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Autor:Emilio Castelar
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1671114
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Repub73
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{{Biocitas
|Texto='''Emilio Castelar y Ripoll'''<br /> (7 de [[septiembre]] de 1832 - 25 de [[mayo]] de 1899) <br> Político, historiador y escritor republicano español.<br>Presidente de la Primera República española.}}
== Obras ==
=== Libros ===
* ''Don Alfonso el Sabio, rey de Castilla. Novela histórica original'' por [[Emilio Castelar]] y [[Francisco de Paula Canalejas]] (1853) — Madrid: Edición Popular.
* ''Ernesto'' (1855) — Madrid: Imprenta de Gaspar y Roig.
* ''[[La hermana de la Caridad|Leyendas populares. La hermana de la Caridad]]'' (1857) — Madrid: Imprenta de Marín y Laviña.
* Ideas democráticas. La Fórmula del progreso (1858)
* ''Cuestiones políticas y sociales'' (1870) — Madrid: A. de San Martín y A. Jubera.
* Recuerdos de Italia (1872)
* ''[[Índice:Vida de Lord Byron.pdf|Vida de Lord Byron]]'' — La Habana: La Propaganda literaria (1873) {{at|Vida de Lord Byron.pdf}}
* ''Historia de un corazón'' (1874) — Madrid: Leocadio López.
* Un año en París (1875)
* La Civilización en los cinco primeros siglos del Cristianismo (1876)
* ''[[Ricardo]]'' (1877) — Madrid: Leocadio López.
* ''El ocaso de la libertad. Obra literaria e histórica'' (1877) — Madrid: Imp. y Librería de Miguel Guijarro.
* ''Fra Filippo Lippi: novela histórica'' (1877) — Barcelona: Emilio Oliver y Compañía.
* ''[[Recuerdos de Elda o Las fiestas de mi pueblo]]'' (1879)
* Europa en el último trienio; historia contemporánea (1883)
* [[Retratos históricos (1884), Castelar|''Retratos históricos'']] — Madrid: Oficinas de ''La Ilustración española y americana'' (1884). {{at|Retratos históricos - IA retratoshistric01castgoog.djvu}}
* [[Historia del año 1883]] (1884)
* Historia del año 1884 (1884)
* Tragedias de la Historia (1884)
* El suspiro del moro. Leyendas tradiciones, historias referentes a la conquista de Granada (1885)
* Historia del descubrimiento de América (1892) Imprenta de [[Portal:Imprenta de Rivadeneyra|Manuel Rivadeneyra]], {{at|Historia del descubrimiento de América (IA descubrimiento00castrich).pdf}}
* Historia del descubrimiento de América (1893) Imprenta de [[Portal:La Americana|La Americana]], {{at|Historia del descubrimiento de América (IA historiadeldescucast).pdf}}
* Crónica Internacional (1898)
=== Discursos ===
* ''[[Discurso en las Cortes españolas del 12 de abril de 1869. Defensa de la libertad de cultos|Defensa de la libertad de cultos]]'' — Discurso en las Cortes españolas (12 de abril de 1869).
* ''[[Abolición de la esclavitud|Defensa de la enmienda al proyecto de abolición de la esclavitud]]'' — Discurso en las Cortes españolas (20 de junio de 1870)
* ''Discurso sobre la Internacional'' — Discurso en las Cortes españolas (19 de octubre de 1871)
* ''[[Sobre la proclamación de la República - Discursos de Emilio Castelar (11-02-1873)|Sobre la proclamación de la República]]'' — Discursos en las Cortes españolas (11 de febrero de 1873).
* ''Defensa de la abolición de la esclavitud'' — Discurso en las Cortes españolas (21 de marzo de 1873).
* Discurso (2 de enero de 1874)
* Discurso de Alcira (2 de octubre de 1880)
=== Artículos ===
* Helena considerada como símbolo del arte clásico (1854) — Publicado en la ''Revista española de ambos mundos''.
* «El techo del Paraninfo de la Universidad» — Publicado en el periódico ''La América'' (8 de abril de 1859).
*«[[El Rasgo...]]» — Publicado en el periódico ''La Democracia'' (25 de febrero de 1865).
*«[[Correspondencia a la nación alemana (18-01-1870). Artículo de Emilio Castelar|Correspondencia a la nación alemana.]]» — Publicado en el periódico ''La Igualdad'' (18 de enero de 1870). Originalmente en el periódico vienés ''Neue Freie Presse''.
=== Prólogos ===
* «[[Follas novas/Prólogo|Prólogo]]» en ''Follas novas'' (1880) de [[Autor:Rosalía de Castro|Rosalía de Castro]].
=== Biografías sobre el autor ===
* «[[Manual de Biografía: Emilio Castelar|Biografía de Emilio Castelar]]» por [[Autor:Manuel Ovilo y Otero|Manuel Ovilo y Otero]] en el libro ''[[Manual de Biografía y de bibliografía de los escritores españoles del siglo XIX - Tomo I]]'' (1859).
* «[[Memorias Íntimas - Emilio Castelar|Emilio Castelar]]» por [[Eusebio Blasco]] en el libro ''Memorias Íntimas'' (1904).
[[Categoría:Republicanismo histórico español]]
[[Categoría:Republicanismo]]
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Ayuda:Imágenes
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2026-08-19T18:58:18Z
Ignacio Rodríguez
3603
/* Véase también */
1671722
wikitext
text/x-wiki
{{Wikisource encabe
|titulo=Imágenes
}}{{ayuda edición}}
En esta página se explican algunos trucos para trabajar con imágenes en Wikisource.
== Introducción ==
Al subir un texto a Wikisource es interesante replicar las imágenes que contiene el original.
Las imágenes han de estar en dominio público o tener una licencia compatible con la que sea vigente en Commons. Véase la página [[Ayuda:Cómo_empezar_una_página#.C2.BFC.C3.B3mo_subir_el_fichero_a_Commons.3F|"¿Cómo subir un fichero a Commons?"]] para más detalles.
== Tipos de archivos ==
Si se utiliza el sistema de [[Ayuda:Índices|índices]], los archivos que se pueden utilizar son dos:
*[[w:DjVu|DjVu]]: véase [[Ayuda:Gestión de ficheros DjVu]] para más información.
*[[w:PDF|PDF]].
Los archivos utilizados para ilustrar los textos pueden ser alguno de los permitidos en Commons, como por ejemplo [[w:Joint Photographic Experts Group|JPG]], [[w:Portable Network Graphics|PNG]], [[w:TIFF|TIFF]], etc..
No se recomienda tomar las imágenes de los archivos DjVu porque están comprimidas y se pierde calidad. Se recomienda por lo tanto usar una fuente de mejor calidad de donde obtener las imágenes tales como JPG/PNG/TIFF escaneados del texto.
Si el DjVu o PDF se encuentra en archive.org o Google Books o cualquier otra web similar, resulta interesante extraer la imagen desde la propia web (de mayor calidad) en lugar de partir del archivo DjVu o PDF (la imagen será de menor calidad).
A continuación se muestra un ejemplo con dos imágenes de distinta calidad:
{|style="text-align:center; margin: 1em auto 1em auto"
|[[Archivo:Crainquebille, Putois, Riquet - Illuminated Initial - W (from DJVU).png|frameless|upright=.5]]
|[[Archivo:Crainquebille, Putois, Riquet - Illuminated Initial - W.png|frameless|upright=.5]]
|-
|{{menor|''Del archivo DjVu''}}
|{{menor|''Del archivo PDF''}}
|}
==Aislar la imagen==
[[Archivo:Video tutorial for editing old images.ogv|thumb|Vídeo tutorial (en inglés) sobre edición de imágenes antiguas]]
A veces puede ser conveniente o necesario recortar o girar una imagen o realizar blanqueados o limpiezas antes de colocarla en su ubicación definitiva. Esto normalmente incluye:
#Obtener una imagen de alta calidad. Abrirlo en un editor de imágenes.
#Recortar la imagen para eliminar el texto, incluyendo el título y cualquier espacio en blanco.
#Girar a la izquierda o derecha la ilustración según sea necesario. Un ajuste más fino también puede mejorar la imagen.
#Se debe ser especialmente cuidadosos con aquellas ilustraciones con fondo blanco o transparente que coincida con una parte ocupada por texto.
Más detalles y ejemplos a continuación:
===Recorte===
La mayoría de las imágenes que aparecen en la impresión tendrán un espacio vacío que las rodea. Debe ser retirado recortando la imágen por el borde exterior. Puede ser realizado con muchos programas de edición de imágenes, como por ejemplo el programa gratuito [[w:GIMP|GIMP]].
{|align=center
|[[Archivo:Música en verso.djvu|page=9|frameless|upright=.7]]
||{{brecha}}[[Archivo:Arrow right.svg|frameless|upright=.2]]{{brecha}}
||[[Archivo:Música en verso pg 9.jpg|frameless|upright=.5]]
|}
===Rotación===
Las imágenes que aparecen en horizontal deben ser rotadas. Esto también se puede hacer con una gran variedad de programas de edición de imágenes.
{|align=center
|[[Archivo:El Japón.djvu|page=25|frameless|upright=.6]]
||{{brecha}}[[Archivo:Arrow right.svg|frameless|upright=.2]]{{brecha}}
||[[Archivo:El Japón pg 25.jpg|frameless|upright=.7]]
|}
===Blanqueo===
Muchos libros antiguos tienen las páginas blancas envejecidas y los escáneres capturan el envejecimiento de la página en forma de bronceado o de color amarillento. Para eliminar el efecto de envejecimiento existe una gran variedad de programas de edición de imágenes que nos pueden resultar útiles.
{|align=center
|[[Archivo:Diccionario Geográfico de la República de Chile (1899).djvu|page=6|frameless|upright=.6]]
||{{brecha}}[[Archivo:Arrow right.svg|frameless|upright=.2]]{{brecha}}
||[[Archivo:Francisco Solano Asta-Buruaga y Cienfuegos.jpg|frameless|upright=.35]]
|}
Se debe tener cuidado en el blanqueo para no suprimir o atenuar en exceso alguna parte de la imagen. Las áreas más claras se volverán blancas si no se es cuidadoso.
===Limpieza===
Otros problemas que pueden presentar algunas imágenes son escrituras, manchas y otros artefactos que no aparecen en la impresión original. Si aparecen alrededor de la imagen puede resultar sencillo eliminarlos. Pero si aparecen dentro de la imagen se debe tener cuidado de no quitar o perder partes de ésta, y lo mejor es dejarlos en lugar de sacrificar su integridad. También hay que tener en cuenta que las imágenes que aparecen en los textos antiguos pueden ser atenuadas. Manipular y modificar el esquema de color para iluminarlas puede ser una solución, pero no debe ser exagerado. Si no se tiene cuidado, estos cambios pueden crear diferencias significativas respecto del original. De acuerdo a la imagen sobre la que trabajemos se recomienda hacer ajustes, siempre con prudencia, en parámetros como iluminar u oscurecer, saturar o redefinir el esquema de color.
==Sobre imágenes==
Puede resultar útil emplear el parámetro "frameless" para asegurar que las imágenes sean visualizadas en tantos dispositivos como sea posible, especialmente las más grandes. El parámetro "upright" es una función de "frameless", y es un valor numérico que controla el ancho en relación con el valor por defecto "frameless" . "Frameless" en sí mismo es equivalente a "upright=1", siendo igual al ancho de la página vertical. Por lo tanto, si deseamos insertar una imagen que es la mitad del ancho de página vertical, emplearíamos "frameless|upright=.5". Se sugiere que el tamaño de la imagen no supere los 400 píxeles de ancho,<ref>{{libro|url=https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Wikipedia:Picture_tutorial&oldid=441466068|título=Wikipedia:Picture tutorial|idioma=inglés|cita=larger images should generally be a maximum of 500 pixels tall and 400 pixels wide, so that they can comfortably be displayed on the smallest displays in common use.}}</ref> por lo que es importante no establecer el valor de "upright" más grande que 1.8
Los usuarios también pueden personalizar los tamaños de imagen en "[[Especial:Preferencias|Mis preferencias]]".
===Parámetros===
Para incluir una imagen, primero debe ser cargada en [[:c:Commons:Upload/es|Wikimedia Commons]]. Los parámetros son:
#El nombre del archivo
::Archivo:Ejemplo.jpg
#Porcentaje del ancho de página horizontal
::Sin seleccionar un tamaño de imagen con "upright", "frameless" será por defecto el ancho de miniatura.
#Colocación de la imagen (izquierda, derecha, centro)
::Sin seleccionar una orientación de la imagen, será por defecto a la izquierda.
===Ejemplos===
{| border="1" cellpadding="5" cellspacing="0" align="center"
|-
|{{c|{{x-grande|Página escaneada}}}}
|{{c|{{x-grande|Código (sólo la imagen)}}}}
|{{c|{{x-grande|Salida (sólo la imagen)}}}}
|-
|[[Archivo:Canciones Surianas.djvu|page=6|frameless]]
|<code><nowiki>[[Archivo:Canciones Surianas pg 6.jpg|frameless|center]]</nowiki></code>
|[[Archivo:Canciones Surianas pg 6.jpg|frameless|center]]
|-
|[[Archivo:Don Sancho Garcia conde de Castilla.djvu|page=1|frameless]]
|<code><nowiki>[[Archivo:Don Sancho Garcia conde de Castilla pg 1.jpg|frameless|upright=.33|center]]</nowiki></code>
|[[Archivo:Don Sancho Garcia conde de Castilla pg 1.jpg|frameless|upright=.33|center]]
|-
|[[Archivo:El niño de nieve.djvu|page=15|frameless]]
|<code><nowiki>[[Archivo:El niño de nieve pg 15b.jpg|frameless|upright=.2|center]]</nowiki></code>
|[[Archivo:El niño de nieve pg 15b.jpg|frameless|upright=.2|center]]
|-
|[[Archivo:El Japón.djvu|page=96|frameless]]
|<code><nowiki>[[Archivo:El pabellón de las mil campanitas.jpg|frameless|upright=1.5|center]]</nowiki></code>
|[[Archivo:El pabellón de las mil campanitas.jpg|frameless|upright=1.5|center]]
|}
===Inclusión===
Las imágenes que se incluyan centradas pueden dar la sensación de interrumpir el texto.
Ejemplo:
{{bloque centro|[[Archivo:Pedagogía Tolteca example.jpg|frameless|upright=1.8|center|border]] Gran espacio en blanco a ambos lados y sensación de interrupción del texto.}}
[[Archivo:Arrow down.svg|frameless|upright=.05|center]]
{{bloque centro|[[Archivo:Pedagogía Tolteca example 2.jpg|frameless|upright=1.8|center|border]] Ahora la imagen aparece a la derecha, por lo que no aparece el espacio en blanco y el texto no muestra interrupción.}}
==Avanzado==
Contamos con plantillas para el formateo completo de una imagen y su leyenda, que se encargan además del flujo de texto en forma apropiada. La más completa es {{ep|img float}}, que permite "flotar" la imagen y hacer que el texto fluya a su alrededor, incluso en imágenes centradas. Esto es útil si se quiere evitar incluir un salto de párrafo donde no existe en el texto original.
<pre><nowiki>
{{Img float
| archivo = The Kinematics of Machinery Fig 1.png
| ancho = 250px
| alinear = right
| leyenda = Fig. 1.
}}
</nowiki></pre>
<div class="prose">
{{Img float
| archivo = The Kinematics of Machinery Fig 1.png
| ancho = 250px
| alinear = right
| leyenda = Fig. 1.
}}
{{lorem ipsum}}
</div>
==Véase también==
*{{ep|Imagen}}
*{{ep|Página imagen}}
*[[:Categoría:Falta imagen en página]] (páginas con imágenes pendientes de extraer)
*[[Wikisource:Cómo se edita una página]]
==Referencia==
{{Listaref}}
[[Categoría:Wikisource:Ayuda]]
[[Categoría:Archivos]]
[[en:Help:Adding images]]
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Discusión:Poemas humanos
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Ignacio Rodríguez
3603
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Ignacio Rodríguez
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== ''The Signpost'': 10 March 2026 ==
<div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div>
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* Interview: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Interview|Bernadette Meehan, new Wikimedia Foundation CEO]]
* News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/News and notes|Security testing unleashes computer worm on Meta-wiki]]
* Special report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Special report|What actually happened during the Wikimedia security incident?]]
* In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/In the media|Indonesian government blocks Wikimedia logins; archive site scoured from Wikipedia after owner runs malware]]
* Recent research: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Recent research|To wiki, perchance to groki]]
* Obituary: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Obituary|Madhav Gadgil, Fredrick Brennan, Mark Miller, Chip Berlet]]
* Opinion: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Opinion|Interface administrators and trusting trust]]
* Technology report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Technology report|English Wikipedia deprecates archive.today after DDoS against blog, altered content]]
* Op-ed: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Op-ed|Why is "Trypsin-sensitive photosynthetic activities in chloroplast membranes" cited in "List of tallest buildings in Chicago"?]]
* Essay: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Essay|The pursuit of a button click]]
* In focus: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/In focus|Short descriptions: One year later]]
* WikiProject report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/WikiProject report|Unreferenced articles backlog drive]]
* Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Community view|Speaking of planning ...]]
* Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Traffic report|Over the mountain, kissing silver inlaid clouds]]
* Crossword: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Crossword|"It will never happen"]]
* Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-10/Comix|BRIEn't]]
</div>
<div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 04:15 10 mar 2026 (UTC)
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== ''The Signpost'': 31 March 2026 ==
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<div style="column-count:2;">
* News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/News and notes|Entirety of Wikinews to be shut down]]
* In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/In the media|AI ban, newspapers disrupt archiving; and antisemitism complaints]]
* Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Community view|Videos from WikiConference North America 2025 in NYC]]
* Disinformation report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Disinformation report|Cleaning up after Jeffrey Epstein, Peter Nygard, and Mohamed Al-Fayed]]
* WikiConference report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/WikiConference report|WikiConference North America 2025 in NYC review]]
* Obituary: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Obituary|Dr. Subas Chandra Rout]]
* Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Traffic report|Call in the dogs of war, soldier of fortune]]
* Gallery: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Gallery|Canadian Rangers participate in Operation ''Enduring Encyclopedia'']]
* Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-03-31/Comix|n00bsitting]]
</div>
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== ''The Signpost'': 21 April 2026 ==
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* News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/News and notes|Six Serbian Wikipedia editors banned following controversy about political bias]]
* In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/In the media|Could Wikipedia be involved in Massachusetts' proposed social media ban for minors?]]
* Gallery: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/Gallery|March equinox]]
* Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/Traffic report|Time to change my galaxy in case, we outta space!]]
* Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-04-21/Comix|Of skirts and articles]]
</div>
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== Transcripción de novela sin capítulos ==
Saludos Ignacio, acabé te transcribir 'El loco amor' de [[Autor:Ramón María Tenreiro]], pero al no tener capítulos, no sé de que forma se deben agrupar las hojas. Si me puedes colaborar con algún ejemplo para poder hacerlo o si lo puedes publicar, te lo agradezco. Gracias [[Usuario:Elultimolicantropo|Elultimolicantropo]] ([[Usuario discusión:Elultimolicantropo|discusión]]) 15:28 23 abr 2026 (UTC)
:@[[Usuario:Elultimolicantropo|Elultimolicantropo]]: Puedes publicarlo todo en una misma página, desde la portada a la última página, no hay problema. Si quieres subdividirlo de alguna manera, podría ser usando los {{ep|separador}}es que veo que usa esta novela como capítulos, y nombrarlos simplemente /1, /2, /3, ... Así es más fácil de leer. [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 18:09 23 abr 2026 (UTC)
== You may be an eligible candidate for the U4C election ==
<div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr">
Greetings,
The [[m:Special:MyLanguage/Universal_Code_of_Conduct/Coordinating_Committee|Universal Code of Conduct Coordinating Committee (U4C)]] seeks candidates for the 2026 election. The U4C is the global committee responsible for overseeing enforcement of the [[foundation:Special:MyLanguage/Policy:Universal Code of Conduct|Universal Code of Conduct]]. Elections are held annually, if elected a committee member serves for two years.
This year the U4C requires candidates to hold administrator rights on at least one wiki, which is why you are being contacted as you appear to hold this right. There are other requirements, such as candidates must be at least 18 years old and may not be employed by the Wikimedia Foundation or other related chapters and affiliates. You can find more information in the [[m:Special:MyLanguage/Universal_Code_of_Conduct/Coordinating_Committee/Election/2026#Call_for_Candidates|call for candidates on Meta-wiki]]. Additionally, the committee's working language is English; some ability to communicate in English is required.
The election opens on 18 May, if you are eligible and interested you have until 10 May to submit your candidacy. There will week between for candidates to answer questions from the community. Voting takes place privately in [[m:Special:MyLanguage/SecurePoll|SecurePoll]], successful candidates must receive at least 60% support. More information is available on [[m:Special:MyLanguage/Universal_Code_of_Conduct/Coordinating_Committee/Election/2026|the 2026 Elections page]], including timelines and other candidacy information. If you read over the material and consider yourself qualified, please consider submitting your name to run for the committee. If you think someone else in your community might be interested and qualified, please encourage them to run.
In partnership with the U4C -- [[m:User:Keegan (WMF)|Keegan (WMF)]] ([[m:User_talk:Keegan (WMF)|talk]]) 18:32 28 abr 2026 (UTC) </div>
<!-- Mensaje enviado por Usuario:Keegan (WMF)@metawiki mediante la lista en https://meta.wikimedia.org/w/index.php?title=User:Keegan_(WMF)/test&oldid=30471751 -->
== ''The Signpost'': 22 May 2026 ==
<div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div>
<div style="column-count:2;">
* News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/News and notes|Offline: Osama Khalid still in prison]]
* In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/In the media|Indonesian editors, you shall return!]]
* Disinformation report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Disinformation report|Who is a typical paid editor? Who are their typical clients?]]
* Recent research: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Recent research|WikiLambda the Ultimate]]
* Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Traffic report|This is where I'll be, so heavenly, so come and dance with me Michael!]]
* Forum: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Forum|WikiAnnotate: help us build a dataset of article quality evaluations]]
* In focus: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/In focus|Demystifying the 2026-27 Annual Plan]]
* Opinion: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Opinion|Wikipedia isn't a battleground. So why does it feel like one?]]
* Serendipity: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Serendipity|Wikinews: Into the Wikiverse]]
* Special report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Special report|Wikimedia Foundation closes Wikinews after 21 years]]
* Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Community view|Wikipedia's traffic drop: more on languages and freshness]]
* Gallery: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Gallery|Earth Day and Mother's Day]]
* Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-05-22/Comix|Brother, can you spare a page?]]
</div>
<div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 05:19 22 may 2026 (UTC)
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== ''The Signpost'': 21 June 2026 ==
<div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div>
<div style="column-count:2;">
* From the editors: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/From the editors|Ways for beginners to support ''The Signpost'' community journalism]]
* News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/News and notes|Community Tech development team disbanded]]
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* Recent research: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Recent research|Proposed tagging system for AI involvement; successful and unsuccessful AI tools for contributors]]
* In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/In the media|Who won a 14th century battle and who won the 2026 Iran war?]]
* Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Community view|Putting the Wish into the Wishlist]]
* In focus: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/In focus|A global standard for Neutral Point of View]]
* On the bright side: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/On the bright side|Flowers, blue helmets, reefs, pride, and Juneteenth]]
* Op-ed: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Op-ed|Breathe, Don’t Panic, there is a different story about Wikimedia + AI futures]]
* Opinion: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Opinion|Wikimedia Foundation staff develop union and Wikimedia user community reacts]]
* Technology report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Technology report|Community Tech team is disbanded, controversy erupts]]
* Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Traffic report|'Cause this is thriller, thriller night]]
* WikiConference report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/WikiConference report|Report of Volunteer Supporters Network Annual Meeting 2026]]
* Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Comix|Take your turn]]
* Humour: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-06-21/Humour|Group of banned T-shirt makers comes out of hiding to sell new Wikipedia-themed merchandise]]
</div>
<div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 03:21 21 jun 2026 (UTC)
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== ''The Signpost'': 13 July 2026 ==
<div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div>
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* News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/News and notes|An exclusive club]]
* In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/In the media|Battle for a soul - who won?]]
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* Recent research: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/Recent research|LLMs and NPOV, 20 years of user blocks, Esperanto and Volapük Wikipedias]]
* News from Diff: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/News from Diff|How to host Wikicurious in your own community]]
* Community view: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/Community view|CUNY Newmark Wikimedian-in-Residence Quarterly Brief – April to June 2026]]
* Special report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/Special report|Wikipedia escapes Category 1 designation under the UK Online Safety Act - for now]]
* On the bright side: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/On the bright side|Fatherhood, weather, and diplomacy]]
* Op-ed: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/Op-ed|A Layup Easy Proposal for Wikimedia at 25: Spend 25% of Donations on the Community]]
* Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/Traffic report|The grass was greener, the light was brighter]]
* Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-07-13/Comix|schnozzed]]
</div>
<div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 07:27 13 jul 2026 (UTC)
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== Wikilibros y el sistema de calidad de textos de Wikisource ==
Buenas @[[Usuario:Ignacio Rodríguez|Ignacio Rodríguez]] he notado los cambios que has realizado en la [[Wikisource:Calidad de textos|política de calidad de textos de Wikisource]], estos cambios que has realizado me parecen muy adecuados, y me gustaría pedirte ayuda porque me gustaría implementar algo similar en Wikilibros.
En Wikilibros usamos un sistema idéntico al que teníais en Wikisource hasta que lo cambiases literalmente ayer, donde la «calidad» de los libros se mide en porcentajes (25%, 50%, 75%, 100%). En Wikilibros esta clasificación es aún más confusa si cabe, porque los libros en Wikilibros, al igual que las páginas en Wikipedia, nunca están «terminados» la idea es que los wikilibros sean actualizados y mejorados para siempre, estos no alcanzan una «forma final». Debido a esto, el sistema de porcentajes resulta muy poco útil.
Entiendo la necesidad de un sistema para poder distinguir el contenido «bueno» o «completo» del que se encuentra en peor estado. Por ello estoy trabajando en un sistema para medir la calidad de los libros y páginas de Wikilibros parcialmente inspirado en el que has creado para Wikisource.
Creo que estamos en una situación similar, pues ambos trabajamos mucho en una wiki con pocos usuarios (tú en Wikisource y yo en Wikilibros) y creo que podríamos beneficiarnos de trabajar juntos, por mi parte, quedo a tu disposición si alguna vez necesitas ayuda o segundas opiniones. Y por mi parte, te agradecería mucho si pudieses leer [[b:Antimundo/Taller/Propuesta de sistema de medición de calidad|mi propuesta para añadir un sistema de medición de calidad en Wikilibros]].
Si quieres leer más sobre mí o sobre Wikilibros, te invito también a leer [[b:Usuario:Antimundo/Taller/El estado actual de Wikilibros|el texto que escribí analizando el estado actual de Wikilibros]].
Si me respondes aquí o en Wikilibros o en donde sea, por favor, ''@Mencióname'' para que me salte una notificación de tu respuesta, ¡gracias! [[Usuario:Antimundo|Antimundo]] ([[Usuario discusión:Antimundo|discusión]]) 19:09 20 jul 2026 (UTC)
== Enlace de título a Wikidata ==
Hola, [[Usuario:Ignacio Rodríguez|Ignacio Rodríguez]]. Veo que [https://es.wikisource.org/wiki/%C3%8Dndice:Observaciones_sobre_la_historia_natural,_geografia,_agricultura,_poblaciones_y_frutos_del_Reyno_de_Valencia_-_bdh0000129705_-_Volumen_1.pdf el título ''Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, poblacion y frutos del reyno de Valencia''] no se recoge [https://www.wikidata.org/wiki/Q51512791 desde Wikidata]. No doy solucionado el tema. ¿Sabrías cómo poder enlazarlo desde allí, conservando la ortografía original del título? De siempre fue para mí una cosa frustrante editar en Wikidata. Un saludo, Ignacio. Sigo centrado en la obra literaria (robando algo de tiempo para Wikipedia, si puedo) --[[Usuario:Paso del lobo|Paso del lobo]] ([[Usuario discusión:Paso del lobo|discusión]]) 20:43 1 ago 2026 (UTC)
:Adicionalmente, no comprendo por qué los dos índices de esta obra ([[Índice:Observaciones sobre la historia natural, geografia, agricultura, poblaciones y frutos del Reyno de Valencia - bdh0000129705 - Volumen 1.pdf]] e [[Índice:Observaciones sobre la historia natural, geografia, agricultura, poblaciones y frutos del Reyno de Valencia - bdh0000129705 - Volumen 2.pdf]]) no conservan el título ortográficamente correcto de la obra. ¿No se puede trasladar? --[[Usuario:Paso del lobo|Paso del lobo]] ([[Usuario discusión:Paso del lobo|discusión]]) 20:54 1 ago 2026 (UTC)
::@[[Usuario:Paso del lobo|Paso del lobo]]: Hola amigo. Disfruta de la lectura y corrección y después te preocupas de los metadatos! En Wikidata dejaste bien los datos, y si se demora en reflejarse acá, normalmente es asunto de purgar la página o simplemente esperar. Sobre el nombre de los archivos, eso es de importancia completamente secundaria. Lo importante es que la página del índice tenga el mismo título exacto que el archivo, por lo que al [[:Archivo:A. J. Cavanilles et al. - Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, poblacion y frutos del reyno de Valencia - bdh0000129705 - Volumen 1.pdf|solicitar el traslado]], quedaron fuera de sincronización lo que causa algunos problemas. Ya lo arreglé. En general el nombre del archivo no tiene ninguna influencia sobre la presentación del texto, por lo que si ya empezamos con uno, no hacemos traslados a menos que estemos dispuestos a trasladar también todas las páginas del índice al nombre nuevo. Por ahora sólo te puedo recomendar que leas, y corrijas, que es la parte divertida. Saludos! [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 22:37 1 ago 2026 (UTC)
:::Hola, Ignacio. Ya he terminado de transcribir la última página [[Índice:Observaciones sobre la historia natural, geografia, agricultura, poblaciones y frutos del Reyno de Valencia - bdh0000129705 - Volumen 1.pdf|del prólogo de ''Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, poblacion y frutos del reyno de Valencia'']]. Sin embargo, no sé si debo añadir al final de la edición la plantilla de <nowiki>{{np}}</nowiki>. He leído el manual de estilo y no me queda claro para este caso en concreto. Esperaré a que me digas algo para grabar la página. Un saludo cordial. --[[Usuario:Paso del lobo|Paso del lobo]] ([[Usuario discusión:Paso del lobo|discusión]]) 19:02 3 ago 2026 (UTC)
::::@[[Usuario:Paso del lobo|Paso del lobo]]: No es necesario si se va a publicar aparte. Y en general, simplemente guarda la edición, siempre se puede editar de nuevo. [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 22:09 3 ago 2026 (UTC)
:::::Hola, Ignacio. A ver si prosigo con la obra ''Observaciones sobre el reyno de Valencia''. Quisiera reproducir la primera imagen corregida del libro, pero no sé cómo hacer. --[[Usuario:Paso del lobo|Paso del lobo]] ([[Usuario discusión:Paso del lobo|discusión]]) 07:04 8 ago 2026 (UTC)
::::::@[[Usuario:Paso del lobo|Paso del lobo]]: estimado, disculpa la tardanza en mi respuesta. Puedes revisar [[Ayuda:Imágenes]] para saber más sobre manipular imágenes e incluirlas acá. También puedes marcarlas con {{ep|página imagen}} (lee la documentación). Saludos! [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 18:59 19 ago 2026 (UTC)
== ''The Signpost'': 2 August 2026 ==
<div lang="en" dir="ltr" class="mw-content-ltr" style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">[[File:WikipediaSignpostIcon.svg|40px|right]] ''News, reports and features from the English Wikipedia's newspaper''</div>
<div style="column-count:2;">
* In the media: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/In the media|Union drive, most prolific editor make headlines]]
* News and notes: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/News and notes|Foundation rejects voluntary recognition of union, proposed board eligibility rules sharply restrict candidates]]
* WikiConference: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/WikiConference|"Kurier, Signpost, wikipress: You can be a Wikimedia journalist" - Wikimania presentation by User:Noé Recap]]
* In focus: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/In focus|Is Larry Sanger the co-founder of Wikipedia?]]
* Arbitration report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/Arbitration report|Think, and not just about content]]
* News from Diff: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/News from Diff|Meet the Wikimedians of the Year 2026!]]
* On the bright side: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/On the bright side|The beautiful game]]
* Traffic report: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/Traffic report|Odyssey and Oyarzabal]]
* Comix: [[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost/2026-08-02/Comix|Well-spotted]]
</div>
<div style="margin-top:10px; font-size:90%; padding-left:5px; font-family:Georgia, Palatino, Palatino Linotype, Times, Times New Roman, serif;">'''[[w:en:Wikipedia:Wikipedia Signpost|Read this Signpost in full]]''' · [[w:en:Wikipedia:Signpost/Single|Single-page]] · [[m:Global message delivery/Targets/Signpost|Unsubscribe]] · [[m:Global message delivery|Global message delivery]] 10:18 2 ago 2026 (UTC)
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== Duda sobre encabezados ==
Hola, @[[Usuario:Ignacio Rodríguez|Ignacio Rodríguez]]. He visto los cambios que has realizado en la [[Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia]] y tengo la duda de por qué has quitado información al encabezado del prólogo. Imagino que será por una cuestión de estilo, pero me gustaría saberlo para así no cometer el mismo error la próxima vez. Muchas gracias de antemano y un saludo. [[Usuario:Repub73|Repub73]] ([[Usuario discusión:Repub73|discusión]]) 09:21 15 ago 2026 (UTC)
:La verdad se me hizo lógico al inicio sólo por estilo, pero para nada es una decisión mía (es tú proyecto) ni un error de tu parte reponer esa información. El título anterior es lo que sí no se llevaba bien con la [[Wikisource:CT|Convención de títulos]] y por eso trasladé las páginas. Saludos, [[User:Ignacio Rodríguez|'''Ignacio''']] - [[User talk:Ignacio Rodríguez|( '''話合''' )]] 13:31 15 ago 2026 (UTC)
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|Notas=<!-- Descrpción del archivo en Commons: Vol. 1. - En las Orillas del Sar; prólogo de Manuel Murguía. - Vol. 2. - Cantares Gallegos. - Vol. 3. - Follas Novas - Vol. 4. - El Caballero de las Botas Azules-->
|Wikidata=Q114804325
|Serie=
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|Modernizacion=default
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|ultima-muerte=1885
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Módulo:Proofreadpage index template
828
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1671729
1671693
2026-08-19T19:25:13Z
Ignacio Rodríguez
3603
1671729
Scribunto
text/plain
--------------------------------------------------------------------------------
-- Adaptado de https://en.wikisource.org/wiki/Module:Proofreadpage_index_template
-- y https://ca.wikisource.org/wiki/Module:Proofreadpage_index_template
-- This is a module to implement logic for [[MediaWiki:Proofreadpage index template]]
--------------------------------------------------------------------------------
-- Ejemplo (función p.fields):
-- {{#invoke:Proofreadpage index template|fields|NomPag=El Robinson suizo (1864).pdf|Paginas=tabla|Wikidata=Q107297266}}
--------------------------------------------------------------------------------
local Wikidata = require('Module:Wikidata')
local Obra = require('Módulo:Obra')
local getArgs = require('Module:Arguments').getArgs
local cats = require('Módulo:Categorías')
local wTitulo = mw.title.getCurrentTitle() --Nombre sin "Índice:"
local p = {}
-- mapping of field ID to field properties
local headings = {
title = { txt = 'Título', index='Titulo', p='P1476'},
subtitle = { txt = 'Subtítulo', index='Subtitulo', p='P1680'},
serie = { txt = 'Serie o colección', index='Serie', p='P361'}, --P361:"forma parte de"
volume = { txt = 'Volumen', index='Volumen', p='P478'},
author = { txt = 'Autor', emblem = '[[Archivo:Commons-emblem-notice.svg|20px|alt=|frameless|link=Ayuda:Autores]]',
index = 'Autor', p='P50' },
editor = { txt = 'Editor', index='Editor', p='P98'},
illustrator = { txt = 'Ilustrador', index='Ilustrador', p='P110'},
translator = { txt = 'Traductor', index='Traductor', p='P655'},
introducer = { txt = 'Prologuista', index='Prologuista', p='P2679'},
year = { txt = 'Año', index='Ano', p='P577'},
editorial = { txt = 'Editorial', emblem='[[Archivo:Commons-emblem-notice.svg|20px|alt=|frameless|link=Portal:Imprentas_y_editoriales]]',
index='Editorial', p='P123'},
printer = { txt = 'Imprenta', emblem='[[Archivo:Commons-emblem-notice.svg|20px|alt=|frameless|link=Portal:Imprentas_y_editoriales]]',
index='Imprenta', p='P872'},
place = { txt = 'Lugar', index='Lugar', p='P291'},
country = { txt = 'País', emblem='[[Archivo:PD-icon.svg|20px|alt=|frameless|link=Wikisource:Derechos_de_autor]]',
index = 'derechos'}, --derechos (P495) pasar a Wikidata realmente?
editionof = { txt = 'Obra', index='Obra', p='P629'},
source = { txt = 'Fuente', emblem='[[Archivo:Commons-emblem-notice.svg|20px|alt=|frameless|link=Wikisource:Recursos_libres]]',
index= 'Fuente'},
modernizar = { txt = 'Modernización de la ortografía', emblem='[[Archivo:Commons-emblem-notice.svg|20px|alt=|frameless|link=Wikisource:Modernización_de_textos]]',
index='Modernizacion'},
quality = { txt = 'Progreso', index='Progreso'},
wikidata = { txt = 'Metadatos', index='Wikidata'},
}
local function asterisco(color, titulo)
return " <span style='color:"..color.."; font-size:75%;' title='"..titulo.."'>*</span>"
end
local function aCadena(id, obj)
if type(obj) == 'string' then
if obj == 'valor desconocido' then
if id == 'translator' or id =='illustrator' or id == 'editor' or id == 'introducer'
or id == 'editorial' or id == 'printer' or id == 'serie' or id == 'editionof' then
obj = 'Anónimo'
elseif id == 'author' then
obj = '[[:Categoría:Obras de autores anónimos|Anónimo]]'
end
end
return obj
elseif type(obj) == 'table' then
if obj.text then return aCadena(id, obj.text) end
if obj.localPage then
return string.format('[[%s|%s]]', obj.localPage, mw.wikibase.getLabel(obj.qid))
end
local result = {}
for k, v in pairs(obj) do
table.insert(result, aCadena(id, v))
end
return mw.text.listToText(result)
end
end
local function construct_image(content, c)
if c.nompage == nil or c.nompage == '' then error('nompage no puede ser nulo') end
local s = ''
--Miramos si en WD hay 1 o más P996, capturamos el que coincida, y le miramos el P4714 (nº pág. con título).
local P4714 = ''
if c.qid and c.commonsFile.WD then --falla en archivos locales
for _, file in pairs( c.commonsFile.WD ) do
if mw.text.decode(c.commonsFile.WS) == mw.text.decode(file) then --decode por si apóstrofe llega como "'"
P4714 = Wikidata.claim{item=c.qid, property="P996", qualifier="P4714", lang="es", list=false}
end
end
end
s = s .. '<tr><td valign="top">'
if content then
else
if P4714 == '' then
content = '1' --si no hay nada de nada
else
content = P4714
end
if content == nil then content = '1' end
end
if tonumber(content) == nil then
s = s .. content
else
s = s .. '<span id="ws-cover" style="display:none; speak:none;">'
s = s .. c.nompage .. "/" .. content .. "</span>"
s = s .. '[[File:' .. c.nompage .. '|page=' .. content .. '|frameless]]'
end
s = s .. '</td>'
s = s .. '<td valign="top"><table style="margin-left:0">' --se cierran en construct_field_paginas
return s
end
local function construct_field_paginas(content, c)
if c.nompage == nil or c.nompage == '' then return "Error en construct_field_pagines (nompage)" end
if content == nil or content == '' then return "Error en construct_field_pagines (content)" end
local s = ''
s = s .. '</table></td></tr>'
s = s .. '<tr><td valign="top" colspan="2"><span class="plainlinks">'
s = s .. '<b>[//es.wikisource.org/wiki/File:' .. c.nompage .. '?action=purge Páginas]</b></span>'
s = s .. ' ([[Ayuda:Nivel_de_las_páginas|Nivel]])\n'
s = s .. '<div style="padding-left:0.5em; background-color:#F0F0F0; color:black;">\n' .. content .. '</div></td></tr>'
s = s .. '</table></td>'
return s
end
local function construct_field_sumario(content)
local s = ''
if content then
s = '<td width="33%" valign="top">' .. content .. '</td>'
end
return s
end
local function getBadge( qid )
local badges = Wikidata.badge{args={qid=qid, raw=true}}
if #badges > 0 then
for k, v in pairs(badges) do
if v then return v end
end
end
end
local function consolidado(args, obra)
local c = {}
c.qid = obra.qid
for id in pairs(headings) do
local idx = headings[id]
c[id] = {}
if idx.index then --toma datos del índice
c[id].WS = args[idx.index]
end
if c.qid then --tiene propiedad en Wikidata
c[id].WD = aCadena(id, obra[id])
end
-- content: prioridad WS
c[id].content = c[id].WS or c[id].WD
end
c.commonsFile = {WD = obra.commonsFile, WS = args.NomPag}
c.nompage = mw.uri.encode( args.NomPag, 'WIKI' )
return c
end
-- construct a basic "field" row
local function construct_field(id, c)
if id == nil then error( "Error en construct_field" ) end
local qid = c.qid
local P = headings[id].p
local emblem = headings[id].emblem
local title = headings[id].txt
local idx = c[id]
local content = idx.content
local CatError = "[[Categoría:Índices con discrepancias respecto a Wikidata"
local siWDsiWS = idx.WD and idx.WS --hay contenido en WD y en WS (se puede borrar)
local noWDsiWS = not idx.WD and idx.WS --no hay contenido en WD pero sí en WS (no borrar hasta migrarlo a WD)
local siWDnoWS = idx.WD and not idx.WS
local eqWDWS = siWDsiWS and idx.WD == idx.WS
local caterror = false --campo generó error
if id == 'title' then
if not idx.WS then
local wSiteLink = mw.wikibase.getSitelink(qid or '')
if wSiteLink then
if idx.WD then
content = "''[[" .. wSiteLink .. "|" .. idx.WD .. "]]''"
else
content = "''[[" .. wSiteLink .. "]]''"
end
elseif idx.WD then
content = "''[["..idx.WD.."]]''"
end
end
end
if id == 'modernizar' then
if content then
if content == 'S' then
content = '[[Wikisource:Modernización de textos|Ortografía antigua — El lector puede elegir modernizar la ortografía]]'
else
content = '[[Wikisource:Modernización de textos|No modernizar]]'
end
end
end
if id == 'source' then
if content == nil then
if c.commonsFile.WS == nil then
content = CatError .. "|Nompag]]"
caterror = 'ERROR: Nompag'
else --todo: se podría buscar los identificadores de Wikidata P675 (GB), P724 (IA), etc.
content = "[[:File:" .. c.commonsFile.WS .. "|Archivo]]"
cats:addCat('Índices sin fuente')
end
else
-- revisar: en general la fuente la explicitamos localmente con una plantilla
-- tenemos que trackear si está en Wikidata? cual propiedad?
-- noWDsiWS = true
end
end
if id == 'wikidata' then
if content == nil then
cats:addCat('Índices no conectados a Wikidata')
return ""
end
content = "[[File:Wikidata-logo.svg|20px|link=d:" .. content .. "]] [[d:" .. content .. "|" .. content .. "]]"
if mw.wikibase.entityExists(qid) == false then
content = content .. CatError .. "|Qid]]"
caterror = 'ERROR: QID NO EXISTE'
end
if not c.commonsFile.WD then
if wTitulo.text then
local wArchivo = mw.title.new( wTitulo.text, 'File' )
if wArchivo.exists then
--Archivo no está en Commons pero sí localmente en Wikisource (casos excepcionales)
else
--No hay archivo local ni P996: hay que añadirlo (archivo en Commons) al ítem en Wikidata.
content = content .. CatError .. "|Commons]]"
caterror = 'ERROR: SIN P996 (archivo en Commons)'
end
else
content = content .. CatError .. "|Error]]"
caterror = 'ERROR: SIN TEXTO EN ÍNDICE'
end
elseif c.commonsFile.WS then
local FileMatch
for _, file in pairs( c.commonsFile.WD ) do
if mw.text.decode(c.commonsFile.WS) == mw.text.decode(file) then --decode por si apóstrofe llega como "'"
FileMatch = file
end
end
if not FileMatch then
content = content .. CatError .. "|Fichero]]"
caterror = 'ERROR: P996 REFIERE OTRO FICHERO'
end
end
end
if id == 'quality' then
local badges = {
C = "Q20748091", P = "Q20748091",
V = "Q20748092", T = "Q20748093",
L = "Q20748094", E = "Q20748094"}
local badge_WS = badges[content]
if qid then
local badge_WD = getBadge(qid)
if badge_WD then
if badge_WD == "Q20748091" then content = "C" end
if badge_WD == "Q20748092" then content = "V" end
if badge_WD == "Q20748093" then content = "T" end
if badge_WD == "Q20748094" then content = "L" end
if badge_WS ~= badge_WD then
-- Todo: manejar discrepancia
end
else
-- if content then noWDsiWS = true end
end
end
-- prioridad local
if idx.WS and idx.WS ~= '' then
content = idx.WS
end
if content == nil then
content = "[[:Categoría:Índices con progreso desconocido|Progreso desconocido]]"
cats:addCat('Índices con progreso desconocido')
elseif content == 'C' then
content = "[[:Categoría:Índices no corregidos|Por corregir]]"
cats:addCat('Índices no corregidos')
elseif content == 'P' then
content = "[[:Categoría:Índices sin pagelist|Por corregir - pendiente crear <nowiki><pagelist/></nowiki>]]"
cats:addCat('Índices no corregidos')
cats:addCat('Índices sin pagelist')
elseif content == 'V' then
content = "[[:Categoría:Índices corregidos|Corregido — Todas las páginas corregidas pero no todas validadas]]"
cats:addCat('Índices corregidos')
elseif content == 'T' then
content = "[[:Categoría:Índices validados|Terminado — Todas las páginas validadas]]"
cats:addCat('Índices validados')
elseif content == 'L' then
content = "[[:Categoría:Índices dañados|Archivo fuente debe ser arreglado antes de corregirlo]]"
cats:addCat('Índices dañados')
elseif content == 'E' then
content = "[[:Categoría:Índices en extractos|Extracto]]"
cats:addCat('Índices en extractos')
else
content = "[[:Categoría:Índices con progreso desconocido|Progreso desconocido]]"
cats:addCat('Índices con progreso desconocido')
end
end
-- categorías de seguimiento
if id == 'editionof' then
if content == nil or content == '' then
cats:addCat('Índices sin obra asociada')
return ''
else
cats:addCat('Índices con obra asociada')
end
end
-- parámetros que no deben pasar a Wikidata
if not P or id == 'serie' or not qid or qid == '' then
noWDsiWS = false
end
if content == nil or content == '' then
return ''
end
if siWDnoWS == true then
local lapiz = ' <span class="penicon" data-bridge-edit-flow="single-best-value">'
.. "[[File:Arbcom ru editing.svg|10px|baseline|"
.. string.gsub(mw.message.new('Wikibase-client-data-bridge-bailout-suggestion-go-to-repo-button'):inLanguage("es"):plain(), '{{WBREPONAME}}', 'Wikidata')
if id == 'title' then
content = content .. lapiz .. "|link=https://www.wikidata.org/wiki/" .. qid .. "?uselang=es#sitelinks-wikisource]]</span>"
else
if P and P ~= '' then
content = content .. lapiz .. "|link=https://www.wikidata.org/wiki/" .. qid .. "?uselang=es#" .. P .. "]]</span>"
end
end
end
if eqWDWS then
cats:addCat('índices con datos duplicados en Wikidata')
title = title .. asterisco('blue', 'Datos duplicados en Wikidata')
elseif siWDsiWS then
cats:addCat('Índices con datos en Wikidata')
title = title .. asterisco('blue', 'Datos en Wikidata')
end
if noWDsiWS then
cats:addCat('índices con datos para Wikidata')
title = title .. asterisco('green', 'Datos para Wikidata')
end
if caterror and caterror ~= '' then
title = title .. asterisco('red', caterror)
end
local s = ''
s = s .. '\n<tr>'
s = s .. '<td valign="top">' .. (emblem or '') .. '</td>\n'
s = s .. '<th valign="top" align="left"><b>' .. title .. '</b></th>\n'
s = s .. '<td>' .. content .. '</td>\n'
s = s .. '</tr>\n'
return s
end
function p.fields(frame)
local args = getArgs(frame)
local obra = Obra.newWork(args.Wikidata)
local c = consolidado(args, obra)
local s = ""
s = s .. '<table width="100%"><tr><td valign="top"><table>'
s = s .. construct_image(args['Imagen'], c)
-- Tras la imagen, intentamos mostrar una fila por campo (si no hay contenido, no aparece)
s = s .. construct_field('author', c)
s = s .. construct_field('translator', c)
s = s .. construct_field('editor', c)
s = s .. construct_field('introducer', c)
s = s .. construct_field('title', c)
s = s .. construct_field('subtitle', c)
s = s .. construct_field('volume', c)
s = s .. construct_field('year', c)
s = s .. construct_field('place', c)
s = s .. construct_field('country', c)
s = s .. construct_field('printer', c)
s = s .. construct_field('editorial', c)
s = s .. construct_field('illustrator', c)
s = s .. construct_field('editionof', c)
s = s .. construct_field('source', c)
s = s .. construct_field('serie', c)
s = s .. construct_field('modernizar', c)
s = s .. construct_field('wikidata', c)
s = s .. construct_field('quality', c)
s = s .. "<tr><td>[[Archivo:Commons-emblem-notice.svg|20px|enlace=|alt=|frameless]]</td><td> '''[[Ayuda:Índices|Ayuda]]'''</td></tr>"
s = s .. construct_field_paginas(args['Paginas'], c)
s = s .. construct_field_sumario(args['Notas'])
s = s .. '</tr></table>'
if wTitulo:inNamespace(104) then
s = s .. cats:getCats()
else
mw.log(cats:getCats())
end
return s
end
return p
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Índice:Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especi - Volumen 3 - IA historiadelaescl03saco.djvu
104
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Ignacio Rodríguez
3603
1671787
proofread-index
text/x-wiki
{{:MediaWiki:Proofreadpage_index_template
|Tipo=book
|Titulo=[[Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especial en los países américo-hispanos (Volumen 3)| Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especial en los países américo-hispanos]]
|Subtitulo=
|Volumen=Tomo III
|Autor=
|Editor=
|Traductor=
|Prologuista=
|Imprenta=
|Editorial=
|Ilustrador=
|Ano=
|Lugar=
|derechos=
|Fuente={{IA|historiadelaescl03saco}}
|Imagen=1
|Progreso=C
|Paginas=<pagelist
1to8="-"
9="Portada"
10="-"
11=1
333to336="Índice"
337to344="-"
/>
|Notas={{índice auxiliar|autolinks=Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especial en los países américo-hispanos (Volumen 3)
|* [[/Libro VII]]
* [[/Libro VIII]]
* [[/Apéndice I]]
* [[/Apéndice II]]
* [[/Apéndice III]]
* [[/Apéndice IV]]
* [[/Apéndice V]]
* [[/Apéndice VI]]
* [[/Apéndice VII]]
* [[/Apéndice VIII]]
* [[/Apéndice IX]]
* [[/Apéndice X]]
* [[/Apéndice XI]]
* [[/Apéndice XII]]
* [[/Apéndice XIII]]
* [[/Apéndice XIV]]
* [[/Apéndices Documentales]]
* [[/Voto Particular]]}}
|Wikidata=Q131175046
|Serie=
|Header={{crv|{{{pagenum}}}|JOSÉ ANTONIO SACO|HISTORIA DE LA ESCLAVITUD}}
|Footer=
|Modernizacion=default
|Dict=
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Ignacio Rodríguez
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Ignacio Rodríguez
3603
Revertido el cambio de [[Special:Contributions/Ignacio Rodríguez|Ignacio Rodríguez]] ([[User talk:Ignacio Rodríguez|disc.]]) a la última edición de [[User:NinoBot|NinoBot]]
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proofread-index
text/x-wiki
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Índice:Las de barranco - Los invisibles (1923).pdf
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Ignacio Rodríguez
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text/x-wiki
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Módulo:Proofreadpage index template/ejemplos
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Ignacio Rodríguez
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wikitext
text/x-wiki
Esta página pretende facilitar las pruebas de [[Módulo:Proofreadpage index template]] mediante [[Módulo:Proofreadpage index template/pruebas]] y los siguientes ejemplos:
{{línea}}
Índice no conectado a Wikidata:<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=Discurso 18º aniversario I República, Pi y Margall.pdf|Paginas=Páginas|Wikidata=|Autor=[[Francisco Pi y Margall]]}}
{{línea}}
Archivo local en Wikisource:<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=El tungsteno.pdf|Paginas=Páginas|Wikidata=Q137821818}}
{{línea}}
Índice con título, lugar, autor y traductor, desde Wikisource:<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=El Robinson suizo (1864).pdf|Paginas=Páginas|Wikidata=Q107297266|Autor=[[Johann David Wyss]]|Traductor=[[M. Leal y Madrigal]]|Titulo=[[El Robinson suizo]]|Lugar=Barcelona}}
{{línea}}
Índice con 2 ilustradores. Campos derechos, Modernizacion, Progreso, Fuente, informados a mano. Ilustrador renombrado local. Prologuista solo en WS.<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=Cristóbal Colón (Julio Verne).pdf|Paginas=tabla_de_páginas|Wikidata=Q111109568|Comentarios=TOC|derechos=Jamaica|Modernizacion=S|Progreso=X|Fuente=Pirateado|Ilustrador=El mago pepe|Prologuista=El remago pepe}}
{{línea}}
Índice con 3 autores:<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=Poétas bucólicos griegos (1880).pdf|Paginas=tabla_de_páginas|Wikidata=Q109782702}}
{{línea}}
Índice sin autores:<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=Anales de la Sociedad Científica Argentina - Tomo 30.djvu|Paginas=tabla_de_páginas|Wikidata=Q124994898}}
{{línea}}
Índice con '''autor anónimo''':<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=Invasiones Inglesas - (Trad. A. Zinny).pdf|Paginas=tabla_de_páginas|Wikidata=Q66227023}}
{{línea}}
Índice con '''P2093 (nombre del autor)''':<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=Constitución de las Provincias Unidas en Sudamérica (1819).djvu|Paginas=tabla_de_páginas|Wikidata=Q120785961}}
{{línea}}
Índice con '''ambos P2093 (nombre del autor) y P50 (autor)''' :<br/>
{{#invoke:Proofreadpage index template/pruebas|fields|NomPag=100 preguntas sobre la Constitución.pdf|Paginas=tabla_de_páginas|Wikidata=Q99204030}}
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Índice con '''autor «valor desconocido» => P5997 «Maristany, Fernando»''':<br/>
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Ignacio Rodríguez
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>poco tranquilizador. Los guardias civiles y cuadrilleros que la ocupan, hablan apenas, y aun en voz baja y pronunciando breves palabras. Sobre la mesa emborronan papeles el directorcillo, dos escribientes y algunos soldados: el alférez se pasea de un lado á otro, mirando de cuando en cuando con aire feroz hacia la puerta; más orgulloso no habría aparecido Temístocles en los Juegos Olímpicos después de la batalla de Salamina. Doña Consolación bosteza en un rincón, enseñando unas negras fauces y una accidentada dentadura; su mirada se fija fría y siniestra en
la puerta de la cárcel, cubierta de figuras indecentes. Ella
había conseguido del marido, á quien la victoria había hecho amable, le dejase presenciar el interrogatorio y acaso las torturas consiguientes. La hiena olía el cadáver, se relamía y la aburria el retardo del suplicio.
El gobernadorcillo está muy compungido: su sillón, aquel gran sillón colocado debajo del retrato de S. M., está vacío y parece destinado a otra persona
Cerca de las nueve, el cura llega pálido y cejijunto.
–¡Pues no se ha hecho usted esperar! - le dice el alférez.
–Preferiría no asistir,–contesta el padre Salvi en voz baja, sin hacer caso de aquel tono amargo;–soy muy nervioso.
–Como no ha venido nadie por no dejar el puesto, juzgué que su presencia de usted... Ya sabe usted que esta tarde salen.
–¿El joven Ibarra y el teniente mayor...?
El alférez señaló hacia la cárcel.
–Ocho están allí, dijo;—el Bruno murió á medianoche, pero su declaración ya consta.
El cura señaló á doña Consolación , que respondió con un bostezo y un ¡aah! y ocupó el sillón debajo del retrato de S. M.
–¡Podemos empezar!–repuso.
