Con todo eso éstas y otras tenían sus sementeras que hacía minga [prestación de trabajo] que le ayudauan a beneficialle. Y ací no tenían nesecidad de limosna las dichas biejas y güérfanos que no pudían; antes las dichas biejas dauan de comer y criauan a los niños güérfanos en la ley de cristianos. No ay quien haga otro tanto por las mosas y mosos y biejas que aún pueden trauajar. Por no auajar el lomo, se hazen pobres; mientras pobre, tiene fantacía y se haze señor. Y no lo ciendo, de pichero se hase señora, doña y ací es mundo al rreués. Y ací que se tenía mucha caridad con estas dichas biejas enfermas en estos rreynos. QVARTA VECITA: En esta calle de la quarta son llamados nausacuna, ciegas; hanca, coxas; opa, muda; uinay oncoc, tollidas; tinre, uayaca, enanas como corcobadas; chicta cinca, cacya, naris hendidas: A éstas el Ynga les casauan con otros como ellos y las demás que pudían trauajar hacían hilar y texer y sauían estas dichas yndias mil maneras de labores y texían chunbe [faja de cintura] y uincha [cinta]. Y a los demás el Ynga lo rrepartían para mansebas para que pariesen y multiplicasen, aumentasen y ubiese aumento de ellos porque la tierra no quedasen yermo, solitario. Y suelen ser grandes texedoras de rropa y cocineras y chicheras y chocareras para entretenimiento del Ynga y de los señores prencipales. En esta dicha calle se becitaua las mugeres y enfermas, cojas y ciegas, biudas, corcobadas, enanas, los quales tenían tierras y sementeras y casas y pastos da donde se sustentaua y comía y ancí no tenía nesecidad de limosna. Y las que podía trauajauan y las que podía tenía marido y parían, multiplicauan. Y estas enfermas eran muy queridas e tenidas en mucho y ancí no auían menester limosna ellas y las mejores trauajauan. Como las mugeres españoles que tiene fuersa por no trauajar, se hazen pobres y piden limosna como ciega o bieja de ochenta años y güérfano pobre. A éstos se le deue limosna y caridad por Dios en el mundo. QVINTA VECITA: En esta calle de la quinta son de mosas casaderas que llaman allin zumac cipascona [muchachas buenas y hermosas]: Eran donzellas uírgenes, purum tasque, tenían de edad de treynta y tres años. Daquí sacauan para uírgines perpetuuas para el sol y tenplos y luna y luzero y para el Ynga y para los dioses uaca uilcaconasb y para los capac apoconas [señores poderosos] y curacaconas, ynfantes allicacconas [ascendidos], camachiconas [locales o menores] y para yndios uallentes, auca camayoccona [guerreros], pircac [amurallador], lucric [labrador], chicoc [picapedrero]. Los rrepartían cin agrauiar a nadie, ni el dicho Ynga ni nadie. Nunca tomauan muger de su boluntad, aunque fuese el mismo Ynga, por las penas y leys que auía en aquel tienpo esecutado y sentenciado a muerte fixa. La grandesa que tubo este dicho Mundo Nuebo de la Yndias de tener donzella de treynta y tres años: algunas hasta murir fueron uírgenes donzellas, lo qual se estaua en sus casas y andauan en el canpo cin que la mosca le tocase. ¡O qué lindo ley, no tan solamende de la tierra cino de Dios! Ci estaua en la ley de crístiano, quéstas se sacauan para calles y para uírgenes, no lo a tenido tan linda ley enperador ni rreys del mundo. Estas dichas seruían en todo lo que eran mandado del Ynga y justicia. Todo lo malo adulterio y otros pecados mortales trajo concigo los dichos cristianos; con color de la dotrina desuirga a todas las donzellas y aní [sic] paren muchos mestisos en este rreyno. SESTA VECITA: En esta calle de la sesta llamada coro tasqueconas, rotusca tasque, que quiere dezir motiloncillas, que fueron de edad de doze años y de dies y ocho años, que serbían a sus padres y madres y agüelas y entrauan a seruir a las señoras prencipales para prender a hilar y texer cosas delicadas y seruían de pastoras de ganados y de sementeras, chacaras, y de hazer chicha para su padre y madre y de otros oficios: Acudían que podían ayudauan y les enbiaua por leña y paxa y seruía de cosenera a su padre y linpiaua la casa. Estas dichas coro tasque , que quiere dezir motiloncillas, andauan desaliñadas y descalsas y la rropa corta. Seruían muy mucho a sus padres y madre y a los mugeres prencipalas y a la comunidad y tenía mucha ubedencia y rrespeto. Y le enseñaua a cocinar, hilar y texer. Y le fue motilada hasta llegar de edad de treynta años; entonses les casaua y le dotaua su miseria y pobresa, ací del hombre como de la muger. Hasta que lo mande el Ynga o su bizorrey nunca conocían a muger ni a hombre, so pena de la muerte y de la ley y hordenansas destos rreynos y criansa de las hijas y hijos en castigallas y dotrinallas. Ací auían de seguilla en el mundo en este rreyno. SÉTIMA VECITA: En esta calle de la sétima se becitauan las dichas muchachas que llamauan pauau pallac, muchachas que coxen flores, y coxían tire, queuencha [verduras secas], onquena, llachoc [acuáticas], paconca, pinau, siclla [yerbas], llullucha, morcoto [acuáticas], escaña, chullcota pallac [que recoge hojas de ocas]: Que estas muchachas coxían flores para tiñir lana, para cunbis [tejido fino] y rropas y otras cosas y cogían yeruas de comida de las susodichas para secallo y tenella en el depócito, cullca, para el otro año. Estas dichas muchachas tenían de edad de nueue años y de doze años. Con estas yeruas se seruían al sol y capac ocha [sacrificios humanos] del Ynga y a los señores grandes y capitatenes [sic] y de señoras, coyas [reina] y nustas [princesa] y de mugeres prencipales para cunbe, auasca [corriente] y conbana y llauto [adorno de cabeza] y ojotas [sandalias], cunbana, uincha [cinta], chunbe [faja de cintura], chupa curo [flecos]. Y demás desto ayudauan a sus padres y madres en todo lo mandado y eran muy ubedente donzellita castigada ellas. Estas dichas niñas se les daua este cargo, oficio a hijas de picheros para que fuesen enseñados en este rreynos. Las dichas niñas pauau pallac, que quiere dezir niñas que cogen flores, esto se haze para que no fuesen ociosos, lo qual no hazen las señoras. Desde chica le enseña a rregalos y a pecados de fornicarse. OTABA VECITA: En esta calle del otabo, de edad de cinco años o de nueue años que le llaman pucllacoc uarmi uamra, que quiere dezir muchachas que anda jugando: Estas dichas doncillitas seruían de paxe de coya [reina] o de nusta [princesa] o de las señoras grandes o de las uírgenes y de mamamaconas [sic] [señoras] y seruían a sus madres y padres de traer leña, paxa. Estas dichas comiensan a trauajar, hilar zeda dilicada y lo que pudían y traer de comer yuyos [planta acuática] de la labransa y ayudaua hazer chicha y seruía de criar a los menores y le trayýa cargado a los niños. Estas dichas niñas se le an de enseñalle a linpiesa y que sepan desde chica hilar y lleuar agua y lauar y cocinar, que es oficio de muger y donsella que conbiene y le dotrine su padre y madre. Y ací le becitaua en la becita general y le rreseruaua para la ayuda de su madre a criar sus ermanos y en todo lo que se le ofrecía. Con color destos niñas, ajunta donzellas y lo desuirga los quras de las dotrinas y corregidores y comenderos y se huelga los españoles. Y ancí ay y multiplica muchos mestisos, aunque en las hordenansas del buen gobierno y en el Santo Concilio no le manda ajuntar a las niñas ni donzellas para desuirgalla con color de la dotrina, cino a niños de cinco años y de says salga en este rreyno. NOVENA VECITA: En esta calle del nouena, de edad de un año y de dos años, de niñas que le llamauan llucac uarmi uaua, quiere dezir niñas que gatean: No es para nada, cino que le ciruan otro o cino que le cirua su madre. A de ser rreseruada por el trauajo de la cría de su hijo porque a de andar con ella cargado y no le a de dexar de la mano. Estas dichas niñas fueron rreseruadas y que le cirua otro como es justo y notorio, aunque sea hijo de pichero. Y ci es hijo de cauallero a de ser seruido más como lo merese por la ley de Dios en el mundo; es criatura de Dios. Y ci fuere güérfano se le deue más. Y ací le fue rreseruada esta dicha niña llocac uamra, quiere dezir niña que gatea, desde que salió de la uientre de su madre. Fue rrepartida tierras y sementeras y le beneficiauan su parcialidad todo sus conpadres y comadres, uayno, socna . Y todos le mantenían y lo mirauan, aunque tengan padre y madre, la gran misericordia que auía en este rreyno, lo que no an tenido en toda Castilla ni lo tendrán por ser tan uellaca gente. Que de pichero se quiere ser señor de pobre linage, se quiere hazerse rrey, no le biniendo de derecho de linage ni de sangre ni cortesano con estos pobres, come se ue en esta becita general deste rreyno. DÉCIMA VECITA: En esta calle de la décima que son de las niñas questán en las cunas que se llama llullo uaua, uarmi quiraupi cac uauacona, que son rreci[é]n paridas de un mes y de 2 y de 3 y de 4 y de cinco meses que no tiene ayuda, cino que le cirua su madre y le ayude sus ermanillos u su agüela o tía o algún pariente sercano a esta niña: Fin de la uecita general conpuesto de Topa Ynga Yupanqui y de su consejo rreal y de capac apo Guaman Chaua. Como se saue que desta becita general de las yndias mugeres deste rreyno, de gente pichero, se becitaua estas dichas niñas. Requiere que le cirua otro y ancí fue rreseruada su madre; ci fueren dos niñas de un uientre le fue rreseruado su padre y su madre en todo en este rreyno. Y ci fuere hijo de principal, mucho más, y ci fuere güérfano, mejor. Se tenían esta ley y hordenansas puesta por la magestad de Capac Ynga [poderoso Inka]. Ase de sauer desta becita general; fue becitado para el seruicio de Dios y de la corona rreal del Ynga y bien de los naturales deste rreyno, pas con todos. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] koven4gmdaubifqpsg4xlevv3oep1wy Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los meses del año 0 74270 1665631 1199087 2026-06-21T01:21:37Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los meses del año]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los meses del año]]: Robot: página trasladada 1199087 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 11: El capítulo de los meses del año |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} CAPÍTVLO PRI[ME]RO DE LOS AÑOS, MEZES, DE LOS INGAS: Meses y años y domingos que contauan los Yngas en este rreyno, que los filósofos y astrólogos antigos contauan la semana dies días y treynta días un mes. Y ancí, por ésta, se seguía y se seruía con ella y conocía por las estrellas lo que abía de pasar el año, que bien sabía que el sol estaua en más alto grado que la luna y se ponía de encima de ella y se sangrentaua. Y ancí escuricía y creyýan que abía de murir y escoricir y caer en tierra el clips de la luna y ancí hazían gritar a la gente y a los perros y tocauan tanbores y alborotarse la gente. Hasta oy lo hazen y lo ciguin en el senbrar la comida, en qué mes y en qué día y en qué ora y en qué punto por donde anda el sol. Lo miran los altos serros y por la mañana de la claridad y rrayo que apunta el sol a la uintana. Por este rreloxo cienbra y coxe la comida del año en este rreyno. EL PRIMERO MES, ENERO. Capac Raymi [el mayor festejo], Camay Quilla [mes del descanso]: Este mes hazían sacrificios y ayunos y penetencias y tomauan senisa y se ponían ellos y en sus puertas los echauan; hasta oy lo hazen los yndios, Y hazían prociciones, estaciones de los templos del sol y de la luna y de sus dioses, uaca bilcas [divinidades locales], y en otras uacas ýdolos. De cada templo y de serro en serro andauan, haciendo serimonias y llorando y le lleuaua adelante los pontífises, hicheseros y saserdotes, confesores mochando [reverenciando] las dichas guacas de Uana Cauri y de Pacari Tanbo y otros ýdolos que [e]llos tenían y mandaua. Acimismo en todo el rreyno guardar esta ley y hordenansas y sacrificios deste dicho mes de enero, para que fuesen adelante el obedecimiento y ley de su rreyno. Y a los que no las guardaua, lo mandaua matar y consumir. Y ancí mandó ayunar y hazer penetencia y llorar en sus tenplos, ýdulos, haciendo serimonias y sacrificios y cin echarse con mugeres ellos como los [d]emás en este [...]. FEBRERO, Paucar Uaray [vestimenta ceremonial], Hatun Pucuy [gran maduración]: En este mes el Ynga y todo el rreyno sacrificauan gran suma de oro y plata y ganados a las dichas uacas ýdolos prencipales, primero al sol y a la luna y a la estrella y a los tenplos y dioses y uaca bilca [divinidad local] questauan en los más altos serros y nieues. Y era en tienpo de aguas de que llouía muy mucho este mes y auía abundancía de yuyos [planta acuática comestible] pero muy mucha hambre de comida. Y los dichos yuyos dan cámaras por ser aguadizo y con ellas se mueren muchos biejos y biejas y niños de cámaras y frío del estómago y por comer todo uerde y mucha fruta fresca y tener hambre; prosede todo mal humor del cuerpo con el uapor de la tierra se ajunta. En este mes se dize uaray uara, quiere dezir zaragüeles, y ací de uaray que se ponían este mes la uara, saragüeles, que hasta agora lo usan. El dicho uarachico y rutochico [ceremonias del ciclo vital], ques mal uso y ley y serimonia antigua de los yndios ynfieles, y ací no se deue consentirse el dicho uarachico y rutuchico en este rreyno, (?). MARZO, Pacha Pucuy [maduración]: En este mes sacrificauan carneros negros a sus ýdolos y dioses, uaca bilca [divinidad local], orcocona [cerros], questauan nombradas por los Yngas. Y hazían muy muchas seremonias con los pontífeses, ualla uiza, conde uiza, y con los laycaconas, hicheseros, que hablauan con los demonios. Y hacían lo acustumbrado, ayunando no sé qué días el comer de la sal y de la muger nunca tocauan ni comían fruta alguna ni usaua taquies [danza ceremonial] y hazían serimonias ydúlatras; ellos, los Yngas, lo comensauan primero. Y en este mes ya tienen qué comer y comiesan a comer llullo papa [papa primeriza], y michica sara [maíz temprano] y mucho yuyos [planta acuática] maduros que no haze mal y sano y bueno. Y en este mes sesan de hambre en el rreyno, ací los ganados están ya cordos; ay pasto de sobra y monte. En este dicho mes de Pacha Pucuy, quiere decir Pacha Pucuy, pacha, mundo, pucoy, harto, porque este mes de marso llueue a cántaros y está harto de agua la tierra deste rre[y]no, ques bueno para barbechar la tierra en todo el rreyno. ABRIL, Inca Raymi [festejo del Inka] Quilla: En este mes ofrecían unos carneros pintados a las dichas uacas ýdolos, dioses comunes, que abía en todo el rreyno y con ello tenían mucha serimonia. Y el dicho Ynga tenía muy grande fiesta; conbidaua a los grandes señores y prencipales y a los demás mandones y a los yndios pobres y comía y cantaua y dansaua en la plaza pública. En esta fiesta cantaua el cantar de los carneros, puca llama, y cantar de los rríos aquel sonido que haze. Esto son natural, propio cantar del Ynga, como el carnero canta y dize “yn” muy gran rrato con conpás. Y con ello mucho cunbite y uanquete y mucho uino, yamur aca [chicha]. Este mes está la comida maduro y ancí comen y ueuen y se hartan la gente del rreyno a costa del Ynga. Y este mes los aues del cielo y los rratones tienen qué comer. Todo el mes juegan los señores prencipales al juego de riui [boleadores], choca, al uayro de ynaca, pichica de hilancula y de challco chima [todos juegos] y juegan otros juegos y rrecocijos. Tiene todo el rreyno en este mes de abril Ynca Raymi [festejo del Inka] y se horadan las orejas en este mes todos, haua yncas [pariente lejano de un Inka] como capac ynga [poderoso Inka], uaccha yngas [Inka sin poder]. Con ello tienen gran fiesta entre ellos y se conbidan unos con otros, ací como rrico como pobre. MAIO, Aimoray Quilla [mes de cosecha]: En este mes ofrecían otros ganados grandes pintados de todas las colores. En esto de aymoray [cosecha] ay otras fiestas chicas; dizen que hallando una masorca que nasen dos juntas, o papas, y de rrecoger la comida y lleuallo a casa o al depócito para guardarse en las cullunas, chauays, pirua que son barriles, hazen muy mucha fiesta y borrachera. Cantan: Harauayo, harauayo, Ylla sara camauay. Mana tucocta surcoscayqui Ylla mama, a Coya! [Harawayu, harawayu, Créame, maíz mágico. Si no lo haces, te arrancaré Madre mágica, ¡Reina!] En este mes se uecitan las comunidades y sapci del mays y papas y toda la comida y los ganados comunes y sapci. Y lo castigan, no dando buena cuenta y de todo charqui [carne hecha conserva], lana, misquillicoy [mata dulce], mata, pezaca [perdiz grande], chaura [llama], uicona [vicuña], uanaco [guanaco], quiuyo [pájaro], chalua [pescado], cuchucho [pájaro], usuta [alpargata], uasca [soga], apa [frazada], maytocuna [envoltorios], cancaua [yerba acuática], lullocha [berro]. Y dando buena cuenta cantan los llamamiches [pastores], deziendo: “Llamaya, llamaya, yn, yalla, llamaya”, y se huelgan. En este mes abundancia de comida; se hinche todas las depócitos y las casas de los pobres y se uecita los yuyos [planta acuática] que an secado y lo que a trauajado para guardar, para que ayga que comer todo el año, para que no ayga hambre en los pobres en todo el rreyno. Tiene esta cuenta en este mes de mayo, Aymoray Quilla. IVNIO, Cuzqui Quilla [el mes de la búsqueda]: Este mes hazían la moderada fiesta del Ynti Raymi [festejo del sol] y se gastaua mucho en ello y sacrificauan al sol. Y enterraua al sacrificio llamado capac ocha [afrenta del Inka] que enterrauan a los niños ynosentes quinientos y mucho oro y plata y mullo [concha]. Y en este dicho mes en todo el rreyno los dichos corregidor, tocricoc, o jueses, michoc, toman cuenta a los dichos yndios de cada casa de lo que tiene de sus haziendas y comidas hasta yuyos, yeruas secas y llipta [pasta para la coca] y leña, paxa y de todo lo que deue y alemento de las mugeres como de los hombres para su mantenimiento, hasta uelle cada casa ci cría conejos y patos y ci tiene ganados. Acauado esta dicha uecita, la otra uecita tornan a hazella otra uecita en el mes de dezienbre otro tanto a los oficiales y a los comunes yndios deste rreyno, para que en el rreyno ayga abundancia de comida, para que se sustenten unos y otros, ací pobres como rricos; an de comer todos. Y los güérfanos nunca perecían de comida porque tenían sus sementeras y le senbrauan sus ayllos de su parcialidad. IVLIO, Chacra Conacuy [mes de la repartición de tierras]: Quen este mes becitauan las dichas sementeras y chacaras y rrepartían a los pobres de las dichas chacaras que sobrauan; las dichas ualdías y rrealengas lo senbrauan para la comunidad y sapci. En este mes sacrificauan con otros cien carneros de color de yauar [sangre], chunbe [faja de cintura]; los quemauan en la plasa pública y con mil cuys blancos. Este sacrificio hazían para que no dañase el sol ni las aguas a las dichas comidas y sementeras y chacaras. Este mes primero comiensan a senbrar la comida en los Andes y entran los nubes a la cierra y linpian las chacaras y lleuan estiércoles y amojonan cada uno lo que es suyo desde su antepasado y de sus padres. Y en este mes entra y comiensa mejor temple pero anda pistelencia en los grandes y rricos y en las mugeres, salud de niños. Y entra pistelencia en los ganados y se muere muchos de carachi [sarna] ci no les cura los pastores en este rreyno. AGOSTO, Chacra Yapuy Quilla [mes de romper tierras]: Que este mes entran a trauajar; aran y rronpen tierras cimple para senbrar mays. En este mes sacrificauan en los ýdolos, uacas, pobres deste rreyno con lo que podían, con cuuies [conejo de Indias] y mullo [conchas] y zanco y chicha y carneros. Algunos ofrecían en cada pueblo a sus ýdolos con sus hijos o hijas, questo cada uno no más daua en un año y lo daua a quien le uenía de dalle el hijo a la guaca y se lo enterrauan bibo; el quien lo daua su hijo yua llorando. Esto tenía en todo el rreyno. En este mes haze haylle [cantos de triunfo] y mucha fiesta de la labransa el Ynga y en todo el rreyno y beuen en la minga [prestación colectiva de trabajo a una autoridad] y comen y cantan haylli y aymaran [canto al romper la tierra], cada uno su natural hayli.Y se conbidan; comen y beuen en lugar de paga. Y comiensan a senbrar el mays hasta el mes de enero, conforme el rrelojo y rruedo del sol y del temple de la tierra; ci es yunga [zona andina cálida], tarde, ci es cierra, tenprano, como conbiene en este mes. Ay gran falta de yuyos [planta acuática] y mucha carne y poca fruta. SETIENBRE, COIA RAIMI Quilla [mes del festejo de la reina] (?) la fiesta solene de la coya, la rreyna (?) VTVBRE, Uma Raymi Quilla [mes de la festividad del agua]: En este mes sacrificauan a las uacas, prencipales ýdolos y dioses, para que les enbiasen agua del cielo otros cien carneros blancos. Y atauan otros carneros negros en la plasa pública y no les dauan de comer a los dichos carneros atados, para que ayudasen a llorar. Acimismo atauan a los perros; como uían dar bozes a la gente y gritos, tanbién de su parte daua olladas, ladrando y a los que no ladraua, le dauan de palos. Y ací hazía grandes llantos, ací hombres como mugeres y de su parte los dichos niños y por su parte los enfermos, coxos y ciegos y de su parte los biejos y biejas. Y cada uno destos los que tenían per[r]os los lleuauan y uan haziendo gritar, pidiendo agua del cielo a dios Runa Camac [creador del hombre], deziendo estas oraciones y dotrina: “Ayauya, uacaylli Ayauya, puypuylli Lluto puchac uamrayque Uacallasunquim.” [“Ay, ay vestidos de llanto Ay, ay vestidos de rojo tus hijos de orejas horadadas te imploran.”] Acauado estas oraciones, todos comiensan a dar critos y llanto y dize a gran bos alta: “Runa Camac, micocpac rurac! Uari Uira Cocha dios, maypim canqui? Runayquiman yacoyquita unoyquita cacharimouay!” [“Creador del hombre, ¡hacedor de los que comen! Dios de los Wari Wira Qucha, ¿dónde estás? ¡Envía, por favor, tu agua y lluvia a tus gentes!”] Con esto andauan en serro en serro, haziendo procición, dando boses y gimidos muy de ueras con todo corasón, pediendo agua a dios del cielo, Runa Camac [creador del hombre]. NOVIENBRE, Aya Marcay Quilla [mes de llevar difuntos]: Este mes fue el mes de los defuntos, aya quiere dezir defunto, es la fiesta de los defuntos. En este mes sacan los defuntos de sus bóbedas que llaman pucullo y le dan de comer y de ueuer y le bisten de sus bestidos rricos y le ponen plumas en la cauesa y cantan y dansan con ellos. Y le pone en unas andas y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plasa y después tornan a metella en sus pucullos, dándole sus comidas y bagilla al prencipal, de plata y de oro y al pobre, de barro. Y le dan sus carneros y rropa y lo entierra con ellas y gasta en esta fiesta muy mucho. Y en este mes tanbién se horadan las orexas los Yngas y hazen uarachicos [primeros taparrabos] y rutochicos [primer corte de cabellos], las mugeres, quicocu [primera menstruación]. Lleuan agua de calles pucyo [manantial] y hazen fiesta de anacacuy [investidura del manto], cusmallicoy [investidura del manto], a los niños, quiraupi churcuy [puesta en cunas]. En este mes de nouienbre, Aya Marcay Quilla, mandó el Ynga uecitar y contar la gente de la uecita general deste rreyno y ensayar los capitanes y soldados a la guerra y rrepartir mugeres y cazallos. Y en este mes cubrían y alsauan paredes. En este mes se becitaua ganados de la comunidad y de sapci [comunidad] y de yndios particulares y de hinchir mugeres en los depócitos que llaman aclla uaci, mugeres uírgenes, para que trauajen y sepan hilar, tejer rropa para el Ynga y de los demás señores. DEZIENBRE, Capac Ynti Raymi [festejo del señor sol]: Que en este mes hacía la gran fiesta y pascua solene del sol, que, como dicho es, que de todo el cielo de las planetas y estrellas y cuanto ay, es rrey el sol y ací capac; capac quiere dezir rrey, ynti, sol, raymi, gran pascua, más que Ynti Raymi. Y ací emos dicho de Coya Raymi, de la fiesta y pascua de la luna, quilla. Que en este mes hacía grandes sacrificios al sol, mucho oro y mucha plata y baxillas. Que entierran quinientos niños enosentes y niñas; lo entierra parado bibo con sus baxillas de oro y de plata y mucho mollo [concha] y ganados. Y después del sacrificio hazían grande fiesta; comían y beuían a la costa del sol y dansauan taquies [danza ceremonial] y grandemente de ueuer en la plasa pública del Cuzco y en todo el rreyno. Y ancí los borrachos mueren, luego los manda matar, luego en rreuesando, en bolbiendo la cara a la muger a rreñille o el quien rriñe o que hable cosa mala o murmuria. Éstos les manda matar y dize: “Astaya! Ayzay hapllaconata, yscay soncota!” [“¡Malhora! ¡Llévatelo pues! ¡Arrastra a los iracundos, a los traidores!”] Allí le acauaua. Aunque ueua, a de callar y dormir cin pecar cosa; sauíen algo, luego le mataua. Y ancí en aquel tienpo no abía borrachos como agora; agora lo perdona, deciendo que fue borracho al matador. Y ací rrecrese tanto borrachera y daño y no ciruen a Dios; antes cae en más ofensa y no se rremedia, es a culpa de la justicia. Al que rriñe o pelea, estando borracho, cincuenta asotes luego y tresquilado y al que mató, a horcalle luego; es buena justicia. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 59pn98gaj577k1zaaj1b08lmv6e0im4 1665667 1665631 2026-06-21T01:24:11Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665667 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 11: El capítulo de los meses del año |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} CAPÍTVLO PRI[ME]RO DE LOS AÑOS, MEZES, DE LOS INGAS: Meses y años y domingos que contauan los Yngas en este rreyno, que los filósofos y astrólogos antigos contauan la semana dies días y treynta días un mes. Y ancí, por ésta, se seguía y se seruía con ella y conocía por las estrellas lo que abía de pasar el año, que bien sabía que el sol estaua en más alto grado que la luna y se ponía de encima de ella y se sangrentaua. Y ancí escuricía y creyýan que abía de murir y escoricir y caer en tierra el clips de la luna y ancí hazían gritar a la gente y a los perros y tocauan tanbores y alborotarse la gente. Hasta oy lo hazen y lo ciguin en el senbrar la comida, en qué mes y en qué día y en qué ora y en qué punto por donde anda el sol. Lo miran los altos serros y por la mañana de la claridad y rrayo que apunta el sol a la uintana. Por este rreloxo cienbra y coxe la comida del año en este rreyno. EL PRIMERO MES, ENERO. Capac Raymi [el mayor festejo], Camay Quilla [mes del descanso]: Este mes hazían sacrificios y ayunos y penetencias y tomauan senisa y se ponían ellos y en sus puertas los echauan; hasta oy lo hazen los yndios, Y hazían prociciones, estaciones de los templos del sol y de la luna y de sus dioses, uaca bilcas [divinidades locales], y en otras uacas ýdolos. De cada templo y de serro en serro andauan, haciendo serimonias y llorando y le lleuaua adelante los pontífises, hicheseros y saserdotes, confesores mochando [reverenciando] las dichas guacas de Uana Cauri y de Pacari Tanbo y otros ýdolos que [e]llos tenían y mandaua. Acimismo en todo el rreyno guardar esta ley y hordenansas y sacrificios deste dicho mes de enero, para que fuesen adelante el obedecimiento y ley de su rreyno. Y a los que no las guardaua, lo mandaua matar y consumir. Y ancí mandó ayunar y hazer penetencia y llorar en sus tenplos, ýdulos, haciendo serimonias y sacrificios y cin echarse con mugeres ellos como los [d]emás en este [...]. FEBRERO, Paucar Uaray [vestimenta ceremonial], Hatun Pucuy [gran maduración]: En este mes el Ynga y todo el rreyno sacrificauan gran suma de oro y plata y ganados a las dichas uacas ýdolos prencipales, primero al sol y a la luna y a la estrella y a los tenplos y dioses y uaca bilca [divinidad local] questauan en los más altos serros y nieues. Y era en tienpo de aguas de que llouía muy mucho este mes y auía abundancía de yuyos [planta acuática comestible] pero muy mucha hambre de comida. Y los dichos yuyos dan cámaras por ser aguadizo y con ellas se mueren muchos biejos y biejas y niños de cámaras y frío del estómago y por comer todo uerde y mucha fruta fresca y tener hambre; prosede todo mal humor del cuerpo con el uapor de la tierra se ajunta. En este mes se dize uaray uara, quiere dezir zaragüeles, y ací de uaray que se ponían este mes la uara, saragüeles, que hasta agora lo usan. El dicho uarachico y rutochico [ceremonias del ciclo vital], ques mal uso y ley y serimonia antigua de los yndios ynfieles, y ací no se deue consentirse el dicho uarachico y rutuchico en este rreyno, (?). MARZO, Pacha Pucuy [maduración]: En este mes sacrificauan carneros negros a sus ýdolos y dioses, uaca bilca [divinidad local], orcocona [cerros], questauan nombradas por los Yngas. Y hazían muy muchas seremonias con los pontífeses, ualla uiza, conde uiza, y con los laycaconas, hicheseros, que hablauan con los demonios. Y hacían lo acustumbrado, ayunando no sé qué días el comer de la sal y de la muger nunca tocauan ni comían fruta alguna ni usaua taquies [danza ceremonial] y hazían serimonias ydúlatras; ellos, los Yngas, lo comensauan primero. Y en este mes ya tienen qué comer y comiesan a comer llullo papa [papa primeriza], y michica sara [maíz temprano] y mucho yuyos [planta acuática] maduros que no haze mal y sano y bueno. Y en este mes sesan de hambre en el rreyno, ací los ganados están ya cordos; ay pasto de sobra y monte. En este dicho mes de Pacha Pucuy, quiere decir Pacha Pucuy, pacha, mundo, pucoy, harto, porque este mes de marso llueue a cántaros y está harto de agua la tierra deste rre[y]no, ques bueno para barbechar la tierra en todo el rreyno. ABRIL, Inca Raymi [festejo del Inka] Quilla: En este mes ofrecían unos carneros pintados a las dichas uacas ýdolos, dioses comunes, que abía en todo el rreyno y con ello tenían mucha serimonia. Y el dicho Ynga tenía muy grande fiesta; conbidaua a los grandes señores y prencipales y a los demás mandones y a los yndios pobres y comía y cantaua y dansaua en la plaza pública. En esta fiesta cantaua el cantar de los carneros, puca llama, y cantar de los rríos aquel sonido que haze. Esto son natural, propio cantar del Ynga, como el carnero canta y dize “yn” muy gran rrato con conpás. Y con ello mucho cunbite y uanquete y mucho uino, yamur aca [chicha]. Este mes está la comida maduro y ancí comen y ueuen y se hartan la gente del rreyno a costa del Ynga. Y este mes los aues del cielo y los rratones tienen qué comer. Todo el mes juegan los señores prencipales al juego de riui [boleadores], choca, al uayro de ynaca, pichica de hilancula y de challco chima [todos juegos] y juegan otros juegos y rrecocijos. Tiene todo el rreyno en este mes de abril Ynca Raymi [festejo del Inka] y se horadan las orejas en este mes todos, haua yncas [pariente lejano de un Inka] como capac ynga [poderoso Inka], uaccha yngas [Inka sin poder]. Con ello tienen gran fiesta entre ellos y se conbidan unos con otros, ací como rrico como pobre. MAIO, Aimoray Quilla [mes de cosecha]: En este mes ofrecían otros ganados grandes pintados de todas las colores. En esto de aymoray [cosecha] ay otras fiestas chicas; dizen que hallando una masorca que nasen dos juntas, o papas, y de rrecoger la comida y lleuallo a casa o al depócito para guardarse en las cullunas, chauays, pirua que son barriles, hazen muy mucha fiesta y borrachera. Cantan: Harauayo, harauayo, Ylla sara camauay. Mana tucocta surcoscayqui Ylla mama, a Coya! [Harawayu, harawayu, Créame, maíz mágico. Si no lo haces, te arrancaré Madre mágica, ¡Reina!] En este mes se uecitan las comunidades y sapci del mays y papas y toda la comida y los ganados comunes y sapci. Y lo castigan, no dando buena cuenta y de todo charqui [carne hecha conserva], lana, misquillicoy [mata dulce], mata, pezaca [perdiz grande], chaura [llama], uicona [vicuña], uanaco [guanaco], quiuyo [pájaro], chalua [pescado], cuchucho [pájaro], usuta [alpargata], uasca [soga], apa [frazada], maytocuna [envoltorios], cancaua [yerba acuática], lullocha [berro]. Y dando buena cuenta cantan los llamamiches [pastores], deziendo: “Llamaya, llamaya, yn, yalla, llamaya”, y se huelgan. En este mes abundancia de comida; se hinche todas las depócitos y las casas de los pobres y se uecita los yuyos [planta acuática] que an secado y lo que a trauajado para guardar, para que ayga que comer todo el año, para que no ayga hambre en los pobres en todo el rreyno. Tiene esta cuenta en este mes de mayo, Aymoray Quilla. IVNIO, Cuzqui Quilla [el mes de la búsqueda]: Este mes hazían la moderada fiesta del Ynti Raymi [festejo del sol] y se gastaua mucho en ello y sacrificauan al sol. Y enterraua al sacrificio llamado capac ocha [afrenta del Inka] que enterrauan a los niños ynosentes quinientos y mucho oro y plata y mullo [concha]. Y en este dicho mes en todo el rreyno los dichos corregidor, tocricoc, o jueses, michoc, toman cuenta a los dichos yndios de cada casa de lo que tiene de sus haziendas y comidas hasta yuyos, yeruas secas y llipta [pasta para la coca] y leña, paxa y de todo lo que deue y alemento de las mugeres como de los hombres para su mantenimiento, hasta uelle cada casa ci cría conejos y patos y ci tiene ganados. Acauado esta dicha uecita, la otra uecita tornan a hazella otra uecita en el mes de dezienbre otro tanto a los oficiales y a los comunes yndios deste rreyno, para que en el rreyno ayga abundancia de comida, para que se sustenten unos y otros, ací pobres como rricos; an de comer todos. Y los güérfanos nunca perecían de comida porque tenían sus sementeras y le senbrauan sus ayllos de su parcialidad. IVLIO, Chacra Conacuy [mes de la repartición de tierras]: Quen este mes becitauan las dichas sementeras y chacaras y rrepartían a los pobres de las dichas chacaras que sobrauan; las dichas ualdías y rrealengas lo senbrauan para la comunidad y sapci. En este mes sacrificauan con otros cien carneros de color de yauar [sangre], chunbe [faja de cintura]; los quemauan en la plasa pública y con mil cuys blancos. Este sacrificio hazían para que no dañase el sol ni las aguas a las dichas comidas y sementeras y chacaras. Este mes primero comiensan a senbrar la comida en los Andes y entran los nubes a la cierra y linpian las chacaras y lleuan estiércoles y amojonan cada uno lo que es suyo desde su antepasado y de sus padres. Y en este mes entra y comiensa mejor temple pero anda pistelencia en los grandes y rricos y en las mugeres, salud de niños. Y entra pistelencia en los ganados y se muere muchos de carachi [sarna] ci no les cura los pastores en este rreyno. AGOSTO, Chacra Yapuy Quilla [mes de romper tierras]: Que este mes entran a trauajar; aran y rronpen tierras cimple para senbrar mays. En este mes sacrificauan en los ýdolos, uacas, pobres deste rreyno con lo que podían, con cuuies [conejo de Indias] y mullo [conchas] y zanco y chicha y carneros. Algunos ofrecían en cada pueblo a sus ýdolos con sus hijos o hijas, questo cada uno no más daua en un año y lo daua a quien le uenía de dalle el hijo a la guaca y se lo enterrauan bibo; el quien lo daua su hijo yua llorando. Esto tenía en todo el rreyno. En este mes haze haylle [cantos de triunfo] y mucha fiesta de la labransa el Ynga y en todo el rreyno y beuen en la minga [prestación colectiva de trabajo a una autoridad] y comen y cantan haylli y aymaran [canto al romper la tierra], cada uno su natural hayli.Y se conbidan; comen y beuen en lugar de paga. Y comiensan a senbrar el mays hasta el mes de enero, conforme el rrelojo y rruedo del sol y del temple de la tierra; ci es yunga [zona andina cálida], tarde, ci es cierra, tenprano, como conbiene en este mes. Ay gran falta de yuyos [planta acuática] y mucha carne y poca fruta. SETIENBRE, COIA RAIMI Quilla [mes del festejo de la reina] (?) la fiesta solene de la coya, la rreyna (?) VTVBRE, Uma Raymi Quilla [mes de la festividad del agua]: En este mes sacrificauan a las uacas, prencipales ýdolos y dioses, para que les enbiasen agua del cielo otros cien carneros blancos. Y atauan otros carneros negros en la plasa pública y no les dauan de comer a los dichos carneros atados, para que ayudasen a llorar. Acimismo atauan a los perros; como uían dar bozes a la gente y gritos, tanbién de su parte daua olladas, ladrando y a los que no ladraua, le dauan de palos. Y ací hazía grandes llantos, ací hombres como mugeres y de su parte los dichos niños y por su parte los enfermos, coxos y ciegos y de su parte los biejos y biejas. Y cada uno destos los que tenían per[r]os los lleuauan y uan haziendo gritar, pidiendo agua del cielo a dios Runa Camac [creador del hombre], deziendo estas oraciones y dotrina: “Ayauya, uacaylli Ayauya, puypuylli Lluto puchac uamrayque Uacallasunquim.” [“Ay, ay vestidos de llanto Ay, ay vestidos de rojo tus hijos de orejas horadadas te imploran.”] Acauado estas oraciones, todos comiensan a dar critos y llanto y dize a gran bos alta: “Runa Camac, micocpac rurac! Uari Uira Cocha dios, maypim canqui? Runayquiman yacoyquita unoyquita cacharimouay!” [“Creador del hombre, ¡hacedor de los que comen! Dios de los Wari Wira Qucha, ¿dónde estás? ¡Envía, por favor, tu agua y lluvia a tus gentes!”] Con esto andauan en serro en serro, haziendo procición, dando boses y gimidos muy de ueras con todo corasón, pediendo agua a dios del cielo, Runa Camac [creador del hombre]. NOVIENBRE, Aya Marcay Quilla [mes de llevar difuntos]: Este mes fue el mes de los defuntos, aya quiere dezir defunto, es la fiesta de los defuntos. En este mes sacan los defuntos de sus bóbedas que llaman pucullo y le dan de comer y de ueuer y le bisten de sus bestidos rricos y le ponen plumas en la cauesa y cantan y dansan con ellos. Y le pone en unas andas y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plasa y después tornan a metella en sus pucullos, dándole sus comidas y bagilla al prencipal, de plata y de oro y al pobre, de barro. Y le dan sus carneros y rropa y lo entierra con ellas y gasta en esta fiesta muy mucho. Y en este mes tanbién se horadan las orexas los Yngas y hazen uarachicos [primeros taparrabos] y rutochicos [primer corte de cabellos], las mugeres, quicocu [primera menstruación]. Lleuan agua de calles pucyo [manantial] y hazen fiesta de anacacuy [investidura del manto], cusmallicoy [investidura del manto], a los niños, quiraupi churcuy [puesta en cunas]. En este mes de nouienbre, Aya Marcay Quilla, mandó el Ynga uecitar y contar la gente de la uecita general deste rreyno y ensayar los capitanes y soldados a la guerra y rrepartir mugeres y cazallos. Y en este mes cubrían y alsauan paredes. En este mes se becitaua ganados de la comunidad y de sapci [comunidad] y de yndios particulares y de hinchir mugeres en los depócitos que llaman aclla uaci, mugeres uírgenes, para que trauajen y sepan hilar, tejer rropa para el Ynga y de los demás señores. DEZIENBRE, Capac Ynti Raymi [festejo del señor sol]: Que en este mes hacía la gran fiesta y pascua solene del sol, que, como dicho es, que de todo el cielo de las planetas y estrellas y cuanto ay, es rrey el sol y ací capac; capac quiere dezir rrey, ynti, sol, raymi, gran pascua, más que Ynti Raymi. Y ací emos dicho de Coya Raymi, de la fiesta y pascua de la luna, quilla. Que en este mes hacía grandes sacrificios al sol, mucho oro y mucha plata y baxillas. Que entierran quinientos niños enosentes y niñas; lo entierra parado bibo con sus baxillas de oro y de plata y mucho mollo [concha] y ganados. Y después del sacrificio hazían grande fiesta; comían y beuían a la costa del sol y dansauan taquies [danza ceremonial] y grandemente de ueuer en la plasa pública del Cuzco y en todo el rreyno. Y ancí los borrachos mueren, luego los manda matar, luego en rreuesando, en bolbiendo la cara a la muger a rreñille o el quien rriñe o que hable cosa mala o murmuria. Éstos les manda matar y dize: “Astaya! Ayzay hapllaconata, yscay soncota!” [“¡Malhora! ¡Llévatelo pues! ¡Arrastra a los iracundos, a los traidores!”] Allí le acauaua. Aunque ueua, a de callar y dormir cin pecar cosa; sauíen algo, luego le mataua. Y ancí en aquel tienpo no abía borrachos como agora; agora lo perdona, deciendo que fue borracho al matador. Y ací rrecrese tanto borrachera y daño y no ciruen a Dios; antes cae en más ofensa y no se rremedia, es a culpa de la justicia. Al que rriñe o pelea, estando borracho, cincuenta asotes luego y tresquilado y al que mató, a horcalle luego; es buena justicia. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] gj4wqk8l585qqiwekgsedr52bmci7ad 1665700 1665667 2026-06-21T01:34:15Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665700 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 11: El capítulo de los meses del año |autor=Guamán Poma de Ayala }} CAPÍTVLO PRI[ME]RO DE LOS AÑOS, MEZES, DE LOS INGAS: Meses y años y domingos que contauan los Yngas en este rreyno, que los filósofos y astrólogos antigos contauan la semana dies días y treynta días un mes. Y ancí, por ésta, se seguía y se seruía con ella y conocía por las estrellas lo que abía de pasar el año, que bien sabía que el sol estaua en más alto grado que la luna y se ponía de encima de ella y se sangrentaua. Y ancí escuricía y creyýan que abía de murir y escoricir y caer en tierra el clips de la luna y ancí hazían gritar a la gente y a los perros y tocauan tanbores y alborotarse la gente. Hasta oy lo hazen y lo ciguin en el senbrar la comida, en qué mes y en qué día y en qué ora y en qué punto por donde anda el sol. Lo miran los altos serros y por la mañana de la claridad y rrayo que apunta el sol a la uintana. Por este rreloxo cienbra y coxe la comida del año en este rreyno. EL PRIMERO MES, ENERO. Capac Raymi [el mayor festejo], Camay Quilla [mes del descanso]: Este mes hazían sacrificios y ayunos y penetencias y tomauan senisa y se ponían ellos y en sus puertas los echauan; hasta oy lo hazen los yndios, Y hazían prociciones, estaciones de los templos del sol y de la luna y de sus dioses, uaca bilcas [divinidades locales], y en otras uacas ýdolos. De cada templo y de serro en serro andauan, haciendo serimonias y llorando y le lleuaua adelante los pontífises, hicheseros y saserdotes, confesores mochando [reverenciando] las dichas guacas de Uana Cauri y de Pacari Tanbo y otros ýdolos que [e]llos tenían y mandaua. Acimismo en todo el rreyno guardar esta ley y hordenansas y sacrificios deste dicho mes de enero, para que fuesen adelante el obedecimiento y ley de su rreyno. Y a los que no las guardaua, lo mandaua matar y consumir. Y ancí mandó ayunar y hazer penetencia y llorar en sus tenplos, ýdulos, haciendo serimonias y sacrificios y cin echarse con mugeres ellos como los [d]emás en este [...]. FEBRERO, Paucar Uaray [vestimenta ceremonial], Hatun Pucuy [gran maduración]: En este mes el Ynga y todo el rreyno sacrificauan gran suma de oro y plata y ganados a las dichas uacas ýdolos prencipales, primero al sol y a la luna y a la estrella y a los tenplos y dioses y uaca bilca [divinidad local] questauan en los más altos serros y nieues. Y era en tienpo de aguas de que llouía muy mucho este mes y auía abundancía de yuyos [planta acuática comestible] pero muy mucha hambre de comida. Y los dichos yuyos dan cámaras por ser aguadizo y con ellas se mueren muchos biejos y biejas y niños de cámaras y frío del estómago y por comer todo uerde y mucha fruta fresca y tener hambre; prosede todo mal humor del cuerpo con el uapor de la tierra se ajunta. En este mes se dize uaray uara, quiere dezir zaragüeles, y ací de uaray que se ponían este mes la uara, saragüeles, que hasta agora lo usan. El dicho uarachico y rutochico [ceremonias del ciclo vital], ques mal uso y ley y serimonia antigua de los yndios ynfieles, y ací no se deue consentirse el dicho uarachico y rutuchico en este rreyno, (?). MARZO, Pacha Pucuy [maduración]: En este mes sacrificauan carneros negros a sus ýdolos y dioses, uaca bilca [divinidad local], orcocona [cerros], questauan nombradas por los Yngas. Y hazían muy muchas seremonias con los pontífeses, ualla uiza, conde uiza, y con los laycaconas, hicheseros, que hablauan con los demonios. Y hacían lo acustumbrado, ayunando no sé qué días el comer de la sal y de la muger nunca tocauan ni comían fruta alguna ni usaua taquies [danza ceremonial] y hazían serimonias ydúlatras; ellos, los Yngas, lo comensauan primero. Y en este mes ya tienen qué comer y comiesan a comer llullo papa [papa primeriza], y michica sara [maíz temprano] y mucho yuyos [planta acuática] maduros que no haze mal y sano y bueno. Y en este mes sesan de hambre en el rreyno, ací los ganados están ya cordos; ay pasto de sobra y monte. En este dicho mes de Pacha Pucuy, quiere decir Pacha Pucuy, pacha, mundo, pucoy, harto, porque este mes de marso llueue a cántaros y está harto de agua la tierra deste rre[y]no, ques bueno para barbechar la tierra en todo el rreyno. ABRIL, Inca Raymi [festejo del Inka] Quilla: En este mes ofrecían unos carneros pintados a las dichas uacas ýdolos, dioses comunes, que abía en todo el rreyno y con ello tenían mucha serimonia. Y el dicho Ynga tenía muy grande fiesta; conbidaua a los grandes señores y prencipales y a los demás mandones y a los yndios pobres y comía y cantaua y dansaua en la plaza pública. En esta fiesta cantaua el cantar de los carneros, puca llama, y cantar de los rríos aquel sonido que haze. Esto son natural, propio cantar del Ynga, como el carnero canta y dize “yn” muy gran rrato con conpás. Y con ello mucho cunbite y uanquete y mucho uino, yamur aca [chicha]. Este mes está la comida maduro y ancí comen y ueuen y se hartan la gente del rreyno a costa del Ynga. Y este mes los aues del cielo y los rratones tienen qué comer. Todo el mes juegan los señores prencipales al juego de riui [boleadores], choca, al uayro de ynaca, pichica de hilancula y de challco chima [todos juegos] y juegan otros juegos y rrecocijos. Tiene todo el rreyno en este mes de abril Ynca Raymi [festejo del Inka] y se horadan las orejas en este mes todos, haua yncas [pariente lejano de un Inka] como capac ynga [poderoso Inka], uaccha yngas [Inka sin poder]. Con ello tienen gran fiesta entre ellos y se conbidan unos con otros, ací como rrico como pobre. MAIO, Aimoray Quilla [mes de cosecha]: En este mes ofrecían otros ganados grandes pintados de todas las colores. En esto de aymoray [cosecha] ay otras fiestas chicas; dizen que hallando una masorca que nasen dos juntas, o papas, y de rrecoger la comida y lleuallo a casa o al depócito para guardarse en las cullunas, chauays, pirua que son barriles, hazen muy mucha fiesta y borrachera. Cantan: Harauayo, harauayo, Ylla sara camauay. Mana tucocta surcoscayqui Ylla mama, a Coya! [Harawayu, harawayu, Créame, maíz mágico. Si no lo haces, te arrancaré Madre mágica, ¡Reina!] En este mes se uecitan las comunidades y sapci del mays y papas y toda la comida y los ganados comunes y sapci. Y lo castigan, no dando buena cuenta y de todo charqui [carne hecha conserva], lana, misquillicoy [mata dulce], mata, pezaca [perdiz grande], chaura [llama], uicona [vicuña], uanaco [guanaco], quiuyo [pájaro], chalua [pescado], cuchucho [pájaro], usuta [alpargata], uasca [soga], apa [frazada], maytocuna [envoltorios], cancaua [yerba acuática], lullocha [berro]. Y dando buena cuenta cantan los llamamiches [pastores], deziendo: “Llamaya, llamaya, yn, yalla, llamaya”, y se huelgan. En este mes abundancia de comida; se hinche todas las depócitos y las casas de los pobres y se uecita los yuyos [planta acuática] que an secado y lo que a trauajado para guardar, para que ayga que comer todo el año, para que no ayga hambre en los pobres en todo el rreyno. Tiene esta cuenta en este mes de mayo, Aymoray Quilla. IVNIO, Cuzqui Quilla [el mes de la búsqueda]: Este mes hazían la moderada fiesta del Ynti Raymi [festejo del sol] y se gastaua mucho en ello y sacrificauan al sol. Y enterraua al sacrificio llamado capac ocha [afrenta del Inka] que enterrauan a los niños ynosentes quinientos y mucho oro y plata y mullo [concha]. Y en este dicho mes en todo el rreyno los dichos corregidor, tocricoc, o jueses, michoc, toman cuenta a los dichos yndios de cada casa de lo que tiene de sus haziendas y comidas hasta yuyos, yeruas secas y llipta [pasta para la coca] y leña, paxa y de todo lo que deue y alemento de las mugeres como de los hombres para su mantenimiento, hasta uelle cada casa ci cría conejos y patos y ci tiene ganados. Acauado esta dicha uecita, la otra uecita tornan a hazella otra uecita en el mes de dezienbre otro tanto a los oficiales y a los comunes yndios deste rreyno, para que en el rreyno ayga abundancia de comida, para que se sustenten unos y otros, ací pobres como rricos; an de comer todos. Y los güérfanos nunca perecían de comida porque tenían sus sementeras y le senbrauan sus ayllos de su parcialidad. IVLIO, Chacra Conacuy [mes de la repartición de tierras]: Quen este mes becitauan las dichas sementeras y chacaras y rrepartían a los pobres de las dichas chacaras que sobrauan; las dichas ualdías y rrealengas lo senbrauan para la comunidad y sapci. En este mes sacrificauan con otros cien carneros de color de yauar [sangre], chunbe [faja de cintura]; los quemauan en la plasa pública y con mil cuys blancos. Este sacrificio hazían para que no dañase el sol ni las aguas a las dichas comidas y sementeras y chacaras. Este mes primero comiensan a senbrar la comida en los Andes y entran los nubes a la cierra y linpian las chacaras y lleuan estiércoles y amojonan cada uno lo que es suyo desde su antepasado y de sus padres. Y en este mes entra y comiensa mejor temple pero anda pistelencia en los grandes y rricos y en las mugeres, salud de niños. Y entra pistelencia en los ganados y se muere muchos de carachi [sarna] ci no les cura los pastores en este rreyno. AGOSTO, Chacra Yapuy Quilla [mes de romper tierras]: Que este mes entran a trauajar; aran y rronpen tierras cimple para senbrar mays. En este mes sacrificauan en los ýdolos, uacas, pobres deste rreyno con lo que podían, con cuuies [conejo de Indias] y mullo [conchas] y zanco y chicha y carneros. Algunos ofrecían en cada pueblo a sus ýdolos con sus hijos o hijas, questo cada uno no más daua en un año y lo daua a quien le uenía de dalle el hijo a la guaca y se lo enterrauan bibo; el quien lo daua su hijo yua llorando. Esto tenía en todo el rreyno. En este mes haze haylle [cantos de triunfo] y mucha fiesta de la labransa el Ynga y en todo el rreyno y beuen en la minga [prestación colectiva de trabajo a una autoridad] y comen y cantan haylli y aymaran [canto al romper la tierra], cada uno su natural hayli.Y se conbidan; comen y beuen en lugar de paga. Y comiensan a senbrar el mays hasta el mes de enero, conforme el rrelojo y rruedo del sol y del temple de la tierra; ci es yunga [zona andina cálida], tarde, ci es cierra, tenprano, como conbiene en este mes. Ay gran falta de yuyos [planta acuática] y mucha carne y poca fruta. SETIENBRE, COIA RAIMI Quilla [mes del festejo de la reina] (?) la fiesta solene de la coya, la rreyna (?) VTVBRE, Uma Raymi Quilla [mes de la festividad del agua]: En este mes sacrificauan a las uacas, prencipales ýdolos y dioses, para que les enbiasen agua del cielo otros cien carneros blancos. Y atauan otros carneros negros en la plasa pública y no les dauan de comer a los dichos carneros atados, para que ayudasen a llorar. Acimismo atauan a los perros; como uían dar bozes a la gente y gritos, tanbién de su parte daua olladas, ladrando y a los que no ladraua, le dauan de palos. Y ací hazía grandes llantos, ací hombres como mugeres y de su parte los dichos niños y por su parte los enfermos, coxos y ciegos y de su parte los biejos y biejas. Y cada uno destos los que tenían per[r]os los lleuauan y uan haziendo gritar, pidiendo agua del cielo a dios Runa Camac [creador del hombre], deziendo estas oraciones y dotrina: “Ayauya, uacaylli Ayauya, puypuylli Lluto puchac uamrayque Uacallasunquim.” [“Ay, ay vestidos de llanto Ay, ay vestidos de rojo tus hijos de orejas horadadas te imploran.”] Acauado estas oraciones, todos comiensan a dar critos y llanto y dize a gran bos alta: “Runa Camac, micocpac rurac! Uari Uira Cocha dios, maypim canqui? Runayquiman yacoyquita unoyquita cacharimouay!” [“Creador del hombre, ¡hacedor de los que comen! Dios de los Wari Wira Qucha, ¿dónde estás? ¡Envía, por favor, tu agua y lluvia a tus gentes!”] Con esto andauan en serro en serro, haziendo procición, dando boses y gimidos muy de ueras con todo corasón, pediendo agua a dios del cielo, Runa Camac [creador del hombre]. NOVIENBRE, Aya Marcay Quilla [mes de llevar difuntos]: Este mes fue el mes de los defuntos, aya quiere dezir defunto, es la fiesta de los defuntos. En este mes sacan los defuntos de sus bóbedas que llaman pucullo y le dan de comer y de ueuer y le bisten de sus bestidos rricos y le ponen plumas en la cauesa y cantan y dansan con ellos. Y le pone en unas andas y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plasa y después tornan a metella en sus pucullos, dándole sus comidas y bagilla al prencipal, de plata y de oro y al pobre, de barro. Y le dan sus carneros y rropa y lo entierra con ellas y gasta en esta fiesta muy mucho. Y en este mes tanbién se horadan las orexas los Yngas y hazen uarachicos [primeros taparrabos] y rutochicos [primer corte de cabellos], las mugeres, quicocu [primera menstruación]. Lleuan agua de calles pucyo [manantial] y hazen fiesta de anacacuy [investidura del manto], cusmallicoy [investidura del manto], a los niños, quiraupi churcuy [puesta en cunas]. En este mes de nouienbre, Aya Marcay Quilla, mandó el Ynga uecitar y contar la gente de la uecita general deste rreyno y ensayar los capitanes y soldados a la guerra y rrepartir mugeres y cazallos. Y en este mes cubrían y alsauan paredes. En este mes se becitaua ganados de la comunidad y de sapci [comunidad] y de yndios particulares y de hinchir mugeres en los depócitos que llaman aclla uaci, mugeres uírgenes, para que trauajen y sepan hilar, tejer rropa para el Ynga y de los demás señores. DEZIENBRE, Capac Ynti Raymi [festejo del señor sol]: Que en este mes hacía la gran fiesta y pascua solene del sol, que, como dicho es, que de todo el cielo de las planetas y estrellas y cuanto ay, es rrey el sol y ací capac; capac quiere dezir rrey, ynti, sol, raymi, gran pascua, más que Ynti Raymi. Y ací emos dicho de Coya Raymi, de la fiesta y pascua de la luna, quilla. Que en este mes hacía grandes sacrificios al sol, mucho oro y mucha plata y baxillas. Que entierran quinientos niños enosentes y niñas; lo entierra parado bibo con sus baxillas de oro y de plata y mucho mollo [concha] y ganados. Y después del sacrificio hazían grande fiesta; comían y beuían a la costa del sol y dansauan taquies [danza ceremonial] y grandemente de ueuer en la plasa pública del Cuzco y en todo el rreyno. Y ancí los borrachos mueren, luego los manda matar, luego en rreuesando, en bolbiendo la cara a la muger a rreñille o el quien rriñe o que hable cosa mala o murmuria. Éstos les manda matar y dize: “Astaya! Ayzay hapllaconata, yscay soncota!” [“¡Malhora! ¡Llévatelo pues! ¡Arrastra a los iracundos, a los traidores!”] Allí le acauaua. Aunque ueua, a de callar y dormir cin pecar cosa; sauíen algo, luego le mataua. Y ancí en aquel tienpo no abía borrachos como agora; agora lo perdona, deciendo que fue borracho al matador. Y ací rrecrese tanto borrachera y daño y no ciruen a Dios; antes cae en más ofensa y no se rremedia, es a culpa de la justicia. Al que rriñe o pelea, estando borracho, cincuenta asotes luego y tresquilado y al que mató, a horcalle luego; es buena justicia. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 1cz5bll8ug315d0mmm8mtx7v7jeiu4q Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las vírgenes escogidas 0 74271 1665637 1199088 2026-06-21T01:21:41Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las vírgenes escogidas]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las vírgenes escogidas]]: Robot: página trasladada 1199088 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 14: El capítulo de las vírgenes escogidas |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER CAPÍTVLO DE LAS MONJAS, ACLLACONAS [las escogidas] Las uírgines que los yndios les llaman acllacona [las escogidas] que auía en tienpo del Ynga son los ciguientes casas y depocitarios de monjas: Que auía de seys maneras uírgenes de los ýdolos y otros says maneras de uírgenes comunes y en cada lugar en el rreyno. Uírgenes de ueynte años, la primera guayrur aglla [escogida principal] , uírgenes que seruían al sol y a la luna, estrellas Chasca Cuyllor [Venus], Chuqui Ylla . Estas dichas uírgenes en su uida no hablaua con los hombres hasta murir. Y an de entrar de 20 años. Uírgenes del ýdolo guaca de Uana Cauri, ydolo de los Yngas. Que se llama estas uírgenes sumac aclla [“escogida hermosa”], que no pecaua ni trataua con los hombres. Éstas eran de edad de treynta años y muría en ellas. Uírgenes de los prencipales uacas ýdulos que son de los uayror aclla, sumac [“la escogida del wayruru que es hermosa”], de edad de ueynte y cinco años, los quales son uírgenes perpetuas hasta murir. con ellas. Fueron de edad de ueynte y cinco años, niñas. Uírgenes comunes, aclla panpa ciruec , en todo el rreyno puestas y sus casas se llama aclla uaci [casa de las escogidas] , acllap chacran [sementera de las escogidas] y sus sementeras para seruir los tanbos rreales [mesón en la carretera real] y seruir fi[e]stas. Y se sacan destas comunes para rrepartir para el beneficio de las comunidades y sapci las sementeras y rropa, como auí[a] uisto y se enformó desto el señor don Francisco de Toledo, bizorrey. Mandó que las solteras y biudas trauajasen en todas las comunidades de sementera y rropa y de sapci y los solteros en los ganados. Y que estos de says años saliesen de la dotrina y que entrasen a la comunidad; entiéndese muchachos, que no muchachas, en la dotrina en este rreyno. Las uírgenes acllas que sacan las cantoras y múcicas y múcicos y flauteros, tanboreleros. Que le cantan al Ynga y a la señora coya y a los señores capac apoconas y a sus mugeres y para fiestas y pascuas, casamientos y bautismos, uarachicos, rutochicos [ceremonias del ciclo vital] y fiestas del año y meses, todo lo que manda los Yngas. Estas donzellas tenían de edad de doze años, escogidas de buena bos y donzellitas. Otra casa de donzellitas aclla llamado uinachicoc aclla [“escogida que hace crecer”] que entrauan de quatro años las muchachas, que aprendían a trauajar, texer, hilar y lo demás cosas que se les mandaua. Questas aprendises eran de dies años; entrando de quatro años, estauan en esta casa hasta dies años. Aprendían oficio de muger. Otra casa que llamauan mamacona [señoras], que era casa común yndias. Tanbién eran uírgenes, las escogidas dexedoras para la rropa y para las chacaras, sementeras. Y era muy mucha gente de edad de cinqüenta años hasta cien años. Trauajaua estas dichas donzelas purun uarme acllacona, uinay do[n]zella [mujer virgen, elegidas, siempre doncellas]. Otra cas[a] de acllaconas del mismo Ynga. Que alguna destas eran uírgenes, algunas estauan corronpidas y amanzebas del mismo Ynga. Eran hijas de prencipales y éstas se ocupauan sólo en hazer rropa para el Ynga mejoor [sic] que tafetán y seda. Y hacía linda chicha que de tan bueno maduraua un mes llamado yamor toctoy, Uírgenes de los segundo uacas ýdolos que se llamauan sumac acllap catiquin [“la que sigue a la sumaq aqlla”] de edad de treynta y cinco años. Quéstas hilauan y texían la rropa de las uacas ýdolos de este rreyno, muy delicadas como zeda. Uírgenes de los uacas ýdolos menores, aclla chaupi catiquin sumac aclla [“sumaq aqlla que sigue a la aqlla de estatus mediano”] de edad de quarenta años, que seruían en las sementeras y rropa en el rreyno. Uírgenes pampa acllaconas [“escogidas campesinas”] de las que serbían a la luna y estrellas y los demás uaca bilcas ýdolos, dioses comunes. Las quales fueron estas mugeres texedoras de chunbes faxas y uinchas [cinta] y chuspa uatus [cordones de la bolsa para coca] y chuspas ystalla [bolsa de mujer] y otras galanterías, de edad de cincuenta años. Y nunca pecaua y eran hijas de los auquiconas príncipes yngas. Uírgenes aclla de los Yngas. Quéstos eran hermosas y le serbían a los Yngas, eran donzellas. Quéstas texían rropa y hacían chicha y hacían las comidas y no pecauan (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 6ni2y071cwuz38rp53cmae5jiuqrj6b 1665663 1665637 2026-06-21T01:24:03Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665663 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 14: El capítulo de las vírgenes escogidas |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER CAPÍTVLO DE LAS MONJAS, ACLLACONAS [las escogidas] Las uírgines que los yndios les llaman acllacona [las escogidas] que auía en tienpo del Ynga son los ciguientes casas y depocitarios de monjas: Que auía de seys maneras uírgenes de los ýdolos y otros says maneras de uírgenes comunes y en cada lugar en el rreyno. Uírgenes de ueynte años, la primera guayrur aglla [escogida principal] , uírgenes que seruían al sol y a la luna, estrellas Chasca Cuyllor [Venus], Chuqui Ylla . Estas dichas uírgenes en su uida no hablaua con los hombres hasta murir. Y an de entrar de 20 años. Uírgenes del ýdolo guaca de Uana Cauri, ydolo de los Yngas. Que se llama estas uírgenes sumac aclla [“escogida hermosa”], que no pecaua ni trataua con los hombres. Éstas eran de edad de treynta años y muría en ellas. Uírgenes de los prencipales uacas ýdulos que son de los uayror aclla, sumac [“la escogida del wayruru que es hermosa”], de edad de ueynte y cinco años, los quales son uírgenes perpetuas hasta murir. con ellas. Fueron de edad de ueynte y cinco años, niñas. Uírgenes comunes, aclla panpa ciruec , en todo el rreyno puestas y sus casas se llama aclla uaci [casa de las escogidas] , acllap chacran [sementera de las escogidas] y sus sementeras para seruir los tanbos rreales [mesón en la carretera real] y seruir fi[e]stas. Y se sacan destas comunes para rrepartir para el beneficio de las comunidades y sapci las sementeras y rropa, como auí[a] uisto y se enformó desto el señor don Francisco de Toledo, bizorrey. Mandó que las solteras y biudas trauajasen en todas las comunidades de sementera y rropa y de sapci y los solteros en los ganados. Y que estos de says años saliesen de la dotrina y que entrasen a la comunidad; entiéndese muchachos, que no muchachas, en la dotrina en este rreyno. Las uírgenes acllas que sacan las cantoras y múcicas y múcicos y flauteros, tanboreleros. Que le cantan al Ynga y a la señora coya y a los señores capac apoconas y a sus mugeres y para fiestas y pascuas, casamientos y bautismos, uarachicos, rutochicos [ceremonias del ciclo vital] y fiestas del año y meses, todo lo que manda los Yngas. Estas donzellas tenían de edad de doze años, escogidas de buena bos y donzellitas. Otra casa de donzellitas aclla llamado uinachicoc aclla [“escogida que hace crecer”] que entrauan de quatro años las muchachas, que aprendían a trauajar, texer, hilar y lo demás cosas que se les mandaua. Questas aprendises eran de dies años; entrando de quatro años, estauan en esta casa hasta dies años. Aprendían oficio de muger. Otra casa que llamauan mamacona [señoras], que era casa común yndias. Tanbién eran uírgenes, las escogidas dexedoras para la rropa y para las chacaras, sementeras. Y era muy mucha gente de edad de cinqüenta años hasta cien años. Trauajaua estas dichas donzelas purun uarme acllacona, uinay do[n]zella [mujer virgen, elegidas, siempre doncellas]. Otra cas[a] de acllaconas del mismo Ynga. Que alguna destas eran uírgenes, algunas estauan corronpidas y amanzebas del mismo Ynga. Eran hijas de prencipales y éstas se ocupauan sólo en hazer rropa para el Ynga mejoor [sic] que tafetán y seda. Y hacía linda chicha que de tan bueno maduraua un mes llamado yamor toctoy, Uírgenes de los segundo uacas ýdolos que se llamauan sumac acllap catiquin [“la que sigue a la sumaq aqlla”] de edad de treynta y cinco años. Quéstas hilauan y texían la rropa de las uacas ýdolos de este rreyno, muy delicadas como zeda. Uírgenes de los uacas ýdolos menores, aclla chaupi catiquin sumac aclla [“sumaq aqlla que sigue a la aqlla de estatus mediano”] de edad de quarenta años, que seruían en las sementeras y rropa en el rreyno. Uírgenes pampa acllaconas [“escogidas campesinas”] de las que serbían a la luna y estrellas y los demás uaca bilcas ýdolos, dioses comunes. Las quales fueron estas mugeres texedoras de chunbes faxas y uinchas [cinta] y chuspa uatus [cordones de la bolsa para coca] y chuspas ystalla [bolsa de mujer] y otras galanterías, de edad de cincuenta años. Y nunca pecaua y eran hijas de los auquiconas príncipes yngas. Uírgenes aclla de los Yngas. Quéstos eran hermosas y le serbían a los Yngas, eran donzellas. Quéstas texían rropa y hacían chicha y hacían las comidas y no pecauan (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 0od1g33cxxlu0nj1jiux5f35yfyfhpc 1665697 1665663 2026-06-21T01:34:12Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665697 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 14: El capítulo de las vírgenes escogidas |autor=Guamán Poma de Ayala }} PRIMER CAPÍTVLO DE LAS MONJAS, ACLLACONAS [las escogidas] Las uírgines que los yndios les llaman acllacona [las escogidas] que auía en tienpo del Ynga son los ciguientes casas y depocitarios de monjas: Que auía de seys maneras uírgenes de los ýdolos y otros says maneras de uírgenes comunes y en cada lugar en el rreyno. Uírgenes de ueynte años, la primera guayrur aglla [escogida principal] , uírgenes que seruían al sol y a la luna, estrellas Chasca Cuyllor [Venus], Chuqui Ylla . Estas dichas uírgenes en su uida no hablaua con los hombres hasta murir. Y an de entrar de 20 años. Uírgenes del ýdolo guaca de Uana Cauri, ydolo de los Yngas. Que se llama estas uírgenes sumac aclla [“escogida hermosa”], que no pecaua ni trataua con los hombres. Éstas eran de edad de treynta años y muría en ellas. Uírgenes de los prencipales uacas ýdulos que son de los uayror aclla, sumac [“la escogida del wayruru que es hermosa”], de edad de ueynte y cinco años, los quales son uírgenes perpetuas hasta murir. con ellas. Fueron de edad de ueynte y cinco años, niñas. Uírgenes comunes, aclla panpa ciruec , en todo el rreyno puestas y sus casas se llama aclla uaci [casa de las escogidas] , acllap chacran [sementera de las escogidas] y sus sementeras para seruir los tanbos rreales [mesón en la carretera real] y seruir fi[e]stas. Y se sacan destas comunes para rrepartir para el beneficio de las comunidades y sapci las sementeras y rropa, como auí[a] uisto y se enformó desto el señor don Francisco de Toledo, bizorrey. Mandó que las solteras y biudas trauajasen en todas las comunidades de sementera y rropa y de sapci y los solteros en los ganados. Y que estos de says años saliesen de la dotrina y que entrasen a la comunidad; entiéndese muchachos, que no muchachas, en la dotrina en este rreyno. Las uírgenes acllas que sacan las cantoras y múcicas y múcicos y flauteros, tanboreleros. Que le cantan al Ynga y a la señora coya y a los señores capac apoconas y a sus mugeres y para fiestas y pascuas, casamientos y bautismos, uarachicos, rutochicos [ceremonias del ciclo vital] y fiestas del año y meses, todo lo que manda los Yngas. Estas donzellas tenían de edad de doze años, escogidas de buena bos y donzellitas. Otra casa de donzellitas aclla llamado uinachicoc aclla [“escogida que hace crecer”] que entrauan de quatro años las muchachas, que aprendían a trauajar, texer, hilar y lo demás cosas que se les mandaua. Questas aprendises eran de dies años; entrando de quatro años, estauan en esta casa hasta dies años. Aprendían oficio de muger. Otra casa que llamauan mamacona [señoras], que era casa común yndias. Tanbién eran uírgenes, las escogidas dexedoras para la rropa y para las chacaras, sementeras. Y era muy mucha gente de edad de cinqüenta años hasta cien años. Trauajaua estas dichas donzelas purun uarme acllacona, uinay do[n]zella [mujer virgen, elegidas, siempre doncellas]. Otra cas[a] de acllaconas del mismo Ynga. Que alguna destas eran uírgenes, algunas estauan corronpidas y amanzebas del mismo Ynga. Eran hijas de prencipales y éstas se ocupauan sólo en hazer rropa para el Ynga mejoor [sic] que tafetán y seda. Y hacía linda chicha que de tan bueno maduraua un mes llamado yamor toctoy, Uírgenes de los segundo uacas ýdolos que se llamauan sumac acllap catiquin [“la que sigue a la sumaq aqlla”] de edad de treynta y cinco años. Quéstas hilauan y texían la rropa de las uacas ýdolos de este rreyno, muy delicadas como zeda. Uírgenes de los uacas ýdolos menores, aclla chaupi catiquin sumac aclla [“sumaq aqlla que sigue a la aqlla de estatus mediano”] de edad de quarenta años, que seruían en las sementeras y rropa en el rreyno. Uírgenes pampa acllaconas [“escogidas campesinas”] de las que serbían a la luna y estrellas y los demás uaca bilcas ýdolos, dioses comunes. Las quales fueron estas mugeres texedoras de chunbes faxas y uinchas [cinta] y chuspa uatus [cordones de la bolsa para coca] y chuspas ystalla [bolsa de mujer] y otras galanterías, de edad de cincuenta años. Y nunca pecaua y eran hijas de los auquiconas príncipes yngas. Uírgenes aclla de los Yngas. Quéstos eran hermosas y le serbían a los Yngas, eran donzellas. Quéstas texían rropa y hacían chicha y hacían las comidas y no pecauan (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] b4ghhwydoyrgpzshii5u593hx8k0teo Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los ídolos 0 74272 1665633 1199089 2026-06-21T01:21:39Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los ídolos]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los ídolos]]: Robot: página trasladada 1199089 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 12: El capítulo de los ídolos |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} ÍDOLOS, VACAS DEL INGA y de los demás deste rreyno que fue en tienpo del Ynga. Es como se sigue: Lo primero, de cómo Topa Ynga Yupanqui hablaua con las uacas y piedras y demonios y sauía por suerte de ellos lo pasado y lo uenedero de ellos y de todo el mundo y de cómo auían de uenir españoles a gouernar y ací por ello el Ynga se llamó Uira Cocha Ynga [el Inka poderoso]. Pero lo demás de cosa de Dios no le enseñó a sauer, aunque dizen que decían que abía otro señor muy grande más que ellos. Eran diablos y ací decían zupay [espíritu malo], que por tal le conocían por supay, y ancí de ellos sauían todo lo que pasaua en Chile, en Quito. De preguntar a estos supayconas [espíritus malos] tenía oficio los hicheseros pontífises llamados cunti uiza, ualla uiza. Y ací hablaua con ellos Topa Ynga Yupanqui y quiso hazer otro tanto Guayna Capac Ynga. Y no quicieron hablar ni rresponder en cosa alguna. Y mandó matar y consumir a todas las uacas [divinidades de nivel local] menores; saluáronse los mayores. Dizen que Paria Caca rrespondió que ya no abía lugar de hablar ni gouernar porque los hombres que llaman Uira Cocha [los poderosos] abían de gouernar y traer un señor muy grande en su tienpo o después cin falta. Esto le rrespondió las dichas uacas ýdolos al Ynga Guayna Capac Ynga; de ello fue muy triste a Tomi. Que los Yngas tienen tierra señalado en todo este rreyno para sacrificios llamado usno [construcción ceremonial], que es para sacrificar cienpre capac ocha [afrenta al Inka, sacrificios humanos] al sol y a las uacas, uaca caray [dar de comer a la waqa], al caminar apachita [adoratorio]. Es la ley y sacrificio de los Yngas. De cómo el Ynga sacrificaua a su padre el sol con oro y plata y con niños y niñas de dies años que no tubiesen señal ni mancha ni lunar y fuesen hermosos. Y para ello hazía juntar quinientos niños de todo el rreyno y sacrificaua en el tenplo de Curi Cancha, que todas las paredes alto y bajo estaua uarnecida de oro finícimo y en lo alto del techo estaua ÍDOLO[S] I VACAS de los Chinchay Suyo que tenían los prencipales del Uarco, Pacha Camac, Aysa Uilca: Sacrificauan con criaturas de cinco años y con colores y algodones y tupa coca y fruta y chicha. Y los yndios Yauyos al ýdolo de Paria Caca sacrificauan con chicha y mollo [concha] y uaccri zanco [pan remojado en sangre] y comidas y conejos. Los yndios Uancas, Xauxa, Hanan Uanca, Lurin Uanca sacrificauan con perros porque ellos comían perros y ací sacrificauan con ello y con coca y comidas y sangre de perro y mollo. Y ací dizen que dezía: “Señor guaca Caruancho Uallullo, no te espantes quando digere ‘uac’ [ladrado] que ya saues que son nuestros ganados.” Y ací hasta oy día les llaman Guanca, alco micoc [Wanka, come-perros]. Y algunos por no quebrantar la ley que tienen comen todauía a los perros y se le deue castigar por ello. Aymarays sacrificauan Quichi Calla con plata y oro y con cinco niños y carneros pacos [alpaca] y agí, lana de colores en cada año. Y los demás yndios Chinchay Cochas, Tarmas, Yauyos, Guanoco, Guaylas, Chachapoya, Cañari, Cayanpi, Quito, Angarays, Tanquiua, Sora, Lucana, Andamarca, Parinacocha, Quichiua sacrificauan cada uno en sus uacas ýdolos que son muy muchos, que por prolixidad no lo pongo. Que a cada destos sacrificauan con criaturas y con oro y plata y rropa, comida y uaxillas de lo que hallauan en todo Chinchay Suyo sus sacrificios. ÍDOLO[S] I VACAS de los Andi Suyos: Sacrificauan los yndios questauan fuera de la montaña llamado Haua Anti; adorauan al ticre, otorongo . Dizen que le enseñó el Ynga que él mismo se auía tornado otorongo y ancí le dio esta ley y sacrificauan con sebo quemado de colebra y mays y coca y pluma de páxaros de los Andes; los queman y adoran con ella a los otorongos. Acimismo adoran los árbores de la coca que comen ellos y ací les llaman coca mama [la coca ceremonial] y lo bezen; luego lo mete en la boca. Sacrificauan [los] Ande Suyo al serro y uaca ýdolos de Saua Ciray, Pitu Ciray con dos niños y conejos blancos y coca y mullo [caracol] y plumas y zanco, sancre de carnero. Otro tanto hazían con otros muchos ýdolos y uacas que auía, que por prulixidad no la pongo. Y de los de la montaña no tienen ýdolos nenguno, cino que adoran al tigre, otorongo y al amaro, culebra, cierpiente. Con temoredad adoran que no porque sea uaca ýdolo, cino porque son ferós animales que come gente, que piensa que con adorar que no le comerá y no le llaman otorongo con el miedo, cino achachi, yaya [abuelo, antepasado] ; al amaro le llaman capac apo amaro [el señor poderoso serpiente]. Y ací el Ynga quizo llamarse Otorongo Achachi Ynga, Amaro Ynga [el Inka jaguar, el Inka serpiente]. ÍDOLOS I VACAS de los Colla Suyos, Hatun Colla, Puquina Colla, Uro Colla, Cana, Pacaxi, Poma Canchi, Quispi Llacta, Calla Ualla, Charca, Chui, hasta Chiriuana, todo la prouincia de Colla Suyo. Collas sacrificauan Puquina Urco, Cala Circa, Suri Urco; sacrificauan con carneros negros y sestos de coca y con dies niños de un año y conejos y mullo [concha] y pluma de suri [avestruz]; quemándolo, saumauan a las dichas uacas ýdolos y sacrificios, Puquina Colla, Uro Colla sacrificauan con carneros blancos de cuyro [llama blanca] y baxilla de barro y mucha chicha de canaua [gramínea de altura] y moraya [ch'uñu blanco] y mollo, comidas y pescado fresco y seco. Echauan a la laguna de Poquina y lo consumían. A la uaca de Titi Caca sacrificauan con mucho oro y plata y bestidos y con beynte niños de dos años. Los Poma Canches sacrificauan al serro de Canchi Circa con oro y plata y otras mundicias, quemándolos y enterrándolo con un niño y niña de doze años. Los sacrificauan acimismo en otras uacas ýdolos que ay muchas que por prolixidad no lo escribo. Lo mochauan [adoraban] y sacrificauan cada pueblo y cada prouincia en cada año, como estaua ordenado por los Yngas a sacrificar a los ýdolos y uacas. Y de todo ello les dauan cuenta y rrelación al dicho Ynga y lo hacían estos dichos sacrificios en presencia de los corregidores tocricoc y de los jueses michoc yngas. Éstos enbiaua por la posta y chasque [postillón] a la cauesa deste rreyno abisar de lo que pasa del sacrificio. ÍDOLOS I VACAS de los Conde Suyos, Ariquipa Conde, Huncullpi y Collaua Conde, Cuzco Conde, Uayna Cota, Toro, Achanbi, Poma Tanbo, Conde Suyos: Que cada uno tubieron sus dioses ýdolos y uacas puesto de los Yngas para el sacrificio; que como sacrificauan la uaca ýdolo de Coropona Urco, con oro y plata y con niños de doze años y plumas de pariuana [flamenco] y de uachiua [ganso] y coca y mullo [caracol] y sanco [sangre del carnero] y carne cruda y sangre cruda, con ella haziendo sanco. Y a esto les llamauan yauar zanco y con ello le sacrificaua cada pueblo sus ýdolos y uacas que son muchas, que no la pongo por ser prolixidad. Que cada pueblo tenían sus sa[c]rificios señalado por el Ynga y ací el Ynga les dio ley y sacrificio en todas las uacas deste rreyno con yauar zanco y que comiesen dello sangre cruda, carne cruda. Y ací por lo acostubrado y ley la que tenían los yndios comen hasta oy sangre cruda y carne cruda, dixno de castigo. Acimismo en todo el rreyno tenía puesto el Ynga que la Mar de Sur fuese adorado y sacrificado y ací les llamauan Mama Cocha [la madre mar]; mama quiere dezir madre, cocha, la mar. Y ací lo más adorauan los Yungas y tenían sus ýdolos jununto [sic] a la mar y los uachimis, pescadores, adoran. CAPÍTVLO DE LOS COMVN HICHEZEROS: Los común hechezeros que uzauan en este rreyno y los ay agora. De ellos es como se sigue: El primero, hichezeros muy malos que uzan de darse uenenos y ponsoñas para matar, que ellos les llaman hichezero, hanpicoc. Y con ello le mata, unos mueren presto, otros tarde. Y se seca un año y se pone como un palo y se muere. Primero sólo el Ynga tenía y no tenía otro ninguno. Y los yndios que tenía desta ponsoña luego les mandaua matar. Tirando con piedras lo mataua a toda su generación, que no quedaua uno ni ninguno, cino fuese niño de teta. Cómo los yndios hichezeros hacían tinquichi [hacer juntar]. Ajuntan al hombre con la muger para que se enamoren y haga gastar al hombre. Dizen que queman en una olla nueua llamado ari manca el sebo con mundicias con mucho fuego. Dallí dizen que les llama el dicho hechizero al demonio y lo haze por suerte y obra del demonio el hichesero. Cómo descasan y le desenamoran a los cazados o solteros, lo propio como arriua dicho. Los dichos hichezeros aproeuan y hablan con los del ynfierno. Cómo se echan maldiciones a unos y a otros, haziendo serimonias. Dizen que soplan con mays molido y senisa y con sus cauellos del quien le quiere mal. Para ello dizen que procura hurtársela y se la quema y sopla. Cómo para saluarse de las manos de la justicia el ladrón o matador o el hichesero a los dichos contrarios le sopla con el dicho polbo de mays que llaman uayrap zaran y güeso de defuntos. Lo soplan y dizen que uan soplando a la justicia y al contrario con ella, Cómo los yndios tienen custumbre, cuando les hurtan o le toman quatro masorcas de mays o papas de las chacaras [sementera], toman las hojas y lo atan en palos. ABOCIONES Los dichos abocioneros, agüeros que sustener los yndios antigos de los Yngas y en este tienpo lo tienen desto de atitapya tapyauanmi [La mala fortuna me ha maldecido], acoyraqui [infortunio], tiyoyraqui [calamidad]. Quando le paresen o se les entran en sus casas las culebras y cantar de lechuzas y muchuelos, morciégalos que los llaman tuco, chucic, pacpac, pecpe, chicollom, cayaycuuan. Taparanco yaycuuan. Uro nina, ayacta ayzaycuuan. Ychapas maycan uanoson. Atocmi zupayta ayzan uarmitam ychapas carita. [El buho, la lechuza, el paq paq, p'iqpi, chiqallu (especies de buhos) me han llamado. Una mariposa nocturna ha entrado dentro de mí. Los fuegos fatuos me han arrastrado el cadáver. ¿Quizá cuándo vamos a morir? Por cierto, el zorro ha arrastrado al demonio, a una mujer o quizás a un hombre.] Oyendo bramar sorras o algún animal, los yndios agüeros dizen que sale y anda cauesas de los bibos o sus brasos o piernas o sus tripas de los hombres o de las mugeres. Dezían que estos tales yndios auían de murir o partir cada uno de la tierra o de sus mugeres o de sus maridos o los hijos de sus madres y padres. O que an de morir, ahorgarse en rríos o despeñarse o quemarse en el fuego o que se abía de ahorcarse por sus manos, como lo hazen en este tienpo que se ahorcan estando muy borracho los Changas y lo lleuan todos los demonios y Satanás a su casa, al ynfierno. Y tienen otro agüero y abuciones atitapya [mala fortuna], acoyraqui [calamidad]. Entrando la lechuza o morciégalo o maripoza o culebra dentro de su casa o nazer hongo dentro de la caza, de auer mucha pulga, dizen “Carcouanchicmi uanozunmi tucusunmi.” [“Nos expulsan, moriremos, vamos a acabarnos.”] Dizen que an de acauar de morir todos, por ello se les entra. Con este dicho abución creyendo gasta y lo come todo quanto tiene y cada día está borracho cin acordarse de Dios y de la Uirgen María y de sus santos. Abocioneros creen en los sueños los yndios del tienpo del Ynga y deste tienpo. Quando sueñan uru nina, dizen que a de caer enfermo. Y quando sueñan ande chicollo [un pájaro] y uaychau [papagayo] y de chiuaco [tordo], dizen que a de rriñir. Quando sueñan Acuyraqui mayuta chacata chinpani, ynti quilla uanun [Infortunio, me ha acercado a un río, a un puente. El sol, la luna han muerto, eclipse], dizen que a de murir su padre o su madre. Quando sueña Quiroymi lloccin [Me ha salido un diente], que a de murir su padre o su ermano; Llamata nacani [He sacrificado una llama], lo propio. Quando sueña Rutuscam canique [Me cortaron el cabello], a de ser biuda; Moscospa yana pachauan pampascam cani, callanpatam riconi, zapallotam paquini moscuypi. [Soñando que estoy enterrado con una mortaja negra, que he visto un hongo, que he roto un zapallo en mis sueños.] En estos (?) PROCICIÓN Prociciones que hazían los Yngas y ayunos y penetencias a los sacrificios: Un mes no comían ningún manxar ni prouaua sal; comía maý[s] crudo blanco con yuyos [planta acuática] que le llaman ciclla [yerua de comer] . Eso comía dos ueses al día; almozaua y senaua y no se rreyýa ni dormía con mugeres. Y cienpre estaua triste cin conuersación, los ojos al suelo y cubierto de luto todos los hombres y mugeres en todo el rreyno. Esta dicha penitencia lestaua puesto con penas graues, puesto la ley del Ynga. Procición para echar enfermedades y pistelencias: Tirauan hondadas con fuego, armados como ci peleasen en la batalla. Ací lo [e]chauan de las ciudades y de las uillas y pueblos de todo el rreyno por mandado del Ynga. Procición de tenpestades: Andauan todo cubierto de luto con uanderillas de sus armas y lansas de chunta [madera de palmera], dando critos, aollando que a los serros y peñas daua sonido. Procición de granisos y del yelo y de rrayos que los echan con armas y tanbores y flautas y tronpetas y canpanillas, dando gritos, diziendo: “Astaya! Zuua, runa uacchachac cuncayqui cuchuscaayque. Ama ricuscayquecho.” [“¡Ay, ay! Ladrón, despojador de la gente, te cortaré la garganta. ¡Que no te vea jamás!”] Ayunos y penetencias que hazían quaresma en el mes de la penetencia, enero, Camay Quilla [mes del descanso]: Hazían esta dicha penitencia, huntado las caras con negro, ynbijados todos hombres y mugeres con nununya [colorante] y quichimcha [hollín] sobre ello. Todos llorando y cubierto de luto, ahollando y dando gemidos y bozes y haciendo llanto y diziendo: “Quilla mama” [madre luna]. En el mes de utubre: Uma raymi quilla Quilla coya mama. Yacuc zallayqui Unoc sallayqui Aya uya uacaylli Aya uya puypuylle Lluto puchac uamrayqui Micuymanta yacomanta Uacallasunquim. Uacallasunquim Pacha Camac Yaya, may pachapim canqui?Hanac pachapicho?Cay pachapicho?Caylla pachapicho?Yacullayquita cacharimouay Uacchayquiman, runay quiman. [Luna de la festividad principal Luna, reina madre. Tus enamorados del agua Tus enamorados del agua Con caras de muerto, llorosos Caras de muerto, tiernos Tus niños de pecho Por la comida y la bebida Te imploramos. Te imploramos Pacha Kamaq Padre, ¿en qué sitio estás? ¿En el lugar superior? ¿En este mundo? ¿En la tierra cercana? Envíanos tu agua A tus necesitados, a tu gente.] Y ancí an usado la ley hasta agora los muchachos de pidir agua a Dios y de ynbijarse y huntarse la cara. Es uso antigo de los ydúlatras y ancí el señor don Francisco de Toledo mandó en sus ordenansas los que se huntaren sean castigados cinqüenta asotes. Y no auido rremedio desto que los alcaldes tienen la culpa de ello, [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] nt7x9aleaj4str7uj6et8zton2ghm9r 1665664 1665633 2026-06-21T01:24:05Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665664 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 12: El capítulo de los ídolos |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} ÍDOLOS, VACAS DEL INGA y de los demás deste rreyno que fue en tienpo del Ynga. Es como se sigue: Lo primero, de cómo Topa Ynga Yupanqui hablaua con las uacas y piedras y demonios y sauía por suerte de ellos lo pasado y lo uenedero de ellos y de todo el mundo y de cómo auían de uenir españoles a gouernar y ací por ello el Ynga se llamó Uira Cocha Ynga [el Inka poderoso]. Pero lo demás de cosa de Dios no le enseñó a sauer, aunque dizen que decían que abía otro señor muy grande más que ellos. Eran diablos y ací decían zupay [espíritu malo], que por tal le conocían por supay, y ancí de ellos sauían todo lo que pasaua en Chile, en Quito. De preguntar a estos supayconas [espíritus malos] tenía oficio los hicheseros pontífises llamados cunti uiza, ualla uiza. Y ací hablaua con ellos Topa Ynga Yupanqui y quiso hazer otro tanto Guayna Capac Ynga. Y no quicieron hablar ni rresponder en cosa alguna. Y mandó matar y consumir a todas las uacas [divinidades de nivel local] menores; saluáronse los mayores. Dizen que Paria Caca rrespondió que ya no abía lugar de hablar ni gouernar porque los hombres que llaman Uira Cocha [los poderosos] abían de gouernar y traer un señor muy grande en su tienpo o después cin falta. Esto le rrespondió las dichas uacas ýdolos al Ynga Guayna Capac Ynga; de ello fue muy triste a Tomi. Que los Yngas tienen tierra señalado en todo este rreyno para sacrificios llamado usno [construcción ceremonial], que es para sacrificar cienpre capac ocha [afrenta al Inka, sacrificios humanos] al sol y a las uacas, uaca caray [dar de comer a la waqa], al caminar apachita [adoratorio]. Es la ley y sacrificio de los Yngas. De cómo el Ynga sacrificaua a su padre el sol con oro y plata y con niños y niñas de dies años que no tubiesen señal ni mancha ni lunar y fuesen hermosos. Y para ello hazía juntar quinientos niños de todo el rreyno y sacrificaua en el tenplo de Curi Cancha, que todas las paredes alto y bajo estaua uarnecida de oro finícimo y en lo alto del techo estaua ÍDOLO[S] I VACAS de los Chinchay Suyo que tenían los prencipales del Uarco, Pacha Camac, Aysa Uilca: Sacrificauan con criaturas de cinco años y con colores y algodones y tupa coca y fruta y chicha. Y los yndios Yauyos al ýdolo de Paria Caca sacrificauan con chicha y mollo [concha] y uaccri zanco [pan remojado en sangre] y comidas y conejos. Los yndios Uancas, Xauxa, Hanan Uanca, Lurin Uanca sacrificauan con perros porque ellos comían perros y ací sacrificauan con ello y con coca y comidas y sangre de perro y mollo. Y ací dizen que dezía: “Señor guaca Caruancho Uallullo, no te espantes quando digere ‘uac’ [ladrado] que ya saues que son nuestros ganados.” Y ací hasta oy día les llaman Guanca, alco micoc [Wanka, come-perros]. Y algunos por no quebrantar la ley que tienen comen todauía a los perros y se le deue castigar por ello. Aymarays sacrificauan Quichi Calla con plata y oro y con cinco niños y carneros pacos [alpaca] y agí, lana de colores en cada año. Y los demás yndios Chinchay Cochas, Tarmas, Yauyos, Guanoco, Guaylas, Chachapoya, Cañari, Cayanpi, Quito, Angarays, Tanquiua, Sora, Lucana, Andamarca, Parinacocha, Quichiua sacrificauan cada uno en sus uacas ýdolos que son muy muchos, que por prolixidad no lo pongo. Que a cada destos sacrificauan con criaturas y con oro y plata y rropa, comida y uaxillas de lo que hallauan en todo Chinchay Suyo sus sacrificios. ÍDOLO[S] I VACAS de los Andi Suyos: Sacrificauan los yndios questauan fuera de la montaña llamado Haua Anti; adorauan al ticre, otorongo . Dizen que le enseñó el Ynga que él mismo se auía tornado otorongo y ancí le dio esta ley y sacrificauan con sebo quemado de colebra y mays y coca y pluma de páxaros de los Andes; los queman y adoran con ella a los otorongos. Acimismo adoran los árbores de la coca que comen ellos y ací les llaman coca mama [la coca ceremonial] y lo bezen; luego lo mete en la boca. Sacrificauan [los] Ande Suyo al serro y uaca ýdolos de Saua Ciray, Pitu Ciray con dos niños y conejos blancos y coca y mullo [caracol] y plumas y zanco, sancre de carnero. Otro tanto hazían con otros muchos ýdolos y uacas que auía, que por prulixidad no la pongo. Y de los de la montaña no tienen ýdolos nenguno, cino que adoran al tigre, otorongo y al amaro, culebra, cierpiente. Con temoredad adoran que no porque sea uaca ýdolo, cino porque son ferós animales que come gente, que piensa que con adorar que no le comerá y no le llaman otorongo con el miedo, cino achachi, yaya [abuelo, antepasado] ; al amaro le llaman capac apo amaro [el señor poderoso serpiente]. Y ací el Ynga quizo llamarse Otorongo Achachi Ynga, Amaro Ynga [el Inka jaguar, el Inka serpiente]. ÍDOLOS I VACAS de los Colla Suyos, Hatun Colla, Puquina Colla, Uro Colla, Cana, Pacaxi, Poma Canchi, Quispi Llacta, Calla Ualla, Charca, Chui, hasta Chiriuana, todo la prouincia de Colla Suyo. Collas sacrificauan Puquina Urco, Cala Circa, Suri Urco; sacrificauan con carneros negros y sestos de coca y con dies niños de un año y conejos y mullo [concha] y pluma de suri [avestruz]; quemándolo, saumauan a las dichas uacas ýdolos y sacrificios, Puquina Colla, Uro Colla sacrificauan con carneros blancos de cuyro [llama blanca] y baxilla de barro y mucha chicha de canaua [gramínea de altura] y moraya [ch'uñu blanco] y mollo, comidas y pescado fresco y seco. Echauan a la laguna de Poquina y lo consumían. A la uaca de Titi Caca sacrificauan con mucho oro y plata y bestidos y con beynte niños de dos años. Los Poma Canches sacrificauan al serro de Canchi Circa con oro y plata y otras mundicias, quemándolos y enterrándolo con un niño y niña de doze años. Los sacrificauan acimismo en otras uacas ýdolos que ay muchas que por prolixidad no lo escribo. Lo mochauan [adoraban] y sacrificauan cada pueblo y cada prouincia en cada año, como estaua ordenado por los Yngas a sacrificar a los ýdolos y uacas. Y de todo ello les dauan cuenta y rrelación al dicho Ynga y lo hacían estos dichos sacrificios en presencia de los corregidores tocricoc y de los jueses michoc yngas. Éstos enbiaua por la posta y chasque [postillón] a la cauesa deste rreyno abisar de lo que pasa del sacrificio. ÍDOLOS I VACAS de los Conde Suyos, Ariquipa Conde, Huncullpi y Collaua Conde, Cuzco Conde, Uayna Cota, Toro, Achanbi, Poma Tanbo, Conde Suyos: Que cada uno tubieron sus dioses ýdolos y uacas puesto de los Yngas para el sacrificio; que como sacrificauan la uaca ýdolo de Coropona Urco, con oro y plata y con niños de doze años y plumas de pariuana [flamenco] y de uachiua [ganso] y coca y mullo [caracol] y sanco [sangre del carnero] y carne cruda y sangre cruda, con ella haziendo sanco. Y a esto les llamauan yauar zanco y con ello le sacrificaua cada pueblo sus ýdolos y uacas que son muchas, que no la pongo por ser prolixidad. Que cada pueblo tenían sus sa[c]rificios señalado por el Ynga y ací el Ynga les dio ley y sacrificio en todas las uacas deste rreyno con yauar zanco y que comiesen dello sangre cruda, carne cruda. Y ací por lo acostubrado y ley la que tenían los yndios comen hasta oy sangre cruda y carne cruda, dixno de castigo. Acimismo en todo el rreyno tenía puesto el Ynga que la Mar de Sur fuese adorado y sacrificado y ací les llamauan Mama Cocha [la madre mar]; mama quiere dezir madre, cocha, la mar. Y ací lo más adorauan los Yungas y tenían sus ýdolos jununto [sic] a la mar y los uachimis, pescadores, adoran. CAPÍTVLO DE LOS COMVN HICHEZEROS: Los común hechezeros que uzauan en este rreyno y los ay agora. De ellos es como se sigue: El primero, hichezeros muy malos que uzan de darse uenenos y ponsoñas para matar, que ellos les llaman hichezero, hanpicoc. Y con ello le mata, unos mueren presto, otros tarde. Y se seca un año y se pone como un palo y se muere. Primero sólo el Ynga tenía y no tenía otro ninguno. Y los yndios que tenía desta ponsoña luego les mandaua matar. Tirando con piedras lo mataua a toda su generación, que no quedaua uno ni ninguno, cino fuese niño de teta. Cómo los yndios hichezeros hacían tinquichi [hacer juntar]. Ajuntan al hombre con la muger para que se enamoren y haga gastar al hombre. Dizen que queman en una olla nueua llamado ari manca el sebo con mundicias con mucho fuego. Dallí dizen que les llama el dicho hechizero al demonio y lo haze por suerte y obra del demonio el hichesero. Cómo descasan y le desenamoran a los cazados o solteros, lo propio como arriua dicho. Los dichos hichezeros aproeuan y hablan con los del ynfierno. Cómo se echan maldiciones a unos y a otros, haziendo serimonias. Dizen que soplan con mays molido y senisa y con sus cauellos del quien le quiere mal. Para ello dizen que procura hurtársela y se la quema y sopla. Cómo para saluarse de las manos de la justicia el ladrón o matador o el hichesero a los dichos contrarios le sopla con el dicho polbo de mays que llaman uayrap zaran y güeso de defuntos. Lo soplan y dizen que uan soplando a la justicia y al contrario con ella, Cómo los yndios tienen custumbre, cuando les hurtan o le toman quatro masorcas de mays o papas de las chacaras [sementera], toman las hojas y lo atan en palos. ABOCIONES Los dichos abocioneros, agüeros que sustener los yndios antigos de los Yngas y en este tienpo lo tienen desto de atitapya tapyauanmi [La mala fortuna me ha maldecido], acoyraqui [infortunio], tiyoyraqui [calamidad]. Quando le paresen o se les entran en sus casas las culebras y cantar de lechuzas y muchuelos, morciégalos que los llaman tuco, chucic, pacpac, pecpe, chicollom, cayaycuuan. Taparanco yaycuuan. Uro nina, ayacta ayzaycuuan. Ychapas maycan uanoson. Atocmi zupayta ayzan uarmitam ychapas carita. [El buho, la lechuza, el paq paq, p'iqpi, chiqallu (especies de buhos) me han llamado. Una mariposa nocturna ha entrado dentro de mí. Los fuegos fatuos me han arrastrado el cadáver. ¿Quizá cuándo vamos a morir? Por cierto, el zorro ha arrastrado al demonio, a una mujer o quizás a un hombre.] Oyendo bramar sorras o algún animal, los yndios agüeros dizen que sale y anda cauesas de los bibos o sus brasos o piernas o sus tripas de los hombres o de las mugeres. Dezían que estos tales yndios auían de murir o partir cada uno de la tierra o de sus mugeres o de sus maridos o los hijos de sus madres y padres. O que an de morir, ahorgarse en rríos o despeñarse o quemarse en el fuego o que se abía de ahorcarse por sus manos, como lo hazen en este tienpo que se ahorcan estando muy borracho los Changas y lo lleuan todos los demonios y Satanás a su casa, al ynfierno. Y tienen otro agüero y abuciones atitapya [mala fortuna], acoyraqui [calamidad]. Entrando la lechuza o morciégalo o maripoza o culebra dentro de su casa o nazer hongo dentro de la caza, de auer mucha pulga, dizen “Carcouanchicmi uanozunmi tucusunmi.” [“Nos expulsan, moriremos, vamos a acabarnos.”] Dizen que an de acauar de morir todos, por ello se les entra. Con este dicho abución creyendo gasta y lo come todo quanto tiene y cada día está borracho cin acordarse de Dios y de la Uirgen María y de sus santos. Abocioneros creen en los sueños los yndios del tienpo del Ynga y deste tienpo. Quando sueñan uru nina, dizen que a de caer enfermo. Y quando sueñan ande chicollo [un pájaro] y uaychau [papagayo] y de chiuaco [tordo], dizen que a de rriñir. Quando sueñan Acuyraqui mayuta chacata chinpani, ynti quilla uanun [Infortunio, me ha acercado a un río, a un puente. El sol, la luna han muerto, eclipse], dizen que a de murir su padre o su madre. Quando sueña Quiroymi lloccin [Me ha salido un diente], que a de murir su padre o su ermano; Llamata nacani [He sacrificado una llama], lo propio. Quando sueña Rutuscam canique [Me cortaron el cabello], a de ser biuda; Moscospa yana pachauan pampascam cani, callanpatam riconi, zapallotam paquini moscuypi. [Soñando que estoy enterrado con una mortaja negra, que he visto un hongo, que he roto un zapallo en mis sueños.] En estos (?) PROCICIÓN Prociciones que hazían los Yngas y ayunos y penetencias a los sacrificios: Un mes no comían ningún manxar ni prouaua sal; comía maý[s] crudo blanco con yuyos [planta acuática] que le llaman ciclla [yerua de comer] . Eso comía dos ueses al día; almozaua y senaua y no se rreyýa ni dormía con mugeres. Y cienpre estaua triste cin conuersación, los ojos al suelo y cubierto de luto todos los hombres y mugeres en todo el rreyno. Esta dicha penitencia lestaua puesto con penas graues, puesto la ley del Ynga. Procición para echar enfermedades y pistelencias: Tirauan hondadas con fuego, armados como ci peleasen en la batalla. Ací lo [e]chauan de las ciudades y de las uillas y pueblos de todo el rreyno por mandado del Ynga. Procición de tenpestades: Andauan todo cubierto de luto con uanderillas de sus armas y lansas de chunta [madera de palmera], dando critos, aollando que a los serros y peñas daua sonido. Procición de granisos y del yelo y de rrayos que los echan con armas y tanbores y flautas y tronpetas y canpanillas, dando gritos, diziendo: “Astaya! Zuua, runa uacchachac cuncayqui cuchuscaayque. Ama ricuscayquecho.” [“¡Ay, ay! Ladrón, despojador de la gente, te cortaré la garganta. ¡Que no te vea jamás!”] Ayunos y penetencias que hazían quaresma en el mes de la penetencia, enero, Camay Quilla [mes del descanso]: Hazían esta dicha penitencia, huntado las caras con negro, ynbijados todos hombres y mugeres con nununya [colorante] y quichimcha [hollín] sobre ello. Todos llorando y cubierto de luto, ahollando y dando gemidos y bozes y haciendo llanto y diziendo: “Quilla mama” [madre luna]. En el mes de utubre: Uma raymi quilla Quilla coya mama. Yacuc zallayqui Unoc sallayqui Aya uya uacaylli Aya uya puypuylle Lluto puchac uamrayqui Micuymanta yacomanta Uacallasunquim. Uacallasunquim Pacha Camac Yaya, may pachapim canqui?Hanac pachapicho?Cay pachapicho?Caylla pachapicho?Yacullayquita cacharimouay Uacchayquiman, runay quiman. [Luna de la festividad principal Luna, reina madre. Tus enamorados del agua Tus enamorados del agua Con caras de muerto, llorosos Caras de muerto, tiernos Tus niños de pecho Por la comida y la bebida Te imploramos. Te imploramos Pacha Kamaq Padre, ¿en qué sitio estás? ¿En el lugar superior? ¿En este mundo? ¿En la tierra cercana? Envíanos tu agua A tus necesitados, a tu gente.] Y ancí an usado la ley hasta agora los muchachos de pidir agua a Dios y de ynbijarse y huntarse la cara. Es uso antigo de los ydúlatras y ancí el señor don Francisco de Toledo mandó en sus ordenansas los que se huntaren sean castigados cinqüenta asotes. Y no auido rremedio desto que los alcaldes tienen la culpa de ello, [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] ijn7hwnhxzach428lznzuuhrnrx90nd 1665703 1665664 2026-06-21T01:34:19Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665703 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 12: El capítulo de los ídolos |autor=Guamán Poma de Ayala }} ÍDOLOS, VACAS DEL INGA y de los demás deste rreyno que fue en tienpo del Ynga. Es como se sigue: Lo primero, de cómo Topa Ynga Yupanqui hablaua con las uacas y piedras y demonios y sauía por suerte de ellos lo pasado y lo uenedero de ellos y de todo el mundo y de cómo auían de uenir españoles a gouernar y ací por ello el Ynga se llamó Uira Cocha Ynga [el Inka poderoso]. Pero lo demás de cosa de Dios no le enseñó a sauer, aunque dizen que decían que abía otro señor muy grande más que ellos. Eran diablos y ací decían zupay [espíritu malo], que por tal le conocían por supay, y ancí de ellos sauían todo lo que pasaua en Chile, en Quito. De preguntar a estos supayconas [espíritus malos] tenía oficio los hicheseros pontífises llamados cunti uiza, ualla uiza. Y ací hablaua con ellos Topa Ynga Yupanqui y quiso hazer otro tanto Guayna Capac Ynga. Y no quicieron hablar ni rresponder en cosa alguna. Y mandó matar y consumir a todas las uacas [divinidades de nivel local] menores; saluáronse los mayores. Dizen que Paria Caca rrespondió que ya no abía lugar de hablar ni gouernar porque los hombres que llaman Uira Cocha [los poderosos] abían de gouernar y traer un señor muy grande en su tienpo o después cin falta. Esto le rrespondió las dichas uacas ýdolos al Ynga Guayna Capac Ynga; de ello fue muy triste a Tomi. Que los Yngas tienen tierra señalado en todo este rreyno para sacrificios llamado usno [construcción ceremonial], que es para sacrificar cienpre capac ocha [afrenta al Inka, sacrificios humanos] al sol y a las uacas, uaca caray [dar de comer a la waqa], al caminar apachita [adoratorio]. Es la ley y sacrificio de los Yngas. De cómo el Ynga sacrificaua a su padre el sol con oro y plata y con niños y niñas de dies años que no tubiesen señal ni mancha ni lunar y fuesen hermosos. Y para ello hazía juntar quinientos niños de todo el rreyno y sacrificaua en el tenplo de Curi Cancha, que todas las paredes alto y bajo estaua uarnecida de oro finícimo y en lo alto del techo estaua ÍDOLO[S] I VACAS de los Chinchay Suyo que tenían los prencipales del Uarco, Pacha Camac, Aysa Uilca: Sacrificauan con criaturas de cinco años y con colores y algodones y tupa coca y fruta y chicha. Y los yndios Yauyos al ýdolo de Paria Caca sacrificauan con chicha y mollo [concha] y uaccri zanco [pan remojado en sangre] y comidas y conejos. Los yndios Uancas, Xauxa, Hanan Uanca, Lurin Uanca sacrificauan con perros porque ellos comían perros y ací sacrificauan con ello y con coca y comidas y sangre de perro y mollo. Y ací dizen que dezía: “Señor guaca Caruancho Uallullo, no te espantes quando digere ‘uac’ [ladrado] que ya saues que son nuestros ganados.” Y ací hasta oy día les llaman Guanca, alco micoc [Wanka, come-perros]. Y algunos por no quebrantar la ley que tienen comen todauía a los perros y se le deue castigar por ello. Aymarays sacrificauan Quichi Calla con plata y oro y con cinco niños y carneros pacos [alpaca] y agí, lana de colores en cada año. Y los demás yndios Chinchay Cochas, Tarmas, Yauyos, Guanoco, Guaylas, Chachapoya, Cañari, Cayanpi, Quito, Angarays, Tanquiua, Sora, Lucana, Andamarca, Parinacocha, Quichiua sacrificauan cada uno en sus uacas ýdolos que son muy muchos, que por prolixidad no lo pongo. Que a cada destos sacrificauan con criaturas y con oro y plata y rropa, comida y uaxillas de lo que hallauan en todo Chinchay Suyo sus sacrificios. ÍDOLO[S] I VACAS de los Andi Suyos: Sacrificauan los yndios questauan fuera de la montaña llamado Haua Anti; adorauan al ticre, otorongo . Dizen que le enseñó el Ynga que él mismo se auía tornado otorongo y ancí le dio esta ley y sacrificauan con sebo quemado de colebra y mays y coca y pluma de páxaros de los Andes; los queman y adoran con ella a los otorongos. Acimismo adoran los árbores de la coca que comen ellos y ací les llaman coca mama [la coca ceremonial] y lo bezen; luego lo mete en la boca. Sacrificauan [los] Ande Suyo al serro y uaca ýdolos de Saua Ciray, Pitu Ciray con dos niños y conejos blancos y coca y mullo [caracol] y plumas y zanco, sancre de carnero. Otro tanto hazían con otros muchos ýdolos y uacas que auía, que por prulixidad no la pongo. Y de los de la montaña no tienen ýdolos nenguno, cino que adoran al tigre, otorongo y al amaro, culebra, cierpiente. Con temoredad adoran que no porque sea uaca ýdolo, cino porque son ferós animales que come gente, que piensa que con adorar que no le comerá y no le llaman otorongo con el miedo, cino achachi, yaya [abuelo, antepasado] ; al amaro le llaman capac apo amaro [el señor poderoso serpiente]. Y ací el Ynga quizo llamarse Otorongo Achachi Ynga, Amaro Ynga [el Inka jaguar, el Inka serpiente]. ÍDOLOS I VACAS de los Colla Suyos, Hatun Colla, Puquina Colla, Uro Colla, Cana, Pacaxi, Poma Canchi, Quispi Llacta, Calla Ualla, Charca, Chui, hasta Chiriuana, todo la prouincia de Colla Suyo. Collas sacrificauan Puquina Urco, Cala Circa, Suri Urco; sacrificauan con carneros negros y sestos de coca y con dies niños de un año y conejos y mullo [concha] y pluma de suri [avestruz]; quemándolo, saumauan a las dichas uacas ýdolos y sacrificios, Puquina Colla, Uro Colla sacrificauan con carneros blancos de cuyro [llama blanca] y baxilla de barro y mucha chicha de canaua [gramínea de altura] y moraya [ch'uñu blanco] y mollo, comidas y pescado fresco y seco. Echauan a la laguna de Poquina y lo consumían. A la uaca de Titi Caca sacrificauan con mucho oro y plata y bestidos y con beynte niños de dos años. Los Poma Canches sacrificauan al serro de Canchi Circa con oro y plata y otras mundicias, quemándolos y enterrándolo con un niño y niña de doze años. Los sacrificauan acimismo en otras uacas ýdolos que ay muchas que por prolixidad no lo escribo. Lo mochauan [adoraban] y sacrificauan cada pueblo y cada prouincia en cada año, como estaua ordenado por los Yngas a sacrificar a los ýdolos y uacas. Y de todo ello les dauan cuenta y rrelación al dicho Ynga y lo hacían estos dichos sacrificios en presencia de los corregidores tocricoc y de los jueses michoc yngas. Éstos enbiaua por la posta y chasque [postillón] a la cauesa deste rreyno abisar de lo que pasa del sacrificio. ÍDOLOS I VACAS de los Conde Suyos, Ariquipa Conde, Huncullpi y Collaua Conde, Cuzco Conde, Uayna Cota, Toro, Achanbi, Poma Tanbo, Conde Suyos: Que cada uno tubieron sus dioses ýdolos y uacas puesto de los Yngas para el sacrificio; que como sacrificauan la uaca ýdolo de Coropona Urco, con oro y plata y con niños de doze años y plumas de pariuana [flamenco] y de uachiua [ganso] y coca y mullo [caracol] y sanco [sangre del carnero] y carne cruda y sangre cruda, con ella haziendo sanco. Y a esto les llamauan yauar zanco y con ello le sacrificaua cada pueblo sus ýdolos y uacas que son muchas, que no la pongo por ser prolixidad. Que cada pueblo tenían sus sa[c]rificios señalado por el Ynga y ací el Ynga les dio ley y sacrificio en todas las uacas deste rreyno con yauar zanco y que comiesen dello sangre cruda, carne cruda. Y ací por lo acostubrado y ley la que tenían los yndios comen hasta oy sangre cruda y carne cruda, dixno de castigo. Acimismo en todo el rreyno tenía puesto el Ynga que la Mar de Sur fuese adorado y sacrificado y ací les llamauan Mama Cocha [la madre mar]; mama quiere dezir madre, cocha, la mar. Y ací lo más adorauan los Yungas y tenían sus ýdolos jununto [sic] a la mar y los uachimis, pescadores, adoran. CAPÍTVLO DE LOS COMVN HICHEZEROS: Los común hechezeros que uzauan en este rreyno y los ay agora. De ellos es como se sigue: El primero, hichezeros muy malos que uzan de darse uenenos y ponsoñas para matar, que ellos les llaman hichezero, hanpicoc. Y con ello le mata, unos mueren presto, otros tarde. Y se seca un año y se pone como un palo y se muere. Primero sólo el Ynga tenía y no tenía otro ninguno. Y los yndios que tenía desta ponsoña luego les mandaua matar. Tirando con piedras lo mataua a toda su generación, que no quedaua uno ni ninguno, cino fuese niño de teta. Cómo los yndios hichezeros hacían tinquichi [hacer juntar]. Ajuntan al hombre con la muger para que se enamoren y haga gastar al hombre. Dizen que queman en una olla nueua llamado ari manca el sebo con mundicias con mucho fuego. Dallí dizen que les llama el dicho hechizero al demonio y lo haze por suerte y obra del demonio el hichesero. Cómo descasan y le desenamoran a los cazados o solteros, lo propio como arriua dicho. Los dichos hichezeros aproeuan y hablan con los del ynfierno. Cómo se echan maldiciones a unos y a otros, haziendo serimonias. Dizen que soplan con mays molido y senisa y con sus cauellos del quien le quiere mal. Para ello dizen que procura hurtársela y se la quema y sopla. Cómo para saluarse de las manos de la justicia el ladrón o matador o el hichesero a los dichos contrarios le sopla con el dicho polbo de mays que llaman uayrap zaran y güeso de defuntos. Lo soplan y dizen que uan soplando a la justicia y al contrario con ella, Cómo los yndios tienen custumbre, cuando les hurtan o le toman quatro masorcas de mays o papas de las chacaras [sementera], toman las hojas y lo atan en palos. ABOCIONES Los dichos abocioneros, agüeros que sustener los yndios antigos de los Yngas y en este tienpo lo tienen desto de atitapya tapyauanmi [La mala fortuna me ha maldecido], acoyraqui [infortunio], tiyoyraqui [calamidad]. Quando le paresen o se les entran en sus casas las culebras y cantar de lechuzas y muchuelos, morciégalos que los llaman tuco, chucic, pacpac, pecpe, chicollom, cayaycuuan. Taparanco yaycuuan. Uro nina, ayacta ayzaycuuan. Ychapas maycan uanoson. Atocmi zupayta ayzan uarmitam ychapas carita. [El buho, la lechuza, el paq paq, p'iqpi, chiqallu (especies de buhos) me han llamado. Una mariposa nocturna ha entrado dentro de mí. Los fuegos fatuos me han arrastrado el cadáver. ¿Quizá cuándo vamos a morir? Por cierto, el zorro ha arrastrado al demonio, a una mujer o quizás a un hombre.] Oyendo bramar sorras o algún animal, los yndios agüeros dizen que sale y anda cauesas de los bibos o sus brasos o piernas o sus tripas de los hombres o de las mugeres. Dezían que estos tales yndios auían de murir o partir cada uno de la tierra o de sus mugeres o de sus maridos o los hijos de sus madres y padres. O que an de morir, ahorgarse en rríos o despeñarse o quemarse en el fuego o que se abía de ahorcarse por sus manos, como lo hazen en este tienpo que se ahorcan estando muy borracho los Changas y lo lleuan todos los demonios y Satanás a su casa, al ynfierno. Y tienen otro agüero y abuciones atitapya [mala fortuna], acoyraqui [calamidad]. Entrando la lechuza o morciégalo o maripoza o culebra dentro de su casa o nazer hongo dentro de la caza, de auer mucha pulga, dizen “Carcouanchicmi uanozunmi tucusunmi.” [“Nos expulsan, moriremos, vamos a acabarnos.”] Dizen que an de acauar de morir todos, por ello se les entra. Con este dicho abución creyendo gasta y lo come todo quanto tiene y cada día está borracho cin acordarse de Dios y de la Uirgen María y de sus santos. Abocioneros creen en los sueños los yndios del tienpo del Ynga y deste tienpo. Quando sueñan uru nina, dizen que a de caer enfermo. Y quando sueñan ande chicollo [un pájaro] y uaychau [papagayo] y de chiuaco [tordo], dizen que a de rriñir. Quando sueñan Acuyraqui mayuta chacata chinpani, ynti quilla uanun [Infortunio, me ha acercado a un río, a un puente. El sol, la luna han muerto, eclipse], dizen que a de murir su padre o su madre. Quando sueña Quiroymi lloccin [Me ha salido un diente], que a de murir su padre o su ermano; Llamata nacani [He sacrificado una llama], lo propio. Quando sueña Rutuscam canique [Me cortaron el cabello], a de ser biuda; Moscospa yana pachauan pampascam cani, callanpatam riconi, zapallotam paquini moscuypi. [Soñando que estoy enterrado con una mortaja negra, que he visto un hongo, que he roto un zapallo en mis sueños.] En estos (?) PROCICIÓN Prociciones que hazían los Yngas y ayunos y penetencias a los sacrificios: Un mes no comían ningún manxar ni prouaua sal; comía maý[s] crudo blanco con yuyos [planta acuática] que le llaman ciclla [yerua de comer] . Eso comía dos ueses al día; almozaua y senaua y no se rreyýa ni dormía con mugeres. Y cienpre estaua triste cin conuersación, los ojos al suelo y cubierto de luto todos los hombres y mugeres en todo el rreyno. Esta dicha penitencia lestaua puesto con penas graues, puesto la ley del Ynga. Procición para echar enfermedades y pistelencias: Tirauan hondadas con fuego, armados como ci peleasen en la batalla. Ací lo [e]chauan de las ciudades y de las uillas y pueblos de todo el rreyno por mandado del Ynga. Procición de tenpestades: Andauan todo cubierto de luto con uanderillas de sus armas y lansas de chunta [madera de palmera], dando critos, aollando que a los serros y peñas daua sonido. Procición de granisos y del yelo y de rrayos que los echan con armas y tanbores y flautas y tronpetas y canpanillas, dando gritos, diziendo: “Astaya! Zuua, runa uacchachac cuncayqui cuchuscaayque. Ama ricuscayquecho.” [“¡Ay, ay! Ladrón, despojador de la gente, te cortaré la garganta. ¡Que no te vea jamás!”] Ayunos y penetencias que hazían quaresma en el mes de la penetencia, enero, Camay Quilla [mes del descanso]: Hazían esta dicha penitencia, huntado las caras con negro, ynbijados todos hombres y mugeres con nununya [colorante] y quichimcha [hollín] sobre ello. Todos llorando y cubierto de luto, ahollando y dando gemidos y bozes y haciendo llanto y diziendo: “Quilla mama” [madre luna]. En el mes de utubre: Uma raymi quilla Quilla coya mama. Yacuc zallayqui Unoc sallayqui Aya uya uacaylli Aya uya puypuylle Lluto puchac uamrayqui Micuymanta yacomanta Uacallasunquim. Uacallasunquim Pacha Camac Yaya, may pachapim canqui?Hanac pachapicho?Cay pachapicho?Caylla pachapicho?Yacullayquita cacharimouay Uacchayquiman, runay quiman. [Luna de la festividad principal Luna, reina madre. Tus enamorados del agua Tus enamorados del agua Con caras de muerto, llorosos Caras de muerto, tiernos Tus niños de pecho Por la comida y la bebida Te imploramos. Te imploramos Pacha Kamaq Padre, ¿en qué sitio estás? ¿En el lugar superior? ¿En este mundo? ¿En la tierra cercana? Envíanos tu agua A tus necesitados, a tu gente.] Y ancí an usado la ley hasta agora los muchachos de pidir agua a Dios y de ynbijarse y huntarse la cara. Es uso antigo de los ydúlatras y ancí el señor don Francisco de Toledo mandó en sus ordenansas los que se huntaren sean castigados cinqüenta asotes. Y no auido rremedio desto que los alcaldes tienen la culpa de ello, [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 5rtiawofn5dm7w5zfiefh1ciqnpr2ru Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de entierros 0 74273 1665635 1199090 2026-06-21T01:21:40Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de entierros]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de entierros]]: Robot: página trasladada 1199090 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 13: El capítulo de entierros |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} ENTIERO DEL INGA Cómo fue enterrado el Ynga y le balzamaron cin menealle el cuerpo y le pucieron los ojos y el rrostro como ci estubiera bibo y le bestían rricas bestiduras. Y al defunto le llamaron yllapa [el rayo] que todos los demás defuntos les llamauan aya [difunto] y le enterrauan con mucha baxilla de oro y plata. Y a los pages y camareros y mugeres que él quería le matan y a la muger la más querida lo lleuaua por señora coya. Y para ahogar éstos primero les enborrachauan y dizen que le hacía abrir la boca y le soplauan con coca molido hecho polbo. Todos yuan balsamados y lo ponía sus lados y tenían un mes el cuerpo y en todo el rreyno hazen grandes lloros y llantos con canciones y múcicas, baylando y danzando, llorauan. Y, acauado el mes, enterrauan y lo lleuan a la bóbeda que llaman pucullo [construcción funeraria] con grande procición y solene, todo aquel mes hasta enterrallo. Ayunauan sal todo lo acostumbrado y ofresen oro o plata y ganados, rropa, comida en todo el rreyno. Otro tanto se hase con los señores prencipales capac apo y no a otro nenguno en todo el rreyno. Acauado de enterrar, el otro mes entran a la penitencia y ayunan todos los hijos lexítimos o uastardos y los prencipales todo el rreyno. El terzero mes entran a sacrificar al tenplo de Curi Cancha a la casa del sol a sus oraciones los lexítimos. Ci es un hijo o dos o tres o cuatro hijos del dicho Ynga Capac [Inka poderoso] para que sea elexido por el sol para uer a quien le elige y le llama el sol al menor o al mayor. Ci le llama al menor aquél alsa la borla; es señor y rrey Capac Ynga. Y los otros que queda quedan por auquicona, prínzipe, y subrinos y nietos son príncipes. Obedese al elexido sus ermanos y los demás señores del rreyno. ENTIERO DE LOS CHINCHAI SVIOS Cómo fue enterrado los yndios Chinchay Suyos del tienpo del Ynga: En muriendo hasta cinco días no le enterrauan. Esa noche uelauan y ayunauan la sal y otros rregalos. Luego matauan un carnero y los comían crudos o cocidos pero no auían de tener sal ni agí. Y ueuían sangre cruda o que hazían llapisca [estrujado] con papas, sangre cruda. Y al defunto le dan de comer y de ueuer, mucho más al Ynga y a los señores capac apo. Allí es la grande comida de sangre cruda y carne cruda. Por comer aquello uan todos a llorar y cantando sus canciones y bayles y múcicas, lloran y dan bozes y gritos y llantos. Al que llora más, a ésa les enborracha y ueue más y toma más rración de carne y de comidas. Y a la maystra del cantar y tener buena bos de llorar, ésa le caue una pierna de carnero, Todo son borracheras. Y al defunto dizen que le lauan el cuerpo y le bisten todo sus bestidos y plumas y juyas de plata o de oro y le ponen en unas andas y uan a la procición, Como dicho es, cantan y uan saltando y llorando cada ayllo y parcialidad como su custumbre, En los cinco días le lleuan a enterrar con la procicíón y ací dize pichicanmi [“Es su quinto día.”]. Y en los dies días, otro tanto, dizc chuncanmi [“Es su décimo día.”]. Y la biuda todo cubirto de luto no se le parese su cara y le tresquila. Y en los says meses, otro tanto. Y en el año, otro tanto. Y la buena biuda haze durar esta fiesta dos años. Y en cada fiesta del defunto mucho sermón de los yndios ancianos y curacas, camachicocconas [autoridades locales y menores]. Allí les ajunta a todos sus parientes sercanos. Con grandes castigos les amenasa y le manda que sea trauajador y umilde a la justicia y al Ynga y a los prencipales. ENTIERO DE LOS ANDI SVIOS Cómo fue enterrado los yndios Ande Suyos: Dizen que lloran un día y hazen gran fiesta. Entre fiesta ajuntan con el llorar y cantar en sus cantares. Y no haze serimonias como los yndios de la cierra ni los yungas [zona cálida], como son yndios de la montaña que come carne humana. Y ací apenas dexa el defunto que luego comiensan a comello que no le dexa carne, cino todo güeso. Luego que acaua de suspirar le bista unos bistidos de plumages que ellos les hazen y quitan la plumería y le desnudan y le lauan y comiensa a hazer carnesería e[n] ellos. Toman el güeso y lo lleuan los yndios y no llora las mugeres ni los hombres y lo mete en un árbol que llama uitica [?], adonde los guzanos lo tenía hecho agugero. Allí lo meten y lo tapean muy bien y dallí nunca más lo uen en toda su uida ni se acuerda de ello ni saue ninguna serimonia como los yndios de la cierra, que al defunto hasta metelle en la boca oro o plata y coca. Lo hazen y lo entierra con sus ojotas [sandalias] y bestidos y comidas. Con todo ello entierra, hasta los topos [prendedor] de plata lo entierra; dizen que se la lleue. Hasta este día tienen el custumbre. En bolbiendo el ojo el padre lo echan y en ausencia del padre lo entierra como naupa pacha [la época antigua]. No se le oluida desto. ENTIERO Cómo fue enterrado de los yndios de Colla Suyos: Pribístenle y luego le lloran en el primer día. Y en los cinco les entier[r]an asentado con mucha bestidura y baxillas de oro y de plata y de barro. Ci es yndio pobre, le hazen lleuar mucha comida. Y al defunto le enbía otros yndios o yndias a otros defuntos a sus padres o a su madre o a los parientes y ermanos y amigos le enbía de comer o chicha o agua, oro, plata, baxillas y rropa o de otras cosas. Y con ello le entierran al defunto en los cinco días, como dicho es. En los dies días tornan a llorar y enbían otro tanto. Entonses los queman y dizen que, cuando la llama del fuego da sonido, dizen que lo rreciben los defuntos y que uan derecho a Caray Pampa los Chinchay Suyos y Ande Suyos y los Colla Suyos, Conde Suyos. Se uan los defuntos derecho a Puquina Pampa y a Corapona, que allí se ajuntan. Y dizen que allí tienen mucha fiesta y conuersación entre los defuntos y defuntas. Que pasado dallí uan a otra parte adonde pasan muy mucho trauajo, hambre, sed y frío, y en lo callente, mucho calor. Y ací le entierran con sus comidas y ueuidas y cienpre tienen cuydado de enbialles de comer y de ueuer. Y en los seys meses hazen otro tanto sus fiestas de los defuntos y en el año, otro tanto. Pero no lo sacan afuera el defunto como Chinchay Suyo a la procición al dicho defunto, cino que le dexan estar metido en su bóbeda, pucullo y le llam[an] el pueblo de los defuntos amayan marcapa hiuirinacan ucanpuni cuna huchasa camachisi [aymara: Del muerto en su pueblo los mortales en ese siempre algún pecado se realiza; o sea: Los que alimentan a los muertos, en ésos siempre se hace el pecado]. ENTIERO Cómo fue enterrado los yndios de Conde Suyos: Es como y de la manera que de como de los Colla Suyos. Y en el ayunar sal y hazer pacarico [pasarse la noche en celebración ritual] y comer carne cruda y ueuer sangre cruda es común del rreyno desde los Yngas hasta agora. Pero dizen que sacan las tripas y hazen bálsamo y le bisten muy rrica bistidura y luego le lloran. Con ello beuen mucha chicha y meten en la boca plata. Tanbién es común esto de meter plata o oro en la boca del defunto y más dizen que la sal corronpen. Dizen que ací la muerte corronpe y porque no mueran presto y ací lo ayunan la sal. Y luego para sepultalle edefican unas bóbedas como horno de piedra y los blanquean y los pintan de colores y llaman ayap llactan [pueblo de los muertos], amayan marcapa [aymara: del muerto su pueblo]. Y otros entierran en peñascos y en los serros los güesos questán en quebradas, güesos grandes. Son güesos de los primeros de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa. Entier[r]a en pucullos [construcción funeraria] desde el tienpo de Auca Runa. Quando se muere, luego mata un carnero para que le lleue el quipi [atado] y cocaui [vianda]. Y en los cinco días a de mater otro carnero y en los dies días, otro carnero y en los says meses, otro carnero y en el año, otro carnero. Y las fiestas susodichas es común en este rreyno y lo usan todauía. Todo lo dicho que lo e uisto a uista de ojos y los padres de las dotrinas lo conciente porque más precian ellos sus rrescates el salario y el pie del altar que otra cosa. Antes deziéndole y abizándole desto, luego manda que lo e[c]he al yndio ladino del pueblo. ENTIERO La manera del entierramiento de los Yungas, yndios de los llanos hasta Quito y Nobo Reyno: Es un entierramiento solo, muchic, alco mico, come-perro. Le entierra con perros como matalle carnero, acimismo el ualle de Xauxa, Uanca, alco mico, Quito, alco mico. Todos éstos les enterrauan a sus defuntos con perros y el sacrificio, otro tanto. Primeramente yndios de los llanos llora diziendo: “Nanu, nanu, nanu.” Comen y ueuen hasta tornarse locos, atónitos y ayunan como los serranos. Y ci halla carne lo comen pero anda mucho pescado y camarón. Lo primero al defunto le destripan y le quitan toda la carne y las tripas y carne lo meten en una olla nueua y los güesos amortaxa con una manta de algodón y lo cose. Y ciñi con sogas de cabuya que llaman toclla [lazo], muy alinado. Luego le pinta con colores de encima al defunto y la carne y el defunto lo mete en su bóbeda y le haze asentar con sus padres y madres y parientes cin allegar a otro ayllo [parcialidad] y an[c]í se entier[r]an los Yungas. Lo que uzauan en tie[n]po de los Yngas y en este tienpo lo está uzando los yndios en este rreyno. Después de auer enterrado sus defuntos las biudas y parientas y ermanos, en los cinco días se uan a lauar al tincoc yaco [confluencia de aguas]. Se laua ellas y todo su rropa. Y después proeua para sauer ci an de morir presto adonde se lauan. Tienen en todos los pueblos sus hermitas antiguas, una bóbeda que tiene dos puertas que entra una puerta y sale por otra puerta. Y ci se tarda de salir, dizen que es mala señal y que a de murir muy presto. Y otros hazen unas asecyas rredonda; de arriua entra un cano de agua y de auajo se haze una secya sola. Y que de arriua suelta la agua la biuda y ci se junta ygualmente la agua, dizen ques buena señal y que no a de murir. Y se se tarda la agua por el otro cano y no se ajunta ygual, dizen que es mala señal, que a de murir presto. Y en esto de la prueuamiento dexan sus lutos o chunbis [faja de cintura] o uinchas [cinta] o las ojotas [sandalias] por señal, Y en algunos pueblos hazen las prueuas en las asecyas adonde se lauan y tuerzen unos hilos a los esquierdo de blanco y negro. Allí dexa la biuda el hilo como lazo puesta tirado a la otra parte de la agua y a la otra de manera que lo uean las personas. Con ello encanta y serimonia y pacarico: ueuen y baylan y toda la noche hazen ydúlatra. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 6l54sirctopp66rbmuesul6ls8v2y8g 1665669 1665635 2026-06-21T01:24:14Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665669 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 13: El capítulo de entierros |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} ENTIERO DEL INGA Cómo fue enterrado el Ynga y le balzamaron cin menealle el cuerpo y le pucieron los ojos y el rrostro como ci estubiera bibo y le bestían rricas bestiduras. Y al defunto le llamaron yllapa [el rayo] que todos los demás defuntos les llamauan aya [difunto] y le enterrauan con mucha baxilla de oro y plata. Y a los pages y camareros y mugeres que él quería le matan y a la muger la más querida lo lleuaua por señora coya. Y para ahogar éstos primero les enborrachauan y dizen que le hacía abrir la boca y le soplauan con coca molido hecho polbo. Todos yuan balsamados y lo ponía sus lados y tenían un mes el cuerpo y en todo el rreyno hazen grandes lloros y llantos con canciones y múcicas, baylando y danzando, llorauan. Y, acauado el mes, enterrauan y lo lleuan a la bóbeda que llaman pucullo [construcción funeraria] con grande procición y solene, todo aquel mes hasta enterrallo. Ayunauan sal todo lo acostumbrado y ofresen oro o plata y ganados, rropa, comida en todo el rreyno. Otro tanto se hase con los señores prencipales capac apo y no a otro nenguno en todo el rreyno. Acauado de enterrar, el otro mes entran a la penitencia y ayunan todos los hijos lexítimos o uastardos y los prencipales todo el rreyno. El terzero mes entran a sacrificar al tenplo de Curi Cancha a la casa del sol a sus oraciones los lexítimos. Ci es un hijo o dos o tres o cuatro hijos del dicho Ynga Capac [Inka poderoso] para que sea elexido por el sol para uer a quien le elige y le llama el sol al menor o al mayor. Ci le llama al menor aquél alsa la borla; es señor y rrey Capac Ynga. Y los otros que queda quedan por auquicona, prínzipe, y subrinos y nietos son príncipes. Obedese al elexido sus ermanos y los demás señores del rreyno. ENTIERO DE LOS CHINCHAI SVIOS Cómo fue enterrado los yndios Chinchay Suyos del tienpo del Ynga: En muriendo hasta cinco días no le enterrauan. Esa noche uelauan y ayunauan la sal y otros rregalos. Luego matauan un carnero y los comían crudos o cocidos pero no auían de tener sal ni agí. Y ueuían sangre cruda o que hazían llapisca [estrujado] con papas, sangre cruda. Y al defunto le dan de comer y de ueuer, mucho más al Ynga y a los señores capac apo. Allí es la grande comida de sangre cruda y carne cruda. Por comer aquello uan todos a llorar y cantando sus canciones y bayles y múcicas, lloran y dan bozes y gritos y llantos. Al que llora más, a ésa les enborracha y ueue más y toma más rración de carne y de comidas. Y a la maystra del cantar y tener buena bos de llorar, ésa le caue una pierna de carnero, Todo son borracheras. Y al defunto dizen que le lauan el cuerpo y le bisten todo sus bestidos y plumas y juyas de plata o de oro y le ponen en unas andas y uan a la procición, Como dicho es, cantan y uan saltando y llorando cada ayllo y parcialidad como su custumbre, En los cinco días le lleuan a enterrar con la procicíón y ací dize pichicanmi [“Es su quinto día.”]. Y en los dies días, otro tanto, dizc chuncanmi [“Es su décimo día.”]. Y la biuda todo cubirto de luto no se le parese su cara y le tresquila. Y en los says meses, otro tanto. Y en el año, otro tanto. Y la buena biuda haze durar esta fiesta dos años. Y en cada fiesta del defunto mucho sermón de los yndios ancianos y curacas, camachicocconas [autoridades locales y menores]. Allí les ajunta a todos sus parientes sercanos. Con grandes castigos les amenasa y le manda que sea trauajador y umilde a la justicia y al Ynga y a los prencipales. ENTIERO DE LOS ANDI SVIOS Cómo fue enterrado los yndios Ande Suyos: Dizen que lloran un día y hazen gran fiesta. Entre fiesta ajuntan con el llorar y cantar en sus cantares. Y no haze serimonias como los yndios de la cierra ni los yungas [zona cálida], como son yndios de la montaña que come carne humana. Y ací apenas dexa el defunto que luego comiensan a comello que no le dexa carne, cino todo güeso. Luego que acaua de suspirar le bista unos bistidos de plumages que ellos les hazen y quitan la plumería y le desnudan y le lauan y comiensa a hazer carnesería e[n] ellos. Toman el güeso y lo lleuan los yndios y no llora las mugeres ni los hombres y lo mete en un árbol que llama uitica [?], adonde los guzanos lo tenía hecho agugero. Allí lo meten y lo tapean muy bien y dallí nunca más lo uen en toda su uida ni se acuerda de ello ni saue ninguna serimonia como los yndios de la cierra, que al defunto hasta metelle en la boca oro o plata y coca. Lo hazen y lo entierra con sus ojotas [sandalias] y bestidos y comidas. Con todo ello entierra, hasta los topos [prendedor] de plata lo entierra; dizen que se la lleue. Hasta este día tienen el custumbre. En bolbiendo el ojo el padre lo echan y en ausencia del padre lo entierra como naupa pacha [la época antigua]. No se le oluida desto. ENTIERO Cómo fue enterrado de los yndios de Colla Suyos: Pribístenle y luego le lloran en el primer día. Y en los cinco les entier[r]an asentado con mucha bestidura y baxillas de oro y de plata y de barro. Ci es yndio pobre, le hazen lleuar mucha comida. Y al defunto le enbía otros yndios o yndias a otros defuntos a sus padres o a su madre o a los parientes y ermanos y amigos le enbía de comer o chicha o agua, oro, plata, baxillas y rropa o de otras cosas. Y con ello le entierran al defunto en los cinco días, como dicho es. En los dies días tornan a llorar y enbían otro tanto. Entonses los queman y dizen que, cuando la llama del fuego da sonido, dizen que lo rreciben los defuntos y que uan derecho a Caray Pampa los Chinchay Suyos y Ande Suyos y los Colla Suyos, Conde Suyos. Se uan los defuntos derecho a Puquina Pampa y a Corapona, que allí se ajuntan. Y dizen que allí tienen mucha fiesta y conuersación entre los defuntos y defuntas. Que pasado dallí uan a otra parte adonde pasan muy mucho trauajo, hambre, sed y frío, y en lo callente, mucho calor. Y ací le entierran con sus comidas y ueuidas y cienpre tienen cuydado de enbialles de comer y de ueuer. Y en los seys meses hazen otro tanto sus fiestas de los defuntos y en el año, otro tanto. Pero no lo sacan afuera el defunto como Chinchay Suyo a la procición al dicho defunto, cino que le dexan estar metido en su bóbeda, pucullo y le llam[an] el pueblo de los defuntos amayan marcapa hiuirinacan ucanpuni cuna huchasa camachisi [aymara: Del muerto en su pueblo los mortales en ese siempre algún pecado se realiza; o sea: Los que alimentan a los muertos, en ésos siempre se hace el pecado]. ENTIERO Cómo fue enterrado los yndios de Conde Suyos: Es como y de la manera que de como de los Colla Suyos. Y en el ayunar sal y hazer pacarico [pasarse la noche en celebración ritual] y comer carne cruda y ueuer sangre cruda es común del rreyno desde los Yngas hasta agora. Pero dizen que sacan las tripas y hazen bálsamo y le bisten muy rrica bistidura y luego le lloran. Con ello beuen mucha chicha y meten en la boca plata. Tanbién es común esto de meter plata o oro en la boca del defunto y más dizen que la sal corronpen. Dizen que ací la muerte corronpe y porque no mueran presto y ací lo ayunan la sal. Y luego para sepultalle edefican unas bóbedas como horno de piedra y los blanquean y los pintan de colores y llaman ayap llactan [pueblo de los muertos], amayan marcapa [aymara: del muerto su pueblo]. Y otros entierran en peñascos y en los serros los güesos questán en quebradas, güesos grandes. Son güesos de los primeros de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa. Entier[r]a en pucullos [construcción funeraria] desde el tienpo de Auca Runa. Quando se muere, luego mata un carnero para que le lleue el quipi [atado] y cocaui [vianda]. Y en los cinco días a de mater otro carnero y en los dies días, otro carnero y en los says meses, otro carnero y en el año, otro carnero. Y las fiestas susodichas es común en este rreyno y lo usan todauía. Todo lo dicho que lo e uisto a uista de ojos y los padres de las dotrinas lo conciente porque más precian ellos sus rrescates el salario y el pie del altar que otra cosa. Antes deziéndole y abizándole desto, luego manda que lo e[c]he al yndio ladino del pueblo. ENTIERO La manera del entierramiento de los Yungas, yndios de los llanos hasta Quito y Nobo Reyno: Es un entierramiento solo, muchic, alco mico, come-perro. Le entierra con perros como matalle carnero, acimismo el ualle de Xauxa, Uanca, alco mico, Quito, alco mico. Todos éstos les enterrauan a sus defuntos con perros y el sacrificio, otro tanto. Primeramente yndios de los llanos llora diziendo: “Nanu, nanu, nanu.” Comen y ueuen hasta tornarse locos, atónitos y ayunan como los serranos. Y ci halla carne lo comen pero anda mucho pescado y camarón. Lo primero al defunto le destripan y le quitan toda la carne y las tripas y carne lo meten en una olla nueua y los güesos amortaxa con una manta de algodón y lo cose. Y ciñi con sogas de cabuya que llaman toclla [lazo], muy alinado. Luego le pinta con colores de encima al defunto y la carne y el defunto lo mete en su bóbeda y le haze asentar con sus padres y madres y parientes cin allegar a otro ayllo [parcialidad] y an[c]í se entier[r]an los Yungas. Lo que uzauan en tie[n]po de los Yngas y en este tienpo lo está uzando los yndios en este rreyno. Después de auer enterrado sus defuntos las biudas y parientas y ermanos, en los cinco días se uan a lauar al tincoc yaco [confluencia de aguas]. Se laua ellas y todo su rropa. Y después proeua para sauer ci an de morir presto adonde se lauan. Tienen en todos los pueblos sus hermitas antiguas, una bóbeda que tiene dos puertas que entra una puerta y sale por otra puerta. Y ci se tarda de salir, dizen que es mala señal y que a de murir muy presto. Y otros hazen unas asecyas rredonda; de arriua entra un cano de agua y de auajo se haze una secya sola. Y que de arriua suelta la agua la biuda y ci se junta ygualmente la agua, dizen ques buena señal y que no a de murir. Y se se tarda la agua por el otro cano y no se ajunta ygual, dizen que es mala señal, que a de murir presto. Y en esto de la prueuamiento dexan sus lutos o chunbis [faja de cintura] o uinchas [cinta] o las ojotas [sandalias] por señal, Y en algunos pueblos hazen las prueuas en las asecyas adonde se lauan y tuerzen unos hilos a los esquierdo de blanco y negro. Allí dexa la biuda el hilo como lazo puesta tirado a la otra parte de la agua y a la otra de manera que lo uean las personas. Con ello encanta y serimonia y pacarico: ueuen y baylan y toda la noche hazen ydúlatra. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] cacccuzrga5yflt0xaonczgniquwl20 1665688 1665669 2026-06-21T01:34:02Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665688 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 13: El capítulo de entierros |autor=Guamán Poma de Ayala }} ENTIERO DEL INGA Cómo fue enterrado el Ynga y le balzamaron cin menealle el cuerpo y le pucieron los ojos y el rrostro como ci estubiera bibo y le bestían rricas bestiduras. Y al defunto le llamaron yllapa [el rayo] que todos los demás defuntos les llamauan aya [difunto] y le enterrauan con mucha baxilla de oro y plata. Y a los pages y camareros y mugeres que él quería le matan y a la muger la más querida lo lleuaua por señora coya. Y para ahogar éstos primero les enborrachauan y dizen que le hacía abrir la boca y le soplauan con coca molido hecho polbo. Todos yuan balsamados y lo ponía sus lados y tenían un mes el cuerpo y en todo el rreyno hazen grandes lloros y llantos con canciones y múcicas, baylando y danzando, llorauan. Y, acauado el mes, enterrauan y lo lleuan a la bóbeda que llaman pucullo [construcción funeraria] con grande procición y solene, todo aquel mes hasta enterrallo. Ayunauan sal todo lo acostumbrado y ofresen oro o plata y ganados, rropa, comida en todo el rreyno. Otro tanto se hase con los señores prencipales capac apo y no a otro nenguno en todo el rreyno. Acauado de enterrar, el otro mes entran a la penitencia y ayunan todos los hijos lexítimos o uastardos y los prencipales todo el rreyno. El terzero mes entran a sacrificar al tenplo de Curi Cancha a la casa del sol a sus oraciones los lexítimos. Ci es un hijo o dos o tres o cuatro hijos del dicho Ynga Capac [Inka poderoso] para que sea elexido por el sol para uer a quien le elige y le llama el sol al menor o al mayor. Ci le llama al menor aquél alsa la borla; es señor y rrey Capac Ynga. Y los otros que queda quedan por auquicona, prínzipe, y subrinos y nietos son príncipes. Obedese al elexido sus ermanos y los demás señores del rreyno. ENTIERO DE LOS CHINCHAI SVIOS Cómo fue enterrado los yndios Chinchay Suyos del tienpo del Ynga: En muriendo hasta cinco días no le enterrauan. Esa noche uelauan y ayunauan la sal y otros rregalos. Luego matauan un carnero y los comían crudos o cocidos pero no auían de tener sal ni agí. Y ueuían sangre cruda o que hazían llapisca [estrujado] con papas, sangre cruda. Y al defunto le dan de comer y de ueuer, mucho más al Ynga y a los señores capac apo. Allí es la grande comida de sangre cruda y carne cruda. Por comer aquello uan todos a llorar y cantando sus canciones y bayles y múcicas, lloran y dan bozes y gritos y llantos. Al que llora más, a ésa les enborracha y ueue más y toma más rración de carne y de comidas. Y a la maystra del cantar y tener buena bos de llorar, ésa le caue una pierna de carnero, Todo son borracheras. Y al defunto dizen que le lauan el cuerpo y le bisten todo sus bestidos y plumas y juyas de plata o de oro y le ponen en unas andas y uan a la procición, Como dicho es, cantan y uan saltando y llorando cada ayllo y parcialidad como su custumbre, En los cinco días le lleuan a enterrar con la procicíón y ací dize pichicanmi [“Es su quinto día.”]. Y en los dies días, otro tanto, dizc chuncanmi [“Es su décimo día.”]. Y la biuda todo cubirto de luto no se le parese su cara y le tresquila. Y en los says meses, otro tanto. Y en el año, otro tanto. Y la buena biuda haze durar esta fiesta dos años. Y en cada fiesta del defunto mucho sermón de los yndios ancianos y curacas, camachicocconas [autoridades locales y menores]. Allí les ajunta a todos sus parientes sercanos. Con grandes castigos les amenasa y le manda que sea trauajador y umilde a la justicia y al Ynga y a los prencipales. ENTIERO DE LOS ANDI SVIOS Cómo fue enterrado los yndios Ande Suyos: Dizen que lloran un día y hazen gran fiesta. Entre fiesta ajuntan con el llorar y cantar en sus cantares. Y no haze serimonias como los yndios de la cierra ni los yungas [zona cálida], como son yndios de la montaña que come carne humana. Y ací apenas dexa el defunto que luego comiensan a comello que no le dexa carne, cino todo güeso. Luego que acaua de suspirar le bista unos bistidos de plumages que ellos les hazen y quitan la plumería y le desnudan y le lauan y comiensa a hazer carnesería e[n] ellos. Toman el güeso y lo lleuan los yndios y no llora las mugeres ni los hombres y lo mete en un árbol que llama uitica [?], adonde los guzanos lo tenía hecho agugero. Allí lo meten y lo tapean muy bien y dallí nunca más lo uen en toda su uida ni se acuerda de ello ni saue ninguna serimonia como los yndios de la cierra, que al defunto hasta metelle en la boca oro o plata y coca. Lo hazen y lo entierra con sus ojotas [sandalias] y bestidos y comidas. Con todo ello entierra, hasta los topos [prendedor] de plata lo entierra; dizen que se la lleue. Hasta este día tienen el custumbre. En bolbiendo el ojo el padre lo echan y en ausencia del padre lo entierra como naupa pacha [la época antigua]. No se le oluida desto. ENTIERO Cómo fue enterrado de los yndios de Colla Suyos: Pribístenle y luego le lloran en el primer día. Y en los cinco les entier[r]an asentado con mucha bestidura y baxillas de oro y de plata y de barro. Ci es yndio pobre, le hazen lleuar mucha comida. Y al defunto le enbía otros yndios o yndias a otros defuntos a sus padres o a su madre o a los parientes y ermanos y amigos le enbía de comer o chicha o agua, oro, plata, baxillas y rropa o de otras cosas. Y con ello le entierran al defunto en los cinco días, como dicho es. En los dies días tornan a llorar y enbían otro tanto. Entonses los queman y dizen que, cuando la llama del fuego da sonido, dizen que lo rreciben los defuntos y que uan derecho a Caray Pampa los Chinchay Suyos y Ande Suyos y los Colla Suyos, Conde Suyos. Se uan los defuntos derecho a Puquina Pampa y a Corapona, que allí se ajuntan. Y dizen que allí tienen mucha fiesta y conuersación entre los defuntos y defuntas. Que pasado dallí uan a otra parte adonde pasan muy mucho trauajo, hambre, sed y frío, y en lo callente, mucho calor. Y ací le entierran con sus comidas y ueuidas y cienpre tienen cuydado de enbialles de comer y de ueuer. Y en los seys meses hazen otro tanto sus fiestas de los defuntos y en el año, otro tanto. Pero no lo sacan afuera el defunto como Chinchay Suyo a la procición al dicho defunto, cino que le dexan estar metido en su bóbeda, pucullo y le llam[an] el pueblo de los defuntos amayan marcapa hiuirinacan ucanpuni cuna huchasa camachisi [aymara: Del muerto en su pueblo los mortales en ese siempre algún pecado se realiza; o sea: Los que alimentan a los muertos, en ésos siempre se hace el pecado]. ENTIERO Cómo fue enterrado los yndios de Conde Suyos: Es como y de la manera que de como de los Colla Suyos. Y en el ayunar sal y hazer pacarico [pasarse la noche en celebración ritual] y comer carne cruda y ueuer sangre cruda es común del rreyno desde los Yngas hasta agora. Pero dizen que sacan las tripas y hazen bálsamo y le bisten muy rrica bistidura y luego le lloran. Con ello beuen mucha chicha y meten en la boca plata. Tanbién es común esto de meter plata o oro en la boca del defunto y más dizen que la sal corronpen. Dizen que ací la muerte corronpe y porque no mueran presto y ací lo ayunan la sal. Y luego para sepultalle edefican unas bóbedas como horno de piedra y los blanquean y los pintan de colores y llaman ayap llactan [pueblo de los muertos], amayan marcapa [aymara: del muerto su pueblo]. Y otros entierran en peñascos y en los serros los güesos questán en quebradas, güesos grandes. Son güesos de los primeros de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa. Entier[r]a en pucullos [construcción funeraria] desde el tienpo de Auca Runa. Quando se muere, luego mata un carnero para que le lleue el quipi [atado] y cocaui [vianda]. Y en los cinco días a de mater otro carnero y en los dies días, otro carnero y en los says meses, otro carnero y en el año, otro carnero. Y las fiestas susodichas es común en este rreyno y lo usan todauía. Todo lo dicho que lo e uisto a uista de ojos y los padres de las dotrinas lo conciente porque más precian ellos sus rrescates el salario y el pie del altar que otra cosa. Antes deziéndole y abizándole desto, luego manda que lo e[c]he al yndio ladino del pueblo. ENTIERO La manera del entierramiento de los Yungas, yndios de los llanos hasta Quito y Nobo Reyno: Es un entierramiento solo, muchic, alco mico, come-perro. Le entierra con perros como matalle carnero, acimismo el ualle de Xauxa, Uanca, alco mico, Quito, alco mico. Todos éstos les enterrauan a sus defuntos con perros y el sacrificio, otro tanto. Primeramente yndios de los llanos llora diziendo: “Nanu, nanu, nanu.” Comen y ueuen hasta tornarse locos, atónitos y ayunan como los serranos. Y ci halla carne lo comen pero anda mucho pescado y camarón. Lo primero al defunto le destripan y le quitan toda la carne y las tripas y carne lo meten en una olla nueua y los güesos amortaxa con una manta de algodón y lo cose. Y ciñi con sogas de cabuya que llaman toclla [lazo], muy alinado. Luego le pinta con colores de encima al defunto y la carne y el defunto lo mete en su bóbeda y le haze asentar con sus padres y madres y parientes cin allegar a otro ayllo [parcialidad] y an[c]í se entier[r]an los Yungas. Lo que uzauan en tie[n]po de los Yngas y en este tienpo lo está uzando los yndios en este rreyno. Después de auer enterrado sus defuntos las biudas y parientas y ermanos, en los cinco días se uan a lauar al tincoc yaco [confluencia de aguas]. Se laua ellas y todo su rropa. Y después proeua para sauer ci an de morir presto adonde se lauan. Tienen en todos los pueblos sus hermitas antiguas, una bóbeda que tiene dos puertas que entra una puerta y sale por otra puerta. Y ci se tarda de salir, dizen que es mala señal y que a de murir muy presto. Y otros hazen unas asecyas rredonda; de arriua entra un cano de agua y de auajo se haze una secya sola. Y que de arriua suelta la agua la biuda y ci se junta ygualmente la agua, dizen ques buena señal y que no a de murir. Y se se tarda la agua por el otro cano y no se ajunta ygual, dizen que es mala señal, que a de murir presto. Y en esto de la prueuamiento dexan sus lutos o chunbis [faja de cintura] o uinchas [cinta] o las ojotas [sandalias] por señal, Y en algunos pueblos hazen las prueuas en las asecyas adonde se lauan y tuerzen unos hilos a los esquierdo de blanco y negro. Allí dexa la biuda el hilo como lazo puesta tirado a la otra parte de la agua y a la otra de manera que lo uean las personas. Con ello encanta y serimonia y pacarico: ueuen y baylan y toda la noche hazen ydúlatra. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 7jqw3jjp9k1w78vxsx1gd2i66e8mb1h Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la justicia del Ynga 0 74274 1665639 1199091 2026-06-21T01:21:42Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de la justicia del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la justicia del Ynga]]: Robot: página trasladada 1199091 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 15: El capítulo de la justicia del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} IVSTICIA y castigos y preciones y cárzeles de los Yngas y demás señores prencipales y consejo rreal deste rreyno para el castigo de los malos. Primer cárzel de los traydores yscay sonco auca llamado sancay [cárcel perpetua], cárzel de las ciudades y uillas y pueblos se llamaua pinas [cautivo], uatay uaci [cárcel], prímer castigo de justicia: PRIMER CASTIGO DESTE REINO: Castigos y preciones y cárzeles de los Yngas para la justicia que tenían en este rreyno para el castigo de los malos: Zancay, cárzeles de los traydores y de grandes delitos como de la ynquicición. Zancay deuajo de la tierra hecho bóbeda muy escura, dentro criado serpientes, colebras ponsoñosas, animales de leones y ticre, oso, sorra, perros, gatos de monte, buytre, águila, lichusas, zapo, lagartos, Destos animales tenía muy mucho para castigar a los uellacos y malhechores dilenqüentes auca [enemigo], yscay songo [traidor], suua [ladrón], uachoc [adúltero], hanpioc [brujo], ynca cipcicac [murmuradores del Inka], apuscachac [soberbio]. A estos dichos le metían hatun huchayoc [grandes delincuentes] para que la comiesen bibo y algunos no las comía por milagro de Dios y lo tenía dos días enserrado. Dizen que se sustentaua con tierra y se saluaua destos animales. Luego mandaua sacar el Ynga y le daua por libre cin culpa y ací lo perdonaua y lo bolbía la honrra. Y ancí dizen que [e]scapaua desta cárzel llamado zancay. Estos dichos cárzeles auía en las ciudades y no podía auer en otra parte, porque no se podía sostentarse, cino que sólo el Ynga lo podía sustentallo. Ni lo podía tener otros señores deste rreyno. Por lo primero, que sólo las grandes ciudades rrequería tenella y lo segundo, la magestad del Ynga era justicia mayor. Lo tersero, con este miedo no se alsaua la tierra, pues que abía señores desendientes de los rreys antigos que eran más que el Ynga. Con este miedo callauan. EL TERZERO CASTIGO: Castigo de adúlteras: Preguntaua ci se consentían los dos y para auello de castigar igualmente fue sentenciado a muerte, tirándole con piedras en el citio que le llaman uinpillay [en que daban trato de cuerda por un día]. Y ci le fuerza el hombre a la muger sentencia al hombre a la muerte; a la muger le sentencia ducientos asotes con soga de toclla [lazo] y destierro al depócito de las monjas acllaconas [las escogidas] para que cirua toda su uida en aquella casa. Ya no haze uida con su marido porque fue afrentada uachoc, adúltera. Y ci lo forsó la muger al hombre, le sentencia a la muger a muerte y al hombre a los asotes y destierro a la montaña a los yndios Chunchos para nunca más pareser. Y se se concienten los dos, mueren juntamente y no le an de enterrar que allí le an de comelle los buytris y soras y los güesos a de estar por los suelos tendido. Questa justicia y ley tenía en todo el rreyno puesta y los castigaua los corregidores tocricoc y los jueses michoc y jues de comiciones, Quiles Cachi cimi apac. Y ancí andaua la tierra muy justa con temoridad de justicia y castigos y buenos egenplos. Con esto parese que eran ubidente a la justicia y al Ynga y no auía matadores ni pleyto ni mentira ni peticiones ni proculadrones ni protetor ni curador enteresado ni ladrón, cino todo uerdad y buena justicia y ley. EL QVARTO CASTIGO: Castigo de donzellas y de donzeles, los castigos que hazía para que se guardasen el bien y onrra de la donzel y donzella deste rreyno y pulicía y buena justicia y gouierno: Y ancí los dichos forzadores de las mugeres donzellas o forzadores de las mugeres a los donzeles y ancí en aquel tienpo se castigaua ci se consentieron los dos, el hombre y la muger. Sentencian a muerte, colgado bibo de los cauellos de una peña llamado arauay [horca] o de Antaca Cacaca [sic] o de Yauar Caca. Allí penan hasta murir. Dizen que fue muy lástima que allí canta sus canciones araui y dize: Yaya condor apauay Tura guaman pusauay Mamallayman uillapuuay Nam pisca punchau Mana micosca, mana upyasca Yaya cacha puric, quilca apac, chasqui puric Cimillayta soncollayta apapullauay Yayallayman mamallayman uillapullauay [Padre cóndor, llévame, Hermano gavilán, guíame, Intercedan por mí ante mi madre. Ya estoy aquí por cinco días Sin comer, sin beber, Caminando como mensajero de mi padre, que lleva instrucciones, que corre como mensajero. Lleva, te ruego, mis palabras y mi corazón, Intercede por mí ante mi padre, ante mi madre.] Y mueren colgado. Ci le forsó el hombre, muere solo. Y se le forsó la muger, muere la muger solo. El acometedor y el que se dexó acometerse lleua castigo, asotes con chocclo copa, un asote de cabuya, en la punta hecho pelota, de dentro tiene piedra que le muele las entrañas. Con ella le da cinqüenta asotes y le saca media muerta al yndio o a la yndia. Cúranle y le sana dello. Y ésta nunca más se a de casar ni a de ser manseba en su uida, porque le matará por la ley que tienen y porque en su uida ya fue adúltera de la uirginidad, puta pública cin onrra y le desonrró a toda su casta, muera. QVINTO CASTIGO: Castigo de los que dan ueuedizos y ponsoñas, los que mata a los yndios: Que a éstos les llamauan hanpiyoc, collayoc, runa uatoc, ynca uatoc, pachata pantac, yma hayca hanpita, machacuayta, hanpatota, pizacata, runa uanochinata uacaychac caycunata, astaya, ayzay uanochi. Yauar pampapi tucuchon churinuan mitanuan [curanderos, herberos, adivinos del pueblo, adivinos del Inka, los que engañan al mundo, los que guardan toda suerte de medicinas, culebras, sapos, perdices y objetos que matan la gente, a éstos, maldita sean llévatelos, mátalos. Que se acaben en un campo de sangre con sus hijos y sus semejantes], Que estos yndios murían con este castigo todo su casta y ayllo y sus hijos y nietos. Escapaua los niños que fuesen de teta porque no sauía el oficio y ancí se escapaua de la muerte. A éstos no les enterrauan, que lo dexauan comer los condores y gallinasos y sorras en el canpo, Este oficio de matador de los adúlteros fueron Mayo ynga, Equeco ynga, que en aquel tienpo eran uerdugos. Y ancí en todo el rreyno estaua executado esta sentencia. El Ynga y su consejo que los corregidores, tocricoc, le sentenciaua y desto le abizan al Ynga de todo lo que pasa. Que el Ynga tenía citios y lugares deste rreyno señalado para el castigo de los malos en peñasgos y serros y rríos y lagunas y cárzeles y preciones llamados Uatay Uaei, Zancay y Pinas Runa Uanochinan, Yauar Caca, Anta Caca, Arauay, Uinpillay, Ancas Cocha, Muyoc Hatun Yaco. Castigo de los pontífises: Por sus mentiras o falsos o leuantamientos le castigaua grauemente, cin apelación. Le sentenciaua hecho quarto; le daua a comer a los animales, leones y serpientes de sancay [cárcel]. Este dicho castigo hacía para que fuese fiel y cristiano exenplo en su ley, que tubiesen hordenansa. QVINTO CASTIGO DEL INGA I SV IVSTICIA Los tubiesen los dichos prínsepes y señores grandes y pontífises y saserdotes. Y para que aumentase su ley de sus dioses que los saserdotes, que no fuesen tan señor apsoluto, que temiesen a sus dioses y leys y justicia del Ynga y de los principales destos rreynos. Castigo de uírgenes de los tenplos y dioses: Y luego le sentenciaua que fuese colgado bibo de los cauellos en las peñas llamados arauay [horca], aunque le uean hablar y conuersar o enbiar otro que le hablen por ellos, con color de pecar con los hombres. Uista luego les daua esta sentencia para exenplo de las demás uírgenes y monjas, aclla de sus dioses, porque no fuesen quebrantado su ley y boto de la uirginidad. Aún el dicho Ynga y los pontífises no le osaron a hablalle y ancí abía muchas uírgenes acllaconas. Si a éstas les entrasen la ley de Dios, fueran sanctas de ellas. Castigo de los señores grandes y prencipales deste rreyno, como dicho es, y de los auquiconas yngas rreueldes, acimismo de los capac apoconas: El castigo fue la cárzel de sancay y se les parese enformación, les dan bibo para que coma los yndios Chunchos y se [e]xe[c]uta ésta. Castigo de las señoras principalas y de coya [reina] y de nustas [princesa], pallaconas [mujeres nobles, galanas]: Les manda atormentar con toclla [lazo], uasca [soga] y ci le hallan culpada le dan a comer a los yndios Anti que lo coma biba; esta sentencia se executa. Castigo de las mugeres pobres: Ci les hal[l]an culpadas, les echa en un rrío que uiene cricida, uatanay mayo [lit. el río que ata]. Allí se muere; esta sentencia se executa. Castigo de los uirreys capac apo, oydores, alcaldes de corte, corregidores, alguaziles, fiscales y otros jueses: Que los fiscales fueron Quilles Cachis, Yquecos. Éstos lleuauan mentira al Ynga; fueron cimi apac, fiscauan a los malos en este rreyno. Le tenía preso en la cárzel de pinas y ci les hallaua culpado, dallí les sentenciaua a muerte y castigo, exenplo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] oh17thp03kbfcxjdbxeredsjf0hyjtj 1665666 1665639 2026-06-21T01:24:09Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665666 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 15: El capítulo de la justicia del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} IVSTICIA y castigos y preciones y cárzeles de los Yngas y demás señores prencipales y consejo rreal deste rreyno para el castigo de los malos. Primer cárzel de los traydores yscay sonco auca llamado sancay [cárcel perpetua], cárzel de las ciudades y uillas y pueblos se llamaua pinas [cautivo], uatay uaci [cárcel], prímer castigo de justicia: PRIMER CASTIGO DESTE REINO: Castigos y preciones y cárzeles de los Yngas para la justicia que tenían en este rreyno para el castigo de los malos: Zancay, cárzeles de los traydores y de grandes delitos como de la ynquicición. Zancay deuajo de la tierra hecho bóbeda muy escura, dentro criado serpientes, colebras ponsoñosas, animales de leones y ticre, oso, sorra, perros, gatos de monte, buytre, águila, lichusas, zapo, lagartos, Destos animales tenía muy mucho para castigar a los uellacos y malhechores dilenqüentes auca [enemigo], yscay songo [traidor], suua [ladrón], uachoc [adúltero], hanpioc [brujo], ynca cipcicac [murmuradores del Inka], apuscachac [soberbio]. A estos dichos le metían hatun huchayoc [grandes delincuentes] para que la comiesen bibo y algunos no las comía por milagro de Dios y lo tenía dos días enserrado. Dizen que se sustentaua con tierra y se saluaua destos animales. Luego mandaua sacar el Ynga y le daua por libre cin culpa y ací lo perdonaua y lo bolbía la honrra. Y ancí dizen que [e]scapaua desta cárzel llamado zancay. Estos dichos cárzeles auía en las ciudades y no podía auer en otra parte, porque no se podía sostentarse, cino que sólo el Ynga lo podía sustentallo. Ni lo podía tener otros señores deste rreyno. Por lo primero, que sólo las grandes ciudades rrequería tenella y lo segundo, la magestad del Ynga era justicia mayor. Lo tersero, con este miedo no se alsaua la tierra, pues que abía señores desendientes de los rreys antigos que eran más que el Ynga. Con este miedo callauan. EL TERZERO CASTIGO: Castigo de adúlteras: Preguntaua ci se consentían los dos y para auello de castigar igualmente fue sentenciado a muerte, tirándole con piedras en el citio que le llaman uinpillay [en que daban trato de cuerda por un día]. Y ci le fuerza el hombre a la muger sentencia al hombre a la muerte; a la muger le sentencia ducientos asotes con soga de toclla [lazo] y destierro al depócito de las monjas acllaconas [las escogidas] para que cirua toda su uida en aquella casa. Ya no haze uida con su marido porque fue afrentada uachoc, adúltera. Y ci lo forsó la muger al hombre, le sentencia a la muger a muerte y al hombre a los asotes y destierro a la montaña a los yndios Chunchos para nunca más pareser. Y se se concienten los dos, mueren juntamente y no le an de enterrar que allí le an de comelle los buytris y soras y los güesos a de estar por los suelos tendido. Questa justicia y ley tenía en todo el rreyno puesta y los castigaua los corregidores tocricoc y los jueses michoc y jues de comiciones, Quiles Cachi cimi apac. Y ancí andaua la tierra muy justa con temoridad de justicia y castigos y buenos egenplos. Con esto parese que eran ubidente a la justicia y al Ynga y no auía matadores ni pleyto ni mentira ni peticiones ni proculadrones ni protetor ni curador enteresado ni ladrón, cino todo uerdad y buena justicia y ley. EL QVARTO CASTIGO: Castigo de donzellas y de donzeles, los castigos que hazía para que se guardasen el bien y onrra de la donzel y donzella deste rreyno y pulicía y buena justicia y gouierno: Y ancí los dichos forzadores de las mugeres donzellas o forzadores de las mugeres a los donzeles y ancí en aquel tienpo se castigaua ci se consentieron los dos, el hombre y la muger. Sentencian a muerte, colgado bibo de los cauellos de una peña llamado arauay [horca] o de Antaca Cacaca [sic] o de Yauar Caca. Allí penan hasta murir. Dizen que fue muy lástima que allí canta sus canciones araui y dize: Yaya condor apauay Tura guaman pusauay Mamallayman uillapuuay Nam pisca punchau Mana micosca, mana upyasca Yaya cacha puric, quilca apac, chasqui puric Cimillayta soncollayta apapullauay Yayallayman mamallayman uillapullauay [Padre cóndor, llévame, Hermano gavilán, guíame, Intercedan por mí ante mi madre. Ya estoy aquí por cinco días Sin comer, sin beber, Caminando como mensajero de mi padre, que lleva instrucciones, que corre como mensajero. Lleva, te ruego, mis palabras y mi corazón, Intercede por mí ante mi padre, ante mi madre.] Y mueren colgado. Ci le forsó el hombre, muere solo. Y se le forsó la muger, muere la muger solo. El acometedor y el que se dexó acometerse lleua castigo, asotes con chocclo copa, un asote de cabuya, en la punta hecho pelota, de dentro tiene piedra que le muele las entrañas. Con ella le da cinqüenta asotes y le saca media muerta al yndio o a la yndia. Cúranle y le sana dello. Y ésta nunca más se a de casar ni a de ser manseba en su uida, porque le matará por la ley que tienen y porque en su uida ya fue adúltera de la uirginidad, puta pública cin onrra y le desonrró a toda su casta, muera. QVINTO CASTIGO: Castigo de los que dan ueuedizos y ponsoñas, los que mata a los yndios: Que a éstos les llamauan hanpiyoc, collayoc, runa uatoc, ynca uatoc, pachata pantac, yma hayca hanpita, machacuayta, hanpatota, pizacata, runa uanochinata uacaychac caycunata, astaya, ayzay uanochi. Yauar pampapi tucuchon churinuan mitanuan [curanderos, herberos, adivinos del pueblo, adivinos del Inka, los que engañan al mundo, los que guardan toda suerte de medicinas, culebras, sapos, perdices y objetos que matan la gente, a éstos, maldita sean llévatelos, mátalos. Que se acaben en un campo de sangre con sus hijos y sus semejantes], Que estos yndios murían con este castigo todo su casta y ayllo y sus hijos y nietos. Escapaua los niños que fuesen de teta porque no sauía el oficio y ancí se escapaua de la muerte. A éstos no les enterrauan, que lo dexauan comer los condores y gallinasos y sorras en el canpo, Este oficio de matador de los adúlteros fueron Mayo ynga, Equeco ynga, que en aquel tienpo eran uerdugos. Y ancí en todo el rreyno estaua executado esta sentencia. El Ynga y su consejo que los corregidores, tocricoc, le sentenciaua y desto le abizan al Ynga de todo lo que pasa. Que el Ynga tenía citios y lugares deste rreyno señalado para el castigo de los malos en peñasgos y serros y rríos y lagunas y cárzeles y preciones llamados Uatay Uaei, Zancay y Pinas Runa Uanochinan, Yauar Caca, Anta Caca, Arauay, Uinpillay, Ancas Cocha, Muyoc Hatun Yaco. Castigo de los pontífises: Por sus mentiras o falsos o leuantamientos le castigaua grauemente, cin apelación. Le sentenciaua hecho quarto; le daua a comer a los animales, leones y serpientes de sancay [cárcel]. Este dicho castigo hacía para que fuese fiel y cristiano exenplo en su ley, que tubiesen hordenansa. QVINTO CASTIGO DEL INGA I SV IVSTICIA Los tubiesen los dichos prínsepes y señores grandes y pontífises y saserdotes. Y para que aumentase su ley de sus dioses que los saserdotes, que no fuesen tan señor apsoluto, que temiesen a sus dioses y leys y justicia del Ynga y de los principales destos rreynos. Castigo de uírgenes de los tenplos y dioses: Y luego le sentenciaua que fuese colgado bibo de los cauellos en las peñas llamados arauay [horca], aunque le uean hablar y conuersar o enbiar otro que le hablen por ellos, con color de pecar con los hombres. Uista luego les daua esta sentencia para exenplo de las demás uírgenes y monjas, aclla de sus dioses, porque no fuesen quebrantado su ley y boto de la uirginidad. Aún el dicho Ynga y los pontífises no le osaron a hablalle y ancí abía muchas uírgenes acllaconas. Si a éstas les entrasen la ley de Dios, fueran sanctas de ellas. Castigo de los señores grandes y prencipales deste rreyno, como dicho es, y de los auquiconas yngas rreueldes, acimismo de los capac apoconas: El castigo fue la cárzel de sancay y se les parese enformación, les dan bibo para que coma los yndios Chunchos y se [e]xe[c]uta ésta. Castigo de las señoras principalas y de coya [reina] y de nustas [princesa], pallaconas [mujeres nobles, galanas]: Les manda atormentar con toclla [lazo], uasca [soga] y ci le hallan culpada le dan a comer a los yndios Anti que lo coma biba; esta sentencia se executa. Castigo de las mugeres pobres: Ci les hal[l]an culpadas, les echa en un rrío que uiene cricida, uatanay mayo [lit. el río que ata]. Allí se muere; esta sentencia se executa. Castigo de los uirreys capac apo, oydores, alcaldes de corte, corregidores, alguaziles, fiscales y otros jueses: Que los fiscales fueron Quilles Cachis, Yquecos. Éstos lleuauan mentira al Ynga; fueron cimi apac, fiscauan a los malos en este rreyno. Le tenía preso en la cárzel de pinas y ci les hallaua culpado, dallí les sentenciaua a muerte y castigo, exenplo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 05643puxch9yenstsk983wps35ye3ih 1665690 1665666 2026-06-21T01:34:04Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665690 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 15: El capítulo de la justicia del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala }} IVSTICIA y castigos y preciones y cárzeles de los Yngas y demás señores prencipales y consejo rreal deste rreyno para el castigo de los malos. Primer cárzel de los traydores yscay sonco auca llamado sancay [cárcel perpetua], cárzel de las ciudades y uillas y pueblos se llamaua pinas [cautivo], uatay uaci [cárcel], prímer castigo de justicia: PRIMER CASTIGO DESTE REINO: Castigos y preciones y cárzeles de los Yngas para la justicia que tenían en este rreyno para el castigo de los malos: Zancay, cárzeles de los traydores y de grandes delitos como de la ynquicición. Zancay deuajo de la tierra hecho bóbeda muy escura, dentro criado serpientes, colebras ponsoñosas, animales de leones y ticre, oso, sorra, perros, gatos de monte, buytre, águila, lichusas, zapo, lagartos, Destos animales tenía muy mucho para castigar a los uellacos y malhechores dilenqüentes auca [enemigo], yscay songo [traidor], suua [ladrón], uachoc [adúltero], hanpioc [brujo], ynca cipcicac [murmuradores del Inka], apuscachac [soberbio]. A estos dichos le metían hatun huchayoc [grandes delincuentes] para que la comiesen bibo y algunos no las comía por milagro de Dios y lo tenía dos días enserrado. Dizen que se sustentaua con tierra y se saluaua destos animales. Luego mandaua sacar el Ynga y le daua por libre cin culpa y ací lo perdonaua y lo bolbía la honrra. Y ancí dizen que [e]scapaua desta cárzel llamado zancay. Estos dichos cárzeles auía en las ciudades y no podía auer en otra parte, porque no se podía sostentarse, cino que sólo el Ynga lo podía sustentallo. Ni lo podía tener otros señores deste rreyno. Por lo primero, que sólo las grandes ciudades rrequería tenella y lo segundo, la magestad del Ynga era justicia mayor. Lo tersero, con este miedo no se alsaua la tierra, pues que abía señores desendientes de los rreys antigos que eran más que el Ynga. Con este miedo callauan. EL TERZERO CASTIGO: Castigo de adúlteras: Preguntaua ci se consentían los dos y para auello de castigar igualmente fue sentenciado a muerte, tirándole con piedras en el citio que le llaman uinpillay [en que daban trato de cuerda por un día]. Y ci le fuerza el hombre a la muger sentencia al hombre a la muerte; a la muger le sentencia ducientos asotes con soga de toclla [lazo] y destierro al depócito de las monjas acllaconas [las escogidas] para que cirua toda su uida en aquella casa. Ya no haze uida con su marido porque fue afrentada uachoc, adúltera. Y ci lo forsó la muger al hombre, le sentencia a la muger a muerte y al hombre a los asotes y destierro a la montaña a los yndios Chunchos para nunca más pareser. Y se se concienten los dos, mueren juntamente y no le an de enterrar que allí le an de comelle los buytris y soras y los güesos a de estar por los suelos tendido. Questa justicia y ley tenía en todo el rreyno puesta y los castigaua los corregidores tocricoc y los jueses michoc y jues de comiciones, Quiles Cachi cimi apac. Y ancí andaua la tierra muy justa con temoridad de justicia y castigos y buenos egenplos. Con esto parese que eran ubidente a la justicia y al Ynga y no auía matadores ni pleyto ni mentira ni peticiones ni proculadrones ni protetor ni curador enteresado ni ladrón, cino todo uerdad y buena justicia y ley. EL QVARTO CASTIGO: Castigo de donzellas y de donzeles, los castigos que hazía para que se guardasen el bien y onrra de la donzel y donzella deste rreyno y pulicía y buena justicia y gouierno: Y ancí los dichos forzadores de las mugeres donzellas o forzadores de las mugeres a los donzeles y ancí en aquel tienpo se castigaua ci se consentieron los dos, el hombre y la muger. Sentencian a muerte, colgado bibo de los cauellos de una peña llamado arauay [horca] o de Antaca Cacaca [sic] o de Yauar Caca. Allí penan hasta murir. Dizen que fue muy lástima que allí canta sus canciones araui y dize: Yaya condor apauay Tura guaman pusauay Mamallayman uillapuuay Nam pisca punchau Mana micosca, mana upyasca Yaya cacha puric, quilca apac, chasqui puric Cimillayta soncollayta apapullauay Yayallayman mamallayman uillapullauay [Padre cóndor, llévame, Hermano gavilán, guíame, Intercedan por mí ante mi madre. Ya estoy aquí por cinco días Sin comer, sin beber, Caminando como mensajero de mi padre, que lleva instrucciones, que corre como mensajero. Lleva, te ruego, mis palabras y mi corazón, Intercede por mí ante mi padre, ante mi madre.] Y mueren colgado. Ci le forsó el hombre, muere solo. Y se le forsó la muger, muere la muger solo. El acometedor y el que se dexó acometerse lleua castigo, asotes con chocclo copa, un asote de cabuya, en la punta hecho pelota, de dentro tiene piedra que le muele las entrañas. Con ella le da cinqüenta asotes y le saca media muerta al yndio o a la yndia. Cúranle y le sana dello. Y ésta nunca más se a de casar ni a de ser manseba en su uida, porque le matará por la ley que tienen y porque en su uida ya fue adúltera de la uirginidad, puta pública cin onrra y le desonrró a toda su casta, muera. QVINTO CASTIGO: Castigo de los que dan ueuedizos y ponsoñas, los que mata a los yndios: Que a éstos les llamauan hanpiyoc, collayoc, runa uatoc, ynca uatoc, pachata pantac, yma hayca hanpita, machacuayta, hanpatota, pizacata, runa uanochinata uacaychac caycunata, astaya, ayzay uanochi. Yauar pampapi tucuchon churinuan mitanuan [curanderos, herberos, adivinos del pueblo, adivinos del Inka, los que engañan al mundo, los que guardan toda suerte de medicinas, culebras, sapos, perdices y objetos que matan la gente, a éstos, maldita sean llévatelos, mátalos. Que se acaben en un campo de sangre con sus hijos y sus semejantes], Que estos yndios murían con este castigo todo su casta y ayllo y sus hijos y nietos. Escapaua los niños que fuesen de teta porque no sauía el oficio y ancí se escapaua de la muerte. A éstos no les enterrauan, que lo dexauan comer los condores y gallinasos y sorras en el canpo, Este oficio de matador de los adúlteros fueron Mayo ynga, Equeco ynga, que en aquel tienpo eran uerdugos. Y ancí en todo el rreyno estaua executado esta sentencia. El Ynga y su consejo que los corregidores, tocricoc, le sentenciaua y desto le abizan al Ynga de todo lo que pasa. Que el Ynga tenía citios y lugares deste rreyno señalado para el castigo de los malos en peñasgos y serros y rríos y lagunas y cárzeles y preciones llamados Uatay Uaei, Zancay y Pinas Runa Uanochinan, Yauar Caca, Anta Caca, Arauay, Uinpillay, Ancas Cocha, Muyoc Hatun Yaco. Castigo de los pontífises: Por sus mentiras o falsos o leuantamientos le castigaua grauemente, cin apelación. Le sentenciaua hecho quarto; le daua a comer a los animales, leones y serpientes de sancay [cárcel]. Este dicho castigo hacía para que fuese fiel y cristiano exenplo en su ley, que tubiesen hordenansa. QVINTO CASTIGO DEL INGA I SV IVSTICIA Los tubiesen los dichos prínsepes y señores grandes y pontífises y saserdotes. Y para que aumentase su ley de sus dioses que los saserdotes, que no fuesen tan señor apsoluto, que temiesen a sus dioses y leys y justicia del Ynga y de los principales destos rreynos. Castigo de uírgenes de los tenplos y dioses: Y luego le sentenciaua que fuese colgado bibo de los cauellos en las peñas llamados arauay [horca], aunque le uean hablar y conuersar o enbiar otro que le hablen por ellos, con color de pecar con los hombres. Uista luego les daua esta sentencia para exenplo de las demás uírgenes y monjas, aclla de sus dioses, porque no fuesen quebrantado su ley y boto de la uirginidad. Aún el dicho Ynga y los pontífises no le osaron a hablalle y ancí abía muchas uírgenes acllaconas. Si a éstas les entrasen la ley de Dios, fueran sanctas de ellas. Castigo de los señores grandes y prencipales deste rreyno, como dicho es, y de los auquiconas yngas rreueldes, acimismo de los capac apoconas: El castigo fue la cárzel de sancay y se les parese enformación, les dan bibo para que coma los yndios Chunchos y se [e]xe[c]uta ésta. Castigo de las señoras principalas y de coya [reina] y de nustas [princesa], pallaconas [mujeres nobles, galanas]: Les manda atormentar con toclla [lazo], uasca [soga] y ci le hallan culpada le dan a comer a los yndios Anti que lo coma biba; esta sentencia se executa. Castigo de las mugeres pobres: Ci les hal[l]an culpadas, les echa en un rrío que uiene cricida, uatanay mayo [lit. el río que ata]. Allí se muere; esta sentencia se executa. Castigo de los uirreys capac apo, oydores, alcaldes de corte, corregidores, alguaziles, fiscales y otros jueses: Que los fiscales fueron Quilles Cachis, Yquecos. Éstos lleuauan mentira al Ynga; fueron cimi apac, fiscauan a los malos en este rreyno. Le tenía preso en la cárzel de pinas y ci les hallaua culpado, dallí les sentenciaua a muerte y castigo, exenplo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] n2szvqkayz88ucxo28gjdox28usfg3o Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las fiestas 0 74275 1665641 1199092 2026-06-21T01:21:43Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las fiestas]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las fiestas]]: Robot: página trasladada 1199092 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 16: El capítulo de las fiestas |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} CAPÍTVLO PRIMERO DE LAS FIESTAS, PASQVAS y dansas taquies de los Yngas y de capac apoconas [señores poderosos] y prencipales y de los yndios comunes destos rreynos, de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos. Los quales dansas y arauis [canción] no tiene cosa de hechisería ni ydúlatras ni encantamiento, cino todo huelgo y fiesta, rregocixo. Ci no ubiese borrachera, sería cosa linda. Es que llama taqui [danza ceremonial], cachiua [canción y danza en corro] , haylli [cantos de triunfo] , araui de las mosas, pingollo [flauta] de los mosos y fiesta de los pastores llama miches [pastor de llamas], llamaya [cantar de los pastores de llama] y de los labradores pachaca, harauayo [cántico], y de los Collas, quirquina, collina, aymarana [canciones y danzas aymaras], de las mosas, guanca, de los mosos quena quena [canciones y danzas aymaras]. En estos huelgos que tienen cada ayllo y parcialidad deste rreyno no ay que dezille nada ni se entremeta ningún jues a enquietalle a los pobres sus trauajos y fiesticillas y pobresa que hazen cantar y baylar, comer entre ellos. MVCICAS Canciones y múcicas del Ynga y de los demás señores deste rreyno y de los yndios llamado haraui [canción de amor] y uanca [canción] , pingollo [flauta], quena quena [danza aymara] en la lengua general quichiua, aymara. Dize ací: Haray haraui Acoyraquicho Coya raquiriuanchic? Tiyoyraquicho Nusta raquiriuanchic? Cicllallay chinchircoma captiquicho? Umallaypi sonco rurollaypi Apaycachayquiman Unoy rirpo, llullam canqui Yacuy rirpo pallcom canqui Maytac? Zallayuan caynayconicho? Chay pallco mamayquim Uanoypac raquicninchicca Chay auca yayayquim Uacchacninchicca Ychapas, Coya, Capac Apo dios niptinca Uaquitac tincuson Diostac tinquiuason!Chay asic nauiquita yuyarispa Utinipuni Chay pucllac nauiquita yuyarispa Oncoyman chayani Chicalla, Ynca, chicalla cino!Uacay niclla Uaytas suncoyoccho tianqui? Yacuytam yacta uacaspa Cantur patapi zapi uaycopi Suyayque, cicllallay En la lengua aymara, llamado uanca, dize ací: “Panipani chunaychuna humaca humaca moczatipi equecista. ¿Moczati umacitaman? Uca uecchiri taycaman uca haucha auquimin. Humaca pani asqui chuymamanca caualluch an mulach an cillatatan zazanacata naunochamca na alochamca. ¿Uaccha canqui suin cauracha? Zacanacaucinpi zaranacac. Huma cachuna tantacamaca equecista. Nacapani poquechanpi 3 hacascac. Huma cachuna persara chanca yquiscat. ¿Pascotacha yquista? Yucochapca hunpachi payatca 4 parachamca haticista yucuchapan chunaychuna chuymama pinacacinta. Chicachachuna achamitama hani cutirihama canquiscinca hani ucsa puti luritamti ucay uruspi hacharpayasman soncochay.” FIESTA Uaricza, araui [bailes] del Ynga, las fiestas, cantar y baylar: Uaricza que cantaron, puca llama [cantar de los carneros], al tono del carnero cantan. Dize ací: Con conpás muy poco a poco, media ora dize: “Y, y, y”, al tono del carnero. Comiensa el Ynga como el carnero; dize y está diziendo “yn”. Lleua ese tono y dallí comensando, ua disiendo sus coplas muy muchas. Responde las coyas [reina] y nustas [princesa]. Cantan a bos alta muy suuauemente. Y uaricsa y araui dize ací: “Araui araui aray araui araui yau araui.” Uan deciendo lo que quieren y todos al tono de araui. Responden las mugeres: “Uaricsa ayay uaricza chamay uaricza, ayay uaricza.” Todos uan deste tono y las mugeres rresponde[n]. Y el haylle [canto triunfal]: Ayau haylli yau haylli Uchuyoccho chacrayqui? Uchuy tunpalla samusac. Ticayoccho chacrayque? Ticay tunpalla samusac. A esto tono rresponde las mugeres. Dize el hombre: Chaymi, Coya. [Aquí está, Reina.] Responde la muger: Ahaylli. [Ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, Palla. [Aquí está, señora.] [Responde la muger:] Ahaylle, pata llanpi ahaylle. [Ahaylli, encima no más, ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, nusta. [Aquí está, princesa.] [Responde la muger:] Ahaylle. [Ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, Ciclla. [Aquí está, florcita.] [Responde la muger:] Ahaylle. [Ahaylli.] El araui y canción lastimosa que cantan las nustas [princesa] y los mosos tocan el pingollo [flauta]: Morcotollay morcoto Llulluchallay llullucha!Mana soncoyqui, queuiccho? Mana Uacahcunqui.Cicllallay caspa Coyallay caspa Nustallay caspa.Unoy uiquellam apariuan Yacuy parallam pusariuan Chay llicllayquita rycuycuspa Chay acsoyquita cauaycuspa Mana nam pachapas chiciancho Tuta ricchariptipas Mananatacmi pacha pacarincho.Camca, Coya, cam[c]a, señora.Mananchi yuyariuanquicho? Cay sancaypi Poma atoc micouaptin Cay pinaspi uichicasca quicasca tiapti Palla! FIESTA La fiesta de los Chinchay Suyos: Se llama uauco; cantan las donzellas y mosas. Dize ací, taniendo su tanbor: Mana taruscha riccho Maquillayquip uaucuycaconqui Mana luycho amicho Cincallayquip uaucuycaconqui Uayayay turilla.Uayayay turilla. Responde el hombre soplando la cauesa del uenado y toca ací: Uauco uauco, uauco uauco Chicho chicho, chicho chicho. Y los uacones dize ací: Panoyay pano Panoyay pano. Responde el hombre: Yahahaha, yahaha Cuci patapi, acllay Uarmi ricoclla Haycay patapi Llanca pata ricoclla Yahaha, chaha. Los Yauyos dize “Yapupu yapo”; a este tono cantan. Y los labradores cantan, dize ací: “Hara uayo, hara uayo; hara uayo, hara uayo.” Al tono desto cantan las mugeres y hombres. Y los pastores llama miches [pastor de llamas] cantan, dize ací: “Llamayay, llama; ynya aylla llama.” Al tono desto cantan las mugeres y hombres: “Sauca taqui, cocha taqui, Ayauaya, ayaua, Ayauaya, ayauaya.” Al son desto cantan hatun taqui [baile o canto grande], dize: Ayauaya ayauta Haucay patapi, Cuci Patapi Capac Yncauan Camaycuscayqui, maymi?Capac Apo Uaman Chaua Poma Chaua Yaro y Uilca Camcho canqui Uira Cocha? Apa cochata Caxamarcapi Capac Apo rrey enperadorta Muchaycoclla Payuan uillanacoclla Uaman Poma Ayalalla Apo Chauap uilcallan Uayac Pomap mitallan. Desta manera procigue cada ayllo [parcialidad] hasta Quito, Nobo Reyno, desde el Cusco cada ayllo sus taquies [danza ceremonial] y sus arauis [canción] llaman caua y de los mosos cata uari, fiestas y múcicas. FIESTA La fiesta de los Ande Suyos desde el Cuzco hasta la montaña y la otra parte hacia la lamar [sic] del Norte es cierra. Cantan y dansan uarmi auca, anca uallo [danzas]. Son muy mucha gente ynfiel. Cantan y baylan los Antis y Chunchos, dici así: “Caya caya, cayaya caya, caya caya, cayaya caya, cayaya caya.” Al son desto cantan y dansan y hablan lo que quiere en su lengua. Y rresponde las mugeres a este son: “Cayaya caya, cayraya caya”, y uan tocando una flauta que llaman pipo. Y al son dello hazen fiesta; andan al rruedo acidos las manos unos con otros. Se huelgan y hasen fiesta y baylan uarmi auca, todos los hombres bestidos como muger con sus flechas. Dize ací el que tañe tanbor: “Uarmi auca chiuan uaylla uruchapa panas catana anti auca chiuan uaylla” [?]. Y otros cantan cada uno en su ayllo [parcialidad] su natural; desde Tanbo Pata tienen sus taquies [danzas ceremoniales] y hayllis [cantos de triunfo] y arauis [cantar de hechos de otros] de las mosas y de los mosos, pingollos [flauta]. Y los Antis y Chunchos son yndios desnudos y ací se llaman Anti runa micoc [los del Anti, comedores de hombres]. Estos yndios de la montaña y de la otra parte de la cierra, los yndios Anca Uallos tienen rropa como los yndios deste rreyno, pero son enfieles. Entre ellos tienen guerra y no puede pasar por acá, cino que se [e]stán allá. Y los Andis tanbién son ynfieles. FIESTA La fiesta de los Colla Suyos desde el Cuzco cantan y dansan. Dize el curaca prencipal: “Quirquiscatan mallco [Cantamos y bailamos, rey] uirquim capacomi [?]” desde Cauina, Quispi Llacta, Poma Canchi, Cana, Pacaxi, Charca, Choquiuito, Chuquiyapo y todo Hatun Colla, Uro Colla. Comiensa, tocan el tanbor y canta las señoras y donzellas. Dize ací: Hauisca mallco capaca colta hauisca hila colla sana capaca sana yncapachat tiapachat mallco sana capaca colla sana hila uiri mallco uiri quirquiscatan mallco aca marcasan pachasan tiusa hunpachitan nuestra señora taycasan hunpachiucin hauisca malco pacha cutipan han illaquimti aca marcasan ychauro quirquiscatan collaypampa sanchalli. Desta manera procigue todo el cantar y fiesta de todo Colla cada uno su natural cantar, cada ayllo [parcialidad] hasta los yndios de Chiriuana, Tucumán y Parauay. Cada uno tiene sus bocablos y en ellas cantan y dansan y baylan que las mosas, donzellas dizen sus arauis que ellos les llama uanca y de los mosos quena quena. Desta manera dizen sus dansas y fiestas cada prencipal y cada yndio pobre en toda las prouincias del Collau en sus fiestas grandes o chicas hasta Potocí. FIESTA La fiesta de los Conde Suyos desde [e]l Cusco, Yana Uaras, Poma Tanbos, Cuzco Conde, Qullaua Conde, Ariquipa. Haze fiesta y dansan los saynatas y otros cantares y múcicas. Dize ací: “Aya milla saynata saynata.” Responde el hombre: “A, a, o, a, a, o.” Dize la muger: “Cayquiro pimanata saynata conarupi manata saynata, a, a, o, a, a, o, minarotipi manata saynata tocllo cocharotipimanata saynata.” Responde el hombre: “Ocaropimanha acaropimanha, halla, halla, ana, ana.” Acabado esto se le da una rrisa al hombre y ancí uan cantando y cada ayllo [parcialidad] tienen sus cantares y fiestas señalado y haylles [canto triunfal] , y las mosas sus uancas y los mosos, quena quena, en todo Conde Suyo. De manera los quatro partes tienen sus bocablos y taquies [danza ceremonial] y los Quichiuas, Aymarays y Collas, Soras y algunos Condes tienen un bocablo, y ací los Collas dize ací: “Malco Castilla Pari quirquicitan chunanaca uamillanaca quirquim moczamocza quirquicina. Aca fiesta Diosa pachapan quirquis cunapi hacaucincama. Niatipi quirquici, hiuirinacahamcacamca cochocim.” El haylli aymarana [canción en aymara] dize ací: “Moyoristi tomani mama tumiriste aruini mama.” Todos cantan a este tono; luego dize el hombre: “Chuna”; rresponde la muger: “Oy, uayta, oy, canto, oy.” Y los Parinacochas, Aymarays, Quichiua, Anta Ynga, Mayo, Changas, Angarays, Soras, Lucanas, Andamarcas, Tanquiuas, Chocorbos, Xauxa, Yauyo, Chinchay Cocha, Tarma, Chaclla, Atapillo, Guanoco, Uayllas, [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 470b1hjei2b3ajovq24gq57vadonkhy 1665670 1665641 2026-06-21T01:24:16Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665670 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 16: El capítulo de las fiestas |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} CAPÍTVLO PRIMERO DE LAS FIESTAS, PASQVAS y dansas taquies de los Yngas y de capac apoconas [señores poderosos] y prencipales y de los yndios comunes destos rreynos, de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos. Los quales dansas y arauis [canción] no tiene cosa de hechisería ni ydúlatras ni encantamiento, cino todo huelgo y fiesta, rregocixo. Ci no ubiese borrachera, sería cosa linda. Es que llama taqui [danza ceremonial], cachiua [canción y danza en corro] , haylli [cantos de triunfo] , araui de las mosas, pingollo [flauta] de los mosos y fiesta de los pastores llama miches [pastor de llamas], llamaya [cantar de los pastores de llama] y de los labradores pachaca, harauayo [cántico], y de los Collas, quirquina, collina, aymarana [canciones y danzas aymaras], de las mosas, guanca, de los mosos quena quena [canciones y danzas aymaras]. En estos huelgos que tienen cada ayllo y parcialidad deste rreyno no ay que dezille nada ni se entremeta ningún jues a enquietalle a los pobres sus trauajos y fiesticillas y pobresa que hazen cantar y baylar, comer entre ellos. MVCICAS Canciones y múcicas del Ynga y de los demás señores deste rreyno y de los yndios llamado haraui [canción de amor] y uanca [canción] , pingollo [flauta], quena quena [danza aymara] en la lengua general quichiua, aymara. Dize ací: Haray haraui Acoyraquicho Coya raquiriuanchic? Tiyoyraquicho Nusta raquiriuanchic? Cicllallay chinchircoma captiquicho? Umallaypi sonco rurollaypi Apaycachayquiman Unoy rirpo, llullam canqui Yacuy rirpo pallcom canqui Maytac? Zallayuan caynayconicho? Chay pallco mamayquim Uanoypac raquicninchicca Chay auca yayayquim Uacchacninchicca Ychapas, Coya, Capac Apo dios niptinca Uaquitac tincuson Diostac tinquiuason!Chay asic nauiquita yuyarispa Utinipuni Chay pucllac nauiquita yuyarispa Oncoyman chayani Chicalla, Ynca, chicalla cino!Uacay niclla Uaytas suncoyoccho tianqui? Yacuytam yacta uacaspa Cantur patapi zapi uaycopi Suyayque, cicllallay En la lengua aymara, llamado uanca, dize ací: “Panipani chunaychuna humaca humaca moczatipi equecista. ¿Moczati umacitaman? Uca uecchiri taycaman uca haucha auquimin. Humaca pani asqui chuymamanca caualluch an mulach an cillatatan zazanacata naunochamca na alochamca. ¿Uaccha canqui suin cauracha? Zacanacaucinpi zaranacac. Huma cachuna tantacamaca equecista. Nacapani poquechanpi 3 hacascac. Huma cachuna persara chanca yquiscat. ¿Pascotacha yquista? Yucochapca hunpachi payatca 4 parachamca haticista yucuchapan chunaychuna chuymama pinacacinta. Chicachachuna achamitama hani cutirihama canquiscinca hani ucsa puti luritamti ucay uruspi hacharpayasman soncochay.” FIESTA Uaricza, araui [bailes] del Ynga, las fiestas, cantar y baylar: Uaricza que cantaron, puca llama [cantar de los carneros], al tono del carnero cantan. Dize ací: Con conpás muy poco a poco, media ora dize: “Y, y, y”, al tono del carnero. Comiensa el Ynga como el carnero; dize y está diziendo “yn”. Lleua ese tono y dallí comensando, ua disiendo sus coplas muy muchas. Responde las coyas [reina] y nustas [princesa]. Cantan a bos alta muy suuauemente. Y uaricsa y araui dize ací: “Araui araui aray araui araui yau araui.” Uan deciendo lo que quieren y todos al tono de araui. Responden las mugeres: “Uaricsa ayay uaricza chamay uaricza, ayay uaricza.” Todos uan deste tono y las mugeres rresponde[n]. Y el haylle [canto triunfal]: Ayau haylli yau haylli Uchuyoccho chacrayqui? Uchuy tunpalla samusac. Ticayoccho chacrayque? Ticay tunpalla samusac. A esto tono rresponde las mugeres. Dize el hombre: Chaymi, Coya. [Aquí está, Reina.] Responde la muger: Ahaylli. [Ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, Palla. [Aquí está, señora.] [Responde la muger:] Ahaylle, pata llanpi ahaylle. [Ahaylli, encima no más, ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, nusta. [Aquí está, princesa.] [Responde la muger:] Ahaylle. [Ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, Ciclla. [Aquí está, florcita.] [Responde la muger:] Ahaylle. [Ahaylli.] El araui y canción lastimosa que cantan las nustas [princesa] y los mosos tocan el pingollo [flauta]: Morcotollay morcoto Llulluchallay llullucha!Mana soncoyqui, queuiccho? Mana Uacahcunqui.Cicllallay caspa Coyallay caspa Nustallay caspa.Unoy uiquellam apariuan Yacuy parallam pusariuan Chay llicllayquita rycuycuspa Chay acsoyquita cauaycuspa Mana nam pachapas chiciancho Tuta ricchariptipas Mananatacmi pacha pacarincho.Camca, Coya, cam[c]a, señora.Mananchi yuyariuanquicho? Cay sancaypi Poma atoc micouaptin Cay pinaspi uichicasca quicasca tiapti Palla! FIESTA La fiesta de los Chinchay Suyos: Se llama uauco; cantan las donzellas y mosas. Dize ací, taniendo su tanbor: Mana taruscha riccho Maquillayquip uaucuycaconqui Mana luycho amicho Cincallayquip uaucuycaconqui Uayayay turilla.Uayayay turilla. Responde el hombre soplando la cauesa del uenado y toca ací: Uauco uauco, uauco uauco Chicho chicho, chicho chicho. Y los uacones dize ací: Panoyay pano Panoyay pano. Responde el hombre: Yahahaha, yahaha Cuci patapi, acllay Uarmi ricoclla Haycay patapi Llanca pata ricoclla Yahaha, chaha. Los Yauyos dize “Yapupu yapo”; a este tono cantan. Y los labradores cantan, dize ací: “Hara uayo, hara uayo; hara uayo, hara uayo.” Al tono desto cantan las mugeres y hombres. Y los pastores llama miches [pastor de llamas] cantan, dize ací: “Llamayay, llama; ynya aylla llama.” Al tono desto cantan las mugeres y hombres: “Sauca taqui, cocha taqui, Ayauaya, ayaua, Ayauaya, ayauaya.” Al son desto cantan hatun taqui [baile o canto grande], dize: Ayauaya ayauta Haucay patapi, Cuci Patapi Capac Yncauan Camaycuscayqui, maymi?Capac Apo Uaman Chaua Poma Chaua Yaro y Uilca Camcho canqui Uira Cocha? Apa cochata Caxamarcapi Capac Apo rrey enperadorta Muchaycoclla Payuan uillanacoclla Uaman Poma Ayalalla Apo Chauap uilcallan Uayac Pomap mitallan. Desta manera procigue cada ayllo [parcialidad] hasta Quito, Nobo Reyno, desde el Cusco cada ayllo sus taquies [danza ceremonial] y sus arauis [canción] llaman caua y de los mosos cata uari, fiestas y múcicas. FIESTA La fiesta de los Ande Suyos desde el Cuzco hasta la montaña y la otra parte hacia la lamar [sic] del Norte es cierra. Cantan y dansan uarmi auca, anca uallo [danzas]. Son muy mucha gente ynfiel. Cantan y baylan los Antis y Chunchos, dici así: “Caya caya, cayaya caya, caya caya, cayaya caya, cayaya caya.” Al son desto cantan y dansan y hablan lo que quiere en su lengua. Y rresponde las mugeres a este son: “Cayaya caya, cayraya caya”, y uan tocando una flauta que llaman pipo. Y al son dello hazen fiesta; andan al rruedo acidos las manos unos con otros. Se huelgan y hasen fiesta y baylan uarmi auca, todos los hombres bestidos como muger con sus flechas. Dize ací el que tañe tanbor: “Uarmi auca chiuan uaylla uruchapa panas catana anti auca chiuan uaylla” [?]. Y otros cantan cada uno en su ayllo [parcialidad] su natural; desde Tanbo Pata tienen sus taquies [danzas ceremoniales] y hayllis [cantos de triunfo] y arauis [cantar de hechos de otros] de las mosas y de los mosos, pingollos [flauta]. Y los Antis y Chunchos son yndios desnudos y ací se llaman Anti runa micoc [los del Anti, comedores de hombres]. Estos yndios de la montaña y de la otra parte de la cierra, los yndios Anca Uallos tienen rropa como los yndios deste rreyno, pero son enfieles. Entre ellos tienen guerra y no puede pasar por acá, cino que se [e]stán allá. Y los Andis tanbién son ynfieles. FIESTA La fiesta de los Colla Suyos desde el Cuzco cantan y dansan. Dize el curaca prencipal: “Quirquiscatan mallco [Cantamos y bailamos, rey] uirquim capacomi [?]” desde Cauina, Quispi Llacta, Poma Canchi, Cana, Pacaxi, Charca, Choquiuito, Chuquiyapo y todo Hatun Colla, Uro Colla. Comiensa, tocan el tanbor y canta las señoras y donzellas. Dize ací: Hauisca mallco capaca colta hauisca hila colla sana capaca sana yncapachat tiapachat mallco sana capaca colla sana hila uiri mallco uiri quirquiscatan mallco aca marcasan pachasan tiusa hunpachitan nuestra señora taycasan hunpachiucin hauisca malco pacha cutipan han illaquimti aca marcasan ychauro quirquiscatan collaypampa sanchalli. Desta manera procigue todo el cantar y fiesta de todo Colla cada uno su natural cantar, cada ayllo [parcialidad] hasta los yndios de Chiriuana, Tucumán y Parauay. Cada uno tiene sus bocablos y en ellas cantan y dansan y baylan que las mosas, donzellas dizen sus arauis que ellos les llama uanca y de los mosos quena quena. Desta manera dizen sus dansas y fiestas cada prencipal y cada yndio pobre en toda las prouincias del Collau en sus fiestas grandes o chicas hasta Potocí. FIESTA La fiesta de los Conde Suyos desde [e]l Cusco, Yana Uaras, Poma Tanbos, Cuzco Conde, Qullaua Conde, Ariquipa. Haze fiesta y dansan los saynatas y otros cantares y múcicas. Dize ací: “Aya milla saynata saynata.” Responde el hombre: “A, a, o, a, a, o.” Dize la muger: “Cayquiro pimanata saynata conarupi manata saynata, a, a, o, a, a, o, minarotipi manata saynata tocllo cocharotipimanata saynata.” Responde el hombre: “Ocaropimanha acaropimanha, halla, halla, ana, ana.” Acabado esto se le da una rrisa al hombre y ancí uan cantando y cada ayllo [parcialidad] tienen sus cantares y fiestas señalado y haylles [canto triunfal] , y las mosas sus uancas y los mosos, quena quena, en todo Conde Suyo. De manera los quatro partes tienen sus bocablos y taquies [danza ceremonial] y los Quichiuas, Aymarays y Collas, Soras y algunos Condes tienen un bocablo, y ací los Collas dize ací: “Malco Castilla Pari quirquicitan chunanaca uamillanaca quirquim moczamocza quirquicina. Aca fiesta Diosa pachapan quirquis cunapi hacaucincama. 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Los quales dansas y arauis [canción] no tiene cosa de hechisería ni ydúlatras ni encantamiento, cino todo huelgo y fiesta, rregocixo. Ci no ubiese borrachera, sería cosa linda. Es que llama taqui [danza ceremonial], cachiua [canción y danza en corro] , haylli [cantos de triunfo] , araui de las mosas, pingollo [flauta] de los mosos y fiesta de los pastores llama miches [pastor de llamas], llamaya [cantar de los pastores de llama] y de los labradores pachaca, harauayo [cántico], y de los Collas, quirquina, collina, aymarana [canciones y danzas aymaras], de las mosas, guanca, de los mosos quena quena [canciones y danzas aymaras]. En estos huelgos que tienen cada ayllo y parcialidad deste rreyno no ay que dezille nada ni se entremeta ningún jues a enquietalle a los pobres sus trauajos y fiesticillas y pobresa que hazen cantar y baylar, comer entre ellos. MVCICAS Canciones y múcicas del Ynga y de los demás señores deste rreyno y de los yndios llamado haraui [canción de amor] y uanca [canción] , pingollo [flauta], quena quena [danza aymara] en la lengua general quichiua, aymara. Dize ací: Haray haraui Acoyraquicho Coya raquiriuanchic? Tiyoyraquicho Nusta raquiriuanchic? Cicllallay chinchircoma captiquicho? Umallaypi sonco rurollaypi Apaycachayquiman Unoy rirpo, llullam canqui Yacuy rirpo pallcom canqui Maytac? Zallayuan caynayconicho? Chay pallco mamayquim Uanoypac raquicninchicca Chay auca yayayquim Uacchacninchicca Ychapas, Coya, Capac Apo dios niptinca Uaquitac tincuson Diostac tinquiuason!Chay asic nauiquita yuyarispa Utinipuni Chay pucllac nauiquita yuyarispa Oncoyman chayani Chicalla, Ynca, chicalla cino!Uacay niclla Uaytas suncoyoccho tianqui? Yacuytam yacta uacaspa Cantur patapi zapi uaycopi Suyayque, cicllallay En la lengua aymara, llamado uanca, dize ací: “Panipani chunaychuna humaca humaca moczatipi equecista. ¿Moczati umacitaman? Uca uecchiri taycaman uca haucha auquimin. Humaca pani asqui chuymamanca caualluch an mulach an cillatatan zazanacata naunochamca na alochamca. ¿Uaccha canqui suin cauracha? Zacanacaucinpi zaranacac. Huma cachuna tantacamaca equecista. Nacapani poquechanpi 3 hacascac. Huma cachuna persara chanca yquiscat. ¿Pascotacha yquista? Yucochapca hunpachi payatca 4 parachamca haticista yucuchapan chunaychuna chuymama pinacacinta. Chicachachuna achamitama hani cutirihama canquiscinca hani ucsa puti luritamti ucay uruspi hacharpayasman soncochay.” FIESTA Uaricza, araui [bailes] del Ynga, las fiestas, cantar y baylar: Uaricza que cantaron, puca llama [cantar de los carneros], al tono del carnero cantan. Dize ací: Con conpás muy poco a poco, media ora dize: “Y, y, y”, al tono del carnero. Comiensa el Ynga como el carnero; dize y está diziendo “yn”. Lleua ese tono y dallí comensando, ua disiendo sus coplas muy muchas. Responde las coyas [reina] y nustas [princesa]. Cantan a bos alta muy suuauemente. Y uaricsa y araui dize ací: “Araui araui aray araui araui yau araui.” Uan deciendo lo que quieren y todos al tono de araui. Responden las mugeres: “Uaricsa ayay uaricza chamay uaricza, ayay uaricza.” Todos uan deste tono y las mugeres rresponde[n]. Y el haylle [canto triunfal]: Ayau haylli yau haylli Uchuyoccho chacrayqui? Uchuy tunpalla samusac. Ticayoccho chacrayque? Ticay tunpalla samusac. A esto tono rresponde las mugeres. Dize el hombre: Chaymi, Coya. [Aquí está, Reina.] Responde la muger: Ahaylli. [Ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, Palla. [Aquí está, señora.] [Responde la muger:] Ahaylle, pata llanpi ahaylle. [Ahaylli, encima no más, ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, nusta. [Aquí está, princesa.] [Responde la muger:] Ahaylle. [Ahaylli.] [Dize el hombre:] Chaymi, Ciclla. [Aquí está, florcita.] [Responde la muger:] Ahaylle. [Ahaylli.] El araui y canción lastimosa que cantan las nustas [princesa] y los mosos tocan el pingollo [flauta]: Morcotollay morcoto Llulluchallay llullucha!Mana soncoyqui, queuiccho? Mana Uacahcunqui.Cicllallay caspa Coyallay caspa Nustallay caspa.Unoy uiquellam apariuan Yacuy parallam pusariuan Chay llicllayquita rycuycuspa Chay acsoyquita cauaycuspa Mana nam pachapas chiciancho Tuta ricchariptipas Mananatacmi pacha pacarincho.Camca, Coya, cam[c]a, señora.Mananchi yuyariuanquicho? Cay sancaypi Poma atoc micouaptin Cay pinaspi uichicasca quicasca tiapti Palla! FIESTA La fiesta de los Chinchay Suyos: Se llama uauco; cantan las donzellas y mosas. Dize ací, taniendo su tanbor: Mana taruscha riccho Maquillayquip uaucuycaconqui Mana luycho amicho Cincallayquip uaucuycaconqui Uayayay turilla.Uayayay turilla. Responde el hombre soplando la cauesa del uenado y toca ací: Uauco uauco, uauco uauco Chicho chicho, chicho chicho. Y los uacones dize ací: Panoyay pano Panoyay pano. Responde el hombre: Yahahaha, yahaha Cuci patapi, acllay Uarmi ricoclla Haycay patapi Llanca pata ricoclla Yahaha, chaha. Los Yauyos dize “Yapupu yapo”; a este tono cantan. Y los labradores cantan, dize ací: “Hara uayo, hara uayo; hara uayo, hara uayo.” Al tono desto cantan las mugeres y hombres. Y los pastores llama miches [pastor de llamas] cantan, dize ací: “Llamayay, llama; ynya aylla llama.” Al tono desto cantan las mugeres y hombres: “Sauca taqui, cocha taqui, Ayauaya, ayaua, Ayauaya, ayauaya.” Al son desto cantan hatun taqui [baile o canto grande], dize: Ayauaya ayauta Haucay patapi, Cuci Patapi Capac Yncauan Camaycuscayqui, maymi?Capac Apo Uaman Chaua Poma Chaua Yaro y Uilca Camcho canqui Uira Cocha? Apa cochata Caxamarcapi Capac Apo rrey enperadorta Muchaycoclla Payuan uillanacoclla Uaman Poma Ayalalla Apo Chauap uilcallan Uayac Pomap mitallan. Desta manera procigue cada ayllo [parcialidad] hasta Quito, Nobo Reyno, desde el Cusco cada ayllo sus taquies [danza ceremonial] y sus arauis [canción] llaman caua y de los mosos cata uari, fiestas y múcicas. FIESTA La fiesta de los Ande Suyos desde el Cuzco hasta la montaña y la otra parte hacia la lamar [sic] del Norte es cierra. Cantan y dansan uarmi auca, anca uallo [danzas]. Son muy mucha gente ynfiel. Cantan y baylan los Antis y Chunchos, dici así: “Caya caya, cayaya caya, caya caya, cayaya caya, cayaya caya.” Al son desto cantan y dansan y hablan lo que quiere en su lengua. Y rresponde las mugeres a este son: “Cayaya caya, cayraya caya”, y uan tocando una flauta que llaman pipo. Y al son dello hazen fiesta; andan al rruedo acidos las manos unos con otros. Se huelgan y hasen fiesta y baylan uarmi auca, todos los hombres bestidos como muger con sus flechas. Dize ací el que tañe tanbor: “Uarmi auca chiuan uaylla uruchapa panas catana anti auca chiuan uaylla” [?]. Y otros cantan cada uno en su ayllo [parcialidad] su natural; desde Tanbo Pata tienen sus taquies [danzas ceremoniales] y hayllis [cantos de triunfo] y arauis [cantar de hechos de otros] de las mosas y de los mosos, pingollos [flauta]. Y los Antis y Chunchos son yndios desnudos y ací se llaman Anti runa micoc [los del Anti, comedores de hombres]. Estos yndios de la montaña y de la otra parte de la cierra, los yndios Anca Uallos tienen rropa como los yndios deste rreyno, pero son enfieles. Entre ellos tienen guerra y no puede pasar por acá, cino que se [e]stán allá. Y los Andis tanbién son ynfieles. FIESTA La fiesta de los Colla Suyos desde el Cuzco cantan y dansan. Dize el curaca prencipal: “Quirquiscatan mallco [Cantamos y bailamos, rey] uirquim capacomi [?]” desde Cauina, Quispi Llacta, Poma Canchi, Cana, Pacaxi, Charca, Choquiuito, Chuquiyapo y todo Hatun Colla, Uro Colla. Comiensa, tocan el tanbor y canta las señoras y donzellas. Dize ací: Hauisca mallco capaca colta hauisca hila colla sana capaca sana yncapachat tiapachat mallco sana capaca colla sana hila uiri mallco uiri quirquiscatan mallco aca marcasan pachasan tiusa hunpachitan nuestra señora taycasan hunpachiucin hauisca malco pacha cutipan han illaquimti aca marcasan ychauro quirquiscatan collaypampa sanchalli. Desta manera procigue todo el cantar y fiesta de todo Colla cada uno su natural cantar, cada ayllo [parcialidad] hasta los yndios de Chiriuana, Tucumán y Parauay. Cada uno tiene sus bocablos y en ellas cantan y dansan y baylan que las mosas, donzellas dizen sus arauis que ellos les llama uanca y de los mosos quena quena. Desta manera dizen sus dansas y fiestas cada prencipal y cada yndio pobre en toda las prouincias del Collau en sus fiestas grandes o chicas hasta Potocí. FIESTA La fiesta de los Conde Suyos desde [e]l Cusco, Yana Uaras, Poma Tanbos, Cuzco Conde, Qullaua Conde, Ariquipa. Haze fiesta y dansan los saynatas y otros cantares y múcicas. Dize ací: “Aya milla saynata saynata.” Responde el hombre: “A, a, o, a, a, o.” Dize la muger: “Cayquiro pimanata saynata conarupi manata saynata, a, a, o, a, a, o, minarotipi manata saynata tocllo cocharotipimanata saynata.” Responde el hombre: “Ocaropimanha acaropimanha, halla, halla, ana, ana.” Acabado esto se le da una rrisa al hombre y ancí uan cantando y cada ayllo [parcialidad] tienen sus cantares y fiestas señalado y haylles [canto triunfal] , y las mosas sus uancas y los mosos, quena quena, en todo Conde Suyo. De manera los quatro partes tienen sus bocablos y taquies [danza ceremonial] y los Quichiuas, Aymarays y Collas, Soras y algunos Condes tienen un bocablo, y ací los Collas dize ací: “Malco Castilla Pari quirquicitan chunanaca uamillanaca quirquim moczamocza quirquicina. Aca fiesta Diosa pachapan quirquis cunapi hacaucincama. Niatipi quirquici, hiuirinacahamcacamca cochocim.” El haylli aymarana [canción en aymara] dize ací: “Moyoristi tomani mama tumiriste aruini mama.” Todos cantan a este tono; luego dize el hombre: “Chuna”; rresponde la muger: “Oy, uayta, oy, canto, oy.” Y los Parinacochas, Aymarays, Quichiua, Anta Ynga, Mayo, Changas, Angarays, Soras, Lucanas, Andamarcas, Tanquiuas, Chocorbos, Xauxa, Yauyo, Chinchay Cocha, Tarma, Chaclla, Atapillo, Guanoco, Uayllas, [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] s6x7mhs0792frb2g89fnt13evoeksen Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los bienes del Ynga 0 74277 1665643 1199093 2026-06-21T01:21:44Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los bienes del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los bienes del Ynga]]: Robot: página trasladada 1199093 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 17: El capítulo de los bienes del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER CAPÍTVLO DE PALACIOS Atapillo, Chiccay, Canta, Caxa Tanbo, Conchoco, Chachapoya, Quito, Cayanbi, Lataconga, Ciccho, Puruuay. Todos tienen sus bocablos y fiestas y los Yungas, Chimo Capac, Ayanya, Nucaya, Puluya, Tomi Pampa, todo los quales estas fiestas no tiene ningún ydúlatrata [sic], cino huelgo y fiesta y rregocijo, ací los grandes como los rricos y pobres en todo el rreyno. Y ací le deje la justicia holgar. Por eso pongo todas las ydúlatras que tenían para que sean castigados de lo malo, de lo bueno se guarde. Palacios rreales de los Yngas y de señores prencipales destos rreynos y estaturas y rregalos que tenían y lo tienen hasta oy los principales. Y de los yndios allicacconas [ascendidos por el Inka], camachicoc, mandoncillos; y de las señoras coyas [reina] y nustas [princesa] y pallas [mujer noble] y capac uarmis [la mujer del qhapaq] y curaca uarmi [la mujer del kuraka] en todo el rreyno: PALACIOS Corte y palacios rreales y casas del Ynga llamado Cuyos Mango, Quinco Uaci [casa en curva], Muyo Uaci [casa redonda], Carpa Uaci [casa de toldo], Suntor Uaci [casa redonda], Moyo Uaci, Uauya Condo Uaci [?], Marca Uaci [casa de altos], Punona Uaci [dormitorio], Churacona Uaci [depósito, almacén], Aca Uaci [chichería], Masana Uaci [casa donde secan productos], Camachicona Uaci [consejería], Uaccha Uaci [casa de los necesitados]: Lo propio tenían los señores capac apoconas [señores poderosos], apoconas [señores grandes], curacaconas [autoridades locales], allicacconas [ascendidos por el Inka]. Tenían la casa conforme la calidad y señorío que tenían en este rreyno y no salían a más negocio. Cómo el Ynga salía a cazar de uenados y de perdises a un jardín que ellos les llama moya [huerta]. Que dallí ánima beuiente no les coxe nada, sólo el Ynga y la coya [reina] coxen con lasos toclla y tira con su riui [boleadoras] y ligas pupacon, llicacon c. Y se huelga con su muger coya y auquiconas [príncipes] y nustas [princesas] y capac apoconas, apoconas en el güerto, jardín que tenía para ese efecto señalado moya, pasto de fiesta del Ynga. Tanbién auía truhanes que le llamauan sauca rimac, cocho rimac; éstos eran yndios de Guanca Bilca. Tanbién auía farsantes; a éstos les llamauan llama, llama, haya chuco [llama, llama, sombrero picante] que eran yndios yungas, chucareros saucachicoc [que hace chistes en la corte], acichicoc [que hace reír], poquis colla [qulla estúpido], millma rinri [orejas de lana, torpe]. Éstos hacían farsas y fiestas. Que el Ynga hacía merced a los yndios; a éstos les llamaua camachicoc allicac. No se llamaua apo, cino como chunga camachicos, pisca camachicoc en todo el rreyno. Esta merced se les acauaua en ellos y no pasaua adelante de yndio pobre. Otras curacas y camachicoc auía en tienpo del Ynga que no fueron de sangre ni de linage, cino curacas de oficios y de oficiales labradores pachaca y de pastores llama miches y de aluaníes pircac chicoc de canteros, luccric labradores. Éstos no fueron hijos de señores, rreys antigos, cino yndios bajos. Cómo sale a pie el Ynga por la plasa cin que nadie le conosca, hecho pobre para uer el mundo y lo que ay. Cómo le habla a su pontífise y le obedese y haze lo que le manda el Ynga. Y el pontífise y sus aconsejadores que tiene, a éstos les llama uiza, camascacona. DEPÓCITOS Cómo sustentaua el Ynga los depócitos deste rreyno llamado collca. Que auía en toda la prouincia en los Collas de chuno [papa deshidratada para conservar], muraya [ch'uñu blanco], caya [conserva de uqa], charque [carne hecha conserva], lana en los Conde Suyos en Coropona, en los Ande Suyos y Chinchay en Apcara, Challco, Sora y en Guanaco Pampa y en Caracha Pampa, en todo ualle de Xauxa y en todo Guanoco, en todo el rreyno y en los llanos de maýs y de camote y axí, algodón y maxno [verdura seca] y coca y rumo [mandioca], de todas comidas como de presente parese todas las comidas y collca [depósito] y su chacra sementeras y moya [huerta] del depócito que llaman sapci, Ynca chacra, yupacona chacra [sementera que se ha de medir], ques de la comunidad que los administradores en cada prouincia an de tener las chacras del Yngacona [los Inka], aglla [escogida] del sol, de la luna y de uaca bilca [divinidades locales], de los pontífises y de los caciques prencipales capac apo, apocona, curacacona, allicaccona, camachicoccuna, michoc ynga Quillis Cachi [los Inkas jueces, K'illis Kachi], uaccha runap chacran [sementera de viudas y huérfanos], lucrin [?] deste rreyno. Cómo aprouaua el Ynga todas las cosas ací de los hombres de la fuerza como de las mugeres de su ánimo para pelear en las guerras. Y lo halló de fuerza de los yndios de Chinchay Suyos, aunque son yndios pequeños de cuerpo, animosos, porque le sustenta maýs y ueue chicha de maýs que es de fuerza. Y de los Colla Suyos los yndios tienen muy poca fuersa y ánimo y gran cuerpo y gordo, seboso, para poco porque comen todo chuno y ueuen chicha de chuno. Y en la comida de abondancia uentaxa los Chinchay Suyos y de la fuersa de los ganados lleua de los Chinchay Suyos, aunque chicos, y los de los Collas grandotes para llanos. Y en las ollas y rropa y cunbi [tejido fino] y en sementera y oficiales lluccric, pircac chicoc [albañiles], auca camayoc capitanes de fortalesa pucara fue uentajado de los Chinchay Suyos en este rreyno. Cómo el Ynga prouaua a los ligeros (?) QVE NO AVÍA TRIBVTO. De cómo no pagaua tributo al Ynga ni a la coya [reina] ni a los señores prencipales, cino que dauan yndios de seruicio, yndias en este rreyno ni a los capitanes ni a nenguna persona. De cada pueblo se obligaua el señor y el cabildo de dar yndio mitimays estrangeros para todo el oficio y trauajos y para las demás cosas dauan oficiales de metales de oro y plata, estaño y cobre, yndios labradores y canteros, aluani[l], ollero, carpintero, platero, pintores, bordadores y sederos y cantores, flauteros, tanboreleros, múcicos, barberos, escriuanos, contadores, farsantes, mayordomos, labradores, justicias, pontífises, saserdotes, uírgenes, administradores, camareros y paxes, lacayos y morriones, alauarderos, capitanes generales. A estos oficiales en señal de la paga le daua el Ynga tres o quatro mugeres y chacras [sementera] y rropa y otras galanterías. Y eran libres ellos y sus mugeres y hijos y hijas de todo el rreyno. Y lo propio dauan a los capac apoconas [señores poderosos] y a los apoconas [señores grandes] y a los guamanin curacas [señor de una subdivisión] y no auía otro más señores quéstos en el rreyno a qui[e]n obedecía y le seruía. Y le dauan yndios que les cargaua para serca yndios de Callauaya, para lejos Lucanas y le llamauan yncap chaquin [pies del Inka]. Y hasta dalle carneros, maýs, papas, agí, sal, lana, algodón, pescado y camarones, chiche; conejo. Hasta dalle uaca mullo [caracol ofrecido a las deidades], ocororo [especie de berro], cancaua [yerba acuática], llullocha [berro], murcoto [una yerba acuática], llachoc, onquena [plantas acuáticas]. Estas cosas seruían de tributo y no dauan tanto pesadumbre como agora y no sentían los yndios pobres. Agora dize tributario, quiere dezir esclabo en gran daño de los pobres cristianos yndios. Los palacios de todas las ciudades y uillas y aldeas y pueblos destos rreynos, como del Ynga y los palacios rreales de príncipes, los palacios de señores grandes capac apo, apoconas llamado Cuyos Mango, Marca Uaci, Quinco Uaci, Quispi Cancha, Cuci Cancha, Pata Cancha, Moyo Uaci, Quispe Uaci, Ylla Cancha, Corpa Uaci, Cucho Uaci, Churana Uaci, Uauya Condo, Carpa Uaci y las plasas (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] byx9oyzddmraaaak1h3lae1jg18fbda 1665674 1665643 2026-06-21T01:24:22Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665674 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 17: El capítulo de los bienes del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER CAPÍTVLO DE PALACIOS Atapillo, Chiccay, Canta, Caxa Tanbo, Conchoco, Chachapoya, Quito, Cayanbi, Lataconga, Ciccho, Puruuay. Todos tienen sus bocablos y fiestas y los Yungas, Chimo Capac, Ayanya, Nucaya, Puluya, Tomi Pampa, todo los quales estas fiestas no tiene ningún ydúlatrata [sic], cino huelgo y fiesta y rregocijo, ací los grandes como los rricos y pobres en todo el rreyno. Y ací le deje la justicia holgar. Por eso pongo todas las ydúlatras que tenían para que sean castigados de lo malo, de lo bueno se guarde. Palacios rreales de los Yngas y de señores prencipales destos rreynos y estaturas y rregalos que tenían y lo tienen hasta oy los principales. Y de los yndios allicacconas [ascendidos por el Inka], camachicoc, mandoncillos; y de las señoras coyas [reina] y nustas [princesa] y pallas [mujer noble] y capac uarmis [la mujer del qhapaq] y curaca uarmi [la mujer del kuraka] en todo el rreyno: PALACIOS Corte y palacios rreales y casas del Ynga llamado Cuyos Mango, Quinco Uaci [casa en curva], Muyo Uaci [casa redonda], Carpa Uaci [casa de toldo], Suntor Uaci [casa redonda], Moyo Uaci, Uauya Condo Uaci [?], Marca Uaci [casa de altos], Punona Uaci [dormitorio], Churacona Uaci [depósito, almacén], Aca Uaci [chichería], Masana Uaci [casa donde secan productos], Camachicona Uaci [consejería], Uaccha Uaci [casa de los necesitados]: Lo propio tenían los señores capac apoconas [señores poderosos], apoconas [señores grandes], curacaconas [autoridades locales], allicacconas [ascendidos por el Inka]. Tenían la casa conforme la calidad y señorío que tenían en este rreyno y no salían a más negocio. Cómo el Ynga salía a cazar de uenados y de perdises a un jardín que ellos les llama moya [huerta]. Que dallí ánima beuiente no les coxe nada, sólo el Ynga y la coya [reina] coxen con lasos toclla y tira con su riui [boleadoras] y ligas pupacon, llicacon c. Y se huelga con su muger coya y auquiconas [príncipes] y nustas [princesas] y capac apoconas, apoconas en el güerto, jardín que tenía para ese efecto señalado moya, pasto de fiesta del Ynga. Tanbién auía truhanes que le llamauan sauca rimac, cocho rimac; éstos eran yndios de Guanca Bilca. Tanbién auía farsantes; a éstos les llamauan llama, llama, haya chuco [llama, llama, sombrero picante] que eran yndios yungas, chucareros saucachicoc [que hace chistes en la corte], acichicoc [que hace reír], poquis colla [qulla estúpido], millma rinri [orejas de lana, torpe]. Éstos hacían farsas y fiestas. Que el Ynga hacía merced a los yndios; a éstos les llamaua camachicoc allicac. No se llamaua apo, cino como chunga camachicos, pisca camachicoc en todo el rreyno. Esta merced se les acauaua en ellos y no pasaua adelante de yndio pobre. Otras curacas y camachicoc auía en tienpo del Ynga que no fueron de sangre ni de linage, cino curacas de oficios y de oficiales labradores pachaca y de pastores llama miches y de aluaníes pircac chicoc de canteros, luccric labradores. Éstos no fueron hijos de señores, rreys antigos, cino yndios bajos. Cómo sale a pie el Ynga por la plasa cin que nadie le conosca, hecho pobre para uer el mundo y lo que ay. Cómo le habla a su pontífise y le obedese y haze lo que le manda el Ynga. Y el pontífise y sus aconsejadores que tiene, a éstos les llama uiza, camascacona. DEPÓCITOS Cómo sustentaua el Ynga los depócitos deste rreyno llamado collca. Que auía en toda la prouincia en los Collas de chuno [papa deshidratada para conservar], muraya [ch'uñu blanco], caya [conserva de uqa], charque [carne hecha conserva], lana en los Conde Suyos en Coropona, en los Ande Suyos y Chinchay en Apcara, Challco, Sora y en Guanaco Pampa y en Caracha Pampa, en todo ualle de Xauxa y en todo Guanoco, en todo el rreyno y en los llanos de maýs y de camote y axí, algodón y maxno [verdura seca] y coca y rumo [mandioca], de todas comidas como de presente parese todas las comidas y collca [depósito] y su chacra sementeras y moya [huerta] del depócito que llaman sapci, Ynca chacra, yupacona chacra [sementera que se ha de medir], ques de la comunidad que los administradores en cada prouincia an de tener las chacras del Yngacona [los Inka], aglla [escogida] del sol, de la luna y de uaca bilca [divinidades locales], de los pontífises y de los caciques prencipales capac apo, apocona, curacacona, allicaccona, camachicoccuna, michoc ynga Quillis Cachi [los Inkas jueces, K'illis Kachi], uaccha runap chacran [sementera de viudas y huérfanos], lucrin [?] deste rreyno. Cómo aprouaua el Ynga todas las cosas ací de los hombres de la fuerza como de las mugeres de su ánimo para pelear en las guerras. Y lo halló de fuerza de los yndios de Chinchay Suyos, aunque son yndios pequeños de cuerpo, animosos, porque le sustenta maýs y ueue chicha de maýs que es de fuerza. Y de los Colla Suyos los yndios tienen muy poca fuersa y ánimo y gran cuerpo y gordo, seboso, para poco porque comen todo chuno y ueuen chicha de chuno. Y en la comida de abondancia uentaxa los Chinchay Suyos y de la fuersa de los ganados lleua de los Chinchay Suyos, aunque chicos, y los de los Collas grandotes para llanos. Y en las ollas y rropa y cunbi [tejido fino] y en sementera y oficiales lluccric, pircac chicoc [albañiles], auca camayoc capitanes de fortalesa pucara fue uentajado de los Chinchay Suyos en este rreyno. Cómo el Ynga prouaua a los ligeros (?) QVE NO AVÍA TRIBVTO. De cómo no pagaua tributo al Ynga ni a la coya [reina] ni a los señores prencipales, cino que dauan yndios de seruicio, yndias en este rreyno ni a los capitanes ni a nenguna persona. De cada pueblo se obligaua el señor y el cabildo de dar yndio mitimays estrangeros para todo el oficio y trauajos y para las demás cosas dauan oficiales de metales de oro y plata, estaño y cobre, yndios labradores y canteros, aluani[l], ollero, carpintero, platero, pintores, bordadores y sederos y cantores, flauteros, tanboreleros, múcicos, barberos, escriuanos, contadores, farsantes, mayordomos, labradores, justicias, pontífises, saserdotes, uírgenes, administradores, camareros y paxes, lacayos y morriones, alauarderos, capitanes generales. A estos oficiales en señal de la paga le daua el Ynga tres o quatro mugeres y chacras [sementera] y rropa y otras galanterías. Y eran libres ellos y sus mugeres y hijos y hijas de todo el rreyno. Y lo propio dauan a los capac apoconas [señores poderosos] y a los apoconas [señores grandes] y a los guamanin curacas [señor de una subdivisión] y no auía otro más señores quéstos en el rreyno a qui[e]n obedecía y le seruía. Y le dauan yndios que les cargaua para serca yndios de Callauaya, para lejos Lucanas y le llamauan yncap chaquin [pies del Inka]. Y hasta dalle carneros, maýs, papas, agí, sal, lana, algodón, pescado y camarones, chiche; conejo. Hasta dalle uaca mullo [caracol ofrecido a las deidades], ocororo [especie de berro], cancaua [yerba acuática], llullocha [berro], murcoto [una yerba acuática], llachoc, onquena [plantas acuáticas]. Estas cosas seruían de tributo y no dauan tanto pesadumbre como agora y no sentían los yndios pobres. Agora dize tributario, quiere dezir esclabo en gran daño de los pobres cristianos yndios. Los palacios de todas las ciudades y uillas y aldeas y pueblos destos rreynos, como del Ynga y los palacios rreales de príncipes, los palacios de señores grandes capac apo, apoconas llamado Cuyos Mango, Marca Uaci, Quinco Uaci, Quispi Cancha, Cuci Cancha, Pata Cancha, Moyo Uaci, Quispe Uaci, Ylla Cancha, Corpa Uaci, Cucho Uaci, Churana Uaci, Uauya Condo, Carpa Uaci y las plasas (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] ah960l2mz6ms33fa821nos83gg2o7jk 1665698 1665674 2026-06-21T01:34:13Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665698 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 17: El capítulo de los bienes del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala }} PRIMER CAPÍTVLO DE PALACIOS Atapillo, Chiccay, Canta, Caxa Tanbo, Conchoco, Chachapoya, Quito, Cayanbi, Lataconga, Ciccho, Puruuay. Todos tienen sus bocablos y fiestas y los Yungas, Chimo Capac, Ayanya, Nucaya, Puluya, Tomi Pampa, todo los quales estas fiestas no tiene ningún ydúlatrata [sic], cino huelgo y fiesta y rregocijo, ací los grandes como los rricos y pobres en todo el rreyno. Y ací le deje la justicia holgar. Por eso pongo todas las ydúlatras que tenían para que sean castigados de lo malo, de lo bueno se guarde. Palacios rreales de los Yngas y de señores prencipales destos rreynos y estaturas y rregalos que tenían y lo tienen hasta oy los principales. Y de los yndios allicacconas [ascendidos por el Inka], camachicoc, mandoncillos; y de las señoras coyas [reina] y nustas [princesa] y pallas [mujer noble] y capac uarmis [la mujer del qhapaq] y curaca uarmi [la mujer del kuraka] en todo el rreyno: PALACIOS Corte y palacios rreales y casas del Ynga llamado Cuyos Mango, Quinco Uaci [casa en curva], Muyo Uaci [casa redonda], Carpa Uaci [casa de toldo], Suntor Uaci [casa redonda], Moyo Uaci, Uauya Condo Uaci [?], Marca Uaci [casa de altos], Punona Uaci [dormitorio], Churacona Uaci [depósito, almacén], Aca Uaci [chichería], Masana Uaci [casa donde secan productos], Camachicona Uaci [consejería], Uaccha Uaci [casa de los necesitados]: Lo propio tenían los señores capac apoconas [señores poderosos], apoconas [señores grandes], curacaconas [autoridades locales], allicacconas [ascendidos por el Inka]. Tenían la casa conforme la calidad y señorío que tenían en este rreyno y no salían a más negocio. Cómo el Ynga salía a cazar de uenados y de perdises a un jardín que ellos les llama moya [huerta]. Que dallí ánima beuiente no les coxe nada, sólo el Ynga y la coya [reina] coxen con lasos toclla y tira con su riui [boleadoras] y ligas pupacon, llicacon c. Y se huelga con su muger coya y auquiconas [príncipes] y nustas [princesas] y capac apoconas, apoconas en el güerto, jardín que tenía para ese efecto señalado moya, pasto de fiesta del Ynga. Tanbién auía truhanes que le llamauan sauca rimac, cocho rimac; éstos eran yndios de Guanca Bilca. Tanbién auía farsantes; a éstos les llamauan llama, llama, haya chuco [llama, llama, sombrero picante] que eran yndios yungas, chucareros saucachicoc [que hace chistes en la corte], acichicoc [que hace reír], poquis colla [qulla estúpido], millma rinri [orejas de lana, torpe]. Éstos hacían farsas y fiestas. Que el Ynga hacía merced a los yndios; a éstos les llamaua camachicoc allicac. No se llamaua apo, cino como chunga camachicos, pisca camachicoc en todo el rreyno. Esta merced se les acauaua en ellos y no pasaua adelante de yndio pobre. Otras curacas y camachicoc auía en tienpo del Ynga que no fueron de sangre ni de linage, cino curacas de oficios y de oficiales labradores pachaca y de pastores llama miches y de aluaníes pircac chicoc de canteros, luccric labradores. Éstos no fueron hijos de señores, rreys antigos, cino yndios bajos. Cómo sale a pie el Ynga por la plasa cin que nadie le conosca, hecho pobre para uer el mundo y lo que ay. Cómo le habla a su pontífise y le obedese y haze lo que le manda el Ynga. Y el pontífise y sus aconsejadores que tiene, a éstos les llama uiza, camascacona. DEPÓCITOS Cómo sustentaua el Ynga los depócitos deste rreyno llamado collca. Que auía en toda la prouincia en los Collas de chuno [papa deshidratada para conservar], muraya [ch'uñu blanco], caya [conserva de uqa], charque [carne hecha conserva], lana en los Conde Suyos en Coropona, en los Ande Suyos y Chinchay en Apcara, Challco, Sora y en Guanaco Pampa y en Caracha Pampa, en todo ualle de Xauxa y en todo Guanoco, en todo el rreyno y en los llanos de maýs y de camote y axí, algodón y maxno [verdura seca] y coca y rumo [mandioca], de todas comidas como de presente parese todas las comidas y collca [depósito] y su chacra sementeras y moya [huerta] del depócito que llaman sapci, Ynca chacra, yupacona chacra [sementera que se ha de medir], ques de la comunidad que los administradores en cada prouincia an de tener las chacras del Yngacona [los Inka], aglla [escogida] del sol, de la luna y de uaca bilca [divinidades locales], de los pontífises y de los caciques prencipales capac apo, apocona, curacacona, allicaccona, camachicoccuna, michoc ynga Quillis Cachi [los Inkas jueces, K'illis Kachi], uaccha runap chacran [sementera de viudas y huérfanos], lucrin [?] deste rreyno. Cómo aprouaua el Ynga todas las cosas ací de los hombres de la fuerza como de las mugeres de su ánimo para pelear en las guerras. Y lo halló de fuerza de los yndios de Chinchay Suyos, aunque son yndios pequeños de cuerpo, animosos, porque le sustenta maýs y ueue chicha de maýs que es de fuerza. Y de los Colla Suyos los yndios tienen muy poca fuersa y ánimo y gran cuerpo y gordo, seboso, para poco porque comen todo chuno y ueuen chicha de chuno. Y en la comida de abondancia uentaxa los Chinchay Suyos y de la fuersa de los ganados lleua de los Chinchay Suyos, aunque chicos, y los de los Collas grandotes para llanos. Y en las ollas y rropa y cunbi [tejido fino] y en sementera y oficiales lluccric, pircac chicoc [albañiles], auca camayoc capitanes de fortalesa pucara fue uentajado de los Chinchay Suyos en este rreyno. Cómo el Ynga prouaua a los ligeros (?) QVE NO AVÍA TRIBVTO. De cómo no pagaua tributo al Ynga ni a la coya [reina] ni a los señores prencipales, cino que dauan yndios de seruicio, yndias en este rreyno ni a los capitanes ni a nenguna persona. De cada pueblo se obligaua el señor y el cabildo de dar yndio mitimays estrangeros para todo el oficio y trauajos y para las demás cosas dauan oficiales de metales de oro y plata, estaño y cobre, yndios labradores y canteros, aluani[l], ollero, carpintero, platero, pintores, bordadores y sederos y cantores, flauteros, tanboreleros, múcicos, barberos, escriuanos, contadores, farsantes, mayordomos, labradores, justicias, pontífises, saserdotes, uírgenes, administradores, camareros y paxes, lacayos y morriones, alauarderos, capitanes generales. A estos oficiales en señal de la paga le daua el Ynga tres o quatro mugeres y chacras [sementera] y rropa y otras galanterías. Y eran libres ellos y sus mugeres y hijos y hijas de todo el rreyno. Y lo propio dauan a los capac apoconas [señores poderosos] y a los apoconas [señores grandes] y a los guamanin curacas [señor de una subdivisión] y no auía otro más señores quéstos en el rreyno a qui[e]n obedecía y le seruía. Y le dauan yndios que les cargaua para serca yndios de Callauaya, para lejos Lucanas y le llamauan yncap chaquin [pies del Inka]. Y hasta dalle carneros, maýs, papas, agí, sal, lana, algodón, pescado y camarones, chiche; conejo. Hasta dalle uaca mullo [caracol ofrecido a las deidades], ocororo [especie de berro], cancaua [yerba acuática], llullocha [berro], murcoto [una yerba acuática], llachoc, onquena [plantas acuáticas]. Estas cosas seruían de tributo y no dauan tanto pesadumbre como agora y no sentían los yndios pobres. Agora dize tributario, quiere dezir esclabo en gran daño de los pobres cristianos yndios. Los palacios de todas las ciudades y uillas y aldeas y pueblos destos rreynos, como del Ynga y los palacios rreales de príncipes, los palacios de señores grandes capac apo, apoconas llamado Cuyos Mango, Marca Uaci, Quinco Uaci, Quispi Cancha, Cuci Cancha, Pata Cancha, Moyo Uaci, Quispe Uaci, Ylla Cancha, Corpa Uaci, Cucho Uaci, Churana Uaci, Uauya Condo, Carpa Uaci y las plasas (?) [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] cxvidl1g6mxmb6t0m18lxtghr0owsx4 Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del gobierno del Ynga 0 74410 1665645 1199105 2026-06-21T01:21:45Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo del gobierno del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del gobierno del Ynga]]: Robot: página trasladada 1199105 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 18: El capítulo del gobierno del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} VIREI I CONTRATOS, CONSEJO: INCAP RANTIN CAPAC APO [el gran señor que remplaza al Inka] GVAMAN CHAVA, EX[CELENTÍCI]MO S[EÑ]OR, DVQVE, segunda persona del rrey Ynga y de su Magestad, duque de enfante y duque de Alua EX[CELENTÍCI]MO S[EÑ]OR VIREI Yncap rantin [que remplaza al Inka], uirrey del Ynga y deste rreyno capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca [señor de Yaru], Allauca Guanoco, agüelo del autor deste dicho libro, que fue segunda persona de Topa Ynga Yupanqui, como en Castilla el excelentícimo señor duque de Alua. Que a los dichos uirreys o consejo nunca el Ynga le elexía a hombres uajos ni rricos ni caualleros ni a hidalgos ni a sabio, cino que le uenga derecho y antigo rrey, auquiconas, príncipes; y capac apo o apocona rrays antigos, príncipes. Éstos mandaua la tierra y a los dichos guamanin apo [capitán], uaranca curaca [señor de 1000 unidades], allicaccona [ascendidos por el Inka], camachicoccuna [autoridades menores] no les daua ranpa [andas] ni uanto [comitiva] porque son yndios mandoncillos camachicoc, allicac, yndios hechos merced; a éstos nunca les daua cargo grueso ni gouirno [sic] del rreyno. Y ací uno no más fue su segunda y uirrey. Comía y ueuía y se holgaua, comunicaua con él y no auía otro y enbiaua a Chile y a Quito en su lugar. Y ací le llaman capac apo Guaman Chaua, Yncap rantin taripac [el lugarteniente del Inka], Tauantin Suyo runata [frente a la gente del Tawantin Suyu]. Ci no fuera de muy gran linaxe no le obedeciera otros señores grandes deste rreyno y se alsarían la tierra. Y, ci de yndio mitayo uaxo se haze señor como agora, se agrauiarían otros de buena sangre y linage. Y ací autorisa capac apo Guaman Chaua en sus andas de pardo, chicche ranpa, uirrey su tiniente general y capitán mayor y segunda persona de la magestad del Ynga de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos de los quatro rreynos. Se dize Tauantin Suyo desde el cabo de la montaña de Chile hasta el cabo y montaña de Nobo Reyno, desde la Mar de Sur hasta la Mar del Norte; toda la cierra, toda la montaña, toda la cordellera y llanos, arenal de mar, gran señor de su rreyno sugetaua y rreynaua el Ynga y su segunda capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca, Allauca Guanoco. ALCALDE DE CORTE, JVES Capac apo uatac Yncap ciminmanta, alcalde de corte, que ua a prender a un señor grande capac apo porque fue rreuelde Yncapac yscay sonco, Yncata cipcicac, noca Ynca casac nec, apo Cullic Chaua del pueblo de Caxatanbo del ayllo [parcialidad] Chiccay. Y lleua por señal masca paycha, tusón del Ynga, y prouición para dar fe al señor que ua a prender y cómo le a de prender y traer preso a buen rrecaudo ante el Ynga y a todo su consejo para que sea castigado, a otros exenplo. Y ua despachado por el Ynga y su consejo y pontífises. A estos señores jueses no se elixe a ombres rreueldes ni a pobres ni a ladrones acohechados cino leal y justiciero, hombre de uerdad. Ci le halla culpado no le perdona y ci no es culpado tray enformación uerdadera como cristiano y uien saue que a de murir y da buena cuenta. Y se ylixe de los Yngas, Hanan Cuzco y Lurin Cuzco, o caciques prencipales que aya seruido la magestad del Ynga para que trayga buen rrecaudo. Y se cumplió, executa lo mandado del consejo rreal del Ynga y de sus señores jueses capac apoconas, justicias deste rreyno. ALGVAZIL MAIOR Uatay camayoc [apresador], chacnay camayoc [torturador], Lurin Cuzco ynga, alguazil mayor: A éstos les llamaua uatay camayoc porque prendía; chacnay camayoc eran alguaciles menores. A este oficio no le elexía a yndio pobre, cino a hijos uastardos o sobrinos de los Yngas. Ya que le elexía este dicho cargo y oficio a fíel yndio Hanan Cuzco o Lorin Cuzco ynga, Anta ynga, Quillis Cachi ynga o a los hijos de los prencipales de la parcialidad de Guanoco y no a otro nenguno. Y ací porque fueron grandes seruidores de la corona rreal del Ynga los yndios Guanocos, fieles como en Castilla los biscaýnos, ací le dio muchas tierras y muchos pueblos en este rreyno. A los yndios Guanocos, Chinchay Suyos sugeto de capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca, Allauca Guanoco, y a sus hijos le dieron muchos cargos y oficios, beneficios en todo este rreyno. No les dio ningún cargo a los Chachapoyas y Cañares porque fueron yndios rreueldes y ladrones, ynbosteros. Quando les enbiaua a prender a los cuerpos de los prencipales menores, lleuaua por señal la chuspa [bolsa] y ojotas [sandalias] del Ynga y prouiciones y mandacto expresa rreal de la magestad del Ynga y de todo su consejo aprouado por los pontífises. Sale a prender la justicia y jues, rreseptor deste rreyno. COREGIDOR Tocricoc [gobernador], jues michoc: Estos yngas fueron de la parcialidad de Tanbo ynga o auquicona [príncipes] de los que tenían las orexas quebradas o pies o manos mascos. Fueron corregidor de prouincias y jueses que uan a tomar cargo y rrecidencia. Estos algunos fueron de los hijos uastardos auquiconas o nietos o bisnetos de los rreys Yngas destos rreynos, Hanan Cuzco o Lurin Cuzco, que fuesen de los principales de los Anta y Mayo o Queuar, Uaroc, Acos, Cauina de los yngas que tienen orejas. La casta de ellos les enbía a ser corregidor en las prouincias y no auía tiniente, cino los mismos prencipales de cada prouincia, como dicho tengo. Éstos se elexían de los mancos y dañados o quebrados los dientes porque ya no ualía ni consentía a que entrasen al sacrificio de sus dioses y uacas ýdolos y ancí fueron mandado a las prouincias. Y ci es menos de un ojo ya no le quiere uer el Ynga, que no sea de prouecho para seruir la magestad del Ynga ni para guerra y ací les ocupaua en este oficio. A los buenos y sanos les ocupaua en guerra y batalla y otros seruicios de bueno y de sano. Y estos dichos corregidor hazía buena justicia y no rrobaua ni tenía tratos y contratos ni ocupaua en texer y traxenear ni nadie se quexaua de ellos. Y ací hasta morir duraua su corregimiento, temía a Dios y a la justicia y castigos en todo el rreyno. ADMINISTRADOR Suyuyoc [administrador de una subdivisión], hijo de capac apo Guaman Chaua, fue llamado Carua Poma. Estos dichos administradores de la prouincias fueron hijos de los grandes señores destos rreynos. Le dauan estos cargos porque aprendiesen oficios y contar y mandar porque, en muriendo sus padres, entrasen y supiesen qué cosa es gouernar la tierra. Y ací no se elexía a hombres bajos que los oficios gruesos se ocupasen los hijos de capac apo y ací nunca le dieron estos cargos gruesos a los hijos de los dichos apo ni de curaca. An de tener auilidad y an de ser dilexente y suficiente para ello. Estos dichos administradores a de administrar las comunidades y sapci y de los dioses de las sementeras de todas especias, comidas y frutas y rropa y ganados y minas como sea de la comonidad y sapci y todo de los sacrificios y de la hazienda de los pobres yndios y de las señoras coyas y nustas y de prencipales. Para que aumente y no se quiten unos y otros ni tengan pleyto entre ellos, para que ayga justicia. Y los llama miches [pastor], para que curen y sean buenos pastores y tengan sus quipos [cordeles con nudos] y haziendo dar rrecaudos: misquillicuy [mata dulce], chaura [carne], puti de pescado [guiso preparado con ch'uñu], cuchocho [guiso de tubérculo], uasca [soga], apa [frazada], piruro [rueda del huso], pine, palca [horqueta] de nierbos, oxotas [sandalias], todo atado hasta capaso, chicoro [especie de sardina], cancaua [yerba acuática], llullucha [berro], cusuro [caña], uaylla [prado verde no agotado], ycho [paja], pucpus [poronguillo], pizaca, quiuyo puti [guiso de perdiz, guiso de un ave] hasta leña de la cierra tomaua cuenta. COREÓN Hatun chasqui [postillón principal], churo mullo chasqui [que trae caracol]: Estos chasqueros [mensajeros] gouernaua este rreyno y era hijo de curaca fiel y liberal. Y tenía una pluma quitasol de blanco en la cauesa y traýa porque le biese de lejos el otro chasque. Y trayýa su tronpeta, putoto, para llamar para questubiera aparexado, llamándole con la guaylla quipa [trompeta]. Y por arma trayýa chanbi [porra] y uaraca [honda]. Este chasquero se pagaua del Ynga y comía del depócito del Ynga en este rreyno. El dicho churo chasque estaua puesto de media legua porque fuesen a la lixera. Dizen que el caracol de hacia Nobo Reyno que llaman tumi llegaua bibo al Ynga al Cuzco y el dicho hatun chasque de cosas pesadas de a una jornada, que a éstos les llaman hatun chasque. Gouernaua estos chasqueros un ynga príncipe, auquicona, de todo el rreyno porque no ubiese falta. Y a éstos les benía a uecitar ci an hecho falta y ci tiene alemento y comida. Como dicho es, se sustenta del depócito a costa del dicho ynga y no le mudan en otros yndios porque an de ser fiel y an de ser hijos de los curacas conocidos y que no sea peresoso y que buele como un game y como un gauilán. Y an de tener rremuda y libre muger y hijos porque de día y de noche no an de parar. Y an de tener allí su chacras [sementera] en los mismos citios y sus ganados y todo lo que a menester en todo el rreyno y no an de faltar una ora. AMOJONADORES Sayua checta suyoyoc, Cona Raqui, Hanan Cuzco ynga, Una Caucho, Lurin Cuzco ynga, mojonadores destos rreynos toda la cierra y yunga [zona cálida] desde el mojón de Uanca y Atoc Ranco, Santa Catalina, Uara Uarco, Paylliua, Tinqui: Ací procigue toda los mojones y parte con los yndios Yungas y de la cierra y cordellera del arenal de la Mar de Sur. Los dichos amojonadores lo amojonaron por mandado de Topa Ynga Yupanqui cada prouincia destos rreynos y cada pueblo de cada ayllo [parcialidad]. Aunque fuese dos yndios, aunque fuese uno solo, aunque fuese a una yndia o niño, les rrepartía sementeras chacaras y pastos y secyas, agua para rregar sus chacaras, ací de la montaña como de la cierra y yungas con sus acecyas de rriego y rríos, leña, paxa, con mucha horden y concierto cin agrauiar a nadie, sacando para el sol y luna, estrellas y tenplos y guacas dioses y para el Ynga y coya [reina], auquicona [príncipe], nustaconas [princesas] y para los señores grandes capac apo y para los apocona, curacaconas; allicac camachicoccunas [autoridades ascendidos por el Inka], conforme la calidad y para los yndios de guerra, auca camayoc y capitanes, cinchicona, y para los biejos y biejas, enfermos y solteros y solteras, muchachos y muchachas, niños y niñas, que todos comían cin tocar a las chacaras de la comunidad y sapci y lucri [?] que an tenido. Y ancí estos dos jueses deste rreyno lo hizieron con mucha horden y claridad y lo sentenció y fue executado, acauado el mojón. Y gouernó estos dichos dos yngas, Cona Raqui, Una Caucho yngas, en todo este rreyno que no lo podía hazello mejor cin cohecho y buena justicia derecha en este rreyno. CAMINOS REALES Capac nan guamanin [el camino real], que en el tienpo de los Yngas auía seys caminos rreales, los quales gouernó un ynga tocricoc [oficial real], Anta ynga, estos dichos caminos rreales con sus atajos: El primero camino rreal por el arenal de la Mar de Sur por los llanos, el segundo camino rreal por Chocllo Cocha, Carachi, Quilcata, Uata Cocha, Ura Pampa, el tersero camino rreal por Guaylla Cucho, Queca Machay, Poma Ranra, el quarto camino rreal por Bilcas Guaman, Andaguaylas y Guamanga, Taya Caxa, Xauxa, el sesto camino rreal por la cordellera de la montaña, el sétimo camino rreal de la misma montaña hacia de la Mar del Norte puesto por los Yngas. Con su legua y medida amojonado y señalado, cada camino de ancho quatro uaras y por los dos lados puesto piedras que ua derecho, que no a hecho en todo el mundo los rreys como el Ynga. Y ancí se dize camino rreal del Ynga y tienía [sic] puesto sus guamanies [distrito administrativo incaico] y tanbillos, casas adonde se aposentaua, y en cada prouincia su juridición hacía camarico [dádivas]. Y dauan rrecaudo a los prencipales y capitanes y en cada uno abía chasques [postillón] y mucho rrecaudo y los caminos muy aderesados y linpios y en las ciénegas puesto piedras y puentes. PVENTES DESTOS REINOS Puentes de crisnejas grandes que abía en tienpo del Ynga, como es de Bombom, Xauxa, Ango Yaco, de Sangaro y de Uinaca, de Guanbo la grande, Amancay, Aporima, Uaca Chaca, Sora, Apcara y de Bilcas y de Chuschi, Bilcancho, como son otros puentes chicos como de Challuanca, Pampa Marca, conforme los rríos y otros puentes de palos y balsas que los yndios balseros lo lleuan, como en los llanos y en el Collau y Cangallo y Uancayo. Todo lo dicho gouernaua un ynga prencipal, Acos, en todo el rreyno. Y después el señor bizorrey marqués de Cañete el biejo mandó hazer de cal y canto la puente de Lima y la puente de Xauxa y la puente de Ango Yaco. La puente de Amancay lo mandó hazer agora su hijo el señor bizorrey don García Hurtado de Mendosa, marqués de Cañete el moso. Mandó hazer de cal i canto la puente de Aporima; no a hecho tan gran seruicio de Dios y de su Magestad ningún bizorrey como el señor marqués de Cañete. Agora era muy gran seruicio de Dios y de su Magestad de que se hiziera la puente de la grande de Guanbo porque se muere muchos yndios en cada ues que lo hazen de los rrepartimientos y padesen trauajo. Ci se hiciera de cal y canto se hiciera una ues y se acauará una ues; fuera muy gran merced a los pobres de los yndios haziéndose todo los puentes de cal y canto. SECRETARIOS de los Yngas y de su consejo rreal que al secretario del Ynga le llamaua Yncap cimin quipococ, al secretario del consejo les llamaua Tauantin Suyo capac apocona Yncaconap cimin camachicuynin quipococ: Éstos fueron hijos y nietos de capac apo Guaman Chaua, llamado Lliuyac Poma, Apo Poma. Y tanbién auía secretario del señor excelentícimo bizorrey segunda persona del Ynga, capac apo Guaman Chaua, su secretario. Éstos fueron hijos de apoconas [señores grandes], secretarios de los alcaldes de corte que prenden a los señores deste rreyno. Estos dichos secretarios onrrosos tenían quipos [cordeles con nudos usados en contabilidad] de colores teñidos y se llaman quilca camayoc [encargado de la iconografía] o quilla uata quipoc [el que lleva cuenta de los meses y los años], Y en todo el rreyno auía escriuano de cabildo; éstos asentauan lo que pasaua en los dichos cada pueblo deste rreyno. Y abía escriauno rreal; éstos andauan asentando en los caminos rreales y en otras parte. Y auía escriuanos nombrados; estos dichos escriuanos lo lleuaua los jueses y alcaldes a las prouincias para que dé fe y aciente por quipo y qüenta y rrazón. Éstos tenían tanta auilidad, pues que en los cordeles supo tanto, ¿qué me hiciera ci fuera en letra? Con los cordeles gouernaua todo el rreyno. Ëste fue el buen monteroso que escriuía cin mentira y cin cohecho nenguna. Era cristianícimos. CONTADOR I TEZORERO Contador mayor de todo este rreyno, Condor Chaua, hijo de apo: A éste le llamauan Tawantin Suyo runa quipoc Yncap, haziendan chasquicoc , tezorero mayor. Dize que este prencipal tenía grande auilidad; para sauer su auilidad el Ynga mandó contar y numirar, ajustar con los yndios deste rreyno. Con la lana del cierbo, taruga, enparexaua con la lana a los yndios y enparexaua con una comida llamado quinua [gramínea de altura], contaua la quinua y los yndios. Fue muy grande su auilidad, mejor fuera en papel y tinta. Contador mayor hatun hucha quipoc, contador menor huchuy hucha quipoc : Cuentan en tablas, numiran de cien mil y de dies mil y de ciento y de dies hasta llegar a una. De todo lo que pasan en este rreyno lo acienta y fiestas y domingos y meses y años. Y en cada ciudad y uilla y pueblos de yndios auía estos dichos contadores y tesoreros en este rreyno. Y contaua desta manera, comensando de uno, dos y tres: Suc [uno], yscay [dos], quinza [tres], taua [cuatro], pichica [5], zocta [6], canchis [7], puzac [8], yscon [9], chunga [10], yscay chunga [20], quinza chunga [30], taua chonga [40], pisca chunga [50], zocta chunga [60], canchis chunga [70], pozac chunga [80], yscon chunga [90], pachaca [100], uaranga [1000]. Chunga uaranga [10000][es un]huno, pachaca huno [100 x 10000], uaranranga [sic] huno [1000 x 10000], pantacac huno [incontable] . VECITADOR I JVES Taripac [el que determina lo justo], unanchac [el que calcula], cauaric [el que protege]: Éstos fueron de los hijos prencipales de Papri ynga y Chillque ynga. Esto fueron uecitadores que fueron mandado a todo el rreyno a becitalle los tanbos y monjas, acllaconas, y depócitos y comonidades y sapci de los Yngas y de sus dioses guacas y algunos fueron los Quillis Cachi, Equeco. Esto hazía para que fuese seruido la magestad del Ynga y de los señores bizorreys y prencipales grandes y capitanes y soldados y caualleros y jueses y justicias alguaziles deste rreyno. Le diesen rrecaudo y todo lo nesesario del depócito de los Yngas y estos becitadores pisquisaua otros delitos. Dizen que ci no lo hallando, lleuaua cuentos y mentiras, enbustis al Ynga y ancí le llaman llulla quillis cachi cimi apac [mentirosos de K'illis Kachi que lleva embustes]. Lleuaua esta mentira al Ynga porque le agradeciesen y ací, en uiendo a éstos andar en este rreyno, no osauan hablar nada porque no lo oyese. Y decía “Llulla quillis cachi camiua purin upalla cimita pantanquiman.” [“El mentiroso de K'illis Kachi camina maltratando. ¡Silencio! No sea que digas una palabra comprometedora.”] CONZEJO REAL deste rreyno que acistía en la gran ciudad y cauezera, corte del Cuzco, el medio de todo el rreyno desde Chile y Tucumán y Parauay y desde Nobo Reyno, Panamá, Santo Domingo, que se dize en general Tauantin Suyo: Chinchay Suyo, Ande Suyo, Colla Suyo, Conde Suyo. Y desde el Cuzco se parte a dos partes Hanan Cuzco-Chinchay Suyo; Lurin Cuzco-Colla Suyo. Estos señores prencipales uirreys y príncipes y capac apo, apo, curaca, allicac y otros caualleros estauan y rrecidían en la gran ciudad del Cuzco. Éstos eran consejos rreales, Tauantin Suyo camachicoc, capac apocona, y para el buen gouierno y castigo de justicia de los malos y de los buenos para dalle y hazelle merced. Gouernó dos yngas, los más prencipales Hanan Cuzco y otros dos Lurin Cuzco, y quatro señores grandes de la parte de Chinchay Suyo y dos señores de Ande Suyo, quatro señores de Colla Suyo y dos señores de Conde Suyo. Éstos fueron los señores del consejo rreal deste rreyno y en mudando uno déstos mudaua a sus hijos o ermanos. Como dicho es, que no se elexía a hombres pobres que no sea de la casta prencipal, aunque fuese áuil y suficiente ni rrico, porque la alteza y rrealeza y magestad no pùede comunicar con hijos de pobres picheros y los señores fueran uajos y la magestad del Ynga fuera menospreciado. Nunca le hablaua yndio y yndia pobre al Ynga, cino que trayýa lengua y asesor para oýlle su justicia pero faboreser al pobre güérfano, biuda mucho. QVE LE DEGLARA AL AVTOR y muestra los quipos [cordeles con nudos] y le declara y le da rrelaciones los Yngas y los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos al dicho autor don Felipe Guaman Poma de Ayala, administrador, protetor, tiniente general de corregidor de la prouincia de los Lucanas, señor y príncipe deste rreyno, que le declara desde primer yndio que trajo Dios a este rreyno del multiplico de Adán y Eua y de Noé del [di]luuio primer yndio llamado Uari Uira Cocha y Uari Runa, Purun Runa, Auca Runa, Ynca Pacha Runa; de todo le dio cuenta y rrazón para que lo escriua y aciente en este dicho libro para que la pulicía uaya adelante. Y todo lo demás saue por andar y seruir a los señores excelentícimos bizorreys y de los rrebrendos yn Cristos obispos y becitadores generales; todo lo fue escriuiendo y sabiendo con la abilidad y gracia que le dio Dios y entendimiento para serbir a Dios y a su Magestad. Prólogo a los letores cristianos españoles: Ues aquí, cristiano, toda la ley mala y buena; agora, cristiano letor, partí a dos partes: Lo malo apartaldo para que sean castigos y con lo bueno se cirua a Dios y a su Magestad. Cristiano letor, ues aquí toda la ley cristiana. No e hallado que sea tan cudicioso en oro ni plata los yndios, ni e hallado quien deua cien pesos ni mentiroso ni jugador ni peresoso ni puta ni puto ni quitarse entre ellos que bosotros lo tenéys toda ynobedente a buestro padre y madre y perlado y rrey. Y ci negáys a Dios, lo negáys a pie juntillo. Todo lo tenéys y lo enseñáys a los pobres de los yndios. Dizís quando desolláys entre bosotros y mucho más a los yndios pobres. Disís que aués de rrestituyr; no ueo que lo rrestituýs en uida ni en muerte. Paréseme a mí, cristiano, todos bosotros os condenáys al ynfierno. Que su Magestad es tan gran sancto que a todos quantos perlados y bizorreys bienen encargado con los pobres naturales, los perlados lo propio, todo la mar trae el fabor de los pobres yndios. En saliendo en tierra, luego es contra los yndios pobres de Jesucristo. Nos espantéis, cristiano letor, de que la ydúlatra y herronía antigua lo herraron como xentiles yndios antigos herraron el camino uerdadero. Cómo los españoles tubieron ýdolos como escriuió el rrebrendo padre fray Luys de Granada: Que un español gentil tenía su ýdolo de plata, que él lo abía labrado con sus manos y otro español lo abía hurtado. De ello fue llorando a buscar su ýdolo; más lloraua del ýdolo que de la plata. Ací los yndios como bárbaros y gentiles lloraua de sus ýdolos quando se los quebraron en tienpo de la conquista. Y bosotros tenéys ýdolos en buestra hazienda y plata en tododo [sic] el mundo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] kvkpbtrlx5s2q132tyh7x9g8tqta34s 1665676 1665645 2026-06-21T01:24:26Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665676 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 18: El capítulo del gobierno del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} VIREI I CONTRATOS, CONSEJO: INCAP RANTIN CAPAC APO [el gran señor que remplaza al Inka] GVAMAN CHAVA, EX[CELENTÍCI]MO S[EÑ]OR, DVQVE, segunda persona del rrey Ynga y de su Magestad, duque de enfante y duque de Alua EX[CELENTÍCI]MO S[EÑ]OR VIREI Yncap rantin [que remplaza al Inka], uirrey del Ynga y deste rreyno capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca [señor de Yaru], Allauca Guanoco, agüelo del autor deste dicho libro, que fue segunda persona de Topa Ynga Yupanqui, como en Castilla el excelentícimo señor duque de Alua. Que a los dichos uirreys o consejo nunca el Ynga le elexía a hombres uajos ni rricos ni caualleros ni a hidalgos ni a sabio, cino que le uenga derecho y antigo rrey, auquiconas, príncipes; y capac apo o apocona rrays antigos, príncipes. Éstos mandaua la tierra y a los dichos guamanin apo [capitán], uaranca curaca [señor de 1000 unidades], allicaccona [ascendidos por el Inka], camachicoccuna [autoridades menores] no les daua ranpa [andas] ni uanto [comitiva] porque son yndios mandoncillos camachicoc, allicac, yndios hechos merced; a éstos nunca les daua cargo grueso ni gouirno [sic] del rreyno. Y ací uno no más fue su segunda y uirrey. Comía y ueuía y se holgaua, comunicaua con él y no auía otro y enbiaua a Chile y a Quito en su lugar. Y ací le llaman capac apo Guaman Chaua, Yncap rantin taripac [el lugarteniente del Inka], Tauantin Suyo runata [frente a la gente del Tawantin Suyu]. Ci no fuera de muy gran linaxe no le obedeciera otros señores grandes deste rreyno y se alsarían la tierra. Y, ci de yndio mitayo uaxo se haze señor como agora, se agrauiarían otros de buena sangre y linage. Y ací autorisa capac apo Guaman Chaua en sus andas de pardo, chicche ranpa, uirrey su tiniente general y capitán mayor y segunda persona de la magestad del Ynga de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos de los quatro rreynos. Se dize Tauantin Suyo desde el cabo de la montaña de Chile hasta el cabo y montaña de Nobo Reyno, desde la Mar de Sur hasta la Mar del Norte; toda la cierra, toda la montaña, toda la cordellera y llanos, arenal de mar, gran señor de su rreyno sugetaua y rreynaua el Ynga y su segunda capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca, Allauca Guanoco. ALCALDE DE CORTE, JVES Capac apo uatac Yncap ciminmanta, alcalde de corte, que ua a prender a un señor grande capac apo porque fue rreuelde Yncapac yscay sonco, Yncata cipcicac, noca Ynca casac nec, apo Cullic Chaua del pueblo de Caxatanbo del ayllo [parcialidad] Chiccay. Y lleua por señal masca paycha, tusón del Ynga, y prouición para dar fe al señor que ua a prender y cómo le a de prender y traer preso a buen rrecaudo ante el Ynga y a todo su consejo para que sea castigado, a otros exenplo. Y ua despachado por el Ynga y su consejo y pontífises. A estos señores jueses no se elixe a ombres rreueldes ni a pobres ni a ladrones acohechados cino leal y justiciero, hombre de uerdad. Ci le halla culpado no le perdona y ci no es culpado tray enformación uerdadera como cristiano y uien saue que a de murir y da buena cuenta. Y se ylixe de los Yngas, Hanan Cuzco y Lurin Cuzco, o caciques prencipales que aya seruido la magestad del Ynga para que trayga buen rrecaudo. Y se cumplió, executa lo mandado del consejo rreal del Ynga y de sus señores jueses capac apoconas, justicias deste rreyno. ALGVAZIL MAIOR Uatay camayoc [apresador], chacnay camayoc [torturador], Lurin Cuzco ynga, alguazil mayor: A éstos les llamaua uatay camayoc porque prendía; chacnay camayoc eran alguaciles menores. A este oficio no le elexía a yndio pobre, cino a hijos uastardos o sobrinos de los Yngas. Ya que le elexía este dicho cargo y oficio a fíel yndio Hanan Cuzco o Lorin Cuzco ynga, Anta ynga, Quillis Cachi ynga o a los hijos de los prencipales de la parcialidad de Guanoco y no a otro nenguno. Y ací porque fueron grandes seruidores de la corona rreal del Ynga los yndios Guanocos, fieles como en Castilla los biscaýnos, ací le dio muchas tierras y muchos pueblos en este rreyno. A los yndios Guanocos, Chinchay Suyos sugeto de capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca, Allauca Guanoco, y a sus hijos le dieron muchos cargos y oficios, beneficios en todo este rreyno. No les dio ningún cargo a los Chachapoyas y Cañares porque fueron yndios rreueldes y ladrones, ynbosteros. Quando les enbiaua a prender a los cuerpos de los prencipales menores, lleuaua por señal la chuspa [bolsa] y ojotas [sandalias] del Ynga y prouiciones y mandacto expresa rreal de la magestad del Ynga y de todo su consejo aprouado por los pontífises. Sale a prender la justicia y jues, rreseptor deste rreyno. COREGIDOR Tocricoc [gobernador], jues michoc: Estos yngas fueron de la parcialidad de Tanbo ynga o auquicona [príncipes] de los que tenían las orexas quebradas o pies o manos mascos. Fueron corregidor de prouincias y jueses que uan a tomar cargo y rrecidencia. Estos algunos fueron de los hijos uastardos auquiconas o nietos o bisnetos de los rreys Yngas destos rreynos, Hanan Cuzco o Lurin Cuzco, que fuesen de los principales de los Anta y Mayo o Queuar, Uaroc, Acos, Cauina de los yngas que tienen orejas. La casta de ellos les enbía a ser corregidor en las prouincias y no auía tiniente, cino los mismos prencipales de cada prouincia, como dicho tengo. Éstos se elexían de los mancos y dañados o quebrados los dientes porque ya no ualía ni consentía a que entrasen al sacrificio de sus dioses y uacas ýdolos y ancí fueron mandado a las prouincias. Y ci es menos de un ojo ya no le quiere uer el Ynga, que no sea de prouecho para seruir la magestad del Ynga ni para guerra y ací les ocupaua en este oficio. A los buenos y sanos les ocupaua en guerra y batalla y otros seruicios de bueno y de sano. Y estos dichos corregidor hazía buena justicia y no rrobaua ni tenía tratos y contratos ni ocupaua en texer y traxenear ni nadie se quexaua de ellos. Y ací hasta morir duraua su corregimiento, temía a Dios y a la justicia y castigos en todo el rreyno. ADMINISTRADOR Suyuyoc [administrador de una subdivisión], hijo de capac apo Guaman Chaua, fue llamado Carua Poma. Estos dichos administradores de la prouincias fueron hijos de los grandes señores destos rreynos. Le dauan estos cargos porque aprendiesen oficios y contar y mandar porque, en muriendo sus padres, entrasen y supiesen qué cosa es gouernar la tierra. Y ací no se elexía a hombres bajos que los oficios gruesos se ocupasen los hijos de capac apo y ací nunca le dieron estos cargos gruesos a los hijos de los dichos apo ni de curaca. An de tener auilidad y an de ser dilexente y suficiente para ello. Estos dichos administradores a de administrar las comunidades y sapci y de los dioses de las sementeras de todas especias, comidas y frutas y rropa y ganados y minas como sea de la comonidad y sapci y todo de los sacrificios y de la hazienda de los pobres yndios y de las señoras coyas y nustas y de prencipales. Para que aumente y no se quiten unos y otros ni tengan pleyto entre ellos, para que ayga justicia. Y los llama miches [pastor], para que curen y sean buenos pastores y tengan sus quipos [cordeles con nudos] y haziendo dar rrecaudos: misquillicuy [mata dulce], chaura [carne], puti de pescado [guiso preparado con ch'uñu], cuchocho [guiso de tubérculo], uasca [soga], apa [frazada], piruro [rueda del huso], pine, palca [horqueta] de nierbos, oxotas [sandalias], todo atado hasta capaso, chicoro [especie de sardina], cancaua [yerba acuática], llullucha [berro], cusuro [caña], uaylla [prado verde no agotado], ycho [paja], pucpus [poronguillo], pizaca, quiuyo puti [guiso de perdiz, guiso de un ave] hasta leña de la cierra tomaua cuenta. COREÓN Hatun chasqui [postillón principal], churo mullo chasqui [que trae caracol]: Estos chasqueros [mensajeros] gouernaua este rreyno y era hijo de curaca fiel y liberal. Y tenía una pluma quitasol de blanco en la cauesa y traýa porque le biese de lejos el otro chasque. Y trayýa su tronpeta, putoto, para llamar para questubiera aparexado, llamándole con la guaylla quipa [trompeta]. Y por arma trayýa chanbi [porra] y uaraca [honda]. Este chasquero se pagaua del Ynga y comía del depócito del Ynga en este rreyno. El dicho churo chasque estaua puesto de media legua porque fuesen a la lixera. Dizen que el caracol de hacia Nobo Reyno que llaman tumi llegaua bibo al Ynga al Cuzco y el dicho hatun chasque de cosas pesadas de a una jornada, que a éstos les llaman hatun chasque. Gouernaua estos chasqueros un ynga príncipe, auquicona, de todo el rreyno porque no ubiese falta. Y a éstos les benía a uecitar ci an hecho falta y ci tiene alemento y comida. Como dicho es, se sustenta del depócito a costa del dicho ynga y no le mudan en otros yndios porque an de ser fiel y an de ser hijos de los curacas conocidos y que no sea peresoso y que buele como un game y como un gauilán. Y an de tener rremuda y libre muger y hijos porque de día y de noche no an de parar. Y an de tener allí su chacras [sementera] en los mismos citios y sus ganados y todo lo que a menester en todo el rreyno y no an de faltar una ora. AMOJONADORES Sayua checta suyoyoc, Cona Raqui, Hanan Cuzco ynga, Una Caucho, Lurin Cuzco ynga, mojonadores destos rreynos toda la cierra y yunga [zona cálida] desde el mojón de Uanca y Atoc Ranco, Santa Catalina, Uara Uarco, Paylliua, Tinqui: Ací procigue toda los mojones y parte con los yndios Yungas y de la cierra y cordellera del arenal de la Mar de Sur. Los dichos amojonadores lo amojonaron por mandado de Topa Ynga Yupanqui cada prouincia destos rreynos y cada pueblo de cada ayllo [parcialidad]. Aunque fuese dos yndios, aunque fuese uno solo, aunque fuese a una yndia o niño, les rrepartía sementeras chacaras y pastos y secyas, agua para rregar sus chacaras, ací de la montaña como de la cierra y yungas con sus acecyas de rriego y rríos, leña, paxa, con mucha horden y concierto cin agrauiar a nadie, sacando para el sol y luna, estrellas y tenplos y guacas dioses y para el Ynga y coya [reina], auquicona [príncipe], nustaconas [princesas] y para los señores grandes capac apo y para los apocona, curacaconas; allicac camachicoccunas [autoridades ascendidos por el Inka], conforme la calidad y para los yndios de guerra, auca camayoc y capitanes, cinchicona, y para los biejos y biejas, enfermos y solteros y solteras, muchachos y muchachas, niños y niñas, que todos comían cin tocar a las chacaras de la comunidad y sapci y lucri [?] que an tenido. Y ancí estos dos jueses deste rreyno lo hizieron con mucha horden y claridad y lo sentenció y fue executado, acauado el mojón. Y gouernó estos dichos dos yngas, Cona Raqui, Una Caucho yngas, en todo este rreyno que no lo podía hazello mejor cin cohecho y buena justicia derecha en este rreyno. CAMINOS REALES Capac nan guamanin [el camino real], que en el tienpo de los Yngas auía seys caminos rreales, los quales gouernó un ynga tocricoc [oficial real], Anta ynga, estos dichos caminos rreales con sus atajos: El primero camino rreal por el arenal de la Mar de Sur por los llanos, el segundo camino rreal por Chocllo Cocha, Carachi, Quilcata, Uata Cocha, Ura Pampa, el tersero camino rreal por Guaylla Cucho, Queca Machay, Poma Ranra, el quarto camino rreal por Bilcas Guaman, Andaguaylas y Guamanga, Taya Caxa, Xauxa, el sesto camino rreal por la cordellera de la montaña, el sétimo camino rreal de la misma montaña hacia de la Mar del Norte puesto por los Yngas. Con su legua y medida amojonado y señalado, cada camino de ancho quatro uaras y por los dos lados puesto piedras que ua derecho, que no a hecho en todo el mundo los rreys como el Ynga. Y ancí se dize camino rreal del Ynga y tienía [sic] puesto sus guamanies [distrito administrativo incaico] y tanbillos, casas adonde se aposentaua, y en cada prouincia su juridición hacía camarico [dádivas]. Y dauan rrecaudo a los prencipales y capitanes y en cada uno abía chasques [postillón] y mucho rrecaudo y los caminos muy aderesados y linpios y en las ciénegas puesto piedras y puentes. PVENTES DESTOS REINOS Puentes de crisnejas grandes que abía en tienpo del Ynga, como es de Bombom, Xauxa, Ango Yaco, de Sangaro y de Uinaca, de Guanbo la grande, Amancay, Aporima, Uaca Chaca, Sora, Apcara y de Bilcas y de Chuschi, Bilcancho, como son otros puentes chicos como de Challuanca, Pampa Marca, conforme los rríos y otros puentes de palos y balsas que los yndios balseros lo lleuan, como en los llanos y en el Collau y Cangallo y Uancayo. Todo lo dicho gouernaua un ynga prencipal, Acos, en todo el rreyno. Y después el señor bizorrey marqués de Cañete el biejo mandó hazer de cal y canto la puente de Lima y la puente de Xauxa y la puente de Ango Yaco. La puente de Amancay lo mandó hazer agora su hijo el señor bizorrey don García Hurtado de Mendosa, marqués de Cañete el moso. Mandó hazer de cal i canto la puente de Aporima; no a hecho tan gran seruicio de Dios y de su Magestad ningún bizorrey como el señor marqués de Cañete. Agora era muy gran seruicio de Dios y de su Magestad de que se hiziera la puente de la grande de Guanbo porque se muere muchos yndios en cada ues que lo hazen de los rrepartimientos y padesen trauajo. Ci se hiciera de cal y canto se hiciera una ues y se acauará una ues; fuera muy gran merced a los pobres de los yndios haziéndose todo los puentes de cal y canto. SECRETARIOS de los Yngas y de su consejo rreal que al secretario del Ynga le llamaua Yncap cimin quipococ, al secretario del consejo les llamaua Tauantin Suyo capac apocona Yncaconap cimin camachicuynin quipococ: Éstos fueron hijos y nietos de capac apo Guaman Chaua, llamado Lliuyac Poma, Apo Poma. Y tanbién auía secretario del señor excelentícimo bizorrey segunda persona del Ynga, capac apo Guaman Chaua, su secretario. Éstos fueron hijos de apoconas [señores grandes], secretarios de los alcaldes de corte que prenden a los señores deste rreyno. Estos dichos secretarios onrrosos tenían quipos [cordeles con nudos usados en contabilidad] de colores teñidos y se llaman quilca camayoc [encargado de la iconografía] o quilla uata quipoc [el que lleva cuenta de los meses y los años], Y en todo el rreyno auía escriuano de cabildo; éstos asentauan lo que pasaua en los dichos cada pueblo deste rreyno. Y abía escriauno rreal; éstos andauan asentando en los caminos rreales y en otras parte. Y auía escriuanos nombrados; estos dichos escriuanos lo lleuaua los jueses y alcaldes a las prouincias para que dé fe y aciente por quipo y qüenta y rrazón. Éstos tenían tanta auilidad, pues que en los cordeles supo tanto, ¿qué me hiciera ci fuera en letra? Con los cordeles gouernaua todo el rreyno. Ëste fue el buen monteroso que escriuía cin mentira y cin cohecho nenguna. Era cristianícimos. CONTADOR I TEZORERO Contador mayor de todo este rreyno, Condor Chaua, hijo de apo: A éste le llamauan Tawantin Suyo runa quipoc Yncap, haziendan chasquicoc , tezorero mayor. Dize que este prencipal tenía grande auilidad; para sauer su auilidad el Ynga mandó contar y numirar, ajustar con los yndios deste rreyno. Con la lana del cierbo, taruga, enparexaua con la lana a los yndios y enparexaua con una comida llamado quinua [gramínea de altura], contaua la quinua y los yndios. Fue muy grande su auilidad, mejor fuera en papel y tinta. Contador mayor hatun hucha quipoc, contador menor huchuy hucha quipoc : Cuentan en tablas, numiran de cien mil y de dies mil y de ciento y de dies hasta llegar a una. De todo lo que pasan en este rreyno lo acienta y fiestas y domingos y meses y años. Y en cada ciudad y uilla y pueblos de yndios auía estos dichos contadores y tesoreros en este rreyno. Y contaua desta manera, comensando de uno, dos y tres: Suc [uno], yscay [dos], quinza [tres], taua [cuatro], pichica [5], zocta [6], canchis [7], puzac [8], yscon [9], chunga [10], yscay chunga [20], quinza chunga [30], taua chonga [40], pisca chunga [50], zocta chunga [60], canchis chunga [70], pozac chunga [80], yscon chunga [90], pachaca [100], uaranga [1000]. Chunga uaranga [10000][es un]huno, pachaca huno [100 x 10000], uaranranga [sic] huno [1000 x 10000], pantacac huno [incontable] . VECITADOR I JVES Taripac [el que determina lo justo], unanchac [el que calcula], cauaric [el que protege]: Éstos fueron de los hijos prencipales de Papri ynga y Chillque ynga. Esto fueron uecitadores que fueron mandado a todo el rreyno a becitalle los tanbos y monjas, acllaconas, y depócitos y comonidades y sapci de los Yngas y de sus dioses guacas y algunos fueron los Quillis Cachi, Equeco. Esto hazía para que fuese seruido la magestad del Ynga y de los señores bizorreys y prencipales grandes y capitanes y soldados y caualleros y jueses y justicias alguaziles deste rreyno. Le diesen rrecaudo y todo lo nesesario del depócito de los Yngas y estos becitadores pisquisaua otros delitos. Dizen que ci no lo hallando, lleuaua cuentos y mentiras, enbustis al Ynga y ancí le llaman llulla quillis cachi cimi apac [mentirosos de K'illis Kachi que lleva embustes]. Lleuaua esta mentira al Ynga porque le agradeciesen y ací, en uiendo a éstos andar en este rreyno, no osauan hablar nada porque no lo oyese. Y decía “Llulla quillis cachi camiua purin upalla cimita pantanquiman.” [“El mentiroso de K'illis Kachi camina maltratando. ¡Silencio! No sea que digas una palabra comprometedora.”] CONZEJO REAL deste rreyno que acistía en la gran ciudad y cauezera, corte del Cuzco, el medio de todo el rreyno desde Chile y Tucumán y Parauay y desde Nobo Reyno, Panamá, Santo Domingo, que se dize en general Tauantin Suyo: Chinchay Suyo, Ande Suyo, Colla Suyo, Conde Suyo. Y desde el Cuzco se parte a dos partes Hanan Cuzco-Chinchay Suyo; Lurin Cuzco-Colla Suyo. Estos señores prencipales uirreys y príncipes y capac apo, apo, curaca, allicac y otros caualleros estauan y rrecidían en la gran ciudad del Cuzco. Éstos eran consejos rreales, Tauantin Suyo camachicoc, capac apocona, y para el buen gouierno y castigo de justicia de los malos y de los buenos para dalle y hazelle merced. Gouernó dos yngas, los más prencipales Hanan Cuzco y otros dos Lurin Cuzco, y quatro señores grandes de la parte de Chinchay Suyo y dos señores de Ande Suyo, quatro señores de Colla Suyo y dos señores de Conde Suyo. Éstos fueron los señores del consejo rreal deste rreyno y en mudando uno déstos mudaua a sus hijos o ermanos. Como dicho es, que no se elexía a hombres pobres que no sea de la casta prencipal, aunque fuese áuil y suficiente ni rrico, porque la alteza y rrealeza y magestad no pùede comunicar con hijos de pobres picheros y los señores fueran uajos y la magestad del Ynga fuera menospreciado. Nunca le hablaua yndio y yndia pobre al Ynga, cino que trayýa lengua y asesor para oýlle su justicia pero faboreser al pobre güérfano, biuda mucho. QVE LE DEGLARA AL AVTOR y muestra los quipos [cordeles con nudos] y le declara y le da rrelaciones los Yngas y los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos al dicho autor don Felipe Guaman Poma de Ayala, administrador, protetor, tiniente general de corregidor de la prouincia de los Lucanas, señor y príncipe deste rreyno, que le declara desde primer yndio que trajo Dios a este rreyno del multiplico de Adán y Eua y de Noé del [di]luuio primer yndio llamado Uari Uira Cocha y Uari Runa, Purun Runa, Auca Runa, Ynca Pacha Runa; de todo le dio cuenta y rrazón para que lo escriua y aciente en este dicho libro para que la pulicía uaya adelante. Y todo lo demás saue por andar y seruir a los señores excelentícimos bizorreys y de los rrebrendos yn Cristos obispos y becitadores generales; todo lo fue escriuiendo y sabiendo con la abilidad y gracia que le dio Dios y entendimiento para serbir a Dios y a su Magestad. Prólogo a los letores cristianos españoles: Ues aquí, cristiano, toda la ley mala y buena; agora, cristiano letor, partí a dos partes: Lo malo apartaldo para que sean castigos y con lo bueno se cirua a Dios y a su Magestad. Cristiano letor, ues aquí toda la ley cristiana. No e hallado que sea tan cudicioso en oro ni plata los yndios, ni e hallado quien deua cien pesos ni mentiroso ni jugador ni peresoso ni puta ni puto ni quitarse entre ellos que bosotros lo tenéys toda ynobedente a buestro padre y madre y perlado y rrey. Y ci negáys a Dios, lo negáys a pie juntillo. Todo lo tenéys y lo enseñáys a los pobres de los yndios. Dizís quando desolláys entre bosotros y mucho más a los yndios pobres. Disís que aués de rrestituyr; no ueo que lo rrestituýs en uida ni en muerte. Paréseme a mí, cristiano, todos bosotros os condenáys al ynfierno. Que su Magestad es tan gran sancto que a todos quantos perlados y bizorreys bienen encargado con los pobres naturales, los perlados lo propio, todo la mar trae el fabor de los pobres yndios. En saliendo en tierra, luego es contra los yndios pobres de Jesucristo. Nos espantéis, cristiano letor, de que la ydúlatra y herronía antigua lo herraron como xentiles yndios antigos herraron el camino uerdadero. Cómo los españoles tubieron ýdolos como escriuió el rrebrendo padre fray Luys de Granada: Que un español gentil tenía su ýdolo de plata, que él lo abía labrado con sus manos y otro español lo abía hurtado. De ello fue llorando a buscar su ýdolo; más lloraua del ýdolo que de la plata. Ací los yndios como bárbaros y gentiles lloraua de sus ýdolos quando se los quebraron en tienpo de la conquista. Y bosotros tenéys ýdolos en buestra hazienda y plata en tododo [sic] el mundo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] 4fp8szxjuy5llb49kc71jnjti4dc9dw 1665704 1665676 2026-06-21T01:34:20Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665704 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 18: El capítulo del gobierno del Ynga |autor=Guamán Poma de Ayala }} VIREI I CONTRATOS, CONSEJO: INCAP RANTIN CAPAC APO [el gran señor que remplaza al Inka] GVAMAN CHAVA, EX[CELENTÍCI]MO S[EÑ]OR, DVQVE, segunda persona del rrey Ynga y de su Magestad, duque de enfante y duque de Alua EX[CELENTÍCI]MO S[EÑ]OR VIREI Yncap rantin [que remplaza al Inka], uirrey del Ynga y deste rreyno capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca [señor de Yaru], Allauca Guanoco, agüelo del autor deste dicho libro, que fue segunda persona de Topa Ynga Yupanqui, como en Castilla el excelentícimo señor duque de Alua. Que a los dichos uirreys o consejo nunca el Ynga le elexía a hombres uajos ni rricos ni caualleros ni a hidalgos ni a sabio, cino que le uenga derecho y antigo rrey, auquiconas, príncipes; y capac apo o apocona rrays antigos, príncipes. Éstos mandaua la tierra y a los dichos guamanin apo [capitán], uaranca curaca [señor de 1000 unidades], allicaccona [ascendidos por el Inka], camachicoccuna [autoridades menores] no les daua ranpa [andas] ni uanto [comitiva] porque son yndios mandoncillos camachicoc, allicac, yndios hechos merced; a éstos nunca les daua cargo grueso ni gouirno [sic] del rreyno. Y ací uno no más fue su segunda y uirrey. Comía y ueuía y se holgaua, comunicaua con él y no auía otro y enbiaua a Chile y a Quito en su lugar. Y ací le llaman capac apo Guaman Chaua, Yncap rantin taripac [el lugarteniente del Inka], Tauantin Suyo runata [frente a la gente del Tawantin Suyu]. Ci no fuera de muy gran linaxe no le obedeciera otros señores grandes deste rreyno y se alsarían la tierra. Y, ci de yndio mitayo uaxo se haze señor como agora, se agrauiarían otros de buena sangre y linage. Y ací autorisa capac apo Guaman Chaua en sus andas de pardo, chicche ranpa, uirrey su tiniente general y capitán mayor y segunda persona de la magestad del Ynga de los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos de los quatro rreynos. Se dize Tauantin Suyo desde el cabo de la montaña de Chile hasta el cabo y montaña de Nobo Reyno, desde la Mar de Sur hasta la Mar del Norte; toda la cierra, toda la montaña, toda la cordellera y llanos, arenal de mar, gran señor de su rreyno sugetaua y rreynaua el Ynga y su segunda capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca, Allauca Guanoco. ALCALDE DE CORTE, JVES Capac apo uatac Yncap ciminmanta, alcalde de corte, que ua a prender a un señor grande capac apo porque fue rreuelde Yncapac yscay sonco, Yncata cipcicac, noca Ynca casac nec, apo Cullic Chaua del pueblo de Caxatanbo del ayllo [parcialidad] Chiccay. Y lleua por señal masca paycha, tusón del Ynga, y prouición para dar fe al señor que ua a prender y cómo le a de prender y traer preso a buen rrecaudo ante el Ynga y a todo su consejo para que sea castigado, a otros exenplo. Y ua despachado por el Ynga y su consejo y pontífises. A estos señores jueses no se elixe a ombres rreueldes ni a pobres ni a ladrones acohechados cino leal y justiciero, hombre de uerdad. Ci le halla culpado no le perdona y ci no es culpado tray enformación uerdadera como cristiano y uien saue que a de murir y da buena cuenta. Y se ylixe de los Yngas, Hanan Cuzco y Lurin Cuzco, o caciques prencipales que aya seruido la magestad del Ynga para que trayga buen rrecaudo. Y se cumplió, executa lo mandado del consejo rreal del Ynga y de sus señores jueses capac apoconas, justicias deste rreyno. ALGVAZIL MAIOR Uatay camayoc [apresador], chacnay camayoc [torturador], Lurin Cuzco ynga, alguazil mayor: A éstos les llamaua uatay camayoc porque prendía; chacnay camayoc eran alguaciles menores. A este oficio no le elexía a yndio pobre, cino a hijos uastardos o sobrinos de los Yngas. Ya que le elexía este dicho cargo y oficio a fíel yndio Hanan Cuzco o Lorin Cuzco ynga, Anta ynga, Quillis Cachi ynga o a los hijos de los prencipales de la parcialidad de Guanoco y no a otro nenguno. Y ací porque fueron grandes seruidores de la corona rreal del Ynga los yndios Guanocos, fieles como en Castilla los biscaýnos, ací le dio muchas tierras y muchos pueblos en este rreyno. A los yndios Guanocos, Chinchay Suyos sugeto de capac apo Guaman Chaua, Yaro Bilca, Allauca Guanoco, y a sus hijos le dieron muchos cargos y oficios, beneficios en todo este rreyno. No les dio ningún cargo a los Chachapoyas y Cañares porque fueron yndios rreueldes y ladrones, ynbosteros. Quando les enbiaua a prender a los cuerpos de los prencipales menores, lleuaua por señal la chuspa [bolsa] y ojotas [sandalias] del Ynga y prouiciones y mandacto expresa rreal de la magestad del Ynga y de todo su consejo aprouado por los pontífises. Sale a prender la justicia y jues, rreseptor deste rreyno. COREGIDOR Tocricoc [gobernador], jues michoc: Estos yngas fueron de la parcialidad de Tanbo ynga o auquicona [príncipes] de los que tenían las orexas quebradas o pies o manos mascos. Fueron corregidor de prouincias y jueses que uan a tomar cargo y rrecidencia. Estos algunos fueron de los hijos uastardos auquiconas o nietos o bisnetos de los rreys Yngas destos rreynos, Hanan Cuzco o Lurin Cuzco, que fuesen de los principales de los Anta y Mayo o Queuar, Uaroc, Acos, Cauina de los yngas que tienen orejas. La casta de ellos les enbía a ser corregidor en las prouincias y no auía tiniente, cino los mismos prencipales de cada prouincia, como dicho tengo. Éstos se elexían de los mancos y dañados o quebrados los dientes porque ya no ualía ni consentía a que entrasen al sacrificio de sus dioses y uacas ýdolos y ancí fueron mandado a las prouincias. Y ci es menos de un ojo ya no le quiere uer el Ynga, que no sea de prouecho para seruir la magestad del Ynga ni para guerra y ací les ocupaua en este oficio. A los buenos y sanos les ocupaua en guerra y batalla y otros seruicios de bueno y de sano. Y estos dichos corregidor hazía buena justicia y no rrobaua ni tenía tratos y contratos ni ocupaua en texer y traxenear ni nadie se quexaua de ellos. Y ací hasta morir duraua su corregimiento, temía a Dios y a la justicia y castigos en todo el rreyno. ADMINISTRADOR Suyuyoc [administrador de una subdivisión], hijo de capac apo Guaman Chaua, fue llamado Carua Poma. Estos dichos administradores de la prouincias fueron hijos de los grandes señores destos rreynos. Le dauan estos cargos porque aprendiesen oficios y contar y mandar porque, en muriendo sus padres, entrasen y supiesen qué cosa es gouernar la tierra. Y ací no se elexía a hombres bajos que los oficios gruesos se ocupasen los hijos de capac apo y ací nunca le dieron estos cargos gruesos a los hijos de los dichos apo ni de curaca. An de tener auilidad y an de ser dilexente y suficiente para ello. Estos dichos administradores a de administrar las comunidades y sapci y de los dioses de las sementeras de todas especias, comidas y frutas y rropa y ganados y minas como sea de la comonidad y sapci y todo de los sacrificios y de la hazienda de los pobres yndios y de las señoras coyas y nustas y de prencipales. Para que aumente y no se quiten unos y otros ni tengan pleyto entre ellos, para que ayga justicia. Y los llama miches [pastor], para que curen y sean buenos pastores y tengan sus quipos [cordeles con nudos] y haziendo dar rrecaudos: misquillicuy [mata dulce], chaura [carne], puti de pescado [guiso preparado con ch'uñu], cuchocho [guiso de tubérculo], uasca [soga], apa [frazada], piruro [rueda del huso], pine, palca [horqueta] de nierbos, oxotas [sandalias], todo atado hasta capaso, chicoro [especie de sardina], cancaua [yerba acuática], llullucha [berro], cusuro [caña], uaylla [prado verde no agotado], ycho [paja], pucpus [poronguillo], pizaca, quiuyo puti [guiso de perdiz, guiso de un ave] hasta leña de la cierra tomaua cuenta. COREÓN Hatun chasqui [postillón principal], churo mullo chasqui [que trae caracol]: Estos chasqueros [mensajeros] gouernaua este rreyno y era hijo de curaca fiel y liberal. Y tenía una pluma quitasol de blanco en la cauesa y traýa porque le biese de lejos el otro chasque. Y trayýa su tronpeta, putoto, para llamar para questubiera aparexado, llamándole con la guaylla quipa [trompeta]. Y por arma trayýa chanbi [porra] y uaraca [honda]. Este chasquero se pagaua del Ynga y comía del depócito del Ynga en este rreyno. El dicho churo chasque estaua puesto de media legua porque fuesen a la lixera. Dizen que el caracol de hacia Nobo Reyno que llaman tumi llegaua bibo al Ynga al Cuzco y el dicho hatun chasque de cosas pesadas de a una jornada, que a éstos les llaman hatun chasque. Gouernaua estos chasqueros un ynga príncipe, auquicona, de todo el rreyno porque no ubiese falta. Y a éstos les benía a uecitar ci an hecho falta y ci tiene alemento y comida. Como dicho es, se sustenta del depócito a costa del dicho ynga y no le mudan en otros yndios porque an de ser fiel y an de ser hijos de los curacas conocidos y que no sea peresoso y que buele como un game y como un gauilán. Y an de tener rremuda y libre muger y hijos porque de día y de noche no an de parar. Y an de tener allí su chacras [sementera] en los mismos citios y sus ganados y todo lo que a menester en todo el rreyno y no an de faltar una ora. AMOJONADORES Sayua checta suyoyoc, Cona Raqui, Hanan Cuzco ynga, Una Caucho, Lurin Cuzco ynga, mojonadores destos rreynos toda la cierra y yunga [zona cálida] desde el mojón de Uanca y Atoc Ranco, Santa Catalina, Uara Uarco, Paylliua, Tinqui: Ací procigue toda los mojones y parte con los yndios Yungas y de la cierra y cordellera del arenal de la Mar de Sur. Los dichos amojonadores lo amojonaron por mandado de Topa Ynga Yupanqui cada prouincia destos rreynos y cada pueblo de cada ayllo [parcialidad]. Aunque fuese dos yndios, aunque fuese uno solo, aunque fuese a una yndia o niño, les rrepartía sementeras chacaras y pastos y secyas, agua para rregar sus chacaras, ací de la montaña como de la cierra y yungas con sus acecyas de rriego y rríos, leña, paxa, con mucha horden y concierto cin agrauiar a nadie, sacando para el sol y luna, estrellas y tenplos y guacas dioses y para el Ynga y coya [reina], auquicona [príncipe], nustaconas [princesas] y para los señores grandes capac apo y para los apocona, curacaconas; allicac camachicoccunas [autoridades ascendidos por el Inka], conforme la calidad y para los yndios de guerra, auca camayoc y capitanes, cinchicona, y para los biejos y biejas, enfermos y solteros y solteras, muchachos y muchachas, niños y niñas, que todos comían cin tocar a las chacaras de la comunidad y sapci y lucri [?] que an tenido. Y ancí estos dos jueses deste rreyno lo hizieron con mucha horden y claridad y lo sentenció y fue executado, acauado el mojón. Y gouernó estos dichos dos yngas, Cona Raqui, Una Caucho yngas, en todo este rreyno que no lo podía hazello mejor cin cohecho y buena justicia derecha en este rreyno. CAMINOS REALES Capac nan guamanin [el camino real], que en el tienpo de los Yngas auía seys caminos rreales, los quales gouernó un ynga tocricoc [oficial real], Anta ynga, estos dichos caminos rreales con sus atajos: El primero camino rreal por el arenal de la Mar de Sur por los llanos, el segundo camino rreal por Chocllo Cocha, Carachi, Quilcata, Uata Cocha, Ura Pampa, el tersero camino rreal por Guaylla Cucho, Queca Machay, Poma Ranra, el quarto camino rreal por Bilcas Guaman, Andaguaylas y Guamanga, Taya Caxa, Xauxa, el sesto camino rreal por la cordellera de la montaña, el sétimo camino rreal de la misma montaña hacia de la Mar del Norte puesto por los Yngas. Con su legua y medida amojonado y señalado, cada camino de ancho quatro uaras y por los dos lados puesto piedras que ua derecho, que no a hecho en todo el mundo los rreys como el Ynga. Y ancí se dize camino rreal del Ynga y tienía [sic] puesto sus guamanies [distrito administrativo incaico] y tanbillos, casas adonde se aposentaua, y en cada prouincia su juridición hacía camarico [dádivas]. Y dauan rrecaudo a los prencipales y capitanes y en cada uno abía chasques [postillón] y mucho rrecaudo y los caminos muy aderesados y linpios y en las ciénegas puesto piedras y puentes. PVENTES DESTOS REINOS Puentes de crisnejas grandes que abía en tienpo del Ynga, como es de Bombom, Xauxa, Ango Yaco, de Sangaro y de Uinaca, de Guanbo la grande, Amancay, Aporima, Uaca Chaca, Sora, Apcara y de Bilcas y de Chuschi, Bilcancho, como son otros puentes chicos como de Challuanca, Pampa Marca, conforme los rríos y otros puentes de palos y balsas que los yndios balseros lo lleuan, como en los llanos y en el Collau y Cangallo y Uancayo. Todo lo dicho gouernaua un ynga prencipal, Acos, en todo el rreyno. Y después el señor bizorrey marqués de Cañete el biejo mandó hazer de cal y canto la puente de Lima y la puente de Xauxa y la puente de Ango Yaco. La puente de Amancay lo mandó hazer agora su hijo el señor bizorrey don García Hurtado de Mendosa, marqués de Cañete el moso. Mandó hazer de cal i canto la puente de Aporima; no a hecho tan gran seruicio de Dios y de su Magestad ningún bizorrey como el señor marqués de Cañete. Agora era muy gran seruicio de Dios y de su Magestad de que se hiziera la puente de la grande de Guanbo porque se muere muchos yndios en cada ues que lo hazen de los rrepartimientos y padesen trauajo. Ci se hiciera de cal y canto se hiciera una ues y se acauará una ues; fuera muy gran merced a los pobres de los yndios haziéndose todo los puentes de cal y canto. SECRETARIOS de los Yngas y de su consejo rreal que al secretario del Ynga le llamaua Yncap cimin quipococ, al secretario del consejo les llamaua Tauantin Suyo capac apocona Yncaconap cimin camachicuynin quipococ: Éstos fueron hijos y nietos de capac apo Guaman Chaua, llamado Lliuyac Poma, Apo Poma. Y tanbién auía secretario del señor excelentícimo bizorrey segunda persona del Ynga, capac apo Guaman Chaua, su secretario. Éstos fueron hijos de apoconas [señores grandes], secretarios de los alcaldes de corte que prenden a los señores deste rreyno. Estos dichos secretarios onrrosos tenían quipos [cordeles con nudos usados en contabilidad] de colores teñidos y se llaman quilca camayoc [encargado de la iconografía] o quilla uata quipoc [el que lleva cuenta de los meses y los años], Y en todo el rreyno auía escriuano de cabildo; éstos asentauan lo que pasaua en los dichos cada pueblo deste rreyno. Y abía escriauno rreal; éstos andauan asentando en los caminos rreales y en otras parte. Y auía escriuanos nombrados; estos dichos escriuanos lo lleuaua los jueses y alcaldes a las prouincias para que dé fe y aciente por quipo y qüenta y rrazón. Éstos tenían tanta auilidad, pues que en los cordeles supo tanto, ¿qué me hiciera ci fuera en letra? Con los cordeles gouernaua todo el rreyno. Ëste fue el buen monteroso que escriuía cin mentira y cin cohecho nenguna. Era cristianícimos. CONTADOR I TEZORERO Contador mayor de todo este rreyno, Condor Chaua, hijo de apo: A éste le llamauan Tawantin Suyo runa quipoc Yncap, haziendan chasquicoc , tezorero mayor. Dize que este prencipal tenía grande auilidad; para sauer su auilidad el Ynga mandó contar y numirar, ajustar con los yndios deste rreyno. Con la lana del cierbo, taruga, enparexaua con la lana a los yndios y enparexaua con una comida llamado quinua [gramínea de altura], contaua la quinua y los yndios. Fue muy grande su auilidad, mejor fuera en papel y tinta. Contador mayor hatun hucha quipoc, contador menor huchuy hucha quipoc : Cuentan en tablas, numiran de cien mil y de dies mil y de ciento y de dies hasta llegar a una. De todo lo que pasan en este rreyno lo acienta y fiestas y domingos y meses y años. Y en cada ciudad y uilla y pueblos de yndios auía estos dichos contadores y tesoreros en este rreyno. Y contaua desta manera, comensando de uno, dos y tres: Suc [uno], yscay [dos], quinza [tres], taua [cuatro], pichica [5], zocta [6], canchis [7], puzac [8], yscon [9], chunga [10], yscay chunga [20], quinza chunga [30], taua chonga [40], pisca chunga [50], zocta chunga [60], canchis chunga [70], pozac chunga [80], yscon chunga [90], pachaca [100], uaranga [1000]. Chunga uaranga [10000][es un]huno, pachaca huno [100 x 10000], uaranranga [sic] huno [1000 x 10000], pantacac huno [incontable] . VECITADOR I JVES Taripac [el que determina lo justo], unanchac [el que calcula], cauaric [el que protege]: Éstos fueron de los hijos prencipales de Papri ynga y Chillque ynga. Esto fueron uecitadores que fueron mandado a todo el rreyno a becitalle los tanbos y monjas, acllaconas, y depócitos y comonidades y sapci de los Yngas y de sus dioses guacas y algunos fueron los Quillis Cachi, Equeco. Esto hazía para que fuese seruido la magestad del Ynga y de los señores bizorreys y prencipales grandes y capitanes y soldados y caualleros y jueses y justicias alguaziles deste rreyno. Le diesen rrecaudo y todo lo nesesario del depócito de los Yngas y estos becitadores pisquisaua otros delitos. Dizen que ci no lo hallando, lleuaua cuentos y mentiras, enbustis al Ynga y ancí le llaman llulla quillis cachi cimi apac [mentirosos de K'illis Kachi que lleva embustes]. Lleuaua esta mentira al Ynga porque le agradeciesen y ací, en uiendo a éstos andar en este rreyno, no osauan hablar nada porque no lo oyese. Y decía “Llulla quillis cachi camiua purin upalla cimita pantanquiman.” [“El mentiroso de K'illis Kachi camina maltratando. ¡Silencio! No sea que digas una palabra comprometedora.”] CONZEJO REAL deste rreyno que acistía en la gran ciudad y cauezera, corte del Cuzco, el medio de todo el rreyno desde Chile y Tucumán y Parauay y desde Nobo Reyno, Panamá, Santo Domingo, que se dize en general Tauantin Suyo: Chinchay Suyo, Ande Suyo, Colla Suyo, Conde Suyo. Y desde el Cuzco se parte a dos partes Hanan Cuzco-Chinchay Suyo; Lurin Cuzco-Colla Suyo. Estos señores prencipales uirreys y príncipes y capac apo, apo, curaca, allicac y otros caualleros estauan y rrecidían en la gran ciudad del Cuzco. Éstos eran consejos rreales, Tauantin Suyo camachicoc, capac apocona, y para el buen gouierno y castigo de justicia de los malos y de los buenos para dalle y hazelle merced. Gouernó dos yngas, los más prencipales Hanan Cuzco y otros dos Lurin Cuzco, y quatro señores grandes de la parte de Chinchay Suyo y dos señores de Ande Suyo, quatro señores de Colla Suyo y dos señores de Conde Suyo. Éstos fueron los señores del consejo rreal deste rreyno y en mudando uno déstos mudaua a sus hijos o ermanos. Como dicho es, que no se elexía a hombres pobres que no sea de la casta prencipal, aunque fuese áuil y suficiente ni rrico, porque la alteza y rrealeza y magestad no pùede comunicar con hijos de pobres picheros y los señores fueran uajos y la magestad del Ynga fuera menospreciado. Nunca le hablaua yndio y yndia pobre al Ynga, cino que trayýa lengua y asesor para oýlle su justicia pero faboreser al pobre güérfano, biuda mucho. QVE LE DEGLARA AL AVTOR y muestra los quipos [cordeles con nudos] y le declara y le da rrelaciones los Yngas y los Chinchay Suyos, Ande Suyos, Colla Suyos, Conde Suyos al dicho autor don Felipe Guaman Poma de Ayala, administrador, protetor, tiniente general de corregidor de la prouincia de los Lucanas, señor y príncipe deste rreyno, que le declara desde primer yndio que trajo Dios a este rreyno del multiplico de Adán y Eua y de Noé del [di]luuio primer yndio llamado Uari Uira Cocha y Uari Runa, Purun Runa, Auca Runa, Ynca Pacha Runa; de todo le dio cuenta y rrazón para que lo escriua y aciente en este dicho libro para que la pulicía uaya adelante. Y todo lo demás saue por andar y seruir a los señores excelentícimos bizorreys y de los rrebrendos yn Cristos obispos y becitadores generales; todo lo fue escriuiendo y sabiendo con la abilidad y gracia que le dio Dios y entendimiento para serbir a Dios y a su Magestad. Prólogo a los letores cristianos españoles: Ues aquí, cristiano, toda la ley mala y buena; agora, cristiano letor, partí a dos partes: Lo malo apartaldo para que sean castigos y con lo bueno se cirua a Dios y a su Magestad. Cristiano letor, ues aquí toda la ley cristiana. No e hallado que sea tan cudicioso en oro ni plata los yndios, ni e hallado quien deua cien pesos ni mentiroso ni jugador ni peresoso ni puta ni puto ni quitarse entre ellos que bosotros lo tenéys toda ynobedente a buestro padre y madre y perlado y rrey. Y ci negáys a Dios, lo negáys a pie juntillo. Todo lo tenéys y lo enseñáys a los pobres de los yndios. Dizís quando desolláys entre bosotros y mucho más a los yndios pobres. Disís que aués de rrestituyr; no ueo que lo rrestituýs en uida ni en muerte. Paréseme a mí, cristiano, todos bosotros os condenáys al ynfierno. Que su Magestad es tan gran sancto que a todos quantos perlados y bizorreys bienen encargado con los pobres naturales, los perlados lo propio, todo la mar trae el fabor de los pobres yndios. En saliendo en tierra, luego es contra los yndios pobres de Jesucristo. Nos espantéis, cristiano letor, de que la ydúlatra y herronía antigua lo herraron como xentiles yndios antigos herraron el camino uerdadero. Cómo los españoles tubieron ýdolos como escriuió el rrebrendo padre fray Luys de Granada: Que un español gentil tenía su ýdolo de plata, que él lo abía labrado con sus manos y otro español lo abía hurtado. De ello fue llorando a buscar su ýdolo; más lloraua del ýdolo que de la plata. Ací los yndios como bárbaros y gentiles lloraua de sus ýdolos quando se los quebraron en tienpo de la conquista. Y bosotros tenéys ýdolos en buestra hazienda y plata en tododo [sic] el mundo. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] cvrdvbux39gn5axayduzmudwr8sg107 Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la conquista española y las guerras civiles 0 74411 1665647 1199106 2026-06-21T01:21:47Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de la conquista española y las guerras civiles]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la conquista española y las guerras civiles]]: Robot: página trasladada 1199106 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Capítulo 19: El capítulo de la conquista española y las guerras civiles |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER CONQVISTA DESTE REINO: CONquista que se hizo deste rreyno y descubrimiento y primer español de Castilla: De Jerusalén descubrió el apóstol de Jesucristo; el señor San Bartolomé salió a este tierra y se bolbió en tienpo que rreynaua el Ynga Cinche Roca sólo el Cuzco y parte del Collau. Y después, ciendo papa Bonefacio nono, niapolitano pontífise, y después se descubrió el camino de la mar en el año de 1493 años. Ciendo papa Alexandro sexto, español, enperador de Roma Maximiliano, rreyna de España doña Juana, se supo la Mar de Sur setecientas leguas a Paraguay a las Yndias. Y auido nueua en toda Castilla y Roma de cómo se auía hallado el Mundo Nuebo, que ací lo llamaron los hombres antigos de Castilla. Estaua esta tierra en más alto grado, ací lo llamaron Yndias. Quiere dezir tierra en el día, como le pucieron el nombre tierra en el día, yndias, no porque se llamase los naturales yndios de yndias rrodearon yndios el qual esta tierra está en más alto que todo Castilla y las demás tierras del mundo. El primer bocablo fue el Mundo Nuebo; este título y uerdadero nombre tiene y se llama naturales. Y ací los chapetones les llama yndios y se llama hasta oy y hierran. Como a los españoles le llama en común españoles uira cocha, tanbién en común dirán uira cocha ací yndios, cada parcialidad se tiene sus nombres, Castilla, Roma. De cómo lo descubrió dos hombres, el conpañero de Culúm y Candía: El conpañero de Culúm se murió y dexó los papeles a su conpañero, al dicho Culúm. Y Candía dio noticia en Castilla que auía saltado en tierra en Santa. Por señas que dixeron que los primeros hombres saltaron y trayýa muy largas barbas y que estaua amortajado como defunto. Esta dicha nueua le dieron al dicho Guayna Capac Ynga en el Cuzco. Luego lo hizo lleuar en un guando [andas] por chasque [mensajero] para que lo biese el Ynga chapetón y el español chapetón, que por señas hablaron. Y preguntó al español qué es lo que comía; rresponde en lengua de español y por señas que le apuntaua que comía oro y plata. Y acinab dio mucho oro en polbo y plata y baxillas de oro. Con todo ello le mandó tornar otra ues con el chasque al puerto de Sancta. Quando llegó, dizen que el conpañero se abía muerto y ancí se fue este dicho Candía a España con su oro y plata y rrequiesas. De cómo llegó este dicho Candía con la rriquiesa a España con todo lo que llebó y publicó de la tierra y rriquiesas. Y dixo que la gente se bestía y calsaua de todo oro y plata y que pisaua el suelo de oro y plata y que en la cauesa y en las manos trayýa oro y plata. Esto dezía del bestido que se bisten para dansar y baylar taquies que hazen los yndios con bestidos de plata, oro, culque curi cusma , cacro, chipana, canipo, culqui uayta, topos [ornamentos], todo de oro y plata. Y dezía que abía camellos chiquitos de los carneros de la tierra. Con esta nueua y cudicia y publicamiento de oro y plata se hizieron gente. Éstos lleuaron hurtado a un yndio Guanca Bilca, después se llamó Phelipe, y trageron por su lengua a la conquista deste rreyno. Y los capitanes y los soldados benieron muy contentos; no tenía ora que deseauan llegar de la codicia de oro y plata. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, dos capitanes generales, y los demás se ajuntaron, trecientos y cinqüenta soldados. Todo Castilla ubo grandes alborotos; era de día y de noche entre sueños. Todo decía: “Yndias, yndias, oro, plata, oro, plata del Pirú.” Hasta los múcicos cantauan el rromanse “Yndias, oro, plata.” Y se ajuntaron estos dichos soldados y mensage del rrey nuestro señor católico de España y del santo padre papa. De mil quini[en]tos doze años papa Julio dos de su pontificado ciete, enperador Maximiliano dos de su enperio dies y ciete, rreyna de España doña Juana de su rreynado cinco, Uasco [Nu]ñes de Ualboa tubo noticia de la Mar de Sur. Con esta nueua más se alborotaron la tierra. Que ci la rreyna le dejara uenir, me parese que todo Castilla se beniera con tan rrica nueua deseada oro y plata, que la gente andaua bestido todo de oro y plata, y todo el suelo lo que pizauan era todo oro y plata macizo, que como piedra amontonauan oro y plata. Aún hasta agora dura aquel deseo de oro y plata y se matan los españoles y desuella a los pobres de los yndios. Y por el oro y plata quedan ya despoblado parte deste rre[y]no los pueblos de los pobres yndios, por oro y plata. Del año de mil quinientos treze, papa Julio dos y de su pontificado ciete, enperador Maximiliano dos de su enperio dies y ciete, rreyna de España doña Juana y de su rreynado cinco, descubrimiento del Río de la Plata. Juan Díaz de Solís, uezino de la uilla de Librexa, piloto, cetecientas leguas a Paraguay al rrío grande se descubrió. Comensaron los capitanes a aliñarse sus uiajes y matalotaxes, mucha comida y arma, todo biscocho y tocino, secina. Y procuraron traer otros rregalos y rropa blanca pero de hazienda pobre. No quicieron traer nada, cino armas y escopetas con la codicia de oro, plata, oro y plata yndias, a las Yndias, Pirú. Año de mil y quinientos y ueynte y cinco, papa Clemente ciete de su pontificado tres, enperador don Carlos cinco de su enperio ciete y de su rreynado cinco, don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, dos capitanes generales en el descubrimiento deste rreyno del Pirú, y Hernando de Luque, maystre escuela, saltaron en esta tierra. Luego comensaron a tener deferencias del dicho descub[r]imiento deste Mundo Nuebo de las Yndias deste rreyno. Y con la cudicia de oro y plata que ya en su corasó trayýa, “matarte he o matarme has”, y unos y otros se mordía y los dichos soldados andauan espantados. Año de mil y quinientos ueynte y seys, papa Clemente de su pontificado cinco, enperador don Carlos cinco y de su enperio nueue, de su rreynado dies, nacimiento del rrey don Felipe segundo deste nombre, ubo muy grandes fiestas en España y en toda Castilla y Roma. Año de mil y quinientos y treynta y dos, papa Clemente ciete y de su pontificado dies, enperador Carlos cinco y de su enperio catorze y de su rreynado quinze, don Francisco Pizarro, don Diego de Almagro tubieron el primer enbajador del lixítimo y rrey capac apo Ynga Tupa Cuci Gualpa Uascar, ynga, rrey y señor deste rreyno. Le enbió a dar pas al puerto de Tunbes al enbaxador del enperador y rrey de Castilla. Le enbió a su segunda persona, uirrey deste rreyno, capac apo, excelentícimo señor, don Martín Guaman Malque de Ayala; fue el enbaxador de la gran ciudad del Cuzco, cauesera deste rreyno. Y los españoles don Francisco Pizarro y don Diego Almagro y don Martín de Ayala se hincaron de rrodillas y se abrasaron y se dieron pas, amistad con el enperador. Y le honrró y comió en su mesa y hablaron y conuersaron y le dio presentes a los cristianos. Acimismo le dio al señor don Mar[tín] de Ayala que fue primer enbaxador que de Atagualpa Ynga en el puerto de Tunbes, adonde saltó primero. Al defunto Guayna Capac Ynga lo lleuan a la ciudad del Cuzco adonde es cauesera deste rreyno a enterrallo. Lo traxeron desde la prouincia de Quito. En este tienpo que tubieron grandes dares y tomares los dos Yngas, el lexítimo Uascar Ynga y el uastardo Atagualpa Ynga desde Quito, y porfía de capitanes y se hicieron el rreyno dos partes. Desde Xauxa hasta Quito y Nobo Reyno fue lo de Atagualpa, y desde Xauxa hasta Chile, lo de Uascar. Y con ellos ubo grandes contradiciones y batalla y muerte de los capitanes y de yndios deste rreyno. Entonses fue lleuado el cuerpo de Guayna Capac Ynga a la gran ciudad del Cuzco. Le llamaua al defunto yllapa [el rayo] del dicho Ynga Guayna Capac. Pensaron los yndios de Quito que uino bibo el Ynga y ací no se alsaron ni ubo alboroto del rreyno de la muerte del Ynga. Y lo lleuaron a su bóbeda rreal enbalsamado. De manera desde Xauxa se supo questaua muerto y en la ciudad del Cuzco hizieron grandes llantos y lloros de la muerte de Guayna Capac Ynga. Y la promesa y lo que le denunciaron los demonios al Ynga desde sus antepasados Yngas fue declarado: Que abía de salir unos hombres llamado uira cocha . Como dicho fue; en este tienpo salieron los hombres uira cochas cristianos en esta rrebuelta deste rreyno. Y fue bentura y primición de Dios que, en tanta batalla y derramaniento de sangre y pérdida de la gente deste rreyno, saliese los cristianos. Fue Dios seruido y la Uirgen María adorado y todos los sanctos y santas ángeles llamado de que fuese la conquista en tanta rrebuelta de Uascar, Atagualpa, Yngas. El segundo enbajador de Atagualpa Ynga, ermano uastardo de Uascar Ynga, enbió a su capitán general llamado Rumi Naui al puerto de Tunbes al enbajador del enperador, don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, y tubieron muy grandes rrespuestas y cumplimiento. Le enbió suplicando que se bolbiesen los cristianos a sus tierras y le dixo que le daría mucho oro y plata para que se bolbiesen. Y no prouechó y dio la rrespuesta, deziendo que quería uer y bezar las manos al rrey Ynga, después se bolberían, y que uenía por enbaxador de su rrey enperador. Y ancí uino adelante. Atagualpa Ynga como le mandó dar yndios mitayos [que cumple su turno] a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro y al fator Gelín [Illán Suárez de Carvajal]. Le dieron camaricos y rregalos y mugeres a ellos y a todo sus cauallos porque decían que era persona los dichos cauallos, que comían maýs. Como no sauía ni auía uisto en su uida, y ací lo mandó dar rrecaudo. Año de mil y quinientos y treynta y tres, papa Clemente ciete de su pontificado onze, enperador don Carlos cinco y de su enperio quinze y de su rreynado dies y seys, marcha don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro a la ciudad de Caxamarca contra Atagualpa Ynga con ciento y sesenta soldados contra cien mil yndios. Hernando de Soto, Sebastián de Balcásar [Benalcázar] y Hernando Pizarro con ueynte caualleros y Felipe, Guanca Bilca, yndio lengua, que trajo para la conquista. Entraron a Caxamarca y no [e]staua en la ciudad el dicho Ynga Atagualpa. Estaua en los baños y de los baños enbía Atagualpa su enbaxador a la dicha ciudad con el capitán Rumi Naui, deciendo que se bolbiesen. los cristianos españoles a su tierra. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro rresponde que no ay lugar de bolberse. De cómo los españoles llegaron a la ciudad de Caxamarca y no se aposentaron en la dicha ciudad en ausencia del dicho Ynga Atagualpa. Y fuera se armaron sus toldos y se ordenaron como brabos animosos para lo enbestir. Y en aquel tienpo no trayýan cuellos, cino trayýan el cuello como padre. Todos trayýan bonetes colorados y calsones chupados, jubón estofados y manga larga y un capotillo con su manga larga, como caci a la biscaynada. Cómo tubo noticia Atagulpa Ynga y los señores prencipales y capitanes y los demás yndios de la uida de los españoles, se espantaron de que los cristianos no dormiese. Es que decía por que uelauan y que comía plata y oro, ellos como sus caballos. Y que trayýa ojotas [sandalias] de plata, decía de los frenos y herraduras y de las armas de hierro y de bonetes colorados. Y que de día y de noche hablauan cada uno con sus papeles, quilca . Y que todos eran amortajados, toda la cara cubierta de lana, y que se le parecía sólo los ojos. Y en la cauesa trayýa unas ollitas colorado, ari manca , y suri uayta [adorno de pluma de avestruz]. Y que trayýan las pixas colgadas atrás larguícimos, decían de las espadas, y que estauan bestidos todo de plata fina. Y que no tenía señor mayor, que todos parecían ermanos en el trage y hablar y conuersar, comer y bestir. Y una cara sólo le pareció que tenía, un señor mayor de una cara prieta y dientes y ojo blanco, que éste solo hablaua mucho con todos. Oýda esta dicha nueua, se espantó el dicho Ynga y le dixo: “¡Qué nueua me traes, mal mensage!” Y ancí quedaron espantados con la nueua nunca oýda y ací mandó Atagualpa Ynga que le diesen serbicios de mugeres a ellos y a sus caballos. Porque se rreýron de la pixa de los cristianos, de la espada, mandó matar Atagualpa Ynga a las yndias que se rrieron. Y tornó a dar otras yndias de nuebo y serbicios. Con todo esto rriplicó muy mucho de que se fueran y tornaran. Y no ubo rremedio, que enportunó los cristianos uerse con la magestad del Ynga. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y fray Uisente de la horden del señor San Francisco, cómo Ataguálpa Ynga desde los baños se fue a la ciudad y corte de Caxamarca. Y llegado con su magestad y sercado de sus capitanes con mucho más gente doblado de cien mil yndios en la ciudad de Caxamarca, en la plasa pública en el medio en su trono y aciento, gradas que tiene, se llama usno, se asentó Ataguálpa Ynga. Y luego comensó don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro a dezille, con la lengua Felipe yndio Guanca Bilca, le dixo que era mensage y enbajador de un gran señor y que fuese su amigo que sólo a eso benía. Respondió muy atentamente lo que dezía don Francisco Pizarro y lo dize la lengua Felipe yndio. Responde el Ynga con una magestad y dixo que será la uerdad que tan lexo tierra uenían por mensage que lo creyýa que será gran señor, pero no tenía que hazer amistad, que tanbién que era él gran señor en su rreyno. Después desta rrespuesta entra con la suya fray Uiciente, lleuando en la mano derecha una crus y en la esquierda el bribario. Y le dize al dicho Atagualpa Ynga que tanbién es enbajador y mensage de otro señor, muy grande, amigo de Dios, y que fuese su amigo y que adorase la crus y creýse el euangelio de Dios y que no adorase en nada, que todo lo demás era cosa de burla. Responde Atagualpa Ynga y dize que no tiene que adorar a nadie cino al sol, que nunca muere ni sus guacas y dioses, tanbién tienen en su ley, aquello guardaua. Y preguntó el dicho Ynga a fray Uisente quién se lo auía dicho. Responde fray Uisente que le auía dicho euangelio, el libro. Y dixo Atagualpa: “Dámelo a mí el libro para que me lo diga.” Y ancí se la dio y lo tomó en las manos, comensó a oxear las ojas del dicho libro. Y dize el dicho Ynga: “¿Qué, cómo no me lo dize? ¡Ni me habla a mí el dicho libro!” Hablando con grande magestad, asentado en su trono, y lo echó el dicho libro de las manos el dicho Ynga Ataguálpa. Cómo fray Uisente dio boses y dixo: “¡Aquí, caualleros, con estos yndios gentiles son contra nuestra fe!” Y don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro de la suya dieron boses y dixo: “¡Salgan, caualleros, contra estos ynfieles que son contra nuestra cristiandad y de nuestro enperador y rrey demos en ellos!” Y ací luego comensaron los caualleros y despararon sus alcabuses y dieron la escaramusa y los dichos soldados a matar yndios como hormiga. Y de espanto de arcabuses y rruydo de cascabeles y de las armas y de uer primer hombre jamás uisto, de estar llieno de yndios la plasa de Caxamarca, se derribó las paredes del serco de la plasa de Caxamarca y se mataron entre ellos. De apretarse y pizalle y tronpesalle los cauallos, murieron mucha gente de yndios que no se puede contar. De la uanda de los españoles murió cinco personas de su boluntad, por ningún yndio se atreuió de espanto asonbrado. Dizen que tanbién estaua dentro de los yndios muerto los dichos cinco españoles; deue de andar tonteando como yndio, deue de tronpizalle los dichos caualleros. Y ací cí le prendió don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro al dicho Atagualpa Ynga. De su trono le le [sic] llebó cin hirille y estaua preso con preciones y guarda de españoles junto del capitán don Francisco Pizarro. Quedó muy triste y desconsolado y desposeýdo de su magestad, asentado en el suelo, quitado su trono y rreyno. De cómo ubo alboroto en eseste [sic] rreyno entre ermanos, el rrey capac apo Guascar Ynga lexítimo y su ermano príncipe, auqui, Ataguarpa Ynga. Después de la muerte de su padre Guayna Capac Ynga, este dicho alboroto y guerra duró treynta y seys años. Desde niño el dicho Uascar fue muy soberbioso y mísero y mal ynclinado en daca las paxas. Mandaua matar a los dichos capitanes y ancí huýan dél. Después nunca les quizo faboreser ningún capitán ni soldado. Ues aquí cómo pierde con la soberuia todo su rreyno. Cienpre que sea rrey o capitán, ci es soberbioso, auariento, perderá su rreyno y la uida como Uascar Ynga. Y fue Dios seruido que en este tienpo enbiase su enbaxador y mensage el rrey enperador a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro, capitanes. Tubo batalla el lexítimo de la parte del Cuzco, el uastardo de la parte de Quito. En esta batalla murieron muchos capitanes y soldados y se perdió muy mucha hazienda de los Yngas y de los tenplos que hasta oy quedaron escondidos en todo este rreyno. Y ancí fue conquistado y no se defendió. Atagualpa Ynga dixo a don Francisco Pizarro que leyese un escrito. Dixo que no sauía y dixo que leýse un soldado y leyó. Dijo Atagualpa [...]. Cómo le prendieron y estado preso Atagualpa Ynga; estando preso, le rrobaron toda su hazienda don Francissco [sic] Pizarro y don Diego de Almagro y todo los demás soldados y españoles. Y lo tomaron toda la rriquesa del templo del sol y de Curi Cancha y de Uana Cauri muchos millones de oro y plata que no se puede contar, porque sólo Curi Cancha toda las paredes y la qubirtura y suelo y las uentanas quajado de oro. Dizen que la persona que entra dentro con el rrayo de oro parese defunto en el color del oro. Y del Ynga Atagualpa y de todo sus capitanes y de señores prencipales deste rreyno y las dichas andas de oro y plata que pesaua más de ueynte mil marcos de oro fino el tablón de las dichas andas y ueynte mil marcos de plata fina, un millón y trecientos y ueynte y seys mil escudos de oro finícimo. Acimismo les quitó sus serbicios hasta quitalle su muger lexítima, la coya [reina]. Y cómo se uido tan mal tratamiento y daño y rrobo tubo muy gran pena y tristeza en su corazón y lloró y no comió. Como uido llorar a la señora coya, lloró y de su parte ubo grandes llantos en la ciudad. De los yndios cantaua desta suerte: Aray araui! Aray araui!Sapra aucacho, Coya atiuanchic, llazauanchic?Ma, Coya. Suclla uanoson.Amatac acuyraque cacachuncho!Paracinam uequi payllamanta urman.Cam, Coya, hinataccha. [¡Aray arauil ¡Aray araui! ¿Podrá este enemigo malvado, reina, derrotarnos, darnos pesadumbre? ¡No, reina! Vamos a morir todas a una. ¡Que no nos alcance la desgracia! Las lágrimas caen como lluvia por sí solas. ¿Podrías tú, reina, ser tal?] De cómo estando preso conuersaua Atagualpa Ynga con don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y con los demás españoles y jugaua con ellos en el juego de axedrés que ellos les llaman taptana . Y era muy pacible príncipe y ací se contentaua con los cristianos. Y daua su hazienda y no sauía con qué contentalles y rregalalles. De cómo estando preso Atagualpa Ynga, todo sus bazallos y yndios y capitanes y señores grandes de su rreyno le desanpararon y no le serbieron. De cómo procuró de rrescatar su uida Atagualpa Ynga con todo sus capitanes y dio a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro y a todos los soldados mucho oro, que una casa señaló. Con su propia espada, le medió don Francisco Pizarro media pared que era de largo ocho brasas y de ancho quatro brasas. Hinchió de oro y lo tomó don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro. Con todo lo demás españoles lo partieron toda la rriquiesa. Despachó al enperador todos de España cada uno a sus deudos y parientes y amigos. Cómo el Ynga Atagualpa estando preso enbió a sus enbajadores y capitanes, a los dichos capitanes mayores Challco Chima, Quis Quis yngas y otros capitanes, para que diese guerra y batalla a su ermano lexítimo Guascar Ynga. Y ací le uenció y le prendió al cuerpo de Uascar Ynga. Y luego les maltrató y le dio a comer maýs, chuno [conserva de papas] podrido. Y por coca le dio hojas de chilca y por lipta le dio suciedad de los hombres y estiércol de carnero maxado y por chicha, orines de carnero y por fresada, estera y por muger, una piedra larga bestida como muger. En el citio llamado Andamarca le mataron los Cañaris, Chachapoyas, cantando “Poluya poloya, uuiya, uuiya.” Y mataron todos los auquiconas [príncipes] y nustas [princesas], yndias preñadas le abrían la barriga. Todo se hizo por consumir y acauar al dicho Uascar Ynga con toda su generación para que no ubiese lexítimo Yngas, porque auía preguntado los cristianos del lexítimo rrey Ynga y ací lo mandó matar. De cómo en tienpo de contradición entre dos ermanos Uascar Ynga, Atagualpa Ynga y de salir nuebo hombres nunca vista que fueron españoles se perdió muy mucha hazienda del sol y de la luna y de las estrellas y de los dioses, guaca bilcas, templos de Curi Cancha del Ynga y de los uírgenes, acllas, y de los pontífises y de los señores grandes y de los capitanes generales y de los yndios comunes, porque cada cosa estauan señalado en todo el rreyno, que no se puede contar tanta. De cómo los yndios andauan perdidos de sus dioses y uacas y de sus rreys y de sus señores grandes y capitanes. En este tienpo de la conquista ni auía Dios de los cristianos ni rrey de España ni auía justicia. Ací dieron a hurtar y rrobar los españoles como Challco Chima, Quis Quis, Aua Panti, Rumi Naui y otros muchos capitanes y los yndios Cañaris y Chachapoyas, Uancas andauan rrobando y salteando y perdidos, hechos yanaconas. Desde allí comensaron los yanaconas ser uellacos y ladrones. Y ancí ubo muy mucha hambre y alboroto y se murió mucha gente y rrebuelta en todo el rreyno, daca oro y toma oro. Murió Atagualpa en la ciudad de Caxamarca. De cómo auía pronunciado un auto y sentencia don Francisco Pizarro a cortalle la cauesa a Atagualpa Ynga. No quizo firmar don Diego de Almagro ni los demás la dicha sentencia porque le daua toda la rriquiesa de oro y plata y lo sentenció. Todos dixeron que lo despachase al enperador preso para que allá rrestituyese toda la rriquiesa deste rreyno. Atagualpa Ynga fue degollad[o] y sentenciado y le mandó cortar la cauesa don Francisco Pizarro. Y le notifica con una lengua yndio Felipe, natural de Guanca Bilca. Este dicho lengua le enformó mal a don Francisco Pizarro y los demás. No le gustó la dicha sentencia, y no le dio a entender la justicia que pedía y merced Atagualpa Ynga, por tener ennamorado de la coya [reina], muger lexítima. Y ací fue causa que le matasen y le cortasen la cauesa a Atagualpa Ynga y murió mártir cristianícimamente; en la ciudad de Caxamarca acabó su uida. Cómo uino por mandado de don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y de sus generales dos españoles a prender los cuerpos de los dichos capitanes Chalco Chima, Quis Quis y lo prendió y hizo justicia en Xauxa. Les colgó de unos palos y murió Chalco Chima y los demás capitanes se huyeron: Quis Quis, Quizo Yupanqui y Rumi Naui, Aua Panti, Uanca Auqui, Colla Tupa. De cómo toda las rriquiesas que tenía escondido lo descubrió, oro y plata, joyas y piedras preciosas, le enbió al enperador y rrey católico de España. Le enbió don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y los demás soldados toda la rriquesa y uaca y del sol todo quanto pudieron coxer. Y enbiaron cada uno de ellos a sus casas y a sus mugeres y hijos y parientes deste rreyno y de Castilla. Con la cudicia se enbarcaron muy muchos saserdotes y españoles y señoras, mercaderes para el Pirú. Todo fue Pirú y más Pirú, Yndias y más Yndias, oro y plata, oro, plata, deste rreyno. De cómo por la rriguiesa [sic] enbió el enperador gouernadores y oydores, pricidentes y obispos y saserdotes y flayres y españoles y señoras: Toda era dezir Pirú y más Pirú. De los ciento y sesenta españoles y un negro congo, aumentó mucha gente de españoles y mercaderes y rrescatadores y mercachifles y muchos morenos. Agora multiplica, mucho más que yndio, mestizos, hijo de saserdotes. Oro y plata en el Pirú. Ues aquí cómo le echa a perder al enperador con la soberbia, cómo pudo sentenciar un cauallero a su rrey. Y ci no le matara, toda la rriquiesa fuera del enperador, y si descubriera toda las minas. El capitán Quizu Yupanqui Ynga murió en Lima. El capitán Luys de Áualos de Ayala y don Pedro Luxán y Rodrigo Niño, Gomes Arias y los demás capitanes y soldados de la uanda y seruicio comensaron la batalla. Y ynbistió como ualeroso capitán Luis de Áualos de Ayala contra el capitán Quizo Yupanqui Ynga, hijo de Topa Yupanqui, tío del autor, que uenía doze capitanes con mil yndios. Comensó de su parte el capitán Quizo Yupanqui, que corría como un game y que de puro ligero traspasaua por deuajo de los cauallos. Peleando, saltó por un asecya de agua de Lati en la ciudad de Lima y cayó. Luego le lanseó y le mató el dicho capitán Luys de Áualos de Ayala, padre del ermano del autor llamado padre Martín de Ayala, clérigo de misa, el qual murió en el dicho hospital de la ciudad de Guamanga, el qual está rretratado el dicho padre. Como dicho es, Quizo Yupanqui murió; rresualando junto al asecya, acabó su uida. Y los demás capitanes yndios echaron a huyr cada uno por su camino a sus pueblos y no quicieron aguardar. Y ancí después comensaron a poblarse. El primer nombre lo tiene Lima y ací se llama de Los Reys de Lima. En el mes de los rreys magos Baltazar, Melchos, Gaspar, se ganó esta ciudad. Y ací fue ordenado por Dios que auía de ser la ciudad de su Magestad del rrey y de su bizorrey, consejo de este rreyno y cauesera mayor. Allí se conquistó el Ynga que no se auía defendido en nenguna ciudad. Y fue milagro de Dios y de los tres magos rreys santos. Y ancí es Ceuilla [Sevilla] y corte rreal como Castilla y corte de todo el mundo, que Dios lo tiene apoderrado, y patrón el señor Santiago Mayor. Y este rreyno es patrón el señor Santiago Mayor, apóstol de Jesucristo. Cómo los españoles se derramaron por todas las partes de la tierra deste rreyno de dos en dos y algunos, cada uno haziendo gente yanaconas, yndios, buscando cada uno sus benturas. Y buscauan sus rremedios, haziendo muy grandes males y daños a los yndios, pidiéndoles oro y plata, quitándoles sus bestidos y comidas, los quales se espantaron por uer gente nueua nunca uista. Y ací se escondía y se huyýan de los cristianos en todo el rreyno. Cómo los primeros conquistadores trayýan otro traxe por temor del frío, coleto y bonetes colorados, unos calsones chupados y cin cuello como clérigo y trayýa mangas largas, la rropilla, el capote corto. Acimismo las dichas mugeres, como usaron los antigos yndios, unas camegetas largas, manta corta. Y después uan apuliendo y delgasando la tierra en mucho más en este rreyno, Cómo los primeros españoles fueron chapetones, acimismo los dichos yndios no se entendían el uno ni al otro, pediendo agua, traýan leña, deziendo “anda, puto”, trayýan cobre y calauasas. Porque anda es cobre, puto, calauasas. Y algunos yndios se hacían ladinos, los yanaconas dezían: “Obeja chincando, pacat tuta buscando, mana tarinchos, uira cocha.” Como los mestisos del Cuzco y de Xacxauana y de Cochacalla dicía: “Ya, señor sara paruayando, capón asando, todo comiendo, mi madre pariua, yo agora mirando chapín de la mula.” Y ancí los unos como los otro pasaron grandes trauajos, los yndios como los cristianos, y en los Collas decían: “Anda, puto.” Decía los yndios: “Putu sapi hiley haccha puto sapi hila.” Cómo después de auer conquistado y de auer rrobado comensaron a quitar las mugeres y donzellas y desuirgar por fuersa. Y no queriendo, le matauan como a perros y castigaua cin temor de Dios ni de la justicia. Ni auía justicia. Cómo los primeros españoles conquistó la tierra con sólo dos palabras que aprendió, decían “Ama mancha. Noca Ynga”, que no tenga miedo que él era Ynga. Decía a boses a los yndios y se huýan de ellos por temor. Y no conquistó con armas ni derramamiento de sangre ni trauajo. Y los Cañares y Chachapoyas y yanaconas [críados de los señores y de los reyes] se metieron sólo a fin de rrobar y hurtar. Con los dichos españoles no se metieron por seruir a su Magestad. Dizen que un español con la cudicia del oro y plata mandóse lleuarse en unas andas y ponerse orexas postisas y trage del Ynga. Entraua a cada pueblo, pidiendo oro, plata. Como uían Ynga barbado se espantauan y más se echaua a huyr los yndios, mucho más las mugeres en este rreyno. Don Francisco y don Diego de Almagro y los demás cristianos le mandaron tapear al excelentísimo señor, capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga, que estaua bibo muy biejo y los demás señores grandes. Le enserraron, pidiéndole oro y plata como enteresado y cudicioso en oro y plata. Estos dichos conquistadores le echó fuego y le quemó, acabó su uida. Acimismo mató a los dichos Yngas y a todos los señores grandes y capitanes generales y a los prencipales de cada prouincia deste rreyno con de uarias tormentos, pediéndole oro y plata y trayýa presos. Y lo castigaua muy cruelmente, preso con cadena de hierro y de cuero de baca torcido y cuellos del mismo baca. Dizen que usaua crillos de uaca y esposas del mismo cuero para tenellas preso a los dichos yndios deste rreyno. Y ací muchos señores prencipales, con el miedo del tormento, dixeron que eran yndios pobres, porque no les tormentase y padeciese trauajo en este rreyno. Cómo en tienpo de los Yngas abía salteadores llamados poma ranra y el capitán de ellos se llamaua Chuqui Aquilla Ynga. Andaua en las quebradas hondas y pedregales y peñas, barrancos llamado puma ranra, y salteaua por los caminos rreales estos dichos yndios cimarrones, estos dichos salteadores poma ranra. En tienpo de la conquista se hizieron yanaconas de los dichos españoles y salteauan mucho más mejor y rrobaua a los pobres yndios. Y después se quedaron y se uecitaron en las ciudades por yanaconas, adonde está al presente yanaconas de Quito, de Guanoco y de Lima, Guamanga, Cuzco, Ariquipa, Potocí, Chuquisaca. En las ciudades son yndios tributarios pecheros del rrey en este rreyno. Mango Ynga se alsó por rrey Ynga porque les mandó los dichos capitanes y consejo deste rreyno, Quis Quis Ynga, Aua Panti, Amaro, Uanca Auqui, Illa Topa, Colla Topa, Curi Naui, Yuto Ynga, Yucra Uallpa. Estos dichos capitanes fueron Yngas Hanan Cuzco y Lurin Cuzco. Calla Aymara: Chuqui Llanqui, Supa Guamani, Chuui Uamanchanbi Mallco, Apo Mallco Castilla Pari, Apo Mollo, Condor Chaua, Cullic Chaua, Cuci Chaqui, Uayanay, consejos. Le alsaron por fin y muerte de capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga, por ser muy antigo señor del rreyno. Porque le quemó y lo mató don Francisco Pizaro y don Diego de Almagro y los demás españoles, se alsó contra ellos por los malos tratamientos y burlas que se chocarreaua del Ynga y de los demás señores deste rreyno. A uista de ojos les tomauan sus mugeres y hijas y donzellas con sus malos opiniones y con poco temor de Dios y de la justicia y de que rreciuían otros muchos agrauios que le hacían a los yndios. Y ancí se defendió y le sercó con gran suma de yndios que no se podía contar, cino que se entenderá cien mil millones de yndios a que abría llegado deste rreyno y todos se auían ajuntado. Los dichos soldados cristianos pedía misericordia; hincado de rrodillas, llamaua a Dios con lágrimas a boses y a la uirgen María y a sus santos. Y dicían a gran bos: “Señor Santiago, uálgame, Santiago, Santa María, uálgame, Santa María, ayúdanos, Dios.” Esto decían con alta bos los caualleros a la escaramusa, deciendo “Santiago” los soldados en el medio hincados de rrodilla, deciendo “Santa María”, puesta las manos. Encendió fuego a la casa del Ynga llamado Cuyus Mango, adonde los cristianos señaló por templo de Dios y puso en el techo y en el altar la santa cruz. Primero los yndios echaron fuego a las dichas moradas de los cristianos y lo quemaron, estando sercado los cristianos toda la morada hasta el galpón y palacio que fue del Ynga, el dicho Cuyus Mango, adonde está de presente la yglecia mayor de la ciudad del Cuzco. Dizen que el fuego, pegando a la dicha casa, bolaua por lo alto y no se quería quemarse la dicha casa de nenguna manera, que ellos se espantaron cómo el fuego no quería llegar a la santa cruz, que fue milagro de Dios Nuestro Señor. En ese tienpo era señal de Dios questaua ya fixa la santa yglecia en el rreyno. Luego en aquella ora hizo Dios otro milagro. Estando sercado todos los cristianos en la plasa del Cuzco, estando haziendo oración, hincado de rrodillas, dando boses y llamando a Dios y a la Uirgen María y a todos sus sanctos y sanctas ángeles y dezía: “Uálgame la Uirgen María, Madre de Dios”, hizo otro milagro muy grande, milagro de la Madre de Dios en este rreyno, que lo uieron a uista de ojos los yndios deste rreyno y lo declaran y dan fe de ello, como en aquel tienpo no auía nenguna señora en todo el rreyno ni jamás lo auían uisto ni conocido, cino primera señora le conoció a la Uirgen María. Santa María de Peña de Francia, una señora muy hermosa, todo bestido de una bestidura muy blanca, más blanca que la nieue, y la cara muy rresplandeciente, más que el sol. De uelle se espantaron los yndios y dizen que le echaua tierra en los ojos a los yndios ynfieles. Cómo hizo Dios milagro para hazelle merced y su madre bendita a los españoles cristianos, por mejor dezir que más quizo hazer merced la Madre de Dios a los yndios porque fuesen cristianos y saluasen las ánimas de los yndios, rrogando a su Hijo precioso y a la Santícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, un solo Dios. Y ancí es muy justo que en todo uneuerso mundo le adore y le onrre a la Uirgen Santa María de Peña de Francia y mucho más en este rreyno los yndios y españoles por la tanta mersed que en aquel tienpo y nesecidad [sic] le hizo y por los milagros de la Madre de Dios de Nuestra Señora de Peña de Francia y de Copacauana en este rreyno. Señor Santiago Mayor de Galicia, apóstol de Jesucristo, en esta ora que estaua asercado los cristianos, hizo otro milagro Dios, muy grande, en la ciudad del Cuzco. Dizen que lo uieron a uista de ojos, que auajó el señor Sanctiago con un trueno muy grande. Como rrayo cayó del cielo a la fortalesa del Ynga llamado Sacsa Guaman, que es pucara del Ynga arriua de San Cristóbal. Y como cayó en tierra se espantaron los yndios y digeron que abía caýdo yllapa, trueno y rrayo del cielo, caccha , de los cristianos, fabor de cristianos. Y ancí auajó el señor Sanctiago a defender a los cristianos. Dizen que bino encima de un cauallo blanco, que trayýa el dicho caballo pluma, suri , y mucho cascabel enxaesado y el sancto todo armado con su rrodela y su uandera y su manta colorado y su espada desnuda y que uenía con gran destruyción y muerto muy muchos yndios y desbarató todo el serco de los yndios a los cristianos que auía ordenado Mango Ynga y que lleuaua el santo mucho rruydo y de ello se espantaron los yndios. Desto echó a huyr Mango Ynga y los demás capitanes y yndios y se fueron al pueblo de [Ollantay] Tanbo con sus capitanes y demás yndios los que pudieron. Y desde entonses los yndios al rrayo les llama y le dize Sanctiago porque el sancto cayó en tierra como rrayo, yllapa, Santiago como los cristianos dauan boses, deziendo “Santiago.” Y ací lo oyeron los yndios ynfieles y lo uieron al santo caer en tierra como rrayo. Y ancí los yndios son testigos de uista del señor Sanctiago y se deue guardarse esta dicha fiesta del señor Santiago en este rreyno como pascua porque del milagro de Dios y del señor Santiago se ganó. Cómo se desbarató Mango Ynga por el señor Sanctiago de los cristianos y cómo se espantó y se fue huyendo con sus capitanes y llebó muchos yndios al pueblo de Tanbo. Allí edeficó muchas casas y corredores y ordenó muchas chacaras y mandó rretratarse el dicho Mango Ynga y a sus armas en una peña grandécimo para que fuese memoria. Y como no pudo allí acistir en el dicho pueblo de [Ollantay] Tanbo, desde allí se rretiró más adentro a la montaña de Bilcabamba con los demás capitanes y llebó yndios y a su muger, la coya [reina]. Y dexó el rreyno y corona, masca paycha [borla real] y chanbi [porra de pelear] al señor enperador y rrey, nuestro señor don Carlos de la gloriosa memoria questá en el cielo y a su hijo don Phelipe el segundo questá en el cielo y a su hijo don Phelipe el tersero rrey nuestro señor. El capitán Quis Quis leuantó otra ues después de Mango Ynga al Ynga Paullo Topa, hijo uastardo de Guayna Capac Ynga, y se defendió de los españoles. Aunque después comensó a seruir y ayudar no de todo corasón y en él auido suspecha cienpre hasta que murió. Y murió cristianícimamente en la ciudad del Cuzco y dejó a su hijo don Melchor Carlos Paullo Topa Ynga. Este dicho capitán Quis Quis cienpre preciguía a los cristianos y por sus pecados porque no tubo pas con los cristianos. Y ancí le mató sus propios capitanes yndios que tenía en su uanda. Murió en el Cuzco y dexó a otros capitanes su cargo en este rreyno. De cómo Mango Ynga fue haziendo camino a la montaña dentro de Bilcabamba, no estando seguro en el pueblo de [Ollantay] Tanbo con algunos capitanes Curi Paucar, Mana Cutana, Atoc, Rumi Songo. Y llebó yndios de deferentes castas y fue haziendo camino más adentro y llegó a un rrío grande y hizieron puente de crisnejas y pasaron a la otra uanda y llegó al ualle llamado Uilcapampa y se poblaron, ydeficó otro Cuzco ciudad, ydeficó su tenplo de Curi Cancha, aunque lo armó pobre y muy poca gente, yndios de deferentes castas y de ayllos de yndios en la ciudad de Bilcabamba y sensa chacaras y sementeras y ganados. Y quedó muy pobre en Bilcabanba. De cómo Mango Ynga por su mandado sus capitanes salteaua en el camino de Aporima, camino rreal del Cuzco de Lima, a los españoles y a los yndios cristianos de la uanda del rrey que pasauan rreguas y ganados y mercaderes. Y lo mataua y le quitaua la hazienda y rropa y todo lo que lleuaua, lo rrobaua y lleuaua preso a los yndios cristianos. Y ancí desta manera estubieron muchos años, salteando en el dicho pueb[l]o de Bilcabamba con su muger y hijos el dicho Mango Ynga. Cómo un mestiso llamado Diego Mendes entraua a la ciudad de Bilcabamba con su enbuste y mentira al Ynga. Mango Ynga abisaua este dicho mestiso al dicho Ynga quándo salía la rrecqua del rrey o de algún español rrico para que le saltease Mango Ynga en el camino rreal. Y ací cienpre salteaua y hazía muy grandes daños a los cristianos por aquel camino. Y ancí una ues, estando borracho Mango Ynga y Diego Mendes mestiso, los dos muy borrachos, comensaron a jugar de porfía. Le mató y le dio de puñaladas y le dexó muerto al dicho Mango Ynga el dicho mestiso. Y al dicho mestiso le mató los capitanes y dejó por eredero al Ynga Sayre Topa y a Cuci Uarcay, coya [reina], y murió en el Cuzco y quedó Tupa Amaro Ynga. Damián de Uandera, uecitador general de los yndios deste rreyno, primera uecita general que se hizo por mandado del enperador y rrey de Castilla don Carlos: Como estaua leuantado la tierra, ací los cristianos como los yndios andauan [... ]dos del encuentro de entre ermanos, Guarca Ynga, lexítimo, con su ermano Atagualpa Ynga, uastardo. Y después de la conquista y primer gente nunca uista y la destruyción de ellos y muerte del rrey Ynga y de los señores grandes como duque de Alua, conde, marqueses y caualleros y señores deste rreyno de los yndios y prencipales, curacas. Y como se perdió, se hizieron de yndios uajos y de mandoncillos caciques, no lo ciendo, y le uecitó. De yndio tributario, mitayo, se hizo cacique prencipal y se llaman “don” y sus mugeres, “doña”. Por ser perdido la tierra y el mundo, lo propio de los españoles pulperos, mercachifles, jastres, zapateros, pasteleros, panaderos, se llaman “don” y “doña”. Los judíos y moros tienen “don”, mundo al rreués. Desto los jueses no lo rremedia; por ser cohechados como los saserdotes y padres, se llaman dotores y lisenciados, bachelleres, maystros, no teniendo título ni derecho y no sauer letra. Algunos por chocarreal y burlarse le dize “lesenciasno”. Esto es dezir que ay mundo al rreués, pero la justicia deue ajustar y castigar. Don Francisco Pizarro con el enterés de la conquista y del gouierno del rreyno y de la rrequiesa de oro y plata se alsó y le mató a don Diego de Almagro el viejo y se leuantó por gouernador deste rreyno don Francisco Pizarro. Don Diego de Almagro el moso mestizo mató a don Francisco Pizarro y se leuantó Don Diego de Almagro el moso por gouernador de la tierra. Gonzalo Pizarro y los demás conquistadores y oydores le mató a don Diego de Almagro el moso y se leuantó Gonzalo Pizarro y mató al birrey Blasco Nuñes en Quito. Y se leuantó Gonzalo Pizarro por rrey y gouernador de la tierra y se pregonó desde su casa y se alsó contra la corona rreal. Y le conquistó y mató el prícidente y los oydores y capitanes, arzoobispos, obispos y perlados que enbió el enperador. Y después se alsó Francisco Hernandes Girón contra la corona rreal y lo desbarataron los señores deste rreyno, dándole primer batalla don Martín Guaman Malque de Ayala, segunda persona del Ynga, excelentícimo señor deste rreyno, y apo Uasco, prencipal de la prouincia de Andaguaylas, Changa, en Gunca Co[c]ha, junto a Ora Yaoma. Y dallí le prendió apo Alanya y Chuqui Llanqui, yndios Uancas, y le hizieron justicia en Lima. Y después Carreño y los de Quito se quicieron leuantar y se hizo justicia en el Cuzco. Don Francisco Pizarro le mató a don Diego de Almagro, el uiejo capitán general y conquistador deste rreyno. En el año de mil y quinientos y quarenta y uno, papa Paulo tres de su pontificado ueynte y tres, enperador don Carlos cinco y de su enperio ueynte y tres y de su rreynado ueynte y quatro, tubieron contradición don Francisco Pizarro con don Diego de Almagro, los dos capitanes, por el gouierno deste rreyno. Y ací le mató y se alsó; tubo la batalla en Yauri Pampa, más auajo de San Sebastián de la ciudad del Cuzco. Y le ayudó Gonzalo Pizarro su ermano. Le dio parte y tubo otra batalla en Quito. Y le prendió en la batalla y le mató y le cortó la cauesa y hizo justicia por quedar solo en el gouierno. Y no tubieron contradición con los yndios ningún capitán, cino entre ellos por la cudicia de los yndios y del oro y plata y señorear solo apsolutamente, cin que nadie se le meta en este rreyno, cin mandacto del señor enperador, cino sólo a su boluntad se leuantó y alsó el estandarte rreal deste rreyno. Cin consederación de [sic] fue enbiado por enbaxador del señor enperador, con la soberbia hizo todo los daños y atreuimientos de matar al rrey del Pirú, Atagualpa Ynga, y sentenciar, ciendo un cauallero pobre. De ello perdió su Magestad mucha hazienda de la muerte de los Yngas y de señores grandes deste rreyno. Están perdidos toda la rriquiesa, oro y plata y minas deste rreyno. Don Diego de Almagro el moso mestizo mató a don Francisco Pizarro en el año de mil y quinientos quareynta y uno, papa Paulo tres de su pontificado ueynte y tres, enperador don Carlos cinco y de su enperio ueynte y tres y de su rreynado ueynte quatro. Tubieron la batalla con los oydores en Uarina Pampa en el Collau. Ubo grandes muertes y batalla. Duró esta dicha batalla desde por la mañana hasta la oración de la noche y murió mucha gente. Fue destruyda de la uanda de los oydores y de don Francisco Pizarro. La batalla de don Diego de Almagro el moso en Chupas Pampa, Uaraco Urco, con Uaca de Castro del egército de don Diego de Almagro: Tubo ochocientos soldados, quarenta de a cauallo, cien arcabuseros, trecientos piqueros y quatro piesas de artellería. Fue el capitán Candía de la artellería. Luego en el mismo encuentro le mató don Diego de Almagro al dicho capitán Candía, porque al desparar los echaua toda las piesas por alto y por los lados y ancí le dio una lansada. Y de la uanda del rrey, ochocientos soldados y sesenta de a cauallo, docientos arcabuseros, y piqueros fueron setecientos. Y se dieron la batalla. En este tienpo seruió a su Magestad en esta batalla don Martín de Ayala, el excelentícimo señor, padre del autor, y don Juan Tingo, segunda persona, Cauina ynga. De la uanda de su Magestad dio rrecaudo y de comer y ancí se echaron a huyr; de la uanda de don Diego de Almago saquearon. Tubo otro encuentro en Quito en el ualle llamado Hambato, adonde mataua yndios dilenqüentes el dicho Ynga. Allí dieron batalla don Diego de Almagro el moso con los oydores y Gonzalo Pizarro. Le prendió y le mató a don Diego de Almagro el moso Gonzalo Pizarro. Este dicho don Diego de Almagro el moso no se alsó contra la corona rreal y con enterés de yndios ni de oro ni plata ni querer señorear, cino por uengarse de la muerte de su padre. Como cristiano y cauallero y honrrado murió. Ni su padre no se alsó con ningún ynterés, cino por defenderse de sus enemigos, que como desde primero le tenía en odio y demistad y procurado la muerte de sus enemigos. [En es]te tienpo gouernó Baca de Castro. Por el mes de marzo de [mill] quinientos quarenta y dos años, defendió la corona rreal y [serb]ió de pricidente de la rreal audiencia. Baca de Castro [tu]bo batalla con don Diego de Almagro y con los demás con[quis]tadores tiranos que se alsaron [...] en tienpo del enperador Carlos. El primer uirrey Blasco Nuñes de Uela, año de mil quinientos y quarenta y quatro, papa Paulo tres de su pontificado onze, enperador don Carlos cinco de su enperio ueynte y says y de su rreynado ueynte y ciete. Lo susedido a Blasco Nuñes de Uela, uirrey, que en conpañía de don Francisco Tello auía partido para el Pirú. A dies días de henero [llegó] a Nombre de Dios y pasó a Panamá y estubo ueynte días. Y le enformó los oydores que como con la nueua ley rreciuían mal los conquistadores, que ellos auían seruido a su Magestad en la batalla de Uaca de Castro con don Diego de Almagro, del biejo como del moso, quatro oydores. Y el uirrey juntó quinientos hombres, maystre canpo Alonso de Toro, y a don Pedro de Portocarrero por capitán de gente de a cauallo y de enfantería, Migel Juan Beles de Gueuara. Diego Senteno, en nombre de la uilla de Plata, fue de los rreys con rrecaudo del uirrey. Senteno halló al capitán Almendras con su gente. Diego Senteno le abisó a Gonzalo Pizarro. Prenden al lesenciado Uaca de Castro, don Pedro Luys de Cabrera, al capitán Hernando Mexía, su ermano, al capitán Lorenso de Aldana. Metió en una naue de armada y fue desterrado a Nicaraua, a Panamá. Nombró capitán a don Alonso Montemayor, Diego Áluares Cueto, su cuñado, con seyci[e]ntos hombres. Pariciendo al virrey Blasco Nuñes, mandó matar a sus pages al fator Gelín Xuares [Illán Suárez de Carvajal], conquistador. Prenden al uirrey; desposeýdo de su oficio, pricidente al lecinciado Sepeda, [hicieron llamar] al capitán Martín de Robles para la preción firmada de sus nombres. Prendió cin quitalle las armas y lo lleuaron a una esleta junto a Lima con su guarda para que no lo matase sus parientes del dicho fator. Rehuymiento de lesenciado Juan Áluares a Blasco Nuñes Uela, uirrey. El dicho Blasco Nuñes de Uela en Quito fue uencido en la batalla de Gonzalo Pizarro. Y, después de muerto, le cortaron la cauesa. Cilua, Diego Senteno fueron tanbién uencidos, desuaratados del capitán Caruajal y se fueron huyendo. Carta y auisos de Gonzalo Pizarro, escrita al señor rrey enperador don Carlos, pensando que le abía de enbialle rrecaudo para gouernar la tierra y ser señor en ella y en el rreyno con esta color. Y ací enbió muchos abizos y enformó por donde enbió el señor rrey enperador primer uirrey a Blasco Nuñes de Uela y más oydores y nueua ley. Y la carta de Gonzalo Pizarro dize: S[acra] R[eal] M[agestad]: QVE EN esta buestra prouincia y rreyno del Pirú abido grandes rrebueltas y daños entre los conquistadores, abiéndose acauado mi ermano don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y los demás conquistadores. Y no se acauará ni uendrá a concierto ni estará en pas ci Vuestra Magestad no lo rremedia, y rrecreserá grandícimos daños y trauajos como auido. Y cada uno tienen su pretencior y haze lo que quiere y nostá en sugeto y otras cosas auido, como en muchas cartas y abisos le e abizado para que se prouea rremedio antes que no rrecresca más en este rreyno. Con tanto, beso los rreales pies y manos su umilde bazallo, Gonzalo Pizarro (rúbrica) Del Pirú. Beso los rreales pies y manos de Vuestra S[acra] M[agestad] su umilde bazallo,Gonzalo Pizaro. ENPERADOR DON CARLOS ENBÍA SV CARTA I PERDÓN A GONZAlo Pizarro y a los demás conquistadores y lo lleua la carta el dotor Pedro de la Casca. Carta y perdón que enbió a Gonzalo Pizarro y a los demás conquistadores, año de mil y quinientos y cincuenta y quatro, papa Paulo tres de su pontificado treze, enperador don Carlos cinco de su enperio ueynte y ocho y de su rreynado ueynte y nueue: Pedro de la Gasca, nombrado pricidente de su Magestad, y lleue cartas de su Magestad y enbía con ellas su carta. Y lo llebó Pedro Fernandes Panyagua. Dize desta manera la carta de su Magestad: Carlos, por la gracia de Dios, enperador de rromanos, rrey de las Espanias, de Germania : Gonzalo Pizarro: Por buestra letra y abisos de deuersas tenemos entendido los rrumores y leuantamientos en esas prouincias del Pirú sucididas después auer llegado Blasco Nuñes Uela, nuestro uirrey, en esas partes y los oydores de la rreal audiencia que con él fueron por rrazón de querer poner en xecución la nueua ley y hordenansas por nos hechas. No queríades azeptallo y de ello auíades leuantado bos y los demás. Y de ello os perdonamos. Y que lo dexes y cumpláys y xecutéys cin delación bos y los demás. Carlos (rúbrica) El Dotor Gasca entró a gouernar por pricidente de la rreal audiencia en el año de mill y quinientos cinqüenta [y cin]co. Defendió la corona rreal y seruió a su Magestad y hizo jus[ticia] a los traydores y entabló la tierra como fiel y cauallero des[te rreyno de su Magestad.] EL RECIBEMIENTO SOLENE QVE HIZO GONZALO PIZARO al capitán Caruajal en la ciudad de los rreys de Lima con los demás prencipales de la dicha ciudad. Capitán Caruajal fue rreciuida en el año de mil y quinientos y quareynta y ciete, papa Paulo tres de su pontificado catorse, enperador don Carlos cinco y de su enperio dies y nueue y de su rreynado treynta, suseso del dotor Pedro de la Casca: Pedro Fernandes Paniagua, a quien el dotor de la Casca enbió el año pasado con cartas a Gonzalo Pizarro con quexas que tenía del Caruajal. Escriuió a su gouernador a Quito a sus capitanes. En este tienpo llegó de Charcas el capitán Caruajal con mil y quinientos soldados, trecientos arcabuseros y quatrocientos mil escudos. Fue rrecibido en la ciudad de los rrey con mucha solenidad. Sale a rrecibir Gonzalo Pizarro con toda la gente prencipal de la dicha ciudad. Luego llegó nueua del Puerto Uiejo cómo se auía uisto quatro nauíos, cómo uiendo la tierra, bolbió y pasó adelante. Y dixo que era mala señal. Y saltó a Trugillo dotor Caruajal, Cepeda, capitán de arcabusero Juan de Acosta, Juan Ueles de Gueuara, Juan de la Torre, capitanes de la enfantería de piqueros hizo Hernando Bachicau, Martín de Robles, Martín de Almendras. Y confirmó en el oficio de maystre de canpo de todo exército a Francisco de Caruajal con cien arcabuseros que abía traýdo de Charca. A los capitanes de a cauallo, a cada uno cinqüenta mil ducados, a los de enfantería, un ueynte y cinco mil. Fue criado por arfeles general de estandarte Antonio Altamirano, ciudadano y rregidor del Cuzco, con ochenta caualleros. Y sacaron en canpañas sus uanderas; dotor Sepeda en su uandera puso una ymagen de Nuestra Señora, el dotor Caruajal, una ymagen del señor Sanctiago, el capitán Caruajal, la misma que auía lleuado contra el uirrey Blasco Nuñes Uela, el capitán Gueuara figoró unos corasones con unos montes y unas letras que decía “Pizarro”, el capitán Bachicau, una G rrebuelta en una pe, P, que desía “Gonzalo Pizarro”, con una corona de rrey arriba. El estandarte rreal serbía las armas rreales enpereales. Gonzalo Pizarro entendía en dar socorro a los soldados que no estauan asentado de la enfantería, mil hombres armados. Al capitán Lorenso de Aldana en su nombre de todo el rreyno a enformar al enperador se auía uenido con el pricidente contra ellos. [A] el dotor de la Casca sentencia Gonsalo Pizarro que le corte la cauesa, y [que] a Lorenso de Aldana y a Hinojosa con los demás capitanes fueesen [sic] desquartesados. Queriendo [Gonzalo] que firmasen los abogados, aconsexaron no pronunciase tal sentencia. Luego le dixeron que el pricidente era saserdote, como tal, ecento de su juridición. Con estas rrasones se suspendió. Capitán Aldana salió los nauíos de la costa. Salió Juan del [sic] Acosta, corrió con cien arcabuseros de a cauallo. En lugar del dotor [Carvajal], al capitán Juan de Acosta con docientos y ochenta llegó a la barranca de Trugillo. Dotor Caruajal con trecientos arcabuseros y llebó el capitán Juan del [sic] Acosta. Capitán Sayauedra, tiniente de Guanoco, tubo cartas de Lorenso de Aldana que le persuadía se rredugese al seruicio enpereal. Salió en busca de Gonzalo Pizarro, que tanbién lo abía llamado. Desto salió secretamente, se fueron [a] Gonzalo Pizarro tres capitanes. Sayauedra enbió un capitán en su alcanse [hacia] Gonzalo Pizarro, con trecientos hombres [para que] quemase todo Guanoco a los yndios. Y los yndios estauan de armas. Y señoreaua en seruicio del enperador el capitán Sayauedra y de la uanda de los yndios, el capitán general, segunda persona del Ynga, capac apo [poderoso señor] don Martín Guaman Malque de Ayala, Allauca Uanoco, Yaro Bilca, el excelentícimo señor destos rreynos, y otros capitanes yndios defendió la ciudad de Guanoco. Y dallí se fueron [Saavedra] con quatro caualleros; se juntó en la ciudad de Caxamarca con Mora. Después de Ynajosa, fue Antonio de Robles al Cuzco y hizo mucha gente. Alonso Peres de Ysquiuel, Luys de Herrera [Rivera], Francisco Negal [Negral], Diego Áluares, Pedro Ortís de Sárati [Zárate] en esta horden caminó hasta llegar al Cuzco. El ardil [ardid] de Diego Senteno [Centeno] de quitar cillas y freno de los cauallos de los contrarios y comensó a echar fuera de la ciudad con yndios, enbinción del baleroso. Hizo cortar la cauesa a Gerónimo Mexía, yerno del Conde La Gomera. En los Reys pareciendo que Gonzalo Pizarro que Antonio Altamirano, su alferes general, andaua con treuesa en su [n]egocio y de su sospecha le hizo dar garrote una noche y otro día lo mandó ahorcar públicamente. Y dio el estandarte a don Antonio de Reuera [Rivera]. Y juntó todos los ciudadanos y hombres prencipales, a quien le agradició que se auían puesto en tanta guerra y peligro sólo por defendella del marqués don Francisco Pizarro, su ermano, la honrra y trauajo de la conquista deste rreyno. Y ancí Gonzalo Pizarro ordenó el capitán Juan de Acosta se partiese la buelta del Cuzco por el camino de la cierra con trecientos hombres, maystre de canpo Páez de Sotomayor, y por capi[tá]n de a cauallos Martín de Olmos y de arcabuseros y piqueros, don Gomeel [Diego de Gumiel] y Martín de Almendras. Dio el estandarte enpereal y Martín de Alarcón contra Diego Senteno al Cuzco. La armada de Lorenso de Aldana pareció dos leguas del puerto. Ausentáronse Gabriel Uerdumes [Bermúdez] y Gomes de Roxas, su sobrino, y otros hombres prencipales. Y en otra parte se huyeron y picaron la espuela, yua deziendo: “Biba, biba, enperador”, y “Muera y muera el tirano de Gonzalo Pizarro”. Perdón se publicó del enperador y se alsó el estandarte rreal de su Magestad. [A] Mendosa y Seluera, acimismo a fray Pedro de la Merced y Gonzalo Núñez [Muñoz] dixo. “Demos”, rresponde Pizarro; dixo ci se biniese a juntar trecientos hombres. Bays [Páez] de Sotomayor, Martín de Olmos y Martín de Alarcón, alferes general, y Hernando de Aluarado, Alonso Regil [Rengel], Antonio de Áuila. Marcha al Cuzco Juan de Acosta; llegó a Ariquipa con cien hombres a Gonzalo Pizarro. Trecientos y cinqüenta de Diego Senteno estaua en el Collao. Y capitán Mendoza alsa estandarte y Diego Senteno en seruicio del enperador. [El presidente] desenbarcó en el puerto de Tumbes y dejó un nauío en ella, por capitán don Pedro de Reuera. Y Alonso de Ynojosa marcha hasta ajuntarse con otra armada [en Cajamarca]. [Centeno] se junta [con Mendoza y la gente] de Charcas y Cuzco, Ariquipa. Y traýa un clérigo de misa. Diego Senteno tenía mil hombres y docientos de a cauallo y ciento y cinqüenta arcabuseros, por maystre de canpo Luys de Reuera, alferes general Diego Áluares, sargento mayor Luys García. Del egército de Gonzalo Pizarro, maystre de canpo Francisco de Caruajal, trecientos arcabuseros, ochenta caualleros, quinientos piqueros. De la primera artellería ciento y cinqüeenta [sic] hombres, dos capitanes de fuerte, de la segunda artellería rrompió del todo. Comensaron a huyr; Gonzalo Pizarro cayó en tierra. De la parte de Diego Senteno, cien hombres con treynta que hizo justicia; un frayle de la Merced de misa. Murió el mayse [sic] de canpo Luys de Reuera, Diego Lopes de Súñiga, Pantoxa, Sanogal. De la parte de Gonzalo Pizarro murió ciento y ueynte. Y Caruajal, con algunos de a cauallo, se fueron y escaparon en la gran batalla que fue mayor en este rreyno entre cristianos, que no con los yndios. De Diego Senteno en seruicio de su Magestad y de Gonzalo Pizarro deí traydor contra la corona rreal fue esta batalla de la prouincia del Collao, por donde fue desbaratado y se huyó Gonzalo Pizarro con los demás capitanes y soldados y Caruajal se fueron. REHVIMIENTO DE GONZALO PIZARO I LE CIGVIó el dotor Pedro de la Casca contra ellos como pricidente. El pricidente dotor Pedro de la Casca le hizo huyr a Gonzalo Pizarro. Y [Gonzalo Pizarro] tornó al Cuzco con quatrocientos soldados. Yua haziendo más gente y maltratando a los yndios. Y ancí este dicho dotor de la Casca, pricidente, exército que hizo. Y tornó otra armada al pricidente. El mariscal Aluarado fue declarado por maystre de canpo, el dotor [Benito] Caruajal alferes general, don Pedro de Uillauisencio sargento mayor, capitanes de a cauallo el capitán Luys de Áualos de Ayala, don Pedro de Cabrera, Gomes de Aluarado, Juan de Sayauedra, Diego de Mora, Alonso de Mendoza y otros capitanes de enfantería don Baltazar de Castilla, Fernán Megía de Gusmán, Francisco Mosquera, Gomes de Solís y otros capitanes de la artellería Gabriel de Roxas. Para estar serca de la persona del pricidente, nombraron al arzoobispo de la ciudad de los rreys y al obispo del Cuzco y de Quito y a fray Tomás de San Martín, probincial de Sancto Domingo, y [al provincial] de la horde[n] de Nuestra Señora de las Mercedes y guardián de San Francisco, y otros muchos rreligiosos. Luego el pricidente mandó hazer última rreciña donde halló setecientos arcabuseros, quinientos piqueros y quatrocientos de a cauallo, que en el ualle en la qüenta que se hizo de los capitanes y soldados llegaron en Xauxa mil y quinientos hombres. Y ancí a los dichos sus contrarios enemigos Gonzalo Pizarro le seguieron. RESPONDE EL DOTOR P[EDR]O DE LA CASCA AL ENBAjador de Gonzalo Pizarro que uino un clérigo de misa. El dotor Pedro de la Casca, pricidente, en el año de mil y quinientos y quarenta y ocho, papa Paulo tres de su pontificado quinze, enperador don Carlos cinco de su enperio treynta y de su rreynado treynta y uno: El dotor de la Casca tornó a la dicha armada, encuentró en el ualle de Xacxauana, adonde enbió un clérigo de misa de la parte de Gonzalo Pizarro que deshiciese la batalla. Y rresponde el pricidente que no a lugar. El dicho pricidente está con nouecientos hombres de a pie, quinientos de a cauallo y otros quinientos arcabuseros y seys piesas de artellería. Se armaron en Xacxauana Pampa, says leguas del Cuzco. “Con buen ánimo”, dixo Gonzalo Pizarro, “que todos se uan, que tanbién me yré. Quizá me perdonará.” El capitán Acosta dixo: “Deemos en ellos y moramos como buenos soldados.” [Dize Gonzalo:] “Quiere Dios que moramos como cristianos que como paganos.” Rendió al sargento mayor y dio un estoque a don Pedro de Uillauisencio y préndele a Gonzalo Pizarro y a los demás capitanes. Y [le] tubo preso [a Gonzale Pizarro] Diego de Senteno. El Caruajal escapó [a]donde le prendieron de dentro de canauerales. En el Cuzco prenden al capitán Acosta. Saquearon y hallaron mucho oro y plata y cauallos. El día seguiente sentenció a cortar la cauesa al dotor Ciancas, Aluarado y a Gonzalo Pizarro. Y lleuaron la cauesa a Los Reys de Lima y lo pucieron en una xaula de hierro en unas uentanas. Guartezado Caruajal, ahorcado nueue de sus capitanes, acauando, se bolbieron todos a sus ciudades. FRAN[CIS]CO HERNANDES Girón se alsó contra la corona rreal y mató al capitán Alonso Palomino y a Morales en el Cuzco. Francisco Hernandes Girón se alsó en el año de mil quinientos y cinqüenta y tres años, papa Julio tres de su pontificado quatro, enperador don Carlos cinco y de su enperio treynta y cinco y de su rreynado treynta y seys, leuantamiento contra la corona rreal en este rreyno. Se levantó Francisco Hernandes Girón con setenta soldados. Entró en la ciudad del Cuzco a la casa del corregidor deziendo: “¡Biba el rrey, libertad, libertad!” Diziendo estas palabras, dixo que no se leuantase de la mesa, so pena de la muerte: “Aquí sólo buscamos al corregidor.” Mató al capitán Juan Alonso Palomino y a Morales, uecino de la dicha ciudad. El dicho corregidor tubo lugar de meterse a otra sala, adonda auía unas señoras desposadas y hizo gente. Y porque tenía noticia de dos becinos grandes seruidores de su Magestad, luego mandó cortar la cauesa a don Baltazar de Castilla, hijo del Conde de Gemera, y al adelantado Juan de Cáseres con suspecha de la uanda del enperador y rrey nuestro señor. En Pucara, Hatun Colla fue la batalla y encuentro de Francisco Hernandes Girón con los señores oydores de su Magestad. Y hizo destruyción los señores y Francisco Hernandes se huyó y rretiró hacia Yana Uara por la cierra. Y llegó junto al Cuzco trecientos soldados y benía haciendo grandes destruciones y rrobo a los yndios. Y bino haziendo más soldados; unos entrauan y otros se huyan a la uanda de su Magestad. Francisco Hernandes Girón enuentó en el ualle de Pachacama para dar una batalla famosa de noche, y quiso saltealle a la uanda de los señores oydores de su Magestad. Desta manera mandó lleuar boys [bueyes] mansos una manada y atalle en los cuernos dos candelas a cada uno de ellos y estubiese el estandarte y el pífano trompeta con ellos. Y pensando que eran el contrario, auían de acudir a matalle y ellos por detrás le auía de dalle. Y ací fue Dios seruido que dos soldados se echó a huyr a la uanda de su Magestad, y a[c]í se dejó esta batalla y se bolbió a Chuquinca otra ues. FRAN[CIS]CO HERNANDES Girón dio la batalla de Chuquinga contra mariscal. Fue uencido mariscal con mil soldados de su Magestad, Francisco Hernandes con trecientos soldados. Francisco Hernandes Girón entró al pueblo de Chaluanca y dallí auajó al pueblo de Chuquinca y comensó a entablarse en una fortalesa de los yndios antigos de Auca Runa que tenía una puerta prencipal y detrás su puerta falsa. Y allí se ensayó y alsó su estandarte rreal en la prouincia de los yndios Aymarays y Quichiuas. Y tenía trecientos soldados y tres uanderas y cien arcabuseros, el qual uino contra Francisco Hernandes. El mariscal don Alonso de Aluarado, de la parte del enperador mil soldados, quatrocientos de a cauallo, trecientos arcabuseros y trecientos piqueros, y los quales comensó a dar la batalla, mariscal contra Francisco Hernandes. Se rretiraua y huyýa a la fortalesa; le engañaua. Arremetieron todos a ellos pensando que era poca gente. Estando en esto, sale por la puerta falsa cien arcabuseros; por detrás le dieron a los soldados del enperador. Dizen que un solo arcabusero mató cien hombres. Y murió mucha gente de la parte del enperador, y de la parte de Francisco Hernandes murió cinqüenta. Y echó a huyr el mariscal y los demás capitanes y soldados hacia los llanos y fue en ciguimiento Francisco Hernandes. De camino hizo muy mucho daño a los ganados. De los dichos prencipales yndios capitanes, el excelentícimo señor capac apo don Martín de Ayala, segunda persona del Ynga, bizorrey destos rreynos Allauca Guanoco, nieto de capac apo Guaman Chaua, Yaro Uilca, el qual está en la prouincia de los Andamarcas, Lucanas y Soras y apo Guasco, Hanan Changa, y don Juan Guaman Uachaca, Lurin Changa, señor y principal, dieron la batalla a Francisco Hernandes en el citio de Uachi Uapiti, Uana Cocha. BATALLA Q[VE] HIZO EN seruicio de su Magestad el excelentícimo señor capac apo don Martín de Ayala, padre del autor, Chinchaysuyo, y apo Uasco, apo Guaman Uachaca, Hanan, Lurin Chanca, con cien soldados y Francisco Hernandes, trecientos soldados. Fue uencido y se huyó. Don Martín Guaman Malque de Ayala, capac apo, segunda persona del Ynga y su bizorrey destos rreynos, el excelentícimo señor, duque deste rreyno, y don León Apo Uasco, Hanan Changa, y don Juan Guaman Uachaca, Lurin Changa del pueblo de Andaguaylas y de su prouincia, dieron la batalla con sus personas en seruicio de su Magestad con Francisco Hernandes Girón, traydor. Y de la uanda de los señores prencipales tenía cien soldados yndios y de la uanda de Francisco Hernandes, quatrocientos, trecientos españoles y cien yanaconas [criados] mestisos y molatos. Dieron la batalla junto a Uata Cocha, Ura Yauma, Uanca Cocha, en el alto de Uacha Uapite. Y murió de los traydores los soldados ducientos hombres y los demás echaron a huyr cada uno por su camino. El dicho Francisco Hernandes se fue cin armas muy pobre con seys capitanes y no llebó más gente y fue por el camino rreal del Ynga. Fue a Quilcata, Ura Pampa, Yauar Pampa, Caracha, Chocllo Cocha, Asto Puti. Y llegó a Uanca Bilca y dallí se fue a Bilcabamba, dallí a la estancia de los Chongos, da donde le prendieron muy pobrécimo, desnudo, cin armas. Y por testigo de la batalla de los prencipales en seruicio de su Magestad, hasta agora está sus señales y güesos de los dichos cauallos. Y fue huyendo y diciendo que los dichos principales y a sus yndios le a de matalle y en sus pueblos auían de senbrar sal y criarse uenados y sorras y leones para memoria que no auía tenido guerra ni batalla, cino con el rrey enperador por los yndios y tributo. Y ací se fue por Uata Cocha y llegó a Xauxa cin pólbora ni pelota. Y ací le prendió como a muger los yndios Guancas. APO ALANIA, CHVQ[VE] LLANqui , Hanan Uanca, Guacra Guaman, Lurin Guanca, Cucichac, Xauxa, prendió a Francisco Hernandes con sus seys soldados capitanes que halló cin arma y muy pobre. FIN DE LA CONQVISTA: Apo Alanya, Chuqui Llanqui, Hanan Guanca, Apa Guaccra Paucar, Lurin Guanca, Cucichac, Xauxa, prendió a Francisco Hernandes Girón con los dichos sus seys capitanes que le halló muy pobre cin armas ni pólbora ni peloto, questauan en una chosa, chuclla, de llama miche [pastor de llamas]. Y le prendió como a muger. Se entregó a las manos de los yndios Guancas del ualle de Xauxa. Y dallí les lleuaron a la ciudad de los Reys de Lima. Llegado, fue sentenciado a cortar la cauesa de Francisco Hernandes y a los demás, ahorcados y quartezados. Y se hizo justicia en ellos y lo pucieron las dichas cauesas con los demás traydores y se executó en ellos. Y ancí se acabó la rrebelación contra la corona rreal. Desde el encuentro de los dos ermanos Uascar y Ataguarpa treynta y dos años, y luego desde la conquista deste rreyno y todo el alsamiento contra la corona rreal de los traydores don Francisco Pizarro, don Diego Almagro el biejo como el moso, y Gonzalo Pizarro, Caruajal y Francisco Hernandes Girón y los demás con ellos, y conquistarse entre ellos y entablar y hasta auer buena justicia, auía durado ueynte y quatro años este dessociego y pistelencia y alboroto. De querer de pobre hazerse señor no quizo Dios. Y desde el descubrimiento a ciento y cinqüenta años y desde la conquesta a ciento y doze años desde que se cuenta desde 1613 del nacimiento del Señor. Que toda las cosas son de Dios y del rrey nuestro señor, que Dios le guarde, y los dichos tienpos y años lo sabe Dios, aunque se dize la astrología como los astrólogos lo escriuieron, como lo escriuió los apóstoles de Jesucristo, como el apóstol primer dotor Deudorito, muy antigo dotor de la yglecia, obispo, y otros hombres sabios que fueron alumbrados con la gracia del Espíritu Sancto, para que Dios nos muestre sus secretos que hizo en el cielo, en la tierra, en el ynfierno, lo del cielo para poblarnos, lo del mundo para alaualle y dalle gracias por ellas, lo del ynfierno para castigar a los malos y le temamos del castigo y mala tierra que crió Dios. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] effykxsuapsqkkitpeyyarkyvqa08r8 1665675 1665647 2026-06-21T01:24:24Z NinoBot 46867 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665675 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 19: El capítulo de la conquista española y las guerras civiles |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} PRIMER CONQVISTA DESTE REINO: CONquista que se hizo deste rreyno y descubrimiento y primer español de Castilla: De Jerusalén descubrió el apóstol de Jesucristo; el señor San Bartolomé salió a este tierra y se bolbió en tienpo que rreynaua el Ynga Cinche Roca sólo el Cuzco y parte del Collau. Y después, ciendo papa Bonefacio nono, niapolitano pontífise, y después se descubrió el camino de la mar en el año de 1493 años. Ciendo papa Alexandro sexto, español, enperador de Roma Maximiliano, rreyna de España doña Juana, se supo la Mar de Sur setecientas leguas a Paraguay a las Yndias. Y auido nueua en toda Castilla y Roma de cómo se auía hallado el Mundo Nuebo, que ací lo llamaron los hombres antigos de Castilla. Estaua esta tierra en más alto grado, ací lo llamaron Yndias. Quiere dezir tierra en el día, como le pucieron el nombre tierra en el día, yndias, no porque se llamase los naturales yndios de yndias rrodearon yndios el qual esta tierra está en más alto que todo Castilla y las demás tierras del mundo. El primer bocablo fue el Mundo Nuebo; este título y uerdadero nombre tiene y se llama naturales. Y ací los chapetones les llama yndios y se llama hasta oy y hierran. Como a los españoles le llama en común españoles uira cocha, tanbién en común dirán uira cocha ací yndios, cada parcialidad se tiene sus nombres, Castilla, Roma. De cómo lo descubrió dos hombres, el conpañero de Culúm y Candía: El conpañero de Culúm se murió y dexó los papeles a su conpañero, al dicho Culúm. Y Candía dio noticia en Castilla que auía saltado en tierra en Santa. Por señas que dixeron que los primeros hombres saltaron y trayýa muy largas barbas y que estaua amortajado como defunto. Esta dicha nueua le dieron al dicho Guayna Capac Ynga en el Cuzco. Luego lo hizo lleuar en un guando [andas] por chasque [mensajero] para que lo biese el Ynga chapetón y el español chapetón, que por señas hablaron. Y preguntó al español qué es lo que comía; rresponde en lengua de español y por señas que le apuntaua que comía oro y plata. Y acinab dio mucho oro en polbo y plata y baxillas de oro. Con todo ello le mandó tornar otra ues con el chasque al puerto de Sancta. Quando llegó, dizen que el conpañero se abía muerto y ancí se fue este dicho Candía a España con su oro y plata y rrequiesas. De cómo llegó este dicho Candía con la rriquiesa a España con todo lo que llebó y publicó de la tierra y rriquiesas. Y dixo que la gente se bestía y calsaua de todo oro y plata y que pisaua el suelo de oro y plata y que en la cauesa y en las manos trayýa oro y plata. Esto dezía del bestido que se bisten para dansar y baylar taquies que hazen los yndios con bestidos de plata, oro, culque curi cusma , cacro, chipana, canipo, culqui uayta, topos [ornamentos], todo de oro y plata. Y dezía que abía camellos chiquitos de los carneros de la tierra. Con esta nueua y cudicia y publicamiento de oro y plata se hizieron gente. Éstos lleuaron hurtado a un yndio Guanca Bilca, después se llamó Phelipe, y trageron por su lengua a la conquista deste rreyno. Y los capitanes y los soldados benieron muy contentos; no tenía ora que deseauan llegar de la codicia de oro y plata. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, dos capitanes generales, y los demás se ajuntaron, trecientos y cinqüenta soldados. Todo Castilla ubo grandes alborotos; era de día y de noche entre sueños. Todo decía: “Yndias, yndias, oro, plata, oro, plata del Pirú.” Hasta los múcicos cantauan el rromanse “Yndias, oro, plata.” Y se ajuntaron estos dichos soldados y mensage del rrey nuestro señor católico de España y del santo padre papa. De mil quini[en]tos doze años papa Julio dos de su pontificado ciete, enperador Maximiliano dos de su enperio dies y ciete, rreyna de España doña Juana de su rreynado cinco, Uasco [Nu]ñes de Ualboa tubo noticia de la Mar de Sur. Con esta nueua más se alborotaron la tierra. Que ci la rreyna le dejara uenir, me parese que todo Castilla se beniera con tan rrica nueua deseada oro y plata, que la gente andaua bestido todo de oro y plata, y todo el suelo lo que pizauan era todo oro y plata macizo, que como piedra amontonauan oro y plata. Aún hasta agora dura aquel deseo de oro y plata y se matan los españoles y desuella a los pobres de los yndios. Y por el oro y plata quedan ya despoblado parte deste rre[y]no los pueblos de los pobres yndios, por oro y plata. Del año de mil quinientos treze, papa Julio dos y de su pontificado ciete, enperador Maximiliano dos de su enperio dies y ciete, rreyna de España doña Juana y de su rreynado cinco, descubrimiento del Río de la Plata. Juan Díaz de Solís, uezino de la uilla de Librexa, piloto, cetecientas leguas a Paraguay al rrío grande se descubrió. Comensaron los capitanes a aliñarse sus uiajes y matalotaxes, mucha comida y arma, todo biscocho y tocino, secina. Y procuraron traer otros rregalos y rropa blanca pero de hazienda pobre. No quicieron traer nada, cino armas y escopetas con la codicia de oro, plata, oro y plata yndias, a las Yndias, Pirú. Año de mil y quinientos y ueynte y cinco, papa Clemente ciete de su pontificado tres, enperador don Carlos cinco de su enperio ciete y de su rreynado cinco, don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, dos capitanes generales en el descubrimiento deste rreyno del Pirú, y Hernando de Luque, maystre escuela, saltaron en esta tierra. Luego comensaron a tener deferencias del dicho descub[r]imiento deste Mundo Nuebo de las Yndias deste rreyno. Y con la cudicia de oro y plata que ya en su corasó trayýa, “matarte he o matarme has”, y unos y otros se mordía y los dichos soldados andauan espantados. Año de mil y quinientos ueynte y seys, papa Clemente de su pontificado cinco, enperador don Carlos cinco y de su enperio nueue, de su rreynado dies, nacimiento del rrey don Felipe segundo deste nombre, ubo muy grandes fiestas en España y en toda Castilla y Roma. Año de mil y quinientos y treynta y dos, papa Clemente ciete y de su pontificado dies, enperador Carlos cinco y de su enperio catorze y de su rreynado quinze, don Francisco Pizarro, don Diego de Almagro tubieron el primer enbajador del lixítimo y rrey capac apo Ynga Tupa Cuci Gualpa Uascar, ynga, rrey y señor deste rreyno. Le enbió a dar pas al puerto de Tunbes al enbaxador del enperador y rrey de Castilla. Le enbió a su segunda persona, uirrey deste rreyno, capac apo, excelentícimo señor, don Martín Guaman Malque de Ayala; fue el enbaxador de la gran ciudad del Cuzco, cauesera deste rreyno. Y los españoles don Francisco Pizarro y don Diego Almagro y don Martín de Ayala se hincaron de rrodillas y se abrasaron y se dieron pas, amistad con el enperador. Y le honrró y comió en su mesa y hablaron y conuersaron y le dio presentes a los cristianos. Acimismo le dio al señor don Mar[tín] de Ayala que fue primer enbaxador que de Atagualpa Ynga en el puerto de Tunbes, adonde saltó primero. Al defunto Guayna Capac Ynga lo lleuan a la ciudad del Cuzco adonde es cauesera deste rreyno a enterrallo. Lo traxeron desde la prouincia de Quito. En este tienpo que tubieron grandes dares y tomares los dos Yngas, el lexítimo Uascar Ynga y el uastardo Atagualpa Ynga desde Quito, y porfía de capitanes y se hicieron el rreyno dos partes. Desde Xauxa hasta Quito y Nobo Reyno fue lo de Atagualpa, y desde Xauxa hasta Chile, lo de Uascar. Y con ellos ubo grandes contradiciones y batalla y muerte de los capitanes y de yndios deste rreyno. Entonses fue lleuado el cuerpo de Guayna Capac Ynga a la gran ciudad del Cuzco. Le llamaua al defunto yllapa [el rayo] del dicho Ynga Guayna Capac. Pensaron los yndios de Quito que uino bibo el Ynga y ací no se alsaron ni ubo alboroto del rreyno de la muerte del Ynga. Y lo lleuaron a su bóbeda rreal enbalsamado. De manera desde Xauxa se supo questaua muerto y en la ciudad del Cuzco hizieron grandes llantos y lloros de la muerte de Guayna Capac Ynga. Y la promesa y lo que le denunciaron los demonios al Ynga desde sus antepasados Yngas fue declarado: Que abía de salir unos hombres llamado uira cocha . Como dicho fue; en este tienpo salieron los hombres uira cochas cristianos en esta rrebuelta deste rreyno. Y fue bentura y primición de Dios que, en tanta batalla y derramaniento de sangre y pérdida de la gente deste rreyno, saliese los cristianos. Fue Dios seruido y la Uirgen María adorado y todos los sanctos y santas ángeles llamado de que fuese la conquista en tanta rrebuelta de Uascar, Atagualpa, Yngas. El segundo enbajador de Atagualpa Ynga, ermano uastardo de Uascar Ynga, enbió a su capitán general llamado Rumi Naui al puerto de Tunbes al enbajador del enperador, don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, y tubieron muy grandes rrespuestas y cumplimiento. Le enbió suplicando que se bolbiesen los cristianos a sus tierras y le dixo que le daría mucho oro y plata para que se bolbiesen. Y no prouechó y dio la rrespuesta, deziendo que quería uer y bezar las manos al rrey Ynga, después se bolberían, y que uenía por enbaxador de su rrey enperador. Y ancí uino adelante. Atagualpa Ynga como le mandó dar yndios mitayos [que cumple su turno] a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro y al fator Gelín [Illán Suárez de Carvajal]. Le dieron camaricos y rregalos y mugeres a ellos y a todo sus cauallos porque decían que era persona los dichos cauallos, que comían maýs. Como no sauía ni auía uisto en su uida, y ací lo mandó dar rrecaudo. Año de mil y quinientos y treynta y tres, papa Clemente ciete de su pontificado onze, enperador don Carlos cinco y de su enperio quinze y de su rreynado dies y seys, marcha don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro a la ciudad de Caxamarca contra Atagualpa Ynga con ciento y sesenta soldados contra cien mil yndios. Hernando de Soto, Sebastián de Balcásar [Benalcázar] y Hernando Pizarro con ueynte caualleros y Felipe, Guanca Bilca, yndio lengua, que trajo para la conquista. Entraron a Caxamarca y no [e]staua en la ciudad el dicho Ynga Atagualpa. Estaua en los baños y de los baños enbía Atagualpa su enbaxador a la dicha ciudad con el capitán Rumi Naui, deciendo que se bolbiesen. los cristianos españoles a su tierra. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro rresponde que no ay lugar de bolberse. De cómo los españoles llegaron a la ciudad de Caxamarca y no se aposentaron en la dicha ciudad en ausencia del dicho Ynga Atagualpa. Y fuera se armaron sus toldos y se ordenaron como brabos animosos para lo enbestir. Y en aquel tienpo no trayýan cuellos, cino trayýan el cuello como padre. Todos trayýan bonetes colorados y calsones chupados, jubón estofados y manga larga y un capotillo con su manga larga, como caci a la biscaynada. Cómo tubo noticia Atagulpa Ynga y los señores prencipales y capitanes y los demás yndios de la uida de los españoles, se espantaron de que los cristianos no dormiese. Es que decía por que uelauan y que comía plata y oro, ellos como sus caballos. Y que trayýa ojotas [sandalias] de plata, decía de los frenos y herraduras y de las armas de hierro y de bonetes colorados. Y que de día y de noche hablauan cada uno con sus papeles, quilca . Y que todos eran amortajados, toda la cara cubierta de lana, y que se le parecía sólo los ojos. Y en la cauesa trayýa unas ollitas colorado, ari manca , y suri uayta [adorno de pluma de avestruz]. Y que trayýan las pixas colgadas atrás larguícimos, decían de las espadas, y que estauan bestidos todo de plata fina. Y que no tenía señor mayor, que todos parecían ermanos en el trage y hablar y conuersar, comer y bestir. Y una cara sólo le pareció que tenía, un señor mayor de una cara prieta y dientes y ojo blanco, que éste solo hablaua mucho con todos. Oýda esta dicha nueua, se espantó el dicho Ynga y le dixo: “¡Qué nueua me traes, mal mensage!” Y ancí quedaron espantados con la nueua nunca oýda y ací mandó Atagualpa Ynga que le diesen serbicios de mugeres a ellos y a sus caballos. Porque se rreýron de la pixa de los cristianos, de la espada, mandó matar Atagualpa Ynga a las yndias que se rrieron. Y tornó a dar otras yndias de nuebo y serbicios. Con todo esto rriplicó muy mucho de que se fueran y tornaran. Y no ubo rremedio, que enportunó los cristianos uerse con la magestad del Ynga. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y fray Uisente de la horden del señor San Francisco, cómo Ataguálpa Ynga desde los baños se fue a la ciudad y corte de Caxamarca. Y llegado con su magestad y sercado de sus capitanes con mucho más gente doblado de cien mil yndios en la ciudad de Caxamarca, en la plasa pública en el medio en su trono y aciento, gradas que tiene, se llama usno, se asentó Ataguálpa Ynga. Y luego comensó don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro a dezille, con la lengua Felipe yndio Guanca Bilca, le dixo que era mensage y enbajador de un gran señor y que fuese su amigo que sólo a eso benía. Respondió muy atentamente lo que dezía don Francisco Pizarro y lo dize la lengua Felipe yndio. Responde el Ynga con una magestad y dixo que será la uerdad que tan lexo tierra uenían por mensage que lo creyýa que será gran señor, pero no tenía que hazer amistad, que tanbién que era él gran señor en su rreyno. Después desta rrespuesta entra con la suya fray Uiciente, lleuando en la mano derecha una crus y en la esquierda el bribario. Y le dize al dicho Atagualpa Ynga que tanbién es enbajador y mensage de otro señor, muy grande, amigo de Dios, y que fuese su amigo y que adorase la crus y creýse el euangelio de Dios y que no adorase en nada, que todo lo demás era cosa de burla. Responde Atagualpa Ynga y dize que no tiene que adorar a nadie cino al sol, que nunca muere ni sus guacas y dioses, tanbién tienen en su ley, aquello guardaua. Y preguntó el dicho Ynga a fray Uisente quién se lo auía dicho. Responde fray Uisente que le auía dicho euangelio, el libro. Y dixo Atagualpa: “Dámelo a mí el libro para que me lo diga.” Y ancí se la dio y lo tomó en las manos, comensó a oxear las ojas del dicho libro. Y dize el dicho Ynga: “¿Qué, cómo no me lo dize? ¡Ni me habla a mí el dicho libro!” Hablando con grande magestad, asentado en su trono, y lo echó el dicho libro de las manos el dicho Ynga Ataguálpa. Cómo fray Uisente dio boses y dixo: “¡Aquí, caualleros, con estos yndios gentiles son contra nuestra fe!” Y don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro de la suya dieron boses y dixo: “¡Salgan, caualleros, contra estos ynfieles que son contra nuestra cristiandad y de nuestro enperador y rrey demos en ellos!” Y ací luego comensaron los caualleros y despararon sus alcabuses y dieron la escaramusa y los dichos soldados a matar yndios como hormiga. Y de espanto de arcabuses y rruydo de cascabeles y de las armas y de uer primer hombre jamás uisto, de estar llieno de yndios la plasa de Caxamarca, se derribó las paredes del serco de la plasa de Caxamarca y se mataron entre ellos. De apretarse y pizalle y tronpesalle los cauallos, murieron mucha gente de yndios que no se puede contar. De la uanda de los españoles murió cinco personas de su boluntad, por ningún yndio se atreuió de espanto asonbrado. Dizen que tanbién estaua dentro de los yndios muerto los dichos cinco españoles; deue de andar tonteando como yndio, deue de tronpizalle los dichos caualleros. Y ací cí le prendió don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro al dicho Atagualpa Ynga. De su trono le le [sic] llebó cin hirille y estaua preso con preciones y guarda de españoles junto del capitán don Francisco Pizarro. Quedó muy triste y desconsolado y desposeýdo de su magestad, asentado en el suelo, quitado su trono y rreyno. De cómo ubo alboroto en eseste [sic] rreyno entre ermanos, el rrey capac apo Guascar Ynga lexítimo y su ermano príncipe, auqui, Ataguarpa Ynga. Después de la muerte de su padre Guayna Capac Ynga, este dicho alboroto y guerra duró treynta y seys años. Desde niño el dicho Uascar fue muy soberbioso y mísero y mal ynclinado en daca las paxas. Mandaua matar a los dichos capitanes y ancí huýan dél. Después nunca les quizo faboreser ningún capitán ni soldado. Ues aquí cómo pierde con la soberuia todo su rreyno. Cienpre que sea rrey o capitán, ci es soberbioso, auariento, perderá su rreyno y la uida como Uascar Ynga. Y fue Dios seruido que en este tienpo enbiase su enbaxador y mensage el rrey enperador a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro, capitanes. Tubo batalla el lexítimo de la parte del Cuzco, el uastardo de la parte de Quito. En esta batalla murieron muchos capitanes y soldados y se perdió muy mucha hazienda de los Yngas y de los tenplos que hasta oy quedaron escondidos en todo este rreyno. Y ancí fue conquistado y no se defendió. Atagualpa Ynga dixo a don Francisco Pizarro que leyese un escrito. Dixo que no sauía y dixo que leýse un soldado y leyó. Dijo Atagualpa [...]. Cómo le prendieron y estado preso Atagualpa Ynga; estando preso, le rrobaron toda su hazienda don Francissco [sic] Pizarro y don Diego de Almagro y todo los demás soldados y españoles. Y lo tomaron toda la rriquesa del templo del sol y de Curi Cancha y de Uana Cauri muchos millones de oro y plata que no se puede contar, porque sólo Curi Cancha toda las paredes y la qubirtura y suelo y las uentanas quajado de oro. Dizen que la persona que entra dentro con el rrayo de oro parese defunto en el color del oro. Y del Ynga Atagualpa y de todo sus capitanes y de señores prencipales deste rreyno y las dichas andas de oro y plata que pesaua más de ueynte mil marcos de oro fino el tablón de las dichas andas y ueynte mil marcos de plata fina, un millón y trecientos y ueynte y seys mil escudos de oro finícimo. Acimismo les quitó sus serbicios hasta quitalle su muger lexítima, la coya [reina]. Y cómo se uido tan mal tratamiento y daño y rrobo tubo muy gran pena y tristeza en su corazón y lloró y no comió. Como uido llorar a la señora coya, lloró y de su parte ubo grandes llantos en la ciudad. De los yndios cantaua desta suerte: Aray araui! Aray araui!Sapra aucacho, Coya atiuanchic, llazauanchic?Ma, Coya. Suclla uanoson.Amatac acuyraque cacachuncho!Paracinam uequi payllamanta urman.Cam, Coya, hinataccha. [¡Aray arauil ¡Aray araui! ¿Podrá este enemigo malvado, reina, derrotarnos, darnos pesadumbre? ¡No, reina! Vamos a morir todas a una. ¡Que no nos alcance la desgracia! Las lágrimas caen como lluvia por sí solas. ¿Podrías tú, reina, ser tal?] De cómo estando preso conuersaua Atagualpa Ynga con don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y con los demás españoles y jugaua con ellos en el juego de axedrés que ellos les llaman taptana . Y era muy pacible príncipe y ací se contentaua con los cristianos. Y daua su hazienda y no sauía con qué contentalles y rregalalles. De cómo estando preso Atagualpa Ynga, todo sus bazallos y yndios y capitanes y señores grandes de su rreyno le desanpararon y no le serbieron. De cómo procuró de rrescatar su uida Atagualpa Ynga con todo sus capitanes y dio a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro y a todos los soldados mucho oro, que una casa señaló. Con su propia espada, le medió don Francisco Pizarro media pared que era de largo ocho brasas y de ancho quatro brasas. Hinchió de oro y lo tomó don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro. Con todo lo demás españoles lo partieron toda la rriquiesa. Despachó al enperador todos de España cada uno a sus deudos y parientes y amigos. Cómo el Ynga Atagualpa estando preso enbió a sus enbajadores y capitanes, a los dichos capitanes mayores Challco Chima, Quis Quis yngas y otros capitanes, para que diese guerra y batalla a su ermano lexítimo Guascar Ynga. Y ací le uenció y le prendió al cuerpo de Uascar Ynga. Y luego les maltrató y le dio a comer maýs, chuno [conserva de papas] podrido. Y por coca le dio hojas de chilca y por lipta le dio suciedad de los hombres y estiércol de carnero maxado y por chicha, orines de carnero y por fresada, estera y por muger, una piedra larga bestida como muger. En el citio llamado Andamarca le mataron los Cañaris, Chachapoyas, cantando “Poluya poloya, uuiya, uuiya.” Y mataron todos los auquiconas [príncipes] y nustas [princesas], yndias preñadas le abrían la barriga. Todo se hizo por consumir y acauar al dicho Uascar Ynga con toda su generación para que no ubiese lexítimo Yngas, porque auía preguntado los cristianos del lexítimo rrey Ynga y ací lo mandó matar. De cómo en tienpo de contradición entre dos ermanos Uascar Ynga, Atagualpa Ynga y de salir nuebo hombres nunca vista que fueron españoles se perdió muy mucha hazienda del sol y de la luna y de las estrellas y de los dioses, guaca bilcas, templos de Curi Cancha del Ynga y de los uírgenes, acllas, y de los pontífises y de los señores grandes y de los capitanes generales y de los yndios comunes, porque cada cosa estauan señalado en todo el rreyno, que no se puede contar tanta. De cómo los yndios andauan perdidos de sus dioses y uacas y de sus rreys y de sus señores grandes y capitanes. En este tienpo de la conquista ni auía Dios de los cristianos ni rrey de España ni auía justicia. Ací dieron a hurtar y rrobar los españoles como Challco Chima, Quis Quis, Aua Panti, Rumi Naui y otros muchos capitanes y los yndios Cañaris y Chachapoyas, Uancas andauan rrobando y salteando y perdidos, hechos yanaconas. Desde allí comensaron los yanaconas ser uellacos y ladrones. Y ancí ubo muy mucha hambre y alboroto y se murió mucha gente y rrebuelta en todo el rreyno, daca oro y toma oro. Murió Atagualpa en la ciudad de Caxamarca. De cómo auía pronunciado un auto y sentencia don Francisco Pizarro a cortalle la cauesa a Atagualpa Ynga. No quizo firmar don Diego de Almagro ni los demás la dicha sentencia porque le daua toda la rriquiesa de oro y plata y lo sentenció. Todos dixeron que lo despachase al enperador preso para que allá rrestituyese toda la rriquiesa deste rreyno. Atagualpa Ynga fue degollad[o] y sentenciado y le mandó cortar la cauesa don Francisco Pizarro. Y le notifica con una lengua yndio Felipe, natural de Guanca Bilca. Este dicho lengua le enformó mal a don Francisco Pizarro y los demás. No le gustó la dicha sentencia, y no le dio a entender la justicia que pedía y merced Atagualpa Ynga, por tener ennamorado de la coya [reina], muger lexítima. Y ací fue causa que le matasen y le cortasen la cauesa a Atagualpa Ynga y murió mártir cristianícimamente; en la ciudad de Caxamarca acabó su uida. Cómo uino por mandado de don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y de sus generales dos españoles a prender los cuerpos de los dichos capitanes Chalco Chima, Quis Quis y lo prendió y hizo justicia en Xauxa. Les colgó de unos palos y murió Chalco Chima y los demás capitanes se huyeron: Quis Quis, Quizo Yupanqui y Rumi Naui, Aua Panti, Uanca Auqui, Colla Tupa. De cómo toda las rriquiesas que tenía escondido lo descubrió, oro y plata, joyas y piedras preciosas, le enbió al enperador y rrey católico de España. Le enbió don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y los demás soldados toda la rriquesa y uaca y del sol todo quanto pudieron coxer. Y enbiaron cada uno de ellos a sus casas y a sus mugeres y hijos y parientes deste rreyno y de Castilla. Con la cudicia se enbarcaron muy muchos saserdotes y españoles y señoras, mercaderes para el Pirú. Todo fue Pirú y más Pirú, Yndias y más Yndias, oro y plata, oro, plata, deste rreyno. De cómo por la rriguiesa [sic] enbió el enperador gouernadores y oydores, pricidentes y obispos y saserdotes y flayres y españoles y señoras: Toda era dezir Pirú y más Pirú. De los ciento y sesenta españoles y un negro congo, aumentó mucha gente de españoles y mercaderes y rrescatadores y mercachifles y muchos morenos. Agora multiplica, mucho más que yndio, mestizos, hijo de saserdotes. Oro y plata en el Pirú. Ues aquí cómo le echa a perder al enperador con la soberbia, cómo pudo sentenciar un cauallero a su rrey. Y ci no le matara, toda la rriquiesa fuera del enperador, y si descubriera toda las minas. El capitán Quizu Yupanqui Ynga murió en Lima. El capitán Luys de Áualos de Ayala y don Pedro Luxán y Rodrigo Niño, Gomes Arias y los demás capitanes y soldados de la uanda y seruicio comensaron la batalla. Y ynbistió como ualeroso capitán Luis de Áualos de Ayala contra el capitán Quizo Yupanqui Ynga, hijo de Topa Yupanqui, tío del autor, que uenía doze capitanes con mil yndios. Comensó de su parte el capitán Quizo Yupanqui, que corría como un game y que de puro ligero traspasaua por deuajo de los cauallos. Peleando, saltó por un asecya de agua de Lati en la ciudad de Lima y cayó. Luego le lanseó y le mató el dicho capitán Luys de Áualos de Ayala, padre del ermano del autor llamado padre Martín de Ayala, clérigo de misa, el qual murió en el dicho hospital de la ciudad de Guamanga, el qual está rretratado el dicho padre. Como dicho es, Quizo Yupanqui murió; rresualando junto al asecya, acabó su uida. Y los demás capitanes yndios echaron a huyr cada uno por su camino a sus pueblos y no quicieron aguardar. Y ancí después comensaron a poblarse. El primer nombre lo tiene Lima y ací se llama de Los Reys de Lima. En el mes de los rreys magos Baltazar, Melchos, Gaspar, se ganó esta ciudad. Y ací fue ordenado por Dios que auía de ser la ciudad de su Magestad del rrey y de su bizorrey, consejo de este rreyno y cauesera mayor. Allí se conquistó el Ynga que no se auía defendido en nenguna ciudad. Y fue milagro de Dios y de los tres magos rreys santos. Y ancí es Ceuilla [Sevilla] y corte rreal como Castilla y corte de todo el mundo, que Dios lo tiene apoderrado, y patrón el señor Santiago Mayor. Y este rreyno es patrón el señor Santiago Mayor, apóstol de Jesucristo. Cómo los españoles se derramaron por todas las partes de la tierra deste rreyno de dos en dos y algunos, cada uno haziendo gente yanaconas, yndios, buscando cada uno sus benturas. Y buscauan sus rremedios, haziendo muy grandes males y daños a los yndios, pidiéndoles oro y plata, quitándoles sus bestidos y comidas, los quales se espantaron por uer gente nueua nunca uista. Y ací se escondía y se huyýan de los cristianos en todo el rreyno. Cómo los primeros conquistadores trayýan otro traxe por temor del frío, coleto y bonetes colorados, unos calsones chupados y cin cuello como clérigo y trayýa mangas largas, la rropilla, el capote corto. Acimismo las dichas mugeres, como usaron los antigos yndios, unas camegetas largas, manta corta. Y después uan apuliendo y delgasando la tierra en mucho más en este rreyno, Cómo los primeros españoles fueron chapetones, acimismo los dichos yndios no se entendían el uno ni al otro, pediendo agua, traýan leña, deziendo “anda, puto”, trayýan cobre y calauasas. Porque anda es cobre, puto, calauasas. Y algunos yndios se hacían ladinos, los yanaconas dezían: “Obeja chincando, pacat tuta buscando, mana tarinchos, uira cocha.” Como los mestisos del Cuzco y de Xacxauana y de Cochacalla dicía: “Ya, señor sara paruayando, capón asando, todo comiendo, mi madre pariua, yo agora mirando chapín de la mula.” Y ancí los unos como los otro pasaron grandes trauajos, los yndios como los cristianos, y en los Collas decían: “Anda, puto.” Decía los yndios: “Putu sapi hiley haccha puto sapi hila.” Cómo después de auer conquistado y de auer rrobado comensaron a quitar las mugeres y donzellas y desuirgar por fuersa. Y no queriendo, le matauan como a perros y castigaua cin temor de Dios ni de la justicia. Ni auía justicia. Cómo los primeros españoles conquistó la tierra con sólo dos palabras que aprendió, decían “Ama mancha. Noca Ynga”, que no tenga miedo que él era Ynga. Decía a boses a los yndios y se huýan de ellos por temor. Y no conquistó con armas ni derramamiento de sangre ni trauajo. Y los Cañares y Chachapoyas y yanaconas [críados de los señores y de los reyes] se metieron sólo a fin de rrobar y hurtar. Con los dichos españoles no se metieron por seruir a su Magestad. Dizen que un español con la cudicia del oro y plata mandóse lleuarse en unas andas y ponerse orexas postisas y trage del Ynga. Entraua a cada pueblo, pidiendo oro, plata. Como uían Ynga barbado se espantauan y más se echaua a huyr los yndios, mucho más las mugeres en este rreyno. Don Francisco y don Diego de Almagro y los demás cristianos le mandaron tapear al excelentísimo señor, capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga, que estaua bibo muy biejo y los demás señores grandes. Le enserraron, pidiéndole oro y plata como enteresado y cudicioso en oro y plata. Estos dichos conquistadores le echó fuego y le quemó, acabó su uida. Acimismo mató a los dichos Yngas y a todos los señores grandes y capitanes generales y a los prencipales de cada prouincia deste rreyno con de uarias tormentos, pediéndole oro y plata y trayýa presos. Y lo castigaua muy cruelmente, preso con cadena de hierro y de cuero de baca torcido y cuellos del mismo baca. Dizen que usaua crillos de uaca y esposas del mismo cuero para tenellas preso a los dichos yndios deste rreyno. Y ací muchos señores prencipales, con el miedo del tormento, dixeron que eran yndios pobres, porque no les tormentase y padeciese trauajo en este rreyno. Cómo en tienpo de los Yngas abía salteadores llamados poma ranra y el capitán de ellos se llamaua Chuqui Aquilla Ynga. Andaua en las quebradas hondas y pedregales y peñas, barrancos llamado puma ranra, y salteaua por los caminos rreales estos dichos yndios cimarrones, estos dichos salteadores poma ranra. En tienpo de la conquista se hizieron yanaconas de los dichos españoles y salteauan mucho más mejor y rrobaua a los pobres yndios. Y después se quedaron y se uecitaron en las ciudades por yanaconas, adonde está al presente yanaconas de Quito, de Guanoco y de Lima, Guamanga, Cuzco, Ariquipa, Potocí, Chuquisaca. En las ciudades son yndios tributarios pecheros del rrey en este rreyno. Mango Ynga se alsó por rrey Ynga porque les mandó los dichos capitanes y consejo deste rreyno, Quis Quis Ynga, Aua Panti, Amaro, Uanca Auqui, Illa Topa, Colla Topa, Curi Naui, Yuto Ynga, Yucra Uallpa. Estos dichos capitanes fueron Yngas Hanan Cuzco y Lurin Cuzco. Calla Aymara: Chuqui Llanqui, Supa Guamani, Chuui Uamanchanbi Mallco, Apo Mallco Castilla Pari, Apo Mollo, Condor Chaua, Cullic Chaua, Cuci Chaqui, Uayanay, consejos. Le alsaron por fin y muerte de capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga, por ser muy antigo señor del rreyno. Porque le quemó y lo mató don Francisco Pizaro y don Diego de Almagro y los demás españoles, se alsó contra ellos por los malos tratamientos y burlas que se chocarreaua del Ynga y de los demás señores deste rreyno. A uista de ojos les tomauan sus mugeres y hijas y donzellas con sus malos opiniones y con poco temor de Dios y de la justicia y de que rreciuían otros muchos agrauios que le hacían a los yndios. Y ancí se defendió y le sercó con gran suma de yndios que no se podía contar, cino que se entenderá cien mil millones de yndios a que abría llegado deste rreyno y todos se auían ajuntado. Los dichos soldados cristianos pedía misericordia; hincado de rrodillas, llamaua a Dios con lágrimas a boses y a la uirgen María y a sus santos. Y dicían a gran bos: “Señor Santiago, uálgame, Santiago, Santa María, uálgame, Santa María, ayúdanos, Dios.” Esto decían con alta bos los caualleros a la escaramusa, deciendo “Santiago” los soldados en el medio hincados de rrodilla, deciendo “Santa María”, puesta las manos. Encendió fuego a la casa del Ynga llamado Cuyus Mango, adonde los cristianos señaló por templo de Dios y puso en el techo y en el altar la santa cruz. Primero los yndios echaron fuego a las dichas moradas de los cristianos y lo quemaron, estando sercado los cristianos toda la morada hasta el galpón y palacio que fue del Ynga, el dicho Cuyus Mango, adonde está de presente la yglecia mayor de la ciudad del Cuzco. Dizen que el fuego, pegando a la dicha casa, bolaua por lo alto y no se quería quemarse la dicha casa de nenguna manera, que ellos se espantaron cómo el fuego no quería llegar a la santa cruz, que fue milagro de Dios Nuestro Señor. En ese tienpo era señal de Dios questaua ya fixa la santa yglecia en el rreyno. Luego en aquella ora hizo Dios otro milagro. Estando sercado todos los cristianos en la plasa del Cuzco, estando haziendo oración, hincado de rrodillas, dando boses y llamando a Dios y a la Uirgen María y a todos sus sanctos y sanctas ángeles y dezía: “Uálgame la Uirgen María, Madre de Dios”, hizo otro milagro muy grande, milagro de la Madre de Dios en este rreyno, que lo uieron a uista de ojos los yndios deste rreyno y lo declaran y dan fe de ello, como en aquel tienpo no auía nenguna señora en todo el rreyno ni jamás lo auían uisto ni conocido, cino primera señora le conoció a la Uirgen María. Santa María de Peña de Francia, una señora muy hermosa, todo bestido de una bestidura muy blanca, más blanca que la nieue, y la cara muy rresplandeciente, más que el sol. De uelle se espantaron los yndios y dizen que le echaua tierra en los ojos a los yndios ynfieles. Cómo hizo Dios milagro para hazelle merced y su madre bendita a los españoles cristianos, por mejor dezir que más quizo hazer merced la Madre de Dios a los yndios porque fuesen cristianos y saluasen las ánimas de los yndios, rrogando a su Hijo precioso y a la Santícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, un solo Dios. Y ancí es muy justo que en todo uneuerso mundo le adore y le onrre a la Uirgen Santa María de Peña de Francia y mucho más en este rreyno los yndios y españoles por la tanta mersed que en aquel tienpo y nesecidad [sic] le hizo y por los milagros de la Madre de Dios de Nuestra Señora de Peña de Francia y de Copacauana en este rreyno. Señor Santiago Mayor de Galicia, apóstol de Jesucristo, en esta ora que estaua asercado los cristianos, hizo otro milagro Dios, muy grande, en la ciudad del Cuzco. Dizen que lo uieron a uista de ojos, que auajó el señor Sanctiago con un trueno muy grande. Como rrayo cayó del cielo a la fortalesa del Ynga llamado Sacsa Guaman, que es pucara del Ynga arriua de San Cristóbal. Y como cayó en tierra se espantaron los yndios y digeron que abía caýdo yllapa, trueno y rrayo del cielo, caccha , de los cristianos, fabor de cristianos. Y ancí auajó el señor Sanctiago a defender a los cristianos. Dizen que bino encima de un cauallo blanco, que trayýa el dicho caballo pluma, suri , y mucho cascabel enxaesado y el sancto todo armado con su rrodela y su uandera y su manta colorado y su espada desnuda y que uenía con gran destruyción y muerto muy muchos yndios y desbarató todo el serco de los yndios a los cristianos que auía ordenado Mango Ynga y que lleuaua el santo mucho rruydo y de ello se espantaron los yndios. Desto echó a huyr Mango Ynga y los demás capitanes y yndios y se fueron al pueblo de [Ollantay] Tanbo con sus capitanes y demás yndios los que pudieron. Y desde entonses los yndios al rrayo les llama y le dize Sanctiago porque el sancto cayó en tierra como rrayo, yllapa, Santiago como los cristianos dauan boses, deziendo “Santiago.” Y ací lo oyeron los yndios ynfieles y lo uieron al santo caer en tierra como rrayo. Y ancí los yndios son testigos de uista del señor Sanctiago y se deue guardarse esta dicha fiesta del señor Santiago en este rreyno como pascua porque del milagro de Dios y del señor Santiago se ganó. Cómo se desbarató Mango Ynga por el señor Sanctiago de los cristianos y cómo se espantó y se fue huyendo con sus capitanes y llebó muchos yndios al pueblo de Tanbo. Allí edeficó muchas casas y corredores y ordenó muchas chacaras y mandó rretratarse el dicho Mango Ynga y a sus armas en una peña grandécimo para que fuese memoria. Y como no pudo allí acistir en el dicho pueblo de [Ollantay] Tanbo, desde allí se rretiró más adentro a la montaña de Bilcabamba con los demás capitanes y llebó yndios y a su muger, la coya [reina]. Y dexó el rreyno y corona, masca paycha [borla real] y chanbi [porra de pelear] al señor enperador y rrey, nuestro señor don Carlos de la gloriosa memoria questá en el cielo y a su hijo don Phelipe el segundo questá en el cielo y a su hijo don Phelipe el tersero rrey nuestro señor. El capitán Quis Quis leuantó otra ues después de Mango Ynga al Ynga Paullo Topa, hijo uastardo de Guayna Capac Ynga, y se defendió de los españoles. Aunque después comensó a seruir y ayudar no de todo corasón y en él auido suspecha cienpre hasta que murió. Y murió cristianícimamente en la ciudad del Cuzco y dejó a su hijo don Melchor Carlos Paullo Topa Ynga. Este dicho capitán Quis Quis cienpre preciguía a los cristianos y por sus pecados porque no tubo pas con los cristianos. Y ancí le mató sus propios capitanes yndios que tenía en su uanda. Murió en el Cuzco y dexó a otros capitanes su cargo en este rreyno. De cómo Mango Ynga fue haziendo camino a la montaña dentro de Bilcabamba, no estando seguro en el pueblo de [Ollantay] Tanbo con algunos capitanes Curi Paucar, Mana Cutana, Atoc, Rumi Songo. Y llebó yndios de deferentes castas y fue haziendo camino más adentro y llegó a un rrío grande y hizieron puente de crisnejas y pasaron a la otra uanda y llegó al ualle llamado Uilcapampa y se poblaron, ydeficó otro Cuzco ciudad, ydeficó su tenplo de Curi Cancha, aunque lo armó pobre y muy poca gente, yndios de deferentes castas y de ayllos de yndios en la ciudad de Bilcabamba y sensa chacaras y sementeras y ganados. Y quedó muy pobre en Bilcabanba. De cómo Mango Ynga por su mandado sus capitanes salteaua en el camino de Aporima, camino rreal del Cuzco de Lima, a los españoles y a los yndios cristianos de la uanda del rrey que pasauan rreguas y ganados y mercaderes. Y lo mataua y le quitaua la hazienda y rropa y todo lo que lleuaua, lo rrobaua y lleuaua preso a los yndios cristianos. Y ancí desta manera estubieron muchos años, salteando en el dicho pueb[l]o de Bilcabamba con su muger y hijos el dicho Mango Ynga. Cómo un mestiso llamado Diego Mendes entraua a la ciudad de Bilcabamba con su enbuste y mentira al Ynga. Mango Ynga abisaua este dicho mestiso al dicho Ynga quándo salía la rrecqua del rrey o de algún español rrico para que le saltease Mango Ynga en el camino rreal. Y ací cienpre salteaua y hazía muy grandes daños a los cristianos por aquel camino. Y ancí una ues, estando borracho Mango Ynga y Diego Mendes mestiso, los dos muy borrachos, comensaron a jugar de porfía. Le mató y le dio de puñaladas y le dexó muerto al dicho Mango Ynga el dicho mestiso. Y al dicho mestiso le mató los capitanes y dejó por eredero al Ynga Sayre Topa y a Cuci Uarcay, coya [reina], y murió en el Cuzco y quedó Tupa Amaro Ynga. Damián de Uandera, uecitador general de los yndios deste rreyno, primera uecita general que se hizo por mandado del enperador y rrey de Castilla don Carlos: Como estaua leuantado la tierra, ací los cristianos como los yndios andauan [... ]dos del encuentro de entre ermanos, Guarca Ynga, lexítimo, con su ermano Atagualpa Ynga, uastardo. Y después de la conquista y primer gente nunca uista y la destruyción de ellos y muerte del rrey Ynga y de los señores grandes como duque de Alua, conde, marqueses y caualleros y señores deste rreyno de los yndios y prencipales, curacas. Y como se perdió, se hizieron de yndios uajos y de mandoncillos caciques, no lo ciendo, y le uecitó. De yndio tributario, mitayo, se hizo cacique prencipal y se llaman “don” y sus mugeres, “doña”. Por ser perdido la tierra y el mundo, lo propio de los españoles pulperos, mercachifles, jastres, zapateros, pasteleros, panaderos, se llaman “don” y “doña”. Los judíos y moros tienen “don”, mundo al rreués. Desto los jueses no lo rremedia; por ser cohechados como los saserdotes y padres, se llaman dotores y lisenciados, bachelleres, maystros, no teniendo título ni derecho y no sauer letra. Algunos por chocarreal y burlarse le dize “lesenciasno”. Esto es dezir que ay mundo al rreués, pero la justicia deue ajustar y castigar. Don Francisco Pizarro con el enterés de la conquista y del gouierno del rreyno y de la rrequiesa de oro y plata se alsó y le mató a don Diego de Almagro el viejo y se leuantó por gouernador deste rreyno don Francisco Pizarro. Don Diego de Almagro el moso mestizo mató a don Francisco Pizarro y se leuantó Don Diego de Almagro el moso por gouernador de la tierra. Gonzalo Pizarro y los demás conquistadores y oydores le mató a don Diego de Almagro el moso y se leuantó Gonzalo Pizarro y mató al birrey Blasco Nuñes en Quito. Y se leuantó Gonzalo Pizarro por rrey y gouernador de la tierra y se pregonó desde su casa y se alsó contra la corona rreal. Y le conquistó y mató el prícidente y los oydores y capitanes, arzoobispos, obispos y perlados que enbió el enperador. Y después se alsó Francisco Hernandes Girón contra la corona rreal y lo desbarataron los señores deste rreyno, dándole primer batalla don Martín Guaman Malque de Ayala, segunda persona del Ynga, excelentícimo señor deste rreyno, y apo Uasco, prencipal de la prouincia de Andaguaylas, Changa, en Gunca Co[c]ha, junto a Ora Yaoma. Y dallí le prendió apo Alanya y Chuqui Llanqui, yndios Uancas, y le hizieron justicia en Lima. Y después Carreño y los de Quito se quicieron leuantar y se hizo justicia en el Cuzco. Don Francisco Pizarro le mató a don Diego de Almagro, el uiejo capitán general y conquistador deste rreyno. En el año de mil y quinientos y quarenta y uno, papa Paulo tres de su pontificado ueynte y tres, enperador don Carlos cinco y de su enperio ueynte y tres y de su rreynado ueynte y quatro, tubieron contradición don Francisco Pizarro con don Diego de Almagro, los dos capitanes, por el gouierno deste rreyno. Y ací le mató y se alsó; tubo la batalla en Yauri Pampa, más auajo de San Sebastián de la ciudad del Cuzco. Y le ayudó Gonzalo Pizarro su ermano. Le dio parte y tubo otra batalla en Quito. Y le prendió en la batalla y le mató y le cortó la cauesa y hizo justicia por quedar solo en el gouierno. Y no tubieron contradición con los yndios ningún capitán, cino entre ellos por la cudicia de los yndios y del oro y plata y señorear solo apsolutamente, cin que nadie se le meta en este rreyno, cin mandacto del señor enperador, cino sólo a su boluntad se leuantó y alsó el estandarte rreal deste rreyno. Cin consederación de [sic] fue enbiado por enbaxador del señor enperador, con la soberbia hizo todo los daños y atreuimientos de matar al rrey del Pirú, Atagualpa Ynga, y sentenciar, ciendo un cauallero pobre. De ello perdió su Magestad mucha hazienda de la muerte de los Yngas y de señores grandes deste rreyno. Están perdidos toda la rriquiesa, oro y plata y minas deste rreyno. Don Diego de Almagro el moso mestizo mató a don Francisco Pizarro en el año de mil y quinientos quareynta y uno, papa Paulo tres de su pontificado ueynte y tres, enperador don Carlos cinco y de su enperio ueynte y tres y de su rreynado ueynte quatro. Tubieron la batalla con los oydores en Uarina Pampa en el Collau. Ubo grandes muertes y batalla. Duró esta dicha batalla desde por la mañana hasta la oración de la noche y murió mucha gente. Fue destruyda de la uanda de los oydores y de don Francisco Pizarro. La batalla de don Diego de Almagro el moso en Chupas Pampa, Uaraco Urco, con Uaca de Castro del egército de don Diego de Almagro: Tubo ochocientos soldados, quarenta de a cauallo, cien arcabuseros, trecientos piqueros y quatro piesas de artellería. Fue el capitán Candía de la artellería. Luego en el mismo encuentro le mató don Diego de Almagro al dicho capitán Candía, porque al desparar los echaua toda las piesas por alto y por los lados y ancí le dio una lansada. Y de la uanda del rrey, ochocientos soldados y sesenta de a cauallo, docientos arcabuseros, y piqueros fueron setecientos. Y se dieron la batalla. En este tienpo seruió a su Magestad en esta batalla don Martín de Ayala, el excelentícimo señor, padre del autor, y don Juan Tingo, segunda persona, Cauina ynga. De la uanda de su Magestad dio rrecaudo y de comer y ancí se echaron a huyr; de la uanda de don Diego de Almago saquearon. Tubo otro encuentro en Quito en el ualle llamado Hambato, adonde mataua yndios dilenqüentes el dicho Ynga. Allí dieron batalla don Diego de Almagro el moso con los oydores y Gonzalo Pizarro. Le prendió y le mató a don Diego de Almagro el moso Gonzalo Pizarro. Este dicho don Diego de Almagro el moso no se alsó contra la corona rreal y con enterés de yndios ni de oro ni plata ni querer señorear, cino por uengarse de la muerte de su padre. Como cristiano y cauallero y honrrado murió. Ni su padre no se alsó con ningún ynterés, cino por defenderse de sus enemigos, que como desde primero le tenía en odio y demistad y procurado la muerte de sus enemigos. [En es]te tienpo gouernó Baca de Castro. Por el mes de marzo de [mill] quinientos quarenta y dos años, defendió la corona rreal y [serb]ió de pricidente de la rreal audiencia. Baca de Castro [tu]bo batalla con don Diego de Almagro y con los demás con[quis]tadores tiranos que se alsaron [...] en tienpo del enperador Carlos. El primer uirrey Blasco Nuñes de Uela, año de mil quinientos y quarenta y quatro, papa Paulo tres de su pontificado onze, enperador don Carlos cinco de su enperio ueynte y says y de su rreynado ueynte y ciete. Lo susedido a Blasco Nuñes de Uela, uirrey, que en conpañía de don Francisco Tello auía partido para el Pirú. A dies días de henero [llegó] a Nombre de Dios y pasó a Panamá y estubo ueynte días. Y le enformó los oydores que como con la nueua ley rreciuían mal los conquistadores, que ellos auían seruido a su Magestad en la batalla de Uaca de Castro con don Diego de Almagro, del biejo como del moso, quatro oydores. Y el uirrey juntó quinientos hombres, maystre canpo Alonso de Toro, y a don Pedro de Portocarrero por capitán de gente de a cauallo y de enfantería, Migel Juan Beles de Gueuara. Diego Senteno, en nombre de la uilla de Plata, fue de los rreys con rrecaudo del uirrey. Senteno halló al capitán Almendras con su gente. Diego Senteno le abisó a Gonzalo Pizarro. Prenden al lesenciado Uaca de Castro, don Pedro Luys de Cabrera, al capitán Hernando Mexía, su ermano, al capitán Lorenso de Aldana. Metió en una naue de armada y fue desterrado a Nicaraua, a Panamá. Nombró capitán a don Alonso Montemayor, Diego Áluares Cueto, su cuñado, con seyci[e]ntos hombres. Pariciendo al virrey Blasco Nuñes, mandó matar a sus pages al fator Gelín Xuares [Illán Suárez de Carvajal], conquistador. Prenden al uirrey; desposeýdo de su oficio, pricidente al lecinciado Sepeda, [hicieron llamar] al capitán Martín de Robles para la preción firmada de sus nombres. Prendió cin quitalle las armas y lo lleuaron a una esleta junto a Lima con su guarda para que no lo matase sus parientes del dicho fator. Rehuymiento de lesenciado Juan Áluares a Blasco Nuñes Uela, uirrey. El dicho Blasco Nuñes de Uela en Quito fue uencido en la batalla de Gonzalo Pizarro. Y, después de muerto, le cortaron la cauesa. Cilua, Diego Senteno fueron tanbién uencidos, desuaratados del capitán Caruajal y se fueron huyendo. Carta y auisos de Gonzalo Pizarro, escrita al señor rrey enperador don Carlos, pensando que le abía de enbialle rrecaudo para gouernar la tierra y ser señor en ella y en el rreyno con esta color. Y ací enbió muchos abizos y enformó por donde enbió el señor rrey enperador primer uirrey a Blasco Nuñes de Uela y más oydores y nueua ley. Y la carta de Gonzalo Pizarro dize: S[acra] R[eal] M[agestad]: QVE EN esta buestra prouincia y rreyno del Pirú abido grandes rrebueltas y daños entre los conquistadores, abiéndose acauado mi ermano don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y los demás conquistadores. Y no se acauará ni uendrá a concierto ni estará en pas ci Vuestra Magestad no lo rremedia, y rrecreserá grandícimos daños y trauajos como auido. Y cada uno tienen su pretencior y haze lo que quiere y nostá en sugeto y otras cosas auido, como en muchas cartas y abisos le e abizado para que se prouea rremedio antes que no rrecresca más en este rreyno. Con tanto, beso los rreales pies y manos su umilde bazallo, Gonzalo Pizarro (rúbrica) Del Pirú. Beso los rreales pies y manos de Vuestra S[acra] M[agestad] su umilde bazallo,Gonzalo Pizaro. ENPERADOR DON CARLOS ENBÍA SV CARTA I PERDÓN A GONZAlo Pizarro y a los demás conquistadores y lo lleua la carta el dotor Pedro de la Casca. Carta y perdón que enbió a Gonzalo Pizarro y a los demás conquistadores, año de mil y quinientos y cincuenta y quatro, papa Paulo tres de su pontificado treze, enperador don Carlos cinco de su enperio ueynte y ocho y de su rreynado ueynte y nueue: Pedro de la Gasca, nombrado pricidente de su Magestad, y lleue cartas de su Magestad y enbía con ellas su carta. Y lo llebó Pedro Fernandes Panyagua. Dize desta manera la carta de su Magestad: Carlos, por la gracia de Dios, enperador de rromanos, rrey de las Espanias, de Germania : Gonzalo Pizarro: Por buestra letra y abisos de deuersas tenemos entendido los rrumores y leuantamientos en esas prouincias del Pirú sucididas después auer llegado Blasco Nuñes Uela, nuestro uirrey, en esas partes y los oydores de la rreal audiencia que con él fueron por rrazón de querer poner en xecución la nueua ley y hordenansas por nos hechas. No queríades azeptallo y de ello auíades leuantado bos y los demás. Y de ello os perdonamos. Y que lo dexes y cumpláys y xecutéys cin delación bos y los demás. Carlos (rúbrica) El Dotor Gasca entró a gouernar por pricidente de la rreal audiencia en el año de mill y quinientos cinqüenta [y cin]co. Defendió la corona rreal y seruió a su Magestad y hizo jus[ticia] a los traydores y entabló la tierra como fiel y cauallero des[te rreyno de su Magestad.] EL RECIBEMIENTO SOLENE QVE HIZO GONZALO PIZARO al capitán Caruajal en la ciudad de los rreys de Lima con los demás prencipales de la dicha ciudad. Capitán Caruajal fue rreciuida en el año de mil y quinientos y quareynta y ciete, papa Paulo tres de su pontificado catorse, enperador don Carlos cinco y de su enperio dies y nueue y de su rreynado treynta, suseso del dotor Pedro de la Casca: Pedro Fernandes Paniagua, a quien el dotor de la Casca enbió el año pasado con cartas a Gonzalo Pizarro con quexas que tenía del Caruajal. Escriuió a su gouernador a Quito a sus capitanes. En este tienpo llegó de Charcas el capitán Caruajal con mil y quinientos soldados, trecientos arcabuseros y quatrocientos mil escudos. Fue rrecibido en la ciudad de los rrey con mucha solenidad. Sale a rrecibir Gonzalo Pizarro con toda la gente prencipal de la dicha ciudad. Luego llegó nueua del Puerto Uiejo cómo se auía uisto quatro nauíos, cómo uiendo la tierra, bolbió y pasó adelante. Y dixo que era mala señal. Y saltó a Trugillo dotor Caruajal, Cepeda, capitán de arcabusero Juan de Acosta, Juan Ueles de Gueuara, Juan de la Torre, capitanes de la enfantería de piqueros hizo Hernando Bachicau, Martín de Robles, Martín de Almendras. Y confirmó en el oficio de maystre de canpo de todo exército a Francisco de Caruajal con cien arcabuseros que abía traýdo de Charca. A los capitanes de a cauallo, a cada uno cinqüenta mil ducados, a los de enfantería, un ueynte y cinco mil. Fue criado por arfeles general de estandarte Antonio Altamirano, ciudadano y rregidor del Cuzco, con ochenta caualleros. Y sacaron en canpañas sus uanderas; dotor Sepeda en su uandera puso una ymagen de Nuestra Señora, el dotor Caruajal, una ymagen del señor Sanctiago, el capitán Caruajal, la misma que auía lleuado contra el uirrey Blasco Nuñes Uela, el capitán Gueuara figoró unos corasones con unos montes y unas letras que decía “Pizarro”, el capitán Bachicau, una G rrebuelta en una pe, P, que desía “Gonzalo Pizarro”, con una corona de rrey arriba. El estandarte rreal serbía las armas rreales enpereales. Gonzalo Pizarro entendía en dar socorro a los soldados que no estauan asentado de la enfantería, mil hombres armados. Al capitán Lorenso de Aldana en su nombre de todo el rreyno a enformar al enperador se auía uenido con el pricidente contra ellos. [A] el dotor de la Casca sentencia Gonsalo Pizarro que le corte la cauesa, y [que] a Lorenso de Aldana y a Hinojosa con los demás capitanes fueesen [sic] desquartesados. Queriendo [Gonzalo] que firmasen los abogados, aconsexaron no pronunciase tal sentencia. Luego le dixeron que el pricidente era saserdote, como tal, ecento de su juridición. Con estas rrasones se suspendió. Capitán Aldana salió los nauíos de la costa. Salió Juan del [sic] Acosta, corrió con cien arcabuseros de a cauallo. En lugar del dotor [Carvajal], al capitán Juan de Acosta con docientos y ochenta llegó a la barranca de Trugillo. Dotor Caruajal con trecientos arcabuseros y llebó el capitán Juan del [sic] Acosta. Capitán Sayauedra, tiniente de Guanoco, tubo cartas de Lorenso de Aldana que le persuadía se rredugese al seruicio enpereal. Salió en busca de Gonzalo Pizarro, que tanbién lo abía llamado. Desto salió secretamente, se fueron [a] Gonzalo Pizarro tres capitanes. Sayauedra enbió un capitán en su alcanse [hacia] Gonzalo Pizarro, con trecientos hombres [para que] quemase todo Guanoco a los yndios. Y los yndios estauan de armas. Y señoreaua en seruicio del enperador el capitán Sayauedra y de la uanda de los yndios, el capitán general, segunda persona del Ynga, capac apo [poderoso señor] don Martín Guaman Malque de Ayala, Allauca Uanoco, Yaro Bilca, el excelentícimo señor destos rreynos, y otros capitanes yndios defendió la ciudad de Guanoco. Y dallí se fueron [Saavedra] con quatro caualleros; se juntó en la ciudad de Caxamarca con Mora. Después de Ynajosa, fue Antonio de Robles al Cuzco y hizo mucha gente. Alonso Peres de Ysquiuel, Luys de Herrera [Rivera], Francisco Negal [Negral], Diego Áluares, Pedro Ortís de Sárati [Zárate] en esta horden caminó hasta llegar al Cuzco. El ardil [ardid] de Diego Senteno [Centeno] de quitar cillas y freno de los cauallos de los contrarios y comensó a echar fuera de la ciudad con yndios, enbinción del baleroso. Hizo cortar la cauesa a Gerónimo Mexía, yerno del Conde La Gomera. En los Reys pareciendo que Gonzalo Pizarro que Antonio Altamirano, su alferes general, andaua con treuesa en su [n]egocio y de su sospecha le hizo dar garrote una noche y otro día lo mandó ahorcar públicamente. Y dio el estandarte a don Antonio de Reuera [Rivera]. Y juntó todos los ciudadanos y hombres prencipales, a quien le agradició que se auían puesto en tanta guerra y peligro sólo por defendella del marqués don Francisco Pizarro, su ermano, la honrra y trauajo de la conquista deste rreyno. Y ancí Gonzalo Pizarro ordenó el capitán Juan de Acosta se partiese la buelta del Cuzco por el camino de la cierra con trecientos hombres, maystre de canpo Páez de Sotomayor, y por capi[tá]n de a cauallos Martín de Olmos y de arcabuseros y piqueros, don Gomeel [Diego de Gumiel] y Martín de Almendras. Dio el estandarte enpereal y Martín de Alarcón contra Diego Senteno al Cuzco. La armada de Lorenso de Aldana pareció dos leguas del puerto. Ausentáronse Gabriel Uerdumes [Bermúdez] y Gomes de Roxas, su sobrino, y otros hombres prencipales. Y en otra parte se huyeron y picaron la espuela, yua deziendo: “Biba, biba, enperador”, y “Muera y muera el tirano de Gonzalo Pizarro”. Perdón se publicó del enperador y se alsó el estandarte rreal de su Magestad. [A] Mendosa y Seluera, acimismo a fray Pedro de la Merced y Gonzalo Núñez [Muñoz] dixo. “Demos”, rresponde Pizarro; dixo ci se biniese a juntar trecientos hombres. Bays [Páez] de Sotomayor, Martín de Olmos y Martín de Alarcón, alferes general, y Hernando de Aluarado, Alonso Regil [Rengel], Antonio de Áuila. Marcha al Cuzco Juan de Acosta; llegó a Ariquipa con cien hombres a Gonzalo Pizarro. Trecientos y cinqüenta de Diego Senteno estaua en el Collao. Y capitán Mendoza alsa estandarte y Diego Senteno en seruicio del enperador. [El presidente] desenbarcó en el puerto de Tumbes y dejó un nauío en ella, por capitán don Pedro de Reuera. Y Alonso de Ynojosa marcha hasta ajuntarse con otra armada [en Cajamarca]. [Centeno] se junta [con Mendoza y la gente] de Charcas y Cuzco, Ariquipa. Y traýa un clérigo de misa. Diego Senteno tenía mil hombres y docientos de a cauallo y ciento y cinqüenta arcabuseros, por maystre de canpo Luys de Reuera, alferes general Diego Áluares, sargento mayor Luys García. Del egército de Gonzalo Pizarro, maystre de canpo Francisco de Caruajal, trecientos arcabuseros, ochenta caualleros, quinientos piqueros. De la primera artellería ciento y cinqüeenta [sic] hombres, dos capitanes de fuerte, de la segunda artellería rrompió del todo. Comensaron a huyr; Gonzalo Pizarro cayó en tierra. De la parte de Diego Senteno, cien hombres con treynta que hizo justicia; un frayle de la Merced de misa. Murió el mayse [sic] de canpo Luys de Reuera, Diego Lopes de Súñiga, Pantoxa, Sanogal. De la parte de Gonzalo Pizarro murió ciento y ueynte. Y Caruajal, con algunos de a cauallo, se fueron y escaparon en la gran batalla que fue mayor en este rreyno entre cristianos, que no con los yndios. De Diego Senteno en seruicio de su Magestad y de Gonzalo Pizarro deí traydor contra la corona rreal fue esta batalla de la prouincia del Collao, por donde fue desbaratado y se huyó Gonzalo Pizarro con los demás capitanes y soldados y Caruajal se fueron. REHVIMIENTO DE GONZALO PIZARO I LE CIGVIó el dotor Pedro de la Casca contra ellos como pricidente. El pricidente dotor Pedro de la Casca le hizo huyr a Gonzalo Pizarro. Y [Gonzalo Pizarro] tornó al Cuzco con quatrocientos soldados. Yua haziendo más gente y maltratando a los yndios. Y ancí este dicho dotor de la Casca, pricidente, exército que hizo. Y tornó otra armada al pricidente. El mariscal Aluarado fue declarado por maystre de canpo, el dotor [Benito] Caruajal alferes general, don Pedro de Uillauisencio sargento mayor, capitanes de a cauallo el capitán Luys de Áualos de Ayala, don Pedro de Cabrera, Gomes de Aluarado, Juan de Sayauedra, Diego de Mora, Alonso de Mendoza y otros capitanes de enfantería don Baltazar de Castilla, Fernán Megía de Gusmán, Francisco Mosquera, Gomes de Solís y otros capitanes de la artellería Gabriel de Roxas. Para estar serca de la persona del pricidente, nombraron al arzoobispo de la ciudad de los rreys y al obispo del Cuzco y de Quito y a fray Tomás de San Martín, probincial de Sancto Domingo, y [al provincial] de la horde[n] de Nuestra Señora de las Mercedes y guardián de San Francisco, y otros muchos rreligiosos. Luego el pricidente mandó hazer última rreciña donde halló setecientos arcabuseros, quinientos piqueros y quatrocientos de a cauallo, que en el ualle en la qüenta que se hizo de los capitanes y soldados llegaron en Xauxa mil y quinientos hombres. Y ancí a los dichos sus contrarios enemigos Gonzalo Pizarro le seguieron. RESPONDE EL DOTOR P[EDR]O DE LA CASCA AL ENBAjador de Gonzalo Pizarro que uino un clérigo de misa. El dotor Pedro de la Casca, pricidente, en el año de mil y quinientos y quarenta y ocho, papa Paulo tres de su pontificado quinze, enperador don Carlos cinco de su enperio treynta y de su rreynado treynta y uno: El dotor de la Casca tornó a la dicha armada, encuentró en el ualle de Xacxauana, adonde enbió un clérigo de misa de la parte de Gonzalo Pizarro que deshiciese la batalla. Y rresponde el pricidente que no a lugar. El dicho pricidente está con nouecientos hombres de a pie, quinientos de a cauallo y otros quinientos arcabuseros y seys piesas de artellería. Se armaron en Xacxauana Pampa, says leguas del Cuzco. “Con buen ánimo”, dixo Gonzalo Pizarro, “que todos se uan, que tanbién me yré. Quizá me perdonará.” El capitán Acosta dixo: “Deemos en ellos y moramos como buenos soldados.” [Dize Gonzalo:] “Quiere Dios que moramos como cristianos que como paganos.” Rendió al sargento mayor y dio un estoque a don Pedro de Uillauisencio y préndele a Gonzalo Pizarro y a los demás capitanes. Y [le] tubo preso [a Gonzale Pizarro] Diego de Senteno. El Caruajal escapó [a]donde le prendieron de dentro de canauerales. En el Cuzco prenden al capitán Acosta. Saquearon y hallaron mucho oro y plata y cauallos. El día seguiente sentenció a cortar la cauesa al dotor Ciancas, Aluarado y a Gonzalo Pizarro. Y lleuaron la cauesa a Los Reys de Lima y lo pucieron en una xaula de hierro en unas uentanas. Guartezado Caruajal, ahorcado nueue de sus capitanes, acauando, se bolbieron todos a sus ciudades. FRAN[CIS]CO HERNANDES Girón se alsó contra la corona rreal y mató al capitán Alonso Palomino y a Morales en el Cuzco. Francisco Hernandes Girón se alsó en el año de mil quinientos y cinqüenta y tres años, papa Julio tres de su pontificado quatro, enperador don Carlos cinco y de su enperio treynta y cinco y de su rreynado treynta y seys, leuantamiento contra la corona rreal en este rreyno. Se levantó Francisco Hernandes Girón con setenta soldados. Entró en la ciudad del Cuzco a la casa del corregidor deziendo: “¡Biba el rrey, libertad, libertad!” Diziendo estas palabras, dixo que no se leuantase de la mesa, so pena de la muerte: “Aquí sólo buscamos al corregidor.” Mató al capitán Juan Alonso Palomino y a Morales, uecino de la dicha ciudad. El dicho corregidor tubo lugar de meterse a otra sala, adonda auía unas señoras desposadas y hizo gente. Y porque tenía noticia de dos becinos grandes seruidores de su Magestad, luego mandó cortar la cauesa a don Baltazar de Castilla, hijo del Conde de Gemera, y al adelantado Juan de Cáseres con suspecha de la uanda del enperador y rrey nuestro señor. En Pucara, Hatun Colla fue la batalla y encuentro de Francisco Hernandes Girón con los señores oydores de su Magestad. Y hizo destruyción los señores y Francisco Hernandes se huyó y rretiró hacia Yana Uara por la cierra. Y llegó junto al Cuzco trecientos soldados y benía haciendo grandes destruciones y rrobo a los yndios. Y bino haziendo más soldados; unos entrauan y otros se huyan a la uanda de su Magestad. Francisco Hernandes Girón enuentó en el ualle de Pachacama para dar una batalla famosa de noche, y quiso saltealle a la uanda de los señores oydores de su Magestad. Desta manera mandó lleuar boys [bueyes] mansos una manada y atalle en los cuernos dos candelas a cada uno de ellos y estubiese el estandarte y el pífano trompeta con ellos. Y pensando que eran el contrario, auían de acudir a matalle y ellos por detrás le auía de dalle. Y ací fue Dios seruido que dos soldados se echó a huyr a la uanda de su Magestad, y a[c]í se dejó esta batalla y se bolbió a Chuquinca otra ues. FRAN[CIS]CO HERNANDES Girón dio la batalla de Chuquinga contra mariscal. Fue uencido mariscal con mil soldados de su Magestad, Francisco Hernandes con trecientos soldados. Francisco Hernandes Girón entró al pueblo de Chaluanca y dallí auajó al pueblo de Chuquinca y comensó a entablarse en una fortalesa de los yndios antigos de Auca Runa que tenía una puerta prencipal y detrás su puerta falsa. Y allí se ensayó y alsó su estandarte rreal en la prouincia de los yndios Aymarays y Quichiuas. Y tenía trecientos soldados y tres uanderas y cien arcabuseros, el qual uino contra Francisco Hernandes. El mariscal don Alonso de Aluarado, de la parte del enperador mil soldados, quatrocientos de a cauallo, trecientos arcabuseros y trecientos piqueros, y los quales comensó a dar la batalla, mariscal contra Francisco Hernandes. Se rretiraua y huyýa a la fortalesa; le engañaua. Arremetieron todos a ellos pensando que era poca gente. Estando en esto, sale por la puerta falsa cien arcabuseros; por detrás le dieron a los soldados del enperador. Dizen que un solo arcabusero mató cien hombres. Y murió mucha gente de la parte del enperador, y de la parte de Francisco Hernandes murió cinqüenta. Y echó a huyr el mariscal y los demás capitanes y soldados hacia los llanos y fue en ciguimiento Francisco Hernandes. De camino hizo muy mucho daño a los ganados. De los dichos prencipales yndios capitanes, el excelentícimo señor capac apo don Martín de Ayala, segunda persona del Ynga, bizorrey destos rreynos Allauca Guanoco, nieto de capac apo Guaman Chaua, Yaro Uilca, el qual está en la prouincia de los Andamarcas, Lucanas y Soras y apo Guasco, Hanan Changa, y don Juan Guaman Uachaca, Lurin Changa, señor y principal, dieron la batalla a Francisco Hernandes en el citio de Uachi Uapiti, Uana Cocha. BATALLA Q[VE] HIZO EN seruicio de su Magestad el excelentícimo señor capac apo don Martín de Ayala, padre del autor, Chinchaysuyo, y apo Uasco, apo Guaman Uachaca, Hanan, Lurin Chanca, con cien soldados y Francisco Hernandes, trecientos soldados. Fue uencido y se huyó. Don Martín Guaman Malque de Ayala, capac apo, segunda persona del Ynga y su bizorrey destos rreynos, el excelentícimo señor, duque deste rreyno, y don León Apo Uasco, Hanan Changa, y don Juan Guaman Uachaca, Lurin Changa del pueblo de Andaguaylas y de su prouincia, dieron la batalla con sus personas en seruicio de su Magestad con Francisco Hernandes Girón, traydor. Y de la uanda de los señores prencipales tenía cien soldados yndios y de la uanda de Francisco Hernandes, quatrocientos, trecientos españoles y cien yanaconas [criados] mestisos y molatos. Dieron la batalla junto a Uata Cocha, Ura Yauma, Uanca Cocha, en el alto de Uacha Uapite. Y murió de los traydores los soldados ducientos hombres y los demás echaron a huyr cada uno por su camino. El dicho Francisco Hernandes se fue cin armas muy pobre con seys capitanes y no llebó más gente y fue por el camino rreal del Ynga. Fue a Quilcata, Ura Pampa, Yauar Pampa, Caracha, Chocllo Cocha, Asto Puti. Y llegó a Uanca Bilca y dallí se fue a Bilcabamba, dallí a la estancia de los Chongos, da donde le prendieron muy pobrécimo, desnudo, cin armas. Y por testigo de la batalla de los prencipales en seruicio de su Magestad, hasta agora está sus señales y güesos de los dichos cauallos. Y fue huyendo y diciendo que los dichos principales y a sus yndios le a de matalle y en sus pueblos auían de senbrar sal y criarse uenados y sorras y leones para memoria que no auía tenido guerra ni batalla, cino con el rrey enperador por los yndios y tributo. Y ací se fue por Uata Cocha y llegó a Xauxa cin pólbora ni pelota. Y ací le prendió como a muger los yndios Guancas. APO ALANIA, CHVQ[VE] LLANqui , Hanan Uanca, Guacra Guaman, Lurin Guanca, Cucichac, Xauxa, prendió a Francisco Hernandes con sus seys soldados capitanes que halló cin arma y muy pobre. FIN DE LA CONQVISTA: Apo Alanya, Chuqui Llanqui, Hanan Guanca, Apa Guaccra Paucar, Lurin Guanca, Cucichac, Xauxa, prendió a Francisco Hernandes Girón con los dichos sus seys capitanes que le halló muy pobre cin armas ni pólbora ni peloto, questauan en una chosa, chuclla, de llama miche [pastor de llamas]. Y le prendió como a muger. Se entregó a las manos de los yndios Guancas del ualle de Xauxa. Y dallí les lleuaron a la ciudad de los Reys de Lima. Llegado, fue sentenciado a cortar la cauesa de Francisco Hernandes y a los demás, ahorcados y quartezados. Y se hizo justicia en ellos y lo pucieron las dichas cauesas con los demás traydores y se executó en ellos. Y ancí se acabó la rrebelación contra la corona rreal. Desde el encuentro de los dos ermanos Uascar y Ataguarpa treynta y dos años, y luego desde la conquista deste rreyno y todo el alsamiento contra la corona rreal de los traydores don Francisco Pizarro, don Diego Almagro el biejo como el moso, y Gonzalo Pizarro, Caruajal y Francisco Hernandes Girón y los demás con ellos, y conquistarse entre ellos y entablar y hasta auer buena justicia, auía durado ueynte y quatro años este dessociego y pistelencia y alboroto. De querer de pobre hazerse señor no quizo Dios. Y desde el descubrimiento a ciento y cinqüenta años y desde la conquesta a ciento y doze años desde que se cuenta desde 1613 del nacimiento del Señor. Que toda las cosas son de Dios y del rrey nuestro señor, que Dios le guarde, y los dichos tienpos y años lo sabe Dios, aunque se dize la astrología como los astrólogos lo escriuieron, como lo escriuió los apóstoles de Jesucristo, como el apóstol primer dotor Deudorito, muy antigo dotor de la yglecia, obispo, y otros hombres sabios que fueron alumbrados con la gracia del Espíritu Sancto, para que Dios nos muestre sus secretos que hizo en el cielo, en la tierra, en el ynfierno, lo del cielo para poblarnos, lo del mundo para alaualle y dalle gracias por ellas, lo del ynfierno para castigar a los malos y le temamos del castigo y mala tierra que crió Dios. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] rzrmd401p4m480435c7y7zshrleb0bo 1665689 1665675 2026-06-21T01:34:03Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665689 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]] |sección=Capítulo 19: El capítulo de la conquista española y las guerras civiles |autor=Guamán Poma de Ayala }} PRIMER CONQVISTA DESTE REINO: CONquista que se hizo deste rreyno y descubrimiento y primer español de Castilla: De Jerusalén descubrió el apóstol de Jesucristo; el señor San Bartolomé salió a este tierra y se bolbió en tienpo que rreynaua el Ynga Cinche Roca sólo el Cuzco y parte del Collau. Y después, ciendo papa Bonefacio nono, niapolitano pontífise, y después se descubrió el camino de la mar en el año de 1493 años. Ciendo papa Alexandro sexto, español, enperador de Roma Maximiliano, rreyna de España doña Juana, se supo la Mar de Sur setecientas leguas a Paraguay a las Yndias. Y auido nueua en toda Castilla y Roma de cómo se auía hallado el Mundo Nuebo, que ací lo llamaron los hombres antigos de Castilla. Estaua esta tierra en más alto grado, ací lo llamaron Yndias. Quiere dezir tierra en el día, como le pucieron el nombre tierra en el día, yndias, no porque se llamase los naturales yndios de yndias rrodearon yndios el qual esta tierra está en más alto que todo Castilla y las demás tierras del mundo. El primer bocablo fue el Mundo Nuebo; este título y uerdadero nombre tiene y se llama naturales. Y ací los chapetones les llama yndios y se llama hasta oy y hierran. Como a los españoles le llama en común españoles uira cocha, tanbién en común dirán uira cocha ací yndios, cada parcialidad se tiene sus nombres, Castilla, Roma. De cómo lo descubrió dos hombres, el conpañero de Culúm y Candía: El conpañero de Culúm se murió y dexó los papeles a su conpañero, al dicho Culúm. Y Candía dio noticia en Castilla que auía saltado en tierra en Santa. Por señas que dixeron que los primeros hombres saltaron y trayýa muy largas barbas y que estaua amortajado como defunto. Esta dicha nueua le dieron al dicho Guayna Capac Ynga en el Cuzco. Luego lo hizo lleuar en un guando [andas] por chasque [mensajero] para que lo biese el Ynga chapetón y el español chapetón, que por señas hablaron. Y preguntó al español qué es lo que comía; rresponde en lengua de español y por señas que le apuntaua que comía oro y plata. Y acinab dio mucho oro en polbo y plata y baxillas de oro. Con todo ello le mandó tornar otra ues con el chasque al puerto de Sancta. Quando llegó, dizen que el conpañero se abía muerto y ancí se fue este dicho Candía a España con su oro y plata y rrequiesas. De cómo llegó este dicho Candía con la rriquiesa a España con todo lo que llebó y publicó de la tierra y rriquiesas. Y dixo que la gente se bestía y calsaua de todo oro y plata y que pisaua el suelo de oro y plata y que en la cauesa y en las manos trayýa oro y plata. Esto dezía del bestido que se bisten para dansar y baylar taquies que hazen los yndios con bestidos de plata, oro, culque curi cusma , cacro, chipana, canipo, culqui uayta, topos [ornamentos], todo de oro y plata. Y dezía que abía camellos chiquitos de los carneros de la tierra. Con esta nueua y cudicia y publicamiento de oro y plata se hizieron gente. Éstos lleuaron hurtado a un yndio Guanca Bilca, después se llamó Phelipe, y trageron por su lengua a la conquista deste rreyno. Y los capitanes y los soldados benieron muy contentos; no tenía ora que deseauan llegar de la codicia de oro y plata. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, dos capitanes generales, y los demás se ajuntaron, trecientos y cinqüenta soldados. Todo Castilla ubo grandes alborotos; era de día y de noche entre sueños. Todo decía: “Yndias, yndias, oro, plata, oro, plata del Pirú.” Hasta los múcicos cantauan el rromanse “Yndias, oro, plata.” Y se ajuntaron estos dichos soldados y mensage del rrey nuestro señor católico de España y del santo padre papa. De mil quini[en]tos doze años papa Julio dos de su pontificado ciete, enperador Maximiliano dos de su enperio dies y ciete, rreyna de España doña Juana de su rreynado cinco, Uasco [Nu]ñes de Ualboa tubo noticia de la Mar de Sur. Con esta nueua más se alborotaron la tierra. Que ci la rreyna le dejara uenir, me parese que todo Castilla se beniera con tan rrica nueua deseada oro y plata, que la gente andaua bestido todo de oro y plata, y todo el suelo lo que pizauan era todo oro y plata macizo, que como piedra amontonauan oro y plata. Aún hasta agora dura aquel deseo de oro y plata y se matan los españoles y desuella a los pobres de los yndios. Y por el oro y plata quedan ya despoblado parte deste rre[y]no los pueblos de los pobres yndios, por oro y plata. Del año de mil quinientos treze, papa Julio dos y de su pontificado ciete, enperador Maximiliano dos de su enperio dies y ciete, rreyna de España doña Juana y de su rreynado cinco, descubrimiento del Río de la Plata. Juan Díaz de Solís, uezino de la uilla de Librexa, piloto, cetecientas leguas a Paraguay al rrío grande se descubrió. Comensaron los capitanes a aliñarse sus uiajes y matalotaxes, mucha comida y arma, todo biscocho y tocino, secina. Y procuraron traer otros rregalos y rropa blanca pero de hazienda pobre. No quicieron traer nada, cino armas y escopetas con la codicia de oro, plata, oro y plata yndias, a las Yndias, Pirú. Año de mil y quinientos y ueynte y cinco, papa Clemente ciete de su pontificado tres, enperador don Carlos cinco de su enperio ciete y de su rreynado cinco, don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, dos capitanes generales en el descubrimiento deste rreyno del Pirú, y Hernando de Luque, maystre escuela, saltaron en esta tierra. Luego comensaron a tener deferencias del dicho descub[r]imiento deste Mundo Nuebo de las Yndias deste rreyno. Y con la cudicia de oro y plata que ya en su corasó trayýa, “matarte he o matarme has”, y unos y otros se mordía y los dichos soldados andauan espantados. Año de mil y quinientos ueynte y seys, papa Clemente de su pontificado cinco, enperador don Carlos cinco y de su enperio nueue, de su rreynado dies, nacimiento del rrey don Felipe segundo deste nombre, ubo muy grandes fiestas en España y en toda Castilla y Roma. Año de mil y quinientos y treynta y dos, papa Clemente ciete y de su pontificado dies, enperador Carlos cinco y de su enperio catorze y de su rreynado quinze, don Francisco Pizarro, don Diego de Almagro tubieron el primer enbajador del lixítimo y rrey capac apo Ynga Tupa Cuci Gualpa Uascar, ynga, rrey y señor deste rreyno. Le enbió a dar pas al puerto de Tunbes al enbaxador del enperador y rrey de Castilla. Le enbió a su segunda persona, uirrey deste rreyno, capac apo, excelentícimo señor, don Martín Guaman Malque de Ayala; fue el enbaxador de la gran ciudad del Cuzco, cauesera deste rreyno. Y los españoles don Francisco Pizarro y don Diego Almagro y don Martín de Ayala se hincaron de rrodillas y se abrasaron y se dieron pas, amistad con el enperador. Y le honrró y comió en su mesa y hablaron y conuersaron y le dio presentes a los cristianos. Acimismo le dio al señor don Mar[tín] de Ayala que fue primer enbaxador que de Atagualpa Ynga en el puerto de Tunbes, adonde saltó primero. Al defunto Guayna Capac Ynga lo lleuan a la ciudad del Cuzco adonde es cauesera deste rreyno a enterrallo. Lo traxeron desde la prouincia de Quito. En este tienpo que tubieron grandes dares y tomares los dos Yngas, el lexítimo Uascar Ynga y el uastardo Atagualpa Ynga desde Quito, y porfía de capitanes y se hicieron el rreyno dos partes. Desde Xauxa hasta Quito y Nobo Reyno fue lo de Atagualpa, y desde Xauxa hasta Chile, lo de Uascar. Y con ellos ubo grandes contradiciones y batalla y muerte de los capitanes y de yndios deste rreyno. Entonses fue lleuado el cuerpo de Guayna Capac Ynga a la gran ciudad del Cuzco. Le llamaua al defunto yllapa [el rayo] del dicho Ynga Guayna Capac. Pensaron los yndios de Quito que uino bibo el Ynga y ací no se alsaron ni ubo alboroto del rreyno de la muerte del Ynga. Y lo lleuaron a su bóbeda rreal enbalsamado. De manera desde Xauxa se supo questaua muerto y en la ciudad del Cuzco hizieron grandes llantos y lloros de la muerte de Guayna Capac Ynga. Y la promesa y lo que le denunciaron los demonios al Ynga desde sus antepasados Yngas fue declarado: Que abía de salir unos hombres llamado uira cocha . Como dicho fue; en este tienpo salieron los hombres uira cochas cristianos en esta rrebuelta deste rreyno. Y fue bentura y primición de Dios que, en tanta batalla y derramaniento de sangre y pérdida de la gente deste rreyno, saliese los cristianos. Fue Dios seruido y la Uirgen María adorado y todos los sanctos y santas ángeles llamado de que fuese la conquista en tanta rrebuelta de Uascar, Atagualpa, Yngas. El segundo enbajador de Atagualpa Ynga, ermano uastardo de Uascar Ynga, enbió a su capitán general llamado Rumi Naui al puerto de Tunbes al enbajador del enperador, don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, y tubieron muy grandes rrespuestas y cumplimiento. Le enbió suplicando que se bolbiesen los cristianos a sus tierras y le dixo que le daría mucho oro y plata para que se bolbiesen. Y no prouechó y dio la rrespuesta, deziendo que quería uer y bezar las manos al rrey Ynga, después se bolberían, y que uenía por enbaxador de su rrey enperador. Y ancí uino adelante. Atagualpa Ynga como le mandó dar yndios mitayos [que cumple su turno] a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro y al fator Gelín [Illán Suárez de Carvajal]. Le dieron camaricos y rregalos y mugeres a ellos y a todo sus cauallos porque decían que era persona los dichos cauallos, que comían maýs. Como no sauía ni auía uisto en su uida, y ací lo mandó dar rrecaudo. Año de mil y quinientos y treynta y tres, papa Clemente ciete de su pontificado onze, enperador don Carlos cinco y de su enperio quinze y de su rreynado dies y seys, marcha don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro a la ciudad de Caxamarca contra Atagualpa Ynga con ciento y sesenta soldados contra cien mil yndios. Hernando de Soto, Sebastián de Balcásar [Benalcázar] y Hernando Pizarro con ueynte caualleros y Felipe, Guanca Bilca, yndio lengua, que trajo para la conquista. Entraron a Caxamarca y no [e]staua en la ciudad el dicho Ynga Atagualpa. Estaua en los baños y de los baños enbía Atagualpa su enbaxador a la dicha ciudad con el capitán Rumi Naui, deciendo que se bolbiesen. los cristianos españoles a su tierra. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro rresponde que no ay lugar de bolberse. De cómo los españoles llegaron a la ciudad de Caxamarca y no se aposentaron en la dicha ciudad en ausencia del dicho Ynga Atagualpa. Y fuera se armaron sus toldos y se ordenaron como brabos animosos para lo enbestir. Y en aquel tienpo no trayýan cuellos, cino trayýan el cuello como padre. Todos trayýan bonetes colorados y calsones chupados, jubón estofados y manga larga y un capotillo con su manga larga, como caci a la biscaynada. Cómo tubo noticia Atagulpa Ynga y los señores prencipales y capitanes y los demás yndios de la uida de los españoles, se espantaron de que los cristianos no dormiese. Es que decía por que uelauan y que comía plata y oro, ellos como sus caballos. Y que trayýa ojotas [sandalias] de plata, decía de los frenos y herraduras y de las armas de hierro y de bonetes colorados. Y que de día y de noche hablauan cada uno con sus papeles, quilca . Y que todos eran amortajados, toda la cara cubierta de lana, y que se le parecía sólo los ojos. Y en la cauesa trayýa unas ollitas colorado, ari manca , y suri uayta [adorno de pluma de avestruz]. Y que trayýan las pixas colgadas atrás larguícimos, decían de las espadas, y que estauan bestidos todo de plata fina. Y que no tenía señor mayor, que todos parecían ermanos en el trage y hablar y conuersar, comer y bestir. Y una cara sólo le pareció que tenía, un señor mayor de una cara prieta y dientes y ojo blanco, que éste solo hablaua mucho con todos. Oýda esta dicha nueua, se espantó el dicho Ynga y le dixo: “¡Qué nueua me traes, mal mensage!” Y ancí quedaron espantados con la nueua nunca oýda y ací mandó Atagualpa Ynga que le diesen serbicios de mugeres a ellos y a sus caballos. Porque se rreýron de la pixa de los cristianos, de la espada, mandó matar Atagualpa Ynga a las yndias que se rrieron. Y tornó a dar otras yndias de nuebo y serbicios. Con todo esto rriplicó muy mucho de que se fueran y tornaran. Y no ubo rremedio, que enportunó los cristianos uerse con la magestad del Ynga. Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y fray Uisente de la horden del señor San Francisco, cómo Ataguálpa Ynga desde los baños se fue a la ciudad y corte de Caxamarca. Y llegado con su magestad y sercado de sus capitanes con mucho más gente doblado de cien mil yndios en la ciudad de Caxamarca, en la plasa pública en el medio en su trono y aciento, gradas que tiene, se llama usno, se asentó Ataguálpa Ynga. Y luego comensó don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro a dezille, con la lengua Felipe yndio Guanca Bilca, le dixo que era mensage y enbajador de un gran señor y que fuese su amigo que sólo a eso benía. Respondió muy atentamente lo que dezía don Francisco Pizarro y lo dize la lengua Felipe yndio. Responde el Ynga con una magestad y dixo que será la uerdad que tan lexo tierra uenían por mensage que lo creyýa que será gran señor, pero no tenía que hazer amistad, que tanbién que era él gran señor en su rreyno. Después desta rrespuesta entra con la suya fray Uiciente, lleuando en la mano derecha una crus y en la esquierda el bribario. Y le dize al dicho Atagualpa Ynga que tanbién es enbajador y mensage de otro señor, muy grande, amigo de Dios, y que fuese su amigo y que adorase la crus y creýse el euangelio de Dios y que no adorase en nada, que todo lo demás era cosa de burla. Responde Atagualpa Ynga y dize que no tiene que adorar a nadie cino al sol, que nunca muere ni sus guacas y dioses, tanbién tienen en su ley, aquello guardaua. Y preguntó el dicho Ynga a fray Uisente quién se lo auía dicho. Responde fray Uisente que le auía dicho euangelio, el libro. Y dixo Atagualpa: “Dámelo a mí el libro para que me lo diga.” Y ancí se la dio y lo tomó en las manos, comensó a oxear las ojas del dicho libro. Y dize el dicho Ynga: “¿Qué, cómo no me lo dize? ¡Ni me habla a mí el dicho libro!” Hablando con grande magestad, asentado en su trono, y lo echó el dicho libro de las manos el dicho Ynga Ataguálpa. Cómo fray Uisente dio boses y dixo: “¡Aquí, caualleros, con estos yndios gentiles son contra nuestra fe!” Y don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro de la suya dieron boses y dixo: “¡Salgan, caualleros, contra estos ynfieles que son contra nuestra cristiandad y de nuestro enperador y rrey demos en ellos!” Y ací luego comensaron los caualleros y despararon sus alcabuses y dieron la escaramusa y los dichos soldados a matar yndios como hormiga. Y de espanto de arcabuses y rruydo de cascabeles y de las armas y de uer primer hombre jamás uisto, de estar llieno de yndios la plasa de Caxamarca, se derribó las paredes del serco de la plasa de Caxamarca y se mataron entre ellos. De apretarse y pizalle y tronpesalle los cauallos, murieron mucha gente de yndios que no se puede contar. De la uanda de los españoles murió cinco personas de su boluntad, por ningún yndio se atreuió de espanto asonbrado. Dizen que tanbién estaua dentro de los yndios muerto los dichos cinco españoles; deue de andar tonteando como yndio, deue de tronpizalle los dichos caualleros. Y ací cí le prendió don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro al dicho Atagualpa Ynga. De su trono le le [sic] llebó cin hirille y estaua preso con preciones y guarda de españoles junto del capitán don Francisco Pizarro. Quedó muy triste y desconsolado y desposeýdo de su magestad, asentado en el suelo, quitado su trono y rreyno. De cómo ubo alboroto en eseste [sic] rreyno entre ermanos, el rrey capac apo Guascar Ynga lexítimo y su ermano príncipe, auqui, Ataguarpa Ynga. Después de la muerte de su padre Guayna Capac Ynga, este dicho alboroto y guerra duró treynta y seys años. Desde niño el dicho Uascar fue muy soberbioso y mísero y mal ynclinado en daca las paxas. Mandaua matar a los dichos capitanes y ancí huýan dél. Después nunca les quizo faboreser ningún capitán ni soldado. Ues aquí cómo pierde con la soberuia todo su rreyno. Cienpre que sea rrey o capitán, ci es soberbioso, auariento, perderá su rreyno y la uida como Uascar Ynga. Y fue Dios seruido que en este tienpo enbiase su enbaxador y mensage el rrey enperador a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro, capitanes. Tubo batalla el lexítimo de la parte del Cuzco, el uastardo de la parte de Quito. En esta batalla murieron muchos capitanes y soldados y se perdió muy mucha hazienda de los Yngas y de los tenplos que hasta oy quedaron escondidos en todo este rreyno. Y ancí fue conquistado y no se defendió. Atagualpa Ynga dixo a don Francisco Pizarro que leyese un escrito. Dixo que no sauía y dixo que leýse un soldado y leyó. Dijo Atagualpa [...]. Cómo le prendieron y estado preso Atagualpa Ynga; estando preso, le rrobaron toda su hazienda don Francissco [sic] Pizarro y don Diego de Almagro y todo los demás soldados y españoles. Y lo tomaron toda la rriquesa del templo del sol y de Curi Cancha y de Uana Cauri muchos millones de oro y plata que no se puede contar, porque sólo Curi Cancha toda las paredes y la qubirtura y suelo y las uentanas quajado de oro. Dizen que la persona que entra dentro con el rrayo de oro parese defunto en el color del oro. Y del Ynga Atagualpa y de todo sus capitanes y de señores prencipales deste rreyno y las dichas andas de oro y plata que pesaua más de ueynte mil marcos de oro fino el tablón de las dichas andas y ueynte mil marcos de plata fina, un millón y trecientos y ueynte y seys mil escudos de oro finícimo. Acimismo les quitó sus serbicios hasta quitalle su muger lexítima, la coya [reina]. Y cómo se uido tan mal tratamiento y daño y rrobo tubo muy gran pena y tristeza en su corazón y lloró y no comió. Como uido llorar a la señora coya, lloró y de su parte ubo grandes llantos en la ciudad. De los yndios cantaua desta suerte: Aray araui! Aray araui!Sapra aucacho, Coya atiuanchic, llazauanchic?Ma, Coya. Suclla uanoson.Amatac acuyraque cacachuncho!Paracinam uequi payllamanta urman.Cam, Coya, hinataccha. [¡Aray arauil ¡Aray araui! ¿Podrá este enemigo malvado, reina, derrotarnos, darnos pesadumbre? ¡No, reina! Vamos a morir todas a una. ¡Que no nos alcance la desgracia! Las lágrimas caen como lluvia por sí solas. ¿Podrías tú, reina, ser tal?] De cómo estando preso conuersaua Atagualpa Ynga con don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y con los demás españoles y jugaua con ellos en el juego de axedrés que ellos les llaman taptana . Y era muy pacible príncipe y ací se contentaua con los cristianos. Y daua su hazienda y no sauía con qué contentalles y rregalalles. De cómo estando preso Atagualpa Ynga, todo sus bazallos y yndios y capitanes y señores grandes de su rreyno le desanpararon y no le serbieron. De cómo procuró de rrescatar su uida Atagualpa Ynga con todo sus capitanes y dio a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro y a todos los soldados mucho oro, que una casa señaló. Con su propia espada, le medió don Francisco Pizarro media pared que era de largo ocho brasas y de ancho quatro brasas. Hinchió de oro y lo tomó don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro. Con todo lo demás españoles lo partieron toda la rriquiesa. Despachó al enperador todos de España cada uno a sus deudos y parientes y amigos. Cómo el Ynga Atagualpa estando preso enbió a sus enbajadores y capitanes, a los dichos capitanes mayores Challco Chima, Quis Quis yngas y otros capitanes, para que diese guerra y batalla a su ermano lexítimo Guascar Ynga. Y ací le uenció y le prendió al cuerpo de Uascar Ynga. Y luego les maltrató y le dio a comer maýs, chuno [conserva de papas] podrido. Y por coca le dio hojas de chilca y por lipta le dio suciedad de los hombres y estiércol de carnero maxado y por chicha, orines de carnero y por fresada, estera y por muger, una piedra larga bestida como muger. En el citio llamado Andamarca le mataron los Cañaris, Chachapoyas, cantando “Poluya poloya, uuiya, uuiya.” Y mataron todos los auquiconas [príncipes] y nustas [princesas], yndias preñadas le abrían la barriga. Todo se hizo por consumir y acauar al dicho Uascar Ynga con toda su generación para que no ubiese lexítimo Yngas, porque auía preguntado los cristianos del lexítimo rrey Ynga y ací lo mandó matar. De cómo en tienpo de contradición entre dos ermanos Uascar Ynga, Atagualpa Ynga y de salir nuebo hombres nunca vista que fueron españoles se perdió muy mucha hazienda del sol y de la luna y de las estrellas y de los dioses, guaca bilcas, templos de Curi Cancha del Ynga y de los uírgenes, acllas, y de los pontífises y de los señores grandes y de los capitanes generales y de los yndios comunes, porque cada cosa estauan señalado en todo el rreyno, que no se puede contar tanta. De cómo los yndios andauan perdidos de sus dioses y uacas y de sus rreys y de sus señores grandes y capitanes. En este tienpo de la conquista ni auía Dios de los cristianos ni rrey de España ni auía justicia. Ací dieron a hurtar y rrobar los españoles como Challco Chima, Quis Quis, Aua Panti, Rumi Naui y otros muchos capitanes y los yndios Cañaris y Chachapoyas, Uancas andauan rrobando y salteando y perdidos, hechos yanaconas. Desde allí comensaron los yanaconas ser uellacos y ladrones. Y ancí ubo muy mucha hambre y alboroto y se murió mucha gente y rrebuelta en todo el rreyno, daca oro y toma oro. Murió Atagualpa en la ciudad de Caxamarca. De cómo auía pronunciado un auto y sentencia don Francisco Pizarro a cortalle la cauesa a Atagualpa Ynga. No quizo firmar don Diego de Almagro ni los demás la dicha sentencia porque le daua toda la rriquiesa de oro y plata y lo sentenció. Todos dixeron que lo despachase al enperador preso para que allá rrestituyese toda la rriquiesa deste rreyno. Atagualpa Ynga fue degollad[o] y sentenciado y le mandó cortar la cauesa don Francisco Pizarro. Y le notifica con una lengua yndio Felipe, natural de Guanca Bilca. Este dicho lengua le enformó mal a don Francisco Pizarro y los demás. No le gustó la dicha sentencia, y no le dio a entender la justicia que pedía y merced Atagualpa Ynga, por tener ennamorado de la coya [reina], muger lexítima. Y ací fue causa que le matasen y le cortasen la cauesa a Atagualpa Ynga y murió mártir cristianícimamente; en la ciudad de Caxamarca acabó su uida. Cómo uino por mandado de don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y de sus generales dos españoles a prender los cuerpos de los dichos capitanes Chalco Chima, Quis Quis y lo prendió y hizo justicia en Xauxa. Les colgó de unos palos y murió Chalco Chima y los demás capitanes se huyeron: Quis Quis, Quizo Yupanqui y Rumi Naui, Aua Panti, Uanca Auqui, Colla Tupa. De cómo toda las rriquiesas que tenía escondido lo descubrió, oro y plata, joyas y piedras preciosas, le enbió al enperador y rrey católico de España. Le enbió don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y los demás soldados toda la rriquesa y uaca y del sol todo quanto pudieron coxer. Y enbiaron cada uno de ellos a sus casas y a sus mugeres y hijos y parientes deste rreyno y de Castilla. Con la cudicia se enbarcaron muy muchos saserdotes y españoles y señoras, mercaderes para el Pirú. Todo fue Pirú y más Pirú, Yndias y más Yndias, oro y plata, oro, plata, deste rreyno. De cómo por la rriguiesa [sic] enbió el enperador gouernadores y oydores, pricidentes y obispos y saserdotes y flayres y españoles y señoras: Toda era dezir Pirú y más Pirú. De los ciento y sesenta españoles y un negro congo, aumentó mucha gente de españoles y mercaderes y rrescatadores y mercachifles y muchos morenos. Agora multiplica, mucho más que yndio, mestizos, hijo de saserdotes. Oro y plata en el Pirú. Ues aquí cómo le echa a perder al enperador con la soberbia, cómo pudo sentenciar un cauallero a su rrey. Y ci no le matara, toda la rriquiesa fuera del enperador, y si descubriera toda las minas. El capitán Quizu Yupanqui Ynga murió en Lima. El capitán Luys de Áualos de Ayala y don Pedro Luxán y Rodrigo Niño, Gomes Arias y los demás capitanes y soldados de la uanda y seruicio comensaron la batalla. Y ynbistió como ualeroso capitán Luis de Áualos de Ayala contra el capitán Quizo Yupanqui Ynga, hijo de Topa Yupanqui, tío del autor, que uenía doze capitanes con mil yndios. Comensó de su parte el capitán Quizo Yupanqui, que corría como un game y que de puro ligero traspasaua por deuajo de los cauallos. Peleando, saltó por un asecya de agua de Lati en la ciudad de Lima y cayó. Luego le lanseó y le mató el dicho capitán Luys de Áualos de Ayala, padre del ermano del autor llamado padre Martín de Ayala, clérigo de misa, el qual murió en el dicho hospital de la ciudad de Guamanga, el qual está rretratado el dicho padre. Como dicho es, Quizo Yupanqui murió; rresualando junto al asecya, acabó su uida. Y los demás capitanes yndios echaron a huyr cada uno por su camino a sus pueblos y no quicieron aguardar. Y ancí después comensaron a poblarse. El primer nombre lo tiene Lima y ací se llama de Los Reys de Lima. En el mes de los rreys magos Baltazar, Melchos, Gaspar, se ganó esta ciudad. Y ací fue ordenado por Dios que auía de ser la ciudad de su Magestad del rrey y de su bizorrey, consejo de este rreyno y cauesera mayor. Allí se conquistó el Ynga que no se auía defendido en nenguna ciudad. Y fue milagro de Dios y de los tres magos rreys santos. Y ancí es Ceuilla [Sevilla] y corte rreal como Castilla y corte de todo el mundo, que Dios lo tiene apoderrado, y patrón el señor Santiago Mayor. Y este rreyno es patrón el señor Santiago Mayor, apóstol de Jesucristo. Cómo los españoles se derramaron por todas las partes de la tierra deste rreyno de dos en dos y algunos, cada uno haziendo gente yanaconas, yndios, buscando cada uno sus benturas. Y buscauan sus rremedios, haziendo muy grandes males y daños a los yndios, pidiéndoles oro y plata, quitándoles sus bestidos y comidas, los quales se espantaron por uer gente nueua nunca uista. Y ací se escondía y se huyýan de los cristianos en todo el rreyno. Cómo los primeros conquistadores trayýan otro traxe por temor del frío, coleto y bonetes colorados, unos calsones chupados y cin cuello como clérigo y trayýa mangas largas, la rropilla, el capote corto. Acimismo las dichas mugeres, como usaron los antigos yndios, unas camegetas largas, manta corta. Y después uan apuliendo y delgasando la tierra en mucho más en este rreyno, Cómo los primeros españoles fueron chapetones, acimismo los dichos yndios no se entendían el uno ni al otro, pediendo agua, traýan leña, deziendo “anda, puto”, trayýan cobre y calauasas. Porque anda es cobre, puto, calauasas. Y algunos yndios se hacían ladinos, los yanaconas dezían: “Obeja chincando, pacat tuta buscando, mana tarinchos, uira cocha.” Como los mestisos del Cuzco y de Xacxauana y de Cochacalla dicía: “Ya, señor sara paruayando, capón asando, todo comiendo, mi madre pariua, yo agora mirando chapín de la mula.” Y ancí los unos como los otro pasaron grandes trauajos, los yndios como los cristianos, y en los Collas decían: “Anda, puto.” Decía los yndios: “Putu sapi hiley haccha puto sapi hila.” Cómo después de auer conquistado y de auer rrobado comensaron a quitar las mugeres y donzellas y desuirgar por fuersa. Y no queriendo, le matauan como a perros y castigaua cin temor de Dios ni de la justicia. Ni auía justicia. Cómo los primeros españoles conquistó la tierra con sólo dos palabras que aprendió, decían “Ama mancha. Noca Ynga”, que no tenga miedo que él era Ynga. Decía a boses a los yndios y se huýan de ellos por temor. Y no conquistó con armas ni derramamiento de sangre ni trauajo. Y los Cañares y Chachapoyas y yanaconas [críados de los señores y de los reyes] se metieron sólo a fin de rrobar y hurtar. Con los dichos españoles no se metieron por seruir a su Magestad. Dizen que un español con la cudicia del oro y plata mandóse lleuarse en unas andas y ponerse orexas postisas y trage del Ynga. Entraua a cada pueblo, pidiendo oro, plata. Como uían Ynga barbado se espantauan y más se echaua a huyr los yndios, mucho más las mugeres en este rreyno. Don Francisco y don Diego de Almagro y los demás cristianos le mandaron tapear al excelentísimo señor, capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga, que estaua bibo muy biejo y los demás señores grandes. Le enserraron, pidiéndole oro y plata como enteresado y cudicioso en oro y plata. Estos dichos conquistadores le echó fuego y le quemó, acabó su uida. Acimismo mató a los dichos Yngas y a todos los señores grandes y capitanes generales y a los prencipales de cada prouincia deste rreyno con de uarias tormentos, pediéndole oro y plata y trayýa presos. Y lo castigaua muy cruelmente, preso con cadena de hierro y de cuero de baca torcido y cuellos del mismo baca. Dizen que usaua crillos de uaca y esposas del mismo cuero para tenellas preso a los dichos yndios deste rreyno. Y ací muchos señores prencipales, con el miedo del tormento, dixeron que eran yndios pobres, porque no les tormentase y padeciese trauajo en este rreyno. Cómo en tienpo de los Yngas abía salteadores llamados poma ranra y el capitán de ellos se llamaua Chuqui Aquilla Ynga. Andaua en las quebradas hondas y pedregales y peñas, barrancos llamado puma ranra, y salteaua por los caminos rreales estos dichos yndios cimarrones, estos dichos salteadores poma ranra. En tienpo de la conquista se hizieron yanaconas de los dichos españoles y salteauan mucho más mejor y rrobaua a los pobres yndios. Y después se quedaron y se uecitaron en las ciudades por yanaconas, adonde está al presente yanaconas de Quito, de Guanoco y de Lima, Guamanga, Cuzco, Ariquipa, Potocí, Chuquisaca. En las ciudades son yndios tributarios pecheros del rrey en este rreyno. Mango Ynga se alsó por rrey Ynga porque les mandó los dichos capitanes y consejo deste rreyno, Quis Quis Ynga, Aua Panti, Amaro, Uanca Auqui, Illa Topa, Colla Topa, Curi Naui, Yuto Ynga, Yucra Uallpa. Estos dichos capitanes fueron Yngas Hanan Cuzco y Lurin Cuzco. Calla Aymara: Chuqui Llanqui, Supa Guamani, Chuui Uamanchanbi Mallco, Apo Mallco Castilla Pari, Apo Mollo, Condor Chaua, Cullic Chaua, Cuci Chaqui, Uayanay, consejos. Le alsaron por fin y muerte de capac apo Guaman Chaua, segunda persona del Ynga, por ser muy antigo señor del rreyno. Porque le quemó y lo mató don Francisco Pizaro y don Diego de Almagro y los demás españoles, se alsó contra ellos por los malos tratamientos y burlas que se chocarreaua del Ynga y de los demás señores deste rreyno. A uista de ojos les tomauan sus mugeres y hijas y donzellas con sus malos opiniones y con poco temor de Dios y de la justicia y de que rreciuían otros muchos agrauios que le hacían a los yndios. Y ancí se defendió y le sercó con gran suma de yndios que no se podía contar, cino que se entenderá cien mil millones de yndios a que abría llegado deste rreyno y todos se auían ajuntado. Los dichos soldados cristianos pedía misericordia; hincado de rrodillas, llamaua a Dios con lágrimas a boses y a la uirgen María y a sus santos. Y dicían a gran bos: “Señor Santiago, uálgame, Santiago, Santa María, uálgame, Santa María, ayúdanos, Dios.” Esto decían con alta bos los caualleros a la escaramusa, deciendo “Santiago” los soldados en el medio hincados de rrodilla, deciendo “Santa María”, puesta las manos. Encendió fuego a la casa del Ynga llamado Cuyus Mango, adonde los cristianos señaló por templo de Dios y puso en el techo y en el altar la santa cruz. Primero los yndios echaron fuego a las dichas moradas de los cristianos y lo quemaron, estando sercado los cristianos toda la morada hasta el galpón y palacio que fue del Ynga, el dicho Cuyus Mango, adonde está de presente la yglecia mayor de la ciudad del Cuzco. Dizen que el fuego, pegando a la dicha casa, bolaua por lo alto y no se quería quemarse la dicha casa de nenguna manera, que ellos se espantaron cómo el fuego no quería llegar a la santa cruz, que fue milagro de Dios Nuestro Señor. En ese tienpo era señal de Dios questaua ya fixa la santa yglecia en el rreyno. Luego en aquella ora hizo Dios otro milagro. Estando sercado todos los cristianos en la plasa del Cuzco, estando haziendo oración, hincado de rrodillas, dando boses y llamando a Dios y a la Uirgen María y a todos sus sanctos y sanctas ángeles y dezía: “Uálgame la Uirgen María, Madre de Dios”, hizo otro milagro muy grande, milagro de la Madre de Dios en este rreyno, que lo uieron a uista de ojos los yndios deste rreyno y lo declaran y dan fe de ello, como en aquel tienpo no auía nenguna señora en todo el rreyno ni jamás lo auían uisto ni conocido, cino primera señora le conoció a la Uirgen María. Santa María de Peña de Francia, una señora muy hermosa, todo bestido de una bestidura muy blanca, más blanca que la nieue, y la cara muy rresplandeciente, más que el sol. De uelle se espantaron los yndios y dizen que le echaua tierra en los ojos a los yndios ynfieles. Cómo hizo Dios milagro para hazelle merced y su madre bendita a los españoles cristianos, por mejor dezir que más quizo hazer merced la Madre de Dios a los yndios porque fuesen cristianos y saluasen las ánimas de los yndios, rrogando a su Hijo precioso y a la Santícima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sancto, un solo Dios. Y ancí es muy justo que en todo uneuerso mundo le adore y le onrre a la Uirgen Santa María de Peña de Francia y mucho más en este rreyno los yndios y españoles por la tanta mersed que en aquel tienpo y nesecidad [sic] le hizo y por los milagros de la Madre de Dios de Nuestra Señora de Peña de Francia y de Copacauana en este rreyno. Señor Santiago Mayor de Galicia, apóstol de Jesucristo, en esta ora que estaua asercado los cristianos, hizo otro milagro Dios, muy grande, en la ciudad del Cuzco. Dizen que lo uieron a uista de ojos, que auajó el señor Sanctiago con un trueno muy grande. Como rrayo cayó del cielo a la fortalesa del Ynga llamado Sacsa Guaman, que es pucara del Ynga arriua de San Cristóbal. Y como cayó en tierra se espantaron los yndios y digeron que abía caýdo yllapa, trueno y rrayo del cielo, caccha , de los cristianos, fabor de cristianos. Y ancí auajó el señor Sanctiago a defender a los cristianos. Dizen que bino encima de un cauallo blanco, que trayýa el dicho caballo pluma, suri , y mucho cascabel enxaesado y el sancto todo armado con su rrodela y su uandera y su manta colorado y su espada desnuda y que uenía con gran destruyción y muerto muy muchos yndios y desbarató todo el serco de los yndios a los cristianos que auía ordenado Mango Ynga y que lleuaua el santo mucho rruydo y de ello se espantaron los yndios. Desto echó a huyr Mango Ynga y los demás capitanes y yndios y se fueron al pueblo de [Ollantay] Tanbo con sus capitanes y demás yndios los que pudieron. Y desde entonses los yndios al rrayo les llama y le dize Sanctiago porque el sancto cayó en tierra como rrayo, yllapa, Santiago como los cristianos dauan boses, deziendo “Santiago.” Y ací lo oyeron los yndios ynfieles y lo uieron al santo caer en tierra como rrayo. Y ancí los yndios son testigos de uista del señor Sanctiago y se deue guardarse esta dicha fiesta del señor Santiago en este rreyno como pascua porque del milagro de Dios y del señor Santiago se ganó. Cómo se desbarató Mango Ynga por el señor Sanctiago de los cristianos y cómo se espantó y se fue huyendo con sus capitanes y llebó muchos yndios al pueblo de Tanbo. Allí edeficó muchas casas y corredores y ordenó muchas chacaras y mandó rretratarse el dicho Mango Ynga y a sus armas en una peña grandécimo para que fuese memoria. Y como no pudo allí acistir en el dicho pueblo de [Ollantay] Tanbo, desde allí se rretiró más adentro a la montaña de Bilcabamba con los demás capitanes y llebó yndios y a su muger, la coya [reina]. Y dexó el rreyno y corona, masca paycha [borla real] y chanbi [porra de pelear] al señor enperador y rrey, nuestro señor don Carlos de la gloriosa memoria questá en el cielo y a su hijo don Phelipe el segundo questá en el cielo y a su hijo don Phelipe el tersero rrey nuestro señor. El capitán Quis Quis leuantó otra ues después de Mango Ynga al Ynga Paullo Topa, hijo uastardo de Guayna Capac Ynga, y se defendió de los españoles. Aunque después comensó a seruir y ayudar no de todo corasón y en él auido suspecha cienpre hasta que murió. Y murió cristianícimamente en la ciudad del Cuzco y dejó a su hijo don Melchor Carlos Paullo Topa Ynga. Este dicho capitán Quis Quis cienpre preciguía a los cristianos y por sus pecados porque no tubo pas con los cristianos. Y ancí le mató sus propios capitanes yndios que tenía en su uanda. Murió en el Cuzco y dexó a otros capitanes su cargo en este rreyno. De cómo Mango Ynga fue haziendo camino a la montaña dentro de Bilcabamba, no estando seguro en el pueblo de [Ollantay] Tanbo con algunos capitanes Curi Paucar, Mana Cutana, Atoc, Rumi Songo. Y llebó yndios de deferentes castas y fue haziendo camino más adentro y llegó a un rrío grande y hizieron puente de crisnejas y pasaron a la otra uanda y llegó al ualle llamado Uilcapampa y se poblaron, ydeficó otro Cuzco ciudad, ydeficó su tenplo de Curi Cancha, aunque lo armó pobre y muy poca gente, yndios de deferentes castas y de ayllos de yndios en la ciudad de Bilcabamba y sensa chacaras y sementeras y ganados. Y quedó muy pobre en Bilcabanba. De cómo Mango Ynga por su mandado sus capitanes salteaua en el camino de Aporima, camino rreal del Cuzco de Lima, a los españoles y a los yndios cristianos de la uanda del rrey que pasauan rreguas y ganados y mercaderes. Y lo mataua y le quitaua la hazienda y rropa y todo lo que lleuaua, lo rrobaua y lleuaua preso a los yndios cristianos. Y ancí desta manera estubieron muchos años, salteando en el dicho pueb[l]o de Bilcabamba con su muger y hijos el dicho Mango Ynga. Cómo un mestiso llamado Diego Mendes entraua a la ciudad de Bilcabamba con su enbuste y mentira al Ynga. Mango Ynga abisaua este dicho mestiso al dicho Ynga quándo salía la rrecqua del rrey o de algún español rrico para que le saltease Mango Ynga en el camino rreal. Y ací cienpre salteaua y hazía muy grandes daños a los cristianos por aquel camino. Y ancí una ues, estando borracho Mango Ynga y Diego Mendes mestiso, los dos muy borrachos, comensaron a jugar de porfía. Le mató y le dio de puñaladas y le dexó muerto al dicho Mango Ynga el dicho mestiso. Y al dicho mestiso le mató los capitanes y dejó por eredero al Ynga Sayre Topa y a Cuci Uarcay, coya [reina], y murió en el Cuzco y quedó Tupa Amaro Ynga. Damián de Uandera, uecitador general de los yndios deste rreyno, primera uecita general que se hizo por mandado del enperador y rrey de Castilla don Carlos: Como estaua leuantado la tierra, ací los cristianos como los yndios andauan [... ]dos del encuentro de entre ermanos, Guarca Ynga, lexítimo, con su ermano Atagualpa Ynga, uastardo. Y después de la conquista y primer gente nunca uista y la destruyción de ellos y muerte del rrey Ynga y de los señores grandes como duque de Alua, conde, marqueses y caualleros y señores deste rreyno de los yndios y prencipales, curacas. Y como se perdió, se hizieron de yndios uajos y de mandoncillos caciques, no lo ciendo, y le uecitó. De yndio tributario, mitayo, se hizo cacique prencipal y se llaman “don” y sus mugeres, “doña”. Por ser perdido la tierra y el mundo, lo propio de los españoles pulperos, mercachifles, jastres, zapateros, pasteleros, panaderos, se llaman “don” y “doña”. Los judíos y moros tienen “don”, mundo al rreués. Desto los jueses no lo rremedia; por ser cohechados como los saserdotes y padres, se llaman dotores y lisenciados, bachelleres, maystros, no teniendo título ni derecho y no sauer letra. Algunos por chocarreal y burlarse le dize “lesenciasno”. Esto es dezir que ay mundo al rreués, pero la justicia deue ajustar y castigar. Don Francisco Pizarro con el enterés de la conquista y del gouierno del rreyno y de la rrequiesa de oro y plata se alsó y le mató a don Diego de Almagro el viejo y se leuantó por gouernador deste rreyno don Francisco Pizarro. Don Diego de Almagro el moso mestizo mató a don Francisco Pizarro y se leuantó Don Diego de Almagro el moso por gouernador de la tierra. Gonzalo Pizarro y los demás conquistadores y oydores le mató a don Diego de Almagro el moso y se leuantó Gonzalo Pizarro y mató al birrey Blasco Nuñes en Quito. Y se leuantó Gonzalo Pizarro por rrey y gouernador de la tierra y se pregonó desde su casa y se alsó contra la corona rreal. Y le conquistó y mató el prícidente y los oydores y capitanes, arzoobispos, obispos y perlados que enbió el enperador. Y después se alsó Francisco Hernandes Girón contra la corona rreal y lo desbarataron los señores deste rreyno, dándole primer batalla don Martín Guaman Malque de Ayala, segunda persona del Ynga, excelentícimo señor deste rreyno, y apo Uasco, prencipal de la prouincia de Andaguaylas, Changa, en Gunca Co[c]ha, junto a Ora Yaoma. Y dallí le prendió apo Alanya y Chuqui Llanqui, yndios Uancas, y le hizieron justicia en Lima. Y después Carreño y los de Quito se quicieron leuantar y se hizo justicia en el Cuzco. Don Francisco Pizarro le mató a don Diego de Almagro, el uiejo capitán general y conquistador deste rreyno. En el año de mil y quinientos y quarenta y uno, papa Paulo tres de su pontificado ueynte y tres, enperador don Carlos cinco y de su enperio ueynte y tres y de su rreynado ueynte y quatro, tubieron contradición don Francisco Pizarro con don Diego de Almagro, los dos capitanes, por el gouierno deste rreyno. Y ací le mató y se alsó; tubo la batalla en Yauri Pampa, más auajo de San Sebastián de la ciudad del Cuzco. Y le ayudó Gonzalo Pizarro su ermano. Le dio parte y tubo otra batalla en Quito. Y le prendió en la batalla y le mató y le cortó la cauesa y hizo justicia por quedar solo en el gouierno. Y no tubieron contradición con los yndios ningún capitán, cino entre ellos por la cudicia de los yndios y del oro y plata y señorear solo apsolutamente, cin que nadie se le meta en este rreyno, cin mandacto del señor enperador, cino sólo a su boluntad se leuantó y alsó el estandarte rreal deste rreyno. Cin consederación de [sic] fue enbiado por enbaxador del señor enperador, con la soberbia hizo todo los daños y atreuimientos de matar al rrey del Pirú, Atagualpa Ynga, y sentenciar, ciendo un cauallero pobre. De ello perdió su Magestad mucha hazienda de la muerte de los Yngas y de señores grandes deste rreyno. Están perdidos toda la rriquiesa, oro y plata y minas deste rreyno. Don Diego de Almagro el moso mestizo mató a don Francisco Pizarro en el año de mil y quinientos quareynta y uno, papa Paulo tres de su pontificado ueynte y tres, enperador don Carlos cinco y de su enperio ueynte y tres y de su rreynado ueynte quatro. Tubieron la batalla con los oydores en Uarina Pampa en el Collau. Ubo grandes muertes y batalla. Duró esta dicha batalla desde por la mañana hasta la oración de la noche y murió mucha gente. Fue destruyda de la uanda de los oydores y de don Francisco Pizarro. La batalla de don Diego de Almagro el moso en Chupas Pampa, Uaraco Urco, con Uaca de Castro del egército de don Diego de Almagro: Tubo ochocientos soldados, quarenta de a cauallo, cien arcabuseros, trecientos piqueros y quatro piesas de artellería. Fue el capitán Candía de la artellería. Luego en el mismo encuentro le mató don Diego de Almagro al dicho capitán Candía, porque al desparar los echaua toda las piesas por alto y por los lados y ancí le dio una lansada. Y de la uanda del rrey, ochocientos soldados y sesenta de a cauallo, docientos arcabuseros, y piqueros fueron setecientos. Y se dieron la batalla. En este tienpo seruió a su Magestad en esta batalla don Martín de Ayala, el excelentícimo señor, padre del autor, y don Juan Tingo, segunda persona, Cauina ynga. De la uanda de su Magestad dio rrecaudo y de comer y ancí se echaron a huyr; de la uanda de don Diego de Almago saquearon. Tubo otro encuentro en Quito en el ualle llamado Hambato, adonde mataua yndios dilenqüentes el dicho Ynga. Allí dieron batalla don Diego de Almagro el moso con los oydores y Gonzalo Pizarro. Le prendió y le mató a don Diego de Almagro el moso Gonzalo Pizarro. Este dicho don Diego de Almagro el moso no se alsó contra la corona rreal y con enterés de yndios ni de oro ni plata ni querer señorear, cino por uengarse de la muerte de su padre. Como cristiano y cauallero y honrrado murió. Ni su padre no se alsó con ningún ynterés, cino por defenderse de sus enemigos, que como desde primero le tenía en odio y demistad y procurado la muerte de sus enemigos. [En es]te tienpo gouernó Baca de Castro. Por el mes de marzo de [mill] quinientos quarenta y dos años, defendió la corona rreal y [serb]ió de pricidente de la rreal audiencia. Baca de Castro [tu]bo batalla con don Diego de Almagro y con los demás con[quis]tadores tiranos que se alsaron [...] en tienpo del enperador Carlos. El primer uirrey Blasco Nuñes de Uela, año de mil quinientos y quarenta y quatro, papa Paulo tres de su pontificado onze, enperador don Carlos cinco de su enperio ueynte y says y de su rreynado ueynte y ciete. Lo susedido a Blasco Nuñes de Uela, uirrey, que en conpañía de don Francisco Tello auía partido para el Pirú. A dies días de henero [llegó] a Nombre de Dios y pasó a Panamá y estubo ueynte días. Y le enformó los oydores que como con la nueua ley rreciuían mal los conquistadores, que ellos auían seruido a su Magestad en la batalla de Uaca de Castro con don Diego de Almagro, del biejo como del moso, quatro oydores. Y el uirrey juntó quinientos hombres, maystre canpo Alonso de Toro, y a don Pedro de Portocarrero por capitán de gente de a cauallo y de enfantería, Migel Juan Beles de Gueuara. Diego Senteno, en nombre de la uilla de Plata, fue de los rreys con rrecaudo del uirrey. Senteno halló al capitán Almendras con su gente. Diego Senteno le abisó a Gonzalo Pizarro. Prenden al lesenciado Uaca de Castro, don Pedro Luys de Cabrera, al capitán Hernando Mexía, su ermano, al capitán Lorenso de Aldana. Metió en una naue de armada y fue desterrado a Nicaraua, a Panamá. Nombró capitán a don Alonso Montemayor, Diego Áluares Cueto, su cuñado, con seyci[e]ntos hombres. Pariciendo al virrey Blasco Nuñes, mandó matar a sus pages al fator Gelín Xuares [Illán Suárez de Carvajal], conquistador. Prenden al uirrey; desposeýdo de su oficio, pricidente al lecinciado Sepeda, [hicieron llamar] al capitán Martín de Robles para la preción firmada de sus nombres. Prendió cin quitalle las armas y lo lleuaron a una esleta junto a Lima con su guarda para que no lo matase sus parientes del dicho fator. Rehuymiento de lesenciado Juan Áluares a Blasco Nuñes Uela, uirrey. El dicho Blasco Nuñes de Uela en Quito fue uencido en la batalla de Gonzalo Pizarro. Y, después de muerto, le cortaron la cauesa. Cilua, Diego Senteno fueron tanbién uencidos, desuaratados del capitán Caruajal y se fueron huyendo. Carta y auisos de Gonzalo Pizarro, escrita al señor rrey enperador don Carlos, pensando que le abía de enbialle rrecaudo para gouernar la tierra y ser señor en ella y en el rreyno con esta color. Y ací enbió muchos abizos y enformó por donde enbió el señor rrey enperador primer uirrey a Blasco Nuñes de Uela y más oydores y nueua ley. Y la carta de Gonzalo Pizarro dize: S[acra] R[eal] M[agestad]: QVE EN esta buestra prouincia y rreyno del Pirú abido grandes rrebueltas y daños entre los conquistadores, abiéndose acauado mi ermano don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y los demás conquistadores. Y no se acauará ni uendrá a concierto ni estará en pas ci Vuestra Magestad no lo rremedia, y rrecreserá grandícimos daños y trauajos como auido. Y cada uno tienen su pretencior y haze lo que quiere y nostá en sugeto y otras cosas auido, como en muchas cartas y abisos le e abizado para que se prouea rremedio antes que no rrecresca más en este rreyno. Con tanto, beso los rreales pies y manos su umilde bazallo, Gonzalo Pizarro (rúbrica) Del Pirú. Beso los rreales pies y manos de Vuestra S[acra] M[agestad] su umilde bazallo,Gonzalo Pizaro. ENPERADOR DON CARLOS ENBÍA SV CARTA I PERDÓN A GONZAlo Pizarro y a los demás conquistadores y lo lleua la carta el dotor Pedro de la Casca. Carta y perdón que enbió a Gonzalo Pizarro y a los demás conquistadores, año de mil y quinientos y cincuenta y quatro, papa Paulo tres de su pontificado treze, enperador don Carlos cinco de su enperio ueynte y ocho y de su rreynado ueynte y nueue: Pedro de la Gasca, nombrado pricidente de su Magestad, y lleue cartas de su Magestad y enbía con ellas su carta. Y lo llebó Pedro Fernandes Panyagua. Dize desta manera la carta de su Magestad: Carlos, por la gracia de Dios, enperador de rromanos, rrey de las Espanias, de Germania : Gonzalo Pizarro: Por buestra letra y abisos de deuersas tenemos entendido los rrumores y leuantamientos en esas prouincias del Pirú sucididas después auer llegado Blasco Nuñes Uela, nuestro uirrey, en esas partes y los oydores de la rreal audiencia que con él fueron por rrazón de querer poner en xecución la nueua ley y hordenansas por nos hechas. No queríades azeptallo y de ello auíades leuantado bos y los demás. Y de ello os perdonamos. Y que lo dexes y cumpláys y xecutéys cin delación bos y los demás. Carlos (rúbrica) El Dotor Gasca entró a gouernar por pricidente de la rreal audiencia en el año de mill y quinientos cinqüenta [y cin]co. Defendió la corona rreal y seruió a su Magestad y hizo jus[ticia] a los traydores y entabló la tierra como fiel y cauallero des[te rreyno de su Magestad.] EL RECIBEMIENTO SOLENE QVE HIZO GONZALO PIZARO al capitán Caruajal en la ciudad de los rreys de Lima con los demás prencipales de la dicha ciudad. Capitán Caruajal fue rreciuida en el año de mil y quinientos y quareynta y ciete, papa Paulo tres de su pontificado catorse, enperador don Carlos cinco y de su enperio dies y nueue y de su rreynado treynta, suseso del dotor Pedro de la Casca: Pedro Fernandes Paniagua, a quien el dotor de la Casca enbió el año pasado con cartas a Gonzalo Pizarro con quexas que tenía del Caruajal. Escriuió a su gouernador a Quito a sus capitanes. En este tienpo llegó de Charcas el capitán Caruajal con mil y quinientos soldados, trecientos arcabuseros y quatrocientos mil escudos. Fue rrecibido en la ciudad de los rrey con mucha solenidad. Sale a rrecibir Gonzalo Pizarro con toda la gente prencipal de la dicha ciudad. Luego llegó nueua del Puerto Uiejo cómo se auía uisto quatro nauíos, cómo uiendo la tierra, bolbió y pasó adelante. Y dixo que era mala señal. Y saltó a Trugillo dotor Caruajal, Cepeda, capitán de arcabusero Juan de Acosta, Juan Ueles de Gueuara, Juan de la Torre, capitanes de la enfantería de piqueros hizo Hernando Bachicau, Martín de Robles, Martín de Almendras. Y confirmó en el oficio de maystre de canpo de todo exército a Francisco de Caruajal con cien arcabuseros que abía traýdo de Charca. A los capitanes de a cauallo, a cada uno cinqüenta mil ducados, a los de enfantería, un ueynte y cinco mil. Fue criado por arfeles general de estandarte Antonio Altamirano, ciudadano y rregidor del Cuzco, con ochenta caualleros. Y sacaron en canpañas sus uanderas; dotor Sepeda en su uandera puso una ymagen de Nuestra Señora, el dotor Caruajal, una ymagen del señor Sanctiago, el capitán Caruajal, la misma que auía lleuado contra el uirrey Blasco Nuñes Uela, el capitán Gueuara figoró unos corasones con unos montes y unas letras que decía “Pizarro”, el capitán Bachicau, una G rrebuelta en una pe, P, que desía “Gonzalo Pizarro”, con una corona de rrey arriba. El estandarte rreal serbía las armas rreales enpereales. Gonzalo Pizarro entendía en dar socorro a los soldados que no estauan asentado de la enfantería, mil hombres armados. Al capitán Lorenso de Aldana en su nombre de todo el rreyno a enformar al enperador se auía uenido con el pricidente contra ellos. [A] el dotor de la Casca sentencia Gonsalo Pizarro que le corte la cauesa, y [que] a Lorenso de Aldana y a Hinojosa con los demás capitanes fueesen [sic] desquartesados. Queriendo [Gonzalo] que firmasen los abogados, aconsexaron no pronunciase tal sentencia. Luego le dixeron que el pricidente era saserdote, como tal, ecento de su juridición. Con estas rrasones se suspendió. Capitán Aldana salió los nauíos de la costa. Salió Juan del [sic] Acosta, corrió con cien arcabuseros de a cauallo. En lugar del dotor [Carvajal], al capitán Juan de Acosta con docientos y ochenta llegó a la barranca de Trugillo. Dotor Caruajal con trecientos arcabuseros y llebó el capitán Juan del [sic] Acosta. Capitán Sayauedra, tiniente de Guanoco, tubo cartas de Lorenso de Aldana que le persuadía se rredugese al seruicio enpereal. Salió en busca de Gonzalo Pizarro, que tanbién lo abía llamado. Desto salió secretamente, se fueron [a] Gonzalo Pizarro tres capitanes. Sayauedra enbió un capitán en su alcanse [hacia] Gonzalo Pizarro, con trecientos hombres [para que] quemase todo Guanoco a los yndios. Y los yndios estauan de armas. Y señoreaua en seruicio del enperador el capitán Sayauedra y de la uanda de los yndios, el capitán general, segunda persona del Ynga, capac apo [poderoso señor] don Martín Guaman Malque de Ayala, Allauca Uanoco, Yaro Bilca, el excelentícimo señor destos rreynos, y otros capitanes yndios defendió la ciudad de Guanoco. Y dallí se fueron [Saavedra] con quatro caualleros; se juntó en la ciudad de Caxamarca con Mora. Después de Ynajosa, fue Antonio de Robles al Cuzco y hizo mucha gente. Alonso Peres de Ysquiuel, Luys de Herrera [Rivera], Francisco Negal [Negral], Diego Áluares, Pedro Ortís de Sárati [Zárate] en esta horden caminó hasta llegar al Cuzco. El ardil [ardid] de Diego Senteno [Centeno] de quitar cillas y freno de los cauallos de los contrarios y comensó a echar fuera de la ciudad con yndios, enbinción del baleroso. Hizo cortar la cauesa a Gerónimo Mexía, yerno del Conde La Gomera. En los Reys pareciendo que Gonzalo Pizarro que Antonio Altamirano, su alferes general, andaua con treuesa en su [n]egocio y de su sospecha le hizo dar garrote una noche y otro día lo mandó ahorcar públicamente. Y dio el estandarte a don Antonio de Reuera [Rivera]. Y juntó todos los ciudadanos y hombres prencipales, a quien le agradició que se auían puesto en tanta guerra y peligro sólo por defendella del marqués don Francisco Pizarro, su ermano, la honrra y trauajo de la conquista deste rreyno. Y ancí Gonzalo Pizarro ordenó el capitán Juan de Acosta se partiese la buelta del Cuzco por el camino de la cierra con trecientos hombres, maystre de canpo Páez de Sotomayor, y por capi[tá]n de a cauallos Martín de Olmos y de arcabuseros y piqueros, don Gomeel [Diego de Gumiel] y Martín de Almendras. Dio el estandarte enpereal y Martín de Alarcón contra Diego Senteno al Cuzco. La armada de Lorenso de Aldana pareció dos leguas del puerto. Ausentáronse Gabriel Uerdumes [Bermúdez] y Gomes de Roxas, su sobrino, y otros hombres prencipales. Y en otra parte se huyeron y picaron la espuela, yua deziendo: “Biba, biba, enperador”, y “Muera y muera el tirano de Gonzalo Pizarro”. Perdón se publicó del enperador y se alsó el estandarte rreal de su Magestad. [A] Mendosa y Seluera, acimismo a fray Pedro de la Merced y Gonzalo Núñez [Muñoz] dixo. “Demos”, rresponde Pizarro; dixo ci se biniese a juntar trecientos hombres. Bays [Páez] de Sotomayor, Martín de Olmos y Martín de Alarcón, alferes general, y Hernando de Aluarado, Alonso Regil [Rengel], Antonio de Áuila. Marcha al Cuzco Juan de Acosta; llegó a Ariquipa con cien hombres a Gonzalo Pizarro. Trecientos y cinqüenta de Diego Senteno estaua en el Collao. Y capitán Mendoza alsa estandarte y Diego Senteno en seruicio del enperador. [El presidente] desenbarcó en el puerto de Tumbes y dejó un nauío en ella, por capitán don Pedro de Reuera. Y Alonso de Ynojosa marcha hasta ajuntarse con otra armada [en Cajamarca]. [Centeno] se junta [con Mendoza y la gente] de Charcas y Cuzco, Ariquipa. Y traýa un clérigo de misa. Diego Senteno tenía mil hombres y docientos de a cauallo y ciento y cinqüenta arcabuseros, por maystre de canpo Luys de Reuera, alferes general Diego Áluares, sargento mayor Luys García. Del egército de Gonzalo Pizarro, maystre de canpo Francisco de Caruajal, trecientos arcabuseros, ochenta caualleros, quinientos piqueros. De la primera artellería ciento y cinqüeenta [sic] hombres, dos capitanes de fuerte, de la segunda artellería rrompió del todo. Comensaron a huyr; Gonzalo Pizarro cayó en tierra. De la parte de Diego Senteno, cien hombres con treynta que hizo justicia; un frayle de la Merced de misa. Murió el mayse [sic] de canpo Luys de Reuera, Diego Lopes de Súñiga, Pantoxa, Sanogal. De la parte de Gonzalo Pizarro murió ciento y ueynte. Y Caruajal, con algunos de a cauallo, se fueron y escaparon en la gran batalla que fue mayor en este rreyno entre cristianos, que no con los yndios. De Diego Senteno en seruicio de su Magestad y de Gonzalo Pizarro deí traydor contra la corona rreal fue esta batalla de la prouincia del Collao, por donde fue desbaratado y se huyó Gonzalo Pizarro con los demás capitanes y soldados y Caruajal se fueron. REHVIMIENTO DE GONZALO PIZARO I LE CIGVIó el dotor Pedro de la Casca contra ellos como pricidente. El pricidente dotor Pedro de la Casca le hizo huyr a Gonzalo Pizarro. Y [Gonzalo Pizarro] tornó al Cuzco con quatrocientos soldados. Yua haziendo más gente y maltratando a los yndios. Y ancí este dicho dotor de la Casca, pricidente, exército que hizo. Y tornó otra armada al pricidente. El mariscal Aluarado fue declarado por maystre de canpo, el dotor [Benito] Caruajal alferes general, don Pedro de Uillauisencio sargento mayor, capitanes de a cauallo el capitán Luys de Áualos de Ayala, don Pedro de Cabrera, Gomes de Aluarado, Juan de Sayauedra, Diego de Mora, Alonso de Mendoza y otros capitanes de enfantería don Baltazar de Castilla, Fernán Megía de Gusmán, Francisco Mosquera, Gomes de Solís y otros capitanes de la artellería Gabriel de Roxas. Para estar serca de la persona del pricidente, nombraron al arzoobispo de la ciudad de los rreys y al obispo del Cuzco y de Quito y a fray Tomás de San Martín, probincial de Sancto Domingo, y [al provincial] de la horde[n] de Nuestra Señora de las Mercedes y guardián de San Francisco, y otros muchos rreligiosos. Luego el pricidente mandó hazer última rreciña donde halló setecientos arcabuseros, quinientos piqueros y quatrocientos de a cauallo, que en el ualle en la qüenta que se hizo de los capitanes y soldados llegaron en Xauxa mil y quinientos hombres. Y ancí a los dichos sus contrarios enemigos Gonzalo Pizarro le seguieron. RESPONDE EL DOTOR P[EDR]O DE LA CASCA AL ENBAjador de Gonzalo Pizarro que uino un clérigo de misa. El dotor Pedro de la Casca, pricidente, en el año de mil y quinientos y quarenta y ocho, papa Paulo tres de su pontificado quinze, enperador don Carlos cinco de su enperio treynta y de su rreynado treynta y uno: El dotor de la Casca tornó a la dicha armada, encuentró en el ualle de Xacxauana, adonde enbió un clérigo de misa de la parte de Gonzalo Pizarro que deshiciese la batalla. Y rresponde el pricidente que no a lugar. El dicho pricidente está con nouecientos hombres de a pie, quinientos de a cauallo y otros quinientos arcabuseros y seys piesas de artellería. Se armaron en Xacxauana Pampa, says leguas del Cuzco. “Con buen ánimo”, dixo Gonzalo Pizarro, “que todos se uan, que tanbién me yré. Quizá me perdonará.” El capitán Acosta dixo: “Deemos en ellos y moramos como buenos soldados.” [Dize Gonzalo:] “Quiere Dios que moramos como cristianos que como paganos.” Rendió al sargento mayor y dio un estoque a don Pedro de Uillauisencio y préndele a Gonzalo Pizarro y a los demás capitanes. Y [le] tubo preso [a Gonzale Pizarro] Diego de Senteno. El Caruajal escapó [a]donde le prendieron de dentro de canauerales. En el Cuzco prenden al capitán Acosta. Saquearon y hallaron mucho oro y plata y cauallos. El día seguiente sentenció a cortar la cauesa al dotor Ciancas, Aluarado y a Gonzalo Pizarro. Y lleuaron la cauesa a Los Reys de Lima y lo pucieron en una xaula de hierro en unas uentanas. Guartezado Caruajal, ahorcado nueue de sus capitanes, acauando, se bolbieron todos a sus ciudades. FRAN[CIS]CO HERNANDES Girón se alsó contra la corona rreal y mató al capitán Alonso Palomino y a Morales en el Cuzco. Francisco Hernandes Girón se alsó en el año de mil quinientos y cinqüenta y tres años, papa Julio tres de su pontificado quatro, enperador don Carlos cinco y de su enperio treynta y cinco y de su rreynado treynta y seys, leuantamiento contra la corona rreal en este rreyno. Se levantó Francisco Hernandes Girón con setenta soldados. Entró en la ciudad del Cuzco a la casa del corregidor deziendo: “¡Biba el rrey, libertad, libertad!” Diziendo estas palabras, dixo que no se leuantase de la mesa, so pena de la muerte: “Aquí sólo buscamos al corregidor.” Mató al capitán Juan Alonso Palomino y a Morales, uecino de la dicha ciudad. El dicho corregidor tubo lugar de meterse a otra sala, adonda auía unas señoras desposadas y hizo gente. Y porque tenía noticia de dos becinos grandes seruidores de su Magestad, luego mandó cortar la cauesa a don Baltazar de Castilla, hijo del Conde de Gemera, y al adelantado Juan de Cáseres con suspecha de la uanda del enperador y rrey nuestro señor. En Pucara, Hatun Colla fue la batalla y encuentro de Francisco Hernandes Girón con los señores oydores de su Magestad. Y hizo destruyción los señores y Francisco Hernandes se huyó y rretiró hacia Yana Uara por la cierra. Y llegó junto al Cuzco trecientos soldados y benía haciendo grandes destruciones y rrobo a los yndios. Y bino haziendo más soldados; unos entrauan y otros se huyan a la uanda de su Magestad. Francisco Hernandes Girón enuentó en el ualle de Pachacama para dar una batalla famosa de noche, y quiso saltealle a la uanda de los señores oydores de su Magestad. Desta manera mandó lleuar boys [bueyes] mansos una manada y atalle en los cuernos dos candelas a cada uno de ellos y estubiese el estandarte y el pífano trompeta con ellos. Y pensando que eran el contrario, auían de acudir a matalle y ellos por detrás le auía de dalle. Y ací fue Dios seruido que dos soldados se echó a huyr a la uanda de su Magestad, y a[c]í se dejó esta batalla y se bolbió a Chuquinca otra ues. FRAN[CIS]CO HERNANDES Girón dio la batalla de Chuquinga contra mariscal. Fue uencido mariscal con mil soldados de su Magestad, Francisco Hernandes con trecientos soldados. Francisco Hernandes Girón entró al pueblo de Chaluanca y dallí auajó al pueblo de Chuquinca y comensó a entablarse en una fortalesa de los yndios antigos de Auca Runa que tenía una puerta prencipal y detrás su puerta falsa. Y allí se ensayó y alsó su estandarte rreal en la prouincia de los yndios Aymarays y Quichiuas. Y tenía trecientos soldados y tres uanderas y cien arcabuseros, el qual uino contra Francisco Hernandes. El mariscal don Alonso de Aluarado, de la parte del enperador mil soldados, quatrocientos de a cauallo, trecientos arcabuseros y trecientos piqueros, y los quales comensó a dar la batalla, mariscal contra Francisco Hernandes. Se rretiraua y huyýa a la fortalesa; le engañaua. Arremetieron todos a ellos pensando que era poca gente. Estando en esto, sale por la puerta falsa cien arcabuseros; por detrás le dieron a los soldados del enperador. Dizen que un solo arcabusero mató cien hombres. Y murió mucha gente de la parte del enperador, y de la parte de Francisco Hernandes murió cinqüenta. Y echó a huyr el mariscal y los demás capitanes y soldados hacia los llanos y fue en ciguimiento Francisco Hernandes. De camino hizo muy mucho daño a los ganados. De los dichos prencipales yndios capitanes, el excelentícimo señor capac apo don Martín de Ayala, segunda persona del Ynga, bizorrey destos rreynos Allauca Guanoco, nieto de capac apo Guaman Chaua, Yaro Uilca, el qual está en la prouincia de los Andamarcas, Lucanas y Soras y apo Guasco, Hanan Changa, y don Juan Guaman Uachaca, Lurin Changa, señor y principal, dieron la batalla a Francisco Hernandes en el citio de Uachi Uapiti, Uana Cocha. BATALLA Q[VE] HIZO EN seruicio de su Magestad el excelentícimo señor capac apo don Martín de Ayala, padre del autor, Chinchaysuyo, y apo Uasco, apo Guaman Uachaca, Hanan, Lurin Chanca, con cien soldados y Francisco Hernandes, trecientos soldados. Fue uencido y se huyó. Don Martín Guaman Malque de Ayala, capac apo, segunda persona del Ynga y su bizorrey destos rreynos, el excelentícimo señor, duque deste rreyno, y don León Apo Uasco, Hanan Changa, y don Juan Guaman Uachaca, Lurin Changa del pueblo de Andaguaylas y de su prouincia, dieron la batalla con sus personas en seruicio de su Magestad con Francisco Hernandes Girón, traydor. Y de la uanda de los señores prencipales tenía cien soldados yndios y de la uanda de Francisco Hernandes, quatrocientos, trecientos españoles y cien yanaconas [criados] mestisos y molatos. Dieron la batalla junto a Uata Cocha, Ura Yauma, Uanca Cocha, en el alto de Uacha Uapite. Y murió de los traydores los soldados ducientos hombres y los demás echaron a huyr cada uno por su camino. El dicho Francisco Hernandes se fue cin armas muy pobre con seys capitanes y no llebó más gente y fue por el camino rreal del Ynga. Fue a Quilcata, Ura Pampa, Yauar Pampa, Caracha, Chocllo Cocha, Asto Puti. Y llegó a Uanca Bilca y dallí se fue a Bilcabamba, dallí a la estancia de los Chongos, da donde le prendieron muy pobrécimo, desnudo, cin armas. Y por testigo de la batalla de los prencipales en seruicio de su Magestad, hasta agora está sus señales y güesos de los dichos cauallos. Y fue huyendo y diciendo que los dichos principales y a sus yndios le a de matalle y en sus pueblos auían de senbrar sal y criarse uenados y sorras y leones para memoria que no auía tenido guerra ni batalla, cino con el rrey enperador por los yndios y tributo. Y ací se fue por Uata Cocha y llegó a Xauxa cin pólbora ni pelota. Y ací le prendió como a muger los yndios Guancas. APO ALANIA, CHVQ[VE] LLANqui , Hanan Uanca, Guacra Guaman, Lurin Guanca, Cucichac, Xauxa, prendió a Francisco Hernandes con sus seys soldados capitanes que halló cin arma y muy pobre. FIN DE LA CONQVISTA: Apo Alanya, Chuqui Llanqui, Hanan Guanca, Apa Guaccra Paucar, Lurin Guanca, Cucichac, Xauxa, prendió a Francisco Hernandes Girón con los dichos sus seys capitanes que le halló muy pobre cin armas ni pólbora ni peloto, questauan en una chosa, chuclla, de llama miche [pastor de llamas]. Y le prendió como a muger. Se entregó a las manos de los yndios Guancas del ualle de Xauxa. Y dallí les lleuaron a la ciudad de los Reys de Lima. Llegado, fue sentenciado a cortar la cauesa de Francisco Hernandes y a los demás, ahorcados y quartezados. Y se hizo justicia en ellos y lo pucieron las dichas cauesas con los demás traydores y se executó en ellos. Y ancí se acabó la rrebelación contra la corona rreal. Desde el encuentro de los dos ermanos Uascar y Ataguarpa treynta y dos años, y luego desde la conquista deste rreyno y todo el alsamiento contra la corona rreal de los traydores don Francisco Pizarro, don Diego Almagro el biejo como el moso, y Gonzalo Pizarro, Caruajal y Francisco Hernandes Girón y los demás con ellos, y conquistarse entre ellos y entablar y hasta auer buena justicia, auía durado ueynte y quatro años este dessociego y pistelencia y alboroto. De querer de pobre hazerse señor no quizo Dios. Y desde el descubrimiento a ciento y cinqüenta años y desde la conquesta a ciento y doze años desde que se cuenta desde 1613 del nacimiento del Señor. Que toda las cosas son de Dios y del rrey nuestro señor, que Dios le guarde, y los dichos tienpos y años lo sabe Dios, aunque se dize la astrología como los astrólogos lo escriuieron, como lo escriuió los apóstoles de Jesucristo, como el apóstol primer dotor Deudorito, muy antigo dotor de la yglecia, obispo, y otros hombres sabios que fueron alumbrados con la gracia del Espíritu Sancto, para que Dios nos muestre sus secretos que hizo en el cielo, en la tierra, en el ynfierno, lo del cielo para poblarnos, lo del mundo para alaualle y dalle gracias por ellas, lo del ynfierno para castigar a los malos y le temamos del castigo y mala tierra que crió Dios. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] tkfbxcdi2wdbma74acztu4v3dm28v1d Nueva corónica y buen gobierno/Fin de la Nueva corónica y buen gobierno 0 74484 1665654 1199109 2026-06-21T01:21:50Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]]: Robot: página trasladada 1199109 wikitext text/x-wiki {{DH}} {{encabezado |título= [[Nueva corónica y buen gobierno]]<br> Fin de la Nueva corónica y buen gobierno |autor=Guamán Poma de Ayala |sección= }} FIN DE LA COrónica nueua y buen gobierno de este rreyno acauada por don Felipe Guaman Poma de Ayala, príncipe, autor de las Yndias del rreyno del Pirú de la ciudad y medio de San Cristóbal de Suntunto, Nueua Castilla, de la prouincia de los Andamarcas, Soras, Lucanas de la corona rreal. De la ciudad de los Reys de Lima, corte rreal y cauesa del Pirú, se presentó ante los señores ... 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es justo, Buenas palabras y acciones. <>{{menor|OTRA.}} :La honradez, bien soberano, Mil disgustos ocasiona; Pero al fin, tarde ó temprano Alcanza digna corona.}} [[Archivo:Cuentos de hadas 23 pie.png|center|frameless|upright=.5]]<noinclude></noinclude> qk3xqixfo7ansrn2swfa7jzn2ofji1x Abrojos/Prólogo I 0 126369 1665679 1639236 2026-06-21T01:33:50Z NinoBot 46867 argumentos duplicados 1665679 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=Abrojo I |autor=[[Rubén Darío|Rubén Darío]] |notas= |anterior = |sección = [[Abrojos/Prólogo I|Prólogo I]] |próximo = [[Abrojos/Prólogo II|Prólogo II]] |sección = [[Abrojos/Prólogo I|Prólogo I]] |próximo = [[Abrojos/Prólogo II|Prólogo II]]}} <div style='text-align:justify'> Sí, yo he escrito estos Abrojos<br> tras hartas penas y agravios,<br> ya con la risa en los labios,<br> ya con el llanto en los ojos.<br> Tu noble y leal corazón,<br> tu cariño, me alentaba<br> cuando entre los dos mediaba<br> la mesa de redacción .<br> Yo, haciendo versos, Manuel,<br> descocado, antimetódico,<br> en el margen de un periódico,<br> o en un trozo de papel;<br> tú , aplaudiendo o censurando,<br> censurando y aplaudiendo<br> como crítico tremendo,<br> o como crítico blando.<br> Entonces, ambos a dos,<br> de mil ambiciones llenos,<br> con dos corazones buenos<br> y honrados gracias a Dios,<br> hicimos dulces memorias,<br> trajimos gratos recuerdos,<br> y no nos hallamos lerdos<br> en ese asunto de glorias.<br> Y pensamos en ganarlas<br> paso a paso y poco a poco...<br> Y ya huyendo el tiempo loco<br> de nuestras amigas charlas,<br> nos confiamos los enojos,<br> las amarguras, los duelos,<br> los desengaños y anhelos...<br> y nacieron mis Abrojos.<br> Obra, sin luz ni donaire,<br> que al compañero constante<br> le dedica un fabricante<br> de castillos en el aire.<br> Obra sin luz, es verdad,<br> pues rebosa amarga pena;<br> y para toda alma buena<br> la pena es oscuridad.<br> Sin donaire, porque el chiste<br> no me buscó, ni yo a él;<br> ya tú bien sabes, Manuel,<br> que yo tengo el vino triste. [[Category:ES-R]] [[Category:Poesías de Rubén Darío]] [[Categoría:Poesías]] 68g2t8h8ngamex4whd8yna187tr92q5 Página:En las Orillas del Sar.djvu/239 102 129576 1665723 1215440 2026-06-21T01:45:09Z Ignacio Rodríguez 3603 no sé dónde está el error de sintaxis... 1665723 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="4" user="Freddy eduardo" />{{RH||ÍNDICE|199}}</noinclude>{{icp|n=2|nfila1=1|ancho=30em |<noinclude>{{d|Páginas.|x-menor|subrayado}}</noinclude> |[[Aún otra amarga gota en el mar sin orillas]]|153 |[[Tú para mí, yo para ti, bien mío]]|157 |[[Tiemblan las hojas, y mi alma tiembla]]|159 |[[No va solo el que llora]]|161 |[[¡La copa es de oro fino!]]|163 |[[¡Ea!, aprisa subamos de la vida]]|165 |[[Yo no he nacido para odiar, sin duda]]|167 |[[Cayendo van los bravos combatientes]]|169 |[[Viendo que, semejantes a las flores]]|171 |[[Más rápidos que el rayo]]|173 |[[Hora tras hora, día tras día]]|175 |[[Tan sólo dudas y terrores siento]]|177 |{n 1}{{altura}} |{{may|Apéndice}}|179 |:[[«En las orillas del Sar», poesías por D.ª Rosalía Castro de Murguía]]|181 |:[[Una precursora]]|189 }}<noinclude></noinclude> f5inr4j57vjohklp9z025cv8sw2e361 ¡Orientales y basta! 0 132323 1665671 1640363 2026-06-21T01:24:16Z Ignacio Rodríguez 3603 1665671 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Cartas de un flojo]] |sección¡Orientales y basta! |autor=[[Florencio Sánchez]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> <poem> Mi querido amigo: <p>Mucha paciencia te pido y que conserves quedas las manos y la lengua. Si no te sientes con fuerzas para hacerme esa concesión renuncia a leer estas líneas, rómpelas y hazte la cuenta de que como tantas otras, he dejado sin respuesta la última tuya. Porque si tanto te ha mortificado mi anterior apreciación acerca de los orientales, tus compatriotas -y los míos, si el hecho de nacer y educarme en la pintoresca Montevideo determina tal afinidad, de lo cual no estoy muy convencido,- me imagino el efecto que las verdades de a puño que aquí pienso estampar, te producirán, y me asalta el temor de que me sueltes, a pedirme cuenta de mi osadía, a ese charrúa que tienes adentro, y que parece haberse parapetado en el espíritu de la mayoría de los orientales, desalojado de los breñales del terruño, para asestar a la Conquista sus últimos tiros de boleadoras.</p> <p>Es cierto que fue bastante hiperbólico mi calificativo de suizos a los orientales, pero sujeta al indio, y óyeme. Si me cantabas con gran alborozo que en el ejército conquistador de la China formaban varios orientales, que otros compatriotas peleaban heroicamente al lado de Krüger, y que hasta en la revolución colombiana un hijo de Montevideo mantenía bien alto el pabellón de las nueve listas, echando a vuelo las campanas de tu recocijo ante la inmensa honra que estos hechos reflejan sobre la pequeñita tierra uruguaya ¿cómo no apagar tus entusiasmos? ¿Cómo no llamarte al orden, poniendo las cosas en su lugar para hacerte comprender que la exportación de semejantes productos desacredita una plaza; que nada ganamos con que en Transvaal o en Colombia o en la China se sepa que los orientales, -si es que por tales y no por americanos como ha de suceder, distínguense esos aventureros,- son más o menos arrojados, y por último, que es triste, muy triste, que un pais quiera imponer a la consideración humana la más inútil, la mas despreciable, la más estúpida de las funciones orgánicas de sus habitantes?</p> <p>¿He dicho un país? Y lo sostengo, puesto que no se me ha de negar que así como un pueblo vive orgulloso con la producción cerebral de sus hijos o la excelencia de sus manufacturas, la vanidad nacional uruguaya más que sobre otra cosa, se afirma en el desamor al pellejo de los descendientes de Artigas y Goyo Suárez.</p> <p>Por aquí se dice: “Orientales y basta”, y ahí ustedes se llenan la boca con la frase “Orientales y basta!” Ya se sabe que a patriotas y a guapos, nadie les pisa el poncho. Sobre todo a guapos. Se les podrá negar cualquier otra condición, sin que se ofendan mayormente, pero al que se atreva a decir que tienen el cuero para negocio, si no le demuestran prácticamente lo contrario, a puñetazo limpio, para convencerlo de su crasísimo error, le paran un rodeo con los bravos 33, y los defensores de Paysandú, y los mártires de Quinteros, y los hermanos Valiente y cuantos Juanes, Pedros y Diegos han sido héroes y víctimas de los centenares de jornadas sangrientas que han saturado el espíritu nacional de tan belicosas gallardías.</p> <p>El calificativo de flojo tiene mayor fuerza denigrativa entre los orientales que en cualquier parte del mundo. Es menos despreciable un ratero que un maula. Fulano podría ser inteligente, pero no ha peleado nunca, ni siquiera ha estado en una patriada. En cambio a Zutano el fragor del combate le vigorizó el cerebro, y el olor a sangre humana le despejó el espiritú. Lo recibió bruto y nos lo devolvió casi sabio la guerra.</p> <p>Cierta vez dos escritores se trabaron en agria polémica por si el uno se había portado mejor que el otro en tal batalla. ¿Los recuerdas? Daniel Muñoz y Eugenkio Garzón. Pujaban por su reputación intelectual...<br> De los periodistas, Fulano es el mejor porque insulta y se queda en guardia blandiendo la hoja de su facón veterano. Zutano, que vierte ideas sobre el papel sin agresivos desplantes... Zutano, es un “poroto”. Y de los hombres públicos son líricos, si no desvergonzados y camanduleros, los que predican la fraternidad, y avezados estadistas, aquellos que pueden ostentar en sus cuerpos mayor número de melladuras y cicatrices ganadas en las cuchillas de la patria. Oh, las cuchillas de la patria!</p> <p>Me atrevo a afirmar que hoy hemos menester bañar en esa maravillosa pila sacramental nuestras molleras catecúmenas para ser ungidos filósofos y sabios, artistas y poetas, financistas y hombres de estado, y hasta me sospecho que de sus vertientes ha de emanar una purificadora legía que limpie las roñas humanas, pues más de un caso conozco de truhanes que han vuelto de una patriada convertidos en honestos y beneméritos ciudadanos.</p> <p>De modo, pues, que miramos al través del valor las condiciones buenas o malas de cada individuo, como a través de los cristales de un anteojo de teatro; aunque con la variante de que para observar las últimas, las malas, invertimos el aparato. Y de ahí que Fulano, aunque blanco, no sea tan mala persona si se ha fogueado en los campos de batalla, y el colorado Zutano merezca la consideración de sus contrarios si ha sido capaz de tamaña bizarría. Unos a otros se miran con el anteojo vuelto.</p> <p>¿Que se han quedado “épatés” los porteños con nuestras frecuentes asonadas? Ya lo creo. Como que en esta tierra no se hace otra cosa que alabar el coraje oriental. Tienen tanto - me decía uno de ellos – que cuando han comentado bastante los episodios heroicos de una revuelta, preparan otra para tener después de qué conversar. Y yo no protesté de la ironía, y te aseguro que escucharla después de recibir tu carta con la pregunta transcripta, alborozado le estrecho al hombre los cinco y le digo: Usted, usted sí que nos adivina! Métase en aquella tierra, observe un poco y póngase inmediatamente a escribir la mas entretenida de las apologías!</p> <p>Porque como tú, piensan todos, casi todos los orientales. “Epater” a los mortales que no han tenido la dicha de nacer a la sombra de los talas de la patria chica, con su arrojo, con su altivez, con su amor al terruño y, por efecto de la terrible suficiencia determinada por tales cualidades, Y no siendo guapos ni patriotas, dejarán de ser políticos.</p> <p>Serán entonces más humanos, más generosos; desceñirán de prejuicios el espíritu y no volverán a mirar hacia el Poniente.</p> <p>Hata pronto se despide tu amigo afectísimo,</p> ::::Florencio Sánchez <p>P. D. - Dime. ¿Por qué Roxlo ataca a Garibaldi? Era tan peleador y tan guapo!</p> </poem> [[Categoría:ES-O]] [[Categoría:Ensayos de Florencio Sánchez]] [[Categoría:Ensayos]] [[Categoría:Literatura uruguaya (Títulos)]] egigy7u2pz9d1jrkp5cna0iiilv0sc7 1665678 1665671 2026-06-21T01:24:57Z Ignacio Rodríguez 3603 1665678 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=[[Cartas de un flojo]] |sección=¡Orientales y basta! |autor=[[Florencio Sánchez]] |notas=}} <div style='text-align:justify'> <poem> Mi querido amigo: <p>Mucha paciencia te pido y que conserves quedas las manos y la lengua. Si no te sientes con fuerzas para hacerme esa concesión renuncia a leer estas líneas, rómpelas y hazte la cuenta de que como tantas otras, he dejado sin respuesta la última tuya. Porque si tanto te ha mortificado mi anterior apreciación acerca de los orientales, tus compatriotas -y los míos, si el hecho de nacer y educarme en la pintoresca Montevideo determina tal afinidad, de lo cual no estoy muy convencido,- me imagino el efecto que las verdades de a puño que aquí pienso estampar, te producirán, y me asalta el temor de que me sueltes, a pedirme cuenta de mi osadía, a ese charrúa que tienes adentro, y que parece haberse parapetado en el espíritu de la mayoría de los orientales, desalojado de los breñales del terruño, para asestar a la Conquista sus últimos tiros de boleadoras.</p> <p>Es cierto que fue bastante hiperbólico mi calificativo de suizos a los orientales, pero sujeta al indio, y óyeme. Si me cantabas con gran alborozo que en el ejército conquistador de la China formaban varios orientales, que otros compatriotas peleaban heroicamente al lado de Krüger, y que hasta en la revolución colombiana un hijo de Montevideo mantenía bien alto el pabellón de las nueve listas, echando a vuelo las campanas de tu recocijo ante la inmensa honra que estos hechos reflejan sobre la pequeñita tierra uruguaya ¿cómo no apagar tus entusiasmos? ¿Cómo no llamarte al orden, poniendo las cosas en su lugar para hacerte comprender que la exportación de semejantes productos desacredita una plaza; que nada ganamos con que en Transvaal o en Colombia o en la China se sepa que los orientales, -si es que por tales y no por americanos como ha de suceder, distínguense esos aventureros,- son más o menos arrojados, y por último, que es triste, muy triste, que un pais quiera imponer a la consideración humana la más inútil, la mas despreciable, la más estúpida de las funciones orgánicas de sus habitantes?</p> <p>¿He dicho un país? Y lo sostengo, puesto que no se me ha de negar que así como un pueblo vive orgulloso con la producción cerebral de sus hijos o la excelencia de sus manufacturas, la vanidad nacional uruguaya más que sobre otra cosa, se afirma en el desamor al pellejo de los descendientes de Artigas y Goyo Suárez.</p> <p>Por aquí se dice: “Orientales y basta”, y ahí ustedes se llenan la boca con la frase “Orientales y basta!” Ya se sabe que a patriotas y a guapos, nadie les pisa el poncho. Sobre todo a guapos. Se les podrá negar cualquier otra condición, sin que se ofendan mayormente, pero al que se atreva a decir que tienen el cuero para negocio, si no le demuestran prácticamente lo contrario, a puñetazo limpio, para convencerlo de su crasísimo error, le paran un rodeo con los bravos 33, y los defensores de Paysandú, y los mártires de Quinteros, y los hermanos Valiente y cuantos Juanes, Pedros y Diegos han sido héroes y víctimas de los centenares de jornadas sangrientas que han saturado el espíritu nacional de tan belicosas gallardías.</p> <p>El calificativo de flojo tiene mayor fuerza denigrativa entre los orientales que en cualquier parte del mundo. Es menos despreciable un ratero que un maula. Fulano podría ser inteligente, pero no ha peleado nunca, ni siquiera ha estado en una patriada. En cambio a Zutano el fragor del combate le vigorizó el cerebro, y el olor a sangre humana le despejó el espiritú. Lo recibió bruto y nos lo devolvió casi sabio la guerra.</p> <p>Cierta vez dos escritores se trabaron en agria polémica por si el uno se había portado mejor que el otro en tal batalla. ¿Los recuerdas? Daniel Muñoz y Eugenkio Garzón. Pujaban por su reputación intelectual...<br> De los periodistas, Fulano es el mejor porque insulta y se queda en guardia blandiendo la hoja de su facón veterano. Zutano, que vierte ideas sobre el papel sin agresivos desplantes... Zutano, es un “poroto”. Y de los hombres públicos son líricos, si no desvergonzados y camanduleros, los que predican la fraternidad, y avezados estadistas, aquellos que pueden ostentar en sus cuerpos mayor número de melladuras y cicatrices ganadas en las cuchillas de la patria. 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Copia |- |'''[[Elementos de moral]]''' || [[Adolphe Franck]] || 1873 || 214 || {{at|Elementos de moral - IA elementosdemoral00fran.djvu}} |} {{ORDENAR:Hachette}} 2ru0jsfr50lh3u8er3vhh72lwfxi2yy Portal:Casa Jacobo Peuser 100 133692 1665231 1487450 2026-06-20T15:07:07Z Ignacio Rodríguez 3603 -obsoleto 1665231 wikitext text/x-wiki {{Imprenta |nombre=Casa Jacobo Peuser |dirección=Buenos Aires — La Plata — Rosario }} {|class="wikitable sortable" |+ align="center" style="background:DarkSlateBlue; color:white"|'''Imprenta, Litografía, Librería y Encuadernacion de J. Peuser''' |- !style="background-color:#FFFFFF;" align="center" |Título !! Autor(es) !! Año !! Páginas !! Copia |- |'''[[Flores y Perlas]]''' || [[Autor:Edelmiro Mayer|Edelmiro Mayer]] || 1886 || 98 || [[Índice:Flores y perlas - Edelmiro Mayer.pdf|Índice]] |- |'''[[Sonetos (Leopoldo Díaz)|Sonetos]]''' || [[Autor:Leopoldo Díaz|Leopoldo Díaz]] || 1888 || 198 || [[Índice:Sonetos - Leopoldo Diaz.pdf|Índice]] |- |'''[[Antología argentina]]''' || [[Autor:Benigno Teijeiro Martínez|Benigno Teijeiro Martínez]] || 1890 || 490 || {{at|Antología argentina (IA antologaargentin01mart).pdf}} |- |'''[[Cuentos de tropa]]''' || [[Autor:Fortun de Vera|Fortun de Vera]] || 1891 || 406 || {{at|Cuentos de tropa - entre indios y milicios (IA cuentosdetropaenvera).pdf}} |- |'''[[El pasatiempo]]''' || || 1891 || 317 || [[Índice:El pasatiempo. almanaque literario, ilustrado. noticioso 1891.pdf|Índice]] |- |'''[[Campaña y guarnición]]''' || [[Autor:Edelmiro Mayer|Edelmiro Mayer]] || 1892 || 270 || [[Índice:Campaña y guarnicion - E. 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Poema oriental]] |sección=Leyenda de Al-hamar |autor=José Zorrilla }} {{Índice auxiliar|título={{Anclaje+|Índice}}| {{xx-grande|LEYENDA}} {{menor|DE}} {{xx-grande|MUHAMAD AL-HAMAR EL NAZARITA}} REY DE GRANADA {{grande|DIVIDIDA EN CINCO LIBROS}} [[Leyenda de Al-hamar/Libro de los sueños|Libro de los sueños]] <br> [[Leyenda de Al-hamar/Libro de las perlas|Libro de las perlas]] <br> [[Leyenda de Al-hamar/Libro de los alcázares|Libro de los alcázares]] <br> [[Leyenda de Al-hamar/Libro de los espíritus|Libro de los espíritus]] <br> [[Leyenda de Al-hamar/Libro de las nieves|Libro de las nieves]] <br> [[Leyenda de Al-hamar/Epílogo|Epílogo]] }} [[Categoría:ES-L]] [[Categoría:Poesías]] [[Categoría:Poesías de José Zorrilla]] [[Categoría:Leyendas]] l4rzyy4h7ljcadihxi18c5a6doznm9r Granada. Poema oriental/01 0 169917 1665707 1511239 2026-06-21T01:35:36Z Ignacio Rodríguez 3603 1665707 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Granada. Poema oriental]] |sección=Tomo primero: «Invocación», Libro primero |autor=José Zorrilla }} {{centrar| {{xxx-grande|GRANADA}} {{grande|POEMA ORIENTAL}} {{línea|2em}} <poem> ''Cristiano y Español, con fé y sin miedo,'' ''Canto mi religion, mi patria canto.'' </poem> }} {{centrar|{{grande|Tomo primero}}}} = Libro Primero: Esposición = == Invocación == <poem> En el nombre de Dios omnipotente Cuya presencia el universo llena, Cuya mirada brilla en el oriente, Nutre las plantas y la mar serena, Canto la guerra en que la Hispana gente Al Africa arrojando á la Agarena, Sell triunfante con la Cruz divina Las torres de la Alhambra granadina. ¡Espíritu de Dios único y trino, Angel custodio dela Fé Cristiana, Unico fuego que del cielo vino, Unica fuente que incorrupta mana, Unico rayo de fulgor divino, Unica inspiracion que soberana Eleva al criador la poesía, Yo invoco tu favor para la mia! Sosten mi voz, mi espíritu aconseja: Mas tolera que en cármen Africano Recoja alguna flor con que entreteja Cairel morisco á mi läud cristiano: Ni juzgues que mi fé de tí se aleja, Si algunas veces del harén profano Las alkatifas perfumadas piso, O invoco á las hurís del paraíso. Voy la gloria á cantar de dos naciones por religion é instintos enemigas, Que, fieles á la par á sus pendones, Prodigaron al par sangre y fatigas, Rojas brotar haciendo sus legiones Con la sangre comun aguas y espigas: Y cual la de las dos corrió mezclada Junta debe su gloria ser cantada. Pues no porque en su límpida entereza Conserve yo la fe de los Cristianos Que hicieron del desierto á la aspereza Volver á los vencidos Africanos, Del vencedor loando la grandeza Trataré á los vencidos de villanos. No: siete siglos de su prez testigos Los dan por caballeros si enemigos. Lejos de mí tan sórdida mancilla: Antes selle mi boca una mordaza Que llame yo en la lengua de Castila A su raza oriental bárbara raza. Jamás: aún en nuestro suelo brilla De su fecundo pié laestensa traza, Y, honrado y noble aún, su sangre encierra Mas de un buen corazon de nuestra tierra. ¡Augusta sombra de Isabel! perdona Si mi ruda cancion osa atrevida, Llegando irreverente á tu persona, Del féretro evocarte á nueva vida. Sé que la gloria que inmortal te abona No puede por mi voz enaltecida Ser: mas yo bajo á tu mansion mortuoia No á engrandecer, sino á adorar tu gloria. Díselo así al católico Fernando, Si en medio de las dichas celestiales Alguna vez, por el Edén vagando, Recordais vuestras glorias terrenales, La oscura tierra desde el sol mirando: Y al escuchar mis cánticos mortales, Mirad á vuestra gloria que me inspira, No al rudo canto de mi tosca lira. Y vosotros, guerreros de Castilla, Honor de sus mas inclitos solares, Nobles condes de Cabra y de Tendilla, Merlos, Téllez, Girones y Aguilares, Cárdenas y Manriques de Sevilla, Fieles Vargas, intrépidos Pulgares, Córdovas generosos de Lucena, Impávidos Clavijos de Baena: Aija la varonil, matrona osada Jamás rendida á su fatal destino: Zoraya, la cautiva renegada, Por cuyos hijos la dicordia vino A derribar el trono de Granada: Moraima la de Loja, á quien su sino Obligó á encomendar sin esperaza Vida y honor á Castellana lanza; Perdonadme tambien si mis canciones, A través de los mármoles tendidos En vuestros solitarios pantëones, Hieren en ronco són vuestros oidos, Sé que merecen mas vuestras acciones Que elogios en mi voz mal atendidos: Mas si, en fuerzas escaso, á tal me atrevo Es por que sé lo que á mi patria debo. Sé que es la empresa donde me he empeñado Dédalo oscuro, inmensurabe abismo, Do solo penetrar han intentado Necia temeridad ó alto heroismo: Conozco que, en mi orgullo, demasiado Fio en mi corazon, fio en mí mismo: Mas supera la fé mi atrevimiento, Y fio en Dios que abonará mi intento. Deliciosos recuerdos de otros dias De honor y de placer, de amor y gloria, Que envuelta en romancescas fantasías Guardais oculta vuestra bella historia, Ecsalada en confusas armonías De himnos de amor y gritos de victoria, Dad á mi corazon, dad á mi aliento Generoso poder, canoro acento. Aguilas que os cerneis con corbo vuelo Sobre el Atlas y el Cáucaso: pastores Que sesteais á la sombra del Carmelo Y bajais al Jordan los baladores Ganados: y vosotros los que en pelo Montais salvages potros voladores, Hijos de los ardientes vendavales Que barren los Egipcio arenales; Tribus perdidas y á las de hoy estrañas, Para quienes la Europa no se ha abierto, Que incendiais al huir vuestras cabañas Y en el Zahara avanzais el paso incierto: Gacelas de las árabes montañas, Aparëadas palmas del desierto, Caravanas errantes á quien ellas Dátiles dan y leche las camellas; Palomas de los cármenes floridos Que bordan las colinas de Granada: Golondrinas leales que los nidos En la Alhambra colgais: enamorada Raza de ruiseñores que escondidos Gorgeais de su bosque en la enramada: Arroyos que, á su sombra, bullidores Lameis su césped y meceis sus flores; Sierras que cubre el sempiterno hielo Donde Darro y Genil beben su vida: Valles salubres, transparente cielo De la Alpujarra aún mal conocida: De Málaga gentil alegre suelo De la hermosura y del amor guarida: Mar azul cuyo lomo cristalino A las quillas de Agar prestó camino: Abridme los tesoros encantados De vuestras glorias mil traicionales; Dadme á beber los que guardais sagrados De inspiracion inmensos manantiales; Germinad en mi mente, no estudiados, Vuestros cantos de amor meridionales, Por que pueda brotar del arpa mia Vuestra oriental y vírgen poesía. De sus cuerdas despréndanse sonoras Esas modulaciones nunca oidas Por los pueblos de Europa, y de las moras Tribus por nuestros pueblos aprendidas; Esas notas ardientes, tentadoras, Que aun hoy por tosca mano repetidas Renuevan en los huertos de la Alhambra La de veloz compás morisca zambra. Venid en torno á mí, generaciones Ateridas del Norte, que con pieles Vestis nuestras moriscas tradiciones, Rasgando sus bordado alquiceles: Venid á oirlas en sus propios sones Y lengua original de bocas fieles. Al pobre són de bárbara guitarra Debajo de un peñon de la Alpujarra. Venid, aprendereis del medio dia Cual el orígen es de los cantares Que jamás comprendió vuestra alma fria; Sabreis como entre bélicos azares Nació la abrasadora poesía De nuestros bellos cantos populares: Y en el lujo oriental de su riqueza Considerad su bárbara grandeza. Pues por hijos de bárbaros osada Vuestra historia nos da, sea en buen hora: No esa bárbaa estirpe renegada Será por mí; mas á admirar ahora Venid el rastro que dejó en Granada La ilustracion de nuestra estirpe mora: Y en el lujo orietal de su riqueza Adorad nuestra bárbara grandeza. Si: yo os voy á contar la historia bella De esos á quien llamais fieros salvages, Y fio en Dios que entendereis por ella Que puede desreciar vuestros ultrages Quien Alhambras dejó sobre su huella, Quien labró fortalezas como encages, Y quien colmó por cóncavo arecife Las albercas del real Jeneralife. Yo os voy á hablar del mágico recinto De esta por ellos habitada tierra, Y á mostraros lo que este laberinto De jardines y alcázares encierra. En llanto y sanger le dejaron tino, Pero tan fertil con su amor y guerra, Que la flor mas silvestre aromatiza Y el ms vulgar recuero poetiza. Yo os haré ver, de nácar, conch y oro Sobre arcos, sus balsámicos pensiles, Do brotan junto al cedro el sicomoro, Junto al nudoso abeto las gentiles Palmeras, junto al álamo inodoro El plátano aromado, las sutiles Hebras de la ancha pita entre rosales, Y el fragante limon entre nopales. Yo os haré ver su pueblo primitivo Mitad rudo pastor mitad guerrero, Cuyo robusto labrador activo, Cambiado en la ocasion en caballero, Lidió, velóz Numida al golpe esquivo, Con el ginete colosal de acero; Y aplazando con él treguas estrañas Corrieron toros y jugaron cañas. Yo os haré oir sus cuentos populares Y sus caballerescas tradiciones En torno y al calor de sus hogares; Vendreis á sus nocturnas reuniones Conmigo, sus combates singulares Juzgareis, sus civiles disensiones Lamentareis, saldreis á sus campañas Y testgos sereis de sus hazañas. Vendreis á sus palacios construidos Para la guerra á un tiempo y los placeres, Y leereis en sus muros, revestidos De miniaturas de oro en caracteres Con sacra fé caballeresca unidos Los nombres de su Dios y sus mugeres: Sin que halleis en la casa que fué suya Nada que en pró de su saber no arguya. De fakíes, de reyes, y vasallos Os contaré losgozos y las cuitas: Os haré penetrar en sus serrallos Y asistir á sus rondas y á sus citas: Y sus muebles, sus armas, sus caballos, Sus bazares, sus baños, sus mezquitas, Desde el hogar hasta la móvil tienda, Todo lo vais á ver en mi leyenda. Que es del poeta grande á maravilla El poder, y radiante su mirado, Como un fanal que las disipa, brilla En las tinieblas de la edad pasada. Venid, pues: con las lanzas de Castilla Os voy á conducir hasta Granada: Y, á pesar de sus fieros Africanos, En la Alhambra entrareis con los Cristianos. Tal es, tan grave, tan inmensa y alta La empresa nueva y colosal que intento: Tal es la altura que atrevido asalta Descarriado tal vez mi pensamiento; Mas si del vuelo en la mitad me falta Fuerza al impulso ó á las alas viento, Siempre sabré sin deshonor que, en suma, No me faltó el valor, sinó la pluma. ¡Tierra orienal, mansion de la alegría, Favorita del sol y de las flores, Santuario del valor, cuna del dia, Paraíso del ocio y los amores, Tesoro y manantial de poesía! Voy á cantar tu gloria y tus primores. ¡Tierra de bendicion, al cielo santo Pide la suya tú para mi canto! ¡Salve, ciudad del sol, Granada bella, Amor de Boabdil, huerto florido Que entre nieves esteriles descuella, Taza de nardos, de palomas nido, Diamante puro que sin luz destella, Edén entre peñascos escondido, Ilusion de esperanza y sueño de oro Que alhaga aún al corazon del Moro! ¡Salve, vergel en donde el alba nace Y donde el sol poniente se reclina, Donde la Niebla en perlas se deshace Y las perlas en plata cristalina: Donde e placer sobre laureles yace Y Dios sonrie y la salud domina! Divino objeto de mi canto rudo, Yo al empezar mi canto te saludo. Heme aquí, vueltos hácia tí los ojos, Descubierta al nombrarte la cabeza, Con amoroso afán puesto de hinojos, Rendido adorador de tu belleza, Ofrecerte mis cantos por despojos Si dignos son de tu inmortal grandeza; Tiendeme, pues, bellísima Granada, Al elevar mi voz una mirada. Y ¡plegue á Dios que mi amoroso acento, Por cima de los montes y los mares, Lleve á tu Alhambra sonoroso viento Que armonía mejor dé á mis cantares! Y si te dan á ti contentamiento Y algun premio por ellos me buscares, Dame á tu vez ¡oh flor de mis amores! Sepultura al morir entre tus flores. </poem> {{Granada. Poema oriental}} [[Categoría:Granada. Poema oriental]] 0lprp54vyu8sr0z63g4sw2vm7p67ewq Granada. Poema oriental/03 0 169919 1665708 1511245 2026-06-21T01:35:49Z Ignacio Rodríguez 3603 1665708 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Granada. Poema oriental]] |autor=José Zorrilla |sección=I, «El camarín de Lindaraja», Libro segundo, }} = Libro segundo: «Las sultanas» = == I. El camarín de Lindaraja == <poem> Era una noche azul, pura, serena Del fructífero mayo, perfumada Con el aroma de sus flores, llena De la armonía mística ecsalada Por las áuras y fuentes, que en la amena Soledad de los bosques y los huertos Misteriosas susurran, y alumbrada Por la luna creciente con inciertos, Trémulos y argentinos resplandores: Era una noche, en fin, de esas hermosas Noches de paz, inspiracion y amores, En que derrama Dios sobre Granada, Africana dormida entre las rosas, Los rayos de sus ojos creadores Y el áura de su aliento embalsamada: La misma noche en que Don Juan de Vera Huésped del Moro en sus palacios era. Y era un régio y magnífico aposento De la oriental Alhambra, donde el oro, El cobalto y el nácar, en labores Mágicas trabajadas á lo moro, brillaban desde el techo al pavimento, A los suaves y tímidos fulgores Que una aromada lámpara esparcia Que en una taa de alabastro ardia. A un lado de esta cámara ostentosa Y por bajo de un arco que cubría Damasquino tapíz, se abría paso Una estrecha y cruzada galería, Formada de esta estancia por el muro Y un balcon, por do entraba misteriosa De los astros la luz, el aire puro Y el són del agua que, en raudal escaso, Vertia Darro por el valle oscuro. El suelo de esta estancia deliciosa Era de blanco mármol, á pedazos Cubierto de alkatifas argelinas Y cojines de raso azul y rosa: Sus puertas se cerraban con cortinas De telas de oro y seda, que con lazos Broches y trenzas de ámbar y corales, Se recogian en profusos pliegues Al gusto de los pueblos orientales: Y en el segundo cuerpo de los muros Se abrian dos moriscos agimeces De esquisita labor y árabes, puros, Elegantes contornos Y calados y espléndidos adornos. Tras de sus celosías iba á veces El Rey ocultamente, de sus serios Afanes esquivándose un instante, A sorprender los íntimos misterios De las mujeres moras De esta cámara real habitadoras; Gozando así en secreto Desde aquellas arábigas ventanas Las voluptuosas danzas, las moriscas Cántigas y nocturnas diversiones A que, con sus esclavas y odaliscas, Se entregaban alegres las sultanas. El balcon, que en el fondo De la estancia se abria Mas allá de la estrecha galería, Era otra especie de ajimez, labrado Con el mas esquisito y rico adorno Por arquitectos Moros inventado: Y un deleitoso camarin fingía, Cuyas ventanas rodëaba en torno De cedro una movible celosía. Era pues el balcon de aquella estancia Régia y maravillosa Un mirador calado, que aspiraba De su ajimez morisco por los huecos, De los vecinos huertos la fragancia, La música del agua rumorosa, Que en la sombra corria, Y el canto de las aves que albergaba La arboleda del rio, y cuyos ecos Murmurador el aire allí traía. Entre este camarin y este aposento, Con caracteres de oro (en una faja De púrpura y azul que se tendia Por bajo el circular cornisamento Del ajimez) escrito se veia Un rótulo miniado, que decia: «{{may|Mirador de la hermosa lindaraja:}}» Y á fé que el mirador es un portento De la elegante arquitectura mora Y un santuario de amor y poesía: Regalo al fin de un árabe opulento A la mujer feliz que le enamora. En esta régia cámara moruna, De aquella hermosa noche en las primeras Horas, al suave claro de la luna Y al rumor de las ráfagas ligeras Que entraban por las árabes ventanas, Yacia, al parecer sin pena alguna, Hada gentil de su mansion divina, La mas bella y feliz de las sultanas Que habitaron la Alhambra Granadina. Los mullidos cojines, apilados Bajo su cuerpo leve, sostenian Muellemente sus miembros delicados: Sus perezosos brazos se tendian sobre la pluma sin vigor: caian Sus rizos de la faz por ambos lados Sobre sus blancos hombros: ancho, lleno, Del morisco jubon bajo la seda, Al aspirar con álitos pausados, Se dibujaba su redondo seno Cual dos montones de apretada nieve Que en la redonda copa de ancho pino El aire cuaja lento y manso mueve: Y á través del calzon, de cuyo lino Los pliegues mil su cuerpo peregrino Ceñian, bien bajo el tejido leve Podianse admirar, y á pesar de ellos, De su cintura y muslo alabastrino La pura tez y los contornos bellos. Su enano pié calzaban Chinelas de brocado: sus tobillos Ajorcas primorosas adornaban Hechas de gruesas perlas, que horadaban Por su grueso mayor áureos arillos: Sus brazos dobles sartas de corales, Sus orejas riquísimos zarcillos: Y, á usanza de las Moras principales, Ostentaba sus uñas nacaradas Con azul costosísimo miniadas. Era en verdad bellísima la Mora, Y merecía bien tanta riqueza, Y ser de tal estancia moradora, Y mandar con despótica entereza, Y obedecida ser como señora. Una mirada de sus negros ojos Mas que un alcázar para el Rey valía: Por solo un beso de sus labios rojos Una ciudad frontera vendería: Por el mas infantil de sus antojos La cabeza mas noble inmolaría: No tenía su amor precio ni raya En la alma de Muley —Es la Zoraya. Es ella, la sultana favorita Que á solas en su cámara le espera: Y aunque parece que feliz dormita Y que nada la ocas, ni la altera, Secreto afán su corazon agita Y sueña… ¡como sueña la pantera Con la sangre caliente En que espera aplacar su sed ardiente! Entoldada la luz de sus pupilas Con los cerrados párpados conserva, Sus facciones inmobles y tranquilas: Grata molicie al parecer la enerva: Pero su corazon guarda un intento Harto feroz, cuya aficion proterba Se oculta en su reposo soñoliento Como un áspid letal bajo la yerba. Imágen bella, voluptuosa y pura De las hurís que colocó Mahoma En su eternal Edén, por su hermosura Parecia una cándida paloma En la forma ideal de su figura: Un cuerpo de mujer en que se encierra El puro sér de un ángel, á la oscura Region mortal de nuestra baja tierra Enviado, á perfumarla con su aroma Y á derramar en ella su ventura. Pero la torba luz de su mirada, La cortina de sombra que en su frente Tiende su ceño cuando mira airada, La contraccion apenas perceptible Con que el estremo de su labio ardiente Arruga su sonrisa, De la escondida peligrosa hoguera Que arde en su doble corazon avisa, Y en la faz de la Mora Con resplandor siniestro reverbera. Muley por su belleza seductora ''Luz de la aurora'' la llamó… y tal era La luz de este ''lucero de la aurora:'' Tal es Zoraya que á Muley espera. Oyose al cabo en el jardin vecino, Bajo el abierto mirador cercano, El dulce són de un cántico africano Que una morisca guzla acompañaba: Són con que la anunciaba de contino La llegada del Rey atenta esclava. Estremeció los miembros de la Mora Movimiento nervioso: mas tan leve Que resbalar no hizo Por su cuello, mas blanco que la nieve, El mas ligero descompuesto rizo: Ni de su blando lecho Un pliegue solamente descompuso: Ni con respiracion mas presurosa Se hincharon los contornos de su pecho. Inmóvil, silenciosa, Cual si no le sintiera ni aguardara, En su aparente sueño y perezosa E incentiva postura Dejó la hermosa que Muley llegara El veneno á beber de su hermosura. Envuelto en su alquicel, bajo el plegado Pabellon de la azul tapicería, Apareció Muley: tendió callado Una sagaz mirada escrutadora Por sobre cuanto en derredor habia, Y dilató su labio desdeñoso Sonrisa de placer, viendo á la Mora Que sobre los cojines en reposo Con abandono tentador yacía. Llegose á ella y contempló un instante La tranquila espresion de sus facciones, Por milésima vez con ojo amante Recorriendo voráz las perfecciones De aquel cuerpo, velado escasamente Por el leve ropaje transparente Sobre los apilados almohadones. Llegose y admiró bajo la pura Nívea tez, á través de su blancura, La red sutíl de las azules venas, Cuyo tegido transparente indica Que aquella piel purísima y nevada Encubre el alma ardiente y vivifica La complexión fogosa, enamorada, Que á su téz atribuyen las morenas; Y percibió el aroma con que el baño Su cuerpo perfumó, de que las Moras Granadinas usaban todo el año; Y el rumor escuchó, sensible apenas, De su respiracion igual y suave, Y sin poder con su amoroso esceso Sobre su boca de coral, que sabe Y trasciende al alöe de Corinto, Depositó Muley un ámplio beso Que crujió de la estancia en el recinto. Abrió Zoraya los ardientes ojos, Y al fijar su mirada Sobre la fáz del Arabe, cambiada De colérica en tierna, con acento Mas grato que el murmullo soñoliento Que levanta la brisa en la enramada, Díjole, disipando los enojos Que acaso al despertar fingió indignada: «Te esperaba, Señor: aunque dormía «Mi corazon velab, y en mi sueño «La leve huella de tu pié sentia «Que á mis amantes brazos te traia, «Bizarro Amir, de mi ecsistencia dueño.» «Apenas en los altos alminares (Contestola Muley) la voz sonora «Del ''muezin'' anunció la última hora «De la oracion del dia, «A favor de las sombras tutelares «Vengo á tí, manantial del agua pura «En que templa su sed el alma mia: «Y heme á tus piés, {{may|Lucero de la aurora}} «Que me alumbras do quier con tu hermosura. «Llamásteme en secreto, «Sol de mi corazon, y aquí me tienes «A tu absoluta voluntad sujeto. «Habla; ¿que quieres de tu esclavo? ¿Bienes? «Mi reino es tuyo: véndele. ¿Deseas «Regocijos y zambras? Mis juglares «Llama, mis nobles Arabes convoca; «Y aquellos con mil juegos malavares, «Y estos con toros, cañas y tornéos, «En fiesta interminable, libre y loca, «Sácien en Bib-arrambla tus deseos. «¿O tal vez algun vil desventurado «Tu enojo escita? Nómbrale, y aunque haya «Mi amigo sido ó su niñez pasado «Junto á mí, y yo partido mi grandeza «Con él, te juro por tu amor, Zoraya, «Que te embiaré mañana su cabeza.» Decia así Muley, en la locura De la pasion que el alma le devora, Y sonreía oyéndole la Mora De la pasion del Arabe segura. Sus dedos de marfil entre la cana Barba de Hasan con infantil cariño Pasó y con complacencia la Sultana, Dejándola aromada con su mano: Y con caricia tal, própia de un niño, Trajo á sus piés sobre el cojin liviano Trémulo de placer al Africano. Zoraya entónces, su gentil cabeza En el hombro del Moro reclinando, Y el fuerte talisman de su belleza Contra el alma del Arabe empleando, Así le empezó á hablar, el suave aliento De su boca balsámica de intento Hasta la boca de Muley enviando. Diálogo tal entre los dos trabando. {| {{Pt|ZORAYA.|Sabes cuanto te amé. Niña y cautiva Me crié al lado tuyo entre las flores De los jardines de tu Alhambra: esquiva Despues á los alhagos tentadores De tus bizarros nobles Granadinos, Negué mi juventud y mi belleza A cuanto no eras tú con entereza: ¡Sentía ya ligados nuestros sinos! Hizo en tí de los astros la influencia Su efecto al cabo: me encontraste hermosa, Cediste del destino á la sentencia, Y pagaste mi amor, y fuí dichosa. La tierra en que nací y el amoroso Dulce calor del maternal regazo, El acento del padre cariñoso, Su castillo feudal que, en el ribazo De un cerro, se levanta pintoresco Cercado de alamedas, cuyo arrullo Salud le daban y armonía y fresco De despeñadas aguas al murmullo, Todo lo eché por fin de mi memoria: Y, del nombre y la fé de mis mayores Renegando, las puertas de su gloria Perjura me cerré por tus amores.}} {{Pt|MULEY HASAN.|¿Y cuando lo olvidé, luz de la aurora? ¿No comprendí tu abnegacion y entero Mi corazon te dí? Tu eres señora Dél todavía; lo que quieras quiero.}} {{Pt|ZORAYA.|Quiero, Señor, decirte lo que acaso No te deje otro afecto libremente Comprender y juzgar: porque traspaso Los límites tal vez de lo prudente Con tan audáz revelacion; empero Mas que el respeto y la prudencia fuerte Mi cariño por tí, salvarte quiero Aun á peligro de mi própia muerte.}} {{Pt|MULEY HASAN.|¡Salvarme! ¿Y de qué riesgo? Habla.}} {{Pt|ZORAYA.|Un instante Oye en calma, Señor. Yo, que las horas De tu ecsistencia en vela paso amante, Sé por tu bien lo que imprudente ignoras. Tienes, Señor, un hijo cuya estrella A Granada es fatal, segun los sabios Que su horóscopo hicieron.}} {{Pt|MULEY HASAN.|La luz de ella Pende no mas de un soplo de mis labios.}} {{Pt|ZORAYA.|Y el soplo de tus labios solo pende De un acero traidor que en tu garganta Le corte.}} {{Pt|MULEY HASAN.|¿Abú Abdil…?}} {{Pt|ZORAYA.|Señor, atiende.}} {{Pt|MULEY HASAN.|Prosigue.}} {{Pt|ZORAYA.|De él y de su madre es tanta Por reinar la impaciencia que á estas horas, Traidores á su rey y de él parciales, Bajo los techos de las casas moras Se afilan en silencio mil puñales.}} {{Pt|MULEY HASAN.|Sé que Aija…}} {{Pt|ZORAYA.|Me detesta.}} {{Pt|MULEY HASAN.|¡Ay si te mira Solo un momento con semblante torbo!}} {{Pt|ZORAYA.|¡Y ay de tí, si la rábia que la inspira No sofocas, Muley! No será estorbo Yá ni el filial ni el conyugal cariño Para intentar el crímen: la serpiente Da emponzoñados huevos, y el que niño Para su padre fué desobediente, Traidor para su rey será mañana.}} {{Pt|MULEY HASAN.|Desecha tu temor, Zoraya mia: Les conozcoá los dos: mas seá vana Su ostinada ambicion: se ls espía.}} {{Pt|ZORAYA.|¿Pero ignoras, Señor, que está plagada Tu corte de los suyos?}} {{Pt|MULEY HASAN.|Sé sus nombres.}} {{Pt|ZORAYA.|¿Y sabes que propalan por Granada Que Dios está por él?}} {{Pt|MULEY HASAN.|Pero los hombres Crédito no les dán.}} {{Pt|ZORAYA.|Rey, te equivocas: Aly-Athár el de Loja y la Alpujarra Toda con él, sus esperanzas locas Apoyan con la fé y la cimitarra.}} {{Pt|MULEY HASAN.|La fé y mis cimitarras á sus breñas Les volverán.}} {{Pt|ZORAYA.|Te engañas: los villanos Reniegan de su fé, segun las señas, Pues pactan contra tí con los cristianos.}} {{Pt|MULEY HASAN.|Zoraya, sus delirios ha venido A contarte algun loco. Te detestan Y ambicionan reinar: mas nunca han sido Del Nazareno amigos.}} {{Pt|ZORAYA.|Pues se aprestan Los Nazarenos á su voz…}} {{Pt|MULEY HASAN.|¡Patrañas Por derviches lunáticos vertidas!}} {{Pt|ZORAYA.|Empresas ciertas, aunque asaz estrañas: Peligrosas, Muley, mas emprendidas. Yo, por tí en vela, presentí el estrago De este huracán que nubecilla asoma; Sé que es tu hijo y te diran que lo hago Por amor á los mios: pero toma.}} |} Tal diciendo Zoraya, de entre el raso De los blandos cojines Tunecinos, Prevenidos Sin duda para el caso De antemano, sacó dos pergaminos: Y con aquella singular sonrisa En cuya móvil espresion graciosa Algo tal vez siniestro se divisa, A Muley presentóseles la hermosa: Y al tomarles Muley: «Mira, le dijo, «A través de esta tinta venenosa, «El alma de la madre y la del hijo.» Desplegoles Muley, aprocsimándose al vaso de alabastro transparente Donde la luz ardía, demudándose Su semblante al lëer: con ojo ardiente La Mora le espió, de su creciente Cólera apercibiéndose, y su flecha. Viendo herir en el blanco, dulcemente En el mullido lecho reclinándose, Tornó á la antigua calma, indiferente. Mas torbo, mas feróz á cada instante Segun adelantaba en su lectura Se tornaba del Arabe el semblante. Fulguraban sus ojos: insegura Plegaba una sonrisa repugnante Su desdeñoso labio, y la amargura De la hiel que el escrito rebosaba En su lívida fáz amarilleaba. «¡Traidores! dijo al fin, el pergamino Con los crispados dos estrujando. ¡Traidores! En buen hora, en su destino Con ceguedad estúpida fiando, Abrirse intente al poder camino Y astutos formen revoltoso bando: ¡Pero poner por escalon del trono Al Cristiano!… Jamás se lo perdono. Jamás: jamás.» Y con ahogado acento Repitiendo «jamás,» como una fiera Enjaulada, cruzaba el aposento De uno á otro lado, cual si presa fuera De vértigo infernal. Sagaz, atento Y abierto apenas de la Mora el ojo, Por mas que indiferente pareciera, Seguia con afán su movimiento, La progresion pesando de su enojo. De repente Muley frente á la Mora Parose, y cual si en ella se aprestara La cólera á estrellar que en sí atesora el ecsaltado corazon, la dijo Con destemplada voz y cara á cara: «¿Y por qué medios, tan sagaz, penetras Los secretos de Aija y de su hijo? ¿Quién te trajo las llaves Del misterio encerrado en estas letras? Si esto es una verdad ¿cómo la sabes? —«Señor, dijo Zoraya levantando La cabeza con calma, Desecha tu temor, templa tu ira: Quien vendió á Abú Abdil vendió su alma Al padre del pecado y la mentira. Este secreto de tu raza infando Yace en la tumba yá: libre respira, Muley: la esclava te veló tu sueño Y el mensagero vil de esa escritura, Al descolgarse audáz de tu alcazaba Por la torre del agua, sepultura A demandar no más bajó á tu esclava. —¡A tí, Zoraya! —A mí; porque yo vivo Tan solo para tí. —Mas… no comprendo… —¿De qué me sirve, pues, tanto cautivo Como me dás, Muley? De los traidores Argos les hice yo: de ellos aprendo: Y como ellos tambien, compro traidores; Me acechan sin cesar, y les acecho: Tus secretos espian y yo el suyo Bajo á buscar al fondo de su pecho. No tienen mis esclavos otro oficio, Ni Abú Abdil ni Aija un pensamiento Oculto para mí: mi sér, mi vida, Consagrados están á tu servicio. En esos pergaminos te presento La desnuda verdad: está cumplida Mi obligacion. Desde hoy nuestra ecsistencia, Señor, está en tu mano. Lee y lee sin pasion: juzga y sentencia: Castiga justo, ó liberal perdona: Tú eres el soberano: Mas escoge entre el hijo y la corona. En cuenta á mi, señor, yo soy tu esclava; Que en la balanza igual de tu justicia No sea yo jamás peso, ni traba. El noble amor, que abrigo En mi pecho por tí, no es de cristiano Cobarde corazon; yo, pues, contigo Triunfaré ó moriré como Sultana Que tu lecho y tu amor no partió en vano, Amir: por que mi sangre es castellana, Pero mi corazon es africano.» Calló Zoraya y se tornó en el lecho A reclinar tranquila: Y el rey quedó como de mármol hecho Contemplándola, inmóvil y derecho, Dilatada de asombro la pupila. Jamás la vió ni la creyó dotada De corazon tan varonil y entero, Ni sospechó que su alma apasionada Atesorada amor tan verdadero. Indolente, pasiva, abandonada, Henchida la juzgó de amor sincero Siempre: mas siempre tímida, indecisa, Y á toda intriga al parecer agena, Con el cariño de su rey pagada De su dorada esclavitud, precisa Por los preceptos de la fé Agarena. Hombre Muley de cabellera cana Pero de jóven corazon y aliento Heroico y viril, halló contento Un alma varonil en la Sultana. Absorto de ello en el primer momento En crëer vaciló lo que veia: Bajó á su corazon su pensamiento Y ahogó su voluntad con la alegría: Y cuanto mas dudaba Tanto mas en la duda se engreía: Y cuanto mas crecia La inaccion que su sér paralizaba, El fuego del amor que le hechizaba Mas violento en su pecho se encendia. Conocíalo bien la artificiosa Y astuta renegada y contemplando Llegada la ocasion, que codiciosa Preparó en muchos años con constante Mañoso afán y con prudencia mucha, La máscara arrojó de su semblante Y cara á cara se aprestó á la lucha. Ya era Muley su esclavo: sus antojos Leyes eran para él: solo tenía Para adorarla corazon, y ojos Solo para mirar lo que veía Por sus ojos Zoraya. Era ya tarde Para que su razon iluminara Su avasallado corazon: yacia Ciego esclavo á los piés de su señora: Y el monarca despótico, el guerrero Indomable, el leon de las arenas Abrasadas de Zahara, Esclavo de la esclava á quien adora, Era no mas que tímido cordero Amarrado de amor con las cadenas. Pero ¡así estaba escrito, y aun lo llora La gente del desierto que en sus venas La sangre guarda de la raza mora! Por eso fascinado, enloquecido Por su pasion, Muley veia solo De la Mora el amor apetecido Tanto por él, pero jamas el dolo, Mas nunca la ambicio de soberana: Y por eso rendido A tal fascinacion, con ambas manos Tomó los piés enanos De la Mora gentil, y enardecido Por su insana pasion, puso sobre ellos Muchas veces sus labios soberanos. «Sí (esclamó): tú lo has dicho, que conmigo Vencerás ó caerás como sultana: Y has dicho la verdad; tú soberana Conmigo reinarás: yo tel o digo.» Volvió la renegada la cabeza Hácia el Rey otra vez con la sonrisa De un ángel (y la aureola de belleza De una vision que en sueños se divisa Circundaba su fáz), y en el sonoro Idioma de los Arabes le dijo: «Amir, tú eres mi dueño y yo te adoro. Te dije la verdad: mas es tu hijo.» Agolpose la sangre á la mejilla Del rey á estas palabras, y con rabia Concentrada esclamó: «No es hijo mío Quien favor contra mí pide á Castilla. De la palma jamás la dulce sábia Fecundó la mortífera cicuta: No es hijo mío quien mi fé mancilla Y yo, sin vacilar, contra el impío Alzaré de las leyes la cuchilla. —Piénsalo, AMir. —Mi ley es absoluta. —Muley, en su favor habló el destino. —Yo haré mentir la prediccion aciaga, Y su estrella fatal, que nos amaga, Apagaré en mitad de su camino». Reverberaban de Muley los ojos Y chispeaban los ojos de la Mora Con vívidos destellos: Estos de la ambicion devoradora Con el triunfante resplandor, y aquellos Con el torbo fulgor de los enojos. Pasaron todavía unos instante De plática en secreto Uno de otro en los brazos: el objeto De tal conversacion le comprendía El corazon no más de ambos amantes: Solo el susurro de su voz se oía. A poco, de los brazos de la Mora Desprendiéndose el Arabe, embozose En su blanco alquicel y hácia el calado Arco del mirador adelantose. Siguiole hasta el umbral la encantadora Sultana, con un beso regalado Sellando el labio de Muley, quien presto A desaparecer por la escusada Galería la dijo: «Aláh te guarde, Lucero de la aurora. —El te acompañe, amir, dijo Zoraya: Perdona empero al alma enamorada Si duelo te causó. —La llama que arde Inextinguible, inmensa En mi pecho, Zoraya idolatrada, Al amor que en el tuyo se atesora Digna procurará dar recompensa. —Los destinos, Señor… —Yo haré que fijos en tu favor los astros permanezcan: Yo te lo juro, luz del alma mia, Tu reinarás y reinarán tus hijos: Deja que el tiempo corra y ellos crezcan.» Dijo el rey y tomó la galería: Y por verle cruzar el lindo huerto, A donde oculta la escalera baja Y la esclava le espera al entre abierto Postigo, descorrió la celosía Del dorado balcon de Lindaraja Zoraya, y saludole muchas veces, Mientras en el jardin le distinguía Desde los arabescos ajimeces. Y hé aquí que mientras ella contemplaba El jardin, y la espalda al aposento Para mirar á su señor tornaba, Bajo la celosía que se alzaba De una de las ventanas que en el muro Lateral de la cámara se abrían, Sagaz, osado, atento, Como á la voz secreta de un conjuro Asomó un rostro pálido un momento: Un rostro de mujer en que lucian Dos ojos como rayos en lo oscuro. Clavaron estos ojos en la Mora, Vuelta hácia el huerto aún, una mirada Rencorosa, tenaz, devoradora: Y las palabras lúgubres dejando Una á una salir con voz ahogada, Cual sin querer la idéa formulando En la palabra apenas pronunciada, Murmuró la mujer allí asomada: «¿Tú reinarás y reinarán tus hijos, «Porque hará que los astros permanezcan «En tu favor resplandeciendo fijos?… «¡Deja que el tiempo corra y ellos crezcan!» Dijo: y, volviendo el rostro la sultana Hácia el rico aposento, Tornó á desaparecer en un momento El rostro de mujer de la ventana. </poem> {{Granada. Poema oriental}} [[Categoría:Granada. Poema oriental]] 0jr590jsp19e94hru4h7yursucuaawz Granada. Poema oriental/15 0 170112 1665709 1511285 2026-06-21T01:35:59Z Ignacio Rodríguez 3603 1665709 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Granada. Poema oriental]] |autor=José Zorrilla |sección=Tomo segundo, libro quinto }} = Libro quinto = == Introducción == <poem> ¡Escrito estaba así! Dios en su mano Tiene los corazones de los reyes, Y sus profundos cálculos políticos La voluntad de Dios acota siempre. Esa nación, que poderosa nace De las ruinas de aquella que perece, Al mandato de Dios brota y se encumbra Y en alas sólo de su aliento viene. Los pueblos y las razas se renuevan, Devorando el que nace al que fenece. Como en la inundación bajo las aguas Se renueva el país que se sumerge. La gloria y el poder de las naciones Nace, se eleva y cae, cual se suceden Las semillas y frutos de la tierra, Hijas de la estación que les da gérmen. El invierno corona las montañas Con blancas tocas de apretada nieve, Y el aire de sus copos infecundos La lluvia estrae para regar las mieses. Cuna y sepulcro al par de cuanto en ella Vejeta y se consume, nace y muere, Fúnebre ¡á Dios! ó alegre bienvenida Da la tierra á quien parte y á quien viene; Y lo mismo que el manto se desciñe De vida y flores en que A.bril la envuelve, Se despoja insensible de sus pueblos, Y sus razas olvida indiferente. Así han nacido y perecido todos Bajo esta ley universal, y quieren Esplicar los políticos en vano Los misterios del tiempo y de la muerte. ''Mane'', ''Tézel'', ''Farés'', escribió el dedo De Dios de su palacio en las paredes, Y se hundió Baltasar y Babilonia; Y así se hunden los pueblos y los reyes. En vano achaca el sábio á su política El viento que á su ruina les impele: Al pueblo que á su fin mísero toca Su propio peso hacia su fin le vence: Y el rey que nace de su raza el último, Por mucho que afanoso se desvele Por la prez y la gloria de sus pueblos, Al fin sus pueblos y su gloria pierde. Nínive así, Jerusalén y Roma Fueron: y así las razas del Oriente Que encantaron los valles de Granada Fueron: sombra de sauce, inquieta y breve. Aroma de jazmín que dura un día. Humo de mirra que borró el ambiente, Nube formada del vapor del alba Que á los rayos del sol se desvanece. Tal fué Granada: y al dejar sus muros. Filósofa ó fanática su gente «Escrito estaba así!, dijo partiendo, ¡Alahú-akbar! ¡Dios grande, tú lo quieres!» Y yo, que al relatar su última historia, En empolvados libros y papeles Roídos por el tiempo, voy sus hechos Al olvido robando, siento á veces Preñárseme los párpados de lágrimas. Viendo la abnegación de aquellos seres Que al África partieron resignados, Más que á su patria á su crëencia fieles ; Y cuando leo los cristianos libros Que les tratan de bárbaros y aleves, Digo en mi corazón: «Escrito estaba: ¡Alahú-akbar! ¡Dios grande, Tú lo quieres!» Mas volviendo á tomar mi torpe pluma, Y tornando á elevar mi canto débil, Torno al relato de su antigua historia Y vuelvo de Granada á los vergeles. </poem> {{Granada. Poema oriental}} [[Categoría:Granada. Poema oriental]] 0fegd1sj1majy69xuh6vq6etkeinp1p Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres 0 172257 1665404 1374861 2026-06-20T23:40:21Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665404 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres |autor=[[Organización de las Naciones Unidas|ONU]] |más info=[[Archivo:Emblem of the United Nations.svg|frameless|30px]] |nota=Firmada en Washington el 3 de marzo de 1973. Enmendada en Bonn, el 22 de junio de 1979}} Los Estados Contratantes, Reconociendo que la fauna y flora silvestres, en sus numerosas, bellas y variadas formas constituyen un elemento irremplazable de los sistemas naturales de la tierra, tienen que ser protegidas para esta generación y las venideras; Conscientes del creciente valor de la fauna y flora silvestres desde los puntos de vista estético, científico, cultural, recreativo y económico; Reconociendo que los pueblos y Estados son y deben ser los mejores protectores de su fauna y flora silvestres; Reconociendo además que la cooperación internacional es esencial para la protección de ciertas especies de fauna y flora silvestres contra su explotación excesiva mediante el comercio internacional; Convencidos de la urgencia de adoptar medidas apropiadas a este fin; Han acordado lo siguiente: == Artículo I Definiciones == Para los fines de la presente Convención, y salvo que el contexto indique otra cosa: a) "Especie" significa toda especie, subespecie o población geográficamente aislada de una u otra; b) "Espécimen" significa: : i) todo animal o planta, vivo o muerto; : ii) en el caso de un animal de una especie incluida en los Apéndices I y II, cualquier parte o derivado fácilmente identificable; en el caso de un animal de una especie incluida en el Apéndice III, cualquier parte o derivado fácilmente identificable que haya sido especificado en el Apéndice III en relación a dicha especie; : iii) en el caso de una planta, para especies incluidas en el Apéndice I, cualquier parte o derivado fácilmente identificable; y para especies incluidas en los Apéndices II y III, cualquier parte o derivado fácilmente identificable especificado en dichos Apéndices en relación con dicha especie; c) "Comercio" significa exportación, reexportación, importación o introducción procedente del mar; d) "Reexportación" significa la exportación de todo espécimen que haya sido previamente importado; e) "Introducción procedente del mar" significa el traslado a un Estado de especímenes de cualquier especie capturados en el medio marino fuera de la jurisdicción de cualquier Estado; f) "Autoridad Científica" significa una autoridad científica nacional designada de acuerdo con el Artículo IX; g) "Autoridad Administrativa" significa una autoridad administrativa nacional designada de acuerdo con el Artículo IX; h) "Parte" significa un Estado para el cual la presente Convención ha entrado en vigor. == Artículo II Principios fundamentales == 1. El Apéndice I incluirá todas las especies en peligro de extinción que son o pueden ser afectadas por el comercio. El comercio en especímenes de estas especies deberá estar sujeto a una reglamentación particularmente estricta a fin de no poner en peligro aún mayor su supervivencia y se autorizará solamente bajo circunstancias excepcionales. 2. El Apéndice II incluirá: : a) todas las especies que, si bien en la actualidad no se encuentran necesariamente en peligro de extinción, podrían llegar a esa situación a menos que el comercio en especímenes de dichas especies esté sujeto a una reglamentación estricta a fin de evitar utilización incompatible con su supervivencia; y : b) aquellas otras especies no afectadas por el comercio, que también deberán sujetarse a reglamentación con el fin de permitir un eficaz control del comercio en las especies a que se refiere el subpárrafo a) del presente párrafo. 3. El Apéndice III incluirá todas las especies que cualquiera de las Partes manifieste que se hallan sometidas a reglamentación dentro de su jurisdicción con el objeto de prevenir o restringir su explotación, y que necesitan la cooperación de otras Partes en el control de su comercio. 4. Las Partes no permitirán el comercio en especímenes de especies incluidas en los Apéndices I, II y III, excepto de acuerdo con las disposiciones de la presente Convención. == Artículo III Reglamentación del comercio en especímenes de especies incluidas en el Apéndice I == 1. Todo comercio en especímenes de especies incluidas en el Apéndice I se realizará de conformidad con las disposiciones del presente Artículo. 