–¡Sacad a los dos que están en el cepo!–mandó el alférez con voz que procuró hacer lo más terrible que pudo, y volviéndose al cura, añadió, cambiando de tono:
–¡Están metidos saltando dos agujeros!
Para los que no están enterados de estos instrumentos de tortura, les diremos que el cepo es uno de los más inocentes. Los agujeros en que se introducen las piernas de<noinclude></noinclude>
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>los detenidos distan entre si poco más o menos de un palmo; saltando dos agujeros, el preso se encontraría en una posición un poco forzada, con una singular molestia en los tobillos y una abertura de las extremidades idferiores de más de una vara: no mata al instante, como muy bien se puede imaginar.
El carcelero, seguido de cuatro soldados, retiró el cerrojo y abrió la puerta. Un olor nauseabundo y un aire espeso y húmedo se escaparon de la densa obscuridad a la vez que se oyeron algunos lamentos y sollozos. Un soldado encendió un fósforo, pero la llama se apagó en aquella atmósfera viciada y corrompida, y tuvieron que esperar a que el aire se renovase.
A la vaga claridad de una bujía se columbraron algunas formas humanas: hombres, abrazados á sus rodillas y ocultando la cabeza entre ellas, acostados boca abajo, de pie, vueltos a la pared, etc. Oyóse un golpear y rechinar, acompañados de juramentos: se abría el cepo.
Doña Consolación estaba medio inclinada hacia adelante, tendidos los músculos del cuello, con los ojos salientes clavados en la entreabierta puerta.
Entre dos soldados salió una figura sombría, Társilo, el hermano de Bruno. En las manos tenía esposas; sus vestidos, desgarrados, descubrían una bien desarrollada musculatura. Sus ojos se fijaron insolentemente en la mujer del alférez.
-Este es el que se defendió con más bravura y mandó huir á sus compañeros,-dijo el alférez al padre Salví.
Detrás vino otro de aspecto desgraciado lamentándose y llorando como un niño: cojeaba y tenia el pantalón manchado de sangre.
-¡Misericordia, señor, misericordia! ¡No volveré á entrar en el patio!- gritaba.
-Es un tunante,-observó el alférez hablando con el cura;-quiso huir, pero ha sido herido en el muslo. Estos dos son los únicos que tenemos vivos.
-¿Cómo te llamas?-preguntó el alférez á Társilo.
-Társilo Alasigan.
-¿Qué os prometió don Crisóstomo para que atacaseis el cuartel?
-Don Crisóstomo jamás se ha comunicado con nos otros.
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>-¡No lo niegues! Por eso quisisteis sorprendernos.
-Os equivocáis: matásteis á nuestro padre á palos, le vengamos y nada más. Buscad á vuestros dos compañeros.
El alférez mira al sargento sorprendido.
-Allá están en un despeñadero, allá los arrojamos ayer, allá se pudrirán. Ahora matadme: no sabréis nada más.
Hubo un momento de silencio.
-Nos vas a decir quiénes son tus otros cómplices, profirió el alférez, blandiendo un bejuco.
Una sonrisa de desprecio asomó a los labios del reo.
El alférez conferenció algunos instantes, en voz baja, con el cura; y volviéndose a los soldados:
-¡Conducidle á donde están los cadáveres! - ordenó.
En un rincón del patio, sobre un carretón viejo están amontonados cinco cadáveres, medio cubiertos por un pedazo de estera rota, llena de inmundicias. Un soldado se pasea de un extremo a otro, escupiendo á cada instante.
-¿Los conoces?-preguntó el alférez, levantando la estera.
Társilo no respondió; vió el cadáver del marido de la loca con otros dos; el de su hermano, acribillado de bayonetazos, y el de Lucas, aun con la soga al cuello. Su mirada se volvió sombría y un suspiro pareció escaparse de su pecho.
-¿Los conoces?-le volvieron a preguntar.
Társilo permaneció mudo.
Un silbido rasgó el aire y el bejuco azotó sus espaldas. Estremecióse, sus músculos se contrajeron. Los bejucazos se repitieron, pero Társilo siguió impasible.
-¡Que le den de palos hasta que reviente o declare!-gritó el alférez exasperado.
-¡Habla ya!-le dice el directorcillo;-de todos modos te matan.
Volvieron a conducirle a la sala donde el otro preso invocaba á los santos, castañeteándole los dientes y doblándosele las piernas.
-¿Le conoces á ese? - preguntó el P. Salví.
-¡Es la primera vez que le veo!- contestó Társilo mirando con cierta compasión al otro.
El alférez le dió un puñetazo y un puntapié.
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¡Atadle al banco!
Sin quitarle las esposas, manchadas de sangre, fué sujetado á un banco de madera El infeliz miró en derredor suyo como buscando algo y vio á doña Consolación; rióse sardónicamente.
Sorprendidos los presentes, le siguieron la mirada y vieron a la señora , que se mordía ligeramente los labios.
—¡No he visto mujer más fea!—exclamó Társilo en medio del silencio general;—prefiero acostarme sobre un banco, como estoy, que al lado de ella, como el alférez.
La Musa palideció.
—Me vais á matar á palos, señor alférez,—continuo;—esta noche me vengara vuestra mujer al abrazaros.
—¡Amordazadle!-gritó el alférez temblando de ira.
Pareció que Társilo sólo deseaba la mordaza, porque, cuando la tuvo, sus ojos lanzaron un rayo de satisfacción.
A una señal del alférez, un guardia, armado de un bejuco, empezó su triste tarea. Todo el cuerpo de Társilo se contrajo; un rugido ahogado, prolongado, se dejó oír á pesar del lienzo que le tapaba la boca; bajó la cabeza: sus ropas se manchaban de sangre.
El P. Salví, pálido, con la mirada extraviada, se levanto trabajosamente, hizo una seña con la mano y dejó la sala con paso vacilante. En la calle vió a una joven, apoyada de espaldas contra la pared, rígida, inmóvil, escuchando atenta, mirando al espacio, extendidas las crispadas manos contra el viejo muro. El sol la bañaba de lleno. Contaba, al parecer sin respirar, los golpes secos, sordos y aquel desgarrador gemido. Era la hermana de Társilo.
En la sala continuaba entretanto la escena: el desgraciado, rendido de dolor, enmudeció y aguardó á que sus verdugos se cansasen. Al fin, el soldado jadeante, dejó caer el brazo, y el alférez, pálido de ira y asombro, hizo una seña para que le desatasen.
Doña Consolación se levantó entonces y murmuró al oído del marido algunas palabras. Este movió la cabeza en señal de inteligencia.
—¡Al pozo con él!—dijo.
Los filipinos saben lo que esto quiere decir; en tagalo lo
traducen por timbain <ref>Del verbo timba, sacar agua de un pozo.</ref>. No sabemos quién habrá sido el<noinclude></noinclude>
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>que ha inventado este procedimiento, pero juzgamos que debe ser bastante antiguo. La Verdad, saliendo de un pozo, es quizás su sarcástica interpretación.
En medio del patio del tribunal se levanta el pintoresco brocal de un pozo, hecho groseramente con piedras vivas. Un rústico aparato de caña, en forma de palanca, sirve para sacar agua, viscosa, sucia y de mal olor. Cacharros rotos, basura y otros líquidos se reunían allí, pues aquel pozo era como la cárcel; allí para cuanto la sociedad desecha o da por inútil; objeto que dentro caiga, por bueno que haya sido, ya es cosa perdida. Sin embargo, no se cegaba jamás: a veces se condena a los presos á ahondarlo y profundizarlo, no porque se piense sacar de aquel castigo una utilidad, sino por las dificultades que el trabajo ofrece: preso que allí una vez ha descendido, coge una fiebre de la que muere casi siempre.
Társilo contemplaba todos los preparativos de los soldados con mirada fija; estaba muy pálido y sus labios temblaban ó murmuraban una oración. La altivez de su desesperación parecía haber desaparecido ó, cuando menos, debilitado. Varias veces dobló el erguido cuello, y fijó la vista en el suelo resignado á sufrir.
Lleváronle al lado del brocal, seguido de doña Consolación, que sonreía. Una mirada de envidia lanzó el desventurado hacia el montón de cadáveres y un suspiro se escapó de su pecho.
—¡Habla ya!—volvió a decirle el directorcillo;—de todos modos te ahorcan; al menos muere sin haber sufrido tanto.
—De aquí saldrás para morir,—le dijo un cuadrillero.
Le quitaron la mordaza y le colgaron de los pies. Debía descender de cabeza y permanecer algún tiempo debajo del agua, lo mismo que hacen con el cubo, sólo que al hombre le dejan más tiempo.
El alférez se alejó para buscar un reloj y contar los minutos.
Entre tanto Társilo pendía, su larga cabellera ondeaba al aire; tenía los ojos medio cerrados.
—Si sois cristianos, si tenéis corazón,—murmuro en tono de súplica,—bajadme con rapidez ó haced de modo que mi cabeza choque contra la pared y me muera, Dios os<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>premiará esta buena obra... ¡quizás un día os veáis como yo!
El alférez volvió y presidió el descenso, reloj en mano.
—¡Despacio, despacio!—gritaba doña Consolación siguiendo al infeliz con la vista;—¡cuidado!
La palanca bajaba lentamente, Társilo rozaba contra las piedras salientes y las plantas inmundas que crecían entre las grietas. Después, la palanca cesó de moverse: el alférez contaba los segundos.
—¡Arriba!—mandó secamente al cabo de medio minuto.
El ruido argentino y harmonioso de las gotas de agua cayendo sobre el agua anunció la vuelta del reo á la luz. Esta vez, como el peso del balancín era mayor, subió con rapidez. Los pedruscos y guijarros, arrancados de las paredes, caían con estrépito.
Cubiertas de asqueroso cieno la frente y la cabellera, llena la cara de heridas y rozaduras, el cuerpo mojado y goteando, apareció a los ojos de la multitud silenciosa: el viento le hacia estremecerse de frío.
—¿Quieres declarar?—le preguntaron.
—¡Cuida de mi hermana!—murmuró el infeliz mirando suplicante á un cuadrillero.
La palanca de caña rechina de nuevo y el condenado vuelve á desaparecer. Doña Consolación observó que el agua permanecía tranquila. El alférez contó un minuto.
Cuando Társilo volvió a subir, sus facciones estaban contraídas y amoratadas. Dirigió una mirada a los circunstantes y mantuvo abiertos los ojos, inyectados en sangre.
—¿Vas á declarar?—volvió a preguntar con desaliento el alférez.
Társilo movió negativamente la cabeza y volvieron, á descenderle. Sus párpados se iban cerrando, sus pupilas seguían mirando al cielo donde flotaban blancas nubes; doblaba el cuello para seguir viendo la luz del día, pero pronto tuvo que hundirse en el agua, y aquel telón infame le ocultó el espectáculo del mundo.
Pasó un minuto; la Musa en observación vió gruesas burbujas de aire que subían á la superficie.
—¡Tiene sed!—dijo riendo.
Y el agua volvió a quedar tranquila.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>Esta vez duró un minuto y medio y el alférez hizo una seña.
Las facciones de Társilo ya no estaban contraídas; los entreabiertos párpados hacían ver el fondo blanco del ojo; de la boca salía agua cenagosa con estrías sanguinolentas; el viento frío soplaba, pero su cuerpo ya no se estremecía.
Todos se miraron en silencio, pálidos y consternados. El alférez hizo una seña para que le descolgasen y se alejó pensativo; doña Consolación le aplicó varias veces a las desnudas piernas el botón de fuego de su cigarro, pero el cuerpo no se estremeció y se apagó el fuego.
—¡Se ha asfixiado á sí mismo!—murmuró un cuadrillero;—mirad como se ha vuelto la lengua como queriéndosela tragar.
El otro preso contemplaba la escena temblando y sudando: miraba como un loco á todas partes.
El alférez encargó al directorcillo que le interrogase.
—¡Señor, señor!—gemía;—¡diré todo lo que vosotros queráis!
—¡Bueno! vamos á ver: ¿cómo te llamas?
—¡Andong <ref>Diminutivo familiar de algunos nombres. (Véanse en el texto los que cita el directorcillo.) Los tagalos suelen suprimir la primera silaba del nombre y añaden la desinencia ng: Mariang, Andeng, Ticá , etc. Otras veces ponen una y: Doray, Tipay , etc.</ref>, señor!
—¿ Bernardo... Leonardo... Ricardo... Eduardo... Gerardo... O qué?
—¡Andong, señor!—repitió el imbécil.
—Póngale usted Bernardo ó lo que sea,—decidió el alférez.
—¿Apellido?
El hombre le miró espantado.
—¿Qué nombre tienes, qué te añaden al nombre Andong?
—¡Ah, señor! ¡Andong Medio tonto, señor!
Los circunstantes no pudieron contener la risa; el mismo alférez detuvo su paseo.
—¿Oficio?
—Podador de cocos, señor, y criado de mi suegra.
—¿Quién os mandó que atacáseis el cuartel?
—¡Nadie, señor!
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="CapLVII"/>—¡Cómo nadie! ¡No mientas, que te van á meter en el pozo! ¿Quién os ha mandado? ¡Di la verdad!
—¡La verdad, señor!
—¿Quién?
—¡Quién, señor!
—Te pregunto quién os ha mandado hacer la revolución?
—¿Cuál revolución, señor?
—Eso, porque estabas tú anoche en el patio del cuartel.
—¡Ah, señor!-exclamó ruborizándose Andong.
—¿Quien tiene, pues, la culpa de eso?
-¡Mi suegra, señor!
Una risotada acogió á estas palabras, El alférez se paró y miró con no severos ojos al infeliz, que creyendo que sus palabras habían producido buen efecto, continuó más animado:
—Sí, señor: mi suegra no me da de comer otra cosa más que todo lo podrido é inservible; anoche, cuando vine, me dolió el vientre, vi el patio del cuartel cerca, y me dije: Es de noche, nadie te verá. Entré... y cuando me levantaba, resonaron muchos tiros; yo ataba mis calzones...
Un bejucazo le cortó la palabra.
—¡A la cárcel!—mandó el alférez;—esta tarde ¡á la Cabecera con él!
<section end="CapLVII"/>
<section begin="CapLVIII"/>{{t3|LVIII}}
{{t4|EL MALDITO}}
Pronto se extendió por el pueblo la noticia de que los presos iban a partir; al principio fué vida con terror, después vinieron los llantos y las lamentaciones.
Las familias de los presos corrían como locas: iban del convento al cuartel, del cuartel al tribunal, y no encontrando en ninguna parte consuelo, llenaban los aires de gritos y gemidos. El cura se había encerrado por estar enfermo; el alférez había aumentado sus guardias, que recibían con la culata a las mujeres suplicantes; el gobernadorcillo, ser inútil, parecía más tonto y más inútil que jamás. Frente a la cárcel, corrían de un extremo a otro las
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>que aún tenían fuerzas; las que no se sentaban en el suelo, pronunciando los nombres de las personas queridas.
El sol ardía y ninguna de aquellas infelices pensaba retirarse. Doray, la alegre y feliz esposa, de don Filipo, vaga desolada, llevando en brazos á su tierno hijos ambos lloran.
—Retiraos,—le decían;—vuestro hijo va a coger una calentura
—¿A qué vivir si no ha de tener un padre que le eduque?—contestaba la desconsolada mujer.
—Vuestro marido es inocente; ¡tal vez vuelva!
—¡Sí, cuando ya nos habremos muerto!
Capitana Tinay llora y llama a su hijo Antonio; la valerosa capitana María mira hacia la pequeña reja, detrás de la cual están sus dos gemelos, sus únicos hijos.
Allí estaba la suegra del podador de cocos; ella no llora:
se pasea, gesticula con los brazos remangados y arenga al
público.
-¿Habéis visto cosa igual? ¿Prender á mi Andong, pegarle un tiro, meterle en el cepo y llevarle á la Cabecera, sólo porque... porque tenía nuevos calzones? ¡Esto pide venganza! ¡Los guardias civiles abusan! Juro que, si vuelvo á encontrar a cualquiera de ellos buscando un lugar retirado en mi huerta, como muchas veces ha sucedido, le mutilo, ¡le mutilo! ó sino... ¡que me mutilen!
Pero pocas personas hacían coro á la suegra musulmana.
—De todo esto tiene la culpa don Crisóstomo,—suspira una mujer.
El maestro de escuela vaga también confundido entre la multitud; Ñor Juan no se frota ya las manos, no lleva su plomada ni su metro: el hombre viste de negro, pues ha oído malas noticias, y fiel a su costumbre de ver el porvenir como cosa sucedida, lleva ya luto por la muerte de Ibarra.
A las dos de la tarde, un carro descubierto, tirado por
dos bueyes, se paró delante del tribunal.
El carro fué rodeado de la multitud, que quería desengancharlo y destrozarlo.
—No hagáis tal,—decía capitana María;—¿queréis que vayan á pie?
Esto detuvo á las familias. Veinte soldados salieron y rodearon el vehículo. Aparecieron después los presos.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>El primero fué don Filipo, atado; saludo sonriendo á su esposa; Doray rompió en amargo llanto y costó trabajo á dos guardias impedirle que abrazase á su marido. Antonio, el hijo de capitana Tinay, apareció llorando como un niño, lo que no hizo más que aumentar los gritos de su familia. El imbécil Andong prorrumpió en llanto al ver á su suegra, causa de su desventura. Albino, el exseminarista, estaba también maniatado, lo mismo que los dos gemelos de capitana María. Estos tres jóvenes estaban serios y graves. El último que salió fué Ibarra, suelto, pero conducido entre dos guardias civiles. El joven estaba pálido; buscó una cara amiga.
—¡Ese es el que tiene la culpa!—gritaron muchas voces;—¡ese tiene la culpa y va suelto!
—¡Mi yerno no ha hecho nada y está con esposas!
Ibarra se volvió a sus guardias:
—¡Atadme, pero atadme bien, codo con codo!—dijo.
—¡No tenemos orden!
—¡Atadme!
Los soldados obedecieron.
El alférez apareció á caballo, armado hasta los dientes; seguíanle diez ó quince soldados más.
Cada preso tenia a su familia que rogaba allí por él, lloraba
por él у le daba los nombres más cariñosos. Ibarra era el único que no tenia a nadie; el mismo Ñor Juan y el maestro de escuela habían desaparecido.
—¿Qué os han hecho á vos mi marido y mi hijo?—decíale llorando Doray: —¡ved a mi pobre hijo! ¡le habéis privado de su padre!
—¡Tú eres un cobarde!—le gritaba la suegra de Andong:—Mientras los otros peleaban por ti, tú te escondías, cobarde!
—¡Maldito seas!— le decía un anciano siguiéndole;—maldito el oro amasado por tu familia para turbar nuestra paz! ¡Maldito!¡Maldito!
—¡Que te ahorquen a ti, hereje!—le gritaba una parienta de Albino,—y sin poderse contener cogió una piedra y se
la arrojó!
El ejemplo fué pronto imitado, y sobre el desgraciado joven cayó una lluvia de polvo y piedras.
Ibarra sufrió impasible, sin ira, sin quejarse, la justa
venganza de tantos corazones lastimados. Aquella era la<noinclude></noinclude>
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Elultimolicantropo
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="CapLVIII"/>despedida, el adiós que le hacia su pueblo, donde tenia todos sus amores. Bajó la cabeza; quizás pensaría en un hombre, azotado por las calles de Manila, en una anciana que caía muerta á la vista de la cabeza de su hijo; quizás la historia de Elías pasaba por delante de sus ojos.
El alférez creyó necesario alejar á la multitud, pero las
pedradas y los insultos no cesaron. Una madre tan sólo no vengaba en él sus dolores: capitana María. Inmóvil, con los labios contraídos, los ojos llenos de lágrimas silenciosas, veía alejarse á sus dos hijos; su inmovilidad y su dolor mudo eran mayores que los de la fabulosa Niobe..
El cortejo se alejó.
Ibarra vió las humeantes ruinas de su casa, de la casa de sus padres, donde él había nacido, donde vivían los más dulces recuerdos de su infancia y adolescencia; las lágrimas, largo tiempo reprimidas, brotaron de sus ojos, dobló la cabeza y lloró, sin tener el consuelo de poder ocultar su llanto, atado como estaba, ni de que su dolor despertara en nadie compasión. ¡Ahora no tenía ni patria, ni hogar, ni amor, ni amigos, ni porvenir!
Desde una altura, un hombre contemplaba la fúnebre caravana. Era un anciano, pálido, demacrado, envuelto en una manta de lana, apoyándose con fatiga en un bastón. Era el viejo filósofo Tasio, que a la noticia del suceso quiso dejar su cama y acudir, pero sus fuerzas no le han permitido. El viejo siguió con la vista el carro hasta que desapareció á lo lejos; permaneció algún tiempo pensativo y cabizbajo, después se levantó y, trabajosamente, tomó el camino de su casa, descansando a cada paso.
Al día siguiente, los pastores le encontraban muerto en el umbral mismo de su solitario retiro.
<section end="CapLVIII"/>
<section begin="CapLIX"/>{{t3|LIX}}
{{t4|PATRIA É INTERESES}}
El telégrafo trasmitió sigilosamente el suceso á Manila, y treinta y seis horas después hablaban de ello con mucho misterio y no pocas amenazas los periódicos, aumentados, corregidos y mutilados por el fiscal. Mientras tanto, noticias particulares, emanadas de los conventos, fueron las que primero corrieron de boca en boca, en secreto, y con
<section end="CapLIX"/><noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>gran terror de los que lo llegaban á saber. El hecho; en mil versiones desfigurado, fue creído con más o menos facilidad, según adulaba ó contrariaba las pasiones y el modo de pensar de cada uno.
Sin que la pública tranquilidad apareciese turbada, al menos aparentemente, se revolvía la paz del hogar al igual que en un estanque: mientras la superficie aparece lisa y tersa, en el fondo hormiguean, corren y se persiguen los mudos peces. Cruces, condecoraciones, galones, empleos, prestigio, poder, importancia, dignidades, etc., empezaron á revolotear como mariposas en una atmosfera de monedas de oro , para los ojos de una parte de la población. Para la otra, obscura nube se levanto en el horizonte, destacándose de su ceniciento fondo, como negras siluetas, rejas, cadenas y aun el fatídico palo de la horca. Creíanse oír en el aire los interrogatorios, las sentencias, los gritos que arrancan las torturas; las Marianas y Bagumbayan se presentaban envueltos en haraposo y sangriento velo: se confundían pescadores y pescados. El destino mostraba el acontecimiento a la imaginación de los manileños como ciertos abanicos de China: una cara pintada de negro: la otra llena de dorado, colores vivos, aves y flores.
En los conventos reinaba la mayor agitación. Enganchábanse coches, los provinciales se visitaban, tenían secretas conferencias. Presentábanse en los palacios para ofrecer su apoyo al ''gobierno, que corría gravísimo peligro''. Se volvió a hablar de cometas, alusiones, alfilerazos, etc.
-¡Un ''Te Deum'', un ''Te Deum''!-decía un fraile en un convento; -¡esta vez que nadie falte en el coro! ¡No es poca
bondad de Dios hacer ver ahora, precisamente en tiempos tan perdidos, cuanto valemos nosotros!
-Con esta leccioncita se estará mordiendo los labios el generalillo Mal Agüero <ref>Mote aplicado al general Jovellar.</ref>, -contestaba otro.
-¿Qué habrá sido de él sin las corporaciones? para mejor celebrar la fiesta, que adviertan al hermano cocinero y al procurador... ¡''Gaudeamus'' por tres días!
-¡Amén !- ¡Amén! - ¡Viva Salví! -¡Viva!
En otro convento se hablaba de otra manera.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¿Veis? Ese es un alumno de los jesuítas; ¡del Ateneo
salen los filibusteros!—decía un fraile.
—Y los antireligiosos.
—Yo ya lo dije: los jesuítas pierden al país, corrompen á la juventud; pero se los tolera porque trazan unos cuantos borrones en el papel cuando hay temblor...
—¡Y Dios sabe como estarán hechos!
—Sí, ¡vaya usted á contradecirlos! Cuando todo tiembla y se mueve, ¿quién escribe garabatos? Nada, el padre Secchi...
Y sonríen con soberano desprecio.
—Pero ¿y los temporales? y ¿los baguios <ref>Nombre filipino del tifón.</ref>?—pregunta otro con ironía sarcástica;—¿no es eso divino?
—¡Cualquier pescador los pronostica!
-Cuando el que gobierna es un tonto... ¡dime cómo tienes la cabeza y te diré cómo es tu padre! Pero verán ustedes si los amigos se favorecen unos a otros: los periódicos casi piden una mitra para el padre Salví.
—Y ¡la va a tener! ¡Se la chupa!
—¿Lo crees?
—¡Pues no! Hoy por cualquier cosa la dan. Yo sé de uno que con menos se la caló: escribió una chabacana obrita, demostró que los indios no eran capaces de otra cosa más que de ser artesanos... ¡psh! ¡viejas vulgaridades!
—¡Es verdad! ¡Tantas injusticias dañan a la religión!—exclamaba otro;—si las mitras tuviesen ojos y pudiesen ver sobre qué cráneos...
—Si las mitras fuesen objetos de la Naturaleza...—añadía otro con voz nasal.—''Natura abhorret vacuum''...
—Por eso se les agarran; ¡el vacío las atrae!—contestaba otro.
Estas у otras cosas más se decían en los con ventos, y hacemos gracia á nuestros lectores de otros comentarios con colores políticos, metafísicos o picantes. Conduzcamos al lector á casa de un particular, y como en Manila tenemos pocos conocidos, vamos á casa de capitán Tinong, el hombre agasajador, que vimos convidando con insistencia á Ibarra para que le honrase con su visita.
En el rico y espacioso salón de su casa en Tondo, está capitán Tinong sentado en un ancho sillón, pasándose las<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>manos por la frente y la nuca en ademán de desconsuelo, mientras su señora, la capitana Tinchang, lloraba y le sermoneaba delante de sus dos hijas, que oían desde un rincón mudas, atontadas y conmovidas.
—¡Ay, Virgen de Antipolo!—gritaba la mujer.—¡Ay, Virgen del Rosario y de la Correal ¡ay! ¡ay! ¡Nuestra Señora de Novaliches!
—¡Nanay!—repuso la más joven de las hijas.
—¡Ya te lo decía yo!—continuó la mujer en tono de recriminación; —¡ya te lo decía yo! ¡ay, Virgen del Carmen, ay!
—¡Pero si tú no me has dicho nada!—se atrevió a contestar capitán Tinong lloroso; - al contrario, me decías que hacía bien en frecuentar la casa y conservar la amistad de capitán Tiago porque... porque era rico... y me dijiste...
—¿Qué? ¿qué te dije? ¡Yo no te he dicho eso, no te he dicho nada! ¡Ay, si me hubieses escuchado!
—¡Ahora me echas la culpa á mi!—replicó en tono amargo , dando una palmada sobre el brazo del sillón;—¿no me decías que había hecho bien en invitarle á que comiese con nosotros, porque como era rico... tú decías que no debíamos tener amistades más que con los ricos? ¡Abá!
—Es verdad que yo te dije eso porque... porque ya no había remedio: tú no hacías más que alabarle; ''don'' Ibarra aquí, ''don'' Ibarra allá, ''don'' Ibarra en todas partes, ¡abaá! Pero yo no te aconsejé que le vieras ni que hablaras con él en aquella reunión; esto no me lo puedes negar.
—¿Sabía yo que iba él allá, por ventura?
—¡Pues debías haberlo sabido!
—¿Cómo, si ni siquiera le conocía?
—¡Pues, debías haberlo conocido!
—Pero, Tinchang, ¡si era la primera vez que le veía, que oía hablar de él!
—¡Pues debías haberle visto antes, oído hablar de él! ¡Para eso eres hombre, llevas pantalones y lees ''El Diario de Manila''!—contesto impertérrita la esposa, lanzándole una terrible mirada.
Capitán Tinong no supo qué replicar.
Capitana Tinchang, no contenta con esta victoria, quiso anonadarle, y acercándose con los puños cerrados:
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¿Para eso he estado trabajando años y años, economizando, para que tú con tu torpeza eches á perder el fruto de mis fatigas?—le increpó. Ahora vendrán á llevarte desterrado, nos despojarán de nuestros bienes, como á la mujer de... ¡Oh, si yo fuese hombre!
Y viendo que su marido bajaba la cabeza, empezó de nuevo á sollozar, pero siempre repitiendo:
-¡Ay, si yo fuese hombre, si yo fuese hombre!
—Y si fueses hombre,-- preguntó al fin picado el marido,—¿qué harías?
—¿Qué? pues... pues... pues hoy mismo me presentaría al Capitán general, para ofrecerme á pelear contra los alzados, ¡a hora mismo!
—Pero ¿no has leído lo que dice ''El Diario''? ¡Lee! «La traición infame y bastarda ha sido reprimida con energía, fuerza y vigor, y pronto los rebeldes enemigos de la patria y sus cómplices sentirán todo el peso y la severidad de las leyes... » ¿ves? ya no hay alzamiento.
—No importa, debes presentarte como lo han hecho el 72 y se han salvado.
—¡Si! también lo ha hecho el padre Burg...
Pero no pudo concluir la palabra; la mujer corriendo le tapó la boca.
—¡Dale! ¡pronuncia ese nombre para que mañana mismo te ahorquen en Bagumbayan! ¿No sabes que basta pronunciarlo para ser sentenciado sin formación de causa? ¡Jale! ¡dilo!
Capitán Tinong, por más que hubiese querido obedecerla, no habría podido: con ambas manos le tapaba la boca su mujer, oprimiendo su cabecita contra el espaldar del sillón, y acaso el pobre hombre se hubiera muerto asfixiado si un nuevo personaje no hubiese intervenido.
Este era el primo don Primitivo, que sabia de memoria el Amat, un hombre de unos cuarenta años, pulcramente vestido, panzudo y algo regordete.
—''Quid video?''—exclamó al entrar;—¿qué pasa? ''Quare?'' <ref>¿Qué veo? ¿por qué? (N. del A.)</ref>
—¡Ay, primo?—dijo la mujer corriendo llorosa hacia él;—te he hecho llamar, pues no sé qué va a ser de nosotras... ¿qué nos aconsejas? ¡Habla, tú que has estudiado latín y sabes argumentos...
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—Pero antes ''quid quaeritis? Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu ; nihil volitum quin praecognitum''.<ref>¿Qué preguntáis? Nada existe en la inteligencia que no haya pasado antes por lo sentidos. No se desea lo que se desconoce. (Esta nota y las siguientes son de Rizal).</ref>
Y se sentó pausadamente. Cual si las frases latinas hubiesen poseído una virtud tranquilizadora, cesaron de llorar ambos cónyuges y se le acercaron esperando de sus labios el consejo, como un tiempo los griegos ante la frase salvadora del oráculo que los iba a librar de los persas invasores,
-¿Por qué lloráis? ''Ubinam gentium sunus?'' <ref>¿Entre qué gentes estamos?</ref>
—Tú sabes ya la noticia del levantamiento...
—''Alzamentum Ibarrae ab alferesio Guardiae civilis destructum ? Et nunc?'' <ref>¿El alzamiento sofocado de Ibarra contra el alférez de la guardia civil? ¿Qué más?</ref> Y ¿qué? ¿Os debe algo don Crisóstomo?
—No, pero sabes tú, Tinong le ha convidado á comer, le ha saludado en el puente de España... ¡á la luz del día! ¡Van a decir que es amigo suyo!
—¿Amigo?—exclamó sorprendido el latino levantándose;—''amice, amicus Plato sed magis amica veritas!'' ¡Dime con quién andas y te diré quién eres! ''Malum est negotium et est timendum rerum istarum horrendissimum resultatum !'' <ref>Amigo, Platón es mi amigo, pero lo es más la verdad . El negocio es malo y temo un terrible fin,</ref>
Capitán Tinong se puso espantosamente pálido al oír tantas palabras en ''um''; este sonido le presagiaba mal. Su esposa juntó las manos suplicantes y dijo:
— Primo, no nos hables ahora en latín ; ya sabes que no somos filósofos como tú ; hablanos en tagalo ó castellano, pero danos un consejo.
—Lástima que no entendáis latín , prima: las verdades latinas son mentiras tagalas, por ejemplo, ''contra principia negantem fustibus est argüiendum,'' <ref>A palos se lo arguye al que niega los principios,</ref> en latín es una verdad como el Arca de Noé; lo puse una vez en práctica en tagalo, y fui yo el apaleado. Por esto, es una lástima que no sepáis latín; en latín todo se podría arreglar.
—Sabemos también muchos ''oremus, parcenobis'' y ''Agnus Dei Catolis'' <ref>Catolis, en vez de qui tollis, etc.</ref> pero ahora no nos entenderíamos. ¡Dale un argumento á Vinong para que no le ahorquen!
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¡Has hecho mal, muy mal, primo, en trabar amistad con ese joven!—repuso el latino.—Los justos pagan por los pecadores; por poco te aconsejaba que hicieras tu testamento... ''Vae illis! Ubi est ignis. Similis simili gaudet; atqui Ibarra ahorcatur, ergo ahorcaberis...'' <ref>¡ Ay de ellos! ¡donde hay humo hay fuego! Cada cual busca su pareja; es así que le ahorcan á Ibarra, luego serás ahorcado</ref>
Y movía la cabeza de un lado á otro, disgustado.
—¡Saturnino, qué te pasa!—grita capitana Tinchang, llena de terror;—¡ay, Dios mío! ¡Se ha muerto! ¡Un médico! ¡Tinong, Tinongoy!
Acuden las dos hijas y empiezan las tres á lamentarse.
—¡No es más que un desmayo, prima, un desmayo! Yo más me hubiera alegrado que... que... pero desgraciadamente no es más que un desmayo. ''Non timeo mortem in catre sed super espaldonem Bagumbayanis.'' <ref>No temo la muerte en el catre, pero sí en el espaldón de Bagumbayan</ref> ¡Traed agua!
—¡No te mueras!—lloraba la mujer,—¡no te mueras que vendrán á prenderte! ¡Ay, si te mueres y vienen los soldados, ¡ay! ¡ay!
El primo le roció la cara con agua, y el infeliz volvió en sí.
—¡Vamos , no llorar! ''Inveni remediura'', encontré el remedio. Transportémosle á su cama; ¡Vamos! ¡valor que aquí estoy con vosotros y toda la sabiduría de los antiguos... Que llamen á un doctor;-y ahora mismo, prima, vas al Capitán general y le llevas un regalo, una cadena de oro, un anillo... ''Dadivae quebrantant peñas''; dices que es regalo de Pascua. Cerrad las ventanas, las puertas, y á cualquiera que pregunte por mi primo que se le diga que está gravemente enfermo. Entre tanto quemo todas las cartas, papeles y libros para que no puedan encontrar nada, como ha hecho don Crisóstomo. ''Scripti testes sunt! Quod medicamenta non sanant, ferrum sanat, quod ferrum non sanat, ignis sanat'' <ref>Lo escrito testifica. Lo que no curan los medicamentos, lo cura el hierro; lo que no cura el hierro, lo cura el fuego.</ref>
—¡Sí, toma, primo; quémalo todo!—dijo capitana Tinchang ;—aquí están las llaves, aquí las cartas de capitán Tiago, ¡quémalas! Que no quede ningún periódico de Europa, que son muy peligrosos. Aquí están estos ''The Times''<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>que yo conservaba para envolver jabones y ropas. Aquí están los libros.
—Vete al Capitán general, prima,—dijo don Primitivo;—déjame solo. ''In extremis extrema''. <ref>A grandes males grandes remedios.</ref> Dame el poder de un ''director'' romano y verás cómo salvo la pat... digo, al primo.
Y empezó á dar órdenes y más órdenes, á revolver estantes, rasgar papeles, libros, cartas, etc. Pronto ardió una hoguera en la cocina; partieron con hacha viejas escopetas; arrojaron al excusado herrumbrosos revólvers; la criada que quería conservar el cañón de uno para soplador, recibió un réspice.
—''Conservare etiam sperasti, perfida ?'' <ref>Pérfida ¿querías conservarlos también?</ref> ¡Al fuego!
Y continuó su auto de fe.
Vió un viejo tomo en pergamino y leyó el título:
—«Revoluciones de los globos celestes por Copérnico», pfui! ''Ite, maledicti, in ignem kalanis'' <ref>Arded, malditos, en el fuego del hornillo...</ref> —exclamó arrojándolo a la llama.—¡Revoluciones y Copérnico! ¡Crimen sobre crimen! Si no llego a tiempo... «La libertad en Filipinas.» ¡Tatatá! ¡qué libros! ¡Al fuego!
Y se quemaron libros inocentes, escritos por autores simples. Ni el mismo «Capitán Juan,» obrita cándida, consiguió librarse. Primo Primitivo tenía razón: los justos pagan por los pecadores.
Cuatro ó cinco horas más tarde, en una tertulia de pretensiones en Intramuros se comentaban los acontecimientos del día. Eran muchas viejas y solteronas casaderas, mujeres ó hijas de empleados, vestidas de bata, abanicándose y bostezando. Entre los hombres, que, al igual de las mujeres, delataban en sus facciones su instrucción y origen, había un señor de edad, pequeñito y manco, a quien trataban con mucha consideración y que guardaba con respecto a los demás un desdeñoso silencio.
—A la verdad que antes no podía sufrir á los frailes y guardias civiles por lo mal educados que son,—decía una señora gruesa;—pero ahora que veo su utilidad y servicios, casi me casaría gustosa con cualquiera de ellos. Yo soy patriota.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¡Lo mismo digo!—añadió una flaca;—¡que lástima que no tengamos al anterior gobernador: aquél dejaría el país limpio como una patena!
—¡Y se acabaría la ralea de filibusterillos!
—¿No dicen que quedan muchas islas por poblar? ¿Por qué no deportan allá á tantos indios chiflados? A ser yo el Capitán general...
—Señoras,—dijo el manco:—El Capitán general sabe su deber; según he oído, está muy irritado, pues habían colmado de favores á ese Ibarra.
—¡Colmado de favores!—repetía la flaca, abanicándose furiosa;—¡miren ustedes lo ingratos que son estos indios! ¿Se los puede tratar acaso como personas ? ¡Jesús!
—Y ¿saben ustedes lo que he oído?—preguntaba un militar.
—¡A ver!—¿Qué es? ¿Qué dicen?
—Personas fidedignas—dijo el manco en medio del mayor silencio—aseguran que todo aquel ruido de levantar una escuela era puro cuento.
—¡Jesús! ¿ustedes has visto?—exclamaron ellas creyendo ya en el cuento.
—La escuela era un pretexto; lo que quería levantar era un fuerte, desde donde poderse bien defender cuando vayamos a atacarle...
—¡Jesús! ¡qué infamia! Sólo un indio es capaz de tener tan cobardes pensamientos,—exclamaba la gorda.—Si fuera yo del Capitán general, ya verían... ya verían...
—¡Lo mismo digo!—exclamaba la flaca dirigiéndose al manco.—Prendía á todo abogadillo, cleriguillo, comerciante, y sin formación de causa, desterrados o bajo partida de registro! ¡El mal arrancarlo de raíz!
—¡Pues se dice que el filibustero ese es hijo de españoles!—observó el manco sin mirar a nadie.
—¡Ah, ya!—exclama impertérrita la gorda;—¡siempre iban á ser los criollos! ¡ningún indio entiende de revolución ! ¡Cría cuervos... cría cuervos!...
—¿Saben ustedes lo que he oído decir?—pregunta una criolla que asi corta la conversación.— La mujer de capitán Tinong... ¿se acuerdan ustedes? aquel en cuya casa bailamos y cenamos en la fiesta de Tondo...
—¿Aquel que tiene dos hijas? y ¿qué?
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—Pues la mujer acaba de regalar esta tarde al Capitán general ¡un anillo de mil pesos de valor!
El manco se vuelve.
—¿De veras? y ¿por qué? -pregunta con ojos brillantes.
—La mujer decía, como regalo de Pascua...
—¡La Pascua no viene dentro de un mes!
—Temerá que le venga el chaparrón encima...—observa la gorda.
—Y se pone á cubierto,—añade la flaca.
—¡Satisfacción no reclamada, culpa confesada!
—En eso pensaba yo; usted ha puesto el dedo en la llaga.
—Es menester ver bien eso,—observa pensativo el manco; — me temo que allí haya gato encerrado.
—¡Gato encerrado, eso! eso iba yo á decir,—repite la flaca.
—Y yo,—dice otra arrebatándole la palabra ;—la mujer de capitán Tinong es muy avara... aun no nos ha enviado ningún regalo y eso que hemos estado en su casa. Con que cuando una agarrada y codiciosa suelta un regalito de mil pesitos...
—Pero ¿es cierto eso? -preguntó el manco.
—¡Y tanto! ¡y tan cierto! se lo ha dicho á mi prima su novio, el ayudante de S. E. Y estoy por creer que es el mismo anillo que llevaba puesto la mayor el día de la fiesta. ¡Va siempre llena de brillantes!
—¡Un escaparate andando!
—¡Una manera de hacer reclamo como otra cualquiera! En lugar de comprar un figurín o pagar una tienda...
El manco abandonó la tertulia dando un pretexto.
Y dos horas después, cuando ya todos dormían, varios vecinos de Tondo recibieron una invitación por medio de soldados... La Autoridad no podía consentir que ciertas personas de posición y propiedades durmiesen en casas tan mal guardadas y poco refrescadas: en la Fuerza de Santiago y otros edificios del gobierno el sueño sería más tranquilo y reparador. Entre estas personas favorecidas estaba incluido el infeliz capitán Tinong.<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>{{t3|LX}}
{{t4|MARIA CLARA SE CASA}}
Capitán Tiago está muy contento. En toda esta terrible temporada nadie se ha ocupado de él: no le han preso, no le han sometido á incomunicaciones, interrogatorios, máquinas eléctricas, pediluvios continuos en habitaciones subterráneas, y otras picardías más, que conocen bien ciertos personajes que se llaman á sí mismos civilizados.
Sus amigos, es decir, los que lo fueron (porque el hombre ya renegó de sus amigos filipinos, desde el instante en que fueron sospechosos para el gobierno) han vuelto también á sus casas, después de algunos días de vacaciones en los edificios del Estado. El Capitán general mismo había ordenado que se los echase de sus posesiones, no juzgándolos bastante dignos para que pudiesen permanecer en ellos, con gran disgusto del manco, que quería celebrar las próximas Pascuas en su abundante y rica compañía.
Capitán Tinong volvió a su casa enfermo, pálido, hinchado, -la excursión no le había probado bien,-y tan cambiado que no dice una palabra, ni saluda á su familia que llora, ríe, habla y se vuelve loca de contento. El pobre hombre ya no sale de casa por no correr el peligro de saludar á un filibustero. El mismo primo Primitivo, con toda la sabiduría de los antiguos, no le podía sacar de su mutismo.
-''Crede, prime,'' - le decía :-si no llego á quemar todos tus papeles, te aprietan el cuello; pero si quemo toda la casa, no te tocan ni el pelo. Pero ''quod eventum, eventum; Gratias agamus Domino Deo quia non in Marianis Insulis es, camotes seminando'' <ref>Lo sucedido, sucedido. Demos gracias á Dios que no estás en las Islas Marianas sembrando camotes. (Camotes, patatas de Málaga, ''comvolvulus batatas'' P. Bl.)</ref>.
Historias parecidas a las de capitán Tinong no las ignoraba capitán Tiago. El hombre rebosaba de gratitud, sin saber á punto fijo á quién debe tan señalados favores. Tía Isabel atribuía el milagro a la Virgen de Antipolo, a la Virgen del Rosario, o por lo menos a la Virgen del Carmen, y cuando menos, cuando menos, es lo menos que ella puede
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>conceder, á Nuestra Señora de la Correa: según ella, el milagro no podía escapar de allí. Capitán Tiago no negaba el milagro, pero añadía:
-Lo creo, Isabel, pero no lo habrá hecho la Virgen de
Antipolo sola; mis amigos habrán ayudado, mi futuro yerno, el señor Linares, que, ya sabes, embroma al mismo señor Antonio Cánovas, aquel cuyo retrato nos trae la ilustración, aquel que no se digna enseñar a la gente más que media cara.
Y el buen hombre no podía reprimir una sonrisa de satisfacción cada vez que oía una importante noticia acerca de los acontecimientos. Y no había para menos. Se cuchicheaba por lo bajo que Ibarra sería ahorcado; que si bien faltaban muchas pruebas para condenarle, últimamente había aparecido una que confirmaba la acusación; que los peritos habían declarado que, en efecto, las obras de la escuela podían pasar por un baluarte, una fortificación, si bien algo defectuosa como no se podía menos de esperar de los indios ignorantes. Estos rumores le tranquilizaban у le hacían sonreír.
De igual manera que capitán Tiago y su prima divergían en sus opiniones, los amigos de la familia se dividían también en dos partidos: uno milagrero y otro gubernamental, aunque este último era insignificante. Los milagreros estaban subdivididos; el sacristán mayor de Binondo, la vendedora de velas y el jefe de una cofradía veían la mano de Dios, movida por la Virgen del Rosario; el chino cerero - su proveedor cuando va á Antipolo-decía abanicándose y agitando la pierna:
-No siya osti gongong: Miligen li Antipulo esi! Esi paeli más con tolo : no siya osti gongong. <ref>No sea usted tonto; ¡es la Virgen de Antipolo! Esa puede más que todos; no sea usted tonto.</ref>
Capitán Tiago tenía en mucha estima al chino, que se hacia pasar por profeta, médico, etc. Examinando la palma de la mano de su difunta esposa, en el sexto mes de embarazo, había pronosticado:
-¡Si esi no homele y no pactayio, mujé juete juete!. <ref>Si no es hombre y no se muere, será una buena mujer.</ref>
Y Maria Clara vino al mundo para cumplir la profecía del infiel.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>Capitán Tiago, pues, hombre prudente y temeroso, no podía decidirse tan fácilmente como el troyano Paris; no podía dar así así la preferencia á una de las dos Vírgenes por temor de ofender a la otra, lo cual podría acarrear graves consecuencias. «—¡Prudencia!—se decía á sí mismo;—no vayamos ahora á echarlo á perder.»
En estas dudas se hallaba cuando el partido gubernamental llegó: doña Victorina, don Tiburcio y Linares.
Doña Victorina habló por los tres varones y por ella misma, mencionó las visitas de Linares al Capitán general, é insinuó repetidas veces la conveniencia de un pariente de categoría.
—¡Na!—concluía,—como ezimoz:—el que á buena zombra ze cobija, buen palo ze le arrima.
—¡A... a... al revés, mujer!—corrigió el doctor.
Desde hace días pretende ella andaluzarse con suprimir la ''d'' y poner ''z'' por ''s'', y esta idea no había quien se la quitase de la cabeza; primero se dejaba arrancar lo rizos postizos.
—¡Zi!—añadía hablando de Ibarra;—eze lo tenía muy merezio; yo ya lo ije cuano le vi la primera vez: ezteez un filibustero. ¿Qué te ijo á tí, primo, el general? ¿Qué le haz icho, qué noticiaz le izte e Ibarra?
Y viendo que el primo tardaba en contestar, prosiguió, dirigiéndose a capitán Tiago:
—Créame uzté, zi le conenan á muelte, como ez e esperar, zerá por mi primo.
—¡Señora! ¡señora!—protestó Linares.
Pero ella no le dio tiempo.
—¡Ay que iplomático te haz güerto! Zabemos que erez el conzejero del general, que no puee vivir zin ti... ¡Ah, Clarita, que placer e verte!
María Clara aparecía pálida aun, aunque ya bastante repuesta de su enfermedad. La larga cabellera iba recogida por una cinta de seda de un ligero azul. Saludó tímidamente, sonriendo con tristeza, y se acercó a doña Victorina para el beso de ceremonia.
Después de las frases de costumbre, prosiguió la pseudo andaluza:
—Venimoz á visitaroz; ¡oz habéiz zalbao graciaz å vueztraz relacionez!—y miró significativamente a Linares.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¡Dios ha protegido á mi padre!—contesto en voz baja la joven.
—Zi, Clarita, pero el tiempo e loz milagroz ya ha pazao: nozotroz loz españolez ecimos:«Dezconfia e la virgen y échate á corré ».
—¡A ... a... al revés!
Capitán Tiago, que hasta entonces no había encontrado tiempo para hablar, se atrevió a preguntar, poniendo mucha atención a la respuesta:
—¿De modo que usted, doña Victorina, cree que la Virgen? ...
—Venimoz precizamente a hablar con usted e la ''virgen'',—contestó ella misteriosamente señalando á Maria Clara; —tenemoz que hablar e negocioz...
La joven comprendió que debía retirarse; buscó un pretexto y se alejó, apoyándose en los muebles.
Lo que en esta conferencia se dijo y se habló es tan bajo y tan mezquino, que preferimos no referirlo. Baste decir que cuando se despidieron, estaban todos alegres, y que después capitán Tiago decía á tía Isabel:
—¡Avisa á la fonda que mañana damos una fiesta! Vete preparando á María, que la casamos dentro de poco.
Tía Isabel le miró espantada.
—¡Ya lo verás! Cuando el señor Linares sea nuestro yerno, subiremos y bajaremos todos los palacios; nos tendrán envidia, se morirán todos de envidia!
Y así fué como a las ocho de la noche del siguiente día estaba llena otra vez la casa de capitán Tiago, sólo que ahora sus invitados son únicamente españoles y chinos; el bello sexo está representado por españolas, peninsulares y filipinas.
Allí están la mayor parte de nuestros conocidos: el padre Sibyla, el padre Salví entre varios franciscanos y dominicos; el viejo teniente de la guardia civil, señor Guevara, más sombrío que antes; el alférez que cuenta por milésima vez su batalla, mirando por encima de sus hombros a todos, creyéndose un don Juan de Austria; ahora es teniente con grado de comandante; de Espadaña que le mira con respeto y temor y le esquiva sus miradas, y doña Victorina despechada. Linares no había llegado aún, pues, como personaje importante, debía llegar más tarde que<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>los otros: hay seres tan cándidos que con una hora de atraso en todo se quedan grandes hombres.
En el grupo de las mujeres era María Clara el objeto de la murmuración: la joven las había saludado y recibido ceremoniosamente, sin perder su aire de tristeza.
—¡Pst!—decía una joven;—orgullosita...
—Bonitilla,—contestaba otra;—pero él podía haber escogido otra que tuviese menos cara de tonta.
—El oro, chica; el buen mozo se vende.
En otra parte se decía:
—¡Casarse cuando el primer novio está para ser ahorcado!
—A eso llamo yo ser prudente: tener á mano un substituto.
—Pues cuando enviude...
Estas conversaciones las oía quizás la joven, que estaba sentada en una silla, arreglando una bandeja de flores, porque se la veía temblar, palidecer y morderse varias veces los labios.
En el círculo de los hombres, la conversación era en voz alta, y naturalmente, versaba sobre los últimos acontecimientos. Todos hablaban, hasta don Tiburcio; todos menos el padre Sibyla, que guardaba desdeñoso silencio.
—He oído decir que deja vuestra reverencia el pueblo, padre Salví, —pregunta el nuevo teniente á quien ha hecho más amable su nueva estrella.
—Nada tengo que hacer ya en él; me he de fijar para siempre en Manila... ¿y usted?
—Dejo también el pueblo,—contestó estirándose;—el gobierno me necesita para que con una columna volante desinfecte las provincias de filibusteros.
Fray Sibyla le mira rápidamente de pies á cabeza у le vuelve las espaldas por completo.
—¿Se sabe ya de cierto que va a ser del cabecilla, del
filibusterillo?—preguntó un empleado.
—¿Habla usted de Crisóstomo Ibarra?—pregunta otro.—Lo más probable y más justo es que sea ahorcado como los del setenta y dos.
—¡Va desterrado!—dice secamente el viejo teniente.
—¡Desterrado! ¡Nada más que desterrado! ¡Pero será un
destierro perpetuo!—exclaman varios a la vez.
—Si ese joven,—prosiguió el teniente Guevara en voz<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>alta y severa,—hubiese sido más precavido; si hubiera confiado menos en ciertas personas, con quienes se escribe; si nuestros fiscales no supiesen interpretar demasiado sutilmente lo escrito, ese joven de seguro que habría salido absuelto.
Esta declaración del viejo teniente y el tono de su voz produjeron una gran sorpresa en el auditorio, que no supo que decir. El padre Salví miró á otra parte, quizás para no ver la mirada sombría que le dirigía el anciano. María Clara dejó caer las flores y se quedó inmóvil. El padre Sibyla, que sabía callar, parecía también que era el único que sabía preguntar.
—¿Habla usted de cartas, señor de Guevara?
—Hablo de lo que me dijo el defensor, que ha tomado la causa con celo é interés. Fuera de algunas ambiguas líneas, que este joven escribió a una mujer antes de partir para Europa, líneas en que el fiscal vió el proyecto y una amenaza contra el gobierno, y que él reconoció como suyas, no se le podía encontrar por dónde acusarle.
—Y ¿la declaración del bandido antes de morir?
—El defensor la anuló, pues, según el bandido mismo, ellos jamás se habían comunicado con el joven, sino sólo con un tal Lucas, que era enemigo suyo según se pudo comprobar, y que se ha suicidado acaso por los remordimientos. Se probó que los papeles encontrados en poder del cadáver eran falsificados, pues la letra era igual á la que tenia el señor Ibarra hace siete años, pero no á la de ahora, lo que hace suponer que el modelo sea esta carta acusadora. Aun más, el defensor decía que si el señor Ibarra no hubiera querido reconocer la carta, mucho se habría podido hacer por él; pero a su vista se puso pálido, perdió el ánimo y ratificó cuanto en ella había escrito.
—Decía usted—preguntó un franciscano—que iba dirigida la carta a una mujer; ¿cómo llegó á manos del fiscal?
El teniente no respondió; miró un momento al padre Salví y se alejó, retorciendo nerviosamente la afilada punta de su barba gris, mientras los otros hacían comentarios.
—¡Ahí se ve la mano de Dios!-decía uno;—hasta las mujeres le tienen odio.
—Hizo quemar su casa creyendo salvarse, pero no contaba con la huéspeda, esto es, con la querida, con la ''babai'',<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—añadió otro riendo.—¡Está de Dios! ¡Santiago cierra España!
Entretanto el viejo militar se detuvo en uno de sus paseos y se acercó a María Clara, que escuchaba la conversación inmóvil en su asiento; á sus pies se veían las flores.
—Usted es una joven muy precavida,—le dijo el viejo teniente en voz baja;—ha hecho usted bien en entregar la carta... así se aseguran ustedes un tranquilo porvenir.
Ella le vió alejarse y se estremeció, mordiéndose los labios. Afortunadamente pasó la tía Isabel. María Clara tuvo la fuerza suficiente para cogerla del vestido.
—¡Tía!—murmuró.
—¿Qué tienes?—preguntó ésta espantada, al ver la cara de la joven.
—¡Conducidme á mi cuarto!—suplicó colgándose del brazo de la anciana para levantarse.
—¿Estás enferma, hija mía? ¿qué tienes?
—Un mareo... la gente de la sala... tanta luz... necesito
descansar. Decid á mi padre que dormiré.
—¡Estás fría! ¿quieres té?
María Clara movió la cabeza negativamente, cerró con llave la puerta de su alcoba y sin fuerzas se dejó caer en el suelo, al pie de una imagen, sollozando:
—¡Madre, madre, madre mía!
Por la ventana y la puerta que comunicaba con la azotea, entraba la luz de la luna.
La música seguía tocando alegres valses; llegaban hasta la alcoba la risas y el run run de las conversaciones; varias veces llamaron á la puerta su padre, tía Isabel, doña Victorina y aun Linares, pero María Clara no se movió: un estertor se escapaba de su pecho.
Pasaron horas; las alegrías de la mesa terminaron, se oía bailar, cantar, se consumió la bujía y se apagó, pero la joven continuaba aún inmóvil en el suelo, iluminada por los rayos de la luna, al pie de la imagen de la Madre de Jesús.
La casa volvió a quedar poco á poco en silencio, se apagaron las luces, tía Isabel llamó de nuevo a la puerta.
—¡Vamos, se ha dormido!—dijo la tía en voz alta;—Como es joven y no tiene ningún cuidado, duerme como un cadáver.
Cuando todo estuvo en silencio, ella se levantó lenta-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>miente y paseó una mirada á su alrededor, vio la azotea, los
pequeños emparrados, bañados por la melancólica luz de la luna.
—¡Un tranquilo porvenir! ¡Dormir como un cadáver! murmuró en voz baja y se dirigió á la azotea.
La ciudad dormía; sólo se oía de tiempo en tiempo el ruido de un coche, pasando el puente de madera sobre el río, cuyas solitarias aguas reflejaban tranquilas la luz de la luna
La joven levantó los ojos al cielo de una limpidez de zafir; quitóse lentamente sus anillos, pendientes, agujas y peineta, colocándolos sobre el antepecho de la azotea, y miró bacia el río.