2. La exportación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice I requerirá la previa concesión y presentación de un permiso de exportación, el cual únicamente se concederá una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Científica del Estado de exportación haya manifestado que esa exportación no perjudicará la supervivencia de dicha especie; : b) que una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que el espécimen no fue obtenido en contravención de la legislación vigente en dicho Estado sobre la protección de su fauna y flora; : c) que una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que todo espécimen vivo será acondicionado y transportado de manera que se reduzca al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato; y : d) que una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que un permiso de importación para el espécimen ha sido concedido. 3. La importación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice I requerirá la previa concesión y presentación de un permiso de importación y de un permiso de exportación o certificado de reexportación. El permiso de importación únicamente se concederá una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Científica del Estado de importación haya manifestado que los fines de la importación no serán en perjuicio de la supervivencia de dicha especie; : b) que una Autoridad Científica del Estado de importación haya verificado que quien se propone recibir un espécimen vivo lo podrá albergar y cuidar adecuadamente; y : c) que una Autoridad Administrativa del Estado de importación haya verificado que el espécimen no será utilizado para fines primordialmente comerciales. 4. La reexportación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice I requerirá la previa concesión y presentación de un certificado de reexportación, el cual únicamente se concederá una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Administrativa del Estado de reexportación haya verificado que el espécimen fue importado en dicho Estado de conformidad con las disposiciones de la presente Convención; : b) que una Autoridad Administrativa del Estado de reexportación haya verificado que todo espécimen vivo será acondicionado y transportado de manera que se reduzca al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato; y : c) que una Autoridad Administrativa del Estado de reexportación haya verificado que un permiso de importación para cualquier espécimen vivo ha sido concedido. 5. La introducción procedente del mar de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice I requerirá la previa concesión de un certificado expedido por una Autoridad Administrativa del Estado de introducción. Únicamente se concederá un certificado una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Científica del Estado de introducción haya manifestado que la introducción no perjudicará la supervivencia de dicha especie; : b) que una Autoridad Administrativa del Estado de introducción haya verificado que quien se propone recibir un espécimen vivo lo podrá albergar y cuidar adecuadamente; y : c) que una Autoridad Administrativa del Estado de introducción haya verificado que el espécimen no será utilizado para fines primordialmente comerciales. == Artículo IV Reglamentación del comercio en especímenes de especies incluidas en el Apéndice II == 1. Todo comercio en especímenes de especies incluidas en el Apéndice II se realizará de conformidad con las disposiciones del presente Artículo. 2. La exportación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice II requerirá la previa concesión y presentación de un permiso de exportación, el cual únicamente se concederá una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Científica del Estado de exportación haya manifestado que esa exportación no perjudicará la supervivencia de esa especie; : b) que una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que el espécimen no fue obtenido en contravención de la legislación vigente en dicho Estado sobre la protección de su fauna y flora; y : c) que una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que todo espécimen vivo será acondicionado y transportado de manera que se reduzca al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato. 3. Una Autoridad Científica de cada parte vigilará los permisos de exportación expedidos por ese Estado para especímenes de especies incluidas en el Apéndice II y las exportaciones efectuadas de dichos especímenes. Cuando una Autoridad Científica determine que la exportación de especímenes de cualquiera de esas especies debe limitarse a fin de conservarla, a través de su hábitat, en un nivel consistente con su papel en los ecosistemas donde se halla y en un nivel suficientemente superior a aquel en el cual esa especie sería susceptible de inclusión en el Apéndice I, la Autoridad Científica comunicará a la Autoridad Administrativa competente las medidas apropiadas a tomarse, a fin de limitar la concesión de permisos de exportación para especímenes de dicha especie. 4. La importación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice II requerirá la previa presentación de un permiso de exportación o de un certificado de reexportación. 5. La reexportación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice II requerirá la previa concesión y presentación de un certificado de reexportación, el cual únicamente se concederá una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Administrativa del Estado de reexportación haya verificado que el espécimen fue importado en dicho Estado de conformidad con las disposiciones de la presente Convención; y : b) que una Autoridad Administrativa del Estado de reexportación haya verificado que todo espécimen vivo será acondicionado y transportado de manera que se reduzca al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato. 6. La introducción procedente del mar de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice II requerirá la previa concesión de un certificado expedido por una Autoridad Administrativa del Estado de introducción. Únicamente se concederá un certificado una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Científica del Estado de introducción haya manifestado que la introducción no perjudicará la supervivencia de dicha especie; y : b) que una Autoridad Administrativa del Estado de introducción haya verificado que cualquier espécimen vivo será tratado de manera que se reduzca al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato. 7. Los certificados a que se refiere el párrafo 6 del presente Artículo podrán concederse por períodos que no excedan de un año para cantidades totales de especímenes a ser capturados en tales períodos, con el previo asesoramiento de una Autoridad Científica que haya consultado con otras autoridades científicas nacionales o, cuando sea apropiado, autoridades científicas internacionales. == Artículo V Reglamentación del comercio en especímenes de especies incluidas en el Apéndice III == 1. Todo comercio en especímenes de especies incluidas en el Apéndice III se realizará de conformidad con las disposiciones del presente Artículo. 2. La exportación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice III procedente de un Estado que la hubiere incluido en dicho Apéndice, requerirá la previa concesión y presentación de un permiso de exportación, el cual únicamente se concederá una vez satisfechos los siguientes requisitos: : a) que una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que el espécimen no fue obtenido en contravención de la legislación vigente en dicho Estado sobre la protección de su fauna y flora; y : b) que una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que todo espécimen vivo será acondicionado y transportado de manera que se reduzca al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato. 3. La importación de cualquier espécimen de una especie incluida en el Apéndice III requerirá, salvo en los casos previstos en el párrafo 4 del presente Artículo, la previa presentación de un certificado de origen, y de un permiso de exportación cuando la importación proviene de un Estado que ha incluido esa especie en el Apéndice III. 4. En el caso de una reexportación, un certificado concedido por una Autoridad Administrativa del Estado de reexportación en el sentido de que el espécimen fue transformado en ese Estado, o está siendo reexportado, será aceptado por el Estado de importación como prueba de que se ha cumplido con las disposiciones de la presente Convención respecto de ese espécimen. == Artículo VI Permisos y certificados == 1. Los permisos y certificados concedidos de conformidad con las disposiciones de los Artículos III, IV y V deberán ajustarse a las disposiciones del presente Artículo. 2. Cada permiso de exportación contendrá la información especificada en el modelo expuesto en el Apéndice IV y únicamente podrá usarse para exportación dentro de un período de seis meses a partir de la fecha de su expedición. 3. Cada permiso o certificado contendrá el título de la presente Convención, el nombre y cualquier sello de identificación de la Autoridad Administrativa que lo conceda y un número de control asignado por la Autoridad Administrativa. 4. Todas las copias de un permiso o certificado expedido por una Autoridad Administrativa serán claramente marcadas como copias solamente y ninguna copia podrá usarse en lugar del original, a menos que sea así endosado. 5. Se requerirá un permiso o certificado separado para cada embarque de especímenes. 6. Una Autoridad Administrativa del Estado de importación de cualquier espécimen cancelará y conservará el permiso de exportación o certificado de reexportación y cualquier permiso de importación correspondiente presentado para amparar la importación de ese espécimen. 7. Cuando sea apropiado y factible, una Autoridad Administrativa podrá fijar una marca sobre cualquier espécimen para facilitar su identificación. Para estos fines, marca significa cualquier impresión indeleble, sello de plomo u otro medio adecuado de identificar un espécimen, diseñado de manera tal que haga su falsificación por personas no autorizadas lo más difícil posible. == Artículo VII Exenciones y otras disposiciones especiales relacionadas con el comercio == 1. Las disposiciones de los Artículos III, IV y V no se aplicarán al tránsito o transbordo de especímenes a través, o en el territorio de una Parte mientras los especímenes permanecen bajo control aduanero. 2. Cuando una Autoridad Administrativa del Estado de exportación o de reexportación haya verificado que un espécimen fue adquirido con anterioridad a la fecha en que entraron en vigor las disposiciones de la presente Convención respecto de ese espécimen, las disposiciones de los Artículos III, IV y V no se aplicarán a ese espécimen si la Autoridad Administrativa expide un certificado a tal efecto. 3. Las disposiciones de los Artículos III, IV y V no se aplicarán a especímenes que son Artículos personales o bienes del hogar. Esta exención no se aplicará si: : a) en el caso de especímenes de una especie incluida en el Apéndice I, éstos fueron adquiridos por el dueño fuera del Estado de su residencia normal y se importen en ese Estado; o : b) en el caso de especímenes de una especie incluida en el Apéndice II: :: i) éstos fueron adquiridos por el dueño fuera del Estado de su residencia normal y en el Estado en que se produjo la separación del medio silvestre; :: ii) éstos se importan en el Estado de residencia normal del dueño; y :: iii) el Estado en que se produjo la separación del medio silvestre requiere la previa concesión de permisos de exportación antes de cualquier exportación de esos especímenes; a menos que una Autoridad Administrativa haya verificado que los especímenes fueron adquiridos antes que las disposiciones de la presente Convención entraran en vigor respecto de ese espécimen. 4. Los especímenes de una especie animal incluida en el Apéndice I y criados en cautividad para fines comerciales, o de una especie vegetal incluida en el Apéndice I y reproducidos artificialmente para fines comerciales, serán considerados especímenes de las especies incluidas en el Apéndice II. 5. Cuando una Autoridad Administrativa del Estado de exportación haya verificado que cualquier espécimen de una especie animal ha sido criado en cautividad o que cualquier espécimen de una especie vegetal ha sido reproducida artificialmente, o que sea una parte de ese animal o planta o que se ha derivado de uno u otra, un certificado de esa Autoridad Administrativa a ese efecto será aceptado en sustitución de los permisos exigidos en virtud de las disposiciones de los Artículos III, IV o V. 6. Las disposiciones de los Artículos III, IV y V no se aplicarán al préstamo, donación o intercambio no comercial entre científicos e instituciones científicas registrados con la Autoridad Administrativa de su Estado, de especímenes de herbario, otros especímenes preservados, secos o incrustados de museo, y material de plantas vivas que lleven una etiqueta expedida o aprobada por una Autoridad Administrativa. 7. Una Autoridad Administrativa de cualquier Estado podrá dispensar con los requisitos de los Artículos III, IV y V y permitir el movimiento, sin permisos o certificados, de especímenes que formen parte de un parque zoológico, circo, colección zoológica o botánica ambulantes u otras exhibiciones ambulantes, siempre que: : a) el exportador o importador registre todos los detalles sobre esos especímenes con la Autoridad Administrativa; : b) los especímenes están comprendidos en cualquiera de las categorías mencionadas en los párrafos 2 ó 5 del presente Artículo, y : c) la Autoridad Administrativa haya verificado que cualquier espécimen vivo será transportado y cuidado de manera que se reduzca al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato. == Artículo VIII Medidas que deberán tomar las Partes == 1. Las Partes adoptarán las medidas apropiadas para velar por el cumplimiento de sus disposiciones y para prohibir el comercio de especímenes en violación de las mismas. Estas medidas incluirán: : a) sancionar el comercio o la posesión de tales especímenes, o ambos; y : b) prever la confiscación o devolución al Estado de exportación de dichos especímenes. 2. Además de las medidas tomadas conforme al párrafo 1 del presente Artículo, cualquier Parte podrá, cuando lo estime necesario, disponer cualquier método de reembolso interno para gastos incurridos como resultado de la confiscación de un espécimen adquirido en violación de las medidas tomadas en la aplicación de las disposiciones de la presente Convención. 3. En la medida posible, las Partes velarán por que se cumplan, con un mínimo de demora, las formalidades requeridas para el comercio en especímenes. Para facilitar lo anterior, cada Parte podrá designar puertos de salida y puertos de entrada ante los cuales deberán presentarse los especímenes para su despacho. Las Partes deberán verificar además que todo espécimen vivo, durante cualquier período de tránsito, permanencia o despacho, sea cuidado adecuadamente, con el fin de reducir al mínimo el riesgo de heridas, deterioro en su salud o maltrato. 4. Cuando se confisque un espécimen vivo de conformidad con las disposiciones del párrafo 1 del presente Artículo: : a) el espécimen será confiado a una Autoridad Administrativa del Estado confiscador; : b) la Autoridad Administrativa, después de consultar con el Estado de exportación, devolverá el espécimen a ese Estado a costo del mismo, o su centro de rescate u otro lugar que la Autoridad Administrativa considere apropiado y compatible con los objetivos de esta Convención; y : c) la Autoridad Administrativa podrá obtener la asesoría de una Autoridad Científica o, cuando lo considere deseable, podrá consultar con la Secretaría, con el fin de facilitar la decisión que deba tomarse de conformidad con el subpárrafo b) del presente párrafo, incluyendo la selección del centro de rescate u otro lugar. 5. Un centro de rescate, tal como lo define el párrafo 4 del presente Artículo significa una institución designada por una Autoridad Administrativa para cuidar el bienestar de los especímenes vivos, especialmente de aquellos que hayan sido confiscados. 6. Cada Parte deberá mantener registros del comercio en especímenes de las especies incluidas en los Apéndices I, II y III que deberán contener: : a) los nombres y las direcciones de los exportadores e importadores; y : b) el número y la naturaleza de los permisos y certificados emitidos; los Estados con los cuales se realizó dicho comercio; las cantidades y los tipos de especímenes, los nombres de las especies incluidas en los Apéndices I, II, y III y, cuando sea apropiado, el tamaño y sexo de los especímenes. 7. Cada Parte preparará y transmitirá a la Secretaría informes periódicos sobre la aplicación de las disposiciones de la presente Convención, incluyendo: : a) un informe anual que contenga un resumen de la información prevista en el subpárrafo b) del párrafo 6 del presente Artículo; y : b) un informe bienal sobre medidas legislativas, reglamentarias y administrativas adoptadas con el fin de cumplir con las disposiciones de la presente Convención. 8. La información a que se refiere el párrafo 7 del presente Artículo estará disponible al público cuando así lo permita la legislación vigente de la Parte interesada. == Artículo IX Autoridad Administrativa y Científicas == 1. Para los fines de la presente Convención, cada Parte designará: : a) una o más Autoridades Administrativas competentes para conceder permisos o certificados en nombre de dicha Parte; y : b) una o más Autoridades Científicas. 2. Al depositar su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión, cada Estado comunicará al Gobierno Depositario el nombre y la dirección de la Autoridad Administrativa autorizada para comunicarse con las otras Partes y con la Secretaría. 3. Cualquier cambio en las designaciones o autorizaciones previstas en el presente Artículo, será comunicado a la Secretaría por la Parte correspondiente, con el fin de que sea transmitido a todas las demás Partes. 4. A solicitud de la Secretaría o de cualquier Autoridad Administrativa designada de conformidad con el párrafo 2 del presente Artículo, la Autoridad Administrativa designada de una Parte transmitirá modelos de sellos u otros medios utilizados para autenticar permisos o certificados. == Artículo X Comercio con Estados que no son Partes de la Convención == En los casos de importaciones de, o exportaciones y reexportaciones a Estados que no son Partes de la presente Convención, los Estados Partes podrán aceptar, en lugar de los permisos y certificados mencionados en la presente Convención, documentos comparables que conformen sustancialmente a los requisitos de la presente Convención para tales permisos y certificados, siempre que hayan sido emitidos por las autoridades gubernamentales competentes del Estado no Parte en la presente Convención. == Artículo XI Conferencia de las Partes == 1. La Secretaría convocará a una Conferencia de las Partes a más tardar dos años después de la entrada en vigor de la presente Convención. 2. Posteriormente, la Secretaría convocará reuniones ordinarias de la Conferencia por lo menos una vez cada dos años, a menos que la Conferencia decida otra cosa, y reuniones extraordinarias en cualquier momento a solicitud, por escrito, de por lo menos un tercio de las Partes. 3. En las reuniones ordinarias o extraordinarias de la Conferencia, las Partes examinarán la aplicación de la presente Convención y podrán: : a) adoptar cualquier medida necesaria para facilitar el desempeño de las funciones de la Secretaría, y adoptar disposiciones financieras; : b) considerar y adoptar enmiendas a los Apéndices I y II de conformidad con lo dispuesto en el Artículo XV; : c) analizar el progreso logrado en la restauración y conservación de las especies incluidas en los Apéndices I, II y III; : d) recibir y considerar los informes presentados por la Secretaría o cualquiera de las Partes; y : e) cuando corresponda, formular recomendaciones destinadas a mejorar la eficacia de la presente Convención. 4. En cada reunión ordinaria de la Conferencia, las Partes podrán determinar la fecha y sede de la siguiente reunión ordinaria que se celebrará de conformidad con las disposiciones del párrafo 2 del presente Artículo. 5. En cualquier reunión, las Partes podrán determinar y adoptar reglas de procedimiento para esa reunión. 6. Las Naciones Unidas, sus Organismos Especializados y el Organismo Internacional de Energía Atómica, así como cualquier Estado no Parte en la presente Convención, podrán ser representados en reuniones de la Conferencia por observadores que tendrán derecho a participar sin voto. 7. Cualquier organismo o entidad técnicamente calificado en la protección preservación o administración de fauna y flora silvestres y que esté comprendido en cualquiera de las categorías mencionadas a continuación, podrá comunicar a la Secretaría su deseo de estar representado por un observador en las reuniones de la Conferencia y será admitido salvo que objeten por lo menos un tercio de las Partes presentes: : a) organismos o entidades internacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, así como organismos o entidades gubernamentales nacionales; y : b) organismos o entidades nacionales no gubernamentales que han sido autorizados para ese efecto por el Estado en que se encuentran ubicados. Una vez admitidos, estos observadores tendrán el derecho de participar sin voto en las labores de la reunión. == Artículo XII La Secretaría == 1. Al entrar en vigor la presente Convención, el Director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente proveerá una Secretaría. En la medida y forma en que lo considere apropiado, el Director Ejecutivo podrá ser ayudado por organismos y entidades internacionales o nacionales, gubernamentales o no gubernamentales, con competencia técnica en la protección, conservación y administración de la fauna y flora silvestres. 2. Las funciones de la Secretaría incluirán las siguientes: : a) organizar las Conferencias de las Partes y prestarles servicios; : b) desempeñar las funciones que le son encomendadas de conformidad con los Artículos XV y XVI de la presente Convención; : c) realizar estudios científicos y técnicos, de conformidad con los programas autorizados por la Conferencia de las Partes, que contribuyan a la mejor aplicación de la presente Convención, incluyendo estudios relacionados con normas para la adecuada preparación y embarque de especímenes vivos y los medios para su identificación; : d) estudiar los informes de las Partes y solicitar a éstas cualquier información adicional que a ese respecto fuere necesaria para asegurar la mejor aplicación de la presente Convención; : e) señalar a la atención de las Partes cualquier cuestión relacionada con los fines de la presente Convención; : f) publicar periódicamente, y distribuir a las Partes, ediciones revisadas de los Apéndices I, II y III junto con cualquier otra información que pudiere facilitar la identificación de especímenes de las especies incluidas en dichos Apéndices; : g) preparar informes anuales para las Partes sobre las actividades de la Secretaría y de la aplicación de la presente Convención, así como los demás informes que las Partes pudieren solicitar; : h) formular recomendaciones para la realización de los objetivos y disposiciones de la presente Convención, incluyendo el intercambio de información de naturaleza científica o técnica; y : i) desempeñar cualquier otra función que las Partes pudieren encomendarle. == Artículo XIII Medidas internacionales == 1. Cuando la Secretaría, a la luz de información recibida, considere que cualquier especie incluida en los Apéndices I o II se halla adversamente afectada por el comercio en especímenes de esa especie, o de que las disposiciones de la presente Convención no se están aplicando eficazmente, la Secretaría comunicará esa información a la Autoridad Administrativa autorizada de la Parte o de las Partes interesadas. 2. Cuando cualquier Parte reciba una comunicación de acuerdo a lo dispuesto en el párrafo 1 del presente Artículo, ésta, a la brevedad posible y siempre que su legislación lo permita, comunicará a la Secretaría todo dato pertinente, y, cuando sea apropiado, propondrá medidas para corregir la situación. Cuando la Parte considere que una investigación sea conveniente, ésta podrá llevarse a cabo por una o más personas expresamente autorizadas por la Parte respectiva. 3. La información proporcionada por la Parte o emanada de una investigación de conformidad con lo previsto en el párrafo 2 del presente Artículo, será examinada por la siguiente Conferencia de las Partes, la cual podrá formular cualquier recomendación que considere pertinente. == Artículo XIV Efecto sobre la legislación nacional y convenciones internacionales == 1. Las disposiciones de la presente Convención no afectarán en modo alguno el derecho de las Partes de adoptar: : a) medidas internas más estrictas respecto de las condiciones de comercio, captura, posesión o transporte de especímenes de especies incluidas en los Apéndices I, II y III, o prohibirlos enteramente; o : b) medidas internas que restrinjan o prohiban el comercio, la captura, la posesión o el transporte de especies no incluidas en los Apéndices I, II o III. 2. Las disposiciones de la presente Convención no afectarán en modo alguno las disposiciones de cualquier medida interna u obligaciones de las Partes derivadas de un tratado, convención o acuerdo internacional referentes a otros aspectos del comercio, la captura, la posesión o el transporte de especímenes que está en vigor o entre en vigor con posterioridad para cualquiera de las Partes, incluidas las medidas relativas a la aduana, salud pública o a las cuarentenas vegetales o animales. 3. Las disposiciones de la presente Convención no afectarán en modo alguno las disposiciones u obligaciones emanadas de los tratados, convenciones o acuerdos internacionales concluidos entre Estados y que crean una unión o acuerdo comercial regional que establece o mantiene regímenes aduaneros entre las partes respectivas en la medida en que se refieran al comercio entre los Estados miembros de esa unión o acuerdo. 4. Un Estado Parte en la presente Convención que es también parte en otro tratado, convención o acuerdo internacional en vigor cuando entre en vigor la presente Convención y en virtud de cuyas disposiciones se protege a las especies marinas incluidas en el Apéndice II, quedará eximida de las obligaciones que le imponen las disposiciones de la presente Convención respecto de los especímenes de especies incluidas en el Apéndice II capturados tanto por buques matriculados en ese Estado como de conformidad con las disposiciones de esos tratados, convenciones o acuerdos internacionales. 5. Sin perjuicio de las disposiciones de los Artículos III, IV y V, para la exportación de un espécimen capturado de conformidad con el párrafo 4 del presente Artículo, únicamente se requerirá un certificado de una Autoridad Administrativa del Estado de introducción que señalare que el espécimen ha sido capturado conforme a las disposiciones de los tratados, convenciones o acuerdos internacionales pertinentes. 6. Nada de lo dispuesto en la presente Convención prejuzgará la codificación y el desarrollo progresivo del derecho del mar por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, convocada conforme a la Resolución 2750 C (XXV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ni las reivindicaciones y tesis jurídicas presentes o futuras de cualquier Estado en lo que respecta al derecho del mar y a la naturaleza y al alcance de la jurisdicción de los Estados ribereños y de los Estados de pabellón. == Artículo XV Enmiendas a los Apéndices I y II == 1. En reuniones de la Conferencia de las Partes, se aplicarán las siguientes disposiciones en relación con la adopción de las enmiendas a los Apéndices I y II: : a) Cualquier Parte podrá proponer enmiendas a los Apéndices I o II para consideración en la siguiente reunión. El texto de la enmienda propuesta será comunicado a la Secretaría con una antelación no menos de 150 días a la fecha de la reunión. La Secretaría consultará con las demás Partes y las entidades interesadas de conformidad con lo dispuesto en los subpárrafos b) y c) del párrafo 2 del presente Artículo y comunicará las respuestas a todas las Partes a más tardar 30 días antes de la reunión. : b) Las enmiendas serán adoptadas por una mayoría de dos tercios de las Partes presentes y votantes. A estos fines, "Partes presentes y votantes" significa Partes presentes que emiten un voto afirmativo o negativo. Las Partes que se abstienen de votar no serán contadas entre los dos tercios requeridos para adoptar la enmienda. : c) Las enmiendas adoptadas en una reunión entrarán en vigor para todas las Partes 90 días después de la reunión, con la excepción de las Partes que formulen reservas de conformidad con el párrafo 3 del presente Artículo. 2. En relación con las enmiendas a los Apéndices I y II presentadas entre reuniones de la Conferencia de las Partes, se aplicarán las siguientes disposiciones: : a) Cualquier Parte podrá proponer enmiendas a los Apéndices I o II para que sean examinadas entre reuniones de la Conferencia, mediante el procedimiento por correspondencia enunciado en el presente párrafo. : b) En lo que se refiere a las especies marinas, la Secretaría, al recibir el texto de la enmienda propuesta, lo comunicará inmediatamente a todas las Partes. Consultará, además, con las entidades intergubernamentales que tuvieren una función en relación con dichas especies, especialmente con el fin de obtener cualquier información científica que éstas puedan suministrar y asegurar la coordinación de las medidas de conservación aplicadas por dichas entidades. La Secretaría transmitirá a todas las Partes, a la brevedad posible, las opiniones expresadas y los datos suministrados por dichas entidades, junto con sus propias comprobaciones y recomendaciones. : c) En lo que se refiere a especies que no fueran marinas, la Secretaría, al recibir el texto de la enmienda propuesta, lo comunicará inmediatamente a todas las Partes y, posteriormente, a la brevedad posible, comunicará a todas las Partes sus propias recomendaciones al respecto. : d) Cualquier Parte, dentro de los 60 días después de la fecha en que la Secretaría haya comunicado sus recomendaciones a las Partes de conformidad con los subpárrafos b) o c) del presente párrafo, podrá transmitir a la Secretaría sus comentarios sobre la enmienda propuesta, junto con todos los datos científicos e información pertinentes. : e) La Secretaría transmitirá a todas las Partes, tan pronto como le fuere posible, todas las respuestas recibidas, junto con sus propias recomendaciones. : f) Si la Secretaría no recibiera objeción alguna a la enmienda propuesta dentro de los 30 días a partir de la fecha en que comunicó las respuestas recibidas conforme a lo dispuesto en el subpárrafo e) del presente párrafo, la enmienda entrará en vigor 90 días después para todas las Partes, con excepción de las que hubieren formulado reservas conforme al párrafo 3 del presente Artículo. : g) Si la Secretaría recibiera una objeción de cualquier Parte, la enmienda propuesta será puesta a votación por correspondencia conforme a lo dispuesto en los subpárrafos h), i) y j) del presente párrafo. : h) La Secretaría notificará a todas las Partes que se ha recibido una notificación de objeción. : i) Salvo que la Secretaría reciba los votos a favor, en contra o en abstención de por lo menos la mitad de las Partes dentro de los 60 días a partir de la fecha de notificación conforme al subpárrafo h) del presente párrafo, la enmienda propuesta será transmitida a la siguiente reunión de la Conferencia de las Partes. : j) Siempre que se reciban los votos de la mitad de las Partes, la enmienda propuesta será adoptada por una mayoría de dos tercios de los Estados que voten a favor o en contra. : k) La Secretaría notificará a todas las Partes el resultado de la votación. : l) Si se adoptara la enmienda propuesta, ésta entrará en vigor para todas las Partes 90 días después de la fecha en que la Secretaría notifique su adopción, salvo para las Partes que formulan reservas conforme a lo dispuesto en el párrafo 3 del presente Artículo. 3. Dentro del plazo de 90 días previsto en el subpárrafo c) del párrafo 1 o subpárrafo l) del párrafo 2 de este Artículo, cualquier Parte podrá formular una reserva a esa enmienda mediante notificación por escrito al Gobierno Depositario. Hasta que retire su reserva, la Parte será considerada como Estado no Parte en la presente Convención respecto del comercio en la especie respectiva. == Artículo XVI Apéndice III y sus enmiendas == 1. Cualquier Parte podrá, en cualquier momento, enviar a la Secretaría una lista de especies que manifieste se hallan sometidas a reglamentación dentro de su jurisdicción para el fin mencionado en el párrafo 3 del Artículo II. En el Apéndice III se incluirán los nombres de las Partes que las presentaron para inclusión, los nombres científicos de cada especie así presentada y cualquier parte o derivado de los animales o plantas respectivos que se especifiquen respecto de esa especie a los fines del subpárrafo b) del Artículo I. 2. La Secretaría comunicará a las Partes, tan pronto como le fuere posible después de su recepción, las listas que se presenten conforme a lo dispuesto en el párrafo 1 del presente Artículo. La lista entrará en vigor como parte del Apéndice III 90 días después de la fecha de dicha comunicación. En cualquier oportunidad después de la recepción de la comunicación de esta lista, cualquier Parte podrá, mediante notificación por escrito al Gobierno Depositario, formular una reserva respecto de cualquier especie o parte o derivado de la misma. Hasta que retire esa reserva, el Estado respectivo será considerado como Estado no Parte en la presente Convención respecto del comercio en la especie, parte o derivado de que se trata. 3. Cualquier Parte que envíe una lista de especies para inclusión en el Apéndice III, podrá retirar cualquier especie de dicha lista en cualquier momento, mediante notificación a la Secretaría, la cual comunicará dicho retiro a todas las Partes. El retiro entrará en vigor 30 días después de la fecha de dicha notificación. 4. Cualquier Parte que presente una lista conforme a las disposiciones del párrafo 1 del presente Artículo, remitirá a la Secretaría copias de todas las leyes y reglamentos internos aplicables a la protección de dicha especie, junto con las interpretaciones que la Parte considere apropiadas o que la Secretaría pueda solicitarle. La Parte, durante el período en que la especie en cuestión se encuentra incluida en el Apéndice III, comunicará toda enmienda a dichas leyes y reglamentos, así como cualquier nueva interpretación, conforme sean adoptadas. == Artículo XVII Enmiendas a la Convención == 1. La Secretaría, a petición por escrito de por lo menos un tercio de las Partes, convocará una reunión extraordinaria de la Conferencia de las Partes para considerar y adoptar enmiendas a la presente Convención. Las enmiendas serán adoptadas por una mayoría de dos tercios de las Partes presentes y votantes. A estos fines, "Partes presentes y votantes" significa Partes presentes que emiten un voto afirmativo o negativo. Las Partes que se abstienen de votar no serán contadas entre los dos tercios requeridos para adoptar la enmienda. 2. La Secretaría transmitirá a todas las Partes los textos de propuestas de enmienda por lo menos 90 días antes de su consideración por la Conferencia. 3. Toda enmienda entrará en vigor para las Partes que la acepten 60 días después de que dos tercios de las Partes depositen con el Gobierno Depositario sus instrumentos de aceptación de la enmienda. A partir de esa fecha, la enmienda entrará en vigor para cualquier otra Parte 60 días después de que dicha Parte deposite su instrumento de aceptación de la misma. == Artículo XVIII Arreglo de controversias == 1. Cualquier controversia que pudiera surgir entre dos o más Partes con respecto a la interpretación o aplicación de las disposiciones de la presente Convención, será sujeta a negociaciones entre las Partes en la controversia. 2. Si la controversia no pudiere resolverse de acuerdo con el párrafo 1 del presente Artículo, las Partes podrán, por consentimiento mutuo, someter la controversia a arbitraje, en especial a la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya y las Partes que así sometan la controversia se obligarán por la decisión arbitral. == Artículo XIX Firma == La presente Convención estará abierta a la firma en Washington, hasta el 30 de abril de 1973 y, a partir de esa fecha, en Berna hasta el 31 de diciembre de 1974. == Artículo XX Ratificación, aceptación y aprobación == La presente Convención estará sujeta a ratificación, aceptación o aprobación. Los instrumentos de ratificación, aceptación o aprobación serán depositados en poder del Gobierno de la Confederación Suiza, el cual será el Gobierno Depositario. == Artículo XXI Adhesión == La presente Convención estará abierta indefinidamente a la adhesión. Los instrumentos de adhesión serán depositados en poder del Gobierno Depositario. == Artículo XXII Entrada en vigor == 1. La presente Convención entrará en vigor 90 días después de la fecha en que se haya depositado con el Gobierno Depositario el décimo instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión. 2. Para cada Estado que ratifique, acepte o apruebe la presente Convención, o se adhiera a la misma, después del depósito del décimo instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión, la Convención entrará en vigor 90 días después de que dicho Estado haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión. == Artículo XXIII Reservas == 1. La presente Convención no estará sujeta a reservas generales. Únicamente se podrán formular reservas específicas de conformidad con lo dispuesto en el presente Artículo y en los Artículos XV y XVI. 2. Cualquier Estado, al depositar su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión, podrá formular una reserva específica con relación a: : a) cualquier especie incluida en los Apéndices I, II y III; o : b) cualquier parte o derivado especificado en relación con una especie incluida en el Apéndice III. 3. Hasta que una Parte en la presente Convención retire la reserva formulada de conformidad con las disposiciones del presente Artículo, ese Estado será considerado como Estado no Parte en la presente Convención respecto del comercio en la especie, parte o derivado especificado en dicha reserva. == Artículo XXIV Denuncia == Cualquier Parte podrá denunciar la presente Convención mediante notificación por escrito al Gobierno Depositario en cualquier momento. La denuncia surtirá efecto doce meses después de que el Gobierno Depositario haya recibido la notificación. == Artículo XXV Depositario == 1. El original de la presente Convención, cuyos textos en chino, español, francés, inglés y ruso son igualmente auténticos, será depositado en poder del Gobierno Depositario, el cual enviará copias certificadas a todos los Estados que la hayan firmado o depositado instrumentos de adhesión a ella. 2. El Gobierno Depositario informará a todos los Estados signatarios y adherentes, así como a la Secretaría, respecto de las firmas, los depósitos de instrumentos de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión, la entrada en vigor de la presente Convención, enmiendas, formulaciones y retiros de reservas y notificaciones de denuncias. 3. Cuando la presente Convención entre en vigor, el Gobierno Depositario transmitirá una copia certificada a la Secretaría de las Naciones Unidas para su registro y publicación de conformidad con el Artículo 102 de la Carta de las Naciones Unidas. En testimonio de lo cual, los Plenipotenciarios infrascritos, debidamente autorizados a ello, han firmado la presente Convención. Hecho en Washington, el día tres de marzo de mil novecientos setenta y tres. {{DP-ONU}} [[Categoría:Organización de las Naciones Unidas]] bi441wj0mg10e731nnubrby79anmyug Autor:Alejo García Moreno 106 186317 1665208 1537281 2026-06-20T14:50:12Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665208 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto= |Ordenar=García Moreno, Alejo }} == Obras == * ''Biblioteca Económica del Abogado'' (9 tomos) * ''Anuario de Legislación Universal'' (15 tomos) * ''Colección de las Instituciones Políticas y Jurídicas de los Pueblos Modernos'' (15 tomos) (1885 - 1894) ==Traducciones== * ''[[Historia de Roma (Mommsen)|Historia de Roma]]'' de [[Autor:Theodor Mommsen|Theodor Mommsen]] (1876) tugcq2dfe8mokd5o1ca3otep1ccip6r Usuario discusión:Ignacio Rodríguez 3 187867 1665731 1664767 2026-06-21T03:21:55Z MediaWiki message delivery 34418 Sección nueva: /* The Signpost: 21 June 2026 */ 1665731 wikitext text/x-wiki {{Usuario:MABot/config |archive = Usuario discusión:Ignacio Rodríguez/Archivo %(year)s |algo = old(150d) |counter = 1 |archiveheader = }} <div style="border:1px solid; 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font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 08:03 17 feb 2026 (UTC) <!-- Sent via script ([[w:en:User:JPxG/SPS]]) --></div> (This message was sent to [[:Usuario discusión:Ninovolador]] and is being posted here due to a redirect.) <!-- Mensaje enviado por Usuario:JPxG@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=Global_message_delivery/Targets/Signpost&oldid=30039447 --> == ''The Signpost'': 10 March 2026 == <div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div> <div style="column-count:2;"> * Interview: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Interview|Bernadette Meehan, new Wikimedia Foundation CEO]] * News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/News and notes|Security testing unleashes computer worm on Meta-wiki]] * Special report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Special report|What actually happened during the Wikimedia security incident?]] * In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/In the media|Indonesian government blocks Wikimedia logins; 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font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 04:15 10 mar 2026 (UTC) <!-- Sent via script ([[w:en:User:JPxG/SPS]]) --></div> (This message was sent to [[:Usuario discusión:Ninovolador]] and is being posted here due to a redirect.) <!-- Mensaje enviado por Usuario:JPxG@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=Global_message_delivery/Targets/Signpost&oldid=30121359 --> == ''The Signpost'': 31 March 2026 == <div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div> <div style="column-count:2;"> * News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/News and notes|Entirety of Wikinews to be shut down]] * In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/In the media|AI ban, newspapers disrupt archiving; and antisemitism complaints]] * Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Community view|Videos from WikiConference North America 2025 in NYC]] * Disinformation report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Disinformation report|Cleaning up after Jeffrey Epstein, Peter Nygard, and Mohamed Al-Fayed]] * WikiConference report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/WikiConference report|WikiConference North America 2025 in NYC review]] * Obituary: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Obituary|Dr. Subas Chandra Rout]] * Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Traffic report|Call in the dogs of war, soldier of fortune]] * Gallery: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Gallery|Canadian Rangers participate in Operation ''Enduring Encyclopedia'']] * Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Comix|n00bsitting]] </div> <div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 10:09 31 mar 2026 (UTC) <!-- Sent via script ([[w:en:User:JPxG/SPS]]) --></div> (This message was sent to [[:Usuario discusión:Ninovolador]] and is being posted here due to a redirect.) <!-- Mensaje enviado por Usuario:JPxG@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=Global_message_delivery/Targets/Signpost&oldid=30329870 --> == ''The Signpost'': 21 April 2026 == <div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div> <div style="column-count:2;"> * News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/News and notes|Six Serbian Wikipedia editors banned following controversy about political bias]] * In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/In the media|Could Wikipedia be involved in Massachusetts' proposed social media ban for minors?]] * Gallery: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/Gallery|March equinox]] * Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/Traffic report|Time to change my galaxy in case, we outta space!]] * Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/Comix|Of skirts and articles]] </div> <div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 06:50 21 abr 2026 (UTC) <!-- Sent via script ([[w:en:User:JPxG/SPS]]) --></div> (This message was sent to [[:Usuario discusión:Ninovolador]] and is being posted here due to a redirect.) <!-- Mensaje enviado por Usuario:JPxG@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=Global_message_delivery/Targets/Signpost&oldid=30434643 --> == Transcripción de novela sin capítulos == Saludos Ignacio, acabé te transcribir 'El loco amor' de [[Autor:Ramón María Tenreiro]], pero al no tener capítulos, no sé de que forma se deben agrupar las hojas. Si me puedes colaborar con algún ejemplo para poder hacerlo o si lo puedes publicar, te lo agradezco. Gracias [[Usuario:Elultimolicantropo|Elultimolicantropo]] ([[Usuario discusión:Elultimolicantropo|discusión]]) 15:28 23 abr 2026 (UTC) :@[[Usuario:Elultimolicantropo|Elultimolicantropo]]: Puedes publicarlo todo en una misma página, desde la portada a la última página, no hay problema. Si quieres subdividirlo de alguna manera, podría ser usando los {{ep|separador}}es que veo que usa esta novela como capítulos, y nombrarlos simplemente /1, /2, /3, ... Así es más fácil de leer. [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 18:09 23 abr 2026 (UTC) == You may be an eligible candidate for the U4C election == <div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr"> Greetings, The [[m:Special:MyLanguage/Universal_Code_of_Conduct/Coordinating_Committee|Universal Code of Conduct Coordinating Committee (U4C)]] seeks candidates for the 2026 election. The U4C is the global committee responsible for overseeing enforcement of the [[foundation:Special:MyLanguage/Policy:Universal Code of Conduct|Universal Code of Conduct]]. Elections are held annually, if elected a committee member serves for two years. This year the U4C requires candidates to hold administrator rights on at least one wiki, which is why you are being contacted as you appear to hold this right. There are other requirements, such as candidates must be at least 18 years old and may not be employed by the Wikimedia Foundation or other related chapters and affiliates. You can find more information in the [[m:Special:MyLanguage/Universal_Code_of_Conduct/Coordinating_Committee/Election/2026#Call_for_Candidates|call for candidates on Meta-wiki]]. Additionally, the committee's working language is English; some ability to communicate in English is required. The election opens on 18 May, if you are eligible and interested you have until 10 May to submit your candidacy. There will week between for candidates to answer questions from the community. Voting takes place privately in [[m:Special:MyLanguage/SecurePoll|SecurePoll]], successful candidates must receive at least 60% support. More information is available on [[m:Special:MyLanguage/Universal_Code_of_Conduct/Coordinating_Committee/Election/2026|the 2026 Elections page]], including timelines and other candidacy information. If you read over the material and consider yourself qualified, please consider submitting your name to run for the committee. If you think someone else in your community might be interested and qualified, please encourage them to run. In partnership with the U4C -- [[m:User:Keegan (WMF)|Keegan (WMF)]] ([[m:User_talk:Keegan (WMF)|talk]]) 18:32 28 abr 2026 (UTC) </div> <!-- Mensaje enviado por Usuario:Keegan (WMF)@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=User:Keegan_(WMF)/test&oldid=30471751 --> == ''The Signpost'': 22 May 2026 == <div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div> <div style="column-count:2;"> * News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/News and notes|Offline: Osama Khalid still in prison]] * In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/In the media|Indonesian editors, you shall return!]] * Disinformation report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Disinformation report|Who is a typical paid editor? Who are their typical clients?]] * Recent research: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Recent research|WikiLambda the Ultimate]] * Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Traffic report|This is where I'll be, so heavenly, so come and dance with me Michael!]] * Forum: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Forum|WikiAnnotate: help us build a dataset of article quality evaluations]] * In focus: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/In focus|Demystifying the 2026-27 Annual Plan]] * Opinion: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Opinion|Wikipedia isn't a battleground. So why does it feel like one?]] * Serendipity: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Serendipity|Wikinews: Into the Wikiverse]] * Special report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Special report|Wikimedia Foundation closes Wikinews after 21 years]] * Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Community view|Wikipedia's traffic drop: more on languages and freshness]] * Gallery: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Gallery|Earth Day and Mother's Day]] * Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Comix|Brother, can you spare a page?]] </div> <div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 05:19 22 may 2026 (UTC) <!-- Sent via script ([[w:en:User:JPxG/SPS]]) --></div> (This message was sent to [[:Usuario discusión:Ninovolador]] and is being posted here due to a redirect.) <!-- Mensaje enviado por Usuario:Bri@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=Global_message_delivery/Targets/Signpost&oldid=30513885 --> == ''The Signpost'': 21 June 2026 == <div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div> <div style="column-count:2;"> * From the editors: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/From the editors|Ways for beginners to support ''The Signpost'' community journalism]] * News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/News and notes|Community Tech development team disbanded]] * Disinformation report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Disinformation report|PR for the people?]] * Recent research: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Recent research|Proposed tagging system for AI involvement; successful and unsuccessful AI tools for contributors]] * In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/In the media|Who won a 14th century battle and who won the 2026 Iran war?]] * Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Community view|Putting the Wish into the Wishlist]] * In focus: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/In focus|A global standard for Neutral Point of View]] * On the bright side: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/On the bright side|Flowers, blue helmets, reefs, pride, and Juneteenth]] * Op-ed: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Op-ed|Breathe, Don’t Panic, there is a different story about Wikimedia + AI futures]] * Opinion: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Opinion|Wikimedia Foundation staff develop union and Wikimedia user community reacts]] * Technology report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Technology report|Community Tech team is disbanded, controversy erupts]] * Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Traffic report|'Cause this is thriller, thriller night]] * WikiConference report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/WikiConference report|Report of Volunteer Supporters Network Annual Meeting 2026]] * Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Comix|Take your turn]] * Humour: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Humour|Group of banned T-shirt makers comes out of hiding to sell new Wikipedia-themed merchandise]] </div> <div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 03:21 21 jun 2026 (UTC) <!-- Sent via script ([[w:en:User:JPxG/SPS]]) --></div> (This message was sent to [[:Usuario discusión:Ninovolador]] and is being posted here due to a redirect.) <!-- Mensaje enviado por Usuario:Bri@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=Global_message_delivery/Targets/Signpost&oldid=30604303 --> 1e1eodqnvjqest9y4zlk54f79ksb780 MediaWiki:Proofreadpage index data config 8 212946 1665411 1626503 2026-06-21T00:02:29Z Ignacio Rodríguez 3603 +subseccion 1665411 json application/json { "Titulo": { "type": "page", "size": 1, "default": "", "label": "Título", "header": true, "help": "Título de la obra (con enlace interno). 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' a. C.' end end local function getTextForYear(year) -- transforma un año de formato -45 a 45 a. C. local text = math.abs(year) if year < 0 then text = text .. ' a. C.' end return text end local function getDateFromArgs(args, field) -- Obtiene datos (fecha de nacimiento, fallecimiento) de parámetros determinados en la plantilla {{Biocitas}} -- con el formato AñoNacimiento, AñoMuerte, SigloNacimiento o SigloMuerte. TextoNacimiento o InciertoNacimiento también funciona local struct = { year = nil, century = nil, text = nil, precision = 0 } --extract year or century local date = args['año' .. field] if date == nil then date = args[field] end if tonumber(date) ~= nil then struct.year = tonumber(date) if struct.year == 0 then struct.text = errorMessage("¡El calendario gregoriano no tiene año 0!") return struct end struct.century = computeCenturyFromYear(struct.year) struct.precision = 9 elseif args['siglo' .. field] ~= nil then struct.century = tonumber(args['siglo' .. field]) struct.precision = 7 end --build text if struct.year ~= nil then struct.text = getTextForYear(struct.year) elseif struct.century ~= nil then struct.text = getTextForCentury(struct.century, true) else struct.text = date end if args['texto' .. field] ~= nil then struct.precision = 0 --we don't know anything struct.text = args['texto' .. field] .. ' ' .. struct.text end if args['incierto' .. field] ~= nil and struct.text ~= nil then struct.precision = 0 --we don't know anything struct.text = args['incierto' .. field] .. ' ' .. struct.text end return struct end local function parseWbTime(value) local _,_, year = string.find(value.time, '([%+%-]%d%d%d+)%-') year = tonumber(year) return { year = year, century = computeCenturyFromYear(year), text = nil, precision = value.precision } end local function getDateFromTimeStatement(statement, field) local struct = { year = nil, century = nil, text = nil, precision = 0 } local prefix = '' local snak = statement.mainsnak if snak.snaktype == 'novalue' then return struct end if statement.qualifiers ~= nil then if statement.qualifiers.P1480 ~= nil then for _,qualifier in pairs(statement.qualifiers.P1480) do if qualifier.datavalue.value['numeric-id'] == 5727902 then struct = parseWbTime(snak.datavalue.value) prefix = 'circa ' struct.precision = 8 --TODO: hacky end end end if statement.qualifiers.P1319 ~= nil then for _,qualifier in pairs(statement.qualifiers.P1319) do struct = parseWbTime(qualifier.datavalue.value) prefix = 'después de ' struct.precision = 8 --TODO: hacky end elseif statement.qualifiers.P1326 ~= nil then for _,qualifier in pairs(statement.qualifiers.P1326) do struct = parseWbTime(qualifier.datavalue.value) prefix = 'antes de ' struct.precision = 8 --TODO: hacky end elseif statement.qualifiers.P1317 ~= nil then for _,qualifier in pairs(statement.qualifiers.P1317) do struct = parseWbTime(qualifier.datavalue.value) prefix = 'floruit ' struct.precision = 8 --TODO: hacky end else struct = parseWbTime(snak.datavalue.value) end elseif snak.snaktype == 'value' then struct = parseWbTime(snak.datavalue.value) else return struct end --Create text if struct.precision >= 9 then struct.text = prefix .. getTextForYear(struct.year) elseif struct.precision == 8 then struct.text = prefix .. getTextForYear(struct.year) elseif struct.precision == 7 then struct.text = prefix .. getTextForCentury(struct.century, true) else struct.text = errorMessage('La fecha de ' .. field .. ' tiene muy poca precisión en Wikidata') end return struct end local function getDateFromTimeStatements(statements, field) -- Función que obtiene las fechas desde Wikidata (copiada literal sin adaptaciones desde la frWS) if #statements == 0 then return { precision = 0 } end local time = nil for _, statement in pairs(statements) do local newTime = getDateFromTimeStatement(statement, field) if time == nil then time = newTime elseif time.year ~= newTime.year then --si hay años contradictorios time.precision = 8 --html:wikitext(errorMessage('Hay varios años de ' .. field .. ' posibles en Wikidata. Una manera de resolver este error es fijar una de las dos fechas como "preferida".')) --return { --text = errorMessage('Hay varios años de ' .. field .. ' posibles en Wikidata. Una manera de resolver este error es fijar una de las dos fechas como "preferida".'), -- precision = 0 --} end end if time == nil then return { precision = 0 } end return time end local function resolverFecha(arg, wd) local fecha = arg if arg.text == nil and wd ~= nil then fecha = wd elseif arg.text ~= nil then categorias = categorias..'[[Categoría:Wikisource:Artículos con datos locales]]' if wd and wd.text == nil then categorias = categorias..'[[Categoría:Wikisource:Artículos con datos por trasladar a Wikidata]]' end end return fecha end local function categoriaEpoca(fecha, tol) local categoria = '' if fecha.century ~= nil and (fecha.year == nil or fecha.year <= fecha.century * 100 + tol or fecha.precision <=8 ) then if 14 <= fecha.century then categoria='[[Categoría:Autores del ' .. getTextForCentury(fecha.century, false) .. ']]' end if 6 <= fecha.century and fecha.century <= 14 then categoria=categoria..'[[Categoría:Autores de la Edad Media]]' end if fecha.century < 6 then categoria='[[Categoría:Autores de la Antigüedad]]' end withoutEpoque = false end return categoria end function p.biocitas( frame ) -- función principal para llamar desde {{biocitas}} if mw.title.getCurrentTitle().namespace ~= 106 then return errorMessage('La plantilla Biocitas se utiliza solo en espacios de nombres Autor, por ejemplo Autor:Miguel de Cervantes') end local argus = {} for k,v in pairs(frame:getParent().args) do -- crea una tabla con los parámetros incluídos en la plantilla, y elimina parámetros vacíos if v ~= '' and type(k) ~= 'number' then argus[mw.ustring.lower(k)] = v -- todos los parámetros en minúsculas por defecto: end end local html = mw.html.create() -- cuerpo principal de la plantilla local tabla = html:tag('table'):addClass('divgrande') local divgrande = tabla:tag('tr')--:addClass('divgrande') -- div principal que contiene al resto -- WIKIDATA! -- if not Entidad and argus['wikidata'] then Entidad = mw.wikibase.getEntityObject(argus['wikidata']) end if not Entidad then categorias=categorias..'[[Categoría:Wikisource:Artículos de autores no conectados a Wikidata]]' html:wikitext(errorMessage('<small>Error: Los artículos de autores deben estar enlazados en Wikidata. '.. 'Agrega un enlace a otro proyecto usando el link en la columna izquierda, '.. 'o '..frame:preprocess('[https://www.wikidata.org/wiki/Special:NewItem?site=eswikisource&page={{FULLPAGENAMEE}} crea un nuevo elemento en Wikidata]')..'</small>')) end ---- variables para manejar fechas de muerte y nacimiento local nacimientoArg = getDateFromArgs(argus, 'nacimiento') local muerteArg = getDateFromArgs(argus, 'muerte') local floruitArg = getDateFromArgs(argus, 'floruit') local nacimientoWikidata = nil local muerteWikidata = nil local floruitWikidata = nil if Entidad then --si existe la entidad en Wikidata, obtiene las fechas desde ahí. nacimientoWikidata = getDateFromTimeStatements(Entidad:getBestStatements('P569'), 'nacimiento') muerteWikidata = getDateFromTimeStatements(Entidad:getBestStatements('P570'), 'muerte') floruitWikidata = getDateFromTimeStatements(Entidad:getBestStatements('P1317'), 'floruit') floruitWikidata.precision = 8 end local nacimiento = resolverFecha(nacimientoArg, nacimientoWikidata) local muerte = resolverFecha(muerteArg, muerteWikidata) local floruit = resolverFecha(floruitArg, floruitWikidata) if nacimiento.precision >= 9 and nacimiento.year > 1300 then categorias=categorias..'[[Categoría:N' .. nacimiento.year .. ']]' end if muerte.precision >= 9 and muerte.year > 1300 then categorias=categorias..'[[Categoría:F' .. muerte.year .. ']]' end categorias=categorias..categoriaEpoca(nacimiento, -20) categorias=categorias..categoriaEpoca(muerte, 5) categorias=categorias..categoriaEpoca(floruit, 0) if withoutEpoque then categorias=categorias..'[[Categoría:Época desconocida]]' end --año de la muerte, para las plantillas local anomuerte local anosmuerte = argus['añosmuerte'] if muerte.year then anomuerte = getTextForYear(muerte.year) elseif muerte.century then anomuerte = muerte.century*100 elseif argus['añomuerte'] ~= '' and argus['añomuerte'] ~= nil then anomuerte = argus['añomuerte'] elseif argus['siglomuerte'] ~= '' and argus['siglomuerte'] ~= nil then anomuerte = (tonumber(argus['siglomuerte']))*100 elseif floruit.year then --muerte presunta 70 años después de florecer anomuerte = getTextForYear(floruit.year + 70) elseif floruit.century then --si sólo se conoce el siglo, murió a mediados de siglo anomuerte = floruit.century*100 - 50 end --artículos sin información de año de muerte if (argus['vivo']==nil or argus['vivo']=='') and (anomuerte == '' or anomuerte ==nil) and (muerte.century == '' or muerte.century ==nil) then categorias = categorias..'[[Categoría:Wikisource:Artículos de autores sin información de año de muerte]]' end -- texto fechas local textofechas = '' if nacimiento.text or muerte.text then textofechas = (nacimiento.text or '')..' - '..(muerte.text or '') elseif floruit.text then textofechas = 'fl. '..floruit.text end -- esqueleto y CSS de los divs internos local foto = divgrande:tag('td'):addClass('bc-foto') local medio = divgrande:tag('td'):addClass('bc-medio') --local divtitulo = medio:tag('div'):addClass('bc-titulo') local enlaces = divgrande:tag('td'):addClass('bc-enlaces') local derechos = html:tag('div'):addClass('bc-derechos') --variables locales local sep = "<span style='display:inline-block; width:.5em;'>&nbsp;</span>" local nombre = frame:preprocess("{{PAGENAME}}") --Contenido de los divs secundarios --divtitulo:wikitext("Ficha de ".. nombre:gsub(' %(.*%)','')) --en el título nombres sin paréntesis -- Lista de enlaces if (not argus['wikidata'] or argus['wikidata'] == '') and Entidad~=nil then argus['wikidata']=Entidad.id --enlazar a elemento wikidata end ---- Enlaces uno por uno --- local listaenlaces = Enlaces.all(argus) if argus['obras'] ~= 'none' then --Obras (aparece siempre por defecto a menos que se defina como none) listaenlaces["obras"] = { ['name'] = 'Categoría de obras', ['image'] = 'Wikisource-logo.svg', ['text'] = 'Obras', ['prefix'] = ':Categoría:Obras de ', ['title'] = '', } if argus['obras'] ~= '' and argus['obras'] ~= nil then listaenlaces["obras"]["title"] = argus['obras'] else listaenlaces["obras"]["title"] = nombre end end -- crea elementos para el resto de los enlaces listaenlaces["documentos"] = { ['name'] = 'Categoría de documentos', ['image'] = 'Wikisource-logo.svg', ['text'] = 'Documentos ', ['prefix'] = ':Categoría:Documentos de ', ['title'] = argus['documentos'] or '', } -- texto propio de biocitas listaenlaces["eswiki"]["text"] = "Biografía" listaenlaces["eswikiquote"]["text"] = "Citas" listaenlaces["commonswiki"]["text"] = "Multimedia" listaenlaces["specieswiki"]["text"] = "Especies descritas" listaenlaces["wikidata"]["text"] = "Metadatos" local orden = {'obras', 'documentos', 'eswiki', 'eswikiquote', 'commonswiki', 'specieswiki', 'wikidata'} local textoenlaces = Enlaces.formattedbiocitas(listaenlaces, orden) enlaces:wikitext(textoenlaces) --llave automágica local apellidos = mw.text.trim((propiedad('p734',{list=false, formatting='label'}) or '')..' '..(propiedad('p1950',{list=false, formatting='label'}) or '')) local nombres = (propiedad('P735',{conjunction=' ', formatting='label'}) or '') if apellidos == '' or apellidos == nil then --p.ej. Alonso de Villegas, Autor:Jerónimo Bécker, etc. apellidos = nombres --Mejor que "Autores-," cuando no existe apellido end if string.sub(apellidos,1,3) == 'de ' then apellidos = string.sub(apellidos,4) end local llave=(apellidos..', '..nombres) ~= ', ' and (apellidos..', '..nombres) mw.log(llave) -- Ordenar e Iniciales-- if argus['ordenar']==nil and llave then argus['ordenar'] = llave end if argus['ordenar'] ~= nil then if argus['inicial'] == nil then argus['inicial'] = Str.CaracterParaOrdenar(argus['ordenar']) --Si no está especificada la inicial, la saca de la primera letra de la llave de ordenado. end html:wikitext(frame:preprocess('{{DEFAULTSORT:' .. argus['ordenar'] .. '}}')) categorias=categorias..'[[Categoría:Autores-'..argus['inicial']..']]' --categoría Autores-X else html:wikitext(errorMessage("El parámetro «|Ordenar=» es obligatorio")) categorias=categorias..'[[Categoría:Wikisource:Artículos de autores sin llave de ordenamiento]]' --categoría Autores-X end if argus['ordenar'] ~= nil then -- Véase también enlaces:tag('div') :addClass('bc-enlace') :wikitext("◄"..sep.."[[:Categoría:Autores-"..argus['inicial'].."|Autores-"..argus['inicial'].."]]") --enlace a Autores-X end --- Índice de autores --- --indice = enlaces:tag('div') --indice -- :addClass('bc-enlace') -- :wikitext("[[:Categoría:Autores|Índice de autores]]") -- Texto de al medio if argus['texto'] ~= '' and argus['texto'] ~= nil then medio:wikitext(argus['texto']) else local description = remove_parentheses(mw.wikibase.getDescription()) medio:wikitext("'''"..nombre.."'''<br/>("..textofechas..')<br/>'..(description or '')) categorias = categorias..'[[Categoría:Wikisource:Autores con texto automático]]' end -- Firma ( aun no se puede conectar con otras Q de wikidata :( ) --if argus['wikidata']== '' then if propiedad('p109') then medio:wikitext("<br><br> [[File:"..propiedad('p109',{list=false}).."|frameless|99999x50px|center|Firma]]") end --else -- if propiedad ('p109',{['entidad']=argus['wikidata']}) ~= '' then -- medio:wikitext("<br><br> [[File:"..propiedad('p109',{list=false,['entidad']=argus['wikidata']}).."|frameless|center|Firma]]") -- end -- end -- Retrato autor -- local sexo = propiedad('p21', {formatting='label'}) if argus['foto'] ~= '' and argus['foto'] ~= nil then foto:wikitext("[[File:"..argus['foto'].."|frameless|99999x150px|center]]") elseif propiedad('p18') then foto:wikitext("[[File:"..propiedad('p18',{list=false}).."|frameless|99999x150px|"..propiedad('p18',{qualifier='P2096'}).."|center]]") else local faltaFoto local fotos = {'Silver - replace this image male.svg', 'Silver - replace this image female.svg','Falta foto.jpg'} if sexo == "masculino" then faltaFoto = fotos[1] elseif sexo == "femenino" then faltaFoto = fotos[2] else faltaFoto = fotos[3] end foto:wikitext("[[File:"..faltaFoto.."|frameless|99999x150px|center]]") end --Plantilla de derechos if anomuerte ~='' and anomuerte ~= nil then derechos :wikitext(frame:preprocess("{{DP-Autor|"..anomuerte.."}}")) elseif anosmuerte ~='' and anosmuerte ~= nil then derechos :wikitext(frame:preprocess("{{DP-AUTOR-"..anosmuerte.."}}")) else derechos :wikitext(frame:preprocess("{{DP-AUTOR-none}}")) end -- categorías-- categorias=categorias.."[[Categoría:Autores]]" if argus['vivo'] and mw.ustring.lower(argus['vivo']) ~= 'no' then categorias=categorias.."[[Categoría:Personas vivas]]" end -- categorizar por país: primera prioridad la tienen if argus['país'] ~= nil and argus['país'] ~='' then categorias=categorias.."[[Categoría:Autores "..frame:preprocess("{{gentilicio|"..argus['país'].."|mp}}").."]]" else argus['país'] = propiedad('P27',{conjunction=',', formatting='label'}) if argus['país'] ~= nil and argus['país'] ~='' then --el módulo Wikidata entrega la información en palabras separadas por coma. Esto convierte esa información en una tabla y itera en sus ítems (para autores con más de una nacionalidad) for _,v in ipairs(mw.text.split(argus['país'], '[,]')) do --categoría Autores por país: usa plantilla {{gentilicio}} categorias=categorias.."[[Categoría:Autores "..frame:preprocess("{{gentilicio|"..v.."|mp}}").."]]" end else categorias=categorias.."[[Categoría:Wikisource:Artículos de autores sin país]]" end end for k,v in pairs(argus) do if params[k] then if params[k] == 0 then categorias = categorias..'[[Categoría:Wikisource:Artículos que usan parámetros obsoletos en la plantilla Biocitas]]' --añade categoría de seguimiento a parámetros obsoletos (declarados arriba) end else html:wikitext(errorMessage('Error: parámetro '..k..' no reconocido')) categorias=categorias..'[[Categoría:Wikisource:Artículos que usan parámetros no reconocidos en la plantilla Biocitas]]' end end if mw.title.getCurrentTitle().namespace ~= 106 then --solo categorías en el espacio principal categorias = '' end html:wikitext(categorias) return tostring(html) .. '\n__NOTOC__' end return p nt5n557nt938ilvdcu8w35m0e1uaqqm Autor:Catalina de Eslava 106 218352 1665216 1497587 2026-06-20T14:56:22Z Ignacio Rodríguez 3603 1665216 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Catalina de Eslava'''<br> (Virreinato de la Nueva España?, s. XVI - Virreinato de la Nueva España?, s. XVII)<br> Poetisa novohispana, sobrina de [[Autor:Fernán González de Eslava|Fernán González de Eslava]] }} = Obras = * [[El sagrado laurel ciña tu frente]] [[Categoría:Autores novohispanos]] csgg1usyr16q1cqcvm7wx29qc0xkx3i Autor:José Carrasco 106 224065 1665214 855720 2026-06-20T14:54:04Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665214 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar=Carrasco, José |Texto='''José Carrasco''' <br> (fl. 1773 — 1775) <br> Profesor de la Universidad Luliana de Mallorca }} == Obras == * [[Fábulas de Fedro]] (ed. 1823) 93wnig8krqucn4hliec7n7izaxvj1hw Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del viaje del autor a Lima 0 227004 1665652 1531630 2026-06-21T01:21:49Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo del viaje del autor a Lima]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del viaje del autor a Lima]]: Robot: página trasladada 1531630 wikitext text/x-wiki {{sin formato}} {{encabezado |título=[[Nueva corónica y buen gobierno]] |autor=Guamán Poma de Ayala |sección='''{{PAGENAME}}''' }} DEL MVNDO BVELBE EL AVTOR1 A SV CASA, EL medio deste rreyno, la prouincia de los Andamarcas, Soras, Lucanas y pueblo medio y cauesa de San Cristóbal de Suntunto, Nueva Castilla de Santiago Chipao, águila y león rreal deste rreyno, entró. Lo primero, becitó a todos los pobres enfermos y biejos y güérfanos y becitó la yglecia, ydeficó en ella buenas cosas. Y luego uido derriuado y entrado en pocición y destroýdo el pueblo y prouincia. Treynta años estando seruiendo a su Magestad, halló todo en el suelo y entrádole en sus casas y sementeras y pastos. Y halló a sus hijos y hijas desnudo, seruiendo a yndios picheros, Que sus hijos y sobrinos y parientes no le conocieron porque llegó tan biejo; sería de edad de ochenta años, todo cano y flaco y desnudo y descalso. Porque solía andar todo de seda y de cunbes [tejido fino] y se rregalaua como señor y príncipe, nieto del dézimo rrey. Se hizo pobre y desnudo sólo para alcansar y uer el mundo con la merced y lesencia y uista de ojos de parte de su Magestad. ¿Qué cristiano hará esto, dexar hijos y hazienda, valor de ueynte mil, y desnudarse, meterse con los pobres treynta años? CAMINA EL AVTOR con su hijo don Francisco de Ayala. Sale de la prouincia a la ciudad de los Reys de Lima a dar qüenta a su Magestad. Y sale pobre, desnudo y camina enbierno. / Gías [?] / Amigo / autor / don Francisco de Ayala / Lautaro / ACABÓ de andar el autor don Phelipe Guaman Poma de Ayala en el mundo, teniendo de edad de ochenta años1. Y acordó de bolberse a su pueblo de donde tenía casas y sementeras y pastos y fue señor principal, cauesa mayor y administrador, protetor, tiniente general de corregidor de la dicha prouincia de los yndios Andamarcas, Soras, Lucanas por su Magestad y píncipe [sic] deste rreyno. Y ancí como se fue al dicho pueblo de San Cristóbal de Suntunto y Santiago de Chipao adonde estaua un yndio mandón de dies yndios hecho curaca prencipal. Y ci llamó apo [el señor] don Diego Suyca 2, yndio tributario, el qual fue castigado por hichesero con su ermana. El corregidor Martín de Mendoza le quemó dos culebras llamado solimán, matacallo y otras mundicias. Este yndio, como aqudía al serbicio del dicho corregidor Juan de León Flores y del padre Peralta, y ancí fue querido porque le texía quinientas piesas de rropa de auasca [tejido corriente] y daua yndios trageneadores y otros rrescates y molestia de los yndios. Y en San Cristóbal de Suntunto estaua por cacique prencipal don Grauiel Cacyamarca 3 y por su segunda persona don Francisco Usco 1, lexítimo. Y ancí halló destroýdo con los trauajos de los dichos corregidores y padres de la dicha prouincia. Y halló en ello todos los yndios, yndias ausentes, como tenían tanto trauajo. Y demás desto, halló metido en su casa y solar Pedro Colla Quispe, Esteuan Ata Pillo, y en su sementera Chinchay Cocha con ellos otros yndios por mandado deste dicho don Diego Suyca, yndio tributarío. ¿Por qué no bolbiese el dicho autor como uido todo lo dicho? El dicho autor y los demás comensaron a llorar y los demás yndios, yndias pobres de uerse con tanto trauajo y mala uentura en el dicho su pueblo y prouincia. Y pesole de la llegada del dicho autor a don Diego Suyca y a don Cristóbal de León y a los demás principales que se hacían de yndios tributarios y al dicho corregidor, escriuano y tinientes y españoles que rroban a los yndios. Y acimismo a todos los quras de las dichas dotrinas, que todos desollaua a los pobres. Estaua muy cansado y muy pobre y que no tenía un grano de maýs ni cosa alguna de auer andado tantos años en el mundo el dicho autor seruiendo a Dios y a su Magestad y a su Santidad y a los señores bizorreys, señores grandes, duques y condes, marqueses y consejo rreal de su Magestad de Castilla y deste rreyno para el seruicio de la corona rreal y bien, prouecho, aumento y multiplico de los yndios pobres de su Magestad. Estando en este estado, pretendió el dicho autor de yrse a presentarse a su Magestad para que fuese executado su seruicio y trauajo de tantos años. Y ací luego se lo dixeron los yndios tributarios que se hazían por fuerza curacas [autoridad local], Se lo dixo a los dichos saserdotes y curas de las dotrinas para que le echasen de la prouincia al dicho autor. Luego le dixo al dicho corregidor Juan de León Flore. Este dicho corregidor le mandó llamalle al dicho autor y el dicho corregidor pasado, Pedro Lopes de Toledo. Entonses el dicho autor le notificó de cómo tenía oficios y cargos y de cómo era cacique prencipal y mayor de la dicha prouincia y de cómo era sus agüelos apo [el señor grande] aGuaman Chaua y don Martín Guaman Malqui de Ayala, príncipe y mayor deste rreyno y segunda persona y su bizorrey de Topa Ynga Yupanque, el décimo rrey, y Guayna Capac Ynga, el onzeno rrey, y Tupa Cuci Guallpa Vascar Ynga, el dozeno rrey Ynga, serbió. Y después con este ofício serbió a Dios y al rrey enperador don Carlos de la gloriosa memoria y al rrey don Phelipe el segundo. Y después seruió el autor al rrey y monarca sobre todo el mundo que Dios crió DON F[ELIP]E el terzero, monarca del mundo. Notificado de todo ello, rresponde el corregidor pasado Pedro Lopes de Toledo. Dixo que era mentira y merecía castigo, que se beniera en su tienpo, le auía de castigallo. Y en esto rresponde el corregidor Juan de León Flores que le abía de onrralle al dicho autor y ponelle en una cilla y auía de ayudalle en sus cosas. Responde el dicho autor al al [sic] dicho corregidor que no conbenía onrra uendiendo a los pobres de Jesucristo y que como daua demás fuera de la rropa y obligación de la taza ochenta piesas de rropa a texer en su pueblo de Santiago de Chipao y en los demás mucha cantidad, quinientas piesas. Y tenía pulpirías en los pueblos y otros rrescates y pedía cien yndios trageneadores y otros rrescates y molamientos a los pobres yndios. Y dixo el autor que lo dexasen a los pobres de tanto trauajo, entonses auía de ser muy grandes amigos. Y rresponde el dicho corregidor que abía de hazello trauajar; para ello pedía merced a su excelencia y que con una donzella de su casa se casaua y que el secretario le faborecía y que no temía a nadie. Y ací no lo quiso metelle a su derrecho, pocición y de ser señor en la dicha prouincia y no quiso dalle y bolbelle sus casas y sementeras. Y lo echó de la prouincia cin obedeser las prouiciones rreales de su Magestad. Y ancí comensó el dicho autor a rrequerirlle y protestalle al dicho corregidor y a su escriuano. Y ací se bino para la ciudad de los Reys de Lima a presentarse a su Magestad en fabor de sus pobres y le sucidió al dicho autor en el camino. Se murió dos mulas en el nieue con el frío y fue con un caballo con todo su pobresa en el camino. Encontró con dos hombres cristianos, amigo de pobres, llamado Pedro Mosquera y Francisco Juares. Le llebó y le rregaló al dicho autor y llegó al engenio de Chocllo Cocha adonde estaua en las minas de Asto Uaraca de plata y estaua en la capilla de Nuestra Señora de Peña de Francia que era su deboción. Y estaua en sus minas un cristiano hombre llamado Migel Machado y su muger, adonde le rregaló y le hizo merced. Y dallí se partió a la ciudad de Castrouirreyna de Coyca Pallca adonde abía conquistado. El dicho autor andubo muy pobre y se presentó a un prencipal cauallero cristianícimo llamado don Fernando de Castro, gouernador, y le dio dineros para su auiamiento. Y Juan de la Crus Orellana y Antonio de Bendieta, mineros, le hizo mucha honrra y le rregaló. Y el padre y cura y uicario del serro, criollo de Yca, cristianícimo, le dio plata y le rregaló y honrró. Estando en este estado que un caballo blanco que costó cinqüenta pesos le hizo hurtar el protetor llamado Juan de Mora y Caruajal. Y de ello se quejó y no alcansó justicia. Y ancí lo dexó y de ello dixo el autor y dio gracias a Dios: “Mira, señor, Dios del cielo, él haze este daño, un protetor de los yndios, al dicho autor. ¿Qué me hará a los yndios pobres de Jesucristo?” Estando en este estado ubo un alboroto y daños de los pobres que le auía leuantádole testimonio a los yndios Yauyos, Uachos los quras de las dotrinas de San Cristóbal. Dizen que abía pedido el dicho padre que le diesen yndios rrescatadores y muchas solteras para texer rropa y de otros tratos y trauajos. Respondió don Pedro. Y de ello para hazelle mal y daño a los yndios, leuanta testimonio, deziéndole hechisero que adoraua a las piedras. Y para ello comensó a colgalle de uno a uno a los biejos y biejas y a los niños y atormentalle hasta hazelle hablar falsamente. Con el dolor dixeron que tenía uacas ýdolos; mostrauan piedras de deferentes maneras. Y ancí trageron a cien yndios y les asotó muy cruelmente con el jues de Castrouirreyna. Y en la cárzel cin dalle de comer ni rropa, se murieron ochenta yndios tributarios y biejos, yndias. Con el principal don Pedro, el dicho padre les quitó todas las galanterías y baxillas de plata y topos [prendedor] y rropa con que ellos en las fiestas cantan y dansan y baylan, como aquilla[vasija de plata] y topos y bestidos, todo de plata, y rropa de cunbe [tejido fino] y de auasca[corriente], uacra [cuerno], pluma chacpac [?] de lana colorado. De todas las casas ajuntó, y de ella hizo baxillas y de la llana, sobrecama. ¡O, gran Dios mío, señora Santa María, o altícimo señor, nuestro rrey católico, doleos de ello de la criatura hechura que le costó tanto trauajo y castigos y tormentos y muerte y conprado con su preciosa sangre, doleos, Jesucristo, de buestros pobres! ¡O, señor, nuestro rrey, de buestra hacienda cómo se a perdido ochenta ánimas! Al padre no se le da ni al corregidor de ello porque a de desollar y quitalle todo quanto tiene el pobre: el corregidor desuella. Y lleua doze mil y otras cosas. Después, este dicho corregidor haze justicia, ahorca porque hurtó este pobre yndio o porque estubo amansebado. Le destierra a sus yndias a otras ciudades y no mira el hurto de la caxa ueynte mil, el dicho corregidor y padre otro tanto, el comendero, otro tanto. Y ancí en este rreyno desuella y se cirue de los pobres de Jesucristo. ¡O, sodomía de cristiano españoles! ¡Cómo nos haze tragaros Dios ni os mata! Por un teatino en el sermón dixo que todos los yndios auían de morir y acauar en las minas y en las manos de los corregidores y españoles y de los padres saserdotes en este rreyno. Y ancí como uide tanto tormento de los pobres, y del sermón del padre teatino que todos nos quiere mal, y de auer muerto 80 yndios, me acordé de yr al pueblo de San Cristóbal, adonde hallé a un yndio mandoncillo de dies yndios llamado don Juan Quille, el qual le cirue de ualor de cinqüenta pesos. Y de ello me pagó un caballo castaño claro de los dies pesos este dicho mandón. Su muger hacía casta de español y su hixa lexítima, de su parte hacía casta de cholos, mestizos. Y a esta dicha yndia lo tenía en la cocina el señor lesenciado. Y con otras solteras, unas haziendo de comer, otras en el pan, otras en labrar, entonses bino un tiniente de corregidor. Y este dicho padre se quejó al dicho tiniente que auía muchas amanzebadas yndias en el dicho pueblo. Entonses el dicho tiniente, aunándose con el dicho padre, le desterró tres yndias hermosas a la uilla de Guancabilca a que fuesen a seruir a su madre, adonde le fornique españoles y haga casta de mestisos y sea más uellaca entre español y puta. Aunque lo manda su Magestad que se rrecoja y multiplique yndios, lo sacan desta manera y no ay rremedio. Y es contra lo que manda su Magestad. Y demás desto, llebó otras yndias. Ues aquí, Dios mío, ¡cómo an de multiplicar los pobres! Y en esto el autor y don Juan Quilli dixeron que cómo no teniendo poder, echauan a las yndias del pueblo. Y ancí se acauauan los yndios y quedaua agrauiado su Magestad. Y demás de ello, su Magestad y su señoría obispo que hacía muy gran daño en dalle dotrina a los niños y muchachos padres dotrinantes, y que auía de ser pasado de setenta años que es buen cura. Este dicho abiso y consejo que le auía dicho delante de la hija de don Juan Quilli. Luego la dicha María se la dijo al dicho padre a media noche. Y ancí por la mañana luego dijo el dicho padre al dicho autor. Y el dicho padre luego le mandó que se fuese y no le dixesen nada ni le diese ánimo a los yndios porque le castigaría encima de un carnero y que no le quería uelle. Mandó al alcalde y fiscal y lo eche. Y ancí, Dios mío, ¿adónde estás? No me oyes para el rremedio de tus pobres, que yo harto rremediado ando. Y ancí, ¿cómo an de ueuir casados y multiplicar los yndios? Después dezís: “¡O, qué mala dotrina y malos yndios pleytistas!” En otro pueblo, le sucidió a don Pedro un pleyto de mentiras y uellaquerías en el pueblo de Chinchay Yunga. Y le leuantó otro padre dotrinante flayre por destruyr su pueblo, por lo qual en toda Castilla los frayres serrado en su conuento, los clérigos en sus casas, cin pleyto. Todo es acá mentira. Y ancí el dicho padre le espantaua a los yndios; aun el dicho autor se espantó deste dicho padre. ¿Qué me hará los yndios pobres y pucilánimos, encapases por no uer más tantas cosas ni hartarse de llorar con los pobres? Esto pasó en el año de 1614: Estubo el dicho autor el Día de la Senisa oyendo un sermón tan espantable del dicho padre en que dezía que le auía de matalle y curalle como a carneros, caraches y desollalle a los yndios. Como oyó el dicho autor de las malas palabras y sermón, luego en esa ora sale el autor por no uer más tantos tormentos de los pobres, questaua ya muy harto de uella en el mundo. Pero fue forsoso de sauella por auerse muerto ochenta ánimas, hazienda de su Magestad, a quien le duele como cosa suya y propia que le costó su trauajo y propetario, rrey. Después dezís que no está al presente Dios y luego Sacra Católica Real Magestad. Porque adonde está Dios está el rrey católico y sus ojos cristianos. Todos los que le enforma a su Magestad cirue a Dios y a su Magestad. Aquellos ojos de ellos y del autor son ojos del mismo rrey, que los uido a uista de ojos. Y andubo en todo el mundo para uer y proueer su justicia y rremedio de los pobres. Y ancí tornó el dicho autor otra ues a su camino a dalle el abiso y rremedio que ponga su Magestad. Y ací otra ues tornó caminar, salió muy pobre. Fue Dios seruido y su madre Santa María de Peña de Francia le dio rregalos y auiamiento por la merced de la madre de Dios. Y ancí hizo milagro en el pobre cauallero autor. Y ancí caminó a la ciudad de Castrouirreyna, adonde auía tornado otra ues su biaje. Allí halló otra ues toda la miceria. Le auían hurtado un yndio Aymara del pueblo de Uaquirca, una cilla y otras menudencias. Este dicho yndio se llamó don Pedro de León Cautillo. Y demás desto, se le huyó su hijo el mayor y le dejó don Francisco de Ayala como se uido pobre y no tener sustento, el qual se halló tan pobre, aflexido y no auía quien le prestase ni socorriese un rreal. Ues aquí toda la pobresa que pasó por por [sic] seruir a Dios nuestro señor y faboreser a los pobres de Jesucristo y dar qüenta a su Magestad deste rreyno para el rremedio y saluación de las ánimas. Hallándose el dicho autor en el pueblo de San Cristóbal, encontró con un hombre natural de la uilla de Piscoy, el qual estando comiendo con el dicho don Juan Quilli, yndio mandoncillo de dies yndios del dicho pueblo. Primero le dijo a don Juan Quilli que por qué no le casaua a su hija con algún yndio porque no pariese más mestizo y que parecía mal en la cocina del padre y que estaua deshonrrado tener cargasón de mestisos. Luego le habló al dicho autor el dicho español, que para qué se cansaua ni gastaua el tienpo, ciendo tan biejo, cino hazer rropa y rrescates quanto pediese el corregidor y tiniente y padres dotrinantes y comenderos, españoles. Responde el dicho autor, dijo: “Señor, las dichas hordenansas del señor don Francisco de Toledo y los demás señores bizorreys no manda que haga rropa ni rrescates ni a nenguna de ellos y de las demás. Por eso le señala salario en cada año y tercio.” Responde el dicho español: “Hijo, como hombre que lo saue, te digo que tanbién fue unos tienpos tiniente de corregidor don Pedro de Mena, hombre muy rrico del Collao. Ciendo tan rrico, hizo este dicho corregidor quatro mil piesas de rropa de auasca [tejido corriente]para meter a Potocí. Acimismo  me lo hizo para mí y para el padre y comendero. Saued que las hordenansas del señor don Francisco de Toledo y de los demás bizorreys son buenas para yyndios [sic], que no para españoles. Que las hordenansas y leys están en Castilla de los españoles. Somos libres. Y ací te digo que nos canséys. Texe, hila de priesa. Con eso acauarés y se contentará ellos.” Responde el autor, dize: “Señor, esperansa tengo que a de uenir Jesucristo otra ues a jusgar a los malos y castigar, y a los buenos dará la gloria. Bueno es y santa cosa es faboreser a los pobres de Jesucristo.” Responde este dicho hombre dijo que abía pedido el encomendero de Chinchay a un yndio don Andrés por gouernador: “Y ancí le a de quitalle y metelle al lexítimo. Y ci no lo haze el prencipal bien con el dicho corregidor y padre y comendero, y ci no biue bien con los españoles, le quitará o ci no, matalle de asotes. Ues aquí, hijo, en qué para los pleytistas y los que no hazen el trato de los dichos yndios en este rreyno.” Respon[de] el dicho autor: “Señor, no boy a pleytear, cino abisalle a su Magestad y descargalle su rreal consencia. Con eso cumplo porque a mí todos ellos qué me hará, Dios es testigo y señora Santa María de Peña de Francia y de todo sus sanctos, sanctas, ángeles me faboreserá. Y soy propetario, señor de mi tierra, lexítimo eredero de capac apo Guaman Chaua, excelentícimo señor deste rreyno. Y soy nieto de Topa Ynga Yupanqui, el rrey dézimo deste rreyno, el quien fue el gran sauio. Porque la dicha coya, mi madre, doña Juana Curi Ocllo fue lexítima coya y señora, rreyna deste rreyno. Y ancí el príncipe don Melchor Carlos Paullo Topa Uira Cocha Ynga, el quien fue a Castilla, el qual fue mi tío, y otros señores yngas, príncipes están bibos, tíos tengo. Y ací mi padre serbió a Dios y a su Magestad toda su uida. Yo tanbién, como guaman, rrey de las aues, buela más y balo más en el seruicio de Dios y de su Magestad y serbió treynta años. Poma, rrey de los animales, fue temido. Desde su nación fue segunda y su bizorrey de Topa Ynga Yupanqui y casado con su hija lexítima, doña Juana Curi Ocllo. Con ello seruió a Dios y a su Magestad. Ayalla, fue leal Ayala, ací como leal y cauallero de la casa de Ayala de España y de Biscaya, seruió a Dios y a su Magestad toda su uida hasta murir. Seruió el padre como hijo y nietos. Fue condor, buytri, que huele quarenta leguas. Ací seruió y holió en seruicio de Dios y de su Magestad quarenta años cin sesar. Chaua: cruel, que fue cruelícimo contra los tiranos en seruicio de Dios y de su Magestad. Y ancí príncipe muy gran cristiano que defiende la fe, yglecia de Dios y defiende la corona rreal de su Magestad, Ayala.” RESPONDE el dicho hombre, dijo: “Hijo, uete a Castilla. El rrey te hará merced de tanto seruicio y natural propetario que soys.” Responde el autor y dijo: “Señor, soy biejo de ochenta años. No puedo rremediallo. Dios lo rremedie y su Magestad que puede, es suya.” Como dicho es que el autor partió del pueblo de San Cristóbal y llegó a la ciudad de Castrouirreyna y dormió una noche. Dallí pasó adelante muy pobre solo y por donde andaua pasaua muchos españoles, yndios por el camino. Y le preguntaua que con quién andaua en conpañía, y a quién le seruía. Le preguntaua españoles, yndios. Respondía que uenía seruiendo a un hombre graue llamado Cristo-bal, por decir Cristo, metía deciendo “bal”, aunque dixo Cristóbal de la Crus. Decía los hombres que quién era este dicho Cristóbal de la Crus, que ci era minero o rrico. Respondía que auía cido gran minero y es rrico agora y poderoso señor su amo. Pregunta: “¿No ueremos a este hombre?” Responde el autor: “Ay uiene alcansándome. Ay le encontrará se lo busca vuestra merced.” Con estas dichas palabras andaua cienpre por el mundo en busca de los pobres de Jesucristo y de su santo seruicio y seruicio de su Magestad. Y ací negociaua el dicho pobre cauallero autor. Y otra ues llegó a su amigo, el cristiano Migel Machado, questaua en su engenio y capilla de Nuestra Señora de Peña de Francia de Chocllo Cocha. Y allí tenía seruiendo ueynte yndios del dicho autor de su pueblo, segunda semana de la quaresma. El domingo encontraron con sus yndios, y lo rrecibieron los yndios, yndias y niños, adonde todos lloraron de toda la miseria y trauajos que padecían. Primeramente llorando con lágrimas, dixo a su señor el autor y le preguntó que ci estaua bibo que toda la prouincia los pobres de Jesucristo an llorado de vuestra merced: “Y nuestro pueblo solo hila y texe ochenta piesas de rropa de auasca [tejido corriente] y pide cien yndios trageneadores y tanto rrescate que nos haze trauajar el dicho corregidor y los dichos padres y tinientes y españoles del tanbo [mesón]. Señor, los demás prencipales questán nombrados de yndios tributarios y bajos: don Carlos, don Cristóbal de León, don Diego Suyca, sólo quieren rrecibir cohechos. Ancimismo pasamos muy gran daño en estas dichas minas de que un yndio Guanca mayordomo, Juan Puxare del ayllo [parcialidad] a Lurin Uanca, que no paga tributo ni cirue y nos castiga cruelmente, quitando los calsones, y nos esconde la tarea. Y en las minas de Guancabilca acimismo le haze este dicho daño el minero llamado Juan Tomás de Contrerias.” Ací le contó y se quexó los dichos yndios al dicho autor como a su señor; este dicho llanto y trestesa le aplacó. Y le consoló y aplacó, dijo: “Hijo, encomendaos a Dios y a la Uirgen María. Presto tendremos rremedio.” Que por amor de ellos andaua tan pobre y trauaxaua, ciendo tan biejo de ochenta años. Antes que sea más biejo y se muera, quería acauallo de dalle qüenta y abiso a Dios y a su Magestad. Y ancí le aplacó a sus pobres. Y cienpre de otras prouincias uenían todos los prencipales con quexas y trayýan dolores y de mucha lástima y llorar por donde fue uencido con lágrimas de los pobres yndios, yndias, biejos, enfermos, niños el dicho autor. Y ancí se hizo tan pobre y meterse entre ellos treynta años, aunque todos los españoles y demás prencipales falsos picheros tributarioss, los quales comía a los pobres, le decía al autor que los pobres no podían negociar, cino los rricos que tenga plata y oro, cohechándole. A esto rrespondía el dicho autor, deziendo que el señor mío y nuestro rrey le tenía hecho tanta merced, que paga al letrado, al protetor y proqurador que tenía puesto en todo lugar. Éstos le auían de faboresella y defenderá. Respondieron los dichos españoles y falsos caciques de yndios tributarios, dixeron que más cohecho pedían y plata al pobre, y ci no, que abían de morir y no comer. Y ancí pasan tormento los yndios. Y ancí fue y pasó el dicho autor adelante, dexando a sus pobres desuenturados. Y quando salió, fue aconpañado el pobre autor de dos animales perros que le guardaua. Y tubo tanto rregalo del cielo todos los días. Cin sesar llouía y cayýa mucho nieue, que el pobre de autor entraua hasta la sentura, y lleuaua mucha siénega, que el cauallo que lleuaua de frío parecía azogado. Y ací llegó el pobre del autor a un aciento de Sotomayor y le llebó tres biejas yndias pobres que allí estauan. Allí le dexó los dichos dos perros que le aconpañaua y se bolbió otra ues a la ciudad de Castrouirreyna, y le dejó solo. Estando en este estado, las dichas tres uiejas le contó todo su miseria y pobresa al dicho autor, llorando todo lo que sucidía en su pueblo de Hatun Xauxa. Le dixo: “Señor, nosotros estamos huydas del padre dotor Áuila, becitador del obispado de la ciudad de los Reys de Lima y ualle de Uada Chiri y ualle de Xauxa.” A causa del dotor dixeron que le quería hazelle hicheseros y hechiseras, el quien dize en la pregunta ques uaca [divinidad local], mocha[reverenciar]. Cin auello cido, se huelga y dize que adora piedras. Que no le castiga, cino que le corosa y le ata en el cuello con una soga y en la mano una candela de sera. Y ancí dize que anda en la procición. Con ello acaua y queda contento el dicho uecitador1. Y ci es cristiano y rresponde y dize que no saue de uacas ýdolos y que él adora en un solo Dios y la Santícima Trinidad y a la Uirgen Santa María y a todos los santos y santas, ángeles del cielo, a este dicho yndio o yndia luego le manda subir en un carnero blanco y allí dize que le da muy muchos asotes hasta hazelle caer sangre a las espaldas del carnero blanco para que paresca la sangre del pobre yndio. Y con los tormentos y dolores dize el yndio que adora al ýdolo uaca antigo. Ues aquí, cristiano de palo, cómo no tiene fabor los pobres de Jesucristo. Anda tanto tormento y castigo. Dixéronle al autor las tres uiejas: “Señor, vuestra merced yrá allá y sabrá la uerdad y llorará con los pobres de Jesucristo.” Dijo estas dichas pobres mugeres que otro biejo pobre, por no uerse en el dicho tormento enjusto, que el dicho propio biejo tomó cocamolido  hecho polbo y lo tomó y se ahogó y morió con ella. Y le enterraron en el sagrado y dallí le mandó sacar el cuerpo y lo mandó quemallo y de los güesos que quedó, echó en el río. ¡O, qué buen dotor!, ¿adónde está buestra ánima? ¿Qué cierpe le come y desuella a las dichas obejas cin pastor y cin dueño, que no tiene amo? Ci tubera dueño, todauía se doliera de sus obejas de Jesucristo que le costó su sangre. ¿Adónde estás, Dios del cielo? Cómo está lejos el pastor y tiniente uerdadero de Dios el santo papa. ¿Adónde estás, nuestro señor rrey Phelipe, que ací lo pierdes tu rreyno y tu hazienda, seruicio de tu corona rreal? Que bien parese cada uno su orden y ser santo el clérígo en su rreligión zazerdotal y el flayre en su conuento y rreligión y los padres de la Conpañía de Jesús rrecogidos y la horden del señor San Pedro, apóstoles de Jesucristo, corra en el mundo. Es la ley perfecta. Y tenga pobresa, umildad, caridad, amor de prógimo, pasencia en la dotrina. No sea niño, cino biejo como San Pedro, rrecogido. No se meta en cosas de justicia: confesar y decir su misa y sermón y rrezar. Es la ley de Dios perfecta en el mundo. Las dichas tres biejas rresponde y dijo: “Señor, digo que mis agüelos antepasados deuen de ser ydúlatras como xentiles, como españoles de Castilla y los rromanos, los quales se acauaron aquellos. En esta uida somos cristianos y bautizados. Y ancí agora a culpa del dotor adoraremos a los serros o ci no, todos yremos al monte hoýdos pues que no ay justicia en nosotros en el mundo. No tenemos quién se duela. Quisá se dolerá nuestro Ynga que es el rrey. No se acuerda de tanto lloro y don Melchor se a muerto. Y ancí tenemos tanto pena y trauajo en este rreyno.” Estas dichas palabras dixeron, llorando y dando boses con los ojos mirando al cielo, pedían a Dios muerte. Que ací lo uido el dicho autor. De ello se quedó espantado el dicho autor de oýr tan lastimosa nueua y palabra. De ello le consoló a las dichas pobres tres biejas y dijo que Dios lo rremediaría. Y ancí le rrepartió ymágenes adonde se encomendasen a Dios y a la Uirgen Santa María. Entró en la uilla rrica de Oropesa de Guancabilca. Entró a la ylecia y salió a la plasa. Dize el dicho autor questaua espantado y admirado de uer en aquella plasa tantas bofetadas y pescozadas a los pobres prencipales. A unos les llamauan cauallos, perros, los quales prencipales, y de muchas maneras les maltratan a los demás yndios pobres. Dize el autor que le parecía que abía salido todos los demonios del ynfierno a ynquietar a los pobres de Jesucristo. Que estos dichos lo escriue todo en suma de lo que uido en la dicha plasa. Y el dicho autor estaua metido entre los pobres que no lo conocían, aunque sus bazallos le conoció y le abrasó y le contó de toda su miseria y trauajos que tenía en la dicha su prouincia y de las dichas minas. Y ancí lo llebó al dicho autor a sus posadas los dichos sus pobres yndios supxetos. Y le dijo: “Señor, mira bien estos dichos tormentos y martirios que pasamos en estas dichas minas en el rrepartirse los yndios: Enbió testimonio el corregidor Juan de León Flores y su escriuano Andrés Ualliente, el qual enpadronado yndios ausentes, que faltó yndios Andamarcas ueynte y seys yndios; alquiló y pagó el dicho capitán. Y de los yndios Lucanas faltó treynta yndios, y de los Soras, faltó todo; sólo dies yndios pareció.” Preguntándole a los dicho yndios y capitanes que cómo faltaua tantos yndios de la mita [prestación de trabajo], dixeron que auía sacado cien yndios al tragín del uino del corregidor y de otros rrescates que a los dichos caciques prencipales y segundas y demás mandones los auía lleuado a todos, al despacho del tragín del uino del corregidor al citio de Uata Cocha. Y dallí partió el dicho autor hacia ualle de Xauxa. En el camino y citio de Llallas, durmiendo en una cueua, dizen que le uino a saltear dos yndios Lurin Uancas, adonde fue Dios seruido. Se hallase dentro de la cueua seys yndios, questos dichos yndios desde Chalco Chima grandícimos ladrones y salteadores rrobaron todo el rreyno. Y ací no dexan sus oficios hasta agora. Esto se escriue en suma en toda la materia. I ACÍ, BENIendo a la lexera por amor de el día de Jueues Santo y Pascua de Resurición, el dicho autor encontró con muchos españoles harrieros y rrescatadores que pasauan adelante cin oý[r] tinieblas ni misa ni sermón. Mira, cristiano, ci esto bosotros hazéys ciendo cristiano biejo, ¿qué me hará los yndios? Sacáys de fuersa a los pobres yndios de su deboción. Y ci esto hiciera un yndio, sobre ello le cargará corregidor, tiniente y padre y le afrentará. Y ací dize el autor que es santa cosa que en este rreyno guarden desde uísperas del Domingo de Ramos hasta los quatro días de la Pasqua y de domingo y de fiestas de todo el año, que no es justo que caminen, so las penas de la Santa Madre Yglecia. Con ello abrá cristiandad y pulicía en este rreyno. Llegó al pueblo de Uancayo el dicho autor muy pobre. Y estaua muy enfermo y ancí fue a la tiniebla y procición y oyó un sermón del padre comisario muy bueno. Y el día de la solenedad, Biernes Santo, oyó otro sermón del padre prior mucho más bueno. Que el dicho autor en todo el pueblo de Uancayo no halló posada por ser tan pobre. Y no halló cristiano ni caridad en ellos, aunque andan cargado de rrosario ellos. Y dallí le güespedó en casa de un yndio llamado Pedro Carua Rinri. Y era cantor y tenía oficios y cobraua la limosna de la santa bula de la crusada seys años. Y era cíndico y mayordomo de la yglecia del dicho pueblo de Uancayo, adonde le hizo caridad y limosna. Que el dicho autor estubo en medio del pueblo y plasa y del mundo, uiendo todo. Como se halló tan pobre y rroto, no ubo quien le llamase en la Pasqua. Dize que ayonó. El segundo día le conbidó el dicho dueño de la casa y otros muy pobres. Dallí se fue al pueblo de la Concipci[ó]n de Lurin Uanca y a Xauxa. En los dichos pueblos dize el autor que uido medio prouincia hecho yanaconas [criados de españoles] y uellacos yndios que traen camegetas y mucho negocio, haraganes, ladrones que se arriman a los padres y españoles. Y uido más otro medio prouincia de yndias hecha putas. Traen faldilines, mangas, botines y camisas, todas cargadas media dozena de mestisos y mulatos, cholos, sanbahígos. De tan grandes putas ya no quiere casarse con sus yguales yndios. Estos dichos cargan a los otros pobres yndios. Y ací se ausentan los dichos yndios y no multiplica y se despuebla los pueblos y se acauan. Es la causa que el cacique prencipal uiene a casar sus hijas y ermanas con mestisos y mulatos. Como uen a la cauesa y los demás, se huelga de parir mestisos. Ya no se quieren casarse con los yndios y se pierde el rreyno. Y ací dijo el autor que bien se acordaua de las hordenansas del señor don Francisco de Toledo, en que mandó que los yndios andubiesen en su trage natural y que les quitase los bestidos de españoles a los yndios, yndias y que no rrecidiesen en los dichos pueblos entre yndios nengún español ni mestiso ni mulato en todo el rreyno. Y ancí, de en año en año, mandó sacar mestisos y mulatos y españoles para la defensa de la ciudad de Chile y de la cordellera, de la montaña. De la Mar del Norte, adonde ay mucha gente de yndios ynfieles de guerra ciruan los españoles y mestisos y mulatos y negros, horros a Dios y a su Magestad, tengan la ley de Castilla y no sean libres: El pichero sea pichero, el cauauallero [sic] sea alcaualero y sean conocidos. Como dicho tengo, está medio despoblado todas las prouincias deste rreyno; lo destrúen los dichos españoles y los dichos corregidores y curas y padres dotrinantes y comenderos. Por causa destos dichos, se pierde todo el rreyno y pierde su Magestad su hacienda y rriquiesa de mundo. Para que se uea la uerdad y que como no ay justicia en los pobres yndios en este rreyno ase de sauer que don Juan Apo Alanya, cacique prencipal del rrepartimiento de Hanan Uanca, fue cazado con doña María Manco Carua. Y la dicha uellaca de su madre doña María Alta, madre de don Juan Apo Ala[n]ya, fue casado con un mestiso llamado Francisco Zerrano, padrastro del dicho don Juan Apo Alanya. El qual este dicho don Juan Apo Alanya, estando seruiendo en las minas de Guancabilca a su Magestad, le forsó a su muger, ciendo padrastro Francisco Serrano, el dicho mestiso. Y como sentió el dicho don Juan Apo Alanya, le cogió una noche y le mató a él y a ella. Y de ello le castigó y le quitó toda su hacienda al dicho don Juan Apo Alanya el dicho corregidor. Lo que hazen de ello sus ermanos de Francisco Serrano búscanle en trayción Juan Zerrón, Migel Canpusano, hijos de Juan Serrano, Diego Lopes, hijo de Uillegas, otro llamado Diego Lopes. Fueron quatro personas armados con fistoletes. Al pobre de don Juan Apo Alanya le mató solo en el canpo como traydores, enemigo de los pobres yndios. Ues aquí, justicia de palo, ¿quién tiene culpa, don Juan o los dichos quatro españoles o el dicho su padrastro? Que sus pecados le mató a los susodichos libre cin costa el dicho don Juan y los quatro hombres traydores merese castigado y quartezado y secutado sus bienes y que pague al dicho hijo de don Juan Apo Alanya, niño, don Juan Guayna Ala[n]yan. La culpa de todo ello se le echa al señor bizorrey y a la audencia rreal y a los que concienten que biban entre yndios tan uellaca casta de españoles y mestisos y mulatos y negros. Por esta causa y ley, hordenansas deste rreyno, lo mande echar de las prouincias y pueblo de yndios deste rreyno a los dichos españoles, mestisos, negros y mulatos, zanbahígos y que se uayan a las dichas ciudades. Aunque sea casado con yndias, se le lleuen a sus mugeres los dichos españoles y mestisos y mulatos. Y a los dichos yndios, yndias lo echen de las ciudades y uillas los dichos jueses y justicias de su Magestad a las dichas prouincias y pueblos los echen. Y ancí aumentará los dichos yndios deste rrey[no] y no abrá tanto negocio ni rrezago de la dicha tasa y falta de yndios de las dichas minas. Y estos dichos rrecogerse a de ser de en año en año y se haga a la costa de los dichos mismos yndios ausentes y de españoles ausentes y guagamundos que no quieren beuir en las ciudades por rrobar y uellaquear entre yndios. Y ací abrá rremedio y justicia como lo manda su Magestad en su sédula rreal y prouiciones y decretos. Y ací digo como sea en casos de yndios no ay justicia, cino como sea de español a de auer justicia. Ues aquí cómo no ay justicia en este dicho de la muerte de don Juan Apo Alanya. Acimismo no los ay en tododo [sic] el rreyno en los yndios pobres. Como os diré la uerdad, cómo se acordó el dicho autor de los yndios Yauyos de junto el pueblo de Córdoua: En el camino un español le salteó a dies yndios, quitándole sus haciendas y comidas. Defendiéndose los yndios, desuaynó su espada y le hirió a tres yndios. Y ací, defendiéndose del dicho español, le mató al dicho español los dichos yndios. Y ancí, cin auiriguación ni enformación, luego la justicia le ahorcó a los dichos dies yndios Yauyos cin auiriguación. Ues aquí cómo tiene justicia los dichos españoles y los dichos yndios no las tiene en este rreyno ni ay quien buelba por ellos. Pasó el dicho autor adelante por el rrío grande de Uanbo por la balsa a los pueblos de Chongo, Chupaca y Cicaya, Urcotonan, Mito Hincos, Uari Pampa. Y allí uido el dicho autor, allí uido que los yndios falsos ladinos yndios Uancas rrobauan a los pobres mugeres quanto podía y los ladinos cantores quedauan en el pueblo. Y a los que no sauían, los echauan de sus pueblos y casas y tierras. Y se arrimauan estos dichos a los flayres dotrinantes y acimismo las dichas yndias que traýan faldilines. Y ancí estaua medio despoblado, todos los quales se hacían el más pleytista las dichas yndias, por las causas que son queridas de los dichos padres y curas dotrinantes y de los dichos españoles y mestisos y mulatos. Y ací les da fuerza y ala y ací las dichas yndias rrebuelbe la tierra y sauen leuantar testimonio a sus maridos, fornicándose con españoles. Como le leuantó a don Diego Chuqui Llanqui, cacique de Cochangara, deciéndole a su marido que forzaua a su hija y fornicaua a sus ermanas, hechisero. Y decíale otras cosas malas sólo a fin de querelle ponelle en la horca y quedar hecha uellaca puta. Acimismo le contó al dicho autor un yndio cantor llamado Sancho. Dijo que le auía aporreado a su muger y la dicha muger dio gritos y boses, deciendo: “Sean testigos queste mi marido a forzado y caualgado a mi hija.” Ues aquí, cristianos, adonde le ueréys a los dichos yndios, yndias cargado de rrosarios y rreciuir el sacramento y cienpre borracho y todo el día en la yglecia y cofrade ueyntiquatro, guárdenos Dios. De todo ello tiene la culpa su señoría y los padres de la dotrina que le da el sacramento cin conoselle no más de que se hase santa uanagloria; más uicio tiene de maldad que de bondad y de buena. Y ací no se le dé sacramento ni que entre a la cofradía, cino que primero sea rrepentida y que no proeue chicha ni uino en su uida y uenga contrito de ánima y de corasón y no sea pleytista ni leuante testimonio a nadie. Y ací los dichos testigos que fuere falsos yndios, yndias sean castigadas y no ualga por testigo ni se le dé ningún oficio de justicia. Y demás de lo dicho que se huyen de medio misa y son grandes ladrones lurin uancas y testimunieros y no ay rremedio. Que los yndios alanyas, chuqui llanquis auían de seruir en las minas y pagar tributo que son muchos yndios rreseruados. El qual el mayor de todos ellos que le haze merced y habla con ellos con Apo Uacra Uaman tienen merced del señor rrey enperador y el rrey don Phelipe el segundo y don Phelipe el tersero le hace merced al solo de la prouincia del ualle de Xauxa y no a otro nenguno. Sale el autor de Santo Domingo de Cicaya y le aconpaña hasta Lima un yndio cristianícimo, cantor del dicho pueblo llamado don Juan Bautista Uamalli, Chuqui Llanquis, hijo lexítimo de Santiago Achicac, Chuqui Llanqui. Este dicho fue muy cristianícimo hombre, gran seruidor de Dios y de su Magestad, el qual seruió seys meses por correón mayor. Y a cido alcalde mayor, alcalde hordenario y fue hijo y nietos de los prencipales Choque Llanque. Y ací, como cristiano, mandó a su hijo le seruiese al dicho autor hasta Lima en seruicio de Dios y de su Magestad. Su padre deste dicho Choque Llanque prendió a Francisco Hernandes Girón, traydor, en seruicio de Dios y de su Magestad. Y ací fueron por el camino de y citio de Uachac, Angascaca, Pucara y encontró con el camino rreal en el citio de Nina Pampa y Paria Caca a lo callente. Allí estaua un hombre pulpero que haze muy grandes daños en las tierras y pasto y sementeras de los yndios de San Phelipe. En el camino de Paria Caca encontró el dicho autor con los dichos españoles rreguas y pasageros y señoras que lleuaua media dozena de yndias juntas de mal uiuir y unos de Uadachiri y otros de Xauxa y de Uancayo, adonde lleuan yndios de guía cargados como cauallo, animal, arreándole adelante de su caballo. Dize el autor que es muy gran lástima, aunque lestá mandado que lleue yndios sólo para guía. Dize el autor que ací es muy justo y conbiniente que no se le dé guía ni mitayo [que presta trabajo] en este rreyno, conforme la ley de Castilla y seruicio de Dios y de su Magestad. Que ancí abrá rremedio. El dicho autor llegó al pueblo de San Felipe. Y llegado, le contó los dichos yndios y don Pedro Puypacaxa de edad de ciento y ueynte años, muy biejo. Lloraron todos y le mostró su yglecia, hospital y casa del padre y cabildo que le auía desuaratado todo su pueblo y la dicha yglecia questaua todo pintado. Dize el autor que, a su pareser, perdió los dichos yndios pobres cinco mil pesos en el templo y casas, que otro tanto perdería de sus casas propias de los dichos yndios. Y los hizo yr a más de dos leguas de su chacara [sementera] al pueblo de San Pedro. Y en el ca[mi]no los dichos españoles y mestisos y negros les forzaua a sus mugeres y hijas. Y demás de ello, les rrobaua sus comidas. Y demás de eso, les dixo que un becitador de la Santa Yglecia llamado dotor Áuila y corregidor, con color de dicille que son ydúlatras, les a quitado mucha cantidad de oro y plata y bestidos y plumages y otras galanterías, bestidos de cunbe [tejido fino], auasca [corriente], topos [prendedor], camigetas, porongos [vaso] a, aquillas [vasija], todo de plata y de oro. Los quales tenían para dansar y holgar en las fiestas y pasquas, Corpus Criste del año y se los a lleuado todo de los pobres yndios. Y fuera desto, en el pueblo de San Lorenso a dexado dos hijos uecitadores. Y demás desto, que hará la costa de comida y mitas [prestación de trabajo] de todos ellos y de sus criados y los daños y otras cosas. Porque tiene fabor de su señoría, desuella a los pobres de Jesucristo y no ay rremedio y no ay becita para él. Ues aquí, cristiano, ques al contrario: Mándanle becitar a los dichos padres y curas de las dichas doctrinas y castigallos. Y desuella y castiga a los dichos pobres yndios. Al padre perdonó porque le cohecha y porque tiene arrimo. Y ancí dize el autor que es muy justo que enbíe su Magestad un becitador de España a becitalle a los dichos padres y curas de las dichas dotrinas deste rreyno y que faboresca a los dichos yndios deste dicho rreyno. Que ancí abrá justicia. Dize el dicho autor aunque los dichos yndios Yauyos y los demás como sea de la cordellera, de la Mar de Sur, son uellaca gente que no tienen caridad ni amor de prógimo ni cristiandad, que son tontos, más para uellaquerías y maldades. Tienen sólo para ueuer y comer auilidad y no tiene rrosario ni ymágenes. QVIERE ACÍ LOS dichos padres de las dichas dotrinas y lo enseña ací y no les predica el Santo Euangelio ni las buenas obras de misericordia, cino busca hacienda y rrescates a la ciudad de Lima. Daca plata, toma plata, que su ánima baya al enfierno como sea rrico con el sudor de los pobres yndios. Pasó el pueblo de Uadachiri el dicho autor y en lo alto que encontró con unos hombres y señoras que benían del tanbo [mesón] de Chorrillo. Y le habló el dicho autor que por qué no lleuaua yndios. Respondieron que más quería yr ellos cargados que cargalle a los pobres yndios, lo qual en la ley de cristiano y en Castilla no se cargauan a cristiano, cino a cauallo, animal. Que para ello le dio Dios a los animales, que en Castilla que no se daua mitayo [que presta trabajo] ni guía. Y ací temo a Dios. Estas dichas palabras le rrespondió al dicho autor ques al contrario: Mándanle becitar a los dichos padres y curas de las dichas doctrinas y castigallos. Y desuella y castiga a los dichos pobres yndios. Al padre perdonó porque le cohecha y porque tiene arrimo. Y ancí dize el autor que es muy justo que enbíe su Magestad un becitador de España a becitalle a los dichos padres y curas de las dichas dotrinas deste rreyno y que faboresca a los dichos yndios deste dicho rreyno. Que ancí abrá justicia. Dize el dicho autor aunque los dichos yndios Yauyos y los demás como sea de la cordellera, de la Mar de Sur, son uellaca gente que no tienen caridad ni amor de prógimo ni cristiandad, que son tontos, más para uellaquerías y maldades. Tienen sólo para ueuer y comer auilidad y no tiene rrosario ni ymágenes. QVIERE ACÍ LOS dichos padres de las dichas dotrinas y lo enseña ací y no les predica el Santo Euangelio ni las buenas obras de misericordia, cino busca hacienda y rrescates a la ciudad de Lima. Daca plata, toma plata, que su ánima baya al enfierno como sea rrico con el sudor de los pobres yndios. Pasó el pueblo de Uadachiri el dicho autor y en lo alto que encontró con unos hombres y señoras que benían del tanbo [mesón] de Chorrillo. Y le habló el dicho autor que por qué no lleuaua yndios. Respondieron que más quería yr ellos cargados que cargalle a los pobres yndios, lo qual en la ley de cristiano y en Castilla no se cargauan a cristiano, cino a cauallo, animal. Que para ello le dio Dios a los animales, que en Castilla que no se daua mitayo [que presta trabajo] ni guía. Y ací temo a Dios. Estas dichas palabras le rrespondió al dicho autor pueblo y tanbo de Cicicaya y llegado que no staua allí el cacique prencipal cristiano llamado don Martín, hijo de don Diego, el qual estaua en la capilla del señor SAN MARTÍN de Chuntay, que sus yndios lenpiaua la secya para la dicha comonidad, adonde le rrecibió con amor y caridad y le rregaló y le hizo merced y limosna y le auió por amor de Dios y del señor San Martín y por ser pobre y biejo, enfermo. Y pasó por la ciénega y subió por la qüesta de Aysa Bilca, adonde topó el dicho autor con un hombre pobre llamado Diego de Aguayo, natural de la ciudad de Chuquisaca. Fue pobrécimo hombre. Encontraron el dicho autor y el dicho hombre en el arenal, yendo a la ciudad de Lima. En el dicho camino encontraron con otro hombre harriero almidonado, muy entonado. Guárdenos Dios. Hacíase justicia y les amenasaua al pobre hombre con color de querelle quitar una bestia mular que trayýa el dicho pobre hombre. Y le preguntó que dadónde uenía y que dadónde ubo la dicha mula y que cómo no trayýa matado y que parecía como su mula y que un güegüebo [sic]parecía a otro  güebo. Estas dichas rrazones le dijo sólo a fin de querelle quitar la dicha mula al dicho pobre hombre en el camino. Y ancí se fueron el dicho autor y el dicho pobre hombre y entraron a la dicha ciudad de los Reys de Lima uien tarde. Y no hallaron posada ni quién le socorriera. Por ser tan pobre durmieron en un saguán cin senar bocado y sus bestias cin yerua porque trayýa tanta pobresa. Y dallí se llegó más allá del callejón del sercado y se metió en otra casa adelante del monasterio de las señoras descalsas. Pegado allí, les echó fuera a la calle porque le uieron tan pobre y rroto. Aunque le suplicó que por amor de Dios y de su madre Santa María, no ubo piedad del dicho pobre autor. Uendió el dicho autor con la miseria que trayýa por alcansar alguna plata para poderse sustentar la pobresa. Luego fue a la yglecia de Nuestra Señora de Peña de Francia de Santa Clara por la deboción que tenía el dicho autor de la Madre de Dios. Y luego fue a la capilla de las ánimas de purgatorio por la deboción de la caridad y amor de prógimo. Por ser amable de los pobres de Jesucristo, Nuestro Señor, llebó la pasencia. Y en la dicha ciudad alquiló una casa y le pagó por cada mes ueynte rreales como pobre y para otros pobres que trayýa concigo por amor de Dios. Ues aquí, cristianos, como os metéys demás de lo que soys. Ci soys judío o pechero o ganapán, ¿por qué os hazéys justicia y queréys sauer uida axena y la buestra no lo sauéys? Que preguntáys al pobre del hombre más con la cudicia de la dicha mula, que no preguntáys para dalle limosna ciquiera, de ocho rreales o quatro, que a todos ueo hazerse justicia, que todo lo haze sólo a fin de quitalle la dicha mula, mundo al rreués. Es señal que no ay Dios y no ay rrey. Está en Roma y Castilla para los pobres y castigallo, ay justicia. Y para los rricos, no ay justicia. Dios lo rremedie que puede, amén. Ues aquí por qué causa y rremediallo trauajo, haciéndose pobre el dicho autor. Como parese que pasó el dicho autor por amor de los pobres de Jesucristo trauajo, dejando quanto tenía, haciendas y hijos sólo en seruicio de Dios y de su Magestad, aunque en la naturalesa de los yndios deste rreyno fue muy gran señor y cauallero. Cómo era forsoso de defender su rreyno y hablar y comunicar con tan gran alto S[eñor], REI I monarca del mundo, sobre todos los rreys enperadores de la cristiandad y de los ynfieles, moros y turcos, yngleses y de otras naciones del mundo que tiene Dios criado, todo lo que rrueda el sol de día y de noche de todo el mundo. ¿Quién podrá escriuille ni hablalle ni allegarse a un personage tan gran señor cristiano católico, S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad]? I ACÍ y ací [sic] se atreuió como su bazallo de su corona rreal y su cauallero deste rreyno de las Yndias del Mundo Nuebo que es príncipe, quiere dezir auqui, de este rreyno, nieto del rrey décimo, Topa Ynga Yupanqui, hijo lexítimo de doña Juana Curi Ocllo, coya, quiere dezir coya, rreyna del Pirú. Y ací ubo de escriuilla y trauajarlo la dicha Nueua corónica y buen gobierno deste rreyno en seruicio de Dios y de su Magestad y bien y aumento y conservación y multiplico de los dichos yndios deste rreyno. En seruicio de Dios y de la corona rreal de su Magestad el dicho autor, auiendo entrado a la dicha ciudad de los Reys de Lima, uido atestado de yndios ausentes y cimarrones hechos yanaconas [criado], oficiales ciendo mitayos [que presta trabajo], yndios uajos y tributarios, se ponían cuello y ci bestía como español y se ponía espada y otros se tresquilaua por no pagar tributo ni seruir en las minas. Ues aquí el mundo al rreués. Y ací, como uen estos yndios ausentes, se salen otros yndios de sus pueblos y no ay quien pague el tributo ni ay quien cirua en las dichas minas. Y acimismo uido el dicho autor muy muchas yndias putas cargadas de mesticillos y de mulatos, todos con faldelines y butines, escofietas. Aunque son casadas, andan con españoles y negros. Y ancí otros no se quieren casarse con yndio ni quiere salir de la dicha ciudad por no dejar la putiría. Y están lleenos [sic] de yndios en las dichas rrancherías de la dicha ciudad y no ay rremedio. Y hazen ofensa en el seruicio de Dios, nuestro señor, y de su Magestad. Y ancí no multiplican los dichos yndios en este rreyno. Que los dichos negros horros y mulatos, mestisos paguen tributo, pecho a su Magestad y dotrina y se rredusca en las ciudades y uillas. Y las dichas mugeres paguen a la comunidad o que trauagen por la ley del Pirú en este rreyno. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] b9appl9ix92fjo039t7ezpvtmngvswj Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey 0 227005 1665649 1531631 2026-06-21T01:21:48Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey]]: Robot: página trasladada 1531631 wikitext text/x-wiki {{sin formato}} {{sin formato}} {{encabezado |título=[[Nueva corónica y buen gobierno]] |autor=Guamán Poma de Ayala |sección='''{{PAGENAME}}''' }} COMIENZA DEL CAPÍ[TV]LO DE LA PRE[GVN]TA: Pregunta S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad] al autor Ayala para sauer todo lo que ay en el rreyno de las Yndias del Pirú para el buen gobierno y justicia y rremediallo de los trauajos y mala uentura y que multiprique [sic] los pobres yndios del dicho rreyno y emiende y buen egenplo de los españoles y corregidores y justicias, padres dotrinantes, comenderos, caciques prencipales y mandoncillos. A la pregunta de su Magestad rresponde el autor y habla con su Magestad y dize: S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad], a mé a de uyr muy atentamente. Acauado, pregunte vuestra Magestad. Yo me huelgo de dalle el auiso de todo el rreyno para memoria del mundo y grandesa de vuestra Magestad. PREGVNTA SV M[agestad], RESPONDE EL AVTOR, DON PHELIPE EL TERzero, rrey monarca del mundo / Ayala el autor / Presenta personalmente el autor la Corónica a su Magestad. / RESPONDE EL AVTOR: S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad] COmunicaré con vuestra Magestad sobre el seruicio de Dios nuestro señor y sobre el seruicio de vuestra corona rreal y aumento y bien de los yndios deste rreyno. Porque unos le enforma mentira y otros uerdades. Y otros con color de que vuestra Magestad le haga merced de obispado o deán, canónigo, prícidente, oydor y otros cargos y oficios. Quiciera seruir a vuestra Magestad como nieto del rrey del Pirú; uerme cara en cara y hablar, comunicar de presente sobre lo dicho no puedo, por ser biejo de ochenta años y enfermo, yr a tan lejos1. Agradéscame este seruicio de treynta años y de andar tan pobre, dejando mi casa y hijos y haziendas para seruir a vuestra Magestad. Y ancí que por lo escrito y carta nos ueremos. Y ací vuestra Magestad me uaya preguntando, yo le yré rrespondiendo desta manera: Su Magestad pregunta: “Don Felipe, autor Ayala, dime cómo antes que fuese Ynga auían multiplicado los yndios de este rreyno.” Digo a vuestra Magestad que en aquel tienpo auía un rrey y principales. Descansadamente seruía al rrey y sacaua oro y plata y seruía en sementeras y ganados y sustentaua fortalesas. Aunque tenía muchas mugeres un pueblecillo, el más chico tenía mil soldados; otro pueblo, cinqüenta mil y cien mil. Y ancí entre ellos tenían guerra y fortalesa. “Dime, don Felipe Ayala, en aquel tienpo, ¿cómo ubo tantos yndios en tienpo de los Yngas?” Digo a vuestra Magestad que en este tienpo era sólo el Ynga rrey, aunque auía duques, condes, marqueses2 y señores grandes principales. Pero ueuía en la ley y mandamiento de los Yngas. Y como tenía un rrey, seruían descansadamente en este rreyno y multiplicauan y tenía hazienda y de comer, hijos, mugeres suyas. “Dime, autor, ¿cómo agora no multiplica los yndios y se hazen pobres?” Diré a vuestra Magestad: Lo primero, que no multiplica porque todo lo mejor de las mugeres y donzellas lo toman los padres dotrinantes, comenderos, corregidores y españoles, mayordomos, tinientes, oficiales criados de ellos. Y ancí ay tantos mesticillos y mesticillas en este rreyno3. Con color de decille manzebado le toma y quita a las mugeres y a sus haziendas de los pobres. De todo lo dicho, de tanto agrauio y daño, se ahorcan ellos propios como los yndios Changas en Andaguayllas. Está un serrillo lleno de yndios, yndias. Quiere murir una ues que no uerse en tanto daño. “Dime, autor, ¿cómo multiplicará la gente?” Digo a vuestra Magestad como lo tengo escrito: Biuan los padres y curas y comenderos, corregidores y otros españoles y caciques principales, biuan como cristianos y como lo manda vuestra Magestad, cin pasar a más, y dexen gozar sus mugeres y haziendas y los dexe sus donzellas. Y no ayga tantos rreys y justicias sobre ellos y le dexen multiplicar. Y sean castigados grauemente y quitados de los oficios y beneficios. “Dime, autor, ¿cómo se hará rrico los yndios?” A de sauer vuestra Magestad que an de tener hazienda de comunidad que ellos les llama sapci, de sementeras de maýs y trigo, papas, agí, magno [verdura seca], algodón, uiña, obrage, teñiría, coca, frutales. Y que las donzellas y biudas hilen y texan dies mugeres una piesa de rropa en un tercio de la comunidad, sapci. Y tengan ganados de Castilla y de la tierra de su comunidad y sapci. Y de cada yndio o yndia tengan hazienda. Sobre ello en cada prouincia a de auer un administrador con su salario de la sétima, un señor mayor principal de cada prouincia. Quando lo aya menester, vuestra Magestad lo pueda prestar y sacar su quinto rreal de los particulares. Con ello serán rrica gente los yndios deste rreyno y será seruido Dios y vuestra corona rreal de vuestra Magestad deste rreyno y aumento de los yndios deste rreyno. “Dime, autor, que ¿cómo se podrá rrecogerse los yndios ausentes de ese rreyno en cada prouincia?” Digo a vuestra Magestad que en cada prouincia se rrecoxa yndios, yndias, muchachos en algún pueblo biejo questán perdidos. Y dalle sementeras y pasto amojonado, para que allí cirua a Dios y a vuestra Magestad y se llame yndios de vuestra corona rreal. Y que pague pecho, tributo y no tengan otro oficio. Y que el administrador, cacique prencipal señor le sea sugeto. Y lo que diere y pagare no lleue el salario nadie, cino el administrador conforme los yndios. Y todo lo demás se aplique para el seruicio de vuestra corona rreal. Desta manera se rrecogerá en todo el rreyno. Y tenga el oficio de rrecogella1 el adminestrador. * [S. C.] R[eal] M[agestad]: Mande vuestra Magestad a su buen gobierno y aundiencia [sic] rreal que [nos] trate y onrre como a príncipes y señores y principales deste nuestro [rrey]no pues que emos leuantado y seruido muy grandemente. Y ací somo[s] [...]ra en el mundo. Vuestra Magestad deste Nuebo Mundo con nuestros bazallos y [m]ás con el serro de Potocí y otras minas, oro de Carauaya, azogue de [Guan]cabilca. Y ancí conbiene que nos honrre vuestra Magestad y bendición de su Santidad. S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad], A de sauer vuestra Magestad que doze letrados y los quatro escriuanos del mundo en su consejo en el mundo dexó horden y ley y que no podía auer esclabos ni tributo ni que pague tributo a los zaserdotes ni a otra nenguna en el mundo. Y ancí los dichos padres y curas de las dichas dotrinas no pueden tomar salario, tributo, cino que se sustente con el pie del altar. Porque gana en un año dos mil pesos; el que menos, mil pesos de misas, ofrendas y rresponsos y dádiuas y aguinaldo y limosnas. Que un hombre puede beuir fácilmente con un bestido y de comer, pero lleuar tributo y llamarse propetario es nulo de la ley de Dios y de la sancta yglecia. A de prouecharse del diesmo y primincia de los españoles. “Dime, autor, ¿cómo queréys que no se dé salario al dicho cura?” Digo, Sacra Magestad, el primer zazerdote del mundo fue Dios y hombre bibo, Jesucristo, zazerdote que uino del cielo pobre y amó más al pobre que ser rrico. Fue Jesucristo Dios bibo que uino a sacar las ánimas que no plata del mundo y no pedió tributo ni consentió. Y el dicho mismo Jesucristo dejó en su lugar en el mundo el primer saserdote y tiniente general de la santa madre yglecia a San Pedro y a los demás apóstoles y sanctos. No tubieron antes la miseria y hazienda; todo lo dejó a los pobres y buscó a Jesucristo y salbó a las ánimas al cielo. Y todos fueron pobres y no pedió salario ní rrenta ni buscaua hazienda ni de comer y se sustentaua con lo mucho y lo poco de la limosna y lo que le sobraua daua a los pobres. Y ancí pasaua su uida por la gracia de Dios y del alumbramiento del Espíritu Santo. Y destos santos apóstoles de Jesucristo salieron los santos mártires, uírgenes, confesores. Salieron al mundo y no pedieron tributo ni salario alguno; con la limosna uenció al mundo. Y ací ues aquí, Sacra Católica Real Magestad, la ley de Dios que dejó en el mundo. Y ací mande vuestra Magestad que se aplique lo que dan los dichos yndios para la defensa de la sancta madre yglecia. Bien está un cura dotrinante cin cobrar tributo ni ser propetario ni meterse en cosas de la justicia, cino todo oración y humildad y limosna cin que tenga tesoro. Gane el mundo y lo uensa para el cielo la horde de San Pedro y los dichos órdenes de los flayres en su conuento y rreligión y boto. Y ci no gustare ellos, comunique vuestra Magestad con su Santidad el papa, para que entren al estudio y horden de saserdotal y propetario y pulicía, cristiandad en los yndios. Y ací no lleuará salario como natural, yndio de vuestra Magestad. Todo lo gozará vuestra Magestad para la defensa de la santa fe católica de nuestra cristiandad en todo el rreyno de las Yndias orentales, osedentales deste Mundo Nuebo para el seruicio de Dios y de vuestra corona rreal. * Es muy conbiniente al seruicio de vuestra corona rreal y aumento de vuestra hazi[enda] y multiplique los yndios de vuestro rreyno que a los dichos yndios de pleyto de causas ci[uiles], [cri]minales buelba la justicia y bueso fiscal, protetor, proqurador y [...] todos quantos tiran salario pagado por vuestra Magestad en este rre[y]no, en Castilla. Se [d]efienda el primero por ser de la corona rreal, el segundo de ser el menor y pobre [...]da por justicia [...]. “Dime, autor, ¿cómo no se a de murir ni estar enfermo azogado ni pasar trauajo en otras minas los yndios de ese rreyno?” Digo aserca de ello a vuestra Magestad: Lo primero, rreciben gran daño de los mineros y de las justicias que entran allí; los qüelga de los pies y le asota colgado la güergüenza fuera y le haze trauajar de día y de noche y no se le paga. Quando se le paga, la mitad y la mitad le hurta y lo mete a los llanos y ancí se muere. Y de onze yndios, un yndio se puede sacar, Y hagan suerte: Una prouincia descanse seys meses, entre otra prouincia. Y vuestra Magestad mande hazer merced a qualquier yndio o negro o español que supiere curar azogado y sanallo, le pague. Y ancí multiplicará y no sentirá el trauajo los pobres yndios. “Dime, autor, ¿cómo se descubrirá las minas encubiertas de ese rreyno?” Digo a vuestra Magestad es que desencubriendo minas de oro o de plata o de azogue, plomo, estaño, cobre, colores, es que desencubiendo, luego se mete españoles y lo quita y maltrata a los yndios. Y ancí no quieren denunciallo. Ci vuestra Magestad se conpuciera con el descubridor y le hiziera merced, todos las minas buenas estubiera desencubierto y fuera muy rrico rreyno y estubiera rrico vuestra Magestad, más rrico que todos los rreys. Y será mayor monarca del mundo vuestra Magestad; haziendo guardar todo lo dicho, será muy rrico vuestra Magestad y su corona rreal. Todo será para que goze todo el rreyno del mundo y estén en el seruicio de Dios y de vuestra corona rreal. Sacra Católica Real Magestad, digo que en este rreyno se acauan los yndios y se an de acauar. Desde aquí de ueynte años no abrá yndio en este rreyno de que se cirua su corona rreal y defensa de nuestra santa fe católica. Porque cin los yndios, vuestra Magestad no uale cosa porque se acuerde Castilla es Castilla por los yndios1. El serinícimo enperador y rrey que Dios tiene en la gloria foe poderoso por los yndios deste rreyno y su padre de vuestra Magestad tanbién foe monarca con gran poderío y potestad sonado por los yndios deste * Sacra Católica Real Magestad: Conbiene que el tributo de las especias, de comid[a] [y] otras cosas lo paguen lo questá comutado el precio de don F[rancisco] de Toledo y de lo demás que clare o muriere ganados o com[... ] aquel tercio descanse no puedan pagallo porque dé castigo en ellos y ací deue [...] rreyno y vuestra Magestad tanbién. Porque a de conzederar que un rreyno lo pierda de tanto ualor vuestra Magestad que tanto le aya ualido se pierda y se acauen todo los yndios que ya [e]stán despoblados. Adonde auía mil ánimas, ya no ay ciento. Y todos biejos y biejas no pueden ya multiplicar. Aunque aya ya yndios solteros, se casan con biejas que no pueden parir. Fuera desto, le aprimia con grandes trauajos y lo enquietan y lo rroban hasta quitalle las hijas y hijos y las mugeres cazadas. Y no ay rremedio porque todos se aúnan: el jues, el corregidor, tiniente, comendero y mayordomos y otros españoles y mestizos y becitadores de la santa madre yglecia y uicarios y curas. Todos son contra los pobres, todos a una mano uienen en fabor de españoles dones y señoras doñas. De todos los pobres se ciruen; no tan solamente se siruen, cino que le entra en sus pociciones y haziendas y tierras, pastos y casas de fuerza contra su boluntad. Escriuillo es llorar. Nenguno de ellos le enforma a vuestra Magestad. La uerdad diré aserca del ualor y precio y aprouechamiento y rrenta y seruicio que se a tenido y se a de tener y se pierde los yndios y se perderá todo el rreyno. A de sauer vuestra Magestad que se ualía de los yndios con lo que pagan cada tercio dos ueses en el año en plata y maýs y trigo, rropa, gallinas, pollos y en ganados de la tierra y en otras especias. Fuera desto ciruen en las minas y plasa y en los tanbos y mesones rreales y aderesan puentes de buestro rreyno. Y linpian caminos rreales y atajos y dellos salen el quinto, el di[e]smo, el pecho, la alcauala que de los mestizos y de mulatos, tanbién de los españoles; no tiene tanto prouecho vuestra Magestad nenguna. Y ancí pongo el precio de mucho valor estimado y cuydado que no se pierda este rreyno los dichos yndios. Porque ci le quita un español y tiene quatro yndias parederas de mesticillos a las dichas mestizas lo niega nombrallo jues acohechados ni ay lugar porque son tantos y las yndias son tantas. El primero, lo buscan ellos de sus casas y rrancherías. De día y de noche no le dexa y se lo defiende su padre y madre. Lo maltrata y le ban a buscar adonde hazen fiestas y no le dexan cazarse, hazer uida con sus maridos y las dichas yndias cazadas no tienen hijo de sus maridos, cino paren mesticillos y después niegan. Y andan los dichos mestizos en áuito de yndios pobres; en todo el rreyno es ací. Y en pareciendo una yndia, de auer parido de un yndio pobre, luego cargan sobre ellos el becitador y uicario, el cura, el corregidor, el tiniente, el encomendero. Le castiga y le pena y le destierra a casa de una señora o en la cocina del dicho padre. Allí luego le fornica y luego pare mestizo. Y allí nadie le enquieta y ací gusta más ella de estar amansebado y de parir mestizos. Y ací buscan otras yndias. Como lo uen tan faborecidas ancí como tengo dicho, pariendo un hijo de un yndio todos se alborotan. Parese que el cielo y la tierra se ajuntan y le castiga a sus padres y madres en público rrollo. Y a ella le trasquila. Contar destas cosas y escriuir es nunca acabar. “Dime, autor Ayala, que me aués contado tantas cosas lastimosas y cómo se acauan los yndios y pasan trauajo y no puede multiplicar y le entran y le quitan sus mugeres y hijas y pociciones de tierras y casas, que le desuellan totalmente. No enbío a mis jueses y justicias a hazer mal y daño y a rrobar, antes a de honrrar a los prencipales y caciques y mandones y a los pobres yndios y que aumenten y multipliquen para el seruicio de Dios y defensa de la santa fe católica y seruicio de mi corona rreal. Dime agora, autor Ayala, ¿cómo se podrá rremediar?” Digo a vuestra Magestad que todos los españoles uiuan como cristianos, procuren de casarse con su calidad ygual señora y dexen a las pobres yndias multiplicar y dexen sus pociciones de tierras y casas; las que se an entrado de fuerza, se lo buelba y pague de lo que a gozado y la pena déstos sean executados. Luego, que el que desuirgare a donzella yndia o que hiziere parir a la yndia cazada o le fornicare forzalle, sean desterrados sey[s] años de galeras o a Chile y todo sus bienes sea penado para vuestra cámara y pague a la yndia y gastos de justicia. Y ci no lo executare el dicho jues, lo meresca la misma pena contenida. Y todo ellc se cumpla y que ninguna justicia no sean contra los pobres yndios. Y los que no fueren justicia, padre dotrinante y comendero y los demás españoles no se hagan justicia. El que se hiciere le castigue muy bien y le pene y destierre de entre los yndios de este rreyno. Y ancí multiplicará los yndios. Sacra Católica Real Magestad, que de la comunidades y sapci de los yndios y de la yglecia y cofrades, hospitales: Para que multiplique y aumente en este rreyno, es justo que uengan a dar qüenta y rrazón, como a vuestra y segunda persona del Ynga deste rreyno, y que uengan a dalle qüenta de seys en says meses en el año, dándome el salario de la sétima de todo el rreyno para que ci ubiere menester prestar para el seruicio de Dios y de vuestra corona rreal y sacar el quinto. Que en ello seruiré a Dios y a vuestra Magestad y bien de los yndios deste rreyno, aumentación de hazienda. Sacra Católica Real Magestad, mande que uengan por sus testimonios cada cacique prencipal y segundas o los dichos mandones deste rreyno, para que yo le dé testimonio de lo que merese a cada uno. Porque sé del todo, de cómo y de qué manera como segunda persona del Ynga y de vuestra [Magestad] que los testimonios le tengo de dalle yo y mis desendientes, según ley firmado de mi nombre para perpetua. Y ací nenguno se hará por fuerza curaca ni se llamará don ni doña en este rreyno ni se pondrá áuito de español. Y será bien prouado y fiel y cristiano, brioso para seruir a Dios y a vuestra Magestad. Y faboreserá a los pobres yndios y ací le dará vuestra Magestad título en todo este rreyno. Sacra Católica Real Magestad, que ci multiplicare un pueblo de yndios y otro pueblo se menguare o se acauare de murir los yndios o quedar algunos como e uisto quedar muchos pueblos solitarios, yermos, como el pueblo de Uchuc Marca y Uruysa. En Uchuc Marca abía doze mil soldados de guerra y en Uruysa abía ocho mil soldados como en el otro y en cada uno de ellos no ay quinze soldados tributarios. Y ací conbiene que vuestra Magestad, como rrey Ynga, le mande dar título y pocición de que se rredusga y pueble y se le dé sementeras y pastos y juridición y propedad que tenía aquellos que pociyýan. Tenga esta merced para seruir a Dios y a vuestra Magestad quando lo pidan los yndios de multiplico deste rreyno de títulos, de tierras. Sacra Católica Real Magestad, que los yndios ausentes que no fueren a las minas ni a las plasas deste rreyno de lo que le cupieren, a cada uno de ellos le fueren asentado por la lista. En nombre de vuestra Magestad le mande buscar y sacar y le dé mandamiento el cacique principal para sacalle de qualesquiera lugar y parte questubiere en todo este rreyno1. Le busque un español o mestizo o mulato con costas y salario, de cada yndio a peso, y que lleue grillos y lleue en un caballo enxalmado. Y que el dicho yndio sea entregado con su muger y hijos a la justicia de las minas o de la plasa. Y que el yndio trauaxe preso con una calsa de hierro, preso. Por días y jurnal se le pague al alguazil quatrilleros y que a estos yndios le den de comer a su costa y trauaxe hasta cumplir de la costa de comida y priciones y del alguazil del rrey. Y de ello pague el tributo todo lo que deue. Y que a este dicho alguazil en los tanbos y pueblos deste rreyno le den de comer cin costa ni paga, ayude los caciques, alcaldes y corregidores y los saserdotes por ser seruicio de Dios y de su Magestad. Y le den caballo y alguazil cin costa ninguna en este rreyno. Después de acauado, el yndio cimarón le sea entregado al cacique principal que lo lleue a su pueblo en este rreyno. Sacra Católica Real Magestad, diré aserca del rrecogimiento de los yndios ausentes, los quales son de tres maneras: El primero son cimarrones guagamundos, otros son forasteros, otros son güérfanos. El primero, los cimarrones guagamundos son ellos mismos que ellos les llama quita suua [ladrones huidizos], poma ranra [bandillas de pumas], choqui aquilla [¿vasija de oro?]. Le llama guagamundo que ellos salieron de sus pueblos por ser ladrones y salteadores y jugadores, borrachos, peresosos, comedor de coca, quilla uanana [escarmiento de los perezosos]. El segundo, los ausentes, los preciguidos con trauajos y ocupaciones y agrauiados en sus personas, en sus haziendas y mugeres y hijos de los dichos corregidores, padres, comenderos, caciques prencipales destos rreynos. Dize ellos: “Chicnisca runa, llactamanta carcosca runa, uaycasca runa, yma hayca haziendanta quichusca runa, tunpasca runa, uaccha mana yanapacnioc runa, llactapi cac ancha uaccha.”[“Hombres aborrecidos, hombres expulsados del pueblo, hombres atacados, hombres que han perdido su hacienda y todo lo demás, hombres acusados, hombres desafortunados sin nadie que los ayude, los más desafortunados de los que están en el pueblo.”] El tersero, los dichos güérfanos yndios, yndias le sacan de sus pueblos para sus criados y muchachos y chinaconas, ama, el corregidor, padre, comendero, escriuano, tiniente, mayo[r]domo. Hazen presente de ellos a sus parientes; a las ciudades los lleua por fuersa cómo les maltrata y castiga como a sus negros esclabos. Castiga cruelmente y le da mala uida a estos dichos güérfanos. Y ancí de sus poderes tornan ausentarse de ellos. Y porque no le hagan gran daño, no se buelben a sus pueblos y rreduciones y se uan a otras ciudades estos dichos yndios, yndias güérfanos. Y ací quedan yanaconas, chinaconas en este rreyno. A éstos les llama uaccha, lurucha, mana yayayoc mana mayoc, misqui uicza, hillo, suua, quilla muchacho, mana llamcacoc muchacho, quita muchacho, quita uausa chinacona [necesitados, sin padre ni madre, barrigadulces, golosos, ladrones, muchachos perezosos que no trabajan, huidizos, criadas huidizas y holgazanas]. Ací les llama entre ellos para que se rrecoxa en su pueblo. Para questén llieno de yndios, multiplique, a de mandar vuestra Magestad, el primero: Quitar que no ayga corregidor y castigar a los dichos padres y curas de las dichas dotrinas por una culpa. Sola quitalle del curato y no dar otra dotrina y que den fiansa y sean ynteren[os] y no sea propetario. Con ello se rremediará y a los dichos encomenderos de merced, que xamás entre a los pueblos de los yndios. Y que se guarde, execute como la sobrecarta executoria rreal de buestra prouición rreal y de buestros bizorreys y audiencia y que el Santo Concilio, hordenansas guarden. Los dichos caciques principales sean de los grandes señores deste rreyno de los que fueron desde Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Purun Runa y de Auca Runa y de Yncap Runan. Como dicho es que no sea borracho ni coquero ni que sea jugador y sea buen cristiano. Se rrecogerán los yndios ausentes deste rreyno, biuirán descansadamente y serán cristianos y multiplicarán, conforme la cristiandad y seruicio de Dios y de su Magestad. * [Sacra Católica Real] Magestad: es muy justo y conbiniente que los dichos co[rregi]dores de los yndios se quite y el salario que se aplique pa[ra la] defensa de la corona rreal de vuestra Magestad y que se elija corre[gido]r de prouincia cada año un prencipal y que tenga rreci[d]encia en todo el rreyno. Con ello abrá [...] de ayuda | [988:] y seruicio de vuestra corona rreal y descanso y [mul]tiplico de los yndios de vuestro rreyno. Porque está cin prouech[o de] corregidores y los curas de ýnteren de cada año en t[odo] vuestro rreyno, bien de los naturales. Sacra Católica Real Magestad: A de sauer vuestra Magestad que los yndios de las minas de azogue an de descansar un año y las minas no a de descansar. Seruirá a vuestra Magestad. “Pues dime, autor, ¿cómo a de descansar los yndios y las minas a de trauajar?” Digo a vuestra Magestad que los yndios que ciruen en las plasas de las ciudades se truequen, entren estos yndios un año y los otros entren a la plasa como quien descansa de las minas. Porque no tiene peligro los de la plasa. Y ací entren ellos a las dichas minas y trauajarán. Y digo más a vuestra Magestad: Que quien lo pierde todo sus bazallos yndios, lo pierde todo. “Pues declárame, autor, de esa declaración que decís.” Digo a vuestra Magestad que de los yndios tiene rrenta vuestra Magestad. Y yo soy príncipe. Soy por ellos y se se acaua quedará la tierra yermo y solitario la tierra. Y ací vuestra Magestad deue mandar con expresa pena que no maltrate a los prencipales ni a los yndios y que los yndios muchachos hasta llegar de más de ueynte años su edad que no entren a ningún socabón de las minas de azogue y de plata, oro ni al fundir y al horno de azogue porque como son tierna edad y muchacho, luego le da asogado. Y no ay sanar y muere y acaua los yndios. “Dime, autor, para el rremedio desto.” A de sauer vuestra Magestad que entre al socabón los yndios hechos y derechos y fuertes que sepan guardarse. Y este yndio a de estar, como dicho tengo, un día y no pase más. Luego entre otro yndio y ancí no tomarán el mal y no se murirá. Y para esto conbiene que todos los yndios que fuere a seruir a las minas que un mes sea libre de los seruicios personales y que se encomienden a Dios y a la Santa María y a todos los santos y santas ángeles. Y se huelguen, canten sus canciones y taquies [danza] con sus mugeres y hijos y parientes. Porque quizá este yndio ua a murir como se an muerto y hundirse, quedar manco, tullido, que ya no le a de uer su muger ni sus hijos. Y se confiesen y comulguen y hagan testamento y los demás yndios se huelguen cada uno en sus casas en este rreyno. Y que le dexe el corregidor y padre y alcaldes. Porque con color desto, le quita todo quanto tiene y le desuella al pobre. Y ci el yndio y yndia fuere borracho atreuido, por la mañana la justicia le den cinqüenta asotes por borracho. Y esto a de ser que aya rreñido con su muger o con otro yndio. Y ací no le baya a su casa a buscalle el padre ni corregidor ni alcaldes. Como está mandado por las hordenansas de don Francisco de Toledo, bizorrey, acimismo mande vuestra Magestad. Que en los socabones de todas las minas deste rreyno, tengan dentro una despensa de comida y agua. Y si acaso se encierre dentro, tengan ayuda de Dios, comida y ueuida y que de día y de noche le desmonte y le destape porque se salue los questán tapados en este rreyno. Sacra Católica Real Magestad, para auer de multiplicar y que todos los yndios deste rreyno no se ausenten de sus pueblos y que tengan muchos hijos para el seruicio de Dios y de vuestra corona rreal, es muy conbiniente y forsoso que los padres de las dotrinas sean todos ynteren[os], el primero. El segundo, que den fíansa, aunque sea para estar un día en la dotrina. Porque totalmente este rreyno destruy los padres, quitando sus haziendas y mugeres y hijas y los fornica a todas desde dies años los desuirga. Y para ello, cría en sus cocinas desde niña con color de la dotrina. Y fuera de eso, les haze trauajar y tiene apurado tanto los padres y corregidores. Y ancí se ausentan. “Pues dime, autor, no enbío a cada ciudad obispo para que lo defienda y haga justicia y enbía a sus becitadores a que castigue y eche de la dotrina. Pues, ¿por qué no uays allá o enbiáys o lo escriuís, dándole rrecaudo al bicario y al corregidor de vuestra prouincia?” Digo a vuestra Magestad, para que conste la uerdad, vuestra Magestad enbía jueses y justicias y perlados, obispos y canónigos, deán, para que le faboresca a los señores principales y pobres yndios. Dízele a vuestra Magestad que yo lo faboreseré, cí, cí que haré justicia. Pero saliendo de la puerta de la mar, se muda otro nombre: antes a de faboreser a los rricos españoles. De que le conste a vuestra Magestad un yndio llamado don Cristóbal de León, gran seruidor de Dios y de vuestra Magestad. “Dime, autor, que ¿cómo cirue a Dios y a mi corona?” Digo a vuestra Magestad quien defiende a los pobres de Jesucristo cirue a Dios. Que es palabra de Dios en su euangelio y defendiendo a los yndios de vuestra Magestad cirue a vuestra corona rreal. Porque le a ualido a sus agüelos y padres de vuestra Magestad. Que allá [e]stá todos en el cielo. Agora a vuestra Magestad le cirue y ací, defendiendo a los yndios le leuantan testimonios un padre llamado Peralta. De acá poco tienpo que ganó doze mil pesos cin otras cosas y baxillas y con esta plata se quiere yrse a esa España. Pues mire, vuestra Magestad, con qué los ganó ci no tiene minas ni eredades, cino los trauajos y sudor de los pobres yndios. Querrellándose desto, le castigó y le penetenció afrentadadamente [sic] el becitador en el pueblo de Hatun Sora. Y para ello su perlado del dicho Peralta le escriue que lo castigue y que no tenga misericordia con él y la carta por fe de ella. Digo que la traxo un padre lesenciado Francisco de Padilla y su ermano Rodrigo de Padilla al uecitador del pobre don Cristóbal de León. Uendido toda su hazienda y quemáronle toda su casa porque le ayudase, le prestó al corregidor dos mil pesos y el uecitador acohechado con dos mil pesos. Y el pobre de don Cristóbal de León desterrado. Uea, vuestra Magestad, cómo el rreyno no se a de echarse a perder y perderá vuestra Magestad todo el rreyno de tanto ualor, de tanto prouecho en el seruicio de Dios y de nuestra santa fe católica cristiana y seruicio de vuestra corona rreal. “Pues dime, autor, pues que soys nieto de Topa Ynga Yupanqui, dézimo rrey que fue, y soys hijo de su segunda y de su bizor[r]ey, ¿cómo en mi nombre no lo faboreses ni bolbes por ellos por eso?” Sacra Católica Real Magestad, buelbo como príncipe de los yndios deste rreyno. E padecido tanta pobresa y e trauajado treynta años en seruicio de Dios y de vuestra Magestad. Buelbo por el rreyno y ací escribo esta historia para que sea memoria y que se ponga en el archibo para uer la justicia. Y es muy conbiniente que vuestra Magestad enbíe un becitador general que castigue a perlados. Y ci es nesesario, que destierre a esa corte de España por esta rrazón y que el becitador esté en la ciudad de los Reys de Lima y despache a cada ciudad y a su juridición a becitar. Y ci no le pareciere a vuestra Magestad, comunique con su Santidad a que nos enbíe su segunda, cardenal questé sobre todos los saserdotes y y [sic] perlados y castigue al que a menester, destierre a los perlados y cabildo, clerecía, flayres y conuentos, todo lo que toca de la santa madre yglecia. Y que uenga muy encargado sobre los principales y demás yndios pobres deste rreyno. Entonses multiplicará y descansará y acudirá en el seruicio de Dios y de vuestra Magestad en este rreyno los yndios. Sacra Católica Real Magestad: Digo a vuestra Magestad y bien de las ánimas cómo es muy conbiniente y serbicio de Dios y de vuestra Magestad y bien de los pobres güérfanos deste rreyno que se nombre de años en cinco años un jues con salario en las ciudades y su destrito a que tome qüenta y rrecidencia a los aluaseas y testamentario, qué dexaron en plata y rropa, ganados y sementeras y otros bienes y sensos y dotes, ci lo an multiplicado, quánto en cada año y qué se le a dado sustento a los dichos erederos menores del senso o del multiplico y ci a puesto en diligencia y calor para que aumente y ci a sacado el quinto y diesmo de la yglecia en cada año de las dichas haziendas con qüenta y rrazón muy clara y se a dicho misas y rresponsos y de todos los sanctos. De todo tenga claridad porque cin becita, rrecidencia se quedan ellos con ello y no pone a multiplicar y se pierde y los pobres de las ánimas del porgatorio padese y de los güérfanos questán bibos al presente pasa trauajo. Y ací es muy santa cosa y seruicio de Dios y de vuestra Magestad que se nombre un jues de a cinco años en este rreyno y que den qüenta a los dichos administradores generales de cada prouincia de sus sensos, lo corrido y multiplico, quánto, cómo, de qué manera ci lo an menester, y pidan de los dichos administradores su firma cómo le a dado qüenta para su descargo. Y que ci no ubiere multiplico, le quite y al quien puxare le dé la dicha hazienda de los sensos y de la madre, para que uaya en aumento y rrenta en este rreyno, seruicio de Dios y de vuestra Magestad y bien de los pobres. Sacra Católica Magestad, para que sea serui[do] Dios y vuestra Magestad y la pulicía y uerdad y descanso de los pobres yndios deste rreyno, de los caciques prencipales y segundas personas y curaca de la uaranga [el que manda 1000 unidades domésticas] y mandones de pisca pachaca [500 unidades domésticas] y de pachaca [100] y de pisca chunga [50] y de chunga [10] y de pisca [5], mandoncillos, estos dicho[s] yndios pobres dizen ques apo, prencipal. A troeque de quatro rreales los becitadores le acienta en la becita y los corregidores haze una falza enformación. Y de otros negocios y con engaño, ganan merced de vuestra Magestad y se rreseruan de los seruicios personales. Y para esto de todos los negocios, primero sea citado el dicho cacique prencipal, administrador o que presenten firmado de ellos las peticiones para dalle testimonio al yndio o yndia en este rreyno. Cómo un yndio de los pueblos de los Sancos, yndio tributario, haziéndose curaca rreseruaua a todo su pueblo de las minas y de los seruicios personales cin citalle al cacique principal, administrador cómo ci fuere nesesario rreserualle de las minas o de las plasas; tengan obligación al seruicio de su prencipal y administrador de estos rreynos. Porque no [e]stén horros1 y tan libres que entienden no más de jugar, enborrachear, ydúlatra ni quieren tener comunidad ni sapci ni de la yglecia y para ellos, cino que andan hechos uellacos, holgasanes como los yndios de Pucyo; quicieron salir del tanbo de Hatun Lucana. De camino de media legua llano pidieron falsa enformación y testimonio para traer merced de vuestra Magestad con engaño, cin seruir al cacique prencipal, administrador. Y ací como a su señor le acuda con los seruicios de todo, según ley y hordenansas que no [e]stén tan libres. Y ací vuestra Magestad le costa desta Corónicaa cada principal de cada  prouincia de que le uiene de derecho que en todas las prouincias y corregimientos desde sus antepasados auía sólo un principal y señor no más. Agora un mitayo tiene título; el mundo está perdido. Y ací es muy justo que yo dé testimonio y firmado de mi nombre como coronesta y príncipe deste rreyno; entonses vuestra Magestad le dé su título. A las señoras prencipalas deue vuestra Magestad hazelle merced. Ci se casó con yndio principal, merese tener título. Y se se casó con yndio bajo mitayo, es mitayaella. Ci se casó con español,  es señora; se uaya a biuir a la ciudad o uilla. Y se se casó con judío, es judía. Y se casó con moro, es morisca. Y se casó con mestizo, es mestiza. Y se se casó con negro o mulato, es negra. Adonde le uendiere a su marido, allá a de yr. Y an de yr a biuir a las ciudades y uillas, aunque tenga títulos como señora o negra, es perjudicial de los yndios deste rreyno. Y es muy conbiniente que yo dé testimonio para el seruicio de Dios y de vuestra Magestad, descanso de los yndios pobres de todo este rreyno. Sacra Católica Real Magestad, es muy cobiniente seruicio de Dios y de vuestra corona rreal que lo primero y principal que multiplique los yndios deste rreyno y se acaue de rrecoger los yndios, yndias y muchachos ausentes fácilmente, cin costa de vuestra Magestad ni de nadie, cino fuere a las personas que no ubidiciere su rreal prouición de vuestra Magestad. Sean castigados y condenados cin apelación nenguna. El que no fuere justicia, el que conciente, el consentidor que en todas las ciudades y uillas, aldeas deste rreyno, todas las justicias, corregidor, alcalde hordenario, alcalde de crimen y tinientes, alguazil mayores y jueses, todos hasta los rregidores y secutores, alguazil menores, comenderos y padres, españoles y señoras, no tengan yndios, yndias ni muchachos, chinaconas, en su poder. Ni le detenga una hora de fuerza ni contra su boluntad ni que le aprimie a trauajar. El quien la tubiere por uno solo, le pene cien pesos. Desta pena rreparta para el seruicio de vuestra cámara y para la justicia y para el denunciador. Acimismo a las justicias que no executare de las dichas ciudades y cabildo, se le pene mil pesos de buen oro para la cámara de vuestra Magestad. Y para el jues y pisquicidores y denunciadores se rreparta desta pena. Y la pena se le pene rrata por cantidad en la dicha ciudad o uilla, aldea por un yndio solo. Y se se quexare el cacique prencipal o segunda persona o de los demás curacas, camachicos, yndios pobres de los rrepartimientos se lo pague de lo dicho de los condenados cin dilación. Y ancí no abrá yndios, yndias, muchachos ausentes y multiplicará. Y los yndios rrescatadores tengan lisencia dos días entero en un pueblo. Y tengan zédula del cacique prencipal, administrador de la dicha prouincia, firmado de su nombre. Y ci no lo sea castigado y los enfermos estén en los hospitales qurándose y estando sano, se baya a sus pueblos. Acimismo en todas las minas: No [e]stén un día ci no sirue. Luego le eche la justicia y le pene ci no lo echare. Y los dichos yanaconas Chachapoyas, Cañares, Cayanbes paguen tributo y ciruan a las minas y seruicios personales a vuestra Magestad en todo el rreyno enpadronados. Y ací no abrá ausentes y multiplicará los yndios en este rreyno. Sacra Católica Real Magestad: Es muy justo y conbiniente para el multiplico de los yndios y aumente la hazienda de vuestra Magestad y no faltará en el seruicio de las dichas minas deste rreyno y que en cada prouincia y corregimiento que ay algunos pueblos despoblado por auerse acauado los dichos yndios, un pueblo o dos o tres. Conforme que ubiere, lo ajunte los yndios o a las yndias o muchachos ausentes y cimarrones que bienen de las probincias hoydos de los malos y daños que rreciben ellos o sus mugeres o hijos o sus hijas del dicho corregidor, padre, comendero, de los caciques prencipales y de los alcaldes deste rreyno. Que de fuerza deuen salir porque son tan uellacos animales que ci pudieran tragalle bibo lo tragaría y lo comería. Diré esta rrazón a vuestra Magestad: Ci a un cauallero le quiere cogelle y castigalle vuestra Magestad y le descauelle sólo para el castigo, dígame, vuestra Magestad, ¿qué a de hazer ci no es huyr y ausentarse a otro rreyno? Y ací se huyen estos dichos yndios, yndias. Y ací se deue rreduserse en cada prouincia y que sea yndios de vuestra corona rreal y no se llame tributario cino pecheros, alcaualeros los hijos de los principales y los uajos yndios, pecheros. Y no sean mitayos1, cino guarda de vuestra corona rreal. Pero estos dichos tengan gran suma de hazienda de comunidad de ganados de Castilla y de la tierra y sementeras. Daquí se le pague a la justicia, al padre, al cacique prencipal, administrador de la dicha prouincia porque tenga este cargo de rrecoger los yndios, yndias y muchachos y poblallo y de procurar de aumentallo. Y que multiplique y aumente y no tenga otro señor, cino al cacique prencipal, administrador de la dicha prouincia. Y los dichos corregidores que estoruare lo dicho o no ayudare o diere fabor para ello y sea castigado grauemente. Que pariere hijo de padre, corregidor, comendero o de españoles, sea castigado cien asotes públicos y trasquilados en todo el rreyno. Y ancí multiplicará los pobres yndios deste rreyno. Sacra Católica Real Magestad: Es muy gran serbicio de Dios nuestro señor y de vuestra Magestad y aumento de los yndios deste rreyno que no estén ningún español, mestizo, cholo, mulato, zanbahígo, casta de ellos, cino fuere casta de yndio, que a todos les eche a chicos, grandes, casados. Lleuando sus mugeres las eche a las ciudades, uillas por donde pasare; no estén un día en los tanbos destos rreynos. Y ci no fuere, le enbíe a su costa con alguaziles que la lleue a las dichas ciudades o que sean desterrado a Chile. Y ací le dexen beuir y multiplicar a los yndios libremente. Porque no se cirue vuestra Magestad de los mestisos cino rruydos y pleytos, mentiras, hurtos, enemigos de sus tíos y mucho más de los mestizos saserdotes que no sea dotrinante ni criollo en todo el rreyno ni lo concienta vuestra Magestad. Y ací aumentará los yndios y se seruirá de ellos vuestra Magestad. Y ací aumentará y grandeserá la corona de vuestra Magestad y toda Castilla y cristiandad, Roma. Sacra Católica Real Magestad: Digo que sólo vuestra Magestad deue mandar con el poder y señorío y rrey, monarca, Sacra Católica Real Magestad del mundo, no otro nenguno, cino fuere buestro bizorrey y buestro consejo rreal, dar título, comición y facultad para tiniente de corregidor, alcalde mayor, alguazil mayor, escriuano de cabildo o rreseptor, jueses, pesquicidores del mundo deste rreyno sólo vuestra Magestad. Y ací, no teniendo poder ni facultad los dichos buestros corregidores de las probincias, con color de rrescate y trageneador tiene dies tinientes y beynte alcaldes mayores y otros jueses de ollas y de platos tiene ocupado. Como questá poco la uara quita a un alcalde y se la trae o busca un palo por ay ello y haze la crus y tray bara alta de justicia. De manera ay treynta o quarenta ladrones en cada probincia y jueses, escriuanos de cocina y con ellos otros españoles y mestizos. Todos son ladrones y todos comen a la costa de los pobres yndios. Y cada uno déstos pide treynta yndios, yndias, mitayos cin pagalle. Y ací vuestra Magestad deue quitallo y caztigalle y penalle a los dichos corregidores y suspendelle y que ande solo. Y ci tragere un español, pene mil pesos para la cámara de vuestra Magestad. Hacimismo lo de la santa madre yglecia lo deue mandar su Santidad, papa de Roma, vuestra Magestad como patrón de la santa madre yglecia y defensor de la santa fe católica. Y los muy yllustres rrebrendos yn Cristos obispos den título de uicario de una prouincia; en el medio y cauesa hombre de ochenta años, dotor y vuestra Magestad le confirme el títullo. Agora en una prouincia ay dies uicarios, niños que no an salido de la cáscara del güebo y otros tantos sólo para ajuntar las donzellas y desuirgallos. Son uicarios los dichos fiscales. Le den título sólo su señoría a yndio enpedido y a los jueses, alguaziles y pisquicidores de la santa madre yglecia y su señoría enquicidor y su señoría de la santa crusada, comisarios, perlados; den título en el mundó en este rreyno y lo confirme vuestra Magestad. Y sea ley uerdadera para el seruicio de Dios y de vuestra Magestad en este rreyno y bien de los pobres. Sacra Católica Real Magestad: A de sauer vuestra Magestad que auía enbiado en un tienpo a los prencipales yndios de la probincia de México, diziendo que le abía de enbialle más padres dotrinantes para que le dotrine. Responde los prencipales que no es menester tantos padres porque bastaua la que abía y que auían multiplicado mucho los padres que tienen muchos hijos mestizos padres. Que como eran hijos de padres, tanbién pensauan que sus hijos tanbién eran padres. Y ací les llamauan a todos “padres”. Y aun hasta a las mugeres les llamaron “padres” que hacía aquella casta. A de sauer vuestra Magestad que tanbién ay muchos padres y su multiplico en este rreyno es lo propio. Y ancí ay tantos mesticillos. Ci de cada pueblo lo ajunta toda las donzelas y lo tiene enserrado en su casa con color de la dotrina, ¿cómo no a de multiplicar tanto? Pregúnteme, vuestra Magestad, del rremedio desto. “Pues dime, autor, ¿qué rremedio para ello?” Digo a vuestra Magestad que no ay mejor rremedio, según la ley y derecho de justicia; el primero: No ay padre propetario, cino ynteren[o] todo. El segundo: Den fiansa abonado. El tersero: Todas las niñas apriendan la dotrina en su casa como cristiana y los niños de seys años estén en la dotrina. El quarto: Que no sean mitayas chico ni grande de las yndias a ningún español ni a padre, corregidor. Y que le dexe libremente y que trauajen las comunidades en todo el rreyno. Y ací aumentará y seruirá a Dios y a vuestra Magestad. S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad]: A de sauer vuestra Magestad que buestro gobierno, los exselentícimos señores bizorrey destos rreynos auían de gobernar beynte años, por lo menos doze, para el buen gobierno y justicia y conoser a los malos y a los buenos. Porque de otra manera no puede ser allanado y castigar a todos los que maltratare a buestros bazallos yndios principales y de los yndios pobres. Y ci es nesesario, castigue a los saserdotes y destiere a esos rreynos. Y ací multiplicará, aumentará y hinchirá buestro rreyno de yndios para la grandesa y serbicio de vuestra corona rreal. PRÓLOGO al letor de Vuestra S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad], don Phelipe terzero, rrey, monarca del mundo: Digo a Vuestra Sacra Católica Real Magestad, llorando y clamando, dando boses al cielo, pidiendo a Dios y a la Uirgen María y a todos los santos y santas, ángeles. Digo que a nosotros pobres nos enbía tantos castigos y malauenturas y destruciones Dios y vuestra Magestad no permita que nos acauemos y se despueble su rreyno. Para euitar todo este negocio y para que lo sepa vuestra Magestad, enbiando la becita de la santa madre yglecia en cada prouincia, después de auer be[c]itado se ajunte el cacique principal, administrador y protetor y tiniente de corregidor yndio y escriuano de cabildo, becite de cada pueblo de su destrito; que rrebecite lo que a becitado el dicho becitador y sus oficiales, bueno o malo, de todo el gasto y comidas y plata y rropa, cohechos, penas y mala sentencia y mitayos y camaricos, agrabios, uirgos y forzado a donzellas y lo que no a seguido por el Concilio y hordenansas y sédula rreales de vuestra Magestad y amistades que a hecho con los padres de las dotrinas y los días que a estado a costa de los pobres yndios y del padre de la dotrina y lleualle dineros a los dichos padres y ci es brabo, colérico, soberbioso y ci le castiga de su culpa y le echa de la dotrina, mereciendo el dicho padre o se le a echado de fuersa, no ciendo culpado, ciendo buen cristiano, haziendo su dotrina cristianamente, ci conbiene estar en la dotrina o no, de todo le enformará a vuestra Magestad y a su señoría obispo. Con esto será rremediado vuestra Magestad. Se descargará su rreal consencia y bien de los pobres deste rreyno. Y que no ayga flayre ni conpañía dotrinante porque son de conuentos en todo el mundo. Acimismo an de hazer la rrecidencia, acauando tomalle rrecidencia al corregidor y al jues de rricidencia en cada pueblo, acimismo de los jueses que ban y bienen a este rreyno. Que esto es muy santa cosa enformalle ellos a vuestra Magestad, seruicio de Dios y de vuestra Magestad y multiplico y aumento y descanso y bien y conseruació[n] de los pobres yndios deste rreyno. [[Categoría:Nueva corónica y buen gobierno]] [[Categoría:Historia del Perú]] pbo8tizhjliqf6mdfa45ebml0gwneoa Sobre la Patagonia 0 229348 1665596 1200275 2026-06-21T01:13:21Z Ignacio Rodríguez 3603 1665596 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Sobre la Patagonia |autor=Octavio Velasco del Real |sección=Publicado en el libro ''Viaje por la América del Sur'', Barcelona, 1892. |nota=se han modernizado algunos acentos. }}<div class=prose>Ocupa la Patagonia el extremo meridional de la América del Sur, desde los 40° a los 50°, estando habitada, en su mayor parte, por una hermosa raza india, nada cruel, principalmente dedicada a la caza. Divídese en las tres gobernaciones de Río Negro, Río Chupat, o Chubut, y Santa Cruz, de Norte a Sur. En el valle del Chupat se ha establecido una colonia de emigrantes del país de Gales, de cuya prosperidad se hacen lenguas... los que tienen terrenos que vender allí: trátase de terrenos de pasto. También se dice que es un gran país para la ganadería el valle de Río Negro; pero lo mismo éste que el otro habrán de tardar muy mucho en verse favorecidos por la colonización, pues no hay ferrocarriles que les pongan en comunicación con los puertos o centros comerciales. La única línea que se puede utilizar para ir a Patagonia es la que partiendo de Buenos Aires termina en Bahía Blanca, es decir, aún algo al N. de la antigua frontera argentino-patagona. Trátase, sin embargo, de construir un ferrocarril transversal que. partiendo de la bahía de San Blas, entre las desembocaduras de Río Colorado y Río Negro en el Atlántico, termine en Valdivia, puerto meridional de Chile, en el Pacífico, atravesando, por consiguiente, los Andes por Araucania. Esos indios patagones viven del producto de la caza de guanacos y avestruces. El guanaco o llama de Patagonia resulta ser con toda evidencia la especie primitiva de que descienden la llama y la alpaca del Perú; vive en manadas, a las órdenes de un macho viejo, y se le encuentra desde la Tierra del Fuego hasta las más elevadas cumbres de los Andes, pero sobreabunda en toda la Patagonia, no siendo extraño ver en un solo día más de mil guanacos. Es algo mayor que la llama y de formas más esbeltas, muy fácil de domesticar, pero no es tan cariñoso ni tan juguetón ni tan inteligente como lo son la llama y la vicuña. En cambio, el guanaco es menos caprichudo. Un hecho que ya observó Darwin es que los guanacos suelen depositar sus excrementos en un lugar determinado, y que acuden a dicho... excusado lugar muchos guanacos a la vez. Los patagones cazan los guanacos antes de que pasen de dos meses; pues, una vez los pequeñuelos han llegado a esta edad, ya su piel no es utilizable para la confección de capas. A los tres años, el animal ha adquirido todo su desarrollo, y puédese decir entonces "que relincha como el caballo, es lanudo como un carnero, tiene el cuello de camello, los pies de ciervo y corre más rápido que el diablo." El avestruz de Patagonia hace muy buenas migas con el guanaco, y vive en los mismos parajes que éste. Ese avestruz es bastante pequeño, aunque rechoncho y de color claro. Vive en manadas, y es particular que el que incuba los huevos sea el macho, el cual, además, es el defensor de la prole contra los cóndores, buitres, halcones, zorros, pumas y gatos pajeros, que van en busca de los huevos o de los polluelos. El enemigo más terrible del pobre guanaco es el puma, o león americano, del tamaño de un perrazo de Terranova, aunque más corto de piernas y más largo de cuerpo; pelambre amarillento y lustroso. El puma es muy cobarde ante el hombre, pero causa estragos en los rebaños de cabras y corderos, matando por el placer de matar y lamer la sangre. El cóndor, aunque se alimenta, por lo general, de cadáveres, ataca también a los becerros, cabritillos y llamas vivos, a los cuales mata de un picotazo o bien los despeña a fuerza de aletazos al fondo de un precipicio, donde va a comérselos después. El avechucbo ha llegado hasta a precipitar bueyes, en ocasión propicia. Ciérnese este pajarraco hasta alturas a 7,000 metros sobre el nivel del mar; de manera que es el ave que vuela más alto. El cóndor es tan repugnante, que se caza de este modo: se sala un cadáver de caballo o de buey, el cual se coloca en algún sitio en que puedan emboscarse algunos hombres. Bajan los avechuchos (urubus, buitres, chimangos, carranchos, cóndores) a devorar la presa; y de tal manera se atiborran los cóndores, que acaban por no poder menearse. Entonces salen los emboscados y los matan a palos. Los cóndores adultos miden a veces 4 metros de extremo a extremo de las alas. Pero volvamos ya a nuestros carneros; digo, guanacos. Cazan los patagones los guanacos con las bolas lanzadas con el lazo y con el auxilio de galgos. A tiros no se alcanzarla nada; pues, aun gravemente herido, consigue el guanaco escapar para ir a morir en un rincón oculto. Ese animal es precioso desde el punto de vista de la utilidad que presta: su carne es comestible, pareciéndose a la del choto, y seca, salada y pulverizada constituye el charqui, inapreciable recurso en los viajes largos. Los patagones comen el guanaco al asador y hacen caldo con sus huesos y despojos. El cuero de los guanacos adultos sirve para la construcción de toldos de tiendas, bridas, recados, bolas, cinturones, correas, lazos, mientras que el cuero de los guanacos jóvenes sirve para fabricar las magnificas capas llamadas quillangos. Las patagonas extienden sobre el suelo las pieles, húmedas aún; las estiran sujetándolas con fuertes espinas; rascan la cara desprovista de pelos con raspadores de pedernal ú obsidiana; las barnizan con grasa de avestruz, luego las cosen con tendones de pata de avestruz (generalmente trece pieles de guanaquito forman una capa), y, por fin, pintan la cara lisa, que es la que va afuera, con ocre, sobre cuyo fondo trazan luego rayas azules y negras formando caprichosos arabescos. Otro punto de contacto entre los patagones y nuestros prehistóricos, además de valerse de herramientas de piedra, es que las mujeres pata gonas hilan la lana de guanaco con un huso enteramente igual a los encontrados en las habitaciones palustres de la vieja Europa. También los patagones se fabrican capas con piel de puma, de gato montés, de mofeta y de cochinillo de Indias. Las más caras son las de mofeta. La caza del avestruz proporciona también muchas utilidades. En primer lugar, la carne del animal es excelente, asemejándose a la de la oca. Su grasa sirve para mezclarla con el charqui y resulta un plato exquisito, además de lo cual sus tuétanos son boccato di cardinale; para los patagones. En cuanto a los huevos, basta con uno para quedar saciado. La piel tiene muchos usos: si se le conservan las plumas, salen unas capas magníficas. Las plumas solas sirven para hacer plumeros, pues no pueden compararse en manera alguna con las de los avestruces del África Austral. Cuando el viajero Musters estuvo en Patagonia, pidiole un joven indio que lo llevase consigo a Inglaterra; pero, al saber que en aquellas tierras no había ni guanacos ni avestruces, se retractó, lo cual demuestra lógicamente el inmenso papel que en la vida patagona representan aquellos dos animales. Gracias a la relación de Pigafetta, historiógrafo de la expedición de Magallanes, y a la obra de Gómara, que lo tomó de aquél, creyóse por mucho tiempo que la Patagonia estaba habitada por jayanes o gigantes. Tal fama, sin embargo, no era del todo injustificada, pues, realmente, los patagones alcanzan una estatura muy aventajada, en comparación de los demás indios, de igual manera que los Pomeranios (de donde se sacan los granaderos prusianos) se distinguen por su estatura del resto de los europeos. La introducción del caballo por nuestros conquistadores, así como la de los metales, transformaron el modo de ser de los patagones, los cuales abandonaron aquellos arcos y flechas que les vieron blandir los compañeros de Magallanes y Elcano, no conservando sino las bolas y la lanza modificada, al mismo tiempo que se valían de cuchillos y empleaban perros para la caía. Hoy está próxima la extinción de la raza, pues apenas si quedarán un par de miles de patagones. El alcoholismo y las balas han acabado con ellos, como han acabado en los Estados Unidos con los Pieles Rojas. Los patagones actuales se dedican al pastoreo, o bien hacen la vida nómada. Su rostro es mucho mis atezado que su cuerpo, como sucede en todos los pueblos que se cubren con vestidos. Las facciones son duras y pronunciadas, frente deprimida, ojos estrechos y oblicuos, pómulos salientes y cabeza redondeada, lo cual les presta bastante semejanza con los mogoles. El pelo, negro, es muy abundoso; pero, en cambio, son absolutamente carilampiños, debido a la costumbre de arrancarse el vello del rostro. La población patagona actual consta de varios elementos: hay los indígenas (tehuelches), los pamperos y manzaneros, de origen araucano, y algunos pehuenches, chilenos. Existe la costumbre de deformar los cráneos de los recién nacidos, atándoles fuertemente una cinta sobre el cráneo; pero, al parecer, esta deformación artificial no influye desfavorablemente en el desarrollo de la inteligencia. Las mujeres son más pequeñas que los hombres, y las hay bastante agraciadas, especialmente las de raza araucana. En cambio, su belleza se marchita tempranísimamente. Los plateros y herreros indígenas son habilísimos: los arreos y sillas que fabrican son del mejor gusto. Asombra la facilidad con que convierten un dnro de plata en una joya artísticamente trabajada, o un fleje de tonel en un buen cuchillo. El yunque y el martillo de las herrerías son de piedra. Las mujeres visten una gran camisa de lana que baja hasta los tobillos, y está ceñida al talle por un cinturón bordado. En invierno pastan capa de pieles, y en verano una manta de tela de colores. Si hace mucho frío se calzan unas botas hechas con la piel de la pierna del guanaco, vuelta del revés, esto es, con el pelo adentro, estando guarnecidas exteriormente de muchas hileras de perlas de plata del mejor efecto. Aparte de esto, todas las indias gustan de lucir cuantas joyas pueden, constituyendo el colmo de la elegancia y la riqueza un cinturón de campanillas de plata. Hombres y mujeres se embadurnan el cuerpo de rojo, que se saca del ocre, de blanco, que se obtiene pulverizando yeso y de un azul casi negro, que se obtiene de un mineral volcánico. Los hombronazos fuman en pipas de cubo de piedra y tubo de metal, y mastican, lo mismo que las mujeres, una yerba llamada maqui. Los únicos instrumentos músicos que conocen dicha gente es una nauta hecha de un peroné de guanaco, una especie de tamboril y grandes cuernos de caza, de cortezas de árbol. En los nacimientos, casamientos y fallecimientos (pero en ninguna otra ocasión) hay bailoteo, reservado exclusivamente a los hombres. Los patagones, como todos los indios, son grandes jugadores: juegan a carreras de caballos, a cartas, a dados y a pelota. Existe la poligamia, si bien, por lo regular, sólo los caciques pueden permitirse el lujo de poseer varias esposas. Todas las fiestas terminan con grandes borracheras. Los cadáveres son enterrados sentados, ora en una caverna, que se cuida de tapiar bien, o semisepultados en tierra y cubiertos de una pirámide de piedras. Por lo general, se inmolan ante la tumba los caballos del muerto, y aun a veces alguna vieja o algún prisionero. Los patagones actuales son casi todos cristianos; pero conservan todavía muchas reminiscencias del chamanismo, culto propio de la raza mogola que habita el Asia del Norte, consistente en la creencia en ciertas prácticas de hechicería. No se ve que los patagones tributen ningún culto exterior. Creen, o creían antes de su conversión al cristianismo, conseguida por los esfuerzos de los PP. Franciscanos y Salesianos, en dos principios: uno bueno, Pillán, y otro malo, Gualichu, simbolizados por el Sol y la Luna, sirviendo de intermediarios entre ellos y los mortales unos brujos llamados machys, existentes aún hoy y depositarios de los secretos del arte de curar. Creen los patagones en la inmortalidad del alma, habiéndose forjado un paraíso adecuado a sus apetitos de buena caza y buenos tragos. Los patagones tehuelches hablan una lengua especial, distinta de la de los patagones de origen pampero o araucano. El régimen alimenticio es esencialmente carnívoro: carne de guanaco, de avestruz, de puma, de agutí, de ciervo; pero nada como la carne de caballo. Yendo más al S., goza de grandísima estimación el sebo. Los patagones pueden soportar largos ayunos; pero en cuanto llega la ocasión de atracarse es incomprensible la potencia de su voracidad. En cuanto a vegetales, limítanse a recoger manzanas y araucarias y algunas bayas, si bien el principal empleo de éstos es servir para la preparación de bebidas fermentadas. También comen las raíces de una planta que los botánicos han denominado Sphaeralcea specialis, cuyo sabor recuerda el de las castañas. Como los patagones no se han dedicado jamás a la agricultura, se comprende que sea tan limitado su consumo de vegetales. La costa patagónica es una de las que ofrecen mayor desolación, y experiméntase desde ella, como en pocas, la más profunda impresión de lo que es la inmensidad del Océano. Sólo vagan por aquellas soledades algunos ganados, custodiados por pastores indios; y no se comprende, a la verdad, qué van a buscar allí, pues las pobres ovejas mueren de inanición una en pos de otra para servir de pasto a los buitres, cuando no se presenta algún puma a arrebatarlas todavía en vida. Y tampoco se comprende qué tienen que hacer allí los pumas, no siendo raro que se les encuentre muertos de sed. Probablemente, las tales alimañas, sedientas, creerán poder aplacar su tormento bebiendo agua del mar. En una palabra: no cabe imaginar una sequía comparable a la de las costas patagónicas del Atlántico, lo cual no impide que algunos desalmados, ávidos de explotar las salinas que hay allí de trecho en trecho, lleven a morir de sed y de hambre a tan horribles parajes a los infelices atorrantes de la capital argentina. Los naturalistas, en cambio, pueden recoger gran número de enseñanzas en la horrible costa de la Patagonia. Vense pasar grandes cetáceos, y el mar arroja con frecuencia cadáveres de tiburones. Nada más frecuente que contemplar desde la orilla los retozones juegos de los leones marinos, u Otarias. Las aves marinas, entre las que descuellan por su número las gaviotas, pósanse sobre los islotes, y bajan por el Chubut, hasta el mar, grandes bandadas de palmípedas y zancudas, cisnes de negro cuello, ocas, patos, garzas, etc. Abundan los moluscos, depositados entre las algas, e incrustados en la roca aparecen los vestigios de la enorme ostra patagónica, que vivió allá en los tiempos terciarios. Mi amigo suizo dedicó sus ocios en el valle del Chubut a estudiar la condición de los antiguos patagones, de aquellos que encontraron las compañeros de Magallanes, y ha podido reunir gran número de curiosas noticias. Resulta con toda evidencia que los patagones, a la llegada de nuestros conquistadores, vivían aún, en pleno siglo xvi, en la edad de piedra, recurriendo, para la fabricación de sus armas, a los mismos procedimientos que nuestros prehistóricos europeos y que los actuales fuegios o fuegianos; tanto, que sería difícil distinguir entre un hacha de pedernal de España o de Suiza y un hacha patagona, a no ser por la materia algo diferente de que están labradas. De igual manera también que nuestros prehistóricos, conocían los patagones el fuego y fabricaban objetos de cerámica; cazaban, iban vestidos de pieles, se adornaban con groseras joyas y se pintaban el cuerpo. Muchos son los exploradores que han recogido abundantísimos ejemplares de hachas, puntas de flecha, cuchillos, etc., en los paraderos antiguos campamentos indígenas, situados, sin excepción, a orillas de los ríos. Parece ser que los antiguos habitantes no hacían, como los indígenas de hoy, vida de nómadas; pero, con todo, veíanse obligados con frecuencia a emprender larguísimas emigraciones. Vivían del producto de la caza o de la pesca, y, cuando eso faltaba, de los moluscos que habitaban las márgenes de los ríos. La cerámica anterior a la conquista (pues los patagones de hoy han olvidado el arte del alfarero) es muy interesante, a pesar de su tosquedad. Fabricábase a mano; la pasta era negra o roja, apareciendo mezclada con pedacitos de sílice, a fin, sin duda, de compensar las imperfecciones de la cocción. En algunos de los cacharros se descubren tentativas de toscos dibujos. Las hachas recogidas en los paraderos de Patagonia son de serpentina o de diorita, y debían estar sujetas a un mango de palo por medio de tendones de pata de avestruz. Los fragmentos a propósito de sílice y de obsidiana se empleaban a guisa de cuchillos y sierras: con los primeros cortaban a trozos las pieles, y con las segundas las ramas que debían servir de mangos. Encuéntrase también abundancia de rascadores que servían para preparar las pieles de igual manera que los de hoy (y por cierto que de esta palabra rascador de cueros han hecho los franceses su Rastaquoére, que ha pasado a ser la expresión del tipo del ultramarino petardista). Los rascadores son de pedernal, calcedonia, ópalo, jaspe, ágata, obsidiana, madera silicificada, pórfido, traquitos, etc., y estaban sujetos a mangos o asas en forma de herradura de caballo. Figuraban en el mobiliario patagón antiguo almireces. Los morteros eran de granito, y las manos de asperón. Los almireces servían para triturar la caza y pesca secas. En punto a flechas, baste decir que sólo en el Museo de La Plata hay más de 10,000 ejemplares; son de muchos tipos; pero todas se distinguen por la admirable finura de su ejecución; las hay que no exceden de 12 milímetros. Estarían montadas, seguramente, en cañas. La madera de los arcos procedería de árboles de la Cordillera, y las cuerdas de tendones de animales, pues no existe allí ninguna planta textil. Por lo demás, bien puede decirse aquello de que al cabo de años mil... Vemos que, en efecto, los cirujanos de hoy han vuelto a utilizar, como los patagones, los tendones de animales, echando mano de los del kanguro, como grandemente resistentes. Lo que pasma verdaderamente en la fabricación de esas flechas es que hubiesen podido ser ejecutadas con tan groseras herramientas; a saber: un martillo de piedra para desbastar el guijarro, y luego una tibia de guanaco para el trabajo fino. Pero esos salvajes tienen una habilidad sin igual para tales empresas. Los fuegianos a quienes se llevó una temporada al Jardín de Aclimatación de París dejaban asombrado a todo el mundo con la destreza con que, mediante un simple pedazo de vidrio, convertían en una linda flauta una tibia de carnero. Hállanse también en los paraderos gran número de bolas, como las que usan los gauchos, tan bien hechas que se dirían trabajadas a torno. Esas bolas son de diversas sustancias, basalto, pórfido, serpentina, etcétera, y algunas alcanzan hasta 7 centímetros de diámetro. Como objetos de adorno aparecen collares de mariscos, y fragmentos de pizarra con toscos dibujos. Hay indicios para suponer que los patagones procedían del Asia. La semejanza entre los cráneos de los patagones y los esquimales es portentosa. {{línea}} Sobre Magallanes: ...el golfo de San Matías, allí la Bahía del Engaño, Bahía de Camarones, Cabo Blanco, Puerto Deseado, Bahía de los Desvelos, Puerto de Santa Cruz... Estas mismas aguas surcaban el año de gracia de 1520 cinco naos españolas, armadas en la Casa de Contratación de Sevilla: llamábase la capitana Trinidad, y las otras San Antón, Vitoria, Concepción y Santiago. Iban a bordo de ellas 237 hombres, entre soldados y marineros. Piloto mayor, Juan Serrano. Capitán, Fernando Magallanes. Habían partido de Sanlúcar de Barrameda las cinco naos el 20 de septiembre de 1519 é iban a buscar un camino que condujese a las Molucas con más brevedad que el que seguían los portugueses por el Estrecho de Malaca y China. La escuadrilla recaló en Tenerife. Fué desde allí a las islas de Cabo Verde, y de Cabo Verde a Cabo de San Agustín, en el Brasil. Costeando siempre, llegaron a últimos de marzo (1520) a Bahía Blanca, en medio de un frío horrible, nevando reciamente. Atraídos por la asombrosa novedad, llegáronse a la marina los indios, maravillados de tan grandes navíos y de tan chicos hombres. Eran los naturales unos gigantazos y pretendían meter miedo a nuestros españoles metiéndose por las fauces una flecha, sin conseguir otra cosa que provocar la risa de la valerosa gente aventurera. Extraña era su facha, sin embargo: traían los larguísimos cabellos pintados de blanco, trenzados con un cordel, y atadas a la trenza sus saetas; afeitada la coronilla, como los clérigos; pintarrajado de amarillo el rostro, vestidos con pellejos, calzados con abarcas, facha que aumentaba aún el imponente aspecto de su estatura de jayanes. Inútil era pretender entenderse con palabras. Los españoles les convidaban a entrar en las naos. Hacíanles señas ellos de que entrasen en sus chozas. No sabían los nuestros que fuese miedo ni temor, y allá se fueron, con ellos, siete arcabuceros, dos leguas adentro. Ahí se encontraron con una choza tejada de cuero, en medio de un espeso bosque. La choza estaba repartida en dos aposentos: uno para los hombres, otro para las mujeres y niños, y se albergaban en ella cinco gigantes, y trece entre madres é hijos, negros todos como la pez: singular color en tan fría tierra. Nuestros arcabuceros tienen hambre. Los jayanes les dan a comer trozos de anta mal asados. Agua ni gota. Por lecho unos zamarrones, al amor de la lumbre. Pasose la noche en gran recelo: los jayanes de los españoles; los españoles de sus huéspedes. Amaneció, por fin. Los arcabuceros, dada tal prueba de confianza a los indios, les invitan ahora a ir con ellos a ver las naos y al capitán; pero los jayanes, poco fuertes en achaques de cortesía, niéganse en redondo. No eran nuestros aventureros modelo de comedimiento ni respeto, y les agarran para llevárselos por fuerza. Los jayanes se resisten; entran en el aposento de las mujeres y reaparecen más pintados aún que antes los rostros (fierísimos y espantables), blandiendo arcos y flechas, y amenazando con matar a los extranjeros si no salían de la choza. Los nuestros, echándose a reír de tales amenazas, disparan un arcabuz. El estruendo y la llamarada confunden a los indios, y aviénense tres de ellos a seguir a los extranjeros. Andaban los gigantes tan de prisa que no podían seguir su paso nuestros españoles. En breve desaparecen dos de ellos; pero el tercero llega mansamente a bordo. Conveníale a Magallanes dejarle buena impresión, y así procuró agradarle. Hizo que le dieran de comer, y, aunque muy ceñudo, comió: queso, tocino, bizcocho, y no dejó de gustarle el vino. Mostráronle un espejo, se miró en él, y se asustó de un modo que daba risa y compasión al mismo tiempo. Después ya no se le trató tan bien: quisieron probar qué fuerza tenia, y en aquel pugilato experimental resultó que no bastaban ocho hombres para sujetar al pobre indio. No por hacerle daño, sino por continuar el experimento, le echaron unos grillos. El desdichado indio bramó entonces de cólera; ya no quiso comer más, y de coraje se murió. Los marineros le midieron, y vieron que alcanzaba once palmos; pero otros, como se vió después, alcanzaban trece; y como aquellos indios tenían unos pies muy grandes, les llamaron patagones. Determinó Magallanes invernar allí, y mandó construir algunas cabañas; pero aquella vida era lo más triste que podía concebirse; sufríase horriblemente con el frío; de hambre murieron algunos. Continuó la navegación siempre en busca del famoso paso de uno a otro mar. A cada momento, una ilusión marchita. De ahí esos nombres: Bahía del Engaño, Puerto Deseado, Bahía de los Desvelos. En agosto llegaba la expedición a una bahía que llamaron de San Julián. Los capitanes de la flota, desatentadísimos, rogaron a Magallanes se volviese a España: la falta, la necesidad, el peligro, las nieves, el mal tiempo, todo aconsejaba se abandonase la temeraria empresa. Magallanes respondió que jamás se allanaría a pasar por tal vergüenza. No hablan navegado aún todo lo que se podía. Si se subía a 6i°, como era el caso en los viajes a Islandia, Escocia y Noruega, también a 65° se podía bajar. Los capitanes se sublevaron, y embarcáronse. Magallanes se embarcó también, obedeciéndole únicamente otra nao: las tres restantes se disponían a regresar a España. Pudo, por casualidad, apoderarse de una de las tres, y entonces se le rindieron las otras dos. Y aquí de las justicias de Magallanes. Mandó ahorcar a los capitanes de las dos naos rendidas, y dejó abandonados en tierra al piloto Juan de Cartagena y a un clérigo, con sendas espadas y un saco de galletas, para que allí, "o se muriesen, o los matasen". El terrible castigo dejó aterrados a todos, y Magallanes ordenó continuar el viaje, siempre rumbo al Sur. El día de San Bartolomé zarpaba la flotilla de la bahía de San Julián, y proseguía la navegación, pegados los buques a la costa. Doquiera se abría una ensenada, todo era mirar, para ver si era aquel su anhelado paso. ¡Nunca con él se daba! Llegan a un golfo. Allí hay agua adentro. ¡Es un río, no el mar! Llamarase Puerto de Santa Cruz, y río de Santa Cruz. Un terrible ciclón arroja contra las rocas a la nao Santiago, que se estrella, aunque pudiendo salvarse la tripulación. "Tuvo entonces Magallanes miedo grandísimo, y anduvo desatinado, como quien andaba a tiento. Estaba el cielo turbado, el aire tempestuoso, la mar brava y la tierra helada". Adelante siempre, siempre al S. Treinta leguas más allá llegan las naos a un cabo. Es el 21 de octubre, día de Santa Úrsula: llamarase el Cabo de las Vírgenes. 