Una banca, cargada de zacate, se detenía al pie del embarcadero, que tiene cada casa a orillas del río. Uno de los dos hombres que la tripulaban subió la escalera de piedra, saltó el muro, y segundos después, se oían sus pasos subiendo la escalera de la azotea.
María Clara la vió detenerse al descubrirla, pero sólo fué un momento, porque el hombre avanzó lentamente, у á tres pasos de la joven se detuvo. María Clara retrocedió.
—¡Crisóstomo!—murmuró llena de terror.
—¡Sí, soy Crisóstomo!—repuso el joven en voz grave:—un enemigo, un hombre que tenía razones para odiarme, Elías, me ha sacado de la prisión en que me han arrojado mis amigos.
A estas palabras siguió un triste silencio; María Clara inclinó la cabeza y dejó caer ambas manos.
Ibarra continuó:
—Junto al cadáver de mi madre juré hacerte feliz, ¡sea cual fuere mi destino! Pudiste faltar a tu juramento, ella no era tu madre; pero yo, yo que soy su hijo, tengo su memoria por sagrada, y al través de mil peligros he venido aquí a cumplir con el mío, y la casualidad permite que te hable a ti misma. María, no nos volveremos a ver; eres joven y acaso algún día tu conciencia te acuse... vengo a decirte, antes de partir, que te perdono. Ahora ¡sé feliz y adiós!
Ibarra trató de alejarse, pero la joven le detuvo.
—¡Crisóstomo!—dijo;—Dios te ha enviado para salvarme de la desesperación... ¡óyeme, y júzgame!
Ibarra quiso desasirse dulcemente de ella.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—No he venido á pedirte cuenta de tus actos... he venido para darte la tranquilidad.
—No quiero esa tranquilidad que me regalas; ¡la tranquilidad me la daré yo misma! ¡Tú me desprecias, y tu desprecio me hará amarga hasta la muerte!
Ibarra vió la desesperación y el dolor de la pobre mujer, y le preguntó qué deseaba.
—¡Que creas que te he amado siempre!
Crisóstomo sonrió con amargura.
—¡Ah! tú dudas de mi, dudas de la amiga de tu infancia, que jamás te ha ocultado un solo pensamiento!—exclamó con dolor la joven.—¡Te comprendo! Cuando sepas mi historia, la triste historia que me revelaron durante mi enfermedad, te compadecerás de mí y no tendrás esa sonrisa para mi dolor. ¿Por qué no has dejado que me muriese en manos de mi ignorante médico? ¡Tú y yo habríamos sido más felices!
María Clara descansó un momento y continuo:
-¡Tú lo has querido, tú has dudado de mí, que mi madre me perdone! En una de las dolorosas noches de mis padecimientos, un hombre me reveló el nombre de mi verdadero padre, y me prohibió tu amor... ¡á no ser que mi padre mismo te perdonara el agravio que le has inferido!
Ibarra retrocedió y miró espantado a la joven.
—Sí,—continuó ella;—el hombre me dijo que no podía permitir nuestra unión, pues su conciencia se lo prohibiría, y se ver a obligado a publicarlo, á riesgo de causar un gran escándalo, porque mi padre es...
Y murmuro al oído del joven un nombre en voz tan baja , que sólo él lo oyó.
—¿Qué iba yo a hacer? ¿Debía yo sacrificar á mi amor la memoria de mi madre, el honor de mi padre falso у el buen nombre del verdadero? ¿Podía hacerlo sin que tú mismo me despreciaras?
—Pero ¿pruebas, te dió pruebas? ¡Tú necesitabas pruebas!—exclamo Crisóstomo convulso.
La joven sacó de su seno dos papeles.
—¡Dos cartas de mi madre, dos cartas escritas en medio de sus remordimientos, cuando me llevaba en sus entrañas! Toma, léelas, y verás cómo ella me maldice у desea mi muerte... ¡mi muerte que en vano procuro mi padre con medicinas! Estas cartas las dejó él olvidadas en un<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>cajón otro hombre las encontró y conservó, y sólo me las entregó a cambio de tu carta... para asegurarse, según decía, de que no me iba a casar contigo sin el consentimiento de mi padre. Desde que las llevo sobre mí, en lugar de tu carta, siento el frío sobre el corazón. Te sacrifiqué, sacrifiqué mi amor... ¿qué no hace una por una madre muerta y dos padres vivos? ¿Sospechaba yo el uso que iban a hacer de tu carta?
Ibarra estaba aterrado. María Clara prosiguió:
—¿Qué me quedaba ya? ¿podía decirte por ventura quién era mi padre, podía decirte que le pidieses perdón, á él que tanto ha hecho sufrir al tuyo? ¿podía decirle a mi padre acaso que te perdonara, podía decirle que yo era su hija, á él que tanto ha deseado mi muerte? ¡Sólo me restaba sufrir, guardar conmigo el secreto, y morir sufriendo!... Ahora, amigo mío, ahora que sabes la triste historia de tu María, ¿tendrás aún para ella esa desdeñosa sonrisa?
—¡María, tú eres una santa!
—Soy feliz, puesto que tú me crees...
—Sin embargo,—añadió el joven cambiando de tono,—he oído que te casas...
—¡Si!—sollozó la joven;—mi padre me exige este sacrificio... él me ha amado y alimentado y no era su deber; yo le pago esta deuda de gratitud asegurándole la paz por medio de este nuevo parentesco, pero...
—¿Pero?
—No olvidaré los juramentos de fidelidad que te hice.
—¿Qué meditas hacer?—preguntó Ibarra tratando de leer en sus ojos.
—¡El porvenir es obscuro y el Destino está entre sombras! no sé lo que he de hacer; pero sabe que yo amaré una sola vez, y sin amor jamás seré de nadie. Y de ti, ¿qué va á ser de ti?
—No soy más que un fugitivo... huyo. Dentro de poco se descubrirá mi fuga, María...
María Clara cogió la cabeza del joven entre sus manos, le besó repetidas veces en los labios, le abrazó, y después, alejándole bruscamente de sí:
—¡Huye , huye!—le dijo;-¡huye, adiós!
Ibarra la miró con ojos brillantes, pero, á una señal de la joven, se alejó ebrio, vacilante...
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="CapLX"/>Saltó otra vez el muro y entró en la banca. María Clara, apoyada sobre el antepecho le miraba alejarse.
Elías se descubrió y la saludó profundamente.
<section end="CapLX"/>
<section begin="CapLXI"/>{{t3|LXI}}
{{t4|LA CAZA EN EL LAGO}}
—Oíd , señor, el plan que he meditado,—dijo Elías pensativo mientras se dirigían á San Gabriel.—Os ocultaré ahora en casa de un amigo mío en Mandaluyong; os traeré todo vuestro dinero, que he salvado y guardado al pie del baliti, en la misteriosa tumba de vuestro abuelo; dejaréis el país...
—¿Para ir al extranjero?—interrumpió Ibarra.
—Para vivir en paz los días que os quedan de vida. Tenéis amigos en España, sois rico, podréis haceros indultar. De todos modos el extranjero para nosotros es una patria mejor que la propia.
Crisóstomo no contestó; meditó en silencio.
Llegaban en aquel momento al Pasig y la banca empezó a subir la corriente. Sobre el puente de España corría un jinete aprisa y se oía un prolongado y agudo silbido.
—Elías,—repuso Ibarra;—debéis vuestra desgracia á mi familia; me habéis salvado la vida dos veces, y os debo no sólo gratitud, sino también una restitución de vuestra fortuna. Me aconsejáis que viva en el extranjero, pues venid conmigo y vivamos como hermanos. Aquí sois también desgraciado.
Elías movió tristemente la cabeza y contestó:
—¡Imposible! Es verdad que yo no puedo amar ni ser feliz en mi país, pero puedo sufrir y morir en él, y acaso por él: siempre es algo. ¡Que la desgracia de mi patria sea mi propia desgracia, y puesto que no nos une un noble pensamiento, puesto que no laten nuestros corazones á un solo nombre, al menos que a mis paisanos me una la común desventura, al menos que llore yo con ellos nuestros dolores, que un mismo infortunio oprima nuestros corazones!
—Entonces ¿por qué me aconsejáis que parta?
—Porque en otra parte podéis ser feliz y yo no, porque
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="CapLX"/>Saltó otra vez el muro y entró en la banca. María Clara, apoyada sobre el antepecho le miraba alejarse.
Elías se descubrió y la saludó profundamente.
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<section begin="CapLXI"/>{{t3|LXI}}
{{t4|LA CAZA EN EL LAGO}}
—Oíd, señor, el plan que he meditado,—dijo Elías pensativo mientras se dirigían á San Gabriel.—Os ocultaré ahora en casa de un amigo mío en Mandaluyong; os traeré todo vuestro dinero, que he salvado y guardado al pie del baliti, en la misteriosa tumba de vuestro abuelo; dejaréis el país...
—¿Para ir al extranjero?—interrumpió Ibarra.
—Para vivir en paz los días que os quedan de vida. Tenéis amigos en España, sois rico, podréis haceros indultar. De todos modos el extranjero para nosotros es una patria mejor que la propia.
Crisóstomo no contestó; meditó en silencio.
Llegaban en aquel momento al Pasig y la banca empezó a subir la corriente. Sobre el puente de España corría un jinete aprisa y se oía un prolongado y agudo silbido.
—Elías,—repuso Ibarra;—debéis vuestra desgracia á mi familia; me habéis salvado la vida dos veces, y os debo no sólo gratitud, sino también una restitución de vuestra fortuna. Me aconsejáis que viva en el extranjero, pues venid conmigo y vivamos como hermanos. Aquí sois también desgraciado.
Elías movió tristemente la cabeza y contestó:
—¡Imposible! Es verdad que yo no puedo amar ni ser feliz en mi país, pero puedo sufrir y morir en él, y acaso por él: siempre es algo. ¡Que la desgracia de mi patria sea mi propia desgracia, y puesto que no nos une un noble pensamiento, puesto que no laten nuestros corazones á un solo nombre, al menos que a mis paisanos me una la común desventura, al menos que llore yo con ellos nuestros dolores, que un mismo infortunio oprima nuestros corazones!
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>no estáis hecho para sufrir, y porque aborreceríais vuestro país, si un día os vieseis por causa suya desgraciado; y aborrecer á su patria es la mayor desventura.
—¡Sois injusto conmigo!—exclamó Ibarra con amargo reproche;—olvidáis que, apenas llegado aquí, me he puesto á buscar su bien...
—No os ofendáis, señor, no os hago ningún reproche: ¡ojalá todos puedan imitaros! Pero yo no os pido imposibles, y no os ofendáis si os digo que vuestro corazón os engaña. Amabais á vuestra patria porque vuestro padre así os lo ha enseñado; la amabais porque en ella teníais amor, fortuna, juventud, porque todo os sonreía, vuestra patria no os había hecho ninguna injusticia; la amabais como amamos todo aquello que nos hace felices. Pero el día en que os veais pobre, hambriento, perseguido, delatado y vendido por vuestros mismos compatriotas, ese día renegaréis de vos, de vuestra patria y de todos.
—Vuestras palabras me lastiman,—dijo Ibarra resentido.
Elías bajó la cabeza, meditó y repuso:
—Yo quiero desengañaros, señor, y evitaros un triste porvenir. Acordaos de aquella vez cuando yo os hablaba en esta misma banca y á la luz de esta misma luna, hará un mes, días más días menos: entonces erais feliz. La súplica de los desgraciados no llegaba hasta vos: desdeñasteis sus quejas porque eran quejas de criminales; disteis más oídos á sus enemigos y , a pesar de mis razones y ruegos, os pusisteis del lado de sus opresores, y de vos dependía entonces el que yo me convirtiese en criminal ó me dejase matar para cumplir una palabra sagrada. Dios no lo ha permitido porque el anciano jefe de los malhechores ha muerto... ¡Ha pasado un mes y ahora pensáis de otra manera!
—Tenéis razón, Elías, pero el hombre es un animal de circunstancias: entonces estaba cegado, disgustado, ¿qué sé yo? Ahora la desgracia me ha arrancado la venda; la soledad y la miseria de mi prisión me han enseñado; ahora veo el horrible cáncer que roe á esta sociedad, que se agarra á sus carnes y que pide una violenta extirpación, ¡Ellos me han abierto los ojos, me han hecho ver la llaga y me fuerzan á ser criminal! Y pues que lo han querido, seré filibustero, pero verdadero filibustero, llamaré á todos<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>los desgraciados, á todos los que dentro del pecho sienten latir un corazón, á esos que os enviaban á mi... ¡no, no seré criminal, nunca lo es el que lucha por su patria, al contrario! Nosotros, durante tres siglos, les tendemos la mano, les pedimos amor, ansiamos llamarlos nuestros hermanos, ¿cómo nos contestan? Con el insulto y la burla, negándonos hasta la casualidad de seres humanos, ¡No hay Dios, no hay esperanzas, no hay humanidad; no hay más que el derecho de la fuerza!
Ibarra estaba nervioso; todo su cuerpo temblaba.
Pasaron por delante del palacio del General y creyeron notar movimiento y agitación en los guardias.
—¿Se habrá descubierto la fuga?—murmuró Elías—Acostaos, señor, para que os cubra con el zacate, pues pasaremos al lado del Polvorista, y al centinela puede chocarle el que seamos dos.
La banca era una de esas finas y estrechas canoas que no bogan sino que resbalan por encima del agua.
Como Elías había previsto, el centinela le paró y le preguntó de dónde venia.
—De Manila, de dar zacate a los oidores y curas,—contesto imitando el acento de los de Pandakan.
{{corr|Qn|Un}} sargento salió y enteróse de lo que pasaba.
—¡Sulung!—díjole éste;—te advierto que no recibas en la banca a nadie; un preso acaba de escaparse. Si le capturas y me lo entregas te daré una buena propina
—Está bien, señor; ¿qué señas tiene?
—Va de levita y habla español; con que ¡''cuidao''!
La banca se alejó. Elías volvió la cara y vió la silueta del centinela, de pie junto a la orilla.
—Perderemos algunos minutos de tiempo,—dijo en voz baja;—debemos entrar en el río Beata para simular que soy de Peña Francia. Veréis el río que cantó Francisco Baltasar.
El pueblo dormía á la luz de la luna. Crisóstomo se levanto para admirar la paz sepulcral de la naturaleza. El río era estrecho y sus orillas formaban llano, sembrado de zacate.
Elías arrojó su carga en la orilla, cogió una larga caña y sacó debajo de la hierba algunos vacíos bayones o sacos hechos de hoja de palmera. Siguieron navegando.
—Sois dueño de vuestra voluntad, señor, y de vuestro<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>porvenir —dijo á Crisóstomo que se mantenía silencioso.—Pero si me permitís, una observación, os diré: Mirad bien lo que vais á hacer, vais á encender la guerra, pues tenéis dinero, cabeza y encontraréis pronto muchos brazos, fatalmente hay muchos descontentos. Mas, en esta lucha que vais á emprender, los que más sufrirán son los indefensos é inocentes. Los mismos sentimientos que hace un mes, hacían que me dirigiese á vos pidiendo reformas, son también los que me mueven ahora á deciros que meditéis. El país, señor, no piensa separarse de la madre patria; no pide más que un poco de libertad, de justicia y de amor. Os secundarán los descontentos, los criminales, los desesperados, pero el pueblo se abstendrá. Os equivocáis, si, viendo todo obscuro, creéis que el país está desesperado. El país sufre, sí, pero aun espera, cree, y sólo se levantará cuando haya perdido la paciencia, esto es, cuando lo quieran los que gobiernan, lo cual aun está lejos. Yo mismo no os seguiría; jamás acudiré á esos remedios extremos mientras vea esperanza en los hombres.
—¡Entonces iré sin vos!—repuso Crisóstomo resuelto.
—¿Es vuestra firme decisión?
—¡Firme y única, testigo la memoria de mi padre! Yo no me dejo arrancar impunemente paz y felicidad, yo que sólo he deseado el bien, yo que todo lo he respetado y sufrido por amor á una religión hipócrita, por amor á una patria. ¿Cómo me han correspondido? Hundiéndome en un calabozo infame y prostituyendo a mi futura esposa. ¡No, no vengarme seria un crimen, sería animarlos á nuevas injusticias! ¡No, fuera cobardía, pusilanimidad gemir y llorar cuando hay sangre y vida, cuando al insulto y al reto se une el escarnio! ¡Yo llamaré a ese pueblo ignorante, le haré ver su miseria; que no piense en hermanos; sólo hay lobos que se devoran, y les diré que contra esta opresión se levanta y protesta el eterno derecho del hombre para conquistar su libertad!
—¡El pueblo inocente sufrirá!
—¡Mejor! ¿Podéis conducirme hasta la montaña?
—¡Hasta que estéis en seguridad!—contestó Elías.
Salieron de nuevo al Pasig. Hablaban de cuando en cuando de cosas indiferentes.
—¡Santa Ana!—murmuró Ibarra,—¿conoceréis esta casa?
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>Pasaban delante de la casa de campo de los jesuitas.
—¡Allí pasé yo muchos días felices y alegres!—suspiro Elías.—En mi tiempo veníamos cada mes... entonces era yo como los otros; tenia fortuna, familia, soñaba y vislumbraba un porvenir. En esos días veía a mi hermana en el vecino colegio; me regalaba una labor de sus manos... la acompañaba una amiga, una bella joven. Todo ha pasado como un sueño.
Permanecieron silenciosos hasta llegar á ''Malapad na
bató'' <ref>En tagalo esta voz significa «piedra ancha». Se llama así á una roca escarpada que se ve en el río. Frente a la roca había un puesto de Carabineros que vigilaba la entrada de mercancías por el Pásig.</ref>. Los que de noche han surcado alguna vez el Pasig, en una de esas noches mágicas que Filipinas ofrece, cuando la luna derrama desde el límpido azul melancólica poesía: cuando las sombras ocultan la miseria de los hombres y el silencio apaga los mezquinos acentos de su voz; cuando sólo habla la Naturaleza, esos comprenderán lo que meditaban ambos jóvenes.
En ''Malapad na bató'', el carabinero tenía sueño, y, viendo que la banca estaba vacía y no ofrecía botín alguno que coger según la tradicional costumbre de su cuerpo y uso de aquel puesto, dejóles pasar fácilmente.
El guardia civil de Pasig tampoco sospechaba nada, y no fueron molestados.
Comenzaba á amanecer cuando llegaron al lago, manso y tranquilo como un gigantesco espejo. La luna palidecía y el Oriente se teñía con rosadas tintas. A cierta distancia columbraron una masa gris que avanzaba poco á poco.
—La falúa viene,—murmura Elías;—acostaos y os cubriré con estos sacos.
Las formas de la embarcación se hacían más claras y perceptibles.
—Se pone entre la orilla y nosotros,—observa Elías inquieto.
Y varió poco a poco la dirección de su banca remando hacia Binangonan. Con gran estupor notó que la falúa cambiaba también de dirección, mientras una voz le llamaba.
Elías detúvose y reflexionó. La orilla estaba aún lejos y pronto estarían al alcance de los fusiles de la falúa. Pensó<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>volver al Pasig: su banca era más veloz que aquella. Pero ¡fatalidad! otra banca venia del Pasig, ý se veían brillar los capacetes y bayonetas de los guardias civiles.
—¡Estamos cogidos!—murmuró palideciendo.
Mirose sus robustos brazos y tomando la única resolución que quedaba, principio á remar con todas sus fuerzas hacia la Isla de Talim. Entretanto, se asomaba el sol.
La banca se deslizaba rápidamente; Elias vió sobre la falúa, que viraba, algunos hombres de pie haciéndole señas.
—¿Sabéis guiar una banca? —preguntó Ibarra.
—Sí; ¿por qué?
—Porque estamos perdidos si no salto al agua y les hago perder la pista. Ellos me perseguirán, yo nado y buceo bien... yo los alejaré de vos, y después procuráis salvaros.
—¡No; quedaos y vendamos caras nuestras vidas!
—Inútil, no tenemos armas, y con sus fusiles nos matarán como á pajaritos.
En aquel momento se oyó un ''chiss'' en el agua como la caída de un cuerpo caliente, seguido inmediatamente de una detonación.
—¿Veis?—dijo Elías poniendo el remo en la banca.—Nos veremos en la Nochebuena en la tumba de vuestro abuelo. ¡Salvaos!
—Y ¿vos?
—Dios me ha sacado de mayores peligros.
Elías se quitó la camisa; una bala la rasgó de sus manos, y dos detonaciones se dejaron oír. Sin turbarse, estrechó la mano de Ibarra, que continuaba tendido en el fondo de la banca; se levantó y saltó al agua, empujando con el pie la pequeña embarcación.
Oyéronse varios gritos, y pronto á alguna distancia apareció la cabeza del joven como para respirar, ocultándose al instante.
—¡Allá, allá está!—gritaron varias voces y silbaron de nuevo las balas.
La falúa y la banca pusiéronse en su persecución: una ligera estela señalaba su paso, alejándose cada vez más de la banca de Ibarra, que bogaba como si estuviese abandonada. Cada vez que el nadador sacaba la cabeza para respirar, disparaban sobre el guardias civiles y falueros,
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>volver al Pasig: su banca era más veloz que aquella. Pero ¡fatalidad! otra banca venia del Pasig, ý se veían brillar los capacetes y bayonetas de los guardias civiles.
—¡Estamos cogidos!—murmuró palideciendo.
Mirose sus robustos brazos y tomando la única resolución que quedaba, principio á remar con todas sus fuerzas hacia la Isla de Talim. Entretanto, se asomaba el sol.
La banca se deslizaba rápidamente; Elias vió sobre la falúa, que viraba, algunos hombres de pie haciéndole señas.
—¿Sabéis guiar una banca? —preguntó Ibarra.
—Sí; ¿por qué?
—Porque estamos perdidos si no salto al agua y les hago perder la pista. Ellos me perseguirán, yo nado y buceo bien... yo los alejaré de vos, y después procuráis salvaros.
—¡No; quedaos y vendamos caras nuestras vidas!
—Inútil, no tenemos armas, y con sus fusiles nos matarán como á pajaritos.
En aquel momento se oyó un ''chiss'' en el agua como la caída de un cuerpo caliente, seguido inmediatamente de una detonación.
—¿Veis?—dijo Elías poniendo el remo en la banca.—Nos veremos en la Nochebuena en la tumba de vuestro abuelo. ¡Salvaos!
—Y ¿vos?
—Dios me ha sacado de mayores peligros.
Elías se quitó la camisa; una bala la rasgó de sus manos, y dos detonaciones se dejaron oír. Sin turbarse, estrechó la mano de Ibarra, que continuaba tendido en el fondo de la banca; se levantó y saltó al agua, empujando con el pie la pequeña embarcación.
Oyéronse varios gritos, y pronto á alguna distancia apareció la cabeza del joven como para respirar, ocultándose al instante.
—¡Allá, allá está!—gritaron varias voces y silbaron de nuevo las balas.
La falúa y la banca pusiéronse en su persecución: una ligera estela señalaba su paso, alejándose cada vez más de la banca de Ibarra, que bogaba como si estuviese abandonada. Cada vez que el nadador sacaba la cabeza para respirar, disparaban sobre él guardias civiles y falueros,
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="CapLXI"/>La caza duraba; la banquilla de Ibarra estaba lejos, el nadador se aproximaba a la orilla, distantes unas cincuenta brazas. Los remeros estaban ya cansados, pero Elías lo estaba también, pues sacaba la cabeza a menudo y cada vez en distinta dirección, como para desconcertar á sus perseguidores. Ya no señalaba la traidora estela el paso del buzo. Por última vez le vieron cerca de la orilla à unas diez brazas, hicieron fuego... después pasaron minutos y minutos; nada volvió a aparecer sobre la superficie tranquila y desierta del lago.
Media hora después, un remero pretendía descubrir en el agua, cerca de la orilla, señales de sangre, pero sus compañeros sacudían la cabeza con un aire que tanto quería decir si como no.
<section end="CapLXI"/>
<section begin="CapLXII"/>{{t3|LXII}}
{{t4|EL PADRE DÁMASO SE EXPLICA}}
En vano se amontonan sobre una mesa los preciosos regalos de boda; ni los brillantes en sus estuches de terciopelo azul, ni los bordados de piña, ni las piezas de seda atraen las miradas de María Clara. La joven mira, sin ver ni leer, el periódico que da cuenta de la muerte de Ibarra, ahogado en el lago.
De repente siente que dos manos se posan sobre sus ojos, la sujetan, y una voz alegre, la del padre Dámaso, le dice:
—¿Quién soy? ¿quién soy?
María Clara salta de su asiento y le mira con terror.
—Tontica, ¿has tenido miedo, eh? ¿No me esperabas, eh? Pues he venido de provincias para asistir a tu casamiento.
Y acercándose con una sonrisa de satisfacción le tendió la mano para que se la besara. María Clara se inclinó temblorosa у la llevó con respeto a sus labios.
—¿Qué tienes, María?—preguntó el franciscano, perdiendo su sonrisa alegre y llenándose de inquietud;-tu mano está fría, palideces... ¿estás enferma, hijita?
Y el padre Dámaso la atrajo á sí con una ternura de la que no se le hubiera creído capaz, cogió ambas manos de la joven y le interrogó con la mirada.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¿No tienes ya confianza en tu padrino?—preguntó en tono de reproche;— vamos, siéntate aquí y cuéntame tus disgustillos, como lo hacías conmigo de niña, cuando deseabas velas para hacer muñecas de cera. Ya sabes que te he querido siempre... nunca te he reñido...
La voz del padre Dámaso dejaba de ser brusca y llegaba a tener modulaciones cariñosas. María Clara empezó á llorar.
—¿Lloras, hija mía? ¿por qué lloras? Has reñido con Linares?
María Clara se tapó los oídos.
—¡Nada de él... ahora!—gritó la joven.
Padre Dámaso la miró lleno de asombro.
—¿No quieres confiarme tus secretos? ¿No he procurado siempre satisfacer tus más pequeños caprichos?
La joven levantó hacia él sus ojos llenos de lágrimas, le miró algún rato, y volvió a llorar amargamente.
—¡No llores así, hija mía, que tus lágrimas me hacen daño! ¡cuéntame tus penas; verás cómo tu padrino te ama!
María Clara se le acercó lentamente, cayó de rodillas á sus pies y levantando su semblante, bañado en llanto, le dijo en voz baja, apenas perceptible,
—¿Me ama usted aun?
—¡Niña!
—¡Entonces... proteja usted á mi padre y rompa mi casamiento!
Y la joven le refirió su última entrevista con Ibarra, ocultando el secreto de su nacimiento.
El padre Dámaso apenas podía creer lo que oía.
—Mientras él vivía,—continuó la joven,—pensaba luchar, esperaba, confiaba. Quería vivir para oír hablar de él... pero ahora que le han muerto, ahora no hay razón para que viva y sufra.
Esto lo dijo ella lentamente, en voz baja; con calma, sin lágrimas.
—Pero, tonta, ¿no es Linares mil veces mejor que ?...
—Cuando él vivía, podía yo casarme... pensaba huir después... ¡mi padre no quiere más que el parentesco! Ahora que él está muerto, ningún otro me llamará su esposa... Cuando él vivía, podía yo envilecerme, quedábame el consuelo de saber que él existía y quizás pensaría<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>en mí; ahora que él está muerto... el convento ó la tumba.
El acento de la joven tenia una firmeza tal, que el раdre Dámaso perdió su aire alegre y se puso muy pensativo.
—¿Le amabas tanto?—preguntó balbuceando.
María Clara no respondió. Fray Dámaso inclinó la cabeza sobre el pecho y se quedó silencioso.
—¡Hija mía!—exclamó con voz dolorida;—perdóname que te haya hecho infeliz sin saberlo. Yo pensaba en tu porvenir, quería tu felicidad. ¿Cómo podía permitir yo que te casases con uno del país, para verte esposa infeliz y madre desgraciada? Yo no podía quitar de tu cabeza tu amor, y me opuse con todas mis fuerzas, abusé de todo, por ti, solamente por ti. Si hubieses sido su esposa, llorarías después, por la condición de tu marido, expuesto á todas las vejaciones sin medio de defensa; madre, llorarías por la suerte de tus hijos: si los educas, les preparas un triste porvenir; se hacen enemigos de la Religión, y los verás ahorcados ó expatriados; si los dejas ignorantes, ¡los verás tiranizados y degradados! ¡No lo podía consentir! Por esto buscaba para ti un marido que te pudiese hacer madre feliz de hijos que manden y no obedezcan, que castiguen y no sufran... Sabía que tu amigo de la infancia era bueno, le quería a él como a su padre, pero los odié desde que vi que iban á causar tu infelicidad, porque yo te quiero, te idolatro, te amo como se ama á una hija; no tengo más cariño que el tuyo; yo te he visto crecer; no transcurre una hora sin que piense en ti; sueño en ti; tú eres mi única alegría...
Y el padre Dámaso se echó a llorar como un niño.
—Pues bien, si me ama usted no me haga eternamente desgraciada; él ya no vive, quiero ser monja.
—¡Ser monja, ser monja!—repitió.—Tú no sabes, hija mía, la vida, el misterio que se oculta detrás de los muros del convento, ¡tú no lo sabes! prefiero mil veces verte infeliz en el mundo que en el claustro... Aquí tus quejas pueden oírse; allá sólo tendrás los muros... Tú eres hermosa, muy hermosa, y no has nacido para él, para esposa de Cristo. Créeme, hija mía, el tiempo lo borra todo; más tarde te olvidarás, amarás, y amarás á tu marido.., á Linares.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="CapLXII"/>—¡O el convento o ...la muerte!—repitió María Clara.
—¡El convento, el convento ó la muerte!—exclamó el padre Dámaso.—María, yo ya soy viejo, no podré velar más tiempo por ti y por tu tranquilidad... Escoge otra cosa, busca otro amor, otro joven, sea quien quiera, todo menos el convento.
—¡El convento ó la muerte!
—¡Dios mío , Dios mío!—gritó el sacerdote, cubriéndose la cabeza con las manos ; — tú me castigas, sea; pero vela por mi hija...
Y volviéndose á la joven:
—¿¿Quieres ser monja? lo serás; no quiero que mueras.
María Clara le cogió ambas manos, las estrecho, las beso arrodillándose.
—¡Padrino, padrino mío!—repetía.
Fray Dámaso salía después triste, cabizbajo y suspirando.
—¡Dios, Dios, tú existes puesto que castigas! Pero véngate en mí y no hieras al inocente, salva á mi hija.
<section end="CapLXII"/>
<section begin="CapLXIII"/>{{t3|LXIII}}
{{t4|LA NOCHEBUENA}}
Arriba, en la vertiente de la montaña , junto á un torrente, se esconde entre los árboles una choza, construída sobre troncos. Sobre su techo de kogon <ref>Gramínea larga y flexible que se emplea para cubrir las cabañas de los indigenas; ''Imperata arundinacea'' Brogn.</ref>, trepa ramosa, cargada de frutas y flores, la calabaza; adornan el rústico hogar cuernas de venado, calaveras de jabalí, algunas con largos colmillos. Allí vive una familia tagala, dedicada á la caza y á cortar leñas.
A la sombra de un árbol, el abuelo hace escobas con los nervios de la palma, mientras una joven coloca en un cesto huevos de gallina, limones y legumbres. Dos muchachos, un niño y una niña, juegan al lado de otro, pálido, melancólico, de ojos grandes y mirada profunda, sentado sobre un caído tronco. En sus enflaquecidas facciones reconoceremos al hijo de Sisa, Basilio, el hermano de Crispín.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—Cuando te pongas bueno del pie,—le decía la niña—jugaremos pico pico con escondite, yo seré la madre.
—Subirás con nosotros á la cumbre del monte,—añadía el niño,—beberás sangre de venado con zumo de limón y te pondrás grueso, y entonces te enseñaré á saltar de roca en roca, encima del torrente.
Basilio sonreía con tristeza, miraba la llaga de su pie, y después dirigía la vista al sol que brillaba espléndido.
—Vende estas escobas,—dijo el abuelo á la joven,—y compra algo para tus hermanos que hoy es la Pascua.
—¡Reventadores, quiero reventadores!—gritó el niño.
—¡Yo, una cabeza para mi muñeca!—gritó la niña, cogiendo á su hermana del tapis.
—Y tú ¿qué quieres?—preguntó el abuelo á Basilio.
Este se levantó trabajosamente y se acercó al anciano.
—Señor;—le dijo,—¿he estado, pues, enfermo más de un mes?
—Desde que te encontramos desmayado y lleno de heridas, han pasado dos lunas; creíamos que ibas à morir...
—¡Dios os pague; nosotros somos muy pobres! -repuso Basilio;—pero ya que hoy es Pascua, quiero irme al pueblo para ver a mi madre y á mi hermanito. Me estarán buscando.
—Pero, hijo, todavía no estás bueno y tu pueblo está lejos; no llegas a media noche.
—¡No importa, señor! Mi madre y mi hermanito deben estar muy tristes; todos los años pasamos juntos esta fiesta... el año pasado comimos un pescado entre nosotros tres... Madre habrá estado llorando buscándome.
—¡No llegarás vivo al pueblo, muchacho! Esta noche tenemos gallina y tapa de jabalí. Mis hijos te buscarán cuando vengan del campo...
—Tenéis muchos hijos, y mi madre no tiene más que á nosotros dos; acaso me cree ya muerto. Esta noche quiero darle una alegría, un aguinaldo... un hijo.
El anciano sintió humedecerse sus ojos, puso la mano sobre la cabeza del niño y le dijo conmovido:
—¡Pareces un viejo! ¡Anda, vete, busca a tu madre, dale el aguinaldo... de Dios, como dices; si hubiese sabido el
nombre de tu pueblo, habría ido allá cuando estabas
malo! Anda, hijo mío, que Dios te acompañe. Lucía, mi nieta irá contigo hasta el próximo pueblo.
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Elultimolicantropo
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>—¿Cómo? ¿te vas?—le pregunta el niño.—Allá abajo hay soldados, hay muchos ladrones. ¿No quieres ver mis reventadores? ¡Pum purumpum!
—¿No quieres jugar gallina ciega con escondite?-pregunta a su vez la niña; ¿te has escondido alguna vez? Verdad , no hay cosa más agradable que ser perseguido y esconderse.
Basilio se sonrió; cogió su bastón y con lágrimas en los ojos:
—Volveré pronto,—dijo;—traeré á mi hermanito, le veréis y jugaréis con él; es tan grande como tú.
—¿Anda también cojeando?—preguntó la niña;—entonces le haremos madre en el pico pico.
—No te olvides de nosotros,—le decía el anciano;—llévate esta tapa de jabalí y dáselo a tu madre.
Los niños le acompañaron hasta el puente de caña, colocado sobre el torrente de alborotado curso.
Lucia le hizo apoyarse sobre su brazo y desaparecieron
de la vista de los niños.
Basilio marchaba ligero a pesar de su pierna vendada.
{{línea|6em|align=center}}
Ei viento del norte silba y los habitantes de San Diego
tiritan de frio.
Es la Nochebuena, y sin embargo, el pueblo está triste.
Ni un farol de papel cuelga de las ventanas, ningún ruido en las casas anuncia regocijo como otros años.
En el entresuelo de la casa de capitán Basilio, hablan al lado de una reja éste y don Filipo (la desgracia del último los había hecho amigos), mientras que en la otra miran hacia la calle Sinang, su prima Victoria y la bella Yday.
La luna, menguante, empezaba á brillar en el horizonte y doraba nubes, árboles y casas, proyectando largas y fantásticas sombras.
—¡No es poca fortuna la vuestra, salir absueltos en estos tiempos!—decía capitán Basilio á don Filipo;—os han quemado vuestros libros, sí, pero otros han perdido más.
Una mujer se acercó a la reja y miró hacia el interior. Sus ojos eran brillantes, sus facciones demacradas, su cabellera suelta y desgreñada: la luna le daba un aspecto singular.
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>–¡Sisa!–exclamó sorprendido don Filipo,–y volviéndose á capitán Basilio, mientras la loca se alejaba.
–¿No estaba en casa de un médico?-preguntó; –¿se ha curado ya?
Capitán Basilio se sonrió amargamente.
–El médico tuvo miedo de que le acusasen como amigo de don Crisóstomo y la despidió de su casa. Ahora vaga otra vez tan loca como siempre, canta, es inofensiva y vive en el bosque...
–¿Qué cosas más han sucedido en el pueblo desde que lo dejamos? Sé que tenemos cura nuevo y nuevo alférez...
–¡Terribles tiempos, la humanidad retrocede!–murmura capitán Basilio pensando en el pasado.–Veréis: al día siguiente de vuestra marcha encontraron muerto al sacristán mayor, colgado del zaquizamí de su casa. El padre Salví sintió mucho su muerte y se apoderó de todos sus papeles. ¡Ah! el filósofo Tasio murió también у fué enterrado en el cementerio de los chinos.
–¡Pobre don Anastasio!–suspiró don Filipo ;–y ¿sus libros?
–Fueron quemados por los piadosos, que así creían agradar a Dios. Nada pude salvar, ni los libros de Cicerón... el gobernadorcillo no hizo nada por impedirlo.
Ambos guardaron silencio.
En aquel momento se oía el canto triste y melancólico de la loca.
–¿Sabes cuándo se casa Maria Clara?-preguntaba Iday à Sinang.
–No lo sé,–contestó ésta:—recibí una carta de ella, pero no la abro por temor de saberlo. ¡Pobre Crisóstomo!
–Dicen que si no es por Linares, á capitán Tiago le ahorcan; ¿qué iba a hacer María Clara? -observó Victoria.
Un muchacho pasó cojeando; corría en dirección á la plaza, de donde partía el canto de Sisa. Es Basilio. El niño ha encontrado su casa, desierta y en ruinas; después de muchas preguntas sólo sacó que su madre estaba loca y vagaba por el pueblo: de Crispín ni una palabra.
Basilio tragóse las lágrimas, ahogó el dolor y sin descansar fué a buscar á su madre. Llegó al pueblo, preguntó por ella y un canto hirió sus oídos. El infeliz dominó el temblor de sus piernas y quiso correr para arrojarse en los brazos de su madre.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>La loca dejó la plaza y se llegó delante de la casa del nuevo alférez. Ahora como antes hay un centinela en la puerta, y una cabeza de mujer se asoma á la la ventana, pero no es la Medusa, es una joven: alférez y desgraciado no son sinónimos.
Sisa empezó a cantar delante de la casa, mirando á la luna, que se mecía majestuosa en el cielo azul entre nubes de oro. Basilio la veía y no se atrevía á acercarse, esperando quizás que abandone el sitio; andaba de un lado á otro, pero evitando aproximarse al cuartel.
La joven que estaba en la ventana escuchaba atenta el canto de la loca, y mandó al centinela que le hiciese subir.
Sisa, al ver acercarse al soldado y oír su voz, llena de terror, echóse á correr, y sabe Dios como corre una loca. Basilio sigue detrás de ella, y temiendo perderla, corre y olvida los dolores de sus pies.
-¡Mirad como ese muchacho persigue á la loca!-exclamaba indignada una criada que estaba en la calle.
Y viendo que la seguía persiguiendo, cogió una piedra y la lanzó contra él diciendo:
-¡Toma! ¡qué lástima que esté atado el perro!
Basilio sintió un golpe en su cabeza, pero continuó corriendo sin hacer caso. Los perros le ladraban, los gansos graznaban, unas ventanas se abrían para dar paso á un curioso; cerrábanse otras temiéndose otra noche de alborotos.
Llegaron fuera del pueblo. Sisa empezó a moderar su carrera; gran distancia la separaba de su perseguidor.
-¡Madre!-le gritó cuando la distinguió.
La loca, apenas oyó la voz, comenzó de nuevo á huir.
-¡Madre, soy yo! -gritó el muchacho desesperado.
La loca no oía, el hijo seguía jadeante. Los sembrados hablan pasado y estaban ya cerca del bosque.
Basilio vió a su madre entrar en él y entró también. Las matas, los arbustos, los espinosos juncos y las raíces salientes de los árboles impedían la carrera de ambos. El hijo seguía la silueta de su madre, alumbrada de cuando en cuando por los rayos de la luna, penetrando al través de los claros y las ramas. Era el misterioso bosque de la familia de Ibarra.
El muchacho tropezó varias veces cayendo, pero se le-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>vantaba, no sentía dolor; toda su alma se reconcentraba en sus ojos, que seguían la querida figura.
Pasaron el arroyo que murmuraba dulcemente; las espinas de las cañas, caídas en el barro de la orilla, se hundían en sus pies desnudos: Basilio no se detenía para arrancarlas.
Con gran sorpresa vió que su madre se internaba en la espesura y entraba por la puerta de madera, que cierra la tumba del viejo español al pie del balite.
Basilio trato de hacer lo mismo pero halló la puerta cerrada. La loca defendía la entrada con sus descarnados brazos y desgreñada cabeza, manteniéndola cerrada con todas sus fuerzas.
—¡Madre, soy yo, soy yo, soy Basilio, vuestro hijo!— gritó el extenuado muchacho dejándose caer.
Pero la loca no cedía; apoyándose con los pies contra el suelo ofrecía una enérgica resistencia.
Basilio golpeó la puerta con el puño, con su cabeza, bañada en sangre, lloro, pero en vano. Levantose trabajosamente, miró al muro, pensando escalarlo, pero nada halló. Lo rodeó entonces y vió una rama del fatídico baliti cruzándose con la de otro árbol. Trepo: su amor filial hacia milagros, y de rama en rama pasó al baliti, y vio á su madre sosteniendo aún con su cabeza las hojas de la puerta.
El ruido que hacía en las ramas llamó la atención de Sisa; volvióse y quiso huir, pero el hijo, dejándose caer del árbol, la abrazo y la cubrió de besos, perdiendo después el sentido.
Sisa vió la frente bañada en sangre; inclinóse hacia él, sus ojos parecían saltar de las órbitas; le miró en la cara, y aquellas pálidas facciones sacudieron las dormidas células de su cerebro, algo como una chispa brotó en su mente, reconoció a su hijo y, soltando un grito, cayó sobre el desmayado muchacho, abrazándole y besándole.
Madre é hijo permanecieron inmóviles.
Cuando Basilio volvió en sí hallo á su madre sin sentido. La llamo, prodigóle los más tiernos nombres y, viendo que ni respiraba ni despertaba, levantóse, fué al arroyo a sacar un poco de agua en un cucurucho de hojas de plátano y roció con ella el pálido rostro de su madre. Pero<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>la loca no hizo el menor movimiento, sus ojos continuaron cerrados.
Basilio la miró espantado; aplicó su oído al corazón de ella, pero el flaco y marchito seno estaba frío y el corazón no latía: puso los labios sobre sus labios y no percibió ningún aliento. El desgraciado abrazó el cadáver y lloró amargamente.
La luna brillaba en el cielo majestuosa, la brisa vagaba
suspirando y debajo de la hierba los grillos trinaban.
La noche de luz y alegría para tantos niños, que en el amable seno de la familia celebran la fiesta de más dulces recuerdos, la fiesta que conmemora la primera mirada de amor que el cielo envió a la tierra; esa noche, en que todas las familias cristianas comen, beben, bailan, cantan, ríen, juegan, aman se besan... esa noche, que en los países fríos es mágica para la niñez con su tradicional árbol de pino, cargado de luces, muñecas, confites y oropeles, que miran deslumbrados los redondos ojos donde se refleja la inocencia, esa noche no ofrece a Basilio más que una orfandad ¿Quién sabe? Acaso en el hogar del taciturno padre Salví juegan también los niños, acaso se canta:
{{Centrar|La Nochebuena se viene,
La Nochebuena se va...
}}
El niño lloró y gimió mucho y cuando levantó la cabeza, vió un hombre delante de sí, que le contemplaba en silencio. El desconocido le preguntó en voz baja:
—¿Eres el hijo?
El muchacho afirmó con la cabeza.
—¿Qué piensas hacer?
—¡Enterrarla!
—¿En el cementerio?
—No tengo dinero , y además no lo permitiría el cura.
—¿Entonces...?
—Si me quisiéseis ayudar...
—Estoy muy débil,—contestó el desconocido que se dejó caer poco a poco en el suelo, apoyándose con ambas manos en tierra;—estoy herido... hace dos días que no he comido ni dormido... ¿No ha venido ninguno esta noche?
El hombre permaneció pensativo, contemplando la interesante fisonomía del muchacho.
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Elultimolicantropo
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="CapLXIII"/>—¡Escucha!—continuó en voz más débil;—habré muerto también antes que venga el día... A veinte pasos de aquí, á la otra orilla del arroyo, hay mucha leña amontonada; tráela, haz una pira, pon nuestros cadáveres encima, cúbrelos y prende fuego, mucho fuego hasta que nos convirtamos en cenizas...
Basilio escuchaba.
—Después, si ningún otro viene... cavarás aquí, encontrarás mucho oro... y todo será tuyo. ¡Estudia!
La voz del desconocido se hacía cada vez más ininteligible.
—Ve á buscar la leña... quiero ayudarte.
Basilio se alejó. El desconocido volvió la cara hacia el
Oriente y murmuró como orando:
—¡Muero sin ver la aurora brillar sobre mi patria!... ¡vosotros, que la habéis de ver, saludadla... no os olvidéis de los que han caído durante la noche!
Levantó sus ojos al cielo , sus labios se agitaron como murmurando una plegaria, después bajó la cabeza y cayó lentamente en tierra...
Dos horas más tarde, Hermana Rufa estaba en el ''batalán'' <ref>Azotea de caña.</ref> de su casa haciendo sus abluciones matinales para ir á misa. La piadosa mujer miraba al cercano bosque y vió subir una gruesa columna de humo; frunció las cejas y, llena de santa indignación, exclamó:
—¿Quién será el hereje que en día de fiesta hace ''kaingin''? <ref>''Kaingin'', siembra, labor del campo.</ref> ¡Por eso vienen tantas desgracias! ¡Prueba ir al Purgatorio y verás si te saco de allá, salvaje!
<section end="CapLXIII"/>
<section begin="Epilogo"/>{{t2|EPÍLOGO}}
Viviendo aún muchos de nuestros personajes, y habiendo perdido de vista a los otros, es imposible un verdadero epilogo. Para bien de la gente, mataríamos con gusto á todos nuestros personajes empezando por el P. Salví y acabando por doña Victorina, pero no es posible... ¡que vivan! el país y no nosotros los ha de alimentar al fin...
Desde que María Clara entró en el convento, el P. Dámaso dejó el pueblo para vivir en Manila, al igual del
<section end="Epilogo"/><noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>P. Salví, que, mientras espera mitra vacante, predica varias veces en la iglesia de Santa Clara, en cuyo convento desempeña un cargo importante. No pasaron muchos meses, y el P. Dámaso recibió orden del M. R. P. Provincial para desempeñar el curato en una provincia muy lejana. Cuéntase que tomó tanto pesar en ello, que al día siguiente le hallaron muerto en su alcoba. Unos dijeron que murió de apoplegía, otros de una pesadilla, pero el médico disipó las dudas declarando que murió de repente.
Ninguno de nuestros lectores reconocería ahora á capitán Tiago si le viese. Ya semanas antes de profesar María Clara cayó en un estado de abatimiento tal, que empezó á enflaquecer y a ponerse muy triste, meditabundo y desconfiado, como su examigo, el infeliz capitán Tinang. Tan pronto como las puertas del convento se cerraron, ordenó á su desconsolada prima, la tía Isabel, recogiese cuanto á su hija y difunta esposa había pertenecido, y se fuese á Malabón ó San Diego, pues quería vivir solo en adelante. Dedicóse al ''liampó''<ref>Juego de los chinos.</ref> y á la gallera con furia, y empezó á fumar opio. Ya no va á Antipolo, ni manda decir misas; doña Patrocinio, su vieja competidora, celebra piadosamente su triunfo, poniéndose á roncar durante los sermones. Si alguna vez, al caer de la tarde, os paseáis por la primera calle de Santo Cristo, veréis, sentado en la tienda de un chino, un hombre pequeño, amarillo, flaco, encorvado, con los ojos hundidos y soñolientos, labios y uñas de un color sucio , mirando á la gente como si no la viese. Al llegar la noche le veréis levantarse con trabajo, y, apoyado en un bastón, dirigirse a una estrecha esquinita, entrar en una sucia casucha, encima de cuya puerta se lee en grandes letras rojas: FUMADERO PÚBLICO DE ANFION <ref>Fumadero público de opio.</ref>. Este es aquel capitán Tiago tan célebre, hoy completamente olvidado, hasta del mismo sacristán mayor.
Doña Victorina ha añadido á sus rizos postizos y á su
andaluzamiento, si se nos permite la palabra, la nueva costumbre de querer guiar los caballos del coche, obligando a
don Tiburcio á estarse quieto. Como por la debilidad de su vista sucedían muchas calamidades, ella usa ahora quevedos, que le dan un aspecto famoso. El doctor no ha vuelto a ser llamado para asistir a nadie; los criados le ven<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>muchos días de la semana sin dientes, lo cual, como saben nuestros lectores, es de muy mal agüero.
Linares, único defensor de este desgraciado, hace tiempo descansa en Paco víctima de una disentería y de los malos tratamientos de su cuñada.
El victorioso alférez se fué á España de teniente con grado de comandante, dejando á su amable mujer en su camisa de franela, cuyo color es ya incalificable. La pobre Ariadna, al verse abandonada, se consagró también, como la hija de Minos, al culto de Baco y al cultivo del tabaco, y bebe y fuma con tal pasión, que ya la temen no sólo les jovencitas sino también las viejas y los chiquillos.
Vivirán probablemente aun nuestros conocidos del pueblo de San Diego, si es que no se han muerto en la explosión del vapor «''Lipa''», que hacia el viaje a la provincia. Como nadie se cuidó de saber quiénes fueron los infelices que en aquella catástrofe murieron, á quiénes pertenecieron las piernas y brazos desparramados en la isla de la Convalecencia y en las orillas del río, ignoramos por completo si entre ellos iba algún conocido de nuestros lectores. Estamos satisfechos, como el gobierno y la prensa de entonces, con saber que el único fraile que en el vapor estaba se ha salvado y no pedimos más. Lo principal para nosotros es la vida de los virtuosos sacerdotes, cuyo reinado en Filipinas conserve Dios para bien de nuestras almas <ref>2 de Enero 1883 (N. de la edic. de Berlín).</ref>.
De María Clara no se volvió a saber nada más, sino que el sepulcro parece la guarda en su seno. Hemos preguntado á varias personas de mucha influencia en el santo convento de Santa Clara, pero nadie nos ha querido decir una sola palabra, ni aun las charlatanas devotas, que reciben la famosa fritada de hígados de gallinas, y la salsa más famosa aun, llamada de las monjas, preparada por la inteligente cocinera de las Vírgenes del Señor.
Sin embargo ,una noche de Septiembre rugía el huracán y azotaba con sus gigantescas alas los edificios de Manila; el trueno retumbaba a cada instante; relámpagos y rayos alumbraban por momentos los estragos del vendaval y sumían a los habitantes en espantoso terror. La lluvia caía á torrentes. A la luz del relámpago ó del rayo que cule-<noinclude></noinclude>
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>breaba se veía un pedazo de techo, una ventana volar por los aires, desplomarse con horrible estrépito: ni un coche, ni un caminante atravesaba las calles. Cuando el ronco eco del trueno, cien veces repercutido, se perdía á lo lejos, entonces se oía suspirar al viento, que arremolinaba la lluvia, produciendo un repetido trac trac contra las conchas de las cerradas ventanas.
Dos guardias cobijábanse en un edificio que se construía cerca del convento: eran un soldado y un distinguido.
—¿Qué hacemos aquí?—decía el soldado;—nadie anda por la calle... debíamos irnos a una casa; mi querida vive en la calle del Arzobispo.
—De aquí allá hay buen trecho y nos mojaremos,— contesta el distinguido.
—¿Qué importa con tal que no mate el rayo?
—¡Bah! no tengas cuidado; las monjas deben tener un pararrayos para librarse.
—¡Si!—dice el soldado;—¿pero de qué sirve si está la noche tan obscura?
Y levantó la vista hacia lo alto para ver en la obscuridad: en aquel momento brilló un relámpago repetido y seguido de un formidable trueno.
— ''¡Naku! Susmariosep'' <ref>¡Oh!¡oh! ¡Jesús, María, José!</ref>—exclamó el soldado persignándose,—y estirando a su compañero:—¡Vámonos de aquí!
—¿Qué te pasa?
—¡Vámonos, vámonos de aquí!—repitió castañeteandole los dientes de miedo.
—¿Qué has visto?
—Sobre el tejado... debe ser la monja que recoje brasas durante la noche!
El distinguido sacó la cabeza y quiso ver.
Brilló otro relámpago y una vena de fuego surcó el cielo, dejándose oír un horrible estallido.
—¡Jesús!—exclamó persignándose también.
En efecto, a la brillante luz del meteoro había visto una figura blanca, de pie, casi sobre el caballete del tejado, dirigidos al cielo los brazos y la cara, como implorándole. ¡El cielo respondía con rayos y truenos!
Tras el trueno se oyó un quejido triste.
—¡No es el viento, es el fantasma!- murmuró el solda-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>do como respondiendo a la presión de mano de su compañero.
—¡Ay! ¡ay!—cruzaba el aire sobreponiéndose al ruido de la lluvia: el viento no podía cubrir con sus silbidos aquella voz dulce y lastimera, llena de desconsuelo.
Brilló otro relámpago de una deslumbrante intensidad.
—¡No, no es fantasma!-exclamó el distinguido;—la he visto otra vez: es hermosa como la Virgen... ¡Vámonos de aquí y demos parte!
El soldado no se hizo repetir la invitación y ambos desaparecieron.
¿Quién gime en medio de la noche, a pesar del viento, de la lluvia y de la tempestad? ¿quién es la tímida virgen, la esposa de Jesucristo, que desafía los desencadenados elementos y escoje la tremenda noche y el libre cielo, para exhalar desde una peligrosa altura sus quejas á Dios? ¿Habrá abandonado el Señor su templo en el convento y no escucha ya las plegarias? ¿no dejarán tal vez sus bóvedas que la aspiración del alma suba hasta el trono del Misericordioso?
La tempestad se desencadenó furiosa durante casi toda la noche; durante la noche no brilló una sola estrella; los ayes desesperados, mezclados con los suspiros del viento, continuaron, pero hallaron sordos a la naturaleza y á los hombres: Dios se había velado y no oía.
Al día siguiente, cuando despejado el cielo de obscuras nubes, el sol brilló de nuevo en medio del éter purificado, un coche se detenía en la puerta del convento de Santa Clara y descendía de él un hombre que se dió a conocer como representante de la autoridad y pidió hablar inmediatamente con la abadesa y ver a todas las monjas.
Cuéntase que apareció una con el hábito todo mojado, hecho jirones, y pidió llorando el amparo del hombre contra las violencias de la hipocresía delatando horrores. Cuéntase también que era hermosísima, que tenía los más bellos y expresivos ojos que jamás se hayan visto.
El representante de la autoridad no la acogió: parlamentó con la abadesa y la abandonó a pesar de sus ruegos y lágrimas. La joven monja vió cerrarse la puerta detrás del hombre, como el condenado vería cerrarse para él las puertas del cielo, si alguna vez el cielo llegaba á ser tan<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>cruel é insensible como los hombres. La abadesa decía que era una loca.
El hombre no sabría tal vez que en Manila hay un hospicio para dementes, ó acaso juzgaría que el convento de monjas era sólo un asilo de locas, aunque se pretende que aquel hombre era bastante ignorante, sobre todo para poder decidir cuando una persona está en su juicio o no.
Cuéntase también que el general señor J. <ref>¿Jovellar?</ref> pensó de otra manera, y que cuando el hecho llegó á sus oídos, quiso proteger a la loca y la pidió.
Pero esta vez no apareció ninguna hermosa y desamparada joven, y la abadesa no permitió que se visitase el claustro, invocando para ello el nombre de la religión y los Santos Estatutos.
Del hecho no se volvió a hablar más, como tampoco de la infeliz Maria Clara.
{{Centrar|FIN}}
ADVERTENCIA : La biografia de José Rizal ha sido redactada con arreglo á las notas facilitadas por el sabio geógrafo Fernando Blumentritt . Los señores E. Reclus, HenryLucas y E. López han contribuído también á esta obra con datos relativos á la flora de Filipinas.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|95}}</noinclude>proceso, no pueden pasarse simultáneamente, sino sucederse en el tiempo. La medida de su duración está constituída, pues, por fracciones de tiempo ó, lo que es lo mismo, el número de traspasos de las mismas piezas de moneda en un tiempo dado mide la rapidez del curso de la moneda. El proceso de la circulación de aquellas cuatro mercancías dura, por ejemplo, un día. La suma de los precios que hay que realizar alcanza á 8 libras esterlinas; el número de traspasos de las mismas piezas de moneda durante el día es de 4, y la masa de la moneda circulante 2 libras esterlinas, ó, para un período determinado de tiempo del proceso de la circulación,
{{cel|1={{sfrac|Suma de los precios de las mercancías | Número de traspasos de las piezas de moneda del mismo nombre}} = Medida de la moneda que funciona como medio de circulación.}}
Esta ley es general. El proceso de la circulación de un país en un momento dado, comprende, por una parte, muchas ventas (ó compras) sueltas y simultáneas, que se pasan unas al lado de otras, ó metamorfosis parciales en que las mismas piezas de moneda sólo cambian una vez de lugar ó sólo tienen un traspaso, y, por la otra, muchas series más ó menos largas de metamorfosis que corren paralelas ó entrelazadas, en que las mismas piezas de moneda sufren traspasos más ó menos numerosos. El número total de traspasos de todas las piezas de moneda del mismo nombre que se encuentran en circulación da, sin embargo, el número medio de los traspasos de cada pieza de moneda ó la rapidez media del curso de la moneda. La masa de moneda que al principiar, por ejemplo, el proceso diario de la circulación se arroja en él, es naturalmente determinada por la suma de los precios de las mercancías que circulan simultáneamente las unas al lado de las otras. Pero dentro del proceso, una pieza de moneda es, por decirlo así, responsable de la otra. Si la una acelera su curso, paraliza el de la otra ó la pone por completo fuera de la esfera de la circulación, pues ésta puede absorber sólo una masa de oro que multiplicada por el número medio de traspasos de cada elemento aislado sea igual á la suma de los precios que hay que realizar. Si aumenta, pues, el número de traspasos de las piezas de moneda, disminuye su masa circulante. Si disminuye el número de sus traspasos, aumenta su masa. Como la masa de moneda que puede funcionar como medio de circulación, para una rapidez media dada, es también dada, basta, por ejemplo, poner en circulación una cantidad determinada de billetes de una libra para echar fuera de ella otros tantos soberanos, golpe artístico bien conocido de los Bancos.
Así como en el curso de la moneda en general no aparece sino el proceso de la circulación de las mercancías, es decir, su paso por metamorfosis opuestas, en la rapidez del curso de la moneda no apa-<noinclude></noinclude>
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Ignacio Rodríguez
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|175}}</noinclude>{{t3|Capítulo VII|sub=Tasa de la supervalía.}}
{{t4|I.—Grado de explotación de la fuerza de trabajo.}}
La supervalía, que el capital adelantado C ha engendrado en el proceso de producción, ó la valorización del valor-capital adelantado C, se presenta desde luego como excedente del valor del producto sobre la suma de los valores de los elementos de su producción.
El capital C se descompone en dos partes, una suma de dinero ''c'', que es gastada en medios de producción, y otra suma de dinero ''v'', que es gastada en fuerza de trabajo; ''c'' representa, por lo tanto, la porción de valor transformada en capital constante, y ''v'' la transformada en capital variable. Al principio es, pues, C = ''c'' + ''v'', por ejemplo, el capital adelantado de 500 libras esterlinas <math>= \overset{c}{410} \ \text{lib.} + \overset{v}{90} \ \text{lib.}</math> Al fin del proceso de producción resulta una mercancía, cuyo valor <math>= \widehat{c + v} + m</math>, en que m representa la supervalía, por ejemplo, <math>= \widehat{\overset{c}{410} \ \text{lib.} + \overset{v}{90} \ \text{lib.}} \ + \overset{v}{90} \ \text{lib.}</math>. El primitivo capital C se ha transformado en C', de 500 libras esterlinas en 590 libras esterlinas. La diferencia entre ambos es = ''m'', una supervalía de 90. Como el valor de los elementos de producción es igual al valor del capital adelantado, es en realidad una tautología decir que el excedente del valor del producto sobre el valor de los elementos de su producción es igual á la valorización del capital adelantado ó á la supervalía producida.
Esta tautología exige, sin embargo, un examen más detenido. Lo que se compara con el valor del producto es el valor de los elementos de producción consumidos para formarlo. Ahora bien; hemos visto que la parte del capital constante empleado, consistente en medios de trabajo, no transmite al producto sino una parte de su valor, mientras que la otra parte continúa existiendo en su antigua forma. Como esta última parte no desempeña papel alguno en la formación de valor, hay que hacer aquí abstracción de ella. Su inclusión en la cuenta no modificaría nada. Supongamos que ''c'' = 410 libras consiste en 312 libras de materia prima, 44 libras de materias auxiliares y 54 libras de desgaste de maquinaria durante el proceso, pero que el valor de la ma-<noinclude></noinclude>
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Página:El Capital (1898).pdf/182
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Ignacio Rodríguez
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|176|CARLOS MARX|}}</noinclude>quinaria realmente empleada alcance á 1.054 libras. Como valor adelantado para la formación del valor del producto contamos sólo el valor de 54 libras que la maquinaria pierde al funcionar y transmite, por eso, al producto. Si contáramos también las 1.000 libras esterlinas que continúan existiendo en su antigua forma, como máquina de vapor, etc., tendríamos que contarlas en ambos lados, del lado del valor adelantado y del lado del valor-producto<ref>«Si contamos el valor del capital fijo empleado como una parte de los adelantos, tenemos que contar el valor remanente de ese capital al fin del año como una parte de los retornos anuales.» ({{may|Malthus}}, ''Princ. of Pol. Econ.'', segunda edición, Londres, 1836, pág. 269.)</ref>, y así obtendríamos, respectivamente, 1.500 libras esterlinas y 1.590 libras esterlinas. La diferencia ó la supervalía sería de 90 libras esterlinas, lo mismo que antes. Como capital constante adelantado para la producción de valor entendemos, pues, donde del conjunto no resalte lo contrario, sólo el valor de los medios de producción consumidos en la producción.
Esto supuesto, volvamos á la fórmula C = ''c'' + ''v'', que se transforma en <math>C'=\overbrace{c+v}+m</math>, y por eso mismo C en C'. Se sabe que el valor del capital constante no hace más que reaparecer en el producto. El producto-valor realmente nuevo engendrado en el proceso es, pues, diferente del producto-valor obtenido del proceso y, por lo tanto, no, como parece á primera vista, <math>\overbrace{c+v}+m</math>, ó <math> \overbrace{\overbrace{410}^{c} \ \text{lib.} + \overbrace{90}^{v} \ \text{lib.}} \ + \overbrace{90}^{m}</math>, sino ''v'' + ''m'', ó <math>\overbrace{\overbrace{90}^{v} \ \text{lib.} + \overbrace{90}^{m} \ \text{lib.}}</math>., no 590 libras, sino 180 libras. Si el capital constante c fuera = 0, en otras palabras, si hubiera ramos de la industria en que el capitalista no tuviera que emplear ningún medio de producción producido, ni materia prima, ni materias auxiliares, ni instrumentos de trabajo, sino materias naturalmente existentes y fuerza de trabajo, no habría parte constante de valor alguna que transmitir al producto. Este elemento del valor del producto, 410 libras esterlinas en nuestro ejemplo, desaparecería; pero el producto-valor de 180 libras esterlinas, que contiene 90 libras esterlinas de supervalía, permanecería siendo tan grande como si ''c'' fuese la mayor suma de valor. Tendríamos entonces que <math>C=overbrace{0+v}=v</math>, y C', el capital valorizado, = ''v'' + ''m'', C' - C, como antes, = ''m''. Si, por el contrario, fuera ''m'' = 0, en otras palabras, si la fuerza de trabajo cuyo valor es adelantado en el capital variable, no hubiera producido sino un equivalente, sería C = ''c''+ ''v'' y C' (el valor del producto) = <math>\overbrace{c+v}+0</math>, y, por lo tanto, C = C'. El capital adelantado no se habría valorizado.
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Ignacio Rodríguez
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Esto supuesto, volvamos á la fórmula C = ''c'' + ''v'', que se transforma en <math>C'=\widehat{c+v}+m</math>, y por eso mismo C en C'. Se sabe que el valor del capital constante no hace más que reaparecer en el producto. El producto-valor realmente nuevo engendrado en el proceso es, pues, diferente del producto-valor obtenido del proceso y, por lo tanto, no, como parece á primera vista, <math>\widehat{c+v}+m</math>, ó <math> \widehat{\overset{c}{410} \ \text{lib.} + \overset{v}{90} \ \text{lib.}} \ + \overset{m}{90}</math>, sino ''v'' + ''m'', ó <math>\widehat{\overset{v}{90} \ \text{lib.} + \overset{m}{90} \ \text{lib.}}</math>., no 590 libras, sino 180 libras. Si el capital constante c fuera = 0, en otras palabras, si hubiera ramos de la industria en que el capitalista no tuviera que emplear ningún medio de producción producido, ni materia prima, ni materias auxiliares, ni instrumentos de trabajo, sino materias naturalmente existentes y fuerza de trabajo, no habría parte constante de valor alguna que transmitir al producto. Este elemento del valor del producto, 410 libras esterlinas en nuestro ejemplo, desaparecería; pero el producto-valor de 180 libras esterlinas, que contiene 90 libras esterlinas de supervalía, permanecería siendo tan grande como si ''c'' fuese la mayor suma de valor. Tendríamos entonces que <math>C=\widehat{0+v}=v</math>, y C', el capital valorizado, = ''v'' + ''m'', C' - C, como antes, = ''m''. Si, por el contrario, fuera ''m'' = 0, en otras palabras, si la fuerza de trabajo cuyo valor es adelantado en el capital variable, no hubiera producido sino un equivalente, sería C = ''c''+ ''v'' y C' (el valor del producto) = <math>\widehat{c+v}+0</math>, y, por lo tanto, C = C'. El capital adelantado no se habría valorizado.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|177}}</noinclude>En realidad, ya sabemos que la supervalía es una simple consecuencia de la variación de valor por que pasa ''v'', la porción del capital invertida en fuerza de trabajo, y que, por lo tanto, <math>v+m=v+\Delta v</math> (''v'' más incremento de ''v''). Pero la variación real de valor y la proporción en que el valor varía no se presentan muy claras porque, á consecuencia del crecimiento de su porción variable, crece también en su conjunto el capital adelantado. Era 500 y pasa á ser 590. Para un exacto análisis del proceso es necesario, pues, hacer completa abstracción de la parte del valor-producto en que simplemente reaparece el valor-capital constante, es decir, suponer el capital constante ''c'' = 0, y aplicar así una ley de la matemática empleada siempre que se opera con magnitudes variables y constantes, y la magnitud constante no está unida con la variable sino por adición ó substracción.
Otra dificultad proviene de la forma primitiva del capital variable. Así, en el ejemplo anterior es C' = 410 libras de capital constante + 90 libras de capital variable + 90 libras de supervalía. 90 libras esterlinas son, sin embargo, una cantidad dada, y, por lo tanto, constante, por lo cual parece absurdo tratarla como cantidad variable. Pero <math>\overbrace{90}^{v}</math> libras, ó 90 libras de capital variable, no es aquí, en realidad, sino un símbolo del proceso que recorre este valor. La porción de capital adelantada en la compra de la fuerza de trabajo es una cantidad determinada de trabajo materializado, y, por lo tanto, una cantidad constante de valor, como el valor de la fuerza de trabajo comprada. Pero en el proceso mismo de la producción, en lugar de las 90 libras adelantadas está la fuerza de trabajo en actividad; en lugar de trabajo muerto, trabajo vivo; en lugar de una cantidad en reposo, una en movimiento; en lugar de una constante, una variable. El resultado es la reproducción de ''v'' más el incremento de ''v''. Desde el punto de vista de la producción capitalista, toda esa marcha es el movimiento propio del valor, primitivamente constante, invertido en fuerza de trabajo. Á él se atribuye el proceso y su resultado. Si la fórmula 90 libras de capital variable, ó valor que se valoriza, parece, pues, contradictoria, ella no hace más que expresar una contradicción inmanente de la producción capitalista.
La igualación del capital constante con 0 extraña á primera vista. Sin embargo, en la vida diaria se la realiza constantemente. Cuando se quiere, por ejemplo, calcular la ganancia que da á Inglaterra la industria del algodón, ante todo se quita el precio del algodón pagado á los Estados Unidos, India, Egipto, etc.; es decir, se hace = 0 el valor-capital que simplemente reaparece en el valor-producto.
Por supuesto, que la relación de la supervalía, no sólo con la parte del capital de que ella inmediatamente proviene, y cuya va-<noinclude></noinclude>
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Ignacio Rodríguez
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Otra dificultad proviene de la forma primitiva del capital variable. Así, en el ejemplo anterior es C' = 410 libras de capital constante + 90 libras de capital variable + 90 libras de supervalía. 90 libras esterlinas son, sin embargo, una cantidad dada, y, por lo tanto, constante, por lo cual parece absurdo tratarla como cantidad variable. Pero <math>\overset{90}{v}</math> libras, ó 90 libras de capital variable, no es aquí, en realidad, sino un símbolo del proceso que recorre este valor. La porción de capital adelantada en la compra de la fuerza de trabajo es una cantidad determinada de trabajo materializado, y, por lo tanto, una cantidad constante de valor, como el valor de la fuerza de trabajo comprada. Pero en el proceso mismo de la producción, en lugar de las 90 libras adelantadas está la fuerza de trabajo en actividad; en lugar de trabajo muerto, trabajo vivo; en lugar de una cantidad en reposo, una en movimiento; en lugar de una constante, una variable. El resultado es la reproducción de ''v'' más el incremento de ''v''. Desde el punto de vista de la producción capitalista, toda esa marcha es el movimiento propio del valor, primitivamente constante, invertido en fuerza de trabajo. Á él se atribuye el proceso y su resultado. Si la fórmula 90 libras de capital variable, ó valor que se valoriza, parece, pues, contradictoria, ella no hace más que expresar una contradicción inmanente de la producción capitalista.
La igualación del capital constante con 0 extraña á primera vista. Sin embargo, en la vida diaria se la realiza constantemente. Cuando se quiere, por ejemplo, calcular la ganancia que da á Inglaterra la industria del algodón, ante todo se quita el precio del algodón pagado á los Estados Unidos, India, Egipto, etc.; es decir, se hace = 0 el valor-capital que simplemente reaparece en el valor-producto.
Por supuesto, que la relación de la supervalía, no sólo con la parte del capital de que ella inmediatamente proviene, y cuya va-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|178|CARLOS MARX|}}</noinclude>riación de valor representa, sino también con el capital total adelantado, tiene su gran significado económico. Por eso tratamos extensamente de ella en el libro III. Para valorizar una parte del capital, invirtiéndolo en fuerza de trabajo, hay que transformar en medios de producción otra parte del capital. Para que funcione el capital variable, hay que adelantar capital constante en las proporciones correspondientes, según el carácter técnico determinado del proceso de trabajo. Pero la circunstancia de que para una operación química se necesita retortas y otros recipientes, no impide en el análisis hacer abstracción de la retorta. En tanto que se considera puramente en sí mismas la creación y la variación de valor, los medios de producción, figuras materiales del capital constante, no dan sino la substancia en que ha de fijarse la fuerza líquida formadora de valor. La naturaleza de esa substancia es, por lo tanto, indiferente, algodón ó hierro. Es también indiferente el valor de esa substancia. Basta con que su masa sea suficiente para poder absorber la cantidad de trabajo que ha de gastarse durante el proceso de producción. Dada esa masa, su valor puede subir ó bajar, ó puede ella no tener valor alguno, como la tierra y el mar, sin que en nada se afecte el proceso de la creación y variación del valor<ref>Es evidente, como dijo Lucrecio, que «{{{latín|nihil posse creari de nihilo}}». De nada no sale nada. «Creación de valor» es inversión de fuerza de trabajo en trabajo. Por su parte, la fuerza de trabajo es, ante todo, substancias naturales transformadas en organismo humano.</ref>.
Suponemos, pues, desde luego la porción constante del capital como igual á 0. El capital adelantado se reduce así de ''c'' + ''v'' á ''v'', y el valor-producto <math>\overbrace{c+v}+m</math> al producto-valor <math>\overbrace{v+m}</math>. Dado el producto-valor = 180 libras esterlinas, en que se expresa el trabajo que fluye durante todo el tiempo del proceso de producción, tenemos que quitar el valor del capital variable = 90 libras esterlinas, para obtener la supervalía = 90 libras esterlinas. El número 90 libras esterlinas = ''m'' expresa la magnitud absoluta de la supervalía producida. Pero su magnitud proporcional, es decir, la proporción en que el capital variable se ha valorizado, está evidentemente determinada por la proporción de la supervalía respecto del capital variable, ó está expresada por <math>\frac{m}{v}</math>. En el ejemplo anterior, pues, por {{frac|90|90}} = 100 por 100. Á esta valorización proporcional del capital variable, ó á la magnitud proporcional de la supervalía, la llamo tasa de la supervalía<ref>De la misma manera que dicen los ingleses «{{lang|en|rate of profits}}», «{{lang|en|rate of interest}}», etc. En el libro III se verá que la tasa de las ganancias es de fácil concepción, una vez que se conoce las leyes de la supervalía. Por el camino opuesto, no se comprende {{lang|fr|ni l'un, ni l'autre}}.</ref>.
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Ignacio Rodríguez
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|178|CARLOS MARX|}}</noinclude>riación de valor representa, sino también con el capital total adelantado, tiene su gran significado económico. Por eso tratamos extensamente de ella en el libro III. Para valorizar una parte del capital, invirtiéndolo en fuerza de trabajo, hay que transformar en medios de producción otra parte del capital. Para que funcione el capital variable, hay que adelantar capital constante en las proporciones correspondientes, según el carácter técnico determinado del proceso de trabajo. Pero la circunstancia de que para una operación química se necesita retortas y otros recipientes, no impide en el análisis hacer abstracción de la retorta. En tanto que se considera puramente en sí mismas la creación y la variación de valor, los medios de producción, figuras materiales del capital constante, no dan sino la substancia en que ha de fijarse la fuerza líquida formadora de valor. La naturaleza de esa substancia es, por lo tanto, indiferente, algodón ó hierro. Es también indiferente el valor de esa substancia. Basta con que su masa sea suficiente para poder absorber la cantidad de trabajo que ha de gastarse durante el proceso de producción. Dada esa masa, su valor puede subir ó bajar, ó puede ella no tener valor alguno, como la tierra y el mar, sin que en nada se afecte el proceso de la creación y variación del valor<ref>Es evidente, como dijo Lucrecio, que «{{{latín|nihil posse creari de nihilo}}». De nada no sale nada. «Creación de valor» es inversión de fuerza de trabajo en trabajo. Por su parte, la fuerza de trabajo es, ante todo, substancias naturales transformadas en organismo humano.</ref>.
Suponemos, pues, desde luego la porción constante del capital como igual á 0. El capital adelantado se reduce así de ''c'' + ''v'' á ''v'', y el valor-producto <math>\widehat{c+v}+m</math> al producto-valor <math>\widehat{v+m}</math>. Dado el producto-valor = 180 libras esterlinas, en que se expresa el trabajo que fluye durante todo el tiempo del proceso de producción, tenemos que quitar el valor del capital variable = 90 libras esterlinas, para obtener la supervalía = 90 libras esterlinas. El número 90 libras esterlinas = ''m'' expresa la magnitud absoluta de la supervalía producida. Pero su magnitud proporcional, es decir, la proporción en que el capital variable se ha valorizado, está evidentemente determinada por la proporción de la supervalía respecto del capital variable, ó está expresada por <math>\frac{m}{v}</math>. En el ejemplo anterior, pues, por {{frac|90|90}} = 100 por 100. Á esta valorización proporcional del capital variable, ó á la magnitud proporcional de la supervalía, la llamo tasa de la supervalía<ref>De la misma manera que dicen los ingleses «{{lang|en|rate of profits}}», «{{lang|en|rate of interest}}», etc. En el libro III se verá que la tasa de las ganancias es de fácil concepción, una vez que se conoce las leyes de la supervalía. Por el camino opuesto, no se comprende {{lang|fr|ni l'un, ni l'autre}}.</ref>.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="4" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|179}}</noinclude>Hemos visto que durante una parte del proceso de trabajo el trabajador no produce sino el valor de su fuerza de trabajo, es decir, el valor de sus necesarios medios de subsistencia. Como él produce en un estado social que reposa sobre la división del trabajo, no produce directamente sus medios de subsistencia, sino que en la forma de una mercancía particular, de hilado, por ejemplo, produce un valor igual al valor de sus medios de subsistencia, ó al dinero con que los compra. La parte del día de trabajo, que él emplea en eso, es más ó menos larga, según el valor diario medio de sus medios de subsistencia, es decir, según el tiempo de trabajo diario medio requerido para su producción. Si el valor de sus diarios medios de subsistencia representa por término medio 6 horas de trabajo materializado, para producirlo tiene que trabajar el obrero un término medio diario de 6 horas. Si trabajara para sí mismo, independiente, y no para el capitalista, á igualdad de las otras circunstancias, tendría él que trabajar por término medio la misma parte alícuota del día para producir el valor de su fuerza de trabajo y adquirir así los medios de subsistencia necesarios para su propia conservación ó constante reproducción. Pero como en la parte del día de trabajo en que produce el valor diario de la fuerza de trabajo, digamos 3 chelines, no produce sino un equivalente de su valor, que ya ha pagado el capitalista<ref>''Nota de la tercera edición''.—[El autor emplea aquí el lenguaje económico usual. Recuérdese que en las páginas 142–43 ha sido demostrado que, en realidad, el capitalista no «adelanta» al obrero, sino el obrero al capitalista.—{{may|F. E}}.</ref>, y no hace así sino reemplazar con el nuevo valor creado el valor-capital variable adelantado, aparece como simple reproducción esa producción de valor. Á la parte de la jornada en que se hace esa reproducción la llamo tiempo de trabajo necesario, y al trabajo gastado durante ella, trabajo necesario<ref>Hasta ahora hemos empleado en esta obra la expresión «tiempo de trabajo necesario» por el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía en general. Desde ahora la usamos también por el tiempo de trabajo necesario para la producción de la mercancía especial fuerza de trabajo. El empleo de los mismos ''termini technici'' en diferente sentido es inconveniente, pero no se le puede evitar por completo en ninguna ciencia. Compárese, por ejemplo, las partes superiores y elementales de las matemáticas.</ref>. Necesario para el trabajador, porque lo es independientemente de la forma social de su trabajo; necesario para el capital y su mundo, porque la existencia del trabajador es su base.
El segundo período del proceso de trabajo, que excede de los límites del trabajo necesario, cuesta al obrero trabajo, gasto de fuerza de trabajo, pero no forma valor alguno para él. Forma supervalía, que para el capitalista tiene todo el encanto de una creación de la nada. Llamo tiempo extra á esta parte de la jornada, y al trabajo gastado en ella, sobretrabajo ''({{lang|en|surplus labour}})''. Tan importante como<noinclude></noinclude>
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Ignacio Rodríguez
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/* EIS nivel 3 */
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|180|CARLOS MARX|}}</noinclude>es para el conocimiento del valor en general concebirlo como simple coagulación de tiempo de trabajo, como simple trabajo materializado, es para el conocimiento de la supervalía comprenderla como simple coagulación de tiempo extra, simplemente como sobretrabajo materializado. Sólo la forma en que este sobretrabajo es exprimido del productor inmediato, el trabajador, distingue las formaciones económico-sociales, por ejemplo, la esclavitud y el salariado<ref>El Sr. Guillermo Tucídides Roscher es verdaderamente genial. Ha descubierto que si la formación de supervalía ó superproducto, y la acumulación correspondiente, se debe hoy día á la «economía» del capitalista, que por eso «exige intereses, por ejemplo», «en los estadios inferiores de cultura, por el contrario..... los débiles son forzados por los fuertes á economizar». (Ob. cit., pág. 78.) ¿A ahorrar trabajo? ¿O un excedente de productos que no existe? Además de una ignorancia real, la aprensión apologética de un análisis concienzudo del valor y de la supervalia, y de un resultado desagradable tal vez para la capciosa policía, es lo que obliga á Roscher y comparsa á presentar como razones de ser de la supervalía los justificativos más o menos plausibles del capitalista para apropiársela.</ref>.
Como el valor del capital variable = al valor de la fuerza de trabajo que compra, y como el valor de esta fuerza de trabajo determina la parte necesaria de la jornada, mientras que la supervalía es determinada por la porción excedente de la jornada, se sigue: la supervalía es al capital variable como el sobretrabajo al trabajo necesario, ó la tasa de la supervalía <math>\frac{m}{v} = \frac{\text{sobretrabajo}}{\text{trabajo necesario}}</math>. Ambas proporciones expresan la misma relación en distinta forma, la una en la forma de trabajo materializado, la otra en la de trabajo líquido.
La tasa de la supervalía es, pues, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital ó del trabajador por el capitalista<ref>Aunque la tasa de la supervalía es la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo, no expresa en manera alguna la magnitud absoluta de la explotación. Si, por ejemplo, el trabajo necesario = 5 horas y el sobretrabajo = 5 horas, el grado de explotación = 100 por 100. La magnitud de la explotación es aquí medida por 5 horas. Pero si el trabajo necesario = 6 horas y el sobretrabajo = 6 horas, aunque el grado de explotación es siempre de 100 por 100, la magnitud de la explotación crece el 20 por 100, de 5 horas á 6.</ref>.
Hemos supuesto el valor del producto = <math>= \overbrace{\overbrace{410}^{c} \ \text{lib.} + \overbrace{90}^{v} \ \text{lib.}} \ + \overbrace{90}^{m} \ \text{lib.}</math>, y el capital adelantado = 500 libras. Como la supervalía = 90 y el capital adelantado = 500, según el modo ordinario de calcular, se obtendría que la tasa de la supervalía (que se confunde con la de la ganancia) = 18 por 100, proporción tan baja, que conmovería al Sr. Carey y demás armonistas. Pero, en realidad, la tasa de la supervalía no es = {{sfrac|''m''|C}} ó {{sfrac|''m''|''c'' + ''v''}}, sino = {{sfrac|''m''|''v''}}, es decir, no {{frac|90|500}}, sino {{frac|90|90}} = 100 por 100, más del quintuplo del grado de explotación aparente. Ahora bien; aunque en el caso dado no conocemos la magnitud ab-<noinclude>{{listaref}}</noinclude>
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Ignacio Rodríguez
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|180|CARLOS MARX|}}</noinclude>es para el conocimiento del valor en general concebirlo como simple coagulación de tiempo de trabajo, como simple trabajo materializado, es para el conocimiento de la supervalía comprenderla como simple coagulación de tiempo extra, simplemente como sobretrabajo materializado. Sólo la forma en que este sobretrabajo es exprimido del productor inmediato, el trabajador, distingue las formaciones económico-sociales, por ejemplo, la esclavitud y el salariado<ref>El Sr. Guillermo Tucídides Roscher es verdaderamente genial. Ha descubierto que si la formación de supervalía ó superproducto, y la acumulación correspondiente, se debe hoy día á la «economía» del capitalista, que por eso «exige intereses, por ejemplo», «en los estadios inferiores de cultura, por el contrario..... los débiles son forzados por los fuertes á economizar». (Ob. cit., pág. 78.) ¿A ahorrar trabajo? ¿O un excedente de productos que no existe? Además de una ignorancia real, la aprensión apologética de un análisis concienzudo del valor y de la supervalia, y de un resultado desagradable tal vez para la capciosa policía, es lo que obliga á Roscher y comparsa á presentar como razones de ser de la supervalía los justificativos más o menos plausibles del capitalista para apropiársela.</ref>.
Como el valor del capital variable = al valor de la fuerza de trabajo que compra, y como el valor de esta fuerza de trabajo determina la parte necesaria de la jornada, mientras que la supervalía es determinada por la porción excedente de la jornada, se sigue: la supervalía es al capital variable como el sobretrabajo al trabajo necesario, ó la tasa de la supervalía {{sfrac|''m''|''v''}} = {{sfrac|sobretrabajo|trabajo necesario}}. Ambas proporciones expresan la misma relación en distinta forma, la una en la forma de trabajo materializado, la otra en la de trabajo líquido.
La tasa de la supervalía es, pues, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital ó del trabajador por el capitalista<ref>Aunque la tasa de la supervalía es la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo, no expresa en manera alguna la magnitud absoluta de la explotación. Si, por ejemplo, el trabajo necesario = 5 horas y el sobretrabajo = 5 horas, el grado de explotación = 100 por 100. La magnitud de la explotación es aquí medida por 5 horas. Pero si el trabajo necesario = 6 horas y el sobretrabajo = 6 horas, aunque el grado de explotación es siempre de 100 por 100, la magnitud de la explotación crece el 20 por 100, de 5 horas á 6.</ref>.
Hemos supuesto el valor del producto = <math>\widehat{\overset{c}{410} \ \text{lib.} + \overset{v}{90} \ \text{lib.}} \ + \overset{m}{90} \ \text{lib.}</math>, y el capital adelantado = 500 libras. Como la supervalía = 90 y el capital adelantado = 500, según el modo ordinario de calcular, se obtendría que la tasa de la supervalía (que se confunde con la de la ganancia) = 18 por 100, proporción tan baja, que conmovería al Sr. Carey y demás armonistas. Pero, en realidad, la tasa de la supervalía no es = {{sfrac|''m''|C}} ó {{sfrac|''m''|''c'' + ''v''}}, sino = {{sfrac|''m''|''v''}}, es decir, no {{frac|90|500}}, sino {{frac|90|90}} = 100 por 100, más del quintuplo del grado de explotación aparente. Ahora bien; aunque en el caso dado no conocemos la magnitud ab-<noinclude>{{listaref}}</noinclude>
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Página:El Capital (1898).pdf/187
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|181}}</noinclude>soluta del día de trabajo, ni tampoco el período del proceso de trabajo (día, semana, etc.), ni, finalmente, el número de los trabajadores que simultáneamente pone en movimiento el capital variable de 90 libras, la tasa de la supervalía {{sfrac|''m''|''v''}} por ser convertible en {{sfrac|sobretrabajo|trabajo necesario}}, nos muestra exactamente la proporción recíproca de las dos partes constituyentes de la jornada. Es de 100 por 100. Es decir, el obrero trabajaba la mitad del día para sí, y la otra para el capitalista.
En resumen, el método para calcular la tasa de la supervalía es, pues, este: tomamos el valor total del producto, y reducimos á 0 el valor-capital constante, que en él no hace sino reaparecer. La suma de valor restante es el único valor producido realmente en el proceso de formación de la mercancía. Si conocemos la supervalía, la substraemos de ese valor conocido, para encontrar el capital variable. Inversamente, cuando éste es conocido y buscamos la supervalía. Si ambos son conocidos, no hay que hacer sino la operación final, calcular la proporción de la supervalía al capital variable {{sfrac|''m''|''v''}}.
Por sencillo que sea este método, parece conveniente ejercitar al lector, por medio de algunos ejemplos, en el modo de ver poco usual que le sirve de base.
Veamos primero el ejemplo de una hilandería de 10.000 husos, que de algodón americano hacen hilado núm. 32, á razón de 1 libra de hilado por semana y por huso. El desecho es de 6 por 100. Semanalmente, pues, se elaboran 10.000 libras de algodón, y se obtiene 10.000 libras de hilado y 600 libras de desecho. En abril de 1871 este algodón cuesta {{frac|7|3|4}} peniques por libra, y, por lo tanto, 10.600 libras, en cifra redonda, 342 libras esterlinas. Los 10.000 husos, comprendidas la máquina de hilar grueso y la máquina de vapor, cuestan 1 libra esterlina por huso, es decir, 10.000 libras esterlinas. Su desgaste importa el 10 por 100 = 1.000 libras esterlinas, ó semanalmente 20 libras esterlinas. El alquiler del edificio de la fábrica es de 300 libras esterlinas, ó 6 libras esterlinas por semana. El carbón (4 libras por hora y por caballo de fuerza, para 100 caballos de fuerza [indicador] y 60 horas por semana, comprendida la calefacción del edificio), 11 toneladas por semana, á razón de 8 chelines y 6 peniques la tonelada, cuesta semanalmente alrededor de {{frac|4|1|2}} libras esterlinas; gas, 1 libra esterlina por semana; aceite, {{frac|4|1|2}} libras esterlinas por semana; esto es, todas las materias auxiliares, 10 libras esterlinas por semana. La porción de valor constante es, pues, de 378 libras esterlinas por semana. El salario asciende á 52 libras esterlinas por se-<noinclude></noinclude>
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Página:El Capital (1898).pdf/188
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Ignacio Rodríguez
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|182|CARLOS MARX|}}</noinclude>mana. El precio del hilado es de {{frac|12|1|2}} peniques por libra, ó 10.000 libras = 510 libras esterlinas; la supervalía, pues, 510-430 = 80 libras esterlinas. Suponemos la porción de valor constante de 378 libras esterlinas = 0, pues no entra en la formación de valor de la semana. Queda el valor producido semanal de <math>132 = \overset{v}{52} + \overset{m}{80}</math> libras esterlinas. La tasa de la supervalía es, pues, = {{frac|80|52}} = {{frac|153|11|13}} por 100. Si la jornada media es de 10 horas, resulta: trabajo necesario = {{frac|3|31|33}} horas y sobretrabajo = {{frac|6|2|33}} horas<ref>En la primera edición daba el ejemplo de una hilandería, para el año 1860, que contenía algunos errores de hecho. Los datos indicados en el texto son rigurosamente exactos y me han sido proporcionados por un fabricante de Manchester. Nótese que en Inglaterra se calculaba el antiguo caballo de fuerza según el diámetro del cilindro, y el nuevo se calcula según la fuerza real que señala el indicador.</ref>.
He aquí otra cuenta, hecha por Jacob para 1815, admitiendo un precio de 80 chelines por fanega de trigo y un rendimiento medio de 22 ''{{lang|en|bushels}}'' por acre, de modo que el acre dé 11 libras esterlinas. Sirve para nuestro objeto, aunque es muy incompleta por compensación previa de algunas partidas:
{|class="tabla1"
!colspan=4| {{may|Producción de valor por acre}}
|-
|Semilla (trigo)||1 lib. est. 9 chel.||Diezmos, tasas, impuestos||1 lib. est. 1 chel.
|-
|Abono||2 {{ditto|lib. est.|—}} 10 {{ditto|chel.|—}}||Renta.||1 {{ditto|lib. est.|—}} 8 {{ditto|chel.|—}}
|-
|Salarios||3 {{ditto|lib. est.|—}} 10 {{ditto|chel.|—}}||Ganancia del arrendatario é intereses||1 {{ditto|lib. est.|—}} 22 {{ditto|chel.|—}}
|-
|{{may|Suma}}.||7 lib. est. 9 chel.||{{may|Suma}}||3 lib. est. 11 chel.
|}
La supervalía, suponiendo siempre el precio del producto igual á su valor, está aquí distribuída entre las diversas rúbricas, ganancia, interés, diezmos, etc. Estas partidas son para nosotros indiferentes. Las sumamos y obtenemos una supervalía de 3 libras esterlinas y ll chelines. Considerando igual á 0 las 3 libras y 19 chelines gastados en semillas y abono, queda un capital variable adelantado de 3 libras y 10 chelines, en lugar del cual se produce un nuevo valor de <u>>3 lib. 10 chel. + 3 lib. 11 chel</u>. Por lo tanto, {{sfrac|''m''|''v''}} = {{sfrac|3 lib. 11 chel.|3 lib. 10 chel.}} importa más del 100 por 100. El trabajador emplea más de la mitad de su jornada en producir una supervalía, que diversas personas se distribuyen entre sí con diversos pretextos<ref>Las cuentas presentadas no figuran sino como ejemplos. En ellas se supone los precios = los valores. En el libro III se verá que esta igualación no es tan sencilla, ni siquiera para los precios medios.</ref>.
{{np}}<noinclude>{{listaref}}</noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|182|CARLOS MARX|}}</noinclude>mana. El precio del hilado es de {{frac|12|1|2}} peniques por libra, ó 10.000 libras = 510 libras esterlinas; la supervalía, pues, 510-430 = 80 libras esterlinas. Suponemos la porción de valor constante de 378 libras esterlinas = 0, pues no entra en la formación de valor de la semana. Queda el valor producido semanal de <math>132 = \overset{v}{52} + \overset{m}{80}</math> libras esterlinas. La tasa de la supervalía es, pues, = {{frac|80|52}} = {{frac|153|11|13}} por 100. Si la jornada media es de 10 horas, resulta: trabajo necesario = {{frac|3|31|33}} horas y sobretrabajo = {{frac|6|2|33}} horas<ref>En la primera edición daba el ejemplo de una hilandería, para el año 1860, que contenía algunos errores de hecho. Los datos indicados en el texto son rigurosamente exactos y me han sido proporcionados por un fabricante de Manchester. Nótese que en Inglaterra se calculaba el antiguo caballo de fuerza según el diámetro del cilindro, y el nuevo se calcula según la fuerza real que señala el indicador.</ref>.
He aquí otra cuenta, hecha por Jacob para 1815, admitiendo un precio de 80 chelines por fanega de trigo y un rendimiento medio de 22 ''{{lang|en|bushels}}'' por acre, de modo que el acre dé 11 libras esterlinas. Sirve para nuestro objeto, aunque es muy incompleta por compensación previa de algunas partidas:
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|-
|Semilla (trigo)||1 lib. est. 9 chel.||Diezmos, tasas, impuestos||1 lib. est. 1 chel.
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La supervalía, suponiendo siempre el precio del producto igual á su valor, está aquí distribuída entre las diversas rúbricas, ganancia, interés, diezmos, etc. Estas partidas son para nosotros indiferentes. Las sumamos y obtenemos una supervalía de 3 libras esterlinas y ll chelines. Considerando igual á 0 las 3 libras y 19 chelines gastados en semillas y abono, queda un capital variable adelantado de 3 libras y 10 chelines, en lugar del cual se produce un nuevo valor de <u>>3 lib. 10 chel. + 3 lib. 11 chel</u>. Por lo tanto, {{sfrac|''m''|''v''}} = {{sfrac|3 lib. 11 chel.|3 lib. 10 chel.}} importa más del 100 por 100. El trabajador emplea más de la mitad de su jornada en producir una supervalía, que diversas personas se distribuyen entre sí con diversos pretextos<ref>Las cuentas presentadas no figuran sino como ejemplos. En ellas se supone los precios = los valores. En el libro III se verá que esta igualación no es tan sencilla, ni siquiera para los precios medios.</ref>.
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<noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|182|CARLOS MARX|}}</noinclude>mana. El precio del hilado es de {{frac|12|1|2}} peniques por libra, ó 10.000 libras = 510 libras esterlinas; la supervalía, pues, 510-430 = 80 libras esterlinas. Suponemos la porción de valor constante de 378 libras esterlinas = 0, pues no entra en la formación de valor de la semana. Queda el valor producido semanal de <math>132 = \overset{v}{52} + \overset{m}{80}</math> libras esterlinas. La tasa de la supervalía es, pues, = {{frac|80|52}} = {{frac|153|11|13}} por 100. Si la jornada media es de 10 horas, resulta: trabajo necesario = {{frac|3|31|33}} horas y sobretrabajo = {{frac|6|2|33}} horas<ref>En la primera edición daba el ejemplo de una hilandería, para el año 1860, que contenía algunos errores de hecho. Los datos indicados en el texto son rigurosamente exactos y me han sido proporcionados por un fabricante de Manchester. Nótese que en Inglaterra se calculaba el antiguo caballo de fuerza según el diámetro del cilindro, y el nuevo se calcula según la fuerza real que señala el indicador.</ref>.
He aquí otra cuenta, hecha por Jacob para 1815, admitiendo un precio de 80 chelines por fanega de trigo y un rendimiento medio de 22 ''{{lang|en|bushels}}'' por acre, de modo que el acre dé 11 libras esterlinas. Sirve para nuestro objeto, aunque es muy incompleta por compensación previa de algunas partidas:
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|Semilla (trigo)||1 lib. est. 9 chel.||Diezmos, tasas, impuestos||1 lib. est. 1 chel.
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La supervalía, suponiendo siempre el precio del producto igual á su valor, está aquí distribuída entre las diversas rúbricas, ganancia, interés, diezmos, etc. Estas partidas son para nosotros indiferentes. Las sumamos y obtenemos una supervalía de 3 libras esterlinas y ll chelines. Considerando igual á 0 las 3 libras y 19 chelines gastados en semillas y abono, queda un capital variable adelantado de 3 libras y 10 chelines, en lugar del cual se produce un nuevo valor de <u>>3 lib. 10 chel. + 3 lib. 11 chel</u>. Por lo tanto, {{sfrac|''m''|''v''}} = {{sfrac|3 lib. 11 chel.|3 lib. 10 chel.}} importa más del 100 por 100. El trabajador emplea más de la mitad de su jornada en producir una supervalía, que diversas personas se distribuyen entre sí con diversos pretextos<ref>Las cuentas presentadas no figuran sino como ejemplos. En ellas se supone los precios = los valores. En el libro III se verá que esta igualación no es tan sencilla, ni siquiera para los precios medios.</ref>.
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Página:El Capital (1898).pdf/189
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|183}}</noinclude>{{t4|II.—Expresión del valor del producto en partes proporcionales del producto.}}
Volvamos al ejemplo que nos ha mostrado cómo el capitalista hace capital del dinero. El trabajo necesario de su hilador era de 6 horas; el sobretrabajo, lo mismo, y, por lo tanto, el grado de explotación de la fuerza de trabajo de 100 por 100.
El producto de la jornada de 12 horas son 20 libras de hilado, de un valor de 30 chelines. Nada menos que {{frac|8|10}} de este valor-hilado (24 chelines) están constituídos por el valor de los medios de producción gastados (20 libras de algodón á 20 chelines; husos, etc., á 4 chelines), que simplemente reaparece, ó consisten en capital constante. Los 10 restantes son el nuevo valor de 6 chelines formado durante el proceso de hilar, del cual la mitad reemplaza el valor diario adelantado de la fuerza de trabajo ó capital variable, y la otra mitad constituye una supervalía de 3 chelines. El valor total de las 20 libras de hilado está compuesto, pues, como sigue: Valor en hilado de 30 chel.
=
{{asc|V}}
m 24 chel. +3 chel. +3 chel.
Como este valor total se expone en el producto total de 20 libras de hilado, los elementos varios de valor tienen que poder ser expuestos en partes proporcionales del producto.
Si en 20 libras de hilado existe un valor de 30 chelines, así existen también 10 de este valor, ó su porción constante de 24 chelines, en {{frac|8|10}} del producto ó 16 libras de hilado. De éstas, 131, libras representan el valor de la materia prima, de los 20 chelines de algodón hilado, y 22, libras el valor de las materias auxiliares y medios de trabajo gastados, husos, etc., por valor de 4 chelines.
13, libras de hilado representan, pues, todo el algodón hilado en el producto total de 20 libras de hilado, pero nada más que eso.
Es cierto que en ellas no hay sino 131, libras de algodón, que valen 13, chelines; pero su valor adicional de 62, chelines forma un equivalente del algodón hilado en las otras {{frac|6|2|3}} libras de hilado. Es como si todo el algodón del producto entero estuviera comprimido en las 131, libras de hilado. Éstas no contienen, en cambio, ni un átomo del valor de las materias auxiliares y medios de trabajo gastados, ni del nuevo valor creado en el proceso de hilar.
De la misma manera otras 2 2/, libras de hilado, que encierran el resto del capital constante (= 4 chelines), no representan nada más que el valor de las materias auxiliares y medios de trabajo gastados en el producto total de 20 libras de hilado.<noinclude></noinclude>
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Página:El Capital (1898).pdf/190
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|184|CARLOS MARX|}}</noinclude>/10 del producto, ó 16 libras de hilado, aunque corporalmente, considerados como valores de uso, como hilado, son formados por el trabajo de hilar tanto como las otras partes del producto, no contienen, pues, desde este punto de vista, ningún trabajo de hilar, ningún trabajo absorbido durante el proceso mismo de hilar. Es como si se hubieran transformado en hilado sin ser hilados, y como si su forma de hilado fuera pura ilusión. En realidad, cuando el capitalista los vende en 24 chelines, y con éstos compra de nuevo sus medios de producción, se deja ver que 16 libras de hilado no son sino algodón, huso, carbón, etc., disfrazados.
Los 10 del producto restantes, por el contrario, no representan ahora sino el nuevo valor de 6 chelines producido en 12 horas de la operación de hilar. Lo que en ellos había del valor de las materias primas y medios de trabajo gastados les ha sido quitado para incorporarlo á las primeras 16 libras de hilado. El trabajo de hilar incorporado á 20 libras de hilado se concentra en {{frac|2|10}} del producto. Es como si el hilador hubiera hecho 4 libras de hilado en el aire, ó con algodón y husos que existiesen naturalmente, sin intervención del trabajo del hombre, y no agregasen valor alguno al producto.
De las 4 libras de hilado en que existe todo el valor producido en un dia de la operación de hilar, una mitad no representa sino el valor de reemplazo de la fuerza de trabajo gastada, es decir, el capital variable de 3 chelines, y las otras 2 libras de hilado, sólo la valía de 3 chelines.
superComo 12 horas de trabajo del hilador se materializan en 6 chelines, en un valor de 30 chelines en hilados están materializadas 60 horas de trabajo. Ellas existen en 20 libras de hilado, {{frac|8|10}} de las cuales, ó 16 libras, son la materialización de 48 horas de trabajo hecho antes del proceso de hilar, á saber, el trabajo materializado en los medios de producción del hilado, mientras que {{frac|2|10}}, 64 libras, son la materialización de las 12 horas de trabajo gastadas en el trabajo mismo de hilar.
Ya hemos visto que el valor del hilado es igual á la suma del nuevo valor engendrado en su producción, más el valor preexistente en sus medios de producción. Ahora vemos cómo se puede expresar en partes proporcionales del producto los elementos del valor del producto, diversos en función ó en concepto.
Esta descomposición del producto del resultado del proceso de producción- - en una cantidad de producto que sólo expresa el trabajo contenido en los medios de producción, ó la parte constante del capital; otra cantidad que no expresa sino el trabajo necesario agregado en el proceso de producción, ó la parte variable del capital, y una tercera cantidad de producto que sólo expresa el sobretrabajo<noinclude></noinclude>
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Página:El Capital (1898).pdf/191
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|185}}</noinclude>añadido en el mismo proceso, ó la supervalía, es tan simple como importante, lo que demostrará su empleo ulterior en problemas complicados y aun no resueltos.
Venimos de considerar el producto total como resultado acabado de la jornada de 12 horas. Pero podemos acompañarlo también en su proceso de formación, y expresar los productos parciales como partes funcionalmente distintas del producto.
En 12 horas el hilador produce 20 libras de hilado, y, por lo tanto, en 1 hora 12, y en 8 horas 13 1,3 libras, es decir, un producto parcial de un valor igual al de todo el algodón hilado durante la jornada entera. De la misma manera, el producto parcial de la hora y 36 minutos siguientes = 22, libras de hilado, expresa el valor de los medios de trabajo gastados durante las 12 horas de trabajo. Así también en la hora y 12 minutos siguientes produce el hilador 2 libras de hilado = 3 chelines, producto de un valor igual al total del valor que produce en 6 horas de trabajo necesario. Finalmente, él produce en en los últimos / de hora también 2 libras de hilado, cuyo valor es igual á la supervalía creada en su medio día de sobretrabajo. El fabricante inglés se sirve para su uso particular de este modo de calcular, y dirá, por ejemplo, que en las primeras 8 horas, ó 2/, de la jornada, cubre los gastos de su algodón, etc. Se ve que la fórmula es exacta, y, en realidad, nada más que la primera fórmula trasladada del espacio, en que las partes del producto concluído están las unas al lado de las otras, al tiempo, en que las unas siguen á las otras. Pero la fórmula puede también ser acompañada de ideas muy bárbaras, sobre todo en la cabeza de aquellos que están tan interesados prácticamente en el proceso de valorización, como en no entenderlo teóricamente. Pueden figurarse, por ejemplo, que en las primeras 8 horas de su jornada nuestro hilador produce ó reemplaza el valor del algodón; en la hora y 36 minutos siguientes, el valor de los medios de trabajo consumidos; en la hora y 12 minutos siguientes, el valor del salario, y que sólo dedica la famosa «última hora» al señor de la fábrica, á la producción de supervalía. Se imputa así al hilador el doble milagro de producir algodón, huso, máquina de vapor, carbón, aceite, etc., en el mismo momento en que hila con ellos, y de hacer de una jornada de intensidad dada cinco jornadas semejantes. En nuestro caso, por ejemplo, la producción de la materia prima y de los medios de trabajo exige {{frac|24|6}} = 4 jornadas de 12 horas, y su transformación en hilado otra jornada de 12 horas. Un ejemplo de celebridad histórica muestra que la rapacidad cree en esos milagros y que nunca le falta un sicofante doctrinario para probarlos.<noinclude></noinclude>
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Página:El Capital (1898).pdf/192
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|186|CARLOS MARX|}}</noinclude>{{t4|III.—La última hora}}
» {{may|de Senior}}.
En una hermosa mañana del año 1836, Nassan W. Senior, famoso por su ciencia económica y por su hermoso estilo, y á quien se puede mirar como al Clauren de los economistas ingleses, fué invitado á ir á Manchester á aprender Economía política, en lugar de enseñarla en Oxford. Los fabricantes le habían elegido su campeón contra la Factory act recientemente promulgada y la agitación por las diez horas que pedía aún más. Con su ordinaria penetración práctica habían conocido que el señor profesor wanted a good deal of finishing.
Le hicieron, pues, ir á Manchester. Por su parte, el señor profesor puso en florido estilo la lección que le dieron los fabricantes de Man-.
chester en el folleto Letters on the Factory act, as it affects the cotton manufacture, Londres, 1837. Puede leerse en él cosas tan edificantes como lo siguiente: «Bajo la ley actual, ninguna fábrica que emplee personas de menos de 18 años puede trabajar diariamente más de {{frac|11|1|2}} horas, es decir, 12 horas durante los cinco primeros días y 9 horas el sábado.
Ahora bien; el siguiente análisis (!) muestra que en una fábrica así toda la ganancia líquida deriva de la última hora. Un fabricante emplea 100.000 libras esterlinas - 80.000 en construcciones y máquinas, 20.000 en materia prima y salarios. Suponiendo que el capital gire una vez al año y dé una ganancia líquida de 15 por 100, el movimiento anual de la fábrica tiene que ascender á un valor en mercancías de 115.000 libras esterlinas..... Diariamente, cada una de las 23 medias horas de trabajo produce {{frac|5|115}} {{frac|6|1|23}} de esas 115.000 libras esterlinas. De estos {{frac|23|23}}, que forman el total de las 115.000 libras esterlinas (constituting the whole 115.000 libras esterlinas),
{{frac|20|23}}, es decir, 100.000 de las 115.000, no hacen más que reemplazar el capital; 23 ó 5.000 libras esterlinas de las 15.000 de ganancia bruta (!), reemplazan el desgaste de la fábrica y de la maquinaria.
Los 23 restantes, es decir, las dos últimas medias horas de cada día, producen la ganancia líquida de 10 por 100. Si, pues, manteniéndose iguales los precios, la fábrica pudiera trabajar 13 horas en lugar de 112, con un aumento de poco más ó menos 2.600 libras esterlinas en capital circulante, la ganancia líquida aumentaría á más del doble. Por otra parte, si se disminuyera 1 hora de trabajo por día, desaparecería la ganancia líquida, y si {{frac|1|1|2}} hora, también la ganancia bruta.» 1
{{may|Senior}}, ob. cit., págs. 12-13. No tomamos en cuenta las curiosidades indiferentes para nuestro objeto, por ejemplo, la afirmación de que los fabricantes cuentan la compensación por la maquinaria gastada, etc., es decir, una parte constituyente<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|187}}</noinclude>+Esto es lo que el señor profesor llama un «análisis»! Si daba fe al lamento de los fabricantes de que los trabajadores desperdician lo mejor de la jornada en producir, es decir, reproducir ó reemplazar el valor de los edificios, las máquinas, el algodón, el carbón, etc., era superfluo todo análisis. No tenía sino que responder: ¡Señores! Si vosotros hacéis trabajar 10 horas en lugar de {{frac|11|1|2}}, á igualdad de las otras circunstancias, disminuirá el consumo diario de algodón, maquinaria, etc., de {{frac|1|1|2}} hora. Ganaríais, pues, exactamente tanto como perderíais. En lo sucesivo, vuestros trabajadores desperdiciarían {{frac|1|1|2}} hora menos en reproducir ó reemplazar el valor-capital adelantado. Si no confiaba en sus palabras y, como experto en la materia, creía necesario un análisis, tratándose de una cuestión que gira exclusivamente alrededor de la proporción de la ganancia líquida al largo de la jornada, debía ante todo haber pedido á los señores fabricantes que no entreverasen maquinaria y construcciones, materia prima y trabajo, sino que se dignaran poner de un lado el capital constante contenido en los edificios, maquinaria, materia prima, etc., y del otro el capital adelantado en salarios. Si acaso resultaba entonces que, según la cuenta del fabricante, el trabajador en {{frac|2|2}} horas de trabajo, ó en una hora, reproduce ó reemplaza el salario, el analizador debía haber continuado de este modo: Según vuestros datos, el trabajador produce en la penúltima hora su salario y en la última vuestra supervalía ó ganancia líquida.
Como en iguales espacios de tiempo él produce valores iguales, el producto de la penúltima hora tiene el mismo valor que el de la úldel capital, como ganancia, bruta ó neta, sucia ó limpia. No nos ocuparemos tampoco de la exactitud ó falsedad de los datos numéricos. Que ellos no valen más que el titulado «análisis», lo ha demostrado {{may|Leonardo Horner}} en A letter to Mr. Senior, etcétera, Londres, 1837. Leonardo Horner, uno de los Factory Inquiry Commissioners de 1833, é inspector de fábricas, en realidad censor de fábricas hasta 1859, tiene imperecederos méritos ante la clase trabajadora inglesa. Pasó su vida combatiendo, no sólo á los exasperados fabricantes, sino también á los ministros, para quienes era mucho más importante contar los votos de los señores fabricantes en la Cámara que las horas de trabajo de los «brazos» en la fábrica.
Apéndice. Prescindiendo de la falsedad de su contenido, la exposición de Senior es confusa. Lo que él quiso propiamente decir fué esto: El fabricante ocupa á los trabajadores diariamente 11 %, o 23, horas. El trabajo del año entero, como el de cada día particular, consiste en 11, 622, horas multiplicadas por el número de días de trabajo durante el año. Esto supuesto, las 23, horas de trabajo producen anualmente 115.000 libras esterlinas; /, hora de trabajo produce 23 {{asc|X}} 115.000 libras esterlinas; {{frac|20|2}} horas de trabajo producen {{frac|20|23}} {{asc|X}} 115.000 libras esterlinas = 100.000 libras esterlinas, es decir, sólo reemplazan el capital adelantado. Quedan 32 horas de trabajo, que producen {{frac|3|23}} x 115.000 libras esterlinas = 15.000, es decir, la ganancia bruta. De estas horas de trabajo, {{frac|1|2}} hora de trabajo produce
{{asc|X}} 115.000 libras esterlinas = 5.000 libras esterlinas, es decir, produce solamente la compensación por el desgaste de la fábrica y de la maquinaria. Las últimas dos medias horas de trabajo, es decir, la última hora de trabajo, produce
{{frac|2|23}} 115.000 libras esterlinas 10.000 libras esterlinas, es decir, la ganancia líquida. En el texto, Senior transforma las últimas {{frac|2|23}} del producto en partes de la jornada misma de trabajo.