52° 5 de la línea equinoccial. Creyó Magallanes haber encontrado, por fin, el anhelado paso o estrecho, tan infructuosamente buscado desde las más remotas costas del Norte hasta las más apartadas regiones del Sur de las Indias Occidentales... ¡No se había equivocado esta vez! ¡Era el estrecho! Por allí embocaron la Trinidad, la Vitoria y la Concepción. El San Antón perdió el rumbo y regresó a España. Mandaba la Vitoria nuestro Juan Sebastián Elcano, el primero que haya dado la vuelta al mundo. Pero basta ya de hablar de la Patagonia, país interesantísimo, sin duda, para el naturalista, pero absolutamente imposible de colonizar. Por lo tanto, que no se le ocurra a nadie trasladarse allí, donde no hay agua. </div> [[Categoría:Relatos de viajes]] [[Categoría:Ensayos]] [[Categoría:Patagonia]][[Categoría:Siglo XIX]] oleetvw1ljecjqduiw7oocc4m9cxc94 Guerra de Paraguay contra la Triple Alianza 0 229373 1665597 1503777 2026-06-21T01:13:44Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]] 1665597 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=Guerra de Paraguay contra la Triple Alianza |autor=Octavio Velasco del Real |sección=Publicado en el libro ''Viaje por la América del Sur'', Barcelona, 1892. |nota=se han modernizado algunos acentos. }}<div class=prose> Poco antes de morir (1862), [el presidente] López, haciendo uso del derecho que le confería la Constitución, llamó a la vicepresidencia de la república a su hijo Francisco Solano, falleciendo luego, a la edad de sesenta años. Reunido el Congreso, confirmó la elección de López I, y nombró Presidente a dicho su hijo (1862). Contaba a la sazón Solano López treinta y cinco años; habíase educado en Europa, y más particularmente en Francia, y de regreso a su país habíale confiado su padre los ministerios de la Guerra y la Marina, entendiendo asimismo en todos los asuntos públicos. Era el joven presidente amante del progreso, y apartose todavía más que su padre de las tradiciones de Gaspar Francia. Así fue que apenas se vio dueño del poder procuró por todos los medios dar grande impulso al movimiento progresivo del Paraguay. Ofrecíase para ello excelente ocasión. Era cuando a consecuencia de la terrible guerra de secesión faltaba el algodón de los Estados Unidos. López II fomentó rápidamente su cultivo y eximió de todo derecho de aduanas a las máquinas é instrumentos destinados a la agricultura y la industria. El Tesoro proporcionó fuertes sumas a todo aquel que emprendiera algún negocio de utilidad general, y el regreso al Paraguay de una porción de jóvenes enviados a instruirse a Europa durante el gobierno de López I proporcionó un personal idóneo para dirigir las empresas agrícolas é industriales recién establecidas. López II, a su vez, continuó tan laudable propósito y envió también a Europa a treinta y cinco jóvenes que debían dedicarse al estudio del derecho, de la administración, de la guerra, del comercio, de la industria, etc. [[File:Francisco-solano-lopez, president of Paraguay.jpg|thumb|Francisco Solano López]] En suma, bajo Francisco Solano López llegaba el Paraguay a un grado de adelantamiento, de prosperidad, de riqueza y de poder maravillosos, captándose con ello el más violento odio por parte de los Estados vecinos, Brasil, Uruguay y Argentina, contando cerca de millón y medio de habitantes, si bien otros disminuyen tanto esta cifra que la reducen casi a la mitad. Dos años hacía que se encontraba Solano López al frente de la república del Paraguay cuando surgió la ocasión de una guerra. Siempre había demostrado la República Argentina impacientes deseos de absorber el Uruguay por de pronto, y el Paraguay después. Entendiéronse los gabinetes de Río Janeiro y Buenos Aires para comerse la Banda Oriental; pero tal propósito alteraba el equilibrio de los Estados del Plata y constituía una amenaza para el Paraguay. Solano López protestó contra toda intervención armada del Brasil en las diferencias interiores de la Banda Oriental, cuyo presidente legítimo, Aguirre, se veía atacado por Flores, favorecido por los argentinos; pero no sólo protestó, sino que desde luego pasó a vías de hecho. Apoderose, en efecto, de un vapor brasileño surto en La Asunción, a bordo del cual se encontraba el gobernador de la provincia de Matto Grosso (11 de noviembre de 1864). Poco después invadía dicho territorio un cuerpo de ejército de 10,000 paraguayos, y a primeros de enero (1865) se apoderaba de una porción de puntos fortificados y marchaba sobre Cuyabas. Por otra parte, habían ocurrido frecuentes escaramuzas en la frontera argentina con los destacamentos de tropas de esta nación. Sola no López, con una altivez que le coloca en el número de los más admirables héroes, estaba resuelto a mantener la dignidad del Paraguay, lo mismo ante el poderoso imperio del Brasil que ante la Confederación Argentina, y de igual manera que atacara al uno estaba resuelto a atacar a la otra. El Congreso reunido en La Asunción (5 de marzo de 1865) le dio un voto de confianza, confiriole el título de mariscal, le autorizó a contratar un empréstito de 124 millones de francos y a emitir papel moneda. Toda la nación juró seguir a Solano López hasta derramar la última gota de sangre. De igual manera que había atacado al Brasil sin dejarle tiempo de prepararse, disponíase Solano López a atacar a la Argentina. Alarmados el Brasil y la Argentina y triunfante en el Uruguay el general Flores, hechura de Mitre, firmose entre el imperio y dichas dos repúblicas un tratado de alianza ofensiva y defensiva contra... Solano López. Asi decían las alias partes contratantes, comprometiéndose a libertar al Paraguay de aquel tirano, que lo había hecho próspero, feliz y grande. El principio de la campaña no fue favorable a Solano López. El 11 de junio la flotilla paraguaya se encontraba con la escuadra brasileña. El combate fue largo y sangriento, acreditándose una vez mas la reputación de indomable bravura de los paraguayos; pero la inferioridad de sus fuerzas hizo que sucumbieran. Por otra parte, y el mismo día 11, después de haber penetrado la división paraguaya del Uruguay en la provincia brasileña de Río Grande, sufría una cruel derrota por parte del presidente Flores, el del Uruguay, mientras que el traidor coronel Estigarribia entregaba, sin disparar un tiro, el resto de la división (6,000 hombres.) No por eso se desanimó López. Cambiando la ofensiva por la defensiva, verificó una habilísima retirada y regresó al Paraguay, fortificándose en Itapúa, en la orilla derecha del Paraná, es decir, en la parte en que este río sirve de divisoria con el Estado argentino de Corrientes. Al mismo tiempo, mandaba López acumular provisiones en la cercana ciudad de Humaitá y en La Asunción, ambas en comunicación con Itapúa por el río Paraguay. Ahí esperó López al ejército brasilero-argentino uruguayo, reforzado con los 6,000 prisioneros entregados por Estigarribia. Nueve meses seguidos tuvo en jaque al general brasileño Porto Alegre, infiriéndole continuas derrotas. Las tropas de López se batían con aquel encarnizamiento y aquella indomable fiereza que valió al Paraguay el nombre de nido de leones. Inflamadas aquellas tropas en el más ardiente entusiasmo, y fortalecidas con las predicaciones de los curas, que peleaban con ejemplar denuedo, hacíanse matar antes que retroceder un paso, mostrando una tenacidad inaudita. Por otra parte, atendía López con celosísimo esmero al cuidado de sus valientes, habiendo organizado un admirable cuerpo de sanidad militar, constituido por cirujanos ingleses y norteamericanos, formados en los campos de batalla de los Estados Unidos. Por fin, a últimos de abril de 1866 viose obligado a abandonar a Itapúa, el Paso de la Patria, y después de clavar los cañones de las baterías que había emplazado a orillas del Paraná, fue a acampar al abrigo del campo atrincherado de Humaitá, algo al N., junto al río Paraguay. Allí esperó Solano López al ejército argentino que al mando de Mitre se disponía a atacarle, derrotándole terriblemente, pues el generalísimo de Buenos Aires perdió más de 4,000 hombres. Rechazados los argentinos, volvieron los brasileros a sostener el peso de la guerra, ocurriendo continuos combates en la frontera, casi siempre contrarios a los imperiales, siendo digna de recordación la brillantísima parte que tomaba en las acciones el regimiento de amazonas mandado por la hermosa Elisa Lynch, joven inglesa perdidamente enamorada de López II, que se casó con ella. A mediados de 1867, y en medio de los terribles estragos del cólera que estalló en los campamentos de los dos beligerantes, volvió allá Mitre, y de nuevo tuvo que dejarlo después de quedarse casi sin soldados, víctimas de las enfermedades contraídas en los pantanos ante el campo de Humaitá y de las balas de los paraguayos. La escuadra brasileña, que había conseguido forzar el paso del Paraguay incomunicando a Humaitá con la capital, fué echada a pique por los cañones de la fortaleza de la citada plaza. Empero, ninguna catástrofe tan dolorosa como la que experimentó un cuerpo de ejército brasileño que debía invadir el Paraguay por el NO. en las fronteras de Matto Grosso. Aquel desgraciado contingente internóse hasta 39 leguas en el Paraguay, cuando, de pronto, cayeron sobre él los soldados (y soldadas) de López, y le obligaron a retirarse; pero ¡en qué formal... Los paraguayos les perseguían ''l'épée aux reins'', obligándoles a continuas contramarchas por un terreno pantanoso. Treinta y nueve días les costó a los brasileños desandar aquellas 39 leguas, siendo escasísimos los supervivientes de la funestísima retirada de la Laguna. Continuaba siempre la guerra. A mediados de 1868, una nueva es cuadra brasilera consiguió forzar las barreras que interceptaban la navegación por el Paraguay y llegar hasta Humaitá. Los brasilero-argentinos acumularon entonces inmensas fuerzas contra López, hasta obligarle a levantar el campo. López, en su vista, fue a fortificarse a la otra parte del río Tibicuari, al N. de Humaitá y casi paralelo al Paraná en el trecho en que éste forma la divisoria con la Argentina (25 de julio de 1868). El mariscal, indomable siempre, reorganizó su ejército, diezmado por tantos combates, y se dispuso a tomar la ofensiva. Abandonó el Tibicuari y se movió hacia el NO. hasta llegar a la Villeta, a 40 kilómetros al S. de La Asunción. Atacado allí por los brasileros, retrocedió atrincherándose en Angostura, a cortísima distancia al S. de la Villeta, junto al Paraguay. Los brasileros, poseídos de furor, atacáronle con abrumadoras fuerzas. Solano López resistió en Angostura por espacio de seis días, hasta que no pudo más (27 de diciembre de 1868.) Cayó La Asunción en poder de los imperiales, y todo el mundo daba ya por terminada la guerra. Pero no sabían los que decían eso quién era López. En los mismos instantes en que corría la voz de que se había fugado a los Estados Unidos, el heroico presidente de la República del Paraguay, reuniendo los restos de sus fieles, admirables y valerosísimos ejércitos, se fortificaba en el interior del Paraguay, con ánimo de disputar el terreno palmo a palmo. [[File:Camille Silvy of Prince Ferdinand of Orléans, Duke of Alençon (L) and Prince Gaston of Orléans, Count of Eu (R) as Spanish Hussars (1861).jpg|thumb|left|Alencon y su hermano Gastón d'Eu, 1861]]El emperador del Brasil, D. Pedro II, exasperado al saber que ni aun por ésas daba López II su brazo a torcer, envió nuevas tropas contra él, tomando el mando en jefe del ejército brasilero-argentino su propio yerno (el de D. Pedro) el conde Eu, sobrino de Montpensier. Eu atacó a López en Azcurra, dominó la línea férrea de La Asunción a Villa Rica, y después de una larga serie de marchas y de combates indecisos derrotó a los paraguayos en Caraguatry (septiembre de 1869.) Pero...¡ni por ésas! Ya hemos dicho que después de haber los brasileros argentinos arrojado a López de Angostura habían entrado en La Asunción. Dueños de aquella capital, y creyendo después de la derrota de Caraguatry que no era ya posible que López continuara peleando, instalaron un gobierno provisional presidido por Loiziga, Rivarola y Bedoya, y declararon fuera de la ley al heroico presidente. Pronto hubieron de convencerse, sin embargo, los aliados de que a López le tenía muy sin cuidado su declaración de outlavo. A pesar de no contar sino con un puñado de combatientes y veinte o treinta cañones de montaña, decidió continuar la lucha y se enderezó al N., hacia San Isidoro, al pie de la cordillera de Coaguaru, donde se fortificó. Acudieron contra él los ejércitos del emperador y debió levantar el campo, estableciéndose a orillas del Aquidabán, al pie del Cerro Cora, cerca ya de la frontera brasileña. AHí, por fin, tuvieron los brasileros la satisfacción de acabar con López y el puñado de supervivientes que aún quedaban. Ahí murieron, en primera fila, López y su segundo, el heroico vicepresidente Sánchez (1.° de marzo de 1870.) Así terminó aquella guerra de cinco años, sostenida por el heroico Paraguay solo, contra el Brasil, la República Argentina y el Uruguay. "López desplegó en ella — dice un autor — la energía, la tenacidad, la fuerza de alma de un patriota y de un héroe. Era un hombre bravo, inteligente, humano, apasionadamente preocupado del porvenir de un país, que una guerra tan salvaje como inútil ha venido a despoblar y arruinar." Durante toda aquella guerra, la más importante que se haya registrado hasta ahora en la América del Sur, los paraguayos estuvieron incomunicados con el resto del mundo. Su resistencia resulta tanto más admirable en cuanto su número y sus recursos eran enormemente inferiores a los de sus contrarios, de igual manera que no podía compararse su antiguo armamento con las armas modernas de los argentinos y los brasileros. A pesar de tan grandes desventajas, sin embargo, las batallas de Riachuelo, Curuparti, Angostura, Humaitá, Itororó, Lomas Valentinas, Azcurra, Barrero Grande, y un sin fin de acciones y escaramuzas, probaron al mundo que los paraguayos eran dignos de su ascendencia, de sus antepasados éuskaros y guaraníes (1). La situación en que quedó el Paraguay después de la guerra fué de lo más lastimoso que cabe imaginar: resultó, en primer lugar, un excedente de población femenina, anciana é infantil nada beneficiosa a la moral; todos los elementos de riqueza, arruinados; las villas y ciudades, despobladas, incendiadas o abandonadas: todo devastado. El número de habitantes que en 1857 se elevaba a 1.337,000, encontrábase reducido, por la guerra, las ejecuciones, el ostracismo, las epidemias y el hambre, a la nueve décima parte de dicha cifra (2). Los ingresos habían bajado de 13 millones a 2 millones. Todos los instrumentos y objetos de producción fueron destruidos por la guerra. Del ferrocarril de La Asunción a Villa Rica no habían quedado ni material móvil ni material de retracción,ni estaciones ni talleres. No habla subsistencias, y era imposible la siembra por falta de semillas. Tan grande era el naufragio, que el Gobierno no encontraba los títulos de sus inmensas propiedades. Había que proceder a una total construcción del país. Muerto López, el Gobierno, instalado en La Asunción por el conde de Eu en 1869, concluyó las paces con el Brasil y la Argentina, habiéndose retirado de la lucha el Uruguay en 1868, durante el gobierno del honrado presidente D. Lorenzo Batlle. Eligióse por sufragio universal una Asamblea Constituyente, la cual en 25 de noviembre de 1870 promulgó una Constitución (la vigente), calcada en el modelo de la de los Estados Unidos. Señaladas las elecciones presidenciales para primeros de agosto de 1871, fue elegido para desempeñar la suprema magistratura de la República el Sr. Rivarola, uno de los tres individuos del triunvirato establecido por los brasileros. Rivarola, como si quisiera imitar el antiguo proceder de los Francias y los López, se permitió disolver en breve el Congreso, por no doblegarse éste a sus exigencias; pero no le salió bien la cuenta, pues el Congreso se salió de la capital para reunirse en otro punto. Rivarola, entonces, olvidando los mas elementales deberes de patriotismo, imploró indecorosamente el socorro de la guarnición brasilero argentina que ocupaba aún a La Asunción; pero los plenipotenciarios de los respectivos gobiernos de Río Janeiro y Buenos Aires tuvieron el buen acuerdo de manifestar a dicho señor que no podían intervenir en las diferencias que mediaban entre él y el Congreso, pues tal ingerencia resultaría atentatoria a la Constitución del Paraguay. Viendo Rivarola que no podría salirse con la suya, renunció su cargo, ocupando, en consecuencia, su puesto el vicepresidente D. Salvador Jovellanos, distinguido patricio que desempeñó con general aplauso la primera magistratura de la República por espacio de tres años, esto es, hasta que terminó el plazo legal. Fue reemplazado Jovellanos por el Sr. D. Juan Gili, que durante el anterior período había desempeñado con notabilísimo acierto la cartera de Hacienda, restableciendo brillantemente el crédito del Estado. Gracias a Gili, pudo el desgraciado Paraguay ir pagando la enorme contribución de guerra que le impusieron sus tres enemigos, esto es, 296 millones de pesos. Durante la presidencia interina de Jovellanos concluyose la paz definitiva, paz onerosísima para el pobre Paraguay, que, sufriendo la ley del ''Vae victis'', perdió la tercera parte de su territorio. En virtud de dicho tratado existe libertad de navegación para los buques de todos los países por el Paraná, el Paraguay, el Uruguay y sus caudalosos afluentes. Otros tratados se concluyeron, también, respecto a extradicción de criminales, relaciones comerciales, etc. Desde 1870 a 1892 se han sucedido en el Paraguay siete presidentes, todos los cuales han respetado escrupulosamente la Constitución promulgada después de la guerra. Grandes han sido sus esfuerzos para que la renaciente república alcanzara el brillante estado de que es digna; mucho han hecho cuantos gobiernos se han sucedido desde 1870, y todo induce a creer que este noble, que este heroico país ocupará entre los Estados hispano americanos uno de los primeros puestos. {{línea}}<small> (1) "No hay cosa, en realidad,—escribe un distinguido publicista centroamericano,— que conmueva tanto como esa guerra, sostenida por el general Francisco Solano López, que, acaudillando huestes espartanas, derrotaba al coloso y aparecía después en la pampa altivo, sereno, radiante é imponente. Como el caballo de Atlla dejaba destrucción, el paso de aquel genio militar producía vértigos, y sentimientos de admiración inspiraban en el mundo sus hazañas de insigne capitán, de que no hay otro ejemplo. Descalzos, rotos, hambrientos, aquel puñado de valientes desafiaba a las naciones coligadas contra ellos, y batiéronse hasta que su jefe expiró, empuñando en su mano el estandarte de la patria que llevaba en su gran corazón. A ésos si que podría aplicárseles las palabras de Napoleón I al ejército que iba a batallar en Italia: "—Sois cortos en número, pero lleváis la bandera de un gran pueblo." (2) Otros autores dicen que en 1866 la población era de 770,000 habitantes, y que en 1872 sólo llegaba a 250,000; de manera que quedaba reducida a una cuarta parte. </small> </div> [[Categoría:Ensayos]] [[Categoría:Historia de Paraguay]][[Categoría:Siglo XIX]] [[Categoría:Guerra de la Triple Alianza]] 3n3iagfw0ujuxc9bcelrqh6p25o13s6 Autor:Clara de Barrionuevo y Carrión 106 236217 1665210 1062743 2026-06-20T14:52:23Z Ignacio Rodríguez 3603 1665210 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Clara de Barrionuevo y Carrión'''<br />(siglo XVI)<br />Poeta española. |Ordenar=Barrionuevo y Carrión }} * ''[[En nombre de España a la majestad de la reina]]'' (''Deje el mar inquieto el navegante...'') 14byx1kkg7zp6awwsz2ihdt2en2mx1w Página:Los Césares de la Patagonia.pdf/225 102 236333 1665408 1663835 2026-06-20T23:57:23Z Ignacio Rodríguez 3603 1665408 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ninovolador" /></noinclude><templatestyles src="Ditto/styles.css"/>[[Archivo:Los Césares de la Patagonia (page 5 crop).jpg|center|frameless|upright=2]] {{c|'''ÍNDICE'''|x-grande}} {{d|Páginas.{{línea|align=right|4em}}|menor}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/Prólogo|{{may|Prólogo}}]]|5}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/I|Capítulo I]].—La Gobernación del Estrecho: Los Fúcares: Simón de Alcazaba y la Armada del Obispo de Plasencia|9}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/II|{{pditto|Capítulo|—}} II]].—Minucias históricas que hacen al caso|23}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/III|{{pditto|Capítulo|—}} III]].—Aventuras de Sarmiento de Gamboa|37}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/IV|{{pditto|Capítulo|—}} IV]].—Los personajes de «La Entrada»|47}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/V|{{pditto|Capítulo|—}} V]].—Fábulas artificiosas y verdades probables, orígenes de la leyenda de los Césares del Estrecho|57}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/VI|{{pditto|Capítulo|—}} VI]].—La Cruzada de Hernandarias|75}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/VII|{{pditto|Capítulo|—}} VII]].—La Cruzada de Cabrera|93}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/VIII|{{pditto|Capítulo|—}} VIII]].—La región de Nahuelhuapí|111}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/IX|{{pditto|Capítulo|—}} IX]].—El Parsifal de los Césares|117}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/X|{{pditto|Capítulo|—}} X]].—Los indios de Mascardi|136}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XI|{{pditto|Capítulo|—}} XI]].—La feria de Nahuelhuapí|149}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XII|{{pditto|Capítulo|—}} XII]].—Nueva diligencia de Mascardi por saber de la ciudad de los Césares, y no hallándola, vuelve predicando por las pampas á la cordillera.|165}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XIII|{{pditto|Capítulo|—}} XIII]].—Celebran los indios la fiesta del "gualicho", y en acabando, matan á Mascardi|173}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XIV|{{pditto|Capítulo|—}} XIV]].—El derrotero de Rojas|195}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XV|{{pditto|Capítulo|—}} XV]].—Tomás Falkner|205}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XVI|{{pditto|Capítulo|—}} XVI]].—Basilio Villarino|217}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XVII|{{pditto|Capítulo|—}} XVII]].—Viajes de Menéndez|225}} {{icp||[[Los Césares de la Patagonia/XVIII|{{pditto|Capítulo|—}} XVIII]].—Ultimas ondulaciones de la leyenda|233}}<noinclude></noinclude> g46smpr7aoamil89cnj8kl8mnyzysty Autor:Alonso Ordoñez das Seijas y Tobar 106 236985 1665224 1646197 2026-06-20T15:00:37Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665224 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar=Ordonez das Seijas }} == Traducciones == * ''Tratado del gobierno de los príncipes'', [[Santo Tomás de Aquino]] (1625) * ''Tratado del gobierno de los príncipes'', [[Santo Tomás de Aquino]] (1786) [[:File:Tratado del gobierno de los príncipes (1786).djvu|a transcribir]]) * ''La Poética de Aristóteles'' (Manuscrito original: 1624, ediciones: 1626 y ed. con texto en griego en paralelo de 1778 [[:File:La Poética de Aristóteles (1778).pdf|a transcribir]]) 0w7wumwu21x5myy4atkh9cu2oo45n8f Autor:Josef Ribes 106 242535 1665226 980229 2026-06-20T15:02:24Z Ignacio Rodríguez 3603 1665226 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar=Ribes }} == Obras == *[[Modo de hacer la operación cesárea|''Modo de hacer la operacion cesarea'']] (ca. 1805) 13a2f8f04mwogvn2h4deq4buu1qntib Autor:Jorge Klickmann 106 243234 1665220 1319354 2026-06-20T14:58:39Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665220 wikitext text/x-wiki {{biocitas |Texto='''Jorge Klickmann''' <br> Desconocido autor activo en Valparaíso a finales del siglo 19. |Ordenar=Klickmann, Jorge }} == Obras == *[[La ciudad encantada de Chile]]: drama patriótico histórico-fantástico en cuatro actos (1892) tcb65erv7sgb9gnawaunrhv52pf0lsc Portal:Editorial Montaner y Simón 100 248611 1665233 1604572 2026-06-20T15:07:43Z Ignacio Rodríguez 3603 -obs} 1665233 wikitext text/x-wiki {{Imprenta |nombre=Editorial Montaner y Simón |dirección=Calle Aragón, 255, Barcelona }} * {{cita libro|autor=[[John Milton]]|traductor=[[Autor:Cayetano Rosell|Cayetano Rosell]]|título=[[El paraíso perdido (Rosell tr.)|El paraíso perdido]]|editorial=Montaner y Simón, editores|ubicación=Barcelona|otros=Ilustración de [[Autor:Gustavo Doré|Gustavo Doré]]|año=1873}} {{at|El paraíso perdido (1873).djvu}} * {{cita libro|apellido1=Cervantes|nombre1=Miguel de|enlace-autor=Autor:Miguel de Cervantes |apellido2=Díaz de Benjumea|nombre2=Nicolás|enlace-autor2=Autor:Nicolás Díaz de Benjumea|título= [[El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Díaz de Benjumea)|El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha]]|año=1880-1883|editorial=Montaner y Simón|lugar=Barcelona}} Dos volúmenes: {{at|El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (ed. Díaz de Benjumea) - Tomo I.djvu|tomo primero}}, {{at|El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (ed. Díaz de Benjumea) - Tomo II.djvu|tomo segundo}}, con ilustraciones de [[Ricardo Balaca]] (tomos 1 y 2) y [[José Luis Pellicer]] (tomo 2). * {{cita libro|título=[[La leyenda del Cid]]|autor=[[José Zorrilla]]|año=1882}} {{at|La leyenda del Cid.djvu}} * {{cita libro|título=[[Germania: dos mil años de historia alemana]]|autor=[[Johannes Scherr]]|año=1882}} {{at|Germania (1882).djvu}} * {{cita libro|autor=[[Jean de La Fontaine]]|título=Fábulas de La Fontaine|traductor=[[Teodoro Llorente]]|otros=Ilustración por Gustavo Doré|editorial=Montaner y Simón, editores| lugar=Barcelona|año= 1885}} * {{cita libro|título=[[Tradiciones peruanas]]|autor=[[Ricardo Palma]]|año=1893}} {{at|Tradiciones_peruanas_-_Tomo_I_(1893).pdf}} * {{cita libro|título=[[La leyenda de Don Juan Tenorio]] (fragmento)|autor=José Zorrilla|año=1895}}{{at|La leyenda de don Juan Tenorio.djvu}} * {{cita libro|título=[[Tradiciones argentinas]]|autor=[[Pastor Servando Obligado]]|año=1903}} {{at|Tradiciones argentinas.djvu}} * {{cita libro|título=[[La Ilíada (Luis Segalá y Estalella)|La Ilíada]]|autor=[[Luis Segalá y Estalella]]|año=1908}} {{at|La Ilíada (Luis Segalá y Estalella).djvu}} * {{cita libro|título=Poetas franceses del siglo XIX|traductor=Teodoro Llorente|editorial= Montaner y Simón|ubicación= Barcelona|año=1906}} {{at|Teodoro Llorente - Poetas franceses del siglo XIX - njp.32101046496491.pdf}} * {{cita libro|título=[[La Odisea (Luis Segalá y Estalella)|La Odisea]]|autor=Luis Segalá y Estalella|año=1910}} {{at|La Odisea (Luis Segalá y Estalella).pdf}} * {{cita libro|autor=[[Dante Alighieri]]|título=La Divina Comedia|traductor=[[Autor:Cayetano Rosell|Cayetano Rosell]]|otros=Anotaciones y prólogo de [[Juan Eugenio Hartzenbusch]], ilustración por [[Flaxman]]|lugar=Barcelona|editorial=Montaner y Simón, editores|año=1914}} {{at|La Divina Comedia (Rosell - Hartzenbusch - Flaxman).djvu}} * {{cita libro|título=Historia general del arte|ubicación= Barrcelona |editorial= [[Portal:Editorial Montaner y Simón|Montaner y Simón]]|año=1886-1897|otros=En 8 volúmenes}} :* Tomo I Arquitectura / Luís Domenech {{at|Historia general del arte (IA historiagenerald01dome).pdf}} :* Tomo II Arquitectura / José Puig y Cadafalch {{at|Historia general del arte (IA historiagenerald02dome).pdf}} :* Tomo III Arquitectura, láminas / Luis Domenech y José Puig y Cadafalch {{at|Historia general del arte (IA historiagenerald03dome).pdf}} :* Tomo IV Historia de la pintura y escultura en todas las épocas y escuelas, con noticias biográficas de los artistas más ilustres desde la antigüedad á nuestros días / Joaquín Fontanals del Castillo {{at|Historia general del arte (IA historiagenerald04dome).pdf}} :* Tomo VIII Historia del mueble, tejido, bordado y tapiz / Francisco Miquel y Badía. Metalistería, cerámica, vidrios / Antonio García Llansó {{at|Historia general del arte (IA historiagenerald08dome).pdf}} 7y6t7b75a9h00cizmd7ixw5w7zlcdbk Portal:Espasa-Calpe 100 250402 1665234 1530354 2026-06-20T15:08:04Z Ignacio Rodríguez 3603 -obsoleto 1665234 wikitext text/x-wiki {{Imprenta |nombre=Espasa-Calpe |dirección=Madrid-Barcelona, España }} == Libros == * {{cita libro|título=Poesías completas (1899-1925)|año=1928|apellido=Machado|nombre=Antonio|enlace-autor=Autor:Antonio Machado|editorial=Espasa-Calpe}} {{at|Antonio Machado - Poesías completas - bdh0000252161.pdf}} * {{cita libro|título=Entre dos mundos: seguido de un ensayo sobre la Decadencia de Europa|enlace-autor=Autor:Álvaro Alcalá-Galiano y Osma|apellido=Alcalá-Galiano y Osma|nombre=Álvaro|año=1928}} {{at|Entre dos mundos (1928).pdf}} ==Colección Universal== {{VT|Colección Universal}} {{#lst:Portal:Colección Universal|EspasaCalpe}} == Véase también == *[[Portal:Editorial Espasa|Editorial Espasa]] *[[Portal:Editorial Calpe|Editorial Calpe]] 8goilm7c2f0n8z6izp4h7yu8j0h94nu Autor:Francisco de Navarrete y Ribera 106 252867 1665222 1447460 2026-06-20T14:59:46Z Ignacio Rodríguez 3603 -WS 1665222 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |ordenar=Navarrete y Ribera, Francisco |texto='''Francisco de Navarrete y Ribera'''<br>(Sevilla, 1592 - ¿1652?)<br>Dramaturgo y novelista español barroco del Siglo de Oro. }} == Obras == * {{cita libro|título=Flor de sainetes|editorial=Catalina de Barrio y Angulo|lugar=Madrid|año=1640}} {{at|Flor de sainetes - bdh0000228280.pdf}} 0i0oraiwklqv3q0nhn8k8lc92gxv8a2 Autor:Andrés de Prado 106 252870 1665225 1003228 2026-06-20T15:01:38Z Ignacio Rodríguez 3603 1665225 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |ordenar=Prado, Andres de |texto='''Andrés de Prado'''<br>(Siguenza - ? 1663)<br>Escritor español del Siglo de Oro. }} == Obras == * ''Farsa nuevamente compuesta llamada Cornelia'' (1603) * ''La vengada a su pesar'' * ''Meriendas del ingenio y entretenimientos del Gusto'' (1663) * ''Ardid de la pobreza'' d0xiucqlbaei60gnxs098w1lt6fs1a1 Página:El Gíbaro.djvu/15 102 254766 1665718 1422427 2026-06-21T01:40:35Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues]] 1665718 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 15 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|PRÓLOGO.|x-grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 15b crop).jpg|frameless|left|150px]]lgunos años hace que deseaba publicar en obsequio de mi país una memoria, en la cual se viera claramente la falta de armonía que reina entre los estudios hechos en aquella isla y los de la Península, para evitar á los padres de familia y á la juventud estudiosa tropiezos y sinsabores que una triste esperiencia me habia hecho conocer; mas el temor de una crítica severa ahogó los sentimientos de mi corazon, y un silencio estéril, y acaso reprensible, encubrió verdades, dolorosas sí, pero que siento haber callado tanto tiempo. {{np}}<noinclude></noinclude> 9o2tcd29t37lpf7eesdp9892jls13ge Página:El Gíbaro.djvu/204 102 256836 1665717 1266466 2026-06-21T01:40:11Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues]] 1665717 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 204 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|'''ESCENA XX.'''}} {{Centrar|'''SONETO'''|x-grande}} {{Centrar|'''Dedicado a mi apreciable amigo'''}} {{Centrar|DON PABLO SAEZ.|grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 183C crop).jpg|frameless|center|100px]] {{Centrar|'''El Puerto-Riqueño.'''}} [[Archivo:El Gíbaro (page 204b crop).jpg|frameless|left|150px]]<poem>olor moreno, frente despejada, Mirar lánguido, altivo y penetrante, La barba negra, pálido el semblante, Rostro enjuto, nariz pro- porcionada,</poem><noinclude></noinclude> pnj50qc9n0o3qxut3t0gg6hiiaesae4 Página:El Gíbaro.djvu/206 102 256888 1665712 1266470 2026-06-21T01:38:00Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues 1665712 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 206 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|'''ESCENA XXI.'''}} {{Centrar|'''LA LINTERNA MÁGICA.'''|x-grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 183C crop).jpg|frameless|center|100px]] [[Archivo:El Gíbaro (page 206b crop).jpg|frameless|left|150px]]na de las cosas que distinguen mi carácter, y que en él sirven de contraste á ciertos arranques impetuosos, es la grandísima flema con que muchas veces me detengo, aun en los parajes mas públicos, á mirar objetos que son tenidos por la gente de frac y levita como indignos de llamar su atencion; así no estraño hallarme con tamaña boca abierta parado delante de una tienda de estampas contemplando una testa contrahecha de Napoleon, un Gonzalo de Cordóva pa-<noinclude></noinclude> ikhlg033pn9ys7zhgd6ncmnvvhzsuso Página:El Gíbaro.djvu/57 102 262941 1665711 1266444 2026-06-21T01:37:27Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues 1665711 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 57 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|'''ESCENA IV.'''}} {{Centrar|'''UN CASAMIENTO GÍBARO.'''|grande}} {{Centrar|'''I.'''}} [[Archivo:El Gíbaro (page 57b crop).jpg|frameless|left|150px]]<poem>antando estaba ey pitirre En la copa de una seyba, Cuando salen de una casa, O mejoy, de ebajo de eya, Jasta unas treinta presonas A cuay mas toas compuestas.</poem><noinclude>{{derecha|4}}</noinclude> 73kpqscr7dphlp97ek96gwxee2y1ulv Autor:Paulo Gonçalves de Andrada 106 272647 1665217 1178052 2026-06-20T14:57:01Z Ignacio Rodríguez 3603 1665217 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Ordenar=Gonçalves de Andrada }} == Obras == *''[[Laura de Anfriso]]'' (1628) {{a transcribir|Laura de Anfriso.djvu}} *''[[Varias poesias]]'' (1658) {{a transcribir|Varias poesias de Paulo Gonçalvez d'Andrada.pdf}} ifalilvcg7ipz43hpe0s4a1akf3vmxg Portal:Imprenta de Las Novedades 100 279528 1665236 1203471 2026-06-20T15:08:39Z Ignacio Rodríguez 3603 -obsoleto 1665236 wikitext text/x-wiki {{Imprenta |nombre=Imprenta de Las Novedades |dirección=Calle del Barco, 2 (Madrid) }} === Folletín de Las Novedades === * {{cita libro|autor=E.A. Poe|título=[[Historias extraordinarias (1860)|Historias estraordinarias]]|editorial=Imprenta de las Novedades|ubicación=Madrid|año=1860}} {{at|Historias estraordinarias - E.A. Poe - traducidas para el Folletin de las Novedades (1860).djvu}} 4337fvtk9i8rmwj2wjw2xda4xt4mxpr Plantilla discusión:Ditto 11 280680 1665405 1268495 2026-06-20T23:54:12Z Ignacio Rodríguez 3603 1665405 wikitext text/x-wiki == Caso curioso == Si miro la página [[Página:El Robinson suizo (1864).pdf/490]], el ditto parece no funcionar (no veo los espacios). Si edito la página y previsualizo sin cambios, tampoco. Pero si edito la página añadiendo por ejemplo {{tl|ditto|texto}} en la cabecera, entonces la previsualización ya muestra todos los ditto's con sus espacios. ¿?? Antes de que {{tl|ditto}} tuviera los estilos en una página a parte se veía bien. Otras páginas que usan ditto lo muestran bien. ¿Qué será? -[[Usuario Discusión:Aleator|Aleator]] 02:05 18 nov 2021 (UTC) :Por algún motivo, el estilo no se carga adecuadamente la primera vez... voy a avisar a los que sepan [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio Rodríguez''']] <span style="background-color:lightgreen; color:white;border-radius:0 10px 10px 0"> [[User talk:Ignacio Rodríguez|- δ -]][[Special:Contributions/Ignacio Rodríguez|- contr.]]</span> 02:29 18 nov 2021 (UTC) {{ping|Aleator}} Actualización: A partir de este caso en particular, me quedé pensando en una solución para un problema recurrente: Los "ditto's" son feos en cualquier otro contexto que en una página impresa, o su facsímil. Eso incluye donde no son relevantes, como en los índices. Así que simplemente desactivé la plantilla en los Índices. Y los enlaces se generan bien sin mayor problema. Saludos! --[[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] <span style="background:lightgreen;border-radius:6px">&ensp;[[User talk:Ignacio Rodríguez|'''- Δ -''']]&ensp;</span> 21:46 11 nov 2022 (UTC) :{{ping|Ignacio Rodríguez}} Joer... me quito el sombrero. ¡Qué bellas y elegantes son las soluciones sencillas! ¡Gracias! -[[Usuario Discusión:Aleator|Aleator]] 14:13 22 nov 2022 (UTC) ::{{ping|Aleator}}, este problema vuelve con el nuevo Parsoid. Al parecer ahora no copia directamente los enlaces del Índice, sino que del wikitexto, por lo que los ditto's aparecen tal cual nuevamente en el espacio principal. Pero desactivar cada ditto en todos lados me parece mucho, no? Los índices con estos problemas están dando errores en [[Especial:Errores_de_sintaxis/html5-misnesting]], así que los puedo identificar. Voy a cocinar alguna solución intermedia en este rato, pero dejo constancia del problema para futura referencia. [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 23:54 20 jun 2026 (UTC) 3njf1j4aypld4s6cbpasu1ft7uaww4p Wikisource:GUS2Wiki 4 290538 1665354 1664752 2026-06-20T18:22:01Z Alexis Jazz 59503 Updating gadget usage statistics from [[Special:GadgetUsage]] ([[phab:T121049]]) 1665354 wikitext text/x-wiki {{#ifexist:Project:GUS2Wiki/top|{{/top}}|This page provides a historical record of [[Special:GadgetUsage]] through its page history. To get the data in CSV format, see wikitext. To customize this message or add categories, create [[/top]].}} Los siguientes datos provienen de la caché, y fueron actualizados por última vez a fecha de: 2026-06-19T11:09:24Z. La caché contiene {{PLURAL:5000|un resultado|5000 resultados}} como máximo. {| class="sortable wikitable" ! 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Miguel Delgado.'''<ref>Publicada en el Cancionero de Borinquen.</ref>|x-grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 183C crop).jpg|frameless|center|100px]] [[Archivo:El Gíbaro (page 168b crop).jpg|frameless|left|150px]]<poem>e juro mano Mi- guey Que me tiene es- piritao Ey vel que en un veyvo en gracia De sopeton te has casao.</poem><noinclude></noinclude> rvdrzv4xgkcakr3r9tqjimnfcnolq50 Página:El Gíbaro.djvu/172 102 295997 1665713 1266461 2026-06-21T01:38:25Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues]] 1665713 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 172 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|'''ESCENA XVI.'''}} {{Centrar|'''CARRERAS'''}} {{Centrar|DE S. JUAN Y S. PEDRO<ref>Publicada en el Cancionero de Borinquen el año 1846. Las fiestas de S. Juan y S. Pedro se celebraron en el año pasado con una animacion nunca vista y se dieron premios á los mejores caballos.</ref>|x-grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 183C crop).jpg|frameless|center|100px]] [[Archivo:El Gíbaro (page 172b crop).jpg|frameless|left|150px]]i la nobleza de las cosas consistiera solo en su antigüedad, difícilmente se hallaria una mas noble que el correr. Es indudable que el primero que corrió fué el primero que tuvo piernas, y las piernas son tan antiguas, que ningun buen cristiano puede negar que datan desde nuestro padre Adam; aunque se veria muy apurado<noinclude></noinclude> 10wwvx9qodd3n4g5u7uuah6rloia0pf Página:El Gíbaro.djvu/85 102 296043 1665716 1266446 2026-06-21T01:39:51Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues]] 1665716 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 85 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|'''ESCENA VII.'''}} {{Centrar|'''LA GALLERA.'''|x-grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 183C crop).jpg|frameless|center|150px]] [[Archivo:El Gíbaro (page 85b crop).jpg|frameless|left|150px]]uede pasar un pueblo de la Isla de Puerto-rico sin espectáculos públicos de toda clase, y si fuera preciso sin alcalde, regidor ni nadie que gobernase en él; pero jamás pasaria sin un ''ranchon'' grande, cubierto de ''teja yagua ó paja'', en cuyo centro hay un círculo de ocho á diez pasos de diámetro formado de tablas, con una gradería al rededor, hecha de lo<noinclude></noinclude> gt5y5unlspu9xfh5rdqg8trmfwb2rug Página:El Gíbaro.djvu/136 102 296045 1665715 1266455 2026-06-21T01:39:33Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues]] 1665715 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 136 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|'''ESCENA XII.'''}} {{Centrar|'''AGUINALDOS.'''|xx-grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 183C crop).jpg|frameless|center|100px]] [[Archivo:El Gíbaro (page 136b crop).jpg|frameless|left|150px]]e equivocas, querido lector, si piensas que voy á decirte el orígen de la palabra que sirve de título á esta escena, el de la costumbre que ella significa en nuestro idioma, y otras mil zarandajas, que tendrias derecho á pedir que te dijese, y que yo no quiero que por mí sepas, si es que las ignoras; y esto lo hago por la ley de compensacion. Me argüirás que no ecsiste tal ley al quitarte yo una cosa que no puedes quitarme tú,<noinclude></noinclude> dt78s1n0u8sr6ogner1v36ozx5005cw Página:El Gíbaro.djvu/149 102 296047 1665719 1266458 2026-06-21T01:40:56Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues]] 1665719 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>[[Archivo:El Gíbaro (page 149 crop).jpg|frameless|center|350px]] {{Centrar|'''ESCENA XIV.'''}} {{Centrar|'''UN DESENGAÑO'''|xx-grande}} [[Archivo:El Gíbaro (page 183C crop).jpg|frameless|center|100px]] {{Centrar|'''I.'''}} [[Archivo:El Gíbaro (page 149b crop).jpg|frameless|left|150px]]n un lugar de mi patria, de cuyo nombre me acuerdo, mas no lo quiero decir, vivian dos compadres, entre los cuales mediaban, además del parentesco espiritual, las mas íntimas relaciones de amistad: mercader el uno, y labrador el otro, habian logrado con su trabajo llegar á la clase de personas notables de la poblacion; en la tienda del primero se reunia el Juez, el Sr. Cura, el Comandante, el Médico; en una pala-<noinclude></noinclude> id3q4lwq59k5t2mddqqyv4o07m4rlyf Página:Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio (1807).djvu/540 102 296083 1665418 1266890 2026-06-21T00:13:15Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ pditto 1665418 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" /></noinclude>{{sc|Este es el libro del fuero que fizo el rey don Alfon, fijo del muy noble rey don Fernando, e de la muy noble reyna doña Beatris, el qual es llamado Especulo, que quiere tanto dezir como espeio de todos los derechos.}} {{Línea adornada|sp|20|tl|40|c|6|tr|40|sp|20}} {{bloque centro/c|class=ws-summary}} <includeonly> {{índice auxiliar| * [[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Advertencia|Advertencia]] * [[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Prólogo|Prólogo]] *[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Códices|Códices que han servido de texto para las partidas I, II, III, IV, V y VI.]] }}</includeonly> {{c|AQUI COMIENZA EL PRIMER LIBRO.}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 1/Título 1|{{asc|Titulo I.}}]] ''De las leyes. E fabla en él que ninguno non se puede escusar de la pena por dezir que non sabe las leyes.'' {{fd|2}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 1/Título 2|{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} II.}}]] ''De la santa Trenidat e de la fe Catolica.'' {{fd|7}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 1/Título 3|{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} III.}}]] ''De los articolos de Fe e de los Sacramentos de santa eglesia.'' {{fd|10}} {{c|AQUI SE ACABA EL LIBRO PRIMERO E COMIENZA EL SEGUNDO.}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 2/Título 1|{{asc|Titulo I.}}]] ''De la guarda de la persona del rey. E fabla por qué fue fecho rey, e por qué a asi nonbre. E de la pena que deve aver quien matare al rey, o lo feriere, o lo prisiere, o lo enfamare, o descobrier su poridat.'' {{fd|12}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 2/Título 2|{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} II.}}]] ''De la onra del rey.'' {{fd|19}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 2/Título 3|{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} III.}}]] ''De la guarda de la reyna. E fabla de la pena que deve aver quien fezier adulterio con la reyna, o la matase, o la feriese, o descobriese su poridat. E otrosi de la pena que deve aver quien feziere adulterio con su manceba.'' {{fd|25}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 2/Título 4|{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} IV.}}]] ''De la guarda de los fijos del rey. E fabla de la pena que deve aver quien fezier adulterio con la fija legitima del rey por fuerza, o de su grado, o con su hermana, o con la de ganancia. E los que conseian mal fazer a los fijos del rey, o los matan, o los fieren. {{fd|25}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 2/Título 5|{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} V.}}]] ''De la onra de los fijos del rey. E que pena deve aver quien los desonrare.'' {{fd|28}} :[[Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio/Libro 2/Título 6|{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VI.}}]] ''De la guarda que deven fazer al rey en sus cosas. E fabla de la pena que deve aver quien lo desere''-<noinclude></noinclude> 9exfefrjvslg0k1b5u29e3pzd5z7stq Página:Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio (1807).djvu/541 102 296084 1665419 1585624 2026-06-21T00:13:24Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665419 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|||469}} :</noinclude>''dare, e quien lo sopiere e non lo descobriere.'' {{fd|29}} :{{asc|Titulo VII.}} ''De los castiellos e de las villas, e de las otras fortalezas como se deven recebir e guardar.'' {{fd|31}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VIII.}} ''Como deven enplazar e dar al rey las fortalezas que recebieron o que ganaron. E que pena deve aver quien lo non feziere.'' {{fd|36}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} IX.}} ''Como deven enplazar las villas e los castiellos e las fortalezas, quando las quisieren dexar. E fabla de la pena que deve aver el alcayde si algun daño fizo en castiello, e non lo adobó, e del galardon que a de ver el que algo en castiello meiora.'' {{fd|38}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} X.}} ''Como deven guardar al rey sus casas e sus celleros e sus heredades. E que pena deve aver el que mal lo guardare.'' {{fd|40}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XI.}} ''Como deven guardar las cosas muebles del rey vivas. E que pena deven aver los que lo non fezieren o gelas furtaren.'' {{fd|id.}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XII.}} ''Como deven onrar e guardar alos omes de casa del rey. E que pena deve aver qui los desonrase, o los feriese, o los matase.'' {{fd|41}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XIII.}} ''Como deven seer onrados e guardados los legos que tienen logar en casa del rey para guardar los fechos en las cosas tenporales. E que pena merecen los que los desonraren, o los ferieren, o los matasen.'' {{fd|46}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XIV.}} ''Como deven guardar la corte del rey e por qué deve seer mas onrada e mas guardada que otro lugar. E que pena an a aver los que desonraren, o ferieren, o mataren a los que en ella estan, o vienen, o van a ella. E los que roban los averes del rey o los furtan. E los que non obedescen sus cartas.'' {{fd|54}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XV.}} ''Como deven guardar a la reyna en sus mugieres, e en sus omes, e en sus heredades, e en todo lo al que a. E que pena deven aver los que yoguiesen con alguna de sus mugieres, quier por fuerza o de su grado, o fieren o matan a alguno de sus omes.'' {{fd|60}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XVI.}} ''De la onra e de la guarda que deven fazer a los fijos del rey en sus cosas. E fabla de como el fijo mayor del rey a de heredar el regno. E que pena deven aver los que non quisieren venir al rey nuevo. E quales lo an a tomar si non es de edat.'' {{fd|68}}<noinclude></noinclude> m3770ocu1i3qrbhitvl2rhk1nqeljfs Página:Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio (1807).djvu/542 102 296156 1665420 1266869 2026-06-21T00:13:36Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ pditto 1665420 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|470||}}</noinclude>{{c|AQUI SE ACABA EL LIBRO SEGUNDO E COMIENZA. EL TERCERO.}} :{{asc|Titulo I.}} ''De los que llama el rey. E que pena deven aver los que non venieren.'' {{fd|74}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} II.}} ''De los que el rey enbia a algun logar. E que pena deven aver los que non quisieren yr.'' {{fd|77}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} III.}} ''Que los vasallos deven estar ô los el rey mandare. E que pena deven aver si dende se tiran.'' {{fd|78}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} IV.}} ''De como deven acorrer los vasallos ô fuer meester.'' {{fd|80}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} V.}} ''De las huestes. E que pena deven aver los que non fueren a ellas e los que se tornaren. E los que non acorrieren al rey en la batalla, o a su señor, o a los pendones o señas de sus señores o de sus conceios. E que galardon deven aver los que primero entraren por fuerza en la villa o castiello de los enemigos, o los que los furtaren, o los que acorrieren al rey, o a su seña, o a las otras señas.'' {{fd|81}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VI.}} ''De como se deven acabdellar en las huestes, e en las cavalgadas, e que pena deven aver los que deraniaren, e los que non fueren mandados a su cabdiello, e los que lo desonraren o lo mataren. E que pena deven aver los que non guardaren los engenos e las otras cosas que les fueren mandado, e se perdieren.'' {{fd|97}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VII.}} ''De lo que ganan en las huestes e en las cavalgadas como lo deven partir. E que pena deven aver los que se pararen a robar.'' {{fd|106}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VIII.}} ''De la justicia que deven fazer en las cavalgadas e en las otras maneras de guerra. E que pena deven aver los que se van de la hueste para los enemigos, e los que buelven pelea o fieren o matan. E los que fezieren engano en lo de la cavalgada, canbiando las cosas, o vendiendolas, o en otra manera qualquier. E ô el rey non fuere, que el cabdiello e el adalid deven seer alcalles para lo librar.'' {{fd|119}}<noinclude></noinclude> 5umwbrveaeqn6pb0y7ws6fpigpbxr4a Página:Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio (1807).djvu/543 102 296164 1665421 1266877 2026-06-21T00:13:45Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ pditto 1665421 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|||471}}</noinclude>{{c|AQUI ACABA EL LIBRO TERCERO E COMIENZA EL QUARTO.}} :{{asc|Titulo I.}} ''De la justicia como se deve fazer e guardar en cada logar, los que an poderio de judgar.'' {{fd|126}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} II.}} ''De los alcalles quien los puede poner, e de las cosas que an de fazer en sus oficios e de guardar. E porque razones pueden poner otros en sus logares por sí. E que pena deven aver si lo fezieren en pleitos criminales sin mandado del rey. E que pena deve aver quien denostare, o feriere, o matare antellos o antel adelantado, estando judgando.'' {{fd|128}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} III.}} ''De las cosas que deven fazer e guardar los merinos mayores, e las justicias de la corte del rey, e los alguaziles, e las justicias, e los juezes. E que pena deve aver quien los desonrase, o los feriese; o los matase a ellos, o a sus omes, o a los porteros de los alcalles. E que pena deven ellos aver, si non fezieren sus oficios como en todo el titulo dize. E fabla de los que non quieren dar treguas.'' {{fd|145}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} IV.}} ''De los demandadores e de los defendedores. E de las cosas que deven guardar e fazer. E de la pena que deve aver el que demanda mas que non deve, o ante de plazo, o que faze su demanda mintirosa a sabiendas.'' {{fd|162}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} V.}} ''De los demandados e de las cosas que deven catar.'' {{fd|170}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VI.}} ''De las querellas e de las cartas que salen de casa del rey, e de los privilegios, quales deven valer. E quien las puede judgar. E como se pierden, e por quantas maneras non valen.'' {{fd|174}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VII.}} ''De los testigos. E fabla de las tachas dellos. E de la quantia que deve aver el testigo. E como las mugieres pueden seer testigos en testamento o en mandas. E quantos testigos an adozir en el pleito.'' {{fd|191}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VIII.}} ''De los personeros. E diz que en pleito de casamiento el ome de {{asc|XIV}} años puede fazer personero.'' {{fd|220}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} IX.}} ''De los vozeros. E que galardon deven aver, e como deve seer dado.'' {{fd|233}}<noinclude></noinclude> f4mxeib2ge2sdotk1gp70y4v0is7hf5 Página:Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio (1807).djvu/544 102 296167 1665422 1266880 2026-06-21T00:13:57Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ pditto 1665422 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|472||}}</noinclude>:{{asc|Titulo X.}} ''De los conseieros. E diz que pena deven aver, si non conseiaren derechamiente.'' {{fd|258}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XI.}} ''De los pesquiridores. E de las pesquisas. E que pena deven aver si non las fezieren derechamiente. E que pena an a dar a los que los desonrasen, o los feriesen, o los matasen. E a los que non quieren seer pesquiridores. E si querellan de persona cierta que non aya pesquisa.'' {{fd|259}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XII.}} ''De los escrivanos de casa del rey, e de los otros de las villas e publicos, quales deven seer en sí. E como deven fazer sus oficios. E que non deven poner en las cartas una letra por nonbre. E que pena deven aver si lo fezieren. E por quantas guisas son las cartas falsas. E que deven aver por las fazer e de que moneda. E que pena deven aver los que denostaren, o ferieren, o mataren a los escrivanos de las cibdades e de las villas.'' {{fd|247}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XIII.}} ''De los seelladores. E que es lo que deven aver por cada seello, asi los del rey como los otros.'' {{fd|284}} {{c|AQUI SE ACABA EL LIBRO QUARTO E COMIENZA EL QUINTO.}} :{{asc|Titulo I.}} ''De los emplazamientos que se fazen antel rey, o ante los alcalles, en quantas maneras son. E que pena deve aver el que non veniere, e atambien contra el que la para, si non viene. E el alcalle que es lo que á de fazer de su oficio contra el enplazado que non viene al primero enplazamiento. E esomismo de la señal. E quanto tienpo despues del plazo deven atender en la corte al enplazado. E fabla en los pleitos criminales como deven fazer contra los que non venieren, maguer son pregonados. E de las escusas que todos an por si.'' {{fd|287}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} II.}} ''De las sospechas contra los judgadores.'' {{fd|298}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} III.}} ''De los asentamientos. E del tienpo de los seis meses la rayz, e el mueble tres. E cuyos deven seer los fructos de los bienes en que asentaren. E que pena deven aver los enbargadores e los forzadores de los asentamientos.'' {{fd|301}}<noinclude></noinclude> nz2vvl31uu0dlrwv9wp8kzcwbbbjxle Página:Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio (1807).djvu/545 102 296170 1665423 1266884 2026-06-21T00:14:08Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ pditto 1665423 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|||473}}</noinclude>:{{asc|Titulo IV.}} ''De las defensiones.'' {{fd|306}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} V.}} ''Del tiempo por que se ganan o se pierden las cosas. E fabla de lo desenparado si non es demandado fasta quatro años. E eso mismo de los logeros.'' {{fd|314}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VI.}} ''De las ferias e de los plazos foreros. E fabla como se a a contar el dia de la tregua, e a que ora sale. E eso mismo de los plazos a que se an a fazer pagas. E el domingo por quantas maneras a seer guardado. E en que manera el alcalle deve dar los plazos. :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VII.}} ''De las demandanzas e de las respuestas por que se comienzan los pleitos. E fabla como se a de formar la acusacion para seer cierta. E que el debdo primero deve seer ante librado e pagado.'' {{fd|337}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} VIII.}} ''De las razones e de las maneras por que se gana señorio e tenencia de las cosas. E el que entra sobre los muros o so las puertas que pena a aver. E fabla de los averes fallados, e de los que entran en orden e an fijos, quanta es la parte que la orden a aver de sus bienes. E de la seguranza que el marido a de dar a su mugier si del se teme.'' {{fd|356}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} IX.}} ''De como non se deven mudar del estado en que fueren las cosas sobre que an los omes contienda. E fabla de las cosas muebles, como se deven meter en mano de fiel. E por quales razones.'' {{fd|384}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} X.}} ''De las proevas. E fabla en quantas maneras cae la proeva al demandado e al demandador, e por qué en razon de los niegos que fazen e anlos a provar. E si el padre conosceo en su testamento que deve a uno de sus fijos algo, que non deve valer si non jurare.'' {{fd|388}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XI.}} ''De las juras.'' {{fd|397}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XII.}} ''De las coñoscencias. Fabla de la defension de los años contra la carta en que non recebio el debdo que en ella está.'' {{fd|419}} :{{asc|{{pditto|Titulo|. . . . .}} XIII.}} ''De los juyzios e de los mandamientos de los alcalles. E fabla quales juyzios son valederos e quales non valen, nin an fuerza en sí, e por que razones. E como pueden emendar sus juyzios, e quanto tienpo. E que daño sigue al que vee lo suyo andar en''<noinclude></noinclude> kjbu3wpcogx5z5uu1ohc25t02ethg3x Página:Las siete partidas del rey Don Alfonso el Sabio (1807).djvu/546 102 296171 1665424 1266886 2026-06-21T00:14:21Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665424 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|474||}}</noinclude>''contienda de juyzio e non lo contradize. E como non vale la pena que el alcalle pone en su sentencia sinon en cosas señaladas, e por que razones. E que pena deve aver el alcalle que judga tuerto por precio quel den o por non saber. E el que gelo da, asi en los pleitos ceviles como en los criminales.'' {{fd|427}} :{{asc|Titulo XIV.}} ''De las alzadas.'' {{fd|448}}<noinclude></noinclude> mt2qt7nytbv8cw0f4p8gxav3us43a5n Página:Los israelitas españoles y el idioma castellano.pdf/50 102 304632 1665714 1295607 2026-06-21T01:38:52Z Ignacio Rodríguez 3603 [[Especial:Errores_de_sintaxis/misc-tidy-replacement-issues]] 1665714 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="JaimeDes" />—40—</noinclude>»Ellos van hasta introducir mismo en las sinagogas cierta oración en el idioma español, y pasajes de la Biblia so leen en español en las fiestas santas. »¡Cosa maravillosa y muy extraordinaria! Entre las eligias geniales y las Jermiadas recitadas con lloro, en día de duelo judío (9 del mes de Abril) donde se lamenta la distrucción de Jerusalem, se halla una (cuyo autor no lo topo por el momento) que es compuesta en hebreo y castillano, y que á titolo de curiosidad lo traigo aquí: {{bloque centro|width=85%|<poem> «Yatzou ahehem Ghezushim, Misheretz u Mi-Sevilla Raithi orpehem Cashim, Hevithi Gherush, Castilla Ve-Sicilla, Aragon, Grenada.» — Olelay!!</poem>|menor}} »Lo que en breve significa: el triste recuerdo del exilo de las ciudades Sevilla, Castilla, ete., esconsiderado como aquel de Jerusalem; confesando, en mismo tiempo, que han sido por orden de Dios.» «Quiero decir por ello cuanto los judíos españoles conservan el amor por la cuna de sus ancianos, quienes hacían entonces la gloria del judaísmo. »¡Pero qué triste y amargo es de amar á quien te aborrece sin arte y sin parte!» Estas hermosas y sentidas manifestaciones, ga-<noinclude></noinclude> 42e8zgyj3xxk7uoxlnetus0pt967yym Página:El Cristo de Velázquez. Poema de Miguel de Unamuno (1920).djvu/34 102 309023 1665724 1322618 2026-06-21T01:46:36Z Ignacio Rodríguez 3603 just no 1665724 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="Shooke" />Miguel de Unamuno {{bloque centro/c}}</noinclude><section begin="XI"/> {| style="width:30em; margin:auto;" |- valign=top | width=20% | |- valign=top |{{menor|Juan, XIV, 24}} |<poem> Pero tu paz, Hermano, y no el embuste que como tal da el mundo, hasta aquel día </poem> |- valign=top |{{menor|Isaías, XI, 7.}} |<poem> en que el león con paja se apaciente, y anide el gavilán con la paloma; porque guerra de paz fué tu pasión. </poem> |}<section end="XI"/> <section begin="XII"/>{{t2|XII<br> <br> ALBA}} {| style="width:30em; margin:auto;" |- valign=top | width=20% | <br><br>{{menor|Oseas, VI, 3.}} | <poem> {{GrandeInicial|B|fuente=serif}}{{may|lanco}} estás como el cielo en el naciente blanco está al alba antes que el sol apunte del limbo de la tierra de la noche: que albor de aurora diste a nuestra vida vuelta alborada de la muerte, porche </poem> |- valign=top | {{menor|Éxodo XIII, 21-22.}} | <poem> del día eterno; blanco cual la nube que en columna guiaba por el yermo al pueblo del Señor mientras el día duraba. Cual la nieve de las cumbres ermitañas, ceñidas por el cielo,</poem> |-<section end="XII"/><noinclude>{{npt}} |} {{bloque centro/f}} {{c|32}}</noinclude> gfbef7mez0xnz2siinzahfeu2o77aij Módulo:Título 828 334534 1665727 1650309 2026-06-21T02:00:59Z Ignacio Rodríguez 3603 +uc 1665727 Scribunto text/plain -- Modulo para portadas de título y páginas con diseño complejo como esas require('strict') local FACTOR = 1.2 local p = {} local getArgs = require('Módulo:Arguments').getArgs local function formatdiv(frame, div, style) local styles = mw.text.split(style, ',') for _, st in ipairs(styles) do st = mw.text.trim(st) if st == '<' then div:css('text-align', 'left') end if st == '>' then div:css('text-align', 'right') end if st == 'may' then div:css('font-variant', 'small-caps') end if st == 'asc' then div:css('font-variant', 'all-small-caps') end if st == 'sc' then div:css({['margin-left'] = '1em', ['text-indent'] = '-1em', ['text-align'] = 'justify'}) end if st == 'bd' then div:css({['float'] = 'right', ['text-align'] = 'justify', ['width'] = '50%', ['clear'] = 'both'}) end if st == 'ul' then div:css('text-decoration', 'underline') end if st == 'uc' then div:css('text-transform', 'uppercase') end -- Capturas con patrones local grande = mw.ustring.match(st, '^%++$') if grande then div:css('font-size', tostring(FACTOR ^ #grande * 100) .. 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Fortanet|año=1857}} {{at|Reseña histórica del gran Imperio de China - bdh0000188761.pdf}} i20an0zgwnm9c7srwbinbti6rcxssrn Índice:Revista de España (Tomo IX).djvu 104 352392 1665730 1598636 2026-06-21T02:13:30Z Ignacio Rodríguez 3603 1665730 proofread-index text/x-wiki {{:MediaWiki:Proofreadpage_index_template |Titulo= |Subtitulo= |Volumen=[[Revista de España (Tomo IX)|Tomo IX]] |Autor= |Editor= |Traductor= |Prologuista= |Imprenta= |Editorial= |Ilustrador= |Ano= |Lugar= |derechos=España |Fuente={{IA|revistadeespaa09madruoft}} |Imagen=9 |Progreso=C |Paginas=<pagelist 1to8="-" 9="Portada" 10="-" 11=5 655to660="-" /> |Notas= |Wikidata=Q125909041 |Serie={{Tomos de la Revista de España}} |Header= |Footer= |Modernizacion=S |Dict=*i: i |ultima-muerte= }} jbmd4wm5c070jp7bq6jw1z8p13vr3r2 Página:Miguel de Molinos - Guía espiritual (1676).pdf/270 102 359824 1665725 1482101 2026-06-21T01:47:42Z Ignacio Rodríguez 3603 1665725 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Shooke" />{{cp|236|Indice}}</noinclude>{{t2|LIBRO PRIMERO.}} {{icp|n=2|símbolo=|ancho=26em|e-an=110% |{n 1}De las tinieblas, {{s}}equedades, y tentaciones con que Dios purga à las almas, y del recogimiento interior, ò contemplacion adquirida. |Cap.1. ''Para que Dios de{{s}}can{{s}}e en el alma, {{s}}e ha de pacificar {{s}}iempre el coraçon, en qualquiera inquietud, tentacion, tribulacion, fol.''|22. |Cap.2. ''Aunque el alma {{s}}e vea priuada del di{{s}}cur{{s}}o, debe perfeuerar en la oracion, y no afligir, porque e{{s}}{{s}}a es fa mayor felicidad, folio''|25. |Cap. 3.''Pro{{s}}igue lo mismo, fol.''|30. |Cap. 4.''No {{s}}e ha de afligir el alma, ni ha de dexar la oracion, por ver{{s}}e rodeada de {{s}}equedades, fol.''|35. |Cap. 5.''Pro{{s}}igue lo mismo, declarando quantas maneras ay de deuocion, y como {{s}}e debe de{{s}}preciar la fenfible, y que el alma, aunque no di{{s}}curra, no e{{s}}tà ocio{{s}}a, fol.''|39. |Cap. 6. ''No {{s}}e ha de inquietar el alma por ver{{s}}e circuida de tinieblas, porque e{{s}}tas {{s}}on el in{{s}}trumento de {{s}}u mayor felicidad, fol.''|42. <noinclude>|Cap. 7. ''Para que el alma llegue a la {{s}}uprema paz''|</noinclude> }}<noinclude>{{d|''inte''-}}</noinclude> gb56ig4wgs19z95xmix3x7pjuc8nqda Página:El Refranero general Español - IA elrefranerogener05sbaruoft.djvu/105 102 383497 1665726 1551141 2026-06-21T02:00:38Z Ignacio Rodríguez 3603 div-span 1665726 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="4" user="The Eloquent Peasant" /></noinclude>{{título| {++, uc}Historia verdadera {+, uc}y puntual {+++, uc}de la presente obra {-, uc}escrita {uc}por su mismo colector. }} {{línea|4em|e=1em}} {{t3|Capítulo Primero.|uc}} {{c|Introducción, principios y progresos de mi afición á las cosas del teatro.|clase=titulo}} {{línea|4em|e=1em}} {{grandeInicial|Á|clase=inicial}} la vejez viruelas, como dijo el otro, y date prisa, Pepa, que si nó te entierran. Dígolo, porque despues de haber estado toda mi vida callado entre suelas y cordobanes, ya con cerca de ochenta años, quiero meterme á escritor público, y emprendo el grandísimo trabajo de hacer reimprimir con aseo unas cuantas comedias que me gustan, impresas ya cien veces, y en cuya composición no tengo parte alguna; pero más vale tarde que nunca; que vayas al Alhambra, y vayas cuando vayas; y por fin, véame allá yo, siquiera sí, siquiera nó. Estoy ya cansado de ver por las esquinas, á las puertas de las librerias y de los teatros, y hasta en la misma ''Gaceta'', donde se ponen todas las cosas grandes, los nombres de muchos amigos que conozco como<noinclude></noinclude> g59hby5pa6pgh5mlmrtnk31dvlqmv28 Plantilla:Parágrafo 10 384818 1665409 1551157 2026-06-20T23:59:34Z Ignacio Rodríguez 3603 más un símbolo que una abreviatura. causa problemas de parsoid 1665409 wikitext text/x-wiki §<noinclude>{{documentación}}</noinclude> 86xwij152px1rhkoyweiwks1nsqy20x Página:Ortografia RAE (1741).pdf/19 102 386312 1665721 1552970 2026-06-21T01:42:30Z Ignacio Rodríguez 3603 {{guion}} no es para esto... si es muy complejo lo pasaré a la página anterior, con nota 1665721 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Shooke" />{{bloque centro/c|ancho=18em}}</noinclude>{{sc|{{sec}}. ''V. De la concurrencia de varias con{{s}}onantes. Plan''.219.}} {{sc|{{sec}}. ''VI. De la duplicacion de las con{{s}}onantes. Plan''.226.}} {{sc|{{sec}}. ''VII. De las letras mayúsculas, las líquidas, y de los dipthongos. Plan''.233.}} {{sc|{{sec}}. ''VIII. De la {{s}}ynalepha, y apó{{s}}tropho. Plan''.240.}} {{sc|{{sec}}. ''IX. De los acentos, y notas para la pronunciacion. Plan''.244.}} {{sc|{{sec}}. ''X. De la divi{{s}}ion de las voces, y cláu{{s}}ulas. Plan.260.}} {{sc|{{sec}}. ''XI. De diferentes notas, que {{s}}e {{s}}uelen u{{s}}ar en lo e{{s}}crito, y {{s}}u explicacion. Plan''.270.}}<noinclude>{{pie|3={{sec}}. XII.}} {{bloque centro/f}}</noinclude> 1gmdu6t5tgw1j2088ni43u376mpmrq1 1665722 1665721 2026-06-21T01:43:36Z Ignacio Rodríguez 3603 ya estaba así 1665722 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Shooke" />{{bloque centro/c|ancho=18em}} {{sc|{{brecha}}''cribir con buena Orthographía. Plan''.115.}}</noinclude>{{sc|{{sec}}. ''V. De la concurrencia de varias con{{s}}onantes. Plan''.219.}} {{sc|{{sec}}. ''VI. De la duplicacion de las con{{s}}onantes. 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Si es de Realengo, ú de Señorío: á quién pertenece: qué derechos percibe, y quanto producen. 3. Qué territorio ocupa el Termino, quanto de Levante á Poniente, y del Norte al Súr: y quanto de circunferencia, por horas, y leguas: qué linderos, ó confrontaciones; y qué figura tiene, poniendola al margen. 4. Qué especies de Tierra se hallan en el Termino; si de Regadío, y de Secano, distinguiendo si son de Hortaliza, Sembradura, Viñas, Pastos, Bosques, Matorrales, Montes, y demás, que pudiere haver, explicando si hay algunas, que produzcan más de una Cosecha al año, las que fructificaren sola una, y las que necessitan de un año intermedio de descanso. 5. De quantas calidades de Tierra hay en cada una de las especies, que hayan declarado, si de buena, mediana, é inferior. 6. Si hay algún Plantío de Arboles en las Tierras, que han declarado, como Frutales, Moreras, Olivos, Higueras, Almendros, Parras, Algarrobos, etc. 7. En quales de las Tierras están plantados los Arboles, que declararen. 8. En qué conformidad están hechos los Plantíos, si extendidos en toda la tierra, ó á las márgenes: en una, dos, tres hileras; ó en la forma que estuvieren. 9. De qué medidas de Tierra se usa en aquel Pueblo: de quantos passos, o varas Castellanas en quadro se compone: qué cantidad de cada especie de Granos, de los que se cogen en el Termino, se siembra en cada una. 10. Qué numero de medidas de Tierra havrá en el Termino, distinguiendo las de cada especie, y calidad: por exemplo: tantas Fanegas, ó del nombre, que tuviesse la medida de Tierra de sembradura, de la mejor calidad: tantas de mediana bondad, y tantas de inferior; y lo propio en las demás especies, que huvieren declarado. 11. Qué especies de Frutos se cogen en el Termino. 12. Qué cantidad de Frutos de cada genero, unos años con otros, produce, con una ordinaria cultura, una medida de Tierra de cada especie, y calidad de las que huviere en el Termino, sin comprehender el producto de los Arboles que huviesse. 13. Qué producto se regula darán por medida de Tierra los Arboles que huviere, segun la forma en que estuviesse hecho el Plantío, cada uno en su especie. 14. Qué valor tienen ordinariamente un año con otro los Frutos, que producen las Tierras del Termino, cada calidad de ellos. 15. Qué derechos se hallan impuestos sobre las Tierras del Termino, como Diezmo, Primicia, Tercio Diezmo, ú otros; y á quien pertenecen. 16. A qué cantidad de Frutos suelen montar los referidos derechos de cada especie; ó á qué precio suelen arrendarse un año con otro. 17. Si hay algunas Minas, Salinas, Molinos Harineros, ú de papel, Batanes, ú otros Artefactos en el Termino, distinguiendo de qué Metales, y de qué uso, explicando sus Dueños, y lo que se regula produce cada uno de utilidad al año. 18. Si hay algun Esquilmo en el Termino, á quien pertenece, qué numero de Ganado viene al Esquiléo á él, y quu utilidad se regula da á su Dueño cada año. 19. Si hay Colmenas en el Termino, quantas, y á quien pertenecen. 20. De qué especies de Ganado hay en el Pueblo, y Termino, excluyendo las Mulas de Coche, y Cavallos de Regalo; y si algun Vecino tiene Cabaña, ó Yeguada, que pasta fuera del Termino, donde, y de qué numero de Cabezas, explicando el nombre del Dueño. 21. De qué numero de Vecinos se compone la Población, y quantos en las Casas de Campo, ó Alquerías. 22. Quantas Casas havrá en el Pueblo, qué numero de inhabitables, quantas arruinadas: y si es de Señorío, explicar si tienen cada una alguna carga, que pague al Dueño, por el establecimiento del suelo, y quanto. 23. Qué Propios tiene el Comun, y á qué asciende su producto al año, de que se deberá pedir justificacion. 24. Si el Común disfruta algun Arbitrio, Sissa, ú otra cosa, de que se deberá pedir concession, quedandose con Copia que acompañe estas Diligencias: qué cantidad produce cada uno al año: á qué fin se concedió, sobre qué especies, para conocer si es temporal, ó perpetuo, y si su producto cubre, ó excede de su aplicación. 25. Qué gastos debe satisfacer el Comun, como Salario de Justicia, y Regidores, Fiestas de Corpus, ú otras: Empedrado, Fuentes, Sirvientes, etc. de que se deberá pedir Relacion authentica. 26. Qué cargos de Justicia tiene el Comun, como Censos, que responda, ú otros, su importe, por qué motivo, y á quien, de que se deberá pedir puntual noticia. 27. Si está cargado de Servicio Ordinario, y Extraordinario, ú otros, de que igualmente se debe pedir individual razon. 28. Si hay algun Empleo, Alcavalas, ú otras Rentas enagenadas, á quien, si fué por Servicio Pecuniario, ú otro motivo: de quanto fué, y lo que produce cada uno al año, de que se deberán pedir los Titulos, y quedarse con Copia. 29. Quantas Tabernas, Mesones, Tiendas, Panaderías, Carnicerías, Puentes, Barcas sobre Rios, Mercados, Ferias, etc. hay en la Poblacion, y Termino: á quien pertenecen, y qué utilidad se regula puede dar al año cada uno. 30. Si hay Hospitales, de qué calidad, qué Renta tienen, y de qué se mantienen. 31. Si hay algún Cambista, Mercader de por mayor, ó quien beneficie su caudal, por mano de Corredor, ú otra persona, con lucro, e interés; y qué utilidad se considera le puede resultar á cada uno al año. 32. Si en el Pueblo hay algun Tendero de Paños, Ropas de Oro, Plata, y Seda, Lienzos, Especería, ú otras Mercadurías, Medicos, Cirujanos, Boticarios, Escrivanos, Arrieros, etc. y qué ganancia se regula puede tener cada uno al año. 33. Qué ocupaciones de Artes mecanicos hay en el Pueblo, con distincion, como Albañiles, Canteros, Albeytares, Herreros, Sogueros, Zapateros, Sastres, Perayres, Texedores, Sombrereros, Manguiteros, y Guanteros, etc. explicando en cada Oficio de los que huviere el numero que haya de Maerstros, Oficiales, y Aprendices; y qué utilidad le puede resultar, trabajando meramente de su Oficio, al día á cada uno. 34. Si hay entre los Artistas alguno que, teniendo caudal, haga prevencion de Materiales correspondientes á su propio Oficio, ó á otros, para vender á los demás, ó hiciere algún otro Comercio, ó entrasse en Arrendamientos; explicar quienes, y la utilidad que consideren le puede quedar al año á cada uno de los que huviesse. 35. Qué número de Jornaleros havrá en el Pueblo, y á cómo se paga el jornal diario á cada uno. 36. Quantos Pobres de solemnidad havrá en la Poblacion. 37. Si hay algunos Individuos, que tengan Embarcaciones, que naveguen en la Mar, ó Ríos, su porte, ó para pescar: quantas, á quien pertenecen, y qué utilidad se considera da cada una á su Dueño al año. 38. Quantos Clérigos hay en el Pueblo. 39. Si hay algunos Conventos, de qué Religiones, y sexo, y qué numero de cada uno. 40. Si el Rey tiene en el Termino, ó Pueblo alguna Finca, ó Renta, que no corresponda á las Generales, ni á las Provinciales, que deben extinguirse: quales son, cómo se administran, y quanto producen. == Fuente == * Impreso conservado en Archivo Histórico Nacional, Consejos, Lib. 1510. Digitalizado en [https://pares.cultura.gob.es/catastro/servlets/ImageServlet?accion=4&txt_id_imagen=1&txt_rotar=0&txt_contraste=0&appOrigen= PARES]. [[Categoría:DH-I]] [[Categoría:Catastro de Ensenada]] [[Categoría:D1749]] r66qamb6nbay45vreecflkowwrqfgi3 Página:Biblioteca de Mayo. Tomo XI. Sumarios y expedientes.pdf/10 102 388124 1665728 1560144 2026-06-21T02:06:38Z Ignacio Rodríguez 3603 divspan 1665728 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Shenme" /></noinclude>{{Centrar|Presidente de la República<br/>{{grande|S. E. Doctor ARTURO FRONDIZI}} {{xx-grande|CAMARA DE SENADORES}} {{menor|Presidente Provisional}}<br/>Doctor JOSE MARIA GUIDO {{menor|Vicepresidente Primero}}<br/>Doctor BENJAMIN GUZMAN {{menor|Vicepresidente Segundo}}<br/>Doctor JOSE MARIA ANTONIO BERTORA {{menor|Senadores}}|may}} {{Columnas}} ARANA, Tomás Pedro<br/> AZAR, Moisés<br/> BAYOL, Augusto G.<br/> BAZAN, Eduardo<br/> BEASCOCHEA, Raúl Enrique<br/> BERTIN, Alfredo Felipe<br/> BERTORA, José Maria Antonio<br/> BIAIN, Pablo<br/> CALDERON, Segundo Rosa<br/> CIARLOTTI, Pedro<br/> CORTE, Rolando<br/> DAVILA, J. Aníbal<br/> DE LLAMAS, Enrique V.<br/> FALCO, Clodomiro<br/> FIGUEROA, Héctor Enrique<br/> GALLO, Victorio Manuel<br/> GARCIA, Alfredo<br/> GENTILI, Carlos<br/> GUIDO, José Maria<br/> GUZMAN, Benjamín<br/> JUAREZ, José Gregorio<br/> LEAVY, Napoleón Tomás<br/> LEBRERO, Carlos Alberto {{Nueva columna}} LOSADA, Mario<br/> MAJLUF, Amado<br/> MALLEVILLE, Julio A.<br/> MIGUEL, Pedro H.<br/> NOGUEIRA, Eduardo<br/> OLMEDO, Rolando<br/> OPORTO, Julio Samuel<br/> PALACIOS, Alfredo L.<br/> PARRA PEREZ, Diego<br/> PEREZ, Bartolomé<br/> RACEDO, Lucio Eduardo<br/> SANCHEZ, Franklin Alberto<br/> TARANTINO, Carlos Nicolás<br/> TRUNSKY, Salomón<br/> VERA BARROS, Pedro César<br/> VICCHI, Adolfo Angel<br/> VILCHEZ, Martín<br/> VILLALBA, Lucas<br/> WEIDMANN, Rodolfo A.<br/> ZUBASTI, Eusebio<br/> {{derecha|{{menor|Senador Electo}}}}<br/>PEREZ AZNAR, Ataúlfo {{Final columnas}} {{c|{{menor|Secretarios}}<br/>ALEJANDRO N. BARRAZA - CLAUDIO A. MAFFEI {{menor|Prosecretarios}}<br/>DELFOR W. CARESSI - CESAR A. RODRIGUEZ |may}} {{np}}<noinclude></noinclude> 68kewpb21ij10mbjixx5mevcl67pfj5 Autor:Maximilien Robespierre 106 405877 1665227 1626506 2026-06-20T15:03:29Z Ignacio Rodríguez 3603 1665227 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Maximilien Robespierre'''<br /> (6 de [[mayo]] de 1758 - 28 de [[julio]] de 1794) <br/>Abogado, revolucionario y político francés de ideología republicana. }} == Obras == === Discursos === * ''[[Discurso de la sesión del 2 de enero de 1792 en la Société des Amis de la Constitution - Sobre la guerra (continuación)]]'', 1792. * ''[[Primer discurso en la Fiesta del Ser Supremo del 8 de junio de 1794 (20 de pradial, año II)]]'', 1794. * ''[[Segundo discurso en la Fiesta del Ser Supremo del 8 de junio de 1794 (20 de pradial, año II)]]'', 1794. * ''[[Último discurso de Robespierre en la Convención el 26 de julio de 1794 (8 de termidor, año II) - Contra las nuevas facciones y los diputados corruptos]]'', 1794. [[Categoría:Revolución francesa]] jzwadhjuf9fjdtkd77049awcre9b67e Autor:Jacques Pierre Brissot 106 414097 1665212 1633652 2026-06-20T14:53:01Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665212 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Jacques Pierre Brissot'''<br />(15 de enero de 1754 – 31 de octubre de 1793)<br />Escritor, revolucionario y político francés de ideología republicana. Líder de los girondinos. }} == Obras == === Discursos === * ''Discurso en el que se debate la cuestión de si el rey puede ser juzgado'' (1791). Pronunciado en la ''Asamblea de amigos de la Constitución'' en la sesión del 10 de julio de 1791. {{at|Brissot, Discurso en el que se debate la cuestión de si el rey puede ser juzgado (1791).pdf|A transcribir.}} fjzcxymg7z8yvyaqyyalnhfkgjkbg0p Autor:Amalia Carvia 106 414213 1665215 1640089 2026-06-20T14:55:26Z Ignacio Rodríguez 3603 -WD 1665215 wikitext text/x-wiki {{Biocitas |Texto='''Amalia Carvia'''<br />(12 de mayo de 1861 – 7 de marzo de 1949)<br />Escritora y maestra republicana, feminista y librepensadora. }} === Artículos === * ''[[A la Sociedad "Unión Femenina" de Huelva]]'' (1898). Publicado el 2 de junio de 1898 en el periódico ''Las Dominicales del Librepensamiento''. etw4vrhnm7h2bv93d7ehsbk07ojug24 Página:El Capital (1898).pdf/52 102 417382 1665207 1652477 2026-06-20T14:45:52Z Ignacio Rodríguez 3603 1665207 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|46|CARLOS MARX|}}</noinclude>mitado sino por el número de las especies de mercancías distintas de ella. La expresión aislada de su valor se transforma así en la serie de las expresiones simples de su valor, que se puede siempre alargar. {{t5|B.—''Forma total ó desarrollada del valor''.}} {{c|1=''z'' mercancía A = ''u'' mercancía B ó = ''v'' mercancía C = ''w'' mercancía D ó = ''x'' mercancía E ó = etc.}} {{c|1=(20 metros de tela = 1 vestido ó = 10 libras de té ó = 40 libras de café ó = 1 fanega de trigo ó = 2 onzas de oro ó = ½ tonelada de hierro ó = etc.)|2O=menor}} {{c|1.—{{may|La forma desarrollada del valor relativo.}}}} El valor de una mercancía, de la tela, por ejemplo, es ahora expresado en otros innumerables elementos del mundo de las mercancías. Todo otro cuerpo-mercancía se hace espejo del valor de la tela<ref>Por eso se habla del valor vestido de la tela, cuando se lo expresa en vestidos, ó de su valor trigo, cuando en trigo, etc. Toda expresión semejante quiere decir que es su valor lo que aparece en los valores de uso vestidos, trigo, etc. «Denotando el valor de todo artículo su relación de cambio, podemos hablar de él como.... valor trigo, valor tela, etc., según el artículo con que se le compara, y entonces hay mil diversas especies de valor, tantas especies de valor como articulos existen, y todas son igualmente reales é igualmente nominales.» «''A Critical Dissertation on the Nature, Measure and Causes of Value: chiefly in reference to the writings of Mr. Ricardo and his followers. By the Author of Essays on the Formation etc. of Opinions'', Londres, 1825, pág. 39.) S. Bailey, autor de ese escrito anónimo, que en su tiempo hizo mucho ruido en Inglaterra, se figura haber destruído todo concepto determinado del valor con esa indicación de las abigarradas expresiones del valor de una misma mercancía. Por lo demás, á pesar de sus pocos alcances, él ha puesto al descubierto los defectos de la teoría de Ricardo, como lo prueba la animosidad con que le ha atacado la escuela de Ricardo, por ejemplo, en la ''Westminster Review''.</ref>, y así aparece éste verdaderamente por primera vez como pulpa amorfa de trabajo humano indistinto; pues el trabajo que lo constituye está ahora expresamente representado como trabajo al cual equivale todo otro trabajo humano, cualquiera que sea su forma natural, ya se encarne en vestidos, ó en trigo, ó en hierro, ó en oro, etcétera. Por su forma de valor, la tela no está así ahora en relación social sólo con otra única mercancía, sino con todas las mercancías. Al mismo tiempo, la serie interminable de sus expresiones demuestra que para el valor de las mercancías es indiferente la forma especial del valor de uso en que se presenta. En la primera forma, 20 metros de tela = 1 vestido, puede ser un hecho accidental que esas dos mercancías sean cambiables en una proporción cuantitativa determinada. En la segunda forma, por el contrario, resalta desde luego una circunstancia que la determina, esencialmente distinta de todo simple accidente. El valor de la tela es siempre el mismo, ya se le exprese en vestido, ó en hierro, ó en café, etc., en innumerables mercancías distintas pertenecientes á los poseedores más diversos. La relación accidental de dos poseedores<noinclude></noinclude> fraumw71pgjjzucm0vsoanxmpsn2m0c 1665295 1665207 2026-06-20T16:28:37Z Ignacio Rodríguez 3603 1665295 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|46|CARLOS MARX|}}</noinclude>mitado sino por el número de las especies de mercancías distintas de ella. 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Todo otro cuerpo-mercancía se hace espejo del valor de la tela<ref>Por eso se habla del valor vestido de la tela, cuando se lo expresa en vestidos, ó de su valor trigo, cuando en trigo, etc. Toda expresión semejante quiere decir que es su valor lo que aparece en los valores de uso vestidos, trigo, etc. «Denotando el valor de todo artículo su relación de cambio, podemos hablar de él como.... valor trigo, valor tela, etc., según el artículo con que se le compara, y entonces hay mil diversas especies de valor, tantas especies de valor como articulos existen, y todas son igualmente reales é igualmente nominales.» «''A Critical Dissertation on the Nature, Measure and Causes of Value: chiefly in reference to the writings of Mr. Ricardo and his followers. By the Author of Essays on the Formation etc. of Opinions'', Londres, 1825, pág. 39.) S. Bailey, autor de ese escrito anónimo, que en su tiempo hizo mucho ruido en Inglaterra, se figura haber destruído todo concepto determinado del valor con esa indicación de las abigarradas expresiones del valor de una misma mercancía. Por lo demás, á pesar de sus pocos alcances, él ha puesto al descubierto los defectos de la teoría de Ricardo, como lo prueba la animosidad con que le ha atacado la escuela de Ricardo, por ejemplo, en la ''Westminster Review''.</ref>, y así aparece éste verdaderamente por primera vez como pulpa amorfa de trabajo humano indistinto; pues el trabajo que lo constituye está ahora expresamente representado como trabajo al cual equivale todo otro trabajo humano, cualquiera que sea su forma natural, ya se encarne en vestidos, ó en trigo, ó en hierro, ó en oro, etcétera. Por su forma de valor, la tela no está así ahora en relación social sólo con otra única mercancía, sino con todas las mercancías. 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Con la invención de la moneda, el trueque tuvo necesariamente que hacerse {{griego|καπηλικὴ}}, comercio de mercancías, y éste, en contradicción con su tendencia primitiva, se constituyó en Crematística ó arte de hacer dinero. La Crematística se distingue ahora de la Económica en que «para ella la circulación es la fuente de la riqueza ({{griego|ποιητικὴ χρημάτων ..... διὰ χρημάτων διαβολῆς }}). Y ella parece girar alrededor del dinero, pues el dinero es el principio y el fin de esta especie de cambio ({{griego|τὸ γὰρ νόμισμα στοιχεῖον καὶ πέρας τῆς ὰλλαγῆς ὲστίν}}). Por eso también, la riqueza que busca la Crematística es ilimitada. Pues como todo arte cuyo fin no es un medio, sino un objetivo último, es ilimitado en su tendencia, porque siempre trata de aproximarse más á él, mientras que las artes que sólo buscan medios para los fines no son ilimitadas, pues su mismo fin les pone límites, la Crematística es ilimitada en sus fines, pues su fin es el enriquecimiento absoluto. La Económica tiene un límite, la Crematística no..... la primera busca algo distinto del dinero mismo, la otra su aumento..... La confusión de ambas formas, que se tocan recíprocamente, induce á algunos á considerar la conservación y el aumento del dinero al infinito como fin último de la Económica.» ({{may|Aristóteles}}, ''De Rep''., ed. Bekker, l. {{asc|I}}, c. 8 y 9 ''passim''.)</ref>Como agente consciente de este movimiento, el poseedor de dinero pasa á ser capitalista. Su persona, ó más bien su bolsillo, es el punto de partida y el punto de retorno del dinero. El contenido objetivo de aquella circulación —la valorización del valor— es su fin subjetivo, y sólo en tanto que la creciente apropiación de la riqueza abstracta es el motivo único de sus operaciones, funciona él como capitalista ó capital personificado, dotado de voluntad y de conciencia. No hay, pues, que ver nunca en el valor de uso el fin inmediato del capitalista<ref>«Las mercancías (en el sentido de valores de uso) no son el objeto último del capitalista comerciante..... El dinero es su objeto último.» ({{may|Th. Chalmers}}, ''On Politic. Econ. etc''., segunda edición, Londres, 1832, pág. 166.)</ref>. Ni tampoco en la ganancia aislada, sino en el incesante movimiento de la ganancia<ref>«El mercader casi no tiene en cuenta el lucro hecho, sino que mira siempre al futuro.» ({{may|A. Genovesi}}, ''Lezioni di Economia civile'' (1765), edición de los economistas italianos, por Custodi, parte moderna, t. {{asc|VIII}}, pág. 139.)</ref>. Esta tendencia absoluta al enriquecimiento, esta apasionada caza del valor<ref>«La inextinguible pasión por la ganancia, la ''auri sacra fames'', caracteriza siempre al capitalista.» ({{may|Macculloch}}, ''The Principles of Polit. Econ''., Londres, 1830, página 179.) Esa penetración no impide, naturalmente, que el mismo MacCulloch y sus consortes, en las dificultades teóricas, por ejemplo, al tratar del exceso de producción, hagan del mismo capitalista un buen ciudadano que no se cuida sino del valor de uso y que tiene una verdadera hambre canina de botines, sombreros, huevos, indianas [''calicoes'', en la República Argentina] y otras especies muy familiares de valores de uso.</ref>, es común al capitalista y al atesorador; pero mientras el atesorador no es sino el capitalista maniático, el capitalista es el atesorador racional. El aumento incesante de valor que busca el atesorador, empeñándose en salvar el dinero de la circulación<ref>«{{griego|Σώζειν}}» es una de las expresiones características de los griegos para designar el atesoramiento. «''{{lang|en|To save}}''» significa también salvar y ahorrar. </ref>, lo consigue, más hábil, el capitalista entregándolo siempre de nuevo á la circulación<ref>«''{{lang|it|Questo infinito che le cose non hanno in progresso, hanno in giro}}''.» ({{may|Galiani}}.)</ref>. Las formas autónomas, las formas moneda, que el valor de las mercancías toma en la circulación simple, se limitan á mediar en el cam-<noinclude>{{listaref}}</noinclude> 2z2sv69khbq44zp0lk1ld2c8huiemij Página:El Capital (1898).pdf/131 102 418257 1665275 1654497 2026-06-20T15:54:35Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665275 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|125}}</noinclude>bio de las mercancías y desaparecen en el resultado final del movimiento. En la circulación D—M—D, por el contrario, ambas, la mercancía y la moneda, no funcionan sino como modos diversos de existencia del valor mismo, la moneda como su modo de existencia general, la mercancía como su modo de existencia particular y, por decirlo así, disfrazada<ref>«No es la materia lo que hace el capital, sino el valor de esas materias.» ({{may|J.—B. Say}}. ''Traité d'Econ. Polit''., tercera edición, París, 1817, t. {{asc|I}}, pág. 428.)</ref>. El valor pasa constantemente de una forma á otra, sin perderse en ese movimiento, y se transforma así en un sujeto automático. Fijando las formas particulares de aparición que al valorizarse toma alternativamente el valor en el círculo de su vida, se obtienen estas interpretaciones: el capital es dinero, el capital es mercancía<ref>«El numerario (!) empleado con fines productivos es capital.» ({{may|Macleod}}, ''The Theory and Practice of Banking'', Londres, 1855, vol. 1, cap. 1.) «El capital es mercancía.» ({{may|James Mill}}, ''Elements of Polit. Econ''., Londres, 1821, pág. 74.)</ref>. Pero en realidad el valor es aquí el sujeto de un proceso en que, cambiando constantemente las formas de dinero y mercancía, varía su misma magnitud: como supervalía, se separa de sí mismo; como valor primitivo, se valoriza á sí mismo. Pues el movimiento en que da supervalía es su movimiento propio, y su valorización, por lo tanto, valorización de sí mismo. Porque es valor, ha adquirido la cualidad oculta de dar valor. Da crías vivas, ó al menos pone huevos de oro. Como sujeto de un proceso semejante, en que él ya toma, ya abandona, la forma de moneda y de mercancía, pero se conserva y se estira, el valor necesita ante todo una forma independiente por medio de la cual comprobar su propia identidad. Y esta forma sólo la posee en el dinero. Éste constituye por eso el punto inicial y el punto final de todo proceso de valorización. Era de 100 libras esterlinas, y ahora es de 110 libras esterlinas, y así sucesivamente. Pero el dinero mismo no figura aquí sino como una forma del valor, pues éste tiene dos. Sin tomar la forma de mercancía, el dinero no pasa á ser capital. El dinero no asume, pues, aquí una actitud hostil para la mercancía, como en el atesoramiento. El capitalista sabe que todas las mercancías, por mezquina que sea su apariencia ó por mal que huelan, en la fe y en la verdad son por dentro judíos circuncidados, son dinero, y además maravillosos medios para del dinero hacer más dinero. Si en la circulación simple el valor de las mercancías adquiere, frente á su valor de uso, á lo sumo, la forma independiente de moneda, se presenta ahora repentinamente como una substancia dotada de movimiento, que marcha por sí misma, para la cual son simples formas la mercancía y la moneda. Pero aun más. En lugar de pre-<noinclude>{{listaref}}</noinclude> kvwnn9w1q3doblzjl3cbang8r212zgp Página:El Capital (1898).pdf/132 102 418258 1665246 1654498 2026-06-20T15:47:21Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665246 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|126|CARLOS MARX|}}</noinclude>sentar relaciones de mercancía, entra él ahora, por decirlo así, en una relación privada consigo mismo. Como valor originario se distingue de sí mismo como supervalía, como Dios padre de Dios hijo, y ambos son de la misma edad y forman en realidad una misma persona, pues sólo por la supervalía de 10 libras esterlinas las 100 libras esterlinas adelantadas pasan á ser capital, y así que llegan á serlo, así que está engendrado el hijo, y el padre por el hijo, la diferencia entre ellos desaparece y ambos son uno: 110 libras esterlinas. El valor pasa, pues, á ser valor progresivo, dinero progresivo, y, como tal, capital. Sale de la circulación, vuelve á entrar, se conserva y se multiplica en ella, vuelve á salir aumentado y principia siempre de nuevo el mismo círculo. D-D', dinero que engendra dinero money which begets money, tal es la descripción del capital que hacen sus primeros intérpretes, los mercantilistas. Comprar para vender, ó, más bien, comprar para vender más caro, D—M—D', parece ser una forma propia solamente de una especie de capital, el capital comercial. Pero también el capital industrial es dinero que se transforma en mercancía, por la venta de la cual se convierte en más dinero. Los actos que acaso tienen lugar entre la compra y la venta, fuera de la esfera de la circulación, no modifican en nada esta forma del movimiento. Por fin, en el capital puesto á interés, la circulación D—M—D' se presenta abreviada, reducida á su resultado, sin intermediario, en estilo lapidario, por decirlo así, como D-D', como dinero que es igual á más dinero, como valor que es mayor que sí mismo. D—M—D' es, pues, en realidad, la fórmula general del capital, como aparece inmediatamente en la esfera de la circulación. {{t4|II.—Contradicciones de la fórmula general.}} La forma de circulación en que el dinero se convierte en capital contradice todas las leyes que hemos desarrollado anteriormente sobre la naturaleza de la mercancía, del valor, de la moneda y de la circulación misma. Lo que la distingue de la circulación simple de las mercancías es el orden inverso en que se suceden los mismos dos procesos opuestos, la venta y la compra. ¿Y cómo semejante diferencia, puramente de forma, podría hechizar estos procesos en su misma naturaleza? Más aún. Esa inversión no existe sino para uno de los tres amigos de negocios que comercian entre sí. Como capitalista, compro 1 «Capital..... valor permanente que se multiplica sin cesar.» Principes de l'Econ. polit., t. 1, pág. 90.) ({{may|Sismondi}}, Nouveaux<noinclude></noinclude> 6bbzcdrc850h2rnillg6aqccctosheq 1665279 1665246 2026-06-20T15:57:14Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665279 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|126|CARLOS MARX|}}</noinclude>sentar relaciones de mercancía, entra él ahora, por decirlo así, en una relación privada consigo mismo. 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Comprar para vender, ó, más bien, comprar para vender más caro, D—M—D', parece ser una forma propia solamente de una especie de capital, el capital comercial. Pero también el capital industrial es dinero que se transforma en mercancía, por la venta de la cual se convierte en más dinero. Los actos que acaso tienen lugar entre la compra y la venta, fuera de la esfera de la circulación, no modifican en nada esta forma del movimiento. Por fin, en el capital puesto á interés, la circulación D—M—D' se presenta abreviada, reducida á su resultado, sin intermediario, en estilo lapidario, por decirlo así, como D—D', como dinero que es igual á más dinero, como valor que es mayor que sí mismo. D—M—D' es, pues, en realidad, la fórmula general del capital, como aparece inmediatamente en la esfera de la circulación. {{t4|II.—Contradicciones de la fórmula general.}} La forma de circulación en que el dinero se convierte en capital contradice todas las leyes que hemos desarrollado anteriormente sobre la naturaleza de la mercancía, del valor, de la moneda y de la circulación misma. Lo que la distingue de la circulación simple de las mercancías es el orden inverso en que se suceden los mismos dos procesos opuestos, la venta y la compra. ¿Y cómo semejante diferencia, puramente de forma, podría hechizar estos procesos en su misma naturaleza? Más aún. Esa inversión no existe sino para uno de los tres amigos de negocios que comercian entre sí. Como capitalista, compro<noinclude>{{listaref}}</noinclude> sfznmdmrbu786xrii94gcognb5f8fkc Página:El Capital (1898).pdf/133 102 418259 1665247 1654499 2026-06-20T15:47:34Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665247 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|127}}</noinclude>mercancía á A y la vendo á B, mientras que como simple poseedor de mercancías vendo mercancía á B y compro después mercancía á A. Para A y B esa diferencia no existe. Ellos no se presentan sino como comprador ó vendedor de mercancía. Frente á ellos, yo mismo no soy, una y otra vez, sino un simple poseedor de dinero ó de mercancía, comprador ó vendedor, y en uno y otro caso me presento ante la persona del uno sólo como comprador, y ante la del otro sólo como vendedor, para el uno sólo como dinero, para el otro sólo como mercancía, para ninguno de los dos como capital ó capitalista, ni como representante de cosa alguna que sea más que dinero ó mercancía, ó pueda ejercer otra acción que la del dinero ó de la mercancía. Para mí, la compra á A y la venta á B constituyen una serie. Pero la conexión de esos dos actos no existe sino para mí. A no se cuida de mi transacción con B, ni B de mi transacción con A. Si acaso quisiera demostrarles el especial mérito que he contraído al invertir la serie, ellos me probarían que yo me equivoco en eso y que la transacción total no empezó en una compra y terminó en una venta, sino que, por el contrario, empezó en una venta y terminó en una compra. En realidad, mi primer acto, la compra, desde el punto de vista de A fué una venta, y mi segundo acto, la venta, desde el punto de vista de B fué una compra. No contentos con eso, A y B declararán que la serie entera era una farsa superflua. A venderá directamente á B la mercancía, y B la comprará directamente de A. La transacción entera se reduce así á un acto parcial de la circulación ordinaria, simple venta desde el punto de vista de A, simple compra desde el de B. Invirtiendo la serie no nos hemos elevado, pues, arriba de la esfera de la circulación simple de las mercancías, y debemos más bien mirar si, por su naturaleza, ella permite la valorización de los valores que entran en juego, es decir, la formación de supervalía. Consideremos una forma del proceso de la circulación en que éste se manifiesta como simple cambio de mercancías. Así sucede siempre que ambos poseedores de mercancías compran mercancías el uno del otro y sus créditos recíprocos se compensan en el día del pago. El dinero sirve entonces como moneda de cuenta, para expresar en sus precios los valores de las mercancías; pero no se presenta objetivamente frente á las mercancías mismas. En tanto que se trata del valor de uso, es claro que ambos cambistas pueden ganar. Ambos enajenan mercancías que les son inútiles como valores de uso, y adquieren mercancías que necesitan para su uso. Y esta ventaja puede no ser la única. A, que vende vino y compra trigo, produce quizá más vino que el que B, cultivador de trigo, podría producir en el mismo tiempo de trabajo, y B más trigo que el que A, vinicultor, en el mismo tiempo de trabajo podría producir. Por el mismo valor<noinclude></noinclude> 3z9alhe6quvshycraa6079mwgirvqmd 1665281 1665247 2026-06-20T16:01:39Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665281 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|127}}</noinclude>mercancía á A y la vendo á B, mientras que como simple poseedor de mercancías vendo mercancía á B y compro después mercancía á A. Para A y B esa diferencia no existe. Ellos no se presentan sino como comprador ó vendedor de mercancía. Frente á ellos, yo mismo no soy, una y otra vez, sino un simple poseedor de dinero ó de mercancía, comprador ó vendedor, y en uno y otro caso me presento ante la persona del uno sólo como comprador, y ante la del otro sólo como vendedor, para el uno sólo como dinero, para el otro sólo como mercancía, para ninguno de los dos como capital ó capitalista, ni como representante de cosa alguna que sea más que dinero ó mercancía, ó pueda ejercer otra acción que la del dinero ó de la mercancía. Para mí, la compra á A y la venta á B constituyen una serie. Pero la conexión de esos dos actos no existe sino para mí. A no se cuida de mi transacción con B, ni B de mi transacción con A. Si acaso quisiera demostrarles el especial mérito que he contraído al invertir la serie, ellos me probarían que yo me equivoco en eso y que la transacción total no empezó en una compra y terminó en una venta, sino que, por el contrario, empezó en una venta y terminó en una compra. En realidad, mi primer acto, la compra, desde el punto de vista de A fué una venta, y mi segundo acto, la venta, desde el punto de vista de B fué una compra. No contentos con eso, A y B declararán que la serie entera era una farsa superflua. A venderá directamente á B la mercancía, y B la comprará directamente de A. La transacción entera se reduce así á un acto parcial de la circulación ordinaria, simple venta desde el punto de vista de A, simple compra desde el de B. Invirtiendo la serie no nos hemos elevado, pues, arriba de la esfera de la circulación simple de las mercancías, y debemos más bien mirar si, por su naturaleza, ella permite la valorización de los valores que entran en juego, es decir, la formación de supervalía. Consideremos una forma del proceso de la circulación en que éste se manifiesta como simple cambio de mercancías. Así sucede siempre que ambos poseedores de mercancías compran mercancías el uno del otro y sus créditos recíprocos se compensan en el día del pago. El dinero sirve entonces como moneda de cuenta, para expresar en sus precios los valores de las mercancías; pero no se presenta objetivamente frente á las mercancías mismas. En tanto que se trata del valor de uso, es claro que ambos cambistas pueden ganar. Ambos enajenan mercancías que les son inútiles como valores de uso, y adquieren mercancías que necesitan para su uso. Y esta ventaja puede no ser la única. A, que vende vino y compra trigo, produce quizá más vino que el que B, cultivador de trigo, podría producir en el mismo tiempo de trabajo, y B más trigo que el que A, vinicultor, en el mismo tiempo de trabajo podría producir. 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La cosa no varía cuando aparece el dinero entre las mercancías como medio de circulación y los actos de la compra y de la venta se separan visiblemente. El valor de las mercancías se manifiesta en sus precios, antes de que ellas entren en la circulación, como condición previa de ésta, y no como su resultado". Considerada en abstracto, es decir, prescindiendo de circunstancias que no provienen de las leyes inmanentes de la circulación simple de las mercancías, no tiene lugar en ésta, aparte del reemplazo de un valor de uso por otro, nada más que un simple cambio de forma de la mercancía. El mismo valor, es decir, la misma cantidad de trabajo social materializado queda en manos del mismo poseedor de mercancías: primero, en la figura de su mercancía; después, en la del dinero en que ella se transforma, y, finalmente, en la de la mercancía en que ese dinero vuelve á transformarse. Este cambio de forma no implica modificación alguna de la magnitud del valor. Pero el cambio por que pasa en este proceso el valor de la mercancía misma, se limita á un cambio de su forma moneda. Ella existe primero como precio de la mercancía ofrecida en venta; después, como una suma de dinero, expresada ya, sin embargo, en el precio, y, por fin, como precio de una mercancía equivalente. En y por sí mismo, este cambio de forma está tan lejos de implicar una variación del valor, como el cambio de un billete de 5 libras en soberanos, medios sobe-1 ranos y chelines. En tanto, pues, que la circulación de las mercancías no implica sino un cambio de forma de su valor, implica, cuando el fenómeno se pasa con pureza, un cambio de equivalentes. Por eso la misma Economía vulgar, aunque ni sospecha lo que es el valor, 1 «El cambio es una transacción admirable en la cual los dos contratantes ganan siempre (!).» ({{may|Destutt de Tracy}}, ''Traité de la Volonté et de ses effets'', Paris, 182, página 68.) Este libro ha aparecido después bajo el título de Traité d'Economie politique. 2 {{may|Mercier de la Riviere}}, ob. cit., pág. 544.) 3 Que uno de estos dos valores sea dinero, ó que ambos sean mercancías usuales, nada más indiferente en si.» ({{may|Mercier de la Riviere}}, ob. cit., pág. 543.) No son los contratantes quienes deciden del valor; éste está fijado antes del convenio.» ({{may|Le Trosne}}, ob. cit., pág. 906.)<noinclude></noinclude> 05e3ifhbjy6xk9hfkippgu8imbf8wjl 1665282 1665248 2026-06-20T16:05:05Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665282 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|128|CARLOS MARX|}}</noinclude>de cambio, A adquiere, pues, más trigo y B más vino que si cada uno de los dos, sin cambio, tuviera que producir vino y trigo para sí mismo. Con relación al valor de uso, puede, pues, decirse que «el cambio es una transacción en que ganan ambas partes»<ref>«El cambio es una transacción admirable en la cual los dos contratantes ganan siempre (!).» ({{may|Destutt de Tracy}}, ''Traité de la Volonté et de ses effets'', Paris, 182, página 68.) Este libro ha aparecido después bajo el título de ''Traité d'Economie politique''.</ref>. Con el valor de cambio no sucede lo mismo. «Un hombre que posee mucho vino y no tiene trigo, trata con otro hombre que posee mucho trigo y no tiene vino, y cambian entre ellos un valor de 50 en trigo por un valor de 50 en vino. Este cambio no aumenta el valor de cambio para uno ni para otro, pues ya antes del cambio cada uno de ellos poseía un valor igual al que ha conseguido por medio de esa operación.»<ref>{{may|Mercier de la Riviere}}, ob. cit., pág. 544.</ref> La cosa no varía cuando aparece el dinero entre las mercancías como medio de circulación y los actos de la compra y de la venta se separan visiblemente<ref>«Que uno de estos dos valores sea dinero, ó que ambos sean mercancías usuales, nada más indiferente en sí.» ({{may|Mercier de la Riviere}}, ob. cit., pág. 543.)</ref>. El valor de las mercancías se manifiesta en sus precios, antes de que ellas entren en la circulación, como condición previa de ésta, y no como su resultado<ref>«No son los contratantes quienes deciden del valor; éste está fijado antes del convenio.» ({{may|Le Trosne}}, ob. cit., pág. 906.)</ref>. Considerada en abstracto, es decir, prescindiendo de circunstancias que no provienen de las leyes inmanentes de la circulación simple de las mercancías, no tiene lugar en ésta, aparte del reemplazo de un valor de uso por otro, nada más que un simple cambio de forma de la mercancía. El mismo valor, es decir, la misma cantidad de trabajo social materializado queda en manos del mismo poseedor de mercancías: primero, en la figura de su mercancía; después, en la del dinero en que ella se transforma, y, finalmente, en la de la mercancía en que ese dinero vuelve á transformarse. Este cambio de forma no implica modificación alguna de la magnitud del valor. Pero el cambio por que pasa en este proceso el valor de la mercancía misma, se limita á un cambio de su forma moneda. Ella existe primero como precio de la mercancía ofrecida en venta; después, como una suma de dinero, expresada ya, sin embargo, en el precio, y, por fin, como precio de una mercancía equivalente. En y por sí mismo, este cambio de forma está tan lejos de implicar una variación del valor, como el cambio de un billete de 5 libras en soberanos, medios soberanos y chelines. En tanto, pues, que la circulación de las mercancías no implica sino un cambio de forma de su valor, implica, cuando el fenómeno se pasa con pureza, un cambio de equivalentes. Por eso la misma Economía vulgar, aunque ni sospecha lo que es el valor,<noinclude>{{listaref}}</noinclude> mn1r3ozracbny1rsm2fupc93tq5b9t9 Página:El Capital (1898).pdf/135 102 418261 1665249 1654501 2026-06-20T15:49:43Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665249 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|129}}</noinclude>cuando quiere estudiar el fenómeno en su integridad, supone que la oferta y la demanda se compensan, es decir, que su efecto se anula. Por lo tanto, si con relación al valor de uso ambos cambistas pueden ganar, los dos no pueden ganar en valor de cambio. Por el contrario, es el caso de decir: «Donde hay igualdad no hay ganancia.» Es cierto que pueden venderse mercancías á precios que se separan de sus valores; pero esta separación aparece como un trastorno de la ley del cambio de las mercancías<ref></ref>. En su forma pura, este es un cambio de equivalentes, y no es, por lo tanto, un medio de enriquecerse en valor<ref></ref>. Las tentativas de presentar la circulación de las mercancías como fuente de supervalía, ocultan, pues, casi siempre, un quid pro quo, una confusión del valor de uso y el valor de cambio. Condillac dice, por ejemplo: «Es falso que en los cambios se dé valor igual por valor igual. Al contrario, cada uno de los contratantes da siempre uno menor por uno mayor..... En efecto; si siempre se cambiase un valor por otro igual, no habría ganancia alguna para ninguno de los contratantes. Ahora bien; los dos ganan, ó al menos deberían ganar. ¿Por qué? El valor de las cosas consiste sólo en su relación con nuestras necesidades. Lo que para el uno es más, para el otro es menos, y viceversa..... No se supone que ofrecemos en venta cosas indispensables para nuestro consumo..... Queremos dar una cosa inútil para nosotros, á fin de adquirir una que nos es necesaria; queremos dar menos por más..... Siempre que cada una de las cosas cambiadas era igual en valor á la misma cantidad de dinero, era natural pensar que en el cambio se da valor igual por valor igual..... Pero hay que tomar en cuenta otra consideración, á saber: si ambos cambiamos una cosa superflua por algo necesario.» Como se ve, no sólo confunde Condillac el valor de uso y el valor de cambio, sino que á una sociedad de desarrollada producción mercantil atribuye, con verdadera puerilidad, un estado en que el productor produce sus propios medios de subsistencia y no echa á la circulación sino lo excede que á sus propias necesidades, lo que le es superfluo<ref></ref>. Sin embargo, el Donde hay igualdad no hay lucro.» ({{may|Galiani}}, ''Della Moneta'', en Custodi, parte moderna, t. {{asc|IV}}, pág. 244.) El cambio se hace desventajoso para una de las partes cuando alguna cosa extraña viene á disminuir ó á aumentar el precio: entonces la igualdad es lastimada, pero la lesión procede de esta causa y no del cambio.» ({{may|Le Trosne}}, ob. cit., pág. 904.) 3 «El cambio es por su naturaleza un contrato de igualdad que se hace de valor por valor igual. No es, pues, un medio de enriquecerse, puesto que se da tanto como se recibe.» ({{may|Le Trosne}}, ob. cit., pág. 903.) {{may|Condillac}}, Le Commerce et le Gouvernement (1776), ed. Daire, y {{may|Molinari}}, en las Mélanges d'Economie politique, París, 1817, pág. 267.) Le Trosne responde, por lo tanto, con mucha razón á su amigo Condillac: «En la sociedad formada no hay excedente de ningún género.» Al propio tiempo lo embroma diciéndole que «si ambos cambistas reciben igualmente más por igualTOMO {{asc|I}} 9<noinclude></noinclude> 5wfywq5dmlo0vwcxijoltxe5l13n9z7 1665283 1665249 2026-06-20T16:09:08Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665283 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|129}}</noinclude>cuando quiere estudiar el fenómeno en su integridad, supone que la oferta y la demanda se compensan, es decir, que su efecto se anula. Por lo tanto, si con relación al valor de uso ambos cambistas pueden ganar, los dos no pueden ganar en valor de cambio. Por el contrario, es el caso de decir: «Donde hay igualdad no hay ganancia.»<ref>«Donde hay igualdad no hay lucro.» ({{may|Galiani}}, ''Della Moneta'', en Custodi, parte moderna, t. {{asc|IV}}, pág. 244.)</ref> Es cierto que pueden venderse mercancías á precios que se separan de sus valores; pero esta separación aparece como un trastorno de la ley del cambio de las mercancías<ref>«El cambio se hace desventajoso para una de las partes cuando alguna cosa extraña viene á disminuir ó á aumentar el precio: entonces la igualdad es lastimada, pero la lesión procede de esta causa y no del cambio.» ({{may|Le Trosne}}, ob. cit., pág. 904.)</ref>. En su forma pura, este es un cambio de equivalentes, y no es, por lo tanto, un medio de enriquecerse en valor<ref>«El cambio es por su naturaleza un contrato de igualdad que se hace de valor por valor igual. 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Queremos dar una cosa inútil para nosotros, á fin de adquirir una que nos es necesaria; queremos dar menos por más..... Siempre que cada una de las cosas cambiadas era igual en valor á la misma cantidad de dinero, era natural pensar que en el cambio se da valor igual por valor igual..... Pero hay que tomar en cuenta otra consideración, á saber: si ambos cambiamos una cosa superflua por algo necesario.»<ref>{{may|Condillac}}, ''Le Commerce et le Gouvernement'' (1776), ed. Daire, y {{may|Molinari}}, en las ''Mélanges d'Economie politique'', París, 1817, pág. 267.)</ref> Como se ve, no sólo confunde Condillac el valor de uso y el valor de cambio, sino que á una sociedad de desarrollada producción mercantil atribuye, con verdadera puerilidad, un estado en que el productor produce sus propios medios de subsistencia y no echa á la circulación sino lo excede que á sus propias necesidades, lo que le es superfluo<ref name=nota5p129>Le Trosne responde, por lo tanto, con mucha razón á su amigo Condillac: «En la sociedad formada no hay excedente de ningún género.» Al propio tiempo lo embroma diciéndole que «si ambos cambistas reciben igualmente más por igual-</ref>. 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Y si el valor de uso de la mercancía es más útil al comprador que al vendedor, ¿no es su forma moneda más útil al vendedor que al comprador? Lo mismo podría entonces decirse que el comprador ejecuta estrictamente un «acto de producción» al transformar en dinero las medias del comerciante, por ejemplo. Si se cambian mercancías, ó mercancias y dinero, de igual valor de cambio, es decir, equivalentes, es evidente que nadie saca de la circulación más valor que el que puso en ella. No se forma entonces supervalía alguna. Pero el proceso de la circulación de las mercancías, en su forma pura, implica el cambio de equivalentes. Sólo que en la realidad las cosas no marchan con tanta pureza. Supongamos, pues, cambio de no-equivalentes. En el mercado no hay, en todo caso, sino poseedores de mercancías, unos enfrente de otros, y el poder que ellos ejercen los unos sobre los otros no es sino el poder de sus mercancías. La diversidad material de las mercancías es el motivo material del cambio y pone á los poseedores de mercancías en una dependencia recíproca, pues mientras ninguno de ellos tiene en sus manos el objeto de sus propias necesidades, cada uno tiene el de las de otro. Además de esta diversidad material de sus valores de uso, hay otra diferencia entre las mercancías, la diferencia entre su forma natural y su forma transformada, entre mercancía y moneda. Y así distínguense sólo los poseedores de mercancías como vendedores, poseedores de mercancías, y compradores, poseedores de dinero. Supongamos ahora que, por un privilegio inexplicable cualquiera, sea dado al vendedor vender la mercancía arriba de su precio, en 110, cuando vale 100, es decir, con un aumento nominal de precio de 10 por 100. El vendedor guarda, pues, una supervalía de 10. Pero después de ser vendedor pasa él á ser comprador. Se le presenta ahora como vendedor un tercer poseedor de mercancía que á su vez goza del privilegio de vender la mercancía 10 por 100 más cara. mente menos, ambos reciben lo mismo». Como Condillac no tiene aún ni la más ligera sospecha acerca de la naturaleza del valor de cambio, el señor profesor Guillerino Roscher le hace patrono de sus propios conceptos infantiles. Véase su obra Die Grundlagen der Nationalekonomie, tercera edición, 1858. 1 {{may|S. P. Newman}}, ''Elements of Polit. Econ.'', Andover y Nueva York, 1835, pág. 175.<noinclude></noinclude> 7cdgt9vjzqlwsknzligvjjrks3y6d8r 1665284 1665250 2026-06-20T16:11:55Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665284 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|130|CARLOS MARX|}}</noinclude>argumento de Condillac es á menudo repetido por los economistas modernos, sobre todo cuando se trata de presentar la forma desarrollada del cambio de mercancías, el comercio, como productivo de supervalía. «El comercio—se dice, por ejemplo agrega valor á los productos, pues los mismos productos tienen más valor en manos del consumidor que en manos del productor, y debe, por lo tanto, ser considerado estrictamente como acto de producción.»<ref>{{may|S. P. Newman}}, ''Elements of Polit. Econ.'', Andover y Nueva York, 1835, pág. 175.</ref> Pero no se pagan dos veces las mercancías, una vez su valor de uso, y otra su valor. Y si el valor de uso de la mercancía es más útil al comprador que al vendedor, ¿no es su forma moneda más útil al vendedor que al comprador? Lo mismo podría entonces decirse que el comprador ejecuta estrictamente un «acto de producción» al transformar en dinero las medias del comerciante, por ejemplo. Si se cambian mercancías, ó mercancias y dinero, de igual valor de cambio, es decir, equivalentes, es evidente que nadie saca de la circulación más valor que el que puso en ella. No se forma entonces supervalía alguna. Pero el proceso de la circulación de las mercancías, en su forma pura, implica el cambio de equivalentes. Sólo que en la realidad las cosas no marchan con tanta pureza. Supongamos, pues, cambio de no-equivalentes. En el mercado no hay, en todo caso, sino poseedores de mercancías, unos enfrente de otros, y el poder que ellos ejercen los unos sobre los otros no es sino el poder de sus mercancías. La diversidad material de las mercancías es el motivo material del cambio y pone á los poseedores de mercancías en una dependencia recíproca, pues mientras ninguno de ellos tiene en sus manos el objeto de sus propias necesidades, cada uno tiene el de las de otro. Además de esta diversidad material de sus valores de uso, hay otra diferencia entre las mercancías, la diferencia entre su forma natural y su forma transformada, entre mercancía y moneda. Y así distínguense sólo los poseedores de mercancías como vendedores, poseedores de mercancías, y compradores, poseedores de dinero. Supongamos ahora que, por un privilegio inexplicable cualquiera, sea dado al vendedor vender la mercancía arriba de su precio, en 110, cuando vale 100, es decir, con un aumento nominal de precio de 10 por 100. El vendedor guarda, pues, una supervalía de 10. Pero después de ser vendedor pasa él á ser comprador. Se le presenta ahora como vendedor un tercer poseedor de mercancía que á su vez goza del privilegio de vender la mercancía 10 por 100 más cara.<ref follow=nota5p129>mente menos, ambos reciben lo mismo». Como Condillac no tiene aún ni la más ligera sospecha acerca de la naturaleza del valor de cambio, el señor profesor Guillerino Roscher le hace patrono de sus propios conceptos infantiles. Véase su obra ''Die Grundlagen der Nationalekonomie'', tercera edición, 1858.</ref><noinclude>{{listaref}}</noinclude> kzby7xyrzisws2pfpmxlh0rucm7zgqj Página:El Capital (1898).pdf/137 102 418263 1665285 1654503 2026-06-20T16:15:21Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665285 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|131}}</noinclude>Nuestro hombre ha ganado 10 como vendedor para perderlos como comprador<ref>«Por el aumento del valor nominal del producto..... los vendedores no se enriquecen..... pues lo que ganan como vendedores lo gastan precisamente en calidad de compradores.» (''The Essential Principles of the Wealth of Nations'', etc., Londres, 1797, pág. 66.)</ref>. Todo viene á parar en que todos los poseedores de mercancías se las venden entre sí 10 por 100 arriba de su valor; lo que es completamente lo mismo que si vendieran las mercancías por sus valores. El efecto de semejante encarecimiento nominal de las mercancías en general es el mismo que si los valores de las mercancías fueran apreciados en plata, por ejemplo, en lugar de en oro. Se inflarían los nombres monetarios, es decir, los precios de las mercancías, pero sus relaciones de valor permanecerían sin variar. Supongamos, por el contrario, que el comprador tenga el privilegio de comprar las mercancías abajo de su valor. Ya no necesitamos recordar que el comprador se hace otra vez vendedor. Era vendedor antes de hacerse comprador. Él ha perdido ya 10 por 100 como vendedor, antes de ganar 10 por 100 como comprador<ref>«Si uno es forzado á dar por 18 libras una cantidad de producto que vale 24, cuando emplee ese mismo dinero en comprar, tendrá igualmente por 18 lo que se pagaba 24.» ({{may|Le Trosne}}, ob. cit., pág. 897.)</ref>. Todo queda otra vez como antes. La formación de supervalía y, por lo tanto, la transformación del dinero en capital, no se explica, pues, porque el vendedor venda las mercancías arriba de su valor ni porque el comprador las compre abajo de su valor<ref>«Cada vendedor no puede, pues, llegar á encarecer habitualmente sus mercancías sino sometiéndose también á pagar habitualmente más caras las mercancías de los otros vendedores, y por la misma razón cada consumidor no puede pagar habitualmente menos caro lo que compra sino sometiéndose también á una disminución semejante del precio de cosas que vende.» ({{may|Mercier de la Riviére}}, ob. cit., pág. 555.)</ref>. El problema no se simplifica absolutamente introduciendo de contrabando en él consideraciones extrañas, como dice, por ejemplo, el coronel Torrens: «La demanda efectiva consiste en el poder y la inclinación (!) de los consumidores, que el cambio sea mediato ó inmediato, de dar por las mercancías cierta porción de todos los componentes del capital, mayor que la que cuesta su producción.»<ref>{{may|R. Torrens}}, ''An Essay on the Production of Wealth'', Londres, 1821, pág. 349.)</ref> Productores y consumidores no se enfrentan en la circulación sino como vendedores y compradores. Afirmar que la supervalía surge para los productores de que los consumidores pagan las mercancías arriba de su valor, no es sino disfrazar esta simple proposición: los poseedores de mercancías tienen, como vendedores, el privilegio de vender demasiado caro. El vendedor ha producido él mismo la mercancía ó representa á sus productores; pero el comprador ha producido también él mismo la mercancía que se expresa en su dinero ó representa á<noinclude>{{listaref}}</noinclude> 2vg1y41esr13wtohvkpufvxtvu9qq90 Página:El Capital (1898).pdf/138 102 418264 1665251 1654504 2026-06-20T15:51:02Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665251 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|132|CARLOS MARX|}}</noinclude>sus productores. Frente al productor está, pues, otro productor. Lo que los distingue es que el uno compra y el otro vende. No nos hace adelantar ni un paso que el poseedor de mercancías, bajo los nombres de productor y de consumidor, las venda y las pague, respectivamente, demasiado caras<ref></ref>. que Los representantes consecuentes de la ilusión de la supervalía proviene de un alza nominal de precio, ó del privilegio del vendedor de vender la mercancía demasiado cara, suponen, por lo tanto, una clase que compra sin vender, es decir, que consume sin producir. Desde el punto de vista á que hemos llegado, que es el de la circulación simple, la existencia de una clase semejante es inexplicable aún. Pero anticipémonos. El dinero con que una clase semeafluir constantemente á ella jante compra constantemente tiene que de los poseedores de mercancías, sin cambio, gratis, á un título legal ó forzoso cualquiera. Vender á esta clase las mercancías en más de su valor no significa sino escamotearle en parte el dinero que se le ha dado de balde<ref></ref>. Así, las ciudades del Asia Menor pagaban en dinero un tributo anual á la antigua Roma. Con ese dinero, Roma les compraba mercancías, pagándolas demasiado caras. Los asiáticos desplumaban á los romanos, sustrayendo una parte del tributo á los conquistadores por medio del comercio. Pero, con todo, los despojados eran los asiáticos, porque se les pagaba siem re sus mercancías con su propio dinero. Este no es un método de enriquecimiento ó de formación de supervalía. Mantengámonos, pues, dentro de los límites de la circulación de mercancías, en que el vendedor es comprador y el comprador vendedor. La dificultad proviene quizá para nosotros de hemos considerado á las personas, no individualmente, sino como categorías personificadas. que Supongamos que A, poseedor de mercancías, es bastante astuto para engatusar á sus colegas B ó C, mientras que éstos, á pesar de su buena voluntad, no consiguen la revancha. A vende vino por vavalor lor de 40 libras esterlinas á B, y adquiere en cambio trigo por de 50 libras esterlinas. A ha transformado en 50 sus 40 libras esterlinas, ha hecho más dinero de una cantidad menor, y ha transformado su mercancía en capital. Miremos más de cerca. Antes del La idea de que los consumidores pagan las ganancias es, seguramente, muy absurda. ¿Quiénes son los consumidores? ({{may|G. Ramsay}}, ''An Essay on the Distribution of Wealth'', Edimburgo, 1836, pág. 184.) 2 «Cuando un hombre necesita demanda, ¿le recomienda el Sr. Malthus que pague á alguna otra persona para que le tome sus mercancías?», pregunta indignado un ricardiano á Malthus, que, como su discípulo el clérigo Chalmers, glorifica, desde el punto de vista económico, la clase de simples compradores ó consumidores. Véase An Inquiry into those principles respecting the Nature of Demand and the Necessity of Consumption, lately advocated by Mr. Malthus, etc., Londres, 1821, pág. 55.<noinclude></noinclude> 1pcmms9ejvt0iyru4m2lgp6l06qcv6t 1665289 1665251 2026-06-20T16:19:55Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665289 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|132|CARLOS MARX|}}</noinclude>sus productores. Frente al productor está, pues, otro productor. Lo que los distingue es que el uno compra y el otro vende. No nos hace adelantar ni un paso que el poseedor de mercancías, bajo los nombres de productor y de consumidor, las venda y las pague, respectivamente, demasiado caras<ref>«La idea de que los consumidores pagan las ganancias es, seguramente, muy absurda. ¿Quiénes son los consumidores?» ({{may|G. Ramsay}}, ''An Essay on the Distribution of Wealth'', Edimburgo, 1836, pág. 184.)</ref>. Los representantes consecuentes de la ilusión de que la supervalía proviene de un alza nominal de precio, ó del privilegio del vendedor de vender la mercancía demasiado cara, suponen, por lo tanto, una clase que compra sin vender, es decir, que consume sin producir. Desde el punto de vista á que hemos llegado, que es el de la circulación simple, la existencia de una clase semejante es inexplicable aún. Pero anticipémonos. El dinero con que una clase semejane compra constantemente tiene que afluir constantemente á ella de los poseedores de mercancías, sin cambio, gratis, á un título legal ó forzoso cualquiera. Vender á esta clase las mercancías en más de su valor no significa sino escamotearle en parte el dinero que se le ha dado de balde<ref>«Cuando un hombre necesita demanda, ¿le recomienda el Sr. Malthus que pague á alguna otra persona para que le tome sus mercancías?», pregunta indignado un ricardiano á Malthus, que, como su discípulo el clérigo Chalmers, glorifica, desde el punto de vista económico, la clase de simples compradores ó consumidores. Véase ''An Inquiry into those principles respecting the Nature of Demand and the Necessity of Consumption, lately advocated by Mr. Malthus'', etc., Londres, 1821, pág. 55.</ref>. Así, las ciudades del Asia Menor pagaban en dinero un tributo anual á la antigua Roma. Con ese dinero, Roma les compraba mercancías, pagándolas demasiado caras. Los asiáticos desplumaban á los romanos, sustrayendo una parte del tributo á los conquistadores por medio del comercio. Pero, con todo, los despojados eran los asiáticos, porque se les pagaba siempre sus mercancías con su propio dinero. Este no es un método de enriquecimiento ó de formación de supervalía. Mantengámonos, pues, dentro de los límites de la circulación de mercancías, en que el vendedor es comprador y el comprador vendedor. La dificultad proviene quizá para nosotros de hemos considerado á las personas, no individualmente, sino como categorías personificadas. Supongamos que A, poseedor de mercancías, es bastante astuto para engatusar á sus colegas B ó C, mientras que éstos, á pesar de su buena voluntad, no consiguen la revancha. A vende vino por valor de 40 libras esterlinas á B, y adquiere en cambio trigo por valor de 50 libras esterlinas. A ha transformado en 50 sus 40 libras esterlinas, ha hecho más dinero de una cantidad menor, y ha transformado su mercancía en capital. Miremos más de cerca. Antes del<noinclude>{{listaref}}</noinclude> 2dauiroiwi09ckbh7chq6un82uu2r8o Página:El Capital (1898).pdf/139 102 418265 1665252 1654505 2026-06-20T15:51:18Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665252 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|133}}</noinclude>y 133 cambio había 40 libras esterlinas de vino en manos de A 50 libras esterlinas de trigo en las de B, valor total de 90 libras esterlinas. Después del cambio, el valor total es el mismo de 90 libras esterlinas. El valor circulante no ha aumentado en un átomo; su distribución entre A y B ha variado. De un lado figura como aumento de valor lo que del otro como disminución; de un lado como más, lo del otro que como menos. El mismo cambio habría tenido lugar si A, sin la forma encubridora del cambio, hubiera robado á B directamente las 10 libras. Es evidente que ningún cambio en la distribución de los valores circulantes puede aumentar la suma de ellos, lo mismo que un judío no puede aumentar en un país la masa de los metales preciosos vendiendo en una guinea un ochavo del tiempo de la reina Ana. La totalidad de la clase capitalista de un país no puede sacar ventaja de sí misma<ref></ref>. Por más que se vuelva y se revuelva, el resultado es el mismo. Si se cambia equivalentes no se produce supervalía, y si se cambia no-equivalentes, tampoco se produce supervalía<ref></ref>. La circulación ó el cambio de mercancías no crea valor alguno<ref></ref>. Se comprende así por qué en nuestro análisis de la forma fundamental del capital, de la forma en que determina la organización económica de la sociedad moderna, dejamos en un principio completamente de lado sus figuras populares y, por decirlo así, antediluvianas, de capital comercial y capital usurario. La forma D—M—D', comprar para vender más caro, aparece con toda su pureza en el capital comercial propiamente dicho. Todo su movimiento se pasa, sin embargo, dentro de la esfera de la circulación. Pero como es imposible explicar por la circulación misma la transformación de dinero en capital, la formación de supervalía, el capital comercial aparece como imposible en tanto que se cambian equivalentes, y, por lo tanto, no puede derivar sino del doble aproDestutt de Tracy, aunque- quizá porque es membre de l'Institut, era de la opinión contraria. Los capitalistas industriales, dice, obtienen sus ganancias por este medio: «Ellos venden todo más caro que lo que ha costado producirlo. ¿Y á quién venden? Primero, entre ellos mismos.» (Ob. cit., pág. 239.) El cambio que se hace de dos valores iguales no aumenta ni disminuye la masa de los valores subsistentes en la sociedad. El cambio de dos valores desiguales..... no cambia en nada tampoco la suma de los valores sociales, aunque agrega á la fortuna de uno lo que quita á la fortuna de otro.» (J.—{{may|B. Say}}, ob. cit., t. 1, págs. 434-435.) Say, que naturalmente no se cuida de las consecuencias de esa sentencia, la toma casi textualmente de los fisiócratas. El ejemplo siguiente muestra cómo aprovechaba él las obras de éstos, que en su tiempo estaban agotadas, para aumentar su propio «valor»: la sentencia más famosa de M. Say, «On n'achète des produits qu'ave des produits» (ob. cit., t. 11, pág. 438), suena en el original fisiocrático Les pro uctions ne se paient qu'avec es productions». ({{may|Le Trosne}}, ob. cit., pág. 899.) 3 «El cambio no confiere valor alguno á los productos.» ({{may|F. Wayland}}, ''The Elements of Pol. Econ.'', Boston, 1853, pág. 168.) Bajo la regla invariable de equivalentes, el comercio seria imposible.» (G. {{may|Opdyke}}, ''A Treatise on Polit. Economy'', Nueva York, 1851, pág. 69.) «La diferencia<noinclude></noinclude> h1bwocvgwsyaoh1b5qdc7azritskurh 1665292 1665252 2026-06-20T16:24:22Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665292 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|133}}</noinclude>cambio había 40 libras esterlinas de vino en manos de A y 50 libras esterlinas de trigo en las de B, valor total de 90 libras esterlinas. Después del cambio, el valor total es el mismo de 90 libras esterlinas. El valor circulante no ha aumentado en un átomo; su distribución entre A y B ha variado. De un lado figura como aumento de valor lo que del otro como disminución; de un lado como más, lo del otro que como menos. El mismo cambio habría tenido lugar si A, sin la forma encubridora del cambio, hubiera robado á B directamente las 10 libras. Es evidente que ningún cambio en la distribución de los valores circulantes puede aumentar la suma de ellos, lo mismo que un judío no puede aumentar en un país la masa de los metales preciosos vendiendo en una guinea un ochavo del tiempo de la reina Ana. La totalidad de la clase capitalista de un país no puede sacar ventaja de sí misma<ref>Destutt de Tracy, aunque—quizá porque—es ''{{lang|fr|membre de l'Institut}}'', era de la opinión contraria. Los capitalistas industriales, dice, obtienen sus ganancias por este medio: «Ellos venden todo más caro que lo que ha costado producirlo. ¿Y á quién venden? Primero, entre ellos mismos.» (Ob. cit., pág. 239.)</ref>. Por más que se vuelva y se revuelva, el resultado es el mismo. Si se cambia equivalentes no se produce supervalía, y si se cambia no-equivalentes, tampoco se produce supervalía<ref>«El cambio que se hace de dos valores iguales no aumenta ni disminuye la masa de los valores subsistentes en la sociedad. 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Se comprende así por qué en nuestro análisis de la forma fundamental del capital, de la forma en que determina la organización económica de la sociedad moderna, dejamos en un principio completamente de lado sus figuras populares y, por decirlo así, antediluvianas, de capital comercial y capital usurario. La forma D—M—D', comprar para vender más caro, aparece con toda su pureza en el capital comercial propiamente dicho. Todo su movimiento se pasa, sin embargo, dentro de la esfera de la circulación. Pero como es imposible explicar por la circulación misma la transformación de dinero en capital, la formación de supervalía, el capital comercial aparece como imposible en tanto que se cambian equivalentes<ref name=nota4p133>«Bajo la regla invariable de equivalentes, el comercio seria imposible.» ( {{may|G. Opdyke}}, ''A Treatise on Polit. 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Lo que es cierto del capital comercial, lo es más aún del capital usurario. Los términos extremos del capital comercial, el dinero que se arroja al mercado y el dinero aumentado que se saca de él, tienen al menos como intermediarios la compra y la venta, el movimiento de la circulación. En el capital usurario, la forma D—M—D' se reduce á los extremos D-D'; sin término medio, dinero que se cambia por más dinero, forma contradictoria con la naturaleza de la moneda, y, por lo tanto, inexplicable desde el punto de vista del cambio de mercancías. Por eso dice Aristóteles: «Como la Crematística es doble, la una perteneciente al comercio, la otra á la Económica, esta última necesaria y loable, la primera basada sobre la circulación y justamente reprobada (pues ella no reposa sobre la Naturaleza, sino sobre el despojo recíproco), la usura es así odiada con toda razón, porque en ella el dinero es la fuente de adquisición y no es usado para aquello á cuyo fin ha sido inventado. Pues se originó para el cambio de mercancías, mientras que el interés del dinero hace más dinero. De ahí también su nombre (tóxo, interés y nacido). Pues los nacidos son semejantes á los generadores. Pero el interés es dinero de dinero; así, que de todas las maneras de adquirir es la que más contraría á la Naturaleza.» 2 En el curso de nuestra investigación encontraremos al capital comercial y al capital usurario como formas derivadas, y veremos al propio tiempo para qué aparecen en la Historia antes que la forma fundamental moderna del capital. Hemos visto que la supervalía no puede provenir de la circulación, y que en su formación tiene que pasarse algo detrás de ésta, que no es visible en ella misma<ref></ref>. Pero ¿puede la supervalía provenir de otra parte que de la circulación? La circulación es la suma de toentre valor real y valor de cambio está basada en un hecho, á saber que el valor de una cosa es distinto del equivalente que en el comercio se da por ella; es decir, que ese equivalente no es tal equivalente.» ({{may|F. Engels}}, ob. cit., pág. 96.) {{may|Benjamin Franklin}}, ''Work'', vol. {{asc|II}}, ed. Sparks, en Positions to be examined concerning National Wealth. 2 {{may|Arist}}., ob. cit., c. 10. 3 «En el estado ordinario del mercado, la ganancia no proviene del cambio. Si no hubiera existido antes, no podría existir tampoco después de esta transacción.» ({{may|Ramsay}}, ob. cit., pág. 184.)<noinclude></noinclude> ntfbxukym44mq2kn9gxv88otruhxvqp 1665294 1665253 2026-06-20T16:27:43Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665294 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|134|CARLOS MARX|}}</noinclude><ref follow=nota4p133>entre valor real y valor de cambio está basada en un hecho, á saber que el valor de una cosa es distinto del equivalente que en el comercio se da por ella; es decir, que ese equivalente no es tal equivalente.» ({{may|F. Engels}}, ob. cit., pág. 96.)</ref>vechamiento de los productores de mercancías, compradores y vendedores, por el comerciante, que se interpone entre ellos como un parásito. En este sentido dice Franklin: «La guerra es rapiña; el comercio, bribonería.»<ref>{{may|Benjamin Franklin}}, ''Work'', vol. {{asc|II}}, ed. Sparks, en ''Positions to be examined concerning National Wealth''.</ref> Para no explicar la valorización del capital comercial por el simple despojo de los productores de mercancías, se requiere una larga serie de términos intermediarios que todavía nos faltan por completo, pues no suponemos más que la circulación de las mercancías y sus simples elementos. Lo que es cierto del capital comercial, lo es más aún del capital usurario. Los términos extremos del capital comercial, el dinero que se arroja al mercado y el dinero aumentado que se saca de él, tienen al menos como intermediarios la compra y la venta, el movimiento de la circulación. En el capital usurario, la forma D—M—D' se reduce á los extremos D-D'; sin término medio, dinero que se cambia por más dinero, forma contradictoria con la naturaleza de la moneda, y, por lo tanto, inexplicable desde el punto de vista del cambio de mercancías. Por eso dice Aristóteles: «Como la Crematística es doble, la una perteneciente al comercio, la otra á la Económica, esta última necesaria y loable, la primera basada sobre la circulación y justamente reprobada (pues ella no reposa sobre la Naturaleza, sino sobre el despojo recíproco), la usura es así odiada con toda razón, porque en ella el dinero es la fuente de adquisición y no es usado para aquello á cuyo fin ha sido inventado. Pues se originó para el cambio de mercancías, mientras que el interés del dinero hace más dinero. De ahí también su nombre ({{griego|τόκος}}, interés y nacido). Pues los nacidos son semejantes á los generadores. 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Pero su trabajo no se expone en el valor de la mercancía y en un excedente sobre su propio valor, en un precio de 10 y al propio tiempo en un precio de 11, en un valor que es mayor que sí mismo. El poseedor de mercancías puede formar valores con su trabajo; pero no valores que se valoricen. Puede elevar el valor de una mercancía agregando nuevo valor al valor existente por medio de nuevo trabajo, por ejemplo, el del cuero, haciendo de éste botines. La misma materia tiene entonces más valor, porque contiene una cantidad mayor de trabajo. Los botines tienen, pues, más valor que el cuero; pero el valor del cuero permanece como era. No se ha valorizado, no se ha agregado una supervalía durante la fabricación de los botines. Es imposible, pues, que fuera de la esfera de la circulación, sin entrar en contacto con otros poseedores de mercancías, el productor de mercancías valorice valor y transforme así dinero ó mercancía en capital. El capital no puede, pues, nacer de la circulación, ni puede tampoco no nacer de ella. Tiene á la vez que nacer y no nacer en ella. Hemos obtenido, pues, un doble resultado. Hay que explicar la transformación del dinero en capital sobre la base de las leyes inmanentes de la circulación de las mercancías, tomando el cambio de equivalentes como punto de partida<ref></ref>. Nuestro que Según las explicaciones precedentes, el lector comprende que esto sólo significa lo siguiente: La formación de capital tiene que ser posible aun cuando el precio de la mercancía sea igual al valor de la mercancía. No se la puede explicar por la separación entre los precios y los valores de las mercancías. Si en realidad los precios se separan de los valores, hay que reducirlos primero á estos últimos, es decir, hay que prescindir de esa circunstancia accidental para poder observar en toda su pureza el fenómeno de la formación del capital sobre la base del cambio de mercancías, y no ser confundido en su observación por circunstancias accesorias lo trastornen, ajenas á su marcha propia. Se sabe, por lo demás, que esta reducción no es en manera alguna un simple procedimiento científico. Las constantes oscilaciones de los precios del mercado, sus alzas y sus bajas, se compensan y se anulan recíprocamente, y se reducen por sí mismas al precio medio como á su regla interna. Esta sirve de guía, por ejemplo, al comerciante ó al industrial en toda empresa que se extienda á largo plazo. El sabe, pues, que si se considera en su conjunto un largo período, las mercancías no se venden en realidad ni abajo ni arriba, sino por su precio medio. Si el pensamiento desinteresado tuviera, pues, para él algún interés, tendría que plantearse como sigue el problema de la formación del capital: ¿Cómo puede formarse el capital, si el precio medio regula los precios, es decir, si en última instancia los regula el valor de la mercancía? Digo en última instancia» porque los precios medios no coinciden directamente con las magnitudes del valor de las mercancías, como creen Adam Smith, Ricardo, etc.<noinclude></noinclude> d7j1b6ynjya5scd0mbn26mns68p3tjt 1665301 1665254 2026-06-20T16:34:08Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665301 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|135}}</noinclude>das las relaciones mercantiles de los poseedores de mercancías. Fuera de ella, el poseedor de mercancías no está en relación sino con su propia mercancía. 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No se ha valorizado, no se ha agregado una supervalía durante la fabricación de los botines. Es imposible, pues, que fuera de la esfera de la circulación, sin entrar en contacto con otros poseedores de mercancías, el productor de mercancías valorice valor y transforme así dinero ó mercancía en capital. El capital no puede, pues, nacer de la circulación, ni puede tampoco no nacer de ella. Tiene á la vez que nacer y no nacer en ella. Hemos obtenido, pues, un doble resultado. Hay que explicar la transformación del dinero en capital sobre la base de las leyes inmanentes de la circulación de las mercancías, tomando el cambio de equivalentes como punto de partida<ref>Según las explicaciones precedentes, el lector comprende que esto sólo significa lo siguiente: La formación de capital tiene que ser posible aun cuando el precio de la mercancía sea igual al valor de la mercancía. No se la puede explicar por la separación entre los precios y los valores de las mercancías. 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Si el pensamiento desinteresado tuviera, pues, para él algún interés, tendría que plantearse como sigue el problema de la formación del capital: ¿Cómo puede formarse el capital, si el precio medio regula los precios, es decir, si en última instancia los regula el valor de la mercancía? Digo «en última instancia» porque los precios medios no coinciden directamente con las magnitudes del valor de las mercancías, como creen Adam Smith, Ricardo, etc.</ref>. 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Hic Rhodus, hic salta! {{t4|III.—Compra y venta de la fuerza de trabajo.}} La variación de valor del dinero que ha de transformarse en capital no puede pasarse en el dinero mismo, pues como medio de compra y medio de pago, él no realiza sino el precio de la mercancía que compra ó paga, mientras que persistiendo en su forma propia se petrifica como magnitud invariable de valor<ref></ref>. Tampoco puede provenir la variación del segundo acto de la circulación, la reventa de la mercancía, pues este acto vuelve simplemente á transformar la mercancía de la forma natural en la forma dinero. La variación tiene, pues, que referirse á la mercancía comprada en el primer acto, D-M; pero no á su valor, pues se cambia equivalentes y la mercancía es pagada en su valor. La variación no puede provenir, pues, sino de su valor de uso como tal, es decir, de su consumo. Para sacar valor del consumo de una mercancía, nuestro poseedor de dinero tendría que ser tan feliz que encontrara en el mercado, dentro de la esfera de la circulación, una mercancía cuyo mismo valor de uso poseyese la peculiar cualidad de ser fuente de valor, cuyo consumo real fuera, pues, materialización de trabajo y, así, creación de valor. Y el poseedor de dinero encuentra en el mercado una mercancía específica semejante: el poder de trabajo ó la fuerza de trabajo. Entendemos por fuerza de trabajo ó poder de trabajo el conjunto de las facultades físicas y psíquicas que existen en el cuerpo de un sér humano, en su personalidad viva, y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de una especie cualquiera. Para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado como mercancía la fuerza de trabajo, es preciso, sin embargo, que se llenen varias condiciones. En y por sí mismo, el cambio de mercancías no implica más relaciones de dependencia que las resultantes de su propia naturaleza. Esto supuesto, la fuerza de trabajo no puede aparecer como mercancía en el mercado sino en tanto y porque es ofrecida ó vendida por su propio poseedor. Para que su poseedor la venda como mercancía, tiene que poder disponer de ella y que ser, por lo En la forma de dinero..... el capital no produce ganancia alguna.» ({{may|Ricardo}}, Princ. of Pol. Econ., pág. 267.)<noinclude></noinclude> a9b6zl7hqhx89xkjxrgnt4ueql5jrst 1665302 1665255 2026-06-20T16:40:54Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665302 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|136|CARLOS MARX|}}</noinclude>poseedor de dinero, que como capitalista se encuentra todavía en el estado de crisálida, tiene que comprar las mercancías en su valor, venderlas en su valor y, sin embargo, sacar más dinero al fin del proceso que el que puso en él. Su transformación en mariposa tiene que pasarse y no puede pasarse en la esfera de la circulación. Tales son las condiciones del problema. ''Hic Rhodus, hic salta!'' {{t4|III.—Compra y venta de la fuerza de trabajo.}} La variación de valor del dinero que ha de transformarse en capital no puede pasarse en el dinero mismo, pues como medio de compra y medio de pago, él no realiza sino el precio de la mercancía que compra ó paga, mientras que persistiendo en su forma propia se petrifica como magnitud invariable de valor<ref>«En la forma de dinero..... el capital no produce ganancia alguna.» ({{may|Ricardo}}, ''Princ. of Pol. Econ''., pág. 267.)</ref>. Tampoco puede provenir la variación del segundo acto de la circulación, la reventa de la mercancía, pues este acto vuelve simplemente á transformar la mercancía de la forma natural en la forma dinero. La variación tiene, pues, que referirse á la mercancía comprada en el primer acto, D-M; pero no á su valor, pues se cambia equivalentes y la mercancía es pagada en su valor. La variación no puede provenir, pues, sino de su valor de uso como tal, es decir, de su consumo. Para sacar valor del consumo de una mercancía, nuestro poseedor de dinero tendría que ser tan feliz que encontrara en el mercado, dentro de la esfera de la circulación, una mercancía cuyo mismo valor de uso poseyese la peculiar cualidad de ser fuente de valor, cuyo consumo real fuera, pues, materialización de trabajo y, así, creación de valor. Y el poseedor de dinero encuentra en el mercado una mercancía específica semejante: el poder de trabajo ó la fuerza de trabajo. Entendemos por fuerza de trabajo ó poder de trabajo el conjunto de las facultades físicas y psíquicas que existen en el cuerpo de un sér humano, en su personalidad viva, y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de una especie cualquiera. Para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado como mercancía la fuerza de trabajo, es preciso, sin embargo, que se llenen varias condiciones. En y por sí mismo, el cambio de mercancías no implica más relaciones de dependencia que las resultantes de su propia naturaleza. Esto supuesto, la fuerza de trabajo no puede aparecer como mercancía en el mercado sino en tanto y porque es ofrecida ó vendida por su propio poseedor. Para que su poseedor la venda como mercancía, tiene que poder disponer de ella y que ser, por lo<noinclude>{{listaref}}</noinclude> 0o3malii2kw1gpvwj3odazp5rvqzgbb Página:El Capital (1898).pdf/143 102 418269 1665256 1654509 2026-06-20T15:51:33Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665256 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|137}}</noinclude>tanto, libre propietario de su poder de trabajo, de su persona<ref></ref>. Él y el poseedor de dinero se encuentran en el mercado y se relacionan entre sí, en un pie de igualdad, como poseedores de mercancías, distinguiéndose sólo en que el uno es comprador y el otro vendedor; ambos son, pues, personas iguales desde el punto de vista jurídico. Para que esta relación se mantenga es necesario que el propietario de la fuerza de trabajo no la venda siempre sino por un tiempo determinado, pues si la vende en globo, una vez por todas, se vende entonces él mismo y se transforma así de libre en esclavo, de poseedor de mercancías en mercancía. Como persona, tiene él que comportarse constantemente para con su fuerza de trabajo como para con su propiedad, y, por lo tanto, su mercancía, lo que no puede sino entregándola siempre al comprador sólo transitoriamente, por un tiempo determinado, y no renunciando, pues, á su propiedad al enajenarla<ref></ref>. La segunda condición esencial para que el poseedor de dinero encuentre la fuerza de trabajo como mercancía en el mercado es que el poseedor de ésta, en lugar de poder vender mercancías en que se haya materializado su trabajo, tenga más bien que ofrecer en venta, como mercancía, su misma fuerza de trabajo, que no existe sino en su cuerpo viviente. Para que alguien venda mercancías distintas de su fuerza de trabajo, tiene, naturalmente, que poseer medios de producción, por ejemplo, materias primas, instrumentos de trabajo, etc. No puede hacer botines sin cuero. Necesita además medios de vida. Nadie, ni siquiera un músico del porvenir, puede vivir de los productos del porvenir, ni tampoco de valores de uso cuya producción no está acaEn enciclopedias sobre la antigüedad clásica puede leerse el desatino de que que falen el mundo antiguo el capital estaba completamente desarrollado, «sólo taban el trabajador libre y la institución del crédito». El mismo Sr. Mommsen cae de un quid pro quo en otro en su Historia Romana. 2 Por eso varias legislaciones fijan un máximo para el contrato del trabajo. Los códigos de todos los pueblos en que el trabajo es libre reglamentan las condiciones de rescisión del contrato. En varios paises, particularmente en Méjico (antes de la guerra civil americana, también en los territorios separados de Mejico, y de hecho en las provincias danubianas hasta los tiempos de Kusa), la esclavitud está disfrazada bajo la forma de peonaje. Por medio de adelantos, á deducir del trabajo, y que se transmiten de generación en generación, no sólo el trabajador, sino su familia, pasan á ser de hecho propiedad de otras personas y de sus familias. Juárez había abolido el peonaje. El titulado emperador Maximiliano lo introdujo de nuevo por un decreto que en la Cámara de Representantes de Washington fué denunciado con razón como un decreto para el restablecimiento de la esclavitud en Méjico. «Puedo enajenar por un tiempo limitado el uso de las habilidades y posibilidades de actividad particulares de mi cuerpo y de mi espíritu, porque por esa limitación ellas conservan una relación externa respecto de mi totalidad y de mi generalidad. Enajenando todo mi tiempo concretado por el trabajo, y la totalidad de mi producción, haría de lo substancial de ellas, mi actividad y realidad general, mi personalidad, la propiedad de otro.» ({{may|Hegel}}, ''Philosophie des Rechts'', Berlin, 1840, pág. 104, §. 67.)<noinclude></noinclude> 1nh3ucof125lxrob5msdyfhv7njnygh 1665303 1665256 2026-06-20T16:44:29Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665303 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|137}}</noinclude>tanto, libre propietario de su poder de trabajo, de su persona<ref>En enciclopedias sobre la antigüedad clásica puede leerse el desatino de que en el mundo antiguo el capital estaba completamente desarrollado, «sólo que faltaban el trabajador libre y la institución del crédito». El mismo Sr. Mommsen cae de un ''quid pro quo'' en otro en su ''Historia Romana''.</ref>. Él y el poseedor de dinero se encuentran en el mercado y se relacionan entre sí, en un pie de igualdad, como poseedores de mercancías, distinguiéndose sólo en que el uno es comprador y el otro vendedor; ambos son, pues, personas iguales desde el punto de vista jurídico. Para que esta relación se mantenga es necesario que el propietario de la fuerza de trabajo no la venda siempre sino por un tiempo determinado, pues si la vende en globo, una vez por todas, se vende entonces él mismo y se transforma así de libre en esclavo, de poseedor de mercancías en mercancía. Como persona, tiene él que comportarse constantemente para con su fuerza de trabajo como para con su propiedad, y, por lo tanto, su mercancía, lo que no puede sino entregándola siempre al comprador sólo transitoriamente, por un tiempo determinado, y no renunciando, pues, á su propiedad al enajenarla<ref>Por eso varias legislaciones fijan un máximo para el contrato del trabajo. Los códigos de todos los pueblos en que el trabajo es libre reglamentan las condiciones de rescisión del contrato. En varios paises, particularmente en Méjico (antes de la guerra civil americana, también en los territorios separados de Mejico, y de hecho en las provincias danubianas hasta los tiempos de Kusa), la esclavitud está disfrazada bajo la forma de ''peonaje''. Por medio de adelantos, á deducir del trabajo, y que se transmiten de generación en generación, no sólo el trabajador, sino su familia, pasan á ser de hecho propiedad de otras personas y de sus familias. Juárez había abolido el ''peonaje''. El titulado emperador Maximiliano lo introdujo de nuevo por un decreto que en la Cámara de Representantes de Washington fué denunciado con razón como un decreto para el restablecimiento de la esclavitud en Méjico. {{np}} «Puedo enajenar por un tiempo limitado el uso de las habilidades y posibilidades de actividad particulares de mi cuerpo y de mi espíritu, porque por esa limitación ellas conservan una relación externa respecto de mi totalidad y de mi generalidad. Enajenando todo mi tiempo concretado por el trabajo, y la totalidad de mi producción, haría de lo substancial de ellas, mi actividad y realidad general, mi personalidad, la propiedad de otro.» ({{may|Hegel}}, ''Philosophie des Rechts'', Berlin, 1840, pág. 104, §. 67.)</ref>. La segunda condición esencial para que el poseedor de dinero encuentre la fuerza de trabajo como mercancía en el mercado es que el poseedor de ésta, en lugar de poder vender mercancías en que se haya materializado su trabajo, tenga más bien que ofrecer en venta, como mercancía, su misma fuerza de trabajo, que no existe sino en su cuerpo viviente. Para que alguien venda mercancías distintas de su fuerza de trabajo, tiene, naturalmente, que poseer medios de producción, por ejemplo, materias primas, instrumentos de trabajo, etc. No puede hacer botines sin cuero. Necesita además medios de vida. Nadie, ni siquiera un músico del porvenir, puede vivir de los productos del porvenir, ni tampoco de valores de uso cuya producción no está aca-<noinclude>{{listaref}}</noinclude> qn5yiu6ptjvf62wjddtxg0y5vx46jt4 Página:El Capital (1898).pdf/144 102 418270 1665257 1654510 2026-06-20T15:51:36Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665257 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|138|CARLOS MARX|}}</noinclude>bada, y lo mismo que el primer día de su aparición en la escena del mundo, el hombre tiene cada día que consumir antes de producir y mientras produce. Si los productos son producidos como mercancías, tienen que ser vendidos después de producidos, y sólo después de la venta pueden satisfacer las necesidades del productor. Al tiempo de producción se agrega el tiempo necesario para la venta. Para la transformación del dinero en capital es necesario, pues, que el poseedor de dinero encuentre en el mercado de las mercancías al trabajador libre, libre en el doble sentido de que, como persona libre, dispone de su fuerza de trabajo como de su mercancía, y que, por otra parte, no tiene otras mercancías que vender, está libre y desembarazado de todas las cosas necesarias para la realización de su fuerza de trabajo. Al poseedor de dinero no le interesa la cuestión de por qué ese trabajador libre se le presenta en la esfera de la circulación, pues él encuentra el mercado del trabajo como una sección especial del mercado de las mercancías. Y, por el momento, á nosotros no nos interesa más que á él. Teóricamente, nos atenemos al hecho, como el poseedor de dinero, prácticamente. Una cosa es clara, sin embargo. La Naturaleza no produce por un lado poseedores de dinero ó de mercancías, y por el otro simples poseedores de las propias fuerzas de trabajo. Esta relación no es de orden natural, ni tampoco es común, en el orden social, á todos los períodos históricos. Ella misma es evidentemente el resultado de un desarrollo histórico previo, el producto de muchas revoluciones económicas, de la destrucción de toda una serie de formaciones más antiguas de la producción social. También las categorías económicas que antes hemos considerado llevan el sello de la Historia. La existencia del producto como mercancía importa determinadas condiciones históricas. Si ha de ser mercancía, el producto no puede ser producido como medio inmediato de subsistencia para el productor mismo. Si hubiéramos investigado más acerca de las circunstancias bajo las cuales todos ó, al menos, la mayoría de los productos toman la forma de mercancía, habríamos encontrado que eso sólo sucede sobre la base de un modo de producción completamente especial, la producción capitalista. Semejante investigación no entraba, sin embargo, en el análisis de la mercancía. La producción y la circulación de mercancías pueden tener lugar aunque la parte de por mucho mayor de la masa de los productos, destinada inmediatamente al consumo propio, no se transforme en mercancía, y el proceso social de la producción esté, pues, todavía lejos de ser dominado en todo su ancho y profundidad por el valor de cambio. La presentación del producto como mercancía implica una división del trabajo tan desarrollada dentro de la sociedad, que<noinclude></noinclude> 1a2ltpf57bkh1f8655vjlgocf04mcfq 1665340 1665257 2026-06-20T17:44:49Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665340 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|138|CARLOS MARX|}}</noinclude>bada, y lo mismo que el primer día de su aparición en la escena del mundo, el hombre tiene cada día que consumir antes de producir y mientras produce. Si los productos son producidos como mercancías, tienen que ser vendidos después de producidos, y sólo después de la venta pueden satisfacer las necesidades del productor. Al tiempo de producción se agrega el tiempo necesario para la venta. Para la transformación del dinero en capital es necesario, pues, que el poseedor de dinero encuentre en el mercado de las mercancías al trabajador libre, libre en el doble sentido de que, como persona libre, dispone de su fuerza de trabajo como de su mercancía, y que, por otra parte, no tiene otras mercancías que vender, está libre y desembarazado de todas las cosas necesarias para la realización de su fuerza de trabajo. Al poseedor de dinero no le interesa la cuestión de por qué ese trabajador libre se le presenta en la esfera de la circulación, pues él encuentra el mercado del trabajo como una sección especial del mercado de las mercancías. Y, por el momento, á nosotros no nos interesa más que á él. Teóricamente, nos atenemos al hecho, como el poseedor de dinero, prácticamente. Una cosa es clara, sin embargo. La Naturaleza no produce por un lado poseedores de dinero ó de mercancías, y por el otro simples poseedores de las propias fuerzas de trabajo. Esta relación no es de orden natural, ni tampoco es común, en el orden social, á todos los períodos históricos. Ella misma es evidentemente el resultado de un desarrollo histórico previo, el producto de muchas revoluciones económicas, de la destrucción de toda una serie de formaciones más antiguas de la producción social. También las categorías económicas que antes hemos considerado llevan el sello de la Historia. La existencia del producto como mercancía importa determinadas condiciones históricas. Si ha de ser mercancía, el producto no puede ser producido como medio inmediato de subsistencia para el productor mismo. Si hubiéramos investigado más acerca de las circunstancias bajo las cuales todos ó, al menos, la mayoría de los productos toman la forma de mercancía, habríamos encontrado que eso sólo sucede sobre la base de un modo de producción completamente especial, la producción capitalista. Semejante investigación no entraba, sin embargo, en el análisis de la mercancía. La producción y la circulación de mercancías pueden tener lugar aunque la parte de por mucho mayor de la masa de los productos, destinada inmediatamente al consumo propio, no se transforme en mercancía, y el proceso social de la producción esté, pues, todavía lejos de ser dominado en todo su ancho y profundidad por el valor de cambio. 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Las formas especiales del dinero, simple equivalente de mercancías, ó medio de circulación, ó medio de pago, tesoro moneda universal, según la diversa amplitud y el predominio relativo de una u otra función, indican alturas muy diversas del proceso social de la producción. Según la experiencia, sin embargo, para la formación de todas esas formas basta una circulación de mercancías relativamente poco desarrollada. Con el capital es otra cosa. Sus condiciones históricas de existencia no son completamente las de la circulación de mercancías y de moneda. Sólo se forma donde el poseedor de medios de producción y de vida encuentra en el mercado al trabajador libre como vendedor de su fuerza de trabajo; y esta condición histórica encierra todo un mundo. El capital anuncia, pues, desde luego, una época del proceso social de la producción '. Hay que examinar más de cerca esa peculiar mercancía, la fuerza de trabajo. Como todas las otras mercancías, ella tiene un valor<ref></ref>. ¿Cómo se le determina? El valor de la fuerza de tral ajo, como el de toda otra mercancía, es determinado por el tiempo de trabajo necesario para la producción y reproducción de ese artículo especial. En tanto que es valor, la fuerza de trabajo misma no representa sino una cantidad determinada de trabajo social medio en ella materializado. La fuerza de trabajo no existe sino como aptitud del individuo vivo. Su producción supone, pues, la existencia de éste. Existiendo el individuo, la producción de la fuerza de trabajo consiste en su propia reproducción ó conservación. Para su conservación, el individuo necesita cierta suma de medios de vida. El tiempo de trabajo necesario para la producción de la fuerza de trabajo se resuelve, pues, en el tiempo de trabajo necesario para la producción de esos medios de vida, ó el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para la subsistencia de su poseedor. La fuerza de trabajo no se realiza, sin embargo, sino por su exteriorización, no se manifiesta sino en el trabajo. Pero su manifestación, el trabajo, es el gasto de Lo que caracteriza, pues, la época capitalista es que la fuerza de trabajo adquiere para el mismo trabajador la forma de una mercancía que le pertenece, y, por lo tanto, su trabajo la de trabajo asalariado. Por otra parte, la forma mercancía de los productos del trabajo no se generaliza sino á partir de este momento. 2 «El valor de un hombre, como de todas las otras cosas, es su precio, es decir, tanto como se daría por el uso de su poder.» ({{may|Th. Hobbes}}, ''Leviathan'', en Works, edición Molesworth, Londres, 1839-44, vol. 1, pág. 76.)<noinclude></noinclude> qggu9m6zq4rtaxhy9c3p21946k8yi1g 1665343 1665258 2026-06-20T17:47:43Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665343 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|139}}</noinclude>ya esté realizada la separación entre valor de uso y valor de cambio, que solamente empieza en el comercio de trueque inmediato. Pero ese estadio de desarrollo es común á las formaciones económico-sociales históricamente más diversas. Y si consideramos el dinero, éste implica cierta altura del cambio de mercancías. Las formas especiales del dinero, simple equivalente de mercancías, ó medio de circulación, ó medio de pago, tesoro y moneda universal, según la diversa amplitud y el predominio relativo de una u otra función, indican alturas muy diversas del proceso social de la producción. Según la experiencia, sin embargo, para la formación de todas esas formas basta una circulación de mercancías relativamente poco desarrollada. Con el capital es otra cosa. Sus condiciones históricas de existencia no son completamente las de la circulación de mercancías y de moneda. Sólo se forma donde el poseedor de medios de producción y de vida encuentra en el mercado al trabajador libre como vendedor de su fuerza de trabajo; y esta condición histórica encierra todo un mundo. El capital anuncia, pues, desde luego, una época del proceso social de la producción<ref>Lo que caracteriza, pues, la época capitalista es que la fuerza de trabajo adquiere para el mismo trabajador la forma de una mercancía que le pertenece, y, por lo tanto, su trabajo la de trabajo asalariado. Por otra parte, la forma mercancía de los productos del trabajo no se generaliza sino á partir de este momento.</ref>. Hay que examinar más de cerca esa peculiar mercancía, la fuerza de trabajo. 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El tiempo de trabajo necesario para la producción de la fuerza de trabajo se resuelve, pues, en el tiempo de trabajo necesario para la producción de esos medios de vida, ó el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para la subsistencia de su poseedor. La fuerza de trabajo no se realiza, sin embargo, sino por su exteriorización, no se manifiesta sino en el trabajo. Pero su manifestación, el trabajo, es el gasto de<noinclude>{{listaref}}</noinclude> iiey8bf7v6fcgv3xik7y4ufrrs7k711 Página:El Capital (1898).pdf/146 102 418272 1665259 1654512 2026-06-20T15:51:46Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665259 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|140|CARLOS MARX|}}</noinclude>cierta cantidad de músculo, nervio, cerebro, etc., que tiene que ser repuesta. Este aumento de gasto exige un aumento de entrada<ref></ref>. El propietario de la fuerza de trabajo, después de haber trabajado hoy, tiene que poder repetir mañana el mismo proceso en las mismas condiciones de salud y de fuerza. La suma de los medios de subsistencia tiene, pues, que alcanzar para mantener al individuo que trabaja en su estado de vida normal. Las mismas necesidades naturales, como alimento, vestido, calefacción, habitación, etc., varían según las particularidades climatéricas y demás particularidades naturales de un país. Por otra parte, la extensión de las necesidades llamadas naturales, así como el modo de satisfacerlas, es también un producto histórico, y depende, por lo tanto, en gran parte del grado de civilización de un país, y, entre otras cosas, esencialmente de las condiciones, costumbres y exigencias de vida bajo las cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres<ref></ref>. Á diferencia de las otras mercancías, la determinación del valor de la fuerza de trabajo comprende, pues, un elemento histórico y moral. Para un país y una época determinados, el monto de los medios necesarios de subsistencia es también determinado, en término medio. El propietario de la fuerza de trabajo es mortal. Para que su aparición en el mercado sea, pues, continua, como lo exige la continua transformación de dinero en capital, el vendedor de la fuerza de trabajo tiene que eternizarse, «como todo individuo vivo se eterniza, por la reproducción»<ref></ref>. Las fuerzas de trabajo que el desgaste y la muerte sustraen al mercado, tienen que ser reemplazadas constantemente, á lo menos por un número igual de nuevas fuerzas de trabajo. La suma de los medios de subsistencia necesarios para la producción de la fuerza de trabajo comprende, pues, los medios de subsistencia para los reemplazantes, es decir, para los hijos del trabajador, á fin de que esta raza de peculiares poseedores de mercancía se eternice en el mercado ". Para modificar la naturaleza humana general, de manera que adquiera habilidad y presteza en una rama determinada del trabajo, y pase á ser fuerza de trabajo desarrollada y especial, se requiere una educación, que á su vez cuesta una suma más ó menos grande de En la antigua Roma, el villicus, ecónomo que estaba á la cabeza de los esclavos agrícolas, recibía por eso «una ración menor que la de los siervos, porque su trabajo era más liviano». (TH. MOмMSEN, Roem. Geschichte, 1856, pág. 810.) Compárese Overpopulation and its Remedy, Londres, 1846, por {{may|W. Th. Thornton}}. 3 {{may|Petty}}. «Su precio natural (el del trabajo)..... consiste en una cantidad tal de cosas necesarias y útiles para la vida, como, según la naturaleza del clima y las costumbres del país, son necesarias para sostener al trabajador y permitirle criar bastante familia para que no disminuya en el mercado la oferta de trabajo.» ({{may|R. Torrens}}, An Essay on the external Corn Trade, Londres, 1815, pág. 62.) La palabra trabajo está aquí equivocadamente puesta en lugar de fuerza de trabajo.<noinclude></noinclude> 1f3zjg2k2uc7weuhwt5flx2k46zzztf 1665345 1665259 2026-06-20T17:52:33Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665345 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|140|CARLOS MARX|}}</noinclude>cierta cantidad de músculo, nervio, cerebro, etc., que tiene que ser repuesta. Este aumento de gasto exige un aumento de entrada<ref>En la antigua Roma, el ''{{latín|villicus}}'', ecónomo que estaba á la cabeza de los esclavos agrícolas, recibía por eso «una ración menor que la de los siervos, porque su trabajo era más liviano». ({{may|Th. Mommsen}}, ''Rœm. Geschichte'', 1856, pág. 810.)</ref>. El propietario de la fuerza de trabajo, después de haber trabajado hoy, tiene que poder repetir mañana el mismo proceso en las mismas condiciones de salud y de fuerza. 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Para modificar la naturaleza humana general, de manera que adquiera habilidad y presteza en una rama determinada del trabajo, y pase á ser fuerza de trabajo desarrollada y especial, se requiere una educación, que á su vez cuesta una suma más ó menos grande de<noinclude>{{listaref}}</noinclude> 1hzmckeh79f3ho2nkggpkl9vufmu1fv Página:El Capital (1898).pdf/147 102 418273 1665260 1654513 2026-06-20T15:51:54Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665260 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|141}}</noinclude>mercancías equivalentes. Según el carácter más ó menos complicado de la fuerza de trabajo, varía su costo de educación. Estos costos de aprendizaje, que para la fuerza de trabajo ordinaria son mínimos, entran, pues, en el monto de los valores gastados en su producción. El valor de la fuerza de trabajo es el valor de una determinada suma de medios de subsistencia, y, por lo tanto, también varía con el valor de estos medios de subsistencia, es decir, con la magnitud del tiempo de trabajo que exige su producción. Una parte de los medios de vida, por ejemplo, alimentos, combustible, etc., se consumen día á día, y tienen que ser repuestos diariamente. Otros medios de vida, como vestidos, muebles, etc., tardan más en gastarse, y no hay que reemplazarlos, por lo tanto, sino á más largos intervalos. Hay que comprar ó pagar ciertas mercancías diariamente; otras, cada semana, cada trimestre, etc. Pero de cualquier modo que se reparta al año la suma de esos gastos, tiene que ser cubierta por la entrada diaria media. Si la masa de las mercancías diariamente necesarias para la producción de la fuerza de trabajo es A, la de las necesarias una vez por semana = B, la de las necesarias cada tres meses = C, etc., el término medio diario de esas 365 A52B+ 40+ etc. mercancías sería = 365 Supongamos que esa masa de mercancías necesarias para el día medio encierre seis horas de trabajo social; la mitad de un día de trabajo social medio se materializa entonces diariamente en la fuerza de trabajo, ó se requiere medio día de trabajo para la producción diaria de la fuerza de trabajo. Esa cantidad de trabajo necesario para su producción diaria forma el valor diario de la fuerza de trabajo ó el valor de la fuerza de trabajo diariamente reproducida. Si una masa de oro de 3 chelines, ó l escudo, representa medio día de trabajo social medio, 1 escudo es el precio correspondiente al valor diario de la fuerza de trabajo. Si su poseedor la vende por 1 escudo al día, su precio de venta es igual á su valor, y, según nuestra suposición, ávido de transformar su escudo en capital, el poseedor del dinero paga ese valor. El límite último ó mínimo del valor de la fuerza de trabajo está constituído por el valor de una masa de mercancías, sin cuyo consumo diario el portador de la fuerza de trabajo, el hombre, no puede renovar el proceso de su vida, es decir, por el valor de los medios de subsistencia materialmente indispensable. Si el precio de la fuerza de trabajo baja á ese mínimo, está por debajo de su valor, pues así ella no puede conservarse ni desarrollarse sino en una forma mezquina. Ahora bien; el valor de toda mercancía es determinado por el tiempo de trabajo necesario para producirla de calidad normal. Es un sentimentalismo extraordinariamente barato encontrar<noinclude></noinclude> fu3gsa3l1b7pzqnyfo0kr4k99qj1qs3 1665350 1665260 2026-06-20T18:06:00Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665350 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|141}}</noinclude>mercancías equivalentes. Según el carácter más ó menos complicado de la fuerza de trabajo, varía su costo de educación. Estos costos de aprendizaje, que para la fuerza de trabajo ordinaria son mínimos, entran, pues, en el monto de los valores gastados en su producción. El valor de la fuerza de trabajo es el valor de una determinada suma de medios de subsistencia, y, por lo tanto, también varía con el valor de estos medios de subsistencia, es decir, con la magnitud del tiempo de trabajo que exige su producción. Una parte de los medios de vida, por ejemplo, alimentos, combustible, etc., se consumen día á día, y tienen que ser repuestos diariamente. Otros medios de vida, como vestidos, muebles, etc., tardan más en gastarse, y no hay que reemplazarlos, por lo tanto, sino á más largos intervalos. Hay que comprar ó pagar ciertas mercancías diariamente; otras, cada semana, cada trimestre, etc. Pero de cualquier modo que se reparta al año la suma de esos gastos, tiene que ser cubierta por la entrada diaria media. Si la masa de las mercancías diariamente necesarias para la producción de la fuerza de trabajo es = A, la de las necesarias una vez por semana = B, la de las necesarias cada tres meses = C, etc., el término medio diario de esas mercancías sería {{sfrac|{{=}}|365A + 52B + 4C + etc|365}}. Supongamos que esa masa de mercancías necesarias para el día medio encierre seis horas de trabajo social; la mitad de un día de trabajo social medio se materializa entonces diariamente en la fuerza de trabajo, ó se requiere medio día de trabajo para la producción diaria de la fuerza de trabajo. Esa cantidad de trabajo necesario para su producción diaria forma el valor diario de la fuerza de trabajo ó el valor de la fuerza de trabajo diariamente reproducida. Si una masa de oro de 3 chelines, ó l escudo, representa medio día de trabajo social medio, 1 escudo es el precio correspondiente al valor diario de la fuerza de trabajo. Si su poseedor la vende por 1 escudo al día, su precio de venta es igual á su valor, y, según nuestra suposición, ávido de transformar su escudo en capital, el poseedor del dinero paga ese valor. El límite último ó mínimo del valor de la fuerza de trabajo está constituído por el valor de una masa de mercancías, sin cuyo consumo diario el portador de la fuerza de trabajo, el hombre, no puede renovar el proceso de su vida, es decir, por el valor de los medios de subsistencia materialmente indispensable. 