1 23<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|188|CARLOS MARX|}}</noinclude>tima. Además, él no produce valor sino en tanto que gasta trabajo, y la cantidad de su trabajo se mide por su tiempo de trabajo. Este es, según vuestros datos, 11 12 horas por día. De estas {{frac|11|1|2}} horas, gasta él una parte en producir ó reemplazar su salario; la otra, en producir vuestra ganancia líquida. No hace nada más que eso durante el día de trabajo. Pero como, según datos, su salario y la supervalía dada por él son valores de magnitud igual, es evidente que él produce su salario en 5 3/, horas y vuestra ganancia líquida en otras 53, horas. Y como también el valor del hilado producido en 2 horas es igual á la suma del valor de su salario y vuestra ganancia líquida, este valor tiene que ser medido por {{frac|11|1|2}} horas de trabajo; el producto de la penúltima hora, por 5 3, horas de trabajo; el de la última, lo mismo. Llegamos ahora á un punto delicado. ¡Atención, pues! La penúltima hora de trabajo es una hora de trabajo ordinaria como la primera. Ni plus ni moins. ¿Cómo puede, pues, el hilador producir en una hora de trabajo un valor en hilado que representa 53 horas de trabajo? En realidad, no hace semejante milagro. El valor de uso que él produce en 1 hora de trabajo es una cantidad determinada de hilado. El valor de este hilado es medido por 53 horas de trabajo, de las cuales 4 3, sin intervención de él, están contenidas en los medios de producción consumidos, en el algodón, la maquinaria, etc., y ', ó una hora es agregada por él mismo. Como su salario es producido en 5 3 horas, y el hilado producido en 1 hora de hilar contiene igualmente 5 3 horas de trabajo, no hay magia alguna en que el valor producido en sus 5 3/, horas de hilar sea igual al valor del producto de 1 hora de hilar. Pero estáis completamente equivocados si opináis que él pierde ni un átomo del tiempo de su jornada en la reproducción ó el «reemplazo» de los valores del algodón, la maquinaria, etc. Al transformar en hilado el algodón y el huso, al hilar, transporta su trabajo el valor del algodón y del huso al hilado. Esto se debe á la calidad de su trabajo, no á su cantidad. Es cierto que en 1 hora transportará al hilado más valoralgodón, etc., que en {{frac|1|2}} hora, pero sólo porque en 1 hora hila más algodón que en {{frac|1|2}}. Ya lo veis: vuestra expresión de que el trabajador produce en la penúltima hora el valor de su salario y en la última la ganancia líquida, no significa sino que al hilado producido en 2 horas de su jornada, estén éstas al principio ó al fin, están incorporadas 11 horas de trabajo, exactamente tantas horas como cuenta su jornada entera. Y la expresión de que en las primeras {{frac|5|3|4}} horas él produce su salario y en las últimas 5 3 horas vuestra ganancia líquida, no significa tampoco sino que vosotros pagáis la primeras 53, horas y no pagáis las últimas. Hablo de pagar el trabajo, en lugar de la fuerza de trabajo, por hablar en vuestro slang. Si ahora,<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|189}}</noinclude>señores, comparáis la proporción del tiempo de trabajo que pagáis con el que no pagáis, encontraréis que es de medio día por medio día, es decir, de 100 por 100, lo que es seguramente un bonito tanto por ciento. No hay tampoco la menor duda de que si hacéis trabajar á vuestros «brazos» 13 horas en lugar de {{frac|11|1|2}}, lo que para vosotros es tan parecido como un huevo á otro, las {{frac|1|1|2}} horas de exceso serían todas de sobretrabajo; este último subiría de 53, á 7 horas, y, por lo tanto, la tasa de la supervalía de 100 por 100 á {{frac|126|2|23}}
por 100. Sois, por el contrario, demasiado entusiastas si esperáis que agregando {{frac|1|1|2}} hora ella subiría de 100 á 200 por 100, ó á más de 200 por 100, es decir, «subiría á más del doble». Por otra parte - el corazón del hombre es una cosa maravillosa, sobre todo cuando el hombre tiene el corazón en la bolsa, sois unos locos pesimistas si teméis que con la reducción de la jornada de {{frac|11|1|2}} á {{frac|10|1|2}} horas desaparezca toda vuestra ganancia líquida. Nada de eso. Suponiendo iguales todas las otras circunstancias, el sobretrabajo descendería de 5 á 43 horas, lo que da siempre una tasa de supervalía muy satisfactoria, á saber, el {{frac|82|14|23}} por 100. Pero la fatal «última hora», de la cual habéis inventado más fábulas que los Chiliastas del fin del mundo, es all bosh. Su pérdida no os costará á vosotros la «ganancia líquida», ni á los niños de uno ú otro sexo que trabajáis la pureza del alma»<ref></ref>.
Cuando Senior probó que la ganancia líquida de los fabricantes, la existencia de la industria algodonera inglesa y la grandeza de Inglaterra en el mercado universal dependían de la «última hora de trabajo», el Dr. Andrew Ure probó á su vez que los niños y demás personas menores de dieciocho años á quienes no se encierra durante doce horas enteras en la cálida y limpia atmósfera moral de las fábricas, sino que se les entrega «una hora» antes al indiferente y frívolo mundo exterior, pierden la salud de su alma en la ociosidad y en el vicio. Desde 1848 no se cansan los inspectores de fábricas, en sus Reports semestrales, de embromar á los fabricantes con la «última hora», la «hora fatal». En su informe sobre las fábricas, del 31 de mayo de 1855, dice el Sr. Howell: «Si el ingenioso cálculo siguiente (cita á Senior) fuera exacto, desde 1857 habrían trabajado con pérdida todos los fabricantes de algodón del Reino Unido.» (Reports of the Insp. of Fact. for the half year ending 30th April 1855, págs. 19-20.) Cuando en 1848 pasó en el Parlamento la ley de las diez horas, distribuyeron los fabricantes entre algunos trabajadores de las hilanderías de hilo desparramadas por la campiña entre los condados de Dorset y Somerset, una petición en contra que, entre otras cosas, dice: «Vuestros peticionarios, padres de familia, creen que una hora adicional de ocio no daría más resultado que el de desmoralizar á los niños, pues la ociosidad es la madre de todos los vicios.» A esto observa el informe de fábricas del 31 de octubre de 1848: «La atmósfera de las hilanderías de hilo en que trabajan los niños de estos virtuosos padres, está cargada de particulas de la materia prima, hasta tal punto, que es sumamente desagradable pasar en ellas ni siquiera diez minutos, pues no es sin la penosísima impresión de que los ojos, los oídos, la nariz y la boca se llenan de nubes de polvo de lino, de las cuales no hay manera de librarse. El trabajo mismo exige, á causa de la rapidez febril de la maquinaria, un gasto incesante de destreza y movimiento, bajo el influjo de una incansable atención; y parece algo duro hacer hablar á los padres de «haraganería» de sus propios hijos, que, quitando el tiempo de las comidas, están diez horas enteras en semejante ocupación y en semejante atmósfera..... Estos niños trabajan más largo tiempo que los peones de labranza de las aldeas vecinas..... Estas brutales habladurías sobre «ociosidad y vicio» deben<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|192|CARLOS MARX|}}</noinclude>que representan tres diversas jornadas de 7, 9 y 12 horas. La línea de prolongación bc representa el largo del sobretrabajo. Como la jornada de trabajo es = ab+bc, ó ac, ella varía con la magnitud variable bc. Como ab es una cantidad dada, la proporción de bc á ab puede siempre ser medida. Ella es en la jornada {{asc|I}} de; en la jornada {{asc|II}}, de 36, y en la jornada {{asc|III}}, de /, de ab. Y como, además, la tiempo de sobretrabajo proporción determina la tasa de la sutiempo de trabajo necesario pervalía, ésta se determina por la relación anterior. En las tres diversas jornadas, ella es, respectivamente, de {{frac|16|2|3}}, 50 y 100 por 100.
Al contrario, la tasa de la supervalía no nos daría por sí sola la magnitud de la jornada. Si, por ejemplo, ella fuera de 100 por 100, la jornada podría ser de 8, 10, 12, etc., horas. Ella indicaría que las dos partes componentes de la jornada, trabajo necesario y sobretrabajo, son igualmente grandes, pero no cuán grande es cada una de esas partes.
La jornada de trabajo no es, pues, una magnitud constante, sino una magnitud variable. Es cierto que uno de sus elementos está determinado por el tiempo de trabajo requerido para la reproducción constante del mismo trabajador, pero su magnitud total varía con el largo ó duración del sobretrabajo. La jornada es, pues, determinable, pero, en sí misma, indeterminada<ref></ref>.
Pero aunque la jornada no es una magnitud fija, sino una magnitud variable, ella no puede, por otra parte, variar sino dentro de ciertos límites. Su límite mínimo, sin embargo, no puede ser determinado. Seguramente, si hacemos la línea de prolongación bc, ó el sobretrabajo, = 0, obtendremos un límite mínimo, á saber, la parte del día que el obrero tiene necesariamente que trabajar para su propia subsistencia. Pero sobre la base de la producción capitalista, el trabajo necesario no puede nunca formar sino una parte de su jornada, que nunca puede acortarse hasta ese minimum. La jornada tiene, en cambio, un límite máximo. No puede prolongarse más allá de cierto límite. Este límite máximo está doblemente determinado.
En primer lugar, por el límite físico de la fuerza de trabajo. Durante el día natural de 24 horas, un hombre no puede gastar sino una cantidad determinada de fuerza vital. Así, un caballo sólo puede trabajar al día 8 horas, por término medio. Durante una parte del día, la fuerza tiene que descansar, que dormir; durante otra, tiene el hombre que satisfacer otras necesidades físicas, que alimentarse, lavarse, vestirse, etc. Además de estos límites puramente físicos, la prolongación de la jornada encuentra límites morales. El trabajador El trabajo de un día es vago, puede ser largo ó corto." (An Essay on Trade and Commerce, containing Observations on Taxation, etc., Londres, 1770, pág. 73.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|194|CARLOS MARX|}}</noinclude>gasto excesivo de fuerza de trabajo. Tú y yo no conocemos en el mercado sino una ley, la del cambio de mercancías. Y el consumo de la mercancía no pertenece al vendedor, que la enajena, sino al comprador, que la adquiere. El uso de mi fuerza diaria de trabajo te pertenece, pues. Pero por medio de su diario precio de venta tengo que reproducirla diariamente para poder venderla de nuevo. Prescindiendo del desgaste natural por la edad, etc., tengo que ser capaz de trabajar mañana en el mismo estado normal de fuerza, salud y vigor que hoy. Constantemente me predicas el evangelio del «ahorro» y de la «abstinencia». ¡Pues bien! Quiero manejar mi único bien, la fuerza de trabajo, como persona ahorrativa y razonable y abstenerme de toda loca prodigalidad. Quiero no gastarla cada día, no invertirla en movimiento, en trabajo, sino en la cantidad compatible con su duración normal y sano desarrollo. Prolongando sin medida la jornada, tú puedes liquidar en un día una cantidad mayor de mi fuerza de trabajo que la que yo en tres días puedo reemplazar.
Lo que de ese modo tú ganas en trabajo, lo pierdo yo en substancia de trabajo. Aprovechar mi fuerza de trabajo y expoliarla son dos cosas muy distintas. Si el período medio que puede vivir un trabajador medio con un trabajo medio razonablemente es de 30 años, el valor de mi fuerza de trabajo que un día con otro tú me pagas es de 1 ó 110930 de su valor total. Pero si la consumes en 10 años, me pagas diariamente 110950 en lugar de {{frac|1|3650}} de su valor total, es decir, sólo 13 de su valor diario, y me robas, pues, diariamente {{frac|2|3}}
del valor de mi mercancía. Me pagas la fuerza de trabajo de un dia cuando consumes la de tres. Esto es contra nuestro trato y la ley del cambio de mercancías. Exijo, pues, una jornada de largo normal, y la exijo sin apelar á tu corazón, pues en cosas de dinero se acaba la amabilidad. Puedes ser un burgués modelo, quizá miembro de la Sociedad Protectora de los Animales, y, por añadidura, estar en olor de santidad; pero á la cosa que tú representas frente á mí no le late un corazón en el pecho. Lo que en ella parece latir es el latido de mi propio corazón. Exijo la jornada normal de trabajo, porque exijo el valor de mi mercancía, como todo otro vendedor<ref></ref>.
365 30 Se ve, pues, que, prescindiendo de límites completamente elásticos, de la naturaleza misma del cambio de mercancías no resulta límite alguno de la jornada, ni, por lo tanto, de la supervalía. El caDurante la gran huelga de los constructores de Londres, 1860-1861, por la reducción á nueve horas de la jornada de trabajo, publicó su Comité un manifiesto diciendo casi lo mismo que nuestro trabajador. No sin ironía hace alusión el manifiesto al más ávido de ganancias de los building masters-un tal Sir M. Peto, que estaba en «olor de santidad». El mismo Peto acabó después de 1867 ¡con Stroussberg!<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>{{t2|{{c|APENDICES DEL TEXTO}}
{{c|Compuestos por J. A. Saco }}
<section begin="Apendice1"/>{{c|I}}}}
{{c|{{May|Viaje de los fenicios en torno del Africa}}}}
Algunos autores modernos, como Gosselin <ref>''Recherches sur le tour de l' Afrique'', tom. 1, p. 199 et 216. </ref>,
Murr <ref>''Journal pour l' histoire des Arts'', tom. 6, pág. 121. </ref>, Mannert <ref>''Géographie des Grecs et des Romains''. </ref>, Malte-Brun <ref>''Précis de Géograph. Univ.'' Edition de 1831, tom. 1. </ref>, Walckenaer <ref>''Vies de plusieurs personnages célebres'', tom. 1. </ref>, y Pardessus <ref>''Introdudion au Tableau du commerce'', etc., p. 42 a 52. </ref>, niegan la posibilidad de semejante viaje; pero otros en mayor número lo admiten, como son Huet <ref>''De navigationibus Salomonis''.</ref>, Francois-Páris <ref>''Analyse de la Dissertation pour prouver que les anciens ont fait le tour de l' Afrique et connu ses cotes meridionales.'' (Mémoires de 1° Académie des Inscriptions. Histoire, tome 7, p. 79). </ref>, Montesquieu <ref>''Espirit des Lois'', liv. 21. </ref> Michaelis <ref>''Spicilegium, Géograph. Hebroeorum'', pars. 1, pág. 82 et 103.</ref>, Pluche, Kn cefs,
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude><section begin="Apendice1"/>pero se dice que éste, no satisfecho de sus excusas, le mandó a matar. <ref>Herodoto, lib. 4, § 43. </ref>.
<section end="Apendice1"/>
<section begin="Apendice2"/>{{t2|II.}}
{{c|{{May|Viaje de Hannon a la costa occidental de Africa.}}}}
"Antigüedades marítimas de la república de Cartago con el Periplo de su general Hannon traducido del griego é ilustrado por don Pedro Rodríguez Campománes. Madrid 1756." Dice así:
"Resolvieron los cartagineses que Hannon navegase fuera de las Columnas de Hércules, y que fundase colonias libio-fenicias. Navegó llevando sesenta ''pentecontoros'' ó naves de cincuenta remos, y hombres y mujeres en número de treinta mil, con víveres y demás pertrechos. Habiéndonos hecho á la mar, emparejamos con las Columnas, y navegamos fuera de ellas dos días <ref>Los autores antiguos fijaron el día de navegación en 12, 16 ó 17 millas geográficas. Scylax la valúa en 500 estadios, y Herodoto en 700. Punió, (Hist. Nat. lib. 2, cap. 23), dice que estadio era de 125 pasos: según esto, 8 estadios formaría una milla o 1000 pasos. Estas indicaciones son necesarias para conocer la extensión de la isla de Cerne de que habla Hannon, la cual en concepto de muchos es una de las de Madera.</ref>; plantificá-
<section end="Apendice2"/><noinclude></noinclude>
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Índice:A la nación alemana (18-01-1870), Emilio Castelar.pdf
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|Titulo=[[Correspondencia a la nación alemana (18-01-1870). Artículo de Emilio Castelar|Correspondencia a la nación alemana]]
|Subtitulo=Publicado en La Igualdad. Originalmente en Neue Freie Presse
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Pero antes que se acabe...
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Página creada con «Pero antes que se acabe toda esta dicha, piérdela atajándola, tómale la medida, por si rebasa tu ademán; rebásala, ve si cabe tendida en tu extensión. Bien la sé por su llave, aunque no sepa a veces, si esta dicha anda sola, apoyada en tu infortunio o tañida, por sólo darte gusto, en tus falanjas. Bien la sé única, sola, de una sabiduría solitaria. En tu oreja el cartílago está hermoso y te escribo por eso, te medito: No olvides en tu sueño de pensar…»
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Pero antes que se acabe
toda esta dicha, piérdela atajándola,
tómale la medida, por si rebasa tu ademán; rebásala,
ve si cabe tendida en tu extensión.
Bien la sé por su llave,
aunque no sepa a veces, si esta dicha
anda sola, apoyada en tu infortunio
o tañida, por sólo darte gusto, en tus falanjas.
Bien la sé única, sola,
de una sabiduría solitaria.
En tu oreja el cartílago está hermoso
y te escribo por eso, te medito:
No olvides en tu sueño de pensar que eres feliz,
que la dicha es un hecho profundo, cuando acaba,
pero al llegar, asume
un caótico aroma de asta muerta.
Silbando a tu muerte,
sombrero a la pedrada,
blanco, ladeas a ganar tu batalla de escaleras,
soldado del tallo, filósofo del grano, mecánico del sueño.
(¿Me percibes, animal?
¿me dejo comparar como tamaño?
No respondes y callado me miras
a través de la edad de tu palabra).
Ladeando así tu dicha, volverá
a clamarla tu lengua, a despedirla,
dicha tan desgraciada de durar.
Antes, se acabará violentamente,
dentada, pedernalina estampa,
y entonces oirás cómo medito
y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida
y entonces olerás cómo he sufrido.
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Ignacio Rodríguez
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text/x-wiki
{{encabezado|título=Pero antes que se acabe...|autor=César Vallejo}}
{{poema|Pero antes que se acabe
toda esta dicha, piérdela atajándola,
tómale la medida, por si rebasa tu ademán; rebásala,
ve si cabe tendida en tu extensión.
Bien la sé por su llave,
aunque no sepa a veces, si esta dicha
anda sola, apoyada en tu infortunio
o tañida, por sólo darte gusto, en tus falanjas.
Bien la sé única, sola,
de una sabiduría solitaria.
En tu oreja el cartílago está hermoso
y te escribo por eso, te medito:
No olvides en tu sueño de pensar que eres feliz,
que la dicha es un hecho profundo, cuando acaba,
pero al llegar, asume
un caótico aroma de asta muerta.
Silbando a tu muerte,
sombrero a la pedrada,
blanco, ladeas a ganar tu batalla de escaleras,
soldado del tallo, filósofo del grano, mecánico del sueño.
(¿Me percibes, animal?
¿me dejo comparar como tamaño?
No respondes y callado me miras
a través de la edad de tu palabra).
Ladeando así tu dicha, volverá
a clamarla tu lengua, a despedirla,
dicha tan desgraciada de durar.
Antes, se acabará violentamente,
dentada, pedernalina estampa,
y entonces oirás cómo medito
y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida
y entonces olerás cómo he sufrido.}}
[[Categoría:Poesías de César Vallejo]]
[[Categoría:Literatura peruana (Títulos)]]
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Índice:Poemas humanos (1923-1938) - César Vallejo.pdf
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>{{sumario|internos=sí|inicio=33|Proposición del Conde de Toreno.| Folleto de don Juan Bernardo O'Gaban.| Cortes de 1822 y 23.| Proyecto del P. Várela, diputado cubano.| Continuación de las infracciones del tratado de 1817.| Reclamaciones del Gobierno inglés. |Tratado de 1835. Nota del Gobierno inglés en 1837.| La Revista Bimestre Cubana.| Artículo del autor de esta historia contra la trata.| Indignación de los negreros.| Invasión del cólera en 1833.| Situación de Cuba en 1837.| Continúa el tráfico como instrumento de dominación.|comienzo=abierto}}
{{Anclaje+|p1|La América, cuyo territorio se ha manchado
con tanta sangre africana}}, fué la primera que abolió el comercio de esclavos. A la protesta de los alemanes de Germantown en 1688, siguió el acta de 1774 del Congreso de Filadelfia y más tarde, en 1780, la ley de abolición de la esclavitud, producto del entusiasmo originado por la guerra de la Independencia Norte-americana. Su texto dice así:
"Cuando contemplamos el odio que nos merece la servil dependencia en que pretendía mantenernos las armas y la tiranía de la Gran Bretaña: cuando recordamos la multitud de peligros que hemos corrido y la liberación de ellos en aquellos momentos en que ya no bastaban la fortaleza ni la esperanza para sostenerlos, creemos que es de nuestra obligación y celebramos tener la potestad de extender alguna porción de esa libertad que hemos conseguido á favor de otras criaturas que la necesitan igualmente, es decir, que pretendemos dar otro nuevo paso hácia la civilización universal, con remover cuanto sea posible las aflicciones de los que hasta ahora han vivido en una servidum-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>bre ilimitada. Como quiera que una larga experiencia nos ha desengañado de aquellas estrechas preocupaciones y parcialidades que habíamos recibido con la educación, nos hallamos obligados en la época presente por las prosperidades que nos asisten á manifestar con hechos la sinceridad de nuestros sentimientos. Por tanto, á fin de hacer justicia á una porción de criaturas que hallándose sin objeto en que descansen sus aflicciones y sus esperanzas, no tienen estímulo razonable de servir á la patria, como lo pudieran hacer en otra situación, y así mismo, en grata conmemoración de nuestra feliz emancipación del estado de obediencia pasiva á que estábamos destinados por la tiranía de la Gran Bretaña: queda estatuido que ninguna criatura que nazca de aquí en adelante pueda ni
deba ser esclava: que los niños negros y mulatos mayores de veinte y ocho años puedan ser siervos: que se forme un Registro general de esclavos antes de 1.° de Noviembre: que sean juzgados como los demás habitantes y que negro ni mulato alguno, á excepción de los niños, puedan ser obligados á
servir más de siete años."
A fines de la sesión del Parlamenteo inglés en 1783 se presentó un Bill o proyecto de ley para arreglar el comercio de la Compañía Africana; una de sus cláusulas prohibía a los empleados de la Compañía el poder exportar negros del Africa.
Los Quakeros, aquella clase de ciudadanos, humanos, y respetables, a la sazón convocados en la capital en celebración de su anual Asamblea se<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>valieron de este incidente para suplicar a la Cámara de los Comunes "que la cláusula mencionada se extendiese á todos los demás subditos del Reino, pues los exponentes se hallaban sumamente afligidos al considerar la rapiña, la opresión y la sangre que costaba aquella especie de tráfico." "Bajo la sanción de la ley, continuaban, millares de nuestros semejantes, á quienes asisten los derechos naturales de la humanidad, son conservados como propiedad individual en cruel servidumbre; sirviendo de mucho dolor á los exponentes el considerar que una Nación que profesa la fé cristiana dé en rostro tan abiertamente á los principios de la humanidad y de la justicia." Excitó esta petición una notable novedad tanto en el Parlamento como en el público y se puede decir que ella fué
la piedra angular sobre la cual fundaron después sus generosas tareas para la abolición de este detestable e inhumano comercio, los insignes Diputados del pueblo que la consiguieron Wilberforce, Smith, Dolben y otros.
En la sesión del Parlamento de 1788, Sir Guillermo Dolben Diputado de los Comunes por la Universidad de Oxford, hombre de la más esclarecida probidad y opinión, presentó un Bill para arreglar la traslación de los esclavos desde la Costa de Africa a las Islas.
Desde el principio del año una multitud de peticiones habían sido presentadas al Rey por las diferentes villas, ciudades y condados del Reino, implorando en términos muy empeñados la aboli-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>ción de este detestable tráfico. Esperaba el público una poción sobre la materia de estas peticiones por parte de Mr. Wilberforce Diputado del condado de York, más habiendo padecido este miembro de una larga enfermedad, propuso el Ministro Mr.
Pitt, en 9 de Mayo, una resolución o acuerdo al efecto de que esta Cámara en la próxima sesión tomase en consideración el comercio de esclavos.
Entretanto el Bill de Mr. Dolben, que no tenía otro objeto que el de establecer cierta proporción razonable entre el número de esclavos y las toneladas de las embarcaciones destinadas a trasportarlos, fué contradicho con violencia y obstinación
por peticiones dirigidas por los comerciantes de Londres y Liverpool interesados en este comercio. A consecuencia de ellas obtuvieron éstos la audiencia que pedían por abogados y el examen de los testigos que presentaban en su propia defensa en contraposición de sus oponentes, de manera que por los procedimientos habidos a presencia de la Cámara, quedó demostrado que cinco pies y seis pulgadas de largo y dieciséis pulgadas de ancho era la área media destinada para cada esclavo. El entrepuente de los buques se cubría enteramente de cuerpos humanos. El espacio entre el suelo de este entrepuente y el de encima que podía llegar a cinco pies y ocho pulgadas, se dividía aun con una plataforma o barbacoa también cubierta de cuerpos humanos. Los esclavos estaban mancornados de dos en dos por pies y manos, y por medio de otras argollas asegurados<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>al suelo. En aquellos climas cálidos, su ración de agua era de media botella al día, y por alimento comían dos veces al día ñames y frijoles. Al concluir cada comida se les obligaba con el foete a meterse otra vez entre sus grillos, los que se llamaban entre los traficantes, la danza. Se insistía enfáticamente en que estos infelices, empaquetados como se ha dicho, no disfrutaban tanto espacio a lo largo y a lo ancho como un hombre en su ataúd. Respiraban con tanta ansia y dificultad, que algunos perecían de sofocación. La acostumbrada
mortalidad en los viajes excedía en diez y siete tantos la proporción ordinaria de la vida humana; en fin, una embarcación completamente ocupada de tan abominable cargamento, presentaba los extremos de la humana depravación, al paso que los de la miseria humana.
{{Anclaje+|p8|Mr. Pitt}}, que frecuentemente supo despojarse del carácter de estadista, para adoptar noblemente el de filósofo y filántropo, declaró con indigna elocuencia "que si, como lo aseguraban los comerciantes de Liverpool, este comercio no podía continuarse de otro modo, retiraría la moción anterior
y sin aguardar la menor discusión, daria al instante su voto por la aniquilación de un tráfico tan chocante á la humanidad." Confiaban que la Cámara, teniendo a la vista testimonios de que
hasta ahora había carecido, trataría de eximirse del remordimiento que todo hombre debía abrigar por haberse desentendido tanto tiempo de tales escenas de crueldad y opresión.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>al suelo. En aquellos climas cálidos, su ración de agua era de media botella al día, y por alimento comían dos veces al día ñames y frijoles. Al concluir cada comida se les obligaba con el foete a meterse otra vez entre sus grillos, los que se llamaban entre los traficantes, la danza. Se insistía enfáticamente en que estos infelices, empaquetados como se ha dicho, no disfrutaban tanto espacio a lo largo y a lo ancho como un hombre en su ataúd. Respiraban con tanta ansia y dificultad, que algunos perecían de sofocación. La acostumbrada
mortalidad en los viajes excedía en diez y siete tantos la proporción ordinaria de la vida humana; en fin, una embarcación completamente ocupada de tan abominable cargamento, presentaba los extremos de la humana depravación, al paso que los de la miseria humana.
{{Anclaje+|p8|Mr. Pitt}}, que frecuentemente supo despojarse del carácter de estadista, para adoptar noblemente el de filósofo y filántropo, declaró con indigna elocuencia "que si, como lo aseguraban los comerciantes de Liverpool, este comercio no podía continuarse de otro modo, retiraría la moción anterior
y sin aguardar la menor discusión, daria al instante su voto por la aniquilación de un tráfico tan chocante á la humanidad." Confiaban que la Cámara, teniendo a la vista testimonios de que
hasta ahora había carecido, trataría de eximirse del remordimiento que todo hombre debía abrigar por haberse desentendido tanto tiempo de tales escenas de crueldad y opresión.
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text/x-wiki
<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>Pasado el Bill en 18 de Junio a la Cámara de los Lores mostró contra él la más tenaz oposición Lord Thurlow (Gran Canciller). Dijo que la ley proyectada era un tejido de errores. Los franceses habían últimamente ofrecido premios para fomentar el comercio Africano y la presunción natural era que a Inglaterra convenía hacer lo propio. Esta medida le parecía en sustancia un atentado contra la fe pública y la del Parlamento. Concluyó diciendo que si este acceso de filantropía, dormido había tantos años, se hubiera dejado dormir otro año más, le parecería mucho más acertado que haber sido examinado de un modo tan precipitado.
El Duque de Chandos se aventuró hasta profetizar que la consecuencia de esta cuestión habría producido en las islas una insurrección general de esclavos, y Lord Sidney, que antes se contó entre los amigos de la libertad, expresó con mucho calor la estimación que le merecía el Código negro de Jamaica, y no hallaba lugar de mejorarlo. Por otro lado se declararon en favor del Bill el Duque de Richmond y el Marqués Townshend de un modo que acreditó su capacida al paso que sus afectos últimamente pasó el Bill con una pluralidad considerable de votos.
Al concluirse casi esta misma sesión del Parlamento en 1788, y cuando ya era el tráfico de esclavos el tema de la pública excecración, vino Mr. Wilberforce a presentar la moción prometida<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>en solicitud de su abolición. <ref>Diez años antes del odioso tratado de 1763 que aseguraba a Inglaterra el monopolio de la trata, el generoso cristiano Mr. William Wilberforce, que a la sazón se sentaba en los bancos de la escuela de Poklington, escribió por primera vez contra este infame tráfico. L' abolition de l'esclavage, par {{May|Aug. Cochin.}} V. M. y M. </ref> El orador dividió la materia en tres partes, la naturaleza de este tráfico en sus efectos para con el Africa misma; el aspecto que presentaba en la transportación de los esclavos y las consideraciones que dimanaban de su presente estado en las Islas. ¿Cuál debía ser la consecuencia del comercio de esclavos en un país como el Africa, tan vasto en su extensión, no enteramente envuelto en la barbarie; sino en una
civilización muy imperfecta? ¿No era claro que este tráfico debía producir en ella muchos males? ¿Que sus costumbres, por sí incultas, debían adquirir aun más ferocidad : que la trata de esclavos practicada en todas sus costas debía extender la violencia y la desolación hasta en su centro? En efecto, tales
habían sido manifestados los hechos por los informes recibidos ante el Consejo de S. M. En cuanto al modo de trasportar los esclavos desde el Africa a las Islas, afirmó que tanta miseria acumulada en tan poco espacio, pasaba en realidad de lo que la imaginación pudiese haberse antes figurado.
La práctica constante era dar la vela de noche a fin de que los esclavos, exasperados al dejar para siempre su país nativo, no comprendiesen el momento de la partida. Este momento cruel para
ellos lo señalaban con canciones y lágrimas de<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>lamentación. Se probó por testimonios que un capitán más sensible que los demás, había amenazado a una negra con el castigo porque su canción causaba en sus afectos demasiada aflicción. La mortandad de los esclavos a bordo era excesiva,
y echando en cuenta la de la aclimatación a su llegada, se acercaba a 50%. A su arribo al destino, se usaban baños y astringentes para ocultar sus heridas y acondicionarlos para la venta, artificios fraudulentos, al paso que fatales en sus resultas. Por otra parte, este infame tráfico era la sepultura
de los marineros empleados en él. De 3,170 marineros que habían salido de Liverpool en 1787 sólo 1,428 habían vuelto. Concluyó este capítulo con decir que la maldad del tráfico de esclavos era tan enorme y tan irremediable, que no podía admitir otra alternativa que su abolición. — Confesó que su entendimiento se embarazaba a la verdad con las representaciones de los colonistas que aseguraban que el reglamento produciría la ruina de su propiedad. No podía tener confianza en estos argumentos, porque no podía creer que el autor omnipotente que prohibía la práctica d la rapiña y de la efusión de sangre, hicise necesaria a la existencia de parte alguna de sus criaturas la propia rapiña y efusión de sangre. No había tardado en conseguir las luces apetecidas, pues sus recientes noticias daban testimonios decisivos y completos en favor de la propuesta medida. A la verdad, el principio en que fundaba la necesidad de la nueva ley, no era de política sino de justicia: más<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>aunque la justicia era la base de esta medida, se obligaba a probar que se podía conciliar con nuestros verdaderos políticos.
Mr. Wilberforce concluyó su elocuente discurso con proponer no como se esperaba generalmente, un voto de censura y reprobación que hubiera obligado a la Cámara a adoptar vigorosas y decisivas providencias, sino con una serie de elaborada y fastidiosa de proposiciones complejas y aun dudosas, en número de doce, que especificaban el total de esclavos exportados del Africa para las Islas: las diferentes personas incluidas en este número agregado; la périda de los marineros empleados en este tráfico; las causas de la mortandad y los diversos cálculos relativos al aumento natural de la población en Jamaica y la Barbada, y finalizando fríamente con declarar que no podía resultar grave ni permanente perjuicio de la interrupción de dicho tráfico; agregó por último que no pretendía exigir a la Cámara que tomara inmediata resolución sobre estas proposiciones.
Los vocales, Lord Penryn, Lord Maitlan, etc., se valieron de la ocasión para oponer nuevas dificultades y nuevas dilaciones y aunque Mr. Wilberforce se mostró satisfecho de las pruebas contenidas en la información <ref>Esta información se imprimió para conocimiento del público, en un tomo folio de más de 500 páginas.</ref> recibida ante el Consejo privado de S. M., insistieron ellos en que los comerciantes y los hacendados interesados en<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|195}}</noinclude>pitalista afirma su derecho como comprador al tratar de alargar lo más posible la jornada, de una jornada, si es posible, hacer dos.
Por otra parte, la naturaleza especial de la mercancía vendida implica un límite á su consumo por el comprador, y el trabajador afirma su derecho como vendedor, al querer limitar la jornada á una duración determinada normal. Hay, pues, aquí una antinomia, derecho contra derecho, ambos igualmente sellados por la ley del cambio de las mercancías. Entre derechos iguales decide la fuerza. Y así, en la historia de la producción capitalista, la normalización de la jornada se presenta como lucha por los límites de la jornada lucha entre el conjunto de los capitalistas, es decir, la clase capitalista, y el conjunto de los trabajadores, ó la clase trabajadora.
{{t4|II.—El hambre canina de sobretrabajo. fabricante y boyardo.}}
El capital no ha inventado el sobretrabajo. Doquiera una parte de la sociedad tienė. el monopolio de los medios de producción, el trabajador, libre ó no, tiene que agregar al tiempo de trabajo necesario para su propia subsistencia un tiempo de trabajo excedente para producir los medios de subsistencia para los propietarios de los medios de producción 1, que este propietario sea xabòç xàyadós ateniense, teócrata etrusco, civis romanus, barón normando, amo de esclavos americano, boyardo válaco, moderno landlord ó capitalista<ref></ref>. Es claro, sin embargo, que si en una formación económico-social predomina el valor de uso y no el valor de cambio del producto, el sobretrabajo está limitado por un círculo de necesidades más ó menos amplio; pero del carácter de la producción no resulta necesidad ilimitada alguna de sobretrabajo. Cuando se trata de adquirir el valor de cambio en su propia figura de moneda, en la producción de oro y plata, el sobretrabajo se presenta por eso en la antigüedad en una forma horrible. Trabajar violentamente hasta la muerte es entonces la forma oficial del sobretrabajo. Léase si no á Diodoro Siculo<ref></ref>. Sin embargo, estas son excepciones en el mundo antiguo. Pero así que los pueblos cuya producción se encuentra aún en las formas inferio«Los que trabajan..... alimentan en realidad á los pensionistas llamados los ricos, y se alimentan ellos mismos.» ({{may|Edmund Burke}}, ob. cit., pág. 2.) 2 En su Historia Romana, hace notar Niebuhr muy ingenuamente: «No podemos ocultarnos que obras como las etruscas, cuyas ruinas asombran, suponen en pequeños (!) Estados señores y siervos.» Con mucha más profundidad ha dicho Sismondi que los encajes de Bruselas suponen capitalistas y asalariados.
«No se puede ver á estos desgraciados (en las minas de oro entre Egipto, Etiopía y Arabia), que no pueden siquiera mantener limpio su cuerpo, ni cubrir su desnudez, sin lamentar su misera suerte. Pues allí no hay consideración ni cuidado alguno por los enfermos, por los débiles, por los ancianos ni por las mujeres. A fuerza de azotes, todos tienen que trabajar continuamente hasta que la muerte pone término á sus torturas y á su miseria.» ({{may|Diod}}. Sic., Historische Bibliothek,<ref></ref>. 111, c. 13.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|196|CARLOS MARX|}}</noinclude>res de esclavitud, servidumbre, etc., entran en un mercado universal dominado por el modo de producción capitalista, que de la venta de los productos en el Extranjero hace el interés predominante, en los horrores bárbaros de la esclavitud, la servidumbre, etc., se injertan los civilizados horrores del sobretrabajo. En los Estados del sur de la Unión Americana el trabajo de los negros conservó por eso un moderado carácter patriarcal mientras la producción fué principalmente para las propias necesidades inmediatas. Pero á medida que la exportación de algodón pasó ser el interés vital de esos Estados, el trabajo excesivo de los negros, y en algunas partes el consumo de su vida en siete años, pasó á ser un factor de un sistema calculado y calculador. Ya no se trataba de sacar de él cierta masa de productos útiles. No se trataba sino de producir supervalía. Lo mismo ha sucedido con el siervo, por ejemplo, en los Principados Danubianos.
La comparación del hambre canina de sobretrabajo en los Principados Danubianos con la misma en las fábricas inglesas, ofrece un interés especial, porque en la servidumbre el sobretrabajo posee una forma propia y bien perceptible.
Supongamos que la jornada cuente 6 horas de trabajo necesario y 6 horas de sobretrabajo. El trabajador libre da entonces al capitalista 66, ó 36 horas de trabajo por semana. Es como si trabajara 3 días de la semana para sí mismo y 3 días de la semana, gratis, para el capitalista. Pero esto no se ve. El sobretrabajo y el trabajo necesario se confunden. Puedo, por lo tanto, expresar la misma proporción diciendo, por ejemplo, que en cada minuto el obrero trabaja 30 segundos para sí y 30 segundos para el capitalista, etc. Con la prestación personal es otra cosa. El trabajo necesario que para su propia subsistencia ejecuta, por ejemplo, el campesino valaco, está separado de su sobretrabajo para el boyardo. El uno lo ejecuta en su propio campo, el otro en la propiedad señorial. Las dos partes del tiempo de trabajo existen, pues, independientemente la una al lado de la otra. En la forma de servidumbre el sobretrabajo está exactamente separado del trabajo necesario. Esta diversa forma de aparición no cambia evidentemente en nada la proporción cuantitativa del sobretrabajo y el trabajo necesario. Tres días de sobretrabajo por semana son siempre tres días de trabajo que no forma equivalente alguno para el obrero, llámesele prestación personal ó trabajo asalariado. Sin embargo, en el capitalista el hambre canina de sobretrabajo aparece en la tendencia á prolongar desmedidamente la jornada de trabajo, y en el boyardo simplemente en la caza inmediata de días de prestación personal<ref></ref>.
Lo que sigue se refiere al estado de las provincias danubianas antes de su transformación consecutiva á la guerra de Crimea.<noinclude></noinclude>
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Página:El Capital (1898).pdf/203
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|197}}</noinclude>En los Principados Danubianos la prestación personal estaba unida á rentas naturales y demás accesorios de la servidumbre; pero constituía el principal tributo á la clase dominante. En estos casos, rara vez proviene la prestación personal de la servidumbre, sino más bien la servidumbre de la prestación personal<ref></ref>. Así pasa en las provincias rumanas. Su forma primitiva de producción estaba basada en la propiedad común; pero no en la propiedad común de forma eslava, ni tampoco inda. Una parte de las tierras era cultivada como libre propiedad privada por los miembros de la comunidad; otra parte el ager publicus -era trabajada en común. Los productos de este trabajo común servían en parte como fondo de reserva para el caso de mala cosecha y otros accidentes, en parte como tesoro del Estado para cubrir los gastos de guerra, religión y demás gastos de la comunidad. En el curso del tiempo, los dignatarios militares y eclesiásticos usurparon, junto con la propiedad común, los trabajos que en ella se hacían. El trabajo de los campesinos libres en su tierra común se transformó en prestación personal para los ladrones de la tierra de la comunidad. Se desarrollaron así relaciones de servidumbre, pero sólo de hecho, no de derecho, hasta que la libertadora Rusia, bajo el pretexto de abolir la servidumbre, la elevó á ley. El Código de la prestación personal, proclamado en 1831 por el general ruso Kisseleff, fué dictado, naturalmente, por los mismos boyardos.
Rusia conquistó así de un golpe á los maguates de los Principados del Danubio y el aplauso de todos los crétins liberales de Europa.
Según el Réglement organique, que así se llama ese Código de la prestación personal, todo campesino válaco, aparte de una cantidad detallada de productos naturales, debe al titulado propietario territorial: 1.º, doce días de trabajo en general; 2.º, un día de trabajo en el campo, y 3.º, un día de acarreo de madera. Summa summarum, 14 días al año. Pero con una profunda comprensión de la Economía política, no se toma la jornada en su sentido ordinario, sino como la necesaria para dar cierto producto medio diario, sólo que el producto medio diario es fijado astutamente en una cantidad tal, que ni un cíclope la realizaría en 24 horas. En secas palabras, Nota de la tercera edición.—[Así ha sido también en Alemania, y especialmente en la Prusia al este del Elba. En el siglo xv, el campesino alemán estaba en casi todas partes sometido á ciertas obligaciones en productos y trabajo; pero en lo demás era libre, á lo menos de hecho. En Brandemburgo, Pomerania, Silesia y Prusia Oriental los colonos alemanes estaban reconocidos aún legalmente como libres.
El triunfo de la Nobleza en la guerra de los Aldeanos acabó con esto. No sólo los campesinos del sur de Alemania volvieron á ser siervos. Ya desde mediados del siglo xvi los campesinos libres del este de Prusia, los brandemburgueses, los pomeranianos, los silesianos, y pronto también los de Schleswig-Holstein, fueron rebajados á siervos. ({{may|Maurer}}, ''Frohnhofe'', t. {{t4|IV.—Meitzen}}
, Der Boden des pr. Staats.
{{may|Hansen}}, Leibeigenschaft in Schleswig-Holstein.)-{{may|F. E}}.]<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|198|CARLOS MARX|}}</noinclude>de una ironía verdaderamente rusa, declara, pues, el mismo Réglement que por 12 días de trabajo debe entenderse el producto de 36 días de trabajo manual; por un día de trabajo en el campo, tres días, y por un día de acarreo de madera, también el triple. En suma: 42 días de prestación personal. Pero á esto hay que agregar la llamada jobagie, servicios debidos al señor de la tierra para las necesidades extraordinarias de la producción. En proporción á su población, cada aldea tiene que dar al año un contingente determinado para la jobagie. Esta servidumbre adicional se calcula en 14 días para cada aldeano válaco. La prestación personal impuesta alcanza así á 56 días al año. Pero, á causa del mal clima, el año agrícola no cuenta en Valaquia más que 210 días, de los cuales 40 domingos y días de fiesta y 30 de mal tiempo, es decir, un total de 70, no se cuentan.
Quedan 140 días de trabajo. La proporción de la prestación personal al trabajo necesario, 56, ó {{frac|66|2|3}} por 100, expresa una tasa de supervalía mucho menor que la que regula el trabajo del trabajador inglés de la agricultura ó de las fábricas. Esta no es, sin embargo, sino la prestación personal prescrita por la ley. Pues con un espíritu más «liberal» aún que la legislación inglesa sobre las fábricas, ha sabido el Réglement organique facilitar su propia violación. Después de hacer de 12 días 54, fija para cada uno de los 54 días una tarea nominal tal, que una parte debe necesariamente recaer sobre los dias siguientes. En un día, por ejemplo, debe escardarse una extensión de tierra que para esa operación, principalmente en las plantaciones de maíz, exige doble tiempo. La tarea diaria fijada por la ley para ciertos trabajos agrícolas es tan extensible, que el día principia en el mes de mayo y termina en el mes de octubre. En Moldavia la reglamentación es todavía más dura. Como exclamaba un boyardo, ebrio de triunfo: «¡Los 12 días de prestación personal del Réglement organique se elevan á 365 días al año!» 1 Si el Réglement organique de los Principados Danubianos era la expresión positiva del hambre canina de supervalía, legalizada por cada uno de sus parágrafos, las Factory acts inglesas son expresiones negativas de la misma hambre canina. Estas leyes refrenan la tendencia del capital á una desmedida absorción de fuerza de trabajo, limitando coercitivamente la jornada por el Estado, y por un Estado que dominan el capitalista y el señor territorial. Prescindiendo de un movimiento obrero que cada día se hacía más amenazador, la limitación del trabajo de las fábricas fué impuesta por la misma necesidad que hizo derramar guano sobre los campos de Inglaterra. La misma ciega rapacidad que había agotado la tierra, había, en el otro 1 Para más amplios detalles, véase {{may|E. Regnault}}, ''Histoire politique et sociale des Principautés Danubiennes'', París, 1855.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|199}}</noinclude>caso, atacado en sus raíces la fuerza vital de la nación. Epidemias periódicas lo decían tan claramente como la decreciente talla de los soldados en Alemania y en Francia<ref></ref>.
La Factory act de 1850, que rige actualmente (1867), autoriza 10 horas como término medio diario á saber: por semana, los pripara meros cinco días de la semana, 12 horas, de seis de la mañana á seis de la tarde, de las cuales, sin embargo, la ley destina {{frac|1|2}} hora para el desayuno y 1 hora para comer á medio día; de modo que quedan 10 horas de trabajo, y 8 horas para el sábado, de seis de la mañana á dos de la tarde, de las cuales 12 hora es para el almuerzo. Quedan 60 horas de trabajo, {{frac|10|1|2}} para los cinco primeros días de la semana y 72 para el último<ref></ref>. Para vigilar el cumplimiento de la ley se nombra inspectores de fábricas, que dependen del Ministerio del Interior, y cuyos informes son publicados cada seis meses por orden del Parlamento. Ellos nos proporcionan, pues, una estadística continua y oficial sobre el hambre de los capitalistas por sobretrabajo.
Escuchemos por un momento á los inspectores de fábricas 3: «El fraudulento fabricante empieza el trabajo un cuarto de hora, Dentro de ciertos límites, el exceder de la medida media de su especie habla en general en favor de la prosperidad de los seres organizados. La medida del cuerpo del hombre se achica cuando su desarrollo es impedido por circunstancias físicas ó sociales. En todos los países europeos donde se practica la conscripción, la talla media de los hombres adultos y, en general, su aptitud para el servicio militar, ha disminuído desde su introducción. Antes de la Revolución (1789), el mínimo para los infantes era en Francia de 165 centímetros; en 1818 (ley del 10 de marzo), 157; después de la ley del 21 de marzo de 1852, 156 centímetros. Por término medio, más de la mitad son declarados en Francia ineptos para el servicio militar por insuficiencia de talla y otros defectos. En Sajonia, la talla militar era en 1780 de 178 centímetros; ahora es de 155. En Prusia es de 157. Según datos del Dr. Meyer, en el Bayrischen Zeitung del 9 de mayo de 1862, resulta de un término medio de nueve años que en Prusia, de 1.000 conscriptos, 716 son inútiles para el servicio militar, 317 por talla insuficiente 399 por defectos..... En 1858, Berlín no pudo dar su contingente de hombres de reemplazo; faltaban 156 hombres."
(J. {{t4|V.—Liebig}}
, Die Chemie in ihrer Anwendung auf Agrikultur und Physiologie, 1862, séptima edición, t. {{asc|I}}, págs. 117-118.) En el curso de este capítulo se encuentra la historia de la ley de 1850 sobre las fábricas.
3 Sólo ocasionalmente me ocupo del período inicial de la gran industria en Inglaterra hasta 1845, respecto del cual remito al lector al libro Die Lage der arbeitenden Klasse in England, por {{may|Federico Engels}}, ''Leipzig'', 1845. Los Factory reports, reports on mines, etc., que han aparecido desde 1845, muestran cuán á fondo comprendió Engels el espíritu de la producción capitalista, y la más superficial comparación de su obra con los reports de la Children's Employment Commission, publicados dieciocho ó veinte años después (1863-67), muestra cuán admirablemente pintó la situación en todos sus detalles. Esos informes tratan sobre todo de ramas de la Industria en que la legislación sobre las fábricas no se aplicó hasta 1862, y en parte no se ha aplicado todavía. El estado de cosas descrito por Engels no había sido más o menos modificado en ellas por influencias externas. Yo tomo mis ejemplos principalmente del período de comercio libre posterior á 1848, aquel tiempo paradisíaco, del cual han contado á los alemanes tantas maravillas los mercachifles del libre cambio, tan habladores como ignorantes.—Por lo demás, Inglaterra no aparece aquí en primer término sino porque representa la producción capitalista clásica y es la única que posee una estadística continua y oficial de las cosas de que se trata.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|200|CARLOS MARX|}}</noinclude>á veces más temprano, á veces más tarde, antes de la seis de la mañana, y lo hace cesar un cuarto de hora, á veces más temprano, á veces más tarde, después de las seis de la tarde. Saca 5 minutos al principio y al fin de la media hora nominal destinada al almuerzo, y 10 minutos al principio y al fin de la hora destinada á la comida de medio día. Los sábados trabaja un cuarto de hora, á veces más, á veces menos, después de las dos de la tarde. De esa manera gana: Antes de las seis de la mañana..
Después de las seis de la tarde..
Del tiempo del desayuno..
Del tiempo del almuerzo...
»Suma en cinco días: 300 minutos.
»Los sábados: Antes de las seis de la mañana..
Del tiempo del desayuno..
Después de las dos de la tarde..
»Ganancia total por semana: 340 minutos.
15 minutos.
15 10 20 60 minutos.
15 minutos.
10 15 40 minutos.
»Ó 5 horas 40 minutos por semana; lo que, multiplicado por 50 semanas de trabajo, quitando 2 semanas de días de fiesta é interrupciones ocasionales, da 27 días de trabajo.» 1 Si se prolonga diariamente la jornada 5 minutos más allá de su duración normal, se obtiene al año {{frac|2|1|2}} días de producción.» 2 Una hora adicional diaria, ganada tomando un poquito de tiempo por aquí y otro por allí, de los 12 meses del año hace 13.> 3 Las crisis, en que se interrumpe la producción y sólo se trabaja corto tiempo», algunos días por semana, no cambian naturalmente en nada la tendencia al alargamiento de la jornada. Cuantos menos negocios se hacen, tanto mayor debe ser la ganancia en los que se hacen. Cuanto menos tiempo se puede trabajar, tanto más tiempo de sobretrabajo debe trabajarse. Así informan los inspectores de fábricas sobre el período de la crisis de 1857 á 1858: «Se puede mirar como una inconsecuencia que haya excesos de trabajo cuando el comercio anda tan mal; pero su mal estado mueve á las personas sin escrúpulos á incurrir en infracciones; de esa manera se aseguran una ganancia extra.....» «Al mismo tiempo», dice Leonardo Horner, «que 122 fábricas de mi distrito están completamente abandonadas, 143 paradas y que todas las demás trabajan corto Suggestions, etc., by Mr. {{asc|L}}. Horner, Inspector of factories, en la Factories Regulation Act. Ordered by the House of Commons to be printed 9 Aug. 1859, págs. 4-5.
2 Reports of the Insp. of fact. for the half year, Oct. 1856, pág. 35.
3 Reports, etc., 30th April 1858, pág.<ref></ref>.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|201}}</noinclude>tiempo, se continúa haciendo trabajar más allá del tiempo fijado por la ley.» «Aunque la mayor parte de las fábricas», dice el Sr. Howell, á causa del mal estado de los negocios, no trabajan sino medio tiempo, recibo el mismo número de quejas que antes, de que á los expensas de trabajadores se les quita al día {{frac|1|2}} hora ó 3, de hora á los ratos fijados por la ley para comer y descansar.» 2 El mismo fenómeno se repite en menor escala durante la terrible crisis algodonera de 1861 á 1865.3: «Se pretexta á veces, cuando sorprendemos á los trabajadores trabajando á la hora de las comidas ó á otra hora ilegal, que ellos no quieren absolutamente abandonar la fábrica, y que hay que forzarles para que interrumpan su trabajo (limpieza de las máquinas, etc.), sobre todo el sábado á la tarde. Pero si los «brazos» se quedan en la fábrica después de parada la maquinaria, no es sino porque de seis de la mañana á seis de la tarde, en las horas de trabajo fijadas por la ley, no se les concede tiempo alguno para ocuparse en eso.» 4 La ganancia extraordinaria que se hace trabajando fuera del tiempo legal es para muchos fabricantes una tentación demasiado fuerte para que puedan resistirla. Cuentan con la probabilidad de no ser descubiertos, y calculan que, aun en el caso de serlo, la insignificancia de las multas y de los gastos judiciales les asegura siempre un saldo á su favor.» «Donde por una multiplicación de 1
Reports, etc.,<ref></ref>. c., pág. 43.
2 Reports, etc.,<ref></ref>. c., pág. 25.
{{may|Biblio}}
3 Reports, etc., for the half year ending 30th April 1861. Véase el apéndice núm. 2 Reports, etc., 31st Oct. 1862, págs. 7, 52, 53. Las infracciones aumentan otra vez de frecuencia en el último semestre de 1863. Comp. Reports, etc., ending 31st Oct. 1863, pág.<ref></ref>.
Reports, etc., 31st Oct. 1860, pág. 23. El siguiente curioso caso muestra con qué fanatismo, según declaraciones judiciales de los fabricantes, se oponen sus «brazos» á toda interrupción del trabajo en las fábricas: A principios de junio de 1836, los magistrados de Dewsbury (Yorkshire) recibieron la denuncia de que ocho grandes fabricantes de las inmediaciones de Batley habían violado la ley sobre las fábricas.
Se acusaba á algunos de esos señores de haber hecho trabajar á cinco niños de 12 á 15 años de edad desde las seis de la mañana del viernes hasta las cuatro de la tarde del sábado, sin permitirles reposo alguno, fuera de las comidas y una hora de sueño á media noche. Esos niños habían tenido que ejecutar el trabajo incesante de 30 horas en la shoddy-hole, como llaman á la cueva donde se rompe los retazos de lana y donde el aire está tan cargado de polvo, desechos, etc., que aun los trabajadores adultos se ven obligados á taparse constantemente la boca con pañuelos para proteger sus pulmones. ¡Los señores acusados aseguraron en su cualidad de cuáqueros, eran de una religión demasiado escrupulosa para prestar juramento que con gran misericordia habían concedido á los niños cuatro horas de sueño; pero que ellos eran tan tercos, que no habían querido absolutamente acostarse! Los señores cuáqueros fueron condenados á una multa de 20 libras esterlinas.
Dryden presintió á estos cuáqueros: «Fox full fraught in seeming sanctity, That feared an oath, but like the devil would lie, That look'd like Lent, and had the holy leer, An durst non sin! before he said his prayer!» Reports, etc., 31 Oct. 1856, pág. 34.
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|202|CARLOS MARX|}}</noinclude>pequeños robos (a multiplication of small thefts) en el curso del dia, se gana tiempo adicional, los inspectores encuentran para probarlo dificultades casi invencibles.» 1 Estos «pequeños robos» del capital al tiempo de los trabajadores para comer y reposar, los designan también los inspectores de fábricas como petty pilferings of minutes, raterías de minutos 2, snatching a few minutes, escamoteo de minutos 3, ó, como lo llaman técnicamente los obreros, nibbling and cribbling at meal times".
Como se ve, en este medio no es un secreto la formación de la supervalía por el sobretrabajo. «Si {{asc|V}}. me permite», me decía un fabricante muy respetable, hacer trabajar diariamente sólo 10 minutos de exceso, pone {{asc|V}}. en mi bolsillo 1.000 libras esterlinas al año.» 5 Los elementos de la ganancia son átomos de tiempo.» 6
Nada es más característico, en este sentido, que la designación de full times para los trabajadores que trabajan el tiempo completo, y la de half times para los niños menores de 13 años, que no pueden trabajar más de 6 horas<ref></ref>. En ellas el trabajador no es más que tiempo de trabajo personificado. Todas las diferencias individuales se resuelven en una sola, la de «tiempos completos» y «medios tiempos».
{{t4|III.—Ramas de la industria inglesa sin limitación legal de la explotación.}}
Hasta ahora hemos observado la tendencia á prolongar la jornada, el hambre canina de sobretrabajo, en un terreno donde excesos sin freno, no sobrepasados, como dice un economista de la burguesía inglesa, por las crueldades de los españoles contra los pieles rojas de América, han atado por fin el capital á la cadena de una reglamentación legal. Dirijamos ahora la mirada á algunas ramas de la producción en que la absorción de la fuerza de trabajo es todavía completamente libre ó lo era aún ayer.
{{asc|L}}. c., pág. 35.
2 {{asc|L}}. c., pág. 48.
3 {{asc|L}}. C.
AL. c.
5 {{asc|L}}. c.
6 Moments are the elements of profit, Rep. of the Insp, etc., 30th April 1860, pág. 56.
Esta expresión tiene derecho de ciudadanía, tanto en la fábrica como en los informes oficiales.