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Quien dice trabajo, quien dice poder de trabajo, dice á la vez trabajadores y medios de subsistencia, obrero y salario.» Quien dice poder de trabajo no dice trabajo, como quien dice poder digestivo no dice tampoco digerir. Para este último proceso, como se sabe, hace falta algo más que un buen estómago. Quien dice poder de trabajo no hace abstracción de los medios de vida necesarios para su subsistencia. El valor de aquél expresa más bien el valor de éstos. Si no se vende, de nada sirve al trabajador, y entonces éste siente, como una cruel necesidad natural, que su poder de trabajo ha exigido para su producción una cantidad determinada de medios de subsistencia y que la exige siempre de nuevo para su reproducción. Él descubre entonces, con Sismondi, que poder de trabajo..... es nada, cuando no es vendido»<ref></ref>. 3 La naturaleza peculiar de esta mercancía específica, la fuerza de trabajo, trae consigo que al cerrarse el contrato entre el comprador y el vendedor, su valor de uso no pasa, en realidad, todavía á manos del comprador. Su valor, como el de toda otra mercancía, estaba determinado antes de que ella entrara en la circulación, pues una cantidad determinada de trabajo social había sido gastada para la producción de la fuerza de trabajo; pero su valor de uso consiste sólo en la ulterior manifestación de fuerza. La enajenación de la fuerza y su exteriorización real, es decir, su existencia como valor de uso, no son, pues, simultáneas. Pero cuando se trata de mercancías cuyo valor de uso es formalmente enajenado por la venta antes de que tenga lugar su paso real al comprador, la moneda del comprador funciona casi siempre como medio de pago. En todos los países de producción capitalista la fuerza de trabajo no es pagada sino después que ha funcionado ya durante el término fijado en el contrato de compra, por ejemplo, al fin de cada semana. En todas partes el trabajador adelanta, pues, al capitalista el valor de uso de la fuerza de trabajo; él la deja consumir por el comprador antes de recibir su precio en pago; en todas partes, pues, el trabajador hace crédito al capitalista. Que este crédito no es ninguna ilusión, lo demuestra, Rossi, Cours d'Econ. polit., Bruselas, 1842, pág. 370. 2 {{may|Sismondi}}, ''Nouv. Princ.'', etc., t. 1, pág. 112. 3 «Todo trabajo es pagado después que ha cesado.» (An Inquiry into those Principles respecting the Nature of Demand, etc., pág. 104.) «El crédito comercial ha debido comenzar en el momento en que el obrero, primer artesano de la producción, ha podido, por medio de sus economías, esperar el salario de su trabajo hasta el fin de la semana, de la quincena, del mes, del trimestre, etc.» ({{may|Ch. Ganilh}}, ''Des Systèmes de l'Econ. polit.'', segunda edición, París, 1821, t. 1, pág. 150.)<noinclude></noinclude> bsthcdvht79huisw4c20undoujgqzly 1665351 1665261 2026-06-20T18:10:42Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665351 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|142|CARLOS MARX|}}</noinclude>grosera esta determinación del valor de la fuerza de trabajo, que fluye de la misma naturaleza de las cosas, y lamentarse acaso como Rossi: «Concebir el poder de trabajo haciendo abstracción de los medios de subsistencia de los trabajadores durante la obra de la producción, es concebir un ente de razón. Quien dice trabajo, quien dice poder de trabajo, dice á la vez trabajadores y medios de subsistencia, obrero y salario.»<ref>{{may|Rossi}}, ''Cours d'Econ. polit''., Bruselas, 1842, pág. 370.</ref> Quien dice poder de trabajo no dice trabajo, como quien dice poder digestivo no dice tampoco digerir. 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Conviene, sin embargo, para una concepción pura de la relación, suponer por el momento que el poseedor de la fuerza de trabajo recibe inmediatamente, cada vez que la vende, el precio estipulado por contrato. Conocemos ahora cómo se determina el valor que el poseedor de dinero paga al poseedor de esta mercancía peculiar, la fuerza de tra1 «El obrero presta su industria»; pero agrega Storch con sutileza: «no arriesga nada», excepto «perder su salario..... El obrero no transmite nada de material.» ({{may|Storch}}, ''Cours d'Econ. polit.'', San Petersburgo, 1815, t. {{asc|II}}, pág. 37.) Un ejemplo. En Londres hay dos clases de panaderos, los full priced, que venden el pan por su valor integro, y los undersellers, que lo venden por menos de ese valor. Estos últimos forman las tres cuartas partes de la totalidad de los panaderos (pág. xxx11 del Report del comisionado del Gobierno {{may|H. S}}. Tremenheere sobre las Grievances complained of by the journeymen bakers, etc., Londres, 1862). Esos undersellers venden, casi sin excepción, pan adulterado por la mezcla de alumbre, jabón, cal, polvo de piedra del Derbyshire y otros ingredientes igualmente agradables, nutritivos y sanos. (Véase el Libro Azul antes citado y el informe del Committee of 1855 on the Adulteration of Bread, y el del Dr. Hassall, Adulterations Detected, segunda edición, Londres, 1862.) Sir John Gordon declaró ante el Comité de 1855 que, á consecuencia de esas falsificaciones, el pobre, que vive de dos libras de pan por día, no recibe en realidad ahora ni la cuarta parte de la materia nutritiva, aparte de los malos efectos sobre su salud». Como razón por la cual «una parte muy grande de la clase trabajadora», aunque conoce muy bien las falsificaciones, acepta el alumbre, el polvo de piedra, etc., indica Tremenheere (1. c., pág. {{asc|XLVIII}}) que para ellos es una necesidad tomar el pan como lo encuentran en la tienda de comestibles ó se lo ofrece el panadero». Como no se les paga sino al fin de la semana de trabajo, no pueden «pagar el pan consumido por sus familias sino al fin de la semana»; y agrega Tremenheere, citando declaraciones de testigos: «Es notorio que el pan preparado con esas mezclas se hace expresamente para esta clase de clientes.» («It is notorious that bread composed of those mixtures, is made expressly for sale in this manner.») «En muchos distritos agricolas ingleses [pero más aún en los escoceses] se pagan los salarios cada dos semanas, y aun mensualmente. Siendo pagado á tan largos plazos, el trabajador rural tiene que comprar sus mercancías à crédito..... Tiene que pagar más altos precios, y está de hecho atado á la tienda, que lo exprime. Por ejemplo, en Horningsham in Wilts, donde el salario es por meses, le cuesta 2 chelines 4 peniques la misma cantidad de harina que en las otras partes vale 1 chelín y 10 peniques.» («Sixth Report» on «Public Health» by «The Medical Officer of the Privy Council», etc., 1864, pág. 264.) «Los impresores de telas de Paisley y Kilmarnock (Escocia Occidental) impusieron por medio de una huelga, en 1853, el acortamiento del plazo de pago de un mes á catorce días.» (Reports of the Inspectors of Factories for 31st. Oct., 1853, pág. 34) Como una muestra más desarrollada del crédito que el trabajador abre al capitalista, puede considerarse el método de muchos propietarios ingleses de minas de carbón, que no pagan á los trabajadores hasta el fin del mes, y en el intervalo les hacen adelantos, a menudo en mercancías, por las que les obligan á pagar un precio más alto que el corriente (Trucksystem). «Es una práctica común entre los dueños de minas de carbón pagar una vez al mes y adelantar dinero á sus trabajadores al fin de cada semana intermediaria. El dinero se da en la tienda (es decir, en la tommy-shop ó tienda al por menor, perteneciente al patrón); los hombres lo toman de un lado y lo entregan del otro.» (Children's Employment Commission, {{asc|III}} Report, Londres, 1861, pág. 38, n. 192.)<noinclude></noinclude> fpxd64v6gzbjy229u19sqie1atszeiz 1665353 1665262 2026-06-20T18:17:26Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665353 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|143}}</noinclude>no sólo la pérdida ocasional del salario en caso de bancarrota del capitalista<ref>«El obrero presta su industria»; pero agrega Storch con sutileza: «no arriesga nada», excepto «perder su salario..... El obrero no transmite nada de material.» ({{may|Storch}}, ''Cours d'Econ. polit.'', San Petersburgo, 1815, t. {{asc|II}}, pág. 37.)</ref>, sino también una serie de efectos más durables<ref>Un ejemplo. 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Sir John Gordon declaró ante el Comité de 1855 que, á consecuencia de esas falsificaciones, el pobre, que vive de dos libras de pan por día, no recibe en realidad ahora ni la cuarta parte de la materia nutritiva, aparte de los malos efectos sobre su salud». Como razón por la cual «una parte muy grande de la clase trabajadora», aunque conoce muy bien las falsificaciones, acepta el alumbre, el polvo de piedra, etc., indica Tremenheere (l. c., pág. {{asc|XLVIII}}) que para ellos es una necesidad tomar el pan como lo encuentran en la tienda de comestibles ó se lo ofrece el panadero». Como no se les paga sino al fin de la semana de trabajo, no pueden «pagar el pan consumido por sus familias sino al fin de la semana»; y agrega Tremenheere, citando declaraciones de testigos: «Es notorio que el pan preparado con esas mezclas se hace expresamente para esta clase de clientes.» («{{lang|en|It is notorious that bread composed of those mixtures, is made expressly for sale in this manner}}.») «En muchos distritos agricolas ingleses [pero más aún en los escoceses] se pagan los salarios cada dos semanas, y aun mensualmente. Siendo pagado á tan largos plazos, el trabajador rural tiene que comprar sus mercancías á crédito..... Tiene que pagar más altos precios, y está de hecho atado á la tienda, que lo exprime. Por ejemplo, en Horningsham in Wilts, donde el salario es por meses, le cuesta 2 chelines 4 peniques la misma cantidad de harina que en las otras partes vale 1 chelín y 10 peniques.» («''Sixth Report» on «Public Health» by «The Medical Officer of the Privy Council''», etc., 1864, pág. 264.) «Los impresores de telas de Paisley y Kilmarnock (Escocia Occidental) impusieron por medio de una huelga, en 1853, el acortamiento del plazo de pago de un mes á catorce días.» (''Reports of the Inspectors of Factories for 31st. Oct''., 1853, pág. 34) Como una muestra más desarrollada del crédito que el trabajador abre al capitalista, puede considerarse el método de muchos propietarios ingleses de minas de carbón, que no pagan á los trabajadores hasta el fin del mes, y en el intervalo les hacen adelantos, a menudo en mercancías, por las que les obligan á pagar un precio más alto que el corriente ({{lang|en|Trucksystem}}). «Es una práctica común entre los dueños de minas de carbón pagar una vez al mes y adelantar dinero á sus trabajadores al fin de cada semana intermediaria. El dinero se da en la tienda (es decir, en la {{lang|en|tommy-shop}} ó tienda al por menor, perteneciente al patrón); los hombres lo toman de un lado y lo entregan del otro.» (''Children's Employment Commission, III Report'', Londres, 1861, pág. 38, n. 192.)</ref>. Pero nada cambia en la naturaleza del cambio mismo de mercancías porque el dinero funcione como medio de compra ó como medio de pago. 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El valor de uso que aquél recibe en cambio no se muestra sino en el uso real, en el proceso del consumo de la fuerza de trabajo. El poseedor de dinero compra en el mercado todas las cosas necesarias para ese proceso, como materia prima, etc., y paga su precio completo. El proceso del consumo de la fuerza de trabajo es al propio tiempo el proceso de producción de mercancía y de supervalía. El consumo de la fuerza de trabajo, como el de toda otra mercancía, se pasa fuera del mercado ó de la esfera de la circulación. Juntos con el poseedor de dinero y el poseedor de fuerza de trabajo, abandonamos, pues, esa esfera ruidosa, superficial y á la vista de todo el mundo, para seguirlos al sitio oculto de la producción, en cuyo umbral está escrito: No admittance except on business. Allí veremos, no sólo cómo produce el capital, sino cómo se produce el capital mismo. Tiene que descubrirse, por fin, el secreto de la elaboración de supervalía. La esfera de la circulación ó del cambio de mercancías, dentro de cuyos límites se compra y se vende la fuerza de trabajo, era en realidad un verdadero Edén de los derechos naturales del hombre. Lo único que en ella reina es libertad, igualdad, propiedad y Bentham. ¡Libertad!, pues el comprador y el vendedor de una mercancía, por ejemplo, de la fuerza de trabajo, no son movidos sino por su libre voluntad. Hacen un contrato, como personas libres, iguales en derechos. El contrato es el resultado final, en que se dan sus voluntades una común expresión legal. ¡Igualdad!, pues ellos no se relacionan entre sí sino como poseedores de mercancías, y cambian equivalente por equivalente. ¡Propiedad!, pues cada uno sólo dispone de lo suyo. ¡Bentham!, pues para cada uno de los dos no se trata sino de sí mismo. El único poder que los junta y los relaciona es su egoísmo, su ventaja particular, sus intereses privados. Y precisamente porque cada uno no se cuida sino de sí mismo, y ninguno del otro, debido á una armonía preestablecida, ó bajo los auspicios de la más ingeniosa providencia, todos ejecutan la obra de su ventaja recíproca, de la utilidad común, del interés general. Al salir de esta esfera de la circulación simple ó del cambio de mercancías, de donde el librecambista vulgar saca opiniones, conceptos y medida para juzgar la sociedad del capital y del trabajo asalariado, parece que ya se transformara algo las fisonomías de nuestras dramatis persone. El antiguo poseedor de dinero va delante como capitalista; el poseedor de fuerza de trabajo lo sigue como su trabajador; el uno, atareado y sonriendo con aire de importancia; el otro, temeroso y reacio, como quien lleva al mercado su propio pellejo y no puede esperar sino una cosa, que lo curtan.<noinclude></noinclude> 90v79oxgfglghu4r4w1n24rlv7v8bpo 1665355 1665263 2026-06-20T18:22:56Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665355 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|144|CARLOS MARX|}}</noinclude>bajo. El valor de uso que aquél recibe en cambio no se muestra sino en el uso real, en el proceso del consumo de la fuerza de trabajo. El poseedor de dinero compra en el mercado todas las cosas necesarias para ese proceso, como materia prima, etc., y paga su precio completo. El proceso del consumo de la fuerza de trabajo es al propio tiempo el proceso de producción de mercancía y de supervalía. 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Hacen un contrato, como personas libres, iguales en derechos. El contrato es el resultado final, en que se dan sus voluntades una común expresión legal. ¡Igualdad!, pues ellos no se relacionan entre sí sino como poseedores de mercancías, y cambian equivalente por equivalente. ¡Propiedad!, pues cada uno sólo dispone de lo suyo. ¡Bentham!, pues para cada uno de los dos no se trata sino de sí mismo. El único poder que los junta y los relaciona es su egoísmo, su ventaja particular, sus intereses privados. Y precisamente porque cada uno no se cuida sino de sí mismo, y ninguno del otro, debido á una armonía preestablecida, ó bajo los auspicios de la más ingeniosa providencia, todos ejecutan la obra de su ventaja recíproca, de la utilidad común, del interés general. 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Este último pasa por eso á ser fuerza de trabajo que se manifiesta en acto, trabajador, lo que antes no era sino en potencia. Para presentar su trabajo en mercancías, tiene, ante todo, que presentarlo en valores de uso, en cosas que sirvan para satisfacer necesidades de una especie cualquiera. Lo que el capitalista hace fabricar á su trabajador es, pues, un artículo determinado, un valor de uso especial. La naturaleza general de la producción de valores de uso no varía porque ésta se verifique para el capitalista y bajo su inspección. Consideremos, pues, primero el proceso del trabajo independientemente de toda forma social determinada. El trabajo es, desde luego, un proceso entre el hombre y la Naturaleza, proceso en que el hombre por su propia obra establece, regula y comprueba sus cambios con la Naturaleza. Ante la materia natural, él se presenta como una fuerza natural. Pone en movimiento las fuerzas naturales propias de su cuerpo, brazos y piernas, cabeza y manos, para apropiarse la materia natural en una forma utilizable para su propia vida. Y al obrar por ese movimiento sobre la naturaleza que le rodea y modificarla, él modifica su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitan en ella y somete á su propio imperio el juego de sus fuerzas. No tenemos que ocuparnos aquí de esas formas primitivas del trabajo, instintivas y semejantes á las de los animales. El estado en que el trabajo humano no se ha despojado aún de su forma primera é instintiva está muy alejado del estado en que el trabajador se presenta en el mercado como vendedor de su propia fuerza de trabajo. Suponemos el trabajo en una forma que es<noinclude></noinclude> 78dhqbx32s7vjlbx8tn7x86c7bsom53 1665358 1665264 2026-06-20T18:34:45Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665358 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|145}}</noinclude>{{t2|Tercera sección|sub=Producción de la supervalía absoluta.}} {{t3|Capítulo V|sub=Proceso de trabajo y proceso de valorización.}} {{t4|I.—Proceso de trabajo.}} El uso de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo lo consume haciendo trabajar á su vendedor. Este último pasa por eso á ser fuerza de trabajo que se manifiesta en acto, trabajador, lo que antes no era sino en potencia. Para presentar su trabajo en mercancías, tiene, ante todo, que presentarlo en valores de uso, en cosas que sirvan para satisfacer necesidades de una especie cualquiera. Lo que el capitalista hace fabricar á su trabajador es, pues, un artículo determinado, un valor de uso especial. La naturaleza general de la producción de valores de uso no varía porque ésta se verifique para el capitalista y bajo su inspección. Consideremos, pues, primero el proceso del trabajo independientemente de toda forma social determinada. El trabajo es, desde luego, un proceso entre el hombre y la Naturaleza, proceso en que el hombre por su propia obra establece, regula y comprueba sus cambios con la Naturaleza. Ante la materia natural, él se presenta como una fuerza natural. Pone en movimiento las fuerzas naturales propias de su cuerpo, brazos y piernas, cabeza y manos, para apropiarse la materia natural en una forma utilizable para su propia vida. Y al obrar por ese movimiento sobre la naturaleza que le rodea y modificarla, él modifica su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitan en ella y somete á su propio imperio el juego de sus fuerzas. No tenemos que ocuparnos aquí de esas formas primitivas del trabajo, instintivas y semejantes á las de los animales. El estado en que el trabajo humano no se ha despojado aún de su forma primera é instintiva está muy alejado del estado en que el trabajador se presenta en el mercado como vendedor de su propia fuerza de trabajo. Suponemos el trabajo en una forma que es<noinclude></noinclude> m0qdkxz8onxdair85krvsfrgy70kpy4 1665374 1665358 2026-06-20T19:13:35Z Ignacio Rodríguez 3603 1665374 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" /></noinclude>{{t2|Tercera sección|sub=Producción de la supervalía absoluta.}} {{t3|Capítulo V|sub=Proceso de trabajo y proceso de valorización.}} {{t4|I.—Proceso de trabajo.}} El uso de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo lo consume haciendo trabajar á su vendedor. 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Pone en movimiento las fuerzas naturales propias de su cuerpo, brazos y piernas, cabeza y manos, para apropiarse la materia natural en una forma utilizable para su propia vida. Y al obrar por ese movimiento sobre la naturaleza que le rodea y modificarla, él modifica su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitan en ella y somete á su propio imperio el juego de sus fuerzas. No tenemos que ocuparnos aquí de esas formas primitivas del trabajo, instintivas y semejantes á las de los animales. El estado en que el trabajo humano no se ha despojado aún de su forma primera é instintiva está muy alejado del estado en que el trabajador se presenta en el mercado como vendedor de su propia fuerza de trabajo. 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El trabajador no ejecuta solamente un cambio de forma de las materias naturales; realiza al propio tiempo en ellas su fin, que él conoce, que determina como ley su modo de obrar, y al cual tiene que subordinar su voluntad. Esta subordinación no es un acto aislado. Además del esfuerzo de los órganos que trabajan, durante todo el trabajo se requiere una voluntad adecuada, que se manifiesta como atención, y tanto más, por su contenido y modo de ejecución, arrastra el trabajo al trabajador, cuanto menos lo disfruta éste, pues, como juego de sus fuerzas corporales é intelectuales. Los elementos simples del proceso de trabajo son la actividad adecuada ó el trabajo mismo, su objeto y su medio. La tierra (en la cual, desde el punto de vista económico, se comprende también el agua), que originariamente provee de víveres al hombre, se encuentra desde un principio, sin intervención de éste, como objeto general del trabajo humano. Todas las cosas que el trabajo no hace más que separar de su inmediata conexión con la tierra, son objetos de trabajo naturalmente preexistentes. Así es el pescado que se separa de su elemento de vida, el agua; la madera que se corta en la selva primitiva, el mineral que se desprende de su vena. Si, por el contrario, el objeto de trabajo ha sido ya, por decirlo así, filtrado en un trabajo previo, lo llamamos materia prima. Por ejemplo, el mineral ya extraído, que después es lavado. Toda materia prima es objeto de trabajo; pero no todo objeto de trabajo es materia prima. El objeto de trabajo no es materia prima sino cuando ha sufrido ya una modificación mediante trabajo. El medio de trabajo es una cosa ó un conjunto de cosas que el trabajador pone entre él y el objeto de trabajo, y que le sirven como conductores de su actividad sobre este objeto. Él utiliza las propiedades mecánicas, físicas y químicas de las cosas para hacerlas obrar sobre otras cosas como medios de fuerza, conforme á su objeto<ref></ref>. El Como las producciones espontáneas de la tierra se presentan en pequeña cantidad y con completa independencia del hombre, parece que fueran provistas por la Naturaleza de la misma manera que se da á un joven una pequeña suma á fin de ponerlo en el camino de la industria y de hacer su fortuna.» ({{may|James Steuart}}, ''Principles of Polit. Econ.'', ed. Dublín, 1770, vol. 1, pág. 116.) La razón es tan astuta como poderosa. La astucia consiste, en general, en esa actividad intermediaria que, dejando á los objetos obrar los unos sobre los otros<noinclude></noinclude> 90jrh6nnq2a1mtmdqo1zlhkp22fxy6i 1665379 1665265 2026-06-20T22:36:49Z Ignacio Rodríguez 3603 /* Corregido */ 1665379 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|146|CARLOS MARX|}}</noinclude>propia únicamente del hombre. La araña ejecuta operaciones semejantes á las del tejedor, y la abeja avergüenza á más de un arquitecto con la edificación de sus celdas de cera. Pero lo que distingue á primera vista al peor arquitecto de la mejor abeja es que aquél edifica la celda en su cabeza antes de edificarla en cera. Al principiar el proceso de trabajo, ya se representa idealmente el trabajador el resultado en que termina. El trabajador no ejecuta solamente un cambio de forma de las materias naturales; realiza al propio tiempo en ellas su fin, que él conoce, que determina como ley su modo de obrar, y al cual tiene que subordinar su voluntad. Esta subordinación no es un acto aislado. Además del esfuerzo de los órganos que trabajan, durante todo el trabajo se requiere una voluntad adecuada, que se manifiesta como atención, y tanto más, por su contenido y modo de ejecución, arrastra el trabajo al trabajador, cuanto menos lo disfruta éste, pues, como juego de sus fuerzas corporales é intelectuales. Los elementos simples del proceso de trabajo son la actividad adecuada ó el trabajo mismo, su objeto y su medio. 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Si, por el contrario, el objeto de trabajo ha sido ya, por decirlo así, filtrado en un trabajo previo, lo llamamos materia prima. Por ejemplo, el mineral ya extraído, que después es lavado. Toda materia prima es objeto de trabajo; pero no todo objeto de trabajo es materia prima. El objeto de trabajo no es materia prima sino cuando ha sufrido ya una modificación mediante trabajo. El medio de trabajo es una cosa ó un conjunto de cosas que el trabajador pone entre él y el objeto de trabajo, y que le sirven como conductores de su actividad sobre este objeto. Él utiliza las propiedades mecánicas, físicas y químicas de las cosas para hacerlas obrar sobre otras cosas como medios de fuerza, conforme á su objeto<ref name=nota2p146>«La razón es tan astuta como poderosa. La astucia consiste, en general, en esa actividad intermediaria que, dejando á los objetos obrar los unos sobre los otros</ref>. 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Lo provee, por ejemplo, de piedra, con la cual él tira, frota, aprieta, corta, etc. La tierra misma es un medio de trabajo; pero su servicio en la agricultura como medio de trabajo implica, á su vez, toda una serie de otros medios de trabajo y un desarrollo ya relativamente elevado de la fuerza de trabajo<ref></ref>. Una vez que el proceso de trabajo se ha desarrollado algo, necesita de medios de trabajo ya trabajados. En las más antiguas cavernas se encuentran instrumentos y armas de piedra. Al lado de las piedras, la madera, las conchas y los huesos labrados, el animal domesticado, es decir, ya modificado y criado por el trabajo, desempeña el principal papel como medio de trabajo al principio de la historia del hombre<ref></ref>. El uso y la creación de medios de trabajo, aunque ya pertenecen en germen á ciertas especies animales, caracterizan el proceso de trabajo especial del hombre, por lo cual Franklin define al hombre como a toolmaking animal, un animal que fabrica herramientas. La misma importancia que tiene la construcción de los huesos fósiles para el conocimiento de la organización de las especies animales extinguidas, tienen las reliquias de medios de trabajo para juzgar de las formas económico-sociales extinguidas. No lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace, es lo que distingue las épocas económicas<ref></ref>. Los medios de trabajo no son sólo la medida del desarrollo de la fuerza humana de trabajo, sino también indicadores de las relaciones sociales en que se trabaja. Entre los medios de trabajo, son mucho más característicos de la producción social de una época los medios mecánicos, cuyo conjunto podemos denominar sistema óseo y muscular de la producción, que los que sólo sirven para contener el objeto de trabajo, y cuyo conjunto, en general, puede ser designado como sistema vascuconforme á su á propia naturaleza, y sin mezclarse inmediatamente en ese proceso, llega con todo á ejecutar únicamente su fin.» ({{may|Hegel}}, ''Encyklopædie'', Erster Theil, Die Logik, Berlín, 1840, pág. 382.) En su obra, por lo demás, tan pobre, Théorie de l'Econ. polit., París, 1819, enumera Ganilh con acierto, en oposición á los fisiócratas, la gran serie de procesos de trabajo que son la condición previa de la agricultura propiamente dicha. En las Réflexions sur la formation et la distribution des richesses (1766) explica bien Turgot la importancia del animal doméstico para los principios del cultivo. 3 Las mercancías más insignificantes de todas para la comparación tecnológica de diversas épocas de producción son las mercancías de lujo propiamente dichas.<noinclude></noinclude> 1vg3xn38jmjlkx0pijescrknn6ar7pl 1665380 1665266 2026-06-20T22:40:09Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665380 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|147}}</noinclude><ref follow=nota2p146>conforme á su á propia naturaleza, y sin mezclarse inmediatamente en ese proceso, llega con todo á ejecutar únicamente su fin.» ({{may|Hegel}}, ''Encyklopædie, Erster Theil, Die Logik'', Berlín, 1840, pág. 382.)</ref>objeto de que el trabajador se apodera inmediatamente —prescindiendo de la toma de alimentos ya listos, de las frutas, por ejemplo, en que sólo los órganos de su propio cuerpo sirven como medio de trabajo— no es el objeto de trabajo, sino el medio de trabajo. 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En un sentido más lato, hay que contar entre los medios de trabajo, además de las cosas que transmiten la acción del trabajo sobre su objeto, y sirven así, de uno ó de otro modo, de conductores de la actividad, todas las condiciones materiales necesarias, en general, para que el proceso de trabajo tenga lugar. Estas no entran directamente en él; pero sin ellas él no puede realizarse absolutamente, ó sólo de una manera incompleta. El medio de trabajo general de esta especie es la tierra misma, que da al trabajador el locus standi, y á su proceso el campo de acción (field of employment). Medios de trabajo de esta especie, debidos ya á un trabajo anterior, son, por ejemplo, los talleres, canales, caminos, etc. En el proceso de trabajo, la actividad del hombre efectúa, pues, sirviéndose del medio de trabajo, una modificación intencional del objeto de trabajo. El proceso termina en el producto. Su producto es un valor de uso, una materia natural apropiada á las necesidades humanas por una modificación de forma. El trabajo se ha unido á su objeto. Está materializado y el objeto está elaborado. Lo que de parte del trabajador apareció en la forma de movimiento, aparece ahora en el producto como una propiedad en reposo, en la forma del sér. El trabajador ha hilado, y el producto es hilo. Si se considera el conjunto del proceso desde el punto de vista de su resultado, el producto, aparecen el medio de trabajo y el objeto de trabajo como medios de producción 2, y el trabajo mismo como trabajo productivo<ref></ref>. Si del proceso de trabajo sale como producto un valor de uso, otros valores de uso, productos de previos procesos de trabajo, entran en él como medios de producción. El mismo valor de uso, producto de un trabajo, constituye el medio de producción de otro. Los productos no son, pues, sólo resultado, sino á la vez condición del proceso de trabajo. Á excepción de las industrias extractivas, que encuentran sus Aunque hasta ahora la Historiografía ha ignorado el desarrollo de la producción material, y, por lo tanto, la base de toda vida social y toda historia real, se ha dividido al menos los tiempos prehistóricos, según el material de los útiles y las armas, en edad de la piedra, edad del bronce y edad del hierro; pero no en virtud de investigaciones llamadas históricas, sino basándose en estudios de Ciencia natural. 2 Parece paradógico llamar, por ejemplo, al pescado que todavía no se ha cogido medio de producción para la pesca; pero hasta ahora no se ha inventado el arte de coger peces en aguas donde no los hay. 3 Esta determinación del trabajo productivo, como se presenta desde el punto de vista del proceso simple de trabajo, es completamente insuficiente para el proceso de la producción capitalista.<noinclude></noinclude> akfncil695ljnn4yg8ahvrxei4ng4go 1665381 1665267 2026-06-20T22:43:10Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665381 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|148|CARLOS MARX|}}</noinclude>lar de la producción, por ejemplo, tubos, toneles, cestos, baldes, etc. Estos no desempeñan un papel importante sino en la fabricación química<ref>Aunque hasta ahora la Historiografía ha ignorado el desarrollo de la producción material, y, por lo tanto, la base de toda vida social y toda historia real, se ha dividido al menos los tiempos prehistóricos, según el material de los útiles y las armas, en edad de la piedra, edad del bronce y edad del hierro; pero no en virtud de investigaciones llamadas históricas, sino basándose en estudios de Ciencia natural.</ref>. En un sentido más lato, hay que contar entre los medios de trabajo, además de las cosas que transmiten la acción del trabajo sobre su objeto, y sirven así, de uno ó de otro modo, de conductores de la actividad, todas las condiciones materiales necesarias, en general, para que el proceso de trabajo tenga lugar. Estas no entran directamente en él; pero sin ellas él no puede realizarse absolutamente, ó sólo de una manera incompleta. El medio de trabajo general de esta especie es la tierra misma, que da al trabajador el {{latín|locus standi}}, y á su proceso el campo de acción ({{lang|en|field of employment}}). Medios de trabajo de esta especie, debidos ya á un trabajo anterior, son, por ejemplo, los talleres, canales, caminos, etc. En el proceso de trabajo, la actividad del hombre efectúa, pues, sirviéndose del medio de trabajo, una modificación intencional del objeto de trabajo. El proceso termina en el producto. 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Animales y plantas, que se acostumbra á considerar como productos naturales, son, no sólo productos quizá del trabajo del año anterior, sino, en sus formas actuales, el resultado de una transformación prolongada durante muchas generaciones, bajo la intervención del hombre y por medio de trabajo humano. Cuanto á los medios de trabajo particularmente, su inmensa mayoría muestra á la mirada más superficial las huellas de un trabajo anterior. la La materia prima puede constituir la principal substancia de un producto ó no entrar en su formación sino como auxiliar. La materia auxiliar es consumida por el medio de trabajo, como el carbón por máquina de vapor, el aceite por la rueda, el heno por el caballo de tiro, ó se agrega á la materia prima para efectuar en ella una modificación, como el cloro á la tela cruda, el carbón al hierro, el color á la lana, ó facilita la ejecución del trabajo, como las substancias empleadas para alumbrar y calentar el local del trabajo. La diferencia entre materia principal y materia auxiliar desaparece en la industria química propiamente dicha, porque ninguna de las materias primas empleadas reaparece como substancia del producto<ref></ref>. Como cada cosa posce propiedades diversas, y es susceptible por eso de diversos empleos útiles, un mismo producto puede constituir la materia prima de muy diversos procesos de trabajo. Los granos, por ejemplo, son materia prima para el molinero, el fabricante de almidón, el destilador, el ganadero, etc. Como semilla, son materia prima de su propia producción. También el carbón sale de la industria minera como producto y entra en ella como medio de producción. Un mismo producto puede servir en el proceso de trabajo como medio de trabajo y como materia prima, en el engorde de ganado, por ejemplo, en que el ganado, que es la materia prima elaborada, es á la vez medio para la producción de estiércol. Un producto listo ya para el consumo puede hacerse de nuevo materia prima de otro producto, como la uva, materia prima del vino. Otras veces el producto sale del trabajo en formas sólo utilizables como materia prima. En este estado se dice la materia prima que Storch distingue la materia prima propiamente dicha como matière, de las materias auxiliares, que llama materiaux; Cherbuliez designa las materias auxiliares matières instrumentales.<noinclude></noinclude> mct955ar3zfh6r9w3rwu0fyqt68fowe 1665382 1665268 2026-06-20T22:47:03Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665382 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|149}}</noinclude>objetos de trabajo en la Naturaleza, como la minería, la caza, la pesca, etc. (la agricultura sólo en tanto que rompe por primera vez la tierra virgen), todas las ramas de la industria manipulan un objeto, la materia prima, es decir, un objeto de trabajo ya filtrado por otro trabajo, que ya es él mismo producto de trabajo. Así, por ejemplo, la semilla en la agricultura. Animales y plantas, que se acostumbra á considerar como productos naturales, son, no sólo productos quizá del trabajo del año anterior, sino, en sus formas actuales, el resultado de una transformación prolongada durante muchas generaciones, bajo la intervención del hombre y por medio de trabajo humano. Cuanto á los medios de trabajo particularmente, su inmensa mayoría muestra á la mirada más superficial las huellas de un trabajo anterior. La materia prima puede constituir la principal substancia de un producto ó no entrar en su formación sino como auxiliar. La materia auxiliar es consumida por el medio de trabajo, como el carbón por la máquina de vapor, el aceite por la rueda, el heno por el caballo de tiro, ó se agrega á la materia prima para efectuar en ella una modificación, como el cloro á la tela cruda, el carbón al hierro, el color á la lana, ó facilita la ejecución del trabajo, como las substancias empleadas para alumbrar y calentar el local del trabajo. 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Como se ve, un valor de uso aparece como materia prima, medio de trabajo ó producto, según su función determinada en el proceso de trabajo, según el lugar que toma en éste, y con el cambio de lugar cambian esas determinaciones. Al entrar, pues, como medios de producción en nuevos procesos de trabajo, pierden los productos el carácter de producto. No funcionan sino como factores objetivos del trabajo vivo. El hilador considera el huso y el lino simplemente como el medio con que hila y el objeto que hila. Es cierto que no se puede hilar sin huso ni materia que hilar. La existencia de estos productos se sobreentiende, pues, al principiar la hiladura. Pero en este proceso mismo es tan indiferente que el lino y el huso sean productos de un trabajo anterior, como en el acto de la nutrición que el pan sea el producto del trabajo anterior del campesino, del molinero, del panadero, etc. Por el contrario. Si en el proceso de trabajo figuran los medios de producción en su carácter de productos de un trabajo anterior, es por sus defectos. Un cuchillo que no corta, un hilo que continuamente se rompe, etcétera, recuerdan vivamente al cuchillero A y al preparador de hilo E. En los buenos productos se borra la intervención de un trabajo pasado para darles sus propiedades útiles. Una máquina que no sirve en el proceso de trabajo es inútil. Se deteriora además bajo la acción destructiva de los agentes naturales. El hierro se enmohece, la madera se pudre. El hilo que no se teje es algodón perdido. El trabajo viviente tiene que agarrar esas cosas, despertarlas de la muerte, transformarlas, de valores de uso posibles, en reales y efectivos. Lamidas por el fuego del trabajo, apropiadas como sus cuerpos, animadas á sus funciones propias en el proceso, ellas son, en realidad, consumidas, pero intencionalmente, como elementos de formación de nuevos valores de uso, de nuevos productos, aptos para entrar como medios de subsistencia en el consumo individual, ó como medios de trabajo en nuevos procesos de trabajo. Si, pues, los productos existentes son, no sólo resultados, sino también condiciones de existencia del proceso de trabajo, arrojarlos en él, ponerlos en contacto con el trabajo viviente, es, por otra parte, el único medio de conservar y realizar como valores de uso esos productos de un trabajo anterior.<noinclude></noinclude> kpejcbeatu3ij0nm79qoxfwrym9f1qs 1665383 1665269 2026-06-20T22:49:05Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665383 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|150|CARLOS MARX|}}</noinclude>está semielaborada, y mejor sería llamarla producto seriado, como, por ejemplo el algodón, el hilado, el hilo, etc. La materia prima originaria, aunque sea producto ella misma, puede tener que pasar por toda una serie de procesos diversos, en la cual, en una forma siempre variada, funciona siempre de nuevo como materia prima, antes de llegar al último proceso de trabajo, del que sale concluída como medio de vida ó como medio de trabajo. Como se ve, un valor de uso aparece como materia prima, medio de trabajo ó producto, según su función determinada en el proceso de trabajo, según el lugar que toma en éste, y con el cambio de lugar cambian esas determinaciones. Al entrar, pues, como medios de producción en nuevos procesos de trabajo, pierden los productos el carácter de producto. No funcionan sino como factores objetivos del trabajo vivo. El hilador considera el huso y el lino simplemente como el medio con que hila y el objeto que hila. Es cierto que no se puede hilar sin huso ni materia que hilar. La existencia de estos productos se sobreentiende, pues, al principiar la hiladura. Pero en este proceso mismo es tan indiferente que el lino y el huso sean productos de un trabajo anterior, como en el acto de la nutrición que el pan sea el producto del trabajo anterior del campesino, del molinero, del panadero, etc. Por el contrario. Si en el proceso de trabajo figuran los medios de producción en su carácter de productos de un trabajo anterior, es por sus defectos. Un cuchillo que no corta, un hilo que continuamente se rompe, etcétera, recuerdan vivamente al cuchillero A y al preparador de hilo E. En los buenos productos se borra la intervención de un trabajo pasado para darles sus propiedades útiles. Una máquina que no sirve en el proceso de trabajo es inútil. Se deteriora además bajo la acción destructiva de los agentes naturales. El hierro se enmohece, la madera se pudre. El hilo que no se teje es algodón perdido. El trabajo viviente tiene que agarrar esas cosas, despertarlas de la muerte, transformarlas, de valores de uso posibles, en reales y efectivos. Lamidas por el fuego del trabajo, apropiadas como sus cuerpos, animadas á sus funciones propias en el proceso, ellas son, en realidad, consumidas, pero intencionalmente, como elementos de formación de nuevos valores de uso, de nuevos productos, aptos para entrar como medios de subsistencia en el consumo individual, ó como medios de trabajo en nuevos procesos de trabajo. Si, pues, los productos existentes son, no sólo resultados, sino también condiciones de existencia del proceso de trabajo, arrojarlos en él, ponerlos en contacto con el trabajo viviente, es, por otra parte, el único medio de conservar y realizar como valores de uso esos productos de un trabajo anterior. {{np}}<noinclude></noinclude> h77ok67fclx2q33fzfgt2ayirdupgmu Página:El Capital (1898).pdf/157 102 418283 1665270 1654523 2026-06-20T15:52:39Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665270 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|151}}</noinclude>El trabajo gasta sus elementos materiales, su objeto y sus medios, se los come, y es, por lo tanto, un proceso de consumo. Este consumo productivo se distingue del consumo individual en que este último gasta los productos como medios de subsistencia del individuo vivo, mientras que el primero los gasta como medios de vida del trabajo, de la fuerza de trabajo en acción. El producto del consumo individual es, pues, el consumidor mismo, y el resultado del consumo productivo un producto distinto del consumidor. En tanto que su medio y su objeto son ya productos en sí mismos, el trabajo consume productos para crear productos ó utiliza productos como medios de producción de productos. Pero como el proceso de trabajo no se pasa originariamente sino entre el hombre y la tierra tal cual la encuentra, sirven siempre en él los medios de producción existentes en la Naturaleza, que no representan combinación alguna de materia natural y trabajo humano. El proceso de trabajo, como lo hemos expuesto en sus elementos simples y abstractos, la actividad conducente á la producción de valores de uso, la apropiación de los elementos naturales á las necesidades humanas, la condición general de la circulación entre el hombre y la Naturaleza, es una eterna necesidad natural de la vida humana, y, por lo tanto, independiente de toda forma de esta vida é igualmente común á todas sus formas sociales. No hemos necesitado, por eso, presentar al trabajador en relación con otros trabajadores. Bastaban el hombre y su trabajo, por un lado; la Naturaleza y sus materias, por el otro. Así como no se conoce en el gusto del trigo quién lo ha cultivado, no se percibe en este proceso las condiciones bajo las cuales se pasa, si bajo el brutal látigo del capataz de esclavos, ó bajo la vista inquieta del capitalista; si lo ejecuta Cincinato en su par de jugera, ó el salvaje que mata un animal con una piedra<ref></ref>. Volvamos á nuestro capitalista in spe. Lo dejamos después que hubo comprado en el mercado todos los factores necesarios para un proceso de trabajo, los factores objetivos ó medios de producción, el factor personal ó fuerza de trabajo. Con ojo de conocedor, él ha elegido los medios de producción y fuerzas de trabajo apropiados á su negocio particular, hilandería, zapatería, etc. Nuestro capitalista se pone, pues, á consumir la mercancía por él comprada, la fuerza de Por esta razón de alta lógica es por lo que el coronel Torrens ha descubierto en la piedra del salvaje el origen del capital. «En la primera piedra que arroja el salvaje sobre el animal que persigue, en el primer palo que el agarra para tirar la fruta que no puede tomar con las manos, vemos la apropiación de un artículo á fin de adquirir otro, y descubrimos así el origen del capital.» ({{may|R. Torrens}}, ''An Essay on the Production of Wealth'', etc., págs. 70-71.) Ese primer palo (stock) también explica probablemente por qué en inglés stock es sinónimo de capital.<noinclude></noinclude> 4iqifnekywnld09pyg2nqlzwcoewwg4 1665384 1665270 2026-06-20T23:00:29Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665384 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|151}}</noinclude>El trabajo gasta sus elementos materiales, su objeto y sus medios, se los come, y es, por lo tanto, un proceso de consumo. Este consumo productivo se distingue del consumo individual en que este último gasta los productos como medios de subsistencia del individuo vivo, mientras que el primero los gasta como medios de vida del trabajo, de la fuerza de trabajo en acción. El producto del consumo individual es, pues, el consumidor mismo, y el resultado del consumo productivo un producto distinto del consumidor. En tanto que su medio y su objeto son ya productos en sí mismos, el trabajo consume productos para crear productos ó utiliza productos como medios de producción de productos. Pero como el proceso de trabajo no se pasa originariamente sino entre el hombre y la tierra tal cual la encuentra, sirven siempre en él los medios de producción existentes en la Naturaleza, que no representan combinación alguna de materia natural y trabajo humano. El proceso de trabajo, como lo hemos expuesto en sus elementos simples y abstractos, la actividad conducente á la producción de valores de uso, la apropiación de los elementos naturales á las necesidades humanas, la condición general de la circulación entre el hombre y la Naturaleza, es una eterna necesidad natural de la vida humana, y, por lo tanto, independiente de toda forma de esta vida é igualmente común á todas sus formas sociales. No hemos necesitado, por eso, presentar al trabajador en relación con otros trabajadores. Bastaban el hombre y su trabajo, por un lado; la Naturaleza y sus materias, por el otro. Así como no se conoce en el gusto del trigo quién lo ha cultivado, no se percibe en este proceso las condiciones bajo las cuales se pasa, si bajo el brutal látigo del capataz de esclavos, ó bajo la vista inquieta del capitalista; si lo ejecuta Cincinato en su par de [[:en:wikt:iugerum|{{latín|jugera}}]], ó el salvaje que mata un animal con una piedra<ref>Por esta razón de alta lógica es por lo que el coronel Torrens ha descubierto en la piedra del salvaje el origen del capital. «En la primera piedra que arroja el salvaje sobre el animal que persigue, en el primer palo que el agarra para tirar la fruta que no puede tomar con las manos, vemos la apropiación de un artículo á fin de adquirir otro, y descubrimos así el origen del capital.» ({{may|R. Torrens}}, ''An Essay on the Production of Wealth'', etc., págs. 70-71.) Ese primer palo ({{lang|en|stock}}) también explica probablemente por qué en inglés {{lang|en|stock}} es sinónimo de capital.</ref>. Volvamos á nuestro capitalista {{latín|in spe}}. Lo dejamos después que hubo comprado en el mercado todos los factores necesarios para un proceso de trabajo, los factores objetivos ó medios de producción, el factor personal ó fuerza de trabajo. 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Tiene que mar desde luego la fuerza de trabajo como la encuentra en el mercado, y también, por lo tanto, su trabajo, como nació en un período en que todavía no había capitalistas. La transformación del modo de producción por la subordinación del trabajo al capital, no puede acaecer sino más tarde, y por eso hay que considerarla después. toEl proceso de trabajo, al efectuarse como proceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista, muestra ahora dos fenómenos peculiares. El trabajador trabaja bajo la inspección del capitalista á quien pertenece su trabajo. El capitalista atiende á que el trabajo marche en orden y los medios de producción sean convenientemente empleados, es decir, que no se desperdicie materia prima y se cuide del instrumento de trabajo, de modo que no se gaste sino lo necesario para su uso en el trabajo. En segundo lugar, el producto es propiedad del capitalista, no del productor inmediato, el trabajador. El capitalista paga, por ejemplo, el valor diario de la fuerza de trabajo. Su uso, como el de toda otra mercancía, por ejemplo, el de un caballo que alquila por un día, le pertenece, pues, por el día. El uso de la mercancía corresponde á su comprador, y el poseedor de la fuerza de trabajo no da en realidad sino el valor de uso que ha vendido al dar su trabajo. Así que entra en el taller del capitalista pertenece á éste el valor de uso de su fuerza de trabajo, es decir, su uso, el trabajo. Comprando la fuerza de trabajo, el capitalista ha incorporado el trabajo mismo como fermento á los elementos muertos de constitución del producto, que también le pertenecen. Desde su punto de vista, el proceso de trabajo no es sino el consumo de la mercancía fuerza de trabajo que ha comprado, que él, sin embargo, no puede consumir sino agregándole medios de producción. El proceso de trabajo es un proceso entre cosas que el capitalista ha comprado, entre cosas que le pertenecen. El producto de este proceso le pertenece, pues, exactamente como el producto del proceso de fermentación que se pasa en su lagar<ref></ref>. «Los productos son apropiados antes de que se transformen en capital; esta transformación no los sustrae á esa apropiación.» ({{may|Cherbuliez}}, ''Riche ou pauvre'', edición París, 1841, págs. 53-54.) «Al vender su trabajo por una cantidad dada de provisiones, renuncia el proletario completamente á toda participación en el producto. La apropiación de los productos es la misma que antes; no es modificada en manera alguna por la convención mencionada. El producto pertenece exclusiva<noinclude></noinclude> 8f0re6blvm372jgfqoxtqbgnw5p7sui 1665386 1665271 2026-06-20T23:03:57Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665386 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|152|CARLOS MARX|}}</noinclude>trabajo, es decir, hace que el obrero, portador de la fuerza de trabajo, consuma los medios de producción por medio de su trabajo. La naturaleza general del proceso de trabajo no varía naturalmente porque el obrero lo ejecute para el capitalista en lugar de para sí mismo. Pero la intervención del capitalista no puede tampoco modificar desde luego el modo de hacer botines ó de hilar. Tiene que tomar desde luego la fuerza de trabajo como la encuentra en el mercado, y también, por lo tanto, su trabajo, como nació en un período en que todavía no había capitalistas. La transformación del modo de producción por la subordinación del trabajo al capital, no puede acaecer sino más tarde, y por eso hay que considerarla después. El proceso de trabajo, al efectuarse como proceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista, muestra ahora dos fenómenos peculiares. El trabajador trabaja bajo la inspección del capitalista á quien pertenece su trabajo. El capitalista atiende á que el trabajo marche en orden y los medios de producción sean convenientemente empleados, es decir, que no se desperdicie materia prima y se cuide del instrumento de trabajo, de modo que no se gaste sino lo necesario para su uso en el trabajo. En segundo lugar, el producto es propiedad del capitalista, no del productor inmediato, el trabajador. El capitalista paga, por ejemplo, el valor diario de la fuerza de trabajo. Su uso, como el de toda otra mercancía, por ejemplo, el de un caballo que alquila por un día, le pertenece, pues, por el día. El uso de la mercancía corresponde á su comprador, y el poseedor de la fuerza de trabajo no da en realidad sino el valor de uso que ha vendido al dar su trabajo. Así que entra en el taller del capitalista pertenece á éste el valor de uso de su fuerza de trabajo, es decir, su uso, el trabajo. Comprando la fuerza de trabajo, el capitalista ha incorporado el trabajo mismo como fermento á los elementos muertos de constitución del producto, que también le pertenecen. Desde su punto de vista, el proceso de trabajo no es sino el consumo de la mercancía fuerza de trabajo que ha comprado, que él, sin embargo, no puede consumir sino agregándole medios de producción. El proceso de trabajo es un proceso entre cosas que el capitalista ha comprado, entre cosas que le pertenecen. 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Y para nuestro capitalista se trata de dos cosas: quiere primero producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, un artículo destinado á la venta, una mercancía. Y, en segundo lugar, quiere producir una mercancía cuyo valor sea mayor que la suma de los valores de las mercancías necesarias para su producción, los medios de producción y la fuerza de trabajo, para los cuales adelantó buenamente su dinero en el mercado. Él no quiere producir sólo un valor de uso, sino una mercancía, no sólo valor de uso, sino valor, y no sólo valor, sino también supervalía. En realidad, como aquí se trata de la producción de mercancías, evidentemente no hemos considerado hasta ahora sino un lado del proceso. Así como la mercancía misma es á la vez valor de uso y valor, el proceso de su producción tiene que ser á la vez proceso de trabajo y proceso de formación de valor. Consideremos, pues, ahora el proceso de producción como proceso de formación de valor. Sabemos que el valor de toda mercancía es determinado por la cantidad de trabajo materializado en su valor de uso, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Esto rige tampara el producto que obtiene el capitalista como resultado del proceso de trabajo. Hay que calcular, pues, desde luego la cantidad de trabajo materializado en este producto, por ejemplo, en el hilado. bién Para fabricar el hilado ha sido necesaria primero su materia prima, por ejemplo, 10 libras de algodón. No hay que investigar primero el valor del algodón, pues el capitalista lo ha comprado en el mercado por su valor, por ejemplo, en 10 chelines. El trabajo requemente al capitalista, que ha proporcionado las materias primas y las provisiones. Esta es una estricta consecuencia de la ley de la apropiación, cuyo principio fundamental era, al contrario, el derecho exclusivo de todo trabajador á la propiedad de su producto.» (Ibid., pág. 58.) {{may|James Mill}}, ''Elements of Polit. Econ.'', etc., pág. 70: «Cuando los obreros trabajan por un salario, el capitalista es propietario, no sólo del capital (quiere decir los medios de producción), sino también del trabajo (of the labour also). Si se incluye en el concepto de capital, como es usual, lo que se paga como salario, es absurdo hablar del trabajo separadamente del capital. En esc sentido, la palabra capital incluye ambas cosas: capital y trabajo.»<noinclude></noinclude> enmbmjx3mfphrlvej20srfoq9vfqd1h 1665387 1665272 2026-06-20T23:07:22Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665387 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|153}}</noinclude><ref follow=notap152>mente al capitalista, que ha proporcionado las materias primas y las provisiones. 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El valor de uso no es, en general, la cosa {{lang|fe|qu'on aime pour elle-même}} en la producción mercantil. En ésta no se produce, en general, valores de uso sino por y en tanto que son portadores de valor de cambio. Y para nuestro capitalista se trata de dos cosas: quiere primero producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, un artículo destinado á la venta, una mercancía. Y, en segundo lugar, quiere producir una mercancía cuyo valor sea mayor que la suma de los valores de las mercancías necesarias para su producción, los medios de producción y la fuerza de trabajo, para los cuales adelantó buenamente su dinero en el mercado. Él no quiere producir sólo un valor de uso, sino una mercancía, no sólo valor de uso, sino valor, y no sólo valor, sino también supervalía. En realidad, como aquí se trata de la producción de mercancías, evidentemente no hemos considerado hasta ahora sino un lado del proceso. Así como la mercancía misma es á la vez valor de uso y valor, el proceso de su producción tiene que ser á la vez proceso de trabajo y proceso de formación de valor. Consideremos, pues, ahora el proceso de producción como proceso de formación de valor. Sabemos que el valor de toda mercancía es determinado por la cantidad de trabajo materializado en su valor de uso, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Esto rige también para el producto que obtiene el capitalista como resultado del proceso de trabajo. Hay que calcular, pues, desde luego la cantidad de trabajo materializado en este producto, por ejemplo, en el hilado. Para fabricar el hilado ha sido necesaria primero su materia prima, por ejemplo, 10 libras de algodón. No hay que investigar primero el valor del algodón, pues el capitalista lo ha comprado en el mercado por su valor, por ejemplo, en 10 chelines. 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Según la ley general del valor, 10 libras de hilado, por ejemplo, son el equivalente de 10 libras de algodón y 1, de huso, si el valor de 40 libras de hilado al valor de 40 libras de algodón +el valor de un huso entero, es decir, si el mismo tiempo de trabajo es requerido para producir ambos lados de esta ecuación. En este caso, el mismo tiempo de trabajo está representado, una vez por el valor de uso hilado, la otra por los valores de uso algodón y huso. El valor es, al contrario, indiferente que aparezca en forma de hilado, de huso ó de algodón. El hecho de que el huso y el algodón, en lugar de estar quietos uno al lado de otro, entren en combinación en el proceso de hilar, que transforma sus formas de uso y los hace hilado, no afecta más su valor que lo haría su simple cambio por un equivalente en hilado. El tiempo de trabajo requerido para la producción del algodón es parte del requerido para la producción del hilado, del cual es aquél la materia prima, y está contenida, por lo tanto, en el hilado. Lo mismo pasa con el tiempo de trabajo requerido para la producción de la masa de huso, sin cuyo gasto ó consumo el algodón no puede ser hilado<ref></ref>. En tanto, pues, que se trata del valor del hilado, del tiempo de trabajo necesario para su producción, los diversos procesos particulares de trabajo, separados en el espacio y en el tiempo, que tienen que ser recorridos para producir el algodón y la porción de uso gastada, y finalmente hacer hilado del algodón y del huso, pueden ser considerados como fases diversas y sucesivas de un mismo y único proceso de trabajo. Todo trabajo contenido en el hilado es trabajo pasado. Es del todo indiferente que el tiempo de trabajo requerido para la producción de sus elementos constituyentes haya pasado antes y esté en pluscuamperfecto, y el tiempo de trabajo inmediatamente gastado en el proceso final de la hiladura sea, al contrario, más próximo al presente y esté en pretérito perfecto. Si para edificar No sólo el trabajo inmediatamente aplicado á las mercancías afecta su valor, sino también el trabajo empleado en los útiles, herramientas y construcciones de que se sirve ese trabajo.» ({{may|Ricardo}}, ob. cit., pág. 16.)<noinclude></noinclude> qqhweu1ka65e8vkcsk6sm3sysftcm4d 1665388 1665273 2026-06-20T23:16:26Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665388 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|154|CARLOS MARX|}}</noinclude>rido para la producción del algodón está ya expuesto en su precio como trabajo social general. Admitamos, además, que el desgaste de los husos en la elaboración del algodón, que representará también para nosotros todos los otros medios de trabajo empleados, importe un valor de 2 chelines. Si una masa de oro de 12 chelines es el producto de 24 horas ó dos días de trabajo, se sigue, en primer lugar, que en el hilado están contenidos dos días de trabajo. La circunstancia de que el algodón ha cambiado de forma y ha desaparecido por completo la porción gastada de los husos, no debe extraviarnos. Según la ley general del valor, 10 libras de hilado, por ejemplo, son el equivalente de 10 libras de algodón y ¼ de huso, si el valor de 40 libras de hilado = al valor de 40 libras de algodón + el valor de un huso entero, es decir, si el mismo tiempo de trabajo es requerido para producir ambos lados de esta ecuación. En este caso, el mismo tiempo de trabajo está representado, una vez por el valor de uso hilado, la otra por los valores de uso algodón y huso. El valor es, al contrario, indiferente que aparezca en forma de hilado, de huso ó de algodón. El hecho de que el huso y el algodón, en lugar de estar quietos uno al lado de otro, entren en combinación en el proceso de hilar, que transforma sus formas de uso y los hace hilado, no afecta más su valor que lo haría su simple cambio por un equivalente en hilado. El tiempo de trabajo requerido para la producción del algodón es parte del requerido para la producción del hilado, del cual es aquél la materia prima, y está contenida, por lo tanto, en el hilado. Lo mismo pasa con el tiempo de trabajo requerido para la producción de la masa de huso, sin cuyo gasto ó consumo el algodón no puede ser hilado<ref>«No sólo el trabajo inmediatamente aplicado á las mercancías afecta su valor, sino también el trabajo empleado en los útiles, herramientas y construcciones de que se sirve ese trabajo.» ({{may|Ricardo}}, ob. cit., pág. 16.)</ref>. En tanto, pues, que se trata del valor del hilado, del tiempo de trabajo necesario para su producción, los diversos procesos particulares de trabajo, separados en el espacio y en el tiempo, que tienen que ser recorridos para producir el algodón y la porción de uso gastada, y finalmente hacer hilado del algodón y del huso, pueden ser considerados como fases diversas y sucesivas de un mismo y único proceso de trabajo. Todo trabajo contenido en el hilado es trabajo pasado. Es del todo indiferente que el tiempo de trabajo requerido para la producción de sus elementos constituyentes haya pasado antes y esté en pluscuamperfecto, y el tiempo de trabajo inmediatamente gastado en el proceso final de la hiladura sea, al contrario, más próximo al presente y esté en pretérito perfecto. Si para edificar<noinclude>{{listaref}}</noinclude> 205dy4ivd6mw9uciqv0ww6rc4sej7w8 Página:El Capital (1898).pdf/161 102 418287 1665274 1654527 2026-06-20T15:52:54Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665274 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|155}}</noinclude>una casa se necesita una masa determinada de trabajo, por ejemplo, 30 días de trabajo, la cantidad total de tiempo de trabajo incorporado á la casa no cambia en nada porque el 30. día de trabajo entre en la producción 29 días después que el<ref></ref>. Y así el tiempo de trabajo contenido en el material y en los medios de trabajo puede ser considerado exactamente como gastado en un estadio previo del proceso de hilar, antes del trabajo que, bajo la forma de hiladura, se agrega al último. Los valores de los medios de producción, del algodón y del huso, expresados en el precio de 12 chelines, son, pues, partes constituyentes del valor del hilado, ó del valor del producto. Pero hay que llenar dos condiciones. En primer lugar, el algodón y el huso tienen realmente que haber servido para producir un valor de uso. Tienen que haberse hecho hilado, en nuestro caso. Para el valor es indiferente qué valor de uso es su portador, pero su portador tiene que ser un valor de uso. En segundo lugar, se supone que no se ha gastado sino el tiempo de trabajo necesario en las condiciones dadas de la producción social. Si no fuera necesario más que 1 libra de algodón para hacer 1 libra de hilado, no se debe haber gastado más que 1 libra de algodón para hacer 1 libra de hilado. Lo mismo sucede con el huso. Si el capitalista tiene la fantasía de emplear husos de oro en lugar de husos de hierro, en el valor del hilado no se cuenta, sin embargo, sino el trabajo socialmente necesario, es decir, el tiempo de trabajo necesario para la producción de husos de hierro. Sabemos ahora qué parte del valor del hilado constituyen los medios de producción, algodón y huso. Es igual á 12 chelines ó la materialización de dos días de trabajo. Veamos, pues, la parte de valor que agrega al algodón el trabajo mismo del hilador. Tenemos que mirar ahora este trabajo desde un punto de vista completamente distinto del que adoptamos al examinarlo como proceso de trabajo. Se trataba entonces de la actividad conveniente para transformar algodón en hilado. En igualdad de las otras circunstancias, cuanto más apropiado era el trabajo, tanto mejor era el hilado. El trabajo del hilador era específicamente distinto de los otros trabajos productivos, y la diversidad se manifestaba, subjetiva y objetivamente, en el fin particular de la hiladura, en su modo operatorio particular, en la naturaleza particular de sus medios de producción y en el valor de uso especial de su producto. Algodón y huso sirven como medios de subsistencia del trabajo de hilar, pero con ellos no se puede hacer cañones rayados. Por el contrario, en tanto que el trabajo del hilador forma valor, no difiere absolutamente del trabajo del perforador de cañones ó, lo que nos atañe más, de los trabajos del<noinclude></noinclude> p9xomuuumztq0h8g8oy1p9vs3lvig1k 1665389 1665274 2026-06-20T23:18:48Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665389 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|155}}</noinclude>una casa se necesita una masa determinada de trabajo, por ejemplo, 30 días de trabajo, la cantidad total de tiempo de trabajo incorporado á la casa no cambia en nada porque el 30.º día de trabajo entre en la producción 29 días después que el 1.º Y así el tiempo de trabajo contenido en el material y en los medios de trabajo puede ser considerado exactamente como gastado en un estadio previo del proceso de hilar, antes del trabajo que, bajo la forma de hiladura, se agrega al último. Los valores de los medios de producción, del algodón y del huso, expresados en el precio de 12 chelines, son, pues, partes constituyentes del valor del hilado, ó del valor del producto. Pero hay que llenar dos condiciones. En primer lugar, el algodón y el huso tienen realmente que haber servido para producir un valor de uso. Tienen que haberse hecho hilado, en nuestro caso. Para el valor es indiferente qué valor de uso es su portador, pero su portador tiene que ser un valor de uso. En segundo lugar, se supone que no se ha gastado sino el tiempo de trabajo necesario en las condiciones dadas de la producción social. Si no fuera necesario más que 1 libra de algodón para hacer 1 libra de hilado, no se debe haber gastado más que 1 libra de algodón para hacer 1 libra de hilado. Lo mismo sucede con el huso. Si el capitalista tiene la fantasía de emplear husos de oro en lugar de husos de hierro, en el valor del hilado no se cuenta, sin embargo, sino el trabajo socialmente necesario, es decir, el tiempo de trabajo necesario para la producción de husos de hierro. Sabemos ahora qué parte del valor del hilado constituyen los medios de producción, algodón y huso. Es igual á 12 chelines ó la materialización de dos días de trabajo. Veamos, pues, la parte de valor que agrega al algodón el trabajo mismo del hilador. Tenemos que mirar ahora este trabajo desde un punto de vista completamente distinto del que adoptamos al examinarlo como proceso de trabajo. Se trataba entonces de la actividad conveniente para transformar algodón en hilado. En igualdad de las otras circunstancias, cuanto más apropiado era el trabajo, tanto mejor era el hilado. El trabajo del hilador era específicamente distinto de los otros trabajos productivos, y la diversidad se manifestaba, subjetiva y objetivamente, en el fin particular de la hiladura, en su modo operatorio particular, en la naturaleza particular de sus medios de producción y en el valor de uso especial de su producto. Algodón y huso sirven como medios de subsistencia del trabajo de hilar, pero con ellos no se puede hacer cañones rayados. Por el contrario, en tanto que el trabajo del hilador forma valor, no difiere absolutamente del trabajo del perforador de cañones ó, lo que nos atañe más, de los trabajos del<noinclude></noinclude> 58hwivjfe9onykrd34oasjgkmnwohtx Página:El Capital (1898).pdf/162 102 418288 1665390 1654528 2026-06-20T23:22:16Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665390 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|156|CARLOS MARX|}}</noinclude>plantador de algodón y del fabricante de husos, realizados en los medios de producción del hilado. Sólo á causa de esta identidad las operaciones de plantar algodón, hacer husos é hilar pueden constituir partes del mismo valor de conjunto, el valor del hilado, que no difieren sino cuantitativamente. Ya no se trata aquí de la calidad, la condición y el contenido del trabajo, sino sólo de su cantidad. Hay que contar ésta simplemente. Admitimos que el trabajo de hilar es trabajo simple, trabajo social medio. Veremos después que la suposición contraria no cambia en nada el asunto. Durante el proceso de trabajo pasa el trabajo constantemente de la forma de la agitación á la del sér, de la forma del movimiento á la de la objetividad. Después de una hora, el movimiento de hilar está representado por cierta cantidad de hilado, esto es, cierta cantidad de trabajo, una hora de trabajo, está incorporada al algodón. Decimos hora de trabajo, es decir, el gasto de la fuerza vital del hilador durante una hora, pues el trabajo de hilar no figura aquí sino como gasto de fuerza de trabajo, no como el trabajo especial de hilar. Es, pues, de una importancia decisiva que durante el proceso, es decir, durante la transformación de algodón en hilado, no se gaste sino el tiempo de trabajo socialmente necesario. Si en las condiciones normales de la producción, es decir, en las condiciones sociales medias, se tiene que transformar en una hora de trabajo ''a'' libras de algodón en ''b'' libras de hilado, sólo vale como día de trabajo de 12 horas aquel en que se transforma 12×''a'' libras de algodón en 12×''b'' libras de hilado. Pues sólo el tiempo de trabajo socialmente necesario se cuenta como formador de valor. Como el trabajo mismo, también la materia prima y el producto aparecen aquí bajo un aspecto completamente distinto del que presentaban al considerar el proceso mismo de trabajo. La materia prima no figura ahora sino absorbiendo una cantidad determinada de trabajo. Por esa absorción ella se transforma de hecho en hilado, porque la fuerza de trabajo fué gastada y se le agregó en la forma de hiladura. Pero el producto, el hilado, no es ahora sino el medidor del trabajo absorbido por el algodón. Si en una hora se hila 1⅔, libra de algodón, ó se las transforma en 1⅔, libra de hilado, 10 libras de hilado representan 6 horas de trabajo absorbidas. Cantidades de producto, determinadas y fijadas por la experiencia, no representan ahora sino cantidades determinadas de trabajo, masas determinadas de tiempo de trabajo solidificado. Ya no son sino la materialización de una hora, de dos horas, de un día de trabajo social. Que el trabajo sea precisamente el de hilar, su material, algodón, y su producto, hilado, es aquí tan indiferente como que el objeto de trabajo es ya un producto, es decir, materia prima. Si en lugar de<noinclude></noinclude> kp3q9ejg8j0amivea8hdkec9t8mb96g Página:El Capital (1898).pdf/163 102 418289 1665391 1654529 2026-06-20T23:25:44Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665391 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|157}}</noinclude>en la hilandería, estuviera el trabajador ocupado en la mina de carbón, el objeto de trabajo, el carbón, existiría naturalmente. Sin embargo, una cantidad determinada de carbón desprendido de su lecho, un quintal, por ejemplo, representa una cantidad determinada de trabajo absorbido. Al venderse la fuerza de trabajo hemos supuesto que su valor diario = 3 chelines, y que están incorporados en las últimas 6 horas de trabajo; que se requiere, pues, esa cantidad de trabajo para producir la suma media de medios de subsistencia que necesita diariamente el trabajador. Ahora bien; si nuestro hilador transforma durante una hora de trabajo 1⅔ libra de algodón en 1⅔, libra de hilado<ref>Estos números son completamente arbitrarios.</ref>, en 6 horas transformará 10 libras de algodón en 10 libras de hilado. Durante la duración del proceso de hilar absorbe, pues, el algodón 6 horas de trabajo. El mismo tiempo de trabajo está contenido en una cantidad de oro de 3 chelines. Al hilarlo, se agrega, pues, al algodón un valor de 3 chelines. Veamos ahora el valor total del producto, las 10 libras de hilado. Á ellas están incorporados 2½, días de trabajo, 2 días contenidos en el algodón y en el huso, ½ día de trabajo absorbido durante el proceso de hilar. Una masa de oro de 15 chelines representa el mismo tiempo de trabajo. El precio adecuado al valor de las 10 libras de hilado alcanza, pues, á 15 chelines; el de 1 libra de hilado, á 1 chelín y 6 peniques. Nuestro capitalista queda perplejo. El valor del producto es igual al valor del capital adelantado. El valor adelantado no se ha valorizado, no ha engendrado supervalía alguna, el dinero no se ha transformado, pues, en capital. El precio de las 10 libras de hilado es 15 chelines, y 15 chelines se dieron en el mercado por los elementos constituyentes del producto, ó, lo que es lo mismo, los factores del proceso de trabajo: 10 chelines por el algodón, 2 chelines por el desgaste de los husos y 3 chelines por la fuerza de trabajo. De nada que la sirve que se infle el valor del hilado, pues su valor no es más y la suma de los valores repartidos antes entre el algodón, los husos y la fuerza de trabajo, y de esa simple adición de valores existentes no puede resultar jamás una supervalía<ref>Esta es la proposición fundamental en que descansa la doctrina de los fisiócratas de la improductividad de todos los trabajos no agrícolas, y ella es irrefutable para los economistas titulados. «Esta manera de imputar á una cosa el valor de varias otras (por ejemplo, al lino el consumo del tejedor), de aplicar, por decirlo así, capa sobre capa, varios valores sobre uno solo, hace que éste crezca otro tanto...... La palabra adición pinta muy bien el modo como se forma el precio de las obras de mano de obra; ese precio no es más que un total de varios valores consumidos y adicionados juntos. Ahora bien; adicionar no es multiplicar.» ({{may|Mercier de la Riviére}}, ob. cit., pág. 599.)</ref>. Estos valores están ahora con-<noinclude>{{listaref}}</noinclude> shz7nt2xtqugyo5rtwnp30cgmi7gs6v Página:El Capital (1898).pdf/164 102 418290 1665392 1654530 2026-06-20T23:28:56Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1665392 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|158|CARLOS MARX|}}</noinclude>centrados todos en una cosa; pero así estaban en la suma de 15 chelines, antes de que ésta se repartiera en tres compras de mercancías. En sí mismo, este resultado no es extraño. El valor de 1 libra de hilado es 1 chelín y 6 peniques, y por 10 libras de hilado tendría, pues, nuestro capitalista que pagar 15 chelines en el mercado. Que él se compre una casa hecha, ó que la haga edificar, ninguna de estas operaciones aumentará el dinero empleado en la adquisición de la casa. El capitalista, que sabe al dedillo su economía vulgar, dirá quizá que ha adelantado su dinero con la intención de hacer de él más dinero. Pero el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones, y él pudo lo mismo tener la intención de hacer dinero sin producir<ref>Así, por ejemplo, de 1844 á 1847 él sustrajo una parte de su capital del negocio productivo para especular en acciones de ferrocarril. Asi, en tiempo de la guerra civil americana, cerró él la fábrica y echó á la calle á los obreros, para jugar en la Bolsa del algodón de Liverpool.</ref>. Él amenaza. No se le volverá á agarrar. En adelante comprará en el mercado las mercancías ya fabricadas, en lugar de fabricarlas él mismo. Pero si todos sus hermanos capitalistas hacen igual, ¿cómo encontrar mercancías en el mercado? Y no puede comer dinero. Se pone á predicar. Se debería tomar en cuenta su abstinencia. Él podía despilfarrar sus 15 chelines. En lugar de eso, los ha consumido productivamente, haciéndolos hilados. Pero por eso tiene hilados en lugar de remordimientos. Tiene que cuidarse de caer en el papel del atesorador, que nos ha mostrado lo que resulta del ascetismo. Por lo demás, donde no hay nada, el rey pierde sus derechos. Cualquiera que sea el mérito de su abstinencia, no hay nada para pagársela extra, porque el valor del producto que resulta del proceso no es sino igual á la suma de los valores-mercancías que entran en éste. Que se consuele, pues, con que la virtud es su propio premio. En lugar de esto, se hace importuno. El hilado á él no le sirve. Lo ha producido para la venta. Que lo venda, pues, ó, lo que es más sencillo, que en el porvenir no produzca sino cosas para su propio consumo, receta que ya le ha sido prescrita como remedio probado contra la epidemia de la sobreproducción por MacCulloch, su médico de casa. Altanero, él se encabrita. ¿Acaso el obrero, con sus propios miembros, ha podido crear en el aire formaciones de trabajo, producir mercancías? ¿No le dió él la materia, sólo con la cual y en la cual ha podido el obrero dar cuerpo á su trabajo? Puesto que mayor parte de la sociedad se compone de pobres diablos semejantes, ¿no ha prestado él, con sus medios de producción, su algodón y su huso, un inmenso servicio á la sociedad y al trabajador mismo, á quien, además, ha provisto de medios de subsistencia? ¿Y no habría<noinclude>{{listaref}}</noinclude> bo8hp4nr4a0eci3905ija5nbwkwre4u Página:El Capital (1898).pdf/166 102 418292 1665426 1654532 2026-06-21T00:21:44Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665426 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|160|CARLOS MARX|}}</noinclude>el que sine qua, porque el trabajo tiene que ser gastado en forma útil para formar valor. Lo decisivo fué, sin embargo, el valor de uso especial de esta mercancía, de ser fuente de valor, y de más valor que ella misma posee. Este es el servicio especial que el capitalista espera de ella. Y en eso procede según las leyes eternas del cambio de las mercancías. En efecto; el vendedor de la fuerza de trabajo, como el vendedor de toda otra mercancía, realiza su valor de cambio y enajena su valor de uso. No puede adquirir el uno sin desprenderse del otro. El valor de uso de la fuerza de trabajo, el trabajo mismo, pertenece tan poco á su vendedor como el valor de uso del aceite vendido pertenece al negociante en aceite. El poseedor de dinero ha pagado el valor diario de la fuerza de trabajo; á él pertenece, pues, su uso durante el día, el trabajo de todo el día. La circunstancia de que el entretenimiento diario de la fuerza de trabajo no cuesta sino medio día de trabajo, aunque la fuerza de trabajo puede actuar ó trabajar toda una jornada, y que, por lo tanto, el valor que crea su uso durante un día es doble de su propio valor de cambio, es una singular felicidad para el comprador, pero no lesiona en nada los derechos del vendedor. El capitalista ha previsto el caso, que le hace reir. El obrero encuentra, pues, en el taller los medios de producción necesarios para un proceso de trabajo de 12 horas, y no sólo de<ref></ref>. Si 10 libras de algodón absorbieron 6 horas de trabajo y se transformaron en 10 libras de hilado, 20 libras de algodón absorberán 12 horas de trabajo y se transformarán en 20 libras de hilado. Consideremos el producto del proceso de trabajo prolongado. Á las 20 libras de hilado están incorporados ahora 5 días de trabajo, 4 en la masa de algodón y de huso gastada, 1 absorbido por el algodón durante la hiladura. Pero la expresión en oro de 5 días de trabajo es 30 chelines ó 1 libra esterlina y 10 chelines. Este es, pues, el precio de las 20 libras de hilado. La libra de hilado cuesta como antes 1 chelín y 6 peniques. Pero la suma de los valores de las mercancías que han entrado en el proceso ascendía á 27 chelines. El valor del hilado importa 30 chelines. El valor del producto ha aumentado 1/, sobre el valor adelantado para su producción. Se han transformado así 27 chelines en 30 chelines. Han dado una supervalía de 3 chelines. El golpe está dado. El dinero se ha transformado en capital. Todas las condiciones del problema están resueltas sin que hayan sido lesionadas en lo más mínimo las leyes del cambio de mercancías. Se ha cambiado equivalente por equivalente. Como comprador, el capitalista ha pagado cada mercancía en su valor, el algodón, el huso, la fuerza de trabajo. Él hizo después lo que hace todo comprador de mercancías, consumió su valor de uso. El proceso de con<noinclude></noinclude> p4uw47rwxjw5jmhnvcgv53646wqikbz Página:El Capital (1898).pdf/167 102 418293 1665427 1654533 2026-06-21T00:21:47Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665427 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|161}}</noinclude>sumo de la fuerza de trabajo, á la vez proceso de producción de la mercancía, dió un producto de 20 libras de hilado con un valor de 30 chelines. El capitalista vuelve ahora al mercado y vende mercancía, después de haber comprado. Vende la libra de hilado á 1 chelín y peniques, ni un céntimo más ni menos de su valor. Sin embargo, saca de la circulación 3 chelines más que los que en ella puso al principio. Toda esa marcha, la transformación de su dinero en capital, tiene lugar en la esfera de la circulación y no tiene lugar en ella. Por intermedio de la circulación, porque depende de la compra de la fuerza de trabajo en el mercado. Fuera de la circulación, pues ella sólo inicia el proceso de valorización, que se pasa en la esfera de la producción. Y así tout est pour le mieux dans le meilleur des mondes possibles. Al transformar el capitalista dinero en mercancías, que sirven como materias formadoras de un nuevo producto ó como factores del proceso de trabajo, incorporando á su objetividad muerta fuerzas vivas de trabajo, transforma él valor, trabajo pasado, materializado, muerto, en capital, en valor que se valoriza, monstruo animado, que empieza á «trabajar» como si tuviera el diablo en el cuerpo. Si comparamos ahora el proceso de formación de valor y el proceso de valorización, vemos que el proceso de valorización no es sino un proceso de formación de valor que se prolonga más allá de cierto punto. Si este último no dura sino hasta el momento en que el valor de la fuerza de trabajo pagado por el capital es reemplazado por un nuevo equivalente, es simplemente proceso de formación de valor. Si el proceso de formación de valor se prolonga más allá de ese punto, pasa á ser proceso de valorización. Si además comparamos el proceso de formación de valor con el proceso de trabajo, encontramos que este último consiste en el trabajo útil que produce valores de uso. En él, el movimiento es considerado cualitativamente, en su especie y modo particular, en su fin y su contenido. En el proceso de formación de valor el mismo proceso de trabajo se manifiesta sólo por su lado cuantitativo. No se trata ya sino del tiempo que necesita el trabajo para su operación, ó de la duración en la cual es gastada útilmente la fuerza de trabajo. Ya no figuran tampoco las mercancías que entran en el de proceso trabajo, como factores materiales, funcionalmente determinados, de la fuerza de trabajo en actividad adecuada á sus fines. Ya no cuentan sino como cantidades determinadas de trabajo materializado. Sea contenido en los medios de producción, sea agregado por la fuerza de trabajo, el trabajo no cuenta ya sino según su medida de tiempo. Es de tantas horas, tantos días, etc. No cuenta, sin embargo, sino en tanto que el tiempo gastado en<noinclude></noinclude> 51w3haainewul5wyh8pc7lxumpz87mc Página:El Capital (1898).pdf/168 102 418294 1665428 1654534 2026-06-21T00:21:53Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665428 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|162|CARLOS MARX|}}</noinclude>la producción del valor de uso es el socialmente necesario. Esto importa varias cosas. La fuerza de trabajo tiene que funcionar en las condiciones normales. Si en la hiladura el medio de trabajo dominante en la sociedad es la máquina de hilar, no se puede dar un torno al trabajador. No se puede tampoco darle desechos que á cada momento se rompan, en lugar de algodón de calidad normal. En am-1 bos casos emplearía él más del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una libra de hilado, y ese exceso de tiempo no formaría valor ó dinero. Pero el carácter normal de los factores materiales del trabajo no depende del trabajador, sino del capitalista. Otra condición es el carácter normal de la fuerza de trabajo misma. Ésta tiene que poseer el término medio de habilidad, destreza y celeridad dominante en el ramo en que es empleada. Pero nuestro capitalista compró en el mercado de trabajo fuerza de trabajo de calidad normal. Esta fuerza tiene que ser gastada en el término medio ordinario de tensión, con el grado de intensidad socialmente usual. De esto cuida el capitalista con tanta ansiedad como de que no se pierda tiempo alguno sin trabajar. Ha comprado la fuerza de trabajo por un espacio de tiempo determinado, y quiere recibir lo que le pertenece. No quiere ser robado. Finalmente y para esto tiene el mismo señor su propio code pénal, no debe hacerse ningún consumo inútil de materia prima y medios de trabajo, porque el material ó el medio de trabajo desperdiciados son cantidades de trabajo materializado superfluamente gastadas, que, por lo tanto, no se cuentan ni entran en el producto de la formación de valor<ref></ref>. Esta es una de las circunstancias que encarecen la producción basada en la esclavitud. En ella, según la gráfica expresión de los antiguos, el trabajador no se distinguiría sino como instrumentum vocale del animal, instrumentum semivocale, y la herramienta inanimada, instrumentum mutum. Pero él hace sentir al animal y la herramienta, que no es su igual, sino un hombre. Para hacerse sentir él mismo lo que le distingue de ellos, los maltrata y los destruye con amore. En ese modo de producción rige, pues, como principio económico el de no emplear sino los instrumentos de trabajo más toscos y pesados; pero que por su misma grosera solidez es más dificil deteriorar. Por eso, hasta que estalló la guerra civil, en los Estados esclavistas del golfo de Méjico había arados de la antigua forma china, que hozaban el suelo como un cerdo ó un topo, pero no le hendían ni le daban vuelta. Compárese {{may|J. C. Cairns}}, ''The Slave Power'', Londres, 1862, pág. 46 y sig. En su obra Sea Bord Slave States dice, entre otras cosas, Olmsted: «Me muestran aquí herramientas que entre nosotros ningún hombre en su juicio permitiría entregar á un trabajador á quien pagara salario, y cuyos excesivos peso y tosquedad me parece que harían el trabajo por lo menos un 10 por 100 mayor que con las usadas ordinariamente entre nosotros. Y se me asegura que tan descuidado y grosero es el modo como las usan los esclavos, que no se podría darles con buena economía nada más liviano y menos tosco, y que herramientas como las que damos constantemente á nuestros trabajadores, encontrando en ello nuestro provecho, no durarían un día en un campo de Virginia, aunque son mucho más livianos y más limpios de piedras que los nuestros. Así, también, cuando pregunto por qué las mulas reemplazan tan universalmente á los caballos en la hacienda, la primera razón que se me da, y declaradamente la más concluyente, es que los caballos no pueden soportar el tratamiento á que los someten siempre los negros; en manos de éstos, los caballos están pronto<noinclude></noinclude> ph6xsre65ad38uct1olcalm46v7fmoc Página:El Capital (1898).pdf/169 102 418295 1665429 1654535 2026-06-21T00:21:56Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665429 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|163}}</noinclude>Se ve que la diferencia que, al analizar la mercancía, encontramos entre el trabajo como creador de valor de uso y el mismo trabajo como creador de valor, se ha manifestado ahora como diferencia de los varios lados del proceso de producción. Como unión de proceso de trabajo y proceso de formación de valor, el proceso de producción es proceso de producción de mercancías; como unión de proceso de trabajo y proceso de valorización es proceso capitalista de producción, forma capitalista de la producción de mercancías. Se ha notado antes que para el proceso de valorización es completamente indiferente que el trabajo apropiado por el capitalista sea trabajo simple, trabajo social medio ó trabajo complicado, de más alto peso específico. El trabajo que, frente al trabajo social medio, figura como más alto y complicado, es la exteriorización de una fuerza de trabajo en que entran costos más altos de educación, cuya producción cuesta más tiempo de trabajo, y que tiene, por lo tanto, un valor más alto que la fuerza simple de trabajo. Como el valor de esta fuerza es más alto, ella se manifiesta en un trabajo más elevado y, en los mismos espacios de tiempo, se materializa, por lo tanto, en valores relativamente más elevados. Cualquiera que sea, sin embargo, la diferencia de grado entre el trabajo del hilador y el del joyero, la porción de trabajo por medio de la cual el joyero reemplaza sólo el valor de su propia fuerza de trabajo, no se distingue cualitativamente, en manera alguna, de la porción adicional de trabajo por medio de la cual crea supervalía. Como antes, la supervalía no proviene sino de un exceso cuantitativo de trabajo, de la duración prolongada del mismo proceso de trabajo: en un caso, proceso de la producción de hilado; en el otro, proceso de la producción de joyas<ref></ref>. despeados ó estropeados, mientras que las mulas sufren palizas, ó se quedan sin comer de cuando en cuando, sin gran daño, y no se resfrian ni enferman, si las descuidan ó las recargan de trabajo. Pero no necesito ir más allá de la ventana del cuarto en que estoy escribiendo, para ver, casi á cada momento, tratar los animales de un modo que motivaría el inmediato despido del conductor casi por cualquier agricultor del Norte que fuera su dueño.» La diferencia entre trabajo complejo y trabajo simple, skilled y unskilled labour, reposa en parte sobre simples ilusiones ó, á lo menos, sobre diferencias que hace tiempo han cesado de ser reales y no subsisten sino como una convención tradicional, y en parte sobre la indigenčia de ciertas capas de la clase trabajadora, que no les permite exigir, como otras, el valor de su fuerza de trabajo. Circunstancias accidentales desempeñan también tan gran papel, que las mismas especies de trabajo cambian alternativamente de lugar. Por ejemplo, donde la substancia física de la clase trabajadora está debilitada y relativamente agotada, como en todos los países de avanzada producción capitalista, los trabajos brutales, que exigen mucha fuerza muscular, se ponen por encima de trabajos mucho más finos, que descienden á la categoría de trabajo simple. En Inglaterra, por ejemplo, el trabajo del bricklayer (albañil) ocupa un lugar mucho más alto que el del tejedor de damasco. Entretanto, el trabajo del fustian cutter (cortador de fustán) figura como trabajo «sim<noinclude></noinclude> 466izale4d8ncnqaug43j4zg0079q07 Página:El Capital (1898).pdf/170 102 418296 1665430 1654536 2026-06-21T00:21:58Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665430 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|164|CARLOS MARX|}}</noinclude>Por otra parte, en todo proceso de formación de valor hay que reducir siempre el trabajo más elevado á trabajo medio social, por ejemplo, un día de trabajo más elevado á x días de trabajo simple<ref></ref>. Evitamos, pues, una operación superflua y simplificamos el análisis admitiendo que el trabajador empleado por el capital efectúa trabajo social medio ó simple. {{t3|Capítulo VI|sub=Capital constante y capital variable.}} Los diversos factores del proceso de trabajo toman una parte distinta en la formación del producto-valor. El trabajador agrega nuevo valor al objeto de trabajo, agregándole una cantidad determinada de trabajo, con independencia del contenido, fin y carácter técnico especiales de su trabajo. Encontramos de nuevo, por otra parte, los valores de los medios de producción gastados como componentes del producto-valor, por ejemplo, los valores del algodón y del huso en el valor del hilado. El valor de los medios de producción se conserva, pues, por su transmisión al producto. Esta transmisión tiene lugar durante la transformación de los medios de producción en producto, en el proceso de trabajo. Se hace mediante el trabajo. Pero ¿cómo? El trabajador no hace al mismo tiempo un trabajo doble, el uno para agregar valor al algodón por medio de su trabajo, el otro para conservar su valor anterior, ó, lo que es lo mismo, para transmitir al ple», aunque cuesta mucho esfuerzo corporal y es además muy malsano. No hay que figurarse, por lo demás, que el llamado skilled labour forme una parte cuantitativamente considerable del trabajo nacional. Laing calcula que en Inglaterra (y Gales) la existencia de más de 11 millones reposa sobre trabajo simple. Quitando un millón de aristocratas y millón y medio de pobres, vagos, criminales, prostitutas, etc., de los 18 millones que componían la población en tiempo de su obra, quedan 4.650.000 de la clase media, comprendidos en ella los pequeños rentistas, empleados, escritores, artistas, maestros de escuela, etc. Para obtener estos 4 2/ millones, él cuenta entre la porción que trabaja de la clase media, además de los banqueros, etc., ¡todos los trabajadores de fábrica» mejor pagados! No faltan tampoco los bricklayers entre los trabajadores «de potencia». Le quedan entonces los 11 millones indicados. ({{may|S. Laing}}, ''National Distress'', etc., Londres, 1844.) «La gran clase de los que no tienen nada que dar por su alimento sino trabajo ordinario, son la gran masa del pueblo.» ({{may|James Mill}}, en el art. Colony; suplemento á la Encyclop. Brit., 1831.) 3 Cuando se hace referencia al trabajo como medida de valor, se entiende necesariamente trabajo de una clase particular..... siendo fácilmente averiguada la proporción que con ella guardan las otras clases.» (Oudines of Polit. Econ., Londres, 1832, págs. 22-23.)<noinclude></noinclude> blkawm13f6bnha3exknmg42zkx3pa3f Página:El Capital (1898).pdf/171 102 418297 1665431 1654537 2026-06-21T00:22:05Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665431 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|165}}</noinclude>producto, el hilado, el valor del algodón, que elabora, y del huso, con que trabaja. Por la simple adición de nuevo valor es como él conserva el antiguo. Pero como la adición de nuevo valor al objeto de trabajo. la conservación del valor antiguo en el producto son dos resultados completamente distintos obtenidos al propio tiempo por el trabajador, aunque no trabaja sino una vez al propio tiempo, esta bilateralidad del resultado no puede evidentemente explicarse sino la por bilateralidad del trabajo mismo. En el mismo momento, el trabajo, en virtud de una propiedad, tiene que crear valor y, en virtud de la otra, que conservarlo ó transmitirlo. sólo ¿Cómo agrega el obrero tiempo de trabajo y, por consiguiente, valor? Siempre sólo en la forma del modo peculiar de su trabajo productivo. El hilador no agrega valor sino hilando; el tejedor, tejiendo; el forjador, forjando. Pero por la forma adecuada en que ellos, en general, agregan trabajo, y, por consiguiente, nuevo valor, por las operaciones de hilar, de tejer y de forjar, los medios de producción, algodón y huso, hilado y telar, hierro y yunque, pasan á ser elementos de formación de un producto, de un nuevo valor de uso<ref></ref>. La aná una tigua forma de su valor de uso desaparece, pero para pasar nueva forma de valor de uso. Al considerar el proceso de formación de valor, vimos que mientras un valor de uso es convenientemente gastado en la producción de un nuevo valor de uso, el tiempo de trabajo necesario para la elaboración del valor de uso gastado constituye una parte del tiempo de trabajo necesario para la elaboración del nuevo valor de uso, y es, por lo tanto, tiempo de trabajo transportado de los medios de producción gastados al nuevo producto. El trabajador conserva, pues, los valores de los medios de producción gastados, ó los transporta al producto como constituyentes de su valor, no por la adición de trabajo, sino por el carácter útil especial, por la forma productiva especial de ese trabajo adicional. En su carácter de actividad productiva adecuada, hilar, tejer, forjar, el trabajo, por su simple contacto, despierta de la muerte á los medios de producción, los anima como factores del proceso de trabajo y se combina con ellos en los productos. Si el trabajo productivo especial del trabajador no fuera el de hilar, no transformaría el algodón en hilado, ni transportaría tampoco, por lo tanto, al hilado los valores del algodón y del huso. Si, por el contrario, el mismo trabajador cambia de oficio y se hace carpintero, en un día de trabajo él añadirá valor, lo mismo que antes, á su material. Lo agrega, pues, por su trabajo, no porque éste sea trabajo de hilador ó de carpintero, sino porque es trabajo abstracto, so«El trabajo da una creación nueva por otra que desaparece.» (An Essay on the Polit. Econ. of Nations, Londres, 1821, pág. 13.)<noinclude></noinclude> 1lgm7qr3xi33ril6li7p7l90suecs8a Página:El Capital (1898).pdf/172 102 418298 1665432 1654538 2026-06-21T00:22:13Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665432 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|166|CARLOS MARX|}}</noinclude>cial, y agrega una magnitud de valor determinada, no porque su trabajo tenga un contenido útil especial, sino porque dura un tiempo determinado. En su carácter abstracto general, como gasto de fuerza humana de trabajo, el trabajo del hilador agrega, pues, nuevo valor á los valores del algodón y del huso, y en su carácter concreto, especial, útil, como proceso de hilar, transmite al producto el valor de esos medios de producción, y conserva así su valor en el producto. De ahí la bilateralidad de su resultado en un mismo momento. Por la simple adición cuantitativa de trabajo, se agrega nuevo valor; por la calidad del trabajo agregado, se conservan en el producto los antiguos valores de los medios de producción. Esta acción bilateral del trabajo, consecuencia de su carácter bilateral, se muestra en diversos fenómenos de un modo palpable. Supongamos que un invento cualquiera permite al hilador hilar en 6 horas tanto algodón como antes en 36. Como actividad práctica, útil y productiva, la fuerza de su trabajo se ha sextuplicado. Su producto es seis veces mayor, 36 en lugar de 6 libras de hilado. Pero las 36 libras de algodón no absorben ahora más trabajo que antes 6 libras. Se les añade seis veces menos valor que con el antiguo método, es decir, sólo un sexto del valor de antes. Por otra parte, en el producto, las 36 libras de hilado, existe ahora el séxtuplo de valor en algodón. En las 6 horas de hiladura se conserva y transporta al producto un valor seis veces mayor de materia prima, aunque el valor nuevo agregado á la materia prima es seis veces menor. Esto muestra cuán esencialmente distinta es la propiedad en virtud de la cual, durante un mismo proceso indivisible, el trabajo conserva valores, de la propiedad en virtud de la cual crea valor. Cuanto más tiempo necesario de trabajo entra en una cantidad dada de algodón durante la hiladura, tanto mayor es el nuevo valor que se agrega al algodón; pero cuantas más son las libras de algodón hiladas en un tiempo dado de trabajo, tanto mayor es el valor antiguo conservado en el producto. Admitamos, por el contrario, que la productividad del trabajo de hilar no varía, y que el hilador necesita, pues, tanto tiempo como antes para transformar en hilado una libra de algodón; pero que el valor de cambio del algodón mismo varía, y el precio de una libra de algodón suba al séxtuplo ó baje á la sexta parte. En ambos casos el hilador continúa agregando á la misma cantidad de algodón el mismo tiempo de trabajo, es decir, el mismo valor, y en ambos casos produce en el mismo tiempo igual cantidad de hilado. Sin embargo, el valor que él transmite del algodón al producto, el hilado, es, en un caso, seis veces menor, y, en el otro, seis veces mayor que antes. Lo mismo sucede cuando se encarecen ó abaratan los medios de tra<noinclude></noinclude> qoavlg7po5495m8abspt2ffiwl24xt1 Página:El Capital (1898).pdf/173 102 418299 1665433 1654539 2026-06-21T00:22:22Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665433 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|167}}</noinclude>bajo, pero prestan siempre el mismo servicio en el proceso de trabajo. Si las condiciones técnicas de la operación de hilar no varían, ni hay tampoco cambio alguno del valor de sus medios de producción, en tiempos de trabajo iguales el hilador gasta cantidades iguales de materia prima y de maquinaria de valores iguales á las de antes. El valor que él conserva en el producto está entonces en razón directa del valor nuevo que agrega. En dos semanas agrega dos veces más trabajo que en una semana, y, por lo tanto, dos veces más valor, y al mismo tiempo utiliza dos veces más material de dos veces más valor, y gasta dos veces más maquinaria de dos veces más valor, y conserva, por lo tanto, en el producto de dos semanas dos veces más valor que en el producto de una semana. Si las condiciones de la producción no varían, el trabajador conserva tanto más valor, cuanto más valor agrega; pero no conserva más valor porque agrega más valor, sino porque lo agrega en condiciones constantes é independientes de su propio trabajo. Puede decirse, sin embargo, en un sentido relativo, que el trabajador conserva siempre valores antiguos en la misma proporción en que agrega valor nuevo. Que el algodón suba de 1 chelín á 2 chelines, ó baje á 6 peniques, el obrero conserva siempre en el producto de una hora sólo la mitad del valor-algodón que en el producto de dos horas, de cualquier modo que ese valor varíe. Si varía, por fin, la productividad de su propio trabajo, si sube ó baja, hilará él, por ejemplo, en una hora de trabajo, más ó menos algodón que antes, y conservará, por consiguiente, más ó menos valor-algodón en el producto de una hora de trabajo. De todos modos, conservará en dos horas de trabajo dos veces más valor que en una hora de trabajo. El valor, haciendo abstracción de su representación puramente simbólica por el signo de valor, no existe sino en un valor de uso, en una cosa. (El hombre mismo, considerado como simple existencia de fuerza de trabajo, es un objeto natural, una cosa, aunque una cosa viva y consciente, y el trabajo mismo es la exteriorización objetiva de esa fuerza.) Si se pierde, pues, el valor de uso, se pierde también el valor. Los medios de producción no pierden su valor al propio tiempo que su valor de uso, porque en el proceso de trabajo ellos no pierden, en realidad, la figura primitiva de su valor de uso para adquirir en el producto la figura de otro valor de uso. Pero es tan importante para el valor existir en un valor de uso cualquiera, como indiferente la especie de este valor de uso, según lo muestra la metamorfosis de las mercancías. Se sigue de ahí que en el proceso de trabajo el valor no pasa del medio de producción al producto sino en tanto que el medio de producción, junto con su propio valor de uso, pierde también su valor de cambio. No transmite al producto sino el sino<noinclude></noinclude> 37r54d7r94pjvgsmd5u2vddt2a16b3v Página:El Capital (1898).pdf/174 102 418300 1665434 1654540 2026-06-21T00:22:24Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665434 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|168|CARLOS MARX|}}</noinclude>valor que pierde como medio de producción. Pero, á este respecto, los factores materiales del proceso de trabajo se comportan diferentemente. El carbón con que se calienta la máquina desaparece sin dejar rastros, lo mismo que el aceite con que se unta el eje de la rueda, etc. Los colores y otras materias auxiliares desaparecen, pero se muestran en las propiedades del producto. La materia prima constituye la substancia del producto, pero ha variado de forma. La materia prima y las materias auxiliares pierden, pues, la figura propia con que entraron como valores de uso en el proceso de trabajo. Otra cosa sucede con los medios de trabajo propiamente dichos. Un instrumento, una máquina, el edificio de una fábrica, un vaso, etc., no sirven en el proceso de trabajo sino mientras conservan su figura primitiva, y entrarán mañana en el proceso de trabajo en la misma forma que ayer. Y así como durante su vida, el proceso de trabajo, ellos conservan frente al producto su figura propia, así también después de su muerte. Los cadáveres de las máquinas, herramientas, edificios de trabajo, etc., existen siempre separados de los productos que ayudanon á formar. Considerando ahora el período entero durante el cual sirve uno de esos medios de trabajo, desde el día de su entrada en el taller hasta el día de su destierro entre los trastos viejos, vemos que durante ese período su valor de uso ha sido enteramente consumido por el trabajo, y su valor de cambio ha pasado por eso completamente al producto. Si una máquina de hilar, por ejemplo, ha durado diez años, durante los diez años de proceso de trabajo todo su valor ha pasado al producto de los diez años. El período de vida de un medio de trabajo comprende, pues, un número mayor menor de procesos de trabajo repetidos siempre con él. Le sucede al medio de trabajo como al hombre. Todo hombre muere diariamente veinticuatro horas. Pero no se ve con precisión en ningún hombre cuántos días lleva ya muerto. Esto no impide, sin embargo, á las Compañías de seguros sobre la vida sacar de la vida media del hombre conclusiones muy seguras y, lo que es más aún, muy provechosas. Y así con el medio de trabajo. Se sabe por experiencia cuánto tiempo dura, término medio, una máquina de cierta especie. Supongamos que su valor de uso en el proceso de trabajo dure sólo seis días. Ella pierde cada día, término medio, 1/6 de su valor de uso, y transmite, por lo tanto, 1 de su valor al producto diario. De ese modo se calcula el desgaste de todos los medios de trabajo, por ejemplo, su pérdida diaria de valor de uso, y su correspondiente transmisión diaria de valor al producto. Es patente, pues, que un medio de producción nunca transmite al producto más valor que el que pierde en el proceso de trabajo por el aniquilamiento de su valor de uso. Si no tuviera valor alguno que<noinclude></noinclude> scdcowuqc317vb1e7mv247v7rug08or Página:El Capital (1898).pdf/175 102 418301 1665435 1654541 2026-06-21T00:22:27Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665435 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|169}}</noinclude>perder, es decir, si no fuera él mismo un producto de trabajo humano, no transmitiría valor alguno al producto. Serviría como formador de valor de uso, sin servir como formador de valor de cambio. En este caso están todos los medios de producción que existen naturalmente, sin intervención del hombre, como la tierra, el viento, el agua, el hierro en la veta, la madera de la selva virgen, etc. Se nos presenta aquí otro fenómeno interesante. Supongamos que una máquina vale, por ejemplo, 1.000 libras esterlinas y se gasta en 1.000 días. En este caso, 1/1000 del valor de la máquina pasa diariamente de ésta á su producto. Al propio tiempo, aunque con una fuerza vital decreciente, la máquina entera actúa siempre en el proceso de trabajo. Se ve, pues, que un factor del proceso de trabajo, un medio de producción, entra por entero en el proceso de trabajo, pero sólo en parte en el proceso de valorización. La diferencia entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización se refleja aquí en sus factores objetivos, puesto que en el mismo proceso de producción el mismo medio de trabajo se cuenta por entero como elemento del proceso de trabajo, y sólo por fracciones como elemento de la formación de valor<ref></ref>. Por otra parte, un medio de producción puede inversamente entrar por completo en el proceso de valorización, aunque entre sólo en parte en el proceso de trabajo. Supongamos que, al hilar el algodón, de 115 libras se pierden 15, que no se hacen hilado, sino devil's dust. Si esta pérdida de 15 por 100 es normal é inevitable en la elaboración media del algodón, el valor de las 15 libras de algodón que no forman elemento alguno del hilado entra en el valor de éste tanto No se trata aquí de las reparaciones de los medios de trabajo, máquinas, construcciones, etc. Una máquina, al ser reparada, no funciona como medio de trabajo, sino como objeto de trabajo. No se trabaja con ella, sino que ella misma es trabajada para reparar su valor de uso. Podemos siempre suponer esos trabajos de reparación ind tidos en el trabajo requerido para la producción del medio de trabajo. En el texto se trata del desgaste que ningún doctor puede curar, y que trae poco a poco la muerte; de «esa clase de desgaste que no puede ser reparado de tiempo en tiempo, y que, en el caso de un cuchillo, lo reduciría al fin á un estado en que el cuchillero dijera de él: no vale la pena de una nueva hoja». Se ha visto en el texto que una máquina, por ejemplo, entra por entero en cada proceso particular de trabajo, pero sólo por partes en el simultáneo proceso de valorización. Puede juzgarse, según eso, la siguiente confusión de conceptos: «Mr. Ricardo habla de la parte del trabajo del ingeniero al hacer máquinas de hacer medias», como contenido, por ejemplo, en el valor de un par de medias. «Sin embargo, el trabajo total que produjo cada par de medias..... incluye el trabajo entero del ingeniero, no una parte; porque una máquina hace muchos pares, y ninguno de esos pares podría haber sido hecho sin todas las partes de la máquina.» (Observations on certain verbal disputes in Pol. Econ., pnrticularly relating to value, and to demand an {{asc|I}} supply, Londres, 1821, pág. 54.) El autor, un wiseacre de una presunción poco común, no tiene razón en su confusión y en su polémica sino en cuanto ni Ricardo, ni ningún otro economista, antes ó después de él, han distinguido con exactitud ambos lados del trabajo, y, por lo tanto, han analizado aún menos sus distintos papeles en la formación de valor.<noinclude></noinclude> afs9y5w9u0ulz1c6cu6pmy4xcnobjds Página:El Capital (1898).pdf/176 102 418302 1665436 1654542 2026-06-21T00:22:39Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665436 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|170|CARLOS MARX|}}</noinclude>como el valor de las 100 libras de algodón que constituyen su substancia. El valor de uso de 15 libras de algodón tiene que pulverizarse para hacer 100 libras de hilado. La destrucción de ese algodón es, pues, una condición de producción del hilado. Por eso precisamente transmite al hilado su valor. Esto es aplicable á todos los excrementos del proceso de trabajo, á lo menos en cuanto esos excrementos no forman á su vez nuevos medios de producción y, así, nuevos valores de uso. En las grandes fábricas de máquinas de Manchester se ve montañas de residuos de hierro, arrancados por máquinas ciclópeas en forma de virutas, que á la tarde pasan, en grandes carros, de la fábrica á la fundición, para volver al día siguiente de la fundición á la fábrica en forma de hierro macizo. Durante el proceso de trabajo los medios de producción no transmiten valor á la figura del producto, sino en tanto que lo pierden en la figura de sus antiguos valores de uso. La pérdida máxima de valor que pueden sufrir en el proceso de trabajo está evidentemente limitada á la magnitud primitiva de valor con que entraron en el proceso de trabajo ó por el tiempo de trabajo requerido para su propia producción. Los medios de producción no pueden, pues, agregar jamás al producto más valor que el que poseen, independientemente del proceso de trabajo en que sirven. Por útil que sea un material de trabajo, una máquina, un medio de producción, si cuesta 150 libras esterlinas, ó sea 500 días de trabajo, nunca agrega al producto para cuya producción sirve más de 150 libras esterlinas. Su valor es determinado, no por el proceso de trabajo en que entra como medio de producción, sino por el proceso de trabajo de que sale como producto. En el proceso de trabajo él no sirve sino como valor de uso, como cosa con propiedades útiles, y no daría valor alguno al producto si no hubiera poseido valor antes de entrar en el proceso<ref></ref>. f Se comprende, según eso, lo absurdo del insípido J.—B. Say, que quiere derivar la supervalía (interés, ganancia, renta) de los services pro luctifs que los medios de producción, tierra, instrumentos, cuero, etc., prestan en el proceso de trabajo por medio de sus valores de uso. El Sr. Wilhelm Roscher, que no pierde fácilmente la ocasión de registrar por escrito ingeniosas ocurrencias apologéticas, exclama: «Muy exactamente observa J.—B. Say, Traité, t. 1, c. {{asc|IV}}, que el valor producido por un molino de aceite, deducidos todos los gastos, es algo nuevo, esencialmente distinto del trabajo, por cuyo medio el mismo molino de aceite ha sido creado.» (Ob. cit., pág. 82, nota.); Muy exactamente! El «aceite» producido por el molino de aceite es algo muy distinto del trabajo que cuesta la construcción del molino. Por valor entiende el Sr. Roscher cosas tales como naceite, puesto que el «aceite» tiene valor; pero como en la Naturaleza» se encuentra aceite mineral, aunque relativamente no «mucho», él hace esta otra observación: «Ella (¡la Naturaleza!) casi no produce valores de cambio.» A la Naturaleza de Roscher le pasa con el valor de cambio lo que á la joven que confesaba haber tenido un hijo, pero tan pequeño!» El mismo «sabio» (savant sérieux) observa también, en la ocasión arriba indicada: «La escuela de Ricardo acostumbra comprender también el capital en el concepto de trabajo, como «trabajo reservado». Esto es inhábil (!), porque (!) el poseedor de capital (!) ha hecho, por supuesto (!), más (!) que la simple (?!) producción (?)<noinclude></noinclude> gediz1x62g0dcuyieplbddq0b64eb54 Página:El Capital (1898).pdf/177 102 418303 1665437 1654543 2026-06-21T00:22:42Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665437 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|171}}</noinclude>Al transformar el trabajo productivo los medios de producción en elementos constituyentes de un nuevo producto, el valor de aquéllos pasa por una metempsicosis. Pasa del cuerpo gastado al cuerpo nuevamente formado. Pero esa transmigración de almas se hace en cierto modo sin que lo sepa el trabajo real. El obrero no puede agregar nuevo trabajo, ni crear, por lo tanto, nuevo valor, sin conservar valores ya existentes, pues tiene que agregar siempre el trabajo en una forma útil determinada, y no puede agregarlo en forma útil sino tomando productos como medios de producción de un nuevo producto y transmitiendo así su valor al nuevo producto. Es, pues, una dote natural de la fuerza de trabajo activa, del trabajo viviente, la de conservar valor al agregarlo, dote natural que no cuesta nada al trabajador, pero que importa mucho al capitalista: como que le conserva el valor existente en el capital<ref></ref>. Mientras el negocio marcha bien, el capitalista está demasiado absorbido por la acumulación, para ver esa dote gratuíta del trabajo. Violentas interrupciones del proceso de trabajo, las crisis, le hacen percatarse dolorosamente de ella<ref></ref>. Lo que se consume de los medios de producción es, en general, su valor de uso, por cuyo consumo el trabajo forma productos. Su valor no es consumido en realidad 3, ni puede, por consiguiente, ser reproducido. Se conserva, pero no porque en el proceso de trabajo se verifique con él mismo alguna operación, sino porque el valor de uso en que originariamente existía desaparece, es cierto, pero no desaparece sino en otro valor de uso. El valor de los medios de producy (??) conservación del mismo (¿de cuál?): abstenerse de un placer, por el cual exige intereses, por ejemplo.» (Ob. cit.) Cuán hábil es este método anatomo-fisiológico» de la Economía política, que de una simple exigencia» saca ya «valor». «De todos los instrumentos del oficio del cultivador, el trabajo humano..... es aquel con que más puede contar para reembolsar su capital. Los otros dos - los animales de trabajo y los..... carros, arados, azadas, etc., sin una porción determinada del primero, no son nada absolutamente.» ({{may|Edmund Burke}}, ''Thoughts and details on scarcity'', originally presented to the Rt. Hon. W. Pitt in the month of November 1795, ed. Londres, 1800, pág. 10.) 2 En The Times del 26 de noviembre de 1862, un fabricante cuya hilandería ocupa 800 obreros y consume semanalmente un término medio de 150 balas de algodón de la India ó, poco más ó menos, 130 balas de americano, se lamenta ante el público de los gastos anuales que le ocasiona la parada de su fábrica. Los aprecia en 6.000 libras esterlinas. Entre esos gastos se encuentran muchos de que no tene.nos ahora que ocuparnos, como la renta del terreno, los impuestos, la primas de seguros, los salarios de trabajadores contratados por año, gerente, tenedor de libros, ingeniero, etcétera. Pero, además, calcula él 150 libras esterlinas de carbón para calentar la fábrica de cuando en cuando y poner ocasionalmente en movimiento la máquina de vapor, aparte del salario de los trabajadores empleados á veces para mantener corriente» la maquinaria. Cuenta, por fin, 1.200 libras esterlinas por deterioro de la maquinaria, pues «el tiempo y el principio natural de deterioro no suspenden sus operaciones porque la máquina de vapor deje de girar». Hace notar exp. esamente que esta suma de 1.200 libras esterlinas es tan moderada porque la maquinaria se encuentra ya muy gastada. 3 «Consumo productivo: cuando el consumo de un artículo es parte del proceso de producción... En estos casos no hay consumo de valor.» ({{may|S. P. Newman}}, ob. cit., pág. 296.)<noinclude></noinclude> nazaq833w4qoexz4snco3mei7dfkwhq Página:El Capital (1898).pdf/178 102 418304 1665438 1654544 2026-06-21T00:22:44Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665438 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|172|CARLOS MARX|}}</noinclude>ción aparece, pues, de nuevo en el valor del producto, pero, hablando con precisión, no es reproducido. Lo que se produce es el nuevo valor de uso, en que reaparece el antiguo valor de cambio<ref></ref>. Con el factor subjetivo del proceso de trabajo, la fuerza de trabajo en actividad, pasa otra cosa. Mientras el trabajo, por su forma adecuada, transporta al producto y en él conserva el valor de los medios de producción, en cada momento de su movimiento forma valor adicional, nuevo valor. Supongamos que el proceso de trabajo se interrumpa en el momento en que el trabajador ha producido el equivalente del valor de su propia fuerza de trabajo, y en un trabajo de 6 horas, por ejemplo, ha agregado un valor de 3 chelines. Este valor constituye el exceso del valor del producto sobre los componentes que debe al valor de los medios de producción. Es el único valor original formado dentro de ese proceso, la única parte del valor del producto, que ha sido producida por el proceso mismo. Por lo demás, ella no hace más que reemplazar el dinero adelantado por el capitalista al comprar la fuerza de trabajo, y gastado por el trabajador en medios de subsistencia. Respecto de los 3 chelines gastados, el nuevo valor de 3 chelines aparece sólo como su reproducción. Pero ese valor ha sido reproducido realmente, no sólo aparentemente, como el valor de los medios de producción. El reemplazo de un valor por otro se hace aquí mediante una nueva creación de valor. Sabemos ya, sin embargo, que el proceso de trabajo se prolonga más allá del punto en que se ha reproducido y agregado al objeto de trabajo simplemente el equivalente del valor de la fuerza de trabajo. En lugar de las 6 horas que bastan para esto, el proceso dura, por ejemplo, 12 horas. La fuerza de trabajo en acción, no sólo reproduce, pues, su propio valor, sino que produce un valor excedente. Esta supervalía constituye el exceso del valor del producto sobre el valor de los elementos gastados en la formación del producto, es decir, de los medios de producción y la fuerza de trabajo. En un compendio norteamericano, que quizá ha tenido ya veinte ediciones, se lee: «No importa en qué forma reaparece el capital.» Después de una prolija enumeración de todos los ingredientes posibles de la producción cuyo valor reaparece en el producto, dice por fin: «Las diversas clases de alimento, vestido y habitación, necesarias para la existencia y comodidad del sér humano, se transforman, pues. Son consumidas de tiempo en tiempo, y su valor reaparece en el nuevo vigor comunicado á su cuerpo y á su mente, formando nuevo capital, para ser empleado otra vez en el trabajo de la producción.» ({{may|F. Weyland}}, ob. cit., págs. 31-32.) Prescindiendo de todas las otras maravillas, no es, por ejemplo, el precio del pan lo que reaparece en la fuerza renovada, sino sus substancias formadoras de sangre. Lo que, por el contrario, reaparece como valor de la fuerza, no son los medios de subsistencia, sino su valor. Los mismos medios de subsistencia, cuando no cuestan sino la mitad, producen exactamente tanto músculo, hueso, etc., en una palabra, la misma fuerza, pero no fuerza del mismo valor. Esta transformación de «valor» en fuerza», y toda esa oscuridad farisaica, ocultan la tentativa, vana por lo demás, de conseguir una supervalía por la simple reaparición de valores adelantados.<noinclude></noinclude> 5mnwel8ef8hi1xbyyenhp0h2hc004yi Página:El Capital (1898).pdf/179 102 418305 1665439 1654545 2026-06-21T00:22:46Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665439 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|173}}</noinclude>Al exponer los diversos papeles que desempeñan en la formación del valor del producto los diversos factores del proceso de trabajo, hemos caracterizado en realidad las funciones de las diversas partes constituyentes del capital en su propio proceso de valorización. El excedente del valor total del producto sobre la suma de los valores de sus elementos constituyentes es el excedente del capital valorizado sobre el valor-capital adelantado en un principio. Los medios de producción, por una parte, y la fuerza de trabajo, por la otra, no son sino las formas diversas de existencia que el valor-capital originario tomó al despojarse de su forma moneda y transformarse en los factores del proceso de trabajo. La parte del capital invertida en medios de producción, es decir, en materia prima, materias auxiliares y medios de trabajo, no varía, pues, de magnitud de valor en el proceso de producción. Por eso la llamo parte constante del capital ó, más corto, capital constante. Por el contrario, la parte del capital invertida en fuerza de trabajo varía de valor en el proceso de producción. Ella reproduce su propio equivalente y da además un excedente, supervalía, que puede variar y ser mayor ó menor. Esta parte del capital se transforma sin cesar de magnitud constante en magnitud variable. Por eso la llamo parte variable del capital ó, más corto, capital variable. Los mismos elementos del capital que, desde el punto de vista del proceso de trabajo, se distinguen como factores objetivos y subjetivos, como medios de producción y fuerza de trabajo, desde el punto de vista del proceso de valorización se distinguen como capital constante y capital variable. El concepto del capital constante no excluye, en manera alguna, una revolución del valor de sus elementos. Supongamos que la libra de algodón cueste hoy 6 peniques, y suba mañana á 1 chelín á consecuencia de un déficit en la cosecha del algodón. El algodón ya existente, que continúa siendo elaborado, ha sido comprado en 6 peniques, pero agrega ahora al producto un valor de 1 chelín. Y el algodón ya hilado, que quizá ya circula en el mercado, añade igualmente al producto el doble de su valor primero. Se ve, sin embargo, que estos cambios de valor son independientes de la valorización del algodón al ser hilado. Si el antiguo algodón no hubiera entrado aún en el proceso de trabajo, podría ahora volver á venderse á 1 chelín en lugar de 6 peniques. Al contrario: este resultado es tanto más seguro, cuantos menos son los procesos de trabajo por que el algodón ha pasado ya. Por eso, cuando sobrevienen estas revoluciones del valor, es una ley de la especulación la de especular sobre la materia prima en su forma menos elaborada, es decir, más bien sobre el hilado que sobre el tejido, y sobre el algodón mismo que sobre el hi<noinclude></noinclude> 95seqhtvegid9vtehbv3tr3qwj32i9d Página:El Capital (1898).pdf/180 102 418306 1665440 1654546 2026-06-21T00:22:48Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665440 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|174|CARLOS MARX|}}</noinclude>lado. La variación de valor proviene en este caso del proceso que produce el algodón, no del proceso en que él funciona como medio de producción, y, por lo tanto, como capital constante. Es cierto que el valor de una mercancía es determinado por la cantidad de trabajo contenida en ella, pero esta cantidad misma es socialmente determinada. Si ha variado el tiempo de trabajo socialmente requerido para su producción la misma cantidad de algodón, por ejemplo, representa mayor cantidad de trabajo cuando la cosecha es mala que cuando es buena, eso es de un efecto retroactivo sobre la antigua mercancía, que no vale siempre sino como un ejemplar de su especie, cuyo valor es siempre medido por el tiempo socialmente necesario, es decir, necesario en las actuales condiciones sociales. Como el valor de la materia prima, puede variar el valor de los medios de trabajo que están sirviendo ya en el proceso de producción de la maquinaria, etc., y, por lo tanto, también la porción de valor que transmiten al producto. Si, por ejemplo, á consecuencia de un nuevo invento, se produce maquinaria de la misma especie con menor gasto de trabajo, la maquinaria antigua se desvaloriza más ó menos, y por eso transmite también al producto relativamente menos valor. Pero también aquí la variación de valor se origina fuera del proceso de producción en que funciona la máquina como medio de producción. En este proceso ella no transmite nunca más valor que el que posee independientemente de él. Así como una variación del valor de los medios de producción, aunque obre en retroceso sobre ellos después que han entrado en el proceso, no modifica su carácter de capital constante, una variación de la proporción entre el capital constante y el variable no toca en nada á su diferencia funcional. Las condiciones técnicas del proceso de trabajo pueden, por ejemplo, transformarse de modo que donde antes 10 obreros con 10 herramientas de poco valor elaboraban una masa relativamente pequeña de materia prima, 1 obrero elabore ahora con una máquina valiosa cien veces más materia prima. En este caso, el capital constante, es decir, la masa de valor de los medios de producción empleados, habría crecido mucho, y la parte variable del capital, la adelantada en fuerza de trabajo, habria descendido mucho. Esta variación no modifica, sin embargo, más que la proporción de magnitud entre el capital constante y el variable, ó la proporción en que el capital total se descompone en los elementos constante y variable, pero no toca á la diferencia de constante y variable. «Todas las producciones de un mismo género no forman propiamente sino una masa, cuyo precio se determina en general y sin atender á las circunstancias particulares.» ({{asc|L}} {{may|Trosne}}, ob. cit., pág. 893.)<noinclude></noinclude> 1e014ko74sqr8rf0saych2cieupa1fx Página:El Capital (1898).pdf/181 102 418307 1665441 1654547 2026-06-21T00:22:50Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665441 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|175}}</noinclude>{{t3|Capítulo VII|sub=Tasa de la supervalía.}} 175 {{t4|I.—Grado de explotación de la fuerza de trabajo.}} La supervalía, que el capital adelantado C ha engendrado en el proceso de producción, ó la valorización del valor-capital adelantado C, se presenta desde luego como excedente del valor del producto sobre la suma de los valores de los elementos de su producción. El capital C se descompone en dos partes, una suma de dinero c, que es gastada en medios de producción, y otra suma de dinerov, que es gastada en fuerza de trabajo; c representa, por lo tanto, la porción de valor transformada en capital constante, y v la transformada en capital variable. Al principio es, pues, C=c+v, por ejem= C 410 lib. 90 lib. plo, el capital adelantado de 500 libras esterlinas Al fin del proceso de producción resulta una mercancía, cuyo valor=c+v+m, en que m representa la supervalía, por ejemplo, m 410 lib. +90 lib. +90 lib. El primitivo capital C se ha transformado en C', de 500 libras esterlinas en 590 libras esterlinas. La diferencia entre ambos es = m, una supervalía de 90. Como el valor de los elementos de producción es igual al valor del capital adelantado, es en realidad una tautología decir que el excedente del valor del producto sobre el valor de los elementos de su producción es igual á la valorización del capital adelantado ó á la supervalía producida. Esta tautología exige, sin embargo, un examen más detenido. Lo que se compara con el valor del producto es el valor de los elementos de producción consumidos para formarlo. Ahora bien; hemos visto que la parte del capital constante empleado, consistente en medios de trabajo, no transmite al producto sino una parte de su valor, mientras que la otra parte continúa existiendo en su antigua forma. Como esta última parte no desempeña papel alguno en la formación de valor, hay que hacer aquí abstracción de ella. Su inclusión en la cuenta no modificaría nada. Supongamos que c = 410 libras consiste en 312 libras de materia prima, 44 libras de materias auxiliares y 54 libras de desgaste de maquinaria durante el proceso, pero que el valor de la ma<noinclude></noinclude> ln3s8xlhxpls2p8gpnyfmcqx2x11tn0 Página:El Capital (1898).pdf/182 102 418308 1665442 1654548 2026-06-21T00:22:59Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665442 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|176|CARLOS MARX|}}</noinclude>quinaria realmente empleada alcance á 1.054 libras. Como valor adelantado para la formación del valor del producto contamos sólo el valor de 54 libras que la maquinaria pierde al funcionar y transmite, por eso, al producto. Si contáramos también las 1.000 libras esterlinas que continúan existiendo en su antigua forma, como máquina de vapor, etc., tendríamos que contarlas en ambos lados, del lado del valor adelantado y del lado del valor-producto 1, y así obtendríamos, respectivamente, 1.500 libras esterlinas y 1.590 libras esterlinas. La diferencia ó la supervalía sería de 90 libras esterlinas, lo mismo que antes. Como capital constante adelantado para la producción de valor entendemos, pues, donde del conjunto no resalte lo contrario, sólo el valor de los medios de producción consumidos en la producción. Esto supuesto, volvamos á la fórmula C=c+v, que se transforma en C'=c+v+m, y por eso mismo C en C'. Se sabe que el valor del capital constante no hace más que reaparecer en el producto. El producto-valor realmente nuevo engendrado en el proceso es, pues, diferente del producto-valor obtenido del proceso y, por lo tanto, no, como parece á primera vista, c+v+m, C {{asc|V}} m {{asc|V}} m ó 410 lib. +90 lib. +90, sino v+m, ó 90 lib. +90 lib., no 590 libras, sino 180 libras. Si el capital constante c fuera = 0, en otras palabras, si hubiera ramos de la industria en que el capitalista no tuviera que emplear ningún medio de producción producido, ni materia prima, ni materias auxiliares, ni instrumentos de trabajo, sino materias naturalmente existentes y fuerza de trabajo, no habría parte constante de valor alguna que transmitir al producto. Este elemento del valor del producto, 410 libras esterlinas en nuestro ejemplo, desaparecería; pero el producto-valor de 180 libras esterlinas, que contiene 90 libras esterlinas de supervalía, permanecería siendo tan grande como si c fuese la mayor suma de valor. Tendríamos entonces que C=0+v=v, y C', el capital valorizado, v+m, C' C, como antes, = m. Si, por el contrario, fuera m = 0, en otras palabras, si la fuerza de trabajo cuyo valor es adelantado en el capital variable, no hubiera producido sino un equivalente, sería C=c+vy C' (el valor del producto) =c+v+0, y, por lo tanto, C=C'. El capital adelantado no se habría valorizado. 1 «Si contamos el valor del capital fijo empleado como una parte de los adelantos, tenemos que contar el valor remanente de ese capital al fin del año como una parte de los retornos anuales.» ({{may|Malthus}}, ''Princ. of Pol. Econ.'', segunda edición, Londres, 1836, pág. 269.)<noinclude></noinclude> i7odsp85314w93ipuegafj4e7fyharf Página:El Capital (1898).pdf/183 102 418309 1665443 1654549 2026-06-21T00:23:12Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665443 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|177}}</noinclude>En realidad, ya sabemos que la supervalía es una simple consecuencia de la variación de valor por que pasa v, la porción del capital invertida en fuerza de trabajo, y que, por lo tanto, v+m=v+Av (v más incremento de v). Pero la variación real de valor y la proporción en que el valor varía no se presentan muy claras porque, á consecuencia del crecimiento de su porción variable, crece también en su conjunto el capital adelantado. Era 500 y pasa á ser 590. Para un exacto análisis del proceso es necesario, pues, hacer completa abstracción de la parte del valor-producto en que simplemente reaparece el valor-capital constante, es decir, suponer el capital constante c = 0, y aplicar así una ley de la matemática empleada siempre que se opera con magnitudes variables y constantes, y la magnitud constante no está unida con la variable sino por adición ó substracción. Otra dificultad proviene de la forma primitiva del capital variable. Así, en el ejemplo anterior es C' = 410 libras de capital constante +90 libras de capital variable +90 libras de supervalía. 90 libras esterlinas son, sin embargo, una cantidad dada, y, por lo tanto, constante, por lo cual parece absurdo tratarla como cantidad variable. Pero 90 libras, ó 90 libras de capital variable, no es aquí, en realidad, sino un símbolo del proceso que recorre este valor. La porción de capital adelantada en la compra de la fuerza de trabajo es una cantidad determinada de trabajo materializado, y, por lo tanto, una cantidad constante de valor, como el valor de la fuerza de trabajo comprada. Pero en el proceso mismo de la producción, en lugar de las 90 libras adelantadas está la fuerza de trabajo en actividad; en lugar de trabajo muerto, trabajo vivo; en lugar de una cantidad en reposo, una en movimiento; en lugar de una constante, una variable. El resultado es la reproducción de v más el incremento de v. Desde el punto de vista de la producción capitalista, toda esa marcha es el movimiento propio del valor, primitivamente constante, invertido en fuerza de trabajo. Á él se atribuye el proceso y su resultado. Si la fórmula 90 libras de capital variable, ó valor que se valoriza, parece, pues, contradictoria, ella no hace más que expresar una contradicción inmanente de la producción capitalista. La igualación del capital constante con 0 extraña á primera vista. Sin embargo, en la vida diaria se la realiza constantemente. Cuando se quiere, por ejemplo, calcular la ganancia que da á Inglaterra la industria del algodón, ante todo se quita el precio del algodón pagado á los Estados Unidos, India, Egipto, etc.; es decir, se hace = 0 el valor-capital que simplemente reaparece en el valor-producto. Por supuesto, que la relación de la supervalía, no sólo con la parte del capital de que ella inmediatamente proviene, y cuya va<noinclude></noinclude> 46ruiizy8i4o99em83f05maoba6x0ro Página:El Capital (1898).pdf/184 102 418310 1665444 1654550 2026-06-21T00:23:21Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665444 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|178|CARLOS MARX|}}</noinclude>riación de valor representa, sino también con el capital total adelantado, tiene su gran significado económico. Por eso tratamos extensamente de ella en el libro {{asc|III}}. Para valorizar una parte del capital, invirtiéndolo en fuerza de trabajo, hay que transformar en medios de producción otra parte del capital. Para que funcione el capital variable, hay que adelantar capital constante en las proporciones correspondientes, según el carácter técnico determinado del proceso de trabajo. Pero la circunstancia de que para una operación química se necesita retortas y otros recipientes, no impide en el análisis hacer abstracción de la retorta. En tanto que se considera puramente en sí mismas la creación y la variación de valor, los medios de producción, figuras materiales del capital constante, no dan sino la substancia en que ha de fijarse la fuerza líquida formadora de valor. La naturaleza de esa substancia es, por lo tanto, indiferente, algodón ó hierro. Es también indiferente el valor de esa substancia. Basta con que su masa sea suficiente para poder absorber la cantidad de trabajo que ha de gastarse durante el proceso de producción. Dada esa masa, su valor puede subir ó bajar, ó puede ella no tener valor alguno, como la tierra y el mar, sin que en nada se afecte el proceso de la creación y variación del valor<ref></ref>. Suponemos, pues, desde luego la porción constante del capital como igual á<ref></ref>. El capital adelantado se reduce así de c+vá v, y el valor-producto c+v+m al producto-valor v+m. Dado el producto-valor = 180 libras esterlinas, en que se expresa el trabajo que fluye durante todo el tiempo del proceso de producción, tenemos que quitar el valor del capital variable = 90 libras esterlinas, para obtener la supervalía = 90 libras esterlinas. El número 90 libras esterlinas = m expresa la magnitud absoluta de la supervalía producida. Pero su magnitud proporcional, es decir, la proporción en que el capital variable se ha valorizado, está evidentemente determinada por la proporción de la supervalía respecto del capital variable, ó está expresada por En el ejemplo anterior, pues, por 90/90 100 por 100. Á esta valorización proporcional del capital variable, ó á la magnitud proporcional de la supervalía, la llamo tasa de la supervalía<ref></ref>. m v Es evidente, como dijo Lucrecio, que «nihil posse creari de nihilo». De nada no sale nada. «Creación de valor» es inversión de fuerza de trabajo en trabajo. Por su parte, la fuerza de trabajo es, ante todo, substancias naturales transformadas en organismo humano. De la misma manera que dicen los ingleses «rate of profits», «rate of interest», etc. En el libro {{asc|III}} se verá que la tasa de las ganancias es de fácil concepción, una vez que se conoce las leyes de la supervalía. Por el camino opuesto, no se comprende ni l'un, ni l'autre.<noinclude></noinclude> q7o9dcc5bmc7ds1evpfbi9g3jcrdy3m Página:El Capital (1898).pdf/185 102 418311 1665445 1654551 2026-06-21T00:23:29Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665445 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|179}}</noinclude>Hemos visto que durante una parte del proceso de trabajo el trabajador no produce sino el valor de su fuerza de trabajo, es decir, el valor de sus necesarios medios de subsistencia. Como él produce en un estado social que reposa sobre la división del trabajo, no produce directamente sus medios de subsistencia, sino que en la forma de una mercancía particular, de hilado, por ejemplo, produce un valor igual al valor de sus medios de subsistencia, ó al dinero con que los compra. La parte del día de trabajo, que él emplea en eso, es más ó menos larga, según el valor diario medio de sus medios de subsistencia, es decir, según el tiempo de trabajo diario medio requerido para su producción. Si el valor de sus diarios medios de subsistencia representa por término medio 6 horas de trabajo materializado, para producirlo tiene que trabajar el obrero un término medio diario de 6 horas. Si trabajara para sí mismo, independiente, y no para el capitalista, á igualdad de las otras circunstancias, tendría él que trabajar por término medio la misma parte alícuota del día para producir el valor de su fuerza de trabajo y adquirir así los medios de subsistencia necesarios para su propia conservación ó constante reproducción. Pero como en la parte del día de trabajo en que produce el valor diario de la fuerza de trabajo, digamos 3 chelines, no produce sino un equivalente de su valor, que ya ha pagado el capitalista, y no hace así sino reemplazar con el nuevo valor creado el valor-capital variable adelantado, aparece como simple reproducción esa producción de valor. Á la parte de la jornada en que se hace esa reproducción la llamo tiempo de trabajo necesario, y al trabajo gastado durante ella, trabajo necesario<ref></ref>. Necesario para el trabajador, porque lo es independientemente de la forma social de su trabajo; necesario para el capital y su mundo, porque la existencia del trabajador es su base. El segundo período del proceso de trabajo, que excede de los límites del trabajo necesario, cuesta al obrero trabajo, gasto de fuerza de trabajo, pero no forma valor alguno para él. Forma supervalía, que para el capitalista tiene todo el encanto de una creación de la nada. Llamo tiempo extra á esta parte de la jornada, y al trabajo gastado en ella, sobretrabajo (surplus labour). Tan importante como Nota de la tercera edición.—[El autor emplea aquí el lenguaje económico usual. Recuérdese que en las páginas 142-43 ha sido demostrado que, en realidad, el capitalista no adelanta» al obrero, sino el obrero al capitalista.—{{may|F. E}} 2 Hasta ahora hemos empleado en esta obra la expresión «tiempo de trabajo necesario» por el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía en general. Desde ahora la usamos también por el tiempo de trabajo necesario para la producción de la mercancía especial fuerza de trabajo. El empleo de los mismos termini technici en diferente sentido es inconveniente, pero no se le puede evitar por completo en ninguna ciencia. Compárese, por ejemplo, las partes superiores y elementales de las matemáticas.<noinclude></noinclude> 0ljn949ccaqt1mvztuvl5d96mza7zud Página:El Capital (1898).pdf/186 102 418312 1665446 1654552 2026-06-21T00:23:36Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665446 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|180|CARLOS MARX|}}</noinclude>es para el conocimiento del valor en general concebirlo como simple coagulación de tiempo de trabajo, como simple trabajo materializado, es para el conocimiento de la supervalía comprenderla como simple coagulación de tiempo extra, simplemente como sobretrabajo materializado. Sólo la forma en que este sobretrabajo es exprimido del productor inmediato, el trabajador, distingue las formaciones económico-sociales, por ejemplo, la esclavitud y el salariado<ref></ref>. M sobretrabajo Como el valor del capital variable al valor de la fuerza de trabajo que compra, y como el valor de esta fuerza de trabajo determina la parte necesaria de la jornada, mientras que la supervalía es determinada por la porción excedente de la jornada, se sigue: la supervalía es al capital variable como el sobretrabajo al trabajo necesario, ó la tasa de la supervalía Ambas proV trabajo necesario porciones expresan la misma relación en distinta forma, la una en la forma de trabajo materializado, la otra en la de trabajo líquido. La tasa de la supervalía es, pues, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital ó del trabajador por el capitalista<ref></ref>. = {{asc|V}} m Hemos supuesto el valor del producto = 140 lib. +90 lib. +90 lib., y el capital adelantado 500 libras. Como la supervalía = 90 y el capital adelantado = 500, según el modo ordinario de calcular, se obtendría que la tasa de la supervalía (que se confunde con la de la ganancia) = 18 por 100, proporción tan baja, que conmovería al Sr. Carey y demás armonistas. Pero, en realidad, la tasa de la supervalía no es = M C m sino = c+v' m v' es decir, no 90/500, sino 90/90 100 por 100, más del quintuplo del grado de explotación aparente. Ahora bien; aunque en el caso dado no conocemos la magnitud abEl Sr. Guillermo Tucídides Roscher es verdaderamente genial. Ha descubierto que si la formación de supervalía ó superproducto, y la acumulación correspondiente, se debe hoy día á la «economía» del capitalista, que por eso «exige intereses, por ejemplo», «en los estadios inferiores de cultura, por el contrario..... los débiles son forzados por los fuertes á economizar». (Ob. cit., pág. 78.) ¿A ahorrar trabajo? ¿O un excedente de productos que no existe? Además de una ignorancia real, la aprensión apologética de un análisis concienzudo del valor y de la supervalia, y de un resultado desagradable tal vez para la capciosa policía, es lo que obliga á Roscher y comparsa á presentar como razones de ser de la supervalía los justificativos más o menos plausibles del capitalista para apropiársela. 2 Aunque la tasa de la supervalía es la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo, no expresa en manera alguna la magnitud absoluta de la explotación. Si, por ejemplo, el trabajo necesario = 5 horas y el sobretrabajo = 5 horas, el grado de explotación = 100 por 100. La magnitud de la explotación es aquí medida por 5 horas. Pero si el trabajo necesario 6 horas y el sobretrabajo 6 horas, aunque el grado de explotación es siempre de 100 por 100, la magnitud de la explotación crece el 20 por 100, de 5 horas á<ref></ref>.<noinclude></noinclude> eunnpk238q1l62c75ytjp3fxjw5hgkm Página:El Capital (1898).pdf/187 102 418313 1665447 1654553 2026-06-21T00:23:39Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665447 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|181}}</noinclude>soluta del día de trabajo, ni tampoco el período del proceso de trabajo (día, semana, etc.), ni, finalmente, el número de los trabajadores que simultáneamente pone en movimiento el capital variam {{asc|V}} ble de 90 libras, la tasa de la supervalía por ser convertible en sobretrabajo trabajo necesario' nos muestra exactamente la proporción recíproca de las dos partes constituyentes de la jornada. Es de 100 por 100. Es decir, el obrero trabajaba la mitad del día para sí, y la otra para el capitalista. En resumen, el método para calcular la tasa de la supervalía es, pues, este: tomamos el valor total del producto, y reducimos á 0 el valor-capital constante, que en él no hace sino reaparecer. La suma de valor restante es el único valor producido realmente en el proceso de formación de la mercancía. Si conocemos la supervalía, la substraemos de ese valor conocido, para encontrar el capital variable. Inversamente, cuando éste es conocido y buscamos la supervalía. Si ambos son conocidos, no hay que hacer sino la operación final, calcular la proporción de la supervalía al capital variable m {{asc|V}} Por sencillo que sea este método, parece conveniente ejercitar al lector, por medio de algunos ejemplos, en el modo de ver poco usual que le sirve de base. Veamos primero el ejemplo de una hilandería de 10.000 husos, que de algodón americano hacen hilado núm. 32, á razón de 1 libra de hilado por semana y por huso. El desecho es de 6 por 100. Semanalmente, pues, se elaboran 10.000 libras de algodón, y se obtiene 10.000 libras de hilado y 600 libras de desecho. En abril de 1871 este algodón cuesta 73, peniques por libra, y, por lo tanto, 10.600 libras, en cifra redonda, 342 libras esterlinas. Los 10.000 husos, comprendidas la máquina de hilar grueso y la máquina de vapor, cuestan 1 libra esterlina por huso, es decir, 10.000 libras esterlinas. Su desgaste importa el 10 por 100 = 1.000 libras esterlinas, ó semanalmente 20 libras esterlinas. El alquiler del edificio de la fábrica es de 300 libras esterlinas, ó 6 libras esterlinas por semana. El carbón (4 libras por hora y por caballo de fuerza, para 100 caballos de fuerza [indicador] y 60 horas por semana, comprendida la calefacción del edificio), 11 toneladas por semana, á razón de 8 chelines y 6 peniques la tonelada, cuesta semanalmente alrededor de 4 1/2 libras esterlinas; gas, 1 libra esterlina por semana; aceite, 4 1/2 libras esterlinas por semana; esto es, todas las materias auxiliares, 10 libras esterlinas por semana. La porción de valor constante es, pues, de 378 libras esterlinas por semana. El salario asciende á 52 libras esterlinas por se<noinclude></noinclude> 6t9afaqbr1c1i5174cf16dn5ykozufd Página:El Capital (1898).pdf/188 102 418314 1665448 1654554 2026-06-21T00:23:41Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665448 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|182|CARLOS MARX|}}</noinclude>mana. El precio del hilado es de 12, peniques por libra, ó 10.000 libras = 510 libras esterlinas; la supervalía, pues, 510-430 = 80 libras esterlinas. Suponemos la porción de valor constante de 378 libras esterlinas = 0, pues no entra en la formación de valor de la 52 = m semana. Queda el valor producido semanal de 132 52+80 libras esterlinas. La tasa de la supervalía es, pues, 80/153" por 100. Si la jornada media es de 10 horas, resulta: trabajo necesario 331 horas y sobretrabajo 6/3 horas<ref></ref>. = = 33 He aquí otra cuenta, hecha por Jacob para 1815, admitiendo un precio de 80 chelines por fanega de trigo y un rendimiento medio de 22 bushels por acre, de modo que el acre dé 11 libras esterlinas. Sirve para nuestro objeto, aunque es muy incompleta por compensación previa de algunas partidas: {{may|Producción de Valor Por Acre}} Semilla (trigo).... 1 lib. est. 9 chel. Diezmos, tasas, impuestos... Abono.. 2 10 Renta. Salarios... {{may|Suma}}. 3 10 7 lib, est. 9 chel. Ganancia del arrendatario é intereses. {{may|Suma}}... . 1 1 lib, est, 1 chel. 81 2 3 lib, est. 11 chel. La supervalía, suponiendo siempre el precio del producto igual á su valor, está aquí distribuída entre las diversas rúbricas, ganancia, interés, diezmos, etc. Estas partidas son para nosotros indiferentes. Las sumamos y obtenemos una supervalía de 3 libras esterlinas y ll chelines. Considerando igual á 0 las 3 libras y 19 chelines gastados en semillas y abono, queda un capital variable adelantado de 3 libras y 10 chelines, en lugar del cual se produce un nuevo valor de 3 lib. 10 chel. +3 lib. 11 chel. Por lo tanto, m 3 lib. 11 chel. == imV 3 lib. 10 chel. porta más del 100 por 100. El trabajador emplea más de la mitad de su jornada en producir una supervalía, que diversas personas se distribuyen entre sí con diversos pretextos. En la primera edición daba el ejemplo de una hilandería, para el año 1860, que contenía algunos errores de hecho. Los datos indicados en el texto son rigurosamente exactos y me han sido proporcionados por un fabricante de Manchester. Nótese que en Inglaterra se calculaba el antiguo caballo de fuerza según el diámetro del cilindro, y el nuevo se calcula según la fuerza real que señala el indicador. Las cuentas presentadas no figuran sino como ejemplos. En ellas se supone los precios los valores. En el libro {{asc|III}} se verá que esta igualación no es tan sencilla, ni siquiera para los precios medios.<noinclude></noinclude> m8qo34ovc3s87ad7gesx13945k4e043 Página:El Capital (1898).pdf/189 102 418315 1665450 1654555 2026-06-21T00:23:49Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665450 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|183}}</noinclude>{{t4|II.—Expresión del valor del producto en partes proporcionales del producto.}} Volvamos al ejemplo que nos ha mostrado cómo el capitalista hace capital del dinero. El trabajo necesario de su hilador era de 6 horas; el sobretrabajo, lo mismo, y, por lo tanto, el grado de explotación de la fuerza de trabajo de 100 por 100. El producto de la jornada de 12 horas son 20 libras de hilado, de un valor de 30 chelines. Nada menos que 8/10 de este valor-hilado (24 chelines) están constituídos por el valor de los medios de producción gastados (20 libras de algodón á 20 chelines; husos, etc., á 4 chelines), que simplemente reaparece, ó consisten en capital constante. Los 10 restantes son el nuevo valor de 6 chelines formado durante el proceso de hilar, del cual la mitad reemplaza el valor diario adelantado de la fuerza de trabajo ó capital variable, y la otra mitad constituye una supervalía de 3 chelines. El valor total de las 20 libras de hilado está compuesto, pues, como sigue: Valor en hilado de 30 chel. = {{asc|V}} m 24 chel. +3 chel. +3 chel. Como este valor total se expone en el producto total de 20 libras de hilado, los elementos varios de valor tienen que poder ser expuestos en partes proporcionales del producto. Si en 20 libras de hilado existe un valor de 30 chelines, así existen también 10 de este valor, ó su porción constante de 24 chelines, en 8/10 del producto ó 16 libras de hilado. De éstas, 131, libras representan el valor de la materia prima, de los 20 chelines de algodón hilado, y 22, libras el valor de las materias auxiliares y medios de trabajo gastados, husos, etc., por valor de 4 chelines. 13, libras de hilado representan, pues, todo el algodón hilado en el producto total de 20 libras de hilado, pero nada más que eso. Es cierto que en ellas no hay sino 131, libras de algodón, que valen 13, chelines; pero su valor adicional de 62, chelines forma un equivalente del algodón hilado en las otras 6 2/3 libras de hilado. Es como si todo el algodón del producto entero estuviera comprimido en las 131, libras de hilado. Éstas no contienen, en cambio, ni un átomo del valor de las materias auxiliares y medios de trabajo gastados, ni del nuevo valor creado en el proceso de hilar. De la misma manera otras 2 2/, libras de hilado, que encierran el resto del capital constante (= 4 chelines), no representan nada más que el valor de las materias auxiliares y medios de trabajo gastados en el producto total de 20 libras de hilado.<noinclude></noinclude> e2wmn12b9jz1knfncjb0a4hjmuo0k9w Página:El Capital (1898).pdf/190 102 418316 1665451 1654556 2026-06-21T00:23:51Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665451 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|184|CARLOS MARX|}}</noinclude>/10 del producto, ó 16 libras de hilado, aunque corporalmente, considerados como valores de uso, como hilado, son formados por el trabajo de hilar tanto como las otras partes del producto, no contienen, pues, desde este punto de vista, ningún trabajo de hilar, ningún trabajo absorbido durante el proceso mismo de hilar. Es como si se hubieran transformado en hilado sin ser hilados, y como si su forma de hilado fuera pura ilusión. En realidad, cuando el capitalista los vende en 24 chelines, y con éstos compra de nuevo sus medios de producción, se deja ver que 16 libras de hilado no son sino algodón, huso, carbón, etc., disfrazados. Los 10 del producto restantes, por el contrario, no representan ahora sino el nuevo valor de 6 chelines producido en 12 horas de la operación de hilar. Lo que en ellos había del valor de las materias primas y medios de trabajo gastados les ha sido quitado para incorporarlo á las primeras 16 libras de hilado. El trabajo de hilar incorporado á 20 libras de hilado se concentra en 2/10 del producto. Es como si el hilador hubiera hecho 4 libras de hilado en el aire, ó con algodón y husos que existiesen naturalmente, sin intervención del trabajo del hombre, y no agregasen valor alguno al producto. De las 4 libras de hilado en que existe todo el valor producido en un dia de la operación de hilar, una mitad no representa sino el valor de reemplazo de la fuerza de trabajo gastada, es decir, el capital variable de 3 chelines, y las otras 2 libras de hilado, sólo la valía de 3 chelines. superComo 12 horas de trabajo del hilador se materializan en 6 chelines, en un valor de 30 chelines en hilados están materializadas 60 horas de trabajo. Ellas existen en 20 libras de hilado, 8/10 de las cuales, ó 16 libras, son la materialización de 48 horas de trabajo hecho antes del proceso de hilar, á saber, el trabajo materializado en los medios de producción del hilado, mientras que 2/10, 64 libras, son la materialización de las 12 horas de trabajo gastadas en el trabajo mismo de hilar. Ya hemos visto que el valor del hilado es igual á la suma del nuevo valor engendrado en su producción, más el valor preexistente en sus medios de producción. Ahora vemos cómo se puede expresar en partes proporcionales del producto los elementos del valor del producto, diversos en función ó en concepto. Esta descomposición del producto del resultado del proceso de producción- - en una cantidad de producto que sólo expresa el trabajo contenido en los medios de producción, ó la parte constante del capital; otra cantidad que no expresa sino el trabajo necesario agregado en el proceso de producción, ó la parte variable del capital, y una tercera cantidad de producto que sólo expresa el sobretrabajo<noinclude></noinclude> q2qze2ncdvfy7lzro80ckxv303wcnhs Página:El Capital (1898).pdf/191 102 418317 1665456 1654557 2026-06-21T00:23:59Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665456 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|185}}</noinclude>añadido en el mismo proceso, ó la supervalía, es tan simple como importante, lo que demostrará su empleo ulterior en problemas complicados y aun no resueltos. Venimos de considerar el producto total como resultado acabado de la jornada de 12 horas. Pero podemos acompañarlo también en su proceso de formación, y expresar los productos parciales como partes funcionalmente distintas del producto. En 12 horas el hilador produce 20 libras de hilado, y, por lo tanto, en 1 hora 12, y en 8 horas 13 1,3 libras, es decir, un producto parcial de un valor igual al de todo el algodón hilado durante la jornada entera. De la misma manera, el producto parcial de la hora y 36 minutos siguientes = 22, libras de hilado, expresa el valor de los medios de trabajo gastados durante las 12 horas de trabajo. Así también en la hora y 12 minutos siguientes produce el hilador 2 libras de hilado = 3 chelines, producto de un valor igual al total del valor que produce en 6 horas de trabajo necesario. Finalmente, él produce en en los últimos / de hora también 2 libras de hilado, cuyo valor es igual á la supervalía creada en su medio día de sobretrabajo. El fabricante inglés se sirve para su uso particular de este modo de calcular, y dirá, por ejemplo, que en las primeras 8 horas, ó 2/, de la jornada, cubre los gastos de su algodón, etc. Se ve que la fórmula es exacta, y, en realidad, nada más que la primera fórmula trasladada del espacio, en que las partes del producto concluído están las unas al lado de las otras, al tiempo, en que las unas siguen á las otras. Pero la fórmula puede también ser acompañada de ideas muy bárbaras, sobre todo en la cabeza de aquellos que están tan interesados prácticamente en el proceso de valorización, como en no entenderlo teóricamente. Pueden figurarse, por ejemplo, que en las primeras 8 horas de su jornada nuestro hilador produce ó reemplaza el valor del algodón; en la hora y 36 minutos siguientes, el valor de los medios de trabajo consumidos; en la hora y 12 minutos siguientes, el valor del salario, y que sólo dedica la famosa «última hora» al señor de la fábrica, á la producción de supervalía. Se imputa así al hilador el doble milagro de producir algodón, huso, máquina de vapor, carbón, aceite, etc., en el mismo momento en que hila con ellos, y de hacer de una jornada de intensidad dada cinco jornadas semejantes. En nuestro caso, por ejemplo, la producción de la materia prima y de los medios de trabajo exige 24/6 = 4 jornadas de 12 horas, y su transformación en hilado otra jornada de 12 horas. Un ejemplo de celebridad histórica muestra que la rapacidad cree en esos milagros y que nunca le falta un sicofante doctrinario para probarlos.<noinclude></noinclude> l0ihvoy76gcnnunc6rj5wpsarpn2hqp Página:El Capital (1898).pdf/192 102 418318 1665461 1654558 2026-06-21T00:24:08Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665461 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|186|CARLOS MARX|}}</noinclude>{{t4|III.—La última hora}} » {{may|de Senior}}. En una hermosa mañana del año 1836, Nassan W. Senior, famoso por su ciencia económica y por su hermoso estilo, y á quien se puede mirar como al Clauren de los economistas ingleses, fué invitado á ir á Manchester á aprender Economía política, en lugar de enseñarla en Oxford. Los fabricantes le habían elegido su campeón contra la Factory act recientemente promulgada y la agitación por las diez horas que pedía aún más. Con su ordinaria penetración práctica habían conocido que el señor profesor wanted a good deal of finishing. Le hicieron, pues, ir á Manchester. Por su parte, el señor profesor puso en florido estilo la lección que le dieron los fabricantes de Man-. chester en el folleto Letters on the Factory act, as it affects the cotton manufacture, Londres, 1837. Puede leerse en él cosas tan edificantes como lo siguiente: «Bajo la ley actual, ninguna fábrica que emplee personas de menos de 18 años puede trabajar diariamente más de 11 1/2 horas, es decir, 12 horas durante los cinco primeros días y 9 horas el sábado. Ahora bien; el siguiente análisis (!) muestra que en una fábrica así toda la ganancia líquida deriva de la última hora. Un fabricante emplea 100.000 libras esterlinas - 80.000 en construcciones y máquinas, 20.000 en materia prima y salarios. Suponiendo que el capital gire una vez al año y dé una ganancia líquida de 15 por 100, el movimiento anual de la fábrica tiene que ascender á un valor en mercancías de 115.000 libras esterlinas..... Diariamente, cada una de las 23 medias horas de trabajo produce 5/115 6 1/23 de esas 115.000 libras esterlinas. De estos 23/23, que forman el total de las 115.000 libras esterlinas (constituting the whole 115.000 libras esterlinas), 20/23, es decir, 100.000 de las 115.000, no hacen más que reemplazar el capital; 23 ó 5.000 libras esterlinas de las 15.000 de ganancia bruta (!), reemplazan el desgaste de la fábrica y de la maquinaria. Los 23 restantes, es decir, las dos últimas medias horas de cada día, producen la ganancia líquida de 10 por 100. Si, pues, manteniéndose iguales los precios, la fábrica pudiera trabajar 13 horas en lugar de 112, con un aumento de poco más ó menos 2.600 libras esterlinas en capital circulante, la ganancia líquida aumentaría á más del doble. Por otra parte, si se disminuyera 1 hora de trabajo por día, desaparecería la ganancia líquida, y si 1 1/2 hora, también la ganancia bruta.» 1 {{may|Senior}}, ob. cit., págs. 12-13. No tomamos en cuenta las curiosidades indiferentes para nuestro objeto, por ejemplo, la afirmación de que los fabricantes cuentan la compensación por la maquinaria gastada, etc., es decir, una parte constituyente<noinclude></noinclude> tubez2mucres19hj89ucsl5fwnktawn Página:El Capital (1898).pdf/193 102 418319 1665464 1654559 2026-06-21T00:24:11Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665464 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|187}}</noinclude>+Esto es lo que el señor profesor llama un «análisis»! Si daba fe al lamento de los fabricantes de que los trabajadores desperdician lo mejor de la jornada en producir, es decir, reproducir ó reemplazar el valor de los edificios, las máquinas, el algodón, el carbón, etc., era superfluo todo análisis. No tenía sino que responder: ¡Señores! Si vosotros hacéis trabajar 10 horas en lugar de 11 1/2, á igualdad de las otras circunstancias, disminuirá el consumo diario de algodón, maquinaria, etc., de 1 1/2 hora. Ganaríais, pues, exactamente tanto como perderíais. En lo sucesivo, vuestros trabajadores desperdiciarían 1 1/2 hora menos en reproducir ó reemplazar el valor-capital adelantado. Si no confiaba en sus palabras y, como experto en la materia, creía necesario un análisis, tratándose de una cuestión que gira exclusivamente alrededor de la proporción de la ganancia líquida al largo de la jornada, debía ante todo haber pedido á los señores fabricantes que no entreverasen maquinaria y construcciones, materia prima y trabajo, sino que se dignaran poner de un lado el capital constante contenido en los edificios, maquinaria, materia prima, etc., y del otro el capital adelantado en salarios. Si acaso resultaba entonces que, según la cuenta del fabricante, el trabajador en 2/2 horas de trabajo, ó en una hora, reproduce ó reemplaza el salario, el analizador debía haber continuado de este modo: Según vuestros datos, el trabajador produce en la penúltima hora su salario y en la última vuestra supervalía ó ganancia líquida. Como en iguales espacios de tiempo él produce valores iguales, el producto de la penúltima hora tiene el mismo valor que el de la úldel capital, como ganancia, bruta ó neta, sucia ó limpia. No nos ocuparemos tampoco de la exactitud ó falsedad de los datos numéricos. Que ellos no valen más que el titulado «análisis», lo ha demostrado {{may|Leonardo Horner}} en A letter to Mr. Senior, etcétera, Londres, 1837. Leonardo Horner, uno de los Factory Inquiry Commissioners de 1833, é inspector de fábricas, en realidad censor de fábricas hasta 1859, tiene imperecederos méritos ante la clase trabajadora inglesa. Pasó su vida combatiendo, no sólo á los exasperados fabricantes, sino también á los ministros, para quienes era mucho más importante contar los votos de los señores fabricantes en la Cámara que las horas de trabajo de los «brazos» en la fábrica. Apéndice. Prescindiendo de la falsedad de su contenido, la exposición de Senior es confusa. Lo que él quiso propiamente decir fué esto: El fabricante ocupa á los trabajadores diariamente 11 %, o 23, horas. El trabajo del año entero, como el de cada día particular, consiste en 11, 622, horas multiplicadas por el número de días de trabajo durante el año. Esto supuesto, las 23, horas de trabajo producen anualmente 115.000 libras esterlinas; /, hora de trabajo produce 23 {{asc|X}} 115.000 libras esterlinas; 20/2 horas de trabajo producen 20/23 {{asc|X}} 115.000 libras esterlinas = 100.000 libras esterlinas, es decir, sólo reemplazan el capital adelantado. Quedan 32 horas de trabajo, que producen 3/23 x 115.000 libras esterlinas = 15.000, es decir, la ganancia bruta. De estas horas de trabajo, 1/2 hora de trabajo produce {{asc|X}} 115.000 libras esterlinas = 5.000 libras esterlinas, es decir, produce solamente la compensación por el desgaste de la fábrica y de la maquinaria. Las últimas dos medias horas de trabajo, es decir, la última hora de trabajo, produce 2/23 115.000 libras esterlinas 10.000 libras esterlinas, es decir, la ganancia líquida. En el texto, Senior transforma las últimas 2/23 del producto en partes de la jornada misma de trabajo. 1 23<noinclude></noinclude> f8uik9qzonora1xabho018fmovns8k1 Página:El Capital (1898).pdf/195 102 418321 1665466 1654561 2026-06-21T00:24:14Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665466 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|189}}</noinclude>señores, comparáis la proporción del tiempo de trabajo que pagáis con el que no pagáis, encontraréis que es de medio día por medio día, es decir, de 100 por 100, lo que es seguramente un bonito tanto por ciento. No hay tampoco la menor duda de que si hacéis trabajar á vuestros «brazos» 13 horas en lugar de 11 1/2, lo que para vosotros es tan parecido como un huevo á otro, las 1 1/2 horas de exceso serían todas de sobretrabajo; este último subiría de 53, á 7 horas, y, por lo tanto, la tasa de la supervalía de 100 por 100 á 126 2/23 por 100. Sois, por el contrario, demasiado entusiastas si esperáis que agregando 1 1/2 hora ella subiría de 100 á 200 por 100, ó á más de 200 por 100, es decir, «subiría á más del doble». Por otra parte - el corazón del hombre es una cosa maravillosa, sobre todo cuando el hombre tiene el corazón en la bolsa, sois unos locos pesimistas si teméis que con la reducción de la jornada de 11 1/2 á 10 1/2 horas desaparezca toda vuestra ganancia líquida. Nada de eso. Suponiendo iguales todas las otras circunstancias, el sobretrabajo descendería de 5 á 43 horas, lo que da siempre una tasa de supervalía muy satisfactoria, á saber, el 82 14/23 por 100. Pero la fatal «última hora», de la cual habéis inventado más fábulas que los Chiliastas del fin del mundo, es all bosh. Su pérdida no os costará á vosotros la «ganancia líquida», ni á los niños de uno ú otro sexo que trabajáis la pureza del alma»<ref></ref>. Cuando Senior probó que la ganancia líquida de los fabricantes, la existencia de la industria algodonera inglesa y la grandeza de Inglaterra en el mercado universal dependían de la «última hora de trabajo», el Dr. Andrew Ure probó á su vez que los niños y demás personas menores de dieciocho años á quienes no se encierra durante doce horas enteras en la cálida y limpia atmósfera moral de las fábricas, sino que se les entrega «una hora» antes al indiferente y frívolo mundo exterior, pierden la salud de su alma en la ociosidad y en el vicio. Desde 1848 no se cansan los inspectores de fábricas, en sus Reports semestrales, de embromar á los fabricantes con la «última hora», la «hora fatal». En su informe sobre las fábricas, del 31 de mayo de 1855, dice el Sr. Howell: «Si el ingenioso cálculo siguiente (cita á Senior) fuera exacto, desde 1857 habrían trabajado con pérdida todos los fabricantes de algodón del Reino Unido.» (Reports of the Insp. of Fact. for the half year ending 30th April 1855, págs. 19-20.) Cuando en 1848 pasó en el Parlamento la ley de las diez horas, distribuyeron los fabricantes entre algunos trabajadores de las hilanderías de hilo desparramadas por la campiña entre los condados de Dorset y Somerset, una petición en contra que, entre otras cosas, dice: «Vuestros peticionarios, padres de familia, creen que una hora adicional de ocio no daría más resultado que el de desmoralizar á los niños, pues la ociosidad es la madre de todos los vicios.» A esto observa el informe de fábricas del 31 de octubre de 1848: «La atmósfera de las hilanderías de hilo en que trabajan los niños de estos virtuosos padres, está cargada de particulas de la materia prima, hasta tal punto, que es sumamente desagradable pasar en ellas ni siquiera diez minutos, pues no es sin la penosísima impresión de que los ojos, los oídos, la nariz y la boca se llenan de nubes de polvo de lino, de las cuales no hay manera de librarse. El trabajo mismo exige, á causa de la rapidez febril de la maquinaria, un gasto incesante de destreza y movimiento, bajo el influjo de una incansable atención; y parece algo duro hacer hablar á los padres de «haraganería» de sus propios hijos, que, quitando el tiempo de las comidas, están diez horas enteras en semejante ocupación y en semejante atmósfera..... Estos niños trabajan más largo tiempo que los peones de labranza de las aldeas vecinas..... Estas brutales habladurías sobre «ociosidad y vicio» deben<noinclude></noinclude> 0qy1cpq9uh0b55lyuoppfbmwdj9hzej Página:El Capital (1898).pdf/196 102 418322 1665467 1654562 2026-06-21T00:24:17Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665467 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|190|CARLOS MARX|}}</noinclude>Cuando en realidad suene vuestra «última horita», pensad en el profesor de Oxford. Es en un mundo mejor donde deseo tratarme más con vosotros. Addio!.... El toque de la «última hora», descubierto por Senior en 1836, ha sido dado de nuevo, el 15 de abril de 1848, en el London Economist, por James Wilson, uno de los principales mandarines económicos, en su polémica contra la ley de las diez horas. {{t4|IV.—El producto neto.}} Llamamos producto neto (surplus produce, produit net) la parte del producto (10 de 20 libras de hilado ó 2 libras de hilado en el ejemplo sub 2) que representa la supervalía. Así como la tasa de la supervalía se determina por la proporción de ésta, no á la suma total del capital, sino á su porción variable, el monto del producto neto se determina por su proporción, no al resto del producto total, sino á la parte del producto que representa el trabajo necesario. Como el fin determinante de la producción capitalista es la producción de supervalía, no es la magnitud absoluta del producto lo que mide el grado de la riqueza, sino la magnitud relativa del producto neto *. ser denunciadas como el más puro cant y la más desvergonzada hipocresia..... La parte del público que, hace poco más ó menos doce años, se sobresaltó ante la seguridad con que se proclamaba pública y muy seriamente, con la sanción de altas autoridades, que toda la ganancia liquida» del fabricante fluye de la última hora≫ de trabajo, y que por eso la reducción de la jornada en una hora anula la ganancia líquida; esta parte del público, decimos, apenas va á poder creer, aunque lo vea, que ese descubrimiento original sobre las virtudes de la «última hora se ha perfeccionado tanto desde entonces, que comprende ahora á igual titulo la «moral» y la «ganancia»; de modo que si se redujera á 10 horas enteras la duración del trabajo de los niños, se perderían á un mismo tiempo la moral de los niños y la ganancia líquida de sus patronos, como que ambas dependen de esa fatal última hora.» (Repts. of Insp. of Fact. for 31th Oct. 1848, pág. 101.) El mismo informe sobre fábricas da después pruebas de la «moral» y «virtud» de estos señores fabricantes; de las intrigas, sutilezas, seducciones, amenazas, falsedades, etc., que empleaban para hacer firmar semejantes peticiones por inermes obreros y para presentarlas después al Parlamento como peticiones de toda una industria, de condados enteros.— Muy característico del estado actual de la llamada «ciencia» económica es que ni el mismo Senior, quien para su honra sostuvo después con energía la legislación sobre las fábricas, ni sus primeros y ulteriores contradictores, hayan sabido descubrir las engañosas conclusiones del «descubrimiento original». Ellos apelaban á la experiencia de los hechos. El why y wherefore era un misterio. El señor profesor ha aprovechado algo, sin embargo, de su ida á Manchester. En las Letters on the Factory act, la ganancia neta entera, «ganancias é «interés», y aun something more, ¡dependen de una hora de trabajo no pagada al trabajador! Un año antes, en sus Oudines of Political Economy, escritas para bien de los estudiantes de Oxford y de los filisteos ilustrados, «descubría» aún, contra la determinación del valor por el tiempo de trabajo según Ricardo, que la ganancia proviene del trabajo del capitalista y el interés de su abstinencia». El embuste era viejo, pero la palabra abstinencia» nueva. El Sr. Roscher ha encontrado en Enthaltung su exacto equivalente alemán. Sus compatriotas menos provistos de latín, Wirthe, Schulze y demás Michel, le han dado el aire monacal de Entsagung (renuncia). «Para un individuo con un capital de 20,000 libras esterlinas, cuyas ganancias montan á 2,000 libras esterlinas al año, sería completamente indiferente que su ca<noinclude></noinclude> gginmvr1zxgkvvvdw1jt8yzfqizv82y Página:El Capital (1898).pdf/197 102 418323 1665471 1654563 2026-06-21T00:24:23Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665471 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|191}}</noinclude>La suma del trabajo necesario y del sobretrabajo, de las porciones de tiempo en que el trabajador produce el valor de reemplazo de su fuerza de trabajo y la supervalía, constituye la magnitud absoluta de su tiempo de trabajo - la jornada (working day). {{t3|Capítulo VIII|sub=La jornada de trabajo.}} {{t4|I.—Límites de la jornada de trabajo.}} Hemos partido del supuesto de que la fuerza de trabajo se compra y se vende por su valor. Su valor, como el de toda otra mercancía, es determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Si la producción de los medios de subsistencia que por término medio necesita diariamente el trabajador exige 6 horas, tiene él, pues, que trabajar un término medio de 6 horas por día para producir diariamente su fuerza de trabajo ó reproducir el valor recibido al venderla. La parte necesaria de su jornada es, pues, de 6 horas, y, en igualdad de las otras circunstancias, una magnitud dada. Pero con eso no está determinada la magnitud de la jornada misma. Supongamos que la línea a -b represente la duración ó el largo del tiempo de trabajo necesario, ó sea 6 horas. Según el trabajo se prolongue 1, 3 ó 6 horas más allá de ab, obtendremos las tres distintas líneas siguientes: Jornada {{asc|I}}, a b-c, a jornada {{asc|II}} -b. C, a y jornada {{asc|III}}, -b-C, pital empleara 100 ó 1.000 trabajadores, que las mercancías producidas se vendan en 10.000 ó 20.000 libras esterlinas, suponiendo siempre que sus ganancias no bajen de 2.000 libras esterlinas. ¿No es ese también el interés real de una nación? Suponiendo que sus entradas netas reales, sus rentas y ganancias, sean las mismas, no tiene importancia alguna que la nación consista en 10 ó 12 millones de habitantes.» ({{may|Ricardo}}, ob. cit., pág. 416.) El fanático de la supervalía, Arthur Young, escritor tan prolijo y hablador como desprovisto de juicio, y cuya fama está en proporción inversa de su mérito, había dicho ya, largo tiempo antes que Ricardo: «¿De qué utilidad sería para un reino moderno una provincia entera cuyo suelo fuera cultivado á la manera romana antigua, por pequeños propietarios independientes, aunque lo cultivaran muy bien? Con qué objeto, fuera del mero propósito de criar hombres («the mere purpose of breeding men»), lo que en sí mismo no tiene ningún objeto («is a most useless purpose»).» {{may|Arthur Young}}, ''Political Arithmetic'', etc., Londres, 1774, pág. 47.) Apéndice.—Es extraña «la fuerte tendencia á presentar la riqueza neta como benéfica para la clase trabajadora..... aunque evidentemente no lo es por ser ella neta». ({{may|Th. Hopkins}}, ''On Rent of Land'', etc., Londres, 1823, pág. 126.)<noinclude></noinclude> nh9zhx62hydpetbp2sk1u9ywzmeyxhm Página:El Capital (1898).pdf/198 102 418324 1665473 1654564 2026-06-21T00:24:25Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665473 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|192|CARLOS MARX|}}</noinclude>que representan tres diversas jornadas de 7, 9 y 12 horas. La línea de prolongación bc representa el largo del sobretrabajo. Como la jornada de trabajo es = ab+bc, ó ac, ella varía con la magnitud variable bc. Como ab es una cantidad dada, la proporción de bc á ab puede siempre ser medida. Ella es en la jornada {{asc|I}} de; en la jornada {{asc|II}}, de 36, y en la jornada {{asc|III}}, de /, de ab. Y como, además, la tiempo de sobretrabajo proporción determina la tasa de la sutiempo de trabajo necesario pervalía, ésta se determina por la relación anterior. En las tres diversas jornadas, ella es, respectivamente, de 16 2/3, 50 y 100 por 100. Al contrario, la tasa de la supervalía no nos daría por sí sola la magnitud de la jornada. Si, por ejemplo, ella fuera de 100 por 100, la jornada podría ser de 8, 10, 12, etc., horas. Ella indicaría que las dos partes componentes de la jornada, trabajo necesario y sobretrabajo, son igualmente grandes, pero no cuán grande es cada una de esas partes. La jornada de trabajo no es, pues, una magnitud constante, sino una magnitud variable. Es cierto que uno de sus elementos está determinado por el tiempo de trabajo requerido para la reproducción constante del mismo trabajador, pero su magnitud total varía con el largo ó duración del sobretrabajo. La jornada es, pues, determinable, pero, en sí misma, indeterminada<ref></ref>. Pero aunque la jornada no es una magnitud fija, sino una magnitud variable, ella no puede, por otra parte, variar sino dentro de ciertos límites. Su límite mínimo, sin embargo, no puede ser determinado. Seguramente, si hacemos la línea de prolongación bc, ó el sobretrabajo, = 0, obtendremos un límite mínimo, á saber, la parte del día que el obrero tiene necesariamente que trabajar para su propia subsistencia. Pero sobre la base de la producción capitalista, el trabajo necesario no puede nunca formar sino una parte de su jornada, que nunca puede acortarse hasta ese minimum. La jornada tiene, en cambio, un límite máximo. No puede prolongarse más allá de cierto límite. Este límite máximo está doblemente determinado. En primer lugar, por el límite físico de la fuerza de trabajo. Durante el día natural de 24 horas, un hombre no puede gastar sino una cantidad determinada de fuerza vital. Así, un caballo sólo puede trabajar al día 8 horas, por término medio. Durante una parte del día, la fuerza tiene que descansar, que dormir; durante otra, tiene el hombre que satisfacer otras necesidades físicas, que alimentarse, lavarse, vestirse, etc. Además de estos límites puramente físicos, la prolongación de la jornada encuentra límites morales. El trabajador El trabajo de un día es vago, puede ser largo ó corto." (An Essay on Trade and Commerce, containing Observations on Taxation, etc., Londres, 1770, pág. 73.)