8«La codicia de los fabricantes, cuyas crueldades, en busca de ganancia, difícilmente habrán sido excedidas por las perpetradas por los españoles en la conquista de América, en busca de oro.» ({{may|John Wade}}, ''History of the Middle and Working Classes'', tercera edición, Londres, 1835, pág. 114.) La parte teórica de este libro, especic de bosquejo de la Economía política, contiene algo de original para su época, por ejemplo, sobre las crisis comerciales. La parte histórica es afeada por un desvergonzado plagio de la History of the Poor, de Sir {{may|M. Eden}}, ''Londres'', 1799.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|203}}</noinclude>«El Sr. Broughton, magistrado de condado, como presidente de un meeting celebrado en la casa municipal de Nottingham el 14 de enero de 1860, declaró que en la parte de la población ocupada en la fabricación de encajes reina un grado de sufrimiento y de indigencia desconocido en el resto del mundo civilizado..... Á las dos, tres ó cuatro de la mañana, niños de 9 á 10 años son arrancados de sus sucios lechos y obligados á trabajar por su simple subsistencia hasta las diez, once ó doce de la noche, mientras que sus miembros se enflaquecen, su cuerpo se encoge, los rasgos de su fisonomía se borran y todo su sér humano se petrifica en un estupor cuya simple vista horroriza. No nos sorprende que el Sr. Mallett y otros fabricantes se hayan presentado para protestar contra toda discusión..... El sistema, como lo ha descrito el Rev. Montagu Valpy, es un sistema de ilimitada esclavitud, esclavitud social, física, moral é intelectual..... ¡Qué se puede pensar de una ciudad que celebra un meeting público para solicitar que el tiempo de trabajo sea limitado para los hombres á 18 horas por día!.... Nosotros declamamos contra los plantadores de Virginia y las Carolinas. ¿Pero acaso su mercado de negros, con todos los horrores del látigo y del tráfico de carne humana, es más horrible fabricar veque esta matanza lenta de hombres, llevada á cabo para los y cuellos en provecho de capitalistas?» 1 Durante los últimos veintidós años, la alfarería de Staffordshire ha sido objeto de tres investigaciones parlamentarias. Los resultados están expuestos: en el informe del Sr. Scriven, en 1841, á los Children's Employment Commissioners; en el informe del Dr. Greenhow, en 1860, publicado por orden del funcionario médico del Privy Council (Public Healt, 3rd. Report, {{asc|I}}, 112-113), y, finalmente, en el informe del Sr. Longe, en 1863, aparecido en el First Report of the Children's Employment Commission, del 13 de junio de 1863. Basta para mi objeto tomar de los informes de 1860 y 1863 algunas declaraciones testimoniales de los mismos niños explotados. De la situación de los niños se puede deducir la de los adultos, sobre todo mujeres y muchachas, y en una rama de la industria al lado de la cual la hiladura del algodón parece una ocupación muy agradable y sana<ref></ref>.
Guillermo Wood, de 9 años, «tenía 7 años y 10 meses de edad cuando empezó á trabajar». Desde un principio, él ran moulds (llevaba los objetos ya formados al secadero, para volver después con el molde vacío). Todos los días de la semana empieza á trabajar á las seis de la mañana y acaba, poco más ó menos, á las nueve de la noche. «Yo trabajo hasta las nueve de la noche todos los días de la semana. Así he hecho, por ejemplo, durante las últimas 7-8 semanas.» 'London Daily Telegraph del 17 de enero de 1860.
2 Compárese {{may|Engels}}, ''Lage'', etc., págs. 249-251.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|204|CARLOS MARX|}}</noinclude>Es decir, ¡un trabajo de quince horas para un niño de siete años! J. Murray, niño de 12 años, dice: «{{asc|I}} run moulds and turn jigger (doy vuelta á la rueda). Vengo á las seis; muchas veces á las cuatro de la mañana. He trabajado toda la noche pasada hasta esta mañana á las ocho. No me he acostado desde la noche anterior. La última noche, junto conmigo trabajaron otros ocho ó nueve muchachos.
Excepto uno, todos han vuelto esta mañana. Recibo por semana 3 chelines 6 peniques (4 francos 45 céntimos). No recibo nada más cuando trabajo toda la noche. Durante la última semana he pasado dos noches trabajando.» Fernyhough, muchacho de 10 años: «No siempre tengo una hora entera para el almuerzo; á menudo sólo media hora: todos los jueves, viernes y sábados.» 1 El Dr. Greenhow declara que la duración de la vida en los distritos alfareros de Stoke-upon-Trent y Wolstanton es extraordinariamente corta. Aunque sólo están empleados en las alfarerías el 30,6 por 100 de los hombres mayores de 20 años en el distrito de Stoke, y el 30,4 por 100 en el de Wolstanton, en el primero de esos distritos más de la mitad de la mortalidad entre los hombres de esa categoría corresponde á los alfareros, por enfermedades del pecho, y alrededor de 2 en el segundo. El Dr. Boothroyd, médico práctico de Hanley, dice: «Cada nueva generación de alfareros es más pequeña y más débil que la anterior.» Otro médico, el Sr. McBean, dice también: «Desde que empecé mi práctica entre los alfareros, hace 25 años, la patente degeneración de esta clase se ha mostrado en una disminución progresiva de la talla y del peso.» Estas declaraciones son tomadas del informe del Dr. Greenhow, en 1860<ref></ref>.
Del informe de los Comisarios de 1863 tomo lo siguiente: El doctor {{may|J. T}}. Arledge, médico director del hospital de North Staffordshire, dice: «La clase de los alfareros, hombres y mujeres, es una población degenerada, física y moralmente. Por regla general son pequeños, mal construídos, y á menudo de pecho deforme. Su vejez es prematura y su vida es corta; anémicos y flemáticos, revelan la debilidad de su constitución tenaces ataques de dispepsia, desórdenes del hígado y de los riñones, y reumatismo. Pero están expuestos sobre todo á enfermedades del pecho, pueumonía, tisis, bronquitis y asma. Una forma de esta última es propia de ellos y conocida bajo el nombre de asma ó tisis de los alfareros. La escrofulosis, que ataca las glándulas, los huesos ú otras partes del cuerpo, es una enfermedad de más de dos tercios de los alfareros. Si la degeneración de la población de este distrito no es mucho más grande aún, se debe exclu19, 18.
Children's Employment Commission, First Report, etc., 1863, apéndice, págs. 16, 2 Public Healt, 3d Report, etc., págs. 102, 104, 105.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|205}}</noinclude>á sivamente al reclutamiento en los vecinos distritos de campiña y su cruzamiento por matrimonios con razas más sanas.» El Sr. Charles Pearson, hasta hace poco cirujano del mismo establecimiento, dice en una carta al Comisario Longe: «No puedo hablar basado en la estadística, sino por experiencia personal; pero no titubeo en asegurar que repetidas veces me he rebelado á la vista de esos pobres niños, cuya salud era sacrificada para satisfacer la codicia de sus padres y patronos.» Él enumera las causas de las enfermedades de los alfareros, y corona la serie con long hours (largas horas de trabajo).
El informe de la Comisión emite la esperanza de que «una manufactura de tan sobresaliente posición á los ojos del mundo no conservará mucho tiempo la mancha de que su gran éxito sea acompañado por la degeneración física, los múltiples sufrimientos corporales y la muerte prematura de la población obrera, por cuyos trabajo y habilidad se obtienen tan grandes resultados»<ref></ref>. Lo que en las alfarerías de Inglaterra, pasa en las de Escocia<ref></ref>.
La fabricación de los fósforos data de 1833, época en que se inventó el modo de fijar el fósforo á los palitos. Desde 1845 ella se ha desarrollado rápidamente en Inglaterra, y de las partes más densamente pobladas de Londres se ha extendido sobre todo á Manchester, Birmingham, Liverpool, Bristol, Norwich, Newcastle y Glasgow, y con ella la enfermedad de las mandíbulas que ya en 1845 descubrió un médico de Viena como propia de los obreros en fósforo. La mitad de los trabajadores son niños menores de 13 años y jóvenes menores de 18. Este trabajo está tan desacreditado por su insalubridad y repugnancia, que sólo la parte más miserable de la clase obrera, viudas hambrientas, etc., da niños para ella, «niños andrajosos, medio muertos de hambre, completamente abandonados y sin educación»<ref></ref>.
De los testigos que oyó el Comisario White en 1863, eran 270 menores de 18 años, 50 menores de 10 años, 10 sólo de 8 y 5 sólo de 6 años de edad. Cambios de la jornada de 12 á 14 y 15 horas, trabajo nocturno, irregularidad en las horas de las comidas, que se hacen generalmente en los mismos sitios de trabajo, apestados de fósforo. En esta manufactura encontraría Dante sobrepujadas sus más crueles fantasías del Infierno.
En la fabricación de papeles pintados, las clases más ordinarias son impresas á máquina; las más finas, á mano (block printing). La época de mayor ocupación es de principios de octubre á fines de abril. Durante este período, dura este trabajo, á menudo y casi sin Children's Employment Commission, 1863, págs. 24, 22 y x1.
2 {{asc|L}}. c., pág. {{asc|XLVII}}.
3 {{asc|L}}. c., pág. {{asc|LIV}}.
* {{asc|L}}. c.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|206|CARLOS MARX|}}</noinclude>interrupción, de seis de la mañana á diez de la noche, y aun más.
J. Leach declara: «El invierno pasado (1862), de 19 muchachas faltaron 6 á causa de enfermedades debidas al exceso de trabajo.
Para mantenerlas despiertas tengo que gritarles.» W. Duffy: «Á menudo los niños no podían abrir los ojos de cansancio, como que á menudo nosotros mismos apenas lo podemos.» J. Lightbourne: «Tengo 13 años de edad..... El invierno pasado trabajábamos hasta las nueve de la noche, y el invierno anterior hasta las diez. El invierno pasado casi todas las noches me hacía gritar el dolor de mis pies lastimados.» G. Apsden: «Cuando este niño tenía 7 años, yo acostumbraba á llevarlo y traerlo en hombros por la nieve, y él trabajaba de costumbre 16 horas!.... Muchas veces me arrodillaba para darle alimento, mientras estaba en la máquina, porque no podía dejarla ni pararla.» Smith, socio gerente de una fábrica de Manchester: «Nosotros (quiere decir sus «brazos») trabajamos sin interrupciones para comer; de modo que el trabajo diario de {{frac|10|1|2}} horas está concluído á las cuatro y media de la tarde, y todo lo demás es sobretiempo 1 (¿No hará, en realidad, ninguna comida, en esas 10 12 horas, el señor Smith?) Nosotros (el mismo Smith) rara vez paramos antes de las seis de la tarde (quiere decir el consumo de «nuestras» máquinas de fuerza de trabajo); de manera que nosotros (iterum Crispinus) en realidad durante el año entero trabajamos sobretiempo..... Los niños y los adultos (152 niños y jóvenes menores de 18 años y 140 adultos) han trabajado uniformemente, durante los últimos 18 meses, por lo menos un término medio de 7 días y 5 horas por semana, ó {{frac|78|1|2}} horas semanales. El término medio de las 6 semanas que terminaron el 2 de mayo de este año (1863) fué más alto: 8 días, ¡ú 84 horas por semana!» Y el Sr. Smith, tan amigo del pluralis majestatis, agrega sonriente: «El trabajo á máquina es liviano.» Los que emplean el block printing dicen á su vez: «El trabajo á mano es más sano que el trabajo á máquina.» En suma, los señores fabricantes se exasperan contra la proposición de «parar las máquinas á lo menos durante las horas de comer». «Una ley», dice el Sr. Otley, administrador de una fábrica de papeles pintados en Borough (Londres), «que permitiera trabajar de seis de la mañana á nueve de la noche, nos (!) convendría mucho; pero las horas de la Factory act, de seis de la mañana 1 No hay que tomar esto en el sentido de nuestro tiempo de sobretrabajo. Estos señores consideran el trabajo de 10 12 horas como jornada normal, que, por lo tanto, comprende también el sobretrabajo normal. Después empieza el «sobretiempo», que es un poco mejor pagado. Veremos después que la fuerza de trabajo empleada durante la jornada llamada normal es pagada abajo de su precio; de modo que el sobretiempo» es una simple treta capitalista para exprimir más «sobretrabajo», lo que, por lo demás, también sucede cuando se paga el precio completo de la fuerza de trabajo empleada durante la «jornada normal».<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|207}}</noinclude>á seis de la tarde, no nos (!) convienen..... Nosotros paramos la máquina á la hora del almuerzo (¡qué generosidad!). Su detención no ocasiona gran pérdida de papel ni de materias colorantes.» «Pero», agrega sentimentalmente, «comprendo que esa pérdida no es de desear.» El informe de la Comisión opina ingenuamente que el temor de algunas «principales firmas» de perder tiempo, es decir, tiempo de apropiación de trabajo ajeno, y, por lo tanto, «ganancias», no es motivo suficiente» para dejar sin comer á niños menores de 13 años y jóvenes menores de 18, durante 12-16 horas, ni para darles el alimento, como se echa carbón y agua á la máquina, jabón á la lana, aceite á la rueda, etc., durante el proceso mismo de la producción, como simple materia auxiliar del medio de trabajo<ref></ref>.
Ninguna rama de la Industria - prescindimos de la panificación mecánica, que está sólo en sus principios - ha conservado hasta hoy en Inglaterra procedimientos de fabricación tan antiguos, anteriores á la Era cristiana, según se puede ver en los poetas del tiempo del Imperio romano, como la panadería. Pero, como ya hemos notado, para el capital es indiferente el carácter técnico del proceso de trabajo de que se apodera. Lo toma en un principio como lo encuentra.
La increíble falsificación del pan, principalmente en Londres, fué descubierta primero por el Comité de la Cámara Baja «de la falsificación de los alimentos» (1855-56) y por la obra del Dr. Hassall, Adulterations detected<ref></ref>. Consecuencia de esas revelaciones fué la ley del 6 de agosto de 1860, for preventing the adulteration of articles of food and drink, ley ineficaz, porque guardaba, naturalmente, la mayor consideración por todo free-trader que se propusiera to turn an honest penny 3 comprando y vendiendo mercancías falsificadas.
El Comité mismo formuló más ó menos ingenuamente su convicción de que comercio libre quería decir ante todo comercio de substancias falsificadas ó, como dicen con tanto chiste los ingleses, «sofisticadas».
En realidad, esta variedad de «sofistica» sabe hacer blanco de lo negro y negro de lo blanco mejor que Protágoras, y mejor que los Eleatas, demostrar ad oculos la simple apariencia de todo lo real<ref></ref>.
{{asc|L}}. e., Evidence, págs. 123, 124, 125, 140 y {{asc|LIV}}.
Alumbre finamente pulverizado ó mezclado con sal, es un artículo ordinario de comercio designado con el nombre de baker's stuff..
3 Es sabido que el hollín es una forma muy enérgica del carbono y constituye un abono que deshollinadores capitalistas venden á los agricultores ingleses. Pues bien, en 1862, el Juryman británico tuvo que decidir en un proceso si hollín al que se ha mezclado 90 por 100 de polvo y de arena sin conocimiento del comprador es realmente» hollín en el sentido «comercial» ú hollín «falsificado» en el sentido «legal». Los amis du commerce decidieron que era «verdadero» hollín comercial y rechazaron la querella del labrador demandante, que, por añadidura, tuvo que pagar las costas del proceso.
El químico francés Chevallier, en un tratado de las sophistications de las mercancías, enumera 600 y tantos artículos que pasa en revista, para algunos de los.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|208|CARLOS MARX|}}</noinclude>Siempre había el Comité llamado la atención del público sobre su pan de cada día», y, así, sobre su elaboración. Al propio tiempo resonó el grito de los obreros panaderos, que en reuniones públicas y en peticiones al Parlamento se quejaban de exceso de trabajo, etc.
El clamor fué tal, que se nombró un real Comisario investigador en la persona del Sr. {{may|H. S}}. Tremenheere, miembro también de la tan mencionada Comisión de 1863. Su informe 1, con declaraciones testimoniales, no excitó el corazón, sino el estómago del público. El inglés, fuerte en la Biblia, sabía que el hombre, cuando no es capitalista, señor territorial ni sinecurista por gracia divina, tiene que ganar el pan con el sudor de su frente; pero no sabía que tuviera que comer cierta cantidad de sudor humano en su pan de cada día, mezclado con humor, telas de araña, insectos muertos y levadura alemana podrida, sin contar el alumbre, la arena y otros ingredientes minerales tan agradables como éstos. Sin respeto alguno por su santidad, el free-trade, fué, pues, la panadería, hasta entonces «libre», sometida á inspectores oficiales (últimas sesiones del Parlamento en 1863), prohibiéndose por la misma ley el trabajo de nueve de la noche á cinco de la mañana para los obreros panaderos ménores de 18 años. Esta última cláusula es bien elocuente respecto del trabajo excesivo en esta tan patriarcal rama de la Industria.
El trabajo de un obrero panadero londinense principia por lo regular á las once de la noche. Á esa hora hace la masa, operación muy penosa que dura de 2 á 3, de hora, según el tamaño y la finura del amasijo. Se acuesta en seguida sobre la tabla de amasar, que sirve al propio tiempo de tapa á la batea en que se prepara la masa, y duerme un par de horas con un saco de harina bajo la cabeza y otro sobre el cuerpo. Empieza después una rápida y continuada tarea de 4 horas: mover, pesar, dar forma á la masa, meterla en el horno, sacarla de él, etc. La temperatura de un taller de panadería es de 75 á 90 grados, y en las pequeñas más bien más que menos. Cuando se ha terminado de hacer el pan, los bollos, etc., empieza la distribución del pan; y una gran parte de los obreros, después del pesado trabajo nocturno descrito, llevan durante el día el pan en canastas ó en carros de casa en casa, y en los intervalos trabajan todavía algo en la panadería. El trabajo termina, según la estación y la importancia cuales hay 10, 20 ó 30 métodos de falsificación. Agrega que él no conoce todos los métodos ni menciona todos los que conoce. Da 6 modos de falsificación del azúcar, 9 del aceite de oliva, 10 de la manteca, 12 de la sal, 19 de la leche, 20 del pan, 23 del aguardiente, 24 de la harina, 28 del chocolate, 30 del vino, 32 del café, etc. Ni el mismo buen Dios escapa á esta suerte. Véase {{may|Ronard de Card}}, ''De la falsification des substances sacramentelles'', París, 1856.
1 Report, etc., relating to the Grievances complained of by the Journeymen Bakers, etc., Londres, 1862, y Second report, etc., Londres, 1863.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|209}}</noinclude>de la casa, entre la una y las seis de la tarde, mientras que otros obreros quedan ocupados hasta tarde de la noche en la panadería<ref></ref>.
«Durante la estación londinense, los obreros panaderos del WestEnd, panaderías que venden el pan por su «precio completo», principian regularmente á las once de la noche, y están ocupados en la preparación del pan, con una ó dos interrupciones á menudo muy cortas, hasta las ocho de la mañana siguiente. Después sirven para repartir el pan hasta las cuatro, cinco, seis ó siete, y muchas veces para hacer bizcochos en la panadería. Terminada la obra, disfrutan de un sueño de 6 horas, á menudo sólo de 5 ó 4 horas. Los viernes el trabajo principia siempre más temprano, á eso de las diez de la noche, y dura sin descanso, sea en la preparación, sea en el reparto del pan, hasta las ocho de la noche del sábado, pero casi siempre hasta las cuatro ó las cinco de la mañana del domingo. Aun en las panaderías principales, que venden el pan por su «precio completo», hay que trabajar el domingo 4 ó 5 horas para preparar la obra del día siguiente..... Los obreros de los underselling masters (que venden el pan á bajo precio), y estos son, como ya he dicho, más de las tres cuartas partes de los panaderos de Londres, tienen todavía más horas de trabajo, pero lo hacen casi todo en la panadería misma, porque, exceptuando á algunas pequeñas tiendas, sus patronos no venden sino en su propio despacho. Hacia el fin de la semana..... es decir, el jueves, principia en ellas el trabajo á las diez de la noche, y dura, con muy corta interrupción, hasta muy tarde de la noche del sábado.> 2 Respecto de los underselling masters, se comprende, desde el simple punto de vista burgués, que «el trabajo impago de los obreros (the unpaid labour of the men) es la base de su competencia»<ref></ref>.
Y el full priced baker denuncia su underselling competidor ante la Comisión investigadora como ladrón de trabajo y falsificador. «Sólo prosperan engañando al público y sacando de sus obreros 18 horas de trabajo por un salario de 12.4 La falsificación del pan y la formación de una clase de panaderos que venden el pan á un precio inferior, se desarrollaron en Inglaterra desde principios del siglo {{asc|XVIII}}, apenas esa industria perdió el carácter corporativo, y detrás del patrón panadero apareció el capitalista en la forma de molinero ó corredor de harinas. Así se echaL. c., First Report, etc., pág. vI.
2 {{asc|L}}. c., pág. {{asc|LXXI}}.
3 {{may|George Read}}, ''The History of Baking'', Londres, 1848, pág. 16.
First Report, etc., Evidence, declaración del full priced baker Cheeseman, pág. 108.
5 {{may|George Read}}, ob. cit. A fines del siglo xvi y principios del xvi eran todavía oficialmente denunciados como public nuisances los agentes que empezaban á introducirse en todas las industrias. Así, por ejemplo, el Grand Jury, en su sesión tr¡<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|210|CARLOS MARX|}}</noinclude>ron las bases de la producción capitalista, de la desmedida prolongación de la jornada y del trabajo nocturno, aunque este último no se arraigó en Londres hasta 1824<ref></ref>.
Se comprenderá después de lo antedicho que el informe de la Comisión cuente á los panaderos entre los obreros de vida más corta, que después de haber escapado con felicidad á las enfermedades que diezman los niños de la clase trabajadora entera, alcanzan rara vez á los 42 años. Sin embargo, siempre sobran candidatos para la industria panadera. Las fuentes de donde afluyen á Londres esas «fuerzas de trabajo» son Escocia, los distritos agrícolas del oeste de Inglaterra y Alemania.
En los años 1858-60, los obreros panaderos de Irlanda organizaron á su propia costa grandes meetings de agitación contra el trabajo de noche los domingos. El público, por ejemplo en el meeting de Dublin en 1860, abrazó su causa con un entusiasmo verdaderamente irlandés. Este movimiento consiguió establecer el trabajo exclusivamente diurno en Wexford, Kilkenny, Clonmel, Waterford, etc. «En Limerick, donde era sabido que los sufrimientos de los jornaleros panaderos excedían toda medida, el movimiento escolló en la oposición de los patronos, principalmente de los panaderos-molineros. El ejemplo de Limerick determinó el fracaso en Ennis y Tipperary. En Cork, donde la indignación del público se manifestó de la manera más viva, los patronos derrotaron la agitación usando de su poder de echar los obreros á la calle. En Dublin hicieron los patronos la más abierta resistencia y, persiguiendo á los operarios que estaban á la cabeza del movimiento, obligaron á los otros á ceder y á aceptar el trabajo nocturno y en domingo.» 2 La Comisión del Gobierno inglés, armado en Irlanda hasta los dientes, dirige á los inexorables patronos panaderos de Dublin, Limerick, Cork, etc., la lastimosa amonestación siguiente: «El Comité cree que las horas de trabajo están limitadas por leyes naturales, que no se pueden violar impunemente. Al forzar á sus obreros á violentar su creencia religiosa, á desobedecer la ley del país y á despreciar la opinión pública, amenazándolos con despedirlos (todo esto se refiere al trabajo en domingo), siembran el odio entre el capital y el trabajo y dan un ejemplo peligroso para la religión, la moral y el orden público..... El Comité cree que la prolongación de la jornada más de 12 horas es un usurpador ataque á la vida de familia y privada del obrero, que conduce á resultados momestral de justicia de paz en el condado de Somerset, envió á la Cámara Baja un presentment que, entre otras cosas, decía «que estos agentes de Blackwell Hall son un mal público y un perjuicio para el comercio de paños y deben ser suprimidos como un mal». (The Case of our English Wool, etc., Londres, 1685, págs. 6-7.) First Report, etc., pág. {{asc|VIII}}.
Report of Committee on the Baking Trade in Ireland for 1861.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|211}}</noinclude>rales desastrosos, entrometiéndose en la vida doméstica de un hombre y en el cumplimiento de sus funciones de hijo, hermano, esposo y padre. Un trabajo de más de 12 horas tiende á destruir la salud del trabajador, conduce á una vejez prematura y á una muerte temprana, y, así, á la desgracia de las familias obreras, quitándoles su jefe cuando más precisan de su cuidado de su apoyo." y
1 Estábamos recientemente en Irlanda. Del otro lado del canal, en Escocia, el trabajador agrícola, el hombre del arado, denuncia su trabajo de 13 á 14 horas, en un clima crudo, con 4 horas de trabajo adicional los domingos (¡en esa tierra de santificadores del sábado!) 2, mientras que comparecen simultáneamente ante un Grand Jury londinense tres trabajadores de ferrocarril, un conductor de pasajeros, un maquinista y un señalador. Un gran accidente de ferrocarril ha mandado cientos de pasajeros al otro mundo. El descuido de los empleados es la causa de la desgracia. Ellos declaran unánimemente ante los jurados que hace 10 ó 12 años su trabajo diario no duraba más de 8 horas. Durante los últimos 5-6 años se le ha hecho subir á 14, 18 y 20 horas, y cuando hay gran afluencia de viajeros, como en los períodos de los trenes de excursión, dura á menudo 40-50 horas sin interrupción. Ellos no son cíclopes, sino hombres como los demás.
En un momento dado se acaba su fuerza de trabajo. Los invade un aletargamiento. Su cerebro deja de pensar y sus ojos de ver. El muy respectable British Juryman contesta con un veredicto enviándolos ante el Tribunal de lo Criminal por manslaughter (homicidio), y en un apéndice muy suave manifiesta el santo deseo de que los señores maguates del capital ferrocarrilero sean en lo futuro más gastadores en la adquisición del número necesario de «fuerzas de trabajo», y más abstinentes» ó «más renunciantes» ó «más económicos» en la absorción de la fuerza de trabajo comprada<ref></ref>.
1 {{asc|L}}. c.
2 Meeting público de los trabajadores agrícolas en Lasswade, cerca de Glasgow, el 5 de enero de 1866. (Véase el Workman's Advocate del 13 de enero de 1866.) La formación, á fines de 1865, de una Trade union de los trabajadores agrícolas, movimiento iniciado en Escocia, es un acontecimiento histórico. En uno de los distritos agrícolas más oprimidos de Inglaterra, en Buckinghamshire, hicieron los jornaleros una gran huelga, en marzo de 1867, para elevar el salario semanal de 9-10 chelines á 12. (Como se ve, el movimiento del proletariado agrícola inglés, completamente anulado desde que fueron sofocadas sus violentas demostraciones posteriores á 1830, y sobre todo desde la introducción de la nueva ley de pobres, vuelve á empezar después del año 60, hasta que en 1872 llega á hacer época. Vuelvo sobre esto en el segundo tomo, así como sobre los Libros Azules publicados desde 1867 acerca de la situación del trabajador rural inglés.—Adición á la tercera edición.) 3 Reynolds' Paper, enero de 1866. Cada semana este mismo periódico publica con títulos de sensación (sensational headings), Fearful and fatal accidents, Appalling tragedies, etc., toda una lista de nuevas catástrofes de ferrocarriles. Un obrero de la línea de North Stafford hace á este propósito las observaciones siguientes: «Cada cual sabe lo que ocurre cuando la atención del maquinista y del fogonero se distrae un momento. ¿Y cómo podrá ser de otro modo, dada la prolongación desmesurada<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|212|CARLOS MARX|}}</noinclude>De la abigarrada turba de trabajadores de todas profesiones, edades y sexos que se apiña ante nosotros como las almas de los muertos en la Odisea, y en los cuales se ve á primera vista el exceso de trabajo, aunque no lleven los Libros Azules bajo el brazo, vamos á sacar todavía dos figuras, cuyo chocante contraste prueba que para el capital todos los hombres son iguales: una modista y un herrero.
Á fines de junio de 1863 todos los diarios de Londres publicaron una noticia con el sensational título de Death from simple Overwork (muerte por exceso de trabajo simplemente). Se trataba de la muerte de la modista María Ana Walkley, de 20 años de edad, ocupada en un muy respetable taller de modas, explotado por una señora del gracioso nombre de Elisa. Volvía á ser descubierta la vieja y ordinaria historia 1 de que esas muchachas trabajan por término medio 16 12 horas al día; pero durante la estación muchas veces 30 horas sin interrupción, estimulando su agotada «fuerza de trabajo» con Sherry, Oporto ó café. La estación estaba en su apogeo, y se trataba de hacer á la carrera los espléndidos vestidos con que nobles señoras asistirían al baile en honor de la princesa de Gales, recientemente importada. María Ana Walkley había trabajado sin descanso {{frac|26|1|2}}
horas, junto con otras 60 muchachas, de á 30 en un cuarto que apenas contenía un tercio del aire necesario, y acostándose á la noche, de á dos por cama, en un chiribitil donde, con tabiques de tabla, se había improvisado un dormitorio<ref></ref>. Esa era una de las mejores casas del trabajo, sin una pausa ó un instante de reposo? Tomemos, por ejemplo, de lo que ocurre todos los días, un caso reciente: El lunes último, un fogonero se puso á trabajar muy de madrugada, y acabó después de 14 horas y 50 minutos. Antes de que tuviera tiempo de tomar solamente su té, fué de nuevo llamado al trabajo, y le debió prolongar así hasta 29 horas y 15 minutos sin interrupción. El resto de su trabajo de la semana se distribuyó como sigue: miércoles, 15 horas; jueves, 15 horas 35 minutos; viernes, 14, horas; sábado, 14 horas 10 minutos. Total para toda la semana, 88 horas y 40 minutos. Y figuraos cuál sería su sorpresa al recibir una paga de seis días solamente. Nuestro hombre era novicio; preguntó que se entendía por una jornada, y le respondieron: 13 horas, ó sean 78 horas por semana.
Mas entonces ¿dónde está la paga de las 10 horas y 40 minutos suplementarios? Después de discutir largamente, pudo obtener una indemnización de 10 peniques.» ({{asc|L}}. c., número del 10 de febrero de 1866.) 1 Compárese {{may|F. Engels}}, ob. cit., págs. 253-254.
2 El Dr. Letheby, médico empleado en el Board of Health, declaró entonces: «El mínimo de aire en un dormitorio debe ser, para los adultos, de 300 pies cúbicos, y en una pieza de habitación, de 500.» El Dr. Richardson, director de un hospital de Londres: «Las costureras de toda clase, modistas, sastras y costureras ordinarias, sufren de una triple miseria: exceso de trabajo, falta de aire y falta de alimento ó falta de digestión. Esta clase de trabajo es, en conjunto y en todas las circunstancias, más adecuado para mujeres que para hombres. Pero el mal del negocio está, sobre todo en la capital, en que está monopolizado por unos 26 capitalistas, que por medios propios del capital (that spring from capital) fuerzan la economía del trabajo (force economy out of labour; quiere decir, economizan gastos dilapidando la fuerza de trabajo). Su poder es sentido en el campo entero de esta clase de trabajadoras.
Si una costurera de vestidos consigue hacerse de una pequeña clientela, la competencia la obliga á matarse trabajando en su casa para conservarla, y tiene que obligar necesariamente á sus ayudantes al mismo exceso de trabajo. Si el negocio fra<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|213}}</noinclude>de modas de Londres. María Ana Walkley enfermó el viernes y murió el domingo, para asombro de doña Elisa, sin concluir antes la última pieza de adorno. El médico Sr. Keys, llamado muy tarde al lecho de muerte, declaró en secas palabras, ante el Coroner's Jury: María Ana Walkley ha muerto por largas horas de trabajo en un cuarto excesivamente lleno y un dormitorio muy estrecho y mal ventilado. Para dar al médico una lección del arte de la vida, el Coroner's Jury declaró, por el contrario, que «la fallecida había muerto de apoplejía; pero que había razón para temer que su muerte había sido acelerada por un trabajo excesivo en un taller demasiado lleno», etc. Nuestras esclavas blancas», exclamó el Morning Star, órgano de los señores librecambistas Cobden y Bright, «nuestras esclavas blancas son llevadas á la tumba por el trabajo, y se aniquilan y mueren en el olvido y el silencios, Trabajar hasta morir es la orden del día, no sólo en los talleres.
de modas, sino en mil lugares, en todos aquellos donde el negocio marcha..... Tomemos al herrero como ejemplo. Se levanta temprano.
y arranca chispas antes que el sol; come, bebe y duerme como ningún otro hombre. Con un trabajo moderado, se encuentra en una de las mejores situaciones en que puede encontrarse un hombre, desde el punto de vista puramente físico. Pero lo seguimos por la ciudad; vemos la carga de trabajo que pesa sobre ese hombre fuerte, ¿y qué puesto ocupa en las listas de la mortalidad de nuestro país? En Marylebone (uno de los más grandes barrios de Londres), los herreros casa ó ella no puede establecerse independientemente, tiene que dirigirse á un establecimiento donde el trabajo no es menor, pero la paga es segura. Así colocada, pasa á ser una simple esclava, arrastrada de un lado á otro por las fluctuaciones de la sociedad; ya hambrienta, ó cerca de estarlo, en su pequeña pieza; en seguida, trabajando 15, 16 y hasta 18 horas cada 21, en un aire apenas respirable y con una comida que, aun si es buena, no puede digerir por falta de aire puro. De estas victimas vive la tisis, que no es más que una enfermedad del aire.» (Dr. {{may|Richardson}}, Work and Overwork, en la Social Science Review, 18 de julio de 1863.) Morning Star, 23 de junio de 1863. El Times aprovechó la ocasión para defender, contra Bright, etc., á los esclavistas americanos. «Muchos de nosotros opinamos, decía, «que mientras hagamos trabajar á nuestras propias jóvenes hasta morir, con el azote del hambre en lugar del chasquido del látigo, apenas tenemos derecho de invocar el hierro y el fuego contra familias que han nacido esclavistas y que, al menos, alimentan bien y hacen trabajar moderadamente á sus esclavos.» (Times, 2 de julio de 1863.) De la misma manera el Standar, diario tory, sermoneaba al reverendo Newman Hall: «El excomulga á los amos de esclavos; pero ora con las buenas gentes que, por un salario de perros, hacen trabajar 16 horas diarias á los cocheros y conductores de ómnibus de Londres, etc.» Finalmente, habló el oráculo, el Sr. Thomas Carlyle, de quien dije ya en 1850: «El genio se ha ido al diablo, el culto ha quedado.» En una corta parábola reduce el único gran acontecimiento del actualidad, la guerra civil americana, á esto: que Pedro del Norte quiere matar á Pablo del Sur, porque Pedro del Norte alquila su trabajador «diariamente» y Pablo del Sur lo alquila «por toda la vida». (Maemillan's Magazine, Ilias Americana in nuce, agosto de 1863.) Así ha reventado por fin la burbuja de espuma de simpatía tory por los asalariados de las ciudades, ¡no por los del campo, por supuesto! ¡No había dentro sino esclavitud!<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|214|CARLOS MARX|}}</noinclude>mueren en la proporción de 31 por 1.000 al año, excediendo en 11 la mortalidad media de los adultos en Inglaterra. Esa ocupación, arte casi instintivo de la Humanidad, y en sí misma irreprochable, se hace destructora del hombre, simplemente por exageración del trabajo. Él puede dar diariamente tantos golpes de martillo, andar tantos pasos, hacer tantas inspiraciones, ejecutar tanta obra, y vivir por término medio 50 años, por ejemplo. Se le obliga á dar tantos golpes más, á andar tantos pasos más, á respirar tantas veces más al día, y todo eso aumenta un cuarto su gasto diario de vida. Hace el experimento, y el resultado es que durante un período limitado hace una cuarta parte más de obra y que muere en 37 años en lugar de 50.» 1
{{t4|IV.—Trabajo diurno y nocturno. el sistema de los relevos.}}
Desde el punto de vista del proceso de valorización, el capital constante, los medios de producción, no están sino para absorber trabajo y, con cada gota de trabajo, una cantidad proporcional de sobretrabajo. Mientras no lo hacen, su existencia es una pérdida negativa para el capitalista, pues durante el tiempo que están en barbecho son un adelanto inútil de capital, pérdida que se hace positiva cuando la interrupción hace necesarios gastos adicionales para volver á empezar la obra. El alargamiento de la jornada más allá de los límites del día natural, entrando en la noche, no es más que un paliativo, no apaga sino á medias la sed de vampiro de sangre viva de trabajo. La producción capitalista tiene, pues, una tendencia inmanente á apropiarse trabajo durante las 24 horas del día. Pero como esto sería físicamente imposible si las mismas fuerzas de trabajo fueran constantemente chupadas noche y día, es necesario, para sobreponerse al obstáculo físico, alternar las fuerzas de trabajo consumidas durante el día y durante la noche, cambio que se puede hacer por diversos métodos, por ejemplo, de manera que la parte del personal de trabajo que durante una semana hace trabajo diurno haga á la semana siguiente trabajo nocturno. Se sabe que este sistema de relevos, esta economía de cambios, dominaba en el período juvenil de la industria algodonera inglesa, etc., y que actualmente florece en las hilanderías de algodón del Gobierno de Moscon. Este proceso de producción durante las 24 horas existe todavía como sistema en muchas ramas, hasta ahora «libres», de la industria británica, entre otras, en los altos hornos, las herrerías, la laminación y otras manufacturas metalúrgicas de Inglaterra, Gales y Escocia. El proceso de trabajo comprende en ellas, además de las 24 horas de los 6 días de Dr. {{may|Richardson}},<ref></ref>. c.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|215}}</noinclude>trabajo, en gran parte también las 24 horas del domingo. Los trabajadores son varones y mujeres, adultos y niños de uno ú otro sexo.
La edad de los niños y jóvenes recorre todos los grados intermedios entre 8 (en algunos casos 6) y 18 años<ref></ref>. En algunas ramas, las muchachas y las mujeres trabajan también de noche junto con el personal masculino<ref></ref>.
Prescindiendo de las consecuencias dañosas generales del trabajo nocturno 3, la duración continua del proceso de producción durante 24 horas ofrece una ocasión muy propicia de pasar del límite de la jornada nominal. Por ejemplo, en las ramas de la industria anteriormente mencionadas, que son tan fatigosas, la jornada oficial es para cada trabajador, casi siempre, de 12 horas, de noche ó de día.
Pero el sobretrabajo que excede á ese límite es en muchos casos, usando las palabras del informe oficial inglés, «verdaderamente terrible» (truly fearful). «Ninguna persona de corazón», dice el informe, «puede pensar en la cantidad de trabajo que, según las declaraciones de los testigos, hacen niños de 9 á 12 años, sin llegar irresistiblemente á la conclusión de que no puede permitirse más ese abuso del poder de los padres y patronos.» 5
Children's Employment Commission, Third Report, Londres, 1864, págs. {{asc|IV}}, {{asc|V}}, {{asc|VI}}.
2 «Tanto en Staffordshire como en South Wales trabajan muchachas y mujeres al borde de los pozos y en los montones de coke, no sólo de día, sino también de noche. Esta práctica ha sido á menudo indicada, en informes presentados al Parlamento, como acompañada de grandes y notorios males. Esas mujeres empleadas junto con los hombres, apenas distintas de ellos por su traje, y ennegrecidas por la suciedad y el humo, están expuestas á la corrupción de su carácter, resultante de la pérdida del respeto por sí mismas, que es difícil no resulte de su nada femenina ocupación.» ({{asc|L}}. c., 194, pág. xxvI.) Compárese con el Fourth Report (1865), 61, página xIII. Lo mismo en las fábricas de vidrio.
3 «Parece natural», observaba un fabricante de acero que ocupaba niños de noche, «que los jóvenes que trabajan de noche, no duermen de día ni consiguen un reposo regular, sino que andan sin sosiego todo el día de un lado para otro.» ({{asc|L}}. c., Fourth Report, 63, pág. {{asc|XIII}}.) Respecto de la importancia de la luz solar para la conservación y el desarrollo del cuerpo, dice un médico: «La luz obra también directamente sobre los tejidos del cuerpo, á los cuales da consistencia y elasticidad. Los músculos de los animales á los cuales se quita la cantidad normal de luz, se ponen esponjosos y pierden su elasticidad; la fuerza nerviosa pierde su tono por falta de estímulo, y la elaboración de todo lo que está en vías de crecimiento es impedida...
En el caso de los niños, es completamente esencial para la salud la luz abundante y la acción directa de los rayos solares durante una parte del día. La luz ayuda á hacer de los alimentos sangre buena y plástica, y endurece la fibra después que se ha formado. Obra también como excitante del órgano de la visión, y despierta asi más actividad en diversas funciones cerebrales.» El Sr. W. Strange, director del Worcester General Hospital, de cuya obra sobre la «salud» (1864) tomo este fragmento, dice por carta á uno de los Comisarios investigadores, el Sr. White: «He tenido antes en Lancashire la ocasión de observar los efec os del trabajo nocturno sobre los niños de las fábricas, y en oposición á lo que pretenden algunos patronos, declaro terminantemente que con él pronto sufre la salud de los niños.» ({{asc|L}}. c., 284, pág. 55.) El hecho de que cosas semejantes puedan ser materia de seria controversia muestra mejor que todo cómo obra la producción capitalista sobre las funciones cerebrales» de los capitalistas y sus retainers.
* {{asc|L}}. c., 57, pág. {{asc|XII}}.
{{asc|L}}. c., 4th Rep. (1865), 58, pág. xII.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|216|CARLOS MARX|}}</noinclude>«El método de hacer trabajar muchachos alternándolos día che, conduce, tanto durante los momentos de apuro, como en la y nomarcha ordinaria de las cosas, á un ignominioso alargamiento de la jornada. En muchos casos, ese alargamiento, no sólo es cruel, sino verdaderamente increíble. No puede dejar de suceder que, por una ú otra razón, falte de cuando en cuando uno de los muchachos de relevo. Uno ó varios de los muchachos presentes, que ya han hecho su jornada, tienen que suplir la falta. Este sistema es tan conocido, que preguntando yo al director de una fábrica de laminación cómo se llenaba el lugar del muchacho de relevo que faltaba, me contestó: -Bien sé que usted lo sabe tan bien como yo-; y no tuvo inconveniente en confesar el hecho.» 1 En una laminería donde la jornada nominal duraba de seis de la mañana á cinco y media de la tarde, un muchacho había trabajado cuatro noches por semana hasta las ocho y media de la noche del día siguiente, por lo menos..... y eso durante 6 meses.» «Otro había trabajado muchas veces, á la edad de 9 años, tres series sucesivas de 12 horas, y á la edad de 10 años, dos días y dos noches seguidos.» «Otro más, ahora de 10 años, trabajó de seis de la mañana á doce de la noche tres noches seguidas, y las demás noches hasta las nueve.» «El cuarto, ahora de 13 años, había trabajado desde las seis de la tarde hasta las doce del día siguiente durante una semana entera, y muchas veces tres series sucesivas, por ejemplo, del lunes por la mañana al martes por la noche.» «El quinto, ahora de 12 años, ha trabajado en una fundición de hierro de Stavely de seis de la mañana á doce de la noche durante 14 días, y no pudo hacerlo más tiempo.» «Jorge Allinsworth, de 9 años: Vine aquí el viernes pasado. Al día siguiente teníamos que empezar á las tres de la mañana. Me quedé, pues, toda la noche aquí. Vivo á 5 millas de aquí. Dormí en el suelo, sobre un delantal de cuero y cubierto con una pequeña blusa. Los otros dos días estuve aquí á las seis de la mañana. ¡Sí! ¡Este es un lugar muy caliente! Antes de venir aquí trabajé también durante un año entero en un alto horno. Era una fábrica muy grande en el campo. También empezaba los sábados á las tres de la mañana; pero podía al menos ir á dormir á casa, porque era cerca. Los otros días empezaba á las seis de la mañana y terminaba á las seis ó las siete de la tarde.» Etc. 2
{{asc|L}}. c.
2 {{asc|L}}. c., pág. {{asc|XII}}. El grado de cultura de estas fuerzas de trabajo tiene naturalmente que ser como aparece en los siguientes diálogos con uno de los Comisarios investigadores: «Jeremías Haynes, de 12 año de edad:..... Cua ro veces cuatro es ocho, pero cuatro cuatros (1 fours) son 16.... Un rey es para él, que tiene todo el dinero y el oro. (A kina is him that has hall the money and gold.) Tenemos un rey, dicen que es una reina, la llaman princesa Alejandra. Dicen que se casó con el rey hijo. Una princesa es un hombre.» Guillermo Turner, de 12 años: «Yo no vivo en Inglaterra. Pienso que hay ese país; nunca he sabido nada de él.» Juan<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|217}}</noinclude>Oigamos ahora lo que piensa el mismo capital de este sistema de 24 horas. No dice, naturalmente, nada de las exageraciones del sistema, de su abuso para un alargamiento «cruel é increíble» de la jornada. No habla sino del sistema en su forma «normal».
«Los señores Naylor y Vickers, fabricantes de acero, que emplean de 600 á 700 personas, entre las cuales sólo un 10 por 100 de menores de 18 años, y, de éstos, sólo 20 muchachos para el trabajo nocturno, se expresan como sigue: «Los muchachos no sufren absolutamente nada de calor. La temperatura es probablemente de 86" á 90°..... En los talleres de forjadura y laminación, los brazos trabajan día y noche relevándose; pero todo el trabajo restante es, por el contrario, trabajo diurno, de seis de la mañana á seis de la tarde. En la herrería se trabaja de doce á doce. Algunos brazos trabajan continuamente por la noche, sin alternar el trabajo diurno y el nocturno..... No vemos que el trabajo diurno ó el nocturno haga diferencia alguna en la salud (¿de los señores Naylor y Vickers?), y la gente Morris, de 14 años: «He oído decir que Dios ha hecho el mundo y que toda la gente se ahogó excepto uno; he oído que éste era un pajarito.» Guillermo Smith, de 15 años: «Dios hizo al hombre, el hombre hizo á la mujer.» Eduardo Taylor, de 15 años: «No sé qué es Londres.» Enrique Matthewman, de 17 años: «Voy muchas veces á la iglesia..... Un nombre sobre el cual predican era un cierto Jesucristo; pero no puedo nombrar ningún otro nombre, ni tampoco puedo decir nada sobre él.
No fué asesinado, sino murió como las demás gentes. No era en cierta manera como las demás personas, porque era religioso en cierta manera y otros no lo son.» (He was not the same as other people in some ways, because he was religious in some ways, and others is n't.) ({{asc|L}}. c., 74, pág. xv.) «El diablo es una buena persona. Yo no sé dónde vive. Cristo fué un mal hombre.» (The devil is a gool person. {{asc|I}} don't know where he lives. Christ was a wicked man.) «Esta muchacha (de 10 años) deletreaba Go', dog, y no conocía el nombre de la reina.» (Ch. Empl. Comm., {{asc|V}}. Rep., 1866, pág. 55, n. 278.) En las fábricas de vidrio y de papel reina el mismo sistema que en las industrias metalúrgicas mencionadas. En las fábricas de papel, donde el papel es hecho á máquina, el trabajo nocturno es la regla para todas las operaciones, excepto la clasificación de los trapos. En algunos casos, por medio de relevos, el trabajo nocturno no cesa en toda la semana; de costumbre, desde el domingo por la noche hasta las doce de la noche del sábado siguiente. La tanda de obreros empleada durante el día trabaja cinco días de 12 y uno de 18 horas, y la tanda de la noche, cinco noches de 12 horas y una de 6, cada semana. En otros casos, cada tanda trabaja 24 horas, la una después de la otra, alternando los días. Una tanda trabaja 6 horas el lunes y 18 el sábado, para completar 24 horas. En otros casos se pone en práctica un sistema intermediario, en el cual todos los empleados en la maquinaria de hacer papel trabajan 15-16 horas todos los días de la semana. Este sistema, dice el Comisario investigador Lord, parece reunir todos los males de los relevos de 12 y de 24 horas.
Bajo ese sistema nocturno trabajan niños menores de 13 años, jóvenes menores de 18 y mujeres. Muchas veces, en el sistema de las 12 horas, han tenido que trabajar la doble serie de 24 horas, por falta de los reemplazantes. Declaraciones testimoniales prueban que muchachos y muchachas trabajan muy á menudo un exceso de tiempo, que no pocas veces alcanza á 24 y aun á 36 horas de trabajo continuo. En las «continuas y variadas» operaciones de los talleres de barnizar hay muchachas de 12 años que trabajan 14 horas diarias durante el mes entero, «sin ningún reposo ó interrupción regular, fuera de dos ó, á lo sumo, tres ratos de media hora para las comidas. En algunas fábricas, donde regularmente no se hace trabajo nocturno, el tiempo de trabajo es espantosamente excesivo, y eso «á menudo en las operaciones más sucias, calurosas y monótonas». (Children's Employment Commission, Report {{asc|IV}}, 1865, págs. xxxvIII y {{asc|XXXIX}}.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|218|CARLOS MARX|}}</noinclude>duerme probablemente mejor cuando tiene siempre la misma hora de descanso que cuando alterna..... En el personal de noche trabajan unos 20 muchachos menores de 18 años..... No podríamos andar bien (not well do) sin el trabajo nocturno de jóvenes menores de 18 años.
Nuestra objeción sería: el aumento del costo de producción. Es difícil conseguir brazos hábiles y jefes de departamento; pero jóvenes, se tiene tantos como se quiere..... Naturalmente, teniendo en cuenta la pequeña proporción de jóvenes que ocupamos, las limitaciones del trabajo nocturno serían de poca importancia ó interés para nosotros.» 1
El Sr. J. Ellis, de la razón social John Brown & Co., fabricantes de hierro y de acero, que emplean 3.000 hombres y jóvenes, y para parte del pesado trabajo del hierro y del acero, «día y noche, por relevos», declara que en la penosa fabricación del acero hay uno ó dos jóvenes para dos hombres. Su casa cuenta 500 jóvenes menores de 18 años, y de ésos, poco más ó menos, un tercio, ó 170, menores de 13 años. Respecto de la modificación de la ley propuesta, opina el Sr. Ellis: «Yo no creo que fuera muy discutible (very objectionable) el no permitir á ninguna persona menor de 18 años que trabaje más de 12 horas cada 24. Pero no creo que se pueda trazar línea alguna que indique el grado en que los mayores de 12 años no son indispensables para el trabajo nocturno. Aceptaríamos una ley prohibiendo en general el empleo de menores de 13, y aun de 15 años, más bien que la prohibición de emplear de noche los jóvenes que tengamos.
Los jóvenes que trabajan de día, tienen que trabajar alternando también de noche, porque los hombres no pueden hacer constantemente trabajo nocturno; eso arruinaría su salud. Creemos, sin embargo, que el trabajo nocturno, cuando se alternan las semanas, no hace mal alguno. (Los Sres. Naylor y Vickers creían, por el contrario, según convenía á su negocio, que no era el trabajo nocturno continuo, sino el que alternaba con períodos de trabajo diurno, el que posiblemente hacía mal.) Vemos la gente que hace alternativamente trabajo nocturno tan sana como la que sólo trabaja de día.....
Nuestras objeciones contra el no empleo de jóvenes menores de 18 años en el trabajo nocturno serían por el aumento de gastos, pero ésta sería también la única razón. (¡Qué cínicamente ingenuo!) Creemos que ese aumento sería mayor que lo que el negocio (the trade) puede equitativamente soportar, si se tiene en debida cuenta su éxito. (As the trade with due regard to etc. conld fairly bear! ¡Qué disparatada fraseología!) El trabajo es escaso aquí, y con una reglamentación semejante podría hacerse insuficiente.» (Es decir, 'Fourth Report, etc., 1865, 79, pág. xvI.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|219}}</noinclude>Ellis, Brown & Co. podrían verse en la triste necesidad de tener que pagar el valor entero de la fuerza de trabajo.) La fábrica de hierro y acero Ciclope, de los Sres. Cammell & Co., es conducida en tan grande escala como la de los mencionados John Brown & Co. El director-gerente había entregado su declaración escrita al Comisionado del Gobierno White; pero después le pareció bien hacer desaparecer el manuscrito, que le había sido devuelto para su revisión. El Sr. White tiene, sin embargo, una memoria tenaz. Recuerda perfectamente que para esos señores Cíclopes la prohibición del trabajo nocturno de los niños y de los jóvenes es «una cosa imposible; sería lo mismo que parar su fábrica», á pesar de que su negocio cuenta poco más del 6 por 100 de jóvenes menores de 18 años, ¡y sólo el 1 por 100 de menos de 13 años!<ref></ref>.
El Sr. {{may|E. F}}. Sanderson, de la razón social Sanderson, Bros & Co., fábrica de forjadura y laminación de acero, de Attercliffe, declara respecto del mismo asunto lo siguiente: «De la prohibición de emplear de noche menores de 18 años resultarían grandes dificultades, siendo la principal el aumento de los gastos que necesariamente importaría el reemplazo del trabajo de los muchachos por trabajo de hombres. No puedo decir á cuánto ascendería ese aumento; pero probablemente no sería tanto que el fabricante pudiera subir el precio del acero, y la pérdida caería, por lo tanto, sobre él, porque los hombres (¡qué gente tan terca!) se negarían, naturalmente, á soportarla.» El Sr. Sanderson no sabe cuánto paga á los niños; pero «quizá alcanza á 4 ó 5 chelines semanales por cabeza..... Los muchachos hacen una clase de trabajo para la cual generalmente (generally; naturalmente, no «en cada caso especial») basta su fuerza, y, por lo tanto, de la fuerza más grande de los hombres no resultaría ganancia alguna, que compensara la pérdida, ó sólo en los pocos casos en que el metal es muy pesado. Tampoco les gustaría á los hombres no tener muchachos á sus órdenes, porque los hombres son menos obedientes.
Además, es preciso empezar jóven para aprender el oficio. La limitación de los jóvenes simplemente al trabajo diurno no llenaría ese objeto.» ¿Por qué no? ¿Por qué los jóvenes no pueden aprender su oficio de día? ¿Tu razón? «Porque así los hombres que trabajan alternativamente una semana de día y otra de noche, separándose ese tiempo de los muchachos de su tanda, perderían la mitad del beneficio que sacan de ellos. Porque la dirección que ellos dan á los jóvenes se cuenta como una parte del salario diario de éstos y permite á los hombres obtener más barato el trabajo de los muchachos. Los 1 {{asc|L}}. c., 80, pág. {{asc|XVI}}.
3 {{asc|L}}. c., 82, pág. {{asc|XVII}}.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|220|CARLOS MARX|}}</noinclude>hombres perderían todos la mitad de su ganancia.» (En otras palabras, los Sres. Sanderson tendrían que pagar de su propio bolsillo una parte del salario de los trabajadores adultos, en lugar de pagarlo con el trabajo nocturno de los muchachos. En ese caso disminuiría algo la ganancia de los Sres. Sanderson, y esta es la gran razón por la cual los jóvenes no pueden aprender su oficio de día.) 1 Además, ese trabajo nocturno recaería sobre los hombres de quienes se hubieran separado los muchachos, y ellos no lo soportarían. En una palabra, las dificultades serían tan grandes, que probablemente conducirían á la completa supresión del trabajo nocturno. «En lo que se refiere á la producción misma del acero», dice {{may|E. F}}. Sanderson, «eso no importaría nada, pero.....» Pero los Sres. Sanderson tienen que hacer algo más que producir acero. La fabricación de acero es un simple pretexto para la fabricación de supervalía. Los hornos de fundición, los laminadores, etc., los edificios, la maquinaria, el hierro, el carbón, etc., tienen que hacer algo más que transformarse en acero. Están ahí para absorber sobretrabajo, y absorben, naturalmente, más en 24 horas que en 12. Ellos dan de hecho á los Sanderson, por gracia divina y por derecho, un título sobre el tiempo de trabajo de cierto número de brazos, durante las 24 horas del día, y pierden, por lo tanto, su carácter de capital, y son para los Sanderson pura pérdida, así que se interrumpe su función de absorber trabajo. «Pero entonces habría la pérdida de dejar parada la mitad del tiempo tan costosa maquinaria, y para una masa de productos como la que, con el presente sistema, somos capaces de hacer, necesitaríamos doble espacio y doble maquinaria; lo que duplicaría los gastos.» ¿Pero por qué precisamente reclaman estos Sanderson un privilegio respecto de los otros capitalistas, que sólo pueden hacer trabajar de día, y cuyas construcciones, maquinaria, materia prima, etc., están de noche, por lo tanto, «en barbecho»? «Es cierto», responde {{may|E. F}}.
Sanderson, en nombre de todos los Sandersones, «es cierto que esa pérdida de la maquinaria parada alcanza á todas las manufacturas en que no se trabaja sino de día. Pero el uso de los hornos de fundición causaría en nuestro caso una pérdida extra. Si se les mantiene en marcha, se desperdicia combustible (mientras que ahora lo que se desperdicia es el material vivo del trabajador), y si se les para, se pierde tiempo para hacer de nuevo el fuego y conseguir el grado de calor necesario (mientras que la pérdida de sueño, hasta de niños de 8 años, es ganancia de tiempo de trabajo para la parentela Sander«En nuestra meditativa y razonadora época, no debe ser muy fuerte quien no sepa dar una buena razón para todo, aun para lo peor y más equivocado. Todo lo que se ha corrompido en el mundo, se ha corrompido por buenas razones.» ({{may|Hegel}}, ob. cit., pág. 249.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|221}}</noinclude>son), y los mismos hornos sufrirían con los cambios de temperatura (mientras que los mismos hornos nada sufren con el trabajo alternativo de día y de noche).» 1
{{t4|V.—La lucha por la jornada normal de trabajo. leyes coercitivas para alargar la jornada desde mediados del siglo xiv hasta fines del siglo xvii.}}
¿Qué es un día de trabajo? ¿Durante cuánto tiempo puede el capital consumir la fuerza de trabajo cuyo valor diario paga? ¿Cuánto se puede prolongar la jornada más allá del tiempo de trabajo necesario para la reproducción de la fuerza misma de trabajo? Hemos visto que á estas preguntas responde el capital: el día de trabajo cuenta diariamente 24 horas enteras, menos las pocas horas de descanso sin las cuales la fuerza de trabajo no puede absolutamente servir más.