<noinclude></noinclude> bagv3e3v523pnmyj1r2gt2ut4ki6bh4 Página:El Capital (1898).pdf/199 102 418325 1665474 1654565 2026-06-21T00:24:27Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665474 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|193}}</noinclude>necesita tiempo para satisfacer necesidades intelectuales y sociales, cuya extensión y cuyo número dependen del estado general de cultura. La variación de la jornada se mueve, por lo tanto, dentro de límites físicos y sociales. Unos y otros son, sin embargo, de naturaleza muy elástica y permiten mucho juego. Por eso encontramos jornadas de 8, 10, 12, 14, 16 y 18 horas, es decir, de las dimensiones más variadas. El capitalista ha comprado la fuerza de trabajo en su valor diario. Á él pertenece su valor de uso durante una jornada. Ha obtenido, pues, el derecho de hacer trabajar al trabajador para sí durante un día. Pero ¿qué es una jornada de trabajo? En todo caso, menos que un día de vida natural. ¿Y cuánto? El capitalista tiene su propio modo de ver sobre esta ultima Thule, el límite necesario de la jornada. Como capitalista, él no es sino capital personificado. Su alma es el alma del capital. Pero el capital no tiende sino á una cosa, á valorizarse, á crear supervalía, á absorber con su porción constante, los medios de producción, la mayor masa posible de sobretrabajo<ref></ref>. El capital es trabajo muerto, que, como un vampiro, no se anima sino chupando al trabajo vivo, y que vive tanto más, cuanto más chupa de él. El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el cual el capitalista consume la fuerza de trabajo que ha comprado<ref></ref>. Si el trabajador consume para sí mismo su tiempo disponible, roba al capitalista<ref></ref>. El capitalista apela, pues, á la ley del cambio de las mercancías. Como todo otro comprador, él trata de sacar el mayor provecho posible del valor de uso de su mercancía. Pero de repente se levanta la voz del trabajador, que hasta ahora había enmudecido en el tumulto del proceso de producción: La mercancía que yo he vendido se distingue de la plebe de las otras mercancías en que su uso crea valor, y un valor mayor que el que ella misma cuesta. Esta fué la razón por que la compraste. Lo que por tu lado aparece como valorización de capital, es para mí un Esta pregunta es infinitamente más importante que la famosa pregunta de Sir Roberto Peel á la Cámara de Comercio de Birmingham: «¿Qué es una libra?», pregunta que sólo pudo hacer porque las ideas de Peel sobre la naturaleza de la moneda eran tan obscuras como las de los little shilling men de Birmingham. 2 «La tarea del capitalista es obtener del capital gastado la mayor suma de trabajo posible.» ({{may|J. G. Courcelle}}-{{may|Seneuil}}, ''Traité théorique et pratique des entreprises industrielles'', segunda edición, París, 1857, pág. 63.) 3 «La pérdida de una hora de trabajo en un día es un inmenso perjuicio para un Estado comercial.» «Hay muchos consumos de lujo entre los pobres que trabajan en este reino, particularmente entre el populacho manufacturero; por lo cual ellos también consumen su tiempo, el más fatal de los consumos.» (An Essay on Trade and Commerce, etc., págs. 47 y 153.) * «Si el obrero libre toma un instante de reposo, la economía sórdida que le sigue inquietamente con los ojos pretende que él la roba.» ({{may|N. Linguet}}, ''Théorie des Lois civiles'', etc., Londres, 1767, t. 11, pág. 466.) {{may|Tomo}} {{asc|I}} 13<noinclude></noinclude> cu4y48zujsq0wsk716xn4b0rpe2y0ui Página:El Capital (1898).pdf/200 102 418326 1665477 1654566 2026-06-21T00:24:38Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1665477 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|194|CARLOS MARX|}}</noinclude>gasto excesivo de fuerza de trabajo. Tú y yo no conocemos en el mercado sino una ley, la del cambio de mercancías. Y el consumo de la mercancía no pertenece al vendedor, que la enajena, sino al comprador, que la adquiere. El uso de mi fuerza diaria de trabajo te pertenece, pues. Pero por medio de su diario precio de venta tengo que reproducirla diariamente para poder venderla de nuevo. Prescindiendo del desgaste natural por la edad, etc., tengo que ser capaz de trabajar mañana en el mismo estado normal de fuerza, salud y vigor que hoy. Constantemente me predicas el evangelio del «ahorro» y de la «abstinencia». ¡Pues bien! Quiero manejar mi único bien, la fuerza de trabajo, como persona ahorrativa y razonable y abstenerme de toda loca prodigalidad. Quiero no gastarla cada día, no invertirla en movimiento, en trabajo, sino en la cantidad compatible con su duración normal y sano desarrollo. Prolongando sin medida la jornada, tú puedes liquidar en un día una cantidad mayor de mi fuerza de trabajo que la que yo en tres días puedo reemplazar. Lo que de ese modo tú ganas en trabajo, lo pierdo yo en substancia de trabajo. Aprovechar mi fuerza de trabajo y expoliarla son dos cosas muy distintas. Si el período medio que puede vivir un trabajador medio con un trabajo medio razonablemente es de 30 años, el valor de mi fuerza de trabajo que un día con otro tú me pagas es de ó 1/10950 de su valor total. Pero si la consumes en 10 años, me pagas diariamente 110950 en lugar de 1/3650 de su valor total, es decir, sólo 13 de su valor diario, y me robas, pues, diariamente 2/3 del valor de mi mercancía. Me pagas la fuerza de trabajo de un dia cuando consumes la de tres. Esto es contra nuestro trato y la ley del cambio de mercancías. Exijo, pues, una jornada de largo normal, y la exijo sin apelar á tu corazón, pues en cosas de dinero se acaba la amabilidad. Puedes ser un burgués modelo, quizá miembro de la Sociedad Protectora de los Animales, y, por añadidura, estar en olor de santidad; pero á la cosa que tú representas frente á mí no le late un corazón en el pecho. Lo que en ella parece latir es el latido de mi propio corazón. Exijo la jornada normal de trabajo, porque exijo el valor de mi mercancía, como todo otro vendedor<ref></ref>. 1 36530 Se ve, pues, que, prescindiendo de límites completamente elásticos, de la naturaleza misma del cambio de mercancías no resulta límite alguno de la jornada, ni, por lo tanto, de la supervalía. El caDurante la gran huelga de los constructores de Londres, 1860-1861, por la reducción á nueve horas de la jornada de trabajo, publicó su Comité un manifiesto diciendo casi lo mismo que nuestro trabajador. No sin ironía hace alusión el manifiesto al más ávido de ganancias de los building masters-un tal Sir M. Peto-, que estaba en «olor de santidad». El mismo Peto acabó después de 1867; con Stroussberg!<noinclude></noinclude> 5jy768x6bvtoqb8flp17siky0z66uzr Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974) 0 418984 1665320 1665007 2026-06-20T17:11:16Z Janitoalevic 45005 1665320 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 7 de enero de 1974 |nota= Documento O. S. 3 distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". }}{{ma}} Santiago, 7 de enero de 1974. '''RESERVADO''' Nuestra etapa en el gobierno de la Nación no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza. (...) 6.a.- La actitud de las FF. AA. y Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.g.- El concepto de ‘mano dura’ no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización; la mano dura es más bien una ‘mano justa’, para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país (...) 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída y comentada a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo. AUGUSTO PINOCHET UGARTE, General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] n5hdiw9y07bb8tcw9kq668l3nf14lks 1665323 1665320 2026-06-20T17:21:26Z Janitoalevic 45005 1665323 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento O. S. 3 distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la Circular N° 586, documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 1lvjkhxm8mhboqiq1j9uupcrnnvrvwe 1665324 1665323 2026-06-20T17:29:18Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] a [[Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] 1665323 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento O. S. 3 distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la Circular N° 586, documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 1lvjkhxm8mhboqiq1j9uupcrnnvrvwe 1665328 1665324 2026-06-20T17:32:32Z Janitoalevic 45005 1665328 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento O. S. 3 distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la Circular N° 586, documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 9o7r5mzb1saoyertl4hcijc0331yg5e 1665331 1665328 2026-06-20T17:35:32Z Janitoalevic 45005 1665331 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento O. S. 3 distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)|Circular N° 586]], documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] nsdr65s5br0b75i81aqnjoh48n9dte4 1665333 1665331 2026-06-20T17:39:21Z Janitoalevic 45005 1665333 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento O. S. 3 distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la Circular N° 586, documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. 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'''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)|Circular N° 586]], documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] kxij0nmzahxpvvx251yy6adwu26ckky 1665344 1665341 2026-06-20T17:49:08Z Janitoalevic 45005 1665344 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. Difundido en Carabineros de Chile como Circular N°1, de 7 de enero de 1974, O. S. 3. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)|Circular N° 586]], documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] gwzu0ukpdtlv2ixzfrepsgto4hntbjl 1665375 1665344 2026-06-20T19:42:33Z Janitoalevic 45005 1665375 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. Difundido en Carabineros de Chile como Circular N°1, de 7 de enero de 1974, O. S. 3. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)|Circular N° 586]], documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: 1.a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". 1.b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. 1.c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: 6.a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. 6.b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. 6.c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. 6.d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. 6.f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. 6.g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] dc674u5ad3z1dvdm4grvvzr4tpn853n 1665376 1665375 2026-06-20T19:43:25Z Janitoalevic 45005 1665376 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. Difundido en Carabineros de Chile como Circular N°1, de 7 de enero de 1974, O. S. 3. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)|Circular N° 586]], documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. 6.e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] ic59va4ce6sk5iwx3p3y4ylyyi4siyv 1665378 1665376 2026-06-20T19:44:37Z Janitoalevic 45005 1665378 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros |autor= Augusto Pinochet |año= 3 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido a los mandos castrenses y policiales tras el 11 de septiembre de 1973, fijando directrices doctrinarias sobre la aplicación de la justicia militar en tiempo de guerra y el concepto de "mano justa". Documento reservado. Difundido en Carabineros de Chile como Circular N°1, de 7 de enero de 1974, O. S. 3. }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 3 / SANTIAGO, 3 de enero de 1974''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- Con fecha 23 de noviembre de 1973 se difundió la [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)|Circular N° 586]], documento que en sus partes fundamentales estableció lo siguiente: a.- La importancia frente a la "opinión pública", que los procedimientos empleados por la Junta de Gobierno y de sus colaboradores más directos, fuesen diametralmente opuestos a los utilizados por el gobierno marxista, especialmente en cuanto a ser verídicos en las declaraciones hacia la población y a la justicia en la aplicación de medidas que se derivan de las facultades que otorga el "Estado de Sitio". b.- La gran responsabilidad que en esto tienen los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. c.- Contiene claras normas de política general para evitar abusos de autoridad que sólo contribuyen a desprestigiar la patriótica labor de nuestras FF. AA. y Carabineros, en la tarea de reconstrucción de la Patria y de la familia chilena. 2.- Estamos en un "Estado de Guerra Interna", donde, si bien es cierto, se ganó la primera batalla para tomar el control del país, y se logró además, la desorganización y serio debilitamiento del adversario, sin embargo, no se ha logrado aún eliminar su capacidad de lucha, encontrándonos en este momento en una etapa de guerra psicológica, cuyo resultado es de gran importancia para alcanzar el objetivo final que nos hemos impuesto. 3.- Este "Estado de Guerra", produce un desgaste en nuestra capacidad laboral y lo que es más grave, si los procedimientos empleados no son justos, produce un estado de intranquilidad en la población que hace perder la confianza en la honestidad y rectitud que la ciudadanía ha depositado con fe en los hombres de armas. Nuestra etapa en el Gobierno de la Nación, no puede ni debe caracterizarse por actos inhumanos que tengan que ocultarse a la ciudadanía y que sólo engendran una reacción de violencia, de odios y de venganza, pues con ello sólo estaremos consiguiendo la prolongación de este "Estado de Guerra", en perjuicio de la conducción política del país. 4.- En esta etapa es de fundamental trascendencia el análisis de este adversario, que está constituido principalmente por chilenos que en forma equivocada e irresponsable persisten en continuar planificando acciones extremistas, campaña de rumores, de desprestigio, de desunión de las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la finalidad de producir un volcamiento a su favor de parte de la opinión pública que les permita apoyar sus pretensiones de retrotraer el país a etapas que son repudiadas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo. 5.- Lo expresado anteriormente no significa de manera alguna que nuestra actitud pierda energía para sancionar las acciones subversivas contra aquellos chilenos o extranjeros que las realicen mediante actos de violencia y/o las promueven mediante acciones ideológicas. 6.- En consecuencia, la política expresada en la Circular N° 586, de fecha 23 de noviembre de 1973, debe completarse en los siguientes aspectos: a.- La actitud de las FF. AA. y de Carabineros para cualquier chileno o extranjero que sea sorprendido empuñando las armas, en actos criminales contra las tropas y población civil o sabotajes que afecten a nuestras fuerzas o a la población civil, debe estar orientada al aniquilamiento en combate de estos extremistas o violentistas o, por medio del procedimiento judicial más rápido, si se han rendido. b.- Aquellos que sean sorprendidos promoviendo la subversión, deben ser sometidos a juicio y sancionados de acuerdo con los procedimientos rápidos que otorgan los tribunales militares en tiempo de guerra. c.- De acuerdo con el "Estado de Sitio", las autoridades competentes, deben hacer uso del procedimiento que establece la ley, para trasladar a lugares de detenidos a aquellas personas, cuyos antecedentes los hacen aparecer concretamente como agitadores en potencia. d.- Con el resto de la población, debe adoptarse una actitud que signifique confianza y tranquilidad y que incluso permita atraerlos hacia la causa de la mayoría de nuestro pueblo, a ciudadanos que hayan sido partidarios de ideologías que hoy están fuera de la ley. e.- La detención de personas, debe efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y sólo puede ser ejecutada por organismos responsables. f.- Deben continuar cumpliéndose en forma estricta las disposiciones impartidas en lo referido a la prohibición de utilizar tratamientos inhumanos en los interrogatorios a las personas detenidas y muy especialmente la eliminación de personas, cuyas circunstancias no puedan ser claramente explicadas tanto a sus familiares, como a la opinión pública. g.- El conceptuado de "mano dura" no autoriza el empleo de procedimientos desterrados de la civilización. La mano dura es más bien una "mano justa", para interpretar mejor el espíritu de la Junta de Gobierno en la conducción del país. 7.- El Presidente de la Junta de Gobierno, espera la comprensión de todos los mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros de la importancia y trascendencia que las disposiciones impartidas tienen en la reconstrucción de nuestro país, ya que en la medida que ellas se cumplan, se alejarán las posibilidades de realización de actos subversivos como reacciones a nuestras medidas y que tan nefastas consecuencias tienen en la vida nacional. 8.- La presente Circular deberá ser difundida, leída a todos los mandos de las FF. AA., Carabineros e Investigaciones, debiendo establecerse las responsabilidades, sanciones y penas correspondientes ante cualquier incumplimiento de las disposiciones que ella contiene. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] nfmiu3psprgtb6m5fbwtwuq101of78t Discusión:Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974) 1 418985 1665321 1664982 2026-06-20T17:12:24Z Janitoalevic 45005 1665321 wikitext text/x-wiki Fuente: https://ongcren.cl/wp-content/uploads/2020/06/Libro-Historia-de-la-Revolucion-Militar-Chilena-2018.pdf pp.39-40. Hermógenes Peréz de Arce, 2018. [https://unofar.cl/wp-content/uploads/2022/01/Revista-UNOFAR-N%C2%B0-4-Reescaneada.pdf] 7pzozm0xb7v0a2g4op39adg6f0vml5b 1665326 1665321 2026-06-20T17:29:18Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Discusión:Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] a [[Discusión:Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] 1665321 wikitext text/x-wiki Fuente: https://ongcren.cl/wp-content/uploads/2020/06/Libro-Historia-de-la-Revolucion-Militar-Chilena-2018.pdf pp.39-40. Hermógenes Peréz de Arce, 2018. 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A) Antecedentes: 1) Constitución Política del Estado, artículo 72 , Nº 17, que concede al Presidente de la República la facultad de trasladar a las personas de un Departamento a otro, y las de arrestarlas en sus propias casas y en lugares que no sean cárceles ni otros que estén destinados a la detención o prisión de reos comunes. 2) Decreto ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 1º, que establece que todas las atribuciones conferidas por el artículo 72 Nº 17, inciso 3º de la Constitución Política del Estado al Presidente de la República por la declaración del Estado de Sitio, serán ejercidas por la Junta de Gobierno por medio de Decretos Supremos firmados por el Ministro del Interior, con la fórmula “por orden de la Junta”. 3) Decreto Ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 2º, inciso 2º, que establece que el Ministerio del Interior dictará las normas a que deberán someterse las autoridades respecto a las medidas que hubieren adoptado o adoptaren en el futuro y que se refieran al ejercicio de la facultad constitucional anteriormente expresada. 4º) Circular 3-R de 3 de Enero de 1974 de la Honorable Junta de Gobierno, que establece que la detención de las personas deberá efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y para ser ejecutada por los organismos responsables. B) En consecuencia, este ministerio dispone: 1. La detención de personas en uso de facultades del Estado de Sitio es única y exclusivamente privativa de la Junta Militar de Gobierno y se ejercerá a través de Decretos del Ministerio del Interior. 2. La detención de personas por la Justicia Militar sólo podrá llevarse a efecto en virtud de una orden emanada de un Tribunal competente y de acuerdo a las normas legales vigentes. 3. Ninguna autoridad está autorizada para practicar detenciones al margen de las presentes disposiciones; lo mismo se aplica a los Servicios de Inteligencia Militar de cualquier institución, que también deberán someterse obligatoriamente a tales normas. Lo expresado es sin perjuicio del cumplimiento de órdenes dispuestas por la autoridad competente y en los casos en que la Ley Penal autorice la detención respecto de personas sorprendidas ''in fraganti''. (…) 4. Si por razones de urgencia la autoridad militar o administrativa tuviere que arrestar personas en uso de la facultad constitucional sin la dictación de un Decreto previo, deberá comunicarlo a la brevedad posible y en el plazo de 72 horas al Ministerio de Defensa Nacional a fin de que esa Secretaría de Estado por intermedio de S.E.N.D.E. haga llegar tal comunicación al Ministerio del Interior para su resolución final, manteniéndose el arresto durante el trámite. En esta comunicación se indicará la individualización completa del detenido, el lugar de su detención, las causas o motivos que la justifiquen y el tiempo de duración del arresto que proponen. 5. Ningún arrestado por la Facultad del Estado de Sitio y con Decreto dictado, podrá ser dejado en libertad sino en virtud de una orden escrita del Ministro del Interior. Con este fin las autoridades militares podrán solicitar a través de las Intendencias, la libertad de las personas que estime procedente. 6. El Ministerio de Defensa dispondrá que todos los C.A.J.S.I. envíen una lista completa de las personas que se encuentren detenidas a la fecha, conforme a esta facultad constitucional, indicando la fecha en que fueron detenidas. Esta lista deberán enviarla al Ministerio de Defensa Nacional en el plazo de diez días después de recibidas las instrucciones que ese Ministerio disponga, las que se harán llegar por intermedio de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, al Ministerio del Interior. 7. El Ministerio del Interior solicitará en cualquier momento a la autoridad militar informe en relación con detenidos por el Estado de Sitio. Estando ésta obligada a responder en forma inmediata. 8. Ninguna persona puede ser trasladada de un Departamento a otro sino en virtud de un Decreto firmado por el Ministro del Interior y por orden de la Junta de Gobierno. Esta disposición se aplica tanto a las personas que sean trasladadas en calidad de detenidas, como a aquellas que, sin estar detenidas, se disponga su permanencia obligada en un departamento diferente a aquel que corresponda a su residencia habitual. 9. Los movimientos de arrestados dentro de una misma localidad o de distintas localidades dentro de un mismo departamento, deberán hacerse exclusivamente de día, adoptando las medidas que sean necesarias, siendo de responsabilidad de la respectiva autoridad la seguridad de sus detenidos. 10. El Ministerio de Defensa Nacional dará las órdenes pertinentes para el inmediato cumplimiento de estas instrucciones. Saluda atentamente a US. (Fdo.) Oscar Bonilla Bradanovic, General de División, Ministro del Interior. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] idystinhwu94b0hgnv5jndh5v4o0drk 1665305 1665304 2026-06-20T16:46:32Z Janitoalevic 45005 1665305 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas |autor= Oscar Bonilla |año= 25 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido el 1° de febrero de 1974. Fija la exclusividad de la Junta de Gobierno y el Ministerio del Interior para detener personas bajo las facultades de Estado de Sitio, ordenando el sometimiento de los Servicios de Inteligencia al control legal. S.E.N.D.E. significa Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos y C.A.J.S.I. significa Comandantes del Área Jurisdiccional de Seguridad Interior. }}{{ma}} INSTRUCCIONES PARA EL CUMPLIMIENTO DEL DECRETO LEY Nº 228. A) Antecedentes: 1. Constitución Política del Estado, artículo 72 , Nº 17, que concede al Presidente de la República la facultad de trasladar a las personas de un Departamento a otro, y las de arrestarlas en sus propias casas y en lugares que no sean cárceles ni otros que estén destinados a la detención o prisión de reos comunes. 2. Decreto ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 1º, que establece que todas las atribuciones conferidas por el artículo 72 Nº 17, inciso 3º de la Constitución Política del Estado al Presidente de la República por la declaración del Estado de Sitio, serán ejercidas por la Junta de Gobierno por medio de Decretos Supremos firmados por el Ministro del Interior, con la fórmula “por orden de la Junta”. 3. Decreto Ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 2º, inciso 2º, que establece que el Ministerio del Interior dictará las normas a que deberán someterse las autoridades respecto a las medidas que hubieren adoptado o adoptaren en el futuro y que se refieran al ejercicio de la facultad constitucional anteriormente expresada. 4. Circular 3-R de 3 de Enero de 1974 de la Honorable Junta de Gobierno, que establece que la detención de las personas deberá efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y para ser ejecutada por los organismos responsables. B) En consecuencia, este ministerio dispone: 1. La detención de personas en uso de facultades del Estado de Sitio es única y exclusivamente privativa de la Junta Militar de Gobierno y se ejercerá a través de Decretos del Ministerio del Interior. 2. La detención de personas por la Justicia Militar sólo podrá llevarse a efecto en virtud de una orden emanada de un Tribunal competente y de acuerdo a las normas legales vigentes. 3. Ninguna autoridad está autorizada para practicar detenciones al margen de las presentes disposiciones; lo mismo se aplica a los Servicios de Inteligencia Militar de cualquier institución, que también deberán someterse obligatoriamente a tales normas. Lo expresado es sin perjuicio del cumplimiento de órdenes dispuestas por la autoridad competente y en los casos en que la Ley Penal autorice la detención respecto de personas sorprendidas ''in fraganti''. (…) 4. Si por razones de urgencia la autoridad militar o administrativa tuviere que arrestar personas en uso de la facultad constitucional sin la dictación de un Decreto previo, deberá comunicarlo a la brevedad posible y en el plazo de 72 horas al Ministerio de Defensa Nacional a fin de que esa Secretaría de Estado por intermedio de S.E.N.D.E. haga llegar tal comunicación al Ministerio del Interior para su resolución final, manteniéndose el arresto durante el trámite. En esta comunicación se indicará la individualización completa del detenido, el lugar de su detención, las causas o motivos que la justifiquen y el tiempo de duración del arresto que proponen. 5. Ningún arrestado por la Facultad del Estado de Sitio y con Decreto dictado, podrá ser dejado en libertad sino en virtud de una orden escrita del Ministro del Interior. Con este fin las autoridades militares podrán solicitar a través de las Intendencias, la libertad de las personas que estime procedente. 6. El Ministerio de Defensa dispondrá que todos los C.A.J.S.I. envíen una lista completa de las personas que se encuentren detenidas a la fecha, conforme a esta facultad constitucional, indicando la fecha en que fueron detenidas. Esta lista deberán enviarla al Ministerio de Defensa Nacional en el plazo de diez días después de recibidas las instrucciones que ese Ministerio disponga, las que se harán llegar por intermedio de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, al Ministerio del Interior. 7. El Ministerio del Interior solicitará en cualquier momento a la autoridad militar informe en relación con detenidos por el Estado de Sitio. Estando ésta obligada a responder en forma inmediata. 8. Ninguna persona puede ser trasladada de un Departamento a otro sino en virtud de un Decreto firmado por el Ministro del Interior y por orden de la Junta de Gobierno. Esta disposición se aplica tanto a las personas que sean trasladadas en calidad de detenidas, como a aquellas que, sin estar detenidas, se disponga su permanencia obligada en un departamento diferente a aquel que corresponda a su residencia habitual. 9. Los movimientos de arrestados dentro de una misma localidad o de distintas localidades dentro de un mismo departamento, deberán hacerse exclusivamente de día, adoptando las medidas que sean necesarias, siendo de responsabilidad de la respectiva autoridad la seguridad de sus detenidos. 10. El Ministerio de Defensa Nacional dará las órdenes pertinentes para el inmediato cumplimiento de estas instrucciones. Saluda atentamente a US. (Fdo.) Oscar Bonilla Bradanovic, General de División, Ministro del Interior. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] o602acrssgup8h7evx07we97u9h66ea 1665306 1665305 2026-06-20T16:48:11Z Janitoalevic 45005 1665306 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas |autor= Oscar Bonilla |año= 25 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido el 1° de febrero de 1974. Fija la exclusividad de la Junta de Gobierno y el Ministerio del Interior para detener personas bajo las facultades de Estado de Sitio, ordenando el sometimiento de los Servicios de Inteligencia al control legal. S.E.N.D.E. significa Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos y C.A.J.S.I. significa Comandantes del Área Jurisdiccional de Seguridad Interior. }}{{ma}} '''INSTRUCCIONES PARA EL CUMPLIMIENTO DEL DECRETO LEY Nº 228.''' '''A) Antecedentes:''' 1. Constitución Política del Estado, artículo 72 , Nº 17, que concede al Presidente de la República la facultad de trasladar a las personas de un Departamento a otro, y las de arrestarlas en sus propias casas y en lugares que no sean cárceles ni otros que estén destinados a la detención o prisión de reos comunes. 2. Decreto ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 1º, que establece que todas las atribuciones conferidas por el artículo 72 Nº 17, inciso 3º de la Constitución Política del Estado al Presidente de la República por la declaración del Estado de Sitio, serán ejercidas por la Junta de Gobierno por medio de Decretos Supremos firmados por el Ministro del Interior, con la fórmula “por orden de la Junta”. 3. Decreto Ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 2º, inciso 2º, que establece que el Ministerio del Interior dictará las normas a que deberán someterse las autoridades respecto a las medidas que hubieren adoptado o adoptaren en el futuro y que se refieran al ejercicio de la facultad constitucional anteriormente expresada. 4. Circular 3-R de 3 de Enero de 1974 de la Honorable Junta de Gobierno, que establece que la detención de las personas deberá efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y para ser ejecutada por los organismos responsables. '''B) En consecuencia, este ministerio dispone:''' 1. La detención de personas en uso de facultades del Estado de Sitio es única y exclusivamente privativa de la Junta Militar de Gobierno y se ejercerá a través de Decretos del Ministerio del Interior. 2. La detención de personas por la Justicia Militar sólo podrá llevarse a efecto en virtud de una orden emanada de un Tribunal competente y de acuerdo a las normas legales vigentes. 3. Ninguna autoridad está autorizada para practicar detenciones al margen de las presentes disposiciones; lo mismo se aplica a los Servicios de Inteligencia Militar de cualquier institución, que también deberán someterse obligatoriamente a tales normas. Lo expresado es sin perjuicio del cumplimiento de órdenes dispuestas por la autoridad competente y en los casos en que la Ley Penal autorice la detención respecto de personas sorprendidas ''in fraganti''. 4. Si por razones de urgencia la autoridad militar o administrativa tuviere que arrestar personas en uso de la facultad constitucional sin la dictación de un Decreto previo, deberá comunicarlo a la brevedad posible y en el plazo de 72 horas al Ministerio de Defensa Nacional a fin de que esa Secretaría de Estado por intermedio de S.E.N.D.E. haga llegar tal comunicación al Ministerio del Interior para su resolución final, manteniéndose el arresto durante el trámite. En esta comunicación se indicará la individualización completa del detenido, el lugar de su detención, las causas o motivos que la justifiquen y el tiempo de duración del arresto que proponen. 5. Ningún arrestado por la Facultad del Estado de Sitio y con Decreto dictado, podrá ser dejado en libertad sino en virtud de una orden escrita del Ministro del Interior. Con este fin las autoridades militares podrán solicitar a través de las Intendencias, la libertad de las personas que estime procedente. 6. El Ministerio de Defensa dispondrá que todos los C.A.J.S.I. envíen una lista completa de las personas que se encuentren detenidas a la fecha, conforme a esta facultad constitucional, indicando la fecha en que fueron detenidas. Esta lista deberán enviarla al Ministerio de Defensa Nacional en el plazo de diez días después de recibidas las instrucciones que ese Ministerio disponga, las que se harán llegar por intermedio de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, al Ministerio del Interior. 7. El Ministerio del Interior solicitará en cualquier momento a la autoridad militar informe en relación con detenidos por el Estado de Sitio. Estando ésta obligada a responder en forma inmediata. 8. Ninguna persona puede ser trasladada de un Departamento a otro sino en virtud de un Decreto firmado por el Ministro del Interior y por orden de la Junta de Gobierno. Esta disposición se aplica tanto a las personas que sean trasladadas en calidad de detenidas, como a aquellas que, sin estar detenidas, se disponga su permanencia obligada en un departamento diferente a aquel que corresponda a su residencia habitual. 9. Los movimientos de arrestados dentro de una misma localidad o de distintas localidades dentro de un mismo departamento, deberán hacerse exclusivamente de día, adoptando las medidas que sean necesarias, siendo de responsabilidad de la respectiva autoridad la seguridad de sus detenidos. 10. El Ministerio de Defensa Nacional dará las órdenes pertinentes para el inmediato cumplimiento de estas instrucciones. Saluda atentamente a US. (Fdo.) Oscar Bonilla Bradanovic, General de División, Ministro del Interior. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 3hv05wsobjkdseen7g59qn52n2zfd3t 1665309 1665306 2026-06-20T16:49:08Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] a [[Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] 1665306 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas |autor= Oscar Bonilla |año= 25 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido el 1° de febrero de 1974. Fija la exclusividad de la Junta de Gobierno y el Ministerio del Interior para detener personas bajo las facultades de Estado de Sitio, ordenando el sometimiento de los Servicios de Inteligencia al control legal. S.E.N.D.E. significa Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos y C.A.J.S.I. significa Comandantes del Área Jurisdiccional de Seguridad Interior. }}{{ma}} '''INSTRUCCIONES PARA EL CUMPLIMIENTO DEL DECRETO LEY Nº 228.''' '''A) Antecedentes:''' 1. Constitución Política del Estado, artículo 72 , Nº 17, que concede al Presidente de la República la facultad de trasladar a las personas de un Departamento a otro, y las de arrestarlas en sus propias casas y en lugares que no sean cárceles ni otros que estén destinados a la detención o prisión de reos comunes. 2. Decreto ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 1º, que establece que todas las atribuciones conferidas por el artículo 72 Nº 17, inciso 3º de la Constitución Política del Estado al Presidente de la República por la declaración del Estado de Sitio, serán ejercidas por la Junta de Gobierno por medio de Decretos Supremos firmados por el Ministro del Interior, con la fórmula “por orden de la Junta”. 3. Decreto Ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 2º, inciso 2º, que establece que el Ministerio del Interior dictará las normas a que deberán someterse las autoridades respecto a las medidas que hubieren adoptado o adoptaren en el futuro y que se refieran al ejercicio de la facultad constitucional anteriormente expresada. 4. Circular 3-R de 3 de Enero de 1974 de la Honorable Junta de Gobierno, que establece que la detención de las personas deberá efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y para ser ejecutada por los organismos responsables. '''B) En consecuencia, este ministerio dispone:''' 1. La detención de personas en uso de facultades del Estado de Sitio es única y exclusivamente privativa de la Junta Militar de Gobierno y se ejercerá a través de Decretos del Ministerio del Interior. 2. La detención de personas por la Justicia Militar sólo podrá llevarse a efecto en virtud de una orden emanada de un Tribunal competente y de acuerdo a las normas legales vigentes. 3. Ninguna autoridad está autorizada para practicar detenciones al margen de las presentes disposiciones; lo mismo se aplica a los Servicios de Inteligencia Militar de cualquier institución, que también deberán someterse obligatoriamente a tales normas. Lo expresado es sin perjuicio del cumplimiento de órdenes dispuestas por la autoridad competente y en los casos en que la Ley Penal autorice la detención respecto de personas sorprendidas ''in fraganti''. 4. Si por razones de urgencia la autoridad militar o administrativa tuviere que arrestar personas en uso de la facultad constitucional sin la dictación de un Decreto previo, deberá comunicarlo a la brevedad posible y en el plazo de 72 horas al Ministerio de Defensa Nacional a fin de que esa Secretaría de Estado por intermedio de S.E.N.D.E. haga llegar tal comunicación al Ministerio del Interior para su resolución final, manteniéndose el arresto durante el trámite. En esta comunicación se indicará la individualización completa del detenido, el lugar de su detención, las causas o motivos que la justifiquen y el tiempo de duración del arresto que proponen. 5. Ningún arrestado por la Facultad del Estado de Sitio y con Decreto dictado, podrá ser dejado en libertad sino en virtud de una orden escrita del Ministro del Interior. Con este fin las autoridades militares podrán solicitar a través de las Intendencias, la libertad de las personas que estime procedente. 6. El Ministerio de Defensa dispondrá que todos los C.A.J.S.I. envíen una lista completa de las personas que se encuentren detenidas a la fecha, conforme a esta facultad constitucional, indicando la fecha en que fueron detenidas. Esta lista deberán enviarla al Ministerio de Defensa Nacional en el plazo de diez días después de recibidas las instrucciones que ese Ministerio disponga, las que se harán llegar por intermedio de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, al Ministerio del Interior. 7. El Ministerio del Interior solicitará en cualquier momento a la autoridad militar informe en relación con detenidos por el Estado de Sitio. Estando ésta obligada a responder en forma inmediata. 8. Ninguna persona puede ser trasladada de un Departamento a otro sino en virtud de un Decreto firmado por el Ministro del Interior y por orden de la Junta de Gobierno. Esta disposición se aplica tanto a las personas que sean trasladadas en calidad de detenidas, como a aquellas que, sin estar detenidas, se disponga su permanencia obligada en un departamento diferente a aquel que corresponda a su residencia habitual. 9. Los movimientos de arrestados dentro de una misma localidad o de distintas localidades dentro de un mismo departamento, deberán hacerse exclusivamente de día, adoptando las medidas que sean necesarias, siendo de responsabilidad de la respectiva autoridad la seguridad de sus detenidos. 10. El Ministerio de Defensa Nacional dará las órdenes pertinentes para el inmediato cumplimiento de estas instrucciones. Saluda atentamente a US. (Fdo.) Oscar Bonilla Bradanovic, General de División, Ministro del Interior. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 3hv05wsobjkdseen7g59qn52n2zfd3t 1665313 1665309 2026-06-20T16:49:40Z Janitoalevic 45005 1665313 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas |autor= Oscar Bonilla |año= 25 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido el 1° de febrero de 1974. Fija la exclusividad de la Junta de Gobierno y el Ministerio del Interior para detener personas bajo las facultades de Estado de Sitio, ordenando el sometimiento de los Servicios de Inteligencia al control legal. S.E.N.D.E. significa Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos y C.A.J.S.I. significa Comandantes del Área Jurisdiccional de Seguridad Interior. }}{{ma}} '''INSTRUCCIONES PARA EL CUMPLIMIENTO DEL DECRETO LEY Nº 228.''' '''A) Antecedentes:''' 1. Constitución Política del Estado, artículo 72 , Nº 17, que concede al Presidente de la República la facultad de trasladar a las personas de un Departamento a otro, y las de arrestarlas en sus propias casas y en lugares que no sean cárceles ni otros que estén destinados a la detención o prisión de reos comunes. 2. Decreto ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 1º, que establece que todas las atribuciones conferidas por el artículo 72 Nº 17, inciso 3º de la Constitución Política del Estado al Presidente de la República por la declaración del Estado de Sitio, serán ejercidas por la Junta de Gobierno por medio de Decretos Supremos firmados por el Ministro del Interior, con la fórmula “por orden de la Junta”. 3. Decreto Ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 2º, inciso 2º, que establece que el Ministerio del Interior dictará las normas a que deberán someterse las autoridades respecto a las medidas que hubieren adoptado o adoptaren en el futuro y que se refieran al ejercicio de la facultad constitucional anteriormente expresada. 4. Circular 3-R de 3 de Enero de 1974 de la Honorable Junta de Gobierno, que establece que la detención de las personas deberá efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y para ser ejecutada por los organismos responsables. '''B) En consecuencia, este ministerio dispone:''' 1. La detención de personas en uso de facultades del Estado de Sitio es única y exclusivamente privativa de la Junta Militar de Gobierno y se ejercerá a través de Decretos del Ministerio del Interior. 2. La detención de personas por la Justicia Militar sólo podrá llevarse a efecto en virtud de una orden emanada de un Tribunal competente y de acuerdo a las normas legales vigentes. 3. Ninguna autoridad está autorizada para practicar detenciones al margen de las presentes disposiciones; lo mismo se aplica a los Servicios de Inteligencia Militar de cualquier institución, que también deberán someterse obligatoriamente a tales normas. Lo expresado es sin perjuicio del cumplimiento de órdenes dispuestas por la autoridad competente y en los casos en que la Ley Penal autorice la detención respecto de personas sorprendidas ''in fraganti''. 4. Si por razones de urgencia la autoridad militar o administrativa tuviere que arrestar personas en uso de la facultad constitucional sin la dictación de un Decreto previo, deberá comunicarlo a la brevedad posible y en el plazo de 72 horas al Ministerio de Defensa Nacional a fin de que esa Secretaría de Estado por intermedio de S.E.N.D.E. haga llegar tal comunicación al Ministerio del Interior para su resolución final, manteniéndose el arresto durante el trámite. En esta comunicación se indicará la individualización completa del detenido, el lugar de su detención, las causas o motivos que la justifiquen y el tiempo de duración del arresto que proponen. 5. Ningún arrestado por la Facultad del Estado de Sitio y con Decreto dictado, podrá ser dejado en libertad sino en virtud de una orden escrita del Ministro del Interior. Con este fin las autoridades militares podrán solicitar a través de las Intendencias, la libertad de las personas que estime procedente. 6. El Ministerio de Defensa dispondrá que todos los C.A.J.S.I. envíen una lista completa de las personas que se encuentren detenidas a la fecha, conforme a esta facultad constitucional, indicando la fecha en que fueron detenidas. Esta lista deberán enviarla al Ministerio de Defensa Nacional en el plazo de diez días después de recibidas las instrucciones que ese Ministerio disponga, las que se harán llegar por intermedio de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, al Ministerio del Interior. 7. El Ministerio del Interior solicitará en cualquier momento a la autoridad militar informe en relación con detenidos por el Estado de Sitio. Estando ésta obligada a responder en forma inmediata. 8. Ninguna persona puede ser trasladada de un Departamento a otro sino en virtud de un Decreto firmado por el Ministro del Interior y por orden de la Junta de Gobierno. Esta disposición se aplica tanto a las personas que sean trasladadas en calidad de detenidas, como a aquellas que, sin estar detenidas, se disponga su permanencia obligada en un departamento diferente a aquel que corresponda a su residencia habitual. 9. Los movimientos de arrestados dentro de una misma localidad o de distintas localidades dentro de un mismo departamento, deberán hacerse exclusivamente de día, adoptando las medidas que sean necesarias, siendo de responsabilidad de la respectiva autoridad la seguridad de sus detenidos. 10. El Ministerio de Defensa Nacional dará las órdenes pertinentes para el inmediato cumplimiento de estas instrucciones. Saluda atentamente a US. (Fdo.) Oscar Bonilla Bradanovic, General de División, Ministro del Interior. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 7hny8dmylkcf1x0052t74kugacw742f 1665314 1665313 2026-06-20T16:52:19Z Janitoalevic 45005 1665314 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas |autor= Oscar Bonilla |año= 25 de enero de 1974 |nota= Documento distribuido el 1° de febrero de 1974. Fija la exclusividad de la Junta de Gobierno y el Ministerio del Interior para detener personas bajo las facultades de Estado de Sitio, ordenando el sometimiento de los Servicios de Inteligencia al control legal. S.E.N.D.E. significa Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos y C.A.J.S.I. significa Comandantes del Área Jurisdiccional de Seguridad Interior. }}{{ma}} '''INSTRUCCIONES PARA EL CUMPLIMIENTO DEL DECRETO LEY Nº 228.''' '''A) Antecedentes:''' 1. Constitución Política del Estado, artículo 72 , Nº 17, que concede al Presidente de la República la facultad de trasladar a las personas de un Departamento a otro, y las de arrestarlas en sus propias casas y en lugares que no sean cárceles ni otros que estén destinados a la detención o prisión de reos comunes. 2. Decreto ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 1º, que establece que todas las atribuciones conferidas por el artículo 72 Nº 17, inciso 3º de la Constitución Política del Estado al Presidente de la República por la declaración del Estado de Sitio, serán ejercidas por la Junta de Gobierno por medio de Decretos Supremos firmados por el Ministro del Interior, con la fórmula “por orden de la Junta”. 3. Decreto Ley Nº 228 de 24 de diciembre de 1973, publicado en el Diario Oficial el 3 de enero de 1974, artículo 2º, inciso 2º, que establece que el Ministerio del Interior dictará las normas a que deberán someterse las autoridades respecto a las medidas que hubieren adoptado o adoptaren en el futuro y que se refieran al ejercicio de la facultad constitucional anteriormente expresada. 4. Circular 3-R de 3 de Enero de 1974 de la Honorable Junta de Gobierno, que establece que la detención de las personas deberá efectuarse bajo una orden clara de la autoridad y para ser ejecutada por los organismos responsables. '''B) En consecuencia, este ministerio dispone:''' 1. La detención de personas en uso de facultades del Estado de Sitio es única y exclusivamente privativa de la Junta Militar de Gobierno y se ejercerá a través de Decretos del Ministerio del Interior. 2. La detención de personas por la Justicia Militar sólo podrá llevarse a efecto en virtud de una orden emanada de un Tribunal competente y de acuerdo a las normas legales vigentes. 3. Ninguna autoridad está autorizada para practicar detenciones al margen de las presentes disposiciones; lo mismo se aplica a los Servicios de Inteligencia Militar de cualquier institución, que también deberán someterse obligatoriamente a tales normas. Lo expresado es sin perjuicio del cumplimiento de órdenes dispuestas por la autoridad competente y en los casos en que la Ley Penal autorice la detención respecto de personas sorprendidas ''in fraganti''. 4. Si por razones de urgencia la autoridad militar o administrativa tuviere que arrestar personas en uso de la facultad constitucional sin la dictación de un Decreto previo, deberá comunicarlo a la brevedad posible y en el plazo de 72 horas al Ministerio de Defensa Nacional a fin de que esa Secretaría de Estado por intermedio de S.E.N.D.E. haga llegar tal comunicación al Ministerio del Interior para su resolución final, manteniéndose el arresto durante el trámite. En esta comunicación se indicará la individualización completa del detenido, el lugar de su detención, las causas o motivos que la justifiquen y el tiempo de duración del arresto que proponen. 5. Ningún arrestado por la Facultad del Estado de Sitio y con Decreto dictado, podrá ser dejado en libertad sino en virtud de una orden escrita del Ministro del Interior. Con este fin las autoridades militares podrán solicitar a través de las Intendencias, la libertad de las personas que estime procedente. 6. El Ministerio de Defensa dispondrá que todos los C.A.J.S.I. envíen una lista completa de las personas que se encuentren detenidas a la fecha, conforme a esta facultad constitucional, indicando la fecha en que fueron detenidas. Esta lista deberán enviarla al Ministerio de Defensa Nacional en el plazo de diez días después de recibidas las instrucciones que ese Ministerio disponga, las que se harán llegar por intermedio de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, al Ministerio del Interior. 7. El Ministerio del Interior solicitará en cualquier momento a la autoridad militar informe en relación con detenidos por el Estado de Sitio. Estando ésta obligada a responder en forma inmediata. 8. Ninguna persona puede ser trasladada de un Departamento a otro sino en virtud de un Decreto firmado por el Ministro del Interior y por orden de la Junta de Gobierno. Esta disposición se aplica tanto a las personas que sean trasladadas en calidad de detenidas, como a aquellas que, sin estar detenidas, se disponga su permanencia obligada en un departamento diferente a aquel que corresponda a su residencia habitual. 9. Los movimientos de arrestados dentro de una misma localidad o de distintas localidades dentro de un mismo departamento, deberán hacerse exclusivamente de día, adoptando las medidas que sean necesarias, siendo de responsabilidad de la respectiva autoridad la seguridad de sus detenidos. 10. El Ministerio de Defensa Nacional dará las órdenes pertinentes para el inmediato cumplimiento de estas instrucciones. Saluda atentamente a US. (Fdo.) Oscar Bonilla Bradanovic, General de División, Ministro del Interior. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] doiiol5jipm76ji4hoz5ax9y4jzuxd0 Discusión:Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974) 1 418987 1665307 1664978 2026-06-20T16:48:29Z Janitoalevic 45005 1665307 wikitext text/x-wiki Fuente: https://ongcren.cl/wp-content/uploads/2020/06/Libro-Historia-de-la-Revolucion-Militar-Chilena-2018.pdf pp.40-41. Hermógenes Peréz de Arce, 2018. [https://blogdehermogenes.blogspot.com/2025/11/pinochet-probado-inocente-6.html] htoqn5hebcuahtewr9i63w3viiutzm9 1665311 1665307 2026-06-20T16:49:09Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Discusión:Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] a [[Discusión:Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] 1665307 wikitext text/x-wiki Fuente: https://ongcren.cl/wp-content/uploads/2020/06/Libro-Historia-de-la-Revolucion-Militar-Chilena-2018.pdf pp.40-41. Hermógenes Peréz de Arce, 2018. [https://blogdehermogenes.blogspot.com/2025/11/pinochet-probado-inocente-6.html] htoqn5hebcuahtewr9i63w3viiutzm9 Paz, Piedad y Perdón — Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona del 18 de julio de 1938 0 419138 1665732 1665193 2026-06-21T11:13:30Z Repub73 93361 Se continúa la transcripción. 1665732 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=Paz, Piedad y Perdón |subtítulo=Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona |autor=Manuel Azaña |año=18 de julio de 1938 |nota= Transcrito del volumen 6 de las ''Obras completas'' de Manuel Azaña. Si algún usuario encuentra en la web la fuente original se agradecerá su sustitución. }} EL PUNTO DE VISTA NACIONAL Cada vez que los Gobiernos de la República han estimado conveniente que me dirija a la opinión general del país, lo he hecho desde un punto de vista intemporal, dejando a un lado las preocupaciones más urgentes y cotidianas, que no me incumben especialmente, para discurrir sobre los datos capitales de nuestros problemas, confrontados con los intereses permanentes de la nación. A pesar de todo lo que se hace para destruirla, España subsiste. En mi propósito, y para fines mucho más importantes, España no está dividida en dos zonas delimitadas por la línea de fuego; donde haya un español o un puñado de españoles que se angustian pensando en la salvación del país, ahí hay un ánimo y una voluntad que entran en cuenta. Hablo para todos, incluso para los que no quieren oír lo que se les dice, incluso para los que, por distintos motivos contrapuestos, acá o allá, lo aborrecen. Es un deber estricto hacerlo así, un deber que no me es privativo, ciertamente, pero que domina y subyuga todos mis pensamientos. Añado que no me cuesta ningún esfuerzo cumplirlo; todo lo contrario. Al cabo de dos años, en que todos mis pensamientos políticos, como los vuestros; en que todos mis sentimientos de republicano, como los vuestros, y en que mis ilusiones de patriota, también como las vuestras, se han visto pisoteados y destrozados por una obra atroz, no voy a convertirme en lo que nunca he sido: en un banderizo obtuso, fanático y cerril. Incumbe a los Gobiernos dirigir la política, dirigir la guerra, los cuales Gobiernos se forman, subsisten o perecen según los vaivenes de su fortuna o de su popularidad, como las aprecian los órganos responsables en los que se representa y por los que se expresa la opinión pública. Y puesto a discurrir sobre la política y sobre la guerra desde aquel punto de vista que he nombrado y que me pertenece por obligación, he procurado siempre afirmar verdades que ya lo eran antes de la guerra, que lo son hoy, como seguirán siéndolo mañana. Seguramente estas verdades las hemos descubierto entre todos, cada cual a su manera: unos, por puro raciocinio; otros, las han descubierto por los implacables golpes de la experiencia. OBLIGACIÓN DE OPINAR Lo que importa es tener razón, y después de tener razón, importa casi tanto saber defenderla; porque sería triste cosa que, teniendo razón, pareciese como si la hubiésemos perdido a fuerza de palabras locas y de hechos reprobables. Es seguro que, a la larga, la verdad y la justicia se abren paso; mas, para que se lo abran, es indispensable que la verdad se depure y se acendre en lo íntimo de la conciencia y se acicale bajo la lima de un juicio independiente y que salga a luz con el respaldo y el seguro de una responsabilidad. He deseado y procurado siempre que todos lo hagan así. El derecho de enjuiciar públicamente subsiste a pesar de la guerra, salvo en aquellas cosas que pudieran perturbar conocidamente lo que es propio y exclusivo de las operaciones de la defensa. De esa manera, cada cual aporta su grano de arena a formar la opinión. Pero, más que un derecho, es una obligación imperiosa, ineludible, en todos los que de una manera o de otra toman parte en la vida pública. Es una obligación difícil de cumplir. ¿Cómo no va a serlo? Demasiado lo sé. Para vencer esa dificultad se recomienda mucho, como higiene moral, el ejercicio cotidiano de actos de valor cívico, menos peligrosos que los actos de valor del combatiente en el campo de batalla, pero no menos necesarios para la conservación y la salud de la República. En esta tarea de aconsejar a la opinión, o, más exactamente, de poner a la opinión en condiciones de saber lo que conviene al país, no he regateado nunca mi parte, tampoco hoy. Pienso que, en España, amigos y enemigos están habituados a escucharme como a un hombre que nunca dice lo contrario de lo que siente. O a no escucharme, y por igual razón. FASE INTERNACIONAL DEL PROBLEMA ESPAÑOL Con estas advertencias llamo en primer término vuestra atención sobre un hecho que todos conocéis: de todas las fases porque ha ido pasando este drama español, la que hoy predomina y absorbe a todas las demás es la fase internacional. El drama español surgió aparentemente con los caracteres de un problema de orden interior de España, como un gigantesco problema de orden público. Todos los Gobiernos de la República se han esforzado por situarlo así, y porque no fuese más, y ya era bastante. Y la sinceridad de los propósitos y de las intenciones de todos los Gobiernos de la República, no puede ponerse en duda, aunque no sea más, si no hubiera otras razones, que por la consideración de su propia conveniencia, porque de que el drama español dejase de ser un conflicto nuestro, sólo mayores desventuras y calamidades y conflictos podrían venir. Pero el ataque a mano armada contra la República descubrió pronto su aspecto de problema internacional. ¿Lo descubría porque unos grupos sociales o unas fuerzas políticas o las fuerzas armadas del Estado se rebelaban contra el régimen establecido? No. Se revelaba esa fase, porque otros Estados europeos, principalmente Alemania e Italia, acudían decididamente, con hombres y material, en apoyo de los que atacaban violentamente a la República. ¿Y por qué acudían? ¿Por qué les prestaban este apoyo? ¿Acaso por pura simpatía política, o emprendiendo lo que se llamaría malamente una cruzada ideológica? ¿Por puro espíritu de propaganda? No. En el fondo, al Estado alemán y al Estado italiano les importa muy poco cuál sea el régimen político de España, y, si la República española se hubiera prestado a entrar en el sistema de política occidental europea que planteaba el Gobierno italiano y a trabajar por deshacer el ''statu quo'' actual y a servir los intereses de la naciente hegemonía italiana en el Mediterráneo, ¡ahl, es seguro que en Roma y en Berlin se hubiese declarado que la República española era un arquetipo de organización estatal. Les prestan esa ayuda para incorporar a España, con todo lo que España significa, a pesar de su debilidad militar, al sistema que nace en Roma, y que no me voy a cansar en definir, porque todos lo conocéis. Cuando los síntomas probatorios de esta situación aparecieron, y los divulgamos eran artículos para la exportación, trabajos de la propaganda. Yo mismo, allá por julio o agosto del 36, en las primeras manifestaciones públicas que hice para el extranjero sobre nuestra cuestión, lo dije así. Debieron de creer que yo me había adscritos los servicios de propaganda. Después, los Gobiernos de la República, incesantemente, han llevado a todas partes las pruebas de este hecho, pruebas irrefutables que destruían la convencional actitud de fingir una duda, y todas estas pruebas fueron recibidas o con una reserva desconfiada o una simpatía taciturna, pero ya nadie lo puede poner en duda, nadie puede afectar la posición de la duda y ha sido preciso, para que estas dudas no puedan subsistir, ni siquiera como artificio de discusión, que los agresores confiesen la agresión, se jacten de ella, expliquen sus fines, y no sólo esto, sino que conviertan la agresión en moneda de cambio y en materia de regateo y de contrato. LA REPÚBLICA Y LA SOCIEDAD DE NACIONES Delante de esta situación, ¿qué han hecho los Gobiernos de la República? ¿Acaso declarar la guerra a Italia y a Alemania? No. Han ido con su derecho a las instituciones internacionales creadas para el mantenimiento de la legalidad. España, sobre todo con la República, había tomado en serio los propósitos, aunque no siempre los métodos, de la Sociedad de Naciones; y se había adherido a los principios que inspiran los planes de seguridad colectiva. Aunque todos los españoles, por raro caso, estaban unánimes en mantener en nuestro país una neutralidad a todo trance y costa, España aceptó las limitaciones que a esa política de neutralidad contiene y contenía el pacto de la Sociedad de Naciones, con tal de sumarse a una obra superior de interés general. La República inscribió en su Constitución los principios generales del pacto. La República se sumó a la política de sanciones cuando el ataque italiano contra Etiopía, secundando la política de los poderosos de la tierra, que entonces tenían la fortuna de que su interés nacional coincidiese con los dictados que rigen la vida moral de la Sociedad de Naciones. Cuando la política de sanciones fracasó por lo que todo el mundo sabe, la República española quedó expuesta, descubierto el costado, a las represalias del rencor. Pocas semanas después de decretarse la abolición de las sanciones y todavía vivo el conflicto de Etiopía, comenzaba la agresión italiana contra nuestro país. Y no sólo esto. España, lo mismo bajo la monarquía que bajo la República, se ha mantenido fiel al sistema de equilibrio y de statu quo en la Europa occidental y en el Mediterráneo; equilibrio basado en la hegemonía británica y la libertad de comunicaciones marítimas de Francia con su imperio de África. No nos ligaba a este sistema ningún pacto, ni público ni secreto, ninguna alianza, ningún tratado Pero era la consecuencia natural de nuestro estado interior, de nuestra posición en el mapa de Europa. Trastornarlo habría supuesto un esfuerzo gigantesco en el orden militar, completamente desproporcionado a los recursos del país y sin nada que ver con su conveniencia fundamental. Tales han sido los crímenes de la República en el orden internacional. Cuando los Gobiernos de España fueron a presentar sus reclamaciones y sus alegaciones donde debían y no sólo a Ginebra, todos los proyectos propuestos o solicitados o requeridos por el Gobierno español fracasaron. ¿Por qué? La tesis consiste en decir que el dar paso a las reclamaciones del Gobierno español, por justas que sean, habría producido la guerra general. Nunca he podido admitir la realidad de esta tesis. No se puede admitir, no en el orden teórico, sino en el orden de los factores políticos, tal como de hecho están situados en Europa; no se puede admitir que el mantenimiento sereno y digno de las obligaciones pactadas fuese a producir un conflicto internacional. Opinión que, dicha por mí, podría parecer interesada; pero en ella me acompañan eminentes estadistas extranjeros que han tenido sobre sí la responsabilidad del poder en sus países durante los días más agudos de la crisis, y opinan lo mismo. NADIE QUIERE AQUÍ UNA GUERRA GENERAL Es, por otra parte, calumnioso y desatinado afirmar que el Gobierno, éste u otro, de la República, ha buscado, ha deseado nunca una guerra general para disolver en ella nuestro problema nacional. Sería una táctica equivocada atosigar a los demás, con los peligros que corren con una u otra política. Es impertinencia tratar de explicar a los demás en qué consiste su interés nacional. Ya ellos lo saben muy de sobra. Sería pueril creer que la política internacional de un país puede fundarse, no ya exclusivamente, pero ni siquiera principalmente en la semejanza o diferencia de los regímenes políticos. La política internacional de un país está determinada por datos inmutables o de muy difícil mudanza, y por debajo de los regímenes políticos, hay valores de otro orden que los rebasan y que, en realidad, los subyugan. Me excuso de poner ejemplos del exterior que son bien palpitantes y están en la noticia de todos. Basta volver la vista a nuestro país. La República ha hecho la misma política internacional que la monarquía y por iguales razones. Pero dentro de esto y dejando a salvo el interés nacional de cada cual como lo entienda, es innegable que existen contactos, repercusiones probables, interferencias que forman parte de aquel mismo interés nacional y que constituyen el terreno común para una inteligencia en favor de la paz y la protección de la independencia de cada uno. Así entendido el problema, todo lo que los Gobiernos de la República han hecho sobre el particular no ha rebasado nunca los límites decentes que la discreción exterior impone. Y es absolutamente absurdo suponer que nadie con responsabilidad en la República española ha tenido el pensamiento ni el deseo de zafarse del conflicto nuestro interior provocando una conflagración europea. Contra semejante dislate militan muchas razones: meses hace que expuse algunas. Militan todas las razones de humanidad, de prudencia humana y de sabiduría de la conducta en la vida que hay siempre contra cualquier género de guerra; milita, además, que los españoles ya tenemos bastante, y aun de sobra, con la guerra que estamos sufriendo; y sobre eso, una consideración de orden político bastante clara. Si por causa de la guerra de España hubiese en Europa una conflagración general, la causa de España quedaría relegada a muy segundo término, y la solución que adviniera no tendría nada que ver, ni por casualidad, con los intereses fundamentales que nosotros representamos y defendemos. Es, por tanto, indispensable que se acallen las imaginaciones quiméricas que esperaban o temían actos de desesperación del Gobierno de la República. En primer lugar, aquí nadie está desesperado, y en segundo término, si las dificultades creciesen, todavía sería desatinado remedio provocar una dificultad mayor y seguramente indominable. DECLARACIÓN IRREVOCABLE Los hombres de mi tiempo recibimos, estando en la adolescencia, la impresión del desastre de 1898. Huella terrible que, en ciertos aspectos, ha dominado toda nuestra vida pública. Hemos pasado cuarenta años escarneciendo aquella política, sin piedad para ella, sin tomar en cuenta ninguna de las excusas posibles que un político encuentra siempre para justificar su posición, y sería demasiado a estas alturas que tuviéramos que someternos a la cruel burla del destino de cometer un dislate todavía más grande. Por mi parte, no podría resignarme a prestar una aparente aprobación, ni siquiera con mi muda presencia, a ningún acto de ningún Gobierno que pareciese inspirado, directa o indirectamente, en el propósito de convertir la guerra de España en una guerra general. LA LIMITACIÓN DE LA GUERRA Las tesis que han prevalecido en el exterior, entre los que se ocupan de nuestro problema, en cuanto problema europeo, consisten en afirmar que es indispensable limitar la guerra de España y extinguir la guerra de España. Por limitar la guerra de España se entiende tomar aquellas precauciones y aquellas medidas que corten el peligro de conflagración general salido de nuestro problema, y por extinguir la guerra de España la pacificación de nuestro país. He tenido ocasión de decir ya, meses hace, que limitar la guerra de España es obligación de los demás, porque no hemos sido nosotros quienes hemos extendido la guerra de España a los intereses de otras potencias; que incumbe a los demás limitar la guerra de España. Nosotros no tenemos medios de impedir que desembarquen en España los millares de hombres y los millares y millares de toneladas de material de guerra de Italia y Alemania. Incumbe a los demás limitar la guerra de España; extinguir la guerra de España incumbe a los españoles; pero les incumbe, les incumbirá cuando haya desaparecido de la Península el padrón de ignominia que supone la presencia de los ejércitos extranjeros luchando contra los españoles; antes, no. Para limitar la guerra de España, secundando aquella iniciativa exterior y desmintiendo una vez más los supuestos propósitos de los Gobiernos españoles favorables a una conflagración general, la República ha consentido sacrificios inmensos, sacrificios en su interés, sacrificios en su derecho. A todo lo largo de la lamentable historia de la política de no intervención, está siempre el sacrificio de la República y de los Gobiernos republicanos. Del valor moral, de la energía cívica, de la perspicacia política que haya en el fondo de la política de no intervención, la historia juzgará; pero nosotros estamos autorizados para decir desde ahora que, sin dudar de las buenas intenciones de los demás, tal como ha funcionado y funciona la política de no intervención, ha parecido que el único que no tenía derecho a intervenir en la guerra de España era el Gobierno español. Producto de esa tesis y órgano de esa política son el Comité de Londres y su acuerdo reciente, que todos conocemos. Por fin, las potencias signatarias del acuerdo de la no intervención han llegado a aprobar un texto en virtud del cual, con estos o los otros métodos, se año por ahora, un texto aproximadamente igual no pudo ser aprobado en Londres, ciertamente que no por culpa del Gobierno de la República, y yo considero que si este texto se hubiera aprobado el año anterior, a pesar de todas las tardanzas y disquisiciones que puedan oponerse a su ejecución, ya estaría cumplido y España pacificada. Porque si hace falta limitar la guerra y extinguir la guerra, y para cada cual es un deber distinto, yo añado ahora que limitar la guerra de España, si en efecto se limita, es extinguirla, porque la guerra de España está única y exclusivamente mantenida por la invasión extranjera. EL ACUERDO DE LONDRES ¿Qué vale el acuerdo de Londres? Es por de pronto de mala fe dudar de la actitud de España frente a ese acuerdo. En primer lugar, el Gobierno de la República no tiene que pedir permiso a nadie para aceptarlo o para rechazarlo; y en segundo término, el Gobierno de la República, que mantiene la tesis de que el conflicto español debe quedar reducido, como siempre lo ha mantenido, a un conflicto interno, no puede negar paso a las medidas que tengan el propósito de dar a eso una más o menos remota realidad. Es bueno que se sepa que, ya en septiembre del 36, no faltó quien recomendase y señalase ese camino sin resultado, y que desde entonces acá los Gobiernos, unas veces en Ginebra, otras veces en Londres o donde lo han podido hacer, han insistido continuamente, reclamando una solución en este particular. Nunca hemos pedido otra cosa. El Gobierno podrá hacer las salvedades de principio, de realización, criticar o pedir aclaraciones, discutir estos o los otros puntos; pero, en el fondo del asunto, nuestra voluntad y la voluntad del Gobierno es de sobra conocida: que se vayan los invasores de España, y nos resignaremos a que se vayan los hombres que, voluntariamente y de verdad, han venido a defender la República; pero ¡que se vayan! La República y la paz de España habrían dado entonces un paso de gigante. Yo no sé si se cumplirá o no; no tengo noticias de lo que ocurre en los recónditos despachos donde los diplomáticos cuchichean; pero, si de verdad se quiere pacificar a España, no hay sino cumplir a fondo, rápidamente y con lealtad, el acuerdo de Londres. Y añado, pensando no ya como español, sino como europeo, que es insigne locura, desvarío y responsabilidad aplastante, dejar que el porvenir de Europa esté pendiente de la suerte de las armas en la Península. QUIÉN DEBE HACER SALIR DE ESPAÑA A LOS EXTRANJEROS En rigor, si los españoles quisieran dar muestras de su carácter y de aquella altivez de que, con tanta frecuencia, y no siempre con razón, blasonan, el Comité de Londres no haría falta para nada porque serían los mismos españoles, por fin alumbrados acerca de en qué consiste su verdadero interés, los que harían reemprender el camino de su patria a los invasores de España. El Comité de Londres, delante del problema europeo presente y latente, toma los caminos, las determinaciones, propone los métodos que considera útiles para resolverlo o para evitar ese conflicto; pero el Comité de Londres no se cura, ni tiene porqué, del prestigio y de la honra de los españoles. Y no se puede negar que el acuerdo del Comité de Londres es un baldón bochornoso para nuestro país porque viene a rectificar, a corregir y, si se puede todavía, a enmendar, la inconcebible locura de haber traído a la patria un poderío extranjero. Que sea necesario corregir desde fuera las faltas de otros españoles, aunque sean enemigos nuestros, me avergüenza. PROMESAS DE UN IMPERIO ESPAÑOL A los españoles que han favorecido y aprovechado la invasión extranjera se les dice, para consolarlos, que esa invasión, con todas sus incalculables consecuencias, que todavía no se han puesto a luz del todo, es la piedra angular en que se ha de fundar el nuevo Imperio español. ¡Fantástico Imperio! Si un Imperio español fuese posible y deseable, que no lo es, no bastaría el decretarlo en una gaceta oficial o en unas arengas políticas. ¡Sería un singular Imperio el que, para nacer, comienza echándose a los pies de sus amigos y valedores, dejándose aherrojar por ellos! Cuando los españoles de talla gigante fundaban imperios de verdad, no traían a los extranjeros a pelear contra su propio país. Cuando la corona de España aspiraba y casi conseguía el dominio universal, los españoles iban a guerrear a la Lombardía y a Nápoles, saqueaban a Roma, ponían preso al Papa, y sojuzgaban a los italianos, seguramente sin ningún derecho y con excesiva dureza, pero los sojuzgaban, y no se les ocurría traer a los italianos a España a matar españoles en las orillas del Tajo y del Ebro a título de la fundación del Imperio español. Y yo me pregunto si todos los colaboradores de la invasión extranjera o los que la padecen que —hay muchos que la padecen—, cuando vean las ciudades arrasadas y los españoles muertos a millares por obra de las armas extranjeras, se consolarán de su dolor de españoles pensando: «Es el Imperio que nace». ¡Triste consuelo! Caso como éste no tiene semejanza en la historia contemporánea de Europa. Para encontrar algo que se le parezca, hay que recordar las guerras civiles del siglo XVI y del siglo XVII, en que, so capa de guerra religiosa, se disputaba realmente el predominio político sobre el continente. Entonces, los españoles, soldados de un Imperio, hacían en Francia exactamente el mismo papel que hacen ahora en España los alemanes y los italianos, pero a los ligueros católicos franceses que cooperaban con los ejércitos invasores de España en Francia, no se les ocurría decir que estaban fundando un imperio francés, y entonces el sentimiento del patriotismo, la moral del patriotismo y los dictados del sentimiento nacional no estaban en el punto a que en la edad moderna han llegado; los motivos eran otros, y cuando tanto el poderío francés como cualquier otro de Europa se constituyó, se constituyó precisamente contra nosotros, no a favor nuestro. El día que un rey francés, a costa de oír una misa, recobró su capital, el ejército español que guarnecía París abandonó la ciudad, tambor batiente, banderas desplegadas, y el rey Enrique que los veía salir les dijo: «Señores españoles, encomendadme a vuestro amo, pero no volváis más». CUESTIÓN DE HONRA Este sentimiento ¿no estallará en el alma de los españoles que se crean patriotas y que crean estar alentados por un espíritu nacional, cuando hace ya más de tres siglos que un rey francés lo profirió pensando en la libertad de su pueblo? Nosotros sí lo sentimos, sí lo pensamos. Para nosotros la salida de los invasores de España es una cuestión de honra. En ninguna lengua del mundo se dice con tanta rotundidad: una cuestión de honra. Creemos que debe serlo para todos y, por tanto, una cuestión previa, porque ninguna nación puede vivir decorosamente ni tiene derecho al respeto ni a la amistad de las demás, si ha perdido la honra y la libertad. 1lyn5cg68fj1tf2frh1ruf6uqqxdb6i 1665733 1665732 2026-06-21T11:14:05Z Repub73 93361 1665733 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título=Paz, Piedad y Perdón |subtítulo=Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona |autor=Manuel Azaña |año=18 de julio de 1938 |nota= Transcrito del volumen 6 de las ''Obras completas'' de Manuel Azaña. Si algún usuario encuentra en la web la fuente original se agradecerá su sustitución. }} EL PUNTO DE VISTA NACIONAL Cada vez que los Gobiernos de la República han estimado conveniente que me dirija a la opinión general del país, lo he hecho desde un punto de vista intemporal, dejando a un lado las preocupaciones más urgentes y cotidianas, que no me incumben especialmente, para discurrir sobre los datos capitales de nuestros problemas, confrontados con los intereses permanentes de la nación. A pesar de todo lo que se hace para destruirla, España subsiste. En mi propósito, y para fines mucho más importantes, España no está dividida en dos zonas delimitadas por la línea de fuego; donde haya un español o un puñado de españoles que se angustian pensando en la salvación del país, ahí hay un ánimo y una voluntad que entran en cuenta. Hablo para todos, incluso para los que no quieren oír lo que se les dice, incluso para los que, por distintos motivos contrapuestos, acá o allá, lo aborrecen. Es un deber estricto hacerlo así, un deber que no me es privativo, ciertamente, pero que domina y subyuga todos mis pensamientos. Añado que no me cuesta ningún esfuerzo cumplirlo; todo lo contrario. Al cabo de dos años, en que todos mis pensamientos políticos, como los vuestros; en que todos mis sentimientos de republicano, como los vuestros, y en que mis ilusiones de patriota, también como las vuestras, se han visto pisoteados y destrozados por una obra atroz, no voy a convertirme en lo que nunca he sido: en un banderizo obtuso, fanático y cerril. Incumbe a los Gobiernos dirigir la política, dirigir la guerra, los cuales Gobiernos se forman, subsisten o perecen según los vaivenes de su fortuna o de su popularidad, como las aprecian los órganos responsables en los que se representa y por los que se expresa la opinión pública. Y puesto a discurrir sobre la política y sobre la guerra desde aquel punto de vista que he nombrado y que me pertenece por obligación, he procurado siempre afirmar verdades que ya lo eran antes de la guerra, que lo son hoy, como seguirán siéndolo mañana. Seguramente estas verdades las hemos descubierto entre todos, cada cual a su manera: unos, por puro raciocinio; otros, las han descubierto por los implacables golpes de la experiencia. OBLIGACIÓN DE OPINAR Lo que importa es tener razón, y después de tener razón, importa casi tanto saber defenderla; porque sería triste cosa que, teniendo razón, pareciese como si la hubiésemos perdido a fuerza de palabras locas y de hechos reprobables. Es seguro que, a la larga, la verdad y la justicia se abren paso; mas, para que se lo abran, es indispensable que la verdad se depure y se acendre en lo íntimo de la conciencia y se acicale bajo la lima de un juicio independiente y que salga a luz con el respaldo y el seguro de una responsabilidad. He deseado y procurado siempre que todos lo hagan así. El derecho de enjuiciar públicamente subsiste a pesar de la guerra, salvo en aquellas cosas que pudieran perturbar conocidamente lo que es propio y exclusivo de las operaciones de la defensa. De esa manera, cada cual aporta su grano de arena a formar la opinión. Pero, más que un derecho, es una obligación imperiosa, ineludible, en todos los que de una manera o de otra toman parte en la vida pública. Es una obligación difícil de cumplir. ¿Cómo no va a serlo? Demasiado lo sé. Para vencer esa dificultad se recomienda mucho, como higiene moral, el ejercicio cotidiano de actos de valor cívico, menos peligrosos que los actos de valor del combatiente en el campo de batalla, pero no menos necesarios para la conservación y la salud de la República. En esta tarea de aconsejar a la opinión, o, más exactamente, de poner a la opinión en condiciones de saber lo que conviene al país, no he regateado nunca mi parte, tampoco hoy. Pienso que, en España, amigos y enemigos están habituados a escucharme como a un hombre que nunca dice lo contrario de lo que siente. O a no escucharme, y por igual razón. FASE INTERNACIONAL DEL PROBLEMA ESPAÑOL Con estas advertencias llamo en primer término vuestra atención sobre un hecho que todos conocéis: de todas las fases porque ha ido pasando este drama español, la que hoy predomina y absorbe a todas las demás es la fase internacional. El drama español surgió aparentemente con los caracteres de un problema de orden interior de España, como un gigantesco problema de orden público. Todos los Gobiernos de la República se han esforzado por situarlo así, y porque no fuese más, y ya era bastante. Y la sinceridad de los propósitos y de las intenciones de todos los Gobiernos de la República, no puede ponerse en duda, aunque no sea más, si no hubiera otras razones, que por la consideración de su propia conveniencia, porque de que el drama español dejase de ser un conflicto nuestro, sólo mayores desventuras y calamidades y conflictos podrían venir. Pero el ataque a mano armada contra la República descubrió pronto su aspecto de problema internacional. ¿Lo descubría porque unos grupos sociales o unas fuerzas políticas o las fuerzas armadas del Estado se rebelaban contra el régimen establecido? No. Se revelaba esa fase, porque otros Estados europeos, principalmente Alemania e Italia, acudían decididamente, con hombres y material, en apoyo de los que atacaban violentamente a la República. ¿Y por qué acudían? ¿Por qué les prestaban este apoyo? ¿Acaso por pura simpatía política, o emprendiendo lo que se llamaría malamente una cruzada ideológica? ¿Por puro espíritu de propaganda? No. En el fondo, al Estado alemán y al Estado italiano les importa muy poco cuál sea el régimen político de España, y, si la República española se hubiera prestado a entrar en el sistema de política occidental europea que planteaba el Gobierno italiano y a trabajar por deshacer el ''statu quo'' actual y a servir los intereses de la naciente hegemonía italiana en el Mediterráneo, ¡ahl, es seguro que en Roma y en Berlin se hubiese declarado que la República española era un arquetipo de organización estatal. Les prestan esa ayuda para incorporar a España, con todo lo que España significa, a pesar de su debilidad militar, al sistema que nace en Roma, y que no me voy a cansar en definir, porque todos lo conocéis. Cuando los síntomas probatorios de esta situación aparecieron, y los divulgamos eran artículos para la exportación, trabajos de la propaganda. Yo mismo, allá por julio o agosto del 36, en las primeras manifestaciones públicas que hice para el extranjero sobre nuestra cuestión, lo dije así. Debieron de creer que yo me había adscritos los servicios de propaganda. Después, los Gobiernos de la República, incesantemente, han llevado a todas partes las pruebas de este hecho, pruebas irrefutables que destruían la convencional actitud de fingir una duda, y todas estas pruebas fueron recibidas o con una reserva desconfiada o una simpatía taciturna, pero ya nadie lo puede poner en duda, nadie puede afectar la posición de la duda y ha sido preciso, para que estas dudas no puedan subsistir, ni siquiera como artificio de discusión, que los agresores confiesen la agresión, se jacten de ella, expliquen sus fines, y no sólo esto, sino que conviertan la agresión en moneda de cambio y en materia de regateo y de contrato. LA REPÚBLICA Y LA SOCIEDAD DE NACIONES Delante de esta situación, ¿qué han hecho los Gobiernos de la República? ¿Acaso declarar la guerra a Italia y a Alemania? No. Han ido con su derecho a las instituciones internacionales creadas para el mantenimiento de la legalidad. España, sobre todo con la República, había tomado en serio los propósitos, aunque no siempre los métodos, de la Sociedad de Naciones; y se había adherido a los principios que inspiran los planes de seguridad colectiva. Aunque todos los españoles, por raro caso, estaban unánimes en mantener en nuestro país una neutralidad a todo trance y costa, España aceptó las limitaciones que a esa política de neutralidad contiene y contenía el pacto de la Sociedad de Naciones, con tal de sumarse a una obra superior de interés general. La República inscribió en su Constitución los principios generales del pacto. La República se sumó a la política de sanciones cuando el ataque italiano contra Etiopía, secundando la política de los poderosos de la tierra, que entonces tenían la fortuna de que su interés nacional coincidiese con los dictados que rigen la vida moral de la Sociedad de Naciones. Cuando la política de sanciones fracasó por lo que todo el mundo sabe, la República española quedó expuesta, descubierto el costado, a las represalias del rencor. Pocas semanas después de decretarse la abolición de las sanciones y todavía vivo el conflicto de Etiopía, comenzaba la agresión italiana contra nuestro país. Y no sólo esto. España, lo mismo bajo la monarquía que bajo la República, se ha mantenido fiel al sistema de equilibrio y de statu quo en la Europa occidental y en el Mediterráneo; equilibrio basado en la hegemonía británica y la libertad de comunicaciones marítimas de Francia con su imperio de África. No nos ligaba a este sistema ningún pacto, ni público ni secreto, ninguna alianza, ningún tratado Pero era la consecuencia natural de nuestro estado interior, de nuestra posición en el mapa de Europa. Trastornarlo habría supuesto un esfuerzo gigantesco en el orden militar, completamente desproporcionado a los recursos del país y sin nada que ver con su conveniencia fundamental. Tales han sido los crímenes de la República en el orden internacional. Cuando los Gobiernos de España fueron a presentar sus reclamaciones y sus alegaciones donde debían y no sólo a Ginebra, todos los proyectos propuestos o solicitados o requeridos por el Gobierno español fracasaron. ¿Por qué? La tesis consiste en decir que el dar paso a las reclamaciones del Gobierno español, por justas que sean, habría producido la guerra general. Nunca he podido admitir la realidad de esta tesis. No se puede admitir, no en el orden teórico, sino en el orden de los factores políticos, tal como de hecho están situados en Europa; no se puede admitir que el mantenimiento sereno y digno de las obligaciones pactadas fuese a producir un conflicto internacional. Opinión que, dicha por mí, podría parecer interesada; pero en ella me acompañan eminentes estadistas extranjeros que han tenido sobre sí la responsabilidad del poder en sus países durante los días más agudos de la crisis, y opinan lo mismo. NADIE QUIERE AQUÍ UNA GUERRA GENERAL Es, por otra parte, calumnioso y desatinado afirmar que el Gobierno, éste u otro, de la República, ha buscado, ha deseado nunca una guerra general para disolver en ella nuestro problema nacional. Sería una táctica equivocada atosigar a los demás, con los peligros que corren con una u otra política. Es impertinencia tratar de explicar a los demás en qué consiste su interés nacional. Ya ellos lo saben muy de sobra. Sería pueril creer que la política internacional de un país puede fundarse, no ya exclusivamente, pero ni siquiera principalmente en la semejanza o diferencia de los regímenes políticos. La política internacional de un país está determinada por datos inmutables o de muy difícil mudanza, y por debajo de los regímenes políticos, hay valores de otro orden que los rebasan y que, en realidad, los subyugan. Me excuso de poner ejemplos del exterior que son bien palpitantes y están en la noticia de todos. Basta volver la vista a nuestro país. La República ha hecho la misma política internacional que la monarquía y por iguales razones. Pero dentro de esto y dejando a salvo el interés nacional de cada cual como lo entienda, es innegable que existen contactos, repercusiones probables, interferencias que forman parte de aquel mismo interés nacional y que constituyen el terreno común para una inteligencia en favor de la paz y la protección de la independencia de cada uno. Así entendido el problema, todo lo que los Gobiernos de la República han hecho sobre el particular no ha rebasado nunca los límites decentes que la discreción exterior impone. Y es absolutamente absurdo suponer que nadie con responsabilidad en la República española ha tenido el pensamiento ni el deseo de zafarse del conflicto nuestro interior provocando una conflagración europea. Contra semejante dislate militan muchas razones: meses hace que expuse algunas. Militan todas las razones de humanidad, de prudencia humana y de sabiduría de la conducta en la vida que hay siempre contra cualquier género de guerra; milita, además, que los españoles ya tenemos bastante, y aun de sobra, con la guerra que estamos sufriendo; y sobre eso, una consideración de orden político bastante clara. Si por causa de la guerra de España hubiese en Europa una conflagración general, la causa de España quedaría relegada a muy segundo término, y la solución que adviniera no tendría nada que ver, ni por casualidad, con los intereses fundamentales que nosotros representamos y defendemos. Es, por tanto, indispensable que se acallen las imaginaciones quiméricas que esperaban o temían actos de desesperación del Gobierno de la República. En primer lugar, aquí nadie está desesperado, y en segundo término, si las dificultades creciesen, todavía sería desatinado remedio provocar una dificultad mayor y seguramente indominable. DECLARACIÓN IRREVOCABLE Los hombres de mi tiempo recibimos, estando en la adolescencia, la impresión del desastre de 1898. Huella terrible que, en ciertos aspectos, ha dominado toda nuestra vida pública. Hemos pasado cuarenta años escarneciendo aquella política, sin piedad para ella, sin tomar en cuenta ninguna de las excusas posibles que un político encuentra siempre para justificar su posición, y sería demasiado a estas alturas que tuviéramos que someternos a la cruel burla del destino de cometer un dislate todavía más grande. Por mi parte, no podría resignarme a prestar una aparente aprobación, ni siquiera con mi muda presencia, a ningún acto de ningún Gobierno que pareciese inspirado, directa o indirectamente, en el propósito de convertir la guerra de España en una guerra general. LA LIMITACIÓN DE LA GUERRA Las tesis que han prevalecido en el exterior, entre los que se ocupan de nuestro problema, en cuanto problema europeo, consisten en afirmar que es indispensable limitar la guerra de España y extinguir la guerra de España. Por limitar la guerra de España se entiende tomar aquellas precauciones y aquellas medidas que corten el peligro de conflagración general salido de nuestro problema, y por extinguir la guerra de España la pacificación de nuestro país. He tenido ocasión de decir ya, meses hace, que limitar la guerra de España es obligación de los demás, porque no hemos sido nosotros quienes hemos extendido la guerra de España a los intereses de otras potencias; que incumbe a los demás limitar la guerra de España. Nosotros no tenemos medios de impedir que desembarquen en España los millares de hombres y los millares y millares de toneladas de material de guerra de Italia y Alemania. Incumbe a los demás limitar la guerra de España; extinguir la guerra de España incumbe a los españoles; pero les incumbe, les incumbirá cuando haya desaparecido de la Península el padrón de ignominia que supone la presencia de los ejércitos extranjeros luchando contra los españoles; antes, no. Para limitar la guerra de España, secundando aquella iniciativa exterior y desmintiendo una vez más los supuestos propósitos de los Gobiernos españoles favorables a una conflagración general, la República ha consentido sacrificios inmensos, sacrificios en su interés, sacrificios en su derecho. A todo lo largo de la lamentable historia de la política de no intervención, está siempre el sacrificio de la República y de los Gobiernos republicanos. Del valor moral, de la energía cívica, de la perspicacia política que haya en el fondo de la política de no intervención, la historia juzgará; pero nosotros estamos autorizados para decir desde ahora que, sin dudar de las buenas intenciones de los demás, tal como ha funcionado y funciona la política de no intervención, ha parecido que el único que no tenía derecho a intervenir en la guerra de España era el Gobierno español. Producto de esa tesis y órgano de esa política son el Comité de Londres y su acuerdo reciente, que todos conocemos. Por fin, las potencias signatarias del acuerdo de la no intervención han llegado a aprobar un texto en virtud del cual, con estos o los otros métodos, se año por ahora, un texto aproximadamente igual no pudo ser aprobado en Londres, ciertamente que no por culpa del Gobierno de la República, y yo considero que si este texto se hubiera aprobado el año anterior, a pesar de todas las tardanzas y disquisiciones que puedan oponerse a su ejecución, ya estaría cumplido y España pacificada. Porque si hace falta limitar la guerra y extinguir la guerra, y para cada cual es un deber distinto, yo añado ahora que limitar la guerra de España, si en efecto se limita, es extinguirla, porque la guerra de España está única y exclusivamente mantenida por la invasión extranjera. EL ACUERDO DE LONDRES ¿Qué vale el acuerdo de Londres? Es por de pronto de mala fe dudar de la actitud de España frente a ese acuerdo. En primer lugar, el Gobierno de la República no tiene que pedir permiso a nadie para aceptarlo o para rechazarlo; y en segundo término, el Gobierno de la República, que mantiene la tesis de que el conflicto español debe quedar reducido, como siempre lo ha mantenido, a un conflicto interno, no puede negar paso a las medidas que tengan el propósito de dar a eso una más o menos remota realidad. Es bueno que se sepa que, ya en septiembre del 36, no faltó quien recomendase y señalase ese camino sin resultado, y que desde entonces acá los Gobiernos, unas veces en Ginebra, otras veces en Londres o donde lo han podido hacer, han insistido continuamente, reclamando una solución en este particular. Nunca hemos pedido otra cosa. El Gobierno podrá hacer las salvedades de principio, de realización, criticar o pedir aclaraciones, discutir estos o los otros puntos; pero, en el fondo del asunto, nuestra voluntad y la voluntad del Gobierno es de sobra conocida: que se vayan los invasores de España, y nos resignaremos a que se vayan los hombres que, voluntariamente y de verdad, han venido a defender la República; pero ¡que se vayan! La República y la paz de España habrían dado entonces un paso de gigante. Yo no sé si se cumplirá o no; no tengo noticias de lo que ocurre en los recónditos despachos donde los diplomáticos cuchichean; pero, si de verdad se quiere pacificar a España, no hay sino cumplir a fondo, rápidamente y con lealtad, el acuerdo de Londres. Y añado, pensando no ya como español, sino como europeo, que es insigne locura, desvarío y responsabilidad aplastante, dejar que el porvenir de Europa esté pendiente de la suerte de las armas en la Península. QUIÉN DEBE HACER SALIR DE ESPAÑA A LOS EXTRANJEROS En rigor, si los españoles quisieran dar muestras de su carácter y de aquella altivez de que, con tanta frecuencia, y no siempre con razón, blasonan, el Comité de Londres no haría falta para nada porque serían los mismos españoles, por fin alumbrados acerca de en qué consiste su verdadero interés, los que harían reemprender el camino de su patria a los invasores de España. El Comité de Londres, delante del problema europeo presente y latente, toma los caminos, las determinaciones, propone los métodos que considera útiles para resolverlo o para evitar ese conflicto; pero el Comité de Londres no se cura, ni tiene porqué, del prestigio y de la honra de los españoles. Y no se puede negar que el acuerdo del Comité de Londres es un baldón bochornoso para nuestro país porque viene a rectificar, a corregir y, si se puede todavía, a enmendar, la inconcebible locura de haber traído a la patria un poderío extranjero. Que sea necesario corregir desde fuera las faltas de otros españoles, aunque sean enemigos nuestros, me avergüenza. PROMESAS DE UN IMPERIO ESPAÑOL A los españoles que han favorecido y aprovechado la invasión extranjera se les dice, para consolarlos, que esa invasión, con todas sus incalculables consecuencias, que todavía no se han puesto a luz del todo, es la piedra angular en que se ha de fundar el nuevo Imperio español. ¡Fantástico Imperio! Si un Imperio español fuese posible y deseable, que no lo es, no bastaría el decretarlo en una gaceta oficial o en unas arengas políticas. ¡Sería un singular Imperio el que, para nacer, comienza echándose a los pies de sus amigos y valedores, dejándose aherrojar por ellos! Cuando los españoles de talla gigante fundaban imperios de verdad, no traían a los extranjeros a pelear contra su propio país. Cuando la corona de España aspiraba y casi conseguía el dominio universal, los españoles iban a guerrear a la Lombardía y a Nápoles, saqueaban a Roma, ponían preso al Papa, y sojuzgaban a los italianos, seguramente sin ningún derecho y con excesiva dureza, pero los sojuzgaban, y no se les ocurría traer a los italianos a España a matar españoles en las orillas del Tajo y del Ebro a título de la fundación del Imperio español. Y yo me pregunto si todos los colaboradores de la invasión extranjera o los que la padecen que —hay muchos que la padecen—, cuando vean las ciudades arrasadas y los españoles muertos a millares por obra de las armas extranjeras, se consolarán de su dolor de españoles pensando: «Es el Imperio que nace». ¡Triste consuelo! Caso como éste no tiene semejanza en la historia contemporánea de Europa. Para encontrar algo que se le parezca, hay que recordar las guerras civiles del siglo XVI y del siglo XVII, en que, so capa de guerra religiosa, se disputaba realmente el predominio político sobre el continente. Entonces, los españoles, soldados de un Imperio, hacían en Francia exactamente el mismo papel que hacen ahora en España los alemanes y los italianos, pero a los ligueros católicos franceses que cooperaban con los ejércitos invasores de España en Francia, no se les ocurría decir que estaban fundando un imperio francés, y entonces el sentimiento del patriotismo, la moral del patriotismo y los dictados del sentimiento nacional no estaban en el punto a que en la edad moderna han llegado; los motivos eran otros, y cuando tanto el poderío francés como cualquier otro de Europa se constituyó, se constituyó precisamente contra nosotros, no a favor nuestro. El día que un rey francés, a costa de oír una misa, recobró su capital, el ejército español que guarnecía París abandonó la ciudad, tambor batiente, banderas desplegadas, y el rey Enrique que los veía salir les dijo: «Señores españoles, encomendadme a vuestro amo, pero no volváis más». CUESTIÓN DE HONRA Este sentimiento ¿no estallará en el alma de los españoles que se crean patriotas y que crean estar alentados por un espíritu nacional, cuando hace ya más de tres siglos que un rey francés lo profirió pensando en la libertad de su pueblo? Nosotros sí lo sentimos, sí lo pensamos. Para nosotros la salida de los invasores de España es una cuestión de honra. En ninguna lengua del mundo se dice con tanta rotundidad: una cuestión de honra. Creemos que debe serlo para todos y, por tanto, una cuestión previa, porque ninguna nación puede vivir decorosamente ni tiene derecho al respeto ni a la amistad de las demás, si ha perdido la honra y la libertad. 1tg5muuokqpox8f65cj1gpjaw5j1nn0 Página:Cuerpo del derecho civil romano a doble texto (IA cuerpodelderechocivilromanoP1T1).pdf/334 102 419139 1665200 2026-06-20T13:15:32Z ~2026-22045-61 95867 /* No corregido */ Página creada con «estipular hubiere tratado de un negocio ajeno, puede defenderse que se ha de atender en este caso la utilidad no del procurador, sino de aquel cuyo negocio hubiere cuidado; para que cuanto importó al dueño del pleito que se presentase, otro tanto se deba por aquella estipulación al procurador, no habiéndose presentado el reo. Lo mismo, y aun con más razón, puede decirse , si el procurador hubiere estipulado en esta forma: <<cuanto importare aquella cosas, p… 1665200 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="~2026-22045-61" />{{crv|268|Digesto.— Libro : Título}} {{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>estipular hubiere tratado de un negocio ajeno, puede defenderse que se ha de atender en este caso la utilidad no del procurador, sino de aquel cuyo negocio hubiere cuidado; para que cuanto importó al dueño del pleito que se presentase, otro tanto se deba por aquella estipulación al procurador, no habiéndose presentado el reo. Lo mismo, y aun con más razón, puede decirse , si el procurador hubiere estipulado en esta forma: <<cuanto importare aquella cosas, para que interpretemos la inteligencia de estas palabras , referida no á la utilidad de él mismo , sino a la del señor. 15. PAPINIANO ; Cuestiones , libro II. -Si el tutor hubiere prometido presentarse en juicio, y no se hubiere atenido á la estipulación, y entre tanto se hubiere hecho púbero el pupilo, ó hubiere fallecido, ó aun se hubiere abstenido de la herencia, se denegará la acción por lo estipulado; porque si el tutor hubiere sido condenado, y hubiere acontecido alguna cosa de estas, está aprobado que no se ha de dar contra él la acción de cosa juzgada, ni aun por la misma cosa que se pedia. TÍTULO XII DE LOS DÍAS FERIADOS, DE LAS DILACIONES Y DE DIVERSOS TIEMPOS [Véase Cód. III. 11. 12.] 1. ULPIANO; De todos los Tribunales, libro IV. -Exprésase en una oración del Divino Marco, que nadie precise á su contrario á comparecer en juicio en el tiempo de las mieses, ni en el de las ventarse en un tribunal los que están ocupados en las faenas del campo . §1.- Pero si el Pretor ó por ignorancia, ó por negligencia hubiere perseverado en llamarlos, y estos hubieren ido espontáneamente, si hubiere pronunciado sentencia hallándose ellos presentes y litigando voluntariamente, será válida la sentencia, aunque no hubiere obrado bien el que los hubiere citado. Mas si, habiendo perseverado en estar ausentes, hubiere proferido sentencia à pesar de la ausencia de aquellos, será consiguiente decir, que la sentencia es de ningún valor; porque no conviene que el hecho del Pretor derogue el derecho. Y por esto se anulará la sentencia sin necesidad de apelación . §2.-Pero se exceptúan ciertas causas, por las que podemos ser obligados á comparecer ante los Pretores aun por este tiempo de las mieses y de la vendimia, á saber; si la cosa hubiera de perecer por el tiempo, esto es, si la dilación hubiera de extinguir la acción. En efecto, siempre que el negocio urge, debemos ser en verdad obligados á comparecer ante el Pretor, pero es justo que se nos obligue tan sólo á esto, á que sea contestada la demanda; y así se expresa en las mismas palabras de la oración. Finalmente, rehusando una de las partes litigar después de contestada la demanda, la oración concedió la dilación . 2. EL MISMO; Comentarios al Edicto, libro V.El Divino Marco hizo por la misma oración recitada en el Senado, que por otras causas se com-<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude> gssvxd167gbukvrya8pxzrytv98o5pi 1665201 1665200 2026-06-20T13:17:38Z ~2026-22045-61 95867 1665201 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="~2026-22045-61" />{{crv|268|Digesto.— Libro : Título}} {{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>estipular hubiere tratado de un negocio ajeno, puede defenderse que se ha de atender en este caso la utilidad no del procurador, sino de aquel cuyo negocio hubiere cuidado; para que cuanto importó al dueño del pleito que se presentase, otro tanto se deba por aquella estipulación al procurador, no habiéndose presentado el reo. Lo mismo, y aun con más razón, puede decirse , si el procurador hubiere estipulado en esta forma: <<cuanto importare aquella cosas, para que interpretemos la inteligencia de estas palabras , referida no á la utilidad de él mismo , sino a la del señor. 15. PAPINIANO ; Cuestiones , libro II. -Si el tutor hubiere prometido presentarse en juicio, y no se hubiere atenido á la estipulación, y entre tanto se hubiere hecho púbero el pupilo, ó hubiere fallecido, ó aun se hubiere abstenido de la herencia, se denegará la acción por lo estipulado; porque si el tutor hubiere sido condenado, y hubiere acontecido alguna cosa de estas, está aprobado que no se ha de dar contra él la acción de cosa juzgada, ni aun por la misma cosa que se pedia. <center>'''TÍTULO XII'''</center> <center>'''DE LOS DÍAS FERIADOS, DE LAS DILACIONES Y DE DIVERSOS TIEMPOS'''</center> [Véase Cód. III. 11. 12.] 1. ULPIANO; De todos los Tribunales, libro IV. -Exprésase en una oración del Divino Marco, que nadie precise á su contrario á comparecer en juicio en el tiempo de las mieses, ni en el de las ventarse en un tribunal los que están ocupados en las faenas del campo . §1.- Pero si el Pretor ó por ignorancia, ó por negligencia hubiere perseverado en llamarlos, y estos hubieren ido espontáneamente, si hubiere pronunciado sentencia hallándose ellos presentes y litigando voluntariamente, será válida la sentencia, aunque no hubiere obrado bien el que los hubiere citado. Mas si, habiendo perseverado en estar ausentes, hubiere proferido sentencia à pesar de la ausencia de aquellos, será consiguiente decir, que la sentencia es de ningún valor; porque no conviene que el hecho del Pretor derogue el derecho. Y por esto se anulará la sentencia sin necesidad de apelación . §2.-Pero se exceptúan ciertas causas, por las que podemos ser obligados á comparecer ante los Pretores aun por este tiempo de las mieses y de la vendimia, á saber; si la cosa hubiera de perecer por el tiempo, esto es, si la dilación hubiera de extinguir la acción. En efecto, siempre que el negocio urge, debemos ser en verdad obligados á comparecer ante el Pretor, pero es justo que se nos obligue tan sólo á esto, á que sea contestada la demanda; y así se expresa en las mismas palabras de la oración. Finalmente, rehusando una de las partes litigar después de contestada la demanda, la oración concedió la dilación . 2. 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Lo mismo, y aun con más razón, puede decirse , si el procurador hubiere estipulado en esta forma: <<cuanto importare aquella cosas, para que interpretemos la inteligencia de estas palabras , referida no á la utilidad de él mismo , sino a la del señor. 15. PAPINIANO ; Cuestiones , libro II. -Si el tutor hubiere prometido presentarse en juicio, y no se hubiere atenido á la estipulación, y entre tanto se hubiere hecho púbero el pupilo, ó hubiere fallecido, ó aun se hubiere abstenido de la herencia, se denegará la acción por lo estipulado; porque si el tutor hubiere sido condenado, y hubiere acontecido alguna cosa de estas, está aprobado que no se ha de dar contra él la acción de cosa juzgada, ni aun por la misma cosa que se pedia. <center>'''TÍTULO XII'''</center> <center>'''DE LOS DÍAS FERIADOS, DE LAS DILACIONES Y DE DIVERSOS TIEMPOS'''</center> {{c|[Véase Cód. III. 11. 12.]]}} 1. ULPIANO; De todos los Tribunales, libro IV. -Exprésase en una oración del Divino Marco, que nadie precise á su contrario á comparecer en juicio en el tiempo de las mieses, ni en el de las ventarse en un tribunal los que están ocupados en las faenas del campo . §1.-Pero si el Pretor ó por ignorancia, ó por negligencia hubiere perseverado en llamarlos, y estos hubieren ido espontáneamente, si hubiere pronunciado sentencia hallándose ellos presentes y litigando voluntariamente, será válida la sentencia, aunque no hubiere obrado bien el que los hubiere citado. Mas si, habiendo perseverado en estar ausentes, hubiere proferido sentencia à pesar de la ausencia de aquellos, será consiguiente decir, que la sentencia es de ningún valor; porque no conviene que el hecho del Pretor derogue el derecho. Y por esto se anulará la sentencia sin necesidad de apelación . §2.-Pero se exceptúan ciertas causas, por las que podemos ser obligados á comparecer ante los Pretores aun por este tiempo de las mieses y de la vendimia, á saber; si la cosa hubiera de perecer por el tiempo, esto es, si la dilación hubiera de extinguir la acción. En efecto, siempre que el negocio urge, debemos ser en verdad obligados á comparecer ante el Pretor, pero es justo que se nos obligue tan sólo á esto, á que sea contestada la demanda; y así se expresa en las mismas palabras de la oración. Finalmente, rehusando una de las partes litigar después de contestada la demanda, la oración concedió la dilación. 2. 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ULPIANO; De todos los Tribunales, libro IV. -Exprésase en una oración del Divino Marco, que nadie precise á su contrario á comparecer en juicio en el tiempo de las mieses, ni en el de las ventarse en un tribunal los que están ocupados en las faenas del campo . §1.-Pero si el Pretor ó por ignorancia, ó por negligencia hubiere perseverado en llamarlos, y estos hubieren ido espontáneamente, si hubiere pronunciado sentencia hallándose ellos presentes y litigando voluntariamente, será válida la sentencia, aunque no hubiere obrado bien el que los hubiere citado. Mas si, habiendo perseverado en estar ausentes, hubiere proferido sentencia à pesar de la ausencia de aquellos, será consiguiente decir, que la sentencia es de ningún valor; porque no conviene que el hecho del Pretor derogue el derecho. 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Lo mismo, y aun con más razón, puede decirse , si el procurador hubiere estipulado en esta forma: <<cuanto importare aquella cosas, para que interpretemos la inteligencia de estas palabras , referida no á la utilidad de él mismo , sino a la del señor. '''15.''' PAPINIANO ; Cuestiones , libro II. -Si el tutor hubiere prometido presentarse en juicio, y no se hubiere atenido á la estipulación, y entre tanto se hubiere hecho púbero el pupilo, ó hubiere fallecido, ó aun se hubiere abstenido de la herencia, se denegará la acción por lo estipulado; porque si el tutor hubiere sido condenado, y hubiere acontecido alguna cosa de estas, está aprobado que no se ha de dar contra él la acción de cosa juzgada, ni aun por la misma cosa que se pedia. <center>'''TÍTULO XII'''</center> <center>'''DE LOS DÍAS FERIADOS, DE LAS DILACIONES Y DE DIVERSOS TIEMPOS'''</center> {{c|[Véase Cód. III. 11. 12.]}} '''1.''' ULPIANO; De todos los Tribunales, libro IV. -Exprésase en una oración del Divino Marco, que nadie precise á su contrario á comparecer en juicio en el tiempo de las mieses, ni en el de las ventarse en un tribunal los que están ocupados en las faenas del campo . §1.-Pero si el Pretor ó por ignorancia, ó por negligencia hubiere perseverado en llamarlos, y estos hubieren ido espontáneamente, si hubiere pronunciado sentencia hallándose ellos presentes y litigando voluntariamente, será válida la sentencia, aunque no hubiere obrado bien el que los hubiere citado. Mas si, habiendo perseverado en estar ausentes, hubiere proferido sentencia à pesar de la ausencia de aquellos, será consiguiente decir, que la sentencia es de ningún valor; porque no conviene que el hecho del Pretor derogue el derecho. 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'''3.''' EL MISMO; Comentarios al Edicto, libro II.- También en el tiempo de la recolección de las mieses y en el de la vendimia suele juzgarse sobre cosas que han de perecer con el tiempo, ó por muerte; por muerte, como las de hurto, de injuria con daño, injurias atroces , los que son acusados de haber arrebatado algo con ocasión de incendio, ruina, naufragio, apresamiento de balsa ó nave, y otras cosas que fueren semejantes . Igualmente , si las cosas han de perecer por el tiempo, ó ha de pasarse el día de la acción . § 1.-También los juicios sobre libertad se terminan en todo tiempo. § 2.- Asimismo se juzga en todo tiempo contra el que, con ocasión de las ferias, hubiere ejecutado algo contra la común utilidad. '''4.''' PAULO; Comentarios al Edicto, libro I.-Los Presidentes de provincias suelen señalar, según la costumbre de cada lugar, tiempo para la recolección de las mieses y para las vendimias . '''5.''' ULPIANO; Comentarios al Edicto, libro LXII. -Los Magistrados acostumbraron a no administrar justicia, y aun á no dar audiencia, la vispera de las Calendas de Enero. '''6.''' EL MISMO ; Comentarios al Edicto , libro LXXVII.-Si se hubiere juzgado en dias feriados, se dispuso por la ley, que en estos dias no haya sentencia, sino por voluntad de las partes; y que lo que de otro modo contra estas disposiciones se hubiere juzgado, nadie deba hacerlo, ni pagarlo como juzgado, ni aquel, ante quien se hubiere acudido sobre el particular en justicia, obligue á ejecutar la sentencia. '''7.''' EL MISMO; Del cargo de Cónsul, libro I. -En la oración del Divino Marco está ciertamente expresado que no deba darse más que una vez dilación para exhibir instrumentos; pero en gracia á la utilidad de los litigantes suele darse, con conocimiento de causa, dilación también por segunda vez , tanto à los de la misma, como a los de otra provincia, con arreglo à la distancia de los lugares; y mayormente, si surgiera algo inopinado. Ha de verse esto; si el ya difunto hubiere obtenido alguna dilación para presentar instrumentos, ¿acaso se debe dar también á su sucesor, ó, porque ya se dió, no puede darse otra vez? Y es más cierto, que también a éste debe darse con conocimiento de causa . Tomo I-35<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude> sya2kznmfxg8bu4ytuoiukr12nghttf 1665206 1665204 2026-06-20T14:23:17Z ~2026-22045-61 95867 1665206 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="~2026-22045-61" />{{crv|269|Digesto.— Libro : Título}} {{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>pareciese ante Pretor aun en los dias feriados ; por ejemplo, para que se den tutores ó curadores , sean amonestados los que dejen el cargo, se aleguen excusas, se consignen alimentos, se prueben edades, se ponga en posesión á nombre del vientre, ó por causa de conservar la cosa, ó de los legados ó fideicomisos, ó por el daño que amenaza lo ruinoso; también para que se exhiban testamentos , para que se dé curador de los bienes de aquel que es incierto si habrá de tener heredero; ó sobre alimentos á descendientes, ascendientes, ó patronos; ó para adir una herencia sospechosa; ó para que por el aspecto se estime una injuria atroz, ó si se ha de dar á alguien la libertad dejada en fideicomiso . '''3.''' EL MISMO; Comentarios al Edicto, libro II.- También en el tiempo de la recolección de las mieses y en el de la vendimia suele juzgarse sobre cosas que han de perecer con el tiempo, ó por muerte; por muerte, como las de hurto, de injuria con daño, injurias atroces , los que son acusados de haber arrebatado algo con ocasión de incendio, ruina, naufragio, apresamiento de balsa ó nave, y otras cosas que fueren semejantes . Igualmente , si las cosas han de perecer por el tiempo, ó ha de pasarse el día de la acción . § 1.-También los juicios sobre libertad se terminan en todo tiempo. § 2.- Asimismo se juzga en todo tiempo contra el que, con ocasión de las ferias, hubiere ejecutado algo contra la común utilidad. '''4.''' PAULO; Comentarios al Edicto, libro I.-Los Presidentes de provincias suelen señalar, según la costumbre de cada lugar, tiempo para la recolección de las mieses y para las vendimias . '''5.''' ULPIANO; Comentarios al Edicto, libro LXII. -Los Magistrados acostumbraron a no administrar justicia, y aun á no dar audiencia, la vispera de las Calendas de Enero. '''6.''' EL MISMO ; Comentarios al Edicto , libro LXXVII.-Si se hubiere juzgado en dias feriados, se dispuso por la ley, que en estos dias no haya sentencia, sino por voluntad de las partes; y que lo que de otro modo contra estas disposiciones se hubiere juzgado, nadie deba hacerlo, ni pagarlo como juzgado, ni aquel, ante quien se hubiere acudido sobre el particular en justicia, obligue á ejecutar la sentencia. '''7.''' EL MISMO; Del cargo de Cónsul, libro I. -En la oración del Divino Marco está ciertamente expresado que no deba darse más que una vez dilación para exhibir instrumentos; pero en gracia á la utilidad de los litigantes suele darse, con conocimiento de causa, dilación también por segunda vez , tanto à los de la misma, como a los de otra provincia, con arreglo à la distancia de los lugares; y mayormente, si surgiera algo inopinado. Ha de verse esto; si el ya difunto hubiere obtenido alguna dilación para presentar instrumentos, ¿acaso se debe dar también á su sucesor, ó, porque ya se dió, no puede darse otra vez? Y es más cierto, que también a éste debe darse con conocimiento de causa .<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude> 7j63s2hgzk0s9kvgg7j6jnp1k24l31c Página:Cuerpo del derecho civil romano a doble texto (IA cuerpodelderechocivilromanoP1T1).pdf/336 102 419141 1665211 2026-06-20T14:52:54Z ~2026-22045-61 95867 /* No corregido */ Página creada con «'''8.''' PAULO; Comentarios á Sabino, libro XIII.- Según la costumbre romana, el día comienza desde la media noche, y acaba á la mitad de la noche siguiente; y asi, todo lo que se hizo en estas veinticuatro horas, esto es, en las dos medias noches y en el dia intermedio, es lo mismo que si se hubiese hecho en cualquiera hora del dia. '''9.''' ULPIANO; Del Cargo de Procónsul, libro VII. -El Divino Trajano respondió por rescripto á Minicio Natal, que las fer… 1665211 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="~2026-22045-61" />{{crv|270|Digesto.— Libro : Título}} {{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>'''8.''' PAULO; Comentarios á Sabino, libro XIII.- Según la costumbre romana, el día comienza desde la media noche, y acaba á la mitad de la noche siguiente; y asi, todo lo que se hizo en estas veinticuatro horas, esto es, en las dos medias noches y en el dia intermedio, es lo mismo que si se hubiese hecho en cualquiera hora del dia. '''9.''' ULPIANO; Del Cargo de Procónsul, libro VII. -El Divino Trajano respondió por rescripto á Minicio Natal, que las ferias daban vacaciones tan sólo para los negocios forenses , pero que los que pertenecen a la disciplina militar debian proseguirse aun en los dias feriados; entre cuyos negocios está también el conocimiento de las causas de presos . '''10.''' PAULO; Sentencias, libro V.- En la causas pecuniarias no se puede conceder cualquiera dilación más que una sola vez en cada causa, pero en las capitales pueden darse tres dilaciones al reo, y dos al acusador; pero una y otra cosa con conocimiento de causa . <center>'''TIT XIII'''</center> <center>'''DE LA PRODUCCIÓN EN JUICIO'''</center> {{C|[Véase Cód. II. 1.]}} 1. ULPIANO; Comentarios al Edicto, libro IV.El que quiera ejercitar una acción debe manifestarla; porque parece muy justo que el que ha de demandar produzca la acción, para que de esta suerte sepa el reo, si debe ceder ó seguir contendiendo, y, si juzga que debe litigar, comparezca instruido para defenderse, con conocimiento de la acción por que sea demandado. §1.- Producir es también permitir que se saque copia, ó comprender en un libelo la demanda y darlo, ó dictarlo. Labeon dice que también produce el que llevare á su adversario ante el album, y le demostrara lo que ha de dictar, ó le dijera aquello de que quiera usar. §2.- Las producciones deben hacerse sin expresar dia ni Cónsul, para que no se maquine algo por la manifestación del día y del Consul, y se haga antes de dicho dia. Mas el Pretor exceptuó el dia y el Cónsul en que se escribió el instrumento, no aquel para el cual se fijó el pago; porque el día del pago es, como la cantidad, parte también de la estipulación. Pero las cuentas deben presentarse con expresión de dia y de Cónsul, porque el cargo y la data no pueden aparecer de otra suerte, si no se hubiere expresado el dia y el Cónsul. §3.-Debe presentarse todo aquello que cualquiera ha de producir ante eljuez; pero no de modo que sea compelido à presentar aun aquellos instrumentos de que no ha de usar. §4.-Nose entiende que produce el que no presenta toda la estipulación . §5.- Se auxiliará à los que, inducidos à error por su edad, ó por su rusticidad, ó por su sexo, no presentaron nada. 2. PAULO; Comentarios al Edicto, libro III.-Si se pidiera un legado, no manda el Pretor producir las palabras del testamento; y esto acaso, porque los herederos suelen tener copia del testamento.<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude> 4qce7rcu8sww2403qh7j9days49h914 1665213 1665211 2026-06-20T14:53:52Z ~2026-22045-61 95867 1665213 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="~2026-22045-61" />{{crv|270|Digesto.— Libro : Título}} {{EncabezadoBilingüe|d}}</noinclude>'''8.''' PAULO; Comentarios á Sabino, libro XIII.- Según la costumbre romana, el día comienza desde la media noche, y acaba á la mitad de la noche siguiente; y asi, todo lo que se hizo en estas veinticuatro horas, esto es, en las dos medias noches y en el dia intermedio, es lo mismo que si se hubiese hecho en cualquiera hora del dia. '''9.''' ULPIANO; Del Cargo de Procónsul, libro VII. -El Divino Trajano respondió por rescripto á Minicio Natal, que las ferias daban vacaciones tan sólo para los negocios forenses , pero que los que pertenecen a la disciplina militar debian proseguirse aun en los dias feriados; entre cuyos negocios está también el conocimiento de las causas de presos . '''10.''' PAULO; Sentencias, libro V.- En la causas pecuniarias no se puede conceder cualquiera dilación más que una sola vez en cada causa, pero en las capitales pueden darse tres dilaciones al reo, y dos al acusador; pero una y otra cosa con conocimiento de causa . <center>'''TIT XIII'''</center> <center>'''DE LA PRODUCCIÓN EN JUICIO'''</center> {{C|[Véase Cód. II. 1.]}} 1. ULPIANO; Comentarios al Edicto, libro IV.El que quiera ejercitar una acción debe manifestarla; porque parece muy justo que el que ha de demandar produzca la acción, para que de esta suerte sepa el reo, si debe ceder ó seguir contendiendo, y, si juzga que debe litigar, comparezca instruido para defenderse, con conocimiento de la acción por que sea demandado. §1.- Producir es también permitir que se saque copia, ó comprender en un libelo la demanda y darlo, ó dictarlo. Labeon dice que también produce el que llevare á su adversario ante el album, y le demostrara lo que ha de dictar, ó le dijera aquello de que quiera usar. §2.- Las producciones deben hacerse sin expresar dia ni Cónsul, para que no se maquine algo por la manifestación del día y del Consul, y se haga antes de dicho dia. Mas el Pretor exceptuó el dia y el Cónsul en que se escribió el instrumento, no aquel para el cual se fijó el pago; porque el día del pago es, como la cantidad, parte también de la estipulación. Pero las cuentas deben presentarse con expresión de dia y de Cónsul, porque el cargo y la data no pueden aparecer de otra suerte, si no se hubiere expresado el dia y el Cónsul. §3.-Debe presentarse todo aquello que cualquiera ha de producir ante eljuez; pero no de modo que sea compelido à presentar aun aquellos instrumentos de que no ha de usar. §4.-Nose entiende que produce el que no presenta toda la estipulación . §5.- Se auxiliará à los que, inducidos à error por su edad, ó por su rusticidad, ó por su sexo, no presentaron nada. ''' 2.''' PAULO; Comentarios al Edicto, libro III.-Si se pidiera un legado, no manda el Pretor producir las palabras del testamento; y esto acaso, porque los herederos suelen tener copia del testamento.<noinclude>{{PieBilingüe|d}}</noinclude> klave4vryo6g3la3ps916nq3gqw5i4n Discurso de Augusto Pinochet reconociendo el triunfo del No en el plebiscito de 1988 0 419142 1665237 2026-06-20T15:20:01Z Janitoalevic 45005 Página creada con «6 de octubre de 1988 Reconozco y acepto el veredicto mayoritario expresado en el día de ayer por la ciudadanía. Respetaré y haré respetar este resultado, en consonancia con mi norma de conducta invariable como Jefe del Estado. Quiero hacer presente a todos mis compatriotas, que las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Orden, mantienen incólume su compromiso con los principios inspiradores de la gloriosa gesta del 11 de septiembre del año 1973. Ellos han alumbrad…» 1665237 wikitext text/x-wiki 6 de octubre de 1988 Reconozco y acepto el veredicto mayoritario expresado en el día de ayer por la ciudadanía. Respetaré y haré respetar este resultado, en consonancia con mi norma de conducta invariable como Jefe del Estado. Quiero hacer presente a todos mis compatriotas, que las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Orden, mantienen incólume su compromiso con los principios inspiradores de la gloriosa gesta del 11 de septiembre del año 1973. Ellos han alumbrado estos años de su servicio a la República, y ellos también serán la guía de la construcción del Chile del futuro. En efecto, en este año, las instituciones de la Defensa Nacional asumieron en el [[Decreto Ley Nº 1 de 1973, acta de constitución de la junta de gobierno|Acta de Constitución de la Junta de Gobierno]] el histórico compromiso de devolver a Chile su identidad nacional y restaurar la institucionalidad que había sido tan abiertamente quebrantada. A partir de entonces, el país se fue dando un nuevo orden político, jurídico, económico y social, moderno y renovado, que permitiera gradualmente ir depurando los vicios del pasado y reafirmar los hábitos más profundamente democráticos del pueblo chileno. Es esa voluntad democrática la que ayer se ha expresado en las urnas. Que nadie se mueva a engaño: Chile seguirá su marcha hacia la plena democracia, sin que nada ni nadie pueda detenerlo. Conciudadanos: en el reciente plebiscito no ha estado en juego el ideario ni el itinerario constitucional trazado, sino tan solo la persona que debería conducir al país hacia la aplicación plena de la Carta Fundamental durante el siguiente período presidencial. No cabe alterar el orden constitucional de la República, y nadie puede sentirse con el mandato del pueblo para torcer lo que ese mismo pueblo decidió. El resultado del plebiscito debe llevarnos a adquirir un nuevo compromiso de orden moral, cuyo pleno cumplimiento reviste especial trascendencia para las nuevas generaciones de chilenos. Tal compromiso se basa en la adopción de todas las medidas y acciones que aseguren que el orden, la estabilidad y el progreso que hemos alcanzado con el esfuerzo de todos, sigan presidiendo la convivencia nacional. El Presidente de la República que les habla y su Gobierno seguirán trabajando con todo empeño en la gran causa de servir a Chile. Continuaremos adelante con los programas que nos hemos trazado. Este es un imperativo para todos los chilenos cuyo amor a la patria está por encima de particulares intereses o aspiraciones. Para tal fin, contamos con el marco que nos da la Constitución Política que la ciudadanía aprobara democráticamente el año 1980, y cuya vigencia integral ya está muy próxima. Compatriotas: en mi vida militar y en el ejercicio de la primera magistratura de la nación, he sabido, por sobre todo, respetar la voluntad ciudadana y las instituciones fundamentales de la República. Hoy, en este momento supremo, renuevo mi compromiso de cumplir el mandato recibido, sin vacilaciones ni egoísmos, con sentido patriótico y venciendo el sacrificio que ello significa. Porque la soberanía reside esencialmente en la nación, respetaremos una vez más, como en el año 1980, su expresión libre y responsable. Mi honor de soldado está, ahora como entonces, al servicio de tal fin. Por ello, todo hombre y mujer de esta patria debe abrigar la absoluta certeza de que se cumplirá irrestrictamente el itinerario previsto por la Carta Fundamental para que el pleno funcionamiento de todas las instituciones democráticas, sea ella muy pronto una realidad. Quiero dirigir un emocionado mensaje a todos los miles de chilenos que apoyaron mi postulación a la Presidencia de la República para el próximo período constitucional, al frente de todo un proceso que debe continuar por el bien de Chile. A quienes me acompañan, a quienes desde los puestos más relevantes del Gobierno, sirven lealmente a la patria; a todos aquellos que han colaborado con su esfuerzo a la obtención de un porcentaje electoral tan altamente significativo de adhesión a la obra realizada, como ha quedado reflejado en el plebiscito, les agradezco e insto a seguir luchando juntos con creciente mística y eficiencia. Como lo expresé en más de una oportunidad, la institucionalidad que con tanto esfuerzo hemos construido entre todos debe preservarse al margen de todo otro interés subalterno. La obra de nuestro Gobierno es inmensa; ella no se detendrá porque está fundada en los valores y requerimientos más sagrados de la patria. Esos valores son inamovibles, pues se anidan en el corazón de cada hijo de esta tierra. En esta hora solemne, llamo a todos los chilenos a mirar unidos el futuro, atendiendo solo a las exigencias del bien común, pues la patria merece aún mayores esfuerzos que los desplegados hasta ahora. Nuestros hijos esperan el ejemplo que debemos brindarles en este histórico momento. No los defraudemos. Pongo a Dios por testigo. ¡VIVA CHILE! [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:D1988]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 6zozxwbfu7ydegwgrqtucehj99pp890 Discusión:Discurso de Augusto Pinochet reconociendo el triunfo del No en el plebiscito de 1988 1 419143 1665238 2026-06-20T15:20:30Z Janitoalevic 45005 Página creada con «Fuente: [https://www.youtube.com/watch?v=jeatYwKngh8]» 1665238 wikitext text/x-wiki Fuente: [https://www.youtube.com/watch?v=jeatYwKngh8] 249om63yf10tk2tj7oms0l5ke2gcp1m Página:El Capital (1898).pdf/691 102 419144 1665239 2026-06-20T15:26:03Z Ignacio Rodríguez 3603 /* Corregido */ 1665239 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|685}} {{d|Páginas|underline|menor}}</noinclude>{{icp|n=2|autolinks=El Capital (1898) |{{may|[[/Capítulo XV]]}}.—''Variaciones de magnitud del precio de la fuerza de trabajo y de la supervalía''|449 |::I. La magnitud de la jornada de trabajo y la intensidad del trabajo son constantes, la fuerza productiva del trabajo varía|450 |::II. Jornada de trabajo, constante; fuerza productiva del trabajo, constante; intensidad del trabajo, variable|454 |::III. Fuerza productiva é intensidad del trabajo, constantes; jornada de trabajo, variable|455 |::IV. Variaciones simultáneas en la duración, la fuerza productiva y la intensidad del trabajo|457 |{{may|[[/Capítulo XVI]]}}.—''Diversas fórmulas de la tasa de la supervalía''|460 |{n 1} {{c|SEXTA SECCIÓN}} |{n 1}{{c|'''El salario.'''}}} |{{may|[[/Capítulo XVII]]}}.—''Transformación del valor ó del precio de la fuerza de trabajo en salario''|464 |{{may|[[/Capítulo XVIII]]}}.—''El salario por tiempo''|471 |{{may|[[/Capítulo XIX]]}}.—''El salario por pieza''|478 |{{may|[[/Capítulo XX]]}}.—''Diferencias nacionales de los salarios del trabajo''|485 |{n 1}{{c|SÉPTIMA SECCIÓN}} |{n 1}{{c|'''El proceso de acumulación del capital.'''}} |{{may|[[/Capítulo XXI]]}}.—''Reproducción simple''. (La clase trabajadora como anexo del capital.—Reproducción de la relación entre el capitalista y el trabajador por el proceso capitlista de producción.)|492 |{{may|[[/Capítulo XXII]]}}.—''Transformación de la supervalía en capital''|504 |::I.—Proceso de la producción capitalista en grande escala. Inversión de las leyes de propiedad de la producción mercantil en leyes de la apropiación capitalista|504 |::II.—Falso concepto sustentado por la Economía política acerca de la reproducción en escala progresiva|512 |::III.—División de la supervalía en capital y renta.—Teoría de la abstinencia|515 |::IV.—Circunstancias que, independientemente de la división proporcional de la supervalía en capital y renta, determinan el monto de la acumulación: grado de explotación de la fuerza de trabajo.—Fuerza productiva del trabajo.—Diferencia creciente entre el capital empleado y el capital consumido.—Magnitud del capital adelantado|522 |::V.—El titulado fondo del trabajo|531 |{{may|[[/Capítulo XXIII]]}}.—''Ley general de la acumulación capitalista''|534 |::I.—Creciente demanda de fuerza de trabajo que acompaña á la acumulación, si la composición del capital no varía|534 |::II. 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Variaciones simultáneas en la duración, la fuerza productiva y la intensidad del trabajo|457 |{{may|[[/Capítulo XVI]]}}.—''Diversas fórmulas de la tasa de la supervalía''|460 |{n 1} {{c|SEXTA SECCIÓN}} |{n 1}{{c|'''El salario.'''}} |{{may|[[/Capítulo XVII]]}}.—''Transformación del valor ó del precio de la fuerza de trabajo en salario''|464 |{{may|[[/Capítulo XVIII]]}}.—''El salario por tiempo''|471 |{{may|[[/Capítulo XIX]]}}.—''El salario por pieza''|478 |{{may|[[/Capítulo XX]]}}.—''Diferencias nacionales de los salarios del trabajo''|485 |{n 1}{{c|SÉPTIMA SECCIÓN}} |{n 1}{{c|'''El proceso de acumulación del capital.'''}} |{{may|[[/Capítulo XXI]]}}.—''Reproducción simple''. (La clase trabajadora como anexo del capital.—Reproducción de la relación entre el capitalista y el trabajador por el proceso capitlista de producción.)|492 |{{may|[[/Capítulo XXII]]}}.—''Transformación de la supervalía en capital''|504 |::I.—Proceso de la producción capitalista en grande escala. Inversión de las leyes de propiedad de la producción mercantil en leyes de la apropiación capitalista|504 |::II.—Falso concepto sustentado por la Economía política acerca de la reproducción en escala progresiva|512 |::III.—División de la supervalía en capital y renta.—Teoría de la abstinencia|515 |::IV.—Circunstancias que, independientemente de la división proporcional de la supervalía en capital y renta, determinan el monto de la acumulación: grado de explotación de la fuerza de trabajo.—Fuerza productiva del trabajo.—Diferencia creciente entre el capital empleado y el capital consumido.—Magnitud del capital adelantado|522 |::V.—El titulado fondo del trabajo|531 |{{may|[[/Capítulo XXIII]]}}.—''Ley general de la acumulación capitalista''|534 |::I.—Creciente demanda de fuerza de trabajo que acompaña á la acumulación, si la composición del capital no varía|534 |::II. Disminución relativa de la porción variable del capital en el curso de la acumulación y de la concentración que la acompaña|543}}<noinclude></noinclude> lqu4imnk8acsx7ef638lrnx308ooqun Página:El Capital (1898).pdf/692 102 419145 1665241 2026-06-20T15:30:40Z Ignacio Rodríguez 3603 /* Corregido */ 1665241 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|686|CARLOS MARX|}} {{d|Páginas|underline|menor}}</noinclude>{{icp|n=2|autolinks=El Capital (1898) |::III. Producción progresiva de un exceso relativo de población ó ejército industrial de reserva|550 |::IV. Diversas formas de existencia del exceso relativo de población. Ley general de la acumulación capitalista|561 |::V.—Ilustración de la ley general de la acumulación capitalista|567 |::::A.—Inglaterra de 1846 á 1866|567 |::::B.—Categorías mal pagadas de la clase obrera de la industria inglesa. (Alimentación.—Habitaciones.—Londres.—Newcastle sobre el Tyne.—Bradford.— Bristol.)|573 |::::C.—La población nómada. (Condiciones de habitación.—Obreros de los ferrocarriles.—Obreros mineros del carbón y de otras minas.)|581 |::::D.—Efecto de la crisis sobre la parte mejor pagada de la clase trabajadora. (Constructores de buques de hierro del este de Londres.)|585 |::::E.—El proletariado agrícola británico. (Las cuadrillas emigradoras.)|590 |::::F.—Irlanda|613 |{{may|[[/Capítulo XXIV]]}}.—''La titulada acumulación primitiva''|627 |::I.—El secreto de la acumulación primitiva|627 |::II.—Expropiación del suelo de la población campesina. (Transformación de tierras de cultivo en campos de pasto durante el último tercio del siglo {{asc|XV}} y los primeros decenios del siglo {{asc|XVI}}.—La Reforma y el robo de los bienes de la Iglesia.—Transformación de la propiedad feudal en propiedad burguesa.—La Restauración y la ''glorious Revolution''.—Robo de los dominios del Estado.—La propiedad comunal y la rapiña de la misma.—''Clearing of estates''; transformación de tierras de cultivo en campos para ovejas y de éstos en cotos de caza en la Alta Escocia.)|630 |::III.—Legislación sanguinaria contra los expropiados desde fines del siglo {{asc|XV}}. Leyes para deprimir los salarios|645 |::IV.—Génesis de los arrendatarios capitalistas|652 |::V.—Repercusión de la revolución agrícola sobre la industria. Establecimiento del mercado interno para el capital industrial|654 |::VI.—Génesis del capitalista industrial. (Sistema colonial.—Sistema de las deudas de Estado.—El moderno sistema tributario y proteccionista.—El robo de niños al principio de la gran industria.)|658 |::VII.—Tendencia histórica de la acumulación capitalista|668 |{{may|[[/Capítulo XXV]]}}.—''La teoría moderna de la colonización''.|671 }}<noinclude></noinclude> m7vuj9w4bv4crowbmqsa5azfuyq2yex Discurso de Augusto Pinochet tras la aprobación mediante plebiscito de la reforma constitucional en 1989 0 419146 1665243 2026-06-20T15:39:13Z Janitoalevic 45005 Página creada con «30 de julio de 1989 Compatriotas: En el día de hoy, los chilenos hemos dado una nueva demostración al mundo de nuestra madurez cívica y sentido de responsabilidad patriótica, al ejercer uno de los derechos ciudadanos de máxima trascendencia en el acontecer de una democracia, como es el expresarse a través del sufragio libre, informado y secreto. En esta oportunidad, hemos aprobado el perfeccionamiento de la Constitución Política de la República, acordada p…» 1665243 wikitext text/x-wiki 30 de julio de 1989 Compatriotas: En el día de hoy, los chilenos hemos dado una nueva demostración al mundo de nuestra madurez cívica y sentido de responsabilidad patriótica, al ejercer uno de los derechos ciudadanos de máxima trascendencia en el acontecer de una democracia, como es el expresarse a través del sufragio libre, informado y secreto. En esta oportunidad, hemos aprobado el perfeccionamiento de la Constitución Política de la República, acordada por amplia mayoría en septiembre del año 1980. Con ello, cada chileno y chilena respondió a la convocatoria que, como Jefe de Estado, les hiciera el pasado 15 de junio, teniendo en consideración el imperativo de consolidar el sistema de convivencia de la gran familia chilena, de manera de asegurar que las virtudes que encierra la actual institucionalidad —gestada y construida durante el Gobierno que me honro en presidir— se prolonguen sólidamente en el tiempo, en beneficio de toda la nación y sin exclusiones de ninguna especie. Con ello, el Gobierno de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Orden demostró una vez más que, desde aquel memorable 11 de septiembre de 1973, sus esfuerzos se han volcado, entre otras tareas de carácter fundamental, hacia la concepción, edificación y consolidación de una moderna institucionalidad social, económica y política que nos permita enfrentar el futuro en libertad y con desarrollo, en seguridad y con progreso. Chilenas y chilenos, en esa perspectiva, la única forma para valorar los logros alcanzados en su exacta dimensión y el fiel cumplimiento de esta meta, es donde se encuentra el juicio objetivo, la historia, que demostrará esta Constitución Política, fundada en la realidad social chilena, es un instrumento acorde con las exigencias de una sociedad moderna. No obstante, en el presente, es preciso destacar la percepción popular que, con su voto mayoritariamente favorable, ha ratificado en dos oportunidades que nuestra Carta Fundamental incorpora los requerimientos adecuados para servir los intereses de los chilenos de hoy y de mañana. Asimismo, al apoyar su perfeccionamiento, ha reiterado que en su texto se encuentran debidamente plasmados los más esenciales valores y tradiciones nacionales, como también aquellas normas de convivencia de superior jerarquía que Chile requiere. Es el mismo espíritu popular que en 1973, ante el peligro, demandó a las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Carabineros su intervención para salvar a la República de la dictadura totalitaria marxista. Es la misma voluntad popular que en septiembre de 1980 fue capaz de entender las ventajas que otorga la nueva institucionalidad, dando su aprobación mayoritaria a la Constitución Política de la República. Asimismo, esa misma percepción popular ha manifestado en el día de hoy su voluntad de mantener y perfeccionar las normas de la Carta Fundamental, cuando en su mayoría expresó 'Apruebo' la reforma convocada por el Presidente de la República. Conciudadanos, el acto plebiscitario efectuado es una prueba palpable de cómo los hombres y las mujeres de esta tierra son capaces de generar la unidad nacional, condición que fluye en forma espontánea cuando está iluminada por los valores nacionales, los cuales se encuentran en la Carta Fundamental. Esta actitud decisiva, de consenso y unidad nacional, viene a representar la forma más adecuada para consolidar definitivamente el sistema auténticamente democrático por el cual la mayoría de los chilenos, en conjunto con los cuerpos armados de la República, hemos luchado duramente en estos históricos 16 años. Con la misma responsabilidad con que asumimos el 11 de septiembre de 1973 el difícil deber de salvar al país, hoy nos comprometemos solemnemente ante Dios y ante la patria en respetar y hacer respetar la Constitución Política de la República que hemos generado, y que el pueblo chileno en dos oportunidades ha ratificado mayoritariamente. Orgullosos de la tradición de honor legada por nuestros antepasados, estaremos siempre al servicio de la patria y seguiremos luchando por su engrandecimiento. Para ello, en esta noche de profundo sentido histórico, y después de haber conducido con éxito otro de los hitos fundamentales de la vida nacional, invoco a la Divina Providencia para que continúe iluminando la marcha de mi querido pueblo hacia el destino que se merece, sustentado en aquellos valores superiores propios de su particular identidad histórico-cultural, para que Chile siga constituyendo un cuerpo social donde, por sobre todo, imperen la libertad, el orden, el respeto y la justicia. ¡VIVA CHILE! [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:D1989]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] n03htlkg0tf00mvm8k7kg9kklk139b4 Discusión:Discurso de Augusto Pinochet tras la aprobación mediante plebiscito de la reforma constitucional en 1989 1 419147 1665244 2026-06-20T15:39:40Z Janitoalevic 45005 Página creada con «Fuentes: [https://www.youtube.com/watch?v=B4izq5moyeY] [https://www.youtube.com/watch?v=WthqnYlbFkU] [https://www.youtube.com/watch?v=j6bvk4cxzQE]» 1665244 wikitext text/x-wiki Fuentes: [https://www.youtube.com/watch?v=B4izq5moyeY] [https://www.youtube.com/watch?v=WthqnYlbFkU] [https://www.youtube.com/watch?v=j6bvk4cxzQE] 8caicoxjsk7477cadm1n77r6q1knaq6 Discusión:Discurso de Augusto Pinochet a un mes de la constitución de la junta de gobierno 1 419148 1665245 2026-06-20T15:45:25Z Janitoalevic 45005 Página creada con «Fuente: [https://www.youtube.com/watch?v=LDzgBTUG7ws]» 1665245 wikitext text/x-wiki Fuente: [https://www.youtube.com/watch?v=LDzgBTUG7ws] 1cdysh0up2y77uwewcmuvjpqdsemuwd Discurso de Augusto Pinochet en el aniversario n°15 de su gobierno 0 419149 1665276 2026-06-20T15:56:08Z Janitoalevic 45005 Página creada con «11 de septiembre de 1988 Aquí tienes el discurso completo de una sola vez, correspondiente al mensaje presidencial del 11 de septiembre de 1988. He ordenado, puntuado y corregido exhaustivamente la transcripción, eliminando las duplicidades e incoherencias de los sistemas automáticos y completando la última palabra truncada para que el texto quede impecable, fluido y perfectamente estructurado. Mensaje Presidencial del 11 de Septiembre de 1988 "Compatriotas: Al…» 1665276 wikitext text/x-wiki 11 de septiembre de 1988 Aquí tienes el discurso completo de una sola vez, correspondiente al mensaje presidencial del 11 de septiembre de 1988. He ordenado, puntuado y corregido exhaustivamente la transcripción, eliminando las duplicidades e incoherencias de los sistemas automáticos y completando la última palabra truncada para que el texto quede impecable, fluido y perfectamente estructurado. Mensaje Presidencial del 11 de Septiembre de 1988 "Compatriotas: Al cumplirse un nuevo aniversario del 11 de septiembre de 1973, informo a la nación de su marcha político-administrativa y socioeconómica durante el período 1987-1988. Inicio estas palabras rindiendo un profundo homenaje a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Orden que han ofrendado su vida por la libertad de Chile. Han transcurrido 15 años de aquel día heroico. El sacrificio de esos hombres se agiganta y nos da nuevas fuerzas para enfrentar los próximos desafíos. Este 11 de septiembre de 1988 tiene un significado especial, pues muy pronto, el 5 de octubre próximo, el país se pronunciará si desea continuar la maciza obra desarrollada en estos años o, por el contrario, vuelve a los ya superados días de experimentos socialistas. Por ello, es un momento decisivo para reflexionar sobre la tarea cumplida y meditar lo que nos traerá el futuro, cual es la consolidación y proyección del esfuerzo creador que los chilenos hemos realizado en estos años. Se ha desarrollado aquí un gigantesco esfuerzo por levantar al país, pues todos, sin excepción, han entregado su aporte para alcanzar un sistema de vida más justo, más libre, más próspero y con mayores y mejores posibilidades. Los chilenos han puesto su energía creadora al servicio de la patria para dejar atrás la pobreza, superar los odios y las divisiones que a nada conducen. Hace 15 años, un día como hoy, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile asumieron el Gobierno de la nación para salvar al país de transformarse en una sociedad marxista. Con ello, se cumplía un deber ineludible al escuchar el clamor de todo un pueblo jamás vencido y menos doblegado. Siempre se dijo que la tarea de reconstruir moral y materialmente el país, junto con recuperar sus instituciones democráticas, exigía una acción profunda y prolongada de todos los chilenos, unidos a las fuerzas de la Defensa Nacional. También se afirmó categóricamente que su permanencia en el poder no sería un mero paréntesis entre dos gobiernos partidistas, sino que, muy por el contrario, con seriedad y profunda responsabilidad, nos proponíamos iniciar una nueva etapa en el desarrollo institucional del país. Al mismo tiempo, tan importante jornada iría, progresiva y gradualmente, conduciendo a la nación a una plena democracia. Luego, la primera reflexión que surge en esta fecha es la de haber cumplido integralmente con todos los compromisos contraídos. Se han sentado las bases de una sociedad libre y democrática que muy pronto, tan sólo en pocos meses más, habrá de regir en plenitud con irrestricto apego a todas sus normas jurídicas. Una muestra inequívoca de nuestra resuelta voluntad de consolidar la democracia y de avanzar hacia la plena vigencia de sus instituciones, constituyó nuestra decisión de poner término a los estados de excepción y a la prohibición de ingreso al país que afectaba a algunas personas. Se han creado las condiciones socioeconómicas objetivas que permitirán enfrentar el próximo siglo en la condición de un país desarrollado, capaz de superar la pobreza que heredáramos de décadas de estatismo, demagogia y políticas socializantes. Una mirada al pasado permite observar con satisfacción y legítimo orgullo que salimos adelante, superando grandes dificultades, obstáculos y desafíos. Los grupos extremistas, que promueven el terrorismo y la violencia y que fueron amparados por el gobierno de la Unidad Popular, han continuado manteniendo en estos años una agresión constante e indiscriminada. ¡Hoy, sólo por táctica, está sumergida! ¡Debemos reconocer que esta agresión ha sido enfrentada por el Gobierno con valor y energía! ¡Para los hombres de armas caídos en la lucha contra este flagelo, vaya mi admiración y reconocimiento de gobernante y de soldado! ¡Rindo hoy un homenaje a los hombres y mujeres que han caído víctimas inocentes de la acción artera y criminal del terrorismo! Lamentamos con dolor, también, la actitud rupturista de ciertos sectores que no entienden el proceso vivido por el país. ¡Repudiamos con todas nuestras fuerzas a los señores extranjeros que tratan de intervenir en nuestros asuntos internos! ¡Ello es una amenaza para nuestra soberanía, y aquellos chilenos que incitan tal acción merecen el más profundo rechazo de todos, porque han preferido la intervención foránea en asuntos que sólo son nuestros! ¡Sé, también, que la gran mayoría de mis compatriotas no quiere volver a vivir aventuras socialistas! ¡Hoy vamos hacia la consolidación de un régimen de libertad! ¡Vamos a un régimen democrático, en el cual todos tienen lugar! ¡Y será sólo la voluntad soberana de los chilenos la que decidirá nuestro futuro! Chilenas y chilenos: En la etapa que actualmente enfrentamos, debemos tener presente que el inmenso edificio institucional construido es, pese a todo, vulnerable a la acción regresiva que puedan emprender, el día de mañana, sectores hostiles a una sociedad libre. Sin embargo, la obra ya levantada es tan maciza y seria, que nadie con honestidad puede dudar de la voluntad y vocación del Gobierno para alcanzar las metas inicialmente propuestas, en el orden político, económico y social. Muy pronto el país deberá pronunciarse acerca de su futuro, y nuestra primera reflexión, antes de adoptar cualquier decisión, debe estar dirigida a lo que hemos hecho, a lo logrado, a las dificultades que hemos superado y a la valorización de nuestra dignidad nacional. Luego debemos pensar en los tiempos que vienen y en cómo enfrentarlos. Compatriotas: Este Gobierno difunde sus realizaciones y busca su proyección sin ningún ánimo partidista, con el único objetivo de consolidar el orden institucional de la República y los mecanismos políticos democráticos, que estarán a disposición de los partidos y sectores independientes, cualquiera sea su posición frente al Gobierno. ¡Este es el compromiso con el futuro nacional que debe ponderarse en su exacta medida! Se ha creado un nuevo régimen como consecuencia del colapso de la antigua democracia. De modo que el futuro del país, su estabilidad y paz social dependen del éxito que se obtenga para proyectar la labor realizada durante estos años. ¡Todo se ha hecho bajo el signo de nuestro único partido, que se llama Chile y que tiene los brazos bien abiertos para recibir a todos los que habitan en este territorio! Los chilenos de espíritu libre y pluralista, incluidos los que a veces, por una razón u otra, creen estar con la oposición, saben que en la nueva democracia todos los sectores estarán presentes y tendrán la posibilidad cierta de hacer valer sus legítimos intereses y objetivos. Lo grave es pretender desconocer el sistema político vigente, aliándose con grupos totalitarios, pues así sólo se fortalecen las amenazas al desarrollo pacífico de nuestras instituciones políticas. Vivimos un proceso electoral destinado a elegir democráticamente un nuevo Presidente de la República para definir nuestro futuro. ¡El Gobierno que me honro en presidir tiene la absoluta certeza de que, con ocasión del plebiscito, Chile dará al mundo una nueva lección de democracia! Un número jamás visto de chilenos en nuestra historia política será el que acudirá a las urnas para expresar de un modo libre, secreto e informado su voluntad de consolidar la sociedad democrática que contempla la Constitución Política de la República, o de destruir 15 años de patriótico trabajo por Chile. Compatriotas: El 5 de octubre, la ciudadanía deberá expresar su voluntad soberana sobre el candidato propuesto por los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y el General Director de Carabineros para ocupar el cargo de Presidente de la República durante el próximo período presidencial. Legamos a este crucial momento con la totalidad de la legislación complementaria de la Constitución ya promulgada, o en avanzado estado de estudio en el Poder Legislativo. En esta ocasión, rindo mi sincero homenaje a los señores miembros de la Honorable Junta de Gobierno por su preocupación y honestidad en el trabajo que han llevado adelante en cumplimiento de sus funciones legislativas. Vaya también mi reconocimiento a los señores asesores del Ejecutivo, al Consejo de Estado y a la Comisión de Estudio de las Leyes Orgánicas Constitucionales. Asimismo, no puedo dejar de mencionar la trascendente función cumplida por los señores miembros del Consejo Económico y Social, organismo asesor que ha abordado importantes materias con acuciosidad y con seriedad. Campo Económico-Social ¡No ha sido fácil construir una economía moderna capaz de hacer de Chile una nación desarrollada! ¡Cuántos desequilibrios heredados fue necesario corregir para enfrentar las graves recesiones de los años 75 y 82! Entre 1975 y 1985, nuestros términos de intercambio alcanzaron niveles reales equivalentes a la mitad de los observados en el decenio anterior y, por otra parte, durante la presente década las tasas de interés internacionales han alcanzado los niveles más altos del siglo. Ante estas dificultades, el país redobló sus esfuerzos y profundizó la modernización de su estructura productiva, emprendiendo un proceso de crecimiento económico sostenido. Se puso especial énfasis en elevar las exportaciones, para lo cual se diseñó un conjunto de políticas, entre las que destacan la mantención de un tipo de cambio real y aranceles moderados. En este contexto, la autoridad ha estado siempre atenta a dictar o mejorar disposiciones que cooperen a un desarrollo más acelerado y estable de nuestras exportaciones. Así, en el último año destacan, entre otras normas, el perfeccionamiento del sistema de reintegro de gravámenes aduaneros y el del régimen de pago diferido de éstos. ¡Chile entró con decisión en el camino de la exportación! lmpacta ver cómo el país logró, a pesar de las adversas condiciones externas, pasar de un volumen de exportaciones que en 1973 representaban sólo un 14% del producto, a una relación exportaciones-producto de un 34% en el año recién pasado. ¡Impresionante resulta el observar los diversos productos de exportación! Las exportaciones diferentes al cobre representan el triple de lo que fueran a comienzos de este Gobierno en el volumen total exportado. Destaco este hecho como uno de los logros económicos de mayor significación de este Gobierno, por cuanto, gracias a las nuevas riquezas generadas en estos años, el país podrá enfrentar en mejores condiciones las posibles adversidades futuras. ¡Nos enorgullecemos de que nuestro edificio económico ya no se sustente en una sola viga, pues pasó a tener varias que lo fortalecen en su estructura y estabilidad, en beneficio de nuestros actuales y futuros conciudadanos! ¡El desarrollo económico que propiciamos es uno, sólido y estable! ¡Sin embargo, para ello no basta diversificar las exportaciones! Se requiere también de un nivel alto de ahorro nacional y de una mayor inversión. En los últimos años, se han multiplicado las iniciativas para promoverlos. El buen funcionamiento del nuevo sistema previsional, la moderación en el gasto corriente del sector público, la aplicación de una reforma tributaria que se orienta a gravar el consumo y la capitalización del sistema bancario, han colaborado en el incremento en la tasa de ahorro nacional, que se espera alcance a un 14,7% del producto en el presente año, el que en el año 1984 era sólo de un 3% debido al impacto de la crisis de la deuda externa. ¡Todo esto es un fiel reflejo de la capacidad de respuesta de la iniciativa individual ante políticas adecuadas! El fuerte aumento del ahorro, la inversión y el desarrollo del sector exportador son fundamentales para que la economía chilena tenga un proceso de crecimiento sostenido, que desde 1984 alcanza un ritmo promedio de un 5% al año. Durante el primer semestre de este año, el producto geográfico bruto experimentó un incremento de un 5,8% en relación a igual período del año anterior. ¡Esto es lo que nos coloca en una posición de claro liderazgo en Latinoamérica! ¡Hoy Chile es ejemplo por su capacidad de crecimiento, como también lo es por el equilibrio en materia de estabilidad de precios! Compatriotas: El control de la inflación es una de las más importantes prioridades de este Gobierno. Para el presente año, proyectamos una tasa de inflación de alrededor de un 10%, una de las más bajas en los últimos 30 años. ¡Los chilenos en el pasado conocimos el flagelo de la inflación, lacra que cuando se propaga grava principalmente los ingresos de los trabajadores, produce inestabilidad generalizada y es mortal para el crecimiento! Sólo cuando se logra la estabilidad de precios y se recupera la disciplina fiscal y monetaria, se hace posible erradicar nuestros tradicionales procesos inflacionarios. Ello fue una de las metas que nos propusimos el 11 de septiembre de 1973 y hoy, con satisfacción, podemos decir: ¡Señores, la misión está cumplida! En materia de remuneraciones, si bien a partir de 1986 éstas crecieron en forma moderada, desde fines de 1987 han subido en forma más pronunciada, destacándose en el período de julio 1987 a julio 1988 un incremento de un 9,2% en los salarios reales. Todo esto es decidor respecto de lo que se debe esperar a futuro en materia de ingresos de los trabajadores, lo cual, reitero, dependerá fundamentalmente de la mantención de la actual política económica en su forma integral. Reflejo de lo anterior fue el adelanto en el reajuste de remuneraciones del sector público, el cual permitió aumentar los sueldos hasta en un 15% a partir de junio para aquellos grupos de menores ingresos. Asimismo, en el mes de mayo se otorgó un reajuste de pensiones que alcanzó en general a un 15% y a un 17,5% para las pensiones más bajas. Además, desde fines del primer semestre se incrementó el salario mínimo en un 24%. La inflación acumulada desde el último reajuste alcanza a sólo un 1,5%. ¡Qué diferencia con el pasado, cuando al poco tiempo de anunciados aquellos aumentos paliativos de sueldos, ya la inflación repuntaba con gran fuerza, corroyendo en tal forma esos reajustes que prácticamente volvían a cero! Compatriotas: Con satisfacción puedo anunciar hoy que he enviado al Poder Legislativo un proyecto de ley para otorgar, con ocasión de las Fiestas Patrias, una bonificación extraordinaria a los trabajadores del sector público y municipalidades. Esta bonificación asciende a seis mil pesos por trabajador, como asimismo, para el sector pasivo, el proyecto otorga la suma de dos mil pesos por cada carga familiar, con un mínimo de una por pensionado. ¡El Gobierno cumple cuando efectivamente cuenta con los medios para hacerlo! Compatriotas: Todos los avances reseñados se fundamentan en una vigilancia permanente de la política económica y de los equilibrios macroeconómicos básicos. Sin desmerecer el papel que los diferentes instrumentos de la política económica han debido jugar, el ingrediente fundamental ha estado centrado en el realismo fiscal, caracterizado por una rigurosa austeridad en el gasto público, la administración racional de las empresas del Estado y el control estricto del cumplimiento de las obligaciones tributarias. El permanente control que el Gobierno ha mantendido sobre las finanzas públicas y el óptimo desempeño de la economía han permitido que, durante 1987 y lo que va corrido del presente año, se llevara a efecto una serie de rebajas tributarias que impulsan un contundente crecimiento en la producción y en el empleo. Destacan en este sentido dos de ellas. La rebaja de la tasa arancelaria, de un 20 a un 15%, compensada con una devaluación del 4%, lo cual dará un impulso adicional al proceso exportador y por lo tanto al incremento en la producción y de nuevas fuentes de empleo. La segunda corresponde a la rebaja del impuesto al valor agregado (IVA), de un 20 a un 16%, lo que contribuirá a seguir extendiendo a toda la población los visibles avances de la economía nacional. ¡Las rebajas de tributos efectuadas son la demostración más clara de un Gobierno que confía en la capacidad creadora de la persona, y que posee la seguridad de que el espíritu de empresa y de superación de cada chileno es la más segura fuente de progreso nacional! Estas rebajas se han llevado a cabo conjuntamente con medidas de aumento del gasto en aquellos rubros presupuestarios que más impacto social tienen. En materia de empleo, el Gobierno le asigna prioritaria importancia a la lucha contra el flagelo de la cesantía. ¡Las diversas medidas creativas puestas en práctica han dado los frutos esperados! ¡Hoy los resultados son elocuentes! Teniendo en cuenta que nos encontramos en los meses más críticos del año, la tasa de desocupación bordea el 9%. Ello significa que en los últimos 5 años, a partir de la última crisis recesiva, se ha generado más de un millón doscientos mil puestos de trabajo productivos. ¡Esto es algo que nunca Gobierno alguno pudo alcanzar! Pese a los auspiciosos resultados alcanzados hasta la fecha, seguiremos con aquellas acciones y políticas que nos permitan asegurar que todos los chilenos tendrán acceso a un puesto de trabajo productivo, digno, estable y justamente remunerado. ¡De seguir por la senda que hemos construido, es posible que a fines de este año el desempleo baje a un 7% y para fines de 1989 a sólo un 6%! ¡Desde esta tribuna hago un llamado a todos los empresarios de Chile para que, por una parte, ejecuten proyectos intensivos en el empleo de mano de obra y, por otra, retribuyan con remuneraciones justas a sus trabajadores! ¡Sé que hay señores empresarios que han tenido buen éxito! ¡Por ello, el Gobierno se llena de satisfacción! ¡Pero ese buen éxito debe ser compartido con sus trabajadores! ¡Debemos tener siempre presente que ellos son la base del progreso de una empresa y por ende de la nación! En cuanto a la deuda externa, se ha continuado con una estrategia de negociación para obtener los recursos que el país necesita para su crecimiento, junto con reducir su monto al aprovechar las alternativas de mercado existentes. En el mes de agosto, el país formalizó la suscripción de nuevos contratos que permiten una rebaja en la tasa de interés y dan flexibilidad a las cláusulas legales, lo cual abre nuevas posibilidades en el manejo de la deuda. Compatriotas: ¡Dueño de los inmensos logros alcanzados en el sector socioeconómico, no puedo dejar de rendir un homenaje a cada trabajador y empresario que, con un gran esfuerzo durante los últimos 15 años, han superado inmensas dificultades logrando transformar al país! ¡Con ello han nacido nuevas riquezas! ¡También, con tal situación, se han conquistado nuevos mercados internacionales! ¡En una palabra, se ha colocado el motor para poner a Chile en marcha por el camino del desarrollo! ¡Y esto lo comprobamos al ver los logros más significativos de cada sector productivo del país! En agricultura, se constata la positiva evolución de los últimos años, con rendimientos récords en los cultivos anuales de la última temporada. El subsector frutícola mantiene el ritmo creciente de plantaciones, que alcanzan en la actualidad a más de 150.000 hectáreas, lo que constituye un fuerte aporte a las exportaciones sectoriales y las del país entero. En la temporada 1987-1988, la superficie productiva del subsector hortícola aumentó en un 12% con respecto a la temporada anterior. En el subsector forestal se alcanzó un millón trescientas mil hectáreas de plantaciones artificiales, lo que, unido al bosque nativo, nos da un activo de más de 9 millones de hectáreas. En 1987, en lo que a agricultura se refiere, se logró un nivel de actividad exportadora que alcanzó los mil trescientos sesenta millones de dólares, cifra nunca antes registrada. ¡Cuán lejano nos parece el año 1973, cuando Chile exportaba productos silvoagropecuarios sólo por sesenta y dos millones de dólares! La exportación frutícola, de setenta millones de cajas en el año agrícola 1986-1987, será superada en la última temporada con una cifra cercana a los noventa millones y con un valor aproximado a los setecientos millones de dólares. El subsector pecuario ha experimentado importantes avances al abastecer a la población y dar los primeros pasos a una exportación que puede tener grandes posibilidades. Al comprobar el desarrollo que hoy presenta el sector silvoagropecuario, no podemos dejar de señalar el estado de postración y destrucción en que lo encontramos en 1973, luego de experimentar la aplicación de políticas estatistas equivocadas y de sufrir una reforma agraria que se basó en el despojo y la arbitrariedad. Dicho proceso provocó un profundo daño al agro nacional, al país y a todos los chilenos, lo que constituye sólo una muestra de lo que el socialismo buscaba realizar con toda la sociedad chilena. ¡Después de ver la destrucción de nuestros campos y al comprobar hoy el progreso que presentan, se refuerza en nosotros la más firme resolución de no volver al pasado por ningún motivo! ¡Chile no se puede retrotraer al riesgo del hambre y del desabastecimiento generalizado, como ocurrió en los años negros anteriores a septiembre de 1973! ¡El comunismo fracasó al pretender doblegar al chileno por el estómago! ¡Fue más fuerte su espíritu de libertad que esas extorsiones! ¡Hoy seguiremos adelante! ¡El fracaso socialista ya es pasado! Compatriotas: En el sector pesquero, durante 1987 se alcanzó un desembarque de 4,9 millones de toneladas, exportando seiscientos cuarenta y cinco millones de dólares, lo que representa un aumento de un 22,4% en relación a 1986. El esfuerzo productor-exportador mantiene a Chile como el primer exportador de harina de pescado del mundo, como el tercer oferente de salmón del Pacífico, y situándose también entre los cinco primeros países pesqueros del orbe. Al fomentar el desarrollo de las actividades productivas, destacamos que la Corporación de Fomento de la Producción ha mantenido una política crediticia a proyectos privados, a la vez que ha impulsado la realización de investigaciones. En este período se otorgaron créditos por ciento dieciséis millones de dólares, es decir, alrededor de treinta mil millones de pesos, lo que permitió financiar mil cuarenta y cinco proyectos de inversión privada. Además de lo anterior, CORFO ha mantenido la preocupación por normalizar la situación de algunos de sus deudores, lo que ha permitido la continuación en actividad a numerosas empresas. En cuanto a la función de investigación y desarrollo, CORFO promovió con especial énfasis acciones tendientes al desarrollo de las exportaciones, como también lo relacionado con la sustitución eficiente de las importaciones. Por otra parte, ha continuado transfiriendo significativos paquetes accionarios a trabajadores de empresas filiales, ampliando el derecho de propiedad cada vez a más chilenos. Por su parte, el sector minero presenta hoy un nivel de desarrollo que supera con creces los niveles históricos. La pequeña y mediana minería del cobre ha aumentado su producción de ciento veinte mil toneladas en 1973 a trescientas treinta mil en 1987. ENAMI ha aumentado sus compras de plata de veintisiete mil kilos a trescientos treinta y cuatro mil kilos, y las de oro, de dos mil doscientos cincuenta y cuatro kilos a once mil kilos. Codelco-Chile ha mantenido su posición de liderazgo como primer productor mundial de cobre. Ha incrementado su nivel de seiscientos quince mil trescientas toneladas el año 1973, a un millón cien mil toneladas el año 1987, es decir, en un 77,24%. Debemos destacar también que se materializó el financiamiento de la inversión de mil cien millones de dólares del proyecto cuprífero 'La Escondida'. La ubicación geográfica, las reservas y las altas leyes de cobre, convierten a este yacimiento en uno de los mejores del mundo. ¡Ello constituye un voto de confianza de la comunidad financiera internacional y de los inversionistas a la estabilidad económica y jurídica que se observa hoy en el país! En materia de oro, el desarrollo de numerosos proyectos permitirá que nuestro país duplique su producción en el próximo trienio y se ubique en un expectable lugar como productor mundial de este metal. En la minería no metálica, es necesario dejar constancia que el mayor logro de la industria del salitre y derivados es que hoy, gracias a la racionalización de su gestión, es rentable y se encuentra en una excelente posición. En el sector energía, se destaca el inicio de operación de la mina de carbón de Pecket, ubicada en Magallanes, con una capacidad de producción de un millón cien mil toneladas al año. En el área petrolera existen varios contratos de operación en estudio, y uno de ellos ha sido firmado recientemente para explorar y explotar hidrocarburos en el salar de Atacama. Deseo destacar, asimismo, la reciente puesta en operación en la XII Región de la planta de Metanol, considerada la más grande y más moderna del mundo, que tiene una capacidad de producción de setecientas cincuenta mil toneladas por año y una inversión de trescientos millones de dólares. Entre los proyectos en ejecución destinados a garantizar un suministro oportuno y económico de energía para el país, destacamos los progresos en la construcción de las centrales hidroeléctricas 'Alfalfal', 'Canutillar' y 'Pehuenche', en la región centro-sur, cuyas puestas en servicio se efectuarán escalonadamente entre 1990 y 1991. ¡El progreso que muestran los sectores productivos es el más claro indicador de que el país se encamina con decisión por la senda del desarrollo! ¡Toda esta tarea se refleja con elocuentes muestras de verdadero avance en cada uno de los sectores sociales! En salud, luego de poseer una de las más altas tasas de mortalidad infantil de Latinoamérica, hoy está reducida a sólo un 18,6 por cada mil nacidos vivos. La atención profesional del parto llegó a un 98% en 1987. La mortalidad materna, de un 1,68 por cada mil nacidos vivos en 1970, llega hoy a un 0,46 por mil. En materia de nutrición, a partir de 1975 se pone en marcha un sistema de vigilancia que cubre a un 85% de los menores de 6 años, lo que ha permitido constatar la disminución de la tasa de desnutrición de un 15% en 1975 a un 8,8% en 1987. ¡La desnutrición grave prácticamente ha sido erradicada de nuestro país! Se ha continuado con una importante inversión en infraestructura asistencial y hospitalaria, a la vez que se ha reforzado el correspondiente programa de equipamiento. ¡Cada día, el derecho a la salud es una realidad más concreta y efectiva! En materia educacional, la inmensa obra modernizadora llevada a cabo en este sector muestra ya importantes resultados. Se ha reorientado el gasto fiscal hacia la educación prebásica, básica y media. Hoy vemos que en los sectores de menores recursos se ha aumentado la cobertura en educación básica desde un 29,9% en 1970 a un 56,7% en 1982, y la proporción de niños en edad escolar que no asiste a la escuela cae drásticamente desde un 41% en 1970 a un 9,9% en 1982; y en estos últimos años el sector tiene una cobertura a nivel nacional de un 94%. Otro logro de gran trascendencia lo constituye el nivel de escolaridad, el cual, de 4,4 años de estudio en 1970, sube a 8 años el año 1987. La cobertura de enseñanza media es otro logro importante, pues de un 49,71% en 1970 sube a un 79,52% el año recién pasado. En lo que se refiere a educación superior, a partir de 1981 se abrieron enormes posibilidades de estudio para los jóvenes chilenos, correspondiéndole al sector privado un importante papel en esta materia. ¡La juventud chilena tiene hoy mayores posibilidades que las que poseía en el pasado! ¡Pido a los jóvenes valorar esta realidad! ¡También asumir con responsabilidad su compromiso con el país, y no dejarse utilizar por quienes hacen de la prédica del odio su método habitual de acción! En lo educacional, el Gobierno tiene una especial preocupación por el magisterio nacional, reconociendo su importante función formadora de nuestra juventud. Compatriotas: En el ámbito del trabajo, una mayor capacitación es signo de progreso personal, familiar y nacional. La capacitación laboral constituye un objetivo básico en la acción del Gobierno. En el orden laboral, la fiscalización del estricto cumplimiento de las leyes del trabajo ha sido una tarea importante y prioritaria llevada a cabo en el período. En esta acción se realizaron treinta y cinco mil fiscalizaciones, con lo cual se favoreció a más de tres millones y medio de trabajadores. ¡Velar por el respeto de la ley laboral y los derechos de los trabajadores es tarea en que este Gobierno seguirá siempre empeñado! Por otra parte, debemos destacar que la obra de modernización de la legislación laboral cumplida por el Gobierno se deberá complementar con la dictación del reglamento del Código del Trabajo. En el plano internacional, Chile concurrió a la septuagésima quinta reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en Ginebra, en la cual nuestro país tuvo una destacada participación dentro de las comisiones técnicas que se ocuparon de estudiar y analizar las acciones de fomento del empleo y la seguridad social, la seguridad y la salud en la construcción y la promoción del empleo rural. En materia previsional, el nuevo sistema de pensiones ha continuado perfeccionándose. Los fondos acumulados sumaron en marzo de 1988 setecientos seis mil millones de pesos, y se proyecta que en 1990 alcancen a un billón ciento noventa y siete millones de pesos, invertidos en forma segura y rentable. A partir del 1 de marzo de 1988, se dispuso la fusión de las instituciones de previsión del antiguo sistema en el Instituto de Normalización Previsional, con el objeto de racionalizar y optimizar los recursos materiales y de personal disponibles. Las modificaciones introducidas en materia previsional permiten que el país tenga hoy un sistema de seguridad social más equitativo, justo y financieramente sano, que le otorga cobertura al 77% de la población activa, siendo el promedio para América Latina de sólo un 40%. En lo que respecta al sector justicia, el Gobierno ha mantenido un irrestricto respeto a la independencia del Poder Judicial, consciente de que constituye un pilar fundamental del Estado de Derecho. Conocedores de la postergación que por décadas sufriera este Poder del Estado, se ha prestado una preocupación preferencial a su fortalecimiento, a la situación de sus magistrados, al aumento del número de tribunales y al mejoramiento de su infraestructura. Largo sería detenerse a considerar en detalle toda la obra gubernamental de estos años dirigida a dignificar la función de la magistratura. La construcción de unidades judiciales, la entrega de un nuevo edificio para el funcionamiento de los juzgados del Trabajo en la capital y el moderno edificio de tribunales 'Presidente Manuel Montt', destinado a los treinta juzgados civiles de Santiago con una inversión pública superior a los dos mil millones de pesos, son muestras elocuentes del efectivo interés del Gobierno por este importante sector. En materia legislativa, la preocupación no ha sido menor. Así, el proyecto de ley orgánica constitucional sobre organización y atribuciones de los tribunales será pronto una realidad. Nuestra preocupación por la familia en general y por la mujer casada en particular nos ha llevado a dictar la ley sobre adopción de menores y a tener actualmente en avanzado trámite en el Poder Legislativo una iniciativa legal que tiene por objeto reconocer a la mujer casada plena capacidad, cualquiera sea el régimen matrimonial de bienes que regule sus relaciones patrimoniales. La atención de pequeños en situación irregular nos ha llevado a proporcionar al Servicio Nacional de Menores un cuantioso presupuesto que permite la atención de más de cincuenta mil menores. En el sector vivienda y urbanismo podemos señalar que, una vez más, se han cumplido las metas trazadas. Se ha puesto en marcha el sistema unificado de subsidios para sectores medios, mecanismo a través del cual se están entregando treinta mil de éstos durante el presente año. También se continuó con el programa de viviendas básicas, a través del cual se entregarán veintitrés mil viviendas más a lo largo de todo el país. Como parte de este programa, se inició el "Plan nacional de allegados", que atenderá durante el segundo semestre de este año a más de quince mil familias en estas críticas condiciones. Asimismo, se encuentra en ejecución la "Cruzada por la propiedad", que permitirá sanear ciento cuarenta y cinco mil títulos de dominio pendientes. ¡A ello se agrega más de un millón de títulos de dominios ya entregados como solución habitacional! En el transcurso del presente mes de septiembre se ha convocado a licitación pública para la construcción de las quince mil viviendas correspondientes al programa extraordinario que anunciara el 1° de mayo de este año. Asimismo, se encuentra en marcha el "Plan nacional de pavimentación urbana" para la recuperación de las calles de todas las comunas del país. ¡La enorme cantidad de actividades que conforman el plan habitacional del Gobierno hacen de la vivienda una imagen de superación y una tarea de dignidad! ¡Este esfuerzo de fomento en vivienda se ha mantenido ya por largo tiempo! ¡En los últimos 15 años, en el país se han construido alrededor de un millón de viviendas! ¡Es un logro que nos enorgullece a todos los chilenos! ¡Para una familia también digna, hay que dar un hogar digno! ¡Ese fue nuestro objetivo de ayer! ¡Ese es el logro concreto de hoy! En materia de campamentos, de las ciento cincuenta y tres mil familias que vivían en condición denigrante en el año 1973, hoy quedan menos de siete mil, las que a su vez tendrán solución en un plazo no superior a 12 meses. ¡Otro tanto ha ocurrido con las ciento diecisiete mil familias que gobiernos anteriores condenaron al drama de los pozos negros, a través de las "operaciones sitio"! En materia de infraestructura básica y equipamiento, la cobertura de agua potable en población urbana, que en 1970 sólo alcanzaba a un 66,5%, llega hoy a un 97% de los hogares chilenos. ¡No obstante los espectaculares avances logrados, aún queda mucho por hacer! ¡Y lo seguiremos haciendo, con realismo y responsabilidad! ¡Sin demagogia, sino con soluciones reales y efectivas! ¡Si continuamos por esta senda, el déficit habitacional crítico desaparecerá definitivamente en 1997! ¡Este es el desafío que asumimos hoy! La continuación del programa de regularización de la pequeña propiedad raíz, la transferencia de bienes raíces fiscales y la colonización de la XI región, se siguen desarrollando con buen éxito dentro de las tareas que lleva adelante el sector bienes nacionales. La gradual aplicación de la política de economía social de mercado, junto a la participación creciente del sector privado y a las medidas de ordenamiento y racionalización, han permitido al país que el transporte y las telecomunicaciones pasen de una situación de déficit, atraso tecnológico y desorden administrativo, a la actual situación de ordenamiento administrativo y financiero, a un real desarrollo tecnológico y a una mayor cobertura geográfica. Por otra parte, la flota de buques de propiedad de armadores chilenos aumentó su capacidad en 1987 en un 11,5%. Los operadores nacionales del transporte aéreo atendieron un incremento de un 14% en pasajeros y un 32% en carga. El transporte por carretera subió en más de un 8% en pasajeros y un 22% en carga. El sector de telecomunicaciones refleja en forma fehaciente el desarrollo alcanzado por el país en el presente año. Lo anterior se traduce en el explosivo crecimiento de la demanda por servicios. Los servicios limitados requeridos por empresas particulares crecieron en 103% respecto a 1987. Las solicitudes de radiodifusión, en 123%. El servicio telefónico, en 15%. La televisión por cable tiende a incrementarse y luego cubrirá 11 localidades del país. En cuanto a las inversiones, sólo en el subsector telefonía se alcanzó los veinte mil cuatrocientos dioz millones de pesos. ¡Estos son algunos signos visibles del progreso que el país ha experimentado en los últimos años! Compatriotas: Frente al sostenido crecimiento económico producido por la diversificación y aumento de las exportaciones, el Gobierno puso especial énfasis en mejorar la infraestructura pública para brindar el apoyo necesario a este elevado nivel de desarrollo nacional. Así, la tarea de obras públicas logró rehabilitar el 82% de la carretera longitudinal, recibida en grave estado de deterioro, y las vías transversales que conducen hacia los principales puertos. La Carretera Austral, anhelo que parecía tan lejano e imposible, es ahora una realidad concreta. Este titánico esfuerzo de 1.250 kilómetros, desde Puerto Montt a Cochrane, incorpora al desarrollo de Chile ciento cuarenta mil kilómetros cuadrados de alta potencialidad económica y de una importancia geopolítica incalculable. Se suma a lo anterior la concreción de un programa que entregó más de mil kilómetros de nuevos caminos pavimentados y ochenta puentes definitivos. También se destacan la terminación de la ruta Concepción-Santa Juana; la ruta Punta Arenas-Puerto Natales; los caminos Valdivia a Niebla; Aysén a Chacabuco y el de acceso a Maullín-Ruta 5; todos ellos de gran beneficio local y nacional. Nuestra vialidad urbana ha dado solución en la capital a diversos nudos viales, entre otros, al proyecto "Avenida Circunvalación Américo Vespucio", cuyas últimas obras, "Puente Centenario" y "El Camino de Las Condes a Conchalí", recientemente se inauguraron. También se ha continuado dando apoyo al desarrollo del ferrocarril metropolitano, cuyo proyecto de ampliación de la línea 2 entre las estaciones "Los Héroes" y "Puente de Cal y Canto" ha finalizado. Ante las crecientes necesidades portuarias y aeroportuarias que ya se vislumbran se llevan adelante los correspondientes estudios técnicos y económicos. Consecuente con lo establecido en nuestra Carta Fundamental de 1980, se ha dado comienzo al proyecto y construcción del edificio para el nuevo congreso nacional en Valparaíso, en donde se desarrollarán las funciones del Poder Legislativo. ¡La acción de obras públicas acrecienta el desarrollo social y mejora la calidad de vida de todos los chilenos! Chilenas y chilenos: ¡La gran obra llevada a cabo por el Gobierno en el campo social ha sido posible gracias al apoyo decidido en un amplio sector ciudadano que, con generosidad y abnegación, ha entregado su esfuerzo en procura de ayudar al más necesitado! ¡Así, gigantesca es la labor desarrollada por el voluntariado femenino, en las diversas organizaciones de bien social que las agrupan y que constituyen un ejemplo para el mundo de lo que es capaz la mujer chilena! ¡En esta ocasión solemne quiero testimoniar mi reconocimiento de gobernante a todas las mujeres de Chile! ¡Ellas fueron en un pasado no lejano vanguardia en la lucha por la libertad! ¡Ellas han sido las primeras en la lucha contra la pobreza! ¡Mujeres de Chile: mucho les debe la patria y sus hijos! Quiero, muy especialmente, testimoniar a mi querida esposa mi personal y más profunda gratitud. Su invariable e incansable apoyo me ha permitido superar los momentos de mayores dificultades, que supone la tarea de gobernar. ¡Su dedicación y entrega a la labor del voluntariado femenino y juvenil el país la conoce y la valora! A las distinguidas esposas de los señores miembros de la Honorable Junta de Gobierno vaya también mi reconocimiento por su inmensa labor al frente de las organizaciones del voluntariado que presiden. Su preocupación y dedicación constituyen un ejemplo de entrega a la labor de acción social. ¡A ellas, gracias, en nombre de Chile! Compatriotas. ¡El país puede tener confianza en la mujer chilena! ¡Sé que ella será baluarte de una nueva y trascendental victoria! CAMPO DE LA DEFENSA NACIONAL Las instituciones de la Defensa Nacional, junto con cumplir sus tareas profesionales más estrictas, llevaron adelante una amplia labor de apoyo social. La industria militar continuó su desarrollo para beneficio del país. Sin embargo, la función de la Defensa debió enfrentar la mano criminal del extremismo. Distinguidos oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas así como valerosos miembros de Carabineros y de Investigaciones de Chile, entregaron su vida en actos de servicio, víctimas del ataque cobarde y vil del terrorismo. A través del Comando de Ingenieros, el Ejército continuó llevando a cabo obras de incremento y mejoramiento de la red vial. El Instituto Geográfico Militar presta su valiosa colaboración a la educación al editar importantes textos de estudio e investigación. La Armada Nacional, en su labor en el campo de la seguridad marítima, puso en práctica un importante plan de vigilancia y control de la contaminación del mar chileno, velando así por su integridad ecológica. Durante el presente año, en el mes de julio, ASMAR puso término a la construcción del transporte "Aquiles", unidad de un desplazamiento de cuatro mil quinientos cincuenta toneladas a plena carga. En el Territorio Antártico, las Fuerzas Armadas realizaron una effective labor de soberanía e investigación científica. La Fuerza Aérea, entre octubre y noviembre, llevó a efecto una nueva etapa en su plan de penetración hacia el polo sur, al determinar la factibilidad de aterrizaje de aeronaves en pista de hielo y la instalación de un refugio que proporcione el apoyo necesario para proseguir este programa. La Empresa Nacional de Aeronáutica alcanzó un alto grado tecnológico en el desarrollo de proyectos, lo que ha permitido su incorporación al mercado internacional. En cuanto a seguridad en aeronavegación, se puso en operación experimental el sistema internacional de búsqueda de aeronaves extraviadas, a base de satélites, avance que es el primero en el hemisferio sur. Las Fuerzas de Orden y de Seguridad Pública desarrollaron sus actividades con eficiencia y responsabilidad, basadas fundamentalmente en la acción preventiva. Las instituciones de la Defensa Nacional han desarrollado una amplia labor social, donde se destaca la atención al menor en situación irregular; los operativos cívicos efectuados a lo largo del país, en coordinación con