Se comprende desde luego que el trabajador durante el día entero no es más que fuerza de trabajo, que, por lo tanto, todo su tiempo disponible es, por naturaleza y de derecho, tiempo de trabajo destinado á la valorización del capital. Tiempo para educarse, para el cultivo 1 {{asc|L}}. c., pág. 85. Respondiendo á escrúpulos semejantes de los tiernos fabricantes de vidrio, según los cuales es imposible dar á los niños «horas de comer regulares», porque así sería «pura pérdida» ó «se desperdiciaría» cierta cantidad de calor que irradian los hornos, el Comisario investigador White, nada conmovido, como Ure, Senior, etc., y sus mezquinos imitadores alemanes, como Roscher, etc., por la «abstinencia», el «renunciamiento» y la «economía» de los capitalistas al gastar su dinero, y su «prodigalidad» de vidas humanas á lo Timur-Tamerlan, dice: «Puede ser que, dando horas regulares para comer, se pierda cierta cantidad de calor más que ahora; pero aun en valor monetario eso no es comparable con la destrucción de fuerza vital (the waste of animal power) que resulta ahora para el reino de que los niños, todavía en vías de crecimiento, ocupados en las fábricas de vidrio, no tienen siquiera tiempo para tomar sus alimentos con comodidad y digerirlos.» ({{asc|L}}. c., pág. xLv.) ¡Y esto en el «año de progreso» de 1865! Prescindiendo del gasto de fuerza en levantar y transportar, uno de esos niños empleados en las fábricas de botellas y de flintglas camina en 6 horas de constante trabajo ¡de 15 á 20 millas inglesas! ¡Y'á menudo el trabajo dura de 14 á 15 horas! En muchas de esas vidrierías, como en las hilanderías de Moscon, reina el sistema de los relevos de 6 horas. «Durante el tiempo de trabajo de la semana, el más largo período de reposo continuo es de 6 horas, de las que hay que quitar el tiempo para ir á la fábrica volver de ella, lavarse, vestirse, comer; en todo lo cual se gasta tiempo.
De modo que, en realidad, sólo queda un tiempo de reposo extremadamente corto.
No hay tiempo para jugar y tomar aire sino a costa del sueño, tan indispensable para niños que ejecutan un trabajo tan fatigante en una atmósfera tan caliente.....
Aun ese corto sueño es interrumpido, porque el niño tiene que despertarse solo por la noche, ó lo despiertan de dia los ruidos de afuera.» El Sr. White cita el caso de un joven que trabajó 36 horas seguidas, y otros, de muchachos de 12 años que trabajaron hasta las dos de la mañana y durmieron en la fábrica hasta las cinco (¡tres horas!), ¡para empezar de nuevo la tarea del día! «La masa de trabajo», dicen Tremenheere y Tufnell, redactores del informe general, «que ejecutan los muchachos, muchachas y mujeres en el curso de su día ó noche de trabajo (spell of labour), es fabulosa.» ({{asc|L}}. c., págs. {{asc|XLIII}} y {{asc|XLIV}}.) Entre tanto, quizá una noche, ya tarde, el abstinente» capital vidriero vuelva tambaleándose del club á su casa, trastornado por el vino de Oporto y tarareando como un idiota «Britons never, never, shall be slaves!».<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|222|CARLOS MARX|}}</noinclude>de la inteligencia, para el desempeño de funciones sociales, para el trato de las gentes, para el libre juego de las fuerzas físicas é intelectuales-¡esas son tonterías aun los domingos y en tierra de santurrones! Pero en su ciega y desmedida tendencia, en su hambre canina de sobretrabajo, el capital pasa, no sólo los límites morales, sino también los puramente físicos de la jornada máxima de trabajo. Quita tiempo al crecimiento, al desarrollo y á la sana conservación del cuerpo. Roba el tiempo necesario para tomar aire y luz del sol. Regatea el tiempo de las comidas, y, si puede, lo incorpora al proceso mismo de la producción, dando alimentos al trabajador como á un simple medio de producción, como se echa carbón á la caldera y aceite y sebo á la maquinaria. El sueño necesario para reunir, renovar y refrescar la fuerza de la vida, queda reducido á tantas horas de sopor como son indispensables para hacer revivir un organismo absolutamente agotado.
En lugar de estar limitada la jornada de trabajo por la conservación normal de la fuerza de trabajo, el límite del tiempo de reposo del trabajador es, al contrario, determinado por el mayor gasto diario posible de fuerza de trabajo, por violento y penoso que sea. El capital no se cuida de la duración de la vida de la fuerza de trabajo. Lo que le interesa es única y exclusivamente el máximo de fuerza de trabajo que puede hacerse fluir en una jornada. Consigue este objeto acortando la duración de la fuerza de trabajo, como un codicioso agicultor obtiene del suelo un rendimiento mayor robándole su fecundidad.
La producción capitalista, que en esencia no es más que la producción de supervalía, la absorción de sobretrabajo, produce, pues, alargando la jornada, no sólo el debilitamiento de la fuerza del trabajador, á quien priva de las condiciones morales y físicas de un desarrollo y una actividad normales, sino el agotamiento prematuro y la muerte de esa fuerza<ref></ref>. Alarga el tiempo de producción del trabajador durante un término medio, acortando su vida.
En la campiña de Inglaterra todavía algunos trabajadores son á veces condenados á prisión por haber trabajado en domingo en el jardincito de su casa. El mismo trabajador es castigado por infracción de contrato si falta el domingo á la fábrica de metales, de papel ó de vidrio, aunque sea por devoción. El ortodoxo Parlamento no se fija en la profanación del domingo cuando es en el «proceso de valorización» del capital. Un memorial de los jornaleros empleados en las tiendas de pescado y aves de Londres, pidiendo la abolición del trabajo del domingo (agosto de 1863), dice que su trabajo dura por término medio 15 horas diarias durante los seis primeros días de la semana y 8-10 horas el domingo. Se ve también en ese memorial que lo que más fomenta ese «trabajo en domingo» es la fiña glotonería de los aristocratas santurrones de Exeter Hall. Estos «santos», tan celosos in cute curanda, prueban su cristianismo en la resignación con que soportan el trabajo excesivo, las privaciones y el hambre que pesan sobre otras personas. Obsequium ventris istis (para los trabajadores) perniciosus est.
2 «Hemos presentado en informes anteriores la opinión de varios experimentados fabricantes, según la cual el exceso de horas..... tiende seguramente á agotar antes de tiempo el poder de trabajo de los hombres.» ({{asc|L}}. c., 64, pág. {{asc|XIII}}.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|223}}</noinclude>Pero el valor de la fuerza de trabajo incluye el valor de las mercancías necesarias para la reproducción del trabajador ó la propagación de la clase trabajadora. Por consiguiente, si el alargamiento contra natura de la jornada, á que tiende necesariamente el capital en su desmedida tendencia á valorizarse, acorta la vida de cada trabajador y la duración de su fuerza de trabajo, hay que reemplazar más pronto lo desgastado, y se incurre en mayor costo de desgaste en la reproducción de la fuerza de trabajo, exactamente como la parte del valor de una máquina que hay que reproducir diariamente es tanto mayor, cuanto más rápido es su desgaste. Su propio interés parece, pues, indicar al capital la necesidad de una jornada normal de trabajo.
El esclavista compra su trabajador como compra su caballo. Si pierde el esclavo, pierde un capital que tiene que reemplazar por desmedio de un nuevo gasto en el mercado de esclavos. Pero «por tructores de la constitución humana que sean los arrozales de Georgia y los pantanos del Mississippi, nunca es tan grande ese aniquilamiento de vidas humanas que no pueda ser cubierto por los repletos criaderos de Virginia y de Kentucky. Las consideraciones económicas que en cierta manera aseguran el tratamiento humano del esclavo, identificando la conservación de éste con el interés del amo, se transforman, por el contrario, una vez establecido el comercio de esclavos, en motivos del más extremo aniquilamiento del esclavo; pues así que se puede llenar su puesto proveyéndose en los criaderos extranjeros de negros, la duración de su vida pasa á ser menos importante que su productividad, mientras dura. Es, pues, una máxima de la economía de esclavos, en los países importadores de ellos, la de exprimir del ganado humano (human chattle) la mayor masa posible de trabajo en el tiempo más corto posible. Donde se sacrifica más inconsideramente la vida de los negros es en el cultivo tropical, que á menudo da en un año un beneficio igual al capital total de las plantaciones. En las Indias Occidentales, desde hace siglos cuna de fabulosas riquezas, la agricultura ha tragado millones de la raza africana. Hoy día es en Cuba, cuyas rentas ascienden á millones, y cuyos plantadores son príncipes, donde, aparte de la pésima alimentación y de las penas más incesantes y extenuadoras para la clase esclava, vemos cada año destruir una gran parte de ella por la lenta de sueño<ref></ref>.
tortura del trabajo excesivo y de la falta de reposo y Mutato nomine de te fabula narratur! ¡En lugar de trata de esclavos, léase mercado del trabajo; en lugar de Kentucky y Virginia, Irlanda y los distritos rurales de Inglaterra, Escocia y Gales; en lu! {{may|Cairns}}, ob. c., págs. 110-111.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|224|CARLOS MARX|}}</noinclude>gar de Africa, Alemania! Hemos visto que el trabajo excesivo diezma á los panaderos de Londres, y que, sin embargo, el mercado del trabajo está en Londres siempre lleno de candidatos á la muerte en las panaderías, procedentes de Alemania y de otras partes. Hemos visto que la alfareria es una de las ramas de la Industria en que la vida es más corta. ¿Faltan alfareros por eso? Josiah Wedgwood, inventor de la alfarería moderna, y de origen simplemente obrero, declaró en 1785, ante la Cámara de los Comunes, que la manufactura entera ocupaba de 15 á 20.000 personas<ref></ref>. En el año 1861 solamente los asientos urbanos de esta industria en la Gran Bretaña alcanzaban á una población de 101.302. «La industria algodonera cuenta 90 años..... En tres generaciones de la raza inglesa ella ha consumido nueve generaciones de obreros.» 2 Por lo demás, en ciertas épocas de febril actividad ha habido en el mercado del trabajo alarmantes vacíos. Por ejemplo, en 1834. Pero los señores fabricantes propusieron entonces á los Poor Law Commissioners que enviaran al Norte el exceso de población de los distritos agrícolas, declarando que «los fabricantes la absorberían y consumirían»<ref></ref>. Esas fueron sus propias palabras. «De acuerdo con los Poor Law Commissioners, se nombraron agentes en Manchester. Se hicieron listas de trabajadores agrícolas, que fueron entregadas á esos agentes. Los fabricantes acudían á las oficinas, y cuando habían elegido lo que les convenía, se les enviaba las familias del Sur de Inglaterra. Estos paquetes de hombres iban, rotulados como fardos de mercancías, por los canales ó en carros de carga; algunos fueron á pie y muchos anduvieron de un lado á otro por los distritos manufactureros, perdidos y medio muertos de hambre. Esto llegó á ser un verdadero ramo del comercio.
La Cámara de los Comunes apenas va á creerlo. Este comercio regular, este tráfico de carne humana, se continuó, y ésta era comprada y vendida por los agentes de Manchester á los fabricantes de Manchester con tanta regularidad como los negros á los plantadores de algodón de los Estados del Sur..... El año 1860 marca el zenit de la industria algodonera..... Volvió á haber falta de brazos. Los fabricantes se dirigieron de nuevo á los agentes de carne humana..... y estos registraron las dunas de Dorset, las colinas de Devon y las llanuras de Wilts, pero el exceso de población ya estaba consumido.» El Bury Guardian se lamentaba de que podían absorberse 10.000 manos más, después del tratado de comercio anglo-francés, y que pronto harían falta otras 30 ó 40.000. Después que los agentes y sub3
{{may|John Ward}}, History of the Borough of Stoke-upon-Trent, Londres, 1843, pág. 42.
Discurso de {{may|Ferrand}} el 27 de abril de 1863, en la House of Commons.
«That the manufacturers would absorb it and use it up. Those were the very words used by the cotton manufacturers.» ({{asc|L}}. c.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|225}}</noinclude>agentes del comercio de carne hubieron barrido en 1860 casi sin resultado los distritos agrícolas, «una diputación de fabricantes se dirigió al Sr. Villiers, Presidente del Poor Law Board, suplicándole que permitiera otra vez proveerse de niños pobres y huérfanos en las Workhouses»<ref></ref>.
Lo que en general muestra la experiencia al capitalista es un constante exceso de población, es decir, un exceso de población en proporción á la necesidad momentánea de valorización de capital, aunque ese exceso está formado por generaciones humanas mal desarrolladas, de vida precaria, que se desalojan rápidamente las unas á las otras, recogidas, por decirlo así, antes de tiempo<ref></ref>. La expeL. c. Villiers, á pesar de su buena voluntad, estaba «legalmente» obligado á negar lo que pedían los fabricantes. Pero estos señores consiguieron, sin embargo, su objeto, gracias á la condescendencia de las Administraciones locales de pobres.
El Sr. A. Redgrave, inspector de fábricas, asegura que esta vez el sistema de hacer servir «legalmente» como aprendices á los huérfanos y niños indigentes «no ha sido acompañado de los antiguos inconvenientes» (sobre esos inconvenientes, véase {{may|Engels}}, ob. cit.), aunque es cierto que en un caso «se incurrió en abuso del sistema, con muchachas y mujeres jóvenes que habían sido traídas á Lancashire y Cheshire de los distritos rurales de Escocia». Según este «sistema», el fabricante hace un contrato por tiempo determinado con las autoridades de las casas de pobres, obligándose á dar alimento, vestido y alojamiento á los niños, y además una pequeña cantidad de dinero. Parece muy extraña la observación del Sr. Redgrave que damos á continuación, sobre todo cuando se considera que el año 1860 sobresale aún entre los años prósperos de la industria algodonera inglesa, y que los salarios estaban altos además porque la extraordinaria demanda de trabajo sobrevino cuando Irlanda estaba despoblada, cuando la emigración de los distritos rurales de Inglaterra y Escocia á Australia y América era sin ejemplo y cuando la población de algunos distritos rurales ingleses había positivamente disminuido, en parte á consecuencia de una restricción intencionada de la vida, en parte debido al agotamiento anterior de la población disponible por los comerciantes en carne humana.
A pesar de todo eso, dice el Sr. Redgrave: «Esta clase de trabajo (el de los niños de los asilos) no es buscada sino cuando no se encuentra ninguna otra, pues es trabajo caro (high-priced labour). El salario ordinario de un joven de 13 años es, sobre poco más o menos, de 4 chelines por semana; pero alojar, vestir y alimentar á 50 6100 de esos jóvenes; darles asistencia médica y una vigilancia adecuada, y además un pequeño suplemento en dinero, cuesta semanalmente más de 4 chelines por cabeza.» (Report of the Insp. of Factories for 30th April 1860, pág. 27.) El Sr. Redgrave se olvida de decir cómo el mismo obrero podrá hacer todo eso para sus propios niños con sus 4 chelines de salario por semana, cuando no puede el fabricante que aloja, alimenta y cuida á 50 ó 100 niños juntos. Para evitar que se saquen del texto conclusiones falsas, debo también hacer notar que la industria algodonera inglesa, desde que por la Factory-act de 1850 fué sometida á la reglamentación del tiempo de trabajo, etc., debe ser considerada como la industria modelo de Inglaterra. El obrero algodonero inglés está por encima de su compañero de oficio del continente desde todos los puntos de vista. «El obrero fabril prusiano trabaja, por lo menos, 10 horas más por semana que su rival inglés, y si trabaja en su casa en su propio telar, no hay siquiera ese límite á su exceso de horas de trabajo.» (Report of Insp.
of Fact. 31st Oct. 1855, pág. 103.) El inspector de fábricas Redgrave, á que hago referencia, hizo un viaje al continente después de la Exposición industrial de 1851, especialmente á Francia y Prusia, para estudiar allí el estado de las fábricas. Del obrero fabril prusiano dice: «Recibe un salario que basta para una alimentación simple y la poca comodidad á que está acostumbrado, y con que está contento.....
Vive peor y hace un trabajo más pesado que su rival inglés.» (Report of Insp. of Fact. 31st Oct. 1853, pág. 85.) 2 «Los recargados de trabajo mueren con asombrosa rapidez; pero los puestos de los que sucumben son en seguida vueltos á ocupar, y un frecuente cambio de<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|226|CARLOS MARX|}}</noinclude>riencia muestra, en efecto, al observador entendido, cuán rápida y profundamente ha sido atacada en sus raíces la fuerza vital del pueblo por la producción capitalista, que históricamente data de ayer; cómo la degeneración de la población industrial es apenas retardada por la constante absorción de nuevos y vivaces elementos de la campiña, y cómo los mismos trabajadores rurales, á pesar del aire libre y del principle of natural selection que es omnipotente entre ellos.
y no deja sobrevivir sino á los individuos más fuertes, empiezan ya à decaer<ref></ref>. El capital, que tiene tan buenos motivos para negar los sufrimientos de la generación de obreros que le rodea, se guía tanto en su movimiento práctico por la previsión de una futura degradación de la Humanidad, y una consiguiente y fatal despoblación, como por la posible caída de la Tierra sobre el Sol. En toda engañifa por acciones todos saben que la tormenta va á llegar alguna vez; pero todos esperan que descargará sobre la cabeza del vecino, y que les dará tiempo de recoger y asegurar la lluvia de oro. Après moi le déluge! es el lema de todo capitalista y de toda nación capitalista. El capital no se cuida, pues, de la salud ni de la duración de la vida del obrero, donde la sociedad no le obliga á considerarlas<ref></ref>.
Á las quejas sobre la degradación física é intelectual, la muerte prematura, la tortura del exceso de trabajo, él responde: ¿Puede atormentarnos un tormento que aumenta nuestro placer (la ganancia)? Pero, en general, esto no depende tampoco de la buena ó mala voluntad de cada capitalista. La libre competencia impone por la fuerza á cada capitalista las leyes inmanentes de la producción capitalista<ref></ref>.
personas no produce variación alguna en la escena.» (England and America, Londres, 1833, t. 1, pág. 55. Autor, {{may|E. G. Wakefield}}.) Véase Public Health, Sixth Report of the Medical Officer of the Privy Council, 1863, publicado en Londres, 1864. Este informe trata sobre todo de los trabajadores rurales. Se ha presentado el condado de Sutherland como si se hubiera hecho en él grandes progresos; pero una nueva investigación ha descubierto que en estos distritos tan famosos antes por la belleza de sus hombres y la valentía de sus soldados, la población ha degenerado en una raza escuálida y enana. En los lugares más sanos, en las faldas de colinas que miran al mar, el rostro de los niños es tan flaco y tan pálido como sólo puede serlo en la corrompida atmósfera de una callejuela de Londres.» ({{may|Thornton}}, ob. cit., págs. 74-75.) Son iguales en realidad á los 30.000 gallant Highlanders que aloja Glasgow en sus wynds y closes, junto con prostitutas y ladrones.
Aunque la salud de la población es un elemento tan importante del capital.
nacional, tememos deber confesar que los capitalistas no están absolutamente dispuestos á conservar este tesoro ni á apreciarlo en lo que vale..... La consideración por la salud de los trabajadores ha sido impuesta á los fabricantes.» (Times, 5 de noviembre de 1861.) «Los hombres del West Riding fueron los pañeros de la Humanidad..... La salud del pueblo obrero fué sacrificada, y en un par de generaciones la raza habría degenerado si no se hubiera producido una reacción. Se limitaron las horas de trabajo de los niños, etc.» (Report of the Registrar General for Oct. 1861.) 3 Por eso vemos que, por ejemplo, á principios de 1863 26 razones sociales de grandes alfarerías de Staffordshire, y entre ellas también J. Wedgwood é Hijos, pidieron en un memorial «la intromisión coercitiva del Estado». La «competencia<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|227}}</noinclude>El establecimiento de una jornada normal de trabajo ha sido el resultado de una lucha de cuatro siglos entre capitalista y trabajador. Pero la historia de esa lucha muestra dos corrientes opuestas.
Compárese, por ejemplo, la legislación fabril inglesa de nuestros días con los Estatutos de los trabajadores ingleses del siglo {{asc|XIV}}
hasta mediados del {{may|Xviii}}'. Mientras que la legislación fabril moderna acorta por la fuerza el día de trabajo, aquellos Estatutos trataban por la fuerza de alargarlo. Pero las exigencias del capital en el estado embrionario, cuando recientemente se formaba, y el derecho de absorber una cantidad suficiente de sobretrabajo no le estaba asegurado por la sola fuerza de las circunstancias económicas, sino también por la ayuda del poder del Estado, son muy modestas, si se las compara con las concesiones que el capital, llegado á la edad adulta, tiene que hacer, rezongando y muy á pesar suyo. Costó siglos antes de que el «libre» trabajador consintiera voluntariamente, es decir, se viera socialmente obligado por el desarrollo de la producción capitalista, á vender su vida activa entera, y aun su misma capacidad de trabajo, por el precio de su subsistencia ordinaria, su derecho de primogenitura por un plato de lentejas. Es, pues, natural que el alargamiento de la jornada que desde mediados del siglo {{asc|XIV}} hasta fines del siglo {{asc|XVII}} trató de imponer el capipor la fuerza del Estado á los trabajadores adultos, coincida más ó menos con los límites que en algunas partes y en la segunda mitad del siglo {{asc|XIX}} el Estado impone á la transformación de la sangre de los niños en capital. Lo que hoy, por ejemplo, se proclama como límite legal del trabajo de los niños menores de 12 años en el Estado de Massachusetts, hasta hace poco el más libre de la República Norteamericana, era en Inglaterra, aun á mediados del siglo {{asc|XVII}}, la tal con otros capitalistas» les impide toda limitación «voluntaria» del tiempo de trabajo de los niños, etc. «Por más que lamentemos los males anteriormente mencionados, sería imposible impedirlos por un acuerdo cualquiera entre los fabricantes.....
En vista de todas estas circunstancias, hemos llegado á la convicción de que se necesita una ley coercitiva.» (Children's Emp. Comm., Report {{asc|I}}, 1863, pág. 322.) Adición. Recientemente ha habido un ejemplo mucho más notable. A causa de la altura de los precios del algodón, y en una época de febril actividad comercial, los fabricantes de tejidos de algodón de Blackburn resolvieron de común acuerdo acortar en sus fábricas el tiempo de trabajo durante un plazo determinado. Este plazo terminó, sobre poco más o menos, á fines de noviembre (1871). Entre tanto, los fabricantes más ricos, que tienen á la vez hilandería y fábrica de tejidos, aprovecharon el descenso de la producción traído por ese acuerdo para extender sus negocios y hacer así grandes ganancias á costa de los pequeños patronos. En su apuro, éstos se dirigieron á los obreros de las fábricas, los excitaron á hacer una seria agitación por las nueve horas ¡y prometieron contribuir á este objeto con dinero! Estos Estatutos de los trabajadores, que encontramos también simultáneamente en Francia, Países Bajos, etc., no fueron formalmente abolidos en Inglaterra hasta 1813, largo tiempo después de haber sido anulados por las condiciones de la producción.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|228|CARLOS MARX|}}</noinclude>jornada normal de fuertes artesanos, robustos labradores y gigantescos herreros<ref></ref>.
El primer Statute of labourers (23, Eduardo {{asc|III}}, 1349) tuvo por pretexto inmediato (no por causa, pues la legislación de esta clase dura siglos sin ese pretexto) la gran peste que diezmó la población, hasta el punto de que, como dice un autor tory, «era en realidad insoportable la dificultad para poner hombres á trabajar por precios razonables» (es decir, por precios que dejaran á sus empleadores una cantidad razonable de sobretrabajo)<ref></ref>. La ley dictó, pues, por la fuerza salarios razonables, así como los límites de la jornada de trabajo.
Este último punto, el único que nos interesa por el momento, reaparece en el Estatuto de 1496 (bajo Enrique {{asc|VII}}). Para todos los artesanos (artificers) y trabajadores rurales, de marzo á septiembre debía durar la jornada, lo que con todo nunca sucedió, de cinco de la mañana á siete y ocho de la noche; pero las horas para las comidas eran: 1 hora para el almuerzo, 12 para la comida de mediodía y, hora para el pan de las cuatro, es decir, exactamente el doble de lo que después de la actual ley de fábricas. En invierno debía trabajarse desde las cinco de la mañana hasta el obscurecer, con las mismas interrupciones. Un Estatuto dado por Isabel, en 1562, para todos los trabajadores «asalariados por día ó por semana», no modifica el largo de la jornada; pero trata de limitar los intervalos á 212 Ningún niño menor de 12 años será empleado en un establecimiento industrial más de 10 horas por dia.» (General Statutes of Massachusetts, 63, cap. 12.) (Las Ordenanzas fueron decretadas en 1836-1858.) En toda fábrica de algodón, lana, seda, papel, vidrio é hilo, y en todas las manufacturas de hierro y algodón, el trabajo ejecutado durante un periodo de 10 horas de un día será considerado como una jornada legal de trabajo. Y se decreta que en lo sucesivo ningún menor empleado en una fábrica podrá ser retenido ú obligado á trabajar más de 10 horas por día, ó 60 horas por semana, y que en adelante no se admita como trabajador en ninguna fábrica de este Estado á ningún menor de menos de 10 años.» (State of New Jersey. An act to limit the hours of labour etc., 61 y 2.) (Ley del 11 de marzo de 1855.) «Los niños de 12 años arriba, menores de 15 años, no podrán ser empleados en un establecimiento manufacturero más de 11 horas en un día, ni antes de las cinco de la mañana ni después de las siete y media de la tarde.» (Revised Statutes of the State of Rhode Island etc., cap. 39, s. 23, 1.º de julio de 1857.) 2 Sophisms of Free Trade, séptima edición, Londres, 1850, pág. 205. Por lo demás, el mismo tory reconoce que «durante el largo período de 464 años hubo leyes del Parlamento que regulaban los salarios en contra de los trabajadores y en favor de los patronos. La población creció. Esas leyes se hicieron entonces superfluas é incómodas.» (Ob. cit., pág. 206.), Respecto de este Estatuto, hace notar con razón J. Wade: «Del Estatuto de 1496 se deduce que la alimentación equivalia entonces á un tercio de las entradas de un artesano y á la mitad de las entradas de un trabajador agrícola; lo que significa mayor grado de independencia de los trabajadores que el dominante hoy, cuando el alimento del trabajador de la agricultura y de la industria forma una parte proporcional mucho mayor de su salario.» ({{may|J. Wade}}, ob. cit., págs. 24, 25 y 577.) Una superficial mirada sobre la Chronicon Pretiosum etc. By Bishop Fletwood (primera edición, Londres, 1707; segunda edición, Londres, 1745) basta para destruir la creencia de que esa diferencia sea debida acaso á la diferencia de la proporción de los precios de los alimentos y de los vestidos, ahora y entonces.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|229}}</noinclude>horas en verano y 2 horas en invierno. La comida de mediodía no debe durar más de una hora, y «la media hora de sueño á mediodía» no debe ser permitida sino de mediados de mayo á mediados de agosto. Por cada hora de ausencia debe quitarse un penique (sobre poco más ó menos 10 céntimos) del salario. En la práctica, sin embargo, los cosas eran mucho más favorables al trabajador que en el libro de la ley. William Petty, padre de la Economía política y hasta cierto punto inventor de la Estadística, dice en una obra que publicó en el último tercio del siglo {{asc|XVII}}: «Los trabajadores (labouring men, entonces propiamente los trabajadores rurales) trabajan 10 horas diarias y hacen 20 comidas por semana, á saber: tres cada día de trabajo y dos los domingos; por lo que se ve claramente que, si quisieran ayunar el viernes á la tarde, y comieran á mediodía en hora y media en lugar de emplear para esa comida dos horas, como ahora, de once á una del día, es decir, si trabajaran {{frac|1|20}} más y consumieran {{frac|1|20}} menos, se podría recaudar el décimo de los impuestos antes mencionados.» ¿No tenía razón el Dr. Andrew Ure al combatir la ley de 1833 sobre las diez horas como una vuelta al tiempo de las tinieblas? Es cierto que las reglamentaciones de los Estatutos, y mencionadas por Petty, valían también para los apprentices (aprendices). Pero de la queja siguiente puede inducirse cómo era el trabajo de los niños hasta fines del siglo {{asc|XVII}}: «Aquí en Inglaterra los jóvenes no hacen nada hasta la época en que se hacen aprendices, y después necesitan, naturalmente, largo tiempo - siete años - para llegar á ser artesanos perfectos.» Se glorifica, por el contrario, á Alemania, porque allí á los niños desde la cuna «se les da un poquito de ocupación», por lo menos<ref></ref>.
1
{{may|W. Petty}}, ''Political Anatomy of Ireland'', 1672; edición de 1691, pág. 10.
2 A Discourse on the Necessity of Enconraging Mechanick Industry, Londres, 1689, página 13. Macaulay, que ha falsificado la historia inglesa como conviene á los whigs y burgueses, declama lo siguiente: «La práctica de hacer trabajar á los niños antes de tiempo dominaba en el siglo xXVII en un grado casi increíble para el estado de la Industria en aquella época. En Norwich, principal asiento de la industria de la lana, un niño de 6 años era tenido por hábil para el trabajo. Varios escritores de aquel tiempo, y entre ellos algunos que pasaban por extraordinariamente bien intencionados, refieren con exultation (entusiasmo) el hecho de que en esa sola ciudad muchachos y muchachas creaban una riqueza que excedía en 12.000 libras esterlinas al año el costo de su subsistencia. Cuanto más exactamente investigamos la historia del pasado, tanto más motivo tenemos para rechazar la opinión de los que tienen nuestra época por fecunda en nuevos males sociales. Lo que es nuevo es la inteligencia que descubre los males, y la humanidad que los cura.» (History of England, vol. 1, pág. 419.) Macaulay podía haber mencionado también que «extraordinariamente bien intencionados» amis du commerce del siglo xvII cuentan con exultation que en un asilo de pobres de Holanda se hacía trabajar á un niño de 4 años, y que ese ejemplo de la vertu mise en pratique es tenido como un modelo en todas las obras de humanitarios á lo Macaulay hasta los tiempos de A. Smith. Es cierto que al aparecer la manufactura en oposición al oficio, muéstranse ya señales de explotación de los niños, que desde antes existe en cierto grado entre los campesinos, y tanto más desarrollada cuanto más duro es el yugo que pesa sobre el<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|230|CARLOS MARX|}}</noinclude>Durante la mayor parte del siglo {{asc|XVIII}}, hasta la época de la grande industria, el capital no había conseguido aún en Inglaterra apoderarse de toda la semana del trabajador pagándole el valor semanal de la fuerza de trabajo, con excepción de los trabajadores agrícolas. La circunstancia de que podían vivir toda una semana con el trabajo de cuatro días no les parecía á los trabajadores una razón suficiente para trabajar también los otros dos días en provecho del capitalista. Una parte de los economistas ingleses, al servicio del capital, denunció con rabia ese egoísmo; otra parte defendió á los trabajadores. Escuchemos, por ejemplo, la polémica entre Postlethwayt, cuyo Diccionario de Comercio tenía entonces la misma fama de que hoy gozan obras semejantes por MacCulloch y MacGregor, y el autor del Essay on Trade and Commerce, que ya ha sido citado<ref></ref>.
Entre otras cosas, dice Postlethwayt lo siguiente: «No puedo terminar estas pocas observaciones sin recordar la frase trivial y demasiado repetida de que si el trabajador (industrious poor) puede obtener en 5 días bastante para vivir, no trabajará 6 días completos.
De ahí deducen la necesidad de encarecer, por medio de impuestos ó de cualquiera otro modo, hasta los medios necesarios de subsistencia, para obligar al artesano y al obrero manufacturero á trabajar constantemente 6 días de la semana. Pido que se me permita ser de otra opinión que esos grandes políticos que rompen lanzas por la perpetua esclavitud del pueblo trabajador de este reino (the perpetual slavery of the working people); ellos olvidan el proverbio all work and no play (trabajar únicamente y no jugar nunca, atonta).
¿No se jactan los ingleses del talento y la habilidad de sus artesanos y obreros manufactureros, que hasta ahora han acreditado y hecho famosas en todas partes las mercancías británicas? ¿A qué se debía hombre del campo. No puede desconocerse la tendencia del capital, pero los hechos son entonces todavía tan raros como los niños de dos cabezas. Por eso eran señalados con exultation, como especialmente notables y admirables, á la atención del presente y del porvenir, y se recomendaba su imitación por los previsores amis du commerce. El mismo sicofante escocés y bello parlante, Macaulay, dice: «Hoy no se oye hablar sino de atraso, y no se ve sino progreso.» ¡Qué ojos y, sobre todo, qué orejas! Entre los acusadores de los trabajadores, el más furioso es el autor anónimo, mencionado en el texto, de An Essay on Trade and Commerce, containing Observations on Taxation, etc., Londres, 1770. Ya lo había hecho antes en su escrito Considerations on Taxes, Londres, 1765. Polonius Arthur Young, el indecible charlatán estadístico, sigue en la línea. Entre los defensores de los trabajadores están, ante todo: {{may|Jacob}}
{{may|Vanderlint}}, en Money answers all things, Londres, 1734; Rev. {{may|Nathaniel Forster}},
{{may|D. D}}., en An Enquiry into the Causes of the Present Price of Provisions, Londres, 1766; Dr. {{may|Price}}, y sobre todo también {{may|Postlethwayt}}, tanto en un suplemento á su Universal Dictionary of Trade and Commerce, como en Great Britain's Commercial Interest explained and improved, segunda edición, Londres, 1755. Cuanto á los hechos mismos, se los encuentra registrados por muchos otros autores de la época, y entre ellos por Josiah Tucker.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|231}}</noinclude>esto? Probablemente sólo á la original y alegre manera de distraerse de nuestro pueblo trabajador. Si fueran obligados á trabajar el año entero los 6 días de la semana, en la continua repetición de la misma obra, ¿no embotaría esto su inteligencia y los haría estúpidos y apáticos en lugar de despiertos y hábiles? Y sometidos á semejante esclavitud eterna, nuestros trabajadores no perderían su fama en lugar de conservarla?.... ¿Qué clase de habilidad artística podríamos esperar de animales tan duramente tratados (hard driven animals)?.... Muchos de ellos hacen en 4 días tanto trabajo como un francés en 5 ó<ref></ref>. Pero si los ingleses han de ser condenados á eternos trabajos forzados, hay que temer que degeneren aún más que los franceses. Si nuestro pueblo es famoso por su valor en la guerra, ¿no decimos siempre que esto es debido, por una parte, al buen roastbeef inglés y al pudding que tiene en el cuerpo, y no menos, por otra, al espíritu de libertad de nuestra Constitución? ¿Y por qué no han de ser debidos el talento, la energía y la habilidad mayores de nuestros artesanos y obreros manufactureros á la libertad con que se distraen á su modo? ¡Espero que nunca perderán este privilegio, ni la buena vida de que provienen igualmente su capacidad para el trabajo y su valentía!» 1 Á esto responde el autor del Essay on Trade and Commerce: «Si pasa por una institución divina el celebrar el séptimo día de la semana, esto implica que los otros días de la semana pertenecen al trabajo (quiere decir al capital, como pronto se verá), y no puede vituperarse de cruel el obligar á cumplir esa orden de Dios..... Que la Humanidad en general se inclina por naturaleza á la comodidad y la pereza, lo experimentamos fatalmente en la conducta de nuestra plebe manufacturera que por término medio no trabaja más de 4 días por semana, á menos que estén caros los medios de subsistencia.....
Supongamos que una cuartilla de trigo represente todos los medios de subsistencia del trabajador y cueste 5 chelines, y que el trabajador gane 1 chelín diario por su trabajo. Entonces él no necesita trabajar más que 5 días de la semana, y sólo 4 si la cuartilla importa 4 chelines..... Pero como en este reino el salario está muy alto, comparado con el precio de los medios de subsistencia, el obrero manufacturero que trabaja 4 días posee un exceso de dinero con el cual vive en el ocio el resto de la semana..... Creo haber dicho bastante para poner en claro que el trabajo moderado durante 6 días de la semana no es ninguna esclavitud. Nuestros trabajadores rurales lo hacen, y, según todas las apariencias, son los más felices de los trabajadores (labouring poor); pero los holandeses lo hacen en las
{{may|Postlethwayt}}, ob. cit., First Preliminary Discourse, pág. 14.
An Essay, etc. El mismo refiere en la pág. 96 en qué consistía «la felicidad» del<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|232|CARLOS MARX|}}</noinclude>cen, 1
{{may|Carlos Marx}}
manufacturas, y parecen un pueblo muy feliz. Los franceses lo haá no ser que se interponga alguno de los muchos días de fiesta..... Pero á nuestro pueblo se le ha puesto fijamente en la cabeza la idea de que, como inglés, por derecho de nacimiento le corresponde el privilegio de ser más libre é independiente que (el pueblo trabajador) en cualquiera otro país de Europa. Ahora bien; esta idea puede ser de algún provecho en tanto que obra sobre el valor de nuestros soldados; pero cuanto más lejos esté de los obreros manufactureros, tanto mejor para ellos mismos y para el Estado. Los trabajadores no deben nunca tenerse por independientes de sus superiores..... Es extraordinariamente peligroso favorecer mobs en un Estado comercial como el nuestro, donde quizá siete octavas partes de la población total son gentes de poca ó ninguna propiedad.....
La cura no será completa mientras nuestros pobres de la industria no se resignen á trabajar 6 días por la misma suma que ahora ganan en 4.» 3 Á este fin, así como para «extirpar la haraganería, el libertinaje y los románticos sueños de libertad», y también disminuir el impuesto de los pobres, fomentar el espíritu de la industria y deprimir el precio del trabajo en las manufacturas», propone nuestro fiel Eckart del capital el medio infalible de encerrar en una «casa ideal de trabajo» (an ideal Workhouse) á los trabajadores que recurren á la beneficencia pública, en una palabra, á los pobres. «Esa casa debe ser una «Casa del Terror» (House of Terror). En esta Casa del Terror», en esta «ideal casa de trabajo» debe trabajarse 14 horas diarias, comprendiendo, sin embargo, las horas de las comidas, de manera que queden 12 horas completas de trabajo.» > <para ¡Doce horas diarias de trabajo en la «ideal casa de trabajo», en la Casa del Terror» de 1770! Sesenta y tres años después, en 1833, cuando el Parlamento inglés redujo á 12 horas la jornada para los jóvenes de 13 á 18 años en cuatro ramas de la Industria, ¡se creyó llegada la hora del juicio final para la industria inglesa! En 1852, obrero rural inglés, ya en 1770. «Sus fuerzas de trabajo (their working powers) están siempre tensas al extremo (on the stretch); no pueden vivir peor que como viven (they cannot live cheaper than they do), ni trabajar más rudamente (nor work harder).» Haciendo días de trabajo de casi todos los tradicionales días de fiesta, el Protestantismo desempeña ya un papel importante en el génesis del capital.
2 An Essay, etc.. págs. 15, 41, 96, 97, 55 y 57.
3 Ob. cit., pág. 69. Ya en 1734 explicó Jacob Vanderlint que el secreto de la queja de los capitalistas sobre la haraganería del pueblo trabajador era simplemente que por el mismo salario querían 6 días de trabajo en lugar de<ref></ref>.
Ob. cit., pág. 242. «Esa casa ideal de trabajo debe ser una «Casa del Terror» y no un asilo para los pobres, donde son abundantemente alimentados, abrigada y decentemente vestidos, y donde no hacen sino poco trabajo.» 5 «En esa casa ideal de trabajo los pobres deberán trabajar 14 horas por día, dando el debido tiempo para las comidas, de modo que queden 12 horas netas de trabajo.» (Ob. cit.) «Los franceses», dice él, «se rien de nuestras entusiastas ideas de libertad.» (Ob. cit., pág. 78.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|233}}</noinclude>cuando {{asc|L}}. Bonaparte trató de ganar el apoyo de la burguesía poniendo su mano sobre la jornada legal, el pueblo francés exclamó unánime: «¡La ley que limita á 12 horas la jornada es el único bien que nos ha quedado de la legislación de la República!» En Zurich está limitado á 12 horas el trabajo de los niños mayores de 10 años; en Argovia, el trabajo de los niños de 13 á 16 años fué reducido en 1862 de 12 12 á 12 horas; en Austria, á 12 horas en 1860 el de los niños de 14 á 16 años<ref></ref>. ¡Qué «progreso desde 1770», exclamaría Macaulay, lleno de júbilo y con exultation! La Casa del Terror» para los pobres con que soñaba todavía en 1770 el alma capitalista, se levantó pocos años después como gigantesca «Casa de Trabajo» para el obrero manufacturero mismo. Se llamó fábrica. Y esta vez el ideal palideció ante la realidad.
{{t4|VI.—La lucha por la jornada normal de trabajo. limitación legal coercitiva del tiempo de trabajo. legislación inglesa sobre las fábricas de}}
1833 Á 1864.
Después que el capital hubo necesitado siglos para alargar la jornada hasta sus límites normales máximos, y pasándolos más tarde hasta los límites del día natural de 12 horas 3, se produjo, á partir Ellos se opusieron sobre todo á trabajar más de 12 horas por día, porque la ley que fija esas horas es el único bien que les queda de la legislación de la República.» (Rep. of Insp. of Fact. 31st Oct. 1856, pág. 80.) La ley francesa de las doce horas, del 5 de septiembre de 1850, edición aburguesada del decreto del Gobierno Provisional del 2 de marzo de 1848, comprende todos los talleres sin distinción.
Antes de esa ley, la jornada de trabajo era limitada en Francia. En las fábricas duraba 14, 15 y más horas. Véase Des classes ouvrières en France pendant l'année 1848, por {{may|M. Blanqui}}. El Sr. Blanqui, el economista, no el revolucionario, había sido encargado por el Gobierno de la investigación acerca de la situación de los trabajadores.
Respecto de la reglamentación de la jornada de trabajo, Bélgica se confirma también como el Estado burgués modelo. Lord Howard de Welden, Plenipotenciario inglés en Bruselas, dice en un informe al Foreign Office, del 12 de mayo de 1862: «El ministro Rogier me ha declarado que el trabajo de los niños no está limitado por una ley general, ni tampoco por reglamentaciones locales; que durante los tres ultimos años el Gobierno ha tenido en cada sesión el pensamiento de presentar á las Cámaras una ley sobre el asunto; ¡pero que encontro siempre un obstáculo invencible en la celosa inquietud que inspira toda legislación en contradicción con el principio de la completa libertad de trabajo!» 3 «Es seguramente muy lamentable que una clase cualquiera de personas tenga que atarearse durante 12 horas diarias. Si se agrega el tiempo de las comidas y el tiempo para ir al taller y volver de él, eso asciende en realidad á 14 de las 24 horas del día..... Prescindiendo de la salud, espero que nadie vacilará en admitir que, desde el punto de vista moral, una absorción tan completa del tiempo de las clases trabajadoras, sin interrupción, desde la temprana edad de 13 años, y en las ramas libres» de la Industria desde una edad mucho más infantil, es extraordinariamente dañosa y un temible mal..... En el interés de la moral pública, para criar una población capaz y dar á la gran masa del pueblo un razonable goce de la vida, dehe insistirse para que en todas las ramas de la Industria se reserve una parte del día con fines de descanso y entretenimiento.» ({{may|Leonardo Horner}}, en Insp. of Fact. Reports, 31st Dec. 1841.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|234|CARLOS MARX|}}</noinclude>del nacimiento de la grande industria en el último tercio del siglo {{asc|XVIII}}, un derrumbe violento y desmedido como una avalancha.
Todas las vallas impuestas por la costumbre y la Naturaleza, por la edad y el sexo, por el día y la noche, fueron violadas. Hasta los conceptos de día y noche, de una simplicidad rústica en los viejos Estatutos, se obscurecieron tanto, que todavía en 1860 un juez inglés necesitó una penetración verdaderamente talmúdica para discernir lo que era día y lo que era noche<ref></ref>. El capital celebraba sus orgías.
Tan luego como la clase trabajadora, aturdida por el ruido de la producción, hubo recobrado en parte el sentido, principió á hacer resistencia, primero en Inglaterra, donde había nacido la gran industria. Durante tres décadas, sin embargo, las concesiones que obtuvo fueron puramente nominales. De 1802 á 1833 el Parlamento dió cinco leyes sobre el trabajo; pero fué tan astuto, que no votó ni un céntimo para imponer su ejecución, para los empleados necesarios, etcétera<ref></ref>. Esas leyes fueron letra muerta. «El hecho es que antes de la ley de 1833, niños y jóvenes eran trabajados (were worked) toda la noche, todo el día, ó ambos ad libitum.» 3 Sólo de la ley de 1833 sobre las fábricas que comprendía las industrias del algodón, de la lana, del hilo y de la seda data para la industria moderna una jornada normal. ¡Nada caracteriza mejor el espíritu del capital que la historia de la legislación fabril inglesa de 1833 á 1864! La ley de 1833 establece que en las fábricas el día ordinario de trabajo debe empezar á las cinco y media de la mañana y terminar á las ocho media de la noche, y que dentro de los límites de ese período de 15 horas es legal emplear personas jóvenes á una hora cualquiera del día, siempre que la misma persona joven (es decir, personas de 13 á 18 años) no trabaje más de 12 horas en un día, excepto en algunos casos especiales previstos. La sección 6." de la ley determina «que en el curso de cada día á cada una de esas personas de tiempo de trabajo limitado debe darse por lo menos {{frac|1|1|2}} hora para las comidas». Se prohibía el empleo de niños menores de 9 años, con Véase el Judgment of Mr. {{may|J. H}}. Otwey, Belfast, Hilary Sessions, County Antrim 1860.
2 Es muy característico del régimen de Luis Felipe, le roi bourgeois, que su única ley sobre las fábricas, dictada el 22 de marzo de 1841, nunca ha sido puesta en ejecución. Esa ley se refiere sólo al trabajo de los niños. Fija 8 horas para los niños de 8 á 12 años, 12 horas para los niños de 12 á 16 años, etc., con muchas excepciones que permiten el trabajo nocturno aun de niños de 8 años. En un país en que hasta las ratas están administradas por la policía, la vigilancia y la imposición de esa ley quedaron entregadas á la buena voluntad de los amis du commerce. Sólo desde 1853, y únicamente en un departamento, el departamento del Norte, hay un inspector pagado por el Gobierno. ¡No es menos característico del desarrollo de la sociedad francesa en general el hecho de que hasta la revolución de 1848 la ley de Luis Felipe fué la única en esa fábrica de leyes que en Francia todo lo envuelve! Rep. of Insp. of Fact. 30th April 1860, pag. 51.
3<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|235}}</noinclude>la excepción que diremos después, y se limitaba á 8 horas el trabajo de los niños de 9 á 13 años. El trabajo nocturno, es decir, según esa ley, el trabajo comprendido entre las ocho y media de la noche y cinco y media de la mañana, era prohibido para todas las personas de 9 á 18 años.
las Los legisladores estaban tan lejos de querer tocar la libertad del capital de absorber la fuerza de trabajo de los adultos ó, como ellos decían, «la libertad del trabajo», que inventaron un sistema propio para impedir una consecuencia tan espantosa de la ley sobre las fábricas.
n El gran mal del sistema fabril, como está arreglado actualmente», dice el primer informe del Consejo Central de la Comisión del 25 de junio de 1833, «consiste en que impone la necesidad de extender el trabajo de los niños hasta el límite máximo del trabajo de los adultos. El único remedio para este mal, sin limitar el trabajo de los adultos, de lo cual resultaría un mal mayor que el que se trata de impedir, parece ser el plan de emplear dobles series de niños.» Bajo el nombre de relaissystem (system of relays; relay significa, en inglés como en francés, el cambio de los caballos de posta en las diferentes estaciones), fué, pues, empleado ese «plan»; de manera que, por ejemplo, de cinco y media de la mañana á una y media de la tarde trabajaba una tanda de niños de 9 á 13 años; de una y media de la tarde á ocho y media de la noche, se ataba otra, y así sucesivamente.
En recompensa á los señores fabricantes, por haber hecho caso omiso de las leyes sobre el trabajo de los niños dictadas en los últimos 22 años, se les doró entonces la píldora. ¡El Parlamento determinó que á partir del 1.° de marzo de 1834 no podría trabajar más de 8 horas en una fábrica ningún niño menor de 11 años; después del<ref></ref>. de marzo de 1835, ningún menor de 12, y después del 1.º de marzo de 1836, ningún menor de 13 años! ¡Este «liberalismo», tan lleno de consideración por el «capital», era tanto más digno de reconocimiento cuanto que el Dr. Farre, Sir A. Carlisle, Sir B. Brodie, Sir C. Bell, Mr. Guthrie, en una palabra, los principales physicians and surgeons de Londres, habían declarado como testigos ante la Cámara Baja que periculum in mora! El Dr. Farre se expresó algo más groseramente aún: «La legislación debe impedir que se inflija la muerte prematura en cualquier forma que ella sea, y seguramente hay que considerar esta (el modo de las fábricas) como uno de los más crueles métodos de hacerlo.» 1 ¡El mismo Parlamento «reforma1 Legislation is equally necessary for the prevention of death, in any form in which it can be prematurely inflicted, and certainly this must be viewed as a most cruel mode of inflicting it.»<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|236|CARLOS MARX|}}</noinclude>do» que, en atención á los fabricantes, dejaba por años todavía niños menores de 13 años condenados al infierno de las 72 horas semanales de trabajo en las fábricas, por la ley de emancipación, que también daba la libertad por gotas, prohibió, al contrario, desde un principio á los plantadores hacer trabajar á ningún negro esclavo más de 45 horas por semana! Pero lejos de arrepentirse, emprendió el capital entonces una ruidosa y prolongada agitación. Ésta giró principalmente sobre la edad de las personas que, bajo el nombre de niños, estaban limitadas á 8 horas de trabajo y sometidas á cierta asistencia obligatoria á la escuela. Según la antropología capitalista, la niñez terminaba á los 10 años ó, á lo sumo, á los 11. Cuanto más se aproximaba el plazo del cumplimiento completo de la ley sobre las fábricas, el funesto año 1836, tanto más violento fué el tumulto de los fabricantes. Y consiguieron en realidad intimidar al Gobierno, hasta tal punto, que éste propuso en 1835 bajar el término de la niñez de 13 á 12 años.
Entre tanto, crecía amenazadora la pressure from without. Á la Cámara Baja le faltó valor. Se negó á arrojar muchachos de 13 años bajo las ruedas del Juggernaut del capital por más de 8 horas al día, y la ley de 1833 entró en pleno vigor. No sufrió cambio alguno hasta junio de 1844.
Durante el decenio en que ella reguló, primero en parte y después totalmente, el trabajo fabril, los informes oficiales de los inspectores de fábricas aparecen llenos de quejas sobre la imposibilidad de su ejecución. Como la ley de 1833 permitía á los señores del capital, durante las 15 horas que median entre las cinco y media de la mañana y las ocho y media de la noche, hacer empezar, interrumpir ó terminar á su gusto el trabajo de 10 y 8 horas, respectivamente, de los jóvenes y de los niños, y también dar á las diferentes personas diversas horas para comer, pronto los señores inventaron un nuevo relaissystem, en que no se cambia los caballos de trabajo en determinadas estaciones, sino que los mismos son vueltos á atar en estaciones diferentes. No nos detenemos más sobre las bellezas de este sistema, porque después tendremos que volver sobre él. Pero á primera vista se comprende que anuló por completo la ley sobre las fábricas, no sólo en su espíritu, sino también en su letra. ¿Cómo podían los inspectores imponer el tiempo de trabajo determinado por la ley, y la observancia de las horas fijadas por la ley para las comidas, si se llevaba una complicada cuenta aparte para cada niño y cada joven? En una gran parte de las fábricas volvieron pronto á florecer impunemente los brutales excesos de otros tiempos. En una conferencia con el Ministro del Interior (1844), los inspectores de fábricas demostraron la imposibilidad de toda vigilancia bajo el sistema de<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|237}}</noinclude>relevos recientemente inventado<ref></ref>. Entre tanto, las circunstancias habían cambiado mucho. Sobre todo, á partir de 1838, los trabajadores de las fábricas habían hecho de la ley de las diez horas su bandera electoral económica, como de la Carta su bandera política. Una parte de los mismos fabricantes, que había arreglado el movimiento de sus fábricas según la ley de 1833, dirigió al Parlamento una serie de memoriales sobre la inmoral «competencia» de los «falsos hermanos», cuya mayor insolencia ó más felices circunstancias locales permitían la infracción de la ley. Además, aunque aisladamente los fabricantes quisieran dar rienda suelta á su antigua rapacidad, los oradores y directores políticos de su clase guardaron una nueva actitud y un nuevo lenguaje respecto de los trabajadores. Habían abierto su campaña por la abolición de las leyes sobre los cereales, ¡y necesitaban la ayuda de los trabajadores para triunfar! Prometían, pues, no sólo mucho pan, sino también la aceptación de la ley de las diez horas en la edad de oro del Free Trade<ref></ref>. Tanto menos podían combatir una medida que sólo debía llevar la ley de 1833 al terreno de la verdad. Amenazados en su más santo interés, la renta de la tierra, tronaron finalmente los torys, en un arrebato filantrópico, contra las «infames prácticas» 3 de sus enemigos.
3 Tal fué el origen de la ley complementaria sobre las fábricas del 7 de junio de 1844. Empezó á regir el 10 de septiembre de 1844. Incluye una nueva categoría de trabajadores entre los protegidos: las mujeres mayores de 18 años. Eran equiparadas en todos los respectos á las personas jóvenes, su tiempo de trabajo limitado á 12 horas, prohibido para ellas el trabajo nocturno, etc. Por primera vez vióse obligada la legislación á inspeccionar directa y oficialmente el trabajo de los adultos. El informe sobre las fábricas de 1844-45 dice irónicamente: «No conocemos un solo caso de mujeres adultas que se hayan quejado contra este ataque á sus derechos.» El trabajo de los niños menores de 13 años fué reducido á {{frac|6|1|2}} y, en ciertas condiciones, á 7 horas diarias<ref></ref>.
A Para evitar los abusos del falso «sistema de relevos», la ley contenía las importantes determinaciones de detalle siguientes: «Para los niños y los jóvenes la jornada empieza á contarse desde el momento en que cualquier niño ó persona joven empiece por la mañana á trabajar en la fábrica.» De modo que si A empieza á trabajar, por Rep. of Insp. of Fact. 31st Oct. 1849, pág.<ref></ref>.
2 Rep. of Insp. of Fact. 31st Oct. 1848, pág. 98.
3 Leonardo Horner usa, por su parte, oficialmente la expresión nefarious practices. (Rep. of Insp. of Fact. 31st Oct. 1859, pág. 7.) 4
Rep. etc. for 30th Sept. 1844, pág. 15.
La ley permite emplear niños durante 10 horas cuando no trabajan un día tras otro, sino un día sí y otro no. En general, esa cláusula quedó sin efecto.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|238|CARLOS MARX|}}</noinclude>ejemplo, á las ocho de la mañana y B á las diez, la jornada tiene acabar, sin embargo, para B á la misma hora que para A. El princique pio de la jornada debe ser indicado por un reloj público, por ejemplo, el más próximo reloj de ferrocarril, por el cual debe arreglarse la campana de la fábrica. El fabricante tiene que fijar en la fábrica, impreso en grandes caracteres, un anuncio indicando el principio, el fin y las pausas de la jornada. Los niños que empiecen su trabajo de la mañana antes de las doce, no pueden ser empleados de nuevo después de la una de la tarde. Los niños de la tanda de la tarde tienen, pues, que ser distintos de los de la tanda de la mañana. La {{frac|1|1|2}} hora para comer tiene que ser en los mismos períodos del día para todos los trabajadores protegidos, y por lo menos una hora antes de las tres de la tarde. Los niños ó los jóvenes no pueden ser empleados más de cinco horas antes de la una de la tarde, sin una pausa de media hora por lo menos para comer. Durante la hora de las comidas, los niños, los jóvenes ni las mujeres no pueden permanecer en ningún local de la fábrica donde tenga lugar algún proceso de trabajo, etcétera.