las autoridades de gobierno interior; las tareas de transporte de carga y traslado del personal, en zonas aisladas y, especialmente, su actuación en situaciones de catástrofe. El acelerado crecimiento de la práctica deportiva y recreativa impulsada por el Gobierno, a través de la Dirección General de Deportes y Recreación, ha sido una eficaz acción para elevar los niveles de desarrollo físico, intelectual y moral de la población. CAMPO EXTERNO Nuestra política internacional mantiene inalterable su tradicional apego a principios y normas que garantizan la sana convivencia entre las naciones, lo que posibilita una efectiva y recíproca colaboración e intercambio entre los pueblos. Nuestra política externa descansa en principios esenciales como la solución pacífica de las controversias, la igualdad jurídica de los Estados, el respeto irrestricto de los tratados, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de otros Estados. Chile desea mantener relaciones con todos los países que, con igual respeto de tales principios, guíen su acción internacional por encima de eventuales discrepancias políticas o ideológicas. De tal manera y en el ámbito del comercio internacional, hemos avanzado en la consolidación de importantes lazos financieros y comerciales con más de ciento veinte naciones del mundo. La coherencia de la política económica sustentada por el Gobierno y el esfuerzo responsable del sector empresarial, público y privado, han permitido la obtención de metas trascendentes, la apertura de nuevos mercados y la captación de la inversión extranjera. Nuestras relaciones con Argentina y Perú se han desarrollado en diversas formas de complementación, cooperación y entendimiento. Con la República Argentina nuestros vínculos han evolucionado positivamente, en especial al ponerse en marcha mecanismos contemplados en el Tratado de Paz y Amistad de 1984, los que abren importantes vías de progreso en el ámbito de la cooperación económica y de la integración física. Con la República del Perú las relaciones se han caracterizado por un creciente y fluido diálogo sobre materias de interés bilateral, que han generado una dinamización del proceso de acercamiento entre los dos países. Con la República de Bolivia hemos demostrado nuestro interés por estrechar vínculos. En junio de 1987, cuando se interrumpió el diálogo que mantuvieron los cancilleres de ambos países, Chile subrayó que "consecuente con su voluntad permanente de acercamiento hacia esa República, entiende que puede colaborar con ese país en la búsqueda de fórmulas que, sin alterar el patrimonio territorial o marítimo nacionales, permitan materializar una integración bilateral que sirva eficazmente al desarrollo y bienestar de los respectivos pueblos". Estos conceptos los reiteré en el Mensaje del año 1987 y hoy mostramos la misma predisposición. Con el resto de las naciones de América latina, mantenemos vínculos de acercamiento y complementación. También observamos con interés el desarrollo de la situación de Centroamérica, con cuyos pueblos hemos mantenido contactos positivos y estrechos desde los albores de nuestra vida independiente. Las relaciones con los Estados Unidos de América tienen una importancia especial, dentro de nuestra política exterior y en el marco tradicional de entendimiento que históricamente las ha caracterizado. En esta relación podemos constatar avances en áreas de interés común, así como una creciente complementación financiera y comercial. Sin embargo, no podemos desconocer la existencia de algunos obstáculos para un mayor acercamiento, derivados en parte de la desinformación acerca de la verdadera realidad de nuestro país, del uso político que algunos grupos interesados hacen de tal desinformación y del intento de algunos sectores de ese país, que procuran influir en nuestro proceso institucional, debido a una distorsionada imagen del verdadero sentir del pueblo chileno. ¡En una palabra, no nos conocen estos caballeros! Respetuosos de nuestra tradición soberana, hemos planteado con firmeza nuestro total rechazo a pretensiones de intervenir en la evolución de nuestra institucionalidad. Al mismo tiempo, hemos reiterado nuestro anhelo de buscar caminos de sincera cooperación con los Estados Unidos, basados en un respeto recíproco, que, por cierto, excluye cualquier forma de intervención. Nuestras relaciones con los países de Europa Occidental han crecido en forma importante, en particular en lo económico, comercial y cultural. Conforme a los desplazamientos geopolíticos de la importancia oceánica, Chile tiene la convicción de que el Pacífico es el mar del próximo siglo y será un vehículo de unión, acercamiento y comercio con las naciones ribereñas. Es por ello que atribuimos una creciente importancia a estrechar más los lazos con los países y organismos de la cuenca del Pacífico. También nos hemos preocupado de fortalecer, junto a nuestros vecinos corribereños sudamericanos, la comisión permanente del Pacífico Sur, organismo que nos interesa enriquecer y desarrollar. En este marco oceánico, el Gobierno atribuye particular importancia a fortalecer nuestros vínculos con la República Popular China, así como a los importantes contactos económicos y financieros con Australia, Nueva Zelanda y otros, destacándose las inversiones de capitales provenientes de dichos estados, lo que refleja la confianza que existe para con nosotros en el ámbito internacional. En lo comercial y cultural, merecen señalarse nuestros lazos con Japón y los nexos crecientes con naciones como la República de Corea, Tailandia, Indonesia y Singapur. En el campo multilateral Chile ha mantenido su activa participación en los más importantes foros mundiales y regionales, insistiendo siempre en la urgente necesidad de despolitizar estos organismos, en particular aquellos de carácter técnico. En el ámbito multilateral, hemos puesto especial énfasis en materias tales como el acuerdo general de la utilización del espacio exterior con fines exclusivamente pacíficos, el uso de la energía nuclear con iguales objetivos, la estructuración de mecanismos de desarme regional, los problemas relacionados con el medio ambiente y la situación alimentaria mundial. Asimismo, hemos mantenido nuestra participación y aporte en un aspecto de tanta trascendencia como el derecho del mar y la Antártida. Además coincidimos en la gravedad que reviste el problema del narcotráfico, materia que se plantea en foros internacionales. La lucha contra ese flagelo hace necesario adecuar las normas jurídicas del sistema interamericano para hacerlas más efectivas y prácticas. Este año, Chile ha impulsado al respecto dos iniciativas, que se encuentran en etapa de consulta, habiéndose ya recibido positivas reacciones. En síntesis, hemos actuado considerando que Chile es hoy un país moderno y que sus relaciones bilaterales y multilaterales con la comunidad internacional no se limitan exclusivamente al campo político, sino que se extienden, también, a las sólidas realidades de los vínculos comerciales, las relaciones financieras, la inversión extranjera, el intercambio científico y la cooperación técnica, así como al estrechamiento de los vínculos culturales. Todo ello ha permitido que los productos chilenos se comercialicen en los cinco continentes. Nunca como hoy la presencia chilena ha sido más activa en Africa, Asia, Oceanía y el Pacífico. Nunca la imagen de seriedad económica y financiera de Chile ha sido tan respetada como lo es hoy día. La maciza obra de estos años, de lo cual es demostración elocuente esta cuenta del último período, ha sido posible gracias al trabajo mancomunado de gobernantes y gobernados. Gracias a la decisión resuelta de ir dejando atrás el subdesarrollo, para alcanzar la existencia de un clima generalizado de orden, paz y tranquilidad, que es el ambiente propicio para el trabajo y la creación. ¡Tenemos que seguir por este camino de construcción! ¡No podemos dar la espalda al progreso! No ha sido fácil el camino que ha debido recorrer el país para llegar a este momento, en que los chilenos consolidaremos resueltamente la obra iniciada hace ya quince años. El trabajo incesante de los hombres y mujeres de Chile ha logrado transformar un país en ruinas en una nueva nación pujante y vigorosa. Chile es hoy día un país distinto, un país moderno, que ha incorporado a su vida diaria las ventajas que el mundo ofrece y que enfrenta con profundo optimismo y fe un futuro promisorio que nos llevará lejos. El resultado de la tarea de este régimen es una obra que trasciende a las personas y a las instituciones. Todo lo que hasta ahora hemos alcanzado se basa en la aplicación de políticas correctas y concretas y en la más resuelta voluntad para llevarlas a cabo. Llevamos adelante un proyecto sólido, definido y coherente, en lo económico, en lo político y en lo social. ¡Proyecto que ya ha demostrado su eficacia con sus éxitos! ¡Nuestro ideario está basado en un irreductible compromiso con la libertad, la justicia y la dignidad del hombre, y lo hemos manifestado sin complejos ni ambigüedades! ¡Tenemos una sola actitud resuelta, que está dirigida a la libertad integral del hombre! Chilenas y chilenos: Ha existido un equipo de trabajo en lo político, económico y social, compuesto por hombres, mujeres y jóvenes, que han demostrado tener la capacidad necesaria para conducir un proceso. ¡Para guiar una acción! Este equipo ha demostrado una experiencia que está pronta a seguir entregándose por entero al servicio de Chile, en la nueva etapa que iniciamos. ¡La maciza obra del Gobierno debe ser continuada! ¡Sería imperdonable dilapidarla para volver a improvisar y reiniciar aventuras revolucionarias ya fracasadas! Frente a esta reality, a esta gran obra, el presente nos anuncia un futuro lleno de esperanza. ¿Qué nos ofrecen los partidos políticos que respaldan el "No" en el plebiscito? ¡Sólo incertidumbre, vacilaciones, vaguedades! ¡Muchas concertaciones y casi ningún entendimiento y conocimiento de los problemas que interesan a todos los chilenos! Compatriotas: La gigantesca tarea realizada por este Gobierno necesita consolidarse con el paso hacia la nueva democracia, más estable, participativa y moderna, que aquella que conocimos en el pasado. Queremos una democracia abierta, pero no entregada a la voracidad partidista ni a los apetitos totalitarios. Queremos una democracia siempre abierta al perfeccionamiento de los instrumentos jurídicos que enmarcan la vida nacional, pero nunca concesiva, y menos aún permisiva para aceptar la propagación de doctrinas de odio, enfrentamiento y violencia. Esta democracia necesita consolidar las nuevas instituciones, fortalecer los nuevos hábitos y permitir que sean las nuevas generaciones las que vayan asumiendo sus responsabilidades en el desempeño de las funciones públicas. La vitalidad y armonía de este nuevo sistema político, que en pocos meses más cobrará su total vigencia, dependerá de la actitud responsable de todos los chilenos. ¡Yo invito a todos mis compatriotas a asumir con grandeza este desafío para seguir haciendo de Chile la nación con la cual todos soñamos! ¡La unidad nacional resulta fundamental para alcanzar los altos objetivos que nos hemos propuesto! Pido a los chilenos que juntos consolidemos esta obra; que juntos estructuremos sanamente la democracia, poniendo en sus raíces los valores y principios más caros de la libertad del hombre. Recogiendo nuestra experiencia histórica, hemos recorrido un camino gradual, capaz de garantizar la paz y la armonía, dentro de una evolución que de por sí es difícil. ¡Miremos los resultados, con la satisfacción de que hemos cumplido con nuestro deber! La tarea realizada en todo este tiempo debe asegurarse definitivamente en los próximos ocho años. Como Presidente de la República he encabezado distintas etapas en el desarrollo gradual de transición hacia la nueva institucionalidad, proceso que ha incluido avances hacia la libertad de prensa, el funcionamiento de los partidos políticos y todas aquellas sendas necesarias para culminar en la plena democracia. También estoy consciente de que en esta etapa de consolidación se debe asegurar a las instituciones democráticas contempladas en nuestra Constitución, pero ello requerirá de un renovado esfuerzo para transitar por un camino de construcción en libertad, respeto y mutua tolerancia. De la misma forma, como se ha hecho hasta ahora, espero en el futuro cumplir las misiones que los chilenos me encomienden, teniendo siempre en cuenta sólo los superiores intereses de la patria. ¡De esta patria que tanto amo y a la que estoy dispuesto a entregar hasta el último aliento de mi vida! Chilenas y chilenos. ¡Nuestro deber es mirar hacia el futuro! ¡En estos quince años hemos realizado más que lo que se había hecho en un siglo entero! ¡Es preciso redoblar el impulso modernizador y renovador para luego encauzar la actividad nacional en tres grandes líneas de acción: democracia, desarrollo económico y progreso social! A partir del triunfo del "Sí" el país entrará en un proceso político de plena democracia, libertad y estabilidad, capaz de mantener las condiciones de paz, orden y seguridad, para asegurar las posibilidades objetivas de desarrollo personal y nacional. En 1990 iniciará sus funciones un congreso representativo, el que deberá asegurar las condiciones de eficacia requeridas para que el trabajo legislativo permita al país seguir progresando. En el ámbito regional, ya son una reality los consejos regionales de desarrollo. Luego entrarán en plenas funciones los consejos comunales de desarrollo, lo que asegura una genuina participación ciudadana, tanto en el gobierno regional como en el comunal. Una democracia participativa en la base permitirá a la autoridad conocer con mayor eficacia los problemas reales del ciudadano, de su comuna o de su región. Luego, un banco Central autónomo será garantía de seriedad en el manejo de las finanzas públicas y una herramienta efectiva para evitar la tentación de políticas demagógicas de carácter inflacionario. Todo esto, en el contexto de una gran tarea social que nos permitirá seguir avanzando en la lucha frontal contra la pobreza. Compatriotas: ¡Nuestro triunfo en el plebiscito abre a los hombres, mujeres y jóvenes de este país posibilidades ciertas de desarrollo personal y familiar, como nunca antes habían sido posibles en Chile! ¡Estas no son promesas! ¡No ha sido ese el estilo de este Gobierno! ¡Jamás hemos engañado! ¡Siempre hemos preferido las obras concretas! ¡Nuestros hechos son efectivos, sin la vana ilusión de las palabras! ¡La gran obra de estos años es nuestro gran aval! Chilenas y chilenos: ¡Cuando estamos en el umbral de un nuevo siglo, el país no puede arrojar por la borda todo lo que ha logrado! ¡Seguiremos entregando las mejores oportunidades a la juventud! ¡Creando más universidades, más centros de educación superior y técnica! ¡Otorgando más becas para estudiar a quienes tengan los méritos suficientes y carezcan de los medios para hacerlo! ¡Chile jamás debe negar un mejor destino a nuestra juventud! ¡Seguiremos estimulando a aquellos jóvenes con ideas e inquietudes para iniciarse en la actividad profesional, laboral y empresarial! ¡Deberemos otorgar mayores facilidades a aquellos que están dispuestos a colonizar las fértiles tierras que están quedando al descubierto con el avance de la Carretera Austral! En una palabra, continuaremos impulsando políticas adecuadas para asegurar posibilidades efectivas de trabajo a todos los jóvenes. El deporte, desarrollado como nunca lo fue antes, la ampliación de la cultura en general y el fomento del arte en particular han de ser posibles gracias a políticas de estímulo a la creación y a la capacidad. ¡Para todos los jóvenes de Chile hay un gran futuro en este régimen de libertad! ¡También lo hay para los trabajadores de mi Patria! ¡Sólo en un régimen de libertad económica es posible concebir la existencia de trabajos estables, productivos y bien remunerados, con posibilidades ciertas de progreso! ¡Cada trabajador será un propietario! ¡Esa es nuestra meta! ¡Y lo estamos haciendo reality, con la difusión de la propiedad a través del capitalismo popular! ¡Para la mujer, la tranquilidad y la seguridad de saber que los suyos pueden crear, trabajar, producir y estudiar en un clima de orden y paz! Ella, que fue el baluarte en la lucha por nuestra libertad, es ahora la que mejor sabe valorar lo que han significado estos años. ¡Para los profesionales y técnicos chilenos se abren nuevos y mejores horizontes de desarrollo y perfeccionamiento! El plan nacional de ciencia y tecnología, un esquema de desarrollo abierto al exterior, el desarrollo de la informática, el incentivo a la investigación, son todos hechos y realidades que abren insospechadas posibilidades a nuestros profesionales y técnicos. Para los empresarios chilenos, hay también un camino claro para emprender nuevas obras y producir más trabajo. Son los hombres de empresa los que tienen una mayor responsabilidad en la generación de bienestar, cuando sus posibilidades de desarrollo se dan en un sistema de libertad. ¡Crear la riqueza y el consiguiente progreso debe ser un imperativo prioritario de los empresarios chilenos! Para todos los chilenos, el camino que surge de nuestra victoria es claro, serio y real. ¡Eso es lo más importante para nuestro futuro! ¡A partir del triunfo del "Sí", se abre una posibilidad concreta de progreso personal y nacional! El triunfo del "Sí" en el próximo plebiscito permitirá la erradicación definitiva de la extrema pobreza. El afianzamiento de nuestra propia identidad cultural y de aquellos valores que nos han hecho grandes como nación sólo se podrán lograr a partir de la victoria de las ideas de libertad que nosotros encarnamos. Sería ingenuo pensar que la consolidación de un régimen económico de crecimiento sostenido, basado en la iniciativa privada y en la apertura al exterior, pudiera tener posibilidades reales de afianzamiento con un gobierno que no hubiera dado muestras suficientes de fidelidad a estos valores y que está pensando destruir todo lo que se ha hecho. El desarrollo de la ciencia, la proyección de Chile a la gran cuenca del Pacífico, el afianzamiento y consolidación de un Estado subsidiario y sin burocracia, sólo son posibles cuando hay una identificación plena con un ideario de libertad, democracia y con sentido de futuro. Compatriotas: El camino que muy pronto habremos de iniciar parte de nuestra victoria en el próximo plebiscito, la que conducirá a Chile hacia el más alto sitial de su historia. ¡Nadie, ningún chileno, puede restar su aporte a esta gran tarea! ¡Una vez más, hago un patriótico llamado a quienes se encuentran en la oposición! Los llamo a entregar un aporte serio, sincero y constructivo a esta tarea que es de todos. ¡Porque la democracia es un medio de convivencia exigente! ¡La democracia se hace día a día, en la dinámica de la libertad personal y en el perfeccionamiento de la participación real en la economía, en la cultura y en la política nacional! ¡La diversidad de opiniones es necesaria y conveniente, pero cuando ella respeta la verdad y la justicia! ¡Así es posible formar un legado cívico para las nuevas generaciones! ¡Ahí está la clave del éxito! ¡Ahí está la clave de la esperanza! ¡Los chilenos debemos entendernos en la convivencia diaria! ¡Debemos perfeccionar, juntos, un orden de libertad y solidaridad! Debemos concertar nuestras vocaciones, en especial las de servicio público, y responder con oportunidad a la urgencia de los problemas de Chile. ¡Debemos romper definitivamente los prejuicios y las barreras de ideas, sentimientos e intereses, ante las exigencias del bien común! ¡Así alcanzaremos los objetivos y las metas nacionales! ¡Llamo por ello a mis compatriotas para renovar la vida de Chile, con un espíritu de fraternidad y tolerancia! ¡Esta es la primera condición para ganar el futuro! ¡El futuro nos espera para engrandecer la patria! ¡Las generaciones del porvenir nos contemplan! ¡Es con ellas nuestro compromiso! ¡Y por ellas triunfaremos en el próximo desafío! ¡Nuevos caminos de reconciliación y grandeza nos esperan! En ellos forjaremos una cultura de libertad y solidaridad, como lo exigen nuestra historia, los avances del presente y el Chile de mañana, que palpita alegre en la mirada, hoy libre y esperanzada, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Chilenas y chilenos: En estos momentos decisivos para nuestra patria no podría terminar estas palabras sin antes hacer público mi reconocimiento a esos cinco mártires que dieron su vida por salvar la del Presidente de la República, hace dos años, allá en la cuesta de Las Achupallas. Vaya a sus familiares todo mi cariño y todo mi afecto a esos once héroes que, a pesar de estar heridos, lucharon como bravos para resistir el ataque del odio. De esos valientes hay uno que aún sufre las secuelas dolorosas de su valor. Para todos ellos mi aprecio, mi estima y mi reconocimiento. Compatriotas: ¡Al terminar estas palabras invoco a Dios Todopoderoso, y a Él le pido que siga llenando de bendiciones a esta tierra que tanto amamos! ¡Que Él nos dé la fuerza para seguir adelante en esta acción renovadora! ¡Con su ayuda tengamos siempre viva la fe en los mejores destinos de nuestra patria y en un mejor mañana para nuestros hijos! ¡VIVA CHILE! [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:D1988]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] qjiqxpmb9iisib7ga0n5dzwcv4899o4 1665297 1665276 2026-06-20T16:30:27Z Janitoalevic 45005 1665297 wikitext text/x-wiki 11 de septiembre de 1988 Compatriotas: Al cumplirse un nuevo aniversario del 11 de septiembre de 1973, informo a la nación de su marcha político-administrativa y socioeconómica durante el período 1987-1988. Inicio estas palabras rindiendo un profundo homenaje a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Orden que han ofrendado su vida por la libertad de Chile. Han transcurrido 15 años de aquel día heroico. El sacrificio de esos hombres se agiganta y nos da nuevas fuerzas para enfrentar los próximos desafíos. Este 11 de septiembre de 1988 tiene un significado especial, pues muy pronto, el 5 de octubre próximo, el país se pronunciará si desea continuar la maciza obra desarrollada en estos años o, por el contrario, vuelve a los ya superados días de experimentos socialistas. Por ello, es un momento decisivo para reflexionar sobre la tarea cumplida y meditar lo que nos traerá el futuro, cual es la consolidación y proyección del esfuerzo creador que los chilenos hemos realizado en estos años. Se ha desarrollado aquí un gigantesco esfuerzo por levantar al país, pues todos, sin excepción, han entregado su aporte para alcanzar un sistema de vida más justo, más libre, más próspero y con mayores y mejores posibilidades. Los chilenos han puesto su energía creadora al servicio de la patria para dejar atrás la pobreza, superar los odios y las divisiones que a nada conducen. Hace 15 años, un día como hoy, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile asumieron el Gobierno de la nación para salvar al país de transformarse en una sociedad marxista. Con ello, se cumplía un deber ineludible al escuchar el clamor de todo un pueblo jamás vencido y menos doblegado. Siempre se dijo que la tarea de reconstruir moral y materialmente el país, junto con recuperar sus instituciones democráticas, exigía una acción profunda y prolongada de todos los chilenos, unidos a las fuerzas de la Defensa Nacional. También se afirmó categóricamente que su permanencia en el poder no sería un mero paréntesis entre dos gobiernos partidistas, sino que, muy por el contrario, con seriedad y profunda responsabilidad, nos proponíamos iniciar una nueva etapa en el desarrollo institucional del país. Al mismo tiempo, tan importante jornada iría, progresiva y gradualmente, conduciendo a la nación a una plena democracia. Luego, la primera reflexión que surge en esta fecha es la de haber cumplido integralmente con todos los compromisos contraídos. Se han sentado las bases de una sociedad libre y democrática que muy pronto, tan sólo en pocos meses más, habrá de regir en plenitud con irrestricto apego a todas sus normas jurídicas. Una muestra inequívoca de nuestra resuelta voluntad de consolidar la democracia y de avanzar hacia la plena vigencia de sus instituciones, constituyó nuestra decisión de poner término a los estados de excepción y a la prohibición de ingreso al país que afectaba a algunas personas. Se han creado las condiciones socioeconómicas objetivas que permitirán enfrentar el próximo siglo en la condición de un país desarrollado, capaz de superar la pobreza que heredáramos de décadas de estatismo, demagogia y políticas socializantes. Una mirada al pasado permite observar con satisfacción y legítimo orgullo que salimos adelante, superando grandes dificultades, obstáculos y desafíos. Los grupos extremistas, que promueven el terrorismo y la violencia y que fueron amparados por el gobierno de la Unidad Popular, han continuado manteniendo en estos años una agresión constante e indiscriminada. ¡Hoy, sólo por táctica, está sumergida! ¡Debemos reconocer que esta agresión ha sido enfrentada por el Gobierno con valor y energía! ¡Para los hombres de armas caídos en la lucha contra este flagelo, vaya mi admiración y reconocimiento de gobernante y de soldado! ¡Rindo hoy un homenaje a los hombres y mujeres que han caído víctimas inocentes de la acción artera y criminal del terrorismo! Lamentamos con dolor, también, la actitud rupturista de ciertos sectores que no entienden el proceso vivido por el país. ¡Repudiamos con todas nuestras fuerzas a los señores extranjeros que tratan de intervenir en nuestros asuntos internos! ¡Ello es una amenaza para nuestra soberanía, y aquellos chilenos que incitan tal acción merecen el más profundo rechazo de todos, porque han preferido la intervención foránea en asuntos que sólo son nuestros! ¡Sé, también, que la gran mayoría de mis compatriotas no quiere volver a vivir aventuras socialistas! ¡Hoy vamos hacia la consolidación de un régimen de libertad! ¡Vamos a un régimen democrático, en el cual todos tienen lugar! ¡Y será sólo la voluntad soberana de los chilenos la que decidirá nuestro futuro! Chilenas y chilenos: En la etapa que actualmente enfrentamos, debemos tener presente que el inmenso edificio institucional construido es, pese a todo, vulnerable a la acción regresiva que puedan emprender, el día de mañana, sectores hostiles a una sociedad libre. Sin embargo, la obra ya levantada es tan maciza y seria, que nadie con honestidad puede dudar de la voluntad y vocación del Gobierno para alcanzar las metas inicialmente propuestas, en el orden político, económico y social. Muy pronto el país deberá pronunciarse acerca de su futuro, y nuestra primera reflexión, antes de adoptar cualquier decisión, debe estar dirigida a lo que hemos hecho, a lo logrado, a las dificultades que hemos superado y a la valorización de nuestra dignidad nacional. Luego debemos pensar en los tiempos que vienen y en cómo enfrentarlos. Compatriotas: Este Gobierno difunde sus realizaciones y busca su proyección sin ningún ánimo partidista, con el único objetivo de consolidar el orden institucional de la República y los mecanismos políticos democráticos, que estarán a disposición de los partidos y sectores independientes, cualquiera sea su posición frente al Gobierno. ¡Este es el compromiso con el futuro nacional que debe ponderarse en su exacta medida! Se ha creado un nuevo régimen como consecuencia del colapso de la antigua democracia. De modo que el futuro del país, su estabilidad y paz social dependen del éxito que se obtenga para proyectar la labor realizada durante estos años. ¡Todo se ha hecho bajo el signo de nuestro único partido, que se llama Chile y que tiene los brazos bien abiertos para recibir a todos los que habitan en este territorio! Los chilenos de espíritu libre y pluralista, incluidos los que a veces, por una razón u otra, creen estar con la oposición, saben que en la nueva democracia todos los sectores estarán presentes y tendrán la posibilidad cierta de hacer valer sus legítimos intereses y objetivos. Lo grave es pretender desconocer el sistema político vigente, aliándose con grupos totalitarios, pues así sólo se fortalecen las amenazas al desarrollo pacífico de nuestras instituciones políticas. Vivimos un proceso electoral destinado a elegir democráticamente un nuevo Presidente de la República para definir nuestro futuro. ¡El Gobierno que me honro en presidir tiene la absoluta certeza de que, con ocasión del plebiscito, Chile dará al mundo una nueva lección de democracia! Un número jamás visto de chilenos en nuestra historia política será el que acudirá a las urnas para expresar de un modo libre, secreto e informado su voluntad de consolidar la sociedad democrática que contempla la Constitución Política de la República, o de destruir 15 años de patriótico trabajo por Chile. Compatriotas: El 5 de octubre, la ciudadanía deberá expresar su voluntad soberana sobre el candidato propuesto por los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y el General Director de Carabineros para ocupar el cargo de Presidente de la República durante el próximo período presidencial. Legamos a este crucial momento con la totalidad de la legislación complementaria de la Constitución ya promulgada, o en avanzado estado de estudio en el Poder Legislativo. En esta ocasión, rindo mi sincero homenaje a los señores miembros de la Honorable Junta de Gobierno por su preocupación y honestidad en el trabajo que han llevado adelante en cumplimiento de sus funciones legislativas. Vaya también mi reconocimiento a los señores asesores del Ejecutivo, al Consejo de Estado y a la Comisión de Estudio de las Leyes Orgánicas Constitucionales. Asimismo, no puedo dejar de mencionar la trascendente función cumplida por los señores miembros del Consejo Económico y Social, organismo asesor que ha abordado importantes materias con acuciosidad y con seriedad. Campo Económico-Social ¡No ha sido fácil construir una economía moderna capaz de hacer de Chile una nación desarrollada! ¡Cuántos desequilibrios heredados fue necesario corregir para enfrentar las graves recesiones de los años 75 y 82! Entre 1975 y 1985, nuestros términos de intercambio alcanzaron niveles reales equivalentes a la mitad de los observados en el decenio anterior y, por otra parte, durante la presente década las tasas de interés internacionales han alcanzado los niveles más altos del siglo. Ante estas dificultades, el país redobló sus esfuerzos y profundizó la modernización de su estructura productiva, emprendiendo un proceso de crecimiento económico sostenido. Se puso especial énfasis en elevar las exportaciones, para lo cual se diseñó un conjunto de políticas, entre las que destacan la mantención de un tipo de cambio real y aranceles moderados. En este contexto, la autoridad ha estado siempre atenta a dictar o mejorar disposiciones que cooperen a un desarrollo más acelerado y estable de nuestras exportaciones. Así, en el último año destacan, entre otras normas, el perfeccionamiento del sistema de reintegro de gravámenes aduaneros y el del régimen de pago diferido de éstos. ¡Chile entró con decisión en el camino de la exportación! lmpacta ver cómo el país logró, a pesar de las adversas condiciones externas, pasar de un volumen de exportaciones que en 1973 representaban sólo un 14% del producto, a una relación exportaciones-producto de un 34% en el año recién pasado. ¡Impresionante resulta el observar los diversos productos de exportación! Las exportaciones diferentes al cobre representan el triple de lo que fueran a comienzos de este Gobierno en el volumen total exportado. Destaco este hecho como uno de los logros económicos de mayor significación de este Gobierno, por cuanto, gracias a las nuevas riquezas generadas en estos años, el país podrá enfrentar en mejores condiciones las posibles adversidades futuras. ¡Nos enorgullecemos de que nuestro edificio económico ya no se sustente en una sola viga, pues pasó a tener varias que lo fortalecen en su estructura y estabilidad, en beneficio de nuestros actuales y futuros conciudadanos! ¡El desarrollo económico que propiciamos es uno, sólido y estable! ¡Sin embargo, para ello no basta diversificar las exportaciones! Se requiere también de un nivel alto de ahorro nacional y de una mayor inversión. En los últimos años, se han multiplicado las iniciativas para promoverlos. El buen funcionamiento del nuevo sistema previsional, la moderación en el gasto corriente del sector público, la aplicación de una reforma tributaria que se orienta a gravar el consumo y la capitalización del sistema bancario, han colaborado en el incremento en la tasa de ahorro nacional, que se espera alcance a un 14,7% del producto en el presente año, el que en el año 1984 era sólo de un 3% debido al impacto de la crisis de la deuda externa. ¡Todo esto es un fiel reflejo de la capacidad de respuesta de la iniciativa individual ante políticas adecuadas! El fuerte aumento del ahorro, la inversión y el desarrollo del sector exportador son fundamentales para que la economía chilena tenga un proceso de crecimiento sostenido, que desde 1984 alcanza un ritmo promedio de un 5% al año. Durante el primer semestre de este año, el producto geográfico bruto experimentó un incremento de un 5,8% en relación a igual período del año anterior. ¡Esto es lo que nos coloca en una posición de claro liderazgo en Latinoamérica! ¡Hoy Chile es ejemplo por su capacidad de crecimiento, como también lo es por el equilibrio en materia de estabilidad de precios! Compatriotas: El control de la inflación es una de las más importantes prioridades de este Gobierno. Para el presente año, proyectamos una tasa de inflación de alrededor de un 10%, una de las más bajas en los últimos 30 años. ¡Los chilenos en el pasado conocimos el flagelo de la inflación, lacra que cuando se propaga grava principalmente los ingresos de los trabajadores, produce inestabilidad generalizada y es mortal para el crecimiento! Sólo cuando se logra la estabilidad de precios y se recupera la disciplina fiscal y monetaria, se hace posible erradicar nuestros tradicionales procesos inflacionarios. Ello fue una de las metas que nos propusimos el 11 de septiembre de 1973 y hoy, con satisfacción, podemos decir: ¡Señores, la misión está cumplida! En materia de remuneraciones, si bien a partir de 1986 éstas crecieron en forma moderada, desde fines de 1987 han subido en forma más pronunciada, destacándose en el período de julio 1987 a julio 1988 un incremento de un 9,2% en los salarios reales. Todo esto es decidor respecto de lo que se debe esperar a futuro en materia de ingresos de los trabajadores, lo cual, reitero, dependerá fundamentalmente de la mantención de la actual política económica en su forma integral. Reflejo de lo anterior fue el adelanto en el reajuste de remuneraciones del sector público, el cual permitió aumentar los sueldos hasta en un 15% a partir de junio para aquellos grupos de menores ingresos. Asimismo, en el mes de mayo se otorgó un reajuste de pensiones que alcanzó en general a un 15% y a un 17,5% para las pensiones más bajas. Además, desde fines del primer semestre se incrementó el salario mínimo en un 24%. La inflación acumulada desde el último reajuste alcanza a sólo un 1,5%. ¡Qué diferencia con el pasado, cuando al poco tiempo de anunciados aquellos aumentos paliativos de sueldos, ya la inflación repuntaba con gran fuerza, corroyendo en tal forma esos reajustes que prácticamente volvían a cero! Compatriotas: Con satisfacción puedo anunciar hoy que he enviado al Poder Legislativo un proyecto de ley para otorgar, con ocasión de las Fiestas Patrias, una bonificación extraordinaria a los trabajadores del sector público y municipalidades. Esta bonificación asciende a seis mil pesos por trabajador, como asimismo, para el sector pasivo, el proyecto otorga la suma de dos mil pesos por cada carga familiar, con un mínimo de una por pensionado. ¡El Gobierno cumple cuando efectivamente cuenta con los medios para hacerlo! Compatriotas: Todos los avances reseñados se fundamentan en una vigilancia permanente de la política económica y de los equilibrios macroeconómicos básicos. Sin desmerecer el papel que los diferentes instrumentos de la política económica han debido jugar, el ingrediente fundamental ha estado centrado en el realismo fiscal, caracterizado por una rigurosa austeridad en el gasto público, la administración racional de las empresas del Estado y el control estricto del cumplimiento de las obligaciones tributarias. El permanente control que el Gobierno ha mantendido sobre las finanzas públicas y el óptimo desempeño de la economía han permitido que, durante 1987 y lo que va corrido del presente año, se llevara a efecto una serie de rebajas tributarias que impulsan un contundente crecimiento en la producción y en el empleo. Destacan en este sentido dos de ellas. La rebaja de la tasa arancelaria, de un 20 a un 15%, compensada con una devaluación del 4%, lo cual dará un impulso adicional al proceso exportador y por lo tanto al incremento en la producción y de nuevas fuentes de empleo. La segunda corresponde a la rebaja del impuesto al valor agregado (IVA), de un 20 a un 16%, lo que contribuirá a seguir extendiendo a toda la población los visibles avances de la economía nacional. ¡Las rebajas de tributos efectuadas son la demostración más clara de un Gobierno que confía en la capacidad creadora de la persona, y que posee la seguridad de que el espíritu de empresa y de superación de cada chileno es la más segura fuente de progreso nacional! Estas rebajas se han llevado a cabo conjuntamente con medidas de aumento del gasto en aquellos rubros presupuestarios que más impacto social tienen. En materia de empleo, el Gobierno le asigna prioritaria importancia a la lucha contra el flagelo de la cesantía. ¡Las diversas medidas creativas puestas en práctica han dado los frutos esperados! ¡Hoy los resultados son elocuentes! Teniendo en cuenta que nos encontramos en los meses más críticos del año, la tasa de desocupación bordea el 9%. Ello significa que en los últimos 5 años, a partir de la última crisis recesiva, se ha generado más de un millón doscientos mil puestos de trabajo productivos. ¡Esto es algo que nunca Gobierno alguno pudo alcanzar! Pese a los auspiciosos resultados alcanzados hasta la fecha, seguiremos con aquellas acciones y políticas que nos permitan asegurar que todos los chilenos tendrán acceso a un puesto de trabajo productivo, digno, estable y justamente remunerado. ¡De seguir por la senda que hemos construido, es posible que a fines de este año el desempleo baje a un 7% y para fines de 1989 a sólo un 6%! ¡Desde esta tribuna hago un llamado a todos los empresarios de Chile para que, por una parte, ejecuten proyectos intensivos en el empleo de mano de obra y, por otra, retribuyan con remuneraciones justas a sus trabajadores! ¡Sé que hay señores empresarios que han tenido buen éxito! ¡Por ello, el Gobierno se llena de satisfacción! ¡Pero ese buen éxito debe ser compartido con sus trabajadores! ¡Debemos tener siempre presente que ellos son la base del progreso de una empresa y por ende de la nación! En cuanto a la deuda externa, se ha continuado con una estrategia de negociación para obtener los recursos que el país necesita para su crecimiento, junto con reducir su monto al aprovechar las alternativas de mercado existentes. En el mes de agosto, el país formalizó la suscripción de nuevos contratos que permiten una rebaja en la tasa de interés y dan flexibilidad a las cláusulas legales, lo cual abre nuevas posibilidades en el manejo de la deuda. Compatriotas: ¡Dueño de los inmensos logros alcanzados en el sector socioeconómico, no puedo dejar de rendir un homenaje a cada trabajador y empresario que, con un gran esfuerzo durante los últimos 15 años, han superado inmensas dificultades logrando transformar al país! ¡Con ello han nacido nuevas riquezas! ¡También, con tal situación, se han conquistado nuevos mercados internacionales! ¡En una palabra, se ha colocado el motor para poner a Chile en marcha por el camino del desarrollo! ¡Y esto lo comprobamos al ver los logros más significativos de cada sector productivo del país! En agricultura, se constata la positiva evolución de los últimos años, con rendimientos récords en los cultivos anuales de la última temporada. El subsector frutícola mantiene el ritmo creciente de plantaciones, que alcanzan en la actualidad a más de 150.000 hectáreas, lo que constituye un fuerte aporte a las exportaciones sectoriales y las del país entero. En la temporada 1987-1988, la superficie productiva del subsector hortícola aumentó en un 12% con respecto a la temporada anterior. En el subsector forestal se alcanzó un millón trescientas mil hectáreas de plantaciones artificiales, lo que, unido al bosque nativo, nos da un activo de más de 9 millones de hectáreas. En 1987, en lo que a agricultura se refiere, se logró un nivel de actividad exportadora que alcanzó los mil trescientos sesenta millones de dólares, cifra nunca antes registrada. ¡Cuán lejano nos parece el año 1973, cuando Chile exportaba productos silvoagropecuarios sólo por sesenta y dos millones de dólares! La exportación frutícola, de setenta millones de cajas en el año agrícola 1986-1987, será superada en la última temporada con una cifra cercana a los noventa millones y con un valor aproximado a los setecientos millones de dólares. El subsector pecuario ha experimentado importantes avances al abastecer a la población y dar los primeros pasos a una exportación que puede tener grandes posibilidades. Al comprobar el desarrollo que hoy presenta el sector silvoagropecuario, no podemos dejar de señalar el estado de postración y destrucción en que lo encontramos en 1973, luego de experimentar la aplicación de políticas estatistas equivocadas y de sufrir una reforma agraria que se basó en el despojo y la arbitrariedad. Dicho proceso provocó un profundo daño al agro nacional, al país y a todos los chilenos, lo que constituye sólo una muestra de lo que el socialismo buscaba realizar con toda la sociedad chilena. ¡Después de ver la destrucción de nuestros campos y al comprobar hoy el progreso que presentan, se refuerza en nosotros la más firme resolución de no volver al pasado por ningún motivo! ¡Chile no se puede retrotraer al riesgo del hambre y del desabastecimiento generalizado, como ocurrió en los años negros anteriores a septiembre de 1973! ¡El comunismo fracasó al pretender doblegar al chileno por el estómago! ¡Fue más fuerte su espíritu de libertad que esas extorsiones! ¡Hoy seguiremos adelante! ¡El fracaso socialista ya es pasado! Compatriotas: En el sector pesquero, durante 1987 se alcanzó un desembarque de 4,9 millones de toneladas, exportando seiscientos cuarenta y cinco millones de dólares, lo que representa un aumento de un 22,4% en relación a 1986. El esfuerzo productor-exportador mantiene a Chile como el primer exportador de harina de pescado del mundo, como el tercer oferente de salmón del Pacífico, y situándose también entre los cinco primeros países pesqueros del orbe. Al fomentar el desarrollo de las actividades productivas, destacamos que la Corporación de Fomento de la Producción ha mantenido una política crediticia a proyectos privados, a la vez que ha impulsado la realización de investigaciones. En este período se otorgaron créditos por ciento dieciséis millones de dólares, es decir, alrededor de treinta mil millones de pesos, lo que permitió financiar mil cuarenta y cinco proyectos de inversión privada. Además de lo anterior, CORFO ha mantenido la preocupación por normalizar la situación de algunos de sus deudores, lo que ha permitido la continuación en actividad a numerosas empresas. En cuanto a la función de investigación y desarrollo, CORFO promovió con especial énfasis acciones tendientes al desarrollo de las exportaciones, como también lo relacionado con la sustitución eficiente de las importaciones. Por otra parte, ha continuado transfiriendo significativos paquetes accionarios a trabajadores de empresas filiales, ampliando el derecho de propiedad cada vez a más chilenos. Por su parte, el sector minero presenta hoy un nivel de desarrollo que supera con creces los niveles históricos. La pequeña y mediana minería del cobre ha aumentado su producción de ciento veinte mil toneladas en 1973 a trescientas treinta mil en 1987. ENAMI ha aumentado sus compras de plata de veintisiete mil kilos a trescientos treinta y cuatro mil kilos, y las de oro, de dos mil doscientos cincuenta y cuatro kilos a once mil kilos. Codelco-Chile ha mantenido su posición de liderazgo como primer productor mundial de cobre. Ha incrementado su nivel de seiscientos quince mil trescientas toneladas el año 1973, a un millón cien mil toneladas el año 1987, es decir, en un 77,24%. Debemos destacar también que se materializó el financiamiento de la inversión de mil cien millones de dólares del proyecto cuprífero 'La Escondida'. La ubicación geográfica, las reservas y las altas leyes de cobre, convierten a este yacimiento en uno de los mejores del mundo. ¡Ello constituye un voto de confianza de la comunidad financiera internacional y de los inversionistas a la estabilidad económica y jurídica que se observa hoy en el país! En materia de oro, el desarrollo de numerosos proyectos permitirá que nuestro país duplique su producción en el próximo trienio y se ubique en un expectable lugar como productor mundial de este metal. En la minería no metálica, es necesario dejar constancia que el mayor logro de la industria del salitre y derivados es que hoy, gracias a la racionalización de su gestión, es rentable y se encuentra en una excelente posición. En el sector energía, se destaca el inicio de operación de la mina de carbón de Pecket, ubicada en Magallanes, con una capacidad de producción de un millón cien mil toneladas al año. En el área petrolera existen varios contratos de operación en estudio, y uno de ellos ha sido firmado recientemente para explorar y explotar hidrocarburos en el salar de Atacama. Deseo destacar, asimismo, la reciente puesta en operación en la XII Región de la planta de Metanol, considerada la más grande y más moderna del mundo, que tiene una capacidad de producción de setecientas cincuenta mil toneladas por año y una inversión de trescientos millones de dólares. Entre los proyectos en ejecución destinados a garantizar un suministro oportuno y económico de energía para el país, destacamos los progresos en la construcción de las centrales hidroeléctricas 'Alfalfal', 'Canutillar' y 'Pehuenche', en la región centro-sur, cuyas puestas en servicio se efectuarán escalonadamente entre 1990 y 1991. ¡El progreso que muestran los sectores productivos es el más claro indicador de que el país se encamina con decisión por la senda del desarrollo! ¡Toda esta tarea se refleja con elocuentes muestras de verdadero avance en cada uno de los sectores sociales! En salud, luego de poseer una de las más altas tasas de mortalidad infantil de Latinoamérica, hoy está reducida a sólo un 18,6 por cada mil nacidos vivos. La atención profesional del parto llegó a un 98% en 1987. La mortalidad materna, de un 1,68 por cada mil nacidos vivos en 1970, llega hoy a un 0,46 por mil. En materia de nutrición, a partir de 1975 se pone en marcha un sistema de vigilancia que cubre a un 85% de los menores de 6 años, lo que ha permitido constatar la disminución de la tasa de desnutrición de un 15% en 1975 a un 8,8% en 1987. ¡La desnutrición grave prácticamente ha sido erradicada de nuestro país! Se ha continuado con una importante inversión en infraestructura asistencial y hospitalaria, a la vez que se ha reforzado el correspondiente programa de equipamiento. ¡Cada día, el derecho a la salud es una realidad más concreta y efectiva! En materia educacional, la inmensa obra modernizadora llevada a cabo en este sector muestra ya importantes resultados. Se ha reorientado el gasto fiscal hacia la educación prebásica, básica y media. Hoy vemos que en los sectores de menores recursos se ha aumentado la cobertura en educación básica desde un 29,9% en 1970 a un 56,7% en 1982, y la proporción de niños en edad escolar que no asiste a la escuela cae drásticamente desde un 41% en 1970 a un 9,9% en 1982; y en estos últimos años el sector tiene una cobertura a nivel nacional de un 94%. Otro logro de gran trascendencia lo constituye el nivel de escolaridad, el cual, de 4,4 años de estudio en 1970, sube a 8 años el año 1987. La cobertura de enseñanza media es otro logro importante, pues de un 49,71% en 1970 sube a un 79,52% el año recién pasado. En lo que se refiere a educación superior, a partir de 1981 se abrieron enormes posibilidades de estudio para los jóvenes chilenos, correspondiéndole al sector privado un importante papel en esta materia. ¡La juventud chilena tiene hoy mayores posibilidades que las que poseía en el pasado! ¡Pido a los jóvenes valorar esta realidad! ¡También asumir con responsabilidad su compromiso con el país, y no dejarse utilizar por quienes hacen de la prédica del odio su método habitual de acción! En lo educacional, el Gobierno tiene una especial preocupación por el magisterio nacional, reconociendo su importante función formadora de nuestra juventud. Compatriotas: En el ámbito del trabajo, una mayor capacitación es signo de progreso personal, familiar y nacional. La capacitación laboral constituye un objetivo básico en la acción del Gobierno. En el orden laboral, la fiscalización del estricto cumplimiento de las leyes del trabajo ha sido una tarea importante y prioritaria llevada a cabo en el período. En esta acción se realizaron treinta y cinco mil fiscalizaciones, con lo cual se favoreció a más de tres millones y medio de trabajadores. ¡Velar por el respeto de la ley laboral y los derechos de los trabajadores es tarea en que este Gobierno seguirá siempre empeñado! Por otra parte, debemos destacar que la obra de modernización de la legislación laboral cumplida por el Gobierno se deberá complementar con la dictación del reglamento del Código del Trabajo. En el plano internacional, Chile concurrió a la septuagésima quinta reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en Ginebra, en la cual nuestro país tuvo una destacada participación dentro de las comisiones técnicas que se ocuparon de estudiar y analizar las acciones de fomento del empleo y la seguridad social, la seguridad y la salud en la construcción y la promoción del empleo rural. En materia previsional, el nuevo sistema de pensiones ha continuado perfeccionándose. Los fondos acumulados sumaron en marzo de 1988 setecientos seis mil millones de pesos, y se proyecta que en 1990 alcancen a un billón ciento noventa y siete millones de pesos, invertidos en forma segura y rentable. A partir del 1 de marzo de 1988, se dispuso la fusión de las instituciones de previsión del antiguo sistema en el Instituto de Normalización Previsional, con el objeto de racionalizar y optimizar los recursos materiales y de personal disponibles. Las modificaciones introducidas en materia previsional permiten que el país tenga hoy un sistema de seguridad social más equitativo, justo y financieramente sano, que le otorga cobertura al 77% de la población activa, siendo el promedio para América Latina de sólo un 40%. En lo que respecta al sector justicia, el Gobierno ha mantenido un irrestricto respeto a la independencia del Poder Judicial, consciente de que constituye un pilar fundamental del Estado de Derecho. Conocedores de la postergación que por décadas sufriera este Poder del Estado, se ha prestado una preocupación preferencial a su fortalecimiento, a la situación de sus magistrados, al aumento del número de tribunales y al mejoramiento de su infraestructura. Largo sería detenerse a considerar en detalle toda la obra gubernamental de estos años dirigida a dignificar la función de la magistratura. La construcción de unidades judiciales, la entrega de un nuevo edificio para el funcionamiento de los juzgados del Trabajo en la capital y el moderno edificio de tribunales 'Presidente Manuel Montt', destinado a los treinta juzgados civiles de Santiago con una inversión pública superior a los dos mil millones de pesos, son muestras elocuentes del efectivo interés del Gobierno por este importante sector. En materia legislativa, la preocupación no ha sido menor. Así, el proyecto de ley orgánica constitucional sobre organización y atribuciones de los tribunales será pronto una realidad. Nuestra preocupación por la familia en general y por la mujer casada en particular nos ha llevado a dictar la ley sobre adopción de menores y a tener actualmente en avanzado trámite en el Poder Legislativo una iniciativa legal que tiene por objeto reconocer a la mujer casada plena capacidad, cualquiera sea el régimen matrimonial de bienes que regule sus relaciones patrimoniales. La atención de pequeños en situación irregular nos ha llevado a proporcionar al Servicio Nacional de Menores un cuantioso presupuesto que permite la atención de más de cincuenta mil menores. En el sector vivienda y urbanismo podemos señalar que, una vez más, se han cumplido las metas trazadas. Se ha puesto en marcha el sistema unificado de subsidios para sectores medios, mecanismo a través del cual se están entregando treinta mil de éstos durante el presente año. También se continuó con el programa de viviendas básicas, a través del cual se entregarán veintitrés mil viviendas más a lo largo de todo el país. Como parte de este programa, se inició el "Plan nacional de allegados", que atenderá durante el segundo semestre de este año a más de quince mil familias en estas críticas condiciones. Asimismo, se encuentra en ejecución la "Cruzada por la propiedad", que permitirá sanear ciento cuarenta y cinco mil títulos de dominio pendientes. ¡A ello se agrega más de un millón de títulos de dominios ya entregados como solución habitacional! En el transcurso del presente mes de septiembre se ha convocado a licitación pública para la construcción de las quince mil viviendas correspondientes al programa extraordinario que anunciara el 1° de mayo de este año. Asimismo, se encuentra en marcha el "Plan nacional de pavimentación urbana" para la recuperación de las calles de todas las comunas del país. ¡La enorme cantidad de actividades que conforman el plan habitacional del Gobierno hacen de la vivienda una imagen de superación y una tarea de dignidad! ¡Este esfuerzo de fomento en vivienda se ha mantenido ya por largo tiempo! ¡En los últimos 15 años, en el país se han construido alrededor de un millón de viviendas! ¡Es un logro que nos enorgullece a todos los chilenos! ¡Para una familia también digna, hay que dar un hogar digno! ¡Ese fue nuestro objetivo de ayer! ¡Ese es el logro concreto de hoy! En materia de campamentos, de las ciento cincuenta y tres mil familias que vivían en condición denigrante en el año 1973, hoy quedan menos de siete mil, las que a su vez tendrán solución en un plazo no superior a 12 meses. ¡Otro tanto ha ocurrido con las ciento diecisiete mil familias que gobiernos anteriores condenaron al drama de los pozos negros, a través de las "operaciones sitio"! En materia de infraestructura básica y equipamiento, la cobertura de agua potable en población urbana, que en 1970 sólo alcanzaba a un 66,5%, llega hoy a un 97% de los hogares chilenos. ¡No obstante los espectaculares avances logrados, aún queda mucho por hacer! ¡Y lo seguiremos haciendo, con realismo y responsabilidad! ¡Sin demagogia, sino con soluciones reales y efectivas! ¡Si continuamos por esta senda, el déficit habitacional crítico desaparecerá definitivamente en 1997! ¡Este es el desafío que asumimos hoy! La continuación del programa de regularización de la pequeña propiedad raíz, la transferencia de bienes raíces fiscales y la colonización de la XI región, se siguen desarrollando con buen éxito dentro de las tareas que lleva adelante el sector bienes nacionales. La gradual aplicación de la política de economía social de mercado, junto a la participación creciente del sector privado y a las medidas de ordenamiento y racionalización, han permitido al país que el transporte y las telecomunicaciones pasen de una situación de déficit, atraso tecnológico y desorden administrativo, a la actual situación de ordenamiento administrativo y financiero, a un real desarrollo tecnológico y a una mayor cobertura geográfica. Por otra parte, la flota de buques de propiedad de armadores chilenos aumentó su capacidad en 1987 en un 11,5%. Los operadores nacionales del transporte aéreo atendieron un incremento de un 14% en pasajeros y un 32% en carga. El transporte por carretera subió en más de un 8% en pasajeros y un 22% en carga. El sector de telecomunicaciones refleja en forma fehaciente el desarrollo alcanzado por el país en el presente año. Lo anterior se traduce en el explosivo crecimiento de la demanda por servicios. Los servicios limitados requeridos por empresas particulares crecieron en 103% respecto a 1987. Las solicitudes de radiodifusión, en 123%. El servicio telefónico, en 15%. La televisión por cable tiende a incrementarse y luego cubrirá 11 localidades del país. En cuanto a las inversiones, sólo en el subsector telefonía se alcanzó los veinte mil cuatrocientos dioz millones de pesos. ¡Estos son algunos signos visibles del progreso que el país ha experimentado en los últimos años! Compatriotas: Frente al sostenido crecimiento económico producido por la diversificación y aumento de las exportaciones, el Gobierno puso especial énfasis en mejorar la infraestructura pública para brindar el apoyo necesario a este elevado nivel de desarrollo nacional. Así, la tarea de obras públicas logró rehabilitar el 82% de la carretera longitudinal, recibida en grave estado de deterioro, y las vías transversales que conducen hacia los principales puertos. La Carretera Austral, anhelo que parecía tan lejano e imposible, es ahora una realidad concreta. Este titánico esfuerzo de 1.250 kilómetros, desde Puerto Montt a Cochrane, incorpora al desarrollo de Chile ciento cuarenta mil kilómetros cuadrados de alta potencialidad económica y de una importancia geopolítica incalculable. Se suma a lo anterior la concreción de un programa que entregó más de mil kilómetros de nuevos caminos pavimentados y ochenta puentes definitivos. También se destacan la terminación de la ruta Concepción-Santa Juana; la ruta Punta Arenas-Puerto Natales; los caminos Valdivia a Niebla; Aysén a Chacabuco y el de acceso a Maullín-Ruta 5; todos ellos de gran beneficio local y nacional. Nuestra vialidad urbana ha dado solución en la capital a diversos nudos viales, entre otros, al proyecto "Avenida Circunvalación Américo Vespucio", cuyas últimas obras, "Puente Centenario" y "El Camino de Las Condes a Conchalí", recientemente se inauguraron. También se ha continuado dando apoyo al desarrollo del ferrocarril metropolitano, cuyo proyecto de ampliación de la línea 2 entre las estaciones "Los Héroes" y "Puente de Cal y Canto" ha finalizado. Ante las crecientes necesidades portuarias y aeroportuarias que ya se vislumbran se llevan adelante los correspondientes estudios técnicos y económicos. Consecuente con lo establecido en nuestra Carta Fundamental de 1980, se ha dado comienzo al proyecto y construcción del edificio para el nuevo congreso nacional en Valparaíso, en donde se desarrollarán las funciones del Poder Legislativo. ¡La acción de obras públicas acrecienta el desarrollo social y mejora la calidad de vida de todos los chilenos! Chilenas y chilenos: ¡La gran obra llevada a cabo por el Gobierno en el campo social ha sido posible gracias al apoyo decidido en un amplio sector ciudadano que, con generosidad y abnegación, ha entregado su esfuerzo en procura de ayudar al más necesitado! ¡Así, gigantesca es la labor desarrollada por el voluntariado femenino, en las diversas organizaciones de bien social que las agrupan y que constituyen un ejemplo para el mundo de lo que es capaz la mujer chilena! ¡En esta ocasión solemne quiero testimoniar mi reconocimiento de gobernante a todas las mujeres de Chile! ¡Ellas fueron en un pasado no lejano vanguardia en la lucha por la libertad! ¡Ellas han sido las primeras en la lucha contra la pobreza! ¡Mujeres de Chile: mucho les debe la patria y sus hijos! Quiero, muy especialmente, testimoniar a mi querida esposa mi personal y más profunda gratitud. Su invariable e incansable apoyo me ha permitido superar los momentos de mayores dificultades, que supone la tarea de gobernar. ¡Su dedicación y entrega a la labor del voluntariado femenino y juvenil el país la conoce y la valora! A las distinguidas esposas de los señores miembros de la Honorable Junta de Gobierno vaya también mi reconocimiento por su inmensa labor al frente de las organizaciones del voluntariado que presiden. Su preocupación y dedicación constituyen un ejemplo de entrega a la labor de acción social. ¡A ellas, gracias, en nombre de Chile! Compatriotas. ¡El país puede tener confianza en la mujer chilena! ¡Sé que ella será baluarte de una nueva y trascendental victoria! CAMPO DE LA DEFENSA NACIONAL Las instituciones de la Defensa Nacional, junto con cumplir sus tareas profesionales más estrictas, llevaron adelante una amplia labor de apoyo social. La industria militar continuó su desarrollo para beneficio del país. Sin embargo, la función de la Defensa debió enfrentar la mano criminal del extremismo. Distinguidos oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas así como valerosos miembros de Carabineros y de Investigaciones de Chile, entregaron su vida en actos de servicio, víctimas del ataque cobarde y vil del terrorismo. A través del Comando de Ingenieros, el Ejército continuó llevando a cabo obras de incremento y mejoramiento de la red vial. El Instituto Geográfico Militar presta su valiosa colaboración a la educación al editar importantes textos de estudio e investigación. La Armada Nacional, en su labor en el campo de la seguridad marítima, puso en práctica un importante plan de vigilancia y control de la contaminación del mar chileno, velando así por su integridad ecológica. Durante el presente año, en el mes de julio, ASMAR puso término a la construcción del transporte "Aquiles", unidad de un desplazamiento de cuatro mil quinientos cincuenta toneladas a plena carga. En el Territorio Antártico, las Fuerzas Armadas realizaron una effective labor de soberanía e investigación científica. La Fuerza Aérea, entre octubre y noviembre, llevó a efecto una nueva etapa en su plan de penetración hacia el polo sur, al determinar la factibilidad de aterrizaje de aeronaves en pista de hielo y la instalación de un refugio que proporcione el apoyo necesario para proseguir este programa. La Empresa Nacional de Aeronáutica alcanzó un alto grado tecnológico en el desarrollo de proyectos, lo que ha permitido su incorporación al mercado internacional. En cuanto a seguridad en aeronavegación, se puso en operación experimental el sistema internacional de búsqueda de aeronaves extraviadas, a base de satélites, avance que es el primero en el hemisferio sur. Las Fuerzas de Orden y de Seguridad Pública desarrollaron sus actividades con eficiencia y responsabilidad, basadas fundamentalmente en la acción preventiva. Las instituciones de la Defensa Nacional han desarrollado una amplia labor social, donde se destaca la atención al menor en situación irregular; los operativos cívicos efectuados a lo largo del país, en coordinación con las autoridades de gobierno interior; las tareas de transporte de carga y traslado del personal, en zonas aisladas y, especialmente, su actuación en situaciones de catástrofe. El acelerado crecimiento de la práctica deportiva y recreativa impulsada por el Gobierno, a través de la Dirección General de Deportes y Recreación, ha sido una eficaz acción para elevar los niveles de desarrollo físico, intelectual y moral de la población. CAMPO EXTERNO Nuestra política internacional mantiene inalterable su tradicional apego a principios y normas que garantizan la sana convivencia entre las naciones, lo que posibilita una efectiva y recíproca colaboración e intercambio entre los pueblos. Nuestra política externa descansa en principios esenciales como la solución pacífica de las controversias, la igualdad jurídica de los Estados, el respeto irrestricto de los tratados, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de otros Estados. Chile desea mantener relaciones con todos los países que, con igual respeto de tales principios, guíen su acción internacional por encima de eventuales discrepancias políticas o ideológicas. De tal manera y en el ámbito del comercio internacional, hemos avanzado en la consolidación de importantes lazos financieros y comerciales con más de ciento veinte naciones del mundo. La coherencia de la política económica sustentada por el Gobierno y el esfuerzo responsable del sector empresarial, público y privado, han permitido la obtención de metas trascendentes, la apertura de nuevos mercados y la captación de la inversión extranjera. Nuestras relaciones con Argentina y Perú se han desarrollado en diversas formas de complementación, cooperación y entendimiento. Con la República Argentina nuestros vínculos han evolucionado positivamente, en especial al ponerse en marcha mecanismos contemplados en el Tratado de Paz y Amistad de 1984, los que abren importantes vías de progreso en el ámbito de la cooperación económica y de la integración física. Con la República del Perú las relaciones se han caracterizado por un creciente y fluido diálogo sobre materias de interés bilateral, que han generado una dinamización del proceso de acercamiento entre los dos países. Con la República de Bolivia hemos demostrado nuestro interés por estrechar vínculos. En junio de 1987, cuando se interrumpió el diálogo que mantuvieron los cancilleres de ambos países, Chile subrayó que "consecuente con su voluntad permanente de acercamiento hacia esa República, entiende que puede colaborar con ese país en la búsqueda de fórmulas que, sin alterar el patrimonio territorial o marítimo nacionales, permitan materializar una integración bilateral que sirva eficazmente al desarrollo y bienestar de los respectivos pueblos". Estos conceptos los reiteré en el Mensaje del año 1987 y hoy mostramos la misma predisposición. Con el resto de las naciones de América latina, mantenemos vínculos de acercamiento y complementación. También observamos con interés el desarrollo de la situación de Centroamérica, con cuyos pueblos hemos mantenido contactos positivos y estrechos desde los albores de nuestra vida independiente. Las relaciones con los Estados Unidos de América tienen una importancia especial, dentro de nuestra política exterior y en el marco tradicional de entendimiento que históricamente las ha caracterizado. En esta relación podemos constatar avances en áreas de interés común, así como una creciente complementación financiera y comercial. Sin embargo, no podemos desconocer la existencia de algunos obstáculos para un mayor acercamiento, derivados en parte de la desinformación acerca de la verdadera realidad de nuestro país, del uso político que algunos grupos interesados hacen de tal desinformación y del intento de algunos sectores de ese país, que procuran influir en nuestro proceso institucional, debido a una distorsionada imagen del verdadero sentir del pueblo chileno. ¡En una palabra, no nos conocen estos caballeros! Respetuosos de nuestra tradición soberana, hemos planteado con firmeza nuestro total rechazo a pretensiones de intervenir en la evolución de nuestra institucionalidad. Al mismo tiempo, hemos reiterado nuestro anhelo de buscar caminos de sincera cooperación con los Estados Unidos, basados en un respeto recíproco, que, por cierto, excluye cualquier forma de intervención. Nuestras relaciones con los países de Europa Occidental han crecido en forma importante, en particular en lo económico, comercial y cultural. Conforme a los desplazamientos geopolíticos de la importancia oceánica, Chile tiene la convicción de que el Pacífico es el mar del próximo siglo y será un vehículo de unión, acercamiento y comercio con las naciones ribereñas. Es por ello que atribuimos una creciente importancia a estrechar más los lazos con los países y organismos de la cuenca del Pacífico. También nos hemos preocupado de fortalecer, junto a nuestros vecinos corribereños sudamericanos, la comisión permanente del Pacífico Sur, organismo que nos interesa enriquecer y desarrollar. En este marco oceánico, el Gobierno atribuye particular importancia a fortalecer nuestros vínculos con la República Popular China, así como a los importantes contactos económicos y financieros con Australia, Nueva Zelanda y otros, destacándose las inversiones de capitales provenientes de dichos estados, lo que refleja la confianza que existe para con nosotros en el ámbito internacional. En lo comercial y cultural, merecen señalarse nuestros lazos con Japón y los nexos crecientes con naciones como la República de Corea, Tailandia, Indonesia y Singapur. En el campo multilateral Chile ha mantenido su activa participación en los más importantes foros mundiales y regionales, insistiendo siempre en la urgente necesidad de despolitizar estos organismos, en particular aquellos de carácter técnico. En el ámbito multilateral, hemos puesto especial énfasis en materias tales como el acuerdo general de la utilización del espacio exterior con fines exclusivamente pacíficos, el uso de la energía nuclear con iguales objetivos, la estructuración de mecanismos de desarme regional, los problemas relacionados con el medio ambiente y la situación alimentaria mundial. Asimismo, hemos mantenido nuestra participación y aporte en un aspecto de tanta trascendencia como el derecho del mar y la Antártida. Además coincidimos en la gravedad que reviste el problema del narcotráfico, materia que se plantea en foros internacionales. La lucha contra ese flagelo hace necesario adecuar las normas jurídicas del sistema interamericano para hacerlas más efectivas y prácticas. Este año, Chile ha impulsado al respecto dos iniciativas, que se encuentran en etapa de consulta, habiéndose ya recibido positivas reacciones. En síntesis, hemos actuado considerando que Chile es hoy un país moderno y que sus relaciones bilaterales y multilaterales con la comunidad internacional no se limitan exclusivamente al campo político, sino que se extienden, también, a las sólidas realidades de los vínculos comerciales, las relaciones financieras, la inversión extranjera, el intercambio científico y la cooperación técnica, así como al estrechamiento de los vínculos culturales. Todo ello ha permitido que los productos chilenos se comercialicen en los cinco continentes. Nunca como hoy la presencia chilena ha sido más activa en Africa, Asia, Oceanía y el Pacífico. Nunca la imagen de seriedad económica y financiera de Chile ha sido tan respetada como lo es hoy día. La maciza obra de estos años, de lo cual es demostración elocuente esta cuenta del último período, ha sido posible gracias al trabajo mancomunado de gobernantes y gobernados. Gracias a la decisión resuelta de ir dejando atrás el subdesarrollo, para alcanzar la existencia de un clima generalizado de orden, paz y tranquilidad, que es el ambiente propicio para el trabajo y la creación. ¡Tenemos que seguir por este camino de construcción! ¡No podemos dar la espalda al progreso! No ha sido fácil el camino que ha debido recorrer el país para llegar a este momento, en que los chilenos consolidaremos resueltamente la obra iniciada hace ya quince años. El trabajo incesante de los hombres y mujeres de Chile ha logrado transformar un país en ruinas en una nueva nación pujante y vigorosa. Chile es hoy día un país distinto, un país moderno, que ha incorporado a su vida diaria las ventajas que el mundo ofrece y que enfrenta con profundo optimismo y fe un futuro promisorio que nos llevará lejos. El resultado de la tarea de este régimen es una obra que trasciende a las personas y a las instituciones. Todo lo que hasta ahora hemos alcanzado se basa en la aplicación de políticas correctas y concretas y en la más resuelta voluntad para llevarlas a cabo. Llevamos adelante un proyecto sólido, definido y coherente, en lo económico, en lo político y en lo social. ¡Proyecto que ya ha demostrado su eficacia con sus éxitos! ¡Nuestro ideario está basado en un irreductible compromiso con la libertad, la justicia y la dignidad del hombre, y lo hemos manifestado sin complejos ni ambigüedades! ¡Tenemos una sola actitud resuelta, que está dirigida a la libertad integral del hombre! Chilenas y chilenos: Ha existido un equipo de trabajo en lo político, económico y social, compuesto por hombres, mujeres y jóvenes, que han demostrado tener la capacidad necesaria para conducir un proceso. ¡Para guiar una acción! Este equipo ha demostrado una experiencia que está pronta a seguir entregándose por entero al servicio de Chile, en la nueva etapa que iniciamos. ¡La maciza obra del Gobierno debe ser continuada! ¡Sería imperdonable dilapidarla para volver a improvisar y reiniciar aventuras revolucionarias ya fracasadas! Frente a esta reality, a esta gran obra, el presente nos anuncia un futuro lleno de esperanza. ¿Qué nos ofrecen los partidos políticos que respaldan el "No" en el plebiscito? ¡Sólo incertidumbre, vacilaciones, vaguedades! ¡Muchas concertaciones y casi ningún entendimiento y conocimiento de los problemas que interesan a todos los chilenos! Compatriotas: La gigantesca tarea realizada por este Gobierno necesita consolidarse con el paso hacia la nueva democracia, más estable, participativa y moderna, que aquella que conocimos en el pasado. Queremos una democracia abierta, pero no entregada a la voracidad partidista ni a los apetitos totalitarios. Queremos una democracia siempre abierta al perfeccionamiento de los instrumentos jurídicos que enmarcan la vida nacional, pero nunca concesiva, y menos aún permisiva para aceptar la propagación de doctrinas de odio, enfrentamiento y violencia. Esta democracia necesita consolidar las nuevas instituciones, fortalecer los nuevos hábitos y permitir que sean las nuevas generaciones las que vayan asumiendo sus responsabilidades en el desempeño de las funciones públicas. La vitalidad y armonía de este nuevo sistema político, que en pocos meses más cobrará su total vigencia, dependerá de la actitud responsable de todos los chilenos. ¡Yo invito a todos mis compatriotas a asumir con grandeza este desafío para seguir haciendo de Chile la nación con la cual todos soñamos! ¡La unidad nacional resulta fundamental para alcanzar los altos objetivos que nos hemos propuesto! Pido a los chilenos que juntos consolidemos esta obra; que juntos estructuremos sanamente la democracia, poniendo en sus raíces los valores y principios más caros de la libertad del hombre. Recogiendo nuestra experiencia histórica, hemos recorrido un camino gradual, capaz de garantizar la paz y la armonía, dentro de una evolución que de por sí es difícil. ¡Miremos los resultados, con la satisfacción de que hemos cumplido con nuestro deber! La tarea realizada en todo este tiempo debe asegurarse definitivamente en los próximos ocho años. Como Presidente de la República he encabezado distintas etapas en el desarrollo gradual de transición hacia la nueva institucionalidad, proceso que ha incluido avances hacia la libertad de prensa, el funcionamiento de los partidos políticos y todas aquellas sendas necesarias para culminar en la plena democracia. También estoy consciente de que en esta etapa de consolidación se debe asegurar a las instituciones democráticas contempladas en nuestra Constitución, pero ello requerirá de un renovado esfuerzo para transitar por un camino de construcción en libertad, respeto y mutua tolerancia. De la misma forma, como se ha hecho hasta ahora, espero en el futuro cumplir las misiones que los chilenos me encomienden, teniendo siempre en cuenta sólo los superiores intereses de la patria. ¡De esta patria que tanto amo y a la que estoy dispuesto a entregar hasta el último aliento de mi vida! Chilenas y chilenos. ¡Nuestro deber es mirar hacia el futuro! ¡En estos quince años hemos realizado más que lo que se había hecho en un siglo entero! ¡Es preciso redoblar el impulso modernizador y renovador para luego encauzar la actividad nacional en tres grandes líneas de acción: democracia, desarrollo económico y progreso social! A partir del triunfo del "Sí" el país entrará en un proceso político de plena democracia, libertad y estabilidad, capaz de mantener las condiciones de paz, orden y seguridad, para asegurar las posibilidades objetivas de desarrollo personal y nacional. En 1990 iniciará sus funciones un congreso representativo, el que deberá asegurar las condiciones de eficacia requeridas para que el trabajo legislativo permita al país seguir progresando. En el ámbito regional, ya son una reality los consejos regionales de desarrollo. Luego entrarán en plenas funciones los consejos comunales de desarrollo, lo que asegura una genuina participación ciudadana, tanto en el gobierno regional como en el comunal. Una democracia participativa en la base permitirá a la autoridad conocer con mayor eficacia los problemas reales del ciudadano, de su comuna o de su región. Luego, un banco Central autónomo será garantía de seriedad en el manejo de las finanzas públicas y una herramienta efectiva para evitar la tentación de políticas demagógicas de carácter inflacionario. Todo esto, en el contexto de una gran tarea social que nos permitirá seguir avanzando en la lucha frontal contra la pobreza. Compatriotas: ¡Nuestro triunfo en el plebiscito abre a los hombres, mujeres y jóvenes de este país posibilidades ciertas de desarrollo personal y familiar, como nunca antes habían sido posibles en Chile! ¡Estas no son promesas! ¡No ha sido ese el estilo de este Gobierno! ¡Jamás hemos engañado! ¡Siempre hemos preferido las obras concretas! ¡Nuestros hechos son efectivos, sin la vana ilusión de las palabras! ¡La gran obra de estos años es nuestro gran aval! Chilenas y chilenos: ¡Cuando estamos en el umbral de un nuevo siglo, el país no puede arrojar por la borda todo lo que ha logrado! ¡Seguiremos entregando las mejores oportunidades a la juventud! ¡Creando más universidades, más centros de educación superior y técnica! ¡Otorgando más becas para estudiar a quienes tengan los méritos suficientes y carezcan de los medios para hacerlo! ¡Chile jamás debe negar un mejor destino a nuestra juventud! ¡Seguiremos estimulando a aquellos jóvenes con ideas e inquietudes para iniciarse en la actividad profesional, laboral y empresarial! ¡Deberemos otorgar mayores facilidades a aquellos que están dispuestos a colonizar las fértiles tierras que están quedando al descubierto con el avance de la Carretera Austral! En una palabra, continuaremos impulsando políticas adecuadas para asegurar posibilidades efectivas de trabajo a todos los jóvenes. El deporte, desarrollado como nunca lo fue antes, la ampliación de la cultura en general y el fomento del arte en particular han de ser posibles gracias a políticas de estímulo a la creación y a la capacidad. ¡Para todos los jóvenes de Chile hay un gran futuro en este régimen de libertad! ¡También lo hay para los trabajadores de mi Patria! ¡Sólo en un régimen de libertad económica es posible concebir la existencia de trabajos estables, productivos y bien remunerados, con posibilidades ciertas de progreso! ¡Cada trabajador será un propietario! ¡Esa es nuestra meta! ¡Y lo estamos haciendo reality, con la difusión de la propiedad a través del capitalismo popular! ¡Para la mujer, la tranquilidad y la seguridad de saber que los suyos pueden crear, trabajar, producir y estudiar en un clima de orden y paz! Ella, que fue el baluarte en la lucha por nuestra libertad, es ahora la que mejor sabe valorar lo que han significado estos años. ¡Para los profesionales y técnicos chilenos se abren nuevos y mejores horizontes de desarrollo y perfeccionamiento! El plan nacional de ciencia y tecnología, un esquema de desarrollo abierto al exterior, el desarrollo de la informática, el incentivo a la investigación, son todos hechos y realidades que abren insospechadas posibilidades a nuestros profesionales y técnicos. Para los empresarios chilenos, hay también un camino claro para emprender nuevas obras y producir más trabajo. Son los hombres de empresa los que tienen una mayor responsabilidad en la generación de bienestar, cuando sus posibilidades de desarrollo se dan en un sistema de libertad. ¡Crear la riqueza y el consiguiente progreso debe ser un imperativo prioritario de los empresarios chilenos! Para todos los chilenos, el camino que surge de nuestra victoria es claro, serio y real. ¡Eso es lo más importante para nuestro futuro! ¡A partir del triunfo del "Sí", se abre una posibilidad concreta de progreso personal y nacional! El triunfo del "Sí" en el próximo plebiscito permitirá la erradicación definitiva de la extrema pobreza. El afianzamiento de nuestra propia identidad cultural y de aquellos valores que nos han hecho grandes como nación sólo se podrán lograr a partir de la victoria de las ideas de libertad que nosotros encarnamos. Sería ingenuo pensar que la consolidación de un régimen económico de crecimiento sostenido, basado en la iniciativa privada y en la apertura al exterior, pudiera tener posibilidades reales de afianzamiento con un gobierno que no hubiera dado muestras suficientes de fidelidad a estos valores y que está pensando destruir todo lo que se ha hecho. El desarrollo de la ciencia, la proyección de Chile a la gran cuenca del Pacífico, el afianzamiento y consolidación de un Estado subsidiario y sin burocracia, sólo son posibles cuando hay una identificación plena con un ideario de libertad, democracia y con sentido de futuro. Compatriotas: El camino que muy pronto habremos de iniciar parte de nuestra victoria en el próximo plebiscito, la que conducirá a Chile hacia el más alto sitial de su historia. ¡Nadie, ningún chileno, puede restar su aporte a esta gran tarea! ¡Una vez más, hago un patriótico llamado a quienes se encuentran en la oposición! Los llamo a entregar un aporte serio, sincero y constructivo a esta tarea que es de todos. ¡Porque la democracia es un medio de convivencia exigente! ¡La democracia se hace día a día, en la dinámica de la libertad personal y en el perfeccionamiento de la participación real en la economía, en la cultura y en la política nacional! ¡La diversidad de opiniones es necesaria y conveniente, pero cuando ella respeta la verdad y la justicia! ¡Así es posible formar un legado cívico para las nuevas generaciones! ¡Ahí está la clave del éxito! ¡Ahí está la clave de la esperanza! ¡Los chilenos debemos entendernos en la convivencia diaria! ¡Debemos perfeccionar, juntos, un orden de libertad y solidaridad! Debemos concertar nuestras vocaciones, en especial las de servicio público, y responder con oportunidad a la urgencia de los problemas de Chile. ¡Debemos romper definitivamente los prejuicios y las barreras de ideas, sentimientos e intereses, ante las exigencias del bien común! ¡Así alcanzaremos los objetivos y las metas nacionales! ¡Llamo por ello a mis compatriotas para renovar la vida de Chile, con un espíritu de fraternidad y tolerancia! ¡Esta es la primera condición para ganar el futuro! ¡El futuro nos espera para engrandecer la patria! ¡Las generaciones del porvenir nos contemplan! ¡Es con ellas nuestro compromiso! ¡Y por ellas triunfaremos en el próximo desafío! ¡Nuevos caminos de reconciliación y grandeza nos esperan! En ellos forjaremos una cultura de libertad y solidaridad, como lo exigen nuestra historia, los avances del presente y el Chile de mañana, que palpita alegre en la mirada, hoy libre y esperanzada, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Chilenas y chilenos: En estos momentos decisivos para nuestra patria no podría terminar estas palabras sin antes hacer público mi reconocimiento a esos cinco mártires que dieron su vida por salvar la del Presidente de la República, hace dos años, allá en la cuesta de Las Achupallas. Vaya a sus familiares todo mi cariño y todo mi afecto a esos once héroes que, a pesar de estar heridos, lucharon como bravos para resistir el ataque del odio. De esos valientes hay uno que aún sufre las secuelas dolorosas de su valor. Para todos ellos mi aprecio, mi estima y mi reconocimiento. Compatriotas: ¡Al terminar estas palabras invoco a Dios Todopoderoso, y a Él le pido que siga llenando de bendiciones a esta tierra que tanto amamos! ¡Que Él nos dé la fuerza para seguir adelante en esta acción renovadora! ¡Con su ayuda tengamos siempre viva la fe en los mejores destinos de nuestra patria y en un mejor mañana para nuestros hijos! ¡VIVA CHILE! [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:D1988]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] qusz1ahzkm37jfysa7zvy1xjk6wc73h Discusión:Discurso de Augusto Pinochet en el aniversario n°15 de su gobierno 1 419150 1665277 2026-06-20T15:56:19Z Janitoalevic 45005 Página creada con «Fuente: [https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=recursoslegales/10221.3/10556/10/19880911.pdf]» 1665277 wikitext text/x-wiki Fuente: [https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=recursoslegales/10221.3/10556/10/19880911.pdf] 2m12alyxkpxgs2ktb5jic8ocorqdl0t Mensaje de fin de año 1978 de Augusto Pinochet Ugarte 0 419151 1665286 2026-06-20T16:19:12Z Janitoalevic 45005 Página creada con «31 de diciembre de 1978 Deseo enviar a cada compatriota, sin distinción alguna, mi afectuoso saludo y el deseo de que el nuevo año que se inicia sea portador para ustedes y para todo Chile de paz y bienestar. En estas horas finales del año se sienten tan profundamente los lazos de cariño que nos unen a nuestros seres queridos, hago un llamado a todos nuestros connacionales para que en 1979 se consolide la unión de todos los hijos de esta tierra y de aquellos qu…» 1665286 wikitext text/x-wiki 31 de diciembre de 1978 Deseo enviar a cada compatriota, sin distinción alguna, mi afectuoso saludo y el deseo de que el nuevo año que se inicia sea portador para ustedes y para todo Chile de paz y bienestar. En estas horas finales del año se sienten tan profundamente los lazos de cariño que nos unen a nuestros seres queridos, hago un llamado a todos nuestros connacionales para que en 1979 se consolide la unión de todos los hijos de esta tierra y de aquellos que la han escogido como su nueva patria, pues aquí encontraron seguridad y el verdadero respeto a la persona humana que en tantas otras partes del mundo se ignoran. El año que termina no ha estado exento de grandes sacrificios. Sabemos bien que resta mucho por reorganizar y aún más por construir para que las generaciones que vendrán puedan en el día de mañana disfrutar de un país de orden, progreso y libertad, sin tener que enfrentar las duras pruebas a que nosotros hemos sido sometidos. Un breve estudio de los logros obtenidos en el año que finaliza muestra incuestionablemente que el progreso de Chile es tan sustancial en este lapso que ello compensa con creces el gran esfuerzo que se requirió para conseguirlo. Retrocediendo en el tiempo, vemos cómo se inició este año con la histórica consulta nacional en la que convocados los chilenos se pronunciaron libre y secretamente y por una mayoría abrumadora en contra de una resolución de las Naciones Unidas que constituía una gran infamia contra nuestro país. Dentro de este mismo acto se reiteró específicamente al presidente que os habla, el mandato de llevar adelante el proceso hacia una nueva institucionalidad. La consulta nacional demostró un grado de participación nunca antes alcanzado por la población en un proceso de tal naturaleza. Al mismo tiempo, con ello se dio una prueba más de la unión y capacidad de respuesta de Chile cuando se le desafía. Ante tal inequívoca manifestación de voluntad democrática, el Supremo Gobierno adoptó las medidas conducentes a dar el más efectivo y rápido cumplimiento al avance en el camino que nos habíamos trazado en Chacarilla. Así, el gabinete ministerial fue reestructurado con miras a incrementar la integración cívico-militar, la coordinación de las tareas de gobierno necesarias para avanzar en la nueva institucionalidad, cuya esencia es la de una democracia auténtica y adecuadamente protegida. En este esquema ha correspondido a la civilidad compartir progresivamente el ejercicio contingente de funciones gubernamentales, pasando de la colaboración a la participación. Asimismo, atendido el estado de normalización en todos los ámbitos de la vida nacional y restablecido en plenitud el orden público, se puso término al estado de sitio. Controladas las actividades subversivas de los grupos terroristas y extremistas que antes proliferaban en el territorio nacional, ya no era necesaria la aplicación de las normas de seguridad que el referido estado de sitio involucra. Dentro de este encadenamiento se inserta igualmente la derogación de las normas relativas al toque de queda, sin que ello haya significado alteración del orden público ni de la paz interior. Los esporádicos atentados producidos a lo largo del año tienen un inútil propósito político de amedrentamiento e indican ser obra de grupos absolutamente minoritarios y carentes de toda significación popular, a cuyo control se encuentran abocadas las autoridades respectivas que garantizan la seguridad nacional. Es ampliamente conocida la importancia que el gobierno atribuye a todos los aspectos del desarrollo social. Ejemplo tangible de ello son, entre otras, las operaciones Confraternidad y Confraternidad Segunda, que incluye la construcción de casi 2 mil habitaciones sociales en Santiago para familias antes abandonadas en la extrema pobreza. En total, a lo largo del país se han construido sobre 15 mil habitaciones de este tipo en el curso del año. Este gobierno se caracteriza por no abundar en promesas, sino en realizaciones concretas. (...) Se actúa con serenidad y mesura cada vez que la realidad exige al país por entero, afrontar algún sacrificio inevitable, que la conferencia demagógica hubiera aconsejado en otro tiempo disimular o encubrir bajo apariencias engañadoras. Tal franqueza que desconcierta a los profesionales de la política conduce a la confianza mutua entre la nación y su gobierno, demostrada en innumerables ocasiones. Desde que las Fuerzas Armadas y de Orden asumieron la responsabilidad de la conducción del país, han transcurrido más de cinco años, tiempo en el que se consiguió devolver a Chile la tranquilidad y la seguridad, la paz social y un renacer de actividades nacionales que no habrían sido posibles de alcanzarse sino dentro de un esquema de firme autoridad y máximo esfuerzo de toda la nación. Conseguido este objetivo, el gobierno no se ha estancado en el inmovilismo. Por el contrario, alejándose por igual de todos los extremos, ha seguido un camino de equilibrio avanzando hacia la construcción de esta democracia nueva, que responda a nuestra tradición, a nuestra experiencia y a la necesidad de desarrollo para nuestra época y para el futuro. Esta nueva institucionalidad, aunque rebasa, por cierto, los límites de lo solamente constitucional, requiere de una carta fundamental que consagre sus valores y sus principios básicos. Atendido este hecho, se dio especial prioridad a las labores de la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución Política de la República. El texto completo del anteproyecto respectivo está actualmente sometido a un proceso de análisis, estudio y perfeccionamiento que culminará con un plebiscito para que la nación soberanamente resuelva en definitiva sobre tan trascendental materia. Otro aspecto irrefutable del proceso en el frente interno, es el continuado desarrollo de nuestra economía, cuyos frutos comienzan a percibirse en forma clara. No obstante los negros augurios de sus adversarios, sobrepasados uno tras otro con la realidad de una inflación controlada, el aumento del poder adquisitivo real de los salarios, el equilibrio de la balanza de pagos, el incremento del producto nacional y múltiples otros indicadores del efectivo avance. No es mi propósito mostrar un cuadro idealizado, pero sí real. Como Presidente de la República estoy plenamente consciente de que resta mucho por alcanzar, particularmente en el caso del empleo. Así mismo, me asiste total confianza en que también ese y otros escollos serán superados por la acción tenaz de todos los chilenos, cuya iniciativa y capacidad pueden ahora desenvolverse en un marco de libertad. En el frente externo vimos este año un ejemplo sin precedente al autorizar el ingreso a nuestro territorio de un grupo de las Naciones Unidas para examinar la situación de los derechos humanos en el país. Si bien, en definitiva, su informe contiene equivocaciones y distorsiones de la realidad, los chilenos podemos mirar al mundo con la frente en alto, como siempre lo hemos hecho. Demostramos que nada necesitamos ocultar y que nuestra rectitud de objetivos y de métodos nos permite abrir las puertas de nuestro país a todo el que, con respeto de las normas elementales de procedimiento jurídico, desea informarse por sí mismo sobre la verdad. Recaerá en sus propias conciencias el peso de la falta de veracidad de aquellos que vieron lo cierto pero optaron por expresar lo que no era por motivos fácilmente comprensibles. Graves dificultades hemos debido encarar en nuestras relaciones con la República Argentina como consecuencia de nuestra determinación de conservar intactas la dignidad y soberanía nacionales dentro del más estricto apego a las normas de derecho. Reiteramos una vez, más nuestra tradicional vocación de paz y nuestra voluntad de que las diferencias que hoy nos separan, sean resueltas por medios congruentes con el honor y la cultura de nuestra República. Sin embargo, del mismo modo puedo asegurar que todos los chilenos unidos como un solo hombre sabremos hacer respetar nuestros legítimos derechos, sin dejarnos amedrentar por ninguna actitud intimidatoria, cualquiera sea su origen o forma que revista. Esta posición invariable se aplicará y se aplica a toda hostilidad en contra de Chile. Y si nunca en el pasado claudicamos ante presiones o amenazas de ninguna especie, tampoco lo haremos ahora ni en el futuro, con la serenidad que nace de la razón y de la justicia. El año que comienza traerá sin duda nuevos desafíos y muchas incomprensiones, pero estoy cierto de que los chilenos responderemos a ellos con el coraje y la firmeza que nos ha caracterizado en toda nuestra historia. Invoco a Dios para que nos ilumine y nos guíe con su infinita sabiduría para que el próximo año 1979 se desenvuelva bajo el signo de la conciliación y el entendimiento. Pliego al Altísimo que derrame su bondad sobre la nación chilena para que quede definitivamente atrás toda división y todo rencor. Comencemos este año con redoblada energía y con la misma fe inquebrantable en Chile que nos ha permitido siempre salir adelante en las más difíciles circunstancias. Al terminar estas palabras llenas del más grande amor a Chile, a cuyo servicio he entregado mi vida, y de afecto a los hijos de esta tierra, siento renovado el compromiso de continuar trabajando sin descanso por la mayor grandeza de nuestra querida patria. ¡VIVA CHILE! [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:D1978]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 7ehmqkamsdat99o2z78f80bfzqvhpjt 1665290 1665286 2026-06-20T16:20:36Z Janitoalevic 45005 1665290 wikitext text/x-wiki 31 de diciembre de 1978 Deseo enviar a cada compatriota, sin distinción alguna, mi afectuoso saludo y el deseo de que el nuevo año que se inicia sea portador para ustedes y para todo Chile de paz y bienestar. En estas horas finales del año se sienten tan profundamente los lazos de cariño que nos unen a nuestros seres queridos, hago un llamado a todos nuestros connacionales para que en 1979 se consolide la unión de todos los hijos de esta tierra y de aquellos que la han escogido como su nueva patria, pues aquí encontraron seguridad y el verdadero respeto a la persona humana que en tantas otras partes del mundo se ignoran. El año que termina no ha estado exento de grandes sacrificios. Sabemos bien que resta mucho por reorganizar y aún más por construir para que las generaciones que vendrán puedan en el día de mañana disfrutar de un país de orden, progreso y libertad, sin tener que enfrentar las duras pruebas a que nosotros hemos sido sometidos. Un breve estudio de los logros obtenidos en el año que finaliza muestra incuestionablemente que el progreso de Chile es tan sustancial en este lapso que ello compensa con creces el gran esfuerzo que se requirió para conseguirlo. Retrocediendo en el tiempo, vemos cómo se inició este año con la histórica consulta nacional en la que convocados los chilenos se pronunciaron libre y secretamente y por una mayoría abrumadora en contra de una resolución de las Naciones Unidas que constituía una gran infamia contra nuestro país. Dentro de este mismo acto se reiteró específicamente al presidente que os habla, el mandato de llevar adelante el proceso hacia una nueva institucionalidad. La consulta nacional demostró un grado de participación nunca antes alcanzado por la población en un proceso de tal naturaleza. Al mismo tiempo, con ello se dio una prueba más de la unión y capacidad de respuesta de Chile cuando se le desafía. Ante tal inequívoca manifestación de voluntad democrática, el Supremo Gobierno adoptó las medidas conducentes a dar el más efectivo y rápido cumplimiento al avance en el camino que nos habíamos trazado en Chacarilla. Así, el gabinete ministerial fue reestructurado con miras a incrementar la integración cívico-militar, la coordinación de las tareas de gobierno necesarias para avanzar en la nueva institucionalidad, cuya esencia es la de una democracia auténtica y adecuadamente protegida. En este esquema ha correspondido a la civilidad compartir progresivamente el ejercicio contingente de funciones gubernamentales, pasando de la colaboración a la participación. Asimismo, atendido el estado de normalización en todos los ámbitos de la vida nacional y restablecido en plenitud el orden público, se puso término al estado de sitio. Controladas las actividades subversivas de los grupos terroristas y extremistas que antes proliferaban en el territorio nacional, ya no era necesaria la aplicación de las normas de seguridad que el referido estado de sitio involucra. Dentro de este encadenamiento se inserta igualmente la derogación de las normas relativas al toque de queda, sin que ello haya significado alteración del orden público ni de la paz interior. Los esporádicos atentados producidos a lo largo del año tienen un inútil propósito político de amedrentamiento e indican ser obra de grupos absolutamente minoritarios y carentes de toda significación popular, a cuyo control se encuentran abocadas las autoridades respectivas que garantizan la seguridad nacional. Es ampliamente conocida la importancia que el gobierno atribuye a todos los aspectos del desarrollo social. Ejemplo tangible de ello son, entre otras, las operaciones Confraternidad y Confraternidad Segunda, que incluye la construcción de casi 2 mil habitaciones sociales en Santiago para familias antes abandonadas en la extrema pobreza. En total, a lo largo del país se han construido sobre 15 mil habitaciones de este tipo en el curso del año. Este gobierno se caracteriza por no abundar en promesas, sino en realizaciones concretas. (...) Se actúa con serenidad y mesura cada vez que la realidad exige al país por entero, afrontar algún sacrificio inevitable, que la conferencia demagógica hubiera aconsejado en otro tiempo disimular o encubrir bajo apariencias engañadoras. Tal franqueza que desconcierta a los profesionales de la política conduce a la confianza mutua entre la nación y su gobierno, demostrada en innumerables ocasiones. Desde que las Fuerzas Armadas y de Orden asumieron la responsabilidad de la conducción del país, han transcurrido más de cinco años, tiempo en el que se consiguió devolver a Chile la tranquilidad y la seguridad, la paz social y un renacer de actividades nacionales que no habrían sido posibles de alcanzarse sino dentro de un esquema de firme autoridad y máximo esfuerzo de toda la nación. Conseguido este objetivo, el gobierno no se ha estancado en el inmovilismo. Por el contrario, alejándose por igual de todos los extremos, ha seguido un camino de equilibrio avanzando hacia la construcción de esta democracia nueva, que responda a nuestra tradición, a nuestra experiencia y a la necesidad de desarrollo para nuestra época y para el futuro. Esta nueva institucionalidad, aunque rebasa, por cierto, los límites de lo solamente constitucional, requiere de una carta fundamental que consagre sus valores y sus principios básicos. Atendido este hecho, se dio especial prioridad a las labores de la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución Política de la República. El texto completo del anteproyecto respectivo está actualmente sometido a un proceso de análisis, estudio y perfeccionamiento que culminará con un plebiscito para que la nación soberanamente resuelva en definitiva sobre tan trascendental materia. Otro aspecto irrefutable del proceso en el frente interno, es el continuado desarrollo de nuestra economía, cuyos frutos comienzan a percibirse en forma clara. No obstante los negros augurios de sus adversarios, sobrepasados uno tras otro con la realidad de una inflación controlada, el aumento del poder adquisitivo real de los salarios, el equilibrio de la balanza de pagos, el incremento del producto nacional y múltiples otros indicadores del efectivo avance. No es mi propósito mostrar un cuadro idealizado, pero sí real. Como Presidente de la República estoy plenamente consciente de que resta mucho por alcanzar, particularmente en el caso del empleo. Así mismo, me asiste total confianza en que también ese y otros escollos serán superados por la acción tenaz de todos los chilenos, cuya iniciativa y capacidad pueden ahora desenvolverse en un marco de libertad. En el frente externo vimos este año un ejemplo sin precedente al autorizar el ingreso a nuestro territorio de un grupo de las Naciones Unidas para examinar la situación de los derechos humanos en el país. Si bien, en definitiva, su informe contiene equivocaciones y distorsiones de la realidad, los chilenos podemos mirar al mundo con la frente en alto, como siempre lo hemos hecho. Demostramos que nada necesitamos ocultar y que nuestra rectitud de objetivos y de métodos nos permite abrir las puertas de nuestro país a todo el que, con respeto de las normas elementales de procedimiento jurídico, desea informarse por sí mismo sobre la verdad. Recaerá en sus propias conciencias el peso de la falta de veracidad de aquellos que vieron lo cierto pero optaron por expresar lo que no era por motivos fácilmente comprensibles. Graves dificultades hemos debido encarar en nuestras relaciones con la República Argentina como consecuencia de nuestra determinación de conservar intactas la dignidad y soberanía nacionales dentro del más estricto apego a las normas de derecho. Reiteramos una vez, más nuestra tradicional vocación de paz y nuestra voluntad de que las diferencias que hoy nos separan, sean resueltas por medios congruentes con el honor y la cultura de nuestra República. Sin embargo, del mismo modo puedo asegurar que todos los chilenos unidos como un solo hombre sabremos hacer respetar nuestros legítimos derechos, sin dejarnos amedrentar por ninguna actitud intimidatoria, cualquiera sea su origen o forma que revista. Esta posición invariable se aplicará y se aplica a toda hostilidad en contra de Chile. Y si nunca en el pasado claudicamos ante presiones o amenazas de ninguna especie, tampoco lo haremos ahora ni en el futuro, con la serenidad que nace de la razón y de la justicia. El año que comienza traerá sin duda nuevos desafíos y muchas incomprensiones, pero estoy cierto de que los chilenos responderemos a ellos con el coraje y la firmeza que nos ha caracterizado en toda nuestra historia. Invoco a Dios para que nos ilumine y nos guíe con su infinita sabiduría para que el próximo año 1979 se desenvuelva bajo el signo de la conciliación y el entendimiento. Pliego al Altísimo que derrame su bondad sobre la nación chilena para que quede definitivamente atrás toda división y todo rencor. Comencemos este año con redoblada energía y con la misma fe inquebrantable en Chile que nos ha permitido siempre salir adelante en las más difíciles circunstancias. Al terminar estas palabras llenas del más grande amor a Chile, a cuyo servicio he entregado mi vida, y de afecto a los hijos de esta tierra, siento renovado el compromiso de continuar trabajando sin descanso por la mayor grandeza de nuestra querida patria. ¡VIVA CHILE! [[Categoría:DH-D]] [[Categoría:D1978]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 3t98mkyfi0jn24vf6w73b28pryx56k6 Discusión:Mensaje de fin de año 1978 de Augusto Pinochet Ugarte 1 419152 1665287 2026-06-20T16:19:24Z Janitoalevic 45005 Página creada con «Fuente: [https://www.youtube.com/watch?v=x13c29ZnZOs]» 1665287 wikitext text/x-wiki Fuente: [https://www.youtube.com/watch?v=x13c29ZnZOs] 7og47gr4k0jp94bu83k1ywpqk6nkkme Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/192 102 419153 1665288 2026-06-20T16:19:34Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665288 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>"De resultas de atentados que más adelante cometieron contra los españoles, entre ellos el de asesinar al gobernador de Santo Domingo, se prohibió completamente la trata en 1580. Pero luego se volvió á conceder á los genoveses para que con su producto se fuesen rintegrando de las sumas anticipadas á Felipe II para los gastos de la Armada Invencible, que los apuros del erario no permitían satisfacer<ref>{{may|Lafuente}}, ''Hist. General de España'', tom. 18, pág. 311, nota 1, edición de Madrid de 1857. </ref> ." Equivócase Lafuente, y paréceme que sus errores provienen de lo que leyó en Cantillo y Calvo, autores de dos colecciones de tratados españoles, a quienes ya he refutado en el libro III de este tomo. {{Anclaje+|p7|No expondré aquí todas las condiciones del asiento}} con la Compañía del Mar del Sur, pero sí las más principales: 1.<sup>a</sup> Durar treinta años empezados a contar desde el primero de Mayo de 1713. 2.<sup>a</sup> Introducir en este tiempo ciento cuarenta y cuatro mil negros piezas de Indias de ambos sexos y de todas edades, a razón de cuatro mil ochocientos cada año. 3<sup>a</sup>. Por cada una de las cuatro mil piezas de Indias debía pagarse un derecho de treinta y tres y un tercio pesos, quedando los ochocientos restantes exentos de toda contribución. 4.<sup>a</sup> Debían los asentistas anticipar al Rey Católico para ocurrir a las necesidades de su coro-<noinclude></noinclude> 88nbd8puzwaqmaiem4o4eu7p24wycus 1665296 1665288 2026-06-20T16:29:01Z Elultimolicantropo 36540 1665296 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>"De resultas de atentados que más adelante cometieron contra los españoles, entre ellos el de asesinar al gobernador de Santo Domingo, se prohibió completamente la trata en 1580. Pero luego se volvió á conceder á los genoveses para que con su producto se fuesen rintegrando de las sumas anticipadas á Felipe II para los gastos de la Armada Invencible, que los apuros del erario no permitían satisfacer<ref>{{may|Lafuente}}, ''Hist. General de España'', tom. 18, pág. 311, nota 1, edición de Madrid de 1857. </ref> ." Equivócase Lafuente, y paréceme que sus errores provienen de lo que leyó en Cantillo y Calvo, autores de dos colecciones de tratados españoles, a quienes ya he refutado en el libro III de este tomo. {{Anclaje+|p6|No expondré aquí todas las condiciones del asiento}} con la Compañía del Mar del Sur, pero sí las más principales: 1.<sup>a</sup> Durar treinta años empezados a contar desde el primero de Mayo de 1713. 2.<sup>a</sup> Introducir en este tiempo ciento cuarenta y cuatro mil negros piezas de Indias de ambos sexos y de todas edades, a razón de cuatro mil ochocientos cada año. 3<sup>a</sup>. Por cada una de las cuatro mil piezas de Indias debía pagarse un derecho de treinta y tres y un tercio pesos, quedando los ochocientos restantes exentos de toda contribución. 4.<sup>a</sup> Debían los asentistas anticipar al Rey Católico para ocurrir a las necesidades de su coro-<noinclude></noinclude> dji0tlf7doi428n9o0m9y8np3khfyjk Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/193 102 419154 1665291 2026-06-20T16:23:07Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665291 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>na doscientos mil pesos escudos en dos pagas iguales a razón de cien mil cada una; la primera dos meses después de aprobada y firmado el asiento, y la segunda cumplidos otros dos meses después de la primera. De estas cantidades serían indemnizados los asentistas en los términos que señala el artículo tercero del asiento. 5.<sup>a</sup> Como a la Compañía se dejó la facultad de introducir en los veinte y cinco primeros años mayor número de negros que el señalado en las condiciones anteriores, el derecho por cada uno de exceso limitóse a diez y seis dos tercios pesos. Por el art. 28 de este asiento estipulóse que los monarcas español e inglés pudiesen entrar cada uno como socios con la cuarta parte del capital, el cual debía ser de cuatro millones; y que si el rey de España no podía dar el millón que le tocaba, la Compañía le anticiparía esta cantidad pagando por ella el interés anual de ocho por ciento. Hoy seguramente los reyes de Inglaterra y de España se avergonzarían de estampar semejante cláusula en cualquier tratado que hiciesen. 6.<sup>a</sup> Para los negros que se importasen en la costa de Barlovento, Santa Marta, Cumaná y Maracaibo, fijóse una tarifa cuyo máximo era de trescientos pesos y el mínimo de ciento cincuenta. Mandóse así para estimular a los habitantes de aquellos países a que comprasen negros. En cuanto a los demás puntos de América, no se fijó precio alguno, y los asentistas quedaron en libertad de venderlos como quisiesen. Permitió-<noinclude></noinclude> 1qjvwtddthuitnc2ji2xz7plpw9f1pu Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/194 102 419155 1665293 2026-06-20T16:25:01Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665293 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>se a la Compañía introducir anualmente en el Río de la Plata o Buenos Aires hasta mil doscientos piezas de Indias, repartidas en cuatro naves capaces de conducirlas: las ochocientas de ellas para ser vendidas en Buenos Aires y las cuatrocientas restantes para que pudiesen internar y vender en las provincias de arriba y reino de Chile. Añadióse que el Gobierno británico y los asentistas en su nombre pudiesen tener en el mencionado Río de la Plata algunas porciones de tierra que el rey de España señalaría (conforme a lo estipulado en los preliminares de paz), desde que el asiento empezase a correr, para plantar, cultivar, criar ganados con que sustentar a sus dependientes y a sus negros, y fabricar casas de madera y no de otra materia; pero al mismo tiempo les fué vedado levantar fortificación {{corr|alfguna|alguna}}. Tomando la Compañía del Mar del Sur por pretexto la ruina de las compañías portuguesa y francesa, que habían ajustado asientos con el gobierno español, obtuvo de éste, para compensar las presuntas pérdidas que pudiera tener, el permiso de fletar anualmente para la feria de Portobelo un buque de quinientas toneladas con mercancías europeas. De este cargamento debía darse íntegra la cuarta parte al Rey de España, y además el cinco por ciento del producto neto de las otras tres. {{Anclaje+|p7|Este asiento difiere mucho de todos los anteriores}}: 1.° En su larga duración, pues era de treinta años. 2.° En la enorme cantidad de<noinclude></noinclude> 4me5487bjljkx9dzcla8loymnz8rupz El Capital (1898)/Capitulo IV 0 419156 1665298 2026-06-20T16:30:56Z Ignacio Rodríguez 3603 Página creada con «<pages index="El Capital (1898).pdf" include=124-150 header=1/> ---- {{listaref}}» 1665298 wikitext text/x-wiki <pages index="El Capital (1898).pdf" include=124-150 header=1/> ---- {{listaref}} sks054qnhhs0pxt2v3gb4gm6p39i2oa Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/195 102 419157 1665299 2026-06-20T16:31:03Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665299 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>negros que se debía introducir, porque ascendían a lo menos a ciento cuarenta y cuatro mil. 3.° En que no se señalaban puertos particulares para su introducción, pues se dejaban abiertas todas las colonias españolas. 4.° En tener factorías en los puntos donde desembarcasen los negros, y en la adquisición de tierras en Buenos Aires, no sólo para plantar, sino para criar ganados y fabricar. 5.° En enviar anualmente para la feria de Portobelo un buque cargado de mercancías europeas. {{Anclaje+|p8|Comenzó la Compañía a inundar}} las colonias españolas de negros africanos: mas la guerra que estalló entre Inglaterra y España interrumpió las operaciones de la Compañía. Hubiérase esta guerra evitado sin la ambición de Felipe V y de su intrigante ministro el cardenal Alberoni. Querían ambos recobrar algunos estados de Italia que España había perdido en virtud del tratado de Utrecht; y una escuadra española al mando del marqués de Ley de invadió la Cerdeña en Agosto de 1717, arrancándole del poder del emperador de Austria. Al año siguiente emprendió aquel mismo jefe la conquista de Sicilia, isla que se había dado al duque dé Saboya. Alarmada Inglaterra con estos sucesos que alteraban el equlibrio europeo establecido por aquel tratado, extendió, de acuerdo con Francia, un proyecto de acomodamiento que se había de presentar al emperador de Austria, a España y al duque de Saboya, para que lo aceptasen de grado o por<noinclude></noinclude> fjoq2am1mirtse24buzh2ywd58taa1l Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/196 102 419158 1665300 2026-06-20T16:33:04Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665300 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>fuerza, firmando a este fin las dos primeras potencias una convención en París el 18 de Julio de 1718. El emperador de Austria acogió este proyecto, pero Felipe V y el duque de Saboya lo rechazaron; y para compelerlos, la Gran Bretaña y la Francia hicieron con el emperador de Austria el 2 de Agosto de 1718 un tratado célebre firmado en Londres y que se conoce bajo el nombre de la ''Cuádruple Alianza'', porque se estipuló también que Holanda formase parte de ella, bien que no accedió hasta el 16 de Febrero de 1719. No es de mi objeto enumerar aquí los artículos de dicho tratado, porque debo tan sólo considerarlo en sus relaciones con el asiento de negros que se había concedido a la Compañía inglesa del Mar del Sur. El duque de Saboya, aunque a su pesar, suscribió el tratado de la Cuádruple Alianza; pero firme España en su resistencia, rompiéronse las hostilidades entre ella y la Gran Bretaña en Agosto de 1718, declarando ésta formalmente la guerra el 26 de Diciembre de aquel año, y también Francia el 10 de Enero de 1719. Asaltada España por tan poderosos enemigos, vióse forzada a sucumbir, después de haber sufrido grandes desastres. El intrigante Alberoni cayó para siempre, y el rey de España firmó la Cuádruple Alianza el 26 de Enero de 1720; y uno de los tratados que se hicieron a consecuencia de ella, fué el de Madrid a 13 de Junio de 1721 entre España y la Gran Bretaña. Estipulóse por él, entre otras cosas, que el asiento de negros continuaría como antes,<noinclude></noinclude> bjd7ipd7nw55hu28kke3bw7zoqoomny Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/197 102 419159 1665308 2026-06-20T16:48:33Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665308 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>y que serían restituidos los bienes de los subditos ingleses y españoles cogidos por ambos gobiernos. {{Anclaje+|p9|Vueltas las cosas a su anterior estado}}, la Compañía continuó la introducción de negros en las posesiones américo-hispanas. Todo concurría a favorecer sus empresas, y tanto llegó a florecer su comercio, que en el transporte de esclavos tenía más de treinta buques empleados anualmente. Cinco años después de hecha la paz, volvieron a turbarse las buenas relaciones entre Inglaterra y España; y sin declarar todavía la guerra, el gobierno inglés envió en Abril de 1725 siete buques de guerra al mando del Vice-Almirante Hossier, con instrucciones de bloquear los puertos de América en donde estaban los galeones españolea, o que si intentaban salir de ellos, los capturase y llevase a Inglaterra. Esta acción que muchos calificaron de piratería, pues aun estaban en paz las dos naciones, no pudo verificarse, porque advertidas a tiempo las autoridades españolas del intento de los ingleses, hicieron desembarcar en Portobelo y llevar a Panamá más de treinta millones de pesos que debían salir para España. Entre tanto embargáronse a la Compañía del Mar del Sur las naves y demás bienes que tenían en Veracruz : reclamólos el Vice-Almirante Hossier, y como no se los restituyeron, apresó algunos buques españoles. Al fin la Gran Bretaña declaró la guerra en 1727; pero en aquel mismo año se ajustaron los preliminares de paz, la que se hizo<noinclude></noinclude> dsw7rw3hv33vvadu6rdk5qk16wrv43b Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974) 0 419160 1665310 2026-06-20T16:49:09Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] a [[Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] 1665310 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] gr701ssoxin9dy6bc5z8cp5e4kgx5th Discusión:Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974) 1 419161 1665312 2026-06-20T16:49:09Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Discusión:Circular Confidencial N° 22 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] a [[Discusión:Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] 1665312 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Discusión:Circular Confidencial N° 220 del Ministerio del Interior sobre procedimientos de detención de personas (1974)]] cw2vfaeig0anb6vgaczk4i33sesyju7 Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/198 102 419162 1665315 2026-06-20T16:52:52Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665315 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>por el tratado de Sevilla el 9 de Noviembre de 1729, obligándose el gobierno español a pagar a la Compañía todos los perjuicios que hubiera recibido durante dicha guerra. Mientras cruzaba el inglés Hessier con su escuadra por las aguas de la Habana, estalló en algunos ingenios al sudoeste de ella un levantamiento de negros deseosos de adquirir su libertad, pues parece que no recibían buen tratamiento de sus dueños y mayorales. Luego que se tuvo noticia de sublevación tan peligrosa por las circunstancias en que se efectuaba, acudieron a reprimirla algunos hacendados, muchos campesinos y dos compañías de milicianos montados; pero sin oponer los sediciosos resistentcia a sus perseguidores, algunos fueron ejecutados, muchos tornaron a los ingenios, y pocos se fugaron a las montañas. {{Anclaje+|p10|Para cumplir en adelante con más desahogo}} sus compromisos la Compañía del Mar del Sur, obtuvo de la de las Indias Orientales el permiso de sacar negros de la isla de Madagascar para introducirlos en Buenos Aires; y el Parlamento británico la autorizó en 1727 para que durante siete años consecutivos pudiese destinar a ese tráfico seis buques al año<ref>{{May|Anderson}}, tom. 2.</ref>. Justas fueron las previsiones de la Compañía del Mar del Sur, porque establecida la paz, ella continuó su interrumpido comercio. {{np}}<noinclude></noinclude> get5po867ue2l4uw5e1jdlo1i1povkl Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/199 102 419163 1665316 2026-06-20T16:56:20Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665316 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>Cabalmente por este tiempo turbóse la tranquilidad de que gozaba la parte oriental de Cuba. En las inmediaciones de la ciudad de Santiago habíanse descubierto desde el principio del siglo XVI por Hernández Núñez Lobo minas de cobre, a tres leguas de aquella ciudad. Beneficiadas fueron desde su origen por negros esclavos que se compraban de cuenta del Rey, formándose en aquella comarca un pueblo denominado Santiago del Prado del Cobre. Pasaron ellas por varias vicisitudes en los siglos XVI y siguientes, pues ya se administraban por agentes del gobierno, ya por empresarios que las arrendaban. Fué uno de estos en 1616 el Contador don Juan Eguiluz <ref>Por mis estrechas relaciones con el ilustre personaje que al fin de esta nofta menciono, puedo asegurar que el apellido Eguiluz fué oriundo de Francia, y que andando el tiempo se le suprimierdn las cuatro primeras letras, transformándose en Luz: nombre que llevó después una de las familias más distinguidas de la Habana, y a la que pertenece mi inolvidable amigo el señor D. José de la Luz y Caballero honra y gloria de la patria cubana por sus eminetes virtudes, alta capacidad y vastos y profundos conocimientos.</ref>, quien no habiendo podido cumplir las condiciones de su contrata, apoderóse el Rey de los bienes que había dado como garantía, contándose entre ellos doscientos setenta y cinco esclavos de ambos sexos entre negros y mulatos. No bien tratados estos y casi abandonadas las minas por la mala administración de los gobernadores de Santiago de Cuba encargados de ellas, todos los esclavos pusiéronse en armas declarándose libres en 1731. Acerca de este levantamiento hizo el Rey una co-<noinclude></noinclude> 3u9q0a63l2fxeykijkqe727df9n2h0u Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/200 102 419164 1665317 2026-06-20T16:58:11Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665317 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>municación en 26 de Agosto de aquel año, don Pedro Morell de Santa Cruz, Canónigo de la Catedral de Santiago de Cuba. Dice así: "En cumplimiento de mi obligación paso á noticia de V. M. como los vecinos de Santiago del Prado, negros y mulatos esclavos de V. M., se sublevaron el 24 de Julio retirándose al monte con sus armas. Divulgóse esta novedad; y cuando esperaba yo que el gobernador ganase tiempo para el reparo de la materia, se le dió tan poco cuidado, que la dejó correr sin hacerse cargo de su gravedad, hasta que reconociéndola, puso algunos remedios para suavizarla. Pero viendo que no surtía efecto, consultó al ayuntamiento, y se acordó llevar los autos á los abogados que hay en esta ciudad para que se expusiesen sus dictámenes. Redújose el mió á que se atendiera con brevedad á extinguir la sublevación, poniendo á aquellos vecinos en el corriente que en los demás gobiernos habían tenido, y cesando en las providencias que en este se habían dado." "Agradó á todos su contexto y comenzóse á practicar su disposición, nombrando por mediadores de la paz á los regidores don José de Losada y don José de Hechavarría. Partiéronse á dicho pueblo; y después de varias conferencias que tuvieron con algunos de sus vecinos, que estando en los montes vinieron á su mandado, no pudieron conseguir su reducción ni más esperanzas que la que pudo darles la insinuación que ellos mismos hicieron de que pasara yo á explicarles algunas<noinclude></noinclude> jepalqru8w4bj35kebzyic1hc5c2oir Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/201 102 419165 1665318 2026-06-20T16:59:55Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665318 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>dudas que padecían. Sin embargo de que contemplaba que en descender á esta súplica haria un servicio especial á ambas Magestades, no quise moverme sin enterar primero al gobernador del fin de mi marcha. Dióme las gracias y estimulóme á la ejecución con sus expresiones. Pasé á dicho pueblo y volví sin haber surtido efecto mis buenos deseos, porque encontré en dichos esclavos un delirio en que con la dilación y la ociosidad habían dado, que se reducia á decir que eran libres; que la real cédula en que constaba serlo, la habían ocultado los regidores de Cuba. Esto decían unos; pero otros, aunque no se apartaban de esta proposición, fundaban su libertad en la mala inteligencia de una real cédula que se expidió en tiempo del arrendamiento que de dichas minas hizo don Francisco Delgado. Aunque se la expliqué repetidas veces, no pude sacarles de su error, porque á lo corto de su entendimiento se añadía el ansia de su libertad; y así todo lo que no era hablar á favor de ella, les causaba risa. Retiréme á mi casa con bastante desconsuelo, haciéndome cargo de los perjuicios que amenazaban á esta república y á toda la isla si permanecían en su obstinación; di cuenta al gobernador del ningún fruto de mis trabajos, y aunque se inclinaba á valerse de las armas, quiso Dios que consultara de nuevo al ayuntamiento. Respondióle éste que continuara en los medios suaves, volviendo los comisionados en mi compañía á instar y persuadir con el arbitrio y jurisdicción que se nece-<noinclude></noinclude> pedxsu2n9eiwtzlcwmg7jbabdms4s30 Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/202 102 419166 1665319 2026-06-20T17:01:32Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665319 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>sitara. Abrazó el gobernador este clictámen y se logró la pacificación ele aquel pueblo el 18 del corriente." "No dudo que el gobernador procurará indemnizarse reduciendo á una completa sujeción á esos esclavos; pero debo representar á V. M. que el origen de esta novedad proviene del rigor con que los ha tratado, pues siendo costumbre que entrasen al trabajo por escuadras de á diez y seis hombres cada quince días, varió esta órden trayendo en un continuo trabajo á cuantos quería, aunque fuesen libres, con tal tesón que ni exceptuaba días de fiesta, y así tenian abondonadas sus familias sin poderlas atender con el corto estipendio de un real, por cuyo motivo se había practicado que asistiesen por escuadras para que tuvieran tiempo de asistir á sus mujeres é hijos, siendo lo más sensible que á los imposibilitados que no podían acudir, les sacaran tres pesos. Gravóles también en que contribuyesen á V. M. el quinto del cobre que lavan de las escorias que arroja el rio, y en cuya labor se entretienen regularmente las mujeres para alivio de sus necesidades; y por este motivo se puso un alférez del presidio con trece fusileros, rigidísimo de cuantas órdenes habia dado contra aquellos miserables. A unos les ponia grilletes, y á otros en el cepo; privóles de unas monterías realengas de donde se mantenian vendiéndolas en pública almoneda; y (lo que parece increible a la caridad cristiana) privóles también con graves penas comprar de<noinclude></noinclude> tg0ur414tzztlj2ko9e1slqfujq9jc4 Página:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 2 - IA historiadelaescl02saco.djvu/203 102 419167 1665322 2026-06-20T17:17:15Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1665322 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>las cargas de carne que pasaban por el pueblo, que es por donde transitan los que vienen de tierra adentro; y á los que salían á buscarla, como no fuera á esta ciudad, los traian amarrados, que fué lo mismo que haberlos puesto en el término de la desesperación." "Aunque por la vulgaridad con que en este país corrían estas operaciones me contristaban lo bastante, fué mayor mi sentimiento cuando los oí de boca de los mismos pacientes, cuando pasé á solicitar su reducción; y como lo ejecutado por este gobernador era muy opuesto al modo con que sus antecesores han tratado á dichos esclavos, hubieron de cometer el desacierto de sublevarse hasta que se les puso en el corriente que tenian antes. Y así en manteniéndolos en él, no hay que sospechar lo más mínimo; pues son tan miserables y cuitados, que sólo á influjo de una insufrible opresión hubieran tenido valor para negarse al trabajo retirándose á los montes. Importa muchísimo la conservación de dicho pueblo, porque esta ciudad es frontera de una colonia enemiga, que es la isla de Jamaica, y miéntras más pueblos comarcanos tuviere, se afianzará más su defensa; siendo también digno de consideración que los esclavos del Cobre en tiempo de rebato pasan á guarnecer un fuerte nombrado Guayjabon á cinco leguas á sotavento de este puerto." "El servicio que he hecho á V. M. en la reducción de dicho pueblo, ha sido tan apreciable que, sin discurrir melancólicamente, podia perderse<noinclude></noinclude> qy226xasorkwyy29apufmlpem02usg9 Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974) 0 419168 1665325 2026-06-20T17:29:18Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] a [[Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] 1665325 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] 7kc888sbjn82n48dxtmqh83nkpomdyf Discusión:Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974) 1 419169 1665327 2026-06-20T17:29:18Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Discusión:Circular N° 1 de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] a [[Discusión:Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] 1665327 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Discusión:Circular de la Junta de Gobierno sobre normas de conducta en procedimientos de las Fuerzas Armadas y Carabineros (1974)]] tqf48kpxwiiq7gld89i7768498jiaf4 Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973) 0 419170 1665329 2026-06-20T17:34:45Z Janitoalevic 45005 Página creada con «{{Encabezado |título= Circular de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en Estado de Guerra Interna |autor= Augusto Pinochet |año= 23 de noviembre de 1973 |nota= }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' 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'''Casa Militar N° 586 / SANTIAGO, 23 de noviembre de 1973''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- El Gobierno de la Nación, a partir del 11 de septiembre, decretó el "Estado de Guerra Interna" y mantiene el territorio nacional en "Estado de Sitio", a fin de facilitar el desarrollo de las operaciones contra las fuerzas marxistas que hasta esa fecha estaban destruyendo los recursos y valores fundamentales de nuestra Patria, fuerzas que todavía no han sido aniquiladas y que por lo tanto desde la clandestinidad y con la ayuda de núcleos foráneos afines tratan de reorganizarse para emerger en la vida nacional y perturbar la acción de restauración de la Junta de Gobierno, así como la tranquilidad de nuestro pueblo. 2.- Paralelamente con estas fuerzas extremistas, existen sectores de los partidos políticos (hoy en receso), que fueron opositores al Gobierno de la U.P. que tratan de llevar adelante una lenta, silenciosa y penetrante acción, para impedir el rápido avance de la acción restauradora nacional de la Junta de Gobierno, aprovechándose fundamentalmente de los errores que se cometen en los mandos medios y subalternos en todas las áreas de la actividad nacional. 3.- Ambas fuerzas opositoras buscan afianzar sus posiciones volcando a su favor la opinión pública, constituida por la gran masa de chilenos que, en un definido apoyo a la acción de la Junta de Gobierno, está trabajando activamente para la restauración de Chile, pero que como es lógico espera del Gobierno y de sus colaboradores más directos, la aplicación de procedimientos diametralmente opuestos a los empleados por el gobierno marxista y cuyas consecuencias nos indicaron el hacer uso del "Derecho de Rebelión", interpretando en gran medida el sentir de esa masa de opinión pública. 4.- Estas consideraciones, tienen una gran repercusión en la labor que a diario están cumpliendo las FF. AA. y Carabineros por cuanto son ellos quienes materializan el Frente Bélico de esta "Guerra Interna" y concretan las acciones más fuertes que para la mantención del "Orden Público" deben ejecutarse en un país en "Estado de Sitio". 5.- En consecuencia, es absolutamente necesario que los Altos Mandos de las FF. AA. y Carabineros orienten la acción de sus mandos subalternos de acuerdo a la siguiente política general: 5.a.- Las acciones contra fuerzas extremistas cualquiera que sea su magnitud, deben conducirse con energía y decisión, buscando el aniquilamiento de estos núcleos. 5.b.- Los allanamientos y detenciones de personas, deben ser ejecutadas con oportunidad y firmeza, pero con órdenes de autoridades competentes que aseguren un procedimiento que en ningún caso desprestigie la sacrificada y patriótica labor que están cumpliendo las FF. AA. y Carabineros y que no pueden ser comparadas o confundidas con acciones de extremistas que tanto daño causan a la tranquilidad de la población. 5.c.- El tratamiento de los detenidos, debe también ser consecuente con la peligrosidad y grado de comprometimiento comprobado del detenido, ya que es lógico que ocurra que por el gran número de procesos que se sustancian, se procede a detener a muchas personas que al no comprobárseles implicancia en dichos procesos son puestas en libertad y desde todo punto es inconveniente que esas personas por el trato que se les ha dado, salgan con espíritu de venganza y por lo tanto pueden transformarse en futuros extremistas. 5.d.- La acción de las FF. AA. y Carabineros en los diferentes cargos públicos que sus integrantes están ocupando, debe caracterizarse por una honestidad a toda prueba, para que así la Historia asigne estas características como una de las más importantes de nuestra etapa de Gobierno. 5.e.- Los miembros de las FF. AA. y Carabineros deben actuar en forma ejemplarizadora en el cumplimiento de las disposiciones que dictan los Jefes de las Zonas en Estado de Sitio, en especial en lo referido al respeto a las horas de queda en todo el territorio nacional, actitud que contribuirá en gran medida a facilitar la labor de las patrullas que cumplen funciones en esas horas. 6.- La presente Circular será leída y comentada en el más breve plazo a todos los miembros de las FF. AA. y Carabineros. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1973]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 3rj9w0ufh867zzi248v7khvavrx7b41 1665332 1665329 2026-06-20T17:36:37Z Janitoalevic 45005 1665332 wikitext text/x-wiki {{Encabezado |título= Circular de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en Estado de Guerra Interna |autor= Augusto Pinochet |año= 23 de noviembre de 1973 |nota= }}{{ma}} '''REPÚBLICA DE CHILE.''' '''JUNTA DE GOBIERNO.''' '''Casa Militar N° 586 / SANTIAGO, 23 de noviembre de 1973''' '''CIRCULAR PARA SER DIFUNDIDA A TODOS LOS ESCALONES DEL MANDO DE LAS FUERZAS ARMADAS Y CARABINEROS''' 1.- El Gobierno de la Nación, a partir del 11 de septiembre, decretó el "Estado de Guerra Interna" y mantiene el territorio nacional en "Estado de Sitio", a fin de facilitar el desarrollo de las operaciones contra las fuerzas marxistas que hasta esa fecha estaban destruyendo los recursos y valores fundamentales de nuestra Patria, fuerzas que todavía no han sido aniquiladas y que por lo tanto desde la clandestinidad y con la ayuda de núcleos foráneos afines tratan de reorganizarse para emerger en la vida nacional y perturbar la acción de restauración de la Junta de Gobierno, así como la tranquilidad de nuestro pueblo. 2.- Paralelamente con estas fuerzas extremistas, existen sectores de los partidos políticos (hoy en receso), que fueron opositores al Gobierno de la U.P. que tratan de llevar adelante una lenta, silenciosa y penetrante acción, para impedir el rápido avance de la acción restauradora nacional de la Junta de Gobierno, aprovechándose fundamentalmente de los errores que se cometen en los mandos medios y subalternos en todas las áreas de la actividad nacional. 3.- Ambas fuerzas opositoras buscan afianzar sus posiciones volcando a su favor la opinión pública, constituida por la gran masa de chilenos que, en un definido apoyo a la acción de la Junta de Gobierno, está trabajando activamente para la restauración de Chile, pero que como es lógico espera del Gobierno y de sus colaboradores más directos, la aplicación de procedimientos diametralmente opuestos a los empleados por el gobierno marxista y cuyas consecuencias nos indicaron el hacer uso del "Derecho de Rebelión", interpretando en gran medida el sentir de esa masa de opinión pública. 4.- Estas consideraciones, tienen una gran repercusión en la labor que a diario están cumpliendo las FF. AA. y Carabineros por cuanto son ellos quienes materializan el Frente Bélico de esta "Guerra Interna" y concretan las acciones más fuertes que para la mantención del "Orden Público" deben ejecutarse en un país en "Estado de Sitio". 5.- En consecuencia, es absolutamente necesario que los Altos Mandos de las FF. AA. y Carabineros orienten la acción de sus mandos subalternos de acuerdo a la siguiente política general: 5.a.- Las acciones contra fuerzas extremistas cualquiera que sea su magnitud, deben conducirse con energía y decisión, buscando el aniquilamiento de estos núcleos. 5.b.- Los allanamientos y detenciones de personas, deben ser ejecutadas con oportunidad y firmeza, pero con órdenes de autoridades competentes que aseguren un procedimiento que en ningún caso desprestigie la sacrificada y patriótica labor que están cumpliendo las FF. AA. y Carabineros y que no pueden ser comparadas o confundidas con acciones de extremistas que tanto daño causan a la tranquilidad de la población. 5.c.- El tratamiento de los detenidos, debe también ser consecuente con la peligrosidad y grado de comprometimiento comprobado del detenido, ya que es lógico que ocurra que por el gran número de procesos que se sustancian, se procede a detener a muchas personas que al no comprobárseles implicancia en dichos procesos son puestas en libertad y desde todo punto es inconveniente que esas personas por el trato que se les ha dado, salgan con espíritu de venganza y por lo tanto pueden transformarse en futuros extremistas. 5.d.- La acción de las FF. AA. y Carabineros en los diferentes cargos públicos que sus integrantes están ocupando, debe caracterizarse por una honestidad a toda prueba, para que así la Historia asigne estas características como una de las más importantes de nuestra etapa de Gobierno. 5.e.- Los miembros de las FF. 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AA. y Carabineros por cuanto son ellos quienes materializan el Frente Bélico de esta "Guerra Interna" y concretan las acciones más fuertes que para la mantención del "Orden Público" deben ejecutarse en un país en "Estado de Sitio". 5.- En consecuencia, es absolutamente necesario que los Altos Mandos de las FF. AA. y Carabineros orienten la acción de sus mandos subalternos de acuerdo a la siguiente política general: 5.a.- Las acciones contra fuerzas extremistas cualquiera que sea su magnitud, deben conducirse con energía y decisión, buscando el aniquilamiento de estos núcleos. 5.b.- Los allanamientos y detenciones de personas, deben ser ejecutadas con oportunidad y firmeza, pero con órdenes de autoridades competentes que aseguren un procedimiento que en ningún caso desprestigie la sacrificada y patriótica labor que están cumpliendo las FF. AA. y Carabineros y que no pueden ser comparadas o confundidas con acciones de extremistas que tanto daño causan a la tranquilidad de la población. 5.c.- El tratamiento de los detenidos, debe también ser consecuente con la peligrosidad y grado de comprometimiento comprobado del detenido, ya que es lógico que ocurra que por el gran número de procesos que se sustancian, se procede a detener a muchas personas que al no comprobárseles implicancia en dichos procesos son puestas en libertad y desde todo punto es inconveniente que esas personas por el trato que se les ha dado, salgan con espíritu de venganza y por lo tanto pueden transformarse en futuros extremistas. 5.d.- La acción de las FF. AA. y Carabineros en los diferentes cargos públicos que sus integrantes están ocupando, debe caracterizarse por una honestidad a toda prueba, para que así la Historia asigne estas características como una de las más importantes de nuestra etapa de Gobierno. 5.e.- Los miembros de las FF. AA. y Carabineros deben actuar en forma ejemplarizadora en el cumplimiento de las disposiciones que dictan los Jefes de las Zonas en Estado de Sitio, en especial en lo referido al respeto a las horas de queda en todo el territorio nacional, actitud que contribuirá en gran medida a facilitar la labor de las patrullas que cumplen funciones en esas horas. 6.- La presente Circular será leída y comentada en el más breve plazo a todos los miembros de las FF. AA. y Carabineros. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. 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AA. y Carabineros por cuanto son ellos quienes materializan el Frente Bélico de esta "Guerra Interna" y concretan las acciones más fuertes que para la mantención del "Orden Público" deben ejecutarse en un país en "Estado de Sitio". 5.- En consecuencia, es absolutamente necesario que los Altos Mandos de las FF. AA. y Carabineros orienten la acción de sus mandos subalternos de acuerdo a la siguiente política general: 5.a.- Las acciones contra fuerzas extremistas cualquiera que sea su magnitud, deben conducirse con energía y decisión, buscando el aniquilamiento de estos núcleos. 5.b.- Los allanamientos y detenciones de personas, deben ser ejecutadas con oportunidad y firmeza, pero con órdenes de autoridades competentes que aseguren un procedimiento que en ningún caso desprestigie la sacrificada y patriótica labor que están cumpliendo las FF. AA. y Carabineros y que no pueden ser comparadas o confundidas con acciones de extremistas que tanto daño causan a la tranquilidad de la población. 5.c.- El tratamiento de los detenidos, debe también ser consecuente con la peligrosidad y grado de comprometimiento comprobado del detenido, ya que es lógico que ocurra que por el gran número de procesos que se sustancian, se procede a detener a muchas personas que al no comprobárseles implicancia en dichos procesos son puestas en libertad y desde todo punto es inconveniente que esas personas por el trato que se les ha dado, salgan con espíritu de venganza y por lo tanto pueden transformarse en futuros extremistas. 5.d.- La acción de las FF. AA. y Carabineros en los diferentes cargos públicos que sus integrantes están ocupando, debe caracterizarse por una honestidad a toda prueba, para que así la Historia asigne estas características como una de las más importantes de nuestra etapa de Gobierno. 5.e.- Los miembros de las FF. AA. y Carabineros deben actuar en forma ejemplarizadora en el cumplimiento de las disposiciones que dictan los Jefes de las Zonas en Estado de Sitio, en especial en lo referido al respeto a las horas de queda en todo el territorio nacional, actitud que contribuirá en gran medida a facilitar la labor de las patrullas que cumplen funciones en esas horas. 6.- La presente Circular será leída y comentada en el más breve plazo a todos los miembros de las FF. AA. y Carabineros. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. 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AA. y Carabineros por cuanto son ellos quienes materializan el Frente Bélico de esta "Guerra Interna" y concretan las acciones más fuertes que para la mantención del "Orden Público" deben ejecutarse en un país en "Estado de Sitio". 5.- En consecuencia, es absolutamente necesario que los Altos Mandos de las FF. AA. y Carabineros orienten la acción de sus mandos subalternos de acuerdo a la siguiente política general: a.- Las acciones contra fuerzas extremistas cualquiera que sea su magnitud, deben conducirse con energía y decisión, buscando el aniquilamiento de estos núcleos. b.- Los allanamientos y detenciones de personas, deben ser ejecutadas con oportunidad y firmeza, pero con órdenes de autoridades competentes que aseguren un procedimiento que en ningún caso desprestigie la sacrificada y patriótica labor que están cumpliendo las FF. AA. y Carabineros y que no pueden ser comparadas o confundidas con acciones de extremistas que tanto daño causan a la tranquilidad de la población. c.- El tratamiento de los detenidos, debe también ser consecuente con la peligrosidad y grado de comprometimiento comprobado del detenido, ya que es lógico que ocurra que por el gran número de procesos que se sustancian, se procede a detener a muchas personas que al no comprobárseles implicancia en dichos procesos son puestas en libertad y desde todo punto es inconveniente que esas personas por el trato que se les ha dado, salgan con espíritu de venganza y por lo tanto pueden transformarse en futuros extremistas. d.- La acción de las FF. AA. y Carabineros en los diferentes cargos públicos que sus integrantes están ocupando, debe caracterizarse por una honestidad a toda prueba, para que así la Historia asigne estas características como una de las más importantes de nuestra etapa de Gobierno. e.- Los miembros de las FF. AA. y Carabineros deben actuar en forma ejemplarizadora en el cumplimiento de las disposiciones que dictan los Jefes de las Zonas en Estado de Sitio, en especial en lo referido al respeto a las horas de queda en todo el territorio nacional, actitud que contribuirá en gran medida a facilitar la labor de las patrullas que cumplen funciones en esas horas. 6.- La presente Circular será leída y comentada en el más breve plazo a todos los miembros de las FF. AA. y Carabineros. Fdo.: [[Autor:Augusto Pinochet|AUGUSTO PINOCHET UGARTE]], General de Ejército, Presidente de la Junta de Gobierno. [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1973]] [[Categoría:Documentos de Augusto Pinochet]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] t49hrd2wn37duk9btxq2pf9i3p5yc4n Discusión:Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973) 1 419171 1665330 2026-06-20T17:35:07Z Janitoalevic 45005 Página creada con «[https://unofar.cl/wp-content/uploads/2022/01/Revista-UNOFAR-N%C2%B0-4-Reescaneada.pdf página 7]» 1665330 wikitext text/x-wiki [https://unofar.cl/wp-content/uploads/2022/01/Revista-UNOFAR-N%C2%B0-4-Reescaneada.pdf página 7] o4pgjsgaghutdiy0bce0tfv602eoaxb 1665337 1665330 2026-06-20T17:40:07Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Discusión:Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)]] a [[Discusión:Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973)]] 1665330 wikitext text/x-wiki [https://unofar.cl/wp-content/uploads/2022/01/Revista-UNOFAR-N%C2%B0-4-Reescaneada.pdf página 7] o4pgjsgaghutdiy0bce0tfv602eoaxb Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973) 0 419172 1665336 2026-06-20T17:40:07Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)]] a [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973)]] 1665336 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973)]] 1bp62tmv329hlqpo4ik0r5aasppd9rv Discusión:Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973) 1 419173 1665338 2026-06-20T17:40:07Z Janitoalevic 45005 Janitoalevic trasladó la página [[Discusión:Circular N° 586 de la Junta de Gobierno (1973)]] a [[Discusión:Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973)]] 1665338 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Discusión:Circular N° 586 de la Junta de Gobierno sobre el uso de la fuerza y control de la población en "Estado de Guerra Interna" (1973)]] 495knoexkcputy26ta6pmu4dcnhq1it Plantilla:Sfrac/styles.css 10 419174 1665346 2026-06-20T17:56:25Z Ignacio Rodríguez 3603 importo de en.WS 1665346 sanitized-css text/css .sfrac { white-space: nowrap; } .sfrac.tion, .sfrac .tion { display: inline-block; vertical-align: -0.5em; font-size: 85%; text-align: center; } .sfrac .num, .nobar .num { display: block; line-height: 1em; margin: 0.0em 0.1em; } .sfrac:not([class*="nobar"]) .num { border-bottom: 1px solid; } .sfrac .den { display: block; line-height: 1em; margin: 0.1em 0.1em; } /* [[Template:Screen reader-only]] is canonical implementation onwiki */ .sr-only { border: 0; clip: rect(0, 0, 0, 0); /* removed from CSS */ clip-path: polygon(0px 0px, 0px 0px, 0px 0px); height: 1px; margin: -1px; overflow: hidden; padding: 0; position: absolute; width: 1px; /* white-space: nowrap; /* already have nowrap above */ } cy1nbmzrz7cnxzipou5gmn2i3zj5b91 Plantilla:Sfrac 10 419175 1665347 2026-06-20T17:56:33Z Ignacio Rodríguez 3603 importo de en.WS 1665347 wikitext text/x-wiki {{ {{{|safesubst:}}}#invoke:Unsubst||$B=<templatestyles src="Sfrac/styles.css" /><span class="sfrac{{#if:{{{nobar|}}}|&#32;nobar}}">&NoBreak;{{#if:{{{3|}}}|{{{1}}}<span class="sr-only">+</span>}}<!-- --><span class="tion" {{#if:{{{font-size|}}}{{{vertical-align|}}}|style="{{#if:{{{font-size|}}}|font-size:{{{font-size}}};}}{{#if:{{{vertical-align|}}}|vertical-align:{{{vertical-align}}}}}"}}><!-- --><span class="num">{{#if:{{{3|}}}|{{{2}}}|{{#if:{{{2|}}}|{{{1}}}|1}}}}</span><!-- --><span class="sr-only">/</span><!-- --><span class="den">{{{3|{{{2|{{{1|1}}}}}}}}}</span><!-- --></span><!-- -->&NoBreak;</span>}}<noinclude> {{documentación}} <!-- PLEASE ADD CATEGORIES & INTERWIKIS TO /doc SUBPAGE - NOT HERE.--> </noinclude> kfcwqgu53n5ymi1hdasfuul7hk69pwy Plantilla:Sfrac/doc 10 419176 1665348 2026-06-20T18:01:52Z Ignacio Rodríguez 3603 Página creada con «{{Subpágina de documentación}} == Uso == {{TemplateStyles|[[Plantilla:Sfrac/styles.css|]]}} Plantilla alternativa para generar fracciones verticales. {{ep|frac}} genera fracciones con una barra diagonal. Acepta como primer parámetro un número entero (opcional), como segundo un numerador (opcional) y como tercero un denominador (obligatorio). ; <code><nowiki>{{sfrac|A|B|C}}</nowiki></code> : {{sfrac|A|B|C}} (entero, numerador y denominador) ; <code><nowiki>{{sfr…» 1665348 wikitext text/x-wiki {{Subpágina de documentación}} == Uso == {{TemplateStyles|[[Plantilla:Sfrac/styles.css|Sfrac/styles.css]]}} Plantilla alternativa para generar fracciones verticales. {{ep|frac}} genera fracciones con una barra diagonal. Acepta como primer parámetro un número entero (opcional), como segundo un numerador (opcional) y como tercero un denominador (obligatorio). ; <code><nowiki>{{sfrac|A|B|C}}</nowiki></code> : {{sfrac|A|B|C}} (entero, numerador y denominador) ; <code><nowiki>{{sfrac|A|B}}</nowiki></code> : {{sfrac|A|B}} (numerador y denominador) ; <code><nowiki>{{sfrac|A|B|font-size=100%}}</nowiki></code> : {{sfrac|A|B|font-size=100%}} (numerador, denominador. tamaño personalizado) ; <code><nowiki>{{sfrac|A}}</nowiki></code> : {{sfrac|A}} (solo denominador) == Véase también == * {{ep|frac}} <includeonly> [[Categoría:Wikisource:Plantillas de formato de texto]] </includeonly> ehhejs8iq8v2p78dntcufl99lbpnfkm Circular N° 6 de la Junta de Gobierno (1974) 0 419177 1665356 2026-06-20T18:30:53Z Janitoalevic 45005 Página creada con «'''SECRETO''' '''Circ. Nº 6.-''' '''Santiago, 26 de abril de 1974.''' El Ministerio de Defensa Nacional ha enviado a esta Jefatura Superior antecedentes relacionados con un Plan de Operaciones captado a una organización clandestina extremista, del que, analizado en sus detalles, se extraen las conclusiones que a continuación se indican: El documento en referencia está elaborado por personas que conocen perfectamente los aspectos favorables de las FF. AA. y Car…» 1665356 wikitext text/x-wiki '''SECRETO''' '''Circ. Nº 6.-''' '''Santiago, 26 de abril de 1974.''' El Ministerio de Defensa Nacional ha enviado a esta Jefatura Superior antecedentes relacionados con un Plan de Operaciones captado a una organización clandestina extremista, del que, analizado en sus detalles, se extraen las conclusiones que a continuación se indican: El documento en referencia está elaborado por personas que conocen perfectamente los aspectos favorables de las FF. AA. y Carabineros en relación a su capacidad para enfrentar la resistencia interna civil y tiene como objetivo final lograr un cambio de Gobierno, al parecer, a largo plazo, para lo cual planean la resistencia armada y política, basando su acción en los siguientes puntos: a) Participación de la población civil motivada por un pequeño grupo de no más de quinientos combatientes; b) Intensa campaña de desprestigio y rumores adversos para aislar a Fuerzas Armadas y Carabineros del resto de la población; c) Debilitamiento de las Fuerzas Armadas y Carabineros mediante acciones persistentes de violencia aislada para obtener éxitos tácticos; y d) Formación de un ejército con una teoría militar madura combinándolo con una política revolucionaria. La creación de este núcleo en relación a las Fuerzas Armadas y Carabineros, según ellos, representan aspectos favorables y desfavorables: '''DESFAVORABLES''' No disponen de un número superior a 500 personas, sin experiencia de combate, reconociendo que sus mandos medios no cuentan con capacidad para conducir acciones ofensivas, permitiéndoles sólo su reducida instrucción, combate de localidades y guerrillas urbanas. Como consecuencia del estricto control que ejercen las Fuerzas Armadas y Carabineros sobre todo el territorio nacional, la falta de medios de comunicación y su débil moral, les impide concentrarse para iniciar operaciones de mayor envergadura y, aún más, no poseen arias seguras para retirarse después de realizadas éstas. '''FAVORABLES''' Estiman que las Fuerzas Armadas y Carabineros están obligados a dislocarse para cubrir simultáneamente objetivos civiles y militares, especialmente en los extremos geográficos del país, lo que favorece sus acciones en áreas urbanas de importancia. Por otra parte, consideran que no existe homogeneidad de las autoridades en cuanto al criterio para conducir al país y que hay notorias diferencias para actuar en la aplicación de justicia, métodos de indagaciones, medidas de control. Planean el desgaste de las fuerzas regulares dislocándolas, amedrentando a los mandos medios y atacando a los mandos superiores por medio de la propaganda extranjera, e iniciar al mismo tiempo una guerra sicológica para minar la moral de las Fuerzas Armadas y Carabineros y así producir un quiebre de la cohesión que actualmente existe. Ante la situación planteada, el Ministerio de Defensa Nacional formula las siguientes '''RECOMENDACIONES''': 1.- Considerando que el adversario posee una gran reserva estratégica constituida por la masa popular, se hace necesario llevar adelante una campaña de publicidad dando a conocer la labor de la Junta, como también difundir actividades delictuales de personeros de izquierda, en general preparar sicológicamente a la masa popular para rechazar este llamado a ingresar a las filas de la izquierda en reorganización. Importante no hablar de extremistas, ni guerrilleros, sino de delincuentes y malhechores. 2.- Considerando el aspecto de moral combativa es necesario iniciar campaña dentro de las FF. AA. y Carabineros, demostrando la crueldad para actuar del adversario (mencionar casos de presos que se fugaron y dispararon a guardia ya desarmado y en el suelo), lo que lograría levantar la moral combativa y el espíritu de cuerpo dejando de manifiesto que cada extremista, cada militante de izquierda es un enemigo despiadado. Dotar a las Unidades de equipo personal adecuado al clima (considerar proximidad del invierno.) Aspecto económico: el personal no tiene solvencia para cubrir gastos mínimos. 3.- El enemigo se encuentra aislado en cuanto a comunicaciones y busca en forma desesperada el contacto con sus fuerzas. Hay que imponer un control a la prensa, radio T.V. y medios de difusión en general. Retirar teléfonos a miembros de los partidos de la ex U.P. que sean detectados. 4.- El enemigo acepta no contar con armamento suficiente, de esto se desprenden los intentos de internación de armas en forma ilegal que efectuarían. Es necesario aumentar el control de los ingresos al país tanto por vía aérea marítima y terrestres. 5.- Para evitar se amedrenten los mandos medios se debe: a.- Mantener permanentemente ilustrados a los diferentes mandos, con una información veraz y oportuna. b.- Garantizar, por medio de servicios especiales (recorrido de buses) la seguridad de los niños en los colegios. c.- Ser muy discretos en las investigaciones de seguridad contra determinados mandos, en especial cuando ellos se originan por anónimos. 6.- Para contrarrestar la acción de propaganda contra los mandos superiores se debe: a.- Realizar una campaña de propaganda y contrapropaganda a nivel nacional e internacional, por medio de una oficina idónea y dirigida por miembros de las FF. AA. y Carabineros. b.- Se debe organizar a la brevedad una oficina de informaciones y propaganda, que satisfaga los requerimientos enunciados. 7.- Para contrarrestar eficazmente ataque a puestos y patrullas se debe: a.-Instruir a las patrullas en cada oportunidad de la situación que se vive. La rutina lleva a olvidar el peligro. b.- Equipar con medios de fuego y enlace adecuado a las patrullas. c.- Informar a los subalternos cada vez que ocurra un atentado, sobre los detalles del hecho a fin de sacar experiencias. 8.- Para equiparar las fuerzas se busca también descohesionar a las FF. AA. y Carabineros. Para evitarlo es necesario: a.- Tratar de aumentar por todos los medios la cohesión Institucional Interinstitucional. b.- Desarrollar una intensa campaña de propaganda, en la que se destaque la mutua ayuda que se prestan las Instituciones. c.- Repartir equitativamente los puestos claves o representaciones, entre las cuatro Instituciones. 9.- También, para equiparar las fuerzas, buscar aumentar sus medios humanos y materiales. Para impedirlo es necesario: a.- Tratar de no engrosar las filas de la resistencia civil, por medio de una activa propaganda de la acción del Gobierno en beneficio de las clases más desposeídas. Ejemplo: - Cargas familiares. - Entrega de títulos de dominio. - Arreglo poblaciones marginales, etc. b.- Tratar a los prisioneros en la medida del valor que ellos tienen. c.- A ningún prisionero destacado de la U.P. debe tratársele de tal forma que exista la duda de una acción indebida. d.- Debe tratarse de desunir al adversario por medio de la acción de propaganda y a la vez, informando de la calidad moral (homosexuales) de algunos. 10.- Se debe insistir en la necesidad de preparación de especialistas en el Área de Inteligencia y en la elevación de los niveles de destreza de los que ya lo son, y 11.- Para conseguir captar y aglutinar en torno a la gestión de la H. Junta de Gobierno al grueso de la población civil, es necesario dar mayor difusión a sus postulados, creando conciencia nacionalista en el pueblo chileno, contrarrestando con ello la propaganda y/o comentarios antipatrióticos que hacen los partidos políticos hoy en receso o fuera de la ley (marxistas), desde el anonimato y/o clandestinidad. Por su parte, esta Alta Jefatura ha estimado conveniente recordar a los señores Prefectos que ante las contingencias actuales derivadas de las maniobras dolosas de delincuentes que pretenden crear un nuevo caos, deben asumir ponderadamente, pero con firme resolución, el papel que como Jefes Superiores les corresponde en la dirección de las Unidades de su dependencia, así como en mantener las buenas relaciones inter-institucionales, especialmente con las Fuerzas Armadas, y en toda actuación que en cumplimiento de instrucciones de la Jefatura Superior o de la H. Junta Militar de Gobierno participen. Al mismo tiempo, se servirán impulsar y reforzar el sentimiento de la mística institucional entre los Jefes, Oficiales y personal subalterno, con el fin de lograr una mayor cohesión, lo que traerá como lógica consecuencia conservar una moral alta, conseguir unidad de pensamiento y prestación de un mejor servicio policial, desbaratando con ello cualquiera tentativa que elementos disociadores alienten contra los fines y la meta que FF. AA. y Carabineros se han trazado en la conducción de los destinos de nuestra Patria. POR ORDEN REPARTIDA: (Hay timbre y firma) Hasta Prefecturas JULIO DE LA FUENTE DUARTE JDFD/BPM General Inspector, Jefe Departamento Orden y Seguridad fmh.- [[Categoría:DH-C]] [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Leyes de Chile]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] al0cs8et8exzfe801bqwrvexvonj7fj Discusión:Circular N° 6 de la Junta de Gobierno (1974) 1 419178 1665357 2026-06-20T18:31:07Z Janitoalevic 45005 Página creada con «Fuente: [https://blogdehermogenes.blogspot.com/2025/11/pinochet-probado-inocente-7-y-final.html]» 1665357 wikitext text/x-wiki Fuente: [https://blogdehermogenes.blogspot.com/2025/11/pinochet-probado-inocente-7-y-final.html] jphbn1b8ypk9y53zropg3kmxp8sslyv Documento interno de Carabineros de Chile (1974) 0 419179 1665359 2026-06-20T18:35:29Z Janitoalevic 45005 Página creada con «'''Santiago, 9 de julio de 1974''' '''A: Cap. David Lavandero G.''' Cuartel.- Esta Jefatura Superior se ha impuesto a través de la estadística de las cuentas de hechos policiales recibidas diariamente, que los delitos de acción pública están aumentando en forma alarmante, en especial los que afectan a las personas y a la propiedad. El recrudecimiento de estos hechos delictivos no produciría tanta alarma si obedecieran a un período de relajamiento de las nor…» 1665359 wikitext text/x-wiki '''Santiago, 9 de julio de 1974''' '''A: Cap. David Lavandero G.''' Cuartel.- Esta Jefatura Superior se ha impuesto a través de la estadística de las cuentas de hechos policiales recibidas diariamente, que los delitos de acción pública están aumentando en forma alarmante, en especial los que afectan a las personas y a la propiedad. El recrudecimiento de estos hechos delictivos no produciría tanta alarma si obedecieran a un período de relajamiento de las normas que rigen el comportamiento colectivo, pero es inquietante constatar su aumento en circunstancias como las actuales en que se han impuesto en todo el país principios de disciplina, autoridad y control estricto. Lo anterior hace presumir que estos atentados pueden tener vinculación con grupos de terroristas organizados con tendencias políticas extremistas, cuyos propósitos lógicos serían dar a la opinión pública la impresión que las actuales autoridades no han logrado mantener el orden en el país ni la tranquilidad ciudadana. Con el fin de prevenir estos hechos o individualizar a los responsables, esta Jefatura imparte las siguientes instrucciones: Preparar convenientemente al personal que realiza los servicios policiales, en el sentido que proceda profesionalmente, acentuando su acción en la observación, la fiscalización, la investigación y la actuación decidida, de acuerdo a las circunstancias. En el control del tránsito, cuando sea posible, efectúe una revisión en los vehículos e identifique a sus conductores y acompañantes. Al recibir una denuncia o tomar conocimiento de la comisión de un atentado como los descritos, adopte las medidas pertinentes para que Carabineros concurra de inmediato al sitio del suceso, se imponga en el terreno de lo ocurrido y tome nota de los rastros dejados por los hechores. Los jefes de unidades deberán planificar los servicios necesarios orientados a reprimir estos hechos delictuosos, para lo cual se sugiere organizar rondas civiles con personal especialmente seleccionado conforme a sus aptitudes y mantener un intercambio de antecedentes con los servicios de Investigaciones, DINA, SICAR, etc. Téngase presente las disposiciones contenidas en las Circulares Nº 13 del B/O 1284-29487 y Nº 100 del B/O 1307-29944, que se refieren a esta materia. (Hay timbre y firma) JULIO DE LA FUENTE DUARTE General Inspector de Carabineros Jefe Depto. O. y S. REPARTIDO: Hasta Comisarías. IAS.OGC.pvs. [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] n2axxrdaxa95wqw2owvktekat2m6rzv Discusión:Documento interno de Carabineros de Chile (1974) 1 419180 1665360 2026-06-20T18:36:12Z Janitoalevic 45005 Página creada con «Fuente: [https://blogdehermogenes.blogspot.com/2025/11/pinochet-probado-inocente-7-y-final.html]» 1665360 wikitext text/x-wiki Fuente: [https://blogdehermogenes.blogspot.com/2025/11/pinochet-probado-inocente-7-y-final.html] jphbn1b8ypk9y53zropg3kmxp8sslyv Instrucciones de la Dirección General de Carabineros de Chile para controlas y reprimir actividades guerrilleras o subversivas (1974) 0 419181 1665362 2026-06-20T18:39:01Z Janitoalevic 45005 Página creada con «'''RESERVADO''' '''Santiago, 15 de julio de 1974''' '''CIRC. Nº 12.''' '''A: Cap. David Lavandero Guilard''' Cuartel.- Informaciones de Inteligencia dan a saber que el Partido Comunista a nivel mundial decidió actuar en acción indirecta, apoyándose en otros partidos y organizando la subversión desde las tinieblas. En nuestro país, el Partido Comunista, asociado a sus concomitantes, está planificando una violenta campaña subversiva con el propósito de d…» 1665362 wikitext text/x-wiki '''RESERVADO''' '''Santiago, 15 de julio de 1974''' '''CIRC. Nº 12.''' '''A: Cap. David Lavandero Guilard''' Cuartel.- Informaciones de Inteligencia dan a saber que el Partido Comunista a nivel mundial decidió actuar en acción indirecta, apoyándose en otros partidos y organizando la subversión desde las tinieblas. En nuestro país, el Partido Comunista, asociado a sus concomitantes, está planificando una violenta campaña subversiva con el propósito de desprestigiar al Gobierno ante el pueblo, intención en la que emplea los más infames artificios y llama abiertamente a la resistencia mediante el rebrote de frentes de rebelión. Simultáneamente este enemigo consulta atemorizar a la población para crear condiciones favorables a la instalación de células en sectores en que pueden gestar a corto plazo la guerrilla urbana y, además, mantener latente la idea de la vuelta del marxismo a Chile y que existe aún esperanza de una recuperación. Tras la consecución de estos fines, han desarrollado a la fecha los siguientes actos en las poblaciones de la capital: a) Lanzamiento de volantes en Santiago, especialmente en Barrancas, Conchalí y Quinta Normal. b) Realización de asaltos a mano armada, incluyendo asesinatos mediante el empleo de delincuentes comunes, en poblaciones donde vive clase media, con dos finalidades: (1) Obtención de dinero y especies de valor, y (2) Atemorización de la clase media como una medida para evitar la delación o información. c) Realización de robos o acciones de matonaje en las poblaciones marginales y de carácter obrero. d) Lanzamiento de volantes con amenazas injuriosas en barrios o poblaciones que quedan desde el Canal San Carlos hacia el E.; incluyendo llamadas telefónicas anónimas, y e) Amedrentamiento de familias de personal de las Fuerzas Armadas que vive en poblaciones no militares. Fácil es de presumir que acciones similares sean extendidas por los activistas a diferentes lugares del país, como un recurso de la guerra psicológica, acentuando el reparto de panfletos y la proliferación de delitos de toda índole a cargo de extremistas que usan a veces a delincuentes comunes. Todo lo anterior plantea la necesidad de que Carabineros intensifique al máximo sus medidas de prevención y actúe en las poblaciones en la forma más drástica y enérgica contra la delincuencia, redoblando la vigilancia, control y prevención de estas actividades ilícitas. Con este objeto las Prefecturas, en coordinación con los respectivos CAJSI, realizarán demostraciones de fuerza a diferentes horas y en especial durante la noche, fundamentalmente hacia las poblaciones marginales y obreras, sectores en que pretende ocultarse e instalarse la reacción o hacia aquellos en que se tengan conocimiento de su presencia. En los procedimientos policiales que deriven de los servicios indicados, ténganse presentes las instrucciones impartidas por la Jefatura Superior en las Circulares reservadas Subdigcar Nº 1, de 1º.X.973, secreta O.S.3. Nº [vacío en original], de 26.IV.974 y reservada O.S.3. Nº 11, de 9 del actual. Asimismo, deberán consignarse las siguientes normas contenidas en el Decreto Ley Nº 559, de 8 de julio en curso, publicado en el Diario Oficial Nº 28.700 de 12.VII.974, que modifica las leyes Nºs 12.927 sobre Seguridad del Estado, 17.798 sobre Control de Armas y DFL Nº 221 de 1931, sobre Navegación Aérea, norma jurídica dictada para atender el imperativo de prevenir y de sancionar con mayor rigurosidad diversos tipos de delitos que atentan contra la seguridad, el orden y la normalidad de las actividades nacionales y la integridad de las personas. Coméntese en reuniones de Jefes, Oficiales y personal y planifíquense los servicios para estos efectos, conforme a las características y condiciones de cada sector jurisdiccional. POR O. DEL SR. GENERAL DIRECTOR (Hay timbre y firma) JULIO DE LA FUENTE DUARTE General Inspector Jefe Departamento de Orden y Seguridad REPARTIDA: Hasta Comisarías. JDELFD/ovr. [[Categoría:D1974]] [[Categoría:Dictadura militar de Chile]] 1tkvkozbcwpksqchifea4xn2zunwfl9 Índice:Manifiesto del partido comunista 1848 - C. Marx y F. Engels. (Traducido por A. 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Marx y F. 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2026-06-20T19:05:54Z NinoBot 46867 Bot - Creando índices a partir de archivo 1665371 proofread-index text/x-wiki {{:MediaWiki:Proofreadpage_index_template |Fuente=https://bnedigital.bne.es/bd/es/card?id=f765c04a-54a6-468d-a367-bd41baff8b6e&page=1 |Imagen=1 |Progreso=P |Paginas=<pagelist /> |Wikidata=Q140303265 |Modernizacion=default }} fa12fsjjb6wkn8n0d93qx0vcraq3g0p El Capital (1898)/Capítulo V 0 419186 1665385 2026-06-20T23:01:12Z Ignacio Rodríguez 3603 Página creada con «<pages index="El Capital (1898).pdf" include=151-170 tosection=s1 header=1/> ---- {{listaref}}» 1665385 wikitext text/x-wiki <pages index="El Capital (1898).pdf" include=151-170 tosection=s1 header=1/> ---- {{listaref}} fbsb9aljeukyj61sgabnmqmslunca9y Plantilla:Pditto 10 419187 1665406 2026-06-20T23:56:16Z Ignacio Rodríguez 3603 {{ditto}} pero sólo para páginas 1665406 wikitext text/x-wiki {{page other|{{ditto|{{{1}}}|{{{2|"}}}}}|{{{1}}}}}<noinclude>{{documentación}}</noinclude> oqwkc06tbwgx0pr3gqx5ju4jcht5gph Plantilla:Pditto/doc 10 419188 1665407 2026-06-20T23:56:48Z Ignacio Rodríguez 3603 Página creada con «{{Subpágina de documentación}} == Uso == Como {{ep|ditto}}, pero sólo funciona en el espacio Página. <includeonly> <!-- Coloca las categorías de la plantilla a continuación y los interwikis en Wikidata --> [[Categoría:Wikisource:Plantillas de formato de texto]] </includeonly>» 1665407 wikitext text/x-wiki {{Subpágina de documentación}} == Uso == Como {{ep|ditto}}, pero sólo funciona en el espacio Página. <includeonly> <!-- Coloca las categorías de la plantilla a continuación y los interwikis en Wikidata --> [[Categoría:Wikisource:Plantillas de formato de texto]] </includeonly> q43annkhgop7sdumh0r5ettb8lyth22 Las Estaciones: La Primavera 0 419189 1665486 2026-06-21T00:52:08Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: La Primavera]] a [[Las Estaciones/La Primavera]]: Robot: página trasladada 1665486 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/La Primavera]] 070hmwlq6kg62kccp7dl9jqm2pym9t3 Abril: El campo de Daniel 0 419190 1665488 2026-06-21T00:52:09Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Abril: El campo de Daniel]] a [[Las Estaciones/Abril: El campo de Daniel]]: Robot: página trasladada 1665488 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Abril: El campo de Daniel]] 3beds2im5j99nvw9yww8evwcp3b8k42 Mayo: Las flores 0 419191 1665490 2026-06-21T00:52:11Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Mayo: Las flores]] a [[Las Estaciones/Mayo: Las flores]]: Robot: página trasladada 1665490 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Mayo: Las flores]] 0jxcijea65u6evjtlwdxh9pz0ic2bl1 Junio: La noche de San Juan 0 419192 1665492 2026-06-21T00:52:12Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Junio: La noche de San Juan]] a [[Las Estaciones/Junio: La noche de San Juan]]: Robot: página trasladada 1665492 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Junio: La noche de San Juan]] 45eb2pd99ctgqm06bh2kuhnr2w407hr Las Estaciones: El estío 0 419193 1665494 2026-06-21T00:52:13Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: El estío]] a [[Las Estaciones/El estío]]: Robot: página trasladada 1665494 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/El estío]] 7nrzx81prgo29ewws7rt5kr75m96km9 Julio: El sueño del segador 0 419194 1665496 2026-06-21T00:52:14Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Julio: El sueño del segador]] a [[Las Estaciones/Julio: El sueño del segador]]: Robot: página trasladada 1665496 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Julio: El sueño del segador]] fkc1svkwo4fspakj09na9xesqsf2lf8 Agosto: La Procesión 0 419195 1665498 2026-06-21T00:52:15Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Agosto: La Procesión]] a [[Las Estaciones/Agosto: La Procesión]]: Robot: página trasladada 1665498 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Agosto: La Procesión]] h6gkekbw2gaa6ggna8qysj8d59wgq2h Septiembre: La cazadora 0 419196 1665500 2026-06-21T00:52:17Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Septiembre: La cazadora]] a [[Las Estaciones/Septiembre: La cazadora]]: Robot: página trasladada 1665500 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Septiembre: La cazadora]] 7etn1sooqhzrxpnnfe6kgvenep3svz5 Las Estaciones: El otoño 0 419197 1665502 2026-06-21T00:52:18Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: El otoño]] a [[Las Estaciones/El otoño]]: Robot: página trasladada 1665502 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/El otoño]] taaezkmuwc4gu1yqxdu41u9y2e3cptv Octubre: El racimo de uvas 0 419198 1665504 2026-06-21T00:52:19Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Octubre: El racimo de uvas]] a [[Las Estaciones/Octubre: El racimo de uvas]]: Robot: página trasladada 1665504 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Octubre: El racimo de uvas]] qy7isvlbaq5omu6g8b26w6euwvbeakl Noviembre: La siempreviva 0 419199 1665506 2026-06-21T00:52:20Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Noviembre: La siempreviva]] a [[Las Estaciones/Noviembre: La siempreviva]]: Robot: página trasladada 1665506 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Noviembre: La siempreviva]] pk6i7h7xauf99izc62mic8xlgp6as0o Diciembre: Los dos nacimientos 0 419200 1665508 2026-06-21T00:52:22Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Diciembre: Los dos nacimientos]] a [[Las Estaciones/Diciembre: Los dos nacimientos]]: Robot: página trasladada 1665508 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Diciembre: Los dos nacimientos]] 3sbwv8ing2wvjygcr5lefr96ki5sx26 Las Estaciones: El Invierno 0 419201 1665510 2026-06-21T00:52:24Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Las Estaciones: El Invierno]] a [[Las Estaciones/El Invierno]]: Robot: página trasladada 1665510 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/El Invierno]] 03y22ftvpk5nezvcovgwnyz78s6ondm Enero: El día de Reyes 0 419202 1665512 2026-06-21T00:52:25Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Enero: El día de Reyes]] a [[Las Estaciones/Enero: El día de Reyes]]: Robot: página trasladada 1665512 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Enero: El día de Reyes]] aihea789bkav926hjov2vf9mtvtkznm Febrero: El baile de niños 0 419203 1665514 2026-06-21T00:52:26Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Febrero: El baile de niños]] a [[Las Estaciones/Febrero: El baile de niños]]: Robot: página trasladada 1665514 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Febrero: El baile de niños]] o6dj835c3b834ubp8rvy7xf4e1wxyop Marzo: Ángel 0 419204 1665516 2026-06-21T00:52:27Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Marzo: Ángel]] a [[Las Estaciones/Marzo: Ángel]]: Robot: página trasladada 1665516 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Las Estaciones/Marzo: Ángel]] ndybfh87esk5t3d129cb9qjju5yy4ck Zaratustra 1:Discurso previo de Zaratustra 0 419205 1665599 2026-06-21T01:17:37Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 1:Discurso previo de Zaratustra]] a [[Así habló Zaratustra/1: Discurso previo de Zaratustra]]: a subpáginas 1665599 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Así habló Zaratustra/1: Discurso previo de Zaratustra]] m8auykj0vf4uu2x60dzqo0i76oyacvb Zaratustra 2:De las tres transformaciones 0 419206 1665601 2026-06-21T01:17:57Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 2:De las tres transformaciones]] a [[Así habló Zaratustra/2: De las tres transformaciones]]: a subpáginas 1665601 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Así habló Zaratustra/2: De las tres transformaciones]] 3dngejgti41gl36npe5g4f9ze9ebvj9 Zaratustra 4:De los trasmundanos 0 419207 1665603 2026-06-21T01:18:06Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 4:De los trasmundanos]] a [[Así habló Zaratustra/4: De los trasmundanos]]: a subpáginas 1665603 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Así habló Zaratustra/4: De los trasmundanos]] g0sboz8qq9k6a2fy8lkssqbkn1h06zw Zaratustra 5:De los despreciadores del cuerpo 0 419208 1665605 2026-06-21T01:18:27Z Ignacio Rodríguez 3603 Ignacio Rodríguez trasladó la página [[Zaratustra 5:De los despreciadores del cuerpo]] a [[Así habló Zaratustra/5: De los despreciadores del cuerpo]]: a subpáginas 1665605 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Así habló Zaratustra/5: De los despreciadores del cuerpo]] llac9q62q3nv61blayfeyz8w7xchvzv El primer nueva corónica y buen gobierno 0 419209 1665612 2026-06-21T01:21:26Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El primer nueva corónica y buen gobierno]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El primer nueva corónica y buen gobierno]]: Robot: página trasladada 1665612 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El primer nueva corónica y buen gobierno]] 79rvpvtpouesp7k7y0ej0wvyeabj7ne Cómo Dios ordenó la dicha historia 0 419210 1665614 2026-06-21T01:21:28Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Cómo Dios ordenó la dicha historia]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/Cómo Dios ordenó la dicha historia]]: Robot: página trasladada 1665614 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/Cómo Dios ordenó la dicha historia]] g1godewd0q7s8j45i2wocavuwtjozzb El capítulo de las edades del mundo 0 419211 1665616 2026-06-21T01:21:28Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las edades del mundo]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades del mundo]]: Robot: página trasladada 1665616 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades del mundo]] blhyyz84k0dlkbing130terhjpsqe8h El capítulo de los papas y su reinado 0 419212 1665618 2026-06-21T01:21:30Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los papas y su reinado]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los papas y su reinado]]: Robot: página trasladada 1665618 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los papas y su reinado]] 7sgazimviaqxlxr2gcaghhvrcgnes2l El capítulo de las edades de los indios 0 419213 1665620 2026-06-21T01:21:31Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las edades de los indios]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades de los indios]]: Robot: página trasladada 1665620 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las edades de los indios]] 89zvmgm7i81p18jbxzvds86pdig5xhl El capítulo de los Yngas 0 419214 1665622 2026-06-21T01:21:32Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los Yngas]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los Yngas]]: Robot: página trasladada 1665622 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los Yngas]] 4x98whd5mez6ti1anv9xkpt5vbwt67r El capítulo de las reinas, o quya 0 419215 1665624 2026-06-21T01:21:33Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las reinas, o quya]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las reinas, o quya]]: Robot: página trasladada 1665624 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las reinas, o quya]] hc2663yahx6d9w1qpkva25eypq8foxj El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras 0 419216 1665626 2026-06-21T01:21:34Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras]]: Robot: página trasladada 1665626 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los capitanes del Ynga y de sus grandes señoras]] aqr1v1g4g93s36ht4g75tq7nmgp9gdj El capítulo de las ordenanzas del Ynga 0 419217 1665628 2026-06-21T01:21:35Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las ordenanzas del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las ordenanzas del Ynga]]: Robot: página trasladada 1665628 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las ordenanzas del Ynga]] aw50zsmd8b0x29wa6fa1kgounf9xla7 El capítulo de la visita general, o censo 0 419218 1665630 2026-06-21T01:21:36Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de la visita general, o censo]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la visita general, o censo]]: Robot: página trasladada 1665630 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la visita general, o censo]] g3yhuz5p3rx21qvzt0zr07b0a33d0s6 El capítulo de los meses del año 0 419219 1665632 2026-06-21T01:21:37Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los meses del año]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los meses del año]]: Robot: página trasladada 1665632 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los meses del año]] sptuq3ae5a0lbq6gt803gpqg6890ole El capítulo de los ídolos 0 419220 1665634 2026-06-21T01:21:39Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los ídolos]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los ídolos]]: Robot: página trasladada 1665634 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los ídolos]] oouvw19pb39pntsgte7t187rjd72b20 El capítulo de entierros 0 419221 1665636 2026-06-21T01:21:40Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de entierros]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de entierros]]: Robot: página trasladada 1665636 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de entierros]] 9xbj0s4i7vwcnm7u013plh6l261dixv El capítulo de las vírgenes escogidas 0 419222 1665638 2026-06-21T01:21:41Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las vírgenes escogidas]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las vírgenes escogidas]]: Robot: página trasladada 1665638 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las vírgenes escogidas]] cifjvk1tsgbbdabrf4lhokeqp0a2cuv El capítulo de la justicia del Ynga 0 419223 1665640 2026-06-21T01:21:42Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de la justicia del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la justicia del Ynga]]: Robot: página trasladada 1665640 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la justicia del Ynga]] aad3o3uplie09t3p6jfhp9l6wvmk537 El capítulo de las fiestas 0 419224 1665642 2026-06-21T01:21:43Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de las fiestas]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las fiestas]]: Robot: página trasladada 1665642 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de las fiestas]] 3vi28776lzhf9s4ammy1mt89kx8rf2v El capítulo de los bienes del Ynga 0 419225 1665644 2026-06-21T01:21:44Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de los bienes del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los bienes del Ynga]]: Robot: página trasladada 1665644 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de los bienes del Ynga]] f4ittekgk33g4y5on74m6ynwuamo3sw El capítulo del gobierno del Ynga 0 419226 1665646 2026-06-21T01:21:46Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo del gobierno del Ynga]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del gobierno del Ynga]]: Robot: página trasladada 1665646 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del gobierno del Ynga]] re7h7sb6zne6p1jlitxxg64xg2ndat0 El capítulo de la conquista española y las guerras civiles 0 419227 1665648 2026-06-21T01:21:47Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo de la conquista española y las guerras civiles]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la conquista española y las guerras civiles]]: Robot: página trasladada 1665648 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo de la conquista española y las guerras civiles]] bi16mxu48uml1irgggkannkc8gl3o2x El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey 0 419228 1665650 2026-06-21T01:21:48Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey]]: Robot: página trasladada 1665650 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del dialógo de Guaman Poma con el rey]] 0146le1mv2xd97b2s24s3mpia6eokc4 El capítulo del viaje del autor a Lima 0 419229 1665653 2026-06-21T01:21:49Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[El capítulo del viaje del autor a Lima]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del viaje del autor a Lima]]: Robot: página trasladada 1665653 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/El capítulo del viaje del autor a Lima]] rap4yyifysac6wen2t6zq34oh9esvcq Fin de la Nueva corónica y buen gobierno 0 419230 1665655 2026-06-21T01:21:50Z NinoBot 46867 NinoBot trasladó la página [[Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]] a [[Nueva corónica y buen gobierno/Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]]: Robot: página trasladada 1665655 wikitext text/x-wiki #REDIRECCIÓN [[Nueva corónica y buen gobierno/Fin de la Nueva corónica y buen gobierno]] c7va7042bb9epl0ir2fqeaaxlnm97aj