Como se ha visto, estas minuciosas disposiciones, que de un modo tan militarmente uniforme reglamentan á son de campana las horas, los límites y las pausas del trabajo, no fueron absolutamente producidas por la fantasía parlamentaria. Ellas nacieron gradualmente de las circunstancias, como leyes naturales del modo moderno de producción. Fueron formuladas, oficialmente reconocidas y proclamadas por el Estado después de una prolongada lucha de clases. Una de sus consecuencias inmediatas fué que la práctica impuso los mismos límites para la jornada de los obreros varones adultos de las fábricas, porque en la mayor parte de las operaciones de la producción era indispensable la cooperación de niños, jóvenes y mujeres. La jornada de 12 horas fué, pues, general y uniformemente reconocida durante el período de 1844-47 en todas las ramas de la Industria sometidas á la legislación sobre fábricas.
Los fabricantes no permitieron, sin embargo, este «progreso» sin un «retroceso» que lo compensara. Á instancias suyas redujo la Cámara de los Comunes de 9 á 8 años la edad mínima de los niños podían ser puestos á trabajar, para asegurar al capital la «provisión que adicional de niños de fábrica» que le corresponde de derecho y por gracia divina<ref></ref>.
Los años 1846-47 hacen época en la historia económica de Inglaterra. ¡Abrogación de las leyes de cereales, importación libre del al1 «Como una reducción de sus horas de trabajo haría que se empleara mayor número (de niños), se pensó que la oferta adicional de niños de 8 á 9 años de edad compensaría el aumento de la demanda.» ({{asc|L}}. c., pág. 13.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|239}}</noinclude>godón y de otras materias primas, el libre cambio como guía de la legislación! En una palabra, principiaba el reino milenario. Por otra parte, el movimiento cartista y la agitación por las diez horas llegaron en esos años á su máximo. Encontraron aliados en los torys, sedientos de venganza.
Á pesar de la fanática oposición de los librecambistas, que, con Bright y Cobden á la cabeza, faltaron á su palabra, el Parlamento pasó la tan largo tiempo solicitada ley de las diez horas.
La nueva ley sobre las fábricas del 8 de junio de 1847 establecía que el 1.º de julio de 1847 se introduciría un acortamiento provisional á 11 horas de la jornada de trabajo para los jóvenes (de 13 á 18 años) y todas las trabajadoras; pero que el 1.º de mayo de 1848 entraría en vigor definitivamente la limitación á 10 horas. Por lo demás, la ley no era más que una enmienda de las leyes de 1833 y 1844.
El capital emprendió una campaña provisional para impedir el 1." de mayo de 1848 la completa ejecución de la ley. Y los trabajadores mismos hubieron de ser, aparentemente aleccionados por la experiencia, los que ayudaran á la destrucción de su propia obra. El momento fué elegido con habilidad. «Hay que recordar que, á consecuencia de la terrible crisis de 1846-47, reinaba una gran miseria entre los trabajadores de la Industria, pues muchas fábricas no habían trabajado sino corto tiempo y otras habían estado completamente paradas. Una considerable parte de los trabajadores se encontraba, por lo tanto, en la situación más difícil, y muchos endeudados.
Podía, pues, suponerse con cierta seguridad que ellos preferirían la jornada más larga para cubrir las pérdidas pasadas, quizá para pagar deudas, ó sacar sus muebles del Montepio, ó reemplazar objetos vendidos, ó comprar vestidos nuevos para ellos y sus familias.» 1 Los señores fabricantes trataron de aumentar el efecto natural de esas circunstancias por medio de una rebaja general de 10 por 100 en los salarios. Esta fué, por decirlo así, la ceremonia inaugural de la nueva era del libre cambio. Después vino una nueva rebaja de 81, por 100, cuando la jornada se limitó á 11 horas, y del doble cuando quedó definitivamente fijada en 10 horas. Doquiera las circunstancias lo permitieron, hubo una reducción por lo menos de un 25 por 100 en los salarios<ref></ref>. En medio de tantas probabilidades favorables, se principió la agitación entre los trabajadores para la revocación de la ley de 1847. Se recurrió á la mentira, al soborno, á la amenaza, pero Rep. of Insp. of Fact. 31st Oct. 1848, pág. 16.
2 «Encontré que á personas que habían recibido 10 chelines por semana se les quitaba 1 chelín por la baja general de 10 por 100 de los salarios, y además 1 chelín y 6 peniques por el acortamiento de la jornada, en total 2 chelines y 6 peniques, y á pesar de todo la mayoría estaba firme por la ley de las diez horas.» ({{asc|L}}. c.)<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|240|CARLOS MARX|}}</noinclude>todo fué inútil. De la media docena de peticiones, en que los trabajadores tuvieron que quejarse sobre «su opresión por la ley», declararon verbalmente los mismos peticionarios que sus firmas habían sido forzadas. «Que eran oprimidos, pero no por la ley sobre las fábricas.» Pero si los fabricantes no consiguieron hacer decir á los trabajadores lo que ellos querían, tanto más alto gritaron en la Prensa y en el Parlamento en nombre de los trabajadores. Acusaron á los inspectores de fábricas de ser una especie de delegados de la Convención, que sacrificaban sin misericordia á los desgraciados trabajadores á sus fantasías de mejorar el mundo. Pero esta maniobra también falló. En las fábricas del Lancashire, el inspector Leonardo Horner recogió personalmente ó por medio de sus subinspectores numerosas declaraciones verbales. Sobre poco más ó menos, el 70 por 100 de los obreros declarantes se manifestaron por las 10 horas; una proporción mucho menor, por 11, y una insignificante minoría por las antiguas 12 horas<ref></ref>.
Otra «amistosa» maniobra consistió en hacer trabajar 12 á 15 horas á los trabajadores varones adultos, y presentar después ese hecho como la mejor expresión del íntimo deseo de los proletarios. Pero el inexorable» inspector de fábricas Leonardo Horner estaba siempre allí. La mayor parte de los que trabajaban horas en exceso declararon «que ellos preferirían mucho trabajar 10 horas por un salario menor, pero que no podían elegir; tantos de ellos estaban sin trabajo, tantos hiladores se veían obligados á trabajar como simples anudadores quecers); que si se negaban á la jornada más larga, otros ocuparían en seguida su lugar; de modo que la cuestión para ellos era esta: trabajar el exceso de tiempo ó quedarse en la calle»<ref></ref>.
La campaña provisional del capital había fracasado, y la ley de las diez horas entró en vigor el 1.º de mayo de 1848. Pero entre tanto el fiasco del partido cartista, cuyos directores estaban encarcelados y la organización destruída, habia conmovido la confianza de la clase trabajadora inglesa en sus propias fuerzas. Poco después, en Inglaterra como en el continente europeo, la revolución de junio en París, y su sangrienta sofocación, unió á todas las fracciones de las clases !«Al firmar la petición declaré que hacía algo malo.—Entonces ¿por qué ha firmado usted? Porque en caso de negarme, me hubieran echado á la calle.—El peticionario se sentía, en realidad, «oprimido», pero no precisamente por la ley sobre las fábricas.» ({{asc|L}}. c., pág. 102.) 2 {{asc|L}}. c., pág. 17. En el distrito del Sr. Horner fueron oídos así 10.270 trabajadores varones adultos en 181 fábricas. Sus declaraciones están en el apéndice del informe sobre fábricas correspondiente al semestre que termina en octubre de 1848.
Estos testimonios ofrecen también material de valor desde otros puntos de vista.
3 {{asc|L}}. c. Véase las declaraciones núms. 69, 70, 71, 72, 92 y 93, recogidas por el mismo Leonardo Horner, y las núms. 51, 52, 58, 59, 62 y 70 del apéndice, tomadas por el subinspector A. Un fabricante dijo también la verdad. Véase el núm. 14 después del núm. 265,<ref></ref>. c.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|241}}</noinclude>dominantes, señores territoriales y capitalistas, bolsistas y pequeños comerciantes, proteccionistas y librecambistas, gobierno oposición, curas y libre pensadores, jóvenes prostitutas y viejas monjas, ¡al grito común de salvación de la propiedad, de la religión, de la familia, de la sociedad! La clase trabajadora fué proscrita en todas partes, sometida á la loi des suspects. Los señores fabricantes no tuvieron, pues, por qué incomodarse más. Se declararon en abierta rebeldía, no sólo contra la ley de las diez horas, sino contra toda la legislación que desde 1833 había tratado de limitar en cierta medida la «libre» explotación de la fuerza de trabajo. Fué una Proslavery Rebellion en miniatura, sostenida durante más de dos años con una cínica falta de consideración, con una energía terrorífica, ambas tanto más fáciles cuanto que el capitalista rebelde no arriesgaba nada, excepto el pellejo de sus obreros.
Para comprender lo que sigue hay que recordar que las leyes sobre las fábricas de 1833, 1844 y 1847 estaban las tres en vigor, en tanto que la una no enmendaba la otra; que ninguna de ellas limitaba la jornada del trabajador varón de más de 18 años, y que desde 1833 el período de 15 horas que media entre las cinco y media de la mañana y las ocho y media de la noche era el «día» legal dentro del cual debía ejecutarse, en las condiciones prescritas, el trabajo de 12 horas, y más tarde de 10, de las mujeres y personas jóvenes.
Los fabricantes empezaron despidiendo una parte, muchas veces la mitad, de las mujeres y personas jóvenes que ocupaban, y restableciendo para los obreros varones adultos el trabajo nocturno, que casi ya no se practicaba. ¡La ley de las diez horas, decían ellos, no les dejaba otra alternativa! 1 El segundo paso se refirió á las pausas legales para las comidas.
Oigamos á los inspectores de fábricas. «Desde que se ha limitado á 10 las horas de trabajo, los fabricantes afirman, aunque no llegan en la práctica hasta las últimas consecuencias de su modo de ver, que si, por ejemplo, se trabaja desde las nueve de la mañana hasta las siete de la tarde, ellos satisfacen los preceptos legales dando una hora para comer antes de las nueve de la mañana y media hora después de las siete de la tarde, es decir, {{frac|1|1|2}} hora. En algunos casos conceden ahora media hora ó una hora entera para comer á mediodía; pero al propio tiempo sostienen que no están absolutamente obligados á intercalar parte alguna de esa {{frac|1|1|2}} hora en el curso de la jornada de 10 horas de trabajo.» 2 Los señores fabricantes afirmaban, pues, que las prescripciones minuciosamente exactas de la ley de 1844 sobre las 1
Reports etc. for 31st Oct. 1848, págs. 133-134.
Reports etc. for 30th April 1848, pág. 47.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|242|CARLOS MARX|}}</noinclude>comidas autorizaban simplemente á los trabajadores á comer y beber antes de entrar en la fábrica y después de salir de ella, es decir, ¡en su casa! ¿Y por qué no habían de tomar los obreros antes de las nueve de la mañana su comida de mediodía? Sin embargo, los jurisconsultos de la Corona decidieron que las horas prescritas para comer <tienen que ser pausas durante la jornada real de trabajo, y que es ilegal hacer trabajar sin interrupción 10 horas seguidas, de nueve de la mañana á siete de la noche»<ref></ref>.
Después de estas cariñosas demostraciones, el capital principió su rebelión dando un paso que correspondía á la letra de la ley de 1844, y que, por lo tanto, era legal.
Es cierto que la ley de 1844 prohibía volver á ocupar después de la una del día á los niños de 8 á 13 años que hubieran trabajado antes de las doce. ¡Pero ella no reglamentaba en manera alguna las {{frac|6|1|2}}
horas de trabajo de los niños cuyo tiempo de trabajo principiaba á las doce ó más tarde! Cuando principiaban á trabajar á las doce, los niños de 8 años podían, pues, ser empleados de doce á una, 1 hora; de dos á cuatro de la tarde, 2 horas, y de cinco á ocho y media de la noche, {{frac|3|1|2}} horas; ¡en total, las {{frac|6|1|2}} horas fijadas por la ley! Ó aun mejor. Para adaptar su empleo al trabajo de los obreros varones adultos hasta las ocho y media de la noche, bastaba á los fabricantes no darles trabajo alguno antes de las dos de la tarde, ¡y podían entonces tenerlos en la fábrica hasta las ocho y media de la noche sin interrupción. «Hoy se confiesa abiertamente que, á consecuencia del ansia de los fabricantes por hacer andar su maquinaria más de 10 horas, se ha introducido últimamente en Inglaterra la práctica de hacer trabajar niños de uno ú otro sexo de 8 á 13 años hasta las ocho y media de la noche, con los hombres adultos solos y después que las mujeres y las personas jóvenes se han ido de la fábrica.» 2 Los trabajadores y los inspectores de fábricas protestaron en nombre de la higiene y de la moral. Pero el capital respondió: ¡Mi cabeza responda de mis actos! ¡Exijo mi derecho! ¡El rescate que estipula el pagaré! En realidad, á pesar de todas las protestas, el 15 de julio de 1850 había en 275 fábricas 3.742 niños sometidos á esa «práctica», según el informe estadístico presentado á la Cámara de los Comunes el 26 de julio de 1850<ref></ref>. ¡Pero aun más! El ojo de lince del capital descubrió que la ley de 1844 no permite hacer trabajar á los niños cinco horas seguidas por la mañana sin pausas de 30 minutos, por lo menos, para el descanso; pero que no prescribe nada semejante para el 2
Reports etc. for 31st Oct. 1848, pág. 130.
Reports etc.,<ref></ref>. c., pág. 42.
3 Reports etc. for 31st Oct. 1850, págs. 5-6.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|243}}</noinclude>trabajo de la tarde. Exigió y obtuvo, pues, la satisfacción, no sólo de hacer trabajar, ¡sino también de hacer sufrir hambre desde las dos de la tarde hasta las ocho y media á niños de 8 años! Si, el pecho; ¡Así dice el pagaré!! Al agarrarse, como Shylock, á la letra de la ley de 1844, en cuanto ella regulaba el trabajo de los niños, los fabricantes no hacían más que preparar la abierta rebeldía contra la misma ley, en cuanto regulaba el trabajo de las «personas jóvenes y de las mujeres». Recuérdese que el objeto y el contenido principales de esa ley había sido la abolición del «falso sistema de relevos». Los fabricantes iniciaron la rebelión declarando simplemente que las secciones de la ley de 1844, que prohibían el usufructo discrecional de las mujeres y personas jóvenes en porciones cortas de la jornada fabril de 15 horas, «habían sido comparativamente inofensivas mientras se limitaba á 12 horas el tiempo de trabajo. Bajo la ley de las diez horas eran, en cambio, una insoportable opresión (hard-ship).» Por lo tanto, ellos anunciaron con toda frialdad á los inspectores que se pondrían por encima de la letra de la ley y reintroducirían por su propia cuenta el antiguo sistema<ref></ref>. Lo harían por el interés de los mismos mal aconsejados obreros, «para poder pagarles salarios más altos». «Bajo la ley de las diez horas, ese era el único plan posible para conservar la supremacía industrial de la Gran Bretaña.» «Puede ser algo difícil descubrir las irregularidades bajo el sistema de los relevos; ¿pero qué hay con eso? (what of that?). ¿Se puede tratar como una cosa secundaria los grandes intereses fabriles de este país, por evitar un poquito de molestia (some little trouble) á los inspectores y subinspectores de fábricas?» 5 Naturalmente, todos esos cuentos no sirvieron para nada. Los inspectores de fábricas procedieron judicialmente. Pero pronto fué La naturaleza del capital es la misma en sus formas desarrolladas que en sus formas incompletas. El Código que, poco tiempo antes de estallar la guerra civil americana, la influencia de los esclavistas impuso en el territorio de Nuevo Méjico, dice: El trabajador, en tanto que el capitalista ha comprado su fuerza de trabajo, es su (del capitalista) dinero». (The labourer is his (the capitalist's) money.) El mismo modo de ver era corriente entre los patricios romanos. El dinero que habían adelantado al deudor plebeyo se transformaba, por intermedio de los medios de subsistencia, en carne y sangre del deudor. Esta «carne y sangre» era, por lo tanto, su dinero». ¡De ahí la ley de Shylock de las Doce Tablas! La hipótesis de Linguet de que los acreedores patricios celebraban de cuando en cuando, al otro lado del Tiber, banquetes de carne de deudores, queda asimismo indecisa, como la de Daumer sobre la cena cristiana.
2 Reports etc. for 30th Apr. 1848, pág. 28.
3 Entre otros, el filántropo Ashworth en una carta repulsivamente cuáquera á Leonardo Horner. (Rep. Apr. 1849, pág. 4.)
{{asc|L}}. c., pág. 134.
{{asc|L}}. c., pág. 140.<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|244|CARLOS MARX|}}</noinclude>tal la nube de peticiones de los fabricantes al Ministro del Interior, Sir George Grey, que en una circular del 5 de agosto de 1848 él indicó á los inspectores, «en general, no intervenir por lesión á la letra de la ley mientras no hubiera un abuso probado del sistema de los relevos para hacer trabajar á mujeres y personas jóvenes más de 10 horas». Entonces el inspector de fábricas J. Stuart permitió el llamado sistema de relevos durante las 15 horas del día fabril en toda Escocia, donde pronto floreció de nuevo como antes. Los inspectores de las fábricas inglesas declararon, por el contrario, que el Ministro no tenía el poder dictatorial de suspender las leyes, y continuaron procediendo ante la justicia contra los rebeldes proslavery.
¿Pero para qué citarlos ante la justicia, si los magistrados, los connty magistrates 1, los absolvían? En esos tribunales los señores fabricantes se hacían justicia á sí mismos. Un ejemplo. Un tal Eskrigge, hilador de algodón, de la razón social Kershaw, Leese & Co., había presentado al inspector de fábricas de su distrito el esquema de un sistema de relevos preparado para su fábrica. Despedido con una negativa, no hizo nada por el momento. Pocos meses después, un individuo llamado Robinson, también hilador, y si no el Freitag, en todo caso pariente de Eskrigge, comparecía en Stockport ante los Borough Justices, por haber introducido el mismo sistema de relevos inventado por Eskrigge. Los jueces eran cuatro, de los cuales tres hiladores, y á su cabeza el inevitable Eşkrigge en persona. Eskrigge absolvió á Robinson, y declaró que lo que era justo para Robinson era conveniente para Eskrigge. Apoyándose en su propia decisión, que tenía fuerza de ley, introdujo en seguida el sistema en su propia fábrica<ref></ref>. Por supuesto, que la composición de este tribunal era ya una flagrante violación de la ley<ref></ref>. «Esta clase de farsas judiciales», gritó el inspector Howell, «claman por un remedio.....
Adáptese la ley á estos fallos, ó hágasela administrar por un tribunal menos falible, que adapte sus decisiones á la ley..... en todos estos casos. ¡Cuánto sería de desear un juez pagado!» 4
Los jurisconsultos de la Corona declararon absurda la interpretación de la ley de 1848 por los fabricantes; pero los salvadores de la Estos connty magistrates, los great unpaid, como los llama W. Cobbett, son una especie de jueces de paz sin sueldo, tomados de entre los notables del condado.
Ellos constituyen, en realidad, los tribunales patrimoniales de las clases dominantes.
2 Reports etc. for 30th April 1849, págs. 21-22. Véase ejemplos semejantes, ibid., págs. 4-5.
Por los arts. 1.0 y 2.0, Iv, c. 24, pág. 10, de la ley conocida por ley sobre fåbricas de Sir John Hobhouse, se prohibe que en las cuestiones relativas á dicha ley funcionen como jueces de paz los propietarios de hilanderías y fábricas de tejidos, ó el padre, el hijo ó el hermano de uno de esos propietarios.
* {{asc|L}}. c.<noinclude></noinclude>
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Página:A la nación alemana (18-01-1870), Emilio Castelar.pdf/2
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" /></noinclude>quien pese, porque no pueden las fuerzas más avasalladoras é incontrastables superar ni torcer la corriente de una revolucion necesaria.
En España no ha caido una dinastía, ha caido un trono. La causa de la libertad, y lo que es más todavía, la causa de la independencia nacional, están definitivamente unidas á la República. El rey que nos traigan nuestros reaccionarios, rey cuyo solo anuncio ha costado ya cien batallas, será una creacion raquítica de la intriga, de la cíbala, y se diferenciará de las grandes soluciones políticas, tanto como puede un sér abortivo, artificial, diferenciarse de aquellos séres forjados en el grande horno y á la alta temperatura del universo.
El partido republicano ha dejado escritas en la cima de la tribuna española sus fórmulas supremas. Como la sociedad moderna ha de ser enteramente humana, lo primero que hemos afirmado es que las facultades esenciales á nuestra naturaleza y el derecho de estas facultades a su desarrollo completo, es la base fundamental de toda política. Sobre el organismo de nuestro espíritu no reconocemos al Estado ninguna jurisdiccion, aunque á formar ese estado hayan contribuido todos los ciudadanos.
Ved ahí el carácter individual de la democracia germánica ó anglo-sajona se refleja en la democracia española. Pero la soberanía del individuo se completa con la soberanía de la nacion. Los dos principios que han parecido antagónicos en el mundo, el principio individualista y el principio social, encuentran su síntesis en esta democracia, que reconoce la competencia y la autoridad de la nacion, pero en todo aquello que no sea el derecho individual, sí, el derecho del hombre al desarrollo y á la plenitud de su vida, para que ninguna de sus facultades se atrofie ó se pierda.
Así es que el organismo predicado por la democracia española en la Asamblea es el más sencillo y el más armónico con la naturaleza humana, base eterna de una sociedad justa. Por los derechos individuales consagramos principalmente el hombre y el libre y completo desarrollo de todas sus facultades y la inviolabilidad de la primera asociacion humana, de la familia. Reconocida la soberanía del hombre, la completamos con la soberanía del ciudadano. La primera entidad social, despues del individuo y de la familia, es el municipio. Sin un municipio autónomo es imposible organizar la democracia, como es imposible fundar la libertad sin un individuo tambien autónomo. La historia de la libertad es la historia del municipio. No son otra cosa las ciudades griegas que cincelaron la forma humana y le infundieron la sangre divina de la inspiración en las venas; no son otra cosa las tribus germánicas que trajeron los gérmenes de la libertad individual y los derramaron por la moderna civilizacion; no son otra cosa los ayuntamientos españoles que educaron una raza de héroes, y las repúblicas italianas, que crearon otra raza de artistas en el caos feudal de la Edad Media. La revolucion francesa fué á dar en la dictadura por no haber sabido producir el municipio.
Es una teoría falsa la que considera todos estos séres sociales como meras agregaciones de individuos. En todos ellos hay una dinámica que los dá fuerza superior á la resultante de la suma de todos sus individuos. En todos ellos hay un espíritu distinto del espíritu individual, ese espíritu en el cual se ha informado el arte de Corinto, de Florencia y de Atenas. Paro esta ley de las agrupaciones sociales no se opone á la ley de los individuos. Es autónomo el municipio, autónomo el canton ó provincia, autónomo el Estado. Y al decir esto, he dicho la teoría de la República federal, de aquella forma de gobierno que realiza la gran ley del universo y del alma, la ley de la unidad en la variedad. Cuando una
gran nacion haya realizado este ideal, cuando todos sus individuos sean ciudadanos, cuando los municipios asocien hombres libres, y los cantones libres municipios, y el Estado cantones autónomos, siendo el poder central emanacion de todos, por todos revocable, amovible y ante todos responda, habrá sonado la hora de que esta nacion poderosa invite á las otras á establecer los Estados-Unidos de Europa, que fundiendo las naciones en el mismo espíritu universal de justicia, y separándolas en sus respectivas autonomías, ha de eclipsar en plazo breve, dada la variedad de nuestras aptitudes y la riqueza de nuestra civilizacion, todos los portentos que ha hecho la democracia en el mundo desde la liga anfictiónica de Grecia hasta los Estados-Unidos de América.
Sólo así podemos realizar los grandes fines de la política moderna, la secularizacion completa del Estado que lo aparte de toda la alianza con las diversas iglesias; la trasformacion de los ejércitos permanentes en milicias nacionales destinadas á sostener la seguridad interior y la independencia de cada estado en su respectiva autonomía; la conclusion de la guerra, ese azote herencia tristísima de los tiempos bárbaros; la descentralizacion política y administrativa que ha de reintegrar las entidades sociales en su naturaleza; la confederacion de Europa, á fin de que la libertad de cada uno de sus pueblos sea la libertad de todos, y el derecho y la justicia sustituya á la tradicion y á la fuerza. Con tal organismo son las monarquías incompatibles, por que todo rey necesita la irresponsabilidad para sí, el privilegio de casta para trasmitir el poder á sus herederos, la aristocracia que lo ampare, la iglesia privilegiada que predique á sus vasallos obediencia, el ejército numeroso que lo defienda, la burocracia y la centralizacion que lleven á todas partes la sombra letal de su autoridad radicalmente contraria a la justicia y sus privilegios subversivos de los derechos congénitos á toda democracia.
El sistema político sostenido por la democracia moderna, una en todos los países, debe llamarse la verdadera mecánica social. Mediante su admirable ponderacion, cada uno de los séres sociales entra en su verdadero centro de gravedad, recorre su órbita propia, sin perturbar ninguna parte del organismo social, y gravitan lo todos en torno del principio primero de justicia. Las federaciones pueden comenzar por las nacionalidades dentro de sí, seguir por las razas, continuar por los continentes, y concluir formando de toda la tierra una sola nación, y de toda la humanidad una sola familia. No habrá señores ni esclavos, no habrá nobles ni plebeyos, no habrá extranjeros ni enemigos, no habrá tronos ni cadalsos, no habrá reyes ni verdugos.
El primer pueblo que realice este ideal redimirá á todos los demás pueblos. La historia europea muestra que las naciones son solidarias. Despues de habernos desgarrado en sangrientas guerras, hemos venido á sentir que todos éramos hermanos, y que todos habiamos trabajado en la misma obra. Sin conocerse, sin comunicarse, las mismas ideas se han apoderado á una misma hora del alma de las diversas naciones. Cuando el judío aguardaba un Redentor, lo aguardaba el griego sobre sus ruinas, lo aguardaba el egipcio, lo aguardaba el romano, á pesar de hallarse á la cabeza del mundo. Cristo no fué más que el foco donde se reunieron los rayos luminosos de todas las esperanzas humanas.
Cuando llegó la hora de las grandes emigraciones oyó el germano del Rhin, el godo del Danubio, desde el hunno hasta el tártaro, en sus
selvas, en sus desiertos, una voz que los llamaba á todos á renovar con su pura sangre y con su libertad las venas cancerosas del cesarismo romano. La caida del imperio de Cárlo-Magno resonó en toda Europa. Los reyes y los señores feudales nacieron luchando. Un mismo terror sobrecogia en el siglo X al soldado que iba por las
montañas españolas contra Almanzor; al normando que veia el lecho de sus reyes profanado por el diablo, y al monge italiano que aguardaba de rodillas la hora del último juicio. Y así en todo tiempo. A pocos años de distancia se encuentra la brújula y la pólvora. La segunda mitad del siglo XV comienza con el descubrimiento de la imprenta y concluye con el descubrimiento
de América. Colon y Gutemberg son dos espíritus gemelos. A una hora, se constituyen las grandes monarquías en Austria, en España, en Francia, en Inglaterra. A una hora, estas monarquías preparan la revolucion secularizándose. Federico de Prusia, Catalina de Rusia, Cárlos III de España, José II de Austria, Choisseul de Francia, son las facetas de un mismo espíritu, los matices de una misma luz, son la filosofía en el trono.
Pues si esto ha sucedido cuando los pueblos se hallaban aislados, cuando no tenian ni comunidad de ideas, ni comunidad de intereses, ¿qué no sucederá en este nuestro tiempo, en que los pueblos se reconocen como hermanos y la nocion del derecho se impone con fuerza igual a todos las conciencias?
Un pueblo que realice el ideal republicano, arrastrará en pos de sí todos los pueblos. La idea nueva concluirá por ser el ideal de la humanidad, la atmósfera de la conciencia. Cuando un nuevo sistema político ha de triunfar, los hechos se plantean de suerte que todos los problemas reciban su solucion de ese nuevo sistema. La antigua monarquía hizo indispensable la convocacion de los Estados generales. El rey no podia vivir más tiempo sin contar con la nacion. Y la nacion no podia comenzar por ir al Parlamento sin concluir por levantarse á la soberanía. De aquí la Revolucion francesa.
Pues hoy todos los hechos plantean la República federal con una fuerza incontrastable. Los poderes más incontrastables han pedido su legitimidad al sufragio universal. Pues el sufragio universal necesita la República, como el espíritu necesita el cuerpo, y como los cuerpos necesitan el espacio. Las ciencias han proclamado la inviolabilidad del pensamiento humano, la libertad de la razon como único criterio de la verdad Esto ha sido consagrar el derecho individual. Y el derecho individual no puede existir fuera de la República. En política ha pasado á ser axiomática la soberanía del pueblo. Y la soberanía del pueblo no se puede organizar permanentemente fuera de la República. En religion, el Estado cada dia se declara más incompetente para entender de dogmas, y los dogmas y las creencias se desligan cada dia más de la tutela del Estado. Este movimiento trae consigo la separacion necesaria entre la Iglesia y el Estado.
Pero la Iglesia y el Estaño no se apartarán si no se comienza por establecer la República; porque sólo ella puede contener el dogma de la inviolabilidad de la conciencia humana. La guerra ha llegado á ser imposible, porque el género humano le ha opuesto el veto de su autoridad. Los ejércitos, organizados como hoy se encuentran, son de todo punto incompatibles con la libertad. Pues bien, no pueden organizarse popularmente los ejércitos, no pueden concluirse la oligarquía militar, sino con la República. La industria pide la abolicion de las aduanas; el vapor borra las fronteras; el telégrafo hace sentir á un mismo tiempo en todas las naciones los mismos dolores y las mismas esperanzas. Se confunden los pueblos. La confederacion europea es la consecuencia lógica de todos estos adelantos materiales. Pues no puede ser la confederacion europea si no fundamos en cada una de las diversas naciones la República.
Cuando la corriente de los hechos y la corriente de las ideas; cuando la filosofia y la industria; cuando toda la vida humana demanda lógicamente un sistema político, no hay fuerza alguna que contraste este imperativo mandato de la razon universal. Todas las grandes obras humanas que estamos intentando penden de esta solucion. Por la República federal sólamente puede la Confederacion germánica resolver sus antiguos antagonismos, reparar recientes injusticias, unir sus pueblos en una misma pátria, y el alma de sus pueblos en un mismo espíritu. Por la República federal sólamente pueden los pueblos greco-eslavos recobrar el influjo civilizador que les corresponde de derecho en Oriente. Por la República federal puede Italia alcanzar su capitalidad perdida, reanimar sus gloriosas ciudades, y en esas ciudades, antiguos nidos de la inspiracion y del génio, la vida que les ha robado la centralizacion monárquica. Por la República federal puede Francia evitar los dos escollos donde todas sus libertades se han estrellado, los escesos de sus democracias y la propension de sus clases conservadoras á la dictadura. Por la República federal, nosotros, los hijos del estremo Occidente europeo, podemos confederar los dos pueblos ibéricos que llenaron con sus hazañas los fastos de todos los tiempos y los dilatados espacios de todos los mares. La República federal europea es la garantía de la paz entre todos, y el principio de la libertad para todos.
Volved los ojos á la gran República que las razas germánicas han fundado en el paraiso del porvenir, en América. Allí todos los hombres tienen una patria, todas las conciencias un altar; la cabaña del último entre sus ciudadanos es más envidiable que el palacio del primero entre nuestros reyes; los periódicos brotan en los pueblos como las hojas en las selvas; las asociaciones se forman con la regularidad de los organismos en la naturaleza; las iglesias viven por su propio derecho y en completa independencia; cada municipio es un pequeño estado que llama a todos sus miembros á una misma vida política, y los hace á todos legisladores, magistrados, jueces, soberanos; la escuela y la biblioteca, esos dos semilleros de ideas, educan al pueblo para el gobierno y para el jurado; los estados particulares vienen luego á dilatar esta
vida en más anchos espacios y á ofrecer a la autoridad mayor impulso; el gobierno central une los Estados en un Senado y en un Congreso, á cuyo frente está un poder, emanacion del pueblo, y sin embargo, impotente contra la ley, sometido á la justicia, revocable en breve plazo, que no puede perpetuar ningun error, porque nuevas elecciones lo corrigen, lo enmiendan, y de esta suerte, sin reyes, sin ejército, sin clero oficial, sin aristocracia, sin centralizacion, vive un pueblo que ha descubierto el vapor y ha centuplicado las fuerzas humanas, que ha blandido en sus manos el rayo, que ha inventado el telégrafo, que ha derribado con su hacha las selvas antes inesplorables, poblandolas de ciudades improvisadas; que une al Pacífico y el Atlántico, los dos mares, los ventrículos del corazon de la tierra, por una línea férrea verdaderamente milagrosa; que allá en los mudos abismos, en el silencio, en la eterna oscuridad de las aguas, suspende un cable, por cuyas filas corren las chispas del rayo, y en las chispas la palabra humana; poema gigantesco que está ahí, en el Nuevo Mundo, como una Biblia viviente, para que los pueblos conozcan las fuerzas creadoras que hay encerradas en la libertad y en la democracia.
¿Qué no podríamos hacer nosotros, los europeos, con nuestras artes, con nuestra cultura, con esta civilizacion capaz de unir á la energía y al trabajo de los sajones, el arte, la delicadeza de la antigua Grecia? Todas las diversas aptitudes de nuestras razas se unirian completamente en una vida superior. Vosotros los germanos habeis traido al mundo los elementos individualistas, la tribu, el feudalismo, la reforma, la moderna filosofía que ha consagrado la personalidad; nosotros, los latinos, hemos traido las ideas de ciudad, las ideas de colectividad, el imperio, el catolicismo, la moderna Revolucion francesa, que ha consagrado el principio de la soberanía de los pueblos.
Estas dos ideas, que han parecido antagónicas, creando de un lado el soberbio aislamiento de Inglaterra y de otro lado el absorbente Cesariamo de Francia, podrian, perdiendo cuanto tienen de esclusivas, armonizarse en la confederacion europea. ¿Dónde habria política tan universal, tan humana, como en una confederacion europea? ¿Dónde habría libertad tan individual como en una República que comenzara por proclamar la autonomía del hombre y el respeto profundo al desarrollo de todas sus facultades? Hé aquí, amigos mios, nuestro ideal.
La nacion española tiene para realizarlo especialísimas aptitudes. Su mismo atraso industrial hace de esta tierra, donde los intereses conservadores no son tan fuertes como en el resto de Europa, la tierra de los grandes ensayos sociales. De aquí partió, á principios del siglo, el grito que despertó á las nacionalidades. Tambien de aquí puede partir el ejemplo que las invite á unirse en la confederacion del derecho. Las perturbaciones contínuas que agitan esta pátria son los dolores, las fatigas de este trabajo, que, como todo trabajo redentor, no puede cumplirse sin provocar copiosos sudores de sangre. Para ayudarla en esta obra, sólo tengo mi palabra, mi pluma y mi vida; todas las he consagrado á la confederacion republicana de Europa. Vosotros los alemanes habeis dado el pensamiento; que nosotros los españoles demos la accion, y habrá comenzado una nueva série de instituciones en el progreso humano y una nueva edad en la historia.
Vuestro siempre,
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Correspondencia a la nación alemana (18-01-1870). Artículo de Emilio Castelar
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{{Encabezado
|título=Correspondencia a la nación alemana
|autor=Emilio Castelar
|año=18 de enero de 1870
|nota= Publicado el 18 de enero de 1870 en el periódico ''La Igualdad''. Originalmente en el periódico vienés ''Neue Freie Presse.}}
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP||LA PROPAGANDA LITERARIA.|113}}</noinclude>{{altura|10em}}
{{t3|QUINTA PARTE.}}
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Llegamos en esta narracion, ya larga, al fin de la vida de Lord Byron, vida breve como una tempestad. Era imposible que habitára en su pátria. Comenzó, pues, una peregrinacion, al acaso, como siguiendo el vuelo de su pensamiento y de su deseo. Artista, los climas del Mediodía eran los naturales climas de su alma. Allí, en la trasparencia del aire, en la brillantez del sol, en los aromas de las flores, en las exaltadas pasiones, encontraba satisfaccion al vivísimo deseo de realizar la poesía en la vida, ó exaltar la vida hasta la poesía. Emprendió su camino desde Inglaterra á Bélgica y de Bélgica á Italia. Su primera visita fué al campo de Waterloo, triste y vulgar cuadro donde fué á quebrarse el cetro de hierro forjado por Napoleon I con las balas caidas á sus piés y estrelladas en su génio. Natu-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP|114|VIDA DE LORD BYRON.|}}</noinclude>ralmente, lo grande cautivaba siempre á Byron: las grandes bellezas, las grandes ideas, las grandes pasiones y los grandes crímenes. Su génio, original por excelencia, se rebelaba contra todo lo vulgar. Las costumbres consagradas, las leyes sociales imperiosas, le molestaban como á un náufrago las corrientes y las olas. Si hubiera podido, arrancára su cuerpo á las leyes de la gravitacion física y su alma á las leyes de la gravitacion social. Y en esta lucha con fuerzas tan poderosas y tan necesarias, destrozaba alma y cuerpo, bebiendo á grandes tragos el licor de los sueños eternos, el licor de la muerte.
Naturalmente, debia exaltarle ver el campo donde el génio que desde la cuna velada por la plebeya Letizia Ramolino, se habia elevado al trono de Carlo-Magno, y desde los Alpes habia volado á las Pirámides, y de las Pirámides a las torres de Nuestra Señora, encubriendo el mundo bajo sus alas; ver ese génio extraordinario, que sostenia con sus hercúleas fuerzas una sociedad casi desplomada; verlo perdido entre el polvo y el humo que levantaran las legiones inglesas; verlo estrellando su pujanza, que parecía propia de un Dios, contra la vulgar paciencia de un hombre.
Desde Waterloo, donde todavía estaba fresca la sangre de las derrotas napoleónicas, corrió al Rhin, y por el camino del Rhin entró en Suiza. Esta tierra se halla sembrada por do quier de recuerdos históricos. Los grandes hombres han ido allí á respirar el aire de las montañas y el aire de la libertad. Especialmente las riberas del Leman, donde Byron se fijó algun tiempo, recuerdan los protagonistas del siglo décimo-octavo, de ese siglo cuya filosofía fué una revolu-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP||LA PROPAGANDA LITERARIA.|115}}</noinclude>cion, y cuya revolucion será la clave de toda nuestra filosofía de la historia. Yo he visitado la casa habitada por Byron cerca de Ginebra, como visito siempre, oscuro peregrino de la libertad, los sitios ilustrados por el heroismo y por el génio. Yo he visto á la orilla del lago, en una colina sembrada de viñedo, oculta en el follaje, como nido misterioso, aquella modesta habitacion donde tantas sombras, que llenarán los anales del género humano, se agolparon á su cerebro. En frente, el Jura levanta su cadena de color de violeta por selvas tachonada; desde el pié del Jura hasta el lago, se extienden praderas verdes eternamente, cuya uniformidad cortan los blancos caseríos y los árboles oscuros; en el fondo, la tranquila superficie del lago, repitiendo la claridad del cielo; á un extremo, Ginebra, que alza á los aires sus techos de pizarra, y al otro extremo, las pintorescas poblaciones del canton de Vaud; por la espalda, la inmensa cordillera de los Alpes, envuelta, como un ejército de blancos y caprichosos fantasmas, en sus mantos de nieve, sobre la cual borda la áurea luz todos sus preciosos cambiantes; sitio de delicias, tranquilo como una égloga, y sin embargo, abrupto, sublime, en perfecta consonancia con el espíritu del poeta.
Por aquellas orillas se refugiaron muchos génios que han dejado en la humanidad inextinguibles huellas. Cada piedra habla allí de Rousseau, de ese escritor melancólico y sombrío que prestaba á la realidad sus propias tristezas; de ese profeta elocuentísimo que transformó la realidad con sus esperanzas. Allí Voltaire trabajó largos años, contemplando un pequeño segmento del lago que se descubre entre el<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP|116|VIDA DE LORD BYRON.|}}</noinclude>follaje oscuro y la alta cúspide del Mont-Blanc, que se dibujaba en el celeste horizonte. Por allí concluyó Gibbon su historia de la decadencia de Roma, empezada á la vista de la cima del Imperio y terminada á la vista de las regiones por donde los bárbaros asaltaron al Imperio. Con esta naturaleza, con estos recuerdos, con estos espectáculos, con el trato de Madame Stael, que á la sazon habitaba las orillas del Leman, distrajo Byron un poco sus pesares y olvidó un poco su desagradecida pátria.
Pero al fin Italia era el centro de gravedad de su alma. El camino del Simplon le convidaba á pasar á la tierra de las artes. Lo tomó, y descendió á Lombardía. Por aquél camino debió sentir las grandes inspiraciones de su ''Manfredo'', al estridor de los torrentes despeñados de alturas inconmensurables y quejándose entre las breñas; al grito agudo de las águilas solitarias sobre los desnudos picachos; al fragor de los árboles tronchados por los aludes que bajan rodando estrepitosamente por los desfiladeros y tendiendo sus fragmentos de cristalina nieve como una lluvia de diamantes; al cambio desde las oscuras sombras de los valles por el abismo oculto y perdido á las altas cimas donde parece que la mente conquista lo infinito, y se baña regenerada en la inmensidad, y se comunica estrechamente con el espíritu vivificador de la naturaleza.
En Milan se detuvo algunos dias. Byron compara esta hermosa ciudad italiana con nuestra hermosísima Sevilla, y le dá á Sevilla la preferencia. En la Scala de Milan le vió por primera vez el fino observador, el agudo crítico, el minucioso fisiólogo de la sociedad italiana, el ingenioso Sthen-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP||LA PROPAGANDA LITERARIA.|117}}</noinclude>del, cuya intolerancia con mis convicciones filosóficas y con mi escuela literaria no puede ser parte ó ocultarme su mérito. Dice Sthendel de él, que habiéndole observado en el momento en que escuchaba estático una melodía, descubrió, en la expresion de su rostro, en la anchura de su frente, en los matices de sus ojos, en la elipse de sus lábios, todas las señales del génio. En efecto, el Apolo del Belvedere no lanza sus flechas con tanto ímpetu y tanta majestad como Byron lanzaba la inspiracion, segun el sentir universal, de sus ojos oceánicos.
Pero, al fin, Byron debia fijarse en Venecia. La laguna, el mar, los palacios de mármol, los cuadros de un relieve maravilloso, las góndolas misteriosas, las aventuras nocturnas, los festines, los recuerdos históricos, la poesía en accion, todo se acomodaba, todo, al estado de su ánimo y á la naturaleza de su génio. Aquella ciudad era como la forma exterior de su alma, sublime, romántica; á veces alegre, á veces triste; ya sensual, ya monástica; ni fija en la tierra ni perdida en el cielo; pasando del desórden de la orgía á la desesperacion cercana del suicidio. El alma de un hombre y el alma de una ciudad se encontraban. Los dos padecian. Los dos lloraban. Los dos se hundian en el placer buscando el ingrato olvido. Los dos carecían de pátria. Los dos dudaban de la justicia de Dios y maldecian la justicia de los hombres. Los dos buscaban fatalmente en el exceso de la vida el descanso de la muerte. Venecia era la concha marina donde se replegaba como en su hogar el alma del poeta.
Dirigióse, pues, á Venecia. En el camino se detuvo á<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP|118|VIDA DE LORD BYRON.|}}</noinclude>visitar la tumba de Julietta, inmortalizada por el génio de Shakespeare. Allí, en triste jardin, abandonada como una ruina, solitaria como un corazon sin amor, está la tumba donde la piadosa tradicion de los pueblos, fieles al culto de todos los martirios, se empeña en ver el lugar del reposo último de Julietta. La alondra, cuando pasa á saludar el próximo dia, como si quisiera llevarle en su cántico la oracion de todos los séres, ignora que aquellas piedras la acompañan, aunque mudamente, en su himno matinal y en sus amores por la luz; pero el poeta, que tiene la conciencia de todos los tiempos, se detuvo un momento á beber un consuelo y un recuerdo en aquella fuente de sublimes inspiraciones.
Por fin, llegó á Venecia, donde debia pasar desde 1817 á fines de 1819. Solamente una vez dejó la ciudad de las lagunas para contemplar el espectáculo que ofrecen Roma en su severa majestad y Nápoles en su voluptuosa alegría. Volvióse pronto allí, á Venecia, donde el exceso del dolor y el exceso del placer se acomodaban igualmente á su génio, desgarrado por todas las penas y combatido por todos los deseos. Mas ni siquiera allí le dejaron sus enemigos. A cada momento le llegaban, á través de los mares, en el tormento del destierro, insultos de su pátria. Es indudable que la vida del poeta en Venecia fué una vida de orgía y desórden. Pero tambien es indudable que buscaba en el placer la muerte. Byron tragaba un veneno, sabiendo que era dulce al paladar y corrosivo á las entrañas. Cuántas veces nos presenta la vida ejemplos de estos suicidios. Las fuertes emociones, el insomnio, el goce, el vino, los placeres,<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP||LA PROPAGANDA LITERARIA.|119}}</noinclude>la amargura que los placeres dejan en el alma, concluyen por quebrar, como si fueran de vidrio, las más poderosas organizaciones. A esto se añadían sus excesos en sentido opuesto: el ayuno llevado hasta el aniquilamiento de sus fuerzas, y la meditacion llevada hasta las exaltaciones del delirio, en los momentos solemnes en que se acordaba de la grandeza de su alma y de la inspiracion de su génio.
En esto llegó carnaval, un carnaval de Venecia. El Austria fomentaba el placer para que el placer matara el recuerdo de la libertad. Todos los tiranos saben que la virtud es su enemiga, su Judith. Venecia en esto conspiraba con Austria. En el fondo de su ergástula danzaban locamente, como pidiendo á la danza la fatiga, y á la fatiga la muerte. Así mueren al pié de sus ídolos muchos fanáticos del antiguo Oriente. Ella tambien buscaba en su copa orgiástica un suicidio. Es inútil decir cuánto contribuyen á los placeres y á las locuras del carnaval, aquellos edificios llenos de recuerdos, aquellos interminables salones llenos de voluptuosas figuras que se destacan de los rientes cuadros, aquellas góndolas que parecen la sombra de un misterio, aquellos negros ojos de las venecianas, que brillan, ora dulce, ora siniestramente, al través de la máscara, aquél aire salado de las lagunas, que ofrece con el eterno eco del beso de sus olas, un acompañamiento apropiado á los vértigos del baile y á la voluptuosidad de la música. Aún recuerdo, cuando una noche, á la embocadura del gran canal y al mústio resplandor de la luna, miéntras contemplaba las islas alzando sus blancos campanarios de mármol, y los palacios extendiendo sus dos cincelados muros sobre el agua celeste y ar-<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" /></noinclude>gentada; aún recuerdo que del seno de una góndola lejana, salía un aire de la ''Lucrecia'' de Donizzetti; y rápidamente pasaron ante mi imaginacion exaltada aquellas cenas venecianas en que corrían juntos el vino y el veneno, en que danzaban abrazados la muerte y el placer.
Los amigos que vieron á Byron por este tiempo, no le conocían. Su demacracion, su palidez, le daban el aspecto de un cadáver iluminado sólo por el brillo de sus ojos fatalmente hermosos. El placer lo había consumido. Entre aquellos amores de un dia, fijóse Byron pronto en una mujer bella, morena, de ojos negros, de temperatura sanguínea, de alta estatura, robusta como una Vénus del Ticiano, sensual como una bacante, pero capaz del amor, y en el amor, del sacrificio. Era Mariana, dueña de la casa en que Byron habitaba, mujer casada y con hijos, pero pronta á dejarlo todo por el poeta. Los amores ligeros no tienen esa compasion de los amores profundos, que áun cuando vean las debilidades y los defectos del objeto amado, los consideran como una enfermedad digna sólo de atencion y de cuidados. Byron vió pronto que Mariana era violenta y celosa. Un dia en que el poeta hablaba con la cuñada de esta ciega mujer, apareció Mariana y dió un bofeton á la pobre muchacha. Otro dia vendió una joya que Byron le habia regalado y que Byron volvió á comprar para volver á regalársela. Por fin, aquél amor sensual se satisfizo pronto. Nada hay más insaciable que el amor puro. Nada más fácil de ser satisfecho que el amor de los sentidos. Placer, y sólo placer, es sinónimo de hastío y sólo hastío. En el bien y en la pureza está con la intensidad del amor verdadero, la<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP||LA PROPAGANDA LITERARIA.|121}}</noinclude>seguridad del amor eterno. El abismo del corazon no se llenará jamás sino con lo infinito. Pero la voracidad de los apetitos se satisface y se gasta fácilmente. Byron abandonó la casa y la amada, y fué á instalarse en el palacio Mocenigo, en el centro del gran canal veneciano.
Allí fué el teatro de las aventuras de Margarita Cogni, célebre panadera veneciana. Hay quien la compara á la Fornarina; pero entre la amante única de Rafael, ó al ménos la amante preferida, y este amante de algunos dias, entre aquella fuente de inspiraciones y esta fuente de disgustos, media una inmensa distancia. En Venecia encontré gente que la conoció todavía vendiendo ostras en el mercado, y buscando muchachuelos que regalaran sus oidos con las traducciones italianas del poeta, á quien había amado brutalmente. Era una mujer de la plebe, en todo el mal sentido de la palabra; una mujer que no sabía leer ni escribir; una mujer, que acostumbrada á tiranizar su familia casi en público, no ocultaba ni un pliegue de su alma, ni un latido de su corazon, y por consiguiente, ni los rincones de su hogar.
Buscaba el poeta con grande ansiedad por aquellas hermosas islas el lugar de su sepultura. Tendido en su góndola, se paseaba por el archipiélago veneciano, para escoger un sitio bastante pintoresco donde plantar un sáuce que tocára con su desmayado ramaje á las aguas, y ofreciera con su sombra asilo á su sepulcro, erigido bajo el cielo celeste del Mediodia y junto al Adriático. Mas para acelerar el encuentro de aquel lecho eterno, dióse desenfrenadamente al estudio del cruzamiento de razas, al goce de las formas plásticas, á los ébrios cánticos de los placeres carnavalescos, á<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP|122|VIDA DE LORD BYRON.|}}</noinclude>una orgía sin tregua. En este torbellino, cuando salía de las cenas para buscar las tumbas, encontró á Margarita, en cuyos brazos debía dejar tanta parte de su vida.
La encendida sangre veneciana corria por las venas de aquella mujer esencialmente sensual. Su estatura era alta, su pecho ancho, sus brazos nervudos, su rostro bello, su cabeza vulgar; sus ojos abrasaban y consumían como voraz incendio. Era amante hasta el frenesi; pero celosa hasta la locura. Le acariciaba y le maltrataba. Iba hácia él con la sonrisa de los ángeles, y le clavaba las uñas con la ferocidad de los tigres. La áurea aguja de su negro moño podia servir de puñal. Sus entrañas podian engendrar una raza de gladiadores. Sus puños podian sostener ventajosamente lucha con cualquier fornido inglés. Su elocuencia pintoresca estaba sembrada de interjecciones desvergonzadas. Eran sus ideas enmarañadas como una selva primitiva. Eran sus pasiones ardientes como un volcan gigante en erupcion. Amasado su carácter en el barro de las lagunas y abierta su alma al sol del Mediodia, guardaba en todo su sér algo de grande, aunque fuera brutal su grandeza. En el palacio Mocenigo habia reunido Byron caballos, gatos sin número, perros en trahilla, papagayos, toda suerte de pájaros, y aquella mujer, Eva salvaje de un paraiso cástico, y en rebeldía contra el Adan, ébrio de vino, de placeres y de ideas.
Pero no creais que le guardaba una grande fidelidad Byron, á pesar de su fiereza. Un dia se arma ruido espantoso. Los papagayos vociferan palabras indescifrables, los gatos mahullan, los perros ladran, los muebles saltan en pedazos, las lunas venecianas siembran de una lluvia de menudos<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP||LA PROPAGANDA LITERARIA.|123}}</noinclude>cristales el pavimento del palacio, conmovido como si se doblara bajo un huracan ó se desplomase á impulsos de un terremoto. Era Margarita, que se habia encontrado una rival, con la que trabó espantosa batalla, empeñada y sostenida de una y otra parte con heroismo é incontrastable pujanza. Imaginaos la fascinacion que ejercería aquella poderosa naturaleza en el carácter gastado, en el hastío invencible del poeta. Su mirar daba extraño fuego á la sangre helada en aquellas venas casi exhaustas. Su violencia y sus inesperadas salidas le agradaban como un manjar nunca ántes gustado. Reíase con aquellas cartas apasionadísimas, escritas por un memorialista á razon de doce sueldos y dictadas por la panadera al volver del mercado con su cesta sobre la cabeza.
Una noche, Byron daba en el baile de máscaras el brazo á la respetable señora Contarini, envuelta en negro dominó y sigilosamente oculta con su careta. Margarita llega, la insulta, le arranca violentamente y con grandes vociferaciones la máscara. Otra noche riñó con su marido, en cuyas carnes hicieron un destrozo horrible sus cortantes uñas. A las altas horas llamó con redoblados golpes á la puerta del palacio de Byron, donde todo el mundo reposaba y dormia. Al poco tiempo se presentó el marido pidiendo su mujer. La policía intervino, y la mujer fué reinstalada por fuerza en el abandonado hogar. Pero se escapó de nuevo, y fué á refugiarse en el palacio Mocenigo, al lado de su amante.
Allí tomó el gobierno de la familia, pero ejerciéndolo con una tiranía sin ejemplo. Nada le bastaba para darse tono y aires de gran señora: vestido arrastrando, sombrero parisien,<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP|124|VIDA DE LORD BYRON.|}}</noinclude>joyas riquísimas, encajes de Flandes, un tren de princesa. Y con este traje, calzados los guantes, á lo mejor se incomodaba, y cogiendo una tranca y remangándose los brazos, apaleaba desde los perros hasta los criados. Milagro era que perdonase al amo. Pero en cuanto á reñirle, no guardaba ningun género de consideraciones. Byron gustaba mucho del Lido y de nadar en el Adriático. Por aquella hermosa lengua de tierra que forma el Lido, sembrado de una vejetacion asombrosa que el mar besa, paseábase á caballo. Cuando se cansaba de cabalgar, corria al agua, sumergiéndose en sus profundos senos como un buzo. El pez británico le llamaban por toda Venecia. Una tarde, el cielo se encapota, los vientos se desencadenan, encréspanse las olas; y Byron se hallaba en el mar. La pobre Margarita corría de los piés de la Madona á la ventana, invocando todos los santos y prometiendo misas, rosarios, ofrendas al cielo en una letanía sólo interrumpida por extrañas maldiciones. Cuando vino la noche y no volvió el poeta, quedóse aquella mujer como petrificada en la escalera de mármol que descendía al Gran Canal, tendidos los brazos hácia el mar, medio muerta de angustia. Pero al volver el poeta, gritó, maldijo, vociferó horriblemente, diciéndole: ¿es tiempo este de ir al Lido, ''cane de la Madone''?
Una ventaja, sin embargo, llevaba Margarita al hogar de Byron: la economía. Contaba con los dedos, pero contaba á maravilla. Criada en el mercado, sabía el precio justo de todos los artículos. Y como Byron no comía apénas, se tragaba todos los manjares, matando de hambre al resto de los criados. Acostumbrados éstos á la magnificencia del<noinclude></noinclude>
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<noinclude><pagequality level="3" user="Repub73" />{{CP||LA PROPAGANDA LITERARIA.|125}}</noinclude>Lord, no podian tolerar aquella extraña tirana que los condenaba á forzoso ayuno. Así, armaban una conjuracion tras de otra conjuracion, para forzar la mano de Byron á despedirla. No era difícil, porque en el estado de su ánimo, arrojaba con menosprecio la flor cuyo aroma habia absorbido con ansia. En estos amores tornadizos y cambiantes, sólo hay un atractivo, la novedad; aunque se tenga la conviccion de no encontrar en el placer ya agotado nada de nuevo. Al estado propio del ánimo de Byron se unian las maquinaciones domésticas contra Margarita. Y á las maquinaciones domésticas, sus propias imprudencias. Interceptaba las cartas dirigidas á su amo, y como no sabia leer, iba al primer memorialista á entregarle aquellos secretos. Todo esto, pero muy especialmente el desvío con que Byron miraba aquellos amores de un dia, perdieron á Margarita. Byron concluyó por despedirla. En el momento de salir, arrojóse airada sobre un cuchillo, como si quisiera suicidarse. No la condujeron, la arrastraron á la góndola. Allí se retorcía las manos, gritaba como una leona desposeida de sus cachorros. Sus ojos centellaban ira. Se habia elegido la noche para realizar aquella separacion preñada de escándalos. A la vuelta de una de las infinitas esquinas, Margarita se arroja al agua, á pesar del intenso frio. Mojada hasta los huesos, tiritando, con el cabello tendido sobre la espalda, la cara amoratada, extraviados los ojos, contraidos y lívidos los lábios, despidiendo del pecho desgarradores sollozos, se arroja á los piés de Byron, pidiéndole perdon. Este fué inexorable.
Habia tocado hasta el fondo del abismo. En aquella vida<noinclude></noinclude>
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